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Tema 11

Arte mueble paleolítico

Alberto Mingo Álvarez

1. Arte mueble y arte rupestre

El arte paleolítico posee una naturaleza dual con respecto al


tipo de soporte sobre el que se dispone. Como en anteriores temas
hemos mencionado, se constatan expresiones gráficas sobre soportes
inmóviles, pero también se documentan en objetos que pueden ser
abandonados (arte mueble o mobiliar). El arte mueble abarca, en
líneas generales, a todo el conjunto representaciones gráficas
intencionadas realizadas sobre soportes líticos y orgánicos que
pueden ser transportados.
El arte mobiliar paleolítico se distribuye prácticamente a lo largo
de toda Europa y se presenta en un elevado número de soportes de
distinta naturaleza, (conchas, huesos, marfil, útiles de industria ósea,
útiles de industria lítica, soportes líticos –plaquetas, cantos y
bloques-, etc.).
La gran mayoría de los objetos de arte mueble aparecen en los
registros arqueológicos asociados a los demás restos óseos y líticos,
sin que atisbemos una aparente diferenciación espacial en las
localizaciones. Este aspecto, junto con el hecho de que una parte
importante de las piezas decoradas tengan una funcionalidad
utilitaria per se, como las azagayas, propulsores, bastones de mando,
compresores, retocadores, alisadores, etc., han sido frecuentemente
aprovechados para postular una menor sacralidad simbólica de este
arte en comparación con el rupestre. Se ha querido ver en estas
manifestaciones una orientación más cotidiana que las que albergan
las expresiones rupestres. Éstas últimas; con un emplazamiento
frecuentemente apartado de los hábitats; un tamaño generalmente
mayor que las evidencias artísticas mobiliares; una complejidad
técnica elevada en ocasiones (combinación de técnicas), etc.;
siempre han sugerido a los especialistas el reconocimiento de que el
arte parietal está cargado de simbolismo y espiritualidad, siendo el
soporte donde principalmente se manifiestan las creencias más
profundas de aquellas sociedades.
A pesar de estas consideraciones, entre los objetos muebles
existen categorías que aparentemente tienen tan solo una finalidad
simbólica como las plaquetas líticas decoradas; las esculturillas en
hueso, marfil y piedra; ciertos huesos decorados (como omóplatos,
diáfisis de huesos largos, etc.); cuernas decoradas, etc.; que apuntan
a la existencia de destacados objetos rituales en aquellos grupos
humanos. No obstante, la importancia simbólica que la historiografía
prehistórica generalmente les ha concedido siempre ha tenido un
rango inferior a las figuras rupestres. El arte mueble paleolítico ha
estado subordinado al estudio del arte rupestre, principalmente como
apoyo y referencia válida de carácter cronológico.

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Otro aspecto comparativo que diferencia un arte del otro es la
variación temática observada, como veremos en posteriores
apartados. Es posible, teniendo en cuenta estos contrastes (de
soporte, temáticas, de localización, etc.) que las funciones de ambos
artes fuesen variadas, si bien parece improbable que el sistema de
creencias existente en la base del arte mueble haya sido otro
completamente diferente del que sustentan las imágenes
subterráneas. Las investigaciones antropológicas sobre el simbolismo
refuerzan la idea de que ha debido de existir una relación, de
cualquiera que sea la naturaleza, entre ambas formas de arte.
2. Soportes y técnicas.

2.1. Soportes.

Las evidencias de arte mueble paleolítico que se conservan en


los yacimientos arqueológicos se presentan en dos tipos de soportes:
sobre objetos orgánicos (huesos, cuernas, dientes, marfil, conchas de
moluscos, etc.), y sobre materiales inorgánicos (fragmentos líticos de
distinta naturaleza). Es muy posible que se decoraran maderas,
pieles, etc., pero, lamentablemente, no se han preservado en el
registro arqueológico al ser materiales perecederos.
Casi todos los tipos de huesos (largos, craneales, costillas,
omóplatos, pelvis, falanges, etc.) han servido para ser decorados. Los
huesos de las extremidades de grandes herbívoros,
fundamentalmente cérvidos y équidos, han sido un soporte recurrente
en este período. Los huesos largos de ave y los restos óseos con
morfología plana (omóplatos, costillas, etc.) también han sido
utilizados. El ciervo se erige en nuestras latitudes como el animal más
aprovechado para la obtención de soportes orgánicos, tanto en
huesos como en astas. En los yacimientos franceses el reno supuso
un gran aporte de materia orgánica.
La importancia de las astas para estas sociedades era elevada,
pues de aquellas se extraen un buen número de útiles (azagayas,
arpones, propulsores, varillas, bastones perforados, etc.)
directamente implicados en las labores cinegéticas. A menudo, estos
instrumentos albergaban representaciones gráficas. La obtención de
esquirlas de cuerna de las que se obtienen gran parte de los útiles
arrojadizos implica un proceso técnico elaborado que comienza por:
- la fracturación en partes de las astas;
- continúa con la selección de las superficies adecuadas;
- aplicación de técnicas como el doble ranurado (con un buril se
realizan dos incisiones paralelas que convergen en los extremos), o la
percusión directa;
- extracción en cuña de la esquirla conformada (por medio de
otros útiles);
- y finaliza con la regularización, modelado y pulimento del
instrumento que se quiere conseguir.
Las piezas decoradas en marfil son extraordinariamente raras
en la Península Ibérica, aunque en otras partes de Europa (este y
centro) es una materia prima muy usada. Los dientes y las conchas

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de moluscos (Littorina, Dentalium, Trivia, etc.), por su parte, parece
ser que únicamente tuvieron un uso ornamental para estas gentes.
Muchos de estos objetos eran perforados, y en ocasiones también
decorados. Los dientes utilizados (colmillos, molares, incisivos,
caninos atrofiados, etc.) suelen ser de herbívoros, pero igualmente no
es extraño encontrarlos de carnívoros. En cuanto a las conchas, es
curioso constatar como algunas de ellas se localizan en yacimientos
muy lejanos a su lugar de procedencia. Así, se hallan conchas propias
del mediterráneo en el cantábrico, y viceversa. Este aspecto nos
estaría indicando la existencia de contactos, y seguramente de
intercambios, entre grupos que vivían a muchos kilómetros de
distancia unos de otros.
Entre los soportes inorgánicos, encontramos decoraciones en
diversas materias litológicas (areniscas, cuarcitas, esquistos, óxidos,
etc.) que se pueden presentar en diferentes formas
(fundamentalmente en cantos rodados, bloques rocosos que pueden
ser transportados por un individuo, placas, plaquetas, y ocres). Las
placas y plaquetas son los más utilizados. Estos objetos aunque
tienen unas medidas de largo y ancho variables (la longitud máxima
de una plaqueta no debe superar los 20 centímetros, en caso
contrario se denomina placa) suelen presentar escaso grosor y dos
caras (anterior y posterior) bastante planas y lisas que conforman una
superficie cómoda sobre la que llevar a cabo las figuras.
En los soportes decorados observamos que los objetos
orgánicos suelen tener mayor funcionalidad que los pétreos. Entre los
útiles en hueso y asta advertimos aquellos claramente orientados a la
caza (ya comentados): azagayas, propulsores, arpones y varillas; y
otros cuyo uso puede estar más en relación con las actividades
domésticas: espátulas, bastones de mando, agujas, tubos, etc. Los
utensilios inorgánicos decorados son escasos en número y abarcan
lámparas, machacadores, compresores, retocadores, etc.
Entre las piezas orgánicas que no parecen tener una función
cotidiana específica y que apuntan exclusivamente a valores
ornamentales y/o a los sistemas ideológicos o simbólicos de los
grupos paleolíticos percibimos:
- los contornos recortados (se aprovecha la forma natural del
hueso hioides de cérvidos, équidos y bóvidos, para ejecutar, con
algunos retoques, singulares contornos o perfiles de cabezas
naturalistas de caballos y, en menor medida, de cabras),
- rodetes (se aprovechan los omóplatos de herbívoros para
recortar, seguramente con buriles, plaquitas circulares que son
decoradas por ambas con figuras zoomorfos y/o con signos simples),
- omóplatos decorados (destacan el conjunto de omóplatos de
cérvidos que contienen figuraciones de ciervas y cabezas de esta
especie, recogidos en los yacimientos de Castillo y Altamira en
niveles arqueológicos pertenecientes al Magdaleniense Inferior
Cantábrico),
- y los ya citados: dientes, conchas y piezas simples óseas
perforadas.

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Los contornos recortados y los rodetes, de igual modo, se
presentan generalmente perforados. Ambos elementos son típicos del
Magdaleniense medio. Las piezas pétreas no utilitarias comprenden
las citadas placas, plaquetas y bloques.
Otros aspectos a estudiar de los soportes son el tamaño,
volumen, circularidad, etc. Barandiarán, de acuerdo a estos
parámetros, definió tres tipos de soportes:
- Cilíndricos: huesos largos y astas. Determina una sola cara
decorativa (se conoce como decoración pericircular). En soportes
cilíndricos con ligero aplanamiento (algunos bastones perforados) de
pueden delimitar dos caras.
- Aplanados: huesos planos, placas, plaquetas, etc. Permiten
fácilmente dos superficies de actuación.
- Volumétricos: azagayas de sección triangular y cuadrangular.
La decoración se encuentra limitada por el reducido espacio y por los
múltiples planos del soporte.

2.2. Técnicas

La técnica más documentada en el arte mobiliar es el grabado.


Éste se presenta en diferentes modalidades: trazo simple, doble,
múltiple, estriado, raspado, etc. El tipo de incisiones puede mostrar,
al igual que en los soportes rupestres, secciones en U o en V.
Existiendo variantes que se definen por la simetría o asimetría de las
mismas, y que son provocadas por los diferentes ángulos de ataque
de los útiles grabadores. Los buriles y las simples lascas,
preferentemente en sílex, parecen ser los instrumentos utilizados
para la ejecución de esta técnica tanto en objetos pétreos como
orgánicos.
La pintura apenas se documenta en piezas orgánicas. Su
presencia prácticamente se restringe a los soportes litológicos
(placas, plaquetas, y bloques). En la Península Ibérica debemos
reseñar, en este sentido, el elevado número de plaquetas con
representaciones pintadas (bien en negro, en rojo, o incluso en
amarillo) halladas en la amplia secuencia (Gravetiense-Solutrense-
Magdaleniense) del yacimiento de El Parpalló (Gandía, Valencia). El
método de aplicación varía desde los trazos simples hasta la tinta
plana. La combinación de grabado y pintura también se constata en
algunas piezas de este excepcional yacimiento. Como se puede
apreciar, las técnicas empleadas en la realización del arte mueble no
difieren en lo esencial de las aplicadas en el rupestre.

3. Temática

Al igual que en el arte rupestre, el arte mueble alberga las tres


categorías temáticas principales: zoomorfos, signos y antropomorfos.
En la Península Ibérica dominan las representaciones de animales y
signos, quedando las figuras humanas en un lugar más relegado. Esta
situación contrasta con la observada en otras regiones europeas
(este, centro, y las regiones francesas) donde el peso específico de

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las “Venus” o de las figuras femeninas de perfil es cuantitativamente
reseñable.
Los animales más representados en estos soportes tienen su
correspondencia con aquellos figurados en soportes parietales. Así,
los équidos, cérvidos, bóvidos y cápridos vuelven a predominar en el
registro. Se distinguen, de igual forma, anímales peligrosos
(carnívoros, osos, rinocerontes, mamuts, etc.,). Sin embargo, a
diferencia del arte parietal, se observan un buen número de otros
animales como pisciformes, serpientes, aves e incluso mamíferos
marinos (Figura 11.1).

<aquí figura 11.1.tif>


<Figura 11.1. Colgante en diente de cachalote grabado por ambas
caras. Una, muestra un bisonte y trazos formando ángulos, y la otra
un mamífero marino también con ángulos. Procede de un nivel del
Magdaleniense Medio de Las Caldas (Asturias).>

Diferentes tipos de signos, en especial los simples (puntos y


líneas), son una constante en la decoración de estas piezas. Son, sin
duda alguna, la categoría más representada. La disposición de estas
imágenes es muy variada: desde acompañar someramente a los
zoomorfos (por ejemplo, con un par de líneas inconexas); conformar
organizadas composiciones (con elementos que se pueden repetir);
hasta formar auténticas marañas de líneas que no descubren ninguna
figuración realista. En objetos alargados y estrechos se suele dar una
simetría decorativa de signos simples a partir del eje axial
longitudinal (esta estructura decorativa es frecuente en las azagayas,
espátulas, costillas, etc.). Es probable que algunas de las líneas y
motivos grabados en azagayas, varillas, propulsores…se deban poner
en relación con aspectos funcionales de los útiles, pudiendo haber
sido realizadas para facilitar el enmangue de la pieza, mejorar su
adherencia a un astil, hacerla más efectiva conteniendo veneno, etc.
Los signos rupestres son, por lo general, mucho más elaborados que
los mobiliares. En este sentido, en el arte mueble paleolítico el límite
entre lo utilitario o meramente decorativo y lo figurativo simbólico
nunca será del todo nítido.
Las figuras humanas mobiliares, que en otras partes de Europa
han sido objetos de muy completos estudios al presentarse en
abundancia, son en nuestro espacio geográfico las grandes ausentes.
No obstante, se documentan algunas piezas no muy claras que
presentan esta temática, especialmente en el corredor cantábrico (El
Pendo y Torre, en Cantabria; Tito Bustillo, Las Caldas, El Buxu,
Entrefoces, en Asturias).
Las asociaciones entre figuras son fácilmente reconocibles,
existiendo relaciones contextuales de animales entre sí, de animales
con signos, o de signos entre sí. El aspecto a discernir es si se trata de
escenas o, si por el contrario, lo que se evidencia es una
yuxtaposición y/o acumulación de figuras. La diversidad de planos y
superficies decoradas en la pléyade de soportes muebles apela a la
prudencia a la hora de considerar posibles escenas.

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A. Leroi-Gourhan distinguió tres tipos de objetos mobiliares
(Figura 11.2):
- armas y útiles;
- objetos para colgar;
- y objetos religiosos.
Se han establecido relaciones entre éstos y sus decoraciones
más frecuentes. Así, las azagayas y los arpones (dentro del primer
grupo), que tienen una vida útil relativamente corta, recibirían
decoraciones escuetas. Los bastones perforados, propulsores,
espátulas, varillas, tubos, etc. (dentro también del primer grupo) con
un uso supuestamente más prolongado evidencian decoraciones más
desarrolladas y elaboradas. En los propulsores es frecuente el
tratamiento (modelado, pulimento, etc.) de su parte más gruesa para
conformar figuras de animales. Las espátulas, tubos, varillas, e
incluso las lámparas de piedra, por su parte, suelen albergar
expresiones gráficas geométricas de complejidad variable. Las piezas
perforadas (colgantes) presentan decoraciones que van desde los
simples orificios hasta modelados figurativos de tipo escultórico (por
ejemplo, los contornos recortados). Por último, los objetos
considerados religiosos (placas, plaquetas, cantos, omóplatos
decorados, etc.), al no poder identificar en ellos una función utilitaria
clara, acogen todo tipo de motivos (diferentes zoomorfos y signos, y
asociaciones diversas de estos temas) en diferentes estilos (desde los
más naturalistas hasta los más esquemáticos).

<aquí figura 11.2.tif>


<Figura 11.2. Esquema de objetos mobiliares paleolíticos propuestos
por A. Leroi-Gourhan. (Tomado de M. Menéndez, 2004).>

4. Distribución geográfica.

Como sucede con el arte rupestre, el área cantábrica


(incluyendo en este caso Lugo y Navarra) es una de las zonas más
ricas en evidencias de arte mueble paleolítico en la Península Ibérica.
Sin duda, el fuerte poblamiento de esta zona en el Paleolítico
Superior, manifestado en el notable número de yacimientos, es el
factor determinante de esta situación. Lo expresado en anteriores
temas en torno a la ausencia de yacimientos en el interior peninsular
influye lógicamente en el escaso registro de piezas en estas regiones.
La franja mediterránea, en su conjunto, no presenta
comparativamente una significativa cantidad de sitios arqueológicos
que proporcionen objetos decorados. Sin embargo, la existencia de un
yacimiento excepcional como Parpalló (Gandía, Valencia), con más de
6000 piezas ornamentadas (entre placas, plaquetas e instrumentos
óseos) y distribuidas desde estratos Gravetienses hasta
Magdalenienses, incrementa la importancia general del área en que
se localiza. No obstante, se observa una mayor cantidad de
expresiones gráficas mobiliares que rupestres en la región levantina,
no así en la andaluza. Otro aspecto a reseñar, antes de comenzar el
análisis regional, es la constatación de una explosión decorativa

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mueble durante el Magdaleniense medio, que se prolonga en algunos
depósitos hasta el Magdaleniense superior-final.

4.1. Región Cantábrica.

La distribución espacial y temporal del arte mobiliar cantábrico


no es homogénea. La mayor parte de las piezas provienen de
yacimientos situados en el área centro-occidental de la región
(Cantabria y Asturias) y de niveles atribuidos al Magdaleniense.
Las piezas decoradas más antiguas de esta región y de la
Península Ibérica quizá han podido ser recogidas en los niveles
correspondientes al Auriñaciense de transición de la cueva de El
Castillo (Cantabria), en torno a los 38-40.000 años de antigüedad. En
estos niveles se ha documentado un fragmento óseo aplanado que
presenta una posible cabeza de animal pintada en negro, un
fragmento de hioides donde parece representarse con trazos
grabados y pintados en negro una pata delantera y el inicio de la zona
ventral de un animal (Figura 11.3), una plaqueta de arenisca con
líneas grabadas en una de sus caras y en el borde, y por último, un
canino de oso con una posible perforación. Algunos investigadores
ponen en duda la caracterización artística de estas piezas.

<aquí figura 11.3.tif>


<Figura 11.3. Hioides con figuración grabada y pintada, hallado en el
nivel 18b (Auriñaciense de Transición) de la cueva de El Castillo
(Cantabria). (Foto. F. Bernaldo de Quirós. Dibujo. J. M. Tejero).>

Dejando a un lado estos sorprendentes hallazgos, los primeros


elementos del arte mueble en el Paleolítico superior europeo son los
elementos perforados (dientes y conchas), documentándose no solo
en niveles auriñacienses, sino también en chatelperronienses (es
decir, realizados por el hombre de Neandertal). El tipo de decoración
registrada en los soportes orgánicos de este período en la Península
Ibérica (tanto en adornos como en fragmentos óseos) se reduce a
composiciones de líneas sueltas. En el yacimiento de Hornos de La
Peña (Cantabria) se ha encontrado un resto óseo con el grabado de
los cuartos traseros de un animal, pero también es controvertido.
De un nivel gravetiense de la cueva de El Castillo proviene un
compresor con una figura de felino. Sin embargo, lo que más destaca
en esta fase crono-cultural es la extensión de motivos no figurativos
(marcas lineales cortas, a menudo paralelas y rítmicas, sobre los
bordes), conocidos como “marcas de caza”, a las azagayas y a los
colgantes. Éstos últimos son mucho más frecuentes que en los
periodos precedentes.
El arte mueble en el Solutrense, aunque aún es escaso, se
incrementa en cuanto al tipo de decoraciones. La variedad de motivos
no figurativos continúa aumentando, disponiéndose en fragmentos
óseos aplanados (Las Caldas, Asturias), e incluso en plaquetas
(Altamira), además de en elementos de industria ósea. Se observa
algún ejemplo tanto de complejidad técnica (comienzo del trabajo de

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los huesos recortados) como figurativa. En concreto, en el Buxu
(Asturias) un colmillo de oso ha sido modificado hasta convertirlo en
una figurita esculpida de ave (Figura 11.4).

<aquí figura 11.4.tif>


<Figura 11.4. Colgante sobre colmillo de oso con la figura esculpida
de un ave. Procedente de un nivel Solutrense de El Buxu (Asturias).
(Dibujo, M. Menéndez).>

En el Magdaleniense se constata una preocupación por el


detallismo (despieces) y por el naturalismo, aunque también se
perciben tendencias esquemáticas en la representación de
zoomorfos. Se incrementa espectacularmente el número de piezas de
arte mueble (elementos de industria ósea, fragmentos óseos,
plaquetas líticas, etc.).
En los niveles con Magdaleniense inferior en su facies Juyo
(Altamira, Castillo, El Cierro, Rascaño, Juyo, etc.; en la región central
del área cantábrica), alrededor de 14.500 B.P., según la datación por
C14 AMS de una pieza, asistimos a la extensión de un fenómeno
expresivo caracterizado por la representación de ciervas y cabezas de
este animal grabadas con trazo estriado (Figura 11.5). El estriado se
sitúa fundamentalmente en la parte inferior de la mandíbula, el
cuello, el pecho, pudiendo llegar hasta el abdomen. Parece que la
intención de los autores era destacar el volumen de estas partes del
animal. Los soportes donde se disponen son generalmente los
omóplatos de cérvidos, aunque también se utilizan costillas. Estas
figuras tienen su correlato exacto rupestre en algunas estaciones
como Castillo y Altamira, permitiendo conocer con seguridad la
antigüedad de las ciervas estriadas rupestres.

<aquí figura 11.5.tif>


<Figura 11.5. Fragmento de omóplato con una cabeza de cierva
realizada en grabado de trazo estriado. Procedente de Altamira
(Cantabria). (Calco. I. Barandiarán).>

Las decoraciones de las azagayas, varillas, y, en general, de los


útiles orgánicos cotidianos, continúan aprovechando las dimensiones
y el volumen de éstos para conformar motivos lineales-longitudinales
(zig-zags, ángulos, etc.), aunque a diferencia de períodos anteriores
se documentan un mayor número de motivos geométricos (un motivo
tectiforme en un hueso aplanado de Altamira, rombos, escaleriformes,
etc.) (Figura 11.6).

<aquí figura 11.6.tif>


<Figura 11.6. Azagaya grabada con un signo “tectiforme”. Procedente
de Altamira (Cantabria).>

Desde el Magdaleniense medio hasta el superior-final tiene


lugar un gran impulso ornamental sobre un número muy elevado de
diferentes tipos de piezas: utensilios (propulsores, bastones

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perforados, arpones, espátulas, y las siempre presentes azagayas y
varillas), colgantes (rodetes, bramaderas, contornos recortados, etc.),
y objetos “religiosos” (placas, plaquetas, bloques, fragmentos óseos,
etc.). La decoración en azagayas y varillas sigue siendo lineal y
geométrica (haces de líneas, ángulos, escaleriformes, etc.) siguiendo
el eje longitudinal del útil durante el Magdaleniense medio,
disponiéndose de manera más transversal en el Magdaleniense
superior.
Entre las innumerables piezas significativas del Magdaleniense,
podemos señalar:
- los contornos recortados, registrados principalmente en
estratos del Magdaleniense medio de yacimientos asturianos (La Viña,
Las Caldas, y Tito Bustillo) (Figura 11.7), y que tienen fuertes
paralelismos morfológicos y técnicos con piezas de yacimientos
franceses;

<aquí figura 11.7.tif>


<Figura 11.7. Contorno recortado en hueso hioides de caballo en
forma de cabeza de cabra montés. Procedente de La Garma
(Cantabria). (Foto. P. Saura).>

- huesos hioides con marcas cortas paralelas y otras


convergentes en el borde de los elementos o próximo a él, hallados
también en yacimientos de la cuenca de Sella (Tito Bustillo, La
Güelga) (Figura 11.8), y que parecen indicar el uso estacional de
diferentes yacimientos por parte de un mismo grupo, o de grupos
donde perviven unas mismas tradiciones decorativas y/o ideológicas;

<aquí figura 11.8.tif>


<Figura 11.8. Colgantes sobre hueso hioides con marcas en los
bordes. Procedentes de Tito Bustillo y La Güelga (Asturias). (Foto. M.
Menéndez).>

- los impresionantes ejemplares de bastones perforados de El


Castillo, Cualventi, Pendo, Valle, y Rascaño (en la región central)
(Figura 11.9), procedentes de niveles atribuidos al Magdaleniense
superior-final, y que muestran en los dos primeros casos el mismo
tema (el cuerpo de un ciervo macho muy realista y con la misma
actitud) y una adecuación semejante al soporte;

<aquí figura 11.9.tif>


<Figura 11.9. Bastones de mando con grabado de un ciervo macho en
semejante actitud. Procedentes de la Cueva de El Castillo (Cantabria)
(parte superior) y de Cuelventi (Cantabria) (parte inferior). (Según I.
Barandiarán y M. A. García Guinea).>

- el elevado número de plaquetas y huesos extraordinariamente


decorados en señeros yacimientos asturianos (La Viña, Las Caldas,
Paloma, Tito Bustillo), cántabros (Sovilla, El Pendo, etc.), y vascos

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(Urtiaga, Ekain, etc.), durante todo el Magdaleniense medio y el
superior-final;
- y, por último, los tubos o huesos largos de aves documentados
tanto en Asturias (destaca el ejemplar de La Paloma) como en
Cantabria (El Valle y Torre) (Figura 11.10).

<aquí figura 11.10.tif>


<Figura 11.10: Hueso de ave decorado con motivos zoomorfos (dos
caballos, un ciervo, y un posible pisciforme) y signos ovales.
Procedente de El Valle (Cantabria).>

En cuanto a las relaciones entre regiones, se ha defendido que


el arte mueble de los yacimientos de la parte centro-occidental
cantábrica tendría ciertos paralelismos con el observado en los del
Pirineo Francés. Sin embargo, y a pesar de las semejanzas temáticas,
desde un punto de vista general, entre las regiones francesas y la
cantábrica, se perciben ciertas diferencias entre estas regiones. Por
ejemplo, los animales que predominan en el arte mueble cantábrico
son las ciervas, los caballos y los cápridos; a diferencia del francés
donde, además de los caballos, son los renos y los bisontes los más
representados. En cuanto al estilo, se ha considerado que el arte
francés es más naturalista y escultórico mientras que el cantábrico
tiende a lo esquemático. En este sentido, debemos señalar el empleo
en momentos avanzados del Magdaleniense del convencionalismo
formal consistente en representar en perspectiva frontal muy
esquemática los cuernos y cabezas de cabras, y en menor grado, de
ciervos (Figura 11.11). Observamos piezas con este tema en Asturias
(La Paloma, Cueto de La Mina, etc.), Cantabria (El Valle, El Pendo,
Torre, etc.) y en el oriente cantábrico (Abauntz en Navarra). Estas
figuras frontales también se observan en el registro rupestre (Otero,
Castillo, Ekain, etc.).

<aquí figura 11.11.tif>


<Figura 11.11: Representaciones frontales de figuras de cabras en
objetos mobiliares de El Pendo (Cantabria) (1), Urtiaga (Guipúzcoa)
(2), y Morín (Cantabria) (3).>

Finalmente, hemos de mencionar la importancia que ha tenido y


tiene el descubrimiento reciente del complejo de La Garma (Omoño,
Cantabria). Su galería inferior, no solo alberga una gran cantidad de
figuras rupestres, sino que contiene un magnifico y extenso
yacimiento en el vestíbulo de la entrada original. Acceso que se cerró
de forma natural en tiempos magdalenienses y que ha permitido la no
acumulación de sedimento y la preservación prácticamente intacta
del yacimiento. Los objetos de arte mueble se distribuyen
ampliamente por todas las zonas de este lugar principal de hábitat, e
incluso en lugares interiores de la propia cueva. El abundante número
y la calidad de las piezas halladas, junto con la posibilidad de conocer
su emplazamiento original y el contexto (ya que no ha sufrido

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alteraciones post-depositacionales) convierten este yacimiento en un
referente para el estudio del arte paleolítico.

4.2. El Interior Peninsular (Mesetas y Extremadura) y Portugal

Los exiguos yacimientos del interior peninsular no suelen


presentar destacadas colecciones de arte mueble. Los dos conjuntos
más numerosos de piezas se han recogido en la cueva de La Hoz
(Guadalajara) y La Peña de Estebanvela (Segovia). Ambos lugares
están situados en las estribaciones del Sistema Central. El primero en
la cara meridional y el segundo en la cara septentrional del mismo. La
Hoz ha aportado, en niveles magdalenienses, en torno a 30 plaquetas
de pizarra, que presentan fundamentalmente grabados de zoomorfos,
principalmente équidos, bóvidos y cérvidos. El yacimiento segoviano,
con una secuencia estratigráfica que abarca desde finales del
Magdaleniense Medio hasta el Aziliense, ha facilitado, por su parte, 35
piezas decoradas (básicamente cantos aplanados y plaquetas de
esquisto y pizarra). Los motivos representados son, en su mayoría,
grabados geométricos y consisten en conjuntos de trazos paralelos
que se disponen transversalmente y, a veces, en paralelo al eje
longitudinal de los objetos (Figura 11.12). También se han observado
algunos zoomorfos. Los animales que han podido ser determinados
con claridad (4 o 5) son figuras completas o cabezas de équidos.

<aquí figura 11.12.tif>


<Figura 11.12: Plaqueta de esquisto con decoración grabada.
Procedente de La Peña de Estebanvela (Segovia). (Calco. S. Ripoll).>

En la Meseta también se han recogido muestras de este arte en


niveles magdalenienses de los yacimientos de Jarama II, en
Guadalajara (esculturilla de marfil de un posible glotón) (Figura 13);
Villalba, en Soria (placa de pizarra con numerosos grabados de figuras
completas y cabezas de équidos y cápridos); y El Caballón, en Burgos
(bastón perforado).

<aquí figura 11.13.tif>


<Figura 11.13: Esculturita de marfil que parece representar a un
glotón. Procedente de Jarama II (Guadalajara). (Según J. F. Jordá
Pardo).>

En Portugal, se deben señalar la pieza procedente de un nivel


Magdaleniense inferior del yacimiento de Caldeirâo, cercano a Tomar
(una placa de esquisto con un zoomorfo, un antropomorfo y un
escaleriforme); y las recogidas en depósitos del Valle del Côa, muy
próximos a las manifestaciones rupestres. Estas últimas consisten en:
un canto grabado con líneas rectas recogido en el yacimiento de
Quinta de Barca Sul (nivel Magdaleniense final); y dos placas de
esquisto grabadas halladas en el sitio arqueológico de Fariseu. La
primera, procedente de un nivel Magdaleniense Final, está decorada
con grupos de líneas, 2 équidos, 1 ciervo, y varios zoomorfos

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indeterminados. La segunda contiene una cabra macho y líneas
inconexas. Contrasta la riqueza cuantitativa de las representaciones
rupestres de Foz Côa con la escasez de evidencias artísticas en
soportes muebles.

4.3. El Sur Peninsular (Andalucía).

En Andalucía sucede algo parecido a lo observado en las


regiones del interior. Los yacimientos no son abundantes y, en
general, no han proporcionado destacadas series de objetos
decorados, a excepción de los adornos perforados (sobre todo,
conchas de moluscos). Los yacimientos más excepcionales en cuanto
a arte mobiliar son la cueva de Nerja (Málaga) y El Pirulejo (Córdoba).
A un nivel Solutrense final de la cueva malagueña corresponden
varias plaquetas con incisiones inconexas. Ya a un momento
Magdaleniense se atribuye un importante conjunto de azagayas
decoradas con motivos geométricos y tres cantos con grabados de
motivos de líneas rectas, en zig-zags, onduladas, etc. Uno de estos
cantos presenta la figura de un pájaro.
El horizonte magdaleniense de El Pirulejo alberga el más
numeroso grupo de plaquetas de toda la región (decenas). Están
decoradas tanto con incisiones como con pinturas. Lo que incrementa
su singularidad con respecto al resto de yacimientos de la zona. Los
motivos son fundamentalmente geométricos, aunque hay figurativos
(destaca la cabeza de una cabra). Además de en plaquetas, también
se documentado decoración en soportes óseos, especialmente en la
industria.
Otros objetos mobiliares se han encontrado en un nivel
Solutrense final de la cueva de Bajondillo (líneas incisas inconexas en
fragmentos de soportes líticos); y en estratos de un Magdaleniense
superior de Hoyo de la Mina (motivo reticular sobre un fragmento de
hueso) y de Cueva de la Victoria (trazos incisos de ángulos y zig-zags
sobre arpones). Todos estos yacimientos se localizan en Málaga.

4.4. El Levante Mediterráneo y el Valle del Ebro.

En el valle del Ebro, a caballo entre el oriente cantábrico y el


litoral mediterráneo, encontramos algunos yacimientos del Paleolítico
superior, entre los que sobresalen Chaves (Huesca) y Parco (Lleida).
De las piezas decoradas que éstos han proporcionado destacan dos
fragmentos óseos aplanados provenientes de un horizonte
Magdaleniense medio que muestran un semejante motivo
escaleriforme. Las azagayas y varillas presentan decoraciones
lineales parecidas a las halladas en el cantábrico. En el litoral catalán
localizamos el yacimiento de Bora Gran (Gerona) y La Balma de la
Griera (Tarragona). En él primero se han recogido valiosas piezas
orgánicas grabadas con motivos de cabezas de cierva simplificadas
durante el Magdaleniense medio, mientras que el segundo, ha
proporcionado un fragmento óseo con decoración a base de líneas

12
paralelas y angulares grabadas, que procede de un horizonte
gravetiense.
En la actual comunidad valenciana encontramos los
yacimientos con el arte mueble más significativo de toda la región
mediterránea peninsular. Las evidencias más antiguas se remontan al
Auriñaciense, en torno a los 30000 años BP, y corresponden a objetos
de adorno (dientes y conchas perforadas) documentados en Cova
Beneito y Cova Foradada (Alicante). En el Gravetiense ya se registran
en el Parpalló y en Mallaetes (Valencia) algunas plaquetas decoradas
con motivos zoomorfos (bóvidos, cápridos y équidos) pintados y
grabados, que se caracterizan por el poco detallismo, la coexistencia
de la perspectiva torcida con la de perfil absoluto, y la desproporción
entre las partes anatómicas (cuerpos masivos y cabezas pequeñas).
Las plaquetas recogidas en los diferentes niveles solutrenses de El
Parpalló ascienden a más de 2480 (un 58% del total recuperado en el
yacimiento). La técnica dominante es la pintura (roja y negra),
documentándose la combinación de pintura (en ocasiones, a tinta
plana) y grabado. Los zoomorfos (bóvidos, équidos, cápridos,
cérvidos, y algunos carnívoros) son los temas más representados,
contemplándose algunas posibles escenas. Los rasgos que definen
este momento decorativo son:
- la ejecución de las cabezas de ciervas utilizando el sistema de
triple trazo o trilineal (se realiza primeramente con una línea la zona
de la frente y una oreja, otra línea traza el cuello y la mandíbula, y
finalmente, otra representa la otra oreja y la parte superior del cuello)
(Figura 11.14A);
- las crineras en escalón (se interrumpe el trazo curvo de la crin
con una línea recta y vertical que cae sobre la frente del animal)
(Figura 11.14B);
- los morros de los caballos en pico de pato (cerrados), con
mandíbulas convexas, que durante el Solutrense Superior se irán
redondeando (Figura 11.14C);
- un incremento de la animación de las figuras, bien de partes
en concreto (patas, cabezas, rabos), bien de todo el animal (Figura
11.14D);
- aumento del detallismo (boca, orejas, pelaje, despieces de la
piel) a partir de momentos avanzados del Solutrense (Figura 11.14E);
- tendencia a representar las extremidades con formas
triangulares (Figura 11.14F);
- y, finalmente, en cuanto a los signos, se generalizan los signos
rectangulares (Figura 11.14G).
En cueva Beneito se han localizado una serie de cantos
manchados de rojo en un nivel del Solutrense final.

<aquí figura 11.14.tif>


<Figura 11.14: Plaquetas procedentes de niveles solutrenses de El
Parpalló (Valencia), donde se observan los rasgos estilísticos que
definen a este período.>

13
El Magdaleniense inferior, aunque se documenta en el Parpalló,
no presenta la riqueza decorativa de los niveles precedentes y
posteriores. La pintura es menos utilizada. El número de cápridos y
signos rectangulares representados disminuyen, surgiendo signos
formados por bandas curvas y escaleriformes. De igual modo, la
convención del triple trazo se documenta en menor proporción,
mientras que aparecen las orejas en “V”. En los momentos finales del
Magdaleniense inferior se observa una mayor preocupación por el
realismo de las figuras (incrementándose los detalles) y la variedad y
la elaboración de los signos aumenta (arboriformes, retículas, rombos,
meandros, zig-zags, etc.).
A diferencia de las fases crono-culturales anteriores, el
Magdaleniense medio y el superior se hallan mas repartidos por el
Levante peninsular. Constatamos arte mueble, además de en El
Parpalló, en el yacimiento de Blaus y cueva Matutano (Castellón), en
Volcán del Faro (Valencia), y Cendres, Santa Maira, Tossal de la Roca,
Barranc del Infern (Alicante). Aunque el número de objetos decorados
en cada uno de ellos es muy reducido. En Murcia también existen
algunos yacimientos de estas fases (Mejillones, Caballo, y Algarrobo),
sin embargo las piezas ornadas se limitan a unas pocas conchas
perforadas y algunos fragmentos óseos con trazos lineales inconexos.
Las características estilísticas de las plaquetas del Parpalló
para estas últimas fases del Paleolítico evidencian la existencia de
dos corrientes. Por un lado, una tendencia que dota a los animales de
un mayor realismo estático y de detallismo (representación de
pezuñas, cornamentas con perspectiva correcta, líneas de despiece
en crinera y vientres, etc.) (Figura 11.15), aunque es más velada que
la observada en el arte mueble cantábrico de este período. Por otro
lado, se percibe una orientación esquemática, con una frecuente
representación de las partes anatómicas en movimiento. Los temas
siguen siendo los mismos, aunque los signos alcanzan un alto grado
de elaboración y complejidad.

<aquí figura 11.15.tif>


<Figura 11.15: Fragmento de plaqueta con representación realista del
cuerpo, patas y pezuñas de un caballo acéfalo. Procedente de El
Parpalló (Valencia).>

Como rasgos generales, y quizá distintivos, se puede decir que


el arte mueble de esta área (desproporcionadamente influenciado por
el gran conjunto del Parpalló) se presenta principalmente en soportes
líticos (plaquetas), está realizado fundamentalmente en pintura, y
exhibe una perduración y un predominio de los temas figurativos
desde las fases más antiguas hasta las más recientes.

5. Breves apuntes interpretativos

La heterogeneidad de las diferentes y múltiples categorías del


arte mueble implica que las interpretaciones de estos objetos sean
muy numerosas. Como se expresaba en el primer apartado de este

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tema, los especialistas en arte paleolítico han relegado a un plano
inferior la importancia simbólica de las piezas decoradas con respecto
a las expresiones gráficas rupestres. La única gran teoría construida
en torno a estos objetos fue aquella del “arte por el arte”, siendo
claramente denostada una vez que se descubrieron las primeras
figuras parietales en las cuevas. La naturaleza fragmentaria de este
arte, con un alto número de piezas en parte fracturadas e incluso en
contextos modificados con respecto a su deposición original, supone
que tan solo tengamos un conocimiento parcial de las obras,
imposibilitando, en cierta forma, a los especialistas un acercamiento
más fiable a sus posibles significados.
A pesar de estas consideraciones, las concentraciones tan
elevadas de objetos que muestran algunos yacimientos no han
pasado desapercibidas. Hay autores, entre ellos M. Lorblanchet, que
han querido ver en estas acumulaciones, halladas en algunos
yacimientos que como El Parpalló no tienen representaciones
parietales (los yacimientos del centro y este de Europa, muchos de
ellos al aire libre como Molodova, Sungir, Dolní-Vestonice, Kostienki,
Gargarino, etc.), una sustitución de la función simbólica del arte
rupestre.
Recoger aquí todas las interpretaciones que se han dado a cada
tipo de motivo o cada tipo de pieza es una tarea ímproba que excede
el objetivo de este tema. Sin embargo, parece interesante citar
siquiera algunas aproximaciones al significado de alguno de estos
objetos y/o de la decoración que presentan:
- Las piezas perforadas, por ejemplo, se han asimilado
generalmente a adornos y colgantes, concibiéndose como un
distintivo étnico en ocasiones; otras veces como elementos
protectores a modo de amuletos.
- Los conjuntos de signos se han concebido como
combinaciones de ideomorfos que transmiten un mensaje (M. Conkey,
entre otros).
- Las series de pequeños puntos y rayitas han sido explicados
como sistemas de notación e interpretados como calendarios solares,
lunares, cómputos, etc. (A. Marshack, y F. D’Errico).
- Algunos conjuntos de figuras de animales y/o humanos sobre
las caras de huesos largos que parecen representar escenas han sido
“leídos” como evidencias de descripciones gráficas de mitos.
- Ciertos entramados de líneas organizadas pero no figurativas
se han contemplado como mapas.
- Por último, aunque no se encuentren en la Península Ibérica,
los signos lineales en forma de aspa y haces rectos paralelos sobre
las figurillas de bulto redondo han sido interpretados como una forma
de remarcar la anatomía (A. Marshack) o como señales de utilización,
etc.

6. Bibliografía.

Bibliografía general

15
SANCHIDRIÁN, José Luis (2001) Manual de arte prehistórico, Editorial Ariel,
Barcelona.
VV.AA. (1994) “Arte Paleolítico”. Complutum, nº5.
VV.AA. (1996) Unidades Didácticas de Prehistoria, Tomo I, UNED,
Madrid.
VV.AA. (2004) La materia del lenguaje prehistórico. El arte mueble
paleolítico de Cantabria en su contexto. En Pablo Arias y
Roberto Ontañon (eds.), Consejería de Cultura, Turismo y
Deporte del Gobierno de Cantabria, Santander.

Bibliografía específica.

GARCÍA DÍEZ, Marcos y Thierry AUBRY (2002) «Grafismo mueble en el


valle de Foz Côa (Vila Nova de Foz Côa, Portugal): La estación
arqueológica de Fariseu». Zephyrus, 55, 157-182.
GONZÁLEZ SAÍNZ, Cesar (2002) «Unidad y variedad de la región
cantábrica y de sus manifestaciones artísticas paleolíticas». En
Las cuevas con arte paleolítico en Cantabria, Consejería de
Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria,
Santander, 28-45.
GONZÁLEZ SAÍNZ, Cesar.; Roberto CACHO, y Takeo FUKAZAWA (2003) Arte
paleolítico en la región cantábrica, Servicio de publicaciones de
la Universidad de Cantabria, Consejería de Cultura, Turismo y
Deporte del Gobierno de Cantabria, Santander.
LEROI-GOURHAN, André (1965) La Prehistoire de l’art occidental, Paris.
TEJERO, José M.; Noemí MORÁN; Victoria CABRERA, y Federico BERNALDO DE
QUIRÓS (2005) «Industria ósea y arte mueble de los niveles
auriñacienses de la cueva del Castillo (Puente Viesgo,
Santander)». Pyrenae, 36, Volumen 1, 35-56.
VV.AA. (2003) Primer Symposium Internacional de Arte Prehistórico de
Ribadesella. El Arte Prehistórico desde los inicios del siglo XXI,
Asociación Cultural Amigos de Ribadesella.

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