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J. M.

COETZEE, el Nobel de ninguna parte
por Armando G. Tejeda
 

"Nunca debí haber cogido el farol para ver lo que estaba pasando en la barraca junto al granero" (J. M. Coetze, Esperando a los bárbaros).

J. M. Coetzee es un escritor que cuenta historias en las que, sin

concesiones a la corrección social, exprime las palabras para hablarnos de la Historia -con mayúsculas- de nuestra civilización. Es un hombre desgastado por las reiterativas hecatombes de nuestro tiempo, por el absurdo derrame diario de nuestras sangre, pero también iluminado por las sonatas más sublimes y terribles, esas que siempre tienden a extraviarse entre el dolor y la devastación que nos acechan a diario. 
 J. M. Coetzee es, sin más, un escritor que día a día se parapeta entre miles de palabras y libros para contar el drama que ha vivido como testigo y protagonista; que susurra al oído de nuestra sordera cosas ya dichas con vehemencia por el hombre en su trágico trajín: que nuestro mundo agoniza; que nosotros -los habitantes de este entorno- nos odiamos sin remedio; que la palabra nos salva, si acaso, del suicidio... Como blanco boer e hijo de la cultura de los afrikaans, su escenario literario ha sido uno de los episodios históricos que confirman con más contundencia la "decadencia endémica" de la que habla: el apartheid sudafricano, un sistema político y social segregacionista, xenófobo y colonial que, además, se proscribió hace sólo diez años. Su nombre completo es John Maxwell Coetzee, un hombre que decidió permanecer ajeno a los reflectores de los medios de comunicación; que prefiere la soledad de su cuarto y de su maquina de escribir a la ebullición ampulosa y sin sentido que otorga el éxito súbito, del que ha huido al menos hasta ahora. Sin embargo, este novelista sudafricano es desde hace un par de meses el Premio Nobel de Literatura del 2003, un reconocimiento que le catapulta a los anales de la literatura contemporánea y le convierte, sin él quererlo, en una voz literaria que se leerá y se estudiará en todo el mundo. El lado adverso del galardón es que ahora le será más difícil evadirse de la dictadura de los medios de comunicación. Nació en 1940 en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, en el seno de una familia de emigrantes británicos que participaron en la colonización del país africano. Su vocación de escritor la sintió, según se lee en sus novelas, desde muy joven; cuando empezó a descubrir lo que había más allá de la sociedad burguesa, racista y colonial a la que pertenecía por su linaje. En 1971 se convirtió en profesor de la Universidad de Ciudad del Cabo, una actividad que sólo interrumpió cuando se traslado a Texas para realizar una investigación académica. A su regreso, se convirtió en un traductor, crítico literario y lingüista

habitado por los huesos de un pueblo que creyó que estaría a salvo entre altas murallas. la indiferencia más grande ante la destrucción. humanidad. de su dependencia de un niño que un día gimotea bajo mi ventana y al otro está muerto. Coetzee escribió a finales de los setenta una novela que a la postre se convirtió en una seña de identidad de su literatura. Nunca debí haber cogido el farol para ver lo que estaba pasando en la barraca junto al granero. llenarlo de útiles escolares. donde desde la publicación de su primera novela. Puede que cuando piso el suelo del Juzgado.. Desgracia (2001). Sus escritos son literatura. El nudo se enreda en sí mismo. Pero sus libros no son panfletos ni diatribas encolerizadas. Juventud (2002) y La edad del hierro (2002). En medio de ninguna parte. No resulta baladí que sus novelas sean motivo de reflexión para el mundo entero. Vida y época de Michael K (1983).de referencia en Sudáfrica.con los arrabales y las tinieblas de la humanidad. a renglón seguido. recibirla en el apeadero del tren. pagar su estipendio correspondiente con objeto de que los niños de este rincón del desierto no . Infancia (2001). más bien nos habla de una metáfora universal sobre la crueldad humana en un escenario extremo y que se convierte. no me era posible dejar el farol después de haberlo cogido. El maestro de San Petesburgo (1994). Por eso. sé demasiado. En cierto modo. Foe (1986). Tierras en penumbra (1974). otro sirviente canoso de un Imperio que.representa para él mismo la crueldad inherente de su vocación. Coetzee escribió lo que -a ojos de este lector. citaré sólo algunos fragmentos de una obra que transpira inspiración. poner un anuncio en la sección de anuncios semanales de la Gaceta Colonial para solicitar el concurso de una maestra. Puede que a tres metros bajo tierra se encuentren las ruinas de otro fuero. Por otro lado. arrasado por los bárbaros. si eso es lo que es. una vez que el apartheid del que nos habla Coetzee no es un episodio histórico de un país lejano. por tanto. no puedo deshacerlo. En una denuncia sin paliativos de los valores que han regido y rigen en los países colonialistas y hegemónicos. Esperando a los bárbaros (1980). darle alojamiento en la habitación de invitados de su propia casa. Doblando el cabo: ensayos y entrevistas (1994). En su novela Esperando a los bárbaros. Algunas de las novelas y ensayos de Coetzee son: En el corazón del país (1977). la literatura: Puede que en mi excavación sólo haya escarbado la superficie. Pero es el reconocimiento de lo aleatorio de mi malestar. sucumbió en el terreno de su jurisdicción. tenga bajo mis pies la cabeza de un magistrado como yo. y una vez que uno se ve infectado de este saber no parece haber recuperación posible. lo que despierta en mí la vergüenza más profunda.. despertó el recelo y la animadversión de la clase dirigente del país. En ellos conviven de forma incestuosa lo más sublime de la creación humana -la estética y la ética. genio y desazón: Alguien tuvo que construir el edificio de la escuela. en un alegato en pos de la libertad y la igualdad. enfrentado finalmente al bárbaro. un libro que llevó a este lector a reflexiones y sensaciones de imposible retorno.

no me asustan. las progresiones aritméticas y geométricas. si es que el suelo no resultara ser simplemente una palabra más. se me ven los dientes amarillentos. las leyes de la perspectiva y muchas cosas más. me pregunto. a la espera de que alguien la extraiga y la utilice para descerrajar el misterio? ¿Acaso. luego los más sutiles. cuatro golpes fuertes. me hallaré en la boca de ese negro vórtice sin oír. Rumpelstiltskin. que sopla inacabablemente a través de mí. cuando se abra esa puerta el viento me habrá consumido.. los rebaños de ciervos que pueblan las heladas extensiones allá lejos. porque aquí. el Nobel de literatura también desnuda su visión filosófica de la existencia: El viento sopla por doquiera. de parte alguna. como una llave que tintinea dentro de un bote. notan el olor de mis muelas cariadas. en la piedra glacial. Pompeya. tan solo posponen el momento en el cual he de preguntarme: ¿Es mi propio gruñido lo que oigo entre la maleza? ¿Soy yo la que hay que temer. en medio de ninguna parte. negro viento que sopla de ningún lugar. es la bestia? Mis cuentos. entre nosotros. un cuerpo propulsado a lo largo del camino por los tendones y las palancas de los huesos. se espesa y se la traga al fin la oscuridad. y con esa medida empiezo a vibrar. un blando animal humano. en la oscuridad y en la ignorancia. De esta novela también he rescatado algunas preguntas sin respuestas del autor: ¿Quién. nada hay que baste para detenerme? ¿Será posible que exista una explicación para todas las cosas que hago. voraz e inmoderada. vuelvo a ablandarme. La campana ha dado con su medida. tan vacías como el desierto en que vivimos. si es que no las confundo con planetas. sopla por el ojo de la cerradura. a unos palmos sobre el nivel del suelo. en cuyo caso es evidente que he vuelto a perderme? ¿Qué palabras les tengo reservadas a todos ellos? Separo los labios. cuatro golpes suaves. un monólogo que se desplaza a través del tiempo. por las grietas. Sopla el viento en mi habitación. Lo que considero dolor. soy algo más que una mera cosa entre las cosas. en donde el espacio irradia de mi interior hacia las cuatro esquinas de la tierra. una neblina que se adelgaza. la anómala expansión del agua. y que esa explicación se encuentre en mi interior. aunque no es más que soledad. las estrellas que nunca llegaremos a ver. y por qué nos pasamos la noche contando ovejas o fregando los platos con el corazón alegre? No alcanzo a entender por qué debiera ser interesante la historia de nuestras vidas. Napoleón. según Coetzee: . sin tocar. primero los músculos mayores. a que se refleje tal cual ante su propio espejo: ¿Por qué no podemos admitir que nuestras vidas están vacías. se quedan helados cuando ruge sobre ellos el viejo. que silba en las cavernas detrás de mis ojos. Se me deshielan los huesos de la cara. las comedias inmortales de Shakespeare. el milagro de los panes y los peces. En medio de ninguna parte. Minúsculos bichos que salen de mí y se esfuman La literatura de Coetzee también invita al lector a ese diálogo interior sin fisuras ni engaños. En esta novela. antes bien. los siete días que duró la Creación. Se me ocurren de continuo pensamientos sesgados a propósito de todas las cosas. de las estrellas más remotas.. o soy. Mis penurias me abandonan. el niño que metió el dedo en el arroyo. un mamífero. surge de todas las rendijas. engullida por el viento en los intersticios que separan los átomos de mi cuerpo. cuentos son. las estrellas que viven su vida de una infinidad a otra. todo lo transmuta en piedra. gélida hasta en lo más hondo.crecieran sumidos en la barbarie. La belleza del mundo. Pasa el tiempo. empieza a apartarse de mí. sino que fuesen con el tiempo dignos herederos de todas las épocas que nos han familiarizado con la rotación de los cultivos. frío. las claves mayor y menor.

y no la crónica. no estoy acostumbrada a correr de esta forma. sucumbió en el terreno de su jurisdicción. Puede que a tres metros bajo tierra se encuentren las ruinas de otro fuero. Pero así como Coetzee se expone sin cesar ante preguntas de hondo calado y. tan distantes como ellos mismos: el olor que despide la materia cuando es tanta la vejez que tan solo prevalece el deseo de dormir. según se lee. para el fuego o el hielo de la identidad que reside en el corazón de las cosas. Puede que cuando piso el suelo del Juzgado. padre.. el infinito. La lírica es mi único medio. no alcanzo a comprender las formas cambiantes. sin remedio. este escritor también hace las siguientes afirmaciones: ¡Qué purgatorio es vivir en este mundo insensible. ese olor que sienten al pasar a través de las órbitas de los planetas muertos. flotar en la corriente de tu sangre y llegar al fin a ese mar en clama en el que nadan mis incontables hermanos y hermanas. ese sí que es un vicio que entiendo perfectamente. Mientras me encuentro en esta habitación no veo al padre y al amo que se muere en su lecho. y en un instante de gran pureza. de estos cuerpos que impulsa solamente el apetito. no puedo deshacerlo. Nunca debí haber cogido el farol para ver lo que estaba pasando en la barraca junto al granero. en la que escribió uno de los fragmentos más bellos y contundentes de su literatura. arrasado por los bárbaros. Oh. . la única mota de polvo que no da vueltas a ciegas. no me era posible dejar el farol después de haberlo cogido. hecho a modo de homenaje a un escritor que tengo presente. la codicia. ondeando las colas. traspasar la carcoma de tus huesos. Plutón. sino la luz del sol que se refleja en la impía brillantez de su frente perlada de sudor. sé demasiado. se me escapa un pedo mientras camino. el canto de tus nervios. ¡No es justo! Nacida y arrojada a un vacío en medio del tiempo.La belleza del mundo en que vivo me corta la respiración. Todo mi talento sirve solamente para la inmanencia. tenga bajo mis pies la cabeza de un magistrado como yo. Coetzee se desnuda también en su novela Esperando a los bárbaros. Neptuno. con el hierro. Por otro lado. que inhalan y exhalan en la negrura.. de esta idiotez rural. a diario: Puede que en mi excavación sólo haya escarbado la superficie. el olor que notan quienes viajan a través del tiempo y del espacio. los planetas aún por descubrir. pero a propósito de una vida aún por venir. me llega ese olor que tiene la sangre en común con la piedra. susurrándome quién sabe qué. Tendría que haber vivido en la ciudad. sonrientes. En cierto modo.. sobre todo. aquejados por la pesadumbre que les acusa el tener que morir. Me duele el brazo. me gustaría finalizar este artículo. imposible respuesta. padre. si al menos me fuera dado conocer tus secretos. lo que despierta en mí la vergüenza más profunda. y una vez que uno se ve infectado de este saber no parece haber recuperación posible. Pero es el reconocimiento de lo aleatorio de mi malestar. con el aceite. la única que intenta crearse una vida propia en medio de esta tormenta de la materia. la vacuidad. otro sirviente canoso de un Imperio que. la indiferencia más grande ante la destrucción. dan a pesar de todo gracias por haber vivido. caen las escamas de los párpados de los condenados cuando avanzan hacia el cadalso o hacia el tajo del verdugo. oír el tumulto de tu tuétano. con la que a pesar de haber sido transcrita antes. El nudo se enreda en sí mismo. si eso es lo que es. de su dependencia de un niño que un día gimotea bajo mi ventana y al otro está muerto. Quizá debiera renunciar a mi lealtad al sol para entregársela toda a la luna. enfrentado finalmente al bárbaro.. donde todas las cosas salvo yo no pasan de ser meras cosas! Yo sola. Del mismo modo. habitado por los huesos de un pueblo que creyó que estaría a salvo entre altas murallas.