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Ayesha, El retorno de Ella
H. Rider Haggard

INTRODUCCIÓN

Rápido e imprevisto es como se presenta siempre lo inesperado. Si alguna persona había de quien el editor de este libro no se acordara ni creyese volver a saber más de ella, era seguramente de Ludovico Horacio Holly, sencillamente porque creía que éste había muerto hacía varios años. Cuando recibí la última carta de Holly, muchísimos años antes, con el manuscrito que la acompañaba y que no era otro que la interesantísima narración de ELLA, me anunciaba que él y su ahijado Leo Vincey, el bienamado de la divina Ayesha, partían para el Asia Central con la esperanza, según creo, de que allí se les volvería a aparecer ELLA, llena de dulces promesas. Muchas veces he pensado sobre la suerte que ambos corrieran. Después de tantos años llegué a suponer que habrían muerto o ingresado en alguna de las comunidades de monjes tibetanos, o tal vez se hallasen estudiando y practicando la magia o la nigromancia, bajo la tutela de algún maestro oriental, esperando encontrar algún medio de acercarse a la adorada inmortal.

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Ahora, cuando ya ni me acordaba de ellos ni pensaba. volver a saber más, hete aquí que de improviso vuelven a aparecer en mi vida. Me encontré con un montón de manuscritos, sucios y medio quemados, acompañados de dos cartas. A pesar del tiempo transcurrido y de los muchos eventos que han trastornado mi cabeza en estos últimos años, conocí, en seguida, la escritura. Rompí el sobre' y, efectivamente, al pie de la carta estaba la firma tan conocida para mí de Ludovico H. Holly. Ni qué decir que devoré su contenido. Decía así: «Mi distinguido amigo: "Tengo la seguridad de que usted todavía vive, y aunque le parezca extraño, también vivo yo, si bien mi fin se acerca. "Tan pronto como entré nuevamente en contacto con la civilización, cayó en mis manos su libro ELLA, o mejor dicho, mi libro. Volví a leerlo con verdadera admiración. La primera vez lo leí en una traducción a la lengua indostánica. Mi anfitrión, ministro de una secta religiosa, hombre de talento natural pero de prosaica inteligencia, se extrañaba de que una "historia vulgar" absorbiera mi atención en esa forma. Le contesté que a menudo los hombres que han tenido una ruda experiencia de la vida se interesan por las aventuras que pueden ocurrir en una "historia vulgar". No sé qué hubiera pensado si llega a saber que el protagonista de esa "historia vulgar" era yo. "He visto que ha hecho usted una fiel transcripción de los hechos; por eso a usted, a quien hace veinte años confié el principio de esta sin igual aventura, quiero confiarle también el fin. Fue usted el primero en saber de ELLA, quien debe ser obedecida, la que por centurias y centurias vivió sin perder nada de su belleza eterna en los sepulcros de Kor, esperando que su perdido amor reencarnara de nuevo en el mundo y que el Destino se lo devolviera para siempre; y es usted también el primero en saber fue Ayesha, Hesea y el Espíritu del Monte del Fuego, la sacerdotisa que desde el tiempo de Alejandro Magno reinó entre las llamas del Santuario de la Montaña del Fuego, era la encarnación terrenal de la

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diosa Isis, venerada por los egipcios, y también es usted el primero entre los hombres a quien revelo el místico desarrollo de esta tragedia, que comenzó en las cavernas de Kor. "Siento próximo mi fin. He consumido mis últimas fuerzas en llegar a mi antigua casa, en la que deseo morir. He rogado al médico que me asiste, que cuando todo haya acabado, le envíe estas cuartillas, que milagrosamente se han salvado del fuego. Mi primera intención fue quemarlas. Si llegan a sus manos, recibirá también una caja conteniendo algunos croquis que creo pueden serle de alguna utilidad y un sistro 1, el instrumento usado en el culto de la Diosa Natura, por los egipcios. Se lo regalo por dos razones: una, como prueba de amistad y cariño, y otra, como evidencia de que lo que en el manuscrito se cuenta es la estricta verdad. Fue ELLA quien me lo regaló en el Santuario del Monte del Fuego. Tiene también sus virtudes. Encierra una parte del poder de Ayesha. Si llega a descubrirlas, tenga cuidado del uso que haga de ellas. "Las fuerzas me faltan para seguir escribiendo. Mis memorias hablarán por mí mismo. Haga con ellas lo que quiera, créalas o no, según su sentido le dicte. "¿Quién es Ayesha? ¿Quién fue Ayesha? ¿Una esencia encarnada? ¿Lo soñado? ¿Lo cruel? ¿Lo inmortal? ¿Lo desconocido? ¿Lo redimible únicamente por la Humanidad y su piadoso sacrificio? ¡Quién sabe! Le deseo buena suerte y toda clase de venturas. Adiós, y hasta la otra vida.

LUDOVICO HORACIO HOLLY." Dejé la carta. Diversas emociones paralizaron por completo mi. pensamiento. Maquinalmente abrí el segundo sobre, que contenía la carta que transcribo, si bien tacho algunos párrafos, a ruego de la persona que me la dirigió. "Muy señor mío: Como médico que ha asistido al señor Holly durante su enfermedad, cumplo con la promesa que hiciera a éste, antes de morir, de servir de intermediario entre él y usted, en la confianza de que mi nombre no ha de figurar para nada, como tampoco la localidad en la cual actualmente ejerzo mi profesión.
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Sistro (sietrum). Letra de la diosa Alegría, símbolo de ta locura y la orgía.

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"Hace unos diez días fui llamado para visitar al señor Holly, en una antigua casa de las afueras, cerca del Cliff, y que por muchos años había estado deshabitada, al cuidado solamente de los caseros que atendían la limpieza. Esta casa pertenecía al señor Holly, habiendo pasado a su propiedad a través de generación en generación. La casera, que fue la que me llamó, me informó que su señor, que había regresado hacía poco tiempo de un largo viaje por Asia, se hallaba muy enfermo, moribundo. "Encontré al señor Holly sentado en la cama. Era un hombre de fisonomía extraña, y si yo hubiera sido artista y hubiese deseado pintar un espíritu superior y bueno, pero grotesco al mismo tiempo, lo hubiera tomado como modelo. "El señor Holly mostró su descontento por haber sido yo llamado sin su consentimiento, pero pronto nos franqueamos lo bastante para darme muestras de gratitud por el interés que le demostraba. En diferentes ocasiones charlamos largos ratos sobre los países por los cuales había viajado durante mucho tiempo, envuelto en cierta extraña aventura, de la que nunca me habló claramente. "Varias veces se vio acometido por delirios. Hablaba mucho, casi siempre en una lengua desconocida para mí; no obstante, creo recordar haber oído frases de griego antiguo y árabe. Sólo una vez habló en inglés, dirigiéndose, al parecer, a algún ser imaginario que era objeto de su veneración. Lo que dijo, sin embargo, prefiero no repetirlo, pues entra en el secreto profesional. Un día en que se encontraba bastante animado, me señaló esa caja construida en una madera desconocida para mí, que le envío, y dándome su nombre y dirección, me hizo prometerle que sin falta se la remitiera, después de su muerte, junto con el manuscrito adjunto. Enseñándome las últimas páginas que aparecen medio quemadas, me dijo textualmente: "En verdad, nada puede hacerse contra lo que está escrito. Intenté destruir estas memorias por el fuego, cuando recibí el mandato terminante de quien debe ser obedecida, dándome apenas tiempo para librarlo de las llamas... "Lo que el señor Holly quería decir con este mandato no lo sé, pues no me volvió a hablar del particular.

era una representación de Isis. saliendo por la puerta del jardín. mientras yo comenzaba la búsqueda del señor Holly. Yo lo conocía ya. efectivamente allí estaba. y sabiendo que el fin del enfermo estaba próximo. Este lugar es vulgarmente conocido por el nombre de "Anillo del Diablo". . "La noche estaba iluminada por una brillante luna. pero que se había marchado de casa. fui a verlo. pues el día anterior me habló sobre él. Una noche. aunque en mi humilde opinión no creo extraño que si los fenicios o los romanos adoptaron su culto en algunas de sus colonias. En realidad. 2 Monumento neolítico de Inglaterra. la nieve caída horas antes reflejaba sus rayos. Aseguraban que Isis no llegó a venerarse nunca en Inglaterra. por último. asegurando a su vez que en este lugar había existido un templo de veneración y culto a la diosa Natura. Cuando llegué. me dirigí al Anillo. y me contestó que no. a los postreros momentos de su vida. y no tardé mucho en encontrar sus pasos. Todavía recuerdo que un erudito y excéntrico conferenciante. bien pudieron traer su veneración hasta aquí. En lo alto de ella existe un antiguo monumento. cerca de Salisbury. perdiéndose en la oscuridad. en la conferencia de una sociedad arqueológica. "Rogué a la casera que fuese a buscar a su marido para ayudarme. dando una claridad poética. todavía distante como una milla. formado por erectos monolitos. asegurándome que con mucho gusto moriría entre aquellas piedras. Ni qué decir que esta versión fue acogida por los oyentes como ridícula y absurda. salía a mi encuentro. pues no hace mucho tiempo se habló y se discutió sobre él. de pie. construido por los primitivos pobladores del país. Antes de llegar me encontré a la casera. de forma plana en la parte superior. preguntándome si las piedras estaban todavía igual que en los lejanos tiempos de su juventud. Recordé que el señor Holly conocía este lugar. Entre las piedras y en medio de la nieve presentaba la más extraña figura que he visto en mi vida. Preguntéle si su señor había muerto. Éstos se extendían en la colina situada detrás de la casa. que. Había saltado del lecho. descubierto y descalzo. cerca de las once. del centro del Anillo. es un "Stonehenge"2 en miniatura.5 "Paso. aseguraba que la piedra grande y vertical. muy excitada. vestido con su ropa de dormir solamente. El recuerdo de esta conversación fue para mí la clave. si algo desagradable hubiera ocurrido. Comencé a buscar entre las rocas las huellas del señor Holly. y sin preocuparme de seguir sus huellas.

de los lados de la cruz caían alambres de oro. junto a él pude distinguir la figura blanca del señor Holly. en cuya cabeza brillaba una luz. reflejaba su próximo fin." El resto de la carta del médico se refiere a varios detalles complementarios: del transporte del cuerpo del señor Holly y de los trabajos que le costó convencer a la policía de que no era necesario investigación alguna. el cielo estrellado. de uno de ellos pendían cuatro cascabeles de oro.me dejó sobrecogido y sin fuerzas para moverme del sitio en que me encontraba. Tenía la forma de crux ansata. llegó satisfactoriamente. pues la muerte había sido natural. Parecía estar bajo el influjo de cierta evocación. Cuando ya dueño de mí. De un dolmen central fue emergiendo una sombra que lentamente fue tomando la forma de una mujer. la claridad de la noche. De los dibujos no debo decir nada. semejando cuchillos emergiendo del suelo. cayó de bruces. el silencio. De repente lanzó un grito salvaje de alegría. Este espejismo. El gran menhir. "De lo que a continuación aconteció. corrí hacia él.6 "El círculo formado por las toscas piedras. erecto en el Centro del círculo. de suave y penetrante sonido. y del sistro unas pocas palabras solamente. Su cara. la visión había desaparecido. que por expreso deseo suyo le envío a usted. o sea el emblema de la Vida. diamantes. . tan común entre los egipcios. no quisiera que creyese que soy supersticioso al tomar por natural una cosa que es completamente absurda y sobrenatural. y en su mano derecha empuñaba el sistro. y engarzados en ellos había gemas. intensamente pálida. al intentar estrechar al fantasma entre sus brazos. La caja de la que me hablaba. Éste había muerto. Tenía los brazos fuertemente apretados y en la mano todavía empuñaba el sistro. . y la razón por la cual quiero ocultar mi identidad. De vez en cuando movía sus largos brazos. rodeada por un nimbo glorioso y brillante. zafiros azul mar y rubíes rojos como la sangre. todo. La empuñadura y la cruz estaban combinadas en forma caprichosa. de punta. Me di cuenta perfecta de que el señor Holly también lo veía. y dando unos pasos vacilantes. todo contribuía a dar un aspecto solemne y tétrico. mientras el tintineo de sus cascabeles se perdía lúgubremente en el silencio de la noche. o lo que fuera. proyectaba en la parte posterior una gigantesca sombra al recibir de lleno la luz de la luna. visión.

que ELLA. los dejo al criterio de los lectores. lleno de extraña emoción. . sin embargo. tal como el vago mito de Isis y la admirable historia de la sacerdotisa de la Montaña del Fuego. pero no quiero asegurarlo. parecida a la de las campanas oídas . pues bien pudo ser ilusión.7 Cuando lo tuve entre mis manos y lo sacudí ligeramente. todas las explicaciones sobre Ayesha y su personalidad no dan ninguna clave capaz de aclarar el misterio que la rodea. recordé las misteriosas virtudes que en el manuscrito se aluden.a lo lejos en el silencio de la noche. Yo. si así la seguimos llamando todavía. coloca algunas de sus personalidades. que una extraña sensación se apoderó de mí. Lo único claro para mí es que si Holly y Leo Vincey dicen verdad acerca de lo acontecido. los cascabeles produjeron una música agradable y suave. pero no he de hacer ningún comentario. como velos que ocultan la verdad. como el señor Holly. me inclino a creer. Creí sentir. que sólo la revela a aquellos que emprenden el viaje a las regiones eternas.

Las montañas que veo desde las ventanas de esta casa. nos dirigimos . Quizá los más arduos y rudos que ser humano haya pasado en el mundo. o. me alegro.8 CAPÍTULO 1 EL DOBLE MENSAJE DECÍA así el manuscrito de Holly: Veinte años han pasado desde la noche en que Leo recibió el mensaje de la Inmortal. ansiosos de soledad y descanso. a excepción. Otro hombre. La siento llegar. he estado muy enfermo. han contribuido a ni¡ próximo fin. pero quizá el destino reservó mi vida para que pudiera escribir estas memorias. porque quizá en la otra vida hallaré lo que me está prometido. Veinte años de busca y rebusca por el Asia en pos del ideal soñado. en vez de haberme dado salud y vida. cuyas primeras páginas han sido escritas sobre la tierra. en 1885. Deseo conocer el fin de este drama espiritual. en mis circunstancias. He luchado entre la vida y la muerte. moralmente conmovidos por el terrible choque que habíamos experimentado. Después que él y yo regresamos de África. pero no importa. al menos. hubiera muerto ya. Yo. No es mi idea hacer un libro extenso. si bien en mis notas hay materia para llenar varios tomos. Ludovico Horacio Holly. Pero pasemos a explicar el mensaje que recibió Leo. Mi enfermedad todavía me retendrá aquí uno o dos meses. claro está. todavía tengo fuerzas para escribir esta historia. en el norte de la India Inglesa. las partes más importantes de ella. de aquellas que nadie debe saber. Mi muerte está próxima. Mientras tanto. Quiero morir donde nací. hasta que esté lo suficientemente fuerte para poder emprender el regreso a la madre patria.

a ELLA. a mi llegada a Inglaterra. el sacerdote griego de Isis. en una traducción indostánica y después en inglés. tomándome del brazo. ELLA encontró en Leo su amor reencarnado. Paseábamos en silencio. Era una noche de agosto. dejando impreso en su cara los pasados horrores un gesto de energía y voluntad. ante los flamígeros destellos y vapores de la Fuente de la Vida. a "quien debe ser obedecida". La ausente permanecía muerta para nosotros. La divinidad suprema a quien adorar. sin que ninguna contestación obtuviéramos a nuestras llamadas. tened piedad de mí! ¡Yo no muero. a quien unos dos mil años antes diera muerte en un arrebato de celos. . yo volveré. crecían ahora dorados v abundantes. y ante nuestros ojos desapareció entre las llamas. declaró su místico amor por Leo. y volveré más bella aún! ¡Yo volveré. no sin antes decirnos: "¡No olvidarme." Pero no es cosa de volver a describir las escenas que ya saben ustedes. En la actualidad son conocidas por el mundo entero. y que se han publicado ya. primero.9 a una antigua casa del Cumberland. Esta casa. Estábamos descorazonados y sin esperanzas. soy Ludovico Horacio Holly. Todavía recuerdo aquella noche. que perteneció a mi familia durante varias generaciones. a la Inmortal.. me dijo: . mi hijo adoptivo Leo Vincey. Yo las he leído. Su varonil belleza volvió a ser lo que fue. el ideal sublime. Los cabellos de Leo. preguntarán: "¿Qué choque?" Como he dicho antes. al espíritu de Kalikrates. si alguien no se la ha apropiado creyéndome muerto. Después de comer dimos un paseo por la playa. os lo juro!. En nuestra casa de Cumberland pasamos un año en espera de algún acontecimiento que nos pusiera en contacto con nuestra adorada Inmortal. De repente. Nosotros somos aquellos viajeros que en el África Central descubrimos en las cavernas de Kor a Aquella a quien buscábamos. y mi compañero es mi entrañable amigo. En las cavernas de Kor encontramos a la mujer inmortal. que se habían blanqueado de horror en las cavernas de Kor. es aún mía y es allí donde pienso morir. Allí recobramos nuestras fuerzas y nuestra salud. Algunos de los que esto lean. la mujer amada. Allí. Leo. En ELLA encontré yo el ser soñado.

y en su trato había tenido ocasiones de conocer sus estrictas opiniones en tal materia. un cobarde! ¿Es que no comparto yo todas tus penas? -Tú no sufres tanto como yo. y quizá en la muerte estaré más cerca de ELLA. Horacio. Mi vida así no puede ser. estoy seguro que me hubiera enviado algún mensaje. Tenía la seguridad de que Leo estaba loco. no quiero vivir más! -¡Pero eso es un crimen! Es el insulto mayor que puedes hacer al Poder Divino que te ha creado. has vivido más. ¡No! ¡No puedo. Leo? ¡Que si tal haces eres. Dimos la vuelta. Sus palabras me daban miedo. ¡Sabes que la amo y que sin ella no puedo vivir! Además. el que tome un cuchillo y con él se separe de una vida que ya no tiene objeto. Deseo la muerte y todavía soy joven. que moriré esta noche! ELLA está muerta. Es un crimen que te hará acreedor al mayor castigo que cerebro humano pueda imaginar. Leo era un hombre muy religioso. Pero dejemos esta cuestión. ¡Quizá la separación eterna de ELLA! -Pero. Leo? ¡Quizá Ayesha viva! -¡No! Si viviera. Voy a volverme loco. con ansia loca de buscar el olvido? ¿Es que no hallará merced tal ser humano? ¡Yo te repito. Me volví. De otra forma no comprendía su manía del suicidio. Me volví rápidamente hacia él. No soy inmortal. Aquel terrible choque moral había destruido su razón. -¿Sabes lo que te digo. en silencio. Mi vida es un tormento: el deseo de ver a Ayesha martillea mi cerebro. y le dije: . y nos dirigimos hacia casa. ¡Tengo que vivir aún otros cincuenta años! -¿Qué piensas hacer entonces? -pregunté. -Voy a tomar el camino más corto para conocerlo todo o para no saber nada -me contestó sordamente-. No hablemos más de ello. -Pero.10 -¡Esto no puede prolongarse más. y moriré. Horacio! -así me llamaba ahora-. tú eres más fuerte que yo. moriré esta misma noche. ¿tan gran delito es para un hombre torturado por el dolor. ¿por qué crees eso.

y por él pueden caminar dos personas juntas. y mi sangre caerá sobre tu cabeza! -¿Tu sangre? ¿Por qué tu sangre. obsesión tan fuerte. Le contesté solamente: -Está bien. me dormí.. pero en tono muy excitado. Me incorporé en la cama. Leo exclamó: -Está bien.. Te prometo que no me mataré esta noche. dirigí mi alma a Ayesha. En mi desesperación. me fui a mi cuarto.muerte! ¡Haz esa locura. Juntos hemos vivido. ¿será posible que hayas perdido el corazón hasta tal punto que no te importe dejarme solo? ¿Es así como pagas todo el cariño que siempre te he demostrado? ¡Quieres mi . y serás tú quien me haya matado. una vez poseído del deseo del suicidio. Horacio? -Porque el camino es ancho. me despertó la voz de Leo. Leo no puede vivir. y juntos moriremos. y no permitas que muera tu amado! ¡Ten piedad de su pobre corazón dolorido! Sin esperanza. da una muestra de que todavía vives. lleno de congoja.11 -Leo. amigo mío. De repente. con todas las fibras de mi cuerpo en tensión. Daremos otra oportunidad a la vida. exclamando: "¡Si tienes algún poder. -¡Horacio -me dijo-. acabando por matarse. si de alguna forma puedes hacerlo. porque estaba seguro de que. Y sin cruzar palabra. ten la seguridad de que moriré. a través de la oscuridad. Por el tono de su voz. comprendí que alguna cosa había ocurrido. que iba a cambiar el destino de nuestra vida. que la vida se hace imposible. Si te matas. escucha! . hablándome muy bajo. Llegábamos a la casa. . éste llega a convertirse en una. y sin él yo moriré." Cansado ya. Horacio.

Mi espíritu parecía haber huido de mi cuerpo. pasando tierras y mares. aparecieron las ruinas del Palacio de Kor. nuestros compañeros de antaño. pero volvió a mí para poder seguirla. traté de avanzar y abrazarla. El resplandor se atenuó. Vimos las costas de la India a nuestros pies. Estoy seguro que aquellas montañas pertenecían al Tibet. Un gran estremecimiento se apoderó de todo mi ser. pero mis brazos permanecieron quietos. siempre hacia el norte. Y Horacio. y entre las marismas vi a los árabes. De repente. sus ojos. primero -contesté. brillando a la luz de la luna.12 -Déjame encender una luz. Si lo volviera a ver. levantó la cabeza y me vio. Tenía la forma de media luna. su cabello. -¡Sin luz es mejor. Nos dirigimos velozmente hacia el oeste. me hizo seña de que la siguiera. a poca distancia se elevaba una gigantesca estatua de algún dios venerado en los desiertos. A nuestros pies. entre las nubes. Más lejos se veía la cabeza del Etíope. Y hacia el norte. Me parece que estaba en el cielo. Cruzamos más mares. subí disparado millas y millas hacia el espacio. Más montañas y picos nevados. pero mis labios permanecieron mudos. vimos enormes macizos de montañas cubiertos de nieves eternas. ELLA. "La seguí. con la mano. he tenido el sueño más extraño y más emocionante que imaginar se puede. A la altura de mi cabeza se detuvo y permaneció extática. Me miraba con reproche. y a la luz que irradiaba. En un punto se detuvo. y pensé que sería una estrella que venía hacia mí. vimos a los monjes orando sobre su terraza. Más montañas y un desierto. ¿Cómo? No lo sé. Había un monasterio. como si fuera un globo de fuego. La luz se agrandó lentamente. Job estaba también entre ellos. lo que es más. Había una barrera entre nosotros. como diciendo: "¿Por qué dudaste?" "Intenté hablar. amigo mío. escucha! Me acosté. tomando la forma de una lengua de fuego. lo reconocería. Pasamos por encima de ellas y nos detuvimos un instante sobre una meseta. Descendía y descendía hasta que llegó a posarse sobre mi cabeza. ¡era Ayesha! Ayesha misma. y. pude ver la figura de una mujer envuelta en la llama. Yo creo que conocería esto. El cielo estaba muy negro y no había una estrella que brillara en él. y pude entonces ver claramente a la mujer. "Cruzamos los mares de nuevo y los arenosos desiertos. su cara. Horacio. y ya dormido. Vi entonces una pequeña luz. .

-¿Por qué hablas así. Yo creo que se trata simplemente de una pesadilla . habla! -No -le contesté-. Nos detuvimos sobre su nevada cresta. Sobre la cresta de este pico permanecimos largo rato.. pero. Yo no he recibido ningún mensaje. Tan junto estaba. haz lo que quieras! Mañana salgo para la India. apoyándose en el alféizar. por Dios. "¡Horacio! No hay duda.13 "Cerca del monasterio se elevaba una montaña de roca. Su voz calló en la oscuridad. ¡Tú. -¡No. nunca he estado más despierto. desapareció de mi vista. y que estaba formada por la superposición de capas de lava. Todo lo que nos queda por hacer es buscar una . como si estuviera aterido. -¿Crees que es un mensaje? -le pregunté-. me dijo: -¿Duermes? ¡Habla. atravesando una gran llanura.. vi que éste tenía la forma de crux ansata.. Vi también que el fuego que brillaba y que habíamos visto desde lejos. y descorriendo la cortina me puse a contemplar el cielo. hasta que la sombra de Ayesha. pero yo permanecí absorto por la extraña revelación. en otras montañas de los alrededores surgió una luz semejante a las que se cruzan los marinos en el mar. estoy seguro! Fue un mensaje. pero deja que reflexione. si quieres. que sentía su cuerpo temblar. Lo que he visto es lo que haré. en la que había varias aldeas y una ciudad situada sobre un despeñadero. teñido de los primeros colores del amanecer. Entonces. hasta alcanzar cerca de cien pies de altura. para que sea víctima de los peligros del Asia Central. sacudiéndome por un brazo. Entonces desperté. Éste era de un gris perla oscuro. Leo vino hacia mí. a pesar de ello. Cuando llegamos al abrupto pico. Me levanté y me dirigí hacia la ventana abierta. señalándome con la mano hacia el cráter. no puedo dejar solo a un hombre que hace unos momentos quería suicidarse. Leo? -le dije-. Nos dirigimos hacia allí. símbolo de la Vida en el pueblo egipcio. Leo. Contigo. es un mensaje que me envía Ayesha. procedía del cráter de un volcán. De repente. solitaria y más alta que las de sus contornos. solo. si no.

Allí está el pilar.. lo que es más. como una enorme masa de humo.. como queriendo grabar su forma y sus contornos en mi cerebro. Esa es la forma de la montaña que vi en mi visión.14 montaña que tenga la cúspide en forma de crux ansata. en fantásticas masas. y. sin embargo. por la transmigración de las almas? No supe qué contestar a este argumento. cambiaba de apariencia. su cresta tomó la forma de un cráter.. y. tenía la forma de una formidable montaña. sin saber qué decir. cómo lentamente. -Mira. Los débiles rayos del sol dejaron pasar su luz. voy contigo al Asia Central! . Horacio! Miré. pero. como si fueran de nieve. Una de ellas. presagiando un día de tormenta. hasta que el viento lentamente continuó su obra.. avanzaban negras. cambiando la forma de las nubes. -¡Leo. Horacio -dijo Leo con voz temblorosa-. Las nubes. cómo puede ser eso. o. y tras él el fuego. ¿Y. negra como el humo. haciendo después los jirones de nubes un pilar sobre él. con los ojos fijos en la inmensidad del cielo. ¡Horacio! ¡Horacio! ¡El mensaje es para los dos. salió por detrás de lo que figuraba el cráter. Amaneció. presiento que mi parte no ha acabado todavía. a impulso del viento. entonces un trozo de nube. -Ningún mensaje he recibido -dije-. hijo mío -exclamé-. y el cráter y el pilar quedaron blancos. ¿Pero tú crees que Ayesha estará reencarnada en el Asia Central como sacerdotisa Gran Lama o algo así? -No he pensado en eso. una terrible lucha interior se desarrollaba en mí. y la Vida y la Muerte. lo que es lo mismo. enorme. he jugado un papel importantísimo en vuestro drama. la mirábamos sin fijeza. sino por la reencarnación. Quedamos en silencio. Acuérdate también que nos prometió que vendría de nuevo a este mundo. eran lo mismo. ¿por qué no? Acuérdate que en cierta escena de la caverna de Kor nos dijo que la Muerte y la Vida.

Era una noble bestia. cien millas al sur. llevando entre los dos al pobre yak. de donde acabámos de regresar. después de haber explorado las del Tau. sino que en este áspero terreno ni abrojos pudimos encontrar con los que hacer un fuego para reconfortar nuestros ateridos cuerpos. Aquí es donde comienzan nuestras verdaderas aventuras.15 CAPÍTULO 2 EL MONASTERIO DIECISÉIS años han pasado desde la noche en que recibimos el mensaje de la adorada Inmortal en nuestra casa de Cumberland. y viajando con la esperanza de encontrar la montaña que tiene la cumbre igual a la de la visión de Leo. que para alcanzar méritos moraban en esta tierra salvaje sin más compañía que la de sus oraciones. según mis informes. Viajábamos día y noche. que no están señaladas en los mapas. nos dijo que entre estas montañas existía un monasterio habitado por lamas. . y desde entonces Leo y yo seguimos incansables viajando. A orillas del lago Balkash. en las cuales estuvimos un año. y a unas quinientas millas al este de las montañas llamadas Chergas. No sólo estábamos hambrientos. Nos encontramos ahora en un país que. de reconocido grado de santidad. En uno de los picos de las imponentes Chergas. estuvimos a punto de morir de inanición. no ha sido hollado todavía por pie de europeo alguno. a unas doscientas millas hacia el oeste del macizo de montañas señalado en los mapas con el nombre de ArkartyTau. Es una parte del enorme Turquestán. el último que nos quedaba de la caravana. El último viajero que encontramos. y de la constitución más hermosa que he visto entre los de su especie.

que se tumbó pacientemente a nuestro lado. y por la cual habíamos pasado la noche anterior. Al extremo de la colina. De pronto. El sol seguía elevándose sobre nuestras cabezas. y arrojando nuestras pieles. -Ciertamente. a esperar la luz del día. Era una montaña a no más de diez kilómetros de donde nos encontrábamos. Ansiosamente nos miramos el uno al otro. volviendo la espalda al desierto trepó por una pequeña colina que se elevaba a nuestras espaldas. solamente en la inmensidad del desierto. en cuyo caso deberemos morir. Éste es el último recurso del fracaso. dejando a nuestra derecha los picos de las Chergas. De repente se volvió hacia mí y me mostró el confín del desierto. -Quizá podamos encontrar caza mañana -dijo Leo con esperanza. -Y quizá no. persiguiendo la realización de aquel sueño de Cumberland. -Bien. cuando el yak se detuvo. compadeciendo al pobre yak. porque contra esta razón todos los argumentos fracasaban. moriremos -contestó-. -Mira allí -me dijo. y con él su luz. vi que los ojos de Leo expresaban admiración. -Tendremos que matar a este animal si no queremos morir de hambre -dije. señalándome una cima de enorme altura. hemos hecho cuanto hemos podido. si así se puede llamar a nuestros diecisiete años de vida azarosa. Al alumbrar los rayos del sol con su brillante luz los picos nevados. Leo: Hemos hecho cuanto hemos podido. nos sentamos sobre ellas en la nieve. El día llegó. se veían las .16 Cruzábamos a través de una meseta de nieve. -¡Sabes que lo creo firmemente! -contestó Leo. iluminando alegremente a su paso las desiertas llanuras. El silencio sé hizo entre nosotros. tratando de descubrir las fuerzas que nos quedaban. Nosotros nos detuvimos también.

Nadie parecía habitarlo. si en ese lugar vive gente. Le dejé que diera rienda suelta a los impulsos de su corazón. perteneciente. y estoy seguro de que lo que dijo no hubiera querido que nadie en el mundo lo supiera. enfrente de nosotros se veía una pequeña puerta. mi estómago. y. A ésta fue a la que llamamos. la imponente masa de un monasterio budista. y a sus espaldas. y. mejor dicho. reaccionando. pero. encontraremos comida y agua. no había ni una huella que nos pudiera indicar tal cosa. yo también me encontraba emocionado. En el centro del edificio se elevaba una cúpula. ayudándome a levantar el yak. por cientos y miles de años. pues tan débil estaba el animal. Descendimos por la ladera de las montañas hasta el plano donde el monasterio estaba construido. por fin! Hincando las rodillas en tierra. la tormenta no tardará muchas horas en estallar. me dirigí al pobre yak que no hacía más que mirar aquí y allá con hambrientos ojos. que no podía hacerlo por sí mismo. Mi corazón. ¡Gran Dios. tomando de la mano a Leo. murmuró una oración de gracias. sacudiéndose la nieve de la cara y de la ropa. En la cara de Leo se había operado una transformación: una gran calma se había apoderado de su espíritu. ¿Serían solamente unas ruinas? ¡Habíamos encontrado tantos de esta forma! Esta tierra tan antigua está llena de antiguos monumentos que sirvieron de hogar y retiro a lamas. le dije. antes de que la civilización occidental llegara aquí. en piedra amarilla. se sobresaltó de gozo al contemplar una pequeña columna de humo que se elevaba débilmente por una chimenea. o. diciendo en voz alta: "¡Abrid. procurando dar a mi voz el mayor aplomo posible: -Ven. sin duda. se levantó. al templo. que desfallecía. vestido con un traje amarillo.17 ruinas de un Buda de colosal tamaño. Ven. . santos lamas! ¡Extranjeros necesitan de vuestra caridad!" Detrás de la puerta oímos pasos y a poco giró la puerta sobre sus goznes. apareciendo en su marco un hombre muy viejo. -¡Por fin! -gritó Leo-. abrid. Sin decir una palabra. Cargué las pieles sobre su lomo.

-¿Es quizá contra vuestras leyes. pues paseó su vista por nuestras ropas. que se refería a este punto. Nos miró a través de sus anteojos. contestó: -No es nuestra costumbre admitir en esta casa a extranjeros que no pertenecen a nuestra fe. así como vuestro yak. sacudiendo ligeramente la cabeza. Las adoptamos porque en aquellas regiones no era posible encontrarlas en otra forma. sagrado lama. después de un momento de duda. -Veo que habéis leído los libros sagrados -exclamó con admiración-. que también necesita caridad.18 -¿Quiénes sois? -dijo-. La contestación pareció complacerle. que en nuestra ruda marcha por el Tibet había tenido ocasión de conocer a fondo-.. porque. Viajeros que morirán de hambre sin vuestra caridad -y añadí-: Las leyes sagradas no os permiten negar hospitalidad. ¿Quiénes sois. de un monasterio que se llama el Mundo. dejar morir de hambre a los extranjeros? Le recité un pasaje de las doctrinas de Buda. sin duda.. No puedo negaros asilo. Entrad. que estaban destrozadas. y que en sus buenos tiempos debieron ser de la misma forma que las suyas. y estoy seguro que vosotros no pertenecéis. entrad. . Eran como aquellas que usan los monjes tibetanos. y. nuestras caras nada le decían. lamas del monasterio del Mundo. que venís a tan apartados lugares a turbar la paz de los santos lamas de la Montaña? -Viajeros. Dándose cuenta de ello. que se encuentran demasiado solos -le contesté en su propio dialecto. santo Khubilgham -pues así se llaman los abades tibetanos-. nos preguntó con duda: -¿Sois lamas? ¿De qué monasterio? -Lamas somos -contesté-. lo que no quita que estemos hambrientos.

y dadle de comer. pues se había encariñado con nosotros. que nos condujo otra vez a la cocina. mientras el resto se calentaba a su alrededor. o. y el viejo lama. dos blandos lechos y unos viejos vestidos. recitamos una oración de gracias budista. Allí estaba el resto de la comunidad. dimos un golpe al gong que había en nuestra habitación. Uno de ellos preparaba la comida matinal. cuyo retumbante título era de "Maestro del ganado". pues éramos las primeras caras nuevas que veían desde hacía muchísimos años. El más joven no tendría menos de sesenta y cinco años. expresándonos el contento que nuestra llegada les producía. Estaban sentados alrededor del fuego. Nos tendieron sus arrugadas manos. con lo que nos lavamos. que morían de hambre". más viejo aún que él. Llevad a ese pobre yak al establo. no sin haberle costado trabajo separar el animal de nuestro lado. . Cuando se marchó. Kou-en nos presentó a ellos como "hermanos del monasterio llamado el Mundo. -¡Sus vidas van por la Senda! ¡Sus vidas van por la Senda! -replicaron ellos al unísono. lo que impresionó grandemente a nuestros anfitriones. de la cocina. Nos condujeron a la habitación de honor. Ya lavados y mudados. No era extraño. nos dieron en seguida agua caliente. Tomamos nuestros bártulos del lomo del yak. mientras dos de ellos nos preparaban una habitación y nos proporcionaban nuevos vestidos y nuevo calzado. cerrad vuestra boca asombrada. cuyo nombre era Kou-en. nos llevó al interior de la habitación general. apareciendo un monje. No se pararon en palabras. pues para ambas cosas servía. el abad. Terminada ésta. El viejo abad no se dio cuenta de la pequeña sátira que encerraban mis palabras. Todos eran viejos. no se introduzca un espíritu maligno. que nos contempló estupefacto. Eran unos doce. incluyendo ropa interior. mejor dicho. donde una frugal comida estaba servida. cuyo humo habíamos visto.19 Y dando un golpe en un gong. apareció otro hombre. salió arrastrando el yak. donde nuestros deseos se vieron colmados por un reconfortante fuego encendido. que en aquella ocasión nos parecieron flamantes. -Hermano -dijo el abad-.

Así debió ser. despertándonos fuertes y frescos como si nada hubiera pasado. vosotros. Por fin. . detrás de las montañas. conocéis cuán ancha y cuán larga es esta senda. Durante cinco generaciones este lugar estuvo deshabitado. la mayor parte ruinoso. sagrados lamas. somos muy pocos. Dirigidos por un sueño. reparándolo lo suficiente para sus necesidades. unos doscientos años antes. muchísimos años antes existió en este lugar un monasterio en el cual vivían varios cientos de lamas. La historia decía.. si se tiene en cuenta que no se encuentra otro monasterio en cinco meses de jornada a la redonda. y. Únicamente se salvaron unos cuantos lamas. y que era su misión en esta nueva vida volver a habitar el abandonado monasterio. Vosotros. según el viejo abad. pues no tenía otro nombre. -Ciertamente -respondió el abad-. fueron pasados a cuchillo por cierta tribu salvaje que vivía al otro lado del desierto. y dormimos veinticuatro horas seguidas. llevando la infausta nueva a otros monasterios. Desgraciadamente. antiquísimo.20 -Sí. tomaron posesión del monasterio. y donde estábamos destinados a pasar seis meses de nuestra historia. Según parece. Así.. hemos venido a turbar vuestra paz. ganando así méritos y recibiendo interesantes revelaciones. reuniendo unos cuantos de sus compañeros. que él era la reencarnación de un viejo monje que habitó el monasterio. que los monjes. máxime cuando no se está instruido en la forma recta de marchar por ella. Después de esta escena. y con permiso de sus superiores. Pero nosotros somos neófitos. y más sabios lamas de estos lugares. que se llamaba también Kou-en. desde hace dieciséis años de nuestra presente encarnación. Tal fue la forma como nos introducimos en el Monasterio de las Montañas. los más santos. después de seis meses de búsqueda ardua e infatigable. pedimos permiso para retirarnos a nuestra habitación a descansar. pues de otra forma no se comprendía las enormes dimensiones del edificio. pues. le fue revelado a nuestro amigo Kou-en. como demostraba la estatua del Buda. por ella van nuestras vidas. y los cuales suponían eran adoradores del Fuego. los más piadosos. cuando joven. santos lamas.

donde los monjes están tan harapientos de cuerpo como de alma. después de una gran tormenta de arena. para no ser gravosos. hacía unos doscientos años. En una derruida habitación del monasterio existía una biblioteca. de los cuales no puedo acordarme de memoria. encontramos unos pasajes interesantísimos. uno de nuestros hermanos (el nombre estaba. . Aunque el tiempo transcurría en una situación bastante confortable para nosotros. y en los cuales. comenzó el invierno con sus helados fríos y sus tormentas de nieve. cortando el hielo del primero y colocando lazos en el pequeño bosque de pinos y abetos que crecía a sus orillas. añadiendo que. compuesta de numerosos volúmenes. y obtuvimos permiso para examinarlos libremente. No obstante nuestra impaciencia.21 Poco después de nuestra llegada al monasterio. sin embargo. Pasando las páginas de uno de los tomos más recientes. encontramos algo que la mitigó. a cargo de los "Khubilgham" o abades del antiguo monasterio. Nosotros estamos muy complacidos en oír hablar del gran monasterio llamado del Mundo. El buen abad ni nos quiso escuchar. y alguna caza que cayera en nuestras trampas. pero lo he olvidado) encontró en el desierto a un hombre. En el desierto la nieve caía sin cesar y frecuentemente se desataban fuertes vientos que arrastraban la nieve como si fuera polvo. -Habéis sido enviados para ser nuestros huéspedes. Pronto nos convencimos de que debíamos permanecer allí hasta la primavera. lo presentíamos. nuestros corazones se consumían en la impaciencia del deseo de proseguir nuestra busca. En substancia decía así: "En el verano de este año. Era verdaderamente la más extraña colección y de valor más inapreciable que figurarse puede. acontecimientos de gran importancia estaban expuestos con todo detalle. Sabíamos que estábamos en la ruta verdadera. subviniendo a nuestras necesidades con pescado del vecino lago. en muchos tomos. estábamos imposibilitados de salir. Hubiera sido una locura salir en cualquier dirección. formando montañas. y podéis permanecer cuanto tiempo queráis. según las apariencias. arreglaríamos algunas de las habitaciones de la parte ruinosa. y. escrito. Lo más interesante que hallamos fue una especie de diario. Con alguna reserva le expusimos nuestra situación al viejo abad. si la comparamos con las angustias pasadas. con riesgo de perecer.

no sin antes decirnos que cuando. Esto puede que fuera verdad. ¡Nada hay inmortal! ¡Nosotros nos reímos de su poder! "Esto indignó a nuestro hombre. "Yo creo que era un espíritu maligno. volviera. que reinaba eternamente. enviado para tentarnos y hacernos pecar. Siempre habían vivido gobernados por Khanes. "El extranjero nos dijo que aquel país adoraba a una sacerdotisa llamada Hes o Hesea. pero cerca de él encontramos los cuerpos de dos de sus compañeros. por lo que fueron condenados a muerte. pero que no era la reina del país. pues creo que era eso lo que quería decir. Después nos dijo que sus compañeros. sin embargo. veríamos quién decía la verdad. Dijo que nuestro Buda no era tan poderoso como su sacerdotisa. y que ella lo demostraría castigándonos a nosotros. los muertos. en el gobierno del cual no intervenía. pero también cultivaba la tierra. y se fue. Más tarde éstos tuvieron lugar por nuestros contornos. Ella vivía en una gran montaña aislada. El hombre no quiso decirnos cómo llegó al desierto. y quien incurría en su desagrado moría sin remedio. pero lleno de ruidos y terremotos. era obedecida y acatada por todos. de generación en generación. y no nos quiso decir cuál era el camino para llegar a aquel país que se extiende tras las montañas. cuando dijo que era una mujer inmortal. pero se vio fracasado" . "Le dimos de comer. pues nuestro diario nos cuenta que unos dos mil años antes un ejército invasor penetró por aquellas tierras. La gente de aquel país era guerrera. "Le contestamos que mentía. a quien se ofrecían los sacrificios.22 habitante del país por detrás de las montañas. habían cometido un crimen. que habían muerto asfixiados por la sed y el polvo. aunque de nuestras relaciones con ellos nada se dice. fértil. manifestándonos solamente que siguió el camino conocido por los ancianos de antes de que nuestras relaciones con el mundo cesasen. el cual conquistó muchos territorios al sudoeste de la región. Era a ella. Nos dijo que existía un delicioso país detrás de las montañas. El hombre vivía. "No sabemos qué fue de él. y que él los había acompañado en su huida. que eran descendientes de un griego llamado Alejandro.

. pues nunca se río de la gente que acepta la teoría de la reencarnación. le preguntamos si conocía algo sobre este asunto. que fue uno de los primeros que se construyeron. Ahora los veo pasar. al pie de la estatua de Buda. -En aquellos días. Sacudió su inteligente cabeza. vi el paso del ejército del rey griego. a lo que Kou-en contestó con calma. en mi quincuagésima encarnación. estando yo entre otros monjes. Leo no pudo menos de esbozar una carcajada. Sorprendidos. ¡No!. y lo que sé. Me extrañó esto en Leo. la mayor parte de sus soldados habían muerto o habían sido pasados a cuchillo por las tribus salvajes que los perseguían. hermano Holly. comprobar que recuerdan hechos ocurridos en sus anteriores vidas. le preguntamos cómo era que supiera algo de tan antiguos acontecimientos. casi nada. hasta que vosotros no leísteis este pasaje del diario. haciéndole una seña con el pie por debajo de la mesa. que vivía como un humilde hermano en este monasterio. estoy equivocado con otro ejército: fue en mi septuagésima tercera encarnación3. Siempre creí que la memoria desaparecía con la muerte. -¿Cómo puede ser esto? -pregunté más dueño de mí-. en efecto. y leyéndole el pasaje que he expuesto. que evité a tiempo.. cuando la fe en Buda era todavía joven. Al oír esto. y contestó: -Un poco. Su general tenía gran prisa en poner el desierto 3 Es común entre los sacerdotes budistas. rogamos al abad Kou-en que nos acompañara a la biblioteca. Por ejemplo.. -¡Ah! -contestó-: así es. después de este descubrimiento. eso es todo -pero añadió inmediatamente-: Eso pasó. se refiere al ejército del rey griego a quien ese escrito se refiere. No era un gran ejército. De otra forma hubiera sido incurrir en la irritación terrible del fanático viejo. muchas veces ésta vuelve otra vez para aquellos que están avanzados en la senda que conduce a la Verdad. contemplando su marcha. Quiero saberlo para mi progreso. no se despertó en mi mente el recuerdo del paso de este ejército. se encontraba muy diezmado. que es el primer artículo de fe entre casi las tres cuartas partes de la raza humana. yo. muy poco. Pero. sagrado lama. que siempre me recordaba la de una tortuga.23 Un día.

-¿Qué pasa? -le pregunté. retardando mi marcha hacia el Otro Lado. lo que es horrible. Pero no. pero a la sacerdotisa. como la primera flor de la primavera. ansiosamente. cómo era ella? -preguntó Leo. los lamas. Quisiera recordar su nombre. Yo. como la estrella de la tarde. debo confesaros cuán vil y malvado soy. Nos pidió provisiones. pues cortaría nuestras cabezas a golpes de su yatagán. obteniendo después perdón para nuestra culpa. Kou-en movió su cabeza tristemente. soy pecador como vosotros. entre ellas.24 entre ellos. a la Orilla de Salvación. pero. nos contestó que si tal no hacíamos. ¡nunca! Kou-en se sentó en el banco. accediendo a los deseos del bárbaro. morir de muerte violenta representa reencarnar varias veces en el cuerpo de un animal. Yo no llegué a ver a esta mujer. despojándose de sus velos. vi a la sacerdotisa a quien estos extranjeros adoraban. Llegó hasta nosotros y nos pidió una habitación donde pudieran pasar la noche su mujer y sus hijos. mi pecado! Su recuerdo dormía en mi mente. a quien vosotros creíais un santo. Cuando esto hacía. Hermanos. Él. -¿Cómo. escogimos el menor mal. Sus lágrimas de contrición le empañaban los anteojos. Aquella mujer. pues esta historia nos interesaba grandemente. lentamente: . si me gustaba ver una mujer de su hermosura. medicinas y guías. me hizo muchas preguntas. y se me encargó de preparar las habitaciones que había de ocupar. El abad de aquel entonces le contestó que no era permitido por las leyes de las comunidades lamitas que ninguna mujer entrara bajo nuestro techo. del gran Lama. y calló. sin embargo. no preguntarme cómo era. llorando. encendió un fuego en mi corazón que no se apagará nunca. y vosotros lo habéis traído para avergonzarme a la luz del día. soberbiamente. -¡Oh! ¡He podido olvidar al ejército. Yo era un humilde lama. Para nosotros. no! Y ha sido para mí la rémora que me ha hecho caminar lentamente a través de muchas encarnaciones. no necesitaríamos ya nuestro techo. Dándose cuenta de que era un adolescente. ¡Es mi pecado. No lo sabría decir. era como la aurora sobre las nieves. -¿Que cómo era ella? ¡Oh! Era la beldad en conjunto. pero no puedo. si mujer era. Era un hombre de altiva apostura. ella entró en la habitación. mientras decía.

25 -¡Me hizo adorarla! Me hizo preguntas acerca de mi religión. que se fue a la mañana siguiente con el ejército: que no volvió a oír hablar nunca más de ella. Cuando se calmo. en lo que a la sacerdotisa se refería. a través del desierto. hermanos. y es la que os ha hecho a vosotros. y vuestro Nirvana. Recordaba haber oído en ésta. aunque obtuve la absolución para mi culpa y he sufrido mucho. Kou-en sollozaba con la cabeza entre las manos. Únicamente le dijo el abad. "-¿Qué senda y qué diosa? "-La Senda del Amor y de la Vida -contestó-. a lo que Kou-en nos contesto que así lo creía. que estaba habitado por gente de fieras costumbres. Yo os enseñaré una senda más agradable y una diosa más poderosa a quien adorar. esperando que la Luz se hiciera en su corazón con mis palabras. En llegar hasta él empleáis toda vuestra vida de sacrificios. Hacía unos treinta años. siervo del Santo Buda. Preguntamos si realmente existía algún país tras las montañas. para no seguirla. salí con el corazón destrozado. Mas ella dijo: "-Vuestra Senda es la renunciación. hasta mi próxima encarnación no podré olvidarla. que la sacerdotisa era el verdadero jefe del ejército. y siempre estoy con aquellos que me han rendido una vez homenaje. "Y así es. en busca de cierto país tras las montañas. pero nuestras preguntas se estrellaron. y que estuvo durante ocho días encerrado en su celda. un lama que llegó hasta el pico más alto.. Nos dijo solamente que no conocía a qué religión pertenecía. volvió diciendo que había . hermanos míos. la nada. yo no muero. me dijo entre risas: "-Acuérdate de mí cuando alcances tu Devachan. Después. Era por su voluntad por lo que marchaban hacia el norte. avergonzado de mí mismo. Me postré de hinojos y besé sus pies. o en vidas anteriores. Al ver que me alejaba. Ella es la que ha hecho al mundo. Yo le contesté. Yo no cambio. para pasar allí varios días de solitaria meditación. tratamos de obtener nuevos informes. La diosa soy yo. ¡Adórame y ríndeme homenaje! "Pobre de mí.. donde deseaba establecer el culto a su persona.

Estábamos a la mitad del invierno. sin poder precisar si fue una visión o qué. Nunca nos volvió a hablar más de ello. que con sus excrementos cubrían el suelo de una suave capa de estiércol formando . y que en las laderas de esa montaña existía una caverna natural. partimos un buen día al amanecer. En ciertas ocasiones del año estaba habitada por pájaros. El recuerdo de toda esta aventura llegó hasta herir al afligido corazón del inocente Kou-en de tal forma. y no se le volvió a ver por una semana. Nuestros anfitriones nos dijeron que la aventura era peligrosa ya que el tiempo podía cambiar de un momento a otro. se ofreció a acompañarnos. Allí hallamos la caverna cuya entrada estaba protegida por una roca.26 visto un espectáculo maravilloso: una columna de fuego ardiendo más allá de aquellas montañas. Bajo la guía del monje. llegamos a la ladera norte de la montaña cerca del mediodía. Nos excusamos diciendo que necesitábamos hacer ejercicios. ahora en las mejores condiciones. Nos hizo observar que por aquel entonces se dejaron sentir por el país fuertes terremotos. hubo algo poderoso que se clavó en nuestra imaginación. Uno de los monjes. con provisiones y pertrechos y la tienda de pieles que habíamos hecho durante nuestros ocios. donde podíamos refugiarnos en caso de necesidad. que salió de la habitación llorando de dolor. Cargando nuestro yak. Aprovechamos esta ocasión para decir a los monjes que íbamos a cazar. CAPÍTULO 3 LA CRUX ANSATA UNA semana después encontramos la oportunidad de efectuar la deseada ascensión. y la tormenta había cesado. y era que debíamos ascender inmediatamente la montaña donde medito aquel lama. pues no podíamos soportar por más tiempo el confinamiento físico a que durante todo el invierno habíamos estado sometidos. Sin embargo. el más joven y más activo de la comunidad.

con gran alegría por nuestra parte. eran montañas y montañas. pero ni Leo ni yo pudimos cerrar los ojos pensando en la misteriosa luz que se veía desde la cumbre de la montaña. -Pues allí no se ve nada -le respondí-. El monje al poco rato se quedó dormido. pero después de varias tentativas. y tras él una enorme cadena de montañas coronadas de nieve se perdía en el horizonte.27 una alfombra que protegía contra el riguroso frío. pues como la carne en aquellas temperaturas se conserva indefinidamente. había calmado la tormenta de la noche. Al amanecer siguiente. . El resto del día lo pasamos en levantar nuestra tienda en el interior de la caverna. pasamos junto a un pequeño rebaño de rebecos ocultos en un valle. lo que aprovechó el monje para volver al monasterio. -Allí. Después de cenar nos metimos en la tienda. Tuvimos la suerte de matar a dos. pues la temperatura debía de ser de varios grados bajo cero. que dentro de uno o dos días estaríamos de regreso. este lugar es bastante frío para contemplar el panorama. Cuando volvíamos hacia la caverna. señalando el norte. todo lo que nuestra vista podía abarcar. La vista desde allí era soberbia. asegurándole. y la verdad. todo. En algunos sitios era completamente inaccesible. en encender un agradable fuego. En cuanto estuvimos solos. encontramos un camino bastante favorable. Estaba ésta a unos ochocientos metros de altura. sin perder un minuto comenzamos nuestra ascensión a la cumbre. con este nuevo concurso podíamos extender nuestro viaje hasta quince días o más sin temor a quedarnos sin provisiones. y sin grandes dificultades. -Este es el mismo lugar que vi en mi sueño hace varios años -dijo Leo. -¿Y dónde está la luz misteriosa? -pregunté. al despedirnos. me parece -dijo.. y en dar un pequeño paseo de exploración por la ladera de la montaña. A nuestros pies se estrechaba el desierto empequeñecido.. durmiendo todos juntos y bien apretados para conservar el calor natural. al mediodía alcanzábamos la cúspide.

la luz ya no estaba. Horacio. y si estuviéramos en la cumbre. riéndome-. quizá la aurora. -¿Qué piensas de eso? -me preguntó.. A medianoche. a pesar del fuerte frío reinante. Horacio. me dijo: -Ven. La cuarta noche de nuestra llegada. muy lejos. lejos. pero mira. es demasiado al norte. la luz ha desaparecido. veríamos -de dónde procede esta luz -replicó Leo. debemos pasar una noche allí. puede ser. -Sí. ansiosamente. pues dormíamos con todos nuestros vestidos encima. Tenía razón.. así que lo dejé.. para volver a descender a la puesta del sol. . o si no. se veía una luz como el reflejo de un fuego distante. pero en la oscuridad no podemos hacer tal cosa. con calma. y me contestó que deseaba estar solo. La noche era muy oscura. Llevándome a la puerta de la caverna. no. Leo. -Que será.. puede que sea una cosa que se queme. descendimos a la caverna antes que se hiciera de noche. pero a pesar de eso. Todas las mañanas subíamos a la cumbre. me señaló un punto en el horizonte norte. pero no. y la oscuridad era completa en la noche. tengo que enseñarte algo interesante.. y no comienza hasta dentro de tres horas. me arriesgaré yo solo. seguramente. la última de nuestra presente encarnación -respondí.28 Como el descenso hubiera sido peligroso en la oscuridad. -Entonces. moriríamos congelados. o una pira funeraria. -Nada de particular. salió y se sentó a la entrada de la caverna.. quizá la luna. en vez de retirarse al interior de la tienda como habitualmente hacía. Es algo que está ardiendo. Miré. -Debemos arriesgarnos. ¿qué puede ser aquí? -Creo que es un reflejo. Le pregunté por qué hacía eso. no hay luna. Los cuatro días siguientes los empleamos en la misma forma.. despertándome. Salí de la tienda al momento.

Hacía un frío horrible. con objeto de que pudiera subir el animal. -Date prisa -me dijo-. En el horizonte no se veía más que el resplandor de las estrellas. comenzamos a excavar la nieve con objeto de instalar la tienda. -¿Pero estás loco? -le dije-. ¿Crees que podemos vivaquear en ese lugar? -No sé. pues tenía mucho sueño y me dominaba la incredulidad. e introduciéndose por los resquicios de la tienda. pues el aire no hacía ruido . no obstante. El cierzo soplaba fuertemente. debo ir. cuando me desperté. dije a Leo: -Déjalo. ya hablaremos mañana sobre esto. ¿qué hacemos del yak? -Por donde vayamos nosotros podrá ir él también -contestó. e iré. vamos a dormir. y el calor de su sucio cuerpo nos confortaba. teníamos el yak con nosotros. y cargando todo sobre el lomo del yak comenzamos el ascenso.29 Volviendo hacia la tienda. -Lo que quiere decir que debemos ir los dos. apilándola a los lados. encontré el desayuno preparado. esperamos. la tienda y buena provisión de carne cocida. Afortunadamente. y devorando nuestra comida. pues el dormirse equivalía a morir. Fue difícil. sobre todo porque nos veíamos obligados a hacer grandes desviaciones para evitar las laderas heladas. Pero Leo. se sentó en la entrada de la caverna… Al amanecer. debo partir en seguida. El silencio era completo. de forma que nos protegiera contra el aire y el frío. Inmediatamente comenzamos a recoger los pertrechos. nos metimos con el yak en la tienda. Horacio. Pasaron largas horas de vigilancia y espera: el sueño se apoderaba de nosotros. Pero. nos quemaba las caras como hierros candentes. Llegados a la cumbre. y teníamos que luchar contra él. La oscuridad se iba haciendo rápidamente.

A su luz nos contemplamos las caras. para huir de la senda que conduce a la muerte? Ahora. Miré. Cada paso que dábamos en medio de aquella tempestad de nieve. de negro se convirtió en rojo. el fuego brilló con tal intensidad. A la luz de sus llamas pudimos ver la misteriosa masa oscura. dirigiéndose a mí. Todo el firmamento. A la tercera. cuando de pronto Leo me dijo: -Mira tras esa estrella roja. no había duda. Era un enorme pilar coronado por una especie de cruz. que al olor de las provisiones se había acercado a nuestra tienda.30 al deslizarse sobre la nieve. pero para nosotros. mis sentidos comenzaban a embotarse. Nuevamente otra explosión. cuando ELLA dijo. Leo lo interrumpió. -Puede que sea así -contesté. En la cumbre de la nuestra. Se vio perfectamente. para otros hubiera sido un paso de muerte. Sí. que se hizo perfectamente visible. Al desaparecer el resplandor de la explosión. y un zorro salvaje. todo se vio repentinamente iluminado. que un rayo de luz nos sería enviado para mostrarnos el camino. El fuego creció e hizo como una explosión para volver al mismo mortecino reflejo anterior. el símbolo de la Vida entre los egipcios.'Símbolo de la Vida". que es donde ELLA habita. así como las cimas de las montañas vecinas. era la crux ansata. A pesar de estar acostumbrado a esta vida de montaña. como si un enorme faro pasara su haz de rayos por bu cúspide. huyó aterrado. y en el cielo vi un vivo resplandor. brevemente. Permanecíamos en silencio. Al desaparecer su resplandor. diciendo: -¿Te acuerdas. i-u duración fue solamente de unos segundos. produciendo los mismos efectos anteriores. quedó sumido en las sombras el picacho que llamamos del `. Lo mismo que los anteriores. y en él una masa oscura. Horacio. que-ni un relámpago podía aventajarlo en res-' plandor. creo que esta luz es el rayo que nos indica dónde vive Ayesha y cuál es el camino que debemos seguir para llegar al lugar de la Vida. después de esto. Con la aurora se levantó una fuerte brisa que nos azotó horriblemente mientras descendíamos por las laderas. pálidas por la emoción. en la PeñaRocosa. que teníamos la . se desvaneció la oscura masa.

31 confianza de que nuestras vidas eran sagradas. -¡Oh. el aire fue cálido. ¿Es que no estáis contentos aquí? ¿Creéis que no progresáis en la Senda con nuestras oraciones y nuestras piadosas meditaciones? Todo lo que hay aquí. llegamos después de dura marcha. La tempestad azotaba con furia. antes blanco. Una tarde. -Pero. querido y virtuoso amigo -contesté-. las espesas nubes se deshicieron en lluvia que lentamente fundían la nieve. era ahora de un color tierra. no hace mucho tiempo en la biblioteca nos hicisteis cierta confesión. y por la noche el frío descendió notablemente. hasta que la nieve se deshiciera a los primeros rayos del sol primaveral. ¿por qué os marcháis? ¿A dónde vais? -nos preguntó el abad-. El viejo abad nos abrazó lleno de júbilo. . a su juicio. era un paso más que nos conducía al objeto deseado. La siguiente. pues la estación del trabajo había llegado. y los monjes elevaron sus plegarias de gracias. pero da la casualidad que vuestra historia es la nuestra. guiados solamente por nuestro instinto. ¿no es vuestro también? ¡Oh! ¿Por qué nos dejáis? -Santo abad -le dije-. pero esto no fue por largo tiempo. Todavía era mediado el invierno. el desierto. Entonces llegó para nosotros la hora de la gran partida. Tres días estuvo lloviendo torrencialmente. alzando sus manos-.. no me recordéis esto! -exclamó. pues nos creían ya muertos después de la tempestad que se había desarrollado. educando nuestros corazones en la paciencia. ¿Por qué queréis atormentarme? -Lejos eso de nosotros. y que. convirtiendo los declives en sonoros torrentes. ciegos y sin poder ni hablarnos. a las puertas del monasterio. no había persona humana que hubiera podido resistir. preparar sus aperos de labranza. Hacía poco habían cesado sus rezos de difuntos. . No teníamos más remedio que esperar en el monasterio. Los monjes comenzaron a. Por fin cesaron los rudos fríos del Asia y la primavera llegó. Al cuarto. en lo que se refiere a la divina sacerdotisa. pues en una semana estaba cubierto de flores. arrastrando al yak.

sin que una palabra despegase sus labios. será la misma que en la que en otra reencarnación me hizo pecar para que arrastrara mi culpa a través de muchas reencarnaciones.. y si no una diosa. -Hermanos del gran monasterio llamado el Mundo -contestó el abad. alumbrad con la luz de vuestra sabiduría la oscuridad de nuestro entendimiento. ¿por qué he de dudar de las palabras de quienes desde el primer momento he creído personas honradas? Además. aunque solamente la duración de su última reencarnación es contrario a lo que las experiencias nos dicen. Ahora bien. ¿creéis que esté reencarnada después de verla morir? ¿Por qué no? En esto no hay nada de asombroso para aquellos -que están al tanto de la Verdad. Yo creo que todos estos acontecimientos nos llevarán a un fin que desconozco. su Rhama. ¿por qué ha de ser vuestra historia maravillosa? ¿Encontráis la maravilla en conocer una verdad que nosotros conocemos hace miles de años? Porque en una visión os enseñó este monasterio. no hizo más que mover con pesadumbre su cabeza. sin amor la vida no existe. ELLA os encontró. esa sacerdotisa. La mujer os tentó. mujer o diablesa. ¿No encontráis esta historia maravillosa. y se negó a morir. se dio cuenta de que os amaba. -El amor es la ley de la vida -contestó Leo-. sin duda. A grandes rasgos le conté nuestra historia. -Ahora -añadí-. a quien no quisisteis escuchar. ¿ha intervenido en tus anteriores reencarnaciones? ¡Sí! Una vez según creo haberos oído. pero supisteis resistir. -No es mi deseo apartaros del camino que habéis trazado.. pero escuchadme: esa mujer.. y con toda seguridad la encontraréis. ahora está reencarnada de nuevo. o identidad. una mujer que fue el instrumento de su venganza. Yo busco el amor para poder vivir. y murió o aparentó morir. este instrumento. y señalándoos un punto en el horizonte desapareció. En todo el tiempo que duró ésta. Sin duda alguna la encontraréis otra vez y. ¿Qué encontrásteis en ella? Una loca diosa vengadora que os asesinó. cumpliré mi misión. Cada uno es dueño de su libre albedrío. con su acostumbrado latiguillo-. pero no temo. intrigado.. esperando que en vuestra próxima reencarnación os encontraría de nuevo.32 -¡Hablad! -exclamó. o creéis que somos vulgares mistificadores?. y otra vez . en la persona de cierta diosa llamada Isis.

Sin embargo. id. sacudís vuestras cabezas y dudáis. a través del nítido amanecer. cumplid vuestra promesa. -No -contestó Leo-. con clara visión del futuro. con los ojos llenos de lágrimas. pero cuando meditéis sobre mis palabras.33 volverá a morir. Recogimos abrojos secos. las nuestras. levantamos nuestra tienda. ¡Ah!. hermano. Nosotros nos dirigimos a nuestra habitación. ya vendrá un día. Nos faltaba agua. hemos hecho una promesa y no faltaremos a nuestra palabra. cazamos un antílope y. revolcándoos en el polvo y el fango. exclamaréis: "Hermano Kou-en. lamentando vuestro sino. las de la locura y la muerte". Por la tarde. El viejo abad. hermanos míos: renunciad a la aventura. me oprimían el alma impidiéndome el sueño. haciendo un alto. no me queréis creer. no crucéis las montañas. en que. después de muchas encarnaciones. quedaos conmigo. con los que encendimos fuego. -Entonces. No pude dormir aquella noche. Creedme. CAPÍTULO 4 EL ALUD Dos días después. pues era ya bastante tarde. . Todavía veíamos la ruinosa estatua del Buda. vuestras palabras eran las de la prudencia y sabiduría. la figura del viejo abad contemplándonos hasta que nos perdimos de vista. éstas arrojarán la luz en vuestra mente y comprenderéis la inmensa verdad que ellas encierran. prudente y lleno de experiencia. salió de la estancia. y nos acostamos. Las palabras de aquel hombre bueno. la salida del sol nos sorprendió en nuestra marcha por el desierto. y.

A poco andar.34 excavamos el suelo haciendo un pequeño pozo. Era allí donde. Al llegar al décimo día. En trozos no cubiertos por la nieve. Aquella noche comimos opíparamente. pero siempre pesimista. nos internamos en él. a menudo. . podía impedir que nuestros dientes castañetearan sin cesar. completó el banquete. La carne del antílope era superior. haciendo más dura nuestra jornada. el reflejo de la sabana nos hería los ojos. pues a través de la marcha veíamos la roca cortada. Éstas eran terriblemente altas. teníamos agua de calidad excelente. Como decía Leo. provocando el deshielo. nos vimos obligados a acampar a la intemperie. en medio del frío más espantoso. No estaba equivocado. El calor del sol. le recordé que un buen principio es. y dado aquel terreno tan abrupto. así era. para la tarde del cuarto día esperábamos encontrarnos al pie de las montañas. pues al cuarto día estábamos al pie de las montañas. Nuestros ojos estaban tan hinchados que no podíamos cerrarlos ni para dormir. nos encontrábamos al final del desfiladero.. Al poco rato y mezclada ton la nieve derretida. al que afluyó gota a gota la humedad de la tierra. pues nuestras piernas se hundían en la nieve hasta la rodilla. que habíamos cruzado la cuarta parte del desierto. descubrimos que allí debió haber existido un gran camino. que ni el calor del yak que metimos con nosotros en la tienda. mas como la noche estaba encima. Como nos pareció la mejor ruta. dejando ancho paso sobre el borde de los precipicios. . el camino era todo plano. era imposible tal cualidad sin la intervención de la mano del hombre. Sí. fueron erróneos.Siempre recordaré aquellas horas terribles! No había ni abrojos para encender un fuego con que preparar un miserable té para satisfacer nuestra sed. ancho como una carretera ordinaria. las cosas "marchaban a la hora". La mañana siguiente determinamos nuestra situación geográfica por los medios más rudimentarios. hacía nuestra marcha trabajosa. y pudimos estimar. y el té que aún quedaba de nuestras agotadas provisiones. Según nuestros cálculos.. y necesitábamos dos días para alcanzar sus laderas más bajas. La mañana del séptimo día nos encontramos a la boca de un desfiladero que se extendía atravesando el corazón de las montañas. presagio de un mal fin. y aun acostumbrados como estábamos a marchas en estas condiciones. El frío era tan intenso. aún se veían huellas de herramientas que trabajaron aquellas rocas. verdaderamente.

la Tierra Prometida. ésa era. cargamos al yak y nos pusimos en marcha. A su lado se deslizaba un ancho río. por si algún accidente desagradable le había ocurrido. Sí.os numerosos lagos que existen en el Asia Central. Al fondo. Repusimos nuestras mermadas fuerzas con un poco de nuestras provisiones secas. y solamente teníamos que deslizarnos por la ladera para llegar hasta allí. y. uno de los restos más queridos de nuestro primitivo equipo. y con él el sol. aunque a gran distancia de nosotros. a nuestros pies se extendía la Tierra de Promisión . Desde allí divisábamos también una ciudad de blancos tejados situada sobre una loma y rodeada de árboles. que recordaba la forma del Símbolo de la Vida. se detuvo. en alguna remota edad fue el fondo de alguno de '. y sin reposar siquiera. situados formando calle. a nuestro juicio. pues se veían canales y líneas de árboles que marcaban los límites de las propiedades. extendiéndose a lo largo de la llanura. a unos diez mil pies cuando menos.. y recogiéndolo todo. que ablandamos entre la nieve. lanzando una exclamación. Leo. sin duda. dedicada a la agricultura. podían verse sus contornos claramente detallados en el horizonte. tan venerado por los egipcios. procedía de un cráter situado en la cúspide de aquel coloso de roca. Es más. recibía de lleno los débiles rayos del sol. pero sí de los rebaños de carneros salvajes y zorros de los muchos que pueblan aquellas montañas. que. que marchaba a la cabeza. Me dirigí hacia él. Con la ayuda de unos anteojos. podíamos ver su cresta engalanada por un espeso penacho de humo que se elevaba lentamente y que. Lo único que alteraba la monotonía de aquella vasta planicie era una gigantesca y singular montaña coronada de nieve. Al borde del cráter había un enorme pilar.35 Por fin llegó el amanecer. comprobamos que aquel país debía tener una extensa población. y la mayoría de los cuales están hoy día en proceso de disecación. En la ruta no se veían trazas del paso de seres humanos. que. . veíamos una inmensa planicie bastante llana. Salimos de la tienda. ¡loado sea Dios!. nos pusimos en marcha hasta alcanzar una revuelta del camino. por su posición geográfica. El camino estaba marcado ahora por pilares de piedra. formada por terrenos de aluvión y que. sin duda alguna..

que. y nos pusimos en marcha inmediatamente. era un excelente manjar para su pobre estómago. ¿Cómo era posible la comunicación entre los dos lados? -¿No crees -dijo Leo. Como habíamos descendido varios millares de pies. lo cual nos permitió hacer un reconfortante té. si no queremos detenernos aquí para siempre. El pobre yak tuvo suerte esta vez. aún no habíamos llegado al pie de la montaña. el frío.36 Sus laderas eran más penosas de lo que a primera vista creímos. y espoleados por la curiosidad. viéndonos obligados a pasar otra noche entre la nieve. Como teníamos prisa en descender. a juzgar por la fruición con que lo comía. hallaremos otro. hacia la cual nos dirigimos. y frente a nosotros. la roca parecía próxima a nosotros. A pesar de la rapidez de nuestra marcha.que este precipicio se haya abierto después de jalonado el camino? Pero no importa. . dejando al descubierto los abrojos. había disminuido bastante. afortunadamente para nosotros. la planicie y el volcán quedaban ocultos por una gigantesca roca. como así lo demostraba uno de los pilares situados sobre el borde del abismo. continuaba el camino. según marcaban los pilares. A poca distancia había una pequeña pradera de musgo. En realidad. Entre nosotros y el otro lado de la ladera se abría un profundo precipicio que a primera vista tendría trescientos o cuatrocientos pies de profundidad. Y debemos buscarlo pronto. comimos. Tuvimos que interrumpir el descenso. que parecía cortada a pico por una estrecha garganta. Desde el fondo llegaba hasta nosotros el sonido del agua. no era necesaria tal prisa. y una hora después sabíamos por qué. cuando las sombras de la noche se cernieron. En el otro extremo. y nos dispusimos a descansar. Al mediodía. continuaba el camino. También aquí el calor del sol había fundido la nieve en algunos sitios. al deslizarse entre las rocas. pues hacia allí. -Esa es toda la dificultad: ¡encontrarlo! -respondí yo-. Armamos nuestra tienda al abrigo de una roca. Pasó la noche y vino la aurora con su rosado nimbo. A medida que descendíamos. forzamos la marcha.

acompañado de otro de fusilería. con la intención de ver si desde su cumbre podíamos vislumbrar algún paso. como el producido por la descarga de un cañón de gran calibre. con la esperanza de un día mejor. cuando nos despertamos sobresaltados por un ruido espantoso. sin que hubiera medio humano de llegar hasta el fondo donde se encontraba el glaciar. Cuando después de rudo escalo alcanzamos lo alto de la. Hacia ella nos dirigimos. Así. dado lo abrupto de la gigantesca roca. acabando aquella jornada con una ración de pescado seco. hasta que encontramos un pequeño glaciar. por cuanto el precipicio se hacía cada vez más profundo. resolvimos pasar la noche en un abrigo natural que existía en la parte superior de la superficie rocosa. Fue así como salvamos nuestras vidas. La ascensión había sido bastante ruda. tan profundo. Mientras buscábamos el medio de continuar nuestra ruta.37 Volvimos hacia la derecha y marchamos a lo largo del precipicio más o menos una milla. extendiéndose siempre ante nosotros la boca del horrible precipicio. acompañado de un trozo de pan negro de centeno. y nos dábamos cuenta. como estábamos bastante fatigados. Cuando el crepúsculo llegó. Volvimos sobre nuestros pasos. La mayor dificultad estribaba en que a nuestros pies la vertiente era completamente vertical. y envolviéndonos en las pieles. pues. la noche se nos echó encima. . procuramos olvidar nuestras miserias en el sueño. una enorme roca que se elevaba al borde del precipicio. con el natural dolor. ya que la diferencia de temperatura no era muy grande. Descargamos el yak y levantamos nuestra tienda. nuestros recursos quedaban reducidos al pobre yak. divisamos como a una milla o más de distancia. Este glaciar era la única posibilidad de paso hacia el otro lado. Aquí la montaña se elevaba enormemente. que era imposible distinguir el fondo. el precipicio era infinitamente más profundo que donde se cortaba el camino. que estaba a unos ciento cincuenta pies. No faltaría mucho para el amanecer. según se verá a continuación. Esto era lo último que nos quedaba de las provisiones que trajimos del monasterio. Desechamos estos negros pensamientos. y buscamos una nueva ruta hacia la izquierda. roca. que si no teníamos la suerte de cazar algo. nos convencimos que lo mismo aquí que tras el glaciar.

pero nada pudimos ver. La intuición nos decía que un secreto peligro nos amenazaba. El yak mugía aterrado. nos hizo sobrecoger de terror. la roca era sólida y resistió a la enorme masa que. Como hipnotizados. La ladera de la montaña se deslizaba sobre sí misma. Este ruido cesó por un momento. A un lado y a otro de nosotros. La. pero otras. alcanzando una altura de cerca de cincuenta pies sobre nuestras cabezas. La aurora apareció. yendo a engrosar el caudal del torrente. cuando la primera ola de nieve chocó contra nuestra roca. en millones y millones de toneladas. quedando enterrada en la nieve. Nuestro terror fue grande. venía a acabar su Ioca carrera en la boca del precipicio. atravesando la nieve con la fuerza de un ariete. la nieve. con la velocidad de una bala. e hizo vacilar a la enorme mole. Las rocas que. Nada pudimos ver. intentando escapar. pero sí oír el ruido producido por los hielos al resquebrajarse como cristal. desplazadas de su punto de apoyo habían perdido la estabilidad. sin saber por qué. contemplábamos paralizados por el terror este espectáculo. y . y con ella la luz del nuevo día rasgó las sombras. el alud se precipitaba contra nuestro reducto. Gracias a Dios. por donde desaparecía. como lo hubiera hecho una ola marina con una ligera embarcación. detenida en su curso. remontaban por la fuerza de la inercia el pequeño talud formado contra nuestra roca. en forma de un gigantesco alud. mostrándonos el más terrorífico y admirable espectáculo que puede verse en las regiones heladas. pues por un momento pensamos vernos precipitados en el abismo al mismo tiempo que la roca. y lo que era más terrible. pero fue seguido por un sordo murmullo que crecía en intensidad y que. pues todo. presa del pánico. El tiempo que durante la noche había sido de una gran calma. estaba envuelto en tinieblas. se apiló sobre sí misma. venían a estrellarse al pie de la nuestra. De un salto estábamos fuera de la tienda. primera la movió ligeramente.38 -¡Gran Dios! ¿Qué pasa? -exclamé. se dirigía a estrellarse contra la roca donde estábamos acampados. No duró largo rato la incógnita. Segundos después. ahora se veía interrumpido por una ventisca que nos azotaba con una violencia como pocas veces habíamos sentido.

Parecía como si la naturaleza. se deslizaban masas de nieve faltas de cohesión que. sucedió una calma completa. extrañándonos a cada momento de hallarnos con vida. Nos levantamos. muerto y con la cabeza destrozada. y con menos intensidad. pues de otra manera. en conjunto. lo cual equivalía a esperar la muerte con toda paciencia en aquella isla de granito rodeada de un mar de nieve. sin intervención divina. un fondo formado por la nieve y lo. Estábamos prisioneros. y que para nosotros representaban pequeños tesoros. ¡pero qué bombardeo! No sabíamos qué hacer. El abismo. Semejaba una enorme torre de nieve comprimida y moteada por los trozos de piedra incrustados en ella. aquello parecía un bombardeo. Contra nuestro refugio se había formado. cualquiera de ellas hubiera podido enterrar un centenar de hombres. El cielo era azul y el paisaje. del que antes no veíamos el fin. reduciendo nuestros cuerpos a la mínima expresión. así como los pertrechos que constituían los últimos restos de nuestro equipaje. replegados. Lo que más dolor nos produjo. después de haber puesto en juego todos sus recursos destructivos contra nosotros. quisiera la paz. procurábamos adosarnos a las salientes de la roca.: detritus resbalados por la ladera de la montaña. a lo largo del abismo. Parecía imposible que la naturaleza se pudiese mostrar de tan diferentes aspectos. alegre. mostraba ahora. el pobre yak. Además. venían a caer sobre nosotros. Nuestra tienda había desaparecido. si bien no eran de gran tamaño.39 saltando por encima de él. para protegernos de las piedras fatales. no podíamos intentar el descenso de donde nos encontrábamos. Estábamos bloqueados. habíamos salido maltrechos. Pero en lo que se refería al orden económico. por la nieve detenida en su marcha al abismo. a muy poca distancia de su boca. A esta escena tan rápida y fragorosa. . fue encontrar tras una brecha de la roca a nuestro fiel compañero. un enorme promontorio que alcanzaba muchos metros de altura sobre nosotros. No podíamos salir hasta que cambiara el tiempo. éstas pasaban sobre nosotros. Dimos gracias al cielo por conservarnos la vida. pues equivalía a enterrarnos vivos en la nieve. De vez en cuando. no era posible que hubiéramos salido indemnes de una catástrofe semejante.

Así lo hicimos. -Le sacaremos la piel -dijo Leo-. que a pocos pasos yacía con la cabeza destrozada. aunque más doloroso hubiera sido para nosotros haber tenido que sacrificarlo. marchemos. comenzando el descenso. agotadas nuestras provisiones y sin poder encontrar unos tristes rastrojos con que poder calentarnos. Si hemos de morir. nos los comimos sin más condimento. -Bien -le dije-. y lavándolos en la nieve. y después de unos cuantos biftecs crudos. pues nuestra tienda había desaparecido.40 La situación no podía ser más desconsoladora. esta misma noche. quizá. Hambrientos. Leo me dijo. . resueltamente: -Horacio. pasamos la noche envueltos en la piel de nuestro pobre yak. tenemos que salir de aquí. Lo cortamos en trozos. Hicimos dos paquetes con las pieles y la carne que -teníamos enterrada en la nieve. pues sabíamos que por el momento no habría más aludes que temer. prefiero que sea luchando. La noche era de un frío riguroso. y a no ser por la piel del yak estoy seguro que hubiéramos muerto de frío. Era una carne de sabor desagradable. Al despuntar el nuevo día. Esta vez dormimos con cierta tranquilidad. no sin gran dolor. pero ¿qué otra cosa podíamos hacer en tales circunstancias? CAPÍTULO 5 EL GLACIAR LLEGÓ la noche de aquel aciago día. ateridos. nos será necesaria. Dirigimos nuestras miradas al pobre yak.

que nosotros supusimos blanda. comprendiendo el peligro que encerraba su paso. Cualquier persona que se haya visto sumergida en agua fría a bastante profundidad. Como nada se ganaba esperando. pudiera soportarnos. o mejor dicho. sin consistencia. andando por su superficie. marchando Leo a la cabeza. afortunadamente para nosotros. era bastante ancha. hasta el punto que nos vimos obligados a tumbarnos sobre la nieve. . fui moviendo lentamente los brazos para no perder mi punto de apoyo. debido. y de esta forma. había cerrado el boquete que mi cuerpo hiciera al pasar por su superficie. nos decidimos a salir de nuestros resguardos. apilándose una colosal cantidad de nieve entre la cúspide y el nivel del suelo. Leo. al intentar tomar impulso para saltar. Me vi enterrado por completo en la blanca masa. que debía ser una roca. y yo tras él. hasta llevarlos sobre mis hombros. A medida que descendíamos. pero yo. Descendiendo entre la nieve. procurando abrir un pequeño agujero sobre mi cabeza para que entrara el aire. para que el peso de nuestro cuerpo se repartiera por una superficie mayor. tratar de llegar al pie del promontorio. Debíamos cruzar una pequeña elevación de nieve. el camino se hacía mucho más blando. mis pies tropezaron contra algo duro. su base. sabe que la sensación que se experimenta no es de las más agradables. que le seguía a un par de metros. lo suficiente para que. a la pesadez de mi cuerpo.41 Aunque la roca no tenía más que unos sesenta metros de altura. De pronto. de polvo de nieve. y fue lo que me salvó de desaparecer para siempre. Con gran alegría descubrimos que el frío de la noche había endurecido aquella nieve. La nieve. probando la resistencia del piso de nieve paso a paso. aquello casi impalpable. en ella me apoyé desesperadamente. crujió la nieve. poco a poco. e inmediatamente comencé a sentir los primeros síntomas de asfixia. de un ágil salto evitó el peligro con maestría. haciéndome erizar los cabellos. sin duda. No tuve tiempo ni de proferir un grito. Reuniendo toda mi sangre fría y toda mi calma. todo fue tinieblas a mi alrededor. pues no podía llamarse de otra forma. Todo fue bien hasta que estuvimos a unos cincuenta pasos de la base.

enjugaba el sudor de su frente. que no pudimos evitar que juntos cayéramos rodando por la vertiente. Al ver que no estabas junto a mí. tan negros por el frío. ¡Qué delicia tan incomparable. me agarré desesperadamente. Yo. Me vi izado. Los saqué. Me dirigí hacia donde te había visto por última vez. y traté de salir por completo. Si no hubiéramos sido los dos tan fuertes. y vi tus dedos. Tarea inútil. y pude comprobar que no tenía más que un par de palmos de nieve sobre mi cabeza. Viendo mis esperanzas fallidas de salir de aquel sitio. hacía imposible la salida de aquel agujero. -No sé. Se me ocurrió entonces alcanzarte la culata del rifle. nada hubiera podido hacerse. afortunadamente. procuré elevarme a pulso. Lo demás ya lo sabes. hasta casi el borde del precipicio. y mi cabeza salió de aquel maldito agujero. me agarré de él. agárrate a la culata de mi rifle! Algo rozó contra mi mano aterida. que a los primeros momentos los tomé por trozos de piedra. la cantidad de nieve que tenía sobre mis hombros. -¡Veinte minutos! ¡Me han parecido veinte siglos! Pero. Al verme salir. y noté que tiraban de mí. De nuevo volví a ver la luz. traté de agarrarme a un cuerpo duro con que mis brazos tropezaron. sentado a mi lado. Tanto empuje pusimos. y. como pude. me parece. . La voz de Leo me gritó: -¡Horacio. exactamente. Los sentidos me abandonaban. ¿cómo has podido sacarme? Te sería imposible sostenerte sobre ese polvo de nieve. Todo esto fue cuestión de segundos. todavía tuviste vida suficiente para poderla agarrar. respiré el aire puro. comprendí lo que podía haber sucedido.42 Siempre he tenido fama de tener los brazos excesivamente largos. me he sostenido gracias a la piel de nuestro pobre yak. Leo tiró de mí. y poco a poco perdí la noción de mi ser. que. Por fin. pronto. -No. Cerca de veinte minutos. me preparé a morir. cuando se ha estado a punto de morir por asfixia! -¿Cuánto tiempo estuve allí? -pregunté a Leo. asiéndome a él. esta vez traté de que me sirvieran para algo. Sacándolos aún más. y.

Hermano Leo. Subimos. pues me parecía mentira que hubiéramos podido sobrevivir para verlas. Nos asomamos a la boca del precipicio. las rocas que sobresalían nos impedían la posibilidad de apreciar su profundidad. esto nos ahorra el tener que llevar la carga de cartuchos. pues marchar en sentido contrario nos parecía completamente inútil. si bien no lo podíamos determinar exactamente. esperémosla con resignación. y la más negra desesperación se apoderó de nosotros. Además. descendimos un poco su vertiente y examinamos el terreno. que a unos dos tercios la vertiente se metía hacia dentro tomando forma cóncava. Comenzamos nuestra marcha. ¿Por qué . dirigiéndonos hacia donde el camino se veía cortado por el precipicio. la muerte también. y no moriremos hasta que nuestro destino se haya cumplido. sin víveres o rifles con qué poder proporcionárnoslos. La vista de ellas me afectó profundamente. ¡Únicamente un milagro puede salvarnos! -¡Un milagro! ¿Qué otra cosa puede llamarse a lo que nos forzó a permanecer en la cumbre del peñasco. y que nos salvó de morir aplastados por la avalancha? ¿Qué otra cosa puede llamarse a todo lo que nos ha preservado durante diecisiete años de peligros de los que pocos hombres hubieran podido salir indemnes? Ten la seguridad de que una fuerza oculta nos protege. Nuestro fin ha llegado. Era imposible intentar el paso por allí.Por qué me das las gracias? ¿Crees que deseo continuar solo todo el resto del camino? Has estado durmiendo en una cama bastante fría. Apreciamos. Allí fuimos. Aquí está la muerte. impresas en la nieve. Vamos. Bien. y el tuyo se ha perdido en la nieve. Llegamos al camino. no podemos cruzar de nuevo esas montañas. y se echó a reír jovialmente. -. así como las. Era imposible intentar hacer nada por allí. -¿Qué vamos a hacer? -pregunté-. del yak. fíjate: estamos encantados de la vida. simplemente.43 -Gracias. que su profundidad era de unos trescientos pies. muchacho -le dije. Frente a nosotros la muerte. Diciendo esto. tras de nosotros. como en el primer momento. Allí estaban nuestras huellas. mi rifle se ha roto. Además. pues la conformación del terreno era tal. hemos luchado y hemos fracasado. tiró los cartuchos. necesitas ejercicio.

resueltamente: -Te digo. tú puedes hacer lo que quieras. sin más ayuda que nuestra voluntad. pues si llegábamos al fondo con vida. -¡Ese es el camino de la muerte! -contesté. con objeto de protegerlos contra las salientes de las rocas. moriremos marchando hacia ELLA. decidimos cortar la piel del yak en tiras. -Por aquel camino -me contestó. Después nos envolvimos las rodillas y la cara con trozos de piel hasta la altura de los ojos. señalándome el glaciar. al menos. Si morimos ahora. Quizá sea así. Hecho esto. pero en estos países los hombres encuentran la vida en la muerte. así lo creen. Juntos hemos comenzado esta aventura y juntos tenemos que llegar al fin. -Bien. Horacio. por lo menos. allí las encontraríamos. y donde perezcamos será allí donde reencarnemos de nuevo y será más cerca de ELLA. no volveré hacia atrás sin considerarme un cobarde ante ELLA. Completos todos los preparativos. las arrojamos por el precipicio. así lo haré. Yo. ¡Iré adelante! -¿Cómo? -pregunté. . para hacer con ellas las veces de cuerdas. que aunque no tengamos rifles. Después de hablar sobre las probabilidades de descenso. -Yo hace tiempo que he determinado lo que tengo que hacer.44 creer de que esta fuerza nos abandone en estos momentos? ¿Por qué pensar que nuestro destino es venir a morir en estas soledades? Hizo una pausa y añadió. provisiones ni yaks. y si perecíamos. comenzamos uno de los más peligrosos descensos llevados a cabo por seres humanos. ya no nos eran necesarias. o. Quizá Ayesha sepa nuestra situación y venga a ayudarnos -dije con una sonrisa irónica. hicimos un paquete con nuestras provisiones y nuestras ropas pesadas. Horacio. y envolviendo en ellas unas piedras.

hice los preparativos para bajar al fondo. lo mejor era descolgarse y explorar cuál era la mejor manera de efectuar el descenso. y sin necesidad de más palabras. Aquel lugar lúgubre y desolador no era el más a propósito para infundir ánimos a los que. -Con cuidado -dijo Leo. era un lugar horrible. Cuando ya habíamos descendido la cuarta parte. Era enorme. Lo que . dejando los dos extremos en nuestra mano. la vertiente se veía cortada por la cavidad que antes mencioné.45 Comenzamos el descenso. Esta vez fue más difícil. nos salvaron más de una vez del desastre. Tomé las correas. Aquí no había salientes. Las correas que echábamos por las salientes de las rocas. Volvimos a emprender el descenso. -No -dijo Leo-. poco a poco. Llegamos por fin a la cavidad. descendíamos con tan pocos elementos de ayuda. ayúdame. Parecía una locura. formaría un arco de circunferencia de cerca de setenta y cinco metros de longitud. Verdaderamente. en las que no podíamos confiar nuestra seguridad. concentrando nuestros sentidos en ello. Ven. yo iba sosteniendo el extremo libre. miramos a nuestro alrededor. Yo soy más joven y más fuerte que tú. hasta que. no teníamos más que tirar de uno de ellos cuando llegábamos a otra saliente que nos servía de punto de apoyo. para recobrarlas. Únicamente algunas breñas. y mientras Leo descendía. porque yo lo vi momentos después. y dos o tres veces tuvimos que desviarnos para alcanzarlas y poder descansar. Verdaderamente. Luego. Más profunda de lo que nosotros creímos. No necesitó Leo contarme lo que vio. -Ahora. era difícil intentar bajar más sin saber qué era lo que había en el fondo. se desvaneció en la sombra. como nosotros. pero no se podía hacer otra cosa. Y comenzó a fijar un extremo de la correa a una saliente de hielo. Leímos nuestros propios pensamientos. y volviéndonos. pues las salientes eran cada vez menores. átame por las axilas. nos detuvimos a descansar sobre una roca que sobresalía.

Mi posición no podía ser más crítica. en mi horror llegué a creer que eso no era más que una terrible pesadilla. Llamando a Leo a gritos. me dirigí por la estrecha franja.. quizá agonizante. me dirigí hacia allí. su cuerpo suavemente giraba. próximas a romperse. . Yo solamente sabía que Leo estaba herido. Mis uñas. poco a poco acostumbrados a la oscuridad. Mientras tanto. sólo pido perdón. ¡Leo! Oí una voz. que creía decía: "¡Ven!" ¡Oh! ¡Leo vivía! ¡Me llamaba! Lo que realmente Leo quería decir era que no fuese. El cuerpo de Leo debía de haber rodado por el abismo. . y mis pies. Sujeto bajo las axilas por las correas. Si fue así. -¡Leo! -exclamé aterrorizado-. y suponía que Leo habría caído hacia aquel lado. pues la oscuridad en aquellos lugares era grande. . incrustadas en las piedras. buscaban afanosos el cuerpo de mi amigo.Qué me importaba mi situación? Cuando verdaderamente me estremecí de terror fue cuando al levantar mis ojos vi el cuerpo de Leo balanceándose en el espacio. . que necesitaba mi auxilio. que fue tan rápido que no pude evitarlo. porque. Era tanta mi ceguera que no me detuve a seguir la dirección de las correas. Seguramente que a Leo le fallaría el pie en alguna de las salientes. destrozándose en las salientes. donde había una franja de hielo y no podía agarrarme a las salientes. En mi loca carrera en busca de Leo. sin poder soportarlo para no romper el punto en que se apoyaban. Ansiosamente me agarré con las uñas a unas salientes. agarrándome a las salientes. Las correas se quedaron tirantes y sujetas en la roca. y al hacer el apoyo me falló el pie. sentí todo el peso de su cuerpo en las manos. mientras mis pies se fijaron en un estrecho margen que dejó el hielo al romperse. Mis ojos.. que obliga a un hombre a cuidar egoístamente de su propia vida. Para salvarle no tenía más remedio que pasar por un lado de la vertiente. De repente el suelo cedió a mis pies: el hielo se rompió como vidrio. giraba. ¡Quién sabe lo que pasó! En mi terror solté las correas. Una . me obligaba a conservar la posición de un crucificado.46 interesa es lo que sucedió.. pero yo no oía nada. Tiré de él instintivamente cuanto pude. se veía imposibilitado de desasirse del terrible lazo. de pronto.. obedeciendo al instinto de conservación. e iba a prestárselo donde estuviera. sostenían el peso de mi cuerpo. En dos segundos llegué.

junto a ti! -y con un impulso me precipité en la negra profundidad del glaciar. sino la de mi amigo. congestionada por la presión que en su cuerpo hacía la correa. ¡Horror!. y difícilmente y al azar intentaba cortar el lazo que lo mantenía colgado sobre el abismo. Sus brazos estarían rotos. me miró con unos ojos que helaron mi sangre. El sudor manaba copiosamente de mi frente en gruesas gotas. Unos cuantos golpes más. no! No quería vivir. Cada golpe que daba era un golpe que recibía yo en mi corazón. El cuchillo cortó la última fibra que le sujetaba. ¡No.. Ya mis ojos.. La cara de Leo. En su mano esgrimía el cuchillo. No tenía ni fuerzas para gritar a Leo que no consumase su suicida obra. y su cuerpo se precipitaría en el glaciar. sin salir de mis labios. conmoviendo todo mi ser. diciendo: -¡Ya voy. por tu propia voluntad!" Me solté de las salientes. este movimiento era el que me libertaba de todos mis remordimientos y de todas mis torturas. Fue un instante solamente. la voz se quedaba muda en mi garganta. Por unos momentos me sostuve en equilibrio sobre mis pies. sigue su ruta ahora mismo. no sólo de destrozar mi vida. mientras murmuraba mi postrera oración. Leo.47 angustia horrible se apoderó de todo mi ser. ¿Para qué quería ahora vivir? El único lazo que me retenía en la vida estaría convertido en una informe masa de carne. su cuchillo hizo presa en la correa. en sus ciegos golpes. y ¡horror! . Mi imprudencia me había conducido hasta el extremo. pues tu compañero ha muerto destrozado por tu culpa. Dos o tres veces. Un desfallecimiento se apoderó de mí. acostumbrados a aquella oscuridad. veían hasta los más mínimos detalles. . sus piernas deshechas y su cabeza destrozada. Mi dignidad humana me gritó: "¡No debes vivir.

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CAPÍTULO 6 LA GRAN PUERTA

¡OH! ¡Qué descenso por el espacio! Vi el fondo del glaciar acercárseme rápidamente, como si se precipitase sobre mi cuerpo para aniquilarme con su poderoso empuje. Un crujido. ¿Qué ha pasado? Todavía vivo. Estoy en el agua; voy descendiendo poco a poco hasta las diferentes temperaturas de sus profundidades. Creo que no voy a subir jamás a la superficie. Pero voy subiendo, subiendo. Las ideas vienen a mi cerebro; recuerdo. Debo haber caído en el glaciar; el crujido fue, sin duda, la rotura de la superficie helada. Así, pues, ahora, cuando salga a flote, encontraré el hielo otra vez. ¡Oh, qué horror pensar que después de haber sobrevivido a esta caída voy a morir asfixiado bajo una transparente capa helada de varios milímetros! Mis manos tocaron el hielo. Estaba sobre mí. A través de él se veía la luz del día. Dios sea loado. Mi cabeza ha roto la cárcel que me aprisiona. Veo que no es sino una delgada capa, formada por el frío de la noche anterior. Rompo el hielo de mi alrededor, formando un espacio libre que me permita mantenerme a flote en la superficie. A unos siete u ocho metros más abajo, ¡albricias!, vi el rubio cabello de Leo. ¡Leo vivía! Rompiendo el hielo de su alrededor, intentaba llegar p tierra firme4. Al verme, sus ojos brillaron de alegría. Me gritó: -¡Vivos los dos, y salvado el precipicio! ¿No te decía que vamos guiados y que nuestras vidas son sagradas? -Sí. Pero ¿adónde? -dije mientras nos dirigíamos a la orilla próxima. En ella, dos figuras humanas estaban de pie contemplándonos: un hombre y una mujer. Él era muy viejo, pero en sus ojos brillaba un fuego juvenil. Sus cabellos blancos como la
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Según supimos después, e: glaciar en aquel lugar era de muy poca profundidad; únicamente en aquella ocasión, y debido a la avalancha de la noche anterior, había subido de su nivel por haber engrosado el caudal del torrente con que comunicaba. De no haber sido así, hubiéramos perecido estrellados contra el suelo. - L. H. H.

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nieve, caían en mechones sobre sus hombros, y su cara, de sardónicos rasgos, era amarilla como la cera. Hubiérase dicho tallada en marfil. Sus vestiduras parecían ser las de un monje oriental. Permanecía inmóvil viéndonos luchar por llegar a la orilla. La mujer, de muy alta estatura y singular belleza, nos señaló con el dedo. En la orilla, o, mejor dicho, al borde de una de las rocas del torrente, no había hielo; pero sí remolinos que nos hicieron agarrarnos el uno al otro, para, los dos juntos, nadar con más facilidad y ayudarnos mutuamente. Esto era muy necesario, pues a la entrada del torrente la fuerza de los remolinos era grande, y, sobre todo, la frialdad del agua traspasaba mi cuerpo, produciéndome calambres. Leo, con muy buena idea, me quitó la pelliza de piel, para que pudiera nadar más fácilmente. Después añadió: -Toma el extremo de la correa. Así lo hice, pues ya me quedaban pocas fuerzas. Leo en una de sus magníficas proezas, nadaba vigorosamente, remolcándome. Otro hombre cualquiera en sus condiciones, hubiera perecido. La corriente, a medida que nos acercábamos a la orilla, se hacía más impetuosa. Nuestras agotadas fuerzas no nos permitían casi luchar contra ella. A una indicación que la bella desconocida hizo al anciano, éste, con una agilidad y fortaleza impropias de su edad, se dirigió a nosotros, y recogiendo del suelo un largo bastón en forma de báculo, saltó por las rocas que bordeaban la orilla del torrente, y esperándonos en una peña más saliente que las demás, no lejos de nosotros, nos hizo señas para que dirigiéramos nuestra marcha hacia aquel lugar, a favor de la corriente. Comprendimos aquellas mudas indicaciones y hacia allí fuimos. Al pasar Leo, se asió desesperadamente al bastón del viejo bienhechor, el cual tiró hacia él, hasta llevarnos a un pequeño remanso, donde, después de desesperados esfuerzos, pudimos salir a tierra. Antes nos había sucedido un pequeño contratiempo. Al llevarnos hasta el remanso, tuvimos que cruzar otro lugar, donde la corriente era bastante fuerte. El pobre viejo, a pesar de sus buenos deseos, era incapaz de dominar la tuerza que nuestros cuerpos hacían al ser arrastrados por las aguas. En este momento, la mujer de majestuosa apariencia desterró aquella extática contemplación, y en un noble gesto fue en auxilio del viejo para impedir

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nuestra segura muerte, pues el estado de agotamiento en que nos encontrábamos nos hubiera impedido luchar un momento más. Minutos después nos hallábamos sobre las rocas. La bella mujer, de pie ante nosotros, con los vestidos empapados, había recobrado su aire de grave majestad. Sus ojos miraban extrañamente la cara de Leo, desfigurado por la sangre que brotaba de una herida en la frente. Era una mujer verdaderamente hermosa. Su mirada era inteligente, y toda ella estaba envuelta en un aire de extraña superioridad. Después, diciendo algo a su compañero, se marchó sin dirigirnos la palabra. El viejo nos contemplaba, escrutándonos con sus vivos ojillos. Nos habló en una lengua extraña, que no comprendimos. Entendiéndolo así, se dirigió, al parecer, en otra lengua, aunque con el mismo resultado negativo. Trató nuevamente de hacerse entender, empleando una lengua que, con gran alegría, comprendimos: era el griego. Claro que un griego mezclado con palabras de otras lenguas; pero en el centro de Asia no era posible pedir mayor perfección. -¿De qué conjuro mágico os habéis valido para llegar a este país? -De ninguno -contesté, valiéndome de los conocimientos que adquirí de griego en la Universidad-. De cualquiera de las formas hubiéramos llegado aquí. No conocemos los obstáculos. -Conocen la antigua lengua. Todo es tal como se nos avisó desde la montaña -murmuró en voz baja. Levantando la voz, nos preguntó: -Extranjeros, ¿qué buscáis aquí? Yo, como viejo, más cauto, no contesté, pues instintivamente vi en aquel viejo un enemigo. Leo, más joven y embargado por la emoción, contestó en griego pésimo, mezclado con palabras de dialectos tibetanos. -Buscamos el país donde está la Montaña del Fuego, cuya cumbre está coronada con el símbolo de la Vida. El viejo exclamó:

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-Entonces.

¿vosotros

conocéis?...

-mas

reponiéndose

rápidamente,

agregó

desconfiado-: ¿A quién buscáis? Leo repitió, resueltamente: -A ELLA, a la reina. Creo que quería decir a la sacerdotisa; pero su escaso conocimiento del griego le impedía expresarse más claramente o quizá porque creía que la mujer a quien buscábamos debía de ser la reina del país. -;Oh! -dijo el viejo-. ¿Buscáis una reina? ¿Entonces sois vosotros los que tenemos encargo de esperar? ¿Cómo podéis demostrarlo? -No es ésta la ocasión de preguntar -respondí bruscamente. deseoso de aclarar la situación-. Decidme, ¿quién sois vos? -¿Yo? Extranjeros: yo soy el guardián de la Gran Puerta, y la mujer que estaba conmigo es la Khania de Kaloon. Leo, agotadas sus fuerzas, desfallecía. Notándolo, el viejo me dijo: -Este hombre está muy enfermo; veamos, ahora que habéis descansado, si entre los dos podemos llevarlo a mi recinto. Vamos. ¡ayudadme! Tomamos a Leo, que penosamente arrastraba sus pies, y nos pusimos en marcha. A unos doscientos pasos se veía la Gran Puerta, de la que el viejo era guardián. Era una enorme pared de roca, que se encontraba horadada en extensión suficiente para dejar pasar varias personas juntas. Por allí era por donde continuaba el camino interrumpido por el precipicio. Tras la puerta, a la derecha, existía una escalera toscamente tallada en la piedra, que comenzamos a subir. Las fuerzas de Leo lo habían abandonado por completo. Y yo, ¡pobre de mí!, sentía que poco a poco me iba debilitando. En lo alto de la escalera apareció la mujer que nos había salvado. Tras ella, dos servidores, vestidos con una especie de traje tártaro, permanecían inmóviles. Sus ojos diminutos y sus caras amarillas no parecían conmoverse lo más mínimo por la presencia de

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seres extraños. A unas palabras de su ama, bajaron hasta nosotros, recogiendo el cuerpo de Leo. Buena falta hacía, pues mis piernas se doblaban; agotadas mis fuerzas. Con ligereza subieron escaleras arriba, llevando la pesada carga. Apoyándome en el viejo, los seguí torpemente. Llegamos a tuna habitación hecha en la roca donde la mujer, a quien el viejo llamaba Khania, desapareció. Pasamos a través de varias habitaciones, hasta llegar a una que parecía una especie de cocina. Un confortable fuego la caldeaba; a ella seguía otra que debía servir de alcoba, a juzgar por los lechos y las pieles que allí había. En una cama depositaron el cuerpo de Leo. El viejo guardián, ayudado por uno de los servidores, despojó a Leo de los harapos que cubrían su -cuerpo. Con un signo me indicó que hiciera lo mismo. Lo hice con gran alegría, pues las ropas que llevaba, tras muchísimos días sin quitármelas de encima, no eran más que un montón de andrajos asquerosos. A nueva señal del viejo, el otro servidor apareció con una gran jarra de agua caliente, con la que me lavé y lavaron el cuerpo de Leo. Después nos untaron con una sustancia oleaginosa para curarnos las contusiones y heridas, y cubriéndonos con mantas y pieles nos acomodaron en los lechos. Desapareció el viejo, volviendo al poco rato con un tazón de barro, haciéndome beber parte de su contenido. Después, entreabriendo la boca de Leo, le hizo ingerir. el resto. Instantáneamente, un benéfico calor se dejó sentir por todo mi ser. Al mismo tiempo comencé a sudar copiosamente, y perdí la noción de todo lo que sucedió a mi alrededor. Así pasaron días, sin que mi cerebro se diera cuenta de nada, atormentado por la fiebre. Una noche la lucidez pareció aclarar mi inteligencia. No sé cuándo fue. Sólo recuerdo que era una noche plácida. La luna brillaba en un cielo limpio de nubes. Sus rayos, pasando por la ventana, caían sobre la cama de Leo. Vi aquella mujer desconocida que, sentada a su lado, velaba su sueño. Mi amigo, soñando, murmuraba palabras, ora en inglés, ora en árabe, sin ilación ni sentido alguno. Ella, interesada, no perdía ninguna de las palabras, tratando, quizá, de hallar en ellas algún significado. Como movida por un resorte, se levantó de su asiento, y de puntillas, llegó hasta mí. Viéndola venir, me hice el dormido para mejor observarla.

no podía ser. al parecer. Mi amigo. Sus estancia me permitía oír. estoy segura. volvióse a sentar junto a Leo. en su pésimo griego: -Ya recuerdo. si bien mezclaba palabras mongólicas. Instintivamente se llevó las manos a la parte rozada. no hallando ninguna solución a su aparente duda. Pero. se fue apagando dulcemente. aunque en el sueño los ojos están a veces abiertos. -Hombre soñado! -murmuraba-. y. Si hubiese sido ELLA. pasada su crisis. El silencio era completo. Su extraño monólogo no dejó de inquietarme un poco. Nuevamente comenzó. Fue esta vez ella quien comenzó a monologar de manera extraña. vos sois la dama que nos salvó de las aguas. que hubieran podido oírse las palpitaciones de su corazón. pero el silencio de la el viejo guardián. dijo. Al inclinarse sobre Leo. te lo ruego. De pronto. ¿A qué has venido? ¿Quién eres? ¿Por qué Hesea me obligó a venir a tu encuentro? Guardó silencio. dormía profundamente. ¿Quién era esta mujer a quien el viejo guardián llamaba la Khania de Kaloon? ¿Sería la reencarnación de Ayesha? ¿Por qué no? No. estoy seguro que la hubiera reconocido inmediatamente. tanto. que era dulce y melodiosa. sus bucles rozaron la cara de éste. contéstame. como buscándome. y. Me miró. ¿qué extraño lazo nos une? ¿Por qué te he visto tantas veces en sueños? ¿Por qué te conozco. Decidme: ¿sois también esta reina a quien busco desde hace largo tiempo y a quien no puedo encontrar? . No.53 Yo estaba verdaderamente intrigado. como en casi todos los dialectos del Asia Central. dijo en inglés: -¿Dónde estoy? ¡Oh! ¡Ya recuerdo! Sus ojos miraron cuanto lo rodeaba. -Duermes. por ese punto no había duda alguna. extranjero? ¿Por qué? La voz. sujetando el mechón de cabellos. Se expresaba en el mismo griego bastardo con que antes nos entendimos con palabras eran apenas sordos murmullos. sin perder palabra.

. dadme de beber. -¡Maldito! ¡Me has espiado! --dijo. me había incorporado en el lecho. que creí llegada mi última hora. Atónito. con una voz dulce como la miel y ligeramente emocionada-. En ese momento de peligro. que destinaba. En su mano brillaba un cuchillo. entre dientes. y dulcemente depositó un beso sobre sus labios. la fiebre me quema. Ella movió su cabeza. su cabeza volvió a caer pesadamente.54 -No sé -contestó ella. -¿Que me conocéis? ¿Cómo podéis conocerme? -dijo Leo. por compasión. no pudiendo resistir más. lo presentí desde el primer momento que te vi en el río. Extranjero. para mi corazón. Sí. me vio espiando su acción y tal furia se apoderó de ella. -Entonces. como aquel que busca algo que no ve y volví a repetir-: Por piedad. te lo ruego: ¿cuál es tu nombre? -Leo Vincey. sin duda. Después. sí. mi sangre fría volvió hacia mí. reina: ¿te acuerdas de mí? -Te he visto en sueños -contestó-. reina es una Khania de Kaloon. me abraso -moví los ojos. y conforme avanzó. La vi inclinarse sobre la cabeza de Leo. mudo y electrizado por la singular escena que acababa de ver. y creo que nos hemos encontrado en un pasado que está muy lejos. -¡No os conozco!. -¡Oh!. Sus ojos parecían como fascinados. Ella lo miraba sin perder detalle. yo os he visto antes de ahora. dadme . Sí. sin saber lo que hacía. pero yo soy la reina. agotando las últimas fuerzas que momentáneamente le reanimaban. con desaliento. sin embargo. dime. dime. pero. alargué mi mano implorando. Entonces me descubrió. No sé. por piedad.

hablando consigo misma. ¿Los sueños no os dejan reposar? -Sí. amigo mío! Vos a quien llaman el guardián de la Gran Puerta. se volvía pálida como la cera. ¡oh reina de los tiempos remotos! Simulé entonces un desmayo. tomando un jarro de leche que había sobre una mesa próxima. . -No. tiene el aire de hombre prudente y discreto. Cerré los ojos. seria lo bastante para dictar su sentencia de muerte. Parecía que mis palabras la habían afectado profundamente. Así es. escrutaban mi cara. -¿Tembláis? -me dijo-.55 algo de beber. aunque parece viejo y repugnante. trágicamente me arrojé como extenuado sobre mi lecho. qué jornada más dura para encontrar una reina! -¿Para encontrar una reina? -replicó. ¿Qué queréis decir? ¿Estáis seguro? ¡Juradme que no soñáis! -¡Os lo juro! -dije-. pude ver que su cara. pues si algo hubiera oído. a pesar de esto. antes rosada. ¡Oh. entreabriéndolos un poco. nada más. intrigada-. ¡Oh. hermana -contesté-. Os lo juro por el símbolo de la Vida y la Montaña Sagrada. mientras sus llameantes ojos. Además. por cuanto. dijo: -Me alegro que sueñe. tratando de encontrar algún signo delator. su mano empuñaba todavía la daga. ¡dadme de beber! Reuniendo mis pocas dotes de actor. llevólo a mis labios. y. en los que reflejaba la rabia y la pasión. tenga como todo funeral que servir de carnaza a los Mastines de la Muerte. Ella quedó desarmada. que tanto ha luchado por llegar hasta aquí. No sé qué clase de pensamientos agitaban a aquella mujer pues. y hasta por vos misma. y no quiero que un viajero que tanto ha pasado. pues no me convenía decir ni hacer nada más. Tras una pausa. Los sueños del maldito precipicio no me dejan dormir. -¿Queréis algo más? -preguntó.

y causarle algún daño podría ser peligroso. no dejé de pensar en los Mastines de la Muerte. pero no olvides que hay mandatos contra los que es necio rebelarse. Mientras éste duerme. Además. estos hombres vuelven en sí de su letargo.a uno donde pronto recobre la salud. La luz daba de lleno en su cara. -¿Cómo van esos enfermos. pero cuidado. -Están desmayados los dos. Puso una expresión tan extraña. Ahora le tenía miedo.56 Aunque mucha satisfacción me produjo su concepto. sostenía una lámpara en su mano. . -¿Qué es lo que has oído. me pareció haberlos oído hablar. máxime si no podemos comprender nada de su significado. -Extrañas cosas. -Escucha -dijo ella-. Este hombre debe ser prudente. Además. sobrina? -preguntó. a quien ella llamó Mago. -¿Y qué es lo que has visto? -preguntó de nuevo. sobrina mía. Haces bien: la abeja que busca el polen. pues es conveniente este cambio. Desde el principio desconfié de este hombre. Pero ¿por qué preguntáis eso? -Te dije antes que oí aullar a los Mastines de la Muerte. y a los pocos momentos entró éste en la habitación. que me pareció vengativo y rastrero. Khania. El guardián. debe libarlo antes de que las flores se marchiten. el más joven necesita más espacio y más aire. -¿A qué aposento. Oí los pasos del guardián en la escalera. Mago? -preguntó como picada por una víbora. lleva al viejo a otra habitación. -¿Es verdad? Yo creía que iban mejorando. -Llévale -dijo ella. lentamente. Khania? -preguntó con cierto retintín. y pude observarla con el rabillo del ojo. -¿Yo? ¡Nada! He oído solamente el ruido de una daga al salir de su funda y los lejanos aullidos de los Mastines de la Muerte. conoce la existencia de la Montaña. que no dejó de alarmarme.

por cuanto no pudo evitar una exclamación. e instantáneamente se oyeron los pasos de los servidores. sino que reencarna nuevamente. donde me dejaron sobre un lecho. y tomándome entre los dos me llevaron a través de sombríos corredores. y. Esta mujer llamada Khania sospechaba que yo la había visto y oído. aquella hija del . Me agarró una mano y me tomó el pulso. por qué no? ¿Y si lo que Kou-en y sus monjes creían era verdad? Si las almas de los seres humanos son inmortales. ¿Por qué entonces no habría de conocer su existencia anterior más que Ayesha? Por ejemplo. Creo que también en algo influyó la curiosidad de saber qué era lo que yo sabía. Estaba en peligro. llegué en ellas hasta la escena que había visto. El viejo me escrutaba para ver si volvía de mi desmayo. se reproducen y mueren. sopló un silbato. y su paso sobre la tierra no es sino una sucesión de cuerpos físicos que cambian de forma. podía conocer algo sobre la vida anterior de Leo? ¡Nadie! ¿Pero. subiendo por unas escaleras. Estaba contento como nunca. Mi imaginación estaba despejada. Cuando desperté. Tengo la seguridad de que no me mató en aquellos instantes porque tenía miedo de hacerlo. Les dio una orden. y así. llegamos a una habitación de la misma forma casi que la anterior. y desarmado con mi comedia. los acontecimientos se encargarían de hablar. si era preciso. fingir una ignorancia completa. Yo había visto y había oído demasiado.57 Yendo hacia la puerta. luego. excepto Ayesha. Cuando aún oía sus pasos. debilitado por las emociones del día. Siguiendo todas estas consideraciones. Ahora recuerdo que todo lo que soñé no era sino la influencia de las emociones anteriores. lo sabía. El resultado del examen pareció extrañarle. Era necesario obrar con prudencia. y. Después me dejó. Lo principal era que todavía vivía. y que tan a punto estuvo de ser la causa de mi muerte. estoy seguro que me profesaba un odio tal que no dudaba que había ordenado al viejo guardián darme muerte de una forma o de otra. por millones y millones de años. Aunque le había hablado del Símbolo de la Vida y de la Montaña del Fuego. mientras el alma no muere. aunque no tan grande. ¿Era esta mujer verdaderamente Ayesha? ¿Quién. me quedé completamente dormido. era un hermoso día. Pero no sé por qué me parecía que él no se mostraba muy propicio a obedecer la orden.

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Faraón, llamada Amenartas, que hizo presa en el corazón de cierto Kalikrates, sacerdote de la diosa Isis, a quien los dioses protegían y los demonios prestaban obediencia. ¡Oh! Ahora la luz parecía hacerse en mi cerebro. Amenartas y la Khania, esta mujer majestuosa, en la que la soberbia y el orgullo de estirpe parecía reflejarse en cada movimiento, ¿no serían una misma mujer? Aquella que fue maga, y que con sus artes consiguió hechizar al sacerdote hasta el punto de arrebatarlo del culto de la diosa, ¿no sería la reina de este país desconocido? Si esto era así, si ella era Amenartas reencarnada, ¿no intentaría otra vez hacerle renunciar a su extraño ideal? Solamente el pensar en el futuro me hizo estremecer de inquietud. La verdad la conoceríamos; pero, ¿cómo?... Sumido en estas reflexiones estaba, cuando la puerta se abrió. En el marco apareció la amarillenta cara del viejo, a quien la Khania había llamado mago. Avanzó unos pasos, y se paró ante mí.

CAPÍTULO 7 LA PRIMERA PRUEBA

CORTÉSMENTE, me preguntó cómo me encontraba. -Mejor -contesté-; bastante mejor. Pero decidme: ¿cual es vuestro nombre? -Simbrí -respondió-; y como os dije anteriormente, por herencia, soy el guardián de la Gran Puerta. Por profesión, soy el médico real. -¿Queréis decir médico, o mago? -pregunté, imprudentemente. -He dicho médico; y, gracias a mi arte, vos y vuestro compañero todavía vivís. De no ser así, no hubiérais resistido un solo día, dado el lastimoso estado en que os encontrábais. Pero decidme también: ¿cómo os llamáis?

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-Holly -dije, simplemente. -¡Oh; huésped Holly! Sois mi amigo, pues estáis en mi casa. -Perdonad mis anteriores palabras al tomaros por mago. Mas si la memoria no me es infiel, recuerdo varias palabras que me hacen creer que vos y la bella Khania no os encontrábais en aquellos lugares ciertamente por el placer de pescar. -Eso es, extranjero. Estábamos a la pesca de hombres, y pescamos dos -respondió, riendo. -¿Por capricho? -pregunté. -No, por designio. Mis estudios de medicina incluyen también el estudio de los hechos futuros, pues he leído vuestra llegada recientemente, os esperábamos con impaciencia. -Verdaderamente es extraño y curioso; ¿así que aquí el médico y el mago son una misma cosa? -Si así lo creéis... Pero decidme: ¿existe algún país en que los extranjeros no tengan que admirarse de algo? -¡Oh! -contesté-; quizá no sepáis que nosotros somos infatigables viajeros, y que también hemos estudiado medicina ... -Cierto es; así lo creo; de otra forma, no hubiera sido posible cruzar las montañas en busca de. .. Decidme, ¿qué es lo que buscáis? Vuestro compañero habló de una reina, allá en el torrente. -¿Qué habló? ¿Qué . es lo que habló? No. Seguramente, al ver una mujer bellísima que nos salvó de la muerte y a quien llamaban Khania, pensó que debía ser una reina. -En efecto: una reina es. En nuestro país, Khania quiere decir reina; aunque, amigo Holly, creo que un hombre de estudios como vos no podía ignorar estas cosas. Mas decidme, ¿cómo habéis llegado a aprender nuestra lengua?

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-Fácilmente. La lengua que habláis es antiquísima. En mi país he pasado muchos años aprendiéndola y enseñándola. Es el griego. Pero aunque todavía se habla en el mundo, no comprendo cómo ha podido llegar hasta estas apartadas regiones. -Yo os lo diré: hace muchos años, un gran conquistador, nacido en el país donde se habla esta lengua, llegó hasta las tierras que se extienden al sur, tras esas montañas. Cuando ya se retiraba, uno de sus generales, que pertenecía a otra raza, cruzó las montañas, y triunfando sobre los naturales del país, obligó a los habitantes a aceptar su lengua y su religión, sus costumbres y sus ciencias. Aquí estableció su dinastía, que todavía rige; pero nuestra situación geográfica en medio del desierto, y encerrados entre las montañas, nos impide comunicarnos con el resto del mundo... -Sí, conozco algo sobre esta historia. El conquistador se llamaba Alejandro, ¿no es eso? -¡Eso es! Y el general que llegó hasta aquí se llamaba Rassen, y era natural de Egipto, o, por lo menos, así lo dicen nuestros anales. Sus descendientes son los que siempre reinan, y la Khania lleva su sangre en las venas. -Así, pues, ¿la diosa a quien ellos adoraban se llamaba Isis? -dije, pasándome de listo. -No -contestó-. ¡Sé llamaba Hes! -¡Lo que es igual! -interrumpí-. Hes es uno de los nombres de Isis. Pero, decidme, ¿su culto se profesa todavía? Lo pregunto, porque en Egipto, que fue su cuna, se ha extinguido hace muchísimos años. -Existe un templo en la montaña -contestó, indiferentemente-. En él hay sacerdotes y sacerdotisas que practican el antiguo culto. Pero el verdadero dios de este pueblo, desde los días de Rassen, es el Fuego que arde en la misma montaña, que, de tiempo en tiempo, se enfurece y estalla, matando a muchos de sus adoradores. -¿Y es verdad que vive una diosa entre el Fuego? -pregunté, siempre imprudente. Me miró con sus ojillos, como queriendo sondear mi pensamiento, y me dijo:

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-Extranjero, no conozco nada acerca de esta diosa. La Montaña es sagrada. Pretender conocer sus secretos, es morir. ¿Por qué me lo preguntáis? -¡Por nada! Únicamente porque estudio las antiguas religiones. Viendo el Símbolo de la Vida sobre aquella cumbre, me intrigué. Llegué hasta aquí para, entre vosotros, estudiar vuestras tradiciones junto a los sabios del país. -Entonces, abandonad este estudio, amigo Holly: vuestro camino se extiende entre los colmillos de los Mastines de la Muerte y las flechas de los salvajes. Además, yo creo que realmente no haya nada que estudiar. -Mas decidme, amigo, ¿qué son los Mastines de la Muerte? -Cierta raza de perros monstruosos. De acuerdo con nuestras costumbres, todos los que faltan a la ley o a la voluntad del Khan, son condenados a ser despedazados por ellos. -¿La voluntad del Khan? ¿Vuestra Khania, entonces, es casada? -Efectivamente, con su primo, que reinaba en la mitad del país. Ahora los dos, unidos, han constituido uno solo, mayor y más poderoso. Pero habéis hablado demasiado. Vine solamente a deciros que vuestra comida estaba lista. Me voy. Volviéndome la espalda, marchó hacia la puerta. -Una pregunta solamente, amigo Simbrí. ¿Cómo vine a esta habitación? ¿Dónde está mi compañero? -Dormíais cuando os trasladaron; así convenía a vuestra salud, y veo que el cambio os ha mejorado. ¿No recordáis de nada? ... -De nada absolutamente -respondí, presto-. Pero, ¿y mi compañero? Decidme dónde está. -Va mejorando rápidamente; la Khania Atene cuida de él. -¿Atene? -dije-. Este es un antiguo nombre egipcio. Quiere decir Disco de Sol, una mujer que vivió hace muchos miles de años y fue famosa por su belleza, se llamó así.

sin embargo. Su cara palideció al oír estas palabras. ¿es que mi sobrina Atene no es un dechado de belleza? -¿Cómo puedo yo decíroslo. Allí se encuentra el templo de Hesea. es tan vieja que para evitar las miradas curiosas va siempre cubierta de espesos velos. siempre silenciosos. -Una sacerdotisa a quien nunca he visto. Perdonadme: ¡la luz no nace de las tinieblas! -No es ésa mi opinión. incorporándome. pero. Khania. me trajeron la comida. ¿qué buscáis en mi país? -El camino que nos lleve hasta la montaña cuya cumbre está coronada por un nimbo de fuego. pero tenéis razón: no es sino mi hijo adoptivo. la saludé tan cortésmente como pude. Más tarde la puerta se volvió a abrir. -Decidme. . y no caminaréis largo 'trecho sin caer bajo sus mortíferas flechas. pues siempre he pensado lo contrario.62 -Y bien. a decir verdad. y la muerte más terrible que imaginarse puede: arrojados a las llamas del fuego que nunca se extingue en la cúspide de la Montaña Sagrada. no os mováis. reponiéndose. Violar este santuario representa la muerte para cualquier persona. pero. aquella mujer me daba miedo. y ¡oh sorpresa!. -Y ¿quién es el sumo sacerdote de ese templo? -pregunté. Sus laderas están llenas de salvajes que la guardan. añadió con voz segura: -Allí no hallaréis sino la muerte. dejó paso a la Khania Atene. amigo Simbrí. por cuanto me dijo: -Tranquilizaos. el hombre a quien más quiero en el mundo. No temáis. Decidme: ¿qué es de vos ese hombre a quien llamáis Leo? ¿Es vuestro hijo? No. No puede ser. si apenas conozco a vuestra sobrina? Salió de la habitación. y los servidores. aunque. Pareció leer mis pensamientos. que cerró y corrió el cerrojo tras de sí. Esta medida no me tranquilizó. Es imposible llegar hasta la cumbre.

ningún Khan o Khania de Kaloon subiría a la montaña. tengo -la seguridad de que seremos bien recibidos. y se convino en que el solo lecho de que ella cruzara el río. o la sacerdotisa del templo de Hesea? -En lo religioso. -¿Quién es la más fuerte. Khania? Que velada o descubierta. De la misma manera. No lo haréis. representa la muerte.63 La sangre circuló por mis venas con intensidad. a una señal mía sesenta mil hombres se lanzarían como uno solo. -Lo último ya lo sabía yo. -Pero. Soy la mujer de un loco. queremos visitarla. que al mismo tiempo es el hombre a quien más odio. -¿El Khan? Vos estáis casada: ¿no es así? -Así es -contestó-. -La fuerza no lo es todo en el mundo -contesté-. mas decidme. que se hizo después de una terrible guerra entre las tribus de la montaña y los moradores del llano. y una extraña emoción se apoderó de mí. y que se ocultaba con espesos velos de las miradas curiosas de los demás. . la sacerdotisa de Hesea. Mirad. -¿Sabéis lo que os digo. Khania. y yo os diré lo que pronto sabréis. ¿visita frecuentemente la sacerdotisa el país de Kaloon? -¡Nunca! ¡Nunca! Existe un antiguo pacto. Khania. Holly. el Khan de Kaloon. Hacer eso. decidme de una vez: ¿quién es el verdadero señor de este país? ¿El Khan de Kaloon. En los asuntos materiales y políticos. a excepción de los funerales de algún magnate o alguna ceremonia de alto relieve. significaría el fin de la paz y el principio de la guerra. en feroz guerra. Khania? ¿Vos o la sacerdotisa de la Montaña del Fuego? -Yo soy la más fuerte. que es nuestro oráculo y la voz del cielo. Recordé de otra sacerdotisa que era milenaria. si es que no lo sabéis ya. mientras que la sacerdotisa no tiene más feudos que sus sacerdotes y unas cuantas tribus de salvajes que la rodean. -No. si yo quisiera. y no quiero que vuestra sangre caiga sobre mi cabeza.

muy peligrosa en las circunstancias en que nos encontrábamos. Y él será mío porque lo adoro. Yo. ¡Es pasión! Aquella noche no sé lo que hice. me obligó a ello. Yo.. Ahora tenía miedo de que estallara su cólera y su venganza. salió de la habitación. existen motivos que me impulsan a obrar como obré. Diciéndome esto. Traté de que me indicara la forma de poder ver a Leo. ¡Oh! ¡Qué pensaréis de mí! No contesté. y que no necesitaba mis cuidados. -Vos. la Khania de Kaloon. . Con esta brutal declaración. Sí. Quizá pueda seros útil -le dije. -¿Qué? ¿Qué es lo que sabíais? ¿Os dijo algo mi tío. -¡Yo! La que siempre odió a los hombres. Ya que tanto sabéis. pues. la que. el Gran Mago de la Corte? No. a quien llaman la del corazón de hielo. toda_ suya. Sospeché que algo anormal pasaba. se echó a llorar amargamente cubriéndose la cara con las manos. me informó que Atene había regresado a la ciudad a preparar nuestro alojamiento. tratando de acabar la frase-. Simbrí. Hubiera sido mejor haberos dado muerte en el acto. no soy sino una pobre mujer. Explicadme. sin que hayan estado locas. debo haber perdido la razón. Desde el primer momento que vi la cara de vuestro compañero. -Sí. la locura se apoderó de mí. yo. yo.Oh! Es algo más que amor. procurando consolarla. sin decirme ni adiós. Soy suya. Tres días pasaron sin que volviera a ver a Khania. Como me figuré. no puedo negarlo. Vos visteis. que me visitaba todos los días. como mi marido. podéis ya también saberlo todo. Eso no tiene importancia. y de nadie más. -¡No! ¿Por qué? Habrá algunas razones. Una fuerza oculta me empujó. pero muy finamente me contestó que mi amigo mejoraba..64 Me miró con los ojos relampagueando. os juro. eso ha pasado también a otras personas.. lo amáis -le dije. no había pensado sobre ella en este respecto. -. en realidad. sus labios son tan puros como las nieves de la montaña.. me visteis.

Estaba fuerte. había cerrado la puerta con la llave que llevaba con ella. -¿Has sabido algo. tomando un cuchillo. La vi salir. sin necesidad de apoyo. pero el esclavo amarillo. ¿qué importa? ¡Adelante! Siguiéndola. la única arma que poseía. hermético como siempre. le presentaría la misma excusa! Sabía que jugaba la vida. no quiso ni tocarlo. sobrina mía? -le oí preguntar. decidí arriesgarme y jugar el todo por el todo para encontrar a Leo. A medianoche. me metí en un laberinto de corredores y de escaleras de caracol que daban vueltas y vueltas. Simbrí me preguntó luego qué quería yo que hiciera el pobre diablo con escritos que no podía leer. ¡la seguiría hasta ver dónde iba. y si ella me veía. muy poco -contestó ella. Determiné afrontarlo todo. Por la puerta entreabierta vi que había alguien allí. Por fin llegó a un descansillo en el que había una puerta entreabierta. procuré en lo que pude tomar nota del camino que hacíamos. a pesar de que daba por seguro que sería descubierto. un tanto emocionado. Por fin. y pronto me hallé frente a la habitación de Leo. Recordaba exactamente los detalles. pero. pero no lo hice. y. salí de la habitación. Me pegué a la pared. ¡Era Khania Atene! Mi primer pensamiento fue huir hacia mi cuarto. la tercera noche. le hablaría claramente y le diría que no podía estar más tiempo sin saber cómo se encontraba Leo. cruzar el corredor. traté de enviarle una carta escrita en una hoja de mi diario. En mi impaciencia de saber noticias suyas. . alumbrándome con la luz de la luna. -Poco. salté de mi lecho. la luz se filtraba a través de sus agrietadas roturas. Era antiquísima. ¿Volver hacia atrás? No. ¡Dios mío! ¿Qué hacer? Llegar hasta Leo era imposible. y comenzar a subir las escaleras. me vestí. y podía andar con soltura. y esperé los acontecimientos. En la habitación se oía hablar a dos personas: a Simbrí y a la Khania.65 aunque no suponía lo que pudiera ser. y si me descubría. Cuando me sacaron de la cámara donde me encontraba con Leo.

Entonces fue cuando le dije que. Le contesté que el único fuego en el que mi alma se había abrasado era en el que ardía mi pecho ahora. "-Quizá tengáis razón. y en la cabeza lucía una pequeña corona de oro. -Le pedí que me dijera claramente cuáles eran las razones que le impulsaron a venir hasta aquí. como una cascada de oro. Además. no son lo mismo que los míos. Sus ropas eran riquísimas. y que yo y no otra había sido quien le había salvado la vida. ya que esta mujer había reencarnado de nuevo. comprendí en seguida que aquello obedecía a algún fin secreto. que era la reina. que cayeron hasta sus hombros. estaba Atene. -Me dijo que quizá fuera así. y llevado por la osadía. impacientemente. . recibiendo de lleno la luz de la lámpara. pero lo que yo busco es algo más que a una mujer. de pie. "-Vuestros cabellos son hermosos -dijo-. bajo la cual sus cabellos se deslizaban hasta las caderas.. pero ved.. pues se había arreglado con ese arte y gracia exquisita que sabe tener la mujer cuando trata de gustar a un hombre. -¿Qué más? -preguntó Simbrí.. Muy cortésmente me respondió que sería difícil aventurar cuál de las dos era la más bella .. Simbrí!. Según pude deducir de sus vagas respuestas. me aventuré a mirar a través de una de las grietas de la puerta. Estaba verdaderamente bella. ¡eran los cabellos más hermosos que en mi vida he visto: suaves como la seda. Me preguntó también si había pasado alguna vez a través del fuego. Viéndola. no encontraréis una mujer con una cabellera comparable a la vuestra. Me dijo: "Enseñadme vuestros cabellos". Le pregunté si era más bella que yo. -¿Qué pasó entre vosotros? -inquirió. Él desató los suyos. Simbrí la contemplaba con curiosidad retratada en sus pequeños ojillos. No me quiso decir nada más... ¡Oh. "-Sin embargo. puse en sus manos mis bucles.66 Impulsado por la sed de conocer todo aquel misterio. que me estudiaría. ante la que Simbrí se encontraba sentado. y brillaban con reflejos metálicos! En mi vida vi unos cabellos tan hermosos y tan fragantes como aquéllos. vino en busca de cierta mujer de rara belleza. aunque no me gustaba hablar de estas cosas. no había en todo el país mujer que causara más admiración que yo. Le dije también que mi corazón me decía que yo era la mujer a quien él buscaba. Frente a mí.

en busca de mi oráculo." -Parece que no se trata de simples vagabundos -dijo Simbrí-. Yo te ruego. Pero comencemos por el principio de esta extraña aventura: primero recibimos una carta del Templo de la Montaña. Uniendo la acción a la palabra. porque si tal hiciéramos romperíamos el pacto acordado.. ¡Busca. del Templo del Fuego. que quiero encontrarla. y los espera. pero no pude: sentía que un odio loco se apoderaba de mi corazón contra esta desconocida. busca pronto. pues por el él vienen los dos extranjeros. . tomó un legajo de entre un montón de pergaminos que había sobre una mesa y se lo mostró a la Khania. Yo no voy a su encuentro. Ayúdalos en todo. y entonces. Ahora me arrepiento. la del Santuario de Fuego. y matarla si puedo! -Bien. vigiléis el río. El primer día de la próxima luna. y tráelos sanos y salvos hasta la Montaña. no debe pisar el país de Kaloon sin que se provoque la guerra. De todo lo que les suceda. el sacerdote Oros.. "Hermana: He sido informada de que dos extranjeros de una raza occidental llegarán en breve a tu país. a Atene. prefiero oírlo de nuevo. Hesea conoce su llegada. -No serán vagabundos o aventureros. ¿no es eso? Veamos esta carta. sin poder contenerme. y si vive. -Lee. que el Sumo Pontífice. Simbrí leyó: "-De Hesea. guardián de la Gran Puerta. me deshice en improperios que nunca debiera haber dicho. ahora lo has dicho: ¡si puedes! -dijo Simbrí-. y dónde está. No creo que Hesea es la mujer que buscan. te envió hace algún tiempo. en el glaciar formado al pie del antiguo eamino. y me digas quién es esa mujer a quien busca. te exigiré estrecha cuenta.. pero mi corazón esperaba a uno de ellos. Khania de Kaloon.67 "Traté de sonsacarle algo más. el sabio Simbrí. Simbrí que busques entre los libros que sólo tu sabiduría puede descifrar. el cual dice que Hesea. te ordeno que tú y tu tío.

o poco he de poder! Lo amo. por los lazos de familia que nos unen. dime por piedad. Sabes que te odia a ti y a tu casta. Gran Mago! Tú que puedes leer el futuro y el pasado. -¡No! ¡No le dejaré marchar. -Así. no puedes abandonarme en el momento que más necesito de ti para recobrar la libertad. ¡Oh. los Rassen. Si ella dice que estos hombres deben ir. ¡pero a él no! -Atene. que bajo las suaves palabras de su escrito se esconde una amenaza. pues. y odio a la mujer a quien el ama. desecha esa idea! Ya tus culpas pesan demasiado sobre mi cabeza. Por eso no te aconsejo que te pongas frente a ella y desates su cólera. ¿cómo una mujer de nuestra raza puede tener dos maridos? -¡No tengo marido! ¡Tú lo sabes tan bien como yo! Además. que endurece. si quiere.. pues es un espíritu feroz y terrible. Estás al borde del abismo. reflexiona. Consigue el amor de ese hombre por tus propios medios. A estas horas ya sabrá la llegada de estos hombres. El hombre que amo no irá a la Montaña. en realidad. si se enamorara de ti? -preguntó el mago. su corazón ante la ventura de mi amor eterno. o déjale marchar. fríamente-. que creo es lo mejor.68 -Es que hay muchas mujeres en el santuario -dijo Simbrí. interviene alguna mujer. desde hace muchas generaciones.. Si es que. y estará informada de que los retenemos en nuestro poder. Mirándole duramente. Tiene servidores en la tierra y en el aire que le dan cuenta de todo lo que sucede. -¡No irá! ¡Él no irá! Dejaré marchar al otro. y segundo. le contestó con frialdad: -¡Lo haré mi marido! -Primero debe quererlo él. ¿Qué vas a hacer con ese hombre a quien llamas Leo. ¿pretendes estrechar estos lazos por medio de un asesinato? ¡No! ¡Atene. -Sobrina mía. déjalos marchar en buena hora. ¿qué has leído en las estrellas? . no olvides que Hesea es poderosa. -No me importa quién les espere.

Fíjate bien: he dicho ancianos. preguntándome cómo había pasado la noche. Que hoy entre vosotros se alza un poderoso obstáculo. -He dormido como un tronco -contesté. Ella lo creerá. que mi ciencia no puede definir. de ti y de mí. Que un estrecho lazo os unió en otra existencia a este hombre y a ti.69 -He sabido. esperará su llegada. Esto será dentro de unas tres lunas. -Mejor -contestó ella-. pues mi cabeza arde de fiebre. y dirá a Hesea que dos ancianos extranjeros han llegado. que sus miembros se rompieron al caer al río. Le dirás que están muy enfermos. ¡Entonces llevaré hasta el fin mis deseos! -¡Cálmate! Medita que el poder de quien te he hablado antes puede seguirnos hasta más allá de la muerte. enviarás un mensajero.. .. Mañana. que llegará hasta el templo de la Montaña. voy a acostarme. que tienes razón. La Khania había entrado en su aposento. y que cuando se repongan y estén fuertes se los enviaré para que consulten su oráculo. mientras sentía que otra puerta se abría y cerraba tras de mí. -¿Mi fin está próximo? -exclamó con soberbia-. está muy próximo. Los cegaremos con el polvo de la ilusión. al amanecer. cuando Simbrí entró en mi habitación. . Yo me deslicé escaleras abajo en la oscuridad. Atene. No hablemos más. y he sabido también que el fin de este hombre. CAPÍTULO 8 LOS MASTINES DE LA MUERTE DEBÍAN ser como las once de la mañana del día siguiente. y contenta.

cada uno de los cuales era transportado por dos caballitos de raza pequeña. Yo os dejo. Lo informé superficialmente. Jamás os vi con un aire tan fatigado. Me abrazó y me hizo mil preguntas sobre lo que pudiera haberme sucedido desde nuestra separación. he pasado la noche estudiando sobre la Puerta. He estudiado sobre la Puerta que abre paso al futuro y al pasado. lo que me interesa es saber cómo se encuentra mi hijo adoptivo. Los criados llegaron trayendo palanquines. Pronto lo veréis. -Estoy fatigado. tan comunes en el Asia.70 -Sin embargo. Cuando estuve listo. ya que no le daban el aspecto grotesco que me daban a mí. se encontraba bastante repuesto de su enfermedad. amigo Simbrí. ¿no marcháis vos por un camino que es un pasado hacia un futuro que ignoráis? -¿Pero los dos interesan? ¿El pasado y el futuro? -inquirí. Por un acaso. -¡Quién sabe! Pero he venido solamente a deciros que dentro de una hora nos pondremos en marcha hacia la ciudad. pero. parecéis fatigado. -¡Oh! Mis sueños me hacen pasar noches horribles. parece que vos no habéis dormido tampoco muy a gusto. aunque pálido y desmejorado. Justamente la Khania acaba de partir a preparar vuestro alojamiento. -Está bien. mejora. -Mejora. Es verdad. Aquí vienen los esclavos con vuestra ropa. que. amigo Holly. Sus vestiduras eran de mejor calidad que las mías y le sentaban muy bien. los servidores me llevaron a través de aquel laberinto hasta la puerta que daba al camino. Con gran alegría encontré a Leo. Hasta luego. Uno de los palanquines estaba suspendido entre dos largos palos y fue en él donde nos acomoda- . que era lo principal. -¿Sobre qué puerta? ¿Sobre la que pasamos cuando entramos en este país? ¿Esperáis algún viajero? -No os chancéis. Ésa es la voluntad de Khanía. y le dije que más tarde hablaríamos. Ahora estábamos juntos. Salvo que eso mismo me dijisteis hace varios días.

El viejo levantó la cabeza. y donde se hallaba el Templo del Fuego. -Y cuando tal acontece -preguntó Leo-. Hasta Simbrí. por la cual habíamos sido los primeros extranjeros. que deshacen al que se aventura a escalar su cumbre. inclinaba su cabeza con una superstición que no hubiera sospechado en él. Hacia el norte. Tras de nosotros quedaba la vieja Gran Puerta.71 mos Leo y yo. A una señal de Simbrí. ¿Habéis estado alguna vez en el santuario? -preguntó Leo. todos los servidores reverenciaron su presencia inclinando la cerviz. A su vista. Al ver nuevamente la cumbre donde había brillado la luz de nuestras esperanzas. llevándolos de la brida. pues viven hambrientas y se dedican al pillaje. y ante nosotros se extendió el país de Kaloon en toda su belleza. postrándose de hinojos o cruzando el primer dedo de la mano derecha con el primero de la izquierda. contestando evasivamente: -La gente del llano no sube nunca a la Montaña. roban nuestro ganado y devastan nuestros sembrados. se esconden hordas salvajes con las cuales sostenemos frecuentes guerras. nuestro corazón palpitó con fuerza. a menudo se deslizan por las laderas rojas masas de lava ardiente. Entre sus laderas y tras el río que baña sus pies. los esclavos pusieron en marcha a los caballos. y emergiendo del llano. que habían pasado bajo su arco milenario. ¿la ardiente lava cae sobre vuestro país? . la vista quedó libre. tan indiferente a todo lo que se refería a la Montaña. El camino se deslizaba a lo largo de una estrecha garganta que daba vueltas y revueltas. se alzaba la montaña que nos había servido de guía durante nuestra peregrinación. para conjurar los malos espíritus. con suaves declives a sus pies. En una de éstas. desde cientos de años ha. Además. A nuestros pies se extendía la fértil llanura de Kaloon. Según supe después. máxime cuando sabíamos que la solución y el fin de nuestra peregrinación se encontraba a unas cuantas millas de nosotros. cubierta de esplendorosa verdura.

a un lado y a otro del río. -¿Quién es el espíritu de la Montaña? -inquirió Leo. cuando llegamos al país de Kor? Fue también en barco. Khania es la araña y el viejo Simbrí guarda el nido. Aunque no tenía gran experiencia en materia náutica. así como sus popas. cruzando puentes de madera. Las barcazas eran grandes y cómodas. vos veis más de lo que realmente de biérais -le contestó Leo. -No lo sé. pero la realidad es que somos dos mosquitos cazados en una tela de araña. y sus proas chatas. puedo creer lo que gustes. con una mirada muy significativa. La cara del viejo perdió la fría calma que hasta entonces había aparentado. comprendí que estas barcazas estaban hechas para ser remolcadas y no para ser impulsadas a fuerza de remo. señor. Los palanquines fueron desmontados y los caballos embarcados y prestos para volver a transportarnos a nuestra llegada. Pero ved. servidores y algunos hombres que por su apariencia parecían soldados. -Lo que tú quieras. . Horacio. cuando canales o ríos tributarios cortaban la uniformidad de la ribera. Tras de nosotros se deslizaban por el río otras barcazas.72 -Así es. porque no sabemos cuánto tiempo estaremos juntos. las barcazas llegan al embarcadero. Comprendí que las palabras de Leo traían a su memoria alguna acción de la que tuviera que arrepentirse. -Me hacéis un gran honor. pero mi ciencia en la visión de los hechos futuros no llega a tal perfección. Ya ves: los hechos parece que se vuelven a repetir idénticos. -¡Gracias a Dios que podemos estar juntos y solos! ¿Te acuerdas. conduciendo los esclavos. dejándonos solos. ¡Cuando el espíritu de la Montaña está ofendido! . Pero no hablemos de cosas tristes. interrumpiéndole. Cuéntame qué ha sido de tu vida. Unos caballejos enganchados a los extremos de unos cabos. señor mío. Sus quillas eran planas. remolcaban nuestra caravana. Leo y yo embarcamos en la más grande de todas. Date prisa. El resto del viaje debemos hacerlo a lo largo del río. ¿Puede acaso un hombre ver un espíritu? -No sería extraño.

vi a una bellísima mujer que me miraba. Venía hermosísima. pues me había olvidado de decirte que me di perfecta cuenta de nuestra separación. lo siento. la Khania entró sola en mi habitación. Al despertarme. -Siento mucho lo sucedido. colgado de aquella correa. y antes que eso prefería morir estrellado. gracias -dijo. quizá juntos podríamos comenzar de nuevo. por eso la corté. ¿Dónde estabas tú? -Tan pronto como caíste. que tanto la intrigaba. Después que el viejo Simbrí me trajo la comida. no sin dejar de preguntarle dónde te encontrabas. iba a volverme loco. no era sueño -contesté yo-. emocionado. -Pues verás. salté tras de ti. empezando por decir que . Pero. oye. hablándome en griego. quizá todo fuera un sueño. Sigue. de las aguas del glaciar. tenías razón al decir que llegaríamos hasta aquí. no importa. -Me cuidó cariñosamente durante mi enfermedad.73 -Te acordarás de nuestra llegada a la Gran Puerta después de ser salvados por Khania y el viejo. ¿no es curioso que Ayesha hablase también el griego? -No sólo hablaba el griego. después de uno de mis sueños febriles. -Bueno. pasado. sino que conocía varias lenguas orientales. -Gracias. Comenzó de manera refinada y discreta. Cuéntame lo que te haya sucedido. Holly. Parecía sacada de un cuento de hadas. Si acabábamos juntos. pues era ella. ¿dónde estabas cuando me dejaste caer? Te llamé y no me respondiste. -No. Siempre le contesté que éramos exploradores. Yo lo vi. con su corona de oro y con sus negros cabellos sueltos sobre la espalda. La Khania. Todo marchó bien hasta el otro día. lo pasado. Pero. me besó. pero hasta la última noche no ocurrió nada que me hiciera sentir desconfianza o prevención contra ella: siempre tenía el buen cuidado de no hablarle de nuestro pasado. vino varias veces después a mi habitación. y vestida como una reina. inclinándose sobre mí. pero lo mismo que ella pueden conocerlas otras personas. en que la volví a ver de nuevo. ¿Sabes de quién se trata? No sé. Creí que. y que.

El contacto con mi pelo pareció actuar sobre su naturaleza como los ácidos sobre los metales falsos. Pero un hombre que como tal se tenga. la Khania no pudo evitar una mirada envidiosa. y su vista se nubló. a quien había perdido hacía años. y tomó un mechón con sus manos para probar. que nunca podía haber sido la misma persona en otra reencarnación. no comprendo otra cosa. salió de la habitación. su finura y suavidad. puse fin. Le tengo miedo". que había venido a salvarme de la muerte. Eran tan diferentes. sonrió. "Esto es todo lo que tengo que contarte. y. pues después de todo Ayesha es mi esposa. Traté de convencerla como pude de que sus temores eran infundados. hablando sinceramente. que cayó sobre mi espalda. Desaté mi pela. Contra lo que me suponía. cerrando la puerta con llave tras de sí. que es todo lo que ELLA nos dejó. sin duda. no :é lo que esta endiablada mujer quiere hacer conmigo. "Ya estaba casi convencido. cansada y rabiosa contra mi hermética y tranquila indiferencia. "Verdaderamente hablaba con tal convencimiento que casi me incliné a creerla. . Todo su mal instinto y su maldad se puso de manifiesto: su voz se tornó bronca. y la dejé hablar. "Quedé convencido de que la Khania no había sido nunca Ayesha. cuando me acordé de la prueba del pelo. pues realmente Ayesha podía haber cambiado en su actual reencarnación. tomando toda ella una expresión de ira vulgar y ruin. No se pudo contener. pues era ella. y a su vista. pues. amenazar y hasta blasfemar. diciéndole claramente que venía en busca de mi esposa.74 desde que me vio comprendió que nuestras vidas se habían conocido en un pasado lejano. sacándome del río. sin aquella terrible majestuosidad con que lo hacía Ayesha cuando algún evento hacía iracunda su plácida calma. y suplicándome que no la abandonara y que no le negara su amistad. no estoy tranquilo. Permanecí callado. contestándome que no era necesario buscar muy lejos para encontrarla de nuevo. supongo sería porque era más largo que el suyo. lo que es más todavía. ¿puede permitir que una mujer bella le esté halagando y haciéndole toda clase de cumplimientos? "Así. a esta escena.

Así lo hizo. ordenando a la Khania y al viejo Simbrí salir a nuestro encuentro y "que tenía servidores en el aire y la tierra". diciéndonos fríamente que como la noche caía. he visto a Simbrí varias veces con los ojos clavados en nosotros. sólo siento el daño que mis palabras hayan podido haberle causado. Si es así. Leo me escuchaba atónito. . y no me interrumpas. Enfrascados en nuestros mutuos pensamientos.75 -Sí. ¿La mujer que fue mi esposa hace dos mil años? ¿Amenartas reencarnada? -¿Por. se disponía a embarcar en la nuestra. sentándose frente a nosotros. y que el viejo Simbrí. Cuando acabé me dijo: -¡Gran Dios. qué historia! Pero dime: ¿quién crees tú que será esa Hesea que escribió la carta desde la Montaña Sagrada? ¿Quién será la Khania entonces? -¿Quién te dice el instinto que pueda ser? -¿Amenartas? -dijo como dudando-. Le conté todo lo que sabía. .. saltando de la suya. qué no? Acuérdate que siempre te aseguré que si llegábamos al fin de esta aventura encontraríamos de nuevo a Amenartas o al espíritu de Amenartas reencarnado. no ha de poder recordar su pasado? ¿Te extrañará entonces que esta mujer se vuelva loca de amor a la vista del hombre a quien no ha dejado de amar nunca? -Me convences. ayudada por la magia de su tío Simbrí. ¿por qué esta mujer. deseaba hacernos compañía para protegernos en la oscuridad. Si el viejo Kou-en y miles de monjes budistas recuerdan su pasado y juran que es verdad. pero no te excites y hables demasiado alto. es verdad. Ya ves cómo estaba en lo cierto.. no nos dimos cuenta de que la barcaza había atracado junto a la ribera. quizá el timonel sea un espía. De haberlo sabido.. Ahora escucha lo que voy a contarte. Nuestra conversación se deslizó sobre el temor y la esperanza que nos infundía aquella misteriosa Hesea que escribió el mensaje desde el Santuario de la Montaña. -Éste tiene miedo que nos escapemos saltando al agua -murmuró Leo.. pues el tiempo que nos queda de estar solos puede ser poco. .

para sonsacarle la verdad. y así llamaron a la ciudad que fundaron. mirad la ciudad en la que dormiréis esta noche. pues sus habitantes son nuestros enemigos de raza. Éstos consagraron a este culto el templo y el Santuario. a ofrecer plegarias y diezmos en tiempos de sequía. no se veían grandes construcciones. -Mirad -dijo el mago-. y sacerdotes también. hace dos mil años. Son demasiados celosos en su deber de custodiar la Montaña Sagrada. Un colegio de éstos establecieron los conquistadores. Nos asesinan. o cuando un Khan muere. los conductores fustigaron los caballos. os he dicho. la configuración de su cumbre representa el símbolo de una diosa de este nombre. porque.76 A una señal. y la náutica caravana púsose en marcha nuevamente. y pagamos con la misma moneda. el pueblo de Kaloon. estaba situada sobre una isla que formaba el río al dividirse en dos ramas. y esta religión es la que profesa hoy día. o mientras el hambre y la miseria . A excepción de un edificio con columnas y minaretes. -¿Cómo se llama la ciudad? -preguntó Leo. conquistaron este país. como supimos después. -Así. y vimos una gran ciudad. Miramos hacia donde nos señalaba el viejo. formada por casas de tejados planos. pues. pero sabemos poco sobre la Montaña. Al territorio en que se extiende la Montaña lo llamaron Hes. según decían. -Sí. que más tarde fue reemplazado por otro de adoradores del Fuego Sagrado de la Montaña. a quien adoraban. asesinándolos también. y nadie puede subir sin permiso a consultar el Oráculo. Su posición era bastante buena. -¿Es verdad que viven sacerdotisas todavía en ese templo? -preguntó Leo aprovechando la expansión del viejo. -Kaloon -contestó el mago-. así se llamaban estas tierras cuando nuestros antecesores. y rodeado de jardines. ¿a quién adoráis ahora? -A la diosa Hesea. o cuando el granizo o las desbordadas aguas del río devastan nuestros sembrados. pues.

porque dicen que el espíritu de la Montaña está ofendido. Roguemos que no sea la señal del comienzo de una era de calamidades para Kaloon. -¿Qué hacen estos hombres? -preguntó Leo a Simbrí. sobre los diques. si no somos atacados. La última vez fue hace tres meses. Por algunos minutos continuó la iluminación. En el silencio de la noche rasgaron el aire los salvajes aullidos de una loca jauría. piden a la diosa su protección. El enorme arco de la cumbre resaltaba como un fanal gigantesco. iluminando las cumbres vecinas. En un altozano. El reflejo del paisaje y de la atmósfera era altamente pintoresco e impresionante. el humo que coronaba la cumbre de la Montaña Sagrada se tornaba de negro en rojo. en general. aunque. Nosotros. la intensidad fue cediendo. Pero aún nos deparaba el Destino algo que ver antes de entrar en ella. Al poco rato se convertía en un penacho de llamas. desapareciendo el resplandor con la misma lentitud que había venido. y como pasan bajo el haz de luz que por el arco se filtra. creciendo de volumen hasta que llegaron a oírse a pocos metros de nosotros. -¿Es que no brilla siempre el fuego como ahora? -inquirió Leo. llamado el camino de Hes.77 azotan el país. no violamos la paz. Un resplandor rojizo cubría de una rosada pátina los chatos tejados de la ciudad. Poco a poco. hasta entonces no había brillado desde hacía años. -No. dando muestras de un temor extraño. coloreando sus torres y minaretes. blanca como una enorme esfera. Los aullidos se acercaban más y más. Los conductores de los caballos en la ribera y el timonel de nuestra barcaza comenzaron a lanzar en voz alta sus plegarias. La luna brillaba. todos los hombres del país van armados y están dispuestos a luchar cuando sea necesario. apareció un jinete galopando . A medida que iba cerrando la noche. que iluminaba el cielo varios kilómetros a la redonda. a sus rayos vimos cómo poco a poco nos acercábamos a la ciudad. quedando únicamente un pequeño reflejo rojizo en lo alto de la Montaña. -Rezan.

una docena. Paróse un momento para orientarse. en medio de la algarabía de los perros. -¡Los Mastines de la Muerte! -murmuró Leo. mira: aquí viene el cazador. no podía reflejarse en la cara de un hombre que gozara la plenitud de sus sentidos. que el Khan hace sentir el peso de su justicia. seguían sus servidores. parece que van a la caza de ese pobre diablo. ¡aullando sin cesar! . tomándome del brazo. Apareció un segundo personaje. amigo Holly -contestó el viejo-. se perdió en las sombras. -¡El Khan! ¡El Khan! -dijo Simbrí. -¿Qué crimen cometió? ¿Quién es ese pobre hombre? . No había duda. pero al pasar. así que el ruido de los cascos se apagó en la distancia. Pasó frente a nosotros como una flecha. seguido de la escalofriante música.. amigo Simbrí? -pregunté. Lo mismo que el anterior. Ciento. -¿Qué quiere decir esto. Pasó ante nosotros al galope del caballo. volvió la cabeza. sin duda perturbado por nuestra presencia. Tras él aparecieron más.78 furiosamente sobre un blanco caballo. más. monstruoso. todos horribles y espantosos. aquella expresión salvaje ante la captura de un semejante. al pasar frente a nosotros. pudimos ver el terror y la agonía en sus facciones. llevando látigos. Caza a muerte a aquel que ofendió su dignidad de Khan. rojo. volvió la cabeza. con los que fustigaban a sus caballos exigiendo una veloz carrera que les permitiera seguir la loca marcha de su señor. Serían unos ocho. -Sí. pues dando un aullido. Pero. esgrimiendo un látigo. pero pronto se rehizo. mostrando en la cara la viva expresión de una locura demoníaca. impresionado. que había de ser despedazado por aquellas fieras. Tras él. -Quiere decir. de alta talla y feroces movimientos. y a la luz de la luna que le daba en la cara. ante la perspectiva de que el pobre fugitivo escapase con vida. Un enorme perro apareció.. que restallaba secamente. estremecido por el terror. con los ojos inyectados y profiriendo exclamaciones y denuestos. Se hundió entre las sombras.

viendo que era imposible todo escape. Al poco rato.79 -Es un gran señor de este país. volviéronse a oír los aullidos de la furiosa jauría. Nuevamente. sacudió su cabeza como queriendo darles un alcance que estaba bien lejos de mí. prometiéndole levantar el país en guerra y dar muerte a su marido. con ánimo. El jinete. pues la Khania. sin duda. que posee una esposa tan virtuosa! Me miró el mago. arrojándose sobre los flancos del caballo. atormentado por los celos. de encontrar en el río una muerte menos horrible que la que le esperaba. para hacer con él castigo ejemplar. Su crimen es el haber confesado su amor a la Khania. muriendo ambos despedazados ante la salvaje y endemoniada carcajada del Khan. Ahora no me extrañaba que la Khania odiara a aquel loco despótico que era su marido. que odia a los hombres. Si el Khan era un pobre desequilibrado. el primer jinete reapareció en escena. . El rojo mastín. Antes de lo que se tarda en contarlo. continuamos la marcha. que parecía ser el guía de la feroz manada. le cortó el camino. Bueno era saberlo para precaverse en el futuro. ¡Esta es la historia! -¡Feliz este príncipe. Esto le costará el morir en las fauces de la hambrienta jauría. no era de las más halagüeñas. y meditando un momento sobre mis palabras. se lo dijo al Khan. si llegase a saber que la Khania estaba enamorada de mi amigo Leo. y hacerla su esposa. CAPÍTULO 9 LA CORTE DE KALOON HORRORIZADOS por lo que habíamos visto. se dirigió hacia la ribera.nos presentaba. Él y el caballo parecían agotados por la fatiga. la perspectiva que se. Encabritóse el pobre animal y relinchando de dolor cayó al suelo. la jauría entera había hecho presa al jinete y caballo.

Entramos en las alcobas. La gente. y cuya estrechez nos obligaba a marchar en fila. Cruzamos la calle. Nos condujo a lo largo de estrechas callejuelas. de un deplorable estilo egipcio. grandes y deshabitadas. A esta cámara llegaban corredores. . Unas as primitivas lámparas de aceite alumbraban la estancia. donde grandes lámparas colgadas de la pared y techo esparcían una gran claridad. cuyo pavimento estaba formado por piedras planas. En una parte de la isla había un desembarcadero. pero complacientes. haciéndola grata y confortable. siempre herméticos. Seguimos el camino central hasta llegar a una gran construcción que semejaba un palacio muy sólidamente construido. Una guardia de hombres armados. Nos vestimos y salimos. Nuestra llegada. se abrieron las puertas. y saltamos a tierra. Aunque era de noche. Nos condujo a través de varias habitaciones. hasta una gran cámara. Llegamos a una puerta. que nos ayudaron a desnudarnos. diciéndonos que el oficial esperaría en la habitación inmediata para conducirnos hasta el comedor tan pronto como estuviéramos dispuestos. e intrigaba a los moradores de aquella tierra feliz. al término de nuestra jornada. donde atracaron las barcazas. El paso estaba cerrado. En uno de los extremos había una mesa larga y estrecha. Tras la puerta principal. Sus paredes estaban adornadas con trofeos y motivos egipcios. y me di cuenta entonces que nuestra compañía había engrosado con gran número de curiosos. Simbrí nos dejó. por fin. La cruzamos. que nos contemplaban y hacían comentarios sobre nuestras personas. "Un fuego caldeaba la habitación. donde encontramos los mismos esclavos. encontramos una amplia sala. nos esperaba para recibirnos. pero a una palabra de Simbrí. según pude juzgar. observé que las casas no tenían estilo arquitectónico definido. compuesto de una sala y dos dormitorios. cubierta con un tapiz y ostentando un rico servicio de repujada orfebrería. era esperada.80 Llegamos. a través de uno de los cuales nos condujo el oficial hasta un departamento. salía a los balcones. encontrándonos en unos grandes jardines. al mando de un intendente del palacio. a nuestro paso. ventanas y puertas para vernos pasar. llegando a una especie de plaza. avisando al intendente que ya estábamos dispuestos. en la muralla de una fortificación interior.

algunas de ellas jóvenes y hermosas. Nos hicieron una reverencia. habló en aquel griego mezclado con palabras del país. ja! -Perdonad. distraído con vuestra caza. Efectivamente. Gran Khan. abriendo paso a un personaje que golpeaba una campana de plata.81 Esperamos aquí hasta que unos servidores aparecieron para levantar las pesadas cortinas. . . mientras frotaba sus manos: -Sí. y con su campana de plata señaló la entrada de algún nuevo personaje importante. entre dos filas de esclavos. Parecía divertirle con mi apariencia. pero rehaciéndose. La Khania estaba tan hermosa como cuando la vimos en el recinto de la Gran Puerta. ¿verdad? ¡Ja. porque. Tras de él seguían una docena o más de cortesanos. Cerró la boca. a manera de presentación y saludo. Al vernos se turbó un poco. mis perritos lo cazaron y ¡ham! .. estos son los extranjeros de quienes te he hablado. Los ojos del Khan se fijaron primero en mí. hubiérase dicho que aquel hombre era insensible a toda clase de emociones. ¿Es ése vuestro deporte favorito? Se echó a reír. y correspondimos a ella. avanzaban lentamente dos figuras de grave majestad.. La Khania y el Khan de Kaloon entraron en seguida. sin apariencias de loco. y acompañados de damas. Apareció nuevamente la figura de aquel que podríamos llamar "maestro de ceremonias".Hubo una pausa mientras nos observábamos mutuamente. Pero os he visto esta noche. ja! Es la primera vez que nos vemos. Su mirada era serena y sin expresión. avanzó hacia nosotros. -¡Oh. pero al fin. El Khan parecía ahora un hombre pacífico. qué animal más raro! ¡Ja. espléndidamente vestidos. e hizo ademán de comer. antes de ahora. eso es. diciendo a su marido: -Señor. echándose a reír bárbaramente. seguidas del mago Simbrí y de otros gentileshombres de palacio. La caza de esta noche nos ha hecho correr un poco. diciendo. como la de un ser de oscura inteligencia. vestidos con trajes blancos.

Como bebida. . el dinero no se conocía. lo que supe de nuestra conversación fue lo siguiente: Que Kaloon se encontraba aislado del resto del mundo por estar rodeado de montañas y haberse roto el único puente que en la antigüedad lo unía al mundo exterior. se sirvió una especie de alcohol destilado del grano del maíz. y dirigiéndose hacia Leo. y tenía una población muy densa. Después de cruzar unas palabras conmigo respecto a nuestro viaje. conversando con él casi todo el resto de la noche. ¡Como me hable otra vez de la jauría.82 -Cesa ya tu brutal conversación -dijo la Khania con indignación. a la cabecera de la mesa. le dije en inglés: -¡Calló. Dirigiéndose a Leo. el viejo Simbrí. compuestos la mayoría de los platos de pescado. pero sujetándole por el brazo. no sea que tenga que cazaros a vos también. Que aunque existían minas de metales preciosos. Leo. le dijo: -¿Sois vos el amigo de la Khania a quien fue a ver a la Gran Puerta de las Montañas? Ahora comprendo por qué se tomaba tanto interés. pero tened cuidado. Que el país no era muy grande. dirás. El Khan sentóse en un sillón. En sustancia. entre dos de las más hermosas damas de la reunión. la Khania se volvió hacia Leo. hizo ademán de presentárselo. indignado. Todas las transacciones se efectuaban por medio del intercambio de productos. a la vista de aquel buen mozo. de la cual los comensales bebían más de la cuenta. por Dios! ¿No ves que este hombre está loco? -Borracho. al mismo tiempo que me indicaba sitio entre ella y su tío. pareció quedar sorprendido. carnero y confituras. hizo ademán de contestarle. El Khan. La comida fue abundante. todo ello presentado sobre bandejas de plata repujada. que se trabajaban y se convertían en artículos de útil uso. Yo pasé la velada hablando con el viejo Simbrí. le rompo la nuca! La Khania interrumpió para invitar a Leo a sentarse junto a ella.

ella no le ama ni a él ni a ninguno de estos cortesanos -contestó. él lo sabe. mirándome de soslayo-. los antepasados debieron ser individuos pertenecientes a algunas de las ramas de la gran raza tártara. lo cual. Digo casi todos. que el Khan. y por eso está siempre celoso de cualquier hombre que agrade a la Khania. cuyo título era hereditario. sería una gran cosa. que creían en la magia. Por lo demás.83 Entre los diez mil aborígenes del país de Kaloon. Su sangre. La Khania era la última descendiente directa del primer conquistador. eso. amigo Holly. pudiendo entonces la Khania tomar otro esposo ahora que todavía es joven y hermosa. señalándome con la mirada a los que estaban en la sala. se encontraba mezclada con la de los primitivos pobladores del país. dice Rassen. -Quizá ame a su esposa -dije a Simbrí. y su marido y primo era descendiente de una manera indirecta. sin embargo. -Verdaderamente. por este motivo. era de la más despótica constitución. la astrología y la adivinación. residiendo todo el poder en las manos del Khan. que tanto nos oprime y a quien odiamos. . porque había algunos descontentos por la falta de descendiente. Aunque está loco. Cualquiera que gozara de este favor. ya lo habéis visto esta noche. muriera. a la muerte del Khan. Religiones existían dos: la del pueblo. que eran numerosos en el país. Que el gobierno. -¡Quizá! Pero si es así. o sea los descendientes de Alejandro Magno. si así podíamos llamarlo. y la de los aristócratas. fuera mujer o varón el descendiente. como dice el pueblo. había de causar trastornos por la sucesión del trono. existían algunos que podríamos llamar de sangre azul. debido a la densidad de población. A juzgar por la apariencia de los descendientes. equitativa y compasiva con los pobres. la Khania contaba con casi todos los habitantes del país como partidarios suyos. gozaría también del de la muerte. que adoraba al espíritu de la Montaña. -dijo Simbrí. la Khania era justa.

dando saltos y ladrando como desesperados. Al mediodía salimos en su compañía escoltados por una guardia. en aquel momento. pero pobre del que se hubiera acercado a ellos. Los mastines vulgares del Tibet no eran sino simples falderos a su lado. Tan pronto como nos olfatearon. Nunca había visto animales de tanta fiereza y de tan gran tamaño. miró a su marido. primero. pues estábamos muy fatigados. comentaba. en la que el Khan era el montero mayor. tumbado en el sillón. la jaula donde se guardaban-los Mastines de la Muerte. que debía estar no muy lejos de nosotros. ordenándole que nos acompañara a nuestras habitaciones. y con un gesto de amargura retratado en el bello semblante. seguimos a lo largo de la muralla hasta una gran avenida. los detalles de la lúgubre caza. cuyo cargo era trasmitido de padres a hijos desde hacía muchas generaciones. donde al caer la tarde. los habitantes paseaban en sus ratos de ocio. Al amanecer nos despertaron los aullidos de la jauría de la muerte. con furia. Unas pequeñas puertas daban salida a los mastines cuando fatalmente era necesario. se arrojaron contra los barrotes. ninguno de ellos era capaz de inspirar una pasión. perdonadme. así como las del Khan. oí que decía a Leo: -¡Ved! ¡Ved el compañero de mis días! ¡No sabéis lo que sufre la Khania de Kaloon! Mas. la Khania Atene nos envió dos magníficos caballos blancos. en su mayoría estaban borrachos y hablaban entre sí a grandes voces y reían estrepitosamente. Estos perros estaban al cuidado de guardianes. donde nos dormimos profundamente. Estos feroces animales eran los verdugos del país. Nos enseñó. Los mastines obedecían ciegamente las órdenes de éstos. Las mujeres habían bebido más de lo suficiente. Llamó a un intendente. poniéndolos a nuestra disposición. El Khan.84 Ciertamente. Mañana nos veremos y hablaremos de nuevo. me encuentro muy fatigada. Atene. El peló era corto y reluciente. con gran . todos los malhechores y asesinos de la ciudad servían de pieza a cobrar por la jauría en una lúgubre caza. y deseo descansar. Era grande y con. Luego. gruesos barrotes entrecruzados. A esa hora. entre risas. y ofrecían un lastimoso espectáculo. Después de ver los perros. Al día siguiente de nuestra llegada.

colmándonos de atenciones. . ají como detalles y anécdotas de las costumbres y usos de los pueblos que había visitado. Le hablé de Egipto. su antepasado. Pasábamos las veladas en nuestras habitaciones. Dos inquietudes atormentaban nuestras almas: el deseo de escapar y llegar al santuario. Estaba seguro que su pasión. si era posible. en cuyo caso no había más remedio que despejar la violenta situación con todas sus consecuencias. cruzamos un primitivo puente de cuerdas y troncos. gratamente charlando. pues aunque los labios nada decían. estábamos hasta medianoche. Atene escuchándonos muy complacida y con los ojos puestos en Leo. Las noches siguientes tampoco comimos en el comedor regio. y así. y la Khania. los ojos eran más elocuentes que las palabras. Cuando le presentamos nuestros cumplimientos y le dimos las gracias por su atención. La Khania y su tío vinieron a acompañarnos. acompañados por la Khania. aumentaba día por día. el conquistador del país de Kaloon. que hacía que Leo le contase cosas de Inglaterra. nos dijo que había dispuesto que comiéramos solos para no exponernos a recibir insultos y a presenciar espectáculos desagradables.85 contento por nuestra parte. aunque no había vuelto a insinuarse con Leo. sino en la habitación que estaba junto a nuestros dormitorios. Yo le conté la historia del rey Alejandro. y nos lanzamos a través de los campos. llegaría un momento en que volvería a hablar de su amor. el jefe del ejército a quien pertenecía el general Rassen. de sus curiosidades y de su vida. en vez de amenguarse. Aquella noche no comimos en el comedor real.

Era allí donde iba a tener lugar la escena decisiva de nuestra aventura en el país de Kaloon. Leo. seamos sinceros. de pronto: -Amigo Simbrí.86 CAPÍTULO 10 EN LA CÁMARA DEL MAGO UNA noche. Deseo pediros un especial favor: quisiera que rogáseis a la Khania nos permitiese seguir nuestro interrumpido camino. -Creo -dijo. Al terminar de comer. ¿No es cierto? -Veo que sois perspicaz. Pero eso no quiere decir que esté enamorada de vos -dijo el viejo. palideció. -Está bien. sin embargo. -¡No! Recuerdo cosas que atañen sólo a vos y a la Khania. ha sido tan buena conmigo y he recibido tantas bondades de ella. dijo. -Quizá queréis decir que no habéis olvidado lo. . que jamás pasó por mi imaginación avergonzar a la primera dama de vuestro país. Solamente. situado en la torre más alta del palacio.que sería mejor que vos mismo pidiérais eso a la Khania. Simbrí nos rogó que fuéramos a comer con él a su departamento. -Hablemos francamente.. A vos nada os sería negado. -¡Tenéis razón! Pero.. Parece que la Khania Atene no es feliz con su marido. que me han hecho creer. que había estado toda la velada pensativo y callado. reponiéndose. tratando de aplastar a Leo. El mago. amigo Simbrí.. ¡hablad! -Muy poco tengo que deciros.. al oír la demanda de Leo. que un caballero debería no recordar.

Pero. iracundo-. Mas amigos míos: ¡lo que está escrito. Khania: ¿qué es lo que está escrito? -preguntó Leo con ansiedad. trajo un papiro y leyó: "Las estrellas han demostrado con sus signos infalibles que antes de la próxima luna nueva el Khan de Kaloon. el Khan ha bebido tanto en estos últimos años que. -¿Pero cómo puede casarse nuevamente una mujer cuyo marido vive todavía? -¡Desde luego! Es una cuestión que he tenido en cuenta. Nada tendría de extraño. ¿qué necesidad tenéis de dar escándalo? Si. dejando ver a la Khania que nos contemplaba en pie. Pero sabed que jamás pasaron por mi mente esas ideas. aunque éstas hayan podido despertar vuestro enojo.. y la cortina que cerraba el paso al gabinete donde el mago guardaba sus instrumentos se descorrió. el país entero se regocijaría. que es su marido. si este hombre fuera asesinado? -dijo Leo. -¿Queréis decir. oí un ligero ruido tras de mí. y esto os honra. y creo que la solución más sencilla es que podría casarse si ese hombre. ¡No quiero saber nada de tal asesinato! ¿Me entendéis? Al decir esto Leo.. volví la cabeza. la Khania se decidiese a tomar nuevo esposo. Pues bien. Mas debo deciros que en este país no nos admiramos por ciertas cosas. morirá a manos del extranjero de rubia cabellera que llegó a este país a través de las montañas".87 -Habéis hablado noblemente.. Leo respondió serenamente. Leo? Levantándose de su asiento. muriese. -¿Quién hablaba de asesinatos? -dijo. por ejemplo. porque ella es la última descendiente de sangre real . -Señora: me alegro de que hayáis oído mis palabras. . -¿Por qué ha de enfadarme el saber que en mi corte hay hombres de honor que nada quieren saber de crímenes? ¡No! Estas palabras os honran. -Simbrí: ¡díselo! Simbrí se dirigió a su gabinete. . desde este momento os digo que no. está escrito! -Pero decidme. fríamente-. ¿Fuisteis vos. Rassen.

pero sabedlo: el Khan debe morir. poco a poco. y os vi! ¡Os vi! Vuestra cara era la de un niño. a través de los pueblos del Asia. lo que recuerdo se refiere a mi presente reencarnación. ¡mío! ¡Solamente mío! Pasaron largos años. Preguntádselo a mi tío. ¡no podía ser otro! . quizá será mejor para los dos! -Os obedeceré. entre un macizo de flores de mi jardín . mientras estaba con mi tío estudiando juntos la Senda que conduce al pasado y al presente. los verdes llanos y los desiertos arenosos. felinamente. donde los rayos del sol calcinan las blancas osamentas de las caravanas perdidas. -¿Pero por qué a mis manos? ¿Por qué no a las de Horacio? ¡Si así fuese. cruzando las heladas montañas. Siempre en sueños.88 -¡Las estrellas mienten si tal cosa afirman! -gritó Leo fuera de sí. -Como queráis -dijo Atene-. en la que desde mi niñez os he amado. Perdí el sentido en uno de esos dulces sueños en que parece que el espíritu se separa del cuerpo y toma fuerzas para ver aquello que ha de suceder. él sabe que es verdad lo que os digo. ¡Siempre. cuando os salvamos de las aguas. Del principio de este drama espiritual mío. no! ¡Está escrito aquí! Érais vos el hombre de mis ensueños hecho carne. señor. desesperado. ¡Sí! ¡Cuando era una niña. por lo que más queráis.. Después os vi muchas veces. tuve una extraña revelación. vuestra cara no me fue desconocida. nada os hablaré. Leo Vincey? ¿No comprendéis lo que para mí representa mi marido? -dijo la Khania. Yo sabía que vos veníais hacia mí. Comprendí que habíamos llegado a la escena culminante. ¡No miento. Vi entonces que vos y vuestro compañero descendíais por una saliente de hielo sobre el abismo. y por ellos supe que vos érais mío. yendo de un lado al otro. dominándose y mirándola cara a cara. La primera vez que os vi. Ya os conocía por haberos visto en sueños. pero érais vos. -¿Por qué os burláis de mí. en el río. siempre hacia mí! ¡Por fin llegásteis! Una noche. hablad! ¡Hablad. le _dijo. sin conoceros en persona. debería sufrir el castigo que el pueblo me impusiera! -gritó Leo. me quedé dormida una mañana de primavera.. aún no hace tres lunas. porque Leo. fríamente: -¡Señora. no a mis manos ni a las de mis cortesanos: debe morir a las vuestras.

tío! El viejo Simbrí movió afirmativamente la cabeza. temiendo que pudiérais caer y perderse vuestra preciosa vida. Holly saltaba tras de vos. ¡No! No pienso mal de vos. vi también cómo. hubiérais muerto sin remedio. y fueron mis manos las que os salvaron de perecer en el torrente. con los ojos fijos en el vacío. cuando la Khania de Kaloon os los ofrece? Quedó callada. os precipitábais en el abismo. ¡Tú lo sabes. y vimos cómo cortando la cuerda que os aprisionaba. vos que sois para mí la vida. mi bien amado: fue un acto político el que me obligó a unirme a ese loco déspota a quien siempre odié. Leo Vincey. vos seríais la más grande patriota y digna de admiración -dijo Leo en un tono rápido. ¡Lo hice solamente por el bien de mi país! -Si así fuera. hacia allí nos dirigimos presurosos. -Señora -dijo Leo-. Pero yo estaba allí. por donde ningún hombre hubiera podido descender. ¡aun cuando quién sabe si hubiera sido mejor que me hubiéseis dejado morir! Pero si toda esta historia es verdad. -Este matrimonio fue necesario para poner fin a la guerra que ensangrentaba el país entre las legiones de Rassen y mis fieles súbditos. de otra forma. Vos y no otro. el amor soñado y esperado desde hace tantos años. Dos pequeñas figuras se deslizaban por los hielos. Me salvásteis la vida. y esta mano la que os salvó la vida. además. Mas me extraña que deba ser yo el que tenga que cortar el yugo que os aprisiona a un marido que habéis escogido por vuestra voluntad. Fue este temor el que previó el peligro. Yo era la última descendiente de la verdadera raza. siempre creí que mis sueños y visiones eran solamente fruto de mi cerebro enfermo.89 Como conocía el lugar. ¿por qué os casasteis con el hombre que es hoy vuestro esposo? -¡Oh! No penséis mal de mí. ¿Queréis rechazarlos ahora. en el que traslucía el deseo de poner fin a esta escena-. "Cuando llegamos vimos que era verdad. Vimos cómo caísteis y quedásteis colgado sobre el glaciar. mi sueño. mientras sus labios temblaban ligeramente. señora. Además. y eso sólo basta para que mi gratitud sea eterna. Khania. me habéis con- . valientemente.

. Señora: ¡vos estábais en el río porque la poderosa Hesea. eso creo que sois. blanca como la cera. la pisotearé cuando estés en la agonía. la del Santuario del Fuego. suplicante-. quizá por no saber qué contestar a la inesperada resolución de Leo. -¡Atene! ¡Atene! -dijo Simbrí. ¿creéis por ventura que soy adivino? -Sí. Después. Con vuestra complacencia o sin ella iré. y aunque llevas mi sangre en tus venas. mago maldito? ¡Oh! Si es así.. pero creo que allí no está lo que buscáis. con aquella frialdad tan particular en ella: . ten la seguridad de que lo sabré. Khania. -Señora -respondí-. así os lo había mandado! -¿Cómo sabéis esto? -dijo Atene como mordida por una víbora. vagabundo apestado. Como si un secreto pensamiento cruzase por su cerebro. -Entonces. el Espíritu de la Montaña del Fuego.. con una pequeña sonrisa. y debo deciros que es realmente falsa. -De la misma manera que conozco muchas cosas más. añadió: =¿Es esta vuestra voluntad? Bien.. decidme: ¿qué respuesta habéis enviado a la poderosa Hesea sobre nuestra llegada al país de Kaloon? -Escuchad -interrumpió Leo antes de que pudiera contestar-. Atene permaneció en silencio durante algunos segundos. Se ñora: hubiera -sido mejor que hubiérais dicho toda la verdad. si la Khania de Kaloon o Hesea. mensajero del espíritu del mal? ¡Oh. por qué no os maté desde el primer momento! Pero ese olvido tiene pronto remedio. Atene. respondió: -¿Quién os lo dijo? ¿Fuiste tú. un espasmo de pena se reflejó en su cara. y después podréis juzgar quién es más fuerte. Quiero ir a la Montaña Sagrada a consultar al oráculo.90 tado la historia de la revelación de las estrellas como la que os anunció nuestra llegada al país. ¡Bien sabes que no puede ser verdad! -¿Entonces fuisteis vos. luego añadió. mientras Simbrí nos contemplaba estupefacto.

-¿Qué buscas aquí.91 -¡Viajero!. y he oído también a éste rechazarla. sí. mañana me diréis si me queréis tomar por esposa cuando la ocasión llegue. Era el Khan. pensadlo bien esta noche. No os hago ningún ruego.. me contestaréis. sin embargo. -rugió Rassen-. como la de las hienas. ninguna súplica. la primera dama del país de Kaloon. mi esposa. y reinar en este tranquilo país. y mañana. con un temor instintivo miré a mi alrededor. Vuelve a tu corte. por cuyas venas corre pura la sangre de los conquistadores. haciendo sombras. a la puesta del sol. ¡Ja. la princesa cuyas ropas se manchan al sólo contacto con las damas de la corte. lo que de esta nueva fase pudiera derivarse habría de ser fatal para Leo y para mí. pero esto ya lo sabía yo. gozando de la felicidad de mi amor. pero no olvidéis que sabéis demasiado. la que me rogó que me casara con ella. como en mi loca pasión llegué a creer. mi esposa. -¿Qué has oído. o morir en compañía de vuestro amigo. Sabed también. extranjeros. Al llegar dentro del círculo iluminado por la lámpara. y su risa. ¡que estoy loco. Rassen? -preguntó Atene-.. ja! He oído también. sabed que mientras yo viva no pondréis los pies en esa montaña. prorrumpió en una salvaje carcajada. pensando sólo con ello aumentar su poder 'y riqueza. Sin embargo. . ja! Pero sabed. Atene lo vio. que os he abierto mi corazón. la he oído ofrecerse a un vagabundo aventurero de rubios cabellos. Comprendí que algún cuerpo extraño había alterado la tranquilidad del ambiente. y por vuestros labios he sabido que la mujer que buscáis no soy yo. como si lo que sucedía fuera una cosa que de antemano supiera había de suceder. nos sacudió las espaldas con rudos escalofríos. y sigue con tus borrachos y tus mujeres. penetrando en la estancia. que tanto te hace reír? -¿Que qué he oído?. De pronto vi que la llama de la luz que iluminaba la estancia se movió. y vi la sombra de un hombre que avanzaba silenciosamente. y sabedlo. Leo Vincey. loco! ¡Ja. No me desdigo de mi ofrecimiento. Pero Rassen reía. ¡Oh! Que la Khania. porque era su rival en el gobierno de todo el país. Su mirada no expresó miedo ni inquietud.

¡Tío! Ven conmigo. mientras se secaba con la manga el sudor que le corría por la frente: -¿Se ha ido ya ese viejo hechicero? De sus ojos había desaparecido el brillo de la locura. La próxima copa no será para enloquecerte. sino yo. y no he de hacer nada por impedirlo. los escuchó la Khania Atene sin despegar los labios. Khan Rassen: tu destino está escrito. El mago avanzó unos pasos. contestándole que ya se había marchado. Solamente su contacto me pone enfermo. le dijo: -¡Rassen! Os he visto nacer. a quien odio con todas las fuerzas de mi alma. pues me siento desfallecer de vergüenza y de rabia. sois el hijo de una mujer maldita. a fe mía. pero la culpable verdadera de todos mis males no es más que esa mujer. De pronto. a mí me debéis el ser lo que sois. dame tu brazo. que estoy loco porque esa rata vieja -dijo señalando a Simbrí. y aquí veis sus frutos. no has sido para mí más que deshonra y corrupción. Yo os he elevado. Ya os acordaréis de mí cuando llegue el último instante de vuestra vida. durante el corto tiempo en que hemos estado juntos. sino para hacer callar esa lengua vil que arroja todo el veneno de tu casta a la limpia y pura de la última descendiente de los conquistadores.92 extranjeros. perdonad. . Lo hizo bien. volviéndose hacia nosotros con gran reverencia. que en el fondo no debían quizá carecer de fundamento. Todos estos rudos insultos. deteniéndose. preguntó. nadie sabe quién es vuestro padre. que brillaban como carbunclos. y mirándole con sus ojillos. y al pasar junto al Khan. nos dijo: -Señores.me dio a beber un filtro en la fiesta de nuestros desposorios para reducirme al lamentable estado en que hoy me encuentro. he intentado convivir con ella. Lo tranquilicé en seguida. pero envenena el aire el olor de embrujamiento que difunde. Sus pasos se apagaron en el corredor. y el Khan. la Khania Atene. habéis llegado a una tierra corrupta por el vicio y atacada por los malos espíritus. mirando furtivamente a su alrededor. no olvidéis que puedo haceros caer.

no parando hasta encontraros. estallando en una de sus brutales carcajadas. Khan. estad tranquilo. -¡Quiero huir. vos y sólo vois podéis librarnos de esta prisión. -dijo. con sus largos brazos colgando a lo largo del cuerpo. y entonces quizá se enfadase conmigo. por cuanto. Escuchad.93 -Creeréis que soy un cobarde. Vuestros temores son infundados. -Soy yo el que está loco. o sois vos. Rassen se quedó atónito... Deseamos solamente escapar de esta ciudad.. Ayudadnos. cuando os llegue la ocasión. ¡Ja! ¡Ja! Pero. y es verdad. rubio galán. ya que sus puertas están cerradas y vigiladas noche y día. ¡Dadnos la libertad! El Khan nos miró sorprendido. De repente. tengo miedo de él y de ella. . ¿adónde iríais? -Hacia la Montaña del Fuego. Creéis que intento robaros vuestra esposa. y no volveremos a molestaros ni a intervenir en la vida de vuestro país.. ¡Ah! ¡Ya veo claro! ¡Tenéis la reina y deseáis conquistar este fértil país! ¡Sois ambiciosos! ¡No! ¡No iréis hacia allí! -Escuchad. no busco vuestra muerte. mas no creo que podáis llegar hasta allí. poniéndose serio. podríais volver de nuevo con hombres para guerrear.. alguna idea pasó por su cerebro. en la que estamos prisioneros. Pero si así fuera. mas no son tales nuestros propósitos.. ¿queréis ir a la Montaña del Fuego? Sin embargo.. pero. ni un acre del suelo de estas tierras.. Khan! -le dijo Leo-. no me importa hacia dónde os dirijáis. y saldría en vuestra busca. Ellos me han dicho que yo debo mataros. Sed consciente. dijo: -Estoy pensando qué diría Atene si mañana viese que sus pájaros habían volado. El Khan permaneció pensativo.. como vos lo tendréis. exclamando: -Pero si os dejara libres. No deseo vuestra esposa. os buscaría.

imitando cómicamente la voz de Khania-. favorecidos por la oscuridad. dejadme que derrita el hielo de vuestro corazón con la llama de mi amor! ¡Ja! ¡Ja! Súbitamente exclamó: -¿Cuándo podéis estar listos para marchar? -En media hora -contesté. que nos servirían para cazar o para defendernos. Cambiamos nuestras lujosas ropas por aquellas que trajimos en el viaje desde la Gran Puerta a la ciudad. que ella y su tío tienen ciertos poderes secretos de qué valerse? Aquellos que supieron dónde tenían que encontraros. -¡Quién sabe si ese loco no nos engaña o intenta matarnos! Pero nos defenderemos mientras nos quede un hálito de vida -dijo Leo. bien pueden saber dónde tienen que buscaros si escapáis.94 -¿Más enojada de lo que está ahora? -repliqué-. y nos armamos con unas pequeñas lanzas. Pero sería curioso ver su rabia al saber que habíais huido. no nos encontrará. y mañana. CAPÍTULO 11 LA CAZA Y LA MUERTE LLEGAMOS a nuestras habitaciones sin encontrar a nadie en el camino. -Ben. Dentro de unos segundos estaré con vosotros. volved pronto. en caso necesario. . Recogimos las vituallas y útiles que pudieran servirnos en nuestra nueva aventura. Dejadnos marchar esta noche. mi rubio doncel! ¿Dónde estás? -dijo. ¡Volved. extranjeros. Recogimos nuestros fuertes cuchillos de caza. Id a vuestro cuarto y preparadlo todo. ¡Oh. por mucho que busque. -¿Olvidáis.

La luna brillaba aquella noche con tanta claridad. que. en voz baja. podemos volver. ¿quién nos puede decir que no podemos ser cazados? . Nos pusimos en marcha. sin embargo. -Y. donde. -Si creéis que es mejor. pero. -Su propia pasión la volvió loca. vamos -nos dijo. y que abrió con una llave que llevaba encima. por ventura. los que mueren no vuelven nunca. Se abrió la puerta. -No. -Si estáis ya listos. de allí salimos al patio. . prorrumpieron en terroríficos ladridos. El Khan fue hacia ellos y consiguió tranquilizarlos. yendo él a la cabeza.. aunque su deseo de vernos lejos de su mujer.. en aquellos instantes. -Pues Atene no piensa así -contesté. vamos. cómo nos las arreglaríamos para salir por la puerta principal. recuerdo el musgo que crecía entre las losas del pavimento. mirándonos fijamente. quedaos donde estáis hasta que la Khania quiera abriros sus puertas -respondió. Me preguntaba yo. que a su pálida luz podía verse. Pasamos a través de varios cuartos hasta que llegamos al gran recibidor. dejando paso al Khan envuelto en un largo abrigo de viaje. tuvimos que pasar por donde se encontraba la jaula de los mastines. siempre alerta y al olfatear nuestro paso. Mientras vivamos. a una cacería? -No -respondí-. vi cómo la dejábamos a nuestra derecha y cómo Rassen nos conducía por un corredor hasta una puertecilla oculta tras un tapiz. con gran alegría mía. tal vez nos sirva de ayuda. añadió-: ¿Para qué necesitáis estas cosas? ¿Vamos. -Sí. Viendo lo que llevábamos. y en el amurallado jardín. Nos encontramos al fin fuera del recinto del palacio. bordeándolo. esta noche habló de darnos muerte -contestó Leo. Mas.95 -Tienes razón. nos dijo que nos ocultásemos en la sombra. no confío gran cosa en esa bestia con forma de hombre.. pero no olvides que dijo que quién sabe si podríamos volver para encender en guerra al país.. por orden de Khania. cuya guardia había sido doblada recientemente.

El Khan me tranquilizó. por cuanto al poco rato oímos pisadas de caballos sobre el piso. nos internamos por el barrio de peor reputación de la ciudad. Leo y yo nos miramos. y él corrió ante nosotros a pie. y tendría que descubrir mi personalidad a los soldados para que os dejaran pasar. Algo contrariados. rubio . ¿Qué más se puede hacer para que partáis rápidamente? Ahora montad. llevándonos hasta un templete. allí. pues el mismo pensamiento había cruzado por nuestra mente: el Khan debía haber ido a buscar a los asesinos que tenían que darnos muerte. diciéndome: -No. los puentes están guardados. Montamos. -Los ensillé con mis propias manos -dijo-. Dejando la calle principal a un lado. saltamos al interior de una barcaza que había amarrada a uno de los pilotes. le expliqué los temores de que quizá hubiera alarmado a los guardianes. y cubríos la cara con el cuello de vuestros abrigos. pues volvía en seguida. el Khan. como hacían los maestros de ceremonias de Kaloon cuando acompañaban a sus amos. en un pequeño embarcadero.96 Cuando volvió a reunirse a nosotros. vuestra amante. en cuanto nos separamos del muelle-. -Debéis embarcar vuestros caballos y cruzar el río -dijo Rassen-. nos dijo que esperásemos. sujetándolos yo de las bridas. sus guardianes saben que están hambrientos e inquietos porque mañana ciertos criminales deben morir a sus fauces. Llegamos a la ribera. Rogad al espíritu de la Montaña que el viejo hechicero y su sobrina. errantes aventureros! -gritó el Khan. cruzando y recruzando el dédalo de sus tortuosas y lóbregas callejas. no hay cuidado. en tanto Leo empuñaba los remos. como hago yo. Llegamos a las puertas de la muralla. embarcamos rápidamente a los caballos. Mas pensamos mal. -¡Adiós. y el Khan volvió conduciendo de las bridas a los dos caballos blancos que Atene nos había regalado.

Llamándonos todavía. -Crucemos. hasta que la atmósfera se aclarase un poco. . montamos nuestros caballos y emprendimos la ascensión hacia la cumbre donde se encontraba el Santuario del Fuego. pero la corriente impetuosa hacía inútiles sus heroicos esfuerzos. nos dijo: -¡Corred. gritó: -¡Demasiado tarde. Me lo dijo en inglés. o por 1t que fuera. Sobre el muelle. déjalo -dije a Leo. al mismo tiempo que se refrescaban los caballos. debió comprender el significado. al mismo tiempo que se extendía una densa niebla que nos obligó a refrenar el galope de nuestros caballos. pero Rassen. con ánimo de desembarcar.97 doncel. Desembarcamos los animales. no estén presenciando vuestra fuga reflejada en el espejo-mágico. La corriente tomó de lleno a nuestra barcaza. y parándose de pronto. porque entonces nos veremos de nuevo. echó a correr. la aurora tiñó con su púrpura las nieves de las vecinas montañas. decidiendo hacer alto en nuestra marcha. si queréis salvar vuestra vida! ¡La muerte os va siguiendo los pasos! Leo remó entonces con fuerza hacia la orilla. llevándola hasta el medio del río. extranjeros. por la modulación de las frases. locos! Con una carcajada se perdió en las oscuras sombras de la noche. Poco tiempo después. por cuanto. pues sus palabras encierran una amenaza. en un pequeño trigal. corred. el Khan reía con aquella risa trágica que hacía estremecer a los que la oían. y sin preocuparnos de la barcaza. -Haríamos mejor en desembarcar y matar a ese hombre. Seguimos remando y divisamos un pequeño golfo. y hacia él nos dirigimos. dando un salto.

probablemente eran vestigios de los días en que el país tenía que ser defendido de los ataques ambiciosos de conquistadores de otra raza predecesora de la del actual Khan.98 El sol salió por fin tras la montaña cuya columna de humo era nuestra guía. Si queríamos estar a salvo. pero siempre cobarde y cruel. para servir de refugio y defensa contra los ataques de los errantes invasores. y con ella la Khania con toda su belleza y sus pasiones. La maldita ciudad de Kaloon quedaba tras de nosotros. Debían estar desmanteladas y sin soldados. o moriríamos: ¡todo antes que retroceder! A mediodía la configuración del terreno había cambiado por completo: todo eran pequeñas laderas escalonadas. revolcándose entre la seca hierba que cubría el suelo. por lo menos así nos pareció. Nuestra fuga a estas horas ya se habría descubierto. Desensillamos los caballos y los dejamos libremente solazarse. por consiguiente. y aquel Khan loco. sin duda. con sus misterios que tantos años de infructuosa busca nos había costado. teníamos que correr mucho. y nos encontramos. Dejamos esas torres tras de nosotros. Ahora. Dimos de beber a nuestros caballos. seguramente a estas horas un mensajero estaría poniendo en guardia al país para capturarnos. mitad diablo mitad mártir. Frente a nosotros ardía el fuego en la nevada cumbre. ya bien anochecido. Al anochecer nos pareció haber llegado al límite del país de Kaloon con el de las salvajes tribus. en una vasta llanura en la que no vimos ser viviente alguno. Altas y fuertes torres almenadas se elevaban. toda la distancia entre nosotros y ella nos parecía poco. o descubríamos éste. y reemprendimos nuestra marcha hacia la cumbre. pero no nos preocupamos. imposible el regadío artificial. No había agua. Decidimos dejar descansar nuestros caballos. Acabamos con la escasa . con ella también quedaba su tío con sus brujerías y adivinaciones. y los soldados seguirían nuestros pasos. que hacían. tan viejo en años como en ocultos crímenes. Sabiendo que la Khania quedaba atrás. convirtiendo en jirones la densa niebla que antes nos impedía el paso. ya que nuestros caballos habían bebido poco antes en una charca encenagada. para comenzar nuevamente la marcha a la luz de la luna.

Como suponía. cuando mi caballo. el caballo de Leo tenía los vasos embadurnados con la misma extraña substancia. junto a nosotros. que el diablo confunda. extrañado. me dijo: . Me levanté para verlo mejor. en una de ellas dio toda una vuelta sobre sí mismo. -Quien sabe si esto no es algún tratamiento del país para proteger los vasos -dijo Leo. sin que en todo el día nos hubiéramos dado cuenta de ese detalle. sus inútiles esfuerzos. efectivamente. hubiérase dicho que era sangre mezclada con pimienta u otras especias. pero lo que me extrañó fue que aquello no era barro. Efectivamente. ¡para que dejen una huella de su paso sobre la tierra seca! Leo palideció.99 comida que con nosotros habíamos traído de palacio. -¿Para qué? ¿Para que no puedan correr? -inquirió Leo. -Porque ese maldito Khan. se clavó en mi cerebro. fija. Veamos tu caballo. figurándome que serían manchas de barro rojo de algún fangal de los que habríamos cruzado. Me fijé entonces en que. sino una substancia aromática de olor penetrante y desagradable. obligándome a exclamar: -No perdamos el tiempo en indagar las razones. ha sido el que ha puesto así a nuestros caballos. era rojo. que contemplábamos. riendo. quedando con las patas al aire. los vasos del animal estaban manchados de rojo. que le era imposible ponerse de pie. Montemos. -¿Por qué tiene los vasos tan rojos ese animal? ¿Se habrá herido? -dijo Leo. Leo. balbuciendo. Una terrible idea. Leo. -¡Qué extraño es todo esto! -dije-. Tendidos sobre la hierba estábamos. a pesar de la noche sin descanso y de la larga jornada anterior. se enredó en tal forma. que se revolcaba con las patas atadas. -¿Por qué? -murmuró Leo. -No. punzante. después de varias tentativas inútiles. y escapemos a galope. y que sobriamente habíamos repartido en nuestra marcha.

-Sí -contesté con tranquilidad.. Rassen viene también. a ver si podemos escapar. llevando de su mano las riendas de otro caballo. -Escucha. estremeciéndose-.. y entre las últimas. jinete sobre un soberbio corcel. Asentí. ¿Abandonar los caballos? Miré hacia la cumbre. mis nervios se tornaron de acero y el temor desapareció por completo-. ¿pero para qué traerá otro caballo? Ya sé para qué nos servirán las lanzas. esta vez más claro.100 -Quieres decir entonces. No sé si podremos llegar al pie de la Montaña antes de que los perros nos den caza. Sujeté al mío. -Toda la jauría está suelta -dijo Leo. Ante este evento tan sospechado por mí. y sin dejar lugar a dudas respecto a su origen. un hombre al galope. Nuevamente se dejó sentir el rumor.. ¡Los mastines!. -Ya tendremos tiempo de hacerlo cuando nos veamos obligados a ello. ¡Al galope! . todavía se encontraban a muchas millas de nosotros sus laderas más cercanas. Vamos. y ahora sí que vas a ver cómo se cumple de verdad la profecía del mago. Leo. ensillamos los caballos con el propósito de comenzar una carrera fantástica. ¡Por eso reía tanto! -¿Qué hacer. Sin perder un minuto en comentarios. Forcemos los caballos. y le hice dar una vuelta para poder ver lo que tras de mí sucedía. A la incierta luz del crepúsculo pude ver una multitud de pequeñas figurillas que corrían. Horacio? -preguntó Leo-. Parece que nuestro amigo el Khan va a hacer su deporte favorito a nuestra costa. pues. los perros! -exclamó Leo. ¡Eran los ladridos de los Mastines de la Muerte! -¡Gran Dios. Es nuestra única esperanza. Justamente cuando acababa de cerrar la última hebilla de mi montura percibí un ligero rumor que me hizo aguzar el oído. a luchar desenfrenadamente..

roja y de negras orejas y patas como el ébano. La oscuridad se hacía cada vez más densa. aunque sólo duró unos segundos. Sólo teníamos la esperanza de poder alcanzar la vertiente de la Montaña. Aseguraba que podía matar a un hombre armado. máxime cuando el terreno era muy abrupto y rocoso.101 Partimos en la oscuridad. cuyo humo se tornaba rosado. ¡"El Amo" no estaba ni a media milla de distancia! . ocultando con sus sombras las montañas vecinas. Brilló intensamente. Especialmente uno profundo y penetrante como el sonido de una campana. Quizá esto fuera sólo una refracción de la luz al reflejar en las nubes y en las nieves de las cumbres vecinas. pues podían caer y lastimarse. lo que sería fatal. y al que el Khan llamaba "El Amo". no podíamos forzar más nuestros caballos. Aunque marchábamos veloces. con los ojos fijos en la cumbre. se negasen a continuar la caza. La jauría se nos acercaba cada vez más. justamente cuando el extraño resplandor desaparecía. La luna se dejó ver entre las nubes. teniendo la esperanza de que los perros. como si fuera un gigantesco faro. cansados. pareció que nos encontrábamos sumidos en una misteriosa luz fosforescente como aquella que irradia el mar en las noches calurosas del estío. En el silencio de la noche sus infernales armonías alcanzaban un volumen terrorífico. Pude distinguir entre ellas los tonos que la componían. mientras los mastines se acercaban cada vez más. nos ayudó bastante para orientarnos. con la jauría pisándonos los talones. observé que el que así ladraba era una bestia enorme. haciendo pasar un haz de luz por entre los arcos de la crux ansata. siempre que éste estuviera solo. Ahora sus ladridos sonaban trágicamente en mi cerebro. De pronto el fuego de la Montaña brilló en una explosión como la que vimos cuando llegamos a la ciudad de Kaloon. Nos. sentados en la barcaza sobre el río. Este resplandor. Le llamaba así porque no había perro en la jauría al que no hubiera vencido. Recordé que había oído el sonido de este ladrido cuando. Cuando pasó la jauría frente a nosotros. todavía muchas millas distante. vimos a aquel pobre noble de la corte morir por el crimen de amar a la Khania.

y la luz de la luna favorecía nuestra fuga. afortunadamente. Las laderas de la Montaña quedaban todavía a unas diez millas. -¡Salta de tu caballo y escondámonos en un matorral! -gritó Leo. Sin duda. con objeto de poder refrescar los caballos. Nuestros caballos también los vieron. situado en una colina. cuando menos. que había llevado de repuesto para cuando se cansara el otro. Su galope se iba acortando poco a poco. corrían. pues ahora el terreno había cambiado. venía el Khan montado en el segundo caballo. pero la fuerza tiene sus límites. hacían cuantos esfuerzos podían por salvarnos y salvarse. Vimos a nuestros dos pobres caballos corriendo frenéticamente a través de la llanura. A poco de marchar por esta colina. algunos de ellos debían haber caído en la ruda marcha. pues teniendo la presa ya cercana. llevando la de- . quizá en dos horas de marcha podríamos escapar de la jauría. ¡No tardarán en volver! A unos ochenta metros de nosotros había una roca que. y al poco rato los perros pasaron resoplando como a unos treinta metros de nosotros. y espoleados por el terror. y se estremecieron de terror. Corrían silenciosos. Sin peso alguno. Si el terreno continuaba así. Decidimos marchar unas cuatro millas más hacia el nacimiento del río. Al llegar allí pudimos ver a la jauría. Cruzábamos un terreno lleno de matorrales y rocas. sin que nuestros esfuerzos pudieran dominarlos. en donde unas millas más abajo nacía el río que regaba los enormes flancos de la Montaña del Fuego. No lejos. pues intuitivamente comprendieron que estaban destinados a saciar el hambre de aquellas fieras.102 Galopamos tan veloces como pudimos. No eran muchos. -¡Corramos! -dije a Leo. creían inútil desperdiciar fuerzas. nos vimos obligados a dar vuelta para poder pasar entre dos masas rocosas que se abrían ante nosotros. de cuyas aguas oímos el ruido. Apenas habíamos andado doscientos metros. tan pronto como pasaron-. Así lo hicimos. cuando los animales comenzaron a enloquecerse. pero las fuerzas de nuestros caballos tocaban a su fin. y creí más de una vez que iban a caer reventados. por el mismo camino que habíamos hecho anteriormente. nos daría tiempo para escalarla antes que la jauría estuviese de vuelta.

los necesarios para ponerte a salvo. tanto. torcido al dar un paso en falso. hagamos frente. . desgraciadamente. con la tensión nerviosa de la loca carrera sobre los caballos.los cascos del caballo del Khan. de pronto: -Bien. juguémonos el todo por el todo. no podemos ir más allá. de cualquier manera. especialmente el de "El Amo". Tu vida es sagrada: Ayesha te espera. haríamos perder la pista a los perros. Estábamos cerca. Puedo detenerlos por unos minutos. el morir no me asusta. Imploré a Leo que me levantara. mis piernas se negaban a sostenerme. si lo vadeábamos o bien caminábamos por sus orillas con los pies en el agua. y nos dirigimos a una roca cercana. y volvía sobre nuestra pista. No teníamos más remedio que hacer frente al Destino. Seguramente. acabó de inutilizarme por completo.103 lantera a la jauría. contra la que apoyamos nuestras espaldas y esperamos. pues a toda costa quería llegar al río. no obedecían. o nos oirán -dijo Leo. además. una vez en él. La juventud estaba ya lejos de mí y no podía correr tan rápidamente como las circunstancias requerían. mientras me ayudaba a llegar al río. -Calla. el Khan había podido reorganizar la dispersa jauría. pero los perros. puestos ya sobre la presa y olfateando el festín en perspectiva. sabíamos que esto no podía ser por largo tiempo. Un tobillo. Pero los mastines se acercaban cada vez más sobre nosotros. dejándome tendido en el suelo. mi vida es vieja y me pesa. Ya llegábamos a la orilla. Nos detuvimos. aunque. se volvieron a oír cercanos. El Khan hacía esfuerzos desesperados para hacer abandonar a sus mastines la caza de los caballos. el río representaba para nosotros una oportunidad de escapar con vida. Los ladridos de los mastines. que oímos claramente el ruido que hacían sus patas al correr sobre la seca tierra mezclado con el de . cuando Leo dijo. podía ver el reflejo de la luna en sus aguas trémulas. -¡Huye! ¡Escapa! -dije a Leo-.

Nerviosamente tiró su lanza contra ellos. entre las patas delanteras. Por qué o cómo. Los perros nos habían visto y venían ladrando rabiosamente. que se retiraron a corta distancia de nosotros. ¡Estábamos desarmados! La vista del compañero muerto detuvo un instante la furia de los mastines. el perro rodaba muerto por el suelo con un trozo de lanza clavado en el pecho.que hagas frente tú a los perros mientras yo me las entiendo con el Khan. se adelantó. los mastines avanzaban hacia nosotros. y tan rudo fue el choque que me vi lanzado contra la roca. La lanza le entró por el pecho. el más pequeño. y se dirigía hacia nosotros. no lo sé. seguramente. si bien no habían hecho presa. viniendo derecho hacia mí. aullando frenéticamente. había seguido tras los caballos. Pero sólo tres: "El Amo" y dos más. las peripecias de nuestra captura habían crispado sus nervios hasta el paroxismo. que pasó rozando a uno. ¡loado sea el cielo! ¡Sólo eran tres! El resto. quizá fue un impulso repentino. su cara parecía la de un demonio. Uno de ellos. Estaba loco de rabia y de celos. Cuando me pude dar cuenta. Preparando las lanzas. venía a matar o a morir. muy semejantes a él en fiereza y tamaño. . y estarían cebándose en ellos. aguardamos firmes la acometida de las bestias. la lanza en la derecha y el cuchillo en la izquierda secándonos las manos húmedas del sudor. Las otras dos bestias se habían lanzado sobre Leo. pero. Únicamente tres y el Khan. El Khan había saltado de su caballo. y el animal se arrojó con toda su fuerza contra ella.104 A unos sesenta metros. separándose de los otros. pensé que tendría miedo de luchar con nosotros. pero me bastó ver sus ojos para persuadirme de que no era así. pero el caso es que punteé un poco la lanza. pero con tan mala fortuna. No tengo reparo en decir que sentí miedo. pues los brutos parecían leones por su tamaño y furor. pues aquélla se había partido en dos. -Será mejor -dijo Leo. cuya figura salvaje se destacaba claramente sobre su cabalgadura. aunque uno de ellos llevaba en su boca un trozo de su abrigo. yendo a clavarse contra el suelo.

Rodamos por el suelo juntos hombre y perro. Cuando me parecía que todo se ponía negro. me señaló con ella. y su cabeza no era más que una masa informe negra y roja. y nos miraba melancólicamente. Cruzó por mi imaginación la idea de que había matado a Leo. abrazados. y llamando a los perros. . reanimándome. Era Leo. y él dirigirse hacia Leo. con vida. que. mi mano izquierda tropezó con una gruesa piedra.105 Desenvainó su daga. El perro me sacudía con fuerza. pues me encontraba aplanado por el tremendo choque nervioso. hizo presa de mi brazo derecho. agarrando al perro con sus hercúleas fuerzas. vamos a asegurarnos. ¡Bravo! En una de estas sacudidas había estrellado los sesos del mastín contra la piedra. vi que algo se levantaba delante de mí. se cumplió la profecía del mago. ¿Quién podría decir exactamente lo que sucedió? Mi cuchillo se enterró en el pecho de un mastín. con ojos de chiquillo enfermo. me dijo: -Bien. y que el perro soltaba su presa. La locura había desaparecido de su cara. a pesar de los puntapiés que le daba yo en el estómago. no lejos. pero ni aun así la feroz bestia me soltaba el brazo. Como un autómata me llevó hacia la roca donde estaba sentado el Khan. pero incapaz de moverse. contemplando mi lucha con la bestia. y que ahora contemplaba mi muerte. El otro. y poniéndome de rodillas. "El Amo". que rodó por tierra. Hoy creo fue mejor así. enloquecido. luchaban. rodando también sobre el suelo. que agarré desesperado. pues de otra forma la nueva dentellada me hubiera producido otra nueva herida. intentando arrastrarme para un lado y otro. lo levantaba como una pluma para estrellarlo contra el suelo. produciéndome con sus colmillos un dolor tan agudo. dejé caer el cuchillo que sostenía con la mano izquierda. Leo. En una de las vueltas vi a Leo y al Khan que. y al caer. dejando libre mi brazo ensangrentado. que. aullando de dolor. Los vi saltar hacia mí. Caí al suelo. le golpeé la cabeza furiosamente con ella. por debajo del codo. A otra vi al Khan.

. ha sido como profetizó el viejo Simbrí. ahora vuelvo. dime. y me habéis roto la espalda. Perdonadme. ¡Pobres bestias! Espera un minuto. ella viene en vuestra persecución. ¡Bah! El mundo no ha perdido mucho con ello. ¿estás muy herido? -Tengo el antebrazo completamente desgarrado. -No creo que éstos nos molesten por ahora. yo a quien debía de haber matado era a Atene y no a vosotros. donde vive otra mujer más fuerte y poderosa que Atene. Rubio galán. tenemos que huir del resto de la jauría. Estaba muerto. aunque vive ella y me vengará. ¡Quién sabe si no era un buen hombre antes de que lo volvieran loco! ¡Él ha tenido la culpa! ¡No hubiera querido matarle! -¿Cómo te las has arreglado? -Haciéndole caer la daga y agarrándole de tal forma que lo aplasté contra la roca. sino por su propia ofensa. Además. y huid a la Montaña. Pero. Horacio. no por mí. tengo una sed abrasadora. Vamos hacia el río. creo. es verdad.. CAPÍTULO 12 EL EMISARIO -¡MUERTO! -murmuré-. y sois fuertes. tienen nuestros caballos. pero se trataba de mi vida y de la tuya. habéis matado a esos mastines. Muy cruel. -¡Pobre diablo! No hablemos más de él -dijo Leo cayendo exhausto en tierra-. pero nada más. con perros aún más feroces que los míos: los de su despechada pasión.106 -Sois valientes -dijo con voz apagada-.. Eso fue todo. Después de todo. La cabeza le cayó sobre el pecho como tronchada.

en cuyo caso estamos salvados. ¡Vamos! Yo te llevaré a babuchas. poco profundo. me dijo: -¿Qué hacemos ahora? El río parece ser bastante ancho. unos ochenta metros. El río era. se apoderó del caballo del Khan. Después recogió las dos lanzas y mi cuchillo. Llegamos hasta la isla sin ningún tropiezo. Probemos. ¿Cómo voy a intentar cruzar un río que no conozco? En el. y monté sobre él. cubierta de matorrales y césped. sin ninguna dificultad. aunque sólo estaba a unos trescientos metros de nosotros. su frescura pareció aliviarme un poco. y que ni por el más delicioso néctar hubiera cambiado. Con su ayuda. indiferente a la desesperada lucha que se había desarrollado. Leo me dejó en el suelo. metí la cabeza en el agua. y de un solo golpe remató al perro que yo había herido con mi cuchillo. a unos treinta metros de la orilla. diciendo que aún podrían sernos de gran utilidad. Olvidando mis heridas. Cuando quedé ahito. Obedecí con dificultad. pues la fiebre me torturaba horriblemente. En seguida. llevó al caballo hacia el río. ¿pero quién nos dice que en el centro no tenga más profundidad? ¿Qué hacemos? ¿Intentar cruzar el río. Leo hizo lo mismo. me pareció un camino interminable. -Ahora -dijo Leo. arrastrándome hacia el agua. monté sobre la soberbia silla del Khan. que. y cuando se levantó con la cabeza chorreando.107 Se levantó y tomó la daga del Khan. No debe ser profundo. o esperar aquí a que lleguen los Mastines de la Muerte? -¡Si casi no puedo caminar! -murmuré-. había una pequeña isla. felizmente. amigo mío. que bebí con ansia. rebuscaba algún musgo para comer. y tomando Leo las riendas. Por fin llegamos. mientras volvía de nuevo a la orilla a recoger el . no te dejo que camines un paso más. que. me tiré del caballo. mientras Leo usaba la lanza que nos quedaba entera como bastón y guía. -Quizá podamos llegar hasta ella -dijo Leo-.centro. así como el brazo herido. a poca distancia.monta.

despierta! -dije a Leo.¡Nos persiguen! Se puso de pie de un salto. Estaba recordando nuestras aventuras del día anterior y las vicisitudes que tuvimos que pasar hasta llegar donde nos encontrábamos. distinguí dos figuras a caballo: un hombre y una mujer. Mientras esto hacía. y allá en la ribera. oí un murmullo que me estremeció. supongo que me quedé dormido o desvanecido. que no querían entrar en el territorio de la Montaña. dominando el ruido de las aguas corrientes. despertandolo. que aliviara los crecientes dolores que sentía. Era la voz de la Khania Atene.108 caballo y las armas que habíamos dejado. agotadas las fuerzas. Oí al hombre decir algo sobre los mastines. Una ligera niebla envolvía todo. no pudo evitar que la carne de mi antebrazo fuera destrozada por las dentelladas de "El Amo". Aunque la manga de mi abrigo era bastante gruesa. y agarrando una lanza. -Nosotros nada -contesté-: es a ellos a quienes les corresponde hacer. era un murmullo de voces. pues si en el mundo había dos personas a quienes no quisiera volver a ver. tuvo fuerzas aún para curarme las heridas. Leo recogió unas plantas acuáticas. Me levanté. A poca distancia descubrí al caballo que tranquilamente pacía en el verde. fue el caso que no me di más cuenta de nada. estaba amaneciendo. amigos míos --lijo la voz-. No obstante. Cuando los agudos dolores de mi brazo me despertaron. Señalaban al suelo. que examinaban con atención como escudriñando ciertas huellas en la arena. -¿Qué hacemos ahora? -preguntó Leo con gesto amargo. De cualquier manera. se preparó a la defensa. . y cerca de mí dormía Leo profundamente. restregándose los ojos. y miré entre el ramaje. -Arriba. Me pareció que el hueso también estaba roto. Lo desensilló y lo dejó pacer mientras él. y con un pañuelo me improvisó una cura un poco primitiva. y el hombre que la acompañaba «era el viejo Simbrí. eran ésas. -Bajad vuestras armas. caía rendido sobre la hierba. cuando. a través de la niebla. no venimos en son de guerra.

con sus manos. si no tiene ninguna herida. . y nos miramos. pues hablaban en voz baja: por los gestos parecía persuadir al viejo de algo a que éste se oponía. donde yo busco la mía. Al llegar desmontaron. Como os dije. existe alguien a quien tenéis que responder de vuestro acto. ambos metieron sus caballos en el agua. -Encontraréis mi respuesta allá en la Montaña -dijo Leo señalando el pico. Palideció la Khania y replicó: -Lo que allí encontraréis es la muerte. El viejo parecía estar rendido por las fatigas del viaje. sin que el cansancio ni las contrariedades hubieran dejado huella alguna en su resplandeciente belleza. Decidida al parecer la discusión. la Montaña está guardada por salvajes tribus que no conocen la piedad. de partir algo. Sin embargo. amigos míos. Fue ella quien rompió el silencio diciendo: -Mucho habéis corrido. recordad que puedo salvar vuestra vida y ceñir a vuestras sienes la corona de ese pobre loco. haciendo ademán. pero Atene estaba fresca y hermosa.los unos a los otros. -Lo sé -dijo ella-: no os maldigo. pero no os molestéis: no nos moveremos de aquí. entre las rocas. sino para continuar nuestra marcha. pero al fin os hemos encontrado. Antes de contestarme.109 -Venid -dijo la Khania desde la orilla-: os juro que no venimos como enemigos. ¿No véis que estamos solos? -No lo sé -respondió Leo-. -Así -dijo Leo. Atene dijo algo a Simbrí. sólo yo puedo protegeros contra ellos. dirigiéndose a nuestra isla. hemos visto a un hombre muerto. estaba escrito que era a vuestras manos a las que tenía que morir. Qué le decía no lo pude oír. -Entregadme a ellos si queréis. Decidme cómo murió. que se elevaba majestuoso entre las nubes-. ¿Khania. qué buscáis? -La respuesta que hace doce horas debíais haberme dado. El Destino se ha cumplido. Allá.

sea cuál sea la suerte que nos espera. hasta nunca! . ¿Queréis escuchar la voz de la experiencia? Yo he visitado aquel lugar cuando.que allá arriba no hay nada. dirigiéndose a mí. Comenzaron a discutir en voz tan baja. Horacio -dijo Leo disponiéndose a ensillar el caballo. -Extranjeros -dijo el mago-. -. será entonces la muerte la respuesta que buscamos. que no podía oír sino el murmullo de sus palabras. Después. y con la ayuda de Leo. Khania Atene. Horacio. sólo hay fuego y la voz del Oráculo. -Vamos adonde debemos ir. y gobernad sabiamente vuestro pueblo. probadlo en la Montaña -contestó Leo. si no queréis morir. -Os agradecemos el consejo. que habla desde el fuego: la voz del espíritu. de acuerdo con nuestras costumbres. me pareció que nuestra decisión los contrariaba sobremanera. Tomé la lanza en la mano que tenía útil. a quien jamás hombre alguno vio ni logrará ver. En unos cuantos minutos el caballo estuvo listo. monté sobre él. vamos. enterramos al padre de Atene. señor -dijo Leo. -¿Qué voz? -La del Oráculo. Por los gestos. pero antes de partir.110 -Quizá sea así. involuntariamente. -Vamos. Volved a vuestro país. vigílalos mientras ensillo el caballo. pero ellos no hicieron ningún movimiento sospechoso. he turbado vuestra vida y la tranquilidad de vuestro país. ¡Adiós. añadió-: Horacio.Os juro -dijo la Khania. y os aconsejo. y perdonadme si. prosigamos nuestro camino. y me puse en guardia. -Está bien. quiero. daros las gracias por vuestras bondades para conmigo y rogaros que me olvidéis. que no está la mujer de vuestros ensueños! ¡Yo soy esa mujer! Tan cierto como que vois sois el hombre de mis amores. que jamás pongáis los pies en ninguno de sus templos. al anterior Khan. será mejor que estemos prevenidos. señora. -¡No existe ninguna mujer allá arriba! -gritó Atene fuera de sí-.

Allí encontraré al Espíritu de la Montaña. nos dimos cuenta que su fondo de lava se encontraba cubierto por multitud de objetos blancos. huesos. y cuando hubo terminado exclamó: -Agradezco vuestras palabras. y con él enfrentaré mi fuerza y mis poderes mágicos. etcétera. En aquella ribera se extendía una tierra sucia y cenagosa. Leo Vincey. habiendo ido a recoger su escolta. Para la victoriosa será la corona por la que tantos años hemos luchado. calaveras. Este valle estaba en uno de sus lados limitado por una muralla natural de rocas cortadas a pico y de una altura de unos cincuenta metros. se internó en el agua.111 Atene lo escuchó 'con la frente baja. Éste se hacía cada vez más angosto y oscuro. con la esperanza de encontrar algún paso que nos permitiera salir de allí. Dando vuelta el caballo. Aquello era un verdadero valle de la muerte. Nos internamos más por el valle. Vimos que uno de éstos era un esqueleto humano. . que estaba aún a unas cuatro millas de distancia. pero. llegase de un momento a otro y nos hiciera prisioneros. llegamos sin ningún accidente. Habéis dicho que vais a la Montaña. y a medida que nos internábamos. no nos podemos separar así tan fácilmente. había miles y miles de ellos. que veíamos imposible de escalar. A pesar de ello. pues teníamos miedo de que Khania. Después nos internamos en un valle desprovisto de vegetación. cuyo fondo estaba cubierto de lava y detritus provenientes de las lluvias y de las nieves derretidas en el verano. y hasta la Montaña os seguiré. La parte del río comprendida entre la isla y la otra orilla era más peligrosa y de corriente más impetuosa que la que ya habíamos cruzado. pase lo que pase. Cruzamos aquellas marismas tan rápidamente como el terreno nos lo permitió. y que los demás eran restos de brazos. Dejamos la marisma. seguida del viejo Simbrí. llegamos a una ligera pendiente que conducía al primer pliegue de la Montaña.

La blanca figura no respondió. me preguntó: -¿Qué hacemos? -Seguirle. se espantó tan violentamente. mirando a mi alrededor. y su voz sonó lúgubremente entre aquellas rocas. pues iba cubierta de hombros a pies por un manto blanco y su cara velada por un lienzo. volviéndose a mí. que también llevaba cubierta con un guante blanco. Tan pronto como Leo avanzó. mientras estábamos mudos y como pegados al suelo. creo. El caballo. cuando la vio. pero te advierto que la presencia de este guía no es de las más agradables. señalando la cima de la Montaña. Leo avanzó hacia ella con ánimo de asegurarse de si aquel fantasma era real o todo era una alucinación de nuestras mentes febriles. mejor dicho. o. el fantasma retrocedió. subiéndose sobre un montón de huesos y quedando allí de pie. debe ser un emisario enviado de arriba -dije. que casi me echa al suelo. Sí. Avanzó hacia nosotros. v después a la muralla de roca que teníamos ante nosotros. aparentemente de mujer. Cuando llegó a unos diez pasos de nosotros nos hizo un saludo con la mano. Antes de que Leo llegase hasta él. la visión o realidad levantó su mano enguantada y señaló primero la cima de la Montaña o el cielo. -Está bien. -¿Qué ser sois vos? -dijo Leo. Le seguimos sin cruzar palabra hasta llegar a una profunda hendidura en la roca: Esta hendidura . Aparentemente debió entenderle. Con un gesto indicó al fantasma que podía obrar. Era una figura humana.112 Fue entonces cuando experimentamos la primera extraña emoción en la Montaña. Mis cabellos se erizaron. Leo no se detuvo y continuó avanzando. Leo. por una máscara con agujeros para poder ver. -Si no encontramos un camino para salir de este trágico valle creo que nuestros huesos van a hacerle compañía a los de los antiguos habitantes de Kaloon -dije. aquel bulto se movía y poco a poco se ponía de pie. por cuanto bajando de su altura avanzó entre las piedras y esqueletos sin hacer ruido. Según hablaba me pareció ver con el rabillo del ojo que un bulto blanco se movía. de esto no podía estar seguro.

Siguió adelante. rostro fiero y ademanes bravos y resueltos. Aquí nuestro guía nos esperó. pero creyendo que era una grieta sin comunicación alguna pasamos sin prestarle atención.113 ya la habíamos visto anteriormente. desvaneciéndose. vimos que ésta hacía un recodo rápido y que el fantasma estaba esperándonos allí. -Sea lo que sea. que. y nosotros tras él por una estrecha garganta que hacía una pronunciada pendiente y que acababa en una caverna o galería trabajada en la roca. Salimos por fin del túnel. dando gritos y alaridos. De pronto. La blanca figura señaló con su mano la cabeza del noble bruto. Entonces. que se elevaba millas y millas hacia arriba. sin hacer ninguna tentativa de desobediencia o fuga. Aquí encontramos señales de vida humana. Iban cubiertos con pieles y armados de lanzas y escudos. -Debe ser una visión -dijo Leo. hasta llegar a la blanca caperuza de nieve que coronaba la cumbre. Hicimos internarse al caballo por la hendidura. se encabritó de tal manera. seguramente. y nos vimos rodeados de un grupo como de cincuenta hombres de salvaje apariencia. siguiendo una senda que se extendía a lo largo de un torrente que saltaba ruidoso entre las peñas del fondo. pues la mayoría de los campos estaban cultivados en parcelas y numerosas vacas y corderos se veían pastar en los campos lejanos. aparentemente. dudando todavía. al notar la presencia de aquel extraño ser. y con intenciones evidentes de hacernos blanco de sus lanzazos. tomando la brida por un lado con su enguantada mano. pero éste. debemos seguirla. encontrándonos por fin en la primera estribación de la Montaña. y éste comenzó a sudar copiosamente. mientras Leo sostenía la otra. si tal era. oímos un estridente alarido. nos dispusimos a internarnos en el túnel. aterrorizado. que más de una vez creí que iba a caer de espaldas. La mayoría eran pelirrojos. . ¡Adelante! -dije. y cuando ya parecía que no podía seguir más hondo. Nos internamos en un estrecho valle. con la intención de agarrar al caballo por la rienda. El fantasma se internó por ella. aunque muchos de ellos eran de tez morena. nos había evitado un gran retraso en nuestra marcha.

¡Adiós. y señalándonos el fuego. cayendo de rodillas. y comenzamos a ascender por la cañada. apareció en lo alto de la roca. Nuestro guía nos hizo un signo para que le siguiésemos. les dijo algo en un lenguaje gutural. En unos minutos se desvanecieron tan rápidamente como habían aparecido. pues cuando los salvajes estaban a unos cuantos metros de nosotros. como si fuera un perro castigado. sin darnos la más pequeña molestia. sin que aparentemente persona alguna cuidase de aquel fogón improvisado. y cruzando y abriendo sus enfundados brazos. que.. nuestro fantasmagórico guía se había desvanecido tras una roca. Con gran sorpresa nuestra. mientras que el que debía ser el capitán de aquella horda se adelantó y. Leo! -contesté. hasta desembocar en un suave declive cubierto de hierba y de apacible aspecto. paralizó por completo las ansias bélicas de nuestros atacantes. cumplida su misión. seguramente por los salvajes que horas antes se disponían a dar cuenta de nosotros. como si nada hubiera sucedido. señalándonos primero a nosotros y después a la alta cumbre. pues en aquellos momentos el hambre hincaba su ruda . Nuestro guía nos hizo seña de desmontar. que darían cuenta de nuestras miserables existencias. inclinó su cabeza con aire de sumisión. . y levantando un brazo. Horacio! ¡Allá nos veremos! -¡Adiós. y en él colgaba sobre un trípode una olla de barro. Nos pareció estar en el mejor de los mundos.114 -¡Vamos a ellos! -gritó Leo sacando la daga-. nos dejaba a merced de estos salvajes. El fantasma le hizo un signo. Mientras tanto. incomprensible para nosotros. encontramos un fuego ardiendo. El capitán debió entenderle rápidamente. comprendiendo la verdad de lo que Khania y el mago nos habían dicho respecto a las tribus de la Montaña. Prorrumpieron en gritos de nuevo. A su vista. nos dio a entender que íbamos :i comer el contenido de la olla. pero sin que pudiéramos oír una palabra que saliera de sus labios. Cerca de dos horas duró aquella marcha. y todo cambió de color. Pero fui injusto al pensar así. sin pronunciar una sola palabra. dirigiéndose a sus compañeros. pues. nos había sido preparado de antemano. y se alejaron a toda velocidad. Sin duda. todos aquellos hombres de fiera apariencia quedaron suspensos y mudos. sin duda alguna.

y dirigiéndome al torrente de la cañada. Con la esperanza de que se descubriese al beber. nos dispusimos a devorar la extraña comida que nos había sido preparada. rechazó el ofrecimiento que Leo hizo cuando nos dispusimos a hacerlo. Cruzamos por varios caminos intrincados. el caballo también tenía preparado. aun cuando algunas veces oíamos aquel salvaje alarido. agradeciéndomelo con un gesto cortés. hasta que por fin llegamos a un lugar que para mejor dar una idea podríamos semejarle a un anfiteatro hecho por la naturaleza en la roca viva. y nos encontrábamos en el corazón de la Montaña. dándome a entender que declinaba mi atención. tan particular entre 'los moradores de Ja Montaña. igualmente. él. a corta distancia. pues. Tampoco quiso comer. Leo volvió a curarme el brazo. al paso que sumergía en ella mi dolorido brazo. construidas contra la pared de roca. No quería o no podía beber. Formados en semicírculo había unas ciento cincuenta personas entre . capaces de desorientar al mejor observador. Pronto la ligera senda desapareció. así lo interpreté. Al llegar al fogón se me ocurrió una idea que pudiera darnos a conocer quién era nuestro desconocido protector. La luna daba de lleno en aquel sitio. En un rincón de este anfiteatro natural se veían unas cuantas casuchas de.115 zarpa en nuestro estómago. iluminando una curiosa e interesante escena. lo llené de agua fresca.piedras. me volvió la espalda. tomé un cuenco de barro que allí había. le ofrecí un vaso de agua clara. pero. ¡oh gente previsora!. A la llegada de la noche habíamos dejado las vertientes bajas. Mientras Leo desensillaba y daba el pienso al caballo. un montón de pasto verde que lo resarciría de su abstinencia forzosa. con la esperanza de amenguar un poco el ardor de la herida. tan bien como nuestros pobres medios nos permitían. Llené el cuenco. sin que viéramos ningún ser humano. y. y me dirigí de nuevo adonde se encontraba Leo y nuestro portentoso guía. pues estábamos materialmente desfallecidos por las largas jornadas y el escaso alimento. Todo el resto del día caminamos sobre laderas cubiertas de verdura. Después de comer. Tan pronto como sacamos la olla del fuego y dejamos enfriar su contenido.

al parecer. Los siete estaban colocados en línea. De pronto desapareció. Una vez que cesaron todas aquellas salvajes gesticulaciones y alaridos del gigante. hombres y mujeres.concentraban su atención -en el fuego. Nuevamente nos hizo un signo indicándonos de que le esperásemos. un gigante pelirrojo. . indicando que ésta había sido encendida. había una gruesa roca de unos dos metros de altura. en el suelo. mientras sobre su cabeza. Parecía perplejo y sorprendido por aquella escena. se sostenía un gato completamente blanco. indicándonos que lo esperásemos allí. podía perfectamente divisar lo que acontecía en el llano. siempre llevando el gato sobre su cabeza. sin más vestido que un minúsculo taparrabos de piel. y con el lomo arqueado. Atravesó el bosquecillo.116 niños. mientras poco a poco nos interesábamos por lo que sucedía en la plaza de aquel circo natural. gesticulaba y gritaba en medio de las más raras contorsiones que persona puede imaginar. que parecía desconocer. No lejos de donde los salvajes celebraban esa ceremonia. y todos parecían poseídos de un extraño temor. Frente al semicírculo humano. que en aquellos momentos tomaba toda su intensidad y fiereza. siete personas con las manos atadas a la espalda. Sin saber qué hacer. y una de las mujeres lloraba desesperadamente. y se dirigió a un lugar donde. por cuanto las piernas les temblequeaban. A pocos pasos de distancia de ella había. entregados. tras la cual nos ocultamos mientras nuestro guía se internaba en un bosquecillo de pinos. una columna de humo se inició en la pira. esperamos allí. a la celebración de algún extraño rito. sin ser visto. ancianos. alumbrando todos los detalles de lo que a continuación sucedió. sin que nos diésemos cuenta de cómo. o lo que fuese. Todos permanecían indiferentes a ellos y. al mismo tiempo que nos manifestaba con otro expresivo ademán que guardásemos silencio.

pues nos debieron tomar por apariciones.117 Cuando pareció que todo estaba listo. junto a la pira. un hombre entregó al pelirrojo oficiante. donde la muchacha estaba condenada a ser quemada. -No puedo permanecer impasible ante esto. bufaba iracundo. mientras con sus pequeñas zarpas trataba de arañar la cara de la infeliz condenada. En un segundo vi a Leo lanzarse como un huracán. haciendo el mismo juego. y que era una muchacha. daga en mano. los salvajes se quedaron de pronto silenciosos y suspensos. mintiendo. el gato saltó sobre sus rodillas. en medio de aquella batahola. lo miraba con sus ojos refulgentes. aproximándose cada vez más a ellos. que ya habíamos oído antes entre las gentes del país de Kaloon: ¡Bruja! ¡Bruja! ¡Bruja! Los verdugos se precipitaron sobre ella. yendo a quedar agarrado con el lomo en arco sobre la vara. el gato saltó sobre la espalda del último. por cuanto la sangre me hervía en las venas. Después. mientras depositaba el gato sobre sus rodillas. que estaba sentado en un tosco asiento. el gato comenzó a maullar. En unos segundos estuve a su lado. hasta llegar al que hacía el quinto. mientras éste. arrastrándola hacia la pira. llevando siempre al felino sobre la vara. al llegar a ella. después pasó a los hombros del otro. Los ejecutores del sacrificio estaban con su víctima bien sujeta. precipitadamente tras él. donde los troncos resinosos elevaban enormes lenguas de fuego que iluminaban fantásticamente aquel aquelarre. Siguiendo su ejemplo hinqué las espuelas en las costillas del caballo. Tomó la vara con las dos manos. Si me oyó o no me oyó. sentado sobre la madera. Horacio -dijo Leo. Al verme a mí. En medio del más intenso silencio comenzó a entonar -una plegaria aparentemente al gato. y con las orejas echadas hacia atrás y el pelo erizado. después al otro. no lo sé. Cuando ya estuvo bastante cerca. desenvainando su daga. Todos los espectadores prorrumpieron en una sola exclamación. y a una palabra suya. mientras ella exhalaba desesperados quejidos. una vara de madera. comenzó a pasear por junto a la hilera formada por los prisioneros. -Quizá será mejor dejarlos que se arreglen solos -dije. . comenzando a arquear el lomo en felinos movimientos.

y sus atacantes estaban medio muertos de miedo. Leo luchaba contra todos ellos. Leo. que brillaban al reflejo de las llamas en la oscuridad. que adoraban a ese animal.sonó un grito unánime.118 Leo. el acto de Leo tenía ese carácter. con un "¡Atrás. no eran de cortesía precisamente. pues no sabía lo que decía-. la masa humana nos empujaba hacia la hoguera. a todo esto. a juzgar por el tono. Frente al fuego. gesto de ascetas y caras y cabezas afeitadas. el hombre soltó a su víctima. y vi que las rojas cavernas de fuego me esperaban para apoderarse de mi dolorido cuerpo. con titánico empuje.. creo yo. dirigirse a Leo y espetarle un torrente de palabras ininteligibles que. el gato. saltó de los brazos del hechicero a la cara de Leo. estúpidamente. le hizo dar tres o cuatro vueltas. Entonces. Leo era hercúleo en sus fuerzas. un grito de horror. los hombres caían bajo sus puños como simples muñecos. estaba nuestro fantástico guía. pero. Un hombre se interpuso entre Leo y yo. asesinos!". Con un grito de rabia y dolor. que sujetaba a la muchacha por la garganta. pero de un lanzazo lo derribé. se precipitó sobre los verdugos. . sosteniéndolo por la cola y lanzándolo a las llamas de la pira. Vi también al hechicero. hiriendo de un golpe de daga a uno de ellos. Entonces. con su brazo levantado. contestaba con una jerga de inglés. A la vista de aquel espantoso sacrilegio -pues. sentí chamuscarse mi pelo y el del caballo. -¿Por qué no dejaste al gato en paz? -le recriminé. Pero no estaba solo: con él había un grupo de hombres vestidos de blancas ropas. mientras ésta se internaba en la oscuridad. ¿No ves que vamos a morir a manos de estos salvajes? Tanto empujaba la masa humana. apuntando con un índice • al gigantesco hechicero de la tribu. que en unos segundos me encontré con el caballo casi encima del fuego. sosteniendo aún al gato entre sus brazos. griego y árabe. armados de dagas. ojos rasgados y negros.. enfureciéndose. avanzó lentamente aquella ola humana hacia nosotros. atrapándolo éste en el aire. que ni él mismo entendía. para ellos. En un instante estuve junto a él. ¡Triste fin a una vida de lucha y de ideal! De un brutal empujón de manos desconocidas caí del caballo y me encontré sentado sobre el suelo y.

contesta si tienes algo que decir.. El Superior los mandó acercarse con autoritaria voz. el gigantesco hechicero cayó de hinojos a los pies. aborto del averno. ¡perro maldito! ¿Qué ibas a hacer con los protegidos de la poderosa Madre de la Montaña? ¿Es para eso para lo que se os ha concedido la merced de vivir. de apuesta presencia y de cara agradable. ¡Contesta. no del jefe de los monjes. a esa pobre víctima y destruyeron el objeto de vuestra idolatría. Lo he visto todo. -En vano -dijo el superior de los monjes-.. El pobre diablo seguía postrado ante nuestro guía sin atreverse a levantar sus ojos del suelo. pero tras la cual se traducía una terrible inflexión-. ella es el Ministro que juzga y la Espada que ejecuta la sentencia. algunos curiosos quedaban contemplando atónitos la lúgubre escena. no obstante. emprendiendo una precipitada fuga en todas las direcciones. y ornada de una simpática sonrisa. en guturales exclamaciones. un hombre alto. demandas de pied DESPOSORIOS ad. El que parecía el jefe de aquellos monjes. a quien tanta vida se te había concedido. articulando. apuntó al fuego.119 A la vista de estos nuevos personajes. los salvajes experimentaron un pánico indescriptible. porque te queda poco tiempo que vivir! Con el terror retratado en su rostro. ¿Por qué ibais a matar a estos hombres. Entonces nuestro guía. levantando su mano lentamente. . a quien habíais de dar hospitalidad y apoyo tal como se os estaba ordenado? Ibais a matarlos solamente porque arrancaron de vuestras manos. a ti y a los idólatras que te siguen? . asesinado por su propio terror. el hechicero palideció cayendo hacia atrás muerto. dirigiéndose al hechicero le dijo algo que yo interpreté así: -Perro -dijo en voz suave. sino de nuestro fantástico guía. Y sabe que esto no ha sido sino una trampa puesta para probarte a ti. Habla y dime. Yo soy el Oído y la Voz. -Emisario -dijo el superior-: tú tienes la Justicia. La mayoría de los concurrentes al extraño rito había huido. De pronto. Como perros temerosos se acercaron hasta llegar a pocos pasos de él. Dicta tu veredicto..

¡No! Yo os lo diré. Ha sido cazado en sus propias redes. transmitida a mí desde su trono entre los fuegos de la Montaña Sagrada. en venganza quería hoy su muerte. el Superior avanzó saludando a Leo. Tal es la justicia de Hesea. ¡Llevaos a ese perro apestado que fue vuestro jefe! Algunos de los más arriesgados se acercaron. señalando al caído-. pensaréis vosotros. los salvajes fueron abandonando el trágico lugar. Esta suerte seguiréis cada uno de vosotros que abandone su culto para dedicarse al crimen y a la idolatría.120 -Mirad -dijo. Pero el Ojo ve. y así os sucederá a cada uno de vosotros que se aparte del camino trazado para seguir el camino del mal. y sabréis por qué este hombre ha sido castigado. la Madre. -Ahora arrojadlo al lecho que habíais preparado para sus víctimas. Los portadores de la fúnebre carga se dirigieron hacía la llameante pira. Como ella le rechazó. levantando el cadáver del suelo. . ¿Sabéis por qué quería matar a esta muchacha a quien los extranjeros han arrebatado de sus garras? Porque el gato idolatrado la señaló como bruja. poniéndose una mano sobre la frente. CAPÍTULO 13 BAJO LAS ALAS PROTECTORAS DE LA DIVINIDAD UNO tras otro. mirad y temblad ante la Justicia de Hesea. Cuando el último hubo desaparecido. siendo hermosa. como ha hecho con muchas otras. -Escuchad -dijo el monje-. aun siendo casada y amando a su marido. y mi voz es la de la Verdad. la quería para sí. y arrojaron en ella el cuerpo del hechicero. No fue por eso: porque. la Voz habla y el Emisario emite su veredicto.

y es el deseo de la Poderosa Madre y Señora a quien sirvo que.. por el cual se llegaba a la segunda. manos viles e indignas han osado tocaros e intentado poner fin a vuestra preciosa existencia. amigo. porque sé que. Los perdono. y cuyo Oráculo hemos venido a consultar desde lejanas tierras. No os pregunto si os encontráis heridos. y cuando hayáis descansado. que no hay hombre ni ser sobrenatural que pueda produciros el menor daño. morirán ante vuestros ojos. necesitáis lavaros y cambiaros. ahora. distante como unos cincuenta metros. contestó: -Vuestros alimentos y vuestros lechos están ya preparados. pero lo sé -respondió Oros. . Sin embargo. gravemente. todos esos hombres que os ofendieron. tengo orden de conduciros adonde deseáis llegar. La casa ' estaba dividida en dos habitaciones: la primera era una especie de comedor. -Me llamo Oros -contestó. ¿Queréis seguirme? Poniéndose en marcha. de tal forma. construido contra la muralla de aquel anfiteatro natural. -Entrad -dijo-. no quiero derramar una gota de sangre. vos y vuestro compañero estáis protegidos por una fuerza invisible. desde el momento en que habéis asentado vuestros pies en el río que baña este país. No sabían lo que hacían. ¿Es éste vuestro deseo? -¡No! -dijo Leo-. estaban ciegos y locos. dirigiéndose a mí. Con una inclinación de cabeza. nos proporcionaríais una gran alegría indicándonos rápidamente el camino que conduce a la presencia de Aquella a quien llamáis Madre. si es tal vuestra bondad. -El cómo no os interesa. que parecía ser un dormitorio. al que las dentelladas del mastín han herido gravemente. Es el único favor que os pido. debéis curar ese brazo. agregó: -Y vos.121 -Señor -dijo en la misma jerga griega que usaban los habitantes del llano-. Y después. -¿Cómo sabéis eso? -pregunté. nos guió a un pequeño edificio. -Amigo Oros.. si tal es vuestra voluntad.

volvimos a la otra cámara.. Miraba hacia donde Leo se encontraba. pues. Ahora más que nunca. haciéndolo todo con la experiencia de un «profesional. ¿qué hace? .. en . no era tan fantasma como creíamos. Así que me curó... a la claridad un poco difusa de la luna que entraba por la ventana. atacándola con furia merecedora de más altas empresas. una vez que estuve vestido. -Los colmillos del animal han hecho heridas profundas. pues hacia aquel lado tenía dirigida su cabeza. Así. así me pareció. o. en la que había mezclado alguna sustancia. En la otra habitación encontramos la comida preparada. vi la figura de nuestro guía fantasma aproximarse a la puerta. Tenía esa secreta intuición que sobresalta el espíritu cuando sabemos que ha entrado alguien en nuestra habitación. completamente distintos a los astrosos y derrotados viajeros que entraron en el refugio momentos antes. Agucé el oído cuanto pude. aquella forma humana o espectral parecía un fantasma de los que describen las historias de aparecidos. Hubo algo de humano entonces. y aquel suspiro parecía salir de lo más hondo de un alma. estaréis curado en pocos días. sin que le hayamos visto ni oído. y al poco rato dejamos la habitación. y despojándonos tan sólo de nuestras prendas exteriores. me ayudó a lavarme y a despojarme de las ropas viejas. El fantasma suspiró. poniéndome. algo que solamente puede salir de los seres que sienten y padecen. y sumidos en el sopor que es de suponer tras tanta fatiga. De pronto. y me lavó la herida cuidadosamente con agua caliente. el brazo en cabestrillo. en medio de la noche me desperté. Después. y entonces.. al menos. arrojándonos sobre los lechos. pues sufría y expresaba su dolor de una manera completamente humana. Leo había hecho lo mismo. ¡Extiende las manos hacia Leo.122 Me ayudó a levantar el primitivo apósito. para sustituirlas por las limpias y nuevas que había sobre el lecho. terminamos de comer sin haber cambiado una sola palabra. Mientras. y percibí un ligero rumor. pero no tengáis cuidado. caímos en pocos minutos en un sueño profundo y reparador. Pero.

Leo dormía profundamente.123 un ademán de ternura infinita! Parece que Leo siente también el influjo de la proximidad de aquel ser. Las frazadas que cubrían su cuerpo habían caído. donde ocultaba el guardapelo de cuero que conservaba un rizo de Ayesha. pues tiene los ojos cerrados. . volviéndolos a colocar en su anterior lugar. que cerró cuidadosamente. que continuaba soñando. Mientras. sus dedos enguantados abrieron el guardapelo. Se detuvo. dice: -. Habla tan bajo. diciendo con voz apasionada: -Ayesha: a través de la vida y la muerte te he buscado desde hace muchos años. ¡Ven.. Leo. pero parece que habla en árabe . y pude ver que temblaba. sacó los brazos lo mismo que antes.Ayesha! ¡Ayesha! La figura avanza y se detiene. y los ojos de aquella extraña figura permanecían como atraídos por aquella reliquia. con agilidad sorprendente. que no puedo oír lo que dice. amada mía! ¡Ven a mí! ¡No me abandones! Al oír esto. pero aún hizo más. siempre bajo la influencia de su sueño. Extiende sus brazos como queriendo abrazar a alguien con quien sueña.. Al mismo tiempo. dejando al descubierto su pecho.. mi diosa! ¡Mi esperada! La blanca forma se acercó aún más. Los contempló un momento. diciendo con voz apasionada: -¡Ven.. con un ágil movimiento salió de la estancia el fantástico guía. Me pareció oírla llorar.. y que sus brazos se extendían también en muda contestación a los de Leo. Ya oigo. Escucho. Leo cayó sobre el lecho.. Habla.. como haciendo un esfuerzo sobre sí mismo. sacando el largo rizo de sedosos y brillantes cabellos. Leo se sienta en el lecho..

.. Con una sonrisa. si lo conseguís... . sino con el propósito de descorrer el velo que cubre un misterio desde los más remotos tiempos. añadiendo que había venido con objeto de curarme el brazo. y Oros estaba de pie junto a mi cama. -Holly es mi nombre. y le pregunté qué hora era.amigo Holly. y hemos visto a la muerte apoderarse de ella.puede sufrir más todavía. conseguiréis lograr vuestros propósitos! Pero. mientras nosotros quedábamos inmunes. Me levanté de un salto. que vuestros cuerpos estaban a salvo.. Me di cuenta entonces de que hablaba tan bajo porque Leo continuaba todavía durmiendo. y hablando en voz baja.. y los temores se habían disipado. -Amigo -dijo. más que una masa de sangre y carne. gravemente. -¡Algo! -contesté-. vos y vuestro compañero habéis llegado a estas tierras. me respondió que faltaban dos horas para el mediodía.. Cuando desperté. y lo que es más -agregó significativamente. ¿quién puede hacerlos sufrir?. -¿Qué queréis decir. es alma y es sentimiento. y ésos pueden sufrir también. el sacerdote-. pues de ser así. -Dejadlo descansar -dijo.. pero no dije nada de lo demás. . la luz del día entraba de lleno en la pieza. Hemos visto la Luz de la Vida. Ha sufrido mucho.. no como simples aventureros a quienes el azar condujo hasta aquí. amigo. mientras me desvendaba el brazo-. mi hijo adoptivo y yo hemos visto y vivido demasiado extrañas cosas para sentir miedo de lo desconocido. ¿no teméis el futuro? . hemos sido los huéspedes de una mujer inmortal..124 La mañana siguiente.. Decid.. El hombre es algo. amigo Oros? ¿No dijisteis que en la Montaña nos encontrábamos a salvo de todo peligro? -Os dije solamente... ¿Creéis que podemos sentirnos cobardes ahora? ¡No! ¡Llegaremos hasta el fin! . ¡Quién sabe si. sin embargo. al fin. -Pero. quizá lleguéis a conocer algo que hunda vuestras almas en la desesperación y la locura .. -. los recuerdos eran más borrosos.. . haría ya tiempo que habríais perecido.. Pero.

¿Es quizá por aquella a quien llamáis Madre? -Quizá. sería malgastar el tiempo hablando inútilmente. vagamente -es una voz.. sonriendo. Ahora os vendaré de nuevo y dentro de unas semanas el brazo estará tan fuerte y sano como antes de encontrar al Khan Rassen cazando en el llano. -dijo. Pero no habéis contestado a mi pregunta: ¿Es necesario que le presente mis excusas? -No. al paso que hacía una cortés reverencia con su afeitada cabeza-. Pero mirad qué buen aspecto presentan las heridas de vuestro brazo. así como a su bella esposa. Dentro de poco volveréis a verlo. -El Oráculo -replicó. pero una voz necesita alguien que la emita. -¿Verlos de nuevo? ¿Así que. Si es preciso. -Leo Vincey -dije. Oros no experimentó ni curiosidad ni sorpresa. están ya cicatrizando. Dentro de una hora. -Algo he oído sobre ello a Atene. como si lo que yo le decía lo conociera de antemano. -No.. presentaré también mis excusas al señor. -No. podéis hacerlo cuando despierte. de lo que el lobo viejo no huye. mirando a Leo.. -¿Qué es el Oráculo? -dije. pero creo que la Khania tiene también algo que preguntar al Oráculo.125 Ante estas palabras. sorprendido. marcharéis adonde os conduce vuestro destino.. una vez muerto. perdonadme. -Leo Vincey. Leo Vincey -dijo repitiendo. pero que por el momento se hubiera borrado de su memoria-.. Si he herido vuestra susceptibilidad. además. -¡Bien! -respondió. pienso como vos. viene a vivir a la Montaña? -pregunté. amigo Holly. viene para ser enterrado. como si aquel nombre le fuera familiar. pero si tenéis gran empeño. .. es un antiguo privilegio de los reyes de Kaloon. Lo que siempre ha sido. sí. intrigado. no huye tampoco el valeroso tigre. y perdonad la comparación...

antes tan expresiva de maldad. ya está listo. el cuerpo del difunto Khan. el viejo mago. Llamando a la muchacha le preguntó cómo se atrevía a manchar con sus labios viles al extranjero. tras ella estaba su marido con los brazos heridos por los golpes de la noche anterior. En una vuelta del camino nos encontramos con una procesión que avanzaba solemnemente. Ved vuestro brazo. Uno de ellos. ¡Mirad! Vuestro compañero despierta. y su cara. levantándose y rompiendo nuestra escolta de sacerdotes. Pero vosotros formaréis vuestra opinión. y que en compensación a sus sufrimientos. con la cara descubierta. Era la muchacha cuya vida habíamos salvado. Iba cubierto de negros paños. yo en el caballo del Khan y Leo a pie precedidos siempre por nuestro guía. según los deseos y la orden de la Madre. sin escuchar las palabras de agradecimiento de la mujer y la aclamación de la tribu. en las que reposaba. vestidos de blanco. arrodillándose a sus pies y besando su mano. una mujer. Oros dijo que siendo ésa la causa era perdonada. un murmullo de cánticos y oraciones se dejó oír. . y después podremos discutir. había tomado con la muerte la serena y digna expresión que le faltó en vida. llegó hasta Leo. La muchacha le dijo que sólo quería testimoniarle su gratitud eterna. puesto que todos los seres humanos son cuerpo y espíritu. ¿no es eso? Así lo creen también las tribus de la Montaña. Tened cuidado con moverlo o llevarlo colgado. Cuando hubimos salido de aquellos lugares y nos encaminábamos por el sendero abandonado la noche anterior. es un espíritu? -Es éste un punto sobre el que se ha discutido mucho. Nuestro guía pareció fijarse en este incidente. Quizá sea razonable pensar así. A la cabeza marchaba la Khania. seguida de su tío Simbrí. a la vista de cuya figura las gentes se postraban de hinojos y así permanecían hasta que nos perdíamos de vista.. llevando unas parihuelas. e hizo un signo al Superior. Dicho lo cual siguió su camino. que éste interpretó.126 -¿Y esta madre. quedaba nombrado su marido jefe de la tribu.por el pequeño valle.. y tras ellos un gran número de rapados sacerdotes. Una hora más tarde comenzábamos de nuevo la ascensión. Un espíritu os dijeron en el llano que era.

por quien quiere hacerse pasar. descubriría su rostro a las miradas de sus semejantes! El mago. pero raro entre los cortesanos de Kaloon. Oros. mientras. déjala que nos lo muestre! Si algún poder tiene. os encuentro en mala compañía. que más de una vez creí que iba a salir despedida de la montura. pues. -Déjalas que el viento las lleve donde quiera -gritaba-. Khania de Kaloon! -gritó la Khania-. y dirigiéndose a nosotros. calla.Muéstranos cuáles son tus artes! ¿Crees que me vas a asustar con esas vestiduras de aparecido? -. ¡Bruja! ¡Quítate esos trapos y enséñanos tu cara de vil gusano! . señora. el caballo de la Khania se encabritó en forma tan violenta. mientras Oros. del mal hacia un fin peor! ¡Cómo será de horrible y repugnante que necesita taparse la cara! ¡Si fuera una mujer que nada tuviera que temer. lejos de callar. A la vista de las blancas vestiduras de nuestro guía fantasma. gritó: -¿Quién es ese encubierto de blancas ropas que interrumpe la marcha por la montaña de la Khania Atene y su fallecido señor? ¡Amigos míos. se dirigió al guía. haciendo una discreta reverencia. Algún ser maligno actuaba sobre la Khania. perdiendo un poco su imperturbable calma-. te lo ruego! -dijo el viejo Simbrí. pues me parece que sois conducidos por un espíritu . callad! -dijo Oros. ¡Me río de su poder. llamándole de "tú" tratamiento que era muy usual en la Montaña. no será de ella. cuya cara estaba blanca por el terror. dominó al caballo. Pero buena amazona. como suplicando a alguna fuerza invisible. nervioso.Callad. tomó a la Khania por el brazo. ¡Ella es el Ministro y con ella va el Poder! -¡Pero ésta nada puede contra Atene. sino de la hechicera de la Montaña. le rogó que cesase en aquellas necias palabras que podían llegar a oídos de quien él no quisiera. -¡Sobrina. había levantado las manos al cielo.127 Pronto lo alcanzamos. diciendo: .

. Oros. vi que su mano se alzaba lentamente. y los labios de Atene quedaron mudos. no hizo el menor' ruido. seguramente hubiera compartido las parihuelas de su esposo. por ejemplo. que de no haber sido nuestra huésped en esta fúnebre embajada. -No -dijo con una ligera sonrisa-. pero aunque sus manos estaban alzadas hacia el cielo. únicamente señaló. mañana hablaremos de nuevo. Tan pronto como dejamos atrás a aquella triste procesión. creo más bien que se nos ha adelantado para prevenir a Hesea que sus huéspedes están por llegar. lo mismo que cuando la levantó para sentenciar al hechicero de la tribu. espoleó el caballo con tanta dureza que el animal. pegando un salto y un relincho. Casi no se movió. Oros siguió su camino. le dijo: -Mago. Pareció reflexionar. cuando el entierro del padre de vuestra señora actual. agarrando por las riendas al caballo que montaba. sus ojos estaban. tú que todo lo ves y todo lo oyes! ¡Perdona la locura de esta mujer que así la hace hablar. salió desbocado por el camino que conducía a la ciudad. Adiós. y por consiguiente inviolable. como los nuestros. -¿Habrá ido a castigar a la Khania? -pregunté a Oros. vos que conocéis algo acerca del Poder y de la Verdad. pues. quedando silenciosa y pálida como el cadáver que tras ella conducían. la furia desapareció de sus ojos y el color huyó de sus mejillas. que hable más cortésmente sobre aquella que rige este país! Decidle. fijos en el guía. y no hagas que la sangre de un forastero manche las manos de tus siervos ante la ofensa a tu sagrado culto! Así rogaba Oros. Soltando la brida. Como magnetizada por esta fuerza invisible. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que nuestro guía había desaparecido. parece que no es ésta la primera vez que nos encontramos. además. ¡Rogadle.128 --¡Oh. de mi parte. Mientras el sacerdote hablaba. Cuando Simbrí se disponía a seguir a la Khania. y su mano se detuvo apuntando a la Khania. salimos del estrecho valle.

Era aquí donde vivían los monjes. y cuya entrada estaba prohibida para los comunes mortales de las tribus. Siguiendo la calle principal nos hallamos frente a una enorme ojiva cerrada por unas gigantescas y macizas puertas de hierro. pero lo que no podía comprender es cómo había desaparecido. supongo que debido a las grandes chimeneas de la bóveda. Como aquella parte de la montaña semejaba una colmena llena de galerías y de cuevas. formidable. Pero. . fantásticamente trabajadas. Quizá en los remotos tiempos había sido una caverna. supuse que nuestro guía podría haber desaparecido por una de ellas.. Traspusimos esa puerta y nos hallamos en un pequeño pasadizo que acababa en otras grandes puertas de hierro. Quizá se nos habría adelantado. desde miles de años atrás. que brotaban del suelo a intervalos regulares. Hacia el crepúsculo pasamos a través de campos cultivados como jardines.. haciendo que las llamas adquiriesen la forma de inmensas columnas de fuego que se entraban en el techo. que establecían un fuerte tiraje.. y quizá tenga una idea de la magnitud del templo en el que nos encontrábamos. Lo admirable era la carencia de humo u olor. Al llegar aquí.. Imagínese el lector la nave de la catedral más grande que haya visto en su vida. los hombres de nuestra escolta se retiraron. Pues bien.. me preguntaréis quizá.129 -Quizá -contesté. pero ahora sus altas paredes se habían convertido en las más formidables obras de arte que jamás vieron los ojos de hombre al transformarse lentamente bajo el cincel de generaciones y generaciones de adoradores del fuego... Era algo gigantesco. quedando medio ciegos por el resplandor brillante que de su interior salía. podría ser. examinando el estrecho valle donde ni una mosca hubiera podido pasar sin que la hubiéramos visto. Toda descripción resultaría pálida con la realidad. Éstas se abrieron al llegar nosotros frente a ellas. Todo el resto del día continuamos nuestra marcha ascensional acercándonos cada vez más a la blanca caperuza de nieve. estaba alumbrada por la luz que despedían ardientes llamas de fuego. sobrehumano. figúrese otra el doble o el triple. o para los extranjeros. ¿cómo estaba alumbrada una nave tan enorme? Seguramente no os lo podéis suponer.. llevándose mi caballo y dejándonos solos con Oros. y llegamos a una pequeña ciudad construida en la lava.

las puertas se abrieron. entonaron un exótico himno de modulaciones extrañas y salvajes. -¿Cómo podría ser? -dijo Oros. se elevaban gigantescas escaleras. reinaba en la. precedidos del Sumo Sacerdote.130 El templo estaba completamente desierto. tras el cual había una cavidad que. Tan pronto como nuestra procesión llegó hasta allí. Oímos un suave rumor de cánticos graves y melodiosos. mientras se ponía una mano ante sus ojos. solemnemente. ¡Oh. aunque si queremos. . una estrecha galería. y salvo el ligero murmullo de la combustión del oxígeno. Oros nos hizo señas de que nos detuviéramos y prestáramos atención. a derecha e izquierda.si proceden del eterno fuego que adoramos? Así brillan desde hace miles de años. tenéis que ver cosas más admirables aún! Lo seguimos en silencio. ingeniosamente construidas. cuán ínfimos y miserables nos sentíamos en medio de la grandiosidad sublime de aquel templo iluminado de tan fantástica y dantesca manera! Llegamos por fin al otro extremo del templo. y a una señal de Oros. 5 Según pude comprobar tiempo después. en la que se elevaba un pequeño altar. mientras nosotros atravesábamos. cerrada al final con dobles puertas de madera. y ante nosotros quedó el paso franco a una gran habitación de forma elíptica. Serían como unos cien en total. y así brillarán por toda la eternidad. Los hombres se colocaron frente a nosotros. según pudimos ver cuando nos acercamos más. medio cegado por el resplandor. -¿Pero no se apagan nunca estas admirables luminarias? -preguntó Leo. podemos apagarlas separadamente5. que se movían por medio de cabrias. de donde. La procesión de la derecha estaba compuesta por sacerdotes. mientras dos procesiones de blancas figuras se adelantaban solemnemente desde el otro extremo del templo. inmensa nave un absoluto silencio. y la de la izquierda por sacerdotisas. tenía en su entrada pesadas cortinas de tisú de plata. mientras las mujeres se colocaban detrás. con losas de piedra. -¡Seguidme. esto se efectuaba tapando los orificios por donde salía el fuego. Avanzaban como fantasmas con movimientos pausados y majestuosos.

que la mente del observador como una quimera forjaba gestos y expresiones de aquella obra de algún genio desconocido. mientras con la derecha le señalaba el cielo. La estatua en toda su belleza... Aun para el más profano. Nos sentíamos anulados. ¿Cómo podría yo describir el alma de aquellas dos imágenes? . se veía claramente que aquello era el símbolo de la humanidad salvada por la divinidad. . dejando en medio dos columnas de fuego que elevaban sus lenguas llameantes hasta la bóveda del recinto. No veo a nadie.131 Sobre el altar había una gran estatua de plata bruñida. pues la emoción anudaba su voz en la garganta-. A nuestros ojos parecían gnomos vestidos de blanco. La estatua en sí no representaba más que un niño atemorizado en los amorosos brazos de su madre. Oros esperó a que el último sacerdote hubiese ocupado su lugar. y su rostro era de puras y graciosas formas.. los otros para no quemarse. Como protegiendo con sus alas recogidas se veía la imagen de un niño recostado sobre su pecho y sostenido por su mano izquierda. Tan grandes eran las mangas de fuego. ofreced vuestros respetos a la Madre! -Oros nos señalaba a la estatua. muerto puede ser hacía miles de años. era algo imposible de describir. y volviéndose hacia nosotros. y nuestro ánimo estaba empequeñecido ante tanta magnificencia. La figura representaba una mujer de edad madura.. que al recibir el reflejo de las llamas resaltaba como ascua sobre la negra roca que le servía de fondo. siempre. los sacerdotes y las sacerdotisas habíanse colocado en semicírculo. dada la grandiosidad de todo lo que nos rodeaba y sus cánticos interminables nos parecían el lejano murmullo que se oye surgir del fondo de un torrente. y. que los hombres y mujeres juntos tenían que estar bastante separados los unos de. tan real y fascinador en su ejecución. en aquel tono tan cortés que le era particular: -¡Postraos de hinojos. Mientras permanecíamos absortos en la contemplación de aquella maravillosa obra de arte. oh. Era alada.. bienvenidos viajeros. -¿Dónde está? -preguntó Leo en un susurro.. pero había algo tan sublime. nos dijo. La vista de todo este conjunto era imponente y soberbia.

nos llevó a través de la inmensa nave. se reproducían como una sola nota de vibrantes tonos. Nosotros también quedamos suspensos y mudos. Después se levantó. inclinándose hasta tocar el suelo con la frente. con sus notas recogidas y ampliadas por la acústica de la gigantesca nave. y levantando la cabeza vimos que la enguantada mano que sostenía el sistro nos señalaba . CAPÍTULO 14 EL TRIBUNAL DE LA MUERTE LAS cortinas se descorrieron dejando al descubierto la cavidad a que me he referido. qué emoción! Conforme avanzábamos hacia él. nos postramos de hinojos. a excepción del trono y de sus vestiduras. los sacerdotes entonaron de nuevo sus cánticos que ahora y desde otro lugar. Nada podíamos ver. hasta cerca del altar. hacia el altar donde nuestro corazón nos decía que debíamos encontrar el fin de nuestras aventuras. cubriéndola de pies a cabeza. Solamente percibimos que el Oráculo tenía en su mano un sistro en forma de crux ansata. y el palpitar de nuestros corazones indicaba el temor y la esperanza. con la cabeza baja y las manos entrecruzadas.132 -¡Hesea está allí detrás! -contestó Oros. quedando en silencio. Después oímos un suave tintineo de cascabeles. colocándose tras de nosotros. Al llegar junto al altar. en cuyo interior había un trono. debido a la oscuridad de aquel agujero.. una estatua de alabastro. Oros se puso de rodillas. quizá imitando la acción de Oros. como un canto triunfal de vida y amor mientras nosotros nos acercábamos. y así permanecimos. parecía. en señal de sumisión y respeto. Movidos por no sé qué secreto impulso. y en él.. una figura de blancas vestiduras que. después tomándonos de la mano. sobrecogidos. la alegría y la emoción que precede a lo desconocido. a las suaves tonalidades que recibía de las lenguas de fuego. ¡Oh.

Cuéntamela tú. quedando en silencio. -¡Leo Vincey! Bonito nombre. decidme. profesáis otra fe distinta de la nuestra.. sin saber qué decir. -Bien. -Sin embargo -me interrumpió-. Leo. Dime tú -y el sistro señaló a Leo-: ¿cómo te llamas? -Leo Vincey -contestó. reponiéndome. tan breve como quieras. yo. . ¿Acaso no he sido yo quien he enviado un Emisario y numerosos servidores para que os conduzcan a este Santuario? Nos levantamos lentamente. pero en un griego más puro y correcto que el que habíamos oído hasta ese momento por aquellos lugares. decidme. Leo Vincey y Ludovico Horacio Holly.133 con él. compañero de Leo Vincey. sólo únicamente algún pasaje de ella. que de tan lejos venís a visitar el 'culto más antiguo y esplendoroso que seres humanos vieron. ¿qué venís a buscar desde tan remotos países? Nos miramos el uno al otro. ¿cómo te llamas? -Ludovico Horacio Holly. -dije admirado al oír aquel nombre que tantas veces habíamos oído repetir. -¡Oh. no os avergonzáis de reverenciar a este humilde ser que inmerecidamente goza la dicha de ser Oráculo y guardián de sus misterios! Levantaos y no temáis ningún daño.oh viajeros! -repitió la voz-. . contesté: -La historia es larga y extraña. y aunque. emocionados. -Bien venidos. viajeros. sin duda alguna.. pues en presencia de la que Yo represento nada puede ocultarse. una cálida voz. clara y suave nos habló (me pareció que temblaba un poco) en griego. comprendo que estaréis fatigados. Entonces. Hesea!. diciéndome la verdad. Y tú. ¿cómo debemos llamaros? -Por el nombre con que aquí me llaman: Hesea. -¡Yo os saludo. Pero no toda esta noche. Mas. quisiera conocer esa historia -me pareció que la voz se había tornado ligeramente opaca-. oh.

-No. mi padre adoptivo y yo. el sacerdote. ¡Era inmortal! No.. -Pero esa mujer debería ser viejísima y de horrible apariencia. Oros. La perdí. -Os he dicho. ¿amaste también a aquella mujer cuya vida parecía respetar la muerte? -¡Oh. pues. siguiendo las huellas del pasado. que había conseguido detener la marcha del tiempo. ciegos y locos tras de su ideal. Éste no ejercía la menor influencia sobre ella ni sobre su juventud.. no muere. muchas veces el amor es también inmortal. y él va tras su bella inmortal. -Y tú con él. señora! -contesté-. ¡Yo amé a aquella mujer inmortal! -Así. . -La amé y la amo ¡aun cuando murió! -¡Cómo! ¿Qué es eso? ¿No decíais que era inmortal? -Gracias al cielo.... pues. era la personificación de la belleza. -Y tú.. llegamos a una tierra salvaje donde encontramos a cierta mujer milenaria de peregrina belleza.. -¿Por qué la buscáis en mi Montaña? -Una visión fue quien me aconsejó que viniera a consultar tu Oráculo. ella cambia solamente. Así. día por día. ¿la amarás todavía? Bien. pues sólo aquí es donde espero encontrar indicios de mi perdido amor. Horacio. Donde él va. con él voy. te adora a ti. sacerdotisa.134 -Sacerdotisa -dijo Leo-. no era horrible. los dos seguís a una mujer hermosa como hacen los hombres desde que el mundo es mundo. y lo que perdí es lo que juntos buscamos desde hace muchos años. Muchos años ha. La amé. por su belleza como cualquier mísero mortal.. Yo no hago sino seguir a mi hijo adoptivo... cuando yo era un muchacho. solamente fue una ficción de muerte. que había conseguido detener la marcha del tiempo . -Pero tú no adorarías a esa mujer sólo. . que es otra cosa parecida. os obedeceré. a quien llama Madre. pero distinta. no la adoré..

ellos os podrán decir las circunstancias que nos impidieron llegar hasta aquí. te lo ruego! -Ahora -dijo en inglés Leo. la Khania misma. ¡Rápido. aunque un poco interesada. y. ardíais en deseos de conocer mi Oráculo. Oros. -Hemos venido tan rápidamente como nos ha sido posible. para hombres que. su esposo.antiguo camino de Kaloon a recibiros y conduciros con toda rapidez hasta aquí. nerviosamente en el silencio que siguió al salir Oros-. Mas. Ahora me parece que es cuando van a comenzar las verdaderas aventuras. el viejo mago. . sin embargo. dime. ¿os acogió hospitalariamente mi sierva la Khania de Kaloon. Pero decidme.. lo que me fue comunicado inmediatamente. enterándose así del objeto de vuestro viaje.135 -¡No! -le contesté-. puesto que reconocen v aprecian la belleza. ¡El conocimiento y los sentidos son más propios de hombres prudentes que de ciegos y locos! -Me admira la precisión de tus respuestas. la tardanza en llegar hasta aquí ha sido grande . como vosotros. Será Atene la que tendrá que contestar. como le ordené? -No sabíamos que fuera vuestra sierva -respondí-. ¡oh Hesea! ¿Qué es lo que sabéis acerca de nuestros largos años de vagar incesante tras nuestro ideal? -Muy poco -contestó suavemente-. ¡No nos lo preguntéis a nosotros! -No. ir al . que es a la vez guardián de la Gran Puerta. Hace unas tres lunas mis vigías os vieron sobre las lejanas montañas. Hospitalidad... y acercándose a vosotros escucharon vuestra conversación. Pero. azuzados por el Khan. y de la rapidez en ponernos en camino hacia tu Santuario se encargaron los Mastines de la Muerte.tampoco locos. Hesea -dijo Leo-. Al enterarme ordené a la Khania Atene y a su tío. proporcionándoos en seguida los medios para llegar hasta aquí. trae a mi presencia a la Khania. sí nos proporcionó. Holly . Daría cualquier cosa por no hallarme aquí. y si vuestros guías han podido llegar hasta lugares inaccesibles para el hombre. No son los hombres tan ciegos desde el momento que pueden ver y admirar lo bello..

Las puertas se abrieron. es la mejor manera de poner en claro la verdad. Atene. quedando yo mudo de estupefacción. oh Hesea!. Tras ellos iba Atene. -¡Madre del Todo. -¿Qué b sea mi vasalla la Khania de Kaloon? -preguntó Hesea. Atene avanzó. la voz dijo: -Eres prudente y discreto. fríamente. tal como es costumbre hacer con los reales restos desde el principio de nuestra dinastía. y yo te agradecería que esta merced fuera escrita en tus libros para recuerdo de las generaciones venideras. -Cierto es -contestó Hesea-. pero creo que es lo mejor que podía suceder. arrodillándose en una forma que fácilmente demostraba cuánto disgusto le producía realizar esa muestra de respeto.. y si esta costumbre ha sido respetada por las anteriores sacerdotisas. -¡Gracias. como han hecho todos mis antepasados de generación en generación! -Haciendo nuevas reverencias continuó-: Madre. no seré yo quien la altere esta vez. depositando las parihuelas en el suelo. La voz calló. pues ya la nieve de los años deposita sus . seguidas del mago Simbrí. portadores del cadáver del Khan. el inanimado cuerpo de este hombre te pide por mi boca el derecho de sepultura en el eterno y sagrado fuego de la Montaña. sostenidas por ocho sacerdotes. un grupo de sacerdotes. y retirándose en seguida. Atene y el mago.136 -Soy de tu opinión -contesté-. tienes razón. Como si fuera una respuesta a mi contestación a Leo. Quedaron sólo junto a él. oh Santa y Venerada Madre.. negando sepultura a tu difunto esposo. yo te reverencio y saludo. cubierta de negros velos. Al llegar frente al altar. Holly. dejando paso a una fúnebre procesión de enlutadas figuras. porque será la única manera de poner en claro la verdad. los portadores de la fúnebre carga se detuvieron. como lo haré contigo cuando tu hora sea llegada. y cerrando la marcha. que precedía a unas parihuelas.

palpables. que escribas esta merced. ¡oh Hesea! Todo lo que yo sé es que trató por todos los medios de huir de ella y que por último la Khania le dio a elegir entre la muerte y el matri- . contéstame tú. -¡Yo lo maté en defensa propia.. -¿Sí? ¿Y era celoso tu marido también? ¡No! ¡Calla esa mentira que va a salir de tus labios! Leo Vincey. me pareció ver que la velada figura se estremecía bajo sus blancos vestidos. aquí están. -Esta es la verdad. las pruebas de sus dientes -añadió. Oros lo sabe bien. y pronto nos dejarás para siempre. sino a esos vagabundos que fueron mis huéspedes. pidiendo venganza. para que la sacerdotisa que te suceda pueda cumplir esta promesa a su debido tiempo. Holly.. -Mi esposo estaba loco -contestó. Pobre criatura loca. La sangre de mi esposo ha manchado sus manos y heme aquí. -¿Y correspondió Leo Vincey a ese amor? Siendo un hombre. ¿no sabes que el día de mañana el fuego destruirá esa arrogante belleza que es hoy tu orgullo y tu esplendor? ¡Calla de una vez tus odios. a tus pies. bien pudo suceder. y ése era su deporte favorito. Hesea. porque la Khania es hermosa.137 blancos copos sobre tu cabeza. fuera de sí-. No quiero obligarte a descubrir los secretos de una mujer que te ha ofrecido su amor. cesa en tu soberbia. Hesea. Habla tú.. -¡Calla! -exclamó Hesea-. Cesa de arrojar tu veneno sobre aquella que te ordena acatamiento y reverencia. y dime toda la verdad. Yo te ruego. la Khania y su tío Simbrí nos salvaron de la muerte en las aguas del río que baña el país de Kaloon. tampoco. sin objeción alguna . No. señalando mi brazo-. Al llegar aquí. Trató de despedazarnos con sus malditos perros. y dime cómo ha muerto ese hombre! -No es a mí a quien debes preguntar. puesto que es él quien ha curado las heridas de mi amigo. -Él puede contestar a eso. humildemente-. para salvar mi vida! -gritó Leo. Después estuvimos muy enfermos y fuimos tratados amablemente. pero la Khania se enamoró de Leo Vincey.. Hesea: hace tiempo.

que querían evitar que llegáramos hasta aquí. Dime entonces: ¿es también. tuyo el contenido de la bolsita que lleva en el pecho? -No sé nada de esa bolsa -respondió Atene-. huyó de ti. no tengo la culpa. El Khan nos engañó. Lo matamos y. Calló por un momento. encontramos en un valle. No tengo la impresión de que sea un cobarde. un velado guía que nos condujo hasta el Santuario de la Montaña. Pudieron escapar y sin rumbo alguno llegaron hasta tu Montaña. que todo lo ve desde su Santuario de la Montaña! No me digas nada. -Has dicho. ¿qué tienes que decir a eso? -preguntó Hesea con voz autoritaria. y de su tío. .. Ésta es toda la verdadera historia. -Mujer. ten compasión de mí. estoy fatigada.. parece que tuvo miedo de la venganza de Rassen. pues. a quien los perros debían haber despedazado. que constituían el objeto de nuestro viaje. azuzando a sus perros contra nosotros en nuestra huida. déjame descansar hasta el oficio de mañana. la naturaleza habló por nosotros. -Muy poco -contestó Atene. al morir su esposo. huimos hacia estas montañas. Pero Hesea. Después. francamente-. pero no puedo perdonarte que hayas querido obligar a Leo a que te amase. por consiguiente. Eso es todo . pues todo lo sé desde el principio. Perdono y olvido tu desobediencia. Atene -dijo Hesea. o quizá Holly. Durante muchos años he estado ligada a un bruto. le hizo tener miedo. Luego. Después. viajero. su esposa. a despecho de esta señora. haber tenido prisioneros a mis huéspedes y tus mentiras. fueron mis espíritus guardianes quienes me lo dijeron. -¡Nada dije. que estaba celoso de él. Ayudados un día por el Khan. cosa que ningún hombre que por tal se tuviese se hubiera dejado arrancar del pecho. que más bien parecía un osario. pobre Atene que cree que puede ocultar la verdad a Hesea. y si me he dejado llevar por mi inclinación hacia este hombre. Sin duda te ha contado nuestros secretos. fuera de sí. miedoso de la venganza de tu esposo. que la naturaleza habló por vosotros y que. añadiendo después con una voz glacial: . tú nada me dijiste. su corazón correspondió al tuyo. Khania! -gritó Leo. -No.Oh. y no me preguntes más. salvándonos dos veces de la muerte. sin hacer caso de la súplica-.138 monio con ella.

mi tío el mago también lo dijo. tú no puedes nada contra mí. Pero tienes razón. contesta. aunque cómo y dónde nos habíamos amado no lo pudimos saber. brutalmente-. porque desde mucho antes de que nuestras almas surgieran a la vida. habla -dijo Leo-. ¿Quién es este hombre a quien todo mi ser pertenece? ¿Qué es lo que ha sido para mí? ¿Qué tiene que ver contigo? Habla. Es por eso por lo que vengo a ti. ¿por qué desobedeciste? -Fue ése mi deseo -contestó Atene con una amarga voz. Dime. yo lo amaba y él me correspondía. te ruego que me digas toda la verdad aquí y ahora mismo. Además. ¿quién crees que soy yo? . y en nombre de esos poderes que posees. Madre de los Misterios. tú no puedes mentir. y como todos. sino que has acabado de perderte al mentirme en este Sagrado Santuario. después de una pausa-. aunque después de hablar me des la muerte. cuenta. no tiembles de rabia. ¿Es que amas a este hombre? No. con la que intentaba ocultar la falsía de sus palabras-. Mi corazón mismo me lo decía. bajo el cual no -Puede derramarse sangre. pues estoy sumido en un terrible mar de dudas! Los recuerdos. dije: -¡Habla! -Leo Vincey -preguntó Hesea. porque este hombre es mío y no tuyo. Guardián de los secretos del pasado. Te desobedecí. -¡Y bien. Hesea! Conozco tus maléficos poderes. de los que algún día tendrás que dar. ¡la naturaleza entera clamaría contra tal crimen! ¡Oh. Sería monstruoso. a pesar de todas tus artes. porque yo lo amo y le he amado desde anteriores reencarnaciones. las esperanzas y el temor tienen atenazada mi alma con sus crueles garras.139 -Mujer: no sólo has cometido graves faltas. ¡te lo suplico! ¡Pon de una vez en claro este terrible secreto! Habla. ¡yo soy tu igual! -Atene -dijo la voz-. ¡si es que realmente puedes! ¡Habla. Uní también mi voz suplicante. pero soy tu huésped y estoy bajo la protección del Símbolo de la Vida. te desafío! -contestó la Khania. no puedo matarte aun cuando eres la más infiel de todos mis siervos. si lo quisiera podría hacerte desaparecer. Oráculo. a que me digas la verdad. No. ¿no envié un mensaje a tu tío el mago para que fuera al encuentro de estos viajeros y los trajera inmediatamente a la Montaña? Di.

dejándonos solos en cl Santuario con Oros y el yacente cuerpo del Khan. -Ved a qué estado llega la locura de este hombre -exclamó Atene en tono triunfal-. Mañana. cuya extraña apariencia y las escenas que en él se habían desarrollado habían deprimido nuestros nervios. Haciendo un gran rodeo. como si todo. algunas veces. -Lo que Leo cree. . aunque cerca de nosotros no estaban lo bastante para que hubieran oído nuestra conversación. solemnemente. aquel extraño resplandor pareciera herírselos intensamente.140 -Creo -dijo Leo. las plateadas cortinas cayeron tan misteriosamente como antes se habían abierto. se dividieron en dos grupos. partieron. Según pude ver. tú eres la única que conoce la verdad y la única que puedes revelarla. los sacerdotes y las sacerdotisas que. yo sé bien que hace más de ochenta estíos mi abuelo te vio en su juventud sentada en ese mismo trono. Cierto es.. Los muertos vuelven a la vida. Al salir. y como un eco agregó-: Los muertos vuelven a la vida. caminaba lentamente con los ojos bajos. el cortejo de sacerdotes avanzó. Como si esto fuera una señal. Sin embargo. el viejo parecía abatidísimo por el miedo y la fatiga. cuando sea subido ese cuerpo a la cumbre para su enterramiento. la Khania y su tío abandonaron el santuario. algunas veces. . El Sumo Sacerdote nos indicó que lo siguiéramos y tras él partimos. -Verdad es -dijo ella. Cuando Hesea acabó de hablar. pues. apoyado en el brazo de su sobrina. Con gran alegría abandonamos aquel lugar. jurándome que volveríamos a encontrarnos algún día. -¿Y quién crees tú que soy yo. y en formas extrañas. .que eres esa Ayesha cuyas manos me dieron muerte hace miles de años. hablaremos de nuevo. preparaos para ver mañana grandes y sorprendentes cosas. Dice que no hace veinte años os ha amado. yo sola conozco la verdad. es lo que creo yo. Creo que eres esa Ayesha a quien no hace aún veinte años encontré y amé con pasión en las mismas cavernas de Kor. y entonando sus cánticos de nuevo. cuando. Hasta tanto. y a quien vi perecer miserablemente. Holly? -preguntó la Madre sin hacer caso de las palabras de Atene.

y que. para conocer la contestación de vuestros enigmas.. Habéis hecho bien en reposar todo lo que habéis podido. por ser el alba. acariciando suavemente nuestros rostros resecos por el fuego. no insistáis. encontrándonos.. donde encontré a Leo ya vestido. me encontré tendido en una cama y completamente repuesto. a excepción de que dentro de breves minutos tendréis que poneros en marcha para presenciar la ceremonia del entierro del difunto Khan. era fresco y fragante. -Nada. que se abrieron ante nosotros. y vi que hacia mí se dirigía una figura humana. Me sorprendió grandemente ver que una lámpara luciera en la estancia. que traía una lámpara. y. e indicado que se preparase para la . amigo mío. llegamos a las puertas de hierro. -Habéis dormido mucho. ¿Cómo puede ser. pues nuestros sentidos estaban completamente embotados por los terribles choques nerviosos experimentados en los últimos acontecimientos. si todavía es de noche? -Porque. Salté de mi lecho. nada os diré. por fin. por consiguiente. por consiguiente. . decidme.. Oros nos condujo a una casa bien construida y amueblada. esta noche es la siguiente a la que os acostasteis. Al llegar nos dio a beber un licor extraño que.. una vez bebida. Diez minutos más tarde me condujo al comedor de la casa. como si fuéramos autómatas. pues Oros le había despertado antes que a mí. lo que me demostraba que todavía era oscuro. los párpados se me cerraban y las fuerzas me fueron abandonando lentamente. a pesar de mis esfuerzos. y pasando a través de la galería llegamos a las de madera. -inquirí. Habéis dormido cerca de veinticuatro horas seguidas.141 Atravesando de nuevo la gran nave. contenía alguna droga adormecedora. tengo que curar vuestro brazo. . amigo Holly. por cuanto. Era Oros. se apoderó de mí una somnolencia tal que. no podía haber dormido largo rato. al aire libre que. -¿Mucho? -pregunté sorprendido-. y ha llegado la hora de subir y obrar. -Mas. indudablemente. amigo Holly. ¡por que quién sabe cuándo podréis descansar de nuevo! Vamos. Cuando desperté.

señor mío -dijo Oros. pero por la noche. las encendió. las plateadas cortinas estaban caídas. De nuevo pasamos por la gran nave. en el que había puertas que conducían. con la deferencia que hacia él había demostrado desde el principio-. además. nos pusimos en marcha. -La Madre ha marchado a honrar al difunto Khan. hasta llegar a la de forma elíptica. siguiendo la antigua costumbre de nuestros predecesores -nos dijo Oros. interminables. Subimos por una serie de galerías empinadas.142 nueva jornada. al final del cual hallamos una especie de "hall". esta escalera es larga y pesada. pues tardamos más de una hora y media en llegar al pie de una escalera que se elevaba frente a nosotros. si fuera de día. Nos dijo. y debemos llegar hasta el extremo del pilar que la corona. trabajadas en la roca por generaciones de adoradores del fuego durante miles y miles de años en el mismo corazón de la Montaña. y el cuerpo yacente del Khan había sido retirado. En este "hall" nos aguardaban seis sacerdotes. que estas habitaciones daban sus ventanas hacia el lado de la Montaña. -Nuestro camino se extiende ahora en las tinieblas -dijo Oros-. pero que el camino que teníamos que recorrer todavía era largo. -Ahora. a descansar un poco. donde estaba el altar. Debían de tener estos corredores varios kilómetros. Llegamos hasta el altar y tras la estatua encontramos una disimulada puerta en la roca. Oros me dijo que Hesea no nos molestaría hasta las últimas horas de la noche. hubiéramos subido por las nieves de la cumbre. cada uno de los cuales conducía un haz de antorchas bajo su brazo y una lámpara en la mano. . Seguidamente. El lugar se hallaba completamente desierto. y tras ella un pasadizo. a los departamentos de Hesea y sus servidores. Nos encontramos sobre la cima de la Montaña. dirigiéndose a Leo. que podríamos llamar subterráneo. dándonos una a cada uno. es peligroso y debemos adoptar este camino. como nos dijo Oros. sobre jardines que purificaban y embalsamaban el aire ambiente. Tomando las antorchas.

y hacia el este y oeste las blancas cumbres" nevadas de las montañas vecinas con sus grandes. se extendía la llanu. que paralizaba los sentidos.ra de Kaloon.143 Nos sentamos sobre los escalones. vimos luz ante nosotros. pues tal era" el espectáculo que se presenciaba. y superior a cuanto el cerebro humano pueda suponer. unido a nuestra pesada marcha ascensional. Descansando de vez en cuando subimos aquellos escalones. A pesar de no ofrecer ningún peligro. Horacio! ¡Dame la mano! Ahora que estaba fuera del túnel comprendí que si no hubiera sido por la salvadora mano de mi amigo me hubiera precipitado desde la masa rocosa. nos hacía sudar copiosamente. Llegamos a la cúspide del pilar. y nos faltaba ahora llegar hasta el arco que lo coronaba. era penosa y fatigante. aspirando con fruición el aire fresco que afluía a nosotros por la escalera desde el exterior. porque dicho sea sin sonrojo. con gran contento mío. Oí entonces un lejano murmullo. me hubiera matado! ¡Ten cuidado. y nos encontraríamos sobre una plataforma de roca. Nos encontrábamos sobre lo que podíamos llamar arco superior de la crux ansata. Comenzamos la ascensión por la empinada escalera de piedra. Vi que Oros y otro sacerdote agarraban precipitadamente a Leo. Hacia el sur. testó que aquí estábamos muy cerca del cráter del volcán. pues en aquellas galerías hacía un calor insoportable que. formado por la superposición de capas de lava procedentes de las erupciones del volcán. . -¡Nada -gritó-. laderas. Allí. sentía cierto temor a lo desconocido. Por fin. que caminaba delante de mí y le preguntaban qué era lo que iba a hacer. Hacia el norte contemplábamos otra vista bien diferente de las demás. y pregunté a Oros de dónde procedía. Buena falta nos hacía. Me con-. Hacia allí fuimos. yendo Oros a la cabeza. que si tardan unos segundos más. pues cada tramo tendría unos seiscientos escalones. en los que el más pequeño tendría unos treinta centímetros de altura. Unos veinte escalones más. de unos setenta y dos metros de longitud por unos veintisiete metros de ancho. Era un espacio llano. y que el ruido que oíamos a través de la roca no era otra cosa que el continuo fragor de sus fuegos y explosiones eternas. bajo nosotros. de roca. unos seis kilómetros bajo nuestros pies.

como correspondiendo a nuestro . y. hasta un refugio donde. con unos veinte pasos más. y en su centro un ancho lago de fuego que burbujeaba. y cubierta por completo por un techo de lava. estaba ya ocupado por otras personas.144 pues el pilar tomaba forma cóncava. inclinándonos reverentemente ante Hesea. nos condujo por una senda que corría escalofriante a lo largo del borde mismo de la roca. Oros. que ofrecía un aspecto deplorable. la Madre. y que fue el que habíamos visto nosotros desde la cumbre de la montaña del lama solitario. que contenían ardientes partículas formando una gigantesca nube luminosa. el cuerpo del Khan Rassen. cubiertos con largas capas. mientras a su orilla la líquida lava saltaba sobre la roca con movimientos análogos a los de las ondas del mar. estaban de rodillas en actitud de orar. estaba el enorme cráter del volcán. pero de Hesea. Absortos por aquel terrorífico espectáculo que parecía la visión real de un pasaje dantesco. con aquella fascinación que ofrece siempre el fuego. Miré a mi alrededor y observe que largas filas de sacerdotes. sobre cuyos nervios aquel aterrador espectáculo no parecía ejercer ninguna influencia. Éste era el resplandor que de vez en cuando se veía desde Kaloon. cubierta con un manto de púrpura que la envolvía de pies a cabeza. Me arrojé al suelo. en su fúnebre catafalco. apoyándome sobre las manos las rodillas. permanecíamos inmóviles como fascinados. no se veía nada. iluminado por las piras funerarias. Este refugio o cámara de roca. por último. por la manó del hombre. o de Atene y de los restos del Khan. que era lo suficientemente grande para acoger bajo su techo un gran número de seres. También estaba la Kharia y el viejo Simbrí. indicando a Leo que hiciera lo mismo. Sentada sobre un trono de roca estaba Hesea. lanzando pequeñas llamaradas intermitentes. Mientras me sumía en un mar de suposiciones y pensamientos sobre dónde podrían hallarse. nos encontramos en una gran hendidura hecha. volviéndola a dejar caer a su primitiva posición. Avanzamos hacia el trono. indudablemente. De la superficie de este ardiente lago emergían humos y gases que se elevaban lentamente en el espacio. Ésta levantó la cabeza.

-Los has conducido a salvo hasta aquí. infierno sólo es el corto espacio de tiempo en cada vida. ¡Sacerdotes! ¡El tribunal de la Muerte está abierto! . ya que ese gigantesco cráter parece ser la boca que hacia el conduce. Mujer de real estirpe -dijo. y dijo: -La medianoche ha pasado. volvió a hablar. Oros.. el infierno está aquí.. -No.. dirigiéndose a Atene-: como es tu derecho. De pronto. ¡Leo Vincey. has de enterrar a tu señor en este lugar sagrado. Las tinieblas han de convertirse en luz. aquí! -dijo golpeando su pecho e inclinando la cabeza como baja el peso de un secreto dolor.145 saludo. de los que en sus nuevas reencarnaciones viven alrededor de esta pequeña estrella de fuego. siervo mío. o dejar que es a se hunda por los siglos de los siglos en las profundidades del fuego. Así permaneció por unos momentos. mi fiel servidor -dijo Hesea-. pues para los forasteros el camino que hasta aquí conduce es pavoroso y terrible. trae al acusador y al defensor. Seguidamente se dirigió hacia Oros con ademán de hablarle. o quien sabe si la luz no se ha de convertir en tinieblas eternas. sí. El silencio en aquel recinto de roca se hizo profundo. y deja que se abran los libros para que pueda dictar sentencia y llamar su alma a la vida. Extranjeros: ¿que decís de los dominios de los Hijos de Hesea? -Nuestra fe diría que esto es el camino del infierno -dijo Leo-. donde las cenizas de sus antepasados han servido de pasto al eterno e idolatrado fuego. y mucho ha de hacerse y mucho se ha de sufrir antes del alba. no es el infierno -contestó Hesea-.

mientras Oros se paraba frente a Hesea. Penetraron en el recinto dos figuras cubiertas de pies a cabeza por negros mantos. deseosa de verse libre de sus culpas. la Señora de la Montaña levantó el sistro. Hesea señaló con el sistro al defensor que. hasta su muerte. por último. lo abrió y comenzó a leer. su fin a manos de Leo. Oros dijo: -. Sin hablar. que estaba a la derecha. Por fin. el enmascarado acusador. desde su niñez. en número de unos cincuenta. mientras señalaba a Atene un lugar a su izquierda. que nos colocásemos a su derecha.. El acusador cerró su libro.. rompió el sello del libro. Madre. a través de su juventud y sus años maduros. la larga historia terminó con el relato de la muerte del noble cortesano sobre la ribera. la cruel caza con sus mastines por el llano y. dijo: -Tal es la historia. . y se colocaron a uno y otro lado del catafalco del Khan. Tenla en cuenta cuando hagas justicia. rompiendo el sello de su libro. y correspondiendo a esta señal. y dejándolo sobre el suelo. llevando grandes libros. indicándonos Hesea. comenzó a leerlo. con una señal. el atentado contra nuestras vidas. el acusador contó todo el infierno de la vida de Rassen. Por ambos lados.Que los libros sean abiertos! A esta frase. se habían alineado contra las paredes los sacerdotes y las sacerdotisas. Cuando estuvieron todos ubicados. Era la historia de las faltas y delitos cometidos en vida por el Khan. como si fuera la voz de la conciencia que. En fríos y horribles detalles.146 CAPÍTULO 15 LA SEGUNDA PRUEBA Osos hizo una reverencia y salió del lugar. tomara vida y voz para hacerlos públicos.

Madre. impasible y glacial. que era su esposa. en criminal complicidad. Relató también cómo los celos le arrastraban a cometer actos odiosos hasta el punto de obligarle a violar la ley de la hospitalidad. tú lo has oído. de pies en el ardiente lago. ¿Debemos lanzar eso que fue Rassen. y cerró el libro dejándolo sobre el suelo. La Khania. Sin hablar. los planes que había ideado para la seguridad y el bien de sus vasallos. Ahora había llegado el turno del Sumo Sacerdote Oros. el porqué ella y su tío el mago. los libros de tu vida serán leídos a aquella encargada de juzgar. que debes tener en cuenta cuando hagas justicia. Terminó el defensor. -¡Madre! -dijo-. tratando de asesinar a los forasteros que se habían albergado bajo su morada. a manos de uno de los cuales pereció. de cómo los dos. Pesa los actos buenos y los malos. teniéndolo así siempre fuera de su deber. el verdadero y puro amor que había profesado hacia la mujer que fue su esposa. y de las plegarias y ofrendas que había hecho en honor de Hesea. perdiendo de esta forma toda esperanza de recobrar el amor de aquélla. dicta sentencia. las malas tentaciones a que había resistido. tratando de hacerlo odioso a los ojos y al corazón del pueblo. a los que había sido llevado por su esposa. Cuando tú reposes donde él reposa ahora. lo odiaba. Hesea señaló con el sistro al defensor. y tu abogado será quien responda por ti. que la había cuidado y educado. se adelantó para hablar con su tío el mago Simbrí. diciendo: -Tu hora no ha llegado todavía. También relató el arrepentimiento que sus crímenes le producían. que hasta aquel entonces había permanecido de pie. En seguida dijo: -Tal es la historia. . desfallecida. a quien todavía amaba.147 Éste era la historia de todas las buenas obras que había hecho. -Así sea -exclamó Atene. así como sus buenos actos. encendiendo un infierno en su corazón. prepararon la pócima que había de volverlo loco. y de acuerdo con tu sabiduría. pusieron en su camino a otras mujeres para distraerlo y aturdirlo. Pero antes que la palabra saliera de sus labios. Hesea levantó el sistro. la mujer. nada tenemos que escuchar de ti.

El defensor. era señal de que el juicio de los mortales había sido rechazado en el lugar de los inmortales. mientras que. pero no puedo juzgar. y tomándolo en brazos. . entonces y a un signo de la Madre. lo llevaron hasta el borde del cráter. comenzaron un litúrgico canto funeral y solemne invocación al poderoso Señor del Centro del Mundo. si el cuerpo al Caer daba una vuelta en el aire. por el contrario. El cortejo de sacerdotes. lo dejaron caer de pie en el ardiente lago. Lanzadlo de pies. era señal de asentimiento. he pesado y he tenido en cuenta. avanzó. lanzándolo al cráter. de manera que su nombre pueda llegar limpio de toda culpa a oídos de las generaciones futuras y pueda volver a la vida en la fecha que le sea indicada. pero más fue obligado que de su voluntad. recogiendo su libro. Si no daba ninguna vuelta y descendía recto como una flecha. Esto no era extraño. Después desapareció por una hendidura. los pies habían sido cargados con pesos. lanzarlo de cabeza y considerarlo muerto para siempre? Entonces. la gran sacerdotisa dictó su veredicto. pues. desapareciendo para siempre. siempre cantando. observaban la forma de caída en el fuego. se dirigió lentamente hacia donde reposaba el Khan en su catafalco. El cuerpo del Khan se precipitó recto y rápido en la roja lava. con miradas de ansiedad. Este hombre pecó mucho. por el contrario. una vez hecho esto. El acusador. Los sacerdotes. que recibiría su espíritu y que lo juzgaría lo mismo que en la tierra habían sido juzgados por su ministro Hesea. No es a este hombre a quien debemos pedir la responsabilidad de sus culpas y de sus faltas. lo entregó a oros para que fuese guardado en los archivos del Santuario por toda la Eternidad.148 para que de esta manera vuelva a caminar por la senda de la vida. o debemos. mientras nuestros pechos se deshacían de impaciencia. como pude saber más tarde. Según sus reglas. no puedo. tomando el libro que yacía a sus pies. porque no tengo tal poder. Dejad que el Espíritu que lo envió a la vida lo recoja otra vez y juzgue su alma. -He oído.

dijo. si es posible. sin que los volviésemos a ver. que estaban anunciadas para la llegada de estos extranjeros. ELLA también sabía que nuestra hora había llegado. sin embargo. Pudiera suceder. a quienes he aguardado durante largos años. Escucha y obedece. y ahora estaría convertido en un puñado de negro polvo. en nombre de Hesea. ahora o más tarde. levanta en guerra las tribus de la Montaña. Hesea volvió a sentarse en su trono de roca. Dos de ellos. haciendo un signo de que el asunto había concluido. conquista el país y gobiérnalo. el don de la visión futura no me ha sido concedido. los sacerdotes y las sacerdotisas salieron. Lo sabíamos. Grandes y admirables cosas están próximas a suceder. "Amada Papaya: tú eres la elegida. y cae sobre la tierra de Kaloon. El Khan siguió el camino del libro de sus pecados a través de aquel lúcido mar de fuego. -Escuchad. después de una pausa. Mas no apenaros. Pero si sus libros habían sido cerrados. Si la Khania Atene tratase de detener. te ordeno. en esta Montaña. aunque mucho poder se me ha dado. toma los antiguos poderes. dirigiéndose a la Khania: . mi espíritu volverá de nuevo. quedaron: Oros y Papaya. Oros. y si así acontece. pues. te escuchamos y te obedecemos -contestaron Oros y Papaya como una sola voz. -Madre. sin embargo. proporcionándoles una escolta que los conduzca a través del país hasta el camino que se extiende por el desierto y las montañas del noroeste. una mujer joven de noble continente. que este trono esté pronto vacío y que esta carnal envoltura sea pasto de los fuegos eternos.149 La ceremonia. ocupa mi lugar. A una palabra y un movimiento de su sistro. si así podemos llamarla. de forma que no se apague. como vos sabéis. y haz en todo de acuerdo con mis enseñanzas. Hesea levantó su mano. que cuando parta trates a estos extranjeros con todo afecto y hasta. mis servidores -dijo Hesea-. la luz que alumbra el mundo. Nada puedo deciros de lo que 'sucederá. no. Además. los nuestros permanecían abiertos en uno de sus más extraños capítulos. y esperábamos el resultado con expectación. A ti sola te he abierto todas las puertas de la sabiduría. así como a ti. acabó. Si partiera. su marcha contra su voluntad. yo no muero. destrona a la Khania.

con una flor de loto y empuñando en su mano un sistro sagrado. y no te engaña. Por eso comenzaré la historia desde donde se conserva la luz en mi cerebro. y vimos su cuerpo estremecerse como bajo el influjo de un violento esfuerzo. "¡Ha llegado tu hora! Obedezco tus deseos. tratando de penetrar la espesura de su rojizo velo. Del . anoche me preguntaste: "¿Por qué amas a ese hombre?" A esta pregunta puedo responder con una contestación fácil: ¿No es por ventura Leo Vincey un hombre que puede inspirar una ardiente pasión a una mujer como tú? Pero tienes razón: tu corazón posee también un poco del poder mágico que tu tío te enseñó. afeitada la cabeza y descalzos los pies.. elevando sus manos al cielo... salvo la cortina de fuego que se elevaba desde los abismos del volcán. era atravesado en aquel momento por una procesión de oficiantes. corría no lejos del templo. entró en el patio por la puerta de granito en la cual estaba representada la escultura de una mujer. -¡Mirad hacia atrás! -exclamó.150 -Atene. descorrer la cortina que oculta el pasado y hacerte conocer la verdad. Yo he jurado a los que me confirieron los poderes que hoy poseo. como sorprendido por algún rumor. que antes que tú vinieras a esta vida le habías amado. El patio.. de ornados pilares. sobre todo hacia mí. .. como en el mágico cristal de la redoma de los cuentos de hadas. mas a medida que nuestros ojos miraban más y más. De pronto. Un templo se elevaba en medio de las amarillas arenas de un desierto y un ancho y caudaloso río de orillas pobladas de exuberantes palmeras. principio nada puedo decirte. No sé por qué secreto destino estamos nosotros tres unidos tan íntimamente en esta serie de hechos. y nada vimos de momento. Hesea hizo una pausa. y el corazón te dice. se detuvo mirando hacia nosotros y. sino porque es mi voluntad. el extraño sacerdote. No conozco el fin de la jornada hacia la cual caminas durante miles de encarnaciones. pude ver reflejada en su amarillo suelo la sombra de las extendidas alas de un halcón vestido con las blancas ropas de sacerdote. vimos reflejarse en ella una admirable visión. Volvimos la cabeza. ornada de la doble corona de Egipto. El patio quedó vacío. pues soy todavía ser humano y no diosa.. no porque sean tus órdenes.

y abrazado a sus pies. Hechas sus genuflexiones. mira! -dijo Leo. doblando después sus rodillas ante la efigie de la diosa. diciendo: -¡Calla y mira cómo lo perdiste después! . ésta se volvió hacia nosotros.. no sin antes tocar con su mano la espalda del sacerdote. la siguió. elevó sus plegarias. apretando mi brazo. y al llegar junto a la imagen. .. después de mirar sospechosamente a su alrededor. y ella. murmuró algo a su oído. De pronto se abrieron las puertas del templo dejando paso a una procesión. se dispuso a marchar. ¡Era aquel Kalikrates cuyo cuerpo vimos hacía años en las cuevas de Kor! -¡Mira. cayó la voz de Hesea.. de Leo Vincey en su juventud. llevando ofrendas que depositó en la mesa situada para este objeto ante la imagen. El sacerdote pareció turbarse. dijo algo. solamente moví la cabeza por toda contestación. cubierta de blancos velos. que. El hombre se puso en marcha nuevamente. porque ella reía también triunfante.151 pero. Sus negros cabellos estaban sujetos por la corona de oro que indicaba su rango real.. Cuando todo el cortejo desfiló y atravesó las puertas del templo la velada sacerdotisa y su acompañante se dirigieron hacia uno de los pilares. Al retirar su cara. se arrodilló ante ella. Aquella risa fue contestada con la de Atene en persona. como hielo en el fuego. No le contesté. al frente de la cual aparecía una mujer de noble apariencia. que su amante apuró. y gritando al mago. y la visión desapareció. Entonces. ¡gran Dios! ¡Qué veía! Su cara era la de mi hijo adoptivo. . y señalando el río y las tierras que se extendían al otro lado de la orilla. dejó caer sus velos. ved cómo mi vida estuvo ligada a la suya en el pasado. Miró al afeitado sacerdote y río con la alegría que da el triunfo. y aquella mujer era Atene. absorto. e inclinándose le ofreció el néctar de sus labios. dijo: -Buenos adivinadores fueron vuestros corazones. señaló el sol poniente y el río.

Hesea. Dos mujeres estaban junto a él. por sus gestos y ademanes.. Atene? . un barco luchando con la tormenta. En la roja pantalla se reflejaron los graníticos muros de una caverna.. Entonces Hesea habló con voz dulce al principio. Tendido en el suelo con sus largos y dorados cabellos que cubrían ahora su afeitada cabeza yacía el sacerdote. y su cuerpo estaba desnudo completamente. La mujer despertó de su sueño y miró a su alrededor y.. ¡Oh! Veíase un tempestuoso mar. era la cara de Ayesha. En el barco. el castigo del cielo para su rival. como el brazo de la venganza.. no sabría explicar qué singular emoción hizo palpitar aceleradamente nuestros corazones. parecía invocar. Bella.. las figuras fueron perdiendo intensidad hasta que desaparecieron por completo.. Lentamente. la tormenta los azotaba implacablemente. De nuevo también la sombra de la diosa se inclinó sobre ella.. Su mirada se cruzó con la nuestra. cubierta de negras vestiduras. dos personas abrazadas: eran el sacerdote y la mujer de estirpe real. La mujer desnuda era aquella a quien la sombra de la diosa Isis avisó la fuga del sacerdote. . con el cuerpo cubierto de sangre y los ojos inmóviles. Una empuñaba una daga.. que recordábamos bien. La otra. como no es posible imaginar.152 La escena cambió: una mujer aparece durmiendo sobre una otomana de artística forma y de ricos ornamentos. Cambió de nuevo la escena. como fijos en una ignota región del vacío. Sobre ella se inclina la sombra de la diosa que representa la granítica imagen del patio. tal como la vimos por primera vez al despojarse de sus velos en las cavernas de Kor. su negro cabello la cubría como un manto. que durante todo el tiempo había estado de pie. que gradualmente fue cambiando de tono: -¿Está tu consulta contestada. Volvió a dormirse de nuevo. bella. cayó en su trono rendida por el peso y el esfuerzo de su propia magia. le señaló un punto en el vacío. ¡oh sorpresa!. La otra era la mujer de estirpe real que lo besó bajo los arcos del templo. Sobre ellos.

De su santuario en Behit era Sumo Sacerdote un griego llamado Kalikrates. eras ese hombre!-. una mujer sabia que. reencarnado. que me demuestran la perfección de tu magia! ¿Pero cómo podemos saber que lo que hemos visto no es sino la reflexión sobre esos vapores de tu propio cerebro con objeto de reírte de nosotros?6. tenía su templo de veneración en Behit. llevando con ella la venganza del cielo y prometiéndole como premio a su victoria el triunfo sobre la muerte y una belleza tal como mujer alguna pudiera poseer. aunque bajo el poder que ha transformado su culto. H. . Donde ellos llegaban en busca de refugio y amparo. no eran sino vapores como los que arrojaba el cráter del volcán. A esta Ayesha que viste también. allí vivía también cierta árabe llamada Ayesha. "Los siguió hasta muy lejos. pues -dijo Hesea-. a poco de comenzar esta larga reencarnación presente. y perteneciéndole a ella solamente por un sagrado juramento que no debía ser roto sin incurrir en el castigo eterno. la interpretación de las escrituras y no tientes mi paciencia con tus desdeñosas dudas. Guiada por un hombre que estaba a su servicio. pues entonces lo mismo que ahora practicaba la magia. Atene de Kaloon! Por último. en el valle del Nilo. haciéndole romper el voto de amor eterno a Isis. Los mataré tal como se me ha ordenado". En las llamas viste al sacerdote que ahora. Se bañó en él exclamando: "Los mataré a los dos tan pronto los encuentre. oh Madre. a su sabiduría. y después de oír a Ayesha. aunque eran sucesos acaecidos en el pasado. Amenartas. llamado Noot -¡tú. Isis. y a quien la diosa visitó durante su sueño. que puso sus ojos en Kalikrates. Hace muchos años.L. encontró el manantial de la esencia de la vida en el cual bañarse representaba la inmortalidad por los siglos de los siglos. Ahora está en ruinas y la diosa Isis ha dejado Egipto para siempre. . 6 Meditados después fríamente todos los hechos. -Escucha. me inclino a creer que la versión de Atene era cierta. es decir: que todos aquellos cuadros que vimos. devoto de ella. la gran diosa de Egipto. que bajo el influjo de una hipnotizadora creíamos ver. escogido para su servicio por la voluntad de la diosa. H. Allí también viste a cierta hija de los Faraones. le dio su omnipotente permiso para seguir a los perjuros.153 -¡Grandes cosas he visto. allí los esperaba Ayesha. porque ella es la naturaleza misma. reina todavía sobre este mundo. unía su hermosura que en el vacío de su corazón había buscado refugio en el amor de la Madre del Universo. como reales. cosas que no existían más que en nuestra imaginación. . pensando alcanzar la verdadera sabiduría que iluminase para siempre su alma.y esa Amenartas eras tú. ¡oh Holly!. está junto a ti para que se cumpla su destino y el nuestro.

mientras. durante cada instante. Él rehusó. pero no pereció aunque la inmortal parecía morir. cuando marchabas. y ha llegado el día fijado para la inmortal. Durante todos los días de estos años. quedaba inmortal. Ayesha. y un día Ayesha. la que nunca conoció el amor. su alma ha estado junto a ti. previniendo y preservándote de todo peligro hasta que por fin la encuentras de nuevo. sabemos que es verdad. pues. a quien tú perteneces eternamente. de lo demás. "Y fue el castigo de la diosa Isis el condenar a sus infieles siervos al horror como al sacerdote Kalikrates. quiero hacerte una pregunta.Fue el destino de Ayesha! Cuando encontró a aquel hombre. proporcionándole el conseguir los dos la inmortalidad y dejar morir a la mujer de estirpe real. Espantado. ¿Pero no te dijo. éste contestó: -Del principio de esta extraña historia nada sé.154 . a excepción de lo que en el escrito me legaron mis antepasados. a la soledad y miseria. Dijiste que en esta hora de dicha encontraría a mi "adorada Ayesha. ha esperado por centurias y centurias al reencarnado deseado de su corazón. que no podía morir? ¿No te juró Ayesha. y a los amargos celos durante todas sus generaciones como a la real Amenartas. Los años han pasado. Yo soy Ayesha. que ella volvería de nuevo? Leo Vincey tú eres Kalikrates. . la duda me tortura horriblemente y yo te ruego que tu respuesta sea pronta y breve. La luz que brilla en este pináculo es la que después de muchos años de varias pesquisas te ha conducido hasta ella. ¡oh Kalikrates!. ¿Dónde está. como a Ayesha. que me digas: ¿eres tú Ayesha? -Yo soy Ayesha -contestó la sacerdotisa. Lo condujo al manantial de la vida. solemnemente-. Sin embargo. deseando el día en que los cielos pusieran de nuevo en su camino a aquel a quien tanto ambas habían amado. él la vio perecer llena de miseria y de horrores. por qué eres de menor estatura que ella? ¡Oh! Yo te ruego en el nombre del dios a quien adoras. cuando dormías. Ayesha? ¿No eres tú por ventura? Si eres tú ¿por qué ha cambiado el timbre de tu voz. Hesea hizo una pausa. y como mirase a Leo. allá en las cavernas de Kor. loca de celos porque despreció su mortal hermosura por aquella de la mujer mortal que estaba a su lado. amó al sacerdote con todas las fuerzas de su alma. ¡oh desgracia!. porque a cada momento que pasa. mató a aquel hombre mientras ella.

se oyó una voz que decía: "Aceptad a quien he designado para reinar sobre vosotros. pues así ha dicho ella que eras. y surgiendo de las tinieblas. Oros también miente. y la llamamos Madre desde el fondo de nuestro corazón. tras-el altar donde está la imagen de la Madre de los Hombres. Yo te aseguro. ¡Déjala que se despoje de esos velos que ocultan su horrible fealdad! -Oros -dijo la Madre-. con objeto de preparar su cuerpo para la ceremonia funeraria en el fuego de la Montaña. Tres horas después tuvimos que llevarla del trono en el cual murió. la sacerdotisa a quien la Khania Atene se refiere. vivía de nuevo. a los ciento ocho años de reinado. ¿quién me dice que la voz que oyeron no era la tuya propia? Si tú eres esa mujer inmortal. las luces que alumbraban el templo se apagaron y el terror se apoderó de nuestras almas. -Ya lo has oído. que de aquella mujer a quien amaste no queda el menor vestigio de belleza. Nos arrodillamos ante Hesea. Despójate de esos velos que guardan tan celosamente tus formas. y las luminarias se encendieron de nuevo. y si no miente. El sacerdote hizo una reverencia. imperturbable. que mis juicios y mis propósitos se acaten y se cumplan". murió bajo el peso de la edad. en mi presencia. Ésta es la historia que cientos de personas pueden daros fe de su verdad. esa Ayesha. Entonces. Seguramente que tu . y siempre con aquella fría calma. esposo mío. Yo te digo que no es otra que la vieja sacerdotisa que rige esta Montaña hace lo menos cien años. muy cambiada. miente! -gritó Atene-. cuéntale la historia de la sacerdotisa de quien habla la Khania. además.155 -¡Miente. haz una prueba con estos dos hombres que te han conocido en tu vida pasada. delira o sueña. los sacerdotes y las sacerdotisas la rechazaron y quisieron arrojarla del trono. Mas. ¿Dudas todavía? -Sí -contestó la Khania-. Lo voz cesó. "Pensando si sería la obra de un ser maléfico. pero la Montaña comenzó a rugir en espantosos truenos. en la cuarta noche del primer mes de invierno del año 2333 de la fundación del templo de Hesea en esta Montaña. ¡oh milagro!. Atene -dijo Hesea-. pero era la misma. dijo como si se tratara de un suceso que acaecía todos los días y sin ánimo de llevar el convencimiento a ningún espíritu: -Dieciocho años atrás. siguiendo la antigua costumbre.

-¡Oh. y que usa su demoníaca belleza para hechizar las almas de los hombres que se prendan de tus encantos. señor y dueño mío. si eres Ayesha te reconoceré. bendiciones. Has de saber que una vez despojada de estos velos que cubren mi cuerpo. allá en las cavernas de Kor. Leo miró en torno de sí desesperadamente. la promesa tiene que cumplirse. por última vez en la tierra. Sin embargo. antes que vivir en esta ansiedad! Cualquiera que sea el cambio. Ayesha. sólo a ella amaré . pero desde lo más hondo de mi corazón te agradezco tus frases de amor y de confianza a la que no conoces en su presente reencarnación. te ordeno que te descubras. hasta que llegue el término de . como bajo el peso de un profundo dolor: -Kalikrates. seguramente que te reconocerá e hincará su rodilla en tierra ante ti. te obedeceré. -¡Sí. te ruego que no me lo ordenes. salud y amor. mi rival desde el comienzo del mundo. Mas la Verdad debe ser conocida y nada puedo ya ocultarte. quiero saberlo todo. Te juro que no tendré celos de ella. dijo. que gritó: -Ordénala que se despoje de sus velos. poder. Estoy algo cambiada. después de permanecer pensativa unos momentos. entre esa mujer. mi adorada inmortal a la que siempre he amado!" Entonces. está escrito que deberás escoger. pues. ¿es ésa tu voluntad? Si es así. y si ella es. Pareció contrariar a Hesea la proposición de la Khania. aunque sea mi desgracia! ¡Todo. Kalikrates. dirigiéndose a Atene. y no hasta entonces. Únicamente a cambio tendrás que borrar mi recuerdo de tu corazón y seguir tu marcha y cumplir tu destino solamente a merced de tu propio esfuerzo. sin embargo. diciendo: "¡Tú eres. un espíritu maligno con una inmortalidad manchada por el crimen.dijo. yo soy quien te amó y te besó.156 amante no habrá olvidado tus encantos. creeré que tú eres la mujer que pretendes ser. y la Ayesha a cuyas manos pereciste en las cavernas de Kor. ningún mal te provendrá de ello. Puedes repudiarme si quieres. restregando sus manos. oh. puesto que la hora no ha llegado todavía. al contrario. hasta que sus ojos tropezaron con la irónica cara de Atene. cómo me hieren tus palabras! -dijo Hesea-.

pero a la postre. te agradezco tus palabras. terminante. . Con ellas y con tu promesa. Después. sin saber lo que decía exactamente.. cualquiera que fueran los acontecimientos. al cabo de los años y en pago a vuestros sufrimientos y dolores conocerás la verdad. la verdadera esencia de la amistad. He de decirte que yo creo eres ELLA.. emitida por mi propia conciencia o por otra voluntad ajena a mí.. mucho amor. las bendeciré con toda mi alma.. tú. como nunca mujer pudo amar a hombre alguno. salvo amor. ¿Qué más podía desear? Hablamos Leo y yo.. como dijo Hesea. yo obedeceré tus palabras y las suyas. que emanaban de mi corazón.. volviéndose hacia mí. dale el consejo que tu experiencia y tu saber te dictan. está escrito que este amor no puede ser satisfecho sobre la tierra. Lo que hablamos no lo recuerdo bien. me dijo: -¡Oh. Así hablé. ten cuidado. no es pequeña la prueba a que te sometes. concisa. Ahora sabía que Ayesha me quería lo mismo que siempre había sido querido por Leo. pues nunca pensé ser más. yo. Por fin. mientras Ayesha nos contemplaba en silencio. "Ten cuidado. mas sólo sé que embargaba mi alma una gran alegría interior. el más próximo a mi bienamado. y cuando partamos de la tierra para marchar a habitar la sideral región que se nos ha designado y donde las pasiones terrenales no tienen razón de ser. estoy mil veces pagado por todas las inquietudes y sufrimientos pasados. y cualquiera que sean. Holly! ¡Tú el verdadero amigo. Leo me rogó que fuera yo el que juzgara y diera mi juicio de elección. era una cadena de amistad que nunca podría romperse. ¿quién lo puede decir? La orden era que debería mandar descubrirse a la velada Hesea y dejar que el destino cumpliera sus propios designios. Entonces en mi mente surgió una orden clara.157 tu vida. tú. pues esos pensamientos y palabras sólo son de nuestra adorada inmortal. una calma y una satisfacción inefables. Yo nada puedo prometerte. tú. nos uniremos y viviremos juntos en una eterna y pura amistad gloriosa. el que posee la sabiduría. a quien perdimos. tu pobre amigo. -Ayesha -exclamé-. el de clara e inocente alma. pero.

y que la cubría de pies a cabeza. así.Oh!. Levantóse entonces Hesea y se dirigió lentamente hacia el espacio descubierto frente a la cámara rocosa. -Os obedeceré -contestó la sacerdotisa con voz desfallecida-. comenzó la tarea ordenada. Aquel cuerpo debía ser pequeñísimo.qué pies! Como aquellos pies recordaba haber visto los de una momia real. he decidido -respondí. es mi saber y mi poder. Hesea rechazó con un gesto a Papaya. los últimos velos caían y aparecieron dos esqueléticos miembros que parecían ser dos manos. y es nuestra voluntad el conocer la verdad hasta el final. y dando un paso hacia adelante. aún hay algo que permanece ignorado para mí y es si el amor de un hombre puede realmente vivir a través de los horrores y de la miseria. suceda lo que suceda. una vez en Egipto. no puedo soportar mi duda. pues. sin embargo. que se arrojó medio desfallecida al . quítame los velos! -ordenó con voz débil. Más velos fueron cayendo. parecían no tener fin. dije-: Hemos tomado consejo. Papaya. nunca te maldeciré. desmesuradamente pequeño. pues aunque mucho. Papaya no era una mujer de aventajada estatura y. pero . Horacio. a excepción del último más espeso. deteniéndose cerca del borde del precipicio en cuyo fondo estaba el lago de fuego. -¡Ven. . vino a mi memoria el nombre de aquella momia que llamaban "La Bella".158 -Decide -dice Leo-. únicamente lo que os pido es que tengáis piedad y no os burléis de mí. Papaya avanzó. no echéis la leña de vuestro desprecio al fuego interior que consume mi alma. y por un extraño juego de recuerdos. estoy sedienta de verdad. nuestro misterioso guía y la sacerdotisa Hesea eran un mismo ser. Todos los velos habían caído ya. Después los pies. Así. pues. Los primeros velos cayeron sin revelar nada. Hesea. Kalikrates. y después de Hacer una reverencia ante ella. te rogamos que te despojes ante nosotros de esos velos que cubren tu cuerpo. Yo también quiero conocer. tenía que inclinarse para cumplir la tarea. Quien quiera que sea esa mujer. pues soy lo que soy por ti solamente. y ante nosotros apareció la figura fantasma que se nos apareció en el valle de las osamentas al llegar a la Montaña. Cayeron otros. -Bien.

Oh! Era:. pues fue así cómo la vi a través de la máscara de su inmortalidad. mi cerebro iba a estallar y yo deseaba que estallase de una vez para no oír ni ver nada de lo que me rodeaba. No la describiré.. Algo había que hacer: esto no podía durar. Únicamente Simbrí que parecía esperar lo sucedido. Aquella visión de Ayesha momificada me espantaba. y haciendo un esfuerzo supremo de desesperación se volvió hacia nosotros. su aire de soberbio desafío.Ved en esa vieja lámpara la luz eterna que luce en ella. . en medio de aquel silencio sepulcral. ante el Fuego de la Vida. pero éstas murieron y la angustia y sólo la angustia se apoderó de mi corazón.159 suelo. Parecía que aquella visión hubiera despertado una fibra sensible dormida en lo más intimo de su femineidad. pero haciendo un esfuerzo sobrehumano se mantuvo firme como el cadáver sostenido en pie por un soporte.. la nube de llamas ponía al descubierto todas sus lacras y miseria. Mis labios estaban resecos. mi garganta no podía articular palabra y mis pies se negaban a moverse. exclamó: -. Vi cómo los labios de Leo se tornaban de rojos en blancos. . Pensaba del mismo modo que Oros. tapándose los ojos con las manos. era Ayesha. permanecieron imperturbables. la forma de la cara. Luego la sacerdotisa soltó el velo que la cubría y que cayó a sus pequeños pies.pero gran Dios!.` Este último. y cómo sus rodillas se doblaban sin fuerzas para sostenerlo.. pero la conocí al instante. pero la vista de aquel horrible cuerpo pareció conmoverla. y Oros. a través de esa arrugada cáscara el alma inextinguible que la anima! Aplaudí desde mi corazón estas nobles palabras. De pie ante nosotros. . Hubiera querido ver a su rival humillada por su belleza.. Al principio tuve esperanzas. Vi a Atene que volvía la cabeza en una expresión de repugnancia y quizá de dolor. Se hizo un silencio de muerte.

al fin. Ayesha misma. ¡Oh. verdadera o falsa. ya que ahora mismo acaba de decirte que debes escoger entre ella o yo y ahora para siempre. me ha hecho conocer cómo seduje al sacerdote del santuario de una diosa. tan bien razonada y tan falsa. pero puedo darte amor v felicidad. pero tan cruel en el fondo. hasta que la vida toque a su fin! ¡Yo quiero ser también diosa! ¡Oh. obra de su magia en la pantalla de fuego. esta mujer o diosa también te ama. quiero hacer la mía. ¿Qué es lo que puede ofrecerte esa hechicera? Nada. escoge! Toda esta alocución tan moderada al parecer. y pon fin a esta extraña historia. habló. historias del pasado y para cuando hayas muerto. pensarás mal de mí al creer que voy a mofarme de una rival en su desgracia. según parece. te amo. según Hesea. tú por quien. si verdaderamente es tal.160 Hubiera preferido mil veces yacer en las profundidades del cráter donde posaban las cenizas del difunto Rassen. toma el nombre que quieras. hombre! No tengo vergüenza de decir que te amo delante de estos extraños. Leo Vincey. No quiero defenderme. Se dirigió al cuerpo momificado de Ayesha. abandoné y abjuré de mi rango real para huir contigo y compartir los peligros de un mar tempestuoso! ¡Oh. mortal. visiones. tú a quien no hace mucho tiempo salvé de la muerte en el río que baña el precipicio! ¡Escoge. Sin embargo. poro sólo debo añadir una palabra. y cómo esta diosa. parecía escucharla la pobre Ayesha como si de ella dependiese el final de su inmortal existencia. Parecía como si hubiera dicho todo lo que tenía que decir y hecho todo lo que tenía que hacer. que te seguirán a ti en el gobierno y administración del país. sabias máximas. y. que haga lo que más le plazca. exclamó: -¡Leo Vincey o Kalikrates!. e irguiéndose con toda la soberbia de su majestuosa belleza. cuando esa terrible diosa a quien tan firmemente sirve haya perdonado y olvidado. palabras dulces. y descendientes. Atene.Oh. aun a través de las edades mi corazón ha seguido amando! . . ni una palabra. antes que vivir un minuto más en esta angustiosa situación. tú. Nos ha contado una historia que. se vengó de mí asesinando al hombre a quien yo amaba. Escoge. la dicha. tú sabes quién soy. nada contestó. ni un movimiento. He acabado. que yo. ¡Deja a la diosa. Leo Vincey. tú a quien. quizá más falsa que verdadera.

como sería capaz quizá de envenenarme a mí el día que de mí se cansase. tú que eres la abundancia sobre la tierra. se arrodilló ante ella besando sus pies. es que mi amor no puede resistir el paso del tiempo ni sobrevivir a la presencia de la muerte. nunca lo llegué ni creo lo llegaré a saber.. -Tú lo has escogido -dijo Atene fríamente-. ministro de la Todopoderosa Voluntad. Si ahora rechazo a Ayesha. -¡Oh. -Después de todo -dijo pensando más que hablando-.. cayendo de hinojos. llamada naturaleza. pero que eres la diosa de todos los países y de todas las edades. Lentamente se dirigía hacia Atene atraído por el brillo de la pasión que emanaba de sus hermosos ojos negros. tal como se las oí. tú que conduces al hombre. . No sé qué juramento hice a Amenartas. ¿Por qué no retenerlo en nuestro corazón hasta que la muerte deje libres nuestras almas? Deteniéndose ante la forma de Ayesha. ¡Quédate con la esposa que tú mismo has elegido! Ayesha no había todavía hecho ningún signo ni dicho palabra alguna hasta que. Sí. que esgrimes la espada de la ley. ¿No juré que tomaría a Ayesha tal como fuera? El amor es inmortal. tú. aunque no sé exactamente a qué poder sobrenatural eran dirigidas. Mas de pronto. comenzó a rezar en voz alta. mas he de decirte. que tu sonrisa es la primavera. nada tengo que hacer con respecto a pasados que desconozco y sucesos de mi vida anterior. Atene se casó con un hombre a quien odiaba y lo envenenó. sacudió la cabeza y sus ojos brillaron con feliz alegría. besó aquella forma humana tan horrorosa y creo que fue uno de los actos más valerosos que hombre alguno pudiera hacer. si tal mujer vivió. Ayesha me ha esperado por cerca de dos mil años. es más. Leo Vincey. rehaciéndose. que das la vida al niño por el pecho de su madre. que tu elección te separa de mí para siempre. tú que te coronaste como reina de los egipcios con el nombre de Isis.161 Miré a la pálida cara de Leo. que das muerte a la vida. que tu risa es el rumor del mar. Estas fueron las palabras de su oración. y que desde las negras profundidades de la muerte iluminas las tinieblas con la luz de tu risa. Recuerdo sólo el juramento que hice a Ayesha.

perdía intensidad. que durante la noche brillaba con fuerza. a cambio de centurias y centurias de glacial soledad en la más horrorosa fealdad ante los ojos de mi amado. Esto contribuyó a hacer aún más terrorífica la escena.162 cuya placidez es el otoño y cuyo sueño es el gélido invierno. Leo y yo mirábamos desanimados a uno y otro lado. . Yo te ruego desde el fondo de mi alma que cambies mi inmortalidad por mi anterior belleza y dejes que el verdadero amor endulce mis sufrimientos. a esta admirable súplica dirigida a la naturaleza. oye las súplicas de tu hija escogida y tu ministro! "Desde los más remotos tiempos me diste la fuerza y el vigor para la inmortalidad.. resaltando su raquítico cuerpo a los últimos resplandores contra el negro humo que ascendía del fondo del cráter. al mismo tiempo que me concedías la belleza suprema sobre todas las mujeres de la tierra.. no nos admiramos mucho al principio. y si esto no puede ser. y por donde fue lanzado el cuerpo del Khan Rassen . da la muerte a esta pobre y humilde sierva tuya. La vimos de pie. CAPÍTULO 16 LA TRANSFORMACIÓN A esta oración siguió una larga pausa. A los últimos resplandores de la claridad. pues sabíamos que a la llegada de la aurora el fuego del cráter... La rojiza pantalla fue apagándose lentamente.. Esperábamos una respuesta.. y ya el amanecer no debía estar lejos. como esperando algo que sabíamos que no había de llegar. vimos avanzar a Ayesha unos pasos hacia una pequeña lengua de roca que sobresalía en el abismo. pues las sombras iban invadiéndolo todo lentamente. y lo que podía suceder no podía ser más que un milagro. Algo sucedió.

. -Comienza la aurora -dijo la voz tranquila de Oros. la cólera. Parecía expresar todas las emociones humanas. A través de la oscuridad oíamos el cántico de Ayesha. como otras que habíamos visto aquella trágica noche perderse en el espacio. Cuánto tiempo pasó... amor.. obedeciendo a alguna secreta orden que recibieron. aunque bien sabía que no era así. Recuerdo solamente que un cuerpo rozó junto a mí. la rabia. obligándolo a retirarse de aquel lugar.. y algo oscuro se divisaba en ellas. así creí yo también que iba a hacer. Por fin llegaron al lugar donde estaba Ayesha. Del Este surgió un rayo de luz diurna.. Era la historia de la transformación de un alma elegida y poderosa. sufrimientos.. pero Oros y Papaya. Poco a poco se fue acercando la lengua de llamas. sino que soplaba aún más fuerte en la misma dirección que antes.163 Leo se lanzó hacia ella. No había duda. Las lenguas de fuego parecieron cubrir el cuerpo que allí estaba implorante de la Divina gracia de sus protectores. la fuerza.. al instante volvió con la respiración jadeando como la persona que es presa de gran terror.. Las tinieblas nos rodearon al fin. Era el alma de Ayesha con toda la gama de caracteres que la formaban. La luz desapareció. sujetáronlo por los brazos.. apareció elevándose del abismo. sin duda. Era algo sublime... creía que iba a lanzarse a aquel infierno. y supuse que era el de Papaya. ¡Ayesha se debía haber lanzado al abismo! ¡La tragedia se había consumado! De pronto se oyó una música admirable y melodiosa. ¡esa llama avanza contra el viento! -Quizá el viento haya cambiado -contesté.. pues.. .. sobrehumano. así aquel melodioso cántico fue dulcemente alejándose en la estancia hasta que se perdió. eran dos. Una enorme lengua de fuego aislada. misterio. -Mira -me dijo Leo-.. era como las nubes de incienso que se esfuman lentamente en el espacio. enternecedor. no lo sé . un himno entonado con voz patética en una lengua desconocida para nosotros . la pasión. y todo quedó otra vez en tinieblas.

me besó en la frente. quiero pagarte el beso de amor y de f e que hace un momento me diste! Leo. que los enredaba caprichosamente alrededor de su torso. ¿pero dónde podré encontrar un amigo tan bueno y tan leal como tú. lanzamos un grito de feroz alegría. -Levanta -dijo ella-. Su cuerpo. daban a éste transparencia de perla y una . Kalikrates. se inclinó sobre él. cubierta con un manto de gloria. Llegué hasta donde estaban y quise arrodillarme ante ella. Ayesha estaba fragante como las rosas al recibir los primeros rayos del sol naciente. ¡Oh! Abrió los ojos asombrados como los de un niño.. yendo a detenerse. y entonces ella. Después me llamó. mi buen Holly? -y diciendo esto. cayendo en un fuerte abrazo Leo y yo. Se reanimaban. besándolo tiernamente en la frente. he tenido muchos que me han rendido culto y adoración. tomólo de la mano. tratando de levantarlo del suelo. que besó con pasión. sino en el pequeño promontorio que formaba la lengua de roca sobre el abismo. al primer momento. como un borracho. en contraste con sus negros cabellos. no en las rocosas paredes del cráter. ¿Era una ilusión.164 Efectivamente. Leo no se movió. Entonces una voz más dulce que la miel y suave como el murmullo de un arroyuelo. ¿Estaría muerta? Su cara pálida parecía. perfilando un cuerpo turgente y divino. pero no lo consintió: -No -dijo con su argentina voz-. La débil túnica que la cubría se ciñó. y sus palabras fueron las siguientes: -¡Ven hacia mí. o era la de Ayesha esa forma que veíamos tal como la encontramos por primera vez en las cavernas de Kor? Sin poderlo evitar. soy yo la que debo besarte -y así diciendo. poco a poco.. la de un muerto. pues sus ojos estaban cerrados. tambaleando. cayendo a sus pies.. el débil rayo del principio fue rasgando las tinieblas.. eran unos ojos negros. habló cerca de nosotros. llegó hasta donde Ayesha estaba. inundando de luz todo lo que encontraba a su paso. alargando los brazos implorantes. Mas al darnos cuenta de que aquello no era sino una feliz realidad. había una forma celestial. Parecía dormida. ¡Oh! Allí. Sus cabellos flotaban al viento. hermosos y aterciopelados. caímos de rodillas ante aquella visión.

. ¿Qué más podía desear? . y aunque a tus ojos nunca más serviré de burla ni de escarnio. que estaba no lejos. pensativo. . amor mío! Los Poderes ofendidos no olvidan fácilmente. Ayesha entró con él en la cámara de roca. Tomando a Leo de la mano. donde beberemos la copa de dulce ambrosía que nos recompensará de los sorbos de amargura y dolor que hasta ahora llevamos apurados. lo odio! . a pesar de tu belleza y de tu sabiduría. dándole una apariencia majestuosa. No había escultor en la tierra que pudiese modelar unos brazos más perfectos y maravillosos que aquellos que estaban ahora tendidos hacia mí. iremos a otros lugares más gloriosos.' Este hecho me produjo gran alegría. pero ella los obligó a levantarse. como si notase el cambio -de temperatura ambiente. -Tengo frío -dijo-. sino mi espíritu. dadme mi manto. y al entrar bajo el abrigo de sus paredes vi que se estremecía. Odio este lugar. Mas no te apenes... únicamente que poseo el don de que tú. y que como ser humano sentía. ¡Oh. ¿Qué idea pasa ahora por tu mente. ni estrella en el firmamento que brillase con más pureza que aquellos ojos que me miraban. no sé el tiempo que se nos está concedido permanecer juntos en la tierra. Recibí su beso castamente.165 radiante aureola emergía de todo su ser. -Nada. Leo mío. pues me demostraba que Ayesha era humana. Papaya le echó el manto rojo sobre sus hombros.. Ha sido aquí donde he sufrido como mujer alguna pudo sufrir sobre la " tierra. "¡Lo odio. El sacerdote y la sacerdotisa se habían postrado de rodillas ante la esplendorosa reencarnación. que estaba preso en las amarguras de un secreto destino. Veo a un hombre muerto aquí . amado mío. -No ha sido mi perdida belleza lo que me has devuelto con tu beso de redención.. poniendo su bella mano sobre sus cabezas.. careces: el de la visión del futuro. aun cuando conceden su perdón. aunque presumo que éste será breve.. con los brazos cruzados sobre el pecho. viejo mago? -dijo. volviéndose de pronto hacia Simbrí..

. pero debo advertirte que yo también podré escarnecer a mi rival cuando llegue la hora de la victoria. Sus ojos. Nada más tengo que decir -continuó-: la cara de ese hombre no la he visto. El viejo hechicero retrocedió unos pasos. como desde el principio.. hasta tropezar con la pared de roca. si es verdad que Hesea eres y no un demonio surgido de las profundidades del infierno. mago. mas no tengo miedo. yo te saludo y reverencio! Ahora. pues ahora soy lo bastante fuerte para darte -muerte con mis propias manos.. fríamente-... y dirigiéndose a nosotros. -Sin duda alguna muchos Khanes de Kaloon serán ungidos aquí -respondió Ayesha. Hesea. Mostrándoselo a Leo. atemorizado ante aquellas palabras. dijo: -Este hermoso país será mi regalo de bodas. -¡Oh. y tú serás ese hombre -contestó con ira Ayesha-. Atene. dijo. Solamente sé que un hombre ungido aquí Khan de Kaloon era precipitado en el fuego como el que hace unas horas fue lanzado al abismo. olvido tus palabras. no pienses siquiera en mí.. Cuando tú eras la más hermosa bien le ofreciste estas tierras. de pronto: -¿Quieres decir.166 -Una palabra más. mi. y desde el cual como un mirador se veía a la luz del sol naciente las montañas vecinas y el fértil país de Kaloon inundado por los dorados rayos del sol. ubicada sobre el pilar. ¿pero quién es la más bella ahora de las dos? ¡Miradnos todos y juzgad! -dijo Ayesha sonriendo a Atene. tomaban ahora reflejos metálicos. antes tendrás que conquistarlos! -Demasiado a prisa hemos quizá hablado tú y yo -contestó Ayesha-. pasó de la cámara rocosa a otra mayor. Puedes marcharte. Ayesha. que hasta entonces había estado silenciosa. momentos antes tan tranquilos y plácidos. Sin soltar la mano a Leo. que ofreces mis territorios a este hombre como una prueba de amor? ¡Si es así. .ira ha pasado: sé prudente. sin embargo. Loco. y no profetices males a quienes tienen más poder que tú. sin embargo. solamente conocemos la historia tú y yo -respondió el mago-.

¡pero cuán burda y pobre resultaba su hermosura junto a la admirable y Celestial belleza de Ayesha reencarnada! La hermosura de ésta no era humana: era algo superior. juvenil y lleno de vida. tú lo sabes mejor que yo: mi carne mortal no puede compararse con la gloria que te ha concedido el infierno en pago a tus servicios y homenajes al Señor del Mal. dándose cuenta de ello. Sin embargo. que a veces adquirían el brillo de las estrellas y a veces parecía flotar en ellos la inmensidad azul del espacio. No busco tu pobre país. no contenida en una vil vasija. la turbación desapareció pronto. respondió: -Yo no soy sino una mujer. Sin embargo. desaparecidas todas esas bellezas que ahora son tu soberbia altivez.. rosas y perlas. Ahora era la belleza de un espíritu hecho carne. La radiante aureola que emergía de su cuerpo. no había visto mujer que pudiera compararse con. destruir la roca de mi poder eterno con tus turbias y escasas aguas? Escucha. Y ahora que estás con tu amado. Atene. y con una voz vibrante como el sonido de una campana de plata dijo: -¿Por qué te estrellas en vano.. sus divinos ojos. hecho de alabastro. Atene. Ninguna de estas cualidades eran de ser humano. Atene calló rechinando los dientes de rabia y de celos. sino en un cuerpo grácil. sobre todo aquella alma de la que Oros nos había hablado. como mujer soy tu igual. aparezcas desnuda y avergonzada ante el Tribunal de quienes has desertado y desafiado.' cuando. sus finos cabellos. ella. su amplio y bien formado torso. sus rojos labios. y el carmín pareció huir de sus labios y oscurecerse y turbarse sus divinos ojos.era una mujer de extraordinaria hermosura. como espíritu serás inferior a mí. Lo que tú eres. Estaba ahora aún más bella que cuando la vimos en las cavernas de Kor. y. Ayesha pareció inmutarse un poco ante aquellas palabras. su esbelto continente. no olvides que . como el arroyuelo formado en los valles en tiempo de lluvias contra las duras rocas del acantilado? ¿Piensas. no olvides que la carne y el espíritu no pueden llegar a comprenderse. pues si quisiera yo obtendría el imperio del mundo.167 La Khania -como ya he dicho. Fue unos instantes solamente. pobre flor de un día. relucientes como la seda.

y la que debía de caer herida mortalmente quedó indemne. ésta sacó de pronto una daga. hubiera perecido abrasada en el mar de fuego que había a nuestros pies. sino Atene la que caía al abismo. La daga cayó al suelo. para poder confirmarte así en el gobierno del país. escógelo a tu voluntad. pues no creo que ignores en qué extraña forma volverías a reencarnar en la tierra de nuevo. si llegas a herirte con ella? . y nos condujo por el escalofriante camino que pasamos para asistir al Tribunal de la Muerte. y no fue Ayesha.. que dentro de poco tiempo iré a visitarte en tu ciudad. que asiéndola por los cabellos la levantó como si se tratara de un niño. horrible a la vista de todas. solamente necesitas que sea justo y recto para poder servirte de guía y consejo en el gobierno de Kaloon. que limpies tu corte de los viciosos y haraganes que ahora la pueblan. por eso. Fue todo tan rápido e imprevisto.168 me perteneces. un gato. ¿Qué hubiera sido de ti. Tu forma sería la de una bestia. que hasta después que estuvimos solos y cambiamos impresiones. más que necia.. recogiendo la daga del suelo-. porque mirad -dijo. ¡Tú puedes elegir entre la guerra y la paz! Quiero. No como reina seguramente. sino en una deforme criatura. Atene se arrojó sobre Ayesha. esta arma estaba envenenada. poniéndola sin esfuerzo alguno en lugar seguro. que en sus ropas llevaba oculta.. un perro. -dijo Ayesha en tono compasivo-. déjale ser como él quiera. un tigre. pobre criatura. y moderes tus leyes para que cuando yo llegue a Kaloon pueda encontrar el contento y la alegría que ahora le falta. pero sus brazos quedaron paralizados. Venid.. Viendo sus propósitos fallidos. no nos dimos cuenta exacta de lo que había sucedido. mis huéspedes -nos dijo Ayesha. Khania. -Necia. y a no ser por Ayesha.. y que es el destino que aguarda a todos aquellos que a sí mismo se han dado muerte. Te aconsejo también que escojas a algún poderoso señor como esposo. ¿Tan desesperada estabas que querías perder esa graciosa forma que los cielos te han concedido? Seguramente estás loca. con una rapidez felina. Al pasar Ayesha junto a Atene. y la hundió al parecer con todas sus fuerzas en la espalda de su rival. con intención de arrojarla al abismo.

¿Cómo podré vengarme de ti? Ruego al cielo que sea él que castigue tu maldad -y llorando amargamente. . diciéndonos que se encontraba muy fatigada por los acontecimientos de la pasada noche. que estaba junto a ella. y más envenenada aún que su propio acero. deshaciéndose de él rudamente. exclamó: -Eres inmortal. pareció condolerse de su desgracia. a la vista de aquella reina tan profundamente dolorida. pero después. y trató de prodigarle palabras que mitigasen un poco aquel dolor. siendo conducidos a una sala del interior. puede que tenga aún alguna daga oculta entre sus ropas. el día se ha hecho. Leo. Atene se apoyó en el brazo de Leo. -Veo -dijo Ayesha. Su forma delicada semejaba la del lirio después de la lluvia.que eres siempre cortés y bondadoso con los débiles. CAPÍTULO 17 LOS DESPOSORIOS DESCENDIMOS las interminables escaleras y los oscuros corredores perforados en la roca hasta llegar a la puerta de las habitaciones de la sacerdotisa. Ayesha nos dejó allí. se arrojó desfallecida sobre una roca. además. y necesitamos descansar. fue a apoyarse en el de Simbrí. no de cuerpo. pero es su propio siervo quien debe cuidar de ella y conducirla. Descansad. sino de espíritu. y con ojos entornados y una voz dulce como un murmullo nos dijo: -¡Adiós! Oros cuidará de vosotros y os conducirá a mí cuando llegue el momento.169 Atene no pudo resistir ya tanta burla. Vamos.

que apenas podíamos hablar. como cuando la conocí en las cavernas de Kor. el sacerdote nos condujo a una bella habitación que daba sobre unos jardines.170 Cuando salió.. quedando dormidos en pocos segundos. -¿Decir? -pregunté-.. -No puedo más -dijo Leo a Oros-. pero -y su voz se hizo como un soplo-. y contestó: -Sí. Tras un macizo de campánulas y otro de flores había un banco. No estoy muy convencido de que sea de carne y hueso como nosotros.. Oros se dispuso a conducirnos a nuestro dormitorio. ¡Que eres el más afortunado de los mortales y que seguramente serás el más feliz! Me miró de una manera extraña. Nos levantamos y nos bañamos. era ya el mediodía. poniéndome un brazo sobre el hombro. A sus pies corría un arroyuelo que serpenteaba por el jardín. yo quisiera que Ayesha fuera un poco más humana. es muy hermosa. que aun en aquellas horas y aun a fines del mes de agosto su ambiente era apacible y cálido. Cuando me besó. si beso queremos llamar a aquel soplo.. Que las cosas que han pasado son de lo más maravilloso. sino un espíritu? La carne y la sangre no pueden salir del fuego. ¿Mas qué puede ser una persona que ha cambiado de forma en una hora escasa.. nos dirigimos al jardín. Era éste una espaciosa habitación con lechos en los que nos tumbamos. ¡quiero descansar! Con una reverencia. Horacio? -preguntó Leo. -¿Pero tú crees que haya nacido del fuego? ¿No crees más bien que aquel ser horrible y momificado sólo haya existido en nuestras mentes? ¿Por qué no puede ser ésta la misma Ayesha que en el lejano Egipto conocimos. y diciendo que deseábamos estar solos.. Horacio. -¿Qué tienes que decirme. que denotaba una gran preocupación. Cuando despertamos. no me tocó la piel siquiera. en el cual nos sentamos. transportada hasta aquí por algún agente misterioso? .. Que no hemos trabajado ni soñado en vano. Nos encontrábamos tan extenuados. es verdad.

Después nos calzaron con sandalias con adornos de oro. apareció Oros. pero no de tanta riqueza. quizá sea solamente algún acto simbólico. y haciendo una reverencia con su característica humildad ante Leo. Ante la perspectiva de ver a Ayesha. Antes de que pudiera responderme. noto que hay algo que nos separa. Horacio! No lo sé. y cubriendo a Leo con un magnífico manto blanco. Horacio. ¿Te acuerdas de Ustane? -Quizá se haya hecho menos cruel. ¿Te has fijado. una barrera invisible.171 -¡Quizá. que a pesar de todas las circunstancias extrañas en que su vida se había visto mezclada en los últimos años. -Creo que es mejor ver lo que sucede. quizá sea solamente aprensión mía. Lo que sé es que para mí' esto es algo terrorífico. algo que no acierto a descifrar. quizá haya tenido. conservaba en su corazón las ideas religiosas que yo le había inculcado en la niñez. Desde luego me opongo a ello. la hubiera matado y olvidado en una hora. y con una ropa similar. adornado de oro y púrpura.. afeitados de cabeza y barba. se negó terminantemente a tomar parte en la ceremonia.. lo que me indicó en seguida la clase de ceremonia que estaba próxima a efectuarse. y creo que no lo sabré nunca.. dirigiéndose hacia nuestros aposentos. El cetro tenía la forma de báculo. el contacto de su mano me embarga de emoción. Sus ojos incendian mi sangre. yo no deseo encarnar la figura de ningún dios egipcio o mezclarme en estos odiosos actos de idolatría. Leo. duras lecciones. como nosotros. Leo se levantó de un salto. Horacio. Me siento atraído por ella como por una fuerza magnética. -¡El báculo de Osiris! -murmuré a Leo. que nos asearon y vistieron. que tiene miedo de la Khania? Con menos motivos que los que Atene ha dado en estos últimos días. Pero Leo. sin embargo.. dijo que la Hesea deseaba que estuviésemos presentes en el oficio que ese día se celebraba en el Santuario. a pesar de todo este amor. me ataviaron a mí: por último pusieron un cetro en la mano de Leo y en la mía un grueso bastón. y. Aquí nos aguardaban los sacerdotes. sin saber . -Escucha.

hermosísimamente vestida. tocándole en la frente con el cetro. había largas filas de sacerdotes vestidos de blanco. desnudas de ornamentos y joyas. al principio.172 antes qué clase de acto era éste y qué intervención tenía que tener en él. frente a esta congregación y un poco más allá de las dos columnas de llamas. Su cuello estaba rodeado de un magnífico collar de perlas que servía de sujeción al mismo tiempo a su espléndido manto de púrpura. levantando su cetro. Entonces ella. En el frente. Siguiéndonos venía la procesión de sacerdotes. Éste. con objeto de que pudiera ser vista por todos. Se nos condujo por largos pasadizos hasta una galería que desembocaba frente a las grandes puertas de madera que daban paso a la nave de la Madre de la Humanidad. hubiera asegurado que era la misma. Marchamos entre las filas de sacerdotes hasta que Oros se detuvo. sus ropas más parecían de una reina que de una sacerdotisa. Tan pronto como nuestros ojos se habituaron a la claridad deslumbradora que iluminaba la nave. abierto por delante. A su derecha había otro trono similar. tenían en la derecha un sistro adornado con gemas y cascabeles. tras él Leo y después yo. revelaba una túnica de seda blanca abierta por el pecho y sujeta por unos cordones de oro tal como aquella que usaba ELLA cuando la vimos en Kor. y que pronto aventuré quién habría de ocuparlo. En medio de un sepulcral silencio se levantó del trono y descendiendo unos escalones llegó hasta donde se encontraba Leo. diciendo al fin que se trataba solamente de una ceremonia de desposorio. dándonos cuenta entonces de que estábamos frente a Ayesha. Fue él mismo el que expuso el asunto a Oros. yendo Oros a la cabeza. ante la divina estatua de la Madre. Estaba descubierta. diciendo así con fuerte y dulce voz: -¡Bendito sea el escogido de Hesea! Como un trueno. se mostró muy sorprendido y confuso por la pregunta. Al notar nuestra proximidad se abrieron las puertas y entramos. en número de doscientos aproximadamente. nos dimos cuenta de que se llevaba a cabo una gran ceremonia o rito en el templo. hizo cesar el cántico. Este manto. estaba sentada Ayesha en un trono sobre una plataforma. todos los circunstantes exclamaron: . Sus manos.

es costumbre ancestral para aquella que ocupe mi lugar el derecho de elección de esposo. ha sido mi señor y dueño. oídme! Es hoy por la primera vez que aparezco ante vosotros tal como soy. que no puedes ver y que nos escuchan. habló a los presentes: -¡Sacerdotes y sacerdotisas de Hesea. se arrodilló lentamente quedando postrada ante él. ¡ahora y siempre! Entonces. Hizo una pausa. Teniéndole tomado de la mano. sin conocer mi cara ni expresión. ¿No es así. ante las atónitas miradas de todos los presentes. como sabéis. vosotros. a la par que ella tomaba a Leo de la mano y lo atraía hacia sí en forma que quedase de frente a los sacerdotes y sacerdotisas.173 -¡Bendito sea el escogido de Hesea! Mientras que los sonidos de aquella voz general retumbaban y se apagaban por los ámbitos de las paredes de roca. mas yo os diré que no es tal extranjero: él. pero pasional-. en vidas pasadas. deseo que sepáis ahora la causa que a ello me ha obligado durante tantos años. que sólo de mí conocéis una mezquina figura cubierta siempre de espesos velos. Kalikrates? -Así es -respondió Leo. Ved a este hombre a quien todos consideráis un extranjero aventurero y que ha llegado ha poco a nuestros dominios. -Di -dijo Ayesha. . y ahora viene de nuevo en busca de mi amor. Ayesha arrojó al suelo su cetro abriendo sus brazos se los ofreció amorosamente a Leo. mirándolo con aquellos ojos tan admirables-. Ayesha me hizo un signo de que me detuviera. oh Hesea! -respondieron a coro los presentes. ¿me aceptas de nuevo por esposa? -Sí. ¿es eso así? -¡Así es. y dirigiendo una mirada de infinita ternura a Leo. -Sacerdotes y sacerdotisas de Hesea. di ante los aquí presentes y ante las desconocidas fuerzas. siervos con ella de la Divina Madre del Mundo. mi adorada señora -contestó Leo son voz temblorosa.

Oros devolvióle el cetro. y ella agregó: -¡Oh. No consentiré que nadie hinque su rodilla ante mí sobre la tierra. que soy solamente un hombre. donde vivirás para siempre conmigo. pronunciadas en medio de un silencio sepulcral. Prometido Hes. pero yo. al furor de la Madre! Ayesha pareció turbarse un momento. murmurando entre sí. se miraron unos a otros. Así estuvieron hasta que Leo pareció recobrar la firmeza de sus pies y las fuerzas de su cuerpo. vi cómo al estar junto a ella su cara se tornaba blanca como la nieve. Vi también que aquel hombre fuerte como un roble temblaba como un azogado entre los brazos de Ayesha. le tenía fuertemente asido de una mano. sonriendo. Separada de sus brazos. mientras que la extraña aureola que de ella emergía hacía brillar como el oro los cabellos de Leo. ¡Sube a tu trono. ahora verás. pero para ti ahora solamente ha sonado la hora de los desposorios. porque conmigo misma te doy también más de lo que puedas disponer. escogido. pareciendo que iba a desplomarse de un momento a otro. que. y recibe la adoración de tus siervos! -¡No! -contestó él.174 Éste se inclinó también hacia ella. mi adorada Ayesha! Estas palabras. oh. . y sus palabras eran firmes y terminantes-. Aquí y ahora mismo he de decirte para siempre. y aquella leve inquietud que se reflejó en su rostro en la cama de roca volvió a aparecer en su bella cara. Fue todo cuestión de un instante. como sosteniéndolo para evitar que se cayera. de sus atributos y de sus ceremonias. pues cuando iban a juntare sus labios se separó de él bruscamente. llegaron hasta los oídos de los más próximos. que nada conozco acerca de dioses extraños. y hubiera querido besarla en sus labios. pero después. amado mío!. Creo que Ayesha también lo notó. Una voz exclamó: -¡Ten cuidado. y para demostrártelo. ocupa el lugar preparado para ti. dijo dulcemente a Leo: -Y yo seré altamente complacida. mi adorado Leo. ¡yo hincaré la mía solamente ante ti. que de cerca lo observaba. atónitos.

dejándonos solos al fin con Ayesha. Leo. que era la que cuidaba de su señora. ¿no fue así?. Cuando todos hubieron salido.175 Convencido por estas palabras. Te viste a ti mismo yacente en aquel estrecho catafalco y te canté aquel cantar. y dijo: -Hermoso cántico y de antigua armonía. he sido con ese nombre bautizado en la única vida de la que tengo noción. subió al trono y. del pasado y del futuro. sin fatigarnos. Mas ven. que se cerraron tras ellos.. para salir por las grandes puertas de madera. mi querido Leo. el resto lo he olvidado: Siempre adelante. cubiertos por el manto del esplendor. tengo ya bastantes amargos recuerdos de él desde aquella horrible noche que contemplé su cuerpo en las cavernas de Kor. -Hasta que se cumpla nuestro destino y las sombras de la noche tiendan sus negras alas. Ayesha -contestó mi amigo. Ayesha levantó su cetro y los sacerdotes y sacerdotisas se formaron en tres filas y desfilaron ante la sacerdotisa. afortunadamente. . Solamente recuerdo dos líneas. Ayesha halló la manera de prevenir su celebración.aprendí. Sonriendo. dime cómo debo de llamarte. le dijo-: ¡Déjame que te hable en árabe! ¿Lo has olvidado tú? -No.. levantóse del trono. antes de ver por primera vez las tenebrosas cavernas de Kor. Oros y Papaya. y el pequeño incidente fue prontamente olvidado por la atención prestada a los cánticos de los sacerdotes y las suaves armonías de sus coros. -¡Oh!. si algún rito de semi-idolatría iba a celebrarse. ¡y ahora nuestro fin está próximo a _verse cumplido! Entonces verdaderamente llegará el día que nos cubramos con el manto del esplendor -y mirando a mi amigo tiernamente. Ayesha pareció despertar como de un feliz sueño. Tú eres Kalikrates. Fue allí donde lo . y todavía . en el lejano Egipto. ahora sí que la noche tiende sus negras "alas". ya recuerdo -dijo Ayesha-. ¿no os parece? Es uno de los que se entonaban en las fiestas en honor de Isis y Osiris en Behit. sin responder. Sí. rápidamente-. -Llámame Leo. mi amado. Llámame Leo en vez de Kalikrates.

-Entonces voy a buscarla.. Deseo verla de nuevo. pobre de mí? ¿Por qué no le preguntas a Oros? Debe de estar fuera. El tiempo pasaba. Parece como si una fuerza misteriosa me empujara irremisiblemente a ella. y preguntó a Oros. sentíamos cierta extraña opresión que nos impedía hacerlo. parecía pesar como losa de plomo sobre nosotros. rompiendo el silencio y comenzando a pasear de un lado a otro de la habitación-. impidiéndonos descansar. ¡Venid.que hay alguien a quien debo conceder audiencia. Fue hacia allí. no puedo. pues la amo más que ninguna. Era algo invisible e impalpable. -¿Cómo puedo yo contestarte.176 -Entonces deja que sea nuestra lengua. en la puerta. CAPÍTULO 18 LA TERCERA PRUEBA UNA hora. contestando que la Hesea no había todavía entrado en sus habitaciones y que. pero éste se limitó a sonreír. seguramente. Horacio! . Ahora dejadme sola. Creo -y dijo esto más bien hablando consigo misma. Salimos del templo.. es imposible para mí separarme de esa mujer. y tú también. Oros. sin embargo. suponiendo que Ayesha iba a recibir a alguna comisión de los principales jefes de tribus de la Montaña que venía a felicitarla por sus desposorios. y aunque tendidos sobre nuestros lechos pretendíamos descansar. dos. estaría todavía en el Santuario. -¿Por qué no viene Ayesha? -preguntó Leo al fin. pero que.

Debíamos encontrarnos en el Santuario. Sin embargo. pero no podíamos tocarlas. se disponía a marchar. entonces -contestó Leo-. repentinamente. pero rehusó acompañarnos. y entramos. evitamos toda conversación. mis sienes chorreaban sudor y los pelos de mi cabeza estaban erizados por el terror. . Un estremecimiento de pánico sacudió nuestro cuerpo. una luz apareció a lo lejos. Las dos columnas de fuego brillaban débilmente en el suelo. si así lo deseaba. Las puertas se hallaban cerradas. -Pienso bien. pues las tinieblas más espesas nos envolvían. había comenzado a lucir. sentíamos su respiración. y su luz era tan escasa que difícilmente podían rasgar las tinieblas que reinaban en el templo. Tratamos de volver hacia atrás para salir. sin decir palabra. al ver que Leo se encogía de hombros y. y vimos que ésta emanaba de las dos columnas que brillaban a un lado y a otro del altar y que. dejando paso a seres que iban de aquí para allá en una procesión interminable. sentíamos sus ropas muy cerca. y hacía poco había dicho que deseaba estar sola. ¿Vienes tú. ¡Estábamos en medio de un mar de sombras del pasado! Por último. Horacio. pero ésta era glacial. y no lejos de las puertas. invitación con una sonrisa. pero Leo consiguió abrir una. Nos parecía hallarnos en medio de una multitud extraña. pero allí había quedado Ayesha. añadiendo que "aquel a quien todas las puertas tenía abiertas" podía. le dije: -No podrás encontrar solo el camino. aunque observamos de un lado a otro. Reconocimos que estábamos en el Santuario. y. o iré sin ti? Dudé un momento. que no eran ni hombres ni mujeres. Eran ciertos seres que se oprimían contra nosotros. nada pudimos ver. Con el alma oprimida. volver al Santuario. Estábamos perdidos. El Santuario era en verdad un lugar público. Teníamos la seguridad de que no nos encontrábamos solos. Sentíamos las tenues corrientes de aire que se movían de un lado a otro. te acompañaré. Atravesamos largos corredores hasta que llegamos a la galería. pero no encontramos las puertas de madera. Anduvimos unos cuantos pasos y nos detuvimos de repente.177 Oros agradeció la.

sí. dejándonos el paso libre. e inclinarse de rodillas ante ella. como emergen las luces de las piedras preciosas al quebrarse el resplandor del sol en múltiples rayos por sus labradas facetas. pues vi una sombra levantarse ante el trono. La fuerza parecía emerger de ella. estaba Ayesha. Oros permanecía en el mismo sitio en que le dejamos al salir. tras éste siguió otro y otro. A cada vago ser que aparecía y se inclinaba ante ella. al menos. -¿Quién es esa mujer? -preguntó Leo con voz ronca¿Un ángel? -O.. Las luces azules que emanaban del suelo reflejaban su tenue claridad sobre ella. aleo así -respondí. En unos minutos más llegamos a nuestras habitaciones. en su trono. encontramos la puerta. Podíamos oír el distante tintineo de los cascabeles del sistro. y sin saber cómo. Ayesha parecía una reina de la muerte recibiendo el homenaje de sus lúgubres súbditos. el único ruido que se percibía en aquel tétrico lugar. Fijó sus ojos en nuestras caras pálidas de terror. envuelta en una majestad de muerte. sin indagar más. pero no oíamos nada de lo que decía. ¡Seguramente estaba recibiendo la adoración de los espíritus de las generaciones pasadas! Instintivamente nos tomamos del brazo. y otro. salimos. ¡Y qué vimos! Allí. y sin decir nada se limitó a sonreír... sentándonos en nuestros lechos.. encontrádonos en la galería. Entramos en nuestras habitaciones.. sentada. A nuestra llegada.178 Pero si en ellas no podíamos ser vistos. dejando ver en su pálida cara el más soberbio gesto de altiva soberbia que criatura humana pudiera adoptar. . no sé si eran muertos o vivos.. Mas si ella recibía el homenaje de alguien. Ayesha levantaba su cetro en señal de salutación. -¿Pero qué hacían allí aquellas sombras? -preguntó Leo de nuevo. A nuestro esfuerzo se abrió. pudimos ver nosotros a través de las sombras. emergía de aquellos dos grandes ojos negros. Veíamos sus labios —moverse. aunque tenía el pensamiento de que debían existir muchas clases de ángeles.

que hacía unos momentos la había despojado del rico manto real que lucía en el Santuario. si bien es verdad que ella tampoco pareció esperar la respuesta. Para nosotros sirvieron huevos cocidos y venado frío. tomándolo de las manos tratando de leer en su cara con ojos no exentos de ansiedad. Esta noche comeremos los tres juntos. Yo he hecho eso muchas veces. pero Ayesha me dijo. cambiando de conversación. Oprimidos por el temor y la duda. ya te llamaré después para que me desnudes. ¿Tienes algo que preguntar a la estatua de la Madre. descansando con aire fatigado. Con ella estaba la sacerdotisa Papaya. No respondí nada a esto. puedes retirarte. puede que fueran sacerdotes con otras vestiduras que llevaban a cabo algún secreto ceremonial. que tanto te atrae aquel lugar? Dicen que habla. para ella. y tú Papava también. nos dirigimos al encuentro de Ayesha. Al poco rato. dijo: -Dejemos los solemnes pensamientos por ahora. Hasta entonces. Oros entró diciendo que la Hesea ordenaba nuestra presencia en sus habitaciones. La comida era simple. . pues. leche con bizcochos y fresas de la Montaña. pues lo que habíamos visto era lo más sorprendente de lo que hasta ahora nos había sucedido.179 -Dándole felicitaciones después de su transformación -supongo-. pero nunca me ha hablado. sonriendo: -¿Por qué quieres dejarnos solos. Oros. Ayesha nos mostró una pequeña rotonda con divanes y cojines alrededor de una mesa. Me volví con el propósito de dejarlos solos. diciéndoles el futuro a aquellos que permanecen postrados de rodillas ante ella completamente solos una noche desde el crepúsculo hasta el alba. que no nos moleste nadie. que se encontraba sentada. Leo se encogió de hombros y no contestó. sentándose e invitándonos a hacer lo mismo frente a ella. Pero quizá no fueran sombras. Holly? ¿Para ir al Santuario de nuevo? -y me miró con doble intención-. Ayesha atrajo a Leo hacia sí. aunque bien es verdad que nunca he permanecido el tiempo que para ello es necesario.

Tu religión no la comprendo. Ayesha. pues. Leo. Ayesha. según nos contaste. había puesto de nuevo entre sus manos. Ya oíste mis palabras en el Santuario. Me pareció que estas palabras. aunque no será fácil explicar satisfactoriamente tus completas ausencias en las ceremonias del templo. sorprendido. al ver esto. ni aun por ti misma. también la mía. -¿Cómo puede ser eso? -preguntó Leo. ¿Quién es. ella es la Madre Universal. antes de sentarse. y por nada del mundo. un poco duras. sino el secreto espíritu del mundo. tienes derecho a conservar tu religión. pues. pues solamente entiendo lo que me enseñaron en mi niñez. que la que así llamo es el alma de la naturaleza. no divinidad. es mejor que hagamos un pacto. pero Hesea o Isis es tu diosa. puesto que es a ella a quien diriges tus plegarias y con quien.180 Leo. se despojó de su purpúreo manto y arrojó sobre una silla el cetro que Oros. -Porque todas las grandes religiones son la misma. Poniendo su brazo sobre la mesa. Ayesha le miró con ojos sombríos y continuó: . has tenido comunicaciones. que es. así. pero se limitó solamente a bajar la cabeza en señal de asentimiento. Sin embargo. -Sí. -Muy poco –contestó-. respondiendo: -Tu voluntad es la mía.. tomaría parte en ningún acto de idolatría. cambiadas solamente en el exterior por las costumbres y los usos de los pueblos que la profesan. al dirigirnos a las habitaciones de Ayesha. esa diosa Hesea? -Has de saber. Ayesha.cuyo símbolo corona la cumbre de esta Montaña y en cuyos misterios se encierra toda la vida y conocimientos de la historia del mundo. amado mío. excitarían la ira de Ayesha. sin duda alguna. Leo. sonrió y dijo: -Parece que haces poco aprecio de esos emblemas.

ahora te tendré vivo para siempre. ¿Te marcharías entonces con Atene? He de decirte que no puedes dejarme. Ve.. entonces. incorporándose a su vez. . ¿qué quieres decir? -y Leo. ¡oh! . ya no te tendré conmigo muerto como antaño. Leo. Pero tú no te acuerdas de ello. y déjame que sola sufra mi destino y mi dolor. o sea: un Osiris y un Set? Leo movió afirmativamente la cabeza. de una u otra forma -contestó Leo. -Y si una vez vivió una mujer que tan loca estuvo y tan sedienta de vida. Atene te hospedará en su palacio hasta que llegue la primavera y puedas cruzar las . pues. Leo. . éste no es el camino de la liberación! Pero no he de tentarte. ¡pobre criatura de un día! . Ahora como siempre.. levantándose de su asiento. Vete. belleza.. Leo. cada uno de los cuales tiene varios ministros. ¿No es el dios de la maldad fuerte y puede muchas veces adoptar la forma del bueno? Dime. -¿Venderse a ese dios llamado Set o a uno de sus acólitos? Ayesha. Pero recuérdalo bien. y si ésa es tu voluntad. y dirigiéndose lentamente hacia él. saber y amor que pudo. -Si así fuera -contestó Leo. siendo uno el dios de lo bueno..181 -¿En la fe que tú profesas no tenéis dos dioses. amado mío. suspirando-. ¿no has oído hablar alguna vez de pobres almas que por ciertas vanidades terrenas han vendido esa merced con amargura y angustia terrible para sus pobres almas doloridas? -Todos los seres de malos instintos hacen lo mismo. ¿Qué tú eras esa mujer? -¿Y si así fuera? -preguntó. y el otro el dios de lo malo. si quieres. en este mundo de hoy día del cual desconozco muy poco. si así fuera creo que sería mejor que cumpliéramos separados cada uno nuestro destino. -Así lo supuse. -¡Ah! -dijo Ayesha con una mueca de tristeza pintada en el rostro-. tú lo sabes bien. pues una vez te di muerte. acabó con la voz velada por el terror-. ¡y ahora vete si puedes! ¿Por qué te acercaste tanto a mí? ¡Leo. Mira mi belleza.

Ayesha. como una piedra preciosa cuando en tus labios aparece para ella la alegría de tu sonrisa. todas las cosas son ilusiones. de repente. porque ésa soy yo! Ahora. -He reinado bajo muchas formas y en muchos países. -Pero. debes conocer la verdad. no existe el pasado ni el futuro: todo lo que ha sido y todo lo que será es eterno. fuimos a buscarte. conociendo todo el mal que encierra mi espíritu. Arrójame de tu corazón para siempre si ése es tu deseo. -Y encontrasteis a más personas de las que buscabais. y al principio creí que buscaba la puerta. y en pago a mis besos y a mi eterno amor. Leo Vincey. Pero no.. hermosa cuando me ves hermosa. Piensa en esa reina ante la cual esas fuerzas de la sombra reverenciaban y adoraban. Ayesha -contestó Leo. tómame tal como soy. pobre pingajo humano que viste desnudo en la roca. ¡Oh. Mira. quiéreme y adórame tal como soy. fríamente. como aquellas visiones sobre el fuego que te hice ver para poner en juego tu fuerza y tu constancia. y. me cubriré con mis velos para que no pueda tentarte mi belleza.. . ¿no es así? Menos mal que pude protegeros. Leo y tú. cruel cuando me ves cruel. Leo. -Sí. Holly. . toma mi sino sobre tu cabeza .. tal como los hombres de su naturaleza hacen en los momentos de mayor emoción.182 montañas y volver a tu mundo y a aquellas cosas de la vida común que son tu vida y tu alegría. Piensa en ese ser horroroso. Después. -diciendo esto se cubrió la cabeza con la punta del manto. . O quizá fueran solamente sombras. porque ése soy yo. hablando simplemente. porque ésa soy yo. llegando hasta donde estaba Ayesha se detuvo. espetó la siguiente pregunta-: ¿No volvisteis de nuevo al Santuario. fruto de tu cerebro. de manera que tapase totalmente su cara. Leo. No. Leo se volvió. Eran antiguos compañeros y servidores míos que vinieron una vez más a presentarme sus respetos y adhesiones. sabes la verdad. o tómame. ¿qué hacías allí sentada en el trono. soy una hechicera. con voz tranquila. no le digas nada. es él sólo quien debe juzgar y decidir. después de rogaros que me dejaséis sola allí? Me pareció veros en la puerta. aunque lo que visteis hubiera podido ser la causa de la muerte de otros. solamente se limitó a pasear por la habitación en actitud preocupada.. Has de saber que yo. y quiénes eran aquellas sombras que se prosternaban ante ti? -preguntó mi amigo. y estarás libre.

grande o pequeño. para compartir sus horrores con esta pobre alma mía. cuando mis ojos te han visto reinando como señora de espíritus buenos y malos. Lo mismo que descendiste por el precipicio del glaciar sin saber lo que había en el fondo. por entre tres grandes peligros ha pasado tu cuerpo durante esta última jornada de tu vida junto a mí: las montañas. Pues bien. Con una exclamación de terror a la vista de ese acto tan enternecedor. te has hundido en un abismo que es aún más profundo. -Mira. así ahora. vieja y horrible.183 -Ayesha -dijo-.. pero Ayesha le indicó silencio. reaccionando. y por tu propia elección y por amor a mí. Leo -continuó-. ¿Has comprendido? . cuando me has contado el secreto de ese pacto impío. Aquel poderoso ser que era más que mortal. ante quien los sacerdotes se postraban de hinojos y que hacía unos momentos había aspirado el incienso del homenaje de los fantasmas o espíritus. pero lo que debes creer. cuando te vi tal como eras. que por ti compré la belleza infinita que transformó mi cuerpo y que he pagado la deuda con intereses en escarnios y burlas que han amargado mi vida en estos últimos tiempos . Leo intentó hablar. rompió a llorar con ardientes lágrimas. se arrojaba humildemente a los pies de aquel hombre. postrándose ante él hasta que su frente tocó el suelo. cualquiera que fuera. obligándola a levantarse y a ocultar sus lágrimas en una otomana cargada de almohadones. pues es verdad. Leo asióla de un brazo. Después llegó hasta Leo. sea también el mío. mas.. has de saber que eso solamente fueron pruebas a que ha sido sometida tu alma. deja que la historia: de la diosa ofendida sea una fábula si tú quieres. me postré ante ti. y por unos segundos pareció silenciosa. tú lo sabes bien. los Mastines de la Muerte y el precipicio. Ahora. vuelvo a postrarme ante ti. Deja que tu sino. como sorprendida por las palabras que acababa de oír. su manto cayó a los pies. -Tú no sabes lo que has hecho -dijo al fin Ayesha-. Cuando Ayesha oyó esto. es que tú has sido la culpa de todos mis dolores y sufrimientos. Deja que todo lo que viste en la cumbre de la Montaña o en el Santuario sean visiones de la noche.

de tu cabeza hasta dentro de algunos meses. y en el fondo de tus recuerdos mi amor. Ésta era la primera prueba. -¡Pues sufriría! -dijo Leo. ¡si tú sufrieras!. estaba yo obligada a continuar mi marcha en las profundas y eternas sombras de la soledad . -Una sola cosa pretendo saber todavía. impaciente-.. No pretendas saber más. Ésta era la tercera prueba que se te estaba designada. no. -contestó Leo. Ayesha: ¿cómo has podido transfigurarte sobre la cumbre de la Montaña? -Entre llamas te dejé. contéstame primero a uno... si te he salvado de algún mal espiritual que te amenazaba.. Si he roto el yugo que oprimía tu cuello. pero. pues. todavía. no -contestó Ayesha con la voz entrecortada-. Ahora ya estoy regenerada de ti. y entre llamas puede ser que juntos partamos. ¿cuándo será nuestro matrimonio? -Todavía. la primera fue la tentación de Atene con sus promesas y su amor. -Seguramente te cubre un doble velo de ceguera -dijo Ayesha. por el momento. la prueba de tu espíritu. Escucha de nuevo: tú me rechazaste ayer escuchando el grito de la naturaleza. te mostré la visión del Santuario y te confesé el negro crimen que mi alma encerraba. pudiendo esperar contigo otra vida más feliz y verdadera en la cual reencarnarás de nuevo. ¡No. si tú sufrieras. . o mejor. . mi mente lo comprende todo. continuar representando mi papel de sacerdotisa de una fe olvidada.. serenamente-.. tomando un riesgo sobre mi cabeza. pero si es necesario tampoco moriré en vano! Así. la prueba de tu carne.. no todo. Tú me has rechazado esta noche: cuando así me fue ordenado.. al verme en aquella triste forma. Salvo algunas cosas. por consiguiente. sin esperanza y humillado ante mi poderosa fuerza terrenal. Pero tú eres leal. Sin embargo. Leo: debes hacer desaparecer esa esperanza. mientras tanto tendrás que contentarte con ser mi prometido y mi amado. y entre llamas vuelvo a ti de nuevo. Ayesha: nuestros desposorios se han realizado esta noche.. vamos a examinar esos problemas. ¡Mas quién sabe si el cambio estaba solamente en vuestra vista y no en mi figura! Ya te he contestado. Pero tu fortaleza ha sabido aflojar el yugo que el Destino tenía ceñido a mi cuello.184 -Algo. debiendo. entonces. no era la primera!. quizá un año. . y creo que al fin resplandecerá la justicia algún día para todos nosotros. ¡bien! ¡No he vivido. mi belleza y mi hermosura parecieron renacer..

y allí te bañarás en la Fuente de la Vida. llena de una rabia. y al contrario que tú. ¿Fue porque nada tenía que decir? ¿Fue por miedo? Lo cierto es que. me aterroriza el pensar que pudieras morir y dejarme a mí viviendo todavía! -Entonces. ¿cuánto tiempo hasta cruzar las montañas y todo el vasto territorio que se extiende tras ellas.. .. dame tú vida. ¡Oh. nos pondremos en camino todos juntos hacia Libia. y como esperando alguna frase de Ayesha que alegrase la tristeza de esta larga espera. En la primavera. y después.. Leo calló como pensando en el nuevo giro que presentaban los acontecimientos. -Yo te la daría. y las llanuras de Kor? Dos años al menos. Ayesha: yo he sido tu amigo y tu amado durante muchos años día por día y hora por hora. Ayesha. Ayesha.185 -¿Por qué? -preguntó Leo. nos despidió porque deseaba descansar. ¿pero tú sabes lo que eso representa? . han de transcurrir antes de que lleguemos a aquellos lugares. voy envejeciendo. cuando las nieves se derritan. nada.. -Ocho meses hasta abril antes de que podamos ponernos en marcha. amado mío! -dijo Ayesha... Después te perteneceré. horrible. . horrible. La vida vuela y hay veces que presiento que su fin se acerca. contrariado fuertemente por este obstáculo inesperado-.... dices verdad. levantándose.. -¡No hables en esa forma. hija del miedo-. nada. los mares.. Tú no estás prevenido contra los accidentes de la vida• y del tiempo. Sin embargo. de la cual un día tuviste miedo de beber.. saltando de la otomana y dando un fuerte golpe con su sandalia en el suelo. Pero Ayesha nada dijo.. va el tiempo pasando.

de la cabeza a los pies. En estos cinegéticos ejercicios raramente acompañaba yo a mi amigo. parecía contemplar sus propios pensamientos. podría haber sido la causa de sufrimientos sin cuento. y mis ojos no cesaban de contemplarla. y a pesar de que estaba influenciada por el terror de que peligrara la vida de su amado Leo. y nada vi. me agarró una mano y noté que una extraña corriente circulaba por todo mi cuerpo. Viendo así su belleza. En todas estas mudas reflexiones se torturaba mi cerebro. a pesar de que pasábamos todas las veladas junto a ella y la mayor parte del día. si hubiera podido mostrarla en otros lugares del mundo menos apartados que aquél. he olvidado que eres ciego. -¡Necio! ¿Tan ciego estás que no puedes ver que mi bienamado está en peligro? -gritó-. absorta. a excepción de una interminable sabana de nieve. que en abundantes rebaños vivían por los riscos y vertientes de la montaña. inexpresiva y fascinadora como aquella hermosa Helena de la Ilíada. hasta que Ayesha se dio cuenta de que esta inactividad y la larga permanencia en lugares cerrados ejercía su influencia en mi amigo. ¡Oh!. pues el brazo me causaba fuertes dolores. . Una vez ocurrió un accidente. y señalando a una ladera de la montaña distante. Al reconocerlo así. y la contemplaba en silencio. exclamó: -¡Mira! Miré.186 CAPÍTULO 19 LEO Y EL LEOPARDO Leo deseaba estar continuamente junto a Ayesha. en su larga vida. se dispuso a organizar cacerías de carneros salvajes y de ibices. mas toma de mí la vista que te falta -diciendo esto. Estaba yo sentado con Ayesha en el jardín. cuando de improviso se agitó terriblemente. que por tantos y largos años había vivido a la intemperie. Tenía ella la cabeza apoyada en una mano. se comprendía que aquella mujer. mientras su mirada.

señalando a su víctima y a sus desgarradas vestiduras. suspiraba a mi lado. y. a Leo rodando y luchando entrelazado con un leopardo de las nieves. Ayesha .187 Instantáneamente mis ojos se abrieron. Ayesha. Entonces Leo. sino para poder ver en el aire. con trozos de lienzo procedente de las ropas interiores de Leo. La visión se desvaneció tan repentinamente como había venido. quedó inmóvil. ordenándoles traer a su señor Leo. pues vi que Leo extraía de entre sus ropas un largo cuchillo y lo sepultaba en el vientre del leopardo. a su presencia. mi fiel Holly? Pues así han sido durante muchos años -dijo Ayesha-. pobre corazón mío! ¡Cuánto tienes que sufrir tú todavía! Su ira entonces fue a descargarse contra el jefe de los cazadores. después de varias sacudidas agónicas. que había puesto allí para ahorrar a los cazadores el trabajo de transportarla. que. El fin de esta escena llegó. CUATRO horas más tarde regresaba Leo. como pudiera haberlo hecho cualquier mujer común. ¿pero cuántos han de venir aún? ¡Oh.ungüentos. -Este peligro ha pasado. -¿Has visto cómo son mis días. rígida por el terror. y noté que Ayesha se apoyaba en mi hombro medio desvanecida por el miedo. pero esos perros malditos me pagarán caros estos momentos de agonía. 'pues Leo estaba desarmado. a pocos pasos de mí. sino un carnero de la montaña y la piel del leopardo de las nieves. levantándose. Uno de los cazadores se adelantó. mientras los jefes y los cazadores que lo acompañaban buscaban la oportunidad de exterminar al bruto con sus lanzas. vendar algunas heridas que en su mano se había producido durante la lucha. apresurándose a . así como a sus compañeros. se echó a reír. marchando tras la litera en la cual no iba él precisamente como se pensó. enviando mensajeros con una litera. pero no para contemplar el paisaje.

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saltó hacia él y lo abrazó con tierna solicitud, dirigiéndole toda clase de dulces reproches. Leo, que la escuchaba asombrado, preguntó: -¿Cómo sabes tú lo que ha pasado? ¡Todavía no te he enseñado la piel del leopardo! -Lo sé porque lo vi -contestó Ayesha La herida más grave la tienes en el cuello. ¿Te has puesto la untura que te envié? -No -dijo-. Pero si tú no has dejado el Santuario, ¿cómo lo has podido ver? ¿Por tu magia? -Si tú lo quieres así, sí; yo te vi, como así también Holly, rodando por la nieve con ese fiero animal, mientras esos malditos te rodeaban temblando como criaturas. -¡Ya estoy cansado de tanta magia! -interrumpió Leo, firmemente-. ¿Es que no puede un hombre estar solo en la montaña, aunque sea con un leopardo? Y respecto a esos bravos... En este momento entró Oros, y murmuró algo que no pudimos entender. -Lo que respecto a esos "bravos", ya trataré yo con ellos... -dijo Ayesha con amargo énfasis; y cubriéndose, pues nunca aparecía descubierta ante la- gente de la Montaña, salió de la estancia. -¿Dónde ha ido, Horacio? -preguntó Leo-. ¿A alguna de sus ceremonias en el Santuario? -¡No sé! -contesté-. Pero si es así, creo más bien sea para celebrar los funerales del jefe de los cazadores. -¿Quieres decir?. .. - e inmediatamente salió tras de Ayesha. Un minuto o dos más tarde creí conveniente seguirlos. En el Santuario se desarrollaba en aquellos momentos una curiosa escena. Ayesha estaba sentada frente a la estatua. Ante ella, empequeñecidos por el terror y postrados de rodillas, un hercúleo jefe, pelirrojo, así como sus cinco cazadores llevando todavía sus lanzas de caza, aguardaban atemorizados el fin de aquella escena, de la que dependía su vida. Leo, que como supe después, había

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intercedido en favor de aquellos hombres y obligado a guardar silencio, esperaba en pie, con los brazos cruzados, el resultado de la sentencia. A pequeña distancia, en segundo término, había una docena o más de guardianes del templo, armados de espadas y temibles por su fortaleza y estatura. Ayesha, con su más dulce voz, preguntaba a aquel hombre cómo el leopardo, cuya piel estaba a poca distancia, había llegado a atacar a Leo. El jefe contestó que ellos habían encontrado a la fiera entre los rocas; que uno de ellos la había herido y que el animal, enfurecido, salió de su refugio saltando sobre el hombre que lo hirió, y que milagrosamente pudo ponerse a salvo, pero no así el señor Leo, al que el animal atacó, cayendo los dos rodando en feroz abrazo hasta que al fin, el hombre, más hábil, le dio muerte. Eso era todo. -No todo -respondió Ayesha-, pues olvidáis contar, cobardes, que vosotros procurabais poneros en seguridad, abandonando a mi señor a la furia de la bestia. Bien. Conducidlos fuera de la Montaña, allí donde moran las fieras, para que perezcan a sus fauces; así sabrán que aquel que les dé comida o los cobije, muere. Comprendiendo que no había lugar a piedad o excusa, el jefe y sus compañeros se levantaron y haciendo una reverencia se dispusieron a salir. -;Un momento, camaradas! -gritó Leo-. Jefe, dame tu brazo; mis heridas parecen empeorar y no puedo ir muy a prisa. Acabaremos juntos esta cacería. -¿Qué vas a hacer? ¿Estás loco? -preguntó Ayesha. -No sé si estoy loco -repitió Leo-, pero lo que sí sé es que eres cruel e injusta. Mira estos hombres: no hay nadie más bravo que ellos. Este hombre -y señaló a uno, al que el leopardo había derribado- ocupó mi lugar y fue delante de mí porque yo le ordené que atacara a la fiera, y así fue herido. Como todo lo viste, también debiste ver eso. Después me atacó a mí, y el resto de mis compañeros me rodeaban, acechando la ocasión 'de atacar, que no era fácil, pues estando la fiera y yo estrechamente abrazados, podían involuntariamente herirme a mí. Así estábamos, cuando uno de ellos, con las manos desnudas, puedes ver las señales de los dientes en ellas, agarró a la fiera, sin que, desgraciadamente, hubiera alcanzado un resultado positivo, hasta que yo mismo pude hundir mi cuchillo en su vientre.

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¡Así, pues, si ellos deben perecer en la Montaña, yo, que soy el culpable de todo, iré a morir junto con ellos! Mientras los cazadores le miraban con fervorosa gratitud, Ayesha, después de reflexionar unos momentos, dijo sinceramente: -En verdad, mi dueño y señor, si yo hubiera conocido toda esa admirable historia, bien empleados me estaban los calificativos de injusta y cruel; pero, desgraciadamente, sólo sabía lo que había visto, y ciertamente en aquellos momentos la conducta de estos hombres no era de lo más admirable. Mis siervos, mi señor ha intercedido por vosotros, y estáis perdonados; es más, aquel a quien el leopardo derribó y aquel que lo agarró con sus manos serán recompensados; pero mal lo pasaréis si otra vez pusierais en ocasión de peligro la vida de mi señor. ¡Idos!

CUANDO dejamos el Santuario, y de nuevo estuvimos solos en el recibidor, la tormenta interior que la cara de Leo presagiaba, estalló. Ayesha renovó sus preguntas acerca de sus heridas, y deseaba que Oros llamara al médico para curarlas, y como Leo se negara, ' ofreció curarlas ella misma, y él le preguntó, muy serio, si creía que era un niño de pecho para necesitar de tan tiernos cuidados. Ante esto, dicho tan en serio, no pude menos de soltar una carcajada. Leo riñó a Ayesha, sí, ¡la riñó! Deseaba saber qué quería decir con aquel espionaje mágico, que nunca había querido y del que siempre había desconfiado. Qué era aquella condena impuesta a aquellos valientes, sus buenos amigos, a una muerte tan indigna y tan cruel, y qué significaba aquella orden a los cazadores de que cuidaran de él como si se tratase de un pobre niño inválido, obligándolos a responder con su vida si él sufría la más pequeña herida; ¡él, que en tiempos había matado toda clase de caza mayor y pasado a través de todos los peligros imaginables! Así la maltrataba con sus duras palabras; pero lo más admirable era que Ayesha, ese ser superhumano, escuchaba pacientemente toda aquella lluvia de reproches. Sin embargo, ningún hombre hubiera osado hablar a aquella mujer ni siquiera en forma más suave que mi

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amigo, pues seguramente sus frases y su vida hubieran tenido simultáneamente el mismo fin, sabiendo yo como sabía que podía matar a un hombre con el solo esfuerzo de su voluntad. Pero, en cambio, comenzó a llorar. Gruesas lágrimas brotaban de sus hermosos ojos, rodando por sus mejillas de rosa -pues estaba inclinada hacia adelante- y caían al suelo como gruesas gotas de lluvia divina. A la vista de aquella palpable evidencia de humanidad, la ira de Leo pareció fundirse en su corazón de enamorado. Ahora era él el que humildemente pedía perdón... Ella, entonces, le dio la mano en señal de perdón y olvido, diciéndole: -Deja que los otros me hablen como ellos quieran; pero de ti, Leo, tus palabras me hacen sufrir atrozmente. ¡Oh, eres cruel, cruel! ¿En qué he podido ofenderte? ¿Puede ofenderte que mi alma esté siempre vigilándote sin que tú lo sepas? ¡Así lo he hecho siempre, desde que partiste de la Fuente de la Vida! ¿Puede ofenderte que me espante al ver que te rodean peligros que no puedo conjurar? ¿Qué representa la vida de unos cuantos cazadores semisalvajes comparados con un solo suspiro de tu pecho? Si los hubiera matado, otros les hubieran substituido, más valientes y cuidadosos de tu vida y seguridad. Ahora, como no les he matado, ellos o sus compañeros pueden conducirte a otros peligros que podían acarrear tu muerte. Ayesha pronunció con horror esta última palabra. -Escucha, amada mía -dijo Leo-. La vida del más humilde de esos hombres es de tanto valor para él como es la mía para mí, y tú no tienes más derecho a matar a esos hombres que el que tienes para matarme a mí. ¡Cuánto dolor me causa el ver que tu excesivo cariño por mí puede conducirte a la crueldad y al crimen! Si tienes miedo por mi vida, cúbreme entonces con tu inmortalidad, la cual, aun cuando la temo un poco, proviniendo de una no muy santa alianza y no permitida en la tierra por mi religión, la aceptaría con gozo al saber que desde entonces estaría junto a ti y que nunca partiría de tu lado, y si, como tú dices, esto no es posible todavía, deja que tomemos lo que la fortuna nos depare y seamos felices. Todos los hombres deben morir; pero si yo he de hacerlo antes que tú, déjame ser feliz contigo hasta entonces.. . , aunque sólo sea por una hora...

no insistas más. recuerdo que nos sorprendió en extremo el oír decir a ELLA que tenía la determinación de apoderarse de Gran Bretaña. no podré al fin resistir y harás que te conduzca por un camino de muerte y desolación! Leo. Ayesha. Por mucho que se lo pregunté a Ayesha. Ahora que sus poderes habían aumentado. en un rápido e instintivo movimiento.192 -Si pudiera ser. si es que antes no lo hice. y había decidido hacer a Leo el soberano del mundo. CAPÍTULO 20 LA ALQUIMIA DE AYESHA Poco tiempo después del incidente del leopardo. salió de la estancia. -¿Y cómo -preguntó Leo con un suspiro ronco. llevar a cabo tales cosas? . no me lo quiso revelar. que. ¡Oh. y de la preciosa oportunidad que se me ofrecía. como si tuviera miedo de sí misma. pues esta visión de gobierno universal. sólo por el hecho de que nosotros pertenecíamos a aquel país. te lo ruego. porque si no. Ayesha comenzó a discutir sobre los planes de nuestro poderoso futuro. sus ideas sufrían el mismo parangón. aun cuando no sabía de qué forma había de salir de ellos. aquella terrible herencia que nos había prometido. parecía no ser de su agradopodrás tú. a pesar de mis negativas en años anteriores. Cuando llegamos a Kor. Leo. Ayesha. Los planes de Ayesha eran grandes y terroríficos. ¿cómo no lo haría? -contestó Ayesha con un piadoso movimiento de su mano-. ¿no has oído nunca hablar del amor que mata o del veneno que puede ocultar el sorbo de la copa de una felicidad demasiado perfecta? Y al decir esto. Aquí debo explicar. me sería concedida la merced de bañar mi cuerpo en los fuegos de la vida eterna.

y puede ser que. Su prodigiosa inteligencia era capaz de inventar nuevos medios de lucha contra los cuales los más poderosos ejércitos a estrellarían y se destrozarían impotentes. como una vez los llamó delante de mí. nos gritarán: "¡Sed nuestros monarcas y gobernadnos!" -Quizá -contesté dudoso. atónito. Además. encontremos un camino menos violento. Yo puedo mandar un ejército que destruiría los del mundo y hundiría sus escuadras en las tenebrosidades del mar. amado mío. dejémoslo por ahora. Sin embargo. yo. Cuando nosotros aparezcamos entre los hombres. mientras. y como yo también tenía la seguridad de ello. Holly. Pero tú. te estremeces a la vista de la muerte. cuán estrecha es tu mente. haciéndola terriblemente temible. arrojando el oro para que satisfagan sus necesidades. ¿Por qué no? La muerte no podía tocarla. como instrumento del mismo cielo. -¡Obligando a sus pueblos a que tal hagan! -contestó Ayesha suavemente-. -¿Y cómo llegarás a convencer a los reyes de la tierra a que depositen sus coronas a tus pies? -pregunté. y crees todavía que el cielo se enojará porque yo misma me convierto. revestidos de un poder terrorífico. Holly. Así. Ayesha podía disponer de las fuerzas de la Naturaleza. Su belleza espléndida -aquella "copa de locura" de sus ojos. y reflexiona. qué enrevesados son los pensamientos que pueblan tu imaginación! Desecha las tinieblas que pueblan tu cerebro. . Sí. yo no tenía la menor duda de que Ayesha era capaz de poner sus pensamientos en práctica y que éstos nos habían de conducir a alguna conclusión sorprendente. con una belleza deslumbradora y con nuestra vida inmortal. o soy escogida.era capaz de convertir en esclavos incluso a los hombres más indiferentes. no hay que olvidar que como ella decía.193 -Se haría muy fácilmente. había triunfado sobre ella. pues tu voluntad es la mía. pues. tal como los elementos y la electricidad. a quien los rayos y las fuerzas elementales de la naturaleza obedecen. ¡Ah.

-¿Por qué no los envías afuera de nuevo? -contestó indiferente-. está loca de rabia contra ti y contra nuestro Santo Colegio. ¿Qué necesidad tengo de tus espías? -Hesea. por otra parte. y entonces no te quedará lugar a dudas. se propone permanecer con un segundo y más poderoso ejército en los llanos que circundan Kaloon. así me lo ordenaste. Pues bien. hace unos momentos pasaba por tu imaginación la idea de si estaría yo loca al pensar en aquella forma. que el hambre hace presa ya en ellos. pues cuando estaba con Leo no quería ser por nada interrumpida. el mago Simbrí. seis no más. . La Khania. aunque la experiencia será pequeñísima. Esperad. En el caso de que resultaran derrotados. sacerdote? -preguntó vivamente. -¿Qué pasa. respectivamente. El pueblo de Kaloon está desesperado porque la sequía ha destruido sus sembrados en tal forma. podrás ver. los espías han vuelto. pues temo que los espías puedan haber sido víctimas de sus propios temores o de la falsía de Atene. Trabaja noche y día en la organización de dos grandes ejércitos de cuarenta y veinte mil hombres. ¿cuál es su informe? -Es gravísimo. -Bien.194 Mientras estaba sumido en estas reflexiones con la esperanza de que Ayesha no se tomase la molestia de leer éstas en mi pensamiento. miraré yo. ¿Habrá su odio vuelto loca a esta mujer hasta tal punto de querer luchar contra mí? Mi fiel Holly. -Hesea. hasta qué punto puede llegar mi poder. Ellos culpan de su desgracia a los extranjeros que han atravesado el país y se han cobijado en tu Santuario. en unos cuantos días. -Interesantes nuevas en verdad -dijo Ayesha con una despreciativa sonrisa-. me di cuenta de que Oros estaba postrado ante ella con la frente pegada en tierra. el último de los cuales lo envía a luchar contra ti al mando de su tío.

¿querrías tú ver esta guerra? No. tú debes permanecer en seguridad aquí. pareció despertar como de un profundo sueño y pasando una mano por la frente con una suave languidez. como si nada hubiera pasado. mientras yo voy a visitar a Atene como le prometí.195 Entonces la mirada de Ayesha se perdió a lo lejos. ¡Ve a cumplir mis órdenes! Oros se inclinó y salió del aposento. no todas. Ayesha. no vengas! -imploró Ayesha. continuó hablando del tema que le interesaba tanto.. puesto que su ejecución costaría tan considerable cantidad de algún material de trueque que Ayesha misma se vería imposibilitada de procurarse. que todo el tiempo había considerado y censurado sus planes de conquista tan eficazmente como pudo. a la salida. Mi Leo. reúne todas las tribus. y que el resto permanezca aquí guardando el Santuario y la Montaña. Envía el Fuego de Hesea á cada jefe. -¡Yo te ruego que no!' ¡No. Leo. unos veinte mi hombres serán bastante. en marcha. del sol. De aquí a tres noches. y sus facciones quedaron rígidas como las de un cadáver.y debo ponerme pronto en acción. cuando unas observaciones de Leo nos dieron ocasión de presenciar una maravillosa experiencia de los poderes de Ayesha. Ya hablaremos de eso más tarde. dijo de pronto que al fin tendrían que ser desechados. . -¡Donde tú vayas iré yo! -gritó Leo rojo de vergüenza. Oros. provisiones para quince días. al menos que muchos de mis hombres sean asesinados. Yo me reuniré con ellos en la próxima aurora. la aureola de luz perdió intensidad y sus grandes pupilas se contrajeron. unos cinco minutos. Que lleven. Al poco rato. perdiendo su color. aunque en el fondo sabía que su ruego era inútil-. Fue en el transcurso de una velada similar a la de la noche anterior. -Es verdad -dijo..

pues solamente tenía noción de los poderes de Ayesha como medios físicos. ¿Te acuerdas. Cuando entramos. Se detuvieron para saludar a Ayesha. Además. sí. Como vimos en seguida. así como instrumentos de rara forma. agitada por el viento y la fantasía y habitando en un palacio hecho de humo y vapores o de rayos de sol. y deja a ese sabio filósofo que descubra el enigma y se estrelle contra él. Estábamos en una caverna desde cuyo fondo salía un resplandor de luz.sin prepararme antes para sus exigencias? ¿Por qué? Si lo previmos todo. si te quedas aquí. por los que nunca habíamos pasado hasta entonces. Ven tú. . dijo: -Tienes razón. hasta llegar a una puerta que Leo abrió a indicación de ella. para ti. pero a una señal de ella continuaron su trabajo. Leo. -¿Qué es lo que vamos a ver? -pregunté dudoso. a quien debo parecerle una muchacha loca. y para Holly aquí presente. Uno de ellos removía el contenido de una caldera con una gruesa barra de hierro. mientras les preguntaba si todo marchaba bien. amor mío. prácticamente concebido. yo llenaré las arcas del tesoro de la Emperatriz de la Tierra. de cómo en Kor encontré un singular placer durante aquellos terribles años de soledad. Atravesamos largos pasajes. Leo. su figura creció en grave majestad y sus ojos miraron de tal forma que helaron mi sangre en las venas. ¿Piensas que voy a disponerme a hacer la guerra. forzando a mi Madre la Naturaleza a depositar en mí sus más escogidos secretos? Seguidme los dos y veréis lo que mortales ojos no han visto todavía. un horno. una mujer contra todo el mundo -y cuando así habló. pues había allí grandes frascos de metal. Yo lo tengo en consideración en mi memoria y ahora sabrás cómo sin costo alguno para aquellos a quienes gobernemos. -Lo que tú sabrás.196 Ella lo miró y echándose a reír. aquel lugar era su laboratorio. mientras el otro recibía su contenido en unos moldes de yeso. Leo. dos sacerdotes estaban trabajando. o lo que no sabrás.

¿Es que en tu país no se funden también los metales? ¿No has comprendido todavía lo que estoy haciendo? Aunque sin verlo nunca lo creerías. cosa que no hubiera deseado. sin embargo.. Al final de ésta había algo . más que nada por romper el impresionante silencio. mitad madera y mitad paño. Mientras. Vi que la pared opuesta a nosotros se había abierto y que nos encontrábamos en el umbral de otra cámara. te inundaré de luz.197 -¡Muy bien. Holly -exclamó burlona la voz de Ayesha-. ahora como siempre. provistos de unos cascos semejantes a las escafandras de los buzos. -¿Para qué gastar palabras en tan tontas preguntas? -contestó-. hablaba. Leo y yo nos embutimos en aquellas vestiduras. Ven. y. en las tinieblas has estado siempre. -¿Qué hacían aquellos sacerdotes? -pregunté. ahora lo verás. oh. Bien. pero nadie respondió. Allí había luz aun a través de aquel aparato que nos protegía contra la luz excesiva.. Allí no había lámpara ni luminaria alguna. pero en las profundas tinieblas de tu ignorancia y tu incredulidad. Bajo su dirección. era tal la abundancia de ésta que casi nos cegaba. nos señaló dos extraños objetos. Diciendo esto. supuse que era una puerta de piedra. -¡Estamos completamente en las tinieblas! -dije. el lugar estaba lleno de una suave luz que parecía emanar de la pared opuesta. percibí a través de mi escafandra el ruido sordo de algo que rodaba. desde dentro de las cuales no podíamos oír ningún ruido ni ver la luz del exterior. Tenía la seguridad de que no estábamos solos. hechos de un material raro. no te preocupes. colgados de la pared. -Sí. Después pasamos a través de esta caverna y de sombríos corredores hasta una pequeña habitación cortada en la roca. Hesea! -contestaron.

la luz que despedirían no podría ser ni la milésima parte de la que aquí brillaba. con mis espaldas hacia Ayesha. la tomó ligeramente con sus manos desnudas y trayéndola hacia donde nos encontrábamos. Me volví y eché a correr o mejor dicho a tambalear. nos dijo riendo: -Decidme ahora si habéis visto u oído hablar alguna vez de una mejor alquimista que esta pobre sacerdotisa de una religión olvidada. la acercó a la máscara que me cubría la cara. Después. como si la puerta de piedra se cerrase. la luz venía a caer y a centuplicarse en luminosos rayos en una masa de metal sostenida por un armazón de hierro. y allí. es más. Ayesha permanecía allí indiferente e insensible a toda influencia exterior. Y tomando la incandescente substancia. Después. oyendo después un ruido parecido al anterior. la semiobscuridad reinó en aquel lugar. y algo más pronto de lo que yo pensaba -dijo.198 como un pequeño altar de roca obscura y sobre este altar una masa del tamaño de la cabeza de un niño. pues firmemente creía que aquella ardiente masa me iba a ser aplicada a la cara. Así estuve hasta oír la risa irónica de Ayesha que se burlaba de mis espaldas. ¡Qué rayos cruzaban el espacio! Si todos los diamantes de la tierra se colocaran juntos y tras una poderosa lámpara eléctrica. . como un premio del fuego. protegiéndome la cabeza con las maros. Después. hasta llegar a la pared frontera donde quedé pegado contra ella. Mis ojos se irritaban y creo que sentía resecar mi piel bajo su influencia. pero afectando la forma oblonga -supongo que por fantasía. cuyos huesos fueran visibles. Fuera de este ojo se esparcía aquella cegadora e intolerable luz que era reflejada por miles de pantallas de una piedra negruzca como de ladrillos quemados.del ojo humano. pues vestido de aquella manera no podía correr. retiró su velo y se inclinó sobre la masa que estaba sostenida por el armazón. yendo hasta el fondo de la habitación. aunque la masa representaba ser de un peso excesivo. Parecía a sus reflejos una mujer de acero líquido. -Esto está' listo.

que no dejaba de jurar y perjurar en voz baja. mi querido Leo. -¿Satisfecho con qué? -inquirí malhumorado. Mira. Pensaba que muy bien podía estar Ayesha acostumbrada al contacto de aquellas ígneas masas. ojos y verás cómo quedas curado inmediatamente. Pero Ayesha se echó a reír. como había oído de ciertos pueblos del sur de Asia. . que parecía como si fuera la diosa de la risa sobre la tierra. ¿no querías ver las admirables cosas en que trabajo? Y tú. no lo hice. os mostráis bruscos y lloráis como los chiquillos cuando se queman un dedo. no está caliente. en una forma tan extraña. Me quedé mirando durante largo rato. Cuando dejó de reír. mientras gruesas gotas de sudor corrían por nuestra cara. -No quiero decir lo que está ardiendo en ella. y efectivamente. Así lo hice. pues el escozor que sentía en los ojos me producía una molestia atroz-. Toma esto -y me dio una pomada que había sobre un estante-. mi querido Holly? -preguntó Ayesha. ¿Crees que hubiera querido quemarme las manos para convertirlas en dos formas repugnantes? ¡Toca. depositada en el fuego-. los dos están enfadados. -¿Estás ya satisfecho... ahora -y Ayesha me señalaba la metálica masa que había tomado con las manos y que todavía resplandecía.. aunque hasta muchas horas después tuve los ojos rojos como la sangre. preguntó: -¿Por qué esta ingratitud? Tú. No. Holly! Pero a pesar de sus ruegos. frótate con ella lo. puesto que te dije que eras libre de quedarte donde estabas si tal era tu gusto? Ahora. en tú ignorancia no sabes ni cuál es el nombre de ese poderoso agente. ¡ya estoy bien satisfecho! -Y yo también -dijo Leo. Si te refieres a quemaduras y brujerías. ¿no has venido por tú propia voluntad. -el dolor desapareció.199 Nos quedamos mirando Leo y yo como los búhos a la luz del sol. Si quiere decir aquella espantosa brasa. sin decidirme a tocar. -¿Y cuáles son esas admirables cosas? -pregunté-. Holly. no temas.

Al poco rato. que le eran tan particulares. mi fiel Holly. Leo permanecía mudo por el estupor. al parecer. Pero. hasta los huesos de tú mano derecha. la cual. se dispuso a grabar el símbolo de la cruz egipcia.A una seña suya. después. Entonces. Holly? -Oro -respondí. -¡Seguramente! -contestó-. incrédulo. -Ahora -dijo-. tú te persuadirás de que lo que te digo es cierto. cobre. . al exponerla a los secretos rayos que poseo. pero yo no llegaba a creer que aquello fuera oro y mucho menos que éste fuera hecho del hierro. ¿cómo quieres marcar esta masa.200 -Bien. ¿De qué mina podría sacarse el oro en tan grandes masas? Hierro. quien se complace en mortificarme con su incredulidad? Si yo quisiera convertiría en oro. con un cortafríos y un martillo. la mina de hierro es muy rica. al ver que yo no decía nada. ¡es oro. leyendo mis pensamientos en uno de aquellos cambios de manera de ser. hierro que mi alquimia convierte en oro. hasta donde se encontraban trabajando los sacerdotes en el taller. mi buen amado. un sacerdote. como verás. pues la dura coloración rojiza parecía más la del cobre que la del oro. los sacerdotes entraron llevando con ellos una especie de angarilla. Después volvió hacia nosotros. oro puro! -El filón en este lugar debe de ser muy rico entonces -dijo Leo. corrigiéndome añadí.Dejándonos. ¿por qué he de ser vejado por ti que eres ciego y sordo? Pero no te apenes. no -contestó-. pasó por el corredor. es sólo un lingote de hierro? ¿Con el signo de la Vida? Bien. -¿La mina de hierro? -preguntó Leo atónito. . Ayesha gritó: -¡Por la Naturaleza misma! ¿Eres tú. -No. entre las cuales había depositado un lingote de hierro de gran peso. pues a duras penas podían levantarlo entre los dos. que pronto nos servirá para llevar a cabo nuestros propósitos. ¿qué es esto. la crux ansata. -Sí.

podría con el peso de tan enorme bloque? -¡Ah. Saqué mi cuchillo de caza. y mañana te lo devolveré. -Pero cómo puede ser que tú -dijo Leo-. y que solamente pueden hacerlo los que han estado expuestos a la influencia del vapor de la vida. Así lo hicimos. regresamos a las habitaciones de Ayesha. dame tú cuchillo. una vez que hubieron acabado-. hecho en la India. que estaba provista de una poterna de hierro. Moví la cabeza con duda. Entonces. donde encontramos a los sacerdotes. y se lo di. ella ordenó a los sacerdotes colocarlo todo bajo la influencia de los secretos rayos de los cuales habíamos desconfiado. La áurea masa fue depositada en una especie de cavidad en la roca. -Tú conoces bien sus marcas. una mujer. vimos también que el lingote de hierro y mi cuchillo habían desaparecido. permaneciendo en esa forma hasta que algunos minutos más tarde. indicándonos que fuéramos a la habitación inmediata y allí esperásemos con nuestras caras contra el suelo. dulcemente-. después de lo cual. ¿no es eso? -y señaló a las varias muescas y el nombre del fabricante estampado sobre la hoja. que se habían desposeído ya de las escafandras y ahora se untaban y frotaban los ojos con el ungüento que anteriormente había yo empleado. levantes el peso que esos hombres a duras penas pueden transportar? -Ésta es una de las propiedades de esta fuerza que tú llamas fuego -contestó ella. respiraban trabajosamente bajo el peso de su carga. Nos levantamos y volvimos a la cámara. . ya voy comprendiendo! -contestó Leo. Ayesha nos llamó. que soy tan débil. ¿cómo yo. con un mango de hierro plateado. aunque aquellos sacerdotes eran fuertes y robustos. Holly. De otra forma. Obedecieron. y al ponerse en marcha noté que. más valioso todavía. Después Ayesha les ordenó que colocasen el rojizo lingote de metal sobre las angarillas y que lo llevaran con ellos.201 -Esto no es bastante -dijo.

el tuyo. en tus fugaces viajes. pero no lo hizo. siempre pesimista. Se encuentra como tal en todas las civilizaciones. yo puedo decirte que nada hay de esa ciencia y sí únicamente del dominio de un secreto que he tenido la suerte de descubrir. Pero aquí. ¿Por qué ha de . cuando el usurero y el comerciante tiemblen y se vuelvan blancos de terror al ver que el vil metal que antes ansiaban no vale nada. mirándolo desde cierto punto de vista. Después continuó: -¿Has pensado que ese descubrimiento tuyo conmocionaría el mundo? Ese mundo que tú has conocido en tus. ¿por qué dudar de que entonces no vuelvan a su primitivo estado?. -Sí.202 -Todas las riquezas son tuyas. es decir. -Lo que no impedía que unos a otros se atacasen con hachas de piedra. -Tus fugaces viajes -apuntó ella... -añadió Leo. y éste perderá su valor. Haz a éste tan común como tú puedes hacerlo. Esto sería más sencillo y los conduciría a aquellos remotos tiempos en que eran buenos y simples. pues yo estaba tan cortado ante las evidencias de Ayesha. -se detuvo. cuando las naciones sean pobres porque su dinero haya perdido su anterior valor. Leo!. -Mientras ahora se destrozan el corazón con acero o con proyectiles de esos que hemos hablado antes. así como la fuerza -dijo Leo.. cree que todo esto es cosa de magia. .. tendrán que volver como sus antepasados a suplirse ellos mismos sus necesidades como ahora hacen la gentes de Kaloon. ha elevado como estandarte del poder y de la riqueza el oro.. -¿Por qué no? -preguntó Ayesha-. ¡Oh. -Así es. Creo que Leo hubiera querido agregar algo más. la cosa es bien simple. sin embargo. en efecto -dijo ella con voz fatigada-. desde hace muchísimos siglos poseo este secreto y no he querido usarlo hasta que tú has llegado. -Desde luego -dijo Leo-. destruido el comercio y la industria. cuando haya destruido todas las bolsas del mundo y mi burla y mi risa atraviesen las ruinas de los antiguos emporios del oro. nuestro buen Holly. El crédito desaparecerá y entonces. que me daba vergüenza despegar los labios.

aunque no su hoja. -¿Qué es eso? -pregunté. Holly.. por sí solo es ya de oro. como el Profeta Hebreo dijo. y me fui a dormir. ¡Oh. habéis tenido ayer un pequeño disgusto. si puedo probaros. tú eres un duro crítico de la evidencia! Holly. se impacientan por tan insignificantes dudas y cavilaciones. a aquellos que creen. Mi cuchillo también estaba allí y su mango. que -antes pasará un camello por el ojo de una aguja que un rico en el Reino de los Cielos donde Él habita? ¿Por qué. -Una ofrenda de paz que os envía Hesea -respondió Oros-. con la cual. había sido transformado en oro. no debes olvidar que a veces aquellos que rigen y crean. mi viejo amigo. según creo. que todavía podía percibirse en su superficie. . y que bajo la dirección de Oros colocaron en el suelo. nada impedía que ésta fuera una formidable alquimista. Mas cuando creció mi admiración fue al ver que aquellos sacerdotes que el día anterior había visto trabajando en el laboratorio.. . ¡locos!. o si ambas eran fingidas. Quitaron el paño y bajo él brillaba una enorme masa metálica. Pero no tengas miedo. sino oro puro. entraban en mi habitación llevando entre los dos una pesada carga cubierta con un paño.. pero del más puro. mira.203 descorazonar esta idea a aquellos que como vosotros tenéis un alto concepto del valor y de la virtud. La mañana siguiente me levanté con el convencimiento de que cualquier cosa que pudiera haber de falso en la conducta de Ayesha. no tomes a mal mi enojo. la más grande quizá que haya existido. la misma que en presencia de Leo y mía fue marcada con el Símbolo de la Vida. Tu corazón. Holly está cansado y rendido por la visión de cosas tan admirables. que puedo hundir en oro hasta ahogarlos a aquellos magnates que sólo ambicionan su vista y su contacto? ¿Por qué ese mundo vuestro que tanto amáis no será más feliz entonces? "Pero. Lo admirable es que aquello no era hierro. pensando qué había de verdad en el corazón de aquella mujer. si su ira o su bondad. ¿Para qué entonces teníamos necesidad de convertir en este metal tus huesos?" Di las gracias a Ayesha por sus cumplidos.

-Sabed -nos dijo-. tuvimos otra ocasión de presenciar un aterrador ejemplo de esta fuerza. claro está. que hoy ha habido Oráculo. que me rogó después que se lo enseñara. Aquel día estaba de mal humor.. pues sólo había sido su propósito dorar el mango.204 Ayesha. de qué substancias . pasamos la velada con Ayesha. Me enseñó unas estrías formadas por las burbujas de oro al resbalar por la hoja de acero. He creído seleccionar este incidente entre los muchos y muy admirables que callo. según nos enteramos después. No podía menos de admirarme ante este nuevo milagro de Ayesha. Dijo que esto bien podía haber destemplado o debilitado el filo. se compondrían aquellos deslumbrantes rayos que le servían de útiles en aquel formidable trabajo. Yo. extrañado. cuál de ellos morirá y cuál ganará honores. CAPÍTULO 21 LA PROFECÍA DE ATENE EL día siguiente tuvo lugar en el Santuario una gran ceremonia a la que no asistimos. pero que. que bien .. como de costumbre. era para consagrar la guerra. Más tarde. Por la noche. han venido todos los necios jefes de tribus a preguntar a Hesea cómo será la batalla. nada he podido decirles: los he despedido con palabras ambiguas. preguntándome. que de la seriedad grave pasaba a la carcajada jovial e infantil. y no extrañándome de que en aquella obra no interviniera el fuego inmortal de la Vida que brillaba en las cavernas de Kor. para demostrar cuán grande y poderoso era el dominio de aquella sobrenatural mujer sobre las fuerzas de la Naturaleza. pero su variabilidad era tal. pareció disgustarse al ver el resultado del experimento.

dijo: -¿Querrás escuchar mis ruegos y quedarte en el Santuario. ¿Qué cómo será la batalla? Eso lo sé yo muy bien. tomaba su causa como propia.y tu culpa caiga sobre tu cabeza. de cómo en busca del saber había conocido todas las religiones de sus días y las había rechazado una por una. de cómo había viajado por el Egipto y en la corte de los Faraones encontrado un mago famoso. pues seré yo quien la dirigirá. Después de esta extraña reacción quedó como si fuera una niña riendo por todo y contándonos historias del lejano pasado. En eso estaba cuando entró Oros en la habitación. siendo rechazada por su pueblo como una reformadora. podemos mandar a Oros y a Holly a dirigir la batalla. dirigiéndose a Leo.205 podían tomarse en un sentido o en otro. aunque parecía que Ayesha quería contarnos algo más. que al poco tiempo era ella la maestra y lo obligaba a obedecerle ciegamente. -¡No quiero! -dijo Leo rotundamente.. mitad charlatán y mitad vidente.. yo encontraría el camino para salir al encuentro de tus tribus. además.. de cómo había predicado en Jerusalén y de cómo fue apedreada por los Doctores de la Ley. Entonces. salir a una partida de caza? Hazlo así y yo me quedaré contigo. pues la idea de que yo iba a ser enviado a combatir mientras él quedaba en el templo en seguridad. de cómo había viajado por Arabia. o bien. -Ven. -Te dije. si tal es tu deseo -contestó Ayesha. .. amado mío. llenándolo de coraje y ansias de lucha. Nos habló de sus investigaciones acerca de la verdad. empujaba a un hombre valiente como él a la rabia y descontento. pasó de Egipto al país de Kor. No. Ayesha. ¡Ah. vencida. no sobre la tuya. pero del futuro. sobre la mía. que la instruyó en este arte con tal perfección. que no haría tal cosa -repitió-. Aun cuando en teoría desaprobaba esta batalla por tratarse de su ser amado. temblando de indignación. que si tú me dejases aquí. de eso nada puedo decir! Después. sobre la mía.

miseria y ruina! . ayudada por otras fuerzas. una daga hundida en tu cuerpo por tu propia mano.. ojos que antes has cegado con tus artes.. mas no me apena. sacerdote. " ¡Saludos.ATENE." Ayesha escuchó en silencio. Sólo dijo fríamente a Oros: -Di al emisario de Atene que he recibido su mensaje. que yo y mi tío. y es el poder de la visión de los hechos futuros. Khania de Kaloon. Oros? ¿Es qué nunca podré verme libre de ti aunque sólo sea por una hora? -dijo Ayesha. Ve. Ayesha. una cosa te falta que yo poseo. Oros. ¡sangre. Quién sabe si se ha arrepentido de su locura y pide perdón. que mucho has aprendido en tu vida de largas centurias y que. Sepas. Para el país de Kaloon. Y es lo siguiente: "Para mí la muerte. -Un bonito nombre por cierto -interrumpió Ayesha-. A pesar de tus prodigios. Sigue. oh Hesea! Es un escrito de la Khania Atene -dijo el sacerdote con humilde voz. para ti. Cuando Oros salió. el gran vidente. oh Ayesha! Tú que eres la más anciana. Oros leyó: "A la Hesea del Santuario de la Montaña. y que dentro de poco le llevaré la respuesta personalmente a su palacio de Kaloon. Ayesha nos dijo: . me regocija. apareces como hermosa a los ojos de los hombres. conocida por Ayesha' sobre la tierra y en los dominios etéreos con el nombre de Estrella-que-cayó. -¡Perdón. pero Atene no ha visto elevarse a las estrellas aunque éstas estén debajo de la tierra!.206 -¿Qué pasa ahora... ¡Oh. -Rompe el sello y lee -dijo Ayesha sin preocuparse-. pero ni sus labios temblaron ni su cara expresó la menor emoción. hemos leído en los más sabios libros lo que está escrito que sucederá al final de esta guerra. y no me molestes más.

no de tan fina estampa. a la izquierda y por la retaguardia avanzaba la infantería. debemos aceptarlo. y yo en otro. mientras a la derecha. el movimiento de aquellos millares de hombres y sus preparativos de guerra excitaban nuestros nervios. Con ella íbamos Leo y yo. ¡Quién sabe si la Khania no dice sólo esto para atemorizarme! Mas. mi bienamado. Rodeándonos iban un cuerpo de guardia de armados sacerdotes. era capaz de hacer olvidar todos los temores y todos los recelos experimentados en aquellas cavernas de la Montaña. Leo. formada en regimientos. Atene profetiza. Los escuchas habían salido antes que nosotros en vanguardia. Ayesha.207 -Este destino mío. montado en el caballo negro del Khan. pues con el fresco aire de la Montaña. pero su carácter era tan variable como el de la naturaleza misma. velada ahora -pues no quería mostrar su hermosura a aquellas hordas salvajes-. puesto que ambas son una misma persona. pero ahora. pues has de saber que nadie puede escapar del influjo de su propio destino. . se ha de cumplir. Bien. no retrocederé por ello. pues sé que al fin he de triunfar. entre los que iban los cazadores que Leo había salvado de la ira de Ayesha. jinetes en nerviosos caballos. entibiado un poco por los rayos del sol y perfumado por las mil esencias de la naturaleza. desde largo tiempo escrito. marchaba en medio de los jinetes. Ayesha también parecía contenta. En los últimos tiempos estaba pálido y delgado. Hacía mucho tiempo que no había visto a Leo tan rozagante y tan feliz. dejemos que la daga se hunda. estando tan pronto alegre y risueña como un rayo de sol. si hundirla en mi pecho deberé. con sus jefes a la cabeza. Además. Como Amenartas profetizó. como no puede deshacerse el lazo que nos une con el universo. y que ahora eran sus más fieles y valientes compañeros. Ibamos todos contentos. pero más fuerte y salvaje. si es verdad. SERÍA el mediodía de la siguiente jornada cuando descendíamos por la ladera de la Montaña con las fieras tribus de apariencia salvaje. sobre un caballo blanco. sus mejillas estaban rojas y sus ojos brillaban alegres. como triste y melancólica como un rayo de luna. y un regimiento de soldados escogidos. Detrás iba la caballería.

Protesté. rápidamente-. cuando yo te dije alguna vez que el general macedonio vivió antes que yo. Holly -dijo. y lo abandoné con Rassen. ahora me siento contenta y alegre de ver de nuevo el mundo. en el fondo de tu corazón. Ayesha. todo lo sucedido en tus vidas pasadas? . y es a mi saber a lo que debió sus victorias. recordando las extrañas historias del monje Kou-en: -¿Y recuerdas. Desde aquel día. aunque viví treinta años más que él. más de veinte siglos hace que estoy sentada en mi trono y. Leo. no he olvidado la equitación. Has de saber. que. la buena estrella que brillaba para Alejandro se desvaneció. Créeme. y eso me enoja. necio. En medio de aquella agonía aprensiva y desechando todas las críticas que por ello pudiera recibir. De este macedonio Alejandro puedo contarte muchas cosas. diciendo que solamente reflexionaba sobre las variaciones de dos ideas. y sabes que eso me disgusta. En la existencia que precedió a ésta. nacimos los dos en el mismo verano. el primer Rassen debió ser quien trajo esa costumbre del Egipto. acompañada solamente por mudos salvajes o por melancólicos sacerdotes cantores. Mira. crees que soy una embustera. galopando en son de guerra al lado de mi padre. por ser yo el Oráculo que él consultaba antes de acometer sus empresas. y pudimos darnos cuenta de que ella nos observaba a través de su tupido velo. era a mí a quien riñó. siempre piensas que te estoy engañando. pues leía todos mis pensamientos. como ves. Como siempre. -No hagas juegos de palabras -contestó-. me refería a esta vida presente mía. y lo conocía perfectamente. aunque este animal no es tan fino como aquellos caballos árabes que monté en los extensos desiertos de la Arabia. Después reñimos. Leo y yo la miramos admirados. tú. -Tú. eres el hombre más desconfiado e incrédulo que he visto. pues fue un contemporáneo mío. allí está la boca de la garganta donde vi el hechicero que idolatraba a su gato. me aventuré a decir. El general Alejandro.he estado encerrada en "las entrañas de esa Montaña.208 -Demasiado tiempo -nos dijo riendo. y que os hubiera matado a los dos por haber lanzado su mascota al fuego.

viendo después un escuadrón de caballería que se dirigía hacia nosotros. Era para decirnos que las avanzadas de Atene estaban en plena retirada. pero.únicamente los grandes sucesos y aquellos que he podido recordar con ayuda del estudio de las cosas secretas. cuyas teorías estudié y de las cuales tú. Tengo pocos recuerdos de aquella vida. Toda la tarde la empleamos en descender las laderas de la Montaña más rápidamente de lo que nos costó su subida. -Supongo que no sería uno llamado Diógenes -dije con sorna. al ser preguntado por un sacerdote. no llegamos. meditando. ¡Pero alto! ¡La vanguardia ha entrado en combate! Efectivamente. sospechando. no sin fundamento. mi querido Holly. aunque tampoco hacía ascos al vino. mi querido Holly. aunque bien podíamos hacerlo atravesando él profundo túnel. -No -respondió gravemente-. Creo recordar algo de un filósofo muy feo. vestido siempre con sucias ropas. Por ejemplo. Aquel día no hubo lucha. Un prisionero que acababan de tomar. sino en la orilla del río. Al valle. No recuerdo su nombre. después de nuestra azarosa fuga de la ciudad Kaloon. donde días pasados encontramos al misterioso guía. sin embargo. una amplia llanura en la ladera que acababa en la cresta del Valle de las Osamentas. . uno de real y verdadera sabiduría. donde pensamos pernoctar. siempre borracho. no menos que los que tienen algunos de los adeptos del profeta Buda. las cuales debíamos cruzar. Doblando hacia la izquierda. bajo las cuales pasaba el túnel. puedo recordar que en aquella vida vivías tú. un lejano ruido de combate se dejó oír. se elevaba un enorme número de inaccesibles rocas. y que tú llamas videncia o magia. le contestó que no eran los pensamiento de la Khania atacarnos en la Montaña. como dijo Ayesha.209 -No. tanto me has hablado. que disputó un día con Alejandro haciéndole montar en cólera. El Diógenes de que tú hablas era un hombre mucho más famoso. llegamos al campamento preparado de antemano. a salvo de todo ataque. Antes de la puesta del sol. en ese momento. hasta que por fin pudimos llegar a la cresta de la oscura garganta. que quizá Ayesha se estaba burlando de mí. con lo que demostraba un perfecto sentido militar. aquel pasaje era suficiente para un ejército. sin embargo. teniendo así como defensa sus aguas. no todo -contestó.

que. Ayesha se sintió turbada por nuevos miedos en lo que antes no había pensado. es que debéis ir armados y escoltados por vuestra guardia. y malhumorado dijo que bien podía Ayesha haber esperado hasta el día. señores. dormid y no os alarméis si os llamo durante la noche. pero ¡ah!. Leo. luego de una pausa. con la tranquilidad del que se sabe guardado por un ejército entero. El sacerdote se inclinó de nuevo. en este momento se despertó. y alarmado preguntó de qué se trataba.soy enviado a vos. -Yo -me dijo un nombre que me era familiar. Después no recuerdo más hasta que me sentí despertado por un cuerno de caza. el cual me ordena deciros que Hesea quiere hablar con vosotros dos al instante. Horacio -y se dispuso a seguir al mensajero. se dejó oír de nuevo. ¡qué poco sospechábamos cómo y dónde nos habíamos de encontrar de nuevo los tres! Estábamos cansados y pronto quedamos dormidos profundamente al lado de nuestro vivac. Me pareció reconocerlo.210 Aquella noche. y dijo: -La orden de Hesea. pero que he olvidado. Por fin pareció vencerlos por un supremo esfuerzo de la voluntad. Otra pausa. después añadió: -Bien. y un sacerdote hacía una reverencia ante nosotros mientras el fuego de la hoguera se reflejaba en su afeitada cabeza. . anunciándonos que iba a descansar para reconfortar así su alma -la única parte de ella que necesitaba siempre descansar-. Así nos separamos. Vamos. por Oros. Sus últimas palabras para nosotros fueron: -Dormid vosotros también. esta vez tocado por el oficial de nuestra guardia. señores míos. quizá en mis sueños pueda encontrar nuevos consejos y necesite comunicarlos antes de que nos pongamos en marcha al despuntar el alba. qué le vamos a hacer. Le conté lo que sucedía.

señores míos. -Estará loca -gritó Leo-. indicando los últimos restos de fieros combatientes de una singular batalla. y está en el Valle de las Osamentas estudiando las líneas de avance. Los cráneos. ¡Pasear por un lugar como ése a medianoche! Recordé entonces que Ayesha nos dijo que quizá enviara por nosotros. donde velase rota la parda monotonía de la lava rocosa por las blancas salpicaduras de las calcinadas osamentas. pues ella se encuentra sola. Así. corría un arroyuelo que había cortado una senda en la roca en el transcurso de siglos y siglos. tibias y fémures se veían esparcidos por aquí y allá. tomamos nuestras lanzas y dagas y nos pusimos en marcha. que llevéis vuestra guardia con vosotros. en las épocas lluviosas. Hesea os ruega. pues se deslizaba por ellas como si hubiera sido por las escaleras del templo. Por eso. La figura se volvió y nos hizo señas de que la siguiéramos. y tenía la seguridad de que si algún peligro no se sospechase. y los detritus que había arrastrado su paso. -Qué extraño lugar para una reunión en la noche -dijo Leo cuando estuvimos en el fondo. Llegamos hasta la vertiente opuesta que estaba en sombra. internándonos por el fondo del valle. pues no llegaba hasta allí la luz de la luna.211 -¿Para qué? -preguntó Leo-. y vimos un bulto blanco que se paseaba bañado por la luz de la luna al pie del valle. En un lugar donde los restos eran más abundantes y numerosos. era la velada figura de Ayesha-. llamamos a nuestra escolta -unos doce en total-. pues. no nos hubiera rogado llevar nuestra escolta. de tal forma que casi todas las osamentas de que el fondo estaba sembrado se hallaban en su mayoría enterradas en la arena. ¿Para qué protegernos por un paseo de cien metros a través del corazón de un ejército? -Hesea ha dejado su tienda. Comenzamos a descender las pendientes del valle. Mírala paseándose en ese macabro agujero como si se tratara del "Hyde Park". los iba dejando a un lado y otro de su curso. con las que nuestro sacerdote guía parecía estar muy familiarizado. nos detuvimos. Aquí. .

aunque esté libre de toda superstición. pobres diablos. que marchaba delante de mí como unos cuatro o cinco metros. Ayesha no contestó. señalando a Leo. Confieso que tuve miedo. como si les estuviera prohibido el aproximarse a Hesea. como pensando en la necesidad de hacerlos revivir para emprender de nuevo la batalla decisiva. sacándonos para esto de nuestro tranquilo sueño. Es más. Tal era mi caso. y abriendo los brazos los dejó caer de nuevo a ambos lados. La velada figura. a que no es capaz de evitar un estremecimiento de terror. El masacrado ejército volvía de nuevo a la vida armado de lanzas y espadas. quedando de rodillas implorando merced. -¿Qué nueva brujería es ésta? -preguntó Leo con voz ronca. Los fantasmas los atacaron con sus lanzas.212 Aquí Ayesha se detuvo a contemplar todos aquellos blancos despojos. que en su mayoría. por tratarse de aquel sombrío lugar. deprimente de por sí. -Se volvió hacia nosotros. me responderéis con la vida. Leo. Oí ruido tras de mí y miré. sucedió una cosa terrorífica. Llegamos cerca de ella. que quería que fuese contemplado por nosotros. Por todos los lados vimos levantarse a los esqueletos de sus lechos de arena. Vi cómo blancas calaveras. y el sacerdote que nos guiaba detuvo a los del cuerpo de guardia. ¡Horrible! Pensé en seguida que aquello era la obra de un nuevo experimento mágico de Ayesha. brazos y piernas se ponían en movimiento y avanzaban hacia nosotros. dijo: -Tomadlo. Ayesha? ¿No temes una emboscada? -No -contestó. y vimos caer a sus golpes algunos de ellos. si permaneciese en una iglesia vacía y a medianoche viera que los muertos salían de sus sepulcros. dejándonos solos con ella. Los esqueletos habían rodeado a nuestro cuerpo de guardia. aún más salvaje y terrorífico. y algunos habían arrojado sus armas al suelo. estaban paralizados por el terror. Como si ésta fuera una señal dirigida a las sombras que poblaban aquellos lugares. exclamó al llegar junto a Ayesha: -¿Por qué te aventuras por tales lugares de noche. ¡Horror! ¡Era la voz de Atene! . reto al más valiente de los hombres. pero si le herís.

por tu vida.213 Tarde entonces comprendí la trampa en que habíamos caído. pero antes de que las palabras acabaran de salir de mis labios un esqueleto me redujo al silencio de un violento golpe en la cabeza. -¡Traición! -grité. Junto a mí estaba Ayesha. ¿Qué es lo que ha sucedido? Si tú vives. CAPÍTULO 22 LA PÉRDIDA DE LOS PODERES CUANDO volví en mí. Por qué no me mataron. dándome nueva vida y descorriendo la oscura cortina que cerraba mi cerebro. Vi la cara plácida y tranquila de Oros. habla -dijo con voz terrible-. no lo sé. inclinado sobre mí. Perdí entonces la noción de cuanto me rodeaba. mis sentidos no me abandonaron por unos segundos. vertía sobre mis labios un líquido que pareció correr por mis venas. es probable que en su huida los disfrazados guerreros me creyeron muerto. y creyendo que era la muerte. -¡Aten lo ha secuestrado!-contesté. o mueres! Esta era la visión que tuve cuando perdí mis sentidos al quedar enterrado en la nieve de la avalancha. Aunque no pude articular palabra. Vi a Leo luchando furiosamente con varios hombres. era de día. ¿dónde está pues mi señor? ¡Dímelo. me abandoné a mi destino. La sangre brotaba de su boca. Salvo la contusión en la cabeza no recibí ninguna herida más. . y se evitaron así el golpe de gracia. dos de los cuales yacían a sus pies. que. -Habla.

Ayesha. cálmate. de cuál es el fruto de la piedad. nosotros vamos por una senda más corta. Oros comenzó a frotarme la cabeza con una loción desinfectante. es mía la culpa. Después comí y bebí tanto como pude. pues aunque fue grande el golpe. ¡Oh. Las vidas de aquellos que perdoné son las que han conducido a mi señor a su desgracia.214 -¿Lo ha secuestrado Atene y tú vives? -No descargues tu ira sobre mí -contesté-. Holly. Después gritó con voy vibrante-. y cúrale la herida que tiene en la cabeza. Bien has tramado la trampa. dale de comer y beber. Holly: ¿estaba Leo herido cuando tú lo dejaste? Dime toda la verdad. Después se acercó al lugar donde fue Leo capturado. después. -Por cada una de ellas tomaré cien vidas. dijo: -¡Bien por los muertos! Ahora te convencerás. No es de gravedad. su sangre caerá sobre mí! -No. y los cuerpos de dos hombres muertos. Pero dime. trajeron dos caballos para nosotros. Cuando estuve listo. ninguna creo. ¡Lo juro por mí misma! -dijo Ayesha. y montando comenzamos a marchar por el seco curso de las aguas. Escuchó. teniendo sus cabezas pintadas de blanco. -Buena treta para engañar a los niños -exclamó Ayesha-. no es culpa mía.. por aquí hay algunas. Holly. . Mira. Atene. ahogando un sollozo. mientras el ejército atraviesa el valle. pues su sombrero y sus cabellos le han protegido de mal más grave. Oros. En el suelo había una daga rota -aquella que perteneció al Khan-. ¡Atrás y a caballo. sus heridas no eran graves. no había perdido el apetito. así como otras partes del cuerpo imitando los calcinados huesos de los esqueletos humanos. mirando hacia donde yacían los cuerpos de los individuos de nuestra guardia con sus lanzas sin trazas de sangre.. sólo unas gotas de sangre caían de sus labios. Y en pocas palabras le conté lo sucedido. Ambos estaban vestidos con una especie de hábito negro. tenemos muchas cosas que hacer en este día! Tú espera aquí.

venid conmigo. en escuadrones de pie y a caballo. Además. por loca que pareciera la empresa. y la fortuna y el honor sean para aquéllos que luchen bravamente. cosa que anteriormente tuve miedo que fuera impracticable. cada uno de los cuales llevaba un caballo de la rienda. dormía profundamente! Aquí las tribus habían comenzado la ascensión antes del alba y todavía continuaba. Es necesario capturarla antes que pueda hacerle mal alguno. éstas. mostrándome huellas y trazos marcados en el suelo-. ¡Y yo que. Vamos. y maldito sea aquel que retroceda en la hora de la batalla. Oros? ¿Que un segundo y más poderoso ejército defiende sus murallas? ¡Ya lo sé. Había un coche esperándolo. Los jefes. pues. UNA hora de marcha forzada condujo al ejército hasta el borde de las marismas. La idea de Atene fue bien planeada y llevada a cabo. ¡yo os conduciré a la victoria! Capitanes: seguidme. Yo tomaré el centro del ataque. Cuando éstas sean rotas. a esta arenga. Ayesha reunió a los jefes y capitanes de tribu. ellos tenían fe ciega en su Oráculo y en su Hesea. pues eran hombres fieros y cuyos antecesores habían amado la guerra durante muchas generaciones. Dejad que avancen los flancos. se veían formados. ¿Qué dices. y les habló de esta forma: -Siervos de Hesea: el extranjero que era mi prometido y huésped ha sido robado por una falsa sacerdotisa que se ha internado en nuestro campamento engañando a los guardianes. pues para ellos serán las hermosas tierras de Kaloon. pues quiero dormir esta noche en el país de Kaloon. y si es necesario destruiré ese ejército! Jinetes. los regimientos de Atene. Esta colina había sido remontada por cinco mil hombres. la muerte y la vergüenza eterna sean su castigo. descuidada y confiada. y como todos los pueblos conquistadores. lo que contribuía favorablemente para el ataque por el río. . fueron prontamente encendidos con la promesa del próximo botín. tirado por cuatro caballos. A la orilla opuesta. por ser la estación de gran sequía. a atacar al ejército de la Khania en sus mismas fronteras del río. Por suerte. contestaron con un alarido. yo pasaré por sus brechas con los jinetes.215 -Mira -dijo Ayesha. sobre la ribera. estaban firmes y sólidas.

Por fin habló. pues su cuerpo temblaba como un débil junco al impulso del viento. teniéndote a ti por capitán. como la que precede a las grandes caídas de nieve. Parecía como si toda su atención y voluntad estuvieran concentradas en un objeto desconocido del espacio. aunque era todavía pronto para las grandes nevadas. pensando lo que querrían decir aquellas palabras de pérdida de los poderes-. Holly te aseguro que verás cosas que jamás hombre alguno vio sobre la tierra. -No te aflijas -le dije. y desmontando dejó que el caballo fuera a pacer con los otros. Holly. yo no como hasta que pueda hacerlo en Kaloon. pero temo que como él la ha rechazado y está loca de rabia y celos. Monta en el de Leo.. contemplando el cielo en tal forma que me era imposible ver su velada cara. pues tenemos que atacar en una salvaje carrera. Ayesha estuvo en silencio. ¿de qué valdría entonces mi venganza? Bebe y come de nuevo.216 Mientras la infantería de los flancos se desplegaba a derecha e izquierda. dejando que sus caballos se hartaran del verde. Sin embargo. pues el cielo estaba tranquilo.. y sujeta bien la cincha y la brida de tu caballo. Creo que lo ama demasiado para matarlo.. -Agradezco tus palabras. Ayesha estaba ahora de pie. me pareció oír como un ligero rumor que no era el ruido ordinario de los truenos. Si esto fuera así. -Desaparecerá a mi voluntad como la niebla a la del viento. tenía una rara pesadez el ambiente. Holly. Después -agregó con voz baja y temblorosa-. Era una extraña mañana fría y clara. y del agua que había en algunas charcas. que allí crecía abundante. Acuérdate de lo que te digo cuando yo pierda mis poderes y tú sigas el tremolento velo de Ayesha a través de los destruidos escuadrones de Kaloon.. diciendo: -¿Crees que ésta es una loca aventura. ¿Mas qué podremos hacer si Atene le ha dado muerte? ¡Oh. aquel segundo ejército. Una o dos veces en medio de esta calma. Holly? Di. ¿tienes miedo? -No. que es rápido y seguro. . Durante todo este tiempo. todo esto se haya convertido en la fatal sentencia de mi amado. no. la caballería hizo alto en los pantanos. no. si ella atacara siempre de frente!.

diciéndole que Leo. Pronto se encontraron con las furiosas hordas de nuestras tribus. De lo que les sucedió a estas divisiones no me di cuenta en aquel momento. Mientras esto sucedía. En medio del polvo levantado por los cinco mil jinetes. volviéndoles otra vez al agua.217 Como una contestación a la estática contemplación de Ayesha. Oros llegó hasta donde Ayesha estaba. grandes masas de negras nubes fueron apareciendo una por una en el cielo sobre el pico de la Montaña.. comenzó el descenso al vado. -Necesitan un jefe. que Oros había preparado para ella. pero no sé ni cómo lo dije. Ven conmigo. matarán a la Hesea! . yo les daré uno -dijo-. Nuestros escuadrones ganaron la orilla opuesta.. prisionero en un carruaje y acompañado de Atene. -Ahorra tus palabras. Simbrí y una guardia. Frente a nosotros se extendía el principal cuerpo del ejército de la Khania. Cuando llegamos a sus bordes vi que las dos divisiones de infantería estaban atravesando el río como en una media milla a un lado y a otro. Holly. los enemigos atacaban.. monta! ¡El ataque comienza! -y sin vacilar montó en la cabalgadura. Viendo aquellas enormes y fantásticas nubes. Tres veces atacaron y tres veces fueron rechazados en la misma forma. -¡Sí -contestó--. diezmándolos impunemente. escalonado por regimientos en los diferentes bancales de la ribera. lo sé -contestó Ayesha. pues tan pronto asentaban su pie sobre la tierra firme. Y seguida por la mayoría de los jinetes se internó en el río y esperó hasta que las rechazadas tropas llegaron hasta nosotros. habían pasado a través del campo enemigo galopando furiosamente hacia Kaloon. Oros murmuró a mi oído: -¡Es una locura. habiendo perdido la mayoría de sus hombres entre las aguas. esta noche el tiempo se agitará aún más furiosamente que mi corazón! ¡No se elevará más el grito de "agua" en Kaloon! ¡Monta. mi fiel Holly. Ayesha estaba impaciente. me aventuré a advertirle que parecía que el tiempo iba a cambiar. si bien más tarde me enteré de que habían conseguido romper el cerco con grandes pérdidas por ambos lados. claro está que esto no era nada extraordinario.

Ayesha levantó su mano. mientras los jinetes reparaban sus mermadas fuerzas con carne seca y pan de cebada. Al oír esto sonrió Oros y se encogió de hombros. Era tal la bravura del ataque. llevando como objetivo la ciudad de Kaloon. mientras ella decía algo a su caballo.218 -¿Lo creéis así? -contesté-. y donde los caballos saciaron su sed. que se retiraban en huída vergonzosa. Estábamos sobre la ribera. Vi caer a hombres y caballos a un lado y a otro. Muchos de nuestros guerreros estaban heridos y muchos muertos. pues aquí existían unas albercas en las cuales había aún bastante agua. las tribus se preocupaban de deshacer sus esparcidos fragmentos. pero ninguna me tocó a mí ni a la figura cuyas blancas vestiduras flotaban a un metro o dos de distancia. o un poco después. hasta que al mediodía. Un gran alarido contestó a este signo de ataque. y el enemigo nos rodeaba. Marchábamos a un paso largo. Oros era muy valiente y sabía muy bien que su señora no podía ser herida. Se ordenó hacer alto. Nos rehicimos. no más. Aquí. vimos a lo lejos la ciudad de Kaloon. que se convirtió en trote y de trote en galope. Antes moriremos nosotros que una herida le sea producida a Ayesha. pero se había dado orden de que todos aquellos que cayeran heridos debían dar su caballo a los compañeros para reemplazar a los caídos. adonde ella iba allí se dirigían los furiosos ataques de las hordas. pero lentamente íbamos rompiendo su cerco e internándonos en el país de Kaloon. en la cual no llevaba ningún arma. y nos pusimos nuevamente en marcha. Pasamos a través del corazón del ejército enemigo mientras. e hizo señal de avanzar. éramos unos tres mil. donde comenzó la verdadera lucha. que se internaba más y más en el agua. atravesados por las flechas. que no se vio a la blanca figura de Ayesha retroceder ni un milímetro sobre sus pasos. Creo que lo hizo para probarme. dos espías más se nos reunieron diciendo que . Dos minutos más tarde las flechas y las lanzas pasaban sobre nuestras cabezas en tan grandes cantidades que parecían oscurecer el cielo. A los cinco minutos ganamos la orilla opuesta. pues cruzábamos una planicie sin fin.

Bajo ellas reinaba una gran tranquilidad. y que atacarlos con nuestras escasas fuerzas era ir a una segura destrucción. cuya cara reconocí en seguida. Únicamente ordenó que todos los caballos que estuvieran fatigados fueran sustituidos por los que se llevaban de refresco. Una embajada se acerca. Por unos momentos Ayesha permaneció pensativa.. Nos aproximábamos cada vez más a Kaloon. mientras de vez en cuando. Iba dirigida por un señor de la corte. Ayesha no quiso escuchar estas palabras ni prestó casi atención a ellas. Márchate de prisa si amas tu vida. en perfecto silencio. Veíamos los sedosos penachos de los jefes agitados por el viento y los escalonados destacamentos de caballería. se desgarraban jirones de nubes que se alargaban como puntas de gigantescas espadas. Parecía como si la vida muriese bajo aquel palio bermejo. Las avanzadas del enemigo estaban cada vez más próximas. Marchaban sobre nosotros como si fuera un ejército de los cielos.. y dijo. Al oír estas palabras se marcharon rápidamente. las palabras de Atene.219 el gran ejército de Atene estaba apostado a la entrada de los grandes fuertes.. y la Khania te dará la paz y a tu pueblo sus vidas. porque la muerte pasa cerca de ti. Márchate a tu Montaña. Detuvo su caballo. él morirá. Marchamos adelante hora tras hora. insolentemente: -Escucha. siendo contestadas sus frases de burla con estentóreos ecos. que dijo: -Nada hay que contestar. y podíamos ver cómo levantaban sus jabalinas. y a una señal de la mano de Ayesha hicimos alto. Se volvió. que todo el campo se veía envuelto en la sombra. ¿Qué contestas a estas palabras de la Khania? Ayesha murmuró algo a Oros. Hesea. Avanza y te destruiremos a ti y a tu pobre ejército. Las formaciones nubosas se habían agrandado tanto y tan espesas se habían hecho. Tu amado extranjero está prisionero en su palacio.. pero si por algún milagro tú alcanzas la victoria. y a través de su fino velo pude ver que su faz estaba .

Eran muchos. y que sus ojos brillaban como brillan los del león en la negrura de la noche. poco a poco se restableció el silencio y -se oyó gritar: -Nosotros. prepárate a asomarte a la boca del infierno. Los jefes hablaron unos y otros. de los puentes y de todos los obstáculos hasta llegar a la ciudad de Kaloon. quisiera poderlo evitar. suceda lo que suceda. no desmayéis. siendo Ayesha el mismo vértice del ángulo. pero con nosotros va la fuerza de cien millones de hombres. los que te hemos seguido a través de las aguas. Entonces. como si fuera una enorme ola coronada de metálica espuma. incontables. pero mi corazón me obliga a ser cruel e impía y usar de todo mi secreto poder si quiero ver a Leo todavía vivo. escondidos de entre los árboles y todas las defensas naturales salió disparada hacia nosotros la caballería enemiga. Holly. te seguiremos también a través de la llanura. . gritó: -Nada temáis. Un alarido salvaje sonó. Hesea. Se dieron algunas órdenes. muchos. pues aun cuando Oros y yo marchábamos junto a ella. siguiéndole un torrente de negras sombras. Frente a nosotros brilló un blanco penacho. te lo juro. capitanes. que en estos momentos tratan de asesinarlo. nunca llegábamos a marchar con nuestras cabalgaduras más allá que la silla de su caballo. y como si fuera ésa la señal convenida. sigan a la Hesea a través del enemigo. Me habló. mientras el centro del ejército se dirigía a envolvernos. que la noche se cierne sobre nosotros. afectando la forma de una gigantesca cuña.220 blanca y tenía un aspecto terrible. y por un momento se armó una terrible algarabía. como si fuera un verdadero mar de hombres que sembrasen la muerte. Ahora seguid a Hesea. y sus palabras silbaban por entre sus apretados dientes: -Holly. levantándose sobre su silla. suceda lo que suceda. y las compañías se pusieron en marcha. Adelante. y. Te digo. somos pocos. Repetid esto a los guerreros: que nada teman y que.

221 Nuestro fin estaba próximo. Todo iluminado por la tétrica luz de los relámpagos que en el cielo lanzaban sus destellos para estallar en horribles truenos que conmocionaban la mente. Ayesha dejó caer el velo que la cubría y que flotó como un enorme penacho el empuje del viento. como haciendo una señal a lo invisible. AYESHA dejó caer las riendas de su caballo. La escena era terrible... se dirigían hacia nosotros. Frente a nosotros se veían los planos tejados de Kaloon. Densas y más densas se tornaban las nubes sobre nuestras cabezas. todo negro como si fuera un eclipse. Arriba.... Efectivamente. todas estas furias pasaban ante nosotros. Sus efectos eran nuestras . Enormes corrientes de aire se desataron. como una avalancha... El terrible ciclón era el heraldo de nuestra llegada. así parecía.. como ojos humanos no lo vieron ni lo verán. Todo era como ella lo había previsto. la destrucción de nuestro diminuto ejército era inevitable. El terror llegó en tal forma... dejándonos indemnes. y con sus manos agitó el blanco velo que antes la cubría. mientras cada vez más cercano se oía el fuerte galopar de los caballos en la tierra de los diez mil jinetes que. o al menos. Ayesha dejaba sentir el peso de su poder sobre los hijos de Kaloon. Parecía que el infierno hubiera volcado todos sus males sobre la tierra. casas. Instantáneamente las negruras de la noche se vieron rasgadas por un relámpago que iluminó trágicamente el espacio. pero sin que éstos nos perjudicasen en lo más mínimo. Ni una jabalina se había arrojado. La cumbre de la Montaña comenzó a vomitar bocanadas de fuego. que levantaban a su empuje pesadas piedras. Estábamos perdidos. A nuestro alrededor las tinieblas y la muerte al acecho. avanzaban. Los jinetes de Atene avanzaban. tejados. iluminados rojizamente como si fuera por una monstruosa puesta de sol. llevando consigo árboles...

Sobre nosotros brillaba el cielo tranquilo. A la vista de aquella extraña radiación . esperó que todos llegasen. Aunque la oscuridad era grande. envueltos en el torbellino. a la luz de los fieros relámpagos los vi correr de aquí para allá aterrados.Guerra!". en un espantoso y cruel grito de lucha. Junto a mí Ayesha gritó.222 espadas y nuestras armas. y su sonido el terrible sonido de un millón de seres que gritaban: ". con voz clara y potente: -¡Te prometí mal tiempo. descubriéndoles su peregrina hermosura. mientras las casas. pálidos. y vi cómo enormes llamas de fuego se precipitaban por el aire sobre las pobres ruinas de Kaloon. Pero. Vi cómo los caballos rodaban en terrible confusión por el suelo los unos sobre los otros. Tras de nosotros galopaban temblorosos. hundíanse bajo la espantosa fuerza de la lluvia. con sus tejados incendiados. convertidos en informes masas de carne humana. Ayesha detuvo su caballo y. cara a cara. como hombres que. Sin embargo. Holly! Dime. han luchado con la vida. y ante nuestro camino se abría el amplio puente que daba paso a la ciudad de Kaloon. Al llegar a la entrada del puente. Nuestros enemigos habían desaparecido. Vi en los bosques los árboles tronchados y arrancados de cuajo. ¿dónde estaban los ejércitos de Atene? Allí. y han resultado triunfantes del azaroso encuentro. espantados y aterrorizados por sus propios gritos de agonía. ¿no crees que ya es hora de abandonar estas aprisionadas fuerzas del Universo? TODO pasó. ni uno solo de nuestros jinetes había sufrido el menor daño. y como si fueran hojarascas apiladas por el viento vi a montañas de hombres revueltos y hacinados por el ciclón de una manera monstruosa. y vi las altas murallas de Kaloon derrumbarse como un castillo de naipes.

Por fin llegamos a la habitación que servía para los estudios del viejo Simbrí y de su sobrina Atene. Todo estaba vacío: o habían muerto. cayendo la puerta por su propio peso y dejando libre el marco de su entrada. Su puerta estaba cerrada. con la sola presencia de Ayesha los cerrojos y clavos saltaron como atraídos por un formidable imán. por todos los sitios. herido. se internó por las desiertas salas del palacio. pero majestuosa hasta en la misma muerte. que en unos instantes quedó inmóvil como si se hubiera convertido en piedra. Sin embargo. pronta a ser sepultada en el cuerpo de su víctima. con rápido movimiento. Sentado en un sillón. yacía muerta. mirando hacia arriba con sus hermosos ojos. Ayesha no pareció dudar mucho ante esta situación.. silencio. En el jardín todo era silencio. saltando de su caballo y despidiendo a todos menos a Oros y a mí. pues. y sobre el duro suelo.habían huido. vez. . pálido. la Khania de Kaloon. Entonces. se internó seguida de sus adictos. se hallaba el viejo Simbrí. por las largas y estrechas calles de la incendiada ciudad. que apenas la podíamos seguir. cayó sentada sobre un banco.223 que coronaba su cabeza y que sus tribus veían por primera. o . después. pero con la mirada fiera y retadora. volviendo la grupa a su caballo. Ayesha. sus cerrojos echados. los salvajes prorrumpieron en un grito al unísono: -¡La diosa! ¡Adoremos la diosa! Ayesha. interrumpido únicamente por el crepitar de las hogueras y los aullidos de los Mastines de la Muerte presos en sus jaulas. inclinado sobre él y con una daga en la mano. hizo caer el cuchillo de la mano de Simbrí. subió por la ancha escalera de piedra que conducía a la cámara alta de la torre. Ayesha. sin embargo. estaba Leo. tomó la daga y de un solo golpe cortó las ligaduras que sujetaban a Leo. tan rápida. internándose rápidamente. como rendida por el esfuerzo. con un leve movimiento de su mano. Llegamos a su entrada principal. en dirección al palacio.

Dime. pero en vez de darme muerte noté que sus labios se posaban en mi frente. ¿qué ha sucedido desde que nos separamos? -Prisionero y herido me trajo hasta aquí. Cerré los ojos. como aquél que despierta de un pesado sueño. con sencillez.. extrañado. y le oí murmurar: "No. tomando ese cuchillo. pensé que aquellos asesinos te habían matado! -La batalla fue bien para algunos -dijo Ayesha-. y ese perro asesino -y señaló a Simbríme hubiera dado muerte. un segundo más. Me dijo que su pueblo era destruido sin que pudiera luchar contra el poder del infierno.. después los rayos que caían como si fuera una lluvia de fuego. continuó: -Algo de eso dijo Atene. mirando a su alrededor. pues sabía que a cualquier lugar que yo fuera. Pero que yo pagaría todas las culpas. sino en sus alas. -Ellos eran mis mensajeros. Ayesha. o morir.224 quedando en silencio. tú me seguirías. Leo. Era espantoso sentir temblar al fuerte empuje del viento la mole del palacio. pero nada dijo.. Atene. Pensé sencillamente que había llegado el fin del mundo. Dime. diciéndome que te debía escribir ordenándote detener el avance. -Aquella tempestad tan horrible que pareció querer destruir la ciudad entera. Horacio. Leo la miró sorprendido.. Leo se levantó. arrancando las piedras como si se tratara de seca hojarasca.. No . Bien. no haré eso.. que me abandoné a mis fuerzas. ¿cómo fue la batalla? ¿Cómo pudiste llegar hasta aquí a través del huracán? ¡Oh.. después. y estaba tan enfermo por la pérdida de sangre de una herida que recibí en la lucha. . como si hubiera estado pensando lo que había oído. -repitió Ayesha. desde luego me negué obstinadamente a ello. -y miró al cuerpo que yacía en el suelo. -¿Después?. Yo le dije: "Puedes matarme". al ver todo aquello. con voz doliente. se volvió más loca de lo que ya estaba. después.. gracias a Dios que al fin estás conmigo. No -Vine a través del huracán. esperando el golpe fatal. Los envié para salvarte –dijo Ayesha. pero no le creí. y se dispuso a darme muerte. y después de una pausa. dijo: -Llegaste a tiempo.

ése cuyos fragmentos están junto a ella. mi bien amada. y llevándosela a los labios vació su contenido. donde lo hallamos herido. y mirándonos con ojos angustiados." Abrí mis ojos y la miré sorprendido. señor mío. Con mano trémula tomó la botella. la droga que te ordené traer! ¡Rápido.. y sacando de un bolsillo interior de sus amplias ropas un frasco. todavía alienta. Alguna virtud debía de tener aquella poción. Horacio. ante mí. brillaron intensamente. por el Bajo-Mundo. y a cuyo frente marcha la misma Ayesha gritando venganza" Bebió y cayó muerta. es de su misma sangre y la quería. Allí hay algo que comer -agregó. Di. En unos minutos. pues nada he bebido desde la pasada noche. esta bebida os devolverá la salud y la fuerza. se lo dio a Leo. a ti y a mí. diciendo: -Bebed. Leo volvió a caer de nuevo en el sillón.225 te mataré. sus ojos. Después.. ese viejo quiso matarme. quedando sumido como en una especie de desmayo. pues estaba agarrotado. Estoy destruida. come. ¿puedo comer de ellas? Estoy desfallecido. pero más admirable para mí es verte a ti de nuevo sana y salva junto a mí. -Tú estás enfermo -gritó Ayesha-. tus medicinas. tú. estaba de pie con un vaso en la mano. Por esta vez. la puerta se abrió y llegaste tú. . cumple tu propio destino como yo cumplo el mío. también debes comer: estaréis sin fuerzas. antes mortecinos. Mira su pecho. volviendo el color a sus pálidas mejillas. Atene. la suerte me es adversa. Perdónalo. -Estoy sediento. "Vencida. -Muy admirable es la medicina de Oros -dijo Leo a Ayesha-. no pude luchar. Pues no hago sino marchar delante de ti para prepararte la senda que nos conducirá. pues el efecto que en mi amigo produjo fue admirable. los jinetes de mi enemiga están en las calles de la ciudad envueltos en rayos. ¡pero yo soy quien gano! -gritó-. gracias al cielo. -Sí. para expresarte todo el amor de mi alma. ¡Oros. y la tormenta ha secado mi garganta de tal forma que parece de fuego. te lo suplico! El sacerdote hizo una reverencia. señalando una alacena en la que se veían varias viandas-. No hace mucho.

del viejo mago que allí estaba impotente y quieto. no muy reciente. jovial. A más de aquella delgadez. No era aquél ni mucho menos el Leo que me era familiar. Su aspecto me apenó. . pero el hombre era distinto. CAPÍTULO 23 LA RENUNCIACIÓN DE AYESHA CUANDO quedé satisfecho. aunque era ahora cuando podía apreciarlo en todos sus detalles después de nuestra breve separación. y estoy seguro que tal cambio provenía de la influencia de Ayesha. sí. pues la pérdida de sangre o los efectos nerviosos del tónico que Ayesha había ordenado suministrarle parecían haberlo dejado extenuado. pues creo que éste se había operado en él más bien gradualmente. Leo todavía continuaba comiendo. majestuosa aun en' su misma muerte. nos sonreía benignamente. de lo cual ya hablé. Miré su cara. Todo esto vivía aún en él. de amplio tórax. De pie. Ayesha ni tocó la comida. y de Ayesha. aquel ser admirable que podía destruir un ejército con las temibles armas de que se servía a su voluntad. aun en presencia de aquella mujer muerta. había en él cierto continente un poco etéreo. sorprendido de observar en él un curioso cambio. como petrificado. no sé por qué. verdad era. sus ojos estaban llenos de reflejos de cosas que iban a suceder. erguido. Únicamente Oros nada comió.226 Así lo hicimos. cazador y hombre de lucha que tuvo la suerte de amar y ser amado por un ser espiritual reencarnado en el molde de la más perfecta belleza femenina y dotada con todo el poder de la naturaleza misma.

Su muerte no cae sobre tu cabeza. Mejor dicho. a mi llamado acudieron a luchar por ti para salvarte. Gracias debe darme. -¡Cuántas vidas perdidas por la de un solo hombre! -dijo Leo solemnemente. -Y más que hubieran sido necesarias las hubiera entregado. una por una. como si el recuerdo le produjese hondo dolor. la poderosa Ayesha.227 Ella también lo miraba y sus pensamientos parecían ser los mismos que turbaban mi mente. hasta que al fin alguna idea cruzó por su ser. pues vi cómo abría aquellos divinos ojos y el carmín teñía sus mejillas en encendido rubor. Sí. después no pasó nada. Estuve en aquel sitio y Holly fue testigo de que juré que cien vidas sería el precio de cada gota de sangre tuya. ¿qué es lo que intentaba hacer contigo cuando yo entré aquí? . y he cumplido mi promesa. que sólo por él había conducido a la muerte a miles de hombres. Deja que su sangre lave -la sangre que una vez estas impías te hicieron derramar al darle muerte. solamente el pensar que estás tinta con la sangre de tantos crímenes me horroriza. pero. -Pero eso es terrible. eso fue todo. Mira a ese hombre que está ahí inmóvil y por mi voluntad convertido en piedra: está muerto. Leo se levantó de la mesa. en la de ella -y señaló el yacente cuerpo de Atene-.cuando ayer mismo di muerte a dos hombres para salvar mi vida de la traición? -No hablemos más de eso -exclamó Ayesha con sorda rabia-. -Hubiera querido estar junto a ti durante la batalla -dijo. Dime. sino sobre la mía.. vive. Los hice despertar de su pesado sueño. que ha emprendido el camino de las sombras acompañada de sus más fieles guerreros.. sin embargo. Mis mensajeros de Fuego. Tierra y Aire lucharon por mí. temblaba ahora como una colegiala tímida al recibir el primer beso de su galán. -¿Por qué he de arrepentirme? -contestó con orgullo-. que ha sido quien ha provocado esta guerra. -Pero ¿quién soy yo para pedirte cuenta de ello -dijo Leo como hablando consigo mismo. -En el río fue la verdadera lucha -contestó ella-.

-No -dijo-. la sostuvo con su mano sobre su cabeza. dirigiéndose hacia Leo. Por unos momentos el rostro de Ayesha reflejó el terror.y mientras hablaba. su pecho temblaba ligeramente y su cara parecía resplandecer con la presencia de un invisible esplendor. Entonces. ¿cómo conoces tú que esa fuerza que es superior a tu propia voluntad consiente tamaño castigo? Según hablaba. Al llegar se detuvo y la recogió. La voz de Ayesha susurró más que habló. . y que no era otra cosa que la corona que había saltado de la cabeza de Atene al caer ésta sobre el pavimento. tal como debe producir el ala de la muerte al cernirse sobre su escogida víctima. Hizo una pausa un momento. yo te digo que ésto no sucederá. ¡sé tú su rey y el mío! De nuevo la corona fue levantada y de nuevo ceñida sobre su cabeza. Ayesha.228 -Tomar venganza en mí por la derrota de su reina y de sus ejércitos -contestó Leo-. mi cabeza parecía girar como loca sobre mis hombros. una sombra de palidez se reflejaba en su cara. tal era la melodía y suavidad de su tono y el acento de triunfo y de poder. con una voz gloriosa que parecía salir de la boca de ángel. pues salvo Uno que no nos oye. ¿qué poder reina en este mundo que no obedezca mi voluntad? Así habló y sus palabras reflejaban toda aquella magnífica soberbia que encerraba su alma -¡estaba admirable!. Después se dirigió hacia un objeto que había en el suelo. Después. Pero dime. poco a poco la fue descendiendo hasta que la corona quedó por unos momentos ceñida sobre su frente. En los pétreos ojos de Simbrí parecía brillar una irónica sonrisa. dijo: -Por medio de este pobre signo terrenal te nombro Rey de la Tierra. pero éste desapareció tan rápido como vino.

Ayesha retrocedió como si se fuera a desmayar. a ti toda. ¡Victoria! ¡Victoria! Gozarás de ella. Si te rechazara alguno de tus deseos. juro entregarte el Saber humano y las inmensas cantidades de oro que posea para que ellos te abran el camino que te ha de conducir al poder. Después de esto. Si yo te hubiera dicho: sé tú mi ángel y no mi mujer. te juro consagrarme a tu felicidad por todos los interminables días de mi vida. juras. -Por esta corona de oro. sino ahora. yo te pido a ti. divide el océano en dos para que pueda pasarlo a pies . Ayesha. -¿Qué más quieres entonces? -preguntó Ayesha-. te lo juro por mí misma y por la fuerza que me alienta. permitan los cielos que la destrucción caiga sobre mí. Ayesha arrojó la corona sobre el pecho de la difunta Atene. Vive mientras el mundo viva. marchando por su luminoso camino junto a mí hasta que lleguemos al fin donde se levantan las gigantescas columnas de la Vida y la Muerte. los vidriosos ojos de Simbrí sonreían de nuevo. -¿Estás satisfecho de mis bondades. amado mío? -preguntó. lo cual ni deseo ni comprendo. Ayesha. cuando sea bañado en la esencia de la vida. -Quizá. Por tercera vez la corona ciñó las sienes de Leo. no dentro de mucho tiempo. ¿pero recordarás tus juramentos? -Sí. Leo la miró y sacudió tristemente la cabeza. -Tú juras. Yo oí todo esto y me pareció que no era yo solo. yo esperaba deseos -. hubieras pensado peor de mí si sólo hubiera alentado el deseo del poderío en la tierra y los otros mundos. dejándola allí abandonada. pide lo que quieras y será tuyo. y sé su Señor y el mío.229 -Por esta indestructible corona. -Nada te pido que no puedas darme. para que sirva de satisfacción al alma de Atene.as superiores de ti. -Leo.

la tomó con sus nervudos brazos y apretándola contra él. como tú eres. te hubiera pedido ser un dios.. de tus palabras. -Sí. dame el dominio de las fuerzas para poder despertar el dormido huracán. No deseo ningún trono en el mundo. pues realmente para nada me necesitas.. ¡como a mi esposa! Ayesha no contestó. Entonces Leo. no tengo miedo. que se interpone entre tú y yo y que nos separa. aunque sólo sea por una noche. ¿Ves? ¡No haces lo que juraste! Ayesha. yo no quiero ser dios. Holly -murmuró mirándome-: el fuego de la pasión humana comienza a encenderse en mi corazón.. Pero Ayesha... No iré a Kor. en silencio. llegando hasta ella. renuncia a todo ese poder sobrenatural. mientras tú seas realidad para mí. conteniendo a duras penas la angustia que la ahogaba. por un año. Leo. Ayesha: ¡cumple tu juramento o déjame marchar! Ayesha quedó de pie. de tus promesas para el próximo año!. pues cuando me di cuenta.230 enjutos: divide en dos el Firmamento. no me bañaré en la Esencia de la Vida. dime los orígenes de la Vida y la Muerte. de tus miradas. aunque sólo sea por unos instantes. la besó. no me importa. Sólo.. la cabeza caída sobre el pecho. ¡No durará más este continuo tormento. no sé cómo. estaba separada de él unos cuantos pasos. -No me admiro. -Seamos felices. yo soy un hombre que busca a una mujer a quien ama.. por un mes. sino hacer bien a los hombres y no matarlos como son tus deseos. Escúchame: rechazo tus mercedes.. únicamente le tendió una larga mirada y movió su cabeza haciendo que sus cabellos cayeran sobre su espalda como una cascada de oro. Ella se deshizo rápidamente del amoroso abrazo. cruzaré las montañas o pereceré en ellas. . ni aun con todas las fuerzas que posees podrás detenerme a tu lado. pero ¿por cuánto tiempo? -¿Qué por cuánto tiempo? Por una vida. Ayesha. tú me prometiste cumplir mis deseos y ahora faltas a ese juramento.. Ayesha. por un minuto. -¿Te niegas? --dijo Leo transido de dolor-. Marcharé de tu lado. el tormento de tu presencia. y dame las riquezas del mundo para llenar mis deseos y amoldar las leyes de la Naturaleza a mi propósito. olvida esa ambición que mina tu alma y yo olvidaré tu grandeza para amarte como a una mujer.

pues éstos se deshacían entre los hielos glaciales que circundaban sus laderas. Podía ver palpitar su corazón bajo su túnica y podía ver aquel divino reflejo que se esparcía por su cara y. Ayesha? ¡Tu juramento. pero le prometía las dulzuras de su Nirvana al precio de la muerte. Radiante. no es posible! No podemos separarnos nunca. que es sólo fruto del amor. no. Era sólo la más amante y feliz desposada que jamás contemplaron ojos de esposo alguno. No era aquella velada ermitaña de las cavernas de Kor. estoy segura de ello. eso nunca. todo había cambiado. Un poco dudé yo la existencia de una pasión en tal sentido. Ayesha se iba haciendo cada vez más humana. Hasta aquí. ni el Oráculo del Santuario. mas. más radiante. aunque ésta pueda llegar hasta aquélla? Aunque el hombre pueda adorar a una diosa. en este instante. Es tu vida la que peligra. Mirad. cuya cumbre era difícil de escalar con el apoyo de los deseos. Ayesha. más dulce. Pero en otras vidas. en otras esferas. aquella faz divina y hermosa me había parecido como una soberbia montaña cubierta de nieve.231 -¿Será posible? ¿Aceptarás el peligro? Nada puedo prometerte. ni la Walkiria que corría bravamente en busca de la muerte en la batalla del río. reclamo tu juramento! COMENZÓ entonces en Ayesha el cambio más misterioso y admirable de sus innumerables metamorfosis. dulce. ¡Puedes morir! -¿Y qué me importa el morir? ¿Nos separaremos? -¡No. -¿Por qué temer al azar. . ¿cómo puede una estrella descender hasta una mariposa. No. nos obligarían aceptar una dura senda por donde caminar hasta encontrarnos. del amor terrenal. Ayesha juró a Leo que lo amaba. así se me ha prometido. ¿cómo la diosa puede descender desde el alto lugar donde se encuentra para amar al hombre? Pero ahora.

yo quisiera ser humana! Y he de decirte que arrojaría todo el esplendor que me rodea en una ofrenda a tu cariño si tuviera la seguridad de poder ser.232 Poco habló Ayesha. una mujer. tu esposa feliz. y por toda música te cantaré una marcha nupcial llena de amor y de ternura tal como poeta alguno compuso. -Mira -gritó mostrándole sus blancas vestiduras salpicadas por manchas de sangre y por el barro y él polvo de la batalla-. ni oídos de amante alguno han . Leo. y si de ello viene la muerte o la vida. que soy una mujer. pero en sus palabras dejó traslucir la conquista de sí misma. Ayesha. ¡Mira cuáles son mis adornos de desposada. ¡la afrontaremos bravamente! Seremos el uno del otro. ahora mismo. debes ser una mujer. Esta ciudad humeante será nuestro altar. Leo. Leo. pero. ¿cómo? Holly nos unirá las manos. Ayesha. Los vivos y los muertos serán nuestros testigos en la tierra y en el cielo. y no debes atormentarme como me has atormentado durante tanto tiempo. ¡porque ahora la profecía de Atene pesa sobre mi alma como si fuera una losa de plomo! Lo mortal y lo inmortal no pueden nunca encontrarse. yo que debía presentarme ante ti adornada de las más esplendorosas joyas que reina en el mundo posee! -Busco a la mujer. qué soy yo: ¿una mujer o un espíritu? Dime. no busco sus adornos -dijo Leo fijando sus ojos en los de ella. mándanos y te obedeceremos?" ¿Era a la voluntad de una mujer a la que esta puerta se quebró como si hubiera sido de cristal? ¿Puede una mujer convertir en piedra a un hombre como yo he hecho con Simbrí? " ¡Oh. hay aquí un enigma! Dime. Quiero poner fin a esta vida de sufrimientos y de dudas. -No. y en lugar de ceremonia alguna juntaré tus labios con los míos en un dulce beso de amor. ¿quién otro podría ser? Él que ha sido nuestro guía y nuestro amigo te arrojará en mis brazos y a mí en los tuyos. amado mío. -¡Buscar la mujer! ¡Ah. ¿pero era realmente una mujer la que sembró la destrucción ¡en el llano? ¿Era a una mujer a quien la tempestad y los rayos obedecían y reverenciándola decían: "Aquí estamos. -Gracias por tus palabras. oh. aunque sólo fuera por un corto año. sólo una mujer.

Esto fue lo que vi: Con un abandono y una pasión tan intensa y espléndida que parecía algo más que humana. Leo Vincey. y será mi voz la que sientas murmurar en tus sueños de vida o de muerte. venga lo que venga y suceda lo que suceda. cuando tú mueras. Como un sonámbulo obedecí la orden de aquel ser.. tomando entre mis manos la de Ayesha y la de Leo. Leo. de él a ella... Mientras tú vivas. contigo dormiré yo. yo moriré. así por segunda vez me doy a ti en esta carne y en esta alma. Cuando tú duermas. Conocerás los altos destinos a que nuestro amor está . Has de saberlo. no me separaré nunca de ti. Escucha ahora atento mi canción. y será mi voz la que te despertará en la última hora a la naciente aurora. Todo te lo doy. con un salvaje grito de ¡Esposo!. lo mismo allá en las cavernas de Kor que en el Palacio de Kaloon. Junté sus manos. cuando se descorran para siempre las alas que nos llenan de sombras en esta vida de miserias. Según las tuve conmigo -y digo verdad-. Ayesha se arrojó en los brazos de Leo de tal forros. Con una sonrisa feliz se separó de Leo.233 escuchado. Holly. que sus cabezas al juntarse parecían haberse fundido en una misma al encenderse en un ardiente beso de amor. lentamente. Conocerás quién soy yo y quién y qué eres tú. me pareció como si un fuego extraño circulase por mis venas. te seguiré a través de todos los mundos y de todos los firmamentos y no podrán cerrar el paso a nuestro amor todas las puertas de los cielos y de los infiernos.. pues en sus melodías conocerás al fin la verdad que todavía no podía revelarte. no sé cómo las uní. yo viviré. Con aquel fuego vinieron también extrañas visiones y acordes de músicas gloriosas de amor y vida. cumple tu cometido y da la felicidad que tanto ansía este hombre. Después. Vamos. Cuando se separaron un poco pude ver que la gentil diadema que adornaba la frente de Ayesha se deslizaba de su frente a través de sus ropas por todo su cuerpo. pronunciando unas palabras extrañas... todo es tuyo. fui retrocediendo hasta tocar con la pared. diciéndole: -Así.

a cantar con dulce y perfecta voz llena de suaves notas que parecían punzar mi corazón deteniendo mi aliento: No existía el mundo. ¡muerto!.. que de pie. Las almas de los hombres dormían. dando traspiés. pálido. amor mío. la Canción del Destino. ¿Qué pasaba por su cerebro? No lo sé.234 reservado. tronchado por el beso de Ayesha. muerto por el fuego de su amor. Todo era silencio en el espacio. Parecía absorto. o como el frío cuerpo de la Khania que con sus ojos muy abiertos parecía interrogar mudamente al cielo. hipnotizado por la radiante belleza que ante él estaba. Ayesha pareció tan divina y hermosa como en estos momentos en que apuraba la dulce copa del amor. y conocerás los motivos del odio de esta mujer y todo lo que te he enseñado ya por medio de visiones y de parábolas. ¡muerto sobre el frío pecho de Atene! .. Pero tú y yo . Escucha. Mis ojos iban de ella a Leo. Llegué hasta él. yacía el cuerpo de Leo. e inmóvil como la pétrea figura de Simbrí. cayó de espaldas contra el suelo. silencio. con los brazos extendidos en un frenético deseo de estrecharla entre sus brazos. Ayesha comienza. Cesó de hablar y miró hacia el cielo como aguardando que de él llegase la divina inspiración y nunca. quedando tendido en él. ni aun en los fuegos de Kor. qué espantoso grito dio Ayesha! ¡Seguramente hubiera sido capaz de conmover los fríos cuerpos de los guerreros del llano! Después. no existía el mundo. en una silenciosa adoración de todo su ser. ¡Oh. ¡Oh! Leo miraba con vista extraviada las paredes y como un borracho. De pronto se detuvo y su cara se cubrió de una máscara de horror. mudo. todavía. nunca.

Parecía imposible que yo. Creo firmemente que murió al abrazar a Ayesha y que fueron sus labios los que recibieron el postrer suspiro de mi amigo. mi hijo. Aquel hombre era mi amigo.235 CAPÍTULO 24 LA MUERTE DE AYESHA AYESHA habló y sus palabras se clavaron en mí como punzantes dardos. dijo: . pues contra lo irremediable no existen fuerzas capaces de poder luchar. que estaba inconsciente a todo cuanto me rodeaba. oí hablar a Ayesha con voz fría y tranquila -su cara no la pude ver. yacía sobre una otomana con los brazos cruzados sobre el pecho. hubiera de ver su muerte en el momento en que la gloria y la riqueza le sonreían como hombre alguno conoció. Después no sé lo que pasó. levantándose. mi ser más querido. con cara tranquila y feliz. Cuando los sacerdotes recogieron el yacente cuerpo de Atene y salieron de la habitación. Cuando poco a poco fui dándome cuenta de las cosas. era un muerto el que hablaba y que las contestaciones eran dirigidas a un espíritu. Creo que Ayesha y Oros intentaron volverlo a la vida de nuevo. Ayesha pareció despertar y. su pérdida me había deshecho por completo. mas pronto lo seguiré -dijo. -Parece que mi señor me deja por algún tiempo. Leo. Era tal el golpe recibido. pues habíase cubierto con el velo -ordenando a varios sacerdotes: "Sacar el cuerpo de aquella mujer maldita y enterrarla tal como le correspondía por su rango". aunque por un extraño fenómeno de inercia vital todavía su cuerpo alentó la vida. Y creo también que cuando después habló. Mi convicción era que Leo había muerto hacía largo rato. sin resultado. viejo y agotado. al comprender la forzada aceptación de un hecho irremediable contra el cual se veía incapaz de poder luchar.

-Te. su pecho comenzó a respirar y volvió a ser lo que siempre había sido: un anciano de aviesa y malévola mirada.236 -Necesito un mensajero. he oído. debe llegar hasta el País de las Sombras. Simbrí -y le hizo un ademán. pero no para una jornada ordinaria. -Lo he visto. Todo ha sucedido como Atene y yo había mos profetizado. -Tú lo has visto. la vida es sólo un soplo. tu hora no ha llegado todavía. mi fiel Holly. Por primera vez vi que de la cara del sacerdote había desaparecido aquella perenne sonrisa. Después señaló a la corona de oro que Ayesha había ceñido en la frente de Leo y una sonrisa irónica se dibujó en los finos labios del viejo. el hombre convertido en piedra. sus miembros se estremecieron. y que su faz estaba pálida y temblaba. Entonces miró al viejo Simbrí. Sosiégate. pero fue tu gusto rechazarlas y recién ahora comprendes la verdad que . Ved ahí el cuerpo yerto del nuevo Khan de Kaloon. Meditó un momento y dijo: -No. que durante todo ese tiempo había estado inmóvil como una estatua. no enviaré a uno que tenga miedo. -Volviéndose hacia Oros pareció mirarlo fijamente. Holly. señora -dijo inclinándose como el hombre que se ve forzado a humillarse ante la fuerza de quien odia. -¿Tienes miedo? -dijo Ayesha-. aún tienes mucho que hacer en esta vida. y gritó: -¡Despierta! Instantáneamente Simbrí pareció volver a la vida. -Has rechazado mis profecías -continuó el mago. Únicamente te pido que éste sea rápido y sin sufrimiento. ¿quieres ir por mí y por él? -Sí -contesté-. Vive todavía.que podían haberte prevenido de lo que iba a suceder. estoy cansado de la vida y no deseo sino su fin.

Simbrí. No hace mucho oí el nombre que su fenecida señora me daba. Di a Atene que la perdono. ¡Oh. Simbrí dio unos cuantos pasos vacilantes. ¡ve! A la orden recibida de Ayesha. mas este nombre no era correcto. ¡ten cuidado. yendo a caer contra la mesa donde Leo y yo habíamos comido. Dile que así estaba escrito. a las oscuras sendas de la Muerte. y que así es mejor. Su corazón era grande y ha jugado en esta existencia su parte noblemente. pues de esta forma es como realmente se ha sumergido en la llama eterna de la vida. te digo. pues de cada sílaba tendrás que rendir cuenta. búscalo y dile que los pasos de su esposa Ayesha marchan -de prisa tras de él. diciéndome después: -Mira. Ve allá. saldaremos nuestras deudas. te digo!. Dile que no tenga miedo de mí. La Estrella que cayó. has de recibir un honor mío. ¿Has oído? -He oído. ¡oh. Tú. y el beso que me dio me ha regenerado. y ten cuidado. Reina y Poderosa Madre! -Un mensaje más. que en este último dolor he pagado con creces todas mis culpas. ELLA le contempló unos momentos. te has lanzado de lo alto del Pináculo.237 ellas encerraban. aunque siempre me odió este mago que conoció a Ayesha desde el principio. ¡oh Estrella Eterna que ha conquistado la Noche! -Entonces. pues hoy mi pensamiento no puede llegar hasta donde él duerme. de cómo cumples tu cometido. en la Puerta. Mira qué es lo que has adquirido al precio de vidas sin cuento que ahora ante el trono de la Justicia lanzarán sus acusaciones contra ti y pedirán que ésta caiga en todo su peso sobre tu cabeza. Ve allá. me debía llamar . donde está escrito que he de reunirme con él. Sin embargo. Simbrí. Allí. Hesea!. como si quisiera detener ' el alma que se escapaba de su cuerpo. Tú serás mi mensajero. ¿Has oído? -He oído. bien empleadas han estado esas vidas -contestó Ayesha reflexivamente-. rinde fiel homenaje a mi antigua majestad. -Lo siento por ellos. Dile que me espere en la Puerta de la Muerte. cuya cúspide has tardado miles de años en alcanzar.

ni un suspiro de dolor se escapaba de su pecho. está escrito que he de ser yo quien vaya a su encuentro. yo velaré tu sueño. que reinará en ti para siempre". La puerta estaba abierta. a su muerte. buen Holly. sabiendo que sólo duerme y que se ha de despertar con el nuevo día. Estas fueron sus palabras: "La muerte del hombre amado te redime. tu amigo se ha visto ligado a mí. Toda expresión de soberbia y de rabia había desaparecido de ella. extática. el ángel y tres veces me ha derrotado. no he conseguido sino destruir nuestra propia felicidad. Conociendo mis crímenes. tarde lo comprendo. ¿tienes miedo de que éstos caigan sobre mi señor? -Sí. Aunque mientras ha sido ser humano. Se levantó y entró en mi habitación. Entré en la habitación de al lado. llena dé confianza y sosiego. que había sido la de Simbrí. Está fatigado. estaba serena. donde se celebrarán las exequias. . Tres veces he luchado con. y caí extenuado sobre el lecho. Mañana por la tarde emprenderemos el regreso al Santuario. se ligará a mi como lo ha estado siempre. en mi altanero reto de la Ley Universal. como mira la madre el dormido cuerpo de su niñito. No lloraba.238 mejor Estrella que logró cautivar la Noche y que siempre brillará con resplandor inmortal. De su cara había desaparecido el velo que la cubría. él ha partido. que a pesar del cansancio no podía cerrar los ojos. alentando la esperanza de reunirme a aquél a quien he perdido allá donde nos espera. Mas me olvido de que estás fatigado y necesitas descansar. y al resplandor de los lejanos incendios pude ver. Ahora. Hora tras hora permaneció así con la cabeza apoyada sobre su mano. -Crees que estoy caída y te apenas por mí. a Ayesha en muda contemplación de su adorado muerto. aún más firmemente. mi fiel Holly -dijo con voz cantarina-. mi fiel amigo. mi fiel Holly. se limitaba a mirarle fijamente con ternura. a través de su marco. -Ahorra tu piedad. pero esta noche ha murmurado a mis oídos frases de esperanza y consuelo. temo por ti y por mí también. silenciosa. pero era tanta mi preocupación. Duerme. ye a descansar. Al oír esto sequé mis lágrimas y me revestí de paz nuevamente. Bien. Ayesha. desde la tumba negra emerge un amor glorioso y puro. no debes olvidar que su espíritu.

239 Me quedé dormido pensando en la extraña revelación que recibió Ayesha y que tanto consuelo le proporcionaba. No sé si fue real o sólo una alucinación suya. que la muerte de su bien amado Leo había puesto un fin de redención a sus incontables culpas. cual humilde mujer llena de dolor que seguía con su esposo el camino de la tumba. Cuando desperté. Y Ayesha. las mujeres de Kaloon enterrando sus innumerables muertos. cual Walkiria coronada por un nimbo de fuego. que alguna nueva luz se había hecho en su alma.. al suponer.. *** Nos pusimos en marcha escoltados por un millar de jinetes. ahora. y yo a su lado. Despierta y disponte a partir. Era el anochecer cuando me despertó Ayesha. la lenta marcha de los caballos. un cuerpo envuelto en blancas ropas. *** . ¡Qué extraño contraste entre nuestra llegada y nuestra partida! Antes. tras él iba Ayesha. que ayer. era de día. Puedo suponer. que estaba junto a mí. los escuadrones entrando como una avalancha arrasándolo todo a su paso.. atacaba fieramente guerrera.. sin embargo. los guerreros con sus lanzas apuntando hacia el suelo. -Todo está preparado -me dijo-. Frente a nosotros iba el cuerpo de Leo conducido por sacerdotes. como ella decía. pero me quedé dormido de nuevo. hoy.

Es mi voluntad que lo atendáis y cuidéis aquí hasta que cese el invierno. cuyos ojos inmóviles parecían mirar su tranquila faz. En su trono estaba sentada Hesea. y huésped. a quien dio muerte. ocupe mi puesto hasta que yo regrese.y debo dejaros para siempre. Sacerdotes y sacerdotisas del Santuario de Hesea: He puesto mi mano sobre nuevos territorios. Estas vidas que parecen escapar de nosotros. serán algún día inmortales fuera de las pasiones y esperanzas humanas. En el mismo sitio donde fue depositado el cuerpo del Khan. y cuando llegue el verano y sus calores derritan las nieves. dando órdenes a los sacerdotes y sacerdotisas. De ahora en adelante. -Estoy cansada -dijo. Tras la noche resplandece el sol y el arco iris aparece después de la lluvia. y tened la seguridad de que tendréis que rendirme cuentas de lo que a él le suceda. Los sacerdotes que trajeron el cuerpo de mi amigo habían sido despedidos por Ayesha. Sacerdotes y sacerdotisas de nuestra venerada fe: No comeremos siempre el pan de la amargura ni beberemos el agua de nuestras lágrimas. Hizo una pausa y con su mano esbozó un saludo al tiempo que decía: -Este hombre es el fiel amigo de mi bien amado. . ¡quién lo sabe! Si es así. Quizá tarde un año o mil en volver. No lo olvidéis. La cortina de fuego se alzaba ante nosotros como un rojo penacho perdiéndose por la inmensidad del espacio en aisladas nubes bermejas. El alba se acercaba y solamente permanecíamos en la lengua rocosa sobre el abismo nosotros cuatro: Ayesha.240 Era de noche. la Hesea de la Montaña será también la Khania de Kaloon. de forma que pueda llegar a su país sano y salvo. donde brillan las estrellas con más intensidad. el cuerpo de Leo permaneció en el Santuario ante la estatua de la Divinidad. tomadlos como una herencia mía y gobernadlos con justicia y equidad. que Papaya con Oros como esposo y consejero. voy tras las montañas. le acompañaréis y prepararéis su camino a través de las montañas. Oros. como escapa de nuestras manos la nieve derretida. Papava y yo.

Tu imprudencia podría serte fatal. aproximándose poco a poco hasta posarse sobre la lengua de roca donde yacía el cuerpo de Leo y el de Ayesha que lo acompañaba.. la obscuridad se hizo cada vez más profunda y el solemne silencio se vio interrumpido por el leve susurro que produjeron unas alas de llamas. No lo olvides cuando te sientas morir. mas ten cuidado en cómo lo usas. Al desaparecer las aladas llamas han desaparecido Leo y Ayesha la imperial. ¡no! Regocíjate ahora.. la divina. No creas que en esta noche tétrica el temor hinca sus crueles garras en mi espíritu. ¡oh! ¿Qué ha sucedido? El lugar ha quedado desierto. querido Holly. yo acudiré a ti. esas profundas tinieblas a las que sigue el alegre amanecer de la gloria. *** AHORA. pues mi nombre es ahora ¡Victoria! No pienses que la historia de Ayesha ha acabado. toma este cetro como recuerdo mío. pues no es taré ya mucho tiempo junto a ti y no podré guardarte como hasta ahora. Mas. y retírate y sufre con paciencia la cruel separación de tu amigo.241 Ayesha habló: -Las tinieblas se acercan a mí. mi alma y la de mi amado se han fundido en una sola. Diciendo esto me dio el enjoyado sistro. Mas no me llames antes ni nada hables de ello. Tiene sus virtudes. pues servirá para que a sus argentinos sonidos acuda yo junto a ti. llámame. No pienses que estoy vencida. como en otra ocasión. Después añadió-Ahora besa su frente. Hizo una pausa y añadió: -Fiel amigo. que aún poseo. . pues lo que has visto no es sino una página solamente. no lo olvides-. como antaño sucediera en la transformación de Ayesha.

Entonces sabría qué es lo que ella iba a revelarle a Leo cuando éste murió y cuáles eran los propósitos de aquellos dos seres locos de amor. Los meses pasaron rápidos.. donde los hombres que habían escapado a la muerte comenzaban la construcción de sus derruidos hogares. . Oros y los demás sacerdotes fueron muy buenos para conmigo. que debía derretir las nieves que me tenían prisionero. Entre aquel montón de ruinas calcinadas se erguía incólume el palacio de Atene. una pregunta martillaba mi cerebro. y por fin se aproximó el verano. Mas nunca obtuve respuesta.. Me condujeron a través del llano de Kaloon. al fugaz resplandor de una explosión del cráter.. con paciencia. debía de aguardar con paciencia. mientras paseaba errante por el templo entre las nieves de la Montaña.242 ¿A dónde fueron? No lo sé. Mi corazón estaba roto y mi vida no podía durar mucho. junto al río y cerca del sitio por donde Leo y yo lo cruzamos al dejarnos libres el Khan loco. ver dos formas gloriosas flotando en el espacio y que eran las de Leo y Ayesha. *** DURANTE los largos meses que siguieron a nuestra cruel separación. al espíritu de Lelo. pues. Sólo ansiaba que llegara mi hora para poder juntarme a ellos como se me había prometido.. parte de su tesoro. Pero me pareció.. ¡tenía para mí tan tristes recuerdos! . que a menudo llegaba junto a mí.. porque iba a necesitar dinero para mi viaje.. y el oro que Ayesha me había dado pesaba tanto que hacía imposible su transporte por un hombre solo.. Entonces hablé de mi marcha.. pues no tendría mucho que aguardar. Me dieron piedras preciosas.. sí. Así. Acampé fuera de las murallas.. ¿A dónde fueron? -preguntaba mi corazón a la inmensidad del cielo. No quise entrar..

La mañana siguiente bajé hasta el barranco y vi con sorpresa que sobre el rápido torrente había sido tendido un tosco puente. -Y que al fin se han convertido en vuestra recompensa: habéis heredado un manto real. -¿Queréis decir que la Gran Hesea no ha muerto? -Quiero decir que Hesea no muere nunca. amigo Oros -dije al fin. me sonrió benignamente como el día en que nos encontramos por vez primera. por toda despedida. Érame imposible descansar. ¿Quién puede decir a qué ignoto punto de la tierra irá a reposar? Recordad las extrañas cosas que habéis visto. y yo envuelto en este real manto. Como el viento. -Muy extrañas -contestó. el cual. pues no puede otra cosa llamarse a aquel intento de reposo. Cambia. que no me pertenece. más extraña aún que si mañana saliera el Sol por el Poniente. y que en previsión a mi llegada largas y fuertes escaleras habían sido levantadas con objeto de alcanzar la cima del despeñadero opuesto. Acordaos de la transformación de Hesea. Al pie de éstas fue donde me despedí de Oros. Acordaos de la partida del mago Simbrí llevando el mensaje de ella. -Muchas cosas extrañas hemos visto juntos. -Estoy envuelto en un manto real prestado y que algún día será necesario desgarrar.243 Al día siguiente embarcamos y pocas horas después llegamos a la casa de la Gran Puerta. Aquí fue donde me eché sobre un lado. va de aquí para allá. eso es todo. esperaré su regreso. Ella volverá de nuevo. *** .

244 ACOMPAÑADO por veinte hombres. hambriento de descanso. -Después añadió: -¿Tan hambriento estás que tienes que volver de nuevo a este mísero lugar? -Sí. mejor dicho. pero he de advertirte que la mujer. reencarnado de nuevo o quien sabe si reposando en el Devachan para siempre. tomé mis pertrechos y me dirigí a la lamasería. Comí. crucé las montañas sin ningún contratiempo. -Y. pero al fin quedé aún más sumido en el terrible mar de la duda. hermano del Monasterio llamado el Mundo. escalé con bastante agilidad la enorme altura que ante nosotros nos cerraba el paso. donde.. hermano Kou-en -contesté-. No te apenes. a la vista del gigantesco Buda. me dijo mirándome: -Esperándote estaba. cuando me desperté. ¿dónde está tu otro hermano? -¡Muerto! -contesté. Esta vez con abundante comida y abrigo. -Al fin -dije medio dormido-. me despedí de ellos siguiendo solo mi jornada. Ajustándose sus espejuelos sobre la nariz. La mañana siguiente. -Seré tu servidor por todos los días de mi presente encarnación. o. come y después me contarás vuestra historia. volveremos a reunirnos de nuevo. Era el viejo Kou-en. Los hombres me escoltaron hasta llegar al desierto. Mas dime. envuelto en un roto manto parecía abstraído en la contemplación del espacio. no pareció sorprenderse gran cosa por lo que acababa de oír. escogidos soldados. por admirable que fuera la historia. Kou-en escuchó con atención y. Después trató de explicarme aquellas extrañas cosas con ayuda de maravillosas teorías de reencarnación. sin duda alguna todos estamos ganando méritos.. por consiguiente. Acampé aquella noche en el desierto. Aquella noche le conté todas nuestras aventuras. donde llegué antes de la puesta del sol. la hechicera. Entra. . A la puerta. hermano del Monasterio llamado el Mundo. todo nos hace suponer que nosotros estamos ganando méritos en el antepenúltimo plano de nuestra existencia . -Efectivamente. la figura de un viejo.

Sí.245 progresa muy lentamente. Las hojas que faltan se quemaron al arrojarlo al fuego en su casa de Cumberland.) FIN . "Ayesha" sobre la tierra y que en el Avitchi recibe el nombre de Estrella que cayó. esa mujer que me has dicho que se llama "Ella". (Aquí quedó trunco el manuscrito de Holly. "Hesea".