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EL JOYERO El reloj de pared anunciaba desafiante las tres de la tarde.

El tiempo estaba avanzando y sentía como el nudo de mi corbata parecía apretarse cada vez más. Curiosamente esa mañana había tenido la sensación que no debía vestir tan elegante, pero nunca me hubiese podido imaginar los acontecimientos de ese día. Sentía como su mirada se clavaba intensa y penetrante en el maletín junto a mí. Su olor resultaba hechizante y discretamente pose mi mirada en el cruce de sus piernas. Era de piel trigueña, expositora por excelencia de su raza latina, de pelo castaño claro y ojos tan negros como el hoyo mas profundo, en donde sin duda había caído más de uno. Apenas si la había escuchado hablar un par de veces, cuando horas antes en medio del asalto, me ordeno con tal firmeza que me subiese en la camioneta que se encontraba estacionada afuera de la joyería. Ahora, sentado frente a ella y sin la capucha en mi cabeza, la miro de reojo y corroboro su belleza. En medio de todo, y por loco que pudiese sonar, era ella lo mejor que me había pasado ese día y durante mucho tiempo. Mientras yo divagaba y buscaba una respuesta de cómo esa mañana de martes, mañana de tedioso trabajo que parecía como cualquier otra, se había convertido en semejante escena, los tres tipos entraron cual estampida, esta vez no usaban su pasamontañas y trate de no verles el rostro, pero esto no pareció importarles en lo absoluto. La mujer se levanto y se dirigió al que parecía ser el jefe. Este era un tipo de imponente presencia, de más de 1.90 de estatura, completamente calvo y podría decir que habría de pesar unos 130 kilos. Su imagen me resulto bastante familiar a los estereotipos de motociclistas pandilleros, pero este por el contario proyectaba gran clase y distinción. Usaba un traje de Dolce & Gabanna completamente negro, con una camisa de seda color violeta y una corbata también negra. Cuando la mujer se acerco a hablar con el, los otros dos tipos me tomaron de los brazos y con las manos aun esposadas me tiraron en un pequeño closet diciendo que por mi propio bien era mejor que no pusiese demasiada atención a su conversación. Uno era un tipo de color de aspecto algo hostil y con un ligero toque de los 70s, el otro era un sujeto asiático de complexión media que me recordaba las películas de la mafia japonesa. Ambos empezaron a hablar en un idioma que a mi parecer sonaba proveniente de Europa del Este, por mi parte y haciendo caso de su advertencia busque fijar mi atención en otra cosa, aunque resultaba bastante difícil el desviar mi mente de ese pequeño y oscuro closet en donde me encontraba. Decidí entonces concentrarme en la conversación de la mujer con el supuesto jefe, la cual era apenas perceptible entre el ruido de la calle y la conversación de los otros dos tipos. En el momento que pude escuchar algo me di cuenta que estaba hablando la mujer y comprobé por su acento que era Latina, habría de ser Venezolana o Colombiana. Sabia eso gracias a mi trabajo en la joyería, en donde gente de todas partes va a comprar recuerdos y regalos. No resultaba difícil entonces, después de muchos años el diferenciar los distintos acentos.

Aunque su ingles resultaba impecable me era difícil entender lo que decía, mas aun, cuando estrepitosamente y de vez en vez, el supuesto jefe lanzaba tremendos alaridos como quejándose de algo que al parecer había salido mal. Yo esperaba ciertamente que ese “algo” no fuese yo, y fue en ese preciso momento en donde empecé a tener conciencia de en lo que estaba metido. Estas personas eran criminales, eran ladrones de joyerías y al bajar de la camioneta yo había podido reconocer dos tipos de metralletas automáticas y un par de revólveres. La discusión duro por varios minutos y al parecer no condujo a ninguna solución. Los otros dos tipos se encontraban fumando y conversando “fraternalmente” y no los consideraba un peligro inminente, por lo menos no en ese momento. No sabia cuanto tiempo iba a estar ahí o incluso si iba a salir con vida. Y es en este tipo de situaciones en donde los segundos son pequeños y fugaces siglos que se desvanecen en la sombra y dan paso a millones de recuerdos. Recuerdos de mi infancia, de mi familia, de mi primer amor, de mis miles y una noches de diversión y locura. En retrospectiva me di cuenta que había tenido una buena vida, y si el destino bufón deparaba que muriese ese día, no me quedaría debiendo nada, pues hice lo que quise hacer cuando lo quise hacer donde y como lo quise hacer. Después de ese momento de reflexión y al volver mis sentidos, me di cuenta que me había quedado dormido por un instante y ya no se escuchaba palabra alguna en la casa. Ya no escuchaba los dos tipos conversando y las voces de la mujer y del jefe se habían esfumado dejando un silencio únicamente interrumpido por el sonar de los claxon en la calle. Aguarde en silencio algunos minutos a la expectativa de que regresaran o algo sucediera, pero nada aconteció. Sacando algo de valentía e incorporándome lentamente busque la manija de la puerta y para mi sorpresa esta giro y se abrió. Me asome con cautela siempre pensante de un posible disparo y a gatas me arrastre por un pasillo que me condujo a la sala donde había llegado en primera ocasión. El lugar estaba intacto y el reloj de pared marcaba las 3:20. Me levante y sondeé todo el lugar buscando alguna puerta o teléfono. El teléfono estaba sobre una pequeña mesa junto al sofá principal de la sala, lo tome con las manos esposadas y claramente oí que tenia tono de marcado, bastante sorprendido camine a lo que parecía ser la entrada principal del departamento y aun mas increíble me resulto que esta se encontraba sin ninguna vigilancia ni ningún seguro o candado. Abrí precavidamente la puerta y me asome al pasillo donde pude ver el elevador y las escaleras de emergencia. No podía entender que estaba pasando, y antes de que tomara la decisión de irme escuche el teléfono sonar, lo deje timbrar varias veces, y cuando pensé que ya estaban por colgar se disparo la maquina contestadota y escuche una voz que me estremeció el alma. Su voz resultaba inconfundible, yo estaba perplejo y no entendía que tenía que ver esa persona en todo esto. Pero aun más aterrador que llegar a esa respuesta fue el mensaje que dejo, que ciertamente iba dirigido exclusivamente para mí, lo que denotaba que esa persona sabía que yo estaba ahí, que yo estaría escuchando. Cuando hubo finalizado la grabacion y pude contenerme,

decidi escucharla y de pronto todo se volvio obscuro y desperte en la patrulla camino hacia aca. Es todo lo que puedo recordar. ¿Sabe usted quien era? Pregunto el oficial Smith.

Era la primera vez que intervenía desde que había empezado con mi declaración. Era un hombre serio y a pesar de su presunta vejes, era uno de los mejores policías del departamento. No. Respondí. ¿Podría reconocer la voz si le ponemos la grabación? Pregunto. No. Dije bajando la mirada y dándole una bocanada a mi cigarrillo. Señor Carson, ¿Espera usted que le creamos que fue usted secuestrado después del robo de la joyería donde trabaja, llevado a un departamento en pleno centro de la ciudad y abandonado con todo el botín? No le pido que me crea, su trabajo es descubrir la verdad. Dije mirándolo fijamente a los ojos. Si, ahora bien hablemos de el maletín de cuero negro que fue encontrado junto al cuerpo. ¿al cuerpo, que cuerpo? El cuerpo que fue encontrado con dos disparos cerca a la cocina. ¡! No tengo idea de lo que me esta hablando ¡! Le recuerdo que todo lo que diga puede ser usado en su contra así que piense muy bien lo que va a decir por que puede ser la última pieza para su condena. Por ahora nos tomaremos un descanso y le daremos tiempo para que pueda recordar.

Sus palabras me cayeron como un baldado de agua fría y le pedí el favor que me explicara a que cuerpo se refería, o que simplemente me dejara escuchar la grabación que habían tomado de la maquina contestadota, pero ciertamente fue inútil y tomando su habano salio de la sala dejándome con un posible homicidio a cuestas. Era una sala de 2 por 2 metros con una única mesa en medio y una lámpara de luz fluorescente justo encima. Pasaron un par de horas, ya me había fumado toda la cajetilla de cigarrillos Marlboro que me habían concedido y el dolor en mi cabeza parecia reaparecer. No podia recordar nada mas de lo que ya habia dicho y al parecer habia sido bastante puesto que el golpe que recibi en la cabeza pudo inclusive matarme. Pensaba y me forzaba a recordar que habia sucedido en ese momento en que habia puesto la grabacion, pero mi cabeza daba vueltas y tenia los ojos entrecerrados. ¿Abran vuelto los sujetos por su botin? y si asi fue ¿Por qué no se lo llevaron entonces? ¿Quién es el sujeto que encontraron muerto y aun mas importante quien lo mato? Habia cientos de preguntas en mi cabeza pero sabia que la respuesta radicaria en que pudiese recordar quien es el hombre de la grabación. Entro nuevamente el oficial Smith, esta vez no estaba solo, estaba con una joven bastante bella que dijo ser mi abogada de oficio. Nunca había tenido

problemas con la justicia más que una vez siendo adolescente, cuando tome el carro de mi papa y accidentalmente lo estrelle en un supermercado cercano. Esa vez pase 48 horas en la estación de policía hasta que mi papa tuvo que pagar lo que quedaba de fianza y los daños ocasionados al supermercado. Ciertamente no sabía como se manejaba este tipo de cosas, pero sabia que no necesitaba un abogado de oficio ya que gracias a mi trabajo podría pagar uno particular, aunque no le di mucha importancia y decidí dejar que las cosas continuaran. Su nombre era Claire Houston y parecía tener poca experiencia pero derrochaba actitud. Era rubia de piel blanca y suave, sus ojos color miel ofrecían un lago donde te podías ahogar en su ser y su boca pequeña y delicada color cereza podría haber dicho mi sentencia de muerte y aun así hubiese aceptado encantado. De gestos delicados y rasgos femeninos, llevaba un vestido azul a la altura de la rodilla y note que era particularmente alta estando sin tacones. Después de las formalidades de presentación y demás, decidimos hacer un análisis del caso y poner sobre la mesa toda mi situación. El oficial Smith explico lo sucedido a Claire quien trataba de entender así como yo lo sucedido. Contó algunos detalles de los cuales yo no tenía la menor idea, hablo sobre como se entero del robo y por que la policía había llegado al sitio, lo cual me dejo bastantes dudas que después marcarían el rumbo total de la historia. Dijo que los vecinos del edificio habían llamado a la policía al escuchar disparos, y que al llegar al departamento habían encontrado el maletín de cuero con las joyas que habían sido robadas horas antes de la joyería donde yo trabajaba. Así mismo toco el tema vagamente del cuerpo que fue encontrado junto al maletín, con dos disparos, que coincidían con las balas de un revolver 45, el cual concordaba con uno de los dos revólveres que había visto con anterioridad. ¿Dónde hallaron el revolver? Pregunto Claire. A unos pasos de Carson. Dijo Smith. Puedes llamarme Marco. Dije mientras posaba mi mirada en sus ojos. Esta de muy buen humor para ser alguien que esta acusado de homicidio, robo, desfalco etc. Sabe que de hallarlo culpable le podrían dar 20 años sin derecho a rebaja. Dijo ella mientras miraba las fotos que había tomado el investigador de la escena del crimen.

Después de esa bofetada decidí mejor centrarme en salvarme el pellejo. - Acá dice que el investigador a cargo es un tal Robert Bing. Dijo Claire. ¿Por qué esta usted a cargo entonces? El oficial Bing tuvo que ser desplegado a otro caso. Contesto algo incomodo Smith. ¿Estaba usted con el cuando tomo las fotos? Yo había llegado minutos antes. Pero no entiendo a que va todo esto, el de las preguntas soy yo. Dijo exaltándose. ¿Cómo se entero entonces usted de los disparos y de toda la situación si ni siquiera el investigador a cargo había llegado?

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¡¡¡ No tengo por que responder esa pregunta ¡¡¡ ¿se le olvida que el investigado acá es el señor Carson? Podría dejarme a solas con mi cliente, por favor. Tengo que decirle algo que debe saber. Capitulo 2

La gran puerta de madera que daba acceso a la oficina se abrió y una mujer con paso firme se adentro. Te estaba esperando. ¿Por qué la tardanza? Pregunto una voz que provenía de la silla detrás del enorme escritorio francés. Ese no es asunto tuyo. Dijo Gabriela. Vaya ni el dinero te hace feliz verdad. Esta hecho. Smith ya lo tiene en la estación y todo precisa que Carson sea el único y principal sospechoso tanto del robo como de la muerte de Lee Ming. A propósito ¿ya te dije que eres un hijo de puta? Huy pero que sutil. Lo de Ming fue algo que se dio sobre la marcha, no estaba planeado. Estaba entre él, Andrew o tú. Dale gracias a Dios que a pesar de tu insolencia sigues respirando. Este fue mi último trabajo. Ya te había dicho que no pretendo seguir con esta vida. ¿Cuantas veces he escuchado eso. Unas treinta o cuarenta quizás? ¿Que vas a hacer? ¿Volver a las calles de donde te saque, para entregarte por unas migajas? Tengo suficiente dinero para darnos a mi hija y a mi una vida digna y decente. Las perras no dejan de serlo por tener un hogar. ¡¡ Desgraciado ¡¡ Piensa muy bien que vas a hacer, si en verdad valoras tu miserable vida lárgate de una buena vez. Juro por Dios que así sea lo último que haga en esta vida te arrepentirás. ¡¡ que te largues ¡¡

Gabriela salio del edificio rápidamente y se dirigió a la cita que tenia con Andrew en un restaurante modesto en el barrio japonés, se habían citado en el restaurante de la familia de Lee para poder darle la trágica noticia. Mientras conducía por la autopista en su porche, Gabriela Cortez, Venezolana de nacimiento, criada en Miami e hija y hermana mayor de una numerosa pero modesta familia de inmigrantes, que 23 años atrás se habían marchado buscando el sueño americano, pensaba en como le darían la noticia a la familia de Lee. En como llegaría a sentarse en esa mesa en donde tantas veces la recibieron con un plato de comida, y le brindaron hospedaje cuando no tenia si quiera donde dormir. Ella había conocido a Lee trabajando en las calles. Cada uno en su asunto, ella como prostituta de una casa de citas por una zona bastante marginada de la ciudad, él como un “chulo” de poca monta, al que apenas se le estaba inaugurando en el mundo de las calles. Una noche un

cliente de Gabriela trato de irse sin pagarle, y cuando casi lo lograba, Lee apareció y no solo lo obligo a pagarle si no también a pedirle una disculpa. Desde esa noche habían sido amigos, cómplices y colegas en los negocios de las calles. Habían sido asaltantes, jaladores de carros, y a lo último que se habían dedicado era a la estafa y robo a joyerías y tiendas de empeño. Tantos recuerdos pasaban por su cabeza que era difícil evitar el llanto. Hacia mucho tiempo no lloraba, en el mundo en que creció la debilidad no estaba permitía, ni siquiera en las mujeres. Se había acostumbrado a ser una persona fría y calculadora, únicamente interesada en el dinero y en cualquier cosa que se lo ofreciese. Pero la muerte de Lee y bajo esas circunstancias era demasiado, inclusive para ella. A pocas cuadras del lugar Gabriela Cortez se ahorillo y abrió la guantera del carro, lo único que había era un sobre firmado con las iniciales de Lee, en el sobre había un cheque por una fuerte suma de dinero que eran los ahorros que Lee tenia destinados para ayudar a su familia. Lee siempre había tenido el sueño de comprar el edificio donde su familia tenia el restaurante ya que los dueños explotaban mes con mes la renta, y lo que restaba apenas si permitía la manutención de sus padres. Lee tenia una pequeña hermana que se había visto obligada a trabajar desde muy pequeña en el restaurante y este solo quería brindarle la oportunidad de acudir a una buena escuela y que se convirtiera en psicóloga. Ahora y por el sacrificio de su vida ese sueño parecía volverse realidad, pero el dolor y el vacío que generaría en sus padres iba a ser algo con lo que estaba segura no podría lidiar. Del otro lado y a pocas calles en su camioneta Lincoln z3 se acercaba Andrew, había pasado a retirar una cantidad de dinero que entregaría como regalo a la familia de Lee. Andrew Dutch era un afroamericano de padres desconocidos, que creció en un orfanato de donde escapo a los 16 años para irse a vivir a las calles como vendedor de crack. Conoció a Lee y a Gabriela una noche en un bar, mientras les vendía un poco de cocaína a los dos. La química fue inmediata y después de un par de ventas y encuentros se volvieron como los tres mosqueteros. Cada uno en su ámbito, los tres en un mismo medio, cada uno con un sueño, los tres luchando por obtenerlo. Hacia pocos meses que trabajaban juntos. El asaltar joyerías y tiendas de empeño se había convertido en la forma más rápida de ganar dinero y habían desarrollado fuertes lazos de amistad, que muchos por el trabajo en que se desempeñaban y el medio en que les había tocado vivir creían irreales o fácilmente fracmentables por un cheque con varios ceros. El reloj de su camioneta amenazaba con el cuarto para las 5 y no valía la pena mas espera, Andrew dio la última bocanada a su cigarro y se detuvo del otro lado de la calle donde pudo ver que el porche de Gabriela ya estaba estacionado. Tomó el sobre, bajó de la camioneta y cruzo la calle entrando finalmente en el restaurante. El lugar era pequeño y modesto, carecía de mucha decoración, algo que no es muy típico en los restaurantes japoneses, pero Doña Shaio y su esposo Don Shui se habían enfocado más en el servicio y la excelente comida. Gabriela efectivamente ya estaba ahí, la noto algo alterada pero nada que llamara mucho la atención de Doña Shaio, madre de Lee, quien justo se acercaba con dos tazones de sopa de pulpo, la preferida de los tres.

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Bienvenidos de vuelta, hace mucho que no los veíamos por aquí. Dijo Doña Shaio mientras ponía ambos platos en la mesa. – pasen y tomen asiento— Gracias. Respondieron ambos. A que debo el honor de su estrepitosa visita, y por que esas expresiones en sus caras, ¿Pasa algo malo?

Ya habían pasado casi 24 horas desde que Marco había sido encontrado en la escena del crimen, y sobre él pesaban cargos que iban desde desfalco, robo e incluso se investigaba por el homicidio de un hombre asiático al que se había identificado como Lee Ming, uno de los estafadores y ladrones mas buscado en los últimos meses. Había estado en interrogatorio el día anterior con el oficial Smith quien estaba presuntamente a cargo de su caso y había conocido a la que seria su abogada de oficio, Claire Houston. El sonido de las goteras resultaba enloquecedor y frenético, había tenido por lejos una de las peores noches de toda mi vida y sucumbía del hambre. No tenía ventanas y la poca luz que entraba se escabullía por una rendija de ventilación. No sabia cuanto tiempo había pasado desde que había terminado mi entrevista con Claire. Vaya si que es hermosa, pensé por un instante que yo también le había gustado y eso robo una sonrisa en mi cara. Pero que tontería, una mujer como ella jamás se fijaría en un tipo como yo, y ahora mas que nunca, ya que parezco ser el descendiente del “padrino”. Miraba la pequeña celda de 2 x 1 metros y me preguntaba si algún día volvería a ver la luz del sol como un hombre libre. En ese momento preferí que me condenaran a la pena de muerte antes que sentenciarme a 30 años en prisión. ¿Acaso había enloquecido? O simplemente deliraba por la falta de comida, sea cual hubiese sido la causa, mi atención quedo plenamente puesta en aquella voz que escuche proveniente del pasillo. ¡¡ Es inhumano ¡¡ ¿Quién dio la orden de encerrarlo en un calabozo? Mi cliente no ha sido condenando y en todo caso cualquier persona que conozca la ley sabe que las primeras 72 horas el acusado tiene derecho a una celda digna, con comida y una llamada pertinente.

¡Era Claire¡ Inevitablemente mi pecho se hincho de tal alegría y como pude trate de componerme y acercar mi oído a la puerta para poder seguir escuchando. Perdone señorita pero yo solo estoy cumpliendo ordenes. Dijo el guardia bastante intimidado por el tono con el que hablaba Claire. ¿ordenes de quien? Pregunto ella. Del oficial Smith.

La puerta se abrió una ráfaga de luz me cegó momentáneamente. Mientras recuperaba la visión podía ver su imponente figura como una sombra que se asomaba entre la luz. Me restregué los ojos buscando asimilar y dar detalle a tan majestuosa imagen. Tenía un vestido color caqui, el cual caía en el punto justo entre la sensualidad y la desnudez. Su pelo recogido con un moño atrás y

unos tacones que la hacían lucir exageradamente alta. Apenas si pude levantarme y excuse mi lentitud a la falta de comida. Me sentí bastante avergonzado por mis fachas, pero también pensé que por su trabajo ella mejor que nadie entendería que es pasar la noche en un calabozo. De todas formas y valiéndome de un poco de agua que conseguí de las goteras, me lavé el rostro y traté de peinar mi cabello. Ella me miro con una prepotencia disimulada, con sus ojos suaves pero penetrantes. Me pidió que la acompañara a la sala de interrogación y pues no tenia por que rehusarme. Camino hacia allá y mientras atravesábamos un largo pasillo, me pregunto sobre como había pasado la noche y si había utilizado mi llamada para informarle a mi familia sobre lo ocurrido. Le dije que a mi parecer nunca nadie ha de disfrutar una noche en un calabozo, pero que no tenia tampoco mayor queja, por otro lado, le dije que no había llamado a nadie por que no tenia a nadie a quien llamar. Comencé por aclarar que soy un tipo soltero, que vivo solo en un departamento a unas calles de la joyería donde trabajo, y que mis padres fallecieron hacia unos años en un accidente de carro. Había sido hijo único y no tenía ningún tipo de relación o contacto con primos o tíos. Ella pareció conmoverse y le dije que no tenía por que, esa había sido la vida que yo había decidido vivir y que no me molestaba en lo absoluto. Sin embargo le dije que si me daba su número de seguro esa llamada seria para ella, aunque no pareció caerle en gracia. El guardia abrió la puerta de la sala y sentí un malestar al verme sentado otra vez en ese lugar. Ambos entramos y ella le pidió que cerrara la puerta y nos dejara solos. Nos sentamos y me dijo que había averiguado que Smith contra la voluntad del agente encargado lo había relegado del caso. Yo respondí que eso ya me lo había dicho ella el día anterior, justo después de la discusión con Smith y cuando ya este se había ido, y que ciertamente no entendía eso que tenia que ver con lo que estaba pasando. Sentí como si me hubiese orinado en los pantalones al ver su expresión de desagrado e inconformismo. Es verdad que yo le dije eso ayer señor Carson, pero ayer era una hipótesis y esta vez lo estoy afirmando. — Dijo certeramente. Esta bien. ¿Pero que tiene que ver eso en todo esto? -¿No se le hace muy extraño que Smith hubiese llegado antes que las propias patrullas que fueron asignadas a acudir al lugar? Que hubiese sido él precisamente el que halla dado el manifiesto y testimonio de la escena del crimen. Y por encima de todo, ¿no le resulta muy sospechoso el inmenso interés que tiene por llevar este caso? Anoche me di a la tarea de investigar un poco sobre el agente Smith, y para mi sorpresa encontré que sobre él se han generado fuertes rumores de corrupción y se le ha relacionado con la mafia. Por otro lado consulte con una fuente que tengo en la estación, el procedimiento que se debe llevar a cabo para relevar de un caso a un agente y quedarse a cargo, y es ahí donde se pone mas obscura la situación, según lo que me informaron, se debe llenar una serie de formas y documentos que fácilmente tardarían un par de días en ser aprobados, pero nuestro amigo Smith las obtuvo en menos de 4 horas. Considero que he sido bastante clara con lo que le trato de decir. Si estoy en lo cierto, Smith ya sabia de todo lo que iba a acontecer ese día.

Un silencio se apodero del cuarto y procure asimilar todo lo que me estaba diciendo. Y fue entonces que recordé algo que resultaría vital para el curso de la historia. Capitulo 3 Había estado despierto desde muy temprano. Había salido a correr y a sus 57 años se encontraba en una excelente condición física. Había regresado a casa, tomado una ducha y vestido de traje y corbata como era habitual. John Smith, agente de policía, padre devoto de dos hijos, esposo abnegado, hermano vecino y en general un hombre de moral intachable, se encontraba ahora luchando contra el destino, contra todo el mundo y contra si mimo. Llevaba una carrera como oficial de policía destacada, 25 años de servicio prestado a la comunidad le había otorgado el apodo del “abuelo de la justicia”. Era pieza fundamental a la hora de casos complicados, su especialidad, la mafia, el contrabando y la distribución y comercio de drogas en las calles. La camioneta suburban negra se estaciono como de costumbre en la esquina siguiente a la de su casa. Adiós papito. Dijo una voz dulce y melodiosa desde el pasillo de la sala.

Era su pequeña hija Mary de 12 años quien se encontraba leyendo en su silla de ruedas. El escuchar su voz generaba un sentimiento sin comparación en Smith. Adiós mi princesa. Dijo él lanzándole un beso como acostumbraba. ¿Llegaras tarde a casa hoy? Quiero mostrarte la pintura que hice en mi clase de arte y manualidades. No lo creo. En la noche me lo muestras. Pórtate bien y hazle caso a la mama.

Tomó su portafolio, se dio un último vistazo en el espejo al lado de la puerta y tomando su gabán café salio de la casa. Miró hacia ambos lados y al bajar las escaleras de su portón giro a la izquierda y se apresuro en llegar a la esquina. Mientras se acercaba a la camioneta dudo por un momento de lo que estaba haciendo, se sentía asqueado de si mismo, estaba traicionando todo lo que era, toda su labor, todo en lo que una vez creyó. Siempre había pensado que si era una persona ética, de buenos hábitos, sin vicios, bueno en todos y cada uno de sus roles, la vida lo recompensaría no solo con la felicidad de él si no también de su familia. Era por eso que había decidido ser policía. Para no solo ser ese tipo de personas, si no poder brindarle esa tranquilidad a la comunidad, y así mismo, retirar la escoria y todo lo que atentara a su labor. Había luchado durante mas de dos décadas contra todo eso que no se acoplara a su mundo ideal, y que mas discrepante que la vida deshonesta y mal ávida de los criminales y la mafia. Concebía a los mafiosos como los seres más grotescos existentes, pues estos conseguían todo lo que quisiesen a través de la miseria y el sufrimiento de otras personas. Pero ahora, los papeles se tornaban

distintos y la situación en la que se veía envuelto lo forzaba a tragarse todo su asco y repulsión, pues estaba cerca de convertirse en uno de ellos.

No fue necesario que se detuviese a esperar pues la puerta estaba ya abierta. Entro y se sentó en la parte posterior de la camioneta. La suburban era conocida por estar entres las adquisiciones preferidas de los mafiosos, por su tamaño, por su imponencia o simplemente por moda. El conductor era el habitual, tenía unos lentes negros y vestía bastante formal para ser un simple chofer. Nunca decía nada, pero Smith tampoco preguntaba mucho. El chofer tenia bastante clara su misión, conducir y llevarlo donde su patrón, Anthony Lacoste. Lacoste era uno de los mayores contrabandistas existentes en la actualidad, buscado por más de 12 delitos en unos 20 estados, se perfilaba como uno de los grandes de la naciente mafia en los barrios de nueva de York. Había comenzado desde abajo, haciéndoles trabajos a peces de mediana influencia. A la tierna de edad de 17 años se había convertido en el matón de confianza de uno en particular, quien lo apadrino y aprovecho todo su potencial. Era un ser ambicioso y despiadado, únicamente interesado en el dinero, sin escrúpulos y amante de la vida ostentosa y los lujos. Al entrar en la enorme oficina decorada del piso al techo con cuan excéntricas pinturas, esculturas y demás, Smith sintió nauseas por el tan impregnado olor a habano que emanaba de la misma. En su enorme sillón del otro lado del escritorio, se encontraba sentado con una pasividad casi envidiable el gangster que por varias semanas se había convertido en protagonista de las pesadillas en vida del oficial Smith. Buenos días. Dijo Anthony Lacoste dándose vuelta en su enorme sillón. No entiendo que tienen de buenos. Y yo no entiendo por que siempre que me honro con su visita, esta usted tan molesto. Deje el cinismo Lacoste. ¿Para que me necesita? ¡ah! Y a propósito nunca en su vida vuelva a llamarme a mi casa, ya tiene mi celular, mi localizador no quiero que se meta con mi familia me entendió. Huy, ¿debo tomar eso como una amenaza? Por que si es así, será mejor que dejemos nuestros negocios hasta acá y hagamos una pequeña visita a su esposa Dorothy quien debe estar en la escuela dejando a la pequeña Mary, o las podríamos esperar en su casa, con la niñera y el pequeño Samuel. – Dijo sacando un revolver calibre 45 y poniéndolo sobre el escritorio en frente de él—

Smith apenas si pudo tragar saliva e interiormente repudio con tal intensidad el siquiera estar en presencia de un ser tan inescrupuloso.

por su silencio preciso el pensar que no esta usted en condiciones de exigir. Dijo Lacoste guardando el revolver en el cajón donde lo había tomado. - Dígame de una buena vez que es lo que quiere y acabemos con esto. - Solo quiero oír de su propia boca y bajo su propia responsabilidad, ¿como va la situación de Carson, y para cuando puede obtener una condena? La noche anterior había sido lo suficientemente difícil como para querer levantarse de la cama, aun tenia en la cabeza la expresión de Doña Shaio al escuchar sobre lo sucedido con Lee. Y a pesar de todo, su reacción la había dejado impresionada. Doña Shaio siempre había sido conciente de las actividades de su hijo, de los negocios que tenia con Andrew y conmigo, tal vez por eso no se vio del todo sorprendida con la noticia, pensó Gabriela mientras se miraba frente al espejo del baño. Estaba demacrada y se aterraba al ver como el paso de los años había empezado a robarle esa belleza, elasticidad y tonificación, que la habían hecho conseguir mucho de lo que ahora tenia. Se quito la bata y entro en la ducha, esperó a que el agua estuviese caliente para siquiera meter el primer pie, y recordó que alguna vez había escuchado que el agua caliente aflojaba y quitaba elasticidad. Se rió por un momento de ella misma, y ciertamente se convenció de que ya había sacrificado bastante por llegar a donde estaba y se había ganado esa ducha. Tomo la toalla y se la paso por todo el cuerpo, se colocó de nuevo la bata y camino hacia el dormitorio. No había visto el reloj desde que se había levantado, así que echo un vistazo al pequeño despertador que tenia sobre su mesa de noche. ¡Demonios! Maldijo en voz alta. – ya el reloj marcaba cerca de las ocho y treinta de la mañana, y tenia una cita importante a la cual debía acudir sin falta.

Nunca había sido una mujer de arreglarse demasiado, desde joven su belleza destacaba por su naturalidad y con la misma simpleza solía vestirse con unos jeans y una camiseta o blusa. Esta vez no tenia por que ser diferente. En menos de 10 minutos se había vestido, hecho una cola en el pelo y lavado sus dientes. Ahora esperaba ver del otro lado de la calle el estacionar de la acostumbrada suburban negra. Nunca le habían gustado esas camionetas, por su trabajo como prostituta se había visto obligada a subir muchas veces en estas, hubiese preferido usar su propio auto, pero las reglas de Lacoste eran de las pocas cosas que le resultaban irrompibles, o por lo menos hasta ese momento. La camioneta no tardo en aparecer sigilosa y rápida como una pantera lista a atacar. Tomo su bolsa, sus llaves y una barra de granola que le serviría como desayuno. Salio de su casa y cruzo rápidamente la calle. Le alegro mucho ver que de la camioneta se bajaba Andrew quien al parecer se disponía a abrirle la puerta. Aun quedan caballeros, pensó y rió un poco dentro de ella misma. Ambos se saludaron y al principio comentaron sobre la reacción de Doña Shaio y de Don Shui al recibir la noticia. Gabriela había tenido que retirarse mucho antes por que tenia una cita con el ginecólogo que estaba llevando el proceso

de su bebe, así que Andrew le contó que la familia de Lee los había invitado a ser parte de una ceremonia de despedida o algo por estilo. Ya conoces a los japoneses, con toda su espiritualidad y demás. Dijo Andrew mientras encendía un cigarrillo fuera de la ventana.

De repente la ventana se subió automáticamente: Al señor Lacoste no le gusta que se fume en su camioneta. Dijo sin voltear a mirar el chofer. Pues dile a tu patrón que si no le gusta que le “echen a perder” su camioneta de gangster, no nos mande recoger en esta cada vez que tenemos cita con él. Yo solo cumplo ordenes, y ahora le pido el favor que apague su cigarrillo. Esta bien esta bien. Ojala tuviera chóferes como tu. Dijo Andrew en tono burlón.

No hubo respuesta alguna. – Gabriela, sabes tu acaso ¿para que nos necesita el latoso de Lacoste? - No sé, con ese tipo se puede esperar cualquier cosa. - ¿Crees que tenga que ver con lo de Carson? - Seguramente. - Pero no entiendo para que, nuestra parte ya esta hecha y gracias a Dios por bajo y repugnante que sea el tipo, siempre nos paga oportunamente. No entiendo por que tanto misterio. - No te preocupes, ya lo hemos de descubrir. Había pasado una noche mas en aquel calabozo, pero a diferencia de la primera, en esta no me había siquiera molestado en intentar dormir por que sabia que no lo conseguiría. La noche se me había desvanecido entre pensamientos, recuerdos y planes. Ayer estando con Claire y en medio de la conversación había recordado algo, o eso creía, por un momento pude jurar que había recordado aquella voz de la grabación y sabia exactamente quien era esa persona del otro lado del teléfono. Pero es imposible, él esta muerto, yo mismo cabe el agujero donde descansa hace más de 13 años. Pero y si no fuese así, ¿Por qué habría de aparecer justo en ese momento? ¿Cómo me encontró? ¿Qué quiere de mí? Las goteras, las ratas carcomiendo la pared, la falta de luz y demás, habían quedado relegados de mi pensamiento. Ahora buscaba esquizofrénicamente entender por que había escuchado esa voz, por que me sonaba tan familiar, y por que lo relacionaba con una persona que había muerto no solo en mi pasado si no en vida también. Me levante del suelo y camine los dos pasos que podía dar dentro de mi celda y decidí que tenía que darle a conocer la situación a Claire.

Capitulo 4 La suburban se estaciono enfrente del edificio y Gabriela notó que extrañamente faltaba un guardia de seguridad en la entrada, esto le resultaba poco usual ya que Lacoste hacia gran énfasis en este aspecto. Andrew bajo primero y gentilmente le abrió la puerta. Estando ya fuera de la camioneta caminaron hacia las escalinatas que conducían a la puerta principal, donde un par de sujetos con el mismo uniforme que el chofer resguardaban la puerta. A pesar que los habían visto un millón de veces Andrew y Gabriela tuvieron que identificarse como de costumbre, esto siempre la había irritado así que finalmente había decidido resignarse. Era un edificio enorme, lleno de cámaras y un sistema de seguridad que muchos bancos quisiesen tener. En cada pasillo había cámaras infrarrojas, detectores de movimiento, y resultaba contrastante con el desfile de guardias que caminaban de lado a lado. Las paredes se encontraban decoradas con obras que iban desde pinturas que fácilmente podrían valer 25.000 dólares, hasta una enorme estatua de mármol situada en una pequeña fuente que daba al pasillo principal y que parecía tallada por el mismo miguel ángel. Ya estando en frente de la puerta y después de ser testigos de la ostentosidad de Lacoste, Gabriela empujo la enorme puerta de madera de caoba y está se abrió de par en par permitiendo presenciar la escena que se desarrollaba en el interior del cuarto. Bienvenidos. Dijo con una sonrisa irónica Lacoste. –los esperando — estábamos

Smith se dio la vuelta y con ademan saludo a la pareja. Gabriela quedo bastante impactada con la presencia de este, y entendió que la reunión no iba a ser del carácter de las anteriores. Andrew por su lado saludo “amigablemente” a Smith y se sentó junto a él. Ya se conocían de antes, Smith lo había arrestado un par de veces en el pasado cuando este aun era adolescente, lo había encontrado un par de veces robando en los supermercados pero siempre terminaba por dejarlo salir ya que no sentía mayor amenaza en él, y aunque las condiciones habían cambiado su camaradería y buen corazón había valido el respeto y admiración de Andrew. Andrew siempre lo había visto como un hombre correcto, fiel a su trabajo y a su dignidad, expositor de lo que él consideraba debía ser un buen policía, sin

conflicto de intereses ni discriminación alguna, lejos de la corrupción y la mediocridad a la que estaba acostumbrado presenciar con los otros agentes. Y a pesar de que esta vez sabía que Smith no estaba precisamente en su mejor momento, sabia muy en el fondo que algo verdaderamente grave debía estar forzándolo a involucrarse de esa manera con todo por lo que había luchado por tanto tiempo, pero no precisaba tampoco averiguar que era. Gabriela un poco mas antipática simplemente respondió al ademan y decidió sentarse del otro lado de la sala, junto al guardia, que reconoció inmediatamente por que precisamente era él quien faltaba en la seguridad de la entrada. Me doy cuenta por tu expresión, que apenas ahora acabas de entender el verdadero fin de que los halla citado hoy a los tres. Dijo Lacoste dirigiéndose a Gabriela. No sé de que hablas, no tengo ninguna expresión. Respondió Gabriela tratando de ser lo más creíble posible, aunque en su interior sabia que eso no podía de ninguna forma ser algo bueno. Como tú digas. Respondió Lacoste. ¿Me imagino que esta reunión no es para hablar del calentamiento global verdad? Dijo en tono burlón Anthony.

Pero su público no era el más adecuado y el silencio en la sala resulto bastante incomodo. Como sabrán. Tomo la palabra Lacoste. –nuestro amigo y en todo caso socio, el señor Smith, no solo nos ha ayudado materialmente con el plan, sino que también tiene en este momento en el calabozo a punto de un traslado a prisión federal a mi ya no tan amigo Marco Carson, quien presuntamente frente a las autoridades es el autor intelectual y material tanto del robo de la joyería Virginias como del homicidio de nuestro amigo Lee, que en paz descanse. ¡Cínico! No te atrevas si quiera a mencionar su nombre. - Grito histérica Gabriela quien se sintió reprimida por el brazo del guardia junto a ella. Cálmate, una vez más te explico que la muerte de Lee fue solo un detalle técnico.- Respondió. ¿Cómo puedes comparar la vida de una persona con un detalle técnico? ¿Qué clase de ser repúgnate eres? El peor. - Contesto Smith casi por instinto. Veo que no son precisamente mi club de fans, pero créanme que eso es lo que menos me importa en este momento. ¿Qué quieres entonces? Pregunto Andrew. Terminare de explicar la situación. Ya sabemos de la suerte de nuestro amigo Carson, bueno, Marco Carson fue un amigo muy importante de hace mucho tiempo, con el cual tenia una cuenta pendiente. ¿No crees que exageraste un poco? -- Una vez mas pregunta Andrew, pero esta vez tomando una postura un poco mas seria. ¿Exagerar en que? ¿En haberlo inculpado por aquellos crímenes? Esto no ha sido ni el principio de lo que tengo planeado para él, y precisamente para eso los mande llamar, ya que todos están

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involucrados y conocen la situación, necesito una vez mas de sus gratos peros costosos servicios. Dijo Lacoste. ¿Qué le hace pensar que lo ayudaremos? -- Preguntó con un tono ciertamente desafiante el agente Smith que empezaba a sentirse bastante incomodo con la situación. Aparte del la liquidación en efectivo que se ganaría cada uno, por que no creo que les quede otra opción. - Contesto Lacoste. Nadie trabaja obligado. - Dijo Andrew sacando un cigarrillo de su gabán y poniéndolo en su boca.

Lacoste rió descaradamente y dijo: Que frase tan irreal, salga a la calle y pregunte a cualquier hombre o mujer que pase, haber quien le dice que trabaja por gusto. El hecho de que usted sea un ser ambicioso y perezoso no significa que todo el mundo lo tenga que ser. – Dijo Gabriela exaltada. Ya estabas sospechosamente callada, ya no te pudiste controlar. Pero ahora que estoy seguro que tengo la atención de los tres, les quiero aclarar una sola cosa, yo no les estoy pidiendo el favor, les estoy comentando con anterioridad cual va a ser su próximo trabajo, y el que no quiera, que escoja entre ir a acompañar a Carson en su celda o a Lee en donde sea que este.

En el cuarto reinó un silencio sepulcral, Lacoste no era un tipo que se ponía con juegos, si se había tomado la molestia de llevar a los tres al mismo tiempo era por que en verdad requería de algo. Y por su condición no estaba acostumbrado a muchas negativas ni mucho menos a no conseguir lo que quería. Los tres individuos se miraron e intercambiaron pensamientos, no había nada que pensar, el pensar representaba una celda o una bala en la cabeza, así que finalmente llegaron a la misma conclusión de cooperar con Lacoste. Después de todo, un trabajo mas un trabajo menos, pensó Andrew. Pero sus dos colegas estaban lejos de pensar lo mismo, Gabriela en su caso había decidido que ese iba a ser el último trabajo ilegal que haría, por su hija, por ella misma y por poder brindarse una vida digna. Smith por su lado había decidido que ese iba a ser el primero y el último trabajo que haría fuera de su amada ley, pero las condiciones de Mary empeoraban y no conseguiría todo el dinero que necesitaba para la operación. No soportaba el cargo de conciencia, las noches se hacían cada vez mas largas y ya se había visto afectada su salud por tanto desgaste, pero así mismo, sabia que el ya había cumplido su ciclo de vida y que por el contrario su pequeña hija Mary apenas asomaba la mirada a lo que le pudiese deparar el destino. Al salir, cada uno esperaba tomar su camino y poder asimilar un poco todo lo que había pasado y prepararse mentalmente para lo que viniese, Lacoste les había dicho que los citaría nuevamente en menos de una semana y que ese día les proporcionaría la información necesaria para la elaboración y ejecución del plan, pero al llegar a la puerta la suburban ya conocida por los tres los

aguardaba con las puertas abiertas y de cada extremo parados junto a la camioneta lucían dos guardias, los cuales les pidieron que se subieran. Todos al principio se rehusaron sacando excusas como que su carro estaba cerca y preferían irse en el, o que simplemente tenían que ir a alguna cita importante lejos de allí, pero ningún argumento fue valido y después de ver las expresiones de los guardas los tres muy de mala gana tuvieron que aceptar y subirse.

Era el mismo chofer de siempre, pero esta vez estaba acompañado de uno de los guardaespaldas de confianza de Lacoste, lo que resultaba muy extraño ya que pocas veces solía despegarse de su patrón. La camioneta arrancó y por un momento nadie dijo nada, hasta que Gabriela con una fuerte voz preguntó sobre a donde se dirigían o a donde se suponía los llevaban. El silencio fue rotundo y cuando estuvo a punto de gritar, Andrew la tomó de la mano y con un gesto le sugirió que se calmara. De un compartimiento del asiento de adelante del lado derecho, el guardaespaldas saco tres capuchas negras y se las tiro sobre las piernas a Gabriela quien iba justo en medio de Andrew y Smith. El mensaje resulto bastante claro, y todos tomaron una y se la pusieron en la cabeza. Habían estado usando con la capucha tal vez un par de horas o más, y no se escuchaba más que la respiración medio trabada de Smith quien parecía que estuviese durmiendo por la forma en que se le hacían como burbujas en la garganta. Gabriela era la mas incomoda al encontrase en medio y no poder recostar a voluntad su cabeza, aunque principalmente no había considerado ni por un momento el dormirse, ese seria solo facilitarle las cosas a Lacoste. ¿Cuál seria su plan, que se proponía con este tipo de secuestro y misterio? Pensó para si misma hasta que al no encontrar respuesta satisfactoria, decide posar su cabeza sobre el hombro de Andrew, al que le apretó la mano para saber si estaba dormido o no. Andrew se encontraba pensando acerca de por que había terminado por involucrar a una persona para él tan respetada, como el señor Smith en algo tan bajo y tan sucio, pero también recordaba que Smith no se había hecho de rogar lo que denotaba que necesitaba urgentemente el dinero. Recordó esa mañana de martes en la que había esperado a Smith en una cafetería donde este solía frecuentar, y había fingido tal encuentro casual, que después de una amena conversación había terminado con la oferta de hacer un trabajo para uno de los nacientes de la mafia refiriéndose a Lacoste. Le explico que Lacoste necesitaba a un policía de trayectoria intachable, del cual nadie dudara nunca y que permitiera darle credibilidad a una historia mal contada. Que él por su parte no tendría que ensuciarse las manos y seria únicamente factor judicial, se encargaría de hundir a un trabajador de la joyería que se pensaba asaltar, encontrándolo en un departamento escondido con todas las joyas robadas, y que únicamente se encargaría de hacer su trabajo habitual como policía. Ahora se arrepentía de haberlo involucrado y pensaba

en como seria el final de toda esta historia en la que era conciente, Smith seria quien mas tuviese que perder.

Capitulo 5 Escuche entre sueños el sonido de sus tacones al caminar por aquel pasillo. Esta vez Claire llegaba un poco más temprano de lo habitual y me sentí algo inquieto por esa razón. Ya no pensaba en que me viese atractivo ni mucho menos, ya la vanidad se me había acabado entre esos dos metros de concreto, y pensé por un instante en cuan vulnerable puede llegar a ser la mente. Los pasos se hacían cada vez mas próximo así que me enderece y espere que la puerta se abriera. En el pasillo escuche que el guardia le decía algo: Señorita, no puede ingresar comida a las celdas— Vamos Frank, me conoces desde que hacia mis practicas, no quiero pensar que ya no eres ese buen tipo que me dejaba pasar con mi paquete de galletas entre el bolso. Te prometo que no va a pasar nada — Respondió Claire con un tono bastante familiar. Dios mío, ¿Por qué siempre logras convencerme? Esta bien. Pero que sea la ultima vez, y es en serio— Dijo el guardia mientras los pasos se volvían a escuchar. Es por que me adoras y yo a ti.

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Aunque resultaba obvio que sus palabras no trascendían más que una bonita amistad, me di cuenta que me sentía un poco celoso, pero no tenía cabeza para pensar en algo como eso. La había llamado con gran dificultad por que la noche anterior había tenido una especie de recuerdo sobre lo que había pasado ese día en aquel apartamento. Le explique que no estaba muy seguro de lo que había recordado y que posiblemente solo fuese una manifestación del hambre y la falta de sueño, pero que aún así consideraba prudente que ella supiese. De todas formas el proceso de traslado estaba ya casi listo y las horas las tenia contadas antes de que todo se pusiera peor. Habla de una vez— Dijo ella con un tono algo apresurado -- ¿Qué es eso tan importante que tenias que contarme? ¿Estas molesta? – Pregunté. No. Solo que no tenemos tiempo que perder y creo que ya has dado suficientes vueltas. Vamos al punto. Está bien. Lo que pasa es que creo saber quien es la persona de la llamada. No sé ciertamente si te sea útil eso o no –

Su expresión fue indescriptible, algo parecido a un desinterés extremo que termino por hacerme sentir incluso avergonzado. Pensé que podría ser de ayuda— Dije un poco molesto por la expresión en su cara. Y seguramente lo es. Discúlpame, es que ando pensando en otras cosas – Dijo mientras sacudía un poco la cabeza y enderezaba el respaldo de su silla. Pero el punto es, ¿Estas seguro de quien es? Si no fuese por el hecho de que esa persona esta muerta, y fui yo precisamente quien cabe su tumba te podría jurar que si. Eso no nos ayuda mucho. Lo sé. Perdón el hacerte venir y perder tu tiempo. No te pongas dramático. Lo único es que no me pidas que tome como pista el hecho que creíste recordar la voz de un muerto.

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Era difícil tener una noción de cuanto tiempo había pasado. Las capotas impedían el paso de cualquier manifestación o presencia de luz y a diferencia de hace un rato ya no se escuchaba el pasar de otros autos y la carretera se había vuelto mas escarpada, como una gruta o camino muy mal trecho. Smith parecía estar más que profundo por la forma en que respiraba y Andrew pese a que no había soltado mi mano en todo el trayecto tampoco daba señales de estar despierto. Yo había estado a punto de dormirme en varias ocasiones pero la curiosidad por no decir una terrible incertidumbre de saber hacia donde nos dirigíamos y con que fin me lo había impedido repetidas veces. Después de algunos varios minutos de estar pensando en un sin fin de posibilidades, decidí darle un apretón de mano a Andrew disimuladamente para percatar si estaba despierto o no. No podía entender como se podían dormir en una situación como esta. Al momento en que apreté su mano, Andrew me apretó inmediatamente y susurro que no debía hablar ni intentar hacer algo entupido. Finalmente y después de lo que parecieron ser alrededor de unas largas cuatro horas la suburban se detuvo lentamente y se escucharon las puertas abrir. Hemos llegado. Se pueden quitar las capotas y acompañarnos adentro. – Dijo uno de los dos tipos que iban con nosotros. ¿Dónde estamos? – Preguntó Smith apenas despertándose y con muy mal aspecto. Eso no importa, solo acompáñenos adentro.

Cuando mis ojos por fin se acostumbraron a la luz me di cuenta que había transcurrido más tiempo del que pude haber calculado. Por la profunda oscuridad podía decir que eran alrededor de entre las ocho o nueve de la noche. Estábamos en frente de una casa enorme, completamente de madera,

con una iluminación espectacular y que parecía sacada de una película de Hollywood. A la orden del que ahora descubría era el chofer de la camioneta, decidimos entrar. Todo estaba perfectamente posicionado y el lujo era una constante aparente en la casa. Los dos tipos nos pidieron que nos sentáramos en lo que parecía ser la sala principal. A continuación y sin mencionar nada colocaron en la pequeña mesa de centro una computadora portátil y empezó a correr un video.

En la pantalla de la computadora apareció un video en donde se veía claramente a Lacoste mientras mantenía relaciones sexuales con una mujer que debido a la posición de la cámara no resultaba reconocible. ¿Qué significa esto? – Preguntó Smith. Espere. – Le dijo Andrew. Alguien me puede explicar que coños esta pasando maldita sea. – Grita realmente enfadada Gabriela.

El video sigue corriendo por unos cuantos minutos, y en un momento la cámara logra captar el rostro de la mujer. ¡Es imposible! – Grita Smith. ¿Qué, que es imposible, acaso sabe usted quien es ella y que significa todo esto?—Pregunta Gabriela con un tono exaltado.

Smith no podía creer lo que sus ojos estaban viendo. Aun así tenia una pequeña duda con respecto a la identidad de aquella mujer, pero la había visto hace tan poco tiempo que era imposible semejante coincidencia. Permaneció callado y atento al video los minutos siguientes, era imposible equivocarse, ya estaba seguro que había visto últimamente a esa persona y que su rostro y la aparición de éste en ese video, catalizaba un sin fin de preguntas que al parecer no tenían una respuesta lógica ni sencilla ¿Pero como, por que? Que papel estaba jugando esa mujer en todo esto. Gabriela seguía preguntando sin obtener respuesta. Al finalizar el video Smith se da vuelta de su lugar y le dice que él conoce a esa mujer. - Su nombre es Claire, Claire Houston. Una vez mas me encontraba en ese horrible calabozo, pero esta noche sentía algo extraño. En medio de las goteras, del crujir de las ratas carcomiendo las paredes y de mi claustrofobia llevada al limite, me di cuenta que resultaba ser un lugar casi mítico, un lugar en donde el miedo se sienta a tu lado y convive contigo tan pacíficamente que simplemente no te sientes solo. Miraba el tenue rayo de luz que entraba por una rendija y se proyectaba en el piso, y mi alma parecía desprenderse de mi cuerpo y volar al mundo detrás de la puesta del sol, dejando únicamente despojos de mi cuerpo, de mi carne, de mi existir como ser vivo. Sentí que esa noche podía morir ahí dentro y que si llegase a

pasar, moriría en paz con mi espíritu. El aire parecía tan fresco, tan liviano, que me imagine una pradera en su extensión y en ella el galopar de un caballo imponente que se aproximaba velozmente hacia mí. Estaba alucinando, mi mente me estaba poniendo a prueba y juzgando cuan merecedor soy de tenerla. Mi cuerpo postrado en aquella esquina se sumergía en alucinaciones llevándome lejos de ahí. Ya no escuchaba los guardias caminar, ni a los otros presos lamentarse y maldecir, mi espíritu ahora se encontraba navegando en la imaginación buscando en ella una posible solución.

Capitulo 6 Claire… ¡Claire! ¿Te pasa algo? Te siento muy distraída esta mañana, creo que pediré que me reasignen a otro abogado—Dije sonriendo. Seria lo mejor—Susurro mientras alistaba una serie de papeles.

No le di mayor importancia y quise creer que era consecuencia tal vez de su periodo o que había tenido una noche difícil, pero también pensé que no había sido ella quien había dormido en un calabozo en prisión. Era viernes en la mañana y haciendo cuentas llevaba casi una semana detenido y mi situación judicial apuntaba hacia un posible traslado a la prisión Estatal. Me dijo que no tenía mayores avances, que las evidencias que el Fiscal presentaría en la corte resultarían tajantes y que si no resolvíamos algo antes del lunes de la siguiente semana, me estarían trasladando al pabellón J de la prisión Estatal. También me dijo que se le había hecho sumamente extraño el hecho de que Smith no se hubiese presentado a la reunión de esa mañana. ¿Qué has averiguado respecto a lo que me comentaste acerca de Smith? En realidad muy poco. Un agente dio testimonio de ver a Smith en bares y lugares donde se desarrollan citas al parecer clandestinas, pero no se le puede acusar por algo así. Sin embargo seguiré averiguando.

Empecé a leer algunos documentos que hablaban sobre el proceso judicial que se desarrollaba en mi contra. Entre los grupos de papeles que había sobre el escritorio destacaba un sobre de Manila, color caqui, que por la forma parecía tener algunas fotos dentro. Pensé que podrían ser algunas fotos sacadas por la cámara de seguridad de la joyería, así que inocentemente decidí tomarlas pero al momento en que mi mano se acerco al sobre, con unos reflejos de gato, Claire tomo el sobre rápidamente y lo puso en sus piernas. Son documentos privados. – Dijo bastante nerviosa. Perdón, no quise ser inoportuno, no sabia. —Respondí lamentándome por dentro.

Pensé que podrían ser algunas fotos de ella y su novio u esposo, quien sabe, ya estaba en edad de estar casada. Devolví mi mano y seguí leyendo acerca del proceso. Sus ojos se clavaron en mí, me miraba de una manera muy

extraña. No podía descifrar lo que estaba pensando pero no sabía si era conveniente preguntar. Había sido bastante incomoda la situación como para empezar con el interrogatorio de novio celoso, además, lo que hubiese en ese sobre ciertamente si no era con respecto a mi caso no tenia por que ser de mi incumbencia, pero tampoco pasaba desapercibida su reacción. Hubo un silencio incomodo por un momento. Tenia que tomar la palabra y decidir cual seria el paso siguiente, por encima de todo estaba en riesgo mi libertad y aunque la cárcel no me asustaba, si me iban a llevar a prisión, preferiría que fuese por un delito que realmente hubiese cometido. Debo decirte algo. – Dijo rompiendo finalmente el silencio sepulcral y adelantándose a mi comentario. Si es respecto al sobre no tienes que decir nada, eres mi abogada y yo tu cliente. No quise incomodarte. No, tú no entiendes. ¿Te suena familiar el nombre Anthony Lacoste? conocido anteriormente como Antonio Brown.

Los papeles se cayeron de mis manos. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Claire acababa de preguntarme por un muerto de hace 13 años. No entendía que estaba pasando ¿Cómo sabia de él? ¿De donde lo conocía? Mi mente daba vueltas una y otra vez y solo podía escarbar en sus ojos tratando de extraer alguna respuesta. Ya era de mañana y Gabriela había pasado tal vez una de las peores noches de su vida. Había llamado a su vecina Marlene y le había recomendado el cuidado de su casa puesto que no sabia cuantos días iba a estar fuera. Marlene era de las pocas personas que contaban con la confianza de Gabriela. La había conocido hacia ya un par de años y compartían de vez en cuando chismes y recetas de cocina. Gabriela se levanto de su cama y camino hacia el baño queriendo darse una ducha. Al pasar por el frente del espejo notó que su vientre ya no era tan plano y marcado como hacia algunos meses, y que por el contrario, se le empezaba a ver un poco abultado por el embarazo. Se dio un par de vistazos y se prometió salir lo mejor librada de esa situación que estaba viviendo, por ella, por su pequeño bebe que venia en camino y por poder brindarse una vida digna a ella y a su hija. La noche anterior le había dejado una gran serie de preguntas sobre ¿Quién era Claire Houston y por que Smith se había visto tan espantado al verla con Lacoste? Así mismo le costaba entender que demonios estaba planeando Lacoste al tenerlos ahí. Pese a su situación de “rehén” se le había permitido a John Smith salir a correr por las cercanías, al fin de cuentas no había muchos lugares donde pudiese ir, y el solo pensar en escapar seria firmar la sentencia de muerte de su familia. Había ido a correr desde muy temprano, alrededor de las 6 de la mañana. Y se le había exigido que estuviese de vuelta antes de las 10 para desayunar. Había corrido, caminado, hecho ejercicio y meditado durante toda la mañana y aun no podía comprender el por que de las escenas vistas en el video la noche anterior. Se encontraba seguro de la identidad de aquella mujer, pero le

resultaba imposible pensar en que fuese una simple coincidencia. ¿Acaso era amante de Lacoste, y por eso éste la había mandado a terminar de hundir a Carson? Pero de ser así, entonces ¿Por que se involucraba tanto en el caso y se preocupaba tanto por el bienestar de este? Nada de eso tenia ningún sentido. Pero como habían dicho los escoltas de Lacoste la noche anterior después de poner el video, esa mañana a la hora del desayuno se les explicaría de forma más concreta cual es el propósito de tenerlos ahí y la función de cada uno en ese plan.

No estaba acostumbrado a madrugar. Era un hombre de vida nocturna, acostumbrado a desenvolverse en la penumbra y bajo la luz de la luna. Había bebido mucho la noche anterior siendo completamente indiferente del video que había visto. Para él, solo era el desgraciado de Lacoste fornicando con alguna de sus prostitutas. Aunque le había llamado un poco la atención la reacción que había tenido Smith con respecto a esas escenas. Tenía una resaca impresionante y lo menos que quería era bajar a desayunar, pero sabía que no se encontraba en un hotel de lujo y que no tenía ninguna otra opción. Se levanto de la cama, se despabilo un poco y camino hacia una mesa en donde había puesto su ropa. No le gustaba la idea de tener que usar la misma ropa, esto era algún tipo de trauma que se le había quedado de cuando era joven y pobre y tenia que usar la misma camisa durante varios días. Encendió un cigarrillo y se asomo a la ventana, desde ahí pudo ver a Smith que parecía volver después de una jornada de ejercicio. Aventó lo que le quedaba de cigarro y camino hacia el baño, se mojo la cara un par de veces y decidió pasar al cuarto de Gabriela, tanto para verificar que estuviese bien como para recordarle acerca del desayuno. Golpeo la puerta un par de veces, pero nadie respondió. Así que decidió entrar cuidadosamente. De repente se vio ahorcado y con una navaja al cuello. ¡¡ Que te pasa ¡! Espera cálmate, soy yo Andrew. ¡Que te pasa a ti coño! Que no te enseñaron a no entrar en el cuarto de una dama. De una dama si, pero tu no lo eres. Andrew ¿se te olvida que tengo una navaja en tu cuello? Ya, ya, fue solo una broma. Pues culpa al embarazo, los cambios hormonales o el hecho de que estamos a la disposición de uno de los mafiosos más buscados, pero créeme, ahorita no estoy para bromas. ¿Será que me puedes soltar? Por favor. Me siento algo intimidado. Esta bien, pero te advierto, no abra segunda vez, así que si tocas y no te abren te sugiero que no entres, a menos que tengas muchas ganas de morir. Enserio que el embarazo las pone violentas. – Dijo Andrew mientras Gabriela le soltaba el cuello. ¿Estas lista? – Pregunto graciosamente mientras se masajeaba el cuello. Siempre lo estoy. ¿Sabes algo de Smith?

Lo vi hace un momento entrar a la casa, parece que fue a hacer un poco de ejercicio. - Ese viejo decrepito me debe muchas respuestas, anoche se me escapo pero hoy tendrá que dar muchas explicaciones. - ¿Qué traes en contra de él? Es solo un anciano preocupado por su economía y la de su familia. - Ya te he dicho lo que pienso de él, es un hipócrita corrupto. Por lo menos tu y yo sabemos lo que somos, sabemos los errores que hemos cometido y aprendimos a vivir con eso, pero ese tipo, sigue haciéndole creer a todo el mundo que es la eminencia de policía que una vez fue. - Buenos días – Dijo Smith detrás de ellos. El silencio resulto lo suficientemente incomodo, así que Andrew tomo la palabra y respondió. Buenos días. ¿Qué tal la noche? note que se fue muy temprano a trotar. Ahórrate las formalidades Andrew y pese a lo que cada uno piense del otro, en este momento solo nos tenemos los tres, llámalo como quieras, alianza, equipo, lo que sea, debemos estar juntos y ver como podemos zafarnos de esto. – Gabriela se encontraba aun en shock, y apenas si pudo asentir con la cabeza. – Es casi la hora, les pido que se adelanten y en un momento estaré con ustedes.

Ambos se voltearon a ver y sin decir ninguna palabra bajaron las escaleras. Smith camino hacia la oficina donde había hecho la llamada la noche anterior. Esta vez esperaba que su contacto le contestara y poder decirle, que pese a que no pudiese explicarle la verdad, que no se preocupara por él y que todo estaría bien. Que el plan estaba saliendo a la perfección y que el lunes todo acabaría. Capitulo 7 Otro día había transcurrido ya, era la mañana de sábado y esas últimas 18 horas parecían haber sido 18 días. La conversación con Claire la mañana anterior había provocado en mi algo parecido a un colapso nervioso. Ella lo había nombrado, ella lo conocía, y finalmente ella había sido su amante. Cual de las tres nuevas noticias resultaba ser peor, fue lo que me pregunte toda la noche. No entendía que pasaba, y solo se repetía en mi mente esa imagen de verla sacando las fotos del sobre mientras me decía que había sido su amante hace un par de años. Ahora, mientras acumulaba horas sin dormir esperaba que el reloj marcase las nueve de la mañana y poder verla entrar, necesitaba terminar esa conversación interrumpida la mañana anterior. El tráfico se tornaba especialmente pesado esa mañana. Había salido un poco mas tarde de su casa que lo habitual, Claire apenas si podía conducir su Honda Accord por las transitadas calles. Había tenido una noche fatal, como muy pocas en su vida, y sabía que no era por el simple hecho de haberle dado a conocer a Marco sobre su antiguo romance con Lacoste, si no que ese mismo sentimiento que la había llevado a contarle la verdad, ahora la tenia en una profunda confusión. Le había contado parte de la verdad, pero no toda

completa. Y ahora lo único que le preocupaba era lo que Marco pudiese estar pensando de ella, ¿Pero por que le importaba tanto? Esa era una pregunta para lo cual no tenia respuesta. En ese momento no quiso pensar en eso y decidió apresurar el paso, necesitaba contarle la parte restante de la verdad a Marco y buscar su aprobación. Finalmente diviso la estación de policía a un par de calles, pero el transito estaba casi detenido y estaba ya muy sobre el tiempo, siempre había sido una persona sumamente puntual y no le gustaba jugar con el tiempo de sus clientes, aunque todos fuesen presos y no tuviesen a donde mas ir. En esta caso particular sentía la inmensa necesidad de estar ahí, en frente de él y poder terminar aquella conversación. Cuando por fin logro estacionar, tomó su bolsa rápidamente y se dirigió hacia la puerta principal donde un guardia le hizo la revisión de rutina. Caminó a través del enorme pasillo principal y vio la puerta de la sala donde acostumbraba a reunirse con Carson, esta vez había pedido que él ya se encontrara en la sala y no tener que ir a buscarlo a su celda. Respiro profundo y sin mermar el paso abrió la puerta de un solo golpe preparando esa primera mirada que lanzaría sobre él. Ahí estaba él, aquel hombre que hace un par de días solo era parte de un negocio, de un adeudo que debía pagar, pero que ahora se convertía en protagonista de sus sueños y motivo de suspiro para su corazón. Sabía que tenía la suerte de aquel hombre en sus manos, y que por su bien debía hundirlo en lo más profundo de la prisión. No era algo personal, era parte de todo un complot en contra de este y ella solo era una ficha mas en el tablero impuesto por Lacoste. Buenos días. – Dijo Claire apenas con una mirada esquiva. Me pregunto que tienen de buenos. Contesté. No es momento para ponernos hostiles, el tiempo se esta acabando. Necesito que me escuches. Nadie te lo esta impidiendo, habla – Claire se enderezó y se forzó a mirarlo a los ojos. Como te explique ayer, conozco al hombre que te tiene acá en este momento. Y también te conté que Lacoste y yo tuvimos una relación hace algún tiempo. Eso ya lo dijiste y si viniste a repetirme sobre tus amoríos con ese mal nacido será mejor que te vallas. No te preocupes no me quejare de ti, ya averigüé sobre como conseguir el cambio de abogado. Y aunque me niego en pensar algo así, tengo la ligera sospecha de que el hecho que fueras tu mi abogado de oficio esta lejos de ser una simple coincidencia. No lo hagas, tú no entiendes. Esto va más allá. ¡Escúchame! Una vez mas, ¿quien te esta interrumpiendo? Está bien, me merezco que pienses lo peor de mí. Y no estas equivocado, no es coincidencia que yo sea tu abogado de oficio. ¡Lo sabia! Escúchame por el amor de Dios. Yo solo soy una ficha en el juego de Lacoste, ese mal nacido me ha estado chantajeando con las fotografías que te enseñe. Esas fotografías pueden poner en riesgo toda mi carrera. Si, estuve profundamente enamorada de él, pero me di cuenta a tiempo de la persona que era y decidí dejarlo. Pero me amenazó con matarme

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si lo llegaba a dejar, así que tuve que escaparme y mudarme a esta ciudad. Hace un par de meses recibí este sobre con las fotografías y un video dentro, y entendí que me había encontrado, no sé como, pero lo hizo. No espero que me creas. Ni lo estoy haciendo, pero resulta interesante ver cuan ingeniosa eres. No sabes como me duelen tus palabras, solo te pido que me dejes terminar. ¿Acaso tengo otra opción? Está bien. Un día al salir para mi trabajo me intercepto una camioneta y me subieron a la fuerza llevándome a un edificio en donde me encontré con él. Y para resumirte la historia, me advirtió que debía tomar este caso y … Hundirme, dilo no te preocupes. Pero ahora todo resulta diferente, por que … No tienes que decir nada. No te conozco, pero creo poder decir que te creo, y te sugiero que cumplas con tu parte y desligues de todo esto.

La mesa resultaba claramente imponente. Se encontraba en una de las inmensas salas de aquella cabaña donde habíamos pasado la noche. Yo me senté en la parte derecha junto a Andrew, y Smith justo en frente. Hasta ese momento no me había percatado de la presencia de aquella otra camioneta que se encontraba estacionada en la parte posterior de la cabaña. Andrew me dijo que parecía ser la camioneta privada de Lacoste y que seguramente debería estar en la casa. Smith parecía no prestarle mayor importancia a nuestra conversación pese a que nos encontrábamos justo en frente de él. Se encontraba divagando entre murmullos. De momento se abrió una enorme puerta que estaba del otro lado del salón y como era de esperarse, entro caminando Lacoste acompañado de dos o tres escoltas. Vestía un traje completamente blanco, con una camisa de un color llamativo y una pipa en la boca. Camino hacia la mesa al parecer esperando que alguno se pusiera de pie para saludarlo. Pero pareció no prestar mayor atención a nuestra negativa y se sentó en el cabezal de la mesa. Buenos días. Espero hallan tenido una apacible noche. – El comentario se desvaneció en el aire sin la respuesta de ninguno. - ¿De que se trata todo este juego? Habíamos quedado en contactarnos en una semana. – Comento Smith con un tono moderadamente molesto. - Tuvimos un cambio de planes, y me tome la molestia de reunirlos en una de mis moradas. Pero ya que no gustan del protocolo, les explicare en este momento cual es el paso a seguir. – Su tono cambio drásticamente y se volvió más duro y agudo. – Todos recordaran a nuestro amigo Carson me imagino, sobre todo el agente Smith. Bueno, Marco Carson fue uno de mis mejores amigos, mi socio, casi mi hermano. Pero cometió el peor error de su vida, me traiciono y le ha llegado la hora de pagar por semejante ofensa. - Si así trata a un amigo no me imagino como será con los enemigos. -- Interrumpió Andrew dándole una mirada a Smith quien resulto indiferente al comentario. – Ni querrás averiguarlo te lo aseguro. Ahora bien, después -

del ingenioso comentario de nuestro amigo Andrew, me gustaría continuar con mi historia. Como les iba diciendo, compartimos nuestra juventud como un par de rebeldes, destinando nuestro tiempo al vandalismo juvenil, y dedicando la mayor parte de nuestro vida al óseo y demás. Nunca fuimos un peligro para la sociedad pero tampoco un ejemplo a seguir. — ¿A donde quiere llegar con todo esto? – Pregunto impaciente Smith. — A eso voy precisamente. Un día nos vimos inmiscuidos en lo que había sido nuestro golpe mas grande hasta el momento, el robo de un supermercado. Pero las cosas no salieron como lo teníamos planeado. Después de escapar con el dinero, la policía nos persiguió varias calles y nos vimos acorralados en un callejón sin salida. No había hacia donde correr, nos tenían acorralados y momentos antes que llegaran los policías decidí tomar la maleta con el dinero y le pedí que se escondiera detrás de un bote de basura, yo corrí hacia otro callejón y los policías se fueron siguiéndome, cuando finalmente me vi acorralado, me detuve y tomando un arma que había sacado de casa de un amigo me volteé con plena intención de dispararles, pero ellos dispararon primero… Capitulo 8 Era domingo en la tarde, a la mañana siguiente me trasladarían a la prisión Estatal. No había recibido ninguna noticia de Claire. Esta vez, estaba solo y por mi cuenta. Ella había cumplido con su función y tal vez ahora se encontraba camino algún país de Europa buscando olvidar tan horrible capitulo de su vida. Era doloroso pensar cuanto la extrañaba. Las últimas veintiséis horas las había pasado solo en el calabozo únicamente acompañado por el ruido de los otros presos quejándose. Ya no resultaba tan desagradable el estar ahí. Pensaba en cuan diferente seria la prisión y se me retorcía la garganta. Había incluso llegado a considerar ese pequeño cuarto mi nuevo hogar y pese a las ratas no resultaba ser un espacio tan desagradable. Después de unas largas horas de intensa incertidumbre en donde mi mente parecía esconderse dentro de mí, noté que era ya bien entrada la noche y en un momento de espiritualidad o simplemente en busca de algún tipo de consuelo, me arrodillé frente al destello de luz que se filtraba entre las rendijas y comencé a orar. Hacia muchos años que no buscaba consuelo ni respuestas con EL de arriba pese a que mi madre siempre había sido bastante devota. Oré durante horas, tenía muchas cosas que pedir pero aún más que agradecer. Le encomendé mi suerte, mi destino y puse en sus manos y divina sapiencia mi futuro. Me di cuenta que era mejor cristiano de lo que me había imaginado, había rezado por lo menos unas cinco oraciones diferentes a lo largo de la noche, y eso resultaba nuevo para mi. Me sentí un poco mas relajado, más tranquilo y por decirlo de alguna manera más en paz con mi alma. Luchaba por no hundirme en pensamientos relacionados a “Lacoste”, como era conocido actualmente mi viejo amigo Antonio. Había sido suficiente el enterarme que estaba vivo, y que después de creerlo muerto por más de trece años buscaba inculparme por un crimen que no cometí. Yo lo había conocido desde que teníamos 12 años y habíamos sido cómplices en muchas de las que yo llamaba “aventuras juveniles”, habíamos sido casi hermanos y ciertamente pensaba que ese tipo de acciones no

parecían ser mucho de su estilo. Pero bueno, una persona que finge su muerte durante trece años no resulta ser alguien aparentemente confiable. Con el sonar de cada gota, sabia que tendría un segundo menos antes que el reloj marcara las cuatro treinta de la mañana, hora en que me trasladarían a la prisión Estatal a las afueras de la ciudad cerca de las montañas. La penumbra era cada vez mas densa, el frío congelaba las paredes de concreto y estas a su vez congelaban todo mi cuerpo. Todo estaba en silencio, pero no era un silencio de paz como se vive en las bibliotecas o en las iglesias, era un silencio siniestro, aterrador y amenazante, un silencio que aguardaba en la sombra esperando el momento justo para estallar. Cuando el cansancio parecía por fin vencer mis deseos de permanecer despierto, escuché a lo lejos el motor de lo que parecía ser un camión, y a su vez, el zapatear incesante de varias personas hiendo y viniendo. Fue en ese momento en que comprendí, había llegado la hora. Tomé mis zapatos y me los puse, me lave un poco la cara y le di un trago a un vaso con agua que estaba ahí desde la noche anterior. Antes que el guardia hubiese llegado yo ya me encontraba listo en la puerta de mi calabozo a la espera de ser llevado al camión. Sentí un poco de nostalgia cuando dejé el calabozo, era extraño el cariño que le había tomado a ese pequeño lugar. Caminé hacia el patio donde se encontraba el camión, escoltado por un par de guardias que me habían puesto previamente unas esposas en las manos. Había entre ocho y diez presos mas esperando dentro de este. Subí al camión y busqué rápidamente un puesto en la parte de atrás, pensé que al ser tan pocos presos habían enviado únicamente a un par de policías armados y el conductor, el cual parecía no tener ningún tipo de arma. Después de algunas requisas de rutina y de explicarnos el protocolo y la forma en que debíamos comportarnos, nos esposaron a las sillas y finalmente el camión arrancó y salio de la estación. Pese a que era muy temprano en la madrugada ya se podía ver gran afluencia vehicular. La prisión Estatal se encontraba a unos cincuenta kilómetros de distancia de la ciudad, entre las montañas, con buen tráfico el trayecto no demoraría más de una hora. Me sentí tentado a recostarme sobre los asientos vacíos junto a mí y poder dormir por un instante, pero sabía que la ansiedad no me lo iba a permitir. Era temprano en la madrugada, alrededor de las 4:30 am, según las instrucciones de Lacoste y alguna información que conocía Smith, el camión de la prisión pasaría por aquella trecha alrededor de las 5:06 am. El protocolo de la prisión era bastante estricto y Lacoste ya había tenido la oportunidad, a trabes de unos empleados, de investigar a profundidad el recorrido, la trayectoria, el tiempo y la cantidad de guardias que iban en este, dependiendo de la cantidad de reos. Era una operación improvisada, Lacoste había realizado investigaciones, conocía el trabajo, pero no era él el que estaba ahí para hacerlo. Les había proporcionado algunas armas de gran calibre y una media docena de hombres a su disposición. Smith como era de esperarse estaba al mando. Organizó estratégicamente a los 6 hombres proporcionados detrás de árboles en distintos ángulos, repartió el arsenal y suficientes municiones para todos. Andrew seria el encargado de las bombas de gas y de entrar junto con

Smith a retirar a Carson, mientras Gabriela los esperaba en el jeep que los llevaría a la cabaña que se encontraba a pocos kilómetros y en donde los esperaba Lacoste. La noche anterior se la habían pasado en vela buscando la mejor manera de dar éxito a su trabajo. Smith era el mas ansioso, esperaba que todo acabara de una buena vez, así que dedico largas horas a explicar una y otra vez el como, el cuando, y el donde de la operación. Al fin al cabo era él el que tenia mas que perder, su trabajo tenia que ser impecable, su identidad tenia que permanecer completamente oculta, por su bien y el de su familia.

El reloj marcaba las 5:04 am. Uno de los hombres de Lacoste ubicado en la parte alta de un árbol diviso a unos 2 kilómetros las luces del camión acercarse. Había llegado la hora, en un par de minutos se estarían jugando el todo por el todo. Aunque en distintas circunstancias tanto Smith como Gabriela harían ese ultimo trabajo para poder asegurarles una vida digna a sus hijos. Y en cuanto a Andrew, se dedicaría al negocio de bienes raíces, comprando casas arreglándolas y vendiéndolas. En todo caso, los tres esa madrugada se estaban jugando su última carta frente a la ley y esperaban poder salir victoriosos. El camino resultaba angosto y bastante difícil de transitar. Se podía sentir el olor a pradera llevado por la brisa de la mañana. Había muchos árboles alrededor, como los bosques que salen en las postales, haciendo una especie de túnel a lo largo del camino. La visibilidad era casi nula, lo único que brindaba alguna perspectiva eran las luces del camión en el piso. ¿Qué fue eso? Me pregunté ¿Acaso habían explotado las llantas? Todo ocurría muy rápido. En un instante había escuchado repetidas estallidos, como si las llantas hubiesen explotado. Pero yo sabía que no era así, habían sido disparos. El camión se lleno de una densa capa de humo y lo único que escuchaba era a los guardias gritar: ¡Que no se escapen! ¡Cierra la puerta y pide refuerzos!

Todos los prisioneros empezaron a gritar. Yo no podía ver absolutamente nada pero sentía el mover del camión debido al zarandeo de los presos en sus sillas, buscando de alguna manera librarse de las esposas y escapar. De repente, entre la densa nube pude ver dos siluetas que se acercaban, sabia que eran ellos, como Claire me lo había dicho aquella mañana. No era necesario fingir sorpresa, ya que al igual que yo, ellos tampoco me habían podido reconocer. ¡Es este! – Dijo una voz que pese a que lo había hecho en muy bajo tono no podía pasar desapercibida. Libéralo y ponla la capota. – Contesto una voz aun más familiar.

Era él, era el agente Smith. Hasta ese entonces todo había sucedido como Claire me lo había dicho. No me había dado muchos detalles, pero la base del plan coincidía perfectamente. Ahora solo esperaba darle conclusión a un

capitulo que se había tardado trece largos años en cerrarse. Me pusieron la capota y al parecer sin ningún esfuerzo extraordinario me sacaron del camión y me guiaron hacia una camioneta. Nos volvemos a ver señor Carson – Dijo aquella voz que había escuchado esa tarde en aquel apartamento en donde mi vida se había partido en dos. No sabía su nombre pero estaba plenamente conciente de su cuerpo y de su cara. Era aquella mujer que parecía estar al mando del robo de la joyería, su acento la delataba y su tono de voz parecía ahora más sensual que la ultima vez.

Después de eso, el silencio reino durante todo el camino. No puedo especificar cuanto tiempo transcurrió desde el accidente del camión hasta el momento en que la camioneta se detuvo. Podría especular que fueron alrededor de unas 2 horas y media tal vez. Cuando la camioneta se detuvo, Smith se acerco lentamente y me susurro al oído. Ya sabes que hacer. – Mientras me colocaba lo que parecía ser un arma dentro del pantalón. Justo después se alejo y un par de tipos me quitaron la capota y me arrastraron hacia lo que parecía ser una cabaña. Mis ojos apenas si podían ver las escaleras en la entrada. Entraron y me tiraron sobre un enorme sofá. Bienvenido viejo amigo – Dijo una voz que me estremeció el alma. — Espero te acuerdes de mi. Por que yo he pensado en ti los últimos trece años.

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Levanté la mirada y ahí estaba él, a unos cuantos pasos de mí. No puedo negar que quise llorar, pero era obvio que la circunstancia no era la más apropiada. Sabía lo que tenia que decir aunque me doliera mucho. Necesitaba hacer tiempo mientras llegaban los refuerzos de Smith. Pensé que estabas muerto. Ese día del supermercado escuche como te dispararon, salí corriendo a buscarte y vi como te subían a esa ambulancia. Después me agarraron a mí también pero ya no opuse resistencia. Estuve en el calabozo un par de días y gracias a una fuerte suma de dinero pagada por mi papa y un par de contactos dentro de la estación, me dejaron en libertad. No son necesarias tus explicaciones. No te las estoy pidiendo. Yo sé que no. Pero sospecho que si has esperado trece años para vengarte, no te robara mas de cinco minutos escucharme. Esta bien, tienes razón. Quiero oírte decir cuan cobarde fuiste al dejarme solo y que te arrodilles y me pidas perdón.

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Se sirvió una copa de vino y se sentó justo en frente de mí. Lo mire a los ojos y continúe con mi relato. Después que salí del calabozo, lo primero que hice pese a que mi papa me lo había prohibido fue el irte a buscar a todos y cada uno de los hospitales. Y en el único que me dieron razón de ti, me dijeron que

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habías muerto por repetidos disparos en el cuerpo. Sé que no vale nada lo que te voy a decir, pero sentí que había perdido una parte de mí, así que para romper el luto tome tu chaqueta preferida y algunos objetos que te pertenecían y los enterré como representación tuya. Para mi fue muy difícil el perder a mi mejor amigo. ¡Déjate de llantos y dramatismos! – Dijo explotando su tono de voz aguda y fuerte. -- ¿Para ti fue fuerte? ¡Ja ¡Yo recibí dos disparos en el pecho por cubrir a quien creía era mi mejor amigo. Después me trasladaron a la clínica, pero como las heridas había sido menores me trasladaron directamente al centro de salud de la prisión donde pague siete años de cárcel. Y dices que para ti fue difícil. Difícil es no recibir una carta, una llamada una ¡puta visita en siete años de prisión! Eso mi querido amigo, eso es difícil. ¡Me dijeron que estabas muerto! Y para ti fue tan fácil creerles, verdad. No te preocupes, ahora tu mi queridísimo Marco acompañaras a Antonio Brown en el mas allá y sufrirás lo que he sufrido en estos trece malditos años. – De su traje tomo un revolver y lo saco apuntándome directamente a la cabeza. No creo que debas hacer eso – Dije con la voz temblorosa. ¿A, no? ¿Y quien me lo va a impedir? Baja tu arma Lacoste, te tenemos rodeado. – Grito detrás de él la voz del agente Smith. – Apuesto a que no te lo esperabas.

Smith entro en el cuarto y le quito rápidamente su arma mientras le apuntaba a la cabeza con otra. Nadie sabe para quien trabaja. Nos dio buenas armas, lastima que sus hombres no la supiesen usar.

Un gran número de patrullas se estacionaron rápidamente en frente de la casa. Y un numero igual de soldados entró y esposo a Lacoste. Ya llegaron los refuerzos – Dijo una voz que una vez mas me hacia brincar el corazón. Era ella, era Claire. Entró caminando imponente y me abrazo tan fuerte que desee no dejarla volver a escapar. Que buena actuación. – Me dijo mientras me daba una sonrisa coqueta. Todo salio como tenia que haber salido. Tantos meses como agente infiltrado, y gracias a la colaboración de esta espectacular mujer nos dieron las herramientas suficientes para poder capturar a Lacoste. Debes sentirte orgulloso de la mujer que tienes al lado. – Dijo Smith mientras daba una sonrisa y se iba caminando detrás de los agentes y Lacoste. Pero ¿que paso con los otros? – Pregunté algo contrariado. El agente Smith les explico el plan apenas un par de horas antes del trabajo de esta mañana, tanto Gabriela como Andrew, ambos los autores materiales del robo a la joyería y de tu secuestro, son personas de su entera confianza, y él mejor que nadie conoce la situación de los dos y ciertamente no los considera una amenaza para la sociedad. – Me explico Claire mientras me liberaba de las esposas.

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Bueno y finalmente ¿cual es tu verdadero papel en todo esto?-Pregunté. Yo soy una abogada que trabajo para el estado, y que simplemente no supo desligar la parte profesional de lo sentimental y se termino enamorando de su cliente, así como creo, él también esta enamorado de ella. – Me dijo Claire mientras se reía y me daba un beso. Me alegra que todo haya acabado. -- Dije mientras daba un profundo suspiro. De que hablas si esto apenas comienza. – Me respondió mientras se quitaba la blusa y se ponía encima de mi regazo.

FIN

Manuel Felipe Castro Ochoa Taller de Redacción