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El FENOMENO CARISMATICO

PETER MASTERS & JOHN WHITCOMB

La luz resplandece en las tinieblas... Juan 1:5

Iglesia Bautista de la GraciaAR


INDEPENDIENTE Y PARTICULAR
Calle Alamos No.351
Colonia Ampliación Vicente Villada
CD. Netzahualcóyotl, Estado de México

Telefono: (5) 793-0216

1 Cor. 1:23 Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado...

Peter Masters, Pastor del Tabernáculo Bautista en Londres.


John C. Whitcomb, Director de Estudios Doctorales del
Seminario Teológico de la Gracia, Winona Lake, IN, EUA.
Copyright, Derechos Reservados para la traducción.
Publicado Originalmente en 1982
IMPRESO EN MEXICO, 2000
EL FENOMENO CARISMATICO

Lo que llamamos la enseñanza “carismática” fue inicialmente limitada al Pentecostalismo hasta


1955 aproximadamente. Después (comenzando en E.U.A.) comenzó a esparcirse a otras denominaciones.
Fue en Abril de 1960, que el Rector de una iglesia Episcopal en California anunció a su congrega-
ción que él había recibido el bautismo del Espíritu y que había hablado en lenguas. Esto provocó muchos
reportajes en la televisión y en los periódicos en los Estados Unidos, causando una ola de atención pública
y el lanzamiento efectivo del movimiento carismático moderno.
Al principio, el movimiento se esparció rápidamente entre personas con fundamentos débiles to-
cante a los fundamentos de la fe. Este movimiento fue muy atractivo para los liberales y Católicos, y el
primer grupo de sociedades formadas para promover los “dones” carismáticos generalmente sostenía obje-
tivos ecueménicos. Ellos declararon que su meta era la de utilizar los “dones” como un medio para unir a los
miembros de todas las denominaciones, Católicas y Protestantes, en un frente Cristiano unido.
La mayoría de los líderes carismáticos en los años sesentas, expresaron abiertamente sus esperanzas
de que la nueva manifestación de los dones uniría eventualmente a todas las denominaciones bajo la iglesia
Romana. Esto tiene mucha importancia cuando consideramos que hoy en día hay muchos evangélicos que
simpatizan con el movimiento carismático. Se debe hacer esta pregunta; ¿Realmente nos damos cuenta de
su origen y de los motivos los cuales han inspirado su promoción?
Inglaterra es uno de los pocos países los cuales no han ofrecido ninguna oposición real al movimien-
to carismático. Mientras que ha habido pastores e iglesias que han enseñado en contra de ello, generalmente
las conferencias evangélicas y las fraternidades de pastores han callado sobre este asunto, o aún han dado su
aprobación con reservas.

UNA POSICION MAS FIRME EN LOS ESTADOS UNIDOS

En contraste a lo antes dicho, en los Estados Unidos numerosos grupos de evangélicos han tomado
una posición firme y bíblica en contra de la enseñanza carismática. Muchos libros han sido publicados y
numerosas conferencias han sido dedicadas a este asunto. Es cierto que el movimiento ha llegado a ser muy
popular y poderoso en E.U.A., pero es igualmente cierto que grandes secciones de evangélicos están com-
pletamente libres de sus enseñanzas. En efecto ahora hay señales claras de que el movimiento está perdiendo
su influencia, y algunas de las principales casas de publicación han tenido que cerrar.

UN MOVIMIENTO DE EXTREMOS

Muchos evangélicos genuinos han sido atraídos al movimiento carismático, y debemos reconocerlo
claramente. En el transcurso de este estudio debemos también tomar nota del gran número de carismáticos
que dan poca evidencia de que son realmente convertidos.
No hay ninguna duda de que una de las razones a la cual se debe la popularidad de la enseñanza
carismática, es que grandes números de personas han sido traídos a una profesión de fe por los métodos
superficiales de la “creencia fácil”. Y en la ausencia de la satisfacción espiritual real, tales “convertidos”
desesperadamente necesitan la dieta de maravillas y milagros la cual el ambiente carismático más extremo
trata de proveer.

Que esto es un factor real se puede probar por medio de referirse a los movimientos hippies (tales
como la “Gente de Jesús”) los cuales surgieron hace pocos años en los Estados Unidos. Los jóvenes se
adentraron en el movimiento y pronto estuvieron involucrados en todos los éxtasis extravagantes de
la enseñanza carismática extrema. Uno podía visitar los grandes “festivales” y las comunidades gigantes y ver
a miles de jóvenes fervientes adorando con sus manos alzadas, moviendo sus dedos, y con sus ojos cerrados
a la vez que oscilaban sus cuerpos y cantaban. Con las cabezas y ojos alzados, numerosas personas hablarían
fluidamente en lenguas, olas y olas de lenguas carismáticas esparciéndose en todos los ahí reunidos. Muchos
testificarían haber sentido sensaciones poderosas en sus cuerpos.
¿En dónde están ellos ahora? Sabemos que la puerta del “reino” estuvo abierta ampliamente y un
Evangelio diluido fue predicado. La mayoría de los “convertidos” no experimentaron ninguna convicción
real del pecado porque no existió ninguna exhortación real hacia el arrepentimiento. Hemos visto a miles de
personas pasar por esta clase de experiencia de “conversión”, luego hablan en lenguas, profetizan, tienen
visiones, y reclaman haber sido sanados, y por fin abandonan todo esto y ya no están interesados en la
adoración de Dios del todo.
Luego, por supuesto, existen los “hombres-espectáculo” carismáticos. Uno o dos que florecen con
sus ministerios “en tiendas” (andan de una ciudad a otra con tiendas de campaña) en Inglaterra, pero la
mayoría están en E.U.A., algunos tienen sus programas en la televisión en red nacional. Estos son los
hombres “super-dotados” que visten trajes costosos, manejan autos lujosos y viven en residencias millona-
rias. Ha sido revelado abiertamente que un sanador carismático conocido internacionalmente usa tapetes
especiales en la plataforma. Un hecho desconocido por la gente enferma que sube a la plataforma para ser
saludados por el “sanador”, es que los tapetes han sido diseñados para producir ligeros toques eléctricos de
manera que cada persona enferma sienta sensaciones de hormigueo al tocar las manos del “sanador”. Des-
pués numerosas personas testifican de la “sensación espiritual” que sintieron en la presencia de este “sana-
dor”.

LOS EXTREMISTAS TIENEN DONES TAMBIEN

Es un hecho contundente que la mayoría de movimientos actuales pseudo-evangélicos que son de


un carácter obviamente engañoso han sido fervientemente carismático y capaces de manifestar todos los
“dones”. Por otra parte, los carismáticos moderados que forman parte del otro extremo del movimiento no
pueden ofrecer ninguna explicación satisfactoria de como tales ladrones y tramposos pueden manifestar
precisamente los mismos “dones”.
Muchos creyentes verdaderamente convertidos son atraídos por el movimiento carismático por la
falta de satisfacción en sus iglesias. Pertenecen a una iglesia liberal con un ministerio comprometido. Por
muchos años han estado muriendo de hambre espiritual y han estado viviendo con sus propios recursos
espirituales. Después, ellos descubren que pueden asistir a una reunión interdenominacional de una socie-
dad carismática, o pueden asistir a la casa donde se reúne un grupo carismático. Ellos aprenden a hablar en
lenguas, y disfrutan grandemente la fraternidad y el entusiasmo espiritual de tales reuniones. Después de
muchos años de desnutrición espiritual, la sociedad carismática parece ser el mejor alimento espiritual
disponible.
Otra categoría de persona atraída a los círculos carismáticos es el recién convertido que tiene prisa
en la vida cristiana. La enseñanza carismática es atractiva para algunos, como el camino más corto que lleva
a la bendición y a la santificación. Les ofrece una experiencia que uno puede tener instantáneamente.
Cualquier persona puede empezar a participar en las diferentes manifestaciones carismáticas sin tener que
luchar y esforzarse en la vida Cristiana, como los predicadores evangélicos tradicionales lo enseñan.

EX-CARISMATICOS

No obstante, hay ahora numerosos creyentes que han entrado y salido de la experiencia carismática.
Por un tiempo fueron profundamente afectados por los ojos cerrados, las manos alzadas, la forma de adora-
ción, y las expresiones de emoción sin inhibición, todo aparentemente impulsado por el Espíritu. El gozo
de los cultos y el calor de las relaciones los venció. Las pláticas sobre sus experiencias y sus problemas les
ayudaron. Y los cultos en los cuales se sometieron juntos al flujo extático del lenguaje celestial, les atrajo
como una forma maravillosa de “escape”.
Pero muchos han testificado de como llegaron a darse cuenta de que el panorama general de su
grupo carismático estaba lejos de la enseñanza clara de la Palabra de Dios. Mientras estudiaban la Palabra,
llegaron a ser molestados por la forma arminiana-carismática de sacar textos fuera de su contexto. Cada vez
más encontraron que el entendimiento doctrinal de los líderes carismáticos era superficial y no satisfacía
espiritualmente.
Algunos tropezaron con comentarios reformados y libros doctrinales, y descubrieron un mundo
entero de enseñanza y aplicación que nunca habían visto antes. Muchos ex-carismáticos han hablado de su
desilusión por la falta de interés real en la justicia y en la santidad (aunque esto no es verdad con respecto a
todos). Muchos encontraron que la “fórmula” del bautismo del Espíritu para la santificación no realmente
tocó sus vidas, ni les trajo poder sobre sus pecados.
Muchos llegaron a estar aburridos de los métodos de adoración con su énfasis sobre el “escape”
subjetivo. Encontraron que el sistema de adoración era repetitivo y llegaron a estar descontentos con su
fracaso de no ir más allá de los aspectos más básicos y elementales de la salvación. Sus almas anhelaban algo
más profundo, más substancial, más objetivo, más divino.
Otra causa de la falta de satisfacción expresada por los ex-carismáticos es la técnica constante (aun-
que a veces inconsciente) de exageración la cual reclama: un crecimiento fenomenal (totalmente separado
de la realidad), las sanidades milagrosas (las cuales no ocurren), y numerosas conversiones (la mayoría de las
cuales fallan al ser probadas por el tiempo). Pero sobre todo, los ex-carismáticos se sienten aliviados al estar
fuera de un ambiente de subjetivismo y de gran presión, en el cual aún las personas piadosas llegan a
depender totalmente de sus sentimientos, experiencias, milagros, impulsos, coincidencias, etc.

¿POR QUE TAN CALLADOS?

¿Por qué nosotros en Inglaterra hemos sido tan tímidos para hablar claramente de la Biblia sobre el
asunto carismático? ¿Por qué la oposición ha estado tan callada? Una razón es que los evangélicos (en
Inglaterra) han experimentado una disminución durante mucho tiempo, por lo tanto, muchos pastores
sienten inhibiciones al hablar dogmáticamente sobre tales asuntos.
Otra razón es la preocupación general de ver un avivamiento. Esta preocupación ha producido
entre muchos una actitud de mucho cuidado respecto al movimiento carismático. Algunos temen que el
criticar al movimiento quizás pueda apagar el Espíritu de Dios. Por lo tanto, (según ellos), tenemos que
permitir que la precaución prevalezca para que cada “puerta” esté abierta al avivamiento.
Otra razón por la falta de comentarios sobre el movimiento es el punto de vista sostenido por
algunos pastores que dicen que la unidad evangélica debe prevalecer sobre las diferencias de opinión respec-
to a las “así llamadas” doctrinas “secundarias”. Tales pastores están a favor de la “comunión abierta” (el
interdenominacionalismo) estando aparentemente inconscientes de la gran diferencia de la doctrina orto-
doxa y la doctrina carismática. También ignoran la gran posibilidad de daño la cual es creada por la forma
de pensar carismática.
Las iglesias que practican la “comunión abierta” invariablemente toman una posición por la cual (a
pesar de lo que se enseña desde el púlpito) la mayoría de los miembros eventualmente llegan a estar confun-
didos en tales áreas vitales como: la autoridad e interpretación de la Escritura, la adoración, el evangelismo,
la santificación, el consejo personal, las bendiciones espirituales y la naturaleza de la iglesia. Esto está muy
aparte de los problemas los cuales pueden surgir cuando los excesos carismáticos más grandes empiezan a
aparecer.
PASTORES DESANIMADOS

Otra razón que ha causado la timidez al tratar con el movimiento carismático es el desánimo que
muchos pastores han experimentado con la fe Reformada. Han trabajado para traer un énfasis nuevo sobre
la doctrina bíblica, pero esto no ha producido una bendición poderosa. Ahora ellos sienten que han descui-
dado la necesidad de buscar una intervención especial del Espíritu Santo. Por lo tanto ellos miran al movi-
miento carismático con gran respeto, aún permitiéndole infiltrarse y afectar a sus congregaciones con la
esperanza de que traiga una experiencia viva del poder del Espíritu.
El error con esta actitud es que descansa en un mal entendimiento trágico de la vida de la iglesia.
Nunca debería haber sido asumido que la recuperación de la sana doctrina bíblica automáticamente llevaría
a las iglesias a mostrar la vida poderosa y ferviente. La doctrina sana tiene que ser acompañada por la
ferviente predicación evangelística, combinada con un verdadero patrón bíblico de testimonio y servicio
por parte de los miembros de la iglesia.

Desafortunadamente ha existido un espíritu de romanticismo entre los pastores e iglesias Calvinis-


tas. El predicador ha llegado a ser prácticamente el único agente para la obra de Dios. El creyente común,
como un instrumento ha sido ignorado. Casi no han hecho ningún intento de incluir a todos los miembros
de la iglesia en un servicio significativo. Ni tampoco han tratado de capacitar y guiar a toda la congregación
en el ministerio bíblico de la iglesia. Mientras que las iglesias no hagan un intento serio de trabajar para el
Señor, usando los métodos del Nuevo Testamento, esperarán en vano la bendición real y eficaz.

ENFRENTANDO LOS PROBLEMAS

Los problemas planteados por el fenómeno carismático de nuestros tiempos claman por una inves-
tigación bíblica y seria hecha por todos los pastores e iglesias evangélicas. Y el propósito de este estudio es el
de resumir los asuntos y los argumentos y también estimular una consideración cuidadosa
acompañada por la oración.
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ANHELO POR MILAGROS

Es nuestra tarea analizar a la luz de la Palabra de Dios una de las tragedias más grandes de la historia
de la verdadera Iglesia de nuestro Señor Jesucristo, lo cual no es una tarea completamente agradable, ni
sencilla. Creo que el fenómeno carismático que presenciamos hoy se puede explicar en virtud del escepticis-
mo general y el rechazo de la Verdad. Se niegan a Dios y a Sus atributos y a Sus obras debido al pensamiento
racionalista, evolutivo, materialista y ateo. En tal mundo, las iglesias están bajo tremenda presión para
demostrar a una sociedad incrédula, de alguna manera, que Dios está vivo, que El tiene poder y sabiduría,
y que hizo todos los grandes milagros y las señales que se han escrito en Su Palabra.
Este es el marco de referencia, el ambiente que ha originado el peligro desesperado que enfrentamos
en la actualidad. Este peligro consiste principalmente en el deseo de obligar a Dios a que nos dé (o que
invente dentro de nosotros) algunas demostraciones de Su poder que serán convincentes tanto para otros
como para nosotros (demostraciones las cuales probarán que Dios es el mismo Dios de las Sagradas Escri-
turas).
Permítame citar varios ejemplos de la Biblia misma, de las ocasiones cuando el pueblo de Dios
sentía el mismo deseo de una vindicación pública de Dios. Tal deseo fue algo legítimo y noble, pero jamás
fue realizado por Dios. Se decían oraciones y lloraban con desesperación para que se manifestaran las
señales milagrosas visibles, pero nunca sucedieron.
En Isaías 64 se encuentra el primer ejemplo. Es probable que Isaías fue el más grande de los profetas
escritores del Antiguo Testamento y un hombre que luchaba contra el escepticismo del rey Achaz y contra
toda manifestación del ocultismo y toda adoración falsa (como se describe en el capítulo 8).

UNA ORACION SIN RESPUESTA

En su corazón, deseaba con ansia alguna vindicación visible, genuina y espectacular del único,
verdadero Dios vivo de Israel. Léase con mucho cuidado su oración: “Oh si rompieses los cielos, y descen-
dieras, y a tu presencia se escurriesen los montes, como fuego abrasador de fundiciones, fuego que hace
hervir las aguas, para que hicieras notorio tu nombre a tus enemigos, y las gentes temblasen a tu presencia”
¿Era esta una oración legítima? ¡Claro que sí! Quería que su Dios fuera vindicado ante un mundo y una
nación apóstata, escéptica, incrédula e insensible. Además, Isaías tuvo un antecedente para citar, ya que
Dios había hecho algo semejante 700 años antes. Entonces, Isaías suplicó: “Cuando, haciendo terriblezas
cuales nunca esperábamos, descendiste, fluyeron los montes delante de ti”.
En el Exodo, y en el Sinaí, Dios había vindicado públicamente a su siervo Moisés delante de los ojos
de toda la nación de Israel y de Egipto y de todas las naciones del mundo. Había una combinación absolu-
tamente espectacular de las señales milagrosas, hasta tal punto, que cuando el Monte Sinaí tembló por el
poder de Dios, y salió mucho humo como si fuera un horno, y cuando se oyó una gran voz, la nación gritó
aterrorizada. Pero la oración de Isaías pidiendo una nueva demostración del poder de Dios nunca fue
contestada. Con la excepción del retroceso de la sombra del reloj de sol (durante el reino de Ezechias), Isaías
nunca vio ese tipo de demostración pública y espectacular.

LA MANERA DE DIOS, NO LA NUESTRA

El Señor sabe lo que está haciendo, cuándo lo va a hacer, y cómo lo va a realizar. La vindicación
visible de Dios nunca concuerda con nuestros deseos humanos, sugerencias o esquemas. Es completamente
divina y soberana. En Hechos 1:6, leemos como los discípulos confrontaron al Señor con esta pregunta
urgente, “Señor, ¿Restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” La respuesta de nuestro Señor resuena toda-
vía hasta ahora, “No toca a vosotros saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en Su sola potestad.”
Su tarea simplemente era la de obedecer las instrucciones inmediatas de la gran comisión, pero tuvieron que
dejar la cronología, el plan, el programa, la introducción del reino y la vindicación pública de Dios, a El
mismo.
Hoy en día tenemos una situación que es muy semejante a la exclamación desesperada de Isaías, de
Juan el Bautista y de los discípulos, la cual es esta: “Señor, ¡Por favor haz algo ahora! Mira el estado de las
iglesias; mira el decaimiento y la humillación de Su pueblo de hoy en contraste con las grandes evidencias
de bendiciones de los siglos pasados. Haz algo, Señor, para vindicar a Sus Siervos.” Cada secta principal, y
toda forma falsa del cristianismo ofrece señales milagrosas a sus seguidores con el fin de vindicar su testimo-
nio en un mundo incrédulo. El crecimiento rápido de las sectas se debe a lo siguiente: tienen una garantía
de que la gente pondrá ver, sentir y experimentar las visibles vindicaciones públicas y espectaculares de
Dios.
Así pues, se ejerce una gran presión la cual es irresistible sobre el pueblo de Dios para desear alguna
vindicación espectacular. Muchos miran a la Biblia y dicen, “¿Pero, no es cierto que la Biblia está llena de
señales milagrosas? ¿Por qué en aquellos años la gente podía experimentar y ejecutar milagros, mas nosotros
no?” Pero la Biblia no está “llena” de señales milagrosas en el sentido de que sean continuas. Nunca debe-
mos olvidarnos de que a través de un análisis cauteloso de la Biblia podemos ver que los milagros no
sucedieron cada semana con cada persona. De hecho fueron categorizadas entre los eventos menos frecuen-
tes en la historia del mundo. Cualquier persona que toma el tiempo para estudiar cuidadosamente la histo-
ria de la Biblia descubrirá que desde la hora de la creación del mundo hasta el Diluvio unos 1,700 años
después, sólo hubo una sola señal milagrosa registrada, la cual fue el traslado de Henoch a la presencia de
Dios sin morir.
Por supuesto, durante la última fase de ese período, se encuentra el proyecto de la construcción del
arca, pero desde una observación simple, esto tampoco fue una señal milagrosa. Desde el Diluvio hasta la
época de los patriarcas, también hubo solamente una sola señal milagrosa; el juicio de la Torre de Babel. Y
desde los patriarcas hasta Moisés, eran menos frecuentes las señales milagrosas.

SIGLOS SIN MILAGROS

Después, durante 400 años de esclavitud en Egipto, no recibieron ni una sola palabra de los cielos,
ni una señal milagrosa. Pero de repente vino el gran arranque de señales milagrosas durante los tiempos de
Moisés y de Josué. Desde el principio hasta el final de la crisis del Exodo y la conquista había muchas,
volviéndose más intermitentes, durante la época de los Jueces.

Después, las señales milagrosas de nuevo sucedieron con poca frecuencia, y no hubo ninguna du-
rante el tiempo de Salomón. Durante el período de la monarquía dividida desde Salomón hasta Nehemías,
las señales ocurrieron tan pocas veces hasta ser casi inexistentes. Algunos de los hombres más devotos
durante aquel período de la historia, como Esdras, Nehemías y Zorobabel, jamás presenciaron ninguna
señal milagrosa.
Cuando el Antiguo Testamento fue terminado, pasaron otros 400 años (hasta el tiempo de Juan el
Bautista) que se conoce tradicionalmente como “el período del silencio de Dios.” Pasaron muchos hechos
interesantes, pero no hicieron ningún señal milagrosa y no se oía ninguna voz de los cielos. Lo más asom-
broso es el hecho de que cuando estudiamos a Juan el Bautista, aunque fue el mayor profeta que haya
vivido, encontramos que la Biblia insiste en que Juan jamás hizo una señal milagrosa durante toda su vida
(Juan 10:41). Si esto es una reflexión asombrosa, ¿Qué vamos a pensar del mismo Señor Jesús? Era el mayor
autor de milagros y el Hijo del Dios viviente, sin embargo, El no hizo ningún milagro durante los primeros
treinta años de Su vida.

EVANGELIOS APOCRIFOS

Algunos de los primeros cristianos quedaron tan escandalizados y ofendidos por la afirmación en
Juan 2:11 que nos informa que la conversión del agua en vino fue el primer milagro que Jesús hizo, que
aceptaron con insensatez los Evangelios apócrifos que están llenos de detalles ficticios de los milagros que
Jesús realizó cuando era un niño o adolescente. Sintieron una necesidad de llenar este espacio y aliviar la
vergüenza intensa porque el Hijo de Dios no hizo ningún milagro durante treinta años.
¿Por qué no hizo el Señor ningún milagro durante tantos años? Quisiera sugerir que las señales
milagrosas aumentaron su valor en proporción exacta con su rareza. Si hubieran sucedido de una manera
constante y en respuesta a las peticiones o necesidades de cada quien, pronto se habrían convertido en algo
común y corriente, perdiendo sus valor dinámico y revelador. De una manera prudente, Dios limitó sus
señales, y por consiguiente, los hombres no podían predecir cuando, como o donde Dios iba a realizar tales
hechos.
Quisiera añadir también que nuestro Dios, por muchas razones obvias, muy prudentemente elimi-
nó toda la competencia respecto a los milagros que hizo Su amado Hijo. Aún Su propio predecesor, Juan el
Bautista, no hizo ningún milagro para que se enfocara la atención sobre los reclamos del Señor Jesús ante la
nación de Israel. Una y otra vez, el Antiguo Testamento había mencionado que cuando viniera el Mesías,
todos sabrían Quien era por medio de sus señales milagrosas.
LOS MILAGROS TENIAN
UN PROPOSITO DEFINIDO

A través del Nuevo Testamento podemos ver la razón precisa, porque nuestro Señor Jesucristo
realizó sus señales milagrosas. El no realizó señales milagrosas espectaculares simplemente para demostrar a
Israel que había un Dios vivo en el cielo Quien podría realizar milagros. Ellos ya sabían eso. Ellos ya habían
poseído sus Escrituras por cientos de años y ya sabían acerca del carácter y el poder de Dios. Eso no fue el
motivo.
A través del Nuevo Testamento podemos ver la razón precisa, porque nuestro Señor Jesucristo
realizó sus señales milagrosas. El no realizó señales milagrosas espectaculares simplemente para demostrar a
Israel que había un Dios vivo en el cielo Quien podría realizar milagros. Ellos ya sabían eso. Ellos ya habían
poseído sus Escrituras por cientos de años y ya sabían acerca del carácter y el poder de Dios. Eso no fue el
motivo.
En Hechos 2:22 los Apóstoles explican que se demostró que Jesucristo era el Mesías enviado de
Dios por medio de las señales milagrosas que El hizo. El Señor Jesús destruyó completamente todos los
cargos en su contra de que El era un falso profeta, por dos cosas: Primero, hablaba según las Escrituras en
completa armonía con la revelación, y segundo, El hizo profecías de las señales milagrosas que El mismo
cumplió. Podemos ver el propósito que el Señor tenía en Sus milagros, en la sanidad del paralítico en Mateo
9:2-6. Al principio del incidente, un paralítico, un lisiado desesperado es traído a Jesús por sus amigos. Jesús
viendo la fe de ellos dijo al paralítico, “Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.”
Los enemigos de Jesús inmediatamente vieron esto como blasfemia. ¿Cómo podría un hombre
finito y pecaminoso perdonar los pecados de otro ser humano? Por supuesto, si Jesús era en realidad finito
y pecaminoso, entonces la opinión de ellos habría sido correcta. Pero Jesús, conociendo sus pensamientos
dijo, “¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son
perdonados, o decir: Levántate y anda?” Si Jesús no hubiera sido verdaderamente el Hijo de Dios, la peor
cosa posible que pudo haber hecho en la presencia de una audiencia hostil, sería mirar al lisiado desesperado
y decir, “levántate y anda.” Pero Cristo hizo precisamente esto diciendo: “Pues para que sepáis que el Hijo
del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados: Levántate, toma tu cama, vete a tu casa.”
Cuando la multitud vio esto, se maravillaron y glorificaron a Dios. La señal milagrosa de la sanidad
perfecta e instantánea del paralítico convenció a la multitud de que lo que Jesús había dicho tocante a sus
pecados era verdad—el paralítico había sido perdonado. La señal milagrosa confirmó Su poder y autoridad
para hacer la cosa más grande, esto es, perdonar el pecado. Así la señal milagrosa logró su propósito; no era
una demostración de que Dios existe, ni el hecho de ayudar a un pobre lisiado; sino la señal milagrosa
principalmente llamó la atención a la autoridad única de Cristo en la tierra para perdonar los pecados.
Debemos comprender este principio esencial: el mensaje que va con la señal milagrosa jamás ocurri-
ría sin un propósito o mensaje atado a ella, sería un desastre total.

LAS SEÑALES ACOMPAÑAN A LA REVELACION

Está registrado en Hechos 14 que cuando Pablo y Bernabé llegaron al pueblo de Listra, encontraron
fuera de la ciudad a un hombre imposibilitado de los pies y determinaron en el nombre de Cristo Jesús
sanarle instantáneamente. Pero antes de que ellos tuvieran una oportunidad para explicar quienes eran y
Quién era su Dios, toda la ciudad estaba emocionada y corrieron (bajo el liderazgo de los sacerdotes paga-
nos) y comenzaron a ofrecer sacrificios a estos dos hombres. La gente los consideraba como dioses, y nom-
braron a uno Jupiter y a otro Mercurio. ¿Estaban Pablo y Bernabé complacidos de ser honrados en esta
manera? No, ellos rasgaron sus ropas y gritaron con alarma..
El problema aquí fue: La señal milagrosa no estuvo instantáneamente acompañada por el mensaje y
como resultado fue un desastre. Esto es precisamente lo que está pasando hoy en día. Hay cientos de miles
que profesan ser creyentes que quieren las señales milagrosas para vindicar a Dios y a ellos mismos ante un
mundo incrédulo. Pero si no hay ninguna revelación sobrenatural con las señales, llegan a ser un desastre.
Un milagro en sí mismo es peor que nada, a menos que Dios explique en Su autoridad, quien es el mensa-
jero y cual es el propósito verdadero.
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COMO PROBAR UN MILAGRO...

Muchos del pueblo de Dios que tienen un deseo de honrarle, están inclinados a creer que Dios está
hablando nuevamente en formas especiales y haciendo señales milagrosas por medio de ciertos hombres
quienes están atrayendo mucha atención. ¿Cómo podemos determinar si estos hombres realmente están
recibiendo información directamente de Dios por otros medios que no sean el estudio sistemático, cuida-
doso de la Escritura?
¿Cómo podemos saber si sus así llamadas señales milagrosas, son en realidad de Dios o de algún otro
origen? Tenemos en las Escrituras directivas las cuales son muy accesibles, disponibles, simples y las cuales
son muy apropiadas para que todo el pueblo de Dios las use. Usando estas directivas bíblicas podemos
obedecer 1 Juan 4:1, que dice: “Amados no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios.”
¿Cuáles son estas directivas? ¿Cómo podemos probar los milagros de la sanidad física de los cuales
cada secta principal incluyendo el Catolicismo Romano son especialistas? ¿Cómo podemos determinar si
estas, así llamadas sanidades están en el mismo nivel y son igualmente genuinas a los milagros de sanidad,
los cuales encontramos en el Nuevo Testamento?
Permítame ofrecer tres directivas de las Escrituras. Es por medio de estas “normas” que tenemos que
juzgar los reclamos de las señales milagrosas de hoy:
(1) Los milagros de sanidad de nuestro Señor Jesucristo fueron fantásticamente abundantes en
número.

OBVIO Y ESPECTACULAR

(2) El ministerio de sanidad de nuestro Señor Jesucristo incluyó las sanidades espectaculares. Eran
curaciones de enfermedades orgánicas, las cuales eran plenamente obvias. Hoy en día, desde luego, tenemos
muchos reclamos de personas que han sido sanadas de dolores y molestias internas, pero en la mayoría de
los casos es muy difícil para la persona normal estar segura de que si una curación ha ocurrido o no.
Nuestro Señor era un especialista en la clase de curación milagrosa que era obvia y espectacular. Por
ejemplo en el jardín de Getsemaní, la única contribución del apóstol Pedro a la crisis del momento fue la de
quitar la oreja del sirviente del Sumo Sacerdote. El Señor Jesucristo recogió la oreja cortada y la puso en su
lugar y sanó completamente la herida.

¿Pueden los obradores de milagros en los tiempos actuales lograr la clase de sanidad que Cristo
realizó? Por supuesto que no. Jesús tuvo la habilidad de sanar a un hombre ciego de nacimiento, “desde el
principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a alguno que nació ciego.” ¿Qué pasaría si alguien
llevara el cuerpo de un ser querido quien había muerto recientemente a un sanador carismático y le pidiera
que hiciera lo que Jesús hizo por Lázaro? Podemos estar seguros de que ningún sanador tomaría tal caso y así
poner en peligro su reputación al intentar hacer lo que él sabe, es absolutamente imposible.
La excusa la cual los “sanadores” inventan hoy en día por haber fallado, es que la gente no tiene fe.
Pero en el Nuevo Testamento la fe no tuvo nada que ver con estas sanidades espectaculares. Nueve de los
diez leprosos que Jesús sanó aparentemente no tenían fe. Solamente uno fue un creyente quien regresó para
agradecer a su Señor. Parece obvio que Lázaro no necesitó fe para ser resucitado de los muertos. Así es que
podemos estar seguros de que la queja de que hay poca fe en el “cliente” es simplemente una excusa moder-
na, o una coartada por el hecho de que estas señales milagrosas de la Escritura no están volviendo a ocurrir
hoy en día.
(3) La directiva más importante de todo, es esto: Cuando el Hijo de Dios logró Sus curaciones
milagrosas para autentificar Su reclamo de que El era el Mesías de Israel, El lo hizo de tal manera, que nadie
podría negar que un milagro de Dios había ocurrido. Sus señales milagrosas eran innegables. Nicodemo
vino a El una noche y lo expresó de esta manera: “Sabemos que has venido de Dios por maestro; porque
nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no fuere Dios con él.” Juan 3:2
Algunos de los enemigos del Señor, quienes se dieron cuenta de que la gente realmente fue sanada
y resucitada de los muertos, fueron forzados a concluir que Satanás fue él que hizo todas estas cosas. No
obstante todos estaban obligados a admitir que grandes, espectaculares, e innegables milagros ocurrieron.
El único debate que quedó era, ¿Cuál poder sobrenatural era la causa; Dios o el diablo? Leemos en Juan
11:47 que los principales sacerdotes y los Fariseos se reunieron en un concilio y reconocieron que no sabían
cómo oponerse a Cristo, porque definitivamente El hizo muchos milagros.

SIEMPRE INNEGABLES

Esto es reafirmado en Hechos 4:16 cuando otro concilio judío consideró el milagro logrado por
Pedro y Juan al sanar al paralítico en el Templo. Los líderes de los judíos dijeron entre sí: “¿Qué haremos con
estos hombres ? Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en
Jerusalén, y no lo podemos negar.” Cada vez que Dios se involucra
a sí mismo en señales milagrosas siempre son completamente innegables. En el Monte Carmelo, Elías en el
nombre del Dios verdadero de Israel, hizo un milagro que fue totalmente innegable. Después de que el
fuego cayó del cielo nadie preguntó “¿Realmente sucedió eso ?” Igualmente en Egipto las grandes plagas
que precedieron al Exodo, forzaron a los magos a reconocer “este es el dedo de Dios”.
En base a estas consideraciones, sugiero que tenemos una regla infalible por la cual podemos deter-
minar si las señales milagrosas realmente están ocurriendo hoy en día o no. Si alguien puede observar estos
“milagros” y permanecer escéptico, entonces estos “milagros” no tienen ninguna semejanza a las señales
milagrosas de la Biblia y él que obra el “milagro” no puede ser de Dios. Tan sólo esta prueba destruye todos
los reclamos de los que obran los “milagros”. Dios no se involucrará a sí mismo en las señales milagrosas las
cuales se pueden negar. Una comparación de las obras del Señor Jesús y Sus apóstoles elegidos con las obras
logradas hoy por los carismáticos manifestará una diferencia estupenda. Estamos mirando a dos niveles de
realidad totalmente diferentes.
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APOSTOLES Y PROFETAS EXCLUSIVOS A LA ETAPA DE LA FUNDACION

Los apóstoles realizaron señales milagrosas para establecer el hecho de que el Mesías había llegado y
les había dado su Palabra. Así es que en Efesios 2:19-20 leemos: “Así que ya no sois extranjeros ni advene-
dizos sino juntamente ciudadanos con los santos, y domésticos de Dios: edificados sobre el fundamento de
los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo.”
Notamos que la iglesia es edificada no sobre el fundamento de Jesucristo sino sobre el fundamento
de los apóstoles y profetas. Por supuesto Cristo es el fundamento de la iglesia “porque nadie puede poner
otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.” Pero, ¿no sabía Ud. que hay más cosas
involucradas que esto? Recordemos que Jesucristo, Quien murió como nuestro substituto y Quien es el
Autor de nuestra fe, no escribió ni una sola palabra de la Biblia. Y nunca sabríamos algo de lo que El hizo en
la cruz, ni tampoco habríamos escuchado de la tumba vacía y la resurrección sino por la función y propósito
de los apóstoles y profetas.
Por lo tanto en cuanto a la revelación divina, todo lo que sabemos tocante a Dios y Su Hijo amado
y el Evangelio verdadero proviene únicamente de los apóstoles y profetas. El Señor Jesucristo es la principal
piedra del ángulo pero los apóstoles y profetas escribieron todo el Nuevo Testamento. Dos apóstoles y dos
profetas escribieron los cuatro Evangelios, Mateo y Juan fueron los dos apóstoles y Marcos y Lucas fueron
los dos profetas. ¿Cuál es la diferencia entre los dos? Los apóstoles eran hombres que fueron escogidos por
Dios para andar con Jesús en Su ministerio público de tres años y medio y para recibir revelación especial
(algunos de ellos) para escribir la Escritura. Los profetas eran hombres que no necesariamente anduvieron
con Jesús, pero que también recibieron revelación especial para escribir la Escritura.

UN GRUPO LIMITADO Y ESCOGIDO

Todo el Nuevo Testamento fue escrito por los apóstoles y profetas. Apóstoles tales como Pedro, Juan
y el apóstol especial Pablo; y profetas tales como Lucas (quien escribió Hechos) y Santiago y Judas (que eran
medios hermanos de Jesús) más el autor de Hebreos. El Señor Jesús no escribió ni una palabra. Este grupo
de apóstoles y profetas, es un grupo limitado, especial y escogido que constituía el fundamento revelador de
la iglesia en la Santa Escritura. Ya no hay ningunos apóstoles, porque ellos son el fundamento. Un edificio
puede tener un solo fundamento, el cual es fijo, completo y seguro antes de que el edificio sea edificado. Por
consiguiente no pueden haber otros apóstoles ni profetas, aparte de los que son llamados en la Escritura: “el
fundamento”.
Pablo fue un apóstol especial preparado por Dios para ser un puente entre los apóstoles judíos que
andaban con Jesús y el mundo gentil. En 1 Corintios 15, Pablo dice que después de Su resurrección el Señor
Jesús fue visto por todos los apóstoles, “y al último de todos, como a un abortivo me apareció a mi.” Pablo
aquí indica que él fue el último apóstol, no hubo más.
La actitud de mucha gente en el movimiento carismático y otros movimientos similares hoy en día
es semejante a esto: “¡Esto no es justo! Yo quiero ser un profeta. ¿Porqué Dios enseñó solamente por medio
de ellos? Yo tengo igual fe, sino es que más grande. Yo quiero ser un canal de revelación nueva; yo quiero ser
un portavoz, un vocero de Dios. Yo quiero que palabras divinas salgan de mi boca.” La única respuesta
bíblica a tal actitud es decir: “Usted no puede tener ese privilegio. Usted no ha sido escogido por Dios para
ser parte del fundamento de Su iglesia. El fundamento ha sido terminado ya hace mucho tiempo.”

“Usted está ahora en la etapa de la estructura de la historia de la iglesia. Usted jamás puede tener
privilegios de revelación especial. Esto no tiene nada que ver con la cuestión de que si Dios tiene el poder de
hacerlo, o si usted tiene la fe de recibirlo. Todo tiene que ver con el hecho de que Dios no ha planeado que
Su iglesia tenga 14,15, o 20 fundamentos diferentes, o 75 o 156 apóstoles y profetas diferentes. Ya no hay
más.”

UN RESUMEN DE LOS MILAGROS

Debemos estar muy emocionados y agradecidos por los privilegios que nuestro Dios nos ha dado.
No deberíamos tener el deseo de demandar privilegios ilegítimos. No deberíamos tener el deseo de torcer y
desvirtuar Su verdad para que tengamos experiencias las cuales Dios nunca quiso que tuviéramos en esta
etapa de la historia de Su iglesia. Volviendo a Pablo, parece que la última señal milagrosa de sanidad que él
experimentó fue cuando se sacudió una serpiente venenosa que se le había prendido en la isla de Malta.
Aquel acontecimiento asombró a los habitantes de aquella pequeña isla y atrajo la atención a la autoridad
divina de Pablo como un apóstol. No obstante, esta fue aparentemente su última experiencia de una cura-
ción divina, porque posteriormente él escribió cartas, las cuales incluyeron declaraciones semejantes a estas:
Primero, a Filipos su iglesia favorita: “Gracias por su obsequio generoso de Epafrodito vuestro
mensajero. Se entristeció al haber sabido que ustedes habían escuchado de su enfermedad. Pero gracias a
Dios que tuvo misericordia de nosotros y levantó a Epafrodito.” (Filipenses 2:25-30) Evidentemente esta
enfermedad de Epafrodito duró mucho tiempo, pero no hay ninguna indicación de que Pablo le sanó.
¿Cómo pudo su enfermedad haber sido prolongada si Pablo tuvo el poder sobrenatural de sanarlo instantá-
neamente? Y cuando Pablo escribió en su última carta (2 de Timoteo) estas palabras; “Trófimo dejé en
Mileto enfermo.” ¿Por qué hizo eso? ¿Si Pablo tenía el poder de sanarlo, por qué no lo hizo? La implicación
es que Pablo no pudo sanarlo. De hecho Pablo dijo a Timoteo: “Ya no bebas agua, sino usa de un poco de
vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades.”
¿Entendemos lo que esto implica? El fundamento de la iglesia estaba ahora en las últimas etapas de
cumplimiento. Algunos han sugerido que para cuando el año 70 D.C. llegó, (el cual Pablo no vivió para
verlo), todo el problema de tensión con Israel terminó con la destrucción del Templo, y así las señales
milagrosas de la era apostólica terminaron. Para saber si este fue el momento preciso de su retiro o no, Pablo
no tuvo que esperar hasta el año 70 D.C. El veía que el andamio del fundamento de la iglesia estaba siendo
quitado. Mientras que, la revelación (grabada en la Escritura) sobre la cual la iglesia de Cristo sería edificada
se acercaba a su termino, las señales disminuyeron. Es muy probable que Juan, el último sobreviviente de
los apóstoles, no experimentó en los últimos años de su vida más señales milagrosas de sanidad.
Nunca debemos atrevernos a añadir o quitar algo de la Palabra de Dios tal como ha sido revelada.
“Cada palabra de Dios es limpia” (Proverbios 30:5-6) “No añadas, porque no te reprenda y seas hallado
mentiroso.” Si añadimos algo a lo que Dios ha dicho, El añadirá a nosotros las plagas que El ha escrito en el
libro de Apocalipsis, según la advertencia en los últimos versículos de la Biblia. Estas plagas son descritas en
Ap. 6-9. Por lo tanto, queremos ser muy cuidadosos para saber las líneas de límite de la Palabra revelada de
Dios. El no está interesado en nuestras añadiduras, o nuestros ajustes, o nuestros cambios de Su revelación
divina.
Esta Palabra es importantísima, preciosa y valiosa y Dios nos dice como dijo a Israel: “No se atrevan
a añadir una sola palabra a lo que he dicho, porque si lo hacen, estarán bajo juicio.”
Eso es lo que debemos considerar, cuando pensamos en el sitio que la profecía tiene hoy en día.
¿Qué le estamos haciendo al fundamento divino, a la revelación apostólica y profética de Dios? ¿En qué
forma tales ideas afectan la singularidad y el significado de lo que Dios ha dicho en Su palabra?
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DOS TIPOS DE SANIDADES

Alguien puede preguntar “¿Significa esto que Dios no está sanando a los enfermos hoy en día? No,
Dios a menudo sana a la gente de sus enfermedades, pero tenemos que entender que hay dos clases de
enfermedades con las cuales Dios trata con los hombres.
Hay sanidades milagrosas que son espectaculares e innegables las cuales tienen un propósito especí-
fico. Su propósito era el de confirmar la autenticidad del mensajero de Dios. Hay otra clase de sanidad que
no tiene nada que ver con señales o el autentificar algo. Santiago 5:14-16 describe esta otra clase de sanidad:
“¿Está alguno enfermo entre vosotros?” La palabra griega implica, muy, bastante enfermo. “Llame a los
ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor: Y la oración de fe salvará
al enfermo y el Señor lo levantará…” No nos dice que llamemos a alguien que tenga “el don de la sanidad”,
sino que llamemos a los ancianos ordenados de nuestra iglesia, hombres piadosos del mismo cuerpo local de
creyentes, quienes nos conocen y aman y orarán. Entonces Dios en Su soberanía según Su voluntad no
según la nuestra, determinará cómo, cuándo, dónde y si el creyente enfermo se aliviará o no.
Noten cuidadosamente, que el pasaje no dice cómo la persona enferma se levantará. No dice cuánto
tiempo tardará. No dice si necesitará medicinas, enfermeras, doctores, hospitales o convalecencia. Alguien
puede preguntar cuando la persona es curada: ¿cómo sabemos que Dios lo hizo? Lo sabemos, porque esta
sanidad es un asunto dentro de la familia de Dios. No es una demostración, no es una señal para el mundo
y no necesita ser “innegable”. Es algo dentro del pueblo de Cristo para el ánimo del pueblo de Dios.
No hay nada en Santiago 5 que tenga algo que ver con las señales milagrosas. El pasaje, sin embargo
nos enseña que Dios está consciente, interesado e involucrado en las enfermedades de Su pueblo. El texto
nos da también Su manera de afrontar este problema.
A la vez que miramos a Santiago 5, con sus posibilidades misericordiosas de la sanidad como res-
puesta a la oración, recordemos que el resultado está en las manos de la voluntad soberana de Dios. Debe-
mos tomar en cuenta que el Nuevo Testamento está lleno de ejemplos de grandes hombres piadosos quienes
oraron fervientemente por la sanidad física, pero no la recibieron.
Por ejemplo: El apóstol Pablo, seguramente sin controversia, él fue uno de los creyentes más gran-
des que haya vivido desde el día de Pentecostés. No obstante, Pablo estaba afligido constantemente por
limitaciones físicas. El sufrió aquel aguijón en la carne, sin duda nos gustaría saber qué era. Pero Dios no
quiere que sepamos, para que podamos sustituir más fácilmente nuestra propia debilidad física, como en
ese ejemplo.
¿Qué hizo Pablo? El hizo la cosa correcta. No demandó una curación de Dios. Ni tampoco usó la
señal milagrosa divina la cual él poseía como un apóstol para sanarse a sí mismo. Pablo simplemente oraba
fervientemente con confianza en el Señor Jesucristo la Cabeza soberana de la Iglesia, “Señor quite este
aguijón de mi carne; es doloroso; no es conveniente; dificulta mi ministerio. Por favor, remueve el aguijón.”
Pero no sucedió nada. ¿Qué tan frecuente rogaba a Dios? Oró en tres oraciones distintas. ¿Cuál fue
la respuesta divina? “Bástate mi gracia” Por lo tanto Pablo dijo: “De buena gana me gloriaré más bien en mis
debilidades, para que repose sobre mi el poder de Cristo;… Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”
Aquí está la paradoja de la vida Cristiana y del ministerio: cuando somos débiles, cuando estamos en
nuestro peor momento, cuando no tenemos nada en nosotros mismos en lo que podamos depender, enton-
ces el Señor Jesucristo puede manifestar de una forma única que es El, Quien hace la obra. “Sin mí,” El dijo,
“nada podéis hacer”. Nuestra salud, nuestra fuerza y vigor no suministran los medios esenciales por los
cuales Dios edificará Su iglesia. ¡Qué golpe tan devastador es la enfermedad de Pablo al movimiento moder-
no de la sanidad por la fe! El movimiento reclama que nuestras debilidades físicas tienen que ver con nuestra
falta de fe en la propiciación de Jesucristo, la cual ellos dicen, suministró nuestra sanidad.
Entre los creyentes más grandes en la historia de la iglesia son muchos que han estado imposibilita-
dos, inválidos desesperados, y ciegos, quienes nunca han sido sanados. Tenemos una señorita en los Estados
Unidos, quien está paralizada del cuello hacia abajo. Su nombre es Joni. Por una temporada breve, como
usted puede leer en su notable libro, ella fue guiada a creer que por medio de la fe, podría ser sanada
instantáneamente.
Este fue uno de los períodos más trágicos en su vida, y después de un estudio cuidadoso de la
Escritura descubrió que la idea era una decepción total. A la luz de Hechos 19 podemos decir que el apóstol
Pablo fue un experto en la sanidad sobrenatural. En base a esto muchos sanadores carismáticos en E.U.A.
piden en sus programas de radio que las gentes les manden porciones de prendas, preferentemente con algo
de dinero. Se orará sobre la prenda y se la enviarán a usted (sin el dinero) y su sanidad estará garantizada,
pero con esta condición: su sanidad será realizada en proporción a su fe.
En otras palabras, no es la responsabilidad del sanador su algo ocurre o no, y usted no recobrará su
dinero, si por fin no hay ninguna curación. ¡Qué parodia del Nuevo Testamento! ¡Qué perversión del único
ministerio apostólico de las señales milagrosas!
¿CUALES SON LAS OBRAS MAS GRANDES?

¿Qué debemos pensar de la tendencia moderna de demandar y reclamar haber experimentado las
señales milagrosas de sanidad? Tales reclamos demuestran un entendimiento incorrecto completo del pasaje
clave en este asunto, Juan 14:12.
La noche anterior a Su muerte, en el aposento alto, Judas Iscariote habiendo salido de entre los once
verdaderos discípulos, el Señor Jesucristo dijo estas palabras profundas: “De cierto, de cierto os digo: El que
en Mi cree, las obras que yo hago, él las hará también.” Los once en verdad hicieron las señales milagrosas
como Cristo las había hecho, aún el resucitar a los muertos. Pero debemos fijarnos en la segunda frase de la
promesa, la cual ellos experimentaron, porque es esta frase la que tiene que ver particularmente con noso-
tros, “Y aún mayores harán porque Yo voy al Padre.”
Piensen, ¡qué tan grandes fueron las obras de nuestro Señor! Sus milagros fueron innegables y
espectaculares. El convirtió el agua en vino la realización instantánea de un milagro de creación que produjo
un producto bioquímico muy complejo que tenía la apariencia de edad (parecía tener una historia normal
la cual en realidad no tenía). El convirtió los panes y los peces en miles de ellos, con una apariencia de edad,
la cual ninguno de ellos tenía.
Piensen en las curaciones espectaculares de los leprosos, inválidos y ciegos desesperados. Recuerden
que cada una de estas señales milagrosas tuvo un defecto intencional diseñado por Dios.
El agua que fue convertida en vino, resolvió el problema de la boda pero aparentemente fue la
última vez que tal cosa ocurrió. Otras bodas en Galilea que tuvieron un problema similar, no han recibido
la misma clase de ayuda. En otras palabras, Jesús no resolvió permanentemente esa clase de problema en
Galilea y El no tuvo la intención de hacerlo.

LOS DEFECTOS DELIBERADOS

En una ocasión nuestro Señor alimentó a cinco mil hombres y en otra a cuatro mil. Pero al haberlo
hecho, Cristo no tuvo la intención de resolver la escasez de alimentos en Galilea, eso no era Su propósito.
Jesús sanó a miles de personas, pero debemos recordar toda la verdad acerca de las personas que El sanó.
Cada uno de ellos por fin murió de todas formas. En otras palabras, El no resolvió permanentemente el
problema de su envejecimiento y deterioración física. El no tuvo la intención de hacerlo. Yo a menudo he
pensado acerca del pobre Lázaro, quien fue verdaderamente resucitado de los muertos por el Señor. Pero
cuando él regresó de la muerte, él sabía que tenía que morir otra vez. El fue restaurado a la vida con un
cuerpo mortal y pecaminoso, como el que tenía cuando murió. Por haberlo resucitado a la vida mortal,
Cristo no tuvo la intención de resolver permanentemente su problema de la muerte.
Cuando pensamos en estas cosas, comenzamos a ver lo que nuestro Señor estaba implicando cuan-
do dijo: “Y aún mayores obras harán.” La “obra mayor” es la que Jesús no vino para hacer por sí mismo. Por
medio de Su sangre preciosa y Su resurrección de los muertos, El hizo posible para Sus discípulos que
hicieran la “obra mayor”. La obra mayor es la de llevar la revelación de Dios, el Evangelio verdadero de
Jesucristo, a todos los términos de la tierra.
Miles de personas en aquella iglesia primitiva, y miles de personas cada año desde entonces, han
escuchado el mensaje del Evangelio y por el Espíritu de Dios han creído el mensaje. Entonces un milagro ha
sido realizado dentro de sus corazones pecaminosos que antes estaban muertos espiritualmente y obscurecidos.
Han llegado a estar vivos, para siempre, un milagro el cual no tiene que repetirse; un milagro el cual
es la solución permanente para cada uno de sus problemas. Cuando el Espíritu Santo comenzó Su morada
eterna dentro del alma, ellos llegaron a ser una parte permanente del cuerpo de Cristo, perdonados eterna-
mente.
¿Podemos negar que ésta es una obra mucho más grande que las curaciones físicas, temporales y
superficiales o más grande que las señales milagrosas (aunque eran grandísimas físicamente) las cuales fue-
ron designadas por Dios para ser una solución incompleta e inadecuada a los problemas reales y
profundos de los hombres?
Nosotros vemos que el plan de Dios para hoy tiene un propósito doble:

(1) Por medio de las “obras más grandes”, El está tratando con la catástrofe espiritual del hombre. El
está usando la predicación fiel de la palabra de Dios en las iglesias locales. Dios trabaja por medio de los
ganadores de almas y los testigos. Esta gran misión es mucho más importante que cualquier reclamo que
podamos escuchar acerca de las señales milagrosas físicas. Tales señales milagrosas en este siglo serían un
retroceso, un movimiento hacia atrás en comparación con las cosas más grandes que ahora están sucediendo
entre el pueblo de Dios.
(2) El segundo propósito de Dios es el de prepararnos para la etapa final de Su obra redentora.
Finalmente, El va tratar con nuestros cuerpos también. Pablo nos recuerda el propósito de Dios respecto a
nuestros cuerpos cuando dice, “También nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros
también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, es a saber, la redención de nuestro
cuerpo.” (Romanos 8:23).
Finalmente Dios confirmará nuestra regeneración espiritual con un cuerpo físico glorificado cuan-
do El nos resucite de los muertos, y llegaremos a ser perfectos, cuando le veamos tal y como El es. Entonces
todas las lágrimas serán secadas de nuestros ojos, todo sufrimiento y dolor cesará, todo pecado será quitado,
y seremos perfectos delante de El para siempre, como Sus siervos con ninguna de las limitaciones que
experimentamos ahora.
Dios está preparándonos para esto, no dándonos señales de sanidad instantáneas, y espectaculares
para aliviar la presión, el sufrimiento, la molestia y la incomodidad. Hoy en día El está preparándonos, por
Su gracia, para ser los que atraen la atención a Cristo mismo y no a nosotros mismos, no a nuestros recla-
mos, nuestras experiencias, nuestra sanidad o cualquier otra cosa.

SEÑALANDO A CRISTO

Déjenos exhortar a nosotros mismos y a nuestros conocidos carismáticos a poner el enfoque sobre
Cristo y no sobre nosotros mismos. La tragedia principal del movimiento carismático es el tremendo énfasis
sobre “mi y mi propia experiencia” en vez de Jesucristo, Su palabra, Su gran comisión, Sus promesas, Su
plan, Su cronología, Sus prioridades. Lo que las iglesias de hoy necesitan urgentemente no es alguna nueva
fórmula para el exorcismo, o algún nuevo líder de sanidad por fe. No necesitamos algún nuevo estilo de
hablar en lenguas, o algún ministerio raro de serpientes o venenos.
Las iglesias locales de Cristo necesitan una dedicación renovada para la revelación infalible, comple-
ta, suficiente de Dios escrita en las Santas Escrituras y una dedicación renovada para la Palabra predicada en
el poder del Espíritu Santo por amor a los hombres perdidos.
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LOS DONES DE HOY NO SON LOS MISMOS COMO LOS DONES BIBLICOS

Los “dones” los cuales vemos hoy en los círculos carismáticos no tienen ninguna semejanza a los
dones los cuales fueron experimentados por los apóstoles y las iglesias del Nuevo Testamento. Muchos
cristianos (y particularmente los creyentes nuevos) parecen aceptar sin preguntar el reclamo de los maestros
carismáticos de que el brote del hablar en lenguas en este siglo es una manifestación de lo que ocurrió en el
primer siglo.
Pero esta clase de lenguas, sanidades y milagros acerca de las cuales escuchamos hoy en día, son
totalmente diferentes de lo que fue experimentado hace dos mil años. En aquellos días el hablar en lenguas
significaba hablar en un idioma extranjero real que uno no había aprendido. Hoy en día el hablar en lenguas
significa hablar en un idioma extraño y desconocido el cual es descrito como un idioma “extático” o “celes-
tial”.
También estamos muy lejos en comparación con los maravillosos poderes de sanidad de los
tiempos del Nuevo Testamento. Las sanidades de aquellos días fueron espontáneas, poderosas, orgánicas y
vistas por todos. Y la característica más grande de las sanidades del Nuevo Testamento, fue que nunca
fallaron.

NINGUN FRACASO

El aspecto principal que autentificaba las señales milagrosas de sanidad fue que ningún apóstol (u
otro sanador), una vez que había sido conmovido por Dios para sanar, al hacerlo nunca falló. Hoy en día, de
entre las multitudes que están sufriendo, solamente una pequeña proporción de los que son “tratados” por
los sanadores espirituales reclaman haber sido sanados. Y las clases de enfermedades supuestamente sanadas
son mucho más simples (inferiores) que las que fueron realizadas en los tiempos Bíblicos.
Para defender la forma actual del hablar en lenguas, los maestros carismáticos enseñan que tanto los
idiomas reales como los idiomas “espirituales” fueron hablados por los que hablaban en lenguas en la iglesia
primitiva. Para sostener su enseñanza ellos generalmente se refieren a 1 Cor. 13:1, donde el apóstol Pablo
dice: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo caridad, vengo a ser como metal que resuena,
o címbalo que retiñe.”
Ellos dicen que este versículo confirma que el hablar en lenguas puede incluir expresiones celestiales
o angelicales. No obstante, una mirada breve al pasaje nos muestra que esto es una equivocación básica de
interpretación. Está muy claro que Pablo deliberadamente dice algo lo cual es “imposible” para enfatizar su
punto.
El usa el mismo método de argumentar varias veces en estos versículos. Dice, por ejemplo: “Y si
tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes y no tengo amor, nada soy.” Dice también, “y si
entendiese todos los misterios y toda ciencia… y no tengo amor, nada soy.” Es obvio para nosotros, que
ningún cristiano jamás conocerá absolutamente todo mientras que esté en la tierra, esto es completamente
imposible.

LA ILUSTRACION DE PABLO

Pablo, para expresar su punto tan fuertemente como sea posible, hace una ilustración de una perso-
na que tiene la clase de fe, conocimiento e idioma, que uno puede tener solamente cuando va al cielo. El
hace esto para mostrar que cualquiera que sea la altura de nuestros logros espirituales, son sin valor si no
tenemos amor.

Es una interpretación muy pobre sacar estas palabras de su contexto y usarlas para sostener la idea
de que los creyentes en la tierra pueden hablar en lenguas angelicales. Sabemos que las lenguas que se
hablaban en Hechos eran
idiomas extranjeros reales, porque los extranjeros podían entenderlas (Hechos 2:6). Once años después,
Pedro describe otro incidente del hablar en lenguas como exactamente igual al incidente del día de Pente-
costés.
Sabemos que el hecho del hablar en lenguas que fue discutido por Pablo en 1 Cor. 14, fue la
capacidad de hablar idiomas extranjeros reales porque Pablo así lo dice. En su discusión Pablo explica el
hecho de que cada manifestación de hablar en lenguas es el cumplimiento de la profecía de Isaías. La
profecía dice que los judíos serían enseñados por Dios usando idiomas extranjeros reales. Se encuentra esta
profecía en Isaías 28:11-12. Fue cumplida parcialmente cuando los Babilonios llevaron en cautividad a los
judíos. Por medio de “extranjeros” Dios castigó a Su antiguo pueblo. Pero Pablo dice que el cumplimiento
real fue la señal (de hablar en lenguas) que Dios dio en los tiempos del Nuevo Testamento.
De vez en cuando oímos hoy en día que alguien ha escuchado un caso en el cual una persona habló
en una lengua, que era supuestamente el idioma de una nación o tribu remota y poco conocida. Pero tales
reportes por lo general no tienen pruebas que los justifiquen. Es muy cierto hoy en día que ninguna congre-
gación pentecostés o “carismática” en ningún lugar experimenta el fenómeno asombroso de creyentes ha-
blando en idiomas extranjeros reales los cuales nunca han aprendido.
Hoy en día lo que es aceptado como una lengua puede haber sido fomentado por un poco de
instrucción en la técnica de como hacerlo. No leemos nada de eso en la Escritura. La mayoría de la instruc-
ción dada por los maestros carismáticos sigue los mismos principios. Enseñan a la gente que no debe orar en
su propio idioma. De hecho no deben aún tratar de pensar en algún idioma. Deben visualizar al Salvador y
eso les va a ayudar a evitar que piensen en un orden de palabras normales.
Entonces deben alzar la voz con la confianza de que Dios tomará los sonidos que hagan y formará
con ellos una lengua divina. Si es de ayuda (como es comúnmente enseñado), ellos pueden repetir ciertos
sonidos básicos. A la vez que comiencen a pronunciar simples sonidos repetitivos, algunas expresiones
extáticas y misteriosas resultarán.

IMPOSSIBLE DE FALSIFICAR

En los tiempos del Nuevo Testamento, las lenguas eran un lenguaje real y espontáneo, el cual, él que
lo hablaba podía entender (como veremos más tarde). También un don de interpretación fue dado simultá-
neamente a otra persona para corroborar este evento asombroso. Esta manifestación genuina del poder del
Espíritu fue algo lo cual nunca pudo ser falsificado; y podía hacer frente al examen más fuerte. El judío más
exclusivo y que dudaba más, se quedó “confundido, sorprendido y maravillado” (Hechos 2:6-7) cada vez
que la señal era manifestada. Aunque la señal no podía producir la fe salvadora, no obstante, mostró una
evidencia innegable del poder de Dios sobre Sus mensajeros en aquel tiempo. Tal forma de hablar en
lenguas no existe en ningún lugar hoy en día. Ni tampoco es la sanidad de la misma clase como la que fue
manifestada hace mucho tiempo.

NOTA DEL TRADUCTOR: Queremos recordar a los lectores que la frase “lengua desconocida” que se
encuentra en la traducción de la Versión Antigua (Reina Valera 1602) en 1Cor. 14:14,19 es parte de una
interpretación la cual es muchas veces mal entendida. En el original griego solamente existe la palabra
“lengua”. Los traductores de la Versión Antigua usaron la palabra “desconocida” para poner en claro que la
lengua fue un idioma extraño. Noten que la palabra “desconocida” está escrita en la Versión Antigua con
letra itálica para indicar que no existe en el texto original. Sin embargo, muchas personas hoy en día han
llegado a la conclusión de que la Biblia habla de una “lengua desconocida” para los hombres, tal como un
idioma extático (que no se puede controlar) o angelical.
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LOS DONES DE HOY NO SON UNICOS

Los “dones” de hoy no tienen ningunas cualidades auténticas. Siendo totalmente diferentes de los
dones originales, no tienen ningún poder para confirmar que Dios está con Su pueblo. Los apóstoles y sus
ayudantes tuvieron dones que nadie podía imitar o igualar, mientras que las lenguas habladas y las sanidades
realizadas por los carismáticos hoy en día no son diferentes a aquellas que se manifiestan en las religiones y
sectas no cristianas. Cualquiera de las religiones falsas puede hacer precisamente las mismas cosas. La clase
de sanidad que vemos hoy en día en los círculos evangélicos no es más efectiva que los ministerios de
sanidad llevados a cabo por los de la Ciencia Cristiana (una secta en EUA) y por muchas otras organizacio-
nes no evangélicas. La sanidad realizada por ellos no es de la clase infalible y únicamente auténtica como la
del Nuevo Testamento.
El hablar en lenguas que ocurre dentro de los grupos evangélicos hoy en día es idéntico al hablar en
lenguas que ocurre (a una extensión muy considerable) alrededor del mundo en círculos no cristianos. Pero
los carismáticos no tienen ninguna idea de este hecho.

LAS LENGUAS Y LAS SECTAS

El hablar en lenguas como lo conocemos en los tiempos actuales es practicado regularmente entre
los Budistas, Hindús, Mormones, Musulmanes, Sintoistas, Espiritistas y seguidores del Vudú. En la historia
reciente los
Jansenistas, muchos Cuaquéros, los Irvingistas y los Shakers Americanos, todos hablaron fluidamente en
lenguas no identificadas, del mismo modo que muchos evangélicos lo hacen hoy en día.
En años recientes muchos de los liberales que niegan la Biblia han adoptado el hablar en lenguas así
como lo han hecho muchos Católicos Romanos y varios grupos extremistas. Un erudito, al escribir para un
prestigiado instituto sociológico Americano, encontró que el hablar en lenguas “desconocidas” fue practica-
do tanto por los esquimales en la Bahia Hudson como por la sacerdotisa de la selva en el norte de Borneo.
Así es que no hay nada ni único, ni auténtico en la clase de lenguas extáticas habladas dentro de los evangé-
licos de hoy. Casi cualquier secta puede hacerlo. De hecho, varias autoridades médicas nos dicen que el
hablar en lenguas es ocasionalmente manifestado en conexión con ciertas condiciones de la salud mental,
tal como la disociación, la histeria, la epilepsia, y la esquizofrenia. El hablar en lenguas también ha ocurrido
bajo la influencia de la LSD. Obviamente ninguna droga puede falsificar un don espiritual verdadero.
Un escritor en esta materia atrae la atención a un reporte de Jung en el cual él describe a un médium
espiritualista quien hablaba en lenguas “fluidamente, rápidamente y con encanto. Ella hablaba con una
naturalidad desconcertante, y cuando había terminado, su cara se transformó en una expresión increíble de
bendición extática.” Hace casi diez años que los periódicos hicieron un reportaje de una escuela en el norte
de Inglaterra donde los estudiantes habían estado entreteniéndose por medio de hipnotizarse los unos a los
otros. Al ser amenazados por el director con expulsarlos del la escuela si alguien más era hallado en un trance
hipnótico, ellos pusieron su atención en otros fenómenos misteriosos. Entonces, trataron de hablar en
lenguas. Ninguno de ellos eran cristianos, pero sin embargo lograron hablar en lenguas con mucho éxito e
hicieron algunas demostraciones para la prensa.

NO ESTATICOS, PERO REALES

Así que entre las sectas, varios herejes, las religiones paganas de tribus remotas, ciertos trastornos de
salud, los estudiantes antes mencionados y los grupos carismáticos no hay nada únicamente auténtico
respecto al hablar en lenguas. Las lenguas del tiempo del Nuevo Testamento nunca podían ser duplicadas
por estas personas porque no eran lenguajes extáticos sino reales.
Cuando también consideramos que el hablar en lenguas es también defendido como una evidencia
verdadera del bautismo del Espíritu, esta es una clase de evidencia muy pobre porque puede ser falsificada
o duplicada por personas que están muy lejos de una experiencia del Espíritu de Dios. Por lo tanto, los
“dones” de hoy son completamente diferentes de los que fueron vistos en el Nuevo Testamento, y porque no
pertenecen exclusivamente a los evangélicos no pueden tener ninguna cualidad auténtica.
EL HABLAR EN LENGUAS ENTRE
LOS MORMONES

Los artículos de fe de los Mormones incluyen lo siguiente: “Creemos en la misma organización que
existió en la iglesia primitiva; eso es apóstoles, profetas, pastores, maestros, evangelistas, etc. Creemos en el
don de lenguas, de profecía, de visiones, de sanidades, e interpretación de lenguas.”
Muchos maestros carismáticos de hoy están cometiendo precisamente los mismos errores en su
manera de ver los oficios apostólicos y proféticos. Muchas iglesias carismáticas en los tiempos actuales se
jactan de sus “profetas” y sus “apóstoles”.
Los apóstoles fueron únicos al período del Nuevo Testamento por cuarto razones:
(1) La iglesia está edificada sobre ellos como un fundamento el cual ha sido puesto y terminado:
“edificado sobre el fundamento de los apóstoles y profetas” (Vea Efe. 2:19-20).
(2) Todos los apóstoles verdaderos habían visto a Cristo después de Su resurrección (Vea 1 Cor. 9:1;
15:7-8).
(3) Todos los apóstoles verdaderos recibieron su comisión directamente de Cristo, como la Cabeza
de la iglesia.
(4) Todos los apóstoles verdaderos hicieron milagros para demostrar que Dios les había enviado.
Aquellos milagros fueron, a) espectaculares, b) vistos por muchos, y c) más allá de toda imitación. Una vez
que la Palabra de Dios fue terminada, toda profecía terminó, porque nada pudo jamás ser añadido a la
Palabra de Dios por medio de revelación.
Es interesante leer que José Smith, el fundador del Mormonismo, =enseñó a los Mormones a
hablar en lenguas con instrucciones casi idénticas a las que son dadas en los círculos carismáticos hoy en día:
“Que se pongan de pie, continúen haciendo sonidos de alguna clase, y el Señor hará de el alguna lengua o
idioma.”

EL PROPOSITO DE LOS DONES


HA CAMBIADO

Los “dones” han cambiado y ya no son únicos y por lo tanto ya no autentifican a la iglesia Cristiana.
Por eso no es sorprendente que una nueva manera de pensar ha evolucionado para explicar el propósito de
los “dones” actuales. Los libros carismáticos dan razones completamente diferentes para explicar la existen-
cia de los “dones” que las razones dadas en el Nuevo Testamento. Ellos enseñan por ejemplo, que el propó-
sito del don de lenguas es a veces para traer un mensaje a la asamblea de creyentes, y a veces para alabar a
Dios.
También dicen que el don es para la devoción privada, una experiencia espiritual y especial dada a
los creyentes para fortalecer su fe y acercarles a Dios. Ellos dicen que las sanidades milagrosas son dadas en
parte porque no es la voluntad de Dios que suframos enfermedades, en parte para que los incrédulos crean
más fácilmente.
Muchos escritores carismáticos hacen la pregunta “¿Por qué la gente no es convertida en una escala
masiva?” Y ellos contestan, “Porque no estamos haciendo señales y maravillas y por lo tanto la gente lo
encuentra muy difícil de creer. Con las señales y maravillas sería convencida instantáneamente.”
Todas estas ideas, aunque parecen ser razonables y plausibles, van en contra de la enseñanza del
Nuevo Testamento. Tratando con las lenguas primero, 1 Cor. nos dice que su principal propósito fue el de
ser una señal milagrosa (a los judíos en particular) del hecho de que Dios estaba reprendiéndolos y abriendo
la puerta del Evangelio a los gentiles. El apóstol Pablo enseña esto en 1 Cor. 14:21-22, y él cita Isaías 28:11-
12 para demostrar que el Antiguo Testamento predijo que los judíos serían reprendidos en esta manera.
Los dones fueron también una señal del hecho de que: Dios había comenzado nuevamente a dar
revelaciones (El Nuevo Testamento), el Mesías había llegado, y el Espíritu Santo había tomado posesión de
la iglesia de Cristo. Todos estos propósitos son declarados en las Escrituras. (Los textos son citados más
adelante.) Los dones de sanidad también tenían un propósito especial para dar autenticidad personal a los
apóstoles como verdaderos mensajeros de Dios y autores de las Escrituras inspiradas.
Cuando la gente hablaba en lenguas no había ninguna duda de que el Espíritu Santo estaba inspi-
rando las palabras, y de que era una forma milagrosa de profecía. El don combinó el impacto de una señal
milagrosa con un mensaje definido, pero es obvio que el mensaje recibido mediante las lenguas nunca fue
“nuevo” como las Escrituras inspiradas. Los extranjeros presentes estuvieron siempre asombrados y si no
había extranjeros presentes, entonces el Espíritu Santo siempre capacitaba a alguien para interpretar.

LA CONFUSION ENTRE LOS CARISMATICOS

Habiéndose alejado mucho de la enseñanza bíblica, y habiendo convertido el hablar en lenguas


principalmente en una experiencia personal, los maestros carismáticos han caído en una gran confusión
respecto a los que es realmente hablar en lenguas. Algunos de los principales escritores en el movimiento se
contradicen unos a otros en una manera asombrosa.
Algunos dicen que al hablar en lenguas Dios está comunicándose sobrenaturalmente con el espíritu
del que habla en lenguas, aunque él no entiende personalmente lo que está hablando (a menos que un
intérprete esté disponible, lo cual nunca es el caso cuando la persona habla en lenguas en privado). Otros
dicen que es una actividad por la cual la persona que habla en lenguas se comunica directamente con Dios
(aunque él no sabe lo que está diciendo). En una reunión pública, la interpretación será la respuesta por
parte de Dios.
Otros escritores carismáticos toman una posición neutral y dicen, “no sabemos, puede ser que Dios
le hable a uno, o puede ser que uno le hable a Dios.” Un destacado escritor carismático dice que, “el hijo de
Dios tiene el privilegio de tener una plática con Dios y ningún hombre entiende esta plática secreta porque
se lleva a cabo en un idioma divino. No es entendido por la persona ni por el diablo.”
Naturalmente, si no sabemos el sentido de nuestras palabras es difícil saber quién está hablando a
quién, y mucho menos de qué se está hablando. Algunos de los principales escritores carismáticos tienen
ideas completamente opuestas de lo que el hablar en lenguas significa. Pero en los tiempos del Nuevo
Testamento no había ninguna duda respecto al sentido de los idiomas extranjeros genuinos, respecto a lo
que fue dicho y por qué fueron dados por Dios. En cada ejemplo del hablar en lenguas Dios estaba hablan-
do a los hombres.
En aquel entonces fue un idioma real. Ahora es algo incomprensible y extraño. En aquel entonces
esparcía entendimiento. Ahora nadie sabe lo que significa a menos que una interpretación sea dada. En
aquel tiempo fue una señal. Ahora causa problemas y confunde a la gente y ciertamente no tiene ningún
efecto sólido para autentificar al Evangelio. ¿Y qué podemos decir acerca de los argumentos carismáticos de
que las señales y maravillas deberían continuar hoy en día para impresionar a los incrédulos y traerlos a la fe
en Cristo? La primera respuesta es que las señales y maravillas actuales no tienen lo suficiente para lograrlo,
como ya hemos visto. No existe ninguna comparación entre ellas y las señales y sanidades del Nuevo Testa-
mento. La segunda respuesta es que Dios dio aquellas maravillas para verificar la enseñanza nueva y para
autentificar a los apóstoles como Sus mensajeros genuinos. Hechos 5:12 nos dice: “por las manos de los
apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo.” Notamos que fue por las manos de los após-
toles.
La intención de las señales y maravillas nunca fue la de servir como una ayuda general para la fe.
Aún en aquellos días, podemos probar que no fueron efectivas para producir la fe salvadora. A menudo los
milagros asustaron a la gente impía (como en Hechos 5:12-13 en donde vemos que mientras muchos eran
salvos, muchos otros se atemorizaron). *
Las señales ciertamente probaron que el mensaje nuevo venía de Dios y ayudaron también a traer
grandes multitudes pero las señales no tenían el poder para fomentar la fe espiritual. A veces las señales y
maravillas en realidad dificultaban la obra misionera, porque estimulaban una clase de “fe supersticiosa” en
las multitudes (como vemos en Hechos 14:11-12).
Aquí están algunos de los textos que muestran que las sanidades milagrosas eran exclusivas del
grupo apostólico y que su propósito como señales era el de autentificar a ellos como los verdaderos mensa-
jeros de Dios:
“Y por las manos de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo” (Hechos 5:12)
“Y cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo,
les ofreció dinero” (Hechos 8:18).
“Con todo eso se detuvieron ahí mucho tiempo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la
palabra de Su gracia, dando que señales y milagros fuesen hechos por las manos de ellos” (Hechos 14:3).
“Mas os he escrito, hermanos, en parte con atrevimiento, como para haceros recordar, por la
gracia que de Dios me es dada para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de
Dios… para la obediencia de los gentiles con la palabra y con las obras, con potencia de señales y prodigios,
en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo
he llenado del evangelio de Cristo.” (Romanos 15:15-19)

LAS SEÑALES DE UN APOSTOL

“Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales,
prodigios y milagros.” (2 Cor. 12:12)
“¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido
anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamen-
te con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según Su
voluntad.” (Hebreos 2:3-4)
Notamos que en este último pasaje que la Palabra de Dios ya habla de las señales usando el tiempo
pasado. ¿Qué quiere decir esto? Sólo puede significar que la gente estaba siendo enseñada a entender que las
señales ya estaban cesando porque habían sido diseñadas solamente para dar una autentificación inicial para
los apóstoles del Nuevo Testamento y para la era del Nuevo Testamento.
Aquí en Hebreos 2 el Nuevo Testamento mismo está comenzando a mirar atrás y a decir, “¿Recuer-
dan las señales y maravillas las cuales autentificaron e identificaron a los apóstoles? ¿Recuerdan como desta-
caron el hecho de que los apóstoles hablaron por parte de Dios?”
* NOTA: El movimiento carismático ha cometido una equivocación grave y elemental al asumir
que las señales y maravillas fueron designadas para crear y mantener fe. La fe no puede alimentarse de lo
milagroso. Efectivamente si los verdaderos creyente es miran a los milagros, señales y maravillas, sólo debi-
litará la fe espiritual y genuina. Llegarán a ser dependientes de tales manifestaciones, de la misma manera
como muchas personas en nuestra sociedad moderna llegan a ser dependientes de las drogas anti-deprimen-
tes. Dios usa Su Palabra para producir la fe salvadora y no señales ni maravillas.
1 de Cor. 1 es otro pasaje el cual está en contra de la idea de que las señales fortalecerán la fe.
Después de haber repetido que la enseñanza de la cruz es el poder de Dios, el apóstol dice: “Porque los
judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado” (versí-
culo 22-23)
Dios no da a los judíos sus señales deseadas (porque no producirían la fe salvadora) ni tampoco da
a los griegos la complacencia intelectual la cual codician (porque eso tampoco fomentaría la fe salvadora).
Dios ha escogido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios. La predicación del evangelio tiene más
poder.
¿ES LA PALABRA DE DIOS SUFICIENTE O NO?

¿Cuál es el estado de la Palabra de Dios? ¿Es suficiente o no? ¿Es la Biblia realmente la fe que ha sido
una vez dada a los santos, o al contrario, está siendo la Palabra de Dios todavía revelada?
El error más grave del movimiento carismático es que sus ideas acerca de la profecía y los milagros
atacan directamente el fundamento de la Escritura como una revelación completa (creen que la Biblia no es
suficiente). Tal enseñanza es la más anti-evangélica que uno se puede imaginar y por eso es tan aceptable
para los liberales y para los Católicos Romanos. No obstante la mayoría de los carismáticos ignoran las
implicaciones antibíblicas de sus ideas. Los artículos del Dr. Whitcomb tratan con este asunto en forma
completa y experta.
Según la idea carismática la profecía está todavía ocurriendo hoy en día. Según la Escritura la venida
del Salvador traería el gran acto de reconciliación y redención y también traería el término de la obra de dar
la revelación: “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar
la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la
visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.” (Daniel 9:24)
Estas palabras enseñan que la venida del Señor señalaría el fin de la paciencia de Dios tocante a
Jerusalén y el fin del orden del Antiguo Testamento. Señalaría también la muerte propiciatória de Cristo en
el Calvario, y llevaría a la entrega de la porción final y concluyente de la Escritura, de manera que la
revelación fue sellada. Dios dio Su Palabra a Sus apóstoles y así la Escritura fue completada (terminada).

COMO SE ENTREGO LA PALABRA

Aquí están los pasajes en el Evangelio de Juan en los cuales el Señor Jesús enfatizó que los discípulos
serían guiados por el Espíritu Santo para entregar TODA la Verdad, así como para dar una revelación
COMPLETA, perfecta y final. “Mas el Consolador el Espíritu Santo, a Quien el padre enviará en Mi
nombre, El os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que Yo os he dicho.” (Juan 14:26) “Pero
cuando venga el Consolador, a Quien Yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del
Padre, El dará testimonio acerca de Mi: Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado Con-
migo desde el principio. ” (Juan 15:26-27)
“Aún tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no las podéis llevar. Pero cuando viniere aquel
Espíritu de verdad, El os guiará a toda verdad; porque no hablará de sí mismo, sino que hablará todo lo que
oyere, y os hará saber las cosas que han de venir. El me glorificará: porque tomará de lo mío y os lo hará
saber.” (Juan 16:13-14) En la epístola de Judas (versículo 3) leemos: “Me ha sido necesario escribiros,
exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.”
La versión NIV en Inglés traduce la última parte del versículo en está manera;…. “contendáis por la
fe que fue confiada una vez para siempre a los santos.” La Escritura está completada, y se nos ha confiado la
responsabilidad de guardarla así. Se nos enseña en los versículos finales del libro de Apocalipsis, que ya no
habrá más revelación. La visión y la profecía están ahora selladas.
Los maestros carismáticos contestan que sus profecías, aunque “mensajes que vienen directamente
de Dios” sin embargo no atacan la Escritura porque tales mensajes deben ser probados (examinados) por la
Escritura. Pero el hecho real es que innumerables profecías y visiones son “recibidas” por los carismáticos las
cuales no pueden ser probadas por la Escritura porque tratan (por ejemplo) con asuntos comunes en sus
iglesias o círculos. (A alguien se le dará un mensaje de que otra persona no es sincera, o de que x persona se
recuperará de su enfermedad, etc.)
Aún cuando tales “mensajes” son simplemente reafirmaciones de la verdad bíblica, sin embargo
atacan la Escritura porque Dios nos ha dicho que las Escrituras son la única regla de la Verdad y que son
completamente suficientes para todas nuestras necesidades. En otras palabras, Dios ha dicho que ya no
habrá más revelaciones de Verdad, ni tampoco habrá otros mensajes directos o voces cuando necesitamos
dirección, consuelo o ánimo. No se nos suplirá ninguna revelación extra de cualquier clase, porque debe-
mos usar las doctrinas, las promesas y los consuelos de la Escritura para todo.
Así pues, no es suficiente que los maestros carismáticos digan que sus mensajes “extras” realmente
no contradicen a la Biblia. Ciertamente estos mensajes la atacan en otra forma, porque proveen otra fuente
alternativa de luz y ayuda.

LA UNICA FUENTE DE DIRECCION

El Señor nos ha hablado claramente mediante Pablo, en Romanos 15:4, “Porque las cosas que antes
fueron escritas, para nuestra enseñanza fueron escritas; para que por la paciencia, y por la consolación de las
Escrituras, tengamos esperanza.” En realidad el punto de vista carismático no realmente comprende que las
Escrituras son: a) completas, b) totalmente suficientes para todas nuestras necesidades, c) suficientemente
profundas para cada problema y situación posible.
Ya sea que los maestros carismáticos lo hayan hecho con conocimiento de lo que han hecho o no,
ellos se han unido a la compañía de herejes en su desprestigio de la Palabra de Dios. La iglesia Católica
Romana ha añadido a la Biblia al confiar en sus propias tradiciones eclesiásticas y en sus líderes como
autoritarios.
Los teólogos han puesto sus razonamientos y la ciencia actual a la par con la Escritura. El movi-
miento hereje de los “piatistas” ha puesto su propia “luz interior” al mismo nivel que la Escritura y eso es
exactamente lo que los líderes carismáticos hacen en una extensión cada vez más grande.
Las Escrituras están completas, y como la antigua Confesión de Fe dice, (La Confesión Bautista de
1689, hablando de las Sagradas Escrituras dice) “A las cuales no se debe añadir nunca, ni por nuevas
revelaciones del Espíritu, ni por las tradiciones de los hombres.” Ni tampoco deben los hombres agregar
algo a ella, ya sea por profecía, lenguas, interpretaciones, visiones o experiencias.
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¿NO DEBERIAMOS DESEAR


LOS MEJORES DONES?

La exhortación del apóstol Pablo de procurar (desear, codiciar) los mejores dones (I Cor.12:31) es
usada por los maestros carismáticos para mostrar que todos los creyentes deberían aspirar a exhibir los
dones carismáticos. Pero desafortunadamente, este versículo ha sido leído en la forma más superficial posi-
ble. Al leer este versículo tenemos que hacer dos preguntas: ¿A quién habla el apóstol? y, ¿Cuáles son los
mejores dones?
La repuesta a la primera pregunta afecta grandemente la forma en que respondamos a esta exhorta-
ción. El apóstol no está hablando a individuos, está hablando a toda la iglesia local. La iglesia debe desear los
mejores dones. La iglesia debe desear, debe orar y valorar los dones. Para un individuo el ambicionar los
dones sería algo equivocado, pero para la iglesia local el desearlos es algo correcto. Pero ¿cuál es el mejor
don? ¿El de hablar en lenguas o el de sanidad?
Se nos da la respuesta en 1 Cor.12:28. El Mejor don es el apostolado. El menor don es el de hablar
en lenguas. En otras palabras Pablo nos dice que no debemos codiciar el hablar en lenguas sino debemos
codiciar el apostolado. Entonces ¿de dónde viene la enseñanza que dice que debemos codiciar y desear el
hablar en lenguas? Viene simplemente de un mal uso del versículo.
Pero ¿cómo puede ser posible que la iglesia codicie el don del apostolado? La palabra traducida
“codiciar” (procurar) literalmente significa: sean celosos por; estar muy a favor de algo; fuertemente y
fervientemente sostener algo. Codiciar el apostolado, quiere decir, valorar y someterse a su enseñanza;
desear el ministerio de los apóstoles y orar por ello. Las iglesias también deben apreciar y desear el ministerio
de enseñanza el cual Dios da.

¡DESEAR LA PALABRA!

En 1 Cor.14:39, el apóstol dice a los Corintios que deben apoyar fervientemente al ministerio
temporal de los profetas (el ministerio de los profetas continuó hasta que toda la escritura fue terminada).
Dios no dice a todos los miembros de la iglesia que deben desear el profetizar (otra vez la palabra traducida
como procurar quiere decir desear o codiciar) sino exhorta a la iglesia como una congregación a desear y
valorar a los profetas.
La explicación carismática de este versículo es otro ejemplo clásico de la mal interpretación. A todos
se les dice que pueden ambicionar cada don espiritual. Debe ser obvio que esto es una mal interpretación
porque cada creyente individual no puede , por ejemplo, ambicionar llegar a ser un apóstol.
Además de esto, la idea de que todos los creyentes deberían estar luchando para poseer los dones es
contraria al concepto bíblico de que los dones son concedidos según la voluntad soberana de Dios (1
Cor.12:7-11). El apóstol nos dice muy firmemente que los dones son distribuidos comparativamente en
pequeñas cantidades (1 Cor.12:29-30) y por lo tanto no están disponibles a cualquier persona en base su
“ambición” espiritual.
Por lo tanto, el mandamiento de codiciar los mejores dones es dirigido a las iglesias y no a los
individuos. Y aún si fuera dirigido a los individuos no justificaría que un creyente deseara hablar en lenguas,
porque eso fue puesto por Pablo como el menor don y no como el mejor.
Mientras que el hablar en lenguas en aquel tiempo tuvo un valor poderoso para verificar (verificó el
ministerio de los apóstoles), Pablo lo colocó muy por debajo de la profecía directa y el ministerio de ense-
ñanza. También lo colocó en la última parte de la lista de dones en 1 Cor.12:28. Pablo no menciona las
lenguas del todo en las otras listas de dones en Romanos 12 y en Efesios 4. No obstante, hoy en día, miles
anhelan el menor don.
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¿Y QUE HAY DE LAS SEÑALES QUE


SEGUIRAN A LOS QUE CREEN?

¿Tenía el Señor Jesucristo la intención de que sus discípulos echaran fuera demonios, sanaran a los
enfermos y hablaran en lenguas a través de la historia futura de la iglesia hasta Su regreso? Los maestros
carismáticos dicen
que si, y señalan a Marcos 16:17 como la prueba. Aquí el Señor dice: “Y estas señales seguirán a los que
creyeren; En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; quitarán serpientes, y si bebieren
cosa mortífera, no les dañará; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.”

¿A QUIEN FUE DICHO ESTO?

Los maestros carismáticos asumen que la frase, “los que creyeren” describe a los nuevos convertidos.
Pero es mucho más probable que la frase “los que creyeren” se refiere a los discípulos. Esto llega a estar más
claro cuando consideramos el pasaje completo desde Marcos 16:14, “Finalmente se apareció a los once
mismos, estando sentados a la mesa, y censuróles su incredulidad y dureza de corazón, que no hubiesen
creído a los que le habían visto resucitado.”
El Señor se aparece a los once y los confronta con su incredulidad. Aparte de la Gran Comisión, éste
es el asunto principal (su incredulidad). Cristo los reprende y luego dice: “Id por todo el mundo; predicad
el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será conde-
nado. Y estas señales seguirán a los que creyeren; En mi nombre echarán fuera demonios…” El Señor ha
estado hablando acerca de la incredulidad de los discípulos y no es sorprendente que proceda a animarlos
con algo positivo. El les dice que al tomar la comisión con confianza (dejando atrás la incredulidad) recibi-
rán los poderes especiales (descritos en el texto) que los identificarían como verdaderos apóstoles.
El registro del libro de Hechos confirma que los discípulos experimentaron todas las señales las
cuales el Señor había dicho que les seguirían. Pero el Nuevo Testamento en ningún lugar registra que los
creyentes comunes (fuera del grupo apostólico) sobrevivieron a mordedura de serpientes o que echaron
fuera demonios.
Los miembros del grupo apostólico experimentaron las 5 maravillas descritas. Actualmente el mo-
vimiento carismático reclama haber experimentado solamente tres de ellas y (como argumentamos en estos
estudios) su experiencia no se compara con las maravillas reales descritas por nuestro Señor.

¿ES LA IDEA CARISMÁTICA DE LA IGLESIA PRIMITIVA


UN HECHO O UNA FANTASIA?

¿Es verdad que el hablar en lenguas y la sanidad eran comunes en los tiempos del Nuevo Testamen-
to? Esta es una pregunta vital porque es dado por hecho en todos los libros carismáticos que todos hablaban
en lenguas y que las sanidades eran constantes a través del período del Nuevo Testamento.
Sin embargo hay solo tres casos de hablar en lenguas registrados en Hechos (en los capítulos 2,10-
11,19). Aparte de las instrucciones dadas en 1 Corintios no se menciona el hablar en lenguas en otras
epístolas. Es posible que algunos creyentes continuaran recibiendo inspiración para hablar en lenguas (aparte
de los casos antes mencionados), de manera que otros judíos también pudieron haber visto esta señal de
Dios. Aún esto es una suposición. Pero es una suposición mucho más grande creer que numerosos creyentes
hablaban en lenguas constantemente. Las tres referencias en Hechos no apoyan esta idea del todo.
En cada uno de los casos mencionados, alguna autentificación especial del mensaje predicado fue
necesaria. En cada caso los judíos estuvieron involucrados. Los judíos necesitaban ver que el viejo orden
judaico había terminado y que los judíos y los gentiles estaban ahora juntos en una iglesia nueva, dirigida
directamente por el Espíritu Santo.

SORPRENDIDOS POR LAS LENGUAS

El incidente de hablar en lenguas en Hechos 10 es un ejemplo. Dios acababa de mostrar a Pedro


mediante una visión que él podía asociarse con los gentiles. Tomando un grupo de judíos convertidos con
él, Pedro visitó la casa de Cornelio. Dios estaba a punto de forzarle a dar otro paso, y mostrarle que respecto
al Evangelio los gentiles estaban en una posición igual a la de él. Mientras que Pedro predicaba a Cornelio
(y a sus amigos gentiles temerosos de Dios) el Espíritu Santo cayó sobre ellos.
“Estando aún hablando Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el
sermón. Y se espantaron los fieles que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro, de que también
sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que
magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: ¿Puede alguno impedir el agua, para que no sean bautiza-
dos éstos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?” (Hechos 10:44-47)
El propósito de la manifestación de las lenguas fue el de abrir las mentes de los judíos convertidos al
hecho de que los gentiles podían ser creyentes verdaderos y miembros en Cristo.
Pero debemos notar cuidadosamente las palabras precisas de Pedro cuando dio su reporte a los
judíos cristianos en la iglesia de Jerusalén. El dijo: “Cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre
nosotros al principio.” (Hechos 11:15)
La frase, “al principio”, se refiere definitivamente al día de Pentecostés, e implica fuertemente que
no hubo muchos ejemplos de que hablaran en lenguas (si acaso algunos) entre aquel evento (Pentecostés) y
éste (la casa de Cornelio) que sucedió más de 8 años después.
Ciertamente no ha habido ninguna “manifestación” de la clase que Pedro acababa de ver por segun-
da vez en su vida. Pedro, y los judíos que estaban con él en la casa de Cornelio se habían asombrado de que
el mismo fenómeno que ocurrió el día de Pentecostés volvió a suceder. (Note que Pedro dice que este
segundo acontecimiento de manifestación de lenguas fue igual “al primero”, por lo tanto aprendemos que
las lenguas habladas en la casa de Cornelio fueron iguales a las del día de Pentecostés, es decir, idiomas reales
y extranjeros.)
El tercer (y último) registro de que hablaron en lenguas en Hechos ocurre en el libro de Hechos
19:6. Aquí el apóstol Pablo encontró a doce judíos quienes eran creyentes devotos del mensaje de Juan el
Bautista. Ellos tenían una esperanza sincera (pero incompleta) en la venida del Mesías. Cuan do ellos
gustosamente abrazaron el pleno entendimiento del Evangelio, Pablo impuso sus manos sobre ellos y habla-
ban en lenguas y profetizaban.
El propósito de Dios al concederles estas señales fue el de darles una clase de “mini-pentecostés”.
Como judíos, necesitaban aprender (igual que Pedro y los judíos en Jerusalén habían aprendido) que un día
totalmente nuevo había llegado, un orden nuevo había comenzado, una iglesia nueva se había inaugurado
bajo el dominio del Espíritu Santo.
Las manifestaciones de sanidad eran ciertamente numerosas y espectaculares, pero fueron llevados
a cabo principalmente por los apóstoles y los que trabajaron con ellos y habían recibido su poder o don
directamente de los apóstoles. Como muchos escritores han señalado, Simón el mago se dio cuenta de que
los dones del Espíritu Santo eran dados por la imposición de las manos de los apóstoles. Habiéndose dado
cuenta de que esto era la fuente (de los dones, trató de sobornar a un apóstol, (vea Hechos 8:13-24).
El apóstol Pablo nos dice que los milagros de sanidad los cuales él realizó eran las “señales de un
apóstol”. Porque él hizo tales cosas, los creyentes en Corinto podían estar seguros de que él era un apóstol
verdadero. El les recuerda esto en 2 Cor.12:11-12; “En nada he sido menos que aquellos grandes apósto-
les… Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros… por señales, prodigios y milagros.”
Si los pastores y miembros ordinarios de las iglesias hubieran podido lograr tales sanidades, enton-
ces Pablo jamás habría podido autentificar su apostolado como lo hizo. Por lo tanto, podemos estar seguros
de que las señales milagrosas de sanidad de aquellos días, aunque numerosas, estaban limitadas a los após-
toles y a aquellos quienes fueron expresamente nominados por ellos.

UNA SITUACION IMAGINADA

Las lenguas y las sanidades no eran ampliamente practicadas por los creyentes ordinarios como la
mayoría de maestros carismáticos suponen. De las epístolas, parece que las iglesias en muchas ciudades
nunca experimentaron el hablar en lenguas. (Esta señal para los judíos no era necesaria en cada lugar.)
Cuando los escritores carismáticos explican los pasajes bíblicos, siempre dan por hecho la idea de la
iglesia primitiva como practicando constantemente el hablar en lenguas etc. Ellos basan toda su interpreta-
ción en una situación supuesta la cual no tiene ninguna relación con los hechos reales del registro bíblico.
___________________________________
¿SON LAS LENGUAS LA PRUEBA DEL BAUTISMO DEL ESPIRITU?

Casi todos los maestros carismáticos insisten en que todos los cristianos después de su conversión
deben buscar el bautismo del Espíritu Santo como una experiencia separada. Cuando ellos reciben este
bautismo, será señalado por su capacidad de hablar en una “lengua”. La idea de que los cristianos deben
tener un bautismo del Espíritu adicional proviene de dos errores teológicos serios (básicos).
(1) El primer error es el de confundir dos experiencias diferentes del Espíritu Santo: el bautismo del
Espíritu y el ser llenos del Espíritu. Según 1 Cor.12:13 todos los creyentes verdaderos (sin excepción) son
bautizados (o sea sellados) por el Espíritu al ser convertidos, cuando el Espíritu Santo los regenera y los
pone en la familia de los redimidos.
No obstante, los creyentes pueden y deben ser llenos del Espíritu repetitivamente (como vemos de
un estudio del libro de Hechos, cuando fueron llenos repetitivamente). En Efesios 5:18 tenemos el manda-
miento de ser “llenos” constantemente del Espíritu. Por lo tanto, el ser llenos del Espíritu es una concesión
(que puede ser repetida muchas veces) de poder y capacidad para los creyentes. La Escritura no indica que
hay ciertos “sentimientos” asociados con ello. Es una bendición práctica la cual es dada cuando necesita-
mos: claridad y valor en nuestro testimonio, empeño en nuestro servicio y ayuda para vencer nuestros
pecados. Estos numerosos fortalecimientos no son (según Hechos y Efesios) acompañados por el hablar en
lenguas.

UN SOLO DIA DE PENTECOSTES

(2) El segundo error hecho por los maestros carismáticos es que no entienden bien el día de Pente-
costés. Ellos suponen que cada creyente debe tener su propio “Pentecostés” después de su conversión.
En el día de Pentecostés el Espíritu de Dios descendió con poder sobre la iglesia del Nuevo Testa-
mento. Esto fue un evento que ocurrió una sola vez (como la encarnación o la propiciación de Cristo).
Pentecostés señaló el fin de la confusión del período judaico. En otras palabras el fin del período durante el
cual una minoría de israelitas verdaderamente conversos estaban obligados a adorar en la iglesia estatal,
principalmente ocupada y dirigida por la gente no regenerada.
En Pentecostés Dios cambió todo (como había prometido que lo haría). El inauguró ( o sea,
autentificó) la iglesia Neotestamentaria con un brote fresco de revelación y con señales y maravillas. Esta
nueva iglesia fue una iglesia separada (del judaísmo) y espiritual y ahora sería una iglesia internacional. El
Espíritu de Dios vino para gobernar a la iglesia y nunca puede ser retirado. El día de Pentecostés fue algo
único que no volverá a repetirse.
En el día de Pentecostés los discípulos fueron bautizados por el Espíritu en un solo cuerpo, la iglesia
verdadera de Cristo. Desde entonces cada converso individual es “bautizado” (o ‘sellado’ vea Efesios 1:13)
por el Espíritu para entrar en la iglesia verdadera de Cristo en el momento de su conversión (Romanos 8:9).
Una búsqueda agonizante y emocional por el bautismo del Espíritu es completamente innecesaria, porque
El ya está dentro del creyente verdadero.

(Nota del Traductor: Una interpretación alternativa del significado del bautismo del Espíritu es la siguiente:
Primero, en 1 Corintios 12:13 la traducción que dice “por un Espíritu”, el significado primario sería “en”
más bien que “por”. Esto traería la primera parte del versículo a estar de acuerdo con la enseñanza básica y
fundamental. La frase “…. somos todos bautizados en un cuerpo” (versión antigua) fue traducida correcta-
mente como “fuimos todos bautizados” en la versión 1960. El verbo es pretérito y se refiere a un evento que
ocurrió una sola vez en el pasado, (el día de Pentecostés). El uso de la palabra “todos”, es un argumento en
contra de la idea de que este versículo se refiere al bautismo en agua en la asamblea local de Corinto. Si este
versículo es considerado, a la luz de las declaraciones que definitivamente enseñan el bautismo del Espíritu
Santo; entonces lógicamente se refiere al bautismo del Espíritu Santo, que ocurrió el día de Pentecostés
sobre la iglesia neotestamentaria como una institución
Pentecostés fue el acreditamiento y la autorización de la ya existente iglesia del Nuevo Testamento;
como la institución ordenada por Dios para este siglo. Esto se ve plenamente al considerar las instituciones
anteriores. Por ejemplo, la institución ordenada por Dios para los israelitas en el desierto, fue el Tabernáculo
o Tienda (vea Ex. 25:1-9). Todas las cosas en el Tabernáculo eran de un significado típico. Su principal
propósito era que Dios podía “morar entre ellos” (Ex. 25:90). Cuando éste Tabernáculo estuvo completa-
mente construido y fue funcional, entonces Dios en la “nube” visible descendió sobre el Tabernáculo “y la
gloria del Señor lo llenó” (Ex. 40:33-35). Este, llegó entonces a ser la institución ordenada por Dios para ese
siglo. El Tabernáculo continuó como la única institución ordenada por Dios, hasta la terminación de Tem-
plo de Salomón. Cuando el Templo de Salomón fue terminado, la gente y los sacerdotes se santificaron y
ofrecieron las primeras ofrendas, entonces la “nube”, o la gloria visible de la presencia de Dios, descendió y
llenó el Templo (1 Reyes 7:51-8:11). El Templo entonces fue señalado, como la institución ordenada por
Dios para ese tiempo. Lo mismo sucedió con la iglesia neotestamentaria en el día de Pentecostés. El anti-
tipo o cumplimiento tanto del Tabernáculo como del Templo fue, visible mente y sin lugar a dudas, puesto
aparte o acreditado como la única institución ordenada por Dios para este siglo. Este es el significado del
bautismo del Espíritu Santo que ocurrió el día de Pentecostés (Hch. 1:4-5, 8; 2:1-21, 32-33).
El incidente en la casa de Cornelio demanda atención (Hch. 10: 44-48; 11:1-18). ¿Por qué esta
segunda referencia de un “bautismo del Espíritu Santo”? Esta pregunta puede ser contestada en dos formas.
Primero, “los judíos requerían un señal”. (Vea 1 Co. 1:22; Ex. 44:1-9; Mt. 12:38; Jn. 3:1-2; Hch. 2:22, 30-
33; 3:1 16; 4:1-10, 14-16, 29-30; 5:12-16; 10:38-41.) Dios acreditó Su obra, Su palabra y a Sus portavoces
por medio de señales. Esto está señalado en Sus instituciones ordenadas (es decir el Tabernáculo, el Templo,
y la Iglesia), en el ministerio de Moisés y de los profetas y predominantemente en el ministerio del Señor
Jesucristo. Es en este contexto que el evento en la casa de Cornelio debe ser visto. Pedro fue grandemente
predispuesto en contra de los gentiles (Hch. 10) y así también lo fueron los otros judío-cristianos (Hch.
11:1-3). Dios envió una demostración, un “bautismo” de Su Espíritu, para acreditar Su obra entre los
gentiles y para contestar al prejuicio judío (el cual era propenso a pensar de un reino terrenal o una “iglesia
judía”, vea Hch. 1:6-8, 11:1-3; 15:1). Cuando Pedro platicó respecto a su ministerio entre los gentiles y
después contó lo que había sucedido; el bautismo del Espíritu Santo, los judíos reconocieron esto como una
“señal”, como la obra de Dios (vea Hch. 11:1-18).
«Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los
gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!» (Hechos 11:18) Segundo, a Pedro, como vocero y
predicador representativo de la iglesia del Nuevo Testamento le fueron dadas “las llaves del reino”, las cuales
el usó al predicar el Evangelio a los judíos el día de Pentecostés y a los gentiles en la casa de Cornelio (vea
Mt. 16:18-19).
De esta forma, el bautismo del Espíritu Santo tuvo que ver con la iglesia del Nuevo Testamento,
como la institución ordenada por Dios para este presente siglo o dispensación. Para superar los prejuicios
judíos y aprobar la entrada de los gentiles a esta institución, Dios repitió el bautismo y aprobó la obra entre
los gentiles en la casa de Cornelio (haciéndolo en una forma representativa). La verdad de que todos y cada
creyente está unido a Cristo por fe y en unión con El espiritualmente, es ciertamente una verdad bíblica;
pero no se puede hablar de tal unión como el bautismo del Espíritu Santo.)
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¿ESTAMOS BUSCANDO SEÑALES O FRUTO?

Las señales que acompañaban la obra del Espíritu Santo al revelar las Escrituras del Nuevo Testa-
mento y al comenzar la era de la iglesia ya no tienen ningún propósito y por lo tanto han cesado. Pero el
fruto de la obra del Espíritu Santo continuará siendo producido en la vida de los creyentes.
El ser llenos del Espíritu de Dios no es dado como un placer extático y privado, ni tampoco como
una señal milagrosa, sino es dado con propósitos espirituales y prácticos. Los ejemplos en Hechos cuando
fueron llenos del Espíritu dio a los discípulos valor, fluidez de palabra, amor, y una dedicación real a la obra
de Dios.
En la epístola a los Efesios se encuentra que se nos exhorta a ser llenos del Espíritu para justicia y
santidad (vea Efesios 5:18). No obstante, en los círculos carismáticos el propósito principal de cualquier
obra del Espíritu es para dar señales, maravillas, y placer extático y privado a los creyentes. Estas cosas han
tomado más importancia que el fruto.

Una de las formas en las cuales llevamos fruto es que crecemos en nuestro carácter cristiano a pesar
de que pasemos a través de los valles de castigo (disciplina), tristeza u otras aflicciones. Pero los maestros
carismáticos recomiendan las señales, las maravillas, las experiencias extáticas como una manera de pasar
por alto estos valles. Se enseña a la gente a creer que la felicidad, y gozo (y aún la salud espiritual) deben ser
experimentados constantemente por los creyentes.
Las Escrituras enseñan que el Señor a menudo retira Su sonrisa y permite por varias razones que
pasemos por diferentes pruebas. A veces seremos castigados por pecar y frecuentemente sufriremos pruebas
para que aprendamos lo que es la vanidad de este mundo pecaminoso. Tales pruebas harán que apreciemos
más al Señor y a Su carácter maravilloso y harán que vayamos al Señor en oración.

LAS EXPERIENCIAS DIFICILES

Muchas veces seremos llevados a través de experiencias difíciles para apartarnos de los gustos mun-
danos, o para fomentar alguna cualidad especial en nosotros, tal como la paciencia.
El Señor tiene mucho que hacer en nuestras vidas, pero si dependemos de las muletas artificiales
tales como las señales y maravillas, creyendo que las pruebas y las enfermedades no son la voluntad de Dios
para nosotros, entonces el fruto real de la paciencia y la santidad jamás será manifestado verdaderamente en
nosotros. C.H. Spurgeon dijo: “La bendición terrenal más grande que Dios puede darnos es la salud, con la
excepción de la enfermedad.”
Muchos creyentes han sido seriamente dañados por las ideas superficiales y antibíblicas respecto a la
santificación que a menudo son enseñadas en los círculos carismáticos. Los maestros carismáticos casi
siempre recomiendan una forma de la “vida más alta” como la manera de ser santificado. Ellos enseñan que
la santificación se lleva a cabo mediante una “segunda bendición” o mediante el bautismo del Espíritu
Santo, Quien tiene que ser recibido en una experiencia separada de la conversión. Ellos enseñan la fórmula
de: “Permite que Dios haga todo”, como la manera de conquistar al pecado.
El uso carismático de las señales, maravillas y experiencias extáticas se interpone entre los creyentes
y la realidad. Pero la verdadera enseñanza bíblica ayuda a los creyentes para que vean espiritualmente todas
sus pruebas y circunstancias difíciles y para que lleven fruto de justicia en todas ellas. El propósito de Dios
para Su pueblo no es que manifiesten continuamente las “señales milagrosas” sino que sigan adelante en el
proceso de la santificación para llegar
a ser un pueblo santo. _______________________________

LAS EXPERIENCIAS ESPIRITUALES NUNCA OMITEN A LA MENTE

Supongamos que conocemos a un grupo de carismáticos de la clase más “moderada”, evangélicos


fervientes que han sido atraídos a la posición carismática. ¿Qué daño les causará su práctica carismática?
Entre los otros daños que sufrirán ellos, podemos decir que sus facultades espirituales, especialmen-
te la facultad del entendimiento, serán afectadas fuertemente. Ya hemos visto que todos los dones deben
‘edificar’, una palabra la cual en Nuevo Testamento en Griego siempre usa en el contexto del entendimien-
to. En otras palabras, todos los dones deben instruir a la mente.
Cada palabra en la Biblia está dirigida a la conciencia, a los afectos y a la voluntad por medio de la
mente. Muchos textos enfatizan la importancia de la mente o el entendimiento. Dios nunca pasa por alto la
mente cuando trata con las almas de los hombres. La Palabra de Dios debe ser comprensible. Respondemos
a Dios y adoramos en concordancia con el principio dado por el Salvador, “en Espíritu y en Verdad”. Toda
oración y adoración debe ser comprensible.
La mente nunca debe ser dejada fuera. Debemos orar con el espíritu y “con el entendimiento
también.” Debemos cantar con el espíritu y “con el entendimiento también.” Pero muchas experiencias
carismáticas pasan por alto al entendimiento. Una comprensión inteligente no es necesaria. Según la ense-
ñanza carismática la evidencia más alta de la comunión del creyente con Dios es una experiencia extática la
cual puede completamente pasar por alto a la mente. En otras palabras puede ser sentida o experimentada
solamente a un nivel emocional.
Aunque los maestros carismáticos insisten en que el hablar en lenguas y la adoración extática no son
experiencias emocionales, no obstante está fuera de discusión que estas cosas no son entendidas por el
adorador ni tampoco edifican su conocimiento o su comprensión inteligente del Señor. Probada por la
Escritura, la mayoría de la “adoración” carismática está en contra de la voluntad de Dios para el ministerio
y la adoración verdadera. Toda adoración y ministerio deben ser en “Espíritu y en Verdad”. En Espíritu,
porque no es carnal ni emocional en una forma puramente humana; en Verdad, porque es rendida de
acuerdo con el patrón que Dios ha revelado. Tiene que ser tangible, entendida, y tiene que pasar a través de
la mente hasta tocar el corazón, la voluntad, y la conciencia.

CARNAL O ESPIRITUAL

La experiencia extática y emocional (como si estuvieran drogados) de muchos adoradores carismáti-


cos es carnal, no espiritual, porque es exactamente la misma clase de experiencia la cual es logrado por las
sectas no cristianas. En Efesios 5:18-19 el apóstol Pablo dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay
disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos
espirituales…”
El ser llenos del Espíritu es exactamente lo opuesto a estar embriagados. Cuando los hombres se
embriagan, pierden su juicio. Sus razonamientos y sus entendimientos llegan a estar confundidos. El após-
tol aquí describe la experiencia de ser llenos del Espíritu como lo opuesto. La mente está más viva que
nunca. La verdad de Dios es maravillosamente comprendida y sentida. El entendimiento es amplificado y
librado. Cuando uno está meditando solo o haciendo alguna tarea común la cual no requiere gran concen-
tración, se puede regocijar y adorar, hablando a nosotros mismos con salmos, himnos y cánticos espiritua-
les. El ser llenos del Espíritu nos conduce no a idiomas ininteligibles ni a éxtasis sino a pensamientos y
reflexiones racionales en las cosas de Dios. El ser lleno del Espíritu es una experiencia en la cual el Espíritu
Santo ocupa tanto el entendimiento como las otras facultades.
En Gálatas 5:22 el apóstol nos da una lista de los frutos del Espíritu. ¿Son la mente y el entendi-
miento pasados por alto aquí? De ninguna manera. Cada virtud y cada práctica cristiana requiere la parti-
cipación de la mente regenerada tanto como la del corazón. Una de las virtudes mencionadas es la templan-
za o dominio propio. El dominio propio es un deber vital del entendimiento. Un creyente nunca debe estar
fuera de control, en un tipo de éxtasis “embriagante”. Nunca debe entrar en un estado de trance como lo
hacen algunas sectas.
Todas las Escrituras dicen que debemos tener un espíritu sobrio y alerta. El mundo puede desear
entorpecer las facultades mentales, escapar de la realidad y permitir que la parte “animal” se goce en sí
misma. Pero el cristiano por la ayuda de Dios crece en entendimiento y dominio propio. Sin embargo, el
engaño carismático fomenta las experiencias las cuales omiten a la mente y enseñan a los cristianos a creer
que la mente ya no es esencial en la obediencia y adoración al Señor.
El creyente nunca debe perder el control de sus facultades de entendimiento y de dominio propio.
El apóstol Pablo dijo a Timoteo que los creyentes tienen el espíritu de poder y de amor y de “dominio
propio” (2 Timoteo

1:7). Cualquier así llamada experiencia espiritual la cual no incluye el entendimiento y el dominio propio
no es de Dios; es un trágico engaño humano.
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EL BORDE DE LA CREDULIDAD DEL CREYENTE

No hay duda de que la enseñanza carismática resulta en una considerable baja del borde de la
credulidad de sus adherentes. La persona más astuta y juiciosa es seriamente afectada por la “programación”
carismática. Su tendencia a creer cosas increíbles aumentará, y su discernimiento espiritual caerá drásticamente.
La práctica de las lenguas, la relegación del entendimiento a un sitio menor, la dieta espiritual de milagros
y la subjetividad extrema del pensamiento carismático producirán este efecto rápidamente e inevitablemen-
te.
Una vez que las personas han sido condicionadas mentalmente por un ambiente carismático, pron-
to tomarán en serio tales ideas absurdas como, por ejemplo el reclamo de Oral Roberts de haber tenido una
visión de Jesús, de 900 pies de altura (274.5 metros). Las prácticas carismáticas disminuyen el discerni-
miento y abren la mente en una forma no tan sana espiritualmente, de tal manera que uno creerá cualquier
cosa. Citamos a Dennis Bennett, quien escribió acerca de la clase de milagros (según el reclamo de él) los
cuales están disponibles a los creyentes de hoy, si sólo aceptan la enseñanza carismática:

David du Plessis, quizás el testigo más conocido dentro del movimiento carismático, cuenta un
milagro que sucedió en los primeros años de su ministerio. El estaba reunido junto con otros hombres en el
jardín de la casa de un amigo, orando por otro hombre quien estaba recostado en su cama seriamente
enfermo como a una milla de ahí. “Mientras orábamos” dice David, “el Señor me dijo; Es necesario que
estés a un lado de tu amigo enfermo en seguida.”
Tomé mi sombrero y me apresuré, salí por la puerta principal, pero al dar el primer paso fuera de la
puerta, mi siguiente paso cayó dentro de la casa que estaba a una milla de ahí, donde estaba mi amigo
enfermo. Me asusté grandemente. Yo sé que fui transportado de una casa a otra instantáneamente porque
después de quince minutos, el resto de los hombres que habían estado orando conmigo llegaron corriendo
y me preguntaron, ¿Cómo llegaste aquí, tan pronto?”
Los libros carismáticos están llenos de esta clase de cuentos. (En la misma sección del libro, Dennis
Bennett narra como una vez el poder y la gloria de Dios hizo que un evangelista estuviera suspendido en el
aire a plena vista de la congregación.)
El Señor Jesús advirtió que en los últimos días, falsos cristos y falsos profetas se levantarían, hacien-
do grandes señales, maravillas, prodigios y milagros (Mateo 14:14). En 2 de Tesalonicences 2:1-12, el
apóstol Pablo dice como (justo antes de la segunda venida del Señor) aquel inicuo será revelado, “cuyo
advenimiento es según operación de Satanás, con grande potencia, y señales, y milagros mentirosos.” ¿Estoy
insinuando que el movimiento carismático es parte de esto? Claro que no. Hay indudablemente muchos
charlatanes y engañadores en el movimiento carismático, pero también hay algunos creyentes fervientes.
Sin embargo, una de las debilidades espantosas del movimiento carismático es que disminuye y destruye el
discernimiento espiritual de muchos creyentes, de manera que sean vulnerables a los prodigios, señales y
milagros mentirosos del diablo, cuando vengan.
Si los cristianos creyeran verdaderamente los reclamos sin fundamento de los líderes carismáticos
actuales, eventualmente creerán cualquier cosa. Si creen los cuentos extravagantes y absurdos de los “hom-
bres-espectáculo” (que son extrovertidos y están engañados espiritualmente), ¿cómo van a estar firmes en
contra de los milagros mentirosos que serán desatados por el diablo durante la apostasía final? ¿Serán enga-
ñados los elegidos? ¿Cuántos pastores de rebaños están permitiendo al movimiento carismático infiltrarse
en sus iglesias sin darse cuenta del peligro que les espera?
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VISIONES...

Muchos seguidores del movimiento carismático estiman mucho las visiones. Algunos reciben ins-
trucciones de sus sueños, impulsos internos y visiones. Algunos aún descubren cosas respecto a otras perso-
nas, tales como su llamamiento futuro a cumplir con x oficio, o aún supuestas prácticas pecaminosas.
Debemos advertir a los creyentes sinceros en contra de las visiones, porque son altamente peligrosas y
bíblicamente no son aceptadas como una fuente de instrucción y guía para el día de hoy.
Necesitamos solamente considerar como el diablo ha usado las visiones para: agregar, distorsionar o
reemplazar la palabra de Dios. Las visiones son la raíz de casi todas las sectas. El Antiguo Testamento el
pueblo de Dios es advertido en contra de las visiones falsas y algunas reglas son puestas para distinguir entre
la verdadera y la falsa. La Biblia también enseña, que cuando el Mesías vino para sufrir y morir por los
pecados de los hombres, toda profecía y visión sería sellada o cerrada (vea Daniel 9:24)

Además el Señor Jesucristo advirtió que cerca del fin de este siglo, los creyentes fieles, estarían
seguros en la Verdad solamente mientras que dependieran de la Palabra de Dios revelada, porque habría una
gran proliferación de visiones y maravillas mentirosas.
¿Qué clase de personas reclaman tener visiones hoy en día? Desafortunadamente algunos creyentes
sinceros lo hacen. Pero hay que mostrarles con cuidado y teniendo compasión, que se han desviado del
camino de la Escritura y han caído en una trampa. Se han tomado a sí mismos y a sus “impresiones
mentales” naturales demasiado en serio.
Algunos visionarios son personas con un carácter altamente emocional quienes tienen una necesi-
dad subconsciente de impresionar la gente para ser escuchados. Otros visionarios son motivados por el
orgullo espiritual y el deseo de dar la apariencia de que están en un nivel más alto que los otros creyentes.
Aman el reportar sus “descubrimientos” en tonos misteriosos y con la apariencia de santidad. Algunas
personas perversas usan su visiones como una forma de ocultar su chismes maliciosos, como si fueran una
“revelación del Señor”.
Pero los visionarios peores son personas que están vendidas al diablo. Estas personas pretenden
tener visiones (y a la mejor las tienen por influencia satánica). Sus visiones les ayudan a poner a otras
personas bajo su dominio y la esclavitud espiritual.
Esta clase malvada incluye tales personas como: el homicida de Jonestown, los fundadores de sectas,
algunos extremistas fundadores de comunas, y todos los Papas de Roma. El Señor Jesús ha definido a Su
pueblo como aquellos que escuchan a Su voz, y no seguirán a la voz de los extraños. Ahora que la Escritura
está completa, tenemos que considerar cualquier visión pretendida como nada más que una desobediencia
a la Escritura.
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LAS LENGUAS NUNCA FUERON PARA UN BENEFICIO PERSONAL

Hoy en día la práctica del hablar en lenguas es principalmente promovido en los círculos carismáti-
cos para un beneficio personal. Tal práctica es anhelada como una señal personal y también por su valor
espiritual, emocional y extático. La forma de hablar en lenguas en privado es fuertemente aprobada.
Pero esto se debe a que han mal entendido el Nuevo Testamento el cual enseña que todos los dones
están designados para el beneficio de toda la iglesia. No son para el beneficio de los individuos. 1 Cor.12:7,
lo pone en claro: “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para el provecho común,”
(versión NASB del inglés). En 1 Cor.14:12-26 se nos dice otra vez que la edificación de la iglesia es el
propósito supremo de los dones.
El hablar en lenguas ocurrió cuando el Espíritu Santo hizo que los hombres hablaran, como vemos
de todas las referencias en Hechos. Puesto que Dios dio las palabras, las lenguas eran un mensaje de Dios a
los hombres y no al revés. Entonces ¿en donde encuentran los maestros carismáticos su autoridad par el uso
“privado” de las lenguas en oración o en las devociones privadas? Aunque parece asombroso la respuesta es
que ellos toman su autoridad de los versículos los cuales enseñan que las lenguas no deben ser usadas de esta
manera.

HABLANDO CON DIOS...

Uno de tales versículos es 1 Cor.14:2, “Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino
a Dios.” Aparentemente los que hablaban en lenguas en Corinto no se preocupaban por traducir sus pala-
bras en un idioma cotidiano (común). Por lo tanto el apóstol les muestra las implicaciones absurdas de su
omisión. Pablo argumenta que si en primer lugar Dios da los mensajes, y si los que hablan en lenguas (o los
intérpretes) no las interpretan para la iglesia, entonces por fin Dios mismo llega a ser el único que oye.
Tal situación es absurda y pone de cabeza todo el propósito de hablar en lenguas. Pablo declara que
las lenguas no son para el beneficio de Dios ni tampoco para el beneficio de los creyentes individuales. Las
lenguas son las palabras de Dios para el uso de la reunión pública de la iglesia. Aquí estaba la prueba básica
para toda manifestación de hablar en lenguas en aquellos días ¿Traían las lenguas un mensaje de Dios para
la iglesia?

EDIFICANDOSE UNO MISMO...

Otro versículo usando por los maestros carismáticos para sostener la idea de hablar en lenguas en
privado es 1 Cor.14:4, “El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica.” Pero otra vez, Pablo no está
justificando el hablar en lenguas en una forma “egoísta”. El apóstol está tratando todavía con el gran error
que acabamos de mencionar, la omisión de traducir la lengua para la iglesia. A través del capítulo él dice
repetidamente que las lenguas tienen que dar un mensaje para la asamblea. Pablo dice: Cualquiera que
habla en un idioma extranjero, sin dar la interpretación del mensaje, habla a sí mismo, y esto es obviamente
un error.
El hecho de que los que hablaron en lenguas se edificaban a sí mismos (lo cual significa que su
entendimiento fue ampliado o incrementado), nos dice que ellos definitivamente entendieron el significa-
do de sus lenguas. Quizás la manifestación del don había llegado a tener más importancia para ellos, que el
propósito del mismo. Ahora ellos son reprendidos por no haber traducido la palabra que se les había dado.
No obstante, hoy en día los maestros carismáticos sacan estas palabras fuera de su contexto y las
usan para justificar el uso privado de las lenguas fuera de la congregación. Otros versículos de los cuales los
maestros carismáticos hacen un mal uso en una forma similar se encuentran en 1 Cor. 14:13-14, “Por lo
cual, el que habla en lengua extraña pida en oración poder interpretarla. Porque si yo oro en lengua desco-
nocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto.”
Para los creyentes carismáticos estas palabras enseñan que es posible hablar en una lengua sin saber
su significado, y que esto, de alguna manera es valioso para el espíritu, aunque el entendimiento quede en
blanco. Pero las palabras del apóstol tratan con el caso de uno que habla en lenguas, pero no recibe ningún
mensaje. Tal persona probablemente se le ha otorgado el don de un idioma extranjero varias (o muchas)
veces antes.
Por ejemplo: un día, durante un culto de adoración pública, mientras que está lleno de amor y de
adoración a Dios, siente una inclinación fuerte para “decir sus palabras” en el idioma que le fue dado por el
Espíritu. Quizás las palabras (del idioma extranjero) se forman en un orden en su mente, pero en esta
ocasión las palabras no están acompañadas por ningún entendimiento de lo que significan. (Puede ser que
alguien quien a menudo hablaba en lenguas podía recordar muchas palabras o frases del idioma extranjero.
Cuando esa persona estaba llena de un deseo fuerte de ser usada por Dios para traer un mensaje a la
congregación, quizás estas frases extranjeras naturalmente llenaron su mente.)
Pero porque no se le da ningún entendimiento del significado de las palabras, evidentemente el no
está bajo la influencia del Espíritu. El hablar en lenguas, como el orar y el cantar, debe incluir el entendi-
miento del que habla. Aunque las palabras extranjeras resuenan en su mente, y aunque siente una presión
para que las hable, está claro que las palabras no tienen ninguna forma o significado y que el Señor no está
dándole un mensaje para esa reunión particular. En tales circunstancias él no debe hablar, porque cuando la
lengua es del Espíritu Santo verdaderamente, siempre está acompañada por el significado.
El mandamiento del apóstol al que habla en lenguas en esta situación difícil fue: Guarde silencio y
ore para las palabras que conllevan un significado claro (1 Cor.14:13). El apóstol dice que cualquier cosa
que sea hecha con el espíritu tiene que ser hecha también con el entendimiento (vea 1 Cor.14:15).

HABLANDO A UNO MISMO...

Hay aún otro versículo usado por los maestros carismáticos para mostrar que uno puede hablar y
orar en lenguas en privado. Es 1 Cor.14:28, “Si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo
y para Dios.” Como cualquier lector cuidadoso puede ver, el apóstol no está sancionando el uso privado de
las lenguas. El está diciendo que aún cuando él que habla en lenguas siente que tiene un mensaje genuino
(porque el cree que entiende el significado de sus palabras) tiene que consultar con los que tienen el mismo
don para ver si uno de ellos puede entender e interpretar su lengua.
Así pues Dios provee una “segunda revisión” de toda manifestación de lenguas. Primero, él que
habla tiene que entender su lengua y segundo, un intérprete tiene que confirmar que el mismo significado
se le ha dado a él también. Esta provisión elimina completamente la posibilidad de que él que habla en
lenguas puede equivocarse o imaginar un significado que no es real. (Aún un hombre piadoso y sincero
puede cometer tal equivocación.)
Este arreglo de la “doble interpretación” confirmó a los judíos escépticos que el don fue un milagro
innegable, recordemos que el valor principal del hablar en lenguas era una señal para tales incrédulos.
El asunto práctico de cómo los que hablaban en lenguas colaboraron es probablemente explicado
en 1 Cor.14:28-30. En estos versículos nos dan la impresión de que todos los profetas (los cuales quizás
incluían a los que hablaban en lenguas) se sentaron juntos, posiblemente en una plataforma. No habrían
sido numerosos, y pudieron haber consultado durante la reunión. Igualmente, los profetas y los que habla-
ban en lenguas pudieron haber recibido su “mensaje” durante los días u horas antes de la reunión. En tal
caso ellos habrían podido consultar los otros.( Nota: Debemos guardar en mente el hecho de que los
creyentes del primer siglo no tenían las Santas Escrituras del Nuevo Testamento en forma escrita como
nosotros. Entonces, este fenómeno de recibir la revelación a través de estos dones, suplía su necesidad
temporal. Este fenómeno fue quitado cuando la revelación completa fuese entregada en forma permanente,
vea 1 Cor. 13: 8-12.)
El pasaje completo dice lo siguiente: “Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo
y para Dios. Así mismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. Y se algo le fuere revelado a otro
que estuviere sentado, calle el primero.” Si ningún intérprete se inspira para corroborar el mensaje, entonces
él que habla debe hablar para sí mismo y para Dios. Esto no quiere decir que se comporte desordenadamen-
te y hable en lenguas en privado en la asamblea. Simplemente quiere decir que él debe guardar sus palabras
para sí mismo, y orar a Dios para que Le use en otra ocasión según Su voluntad y beneplácito soberano. En
otras palabras, que él se calle y se someta a la voluntad soberana de Dios.
El resumen de la enseñanza de Pablo aquí, es que, todas las lenguas genuinas son un mensaje para la
congregación. Su significado será entendido por él que habla y será confirmado por un intérprete. Cuando
estos requisitos no pueden ser cumplidos, entonces él que habla tiene que guardar silencio y orar a Dios
para que El le guíe.

EDIFICANDO A LA IGLESIA

Por lo tanto, el uso privado de las lenguas es condenado por el apóstol, quien insiste que todos los
dones espirituales deben dar por resultado la edificación de la iglesia (1 Cor 14:12 y 26). No obstante, los
maestros carismáticos siguen usando estos versículos para enseñar lo que ellos quieren enseñar. Ellos usan
todos estos versículos como una licencia para hablar en lenguas en forma privada e ininteligible.

¿QUE QUIERE DECIR EDIFICAR?

Cuando el Nuevo Testamento declara que toda manifestación de hablar lenguas debe edificar, des-
acredita cualquier manifestación de lenguas no interpretadas, la cual no conduce al incremento del enten-
dimiento. De acuerdo a la Escritura, no es posible tener el don de hablar en lenguas simplemente como una
experiencia emocional.
Cada vez que se usa la palabra griega traducida como “edificar” (la palabra misma significa incre-
mentar, aumentar, crecer en conocimiento y madurez espiritual) es usada en el contexto que tiene que ver
con la comunicación de palabras reales, quitando todo misterio, superstición o confusión. Edificar signifi-
ca: incrementar o aumentar el entendimiento. Vea Romanos 14:19; 15:2; 1 Corintios 8:1; 10:23; 14:3 y
12; 2 Corintios 10:8; 12:19; 13:10; Efesios 4:12-16; 1 Tesalonicenses 5:11; 1 Timoteo 1:4; etc.
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LAS LENGUAS FUERON UNA FORMA DE PROFECIA

Nosotros ya hemos visto que las lenguas genuinas o sea, la habilidad de hablar en un idioma real el
cual uno no había aprendido, fue una señal milagrosa. (“las lenguas son por señal” 1 Cor.14.22)
Esta señal tenía un mensaje particular para el pueblo judío. Al hablar a ellos por medio de las
lenguas gentiles, Dios reprendió a la nación judía por su rechazó de El. Al mismo tiempo, Dios mostró al
pueblo judío que Su iglesia verdadera estaba ahora abierta para los gentiles, y que ellos ya habían “entrado”
(1 Cor.14:21; Hechos 10:44-48).
Sólo queda un factor clave que debemos entender respecto al propósito de hablar en lenguas. Ade-
más de ser una señal milagrosa, también en mensaje definido vino por medio de las lenguas. Por lo tanto, el
hablar en lenguas, fue una rama o una parte de la profecía. Cada persona que hablaba en lenguas fue hasta
cierto punto un profeta, porque habló “según el Espíritu le dio que hablase” (Hechos 2:4).
Tomando esto en cuenta, es obvio que el hablar en lenguas no fue un don el cual la persona poseía
en el sentido de que podía hablar en su “lengua” en cualquier momento que él lo deseara. Ningún profeta
podía levantarse y profetizar cada vez que él lo quisiera. Todos los profetas dependían de Dios para que se les
concediera un mensaje.
Todos los profetas quienes ministraron en la iglesia primitiva eran “un don” temporal (como los
apóstoles) dado a las iglesias mientras que las Escrituras estaban todavía siendo completadas. Cuando la
Palabra de Dios fue completada, todos los profetas (incluso los que hablaron en lenguas) fueron desapare-
ciendo (extinguiéndose).
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LOS DONES FUERON DADOS UNICAMENTE POR MEDIO


DE LOS APOSTOLES

Parece ser un hecho que el don de la profecía fue dado a otras personas por medio de los apóstoles.
A través del libro de Hechos un apóstol estuvo presente cuando se concedió cualquier don.

Sabemos que los dones (señales milagrosas) fueron concedidos por los apóstoles porque el ministe-
rio de “señales y maravillas” fue la prerrogativa exclusiva de los apóstoles. Este ministerio fue su ‘placa’ de
identificación.
Si la gente pudiera haber ejercitado los dones verdaderos (señales milagrosas) sin haber recibido su
poder directamente de los apóstoles, entonces la marca de autentificación de los apóstoles habría sido
destruida. El apóstol Pablo nunca habría podido decir a los Corintios: “Seguramente yo hice las señales de
un apóstol en su presencia.”
Otra parte de evidencia a menudo citada para probar esto, está en Hechos 8, cuando los samarita-
nos fueron convertidos bajo la predicación de Felipe, el evangelista. Felipe fue un profeta quien había
recibido el don de obrar señales y maravillas, pero no podía conceder sus dones a otras personas.
Cuando los apóstoles se enteraron de la conversión de muchos samaritanos, inmediatamente envia-
ron a Pedro y a Juan para imponer sus manos sobre ellos y concederles dones. Ya hemos señalado que Dios
retiró sus dones y señales milagrosas durante los últimos años de vida de los apóstoles. Pero el hecho de que
tales dones (cada don profético) fueron concedidos por los apóstoles, significa que cuando los apóstoles
murieron entonces las señales y los dones proféticos dejaron de existir también.
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LOS CARISMATICOS PASAN POR ALTO MUCHOS OTROS DONES

Irónicamente, la enseñanza carismática promueve vigorosamente los dones y señales milagrosas que
fueron retirados ya hace mucho tiempo, y a la vez eclipsa eficazmente a los otros dones que el Señor ha dado
a sus iglesias.
Los ministerios, los cuales son descritos como dones (carisma) en la Escritura se colocan lógicamen-
te en cuatro categorías. Existían los que fueron dados para comunicar revelación. El principal entre ellos fue
el de “apóstol”, quien comunicaba la revelación permanente (escrita). El don menor fue el de “profeta”,
quien daba instrucción inspirada y temporal a un nivel local. (Aunque algunos profetas, compañeros cerca-
nos de los apóstoles, fueron inspirados también para escribir la Escritura permanente.)
Otros dones tenían que ver con la verificación de la Verdad revelada, tales como el don de sanidad
el cual autentificó a los apóstoles, o la señal milagrosa de las lenguas.
Una tercera categoría de dones fue dada para que la Verdad de Dios, ya una vez revelada, pudiera ser
enseñada a todos. Estos son los dones permanentes, los de pastores, maestros y evangelistas.
La cuarta categoría, fueron los dones los cuales habilitaban a las iglesias a mantener vida y salud
dentro del cuerpo, tales como los dones de: gobernaciones (los que administran), de ayudas, los que presi-
den, los que dan hospitalidad, etc. En esta clase de dones, los diáconos y los ancianos en particular manifes-
tarían dones, tales como la palabra de sabiduría y la palabra de ciencia.
Debemos también notar cuidadosamente el hecho de que el Nuevo Testamento no usa la palabra
“don” como si fuera algo dado de Dios directamente al receptor. El don consistía en la habilidad de hacer
algo, más la comisión de hacerlo. Ambas partes eran necesarias para que el don fuera válido. La segunda
parte (la comisión) generalmente fue expresada por medio de la iglesia.
Vemos por ejemplo la manera en que los evangelistas (misioneros) fueron comisionados en Hechos
13. La persona que tenía el don, no pudo comisionarse a sí misma. Cualquier auto-comisión daría por
resultado la invalidez de su don. La persona con el don recibió una comisión adecuada por medio de la
iglesia local, siendo los apóstoles la única excepción. Todos ellos fueron comisionados por el Señor mismo.
Sin la presencia del Señor para dar una comisión directa, no puede haber más apóstoles.
En 1 Timoteo 4:14 y 2 Timoteo 1:6 leemos que Timoteo recibió su don (carismático) de enseñar de
un presbiterio y también del mismo apóstol Pablo en una comisión solemne. La habilidad que Timoteo
tenía fue sólo una parte de su don. Una comisión adecuada y bíblica para la tarea era necesaria para hacer
que el don fuera válido, completo y verdadero. Los dones del Nuevo Testamento nunca fueron dados a los
creyentes sin discriminación para que pudieran ejercitarlos como agentes libres fuera de la disciplina de la
iglesia local. La anarquía que existe en el movimiento carismático moderno se debe a un mal entendimiento
completo de este aspecto vital de los dones.
Debemos liberar la lista completa de los dones bíblicos. Debemos animar a los miembros de las
iglesias a servir en las diferentes formas de servicio, las cuales han sido dadas por Dios para la edificación y
crecimiento de las iglesias locales. El ministerio de los dones, como señales milagrosas, ha cesado, pero hay
muchos otros dones que permanecen para la edificación del cuerpo de Cristo.
En los siguientes textos, la misma palabra griega traducida como ‘don’ es usada en el Nuevo Testa-
mento en Griego para referirse a la salvación (Romanos 5:15-16), la vida eterna (Romanos 6:23) y a las
bendiciones para la nación judía (Romanos 11:29).
Los dones para: revelar la Palabra, autentificar a los apóstoles, verificar la revelación, enseñar la
Palabra, y para sostener la vida de las iglesias locales; son mencionados en los siguientes textos:
Romanos 12:6-8 “Profecía, ministerio, el que enseña, el que exhorta, el que reparte, el que preside,
el que hace misericordia.”
1 Corintios 12:13 “Sabiduría, ciencia, fe, sanidades, el hacer milagros, profecía (el de predicar),
discernimiento, las lenguas y la interpretación de las lenguas, apóstoles, ayudas, gobernaciones y profecía.”
1 Pedro 4:9-11 “Hospitalidad, testimonio y ánimo, el de hablar, el de predicar.”
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¿COMO PUEDE UN MOVIMIENTO DEL “ESPIRITU SANTO” ESTAR TAN


COMPROMETIDO?

La característica más desconcertante respecto al movimiento carismático es su capacidad asombrosa


de tener contacto con lo que es obviamente herejía. Es por esto que deberíamos estar preocupados para
persuadir a las personas más sinceras dentro del movimiento a que examinen sus doctrinas.
La mayoría de los carismáticos simplemente no se preocupan por el compromiso el cual su movi-
miento fomenta en todo el mundo. En cuanto a la necesidad de defender la fe, este movimiento es uno de
los más débiles y más defectuosos. La principal meta de casi todos los grupos carismáticos principales es el
ecumenismo. Los pioneros del movimiento (el Dr. David du Plessis y otros) han dicho abiertamente y
frecuentemente que ellos darían la bienvenida al surgimiento de una iglesia mundial y unida bajo el liderazgo
del Papa. Es la esperanza de ellos que todas las clases de Protestantes y Católicos participen en las actividades
carismáticas para que los asuntos que los dividen sean retirados y desaparezcan.
Es un hecho trágico que los líderes mundiales de este movimiento parecen creer cada vez menos en
las doctrinas básicas de la fe evangélica. Ciertamente ellos no creen en la necesidad de separarse de la
apostasía.

BUSCANDO LA APOSTASIA

El Espíritu Santo es el Espíritu Santo de Verdad. A la luz de esto, ¿es posible que este movimiento
conozca más acerca del poder y la unción del Espíritu Santo que otros cristianos? Ciertamente esto es el
reclamo constante del movimiento carismático. Sin embargo, el movimiento carismático es innegablemente
el movimiento que tiene menos discernimiento en nuestros tiempos.
Los líderes carismáticos se han burlado abiertamente de los que dicen que la conversión verdadera
es el único camino que lleva a Cristo y aún han llegado a considerar a los Católicos Romanos y a los liberales
como cristianos verdaderos. Hay millones de carismáticos en la iglesia Católica Romana (El Dr. David du
Plessis dice que hay 50 millones y aún considerando que este número sea exagerado, no obstante, tiene que
haber un número grande.) El Papa ha aprobado el movimiento carismático católico porque ninguno de los
católicos involucrados han alterado sus creencias católicas.
Ya hemos notado que todos los grupos extravagantes, como los que imitan el estilo de los hippies,
son carismáticos así también como los que promueven la música evangélica popular extrema.

LA PIEDAD DESCARTADA

Las manifestaciones más “mundanas” de los así llamados evangélicos en Inglaterra y los Estados
Unidos invariablemente sostienen el punto de vista carismático, como también lo hacen los peores millona-
rios “farsantes” que han hecho sus fortunas en los programas de televisión religiosos en E.U.A.
Nosotros leemos (en la prensa de E.U.A.) de como los líderes carismáticos conocidos
internacionalmente han usado los fondos donados para construir grandes mansiones lujosas a un costo
fabuloso. Vemos los programas carismáticos en la televisión de E.U.A., que son tan carnales en su carácter
que uno no puede creer que hay alguna verdad espiritual o conciencia en los que los producen.
Considerado mundialmente, ningún movimiento religioso de cualquier clase podría haber demos-
trado más indiferencia hacia la verdad que éste. El Espíritu Santo no es el espíritu que empaña la diferencia
entre los salvos y los perdidos, entre lo bíblico y lo herético, para promover el ecumenismo. El es el Espíritu
Santo de VERDAD. Los evangélicos sinceros que han adoptado una posición carismática deben estar muy
inquietos por la postura ecuménica y antibíblica de la gran mayoría de los maestros carismáticos. ¿Indica
esto la obra del Espíritu Santo de verdad?
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¿ES DE DIOS O DEL DIABLO?

Se hace repetidamente esta pregunta, ¿Si las profecías, visiones y lenguas actuales no son de Dios,
entonces son inspiradas por el diablo? Algunas personas piensan que alguna de estas dos ideas tiene que ser
la verdadera. Esto no el caso. Los creyentes sinceros cometen errores pero esto no implica que el diablo está
inspirándoles directamente. Por ejemplo, un creyente al manejar su auto, puede tomar una ruta equivoca-
da, pero nadie pensaría que está poseído por el diablo.
Un creyente puede llegar a estar muy emocionado, puede oír ruidos en la noche, o (bajo una gran
presión) aún puede sufrir alucinaciones, pero todas estas experiencias se pueden explicar sin suponer que la
persona tiene un demonio. Muchas personas que hablan en lenguas ininteligibles lo hacen porque son
creyentes sinceros. Han sido enseñados (aunque incorrectamente) que Dios quiere que hagan esto. Porque
son sinceros se han esforzado por obedecer. Ellos han anhelado y luchado por el don. Y la mayoría aún han
recibido instrucciones de como pueden hablar en una lengua. Con un poderoso deseo emocional para
hablar en “lenguas” no es difícil hacerlo.
Respecto a los creyentes sinceros, el hablar en lenguas no es más diabólico que cualquier otra reac-
ción semi-voluntaria e hiper-emocional de la mente o cuerpo humano. (Obviamente los trances extáticos
de los grupos carismáticos extremos son probablemente diabólicos en su inspiración.)
Las sanidades de los tiempos actuales son fácilmente explicados en términos, ya sea de los alivios
imaginados o los alivios temporales, debido a la influencia poderosa de la mente sobre el cuerpo. (A menos
que sean sanidades verdaderas realizadas por Dios de acuerdo con los requisitos de Santiago 5.)
Cuando los creyentes sinceros juegan con los “dones” imaginarios de sanidad, cualquier resultado
aparente no es necesariamente del diablo (aunque en el caso de los líderes de las sectas falsas etc., el resultado
probablemente es del diablo.)
Aunque los creyentes carismáticos más sinceros no están necesariamente bajo alguna influencia
satánica, en sus prácticas erróneas se hacen a sí mismos muy vulnerables a esta tentación.

VULNERABLES AL ATAQUE

Suponiendo que bajo la influencia de la enseñanza carismática, una persona aprende a confiar en
experiencias extáticas, impulsos, coincidencias y en un gran número de experiencias subjetivas. El diablo
pronto tomará ventaja de esa persona. Tal persona confiará en sus “impulsos” como la dirección de Dios.
Aún puede llegar a creer que está recibiendo dirección por medio de sus sueños y visiones.
El hablar en lenguas es el propio error del creyente, no son palabras habladas por un demonio. Pero
el diablo puede y pronto tomará ventaja de estos creyentes quienes han sido envueltos en este sistema de
adoración extática y subjetiva.
El las páginas finales de su libro “Tongues: To Speak or Not to Speak”, el Dr. Donald Burdick se
refiere a los beneficios los cuales los carismáticos sinceros creen que han recibido del hablar en lenguas. Han
encontrado un amor renovado para el Señor, una fuerte relación personal con El, y un deseo más intenso de
orar. Han recuperado la emoción en su vidas espirituales, el Espíritu Santo ha llegado a ser para ellos un
miembro prominente de la Trinidad. Sus conflictos y tensiones internas se han reducido.
No obstante, todos estos beneficios están disponibles para los creyentes (de acuerdo a las Escrituras)
sin la necesidad de hablar en lenguas, ya sean genuinas o ininteligibles. Si los que hablan en lenguas han
obtenido estas experiencias, es debido a su deseo espiritual básico de recibirlas y no por el hecho de hablar
en lenguas.
La forma moderna de hablar en lenguas solamente confundirá el asunto y guiará al creyente por un
camino falso y peligroso. La forma moderna es un substituto psicológico que ha tomado el lugar de la
experiencia sobrenatural. Como dice el Dr. Burdick, es algo casi psicopático, porque es un producto del
cerebro cuando ha sido soltado del control racional. Es una forma de “jugar con este instrumento delicado
y precioso el cual Dios nos ha dado.”
El hablar en lenguas llevará a los creyentes a substituir la vista por la fe, puesto que están buscando
la evidencia visible de la presencia de Dios en vez de estar dispuestos para creerlo por fe. No los guiará a
obtener su ánimo y su consuelo de la Palabra y las promesas de Dios, sino promoverá el orgullo espiritual.
En pocas palabras, el hablar en lenguas es el método más peligroso que los creyentes puedan usar para
buscar las bendiciones espirituales deseadas.
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