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SALA CONSTITUCIONAL

MAGISTRADO-PONENTE: ARCADIO DELGADO ROSALES

Mediante oficio nº 249-04 del 22 de junio de 2004, la Sala n° 10 de la Corte de

Apelaciones del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas remitió a

esta Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, el expediente nº 10As-1383-

04, de la nomenclatura de dicha Corte, contentivo de la acción de amparo

constitucional, ejercida por la abogada JAZMINE FLOWERS GOMBOS N., titular

de la cédula de identidad n° 4.599.507 e inscrita en el Instituto de Previsión Social del

Abogado bajo el n° 13.165, actuando en su propio nombre, contra la abogada Janeth

Colina Peña, en su carácter de Juez Sexto de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil y

del Tránsito de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas.

El 25 de junio de 2004, se dio cuenta en Sala del presente expediente y se

designó ponente al Magistrado Antonio J. García García.

Dicha remisión obedece al conflicto de competencia suscitado entre la referida

Corte de Apelaciones y el Juzgado Quincuagésimo de Primera Instancia en funciones de

control del mismo Circuito Judicial Penal.

En esa misma oportunidad se dio cuenta en Sala y se designó ponente al

Magistrado Antonio J. García García.


Vista la designación de los nuevos Magistrados hecha por la Asamblea

Nacional, el 13 de diciembre de 2004, como se evidencia de la Gaceta Oficial N°

38.086 del 14 de diciembre de 2004, la Sala Constitucional quedó integrada por los

Magistrados Iván Rincón Urdaneta, Jesús Eduardo Cabrera Romero, Antonio J. García

García, Pedro Rafael Rondón Haaz, Luís V. Velázquez Alvaray, Luisa Estella Morales

Lamuño y Francisco A. Carrasquero López.

Posteriormente, dada la falta temporal del Magistrado Antonio J. García García

y la jubilación del Magistrado Iván Rincón Urdaneta, se reconstituyó la Sala quedando

integrada por los Magistrados Luisa Estella Morales Lamuño, Jesús Eduardo Cabrera

Romero, Pedro Rafael Rondón Haaz, Luís V. Velázquez Alvaray, Francisco A.

Carrasquero López, Marcos Tulio Dugarte Padrón y Arcadio de Jesús Delgado Rosales.

Asimismo, se asignó la ponencia al Magistrado Arcadio de Jesús Delgado Rosales

quien, con tal carácter, suscribe el presente fallo.

Los días 5 de agosto, 30 de septiembre y 9 de diciembre de 2004, la quejosa

presentó sendos escritos, ante la Secretaría de esta Sala, a los fines de manifestar su

interés en el trámite de este asunto.

Realizado el estudio individual del expediente, esta Sala decide, previas las

siguientes consideraciones:

I
ANTECEDENTES

Por escrito recibido por el Juzgado Quincuagésimo de Primera Instancia en

funciones de control del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas, la

antes identificada ciudadana solicitó amparo constitucional contra la referida jueza.

A los fines de proveer sobre lo solicitado, el aludido Juzgado de Primera

Instancia dictó decisión, el 16 de junio de 2004, a través de la cual se declaró

incompetente, con base en el criterio sostenido por esta Sala Constitucional en sentencia
del 13 de febrero de 2001, proferida en el caso Euclides Salome Rivas Ramírez, que

declaró competente a la Corte de Apelaciones, para conocer y decidir de un recurso de

habeas corpus, en concordancia con lo dispuesto en el artículo 64 del Código Orgánico

Procesal Penal. En consecuencia, dicho Tribunal declinó la competencia para conocer

del caso a la Corte de Apelaciones de ese mismo Circuito Judicial Penal.

Recibido como fue el expediente ante la Sala n° 10 de la Corte de Apelaciones

del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas, el 22 de junio de 2004,

este órgano dictó su fallo en el que se declaró igualmente incompetente, por cuanto

“…la competencia para conocer de dicha acción corresponde al tribunal de control,

conforme a lo establecido en el artículo 64 primer aparte del Código Orgánico

Procesal Penal…”. Ahora bien, por cuanto era el segundo tribunal que se declaraba

incompetente resolvió remitirlo a esta Sala para que se decidiera el conflicto negativo de

competencia, de conformidad con lo dispuesto en los artículos 12 de la Ley Orgánica de

Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, 70 y 71 del Código de

Procedimiento Civil y numeral 21 del artículo 42 de la derogada Ley Orgánica de la

Corte Suprema de Justicia.

II
FUNDAMENTO DE LA ACCIÓN DE AMPARO

El presente amparo tiene por objeto la medida de arresto y la orden de

aprehensión decretadas contra la quejosa, por la juez señalada como agraviante, con

motivo de un juicio llevado por aquell,a en su condición de abogada.

Al respecto, alegó la referida profesional que los jueces civiles eran

incompetentes para decretar detenciones judiciales y librar boletas de captura y

detención. En tal sentido, invocó la incompetencia manifiesta de la funcionaria, quien

igualmente privó de manera ilegítima de la libertad a su defendido, el ciudadano Ramón

Guerra Betancourt.
Expresó que se trataba de una situación de terrorismo judicial. Que “nos

encontramos en presencia de situaciones fácticas, cuyo móvil subyacente radica en el

amedrentamiento y el hostigamiento por intimidación de la suscrita abogado litigante,

que han devenido en una cruenta persecución (…) y que constituyen amenazas directas,

graves e inminentes contra mi integridad física, mi libertad y mi seguridad personal,

resultante de la maquiavélica componenda existente”.

Indicó igualmente, que le estaban obstaculizando por medio de vías de hecho el

desempeño en sus actividades cotidianas como abogada ante los tribunales, en perjuicio

de la defensa de las causas a ella encomendadas.

Seguidamente, la quejosa refirió en su escrito los acontecimientos producidos en

los diversos juicios y que dieron lugar a la medida cuestionada, para finalmente concluir

en que la jueza demandada había infringido el numeral 6 del artículo 49 de la

Constitución, que dispone: “Ninguna persona podrá ser sancionada por actos u

omisiones que no fueren previstos como delitos, faltas o infracciones en leyes

preexistentes”. Asimismo, el numeral 7 que establece: “Ninguna persona podrá ser

sometida a juicio por los mismos hechos en virtud de los cuales hubiese sido juzgada

anteriormente” y el principio de presunción de inocencia y del debido proceso,

igualmente previsto en el aludido artículo 49.

Invocó también el artículo 181 del Código Orgánico Procesal Penal, que tipifica

como falta la omisión de medidas para hacer cesar la privación ilegítima de libertad.

Argumentó, igualmente, que la conducta asumida por la funcionaria señalada

como agraviante es violatoria del orden público y social, y con respecto a ella solicitó

las medidas de protección y seguridad que fueran pertinentes.

III
DE LA COMPETENCIA
Corresponde a esta Sala Constitucional determinar su competencia para conocer

del conflicto negativo de competencia suscitado entre la Corte de Apelaciones que

remitió el expediente a esta Sala y el Juzgado Quincuagésimo de Primera Instancia en

funciones de control del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas. A

tal efecto, se observa que el artículo 12 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y

Garantías Constitucionales, establece que los conflictos sobre competencia que se

susciten en materia de amparo entre Tribunales de Primera Instancia serán decididos por

el Superior respectivo; sin embargo, no regula la competencia del órgano jurisdiccional

llamado a conocer cuando se suscite un conflicto de competencia negativo en materia de

amparo, en el que, no obstante tratarse de juzgados de la misma competencia y distintos

grados, no exista un Juzgado jerárquicamente superior y común a los Juzgados que

plantearon el conflicto.

En tal sentido, precisa la Sala que la Constitución de la República Bolivariana de

Venezuela, en su artículo 266, numeral 7, establece lo siguiente:

“Son atribuciones del Tribunal Supremo de Justicia:


...omissis...
7. Decidir los conflictos de competencia entre tribunales, sean ordinarios o
especiales, cuando no exista otro tribunal común a ellos en el orden
jerárquico”.

Ahora bien, el artículo 5, numeral 51, de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo

de Justicia, establece:

“Es de la competencia del Tribunal Supremo de Justicia como más alto


Tribunal de la República:
...omissis...
51. Decidir los conflictos de competencia entre tribunales, sean ordinarios o
especiales, cuando no exista otro tribunal superior y común a ellos en el
orden jerárquico, remitiéndolo a la Sala que sea afín con la materia y
naturaleza del asunto debatido.”
En este mismo sentido, resulta oportuno precisar de igual modo que esta Sala

Constitucional estableció, el 13 de junio de 2001 (caso: Alexander Ulacio Díaz), lo

siguiente:

“Del análisis de los artículos citados supra y siguiendo el criterio reiterado


por la entonces Corte Suprema de Justicia, esta Sala observa que, aunque el
artículo 12 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales, no prevé el supuesto concreto de conflicto de competencia en
materia de amparo constitucional que se presente entre Juzgados de Primera
Instancia y Superiores, considera que, en aplicación de la regla general
contenida en el Código de Procedimiento Civil, y en atención a lo dispuesto en
el artículo 266, numeral 7 de la Constitución, debe entenderse que el Tribunal
Supremo de Justicia será el competente para conocer de aquellos conflictos de
competencia planteados entre los Juzgados de Primera Instancia y Superiores,
por lo que esta Sala, en atención a la materia de la cual conoce, resulta
competente para decidir el conflicto negativo de competencia planteado, así
como otros que eventualmente puedan suscitarse en materia de amparo
constitucional”

De manera que, habiéndose planteado el conflicto negativo de competencia entre

la referida Sala No. 10 de la Corte de Apelaciones del Circuito Judicial Panal del Área

Metropolitana de Caracas y el Juzgado Quincuagésimo de Primera Instancia en

funciones de control del mismo Circuito Judicial Penal, con ocasión de una acción de

amparo constitucional, y no existiendo un Tribunal Superior y común a ambos, esta

Sala, atendiendo a las disposiciones antes señaladas y congruente con lo señalado en la

sentencia citada, se declara competente para conocer del presente conflicto negativo de

competencia. Así se declara.

IV
MOTIVACIÓN PARA DECIDIR

Establecido lo anterior, procede esta Sala a pronunciarse acerca del conflicto

negativo de competencia suscitado entre la referida Sala de la Corte de Apelaciones y el

igualmente identificado Juzgado Quincuagésimo de Primera Instancia en funciones de

control del mismo Circuito Judicial Penal, con ocasión de la acción de amparo

interpuesta por la ciudadana Jazmine Flowers Gombos N., contra la abogada Janeth
Colina Peña, en su carácter de Juez Sexto de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil y

del Tránsito de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas.

Observa la Sala que, el artículo 7 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos

y Garantías Constitucionales, reglamenta el régimen de competencia que se le atribuye a

los tribunales para conocer las acciones de amparo constitucional. Establece el

mencionado artículo lo siguiente:

“Son competentes para conocer de la acción de amparo, los Tribunales de


Primera Instancia que lo sean en la materia afín con la naturaleza del
derecho o la garantía constitucional violados o amenazados de violación, en
la jurisdicción correspondiente al lugar donde ocurrieren el hecho, acto u
omisión que motivaren la solicitud de amparo.
En caso de duda, se observarán en lo pertinente, las normas sobre
competencia en razón de la materia.
Si un juez se considerare incompetente, remitirá las actuaciones
inmediatamente al que tenga competencia...omissis...”.

En atención a la norma anteriormente transcrita, esta Sala ha sostenido que la

misma establece –en forma general- un criterio relacionado con la competencia en

amparo en razón del grado de la jurisdicción (Tribunal de Primera Instancia), la materia

(afín con la naturaleza del derecho o la garantía constitucional violados o amenazados),

y el territorio (el lugar donde hubiere ocurrido el hecho, acto u omisión

inconstitucional).

Ahora bien, siendo el objeto del presente amparo una medida de arresto

decretada por la funcionaria judicial señalada como agraviante y la respectiva orden de

aprehensión, es preciso examinar previamente la naturaleza jurídica de la actuación

impugnada y, para ello, encuentra la Sala necesario reiterar su doctrina al respecto.

En ese sentido, cabe acotar que esta Sala, en fallo N° 707, del 10 de mayo de

2001 (caso: José Ángel Rodríguez), determinó la naturaleza jurídica de los arrestos

disciplinarios, de la siguiente forma:


“En tal sentido, la doctrina de este Alto Tribunal ha establecido (al igual
que lo estableció la doctrina de la antigua Corte Suprema de Justicia), que
la decisión del juez de ordenar el arresto disciplinario de una persona
determinada, es un acto administrativo de efectos particulares, y en
consecuencia, debe ser impugnado -de ser el caso- a través de la vía
administrativa o contencioso administrativa. (Sentencia No. 245 de la Sala
de Casación Penal del Tribunal Supremo de Justicia, de 1º de marzo de
2000. Sentencia No. 577 de la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema
de Justicia, de 29 de septiembre de 1999. Sentencia No. 847 de la Sala
Político Administrativa de la Corte Suprema de Justicia, de 4 de diciembre
de 1998).
Por lo tanto, al derivar el acto presuntamente violatorio de derechos
constitucionales del ejercicio de la potestad sancionatoria de la
Administración, la competencia para conocer del presente asunto
corresponde a la jurisdicción contencioso administrativa, siendo en
consecuencia competente para conocer y decidir la presente acción de
amparo es de conformidad con el artículo 185, ordinal 3º de la Ley
Orgánica de la Corte Suprema de Justicia, la Corte Primera de lo
Contencioso Administrativo. Así se decide.”

Luego de la anterior decisión, debe indicarse que esta Sala en sentencia N° 2427,

del 29 de agosto de 2003 (caso: Carmen Alicia Perozo Heredia), asentó, respecto a las

medidas de arrestos disciplinarios decretados por los Jueces, lo siguiente:

“Como punto previo al pronunciamiento de la Sala acerca de su


competencia para conocer de la presente solicitud de mandamiento de
hábeas corpus, estima oportuno realizar ciertas precisiones respecto a la
naturaleza del hábeas corpus y la procedencia del mismo ante la
detenciones presuntamente arbitrarias por vía de la potestad
sancionatoria de la administración, debido a que no ha sido pacÍfica la
jurisprudencia en la materia.
...omissis...
La Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales, en su Título V, consagra el amparo a la libertad y
seguridad personales, aceptando examinar por vía de amparo la
vulneración a dicho derecho fundamental, razón por la cual “el autentico
hábeas corpus” no ha sido desarrollado en nuestra legislación.
Así las cosas, la controversia en este orden se suscita sobre la procedencia
del hábeas corpus –amparo a la libertad personal-, ante los arrestos
provenientes de los órganos judiciales actuando en vía disciplinaria.
En tal sentido, acota la Sala, que dentro de los actos administrativos
gravosos para los administrados se encuentran las sanciones
administrativas, en el entendido de éstas como un mal inflingido por la
Administración a un administrado como consecuencia de una conducta
ilegal. Este mal consistirá siempre en la privación de un bien o de un
derecho, imposición de una obligación de pago de una multa, incluso
arresto personal del infractor.
Dichas sanciones nacen como consecuencia del mantenimiento en manos
de la Administración de poderes sancionatorios directos, esto es, el mismo
ius puniendi del Estado manifestado por la vía administrativa.
Tal potestad deviene del hecho de que los distintos poderes del Estado
pueden dictar actos que rebasan o escapan de su función natural, como
sería la facultad del Poder del Ejecutivo de reglamentar leyes, o en el caso
específico del Poder Judicial, la facultad del Juez de imponer multas, o
destituir funcionarios, los cuales constituyen actos distintos a su función,
cual es la de emitir actos o decisiones judiciales.
Otra de esas manifestaciones del poder sancionatorio lo constituyen las
sanciones correctivas y disciplinarias decretadas por los jueces, en
ejercicio de la potestad disciplinaria de la cual están investidos.
Al respecto los artículos 91, 93 y 94 de la Ley Orgánica del Poder Judicial
expresan:
Artículo 91. Los jueces podrán imponer sanciones correctivas y
disciplinarias, así:
1) A los particulares que falten al respeto y orden debidos en los actos
judiciales;
2) A las partes, con motivo de las faltas que cometan en agravio de los
jueces o de las otras partes litigantes; y
3) A los funcionarios y empleados judiciales, cuando cometan en el
tribunal faltas en el desempeño de sus cargos, y cuando con su conducta
comprometan el decoro de la judicatura.
‘Artículo 93. Los jueces sancionarán con multas que no excedan del
equivalente en bolívares a tres unidades tributarias (U.T.), o de ocho días
de arresto, a quienes irrespetaren a los funcionarios o empleados
judiciales; o a las partes que ante ellos actúen; y sancionarán también a
quienes perturbaren el orden de la oficina durante su trabajo.
Artículo 94. Los tribunales podrán sancionar con multa del equivalente en
bolívares a cuatro unidades tributarias (U.T.), o con arresto hasta por
ocho días, a los abogados que intervienen en las causas de que aquellos
conocen:
1) Cuando en el ejercicio de la profesión faltaren oralmente, por escrito, o
de obra al respeto debido a los funcionarios judiciales;
2) Cuando en la defensa de sus clientes ofendieren de manera grave o
injustificada a las personas que tengan interés o parte en el juicio, o que
intervengan en él por llamado de la justicia o a los otros colegas. Todos
estos hechos quedan sometidos a la apreciación del juez, quien decidirá
discrecionalmente si proceden o no las medidas indicadas; pero los
sancionados tendrán el derecho de pedir la reconsideración de la medida
si explicaren sus palabras o su intención, a fin de satisfacer al tribunal. En
caso de falta cometida por escrito, el juez ordenará testar las especies
ofensivas, de manera que no puedan leerse’.
A criterio de la Sala, tales sanciones son actos disciplinarios, toda vez que
el tribunal no actúa en la función jurisdiccional que originariamente le ha
sido atribuida, sino en una función administrativa sancionatoria.
Siendo ello así, si bien es cierto que la situación cambia radicalmente en
lo que se refiere a los arrestos disciplinarios, dentro de la potestad
sancionatoria conferida a los jueces, pues en tales decisiones se ponen en
juego dos valores definidos constitucionalmente: el derecho a la libertad y
a la seguridad personal y el respeto a la majestad de los jueces en el
ejercicio de sus funciones, no es menos cierto que aun tratándose de actos
que tienen por objeto la privación de libertad, al tener los mismos su
origen en la potestad sancionatoria del Poder Judicial, deben estar
sometidos al control de la jurisdicción disciplinaria, en razón de que la
disciplina -en todos sus aspectos- no es propia de la actividad
administrativa, sino que constituye el derecho disciplinario.
Ciertamente dicha jurisdicción disciplinaria es actualmente ajena a
nuestro sistema de justicia, pero ello no es óbice para que hasta tanto la
misma se regule por ley, ésta corresponda al órgano jurisdiccional
competente de acuerdo a la naturaleza del acto impugnado.
De acuerdo con lo anterior, el punto fundamental del asunto sería
entonces no sólo precisar cuál sería el órgano jurisdiccional competente
para conocer de la legalidad de los arrestos disciplinarios, sino si contra
dichos arrestos opera el hábeas corpus.
Al respecto, estima la Sala preciso acotar, que el artículo 44.1
Constitucional consagra el derecho que toda persona tiene a no ser
detenida o arrestada sino en virtud de una orden judicial, salvo que sea
sorprendida in fraganti delito.
Estima la Sala, que a la letra del precepto constitucional señalado, no es
posible el arresto por vía administrativa-disciplinaria, ya que la detención
de cualquier persona debe provenir de una orden judicial.
Ahora bien, en los casos en que los abogados, particulares, funcionarios y
empleados judiciales irrespeten flagrantemente la majestad de los jueces,
éstos, en esa circunstancia se encuentran facultados para ‘imponer
sanciones correctivas y disciplinarias’ a los mismos, siendo una de dichas
sanciones el arresto hasta por ocho (8) días, en los casos establecidos en
los artículos 93 y 94 de la Ley Orgánica del Poder Judicial,
precedentemente transcritos.
En ese orden de ideas, el juez en uso de la potestad disciplinaria puede
ordenar el arresto, estando el mismo ajustado a la norma constitucional
en virtud de emanar de una orden judicial.
De allí, que el derecho a la inviolabilidad de la libertad personal
consagrado en el señalado artículo 44.1 de la Constitución, no se vea
menoscabado en los casos de los arrestos disciplinarios, ya que la
limitación del derecho que deviene en dichos casos, se encuentra
preservada por los principios de la reserva legal y la judicial.
Por ello, la Sala, en sintonía con las consideraciones precedentemente
expuesta, establece como doctrina vinculante, que en materia de arrestos
disciplinarios provenientes de la potestad sancionatoria de los jueces de la
República, no procede el mandamiento de hábeas corpus, en virtud que en
dicho decreto, expedido legalmente, no existe violación al derecho a la
libertad.
A juicio de la Sala, los posibles agravios que a causa de la orden de
arresto se hayan ocasionado -distintos al de la libertad personal-, deben
ser tutelados por vía del amparo, y cuya acción corresponderá conocerla
al Tribunal Constitucional que resulte competente, no sólo por la
naturaleza del derecho violado, sino igualmente por la jerarquía del
órgano emisor del acto presuntamente lesivo.”
De manera que, de acuerdo con lo expuesto, debe la Sala advertir tanto a la

quejosa, que así lo invocó, como a los juzgados declarados incompetentes y que

continuaron avalando el error, que no es correcto considerar la procedencia de un

habeas corpus contra un arresto disciplinario, toda vez que –según se expresó-, al

tratarse de una medida dictada por un Juez, ante una conducta que presuntamente atenta

contra la majestad de la justicia, en ejercicio de su potestad sancionatoria, la misma

debe ser catalogada como un “acto disciplinario”, de naturaleza administrativa que al

ser impugnado le correspondería su conocimiento a la jurisdicción contencioso

administrativa.

Tal aserto quedó completamente sentado, en sentencia de esta misma Sala N°

1.212, del 23 de junio de 2004 (caso: Carlo Palli), que le atribuyó a los arrestos

disciplinarios el carácter de acto administrativo de efectos particulares como se indicó

en la referida decisión N° 707/01, ratificada recientemente en fallo No. 435 del 7 de

abril de 2005, en los siguientes términos:

“Tal potestad disciplinaria está comprendida dentro de los poderes


generales del juez, aun cuando no tiene naturaleza estrictamente
jurisdiccional, y de allí que la doctrina procesalista, la cual comparte esta
Sala, la entienda como un poder procesal, inherente a la condición del
Juez en tanto director del proceso (vid. RENGEL-ROMBERG,
ARÍSTIDES, Tratado de Derecho Procesal Civil Venezolano, Tomo I,
Editorial Arte, Caracas, 1992, pp. 277-294). poder procesal que se ejerce
mediante actos cuya naturaleza jurídica analizó ya esta Sala en anteriores
oportunidades, en las que señaló que se trata de actos administrativos de
efectos particulares. En concreto, en sentencia de 23-01-02 (caso Mirna
Mas y Rubi Spósito), la cual reitera el criterio de decisiones anteriores
(ss.S.C. de 10-5-01, caso José Ángel Rodríguez y de 3-10-01, caso
Eduardo José Ugarte H.), señaló lo siguiente:
‘En este sentido observa la Sala que tanto la doctrina como la
jurisprudencia han sido contestes en considerar que las sanciones
correctivas y disciplinarias decretadas por los jueces, en ejercicio de la
potestad disciplinaria de la cual están investidos, son actos
administrativos de efectos particulares, toda vez que el tribunal no actúa
en la función jurisdiccional que originariamente le ha sido atribuida, sino
en una función administrativa, por lo cual, dichas decisiones son
recurribles por la vía del contencioso administrativo ante la Corte
Primera de lo Contencioso Administrativo.
Tal potestad deviene del hecho de que los distintos poderes del Estado
pueden dictar actos que rebasan o escapan de su función natural,
verbigracia, la facultad del Poder del Ejecutivo de reglamentar leyes, o en
el caso específico del Poder Judicial, la facultad del Juez de imponer
multas, o destituir funcionarios, los cuales constituyen actos distintos a su
función, cual es la de emitir actos o decisiones judiciales’.
La naturaleza administrativa de la potestad disciplinaria, sin embargo, no
implica su confusión ni generalización respecto de la potestad
sancionadora de la Administración, pues mientras la potestad
sancionadora consigue su fundamento y fin en el ejercicio de un poder de
imperio dirigido a la preservación del ordenamiento jurídico
administrativo y el alcance de determinado cometido de interés general, la
disciplinaria se dirige a la represión de actuaciones contrarias a la
conducta debida dentro de determinada estructura organizativa de
servicio o bien en el marco de una relación jurídica concretada –en el
caso que nos ocupa, la relación jurídica a que da lugar todo proceso
judicial-, para que se logre el mantenimiento de la actuación ética y
jurídicamente correcta, indispensable para el alcance de la plena eficacia
del ejercicio de determinada función pública –en este caso la función
judicial-.”

Como consecuencia de lo expuesto, al ser la naturaleza de la orden de arresto

disciplinario dictado por un juez un acto administrativo de efectos particulares, se colige

que los tribunales penales no son los órganos judiciales competente para resolver, en

primera instancia, una acción de amparo constitucional como la de autos, toda vez que

el conocimiento del asunto y su resolución corresponde a la jurisdicción contencioso

administrativa, que en razón del criterio de competencia residual para el conocimiento

de los actos administrativos, sería a las Cortes de lo Contencioso Administrativo, según

las disposiciones establecidas en la derogada Ley Orgánica de la Corte Suprema de

Justicia, hoy reiteradas mediante decisión N° 2271, del 24 de noviembre de 2004, de la

Sala Político Administrativa de este Máximo Tribunal (caso: Tecno Servicios Yes’

Card, C.A.).

En virtud de lo expuesto, debe esta Sala anular las decisiones emitidas por la

Sala No. 10 de la Corte de Apelaciones del Circuito Judicial Penal del Área

Metropolitana de Caracas y por el Juzgado Quincuagésimo de Primera Instancia en


funciones de control del mismo Circuito Judicial Penal, recaídas en el presente caso y,

en consecuencia, declarar la competencia de las Cortes con competencia en lo

Contencioso Administrativo para conocer y decidir la acción de amparo interpuesta por

la ciudadana Jazmine Flowers Gombos N., contra la abogada Janeth Colina Peña, en su

carácter de Juez Sexto de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil y del Tránsito de la

Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas, a las que se acuerda

remitir el expediente. Así finalmente se decide.

Dada la naturaleza del presente fallo, esta Sala ordena la remisión de una copia

certificada de esta decisión a los juzgados en conflicto, a los fines de que sigan la

doctrina contenida en este fallo. Así se declara.

V
DECISIÓN

Por las consideraciones expuestas, este Tribunal Supremo de Justicia en Sala

Constitucional, administrando justicia en nombre de la República, por autoridad de la

Ley, se declara COMPETENTE para resolver el conflicto negativo de competencia

planteado entre la Sala No. 10 de la Corte de Apelaciones del Circuito Judicial Penal del

Área Metropolitana de Caracas y el Juzgado Quincuagésimo de Primera Instancia en

funciones de control del mismo Circuito Judicial Penal, con ocasión de la acción de

amparo interpuesta por la ciudadana Jazmine Flowers Gombos N., contra la abogada

Janeth Colina Peña, en su carácter de Juez Sexto de Primera Instancia en lo Civil,

Mercantil y del Tránsito de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de

Caracas. En consecuencia, RESUELVE que la competencia para conocer de la referida

acción la poseen las Cortes con competencia en lo Contencioso Administrativo, a cuyo

efecto se ordena la remisión del presente expediente.

Publíquese, regístrese y remítase el expediente a la Unidad Recepción y

Distribución de Documentos de las Cortes de lo Contencioso Administrativo. Remítase


copia certificada de la presente decisión al Juzgado Quincuagésimo de Primera

Instancia en funciones de control del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de

Caracas y a la Sala n° 10 de la Corte de Apelaciones del mismo Circuito Judicial Penal.

Dada, firmada y sellada en la Salón de Audiencias de la Sala Constitucional del

Tribunal Supremo de Justicia, en Caracas, a los 24 días del mes de mayo de dos mil

cinco (2005). Años: 195º de la Independencia y 146º de la Federación.

La Presidenta,

LUISA ESTELLA MORALES LAMUÑO


El Vicepresidente,

JESÚS EDUARDO CABRERA ROMERO

Los Magistrados,

PEDRO RAFAEL RONDÓN HAAZ

LUIS V. VELÁZQUEZ ALVARAY

FRANCISCO A. CARRASQUERO LÓPEZ


MARCOS TULIO DUGARTE PADRÓN

ARCADIO DELGADO ROSALES


Ponente

El Secretario,

JOSÉ LEONARDO REQUENA CABELLO

Exp. 04-1723