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¿Como a uno mismo?

Nicolás Parducci El domingo 23 de octubre del 2011, en las misas que se oficiaron en la Arquidiócesis de Guayaquil, se proclamó una parte del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo. Concretamente los versículos 34 al 40 del capítulo 23. Allí se encuentra la respuesta de Jesús ante una pregunta que le formulara un Doctor de la Ley, respecto de cuál es el mandamiento más grande. Al leerla me volvió a impresionar la parte en que, luego de recordar lo ya conocido desde la época de Moisés: Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, añadió que hay un segundo semejante a ese: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Me impresiona porque me cuestiona si cumplo o no ese clarísimo mandamiento, pues amar a Dios sobre todas las cosas no parece tan difícil; pero, aquello de amar al prójimo como a uno mismo… En la enseñanza de la doctrina religiosa que recibimos y transmitimos, me parece que no siempre se plantea con énfasis la existencia de ese segundo mandamiento, ni se explica profundamente y con claros ejemplos en qué consiste, ni la necesidad imperiosa de tenerlo en cuenta y proceder en consecuencia. ¿Considera usted que si se cumpliera este mandamiento, al menos entre los cristianos, sería diferente el mundo en que vivimos? La vivencia de una regla de conducta así, aunque no tuviera un fundamento religioso, sería realmente transformadora de las sociedades en las que se practicara. Pero como no quiero escribir sobre utopías, he preferido permanecer en el mundo real y preguntar algo que solamente me involucre a mí, para que la respuesta sea factible: ¿cómo debo actuar para cumplir ese mandato? Así cuestionado, como los ejemplos son vitales en el aprendizaje, en auxilio llegan a mi mente las Obras de Misericordia, que aprendemos cuando estudiamos la Doctrina Católica y me he preguntado si me gustaría… Que me enseñen lo que no sé, me aconsejen bien cuando lo necesito, me corrijan cuando me equivoco, me perdonen cuando he ofendido, me consuelen cuando estoy triste, que acepten con paciencia mis defectos y rueguen por mí, incluso cuando esté muerto. Así mismo, que me visiten si estoy enfermo, me den de comer si tengo hambre y de beber si estoy con sed, me den posada si peregrino, me vistan si no tengo ropa, me visiten si estoy encarcelado y me entierren si estoy muerto.

No obstante. sin excepción. Pero eso suena a utopía. barrial. estuviera marcada por esas reglas de convivencia. la calidad de vida del género humano fuera diferente. cumpliendo así ese segundo mandamiento.Pues si yo quiero que me traten de esa manera. preguntémonos: ¿es imposible amar a los demás como a uno mismo? ¿Sería tan amable en darme su opinión? . esa es la forma como debo tratar a los demás. Si la calidad de las relaciones interpersonales en cualquier comunidad: familiar. laboral. etcétera. política.