Un acercamiento al concepto de Ciudadanía Activa en América latina

Marco Antonio Labarca B.1

El presente ensayo no intenta en su generalidad agotar el tema de la Ciudadanía, sino que al contrario, desea presentar algunos elementos discursivos que nos ayuden a introducirnos en perspectiva crítico propositiva al entendimiento y aplicación del concepto de Ciudadanía Activa en nuestro continente americano. Si bien es cierto, el tema de la Ciudadanía no es un tema contingente y propio a la realidad del continente, ella se encuentra presente de manera transversal en cada una de las manifestaciones socio políticas ejercidas a través de la historia de América Latina. El concepto de Ciudadanía nos remite de manera inmediata al concepto de Cultura, esta última trabajada y desarrollada por un sin número de autores tanto a nivel mundial como en el continente2. Sin embargo, en la perspectiva de intentar realizar un acercamiento al tema en particular, en el presente ensayo, la cultura será entendida en relación directa con la vida cotidiana, el quehacer diario y cómo desde los variados modos de vida se va gestando una respuesta a las necesidades vitales, se va construyendo un estilo de convivencia capaz de darle sentido a lo trivial de cada jornada, porque se crea participación, responsabilidad y respeto que llevan a formar ciudadanos dialogantes, conscientes de que el bien común es obra de todos y para todos.

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Profesor de Estado en Universidad de Santiago de Chile; Profesor de Religión Católica y Moral en Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación; Magister en Ética Social y Desarrollo humano en Ilades-Universidad Alberto Hurtado. Actualmente se desempeña como profesor de religión en el Colegio María Auxiliadora de Santiago de Chile y asesor del equipo de comunicación del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora. 2 APARICIO, R., Cultura y Sociología, Narcea, Madrid, 1981, la autora abre su disertación sobre las concepciones de cultura presentes en la obra de algunos autores clásicos tales como Alfred Weber, Max Weber, Durkheim, Parsons, Karl Marx, Karl Mannheim, hoy particularmente influyentes en el campo de la Sociología. También sobre este tema se puede consultar: CASTELLET, J.M., La cultura y las culturas, Editorial Argos Vergara, Barcelona, 1985. BERGER, P. y LUCKMANN, T., La construcción social de la realidad, Amorrortu, Buenos Aires, 1972. SINGER, M., Cultura, en D. Sills (Ed.), Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales, Anguilar, Madrid, 1974. GOFFMAN, E., La presentación de la persona en la vida cotidiana, Amorrortu, Buenos Aires, 1971. GARCIA HUIDOBRO, J.E., y MARTINIC, S., Cultura Popular. Proposiciones para una discusión, CIDE, Santiago, 1983. BRUNNER, J.J., y CATALAN, G., Cinco estudios sobre cultura y sociedad, FLACSO, Santiago, 1985.

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En otras palabras, podríamos decir que la cultura tiene relación directa con el quehacer humano, con lo cotidiano, porque ella está presente en toda realidad social y como tal se hace respuesta en el ejercicio de la Ciudadanía, entendida esta última como participación responsable en el desarrollo armónico de los derechos y deberes de las personas que conforman una colectividad3. Al tomar estas premisas como vector de arranque en nuestra reflexión, estamos en condiciones de argumentar que en el plano de América latina, adquiere sentido hablar de culturas, en plural y esto ya significa un cambio notable cuya incidencia se acentúa actualmente con mayor fuerza, pues se trata de un proceso donde la realidad va adquiriendo significatividad a través de la relación que cada ser humano establece con el ambiente que lo rodea, consigo mismo y con sus semejantes, con su entorno constituyendo así un estilo de vida común que caracteriza a los diversos grupos. Lo esencial de la definición citada, lo encuentro contemplado en el concepto de cultura tomado del pensamiento de Puebla, documento nacido de la reflexión socio– eclesial sobre la realidad de América Latina, allí se evidencia su significado sociológico-antropológico al subrayar tres elementos fundamentales y dinámicos que la constituyen: a) Su formación y transformación en base a la continua experiencia histórica y vital de los pueblos; b) el conjunto de valores y de desvalores, actitudes, formas de comportamiento y símbolos que animan o debilitan su convivencia; c) la participación en común por sus miembros que los lleva a reunirse en base a una misma conciencia colectiva4.

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Cf. MIFSUD. T., “Ethos y Cultura” en Revista Persona y Sociedad N° 2, ILADES, 1988, p. 77.Al desarrollar en su artículo el punto "Cultura: una aproximación semántica" explicita los tres planos. "Cultura: relacionada con la naturaleza, dice relación al ingenio humano que mediante el trabajo y la técnica hace fructificar los productos naturales (agricultura, ganadería, etc.). Cultura, relacionada con el ser humano indica la aplicación metódica al desarrollo de las facultades innatas, mediante el estudio de las letras, las ciencias, la observación y la reflexión. Cultura, relacionada con lo social, destaca el conjunto de los elementos intelectuales, morales, materiales y costumbres que caracterizan una civilización. (por ejemplo, la cultura grecolatina, la cultura occidental, etc.). En la actualidad existe la tendencia convergente de comprender la cultura como una fuente de construcción humana de la realidad mediante su capacidad de significar la realidad social. Citado en QUARELLO, Morale Cristiana e Cultura, (Roma: Librería Salesiana, 1979), pp.11-12. 4 Cf. CELAM, “La Evangelización en el presente y en el futuro de América Latina”, N° 387. 392, Puebla, 1979.

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Por lo tanto, el concepto y la vivencia de la Ciudadanía se entrelaza indefectiblemente con el quehacer social de la persona humana expresada en toda su dimensión antropológica, ella va aprendiendo paulatinamente cómo ser ciudadano y ejercita su aprendizaje en la medida que interioriza y hace suyas experimentadas En el caso de nuestro continente, se han elaborado diversos informes acerca del desarrollo de la Ciudadanía en América Latina, así por ejemplo tenemos a la Cepal (Comisión Económica para América latina y el Caribe) quién ha sido uno de los organismos que ha remitido su estudio al campo de la trilogía Equidad, Desarrollo y Ciudadanía5, otra visión al respecto y de no menor importancia es el que lleva a cabo las Naciones Unidas a través de su informe del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo)6. Sin embargo, es pertinente tener como telón de fondo que ambos organismos entienden el concepto de Ciudadanía en relación con el Estado constitucional. Si bien es cierto que todos estos antecedentes nos dan luces acerca de lo que se puede entender por Ciudadanía, es importante poder hablar de la contextualización del ejercicio de la misma en el continente, luego de una historia casi común para todos los países que la conforman. Es así como por ejemplo, en la época de los setenta se caracterizó al continente por la constitución de regímenes dictatoriales en la mayoría de corte militar, en países cuyo historial democrático se remontaba a varias décadas de ejercicio. No obstante, esta realidad ya se encuentra superada en la mayoría de los países del continente, también es cierto que el desarrollo y aplicación a la transición a gobiernos democráticos, a dejado una falencia significativa en el orden del ejercicio de la Ciudadanía, es tanto así, que hoy en día se habla de la calidad de Democracia que se ejerce en el continente, debido a que las grandes acciones jibarizantes desarrolladas por las dictaduras, atrofiaron en gran medida el ejercicio ciudadano. Un segundo punto de no menor importancia, es aquel que se vincula con el proceso creciente de globalización y mundialización, el cual gracias a su proceso de interconexión a nivel planetario, ha realizado grandes avances en el camino del desarrollo tecnológico, económico, social y cultural, llegando a la homologación del
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las vivencias

Equidad, Desarrollo, Ciudadanía, informe Cepal 2000. Informe PNUD 2000-2001

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mundo de las exigencias, aspiraciones y comportamientos de la gente. No obstante, el lado oscuro de éste proceso lo vemos en los rostros concretos de los habitantes del continente, plasmado en todos aquellos que se encuentran excluidos de los beneficios de este sistema, es decir, los más débiles como es el caso de los ancianos, los jóvenes sin oportunidad para salir adelante con sus proyectos de vida, las mujeres, los niños y niñas que se preocupan de trabajar antes que estudiar por necesidad7, la desigualdad en la distribución de los bienes, la imposibilidad del desarrollo sostenible, el aumento en el desempleo, el endeudamiento, la emigración etc. Al entender el ejercicio de la Ciudadanía como una parte del vínculo exclusivamente democrático, es decir, en términos electorales, constitucionales o similares, es un error nefasto y perjudicial en el proceso del quehacer social y de vinculación de pertenencia a la comunidad social por parte del ciudadano. Por lo tanto, es deber de la educación desarrollar proyectos que nos vinculen al establecimiento de verdaderas democracias y por ende de la formación de ciudadanos activos, lo cual implica por un lado, comenzar a conocer y reconocer la realidad (en términos de cultura) en la cual estamos insertos, en la cual nos desarrollamos, nos movemos y vivimos; y por otro, en el desarrollo permanente de reconocer y aceptar al otro como un legítimo otro en la convivencia, es decir, en el amor8. Es precisamente aquí, en donde el aspecto fundamental de lo humano entra en juego permanente, en crear una democracia que comienza en el espacio de la alteridad y en la ejecución del proceso de visibilidad del otro, logrando así, acciones de legitimidad de éste, en donde, el abuso sistemático, la discriminación, la exclusión se convierten en acciones del quehacer humano, cada vez más alejadas del horizonte comportamental de todo individuo formado integralmente, que respeta la dignidad de la persona y busca el bien común. El imperativo de una educación a la Ciudadanía Activa en América Latina, nos presenta como desafío la aplicación de una enseñanza en valores, expresada en establecer relaciones humanizadoras, cimentadas en el desarrollo de la Solidaridad, y de la lucha por superar la pobreza en términos económicos y de oportunidades. Potenciando de ésta manera focalizada, los desafíos para la creación de nuevas
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Ver, Tesis Magister de Marco Antonio Labarca B. “Un aporte desde la reforma educacional chilena a la erradicación y disminución del trabajo infantil, por medio de la educación formal e informal”, Ilades Universidad Alberto Hurtado, Santiago 2000. 8 Cf. MATURANA Humberto, Emociones y Lenguaje en Educación y Política, Ediciones Dolmen, Santiago de Chile, 1997.

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propuestas educativas, que respondan a los nuevos requerimientos de la cultura actual. No obstante, es imprescindible realizar en esta óptica una correlación con nuestro quehacer educativo salesiano, es decir, descubrir en nuestro carisma la enorme riqueza para sortear estos desafíos mediáticos. El rol de profetas que denuncia la injusticia y anuncia la instauración del Reino es uno de los vectores de acción y a la vez es elemento de anclaje para sentirnos parte de una comunidad viva, que nos hace vivir intensamente el espíritu de familia. El desarrollo del sistema preventivo se convierte así en la piedra fundamental del educador salesiano, quien gracias a la lectura crítica y sapiencial de la realidad, la explicitación propositiva de la esperanza cristiana y la aplicación del pensamiento metacognitivo en el camino del discernimiento, nos permiten promover acciones que potencien el desarrollo y la dignidad de la persona humana, creatura que se educa integralmente en la medida que busque el bien común, la participación, la corresponsabilidad, la comunicación, la reciprocidad, la gratuidad, dando así razón de su actuar a través de su entusiasmo, proyectado en su propia vida al ejercitar plenamente su quehacer social en beneficio de su comunidad por medio de la ciudadanía activa. En virtud de ser fiel al propósito del presente ensayo, es pertinente circunscribir nuestra propuesta reflexiva de una manera más correlativa en respuesta a algunas de las necesidades que hemos descubierto en América Latina. Para ello, intentaremos dar razón a nuestros argumentos por medio de la comprensión genérica del concepto de educación y a partir de ésta establecer tres estadios que podrían de alguna u otra manera vincularnos con los requerimientos educacionales de nuestro continente. 1. Hacia una comprensión genérica del concepto de Educación

Encontrar una comprensión exacta y única de lo que significa la Educación, es sin lugar a dudas una tarea loable y difícil, sin embargo, la connotación que ésta reviste dependerá del punto de vista que sea analizada, ya sea de los autores que se refieran a ella, de la disciplina que la estudie o de la mirada de futuro que se le quiera dar. Bajo esta premisa concuerdo plenamente con el informe de la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la educación para el siglo XXI, que con el título “La

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Educación encierra un tesoro”, afirma que la educación a lo largo de la vida se basa en cuatro pilares: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser. Por lo tanto, uno de los desafíos que la educación debe tener como horizonte, es la formación de personas capaces de comprender al otro, respetar el pluralismo, la comprensión mutua y la paz y, además, formarlas en niveles de excelencia en el conocer y el hacer. Junto con lo señalado anteriormente, se ha de conseguir que los más hábiles en el conocer y en el hacer, lo sean también en vivir juntos y en ser personas junto a los menos capaces, a través del desarrollo de la comprensión, el respeto del otro en el ejercicio de la co-responsabilidad mutua. No obstante, la educación se encuentra apremiada por el flagelo de la pobreza y sus consecuentes secuelas de deserción escolar y bajo rendimiento, hitos caracterizados como problemas dentro de la expansión educativa, situación que dificulta la esperanza de guiarla hacia la búsqueda de la justicia, basada en la posibilidad de liberación individual y social en camino de la personalización del hombre y de la humanización del mundo que el hombre habita9. Frente a este diagnóstico, creo necesario circunscribir nuestra idea de entender la educación como un proceso de integración en el cual se complementan las diferentes formas de interpretar el fenómeno educativo, es decir ella puede ser entendida como: “la serie de continuados procesos que incluyen el desarrollo de las capacidades subjetivas del hombre junto con su adaptación e integración a la sociedad y a la cultura en la cual se encuentra inmerso”10; o, “como un proceso contínuo, permanente y que va más allá de situaciones contingentes”11; en donde, “el verdadero significado de la educación es el cambio. La educación debe perseguir desarrollar en los niños aprendizajes que les permitan saber buscar información, saber cómo usarla, saber elaborarla, inferir de esa información y aplicar esa información a nuevas situaciones y problemas”12

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Cf. NAVARRO, Iván, ”Espacio y tiempo en educación” Bases teórico prácticas para el cambio educativo en: Filosofía, Educación y Cultura, Usach, vol. N°1, 1996. 10 FUENTEALBA, Luis, “Reflexiones sobre sociología de la educación”, Usach, Diciembre de 1997. 11 MORENO, Andrés, Compendio de apuntes de linea de fundamentos de la educación, Usach, Marzo 1998. 12 FEUERSTEIN, Reuven, “Inteligencia y cambio: Educación al servicio del mundo”, en: Revista Zéjel, año II, N°5, invierno 1995.

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Es evidente que las precedentes definiciones aluden a la educación como un proceso dinámico y activo-participativo, lugar en el cual, elementos como la memorización de datos, el adiestramiento, el entrenamiento, normas de urbanidad etc., no se encuentran en juego dentro de la actual concepción de la educación, en donde gracias al aporte de la base científica y tecnológica, se ve influenciada y guiada hacia el desarrollo de una educación social y cultural, caracterizada por una pedagogía integradora, capaz de preparar al hombre para el siglo XXI. La educación actúa y se desarrolla dentro de una realidad social, es decir, se entiende con relación a otros y con otros, por lo tanto ella comprende un proceso de socialización en que preferentemente el saber y la tradición cultural se transmiten con el fin de preparar al individuo para ejercer los roles que la sociedad ha definido como útiles, importantes o necesarios. El núcleo de la educación es la persona humana integral, es decir, su acción corresponde a la formación del carácter, lo cual implica entender, sentir y ser capaz de realizar los valores humanos esenciales. Pues el fin último de la educación es hacer que el individuo realice un tipo de vida digno de vivirse Bajo esta premisa, estamos en condiciones de enunciar que los significados implícitos de la educación pueden ser comprendidos al pensar al hombre como un ser inconcluso, que se está perfeccionando en forma permanente, tanto en el plano cognitivo como en el valórico, en donde la educación sobrepasa el aspecto pedagógico formal convirtiéndose en un proceso que libera gradualmente al individuo en concreto, es decir, busca la humanización de la persona ubicada en un escenario de tiempo y espacio determinado. Para simplificar nuestra concepción de buscar otra forma de entender la educación tanto formal como informal, me detendré en la explicitación de tres estadios de comprensión del fenómeno educativo, las cuales a mi juicio cruzan transversalmente todo proceso de enseñanza-aprendizaje ya sea de manera directa como de manera indirecta13.

1.1 La Educación como un sistema de participación y de transmisión cultural. Como mencioné anteriormente, la educación es ante todo un proceso de socialización, en donde el sujeto se integra a la sociedad y a su cultura, internalizando los valores, las metas y las normas de manera que emerja una personalidad distinta, la cual incorpora los elementos de su cultura o de su subcultura en la que se encuentra.
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Estos tres estadios de comprensión no intentan agotar el tema de la educación, sino que más bien han sido elaborados como apoyo pedagógico para facilitar comprensión del fenómeno educativo.

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La educación puede ser entendida como una de las mediaciones privilegiadas de la cultura, a través de ella se construye la memoria colectiva de los distintos grupos sociales. ”La educación influye en la cultura en tanto se presenta como un conjunto de procesos que incluyen el desarrollo de las capacidades subjetivas del hombre junto con su adaptación e integración a la sociedad, y por otro lado, la cultura influye en la educación, en la medida que define los códigos comunes que se comparten transmitiendo informalmente las creencias o ideologías presentes en la sociedad global o en algunos de los grupos que la integran traspasándolos a un proyecto educativo determinado”.14 La participación sólo se entiende en relación con la comunidad, es decir ella se hace efectiva en relación con otros. El ser humano nace y vive en el seno de múltiples comunidades (familia, vecindario, escuela, trabajo, iglesia etc) y es en ellas donde el hacer comunidad consiste en lograr el desafío de integrar a la persona en su aspecto relacional, diferencial y existencial, en otras palabras, consiste en reconocer al ser humano en su mismidad, facilitando y ejerciendo los espacios de respeto y honestidad recíprocos. Al seguir la línea de esta aseveración, estaríamos en condiciones de entender que la participación es el proceso de hacer y recibir parte de algo, es compartir, tener aspiraciones similares a otras personas, participar es respetar la pluralidad de ideas en la sociedad, y asumir la diversidad de concepciones culturales existentes en toda construcción social. La participación supone una acción conjunta con otros. Supone reconocer que es parte de una comunidad con otros. Supone creer en el otro social, confiar en los otros y no esperarlo todo de uno mismo. Supone admitir el hecho elemental de que nadie nace ni vive sólo, es decir nadie es una isla. El eje articulador de la participación, dice relación con la búsqueda de consensos entre distintos intereses y visiones de las personas y grupos, permitiendo la unidad (consenso) en el respeto por la pluralidad (búsqueda). Este proceso no es fácil, normalmente surge el conflicto. Desde esta perspectiva de estudio, la participación se convierte en un elemento ético fundamental de toda construcción social, en donde el respeto por el otro y la creación y consolidación de la conciencia solidaria, son sus dimensiones centrales, las cuales deben ser desarrolladas en intensidad por las personas dentro de las comunidades.
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VILLAGRÁN, Vivien, “Modernidad y Educación: La urgencia de discernir el presente para proyectar el futuro”, en: Revista Persona y Sociedad, volumen VI, N°3 y 4, 1992, pág. 87.

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Es aquí donde la escuela en su función de comunidad establecida en la cual se realiza el proceso de socialización, debe ser el elemento facilitador y mediador del proceso de enseñanza aprendizaje, cuyo hilo conductor debe ser guiado por la visión de futuro que plasma todo proyecto educativo, hecho que implica tener una clara concepción de “hombre”, de “mujer”, y de la “sociedad”, de tal modo que a través del ejercicio y desarrollo de su libertad, razón, responsabilidad y emocionalidad sean protagonistas de su propia historia en búsqueda del bien común15 y de la justicia social. Sin embargo, la participación no se encuentra ajena a tensiones propias de su desarrollo y aplicación, ya sea a través de las relaciones de los distintos y nuevos modelos de ciudadanía, de derechos humanos, versus la reproducción de conductas verticalistas, autoritarias anacrónicas; entre la valoración de la diversidad y el pluralismo, el reconocimiento y la aceptación del otro, versus la tendencia a la uniformidad, al estilo gregario; entre la autonomía de todo poder versus la dependencia, homogeneización; o entre la valorización y búsqueda de valores de reciprocidad y cultura de la solidaridad, versus la tendencia al individualismo y competitividad, etc., tensiones que la unidad educativa en particular debe asumir en forma madura y responsable a la hora de elaborar un proyecto. Como enuncié anteriormente, la participación se desarrolla en el interior de una cultura determinada; la cual puede ser entendida “como una fuente de construcción humana de la realidad mediante, su capacidad de significar la realidad social” 16; idea que se entiende a la luz de considerar la cultura en relación con la dimensión comunicativa de todo grupo humano, ella es dialéctica, por un lado es el proceso del ser humano para significar la realidad, pero al mismo tiempo es significado por ella. La cultura se convierte en el elemento vector de toda sociedad, la cual no se entiende sin la incorporación, integración y la complementación de las multiculturas que presenta la sociedad en su conjunto. Ella (la sociedad) se convierte en el elemento configurador del ser humano y en el producto del propio ser humano. Por lo tanto, para entender lo que es la cultura, lo hacemos utilizando las palabras de Mifsud: “la cultura es la construcción significativa de la relación del ser humano con la naturaleza (dimensión técnico-económica), con los otros seres humanos (dimensión socio-política), y con la totalidad de sentido humano (dimensión religiosa)”17.
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Entendemos que el bien común” no es la simple suma de los intereses particulares, sino que implica su valoración y armonización, hecha según una equilibrada jerarquía de valores y, en última instancia, según una exacta comprensión de la dignidad y de los derechos de la persona”, JUAN PABLO II, Centesimus Annus, 1 de Mayo de 1991, N°47 16 MIFSUD, Tony, “Ethos y Cultura”, en: Revista Persona y Sociedad, N°2, 1988, pág, 77. 17 Op. Cit. pág. 78.

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La cultura implica un aspecto activo y otro pasivo, la persona recibe cultura y crea cultura, es la carta de navegación que recibimos por herencia, se guarda y se enriquece de generación en generación, ella ordena la vida humana, le da sentido, nos permite vivir, sufrir, trabajar, llorar y morir con algún sentido. Bajo esta perspectiva entendemos que lo esencial de la educación debe ser la transmisión de la cultura, en donde su meta e hilo conductor sea la formación del hombre: a ser libre (cualidad del alma gracias a la cual uno es dueño de sí mismo, se compromete y regala la vida); a reconocerlo en su auto formación; a aceptar el cambio; a desarrollar su iniciativa y creatividad; con conciencia de autocrítica y de solidaridad18. El desafío de formar a una persona con conciencia solidaria, implica pensar en la construcción de una Cultura de la Solidaridad la cual se concatena al desarrollo de una Cultura de la vida, es decir, significa despertar en el ser humano una preocupación de todos los miembros de una sociedad para aquellos que, en definitiva, no gozan de su bienestar ni participan en sus decisiones. Esta determinación tiene como zócalo de sustento la Opción Preferencial por los pobres, la cual se transforma en una exigencia ética, “constituye un rasgo original de la revelación cristiana. Se funda en razones teológicas (permanentes), y no sólo en condiciones sociológicas (mudables). La opción por los pobres es un imperativo evangélico antes que una exigencia histórica”.19

1.2.

La Educación como un sistema de integración, calidad y equidad

Este segundo estadio de comprensión, intento acotarlo a la combinación y complementación de la trilogía conceptual formada por la integración, la calidad y la equidad como elementos necesarios y obligatorios de todo proceso educativo, ya sea formal como informal. La calidad y la equidad que orientan la educación, sólo se logran gracias a la acción e Integración paulatina de cada una de las dimensiones que contempla cada
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El concepto de Solidaridad ocupa un lugar privilegiado en el pensamiento de Juan Pablo II, especialmente en sus Encíclicas sociales Laborem Exercens N°8, Sollicitudo Reis Socialis N°21, 23, 26, 33, 38, 39, 40, 46; y Centesimus Annus N°10, 49, 57. También en los documentos del Episcopado Latinoamericano el tema es recurrente: Documento de Medellín N°2, 10, 11, 21; Documento de Puebla N°327; Documento de Santo Domingo N°6, 32, 52, 159, 169, 195, 271, 296. 19 MIFSUD, Tony, “La cultura de la solidaridad como proyecto ético”, en: Seminario Moral de discernimiento: Hacia una construcción ética de un mundo más humano, Universidad Alberto Hurtado, 1999.

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concepto, es decir, la búsqueda de la máxima expresión de cada uno lleva a la elaboración de un sistema de beneficios que van dirigidos a la búsqueda del bien individual y colectivo. Junto con entender que la calidad es la optimización de algún objeto o necesidad, ella requiere para su implementación un conjunto de variables básicas para lograr el desarrollo integral del objeto requerido. La calidad entendida de esta manera, reduce su comprensión a una mera perspectiva cuantitativa, hecho que significa dejar de lado toda la dimensión cualitativa; esta última opción integra la verdadera comprensión de lo que significa tener una educación de calidad, en donde ésta se entiende como la posibilidad de alcanzar el total desarrollo de los niños y jóvenes que se educan. Sin embargo, lograr este desafío implica poner al servicio de la comunidad todo el conjunto de voluntades, ya sea políticas, económicas, sociales y culturales, pertinentes para elevar la calidad de la educación, acción que se verá expresada en la búsqueda del mejoramiento en la calidad de vida de cada individuo que conforma la sociedad. Una calidad en la educación sólo es compatible con la creación de ambientes académicos y sociales integrados, a través del empleo más eficiente de los recursos, destinados al desarrollo de relaciones sociales que prepare a los individuos para vivir en el seno de sus sociedades. Al entender la calidad como un elemento de connotaciones cualitativas más que cuantitativas, su aplicación se ve fortalecida junto al desarrollo del concepto de equidad20, el cual se hace concreto a través de las acciones y procesos diferenciales destinados para lograr igualdad y oportunidades para todos. La no confirmación de esta premisa se hace evidente con claridad cuando, a pesar de los esfuerzos de la mayoría de las familias para que sus hijos permanezcan varios años en la educación, muchos niños independiente del tiempo que hayan permanecido en ella salen, sin estar dotados de habilidades culturales básicas para continuar su vida en una sociedad compleja como la actual. Es comprensible que la equidad sólo se logra en la medida que las oportunidades se encuentren al alcance de todos, sin embrago, gracias a la época de transformaciones muy radicales, de gran velocidad e incertidumbre, producto de la globalización que vivimos, son el resultado del avance científico y tecnológico, y el logro de una equidad para todos se convierten en utopías o deseos a muy largo plazo.
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Es interesante no reducir la comprensión del concepto de Equidad como sinónimo de Igualdad, sino que se enriquece cuando la entendemos como la propensión que nos inclina a juzgar o a fallar siguiendo los impulsos de la conciencia y del deber, más bien que atendiendo el rigor de la justicia o de la ley, cf., Enciclopedia Sopena, 1996.

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No obstante dentro del desarrollo de la equidad, hay elementos que no siempre suelen ser mencionados, tal es el caso de: el entorno y clima afectivo familiar, el tiempo de apoyo escolar que los padres le dedican a sus hijos, la alimentación, los espacios de esparcimiento domiciliarios y comunitarios, los ingresos familiares, etc. todos estos son elementos que también interactúan a la hora de hablar y de ejercer la equidad como una expresión de igualdad y de oportunidades para todos dentro de una educación integral21. El principio de integración en la educación, contempla una realidad poco abordada por nuestra conciencia colectiva, la cual “se sustenta en el derecho que tiene toda persona con discapacidad22 a desarrollarse en la sociedad si ser discriminada”23, ella (la integración) es un proceso continuo y dinámico, que posibilita a las personas con necesidades educativas especiales a participar en las distintas etapas del que hacer social, escolar, y laboral, asistidas con recursos y apoyos especializados en los casos que sea necesario. Las acciones que requiere todo proceso de integración, comienzan por la toma de conciencia que existen personas distintas a cada uno de nosotros, las cuales tienen y poseen los mismos derechos de cualquier persona. Con esto ratificamos que todos tenemos las mismas oportunidades para alcanzar la plena realización personal, moral, profesional o espiritual. Sin embargo, dicho propósito sólo se logrará en la medida que la educación sea un instrumento que se desarrolle bajo los parámetros de igualdad de oportunidades en forma equitativa y que estas sean de la misma calidad para todos. El sentido de integración sobrepasa las barreras de la educación formal y se introduce dentro de lo que podríamos denominar la educación genérica, la cual escapa a las concepciones e ideologías particulares de formación y se basa en los mínimos comunes éticos que conforman las sociedades.

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La equidad educativa no se limita solamente al acceso universal a los servicios, sino que requiere de una atención diferenciada que responda a la variedad de necesidades que presentan cotidianamente los alumnos. En ese sentido ha sido de favorable impacto la ejecución de políticas compensatorias que dirigen la asignación de recursos y esfuerzos pedagógicos a los sectores de la población más desfavorecidos. También resulta imperioso extender estas políticas de equidad hacia la educación superior, de modo de garantizar a estos segmentos sociales el acceso, permanencia y conclusión exitosa de sus estudios, cf., Calidad de la Educación: Desarrollo e integración ante el reto de la Globalización, en: IX Conferencia Iberoamericana de Educación, La Habana, Cuba, Julio, 1999. 22 Para nuestro ensayo, entenderé como discapacitados no tan sólo a las personas con problemas o falencias físicas y/o sicológicas, sino que también incluyo a todos los niños que por falta de oportunidades se ven imposibilitados de realizar un proceso educativo formal de manera normal. 23 cf., Proyectos de integración escolar orientaciones 2000, Mineduc, División de Educación General, Abril 2000, pág.4.

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El ejercicio de la integración constituye la asimilación de la valiosa experiencia cultural y social de los otros que se encuentran al margen de los sistemas políticos, económicos, sociales y culturales. La propuesta de una educación que desarrolle la integración es una apuesta al futuro, la cual asegura la incrementación de las ganancias no monetarias, en pos de la construcción de un nuevo ciudadano, en donde los prejuicios adquiridos ya sea por tradición o por ignorancia caen al suelo gracias a la acción de mirar a la persona humana con nuevos ojos y con amplitud de criterios. La apuesta al futuro requiere de la aplicación de una educación equitativa y de calidad que desarrolle la creatividad y la innovación para participar en los cambios continuos del mundo moderno, que conduzca a los estudiantes por la senda del aprendizaje a lo largo de la vida, que forme personas solidarias, justas, consecuentes y activas en lo que respecta a su responsabilidad con el medio ambiente y conscientes de sus derechos y el de los demás.

1.3.

La Educación como piedra angular en el desarrollo

La educación y el desarrollo conforman un binomio indisoluble a la hora de reflexionar acerca del rol educativo que ésta realiza al interior de toda sociedad humana. El desarrollo para que sea efectivo, debe plasmar todas las dimensiones de la vida de la comunidad, es decir, ella debe expresarse de manera concreta en lo económico, político, social y cultural de cada sociedad. Todo desarrollo de la sociedad pasa por la dignificación de todos sus miembros en la medida que se hace frente a sus necesidades reales, para cumplir dicho imperativo es necesario que toda cultura asuma una significación del otro como un sujeto que tiene derechos inalienables al interior de toda sociedad. Es evidente que para que exista desarrollo, debe haber crecimiento económico, es obvio que un país que no obtenga un crecimiento sostenido es difícil que llegue a obtener un desarrollo adecuado para sus ciudadanos. No obstante, el crecimiento económico no se produce por arte de magia, sino que al contrario, él se debe exclusivamente a la buena y óptima utilización de los recursos generados y de las políticas sociales adecuadas que vayan dirigidas a la búsqueda del bien común.

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Sin embargo, la aplicación adecuada de los recursos requiere de la imperativa combinación de los factores estructurales fiscales, tributarios y educacionales, sólo por nombrar algunos. Tal como dicen algunos autores: “la inversión en educación es una manera de dinamizar la economía, porque eleva el nivel de vida de la población al tener acceso a empleos bien remunerados, optimiza la productividad de las empresas con trabajadores mejor preparados para trabajar en ellas, generando así perspectivas para satisfacer necesidades básicas con el consecuente aumento de consumo”24. Como se ha dicho anteriormente la pobreza no es sólo un problema económico, sino que al contrario su radio de acción es operable a toda la dimensión humana, por lo tanto una de las maneras para combatir la pobreza pasa por la inversión en educación, y más aún la inversión en capital humano pero también la inversión en el desarrollo científico, el cual fomenta la innovación, la creación y la inquietud por acelerar el progreso25 en la medida que se especializa e incorpora a sus funciones, los resultados obtenidos por la investigación26; por ejemplo a través de la optimización de la explotación racional de los recursos naturales propios y de cada región; la aplicación de los conocimientos tecnológicos que podrían crear nuevas fuentes de trabajo, etc. No debemos perder de vista que el desarrollo no es sólo una connotación económica, sino que además presenta una fuerte implicancia socio-cultural, en donde la dimensión humana no puede y no debe perder el centro de la reflexión, hecho que en no pocas ocasiones ocurre al interior de los procesos de modernización en los cuales todo el mundo se encuentra encaminado. El desarrollo socio-cultural implica tener presente que todo cambio se dirige a la vinculación entre lo económico y social, éstos elementos no pueden disociarse, sino que deben integrarse y complementarse dentro de la dinámica de crecimiento, características que van afectando al ethos cultural de toda sociedad, en donde la educación juega un rol de suma importancia a la hora de elaborar derroteros de acción hacia la reflexión de los cambios valóricos producidos por la modernización en su afán de conectar al mundo convirtiéndolo en la aldea global

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LAZZARO, Luis, ”Educación para la integración y el Desarrollo”, en: Filosofía, Educación y Cultura, Usach, vol. N°1, 1996, pág. 120. 25 El auténtico progreso se entiende como un desarrollo integral del paso de unas condiciones ”menos humanas” a unas condiciones “más humanas”; es decir, el auténtico desarrollo no se mide tan sólo ni de manera privilegiada por la cantidad, sino muy especialmente por la calidad; y esto significa el deber de solidaridad, de justicia social y de caridad universal internacional, cf., MIFSUD, Tony, Propuestas éticas hacia el siglo XXI, Edit. San Pablo, Santiago, 1993. 26 FUENTEALBA, Luis, “Reflexiones sobre sociología de la educación”, Usach, Diciembre de 1997.

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El ethos cultural de toda sociedad se encuentra sometida a los vaivenes de la modernidad en curso, sin embargo el pie de anclaje de toda comunidad no debe cerrarse a los nuevos cambios producidos por el avance tecnológico y por el acceso generalizado a la información, sino que debe enmarcarse dentro de la flexibilidad de toda acción, es decir, poder desarrollar la capacidad de cambio y de adaptación frente a los nuevos escenarios que presenta el avance científico-técnico, especialmente a través del campo de la informática aplicada a todas las dimensiones de la vida. Bajo este diagnóstico se presenta que la estructura valórica que sostiene la comunidad se encuentra frente a la vorágine de la modernidad, no obstante la aplicación, planificación y orientación de la educación, serán capitales a la hora de elevar situaciones propositivas al problema, en cuanto a respaldar y defender el aspecto cultural de cada sociedad. Es también cierto que por influencia de la modernidad, los sistemas educacionales están cada vez más orientados hacia la pronta participación del joven en la vida laboral, lo que sería altamente positivo si no fuera por la falta de equidad que se observa en sus contenidos, en la relación inarmónica entre los intereses inmateriales y la satisfacción de las necesidades impuestas por la modernidad, sin ser imprescindibles para la normal convivencia de las personas. Dentro de los aspectos que no pueden dejarse de mencionar al interior de la modernidad, es aquel que comprende al desarrollo aplicado en el campo de la tecnología de la información, acción que para autores como Castells27 recibe el nombre de Revolución, situación que es impulsada por el desarrollo acelerado de la tecnología informática, conmoción que afecta en mayor o menor grado a todas las naciones que luchan por salir del subdesarrollo, acción que se ve reflejada en la profundidad de las desigualdades sociales y en el retraso de su crecimiento. Sin embargo, la modernidad también presenta su doble estándar al descubrir tanto sus aspectos positivos como negativos; dentro de sus aspectos positivos podemos considerar, que el desarrollo se hace deseable sólo si se realiza de manera organizada y coordinada; y expresa su aspecto negativo, cuando la influencia de los aspectos materiales de la actual conformación de los valores que predominan en nuestro medio, se orientan a proyectar a la persona principalmente hacia el esfuerzo en el trabajo y a la pretensión de mayores utilidades. A modo de corolario, es importante destacar el carácter multidimensional del desarrollo28, en donde el respeto basado en la valoración y en la promoción de los derechos humanos, personales y sociales, económicos y políticos, incluido los
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CASTELLS, Manuel, “La era de la Información. Economía, Sociedad y Cultura”, Vol. I: La sociedad red, Edit. Siglo XXI, México. Capítulos 1 y 2, 1998. 28 Cf., MM N°73,74; PP N°14, 21, 44, 73; OA N°41; SRS N°27, 29, 32, 34.

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derechos de las naciones y de los pueblos (derechos de solidaridad), son los elementos primordiales de todo proceso que aspire a denominarse de desarrollo.

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