Un proyecto sin precedentes: la cría de tatús

• Un proyecto experimental único • Sin precedentes y sin bibliografía para trabajar • Todo se realiza a prueba y error • En su comunidad de tatús hay quince adultos •

POSADAS. Con alegría, el profesor Amado Martínez presentó en sociedad a las primeras crías de tatú mulita que nacieron en su casa, donde lleva a cabo un proyecto experimental sin precedentes. Tres hembras parieron en un período de un mes cada una, los más pequeñitos tienen diez días y otros un mes, igualmente todos son muy chiquitos. Tienen la piel gruesa, pero suave al tacto y son muy escurridizos. Corren en busca de un escondite que encuentran entre el colchón de heno que su criador preparó para recibirlos. Poco a poco irán fortaleciendo su caparazón hasta que se torne resistente y mientras tanto mamarán por lo menos durante cinco meses, estima el experto en biología. Los animalitos pertenecen a la especie “Dasypus hybridus” y los llaman mulita orejuda, armadillo o como se los conoce en la zona: tatú mulita. También convive en la región otro tatú un poquito más grande y más oscuro, el tatú negro. Martínez comenzó el proyecto hace cinco años sin contar con ninguna bibliografía al respecto, ya que no existen antecedentes y por eso trabaja a prueba y error. Este es el segundo año que prueba con crías, aunque las anteriores nacieron de hembras que llegaron al lugar ya preñadas. Estos nuevos “bebés” mamíferos son ya producto del apareamiento en cautiverio. La experiencia no resulta fácil, pues hubo que pasar por grandes

procesos de adaptación tanto a la comida como al encierro.

Subsidio a paso lento Cuando Martínez se lanzó a trabajar en la cría y reproducción de los tatú mulita fue porque pudo acceder a un subsidio otorgado por el Comité Ejecutivo de Innovación Tecnológica (CEDIT) de 70 mil pesos, pero hasta ahora solamente le entregaron 15 mil. Mientras él continúa su labor espera que llegue el dinero que resta para poder seguir desarrollando el proyecto que cuenta con el asesoramiento del médico veterinario Miguel Rinas del Centro de cría y recría de animales silvestres El Puma y con el aval del Ministerio de Ecología, ya que “no cualquiera puede largarse solo a hacer algo así”, remarcó el profesor. El objetivo final, una vez que se lograba la reproducción formal, es destinar un porcentaje al turismo para enseñar a los colonos la técnica de cría y reproducción. De esa manera tendrían una alternativa para ofrecer a los turistas, pues -según el experto- todos saben que “este animalito es cazado porque les gusta su carne y el ritual de preparación -con el caparazón- se puede convertir en un atractivo más, ofreciéndolo como plato exótico como tienen todos los lugares turísticos del mundo. De esta manera estaríamos evitando que sigan cazando a los que viven en forma silvestre preservando la especie”. Otro porcentaje de las crías iría a las distintas reservas de la provincia para reponer la especie, ya que hay lugares donde no están más y así preservar la naturaleza. Los primeros animalitos que tuvo Martínez para comenzar el proyecto provienen de rescates que se hicieron a través de la reserva El Puma y otros los habían entregado particulares, en su trabajo del Campo Laurel del Montoya. Ahora, el criador está feliz con las nuevas crías que cuida pacientemente, le dedica prácticamente todo el día junto a su esposa Marina, también profesora de biología, porque “son muy vulnerables, muy delicados y hay que estar atentos”. Los adultos se alimentan con balanceado para perros hidratados, termitas que les dan la vitamina k que necesitan y no la produce su cuerpo, lombrices y balanceado para conejos. Experiencia que sentará el precedente que faltaba.

Monitos micro “toys” Como si tuviera poco por hacer, Amado Martínez tiene también una pareja de monos tití pincel, originarios de Brasil, de los que hay comunidades en esta región y una familia está en el zoológico de Montecarlo. Son pequeñísimos, como peluches, y muy curiosos, como todos los monos. La idea es reproducirlos para llevarlos a los chicos de las escuelas porque él confiesa que “no es lo mismo que miren a que puedan tocar los animales. Cuando los pequeños sienten su piel, ven los recién nacidos, bebés o cachorros, no los van a matar nunca porque sienten un amor increíble”. Casualmente ayer estuvo con un grupo de alumnos que llegó del interior de la provincia y dijo que “enloquecieron sólo con un sapo y una comadreja bebé, se sacaban fotos y querían tocarlos”.