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Universidad Central de Venezuela Facultad de Humanidades y Educación Escuela de Letras.

Semestre 2-2011 Seminario de lectura de imágenes: Memoria e imagen en la poesía de Anna Ajmátova. Valentina Mendoza Q.

Ajmátova primaria Me gustaría comenzar diciendo que en lo posible he tratado de escribir esta entrega sin sentirme demasiado influenciada por las dos sesiones que hemos tenido o por los comentarios enviados. Como fue pedido en principio, lo que escribo a continuación es y pertenece, de alguna u otra manera, a una lectura previa a nuestros encuentros, a un sentimiento y una conexión con la poesía de Ajmátova que se mantiene “limpia” y primaria. Debo decir que desde un principio me resultó muy grata la aproximación a los poemas de Ajmátova. Inquietante, afortunadamente, pero grata. Puedo escoger y seleccionar varios que me llamaron la atención de

He suspendido. otros agitaron algunos hormigueros (oscuros laberintos de los que poco sabemos –algunos hasta falsos. otros encendieron imágenes con olor y tacto. otros me conmovieron. la lectura de cualquier otra cosa pues me resulta infructífera a menos . Desde hace semanas me hallo de alguna manera presa de su poesía y mis lecturas opacadas por el remanente de su voz. espejismos que se inventan las hormigas para despistar a los depredadores). como el eco que se expande y que se repite después de cada campanada sobre la fachada de la iglesia o después de recibir el agua el guijarro. que incluso antes de culminar la lectura de los poemarios. en la medida de lo posible. Algunos porque halaron los cordones de ciertas campanas.inmediato. otra voz se me llenó de ecos como en un trance de posesión fantasmal: la de Ida Gramcko y su “casi bárbaro hacer” del poeta. Varias imágenes se han quedado resonando en mi cabeza. Pero debo confesar.

Me resulta curiosa la presencia casi omnipresente de la ausencia de algo o alguien. Sus poemas amorosos llenos de un dolor contenido y que se amarra a sí mismo y los poemas sobre . En la poesía de Ajmátova siento una fuerte presencia del pasado. por eso pospuse este escrito.que sea acompañada por una voz que no sea la mía. pero funcionó y vuelvo a ir la voz de la rusa que tan gentilmente me repite lo que en esa primera lectura me regaló. pues ya no era capaz de escuchar a Ajmátova. La solución fue entonces suspender la lectura de Gramcko hasta poder tener un encuentro más frontal con la poesía de Ajmátova y funcionó. La añoranza por lo pasado y lo no pasado. del recuerdo. La memoria es un motivo constante. Su poesía se confunde con la que llevo yo misma dentro y no logro reconocer cuál voz es de quién. esos no encuentros y los besos no dados. Tarde.

el aroma dulce de los tilos. corazón. una fusta y un guante. Sabes. Tuve ciertos problemas para escoger un sólo poema sobre el que hablar porque pude relacionarme con los ecos de muchos versos. débil. Esta vida es bella.. sin embargo. A pesar de esto. Escucho un susurro.. lates bajito... alegre y radiante será la mañana.la poesía que a veces son reclamo me resultaron hermosísimos. Estás exhausto. Mañana. yo leí .. El círculo amarillo de la lámpara. no con muchos poemas en su totalidad. ya en la primera lectura me impactó gravemente (pues la imagen se ha quedado en mi cabeza desde entonces) uno de los primeros poemas de la Antología I: De La tarde (1921) La puerta entreabierta. sé sabio. olvidados.. ¿Por qué te fuiste? No comprendo... Sobre la mesa.

El tono del poema se me hace completamente melancólico. por el extrañar algo o a alguien. Así como la ausencia y el recordar a un amado o a alguien que se ha ido. de cuatro estrofas. pero hay una resignación. cada una compuesta por cuatro versos. Hay una profunda tristeza cansada por una ausencia. o sus temas. la sensación de abandono sin que haya necesariamente un reclamo por ello sino una aceptación resignada. Este poema escrito en verso. . una especie de abandono. una aceptación casi amorosa de ese dolor y una esperanza cariñosa y suave hacia el propio corazón. probablemente el amado). El tema del recuerdo y la memoria (como además indica el nombre del curso) es recurrente y constante en los poemas de Ajmátova. mencionan el recuerdo y la ausencia (de una persona. carece de rima (al menos en su interpretación en español) y su tema.que las almas no mueren.

de posibilidades precisamente. el dolor es más agresivo. vívida. desgarrador. claro.Al leer la selección de las dos antologías que hasta ahora manejamos. que tiene cierta tranquilidad porque ha sido aceptado. pero que se queda detrás del rostro. que no grita en la voz del poeta. En otros poemas el tono es otro. siento que hay motivos (y temas) que en la obra de Ajmátova se repiten y se reinventan: las puertas entreabiertas. la lámpara o vela y su luz amarillenta y esa melancolía (o tal vez más bien nostalgia) de un dolor calmo. En este poema percibo una proliferación de imágenes “henchida” (como con Ida Gramcko). cruel. casi con honor. capaz de sacudir el alma. los aromas. de cierto descuido y dejo en . los círculos de luz. abundante: “La puerta entreabierta” como entrada al poema me asoma la posibilidad de cosas inconclusas. más colérico y que lucha por un reconocimiento..

En el poema 1 de Cinque se repite la imagen de la puerta entreabierta. en el humo de las 4 de la tarde de costumbres que jamás he practicado pero que parezco recordar. Ajmátova o la voz poética no se atreven a zumbar.” Esta imagen me hace pensar de nuevo en un desenfado. siguiendo lo que menciono antes de una ./ no soy capaz de zumbar. olvidados. una fusta y un guante. un irse calmo. . actos realizados sin furia. con desgano inclusive. sin furia ni llanto: “Y esa puerta que entreabriste. Un solo guante se queda en la mesa. “Sobre la mesa. el otro ¿permanece en la mano o no fue olvidado? La fusta sobre la mesa me hace pensar en el reposo de lo vigoroso del caballo. que ha sido dejada así por alguien más y que ella.” “El aroma dulce de los tilos” me hizo pensar en grandes casas con salones asiáticos y tradiciones ancestrales.actuar.

“El círculo amarillo de la lámpara. pero que lleva por dentro la fuerza del potro cabrío. de reflejo es más fuerte entre las cuatro y seis de la tarde cuando ya se ha tomado el té (en el Caribe el café) y queda un silencio aletargado en la casa ... Escucho un susurro.actitud calmada. de La Habana y de Santiago: Casonas enormes con rincones infinitos para una pequeña niña curiosa. llena de olores a olvido y con un incesante ser recuerdo y en el recuerdo. la reproducción presente del pasado.. ¿Por qué te fuiste? No comprendo. Ese círculo de luz. Ese círculo color óxido que cae en la mesa trajo a mi mente de manera inmediata imágenes de Cuba.” El círculo amarillo de la lámpara me recuerda a las manchas de óxido en los manteles bordados de esas grandes casas de las abuelas en las que los nietos corren y juegan escondidos tratando de no romper los tesoros de otras épocas..

En otros poemas Ajmátova habla sobre una luz que es amarilla como el círculo de la lámpara de este poema: En “Canción del último encuentro” los dos últimos versos dicen “Sólo en la alcoba ardían las velas/ indiferentes y amarillas” de nuevo la luz es una especie de reflejo.pues las abuelas se han sentado en la hermosa mecedora a recordar sus años de juventud. no es más que testigo. ¡es el crepúsculo! (¡claro!). que no presta a tención a quien alumbra. . Nuevamente la luz amarilla del sol. dice: “La memoria del sol decae en el corazón.. No es día ni noche. no hay luz ni oscuridad sino una especie de niebla de ese in between en el que vemos incluso menos que en la oscuridad de la noche. En una sola noche podría llegar/ el invierno.. el poema 9 en la página 5. También en La Tarde. cuando la luz pierde momentáneamente memoria (¿o la perdemos nosotros sobre cómo ver?) y hay menos visibilidad./ ¿Qué es esto? ¿La oscuridad?/ ¡Puede ser!.

en su agitación. pero que añora: “Pero en algún lado hay una vida simple y una luz/ transparente. alegre…” Una luz con memoria. En cambio.En “El sótano de la memoria” de La Caña el tema de la memoria es el principal y también se ve una luz amarilla. un círculo de luz amarillenta que hace temblar a la realidad. una linterna. sin reconocer el camino de regreso. Ajmátova habla de una luz distinta que no conoce. advierte del peligro pero igual irrumpe y viola los secretos de la oscuridad. en pleno día y que no quema. en el poema 31 de la página 17. que no se agita enloquecida ni es indiferente sino que es acogedora y alegre. cálida. su contraparte. que no está. corriendo el riesgo de incendiar todo el lugar o dejarnos allí a ciegas. . La memoria como un sótano que está a oscuras y al que sólo podemos iluminar con la luz de una vela cuya cera nos quema la mano y que agita rebelde su llama. La luz.

. “¿Por qué te fuiste?/ No lo comprendo…” Casi con un asomo de locura. no hay desesperación.“Escucho un susurro. ensimismada (¿quizá ella tiene entre sus manos el guante que falta en la mesa?) y la engaña el silbido del viento que se cuela por esa puerta entreabierta. . desolada. es una pregunta calmada./ ¿Por qué te fuiste?/ No comprendo. “Mañana.” Una mujer sentada sola en una habitación. está en transición. Ella es y no es. Esta vida es bella. cuando no es de día ni de noche (ese in between). Está y se siente sola. melancólica. por ese ligero peso que adquieren las tardes. ella es esa niebla del crepúsculo que está buscando y esperando algo. ella es el círculo amarillo de la lámpara en el piso o la mesa: un reflejo envejecido de una luz a esa hora del atardecer en el que se dificulta la visión. alegre y radiante será la mañana..

las almas se quedan en algún lugar. en los aromas y los susurros.. el corazón parece querer ir en retroceso y volver a ese punto en que su latido se hizo débil.corazón. que no desfallezca. Esta mujer (Ajmátova) le pide al corazón que sea sabio.” La esperanza es lo último que se pierde (como escribió Kazantzakis. yo leí que las almas no mueren. débil. Pero las almas no mueren aunque se queden atrás. Sabes. fue La última tentación de Cristo). El tun tún lento y bajito del moribundo que está cansado de la misma pregunta sin respuesta es como el lento de las últimas gotas de un jarrón de perfume.. un acabarse de algo. sé sabio. en . que sea sabio pues quedan aun cosas hermosas en la vida. Estás exhausto. atrapadas en los círculos amarillos de las lámparas. pues habrá un mañana. lates bajito.

esa imagen. **** Sobre las imágenes Mi obsesión sesgada por el Área 3 me inclina siempre hacia todo aquello que implique una imagen... pero en este caso (y como me sucedió en otros de esta autora) se fue reproduciendo una secuencia de imágenes casi secuencial. Y como menciono anteriormente comentando el poema de Ajmátova. Pero no mueren. como de película de 8mm. en la que una imagen saltaba detrás de la otra y . permanecen siempre y se reinventan. Pocas o raras veces los poemas resultan narrativos. quizá en otros corazones.los guantes. sus imágenes se entrelazan con las mías. de una mujer sentada en una habitación y que es engañada por el silbido del viento. las de mi propia poesía y mi memoria y por eso puedo o logro construir (quizá yo no haga nada y sea todo obra de los versos de Ajmátova) esa fotografía. aunque no me considere ni cerca de ser una lectora de imágenes.

Al final del poema me queda entonces una manta.me fue posible presenciar la “construcción” en mí de una corta historia. Palabras que quieren decir algo. Ese pañuelo es una especie de “interpretación” del poema en mí. que puedo guardar en un bolsillo y cuyos hilos puedo ver y reconstruir cada vez que quiera. o un pañuelo casi siempre. un vestido (recuerdo a Hanni Ossott). de imágenes mías mezcladas y salpicadas por las del poema (o viceversa) crean siempre la posibilidad de algo más que imágenes: palabras. las del poema y las mías que surgen bajo cada fotografía para formar patrones de colores o algunas veces transparentes. un juntarse de las imágenes con las palabras. Este salto de una imagen tras otra. no una explicación objetiva de cada verso sino precisamente un tejido. conectando finalmente como en un tejido los saltos y vacíos que quedan entre las imágenes. una bufanda. que traducen. es decir. .

quiere decir “Lo no dicho”). en una colina. esas fotografías (las imágenes) llevan siempre un sentimiento. de los carritos callejeros de pizza y del frío del viento que sopla desde varadero en la madrugada. en el pasado. Y es cierto. no guardado sino en el olvido.Esos patrones. la sensación que el olor y el sabor de ese postre logran construir es el recuerdo de mi abuelo. La Habana para mí tiene tres olores: El de mi bisabuela. Pero el recuerdo de una casona que visité. que me recordó a las casas envejecidas de la Habana donde siempre hay por lo menos una abuela. Así sucede con el círculo amarillo de la lámpara. según una clase del seminario de Pushkin. el corazón está cansado y se quiere . es el de olor a envejecido. El olor de las orquídeas para mí es amor y el corazón bajito y débil es para mí la sensación que queda después de llorar mucho. una sensación. en la nostalgia. Hace unos meses anotaba en un cuaderno de notas: “Mi abuelo está/ en el sabor del pudín de fresa” (muy cerca por cierto de la palabra “Nevyskazanost” que.

debe alguna sensación. le queda la esperanza y una promesa de un mañana alegre y radiante.detener a recobrar fuerzas. por ende. un martillo capaz de romper los témpanos de hielo que llevemos por dentro. Cuando algo se rompe en nosotros. despertar si es verdaderamente imagen. pero el pobre no puede (como en el poema de Ajmátova). alguna emoción. si una imagen es poderosa. . como dijo Kafka. Las imágenes deben ser. lo sentimos.