Rafael Sánchez Ferlosio, Esas Yndias equivocadas y malditas, Barcelona: Destino, 1991.

que aguardan a quienes no «dejan los ídolos y ritos que hasta allí han tenido». La deliberación con que Cortés urde y dirige todo el episodio de forma tal que la religión le rinda el máximo provecho corno instrumento de dominación viene ya sugerida por la palabra con que empieza el relato: «y ofrecióse». El verbo ofrecerse indica bien a las claras que el caso es considerado como ocasión oportunamente aprovechable para un propósito en principio ajeno a él. El pecado de antropofagia del indio ha venido ello por ello —como se dice en Extremadura y podría haber dicho el propio Hernán Cortés—, o sea, como de molde para lograr la sumisión del cacique maya y de su pueblo, y Cortés, con toda la agudeza y todo el tino del más perverso instinto de dominación, improvisa exactamente el espectáculo que conviene a sus designios, apurando hasta la última gota la posibilidad del caso que tan oportunamente se le ha ofrecido. Naturalmente, no pretendo en modo alguno que esta descripción del uso de la religión como instrumento de dominación se corresponda con la representación patente a la conciencia de Cortés. Aunque no pueda pensarse que no fuese consciente de su pragmatismo —tal como lo evidencia la palabra «ofrecióse»—, de su orientación de las cosas con arreglo a unos fines, lo demás apenas llegaría tal vez a sospecharlo, tal como es propio de lo que me he limitado a llamar perverso instinto, que no precisa ninguna clara conciencia racional para alcanzar, certero como un tiro de ballesta, la diana del designio. 2. El mal sin malo He establecido, por consiguiente, una dualidad de planos, esto es: el plano de lo claramente manifiesto a la conciencia de Cortés, como sujeto empírico, y 10

el plano de una realidad ultraindividual, el universal histórico de la dominación, superior y oculto a -esa conciencia, pero que dirigía, no obstante, el p«.ro instinto ciego —especialmente receptivo en un hombre como Hernán Cortés—, de suerte que acertase en cada caso exactamente con lo que había que hacer. Es esta dualidad de planos lo que el nominalismo del positivismo histórico se niega a reconocer, aceptando tan sólo la realidad del sujeto empírico y rechazando —tal como el dogma nominalista obliga— cualquier posible realidad u operatividad que no sea pura metáfora al universal. No cabe duda de que, acostumbrados como estamos a unas instituciones de justicia que, contra la clamorosa evidencia estadística del condicionamiento sociológico de las conductas delictivas, inculpan y condenan como si el libre albedrío no fuese uno de los recursos más escasos entre los humanos; acostumbrados, digo, a este infantil reparto de papeles, bueno y malo, comprendo que a muchos pueda resultar tan arduo como turbador cualquier punto de vista que disminuya en algún grado la responsabilidad de los autores de tan tremendos e incontables crímenes como los que constituyen la trama dominante en la conquista y colonización de América, pero en esto consiste justamente el mayor espanto de la Historia Universal. Para lo que trato de decir puede resultar ilustrativa la anécdota de aquel que le reprochaba a otro la ferocidad de su anticlericalismo, diciéndole: «¡Pero, hombre! ¿Cómo puedes envenenarte hasta tal punto la sangre con los pobres curas? Tendrán todos las puñeterías y mezquindades que tú quieras, las deformaciones de su ya de por sí deforme profesión, pero es injusto y cruel condenarlos como monstruos de maldad, porque ellos no son al fin más que unos infelices mandatarios; el único que es verdaderamente malo es Dios». El mismo cuento puede aplicárse11

pues. lo que viene a ser lo mismo. de ultraje. PüEjro la capacidad teórica del conocimiento histórico quedaría lamentablemente castrada. es mucho más inexplicable. o. en consecuencia. «La mediación dialéctica de lo universal y particular —dice Adorno en su Dialéctica negativa— no autoriza a una teoría que opte por lo particular. la esencia de lo que se pretende festivamente conmemorar en la Disneylandia sevillana de 1992.les a los que frente a la famosa «historia escrita desde el punto de vista de los vencedores» pretenden oponer una «historia escrita desde el punto de vista de los vencidos». En una palabra. que entendería las cosas como si los sujetos empíricos fuesen ios únicos protagonistas efectivos. productiva y liberadora que decir. en cuanto representación consciente. tratando lo universal como si fuese una pompa de jabón. escamotearía la percepción teórica fundamental: que el verdaderamente malo es Dios. o sea. la pérdida. las tumbas sin abrir para sacar el oro. sobrehumano. La teoría se haría así incapaz de comprender tanto la funesta hegemonía de lo universal en lo establecido. la conquista y la colonización la comprensible resistencia de quien se ve ante la turbadora situación de que todo. arada o trabajada. en cuanto historia. que hacen a los hombres agentes o instrumentos de su ejecu13 . la pérdida de un sujeto empírico como último responsable a quien incriminar de tan ancha y tan larga tragedia —conforme a la confiada versión con que el nominalismo había logrado quitársela de encima— ha de encontrar tanto en apologetas como en detractores del descubrimiento. El positivismo histórico desprecia. capaz de responder satisfactoriamente a la pregunta: «¿De dónde sale de pronto este delirio?». tan falsa e ingenua como la primera. como una efeméride que tuviese algo que ver con lo que desearíamos que se considerase humano. ciertamente dudoso y discutible. que. rastrero y miserable de cuanto pueda serlo incluso una leyenda negra. la faz de la tierra sin romper. tiene los rasgos informes de an mal sin malo. despojaría a lo universal de su mala particularidad. cuando menos. la presunción de que haya realmente « designios del Altísimo». sin poder emitir una^ola palabra crítica y. como mitología. las imágenes de los dioses aún por derribar de lo alto de los templos». enajenados y corno arrebatados de sí mismos por el furor de la dominación. Esta segunda sería. a la que trataría de confutar. pues. imperiosa para quien atienda al ruido de fondo de los testimonios. comparación y clasificación. por ende. haciendo descubrir a los individuos su verdad. gratuito. de depredación. jamás saqueada. feneciendo en su puro análisis. Como puede apreciarse. sin dejar de ser igualmente horrible y doloroso. «Historia Universal». capaz de hacer —por una vez acaso con razón— las delicias de cualquier psicoanalista: «La Guayana es una tierra que tiene todavía intacta su virginidad. amén de mucho más sórdido. como la idea de una situación que. al verse reducida al mero registro de los datos. pues el nominalismo positivista igualmente implicado en las palabras «vencidos» o «vencedores».» La cosa es. la virtud y la sal del suelo sin gastar por el abono. y. mucho más execrable y más fatídica que si pudiese dársele rostro y nombre humanos. podría vanagloriarse por el mérito. Lo que. la Historia Universal. para pasarse de rosca. Pero el factor desencadenante. un desencadenamiento de 12 los peores instintos de profanación. infrahumano. sólo con despreciables mandatarios. de ostentar el tenebroso resplandor de la maldad. llegó a ser incluso para los más perspicaces de sus sujetos empíricos nada llega a expresarlo más agudamente que el siguiente pasaje de sir Walter Raleigh.

sino. no sólo no lograrán nunca explicarnos como es que los sujetos empíricos que son los soldados individuales se dejan llevar como un solo hombre (tal como gustan de decir los oficiales y como el propio uniforme pretende sugerir). se caracteriza por hacer a los singulares sujetos empíricos humanos indiscutibles protagonistas de gloriosas hazañas. aun nacida del hechizo de Moisés. nunca afilarán el aguijón teórico preciso para despanzurrar la muy real diosa siempre sedienta de sangre que lleva por nombre lo que un nominalismo. al matadero del campo de batalla. como si un resto de pudor lo retuviese en cierto lugar ambiguo. formalmente estético. para lanzarlo arrebatado en puro furor de dominación y de exterminio sobre la tierra de Canaán y sobre los pueblos que la habitaban. comporta implícitamente un juicio de los hechos que parece en ciertos casos no acabar de atreverse a ser declaradamente ético. a tenor de la intención que su propio nombre indica. superior y ya completamente sustraída al control de sus deseos y voluntades. en efecto. Por supuesto su categoría estética casi exclusiva es la de la «grandeza». ya sospechosamente pertinaz y resistente a la evidencia. circunstancia que guarda. que. La afirmación nominalista de que los ojos no ven al Altísimo. hasta trocarlo en una fuerza real. lo que es peor. Tal clase de presentación de las historias del Descubrimiento 4 y la conquista. de que no ven más que individuos humanos más o menos racionales o irracionales como agentes de la historia es empíricamente indiscutible. El intercambio que. una concomitancia inevitable con lo que suele llamarse «historia contada desde el punto de vista del vencedor». ajena y superior a la pluralidad de los sujetos empíricos que formaban las 12 tribus de Israel. ciertamente. con la historia concebida como misterio glorioso. a mi entender. la acción y el protagonismo de esos mismos sujetos empíricos se doblegan a las consignas del universal. a. Y. pondría el acento en el punto adecuado. cantando ese sacrosanto flatus uocis. los dejaba ya dispuestos para saltar directamente al comic. a semejanza del Yahvé Sabahoz que desde el Sinaí puso Moisés sobre las cabezas del pueblo de Israel. mi entender. ajeno al tono dominante en los cronistas del siglo XVI. por encima de sus cabezas. sigue despachando como puro flatus uocis. elaborando los hechos conforme a un tratamiento que. contra toda evidencia. que el nombre de la patria es un mero flattis uocis. a mi entender. surgido especialmente en los textos escolares del siglo Xix y principios del XX. 15 . pero sin renunciar a propugnarse tácitamente como ético. extrapolándolo y enajenándolo de sí y poniéndolo. el recuerdo escolar que los de mi edad tenemos de la enseñanza de la historia patria se puede superponer perfectamente a cualquier historieta ilustrada de tebeo. como su propio dueño y señor. Y en ese punto es donde considero que debería desplazarse el acento tan desafortunadamente colocado por quienes hablan de una posible «historia contada desde el punto de vista del vencido». ¿Se atreverá algún nominalista a afirmar que si Yahvé Sabahoz no hubiese sido una fuerza real. pero no es menos cierto que el movimiento. conforme a un modelo épico más bien tardío. se habría llevado a cabo con una resolución y una eficiencia tan definitivas la conquista y dominación de Palestina? Mientras sigan diciendo. de que no ven Historia Universal. o sea. como contrapolo a la «historia contada desde el punto de vista del vencedor». Véase la Nota 2. no es el que pone al 4. y.ción. 14 Pero mi objeción acerca de una «historia escrita desde el punto de vista del vencido» no se limita a su falsedad en cuanto historia planteada.

De lo que puede ser un ejemplo. su malignidad. respecto del otro criterio de valor que rige la mirada hacia la historia. De otro modo. que. es el atributo esencial de la felicidad. renunciando a menoscabar y poner en entredicho el orden mismo de comprensión en que la historia quiere despacharse como un acontecer siempre dotado de sentido humano. todos seguimos siendo sensibles a los valores de la dominación. y correlativamente cómo el sinsentido. la sinceridad estética los llevará a los sangrientos goces predatorios de películas del oeste y. implícitamente. la grandeza agradecerá secretamente a su buena estrella el haber logrado salir. Dos actitudes De modo. será tal vez abstenerse de toda consideración de antigüedad. que casi parecen psicológicamente determinadas por el carácter personal. hasta el punto de parecer antropológicamente prehistórica. la historia y de sus creaciones. bien distante de ser superficial. como cuando a los nmos se les predica en la iglesia o enseña en las escuelas la mansedumbre. terminada la clase. Tenga lo que tuviere de cierto esta sospecha. pues en cuanto a represión y heteronomía nada supera a lo que tal punto de vista toma por criterio frente al 17 16 . por su propia intención. que. lo intentado por Saura en su película El Dorado. al menos en algún rincón de su alma y a despecho de todas las admoniciones pedagógicas. pues quienes optan por él juzgan. De modo. mostrando cómo en el sentido reside.vencido en el lugar del vencedor. que la mentalidad estética. la generosidad. y los animales más prestigiosos y admirados seguirán siendo los que tengan pico de rapaz. lo indicado. en general. 3. cualquier «historia contada desde el punto de vista del vencido». arraigo o fundamento antropológico. empieza uno por tropezarse con dos actitudes de principio. única forma de privar a la historia misma de su justificación por el sentido. pues. Antropológicamente inmersos en una historia en que el impulso de dominación hu^uis sus raíces en un ayer inmemorial. a tenor de esto. justamente. 5 A ello tendería. la amistad. garras de halcón o zarpas de felino. Véase la Nota 3. siguen queriendo ser. pues al mismo tiempo que una voluntariosa ética se esfuerza por negarlos de boquilla. ni menos pedir disculpas por su índole represiva o heterónoma. bien librada de la venganza del dolor. etcétera. no ha acertado a despojar su imagen de1 la compensación —estéticamente tan gratificante como cualquier otra— de poder seguir luciendo por los salones el no por negro menos elegante atuendo de la perversidad. que no tienen obligación alguna de legitimar su opción en antiguallas o en sinceridades anímicas. el no tener sentido. sino el que ponga las nociones «dolor»/«felicidad» en el lugar del par «miserias»/«grandezas». aunque sumamente mediocre. en su ignorancia. estaría. La una es la que llamaré actitud estética. cuyo criterio o categoría principal es la de la grandeza de las hazañas de 5. por sí o por no. pero aún le faltaría privar de real protagonismo al sujeto empírico del vencedor. al fin y al cabo. sin duda. pues. el más manso de los hombres se recreará en las bellezas de la depredación. con lo que sólo la denuncia del sentido puede hacer justicia al sufrimiento. el ser fin en sí misma. colmillos de carnívoro. la condescendencia. Tan honda parece ser tal preferencia estética primaria hacia los carnívoros depredadores que no ha de faltar quien diga que los hombres descubren a través de ella la envidia hacia lo que ellos. con respecto a la Historia Universal. que juzga de la historia según el criterio de valor de la grandeza.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful