Editorial JACQUELINE ALENCAR

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Si de un matrimonio se tratase, estaríamos celebrando las Bodas de madera, ya que cumplimos un lustro desde que en 2007 iniciáramos la publicación de esta revista. Y continuamos agradeciendo al Señor por usarnos en esta tarea de difundir su mensaje. Y es que ésa fue la petición de Jesús antes de partir: Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo…
(Información más amplia sobre nuestros objetivos y actividades, pueden verse en: http://www.lapalabraenel surco.blogspot.com)

editorial

COLABORACIÓN: 5 € (más gastos de envío)

Sembradoras

Anuario del Grupo de Mujeres de la Iglesia Evangélica [Paseo de la Estación, 32] DIRECTORA: Jacqueline Alencar Polanco CONSEJO DE REDACCIÓN: Lidia González, Elena Gil, Dori Alonso, Carmen Criado, Élide Tapia, Ana Llanos, Gloria Silva, Loida Paz, Elena G. Acevedo y Gloria Sánchez. DIBUJOS DE CUBIERTA: Miguel Elías DISEÑO: Javier Torre MAQUETA: Irene Martín EDICIÓN: Betesda Ediciones ASESOR EDITORIAL: A. P. Alencart IMPRESIÓN: Kadmos CONTACTO C/ Abastos, 7 portal 6 1º B 37008 Salamanca (España) Telf. 923 192349 Depósito Legal: S. 889-2007

¿Somos conscientes de lo grande que es ese mandato? Y es que desde Génesis la Palabra nos recuerda que Dios nos ha dado una responsabilidad. Nos dio la misión de señorear, administrar sobre todo lo creado, y eso incluye a los seres humanos. Velar por ellos. Pero debemos hacerlo como criaturas hechas a su imagen y semejanza. Luchando por ser como Dios. Actuando como Él: con misericordia, amor, sabiduría, compasión… Excelencia. Excelencia en cumplir la misión encomendada. Por todo ello es que el especial de este número se dedica a la Misión en sus diversos aspectos. Contamos con excelentes artículos de hermanos que laboran en este campo (en cuanto a reflexión teológica y práctica), conscientes de que la existencia de la Iglesia en este mundo tiene como objetivo difundir las Buenas Noticias de Salvación. Traspasar fronteras, ir de Norte a Sur, de Este a Oeste y viceversa. De la misión nos escriben sobre sus fundamentos teológicos, pasando sobre experiencias personales, apuntes históricos, hasta abordar la actividad misionera desde España y América Latina, así como acercarnos a la problemática de una Europa poscristiana, posmoderna y secularizada. Y no nos olvidamos de la Misión integral, aquella que resurgió en el encuentro de Lausana de 1974 y que, como dice René Padilla, “es la misión orientada a la satisfacción de las necesidades básicas del ser humano, incluyendo su necesidad de Dios, pero también su necesidad de amor, alimento, techo, abrigo, salud física y mental, y sentido de dignidad humana”. También el número incluye aspectos como el liderazgo, poesía, reseñas y testimonios de vida personal. Encerramos con noticias de eventos importantes en nuestro ámbito evangélico.

© Miguel Elías

Cuando llegue el otoño sereno de mi vida...
BEATRIZ GARRIDO

Cuando llegue el otoño sereno de mi vida, cuando las hojas, lentas, se caigan a mis pies; me sentaré a tu lado y me echaré en tu hombro, y recordaré aquel día cuando te comencé a querer.

Aire
MARÍA GLORIA SÁNCHEZ

Cuando llegue el otoño sereno de mi vida, ya lejos de trabajos, problemas y ansiedad, recordaremos juntos, con el rostro cansado, los momentos de luchas, problemas y pesar. Cuando llegue el otoño sereno de mi vida y el mar –en la ventana– se vuelva espuma gris, recordaré momentos de juventud intensa, cuando en sus fieras aguas inmersa me sentí. Cuando llegue el otoño sereno de mi vida, y los días corran lentos en tonos pastel, te tomaré las manos suaves y cansadas, e igual que aquella tarde las acariciaré. Cuando llegue el otoño sereno de mi vida, recordaremos juntos nuestro servicio a Dios, en diferentes formas, maneras y colores; pero siempre pensando ofrecerte lo mejor. Cuando llegue el otoño sereno de mi vida, me quedaré dormida tranquila, junto a ti; y si es que en la otra vida existe amor alguno, volvería a buscarte, por siempre inmersa en ti.

______________ Quiero beber el aire enamorado, El aliento de Dios bajando sobre mí, Quiero que ese aire sembrado de caricias Susurre en mis oídos… Que me hable con su dulce voz. Que lo sienta en mis sienes y me hable de Ti ¡Que no calle! Que me hable de amor. ¡Que hable! ¡Que hable!

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© Miguel Elías

Quiero ver el aire, que invisible Hizo su morada a mi alrededor, Quiero que no hable, Que con su caricia de suave brisa Yo sienta la calma en el corazón. ¡Que calle! Que no levante su voz. Quiero que mi rostro pueda suavemente Sentir su regalo de viento envolvente, Quiero que acaricie mi piel Cuando quema la sangre, Cuando arde mi ser, Que refresque mi alma en mi padecer. ¡Que calle! Que no quiero que hable. Quiero suavemente sentir ese soplo De cálida caricia, que vida me da, Quiero que me aliente, Quiero que refresque mi mente Que no me atormente en su devaneo, Que sienta la calma de la dulce paz. ¡Que calle! Que lo sienta quedo… Que no levante su voz… Que no quiero que hable… Que lo sienta quedo… ¡Que calle! ¡Que calle!

Hacia una teología evangélica de la misión
SAMUEL ESCOBAR

© Miguel Elías

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Durante el siglo veinte estuvimos acostumbrados a pensar en la teología protestante como una disciplina que se elaboraba en los grandes centros académicos y en las universidades de Europa. Las grandes figuras como Karl Barth, Emil Brunner y Jürgen Moltmann fueron ante todo catedráticos universitarios aunque también eran cristianos activos en sus iglesias. Dietrich Bonhoeffer es más conocido por su actividad como líder eclesiástico y activista social que lo llevó eventualmente a la cárcel y la muerte. En el siglo veintiuno, en que se ha tomado conciencia de la realidad de una iglesia global, como resultado de la acción misionera del siglo veinte, los desarrollos teológicos más frescos y desafiantes vienen de personas que fueron misioneros y forjaron su teología en relación con su actividad misionera. En esta breve nota voy a mencionar a tres de estos teólogos, y aunque podría alargar la lista mucho más me limitaré a aquellos cuyas obras existen en castellano. Por razones de espacio y tiempo apenas sí puedo enumerarlos brevemente. Lesslie Newbigin (1909-1998), enviado por la n Iglesia de Escocia llegó a la India en 1936 como misionero. En su autobiografía narra sus primeros años como evangelista de casa en casa y de puerta en puerta, y cómo luego vio surgir una iglesia nacional en India que tomó su identidad propia como Iglesia del Sur de la India, y que lo nombró obispo en 1947, cargo en el que sirvió hasta 1959. Sus libros se fueron escribiendo como respuesta a cuestiones que surgían en foros como el Consejo Misionero Internacional. Su libro La familia de Dios, publicado en castellano en 1961, es un estudio magistral de la naturaleza de la iglesia. En aquella época en que tanto ecuménicos como evangélicos consideraban a los pentecostales como “secta”, Newbigin reconoció que su énfasis en la presencia y poder del Espíritu Santo era indispensable para entender bien el concepto bíblico de iglesia.

Al volver al Reino Unido fue a ministrar en una parroquia de obreros industriales y encontró que había en Inglaterra una avanzada secularización, la cual hacía de ese país un campo misionero más difícil que la India. Su libro Religión auténtica para el hombre secular da cuenta de r su reflexión sobre el tema. Se puede decir que su obra es un esfuerzo por formular una teología trinitaria para una época pluralista. En su breve libro Una verdad que hay que decir formula lo que debe ser la misión cristiana r en el ámbito del pluralismo. Pone en guardia contra el peligro de privatizar la fe reduciendo el cristianismo a una más entre varias otras opciones. Newbigin empieza por afirmar que es posible conocer la verdad y no quedarse en el relativismo. Propone una triple tarea. Primero Creer y conocer la verdad desarrollando la base de una d verdadera epistemología cristiana que tome en cuenta los desafíos de la filosofía de la ciencia actual. Luego Afirmar la verdad en la Iglesia señalando el camino de un diálogo que nos lleve más allá de los estériles debates entre liberalismo y fundamentalismo. Finalmente, Decir la verdad al César explorando lo que significaría el r intento de probar la validez de la fe cristiana en la vida pública de una nación. René Padilla (1932- ), ecuatoriano, afincado a en Argentina, fue misionero entre estudiantes

universitarios desde 1959 hasta 1981. En 1965 se doctoró en Ciencias Bíblicas bajo la dirección de F.F. Bruce, con una tesis sobre la relación entre la iglesia y el mundo en los escritos del Apóstol Pablo. La riqueza de esta exploración inicial aparece en sus obras sobre misión integral que se fueron forjando como respuesta a las necesidades de su ministerio. Estuvo entre los fundadores de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) en 1970, y en el Congreso de Evangelización de Lausana en 1974 su ponencia sobre “El Evangelio y la evangelización” abrió una nueva etapa en la comprensión de lo que es evangelización, en contraste con la imposición de un molde cultural estadounidense por medio de técnicas de venta. Pese a la polémica que despertó su postura al mismo tiempo bíblica y crítica de conceptos falsos de misión, varias ideas claves de su ponencia fueron incorporadas en el Pacto de Lausana. Varios de los trabajos teológicos que Padilla presentó en las diferentes conferencias y consultas que siguieron en el movimiento de Lausana, aparecen en su libro Misión integral: ensayos sobre el Reino y la Iglesia, cuya nueva edición en inglés acaba de aparecer y fue presentada en el Congreso Lausana 3 de Ciudad del Cabo en octubre pasado. Esta obra traducida también al sueco, alemán, coreano y portugués es el fundamento de lo que hoy se conoce como Misión Integral. Como Secretario General de la FTL, de 1984 a 1992, Padilla participó intensamente en el diálogo con teólogos evangélicos de Asia, África y América Latina. Sus convicciones sobre la autoridad de la Biblia y la actualidad del mensaje bíblico le han llevado también a una tarea editorial fructífera en Ediciones Kairós. De consultas bíblicas que él organizó surgieron, por ejemplo, dos sustanciosos volúmenes que él también editó: Las bases bíblicas de la misión (1998), un libro de casi quinientas páginas con trabajos de biblistas y teólogos latinoamericanos o radicados en Latinoamérica. Le siguió Ser, Hacer y Decir: las bases bíblicas de la misión integral (2006), otro volumen colectivo con la colaboración de nueve biblistas y teólogos latinoamericanos y un estadounidense. Christopher Wright (1947-), nació en Belfast, t Irlanda, y sus padres fueron misioneros en Brasil. Doctorado en Antiguo Testamento, fue él mismo misionero y educador teológico. Enseñó en el Seminario Bíblico Unido de Pune en la India de 1983 a 1988 y luego dirigió All Nations Christian College, centro universitario dedicado a la formación de misioneros de 1993 a 2000. Es actualmente el sucesor de John Stott al frente de la

Fundación Langham que promueve la educación teológica y producción de literatura en África, Asia y América Latina. Su agenda de viajes intensos de docencia y formación no le ha impedido la producción de una obra teológica notable. Wright ha conseguido con sus libros la difícil meta de hacer del estudio del Antiguo Testamento algo atractivo. La calidad de su erudición y la habilidad pedagógica de su estilo se puede advertir en libros como Conociendo a Jesús a través del Antiguo Testamento y Viviendo como o pueblo de Dios, que explora la ética del Antiguo Testamento. Tenemos también en castellano su comentario al libro de Ezequiel. Hace poco apareció simultáneamente en España y Latinoamérica su obra de 735 páginas La misión de Dios. Para Wright el mensaje de toda la Biblia sólo se puede entender si se aplica a su estudio una hermenéutica misional. Explica lo que ha sido su intención al escribir este trabajo monumental: “He procurado identificar algunos de los temas subyacentes que están entretejidos en todo el gran relato de la Biblia, temas que constituyen los pilares fundacionales de la cosmovisión bíblica y por consiguiente también de la teología bíblica: el monoteísmo, la creación,

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la humanidad, la elección, la redención, el pacto, la ética, la esperanza futura. En cada caso he procurado prestar plena atención a sus raíces en el Antiguo Testamento, antes de proceder a considerar el desarrollo, cumplimiento o extensión neotestamentario en cada caso”. Estos teólogos no se limitan a pasarnos un volumen ordenado de conocimientos teológicos para nuestra información. En sus páginas vibra el espíritu misionero que ha movido sus vidas y nos desafían no sólo a explorar una temática misional, sino que consiguen comunicarnos algo de esa pasión por la iglesia y su misión hoy en día que ha sido el motor de su actividad teológica. Si la teología ha de servir a la iglesia del mañana, ha de ser una teología marcada por el espíritu misionero.

*Samuel Escobar es catedrático emérito de Misionología en el Seminario Teológico Bautista del Este, en Pennsylvania, EEUU; y profesor del Semii nario Teológico de la UEBE en Madrid. Nació en Arequipa (Perú). Estudió en las Facultades de Letras y Educación de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima, obteniendo el título de Profesor de Educación Secundaria en 1966. Doctorado en filosofía y ciencias de la educación por la Universidad Complutense de Madrid, donde se graduó (cum laude) en 1990, con una tesis acerca del educador brasileño Paulo Freire. Desde 1959 a 1985, Escobar y su esposa trabajaron como asesores estudiantiles con la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos (IFES). En 1958 presidió el Congreso de Estudiantes Evangélicos en Cochabamba (Bolivia). Es uno de los firmantes de la Declaración de Chicago sobre la Responsabilidad Social Evangélica en 1973, y formó parte de la Comisión de Programa del Congreso de Evangelización de Lausana (1974), siendo uno de los cuatro redactores del histórico Pacto de Lausana. En 1970 participó en la fundación de la Fraternidad Teológica Latinoamericana. Fue Presidente de las Sociedades Bíblicas Unidas de 1986 a 2004. Entre sus libros publicados están: Diálogo entre Cristo y Marx (1967); Decadencia de la religión (1973); Evangelio y realidad social (1988); La fe evangélica y las teologías de la liberación (1987); Paulo Freire: una pedagogía latinoamericana (1993); La Palabra: vida de la iglesia (2006); Cómo comprender la misión (2008) o Santiago. La fe viva que impulsa a la misión (2011).

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Bibliografía citada
Lesslie Newbigin, La familia de Dios, México: CUP, 1961. Lesslie Newbigin, Religión auténtica para el hombre secular, Bilbao-Mensajero, 1969. r Lesslie Newbigin, Una verdad que hay que decir, Santander: Sal Terrae, 1994. C. René Padilla, Misión integral, Buenos Aires: Nueva Creación, 1985. C. René Padilla, Ed., Bases bíblicas de la misión. Perspectivas latinoamericanas. Buenos Aires: Nueva Creación, 1998. C. René Padilla, Ed. Ser, Hacer y Decir: las bases bíblicas de la misión integral. Buenos Aires: Ediciones Kairós, 2006. Christopher Wright, Conociendo a Jesús a través del Antiguo Testamento. Redescubriendo las raíces de nuestra fe, Barcelona: Andamio, 1996. Christopher Wright, Viviendo como pueblo de Dios, Barcelona: Andamio. Christopher Wright, La misión de Dios, Barcelona: Ediciones Certeza Unida, 2009.
© Miguel Elías

Los desafíos misioneros de la Europa de hoy
JESÚS LONDOÑO

Antes de esgrimir cualquier argumento sobre este tema es necesario traer a la mesa la difusa tarea de hablar de Europa como un todo. Este continente nunca ha tenido una identidad profunda, real y práctica en lengua, etnicidad, política, religión, etc. Sin embargo, es pensar en un conjunto extenso de naciones (griego “ethnias”) que viven bajo una realidad geográfica llamada Europa. El historiador y teólogo Bernard Coster se refiere al tema de la siguiente manera: “La pregunta por la identidad de Europa es la pregunta por los valores básicos de su cultura, por lo que todos los europeos tenemos en común. La identidad europea no es étnica. No formamos un sólo pueblo con –por ejemplo– un antepasado común, sea histórico o mitológico. Cada pueblo occidental es una mezcla de orígenes étnicos diferentes en la cual ciertamente reconocemos algunos rasgos de las tribus que en su tiempo la compusieron: ibéricas, italianas, celtas, germánicas, eslavas y otras, pero que apenas tienen relevancia para la identidad cull tural. Europa tampoco es una unidad lingüística, ni histórica. Las experiencias históricas de cada país son diferentes y además hay diferencias importantes dentro de los países. Europa no es una unidad política: nunca ha formado un sólo estado. Etnia, idioma, historia y política son los factores variables de la cultura occidental, que por ellos es una cultura tan variada y diversa, pero ninguno de ellos determina lo esencial de la cultura europea”1. Esto, desde luego, trae implícito un gran reto, sobre todo cuando intentamos abarcar en este pequeño artículo la realidad de un proceso misionero que tiene y tendrá múltiples desafíos

que enfrentar. Al mismo tiempo, podemos ver cómo la mano de Dios se sigue moviendo de formas creativas y diferentes sólo con el objetivo de presentar una palabra de esperanza en Dios a cada pueblo, en sus propias formas culturales, lingüísticas y sociales. Por lo tanto, trataremos de desarrollar un análisis que provoque una reflexión general sobre la situación de Europa pero, que al mismo tiempo, genere una preocupación por el estudio, análisis y desarrollo de proyectos evangelísticos a cada pueblo según corresponda. Estoy seguro de que todos alguna vez hemos leído, escuchado o experimentado que estamos viviendo en una Europa posmoderna, poscristiana y secularizada como nunca antes. Esta clase de definiciones sobre la Europa del siglo XXI merecen, por lo menos, una mención u acercamiento que nos ayude a entender los detalles de la vida cotidiana de los europeos. Posmodernidad es básicamente una reacción a la modernidad cuyos fundamentos fueron la razón y el conocimiento. Este nuevo movimiento intenta desarticular toda estructura o sistema con el objetivo de dar la mayor fuerza posible a la “libertad” individual por encima del bienestar colectivo. La posmodernidad se arraiga en conceptos como el relativismo y la búsqueda de experiencias personales que satisfagan los diferentes deseos personales. Es por eso que, hoy día, el culto al cuerpo, el nihilismo, los juegos electrónicos, la incredulidad hacia las metanarrativas o las doctrinas del éxito individual se venden en cada esquina con frenesí. Poscristiandad es una pérdida de todo sentido de pertenencia a una identidad espiritual basada en principios de vida que en este caso, que nos ocupa de Europa, sería Cristo y la Biblia como palabra inspirada. Dice Bonhoeffer: “La encarnación de Dios en Jesucristo determina el pensamiento – consciente o inconsciente de Europa. El Jesucristo histórico es la continuidad de nuestra historia”2. ” La conexión entre la Europa de todos los tiempos y el mundo antiguo no fue otra que el camino de las misiones. Todo el desarrollo de la mentalidad cristiana, antes y después de la Reforma, se debe al peregrinaje de aquellos humildes pero valientes misioneros que transportaron el evangelio hasta lejanas tierras. Nosotros podemos considerarlo como un continente poscristiano porque sus raíces fueron cristianas
2 Bonhoeffer, Dietrich. Ética, 2000, Editorial Trotta.

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1 Coster Bernard. Europa, identidad y necesidad. Ponencia presentada en la ESMT – Febrero 2006, Barcelona.

y su fundamento fue el conocimiento de la verr dad en Cristo Jesús. En último lugar hablemos un poco de la secularización: “A este fenómeno se le conoce como el proceso que experimentan las sociedades a partir del momento en que la religión y sus instituciones pierden influencia sobre ellas, de modo que otras esferas del saber van ocupando su lugar. Con la secularización, lo sagrado cede el paso a lo profano y lo religioso se convierte en secular”3. ” Esta secularización ha tenido un fuerte y progresivo avance sobre la totalidad de la vida europea. Tanto las guerras en el siglo pasado como los desastrosos modelos evidenciados por las “religiones” tradicionales han abierto un camino expedito para este movimiento seglar. Además, se suman todos los elementos traídos por la globalización que en conclusión están formando un sincretismo universal basado en multitud de religiones, filosofías y expresiones culturales. Yo daría un paso más allá al unir estas tres definiciones de posmodernidad, poscristiandad y secularización para decir que estamos frente a una pérdida total del sentido de la vida de la raza humana tal como Dios lo planteó. Al mismo tiempo, estos conceptos nos dejan ver que el hombre no tiene un destino seguro para su vida aquí en la tierra y mucho menos para la eternidad. El vivir día a día esperando qué sucede mañana, es la base de estas tres corrientes o movimientos que envuelven hoy la mayor parte de Europa. Todo lo anterior ya nos da algunos resquicios de los desafíos de la misión cristiana en la Europa del siglo XXI. Muchos han acertado al decir que en este momento de la historia no solo es el continente más oscuro de la tierra (en la perspectiva cristiana – evangélica) con menos del 1% de creyentes; sino también el más reacio al evangelio por estar experimentando las corrientes anteriormente descritas. Predicar el evangelio en nuevas tierras trae ya sus propios retos, pero compartir el evangelio de Cristo en un continente que piensa que ya vivió esa etapa de la religión y que ahora ha “madurado” en su apreciación sobre la existencia de Dios, es aún más complicado. Uno de los mayores desafíos de la misión de hoy en Europa es reconocer y entender que estamos frente a una nueva forma de pensar, frente a una cosmovisión totalmente diferente a

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la que acostumbrábamos. Los siglos de historia nos aportan mucha información sobre la cosmovisión de nuestros antepasados, pero la verdad es que hoy vivimos en otro continente, uno dimensionalmente diferente. Tanto los propios cristianos europeos, como los misioneros que están llegando de nuevas tierras, deben hacer un análisis de este nuevo sistema de valores que cobija las entrañas de la nueva Europa. Misionológicamente solemos hablar de la necesidad de inculturización o inmersión cultural de parte de cualquier misionero que quiera compartir el evangelio de Cristo en nuevas tierras. El problema aquí es que pensamos que al tratarse de “Occidente” o “Primer Mundo” no es necesario hacer esta clase de acercamiento para entender cómo transmitir de manera relevante el evangelio. Al mismo tiempo, un gran número de las iglesias existentes hoy en Europa han nacido bajo la influencia del pensamiento moderno. Quiérase o no, gran parte del pensamiento cristiano –evangélico de nuestros días, tiene trazos del modernismo que lo permean y que, por lo menos en su forma (no en su fondo), dejan visibles marcas. Esto produce un irremediable choque con la nueva cosmovisión predominante que no logra entender el mensaje del evangelio bajo esos parámetros. El evangelio es y será el mismo siempre. Pero el mundo, los misioneros y los pueblos sin el evangelio se encontrarán siempre en un profundo y constante cambio. Esa es la razón por la que algunos métodos tradicionales ya no son aplicables en la misión hacia Europa. El europeo de hoy en día es muy diferente: crecido en un tiempo de muchos cambios, conectado con toda la nueva tecnología, con altos niveles académicos, ha viajado y conocido otras culturas, abierto a lo nuevo, sensible, autocrítico, muy creativo, muy motivado y capaz de trabajar con personas de otras latitudes. Busca la comunión y la perseverancia, al igual que la

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autodisciplina le resulta difícil. Al mismo tiempo, hay que tomar en cuenta que un porcentaje de la sociedad se compone de personas que vienen de hogares y familias destruidas y disfuncionales y de relaciones parentales que son la base de muchos males modernos. Ahora lo que vale son las emociones momentáneas, la aceptación de todas las opiniones y estilos de vida. Esto llevó al quiebre de la sociedad en sí ya que todos tienen su propia verdad y mantienen relaciones cortas y sin importancia. La libertad religiosa es muy importante en este tiempo, y cada uno se fabrica su propia realidad espiritual tratando de saciar su necesidad interna sin dejar de lado la expresión propia de su pecado a través de sus pasiones. Esta es la cruda realidad que tenemos frente a nosotros como desafío de fe, tal como lo expusiera el apóstol Pablo: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias... Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” Romanos 1: 21, 284. Sin embargo, éste ” no es un tema de juicio o de desesperanza, al contrario, es un aliciente para pensar que Dios está más preocupado ahora por Europa que tal vez en ningún otro momento en la historia. El amor de Dios es suficiente para volver a traer luz espiritual a un continente que fue usado por Dios por siglos para llevar de esa luz sanadora a las naciones de la tierra. Otro de los mayores desafíos, viendo el panorama anterior, es el de aceptar que la evangelización masiva no es la solución. El desarrollo y fortalecimiento de las relaciones personales sanas y duraderas es uno de los caminos para confrontar al posmodernismo arraigado en muchas personas, y que los está llevando a vidas de extrema soledad. La amistad verdadera, la vida de comunidad y la comunicación efectiva y transparente es uno de los puentes más efectivos de la evangelización en Europa. Muchos eruditos europeos en religión están diciendo que el verdadero rechazo del europeo promedio no es hacia Dios como tal, sino hacia la institucionalización de la Iglesia y la sacramentalización de los principios divinos. Honestamente, esto es muy posible que esté pasando. Por estas razones la gente se siente menos cohibida de hablar de Dios cuando se encuentra en un círculo pequeño de “amigos” que en un centro religioso cualquiera que éste sea.
4 Tomada de la Biblia Reina Valera, versión 1960.

Esto me lleva a recordar con prontitud las palabras de Jesús hacia sus discípulos cuando les insta a entrar en las ciudades y luego llegarse hasta las casas para saludar a sus habitantes (Mateo 10:5-12). Esta es la clase de misión que contemplo dentro del marco de la Europa que he explicado anteriormente. La misión es parte de nuestra vida diaria, es parte de lo que somos y lo que hacemos en el cotidiano vivir. No se puede evangelizar sin seguir siendo humano, no se puede comprender a Dios dejando afuera el elemento humano que nos acompaña. Este elemento humano es primordial para mostrar el amor de Dios a una Europa descristianizada y alejada de los principios fundamentales de Dios que no tienen nada que ver con una simple religión. Nuestras iglesias deben reconocer y recuperar con urgencia un alto sentido de humanización dentro de sus perspectivas (por no llamarlo planes) de evangelización. Tenemos que reconocer a esta nueva Europa y tratar con ella desde sus necesidades y no desde nuestros dogmas o liturgias, cosas bastante lejanas y raras para un posmoderno. El dolor de este continente hoy, no es económico (no todavía, o no a profundidad); no es un dolor de rechazo o separación (como lo sufren otros continentes); no es un dolor de persecución (como lo sufren otras religiones), es un dolor de ser humanos y no entender para qué. No lograr descifrar cuál es la razón y objeto de estar sobre esta tierra y vivir una vida con propósito. Esto ha sido básicamente el resultado de la mezcla de posmodernismo, poscristianismo y secularización. Pero éste es precisamente el objeto del amor de Dios traducido en la muerte de su Hijo Jesucristo y encomendado a sus discípulos para transmitirlo hasta lo último de la tierra. Un último desafío en mi mente es el de aceptar la “operación” de Dios en medio de las grandes olas migratorias del mundo. Hoy vivimos en una aldea global, como la llaman los sociólogos, y podemos afirmar que los movimientos de gente alrededor del mundo no tienen precedentes. En medio de estas olas de migración estamos viendo el arribo de miles de personas que han conocido el evangelio y que han gustado de las riquezas espirituales de la Biblia en sus propios países. Muchos de estos hombres y mujeres (lamentablemente no todos) están intentando vivir sus vidas cristianas en medio del nuevo contexto. Esto trae testimonio de vida a lugares o sociedades donde la mención de Dios es poca o nula. Por otro lado, la creciente iglesia del mundo mayoritario (Asia, África y Latinoamérica) está

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Jesús Londoño es colombiano. Fue director ejecutivo de COMIBAM Internacional desde el año 2001 hasta el año 2009. En su país, fungió como director ejecutivo del Centro Colombiano de Misiones Mundiales, y director del proyecto de misiones del consejo evangélico colombiano por 7 años. Ha sido profesor de institutos y seminarios bíblicos en el área de teología y misiología. Misionero de campo desde el año 1989, fundador de la agencia misionera Avancemos y de la iglesia “Torre Fuerte” en su país. Es miembro de OC Internacional – SEPAL (para Latinoamérica). Tiene una licenciatura en teología de Vision Bible College University y una Maestría en misionología. Realizó un diplomado en Lingüística y antropología, además de uno en administración de la educación superior. Actualmente es el director de SEPAL – España y director Asociado para las relaciones globales de COMIBAM. Coordina la iniciativa “Back to Europe” que reúne varias organizaciones europeas trabajando en la evangelización de Europa.

siendo llamada por Dios a regresar a Europa con el evangelio, el que un día les fue llevado desde estas latitudes. Cientos de creyentes alrededor del mundo están sintiendo un genuino llamado de Dios para volver con un evangelio fortalecido y con mucho denuedo. Creo, que a pesar de las profundas diferencias culturales, y en muchos casos doctrinales con aquellos que están llegando, podemos ver la mano de Dios abriendo ríos en medio del sequedal. El trabajar juntos como un cuerpo es uno de los desafíos de la misión en Europa debido a que los nuevos misioneros no tienen un alto compromiso con las iglesias nacionales, y a su vez, sufren el rechazo de los creyentes europeos. Estamos perdiendo una herramienta muy valiosa para cooperar en esfuerzos evangelísticos que, de manera contextual, ayuden a este continente a encontrar el camino de regreso a Dios.

Misión integral
C. RENÉ PADILLA

sino gente de carne y hueso con múltiples necesidades humanas. En el otro extremo, ha habido iglesias (las menos, pero de todos modos las ha habido) que se han dedicado a servir a la comunidad a su alrededor de diferentes maneras, pero han olvidado la evangelización. Hace un tiempo fui invitado a una de esas iglesias en Buenos Aires. Aunque es reconocida en todo el barrio como una iglesia que sirve con diversos programas (jardín de infantes, escuela primaria, hogar para madres solteras, programas de prevención del sida, etc.), tenía un gran problema: ¡se estaba quedando sin miembros! Cuando les pregunté a los líderes qué se estaba haciendo en cuanto a la evangelización, me respondieron que nada porque no querían ser “proselitistas”. Su crisis era el resultado de un mal enfoque de la misión de la Iglesia, a partir del cual había que escoger entre no evangelizar y hacer proselitismo.

Hasta hace unas tres décadas, poco o nada se hablaba de “misión integral” en círculos evangélicos. Se daba por sentado que la misión tenía que ver con la tarea de proclamar el Evangelio de Jesucristo a las naciones, preferentemente de ultramar, que todavía no lo conocían. La situación ha cambiado: hoy se habla mucho del tema, especialmente en conferencias internacionales. Sin embargo, no siempre hay claridad en cuanto al significado de esta expresión y hay el peligro de que se convierta en una frase de moda, vacía de sentido. En realidad, la frase “misión integral” fue acuñada más que nada en el seno de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) con la idea de hacer justicia a la enseñanza bíblica respecto a la misión de la Iglesia. Fue el resultado de una toma de conciencia de la necesidad de volver al texto bíblico en busca de elementos que ayudaran al pueblo de Dios a cumplir su papel en la historia a la luz de su compromiso con Jesucristo y de su situación concreta en América Latina.

En busca de equilibrio
La teoría y la práctica de la misión integral son un esfuerzo por corregir las distorsiones de los dos extremos mencionados integrando la evangelización con otras dimensiones de la misión. Se considera que los varios elementos de la misión se complementan entre sí; pueden distinguirse pero no separarse. Para su integrae ción como elementos constitutivos, esenciales de la misión de la Iglesia, hay dos enfoques, el uno desde la perspectiva del propósito de Dios y el otro desde el punto de vista de la naturaleza del ser humano.

Dos extremos
Cualquiera que conozca las iglesias evangélicas en nuestros países sabe bien que a lo largo de los años estas iglesias, en general, se han especializado en la evangelización. Han considerado que su tarea prioritaria, si no única, es “ganar almas para Cristo” y “plantar iglesias”. Y muchas de ellas hasta han sospechado de quienes han sostenido que la misión incluye otros elementos esenciales. Hay por lo menos dos razones históricas que explican esta actitud. Por un lado, la mayoría de los misioneros que nos trajeron el Evangelio tenían esa visión de la obra misionera y de la tarea de la Iglesia. Por otro lado, era lógico que el pueblo evangélico, como una pequeña minoría muchas veces menospreciada y perseguida, quisiera crecer numéricamente para ganar espacio en la sociedad. El problema es que a la iglesia no llegan almas descarnadas,

La misión integral y el propósito de Dios
El primer enfoque afirma que el propósito de Dios es la redención de la creación. Como Juan Stam ha mostrado en su enjundioso librito Las buenas nuevas de la creación (Nueva Creación, 1995), el mensaje bíblico de la salvación culmina en el anuncio de “nuevos cielos y nueva tierra”. “En el pensamiento bíblico –dice– la creación no se contempla aparte de la salvación, ni la salvación aparte de la creación. Por eso, la teología bíblica de la creación es absolutamente indispensable para nuestra fiel comprensión tanto del evangelio como de la misión de la iglesia. Jamás podremos entender bíblicamente la salvación y la misión si las desvinculamos de la creación”. Esto quiere decir, entre otras cosas, que el propósito de la misión no es meramente la salvación del alma, sino la transformación de la persona de modo que ésta glorifique a Dios

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en todas las dimensiones de la vida humana: en su relación con Dios, pero también en sus relaciones interpersonales, en su relación con la creación de Dios y en su manera de concebirse a sí misma. La conversión de la persona a Jesucristo es la irrupción de la nueva creación que convierte al ser humano en una manifestación del propósito de Dios de hacer nuevas todas las cosas. Hablar de misión integral, por lo tanto, es hablar de la misión orientada a la reconstrucción de la persona en todo aspecto de su vida, tanto en lo espiritual como en lo material, tanto en lo físico como en lo psíquico, tanto en lo personal como en lo social, tanto en lo privado como en lo público. Vista así, la misión no se limita a asegurar un lugar en el cielo, en el hogar “más allá del sol”, sino apunta a transformar a la persona en un colaborador de Dios, en un agente del propósito de Dios de colocar todas las cosas bajo el mando del Señor Jesucristo (ver Ef 1:10). Esta manera de ver las cosas tiene importantes consecuencias para la evangelización. Una de ellas es que el propósito de la evangelización no es hacer de las personas individuos religiosos que se separan del mundo para disfrutar de su salvación. El propósito de la evangelización es, más bien, formar comunidades que confiesan a Jesucristo como Señor de la totalidad de la vida y viven a la luz de esa confesión; comunidades que no sólo predican acerca del amor de Dios sino que lo demuestran concretamente en términos de “buenas obras”, “las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica” (Ef 2:10).

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necesidades en otros aspectos (por ejemplo, en el corporal o el material). Santiago reconoce esto y por lo tanto asevera que la fe que no reconoce las necesidades del cuerpo y se limita a expresar buenos deseos “está muerta”: “Supongamos que un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse y carecen del alimento diario, y uno de ustedes les dice: ‘Que les vaya bien; abríguense y coman hasta saciarse’, pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué servirá eso? Así también la fe por si sola, si no tiene obras, está muerta” (Stg 2:15-17). Desde esta perspectiva, la misión integral es la misión orientada a la satisfacción de las necesidades básicas del ser humano, incluyendo su necesidad de Dios, pero también su necesidad de amor, alimento, techo, abrigo, salud física y mental, y sentido de dignidad humana. Además, este enfoque toma en cuenta que el ser humano es un ser social, hecho para vivir en comunión en Dios y con el prójimo. Consecuentemente, presupone que no basta ocuparse del bienestar espiritual individual de una persona sin a la vez prestar atención a sus relaciones interpersonales y su ubicación en la sociedad. El amor a Dios es inseparable del amor al prójimo: “De estos dos mandamientos –dijo Jesús– dependen toda la ley y los profetas” (Mt 22:40). Pero, ¿cómo puede la persona crecer en su capacidad de amor al prójimo si la única ayuda que recibe está enfocada en su relación con Dios a nivel individual, sin referencia a su relación con los demás? Desde este ángulo, hablar de misión integral es hablar de la misión orientada a formar perr sonas solidarias, que no viven para sí sino para los demás; personas con la capacidad de recibir y de dar amor; personas que “tienen hambre y sed de justicia” y que “trabajan por la paz” (shalom), que no es meramente ausencia de conflicto sino vida en abundancia (Mt 5:6, 9).

La misión integral y la naturaleza del ser humano
El segundo enfoque toma en cuenta que el ser humano es una unidad de cuerpo, alma y espíritu, inseparables entre sí. Esto es algo í que la Biblia da por sentado tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. Y es también algo que hoy la ciencia confirma; por ejemplo, cuando en el campo médico se habla de “enferr medades psicosomáticas”, aquellas en las cuales un problema psicológico repercute en la salud física, o una enfermedad física repercute en la salud mental. Porque el ser humano es una unidad, no se puede pretender ayudar a la persona dando atención a sus necesidades en un solo aspecto de lo que es (por ejemplo, su necesidad de perdón de Dios, una necesidad espiritual), pero dejando completamente de lado sus

¿Qué es, entonces, la misión integral?
La confusión en cuanto al significado de la misión de la Iglesia se deriva de un falso concepto del propósito de Dios y de la naturaleza del ser humano. Se supone que lo que Dios quiere hacer es “salvar almas”, en vez de “reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en el cielo” (Col 1:20); que el ser humano sólo necesita ser reconciliado con Dios, en vez de recibir todo lo que precisa para disfrutar de la “vida en abundancia” que Dios quiere darle. En última instancia, es una confusión emparentada con ideas importadas de la filosofía griega, una confusión que pone en evidencia el abandono de la enseñanza bíblica. La misión sólo hace justicia a la enseñanza bíblica y a la situación concreta cuando es integral. En otras palabras, cuando es un cruce de fronteras (no sólo geográficas sino culturales, raciales, económicas, sociales, políticas, etc.) con el objetivo de transformar la vida humana en todas sus dimensiones, según el propósito de Dios, y de empoderar al ser humano para que disfrute la vida plena que Dios quiere darle.

En su monumental obra misionológica intitulada Misión en transformación, David Bosch señala que cuando se busca una comprensión abarcadora de la misión se corre el riesgo de acercarse demasiado a la idea que “todo es misión”, dando así pie al famoso refrán de Stephen Neill: “Si todo es misión, nada es misión”. La solución del problema, según Bosch, no es volver a una definición estrecha y reduccionista de la misión, sino afirmar que la misión es “un ministerio multifacético respecto al testimonio, el servicio, la justicia, la sanidad, la reconciliación, la liberación, la paz, la evangelización, el compañerismo, el establecimiento de nuevas iglesias, la contextualización y mucho más”. La misión de la Iglesia es multifacética porr que depende de la missio Dei: la misión de Dios que abarca la totalidad de la creación y de la vida humana, que tienen su fuente en él y que dependen de él para su realización plena. Dios, quien se encarnó en su Hijo Jesucristo y que continúa actuando en la historia por medio de su Espíritu, es el misionero por excelencia: nosotros somos meros colaboradores de él llamados a participar en lo que él ha hecho y está haciendo para cumplir su propósito transformador.
C. René Padilla es ecuatoriano, doctorado (Ph. D) en Nuevo Testamento por la Universidad de Manchester. Fue Secretario General para América Latina de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos y, posteriormente, de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL). Ha dado conferencias y enseñado en seminarios y universidades en diferentes países de América Latina y alrededor del mundo. Actualmente es Presidente Honorario de la Fundación Kairós, en Buenos Aires, y coordinador de Ediciones Kairós. Entre sus libros, podemos citar: Misión integral: ensayos sobre el Reino y la Iglesia; Las bases bíblicas de la misión (1998); Ser, Hacer y Decir: las bases bíblicas de la misión integral (2006).

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© Miguel Elías

La visión misionera
AMABLE MORALES

centroeuropeos. Y ya en las 2 primeras décadas del siglo XX la de distintos misioneros bautistas, primero desde Suecia y luego desde Estados Unidos. Su ministerio fundando iglesias fue el embrión de la actual UEBE. La Ley de Libertad Religiosa, primero, y más tarde la normalización democrática, facilitó en la segunda mitad del siglo XX la implantación de otros muchos grupos denominacionales, especialmente los de trasfondo Pentecostal. En apenas 3 párrafos acabamos de resumir 140 años de historia, desde luego no con el propósito de ser exhaustivos, sino de llamar nuestra atención sobre la importancia que la visión misionera de otros ha tenido en el desarrollo del testimonio evangélico en nuestro país. Y es que necesitamos recordar nuestros orígenes, para afirmar un espíritu de gratitud al Señor en el presente, que nos mueva a una visión misionera para el futuro de la Iglesia en España. Extender el Evangelio más allá de nuestras “Jerusalén, Judea y Samaria” sigue formando parte del mandato directo y expreso de nuestro Señor a todos los que le siguen. El “hasta la último de la tierra” se mantiene como reto y misión para todos sus discípulos. Y es que sin importar las condiciones sociales o económicas por las que podamos atravesar, cada una de nuestras iglesias locales (pequeñas o grandes, ricas o pobres, nuevas o antiguas) deberían mantener una visión y preocupación por la obra misionera en general, pues ésa es parte esencial de nuestra razón de ser y estar en esta tierra, como Iglesia del Señor. Aunque nuestra “fuerza” siga siendo muy escasa como minoría en nuestro propio país, los cambios sociales y económicos vividos por España en los últimos 30 años nos colocan en una posición privilegiada, como instrumento de bendición para nuestros hermanos en otros países, donde la misericordia de Dios permite una sed espiritual que parece inexistente en nuestra opulenta y secularizada Europa. Nuestro Dios, como Soberano de la Historia con sus naciones y gobernantes, quiere en su gracia que países empobrecidos materialmente, sean ahora enriquecidos por el mensaje de su Palabra, recibida por aquellos que han experimentado la inutilidad de confiar en el hombre. Son ventanas de oportunidad para extender el Evangelio, que hemos de aprovechar mientras permanezcan abiertas desde nuestros respectivos lugares. De un lado, las iglesias nacionales de esos lugares, perseverando en un ministerio de proclamación que nos hace sonrojar en nuestra apática comodidad. Y de otro, nosotros, apoyando espiritual y materialmente a aquellos

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Al hablar de misiones, necesariamente hemos de comenzar con una mirada hacia el pasado, recordando que nuestra realidad presente –como pueblo de Dios en España– es el fruto de la visión y el compromiso misioneros de quienes percibieron la necesidad espiritual de nuestro país, y respondieron generosamente a ella. Siglos de prohibición de la lectura de La Biblia por la Iglesia Católica, junto a más de 300 años de intransigencia y persecución inquisitorial, dejaron a España casi al margen de los efectos de la Reforma, y prácticamente sin ningún testimonio evangélico a finales del siglo XVIII. Pero la misericordia de Dios (que aún ‘quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad’) quiso tocar el corazón de su pueblo ’ en otros países, guiando sus pensamientos y manos hacia la obra misionera aquí. En los inicios del siglo XIX se produce un espectacular despegue en el sector minero español, por medio de concesiones estatales a empresas extranjeras. De ese modo comienza el traslado de ingenieros y técnicos, principalmente desde Inglaterra, a las diferentes zonas mineras (Jaén-La Mancha, Huelva, León, etc.). Muchos de ellos eran creyentes evangélicos, y comienzan de un modo natural a propagar su testimonio por medio de sus reuniones y actos cúlticos. En poco tiempo comienzan a transmitir a las iglesias de su país la realidad de una España profundamente necesitada del conocimiento del Evangelio. Y así empieza a afirmarse, especialmente entre las iglesias de “Los Hermanos”, una visión misionera hacia España, coincidiendo con un excepcional momento histórico de proyección mundial entre ese grupo de iglesias en el Reino Unido. En torno al 1840 comienza una larga y extensa llegada de misioneros: larga por su prolongación en el tiempo, y extensa por los muy variados lugares de ministerio. Aunque separados geográficamente, existió un buen nivel de colaboración y comunión entre todos esos misioneros, de cuyo trabajo resultó el gerr men de la actual FIEIDE y de las Asambleas de Hermanos. En la segunda mitad del siglo XIX coincide la llegada de distintos misioneros de iglesias reformadas, desde diferentes países

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a los que el Señor brinda la oportunidad de crecimiento, pero que carecen de los medios que a nosotros nos sobran. (‘Para que la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra’ 2Co 8:14) Los medios actuales nos permiten acceder fácilmente a información sobre el campo misionero, y la sociedad global facilita enormemente las comunicaciones con casi cualquier lugar del mundo. De ese modo, como iglesias tenemos la oportunidad accesible de involucrarnos en el conocimiento y la oración intercesora, y ése es siempre el primer e imprescindible paso para afirmar en una congregación una visión misionera, más allá de su geografía inmediata. Una iglesia que conoce y ora por la obra misionera, despertará –antes o después– a una comprometida comunión práctica con esa obra, y estará “más cerca” de ver cómo el Señor quizá llame a algunos a servirle lejos. Debemos dar gracias al Señor por las distintas iniciativas misioneras entre las iglesias españolas en los últimos años. En unos casos, mediante el llamamiento de creyentes españoles para servir en otros países. Y en muchos otros casos, estableciendo canales de ayuda estables para el sostenimiento del ministerio de las iglesias locales en aquellos lugares. Aun a riesgo de olvidar injustamente otras realidades, merecen ser recordadas las siguientes:
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Toda la gloria a Aquel que únicamente la merece, pero sirva lo anterior para levantar nuestra mirada agradecida, recordando que como iglesias españolas tenemos ante nosotros una oportunidad muy especial de sostener materialmente la proclamación del Evangelio en otros lugares. Exactamente como otros hicieron en el pasado, permitiendo que llegase a nosotros la bendición espiritual. Las enormes diferencias económicas entre el rico occidente y la mayoría del resto de países, nos convierten a nosotros en auténticos “millonarios”, por muy escasos que puedan parecernos nuestros recursos. Como ejemplo, con unos 100/150 euros mensuales se sostiene a una familia de 4 miembros en la mayoría de los países citados anteriormente, lo que parece un “reto” al alcance de muchas congregaciones, y en el que todas podrían participar a través de los programas conjuntos de los distintos grupos de iglesias. Sin dejar de atender a nuestra Jerusalén y nuestra Judea, vivimos un tiempo muy especial para fomentar el interés por la obra misionera en nuestras congregaciones. La oración de los ancianos-pastores será siempre la mejor forma de comenzar toda estrategia. Pero a ella le pueden seguir algunas ideas prácticas:
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Desde las Asambleas de Hermanos hace años que el Señor levantó y envió obreros nacionales para trabajar en Turquía, Marruecos y Perú, y como grupo de iglesias mantienen canales de apoyo misionero en Cuba y Costa de Marfil. La FIEIDE mantiene un comprometido ministerio misionero en el Sahara, y desde hace años vínculos de apoyo a Argentina, Albania y Kosovo. Las Asambleas de Dios han visto extenderse su obra misionera en Perú (Trujillo) y Burkina Faso, a la vez que mantienen lazos de apoyo a Rumania. La UEBE tiene actualmente un programa misionero en Guinea, y está alentando la visión con viajes misioneros (el último a Cuba). Aunque no como iglesias propiamente dichas, también cabe destacar la participación de miles de creyentes españoles en los programas misioneros de ayuda a la infancia promovidos por la Alianza Evangélica Española en Perú, Colombia, Bolivia y Honduras. Programas que completan la atención social con la proclamación del Evangelio a las comunidades locales.

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Facilitar la distribución de noticias misioneras entre los miembros, ya sea en reuniones de oración, mediante el reenvío por correo electrónico, etc. Buscar la oportunidad de ser visitados por los que están sirviendo en otros países, fomentando en la congregación lazos de comunión y compañerismo con ellos. Dedicar periódicamente alguna reunión a conocer con detalle el trabajo y las necesidades misioneras en algún lugar específico. Promover la participación de miembros de la congregación en viajes misioneros, para conocer la realidad del campo y establecer vínculos con los creyentes nacionales.

Mantener una visión misionera como iglesia local nos traerá crecimiento espiritual, mayor compromiso con nuestro propio entorno y –por encima de todo– la bendición de estar obedeciendo a nuestra misión y vocación.
*Amable Morales es anciano de una iglesia de las Asambleas de Hermanos en el barrio de Vallecas. Escritor y colaborador habitual de la revista Edificación Cristiana (representativa de las Asambleas de Hermanos en España), es uno de los líderes reconocidos del movimiento nacional de Asambleas de Hermanos. Es también uno de los impulsores y responsables de Fe y Ministerio (FyM ), una entidad federativa de las Asambleas de Hermanos que sirve de soporte legal al Fondo Juan Solé y cobertura legal al Fondo de Locales, dedicado a la financiación de adquisiciones de lugares de culto de las Asambleas de Hermanos.

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El esfuerzo misionero en y desde América Latina
FEDERICO BERTUZZI

de dicha expresión) o el mundo de los Dos Terr cios. Este fenómeno de rotación evangélica del Norte hacia el Sur se ha dado con mayor intensidad en los últimos cincuenta años, y particularr mente en las dos últimas décadas. En la tabla siguiente observamos de manera elocuente este cambio: ROTACIÓN DE EVANGÉLICOS T V DEL NORTE AL SUR

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Al referirme al esfuerzo misionero que actualmente se lleva a cabo en y desde nuestra América latina, haré en primer lugar un breve análisis de lo que podemos observar al respecto, siguiendo luego con una evaluación crítica, y terminando con algunos presupuestos teológicos que, a mi entender, son cruciales para el sano desarrollo de nuestra misión al mirar hacia el futuro. Por razones de simplicidad y tradición (aunque sabemos lo discutible que es la cuestión) haremos uso de la acepción “misión” como la que clásicamente hemos utilizado, es decir, entendiéndola como la tarea de evangelización que se lleva a cabo en los lugares adonde el mensaje de Jesucristo no ha irrumpido aún, y que conlleva, generalmente, algún tipo de esfuerzo transcultural.

(Las cifras expresan porcentajes)
AÑO Hemisferio Norte Hemisferio Sur TOTAL 1800 99 1 100 1900 90 10 100 1950 75 25 100 1975 50 50 100 1990 25 75 100

La misma tendencia que se da en general con la cantidad de evangélicos, se da también de manera particular con la cantidad de misioneros. Según la tabla de más abajo, de continuar con los índices de crecimiento misionero del Tercer Mundo observados durante los últimos años, al cambio de siglo la cantidad de misioneros del Sur ha superado a la fuerza misionera anglosajona. ROTACIÓN DE MISIONEROS T DEL NORTE AL SUR
AÑO Hemisferio Norte Hemisferio Sur TOTAL 1988 85.000 36.000 121.000 1995 100.00 85.000 185.000 2000 120.000 160.000 280.000

Un análisis del avance misionero actual
En las últimas décadas se han producido importantísimos cambios en lo que hasta entonces era considerado como campos misioneros, según la perspectiva de los evangélicos anglosajones del Atlántico norte.

Rotación del Norte al Sur
Al analizar la historia y geografía del avance del evangelio, observamos una acentuada rotación del centro de gravedad del cristianismo evangélico, clásicamente ubicado en el hemisferio Norte durante siglos, al hemisferio Sur. Con hemisferio Norte hacemos referencia mayormente al sector que comprende a Europa central y nórdica, y Estados Unidos y Australia, lugares donde el protestantismo hizo casa a lo largo de siglos, mientras que con hemisferio Sur hacemos alusión a las regiones comprendidas por América latina, África y Asia, área comúnmente conocida como el Tercer Mundo (la reciente disolución de la URSS ha desactualizado el uso

Pareciera que el Espíritu Santo estuviera obrando como el agente “viajero” de la santísima Trinidad, a quien le ha placido derramar ahora de su rica bendición a esta parte Sur del mundo, sedienta de la Palabra de Dios, que incluye, obviamente a nuestra América Latina. Si rastreamos los antecedentes de esta rotación hacia el Sur, es innegable que se dejan ver las huellas de incontables queridos gringos, de cabello rubio, que vinieron a nuestras tierras, abandonando las del Noratlántico que les vieron nacer, para hacerse “uno” con nosotros, los de tez morena, negra, o amarilla, de estas latitudes australes. Si la cosecha es abundante aquí y hoy, no olvidemos que la siembra que ellos hicieron, también lo fue. Reconozcamos, con gratitud y emoción, a tantos de estos que dejándolo todo, cruzaron los mares para traernos este glorioso evangelio.

Aumento de la actividad misionera
Es evidente que se palpa simultáneamente, a lo largo y ancho de Iberoamérica, junto al sorr prendente crecimiento evangélico, un incrementado sentido de participación misionera, más allá de las fronteras que nos eran habituales hasta entonces. Esto se está vivenciando mediante las numerosas consultas, congresos, conferencias y demás eventos misioneros que se llevan a cabo, como así mismo por los hombres y mujeres que Dios está enviando desde nuestras latitudes a otras partes del mundo. Si nos acercamos más a esta realidad, obserr varemos algunas características: 1. Los misioneros. La cantidad de misioneros que han salido va en franco aumento. Si bien es cierto que como tercermundistas no contamos con buenas y suficientes informaciones –y que a los del Norte, amantes naturales de las estadísticas, seguro que se les pasó incluir datos que nosotros no andaríamos publicando–, lo cierto es que la cantidad de misioneros del Sur, en comparación con la del Norte, lleva un ritmo de crecimiento tal, que de continuar la tendencia actual, en pocos años superará a la de aquéllos. Ya no resulta infrecuente cuando se viaja por Europa, África o Asia, encontrar obreros latinos que están sirviendo al Señor en una nueva cultura. En Bangalore (India) me topé con una misionera brasileña; escuché de un matrimonio de misioneros costarricenses sirviendo en Camboya; un matrimonio santafecino residiendo en Uzbekistán (Asia central); y suman ya más de setenta los latinos viviendo en el norte de África y Medio Oriente, testificando como misioneros “clandestinos” entre los musulmanes. 2. Los seminarios. En éstos también se están dando importantes cambios. Antes, en la Argentina no había seminario ni instituto bíblico que enseñara misiones, pero en 1989 tuvimos una consulta para rectores de seminarios (asistieron directivos de más de sesenta instituciones teológicas del Cono Sur), y fue sorprendente constatar que, prácticamente, no había ahora institución que no ofreciera siquiera alguna materia de misionología o estuviera a punto de iniciarla. 3. Las agencias misioneras. La aparición de nuevas agencias misioneras es otro aspecto de la dinámica que evidencia este sentir misionero de América latina. Algunas agencias aparecen como simples iniciativas misioneras, otras son fieles calcos de modelos copiados todavía del Norte; en algunos casos el misionero sale a título personal, en otros, es enviado por su iglesia, asociación o denominación, mientras que en otros se une a alguna “multinacional” misionera.

Características del movimiento misionero
En el accionar del avance misionero de nuestro continente se dan, entre otros, cuatro patrones típicos que deseo destacar: 1. Un visionario. Generalmente Dios levanta a un visionario, que con tesón y empuje parte a los campos lejanos. Inicia la misión golpeando puertas, buscando apoyo por aquí y por allá; y encontrándolo poco, sale para el campo con promesas de apoyo de algunos que reaccionan y deciden comenzar a hacerlo, tímidamente. Pero no es extraño observar que el misionero se da cuenta tarde que lo prometido por sus hermanos era simplemente eso: promesas. Son pocos los misioneros que han salido en respuesta a un plan preestablecido, organizado por alguna agencia o junta misionera. 2. Énfasis eclesiológico y denominacional. Los esfuerzos misioneros están centrados desde la perspectiva de la iglesia local y no tanto en las organizaciones o agencias misioneras. Esto es explicable, por un lado, porque no hay todavía suficientes organizaciones misioneras; y por otro, debido al fuerte concepto denominacional que nos marca aún en América latina.

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3. La juventud. Pareciera también notarse que la juventud está más lista para involucrarse de lleno en las misiones, mientras que la pastoral (los mayores) aún no lo está y responden de manera más lenta y cautelosa. La presión viene desde abajo, con jóvenes que están dispuestos a dejarlo todo, prepararse y ser enviados por sus iglesias, pero... encuentran a sus pastores y líderes que no los comprenden, o no saben cómo encaminarlos, o sus estructuras denominacionales no tienen aún los canales preparados hacia los campos misioneros. 4. Lugares preferidos. Tratándose de misiones transculturales y al exterior, los latinos que están saliendo lo hacen mayormente a los siguientes lugares: España, la menos evangelizada de las naciones de Hispanoamérica (cabe aquí reflexionar que algunos, triste es decirlo, comprobaron con lágrimas que no es tan fácil trabajar allí; aunque con el mismo idioma y raíces, sin embargo, pertenece a un Primer Mundo); Marruecos, como cabecera de playa, es nuestra nación islámica más cercana; otros países de Latinoamérica, mayormente vecinos (algunos pocos están comenzando a trabajar con grupos aborígenes, luego de que los anglos nos abrieran el camino hacia ellos décadas atrás); el ex-imperio comunista de Europa oriental y Asia Central. 5. El mundo islámico. Otra característica que resalta, es la gran atracción manifiesta por el mundo musulmán en general, y por el pueblo árabe en particular. Dios ha dado un amor especial a los latinos por los descendientes de Ismael. Algunos se han aventurado a decir, incluso, que los latinos somos la clave para la evangelización de los musulmanes, aseveración ésta, que si bien contiene una elevada dosis de exitismo, no deja de tener sus buenos argumentos de peso.

Un ultramarino, el más viejo del mundo en funcionamiento, el Doulos, patrocinado por Operación Movilización (OM), comenzó allá por 1979 a recorrer los puertos de nuestra América, por el lado del Atlántico y del Pacífico, de arriba abajo una y otra vez por espacio de casi cinco años. 2. COMIBAM. En México, auspiciada por CONELA y otras entidades conocidas, se lanza en 1984 la idea de realizar un gran congreso continental que ayude a las iglesias en su desarrollo misionero. Nace así COMIBAM (Congreso Misionero Iberoamericano) que se celebraría tres años después en San Pablo, Brasil. Desde su concepción, se procuró que COMIBAM no fuera sólo un evento, sino un proceso que llevara a la madurez misionera. Esto se dio a través de varios años de preparación en que se fueron realizando numerosas consultas y congresos misioneros en veintiún países de Iberoamérica. Luego, en 1987 se realizó el congreso. Después de COMIBAM 87 quedó formalizado un pequeño comité de continuidad, que manteniendo la misma sigla COMIBAM, cambió de “Congreso” a “Cooperación”. Esto ha favorecido la aparición de nuevas iniciativas y movimientos misioneros autóctonos en casi todos los países, cada uno con sus propias características e identidades como COMHINA, COMIMEX, CONAMI, CNM, CONEMM, Misiones Mundiales, etc. 3. Etapas en el desarrollo misionero. En el desarrollo hacia la madurez misionera de la iglesia, se dan tres etapas complementarias: La concientización misionera; la capacitación misionera a varios niveles, y la canalización de recurr sos humanos y materiales al campo misionero.

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Una evaluación crítica Algunos puntos fuertes
Como todo movimiento relativamente joven, la iglesia latina se encuentra en su etapa de vigor y avance, transitando un camino que no le será muy fácil proseguir. Tiene la ventaja de construir sobre bases nuevas. 1. Capacidad de mimetización. Los latinos contamos con una destacada capacidad para mimetizarnos en gran parte de los lugares más necesitados del evangelio de África, Medio Oriente y Asia. De esta manera resulta menos difícil una identificación más plena con el pueblo al que se va a servir. No se nos asocia necesariamente con los grandes poderes colonialistas que caracterizó a los anglosajones de los últimos doscientos años.

El desarrollo de la visión
1. Algunos antecedentes. Tuve un grandísimo privilegio, al estar dando mis primeros pasos en Cristo, cuando pude entrar como observador al primer Congreso de Evangelización Mundial que Billy Graham celebró en 1966 en la ciudad de Berlín (Alemania), donde residí durante cuatro años. A la edad de dieciocho años eso marcó mi vida. Más adelante, otros importantes eventos internacionales continuaron impulsando la visión mundial de la evangelización: Lausana, Suiza (1974); CLADE I, Bogotá, Colombia (1978), por mencionar sólo dos a los que no tuve igual privilegio de concurrir.

2. Confianza en los recursos sobrenaturales. El fenómeno del crecimiento pentecostal, con su énfasis en el poder del Espíritu Santo, otorga al evangélico latinoamericano promedio un tipo de actitud que le permite confiar más en lo sobrenatural del evangelio y menos en las capacidades humanas o el poder del dinero. Algunos puntos inquietantes. No todo es color de rosas. Ya estamos notando algunos puntos preocupantes de nuestros primeros años de hacer misiones al extranjero. 1. Índice de deserciones. El índice de los que abandonan el campo misionero es relativamente alto. 2. El factor económico. El gran temor continúa siendo el factor económico. La salida y el sostenimiento en el extranjero puede resultar de tres a diez veces más costosa que lo que el mismo obrero necesita en su propia tierra. 3. Escasas conexiones directas. Tenemos casi nulas conexiones directas con nuestros otros hermanos del Sur (África y Asia); todavía nos seguimos moviendo bajo el paraguas del Norte, pero pocas noticias y vínculos directos tenemos con los africanos y asiáticos, siendo que entre ellos se dan las mayores y más apremiantes necesidades.

señalar que algunos salen por salir nomás, como disparados para cualquier parte, sin un plan o una estrategia establecida (y menos pensar en una coordinación a nivel nacional). Presupuestos teológicos que afectan a las misiones Hacemos algunas consideraciones de orden teológico y conceptual, que a mi entender deben pergeñar nuestras convicciones misionológicas para que se sustenten sobre fundamentos firmes. Una buena misionología debe partir de una sana teología.

La necesidad del enfoque transcultural
1. En el Antiguo Testamento. Desde las primeras páginas de las Sagradas Escrituras se trazan las diversas razas y grupos étnicos que conformarán, por los siglos subsiguientes, a la especie caída de Adán y Eva. En Babel (Génesis 11) se confunden las lenguas y el hombre se desparrama por sobre la faz de la tierra, dando origen de esta manera a cada uno de los diversos componentes de la polifacética especie humana. Luego aparece en escena Israel —una nación más, entre las tantas que ya existían—, pero que señalaría el verdadero camino hacia el conocimiento de Dios. Todos los demás pueblos eran paganos e idólatras. Los profetas, entre ellos Jeremías (1.5), así como Jonás, Isaías y otros, tenían un claro llamado a las naciones. 2. En el Nuevo Testamento. En el tiempo del Nuevo Testamento, nuestro Señor y Salvador Jesucristo, llamando primeramente a las ovejas perdidas de la casa de Israel, visita una y otra vez a la Galilea de los gentiles (ethné en gr.: naciones, Mateo 4.15), y reconviene a los de su nación, recriminándoles que si en Tiro y Sidón (naciones paganas) se hubieran hecho los milagros que acontecieron en Israel, ya se hubieran arrepentido haría tiempo (Mateo 11.21). A todas luces, no fue fácil para la iglesia apostólica, como tampoco lo fue para Israel en el Antiguo Testamento, el debido relacionamiento para con la gentilidad. Mereció todo un arduo y extenso tratamiento en Jerusalén (Hechos 15), para aceptar finalmente (¿finalmente?) que los gentiles podían ser admitidos por igual en el seno de la iglesia. Sin embargo, la iglesia de los grandes líderes en Jerusalén demostró tener poco interés en llevar el evangelio más allá de sus fronteras. Fue así que el Señor levantó otra congregación, con una mentalidad distinta y multiétnica, en Antioquía (Hechos 11.19-21;

Algunas sugerencias
1. Capacitación. Sería conveniente tener muy en cuenta que los misioneros salgan con la mejor capacitación que les sea factible. Nuestros seminarios están marcados por modelos anglosajones, de neto corte académico, desvinculados grandemente de la praxis, y orientados fundamentalmente a preparar pastores monoculturales.

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2. Cooperación. Si bien mencionamos anteriormente el generalizado sentido comunitario y familiar que nos caracteriza, también debemos decir que ésa es solo parte de la verdad. En el campo misionero ya se hace evidente el individualismo latino, renuente a cooperar con otros, y procurando llevar a toda costa los sellos distintivos de su propia iglesia u organización. Nuestra misión no admite dudas: es extender el reino de Dios ¡y no la organización a la que respondemos! Por lo tanto, habremos de estrechar los vínculos de cooperación, tanto acá en nuestra tierra como allá en el campo de misión. 3. Enfoque pionero. No es cuestión de salir por salir. Sabido es que el Señor es quien llama a la obra y quien envía, pero las evidencias parecen

13.1-3), desde donde verdaderamente se iniciaría la labor misionera mundial, tal como el Señor lo había mandado, siendo Pablo (indiscutible modelo de todos los tiempos) el apóstol a los gentiles por excelencia. Por fin, en el Apocalipsis, se nos trazan pinceladas magistrales de aquella escena final cuando, en la consumación de los tiempos, habrá quienes alabarán al Cordero de Dios, provenientes de “todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Apocalipsis 5.9). Para cumplir la misión redentora de Dios debemos ver al mundo tal cual Él lo ve. Él ve y reconoce a todas las razas y etnias, y desea que en cada una de ellas haya quienes le conozcan y le alaben en comunión con los santos. Tomar distancia de la herejía universalista Nunca será demasiada la insistencia al reiterar la imperiosa necesidad de tomar distancia de toda tendencia a concepciones universalistas. Si alguna vez descubrimos, cuando estemos cara a cara frente al Juez eterno, que lo que identificamos como herejía universalista no era tal, creo que nada se habrá perdido. En cambio, si por el contrario, no encontramos frente al Trono a muchos de toda tribu, pueblo, lengua y nación, que podrían haber ocupado allí su lugar si tan sólo alguien les hubiera dado la posibilidad de conocer el Camino al cielo...

© Miguel Elías

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Como ya lo hemos expresado antes: Porque Él quiso salvar a los hombres por la locura de la predicación; porque anhela que sus criaturas le den la gloria que Él se merece; porque el mandato está dado, ¡debemos y podemos llegar con el mensaje de Jesucristo hasta lo último de la tierra en esta generación! Los cuantiosos recursos humanos que disponemos de norte a sur y de este a oeste en las tres Américas, más el notable acercamiento que se da entre los pueblos con el aumento de la tecnología moderna, nos ponen en condiciones de afectar drásticamente el curso de la historia de la obra misionera mundial. ¡Dios ayude a su iglesia latina a hacer su parte con abnegación y urgencia!

Amalgamar la misionología con la escatología
Sostengo que deberemos amalgamar en nuestro debate, de una manera más coherente, a la misionología con la escatología. Desde que se anuncia el evangelio, hemos irrumpido en el fin de los tiempos. El fin propiamente dicho no vendrá, sin embargo, hasta tanto el evangelio sea predicado a todas las naciones. Mantener un sentido de urgencia Frente al desafío que se nos abre respecto a nuestro involucramiento en los campos misioneros de todo el mundo, es probable que nosotros, los latinos, podamos incidir decisivamente en la meta de terminar la Gran Comisión en nuestros días.

Federico Bertuzzi es coordinador de PM Internacional en Europa y experto en Islam.

La iglesia local y la misión cristiana
TIMOTEO GLASSCOCK

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura…Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones… Me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra… Como el Padre me ha enviado, así yo os envío” (Mr. 16:15; Mt. 28:19; Hch. 1:8; Jn. 20:21). Las palabras del Señor Jesucristo, dirigidas a sus discípulos, son inequívocas, y el reto es ineludible. El Señor quiere que su pueblo redimido lleve las buenas noticias del evangelio de la gracia de Dios a todas las naciones, a todas las personas, hasta el último rincón de la tierra. Es una tarea que se comenzó a partir del momento, en el Día de Pentecostés, cuando Dios envió su Espíritu Santo sobre los discípulos y se formó la primera iglesia cristiana en Jerusalén, y cuya realización plena, casi veinte siglos después, sigue pendiente. ¿Cuál es el papel de la iglesia local en esta tarea? La manera de enfocar el tema de la obra misionera en los últimos tiempos ha priorizado la creación de organizaciones misioneras para-eclesiales o estructuras denominacionales, muchas de los cuales, sin lugar a dudas, han hecho una labor magnífica. Pero, ¿puede ser el caso que, al asumir estas organizaciones un mayor protagonismo en el campo de la misión, las iglesias locales han reaccionado desentendiéndose de su responsabilidad a la hora de promover el esfuerzo misionero? Volvamos al Nuevo Testamento. ¿Cuál es el papel de la iglesia local en la obra misionera, según el patrón que aparece allí? Resumamos algunos de los aspectos más importantes bajo cuatro epígrafes.

(en el caso de Pablo, este llamamiento se relata en Hch. 9:15-16; 22:12-21; 26:15-18). Pero Dios quiso que el comienzo de su servicio misionero fuese cuestión de una iniciativa no sólo individual, sino de toda la iglesia de Antioquía. El momento elegido por el Espíritu para poner en marcha la iniciativa fue cuando un grupo de herr manos destacados de la iglesia estaban reunidos para buscar en oración y ayuno la dirección del Señor. Su palabra fue clara: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado”. La reacción de los hermanos fue unánimemente positiva, aunque el paso significó perr der para el ministerio de la iglesia local dos de los hombres más valiosos de los que disponían. La iglesia expresó su plena identificación con la salida de los dos misioneros mediante la oración y la imposición de manos, de manera que el texto inspirado puede afirmar que en el envío de los dos participó no sólo el Espíritu Santo (4), sino también la iglesia (3). Al comenzar el segundo viaje misionero del apóstol, vemos el mismo patrón: “Pablo escogió a Silas y partió, siendo encomendado por los hermanos a la gras cia del Señor” (Hch. 15:40; 14:26). Otro pasaje donde discernimos algo parecido relata la manera en que Timoteo se unió al equipo misionero (Hch. 16:1-3). La iniciativa para llamar al joven a la obra partió de Pablo (seguramente guiado por el Espíritu de Dios), pero la iglesia local de Timoteo, la de Derbe, juntamente con las congregaciones vecinas de Listra e Iconio, no sólo le recomendaron verbalmente como alguien con la madurez y los dones suficientes para acometer la tarea, sino que recalcaron su apoyo mediante el acto simbólico de la imposición de manos (1 Ti. 4:14). De estos textos podemos inferir que la iglesia local tiene un papel clave en discipular y formar a creyentes jóvenes, “enseñando a los hombres con toda sabiduría, a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo” (Col. 1:28; 2 Ti. 2:2). De las filas de las personas así formadas surgirán los instrumentos que Dios escogerá y utilizará en la proclamación del evangelio y la extensión de su reino en distintas partes del mundo. Cuando esto ocurra, la iglesia respaldará la salida de estos nuevos misioneros a la obra, identificándose con ellos y encomendándolos al Señor y su gracia.

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El envío de misioneros
El texto más iluminador se encuentra en Hechos 13:1-3. Es el momento cuando Bernabé y Saulo fueron enviados a la obra misionera conforme a la guía explícita del Espíritu Santo. Ambos habían recibido previamente una vocación de parte de Dios para dedicarse a esta obra

El apoyo económico de los misioneros
Las Escrituras señalan muy claramente que las personas dedicadas al servicio del Señor y a la proclamación de su evangelio son dignos de su salario (Mt. 10:9-10; Lc. 10:7; 1 Co. 9:7-14;

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hemos visto que al enviar a Bernabé y a Pablo a la obra de evangelización, la iglesia en Antioquía realizó esta encomendación en un ambiente saturado por la oración (Hch. 13:1-3). El apóstol solicitaba reiteradamente el apoyo de las iglesias en oración “para que me sea dada palabra al abrir mi boca, a fin de dar a conocer sin temor el misterio del evangelio… que al proclamarlo hable con denuedo, como debo hablar” (Ef. 61920), y “para que la palabra del Señor se extienda rápidamente y sea glorificada” (2 Ts. 3:1). Al final de su primer viaje misionero Pablo y Bernabé volvieron a Antioquía para informar detalladamente a la iglesia de todo lo que había ocurrido, “de todas las cosas que Dios había hecho con ellos, y como había abierto a los gentiles la puerta de la fe” (Hch. 14:27). Esta información era esencial para que los hermanos pudieran dar gracias a Dios y orar específicamente y con conocimiento de las necesidades de las congregaciones establecidas. De la misma manera es esencial que las iglesias encomendantes reciban visitas regularmente de los misioneros que han enviado al campo misionero, como también cartas de oración que envíen desde su lugar de ministerio. Esta información fomenta la identificación de la iglesia en oración con sus enviados, y es un ingrediente imprescindible en el éxito de la labor realizada. Encargar a algún hermano o hermana de la congregación, que tiene un interés evidente en la obra misionera, la labor de mantener un contacto regular con las familias encomendadas, por carta, correo electrónico, Skype u otros medios, será igualmente una manera de tener información fresca y detallada para orar.

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Gá. 6:6; 1 Ti. 5:17-18). Pablo recibió con agrado en muchas ocasiones los donativos enviados de iglesias locales para contribuir a su sostenimiento en la obra misionera (Fil. 4:10, 14-16; 2 Co. 11:8-9), aunque también renunció a esta ayuda en algunos momentos con el fin de que, “al predicar el evangelio, pueda ofrecerlo gratuitamente sin hacer pleno uso de mi derecho en el evangelio” (1 Co. 9:18). Cuando comenta con la iglesia de Corinto sus planes para futuros viajes, y su intención a pasar un tiempo con ellos antes de proseguir su viaje, el apóstol les pide que le encaminen hacia su destino siguiente (1 Co. 16:5-7). Podemos suponer que esto involucraba el proveerle con los suministros necesarios para realizar el viaje. Otro tanto pide a favor de Timoteo cuando éste aparezca en Corinto (1 Co. 16:10-11). Es cierto que en los casos citados se refiere a donativos recibidos o suministros aportados de iglesias que el mismo apóstol había fundado, pero parece de lo más lógico que a éstas se una la iglesia encomendante, expresando su apoyo para el misionero y su familia de una forma explícitamente material y regular. Claro que esto puede suponer un gran esfuerzo para la iglesia de origen, pero también expresa la solidaridad de ésta con otras zonas del mundo donde se busca extender el evangelio, y abre la posibilidad y el privilegio de ser partícipes en el esfuerzo misionero mundial. “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hch. 20:35), y la iglesia que apoya decididamente la obra misionera y a los hermanos enviados a las misiones será ampliamente recompensada por el Señor.

La supervisión y el pastoreo de los misioneros
En el contexto de la iglesia local, la obra pastoral y la supervisión de los ministerios y de los que los llevan a cabo son esenciales para la salud del Cuerpo de Cristo. Los ancianos de la iglesia son epískopoi, sobreveedores o supervisores, con la responsabilidad de velar por el desarrollo positivo de los ministerios y la sanidad espiritual de los miembros de la congregación. De hecho, aunque los guías de la iglesia local son los máximos responsables del cuidado pastoral, el Nuevo Testamento subraya que en gran medida la obra pastoral es tarea de todos (1 Co. 12:25-26; 1 Ts. 5:14; Gá. 6:2). Esta responsabilidad no desaparece cuando un miembro o una familia de la congregación son enviados por parte de la iglesia a la obra

La oración por la obra misionera
De nuevo encontramos abundantes referencias en el Nuevo Testamento a esta práctica. Ya

misionera. Aunque la ubicación geográfica de los misioneros puede suponer un distanciamiento geográfico considerable, éstos siguen en cierta medida bajo la autoridad espiritual de los ancianos de su iglesia de origen (aunque es cierto también que si se incorporan a una iglesia ya constituida en la zona donde desarrollan su actividad misionera, estarán igualmente bajo la autoridad espiritual de los líderes de aquella congregación). ¿Cómo se ejerce el cuidado pastoral en una situación semejante? Asegurando que haya una comunicación buena y constante en ambas direcciones, consultando y aconsejando sobre dificultades que puedan surgir y decisiones que hay que tomar, y visitando a los misioneros en su zona de misión, para conocer a primera mano las características, las necesidades y las demandas de la obra. Sin este conocimiento directo, será muy difícil que los líderes de la iglesia de origen estén capacitados de orientar con acierto a sus enviados. Un ejemplo bíblico de esta práctica se encuentra en Hechos 11:22-24, con referencia a la iglesia de Antioquía, formada por la actividad evangelizadora de unos hermanos anónimos que habían sido miembros de la iglesia en Jerusalén antes de la persecución que surgió a raíz de la muerte de Esteban (Hch. 8:1-4; 11:19-21). Al recibir noticias del éxito que había coronado sus esfuerzos, la iglesia de Jerusalén tomó la decisión de enviar a un representante suyo para informarse de lo que sucedía y orientar a la nueva congregación. Para esta tarea designaron a una persona muy adecuada, Bernabé, “el hijo de consolación” (Hch. 4:26), quien destacaba por sus dones pastorales. La visita de Bernabé, y la labor de exhortación y confirmación que realizó en Antioquía tuvo como resultado que “grandes multitudes fueron agregadas al Señor” (Hch. 11:24).

Conclusión
Sin lugar a dudas, las Escrituras insisten en el protagonismo que deben tener las iglesias locales en la obra misionera, enviando a los que el Señor ha llamado a esta labor, proveyendo un apoyo constante tanto económico como también emocional y espiritual, sosteniendo la obra y a los obreros a través de la oración, y ejerciendo un papel clave en la supervisión de la obra y el pastoreo de los misioneros.
Timoteo Glasscock es licenciado en Derecho por la Oxford University. Nacido en Inglaterra, lleva más de 30 años de ministerio pastoral en España, prii mero en Marín (Pontevedra), y ahora en Salamanca como Anciano de la Iglesia Cristiana Evangélica de Paseo de la Estación 32. Algunos de sus ensayos publicados son: Malaquías, Hageo y Zacarías (en colaboración), CEFB, 1985; Elías, Editorial Andamio, 2007; Ética Cristiana para una Sociedad en Crisis (en colaboración), Andamio, 2007. Escribe en las Notas Diarias de la Unión Bíblica desde 1982, y también en Edificación Cristiana.

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© Miguel Elías

El servicio misionero como escuela
P PABLO WICKHAM O

La escuela y los maestros
para mí, al igual que mi matrimonio y vida familiar, el servicio misionero ha sido como las distintas etapas de un largo proceso educativo. La primera, que fueron los años 1958-1964 en Barcelona, fue la “primaria”, un puro aprendizaje en el que todo era excitante, con nuevos descubrimientos casi cada día. Las materias eran abundantes y muy exigentes, a menudo tuve que aprender deprisa y corriendo, pero gracias a Dios, tenía muy buenos maestros, modelos y compañeros que me ayudaron mucho: don Ernesto Trenchard y su esposa doña Gertrudis, Pedro Gelabert y Fernando Pujol del equipo de Cursos de Estudio Bíblico, José Luis Aguirre y otros líderes y hermanos de la iglesia de Verdún, y distintos obreros y líderes a quienes empecé a conocer y apreciar –y con algunos trabar amistad–, como Mariano San León, Joaquín Guerola, Juan Federico, Francisco Martín, Joaquín Dolz y otros muchos. Fueron años inolvidables que me moldearon profundamente. La etapa “secundaria” coincidió con los primeros años en Madrid, 1964-1973. Se consolidó una amplia labor de equipo en dos frentes: el de la enseñanza y literatura bíblicas en torno a los Trenchard –que ya se había iniciado en la etapa anterior–, y el del grupo de ancianos de Duque de Sesto-Vallecas, sobre todo Saturnino Martínez y Juan Solé. Fueron años fecundos en los que aprendí a poner en práctica más de lo que iba “cursando”, amén de comenzar o seguir profundizando amistades con los matrimonios Gelabert, Stunt, Escobar, Lemaître y otros. Los años 1973-1983, también en Madrid, fueron la etapa “universitaria”. Mi buen amigo Juan Solé llenó el hueco en el equipo de Cursos de Estudio Bíblico y Literatura Bíblica dejado por los Trenchard, y otros más jóvenes, como Antonio Ruiz, Timoteo Glasscock, David Burt y Ricardo Clark, iban agregándose a los respectivos equipos, lo cual nos enriquecía mucho más. Me inicié en este tiempo como escritor de libros

además de cursos. Coincidieron estos años con el desarrollo o inicio de otros muchos trabajos de coordinación, administración y enseñanza: la secretaría de la Alianza Evangélica, la Unión Bíblica, la redacción de la revista “Edificación Cristiana”, el Consejo de Fondevan, la compañía Continental Lands, la Asociación de Escritores y Periodistas Evangélicos de España (AEPEE), la coordinación de la revisión del Himnario Evangélico, y la enseñanza en varios seminarios y escuelas bíblicas. En todas estas áreas, –algunas muy conflictivas–, seguía aprendiendo a trabajar con otros de variada experiencia. Algunas de mis más hermosas amistades empezaron en estos años, como la de José M. Martínez y su hijo Pablo, Pedro Puigvert, Bernardo Sánchez, Gabino Fernández, Eduardo Bracier, Miguel y Una Herbage, Jaime y Carolina Fasold y muchísimos más, demasiados para nombrar aquí. No sé si “me licencié” como es debido en esta etapa, pero sí que me curtió y preparó para la siguiente, que resultó ser la más dura de todas. La etapa de “posgraduado”, en la que coincidieron los últimos años en Madrid con los primeros en Valencia, de 1983-1992, fueron años muy difíciles por el estrés y la frustración producidos en varias áreas. Al separarse Duque de Sesto y Vallecas en dos congregaciones independientes, me encontré por primera vez como Ernesto Trenchard en Barcelona, con otros colegas más jóvenes y de menos experiencia. Fue una situación nueva para mí que requirió un replanteamiento de mi labor como anciano, y no fue fácil, aunque sí todo un reto, el esforzarme para lograr consensos y tomar decisiones pastorales que había aprendido previamente con otros de mayor o igual experiencia en consejos anteriores. Describí esta etapa en el mensaje que di en la celebración de los 51 años de nuestro ministerio en España en mayo de 2010: “(Hubo) muchos problemas, tanto en la iglesia local, con varios retos pastorales de difícil solución, como en otros aspectos… la obra literaria y de enseñanza (que) estaban sufriendo unos cambios importantes…, la (casi) paralización de la revisión del himnario por falta de voluntarios capacitados, y lo que complicó aún más todo…, nuestra creciente involucración en la obra en Valencia, …”. Añadiría a esta lista el terrible conflicto que sufrimos en las iglesias en Madrid, en la cual Juan Solé y yo, como apoderados de la compañía Continental Lands, nos vimos involucrados directamente. Nos causó gran dolor de corazón a los dos, no sólo por la manifiesta división de criterios entre las iglesias, sino porque acabó con la hermosa unanimidad del equipo del Centro de Formación Bíblica que se había

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mantenido en gozoso compañerismo desde los tiempos del matrimonio Trenchard. El equipo de CEFB se redujo a una mínima expresión, ¡pero seguía siendo equipo porque sus componentes no sabíamos trabajar de otra manera, gracias a Dios! La etapa “valenciana”, de aplicación y transmisión de lo aprendido, desde 1992 en adelante. No quiero insinuar que ya dejaba de aprender en la “escuela divina”; al contrario, no ha pasado un solo día que no haya tenido que corregir el rumbo, asimilar nuevas lecciones e intentar pasar a otros lo aprendido. Creo firmemente en el texto que don Ernesto nos inculcó a todos sus discípulos repetidas veces: “Lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Ti. 2:2, Biblia Las Américas). Así he ido avanzando en las tareas propias de un largo posgraduado: investigando, reflexionando, enseñando, escribiendo, procurando dar ejemplo. Ha sido una nueva fase de discipulado en la que he estado pendiente diariamente del Espíritu de Dios, quien me ha ido enseñando por la Palabra y por medio de otros, especialmente por varios íntimos amigos y colegas a quienes admiro y de quienes procuro aprender mucho, que son Samuel Escobar, Juan Tenés, Eduardo Delás y otros. Los casi veinte años en Valencia han pasado por distintas fases, en las que mis responsabilidades han ido cambiando, primero cuando todavía simultaneaba el trabajo entre Madrid y Levante, luego cuando Eduardo y yo fuimos reconocidos ancianos y se pusieron los fundamentos del liderazgo y el desarrollo eclesial que ha habido hasta la fecha. Pero conforme pude ir dejando la mayor responsabilidad de las tareas pastorales en las manos de otros hermanos, iba aceptando otros compromisos fuera y ayudando a otras congregaciones, especialmente en las Islas Canarias. En este tiempo me he dado cuenta que a veces es necesaria una labor profética de reedificación o reconstrucción de una congregación que anda a la deriva y cuyos líderes precisan apoyo y consejo, y el poder prestárr selo ha sido una experiencia muy hermosa. La última fase en la ciudad del Turia es la actual, desde 2004 en adelante, cuando he dejado la tarea activa de anciano y estoy en “la reserva”, por si mis colegas me pidan ayuda. Es un tiempo de reciclaje, de volver al principio como un miembro más en la congregación, intentando –no siempre con éxito– poner en práctica lo que yo mismo he enseñado durante tantos años: que hay que respetar y acatar

siempre la autoridad de los ancianos, de acuerdo con las directrices de la Palabra del Señor, aunque, como todos nosotros, se equivoquen a veces. Pero de todos mis maestros y modelos, a lo largo de todos los años de nuestro servicio conjunto en la obra en España, la persona que más me ha influido, excepto el mismo Señor, ha sido mi amada esposa, Catalina (Kathleen); ha sido ella, además de “ayuda idónea”, una verdadera maestra y modelo para mí. Su dulzura, su lealtad inquebrantable pero a la vez absolutamente objetiva para conmigo, me ha ido corrigiendo y orientando en multitud de situaciones de toda suerte que se nos han presentado a lo largo de todos estos años, y muchas veces sus consejos me han frenado a tiempo de cometer errores que hubieran sido difíciles de corregir después. Doy muchas gracias al Señor por tenerlas a mi lado para poder seguir caminando y sirviendo al Señor juntos en este último tramo de nuestras vidas y servicio.

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Asignaturas asimilándose y pendientes
Es decir, cosas que he comenzado a asimilar u observar o que todavía no he aprendido del todo.

a. Conocer a España y sus gentes
Aunque había leído mucho acerca del tema antes de arribar a sus costas, no me enamoré de España hasta conocer sus gentes, contemplar sus hermosos y variados paisajes, zambullirme

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en las frescas aguas de su riquísima lengua, y aprender más de su cultura y sus costumbres de primera mano. Me gustaba todo y me esforzaba a entender lo que no me gustase tanto –como la afición a los toros o los caracoles, por ejemplo (ahora sí éstos me gustan, ¡sobre todo en una buena paella valenciana!)–. Me encantó desde el principio la gastronomía española tan rica y variada, aunque hoy en día mi organismo un tanto delicado no puede con sus platos más fuertes como en los primeros años. Y en cuanto a los españoles, admiro mucho sus grandes cualidades: su amabilidad y hospitalidad generosa, su agradecimiento por todo lo que se hace para ayudarles, su aguante en situaciones difíciles, su buen humor, a la vez que he aprendido a comprender y tolerar sus defectos: sus altibajos de autoestima, su individualismo, su tendencia a perder la objetividad a veces, hasta su falta de disciplina en momentos puntuales. En una palabra, estoy enamorado de todo lo español, por amor a Aquel que me llamó a servirle aquí; son mis hermanos a quienes amo y con los que me identifico plenamente. No tengo otra ambición que seguir así hasta el fin de mis días.

al Señor por la manera en que algunos, quizá con escasa preparación académica y cultural pero con un gran amor por el Señor y su Obra, se han superado y han desarrollado sus dones pese a comenzar con pocos, algo que es digno de admiración. Pero no todo ha sido un “camino de rosas”. Las “espinas” han aparecido con frecuencia, algunas muy punzantes. El afán de protagonismo, fruto del individualismo antes nombrado, ha estropeado innumerables obras que prometían en un principio. También las tentaciones del amor al dinero y de las comodidades, como también la astucia del maligno que ha podido atrapar a algunos en las redes del sexo, han hecho caer a muchos líderes que comenzaron bien. Con tristeza he visto caer o quedar atrás a muchos –demasiados. Quizá fue por abusar de las intimidades de la obra pastoral, quizá por confiar demasiado en las propias fuerzas sin ponerse la armadura del Espíritu a tiempo, el caso es que ha sido una amarga realidad que ha destrozado muchas vidas y familias y ha dado muy mal ejemplo a los de fuera. Otro signo negativo que he seguido obserr vando ha sido la gran falta de preparación transcultural con la que muchos misioneros, especialmente americanos, arriban a España. Parece que una buena aculturación sigue siendo una asignatura pendiente para muchas agencias misioneras, y se sigue cayendo en la misma trampa una y otra vez, de no saber desprenderse de la propia cultura y por consiguiente no identificarse con la del país receptor, con resultados muy negativos para ellos mismos y para la Obra y el testimonio.

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b. Trabajar en equipo, solidariamente
Aunque al venir en 1958 tenía cierta experiencia, ha sido aquí, que me fui “desarrollando” en la materia, en los sucesivos equipos pastorales, docentes y administrativos en los que fui integrado. La experiencia ha sido inmensamente gratificante y enriquecedora, aunque a menudo humillante, al reconocer que el buscar consenso frecuentemente requiere que uno tenga que preferir la opinión de otro colega por encima de la propia. Decía mi gran amigo Juan Solé, de quien aprendí incontables cosas en lo personal, lo eclesial y en la vida en general, que “Los ancianos del consejo de ancianos del que yo soy anciano son mis ancianos”, algo muy difícil de aprender pero de un valor incalculable.

d. El coste de seguir a Cristo adonde Él nos lleve
No se puede vivir de “rentas espirituales”. El hecho de que uno haya sido obediente al llamado del Señor en cierto momento no faculta a nadie a pensar que ya tiene los recursos suficientes para la siguiente etapa; hay que seguir aprendiendo y dependiendo igualmente. Cada etapa, cada “clase” en las distintas asignaturas del discipulado cristiano lleva a otra más avanzada y más exigente, porque para aprender de verdad, uno ha de desprenderse de parte de sí mismo, adaptarse a nuevas circunstancias, dejar el orgullo, el creerse superior. Y cuanto más avanzamos en este duro aprendizaje, más nos damos cuenta de lo mucho que NO sabemos, lo que me lleva al punto más difícil…

c. Cosas positivas y negativas que he observado en la Obra en España
La colaboración con centenares de hermanos en distintas organizaciones a lo largo de estos 52 años, me ha proporcionado una proximidad íntima tanto con personas como con organizaciones que me ha servido de mucho. Ha sido toda una escuela de psicología individual y colectiva, en la que he podido observar de cerca los entresijos tanto de carácter como de motivaciones de muchos colegas, como ellos a los míos. De ahí que uno puede dar gracias

e.

Aprender a conocerme a mí mismo, por un lado humillante y por otro gratificante

Ha sido y es humillante porque uno es consciente de cuantas veces no da la talla en determinadas situaciones. ¡Cuántas meteduras de pata, cuántas salidas de tono, deslealtades, omisiones o conductas irracionales, me han caracterizado a veces! Si no hubiese sido por el perdón del Señor, el amor de mi esposa, y la comprensión de mis colegas, no sé lo que hubiera sido de mí. Pero también ha sido gratificante el comprobar que el Señor, pese a los errores y fracasos de su siervo, me ha usado muchas veces como pastor, consejero, predicador, evangelista, maestro, administrador, conferenciante y escritor. Ha permitido que un pobre extranjero, nada brillante en sus estudios ni destacado en nada especial, haya podido ayudar un poco en tantas facetas de la Obra a sus hermanos en esta vieja “piel de toro” que es España, cuyo nombre el Señor grabó sobre mi corazón con letras de fuego en una pequeña reunión de oración de ocho personas en una pequeña iglesia de la Inglaterra rural el día 15 de mayo de 1953.

Dios. He aprendido asimismo que la vida es un peregrinaje continuo a la ciudad celestial, un aprendizaje de Uno que nos acompaña a cada paso y en cada tramo, y que quiere ser, además de nuestro Dios y Señor, nuestro Maestro y Amigo, en quien podemos confiar totalmente para los más mínimos detalles. Termino con unos versículos del Apóstol que han sido un lema para mí desde el día en que me puse enteramente en sus manos a la edad de 19 años (hace casi 60 años ya): “Sigo adelante… olvidando lo que queda atrás… extendiéndome hacia delante… prosigo hacia la meta…” (Fil. 3:12,13-14). ”

Conclusión
Sobre todas las cosas he aprendido en estos 52 años que pese a todos los contratiempos, obstáculos, sinsabores, caídas y fracasos –reales o aparentes– del ministerio misionero, que hay que seguir creciendo cada día, sometiéndose aun con lágrimas pero con esperanza a la obra renovadora e inspiradora del Espíritu de

Pablo Wickham, misionero en España desde 1958, es licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Londres, Máster en Teología Pastoral por el Centro Evangélico de Investigaciones Bíblicas y cursó Estudios Hispánicos en la Universidad de Barr celona. Ha ejercido como profesor en el Centro de Formación Bíblica de Madrid, en el Centro Evangélico de Estudios Bíblicos de Barcelona y en el Instituto Bíblico y Seminario Teológico de España, además de ser un reconocido conferenciante y expositor bíblico. En el ámbito de la literatura, es autor o coautor de una treintena de libros y muchas colaboraciones en revistas evangélicas, como también redactor de las Notas Diarias de la Unión Bíblica. Durante años fue miembro y Presidente de la Comisión de Teología de la Alianza Evangélica Española (AEE), y miembro del Comité Nacional de la Unión Bíblica. En el ámbito pastoral ha sido anciano de Asambleas de Hermanos en Barcelona, Madrid y Valencia, donde reside actuall mente.

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© Miguel Elías

La misión morava
BERNARD COSTER

El protestantismo empezó con el redescubrimiento del evangelio por Martín Lutero. Era un momento profético. Luego fue también una renovación de la iglesia como institución y un avivamiento de la comunidad cristiana. Sin embargo, el protestantismo tardó mucho en redescubrir la misión. Y esto es comprensible cuando investigamos la historia. Europa en la Edad Media era la cristiandad. El mundo cristianizado. En realidad, era un mundo rodeado y encerrado por el islam. La tesis que el cristianismo se militarizó en el enfrentamiento con el islam simplifica la realidad histórica porr que también hubo factores en el cristianismo medieval mismo que explican esta militarización. No obstante, la defensa durante los siglos de las costas contra los ataques de los piratas islámicos, las reconquistas y luego las cruzadas introdujeron la idea de la guerra santa en el cristianismo. A continuación, el mismo instrumento de guerra santa fue utilizado para convertir y cristianizar las últimas tribus paganas en Europa, los prusianos y lituanos en los siglos XIII y XIV y en el siglo XIII también para devolver a los cátaros al seno de la iglesia. Podemos decir que en la Edad Media las cruzadas sustituyeron la misión. Cien años después de la conversión oficial de los lituanos al cristianismo (1387), el cristianismo ibérico, después de finalizar la reconquista (1492), salió al mundo con el mismo proyecto de conquistar y cristianizar. Todo esto confirma que la iglesia tuvo que redescubrir la verdadera misión. Eran los jesuitas y franciscanos que en los imperios y culturas poderosos de oriente, La India, China y Japón, donde el colonialismo europeo no pudo establecerse, volvieron a aprender que la misión es una responsabilidad de la iglesia y no del estado. Cuando decimos que los protestantes tardaron más que los católicos en redescubrir la misión de la iglesia, nos olvidamos del hecho que para las primeras generaciones protestantes la misión exterior no era ninguna prioridad,

ni aun una opción. El protestantismo, hasta principios del siglo XVIII, estuvo en peligro de exterminarse, como demuestran las interminables guerras religiosas y la exterminación real del protestantismo francés al final de este siglo. Además, en cierto sentido, el protestantismo ya era una misión que llevó en un proceso largo y con mucha perseverancia el evangelio de salvación a un pueblo nominalmente cristianizado. Los pastores protestantes tenían que refundar la iglesia sobre una base bíblica nueva. Muchas veces eran más misioneros que obreros en iglesias establecidas. El colonialismo de los países protestantes (Países Bajos e Inglaterra), que abrió para los protestantes las puertas al mundo, nunca tuvo, como el colonialismo ibérico, fines misioneros propios. La misión que los neerlandeses iniciaron en el siglo XVII en sus colonias (Sri Lanka, Indonesia, Taiwán) fue definida y estrictamente limitada por los intereses comerciales y políticos. Inglaterra incluso prohibió la misión en sus colonias asiáticas, mientras que la misión en sus colonias en las costas de Norteamérica fue parte de la pacificación de los indios y la ocupación de sus tierras. Incluso los misioneros protestantes con las ideas más evangélicas tuvieron que trabajar en condiciones definidas por los intereses económicos y políticos, ajenos a los del evangelio. Fueron en estas condiciones los pietistas alemanes y daneses que redescubrieron la verr dadera misión. Comprendemos por esta palabra una misión (a) autónoma con propósitos propios, independientes del estado y de la economía, de predicar el evangelio de salvación y de fundar la iglesia como comunidad auténticamente católica, (b) que actúa con el poder de Dios que se efectúa en debilidad (2Cor. 12.9), (c) que inicia el proceso doble de la contextualización del evangelio, es decir, la adaptación del evangelio a la comprensión diversa de pueblos y culturas y de la conversión de pueblos y culturas a la obediencia de Cristo y (e) en una solidaridad sincera con la población que debe ser evangelizada. El pietismo fue un movimiento en las iglesias luteranas y reformadas del siglo XVII –el pietismo inglés es parte del movimiento del puritanismo que en realidad precedió al pietismo continental- que comprendió para su propio tiempo que la fe que justifica no es una doctrina, sino una relación personal con el Señor Jesús y una renovación de la vida por el Espíritu Santo. El pietismo profundizó la reforma, renovando

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la predicación pastoral en las iglesias y estimulando la educación cristiana como un instrumento de la santificación de toda la vida, tanto individual como colectiva. También estimuló la diaconía y la responsabilidad educativa y social de la iglesia. Mientras que la reforma del siglo XVI había sido un movimiento eclesiástico, el enfoque del pietismo estaba en la familia y la persona y de esta manera estimuló la lectura de la Biblia y de libros cristianos en el ámbito familiar. También podemos decirlo de esta manera: la reforma se interesó en primer lugar por la iglesia como institución, la iglesia que es una, santa, católica y apostólica, el pietismo tuvo interés en la iglesia como comunidad de los santos. Fue el pietismo que dio forma a una auténtica misión protestante. En 1704, el rey Federico IV de Dinamarca, que era de convicciones pietistas, permitió a Bartolomeo Ziegenbalg ir como misionero a la colonia danesa de Tranquebar (la India). La protección del rey no protegió a Ziegenbalg contra la enemistad de los colonos que hicieron todo para desanimarlo, pero precisamente en estas condiciones aprendió que tenía que ser independiente del colonialismo y solidario con los indígenas, y que tenía que aprender su idioma y compartir la vida con ellos. Ziegenbalg murió en el 1717 teniendo solamente 31 años, pero ya había fundado en Tranquebar una iglesia luterana con más de 200 miembros, además escuelas para chicos y chicas y un seminario. Ziegenbalg y Tranquebar se convirtieron en modelos de la misión pietista en las colonias danesas en el Caribe y en Groenlandia. Si bien, también los misioneros pietistas trabajaron en el contexto del colonialismo, a diferencia de los misioneros ingleses y neerlandeses en la misma época, lo hicieron con propósitos evangélicos propios e independientes. Combinaron la predicación del evangelio con la alfabetización y la educación de la población indígena, respetando al máximo las culturas autóctonas. Tenemos que mencionar en especial la preparación de educadores. Las fundaciones de August Hermann Francke en Halle colaboraron en el reclutamiento y la preparación de misioneros y sirvieron como modelo para fundaciones similares en las colonias. A mediados del siglo XVIII, la misión pietista recibió un estímulo importante del movimiento de los moravos. Los moravos eran herederos de la iglesia pre-protestante de los husitas en Bohemia (Chequía), que después de la Guerra

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de los Treinta Años (1618-1648) se habían refugiado en Sajonia. En el siglo XVIII fueron unidos por el conde Nikolaus Ludwig von Zinzendorf (1700-1760) con otros pietistas en una iglesia nueva. Las raíces de esta iglesia eran luteranas, pero en realidad fue la primera iglesia evangélica que se distinguió por su énfasis en avivamiento y en misión. A lo largo del siglo XVIII, la iglesia morava se convirtió en una iglesia internacional e interconfesional con una síntesis teológica y práctica por encima de las diferencias confesionales. Una iglesia que cultivaba la religión del corazón según la tradición pietista. Motivada por la experiencia de avivamiento y por un celo misionero fuerte, la iglesia morava se distinguió de la línea principal del pietismo por su optimismo y su espontaneidad. Von Zinzendorf creía que una iglesia que vivía según los principios del evangelio (Sermón del Monte) obtendría el fruto de discípulos atraídos por su estilo de vida. El interés de Zinzendorf en la misión también había nacido en la corte pietista de Dinamarca. En el año 1731, fue invitado a la coronación del rey Cristián IV, hijo de Federico IV, y tuvo un encuentro con un esclavo negro procedente de San Tomás, una colonia danesa en el Caribe y con dos esquimales de Groenlandia. Los tres le comentaron la necesidad de predicar el evangelio en su país de origen. Y ya el año siguiente,

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dos moravos, Leonard Dober y David Nitschmann miembros de la iglesia madre de los moravos en Hernhut en Sajonia, fueron enviados, después de oraciones y ayunos a San Tomás. En Copenhague las autoridades eclesiásticas dudaron de su llamamiento o tal vez de su capacidad misionera, pero los dos declararon que preferían ser vendidos como esclavos que volver a Hernhut. En la isla trabajaron para ganarse la vida, pero los sábados y domingos buscaron contacto con los esclavos para predicarles el evangelio –una misión prohibida en las colonias inglesas y neerlandesas. Dober y Nitschmann fueron los pioneros de una misión con formas desconocidas en el protestantismo. Groenlandia era el segundo país a donde fueron los misioneros moravos. La enemistad inicial de los esquimales desapareció de una manera milagrosa cuando oyeron en su propio idioma la historia del sufrimiento del Señor Jesús. Cuando murió Zinzendorf en el año 1760 más de 200 misioneros moravos trabajaban en las colonias danesas, neerlandesas y las inglesas en Norteamérica. En Groenlandia había una iglesia de 400 miembros bautizados. Los pioneros moravos tuvieron que vencer grandes dificultades y muchos de ellos murieron por una preparación deficiente. Los primeros años de la misión morava recibieron el nombre de ‘años de la grande muerte’. No obstante, su visión misionera que complementó la visión pietista de independencia, solidaridad y celo por las almas con el estilo típico de los moravos de optimismo y de espontaneidad, se convirtió en el modelo del gran movimiento misionero del siglo XIX. En realidad, los pietistas y moravos eran los pioneros de este movimiento que en la segunda parte del siglo XVIII recibió un impulso nuevo del metodismo y de los avivamientos americanos. Por cierto, el conde Von Zinzendorf era el padre espiritual de Juan Wesley, el padre del metodismo.

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Bernard Coster, nacido en Holanda, es diplomado en Pedagogía por Chr. Pedagogische Academie de Gouda (Holanda), licenciado en Historia por Rijksuniversiteit de Groningen (Holanda), diplomado en Ciencias Sociales por Noordelijke Leergangen de Zwolle (Holanda), y graduado en Teología por Internacional Theological Institute de Epe (Holanda). Actuall mente es pastor de la Iglesia Evangélica Reformada (Mataró) y decano del Seminario IBSTE.

Mayo 2011

Tejiendo con lazos de amor en el Sahara
VERÓNICA ROSSATO

“Como un tejedor enrollé mi vida, y él me la arrancó del telar”. Estas palabras de Isaías venían a mi mente mientras observaba a las tejedoras saharauis enrollando sus alfombras a medida que el trabajo avanzaba, nudo a nudo. Para este pueblo, la alfombra es casi el único mobiliario necesario. Constituye el sitio donde sentarse y preparar el té, donde recostarse durante las largas tertulias, donde dormir… y aun donde parir. Pesadas, hechas de pura lana, las alfombras cubren de lado a lado el suelo de las jaimas en el desierto, o de los salones de la vivienda en los núcleos urbanos. En el perímetro de los ambientes se las coloca dobladas, con el pelo hacia adentro. Sobre ellas van los cojines. No se necesita nada más. En este contexto surgió la posibilidad de organizar un curso para enseñar a tramar algo más vendible a los ocasionales visitantes extranjeros: pequeños tapices decorativos, hechos en telar fijo o bastidor. Muchas mujeres mostraron interés y se inscribieron en el curso. Aprender algo nuevo las entusiasmaba y al mismo tiempo les producía inseguridad. Acostumbradas a repetir mil veces el mismo diseño, así como los mismos suras coránicos, los mismos rezos, la misma manera de hacer cada cosa, abrirse a algo nuevo era un gran desafío. “Crear” es una palabra desconocida en sus vidas, plenas de normas, de decretos, de mandatos. Una manera unívoca de concebir el mundo las limita y rigidiza sus mentes. Por eso, “desestructurar” fue la primera meta, y para lograrlo jugamos, contamos historias, compartimos té y dulces, hablamos del amor de Dios y de la creatividad dada a cada ser humano. Al comienzo pedían “un modelo”, sin eso no podían trabajar. Con el correr de los días

fueron aceptando la posibilidad de hacer algo original y terminaron tejiendo sus propios diseños. Desierto, camellos, cabras, jaimas, palmeras, lo que aman y tiene significado para ellas, quedaron plasmados en preciosos tapices de estilo naif. El segundo gran desafío fue vender. Ellas mismas no valoraban su trabajo. El reconocimiento también les es extraño y no creían que hubiera personas interesadas en comprar lo que hacían. Cuando ocurrieron las primeras ventas experimentaron una gran alegría, no sólo por los billetes que tenían en sus manos sino, fundamentalmente, por saberse valoradas. Entonces comenzaron a soñar con la formación de una cooperativa y con un local para vender sus tejidos. No lo han logrado todavía, pero algo ha cambiado en sus vidas. Aunque ya no estoy con ellas, algunas siguen creando, disfrutan la amistad que las une y saben que más allá de las tradiciones, de todo lo aprendido y repetido mil veces mil, hay algo más. Confío en que mientras traman con lanas de colores, sus mentes y sus corazones se sigan expandiendo y DiosAmor envuelva sus vidas con hilos de eternidad.
Verónica Rossato nació en Córdoba, Argentina. Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación y ha ejercido el periodismo durante veinte años. Aparcó un tiempo esta profesión para dedicarse al servicio voluntario en organizaciones cristianas, en Argentina y en España. Es escritora, tiene publicados dos libros ambientados en Marruecos (firmados con el seudónimo de Victoria Román), país en el que ha vivido durante los últimos tres años. Es miembro de la Asociación Latinoamericana de Escritores Cristianos (ALEC) y colabora con el área de ediciones de PM Internacional. Es parte del equipo de Redacción de Protestante Digital.

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Una vida de misión: testimonio
C CATALINA REDMAN MAYER DE WICKHAM

más tarde a las reuniones nocturnas donde predicaban el Evangelio. No pude bautizarme a los 14 años porque mi madre no me dejó, pero consintió que lo hiciera a los 17 años, después de acompañarme a varias reuniones mi hermano mayor, ¡para asegurarse que no me estaban ‘lavando el cerebro’! En aquella iglesia empecé a tomar interés en las misiones; primero al escuchar historias misioneras en la clase de chicas jóvenes, pero sobre todo en unas reuniones de jóvenes en casa de nuestros mentores Leonard y Grace Dalton (él tenía dos hermanos misioneros pioneros en Tanzania), que llegaron a ser como mis padres espirituales. En una reunión misionera en otra iglesia, cantamos un himno parecido a “Toma mis manos, te pido…”; rompí a llorar y entregué ; todo lo que tenía al Señor. Dos años más tarde Pablo y yo nos enamoramos (¡seguimos así!) y estuvimos de acuerdo en servir al Señor donde Él nos quisiera, en Inglaterra o en el extranjero. Empezamos a enseñar en clases bíblicas, en la Escuela Dominical, y en un hospital de niños convalecientes, además de ir con bicicletas a los pueblos alrededor con el grupo de jóvenes para distribuir tratados y predicar. Una tarde, orando juntos, el Señor nos habló primero a través de Génesis capítulo 12, ‘Vete de tu tierra, de entre tus parientes y la casa de tu padre hasta la tierra que yo te mostraré’. Seguimos orando para saber dónde el Señor querría que le sirviésemos, y el día 16 de marzo de 1953, en una reunión de oración misionera, nos dio la respuesta por medio de Romanos 15:24: ‘cuando vaya a España, espero ser encaminado por vosotros’, y así supimos que el Señor tenía este propósito para nosotros, aunque no sabíamos nada de la obra misionera en España, que entonces era un país cerrado a nuevos misioneros, y nunca habíamos escuchado a ningún misionero que aún vivía en España, ¡más bien habíamos escuchado a misioneros de África o India! Empezó nuestra preparación. Conocimos al Sr. Ginnings, que entonces era misionero en La Coruña, y unos años más tarde, a los Srs. Trenchard y su obra de predicación y enseñanza, y él nos aconsejó estudiar el castellano por correspondencia y empezar a leer a los clásicos en este idioma, y después de cumplir Pablo sus dos años y pico de objeción al servicio militar trabajando como celador en el quirófano de un hospital, buscar un trabajo como maestro en otro pueblo, para ganar experiencia, involucrándonos en todo lo posible en la iglesia local

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Nací el día 20 de febrero de 1933 en una familia sencilla en un barrio de Londres. Tuve un hermano, Clifford, que era seis años mayor que yo, a quien adoraba. Mi padre murió cuando yo tenía dos años, y tuvimos que ir a vivir con mi abuela y sus otras tres hijas. Ella, que había vivido en el campo de niña, me enseñó a apreciar las flores y las plantas, tanto las cultivadas como las silvestres, llevándome a visitar los grandes parques de Londres. Después, en 1939 empezó la Segunda Guerra Mundial, y mi hermano fue evacuado con su colegio a una ciudad en el interior del país, mientras mi madre y yo fuimos a vivir con una antigua amiga de mi abuela en un pequeño y bonito pueblo al norte de Londres. Antes de esto, había sido enviada a la edad de 3 años a la escuela dominical de la Iglesia Anglicana donde mis tías habían sido maestras; y ya en el pueblo, desde los 8 años, unos amigos de mi madre me dejaron una Biblia de segunda mano y me llevaron a la iglesia del pueblo cada domingo. Empecé a leerla con mucho interés cada noche, y oraba de rodillas, como me había enseñado mi tía, por los familiares, y para que Jesús me hiciera una niña ‘buena’; luego solía recitar el ‘Padre Nuestro’. Una fría noche, cuando tenía 13 años, decidí meterme en la cama antes de leer, y llegué a Isaías cap. 1, v.18, “aunque vuestros pecados sean rojos como la grana, como la nieve serán emblanquecidos”. Sintiéndome indigna como Isaías para la presencia del Señor, me arrodillé al lado de la cama y pedí esta limpieza, aunque entonces no sabía cómo obtenerla. Poco tiempo después, una amiga me llevó al Señor, y me entregué a Él. Después empecé a asistir a la Escuela Dominical de la capilla donde ella iba, aunque mi madre insistía en que siguiera yendo a la Iglesia Anglicana durante un tiempo, a pesar de que ella misma nunca iba. (Pero después, cuando yo ya estaba viviendo en España y de un tiempo de enfermedad, ella también se convirtió, ¡qué gran gozo para mí!). Poco a poco me dejaba ir a las reuniones de chicas jóvenes entre semana, y

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allí. Me acuerdo que cuando hablamos en otra ocasión con doña Gertrudis, la esposa de don Ernesto, ella nos avisó que necesitaríamos unas mil libras para poder hacer el viaje y encontrar un piso en alquiler, pagando el ‘traspaso’ que entonces era muy alto para compensar al dueño y al administrador. ¡Solamente teníamos en aquel entonces 10 libras en el banco a cuenta de nuestro viaje a España! Cinco años más tarde llegó Pablo a Barcelona en septiembre de 1958, solo. Cuatro meses después, cuando Pablo había encontrado piso, el 24 de diciembre de 1958 llegué yo, ¡se había completado las mil libras!, con los tres chiquillos, los mellizos Miguel y Andrés y ‘el pequeño’, Daniel, con los cuales el Señor había bendecido nuestro matrimonio que tuvo lugar en 1954. ¡Pablo siempre ha dicho que nosotros fuimos el mejor regalo de Navidad que había recibido en su vida! De hecho, ¡el piso que Pablo y Pedro Gelabert hallaron para nosotros no tenía cuarto de aseo, pero sí muchas pulgas y cucarachas! Allí aprendí el castellano (¡más mal que bien!) y me enviaron a enseñar la Palabra en clases de mujeres en varias casas (4 cada semana). Me acuerdo que pasamos muchas pruebas y escaseces; por ejemplo, nos quedamos una vez sin leche para el desayuno de los niños y tuvimos que vender botellas de agua vacías; sin embargo, pronto la necesidad fue suplida por el Señor. Un señor desconocido llamó a nuestra puerta en la ausencia de Pablo, que estaba de viaje, y me entregó un sobre de parte de una persona anónima, con

un cheque generoso. Este donativo se repitió cada pocos meses durante varios años. Ha habido otras sorpresas como ésta varias veces, y puedo testificar que el Señor ha suplido toda nuestra necesidad, tanto económica como física y espiritual a pesar de muchas enfermedades. Después de seis años en Barcelona, nos trasladamos con los Trenchard y Jaime Stunt a Madrid. Muy a pesar nuestro, no encontramos en aquellos años escuelas en Madrid adecuadas para nuestros hijos, y terminamos teniendo que aceptar la oferta de los dueños del colegio evangélico donde Pablo había enseñado, enviándoles a Inglaterra. Sin embargo, pasaron muchos meses con nosotros cuando tenían vacaciones, y aprovechamos para llevarles con nosotros a campamentos. Hoy, dos de nuestros hijos, Miguel y Daniel, ambos creyentes, están felizmente casados con mujeres españolas y creyentes estupendas. Nuestro hijo Andrés vive en París con su familia; entre los tres nos han dado siete hermosos nietos, ¡dos de los cuales nos han dado hasta ahora tres hermosos bisnietos! Ya en Madrid, Pablo y Jaime siguieron con la obra de literatura, abriendo un depósito de libros y Biblias, y haciendo muchos viajes largos para vender Biblias y otros libros evangélicos, (muchas veces importados clandestinamente) a las diferentes iglesias en toda España. Yo quedé enseñando entre las mujeres y la escuela dominical, llegando a ser superintendente de ella en Duque de Sesto. Cuando hubo más libertad religiosa vendimos libros y Biblias en mesas

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ensanchado mi corazón para amar a muchos miembros de diversas iglesias de varias generaciones, y a otras personas también a lo largo de estos 52 años, ¡hasta que por fin he dejado un trocito del mío en un quirófano en Valencia! ¡Ya hace casi tres años, seguro lo habrán quemado! Y cuán fiel ha sido el Señor con nosotros, proveyendo todo lo que nos hacía falta hasta hoy, aun en tiempos de mucha necesidad. Muchísimas gracias por vuestras oraciones a través de los años, ¡y a los de Valencia por su inmenso cariño y deliciosas comidas! También a la familia por su gran ayuda, especialmente durante estos últimos años más difíciles de enfermedad. Seguid orando por favor, ya que somos dos vejetes con algunas ‘averías’, y también por la familia. Uno de mis versículos favoritos es Prov. 3:5 y 6, “Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento, reconócele en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas”, y todo el salmo 23. Mis himnos favoritos son “Oh tu Fidelidad”, que cantamos en nuestro 50 aniversario de bodas, y “Cuán grande es Él”.

durante varias campañas. Se empezaron cursillos residenciales en Madrid de varias semanas de duración, y más tarde, en Canarias y otros lugares. Estuvimos 28 años entre Duque de Sesto y Vallecas, y durante este tiempo empezó la iglesia en Alcalá. Aprendí a trabajar en la oficina, mandar cursos por correspondencia y enviar la revista Edificación Cristiana. Luego, recibimos una invitación de la Malvarrrosa, en Valencia, y después de mucho orar y visitas regulares, vimos abierto el camino para trasladarnos allí, donde ya llevamos 20 años ayudando en todo lo posible en la iglesia, escribiendo (mayormente Pablo) y traduciendo (yo) libros y artículos para el boletín y alguna revista, y en un proyecto con inmigrantes. Me gocé mucho también colaborando en Misión Urbana durante 10 años. Una vez, en una reunión de mujeres, mayorr mente inconversas, en Inglaterra, expliqué que la obra en España había sido como ocurre con la familia, primero en tu corazón caben los abuelos, padres, hermanos y otros parientes, luego se ensancha para incluir a tus hijos y nueras, y después a tus nietos y biznietos. Así se ha

16 de abril 2011

Becky Pippert:
“Dios no pide perfección para usarnos”
JACQUELINE ALENCAR

Una entrevista a Rebecca Manley Pippert, quien habló en el Comité de Lausana para el Evangelismo Mundial en Ciudad del Cabo. Becky está casada y ella y su marido Dick tienen cuatro hijos adultos. Son los fundadores de Salt Shaker Ministries (saltshaker.org), la cual enseña a la gente cómo ser testigos de Cristo de manera sensata y efectiva en la era posmodernista. Viajan alrededor del mundo hablando y formando para el evangelismo personal y en pequeño grupos, así como organizando eventos de alcance y promoción. Actualmente se centran en Europa y han vivido en el Reino Unido los últimos dos años. Becky ha escrito nueve libros, uno de los cuales, Out of the Salt Shaker (Fuera del salero), un reconocido clásico sobre el evangelismo, fue considerado por Christian Today como uno de los libros sobre pensamiento cristiano más influyentes de los últimos 50 años. El autor americano Charles Colson la ha descrito como una de las comunicadoras del evangelio más animadas y efectivas en el mundo. Durante los últimos dos años, tu marido y tú habéis liderado vuestras conferencias Salt Shaker de formación en evangelismo en Europa, tanto para iglesias como para estudiantes. Antes de eso habíais viajado alrededor del mundo haciendo lo mismo. ¿Te ha sorprendido algo en tus viajes globales de formación de cristianos? Vimos que la mayoría de la gente tiene la misma sensación de ineptitud y los mismos miedos acerca de compartir sobre Cristo. Mi marido y yo hemos dado Conferencias Salt Shaker (conferencias de formación que enfocan el evangelismo de manera personificada y relacional) en los últimos años a través de Europa, y antes de eso en África, Asia, Australia, Sudamérica y Norteamérica. ¡Y descubrimos que los creyentes comparten los mismos miedos! Temen ofender y ser rechazados. Temen no ser capaces de responder preguntas. Piensan que el evangelismo depende básicamente de sus destrezas y habilidades. Pero a menudo se olvidan de que es Dios el que va delante de ellos y que su tarea es cooperar con lo que Dios ya está haciendo en el mundo.

Entonces, ¿cómo te ocupas de los temores e inseguridades tan reales de esta gente? Creo que entender la doctrina de la encarnación es fundamental para un evangelismo efectivo. La mayor razón que la gente da para no testificar es su sensación de ineptitud. Pero la encarnación revela que nuestra incapacidad no es el problema –lo es el fracaso de entender lo que significa ser humano. Que fuimos creados para depender de Dios. Jesús dependía de Su Padre sin bochorno ni vergüenza -¡y nosotros debemos hacer lo mismo! Enfrentarnos a nuestra ineptitud es de fundamental importancia porque nos lleva a depender del poder del Espíritu Santo. Dios no pide perfección para poder usarnos. De hecho, Su Poder se glorifica en nuestra debilidad. La encarnación de Jesús también nos da un modelo efectivo de testimonio. Jesús se relacionó con el mundo de dos maneras: a través de radicalmente identificarse en amor, y, al mismo e tiempo, siendo radicalmente diferente en sane tidad. No siempre es un modelo sencillo de llevar a cabo, pero el Señor nos ayudará a vivirlo auténticamente si se lo permitimos. ¿Cuáles son algunos de los mayores errores que las iglesias cometen cuando se plantean la formación evangelística? Un problema es que hemos convertido los métodos en primordiales. No son las técnicas las que liberan a las personas. Juan 8:32 dice que es la verdad la que nos hace libres. Eso significa que debemos entender primero lo que creemos. Luego debemos explorar cómo la verdad de Dios impacta aquello que decimos, aquello que hacemos y aquello que somos. Es nuestro mensaje lo que impacta nuestra metodología. Así que nuestra habilidad para “Saber lo que la historia dice” es esencial. A continuación debemos aprender cómo “Transmitir la historia”. No sólo son las destrezas de contenido las que necesitamos, también las destrezas de

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comunicación: ¿Cómo sacar el tema de la fe? ¿Cómo crear interés en aquellos que buscan sobre las cosas espirituales? ¿Cómo puedo compartir el evangelio si soy tímido?, etc. Pero sobre todo, se trata de profundizar en nuestras destrezas espirituales –teniendo fe en que Dios desea usarnos tal y como somos. No es confianza en uno mismo lo que nos hace falta para testificar –¡es confianza en Dios!–. Así que en nuestra formación evangelística debemos centrarnos primero en nuestro entendimiento de la naturaleza y el carácter de Dios. Desde ahí, podemos trabajar el resto. Oímos mucho acerca de que la cultura está cambiando. Si la visión de la gente que estamos intentando alcanzar está cambiando, ¿no deberían nuestros planteamientos acerca de la formación evangelística cambiar también? Me gusta lo que una vez escribió el filósofo francés Simone Weil: “Para ser siempre relevante, debes decir cosas que sean eternas”. Es decir, si queremos comunicar el evangelio de manera relevante a cada nueva generación, entonces debemos confiar en los recursos eterr nos de Dios: su amor, su verdad y su poder. El amor de Cristo se verá cuando desarrollemos amistades verdaderas con no creyentes. Su verr dad se expresará cuando llamemos su atención al Cristo irresistible y radical. Su poder debe subyacer todo lo que hagamos. Lo que nos hace efectivos en el evangelismo no es aprender nuevas técnicas. Si nuestras iglesias van a producir evangelistas efectivos, entonces debemos formar a gente para mostrar el amor de Dios, para depender del Espíritu de Dios, y para declarar la verdad de Dios. El reto es siempre cómo ser bíblicamente fiel y al mismo tiempo culturalmente relevante. ¿Por qué piensas que tu libro tuvo tanto éxito? Creo que parte de su atractivo es que ofrece una concepción del evangelismo que respeta a aquellos que buscan y que desea una relación auténtica con ellos; los anima a un estilo personal de testificar que se basa en la relación en vez de en un método memorizado. Y anima a los creyentes a relajarse y a aprender cómo ser ellos mismos. La mayoría de los creyentes que conozco en nuestros viajes no tienen amistades auténticas con no creyentes. Viven en una burbuja cristiana –y eso no era el estilo de Jesús. ¿Cuáles son tus planes para este próximo año? Hemos establecido nuestra base en Belfast (Irlanda del Norte), pero la mayoría de los fines

de semana hemos viajado a través de Europa –como ya hicimos el año pasado. Vamos a varios eventos (campañas de evangelismo, conferencias nacionales, conferencias Salt Shaker, conferencias de formación para pastores). Este año fuimos a Inglaterra, Suecia, suiza, Irlanda, Italia, Hungría, Finlandia, Noruega, y Eslovaquia. Lo creas o no, ¡nuestro calendario de conferencias para el 2012 ya está casi completo y estamos recibiendo invitaciones para el 2013! Sé que tienes un lugar especial en tu corazón para España. ¿Por qué? ¡Madre mía! ¡Por tantos motivos! Estudié en España como universitaria durante un año (tanto en Madrid como en Barcelona). Me enamoré de la gente, la comida, la tierra –¡de todo! Además mi vida recibió una profunda influencia espiritual mientras estuve allí. Era una cristiana muy reciente cuando llegué. Tuve el tremendo privilegio de que Ruth Siemens (quien trabajaba para el IFES en aquella época) me pidiera que compartiera piso con ella en Barcelona. ¡Así que fui parte del GBU español original! Asistí a la Iglesia de la calle Verdi en Barcelona y me senté bajo la tremenda predicación de José Mª Martínez –¡todavía puedo recordar algunos de sus sermones! España siempre me llama. ¿Cuáles son tus planes para el futuro inmediato? ¡Llegar a casa para ver a nuestros hijos y a nuestras madres este verano! Siempre estamos en casa para pasar el verano y el mes de diciembre –así que eso ayuda. Para cuando llega junio estoy deseando volver y verles. Sin embargo, qué regalo es poder tener SKYPE y correo electrónico –no puedo imaginar los sacrificios que los misioneros tenían que hacer antiguamente cuando se despedían por tanto tiempo. Gracias, Becky, por recordarnos que un evangelismo efectivo no depende de nuestras destrezas y habilidades; debemos depender de Dios. Desde España te enviamos un abrazo y deseamos que continúes “fuera del salero” para bendición de otros. Has estado en muchos lugares del orbe, pero me parece que todavía no conoces Salamanca…

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entrevista

(Entrevista publicada en Protestante Digital) Traducción: Miriam Borham Puyal

Obediencia radical
M MARGARITA BURT

“Y ella respondió: Haré todo lo que tú me mandes” Rut 3:6

En la historia de Rut, ya hemos visto que la conversión nos lleva a trabajar en los campos del Redentor donde Él nos protege, donde habla a nuestro corazón y nos consuela, nos ofrece pan y vino junto con sus otros trabajadores en comunión con Él, nos permite recoger mucho fruto, y nos promete una rica recompensa para toda nuestra labor. Ésta es la vida del creyente. ¿Y qué pasa después? Nuestro redentor llega a ser nuestro Esposo. Hay un tiempo de espera y luego se celebran las Bodas del Cordero. En esta espera estamos. Cuando Rut vuelve de sus trabajos en los campos de Booz y cuenta lo que ha sucedido a su suegra, Noemí tiene una idea. Habiendo visto los comienzos de la bendición de Dios sobre sus vidas, Noemí cobra vitalidad. Piensa: puesto que Booz es pariente cercano, ¡él puede hacer las veces del Redentor! Y levantar descendencia para mi hijo difunto y así mantener la línea de sangre de la familia de mi marido. Su sangre es la de la familia de Noemí. ¡Genial! Por ello tendrá que estar dispuesto a casarse con Rut. Noemí le instruye a Rut en cuanto a la Ley de Jehová, su nuevo Dios, el Dios de Israel, las costumbres enseñadas en su Palabra, que sirven doblemente para el cuidado de las viudas y la preservación de la línea de sus maridos. Rut está dispuesta a obedecer a rajatabla todo lo que su suegra le enseña. Irá a la era y se ofrecerá en matrimonio a Booz. Cuando Rut se convirtió en el camino a Belén, y decidió ir con Noemí a Israel y formar parte del pueblo de Dios, parecía que sus esperanzas para un futuro feliz se habían terminado. Noemí insistía que volviese a Moab, a su pueblo y a sus dioses, que buscase marido, y le deseaba felicidad allí, asegurándole que no tendría futuro si volviese a Israel con ella: “Volveos, hijas mías, ¿para qué habéis de ir conmigo?... porque yo soy vieja para tener marido, y aun si diese a luz hijos, ¿habíais vosotras de esperarlos

hasta que fuesen grandes? ¿Habíais de quedaros sin casar por amor a ellos?” (1:13). Noemí no podía pensar en ninguna solución para ella. Pero Rut decidió volver con ella aceptando estas condiciones. Renunció a familia, país y religión y a toda posibilidad de casarse y tener hijos. Ahora veremos lo que Dios hace para los que deciden por Él renunciándolo todo. Tiene solución que nosotros no podemos vislumbrar por muchas vueltas que demos a nuestro futuro. Dios es el Dios de las salidas, de toda provisión, de planes y propósitos que nosotros no podemos prever. Pero antes de que se abra la puerta escondida a una plena realización en Dios, a Rut le costaría otra entrega; la entrega de su cuerpo para hacer la voluntad de Dios en total obediencia a su Palabra. Puede ser que tú, hermana mía, hayas hecho lo mismo. Renunciaste a posibilidades de casarte según la lógica y los métodos de este mundo. No quisiste casarte con un inconverso, o fuera de la voluntad de Dios, y te quedaste soltera o viuda o divorciada. Parece que te quedarás sin nada. Decidiste obedecer la Palabra de Dios sin miramientos para tu bien personal, y esperas ver lo que Él hará para ti. Ya verás lo que Dios es capaz de hacer por los que lo sacrifican todo para obedecerle a Él.
*Nacida en Estados Unidos. Es licenciada en Magisterio por la Michigan State University y Máster por la Universidad Internacional de Columbia (en Carolina del Sur). En 1968 comenzó su obra evangelística en nuestro país, donde reside desde esa fecha. Conjuntamente con su esposo, David Burt, se dedican al pastorado en una iglesia de Barcelona. Entre sus libros citamos: Mi padre Dios (reeditado en 2007), Autoestima de la mujer, Meditaciones para la mujer (dos volúmenes) y Ser Mujer en el siglo XXI. Todos editados por Publicaciones Andamio.

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reflexiones

Liderazgo cristiano, más que técnicas gerenciales
HAROLD SEGURA C.

“perfil de liderazgo” para comenzar la predicación del año del favor del Señor (Lc 4.19)? Estas r son preguntas que, desde ya, anuncian que estamos frente a un líder diferente. Mientras los grandes rabinos de la época escogían a Jerusalén u otra gran ciudad para la presentación de su ministerio, Jesús prefirió su pequeña Nazaret. En medio de un auditorio compuesto por sus paisanos más cercanos, anunció que procedía del Padre y que en él se cumplían las viejas profecías del Antiguo Testamento. El evangelista nos cuenta entonces que “Todos dieron su aprobación, impresionados por las hermosas palabras que salían de su boca” y se preguntaron: “¿No es éste el hijo de José?” (Lc 4.22). Pero al final, contradiciendo esos aplausos “… todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron” y “lo expulsaron del pueblo y lo llevaron hasta la cumbre de la colina sobre la que estaba construido el pueblo, para tirarlo por el precipicio” (Lc 4.28 y 29). Primero admiración, después indignación hacia aquel que se postulaba como líder de la verdad y servidor de las buenas nuevas para el pueblo. Tanto los objetivos y el alcance del liderazgo de Jesús, como los recursos y el estilo que usaría, fueron presentados en aquella ocasión. Entonces, con lo que dijo e hizo, dejó constancia clara de que el suyo sería un liderazgo con otras características, en nada parecido al de los líderes religiosos de su tiempo (Mt 7.29; 16.6; 23.27 y 28) y en mucho distante al de los señores poderosos del imperio (Mt 20.25 y 28; Mr 10.42 y 45).

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reflexiones

“¿Quién puede pintar un retrato de personas cuando todas quieren estar en el centro?¿Quién puede construir una iglesia con gente interesada sólo en levantar la torre?… ¿Comprenden el problema?” Henry J. M. Nouwen

Así como lo hizo él
“El que afirma que permanece en él, debe vivir como él vivió” (1Jn 2.6) 1 . Esta sentencia, tiene obvia aplicación para nuestros estilos de liderazgo cristianos. Jesús es el modelo de líder, no porque haya tenido el humano éxito que quisiéramos; recuérdese que su grupo de discípulos no fue multitudinario, su capacidad financiera fue limitada y sus influencias políticas fueron modestas. En mucho fue contrario a lo que se espera hoy de un líder religioso. Pero él es el modelo y sus patrones de liderazgo deberían ser los de la nuestras iglesias y de quienes se consideran sus servidores. Con el objetivo de profundizar en el modelo de Jesús, acudiremos a un episodio clave de su ministerio. Se trata de lo ocurrido en la sinagoga de su pueblo cuando se presentó como el enviado del Padre (Lc 4.14–30). Lo sucedido en aquella ocasión nos ofrece valiosas pinceladas acerca de su liderazgo.

El Reino como visión
El texto que leyó fue uno del profeta Isaías (Is 61.1,2) donde se declara sin rodeos la pluralidad de su misión y, por ende, el perfil integral de su liderazgo. A los pobres les anunciaría las buenas nuevas, a los cautivos les proclamaría la libertad, a los ciegos les devolvería la vista; a los oprimidos los pondría en libertad y a todos, sin excepción, les pregonaría el año agradable del Señor. Por ser su ministerio multifacético no dejaría sin atender ninguna necesidad del existir humano. La Iglesia, como instrumento del amor de Dios al mundo, debe comprometerse con la satisfacción de las necesidades básicas del ser humano, incluyendo su necesidad de Dios, pero también su necesidad de amor, de consuelo solidario, techo, abrigo, alimento, justicia social, salud física y mental y sentido de dignidad humana. Quizá a este discurso le falte

Comienzos en Nazareth
Lucas inicia con este pasaje la narración del ministerio de Jesús en Galilea, al cual le dedica una buena parte de su Evangelio (Lc 4.14–9.50). Galilea tenía en aquel entonces, más o menos, tres millones de habitantes. Nazaret, por su parte, solo tenía veinte mil pobladores y era una pequeña ciudad fronteriza, algo aislada, razón por la cual era objeto del desprecio de muchos judíos estrictos (Jn 1.46). En ese lugar, pequeño y menospreciado, Jesús inició su ministerio público. ¿Por qué allí? ¿Por qué tan bajo su
1 Nota del editor: todas las citas bíblicas son tomadas de la Nueva Versión Internacional (NVI).

decir que esa misión debe ir acompañada por modelos de liderazgo que sean coherentes y testifiquen en la práctica lo que significa servir al mundo con una comprensión holística de sus carencias. Jesús ofrece ese modelo. El liderazgo cristiano se define, antes que por la aplicación de determinadas técnicas de dirección de grupos humanos, por una cosmovisión integral acerca de su labor misionera en este mundo. En el modelo de Jesús, esta cosmovisión representa uno de los rasgos esenciales de su ministerio. Los evangelios por su parte, cuentan la manera como Jesús acompañó a sus discípulos hacia el cumplimiento integral de la misión. Los invitó a predicar el advenimiento del Reino y a anunciar la urgencia del arrepentimiento (Mt 4.17); pero también a sanar a los enfermos, a liberar a los cautivos, a servir a los más pequeños y necesitados (Mt 10.5–10), a celebrar la alegría de la redención y a dar testimonio de la gracia soberana de Dios (Lc 6.27–31). He aquí un secreto de su liderazgo: saber la causa hacia la cual debía convocar a sus discípulos. Desde esta óptica, la cuestión principal del liderazgo cristiano no radica en la capacidad técnica para ejercer influencia sobre un grupo, sino en saber determinar el objetivo teológico hacia el cual ese grupo debería avanzar. Lo primero es un asunto psicológico o gerencial del cual es responsable el líder y lo segundo, resulta un asunto de orden espiritual que compromete a todo el grupo.

Maestro y líder
Por otra parte, en aquel sábado, en la sinagoga de Nazaret, Jesús demostró también de qué manera se relacionaría con los suyos. Este es otro asunto vital en el ejercicio del liderazgo. En no pocos tratados sobre el tema se señala la necesidad de que el líder se diferencie de su grupo y adquiera así una necesaria figura de autoridad. Sin diferenciación jerárquica, dicen, no hay liderazgo eficaz. Este resulta ser el típico comportamiento de muchos políticos, empresarios, militares, artistas famosos y también, hay que decirlo, jerarcas religiosos, tanto católicos como evangélicos. Se piensa que el liderazgo es un ejercicio de poder autoritario. En los años siguientes a la Segunda Guerra Mundial se realizaron los primeros estudios teóricos sobre el liderazgo. En esa época, el enfoque más conocido fue guiado por “la hipótesis del gran hombre”. Esta consistía en determinar los rasgos comunes a una lista de personajes de la historia considerados como grandes líderes. Infaltables en ese inventario eran Alejandro Magno, Napoleón Bonaparte, George Washington, Abraham Lincoln, Winston Churchill, Mahatma Gandhi, Benito Mussolini, Adolfo Hitler y Franklin D. Roosevelt, entre otros. Seleccionados los prototipos se procedía a investigar sus características de personalidad para determinar el perfil que debía cumplir un futuro líder. Esta escuela ha hecho penosa carrera con el nefasto resultado de “producir” líderes descontextualizados, autoritarios, caudillistas y amantes de su propio carisma. Se decía,

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entonces, que era común a los grandes líderes el hecho de mantener una “distancia prudencial” con sus seguidores. En el caso de Jesús sucedió lo contrario. A los fieles de la sinagoga los impresionó por “las hermosas palabras que salían de su boca” (Lc 4.22), pero eso nunca significó que no le reconocieran como uno más del pueblo: “¿No es éste el hijo de José?”. Jesús era el ungido que había sido investido con todo poder para anunciar las buenas nuevas al pueblo (Lc 4.18), pero, al mismo tiempo, era el paisano de Nazaret que sabía recitar los dichos populares de la gente y dialogar con ellos en el lenguaje más natural y cotidiano. Examinemos algunos detalles del texto de Lucas. El lugar seleccionado para presentar su ministerio fue su campechana Nazaret (Lc 4.16). La asistencia a la sinagoga no fue un acto extraordinario planificado para impactar a sus conciudadanos; entró en ella, “conforme a su costumbre” (4.16) y el texto profético que leyó le fue asignado por la sinagoga según el orden litúrgico de aquel día (4.16). En su polémica argumentación usó uno de los refranes del pueblo (4.23) y añadió una sentencia personal que no se encontraba en las Escrituras (4.24). Con sobrada razón lo identificaron con su padre, el carpintero y, al final, reaccionaron con furia ante sus pretensiones de mesianismo universal (4.28 y 29). ¡Tanta cotidianidad los irritó!

en los talleres de la manipulación de los afectos. El liderazgo de servicio se vive cerca de la gente, respondiendo a sus necesidades más profundas y construyendo junto con ellos el mañana deseado por Dios. Es un proceso que se vive en comunidad y que depende de la acción soberana del Espíritu Santo (Lc 4.1, 14, 18). En este modelo de liderazgo no es el líder el protagonista de los hechos, mucho menos el centro de admiración. El líder es el instrumento humano que busca colaborar con el Dios trino en la proclamación de su reino. Su función no es otra que permitir que la gloria de Cristo resplandezca para alabanza del Padre (Jn 12.28). Esto excede, entonces, los modelos tecnocráticos de liderazgos eclesiásticos hechos a la imagen de la gerencia moderna. El liderazgo según el modelo de Jesús, es más que la aplicación de algunas técnicas empresariales, es la calidad de una vida comprometida con la plenitud de la existencia y modelada por el principio del servicio humilde y entregado a la causa del Reino de Dios y su justicia (Mt 6:33).
Harold Segura C. es pastor y teólogo colombiano. También es director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International. Reside en San José, Costa Rica.

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Liderazgo de servicio
En el meollo de este asunto se encuentra el tema del poder. Jesús fue enfático en presentar el liderazgo como un ejercicio liberador del amor que nos convierte en servidores de los demás. No hay lugar para la ambición personal, ni para las maniobras tácticas, ni para el autoritarismo servil. “Como ustedes saben, los gobernantes de las naciones oprimen a sus súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad. Pero entre ustedes no será así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes será su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás”, y agrega su propio ejemplo: “como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20.25–28). Liderazgo de servicio en su máxima expresión. Considerada de esta forma, el liderazgo es una actitud consecuente con los valores del reino de Dios y apunta, primero que todo, hacia la espiritualidad y los principios. Es un don que se recibe por la gracia y no una destreza que se adquiere
© Miguel Elías

¡Socorro, soy cuidador!
MARISA GUARDIOLA

formas prácticas podemos ayudar, de acuerdo a nuestra disponibilidad y capacidades.

Afrontar el sufrimiento
A pesar de las diferencias entre situaciones, todas tienen algo en común: se enfrentan a un sufrimiento crónico de cuidador y dependiente, según su nivel de conciencia. Recomiendo encarecidamente la lectura del libro “El aguijón en la carne”, de Pablo Martínez Vila (Publicaciones Andamio), por su magnífico y realista estudio del sufrimiento crónico, sus etapas naturales en el proceso de adaptación y lo que es preciso descubrir en medio de la lucha de cada día. Baste aquí un apunte: si queremos ser ayuda, olvidemos estereotipos y respuestas fáciles, y hagamos uso de dos grandes oídos y una pequeña boca cuando hablemos con el cuidador.

Muchos de nosotros nos encontramos en algún momento de la vida con una situación no buscada: el cuidado de un dependiente y, como ante cualquier otra faceta del sufrimiento, perdemos el norte en cierta medida y comienza un proceso de aprendizaje. El objetivo de este artículo es aportar unas pinceladas para quienes quieran ayudar al cuidador, basándonos en lo dicho por expertos en cuidado de dependientes, a la luz de la experiencia laboral del día a día con pacientes y familiares, y también de la experiencia personal. Existen muy diversas situaciones de dependencia, desde una mínima supervisión o ayuda para actividades cotidianas, hasta precisar de terr ceras personas que atiendan todas las tareas de autocuidados o un gran inmovilizado. Su origen puede estar en enfermedades físicas, mentales, accidentes, déficits cognitivos o sensoriales, patologías congénitas, o discapacidad. Suelen instaurarse de forma gradual, pero en ocasiones el inicio es brusco. También varía su duración en el tiempo: unos meses en el caso de un terminal, años en un padre anciano, toda la vida en un niño discapacitado. En general, hablaremos de procesos largos. El cuidador principal es la persona prioritariamente responsable de suplir las carencias del dependiente, permitiéndole y estimulándole a realizar por sí mismo aquellas actividades que pueda, y llevando a cabo todo lo que él no pueda. También aquí varía el nivel de responsabilidades: con o sin apoyo familiar; con o sin ayuda de cuidadores contratados; trabajador en activo, ama de casa o pensionista; mujeres en su mayoría, pero también maridos e hijos varones; diferentes personalidades y formas de afrontar las dificultades de la vida. A diferencia del cuidador profesional, el cuidador principal conoce a la persona que cuida, gustos, manías, puntos débiles y fuertes, necesidades, pero también sufre con sus estados de ánimo, intentos de control, chantajes y, finalmente, con su muerte. Mientras repasamos distintos aspectos de la vida del cuidador, podremos pensar en qué

Evolución natural del proceso
A medida que la situación se alarga en el tiempo, surgirán: Consecuencias familiares: alteración de la dinámica familiar y desacuerdos en la toma de decisiones. Consecuencias emocionales, los cuidadores se enfrentan a sentimientos positivos por contribuir al bienestar del otro y negativos ante la impotencia, culpa, soledad, o el agotamiento emocional. Consecuencias sobre la salud: cansancio, dolores de espalda, empeoramiento de las enfermedades crónicas del cuidador, ansiedad, depresión, somatizaciones. Consecuencias laborales: absentismo, falta de puntualidad, dificultades para concentrarse y desempeñar el trabajo. Dificultades económicas: medicación, dieta, ayudas técnicas, contratación de ayuda externa. Disminución del tiempo de ocio y disfrute, del cuidador y también de toda la familia.

Autocuidado
En muchas ocasiones el cuidador descuida sus propias necesidades y debe aprender que tiene que cuidar de sí mismo. Para ello necesitará hacer cosas concretas: Cuidar su salud física, mediante descanso y ejercicio, programando tiempo libre de manera regular, respetando el sueño con relevos nocturnos ocasionales si el dependiente se agita de noche o precisa cambios posturales, manteniendo su alimentación con una dieta apropiada, protegiéndose de infecciones, aprendiendo a movilizar al dependiente.

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Cuidar su salud emocional: Cuando se sienta triste, desanimado, atemorizado, enfadado, culpable, tendrá que incluir actividades cotidianas que le resulten agradables; aprender a ser flexible y aceptar aquello que no puede cambiar; hablar con alguien sobre sus miedos y planificar para el futuro, qué hacer ante las caídas, una convulsión, o cuando la situación sea terminal; optar por salir de la habitación, respirar hondo, y no dirigir su enfado hacia la persona cuidada; reconocer qué hace bien y ser realista en cuanto a lo que es o no posible. Sobre todo, necesitará una persona de confianza con quien hablar y que le ayude a tener una perspectiva más objetiva, ya sea un amigo, otro cuidador o un profesional. Manejar el estrés: Para ello será preciso aprender a solicitar y aceptar ayuda, tan fácil para algunos que llegan a resultar pesados; para otros una tarea a aprender por no estar acostumbrados. Factores que pueden dificultar esa petición de ayuda son el orgullo, creerlo señal de debilidad, inseguridad personal, temor a ser rechazado o a molestar, educación familiar con poca interacción con el exterior, historia de sufrimiento habitual. Deberá asegurarse de tener metas y expectativas realistas, no esperar a mantener la casa perfecta, ni el nivel de actividad social o eclesial previo, porque el perr feccionismo se acompaña de ansiedad y sentimientos de culpa. Usar técnicas de relajación, determinadas visitas, una comedia, un libro que den lugar al humor, pueden constituir una de las mejores medicinas, así como buscar colaboración a través de amigos comprensivos, grupos de apoyo (de familiares con Alzheimer, padres de niños discapacitados), un profesional o la iglesia. Por último, evitar a las personas difíciles, por ejemplo, amigos que critican mucho o dan demasiados consejos. Las visitas pueden ser una fuente de apoyo, respiro, ánimo, o de frustración, y esto es válido también para cristianos bienintencionados.

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haber sido mejores o más espirituales, o tal vez estaríamos aún más hundidos. Desde el shock inicial ante la situación inesperada, al cabo de un tiempo el cuidador llegará a la adaptación, concepto que puede implicar aceptación en un extremo, amargura en el otro, o toda una gama de combinaciones intermedias: recaídas en la tristeza, altibajos, queja mezclada con confianza, dolor con satisfacción. Si queremos ayudar, tendremos que partir de la comprensión, no del juicio. En ocasiones, quienes rodean al cuidador dirían “sí” a una petición de ayuda, pero no pueden adivinar cuáles son las necesidades concretas. Hay un amplio abanico de actividades de cuidado en las que ofrecerse a colaborar de forma práctica: quedarse unas horas con el dependiente y así relevar al cuidador para que pueda salir a comprar, al médico, al gimnasio o a la peluquería; permitirle un tiempo de descanso de día o de noche; darle la ocasión de tomar un café, salir con su cónyuge o llevar a los niños al parque. Ayudar con la compra, llevar un primer plato hecho o algo que pueda congelar. Echar una mano con la higiene, lavado del pelo, cambios posturales, traslado de la cama al sillón, o tal vez con la limpieza de casa o la plancha. Visitar al dependiente, si es posible sacarlo de paseo, leer o ver la televisión con él, escucharle y animarle en un ambiente de respeto y dignidad, ayudándole a mantener en lo posible el control sobre su vida y decisiones, escuchando sus preocupaciones, incluyéndole en las conversaciones, hablándole como a un adulto. Ir al médico para buscar medicación, ayudar a acondicionar la casa en el caso de ancianos que cambian periódicamente de cuidador. Si la ayuda va a consistir en una visita ocasional, aun ahí será necesaria la sensibilidad para hacerla en horario oportuno, no durante el baño o la siesta, preguntando antes de ofrecerle un dulce, evitando los temas que le agitan o entristecen.

Cómo podemos ayudar
Aunque parezca de Perogrullo, el primer requisito es querer ser una ayuda. Supondrá, en ocasiones, dejar de lado las propias ideas sobre qué es mejor, el “tienes que…” o los consejos no solicitados. En cambio, exigirá dosis de paciencia, disponibilidad, respeto hacia el dependiente y cuidador, servicio, humildad, aprendizaje y silencio. El carácter, fuerzas físicas, emocionales y espirituales, el momento vital, las luchas personales o con Dios, son del cuidador, no nuestras. En su lugar, podríamos

Un amigo de confianza también puede sentarse con el cuidador para ver con él qué cosas puede hacer razonablemente y decidir lo que en realidad pueden hacer familia y amigos, preparar documentación, consultar con los servicios sociales sobre ayudas técnicas, ley de dependencia, prestaciones, asociaciones de familiares o autoayuda. Puede ayudarle a prepararse para dar respuestas específicas cuando alguien pregunte “qué puedo hacer”, incluso reunir a familiares y amigos para implicarles en la colaboración, contactar y organizar voluntarios para turr nos de acompañamiento en hospital o en casa. Como observador objetivo, también puede distinguir las señales de alarma y sugerir o acompañar al cuidador a pedir ayuda profesional para sí mismo en caso de problemas de sueño, pérdida de energía o sensación de fatiga crónica, aislamiento, consumo excesivo de cafeína, alcohol, tabaco, fármacos, problemas de memoria y dificultad para concentrarse, pérdida de interés por actividades y personas, actos rutinarios repetitivos, excesiva importancia de pequeños detalles, cambios frecuentes de humor o estado de ánimo, propensión a sufrir accidentes, dificultad para superar sentimientos de depresión o nerviosismo, negación de la existencia de síntomas físicos o psicológicos, o su justificación mediante otras causas ajenas al cuidado. No sólo podemos ofrecer ayuda material. La mayoría de los días el cuidador no necesitará un predicador ni un interrogatorio ni una gobernanta de hotel; sólo un amigo dispuesto a establecer una relación, hablar de lo humano y lo divino, dar de sí mismo y estar ahí, sin más pretensiones; y cuando ese amigo tenga algo importante que decir, por duro que resulte, probablemente será escuchado. Necesitará alguien que le llame por teléfono o le acompañe a un concierto, que aporte humor o le escuche cuando se sienta culpable, triste o enfadado. Alguien que de forma realista y sincera le ayude a valorar su trabajo, sacrificio y vida, que le anime y recuerde que se sale de recaídas y altibajos. Alguien que le haga saber que no está solo, especialmente cuando la situación se prolonga durante años, que transmita comprensión ante el cansancio, desánimo, amargura y dolor, que escuche sus temores, mayores cuando se acerque la hora de la muerte. Si somos creyentes en Cristo, hay una esperanza de estar con Él, de la resurrección y la Vida Eterna, pero el hecho de la muerte

es doloroso y desagradable. El cuidador tendrá que enfrentarse a su propio dolor y sobrellevar el del dependiente si éste es consciente, por lo que la carga emocional será especialmente fuerte. Si además la situación clínica lleva a una gravedad extrema, el luto es vivido por adelantado, y cuando el enfermo sale de esa situación, a la carga emocional se añaden el sentimiento de no poder más, junto con la culpa por parecer que se desea su muerte. Finalmente, será necesaria ayuda para amorr tajar, planificar el funeral, arreglar papeles de seguros, testamentos, y acompañar durante todo el proceso del duelo. Aunque es un tema tan extenso que no puede ser tratado ahora, no debemos olvidar que con la muerte del familiar comienza una nueva situación de carencias, etapas a quemar, necesidad de un tiempo largo de reestructuración de la vida, intereses, vacío existencial, organización de lo cotidiano, objetivos. Un apunte final: la gloriosa realidad de la gracia de Dios y su poder en cualquier circunstancia requerirán un tiempo y, sobre todo, la iluminación directa del Espíritu Santo en la mente y corazón de la persona que sufre, hasta que ésta pueda aprehenderla y fundamentar en ella su vida. Cuando queremos trasladar este mensaje al que atraviesa por el valle de sombra de dolor o dudas, corremos el riesgo de convertirnos en profesionales de la exhortación, hacer “cosas religiosas” en las visitas, predicar o despachar unas oraciones, agravando aún más el sufrimiento, aunque por cortesía nos soporten estoicamente. Oremos por la persona en nuestra casa, oremos por sensibilidad al intentar transmitirle el amor y cuidado de Dios. Si nuestra preocupación y deseo de ayudar son genuinos, tal vez el Señor responda a esas oraciones usándonos a nosotros mismos como instrumentos para compartir la carga y bendecir a esa persona. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente? Tal vez no sepamos por dónde empezar ni dónde ayudar. Tal vez no podamos hacer más que una cosa, pero esa única cosa puede suponer una gran diferencia en la vida del cuidador.
Marisa Guardiola nació en León. Es Licenciada en Medicina por la Universidad de Oviedo, con ejerr cicio profesional como Médico de Familia durante 25 años, predominantemente en áreas rurales o semiurr banas. Actualmente colabora con el Proyecto Éfeso de Formación Bíblica.

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El ejemplo de Pirucha
T TAN MOLINA

hace compañía” –añadía agarrándome con sus manos ásperas cargadas de jornadas de trabajo, mirándome por encima de sus grandes gafas con sus ojos azulados, opacados por culpa de las cataratas, y desde la distancia de su escaso metro cuarenta de estatura que nunca le impidió conseguir lo que se propusiese… Luego Pirucha (apodo que le pusieron en sus años de niña en la Argentina) me decía: “Yo abro el himnario y canto los himnos que conozco… o canto de memoria”. “Y leo… lo que me permite la vista…”. Y así me la imagino, a las 5 y media de la mañana, que era la hora a la que se solía levantar, en la soledad de su casa en la montaña, hablando con el Señor… cada día, en cada momento… con una disciplina y una fidelidad dignas de aquellos grandes hombres de los que se nos habla en los sermones… Y después… a dedicarse a trabajar en su huerta de la ladera de la montaña… a plantar “patates”y “arbeyos”… y a “echar de comer a las gallines”… y eso también es adoración… Su casa era de aquellas que huelen a humedad, a madera y a años. Una de esas casas que los que son un poco altos tendrían que agacharse para pasar bajo los dinteles de sus puertas. Era fría, pues su única fuente de calor estaba en el hogar de la cocina, que tenía que atizar para poner al rojo vivo en los meses de más frío. Y era, precisamente, al entrar en la cocina cuando te encontrabas con una vieja cita colgada en la pared, que adquiría todo el sentido del mundo sabiendo de la quietud y soledad que había en la casa en las largas noches de invierno en la montaña: “CRISTO es SUPREMO en este hogar. HUÉSPED INVISIBLE en nuestra mesa. OYENTE SILENCIOSO en nuestra conversación” Comprendo que esto de lo que escribo es profundamente personal, pero aun así estoy seguro de que este sentimiento que tengo es, a su vez, un sentimiento universal. Seguro que cada persona que lea estas líneas sabrá ponerles nombre y apellidos, pensando en alguna Pirucha particular que haya pasado sigilosamente por su vida… tanto que apenas uno pueda acordarse de ella. Es por esto que éste es mi más sentido homenaje a ella y a tantas, tantísimas personas como ella… Gente sencilla, que no simple; hijos de Dios que no hacen ruido, que pasan de puntillas por nuestras vidas, pero que son preciosos, absolutamente vitales… y que adoran a Dios tal y como son en Cristo, sin importarles formas ni maneras. A las hermanas que se sientan en los

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Estoy convencido de que la mayor fuente de bendición para nuestras iglesias y la adoración más sincera a Dios proviene de miles de vidas anónimas que nunca escribirán ningún libro, que nunca hablarán delante de una congregación, que no se les pedirá su opinión ante un asunto teológico ni tendrán una posición relevante en ningún comité… Mi tía Pirucha era una de esas personas. Pirucha se marchó a Casa con el Señor el día 28 de Diciembre de 2010, después de una vida absolutamente plena y cargada de dificultades y, a su vez, de bendiciones… La mayor de 5 hermanos, hija del “Güelu” y de la señora Ramona… una fiel pareja que cuando vivía en Barros abría su casa a un grupito de creyentes, en días donde no estaba permitido hacerlo ni por asomo, tanto por el Régimen como por la sociedad que les apuntaba con el dedo y les colgaba el sambenito con el que maro r caban a todos los, peyorativísimamente, llamados protestantes. Nunca voy a olvidarme de las palabras que me dijo una vez cuando la fui a visitar a ¨San Vicente”, una diminuta aldea habitada por 3 ó 4 personas, perdida en las montañas de Asturias, donde todavía se puede respirar el aire puro y se puede oír no más que el ruido de las hojas de los árboles acariciadas por el viento húmedo… Algunos dirían de este lugar que está “apartado de la mano de Dios”, pero no podría haber nada más lejos de la realidad… porque aquel que le conoce sabe que Dios está también en el desierto en forma de columna de fuego, sabe que está en medio del mar mostrando su poder en la tormenta, y sabe que Él también está en la montaña quebrando la peñas con vientos y terremotos… Así es… Dios también está ahí. - “Yo aquí estoy mu sola” –me decía ella u con esa voz potente que hacía parecer que siempre estaba enfadada, pero a su vez, acompañada con un tono un tanto infantil e inocente que te encogía el corazón–; “pero el Señor me

bancos de atrás, medio escondidas, pasando desapercibidas para la gran mayoría. A hermanos que, al pensar en la imagen que describe Pablo sobre la Iglesia como cuerpo, ellos, y lo digo sin ningún resquicio de duda, son el corazón… que no se ve, pero que es trabajador incansable, constante, disciplinado y silencioso, que es un rumor que bombea vida y que sin él, y que sin ellos, las iglesias carecerían de tanta calidez y de tanta bendición… Es una mención para aquellos que llegan a ser etéreos para muchos de nosotros, porque en muchas ocasiones ni siquiera van a tener la posibilidad de coger un autobús para reunirse y pasarán largas temporadas olvidados para (casi) todos… pero conscientes, pues lo viven en sus carnes, de que Dios les sigue acompañando, que Él sigue siendo supremo en sus hogares, que mira sus corazones, que escucha silenciosamente sus conversaciones, oraciones y alabanzas, y que su Espíritu invisible, como dice el himno: “les consuela, da paz y les sostiene con cariño” hasta que, al igual que Pirucha, “por fin vean su faz”. Es mi respeto a aquellas personas que, si entorno mis ojos para encontrarlas entre la multitud, me van a hacer recordar que Dios no mira ni “su parecer, ni lo grande de su estatura (…)”, pero yo sí que lo hago muchas veces, desaforr tunadamente… Es, por último, un homenaje, quiero creer, de muchos a muchas almas fieles que oran susurrando porque no esperan ser oídas por otros y que no buscan hacer las cosas

aguardando las alabanzas de nadie, porque han comprendido perfectamente las palabras de Jesús en Lucas 17: 10… “Igualmente vosotros, cuando ya hayáis hecho todo lo que Dios os manda deberéis decir: ‘Somos servidores inútiles; no hicimos más que cumplir con nuestra obligación”. Y éste es el deseo que tengo para mí, y lo digo con toda sinceridad… vivir con sencillez… sin mayores pretensiones que conocerle más a Él, porque ahí reside la Sabiduría, la de verdad… con “S” mayúscula. Porque, además, quiero ser plenamente consciente de que Dios no me va a preguntar al final de mi vida cuántas canciones llegué a cantar, cuántos artículos o libros publiqué, cuántas veces prediqué o el número de veces que asistí a la iglesia.., sino que “sólo” (siempre he pensando que Dios sonreía al decir esto) me recordará estas palabras: “Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que demanda el SEÑOR de ti, sino sólo practicar la justicia, amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios?” Miqueas 6: 8

Tea
ESTHER M. ALLISON

reflexiones

No Te acerques a mí, porque Te quemo. Soy flor de hoguera transformada en vida, y si me tocas sentirás mi herida, este amor vivo de abrasar supremo. Abrir llaga en Tu mano es lo que temo, que estoy en el amor enardecida, y en dulce y lento arder se va mi vida, con la esperanza de Tu incendio extremo. Dulce y lento morir de cada instante en pequeña centella fulgurante, pequeña flor perfecta y encendida... Prende en Tu amor mi puro amor de hoguera, y si en Tu beso me consumo entera, ¡muera en Tu fuego el fuego de mi vida!

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Del retiro femenino en Castilla y León
PILAR LÓPEZ SAMPRÓN

muchas mujeres, ayudándolas a sentirse útiles en su servicio, valoradas, amadas, y también retadas a hacer cambios en sus vidas. Un retiro nos proporciona un tiempo precioso para estar a los pies de Jesús, como María de Betania, sin preocuparnos por los quehaceres diarios; es una oportunidad de oro para renovarnos espiritualmente y adquirir nuevas fuerzas y energía espiritual. Debemos aprovechar todos los medios y ocasiones que Dios nos brinda para aprender más de su Palabra, disfrutar de la comunión y el compañerismo con otras mujeres, compartir experiencias, preocupaciones y problemas, orar juntas, animarnos y exhortarnos unas a otras. Todos estos conceptos son mandamientos del Señor para nuestro bienestar. La asistencia a este evento anual está abierta a todas las denominaciones, así como a cualquier mujer que tenga interés en profundizar en su conocimiento del Señor; de manera que, desde estas páginas, animamos a todas las mujeres a hacer un esfuerzo y asistir, y también a invitar a vecinas, amigas o familiares que quieran acompañarnos. Es una muy buena oportunidad para que conozcan al Señor y su Palabra. La fecha del retiro suele ser la penúltima semana de Septiembre y las plazas son limitadas. Si tienes interés, resérvala en tu agenda o calendario, no quedarás defraudada. El teléfono de contacto es el 987 22 23 23, por las mañanas.

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encuentros

Este año celebramos el veinte aniversario de la puesta en marcha del campamento de Toral de los Guzmanes, en León. Junto con el ministerio de campamentos para niños y jóvenes, se inició un retiro para mujeres. Su comienzo fue pequeño (tampoco había mucho espacio), pero con mucha ilusión por aprender y compartir la Palabra, tener comunión con otras mujeres y servir a las iglesias de alrededor. Aquel primer año contamos con un grupo de mujeres de León y Valladolid. Pronto comenzaron a asistir mujeres de otras ciudades y, a medida que las instalaciones crecían, el ministerio se fue ampliando paulatinamente hasta el día de hoy, con la ocupación prácticamente al completo. Con el crecimiento Dios ha capacitado a mujeres de todas las edades, que han puesto sus dones al servicio del Señor; de esta manera las diferentes actividades se enriquecen y renuevan a un tiempo. De igual modo, a lo largo de estos veinte años, el Señor ha tocado por su Palabra la vida de

Experiencias que glorifican a Dios
EVA LÓPEZ CAÑAS

¡Qué libro tan inspirador…! Si Antonia Conesa López comenzaba diciendo que “Es el deseo de mi corazón que, con la lectura de este libro, ustedes salgan bendecidos y enriquecidos, considerando las diversas oportunidades que, durante el transcurso de nuestra vida, el Señor nos da para servirle…”, en mi caso se ha cumplido con creces. Aunque el libro Experiencias que glorifican a Dios (Andamio, pp. 346) contiene muchos apuntes biográficos, no nos encontramos ante una autobiografía, sino que es un libro, como bien dice el título, de experiencias de una mujer que ha amado a Dios sobre todas las cosas y que desde su conversión quiso dedicar su vida al servicio de aquel que la amó y dio su vida por ella. Antonia Conesa nació en Málaga en el año 1919, pero conoció el evangelio en Barcelona, siendo bautizada allí en el año 1951. Alentada por la misionera María Bolet, decidió ir a estudiar a la Escuela Bíblica de señoritas de Tánger (1953-1956). De allí regresó a España como misionera ubicándose nuevamente en Barcelona donde fue pionera en la realización de Campamentos Bíblicos de verano para niños y jóvenes. También se dedicó a la enseñanza entre mujeres y en la Escuela Dominical, tanto con los niños como en la preparación de maestros. Me encantó su explicación del verso: “Id por todo el mundo”. “Estas palabras para mí fueron muy fuertes cuando las leí y comencé después en el ministerio en la Obra del Señor… más tarde me di cuenta que el mundo comenzaba a mi alrededor entre las personas con quienes vivía, con las que hablaba, con las que me tropezaba, eso era el mundo también…”.

Otra anécdota que se me ha quedado grabada ha sido la que le ocurrió en un viaje en tren cuando volvía junto con otras jóvenes estudiantes de la Escuela Bíblica de Tánger a pasar el verano en España. Compartían compartimento con un joven que las observaba cómo cantaban y hablaban con entusiasmo. A la hora de comer el joven se marchó, pero Antonia se había dado cuenta de que él no tenía comida y quizá por eso se había marchado. Decidió buscarle y ofrecerle un bocadillo. El joven se sorprendió por el ofrecimiento y comenzó a hacerles preguntas, y cuando ellas compartieron el evangelio les confesó que no tenía equipaje porque había decidido suicidarse ya que las cosas no le iban bien. La historia es más larga pero solo deciros que finalmente el joven creyó en Jesús y se integró en una iglesia… Me quedé pensando en cómo las cosas pequeñas (un bocadillo) pueden marcar la diferencia, y aprendí (o recordé) que cuando el Señor nos ponga algo en el corazón debemos hacerlo, sea grande… o pequeño. En otro momento la autora escribe: “… Ahora que han pasado los años, voy sacando, del cofre de mis recuerdos, historias, experiencias vividas que quedaron grabadas en mi mente y que, al recordarlas, me hacen dar gracias a Dios viendo su mano, su poder y su gran misericordia…”. Y así van pasando los capítulos recordando las experiencias vividas en sus primeros años de creyente, el comienzo de los campamentos, las visitas a los pueblos a predicar el evangelio, su ayuda en el colegio evangélico de Barcelona, su trabajo como consejera en múltiples ocasiones y un largo etcétera. Para el final guarda una última confesión…, pero hay que leerlo para saber de qué trata… En conclusión, un libro que he disfrutado leyendo y que me ha retado a consagrarme más al Señor.

Eva López Cañas está casada y es madre de dos hijos. Cuenta sus vivencias como ama de casa y cristiana en su blog personal: http//elim-eloasisdeeva.blogspot. com y colabora habitualmente con la revista http//mujerdehoy.org con un blog dedicado a la música góspel llamado “Destellos del góspel”.

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reseñas

Valioso aporte sobre la Epístola de Santiago
JACQUELINE ALENCAR

No podíamos dejar pasar este tiempo sin mencionar la contribución de nuestros hermanos Samuel Escobar y Eduardo Delás, quienes con su libro Santiago: la fe viva que impulsa a la misión (Valencia, 2011, pp. 89) nos han hecho recordar, redescubrir la Justicia Social que tanto se menciona en la Biblia. No sin sonrojarnos tendremos que decir que debemos desescombrar a los pobres y marginados en cada sílaba del Verbo. Han sido valientes, pues aun hoy la epístola de Santiago no es bien vista por algunos sectores de nuestras iglesias, que tienden a espiritualizarlo todo. Quién sabe si muchos todavía no tienen claro que la Misión que nos dejó Jesús y de la que tanto hablamos es integral; y como dice René Padilla, “la misión integral es la misión orientada a la satisfacción de las necesidades básicas del ser humano, incluyendo su necesidad de Dios, pero también su necesidad de amor, alimento, techo, abrigo, salud física y mental, y sentido de dignidad humana. Ya desde el Prólogo nos entonan el estribillo de Santiago que dice que “la fe sin obras es muerta”. Texto clave que puede, si lo aplicamos, refutar a una sociedad poscristiana, posmoderna y secularizada. Santiago, nos dicen, “nos muestra cómo construir una comunidad de seguidores de Jesucristo, de practicantes de la fe en medio de luchas, pruebas, conflictos, salud y enfermedad, pobreza y riqueza”. Porque, como sabemos, Santiago dirigió su epístola a una comunidad que estaba viviendo en la dispersión, tal vez, como nos dicen los autores, a un conjunto de iglesias judeo-cristianas de Asia Menor. O sea, en el mundo, que es a donde Dios nos quiere. Metidos en la sociedad, pero sin ser de ella. Claro que con la misión de ser una antorcha que alumbre disipando la oscuridad. En la Presentación, los autores nos resaltan que esta carta fue “ninguneada por los teólogos de los primeros siglos”. “¿Tendría algo que ver con la dolce vita, la posición de preeminencia,

poder, autoridad y señorío, cada vez más impresentable de los obispos de las iglesias? Desde una posición así, ¿quién se acuerda de los pobres, los últimos, los que peor lo pasan en esta vida, de los que habla Santiago?”, dicen. Incluso Lutero dice en el Prefacio al Nuevo Testamento: “La epístola de Santiago es una epístola llena de paja, porque no contiene nada evangélico… hace violencia a la Escritura y contradice a Pablo y a toda la Biblia… le niego un lugar entre los escritos de mi Biblia”. Nunca aceptó su canonicidad ni le otorgó autoridad apostólica… Santiago, el hermano carnal de Jesús, quien según todos los indicios, afirman los autores, desempeñó un importante papel en la iglesia de Jerusalén. Y que su participación en el primer Concilio de la iglesia en Jerusalén fue decisiva en lo que se refiere a la “proclamación de un evangelio universal y sin discriminación”. En los 11 apartados que tiene el libro nos hacen recorrer los cinco capítulos que conforman la epístola. Y nos señalan los grandes temas que predominan en la misma: La paciencia en las pruebas (Cap. 1); La fe y las obras (Cap. 2); El uso de la lengua y la sabiduría (Cap. 3); Los pobres y los ricos (Caps. 4-5). Y aclaran: “Esta breve hoja de ruta interpretativa sólo se justifica si entendemos que la carta de Santiago es un desarrollo eclesial pragmático del Sermón del monte de Jesús de Nazaret (Mt. 5-7)… Santiago quiere que en las comunidades cristianas a las que se dirige se ponga en práctica y se viva de un modo visible la enseñanza de Jesús”. Santiago nos hace una radiografía de la iglesia a la que va dirigida la epístola, y a través de ella muestra una comunidad acuciada por la persecución, las estrecheces económicas, las riquezas en manos de unos pocos. Una comunidad que ante la adversidad tiende a replegarse, a protegerse a sí misma. Y para colmo, los pleitos, la codicia, las envidias, la actitud altiva de los ricos, el despojo de los pobres minan su salud interna. ¿Por qué todo esto nos resulta tan familiar? Quiere decir, pienso, que esta carta está totalmente vigente, porque la iglesia de hoy no está exenta de toda esta problemática. Por ello es acertada su mención de la sabiduría, no sólo como un conjunto de conocimientos que poseemos, sino como una manera de saber aplicar lo que sabemos a nuestro actuar en el día a día. Y es que aquellas comunidades a las que va dirigida la epístola pasaban por duras pruebas. Les habla de resistencia en medio de situaciones límite: “La prueba de vuestra fe produce paciencia”. Y nos insta a pedir sabiduría, si no

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la tenemos, para poder afrontar las situaciones que no podemos comprender. Y Él nos la da sin reproche… Las pruebas no hacen acepción de personas, nos hace ver Santiago. Por lo tanto, destierra según nos comentan los autores, la creencia de que “la riqueza era un signo de aceptación de Dios y la pobreza como señal de pecado y de exclusión social y religiosa”. Y que es creíble la felicidad aun para el que pasa por duras pruebas. Sólo si está basada en una relación de confianza sostenida en lo que hemos aprendido en nuestra relación con Él. Él es nuestro Padre en el que no hay sombra de variación. Resulta interesante la postura de Santiago, quien cuestiona una religiosidad individualista, egoísta y sin médula misericordiosa hacia los pobres, los marginados… Resalta que nuestra fe debe ser una fe viva, que mana de una verr dadera transformación y que luego, al materializarse, convoca al que está a nuestro lado a seguirnos en pos de Cristo. Santiago propugna una fe que dignifica al ser humano, parafrasean Escobar y Delás: que acoge sin distinciones, denuncia las injusticias y como respuesta a “la ley”. Todo lo anterior demuestra lo que Santiago defiende: que la fe sin obras está muerta. Herr manos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe y no tiene obras? ¿Podrá la fe sall varlo? Los autores nos comentan que “la buena ? gente religiosa de la época de Santiago podría tener el tipo de conducta que él con tanta claridad y puntualidad describe”: Y si un hermano o una hermana están desnudos y tienen necesidad de mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: “Id en paz, calentaos y saciaos”, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, está muerta. Y dentro del actuar del hombre entra en juego un pequeño órgano pero que Santiago lo presenta como instrumento de poder social (para bien o para mal). Tiene poder para calmar como para demoler: la lengua. Es curioso ver que no hay desperdicio en esta epístola; todo es de una actualidad pasmosa. Nos reta a vivir en santidad. Y nos presenta el desafío de la fe: ¿Dios o las riquezas? Leer este libro me ha informado acerca de que ya desde la misma génesis de la iglesia había la necesidad, como dicen nuestros

hermanos, “de revisar y recuperar el modelo de Jesús en lo tocante a la relación con el dinero, el trabajo y la economía, porque los cristianos parecen estar sumergiéndose en las estructuras injustas de este mundo… Hoy y mañana iremos a tal ciudad y estaremos allá un año… Y traficaremos y ganaremos (4.13). Clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no le ha sido pagado por vosotros… (5.4). Y continúan las exhortaciones hasta el final. ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis; matáis y ardéis de envidia y nada podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis porque no pedís. Pedís, pero no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites… Vamos ahora ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas y vuestras ropas están comidas de polilla… los clamores de los que han segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos… habéis condenado y dado muerte al justo y él no os hace resistencia… Por tanto, tened paciencia… tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor… (Stgo. 4:1-3; 5:1-5, 7, 10). Dicen los autores que saca a la luz la pecaminosidad de la comunidad. Seguro que esa iglesia a la que se refiere no tiene nada que ver con la nuestra, ¿verdad? Lo cual nos permite entender sus apreciaciones finales sobre la espiritualidad de la vida en común y todo lo que ello conlleva. No he seguido la hoja de ruta establecida por los autores a lo largo de las páginas del libro, pero sí he intentado dar unas pinceladas acerca de lo que el apóstol quiere transmitirnos. Terminan los autores mencionando las exhortaciones de Santiago al final de la epístola. Cito lo que nos dicen: “esta parte final de la epístola es una exhortación a cultivar una vida espiritual de la cual surgen la paciencia y la esperanza como actitudes vitales, como disposiciones de ánimo… La paciencia se nutre de la esperanza de la venida del Señor… La espiritualidad bíblica supone cristianos que se ocupan de su salvación con temor y temblor (Fil. 2:12-13). No sólo de manera individual y aislada, sino también en el seno de la comunidad…”. Que el Señor nos ayude a repensar sobre esto de tener una fe viva… una fe que actúa…

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Peregrino
S SAMUEL ESCOBAR

Ruego a Dios por mis manos
ISABEL PAVÓN

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He llegado a mil destinos, peregrino. Siempre se halla una sonrisa, algún rostro se ilumina, te hace hermano, te hace humano: un retazo de esta misma humanidad adolorida, pensativa, esperanzada, cruel, genial, alborozada, sospechosa, fatigada. ¡Yo la he visto en mil destinos, peregrino! Una tarde allá en la aldea, me escapé. Desde entonces, madre mía, tú me esperas y regreso, y no regreso. Debo andar de pueblo en pueblo, ir en pos de mil destinos, peregrino a la procura de la mano y la sonrisa de mi padre que se fue con su fusil, con sus libros, recorriendo mil destinos por los pueblos del Perú. Y lo busco por el mundo… He llegado a mil destinos, peregrino. He llevado la Palabra, la del Padre que va al frente: nube grata en el calor de los desiertos, llama ardiente en lo más negro de la noche: Siempre al frente y yo le sigo a mil destinos.
Lima, Junio 1999

Ruego a Dios por mis manos, por los diez dedos de mis manos. Ruego también por la palma de mis manos. Ruego por mis manos ya que no alcanzan la distancia adecuada hacia la luz. Ruego a Dios por mis manos, para que se abran siempre sin miedo. Ruego por la condición de mis manos. Ruego para que mis manos lloren por sus poros al palpar la iniquidad. Ruego a Dios por mis manos, para que sólo guarden la memoria de cada día. Ruego para que no flaqueen sus dedos al prestar ayuda al hermano. Ruego por mis manos para que logren sanar acariciando. Ruego a Dios que fortalezca mis manos al sostener la justicia sin quebrarse. Ruego por mis manos, para que, al servir, jamás se enfunden en guantes de sucias manos. Ruego a Dios por mis manos pues hace tiempo que no sienten, que como acero se enfrían, se endurecen.

poemas

© Miguel Elías

La guerra invisible
MERIAM BENDAYAN

Regreso
ELSIE ROMANENGHI DE POWELL

Allí, donde acaba la razón de lo tangible empieza el campo de batalla celeste y de favor sólo miramos las caras adustas. Ahí, el enemigo permanece invisible en el pliegue tenebroso de la entraña. Agazapado se mimetiza en cada peregrino. Y los protagonistas de cada jornada levantan y bajan el telón, repitiendo el mismo acto. Desde el confín nace la historia de causa y efecto para instalar con astucia la batalla que confluye en todas partes. Metida en este cuartel clavada con insistencia como una muralla sin horario voy carente de castigo. Y el camino insondable expande sus alas y la lucha invariable, resultó ser mi hábitat. Supe entonces del tigre volador de gran hermosura del leopardo que cambia su tapiz cada noche de los monos malvados cargados de argucias. Pero todos traen la soez encomienda de otro. Y después de haber visto, tanto aprendo a levantar mis manos y mi pecho jadeante abrir mi alma repleta de asechanzas. Y el cúmulo doliente de todas las heridas sangra. Así llego habitar la casa del Guerrero ahí, su mirada prodigiosa me cubre y su agua generosa restaura mi cauce. Inexorable, ejecutas mi destino.

Aquí me tienes, Señor, con el cansancio de buscarme: Traigo las manos llenas de vacío y una vejez inmensa dentro mío. Quise ser alegría torrentosa, quise ser río. Y hoy sólo traigo la arena y el desierto, la soledad del mundo y este frío. Hoy que regreso, me pregunto: Tú que eres fuente ¿recibirás a quien quiso ser río? ¡muera en Tu fuego el fuego de mi vida!

poemas

Mientras caen argumentos falaces persisten los dardos de fuego caducan los dientes feroces. Entonces los días inmutables agonizan. Para finalmente descubrir el misterio y encontrar en un sólo lugar toda la victoria.

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© Miguel Elías

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Cena solidaria en favor de Turmanyé. Colegio Mayor Fonseca. Universidad de Salamanca

algunas actividades de la iglesia

Desayunos

Entrega del premio Jorge Borrow a Samuel Escobar. Aula Unamuno. Universidad de Salamanca

Experimento Marcos. Salamanca

José, Dori, Santi, Sara y Felipe visitando Turmanyé. Perú

Presentación Revista Sembradoras, nº 4. Instituto de Estudios de Iberoamérica. Universidad de Salamanca

algunas actividades de la iglesia

Reuniones mensuales de mujeres

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Mercadillo solidario

Pancarta. Plaza de Barcelona