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UNIVERSIDAD DE SAN MARTÍN DE PORRES

FACULTAD DE MEDICINA HUMANA

INFORMÁTICA MÉDICA II
“TELEMEDICINA”

Lic. Dante Bobadilla


Introducción
Una revisión de la literatura médica existente sobre Telemedicina, acumulada apenas en los últimos diez
años, nos revela de inmediato que se trata de un campo en vertiginoso crecimiento y permanente cambio.
Las visiones y conceptos, así como las mismas experiencias presentadas por distintos autores, reflejan tal
variedad de inquietudes que no puede menos que generarnos una sensación de incertidumbre a la hora de
enfrentarnos con la tarea de esquematizar estas ideas y generar un concepto apropiado. En consecuencia,
lo primero que debemos advertir al lector es que aquello que todos llamamos Telemedicina es en realidad
un amplísimo campo capaz de albergar una gran variedad de inquietudes, experiencias médicas y
necesidades de salud cubiertas de las más diversas formas, y que pueden o no tener similitudes
dependiendo de la especialidad médica de la que se trate y de la circunstancia particular que se aborde.
Otro aspecto importante que debemos destacar desde el principio es que la Telemedicina es un campo que
por su estrecha vinculación con la tecnología, y en especial con la tecnología de las telecomunicaciones,
es susceptible de sufrir rápidas mutaciones haciendo que la literatura sobre estas áreas quede muy pronto
fuera de actualidad. Lo más peculiar de la Telemedicina es que no se trata de algo construido y definido,
sino que es algo que siempre está por hacerse, siempre hay un horizonte que alcanzar, una posibilidad de
cambio a la vista.
A los amantes de los conceptos les resultará decepcionante saber que no hemos hallado uno lo
suficientemente amplio y cabal que nos proporcione una noción exacta de lo que es la Telemedicina hoy.
Ni siquiera la amplia definición de la OMS ofrece contornos definidos que permitan distinguir claramente
una imagen precisa y actualizada de la idea en ciernes. Por tal motivo, preferimos abordar el tema con una
discusión que ubique cada cosa en su lugar, de modo que le facilite al lector la tarea posterior de
ensamblar su propio concepto en función de los elementos que han quedado definidos.
¿Qué es Telemedicina?
Una asombrosa definición nos dice que es ejercer la medicina a distancia. Así de simple y escueta.
Estrictamente hablando es verdad, aunque uno siempre espera mucho más de una definición. Sin
embargo, todo lo que viene después es tan solo tratar de precisar de qué manera se ejerce esa medicina y
bajo qué circunstancias. Las opiniones de diversos autores en la materia van desde el extremo de
considerar a una simple llamada telefónica o un correo electrónico, hasta la exigencia de una dramática
distancia entre los participantes. Ya que es prácticamente una norma citar la definición de la OMS en este
caso, empezaremos nuestro análisis con ella:
“La telemedicina es el suministro de servicios de atención sanitaria, en los que la distancia
constituye un factor crítico, por profesionales que apelan a las tecnologías de la información
y de la comunicación con objeto de intercambiar datos para hacer diagnósticos, preconizar
tratamientos y prevenir enfermedades y heridas, así como para la formación permanente de
los profesionales de atención de salud y en actividades de investigación y evaluación, con el
fin de mejorar la salud de las personas y de las comunidades en que viven”.
Es fácil advertir que esta definición ha quedado rezagada en el tiempo. Según la OMS el factor crítico
para el empleo de la Telemedicina es la distancia y toda su definición se apoya sobre esta enorme viga.
Sin embargo, hoy existen muchas otras circunstancias en que la distancia no cuenta sino otros aspectos
como la seguridad, eficiencia y hasta la comodidad. Se dan casos de empleo de alguna forma de
Telemedicina para enfrentar situaciones de alto riesgo en zonas de desastre, evitando los peligros de
derrumbes o contaminación bacteriológica o nuclear como lo acontecido en Chernobil. También se
emplea la Telemedicina para atender sin riesgos a la población de un penal o para incrementar la
eficiencia en el control de ancianos recluidos en un asilo. Incluso se ha planteado el empleo de
Telemedicina para vencer la resistencia de algunas personas y culturas al examen directo de un médico en

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tareas delicadas como la ginecología, o la atención dermatológica de ciertas zonas del cuerpo, entre otras.
De modo pues que ya no debemos restringir la Telemedicina a la distancia, entendiendo por distancia a
las extensas e infranqueables lejanías a que se refiere el término. Hay otras situaciones críticas que
también la justifican plenamente.
El otro aspecto que reconoce la OMS es el empleo de tecnologías de información y de comunicación.
Para decirlo de otro modo, computadoras y telecomunicación en cualquiera de sus variantes. ¿Pero qué
hay de la tecnología médica por sí misma? Hoy en día la medicina cuenta ya con instrumental electrónico
capaz de comunicarse por su propia cuenta y enviar su señal, tal cual, sin intermediarios ni conversiones
de ningún tipo. De otro lado, la OMS parece no considerar la posibilidad de un tratamiento directo
mediante Telemedicina, y la limita al diagnóstico, la preconización de tratamientos, la prevención de
enfermedades y la formación de médicos. No obstante, la tecnología médica moderna hace posible que la
Telemedicina esté presente en la sala de operaciones, actuando directamente sobre el paciente, y muy
pronto tendremos dispositivos actuando incluso dentro del paciente realizando diversas tareas como
monitorear su estado, estimular algunas zonas o afectar su metabolismo con la posibilidad de
autorregularse o de ser regulados remotamente según las condiciones que presente el paciente en cada
momento.
Como vemos, la tan citada definición de la OMS sobre Telemedicina es ya historia cuando apenas ha
transcurrido una década de su publicación. Muchos otros conceptos que se formaron en una etapa inicial
de este campo han quedado desactualizados por el vertiginoso avance de la tecnología en todos los
aspectos. Aun prevalece muy arraigada la idea primigenia de que Telemedicina es algo a emplear solo en
casos de grandes e insalvables distancias, y muy pocos reconocen su utilidad en otras circunstancias
igualmente difíciles de manejar directamente, cara a cara. Asimismo, la rápida e incesante aparición de
todo un nuevo arsenal de equipo médico avanzado con capacidades de procesamiento, almacenamiento y
conectividad, ha cogido por sorpresa a muchos que ni siquiera imaginan su gran utilidad y, sobre todo, el
cambio radical que significan para el ejercicio médico. En consecuencia, lo que nos queda es hacer un
inventario al día de todas las experiencias, posibilidades y tendencias actuales en Telemedicina, a fin de
que podamos tener una idea más precisa y completa de todo lo que este campo no tan nuevo significa
hoy.
Tratando de responder a la pregunta que encabeza esta sección, estamos en condiciones de asegurar que la
Telemedicina se encamina a ser solo una manera especial de ejercer la medicina y, en un futuro cercano,
tal vez la manera más común.
Características de la Telemedicina
Lo primero que caracteriza a la Telemedicina es el empleo de tecnología. Ciertamente muchas otras
especialidades médicas como la radiología dependen también de la tecnología, sin embargo la diferencia
es que en Telemedicina los equipos tienen una característica adicional: están listos para transmitir su
señal. Por otro lado, gracias a la Telemedicina han ingresado al campo clínico muchos equipos que no
fueron originalmente diseñados como equipo médico, tales como las cámaras de video y los aparatos de
TV, que hoy ya forman parte del equipamiento médico habitual en muchos centros de salud para
monitorear a los pacientes. En la actualidad es incesante el desarrollo de equipo médico capaz de
almacenar y/o transmitir su señal sin necesidad de ningún tipo de conversión ni de apelar a equipos de
otra clase. No podemos hablar de Telemedicina si no hay de por medio un equipo médico electrónico
actuando como elemento fundamental de la actividad clínica en la tarea de acercar al médico y al
paciente, pero no solo como un medio de comunicación sino como instrumental clínico que explora,
analiza y evalúa al paciente convirtiéndose en una extensión física del médico. Nos parece necesario
remarcar el término clave: tecnología médica. Esto quiere decir que ya no nos referimos únicamente al
empleo de tecnologías ajenas como filmadoras, televisores, ordenadores, telefonía, etc. La Telemedicina
se ejerce hoy con equipo estrictamente médico, que comparte las características principales de la
tecnología actual: señal digital y conectividad.
Por otro lado, la Telemedicina exige irremediablemente conocimientos de tecnología. Tradicionalmente
los médicos han tenido que vérselas con la necesidad de aprender a manipular uno que otro equipo y, en
cierta forma, esta exigencia ya existía, pero limitada al equipo que se precisa para ejercer. En
Telemedicina esta necesidad es mucho más amplia y constante. Además, otra gran diferencia es que la
tecnología en la Telemedicina no está enfocada en ayudarnos a ampliar nuestra capacidad de percepción
del paciente, de su problema, y a descubrir su mal, lo que nos permite la tecnología es simplemente llegar
al paciente. De este modo, escuchar los latidos de un corazón es exactamente lo mismo mediante un
estetoscopio sostenido directamente sobre el pecho del paciente o mediante unos auriculares que reciben
el ruido desde algún otro lugar en el que se encuentre el paciente. De este modo la tecnología de la

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Telemedicina compromete por igual a todas las especialidades médicas porque les abre la posibilidad de
llegar más allá de donde sus propios medios se lo permitían. El conocimiento de la tecnología hará
posible que cualquier médico pueda ejercer de una manera diferente y esté disponible para más personas
en un radio de acción mucho más amplio e inesperado. Es imposible plantear soluciones en Telemedicina
si no se conocen las capacidades, las alternativas, facilidades y limitaciones que tenemos en el terreno
tecnológico.
Por supuesto, la gran característica de la Telemedicina es que el tratamiento abandona su tradicional
ambiente de la relación cara a cara. Esto ha sido uno de los tópicos de mayor debate en Telemedicina.
Pero se trata fundamentalmente de un debate filosófico. En la práctica, lo que todo paciente quiere, en
primer lugar, es atención y, por supuesto, cura. Todo lo demás es un debate en el que podemos ingresar
sin la seguridad de poder abandonar. Desde luego, acá no vamos a esquivarlo, pero lo afrontaremos de
una manera esterilizada. En principio hay que decir que la Telemedicina no es una moda ni un estilo, por
más que algunos médicos lo hayan tomado así apresurándose a abrir sendas páginas web para la atención
on-line mediante el Chat. Hay que distinguir a la Telemedicina de lo que es simplemente una consulta
médica a distancia, por cualquier medio, planteada como una facilidad al paciente. Si bien la
Telemedicina surge como respuesta a una necesidad que de otro modo resultaba insalvable por la
distancia, las posibilidades actuales que brinda la tecnología permiten enfocarla hacia otras circunstancias
con el propósito de optimizar, facilitar y mejorar la atención de determinados pacientes. Estas son
condiciones que la justifica plenamente, más allá de cualquier objeción que se halle fuera del ámbito
estrictamente clínico. En segundo lugar, la mayoría de los reparos planteados por la pérdida de la relación
cara a cara se basa en suposiciones acerca de capacidades del médico que no son siempre objetivas ni
reales, tales como la cordialidad y la empatía. En el caso de existir tales condiciones en el médico, no
tendrían porqué perderse a través de una comunicación a distancia, si es que esta llegara a producirse
dentro del tratamiento por Telemedicina, lo que no es una exigencia realmente.
El ideal de una relación médico-paciente rodeada de calor humano, simpatía y dedicación, es cada vez
más metafísico, especialmente en los hospitales públicos donde a diario los médicos tienen que vérselas
con cantidades agobiantes de pacientes, ajustándose además a las exigencias del ambiente burocrático
administrativo con un horario que siempre resulta insuficiente. En este escenario, la Telemedicina puede
resultar, antes bien, una alternativa que contribuya a mejorar aquella relación médico-paciente tan venida
a menos en la vida real de nuestras instituciones de salud pública. En tal sentido, antes de buscar qué
puede perderse en una relación a distancia, deberíamos encontrar todo lo que se puede ganar.
Para terminar diremos que la Telemedicina impone una manera distinta de pensar y de enfocar el
tratamiento médico, así como un cambio radical en el manejo del proceso y diseño de los sistemas de
salud. Aun hoy es difícil percibir el esquema totalizador que impone la Telemedicina. No se puede pensar
en términos parciales, aislados. En Telemedicina debemos involucrarnos en cada detalle del servicio
asistencial y hacerlo distinto. Cada parte del sistema tiene que estar interconectado mediante los
adecuados dispositivos electrónicos, estos equipos deben tener la capacidad de almacenar su información
y transmitirla, el historial clínico debe estar accesible desde cualquier punto y contener las imágenes,
sonidos y gráficos que faciliten la comprensión cabal del problema y del paciente, el personal debe estar
especialmente entrenado para el manejo tecnológico del sistema así como el seguimiento de los
protocolos que han de haberse establecido con anterioridad. Incluso debemos contar con una adecuada
base legal y apropiados convenios que permitan darle al sistema una cobertura completa de seguridad y
fluidez. En Telemedicina no hay lugar para la improvisación, todo tiene que haber sido previsto, incluso
las fallas del sistema, que en un ambiente tecnológico no son nada raras.
La perspectiva del futuro
En muchas áreas de la vida humana, la tecnología ha actuado como una divisoria de aguas. Y en la
medicina no hay ninguna excepción a esta regla. Hoy podemos decir con plena certeza que en poco
tiempo habrá dos clases de medicina: la tradicional y la Telemedicina. A medida que la humanidad vaya
ampliando la tecnología y, en consecuencia, dependiendo de ella cada vez más, la Telemedicina va a
consolidarse inevitablemente hasta llegar a ser la alternativa más eficaz en la sociedad tecnológica del
futuro. Hace menos de cien años el mundo no pensaba que la humanidad dependería del automóvil y,
menos, de los aviones. Hace 30 años nadie imaginó que las computadoras estarían en cada oficina y hasta
en las casas ayudando a resolver toda clase de problemas. Nadie se imaginó que las personas estarían
ligadas por el teléfono celular y que mediante este pequeño aparato que cabe en la mano pudieran no solo
hablarse sino verse, mostrar su entorno, fotografiar y enviar la imagen, ver televisión, buscar información
en todo el mundo, guardar información, oír música, etc. La tecnología ha transformado la forma de hacer
periodismo, educación, cine y hasta la forma de cocinar. La medicina también se ha visto afectada y

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beneficiada por el avance tecnológico. Se calcula que un 70% de las consultas que hoy se realizan en los
centros asistenciales podrá ser resuelto en el futuro mediante la Telemedicina.
Del mismo modo en que el termómetro se convirtió en una herramienta casera, muchos otros aparatos de
medición clínica están ya disponibles para su empleo en el hogar y pueden ser conectados a una PC para
llevar un registro diario de la presión, por ejemplo. Ya se vende software médico al público. En poco
tiempo, un paciente podrá ser examinado por el médico mediante una video conferencia en la que
intervenga cierto tipo de instrumental clínico casero que proporcione la información necesaria para un
rápido diagnóstico preliminar. Datos clínicos como la temperatura, presión arterial, ritmo cardiaco y
respiratorio, así como el examen ocular de diversas partes del cuerpo, incluyendo garganta y oído, no son
hoy en día nada difíciles de obtener mediante una video conferencia. Existen en el mercado pequeños
laboratorios químicos que pueden realizar diversos exámenes clínicos con la orina, la saliva y el aire
exhalado. Sin duda no falta nada para que se ofrezcan laboratorios portátiles más completos que puedan
emplearse en postas de salud o en hogares de localidades remotas o de pacientes crónicos, con el
propósito de estar mejor preparados para una tele consulta. Esto sería no solo una gran ayuda para estas
personas sino que también aliviará la congestión actual de los centros asistenciales públicos. Una gran
parte de las atenciones podrían resolverse con la Telemedicina, que a fin de cuentas no será más que la
forma corriente de atención clínica, por lo menos en su fase primaria.
La posibilidad de fabricar dispositivos electrónicos cada vez más pequeños nos ofrece una perspectiva de
futuro muy inquietante en el campo de la salud. Hoy un microchip del tamaño de un grano de arroz capaz
de transmitir señales, puede ser insertado en el cuerpo de una persona para muchos fines. En el presente
se le emplea con propósitos de seguridad por los temores que ha generado el terrorismo internacional,
pero superada esta etapa, estos microchips podrían ser insertados en distintas partes del cuerpo para medir
toda clase de circunstancias peligrosas para la salud del individuo y emitir una señal de alerta en el
momento oportuno.
Por otro lado, la Telemedicina hará posible el concurso de calificados especialistas en el tratamiento de
casos especiales sin la necesidad de que estén físicamente presentes. La segunda opinión y, en especial, la
opinión de un especialista, será parte del procedimiento habitual en cualquier ambiente clínico que esté
tecnológicamente preparado. Todo el material clínico podrá ser transmitido de inmediato para ser
revisado en cualquier lugar del mundo. Los pacientes podrán ser revisados en línea con instrumentos que
amplifican docenas de veces la visión humana. Aun podrán ser “manipulados” a distancia con brazos
hidráulicos robotizados.
Muchos siguen percibiendo la Telemedicina como una simple teoría, una excentricidad de la opulencia, o
en el mejor de los casos, un complemento de la medicina “tradicional”, sin percibir que en unos años la
Telemedicina pasará a ser simplemente “la medicina”. Bajo este punto de vista compartimos la opinión de
que la Telemedicina no es solo una opción sino el futuro que se nos viene impulsada desde distintos
frentes.
Una de las circunstancias que hará indispensable la Telemedicina en el futuro es la tendencia actual de
vivir fuera de las ciudades. Hoy las ciudades más importantes se encuentran saturadas, con poblaciones
que se cuentan por millones y con una infraestructura urbana deficiente. Los problemas habituales de una
gran ciudad tales como la contaminación, la inseguridad, las dificultades para movilizarse de un punto a
otro, los sobrecostos, etc., están llevando a cambiar la tendencia en el sentido opuesto, es decir, buscar
pequeñas ciudades satélite, balnearios, clubes residenciales, que liberen a las personas de la penosa carga
que significa soportar las condiciones de vida en una gran ciudad. Ciertamente esto es más factible para
los jubilados que ya no precisan acudir cada día al centro de labores y que hace unas cuantas décadas
dieron paso a la formación de famosos balnearios de jubilados al sur de la Florida y en muchos otros
lugares de EEUU. Pero esta tendencia a abandonar las megápolis se está presentando también en las
grandes corporaciones que hoy se instalan en los alrededores de una gran urbe congestionada. En muchos
lugares, la política de gobierno ofrece ventajas a las grandes corporaciones que se instalan fuera de las
ciudades. Además de ello, las corporaciones que crecen y requieren de mayor espacio pueden acceder a
grandes terrenos que sería imposible hallar en las ciudades o cuyo costo sería demasiado oneroso. En la
actualidad muchas grandes corporaciones ya están cómodamente instaladas en gigantescas extensiones de
terreno fuera de las ciudades y esta tendencia va a seguir en el futuro. Paralelamente, tal como ocurre con
las instalaciones mineras que se ven obligadas a construir pequeñas ciudades que sirvan de habitación a
sus trabajadores, estas grandes corporaciones ya están llevando a cabo ingeniosos proyectos para dotar de
vivienda a sus trabajadores, las que en poco tiempo acabarán convertidas en pequeñas ciudades con
colegios, centros comerciales y, por supuesto, pequeñas postas médicas. El panorama que ofrece este
futuro es que las poblaciones van a distribuirse de una manera muy distinta a lo que hoy tenemos en
nuestras grandes ciudades. Si en el siglo XX fue factible y necesario construir gigantescos hospitales en el

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centro de las grandes ciudades, lo más probable es que en el siglo XXI los grandes hospitales se
conviertan en una anacronía del pasado, tal como ocurrió con los dinosaurios. El futuro plantea otros
desafíos, nuevas estrategias, modos diferentes de abordar el problema de la salud pública. En la
actualidad los balnearios de jubilados de EEUU han optado por la Telemedicina como la solución más
eficiente a sus necesidades de salud y ya no precisan manejar 3 horas para llegar a un centro de salud a
hacerse una revisión rutinaria. Las postas médicas de los balnearios cuentan hoy con todo el equipamiento
necesario para que lo médicos del hospital más cercano puedan revisar a sus pacientes sin que estos
tengan que hacer un viaje de varias horas. Este modelo de atención primaria es el que más se asemeja a lo
que será la atención de la salud en el siglo XXI.
Por otro lado, las ventajas que ofrece la tecnología nos abre muchas otras perspectivas insospechadas. La
Telemedicina se emplea mayormente hoy para llegar a lugares de difícil acceso como ciudades insulares o
balnearios de reposo alejados de los centros urbanos. Sin embargo cada vez son más los proyectos que
abordan el problema del tratamiento en penales de máxima seguridad, en asilos de ancianos y en el
monitoreo de cierto tipo de pacientes desde su hogar o un centro de atención primaria. Está muy cercano
el día en que los dispositivos personales de registro de datos clínicos será muy común y muchas personas,
especialmente la población de alto riesgo, podrán realizar sus actividades diarias conectados en todo
momento a dispositivos de monitoreo, del mismo modo en que hoy caminan con un Ipod o un reproductor
MP3, o un celular en el bolsillo, los pacientes cardiacos, los hipertensos, los diabéticos, etc., podrán vivir
más seguros con dispositivos móviles que revisen permanentemente sus signos vitales, los registren en su
memoria o los transmitan permanentemente a los centros de monitoreo. Estos dispositivos podrán enviar
una señal de alarma incluso antes de que la persona se de cuenta que está entrando en una situación
crítica. Los paramédicos podrán tener la información vital aun antes de estar frente al paciente.
En una etapa posterior sin duda tendremos dispositivos que puedan “intervenir” para corregir una
anomalía como la deficiencia de ciertas sustancias. Hoy es posible instalar en el cuerpo dispositivos
“tontos” que tan solo liberan determinadas sustancias paulatinamente. En el futuro podremos contar con
unidades minúsculas que no solo la liberen sino que lo hagan bajo ciertas condiciones, o que pueden ser
programadas para evitar los típicos olvidos de las personas para tomar sus medicamentos, o que pueden
ser activadas incluso bajo un comando remoto accionado por el médico.
Todas estas posibilidades que nos brinda la tecnología significarán un cambio radical en la manera de
ejercer la medicina, para lo cual debemos estar ya preparados.