17 de mayo

2011

Sociedad Cooperativa Europea
Medidas de fomento para su implantación en España
EUROPEAN COOPERATIVE SOCIETY Promotion Measures for its Implementation in Spain SOZIETATE KOOPERATIBO EUROPARRA Espainian Ezartzeko Sustapen Neurriak

Working Paper
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SCE:MEDIDAS DE FOMENTO PARA SU IMPLANTACIÓN EN ESPAÑA

1. Introducción
El presente documento parte con el doble objetivo de por un lado fijar las nociones que se consideran oportunas para el debate a lo largo del presente proyecto, y por otro realizar propuestas normativas y políticas en general que contribuyan a la expansión de esta figura jurídica:

2. Contextualización
Ya ha transcurrido casi una década desde que se aprobó el Reglamento (CE) nº 1435/2003 del Consejo de 22 de julio de 2003 relativo al Estatuto de la sociedad cooperativa europea (en adelante RSCE), y su éxito ha sido muy discreto. Tanto es así que en un recuento llevado a cabo por encargo de la Comisión Europea durante los años 2009 y 2010, su número total era de 17 Sociedades Cooperativas Europeas (SCE). Esta cifra contrasta fuertemente con la de otros modelos jurídicos de ámbito europeo, por lo que se impone una reflexión sobre sus características principales y las posibles medidas que se deben adoptar para el relanzamiento de las SCE.

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SCE:MEDIDAS DE FOMENTO PARA SU IMPLANTACIÓN EN ESPAÑA

3. Nociones generales
Antes de pasar a mencionar los aspectos críticos que presenta la actual regulación de la SCE, y de mencionar propuestas para su fomento, se debe tener en cuenta que la SCE, como forma cooperativa de nuevo cuño, introduce nuevos elementos que suponen posibles innovaciones de cara a la modernización de las leyes cooperativas de los Estados miembro. No hay que olvidar que una de las pretensiones del RSCE –sobre la que se hablará más adelante- es la de contribuir a la armonización de la legislación cooperativa europea. Así pues se va a hacer un somero repaso a las características de la regulación contenida en el Reglamento mencionando de paso lo que puede suponer para la legislación española cuando se entienda necesario: 1. El RSCE establece un capital mínimo de 30.000 euros que no se puede aminorar ni por retirada de aportaciones de socios que causen baja. Constituye así una cifra de garantía frente a terceros.

2. El Reglamento muestra un gran interés en facilitar información sobre la solvencia financiera (o la falta de la misma) e instituye además del capital no aminorable (con el mínimo de 30.000 euros) la obligación de tener un Registro de Socios. Este registro tiene un carácter informativo para terceros del que carece en la normativa estatal. En este sentido, el Reglamento le da una importancia muy grande obligando a recoger información actualizada del socio. Así, debe constar de los siguientes enunciados:

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Nombre del socio Dirección del socio, Número –en su caso- de las participaciones que posea cada socio Asimismo, se inscribirá cualquier operación que modifique la titularidad o la distribución del capital. La finalidad de esta disposición es clara, y viene a ofrecer información puntual y en tiempo real sobre la situación financiera y solvencia de la cooperativa. Se establece también que cualquier persona podrá consultar este archivo siempre y cuando tenga un interés legítimo en el devenir de la cooperativa.

3. También resulta llamativo el régimen de responsabilidad de los socios. El RSCE establece una norma general, que es el de la responsabilidad que abarca hasta el capital suscrito tal y como ocurre con las normas cooperativas españolas, pero al mismo tiempo determina que los Estatutos de la SCE pueden instituir otra cosa. No se establecen unos criterios básicos por lo que el ejercicio de la autonomía de la voluntad puede dar lugar a regímenes de responsabilidad muy diferentes. Además, y visto que la vía está expedita para cualquier tipo de responsabilidad, el Reglamento delimita el momento en que este se pueda fijar, y determina que corresponde esta determinación tan solo al momento de constitución de la cooperativa, sin que puedan realizarse modificaciones del mismo en momentos posteriores. De este modo se quieren garantizar los derechos de terceros frente a la cooperativa.

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4. Una de las críticas que se vierte en la cuestión del capital es que puede resultar excesivo para los socios que sean personas físicas, y que para estos casos se debería poder establecer un capital mínimo de otra cantidad inferior.

5. En cuestiones de gobierno cooperativo, se regulan las asambleas de secciones y las sectoriales, pero una primera lectura del artículo 63 del RSCE parece establecer que estas últimas carecen de poder decisorio en diferentes asuntos sectoriales o de sección, al contrario de lo que ocurre en la normativa estatal. No resultaría desacertada la descentralización decisoria en el sentido en que se desarrolló en la legislación cooperativa española, dado que permitiría en algunos casos una mayor proximidad decisoria y una mayor participación e implicación de los socios en las estructuras y en la actividad de la SCE. ¿Es viable esta mayor atribución de competencias decisorias a las asambleas

sectoriales de las SCE? El inciso final del 63.2 RSCE da pie al debate de la cuestión cuando dice que ‘… Las disposiciones de la sección 4 del capítulo III [sobre la asamblea general] se aplicarán a los trabajos de las asambleas sectoriales y de sección’.

La cuestión planteada se dilucidará en función de cómo se deba interpretar la mención a los trabajos de la asamblea general. Habida cuenta de que la principal labor de las asambleas generales es la decisoria, parecería excesivo dejar fuera del ámbito de esos trabajos la capacidad decisoria sectorial o de sección. Así, el régimen competencial de estas ‘mini-asambleas’ sería según el artículo 52.b) el de ‘las disposiciones de la legislación del Estado miembro en que tenga su domicilio social la SCE’.

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6. Entre las paradojas que se pueden encontrar en el RSCE se halla la de que el RSCE permite que los Estatutos de la SCE contravengan la legislación interna de cada Estado. Esto contribuye a la maraña normativa que dificulta la comprensión y el uso de las SCE, cuestión esta que se abordará más adelante.

7. Una de las innovaciones orgánicas que aportan las SCE es la posibilidad de que los trabajadores no socios de la misma puedan tener capacidad decisoria en la asamblea general de la misma siempre y cuando los Estatutos prevean tal posibilidad y con el tope del 15% de los votos de la asamblea.

4. Cuestiones críticas y medidas de fomento
1. Al ser la RSCE un Reglamento del Consejo, y por tanto una norma de directa aplicación, puede inducir a pensar que viene a establecer una forma jurídica que va a tener una aplicación uniforme en todo el ámbito de la Unión Europea, pero el sistema de fuentes que establece desdibuja esta capacidad y se convierte en uno de los factores cuya incidencia negativa resulta determinante en el desarrollo e implantación de la SCE.

2. En efecto, los estudios realizados y las opiniones consultadas coinciden en que este sistema dificulta el conocimiento y comprensión de la SCE, y la cuestión de la normativa aplicable resulta muy nebulosa. En este sentido, existen más de cien remisiones a la normativa interna de cada país, cosa que no ocurre con otras figuras jurídicas socio-empresariales de ámbito europeo, en las que la legislación comunitaria es más sencilla y más ‘dirigida’.

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3. En vista de la complejidad normativa de la SCE y de la sencillez de otras, es lógico pensar que cualquier nuevo emprendizaje pueda optar por éstas segundas.

4. En este sentido, se hace urgente una mayor sencillez de la norma y una mayor autonomía de la RSCE respecto de las legislaciones cooperativas de los Estados miembro.

5. Por otra parte, se ha de ser consciente que las tradiciones cooperativas cambian mucho de un Estado a otro, y el resultado normativo que los sustenta en cada país, al ser tan plural, pude plantear problemas para la aplicación de la SCE. La técnica utilizada para solventar este problema resta sencillez y dificulta la aplicación de la SCE tal y como se ha dicho, por lo que una posibilidad más adecuada y acorde a las características de las cooperativas sería dejar la mayoría de los temas remitidos a las normativas internas de los Estados, en manos de la autonomía normativa y auto-organizativa de las propias SCE.

6. Esta autonomía debe de tener unos límites que son los de salvaguardar (a) la identidad cooperativa, (b) los derechos de las minorías, y (c) el orden público entre los que se encuentran los derechos de terceros. El envío a la normativa interna de cada Estado se puede limitar a estos temas.

7. De lo expuesto hasta ahora resulta meridianamente claro que la labor armonizadora de la legislación cooperativa en los Estados miembro que se pretendía mediante la RSCE aun no ha dado frutos. No acompaña en esa pretensión la gran cantidad de remisiones que se realizan a las normativas internas de cada Estado miembro.

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8. La transposición del RSCE a la normativa española se lleva a cabo a través de la Ley 3/2011 de 4 de marzo, por la que se regula la Sociedad Cooperativa Europea con domicilio en España. Esta norma no contribuye a esclarecer y acotar las ambigüedades contenidas en el Reglamento más allá de la cuestión registral, que sorprendentemente para el movimiento cooperativo, se remite al Registro Mercantil.

9. Esta última cuestión ha suscitado críticas desde el movimiento cooperativo dado que resulta difícil de entender que habiendo registros cooperativos y pueda entenderse que lo relativo a los registros recae en la normativa autonómica –allá donde esta competencia se haya asumido-, se apropie de la misma la administración central, y lo remita a un registro que es ajeno a las particularidades cooperativas.

10. En vista de que unos de los grandes obstáculos para adoptar la forma de la SCE es el de la falta de conocimiento del mismo – además de otros ya mencionados- parece obvio que los que actualmente detentan tal conocimiento contribuyan a su

divulgación. En este sentido es reseñable que los Registros de Cooperativas cumplen una función de formación, asesoramiento y facilitación de la creación y de la evolución de las cooperativas. Esta función difícilmente la podrá llevar a cabo un organismo –el Registro Mercantil- que desconoce tales extremos. Es necesario por tanto que ya no tan solo por coherencia normativa, sino que por razones prácticas de fomento de la SCE –entre las cuales no es la menor el de su menor visibilidad por diluirse entre sociedades puramente mercantiles- que la cuestión registral se revise.

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11. Lo expuesto en el párrafo anterior nos lleva a considerar que una de las asignaturas pendientes en el fomento de la SCE es el de su conocimiento e incluso su visibilidad. Es así que la promoción de la SCE debe pasar por resaltar sus aspectos diferenciales respecto en particular de las sociedades mercantiles, y sobre todo su potencial en épocas de crisis.

12. Paralelamente es necesario ampliar el conocimiento que tienen de la SCE los asesores legales que se dediquen a la creación de empresas.

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