Tres piezas de Teatro en un Acto

Maurice Maeterlinck
Premio Nobel de Literatura 1911

Tres piezas de teatro en un acto:

LA INTRUSA LOS CIEGOS INTERIOR

PERSONAJES
EL ABUELO. EL PADRE. EL TÍO. LAS TRES HIJAS. LA HERMANA DE LA CARIDAD. LA CRIADA.

(Es ciego.)

La acción se desarrol a en l t l os iempos modernos.

ACTO ÚNICO Sala bastante sombría en un antiguo castillo. Puerta a la derecha, puerta a la izquierda y puertecilla disimulada en un ángulo. En el fondo, ventanas con vidrieras de colores, en las cuales domina el verde, y una puerta de cristales que abre sobre una terraza. Gran reloj flamenco en un rincón. Lámpara encendida.
LAS TRES HIJAS. EL ABUELO. EL PADRE. EL TÍO.

—Ven aquí, abuel siént e bajo l l o; at a ámpara.

—Me parece que hay poca l aquí. uz

—¿Vamos a l t a erraza o nos quedamos en est habit a ación?

—¿No val dría más quedarnos aquí? Ha l ovido t l semana, y est noches l oda a as —Sin embargo, hay est l rel as.

son húmedas y frías.
LA HIJA MAYOR. EL TÍO.

—¡Oh! Las est l no quieren decirnada. rel as —Val más que nos quedemos aquí. No se sabe l que puede ocurrir. e o —Creo que no est bien... á —He oído su voz. —Ya no hay que t enerinquiet Ya no hay pel ud. igro; est sal á vada... —¿Porqué dice ust eso? ed —Los médicos aseguran que podemos est ranquil art os... —Yo no veo como vosot ros.

EL ABUELO. EL PADRE.

EL ABUELO. EL PADRE.

EL ABUELO. EL PADRE. EL TÍO.

—De sobra sabes que a t suegro l gust int u e a ranquil izarnos inút ment il e. —Pues es preciso fiarse de l que ven. Est t os a arde t enía muy buena cara.

EL ABUELO. EL TÍO.

Duerme profundament y no vamos a envenenarl primera noche t e, a ranquil que elazar a nos da... Me parece que t enemos derecho a descansar, y hast a reírun poco, sin t a emor, est noche. a
EL PADRE.

—Es verdad; es l primera vez que me sient en mi casa, ent l míos, a o re os

después de est part t e o erribl e.
EL TÍO.

—En cuant l enfermedad ent en una casa, parece que hay un ext o a ra raño en l a —Pero ent onces t ambién se ve que, fuera de l famil no hay que cont a ia, ar

famil ia.
EL PADRE.

con nadie.
EL TÍO.

—Tienes mucha razón. —¿Porqué no he podido verhoy a mi pobre hija?

EL ABUELO.

EL TÍO.

—Ya sabe ust que elmédico l ha prohibido. ed o —No sé qué pensar... —(Señalando la puerta de la izquierda.) ¿No puede oírnos? —Es inút ilque se inquiet ust e ed. —No habl aremos muy al o; además, l puert es muy gruesa, y, además, l t a a a —(Señalando la puerta de la derecha.) ¿No puede oírnos elniño? —¿Duerme? —Habría que ira ver.

EL ABUELO. EL TÍO.

EL ABUELO. EL PADRE.

Hermana de l Caridad est con el a y nos avisaría si hiciéramos demasiado ruido. a á l
EL ABUELO. EL PADRE.

—No, no. —Supongo que sí.

EL ABUELO. EL PADRE.

EL ABUELO. EL TÍO.

—Más me inquiet elniño que su hija de ust Ya van varias semanas desde a ed.

que nació, y apenas se ha movido; hast ahora no ha l orado una sol vez; parece un a l a niño de cera.
EL ABUELO.

—Creo que será sordo, y acaso mudo... Est t o raen l mat os rimonios

consanguíneos... (Silencio reprobador.)
EL PADRE. EL TÍO.

—Casi l t e engo rencorporelmalque ha causado a su madre.

—Hay que serrazonabl no es cul suya, ¡pobrecil o! ¿Est sol en esa e; pa l á o —Sí, elmédico no quiere que est en l habit é a ación de su madre. —No; ha ido a descansarun moment bien ganado l t o; o iene, después de est os —Sí, padre. (Las TRES HIJAS se levantan y, cogidas de la mano, entran

habit ación?
EL PADRE. EL TÍO.

—Pero ¿l nodriza est con él a á ?

EL PADRE.

días. Úrsul ve a versi duerme bien. a,
LA HIJA MAYOR.

en la habitación de la derecha.)
EL PADRE. EL TÍO.

—¿Sabéis a qué hora vendrá nuest hermana? ra —Son ya más de l nueve. Quisiera que viniese est noche; mi mujerdesea as a

—Creo que vendrá hacia l nueve. as

EL PADRE.

mucho verl a.
EL TÍO.

—Es seguro que vendrá. ¿Es l primera vez que viene aquí? a —No ha ent rado nunca en est casa. a —¿Vendrá sol a? —Le es muy difícildejarsu convent o. —Me figuro que l acompañará una de l monjas. No pueden sal a as irsol as.

EL PADRE. EL TÍO.

EL PADRE. EL TÍO.

EL PADRE. EL TÍO.

—El a es l superiora. l a —¿Ya no t enéis inquiet ud?

—La regl es igualpara t a odas. —¿Porqué vamos a t enerinquiet No hay que habl ud? armás de eso. Ya no hay —¿Tu hermana es mayorque t ú? —No sé qué me pasa; no est t oy ranquil Quisiera que t hermana est o. u uviese

EL ABUELO. EL TÍO.

nada que t emer.
EL ABUELO. EL TÍO.

—Es l mayorde t a odos.

EL ABUELO.

aquí ya.
EL TÍO.

—Vendrá. Lo ha promet ido. —¡Quisiera que hubiese pasado ya est noche! (Vuelven a entrar las TRES a

EL ABUELO. HIJAS.) EL PADRE.

—¿Duerme? —Sí, padre, profundament e.

LA HIJA MAYOR. EL TÍO.

—¿Qué vamos a hacermient esperamos? ras —¿Mient esperamos qué? ras —Mient esperamos a nuest hermana. ras ra —¿No ves venira nadie, Úrsul a? —(En la ventana.) No, padre. —¿Y en l avenida? ¿Ves l avenida? a a —¿Y no ves a nadie?

EL ABUELO. EL TÍO.

EL PADRE.

LA HIJA MAYOR. EL PADRE. LA HIJA.

—Sí, padre; hay l y veo l avenida hast elbosque de cipreses. una a a —A nadie, abuel o. —Muy hermoso; ¿oís l ruiseñores? os —Se l evant un poco de vient en l avenida. a o a —¿Un poco de vient en l avenida? o a —Sí; l árbol t os es iembl un poco. an —Ya no oigo l ruiseñores. os —¿Quién es?

EL ABUELO. LA HIJA. EL TÍO.

—¿Qué t iempo hace? —Sí, sí.

LA HIJA. EL TÍO.

LA HIJA.

EL ABUELO. LA HIJA. EL TÍO.

—Es ext raño que mi hermana no est aquí ya. é —Creo que ha ent rado al guien en eljardín, abuel o. —No sé, no veo a nadie.

EL ABUELO. LA HIJA.

EL ABUELO. LA HIJA.

EL TÍO.

—Es que no hay nadie. —Debe de haberal guien en eljardín; l ruiseñores se han cal ado de pront os l o. —Sin embargo, no oigo andar. —De seguro pasa al guien cerca delest anque, porque l cisnes t os ienen miedo. —Todos l peces delest os anque se sumergen de pront o. —¿No ves a nadie? —Sin embargo, l l debe de est a una ardando en elest anque.

LA HIJA.

EL ABUELO. LA HIJA.

OTRA HIJA. EL PADRE. LA HIJA.

—A nadie, padre. —Sí; veo que l cisnes t os ienen miedo.

EL PADRE. LA HIJA. EL TÍO.

—Est seguro de que es mi hermana l que l asust Habrá ent oy a es a. rado porl a —No me expl porqué no l ico adran l perros. os

puert pequeña. a
EL PADRE. LA HIJA. EL TÍO.

—Veo alperro en elfondo de l garit ¡Los cisnes se van hacia l ot oril a! a a. a ra l

—Se asust de mi hermana. Voy a ver. (Llama.) ¡Hermana! ¡Hermana! ¿Eres an —Est segura de que al oy guien ha ent rado en eljardín. —¿No vuel a cant os ruiseñores, Úrsul ven arl a? —No hay ruido, sin embargo. —Elque l asust t os a iene que serun desconocido, porque si fuera al guien de

t No hay nadie. ú?
LA HIJA. EL TÍO.

—Pero me respondería. —No oigo ni uno en t odo elcampo. —Hay un sil encio de muert e.

EL ABUELO. LA HIJA.

EL ABUELO. EL PADRE.

EL ABUELO.

l casa no se cal arían. a l
EL TÍO.

—¿Ahora os vais a preocuparporl ruiseñores? os —¿Est abiert t án as odas l vent as anas, Úrsul a? —Me parece que ent frío en l habit ra a ación. —Est abiert l puert vidriera, abuel á aa a o. —Hace un poco de vient en eljardín, abuel y l rosas se deshojan. o o, as —Pues cierra l puert Es t a a. arde. —No podemos cerrarl a. —Sí, padre. No puedo cerrarl puert a a. —¡Hijas!, ¿qué sucede? —No hemos l ogrado cerrarl porcompl o. a et

EL ABUELO. LA HIJA.

EL ABUELO. LA HIJA.

EL PADRE. LA HIJA.

LAS OTRAS DOS HIJAS. EL ABUELO. EL TÍO.

—No hay que decireso con esa voz ext raña. Voy yo a ayudarl as.

LA HIJA MAYOR.

EL TÍO.

—Es l humedad. Empujemos a un t a iempo. Habrá al ent l hojas. go re as —Elcarpint l arregl mañana. ero a ará —¿Es que viene mañana elcarpint ero? —¡Va a hacerruido en l casa...! a

EL PADRE.

EL ABUELO. LA HIJA.

—Sí, abuel viene a t o, rabajaren l cueva. a —Le diré que t rabaje con cuidado. (Se oye, de repente, el ruido de una —(Estremeciéndose.) ¡Oh!

EL ABUELO. LA HIJA.

guadaña que afilan fuera.)
EL ABUELO. EL TÍO.

—¿Qué pasa? —No sé; creo que es eljardinero. No veo bien; est en l sombra de l casa. á a a —Debe sereljardinero que va a segarl hierba. a —¿No es domingo mañana? Sí. He not que l hierba est muy crecida ado a aba —Me parece que l hoz hace mucho ruido. a —¿Tú l ves, Úrsul o a? —Temo que despiert a mi hija. e —Yo l oigo como si est e uviera segando dent de casa. ro

LA HIJA.

EL PADRE. EL TÍO.

—¿Siega de noche?

EL PADRE.

al rededorde l casa. a
EL ABUELO. LA HIJA.

—Est segando junt a l casa. á o a —No, abuel est en l oscuridad. o, á a

EL ABUELO. LA HIJA.

EL ABUELO. EL TÍO.

—Apenas se l oye. e —La enferma no l oirá; no hay cuidado. e —Me parece que l l a ámpara no arde bien est noche. a —He vist que l echaban est mañana. Arde maldesde que se ha cerrado l o e a a —Habrá que echarl aceit e e.

EL ABUELO. EL TÍO.

EL PADRE. EL TÍO.

EL PADRE.

vent ana.
EL TÍO.

—Creo que elt ubo est empañado. á —Ahora arderá mejor. —¡Ha t enido t a inquiet ant ud!... —Abuel se ha dormido. Hace t noches que no duerme. o res

EL PADRE. LA HIJA.

EL PADRE. EL TÍO.

—Se inquiet más de l debido. Hay moment en que no quiere at a o os endera —A su edad es bast e discul ant pabl e.

razones.
EL PADRE. EL TÍO.

—¡Sabe Dios cómo est aremos a su edad!

EL PADRE. EL TÍO.

—Tiene cerca de ochent años. a —Es como t odos l ciegos. os —Tienen demasiado t iempo que perder. —Y, además, no t ienen ninguna dist racción. —Parece que se acost umbra uno. —Es ciert que son dignos de l ima. o ást no saberde dónde se viene, no saberadonde se va,

—Ent onces t iene derecho a serun poco raro. —Refl exionan un poco de más. —No t ienen ot cosa que hacer. ra —Debe de sert erribl e. —No puedo figurármel o.

EL PADRE. EL TÍO.

EL PADRE. EL TÍO.

EL PADRE. EL TÍO.

EL PADRE. EL TÍO.

EL PADRE.

EL TÍO.—No saberdónde est uno, á

no dist inguirelmediodía de l medianoche, ni elverano delinvierno... y siempre esas a t iniebl esas t as, iniebl as... Preferiría no vivir... ¿Es que es absol ament incurabl ut e e?
EL PADRE. EL TÍO.

—Parece que sí. —Dist ingue l l as uces muy fuert es. —A menudo l dan ideas ext e rañas. —Dice absol ament t ut e odo l que piensa. o —No. En t iempos era t razonabl como nosot an e ros; no decía nada

—Pero ¿no es absol ament ciego? ut e —Cuidemos nuest pobres ojos. ros —Hay moment en que no es muy divert os ido. —Pero ¿ant no era así? es

EL PADRE. EL TÍO.

EL PADRE. EL TÍO.

EL PADRE. EL TÍO.

EL PADRE.

ext raordinario. Verdad es que Úrsul l da al responde a t ae as; odas sus pregunt as.
EL TÍO.

—Más val dría no responder; es hacerl un malservicio. (Dan las diez.) e —(Despertando.) ¿Est vuel o hacia l puert vidriera? oy t a a — ¿Est vuel o hacia l puert vidriera? oy t a a —¿No hay nadie en l puert vidriera? a a —Creí que había al guien esperando. ¿No ha venido nadie? —(Al TÍO y al PADRE.) ¿Y vuest hermana no ha venido? ra —¿Has dormido bien, abuel o? —Sí, abuel o. —No, abuel no veo a nadie. o, —Nadie, abuel o.

EL ABUELO. LA HIJA.

EL ABUELO. LA HIJA.

EL ABUELO. LA HIJA.

EL ABUELO. LA HIJA.

EL ABUELO.

EL TÍO.

—Es demasiado t arde; ya no vendrá; eso est malen el a. á l —Empieza a inquiet arme. (Se oye un ruido, como de alguien que entrase en

EL PADRE.

la casa.)
EL TÍO.

—¡Ahí est ¿La habéis oído? á! —Sí; al guien ha ent rado porl subt os erráneos. —He oído andardespacio. —¡Es nuest hermana! He conocido su modo de andar. ra —Ha ent rado muy despacio. —Ya no oigo nada.

EL PADRE. EL TÍO.

EL ABUELO. EL PADRE. EL TÍO.

—Sabe que hay un enfermo. —Subirá inmediat ament l dirán que est e; e amos aquí. —Me al egro mucho de que haya venido. —Mucho t arda en subir. —Est seguro de que vendría est noche. aba a —Sin embargo, t iene que serel a. l —No esperamos ninguna ot visit ra a. —No oigo ningún ruido en l subt os erráneos. —Voy a l amara l criada; sabremos a qué at l a enernos. (Tira del llamador de —Ya oigo ruido en l escal a era. —Me parece que no viene sol a. —Oigo l pasos de vuest hermana. os ra —¡Es vuest hermana! ¡Es vuest hermana! (Llaman a la puerta ra ra

EL ABUELO. EL TÍO.

EL PADRE. EL TÍO.

EL ABUELO. EL TÍO.

EL PADRE.

EL ABUELO. EL PADRE.

la campanilla.)
EL ABUELO. EL PADRE.

—Es l criada que sube. a —Sube despacio... —No oigo más que a l criada. a

EL ABUELO. EL PADRE.

EL ABUELO. EL PADRE.

EL ABUELO.

pequeña.)
EL PADRE.

—Voy yo mismo a abrir. (Entreabre la puerta pequeña; la CRIADA se queda —Aquí, señor. — ¿Est vuest hermana en l puert á ra a a?

fuera, en la rendija.) ¿Dónde est ás?
LA CRIADA. EL ABUELO. EL TÍO.

—No veo más que a l criada. a —No est más que l criada. (A la CRIADA.) ¿Quién ha ent á a rado en casa? —¿Ent raren casa?

EL PADRE.

LA CRIADA.

EL PADRE.

—Sí. ¿No ha venido nadie ahora mismo? —No ha venido nadie, señor. —¿Quién suspira así? —¿Ll ora?

LA CRIADA. EL ABUELO. EL TÍO.

—Es l criada; est sofocada. a á —No; ¿porqué iba a l orar? l —(A la CRIADA.) ¿No ha ent rado nadie ahora mismo? —No, señor. —¡He sido yo, que he cerrado l puert a a! —Sí, señor. —No l sé, señor. Yo l había cerrado. o a —No sé, señor. Habrá sal al ido guien después. —¡Pero si hemos oído l puert a a! —¿Est abiert aba a? —¿Porqué est abiert a est horas? aba a as —Pero, ent onces, ¿quién l ha abiert a o? —Hay que t enercuidado. Pero no empuje ust l puert ¡de sobra sabe ed a a; —Pero, señor, ¡si no t l puert oco a a! —Pero, señor, ¡si est a t pasos de l puert oy res a a! —¿Es que habéis apagado l l a uz? —No, abuel o. —Me parece que oscurece de pront o. —Yo no he hecho ruido.

EL ABUELO. EL TÍO.

EL PADRE.

LA CRIADA. EL PADRE.

LA CRIADA. EL PADRE.

LA CRIADA. EL PADRE.

LA CRIADA. EL PADRE.

LA CRIADA. EL PADRE.

ust que hace ruido! ed
LA CRIADA. EL PADRE.

—¡Sí, empuja ust como si quisiera ent ed raren l habit a ación! —Habl ust un poco menos al o. e ed t

LA CRIADA. EL PADRE.

EL ABUELO.

LA HIJA MAYOR. EL ABUELO. EL PADRE.

—(A la CRIADA.) Baje ust pero no vuel a hacerruido en l escal ed; va a era. —Digo que ha hecho ust ruido; baje ust despacio; va ust a despert ed ed ed ara

LA CRIADA. EL PADRE.

l señora. Y si viene al a guien, diga ust que no est ed amos.
EL TÍO.

—Sí; diga ust que no est ed amos. —(Estremeciéndose.) ¡No; eso, no! —No siendo a mi hermana y almédico. —No podrá venirant de medianoche. (Cierra la puerta. Se oyen dar las es

EL ABUELO. EL PADRE. EL TÍO.

—¿A qué hora vendrá elmédico?

EL PADRE.

once.)
EL ABUELO. EL PADRE.

—¿Ha ent rado? —La criada. —Creí que se había sent a l mesa. ado a —Sí. —¿No ha ent rado nadie en l habit a ación? —¿Y vuest hermana no est aquí? ra á —¿Queréis engañarme? —¡Úrsul dime l verdad, poramorde Dios! a, a —¡Abuel ¡Abuel ¿Qué t pasa? o! o! e —¡Ha sucedido al ¡Est seguro de que mi hija est peor!... go! oy á —¡No queréis decírmel o!... ¡Ya veo que pasa al go!.. —¡Úrsul dime l verdad! a, a —¡Pero, abuel si t decimos l verdad! o, e a —¡No t ienes l voz de siempre! a —¡También a t se t ha cambiado l voz! i e a

—¿Quién? —No; ha vuel o a bajar. t

EL ABUELO. EL PADRE.

EL ABUELO. EL TÍO.

—¿La criada? —¡No fal aba más...! t —No, no; no ha ent rado nadie.

EL ABUELO. EL TÍO.

EL ABUELO. EL PADRE.

EL ABUELO. EL TÍO.

—Nuest hermana no ha venido. ra —¿Engañaros?

EL ABUELO. EL TÍO.

EL ABUELO.

LA HIJA MAYOR. EL ABUELO. EL TÍO.

—¿Est ust soñando? á ed —En ese caso, ve ust mejorque nosot ed ros.

EL ABUELO. EL TÍO.

EL ABUELO.

LA HIJA MAYOR. EL ABUELO. EL PADRE.

—¡Es que l asust ust a a ed! —Pero ¿se vuel ust l ve ed oco? (El PADRE y el TÍO se hacen señas de —¡De sobra oigo que t enéis miedo! —¿Porqué queréis engañarme? —¿Porqué habéis apagado l l a uz?

EL ABUELO. EL PADRE.

complicidad para persuadirse de que el ABUELO ha perdido la razón.)
EL ABUELO. EL PADRE.

—Pero ¿de qué vamos a t enermiedo?

EL ABUELO. EL TÍO.

—¿Quién piensa en engañarl a ust e ed? —Pero ¡si no hemos apagado l l ¡Est t cl como ant a uz! á an aro es!

EL ABUELO. EL TÍO.

LA HIJA.

—Me parece que l l a ámpara al umbra menos. —Yo veo t cl como de cost an aro umbre. —¡Tengo ruedas de mol en l ojos! ¡Hijas mías, decidme l que pasa ino os o

EL PADRE.

EL ABUELO.

aquí!; ¡decídmel poramorde Dios, vosot que veis! ¡Est aquí sol en l o, ras oy o, as t iniebl sin fin! ¡No sé quién viene a sent as arse a mi l ado! ¡No sé l que sucede a dos o pasos de mí!... ¿Porqué habl abais en voz baja hace un moment o?
EL PADRE.

—Nadie ha habl en voz baja. ado —Has habl en voz baja junt a l puert ado o a a. —Has hecho ent rara al guien en l habit a ación. —¿Ha sido vuest hermana o un sacerdot No hay que int ar ra e? ent —Ha oído ust t ed odo l que he dicho. o —¡Le digo que no ha ent rado nadie!

EL ABUELO. EL PADRE.

EL ABUELO. EL PADRE.

EL ABUELO.

engañarme. Úrsul ¿quién ha ent a, rado?
LA HIJA.

—Nadie, abuel o. —No hay que int arengañarme. Yo sé l que sé. ¿Cuánt est ent o os amos aquí? —¿Est t áis odos en derredorde l mesa? a —¿Est ahí, Pabl ás o? —¿Est ahí, Ol ás iverio? —Est amos seis en derredorde l mesa, abuel a o. —Sí, abuel o. —Sí.

EL ABUELO. LA HIJA.

EL ABUELO. LA HIJA.

EL ABUELO. EL PADRE.

EL ABUELO. EL TÍO.

—Sí, cl que sí; est aquí, en mi sit de siempre. No l dice ust en serio, aro oy io o ed —¿Est ahí, Genoveva? ás —Sí, abuel o. —¿Est ahí, Gert ás rudis? —¿Est aquí, Úrsul ás a? —Sí, abuel a t l o, u ado. —¿Y quién est sent ahí? á ado —¡Ahí, ahí en medio de nosot ros!

¿verdad?
EL ABUELO. UNA DE LAS HIJAS. EL ABUELO. OTRA HIJA.

—Sí, abuel o.

EL ABUELO.

LA HIJA MAYOR. EL ABUELO. LA HIJA.

—¿Dónde, abuel No hay nadie. o? —No hay nadie, abuel o. —¡Le dicen a ust que no hay nadie! ed

EL ABUELO. LA HIJA.

EL PADRE.

EL ABUELO. EL TÍO.

—Pero ¡vosot no veis! ros —No t engo ganas de broma, os l aseguro. o —(Indeciso.) Os digo que ahí hay al guien... Creo que no viviré mucho

—Vamos, t iene ust ganas de bromas. ed —Ent onces, crea ust a l que ven. ed os

EL ABUELO. EL TÍO.

EL ABUELO.

t iempo.
EL TÍO.

—¿A qué íbamos a engañarl a ust ¿De qué nos serviría? e ed? —Habría que acabarpordecirl a ust l verdad. e ed a —No podría ust seguiren elerrormucho t ed iempo. —(Intentando levantarse.) ¡Quisiera at ravesarest t as iniebl as! —Porese l ado... —¿Dónde quiere ust ir? ed —No se al ere ust así... t ed —¡Vosot sois l que me parecéis ext ros os raños! —¡No sé l que t o engo! —¡Abuel abuel ¿Qué quieres, abuel o, o! o? —Sí, abuel o... —Casi no t embl amos, abuel o. —Es t arde, abuel y est o, amos cansadas. —¡Dadme vuest manecit hijas mías! ras as, —¿Porqué t embl l t hijas mías? áis as res, —Creo que l t est pál as res áis idas. —¿Para qué engañarse mut uament e?

EL PADRE. EL TÍO.

EL PADRE.

EL ABUELO. EL PADRE.

EL ABUELO. EL PADRE. EL TÍO.

—Est ust ext á ed raño est noche. a —¿Qué busca ust ed?

EL ABUELO. EL PADRE.

EL ABUELO.

LA HIJA MAYOR. EL ABUELO.

LAS TRES HIJAS. EL ABUELO.

LA HIJA MAYOR. EL ABUELO.

LA HIJA MAYOR. EL PADRE.

—Debéis ira acost aros, y elabuel haría bien t o ambién en descansarun poco. —¡No podría dormirest noche! a —¡Preparadme a l verdad! a —¡Ent onces, no sé l que hay! o —¡Quisiera vera mi pobre hija!

EL ABUELO. EL TÍO.

—Esperamos almédico. —Pero ¡si no hay verdad! —Le digo a ust que no pasa nada ed —Pero ¡si sabe ust que es imposibl ¡No hay que despert a inút ment ed e! arl il e!

EL ABUELO. EL TÍO.

EL ABUELO. EL TÍO.

EL ABUELO. EL PADRE.

EL TÍO.

—La verá ust mañana. ed —No se oye ningún ruido en su habit ación. —¡Hace mucho t iempo que no he vist a mi hija!... ¡Le cogí l manos ayer o as —Si se oyera ruido, est aría yo inquiet o.

EL ABUELO. EL TÍO.

EL ABUELO.

porl noche y no l veía!... ¡Ya no sé l que es de el a!... Ya no sé cómo es... Ya no a a o l conozco su cara… ¡Debe de habercambiado en est semanas!... He sent l as ido os huesecil os de sus mejil as bajo mis manos... ¡No hay más que t l l iniebl ent el a y yo y as re l vosot t ros odos! ¡Yo no puedo vivirasí! ¡Est no es vivir!... ¡Est t o áis odos ahí, con l os ojos abiert mirando mis pobres ojos muert y ni uno de vosot t os, os, ros iene compasión!... ¡Yo no sé l que t o engo... no dicen nunca l que debiera decirse... y t o odo es espant oso cuando se piensa en el o!... Pero ¡porqué no habl l áis!
EL TÍO.

—¿Qué quiere ust que digamos, puest que no quiere ust creernos? ed o ed —¡Tenéis miedo de haceros t raición! —¡Hace mucho t iempo que se me ocul a una cosa!... Ha pasado una cosa t —Pero ¡haga ust elfavorde serrazonabl ed e!

EL ABUELO. EL PADRE.

EL ABUELO.

en est casa... Pero ahora empiezo a comprender... ¡Hace demasiado t a iempo que me engañan! ¿Os figuráis que nunca voy a sabernada? Hay moment en que est menos os oy ciego que vosot ros, ¿no l sabéis?... ¿Acaso no os oigo cuchichearhace días y días, o como si est uvieseis en casa de un ahorcado? Est noche no me at a revo a decirl que sé... o ¡Pero yo sabré l verdad!... Esperaré a que me digáis l verdad; ¡pero hace t a a iempo que l a sé, a pesarvuest ¡Y ahora sient que t ro! o odos est más pál áis idos que muert os!
LAS TRES HIJAS. EL ABUELO.

—¡Abuel ¡Abuel ¿Qué t o! o! ienes, abuel o?

—No habl de vosot hijas mías, no, no habl de vosot .. ¡Ya sé que o ras, o ras.

me diríais l verdad, si no est a uvieran al rededorvuest ro!... Y, además, est seguro de oy que t ambién os engañan... ¡Ya veréis, hijas, ya veréis!... ¿No os oigo sol ozara l t l as res?
EL PADRE.

—Pero ¿verdaderament est mi mujeren pel e á igro? —¡No hay que int arengañarme; ya es demasiado t ent arde, y sé l verdad a

EL ABUELO.

mejorque vosot ros!
EL PADRE.

—¿Quiere ust ent ed raren l habit a ación de su hija? Aquí hay una mal a —(Repentinamente indeciso.) No, no, ahora no... t odavía no... —¡Quién sabe nunca t odo l que un hombre no ha podido deciren su o

int igencia y un errorque deben acabar. ¿Quiere ust el ed?
EL ABUELO. EL TÍO.

—Ya ve ust como no es ust razonabl ed ed e.

EL ABUELO.

vida!... ¿Quién hace ese ruido?

LA HIJA MAYOR. EL ABUELO. LA HIJA. EL TÍO.

—Es l l a ámpara que l e, abuel at o.

—Me parece que est muy inquiet muy inquiet á a... a...

—Es que elvient frío l agit o a a. —Creo que va a apagarse. —Ya no t iene aceit e. —No podemos est arasí, a oscuras. —Hay l en l habit uz a ación de mi mujer. —¡Es verdad que se ve bast e con l cl ant a aridad de fuera! —¿Es que fuera est cl á aro? —Más cl que aquí. aro —A mí t ambién. (Pausa.) —Me parece que elrel hace mucho ruido. oj —Es que no habl amos, abuel o. —Pero ¿porqué os cal áis t l odos? —¿Es que est compl ament a oscuras l habit á et e a ación? —No me sient bien, Úrsul Abre un poco l vent o a. a ana. —Se apaga porcompl o. et

—No hay vient frío; l vent o as anas est cerradas. án

LA HIJA.

EL PADRE. LA HIJA.

EL PADRE. EL TÍO.

—¿Porqué no? Yo ya est acost oy umbrado. —Ahora l t a raeremos, cuando venga elmédico.

EL PADRE. EL TÍO.

EL PADRE.

EL ABUELO. EL PADRE. EL TÍO.

—A mí me gust habl a arest ando a oscuras.

EL PADRE.

EL ABUELO.

LA HIJA MAYOR. EL ABUELO. EL TÍO.

—¿De qué queréis que habl emos? —No est muy cl á ara. (Pausa.) —Sí, hija mía, abre un poco l vent a ana; yo t ambién empiezo a sent ir

EL ABUELO. EL TÍO.

EL ABUELO. EL PADRE.

necesidad de aire. (La HIJA abre la ventana.)
EL TÍO.

—Creo posit ivament que hemos est encerrados demasiado t e ado iempo. —¿Est abiert l vent á aa ana? —No se diría que est abiert No viene ningún ruido de fuera. á a. —Sí, abuel abiert de paren par. o, a —No, abuel no hay elmenorruido. o, —Hay un sil encio ext raordinario. —Se oiría andara un ángel . —Quisiera oírun poco de ruido. ¿Qué hora es, Úrsul a?

EL ABUELO. LA HIJA.

EL ABUELO. LA HIJA.

EL PADRE. LA HIJA. EL TÍO.

—Poreso no me gust a mí elcampo. a

EL ABUELO.

LA HIJA.

—Va a sermedianoche, abuel (Aquí el TÍO empieza a pasear de un lado a o. —¿Quién anda así, en derredornuest ro?

otro de la habitación.)
EL ABUELO. EL TÍO.

—Soy yo, soy yo; no t enga ust miedo. Necesit andarun poco. (Pausa.) Pero ed o —Quisiera est aren ot part ra e. —¡No sé dónde... a ot habit ra ación, a cual quierpart ¡A cual e! quierpart e!

me vol veré a sent no veo pordónde voy. (Pausa.) ar;
EL ABUELO. LA HIJA.

—¿Dónde querrías ir, abuel o? —¿Dónde iríamos?

EL ABUELO. EL PADRE. EL TÍO.

—Es muy t arde para ira ot part (Pausa. Están sentados, inmóviles, en ra e. —¿Qué oigo, Úrsul a? —Ve a cerrarl vent a ana, Úrsul a. —Tengo frío. (Pausa. Las TRES HIJAS se abrazan.) ¿Qué es l que oigo o

derredor de la mesa.)
EL ABUELO. LA HIJA.

—Nada, abuel son l hojas que caen en l t o, as a erraza. —Sí, abuel (Cierra la ventana y vuelve a sentarse.) o.

EL ABUELO. LA HIJA.

EL ABUELO.

ahora?
EL PADRE. EL TÍO.

—Son l t hermanas que se abrazan. as res —¿Qué oigo? —¿Y ahora? —Yo t ambién t engo miedo, hijas mías. (Aquí un rayo de luna penetra por

—Me parece que est muy pál án idas est noche. (Pausa.) a —Nada, abuel es que he cruzado l manos. (Pausa.) o, as —No sé, abuel o..., acaso mis hermanas, que t iembl un poco... an

EL ABUELO. LA HIJA.

EL ABUELO. LA HIJA.

EL ABUELO.

un rincón de las vidrieras y esparce aquí y allá fulgores extraños por la estancia. Suenan las doce, y con la última campanada parece que se oiga muy vagamente un ruido como de alguien que se levanta a toda prisa.)
EL ABUELO. EL TÍO.

—(Estremeciéndose con espanto.) ¿Quién se ha l evant ado?

—No se ha l evant nadie. ado —¡Yo no me he l evant ado! —Ni yo! ¡Ni yo! ¡Ni yo! —¡Al guien se ha l evant de l mesa! ado a

EL PADRE.

LAS TRES HIJAS. EL ABUELO. EL TÍO.

—¡La l uz!... (Aquí se oye de pronto un vagido de espanto, a la derecha, en el

cuarto del niño, y este vagido continúa con gradaciones de terror hasta el fin de la

escena.)
EL PADRE. EL TÍO.

—¡Escuchad! ¡Elniño! —¡Vamos a ver!

—¡No ha l orado nunca! l —¡La l ¡La l (En este momento se oye correr a pasos precipitados y uz! uz!

EL PADRE. EL TÍO.

sordos en la habitación de la izquierda. En seguida, silencio de muerte. Escuchan con mudo terror hasta que la puerta de la habitación se abre lentamente; la claridad de la estancia vecina se difunde en la sala, y la HERMANA DE LA CARIDAD aparece en el umbral, con sus vestiduras negras, y se inclina, haciendo la señal de la cruz, para anunciar la muerte de la mujer. Comprenden, y, después de un momento de indecisión y de espanto, entran en silencio en la estancia mortuoria, mientras que el TÍO, en el quicio de la puerta, se aparta cortésmente para dejar pasar a las TRES HIJAS. EL
ABUELO,

que se ha quedado solo, se levanta y se agita, a tientas, alrededor de la mesa, —¿Dónde vais? ¿Dónde vais?... ¡Me han dejado sol o! "LA INTRUSA''

en la oscuridad.)
EL ABUELO.

FIN DE

LOS CIEGOS
PERSONAJES

EL SACERDOTE. TRES CIEGOS DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO. EL QUINTO CIEGO. EL SEXTO CIEGO. TRES VIEJAS,

en oración.

LA CIEGA MÁS VIEJA. UNA CIEGA JOVEN. UNA CIEGA LOCA.

ACTO ÚNICO Antiquísimo bosque septentrional, de aspecto eterno, bajo un cielo profundamente estrellado. En medio, hacia el fondo de la noche, está sentado un SACERDOTE muy anciano, envuelto en ancha capa negra. El busto y la cabeza, ligeramente inclinados y mortalmente inmóviles, se apoyan contra el tronco de una encina enorme y cavernosa. El rostro es de inmutable lividez de cera, y en él se entreabren los labios violetas. Los ojos, mudos y fijos, no miran ya del lado visible de la eternidad, y parecen ensangrentados bajo gran número de dolores inmemoriales y de lágrimas. Los cabellos, de blancura muy grave, caen en mechones rígidos y escasos sobre el rostro, más iluminado y más cansado que todo cuanto le rodea en el silencio atento del hosco bosque. Las manos, enflaquecidas, están rígidamente juntas sobre los muslos. A la derecha, seis ancianos están sentados sobre piedras, troncos y hojas secas. A la izquierda, y separadas de ellos por un árbol descuajado y pedazos de roca, seis mujeres, también ciegas, están sentadas frente a los ancianos. Tres de ellas rezan y se lamentan con voz sorda y sin interrupción. Otra es muy vieja. La quinta, en actitud de muda demencia, tiene en las rodillas a un niño dormido. La sexta es deslumbradora de juventud, y su cabellera inunda todo su ser. Llevan, como los ancianos, vestiduras amplias, sombrías y uniformes. La mayor parte de ellos esperan, con los codos sobre las rodillas y el rostro entre las manos; y todos parecen haber perdido la costumbre del gesto inútil y no vuelven ya la cabeza a los rumores ahogados e inquietos de la Isla. Grandes árboles funerarios, sauces llorones, cipreses, les cubren con sus sombras fieles. Una mata de grandes asfódelos enfermizos florece, no lejos del SACERDOTE, en la noche. Está extraordinariamente oscuro, a pesar de la luz de la luna, que aquí y allá se esfuerza por apartar un momento las tinieblas de los follajes.
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

—¿Aún no vuel ve? —¡Me habéis despert ado! —¡Yo t ambién dormía! —¿Aún no vuel ve? —No oigo venirnada. —Ya es t iempo de vol veralasil o. —Sería preciso saberdónde est amos.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

—Hace frío desde que se ha marchado.

—¿Al guno sabe dónde est amos? —Hemos est andando mucho t ado iempo; debemos de est armuy —¡Ah! ¿Las mujeres est frent de nosot án e ros? —Esperad. Voy a vuest l ro ado. (Se levanta y tantea.)

l ejos delasil o.
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

—Est amos sent adas enfrent de vosot e ros.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

¿Dónde est áis? Habl que oiga yo dónde est ad, áis.
LA CIEGA MÁS VIEJA.

—Aquí: est amos sent adas sobre piedras. —(Adelanta y tropieza contra el tronco del árbol y los —Val más est e arse quiet os.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

pedazos de roca.) Hay al ent nosot go re ros...
SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

—¿Dónde est sent áis adas? ¿Queréis venira nuest ro

l ado?
LA CIEGA MÁS VIEJA.

—¡No nos at revemos a l evant arnos! —¿Porqué nos ha separado? —Oigo rezara l mujeres. as —Sí; son t viejas que est rezando. res án —¡Luego rezaréis en eldormit orio! (Las tres viejas —¡No es hora de rezar!

TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

continúan rezando.)
TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

—Quisiera saberall de quién est sent ado oy ado. —Creo que est a vuest l oy ro ado. (Tantean en

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

derredor.)
TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

—¡No podemos t ocarnos! —Sin embargo, no est amos l ejos unos de ot ros. (Tantea

en torno y tropieza con el bastón al QUINTO CIEGO, que gime sordamente.) Elque no oye est a nuest l á ro ado.
SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

—¡No oigo a t odo elmundo; éramos seis hace un

moment o!
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

—Empiezo a darme cuent Pregunt a. emos t ambién a l as

mujeres: es preciso sabera qué at enerse. Sigo oyendo rezara l t viejas: ¿es que as res est junt án as?
LA CIEGA MÁS VIEJA.

—Est sent án adas a mi l ado, en una roca.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

—¡Yo est sent sobre hojas secas! oy ado —¿Y l hermosa ciega, dónde est a á? —¿Dónde est l l con su hijo? á a oca

—Est all de l que rezan. á ado as

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA JOVEN.

—Est dormido. ¡No l despert á e éis! —¡Oh! ¡Qué l ejos est de nosot áis ros! ¡Creí que os t enía —Sabemos, sobre poco más o menos, t odo l que es o

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

enfrent e!
TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

preciso saber; habl emos un poco, esperando a que vuel elsacerdot va e.
LA CIEGA MÁS VIEJA.

—Nos ha dicho que l esperemos en sil e encio. —No est amos en ninguna igl esia. —Yo, cuando no habl t o, engo miedo. —No sabéis dónde est amos. —¿Sabéis dónde ha ido elsacerdot e? —Me parece que nos abandona demasiado t iempo. —Se est haciendo demasiado viejo. Parece que á

TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

t ambién ve poco desde hace al gún t iempo. No quiere confesarl port o emora que venga ot a ocuparsu puest ent nosot ro o re ros; pero sospecho que ya casi no ve. Necesit aríamos ot guía; ya no nos escucha y somos demasiado numerosos. No hay más que l t ro as res rel igiosas y élque vean en l casa, ¡y son t a odos más viejos que nosot ros! Est seguro oy de que nos ha perdido y anda buscando elcamino. ¿Dónde ha ido? No t iene derecho a dejarnos aquí...
LA CIEGA MÁS VIEJA.

—Ha ido muy l ejos; creo que ha habl seriament a l mujeres. ado e as —¡Ya no habl más que a l mujeres! ¿Es que nosot a as ros

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

no exist imos? ¡Habrá que acabarporquejarse!
EL CIEGO MÁS VIEJO.

—¿A quién os vais a quejar? —No l sé t o odavía; ya veremos, ya veremos. Pero

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

¿dónde ha ido? Se l pregunt a l mujeres. o o as
LA CIEGA MÁS VIEJA.

—Est cansado de haberandado t o t aba ant iempo. Creo que se ha

sent un moment en medio de nosot ado o ros. Est muy t e y muy débildesde hace á rist al gunos días. Desde que elmédico ha muert t o, iene miedo. Est sol Ya casi no habl á o. a. No sé qué ha sucedido. Quería a t cost sal oda a irhoy. Decía que quería verl Isl por a a, úl ima vez, alsol ant delinvierno. Parece que elinvierno va a sermuy l t , es argo y muy frío, y que ya vienen delNort l hiel Est muy inquiet dicen que l t e os os. aba o; as orment as

de est días pasados han henchido elrío y que t os odos l diques est resent os án idos. Decía t ambién que elmarl asust e aba; parece que se agit sin mot y que l acant ados de a ivo os il l Isl no son bast e al os. Quería ver, pero no nos ha dicho l que ha vist Ahora a a ant t o o. creo que ha ido a buscarpan y agua para l l a oca. Dijo que t endría que irmuy l ejos... Es preciso esperar.
LA CIEGA JOVEN.

—Almarcharse me ha est rechado l manos, y l suyas t as as embl aban —¡Oh! ¡Oh!

como si t uviese miedo. Después me ha besado...
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA JOVEN.

—Le he pregunt qué había sucedido. Me ha dicho que no l sabía. ado o —¿Qué quería decircon eso? —¿Hay un faro?

Me ha dicho que elreinado de l ancianos iba a t os erminar, acaso.
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA JOVEN.

—No l he comprendido. Me ha dicho que iba hacia elfaro. o —Sí, alnort de l Isl Creo que no est e a a. amos muy l ejos de él Decía .

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA JOVEN.

que veía l cl a aridad de l l a ámpara hast aquí, en l hojas. Nunca me ha parecido más a as t e que hoy, y creo que l oraba desde hace al rist l gunos días. No sé porqué yo t ambién l oraba sin verl No l he sent marcharse. No l he pregunt más. Le oía sonreír l e. e ido e ado demasiado gravement oía que cerraba l ojos y quería cal arse... e; os l
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA JOVEN.

—No nos ha dicho nada de t odo eso.

—¡No l hacéis caso cuando habl e a! —¡Cuándo habl él murmuráis t a , odos! —Nos ha dicho sencil ament "Buenas noches", al l e

LA CIEGA MÁS VIEJA.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

marcharse.
TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

—Debe de sermuy t arde. —Ha dicho dos o t veces "Buenas noches", al res

marcharse, como si se fuera a dormir. Oía que me miraba aldecir: "¡Buenas noches, buenas noches!" La voz cambia cuando se mira a al guien fijament e.
EL QUINTO CIEGO.

—¡Tened compasión de l que no ven! os —¿Quién habl así, sin razón? a —Creo que es elque no oye. —¡Cal ad! ¡Ahora no es ocasión de mendigar! l —¿Dónde iba a buscarelpan y elagua? —¡A su edad no se acerca uno almar!

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

—Ha ido hacia elmar.

TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

—¿Est amos cerca delmar?

—Sí; cal ad un inst e y l oiréis. (Murmullo de un mar cercano l ant e —No oigo más que a l viejas que rezan. as —Sí; oigo al que no est l go á ejos de nosot ros.

y muy tranquilo contra el acantilado.)
SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

—Escuchad bien y l oiréis a t e ravés de sus oraciones. —Est dormido; diríase que se despiert aba a. —Ha hecho malen t raernos aquí; no me gust oírest a e

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

ruido.
EL CIEGO MÁS VIEJO.

—Ya sabéis que l Isl no es grande, y que se oye en cuant se a a o —No l he oído nunca. o

sal delcercado delasil e o.
SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

—Me parece que hoy est a nuest l á ro ado; no me gust a —A mí t ampoco; además, no pedimos sal irdelasil o.

oírl de cerca. e
SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

—Nunca hemos venido hast aquí; era inút raernos a ilt

t l an ejos.
LA CIEGA MÁS VIEJA.

—Hacía muy buen t iempo est mañana; ha querido que a —¡Yo prefiero quedarme en elasil o!

gozásemos de l úl imos días de sol ant de encerrarnos t os t , es odo elinvierno en elasil o.
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

—Decía t ambién que nos era preciso conocerun poco l isl en a a

que est amos. Élmismo no l ha recorrido nunca delt a odo; hay una mont a l cualno aña a ha subido nadie, val es a l cual no gust bajar, y grut en que nadie ha penet l os es a as rado hast ahora. Decía que es preciso no esperarsiempre elsolbajo l bóvedas del a as dormit orio; quería l evarnos hast l oril a delmar. Ha ido sol l aa l o.
EL CIEGO MÁS VIEJO.

—Tiene razón; hay que pensaren vivir. —Pero ¡si fuera no hay nada que ver! —¿Est amos alsolen est moment e o? —¿Qué hora es? —¿Es aún de día? (Al SEXTO CIEGO.) ¿Dónde est áis?

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. EL SEXTO CIEGO.

—No creo; me parece que es muy t arde.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

Los OTROS CIEGOS. —No l sabemos. Nadie l sabe. o o
SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

Veamos; ¡vos, que veis un poco, veamos!
EL SEXTO CIEGO.

—Creo que est muy oscuro; cuando hace solveo una l á ínea azulbajo

l párpados; he vist una hace l os o argo t iempo, pero ahora ya no veo nada.
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

—Yo sé que es t arde cuando t engo hambre; y t engo —Pero mirad alciel acaso veréis al (Todos o: go.

hambre.
TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

levantan la cabeza al cielo, excepto los TRES CIEGOS DE NACIMIENTO, que continúan mirando al suelo.)
EL SEXTO CIEGO.

—No sé si est amos bajo elciel o. —La voz resuena como si est uviésemos en una grut a. —Creo más bien que resuena así porque es de noche. —Creo que hay est l l oigo. rel as; as —Yo no oigo ruido ninguno. —¡Yo no oigo más ruido que elde nuest al o! ro ient

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO. EL CIEGO JOVEN.

—Me parece que sient en l manos l l de l l o as a uz a una. —Yo t ambién.

LA CIEGA MÁS VIEJA. LA CIEGA JOVEN.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO.

—Creo que l mujeres t as ienen razón. —Nunca he oído l est l as rel as. —Nosot t ros ampoco. (Un enjambre de pájaros

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

LOS OTROS DOS CIEGOS DE NACIMIENTO.

nocturnos se precipita bruscamente entre las hojas.)
SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

—¡Escuchad! ¡Escuchad! ¿Qué hay sobre nosot ros?

¿Oís?
EL CIEGO MÁS VIEJO.

—¡Al ha pasado ent elciel y nosot go re o ros! —No conozco l nat eza de ese ruido. Quisiera a ural —¡Habría que saberdónde est amos!

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

vol veralasil o.
SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. EL SEXTO CIEGO.

—He int ado l ent evant arme; no hay más que espinas en derredormío; —¡Habría que saberdónde est amos!

no me at revo a ext enderl manos. as
TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO. EL SEXTO CIEGO.

—¡No podemos saberl o!

—Debemos de est armuy l ejos de casa. No comprendo ninguno de l os —Desde hace t iempo est sint oy iendo elol orde l as

ruidos.
TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

hojas muert as.
EL SEXTO CIEGO.

—¿Al guien ha vist l Isl en ot t o a a ro iempo y puede decirnos dónde

est amos?

LA CIEGA MÁS VIEJA.

—Éramos t odos ciegos all egaraquí. l —No hemos vist nunca. o —No nos inquiet emos en bal pront vol de: o verá;

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

esperemos aún; pero de aquí en adel e no sal ant dremos con él .
EL CIEGO MÁS VIEJO.

—No podemos sal irsol os. —No sal dremos; prefiero no sal ir. —No t eníamos gana de sal nadie l había pedido. ir; o

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

—Era día de fiest en l Isl sal a a a; imos siempre l días de fiest os a. —Ha venido a darme en elhombro cuando aún est aba

TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

yo dormido, y me ha dicho: "Levant aos, l evant aos, ya es hora; elsolest muy al o." á t ¿Era verdad? No me he ent erado. Nunca he vist elsol o .
EL CIEGO MÁS VIEJO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

—Yo he vist elsolcuando era muy joven. o —Yo t ambién, hace años, cuando era niña; pero casi no recuerdo. —¿Porqué quiere que sal gamos siempre que hace sol ?

TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

¿Quién se ent era? Yo no sé si paseo a mediodía o a medianoche.
EL SEXTO CIEGO.

—Yo prefiero sal mediodía, sospecho ent ira onces grandes cl aridades, —Yo prefiero quedarme en elrefect orio, cerca de una —Podía l evarnos alsolen elpat est uno al l io; á

y mis ojos hacen grandes esfuerzos porabrirse.
TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

buena l umbre de hul a; había buena l l umbre est mañana. a
SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

amparo de l mural as; no puede uno sal no hay nada que t as l ir; emercuando l puert est a a á cerrada; yo l cierro siempre. ¿Porqué me t a ocáis elcodo izquierdo?
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

—No os he t ocado; no puedo al canzaros. —¡Os digo que al guien me ha t ocado elcodo! —No es uno de nosot ros. —¡No podemos est aresperando et ernament (Un reloj e!

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

—¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Decidnos dónde est amos!

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

muy lejano da doce campanadas muy lentas.)
LA CIEGA MÁS VIEJA. EL CIEGO MÁS VIEJO.

—¡Oh, qué l ejos est amos delasil o! —¡Es medianoche! —¡Es mediodía! ¿Lo sabe al guien? ¡Habl ad!

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. EL SEXTO CIEGO.

—No l sé, pero creo que est o amos a l sombra. a —No sé; hemos dormido demasiado t iempo. —¡Tengo hambre!

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

Los OTROS CIEGOS. —Tenemos hambre y sed.
SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA. EL SEXTO CIEGO.

—¿Hace mucho t iempo que est amos aquí?

—¡Me parece que est aquí desde hace sigl oy os! —Habría que irhacia ell donde han dado l doce... ado as —¿Oís? ¿Oís? —¡No est amos sol aquí!... os —Hace mucho t iempo que sospecho al nos go: —No sé l que es. Es encima de nosot o ros. —¿Los demás no han oído nada? ¡Siempre cal áis! l

—Empiezo a comprenderdónde est amos...

TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

(Todos los pájaros nocturnos se alegran súbitamente en la oscuridad.)
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

escuchan. ¿Ha vuel o? t
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO. LA CIEGA JOVEN.

—Est amos escuchando t odavía. —¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Decidnos dónde est amos!

—¡Oigo al en derredormío! as —Empiezo a comprenderdónde est amos... Elasil est alot l o á ro ado

LA CIEGA MÁS VIEJA. EL SEXTO CIEGO.

delrío; hemos pasado porelpuent viejo. Nos ha conducido alnort de l Isl No e e a a. est amos l ejos delrío, y acaso l oiríamos si escuchásemos un moment Será preciso e o... que vayamos hast l oril a delagua, si no vuel aa l ve... Pasan poral í de día y de noche l grandes navíos, y l marineros nos verán en l oril as. Puede que est os as l emos en elbosque que rodea elfaro; pero no conozco l sal a ida... ¿Al guien quiere seguirme?
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

—¡Quedémonos sent ados! Esperemos, esperemos; no

sabemos l dirección delrío, y hay pant a anos en derredordelasil esperemos, o; esperemos... Vol verá... ¡Es preciso que vuel va!
EL SEXTO CIEGO.

—¿Al guno sabe pordónde hemos venido? Nos l ha expl o icado —Yo no he puest at o ención. —De aquí en adel e hay que escucharl ant e.

mient andábamos. ras
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. EL SEXTO CIEGO.

—¿Al guno l ha escuchado? e —¿Al guno de nosot ha nacido en l Isl ros a a? —De sobra sabéis que venimos de ot part ra e. —Venimos delot l delmar. ro ado —Creí morirdurant l t e a ravesía. —Yo t ambién; vinimos junt os.

TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. EL SEXTO CIEGO.

EL CIEGO MÁS VIEJO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

—Somos l t de l misma parroquia. os res a —Dicen que se puede verdesde aquí cuando est el á —Hemos abordado porazar. —¿De dónde venís?

t iempo cl aro; hacia elNort No t e. iene campanario.
TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

—Yo vengo de ot part ra e... —No me at revo ya ni a pensarl Ya casi no recuerdo cuando o...

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

habl de el o... Hace demasiado t o l iempo... Hacía más frío que aquí.
LA CIEGA JOVEN.

—Yo vengo de muy l ejos... —Pero ¿de dónde venís? —No sabría decirl ¿Cómo queréis que os l expl o. o ique? Es demasiado

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA JOVEN.

l ejos de aquí; más al á de l mares. Vengo de un gran país... No podría indicarl más l os e que porseñas; pero ya no vemos... He andado errant mucho t e iempo... Pero he vist el o soly elagua y elfuego, mont añas, rost y fl ros ores ext rañas... No l hay parecidas en as est Isl hace demasiado frío y es demasiado sombría... No he reconocido su perfume a a; desde que no veo... Pero he vist a mis padres y a mis hermanas... Era demasiado o pequeña ent onces para saberdónde est aba... Jugaba t odavía a l oril a delmar... Pero a l ¡cómo me acuerdo de habervist o!... Un día est mirando l nieve que había en l al o aba a o t de una mont aña... Empezaba a dist inguira l que han de serdesdichados... os
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA JOVEN.

—¿Qué queréis decir?

—Los dist ingo aún ahora en l voz... a veces... Tengo recuerdos que a —Yo no t engo recuerdos. (Una bandada de grandes

son más cl aros cuando no pienso en el os. l
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

aves de paso atraviesa con ruido por encima de las frondas.)
EL CIEGO MÁS VIEJO.

—¡Al vuel a pasarbajo elciel go ve o! —¿Porqué habéis venido aquí? —A nuest hermana joven. ra —¿A quién pregunt eso? áis

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA JOVEN.

—Me habían dicho que élsabría curarme. Me ha dicho que veré al gún —¡Todos quisiéramos sal irde l Isl a a! —¡Siempre est aremos aquí! —Es demasiado viejo. No t endrá t iempo de curarnos.

día; ent onces podré sal irde l Isl a a.
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA JOVEN.

—¡Tengo l párpados cerrados, pero sient que mis ojos viven! os o

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

—¡Los míos est abiert án os! —Yo duermo con l ojos abiert os os. —¿Hace mucho t iempo que est aquí? áis —¡No habl emos de l ojos! os

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO.

—Oí una noche, durant l oración, dell de l mujeres, una e a ado as

voz que no conocía; y comprendí en vuest voz que erais muy joven... Hubiera querido ra veros después de haberos oído.
PRIMER CIEGO.

—Yo no me di cuent a. —¡No nos avisa nunca! —Dicen que sois hermosa como una mujerque viene de muy l ejos. —No me he vist nunca. o —No nos hemos vist nunca unos a ot o ros. Nos pregunt amos y nos

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. EL SEXTO CIEGO. LA CIEGA JOVEN.

EL CIEGO MÁS VIEJO.

respondemos; vivimos junt est os, amos siempre junt pero no sabemos l que somos... os, o Pormucho que nos t oquemos con l dos manos... l ojos saben más que l manos... as os as
EL SEXTO CIEGO.

—Yo, a veces, veo sombras cuando est alsol áis . —No hemos vist nunca l casa en que vivimos; ¡pormucho que o a —Dicen que es un cast l viejo, muy sombrío y muy miserabl il o e; —Los que no ven no necesit l an uz.

EL CIEGO MÁS VIEJO.

t oquemos l muros y l vent os as anas, no sabemos dónde vivimos!
LA CIEGA MÁS VIEJA.

no se ve nunca l a no seren l t uz, a orre, donde se encuent l habit ra a ación delsacerdot e.
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. EL SEXTO CIEGO.

—Cuando guardo elrebaño, en l al os rededores delasil l ovejas o, as —¡Ya van años y años que est amos junt y no nos hemos vist os, o —Yo al gunas veces sueño que veo. —Yo no veo más que cuando sueño... —Yo no sueño, general ment más que a medianoche. e,

vuel a casa sol alver, porl noche, esa l de l t ven as, a uz a orre... Nunca se han perdido.
EL CIEGA MÁS JOVEN.

nunca! ¡Diríase que est amos siempre sol os!... ¡Hay que verpara quererse!
LA CIEGA MÁS VIEJA. EL CIEGO MÁS VIEJO.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

(Una ráfaga de viento conmueve el bosque, y las hojas caen en masas sombrías.)
EL QUINTO CIEGO.

—¿Qué es l que me ha t o ocado l manos? as —¡Al que cae en derredornuest go ro! —Viene de arriba; no sé l que es... o

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO. EL QUINTO CIEGO.

—¿Qué es l que me ha t o ocado l manos? ¡Me había dormido! as —Nadie os ha t ocado l manos. as

¡Dejadme dormir!
EL CIEGO MÁS VIEJO.

EL QUINTO CIEGO.

—¿Quién me ha cogido l manos? Responded en voz al a; t as t engo el —Ni nosot mismos l sabemos. ros o —Es inút ilresponder; no oye nada. —¡Hay que confesarque l sordos son bien os

oído un poco duro...
EL CIEGO MÁS VIEJO. EL QUINTO CIEGO.

—¿Han venido a avisarnos?

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

desgraciados!
EL CIEGO MÁS VIEJO. EL SEXTO CIEGO.

—Me canso de est arsent ado. —Me parece que est amos muy l ejos unos de ot ros...

—¡Me canso de est araquí!

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

Int emos acercarnos un poco; empieza a hacerfrío. ent
TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

—No me at revo a l evant arme; más val que nos e

quedemos en nuest sit ro io.
EL CIEGO MÁS VIEJO. EL SEXTO CIEGO.

—No se sabe l que puede haberent nosot o re ros.

—Creo que t engo sangre en l dos manos; he int ado ponerme en as ent —Oigo que os incl ináis hacia mí. (La CIEGA LOCA, se

pie.
TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

restriega los ojos violentamente, gimiendo y volviéndose obstinadamente hacia el
SACERDOTE,

inmóvil.) —Oigo, además, ot ruido. ro —Creo que es nuest pobre hermana que se rest ra riega l ojos. os —Est l á oca; nunca dice nada.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA. SEGUNDA CIEGA.

—Nunca hace ot cosa; l oigo t ra a odas l noches. as —No ha vuel o a habl t ardesde que ha t enido elniño… parece que —¿No t enéis miedo aquí? —¿Quién? —Todos. —¡Sí, sí, t enemos miedo! —¿Porqué pregunt eso? áis

TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

siempre t iene miedo.
EL CIEGO MÁS VIEJO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO. LA CIEGA MÁS VIEJA. LA CIEGA JOVEN.

—¡Tenemos miedo desde hace mucho t iempo! —¡No sé porqué l pregunt o o!... ¡Me parece que, de repent oigo e, —No hay que t enermiedo. Creo que es l l a oca...

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO.

l orarent nosot l re ros!...
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

EL CIEGO MÁS VIEJO.

—Hay, además, ot cosa... Est seguro de que hay además ot ra oy ra —Ll siempre cuando va a darde mamaralniño. ora —¡Nadie l ora como el a! l l —No se oye l orara l demás... l os —Dicen que aún ve en al gunos moment os... —Para l orarhay que ver... l —¡Yo no percibo más que ol ora t ierra! —¡No sient más que ol o ora t ierra!

cosa... No es sól de eso de l que t o o engo miedo...
LA CIEGA MÁS VIEJA. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO. LA CIEGA JOVEN.

—Percibo ol ora fl ores en derredornuest ro... —¡Hay fl ores, hay fl ores en derredornuest ro! —He sent ol ido ora fl ores en elvient o... —¡Yo no sient más que ol o ora t ierra! —Creo que t ienen razón.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA JOVEN.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO. EL SEXTO CIEGO. LA CIEGA.

—¿Dónde est Iré a cogerl án? as.

—A vuest derecha. Levant ra aos. (El SEXTO CIEGO se levanta lentamente y

adelanta a tientas, tropezando con las zarzas y con los árboles, hacia los asfódelos, que troncha y aplasta a su paso.)
LA CIEGA JOVEN.

—¡Oigo que rompéis ramas verdes! ¡Det eneos! ¡Det eneos! —¡No os ocupéis de l fl as ores, pero pensad en l vuel a! a t —No me at revo a vol verat rás. —¡No hay que vol ver! Esperad. (Se levanta.) ¡Oh! ¡Qué fría est l áa

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. EL SEXTO CIEGO. LA CIEGA JOVEN.

t ierra! Va a hel (Adelanta sin vacilación hacia los extraños y pálidos asfódelos; pero ar. el árbol caído y los pedazos de roca que hay en derredor de las flores la detienen.) ¡Est aquí! No puedo al án canzarl Est a vuest l as. án ro ado.
EL SEXTO CIEGO.

—Creo que l al as canzo. (Coge a tientas las flores que han quedado y —Me parece que he vist est fl o as ores en ot t ro iempo... Ya no sé su

se las ofrece; los pájaros nocturnos levantan el vuelo.)
LA CIEGA JOVEN.

nombre... Pero ¡qué enfermas est y qué bl án ando es su t l Casi no l reconozco... al o! as Creo que es l fl a orde l muert os os... (Se prende asfódelos en los cabellos.)
EL CIEGO MÁS VIEJO. LA CIEGA JOVEN.

—Oigo elruido de vuest cabel os. ros l —No os veremos...

—Son l fl as ores. —Yo t ampoco me veré... Tengo frío. (En este momento el viento se

EL CIEGO MÁS VIEJO. LA CIEGA JOVEN.

levanta en el bosque, y el mar muge de pronto y violentamente contra el acantilado próximo.)
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

—¡Truena! —Creo que se l evant t a orment a.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

—Creo que es elmar. —¿Elmar? ¿Es elmar? Pero ¡si est a dos pasos de á

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

nosot ros! ¡Est a nuest l á ro ado! ¡Le oigo en derredormío! ¡Es preciso que sea ot cosa! ra
LA CIEGA JOVEN.

—Oigo a mis pies elruido de l ol as as. —Creo que es elvient en l hojas secas. o as —¡Va a l egarhast aquí! l a —¿De dónde viene elvient o? —Viene delmar. —Creo que l mujeres t as ienen razón.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO.

TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO.

—Viene siempre dell delmar; nos rodea port ado odas part No es. —¡No pensemos en elmar! —¡Hay que pensaren él puest que va a al , o canzarnos! —¡Oigo l ol como si fuera a sumergiren el as l as as l as —¡No sabéis si es elmar!

puede venirde ot l ro ado.
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

dos manos! ¡No podemos quedarnos aquí! ¡Acaso est en derredornuest án ro!
EL CIEGO MÁS VIEJO.

—¿Dónde queréis ir? —¡A cual quierpart ¡A cual e! quierpart ¡No quiero e!

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

oírmás elruido delagua! ¡Vámonos! ¡Vámonos!
TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

—Me parece que oigo además ot cosa. ¡Escuchad! (Se ra —¡Al se acerca! go —¡Viene! ¡Viene! ¡Es élque vuel ve! —¡No l hagamos reproches hoy! e —Viene a pasos menudos, como un niño pequeño...

oye en las hojas secas ruido de pasos precipitados y lejanos.)
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

—Creo que no son pasos de hombre. (Un perro grande entra en el — ¿Quién est ahí? ¿Quién sois? ¡Tened piedad de á

bosque y pasa por delante de los ciegos. Pausa.)
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

nosot ros! ¡Est amos esperando desde hace t o t ant iempo...! (El perro se detiene y viene a poner las patas de delante sobre las rodillas del ciego.) ¡Ah! ¡Ah! ¿Qué habéis puest o

sobre mis rodil as? ¿Qué es? ¿Es un animal Creo que es un perro... ¡Oh! ¡Oh! ¡Es un l ? perro! ¡Es elperro delasil o! Los OTROS CIEGOS. —¡Ven aquí! ¡Ven aquí!
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

—Viene a l ibert arnos. Ha seguido nuest huel as hast ras l a

aquí. Me l ame l manos, como si me vol as viese a encont rardespués de un sigl o. Los OTROS CIEGOS. —¡Ven aquí! ¡Ven aquí!
EL CIEGO MÁS VIEJO.

—Acaso viene precediendo a al guien... —No, no, est sol No oigo venirnada. No á o.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

necesit amos ot guía; no l hay mejor. Nos guiará adonde queremos ir; nos ro e obedecerá...
LA CIEGA MÁS VIEJA. LA CIEGA JOVEN.

—Yo no me at revo a seguirl e. —¿Porqué? Ve mejorque nosot ros. —No hagamos caso a l mujeres. as —Al ha cambiado en elciel respiro l go o; ibrement e.

—Yo t ampoco.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

Ahora elaire es puro...
LA CIEGA MÁS VIEJA. EL SEXTO CIEGO.

—Es elvient delmarque pasa en derredornuest o ro. —Creo que va a hacerfrío... —Vol veremos a encont rarnuest camino. ¡Me ro

—Me parece que va avanzando; creo que sal elsol e ...

LA CIEGA MÁS VIEJA.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

arrast ra!... ¡Me arrast ¡Est borracho de al ra! á egría! ¡No puedo det enerl e!... ¡Seguidme, seguidme! ¡Vol vamos a casa! (Se levanta, arrastrado por el perro, que le lleva hacia el
SACERDOTE

inmóvil, y se detiene.) —¡Esperad! ¡Esperad! ¡No me sigáis aún! Vol veré... Se —¿Qué decís? ¡Casi no se oye vuest voz! ra

Los OTROS CIEGOS. —¿Dónde est áis? ¿Dónde est áis? ¿Dónde vais? ¡Tened cuidado!
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

det iene... ¿Qué l pasa? ¡Ah! ¡Ah! ¡He t e ocado al muy frío! go
SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

—¡He t ocado!... ¡Creo que he t ocado una cara! —¿Qué decís? Casi no se os ent iende. ¿Qué t enéis? —¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! Aún no sé l que es... ¡Hay un muert o o

¿Dónde est áis? ¿Est ya t l áis an ejos de nosot ros?
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

en medio de nosot ros! Los OTROS CIEGOS. —¿Un muert en medio de nosot o ros? ¿Dónde est áis? ¿Dónde est áis?

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

—¡Hay un muert ent nosot o re ros, os digo! ¡Oh! ¡Oh!

¡He t ocado l cara de un muert ¡Est sent a o! áis ados junt a un muert ¡Sin duda, uno de o o! nosot ha muert de repent ¡Pero habl que yo sepa quiénes son l que viven! ros o e! ad, os ¿Dónde est áis? ¡Responded! ¡Responded t odos a l vez! (Los ciegos responden a sucesivamente, excepto la CIEGA LOCA y el CIEGO SORDO; las TRES VIEJAS han dejado de rezar.) ¡Ya no dist ingo vuest voces!... ¿Habl t ras áis odos l mismo? ¡Todos, o t iembl an!
TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

—Hay dos que no han respondido... ¿Dónde est án?

(Toca con el bastón al QUINTO CIEGO.)
QUINTO CIEGO.

—¡Oh! ¡Oh! ¡Est dormido! ¡Dejadme dormir! aba —No es él ¿Será l l . a oca? —Est sent a mi l á ada ado; l oigo vivir. a —Creo... Creo que es elsacerdot ¡Est en pie! ¡Venid! e. á —¡Ent onces no est muert á o!

EL SEXTO CIEGO.

LA CIEGA MÁS VIEJA.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

¡Venid! ¡Venid!
SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO. EL SEXTO CIEGO. CIEGO,

—¿Dónde est á?

—¡Vamos a ver!... (Se levantan todos, excepto la LOCA y el QUINTO —¡Est aquí! ¡Es él á !

y adelantan, a tientas, hacia el muerto.) —Sí, sí, l reconozco. e —¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Qué va a serde nosot ros?

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

—¡Padre mío! ¡Padre mío! ¿Sois vos, padre mío? ¿Qué ha —Traed agua. Acaso vive t odavía... —Probemos... Acaso pueda vol vernos a l evaral l

sucedido? ¿Qué t enéis? ¡Respondednos! ¡Est amos t odos en derredorvuest ro!
EL CIEGO MÁS VIEJO. SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

asil o.
TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

—Es inút ; ya no l oigo elcorazón. Est frío... il e á —¡Ha muert sin decirnada! o —¡Hubiera debido avisarnos! —¡Oh! ¡Qué viejo era!... Es l primera vez que t a oco

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

su cara...
TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

—(Palpando el cadáver.) ¡Es más al o que nosot t ros! —Tiene l ojos abiert de paren par; ha muert con os os o

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

l manos junt as as...

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

—Ha muert así, sin mot o ivo... —No est en pie; est sent en una piedra... á á ado

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

—¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Yo no sabía t odo est o!... ¡Todo est o!...

Est enfermo desde hace t o t aba ant iempo... ¡Lo que ha debido de sufrirhoy!... No se quejaba sino est rechándonos l manos... No siempre se comprende... ¡No se comprende as nunca! ¡Vamos a rezaren derredorsuyo; poneos de rodil as! (Las mujeres se arrodillan, l gimiendo.)
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

—No me at revo a ponerme de rodil as... l —No sabe uno sobre qué se arrodil a... l —He oído que habl en voz baja almarcharse... aba —¿Est enfermo?... No nos l ha dicho... aba o

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

Creí que habl a nuest hermana joven; ¿qué ha dicho? aba ra
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

—No quiere responder, nada. —¿No queréis respondernos? ¿Dónde est áis?

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

¡Habl ad!
LA CIEGA MÁS VIEJA.

—Le habéis hecho sufrirdemasiado; l habéis hecho morir...; no e

queríais andarmás; queríais sent aros en l piedras delcamino para comer; os habéis as pasado eldía murmurando... Yo l oía suspirar... Ha perdido elánimo... e
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

—¿Est enfermo? ¿Lo sabíais? aba

—No sabíamos nada... No l hemos vist nunca... ¿Cuándo hemos e o

sabido al bajo nuest pobres ojos muert go ros os?... No se quejaba... Ahora es demasiado t arde... ¡He vist morira t pero así, nunca! Ahora nos t a nosot o res, oca ros...
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

—Yo no soy elque l ha hecho sufrir... Yo no he dicho e —Yo t ampoco; l hemos seguido sin decirpal e abra...

nada...
SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

—Ha muert yendo a buscaragua para l l o a oca... —¿Qué vamos a hacer? ¿Dónde iremos? —¿Dónde est elperro? á —Aquí; no quiere separarse delmuert o. —¡Arrast e! ¡Separadl ¡Separadl radl e! e! —¡No quiere dejaralmuert o! —¡No podemos est aresperando junt a un muert o o!...

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO.

¡No podemos moriraquí en l oscuridad! a
TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

—Est emos t odos junt no nos separemos unos de os;

ot ros; démonos l mano; sent a émonos t odos sobre est piedra... ¿Dónde est l a án os ot ros?... ¡Venid aquí! ¡Venid! ¡Venid!
EL CIEGO MÁS VIEJO.

—¿Dónde est áis? —Aquí; est aquí. ¿Est oy amos t odos reunidos? Venid —¡Oh, qué frías t enéis l manos! as

TERCER CIEGO DE NACIMIENTO.

más cerca de mí. ¿Dónde est vuest manos? Hace mucho frío. án ras
LA JOVEN CIEGA DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA JOVEN.

—¡Qué hacéis! —¿Quién l ora así? l —¿No sabe l verdad? a

—Me ponía l manos sobre l ojos; creí que iba a verde pront as os o... —Es l l a oca, que sol oza. l —Creo que vamos a moriraquí... —Puede que venga al guien. —Creo que l rel as igiosas sal drán delasil o... —No sal nunca de noche. en —Creo que l hombres delfaro nos verán. os

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA. LA CIEGA JOVEN.

—No sal nunca. en —No bajan de su t orre. —Puede que nos vean... —¡Hace frío! —Miran siempre hacia elmar. —¡Escuchad l hojas secas; creo que hiel as a!... —Oigo a l izquierda un ruido que no comprendo... a —Creí que eran l mujeres. as —¿Quién t a así? ¡Nos hace t irit embl ara t odos sobre l a —No puedo ya abrirl manos. as

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO. LA CIEGA JOVEN.

—¡Oh, qué dura est l t á a ierra! —Es elmar, que gime cont l rocas. ra as —Oigo l t os émpanos de hiel romperse bajo l ol o as as...

TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO.

TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

piedra!
SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO.

—Oigo ot ruido que no comprendo... ro —¿Quién t a así ent nosot irit re ros? ¡Hace t embl a arl

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

piedra!
EL CIEGO MÁS VIEJO.

—Creo que es una mujer.

LA CIEGA MÁS VIEJA.

—Creo que l que t a iembl más fuert es l l a e a oca. —No oigo alniño. —Creo que est mamando t á odavía. —¡Es elúnico que puede verdónde est amos! —Oigo elvient delNort o e. —Si al guno de nosot se duerme, hay que despert e. ros arl

TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA MÁS VIEJA. EL CIEGO MÁS VIEJO.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA SEXTA CIEGA.

—Creo que ya no hay est l Va a nevar. rel as. —Yo, sin embargo, t engo sueño. (Una ráfaga de viento hace

TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO.

revolotear las hojas secas.)
LA CIEGA JOVEN.

—¿Oís l hojas secas? Creo que al as guien viene hacia nosot ros... —Es elvient ¡oíd! o: —¡No vendrá nadie!

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. TERCER CIEGO DE NACIMIENTO. EL CIEGO MÁS VIEJO. LA CIEGA JOVEN.

—Los grandes fríos van a l egar... l —No oigo más que l hojas secas. as —¡No oigo más que elvient delNort o e!

—Oigo andara l l o ejos. —¡Oigo andarmuy l ejos de nosot ros! —¡Digo que al guien viene hacia nosot ros! —Oigo un ruido de pasos muy l os... ent —¡Creo que l mujeres t as ienen razón! (Empiezan a caer grandes —¡Oh! ¡Oh! ¿Qué es est frío que cae sobre mis e

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA JOVEN.

SEGUNDO CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA JOVEN.

LA CIEGA MÁS VIEJA. EL CIEGO MÁS VIEJO.

copos de nieve.)
PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO.

manos?
EL SEXTO CIEGO.

—¡Nieva! —¡Apret émonos unos cont ot ra ros! —Pero ¡escuchad elruido de pasos! —¡PorDios! ¡Un moment de sil o encio! —¡Se acercan! ¡Se acercan! ¡Escuchad! (Aquí el NIÑO de la CIEGA —¿Ll elniño? ora

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA JOVEN.

LA CIEGA MÁS VIEJA. LA CIEGA JOVEN. LOCA

se echa a llorar súbitamente en la oscuridad.) —¡Ve! ¡Ve! ¡Puest que l ora, es que ve al (Coge en brazos al o l go!

EL CIEGO MÁS VIEJO. LA CIEGA JOVEN. NIÑO

y adelanta en la dirección de donde parece venir el ruido de pasos; las otras —¡Tened cuidado!

mujeres la siguen ansiosamente y la rodean.) Voy a su encuent ro.
EL CIEGO MÁS VIEJO.

LA CIEGA JOVEN.

—¡Oh! ¡Cómo l ora! ¿Qué t l iene? No l ores. No t l engas miedo; no hay

nada que t emer; est amos aquí; est amos en derredort uyo. ¿Qué ves? No t emas nada. ¡No l ores así! ¿Qué ves? Di, ¿qué ves t l ú?
LA CIEGA MÁS VIEJA. EL CIEGO MÁS VIEJO. EL SEXTO CIEGO.

—Elruido de pasos se acerca poraquí. ¡Escuchad! ¡Escuchad! —Oigo elroce de un vest cont l hojas secas. ido ra as —¡Es ruido de pasos! —¿Será acaso elruido delmaren l hojas secas? as

—¿Es una mujer?

EL CIEGO MÁS VIEJO.

PRIMER CIEGO DE NACIMIENTO. LA CIEGA JOVEN.

—¡No, no! ¡Son pasos! ¡Son pasos! ¡Son pasos! —Vamos a saberl escuchad l hojas muert o; as as. —¡Los oigo, l oigo casi a nuest l os ro ado! ¡Oíd! ¡Oíd! ¿Qué ves t ú? —¿Hacia qué l mira? ado

LA CIEGA MÁS VIEJA. LA CIEGA JOVEN.

¿Qué ves t ú?
LA CIEGA MÁS VIEJA. LA CIEGA JOVEN.

—¡Sigue elruido de l pasos! ¡Mirad! ¡Mirad! Cuando l vuel del os e vo —(Se adelanta.) Levant e porencima de nosot para que adl ros

ot l ro ado, se vuel para ver... ¡Ve! ¡Ve! ¡Ve! ¡Es seguro que ve al ext ve go raño! ...
LA CIEGA MÁS VIEJA.

pueda ver.
LA CIEGA JOVEN.

—¡Apart aos! ¡Apart aos! (Levanta al NIÑO por encima del grupo de —¡Est aquí! ¡Est en medio de nosot án án ros! —¡Tened piedad de nosot ros! (Silencio. El NIÑO llora

ciegos.) ¡Los pasos se han det enido ent nosot re ros!...
LA CIEGA MÁS VIEJA. LA CIEGA JOVEN.

—¿Quién sois? (Silencio.)

LA CIEGA MÁS VIEJA.

desesperadamente.)
FIN DE “LOS CIEGOS”

INTERIOR
PERSONAJES EN EL JARDÍN
EL ANCIANO. EL FORASTERO. MARTA Y MARÍA. UN ALDEANO. LA MULTITUD.

(Niet del ANCIANO.) as

EN LA CASA Personajes que no hablan:
EL PADRE. LA MADRE. LAS DOS HIJAS. EL NIÑO.

ACTO ÚNICO Jardín antiguo, plantado de sauces. En el fondo, una casa cuyas tres ventanas del piso bajo están iluminadas. Se ve con bastante claridad una familia que vela a la luz de la lámpara. El PADRE está sentado junto a la lumbre. La MADRE, con un codo apoyado en la mesa, mira al vacío. Dos jóvenes vestidas de blanco bordan, sueñan y sonríen en la tranquilidad de la estancia. Un NIÑO dormita con la cabeza apoyada sobre el hombro izquierdo de la MADRE. Parece que cuando alguno de ellos se levanta, anda o hace un gesto, sus movimientos son graves, lentos, breves y como espiritualizados por la distancia, la luz y el velo indeciso de la ventana. El ANCIANO y el FORASTERO entran con precaución en el jardín.
EL ANCIANO.

—Ya est amos en l part deljardín que se ext a e iende det de l casa. Aquí rás a

no vienen nunca. Las puert est alot l as án ro ado. Est cerradas y l persianas t án as ambién. Pero porest l no hay persianas y he vist l e ado o uz... Sí; est vel án ando t odavía a l l de a uz l l a ámpara. Porfort no nos han oído; l madre y l jóvenes acaso hubieran sal una a as ido, y ent onces ¿qué habríamos debido hacer?...
EL FORASTERO. EL ANCIANO.

— Qué vamos a hacerahora?

—Ant quisiera versi est t es án odos en l sal Sí. Veo alpadre sent a a. ado

junt a l l o a umbre. Est esperando con l manos sobre l rodil as... La madre apoya l á as as l os codos en l mesa. a
EL FORASTERO. EL ANCIANO.

—Nos mira...

—No; no sabe l que mira; no pest o añea. No puede vernos; est amos en l a

sombra de l grandes árbol Pero no os acerquéis más... Las dos hermanas de l os es. a muert est t a án ambién en l habit a ación. Bordan despacio; elniño pequeño se ha dormido. Son l nueve en elrel que est en elrincón... No sospechan nada y no habl as oj á an.
EL FORASTERO.

—¿Y si int amos l amarl at ent l a ención delpadre y hacerl al e guna seña?

Ha vuel o l cabeza hacia est l t a e ado. ¿Queréis que l ame a una de l vent l as anas? Es preciso que al guno de el os l sepa ant que l demás... l o es os
EL ANCIANO.

—No sé cuálel egir... Hay que t omargrandes precauciones... Elpadre es

viejo y enfermizo... La madre, t ambién, y l hermanas son demasiado jóvenes... Y as t odos l querían como ya no querrán a nadie... Nunca he vist casa más fel a o iz... No, no. No os acerquéis a l vent a ana: eso sería l peorde t o odo... Val más anunciársel l más e o o

sencil ament posibl como si fuera un acont l e e, ecimient corrient y no aparecer o e, demasiado t es; si no, su dol rist orquiere sobrepujaralvuest y no sabéis qué decir... ro Vamos alot l deljardín. Ll ro ado amaremos a l puert y ent a a raremos como si no hubiese sucedido nada. Yo ent raré primero; no l sorprenderá verme; vengo al es gunas veces de noche a t raerl fl es ores o frut y a pasaral a gunas horas con el os. l
EL FORASTERO.

—¿Para qué necesit acompañaros? Id sol esperaré a que me l améis... o o; l

No me han vist nunca... No soy más que uno que pasa, un forast o ero...
EL ANCIANO.

—Val más no est e arsol Cuando se l eva una desgracia, si no se l eva o. l l

sol es menos cl y menos pesada... All egaraquí venía pensando en el o... Si ent o, ara l l ro sol t o, endré que habl ardesde elprimermoment l sabrán t o, o odo en al gunas pal abras y ya no t endré nada que decir; y me da miedo elsil encio que sigue a l úl imas pal as t abras que anuncian una desgracia... Ent onces es cuando elcorazón se desgarra... Si ent ramos junt l diréis, porejempl “La han encont os, es o: rado así... Fl aba sobre elrío y t ot enía l as manos junt as...”
EL FORASTERO.

—No t enía l manos junt l brazos l col as as; os e gaban a l l o argo del

cuerpo.
EL ANCIANO.

—Ya veis como habl uno a pesarsuyo... La desgracia se pierde en l a os

det l al es... Si ent rara sol a l primeras pal o, as abras, conociéndol yo como l conozco, os os sería espant y Dios sabe l que sucedería... Pero si habl oso o amos port urno, est arán escuchándonos y no pensarán en considerarl mal not a a icia... No ol vidéis que l madre a est al í y que su vida depende de t poca cosa... Más val que l primera ol se ará l an e a a rompa sobre al gunas pal abras inút es... Es preciso habl il arun poco en derredorde l a desgracia, y que no est sol Elmás indiferent sobrel eva sin saberl part del én os. e l o e dol or... Así se divide, sin ruido y sin esfuerzo, como elaire y l l a uz...
EL FORASTERO. EL ANCIANO.

—Vuest ropas est empapadas y got sobre l l ras án ean as osas.

—Sól ha ent o rado en elagua l orl de mi mant Parece que t a a o. enéis frío. —Yo he ent rado en elagua hast l cint aa ura. —Apenas un inst e. Iba yo hacia l al ant a dea; ya era t arde y oscurecía.

Tenéis elpecho cubiert de t o ierra... No l había not en elcamino con l oscuridad... o ado a
EL FORASTERO. EL ANCIANO.

—¿Hacía mucho t iempo que l habíais encont a rado cuando yo l egué? l

EL FORASTERO.

Iba andando con l ojos fijos en elrío, porque est más cl que elcamino, cuando os aba aro vi una cosa ext raña a dos pasos de un cañaveral Me acerco y veo su cabel era, que se ... l había l evant casi en círcul porencima de su cabeza y que iba dando vuel as ado o t siguiendo l corrient (En la habitación las dos jóvenes vuelven la cabeza hacia la a e...

ventana.)
EL ANCIANO.

—¿Habéis vist l cabel era de l dos hermanas t o a l as embl arsobre sus —Han vuel o l cabeza hacia nuest l t a ro ado... No han hecho más que

hombros?
EL FORASTERO.

vol verl cabeza. Acaso he habl demasiado fuert (Las dos jóvenes vuelven a a ado e... colocarse en su primera postura.) ... pero ya no miran... He ent rado en elagua hast l aa cint y he podido al ura canzarl con l mano y t a a raerl sin esfuerzo hast l oril a... Era t a aa l an hermosa como sus hermanas...
EL ANCIANO.

—Acaso era más hermosa... No sé porqué, he perdido t odo elval or... —¿De qué val orhabl áis? Hemos hecho t odo l que puede hacerun o

EL FORASTERO.

hombre... Est muert desde hacía más de una hora... aba a
EL ANCIANO.

—¡Vivía est mañana!... La encont alsal a ré irde l igl a esia... Me dijo que se

iba a vera su abuel a l ot oril a de ese río donde l habéis encont a a ra l a rado... No sabía cuándo me vol vería a ver... Sin duda ha est a punt de pedirme al después no se ado o go; ha at revido, y se ha separado de mí bruscament Pero ahora l recuerdo... ¡Y no vi e... o nada!... Sonreía, como sonríen l que quieren cal arse o l que t os l os ienen miedo de que no se l comprenda... Parecía que esperaba con pena... casi no me miraba... es
EL FORASTERO.

—Unos campesinos me han dicho que l han vist vagarsol hast l a o a aa

noche porl oril a... Creían que est buscando fl a l aba ores... Puede que su muert e...
EL ANCIANO.

—No se sabe... ¿Se sabe nunca al go?... Acaso era de l que no quieren as

decirnada, y cada uno l eva en sí mismo más de una razón para no vivir... No vemos l dent delal como vemos en esa habit ro ma ación. Todas son así... No dicen más que cosas indiferent y nadie sospecha nada... Vivimos meses y meses all de al es, ado guien que ya no es de est mundo y cuya al ya no puede incl e ma inarse; l respondemos sin pensaren e el o, y ved l que sucede... Parecen muñecas inmóvil y en su corazón suceden t os l o es, ant acont ecimient os... Ni el as mismas saben l que son... Hubiera vivido como viven l l o as demás... Hubiera dicho hast eldía de su muert “Señor, Señora”, “¿Ll a e: overá est a mañana?”; o “Vamos a al morzar; seremos t rece a l mesa”; o “La frut no ha madurado a a t odavía”. Habl sonriendo de l fl an as ores que se han caído, y l oran en l oscuridad... Ni l a un ángelvería l que es preciso ver, y elhombre no comprende hast después... Ayer o a noche est ahí bajo l l aba a ámpara, como sus hermanas, y si est no hubiese sucedido, no o l veríamos como hay que verl as as... A mí me parece que l veo porprimera vez... Hay as que añadiral a l vida ordinaria ant de podercomprenderl go a es as... Est a nuest l án ro ado, nuest ojos no se apart de el as, y no l vemos hast elmoment en que se ros an l as a o

marchan para siempre... y, sin embargo, ¡qué al t ext ma an raña debió de t ener!; un al ma pobre, ingenua, inagot e, ¡hija mía!, si dijo l que debe haberdicho, si ha hecho l abl o o que debe haberhecho...
EL FORASTERO. EL ANCIANO.

—En est moment sonríen en sil e o encio en l habit a ación. —Sonríen sin moverse... Pero elpadre se pone un dedo en l l os abios... —No se at reven a l evant os ojos pormiedo a t arl urbarsu sueño. —Han dejado caerl madeja de seda bl a anca... —No saben que ot l est mirando... ros os án —Han l evant l ojos... ado os —Parecen fel ices, y sin embargo... ¿qué sabemos?...

—Est t án ranquil os... No l esperaban est noche... a a —Señal alniño, que se ha dormido sobre elcorazón de su madre... an —Ya no t rabajan... Reina un gran sil encio. —Miran alniño... —También a nosot nos miran... ros —Y, sin embargo, no pueden vernada... —Creen est arseguros... Han cerrado l puert y l post a a, os igos t ienen barras

EL FORASTERO. EL ANCIANO.

EL FORASTERO. EL ANCIANO.

EL FORASTERO. EL ANCIANO.

EL FORASTERO. EL ANCIANO.

EL FORASTERO. EL ANCIANO.

EL FORASTERO. EL ANCIANO.

de hierro... Han asegurado l muros de l casa vieja; han puest cerrojos a l t os a o as res puert de encina... Han previst t as o odo l que se puede prever... o
EL FORASTERO.

—Habrá que acabarpordecírsel Podría veniral o... guien a anunciársel o

bruscament Había una mul it de al e... t ud deanos en l pradera donde est l muert Si a áa a... uno de el os l amase a l puert l l a a...
EL ANCIANO.

—Mart y María est all de l muert Los al a án ado a a. deanos iban a hacer

unas angaril as con ramaje, y he dicho a l mayorque venga a avisarnos a t prisa en l a oda elmoment en que se pongan en marcha. Esperemos a que venga; me acompañará... No o hubiéramos debido mirarl así... Creí que no había más que l amara l puert ent os l a a, rar sencil ament buscaral l e, guna frase, y decir... Pero l he vist vivirdemasiado t os o iempo a l l de su l a uz ámpara... (Entra MARÍA.)
MARÍA.

—Ya vienen, abuel o. —¿Eres t ¿Dónde est ú? án? —¿Vendrán en sil encio? —¿Son muchos? —Est alpie de l úl imas col án as t inas. —Les he dicho que recen en voz baja. Mart l acompaña... a os

EL ANCIANO. MARÍA.

EL ANCIANO. MARÍA.

EL ANCIANO.

MARÍA.

—Toda l al viene con el os. Habían t a dea l raído l uces, pero l he dicho que l es as —¿Pordónde vienen? —Ya es hora de... —De sobra ves que no hemos dicho nada... Siguen esperando a l l de l a uz a

apaguen...
EL ANCIANO. MARÍA.

—Porl veredas. Vienen despacio. as —¿Lo habéis dicho, abuel o?

EL ANCIANO. MARÍA.

EL ANCIANO.

l ámpara... Mira, hija, mira: verás al de l vida... go a
MARÍA.

—¡Oh! ¡Qué t ranquil parecen!... Diríase que l veo en sueños... os os —Tened cuidado: he vist est o remecerse a l dos hermanas... as —Creo que se acercan a l vent a ana... (Una de las dos hermanas de las —Se l evant an...

EL FORASTERO. EL ANCIANO.

EL FORASTERO.

cuales están hablando se acerca en este momento a la primera ventana, y la otra a la tercera, y, apoyando las manos en los cristales, miran largo tiempo en la oscuridad.)
EL ANCIANO. MARÍA.

—Nadie se acerca a l vent de en medio... a ana —La mayorsonríe a l que no ve... o —Y l segunda t a iene l ojos l enos de t os l emores... —Tened cuidado; no sabemos hast dónde se ext a iende elal en derredor ma

—Miran... Escuchan...

EL ANCIANO.

EL FORASTERO. EL ANCIANO.

de l hombres... (Pausa larga. MARÍA se apoya en el pecho del ANCIANO y le abraza.) os
MARÍA.

—¡Abuel o!... —¡No l ores, hija!... También a nosot nos l egará l vez... (Pausa.) l ros l a —¡Cuánt t o iempo miran!... —Est arían mirando cien años y no verían nada. Pobrecil as... La noche es l —Afort unadament miran hacia aquí... No sé l que adel a dell e o ant ado

EL ANCIANO.

EL FORASTERO. EL ANCIANO.

demasiado oscura; miran aquí, y es poral í pordonde l ega l desgracia... l l a
EL FORASTERO.

de l praderas. as
MARÍA.

—Creo que es l mul it a t ud... Est t l án an ejos que apenas se l dist es ingue... —Siguen l ondul as aciones delsendero... Ya reaparecen junt a un t ud o al

EL FORASTERO.

il uminado porl l a una...
MARÍA.

—¡Oh! ¡Cuánt vienen!... Se acercaban corriendo cuando yo he pasado porel os —Ll egarán, a pesarde t odo; y yo t ambién l veo... Van caminando hacia os

arrabal Han dado una vuel a muy grande. ... t
EL ANCIANO.

l praderas… Parecen t pequeños que apenas se l dist as an es ingue ent l hierba... re a

Parecen niños jugando a l l de l l a uz a una... Y si el os l viesen, no comprenderían. Por l os mucho que l vuel l espal es ven as das, se acercan a cada paso que dan y l desgracia a aument desde hace ya más de dos horas. No pueden impedirque aument y l que l a e, os a t raen no pueden det enerl La desgracia manda, y es preciso que l sirvan... Tiene su a... a fin y sigue su camino... Es infat igabl y no t e iene más que una idea... Es preciso que l e prest sus fuerzas. Est t es, pero vienen... Tienen compasión, pero deben en án rist adel ar... ant
MARÍA.

—La mayorno se ríe ya, abuel o... —Se al ejan de l vent as anas... —La mayorha acariciado l rizos delniño, que no se despiert os a... —Ahora, sil encio... —Elpadre sigue con l vist elgran péndul delrel a a o oj... —Diríase que est escuchando a sus al án mas... (Pausa.) —Abrazan a su madre... — ¡Oh! También elpadre quiere que l abracen a él e ... —Vuel all de su madre... ven ado —Diríase que rezan sin saberl que hacen... o —¡Abuel no se l digas est noche!... o, o a —Ya ves como t ambién pierdes elval or... Hart sabía yo que no debíamos o

EL FORASTERO. MARÍA.

EL FORASTERO. MARÍA.

EL FORASTERO. MARÍA.

EL FORASTERO. MARÍA.

EL FORASTERO. MARÍA.

EL ANCIANO.

mirar. Tengo cerca de ochent y t años y es l primera vez que me ha herido l vist a res a a a de l vida. No sé porqué t a odo l que hacen me parece t ext o an raño y t nuevo... Est an án esperando de noche, sencil ament a l l de su l l e, a uz ámpara, como hubiéramos nosot ros esperado a l l de l nuest y, sin embargo, creo verl desde l al o de ot mundo, a uz a ra; os o t ro porque sé una verdad pequeña que el os no saben t l odavía. ¿Es eso, hijos míos? Decidme, ¿porqué est t áis ambién pál idos? ¿Hay acaso ot cosa que no pueda decirse y ra que nos hace l orar? Yo no sabía que hubiese en l vida al t t e y que diese miedo l a go an rist a l que l miran... Y aunque no hubiese sucedido nada, me daría miedo verl t os o os an t ranquil os... Tienen demasiada confianza en est mundo... Est ahí separados del e án enemigo porpobres vent anas... Creen que no sucederá nada porque han cerrado l as puert y no saben que siempre sucede al en l al as, go as mas y que elmundo no se acaba en l puert de l casas... Est t seguros de su vida menuda y no sospechan que hay as as as án an ot que saben de el a más que el os; y que yo, pobre viejo, aquí, a dos pasos de su ros l l puert t a, engo ent l manos t su menguada fel re as oda icidad y no me at revo a abrirl as...
MARÍA.

—Tened compasión, abuel o...

EL ANCIANO.

—Tenemos compasión de el os, hija mía; pero nadie t l iene compasión de

nosot ros.
MARÍA.

—Decídsel mañana, abuel decidl cuando sea de día... No l dará t a o o; o es ant —Talvez t engas razón... Val dría más dejart odo est en l noche. Y l l o a a uz

pena...
EL ANCIANO.

consuel eldol Pero ¿qué nos dirían mañana? La desgracia hace cel a or. osos a l que l os a padecen; y aquel os a quienes ha herido quieren saberant que l ext l es os raños. No quieren que se deje su desdicha en manos de l desconocidos... Parecería que l os es habíamos robado al go...
EL FORASTERO. MARÍA. MARTA.

—Además, ya no es t iempo; ya oigo elmurmul o de l oraciones... l as

—Est ahí... Pasan pordet de l set án rás os os... (Entra MARTA.) —Aquí est he venido guiándol hast aquí. Les he dicho que esperen en el án, os a

camino. (Se oyen gritos de niños.) ¡Ah! Todavía est grit án ando l niños... Les había os prohibido venir... Pero quieren verl que sucede, y l madres no hacen caso... Voy a o as decirl es... No; se cal an. ¿Est t l á odo dispuest He t o? raído l sort que el a l evaba a ija l l puest La he echado yo misma sobre l camil a. Parece que est dormida... Me ha a... a l á cost mucho t ado rabajo porque no podía arregl e elpel He hecho cort arl o... ar margarit as... Es t e, pero no había ot fl rist ras ores... ¿Qué hacéis aquí? ¿Porqué no est áis con el os? (Mira a la ventana.) ¿No l oran?... No... ¿No se l habéis dicho? l l o
EL ANCIANO. MARTA.

—Mart Mart Hay demasiada vida en t al a, a. u ma; no puedes comprender...

—¿Porqué? (Después de una pausa y con tono de reproche.) No hubierais —Mart t no sabes... a, ú —Est e aquí, hija mía, y mira un inst e. at ant —¿Porqué? —Ven aquí, hija mía... —Ven aquí, hija mía...

debido hacerest abuel o, o...
EL ANCIANO. MARTA.

—Yo soy l que voy a decírsel a o. —¡Oh! ¡Qué desgraciados son!... No pueden esperar... —¡No sé... pero ya no es posibl e!... —¡Qué paciencia t ienen! —(Volviéndose.) ¿Dónde est abuel Tengo t a pena que no os veo... Yo áis, o? ant —No l mires más hast que l sepan... os a o

EL ANCIANO. MARTA.

EL ANCIANO. MARTA.

EL ANCIANO. MARTA.

EL ANCIANO. MARTA.

t ampoco sé qué hacer.
EL ANCIANO.

MARTA.

—Quiero ircon vos... —No, Mart quédat aquí... Siént e all de t hermana, sobre est a, e at ado u e

EL ANCIANO.

banco viejo de piedra, alpie delmuro de l casa, y no mires... Eres demasiado joven, y a no podrías ol vidarya nunca... No puedes saberl que es un rost en elmoment en que o ro o l muert va a pasarporsus ojos... Acaso l orarán... No t vuel a e l e vas... Acaso no sucederá nada... Sobre t odo, no t vuel si no oyes nada... No puede saberse de ant e vas emano el camino que ha de seguireldol or... General ment no hay más que unos cuant sol ozos e, os l con raíces profundas... Yo mismo no sé qué podré hacercuando l oiga... Eso no os pert enece ya a est vida... Abrázame, hija mía, ant de que me vaya... (Un murmullo de a es oraciones se ha acercado gradualmente. Parte de la MULTITUD invade el jardín. Se oye correr con pasos sordos y hablar en voz baja.)
EL FORASTERO.

—(A la MULTITUD.) Quedaos aquí... No os acerquéis a l vent as anas...

¿Dónde est án?
UN ALDEANO.

—¿Quiénes? —Los ot ros... ¡l que l t os a raen!... —Ll egan porl avenida que conduce a l puert (El ANCIANO se aleja. a a a.

EL FORASTERO. EL ALDEANO. MARTA

y MARÍA están sentadas en el banco, de espaldas a la ventana. Rumores en la —¡Sil encio!... No habl (La mayor de las dos hermanas se levanta y éis.

MULTITUD.) EL FORASTERO.

va a correr los cerrojos de la puerta.)
MARTA.

— ¿Abre? —Alcont rario, cierra. (Pausa.) —No... Vuel a sent ven arse all de l madre. Los ot no se mueven, ado a ros —¿No ha ent rado elabuel o?

EL FORASTERO. MARTA.

EL FORASTERO.

y elniño sigue durmiendo... (Pausa.)
MARTA. MARÍA.

—Hermana, dame l mano... a —¡Mart (Se abrazan y se dan un beso.) a! —Ya debe de haberl amado... Han l l evant l cabeza t ado a odos a un

EL FORASTERO.

t iempo... Se miran...
MARTA.

—¡Oh! ¡Pobre hermana mía!... ¡Voy a l orart l ambién! (Ahoga sus sollozos —Debe de est l arl amando t odavía; elpadre mira qué hora es... Se

echándose sobre el hombro de su hermana.)
EL FORASTERO.

l evant a.
MARTA.

—Hermana, hermana, quiero ent ambién... Ya no pueden est rart arsol os...

MARÍA.

—¡Mart Mart (La detiene.) a, a! —Elpadre est en l puert descorre l cerrojos... Abre con á a a... os

EL FORASTERO.

prudencia...
MARTA.

—¡Oh! No veis... el ... —¿Qué? No veo más que un ángul de l pradera y el o a —Los que l t a raen...

EL FORASTERO. MARTA.

EL FORASTERO—Abre un poco l puert a a...

surt idorde l fuent No suel a l puert Ret a e... t a a... rocede... Parece que dice: “¡Ah! ¡Sois vos...!” Levant l brazos... Vuel a cerrarl puert con cuidado... Vuest abuel ha a os ve a a ro o ent rado en l habit a ación... (La MULTITUD se ha acercado a la ventana. MARTA y MARÍA se levantan y después se acercan también, abrazadas estrechamente. Se ve al ANCIANO, que adelanta dentro de la sala. Las dos hermanas de la muerta se levantan; la MADRE se levanta también después de haber sentado al NIÑO cuidadosamente en el sillón que acaba de dejar, de modo que, desde fuera, se vea dormir al pequeñuelo, con la cabeza un poco inclinada, en el centro de la habitación. La MADRE adelanta al encuentro del
ANCIANO

y le alarga la mano, pero la retira antes de que él haya tenido tiempo de

cogerla. Una de las dos jóvenes quiere quitar la capa al visitante, y la otra adelanta un sillón, pero el ANCIANO hace un gesto rehusándolo. El PADRE sonríe con aire asombrado. El ANCIANO mira hacia la ventana.) No se at reve a decirl Nos ha o... mirado. (Rumores en la MULTITUD.) ¡Cal ad!... (El ANCIANO, viendo caras que se l acercan a la ventana, aparta rápidamente los ojos. Como una de las jóvenes sigue ofreciéndole el mismo sillón, acaba por sentarse y se pasa varias veces la mano derecha por la frente.) Se sient (Las demás personas que están en la sala se sientan a... también; mientras, el PADRE habla con volubilidad. Por fin el ANCIANO abre la boca, y el sonido de su voz parece atraer la atención. Pero el PADRE le interrumpe. El ANCIANO vuelve a tomar la palabra, y poco a poco los demás se van quedando inmóviles. De repente la MADRE se estremece y se levanta.)
MARTA.

—¡Oh! ¡La madre va a comprender! (Se vuelve y esconde la cara entre las

manos. Nuevos rumores en la MULTITUD. Los niños lloran para que los levanten en brazos y ver también. La mayor parte de las madres obedecen.)
EL FORASTERO.

—¡Sil encio!.. ¡Todavía no l ha dicho!.. (Se ve que la MADRE interroga o

al ANCIANO con angustia. Él dice todavía unas cuantas palabras; después, bruscamente, todos los demás se levantan también y parecen interpelarle. Entonces hace con la cabeza un lento signo de afirmación.) ¡Lo ha dicho!... ¡Lo ha dicho de

repent e!...
VOCES DE LA MULTITUD. EL FORASTERO.

—¡Lo ha dicho! ¡Lo ha dicho!...

—No se oye nada... (El ANCIANO se levanta también y, sin volverse,

señala la puerta que está detrás de él. La MADRE, el PADRE y las dos HIJAS se arrojan sobre la puerta, que el PADRE no consigue abrir inmediatamente. El ANCIANO quiere impedir a la MADRE que salga.)
VOCES DE LA MULTITUD.

—¡Sal ¡Sal en! en!... (Barullo en el jardín. Todos se precipitan

hacia el otro lado de la casa, excepto el FORASTERO, que permanece en las ventanas. En la sala, la puerta se abre por fin de par en par; todos salen al mismo tiempo. Se ven, bajo el cielo estrellado y a la luz de la luna, las angarillas donde descansa la muerta, mientras que, en medio de la habitación abandonada, el NIÑO continúa durmiendo tranquilamente en el sillón. Pausa.)
EL FORASTERO.

—¡Elniño no se ha despert ado! (Sale también.)
FIN DE “INTERIOR”

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