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Los pocos panes y los peces que los discípulos pudieron aportar se convirtieron en un alimento suficiente para todos

. Los discípulos de Jesús asumen un gran protagonismo al ser los encargados de distribuirlos a toda la gente. Solo la Eucaristía puede transformar el mundo. Ella comienza cambiando primero nuestro corazón. Ella despierta en nosotros, las ganas de compartir. Ella es, en nuestras manos un tesoro que humaniza, que aporta vida, luz y salvación. Oración Señor Jesús tu sacrificio eucarístico, es señal de que la vida solo da fruto cuando se comparte, y cuando no se guarda celosamente. Queremos compartirte con nuestro pueblo hambriento, y ser protagonistas de la nueva evangelización. Madre del Cuerpo de Cristo tú que fuiste la primera en compartir a Jesús con los hombres ayúdanos a hacernos prójimos de todos los hermanos y a compartir con ellos el pan que nos ha cambiado la vida. Amén. 5. La Eucaristía, pan para saciar a nuestro pueblo. Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo: Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. Palabra del Señor. Entre las manos de Jesús, los panes y los peces se hicieron un gran alimento. Todos comieron hasta saciarse. Cada uno de los discípulos que repartió el pan quedó transformado en poseedor de una fuente inagotable que puede seguir alimentando a los hombres y mujeres de todos los tiempos. En este pan abundante del Evangelio descubrimos una imagen de la Eucaristía. En el humilde signo del pan y del vino, transformados en su Cuerpo y su Sangre, Cristo camina con nosotros como nuestra fuerza. Él quiere seguir saciando a su pueblo con su presencia. Oración Cristo vivo, tú eres el pan que nos sacia. Solo tú puedes satisfacer el hambre de todos los hombres y mujeres. Madre de Jesús Eucaristía, tú fuiste llena de su presencia, la primera en ser plenificada por Cristo. Queremos anunciar contigo que Él es el pan que sacia de verdad. Amén.

ROSARIO EUCARÍSTICO Cada rasgo de la vida de Cristo, tal como lo narran los evangelios, refleja aquel Misterio que supera todo conocimiento. Todo en la vida de Jesús es signo de su misterio. El Rosario nos ofrece el secreto para abrirnos a un conocimiento profundo de Cristo. María vive mirando a Cristo y tiene en cuenta cada una de sus palabras y sus gestos. Toda su vida ha sido un “recordar”. Ella siempre nos propone los misterios de su Hijo, con el deseo de que los contemplemos y puedan derramar en nosotros toda su fuerza salvadora. Los misterios del Rosario Nos hacen recorrer las líneas fundamentales de la vida de Cristo. A partir de ellos, el Beato Juan Pablo II nos llama a extender la atención al resto del Evangelio. Este consejo del Papa nos invita a contemplar en momentos especiales otros “misterios” de la vida de Cristo, misterios que son también en cierto sentido, los misterios de su madre, incluso cuando Ella no está implicada directamente. Contemplar el rostro de Cristo y contemplarlo con María es el programa que nos ha indicado Juan Pablo II en el alba del tercer milenio. Como pueblo, hoy queremos aprender de María a contemplar la belleza del rostro eucarístico de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor, para encontrar un camino auténtico hacia la reconciliación, la solidaridad y la coherencia. La Eucaristía nos convoca, nos reconcilia, nos solidariza y nos envía. 1. La Eucaristía, compasión de Jesús. Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo: Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio a una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos. Palabra del Señor. Jesús contempla a la muchedumbre. Se compadece de ella porque “eran como ovejas sin pastor”. La imagen es elocuente. Son hombres y mujeres indefensos, en peligro, sin nadie que las conduzca, sin protección y sin alimento. En esta escena vemos

hoy reflejada la dispersión, el abatimiento, la indefensión y el desamparo de grandes mayorías de los pueblo en los últimos años. Frente a una multitud con estos rasgos, está Jesús. Su corazón compasivo y su gesto solidario revelan el rostro de Dios, “rico en misericordia”. Oración Señor Jesús, también nosotros queremos contemplar al pueblo indefenso. Queremos abrirnos a tu amor manifestado en la Eucaristía para tener un corazón cada vez más compasivo. María, mujer eucarística, queremos como vos abandonarnos a la Palabra de Dios porque vemos que el gesto de Jesús supera nuestro entendimiento. Danos un corazón como el de tu Hijo Jesús. Amén. 2. La Eucaristía, pan del desierto Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo: Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: “Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos”. Palabra del Señor. Junto a Jesús, y frente a la multitud estaban también los discípulos del Señor. Ellos se acercaron a Jesús y le dijeron que despidiera a la gente. La despreocupación de los discípulos ante las necesidades de la gente contrasta con la compasión de Jesús. Ellos sólo intentan distanciarse del problema. Olvidaron tantos lugares de la Escritura en los que el Pueblo de Israel y los profetas, pudieron alimentarse en medio del desierto, Gracias al gesto providente de Dios. En medio del desierto Dios quiere volver a hacer algo maravilloso: salir al encuentro de los que ama y defiende, los pobres, los indefensos, los marginados. Él quiere regalarles una fuerza nueva, una comida verdadera: su propio cuerpo y su propia sangre. Oración Señor Jesús cuantas veces olvidamos las maravillas de Dios, su amor de Padre por cada uno de nosotros. Cuantas veces olvidamos su proyecto de salvación: saciar el hambre y enjugar toda lágrima. Queremos estar muy cerca de ti para confiar en el Dios que nos salva, que nos alimenta en el desierto con tu cuerpo y con tu sangre.

Virgen María, en tu seno bendito brotó el pan del desierto: Cristo Jesús. Tú le diste tu cuerpo y tu sangre. Hazlo brotar de nuevo en nuestro Pueblo. Amén. 3. La Eucaristía, pan confiado a los discípulos. Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo: Pero Jesús les dijo: “No es necesario que se vayan, denles ustedes de comer”. Ellos respondieron: “Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados”. “Tráiganmelos aquí”, les dijo. Palabra del Señor. A los discípulos, Jesús les ordena algo que les sonaba imposible de realizar: “Denles ustedes de comer”. El Señor no aceptó la actitud evasiva de los discípulos. Les exigió que se mostraran compasivos y solidarios con las necesidades de la gente, aún cuando esto los colocara en una situación muy por encima de sus pobres fuerzas. Con esta orden, Jesús estableció una norma de conducta que lo tiene a Él mismo como modelo. Los discípulos no deben buscar su propio interés sino el de los demás, y sentir como propias las necesidades de los otros. Hoy, en nuestro pueblo, hay hambre de Dios, que hay que satisfacer con el pan de la Palabra y la sed de justicia, con la promoción más íntegra de la dignidad humana. Oración Señor Jesús. Queremos ser instrumentos de vida para los demás y revestirnos de entrañas de misericordia. Queremos hacernos cercanos y solidarios con todos especialmente con los que sufren. Virgen María, queremos dar de comer a nuestro pueblo con el pan de Jesús, Semilla viva de esperanza. Sabemos que tu Hijo, el pan vivo y verdadero es el único que puede dar vida a nuestro presente. Amén. 4. La Eucaristía, pan que se comparte. Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo: Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos y ellos los distribuyeron entre la multitud. Palabra del Señor.