Legitimación social del uso de Mariguana; el caso Rastafari Boboshanti En el trabajo anterior1 la información recabada sobre el consumo de mariguana

fue deliberadamente puesta al margen debido a la existencia de un estereotipo que no deseaba potenciar. Dicho estereotipo consiste en relacionar de manera reduccionista la cultura Rastafari con la música reggae y el consumo de mariguana. Excluir esos antecedentes fue un error, aquella dimensión relegada es parte constituyente e importante del cuadro general que pretendo trazar, siendo ahora incorporada dentro del modelo etnográfico de la colectividad representada. El contenido aquí expuesto puede entregarnos lecciones que nos permitan ampliar el marco de reflexión sobre el uso de esta hierba, más allá del prejuicio negativo que generalmente conlleva esta significativa temática, controversial fuera del círculo en el que se enmarca y plenamente vigente en la actualidad. Comienzo señalando que dentro del orden de vida Rastafari Boboshanti esta

socialmente aceptado el disfrutar del uso y los efectos de la ganjah, apelativo con el que usualmente denominan a la marihuana, haciendo de esta practica un acto legítimo en su contexto. No obstante, no todos los miembros del grupo la utilizan. Esto radica en el libre ejercicio de la voluntad y en la necesidad particular que sienta cada persona: “Algunas lámparas necesitan más aceite que otras para brillar”, me expresó en una ocasión uno los profetas2 mientras fumábamos congregacionalmente, aludiendo a ese continuum existente entre altas, medianas, bajas o nulas dosis de acuerdo a cada sujeto. La afirmación fue realizada como replica a un comentario con intención de broma que yo formulara después de que me ofrecieran nuevamente uno de los spliff3 que circulaban de mano en mano; “No gracias, -dije- estoy bien, más seria gula”. Más allá de la anécdota, la enunciación devela la connotación positiva que le es asignada a la planta, ya que es un elemento que se emplea para “brillar”, vocablo no gratuito, intencionado en el sentido benigno que se le adjudica, que al igual que muchas de las concepciones que orientan la visión de mundo de esta
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Lagos, R (2010) Cultura Negra; Meditaciones sobre la Dimensión Ritual del Orden Rastafari Boboshanti en Chile. Tesis de grado para optar al título profesional de Antropólogo Social. Disponible en: http://www.blackking.net/Tesis%20sobre%20Cultura%20Negra.%20Rafael%20Lagos..pdf 2 Titulo que reciben los hombres que han pasado por el rito de paso de la coronación donde se hace oficial la pertenencia al grupo. 3 Cigarrillo de mariguana.

cultura, emanan de la interpretación bíblica:“Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba, plantas que den semilla y árboles frutales que den fruto según su especie, cuya semilla esté en él sobre la tierra. Y fue así (…) y vio Dios que esto era bueno” (Génesis 1: 11-12). En otra oportunidad se me indicó mientras fumábamos observando Villa Alemana y Quilpué desde la colina de un cerro: “Una de las cosas que más me gusta del orden es la hierba”. Por cierto, claramente en un contexto sociocultural donde su uso se encuentra legitimado (y normado), el consumo de marihuana resulta grato y naturalizado, alzándose por sobre cualquier estigma o criminalización propia de la sociedad dominante dentro de la cual esta comunidad se inserta. Pese a esta condición, dentro del Congreso Negro Internacional Etíope Africano

(EABIC)4, no esta permitido cultivar la planta en cuestión. Esta determinación busca evitar perjudicar a la organización que se ha establecido su cultura con un gobierno, parlamento, iglesia, tradiciones y rituales propios que resultan prioridad proteger dada la legislación vigente en este y en muchos otros países donde se emplaza la colectividad -recordemos que el EABIC se encuentra presente en distintas regiones a nivel mundial, trabajando desde cada cual por su objetivo concluyente: la repatriación y unificación en tierra africana- y, puesto que el grupo no habita en un territorio soberano erigido como estado nación , dicha actividad agrícola estaría en directo conflicto con la ley imperante. En relación a esto, recuerdo con cierto grado de conmoción cuando al arribar por primera vez a la sede en Chile se me comentó que en cierta oportunidad, a raíz del motivo anterior, un sacerdote habría tirado a la basura una incipiente plantación en maceteros, evitando así el autocultivo en sus dependencias. Esta situación, en no en pocas ocasiones, los impulsa a pagar altos costos por un producto que infla su valor en medio del afán prohibicionista propio de esta época, el cual ha llegado a restringir y poner cerco incluso a la naturaleza misma. Esta concepción prohibicionista acerca de las drogas, que incluye también a la mariguana, responde en mayor medida a criterios de voluntarismo político que a hechos comprobables en el área de la salud ya que desde hace tiempo y cada vez más frecuentemente se hacen patentes los beneficios que esta planta ofrece. La política basada en estos criterios responde menos aún a una lógica coherente con que enfrentar las
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Nombre institucional de la red de comunidades Boboshanti alrededor del mundo.

problemáticas que se han generado a raíz de su mismo proceder, incluso cuando su cuestionable cruzada a demostrado con creces ser contraproducente debido a la criminalidad de las dinámicas vinculadas al mercado negro, el envilecimiento en la sustancia al manipularla con productos químicos (con el consecuente deterioro a la salud del ser humano) y finalmente, pese a todos los nefastos sucesos anteriores, el alza indiscutible en el número de consumidores. La Meditación del grupo con respecto a esta temática indica que por su constitución la hierba debiera ser intrínsecamente libre, tal como fue creada. Es simple. Huelga decir que toda mariguana a de ser natural para ser aceptable ante la colectividad, encontrándose descartadas sus versiones adulteradas. Por añadidura, si bien su utilización se encuentra en regla con los principios del orden donde esta tiene cabida, no constituye jamás una obligación para sus miembros. Parece correcto afirmar que la ganjah constituye en esta cultura un medio para la comunión con Dios, una especie de “sacramento”, sin embargo está lejos de ser una condición sine cua nón o necesaria, siendo la forma preponderante de alcanzar dicha unión con lo divino el sentimiento de amor que cada cual es capaz de plasmar en su entorno material y en su construcción de espiritualidad. Al margen de la desinformación tendenciosa e inescrupulosa pregonada desde CONACE, el Ministerio del Interior, los cuerpos de policía y el estado de Chile en general (que no vale la pena reproducir aquí), dentro de la comunidad Boboshanti las propiedades curativas de la ganjah son reconocidas, su potencial lúdico recreativo apreciado y su incidencia positiva en el autoconocimiento y la meditación congregacional substancialmente valorada. Todo esto finalmente desemboca en el acto reverencial, previo a cada fumada, de dar gracias por la hierba, de modo similar al efectuado previa ingesta de alimentos. Es un dar y recibir constante. Cuando el spliff es compartido circula siempre hacia la izquierda, siendo entregado al hermano contiguo “por el lado del corazón”. Igual principio se aplica al chalice, instrumento para fumar similar a

una pipa de agua, poseedor de una mayor importancia simbólica que el spliff por contener en su interior a los cuatro elementos primordiales. Tierra, como sinécdoque al coco o a la madera que forma la materia prima de la pipa y también en relación a la misma planta que de ella proviene y en ella se fuma. Agua, presente dentro del recipiente que forma el cuerpo de la pipa, a través de ella circula el humo que es enfriado mediante dicho paso. Fuego, utilizado para encender la hierba, presente en el chalice mientras dure la combustión. Finalmente viento o aire, manifestado mediante la metáfora etérea del humo que se inhala y despliega la meditación. Pese a los beneficios que su adecuado uso puede facilitar, es ampliamente conocida la máxima que indica lo nocivo de todo exceso. Por tanto, es respetado dentro del orden quien estando influenciado por la psicoactividad canábica es capaz de comportarse de modo funcional a su diario vivir, sin llegar a perjudicar otros aspectos cotidianos. De esta manera, es común en períodos de abundancia fumar ganjah mientras se realizan labores productivas en la industria alimentaria del Congreso, base económica de muchos de sus miembros. De similar modo, quemar hierba antes de oficiar un servicio eclesiástico, como a veces ocurre –aunque nunca dentro del tabernáculo donde este servicio se a de realizacabo manera normal, llevándolo posteriormente

irreprochablemente

demuestra que la mariguana para nada constituye un agente disruptivo en este contexto, sino que se acopla armónicamente al modo de vida desarrollado. Conjuntamente a la prescripción de no fumar dentro del tabernáculo, el orden Boboshanti establece que durante el día del Sabbat no esta permitido su consumo. Esta reglamentación tiene como finalidad fortalecer la participación en el culto consagrado al Señor, principio fundamental del EABIC, intentando evitar mediante esta formula, que el día de reposo instituido como pacto entre Dios y los hombres sea desplazado por una autocomplacencia distraída en demasía.

La experiencia descrita, precisamente por provenir de un espacio sociocultural tan diferente, puede permitirnos analizar con otra mirada el respeto, la responsabilidad, la armonía y funcionalidad que es factible alcanzar en un espacio donde la mariguana es legitimada, aportando desde la antropología un ejemplo concreto. Cuadros como el aquí trazado, campañas informativas que eduquen sobre los efectos científicamente constatables en el ser humano y otras medidas que resulten apropiadas deben, en mi opinión potenciarse, ya que pueden incidir positivamente en la realización de las transformaciones que anhelan los movimientos sociales que buscan terminar con las políticas prohibicionistas que tanto daño generan en Chile y el mundo. Sabemos que esto no vendrá otorgado desde la institucionalidad vertical del poder establecido y por tanto somos nosotros mismos quienes podemos aportar desde nuestro lugar a construir una sociedad con una mejor calidad humana y una mejor calidad de vida, es por esto que invito a todos quienes quieran sumarse a exponer sus contribuciones en esta línea de pensamiento.

Rafael Lagos Acuña, Antropólogo Social Universidad Bolivariana. Puente Alto, Julio 2011.

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