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En Mi Lugar

Un mensaje Bíblico por Bayless Conley


Derechos de Autor 2004 Answers with Bayless Conley

Se conoce al capítulo 53 de Isaías como el gran capítulo redentivo del Antiguo


Testamento. Por medio del espíritu de Dios, Isaías pudo ver el sufrimiento y la
crucifixión de Jesucristo centenares de años antes de su acontecimiento. Dios le abrió los
ojos para que pudiese ver el porqué del gran sufrimiento del Siervo del Señor.
Isaías, capítulo 53 y versículo 3 dice: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón
de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de Él el rostro, fue
menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades, y sufrió
nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas Él
herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz
fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”

Bien, quiero que se fijen en lo siguiente: Nos dice que Él llevó nuestras enfermedades y
sufrió nuestros dolores; fue herido por nuestras rebeliones y molido por nuestros pecados.
Fueron nuestras ansiedades y enfermedades las que le trajeron los latigazos. A pesar de
que todo tenía que ver con nosotros, aun así, Él sufrió por ello. Él tomó nuestro lugar.
De hecho, miremos el versículo 6 de Isaías 53: “Todos nosotros nos descarriamos como
ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en Él el pecado de todos
nosotros.” Este pasaje nos incluye a todos. Nadie queda exento, ya que todos hemos
pecado y Dios cargó en su Hijo Jesús, el pecado de cada uno de nosotros.

Isaías 53:7, “Angustiado Él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al
matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.”
Esto nos habla de cuando Jesús se encontraba ante Poncio Pilato y los judió le estaban
acusando falsamente. Jesús enmudeció de tal manera que la Biblia declara que Pilato
estaba maravillado ante el silencio de Jesús. El no contestó ni una palabra.

Yo no recuerdo la última vez que uno de mis hijos quiso tomar el castigo de uno de sus
hermanos, diciéndome, “ Papá, corrígeme a mí en vez de a mí hermano. Castígame a mí
en vez de castigar a mi hermana.” No, de hecho lo opuesto es verdad, “¡Él lo hizo! ¡Es
culpa de ella! ¡Ella lo empezó; él lo empezo. No es justo! ¡Pero si yo no hice nada!”
¿Acaso habrá un padre que puede relacionarse con palabras como estas?

Sin embargo, Jesús no abrió la boca. Él pudo haber dicho, “¡Ella lo hizo! ¡Él lo hizo!
¡Esto no es justo! ¡Pero si yo no hice nada! Más no dijo ni una palabra. Nosotros fuimos
las ovejas descarriadas, pero él fue el cordero inmolado. El castigo y la pena de nuestro
pecado cayó sobre Él. La condición de la humanidad era tan desesperada, la raiz del
pecado tan profunda, y la distancia entre Dios y la raza humana tan grande, que
unicamente la muerte del Hijo de Dios pudo remediar tal situación.

Cuando yo era un niño de más o menos siete años de edad, me monté en mi bicicleta para
ir a una pequeña galería comercial en el centro de mi pueblo. En esa galería, había una
sección de joyería. Yo había ahorrado mi dinero y quería comprarle algo a mi madre, ya
que ella cumplía años al día siguiente. Al mirar en la vitrina, ví un prendedor con
diamantes de imitación, que seguramente era algo de lo más feo, pero a mí me parecía
muy bonito y quise comprarsela. Creo que era una araña o algo parecido y le dije a la
dependienta, “yo quiero eso.” La mujer lo sacó y lo puso sobre el mostrador mientras
que yo sacaba todo el dinero que había ahorrado. Ella empezó a contar todas las monedas
de mi hucha y me dijo, “lo siento hijo, pero no tienes suficiente para poder pagar esto.”
Todavía me acuerdo de lo anodado que quedé, porque era todo lo que tenía, sin embargo
no era suficiente. Te quiero decir que todas tus obras buenas no son suficiente para
redimir tu alma. Y no importa cuanto hayas sacrificado personalmente, esos sacrificios
jamás podrán comprar la salvación. Los ritos religiosos y las ceremonias, sin importar la
sinceridad de la persona que los practica, nunca pueden cambiar un corazón humano.
Todos los esfuerzos de toda la humanidad a lo largo de la historia no son más que unas
cuantas monedas al compararlos con esa deuda tan grande que todos cargamos.

Vamos a mirar un pasaje en Gálatas 2:20, donde encontraremos una verdad maravillosa.
Dado el hecho que nosotros no podíamos pagar el precio de nuestra deuda, Él lo hizo,
sufriendo en nuestro lugar. Esto es el corazón del Evangelio. San Pablo escribe lo
siguiente: Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en
mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se
entregó a sí mismo por mí.

Ahora bien, es interesante que Pablo escribió “con Cristo estoy juntamente crucificado”,
ya que ni estaba presente en la crucifixión de Jesucristo. Nunca le tocó ver a Jesús
durante los días que caminó sobre la tierra. Pablo vino después, y aun así él declara, “con
Cristo estoy juntamente crucificado.” Pero la Biblia no solo habla de ser crucificados con
Cristo, sino también menciona el morir con Cristo, el ser resucitado con Cristo, el vivir
con Cristo, y que nuestra vida está escondida en Cristo. ¿Qué significa todo esto?
Nos demuestra que lo que Cristo hizo, lo hizo como sustituto tuyo, como representante
tuyo. A los ojos de Dios, tú estabas colgando sobre la cruz. A los ojos de Dios, a tí te
azotaron y te abatieron; fuiste tú el que moriste. Cristo hizo todo eso como tú
representante.

Adán, quien fue el padre de toda la raza humana, lo echó todo a perder. Dios había creado
a Adán a Su imagen y semejanza y le había dado el dominio sobre toda la tierra.
Él dijo, “ Cualquier arbol del huerto...puedes comer del arbol de la vida...todo te
pertenece.” “Sólo una cosa”, le dijo Dios a Adán, “El arbol del conocimiento del bien y el
mal, ese arbol es exclusivamente Mío. Yo soy el que decide lo que es bueno y malo. El
día que comas de ese arbol, ciertamente morirás.” Después de esto, la serpiente se acerca
a la mujer y le dice, “Oye, ¿acaso dijo Dios que no deberías comer esto? Dios sabe que si
comes, serás como Él. Seréis dioses, conociendo lo bueno y lo mal.” Y fue entonces que
Adán tomó la decisión y dijo, “Dios, yo ya no quiero estar bajo tu gobierno. Yo no quiero
que me digas lo que es bueno y lo que es malo. Yo quiero decidir eso por mi mismo.”

Esto es como el joven adolescente que ya piensa saber más que su padre. El ya no quiere
seguir las reglas de su papá. Claro está que quiere que su padre le siga alimentando, y que
le de alojamiento y dinero para gastar, pero ya no quiere obedecer a su papá. Entonces el
padre le tiene que decir, “Mira, si quieres seguir viviendo en mi casa, tendrás que seguir
mis reglas.” Aun así, hay veces que el hijo sigue en rebeldía tras rebeldía y llega el
momento en que el padre le tiene que decir, aun sin querer hacerlo, “hijo, tienes que irte
de mi casa.” Y fue precisamente eso lo que tuvo que hacer Dios con Adán.
Lo echó del huerto. Adán no quiso estar bajo el gobierno de Dios, y ese día, la Biblia nos
dice que Adán murió. El murió espiritualmente hablando y quedó separado de Dios.
Y es en este punto donde nosotros quedamos afectados por lo que Adán hizo. La Biblia
nos dice en Romanos, el capítulo 5, “por tanto, como el pecado entró en el mundo por un
hombre, y por el pecado al muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, pór cuanto
todos pecaron.” Nosotros heredamos la naturaleza pecaminosa que Adán recibió al
transgredir contra Dios. Es algo que llegó a toda la raza humana. Y no sólo eso, sino que
hemos seguido en sus pasos, porque la Biblia declara que “todos hemos pecados y
estamos destuidos de la gloria de Dios.” Literalmente, nuestro pecado nos ha separado de
una relación con Dios. Sin embargo, Dios tuvo un plan y ese plan era el enviar otro Adán.
La Biblia nos enseña que Cristo es el último Adán, y ese Adán vino a deshacer lo que el
primer Adán había hecho. Jesucristo vino a este mundo y nació de una virgen. Él era el
Hijo de Dios. Él vivió una vida sin mancha y sin pecado. Él levantó al quebrantado, sanó
al enfermo, dió esperanza al desahuciado. Pero después fue asido por manos iniquas,
azotado sin misericordia, y finalmente crucificado. Mas Él lo hizo por tí. Él tomó tu
lugar. Dios derramó la plena medida de us ira y su castigo contra el pecado, y Jesús
apuró el vaso hasta las heces. Él lo hizo en tú lugar.

La Biblia nos cuenta la historia de Abraham. En obediencia a Dios, él tomo a su único


hijo Isaac, lo ató y lo puso sobre el altar, dispuesto a sacrificarlo. Estaba con el puñal en
la mano, a punto de degollar a su hijo, cuando de repente oyó la voz de un angel que dijo,
“¡Abraham, Abraham! No le hagas daño al niño.” Justo en ese momento percibió un
alboroto en un zarzal y vió un carnero trabado por los cuernos. Él tomó el carnero y la
Biblia nos dice que lo sacrificó en lugar de su hijo.

Le quiero decir amigo, que yo fuí el que estaba acostado sobre el altar del juicio,
amarrado por la cuerdas del pecado siendo total y absolutamente culpable. El puñal de la
destrucción y la separación eterna estaba levantado sobre mi cuerpo, a punto de ser
hundido en mi corazón. De repente hubo un ruido en el zarzal y se encontró un sustituto.
Jesucristo, el Hijo de Dios, fue sacrificado en mi lugar y yo quedé libre. Nuestro castigo
fue derramado sobre Él. Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros
dolores; fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de
nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos curados. Su misma alma se convirtió en
una ofrenda por el pecado. Él experimentó una agonía absoluta cuando todo el cielo
enmudeció y su Padre Celestial le dió las espaldas. Pero querido amigo, en el libro de
Dios, fuí yo el quien fue crucificado. Mi deuda se canceló. Mi vida fue tomada y ya no
vivo yo, mas Cristo vive en mi.

No sólo murió por nosotros, sino que hizo otra cosa muy sorprendente. Miremos el
noveno capítulo del libro de Hebreos. Es en el libro de Hebreos donde se cuenta como
Moisés hizo el Tabernáculo en el desierto de acuerdo con los planes que Dios le había
dado. En realidad, era una copia de algo que ya existía en el cielo. En el tabernáculo del
desierto, sacrificaban animales y con su sangre, cubrían los pecados del pueblo. Además,
Moisés tomaba una porción de la sangre y salpicaba el tabernáculo, los utensílios, el
pueblo y el libro. Sin embargo, esa sangre no tenía el poder para limpiar el pueblo de su
pecado ni cambiar el corazón humano. Para eso, se precisaba un sacrificio mayor que el
de un animal.

Hebreos 9:22, “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento
de sangre no se hace remisión. Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales
fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que
estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en
el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios.”

Esuche bien, amigo; Después de la crucifixión y la resurrección, Jesucristo ascendió a los


cielos y apareció en la presencia de Dios, portando su propia sangre. Igual que Moisés
entraba en el tabernáculo terrenal con la sangre de animales, Jesús entró con su propia
sangre como nuestro representante y dijo, “Padre, aquí está. El sacrificio ha sido hecho, y
si me aceptas a mi, y mi sangre, entonces estás aceptando a Bayless Conley porque él está
en Mí. Estás aceptando a Juan porque él está en Mí. Estás aceptando a Lydia porque ella
está en Mí. Estás aceptando a Miguel porque él está en Mí. Estás aceptando a Sara porque
ella está en Mí.” En eso Dios Padre miro a Jesús, se fijó en Su sangre y dijo, “Los acepto
en Tí. Deuda cancelada.”

Estimado amigo, la Biblia nos dice en Efesios 1:6, “...con lo cual nos hizo aceptos en el
Amado.” Yo tengo acceso a la misma presencia de Dios. Jesús fue allí por nosotros. Y
reitero, no se debe a algo que yo o tú hayamos hecho. Todo esto está basado unicamente
en la virtud de lo que Él hizo por nosotros.

Todo esto me hace pensar varias cosas. Numero uno, me hace considerar lo horripilante
que es el pecado. Si precisó la muerte sangrienta y horrenda del Hijo de Dios, puro y sin
mancha, para hacer expiación por el pecado, entonces el pecado debe ser cosa terrible, y
sin embargo lo miramos como cosa con el cual jugar.¡ Que horrible tiene que ser el
pecado, cuando nada menos que la muerte violenta del ser más puro del universo fue
necesario para expiarlo! Causó la separación entre Él y su Padre. Estando sobre la cruz el
clamò, “Mi Dios, Mi Dios, ¿por qué me has desamparado?” Esa palabra “desamparar”,
tiene el significado de abandonar total y completamente. ¡Que terrible tiene que ser el
pecado!

También me hace pensar del gran amor que Dios debe tener para nosotros como para
poder pagar tal precio increíble. ¡Cuanto te valora Dios. Es una maravilla!

Hace tiempo, nos llegó un invitado especial para predicar en nuestra iglesia. Después de
su intervención, le dimos una ofrenda como solemos hacer con todos los invitados que
vienen a ministrar. Al dia siguiente, íbamos a salir juntos así que fui al hotel a recogerlo.
Subí a su cuarto y empezamos a hablar. El empezó a llorar y dijo, “estoy atónito. No
puedo creer el valor que han puesto sobre mi ministerio. Gracias por valorarme tanto
como para darme una ofrenda como esta.”
Te quiero decir que Dios te valoró infinítamente más que eso. A los ojos de Dios, eres esa
perla de gran precio por el cual vendió todo para comparla. No fuiste redimido con cosas
corruptibles como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo. ¡Hombre, eres de
mucho valor!

La próxima cosa en la cual pienso es la fe que Dios tiene en su pueblo. Él permitió que su
Hijo, Jesucristo, muriese, sin tener ninguna garantía que lo aceptáramos.
Él nos creo como agentes con libre albedrío. Él, sabiendo que teníamos la habilidad de
rechazar lo que Él había hecho, permitió aun así, que Cristo muriese. Él tiene confianza
en tí. Él cree que tú recibirás lo que Él te ha ofrecido.

Un ministro que yo conozco compartió una historia de su niñez. Cuando él estaba en


quinto de primaria, había otro niño en su clase que había reprobado quinto varias veces.
Obviamente ya era un niño mayor que los demás, cumpliendo casi catorce años y usaba
de su años para atemorizar e intimidar a los demás niños. Un día este matón robo parte
del dinero del almuerzo de la clase, y la maestra sin saber que más hacer, fue al director
de la escuela. Ella le dijo, “José está metido en tantos líos. Sabemos que él fue quien robo
el dinero del almuerzo, pero ya no sabemos que hacer con él.” El director contestó, “Yo
tengo una idea. No te preocupes, yo me encargaré de él.” El director conocía algo de la
vida de José. Él sabía que sus padres eran alcohólicos y le pegaban cuando se les daba la
gana y sin necesidad de razón. El director sabía que la razón que José aterrorizaba a los
otros niños era porque estaba tan frustrado en su propia vida, que se desquitaba con los
otros, haciéndoles lo que sus padres le hacían a él. El director llamó a José y le dijo,
¨José, escucha. Tengo un trabajo muy importante. Cada día cuando se hace la recolecta
del dinero para el almuerzo, ese dinero debe ser depositado en mi oficina. Lo ponemos un
una caja, y luego metemos la caja en uno de los cajones de mi escritorio. Lo que voy a
hacer todos los dias, es recolectar el dinero de los niños y luego te lo voy a dar a tí para
que lo pongas en la caja y luego lleves la caja a mi escritorio. Te voy a dar la llave de mi
oficina y yo quiero que lleves la caja allí, y que la pongas en mi escritorio para que quede
seguro. Esto es muy importante y yo tengo confianza en tí. Necesito alguien en quien
pueda confiar”

El niño no pudo creer lo que estaba escuchando, ni que a él se le estaba encomendando


tal responsabilidad. Milagrosamente, el dinero que faltaba volvió a aparecer en el caja
Jamás falto ni un centavo, y a partir de ese dia, la vida del muchacho empezó a cambiar.
Siguió en el colegio hasta graduarse, fue a la universidad donde se licenció e hizo al
importante con su vida. Todo esto porque alguien puso confianza en él.

Mi amigo, Dios ha puesto su confianza en tí. Él cree que si tu llegas a vislumbrar el


evangelio; si llegas a entender lo que Él ha hecho por tí, entonces lo aceptarás y actuarás
sobre ello.

Todo esto me lleva a pensar en lo siguiente: que la vida es mucho más fuerte que la
muerte. Sabes, la muerte se apoderó de nuestro Señor, pero no pudo sujetarlo. Al tercer
dia, Él resucito victoriosamente de la tumba, se deshizo de los grillos de la muerte y dijo,
“No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que
vivo por los siglos de los siglos. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.”
La muerte ya no tiene dominio sobre Él. Aun como creyentes podemos clamar, “O
muerte ¿donde está tu aguijón? O tumba ¿donde está tu victoria? La vida es más fuerte
que la muerte.

Cuando Wellington se enfrentó a Napoleón en la batalla de Waterloo, toda Europa estaba


pendiente de un hilo. Los ingleses esperaban ansiosamente las noticias del resultado de
la batalla. El plan que usaron fue de enviar mensajeros con linternas, que al saber el
resultado, usarían las linternas para transmitir la noticias, como si se tratase de algo
parecido al código morse. La luz de estas linternas podía apreciarse a largas distancias y
Londres recibió la primera palabra que decía “Wellington”. Esta fue seguida por otra
palabra “derrotado”. Pero en eso entro una neblina muy fuerte y no pudieron ver otra
cosa. Toda Inglaterra entró en luto, pensando que su general y su ejercito había sido
derrotado. De repente el viento cambió de dirección y se llevó la neblina. Fue entonces
que los mensajeros pudieron enviar el resto del mensaje. Esta vez recibieron el mensaje
en su totalidad, “Wellington ha derrotado a Napoleon.”

En las mismas calles donde había llanto y luto, ahora había cánticos y regocijo.
Y te digo, cuando Cristo fue crucificado, el mensaje que fue transmitido a los discípulos
fue “Cristo derrotado.” El mensaje que se comunicó al mundo fue, “Cristo derrotado..”
Nuestro futuro era uno sin esperanza, sin luz, sin ayuda. Pero al tercer dia, esa neblina
infernal fue disipada por un viento celestial y nuestro Salvador resucitó de la tumba y de
repente el mensaje completo se transmitió, “¡Cristo ha derrotado a la muerte!
¡Cristo ha derrotado a Satanás! ¡Cristo ha derrotado al pecado! ¡Que gran diferencia! La
vida es más fuerte que la muerte.

De hecho, cuando te entregas al Señor, la vida de Dios invade tu espíritu. Literalmente te


conviertes en lo que la Biblia llama, “una nueva criatura en Cristo.” El Bayless antiguo
que vivía en este cuerpo, ya no vive aquí. ¡Yo he recibido la vida eterna! Esto es algo
tangible que le sucede a un ser humano al aceptar el sacrificio de Jesucristo.
Entendemos que este cuerpo mortal puede morir, pero el yo real, sigue viviendo.
¿Y sabes qué? La vida es tan fuerte, que aun nuestros cuerpos mortales serán resucitados
un dia, y serán hechos conforme a su cuerpo glorificado.

La próxima cosa en la cual pienso es en lo que Cristo nos provee por medio de su muerte,
siempre y cuando estamos intentando apropiarnos de ella. Numero uno, el murió para
reestablecer una relación quebrantada entre la humanidad caida y un Dios Justo. Esa es la
cosa más importante. Sin embargo, allí no acaba todo, aunque hay aquellos que están
viviendo como si eso fuese todo lo que les es disponible. Es como casarte con una
persona y decirle, “bueno, legalmente ya estamos casados y tenemos una relación.
Hablaré contigo dentro de unos años.” Algunos al entregarse al Señor, es como si
dijesen, “bien, mi nombre está escrito en el libro de la vida. Eso es algo seguro. Te veré
en el cielo. No me molestes, estoy ocupado.” Y luego siguen viviendo, haciendo su
propia cosa. Pero amigo, Jesucristo murió para llevarnos a una relación con Dios, y esa
relación necesita ser cultivada y profundizada.
Luego pienso en el lugar donde nos dice que fue castigo por nuestra paz. Eso cubre
nuestra paz mental, tanto en el pasado, como en el presente, como en el futuro. Mucha
gente no encuentra la paz porque son atormentados dia y noche por las cosas vergonzosas
que hicieron en el pasado. Cada uno de nosotros tenemos cosas en nuestro pasado de los
cuales nos avergonzamos. Unicamente la sange de Cristo puede callar una consciencia
culpable. La paz de Dios nos puede librar de la vergüenza del pasado. También nos
puede librar de la ansiedad del presente, como también del temor al futuro. Demos
gracias a Dios por su paz.

De acuerdo con el capítulo 53 de Isaías y otros muchos versículos del Nuevo Testamento,
la sanidad para nuestros cuerpos está incluido en Su Redención. Fue una redención
completa, para el hombre completo. Isaías 53:5 dice, “....y por su llaga fuimos nosotros
curados.” ¿Estoy intentando apropiarme de esas cosas?

Finalmente, me hace pensar en lo siguiente: ¿Y que le debo por lo que ha hecho?


La respuesta es: Todo. Todo. No hay nada que no le deba por lo que ha hecho por mi. El
murió por mí, para que yo pudiese vivir por Él. La Biblia me dice que debería
considerarme muerto al pecado, mas vivo para Dios. Al estar Bartimeo el ciego sentado
al lado del camino mendigando, escuchó un gran alboroto y pregunto quien era el que
pasaba. Ellos le contestaron que era Jesús, el profeta de Nazaret. Al oir esto, él empezo a
clamar a gran voz, “¡Jesús, Hijo de David, ten misericorida de mí!” Finalmente, después
de mucho clamar, Cristo le llamó y le abrió los ojos. La Biblia nos dice algo importante
en relación a esto. Dice que a partir de ese mismo momento, Bartimeo empezó a seguir a
Jesús en el camino.

Amigo, yo era ese mendigo, sentado al lado del camino, ciego y en la ruina total, cuando
Jesús pasó a mi lado y abrió mis ojos. ¿Como no podría seguirle? ¿Como podría seguir
viviendo una vida egoista y no vivir por Él? Èl tomó mi lugar. Él fue castigado por tí. La
ira de Dios fue derramado sobre su Hijo, quien estuvo en tú lugar. ¿Que harás con su gran
sacrifició? ¿Lo recibirás? ¿ te apartarás de él? La Salvación es algo que Dios nos ofrece
gratuitamente. La Biblia dice que si creyeres en tu corazón que Dios levantó a Cristo de
los muertos, y si con la boca lo confesares como Señor, serás salvo.
Y eso no está hablando del asociarte con una organización religiosa, ni el practicar un
ritual vacio. Tiene que ver con una relación con Dios. Yo siempre estaré agradecido por
un niño de 12 años que se acercó a mí un dia en el parque y me habló del Salvador.
Hasta ese momento, nadie jamás me había hablado de Jesús, pero allí me encontré,
siendo alcohólico, mi mente desecha por las drogas, y Dios envía un niño de 12 años a mi
vida. Él me contó de un Salvador vivo. Después de un proceso de tiempo, yo vine a
Cristo y mi vida entera dio un giro total. Y te quiero decir hoy, que Cristo puede cambiar
tu mundo.
Lo que Cristo hizo, lo hizo por tí mi amigo. Lo que Cristo sufrió. lo sufrió por ti...en tu
lugar.