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Una causa, una pausa

Como muchas otras, ésta es una historia que puede comenzar a narrarse desde el final. Un final provisorio, porque la historia de Cocho sigue, pero al menos ha de ser el final de una parte importante en la historia de un hombre que descubrió el chamanismo y el poder de las plantas sagradas.
los componentes químicos que tienen las plantas, pero no las plantas en sí mismas”, explica, y advierte que ése es el eje de la discusión que justamente se enfrenta en su trabajo. Esa fue la posición del juez, quien el mes pasado dictaminó que una planta “en estado natural” no puede ser considerada un estupefaciente, en la medida en que no se realicen los procesos químicos necesarios para la extracción de sustancias prohibidas por la ley 23.737. “Lo que para uno puede ser alucinógeno, para otro es algo tan sagrado como ir a la misa o comulgar. Lo que hay es una gran ignorancia acerca de que estas plantas están en vinculación con la Humanidad desde hace más de 5.000 años”, reflexiona. Antes de llegar a ese veredicto, Cocho tuvo que vivir una serie de situaciones inmerecidas e irreparables, a pesar de haber advertido a la justicia sobre su actividad comercial (su tienda virtual está en www.cahuinadencul.net). Finalmente, en marzo de 2009, recibió un allanamiento en el que fueron secuestradas gran parte de las plantas que él cuidaba desde hacía ya 15 años. Muchos de esos especímenes, sumamente frágiles y exóticos, enfermaron y murieron en una diminuta habitación ubicada en la sede local de la Policía Federal durante los últimos 2 años, aunque Cocho obtuvo un permiso judicial para ir a cuidarlas durante la duración del proceso: “las plantas estaban todas amontonadas como si las hubiesen tirado una encima de la otra. Y bueno, pusimos un sistema de iluminación artificial y yo iba cada tanto a regarlas, pero de todas maneras no fue suficiente”. Cocho perdió plantas que tardan 15 años en crecer 10 centímetros. “Cada planta tiene un fundamento de por qué está en la tienda”, y ése es el verdadero inicio del relato de Cocho, cuando empezó a rastrear ese camino que encontró en la tierra, en las plantas y cambió su vida para siempre. “Tenía como una sed de búsqueda”, me cuenta, y empezó por el lado de la antropología. Pero eso no llenó sus expectativas y decidió seguir viaje. Recorrió Latinoamérica, conoció otras costumbres, otros modos de vida, hasta que encontró un guía, un chamán que lo invitó a una ceremonia milenaria: “al ser yo tan estructurado, tenía esa visión racional del científico en la que todo tiene que ser medido, calculado, si no hay pruebas tangibles no existe. Y de repente me encontré con una experiencia en la cual todos los límites de la realidad se pierden y todo lo que yo creía se me vino abajo de un momento al otro”. La experiencia que vivió en Bolivia lo llevó a un camino de años de investigación sobre las plantas sagradas. La información era escasa y mayormente aparecía en sitios de Europa u otras partes del mundo. Pero pronto empezó a conocer más sobre el tema y a conseguir ciertas especies, porque además descubrió que

Lo que terminó, en realidad, fue la causa judicial que había sido iniciada en Olavarría contra Javier “Cocho” Pérez hace 2 años, tras el allanamiento a su vivero en el que cultiva cientos de plantas sagradas y exóticas, acusado de ser “el líder de una banda internacional de tráfico de efedrina”. Pero más allá del intento de generar impactos mediáticos, no había ningún elemento que alcanzara siquiera para sospechar que eso pudiera ser verdad. Así que fui tras él, para que me cuente la misma historia desde su lado, desde su óptica. Porque la manera de ver las cosas puede ser muy distinta según donde estemos parados, según lo que hayamos vivido y, sin dudas, las vivencias de Cocho hacen que su mirada de este hecho tenga un criterio especial. No es la primera vez que intento contactarlo con la idea de conocer un poco más de su mundo. En la primera oportunidad, viajó a “la parte más profunda del Amazonas”, lo cual no hizo más que intensificar mi curiosidad por escuchar esas historias. Ahora, el fin de la causa judicial a favor de Cocho es la excusa para volver a buscarlo, y desde ahí reconstruir su historia. “En la legislación argentina, con el tema de drogas, hay como un vacío legal. Entonces lo que está penalizado son

Sanación Solidaria
Hace algunos años, en uno de sus viajes, Cocho aprendió los secretos de la ceremonia ancestral de sanación conocida como Temazcal. Viene de las culturas nativas de México y Estados Unidos, y se lleva a cabo dentro de un pequeño iglú de barro al que ingresan los participantes. Una vez allí, se vierten infusiones de agua con plantas sobre piedras volcánicas calientes, y el vapor actúa como un purificador de las toxinas del cuerpo, tanto a través de la piel como en cada respiración. A su vez, todo el ritual genera una conexión con la tierra, con su historia y con nuestros antepasados. Cocho me explica que en esta ceremonia se representa “el vientre de la madre tierra”, es como volver allí, al lugar de dónde venimos, para llegar a un estado de renacimiento y sanación de nuestro cuerpo, mente y alma. Desde que conoció esta ceremonia en uno de sus viajes, Cocho comenzó a realizarla aquí en Olavarría, donde construyó la estructura y preparó todo lo necesario. Enseguida me aclara que esto “va por el mismo lado”, pero no es parte de su trabajo. En sus viajes no solo se impregnó de saberes culturales, sino que también fue viendo realidades y asumiendo compromisos: “no podes ser ajeno a lo que están viviendo los grupos nativos en cualquier parte del mundo. La realidad es que son marginales, o sea que no tienen recursos ni para la comida, ni para el agua, ni para ir a la escuela”. Me cuenta que en la comunidad San Francisco de los Shipibos hay un comedor comunitario para 120 chicos que no cuenta con acceso directo al

agua, y deben acarrear 200 litros diarios en baldes desde 400 metros de distancia. Por esta razón es que destina todo lo recaudado en los “temascales” y un porcentaje de las ganancias de su tienda para construir un pozo dentro de la

comunidad. Cocho quiere devolver algo de todo lo que aprendió a partir de su trabajo con las plantas sagradas, y quienes participan del temazcal también ayudan: “hacemos esta ceremonia, los sanamos y de paso la gente colabora”.

“muchas plantas sagradas están mezcladas entre nosotros, si bien algunas están en medio de la selva, otras las podemos encontrar en los jardines de la ciudad, desde muchos cactus y enredaderas hasta una Pasionaria, que es una planta medicinal”. Fue así que nació la primera versión de su tienda en internet. Una página sencilla con solo algunas semillas a la venta, y al poco tiempo comenzaron a surgir los interesados. Con el tiempo siguió viajando en busca de esos “conocimientos ancestrales” y entró en contacto con comunidades de Matses, Shipibos y Huicholes. Encontró enseñanzas espirituales e incorporó saberes que el mundo académico no pudo brindarle, y una cosa fue llevando a la otra: “seguí investigando y buscando especies, empecé a hacer intercambios de semillas con gente de distintos países o comprándole a distintas comunidades y a los 2 ó 3 años estaba funcionando a pleno con más de 200 productos a la venta”. Cuando volvemos al presente, luego de escuchar muchas de sus historias de la selva, de los rituales, de los cantos a los dioses y de cómo comenzó a vincularse con el cultivo de lo sagrado, recuerdo cómo fue avasallado por la ignorancia y la limitada visión occidental. Pero a Cocho parece no importarle tanto como a mí. Ahora busca un impasse, tanto de su trabajo como de sus viajes. Piensa reducir su tienda a un menor número de productos y descansar un tiempo de sus par-

tidas, que en los últimos 5 años fueron muchas e implicaron un gran sacrificio económico y emocional, principalmente por alejarse de su pequeña hija, Selva. Sin embargo, se siente orgulloso de todo lo aprendido y confiesa que “conocer el mundo de las plantas sagradas directamente desde la fuente y vivir esas experiencias es algo único”.´ Enseguida se entusiasma y me cuenta de rituales que aun quiere vivir y sueños por cumplir en el desierto junto a sus compañeros de ruta. Entonces me doy cuenta que solo es cuestión de tiempo, una pequeña pausa antes de continuar el camino que hace tiempo eligió. Pablo Ayala

El camino de las plantas
Uno de los sueños más impetuosos que tenía Cocho era conocer la peregrinación del pueblo Huichol, caminando 300 km a través del desierto en busca del peyote. “Lo veía en las revistas de la National Geographic y quería estar ahí”, confiesa, a pesar de asegurarme que su viaje fue por otro motivo. Cuando pisó tierras mexicanas preguntó por los Huicholes y distintas personas lo desanimaron, le dijeron que era gente cerrada, que ni se moleste en intentar encontrarlos. Lejos de oír los consejos, prefirió hacer caso a su llamado interno y fue en busca de la comunidad. A partir de allí Cocho percibió que todo se daba mágicamente. Al encontrar a los wirrarikas (porque así se llaman a sí mismos), conoció a su chamán y resultó ser aquel que en su revista extranjera figuraba como “El último chamán de la medicina”, uno de los últimos hombres que conservan la sabiduría ancestral de las plantas y el espíritu, Matsewa Marakame. Parece ser que Cocho le cayó bien a Matsewa, y pudo participar de la ceremonia junto a otras 7 personas que no formaban parte de la comunidad. Javier lo recuerda y se transporta: “estar en una ceremonia que se hace desde hace miles de años, donde el chamán se comunica con los dioses y le canta al fuego, le canta al sol, le canta a las estrellas, al viento, para mí fue estar en la punta de la ola”. Esa noche, Matsewa le puso una condición si quería seguir el camino de las plantas y conocer de su cultura: “tenés que venir acá durante 5 años seguidos”. De las 8 personas que hicieron la ceremonia ese día, solamente 2 cumplieron el pacto. Cocho fue uno de ellos. A pesar de la intensa experiencia, asegura que “solo con estar ahí te das cuenta que jamás un hombre blanco va a poder llegar a ser chamán”. Eso lo tiene claro: “en estos 5 años, apenas hice una especie de jardín de infantes de ese camino espiritual”. El último de los grandes chamanes de América, lleva ya 30 años de estos compromisos.

Los cambios en la sociedad se ven en todas las prácticas humanas y los tatuajes son parte de ellas. En Olavarría los jóvenes son los que más se tatúan y piensan que es una forma de manifestar sus emociones. Pasan los diseños de moda, pero el tatuaje siempre está.
Pueden ser en color, en blanco y negro, pequeños, grandes y estar ubicados en cualquier parte del cuerpo, los tatuajes son en la actualidad muy comunes y buena parte de la población ya se hizo al menos uno. Las diferentes significaciones que fueron adquiriendo los tatuajes a nivel global son muy distintas. En las culturas milenarias significaban el paso de la niñez a la adultez o convertirse en el patriarca o matriarca según cada particularidad. Sin embargo, con el paso del tiempo, como toda práctica, se fue modificando y, de acuerdo al contexto, tiene un peso simbólico distinto. En nuestros tiempos, y como parte de la sociedad occidental, los tatuajes se constituyen como una forma de expresión que tiene un valor particular para cada uno de los que se los hace. Olavarría no es la excepción y sus ciudadanos ya aceptan, con ciertos reparos, esta práctica que no hace muchos años era considerada socialmente vinculada a las drogas y a lo delictivo. En nuestra ciudad hay varios locales que realizan tatuajes, y uno de ellos es ModificArte, Tattoo Studio. La vidriera está plagada de fotos con los trabajos más complejos que realizó. En el interior hay algunas otras, una computadora en la que se reproduce música rock de otra época, espejos, utensilios característicos y un cliente que aguarda estoicamente que le terminen el tatuaje. Estas son, entre otras, las características del local de Juan Pablo Vilches, tatuador desde hace 18 años. Según cuenta, con el ruido de la aguja como sonido ambiente, su primer contacto con los tatuajes fue hace algo más de 18 años en Brasil, pero no como tatuador sino como tatuado: “me hice uno y me copó la idea”. Luego comenzó a practicar con una máquina casera y algunos de esos primeros tatuajes fueron sobre él mismo (“pero ya están tapados, porque no quedaron bien”). De esta forma comenzó a hacerlo por puro placer y, además de otro trabajo que considera como su sostén económico primordial, después de un tiempo lo empezó a hacer profesionalmente. Donde más repercusión tiene el tatuaje es sobre las personas más jóvenes, ya que necesitan una forma alternativa de poder expresar lo que piensan o sienten por algo o alguien. Olivia (22 años) se hizo el primero cuando tenía 16 años, como una forma de expresar el amor a su recién nacida hija: “me hice su inicial en japonés en la nuca. Lo hice después de que naciera porque no quería que sintiera el dolor”. Además, cuenta, en una situación muy distendida, que para ella cada uno de sus tatuajes tienen un significado especial de cada momento de su vida y son un recordatorio de cosas que ha sentido y le han pasado. Maximiliano (25) hace poco menos de 2 años que se hizo su primer tatuaje y desde entonces no paró: “cuando me hice el primero tenía ganas de volver al otro día a hacerme otro”. Hasta el momento lleva 7 en su piel: “necesitaba hacerme uno siempre, pero porque eran chiquitos, entonces decidí hacerme uno bien grande en la pierna y me calmé por un tiempo”. Ambos jóvenes reconocen que todavía hay ciertas restricciones

Los más usados
Si bien es una forma de hacer públicas sus emociones, los tatuajes también son parte de una moda que, generalmente, se imponen desde el mercado. En su momento fueron las calaveras acompañadas usualmente con rosas, espadas y serpientes, las hadas como una forma de representación femenina, los duendes, tribales, etc. Las frases o iniciales en japonés, chino o en cualquier otro símbolo indescifrable para los olavarrienses fueron “furor” hace algún tiempo. Es una forma de generar incertidumbre para saber qué es lo que está tatuado. Esto no se terminó ya que es uno de los más usados en estos (nuestros) tiempos. La división de género también se constituye en qué tatuaje elegir. Las mujeres, por ejemplo, escogen las estrellas (en todas sus variables), soles, lunas, signos de zodiaco y los hacen más pequeños y en lugares que “no queden vulgares”. En cambio los hombres hacen sentir su pasión, mayormente, por el fútbol: el escudo de Boca, River y de algún otro son los favoritos. Obviamente hay personas que salen de la estereotipación que se acaba de hacer. Además, los famosos juegan un papel importante a la hora de imponer un estilo de tatuajes. Es imposible olvidar el de Angelina Jolie en su espalda, que luego se vio reflejado en el mismo lugar en la vedetonga local Claudia Ciardone y en muchas de otras chicas que buscan en ellas su ideal. En el último año mucho se ha hablado de los tatuajes de Marcelo Tinelli, que ocupó sus brazos con imágenes religiosas y los nombres de sus hijos, comparándolo con el conocido futbolista David Beckham. Según Juan Pablo Vilches, es por el conductor argentino que muchos se acercaron al tatuaje y “la gilada” lo siguió en el estilo. Las bandas de rock también son blanco fácil de muchos de sus seguidores que se tatúan el símbolo o alguna tapa de algunos de sus CDs. Los Redondos tienen el puesto número uno en esta categoría, seguido por La Renga, Callejeros y Guasones. Pero en nuestro país el tatuaje más representativo es el de Diego Maradona. La firma, su cara, el 10, alguna toma de sus maravillosas jugadas son las figuras más utilizadas entre los fanáticos del máximo jugador del fútbol mundial.

por parte de la sociedad a ver los tatuajes muy expuestos y que hay zonas que, por el momento, son un tabú. “La cara, la parte de adelante del cuello y las manos están prohibidos para mí”, asegura Olivia. Parece que la obtención de un puesto de trabajo que tenga contacto con el público puede verse obstruida si hay tatuajes a la vista. “Pasa más que nada por el prestigio del lugar, yo como mozo no puedo tener en lugares que se me vean porque atiendo a la gente supuestamente ‘bien’ de la ciudad”, plantea Maximiliano. En este sentido, los lugares privilegiados para realizarse un tatuaje son la espalda, el hombro, el pecho y las piernas. “A mi no se me ven los tatuajes, salvo en verano o cuando estoy en un lugar familiar”, expresa Olivia. De todos modos, los entrevistados admiran a todas aquellas personas que lo hacen sin restricciones en fijárselos en alguna parte del cuerpo, pero hay algo en ellos que todavía no les permite hacerlo. “Debe ser porque pienso que me voy a quedar sin este laburo, pero estamos cambiando esa mentalidad y pronto va a haber una liberación total”, proyecta Maximiliano. En este punto, Fabián (47) recuerda que cuando él se hizo su primer tatuaje tenía 20 años e inmediatamente se lo vinculó a las drogas y la delincuencia, “no era bien visto en aquella época y menos por mis padres que tardaron un tiempo bastante largo en enterarse”. Y sostiene que ahora es todo más laxo y hay tolerancia a ciertas prácticas que años atrás sería imposible hacerlas libremente. Para Juan Pablo, lo que importa de un tatuaje es su significado y queda en cada una de las personas explicarlo o no. Este es un acto muy privado y público a la vez, debido a que se expresa lo que se siente pero a la vez no se pretende que lo sepa todo el mundo. Asimismo, para él lo más reconfortante es hacer algo que tenga un valor sentimental por las personas que ya no se encuentran: “los retratos sobre los viejos o los abuelos es algo muy lindo de hacer”. Así se establece una relación afectiva entre la persona tatuada, su ser querido y el tatuador. Ser tatuador para él es una responsabilidad total, porque el trabajo que se hace en la piel de una persona queda para el resto de su vida, “tenés que ser muy cuidadoso, no lo podés hacer así nomás porque eso va a estar en la persona hasta que se muera, no te podés mandar cagadas”. En este sentido, tatuar no es considerada como una práctica artística legitimada por el común de la sociedad, pero implica tener una gran destreza técnica. Según Juan Pablo, “cuando uno plasma el diseño en la piel no hay forma de volver atrás, no es como el lienzo que si no te gusta lo tirás y empezás de nuevo”. Además, los tatuajes son la forma de expresión de esta época, ya que se encuentran muy masificados. Es un medio para hacer manifiesto, de una forma muy “Mirá que es para siempre”, “¿Eso te vas a hacer?”, particular, lo que uno siente. “Fijate que es hasta que te mueras”, son las frases más Es importante destacar, entonces, que los tautilizadas por las personas allegadas a quienes se van a tuajes han adquirido una nueva significación a hacer un tatuaje, pero esto quedó invalidado debido a partir de la masificación que ha atravesado esta los adelantos tecnológicos: los tatuajes se pueden borrar práctica en los últimos años. Ahora son vistos a partir de un tratamiento láser. como una práctica de expresión de los sentiAdemás, también pueden ser tapados por otro tatuaje mientos que se reflejan en la piel de los que los llevan. Como asegura Olivia: “son parte de mí y que oculte al anterior y de esta forma darle un nuevo lo van a ser siempre, son el reflejo de lo que sentí significado. Juan Pablo Vilches, desde que comenzó a en ese momento y de mi forma de pensar”. trabajar ha tapado varios tatuajes, “creo que es válido”. Simón Scalcini Desde su lugar de tattoo artist es más complicado: “si (Trabajo realizado para la cátedra Taller de veo que va a quedar mal, no lo hago”. Periodismo Gráfico 2011, de la carrera de CoBorrarse o taparse un tatuaje es una buena escapatoria municación Social de la Facultad de Ciencias Sopara aquellos que en un acto de amor se hicieron el nomciales de Olavarría) bre de una pareja, porque cuando la relación se termina

Si no te gusta más, te lo borrás
queda como una mancha en la piel. Este tipo no es muy recomendado y actualmente es menos común, por ejemplo Olivia nunca se haría uno con el nombre de una pareja debido a que es algo “muy de uno y tiene que significar algo para mí y no como una forma de demostrar amor hacia alguien, hay otras formas, no creo en eso”. Olivia no piensa borrarse ni taparse ninguno de los tatuajes que tiene porque cada uno de ellos simboliza una etapa en su vida: “si me los hice fue por algo, cada uno es especial y me hacen acordar a lo que viví y lo que pensé a la hora de hacérmelos”. Maximiliano, por su parte, dice que no sabe si más adelante se puede borrar o tapar algún tatuaje, “por el momento no, porque me gustan, pero dentro de unos años no sé que va a pasarme por la cabeza”.

Ser un forastero es para muchos un modo de vida. Y quien toma ese camino está habituado a encontrarse con nuevas costumbres, nuevos paisajes y situaciones de lo más insólitas sin dejarse arrastrar al estado de shock. Sin embargo, hasta los más experimentados forasteros quedarían azorados ante una de las tradiciones más antiguas y arraigadas de Olavarría: “La vuelta al perro”. La primera vez que la vi afronté la situación con sumo respeto, pues creí que se trataba de una caravana de manifestantes tras alguna causa noble. Pero pronto descubrí que esa marcha aletargada, constante y desesperadamente repetitiva no tenía un sentido altruista o fundado en ideales. Sino más bien en el profundo aburrimiento del domingo y la inútil intención de superarlo yendo a verle la cara al prójimo y mostrando la propia sin nunca bajarse del vehículo, claro, tal vez por miedo a mezclarse con la “chusma” de a pie. Es así como cada semana, todos se apresuran a lavar y lustrar los rodados, desde la punta de la antena de la radio hasta el último detalle de las llantas, para luego salir a pavonarse como antes

lo hicieron otras especies vivientes del planeta en sus cortejos amorosos. Varias veces presencié esta masiva manifestación cultural, algunas fueron por curiosidad y otras por obligación, y poco a poco fui identificando los tipos más comunes de “vueltaperristas”, todos ellos con gran experiencia en el tema. Están los que transitan con motores chillones y sienten que acumulan más prestigio cuanto más insoportable sea el ruido de su Fiat 128 o su imponente moto de 80cc; los que van acompañados siempre por el clásico sonido de reggaetón dominguero que comparten con todos; los que se vuelven educados ese día y detienen su marcha de 15km/h para dejar cruzar a todo aquel que se aproxime a la esquina y ganar tiempo de permanencia frente a la plaza (aunque de lunes a viernes no cedan el paso ni a una anciana ciega con un bebé en brazos); el que va solo, hundido en el asiento y con la ventanilla baja a la altura de los ojos; los que van de a 8 en el Fitito; los que se detienen a tomar mate sin bajar del auto, mirando hacia el frente

con expresión triste, como si alguien los estuviera obligando a hacer lo mismo cada fin de semana desde hace 20 años; los que van apurados justo por esa calle y los que disfrutan no dejándolos pasar; las familias con perro y todo; los amigos, los novios y los piratas. Afortunadamente esa vuelta infinita, la constante repetición del circuito, cada domingo, cada año, en cada nueva generación, no es la única forma elegida para superar el día de descanso. Algunos se atreven a abandonar sus corazas de hierro e incluso muchos llegan a charlar con otros y entablan contactos más allá del visual. Al resto, les aseguro que hay vida más allá del volante y les deseo coraje para que en el verano, que está llegando, se animen a arrimar el auto a la vereda, cuenten hasta diez e intenten bajar. Pablo Ayala

En la primera entrega de El Fonógrafo abordé la temática sobre las canciones que son apropiadas por otros artistas para alcanzar el éxito como si fuera propio. En esta oportunidad, me voy a volver a referir a las reversiones de temas musicales pero desde otro ángulo. El otro día, conversando con un amigo, hablamos sobre cuál era la mejor versión hecha por otros artistas de “Use somebody”, original de Kings of Leon. Esto me llevó a pensar cuál es el lugar de esos temas que suenan una y otra vez, con la voz de uno, con la melodía de otro, con más adornos, en formato acústico, e infinidad de combinaciones. Seguramente cualquier músico que esté dando sus primeros pasos en esta industria, se sentiría halagado de que su música sea arreglada por otro colega. No sé si los músicos que ya cuentan con varios triunfos se sentirán igual, pero de seguro lo harían de encontrarse en la misma etapa de aquellos que están comenzando. Muchos se agarran la cabeza al escuchar la canción de su ídolo cantada por otro, con voz de perro o en impecable entonación, mejor o peor, pero que despierta una sensación de incomodidad que revoluciona todo tipo de sentimientos y hace aflorar la rabia hacia el usurpador. Lo mismo debe suceder con quien es su autor, quien puede estar conforme o no con el producto re-construido. Sin embargo, esta nueva ola de los covers es señal de que “esa canción es exitosa”. Por eso, tanto autores como seguidores, deben alegrarse de que su artista haya llegado tan lejos. La música no está hecha para que quede escondida y relegada en el oído de unos pocos, sino que fue creada para su difusión. Saber que cada vez es con más gente con quien comparto los mismos sentimientos, porque escuchamos los mismos artistas, compartimos los mismos gustos, es reconfortante, es una forma más de saber que no estamos solos en este mundo y que en mi universo me acompaña alguien parecido a mí. Compartimos un universo musical, donde repetir a todo volumen una misma canción una y otra vez, aunque sea la hora de la siesta, no va a molestar al otro. Paula Siracusa

Termina de a poco el segundo cuatrimestre, y esto genera en los estudiantes universitarios una serie de comportamientos preestablecidos, comunes a muchos. El más común es advertir que llegaron los parciales y los trabajos prácticos para entregar. En la recta final del cuatrimestre te das cuenta de que tenés que leerte todo lo que venías pateando desde agosto. Es común notar algunos rostros de cansancio y hastío. También pasa con los trabajos, que siempre por h o por b se termina resolviendo poco antes de entregarlos. Hay gente que se lo toma muy sanamente, con mucha tranquilidad. Otros entran en una compulsión histérica de frenesí y miedo, aunque siempre se sabe que se va a llegar. Adrenalina pura. Yo no voy a ubicarme en ninguno, ese trabajo se los dejo a quienes me conocen, y a quienes no, a su criterio. Por otro lado, aunque menos frecuente, está el estudiante que en un gesto de arrojo deja la materia sobre el final, y se lo toma muy despreocupadamente, ¡admirable en cierto punto! Quizás si visitás la casa de un estudiante en esta época, notarás algo de desorden. Algunas pilas de fotocopias que se ordenaron de todo el cuatrimestre o se sacaron de las sombras después de un tiempo decoran el sitio: eso es la previa a preparar un final. No es que se saquen y lean inmediatamente, pero tenerlas a la vista interpela. Desde un rincón visible, cada vez que tu vista se posa en ellas te recuerdan lo cerca que estás del primer o segundo llamado a finales. Todo eso, acompañado de los materiales de las materias en curso. Un combo explosivo. Y esto no es nada comparado con los talleres. Generalmente, suelen extenderse una o dos semanas más que el resto de las cursadas. Especialmente si la entrega de tu trabajo depende del uso de las instalaciones de la facu. Alguien con mucho coraje puede llegar a entrar en ataque de ira e increpar a algún docente por su peligrosa tendencia a querer pasar la Navidad con uno, comiendo pan dulce y brindando con sidra. ¡Lo lamento, tengo familia! Lo placentero es dar ese final o terminar ese taller. Meter las fotocopias en una tumba de nylon para que descansen en paz, hasta que por ahí en el final de la carrera, con la tesis en mente, tengas que exhumarlas y recordar qué decían. No sin rememorar viejas épocas pasadas, cursadas y amigos. Todo un ritual de fin de año. Alan Laursen

“¡No los vamos a dejar en paz!”. Con esas palabras se expresaba Jorge Rial en la gala de presentación de Gran Hermano 2012, como si fuese novedad. A una semana del inicio, la grilla de programación del canal de las pelotas ya ha empezado a variar. Con reglas nuevas, con una casa paralela, con participantes más osados que han logrado en pocos días lo que otros no, volvemos a ser todos partes de Gran Hermano porque, queramos o no, por osmosis o motu propio, todos terminamos sabiendo qué pase ahí adentro. Y para seguir sintiendo que retrocedimos unos meses, cuando reinaba Cristian U, el canal del sol también se prepara para poner en escena su propio reality. Se acerca el final del Bailando 2011 y de algo tienen que vivir Listorti e Iudica. Como si con la Lemos nos fuera poco, otra vez veremos nacer -a la fuerza- una estrella, que lejos de bri-

llar por su talento será preparada más que nada para ser portadora de la destreza que más se cotiza en estos días televisivos: ser una alta fuente generadora de quilombos. Mientras tanto, algunos se preocupan por la seguidilla de derrumbes. Otros prestan atención a los desastres naturales que se desplazan por el mundo y por nuestro país. En algún momento la ceniza también fue un tema de agenda, pero como no llegó a Buenos Aires, no pasó nada. Los fenómenos paranormales volvieron a ser noticia, con la grabación de ese cumpleaños en Salta y la voz de fondo de un bebé cantando en inglés. No es que en aquella provincia no haya posibilidades de hablar en la lengua inglesa, pero parece ser que no había niño alguno en esa casa cuando se hizo el video. Quien se mostró muy comprometido con la causa fue Fantino, que no recu-

rrió al padre Manuel; esta vez quiso ir más lejos y llevó a su programa un equipo que capta ondas electromagnéticas, lo cual podría aportar en la búsqueda de seres del más allá. ¡Y las luces se prendieron! Obvio, si son todos fantasmas. Verónica Nesprías

Varias cosas se ponen en juego en esta época del año, además de la pelota, obvio. La cuestión es que la selección Argentina define por Eliminatorias, prepara sus cañones y afina su puntería. Entre Bolivia y Colombia se para un equipo con tres delanteros, Boca pica en punta y por una importante diferencia, y River sigue firme después del repunte con los 4 de Cavegol. ¿Qué regalitos traerá Papá Noel? Para la selección argentina el señor de barba piensa en la Brujita Verón. Confirmada su despedida del fútbol profesional, le ofrecieron ser colaborador directo y ya habla como si hubiese asumido, aunque arranca a partir de enero. Juan Sebastián afirmó: “la idea ya es empezar a diagramar y proyectar lo que se viene sobre todo

para las juveniles, que es lo importante hoy”. Para Boca parece que el regalo es cantando. El ídolo al que todavía no se le regaló un arco cumplió 15 años como jugador. Juan Román Riquelme está feliz y lo demuestra, como para sorprender. “Es el juego que elegí de chiquito, la pelota es el juguete más lindo de mi vida”, expresó. No se piensa en un retiro de este otro ídolo. Por ende, hay tiempo para pensar en regalos extraordinarios. Y el DT tiene un pedido especial en su listita para Papá Noel, es que le gustaría dirigir a Tévez. Colón de Santa Fe recibió su regalo por adelantado. Volvió la virgencita de Guadalupe “responsable” (en su ausencia) de la mala racha, veremos si ahora las cosas cambian. Sin em-

bargo, acaba de llegar, pero tal vez ya se va. Un grupo de socios juntan firmas para retirarla definitivamente del estadio, amparándose en el artículo 200 del estatuto del club que prohíbe “actividades políticas y religiosas de cualquier naturaleza”. Pesa 1.500 kilos y mide 3 metros, pero ¿qué será de tí, virgencita de Guadalupe? River no sabe qué pedirle al señor de rojo (y no es diablo). Le quedan para este último tramo del año varias batallas. Entre la B Nacional y la Copa Argentina, en poco más de un mes jugará 7 partidos. ¿Le dará la nafta? Tal vez su vuelta al Monumental sea esa estación de servicio que tanto necesitarán. Estudiantes tiene una lista eterna de pedidos para el señor panzón que aparece cada diciembre. El pincha comparte el último puesto en este campeonato junto a un Banfield que definitivamente no es el de Falcioni. Con Azconzábal como DT interino, después de la renuncia (o pedido de renuncia por parte del club) de Miguel Angel Russo, trabajan en silencio pero fundamentalmente, pidiendo por el “Tata” Martino y porque se termine este pésimo año para los pinchas. Cada uno tiene sus regalitos pedidos, será cuestión de esperar hasta el 25 y ver quién hizo las cosas bien durante el año, para ser merecedor de tales exigencias. Romina Reser

STAFF Producción Periodística: Pablo Ayala, Alan Laursen y Romina Reser. Colaboran en este número: Simón Scalcini, Soledad Nahuelpan, Leonardo Barcelona, Yesica Guevara, Verónica Nesprías, Cecilia Vitali y Paula Siracusa. Secretario de Redacción: Lic. Jorge Arabito. Director periodístico: Lic. Pablo Zamora. Diseño Gráfico: Natalia Schumacher. Director de El Popular Medios: Jorge Botta. Los contenidos de El Umbral son producidos por estudiantes de la carrera de Comunicación Social de la Facultad de Ciencias Sociales de Olavarría (a través de Facso Producciones), mediante un convenio con Diario EL POPULAR. www.facsoproducciones.com • elumbral@facsoproducciones.com

En esta época del año se desea tanto la llegada de las vacaciones que hasta se apoderan de nosotros las ansiedades menos pensadas. A mí, por ejemplo, se me dio por visitar La Terminal. Y descubrí que hay vida en ese mundo en el que siempre estamos de paso.
Con esas ganas locas de viajar, de “renovar el aire” y en busca de aventuras, llegué al lugar donde cada sueño arranca. Me descubrí en ese espacio donde todo empieza o donde todo termina, se escuchan frases como “ay, que lindo, ya nos vamos” o “que bajón, que rápido se terminó el viaje”. Sí, llegamos al lugar más lejos que podemos ir hoy, aún con todas nuestras compromisos a cuestas: La Terminal. Entre pitos y flautas, muchas veces esperando el micro que me acerque a mis pagos, me di cuenta de lo mucho que supongo sobre ese mundo desconocido en el que siempre estamos de paso. Según Oscar, que trabaja hace más de 30 años en una de las oficinas, este sitio es “la vista de cada ciudad”. Es que se siente así. Esta súper infraestructura tiene varios “huecos”, que hoy por hoy están en desuso, pero que se han creado con distintos fines. Por ejemplo, en la parte superior existe una cabina vidriada desde la que se anunciaban los diferentes servicios, aunque hoy sea el cuarto para la gente de limpieza. Dicen también que en algún momento funcionó en ese mismo espacio una radio. Como sea, el universo es grande. Y tiene subsuelo. Se pide que los autos dejen de tomar las plataformas como estacionamiento. Si bien en algún momento lo fueron, hoy eso molesta a todos y parece no importarle a nadie. Entonces el subsuelo surge como posible solución. Es un espacio desperdiciado, que como dice una mujer que hace más de 6 años que trabaja en una de las ventanillas, “podría usarse para crear una playa de estacionamiento e incluso modificar el despacho de encomiendas y hacerlo funcional a la vereda”. Ideas sobran y necesidades también. Es normal que en determinadas fechas el flujo de gente se hace más intenso, como en las fiestas, vacaciones, feriados largos y demás; pero los días más “intensos” se dan los domingos por la mañana. En La Terminal funciona un bar que brinda todas las comodidades para los que están de paso y para los que no. Está abierto las 24 horas y suele actuar como un improvisado “after-hour” por los jóvenes que salen de los boliches. En momentos como esos se dan las circunstancias que llenan de risa y de bronca a todos los presentes. Ese mundo tranquilo caracterizado por la espera se transforma en una vorágine de corridas al baño, risas, gritos y peleas. Pero está vivo y lucha por sobrevivir. Entre las necesidades y los pedidos de atención que reclaman los trabajadores se habla de la idea de mudar las oficinas al piso superior. En pos de remodelar las instalaciones, este proyecto juega en contra de los empleados que deben subir y bajar las encomiendas. Siempre me llamó demasiado la atención ese túnel que nace en La Terminal y desemboca del otro lado de la avenida Pringles, que fue construido con la idea de que dicha arteria se trasformaría en la 9 de Julio olavarriense. Pero no fue ni es así. Sin embargo existe pero no se usa, porque no está abierto. Acá aparece la inundación. Ella fue una de las causas de su cierre: “es un lugar que después de la inundación quedó inutilizado, no sabés el olor que tiene”, afirma un empleado de limpieza con más de 20 años en el lugar. Y a esto se le sumó que las pocas veces que se quiso poner en marcha, fue un buen lugar para dar sensaciones de inseguridad. Dicen que no hay gente para abrir y cerrar las rejas que lo comunican. Que lástima. Hablando de inseguridad, ése también es un tema que preocupa a los que están día a día en este mundo. Se sienten desprotegidos, aunque cuentan con una guardia entre las 23 y las 7. Reclaman mayor seguridad porque “ya robaron dos veces en El Plaza” y nadie hace nada. Lo que se deja ver después de estar un rato imbuida en esa estructura con más de 40 años de historia es la falta de atención que recibe por parte de los responsables. Hay críticas y festejos. Se aplaude la ampliación de las plataformas, no así sus pedidos desoídos. Existe una oficina de informes, que actualmente carece de personal para funcionar correctamente, pero no se contrata más gente. Como solución se instalan más de 20 parlantes y sus respectivos micrófonos para que cada ventanilla de pasajes anuncie sus servicios. Estaba en algún momento una oficina de turismo, que también fue desoída y mudada. Lo que queda muy claro es que hay amor. Por el espacio, por el trabajo y que cada uno pone de sí lo mejor que tiene, aunque con eso no alcance. Y que también hay humor y anécdotas. Me cuentan que un hombre llega a la Terminal en busca de una encomienda. Entonces se acerca a la ventanilla y dice: “hola, vengo a buscar una encomienda que necesito con urgencia y que hace 10 minutos me despacharon en Retiro”. Uno de los empleados se da vuelta y le contesta: “¿usted cree que las encomiendas vuelan? No, llegan con el micro”. La Terminal es la puerta de presentación de cada ciudad, no sólo un mundo de esperas, reencuentros y pasos. Necesita más atención y por ahí, un poco más de comunicación. Muchas ideas flotan cuando uno se dedica a buscarlas. Sólo es cuestión de ponerse a escuchar. Romina Reser

FOTOGRAFIA, Cecilia Vitali

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