Fina Birulés (1989) HISTORIA Y NARRACIÓN.

ENSAYOS DE FILOSOFÍA ANALÍTICA DE LA HISTORIA INTRODUCCIÓN Entre ciencia y filosofía
Dos textos son claves para comprender el interés del análisis filosófico por la historia, el artículo de Hempel (“La función de las leyes generales en la historia”) y la obra de Collingwood, “Idea de la historia” (1946). “La función de las leyes generales en la historia” significa un esfuerzo por pensar el modelo nomológico deductivo de explicación como criterio de ciudadanía científica. Este modelo, que fue establecido desde un marcado interés por la ciencia natural, se concibe como aplicable a cualquier discurso que pretenda tener valor cognoscitivo. Hempel trata de mostrar la presencia del modelo nomologico-deductivo de explicación en la historia y, con ello, alejarse tanto de la distinción entre ciencias naturales y ciencias del espíritu. El modelo nomologico-deductivo de explicación es conocido también como Covering Law Model (nombre bautizado por W. Dray, con la intención de subrayar que en este contexto ofrecer una explicación es subsumir lo que queremos explicar bajo una ley general). Primero, para que algo pueda ser considerado una explicación es necesario que tome la forma de una argumentación deductiva, cuya conclusión sea el enunciado que designa el acontecimiento a explicar. Segundo, en el explanans deben estar presentes una o más leyes generales que expresen regularidades empíricas. El objetivo del historiador es mostrar, de manera similar al científico, que un determinado acontecimiento no se dio por azar, sino que podía ser esperado en función de ciertos antecedentes. Esto se debe según Hempel a dos motivos: A) que las hipótesis universales en cuestión están, a menudo, relacionadas con la psicología social o individual y no se mencionan, dado que se consideran conocidas por todos. B) tiene que ver con las dificultades que surgen cuando se intenta formularlas con precisión y, al mismo tiempo, de acuerdo con la evidencia empírica. Para Hempel, los historiadores ofrecen solamente esbozos de explicación, esto es, indican de forma más o menos vaga las leyes y las condiciones antecedentes que consideran relevantes. Como las leyes desempeñan una función análoga en la historia y en la ciencia natural, las explicaciones históricas no pueden aspirar a ningún estatuto epistemológico particular. Hasta el año 1965 – fecha de publicación de la obra de Danto - , la filosofía analítica de la historia se reduce a la controversia acerca del Covering Law Model (CLM). Esta controversia refleja las estrategias u opciones adoptadas para hacer frente a los obstáculos y dificultades. Una primera estrategia consistirá en modificar el modelo y, al mismo tiempo, conservar las características a las que debe su fuerza racional. La otra opción será abandonar directamente el CLM y abogar por un pluralismo en la explicación histórica. Hempel aceptará que el modelo de explicación que más se aproxima a la explicación histórica es el modelo probabilístico fundado en generalizaciones estadísticas obtenidas por vía inductiva. Se empieza a aceptar que hay explicaciones de la conducta que no son causales, en el sentido señalado por el CLM. A medida que se debilita el CLM, paralelamente se toma conciencia del hecho de que, para dar cuenta de la inteligibilidad que el discurso histórico ofrece de los acontecimientos, no basta con proporcionar un modelo normativo basado en el proceder de las ciencias naturales. Los empiristas habrían olvidado que, en todo acontecimiento histórico –que en toda acción– podemos distinguir su exterior y su interior. El exterior de un acontecimiento sería todo lo que en él es describirle en términos de cuerpos, en el interior designaría lo que solo puede describirse en términos de pensamientos. Collingwood entiende que el historiador, a diferencia del científico, que solo se ocupa del exterior de los acontecimientos, trata de dar razón de las acciones como algo atribuible a un ser humano capaz de conducta propositiva; o lo que es lo mismo, el historiador, para descubrir el sentido de las acciones, debe mirar a través de los acontecimientos para discernir el pensamiento que contiene; los mira como expresión de propósitos y no como cosas. En la medida en que el objetivo del historiador es comprender los pensamientos de otros, su trabajo consiste en reactualizar pensamientos pretéritos en su propia mente, en apropiarse de ellos, en definitiva, en re-pensar. Tal actividad de re-pensar no es una mera imitación del pasado, sino que significa un re-creacion. Esto obliga a pensar que el historiador no pretende conocer y predecir como simple observador, sino que adopta el punto de vista de un sujeto, participa y, por lo tanto, delibera, sopesa, decide. De este punto de vista, la historia no es una reflexión impersonal, no somos espectadores del pasado. El texto de Dray, es un intento de mostrar como la comprensión histórica requiere un ejercicio de razón práctica: clasificar en que sentido la historiografía puede concebirse no solo como rama de las ciencias sociales, sino también como estudio humanístico. Entender el sentido de una acción consistirá en un intento de construir un cierto “equilibrio lógico” en que el agente se ajusta a un cálculo. Este procedimiento tiene la ventaja, en primer lugar, de ser autocorrectivo, y en segundo lugar, de distanciarse de la identificación de compresión del sentido, con empatía o contacto directo con las vivencias o intenciones de agentes pasados. Asi, con Dray, el

CLM ha quedado totalmente abandonado, al mostrar que la comprensión de la acción no depende del conocimiento de leyes, sino del conocimiento contextual. *** La obra de Danto se enmarca en el proceso de debilitamiento o de abandono del CLM, pero, como indica Habermas, su libro va mucho más allá de este modelo, porque, al introducir la noción de narración, expresa el convencimiento de que al historiador no le interesa solo los efectos intencionales de las acciones, es decir, la perspectiva del agente pasado.

Donde no hay narrador no hay historia
Analytical Philosophy of History se organiza alrededor de la idea de que la reconstrucción del sentido de los acontecimientos históricos no se reduce a la recuperación del contexto y de la perspectiva de los agentes y testimonios inmediatos. En primer lugar, podemos notar que la preocupación de Danto no es tanto dar cuenta del estatuto epistemológico del quehacer de los historiadores. Desde este punto de vista, una “filosofía analítica de la historia” considera en tomar enserio la limitación característica del conocimiento histórico. Este tipo de filosofía de la historia nada tendría que ver con aquella “filosofía substantiva de la historia” que trata de dar cuenta del significado del “conjunto de la historia”. A diferencia de esta, el historiador, en primer lugar, tiene como objetivo hacer afirmaciones verdaderas sobre el pasado y sobre el futuro, pero cuando este ha devenido pasado y, en segundo lugar, hacer un uso del concepto de significado distinto. El historiador considera el significado de los acontecimientos pasados en relación a una totalidad temporal. Todo esto indica, por una parte que la filosofía “sustantiva de la historia” peca de impaciencia, puesto que trata de ofrecernos un relato antes de que pueda ser propiamente contado. Y por otra parte, que todo discurso narrativo es incompleto. De modo que debemos entender el trabajo del historiador como intento de construir enunciados verdaderos sobre su pasado, enunciados que se hallan sujetos a revisión por un historiador posterior. *** El historiador no debería lamentarse por tener una perspectiva distinta del agente, puesto que tiene el privilegio de ver las acciones desde la perspectiva temporal. Para Danto, la “historia es de una sola pieza”: toda descripción interpreta; sin criterios de selección no hay historial. Los acontecimientos históricos solo adquieren significado histórico gracias a su relación con acontecimientos posteriores, a los que el historiador concede importancia en función de sus intereses presentes. *** En la medida en que la imposibilidad de situarnos literalmente en el lugar de otro es, al mismo tiempo, la limitación del conocimiento histórico y la condición de posibilidad de una narración significativa del pasado, la historia no puede concebirse como imitación de la historia vivida. La narración histórica no es un mero vehículo de transmisión de información: es un procedimiento de produccion de significado, y por lo tanto, puede atribuírsele una función explicativa. A pesar de que en la obra de Danto se atribuye una función explicativa a la narración, no hay que olvidar que la historia solo la podemos conocer desde dentro, somos sujetos históricamente situados en un momento posterior a los hechos relatados. Así, la historia que contamos dicen tanto de nuestro pasado, como de nuestros intereses presentes. Esto es lo que Habermas le permite afirmar que Danto lleva la filosofía analítica al mismo umbral de la hermenéutica. El historiador no habla desde fuera, la historia no es una reflexión impersonal: es una disciplina subjetiva, en el sentido de ser el marco en cuyo seno podemos autorrepresentarnos y, al mismo tiempo, marco en el cual el historiador no es espectador sino participe.

[Fina Birulés, “Introducción”, en Historia y narración. Ensayos de filosofía analítica de la historia, Ediciones Paidós – I. C. E. Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona, 1989, pp. 9-27.]

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