Filosofía del Derecho FFyL 2011

Carl Schmitt

El Concepto de lo Político

1

Prólogo § 1. La tesis de la prioridad de lo político por sobre lo estatal. “El concepto del Estado presupone el concepto de lo político” (20). Historicidad de lo político. Historicidad de los conceptos políticos. § 2. La tesis de la autonomía de lo político: independencia de contenido. Intensidad o esfera. “Lo político tiene… sus criterios propios, (…). La distinción específicamente política, a la cual se dejan reducir [zurückführen] las acciones y motivos políticos, es la distinción de amigo y enemigo. Ella da una determinación del concepto en el sentido de un criterio, no como una definición exhaustiva o indicación de contenido. (…). La distinción de amigo y enemigo tiene el sentido de describir el grado de intensidad más extremo de una unión o separación; ella puede existir teórica y prácticamente, sin que al mismo tiempo todas aquellas distinciones morales, estéticas, económicas y otras deban ser aplicadas. El enemigo político no necesita ser moralmente malo, él no necesita ser estéticamente feo; no debe aparecer como un competidor económico, y puede ser quizás que parezca ser ventajoso hacer negocios con él. Él es el otro, el extraño, y basta para su esencia que él es algo distinto y extraño en un sentido existencial particularmente intenso, de modo que en el caso extremo sean posibles conflictos con él, los cuales no puedan ser decididos ni a través de una normativa general ya prevista, ni a través del dictamen de un tercero ‘desinteresado’ o ‘imparcial’” (26-7). Política vs. universalidad. Tesis de la moralidad política. Tesis existencial del juicio político, racionalidad política. Tesis de la igualdad de los sujetos políticos. § 3. La tesis existencial o intensiva de lo político. Tesis existencial sobre el juicio (los de afuera son de palo): “La posibilidad del conocimiento y comprensión correctos y con ello también el derecho de intervenir y de juzgar es aquí sólo dada a través de la participación [Teilhaben und Teilnehmen] existencial. El caso extremo de conflicto sólo lo pueden arreglar los participantes mismos; es decir, sólo puede cada uno de ellos mismos decidir si el ser otro [Anderssein] del extraño en el caso concreto presente de conflicto significa la negación de la forma propia de existencia y por lo tanto rechazado o combatido, para defender la forma propia existencial [seinsmäßige] de vida. En la realidad psicológica el enemigo es tratado fácilmente como malvado y feo, porque toda distinción, y comúnmente naturalmente la política como la distinción y agrupamiento más fuerte e intenso, atrae todas las otras distinciones utilizables como apoyo. Esto no cambia nada respecto de la autonomía [Selbständigkeit] de tales oposiciones” (27). El enemigo, el otro, el extraño. Tacitismo y evolucionismo. “Lo político puede extraer su fuerza de las más diferentes esferas de la vida humana, de oposiciones religiosas, económicas, morales y otras; no demarca un territorio propio sino sólo el grado de intensidad de una asociación o disociación de seres humanos” (38 [§ 4]). Concepto primario y secundario de lo político. “Sin duda permanece también aquí [sc. en el concepto secundario de lo político] siempre una antítesis—relativizada a través de la existencia de la unidad política del Estado abarcadora de todas las antítesis [Gegensätze, podría ser «oposición»]— y antagonismo dentro [ABR] del Estado constitutivo para el concepto de lo político [n. 6: “De este modo hay una ‘política social’ recién [erst] cuando una clase políticamente considerable eleva sus exigencias ‘sociales’; la caridad [Wohlfartspflege] que se concedía en tiempos anteriores a los pobres y míseros, no era sentida como un problema

Filosofía del Derecho FFyL 2011

Carl Schmitt

El Concepto de lo Político

2

político-social y tampoco se llamaba así. Del mismo modo sólo hubo una política eclesiástica en donde la iglesia existía como un adversario políticamente considerable”]” (30). Tesis de la “polemicidad” de lo político: teoría política y teoría política. ¿Quién es el enemigo? ¿El comunismo o el liberalismo? Racionalidad política otra vez. “Lo político no reside en la lucha misma, la cual nuevamente tiene sus propias leyes técnicas, psicológicas y militares, sino, como se ha dicho, en un comportamiento determinado por esta posibilidad real, en el conocimiento claro de la consecuente propia situación, y en la tarea de distinguir correctamente entre el amigo y el enemigo” (37, énfasis agregado). Tesis de la inevitabilidad. Tesis de la perversidad. § 4. El pluralismo intra-estatal. Redundante o contraproducente. § 5. Jus belli. El enemigo interno y externo. La guerra justa. “La tarea de un Estado normal consiste… sobre todo en llevar a cabo una pacificación total dentro del Estado y su territorio, establecer ‘calma, seguridad y orden’ y de ese modo crear la situación normal, la cual es el supuesto para que las normas legales puedan tener validez en absoluto, porque toda norma presupone una situación normal y ninguna norma puede tener validez en una situación anormal respecto de ella. Esta necesidad de pacificación intra-estatal conduce en situaciones críticas a que el Estado determine por sí mismo, en la medida en que exista, también el ‘enemigo interno’. En todos los Estados hay por lo tanto en alguna forma lo que la doctrina del Estado [Staatsrecht] de las repúblicas griegas conocía como la declaración de polémios, la doctrina romana del Estado como declaración de hostis,…, proscripción, …, en una palabra, la declaración del enemigo interno-estatal. Esto es, dependiendo del comportamiento del declarado como enemigo del Estado [énfasis agregado], la señal de la guerra civil, i.e. de la disolución del Estado como una unidad política en sí organizada, pacificada, territorialmente cerrada en sí misma e impenetrable para los extraños. A través de la guerra civil se decide entonces el futuro próximo de esta unidad” (46-7). “[N]ingún programa, ningún ideal, ninguna norma y ninguna meta [Zweckhaftigkeit] concede un derecho de disposición sobre la vida física de otros seres humanos. (…). Maldecir a la guerra como homicidio y entonces exigir a los seres humanos que libren una guerra y en la guerra maten y se dejen matar, para que no haya ‘nunca más guerra’ es un engaño manifiesto. (…). No hay un fin racional, una norma tan correcta, un programa tan ejemplar, ningún ideal social tan bello, ninguna legitimidad o legalidad que pudiera justificar que los seres humanos se matasen por ello. Si tal destrucción física de la vida humana no sucede a partir de la afirmación existencial [seinsmäßigen] de la forma propia de existencia frente a una negación igualmente existencial de esa forma, entonces ella [tal destrucción] no se deja justificar” (49-50, énfasis agregado): ¿anarquismo? Autonomía de la guerra: “con normas éticas y jurídicas no se puede justificar guerra alguna. Si hay enemigos reales en el sentido existencial, tal como aquí se hace alusión, entonces es razonable [sinnvoll], pero sólo políticamente razonable, en caso de necesidad rechazarlos físicamente y combatir con ellos” (50, énfasis agregado). § 6. El pluralismo inter-estatal. § 7. Antropología y política. “[según de Maistre] Toda soberanía procede como si fuera infalible, todo gobierno es absoluto—una posición [Satz] que un anarquista, si

Filosofía del Derecho FFyL 2011

Carl Schmitt

El Concepto de lo Político

3

bien desde un punto de vista totalmente distinto, podría asimismo haber expresado literalmente. La antítesis más clara que sale a escena en la historia entera de las ideas políticas en general reside en tal posición. Todas las doctrinas anarquistas… giran alrededor de un axioma: le peuple est bon et le magistrat corruptible. De Maestre contra eso declara precisamente al revés que la autoridad es buena en tanto que tal cuando ella simplemente existe: tout gouvernement est bon lorsqu’il est établi. La razón consiste en que en la mera existencia de una autoridad superior [obrigkeitlichen Autorität] reside una decisión y la decisión por su parte es valiosa como tal, porque precisamente en las cosas más importantes es más importante que se decida antes que cómo se decide” (TP, 71). “La peor confusión se origina entonces cuando conceptos como derecho y paz son utilizados políticamente de tal manera para impedir el pensamiento político claro, legitimar las propias aspiraciones políticas y descalificar o desmoralizar [demoralizieren ¿?] al adversario. El derecho, sea privado, sea público, tiene como tal—lo más seguro a la sombra de una gran decisión política, también v.g. en el marco de un ente estatal estable—su propio círculo relativamente autónomo. Pero puede ser utilizado, como toda esfera de la vida y pensamiento humanos, sea en apoyo, sea en rechazo de otra esfera. Desde el punto de vista del pensamiento político es obvio, y no es ilegal o inmoral, prestar atención al sentido político de tales utilizaciones del derecho y de la moral, y especialmente siempre hacer algunas preguntas más detalladas respecto del giro del ‘dominio’ o incluso de la soberanía ‘del’ derecho: primero, si ‘derecho’ aquí describe las leyes positivas existentes y los métodos legislativos, que deben seguir teniendo validez; entonces significa el ‘dominio del derecho’ a saber ninguna otra cosa que la legitimación de un status quo determinado, en cuya conservación obviamente tienen interés las personas cuyo poder político o ventaja económica se estabilizan en este derecho. En segundo lugar la invocación del derecho podría significar que un derecho más alto o más correcto, un así llamado derecho natural o de la razón es opuesto al derecho del status quo; entonces es obvio para un político que el ‘dominio’ o ‘soberanía’ de esta clase de derecho significa el dominio y soberanía de seres humanos, los cuales pueden invocar el derecho más alto y decidir sobre cuál es su contenido y cómo y por quién debe ser aplicado. (…). El pensamiento político es aquí sencillamente irrefutable en la autonomía y unidad de su esfera, pues siempre son grupos concretos de seres humanos que en nombre del ‘derecho’ o de la ‘humanidad’ o del ‘orden’ o de la ‘paz’ combaten con otros grupos concretos de seres humanos, y el observador de fenómenos políticos puede, si permanece consecuente con pensamiento político, también reconocer en el reproche de la inmoralidad y del cinismo siempre sólo un medio político de concretos seres humanos combatientes” (65-7). § 8. Liberalismo: futilidad o perversidad de ignorar la autonomía de lo político. Caracterización del liberalismo: “coalición extraordinariamente compleja de economía, libertad, técnica, ética y parlamentarismo…” (75). “Para el individuo como tal no hay un enemigo con el cual debería pelearse a muerte, si él personalmente no lo quiere; forzarlo a él a pelar en contra de su voluntad es en todo caso, visto desde el individuo privado, dominación [Unfreiheit] y violencia. (…). Toda restricción, todo compromiso de la principalmente ilimitada libertad individual, de la propiedad privada y de la libre competencia significa ‘violencia’ y es eo ipso algo malo. Lo que este liberalismo todavía deja valer del Estado y la política se limita a que asegurar las condiciones de la libertad y eliminar las perturbaciones de la libertad. De este modo se llega a un sistema total de conceptos desmilitarizados y despolitizados…. [E]stos conceptos liberales se mueven de una manera típica entre ética (‘intelectualidad’

Filosofía del Derecho FFyL 2011

Carl Schmitt

El Concepto de lo Político

4

[o ‘espiritualidad’: ‘Geistigkeit’]) y economía (negocio) y a partir de estos extremos polares tratan de aniquilar lo político como una esfera de ‘violencia conquistadora’, de modo que el concepto de Estado de ‘derecho’, i.e. [Estado de derecho] ‘privado’ sirva como palanca y el concepto de propiedad privada construye el centro del globo, cuyos polos—ética y economía—sólo son las irradiaciones opuestas de este punto medio” (70). “Los papeles se cambian, la apoteosis permanece. Pero no es admisible en verdad ni moral ni psicológicamente, y mucho menos científicamente correcto definir simplemente con descalificaciones morales oponiendo el intercambio [Tausch] bueno, justo, pacífico, en una palabra simpático a la política cruda, rapaz y delictiva. Con tales métodos se podría del mismo modo al revés definir la política como la esfera de la lucha honorable, la economía sin embargo como un mundo del engaño, pues finalmente la conexión de lo político con la rapiña y la violencia no es más específica que la de lo económico con la astucia y el engaño. El intercambio y el engaño [Tauschen und Täuschen] están juntos a menudo. Un gobierno sobre seres humanos que descansa sobre una base económica debe precisamente entonces aparecer como un horrible engaño, si permanece no-político, desligándose de toda responsabilidad y visibilidad políticas. El concepto de intercambio de ninguna excluye conceptualmente que una de las partes sufra un perjuicio y que un sistema de contratos recíprocos se transforme finalmente en un sistema de la peor explotación y dominación. Si los explotados y dominados en tal situación se resisten, no pueden hacerlo obviamente a través de medios económicos. Que los poseedores del poder económico entonces describan a toda tentativa de cambio [Änderung] ‘extraeconómico’ de su posición de fuerza como violencia y delito y tratan de impedirla, es asimismo obvio. De ese modo cae entonces aquella construcción ideal de una sociedad que descansa en el intercambio y contratos recíprocos y es eo ipso pacífica y justa. Lamentablemente también los usureros y los chantajistas invocan la santidad de los contratos y el principio pacta sunt servanda; la esfera del intercambio tiene sus leyes acotadas y su campo específico, y no todas las cosas tienen valor de cambio. No hay un equivalente justo v.g. para la libertad política y la independencia política, no importa cuán alta sea la suma del soborno” (76).