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El futuro de la UPR es hoy POR DIEGO GIL MORTOLA | 14 DE OCTUBRE DE 2011 | 2:49 AM – 0 COMMENTS

El 20 de enero de 1966 no fue un día más en la historia la Universidad de Puerto Rico, ese día se sancionó la Ley de la Universidad de Puerto Rico. Su propósito era claro: reafirmar y robustecer su autonomía y facilitar su continuo crecimiento. Además se comprometía a que la Universidad de Puerto Rico continuaría siendo una corporación pública. Algo que parecería estar cambiando. El artículo 11 del la Ley de la Universidad de Puerto Rico establece que habrá un Senado Académico en cada uno de los recintos y colegios universitarios. Tendrá como funciones más importantes: establecer los requisitos generales de admisión, promoción, y graduación de los estudiantes y hacer las recomendaciones a la Junta de Síndicos sobre la creación o reorganización de facultades, colegios, escuelas o dependencias.

Ana Matanzo es miembro del Senado Académico, es una de las representantes claustrales querepresenta a la Escuela de Derecho y está consumiendo su segundo y último mandato de tres años. ¿Cúal es la situación del Senado Académico en la actualidad? En lo que se refiere a los estilos de gobernanza y liderato, el Recinto de Río Piedras ha estado en probatoria desde junio de 2010, por el incumplimiento con el estándar 4 de la MSCHE. En la más reciente visita, el equipo enviado por la MSCHE reconoció esfuerzos que ameritaron una recomendación de cumplimiento, pero también recomendó seguimiento en esta área para asegurar la continuidad de los esfuerzos. El Senado Académico es el cuerpo de gobernanza oficial del Recinto en todo lo que concierne al programa académico. Su rol, por lo tanto, es crucial en el cumplimiento con el referido estándar 4. De otra parte, según los planes que la presidencia y la Rectora del Recinto le han sometido a la MSCHE, se propone revisar toda la normativa de todos los cuerpos de gobernanza de la universidad, desde la Junta de Síndicos hasta los Consejos de Estudiantes. Ello incluye a los Senados Académicos. No está claro cómo se conducirá ese proceso de revisión, pero no hay que olvidar que el Gobernador ha nombrado a una Comisión con la encomienda de proponer recomendaciones para reformular a la universidad, de ser necesario, desde sus cimientos, en palabras del propio Gobernador. ¿Hay antecedentes similares? En años recientes, la legisladora Margarita Ostolaza (PPD), quien es profesora de la UPR, propuso un proyecto para revisar la ley orgánica de la universidad, pero esa iniciativa no prosperó, en gran medida porque no contaba con el aval del entonces Presidente de la UPR, Lcdo. Antonio García Padilla. ¿Existen riesgos de privatización de la Universidad? La posición oficial niega reiteradamente que exista ningún propósito de privatización, pero hay más de una manera de privatizar a la universidad sin necesariamente tener que recurrir a la venta de sus unidades. En estos momentos, considero que la reorientación del programa académico es una forma de privatización desde adentro de la universidad pública. La oferta del programa se condiciona, cada vez con mayor énfasis, a las necesidades del sector privado y a la disponibilidad de fondos externos que vienen a cubrir el déficit presupuestario que se produjo, en gran medida, como resultado de

la alteración de la fórmula. Otra forma de privatizar es por la vía legislativa, como en el caso de la permuta que se pretende imponer para disponer de los terrenos de la Subestación Agrícola de Gurabo. ¿No cree que es malo para la economía que haya una infinidad de filósofos cuando el mercado no los necesita? La Universidad tiene que educar para las necesidades del país. Eso está así mismo planteado en su ley orgánica y en su misión, pero precisamente por ello, el país también requiere que se aborden disciplinas que no son rentables en el mercado inmediato. La universidad que conocemos tiene su origen en el medioevo. Fueron centros desde donde se redescubrió y divulgó la obra de los clásicos griegos. En ese momento, esa actividad universitaria no tenía ninguna rentabilidad inmediata, sin embargo, la sociedad occidental tal como la conocemos, es producto de esa aportación. Es decir tiene que haber un balance, no se puede hacer una Universidad con la miopía de ver sólo a lo inmediato, Por sobre todo, debemos tener siempre presente que la responsabilidad primaria de esta universidad es la de formar forjadores de cambios con el pensamiento crítico que ello requiere. ¿En los últimos la Facultad de Ciencias Sociales y la de Humanidades han tenido varios rectores a qué se debe esto? Desconozco el detalle pero no debe extrañar que esa sea la situación, considerando que la función de la universidad va a depender más de fondos externos. Según la proyección presupuestaria, este año la universidad opera con un déficit de $50 millones. Es lógico que ciertas disciplinas se vean más afectadas que otras, dependiendo de la disponibilidad de los fondos externos. Por lo tanto, las áreas de la ciencia y la tecnología van a estar mejor dotadas que otras disciplinas que no son tan rentables a corto plazo. ¿Qué proyecto tiene el Senado Académico para defender la Universidad? Está en una situación complicada. El Senado está siendo el blanco de muchas críticas porque la la misma Rectora, Dra. Guadalupe, en repetidas ocasiones ha expresado su insatisfacción con el Senado Académico por considerar que es un cuerpo obstruccionista a las reformas que, conforme a su visión, el Recinto de Río Piedras necesita. Como dije antes, está en agenda revisar las funciones del Senado Académico. ¿Cada cuánto se reúne el Senado Académico?

Por disposición del reglamento se debe reunir, por lo menos, una vez al mes durante el periodo lectivo. El año pasado, sin embargo, eso no fue así. El Senado no se reunió mensualmente y la Rectora dejó de asistir a las reuniones, delegando la presidencia en otras personas. Este año, la mayoría de las veces se han convocado reuniones extraordinarias para asuntos puntuales pero la reunión ordinaria de septiembre no se celebró. La reunión de septiembre la vamos a sostener en el mes de octubre. De otra parte, no se ha designado al nuevo Secretario o Secretaria del Senado Académico, cargo que está vacante desde diciembre de 2010. Esto es una forma de disminuir al Senado y resulta lamentable. ¿Qué autocrítica hace del Senado Académico? Como cuerpo colegiado el Senado es un foro de deliberación. Eso nos obliga a considerar cómo participar del debate en la forma más efectiva preparándonos de antemano para evitar que los procesos se dilaten innecesariamente. Reconozco que en ocasiones se pierde demasiado tiempo. Por otro lado, es necesario que las unidades envíen al Senado lo mejor de sus facultades y que la designación no sea, meramente por cumplir con un requisito. Este es un momento crucial para el Recinto y tenemos que tener el mejor talento en el Senado Académico dispuesto a trabajar arduamente en mejorar nuestra aportación al cuerpo. Es una autocrítica que tenemos que formularnos constantemente como senadores y senadoras. ¿Ustedes no protestan porque se le ha restado importancia al Senado Académico? Sí, el año pasado se han aprobado resoluciones condenado la ausencia de la Rectora y reclamando mayor participación, por ejemplo, en el proceso de acreditación, pero esas declaraciones cayeron en oídos sordos, hasta que el comité de visita de la MSCHE en abril pasado, recomendara que siguiéramos en probatoria por incumplimiento con el estándar. Además, pienso que el Senado debe ser cuidadoso y selectivo con sus resoluciones. Si tu te pasas haciendo declaraciones sobre todos los temas posibles, se devalúa la moneda y eso hace que pierda peso crítico. ¿Qué logros ha tenido el Senado Académico? El logro más importante en la historia más reciente fue la recomposición del currículo del bachillerato. En estos precisos momentos el Senado Académico está revisando la normativa académica aplicable a los programas graduados.

Además, tiene sobre la mesa la priorización del plan operacional del Recinto conocido como Visión 2016. ¿El Senado académico tiene peso a la hora de dar becas y ayudantías a los estudiantes? Depende, tiene peso para recomendar los criterios académicos que condicionan a las becas, ayudantías y exenciones, pero más que nada nos ocupamos de los programas académicos y de la normativa que garantiza la mayor excelencia de nuestro personal docente. ¿Qué sería lo peor de la desaparición del Senado académico? La comunidad académica, especialmente los docentes, perdería participación en la gobernanza académica de la institución. Se supone que como comunidad académica, seamos un cuerpo colegiado que participa en la toma de decisiones que inciden en la oferta académica. El Senado Académico, cuya composición, según está dispuesta en el Reglamento General, asegura una proporción de 2 a 1 a favor de los docentes, garantiza que esa participación sea representativa y democrática y no mediante consultas por designación y controladas desde un solo sector de la comunidad universitaria. A mi modo de ver, limitar las funciones y composición del Senado Académico es restarle a la autonomía universitaria. ¿Qué proyectos tiene ahora el Senado Académico? Como mencioné antes, ahora mismo el cuerpo tiene ante sí dos asuntos muy importantes. Uno es la revisión de la Certificación 72, que adopta la normativa y criterios de excelencia aplicables a los Programas Graduados. Está considerando el documento llamado TRAZOS que le sometió la Rectora para priorizar el plan operacional del Recinto. Además, se están considerando los criterios propuestos desde la administración para colocar en pausa a programas académicos. Ante estos cambios, la función del Senado Académico como cuerpo oficial que ha de velar por la buena marcha de todo lo relacionado con el programa académico, cobra especial relieve y responsabilidad.