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TEMA 3: LA LUZ: APOLO

[ Ἀπόλλων] Dicen los griegos que sin luz no hay nada

posible, porque es la que posibilitará el crecimiento de la naturaleza, por eso nace de Leto, diosa de la noche oscura, y es hermano de Ártemis, diosa de la noche. Recibe culto principalmente en las islas. El sol es divino y se nos manifestará con:
o o o o o o           La eterna juventud: canon de belleza masculina y alegoría del día Medicina (la luz penetra para ver la enfermedad) Mántica y adivinación (la luz penetra en ti para saber tu pasado y futuro) Música y las artes Arquero (carácter vengativo) Patrono de colonizaciones, protector de caminos, casas, etc. Guiar a los pastores Orientar a los navegantes Proteger a los médicos; velar por su salud. Desvelar el futuro Aspecto juvenil, imberbe, desnudo completo o solo el torso Carro solar tirado por cuatro caballos; arco, flechas, carcaj Corona de laurel Lira, cítara Símbolos de adivinación: el trípode y el omphalos Animales como el delfín, el lobo, la cierva, el cisne, la serpiente y el cuervo.

Funciones:

Símbolos iconográficos:

[Conservamos una oración a apolo: "¡Oh, Apolo! Te suplico que seas propicio a la paz, la larga vida y la salud de toda esta familia, y que seas igualmente propicio a la paz de mi hijo". Sus oráculos se expresaban, en general, en fórmulas versificadas y se creía que inspiraba tanto a los adivinos como a los poetas. Comparte esta función inspiradora con Dionisio, pero la apolínea se distingue de la dionisíaca por su carácter más mesurado. A poco a poco se convirtió en el dios de la religión órfica, y a su nombre se asoció todo un sistema mitad religioso, mitad moral, que prometía a sus iniciados la salvación y la vida eterna. Apolo pasó por ser el padre de Pitágoras, nombre con el cual se ponen frecuentemente en relación doctrinas afines.]

Todo empieza con las bodas de Zeus y Leto, la sexta esposa según Hesíodo. Hera, celosa de Zeus, persigue a Leto, la cual huye, y todas las hélades se ponen de acuerdo con Hera para que no de a luz, por temor a la ira de Hera. Ninguna de las ciudades la quiere acoger, hasta que una isla que iba errante por el Mediterráneo, la cual estaba totalmente desierta y no tenía nada que perder, se ofreció para acogerla, era la llamada isla de Ortigia. Tras gran sufrimiento Leto parió primero a Ártemis, y su agonía siguió 9 días después hasta que los dioses apiadándose de ella hicieron crecer a la primogénita para que ayudase a su madre, y así nació Apolo. Se dice que Ártemis quedó tan traumatizada por la agonía de su madre que le pidió a su padre Zeus ser virgen para no tener que pasar nunca por ello, y éste se lo concedió. Una vez nacido Apolo siete cisnes lo celebrarán dando siete vueltas a la isla, por eso se considerará el 7 como número sagrado. También se afirma que Hera secuestró a Ilitía, la diosa de los partos, para evitar que Leto diese a luz. Los demás dioses engañaron a Hera para que la dejase ir ofreciéndole un collar de ámbar de ocho metros de largo. La isla de Ortigia quedará desde ese momento en un vergel, además Poseidón se agradecerá fijándola definitivamente al mar. Más tarde se la conocería como Delos, la isla sagrada en la que todavía hoy nadie puede nacer ni morir allí. Tuvo una serie de edificaciones en honor a Apolo y Ártemis, pero nunca fue un lugar para vivir.
[Apolo es hijo de Zeus y Leto y hermano de la diosa Ártemis. Por tanto, es un dios de segunda generación. Hera, celosa de Leto, había perseguido a la joven por toda la Tierra. Cansada de escapar de la ira de la esposa de Zeus, Leto buscaba un sitio donde dar a luz a los hijos que llevaba en su seno, pero tenía el problema de que todo la tierra se negaba a acogerla, temiendo la cólera de Hera. Sólo una isla flotante y estéril, llamada Ortigia, o tal vez Asteria, (la Isla de las Codornices), consintió en dar asilo a la desventurada. Fue en este lugar donde nació Apolo. Agradecido, el dios fijó la isla en el centro del mundo griego y le dio el nombre de Delos la "brillante". Al pie de una palmera, el único árbol en toda la isla, Leto aguardó el parto durante nueve días y nueve noches, pues Hera retenía a su lado a Ilítia, la divinidad que preside los partos felices. Todas las diosas, en especial Atenea, se hallaban junto a Leto, pero nada podían hacer en su favor. No obstante, Iris fue al Olimpo a rogar a Hera el alumbramiento ofreciéndole un collar de oro y ámbar de un espesor de nueve codos. A este precio, Hera consintió a Ilítia que finalmente descendiese del Olimpo y se encargue del parto. Leto dio a luz primero a Ártemis, y después, con ayuda de ésta, a Apolo. En el momento de su nacimiento, unos cisnes sagrados volaron sobre la isla dando siete vueltas a su alrededor pues era el séptimo del día del mes-. Después del parto, Zeus envió regalos a su hijo: una mitra de oro, una lira y un carro tirado por cisnes. Luego le ordenó que fuese a Delfos, pero los cisnes lo condujeron primero a su país, en la tierra de los Hiperbóreos, los cuales viven bajo un cielo siempre puro y que han consagrado a Apolo un culto que celebran sin cesar. Pues fue allí donde el dios permaneció durante un año, siendo homenajeado, y regresó después a Grecia, llegando a Delfos en pleno verano, en medio de fiestas y cantos. Incluso la naturaleza lo festeja. De este modo, se celebraba con hecatombes todos los años en Delfos la venida del dios. Apolo mató en Delfos a Pitón (o Delfine), un dragón encargado de proteger un antiguo oráculo de Temis, pero que se entregaba a toda clase de desmanes en el país (enturbiaba los manantiales y los arroyos, robaba los ganados y los aldeanos, asolaba la fértil llanura de Crisa y asustaba a las Ninfas). En recuerdo de su hazaña, o tal vez para aplacar la cólera del monstruo después de muerto, Apolo fundó en su honor unos juegos fúnebres, los Juegos Píticos, celebrados en Delfos. Después se apoderó del oráculo de Temis y consagró un trípode en el santurario (el trípode es uno de los emblemas de Apolo y la Pitia, sentada sobre él, pronuncia sus oráculos). En honor a la victoria del dios, los habitantes de Delfos cantaron el péan, un himno en honor de Apolo. Pero una vez muerto el dragón, Apolo tuvo que ir hasta el valle de Tempe en Tesalia para purificarse de la mancha de tal muerte. Pues bien, cada ocho años se celebraba en Delfos una solemne fiesta conmemorando el exterminio de Pitón y la purificación de Apolo.]

Apolo y Ártemis tienen relatos de niñez, lo cual no es usual en la mitología griega, como el mito de Leto y los licios: Leto, tras tener a sus hijos, se marcha caminando a encontrar un hogar, atraviesa el país de los licios, y en su camino no encuentra ningún tipo de fuente o manantial para beber ni ella ni sus pequeños. Después de mucho caminar se encuentra con un grupo de campesinos en un manantial, ella les pide de beber, pero sin decirles que es una diosa, los licios se niegan a darle agua y entonces es cuando suplica, no por ella, sino por sus hijos que necesitaban beber. Los licios se ríen de ella y se burlan con hybris (insolencia, creerse más que los dioses, quererse burlar de ellos) y no solo no les dejan beber, sino que llenan el manantial con lodo para que nunca puedan beber de ahí. Toda hybris era castigada con la némesis; la justicia divina que se le aplica a la persona con soberbia. Como castigo Leto los convertirá en seres que viven en las charcas con barro: en ranas.
[…] allí recostándose, junto con el árbol de Palas, en una palmera, dio a luz a sus gemelos –contra la voluntad de la madrastra– Latona. De allí también que huyó de Juno la recién parida se refiere y que en su seno llevó, dos númenes, a sus nacidos. Y ya cuando un sol grave quemaba los campos en los confines de Licia, la autora de la Quimera, la diosa, de su larga fatiga cansada y desecada del calor estelar, sed contrajo, y sus pechos lactantes los habían agotado ávidos sus hijos. Por azar en un lago de mediana agua reparó, en unos profundos valles; unos paisanos allí leñosos mimbres recogían, y con ellos juncos y, grata a los pantanos, ova. Se acercó, y bajando la rodilla la Titania en la tierra la apoyó para sacar helados licores que bebiera. La rústica multitud lo impide; la diosa así se dirigió a los que la impedían: “¿Por qué prohibís las aguas? Un uso compartido el de las aguas es y ni el sol privado la naturaleza, ni el aire hizo, ni las tenues ondas: a públicos beneficios he venido; los cuales, aun así, que me deis, suplicante os pido. No yo nuestros cuerpos a lavar aquí y cansados miembros me disponía, sino a aliviar la sed. Carece la boca de quien os habla de humedad y la garganta seca tengo y apenas hay camino de la voz en ellas. Un sorbo de agua para mí néctar será y la vida confesaré que he recibido a la vez: la vida me daríais en el agua. Éstos también os conmuevan, los que en nuestro seno sus brazos pequeños tienden”, y por acaso tendían los brazos sus nacidos. ¿A quién no las tiernas palabras de la diosa hubieran podido conmover? Ellos, aun así, a quien rogaba persisten en prohibirlas, y amenazas, si no lejos se retira, e insultos encima añaden. Y no bastante es; los propios incluso lagos con pies y mano enturbiaron y desde el profundo abismo el blando limo aquí y allá con saltos malignos removieron. Difirió la ira la sed, y no, pues, ya, la hija de Ceo suplica a unos indignos, ni decir sostiene por más tiempo palabras menores la diosa, y levantando a las estrellas sus palmas: “Eternamente en el pantano”, dijo, “este viváis.” Suceden los deseos de la diosa: gustan de estar bajo las ondas y ora todo su cuerpo sumergir en la cóncava laguna, ahora sacar la cabeza, ora por lo alto del abismo nadar, a menudo sobre la ribera del pantano sentarse, a menudo a los helados lagos volver a brincar; pero ahora también sus torpes lenguas en disputas ejercitan y haciendo a un lado el pudor, aunque estén bajo agua, bajo agua maldecir intentan. Su voz también ya ronca es y sus inflados cuellos hinchan y sus propios voceríos les dilatan las anchas comisuras. Sus espaldas la cabeza tocan, los cuellos sustraídos parecen, su espinazo verdea, su vientre, la parte más grande del cuerpo, blanquea, y en el limoso abismo saltan, nuevas, las ranas.”
OVIDIO, LAS METAMORFOSIS, libro VI

[Fragua de Vulcano, D.S. Velazquez] -> Hefesto sospecha que su mujer, Afrodita, le es infiel, pero no sabe con quién. Ésta le engaña con Ares todas las noches y tienen a Electión para que les avisaran con los primeros rayos del sol para que Apolo no les descubriera. Una noche Electión se queda dormido y el sol penetra donde están Ares y Afrodita quedando descubiertos ante la vista de Apolo. Ares como castigo transformará a Electión en gallo para que todas las mañanas avise de la llegada del sol. Velázquez representa el momento justo en que Apolo le revela el nombre a Hefesto.

ORÁCULO DE DELFOS: en un principio las consultas eran el día 7 del séptimo mes, pero con la demanda acabó siendo todos los días 7 de todos los meses menos en invierno, para más tarde, con la grandísima demanda que había, se pasase a todos los días menos los meses de invierno, donde Apolo viaja en su carro solar al norte para volver en primavera. La mujer del oráculo se llamará pitonisa, en recuerdo de la serpiente Pitón que manda Hera y vence Apolo, la cual se colocaba al final del templo y sólo los sacerdotes podían tener contacto con ella. El omphalos era el “ombligo” del mundo, el mito cuenta que Zeus para saber dónde estaba el centro de la tierra soltó un águila con cada brazo en direcciones opuestas, así se juntarían en algún momento y ese sería el centro. Dichas águilas se encontraron en Delfos, donde se colocaría la piedra del omphalos y donde se dice que había dos águilas enfrentadas sobre ella y debajo los restos de Pitón. Era el símbolo del oráculo de Delfos y junto a ello el trípode, que era donde se sentaba la pitonisa. Modos de adivinación:  Parnaso: adivinaba el futuro con el vuelo de las aves  Delfos: él lo adivinaba con vísceras de animales  Anfitrión: a través de los sueños  Pircas: llamas de fuego

Todos ellos son anteriores a la llegada de Apolo, el cual los juntará todos en uno, más la consulta a la pitonisa.

La pitonisa se comunicaba con Apolo y decía sus palabras, que luego eran versadas por los sacerdotes. Se nos dice de ella que era una mujer adulta (más de 49 años), normalmente viuda, la cual debía de purificarse todo los días en la fuente Castadia antes de acudir a consulta, y beber un agua que la purificase por dentro. Se situaba en el trípode, con la cabeza velada, por debajo tenía una hendidura donde los sacerdotes quemaban ciertas hierbas para hacerla entrar en trance. A parte ella masticaba distintas plantas, como el laurel, y bebía determinados brebajes que la situaban en su “trance”. Los oráculos son enormemente ambiguos, de tal forma que ocurra lo que ocurra siempre se cumplirá. En la mitología, Hércules mata a Bifito y debe de acudir a Delfos para consultar como expiar ese pecado, la pitonisa no le dice nada de inmediato, y pasa el tiempo y sigue igual, con lo que Hércules se harta y roba el trípode, entonces es cuando acude Apolo a quitárselo, ambos luchan por él hasta que Zeus ve lo que ocurre y los separa con un rayo, a Apolo le obliga a decirle el oráculo a Hércules y a éste ultimo a tener paciencia. Delfos nunca llegó a ser una ciudad, sino que fue un santuario. Cada ciudad había construido una especie banco, llamado tesoro, donde se podía dar dinero a los habitantes de la ciudad que acudiera allí, ya que para hacer una consulta había que pagar y hacer un sacrificio. Delfos dio el privilegio de la promanthia a los habitantes de Quíos por ayudar a la construcción del templo, era un derecho que les permitía “colarse”.

Los primeros kuroi se consideran imágenes de Apolo. Son el inicio de la escultura griega. El mundo etrusco tmbien tiene un Apolo, [Apolo de Veyes (1)]. El [Apolo Sauróctonos (2)] es de gran belleza femenina, tanto que casi parece una mujer, aquí se representa también la ambigüedad de el dios. El Sauróctonos representa a la luz, que es Apolo, dando muerte con el arco al lagarto, que representa la noche y el frio. Es una alegoría del calor del sol frente al frio lagarto nocturno.

- MITO DE APOLO Y DAFNE: [Apolo contra Pitón, Rubens] -> aparecen tres personajes: Apolo con el arco, Pitón ya cadáver y el pequeño Cupido desafiando a Apolo. Apolo, gran cazador, quiso matar a la temible serpiente Pitón que se escondía en el monte Párnaso. Habiéndola herido con sus flechas, la siguió, moribunda, en su huída hacía el templo de Delfos. Allí acabó con ella mediante varios disparos de sus flechas. Delfos era un lugar sagrado donde se pronunciaban los oráculos de la Madre Tierra. Hasta los dioses consultaban el oráculo y se sientieron ofendidos de que allí se hubiera cometido un asesinato. Querían que Apolo reparase de algún modo lo que había hecho, pero Apolo reclamó Delfos para sí. Se apoderó del oráculo y fundo unos juegos anuales que debían celebrarse en un gran anfiteatro, en la colina que había junto al templo. Orgulloso Apolo de la victoria conseguida sobre la serpiente Pitón, se atrevió a burlarse del dios Eros por llevar arco y flechas siendo tan niño: - ¿Qué haces, joven afeminado -le dijo-, con esas armas? Sólo mis hombros son dignos de llevarlas. Acabo de matar a la serpiente Pitón, cuyo enorme cuerpo cubría muchas yugadas de tierra. Confórmate con que tus flechas hieran a gente enamoradiza y no quieras competir conmigo. Irritado, Eros se vengó disparándole una flecha, que le hizo enamorarse locamente de la ninfa Daphne, hija de la Tierra y del río Ladón o del río tesalio Peneo, mientras a ésta le disparó otra flecha que le hizo odiar el amor y especialmente el de Apolo. Apolo la persiguió y cuando iba a darle alcance, Daphne pidió ayuda a su padre, el río, el cual la transformó en laurel. En otras versiones, Daphne pide ayuda a su madre Gea. La metamorfosis de Daphne ha sido magistralmente descrita por Ovidio: "Apenas había concluido la súplica, cuando todos los miembros se le entorpecen: sus entrañas se cubren de una tierna corteza, los cabellos se convierten en hojas, los brazos en ramas, los pies, que eran antes tan ligeros, se transforman en retorcidas raíces, ocupa finalmente el rostro la altura y sólo queda en ella la belleza". Este nuevo árbol es, no obstante, el objeto del amor de Apolo, y puesta su mano derecha en el tronco, advierte que aún palpita el corazón de su amada dentro de la nueva corteza, y abrazando las ramas como miembros de su cariño, besa aquél árbol que parece rechazar sus besos. Por último le dice: - Pues veo que ya no puedes ser mi esposa, al menos serás un árbol consagrado a mi deidad. Mis cabellos, mi lira y aljaba se adornarán de laureles. Tú ceñirás las sienes de los alegres capitanes cuando el alborozo publique su triunfo y suban al capitolio con los despojos que hayan ganado a sus enemigos. Serás fidelísima guardia de las puertas de los emperadores, cubriendo con tus ramas la encina que está en medio, y así como mis cabellos se conservan en su estado juvenil, tus hojas permanecerán siempre verdes.
“A Dafne ya los brazos le crecían, y en muengos ramos vueltos se mostraban; en verdes hojas ví que se tornaban, los cabellos que al oro oscurecían. De áspera corteza se cubrían los tiernos miembros, que aún balbuciendo estaban; los blancos pies en la tierra se hincaban y en torcidas raíces se volvían Aquel que fue la causa de tal daño, a fuerza que llorar, crecer hacía el árbol que con lágrimas regaba. ¡Oh miserable estado, oh mal tamaño! Que con llorarla crezca cada día la causa y la razón por qué lloraba.”
-Garcilaso De La Vega-

MITO DE APOLO Y DAFNE EN LAS METAMORFOSIS DE OVIDIO:
El primer amor de Febo fue Dafne, la hija del Peneo, hecho que no fue infundido por un pequeño azar, sino por la cruel ira de Cupido. El dios de Delos, engreído por su reciente victoria sobre la serpiente, había visto hacía poco que, tirando de la cuerda, doblaba las extremidades del arco y le había dicho: “¿Qué intentas hacer, desenfrenado niño, con estas armas? Estas armas son propias de mis espaldas; con ellas yo puedo lanzar golpes inevitables contra una bestia salvaje o contra un enemigo, ya que hace poco que he abatido con innumerables saetas a la descomunal Pitón que cubría con su repugnante e hinchado vientre tantas yugadas. Tú conténtate con encender con tu antorcha unos amores que no conozco y no iguales tus victorias con las mías”. El hijo de Venus le contestó: “Tu arco lo traspasa todo, Febo, pero el mío te traspasará a ti; cuanto más vayan cediendo ante ti todos los animales, tanto más superará mi gloria a la tuya”. Y hendiendo el aire con el batir de sus alas y sin pérdida de tiempo, se posó sobre la cima umbrosa del Parnaso; saca dos flechas de su carcaj repleto, que tiene diversos fines: una ahuyenta el amor, y otra hace que nazca. La que hace brotar el amor es de oro y está provista de una punta aguda y brillante; la que lo ahuyenta es obtusa y tiene plomo bajo la caña. Con esta hiere el dios a la ninfa, hija del Peneo; con la primera atraviesa los huesos de Apolo hasta la médula. El uno ama enseguida; la otra rehuye incluso el nombre del amante; y émula de la virginal Febe, deleitándose en las soledades de las selvas y con los despojos de las bestias salvajes que capturaba, sujetaba con una cinta sus cabellos en desorden. Muchos la pretendían, pero ella, alejando a sus pretendientes, no pudiendo soportar el yugo del hombre y, libre, recorre los bosques sin caminos y no se preocupa del himeneo, ni del amor, ni del matrimonio. Su padre le decía a menudo: “Hija, me debes un yerno”. A menudo también le decía: “Hija, me debes unos nietos”. Ella, temiendo a las antorchas conyugales como si fuera un crimen, cubría su hermoso rostro con un tímido rubor y, con sus brazos cariñosos rodeando el cuello de su padre, le dijo: “Permíteme, queridísimo padre, gozar por siempre de mi virginidad; lo mismo le había concedido a Diana su padre”. El consiente; pero estos encantos que posees, Dafne, son un obstáculo para lo que anhelas y tu hermosura se opone a tu deseo. Febo ama y luego de ver a Dafne desea ardientemente unirse a ella; espera lo que desea y sus oráculos le engañan. A la manera como arde la ligera paja, sacada ya la espiga, o como arde un vallado por el fuego de una antorcha que un caminante por casualidad la ha acercado demasiado o la ha dejado allí al clarear el día, de ese modo el dios se consume en las llamas, así se le abrasa todo su corazón y alimenta con la espera un amor imposible. Conserva su cabellera en desorden que flota sobre su cuello y dice: “¿Qué sería, si se los arreglara?” Ve sus ojos semejantes en su brillo a los astros; ve su boca y no le basta con haberla visto; admira sus dedos, sus manos y sus brazos, aunque no tiene desnuda más de la mitad. Si algo queda oculto, lo cree más hermoso todavía. Ella huye más rápida que la ligera brisa y no se detiene ante estas palabras del que la llama: “¡Oh, ninfa, hija de Peneo, detente, te lo suplico!, no te persigo como enemigo; ¡ninfa, párate! El corderillo huye así del lobo, el cervatillo del león, las palomas con sus trémulas alas huyen del águila y cada uno de sus enemigos; yo te persigo a causa de mi amor hacia ti. ¡Hay desdichado de mí! Temo que caigas de bruces o que tus piernas, que no merecen herirse, se vean arañadas por las zarzas, y yo sea causa de tu dolor. Escabrosos son los lugares donde te apresuras; corre más despacio, te ruego, retén la huída; yo te perseguiré más despacio. Sin embargo, pregunta a quién has gustado; no soy un habitante de la montaña, no soy un pastor; no soy un hombre inculto que vigila las vacadas y rebaños. Tú no sabes, imprudente, de quién huyes y por eso huyes. A mí me obedecen el país de Delfos, Claros, Ténedos y la regia Patara; yo tengo por padre a Júpiter, yo soy quien revela el porvenir, el pasado y el presente; por mí los cantos se ajustan al son de las cuerdas. Mi flecha es segura, pero hay una flecha más segura que la mía, la cual ha hecho en mi corazón, antes vacío, esta herida. La medicina es invención mía y por todo el orbe se me llama “el auxiliador” y el poder de las hierbas está sometido a mí. ¡Ay de mí!, que el amor no puede curarse con ninguna hierba y no aprovechan a su dueño las artes que son útiles para todos.” La hija del Peneo, con tímida carrera, huyó de él cuando estaba a punto de decir más cosas y le dejó con sus palabras inacabadas, siempre bella a sus ojos; los vientos desvelaban sus carnes, sus soplos, llegando sobre ella en sentido contrario, agitaba sus vestidos y la ligera brisa echaba hacia atrás sus cabellos levantados; su huída realzaba más su belleza. Pero el joven dios no puede soportar perder ya más tiempo con dulces palabras y, como el mismo amor le incitaba, sigue sus pasos con redoblada rapidez. Como cuando un perro de la Galia ve una liebre en la llanura al descubierto, se lanzan, el uno para coger la presa, la otra para salvar la vida; el uno parece estar a punto de atraparla y espera conseguirlo y con el hocico alargado le estrecha los pasos, la otra está en la duda de si ha sido cogida y se escapa de esas mordeduras y deja la boca que la tocaba; de ese modo están el dios y la doncella; aquel se apresura por la esperanza, ésta por el temor. Sin embargo, el que persigue, ayudado por las alas del Amor, es más veloz y no necesita descanso; ya se inclina sobre la espalda de la fugitiva y lanza su aliento sobre la cabellera esparcida sobre la nuca. Ella, perdidas las fuerzas, palidece y, vencida por la fatiga de tan vertiginosa fuga, contemplando las aguas del Peneo, dijo: “Auxíliame, padre mío, si los ríos tenéis poder divino; transfórmame y haz que yo pierda la figura por la que he agradado excesivamente”. Apenas terminada la súplica, una pesada torpeza se apodera de sus miembros, sus delicados senos se ciñen con una tierna corteza, sus cabellos se alargan y se transforman en follaje y sus brazos en ramas; los pies, antes tan rápidos, se adhieren al suelo con raíces hondas y su rostro es rematado por la copa; solamente permanece en ella el brillo. Febo también así la ama y apoyada su diestra en el tronco, todavía siente que su corazón palpita bajo la corteza nueva y, estrechando con sus manos las ramas que reemplazan a sus miembros, da besos a la madera; sin embargo, la madera rehúsa sus besos. Y el dios le dijo: “Ya que no puedes ser mi esposa, serás en verdad mi árbol; siempre mi cabellera, mis cítaras y mi carcaj se adornarán contigo. ¡Oh, laurel!, tú acompañarás a los capitanes del Lacio cuando los alegres cantos celebren el triunfo y el Capitolio vea los largos cortejos. Como fidelísima guardiana, tú misma te encontrás ante las puertas del Augusto y protegerás la corona de encina situada en el centro; así como mi cabeza, cuyos cabellos jamás han sido cortados, permanece joven, de la misma manera la tuya conservará siempre su follaje inalterable”. Peán había acabado de hablar; el laurel se inclinó con sus ramas nuevas y pareció que inclinaba la copa como una cabeza.

METAMORFOSIS, OVIDIO

- MITO DE APOLO Y EL CUERVO:

La joven jugueteaba con los pies en el agua de un lago... Apolo la vio y la deseó... Como siempre para él; el deseo era algo que lo asaltaba repentinamente y del que quería librarse lo antes posible. La aproximación fue embriagadora y veloz. Apolo sólo la pidió que le fuera siempre fiel. Luego se retiró dejando un cuervo, que por entonces eran blancos, para que la vigilara. Como es natural, Corónide quedó embarazada, pero tuvo la mala idea de ceder al amor de un mortal, Isquis. Advertido por el cuervo, Apolo, el que hiere de lejos, sufrió un acceso de cólera divina y miró al cuervo con tanto odio, que su negra mirada transformó para siempre el color del animal. Apolo pidió a su hermana Artemisa que fuera a matar a la infiel. La flecha de la diosa se hundió certera en el pecho de Corónide, pero antes de morir confesó que también mataban al hijo del dios. Justo antes de que el cuerpo fuera colocado en la pira, el dios arrancó de su seno al niño, vivo aun, Asclepio. Cuentan los testigos del caso que Apolo en vano trató de reanimara Corónide, su cuerpo ya estaba rodeado por la hoguera y el fuego ya lo atacaba, pero las llamas se abrieron, y la mano del dios extrajo del vientre de la joven a su hijo, ileso. A Asclepios, “aquel que cura”. El niño, fue entregado al centauro Quirón, quien lo instruyó en el conocimiento de la medicina. Los progresos de Asclepio fueron tantos que llegó a resucitar a algunos muertos. Este hecho logró transformarlo en objeto de la ira de Zeus, quien lo fulminó con un rayo.Apolo sintió muchísimo la muerte de su hijo, y quiso vengarse. Pero no pudo hacerlo justamente sobre Zeus, entonces mató a flechazos a los Cíclopes, que eran los forjadores del rayo de su padre. La iconografía de Asclepio es similar a la de Zeus, pero éste siempre llevará un bastón al que se le enroscará una serpiente, la cual siendo niño le iba enseñando las hierbas y su uso. Esta serpiente se quedaría enroscada en su cayado para siempre. No hay que confundirla con el caduceo de Hermes. - MITO DE CLÍTIA: Apolo tuvo una aventura con una princesa mortal llamada Leucótera, hija de Orcamo y hermana de Clitia. Leucótera amó a Apolo, quien se había disfrazado como su madre para lograr acceder a sus aposentos y tomarla. Clitia celosa de su hermana porque quería a Apolo para sí, contó a su padre la verdad, traicionando las confidencias y la confianza de su hermana. Enfurecido, Órcamo ordenó que Leucótera fuera enterrada viva, y así murió. Apolo al no poder salvar a su amada la transformaría en planta de incienso, mientras que se negó a perdonar a Clitia por traicionar a su amada, ésta afligida se marchitó lentamente y murió. Apolo la transformará en un girasol, el cual mirará al Sol todos los días.
- MITO DE CASTALIA:

Castalia era una ninfa a quien Apolo amaba. Castalia huyó de él y se zambulló en la fuente que había en Delfos al pie de monte Parnaso, que desde entonces se llama fuente de Castalia. El agua de esta fuente era sagrada: se usaba para limpiar los tempos de Delfos y también inspiraba a los poetas.
- MITO DE CASANDRA:

Casandra es la hermana de Paris y Héctor de Troya. Cuando es adolescente Apolo le propone tener relaciones con él a cambio de dotarla del don de la adivinación. Ella acepta y se lo concede, pero en el último momento Casandra se niega a estar con el dios, por lo que Apolo se sentirá humillado y utilizado. Ante la negativa Apolo la escupe en los labios, con lo que el don que no puede ser retirado se convertirá en maldición; todo lo que salga de sus labios no será creído, como ocurriría más tarde con el Caballo de los Griegos en Troya. Casandra acabará siendo violada durante la guerra por Ayante en el templo de Apolo, lo que será una gran ofensa para los dioses ya que es un sitio sagrado. Se la representará siempre agarrada a la estatua de Atenea antes de ser atacada por Ayante.
- MITO DE JACINTO:

Jacinto era el joven hijo de Amiclas, Rey de Esparta, su hermosura empalidecía a la de los más hermosos dioses del Olimpo, con lo que Apolo se enamoró perdidamente del muchacho. Apolo a menudo quedaba con el muchacho en el rio Eurotas para pasar el mayor tiempo posible con su joven amado, enseñándole a disparar el arco y el disco, a tocar la cítara y otras artes. No solo Apolo se había enamorado del joven si no que Céfiro, el dios del viento también cayó hechizado por la belleza del príncipe. Céfiro, incapaz de competir con el amor que Jacinto había desarrollado por Apolo, decidió la muerte del muchacho atormentado por los celos. Una tarde en la que Apolo y Jacinto jugaban al disco, el dios lo lanzó muy alto y Céfiro ejecutando su venganza surgida del despecho, sopló haciendo que el disco se desviase, chocase contra una piedra y fuera a impactar en la frente de Jacinto con gran violencia.

El hermoso efebo murió al instante, y ni siquiera su amante divino logró socorrerle. Únicamente tuvo tiempo de abrazarle y besar sus cabellos negros que se mezclaban con la sangre que caía al suelo. Horrorizado, Apolo trató desesperadamente de contener la sangre que manaba de su frente, pero todo lo que pudo hacer, en su dolor, fue transformar la sangre del muchacho en una hermosa flor de color rojo que perpetuaría desde entonces su memoria, la cual pasaría a llamarse la flor de Jacinto.

- MITO DE CIPARISO: En la isla de Jíos, en un valle llamado Carte vivía un maravilloso ciervo bajo la protección de las ninfas. Más hermoso de lo que las palabras pueden describir, portaba sobre su cabeza un par de astas gigantes, con muchas ramas y cubiertas de reluciente oro. De su robusto cuello colgaban guirnaldas de diamantes, y de sus orejas pendían ostentosas piedras preciosas. Este ciervo no tenía miedo de los hombres. Iba a su guisa a las casas de las gentes, donde introducía su cabeza, pues todo el mundo quería acariciarlo. Todos los habitantes de la isla le amaban, pero Cipariso más que nadie. Era el joven hijo del rey de Jíos y querido amigo de Apolo, el arquero. Cipariso condujo al ciervo por ricos prados y frescos riachuelos de agua cristalina. A veces colgaba aros de flores olorosas de sus grandes astas, y a veces saltaba sobre la bestia mágica y ambos iban riendo a través del florido valle de Carte. Era el mediodía de un caluroso día de verano, de insoportable calor. Buscando cobijo de los inclementes rayos del sol, el ciervo se echó en la sombra que ofrecían unos espesos arbustos. A cierta distancia, y cubierto con las hojas, parecía un ciervo más. Cipariso, que era un buen cazador, tan pronto como percibió el ciervo escondido, lanzó su lanza, que nunca erraba el tiro. Ni imaginarse podía que el animal al que acababa de herir mortalmente era el ciervo sagrado. Pero al acercarse y darse cuenta de lo que había hecho, su corazón se llenó de desesperación. Transido de dolor, decidió morir con su astado amigo. En vano fueron todos los intentos de Apolo de consolarle, pues su dolor no conocía límites. Así que pidió al dios del arco de plata que le permitiese por siempre penar. Apolo le concedió su deseo, y convirtió al joven en un árbol. Su prieto pelo se convirtió en un follaje verde espeso y su delgado cuerpo se cubrió de corteza de árbol. Ante la mirada de Apolo, creció hacia el cielo y se convirtió en un majestuoso ciprés. Su punta parecía perforar los cielos, como una flecha. Apolo suspiró y susurró: "Durante toda la eternidad te lloraré, hermoso joven y tú, a cambio, compartirás la tristeza de otros. Por eso, desde ahora y por toda la eternidad estarás entre los afligidos." - MITO DE ADMETO: En la mitología griega, Admeto hijo de Feres y Periclímene, fue rey de Feres en Tesalia. En su juventud, Admeto tomó parte en la expedición de los Argonautas y participó en la caza del jabalí de Calidón. Cuando sucedió en el trono a su padre, Admeto fue famoso por su hospitalidad y justicia. Tras ser condenado a servir un año a un mortal como castigo por matar a los Cíclopes, Apolo escogió la casa de Admeto y se convirtió en su pastor (aunque, según algunas fuentes, Apolo sirvió a Admeto por apego a éste). Apolo quedó tan impresionado por el trato que le dispensó Admeto que hizo que todas las vacas parieran terneros gemelos. Apolo también ayudó a Admeto a lograr la mano de la princesa Alcestis, la hija de Pelias, rey de Yolco. Alcestis tenía tantos pretendientes que Pelias exigía una tarea aparentemente imposible a éstos para ganar la mano de la princesa: debían uncir un jabalí y un león a un carro. Apolo ató los animales al yugo y Admeto condujo el carro hasta Pelias, logrando así casarse con Alcestis. Sin embargo, Admeto no se encargó de hacer un sacrificio para Artemisa. Ésta, ofendida, llenó el aposento nupcial con serpientes, y Apolo tuvo que ayudarle de nuevo: aconsejó a Ademto que hiciese un sacrificio a Artemisa, y la diosa retiró así las serpientes. La mayor ayuda que Apolo prestó a Admeto fue convencer a las Moiras de que aplazasen la muerte de Admeto de su día predestinado. Apolo emborrachó a las Moiras, y éstas accedieron a indultar a Admeto si lograba encontrar a alguien que muriese en su lugar. Admeto creyó inicialmente que uno de sus ancianos padre moriría con gusto en lugar de su hijo, pero cuando éstos terminaron negándose, fue Alcestis quien murió en su lugar por amor hacia él. Esta situación fue remediada por Heracles, quien hizo un alto en Feras de camino a su trabajo con las yeguas de Diomedes. Al conocer lo que ocurría, Heracles entró en la tumba de Alcestis y luchó con Tánatos hasta que el dios accedió a liberarla, llevándola entonces de vuelta al mundo de los mortales. Otras versiones cuentan que fue Core, admirada por el sacrificio de Alcestis, quien la liberó.

- MITO DE HERMES Y LA PRIMERA CÍTARA: Hermes nació en el monte Cilene en Arcadia. Esta historia se cuenta en el himno homérico a Hermes. Su madre, Maia, había quedado embarazada de una aventura amorosa con Zeus. Maia envolvió al infante en mantas pero Hermes escapó cuando ella dormía. Hermes corrió a Tesalia, donde Apolo estaba pastoreando su ganado. El infante Hermes robó varias de sus vacas y las llevó a una cueva en los bosques cercanos a Pilos, borrando sus huellas. En la cueva encontró una tortuga y la mató, vaciando entonces sus entrañas. Usó los intestinos de una de las vacas y el caparazón de la tortuga para hacer la primera lira. Apolo se quejó a Maia de que su hijo había robado su ganado, pero Hermes ya había vuelto a las mantas en las que ella le había dejado, por lo que Maia rehusó creer las afirmaciones de Apolo. Zeus intervino y afirmando haber visto los hechos, secundó a Apolo. Entonces Hermes empezó a tocar música en la lira que había inventado. Apolo, un dios de la música, se enamoró del instrumento y ofreció permitir el intercambio del ganado por la lira. Así, Apolo se convirtió en un maestro de la lira.
-MITO DE APOLO DELFINIO:

Cuando organiza el oráculo de Apolo en Delfos el dios se da cuenta de que no tiene sacerdotes para llevar su templo, se embarcará en una nave y pide a los marineros que le lleven a Delfos, pero éstos se niegan alegando desconocer el camino. Apolo se lanza al mar en forma de delfín y guía al barco hasta la isla. Aquellos marineros serian convertidos en los primeros sacerdotes de Delfos.

- MITO DE APOLO Y MARSIAS:

Según la leyenda, Atenea (la Minerva romana) había inventado el aulós, instrumento de viento parecido a un oboe y hecho de caña u otros materiales, pero viendo que al tocarlo su cara se deformaba, lo tiró donde nadie pudiera encontrarlo. Sin embargo, el sátiro Marsias tropezó con él y, al darse cuenta de que le resultaba muy fácil tocarlo, llegó a retar al propio Apolo a un concurso para demostrar quién de los dos era mejor músico. El dios, hijo de Leto y Zeus, impuso la condición de tocar sus respectivos instrumentos al revés o -según otra versión del mito- cantar y tocar al mismo tiempo. En ambos casos, algo imposible con un instrumento de viento. Para el vencedor, el premio sería hacer con el otro contrincante cualquier cosa que quisiera. Como era de esperar, Apolo ganó el reto, desollando vivo a Marsias como castigo. Sátiros, faunos y ninfas lloraron la suerte de este infeliz, y sus lágrimas dieron lugar al nacimiento del río más limpio y cristalino de Frigia, que tomó el propio nombre de Marsias.

EPITETOS DE APOLO: -Febo -Delio -Délfico -Definio -Cintio -Nonio -Timbreo -Licio -Peán -Pitio, Pitonio -Crinitus (“el de cabello alargado”,“el que nunca se ha cortado el pelo”-> rito de iniciación a la vida adulta) -Latonio, Latonígena

- MITO DE ORFEO:

Orfeo era el músico más extraordinario de todos los mortales y con su canto, deleitaba a todas las criaturas de la naturaleza. El día de su boda con Eurídice, la bella mujer de quien estaba enamorado, cantó mejor que nunca. Todos a su alrededor parecían festejar su amor con la misma alegría viendo a los amantes paseando felices por la verde pradera. Sin embargo, la adversidad los acechaba en el camino y se ensañaría con ellos. Una serpiente venenosa mordió a Eurídice, quien dejando escapar un grito de su garganta cayó herida de muerte. Orfeo, desesperado, trató inútilmente de ayudarla, pero ya era tarde; el veneno se había esparcido por todo su cuerpo sin darle tiempo a nada e irremediablemente al poco tiempo murió en sus brazos. Orfeo no pudo recuperarse de su profunda pena y toda la naturaleza lo acompañó en su dolor; las aves con sus agudos lamentos y los árboles emitiendo extraños y lúgubres sonidos con sus follajes. No pudiendo soportar tanto dolor, Orfeo decidió bajar al Averno decidido a recuperar a su amada. Acompañado por Caronte, atravesó el oscuro pantano del Estigio, que separaba el reino de los vivos del de los muertos; e iluminándose con una antorcha se hundió en las oscuras profundidades de la morada de los muertos. Lo acompañaron en su travesía los macabros sonidos de los fantasmas errantes, que no lo desanimaron, tan decidido estaba de hallar a su amada.

Encontró los rostros ajados de las Furias, y el perro Cerbero de tres cabezas que custodiaba el palacio de Hades y Perséfone, los señores de los muertos que se encontraban sentados en sus tronos. Se postró a sus pies y tomando su lira comenzó a cantar una hermosa canción sobre su perdida amada. Todos los presentes lloraron al compás de su triste canto y los reyes se apiadaron de él. Eurídice fue llamada para que se presentara en el salón del trono y al encontrarse ambos amantes se abrazaron. Hades autorizó a Eurídice a regresar al mundo de los vivos pero con una condición, que Orfeo no girase su cabeza para mirarla en su viaje de regreso, debiendo confiar en que ella lo estaría siguiendo. Orfeo, acompañado del barquero regresó por el mismo camino lúgubre que lo había conducido hasta el Averno, atravesando sus macabras y oscuras sendas y rodeado de tenebrosos aullidos y lamentos. Mientras atravesaban el río Estigio, Orfeo pudo ver una fuente de luz que anunciaba la salida y ambos se apresuraron a salir de la caverna. Una vez afuera, Orfeo no pudo evitar darse vuelta para comprobar si detrás de él venía Eurídice, sin recordar que la condición impuesta por los reyes del Averno era que ambos tenían que estar afuera para poder mirarse mutuamente. Ni bien sus ojos se posaron en el bello rostro de Eurídice, ésta le dijo adiós y desapareció para siempre. Orfeo quiso seguirla pero espectros fantasmales le impidieron el paso y el barquero se negó a acompañarlo. Desalentado, subió hasta lo alto de una colina y allí comenzó a llorar desconsoladamente. Su lamento se fue convirtiendo en una triste melodía que atrajo a los pájaros, animales y árboles del lugar, que mientras lo escuchaban trataban de protegerlo del fuerte viento y de las inclemencias del tiempo. Va al Pangeo y se dice que Dioniso induce a sus bacantes a seducir a Orfeo, éste se niega a tener relación con cualquier mujer que no sea su mujer, con lo que las bacantes se enfurecen y lo matan, destrozándolo y descuartizándolo, llegando sus restos al mar, y su lira y su cabeza a la isla de Delfos. Apolo insistirá a su padre Zeus a catasterizar su lira en constelación.

- MITO DE NÍOBE:

Una de las figuras más trágicas de la mitología griega es la reina Níobe. Era hija de Tántalo, quien había sido condenado en los Infiernos a sufrir eternamente de hambre y sed por haber robado la comida de los dioses. Níobe tenía un gran motivo de orgullo. No era por su belleza, aunque era hermosa, ni por la habilidad de su esposo, ni por su reino ni por sus posesiones. Había dado a Anfión siete hijos y siete hijas, todos de gran belleza, y en ellos basaba toda su felicidad. Habría podido vivir una larga vida de dicha, pero sus palabras de orgullo trajeron la desgracia a su casa. En una ocasión, cuando se celebraban los ritos de adoración para Leto y sus dos hijos, los dioses Apolo y Ártemis, la reina Níobe dijo a quienes la rodeaban: -Qué tontería es el adorar a seres que no pueden ser vistos, en lugar de rendir pleitesía a quienes están frente a vuestros ojos. ¿Por qué adorar a Leto y no a mí? Mi padre fue Tántalo, quien se sentó a la mesa de los dioses. Mi esposo construyó esta ciudad y la gobierna. ¿Por qué preferir a Latona? Yo soy siete veces más dichosa, con mis catorce hijos, mientras ella tiene solamente dos. Cancelen esta ceremonia inútil. El pueblo de Tebas la obedeció, y los rituales quedaron incompletos. Pero Leto había escuchado las palabras de Níobe, y su venganza no se hizo esperar. Llamó a sus hijos Apolo y Artemisa, les repitió las palabras de Níobe y los envió a castigar el orgullo de esa mujer. Ocultos por las nubes los dos dioses pusieron pie en las torres de Tebas. Frente a la ciudad se celebraban juegos atléticos, en los que participaban los hijos varones de Níobe y Anfión. Apolo tomó su arco y sus flechas, y uno a uno mató a los jóvenes. El menor de ellos, el único que quedaba, gritó al cielo: -¡Perdonadme, oh dioses! -Apolo quiso respetar su vida por su ruego, pero la flecha ya había abandonado su arco y el muchacho cayó muerto. Advertida por los gritos de la gente, Níobe llegó al campo donde se encontraban los cuerpos de sus hijos. A su alrededor estaban sus hijas, que compartían con ella su dolor. Pero una a una, ellas también fueron cayendo sin vida, por los dardos lanzados por Ártemis. Abrazando a la más pequeña, mientras las demás yacían a su lado, Níobe gritó: -¡Dioses, dejadme al menos una! -Pero fue inútil, pues pronto la niña se desplomaba con una flecha en su pecho.

Al ver a sus hijos muertos, Anfión se enfureció. Se dirigió al templo de Apolo e intentó prenderle fuego, pero el dios lo abatió con sus flechas. Níobe tomó en sus brazos el cuerpo de la más pequeña de sus hijas y huyó enloquecida a Asia Menor. Los restos de su familia permanecieron insepultos durante nueve días, pues los dioses habían transformado en piedra a los habitantes de Tebas. El décimo día, los propios dioses les dieron sepultura. Níobe vagó con el cadáver de su hija hasta llegar al monte Sípilo. No pudo avanzar más, pues su dolor no le permitía moverse. El viento no agitaba su cabello, sus ojos quedaron fijos en el rostro de su hija, la sangre dejó de fluir dentro de ella. Se transformó en una roca, pero sus ojos siguieron vertiendo lágrimas que dieron origen a un manantial.

- RAPTO DE LETO:

Tizio intenta raptar y violar a Leto, pero Apolo lo detendrá y castigará atándolo a una roca con el mismo castigo que impuso Zeus a Prometeo; que un águila acudiera todos los días para picotearle el hígado, el cual se volvería a curar para seguir así todos los días eternamente.
- MITO DE CIRENE:

El más tranquilo de todos sus amores fue el que vivió con la ninfa Cirene, hija del centauro Quirón. Se sabe que donde hay una ninfa hay seducción. Y, para regocijo de los Olímpicos, el mundo estaba lleno de ellas… Después llegaron los humanos, y donde hay uno, la seducción es escasa. Apolo espiaba a Cirene desde el Olimpo. Le gustaba verla cazar, perseguir animales, utilizar el arco. El telar y las tareas domésticas no eran para ella. Salía noche y día para encontrar animales cada vez más salvajes. Cirene se regocijaba con su virginidad y en lo inmaculado de su lecho. Apolo también… Pensó entonces el dios en buscar la forma en que Cirene no lamentara la pérdida de su doncellez. Eligió la forma de lobo. Pensó que de esa manera ambos tendrían más placer. Nunca olvidaron el primer encuentro. Apolo condujo después a Cirene a Libia, donde Afrodita la trasladaría a un palacio subterráneo. En aquella tierra Cirene encontraría animales salvajes para cazar. También le otorgó Apolo un cortejo de ninfas. Nació de ellos Aristeo, quien fue educado por las musas en el don de la profecía.