Lecciones de una confrontación electoral (1)

Lecciones de una confrontación electoral Jorge Muñoz Fernández jorgemunozefe@hotmail.

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Cada administración gubernamental, en el contexto del ejercicio del poder, obedece a un sistema de creencias, conceptos políticos, aspectos tecnológicos, representaciones simbólicas y significantes ideológicos. Saberes y conocimientos sobre la manera de gobernar construyen o mantienen paradigmas, inauguran criterios político administrativos novedosos, o continúan con estilos de planificación donde no hay nada por cambiar, dado que el poder se ejercerá nuevamente como una sucesión de plantillas en las que predominan tácitos compromisos de no alterar el modo de gobierno. Ante los ojos de los ganadores la percepción del cambio se inicia con el beneplácito de los agentes de gobierno que acompañarán a los nuevos gobernantes en su tarea de transformar la sociedad, en consonancia con la exigente y vasta censura electoral asestada a los contendores vencidos, como ocurrió en las elecciones pasadas en la Capital de la República y el Departamento del Cauca, lo mismo que en muchos municipios de Colombia. De alguna manera las nuevas administraciones pasan a sustituir, por otros medios, la política electoral y se convierten en cetros de poderes que encarnan intereses y métodos concretos en su tarea de realizar los programas de gobierno que recibieron el apoyo mayoritario de los electores, y que, como en el caso del Cauca, provocaron un profundo desconcierto en los adversarios políticos del nuevo Gobernador Ortega Narváez, que legitimó su triunfo, más con los votos de opinión, que con los reclutados por los apoyos de los grupos convergentes, cuya trascendencia política, sin embargo, sería inadmisible no tener en cuenta. Fue la Convergencia una Asamblea Comunitaria sin precedentes en la historia política del Cauca que, con el discurso autónomo, incisivo y demoledor, pero también constructor, reparador y restaurador del nuevo Jefe de Gobierno, unificó cosmovisiones, enfoques, posiciones y perspectivas distintas, no como una simple estrategia electoral, sino como una propuesta social, económica y cultural que ancló primero en los sectores populares y medios de la comunidad caucana desencantada, para culminar recibiendo el respaldo de las distintas fuerzas políticas que concurrieron en su apoyo. Quienes planteaban que Ortega Narváez encarnaba la satanización del Cauca y llegaron a calificarlo como un peligroso “fantasma que recorría la geografía caucana”, capaz de disolver el departamento, romper los horizontes morales y eclipsar las libertades de los hombres y mujeres caucanos, han regresado a los escenarios donde quedaron desquiciadas las formas de hacer política con los instrumentos del “todo vale”, como

fieles alumnos del Magister en impudicia y cinismo J.J. Rondón, el publicista venezolano que con apoyo mediático se jactaba de no haber perdido una sola batalla. Y naturalmente, en la lucha por el poder, desde tiempos inmemoriales, propalar la confusión, el engaño, el desorden, la desorientación y el despiste, han sido usados para poner en fuga o derrotar al adversario, y que al instrumentalizarse por primera vez en el Cauca, con una dimensión de falsedades e invenciones sin precedentes en las lides electorales de la región, antes de producir los resultados deseados, redoblaron el esfuerzo de las bases comprometidas con la convergencia y movilizaron a los vacilantes e indecisos en su apoyo. Apagado el radio y apagado el televisor, en debate con su propia conciencia los caucanos y caucanas deseosos de cambio, no se dejaron capturar ni por la imagen ni por las diatribas virtuales, ni tampoco fueron víctimas de la incertidumbre creada artificialmente como un virus que pretendió infectar la historia de las confrontaciones políticas caucanas. Al final las mayorías, los lectores, radio escuchas y tele espectadores, no terminaron como rehenes de la información-desinformación, no fueron capturados ni cayeron en las trampas de la imagen y la simulación en el discurso. Sencillamente decidieron no creer que Ortega Narváez era el Satán del Cauca, ni mucho menos productor de catástrofes, azufre y hecatombes. Manizales, noviembre 3 de 2011

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