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SUBSECTOR DE APRENDIZAJE: Historia / Formación Diferenciada: La Ciudad Contemporánea. NOMBRE GUIA Y/O MÓDULO DE APRENDIZAJE N°2: La Ciudad, un sistema vivo/ Territorio y Sistemas de Ciudades. NIVEL: 4° Medio Diferenciado. PROFESOR(A)/ES: LUCIA IVONNE ARRIAGADA RETAMAL OBJETIVOS GUIA Y/O MODULO DE APRENDIZAJE:  Explicar el concepto de desarrollo sostenible y sus alcances, aplicándolo a las posibilidades de sustentabilidad en la ciudad que habitan.  Caracterizar los barrios al interior de la ciudad.  Caracterizar la estructura interna de las ciudades y explicar la segregación social y espacial.  Caracterizar los problemas ambientales y sociales que aquejan a las ciudades contemporáneas.  Explicar las condiciones de vida que presenta la ciudad de Santiago, sus virtudes y problemas. LA CIUDAD UN SISTEMA VIVO INTRODUCCIÓN La ciudad no sólo es una estructura física conformada por espacios construidos (edificios) y espacios vacíos(calles, espacios abiertos, sitios eriazos), sino que como una entidad que nace, crece y también muere; es decir, como un sistema vivo que tiene su propia dinámica de funcionamiento. En este sentido, las ciudades son sistemas abiertos que reciben influencias desde otras ciudades e importan materia y energía, para poder funcionar, al tiempo que como producto de su actividad generan desechos que deben disponerse en lugares adecuados. Para optimizar su funcionamiento, las ciudades organizan su espacio interno, de manera de responder de mejor manera a los requerimientos de sus habitantes y para ser más eficientes en su función económica y social. Esto ha llevado al desarrollo de técnicas e instrumentos de planificación urbana, que pretenden conseguir la mejor organización interna de las ciudades, junto a la racionalización de su crecimiento y expansión. (Fuente: Planes y programas de estudio, Plan Diferenciado de Historia y Cs. Sociales, “La ciudad contemporánea,MINEDUC) SUSTENTABILIDAD URBANA Actividad a desarrollar. • Lea el artículo “La sustentabilidad Urbana” Autor OSWALDO LÓPEZ BERNAL oswalope@univalle.edu.coArquitecto, Doctor en Urbanismo, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Especialista en Gestión Ambiental de Residuos Sólidos Urbanos de la Japan International Cooperation Agency (JICA), y Master en Gestión Ambiental para el Desarrollo, de la Pontificia Universidad Javeriana. 8 enero - diciembre de 2004 Resumen Este documento se concentra en profundizar el concepto de desarrollo sustentable y la viabilidad de orientar la ciudad hacia un modelo de sustentabilidad urbana. A pesar de la importancia creciente del tema de desarrollo sustentable, sustentabilidad y sustentabilidad urbana, por mencionar algunos conceptos, su avance teórico y metodológico aún está en proceso de desarrollo. Aportar a la construcción de este marco conceptual es el principal alcance de este documento, partiendo del hecho de que los países subdesarrollados deben resolver simultáneamente los problemas de pobreza urbana de hoy y de preservación ecológica para el mañana, tarea que se vuelve titánica y casi imposible por la falta de recursos para cubrir tantos problemas urbanos a la vez. Por esto la necesidad de profundizar en el estudio de cómo ser sustentables en las ciudades de los países subdesarrollados con escasez de recursos y gran variedad de problemas ambientales. Lo que genera la necesidad de buscar nuevos paradigmas teóricos aplicables a los procesos de planeación y gestión de la ciudad, que permitan ser muy eficientes con pocos recursos y así construir escenarios de sustentabilidad urbana. Introducción Este documento expone, en primer lugar, los diferentes términos que sirven de marco conceptual a la idea de sustentabilidad. Se amplía el panorama general acerca del

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desarrollo sustentable y se plantea el concepto de sustentabilidad urbana, su evolución y manifestación en los asentamientos humanos. Debido a la cantidad de términos relacionados con el tema que nos ocupa, se ha limitado este documento a cuatro de ellos: sostenido, sostenible, sustentable y desarrollo sustentable. La palabra “sostenido” en una segunda acepción, significa algo que se toma por arriba. El término “sostenible”, que también viene de sostener, aplica a algo que se mantiene firme, a una proposición que se defiende, o una cosa que se sostiene por arriba. La palabra “sustentable” es una palabra que viene del inglés “sustainable”, un término con amplia aceptación en el ámbito político. Para fines prácticos, los dos últimos términos, sostenible y sustentable quieren decir lo mismo: el término técnico de desarrollo sustentable es definido como aquel “desarrollo que no compromete la habilidad de las generaciones futuras para cumplir con sus necesidades, mientras cumple con las nuestras”. Frente a esta situación diferencial, la noción de desarrollo sustentable es por lo menos ambigua, y Guimaraes señala que en la literatura técnica disponible hay más de 100 definiciones del término y que, en definitiva, éste resulta diverso según la subjetividad de quien lo utilice: no es el mismo concepto de sustentabilidad el que maneja un fabricante de muebles respecto de un bosque que una ONG conservacionista. Sin embargo el concepto base de este documento es la palabra sustentable, como planteamiento teórico de gran alcance y respaldo mundial. Además, la necesidad de aplicar dicho concepto se torna bastante clara cuando se trata de enfrentar la problemática ambiental en la ciudad. Hay muchas formas de definir la sustentabilidad. La definición más simple es: “una sociedad sustentable es aquella que puede persistir a través de generaciones, que es capaz de mirar hacia el futuro con la suficiente flexibilidad y sabiduría como para no agotar su sistema físico y social de apoyo”. Aproximación histórica al concepto de sustentabilidad urbana Durante los años 50, las ciudades mayores eran Nueva York, Londres, Tokio y París. Se debe considerar que en los años 90 varias ciudades como Ciudad de México, Tokio, Sao Paulo, New York, Shangai o Calcuta contaban con 10 millones de habitantes, doce megalópolis frente a las cuatro de 1970, y con la perspectiva de convertirse pronto en 20. La urbanización acelerada del planeta es uno de los problemas a los que se enfrenta el mundo. Para no exagerarlo, y a falta de soluciones alternativas, se ha recurrido a una especie de “fórmula”: la “sustentabilidad”, “La ciudad sustentable”, el “desarrollo urbano sustentable”. A través de una aproximación histórica sobre los primeros asentamientos humanos y su real estado de sustentabilidad Miguel Ruano plantea que la sustentabilidad urbana es una utopía: Nadie sabe qué aspecto tiene un asentamiento humano sustentable, ni tampoco cómo funciona. Hay quien dice que las pequeñas villas europeas de la Edad Media o las aldeas prehispánicas Mayas, por poner dos ejemplos, fueron sustentables. Sin embargo, ambos modelos urbanos se basaban en el mismo paradigma no sustentable: los recursos se extraían del entorno, mientras que los desperdicios se tiraban sin más. El hecho de que los asentamientos fueran pequeños es lo que los hacía aparentemente sustentables, ya que los perjuicios causados al medio ambiente eran mínimos. La mejor prueba de que esos primitivos asentamientos humanos no eran realmente sustentables es que a través de un inexorable y cada vez más acelerado proceso de crecimiento, han acabado por producir la civilización actual urbana, que ciertamente no es sustentable” . Cuando los problemas derivados del rápido crecimiento urbano en el siglo XX, parecieron imposibles de resolver con el urbanismo, se inventó el planning, o planeamiento urbano, que primero probó reglamentar y dividir para restablecer el orden, y así nació el zonning. Posteriormente se descubrió su insustancial respuesta a la dinámica urbana y se adoptaron enfoques más sistémicos matemáticos, basados en flujos. Sin embargo, los problemas de la ciudad siguieron creciendo, amparados en un acelerado crecimiento demográfico. También fue explosivo el crecimiento de la concentración de actividades en el mundo progresivamente industrializado y, sobre todo, terciarizado. Por consiguiente, se potenció aún más el ya acelerado proceso de urbanización: más empleo relativo, más población relativa, más consumo relativo, más crecimiento absoluto. Fue entonces, hacia 1970, cuando se intentó comprender y explicar estos complejos fenómenos como sistemas de flujos de materia, energía, y una década después, de información. Este impulso provenía principalmente de ecólogos y biólogos, aplicando el punto de vista ecológico al ecosistema altamente artificial en que se transformó la ciudad. Nació así la ecología urbana, como un intento justificado y necesario de entender y ver de una nueva manera, un sistema altamente complejo e impredecible (que no había podido ser bien

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gobernado en su enorme entropía) como el sistema urbano. Pero el esfuerzo no fructifica lo suficiente. La ecología urbana es una nueva manera de ver y comprender la ciudad, pero no puede descartar o sintetizar todas las otras. Con la ecología comprendemos, pero no producimos ni proyectamos la ciudad que además es, arte, historia, pueblos, identidades, economía y competencias de poder. En la Cumbre Mundial del Medio Ambiente de Río de Janeiro, celebrada en 1992, el “desarrollo sustentable” fue definido a partir de indicadores explícitos o implícitos: sociales, económicos, ecológicos, intelectuales; en relación con el papel de la mujer, con la autosuficiencia o seguridad alimentaría, la integración internacional, pero nunca en relación con la urbanización. Aunque explícitamente el desarrollo sustentable no define su posición frente a la urbanización, podemos decir que este concepto, marcado por el pensamiento ecológico y las tecnologías apropiadas, contiene tres elementos importantes para arquitectos y urbanistas: • El desarrollo sustentable está inscrito en un entorno físico, el del hábitat en todas las escalas. • El desarrollo sustentable está inscrito en el tiempo, en la historia: tiene que permanecer. • El desarrollo sustentable debe inaugurar una nueva era de prosperidad sustentable; es decir, transmisible, patrimonial. Estos tres elementos nos dan una primera idea de la noción de desarrollo sustentable aplicado al estudio de las ciudades, pero aún no es suficiente para consolidar el concepto de sustentabilidad urbana. Hasta la Conferencia Mundial de Hábitat 2 en Estambul, dentro de la Agenda 21, se destaca el papel de las ciudades y las autoridades locales en la implementación de los compromisos ambientales globales y la generación de calidad de vida y de hábitat, se hace énfasis alrededor de dos aspectos: vivienda adecuada para todos y desarrollo sustentable de los asentamientos humanos. Una vivienda adecuada comprende, además de la necesidad básica de abrigo o lugar privado, espacio suficiente, accesibilidad física, seguridad adecuada, seguridad de tenencia, estabilidad y durabilidad estructurales, iluminación y ventilación suficientes, infraestructura básica adecuada que incluye servicios de abastecimiento de agua, saneamiento y eliminación de desechos, factores apropiados de calidad del medio ambiente y relacionados con la salud, emplazamiento adecuado con acceso al trabajo y a servicios básicos, costo razonable, infraestructura y servicios básicos para las comunidades, que incluyen asistencia social, servicios de transporte y comunicaciones, energía, servicios de salud y de emergencia, escuelas, seguridad ciudadana y la ordenación de los espacios abiertos.

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Bajo el aspecto de desarrollo urbano sustentable, Hábitat 2 incluye uso sustentable de la tierra, y del desarrollo social: erradicación de la pobreza, creación de empleo productivo e integración social, población y desarrollo sustentable de los asentamientos humanos, asentamientos humanos ambientalmente sustentables, sanos y habitables, utilización sustentable de la energía, sistemas sustentables de transporte y comunicaciones, mejoramiento de las economías urbanas, fomento de la capacidad y desarrollo institucional, descentralización, fortalecimiento de las autoridades locales y sus asociaciones o redes, participación popular, compromiso cívico, planificación y ordenación metropolitanas. Los alcances de los resultados esperados de la conferencia de Hábitat 2, son cuestionados principalmente por los países del Tercer Mundo por la poca aplicación en la ciudad. Actualmente el 50% de la población vive en zonas urbanas, en comparación con un 10% a principios del siglo pasado. Las predicciones indican que hacia el año 2025, el porcentaje de población urbana podría llegar al 75%. Esas cifras muestran por si solas el éxito alcanzado por el modelo urbano inventado hace más de 7000 años. Pero el exceso de éxito podría conducir a un posible colapso. Las áreas urbanas van apareciendo como las responsables de los problemas medioambientales que amenazan la tierra. Hoy día las ciudades contribuyen a la contaminación global (una proporción superior al 75%) y utilizan más del 70% de la energía consumida por la humanidad. En 1990, de un total mundial de 35 ciudades con una población mayor de 5 millones de habitantes, 22 pertenecían a países en vía de desarrollo. Esta cifra se doblaría en el año 2005. En el 2025, la población urbana del mundo –sólo los países en vía de desarrollo– habrá aumentado en 2000 millones de personas, la mitad de las cuales no dispondrá de servicios básicos como agua corriente, electricidad o alcantarillado. Construcción teórica del concepto de sustentabilidad urbana La construcción del concepto de sustentabilidad urbana parte de tres enfoques teóricos a saber: el concepto de desarrollo sustentable planteado por el informe Meadows, el ensayo sobre las tres esferas propuesto por A. ALLEN en “Re assessing urban development toward the definition of inducators of sustainable development urban level”, ensayo DPUUCL, Londres, 1994; y, por último, las investigaciones realizadas por Néstor García Canclini en las cuales se alude a ciertas características de la posmodernidad metropolitana en los escenarios latinoamericanos. A partir de estas teorías se hace un planteamiento de lo que es el concepto de sustentabilidad urbana. El desarrollo sustentable: Partiendo de la conceptualización sobre el desarrollo sustentable planteado por el informe Meadows, se puede decir lo siguiente: “Una sociedad sustentable utilizaría el crecimiento material como una herramienta y no como un objetivo final. Una sociedad sustentable aplicaría sus adquisiciones y su mejor conocimiento de los límites de la tierra para elegir solamente el tipo de crecimiento que sirviera en realidad a los objetivos sociales, económicos, ecológicos y entorno construido, reforzando la idea de desarrollo y, por ende, de la sustentabilidad. Una sociedad sustentable no mantendría las actuales condiciones de desigualdad en los ingresos y distribución de los recursos. Con certeza, lucharía contra la erradicación de la pobreza. Cualquier sociedad sustentable debe aportar seguridad y suficiencia material para todos”. Una sociedad sustentable representa un alto grado de utopía presente y futura; este concepto tiene un nivel de incertidumbre muy grande. Pero si la sociedad logra transformar, entre un 10% o un 20%, los presentes estados de insustentabilidad de la sociedad, será un logro importante en la construcción de estados más equitativos y eficientes. Cuando se piensa en la construcción de sociedades más sustentables, la respuesta a las señales de la utilización de los recursos y la emisión de contaminantes está más allá de los límites sustentables, como plantea Herman Daly: “Dar un paso atrás y reconocer que el sistema socioeconómico humano, tal como está estructurado en la actualidad, no es gestionable, ha sobrepasado sus límites y se dirige

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hacia el colapso”. Las causas estructurales del desbordamiento de los límites de la tierra son: el crecimiento exponencial en la población humana y en el sistema económico. Ejemplo de este fenómeno lo podemos observar en el crecimiento de la población en las ciudades Colombianas, donde ha habido un incremento del 200% en los últimos 50 años. Este fenómeno se ha producido por las normas sociales, culturales y políticas, que llevan a la gente a desear, más que un número de hijos, cosas materiales inútiles. “Son las expectativas y prácticas culturales que distribuyen el ingreso y la riqueza en forma desigual, las que hacen que la gente se vea a sí misma esencialmente como consumidora y productora, que asocian la posición social con la acumulación material, y que definen los objetivos humanos en términos de obtener más en lugar de tener lo suficiente”. La pregunta que surge en este punto es: cómo modificar el estado de desbordamiento de los límites de sustentabilidad de la tierra y en especial de las ciudades latinoamericanas, las cuales no han resuelto las necesidades básicas insatisfechas comenzando no con los límites, retrasos o erosión, sino con las fuerzas estructurales que ocasionan el crecimiento. Se puede afirmar que atacar el crecimiento exponencial de la población y el sistema económico deberá orientarse en primera instancia a crear un estado aceptable en términos de sustentabilidad de los sistemas, el cual se origina cuando logra colocarse por debajo de sus límites, evitando un colapso descontrolado, manteniendo su nivel de vida. La sustentabilidad busca el equilibrio entre lo social, lo económico y lo ecológico. La palabra equilibrio en la teoría de sistemas, significa que los ciclos positivos y negativos están equilibrados y que los grandes stocks del sistema, en este caso la población, el capital, la tierra, la fertilidad del suelo, los recursos no renovables y la contaminación, se mantienen relativamente estables. De esta forma, Herman Daly sostiene: “No quiere decir necesariamente que la población y la economía se han quedado estáticas o estancadas. Se mantiene constante, así varía la sociedad en equilibrio, ya sea por elección deliberada de la humanidad o por oportunidades imprevisibles o desastres. Una sociedad sustentable debería buscar purificarse a sí misma de la contaminación, adquirir nuevos conocimientos, hacer sus procesos productivos más eficientes, desplazar tecnologías, mejorar su propia gestión, hacer la distribución más equitativa y diversificarse”. Es decir, construir relaciones de igualdad y sociedades más justas cuando las tensiones del crecimiento y el desbordamiento social y económico se hayan aliviado. El concepto de sustentabilidad nace de la crisis del sistema mundial en su revelación de los factores económicos, sociales, ecológicos y urbanos, posterior a la revolución industrial del siglo XX, donde todo cambió en una forma que nadie podría haber imaginado. El carbón desembocó en las máquinas de vapor; las máquinas, y no la tierra, se convirtieron en los medios de producción centrales. Carreteras, vías férreas, fábricas y chimeneas aparecieron por todas partes. Las ciudades crecieron. Una vez más, el cambio fue una bendición a medias. El éxito de la revolución industrial llevó no sólo a nueva escasez de recursos naturales, de tierra, de combustibles y metales, sino también de la capacidad de absorción del medio ambiente, donde el alto grado de industrialización del sistema productivo, la presión sobre los sistemas ecológicos y el aumento de la contaminación por desechos industriales, originaron los problemas ambientales presentes. Como respuesta a la posibilidad de una crisis de sobrevivencia del ser humano y de todo el sistema natural, surge una nueva revolución, la revolución de la sustentabilidad. La cual plantea, en palabras de Herman Daly, las siguientes hipótesis: “Es tan imposible para cualquiera hoy en día describir el mundo que podría emerger de la sustentabilidad, como lo fue imaginar 6000 años antes de Cristo el Iowa de hoy en día, o para el minero inglés de 1750 imaginar una cadena de montaje de Toyota. Lo máximo que cualquiera puede decir es que, como las otras grandes revoluciones, una revolución en la sustentabilidad podría conducir a enormes pérdidas y ganancias”. La revolución de la sustentabilidad podría modificar la faz de la tierra y los cimientos de la organización humana, las instituciones y las culturas. Esta revolución llevará siglos hasta desarrollo pleno, aunque se cree que ya está en camino y que sus próximos pasos deben darse con urgencia, para hacer posible una revolución y no un colapso. Desde luego, nadie sabe cómo desarrollar el concepto de sustentabilidad, no hay fórmulas ni recetas, nadie tiene certeza de cómo será el mundo de la sustentabilidad por su alto grado de incertidumbre, pero la sociedad mundial en su conjunto ha concebido esta revolución como un deber y una obligación para el desarrollo presente y futuro. La construcción de sociedades sustentables, será armónica y gradual. Se desprenderá de las visiones, experimentos y acciones que miles de millones de personas realicen, conscientes de la necesidad de preservar el equilibrio del planeta. Todos podemos contribuir en esta ardua tarea.

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El cambio hacia la sustentabilidad plantea nuevas relaciones sociales, culturales, económicas, productivas, etc.; relaciones que en últimas son los soportes de una sociedad moderna en busca de mejores posibilidades de vida presentes y futuras. Culturas Híbridas: Para poder definir el concepto de sustentabilidad es necesario entender cómo este concepto se enmarca en la construcción teórica de objetos híbridos. A partir de aquí se retoma el concepto tríptico de las tres esferas. Cada una de las esferas que componen el tríptico en sí misma, solo define su propia ciencia. El concepto de hibridación adquiere valor a partir de la construcción de relaciones entre los objetos conceptuales que la conforman. Dentro de las investigaciones de modelos híbridos se tiene referencia de un trabajo desarrollado como tesis de graduación del DPU-UCL de Londres, que propone utilizar los criterios globales del “sustainable development” para generar conceptos de aplicación a la calidad de vida urbana. Un gráfico básico intenta definir el desarrollo sustentable como el campo de articulación de tres esferas: los subsistemas social, económico y ecológico. Lo interesante del argumento que desarrolla el gráfico es que define “desarrollo sustentable” no como la pura relación de dichos subsistemas, sino como el espacio conceptual en que interactúan las lógicas o fines de cada subsistema respectivamente: la habitabilidad, meta del bienestar social, del subsistema social; la equidad y la eficiencia, meta del desarrollo económico, del subsistema económico, y la sustentabilidad propiamente dicha, meta de la integridad ecológica, del subsistema ecológico. Los principios o atributos del desarrollo sustentable – equidad social, eficiencia económica y sustentabilidad ecológica– se manifiestan, según Allen, con características temporales y espaciales, es decir, adquieren cualidades según su manifestación en el tiempo y en el espacio, lo que permite incorporar, en la discusión conceptual, criterios tales como los “plazos” del desarrollo y su expresión espacial (global, regional, local). A su vez, las que podrían calificarse como metas globales del desarrollo sustentable se pueden configurar operativamente como objetivos, los cuales, a su vez, admiten alguna clase de expresión dentro de las entidades urbanas. Esta conceptualización intenta bajar, instrumentalmente, la idea abstracta del desarrollo sustentable a una configuración urbana concreta, punto de partida para la construcción del concepto de sustentabilidad urbana. Buscando pistas sobre la manifestación de la posmodernidad de la ciudad, y reiterando una continuidad con la teoría de las tres esferas planteada por A. Allen, se analizan ahora las investigaciones de Néstor García Canclini en las cuales se alude a ciertas características de la posmodernidad metropolitana en los escenarios latinoamericanos, preferentemente el caso De México. Así, enfatiza García Canclini el contenido híbrido de las culturas urbanas contemporáneas como una determinada característica o forma de contener las fuerzas dispersas de la modernidad. Al atribuir a la expansión urbana una de las causas de la intensificación de la hibridación cultural, en las ideas de “desterritorialización” y “reterritorialización”, García Canclini alude a dos procesos: la pérdida de la relación natural de la cultura con los territorios geográficos, sociales y al mismo tiempo, ciertas relocalizaciones territoriales relativas, parciales, de las viejas nuevas producciones simbólicas. El concepto “híbrido”hace referencia a la mezcla de múltiples combinaciones culturales, o de tradición, cuyo resultado puede ser una suma de creatividad o un caos. Homi Bhabha, en 1990 hablaba del “Tercer espacio” expresándolo así: “Para mí la importancia de la hibridez no está en poder trazar los dos momentos originales de Fuente: A. ALLEN. Reassessing urban development: Towards indicators of Sustainable Development at urban level. Working Paper DPU, Development Planning Unit, UCL, Londres, 1994.Ibíd. pág .80.GARCÍA CANCLINI, Néstor. Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad, México, Grijalbo, 1990. Este enfoque requiere ser discutido y analizado desde la posibilidad de un objeto conceptual híbrido, manifestación de una cultura posmoderna que sea susceptible de retener las cualidades de lo urbano (la densidad cultural, por ejemplo) y a la vez, de despejar en términos de sustentabilidad, la posibilidad de un escenario más racional y ecuánime de vida social. A la vez busca la restauración y conservación del sistema ecológico y el aumento de la productividad en condiciones estables para la sociedad.14 enero - diciembre de 2004donde surge un tercero, más bien la hibridez, para mí, es el

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tercer espacio que permite el surgimiento de otras posiciones. Este tercer espacio desplaza a las historias que lo constituyen y establece nuevas estructuras de autoridad, nuevas iniciativas políticas que han sido equivocadamente entendidas por el conocimiento convencional. El tercer espacio (o hibridez) no es una identidad, sino el surgimiento de algo nuevo e irreconocible, una nueva área de negociación y representación”. Para poder desarrollar el concepto híbrido de sustentabilidad urbana, metodológicamente se debe entender como un concepto sistémico, el cual por definición quiere decir que este sistema es una reunión o conjunto de elementos relacionados. La construcción del concepto de sustentabilidad urbana se orienta hacia planteamientos teóricos que se manifiestan en una idea de “posmodernidad en la ciudad”. Quizá la experiencia histórica más sustantiva en el orden de fundación de híbridos o cuasi-objetos es la ciudad, donde la distinción de los cuatro subsistemas que conforman el sistema urbano (lo social, lo ecológico, lo económico y el espacio físico urbano), no han podido constituir una clara teoría de interrelaciones. Estos cuatro subsistemas buscan como fin, construir un sistema conceptual híbrido, que permita entender la complejidad del fenómeno urbano y así buscar mejorar la calidad de los asentamientos humanos a través del desarrollo sustentable. El desarrollo de este sistema conceptual híbrido de sustentabilidad urbana exige trabajar tres pasos de reflexión teórica y epistemológica. En primera instancia, definir cada uno de los objetivos que construyen el concepto híbrido de sustentabilidad urbana. En segunda instancia, construir las relaciones entre los diferentes objetivos lo cual implica estipular la importancia y prioridad de acciones a seguir para mejorar y coordinar las relaciones entre los subsistemas, los principios de sustentabilidad urbana y establecer los valores, tendencias o finalidades de las relaciones en que se instrumentan tales principios. Por último, se construye la definición del concepto de sustentabilidad urbana a partir de la relación entre los objetivos de los cuatro subsistemas, los cuales, al relacionarse, se transforman en principios que constituyen el concepto de sustentabilidad urbana, como concepto híbrido que permite la identificación / definición / modelación / solución (intervención, transformación) de “problemas ambientales urbanos”. Lo anterior exigirá mejorar la comprensión de las normas de interacción entre diferentes subsistemas o componentes de las situaciones humanas, contribuyendo así a dar a las sociedades la facultad de formular decisiones prudentes y efectivas para su futuro. Las ciudades constituyen escenarios privilegiados para abordar las preguntas y construir respuestas en torno a la sustentabilidad, como imperativo ético, y al desarrollo sustentable como utopía colectiva de la humanidad. Las ideas ambientales, en su desarrollo conceptual y metodológico, para dar respuestas a un concepto híbrido de sustentabilidad urbana, contribuyen a repensar las posibilidades sistémicas de la modelación de los procesos del desarrollo urbano. En este sentido, quizás no se advierta un claro avance en la modelación sistémica de los planes urbanos, pero es posible una revisión de los mismos desde el punto de vista de la conceptualización sistémica, que sí resulta constitutivo del pensamiento ambiental. Por último, podemos concluir diciendo que el concepto de sustentabilidad urbana se concibe como un concepto sistémico, a partir del cual se origina un concepto alternativo de ciudad, en el cual un asentamiento tiene la capacidad de proporcionar en forma duradera y eficiente la energía y los recursos para cumplir con los objetivos que en el subsistema social (bienestar social), espacio físico urbano (calidad físico espacial), económico (productividad) y ecológico (preservación ecológica), que requerirán las generaciones presentes y futuras que habitarán la ciudad. • De acuerdo a este texto, responda: 1. ¿Qué se entiende por sustentabilidad urbana? 2. ¿Existe un consenso en su definición? Explique 3. ¿Por qué es importante profundizar en la sustentabilidad de las ciudades de los países subdesarrollados? Fundamente. 4. ¿Qué cambios ha experimentado este concepto a través de la Historia? Anote al menos tres ejemplo. 5. ¿Por qué Miguel Ruano plantea que la sustentabilidad urbana es una utopía? 6. ¿A qué necesidades responde el surgimiento de la Ecología Urbana? 7. ¿Qué énfasis se otorga en la Cumbre Mundial del Medio Ambiente de Río de Janeiro, celebrada en 1992, al concepto “desarrollo sustentable? 8. ¿Qué aspectos resalta Conferencia Mundial de Hábitat 2?

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9. Explique el concepto de desarrollo sustentable a partir del siguiente esquema:

Comprensión de lectura Lea el siguiente texto y conteste las preguntas que se formulan a continuación LA CIUDAD CONTEMPORANEA. Las ciudades se han hecho cada vez más complejas y cambiantes. Ellas permiten, a la vez, lecturas catastróficas y esperanzadoras. Pero domina el reconocimiento de ser portadoras de la riqueza humana, de su historia, son en esencia, una dimensión diferente de la existencia. Observamos lo urbano como potencial creativo para lo plural, para la imaginación democrática, ética y estética, para el ejercicio de la autonomía y la emancipación y para el desarrollo de la lúdica y de las relaciones con el espacio civilmente construido. En el fondo, existe una sensación ineludible de "esquizofrenia", rasgos pertenecientes a la condición cultural de la postmodernidad. Reflexiones teóricas estructurales que dibujan una realidad objetiva negativa junto con un ánimo de optimismo desorbitado. Análisis de problemas concretos cuya conexión con las propuestas urbanas dependen de la esperanza. Las ciudades son escenarios de los cambios recientes en las formas de producción y en las relaciones laborales. Por la globalización afrontan procesos más agudos de competencia y de inestabilidad macroeconómica y social. La internacionalización ha representado una transferencia de responsabilidades a las administraciones locales y una pérdida de poder y gobernabilidad de las ciudades, mayor fragmentación social, reducción del Estado central, aumento de lo privado sobre lo público, polarización entre grupos de ingresos altos y bajos, crecimiento de la informalidad y frágiles consensos sociales. Junto con la segregación y la exclusión, crecen los fenómenos de violencia y protección armada de territorios y espacios urbanos. Las tendencias consumistas inciden en los niveles de contaminación y hacen más evidente las brechas entre ricos y pobres. Los cambios en los precios y usos del suelo crean corredores de exclusión a partir de la movilidad de los hogares de altos ingresos. La igualdad que establece lo jurídico se ve contrariada por la segregación económica y espacial. Se desarrollan nuevas regiones periféricas, aumenta la desconcentración geográfica pero también el crecimiento de las áreas metropolitanas. La heterogeneidad en las formas de producción del espacio urbano y en sus lógicas de reproducción, encara la inflexibilidad de los instrumentos públicos y de las fuerzas del mercado. Las ciudades también son actores y escenarios del actual florecimiento de culturas urbanas, enriquecidas y diversas, que convocan a reconocer los derechos y deberes ciudadanos. Surgen nuevos actores urbanos y nuevas formas de relación con el territorio. Tienden a transformarse las prácticas de la planeación tradicional hacia modalidades participativas que buscan acuerdos democráticos entre la sociedad civil, el Estado y el sector privado. Se plantea un cambio en las relaciones de dominación y las actitudes contestatarias en beneficio de la concertación y gobernabilidad compartida. Se tiende a democratizar la gestión pública junto con el fortalecimiento de las redes sociales y la ampliación de los campos de acción de las organizaciones de la sociedad civil. La calidad de vida surge como una preocupación central con el crecimiento de las ciudades y, si bien la pobreza relativa crece, la pobreza absoluta tiende a disminuir. El reencuentro con lo urbano ha significado procesos por un mayor aprecio por la democracia, lo ambiental y las solidaridades. Se consolida la movilidad y la interrelación intraurbana. (Fuente http://www.eumed.net/libros/2007a/229/89.htm) 1. ¿Qué visión “lectura esperanzadora” señala el autor sobre la ciudad? 2. ¿A qué se refiere la expresión "esquizofrenia" referida por el autor?

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3. ¿Qué situaciones problemáticas se dan en las ciudades?

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ACTIVIDAD. Geografía de las percepciones

PROBLEMAS Y OPORTUNIDADES DE LA CIUDAD El crecimiento de las ciudades ha generado un gran número de problemas a sus habitantes. A su vez, la ciudad sigue presentando grandes oportunidades en todos los aspectos, lo que significa que sigue siendo un foco de atracción.

Analice cuáles son esos problemas y oportunidades que usted observa en la ciudad que habita, para ello complete el cuadro adjunto, con sus respuestas: 1. De acuerdo a lo que usted ha observado en la ciudad de Santiago, señale tres problemas urbanos de cada una de estas categorías: ambientales, equipamiento y sociales 2. Contraste lo anterior, con las potencialidades y beneficios que implica vivir en una ciudad. Señale y explique tres aspectos positivos o oportunidades propios de la ciudad de Santiago. Para ello considere que deben ser aspectos exclusivos, que la diferencien claramente de otras ciudades. PROBLEMAS AMBIENTALES • • • EQUIPAMIENTOS • • • SOCIALES • • • … … …. …. …. …. ... …. … • • • ….. …… …. OPORTUNIDADES

3. Al analizar los problemas que presenta Santiago y contraponerlos con los atractivos que ofrece. ¿Qué podría concluir al respecto? Mencione tres conclusiones.

4. Reflexione: ¿Qué piensa sobre la “calidad de vida” que nos otorga la ciudad de Santiago? Argumente su percepción con tres elementos teóricos de la “Sustentabilidad urbana” que estudió en esta guía.

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Territorio y sistemas de ciudades.     Caracterizar el papel que desempeñan las ciudades como organizadoras del territorio a través de áreas de influencia. Explicar las características del medio rural y la importancia que sus actividades económicas tienen para la mantención de la sociedad. Explican las relaciones funcionales entre la ciudad y el medio rural. Aplicar sus conocimientos para identificar las características o de una ciudad para los ciudadanos o una ciudad a escala humana. Explicar las tendencias de metropolización y formación de megaciudades. Explicar el concepto de globalización y lo relacionan con la estructuración de un sistema jerárquico mundial de ciudades y sus respectivas redes.

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El emplazamiento original y la situación actual. Resulta dificultoso, a veces imposible, esclarecer los factores determinantes para el emplazamiento de una ciudad. Para llegar a desentrañar las condiciones influyentes, habría que remitirse a su origen y bucear en la historia con la finalidad de conocer el propósito del asentamiento. Esto significa que estaríamos haciendo referencia a la función original de la ciudad; hay que tener presente que el significado de función actual, como así también el de ciudad o Sistema Urbano presenta otros aspectos en los cuales existen otras variables y características, que difieren de los de épocas pasadas. No debemos olvidarnos, que aunque no haya cambiado sustancialmente el escenario natural, los momentos históricos tanto en lo socio-político, demográfico, económico, tecnológico, científico, comunicacional, etcétera, son muy diferentes hoy, con respecto a los del origen de las ciudades, esto es en general, porque seguramente puede haber algunos casos particulares. El objetivo de la ciudad, o la función primitiva, en muchos casos se ha modificado. En muchas ciudades la función ha cambiado, pero en general a la función original o a las funciones iniciales se le han agregado otras, es decir se han producido variaciones y acumulación de funciones. Por ejemplo, una ciudad que en su creación tenía función administrativa y política, con los años puede haber acumulado funciones y actualmente tener además de las originales, función comercial, industrial, turística, militar etcétera. Puede decirse que el desarrollo de una ciudad, no está condicionado por su emplazamiento (sitio), sino que depende fundamentalmente de las ventajas que le otorga la posición geográfica, en la región, en el país, en el continente, en el mundo. La posición siempre está referida al papel de la ciudad en la organización regional, lo cual le asigna un rango dentro del sistema urbano desde lo local a lo global o mundial. El emplazamiento y la situación no deben considerarse como un factor del determinismo geográfico o como una resultante del determinismo por los condicionantes del espacio (topografía, usos del suelo, distancias a otros centros, etc.). Hoy con el avance de la ciencia y la tecnología, el hombre cuenta con los recursos necesarios para hacer frente a las más difíciles situaciones que le plantea la planificación urbana, el urbanismo, los asentamientos nuevos, y todo lo que tenga relación con el uso del suelo; en lo que se llama ordenamiento urbano, planeamiento urbano, ordenación del uso del suelo urbano, etcétera. Las redes urbanas La utilización del concepto de red urbana surgió por primera vez en Europa en trabajos conjuntos de las escuelas de Geografía Polaca y Francesa y, posteriormente, se difundió y se enriqueció por la aplicación de a teoría de sistemas. El fenómeno urbano, con sus interconexiones por medio de las vías de comunicación, conformando redes por las que se conducen los flujos que interactúan entre las ciudades con dinámicas y características variadas, conforma los sistemas urbanos. Según la escala que se utilice o el nivel de resolución, se puede tratar como sistema urbano una red provincial, nacional, regional o mundial. Es decir que si se estudia el sistema urbano nacional, los sistemas internos provinciales pueden ser tratados como subsistemas; o si se analiza el sistema urbano mundial, se tomaran las ciudades de primer rango (grandes capitales) y luego las capitales

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menores, o si el investigador lo decide podría tratarlas dentro de otra escala como subsistema. "Se define la red urbana como el conjunto de elementos o lugares centrales con tipologías distintas, según su tamaño y funciones; cuenta además con unas zonas o áreas de influencia; áreas que se estructuran de modo jerárquico". "Se determina la jerarquía de la red según la naturaleza y la estructura de los servicios (Rochefort, M.1967), supone un factor de cambio demográfico y económico, que a su vez transforma a las jerarquías terciarias". (Manuel Ferrer Regales.1992). El sistema urbano, es un conjunto de elementos que se relacionan interactuando entre sí. Este conjunto constituye un sistema espacial dinámico (entiéndase espacial como territorial). Cuando se habla de asentamientos urbanos, con de vías de comunicación, o de pueblos en forma asilada, estamos haciendo referencia a partes de un sistema urbano. Un sistema urbano constituye el continente de una sociedad urbanizada, integrada en un sistema de ciudades interdependientes, que actúan como centros de producción, distribución y consumo que organizan el territorio. Según Antoine S. Bailly (1981) las ciudades comprenden cinco grupos de variables de distintas características a saber: 1) los objetos móviles entre los que están la población, los bienes y servicios y los vehículos; 2) La residencia, las actividades de producción de bienes y servicios, los empleos y los desplazamientos para compras.;3) La infraestructura física (edificios), casas, fábricas, escuelas, comercios y oficinas.;4) Los medios que se utilizan paratransporte y los terrenos para diversos usos. ;5)La legislación sobre decisiones, objetivos y planes. En realidad estos constituyen grandes grupos de elementos con una diversidad de atributos que el investigador o docente seleccionará según la hipótesis que se plantee, el enfoque que utilice, el grado de profundidad del estudio, o la información que exista. El estudio de aspectos relacionados al sistema urbano o a la ciudad como sistema puede hacerse desde distintos niveles. Es decir que el docente puede motivar a sus alumnos para que realicen trabajos en cualquier nivel (pequeños trabajos basados en la observación) desde el primer ciclo de EGB hasta el Polimodal. Se pueden abordar distintos temas basados en indicadores como por ejemplo: a) Población: tamaño, composición por edades y sexo. Incremento de la población (crecimiento natural,). Movimientos migratorios. b) datos sobre bienes y servicios. Servicios básicos, no básicos (comparaciones de la distribución y de la existencia y calidad de los servicios, entre ciudades o entre sectores dentro de una ciudad). c) Estructura de la población según profesiones u oficios. d) Cantidad de empleados por actividad, distribución por ciudades; Cantidad de desempleados (mano de obra calificada y no calificada). Migraciones pendulares. e) Infraestructuras físicas: Tipos de residencia (grupos según situación socioeconómica) distribución dentro de la ciudad ; redes de comunicación ; transporte; espacios verdes, uso del suelo industrial, Patrimonio Histórico cultural (inventario y localización dentro de la ciudad). f) Tamaños de las ciudades integrantes de un sistema (por ej. El sistema urbano de la Provincia de Catamarca. Comparaciones entre las ciudades que lo integran). Aplicación del indice tamaño-rango para cuantificar la distribucion de las ciudades según su tamaño de poblacion El sistema de ciudades se puede definir por magnitudes representadas por indicadores que cuantifiquen: 1)Los atributos de los elementos 2) Las relaciones entre los elementos. Para ello es preciso conocer: a) las ciudades o elementos que integran el sistema b)los atributos o características de las ciudades y c) Las relaciones entre ellas. Entre los indicadores que se utilizan para cuantificar atributos están: • • • • El tamaño de la población El perfil de empleo o porcentaje de empleo en cada rama de actividad La renta por cápita Número de universitarios

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El espacio periurbano como dije anteriormente es invadido permanentemente por el avance físico de la ciudad y por sus habitantes. Este proceso, por las particularidades de continuo impide la aplicación de planes rígidos de conservación que impidan la ocupación, ya que si se impidiera avanzar con las construcciones sobre el espacio natural, se detendría en crecimiento horizontal de la ciudad. Actualmente en el mundo se están orientando las acciones de conservación y gestión, hacia una nueva concepción que incorpora a los pobladores del medio como actores directos de la recuperación y conservación de los espacios naturales, no como espacios de uso prohibido sino como espacios utilizables para el disfrute y para la educación. Este nuevo enfoque para lograr el éxito, necesita de la participación comprometida de los pobladores, en la cual estos se sientan propietarios del espacio, es decir, despertarles el sentido de pertenencia. Los sistemas se diferencian por el grado de integración o desarticulación interna y externa y los factores que intervienen son fundamentalmente laindustria el comercio y los servicios. También tiene incidencia directa el marco topográfico en la integración y delimitación espacial de las redes que integran los sistemas. Es decir que dentro del sistema provincial encontraremos subsistemas más o menos articulados entre sí. Dentro de los subsistemas también se producen situaciones de mayor o menor integración entre los núcleos urbanos que los conforman. Resulta sumamente complejo establecer límites claros y precisos entre los subsistemas, ya que algunas ciudades de un subsistema tienen más relación o integración con ciudades de otro subsistema que con los núcleos urbanos de su propio subsistema. También esto estará estrechamente al factor que tomemos como referencia para la delimitación espacial y la distribución y orientación de los flujos. Esto quiere decir que cuando tomemos como factor a la industria tendremos resultados diferentes a los que nos dará el comercio o los servicios. Las ventajas comparativas que presentan las grandes ciudades como centro de atracción para la radicación de industrias y de grandes holdings, producen un efecto difícil de contrarrestar ya que el crecimiento se produce en forma exponencial y sostenida, en detrimento de las ciudades pequeñas o de las regiones menos desarrolladas. Es lógico suponer que los grandes mercados, por su importancia cuenten con mejores servicios. Además tienen mayor atención por parte de los que toman las decisiones políticas desde el Estado y son además el centro de interés de los grandes inversionistas. El modelo de la gran ciudad continúa vigente. Es decir que se fortalece el proceso de concentración de riquezas y recursos económicos y sociales en unos pocos nodos urbanos del sistema de ciudades nacional. Según la bibliografía convencional, se obtiene una visión de desconexión o de desarticulación sobre las regiones y orienta a conectar algunas ciudades con otras regiones o ciudades locales o del mundo a través de la explotación de las materias primas. La impresión que recibimos es que no existe un sistema de ciudades, o si lo hay, está en su fase de iniciación, en estado embrionario. Según Lacoste (1968) "Entre los rasgos que definen a estos países podemos mencionar los siguientes: la debilidad agrícola, la importancia del paro, y el subempleo (subproletariado rural y urbano, capas medias escasas o inexistentes), la explotación de recursos a cargo de minorías autóctonas o extranjeras y la escasez de servicios". El crecimiento acelerado de la población nacional en general y de la rural en especial es el denominador común en todos los países de América Latina. Las emigraciones son mucho mayores que las que se produjeron desde Europa a América en el siglo pasado a comienzos del siglo XX. La migración de población económicamente activa a la ciudad, en especial personas jóvenes, por el beneficio de mejores servicios de salud y mejores condiciones de vida que las que tenían en el campo, dan como resultado, temporariamente, el incremento de las tasas de fecundidad a valores que superan la media nacional y que en definitiva coadyuvan al crecimiento urbano.. El nuevo papel de los territorios

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Las fuerzas contemporáneas de la globalización, la urbanización y la modernización, subrayan nuevas aproximaciones a las dinámicas territoriales, de notable interés para las políticas públicas y la sociedad civil. Una idea central es que las acciones de los actores globales y locales se entrelazan de múltiples formas en los territorios subnacionales para producir resultados específicos, de modo tal que la heterogeneidad territorial sería el producto de una compleja articulación entre diferentes sistemas de producción que actúan a diferentes escalas (Cuervo, 2000). En palabras de Santos, la multiplicidad de tiempos espaciales y las rugosidades del espacio geográfico hacen que las diferenciaciones territoriales siempre estén presentes como subespacios, de estructuras y comportamientos particulares, insertos en una organización más general. De acuerdo con el geógrafo brasileño, el orden global busca imponer en los lugares su racionalidad organizacional, mientras que los lugares responden según su propia racionalidad, que es, por el contrario, orgánica (Santos, 2000). Las tendencias globalizadoras y descentralizadoras han dado paso, pues, a una redefinición de las funciones territoriales y a nuevos enfoques del desarrollo que intentan amortiguar los impactos globales y asegurar la emergencia de las capacidades endógenas, con distintos grados de certidumbre. El desarrollo local, por ejemplo, supone una estrategia de carácter pluridimensional dinamizadora de los principales actores socioeconómicos, políticos e institucionales, alrededor de un proyecto endógeno y descentralizado (Camargo, 2006) que, sin embargo, no disipa las dudas acerca de las posibilidades de crecimiento endógeno en los territorios más pobres, dadas las adversas condiciones acumuladas que poseen para la reproducción de la inversión productiva (De Mattos, 1999). Si bien los modelos de crecimiento endógeno reconocen la competencia imperfecta y las economías externas, que a la final podrían favorecer a las regiones más aventajadas, implícitamente el objetivo continúa siendo propiciar condiciones de crecimiento que lleven a la convergencia regional. En este sentido, se ha señalado que el territorio puede alcanzar un nuevo protagonismo, si se entiende como un conjunto de actores capaces de construir la plataforma necesaria para desencadenar procesos de crecimiento y acumulación. Por tanto, todo territorio estaría dotado de potenciales variables, cuya especificidad puede jugar un rol significativo en las políticas regionales, en la medida en que se aleje de una visión localista del desarrollo (Boisier, 2004; Dematteis y Governa, 2005). En términos más espaciales que territoriales, los postulados de la nueva geografía económica, o mejor de la economía geográfica, son recogidos por el Banco Mundial (2008) en una especie de " Triple D": densidad, distancia y división, que, técnicamente, sintetizan la vía de promover el acceso de las regiones a las aglomeraciones de mercado. Expresa la necesidad de generar una adecuada concentración demográfica y económica, promover la convergencia de los niveles de vida, reducir los efectos de la distancia en la movilidad del capital y la mano de obra, y aumentar la permeabilidad de las divisiones fronterizas internacionales: "la prosperidad no llega a todos los lugares a la vez, pero ningún lugar debe quedar condenado a la pobreza. Con políticas acertadas, la concentración de la actividad económica y la convergencia de los niveles de vida pueden producirse a la vez. El desafío que se presenta a los gobiernos es permitir —e incluso alentar- un crecimiento económico 'desequilibrado' y, al mismo tiempo, garantizar un desarrollo incluyente" (p. 20). Abrir las puertas a las corrientes de la aglomeración, a la movilidad de la fuerza de trabajo y al comercio externo, sería, entonces, la mejor garantía del crecimiento económico por concentración, y de la equidad social por convergencia. En América Latina quizás sean pocos los que estén de acuerdo con liberar súbitamente los mercados de tierra, trabajo y productos de consumo masivo, pero es un tema abierto al debate de las políticas de desarrollo territorial. Las nuevas teorías espaciales, sin embargo, parecen dejar de lado un viejo problema: las condiciones en las cuales operaron los factores de la concentración originaria, puesto que las fuerzas económicas actuales no actúan en vacíos geohistóricos. Esas condiciones intervienen tanto en la génesis, como en el desarrollo de la estructura regional de los países. O, lo que es lo mismo, actúan facilitando o retardando las fuerzas concentradoras de la población y la economía. En efecto, las acciones del hombre sobre la naturaleza se ejercen históricamente mediante asociaciones localizadas, incluso en los movimientos de trashumancia y nomadismo, pero también se reconoce que los principios de concentración son extremadamente variados en el tiempo y el espacio (Sorre, 1967). Ellos están íntimamente asociados a un capital territorial de estabilidad variable, integrado por los recursos naturales, la infraestructura y el equipamiento, la cultura material, los patrimonios históricos, los conocimientos y las instituciones. La heterogeneidad territorial resulta, pues, de procesos

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coevolutivos de larga duración entre los grupos sociales y la naturaleza que ellos transforman y moldean en el transcurso histórico. La propia complejidad y variabilidad geohistórica de la configuración territorial es, precisamente, la que la hace escapar de los cuerpos cognitivos de explicación lineal o normativa y la que exige firmes esfuerzos teóricos que posibiliten llevar los postulados críticos a las decisiones de políticas públicas en el orden territorial. Actividades a desarrollar. 1. ¿Cuál es la diferencia entre el emplazamiento original y la situación actual? 2. ¿Cuál es la importancia de las redes urbanas?¿Existe conexión con el mundo rural? 3. ¿A qué corresponde el espacio periurbano?¿ Donde estaría ubicado en la región metropolitana? 4. ¿Cuál es el nuevo papel de los territorios? Transformaciones del modelo territorial de Santiago de Chile Resumen La identificación de las tendencias morfológicas, como expresiones espaciales del crecimiento físico del Área Metropolitana de Santiago de Chile, sirve para reflexionar acerca de las diferentes y variadas contradicciones -negaciones y discontinuidades- que operan eventualmente entre el modelo territorial propuesto por los instrumentos de ordenamiento y la planta final resultante. Junto a ello, esta reflexión nos brinda la oportunidad de identificar las tendencias registradas por una urbanística de escala metropolitana, cuyo signo de los tiempos es el todo urbanizable, dejando de lado otras maneras y modos de encarar el crecimiento físico de la ciudad. En tal sentido, el diseño de una armadura de escala provincial, como factor de reequilibrio entre un débil sistema regional de ciudades y un área metropolitana excedida, constituye la segunda parte del escrito. Introducción En las tres últimas décadas del siglo XX, Chile ha vivido dos procesos políticos (1973 y 1989), que se han expresado en senda reformas de la armadura administrativa del país. A pesar de los grandes impulsos iniciales que ha dado la autoridad política a estos procesos, los nuevos ordenamientos no se han traducido en cambios significativos en la arquitectura ni en la estructura del territorio. El proceso de organización administrativa que se formula y ejecuta bajo la dictadura militar, a mediados los años setenta, organiza el país en 13 regiones y 54 provincias, duplicando las 25 iniciales. Después de algo más de 30 años de andadura, este proceso de regionalización se nos muestra con resultados desiguales, en donde los grandes problemas que justificaron su formulación persisten y, en algunos casos, se han agravado. El privilegio que han tenido, por ejemplo, los asuntos geopolíticos y también los productivos sobre factores de equidad territorial, han debilitado el proceso, asistiéndose en la actualidad hacia una estrategia que busca redimensionar la superficie de las regiones mediante la división y aumento del número de ellas, sin llegar a actuar en cuestiones relacionadas con el ordenamiento territorial de estas entidades mayores, con el fin de incorporar mejoras sustantivas en sus capacidades y oportunidades. De esta forma, vemos por ejemplo, que de las tres regiones posibles de constituir dimensiones metropolitanas (Santiago, Valparaíso y Concepción), se reconoce sólo una como tal, Santiago. Mientras tanto, la Región de Valparaíso apenas constituye un conjunto de núcleos de población organizado linealmente a lo largo de la cuenca y el trazado del río Aconcagua. Ni siquiera la anexión del litoral históricamente perteneciente a la Región de Santiago ha venido a introducir modificaciones en la ocupación equilibrada del territorio regional[1]. El caso de Concepción registra situaciones de aglomeración más parecidas a la región capital de Santiago y en donde los núcleos originales tienden a la conformación de una única extensión urbana y un hinterland prácticamente inexistente y disperso. El posterior retorno a la institucionalidad democrática, a partir de los años 90 del siglo XX, acentúa su atención más en la escala municipal que en la regional. En ambas situaciones, las provincias han pasado a constituir entes debilitados y de imprecisa participación en la organización política del país. Procesos, todos ellos, que parecen más bien estrategias de una idea desconocida de país, carentes de razones y sin un norte que lo dirija hacia una nación moderna e integrada. Cuestión que se suma a la inexistencia de un cuerpo teórico en la

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materia y la falta de debate de naturaleza pública, académica o parlamentaria que lo alimente. A esta debilidad en materias territoriales, se agregan también las debilidades metodológicas que exhibe la urbanística chilena, tanto en el plano conceptual como en el instrumental. Ambas cuestiones se encuentran motivadas entre otras, porque las principales determinaciones y normativas de la planificación urbana no responden a un esquema o modelo territorial que supere los conflictos que registra el modelo tendencial vigente caracterizado por una exacerbado centralismo, que se repite tanto en las escalas nacional, regional y local, pasando ello a ser una de los principales obstáculos.

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En una primera fase, el modelo territorial es un esquema teórico que debería expresar la voluntad de la ciudadanía dada a conocer a través de sus representantes, la valoración de los atributos y la corrección de los conflictos. Estos tres insumos básicos son necesarios para conocer las tendencias, limitaciones y oportunidades de una determinada dimensión espacial. En fases posteriores del proceso de formulación del instrumento urbanístico, el modelo interviene hipotéticamente estos signos a través de criterios de ordenamiento y operaciones estratégicas y los pone al servicio de un proyecto territorial. Surgido como síntesis de la expresión física del diagnóstico y como un ejercicio de comprensión de atributos y conflictos identificados durante las fases de recogida y procesamiento de información, el modelo territorial se nos presenta como una referencia conceptual a tener presente en la redacción del instrumento de ordenamiento. De este modo, el plan regulador intercomunal respondería no sólo a las tendencias, sino también a un proyecto posible de ciudad y de territorio. Al esquema conceptual que expresa gráficamente el diagnóstico, lo denominaremos indistintamente tendencial, vigente o problema. Al esquema de referencia que sintetiza las principales operaciones estratégicas que transforman los conflictos en oportunidades de cambio y los atributos en signos de desarrollo, lo denominaremos indistintamente modelo propuesto o simplemente proyecto urbano o territorial, de acuerdo con la escala espacial sobre la que interviene. Este artículo esboza algunas de las caracterizaciones sobre los cuales es posible asentar una reflexión acerca de los alcances de los instrumentos de ordenamiento de la gran escala y también, formular operaciones estratégicas que permitan plasmar un proyecto territorial de escala provincial (microregional) en oposición alternativa al modelo territorial que implanta el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU), que confunde o asimila la escala metropolitana con la regional. Así, frente a la desintegración física y funcional que actualmente registra el sistema regional de ciudades, la integración surge como una de las estrategias posibles de un nuevo modelo a partir del reconocimiento de sus partes. Siguiendo a Serrano[2], entendemos por modelo territorial la forma y los modos que utiliza una sociedad para ocupar y transformar un espacio determinado, en su doble carácter de proceso acumulativo y social. El sistema de ciudades y sus áreas de influencia asociada, y las relaciones e interrelaciones laborales, económicas, de servicios y sociales desempeñan un papel relevante a la hora de definir un determinado modelo territorial. 1. Modelo territorial propuesto por la planificación intercomunal El Plan Microregional de Santiago (PMRS – MOP 1960, IV-B o Microregión de Santiago[3]), constituía el referente administrativo y el marco regional del Plan Intercomunal de Santiago (PRIS – MOP 1960-1994). También es el documento que define las variables de población, localización y las relaciones sistémicas que se establecen a partir de ello, en el espacio microregional. El debate que surge al alero de la formulación del primer plan de urbanismo que se propone ordenar un crecimiento físico que se expande más allá de los ámbitos municipales y departamentales, se encuentra lleno de ricas referencias que emparentan los planteamientos teóricos que antecedieron a la aprobación y promulgación del PRIS, con aquellos que se debatían en la Europa de pre y postguerra del siglo XX. Gran parte de estas referencias conocidas en el ámbito local a través de documentos académicos y publicaciones técnicas, consisten en planteamientos conceptuales e instrumentales que por las vicisitudes bélicas europeas carecían de datos precisos acerca de la evaluación de sus resultados, al no haber sido ejecutados ni siquiera parcialmente. Antecedentes que hubiesen permitido matizar en el plano local, unas ideas de ciudad y de región que hasta ese momento tenían un fuerte sesgo teórico. La propuesta de definir el modelo territorial basado en la identificación de núcleos urbanos integrantes de un sistema de ciudades menores con roles claros en la economía regional y relaciones de dependencia en diversos grados con la gran ciudad según su lejanía a ella, intentaba una forma de reorganizar la microregión con el objetivo de volcar los futuros crecimientos de la metrópolis en ella, a través de la desconcentración funcional y socioeconómica Santiago, alejándose expresamente del modelo de desarrollo disperso que

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comenzaba a operar con los altos costos sobre la matriz geográfica agrícola y la extensión de redes. Cabe destacar que los roles asignados miraban especialmente las potencialidades locales incluyendo los signos de valor histórico y cultural, aunque esto se producía desde el nivel central de la administración y sin participación de la población local[4]. Sin embargo, la administración del presidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970) junto con priorizar los megaconjuntos residenciales y de equipamientos complementarios para la clase media -proyectos y clase social emblemáticos a los cuales los habitantes más pobres debían aspirar- en el pericentro de Santiago (Remodelación San Borja, por ejemplo), formula políticas que promueven la descentralización de Santiago en la “Macroregión Central de Chile” (especialmente en Rancagua y Valparaíso), saltándose la escala y las oportunidades que ofrece la propia microregión de Santiago[5]. Más adelante, en los estudios para la región central de Chile llevados a cabo a comienzos de los años 70, los satélites para la desconcentración de Santiago más próximos analizados, presentaban, en principio, índices relativamente favorables en el rango de costos, pero se concluyó finalmente que no convenía orientar hacia ellos el crecimiento de la ciudad, pues, para alcanzar el rango favorable en costos de urbanización, deberían absorber una parte tan considerable del crecimiento metropolitano, que su crecimiento tendría que ser incentivado, acarreando inevitablemente el fracaso de la política desconcentradora global[6]. La agenda del Seminario de Santiago, realizado en 1990, no consideró incorporar el ordenamiento de la microrregión de Santiago en la actualización del plan intercomunal en curso[7]. El modelo territorial formulado por el PMRS identifica así, las localidades integrantes del sistema urbano microregional a modo de ciudades satélites. Estos se organizan en función de tres anillos, situados en un radio de 15, 30 y 45 Km. en torno a la metrópolis. La función productiva de naturaleza industrial define la primera corona regional (situadas entre los 13 y 20 km. del núcleo central; de carácter agrícola, las localidades situadas en la segunda corona situada entre los 18 y 38 km.; y polifuncional, aquellas que se sitúan más allá del tercer anillo regional, entre los 38 y los 60 km. Más allá de su grado de dependencia y de influencia, todas estas localidades fueron consideradas inicialmente e indiferentemente como núcleos satélites del núcleo mayor. 2. Modelo territorial resultante Diversas limitaciones, tales como el abandono de parte de los organismos competentes para elaborar un plan de acciones que hubiese plasmado el modelo propuesto y la falta de estrategias precisas en la materia condicionan la concreción de la organización espacial formulada por el Plan Microregional. Antes del plan, estas localidades exhiben un funcionamiento y una espacialidad propia de pequeñas localidades fuertemente relacionadas en su desarrollo con las actividades productivas de su entorno rural. Es así que San Bernardo y Maipú, como exponentes de estos satélites, registran un peso importante relacionado con lo ferroviario y lo agrícola, por ejemplo. En el horizonte de los 20 y 30 años de vigencia del Plan Intercomunal de Santiago de 1960, estas localidades satélites han sido anexionadas al continuo urbano de escala metropolitana, como ciudades dormitorios que responden a las demandas provenientes de la ciudad central. Las localidades satélites de la primera corona regional fueron rápidamente anexadas al núcleo central por su propio crecimiento. Anexión física que constituye la principal alteración que experimenta el PRIS y que es reforzada por las otras anexiones que a partir de ello se producen de modo espontáneo. Anexión física, derivada de anteriores anexiones funcionales, anexión administrativa hasta culminar el año 1994 con la anexión urbanística por la incorporación de estas localidades al Plan Regulador Metropolitano de Santiago (PRMS – 1994), que actualiza el original PRIS de 1960. Más que resolver los temas relacionados con el ordenamiento de su propio desarrollo urbano, la incorporación de las provincias, algunas de ellas carentes de una propia estructura y de un propio armazón físico, a esquemas urbanos que observan problemas, déficits y oportunidades de orden y escala metropolitana, no es la estrategia más afortunada para resolver los problemas de dependencia y retraso que registra el sistema regional. Antes bien, se desconoce el problema y se introducen otros, tales como aparición de modalidades de ocupación y crecimiento demográficos externos a la propia localidad provincial.

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Esta anexión física junto a otras anexiones de orden funcional, administrativo y urbanístico de las localidades situadas dentro del territorio que dibujaba el anillo de 15 km que, por su histórica dependencia funcional, anterior a la propia formulación del PRIS, son rápidamente anexadas por un crecimiento físico que se desplaza utilizando la vialidad radial como principal vehículo del crecimiento, ha sido un fenómeno continuo en los últimos 50 años, transformado los tres principales núcleos del primer anillo regional -Maipú, San Bernardo y Puente Alto- en núcleos de mayor importancia poblacional y económica que un buen número de capitales regionales y provinciales, pasando de tener, al inicio del período (1960) unos pocos miles de habitantes, a cientos de miles al final del mismo (2000). 3. Modelo territorial alternativo 3.1. Estrategias territoriales de inicio de siglo XXI Gran parte de la inversión pública que hoy se localiza en el corredor suroccidental de la Región Metropolitana, en donde se emplaza la provincia de Talagante, una de las seis que configuran la Región Metropolitana, está vinculada a la introducción de mejoras en las facilidades viales. Circunstancia que, de paso, altera radicalmente la imagen de marginación de los procesos de desarrollo urbano de origen metropolitano que identifica a las localidades situadas en este corredor suroccidental. La entrada en funcionamiento de la llamada “Autopista del Sol” (al puerto de San Antonio) ha anulado de plano el caótico espacio periférico metropolitano, de naturaleza agrícola, industrial y habitacional de baja calidad urbana, que anteriormente separaba el valle de Talagante con la gran ciudad. Sin embargo, a pesar de estas oportunidades infraestructurales la carencia de un proyecto de ordenamiento territorial transforma las mismas en oportunidades vacías de contenidos. Hoy en día, Santiago y esta provincia se sitúan en una proximidad que depara no pocas incertidumbres y conjeturas acerca de qué tipo de desarrollo promoverá esta vecindad. Es preciso, entonces, formular estrategias para dotar a este espacio provincial de los elementos jurídicos y administrativos necesarios que ordenen el desarrollo inmobiliario y productivo que llegará de la mano de las inversiones infraestructurales y productivas.

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La modificación del Plan Regulador Comunal es, por cierto, una oportunidad para razonar sobre el futuro posible de Isla de Maipo a partir de las oportunidades y amenazas que provienen de los grandes cambios que ha comenzado a experimentar el espacio regional metropolitano, durante los años noventa y que, es previsible, se reproduzca por diversas razones durante la próxima década. El desarrollo asociado a condicionantes externas que hoy comienza a manifestarse en el valle, puede expresarse de dos formas: que comparezca a modo de franja de usos de gran intensidad junto al eje vial del corredor (Autopista del Sol) y como ocupaciones dispersas carentes de orden y concierto, sin un claro ordenamiento. En ambas situaciones, y por razones de accesibilidad y conexión, Isla de Maipo es el espacio comunal menos beneficiado. Es más, esta comuna podría incrementar el carácter de rinconada a la cual se llega y se retorna, que se encuentra presente en el imaginario del habitante metropolitano más dado a los circuitos, que a relaciones lineales de ida y vuelta. Entonces, es necesario formular estrategias que transformen las debilidades generadas por el emplazamiento excéntrico y perimetral de Isla de Maipo, en fortalezas. Estas estrategias en el peor de los casos, deberán inducir el surgimiento de piezas de desarrollo alternativo y productos de consumo diversificado a aquellos que por naturaleza surgirán junto a la franja del eje vial de la provincia. De este modo, Isla de Maipo se asociará a otro escenario posible y alternativo de los que se emplazan con pocas diferenciaciones junto al corredor metropolitano. También, estos desarrollos promovidos por las fuerzas regionales y metropolitanas se deberán expresar en la comuna de Isla de Maipo como áreas de actuación diferenciadas. Junto a las nuevas áreas demarcadas por los desarrollos de origen interior, deberán formularse otras que atiendan los desarrollos motivados por desencadenantes externas. En el Corredor Metropolitano Suroccidental comparecen factores altamente comprometidos con el futuro, tanto de las propias localidades emplazadas en éste como de la metrópolis y la región. Estos factores se encuentran relacionados con las posibilidades de promover un desarrollo en donde los nuevos usos urbanos no atenten en contra de las actividades productivas agrarias tradicionales. Por el contrario, este desarrollo propuesto y aplicado por un instrumento de regulación y ordenamiento urbanístico debe formular nuevos códigos de una urbanidad complementaria y compatible con las actividades productivas tradicionales. El segundo aspecto se deriva del primero y dice relación con la oportunidad que se presenta a los técnicos y autoridades para explorar nuevos conceptos e instrumentos operativos, acorde con una urbanidad emplazada en un paisaje y en una cultura rural. En tal situación, lo urbano no se expresa a la manera de una ciudad consolidada, sino como una dimensión física situada en medio de una ruralidad que la concibe y sustenta. Pensar el rol territorial de la provincia de Talagante transciende el hecho que lo motiva. También, constituye una oportunidad para explorar nuevas modalidades de cultura urbanística y de innovaciones metodológicas en el hacer de la planificación y el ordenamiento territorial. El plan regulador sea éste de escala comunal o metropolitana, define en primer lugar las modalidades de producción urbana del suelo, amén de ser un instrumento administrativo que formula la organización espacial de los usos del suelo. Atendiendo a ello, consideramos que las normas y ordenanzas como contenidos fundamentales de este tipo de planificación deben ser complementadas con otras figuras conceptuales que tengan el dominio sobre el resultado final: la ciudad. En tal sentido, el proyecto urbano esboza la estructura morfológica del espacio sobre el cual actúa el plan regulador. Entendemos por estructura morfológica las formas que adoptan los principales elementos constituyentes de la estructura urbana: sistema vial; sistema de piezas o paños de borde o perímetro, centralidad, elementos articuladores entre los diferentes usos del suelo; etc. Entre las grandes vías de conexión regional y nacional hacia el borde litoral central y el sur del país, se emplazan cinco comunas que enlazan la ciudad de Santiago con el territorio agrícola y marítimo emplazado en el corredor suroccidental de la Región Metropolitana. Estas cinco comunas configuran lo que podríamos denominar la corona rural de la gran metrópolis. Padre Hurtado, Peñaflor, Talagante, El Monte e Isla de Maipo, comunas que forman la provincia de Talagante, de acuerdo al Censo del año 1992, reunían una población cercana a las 167 mil personas, alcanzando a cubrir apenas el 3% del total de habitantes de la Región Metropolitana. Hoy en día se estima que esta población asciende a unas 192 mil personas y al año 2005, se espera que se eleve a unas 220 mil personas.

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Las localidades urbanas de Talagante registran un lento poblamiento y bajos crecimientos demográficos vegetativos (sólo 33 mil personas en algo más de una década). Las nuevas cercanías que de modo ingente surgen a raíz de las nuevas ofertas de vialidad rápida de nivel regional, transforman en espacios susceptibles de acoger población y actividades económicas, deslocalizadas desde la metrópolis. Estas oportunidades de nuevos emplazamientos, transforman la provincia en un territorio que podría experimentar un proceso acelerado de cambios, alterando radicalmente su condición de perímetro rural para llegar a constituirse en una espacialidad del tipo dormitorio, que altere la propia imagen que algunas de ellas como Isla de Maipo, aún retienen. Es este un proceso de cambios abierto e incierto que puede consolidar el rol perimetral del sistema urbano y económico del corredor suroccidental y transformar el desarrollo en un inquietante listado de efectos económicos y ambientales perniciosos. Como ya se ha experimentado en otros espacios regionales dependientes de la centralidad metropolitana, el desarrollo puede comparecer en la provincia destruyendo las particularidades y los atractivos que, como valores diferenciados, existían con anterioridad al fenómeno. En el caso del corredor metropolitano suroccidental, que es lo mismo que decir provincia de Talagante, comparecen situaciones y elementos naturales y construidos que podrían revertir estas amenazas en oportunidades que iluminen cambios positivos. 3.2. La provincia como dimensión de reequilibrio regional El sistema urbano de la provincia de Talagante se encuentra espacialmente articulado sólo por el eje vial del corredor, desconociendo los articuladores naturales que como los ríos Mapocho y Maipo, condicionaron primitivamente su emplazamiento. La localización excéntrica que registra Isla de Maipo con respecto al corredor, se transforma en el principal obstáculo para definir estructuras y tejidos morfológicos de desarrollo propios. Estos estructuras y tejidos siempre serán dependientes de la gravitación funcional y económica que ejerce la metrópolis, más propensa a configurar estructuras radiales/lineales, que de tipo reticular, tipo de estructura y tejido que beneficiaría a Isla de Maipo. La semántica territorial y geográfica que surge del propio razonamiento del rol que se espera que asuma en el futuro la provincia de Talagante en general, y la comuna de Isla de Maipo en particular, comienza a expresarse por pura lógica prospectiva en trampas conceptuales que aprisionan los contenidos proyectuales, y los reducen a simples propósitos y objetivos convencionales. Por otra parte, desde la simplicidad de las imágenes, hoy en día la comuna de Isla de Maipo es un lugar interior situado a orillas de un río que pasa sin promover ningún signo y con una sola calle que va a ninguna parte. Pensar el rol de una determinada pieza o entidad espacial, también implica asumir la imagen cierta o equivocada que de ella cultiva ya sea el propio habitante o ya sea el visitante. La viabilidad del proyecto territorial de Isla de Maipo pasa por su inserción en el tejido funcional y económico de la provincia de Talagante. Pero, esta inserción debe estar comprometida con determinadas variables que diferencien los productos y facilidades que la comuna proporcione al conjunto provincial y, por extensión al mercado de consumo metropolitano y regional. Por ejemplo, como espacio articulador entre el corredor suroccidental y el corredor sur del valle central, o bien, entre este último y el corredor metropolitano occidental hacia las facilidades turísticas y recreativas del conurbano de Valparaíso - Quintero y Valparaíso - Quillota. En cuanto espacio terminal, este producto diferenciado está fuertemente vinculado a las facilidades paisajísticas e hidrológicas que posee la comuna, sin desconocer las posibilidades patrimoniales - artísticas que pueden ofrecer, por ejemplo, unas determinadas tipologías arquitectónicas y constructivas que se asientan en el uso del alero, de la galería cubierta, etc., de las viviendas entre rurales y urbanas que es posible observar en los núcleos habitados. También, en la producción vinífera y frutícola podrían emplazarse otros productos que, como denominaciones de origen (vinos del Valle del Maipo, uva del Maipo, por ejemplo), se constituyan en signos de identidad de la provincia. Hoy en día, éstas últimas son toponimias inciertas. 3.3. Hacia un nuevo modelo territorial de escala provincial 3.3.1. El modelo provincial vigente. La lectura de las variables que se derivan del emplazamiento de Talagante en el espacio extrametropolitano y regional, señala algunos datos diferenciadores que constituyen los elementos fundamentales del modelo territorial vigente. Estos elementos fundamentales son los siguientes:

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La provincia de Talagante constituye un espacio de articulación y transición por encontrarse situado en el corredor que conecta la gran aglomeración metropolitana con las facilidades portuarias y turísticas que posee el litoral central. La identificación de este signo de articulación constituye una pieza fundamental del discurso propositivo, a tener presente en un supuesto proyecto de desarrollo provincial. Ahora bien, la introducción de modificaciones en la estructura vial provincial, a raíz de la nueva condición de la Ruta 78 y su cambio de denominación por la Ruta del Sol (sobrepuesta a la primera), a nivel provincial ha acortado las distancias con la centralidad metropolitana y ha promovido una virtual división del espacio geográfico y funcional de la provincia. Esta división artificial se viene a sumar a las divisiones o separaciones espaciales naturales que generan las topografías y los cuerpos de agua en el tejido provincial: un eje o corredor urbano por el norte y una localidad aislada, por el sur. Mas, tampoco podría asegurarse que las principales localidades emplazadas en el corredor suroccidental, se encuentran integradas en el tejido provincial. Por el contrario, estas localidades carecen de mecanismos y sistemas de ordenamiento espacial que promuevan una integración funcional como proyecto de desarrollo y que de paso resuelvan los conflictos que surgirán por el crecimiento promovido por las mejoras de las facilidades viales y las cercanías metropolitanas. Por ahora, el modelo tendencial no debería ser diferente a las urbanizaciones de baja calidad, a medio hacer y sin equipar, que se encuentran presentes en el perímetro metropolitano. Urbanizaciones de tipo suburbial que ya comienzan a extenderse en la comuna de Padre Hurtado. Entonces, el modelo territorial vigente evidencia, dos fuerzas vectoriales: El corredor metropolitano suroccidental en donde se emplazan de modo sobrepuesto, las principales entidades urbanas de la provincia, las facilidades viales, el trazado ferroviario, uno de los dos recursos fluviales de la provincia. El núcleo de Isla de Maipo, que constituye un emplazamiento terminal y desvinculado de las facilidades viales y de dotación existentes en el corredor suroccidental de la provincia de Talagante.

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Y dos conflictos: Ausencia de un tejido vial provincial que refleje que el corredor metropolitano satisface las principales relaciones intercomunales y que predominan las relaciones de estas localidades con el espacio extraprovincial. La modificación del acceso libre de la Ruta 78 por una accesibilidad de pago en la Autopista del Sol, introducirá cambios en la configuración espacial y en el origen y destino de las relaciones de movilidad. Situación que puede incidir de modo positivo en una consolidación del sistema urbano provincial, a causa del aumento de los costos de desplazamiento. Desequilibrios en la distribución poblacional. Sobre la franja subsidiaria del corredor suroccidental, se distribuye cerca del 90% de la población provincial. Porcentaje que con reparos puede ser aplicado a las actividades productivas, sociales y de dotación de servicios y equipamiento que presenta la provincia de Talagante. Situación que manifiesta desequilibrios y una gran presión de usos sobre una espacialidad reducida. 4. A modo de conclusión Gran parte de las entidades provinciales y comunales del país, carecen de una estructura propia que ordene la ocupación del territorio y se constituya en el soporte de los diferentes sistemas que convergen sobre un mismo espacio. Articular, estructurar, integrar, ordenar y utilidad constituyen el abecedario básico del ordenamiento territorial. La modificación del Plan Regulador Metropolitano de Santiago de 1994, asentado sólo en la extensión una vez más del continuo urbano, nos presenta la oportunidad para reflexionar acerca del modelo territorial, sus conflictos y oportunidades para repensar las metodologías y estrategias que es necesario aplicar para optimizar los resultados de las actuaciones públicas en el territorio. En términos más amplios, las complejidades que impone la geografía del país sobre los sistemas que comparecen en el espacio físico, nos llevan a traducir esta reflexión en los objetivos básicos del ordenamiento y del proyecto territorial, de acuerdo con el siguiente abecedario: A. Articular. En los últimos años, hemos asistido a un interesante renacer de visiones territorialistas de parte de organismos con competencias específicas en tales materias. El problema surge cuando estas visiones se formulan de modo unilateral, con escasa compatibilidad con otras actuaciones que convergen en una misma espacialidad. Si ninguna disciplina en particular tiene instrumentos para operar sobre todo el territorio, tampoco el territorio puede ser reducido a una sola y particular visión, sea ésta ambiental o urbanística, dejando de lado otras facetas o dimensiones. En tanto visión mayor y expresión física y administrativa de las políticas sectoriales, los instrumentos de ordenamiento territorial son los llamados a resolver las incompatibilidades y ordenar los resultados obtenidos parcialmente. E. Estructurar. Parte de los conflictos que se expresan en dificultades o conflictos para los sistemas productivos o sociales, por citar algunos, tienen su origen en la ausencia de una estructura territorial de escala provincial y comunal. La totalidad de las dimensiones administrativas del país carece de una propia armadura o esqueleto básico, en donde insertar el patrón de asentamientos urbanos y el sistema productivo, por ejemplo. Esta falta de estructura deja en evidencia no pocas veces, la incompatibilidad que existe entre el territorio y los sistemas que operan sobre él, provocando conflictos y deterioros. Valga la imagen de la propuesta de armadura territorial de la provincia de Talagante consignada en este escrito, para ejemplarizar lo que entendemos como una estructura espacial. I. Integrar. Por su forma física, la estructura territorial del país carece de razón si no hay una integración fronteriza con los países vecinos. Es más, las posturas que se adopten para ordenar los usos del territorio deben pasar por el diseño de estructuras de integración transfronteriza. Los ramales ferroviarios construidos entre los siglos XIX y XX, tuvieron desde siempre una vocación transandina que es menester recuperar. Frente a las propuestas argentina y boliviana de los trazados ferroviario transpatagónico y del gasoducto, el país debe tener su propio proyecto con el fin integrar y optimizar estas acciones foráneas.

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O. Ordenar. El exacerbado centralismo que exhibe la escala nacional, se reproduce en los niveles regional, provincial y comunal. Esta cuestión deteriora las capacidades de acogida del territorio, a veces por congestión de usos y otras, por la infrautilización de los valores del mismo. En estos casos, se echa en falta una directriz que ordene y jerarquice la intervención de los niveles que operan sobre el territorio. U. Unificar. Ya no es posible seguir actuando de modo sectorial, desperdiciando las posibilidades que se nos presentan cuando disponemos de una pre - visión que supere las limitaciones sectoriales. Ello sólo es posible mediante la formulación de un proyecto territorial acorde con las características regionales y sus capacidades de acogida, en cuanto factores primordiales del proceso de desarrollo. A estas alturas, ya no podemos seguir instalando cualquier cosa en cualquier parte. Por el contrario, diseñar el territorio debe ser la acción básica para mejorar la calidad de vida de la sociedad.

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Actividades a desarrollar. 1.¿Cuál es la diferencia entre el modelo territorial propuesto por la planificación intercomunal y Modelo territorial resultante 2.¿En qué consiste el modelo territorial alternativo? 3.¿Cuáles son los elementos básicos del ordenamiento territorial en Chile?. Explica. Revista Electrónica del Departamento de Urbanismo Facultad de Arquitectura y Urbanismo | Universidad de Chile Fundada en 1999 Exclusión Social en el Cinturón Suburbano del Área Metropolitana del Gran Santiago 1 Isabel Zapata Alegría RESUMEN Las actuales tendencias de desarrollo urbano, potencialmente, podrían estar afectas a un nuevo proceso de exclusión social, que atañe tanto a los grupos sociales como a los territorios; ello en el marco del proceso de globalización económica, que asigna un nuevo rol a las ciudades en el actual sistema urbano global. Especial interés tiene, para el caso de Santiago, la configuración de sectores suburbanos; cuya estructura social y espacial. Corresponde tanto a escenarios de localización de conjuntos de vivienda social como de condominios o parcelaciones de agrado de vivienda privada de alto estándar. Ello, resultado de las directrices de las Políticas de Desarrollo Urbano y Habitacional, con la guía implícita de la dinámica del mercado de suelo urbano. Se convoca aquí a un discernimiento crítico frente al actual patrón de localización de conjuntos de vivienda social en el radio suburbano, provocado por la dinámica del mercado de suelo, preguntando ante dicha acción de radicación habitacional: ¿Que tan excluidos están estos grupos sociales y espacio suburbanos, del sistema metropolitano del Gran Santiago? Se concluye con algunas propuestas genéricas de diseño de políticas y programas urbanos y habitacionales, que promuevan una estructura social y espacial integrada. Palabras Clave: Exclusión Social. Metropolización. Pobreza. Periferia Urbana. Suburbanización.Keywords: Social exclusion. Metropolitan areas growth. Poverty. Urban surrounding. Suburbanization. GLOBALIZACIÓN ECONÓMICA Y METROPOLIZACIÓN La actual impronta urbana que ha caracterizado la geografía de los territorios en los distintos países de la región ha sido un proceso que afecta igualmente el desarrollo del sistema de centros poblados del país, reflejado en la primacía urbana de escala metropolitana del Gran Santiago. Dicho proceso de urbanización se ha visto acentuado en las últimas décadas por la emergencia de la globalización, como proceso que ha puesto en marcha una nueva estrategia macroeconómica, delineando los designios del desarrollo económico y espacial de cada porción del territorio. Es así que este nuevo panorama de la economía mundial, tiene como sus principales efectos más significativos la configuración de un nuevo sistema urbano global (Friedmann; 1996). En consecuencia, a la globalización se le concibe también, en cuanto constituida como una "malla global de sitios estratégicos que emergen como una nueva geografía de la centralidad" (Sassen, 1998). En este contexto, las ciudades empiezan a configurarse como territorio "región", por sobre la tradicional concepción de núcleo urbano. Ellas experimentan acelerados procesos de crecimiento demográfico y expansión areal; de concentración de actividades de servicios, centro de los principales movimientos financieros, ámbito espacial de concertación de núcleos de poder político-económico y manifestación de movimientos y grupos sociales, así como escenario privilegiado de confluencia de flujos de capital e información; constituyéndose en centros de comando de la nueva economía mundial (Sassen, 1998). Todo ello, como resultado de la regionalización de la producción económica de dicho sistema.

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La generación y consolidación de estas áreas metropolitanas concebidas hoy en día como ciudad-región, se cimientan sobre la base de nuevas actividades productivas, de servicios y financieras, dotadas de redes de dominación económica. Complementariamente, se caracterizan socialmente, además que por su nivel de jerarquía en términos de aglutinar un alto porcentaje de población, por la especialización y diferenciación de su organización espacial y distribución de la población en el área urbana, según marcadas diferencias de las condiciones socioeconómicas, cultural, y de acceso a la información y el empleo. En este contexto, las ciudades emergen como puntos base del dinamismo del capital global, otorgándoles un nivel de jerarquía y un nuevo rol en el sistema urbano mundial, con las consecuencias sociales y políticas manifestadas en ellas (Friedmann y Goetz, 1992).

"Las grandes metrópolis son un territorio históricamente privilegiado en que se confrontan o ínterpenetran, incluso visualmente por sus concreciones en el paisaje urbano, tres lógicas o sentidos: la de la acumulación del capital, la de la acumulación del poder político, y la de la reproducción de la vida humana" (Coraggio, 37: 1997). Desde esta concepción, la acumulación del capital está asociada a un ámbito de acción cada vez más global, reduciendo progresivamente su grado de dependencia con el ámbito local. La acumulación y reproducción del poder político acontece a escala metropolitana, asociada a la gobernabilidad de las ciudades; ya que son en estos ámbitos en donde es más efectivo, por el impacto en cuanto a concentración de población, mantener el clientelismo político y mayor control simbólico del discurso de la clase hegemónica. Dicha acción de control se ejerce con mayor facilidad a través de los medios de comunicación de masas y los medios de información en general, dirigidos a las mayorías excluidas, habitantes exclusivos de las áreas urbanas; todo ello con el fin de "contribuir a garantizar los requerimientos del capital global, en buena medida planteados por organismos tecnocráticos internacionales (FMI, Banco Mundial, BID)" (Coraggio, 37; 1997).

En este sentido, el Banco Mundial promulga que los gobiernos metropolitanos deben asumir y apoyar las políticas de corte neoliberal de inserción en el proceso de ajuste macroeconómico. Ello, fundado sobre la tesis de una relación directa entre política macroeconómica y política urbana, lo que significa que el espacio urbano se debe estructurar para alcanzar un mayor cumplimiento de las acciones que demanda dicho proceso de ajuste (CEPAL, 1992.) En definitiva, hoy el énfasis está en la importancia que tienen las ciudades respecto a la movilidad del capital global, la que radica esencialmente en el éxito del modelo económico, compensando la dinámica del comercio exterior, con la estabilidad del sistema económico interno de cada país-nación, que pasa a homologarse cada vez más con cada ciudad-región. Uno de los impactos territoriales de dichos procesos de globalización y metropolización es la ampliación del área físico-espacial de influencia de la actual ciudad-metrópoli. Ello, estimulado por el avance de la infraestructura del sistema de transporte y por emergentes expectativas de los mercados internos del suelo sobre la periferia urbana o suelo rural, impulsando la desconcentración de los conglomerados urbanos y modificando su noción de escala y su estructura física y social interna. SANTIAGO: ¿Ciudad competitiva en el sistema global? Característica principal de una ciudad global es su alto grado de complejidad social, cultural y funcional, situación que se ha acrecentado por la competitividad propia del proceso de globalización económica. Dicha situación ha producido desestabilización y cambios en la situación de dominación de la nueva economía en conjunto con las políticas urbanas (Sabatini, Arenas, 2000). Discutir el caso de Santiago, en el concierto del proceso de globalización económica, implica identificar el rol de la ciudad o el sitio que ocupa en el sistema urbano global. O, más bien, cuáles son las características que potencialmente le dan la capacidad para competir e insertarse en dicho sistema, ocupando un determinado lugar dentro de dicha orgánica sistémica.

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El Area Metropolitana de Santiago (AMS) ha experimentado un proceso paulatino de concentración de actividades económicas del sector terciario superior y de dotación de infraestructura urbana con efectos positivos en sus niveles de conectividad, al considerarse como potencial "centro de comando del nuevo orden económico mundial" en el ámbito de la región. Ello se expresa desde el punto de vista de su configuración física formal en: • Una diferenciación de los distritos financieros y de negocios, en la estructura intraurbana. • Una nueva infraestructura aeroportuaria, con mayor capacidad de flujo aéreo y nuevos servicios asociados al transporte de pasajeros en clases ejecutivas o de negocios. • Un mayor desarrollo de la infraestructura de transporte y telecomunicaciones. Respecto a este tema en particular, la política de privatizaciones de servicios e infraestructura se dio exitosamente desde el punto de vista de la dotación y expansión en transporte y telecomunicaciones. Así las inversiones públicas se restringieron a áreas o ámbitos que no fueran afectas al régimen de concesiones, por el bajo interés de la inversión privada a causa de la menor rentabilidad de su uso. Dicho régimen de concesión ha tenido un significativo auge en infraestructura vial, y en especial en la región Metropolitana para la cual se ha proyectado un Plan de mejoramiento de estándar, extensión y construcción de la red de transporte vial y del metro, para mejorar la conectividad y accesibilidad de toda la macrozona central, tanto interna como externa. Respecto a telecomunicaciones, se privatizan todas las grandes compañías estatales de comunicación satelital, se masifica el sistema multicarrier y la expansión de la telefonía celular. Todas las políticas en materia de infraestructura han estado dirigidas a mejorar la competitividad del AMS (Sabatini, Arenas; 2000). Otro, aspecto no menos significativo, es el comportamiento del mercado de oficinas, con nuevas tendencias de localización de edificación destinada a uso oficinas. El 96% se concentra en 5 comunas en Santiago (Santiago, Providencia, Las Condes, Vitacura y Huechuraba). Este aspecto en particular ejemplifica de cómo el proceso de globalización ha intervenido la estructura de las ciudades, configurando nuevas zonas de servicios avanzados. Ello con nuevos patrones de diseño y de localización, complementarias de los equipamientos urbanos de alta calidad (Rodríguez, Winchester, 2001). Se generan, como externalidad a dicho proceso de oferta, impactos directos en el mercado de suelo urbano que son producto de la localización de los servicios, que se refieren a un mayor dinamismo y generación de alta plusvalía. Estamos ante la emergencia de una nueva geografía urbano-territorial, dada por la expansión y desarrollo de la infraestructura urbana y la localización de enclaves de servicios avanzados. Esto considerando los aspectos físicos, que se expresan en la estructura urbana de la metrópoli (emergencia de nuevos barrios, construcción de nuevos artefactos urbanos de carácter comercial, centros de negocios, parques empresariales, construcción de vías urbanas concesionadas de alta conectividad, etc). Ante la pregunta ¿qué rol tiene Santiago en este contexto de globalización y metropolización a escala mundial?, se ha evidenciado una apertura de la economía chilena hacia los mercados mundiales, donde Santiago adquiere un rol de nodo secundario en el sistema global urbano (Rodríguez, Winchester; 2001). Santiago se ha ido configurando como un territorio sede de bancos extranjeros, servicios especializados para los productores (informática, consultores) y un lugar de inversión externa que presenta ventajas competitivas, es decir, captador de capitales volátiles del mercado externo (De Mattos, 1999). La geografía urbana, referida a características de imagen y de enclave (nodo de servicio), está delineada por una serie de actividades que se han ido desarrollando y que están fuertemente vinculadas a la economía global. Como aspecto negativo se señala la fragmentación urbana, desventaja para la inserción satisfactoria en el sistema urbano global. Aspecto concomitante a ello, es la falta de una institucionalidad político-administrativa, que reconozca un gobierno democrático de la ciudad. Sin duda, el análisis y cambios en la institucionalidad pública actual, que enfrente entre otros problemas los fenómenos de fragmentación, segregación y exclusión urbana, es sujeto de sucesivas discusiones, de necesarios acuerdos y estudios que orienten respecto al perfil de dirección política que debe tener una metrópoli como Santiago, para abordar los desafíos, que

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desde el punto de vista de su planeamiento, le permitan ocupar un rol más protagónico en el sistema urbano global. EL PROCESO DE EXCLUSIÓN SOCIAL EN CONTRAPOSICIÓN CON LA CONDICIÓN DE POBREZA El término de exclusión social, como concepto analítico, surge en Francia en 1974, para referirse a varias categorías de personas calificadas como "problemas sociales" y que no gozaban de la protección del seguro social. Dentro de este concepto, la exclusión social se refería a un proceso de desintegración social en el sentido de una ruptura progresiva de las relaciones entre el individuo y la sociedad. Desde fines de los 80, sin embargo, el término "exclusión social" también ha sido difundido por la Comisión Europea, la que estaba crecientemente preocupada por los problemas del desempleo a largo plazo, de los trabajadores no calificados y de los inmigrantes. Aunque el uso y el poder de la noción de exclusión social estaba bien establecida en Europa Occidental y también, en alguna medida, en los Estados Unidos bajo el membrete de la "subclase" (underclass), estaba mayormente ausente del debate respecto al desarrollo social que se estaba llevando a cabo en el mundo no industrializado. El enfoque de la pobreza desde la perspectiva de la exclusión social obliga a reformular conceptos de larga data y localmente desarrollados sobre los problemas sociales, arraigados en la literatura regional y llegados desde Europa Occidental a los países en desarrollo. Ello, obscureciendo causas como la heterogeneidad estructural, o las nuevas formas de no participación o desintegración de la gente, en la economía y en la sociedad. Surge de esta forma la exclusión social, como concepto útil a la integración de diversas ideas inconexas, respecto a la situación de desventaja social de las personas y como concepto que amplía la idea de la privación, al considerar la pobreza como un proceso que incluye agentes e instituciones y que explicita el juego entre sus dimensiones materiales y no materiales. Este concepto se plantea como un nuevo marco de referencia en vías de constituirse en una teoría más amplia, para el análisis de la pobreza. De esta forma, asociado al problema de la marginalidad y pobreza, que atañe principalmente a las relaciones de distribución y consumo del sistema urbano, surge el problema de la exclusión social, entendida como un proceso y no una condición, ya que deriva de las relaciones de producción entre los individuos y el sistema. Desde estas perspectivas se impone una lógica dominante de los espacios, ya que aquellas áreas que no presentan interés alguno para el capitalismo informacional y para los poderes políticos y económicos existentes quedan fuera de los flujos de información, poder y riqueza, y "acaban siendo privadas de la infraestructura tecnológica básica que nos permite comunicarnos, innovar, producir, consumir e incluso vivir en el mundo de hoy" (Castells, 1998; 99). De esta forma se segrega territorialmente, mientras se establecen o fortalecen redes de comunicación transespaciales a través de la tecnología de la información, al servicio de redes globales que acumulan información, riqueza y poder. Se configura entonces una nueva dinámica social en el planeta, con una expresión característica en las áreas metropolitanas. Desde el enfoque de la desintegración de la sociedad actual, la exclusión social tiene como principales causas la nueva dinámica que ha adoptado el mercado del trabajo, la pérdida del rol del Estado como garante de la seguridad social, el acceso desigual de los distintos grupos e individuos al conocimiento y manejo de la información, y la falta de programas efectivos de vivienda que permitan una inserción real y satisfactoria en el sistema urbano2 (Rofman, 2000). En referencia al mecanismo de selección de las especies de Darwin, en este nuevo proceso surge el consumo como patrón de selectividad de los individuos en el sistema social, reemplazando al de masividad tradicional. De esta forma los individuos con menos capacidad de inserción se encuentran más restringidos para desarrollarse y vivir como seres autónomos e integrados a las redes del consumo, que les permiten integrarse y participar en la sociedad (Rofman, 2000).

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En este sentido, se ha insertado en la discusión académica una noción distinta de la pobreza urbana moderna, la que ya no se refiere a la carencia asociada a la supervivencia física de las personas, sino referida aún más a las necesidades imperiosas de satisfacción, jerarquización social, igualdad en el acceso a las relaciones sociales democráticas y equitativas. Apunta a la necesidad de una inserción social efectiva y satisfactoria, más allá de los problemas de segregación territorial, pues la presencia física de la exclusión social, es considerada "parte del cuadro de pobreza urbana y constituye por sí misma un esquema de interrelación contaminante y obstructivo para la formación de un tejido social democrático" (Pelli, V.S.; 1997)3. Panigo y Lorenzetti (2000), han respaldado la postura de que el concepto de exclusión social se relaciona fuertemente con la pobreza, vista esta condición como "privación relativa" (Rodgers, Gore y Figueiredo, 1995; en Panigo y Lorenzetti, 2000). Se reconoce al individuo como ser social, por sobre la visión netamente economicista que lo reconoce como ente acumulador de utilidad. Desde un punto de vista analítico, este enfoque permite comprender las interrelaciones entre pobreza, empleo productivo e integración social, en un contexto en que la vida de las personas se ve afectada por el proceso de reestructuración económica global y las instituciones sociales a nivel local. Se exponen, como dimensiones básicas del proceso de exclusión social, las relaciones en el mercado laboral y las distintas formas de acceso a las instituciones básicas de la sociedad, como son: educación, salud, justicia, participación y representación política, entre otras. Para Alfredo Rodríguez y Lucy Winchester (2001), el concepto de exclusión social está referido a una pobreza urbana dura, es decir a una situación de pobreza urbana crónica. Personas que permanecen por largos periodos de tiempo fuera del mercado laboral, como consecuencia de la reestructuración económica y de la innovación tecnológica. Por consiguiente, tienen una incapacidad para "reciclarse" en el mercado laboral, con relación directa al tipo de empleo que ofrece la economía (jóvenes, mujeres o ancianos con bajo nivel de escolaridad). En síntesis la exclusión, según los autores, se refiere al limitado acceso a redes que ofrezcan nuevas oportunidades a los habitantes pobres urbanos. Finalmente, Sabatini (1998) entiende la exclusión social como un componente de un proceso más complejo que es la segregación residencial, siendo ésta última una relación dialéctica entre exclusión e integración social. En el contexto actual de globalización económica y caracterización del sistema urbano mundial de acuerdo con la consolidación de la nueva ciudad-global, el nexo entre dicho sistema global y lo local se da en el planeamiento y diseño de una política urbana, capaz de impulsar un proceso de desarrollo social en nuestras ciudades tercermundistas, revirtiendo los procesos de exclusión social presentes hoy en día. FENÓMENO DE SUBURBANIZACIÓN: URBANIZACIÓN DE LA PERIFERIA RURAL DE SANTIAGO La urbanización de la periferia rural de Santiago ha seguido el patrón típico anglosajón de urbanización de los suburbios de las principales metrópolis, es decir de suburbanización, que se impone al modelo latino, caracterizado por la compacidad y por la clara distinción del paisaje urbano del rural (Monclús; 1996, Dematteis; 1996). Este fenómeno de suburbanización responde a dos procesos claramente definidos; por un lado, de desterritorialización del capital, signo del post-fordismo, y por otro la expansión del sistema de redes de transporte (C. A De Mattos, 1996). En el primer caso, el efecto de las políticas de ajuste en las economías capitalistas dependientes determina cambios en las formas de productividad de la tierra. Ello, principalmente, se refiere a la desintegración de las redes agrarias afincadas en las zonas periféricas a las grandes ciudades, propias del modelo latino-mediterráneo, que reducen el consumo de suelo. Dichas zonas rurales, que sustentan sistemas económico-productivos de tipo agrario, finalmente sucumben por la competitividad y ventajas comparativas de otras zonas de similares características integradas al desarrollo y por el avance de las actividades urbanas industriales intensivas en utilización de capital y mano de obra. En consecuencia, en el caso de las ciudades del capitalismo dependiente, el fenómeno de suburbanización proviene del detrimento de la plataforma laboral agraria, con el cambio de tenencia de la

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tierra y la introducción de tecnología. Todo ello dirigido al aumento de los niveles de productividad, impulsado por la Revolución Verde5, expulsando la mano de obra. La población migra a la ciudad, como efecto de los profundos cambios en los procesos productivos agrarios, localizándose en un primer momento en los espacios intersticiales del pericentro, para luego asentarse definitivamente en la periferia. Este planteamiento se impone sobre los factores que atraen e incrementan la actividad industrial de los conglomerados urbanos, los cuales estimulan su crecimiento (Castells; 1997). En el segundo caso, se evidencia un notable avance de la infraestructura del sistema de transporte que modifica la noción de escala de los conglomerados urbanos, promoviendo su desconcentración. La reducción de los tiempos y costos de transporte interurbano amplía el área de influencia metropolitana, generando nuevas expectativas de rentabilidad económica sobre el suelo rural. El proceso de suburbanización se caracteriza por el efecto combinado de la desurbanización de los distritos centrales (CBD6) y un acelerado poblamiento de la periferia rural, siguiendo un patrón de consolidación paulatino desde las coronas externas del centro a las periferias, denominado periurbanización o desconcentración; o mediante la polarización independiente de conglomerados satélites de los principales centros urbanos, denominada dispersión o ciudad difusa7 (Dematteis, 1996).

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Consecuente con lo anterior, el acceso de nuevos actores al escenario de localización intraurbana estimula la movilidad de los estratos de mayores ingresos, de acuerdo al modelo de Griffin & Ford (1980) de migración escalonada a través de una cuña, desde el centro a la periferia. Este patrón de asentamiento desborda en las últimas décadas sobre el espacio rural periurbano, en forma dispersa, siguiendo el modelo de urbanización difusa de carácter reticular en el caso de las parcelaciones de agrado, o de periurbanización, en el caso de los nuevos condominios industriales o de las operaciones de subsidio habitacional. Así, el proceso de suburbanización del área metropolitana de Santiago, en las últimas décadas, se ha caracterizado, por un lado, por el incremento sostenido de parcelas de agrado o segunda vivienda de población perteneciente a estratos socioeconómicos medio-alto; y, por otro, a la aplicación de políticas de regulación y normativa que afectan al suelo que se incorpora paulatinamente al radio urbano, o modifica sus condicionantes de ocupación, según uso y edificación, promoviendo de igual forma otro tipo de urbanizaciones. Ello ha configurado una nueva geografía del poblamiento periférico, de diferenciación del territorio urbano-rural y/o de transición en la densidad de los niveles de ocupación del suelo, siguiendo una gradiente de un centro compacto a una periferia difusa.8 Estructura Social Intraurbana Aspecto singular y característico de las estructuras urbanas, es la significativa diferenciación residencial que se refleja en la selección y separación de la población según su distribución en el espacio urbano. Un esquema socioespacial de la ciudad, que se reconoce en mayor medida en el caso del crecimiento característico que ha adoptado Santiago, corresponde a la existencia de subcentros que se interconectan en un sistema red con el centro urbano primitivo. Ellos aparecen con una cara como barrios exteriores de las ciudades, correspondientes a poblaciones sociales planificadas y asentamiento primitivo tipo "callampas"9, y con otra cara, como sectores residenciales de más altos ingresos, asociados a malls de conveniencia, centros comerciales, de oficinas o de servicios periféricos, que ofrecen la ventaja de acceso expedito del vehículo mediante radiales o circunvalaciones expresas.10 (Timms, 1976; Bähr, J. Riesco, R.; 1981, Bähr, J. Mertins G.; 1993). La estructura socioespacial de la ciudad ha dado pie a distintos patrones de estructuración social urbana, acogiendo nuevas tendencias de desarrollo, como son el proceso de suburbanización, de cambios funcionales y de cambios en la morfología tanto del centro como de las periferias; todo esto ha conformado nuevas estructuras socioespaciales de las ciudades (Griffin & Ford L.;1980, Bähr, J. Riesco, R.; 1981, Bähr, J. Mertins G.; 1993, Ortiz y Schiappacasse; 1998). Estudios que han abordado la diferenciación social de las ciudades han hecho importantes aportes teóricos y metodológicos en la caracterización del espacio urbano (Timms, 1976; Bähr, J. Riesco, R.; 1981; Ortiz y Schiappacasse; 1998). El espacio social del Gran Santiago se describe con grandes y claras diferencias con relación a los patrones de usos de suelo, lo cual se fundamenta que Santiago sea adjetivado como una "ciudad quebrada". En este sentido se reconoce una estructura que concentra en una "espina dorsal" la población de un status social más alto, correspondiente a la proyección espacial en dirección oriente de las "amenidades" del distrito central. Se completa dicha estructura con la formación de tres anillos concéntricos al núcleo central, generando una gradiente decreciente, desde el centro hacia la periferia, del status social de la población, superponiéndose una trama de subcentros excéntricos en los sectores oriente, suroriente y poniente de la ciudad (Ortiz, Fernández y Schiappacasse; 1999). Otros investigadores han coincidido en la marcada sectorización urbana según la localización de la población y estratificación socioeconómica de la misma. Para el caso de la evaluación del bienestar social en la ciudad de Santiago, se han analizado como principales componentes: las condiciones socioeconómicas generales, la vivienda y la educación11. La espacialización de ellas arroja una estructura territorial de Santiago cuyo patrón de distribución marca una concentración de los niveles altos de bienestar social en el sector nororiente. Por el contrario se caracteriza una gradiente negativa hacia las comunas periféricas del sector norte y norponiente (Larraín y Toledo, 1990).

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Los estudios son concluyentes en aspectos similares, lo que ha permitido avanzar en planteamientos modélicos de las ciudades, dando cuenta de importantes escisiones en el espacio, segregación socioespacial y más aún expresiones de exclusión, característicos de las metrópolis latinoamericanas y particularmente apreciable, en el caso de Santiago. Centro-Periferia La geografía urbana tiene su mayor expresión en la conformación de periferias, en donde tradicionalmente, según la gradiente centro-periferia de estratificación socioeconómica que ha caracterizado a las ciudades latinoamericanas, se han asentado las familias más pobres de la ciudad; surgiendo así territorios y grupos marginados del desarrollo urbano. La marginalidad, en consecuencia, aparece inherente a los procesos de urbanización, cuyas principales características son: una población urbana que en número supera la correspondiente a la capacidad del sistema productivo interno, un fuerte desequilibrio, una aceleración creciente del proceso de urbanización, insuficiencia en el empleo y servicios y acentuación de la segregación ecológica por clases sociales y polarización del sistema de estratificación al nivel del consumo (Borja y Castells, 1986). En el contexto de los cambios de diferenciación del espacio social y territorial, se habla del surgimiento de un tipo de ciudad, de carácter descentralizado, coherente con los nuevos procesos sociales, económicos, tecnológicos y culturales (Fishman, 1994; en Monclús, 1996). En este contexto las nuevas periferias urbanas son el resultado de cambios en las estructuras territoriales de las ciudades, en el empleo de nuevas tecnologías de comunicación y manejo de información, y de nuevos patrones de organización y de regulaciones sociales y territoriales (Dematteis, 1996). Respecto a la caracterización de las distintas áreas o zonas definidas según los modelos descritos y que se reconocen en patrones de estructuración del espacio social urbano, surgen como principal connotación las diferencias entre las dimensiones de los espacios centrales y las de la periferia. Una comparación entre los patrones de poblamiento de sectores suburbanos respecto al núcleo central ha permitido desarrollar posturas de desarrollo diferenciado o análogo entre centro-periferia. Así, el primer caso se da mediante una diferenciación espacial y funcional, y el segundo, por el contrario, reproduce nuevos subcentros de características similares al centro original de la ciudad, es decir "lleva el centro a la periferia" (Mertins G.; 1993). El proceso de suburbanización se ha caracterizado en las ciudades latinoamericanas por la extensión limitada de servicios, hecho que contiene la expansión de la periferia, hasta una cierta magnitud. Se han desarrollado sectores residenciales de vivienda social con gran atomización predial, producto de los altos costos y dificultades en la provisión y extensión de servicios por parte de los organismos públicos, en más de un sector de la ciudad. En cambio, el desarrollo de zonas suburbanas de vivienda para estándar socioeconómico alto genera un corredor de servicios urbanos en forma estructurada en torno a un eje radial hacia el centro. Actualmente, mediante el uso masivo del automóvil, el factor de movilidad socioeconómica ascendente, en un principio limitada a los cascos centrales y posteriormente restringida en determinados sectores urbanos, se orienta hacia centros económicos y parques de oficinas en una orbital periférica, repitiendo el modelo de las ciudades del primer mundo. Este hecho impulsa el desarrollo de la suburbanización en torno a nuevos centros urbanos12. El proceso de crecimiento periférico ha provocado la disolución de la urbe en su tradicional concepción de unidad compacta. Bähr y Riesco (1981) identifican en el contexto de dicho proceso dos umbrales de expansión: el primero, asociado a la densificación de la población obrera en el pericentro, y el segundo mediante ampliaciones de núcleos residenciales desconectadas del centro en el primer momento de expansión, para luego establecer su unión y comunicación. De ello resulta una estructura de tipo celular, que tiene distintas expresiones según la estratificación socioeconómica de la población, ya que se evidencia un movimiento centrifugal del estrato socioeconómico alto, formando asentamientos en la periferia urbana y un crecimiento urbano de las poblaciones sociales en serie, que también pueblan distintos sectores suburbanos. Los actuales procesos de suburbanización, producto de los cambios del modo de crecimiento expansivo de las ciudades y de los cambios de escala territorial, responden por un lado a un

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fenómeno de descentralización metropolitana, formando asentamientos estructurados en función de las aglomeraciones urbanas, como son la localización de equipamientos, industrias y centros de servicios en un periferia difusa; y por otro, un fenómeno de dispersión suburbana, producto de las características físicas del crecimiento urbano, con la formación de sectores residenciales de baja densidad (Monclús, 1996). La expansión urbana que conforma una estructura de poblamiento periférico, enfrenta la dualidad de un aumento de las áreas que se incorporan al radio urbano en términos de expansión de los usos y de las dinámicas de crecimiento demográfico, las que se han ido demorando en el tiempo; fenómeno que refleja una nueva pauta de movilidad interna en las ciudades (Monclús, Oyón: 1996 y Dupuy; 1995; en Monclús: 1996 ). En definitiva, la expresión de dichos procesos ha generado una estructura territorial en donde surgen múltiples núcleos generativos de actividades económicas y residenciales en los cinturones o áreas suburbanas, con proyección de constituirse en centros autónomos del desarrollo de su área de influencia, que se inserta en una red urbana metropolitana mayor. Así, los cambios funcionales y de expansión de los distritos centrales, sumados a una acelerada tendencia a la suburbanización, dan una nueva morfología a las periferias, todo lo cual ha venido configurando la estructura socioespacial de la ciudad. Probablemente, los acelerados cambios en los procesos de urbanización permitirán presenciar macroregiones urbano-territoriales, compuestas por múltiples centros de diversas jerarquías y grados de dependencia entre sí, según sea la distribución de redes, flujos y usos en el territorio, conformando un mosaico de espacios urbanos y rurales continuos, de diversas escalas. ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LAS POLÍTICAS URBANAS Y HABITACIONALES: IMPACTOS SOCIO-TERRITORIALES Surgen permanentemente cuestionamientos de múltiples organismos, a escala nacional y mundial, acerca de cómo lograr ciudades más sustentables, que impliquen una gestión democrática del territorio, justicia y equilibrio en el acceso de bienes y servicios, mayor participación activa de todos sus ciudadanos, y en definitiva el logro de una mejor calidad de vida sostenible en el tiempo (Foro de Ciudades Sustentables, Foro Hábitat, etc.). Con la mira puesta en estos desafíos, es menester la existencia de políticas urbanas que tengan como doble objetivo el conseguir eficacia económica y cohesión social desde la óptica del desarrollo sostenible.

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Se ha puesto énfasis en un nuevo enfoque, integrador de las políticas urbanas a las ya conocidas tradicionales, con una perspectiva globalizante del desarrollo territorial, buscando nuevas formas de actuación y de asociación entre lo público y lo privado; potenciando la participación de los agentes sociales y económicos locales. Sobre dicha base, en las intervenciones de ciudades y barrios se deberían acometer formas de gestión integradas de regeneración urbana (social, económica y física), evitando la constitución de nuevos guetos, mediante la coordinación entre Instituciones y ciudadanos. Son los actuales modelos de ordenamiento territorial y organización espacial urbana, los que condicionan las relaciones entre las estructuras sociales y la naturaleza, generándose relaciones socioespaciales en conflicto o en armonía. Respecto a lo anterior, falta una concepción de unidad de la sociedad y su medio ambiente natural, elementos indisolubles en el desarrollo de los territorios. La existencia de instrumentos de ordenamiento territorial permite establecer directrices claras para el desarrollo de los centros poblados en el ámbito económico y social, regulando con ello los intereses privados y sociales. Así mismo, el planeamiento urbanístico es algo más que la regulación de los derechos de la propiedad del suelo y la regulación del mercado inmobiliario. Es necesario reafirmar el papel de los planes urbanísticos como código de garantía de los ciudadanos. No obstante, podríamos sostener que los efectos de las actuales regulaciones urbanas es de segregación, al analizar particularmente la diferenciación de las normas de subdivisión predial y densidad en zonas habitacionales, que asienta en forma diferenciada los estratos socioeconómicos de la población. El crecimiento de las ciudades se ha producido de forma claramente insostenible, con elevado consumo de recursos, áreas de alta entropía y elevada producción de residuos y contaminantes. A su vez, los desequilibrios existentes entre distintas zonas de la ciudad en relación con la calidad urbana (dotación de equipamientos, calidad de las viviendas, zonas verdes...) se ven reforzados por los procesos emergentes de exclusión social que están sufriendo los sectores que habitan las zonas urbanísticas más desfavorecidas. Aspecto característico del poblamiento periférico y suburbano es el incremento e intensidad en la ocupación del suelo, influenciado por el proceso de informacionalización procedente del mayor desarrollo de la infraestructura de transporte y telecomunicaciones. Dicho escenario presenta nuevas formas de interrelación e interacción social entre los individuos. Los principales temas que han formado parte de discusiones técnicas y políticas, referentes a las actuales políticas de ordenamiento territorial y planeamiento urbano, han enfrentado el impacto que ha tenido el proceso de crecimiento y expansión urbana en la formación de la periferia de la ciudad. Sin duda, en este contexto, las decisiones de localización de conjuntos de viviendas sociales y la oferta inmobiliaria de vivienda privada han estado permanentemente determinadas por el comportamiento del mercado de suelo urbano y por la normativa vigente. Ello con la injerencia que tiene la aparición de nuevas áreas residenciales en las tendencias de crecimiento urbano en la metrópoli de Santiago. En cuanto a la Política Habitacional, podemos mencionar que el desarrollo que experimentan nuestras ciudades está fuertemente marcado, por un lado, por la acción de políticas públicas respecto a la oferta habitacional de vivienda subsidiada; y, por otro lado, por la dinámica del mercado del suelo urbano, actual asignatario de localización de bienes inmuebles en las áreas urbanas, que fragmenta el territorio según estratificación socioeconómica. Surgen como preocupación creciente los probables impactos, en el desarrollo urbano y social del territorio, de los actuales patrones de localización de los conjuntos de vivienda social, que han intervenido, configurado y consolidado la periferia13 en este nuevo contexto metropolitano. El área de interés es analizar dichos impactos, que probablemente acentúan los problemas urbanos, así como también incrementan el proceso de exclusión social, que se enuncia como uno de los principales problemas sociales emergentes. Se discute sobre la crisis de integración social que afecta a las ciudades latinoamericanas en general, y en particular a la metrópoli chilena, en donde los principales factores urbanos de exclusión social asociados a dicho diagnóstico y enunciados por Sabatini (2000)14son, por un lado, la falta de control de los precios del suelo; y, por otro, la exclusión social, como efecto

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de acciones latentes de "tomas de terreno" y de la condición de gueto de las poblaciones de vivienda social. Se trata de una paradoja, ya que las políticas existentes no están siendo capaces de satisfacer las necesidades habitacionales de las familias más pobres. Los barrios periféricos de crecimiento espontáneo o de viviendas sociales de iniciativa pública o privada, están entre las zonas más afectadas por problemas socioespaciales asociados al proceso de exclusión social. Entre algunos de ellos, se reconocen las deficiencias urbanísticas, en las que se pueden destacar: falta de integración con el resto de la trama urbana, lo que produce marginación y problemas de accesibilidad; desarticulación interna y falta de elementos identificadores; mala calidad de la urbanización y de la edificación; escasez de espacios libres en unos casos, y en otros falta de definición y de uso determinado, lo que propicia la inseguridad; falta de actividad debida a la excesiva especialización funcional en el uso de vivienda; falta de equipamientos de rango superior al barrio, etc.

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El análisis de los impactos en el desarrollo urbano se refiere a los problemas de infraestructura, insuficiencia en la dotación de equipamiento y servicios urbanos, segregación socioespacial, costos asociados a la extensión de redes, congestión, falta de planificación del transporte urbano, incremento de la vulnerabilidad del medio ambiente urbano, detrimento de las condiciones ambientales de los hábitat residenciales, falta de inserción y conectividad con el macrosistema urbano, y problemas de accesibilidad a las fuentes de trabajo y consumo. Y en cuanto a la evaluación de los impactos sociales, está referida a la pobreza y a la relevancia que hoy tiene el reciente problema de la exclusión social, como proceso por el cual los ciudadanos quedan desprovistos de sus derechos sociales, impedidos de alcanzar ciertos niveles de vida básicos y de la participación en las principales oportunidades sociales y ocupacionales de la sociedad (UE, Gabinete Asesor sobre Política Social, 1996; tomada como definición por la OIT); en contraste con la condición socioeconómica de las personas, que determinan su accesibilidad a bienes y servicios. Así los impactos sociales de la geografía urbana, producto de la acción pública a través de la materialización de conjuntos de vivienda social y producto del comportamiento del mercado de suelo urbano, estarán referidos a las condiciones sociales de pobreza y marginalidad, definidas por normas sociales en contra de la autonomía que deben tener las personas para organizar sus vidas, sin quedar excluidas del sistema económico-urbano global. Todos estos son procesos expresados en el territorio, en cuanto a impactos en el medio y estructura social. El problema del deterioro patente de hábitat residenciales, generado por la acción de los programas de subsidio habitacional, tiene su expresión más crítica en las áreas metropolitanas. Así, la realidad metropolitana es descrita por Galilea. S y Jordán.R (1989) como "un complicado proceso de articulación de fuerzas políticas, de variados comportamientos sociales y de actividades económico-productivas diversas, que tiene relaciones conflictivas con el ecosistema natural del entorno". (Galilea; Jordán, 1989; Pág. 2). Las ciudades capitalistas están caracterizadas por ser importantes complejos o conglomerados, donde se concentra por un lado el capital, el sistema financiero y los servicios, y por otro, la marginalidad y la pobreza, ejerciendo una fuerte influencia de tipo funcional y económico sobre el resto del territorio nacional. Los actuales problemas de segregación socio-económica y espacial en nuestra metrópolis, y más aún de exclusión social, han generado una participación inequitativa y desigual en los espacios económicos urbanos de un segmento importante de la población. Además, configuran un escenario en el cual la acción directa de las políticas habitacionales, principales generadoras de hábitat populares, agudizan los actuales problemas urbanos, por ser correspondientes con la aplicación de las políticas económicas neoliberales en nuestro país. La producción de vivienda de interés social no se inserta en un desarrollo urbano y medioambiental sostenido, como consecuencia de la reducción del rol del Estado a un mero ente administrador de los programas sociales, facilitando la acción privada en el desarrollo de proyectos. Según Víctor Saúl Pelli15, la acción habitacional no debiera entenderse únicamente como producción y transferencia de bienes y servicios, en respuesta a la carencia asociada a la supervivencia física de las personas. Por el contrario, debiera apuntar a resolver la necesidad de una inserción social efectiva y satisfactoria, más allá de los problemas de segregación territorial. Frente a este panorama, el diagnóstico que se enuncia de las políticas habitacionales convencionales, indicará una acentuación de los problemas asociados a la carencia de espacios para la gestión e integración social. Es decir, interesante resulta analizar la exclusión y subordinación de los sectores beneficiarios de la gestión social, como efecto de la transferencia de lotes urbanizados, servicios en lotes no urbanizados, vivienda llave en mano, células-semillas, viviendas progresivas, individuales y colectivas, etc. Hoy en día no existe una política de ordenamiento territorial de asentamientos humanos que asegure un desarrollo ambiental y socialmente sustentables. Más aún, no existe una planificación coordinada intersectorialmente para abordar el tema de la generación de sectores residenciales para la adecuada habilitación y provisión de infraestructura y servicios complementarios a la actividad residencial.

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En síntesis, actualmente el instrumento de localización de los conjuntos de vivienda social subsidiados por el sector público corresponde al mercado del suelo urbano. De esto se desprende que, en la búsqueda de obtener mayores rentabilidades al menor costo, se emplazan los conjuntos de viviendas en los terrenos más baratos que, siendo de mala calidad, otorgan una inadecuada localización, por su falta de accesibilidad y carencias de servicios urbanos. Algunas de dichas características están referidas a: emplazamiento en la periferia urbana, inaccesibilidad a los centros de actividad y servicios, carencia de equipamiento urbano, suelos de mala calidad para el desarrollo de nuevas urbanizaciones (terrenos inundables, localizados en potenciales zonas de riesgos, hundimientos, etc.), entornos urbanos molestos y con problemas ambientales (cercanía de basurales, vertederos, lugares de evacuación de desechos, plantas de áridos, planta de tratamiento de aguas servidas, etc.). El proceso de expansión urbana que en períodos anteriores correspondía casi exclusivamente al emplazamiento de conjuntos de viviendas sociales con perjuicio de la calidad del hábitat y agudización de la segregación socioespacial, se sigue manifestando hoy, pero acompañado de una heterogeneidad de la calidad de vida y del hábitat en la periferia, como consecuencia de la búsqueda de sectores residenciales de los grupos más ricos, que ofrezcan mejores condiciones ambientales (La Dehesa, Huechuraba, Chicureo).

Este crecimiento expansivo, en una dirección liderado por los grupos socioeconómicos altos, Sector Nor- Oriente, y en otra dirección soportado por grupos socioeconómicos bajos con la localización de conjuntos de viviendas sociales, Sector Sur-Poniente (Puente Alto, San Bernardo, La Pintana, Maipú), ha puesto en jaque el equilibrio ecológico de su soporte geográfico, a causa de una alta vulnerabilidad metropolitana a las catástrofes naturales (inundaciones, fenómenos aluvionales, inversión térmica, altos índices de contaminación atmosférica), a la que se suma el escaso nivel de planificación para enfrentar dichos problemas, o bien predecir fenómenos naturales, para la implementación de planes y programas preventivos. Explorando en una evaluación sintética de la acción urbana producto de la implementación de las actuales políticas habitacionales, podría mencionar su ineficacia social, en vista de que la producción habitacional genera nuevos guetos urbanos y el deterioro prematuro de la calidad ambiental, asociado a problemas de criminalidad, inseguridad, etc., y su insustentabilidad económica, que resulta de los costos asociados a la extensión de la infraestructura y servicios, de transporte principalmente. Finalmente, se enuncia en todos los espacios de crítica a la política habitacional su éxito cuantitativo, por el ritmo anual de producción habitacional del sistema de subsidio vigente, dirigido a dinamizar un mercado inmobiliario y a reducir el déficit cuantitativo de vivienda en el país. Se ha institucionalizado y arraigado culturalmente en las familias de estratos socioeconómicos bajos la propiedad de una vivienda, aunque sea precaria, obtenida mediante esfuerzo principalmente de carácter individual-familiar, a través de un financiamiento compartido entre ahorro-crédito y subsidio. No obstante, de este modelo resultan un sinnúmero de problemas y deficiencias, en donde el factor escasez del suelo urbano, que incide en el precio estimable por la evaluación de costos de este tipo de proyectos, es el principal componente, que relaciona en forma deficitaria el hábitat residencial con el ecosistema urbano. Patrón de localización de Conjuntos de Vivienda Social en el Área Metropolitana de Santiago El patrón de localización de conjuntos de vivienda subsidiada responde a una consolidación de sectores periféricos-suburbanos, según la distribución espacial de los conjuntos de vivienda básica de modalidad Serviu, en el período comprendido entre los años 1990-1997 y según la disponibilidad de suelo urbano, correspondiente a la cartera de terrenos Serviu, durante el período 1995- 1999, tanto en el Gran Santiago como en las comunas rurales de la región. Este último es un indicador de la futura localización de conjuntos de vivienda subsidiada, al constituir un registro de banco de terrenos de propiedad pública con el fin de gestionar proyectos habitacionales. En consecuencia, el patrón de localización de conjuntos de vivienda básica de modalidad Serviu corresponde a un emplazamiento del cinturón periférico, en un desarrollo radial desde

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el sector norte, sector norponiente, poniente y una fuerte concentración del sector sur del Gran Santiago. Se evidencia en menor grado una superficie de área urbana destinada para tales efectos, correspondiente a sectores pericentrales de rellenos intersticiales en comunas no periféricas. CARACTERIZACIÓN DEL CINTURÓN SUBURBANO. ALGUNAS APROXIMACIONES La respuesta, en el escenario urbano integrado por territorios y grupos sociales excluidos determina en Santiago una estructura social intraurbana, de diferenciación social y espacial. Entendiendo que el proceso de exclusión es una situación generalizada de desventaja social, por las particulares relaciones de producción entre el individuo y el sistema, vemos que se presenta con manifestaciones de problemas sociales estructurales de desintegración e inseguridad social. Desde esta génesis, el proceso de exclusión social se refleja tanto en la estructura social como espacial de un sistema urbano metropolitano. En consecuencia, sus principales componentes según esta dualidad estructural se exponen en el cuadro 3 como síntesis conceptual: Su referencia territorial consiste en una caracterización del cinturón suburbano, cuyas principales características en función de los fenómenos enunciados son: 1. Reproducción de la relación centro-periferia en los núcleos rururbanos, por ser similar a la que se evidencia en la metrópoli de Santiago, es decir se repita el mismo esquema de relaciones sociales y espaciales a menor escala. 2. Proceso de urbanización encubierta, producto de la subdivisión de predios rústicos de carácter agrícola, con uso exclusivamente residencial; lo que pone de manifiesto un cambio de patrón de consumo del suelo rururbano, correspondiente a la segunda vivienda de familias de estratos socioeconómicos medios-altos. 3. Configuración de áreas correspondientes a Parcelaciones de Agrado, las que se podrían calificar como "urbanizaciones islas", por constituir una categoría distinta de subcentros, dadas las funciones y usos que concentra y su relación particular de conectividad espacial con el contexto urbano. 4. Generación de conurbaciones lineales, como por ejemplo el corredor Santiago-Melipilla, producto de proyectos de infraestructura urbana y de la cercanía de centros poblados menores (Ej: Padre Hurtado), que se integran a un sistema urbano compuesto por centros o núcleos múltiples de diferentes jerarquías. El último punto alude a la generación de nodos suburbanos por la aparición de núcleos múltiples multifuncionales, de servicios avanzados o preferentemente residenciales, es decir, megaproyectos habitacionales que gravitan en el área rururbana de Santiago y que consolidan una geografía de región urbana-nodal, con estructura polinuclear. CUADRO 3 ESTRUCTURA CONCEPTUAL DEL PROCESO DE EXCLUSIÓN SOCIAL POBLACION M A Personas / Individuo Sociedad / Grupos sociales R Incapacidad de G T encontrar empleo, de Patrón de relaciones sociales que I E "ganarse la vida". Espacio Virtual restringe o niega el acceso a N R Individualización del Globalización bienes, servicios, actividades o A R mercado del trabajo Infraestructura recursos. L I Acceso desigual al Tecnológica de Ausencia de interacciones I T conocimiento y manejo Información institucionales, sin participación en D O de la información Redes de la vida económica y social. A R Falta de autonomía de Comunicación El Estado no garantiza la seguridad D I los individuos para social. O integrarse a las redes G globales. Espacio Físico Acceso restringido al Inserción inequitativa al sistema E O Metropolización mercado básico de la urbano. G

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tierra, según nivel de ingresos y capacidad de crédito. Territorio Segregado

Ocupación extensiva del suelo, prolongando redes de El acceso a la vivienda infraestructura, aumentando los reproduce la costos e incrementando la R Á segregación vulnerabilidad del territorio. F socioespacial, producto I del mercado C inmobiliario. A S

REFLEXIONES FINALES: Algunas consideraciones sobre políticas y programas urbano-habitacionales El área metropolitana de Santiago adquiere una fisonomía distinta con la emergencia de una nueva fase del desarrollo del modelo económico, cuyo principal impacto, que debiera ser materia de políticas públicas, es el desencadenamiento del proceso de exclusión social. Así, la caracterización de la estructura socioterritorial de las nuevas periferias urbanas en un contexto de globalización económica corresponde al actual escenario de configuración propia del área metropolitana de Santiago, tal como se observa desde el análisis de como se manifiesta el proceso de exclusión social tanto en las personas, que experimentan un proceso de autosegregación creciente e individualismo, como en los grupos, que experimentan la atomización de sus redes sociales; así como en las áreas residenciales, o espacios públicos que habitan (segmentación espacial, anomia, etc.). Es significativo en este contexto poder analizar, e incluso medir, el nivel de exclusión / inclusión que puede estar afectando a dichas personas como territorios (estructura social y espacial), lo que se enuncia como interrogante para futuros estudios o investigaciones en el tema. No obstante lo anterior, la presente discusión nos permite tanto definir ciertas premisas de análisis y diagnóstico de la situación real, de los procesos abordados, como proyectar ciertas directrices de acción a modo de propuestas, con el fin de promover procesos de inclusión social en la gestión urbana y habitacional. Se presentan, como resultado, nuevas formas de organización del espacio y la sociedad en el ámbito rururbano, correspondientes a estructuras espaciales emergentes encaminadas a consolidar una tendencia de ocupación del suelo en las áreas suburbanas de la región metropolitana. Ello se debe a la contrastación de fenómenos y/o procesos impulsados principalmente por políticas de regulación urbana y habitacional y por la dinámica de mercados de suelo urbano. Se constata la vigencia de una política de desarrollo urbano, que ha potenciado un crecimiento extensivo del territorio metropolitano a través del manejo del límite urbano, generando un fuerte proceso de especulación del suelo del área circundante (área rururbana). Principal muestra de ello lo representa la última modificación del Plan Regulador Metropolitano, que al incorporar tres nuevas comunas al radio urbano, prácticamente casi duplica la superficie potencialmente urbanizable. Ello ha generado un crecimiento excéntrico del área metropolitana, por la consolidación de núcleos de urbanizaciones en el cinturón rururbano. La propuesta de los instrumentos de planificación urbana, en el sentido de potenciar una estructura de desarrollo suburbano en función de subcentros metropolitanos que circunscriban el área del Gran Santiago, se corresponde con un nuevo patrón de localización de vivienda subsidiada, lo que se evidencia a partir de la cartera de terrenos adquiridos por el Serviu Metropolitano y que se localizan en comunas rurales, en el período 1995-1999, sumados a los terrenos adquiridos en el Gran Santiago, principalmente en comunas periféricas (88,9% de las hectáreas disponibles). Dicho patrón de localización se materializa mediante la disponibilidad de terrenos, teniendo en consecuencia como principales directrices la dinámica del mercado de suelo y la política sectorial de vivienda subsidiada vigente. Son estos últimos dos factores los que principalmente inciden en la configuración de nuevos entornos de vivienda social, y que presentan como resultados problemas sociales y urbanos que se expresan en la estructura social y espacial del lugar.

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En consecuencia, la estructura espacial corresponde a un cinturón suburbano afecto a un proceso de urbanización creciente ante la emergencia de ciudades rururbanas del Area Metropolitana de Santiago; todo ello es impulsado por los impactos territoriales del proceso de globalización económica en las principales ciudades del sistema mundial. Una de las caras de esta estructura espacial suburbana corresponde a los hábitat residenciales de vivienda social que han sido transplantados, generándose mediante este proceso de radicación una nueva marginalidad. Según la estructura social, se enuncia una caracterización de personas o grupos excluidos, denominados en la literatura "marginales urbanos", ya que no sólo experimentan carencia de bienes y servicios, cuya provisión no resolverá la situación de pobreza, sino que, por el contrario, la misma está asociada a una situación de desventaja social en términos de no tener la capacidad ni la autonomía de insertarse satisfactoriamente en el sistema urbano (mercado formal del trabajo, acceso a redes de información, acceso a centros de servicios avanzados, centros de información y/o generación de conocimiento, etc.). Y en cuanto a la estructura espacial, los hábitat residenciales de vivienda social, según el patrón de localización periférico y suburbano, constituyen sectores marginales desde el punto de vista de la relación físico-geográfica de su emplazamiento con el medio urbano, por lo que la estructura espacial se califica como "marginalidad geográfica suburbana". Dicho diagnóstico se debe enfrentar desde una visión sistémica para alcanzar la comprensión y análisis de los procesos globales en el ámbito económico y en el ámbito de configuración de las áreas metropolitanas. Además, es necesaria una visión sistémica de los fenómenos globales para la comprensión de los impactos a escala local, los que ocurren por el proceso de globalización económica y el proceso de metropolización, entendida esta última como una "geografía urbana de carácter global". En consecuencia, es en la ciudad, según esta geografía urbana resultante del rol que adquieren en el concierto de la economía global, en donde aparece el proceso de exclusión social asociado a la condición de pobreza urbana. Por lo anterior, es necesario abordar, desde la concepción de un marco regional integrador, el diseño de políticas públicas urbanas y habitacionales para el combate contra la pobreza, a partir de subsidios que posibiliten la provisión de bienes y servicios; y, para la reversión del proceso de exclusión, a partir de acciones que generen una inserción socioterritorial equitativa para todos los habitantes urbanos, sin distinción de su estratificación socioeconómica. Figura 1

Las nuevas políticas urbanas y habitacionales que en este contexto debieran abordarse para revertir los procesos de exclusión y enfrentar la condición de pobreza urbana, se proyectan en el ámbito de las regulaciones, políticas y programas. Así, éstas aluden en primer lugar a Políticas de Regulación del Mercado de Suelo Urbano, lo que modificaría el actual patrón de segregación en la localización de conjuntos de vivienda social. En segundo lugar, a Políticas de Inclusión Social Urbana, las que deben considerar acciones programáticas y la concurrencia de inversiones intersectoriales, abordando todos los componentes de la exclusión social y que son: Programas de acceso al suelo urbano, dotado de redes de infraestructura e interconexión favorable en tiempo, con los principales centros de servicios. Programas de capacitación e inserción laboral, Programas de justicia social, conocimiento y cumplimiento del marco jurídico institucional como forma de integración a la sociedad, Programas de educación, que contemplen equidad y calidad en el acceso al sistema educativo, y que apunten a la generación de capital humano y aprendizaje de formas satisfactorias de socialización en el mundo de hoy, que revierta la atomización de redes sociales. Acceso igualitario a los medios de comunicación y con ello entregar la posibilidad de interactuar e intercambiar información, para vivir en el mundo de hoy,

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Y finalmente, impulsar la generación de estructuras organizativas de participación en el ámbito local, que posibilite una óptima asociación social entre individuos, para resolver la gestión de dichas políticas en el contexto del hábitat residencial deficitario. En tercer lugar, a la generación de Programas de Gestión Territorial, para llevar adelante proyectos que materialicen las políticas de inclusión antes enunciadas. Es ya probado, que una buena gestión local liderada por los propios actores y afectados como excluidos de la sociedad, entrega capacidad y autonomía para enfrentar y resolver los problemas propios de las comunidades pobres. Y en cuarto lugar, se debieran formular Programas de Acción Territorial Integrados, para materializar las Políticas de Inclusión Social, es decir, que la mejor forma de actuación sobre las tramas urbanas que enfrentan problemas físico-espaciales y sociales no debiera darser desde un prisma sectorial, sino por el contrario desde el desarrollo de programas integrados, que abarquen desde la economía social, la rehabilitación de los deficiencias de infraestructura, equipamiento y problemas urbanos, hasta las viviendas. Un ejemplo de esta propuesta tiene referente en el actual Programa Chile Barrio, que desde su concepción responde a principios de acciones intersectoriales en el ámbito residencial, siendo de interés su evaluación por constituir una apuesta en este sentido. El diseño de dichas políticas y programas debieran particularizarse tanto en el ámbito urbano como habitacional; ello comprometería la conformación de una estructura social y espacial integrada en el contexto urbano, lo que finalmente potenciaría un verdadero desarrollo local. 1/ Este trabajo de reflexión se desprende de un estudio monográfico para acceder al título de especialista en vivienda social de la Universidad de Chile. Actividades a desarrollar. 1. ¿Cuál es la relación entre la GLOBALIZACIÓN ECONÓMICA Y METROPOLIZACIÓN 2. ¿Es Santiago una ciudad competitiva en el sistema global? 3. ¿Existe relación entre EL PROCESO DE EXCLUSIÓN SOCIAL y LA CONDICIÓN DE POBREZA? 4. ¿En qué consiste el FENÓMENO DE SUBURBANIZACIÓN: URBANIZACIÓN DE LA PERIFERIA RURAL DE SANTIAGO? 5. Caracteriza el CINTURÓN SUBURBANO de la región metropolitana.

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