LA BURBUJA FINANCIERA MILITAR.

Según informaciones del Secretario de Estado de Defensa Constantino Méndez ante la Comisión de Defensa el 21 de septiembre de 2011, España arrastra una deuda militar fruto de sucesivos compromisos de gasto con las industrias militares y de créditos encubiertos en los presupuestos del extinto ministerio de Ciencia y Nuevas Tecnologías, hoy Industria, de aproximadamente 26.000 millones de € (algo más de tres veces todo el presupuesto del Ministerio de Defensa de este año 2011) cuyo pago, diferido a las dos próximas décadas puede llegar a superar los 32.000 millones de €. Este enorme gasto comprometido, ha dicho la actual titular del ministerio de Defensa en un informe confidencial al que tuvo acceso el pasado 12 de octubre Infodefensa (medio oficioso de las industrias de defensa españolas), pone al Ministerio de Defensa en “colapso técnico y financiero” y “comprometerá la capacidad operativa de las fuerzas armadas en las próximas décadas”, haciendo altamente costosa y prácticamente impagable esta ingente deuda pública española. El movimiento pacifista español ha reclamado desde hace más de diez años poner la atención sobre las habilidades contables con las que los sucesivos gobiernos, primero de Aznar y después de Zapatero, ocultaban el gasto militar extraordinario, bajo los compromisos que sucesivamente han ido asumiendo estos gobernantes con las industrias militares para la adquisición de material de guerra de última generación (los famosos buques y fragatas de “proyección”, término eufemístico para referirse a portaviones y naves más enfocadas a la invasión a miles de millas que a la defensa, los tanques alemanes Leopard, los programas de cazabombarderos F18 también pensados para el ataque, los misiles de nueva generación y un largo etcétera hast completar más de 18 programas de armamento sofisticado y enfocado a la “proyección” y no a la defensa del territorio). 1) El origen de la actual situación de endeudamiento Para comprender mejor la dimensión del desastre, merece la pena hacer un repaso de la generación de esta verdadera burbuja del gasto público. Primeramente fue el gobierno de Aznar, en la VI legislatura, a partir de 1987, el que comenzó a generar la deuda que hoy se ha vuelto impagable. Según la visión del aznarato, España debía cambiar por completo la defensa nacional, lo que en líneas gruesas consistía en emprender un aumento del gasto en defensa, comprar nuevos y modernos armamentos mediante una serie de programas llamados desde entonces “Programas Especiales de Armamento” (principalmente los vinculados a la adquisición del avión de combate europeo Eurofighter, las fragatas de proyección y multiusos F100, y los carros de combate Leopard) y reformar el ejército para hacerlo más profesional y más moderno. Debe aclararse que esta original idea es un mantra que se repite incansablemente desde la transición y cada vez que entra un nuevo presidente de gobierno, pues al parecer el ejército nunca acaba de dimensionarse, modernizarse, profesionalizarse y salir de la penuria. Pero el hecho es que Aznar ordenó iniciar una serie de programas de compra de armamento sofisticado para ponernos a la altura de nuestros países vecinos, con la particularidad de que, al no tener previsto este tipo de compras en los Presupuestos

del Ministerio de Defensa, y para aparentar que tales compras no incrementaban el gasto militar real, ordenó una ingeniosa fórmula de pago: • se comprometían (y se siguen comprometiendo, porque este modelo de inversión militar está aún en uso) diversos programas con las principales industrias militares, aplazando su entrega y pago hacia el futuro. o Esto tiene una primera consecuencia militar: cuando dentro de 10, 15 ó 20 años se entreguen los armamentos, serán más o menos obsoletos e ineficientes. Por ello se tendrá que hacer un nuevo programa de armamentos que se comenzará a financiar en el presente pero se irá pagando en el futuro y, nuevamente, para conseguir armamento obsoleto. Es decir, se produce un círculo vicioso que nos endeuda cada vez más a cambio de armas que no van a servir. ¿Quién saca beneficio de ello? Las arcas públicas sólo deuda. Seguramente habrá beneficio para intermediarios, beneficios para la industria militar, y …, no sabemos distinguir cuál es el beneficio para la sociedad española. o Por otro lado, hay una consecuencia financiera que es que resulta muy cómodo proponer un programa de armamentos a precios del presente ocultando a la sociedad los sobrecostes que, necesariamente, van a surgir por dilatar la entrega del material uno o dos decenios. o Por otro lado, este tipo de programación de inversiones implica la cautividad del Ministerio de Defensa y de las arcas públicas porque si ya se han invertido montos importantes de euros en su desarrollo será muy complicado renunciar al programa aunque se sepa que las armas que se van a conseguir serán ineficientes. • se otorgaban créditos a las industrias militares a interés cero para que investigaran y fabricaran el armamento comprometido. ¿Qué otra industria o sector productivo nacional obtenía u obtiene intereses tan bajos?, ¿Se puede considerar que una práctica así es injusta y que fomenta la competencia desleal entre el sector militar y los demás? • Dichos créditos se daban (y se dan) a cargo del extinto Ministerio de Ciencia y Tecnología y del actual Ministerio de Industria. Es decir, Defensa no gana ni pierde. Es sólo un intermediario. Así se consigue ocultar parte del gasto militar en los presupuestos de otros ministerios e intentar dar imagen de ministerio austero. • Una vez las industrias militares realizaban las entregas, se les pagaba su precio (con las correspondientes desviaciones por encarecimiento de materiales, mejoras, intereses, aumento de la inflación, etc.). • Las empresas devolvían, acto seguido, al MInisterio de Industria los créditos aportados, eso sí, sin intereses pues así se había pactado. Los intereses que se han dejado de cobrar han sido sufragados, por tanto, por el erario público, esto es, por todos los españoles. El hecho es que el compromiso de adquisición de armamento con los gobiernos de Aznar llegó, según la comparecencia del Secretario de Estado de la Defensa, Constantino Méndez en la Comisión de Defensa del Congreso, al 87% del actual problema: “quien tomó decisiones de adquisición en ese periodo, 1997-2004, difirió a futuros presupuestos y a futuros gobiernos el pago de tales compromisos, de tales obligaciones, inhibiéndose paralelamente del grave problema financiero que se originaría en el futuro, yo diría que un auténtico ejercicio de prestidigitación”. Ahora bien, la realidad no es exactamente así. Si bien Aznar comprometió directamente el 51% de los actuales créditos diferidos, los gobiernos de Zapatero en unos casos prolongaron este compromiso y en otros adquirieron compromisos nuevos,

habiendo por tanto generado el 49% de la actual deuda impagable, cuando podía no haberlo hecho. Según los datos arrojados por Méndez en la comparecencia ante la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados en septiembre de 2011 “el gasto comprometido para la totalidad de la programación asciende a 23.959 millones de €, de ellos entre 1996 y 2000, 13.652 (51%), de 2001 a 2004, 9.257 (34,7) y entre 2008 y 2011 59 millones”, por lo que, en conclusión del Secretario de Estado, el documento que presentó establece que en función de como se materialicen las desviaciones (intereses, revisiones de precios, etc) puede quedar una deuda final de entre 31.600 y 36.800 millones de €, por lo que, concluye, “el análisis de los PEA (programas Especiales de Armamento), tal como se deduce de los cuadros que les he presentado, nos demuestra que el modelo iniciado en 1997 no es viable a largo plazo”. 2) Una deuda ingente e impagable En definitiva, la deuda contraída por los gobiernos de España desde 1997 a nuestros días, ha seguido una línea para nada rupturista, y supone un principal a devolver de más de 26.000 millones de €. Pero eso no es todo: dados los atrasos y la prolongación del tiempo tanto de pagos como de materialización de la construcción de las nuevas armas, este principal adeudado se ha transformado, por arte de birlibirloque, en unos entre 32.000 a 36.000 millones de € (de cuatro cinco veces el presupuesto del Ministerio de Defensa y entre 32 y 36 veces la partida que éste tiene asignada para inversiones en armamento) que, según las proyecciones presentadas por el propio Ministerio de Defensa a la Comisión de Defensa, es lo que tocará sacar del bolsillo de los españoles (a razón de unos 800 € extra, como mínimo, por habitante) para cumplir cabalmente todos los compromisos. Por hacernos una idea de la magnitud de esta cifra, es, aproximadamente, lo que los Presupuestos Generales del Estado del año 2010 destinan a abonar por el estado en concepto de prestación por desempleo para el conjunto de los españoles en paro, lo que, visto desde otra óptica, equivale a privarnos de la posibilidad de un ejercicio de solidaridad mayor con los parados si no fuera porque la mala previsión y plantificación hipotecó tal cantidad para comprar material militar de dudoso sentido. Esta deuda, como se ha dicho, no sólo resulta ingente, sino que, en palabras de la propia Ministra de Defensa, es impagable en las actuales circunstancias. Por poner un término de comparación, el Ministerio de Defensa cuenta en los presupuestos generales del Estado con una partida para adquisición de material bélico de unos 1.000 millones de € al año. Este presupuesto habitualmente es rebasado en varios cientos de millones, que son sistemáticamente sacados de una partida específica de los presupuestos generales del estado llamada “fondo de contingencias” y que está pensada para compensar las desviaciones que puedan producirse en los distintos ministerios (y que habitualmente se consumen en el Ministerio de Defensa en un gran porcentaje, en un nuevo ejemplo de trato de favor hacia lo militar). Pues bien, si proyectamos los mil millones presupuestados para gasto militar o los mil y un largo pico que en realidad se gastan al año, lo cierto es que el pago de esta deuda de más de 32.000 millones de euros impediría comprar ningún material más en los próximos veinticinco o treinta años, pues sólo habría dinero para pagar esta enorme deuda acumulada.

Es por eso que el Gobierno de Zapatero, comprobando lo insostenible de la situación, fue reduciendo compromisos adquiridos de compra de armas en los presupuestos de 2010, que minoraron en 83,8 millones de euros el capítulo de inversiones de armamentos (no obstante comprometió otros 333,7 millones de euros) y, más tarde, en el Plan de Acción Inmediato 2010, paralizó otros compromisos de inversión en armamento por valor de 141 millones de euros, dejando el gasto militar impagable en la ya referida cantidad inicial de 26.000 millones de euros en términos redondos y en una cantidad efectiva a pagar, hechos los ajustes y proyeccciones correspondientes al pago aplazado, de 32.000 millones de euros, inabordables para las arcas publicas. 3) Un gasto además innecesario e ineficaz Todo esto, con ser suficientemente grave y preocupante, no lo es todo: el propio Constantino Méndez, en su comparecencia de septiembre ante la Comision de Defensa del Congreso de los DIputados, reprocha, muy a posteriori, al Presidente Aznar y a sus gobiernos que “El proceso ha generado también empleo de alto valor añadido e inducido empleo en otros sectores asociados y ha sido un auténtico motor de cambios en las Fuerzas Armadas y en la industria. Ahora bien, el proceso de obtención se sobredimensionó desde su inicio respecto a la capacidad financiera del gasto asignado a la defensa, priorizando los costosos sistemas de armas convencionales, poco adecuados a los nuevos riesgos y conflictos, sin dar importancia suficiente a sistemas más eficientes que tuvieran como objetivo prioritario la seguridad y la capacidad operativa en los escenarios en los que realmente participamos y también en relación con los riesgos que realmente padecemos y, por tanto, en demérito de otras capacidades tecnológicas que es necesario, diría que es imprescindible, tener. Es decir, no sólo se gastó mucho y sin orden, sino que se gastó mal, porque el armamento ni siquiera es el que se requiere desde la propia óptica militar, o cuando llegue ya estará obsoleto en comparación con el material de última ola, lo que obligará de nuevo a otro ciclo armamentista, lo cual nos sitúa en un problema de otro orden: de orden ético y político, como han denunciado diversos colectivos de defensa de los derechos humanos y pacifistas. 4) ¿Qué dicen los partidos políticos de esta situación? (y algunas consideraciones sobre la falta de control democrática hacia el Ministerio de Defensa). Si acudimos a los posicionamientos de los partidos parlamentarios en las dos ocasiones en que esta situación ha sido llevada al Parlamento, quizá nos sorprendamos. La primera fue en la comparecencia, a petición propia, el 24 de junio de 2009, según consta en e Diario de sesiones de las Comisiones número 325. En ella el Secretario de Estado insinuó la gravedad de la situación. A la intervención del Ministro dieron respuesta los diputados Beloki, del PNV, Rosa Díaz de UPD, la diputada Rodríguez Salmones, del PP y el diputado Arola del PSOE. Todos ellos apoyaron al Secretario de Estado mostrando preocupaciones colaterales. El diputado Beloki dijo que no entendía por qué era necesario buscar una fórmula tan enrevesada de anticipos reintregables para prefinanciar estos gastos, pero se centró en señalar lo beneficioso que era invertir en armamento, pues “es más que conveniente, es más que necesario, a mi juicio, el que estemos acompañando a las empresas (se refiere a las militares) y acompañando como se debe acompañar, no

con una lógica política sino con la lógica industrial y económica, que es la suya” para reclamar que las industrias beneficiarias de estos programas sean nacionales y no extranjeras. Es curiosa la terminología de Beloki que habla acertadamente de prepago. También podría añadir que además se produce un pago y un postpago del material militar, lo cual encarece mucho el producto y hace inviable estas inversiones. Rosa Díez dijo que no le había dado tiempo a preparar nada porque el informe del Ministerio le llegó con menos de 24 horas, aunque se había enterado que era la primera vez que el Ministerio proporcionaba un informe en una comparecencia de este tipo. Realmente es preocupante que un asunto tan grave se zanje parlamentariamente con un informe entregado con menos de 24 horas de adelanto. ¿Esto quiere decir que no se preparan las comparecencias para fomentar la transparencia y la democracia? SI es así, Sus Señorías no pueden hacer control parlamentario, ni preguntas, ni política de oposición, ni plantear alternativas. Salmones afirma que “lo que queremos es apoyar en todo lo posible los programas y por tanto van a tener siempre nuestro apoyo. Lo que queremos es apoyar lo más posible los programas del área de defensa y con ello a las industrias” para solicitar que no se deje de invertir en modernización de armamentos “...Ya sabe que a nuestro juicio cuando el PP gane las elecciones, arreglaremos los problemas y seguro que no habrá problemas presupuestarios...”, pidiendo que no se sustituya la fórmula de anticipos de industria por otra y asegurando que una de las razones de que el PSOE haya escondido el problema de la inversión militar es “que no hay un gobierno capaz de decirle a los españoles que quiere subir de esta manera sus presupuestos de defensa y por lo tanto lo sabemos y lo confirmamos”. Efectivamente, aquí, la representante del PP parece afirmar lo que ya sospechábamos: la política pactada tácitamente entre PSOE y PP en temas de gasto militar y la poca trasnparencia que hay en lo que tiene que ver con el armamentismo. Ninguno de los dos partidos mayoritarios va a ejercer política de control o de oposición en estos temas porque sus ideas al respecto son similares. Por ello, la función de control del monto total del gasto militar, de sus presupuestos parciales y de la necesidad política, social, ética y coyuntural del mismo es inexistente. Ambos partidos mayoritarios ejercen la misma política y bloquean las posibilidades de cualquier otra iniciativa. Pero lo que nos parece más grave, todo este ocultismo se hace a sabiendas, así lo reconoce Salmones, de que la sociedad española no estaría de acuerdo con estas prácticas, si las conociese. Pocas opciones quedan de control de la política de rearme de los gobiernos del PP y del PSOE. Una de ellas es el control social y otra es el control a través del trabajo de los medios de comunicación. Porque lo que sí es evidente es que sin este control periodístico y social los temas de defensa se escapan a las reglas democráticas. EN una segunda ocasión, el 21 de septiembre de 2011, (diario de Comisiones número 838) que el secretario de estado compareció ante la Comisión de Defensa para abordar esta situación, las intervenciones de los diputados en las réplicas fueron

las siguientes:

El diputado Xuclá afirmó que ante este panorama de deuda inabordable “ Es evidente que se tendrá que producir una reducción o una tendencia al coste cero en el incremento de la adquisición de cualquier tipo de material de defensa de cara al futuro. “ y “ no puedo estar más de acuerdo con esta afirmación. Nuestro futuro está en la inteligencia, en la cooperación, en la integración regional y en la cooperación más intensa con nuestros socios de la OTAN. “ Es decir, optaba por repartir gastos con nuestros aliados. La diputada Rodríguez Salmones, en la misma linea de sus intervenciones anteriores, señaló que los informes presentados por Méndez parecen una auditoría y que la tendrán en cuenta cuando ganen las elecciones, para afirmar que “no se me ocurre nada más que -repito- hacerle este reproche por su aparición -bienvenida- como auditor independiente y decir que han sido ocho años, pero me gustaría escucharle, si lo tiene, algún análisis de las repercusiones europeas, es decir, qué sucedería si hubiera que trasladar este gasto a otro lado, si hubiera que condonar, si hubiera que hacer una reprogramación. ¿En la contabilidad europea -déficit, deuda, etcétera-, qué repercusión tendría esto? ¿Hasta qué punto se podrían considerar ayudas de Estado? ¿Qué soluciones nos estarían vedadas? “ El portavoz del PSOE expresó su apoyo a las propuestas de Méndez. Los demás grupos ni siquiera opinaron. 5) Los programas electorales
Con este antecedente es difícil conocer los planteamientos efectivos de los partidos políticos ante este el problema de la deuda militar de cara a las elecciones de noviembre de 2011, pues, de lo leído en sus programas, nada se dice al respecto. Efectivamente, ni PSOE ni PP, ya sea en el primer caso en el programa electoral, ya sea en el segundo, que a fecha de hoy carece del mismo, en sus propuestas conocidas, abordan el pago de esta deuda. Es de suponer que el primero, como ha filtrado el actual gabinete de la Ministra de Defensa, vaya a una fórmula de condonación de devolución de los créditos concedidos a las industrias militares por importe de unos 14.000 millones de euros para rebajar la deuda, y que reprogramen el resto de pagos a costa de aumentar sus intereses y costes finales. Esta fórmula, en definitiva, lo que hace es endosar la deuda militar al Ministerio de Industria, que a su vez pierde capacidad de inversiones propias y más sociales para poder afrontar el pago de tan ingente cantidad de dinero. Por su parte el lider del PP; Mariano Rajoy, en una entevista reciente en el diario ABC habla de aumentar ligeramente el gasto militar (en realidad, en su lenguaje hermético lo que dice es que no aumentrá significativamente, que viene a ser lo mismo) lo que iría en consonancia con las promesas de profundizar la modernización del ejército que aparecen en la página web del PP, o de incrementar el gasto militar que propone Rodriguez Salmones en sus intervenciones en la Comision de Defensa. El programa de Rosa Díaz, en un giro hacia las posturas de los halcones, promete “reactivar los programas de armamento y material suspendidos, y completar su desarrollo conforme a las demandas reales de los Estados Mayores de nuestras

Fuerzas Armadas, dando especial apoyo a la emergente industria española del sector.” CIU, dentro de una propuesta general de austeridad y reducción de tropas, así como de coordinación en la OTAN, pide al respecto “revisar el model d’adquisicions d’armament, ja que aquest resulta insostenible e inadequat.” Los grupos de izquierda actualmente en el Parlamento , que aun no cuentan con programas específicos, no se han pronunciado todavía al respecto, pues ni en comisiones ni en declaraciones en prensa, han habado de este problema, si bien es de esperar que al menos se opongan al incremento del gasto militar y pidan transparencia. Parece que, por lo tanto, durante la próxima legislatura este problema de la deuda financiera militar va a intentar soslayarse por unos y otros. Lo malo es que las últimas experiencias en burbujas financieras dejan muy claro que cuando explotan los perjudicados son los españoles de clases medias y bajas. Ello quizá haga reaccionar a algún grupo parlamentarios o a algún movimiento social tipo 15 M que denuncie estas continuadas faltas de transparencia y de control parlamentario. Colectivo Utopía Contagiosa. www.utopiacontagiosa.wordpress.com Juan Carlos Rois y José Ambrona.

(publicado un estracto en www.nuevatribuna.es el 4 de noviembre de 2011)

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