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Nº0 FEBRERO 2008

EL PRIMER AUTOMÓVIL DE LA HISTORIA EL QUICK FIRING DE PUCKLE

LOS COMPAÑEROS DEL VIENTO

Cronovisor

gr em at pla ui r to

El Mito del

Ej

alpoma

SUMARIO
FEBRERO 2008 Nº0
El Viaje de Argos es editado por: Blasini Asesores Comerciales, S.L. (Grupo Medusa) www.blasiniasesores.com Santiago Maganto, 20 28224 Pozuelo de Alarcón (Madrid) ESPAÑA T: +34 91 351 5075 F: +34 91 351 8081 elviajedeargos@grupomedusa.com Los textos de El Viaje de Argos, así como algunas de la imágenes que contiene, se acogen a la siguiente licencia de uso: Reconocimiento-No comercial 3.0

04 Editorial 06 Los Compañeros del Viento 20 El Mito del Cronovisor 34 El Quick Firing Revolver Gun de Puckle 46 Los Mapas de La Cartoteca Carta batimétrica del Ártico

Usted es libre de: Copiar, distribuir y comunicar públicamente la obra. Hacer obras derivadas. Bajo las condiciones siguientes: Debe reconocer los créditos de la obra de la manera especificada por el autor o el licenciador (pero no de una manera que sugiera que tiene su apoyo o apoyan el uso que hace de su obra). No comercial. No puede utilizar esta obra para fines comerciales. Al reutilizar o distribuir la obra, tiene que dejar bien claro los términos de la licencia de esta obra. Alguna de estas condiciones puede no aplicarse si se obtiene el permiso del titular de los derechos de autor. Nada en esta licencia menoscaba o restringe los derechos morales del autor. Los derechos derivados de usos legítimos u otras limitaciones reconocidas por ley no se ven afectados por lo anterior. Licencia completa en: http://creativecommons.org/licenses/ by-nc/3.0/legalcode

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En portada: Representación de época del globo de los hermanos Montgolfier.
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EDITORIAL

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lámese magazine, revista virtual, ezine o, como a nosotros nos gusta, blogorevista, (www.elviajedeargos. com) te encuentras ante un híbrido de revista tradicional en papel y las publicaciones que han decidido utilizar Internet como vía de difusión. Nacido del impulso de Carlos Canales (www. carloscanales.com) y Jesús Callejo (www.jesuscallejo. es), dos de los célebres miembros de La Rosa de Los Vientos, programa de radio de referencia en España y de las sugerencias

de Alejandro Polanco (www.alpoma.net), autor de Herejes de la Ciencia, Tecnología Obsoleta y La Cartoteca, con El Viaje de Argos pretendemos mantener una publicación mensual gratuita, editada por Blasini y financiada por medio de publicidad que recoja tanto artículos de historia, ciencia y tecnología o leyendas y misterios de los tres autores citados, como otros trabajos de colaboradores y, también, de sus lectores. Con este número cero, un tanto experimental, se inicia nuestro viaje, que deseamos sea largo y

apasionante. Por cierto, si alguien se pregunta por la razón de nuestro nombre, El Viaje de Argos, no tiene más que averiguar un poco. Una pista: Argos, gigante mitológico de cien ojos que todo lo veía. O, también, Argos, el constructor del barco con el que los argonautas viajaron buscando el vellocino de oro. Igualmente, Argos, constelación austral que recuerda en los cielos las aventuras de Jasón. ¡Feliz viaje en esta nueva aventura que acaba de empezar! •

4 EL EL VIAJE DE ARGOS FEBRERO 2008 4 VIAJE DE ARGOS FEBRERO 2008

Disfruta ahora de cuatro números de la revista Ristre en formato BookTech, gratis en nuestra web

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Historia

Los Compañeros del Viento
Carlos Canales La Paz de Amiens no fue nunca otra cosa que una tregua en la que Gran Bretaña y Francia se prepararon para una nueva guerra. En aquel tiempo y ante los planes de invasión de la isla, un visionario tuvo una audaz idea ¿por qué no lanzar sobre Inglaterra un asalto aerotransportado con paracaidistas? A nadie le sorprendería hoy en día un proyecto de este estilo, pero es que estamos hablando del año 1803…
tos y a merced de las tempestades, no podía ser gobernado ni dirigido a voluntad, por lo que en principio se consideró un mero juguete que no podría tener ninguna aplicación en una guerra. Sin embargo, los primeros aeronautas creían que sus sencillas máquinas podían hacer algo más que servir de diversión a nobles acaudalados y a burgueses ociosos. Las guerras, que arrastraron a Europa a un torbellino de destrucción y muerte a partir de la Revolución Francesa, iban a dar a los débiles aerostatos una oportunidad. El 2 de junio de 1794 las tropas francesas estaban siendo sometidas en la localidad de Maubeuge, junto a la frontera del los Países Bajos Austriacos —Bélgica—, a un arrasador bombardeo de la artillería enemiga. Las baterías austriacas muy bien emplazadas y protegidas de cualquier contramedida no podían ser localizadas con precisión. La situación era grave. De repente, los soldados de ambos bandos vieron como un extraño globo regordete y rechoncho, sostenido por cables a tierra, ascendía

uentan que en agosto de 1783, en la demostración de vuelo del primer globo de hidrógeno de la historia, justo en el lugar en el que hoy se alza la Torre Eiffel, un espectador, ante el asombro que mostraban la mayoría de los asistentes al evento, dijo con desprecio ¿para qué puede servir? Benjamin Franklin, que se encontraba a su lado, le respondió con otra pregunta ¿para qué sirve un recién nacido? Aunque hoy nos parezca extraño, los primeros globos fueron acogidos con una mezcla de admiración y rechazo, pues por un lado todo el mundo era consciente de que el sueño del hombre de elevarse hacia los cielos se había cumplido, pero no así el de hacerlo con libertad. Los primeros globos eran inestables, frágiles y no podían ser dirigidos contra el viento, por lo que su utilidad práctica era muy dudosa. Nadie podía imaginar en principio un artefacto más inútil para un conflicto bélico que un globo. Sacudido por vien-

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EL GLOBO DE COUTELLE EN ACCIÓN EN MAGUNCIA
n Ante una furiosa tormenta que se

desató, se dice que los austriacos le ofrecieron caballerosamente descender y poder observar sus posiciones, pero Coutelle se negó.

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desde las trincheras francesas insolente y altivo. Protegido por la altura de los disparos de la fusilería austriaca sus dos ocupantes, uniformados de azul, se repartían su trabajo con eficacia. Uno estudiaba con un catalejo las posiciones enemigas en tanto el otro tomaba notas con cuidado y precisión de la posición de los cañones. Tras unas horas en el aire los soldados que estaban en el suelo hicieron descender el globo y sus ocupantes dieron el informe a sus oficiales superiores. La situación y emplazamiento de los cañones austriacos eran ahora conocidas por los franceses con absoluta exactitud. Por primera vez en la historia una nave voladora tomaba parte en un enfrentamiento bélico y, además, lo hacía con absoluta eficacia. Había nacido la aerostación militar. La oportunidad a los globos se la dio la desesperación. La acosada República francesa se vio, a raíz de la ejecución del rey Luis XVI, en guerra con Austria, Prusia y los Países Bajos y, por si fuera poco, tan sólo un año después, Gran Bretaña, España y Portugal se sumaban a la coalición, la situación era desesperada y en esos casos es fácil recurrir a soluciones desesperadas, una de ellas fue confiar en el grupo de ciudadanos que consideraban que los globos tenían un papel militar que jugar. Antes del comienzo de 1794 la asignación de fondos para construir un globo de observación se había conseguido, y el equipo dispuesto a realizar el trabajo se había reunido en torno a un químico de renombre, Jean Marie-Joseph Coutelle. Coutelle fracasó estrepitosamente en su primera misión, pero hay que decir que no fue culpa suya. Enviado a Maubeuge en apoyo de las acosadas tropas del general Jourdan, su presencia se consideró un engorro y un estorbo, le mandaron de vuelta a París, aconsejándole de forma nada discreta que se fuera a incordiar a otra parte. Pero Coutelle no era de los que se dejaban vencer fácilmente, y tras realizar una prueba tras otra en París, para convencer a los más escépticos de la viabilidad de su proyecto, logró, lo que parecía inimaginable, el apoyo total del gobierno, que dotó a su unidad con 34 oficiales y soldados, que dieron lugar al nacimiento de una unidad diferente, que no pertenecía ni a la artillería, ni a la caballería, ni a la infantería: la Compagnie d’Aerostiers, la primera

EL GLOBO DE BLANCHARD SOBREVUELA EL CANAL DE LA MANCHA
n Su exitoso viaje despertó a las

mentes más audaces de Francia sobre la posibilidad de llevar a cabo algún día un ataque aéreo sobre Inglaterra. Nunca supieron que su visión del futuro se cumpliría en el siglo XX.

Los precursores
El mérito de haber comprendido cual podía ser la aplicación militar más adecuada a la estructura y características de un globo corresponde a un francés: André Giroud de Villete, quien se dio cuenta de que la mejor utilidad que podía tener era su capacidad de ver «la posición del enemigo, sus movimientos, su avance y despliegue». El proyecto de Giroud consistía en naves estáticas, sujetas a tierra mediante cables y con una tripulación que transmitiese la posición del adversario a sus tropas mediante señales. En líneas generales y, como veremos con algún pequeño cambio, éste fue finalmente el sistema elegido.

fuerza aérea del mundo. La recién creada unidad pronto tuvo ocasión de demostrar su valía. De vuelta a Maubeuge, Coutelle y sus hombres llegaron antes que su globo, por lo que sirvieron como soldados de a pie y pudieron demostrar que estaban dispuestos a combatir como cualquiera, con valor y decisión. Dos soldados y un oficial cayeron en la lucha antes de que en junio Coutelle pudiera por fin realizar su primer vuelo de observación en el globo que acababa de llegar. La nave se llamaba L’Entrepenant —El Atrevido— y ha pasado a la

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Historia www
historia como la primera máquina voladora construida por el hombre con fines estrictamente militares. Este vuelo garantizó su prestigio entre los soldados que combatían en el frente y más aún cuando se supo el rechazo que estos vuelos provocaban entre los austriacos y holandeses, que sostenían que el uso de globos iba contra las leyes de la guerra, principalmente los primeros, en cuyo ejército había muchos conscriptos reclutados en remotos y atrasados distritos del imperio que pensaban que los aerostatos eran sobrenaturales. El valor de los hombres de Coutelle se convirtió pronto en una leyenda. Los tripulantes de los aerostiers eran envidiados por su arrogancia, fama y éxito con las mujeres, a las que en ocasiones subían al globo a pesar de la estricta prohibición al respecto. Pero, obviamente, el enemigo no estaba dispuesto a permitir que Coutelle y su globo siguiesen haciendo de las suyas, por lo que tomaron la decisión de impedirlo. Para ello cavaron hoyos en el suelo y colocaron los cañones en ellos para poder disparar hacia lo alto. Por supuesto, los austriacos no eran conscientes de ello, pero acababa de nacer una rama del arma de artillería, destinada a tener un gran futuro por causa del uso perverso que

EL ENTREPENANT
n El Entrepenant vuela sobre el campo

de batalla de Fleurus —1794— informando de las posiciones y movimientos enemigo.

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Los Compañeros del Viento

En compañía de genios

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i bien en líneas generales, la Compagnie d’Aerostiers fracasó, es justo afirmar que los hombres que la idearon y pusieron en marcha formaban un equipo excelente. En este artículo se mencionan las hazañas e ideas de Coutelle y Garnerin, pero no debemos ignorar la aportación del físico y químico Nicolás-Jacques Conté, director de la Escuela y Fábrica de Aerostatos de Meudon, la primera del mundo, pues se creó en 1794. Paso a paso, Conté mejoró la calidad y el diseño de sus aerostatos, mejorando los trabajos de Jean y Noêl Robert, inventores de la válvula que impedía escapar al hidrógeno. Conté ideo un barniz revolucionario para recubrir los globos usando goma de la India, que aminoraba la fuga del hidrógeno y permitía que sus globos pudieran mantenerse inflados hasta tres meses seguidos. Napoleón sentía por él auténtica admiración y, durante la campaña de Egipto, llegó a decir que Conté podría recrear en los desiertos de Arabia todas las artes de Francia, de hecho una compañía de aerostatos fue enviada a Egipto con un globo fabricado en Meudon, quedando asignada a las fuerzas del general de brigada Destaing, figurando en el estado de fuerzas del 22 de octubre de 1798 situada en El Cairo, aunque su globo nunca voló.

Jean Marie-Joseph Coutelle, uno de los grandes genios del siglo XVIII.

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Historia www
los seres humanos damos a nuestros inventos: la artillería antiaérea. hidrógeno se generaba usando agua que se hacía pasar sobre una serie de partículas de hierro caliente. Para calentarlas se construían hornos de ladrillo que, obviamente, no se podían desplazar con la tropa, por lo que era preciso transportar el globo inflado, lo que debido a su tamaño era en ocasiones muy complicado. Estas limitaciones son las que hicieron que Napoleón no diera a los aerostiers la más mínima consideración, ya que pensaba que se trataba de unos trastos incapaces de adaptarse a su veloz guerra de movimientos. Durante unos años la compañía de aerostatos logró éxitos notables. Desde Maubeuge, Coutelle y sus hombres recorrieron 32 kilómetros en 15 horas para alcanzar las posiciones francesas en Charleroi, donde el propio general Morlot ascendió en el Entrepenant para poder contemplar las líneas holandesas y descubrir su debilidad. Estos éxitos alcanzaron su punto culminante en la batalla de Fleurus, en la que el papel de la compañía de aerostatos fue decisivo, y donde de nuevo el general Morlot tuvo ocasión de apreciar la situación de los austriacos. Durante toda la batalla Coutelle y sus hombres mantuvieron el globo en el aire, informando constantemente de los movimientos del enemigo. A pesar de sufrir un desgarrón en el desfile triunfal de Bruselas el Entrepenant fue de nuevo usado con éxito en Mayence y tres compañías se entrenaban en la escuela de Meudon, los altos oficiales no querían globos y el enviado a Egipto ni siquiera fue desem-

Nace un método de trabajo
En realidad lo que debían de hacer Coutelle y sus hombres era bastante sencillo sobre el papel. El aerostato se llevaba hasta un lugar próximo a las posiciones enemigas que se querían analizar y observar. Para ello debía transportarse inflado y una vez en posición se le hacía ascender, manteniéndolo sujeto a tierra tierra mediante cables. Uno de esos cables servía también para que los tripulantes de L’Entrepenant deslizaran bolsas de arena a las que iban unidos los informes, esquemas o gráficos de las posiciones enemigas. Este sistema se empleó porque se estimó más útil que las banderas de señales, pues la información que se trasladaba era de mucho mejor calidad, puesto que podía contener dibujos e indicaciones sobre mapas. Respecto a la tripulación, quedó formada por dos hombres, uno tenía una misión de observación, en tanto el otro era el responsable de anotar las indicaciones recibidas. En cuanto al equipo de tierra, se encargaba, mediante el uso de un complejo sistema de cuerdas, de regular la altura a la que debía de encontrarse el globo. No obstante, el trabajo del personal de tierra era mucho más complicado, pues había dos grandes problemas que se relacionaban entre sí, la fabricación del hidrógeno y el transporte del aerostato. El

LA ERA DE LOS GLOBOS
n Interpretación satírica de la obse-

sión francesa por los aerostatos.

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Los Compañeros del Viento

El aerostato de Coutelle, es elevado frente a las posiciones austriacas.

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barcado, perdiéndose junto con el barco que lo transportaba cuando Nelson destruyó la flota francesa en Abukir. Al llegar a Francia, Napoleón disolvió la compañía de aerostatos y todos los proyectos sobre su uso se dejaron morir. Para los militares napoleónicos, el éxito de Fleurus, fue sólo una casualidad. golpe demoledor al adversario, pues «ningún general podría enfrentarse a una invasión tan imprevisible». Sin embargo los partidarios de usar globos contra Inglaterra en 1803-1804 contaban con algo que Franklin no había visto cuando elucubraba sobre el uso militar de los globos, la aportación que había realizado un hombre fascinante, André Jacques Garnerin, quien había logrado, tan sólo seis años antes, una hazaña que le ha dado un puesto en la Historia para siempre y es que el 22 de octubre de 1797 y a más de 300 metros de altura, Garnerín se había lanzado desde un globo en paracaídas. Garnerin conocía bien los estudios de Leonardo da Vinci sobre el vuelo y el paracaidismo teórico, y construyó un extraño artefacto hecho de seda, en forma de paraguas con capacidad para sostener el peso de un hombre, con el que efectuó el primer salto paracaidista que se conoce. Durante meses fue realizando saltos del mismo tipo que le dieron una enorme fama en Francia, si bien su sistema tenía varios defectos. El paracaídas que usó carecía de abertura superior, pues Da Vinci consideraba que no era necesario; sin embargo, en la práctica este defecto hacía que en el descenso el paracaídas oscilase de lado a lado peligrosamente. Afortunadamente, Jerôme Lalande, un testigo de uno de sus saltos, sugirió que se debía de abrir una abertura superior que sirviese de respiradero —como ocurre con los

Asaltemos Inglaterra
El aparente fracaso de la compañía de Coutelle no desanimó a los partidarios del uso militar del globo, y el proyecto de Napoleón de invadir Inglaterra dio alas a los imaginativos tripulantes de los aerostiers y a sus fabricantes y diseñadores, por ello fueron algunos los que desempolvaron el viejo plan del inventor, político y pensador norteamericano Benjamin Franklin, la primera persona que dejó escrito cómo podía ser un ataque usando globos contra un hipotético enemigo. Franklin pensaba que el globo debía de ser usado en el futuro como un medio de transporte y ataque, capaz de lanzar a miles de soldados tras las líneas del enemigo, anticipando las teorías y la práctica del asalto aéreo de la Segunda Guerra Mundial y definiendo el papel de la que podía haber sido la primera división aerotransportada de la historia, casi un siglo y medio antes del nacimiento de la primera fuerza de tal naturaleza. Su proyecto consistía en reunir 5.000 aerostatos cada uno con dos tripulantes y con capacidad para pasar por encima de las líneas enemigas y dar un

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ATRAVESANDO EL CANAL
n Grabado francés de principios del XIX con una imaginativa

visión de un ataque tridimensional a las islas británicas. Obsérvese que contempla tanto globos de gran tamaño como el uso de paracaídas y cometas. Es la primera representación de un asalto aerotransportado de la historia.

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Soldado de la Compañía de Aerostatos, norte de Italia, 1798
os hombres asignados a Coutelle no eran parte de la infantería, ni de la caballería o la artillería, sino que conformaban una nueva Arma. Por ello recibieron uniformes diferentes que, en principio, debían de tener divisa negra sobre un uniforme azul inspirado en el de la artillería. Sin embargo la dura campaña de Italia y las privaciones que en ella sufrió el ejército republicano francés, hizo imposible mantener durante mucho tiempo el uniforme en buenas condiciones. En campaña la casaca se simplificó al máximo con una hilera de botones y, el aspecto general, era bastante más desastrado y sucio que el que presentamos en nuestra ilustración. Destacable era el uso de dos pistolas, ambas situadas de la misma forma, por culpa de la posición de la llave y el color verde en cuello y bocamangas.

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Historia

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n 1782, durante el periodo final de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, uno de los hermanos Montgolfier, Joseph, ideó una solución táctica al problema de las fuerzas hispano-francesas que sitiaban Gibraltar. Las férreas defensas británicas no podían ser superadas y la situación estaba estancada. Había que hacer algo, y lo que propuso superaba la imaginación más osada ¿por qué no lanzar un asalto aerotransportado tras las líneas enemigas mediante globos? Dicho y hecho, Joseph se puso a trabajar en el proyecto. Aunque ambos hermanos estudiaban desde hacía años cómo realizar un globo capaz de hacer volar a un ser humano, ésta fue la primera vez que se plantearon en serio la utilidad militar del globo de su invención. La solución de Joseph era increíblemente ingeniosa y, aunque parezca curioso, podía haber funcionado. Hay varias razones: La primera que la distancia a cubrir por los globos era muy corta, por lo que se podía aprovechar un día con buen tiempo, de los muchos que hay en esa zona durante todo el año, sin un riego excesivo de que se produjese un cambio repentino en la fuerza y dirección del viento. La segunda era la sorpresa,

¿Y si atacamos Gibraltar desde el aire?

pues es obvio que los británicos no esperarían nada parecido. El plan consistía según el propio Joseph, en «meter en Gibraltar un ejército entero y caer sobre la cabeza de los ingleses, en cuanto soplara un viento favorable». Para ello se debía contar «con globos los suficientemente grandes», capaces de transportar un pelotón de diez soldados, armados con pistolas, sables, fusiles y granadas, de forma que sólo diez aerostatos pudiesen situar una compañía que estuviese en condiciones de atacar por la espalda las trincheras inglesas y abrir una brecha por la que penetraría la infantería española. Desgraciadamente para nuestro país, el proyecto de Montgolfier se ideó en un tiempo en el que ni siquiera se había concebido un globo de hidrógeno y quedó en nada, pero no por ello dejó de ser una interesante idea.

El globo de Montgolfier se alza en los cielos de París. Con elementos semejantes, se planificó el primer asalto aerotransportado de la historia.

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Los Compañeros del Viento www LOS PRIMEROS PARACAÍDAS
n Un diagrama de la época que

muestra el funcionamiento del primer paracaídas.

paracaídas actuales—, lo que finalmente hizo en 1804. Esta modificación, en apariencia simple, mejoró las cualidades de los paracaídas y facilitó el salto de precisión, uno de los cuales fue realizado por una joven, Elisa Garnerin, sobrina del famoso aeronauta, que ganó una apuesta a un hombre que dudaba de su precisión en los saltos, consiguiendo caer justo en el centro de la zona que se había señalado como objetivo. Curiosamente la única aplicación, que no había pensado para el paracaídas, fue la de servir como elemento de salvamento, hasta que en Varsovia, en 1808, Judaki Kuparento lo empleó para salvarse cuando su globo se incendió durante una demostración de vuelo. La combinación de globos, capaces de transportar a varias personas, unido a la posibilidad de realizar saltos en paracaídas con bastante precisión disparó la imaginación de Garnerin y sus seguidores, convencidos de que, si bien no era posible atacar las islas británicas de manera masiva con aerostatos, sí se podía enviar una oleada de asalto que tomase el control de algunos lugares estratégicos de la costa y así, asegurar la zona hasta que llegase la flota. La distancia a recorrer no era excesiva y el canal podía ser atravesado sin excesiva dificultad, aun teniendo en cuenta que los vientos dominantes discurren de oeste a este. Para ello se basaron en los trabajos de Pilatre de Rozier y Pierre Romain, que habían intentado cruzar el canal de Francia a Inglaterra en 1785 —aunque la primera travesía se ha-

ELISA GARNERIN
n Elisa Garnerin salta de un globo

bía hecho de oeste a este por Blanchard y Jefries ese mismo año de Inglaterra a Francia—, pero mejorando dos aspectos como el uso de globos sonda para conocer el sentido del viento a diferentes alturas y creando rudimentarios sistemas de dirección, añadiendo a los aerostatos un timón de cola para poder gobernarlos aunque fuese mínimamente. Además se creía que era mejor usar globos mixtos de aire e hidrógeno, usando el hidrógeno para el vuelo y el aire para la regulación de la altura. En cuanto a los paracaídas, los habría de dos tipos, individuales con escape de aire basados en los diseños de Lalande y otros más grandes que se unirían a un cesto, creando de este modo en el globo una especie de cápsula adicional con la que descender en territorio enemigo. Como en el proyecto de Joseph Montgolfier —ver recuadro— el equipo de asalto de cada globo tenía que contar con, aproximadamente, un pelotón de soldados armados lo mejor posible con pistolas —un tripulante de los aerostatos franceses llevaba una o dos—, fusiles, munición de sobra, granadas de mano, sables, bayonetas y material para atrincherarse, lo que se dice una unidad especial, como las creadas en el siglo XX. Incluso se planeó artillar los globos con falconetes o armas similares que, luego pudiesen ser usadas en tierra en parapetos o trincheras. A pesar de tanto esfuerzo los proyectos se vinieron abajo, pues parecía que todo se ponía en su contra. El fracaso de la flota hispano-francesa, de tomar el control del canal,

en paracaídas ante el asombro de la gente. Esta audaz aeronauta, sobrina de André Jacques Garnerin, saltó sobre el parque del Retiro desde un globo el 26 de abril de 1810, en el primer salto paracaidista de la historia de España.

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Historia

El primer aerostato militar de España
orresponde al Arma de Artillería el honor de ser la primera que se interesó en nuestro país por los servicios que podía prestar un globo con fines bélicos. El Real Colegio de Artillería de Segovia estudió seriamente la aplicación práctica de los primeros aerostatos, pues se consideraba viable utilizarlos para disponer de una plataforma elevada de observación, vigilancia y control de los movimientos del enemigo y, de esta forma, realizar las oportunas correcciones de tiro. Con la participación voluntaria y entusiasta de todo el Colegio y con el apoyo estimable del químico francés JosephLouis Proust, se construyó

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un globo de 45 metros de diámetro y 30 de alto que incorporaba unas sujeciones que debían mantenerlo a una altura de medio kilómetro. Las primeras pruebas comenzaron en el mes de noviembre de 1792 y el éxito fue absoluto. Tanto el conde de Aranda, como el propio monarca Carlos IV, se interesaron personalmente por la hazaña e intentaron repetirla en San Lorenzo

del Escorial. Sin embargo, el desorden y la desidia impidieron que esta prueba tuviese una aplicación práctica eficaz y, de hecho España, que entró en guerra con Francia al año siguiente y que podría haber sido pionera en la utilización militar de globos, no dispuso de un verdadero cuerpo de aerostación hasta 1884, muy avanzado ya el reinado de Alfonso XII.

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Los Compañeros del Viento

André Jacques Garnerin, que construyó los primeros paracaídas modernos

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y el abandono por Napoleón del plan de invasión de Inglaterra dieron el golpe de gracia al proyectado asalto aéreo. Nadie se atrevía a discutir a Napoleón y era bien conocido que consideraba a los globos meros juguetes. Por si faltaba algo, el propio Garnerin cayó en desgracia. Napoleón le había nombrado Jefe del Departamento de Aerostación, debido a la fama que había ganado con sus saltos en paracaídas, y le encargó construir un globo majestuoso para el día de su coronación como emperador, cargado de trofeos, banderas y una espectacular corona imperial. El impresionante globo se elevó majestuoso entre los vítores de la multitud y atravesó toda Francia e Italia, hasta alcanzar Roma, donde se estrelló después de haber destruido la corona imperial sobre la tumba de Nerón. El emperador, que era muy supersticioso, destituyó a Garnerin de todos sus cargos. Triste fin para una de las ideas más audaces de principios del siglo XIX. •

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Leyenda

Cronovisor
Alejandro Polanco Masa

El Mito del

El principio sobre el que se asentaba aquella máquina es muy sencillo y cualquiera podría reproducirlo con intenciones perversas. Sin embargo, le diré que demostramos que las ondas visibles y sonoras del pasado no se destruyen. Y no lo hacen porque son energía. La grandeza de aquel invento fue que podía recuperar esa energía y recomponer escenas perdidas hace siglos.
Pellegrino Ernetti1

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La máquina del Padre Ernetti

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in duda, la máquina de cronovisión más famosa es la del benedictino italiano, ya fallecido, Pellegrino Ernetti. Para quien no esté advertido voy a definir de qué se trata. Un cronovisor sería una máquina para “ver” el tiempo o, mejor dicho, un mecanismo por medio del cual acceder al pasado en forma de imagen y sonido. Hasta el momento, no conozco ninguna referencia a cronovisores capaces de sintonizar el futuro, exceptuando el de DeLaWarr, que comentaré más adelante2. Así, por medio de técnicas poco esclarecidas, por no decir diréctamente irreales, al igual que un vídeo doméstico sintoniza un canal de televisión y graba en cinta magnética o disco óptico nuestro programa favorito, los cronovisores “sintonizarían” con el tiempo pasado a voluntad del experimentador y guardarían los resultados en los mismos soportes que los vídeos o las grabadoras de audio. ¡Una máquina del tiempo excepcional! La manera perfecta de conocer nuestro pasado y desvelar los enigmas de la historia. ¿Realmente puede existir algo así? He de advertir que, a pesar de lo que se diga, jamás se ha probado su existencia real y que, de lleno, entran estas máquinas dentro del campo de la mitología tecnológica tan propia del pasado siglo XX, además de ser un tema muy

relacionado con variados relatos de ciencia ficción, como el “cronoscopio” mencionado 3 por Isaac Asimov . Imaginativas historias que pudieron servir de semilla desde los años cuarenta para crear la leyenda del cronovisor. Sobre la aventura de Ernetti existen muchas informaciones dispersas pero, básicamente, todas coinciden en los detalles más importantes. El caso del cronovisor fue dado a conocer por el padre Ernetti en 1972, al conceder una entrevista a la publicación italiana La Domenica del Corriere4, donde afirmó haber participado en el proceso de gestación y uso de una máquina capaz de grabar imágenes y sonidos del pasado. Aquella noticia hizo que muchos se sobresaltaran de entusiasmo, ¿se habría descubierto la máquina del tiempo? La importancia del medio en el que se publicó, hizo que se extendiera el rumor por medio mundo. Sin embargo, anteriormente, Ernetti ya había desvelado algunos detalles en otros medios impresos. En julio de 1965 L´Heure d´Étre, una re-

vista religiosa francesa, aludió a este cronovisor y, en enero de 1966, la publicación italiana Civiltà delle Macchine, hizo lo mismo en un artículo titulado L´oscillografo elettronico. La poca importancia de esos dos medios hizo que la noticia no fuera tomada en cuenta hasta que salió a la luz la entrevista de 1972, a partir de entonces los rumores sobre el cronovisor del padre Ernetti no han cesado de aumentar. El benedictino afirmó que su máquina funcionaba a la perfección, no entró en detalles técnicos pero sí ahondó en alguno de los éxitos conseguidos. A través de este cronovisor pudo reconstruir, según él, porciones de algunas obras musicales perdidas desde hacía siglos, como el Thyestes, de Quinto Ennio, representado en Roma en el 169 a.C. Otras de sus afirmaciones resultan ser incluso más fantasiosas, puesto que dijo haber contemplado la destrucción de Sodoma y Gomorra, localizado el texto correcto de las Tablas de la Ley o haber presenciado la crucifixión de Jesucristo, siendo capaz de determinar cuáles fueron sus últimas palabras.

Este artículo, anteriormente publicado en el blog Tecnología Obsoleta, adaptado ahora para El Viaje de Argos, es un adelanto de `Crononautas´, libro que aparecerá el próximo otoño.

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Leyenda

Para conocer cuándo surgió el proyecto hay que remontarse a 1952. Durante una sesión de grabación de música gregoriana, en el laboratorio del padre Agostino Gemelli, sucedió algo no previsto. El 15 de septiembre de ese año, vigilando los aparatos electrónicos para llevar a buen término el registro del sonido en cinta magnética, Gemelli y Ernetti se sobresaltaron al descubrir que se había incluido en la cinta una voz que nadie escuchó durante el proceso de grabación. La voz fue reconocida de inmediato por Gemelli como la de su padre ya fallecido5, impresionando a los dos sacerdotes. La súbita aparición de aquella psicofonía sirvió de acicate para que se dedicaran a investigar el extraño asunto, contactando con todos los expertos europeos en sonido que pudieron encontrar y llegando a una novedosa teoría: las voces e imágenes del pasado quedarían grabadas en una suerte de éter desconocido, siendo posible su recuperación a voluntad por medio de las técnicas adecuadas. Acababa de nacer la idea del cronovisor. Se dice que, desde sus comienzos, este proyecto estuvo controlado por Pío XII, quien lo clasificó como secreto. Lo que distin-

gue el caso Ernetti de todas las demás “tecnoleyendas” es el propio personaje central, pues el padre benedictino rehuía del tema, aunque nunca negó sus afirmaciones sobre el cronovisor. Parecía un asunto clavado a modo de espina en su alma. Los últimos años de su vida los dedicó a la atención de supuestas víctimas de posesión diabólica, siendo la mayoría de éstas, en su opinión, personas que padecían diferentes trastornos mentales. Pellegrino Ernetti abandonó este mundo en abril de 1994, llevándose todos los “secretos” del cronovisor consigo, si es que en realidad hubo secreto alguno, algo más que dudoso. Desde entonces, muchos son los fragmentos informativos que ha generado este asunto, a la vez de varios libros que arrojan más dudas que certezas acerca de la hipotética máquina. Uniendo todos los fragmentos, puede hacerse uno la idea de cómo era, supuestamente, el cronovisor. Hay quien piensa, en el colmo de la especulación imaginativa que, aunque el proyecto fue “cancelado” por el Vaticano dada su peligrosidad al atentar contra el libre albedrío, como se ha afirmado muchas veces, la máquina jamás fue destruida y continuaría guardada en un lugar seguro esperando 6 días mejores . Ernetti, además de sacerdote, era profesor e investigador en un campo poco estudiado de la música, la prepolifonía, estando adscrito al Conservatorio Benedetto Marcello de Venecia y había llegado a ser docente en la Academia Santa Cecilia de Roma.

Galería de rumores
obre el cronovisor de Ernetti se ha dicho de todo, y nada de ello verificable. Para empezar con la galería de rumores, cualquiera que investigue un poco este asunto se topará tarde o temprano con una impactante imagen de Cristo poco antes de morir que, según se dijo hace años, correspondería a una instantánea de ese momento histórico, grabada con el cronovisor. El propio Ernetti salió al paso de tales afirmaciones para negarlo rotundamente, porque aquella imagen no era más que una fotografía de un crucifijo conservado en el Santuario del Amor Misericordioso, de Collevalenza, en la italiana provincia de Perugia. Más rumores: se cuenta que en la investigación inicial para crear el cronovisor, intervinieron doce físicos de primera fila. El año 1956 sería la fecha hipotética en la que se pusieron en marcha las investigaciones de forma seria, siendo al año siguiente cuando se unió al grupo el portugués Profesor Matos7, quien ya se había interesado por el tema de la cronovisión mucho antes. La siguiente parada en la ruta de los rumores hace referencia a la técnica utilizada en la máquina. La teoría de Ernetti se basaría en el concepto aristotélico de la desintegración del sonido, aunque en este punto hay opiniones para todos los gustos, desde las que implican un gran conocimiento por parte de aquellos científicos de la filosofía pitagórica a los que

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invocan a la cábala. Según la idea de Aristóteles, o de Pitágoras según la versión que elijamos, la luz y el sonido no desaparecen del todo después de su aparente extinción, sino que se transforman de una forma desconocida y se mantienen en el lugar donde se originaron, siendo posible su recuperación de manera indefinida en el tiempo. Ernetti comentó, en una de sus pocas conversaciones públicas sobre el tema, que las ondas sonoras se subdividen en armónicos que se graban en los materiales inertes, o en algo tan ficticio como el éter, pudiendo ser recuperadas si se dispone de los mecanismos adecuados. El escritor Robert Charroux se refiere a la aventura de Ernetti con estas palabras:8 …el padre benedictino Pellegrino Ernetti ha logrado un milagro científico. Él no es un brujo ni un visionario medieval, es considerado un científico genuino. (…) Llevó a cabo su investigación en colaboración con doce científicos de los que no se conoce la identidad. Desde 1956 este equipo viene investigando en la posibilidad de resucitar el pasado para que sea visto a través de un aparato similar a una televisión. En 1957, Ernetti contactó con el Profesor Matos quien, dada su experiencia en el tema, marcó la pauta a seguir por todo el grupo. Matos estaba interesado en reproducir el pasado por medio de algún proceso análogo a la televisión y basó sus teorías en las escrituras de Aristóteles sobre la desintegración del sonido y

algunas antiguas ideas de los pitagóricos. Un texto de lo más insulso porque, como no podía ser de otro modo, no ofrece datos ni notas que puedan comprobarse. En este fragmento se resumen la mayoría de los tópicos sobre el tema de la técnica de cronovisión, desde la aparición del misterioso Matos hasta el recurso a textos de la antigua Grecia. Ernetti, por su parte, no parecía confiar demasiado en las ideas aristotélicas o pitagóricas. Según sus propias declaraciones, la base de su tecnología se centraba en la ciencia básica, más concretamente la física de vanguardia. Pero su idea de la transmisión de las ondas iba mucho más allá de lo que la ciencia muestra pues, en su teoría básica, Ernetti necesitaba de un ente aborrecido por la física desde principios del siglo XX, el éter. Para que las imágenes y sonidos se mantengan en estado latente en el ambiente, necesitan estar grabados en algo, por efímero que sea, no es posible que esto suceda en el vacío. Durante siglos la ciencia sufrió de horror vacui, la negación de la existencia del vacío. Para que la luz viajara por el espacio era lógico pensar que necesitara un medio material, un vehículo por el cual transmitirse y que llenara el espacio. El medio que servía de soporte para la luz era el éter, que todo lo impregnaba. Experimentos de comienzos del siglo XX demostraron que el vacío lo inunda todo, que la luz se forma de ondas electromagnéticas que no necesitan

del éter y que, por tanto, éste no existe. El éter fue desterrado de la física y los pocos que se atrevieron a mantenerlo en sus ideas fueron declarados heterodoxos. Uno de los que volvió a invocar la presencia del fantasmal éter fue Ernetti. La idea de recuperar el éter rondó la cabeza del benedictino desde el “descubrimiento” de las ya mencionadas grabaciones efectuadas por el padre Gemelli, en el laboratorio de física de la Universidad del Sagrado Corazón de Milán. Las misteriosas voces grabadas en aquella sesión fueron enviadas para su 9 estudio a Ernst Senkowski . A partir de ahí, Ernetti investigó el tema de forma similar a como harían después los estudiosos de las psicofonías y de las psicoimágenes, pero pensando más en que se trataba de inclusiones residuales procedentes del pasado que de “voces de los muertos”. Investigando en este campo de la desintegración del sonido, el voluntarioso benedictino llegó a una conclusión, según la cual, las ondas, sean del tipo que sean, se pueden descomponer en armónicos (sic.) cada vez más pequeños hasta alcanzar el nivel atómico e incluso el subatómico. Con la
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ayuda del cronovisor, que según muchos de estos rumores constaría de un oscilógrafo catódico y un circuito adecuado para encauzar los electrones siguiendo frecuencias muy precisas, sería posible invertir el proceso de desintegración de las ondas y recomponer, aproximándose en su estado original, un sonido e imagen del pasado. Cada una de estas hipotéticas transformaciones estaría marcada por una huella característica, en relación con el tiempo que haya transcurrido desde que se “grabó” en el éter, siendo esta huella necesaria para poder “sintonizar” con precisión el tiempo pasado que se desea explorar. Suena extraño y completamente pseudocientífico, sin embargo el padre Ernetti siempre repitió con vehemencia una idea cuando se le cuestionaba por la veracidad de esta “teoría”: …esto no tiene nada que ver con la parapsicología o la metafísica, ¡es ciencia pura! …cada ser humano, desde el momento de su nacimiento hasta el de su muerte crea una grabación en el ambiente formada por un doble surco de luz y sonido. Esto constituye su marca individual de identidad. Este mismo prin-

cipio se aplica a la música y al movimiento. Por medio de las antenas que utilizamos en nuestro laboratorio, podemos sintonizar con esos surcos y recuperar la luz y el sonido del pasado. Muy interesante… ¡si fuera mínimamente cierto! Estas palabras del protagonista en la trama del cronovisor no dejan lugar a dudas sobre la “base” teórica, pero en ningún caso aportan material necesario para reconstruir o, por lo menos, hacerse una idea mínima de cómo sería el montaje de la supuesta máquina. Los últimos rumores a este respecto hablaban de un sistema semiorgánico, en el que las ondas cerebrales de un voluntario servirían de catalizador para recuperar los “surcos” del pasado. Ernetti nunca habló de eso, lo que sí repitió hasta la saciedad fue un aviso, una seria advertencia sobre una tecnología, sencilla de replicar según su punto de vista, pero muy peligrosa, que sólo debiera ser revelada al conjunto de la humanidad cuando ésta hubiera aprendido a actuar únicamente para el bien. Otro de los esquivos puntos en los que los rumores convergen es la utilización de cristales de cuarzo cuidadosamente tallados como núcleo de la máquina. Los cristales de este tipo muestran capacidades asombrosas en la transmisión de señales eléctricas o el almacenamiento de información. Todos llevamos uno cerca sin saberlo, en los relojes. Hoy día casi ningún reloj de pulsera funciona con la

energía almacenada en muelles, eso que conocemos como “cuerda”. Los relojes actuales, incluso los de “agujas”, son digitales, no en el sentido de mostrar la información en una pantalla, sino por medir el tiempo a través de un circuito electrónico alimentado por una pila. El alma de los relojes no está en la batería, sino en un pequeñísimo corazón de cristal de cuarzo que, al paso de la corriente eléctrica del circuito, “palpita” emitiendo rítmicas oleadas que controlan el paso del tiempo. Al cuarzo se le han atribuido muchas otras capacidades casi mágicas, pero irreales, por eso no es de extrañar que el cronovisor pudiera “contener” uno como “motor”, la imaginación es libre. La teoría de Ernetti guarda cierto parecido con las tradiciones ocultistas que hablaban del plano de Akhasia, una hipotética región inmaterial situada en una dimensión paralela, donde estaría grabada la “memoria del universo”. Continuando con la galería de rumores, llegan ahora varios espías de la CIA para liarlo todo definitivamente. Naturalmente, si el invento de Ernetti era tan poderoso, las agencias de inteligencia de medio mundo se lo disputarían. Hay quien sugiere que el cronovisor era capaz incluso de sintonizar con el pensamiento de las personas, algo muy “útil” para los servicios de espionaje. El proyecto militar norteamericano de testigos lejanos, enmarcado dentro del infausto programa MK Ultra, podía guardar cierta relación de “pa-

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recido” con el cronovisor, sobre todo por su objetivo y por lo pseudocientífico de todo ello. En plena Guerra Fría, tanto estadounidenses como soviéticos intentaron desarrollar sistemas que, utilizando voluntarios, fueran capaces de proyectarse “astralmente” y penetrar en territorio enemigo para espiar. Todo esto, demencial, anticientífico y estúpido, se llevó bastantes millones de dólares de presupuesto. Se conocen hoy muchos detalles de primera mano gracias a los documentos oficiales del gobierno estadounidense, desclasificados gracias al Acta de Libertad de Información. ¿Qué relación podía guardar Ernetti en todo esto? En realidad, nada, aunque la CIA gastó bastante dinero intentando conseguir algo con lo que espiar a distancia por medio de “telepatía”.

Los pioneros de la cronovisión
l deseo de fotografiar el pasado ha acompañado al hombre desde antes de inventarse la propia fotografía. Marconi, uno de los inventores de la radio y Edison, el polifacético inventor, intentaron comunicarse con el más allá por medio de máquinas de grabación, no lo consiguieron, pero esa idea revivió décadas más tarde. Desde tiempo inmemorial se cuentan historias sobre lugares donde, por medio del agua o de espejos, era “posible” contemplar el futuro. Pausanias narró la historia de un arroyo sagrado10, fren-

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te al santuario de Démeter en Patras, que se utilizaba para realizar adivinación infalible utilizando un espejo (sic). Esta antigua referencia a la magia de los espejos como máquinas del tiempo tuvo luego una larga tradición. En épocas anteriores al desarrollo de la tecnología electrónica, la idea de ver “a distancia” se dejó en manos de los instrumentos más parecidos a los modernos medios de comunicación, los cristales. Nació así la cristalomancia, definida como el medio para atraer a la consciencia del observador, generalmente un “vidente”, por medio de un espéculo y a través de uno o más de sus sentidos, el conte11 nido del subconsciente . El espéculo, ya fuera un espejo, bola de cristal o similar, podía tener gran número de formas y tamaños. El uso de cristales para la adivinación se encuentra documentado en multitud de estudios antropológicos. Los adivinos solían ser elegidos entre los niños, porque eran los más propensos a “ver” imágenes extrañas en los cristales o espejos, sobre los que se colocaban manchas de tinta, como en la India, o gotas de sangre, como entre los maoríes de Nueva Zelanda. Cuando no había cristales a mano, las culturas ancestrales utilizaban la luz reflejada en el fondo de cuencos con agua o simples charcos. El más famoso adepto de la cristalomancia fue sin duda el aventurero y astrólogo John Dee quien, al servicio de Isabel I de Inglaterra, utilizaba esferas de cristal como “cáma-

ras” para realizar tareas de espionaje. Un caso excepcional de anticipación basada en la cristalomancia se narra en las 12 memorias de Saint-Simon . En 1706 el duque de Orleans, a punto de viajar a Italia, narró a Saint-Simon una extraña experiencia sucedida en casa de una amante. Un personaje muy extraño apareció prometiendo contestar a todas las preguntas que formulara el duque, a condición de contar como intermediaria con una inocente niña observando un vaso lleno de agua. En un momento de la velada se pidió a la niña que narrara la futura muerte del rey Luis XIV. Para asombro de los presentes, la niña contó detalles minuciosos de Versalles, lugar donde nunca había estado. Describió a las personas que rodeaban el lecho del difunto monarca, todos los presentes reconocieron en las descripciones de la niña a las personas que ocuparían la situación futura. Sin embargo, cuatro cortesanos muy conocidos, que tendrían que hallarse en la escena, no aparecían. Saint-Simon cuenta que nadie pudo explicar aquello, pues los cuatro gozaban de buena salud y eran jóvenes. Ocho años más tarde Saint-Si-

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mon comprendería lo sucedido, pues fue entonces cuando Luis XIV murió, y los cuatro ausentes en la imagen vista por la niña no se encontraron en los funerales ya que habían fallecido tiempo atrás. Quede aquí tan curiosa historia, con seguridad mero recurso literario, como ejemplo de la atracción que a lo largo del tiempo ha ejercido la “adivinación” a través de cristales o agua en todo tipo de personas. El primer cronovisor, como máquina imaginada para tal fin, del que tengo noticias, data de 1897. Sir Oliver Lodge, científico de la británica ciudad de Liverpool, afirmó en ese año haber logrado transmitir señales de radio a grandes distancias, de haberse confirmado aquella experiencia hoy sería considerado uno de los padres de la radio. La antena desde la que emitía durante sus pruebas estaba situada en la torre del reloj del edificio de la Universidad de Liverpool, en Brownlow Hill. La mayor parte de sus colegas científicos consideraron aquella idea de la radio como una locura impracticable, a fin de cuentas, el mismísimo Heinrich Hertz, descubridor de la existencia de las radiaciones

electromagnéticas, afirmó que jamás se las encontraría una aplicación práctica. ¿Qué pensaría de nuestros medios de comunicación más modernos? Lodge creía en la aplicación de las ondas de Hertz como medio de comunicación así que, aunque se mofaran de él, continuó con sus experimentos. Fue durante aquellas tentativas de construir un comunicador por radio cuando aparecieron en la ciudad dos extravagantes personajes que dijeron haber logrado algo más asombroso todavía, una máquina para fotografiar el pasado. William Maplebeck, un inventor de 67 años, junto con el fotógrafo aficionado Robert Stookes, presentaron su Cronoscopio ante una nutrida representación de la ciencia y la cultura de Liverpool. El evento tuvo lugar en las oficinas de Esme Collings Photographers, en el número 43 de Rodney Street. Según los dos protagonistas, el Cronoscopio era capaz de fotografiar imágenes de sucesos acaecidos muchos siglos atrás. Maplebeck comentó entusiasmado cómo había descubierto una forma de alinear lentes de cuarzo de tal forma que fueran capaces de desviar la luz reflejada entre dos espejos a una cámara fotográfica. Así, el bucle infinito de imágenes dentro de imágenes que se genera al poner un espejo frente a otro podía, por medio de aquellas lentes, servir para sintonizar con el pasado. La audiencia no se impresionó demasiado, pedían pruebas y no tardaron en tenerlas. Los dos inventores mostraron fotografías realizadas presunta-

mente con aquel cronovisor. En ellas se podían ver antiguos legionarios romanos o mujeres vestidas con trajes pasados de moda. Los espectadores no creyeron nada del asunto y se mofaron de los dos fotógrafos, acusándolos de fraude. Ellos, ante la tensa situación, decidieron desaparecer por la puerta trasera. Aquel día Sir Oliver Lodge respiró aliviado al ver que, por lo menos por un rato, las burlas de sus colegas no se dirigían contra él. De los presuntos “inventores” de aquel Cronoscopio, nunca más se supo. El conocido científico Charles 13 Steinmetz desarrolló otra cámara del tiempo capaz, según él, de fotografiar el pasado. Este mecanismo fue construido siguiendo las indicaciones del británico Baird T. Spalding, utilizando lentes de cuarzo. Baird, nació en 1857 y durante su niñez y juventud recorrió medio mundo, desde la India a Alemania, llegando a estudiar en prestigiosas universidades y logrando trabajar en Berkeley y Stanford en el campo de la arqueología. A finales del siglo XIX Spalding se dedicó a escribir sobre todo lo que había experimentado durante sus viajes a la India. Su obra, Vida y enseñanzas de los maestros del lejano Oriente, tuvo tanto éxito que fue necesario ampliarla paulatinamente hasta alcanzar los seis volúmenes de extensión, siendo el último póstumo, con una recopilación de algunos artículos de los años treinta. Las obras de Spalding son de carácter filosófico, casi metafí-

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sico, mezclando una personal visión de la vida con la mística oriental. Se relacionó con banqueros e industriales británicos y norteamericanos, además de científicos. Este aventurero conocedor, según sus propias palabras, de muchos secretos del pasado oriental, confió a sus allegados durante sus últimos años de vida que era el depositario de un gran misterio, la forma de construir una máquina con la que poder 14 contemplar el pasado . En sus propias palabras: …todo lo que se dice, la voz, las palabras, queda atrapado para siempre en una banda de frecuencias vibratorias muy concretas… Pero no sólo se limitó a informar sobre aquel “secreto”, afirmó que lo llevó a la práctica, llegando a fotografiar personajes históricos como George Washington. Naturalmente, no hay constancia de que nadie haya visto esas fotografías nunca. Steinmetz recogió la idea y decidió llevarla también a la práctica, sin embargo, guardó los resultados de la experiencia para sí mismo, seguramente porque, como es de suponer, no logró absolutamente nada. Curiosamente, Spalding fue contratado por el famoso director y productor de cine Cecil B. DeMille, quien estaba preparando su película bíblica Rey de Reyes15. El magnate del cine conocía la historia de la cámara para “ver” el pasado y los rumores afirman que buscó a Spalding y a Steinmetz porque éstos afirmaron haber

viajado a tierra santa para fotografiar el rostro de Cristo. ¿No se parece demasiado esta declaración a las que Ernetti hizo mucho después? En las pocas entrevistas que Spalding concedió a los medios en aquellos días también afirmó que, cuando el secreto se desvelara, la policía obtendría mucho provecho del invento, pues revolucionaría la investigación de los crímenes. En 1912 el barón Ernst von Lubek dijo haber logrado lo mismo, una máquina fotográfica capaz de traspasar las barreras del tiempo y recuperar imágenes del pasado. Se puede llamar cámara, pero en realidad poco se parecía aquel engendro mecánico a una cámara fotográfica como las que conocemos. El equipamiento de Lubek incluía un tubo de rayos catódicos embutido en plomo, similar a un primitivo televisor y un circuito extraño 16 con electrodos de disprosio , un elemento raro. La energía procedía de una bobina Tesla modificada. Décadas más tarde, en 1934, William D. Pelley, aventurero, inventor y escritor norteamericano, anunció haber colaborado con Steinmetz y Edison en una cámara para ver el pasado a la que llamaron UltraVision. Nunca ofreció ninguna prueba real de la existencia del aparato pues, según su melodramática narración, las autoridades confiscaron todo el material por considerarlo peligroso para la seguridad nacional. Sin duda, la cámara temporal más famosa después del cro-

novisor de Ernetti fue la cámara radiónica de George DeLaWarr. Desarrollada durante los años 50, se dice que era capaz de proyectar imágenes del pasado. Pero hay una novedad con respecto al resto de cronocámaras, ¡esta “podía” captar el futuro! DeLaWarr publicó varias fotografías con las que pretendió demostrar la veracidad de sus afirmaciones. Para este inventor… …el tiempo es un vector que forma parte del espectro electromagnético, grabándose todos los acontecimientos en un espacio de ese espectro. Existe un mundo prefísico al cual puedo acceder a través de mi cámara… Unas palabras que se parecen mucho a las de Spalding, escritas casi medio siglo antes. DeLaWarr logró durante varios años recopilar más de 13.000 fotografías obtenidas con su aparato, al que también se le atribuían capacidades en el diagnóstico de enfermedades o la percepción remota. George DeLaWarr afirmó que el futuro podría ser también captado con su cámara radiónica, se cuenta que realizó un

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polémico experimento en el que “radiografió” el abdomen de una mujer embarazada y en la película resultante se pudo ver la algo borrosa imagen de un niño ¡ya crecido! Hay que reconocer que, al menos, imaginación no le faltaba.

Cronovisores actuales

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ambiando de escenario, Italia parece la tierra propicia para los cronovisores. Allí nació la máquina de Ernetti y la de Luigi Borello, que mencionaré más tarde. Hoy siguen existiendo en la Península Itálica aventureros que reclaman haber conseguido cronovisores. Muchos de ellos no pasan de ser meros charlatanes y, entre todos ellos, destaca un polémico personaje, Paolo Benda. Este joven ingeniero se dedica a la geobiología y a otros asuntos pseudocientíficos, como la radiónica o la radiestesia. Actualmente dice estar obteniendo resultados asombrosos con la aplicación de luz láser en un sistema con el que además de lograr psicoimágenes de calidad, puede recuperar escenas del pasado. Toda una máquina polivalente que escudriñaría

los sonidos e imágenes de dimensiones paralelas y de tiempos pretéritos. En la ciudad de Arezzo ha fundado el Centro de Estudios en Geobiología, Radiónica y Parapsicología. El nombre lo dice todo y no creo que merezca comentarios adicionales. De momento, como siempre, no ha aportado pruebas de ningún tipo acerca de su invento aunque, como buen promotor de sí mismo, ha publicado un libro plagado de neologismos acomodados a sus teorías en el que mezcla transcomunicación, viajes en el tiempo y teorías acerca del más allá. Toda una empanada que distribuye en dosis generosas en apariciones televisivas. ¿Cuánto tiempo tardará en aparecer otro inventor de un presunto cronovisor? No lo sé, pero lo más seguro es que, por continuar con la tradición, lo haga en Italia. En febrero de 2003 salió a la luz la noticia sobre un nuevo cronovisor, esta vez lejos de las tierras mediterráneas. El periódico ruso Pravda17 informó sobre un inventor local que dice haber construido cámaras temporales para fotografiar el pasado utilizando como componente crítico lentes de cuarzo. Otra vez aparece este viejo amigo del mundo mineral. Según el inventor: …las lentes de cuarzo puro hacen que la luz ultravioleta pase a través de ellas casi sin pérdidas. Este tipo de radiación es la que transmite las imágenes del pasado. Con esta máquina he logrado fotografiar escenas de la Segunda

Guerra Mundial en un bosque… Curiosas declaraciones que se acompañaban de otras descripciones sobre instantáneas en las que aparecerían guerreros de la estepa o animales prehistóricos junto con árboles gigantescos. El protagonista de esta historia, Henry Silanov, residente en la ciudad de Voronezh, tiene una forma curiosa para explicar su cronovisor que difiere de todas las demás. Durante sus “investigaciones” del fenómeno OVNI ha llegado a la conclusión de que esos objetos utilizan “portales” para abastecerse de energía, puntos sobre la superficie terrestre especialmente cargados de energía. Rastreando con magnetómetros en esos puntos, emparentados con los lugares sagrados y lo que se ha dado en llamar “malla energética de la Tierra”, encontró que allí se concentraban grandes cantidades de energía desconocida hasta entonces. Esta energía se captaría en el dominio ultravioleta del espectro, siendo posible su transformación en fotografías a través de una cámara preparada como la que afirma haber construido Silanov. A partir de aquí, la colección de frases de este “investigador” se empieza a parecer a las demás, pues afirma que todo lo que sucede en la naturaleza se graba en esas zonas o puntos de energía, siendo posible su recuperación por medio de sistemas tan simples como el suyo, una cámara réflex modificada con un objetivo con lentes de cuarzo especiales. Sin embargo, de nuevo, tanta

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palabrería no aporta pruebas de ningún tipo.

La pasión de Luigi Borello
rnetti y Gemelli no han sido los únicos sacerdotes italianos apasionados con la idea de recuperar la memoria del pasado. Luigi Borello, menos conocido que los anteriores, siguió por el mismo camino. Durante más de treinta años el padre Borello se dedicó con pasión al estudio de las ideas más vanguardistas de la física. Según 18 la teoría neutrínica , sería posible desde el punto de vista técnico construir una máquina para revivir el pasado (sic.). Además de sacerdote, muy querido por su labor pastoral, el padre Borello era físico y matemático, miembro de la Academia Tiberina de Roma, muy inquieto y con un ardiente deseo por conocer, espíritu que le llevó a desarrollar de forma privada su cronovisor. Nacido en el italiano valle de Pezzolo Uzzone en la Navidad de 1924, en el seno de una familia muy religiosa y humilde, Luigi pasó su niñez asombrado por las bellezas de la naturaleza, deseando conocer los más íntimos secretos del universo, decide estudiar ciencias. Ordenado sacerdote católico en 1950, fue profesor de física, matemáticas y ciencias naturales en diferentes centros de formación religiosa. Su peculiar forma de entender las teorías avanzadas de la física le llevó a desarrollar la mencionada teo-

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ría neutrínica, por supuesto al margen de la ciencia establecida, ideada anteriormente por Cesare Colangeli, dando este esfuerzo como resultado su máquina de cronovisión. Dividiendo sus esfuerzos entre la labor pastoral y la pasión por la física, su invento fue mejorando poco a poco. Según Luigi Borello, al igual que la luz incide en nuestros ojos y los sonidos activan los nervios de la audición en nuestros oídos, así toda la radiación existente en la naturaleza queda marcada en las rocas y en el ambiente de una forma inaccesible a nuestros sentidos, pero recuperable por medio de procedimientos adecuados. La forma que tenía Borello de entender su cronovisor no se aleja de las ideas de Ernetti, Spalding o DeLaWar: …tras más de tres décadas dedicadas al estudio de la captación de sonidos e imágenes del pasado, he llegado a la conclusión según la cual el espacio es un continuo en el que no cabe el vacío absoluto. Cada vez que los sonidos o las imágenes de un acontecimiento golpean la materia, se crea una nueva forma de energía hasta ahora desconocida. El principio de esta máquina es muy sencillo, no solo los seres vivos tienen me-

moria, las huellas de la luz y los sonidos crean una memoria en la materia inanimada. De esta forma, las piedras son capaces de grabar recuerdos en su interior continuamente, solo que ellas no son capaces de comunicarlo…19 Luigi Borello falleció el 22 de febrero de 2001 sin haber presentado pruebas replicables que pudieran apoyar mínimamente sus extrañas teorías.

Sonidos del pasado
a idea que sugiere que los sonidos del pasado quedan impregnados de alguna forma en el ambiente y la posibilidad de rescatarlos por medio de algún tipo de tecnología, ha intrigado a muchas personas. Uno de los experimentos más difundidos sobre intentos por comprobar tal cuestión fue llevada a cabo en 1982. La hospedería del Príncipe de Gales en Kenfig de MidGlamorgan, Gales, fue el lugar elegido para la prueba ya que el dueño aseguró haber escuchado insistentemente voces fantasmales. ¿Serían sonidos del pasado intentando emerger al presente? Manos a

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la obra, el ingeniero electrónico John Marke y el químico Allan Jenkins viajaron al lugar con aparatos de registro y armados también con una teoría muy personal. De noche, con el local vacío y sellado, con las grabadoras funcionando en el interior, conectaron a los muros de piedra de la hospedería a un circuito alimentado con 20.000 voltios. A la mañana siguiente, escuchando las cintas, se habían registrado toda una variedad de sonidos inusuales que, a decir de los protagonistas, sonaban como voces y música. La teoría de Marke se basa en la piedra que forma las paredes de la hospedería. Esas piedras contienen substancias similares a los compuestos que forman las cintas magnéticas, de alguna forma el sonido quedaría “registrado” en esas moléculas, pudiendo ser recuperado utilizando como excitador un gran voltaje eléctrico. Durante muchos años el experimento de Kenfig supuso una “prueba” de la teoría sobre la memoria de las rocas. En realidad, en las cintas grabadas durante esa noche, ciertamente se pueden escuchar sonidos extraños, pero son de muy difícil interpretación. Algunos analistas han señalado que podrían ha-

ber sido producidos por las interferencias originadas en el transformador de alta tensión. Cuando uno desea “recuperar” sonidos del pasado con tanta pasión, seguramente termina escuchando cualquier cosa, aunque lo único que se grabe sean ruidos sin sentido alguno. Ahora bien, no todo iba a ser pura especulación fantasiosa. Según un artículo publicado 20 en Physical Review Letters , un grupo de científicos ha descubierto que ciertas materias cristalinas pueden “recordar” sonidos previamente incorporados en ellas. El material utilizado en los experimentos referidos en el artículo, se compone de niobio y litio, mostrando una novedosa “memoria” acústica nunca antes observada con claridad. Al aplicar corriente eléctrica pulsante, portando sonido codificado, la estructura molecular de los cristales fue capaz de memorizar el código que, posteriormente, fue recuperado volviendo a someter al cristal a la electricidad. Los experimentadores piensan que materiales similares podrán ser útiles en sistemas de comunicación avanzada. El sonido es teóricamente almacenado en el cristal como energía mecánica, recuperable con el estímulo adecuado. •

NOTAS
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Cita tomada de Javier Sierra, En Busca de la Edad de Oro, 2001. Sirva esta nota como aviso a incautos o ingenuos, además de para eliminar de raíz cualquier malentendido. Este artículo trata de supuestos cronovisores, nunca afirmo que puedan existir o hayan existido, es más, a través de toda la documentación que he podido recoger, creo que queda bastante claro que todo el asunto, en sus múltiples caminos e historias, es fascinante pero ficticio. No hay ninguna prueba de que haya existido nunca una máquina capaz de ser considerada un cronovisor real. Desde siempre, los escritores de ciencia ficción se han sentido atraídos por las posibilidades que ofrecen las máquinas del tiempo. Desde los tiempos de H.G.Welles, el concepto de máquina del tiempo ha sido manejado con mejor o peor fortuna. Una de las descripciones más acertadas, y coherentes desde el punto de vista científico, de un mecanismo de este tipo, lo ofreció en 1980 el astrofísico Gregory Benford, en su novela Cronopaisaje, donde describió un sistema para enviar mensajes al pasado utilizando taquiones, hipotéticas partículas más veloces que la luz. La idea de cámara del tiempo, capaz de sintonizar el pasado o el futuro, no ha sido muy utilizada en la ciencia ficción. Sin em-

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bargo, desde los años cincuenta, curiosamente en la época del presunto desarrollo del cronovisor de Ernetti, se publicaron diversas obras en las que se mencionan cámaras de este tipo, como los cronoscopios y cronotúneles de Asimov. Un ejemplo atractivo sobre esto se puede encontrar en Otros días, otros ojos, obra de Bob Shaw, donde se describe un cronovisor que utiliza cristales especiales capaces de enlentecer la velocidad de la luz en su seno con la intención de poder observar el pasado.
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Véase Krassa, P., Father Ernetti’s chronovisor, 2000.
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15 The King of Kings. De Cecil

Conocido por sus publicaciones sobre transcomunicación instrumental, una forma complicada de mencionar a las psicofonías. Pausanias, historiador y geógrafo griego, vivió en el siglo II d.C., escribió una obra titulada Hellados Periegesis (Descripción de Grecia) formada por diez libros, en los que narra un viaje en diversas etapas, aportando datos mitológicos, geográficos e históricas de los lugares que, supuestamente, visitó. Es considerada como la primera guía turística conocida. Definición de cristalomancia, según el gran bibliófilo británico Theodore Besterman, en su obra Crystal-gazing de 1924. Louis de Rouvroy, duque de Saint-Simon. (16751755). Charles Proteus Steinmetz, uno de los grandes pioneros de la tecnología eléctrica, patentó su Sistema para la distribución de Corriente Alterna el 29 de Enero de 1895. Junto a éste, Steinmetz patentó otros muchos inventos relacionados con la electricidad. Puede encontrarse esta afirmación tan sorprendente en el quinto volumen de su Life and Teaching of the Masters of the Far East, p.23.

B. DeMille. Con H.B. Warner, Dorothy Cumming y Ernest Torrence. 1927.
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Ciertamente, la composición del circuito no era nada usual pues el disprosio es un elemento muy poco utilizado, sobre todo en la época de Lubek. Descubierto en 1886, el disprosio se usa actualmente en sistemas de control de reactores nucleares debido a su punto de fusión elevado y su capacidad para absorber neutrones. Vladimir Petropavlovsky, Pravda, 17 de febrero de 2003.

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La Domenica del Corriere, entrevista al Padre Pellegrino Ernetti, edición del 2 de Mayo de 1972. Sobre el tema, es de interés la lectura de: Uno sguardo al passato, con il cronovisore, Corriere della Sera, diciembre de 2005. Algunos afirman que la voz “correspondía” a la de su madre. Hay versiones para todos los gustos. Naturalmente, no existe documento oficial de ningún tipo que pueda servir de base para tales especulaciones, como la que sugiere que el cronovisor estaría depositado en las dependencias benedictinas de la veneciana Isla de San Giorgio, donde pasó Ernetti parte de su vida.

11

Véase La Più Grande Conquista del Sapere, obra póstuma de Luigi Borello. 2002.
18 19

Gazzetta d´Alba, 19 de Abril de 1989. McPherson, M. S., Ostrovskii, I. y Breazeale, M. A. Observation of acoustical memory in LiNbO3. Physical Review Letters, 89, 115506. 2002.

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Ignoto personaje que aparece en diversas narraciones sobre el cronovisor de Ernetti.

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Historia de la Ciencia y la tecnología

EL QUICK FIRING REVOLVER GUN DE PUCKLE
Carlos Canales

El diseño y el desarrollo de armas nuevas no siempre es apreciado y, aunque nos parezca increíble, a lo largo de la historia se han dado casos de inventos revolucionarios y eficaces que podrían haber cambiado la historia, pero que por razones de todo tipo, jamás tuvieron éxito. Una de las más desconocidas y fascinantes es la alucinante ametralladora de James Puckle...
uando en 1870 el ejército del II Imperio Francés avanzó hacía su frontera oriental para enfrentarse a los prusianos contaba con algunas ventajas que a gran parte de su Alto Estado Mayor y al propio emperador Napoleón III les llenaba de confianza. Algunos casos, como el del fusil de retrocarga chassepot, con su tremenda potencia y su obvia superioridad sobre el anticuado fusil de aguja prusiano, son muy conocidos, en tanto que otras armas han pasado más desapercibidas. Una de ellas era la mitrai-

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lleuse. A pesar de ser un arma probada, de toda confianza y sabiendo que sus enemigos alemanes no tenían nada parecido, no supieron qué hacer con ella. Era un arma tan secreta que no se había definido su uso táctico y por lo tanto cuando las desplegaron frente a los prusianos nadie tenía claro qué hacer con ellas. La tendencia era emplearla como si se tratase de artillería y jamás la situaron en primera línea como apoyo a la infantería, por lo que nunca sirvió para nada.

Aunque ahora nos parezca extraño, estos hechos han sido una constante en la historia militar. Es fácil pensar que si los franceses hubiesen tenido sentido común, sus ametralladoras habrían hecho picadillo a las masas de atacantes prusianos que se lanzaban al asalto en orden cerrado, por lo que es sencillo desde nuestra perspectiva actual despreciarles por su falta de visión, pero en realidad no se les puede culpar, pues las cosas nunca son tan fáciles. Cuando en la Segunda Guerra Mundial alguien propuso en el Reino www

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El Quick Firing

Detalle de la patente presentada por Puckle Barril 2 pies (8,7 pulgadas) (83,2 cm.) Calibre 1,2 pulgadas, molde 21 pulgadas (53,3 cm.)
Las ametralladoras de Puckle se depositaron en la Torre de Londres en 1934 y fueron exhibidas en la exposición de Dorchester Antiques Fair el 5 y 6 de noviembre de 1982. Desde enero de 1990 se puede ver la iron one en el Buckler´s Hard Maritime Museum, en Beaulieu, Hampshire. Realizado en cobre con accesorios en parte de hierro, cuenta con un barril de calibre liso de sección circular con un anillo; en la parte de atrás lleva unos muñones cortos con una inscripción. Montado en ángulos rectos debajo del final de reverso hay un huso enroscado para un cilindro desprendible que puede ser activado girando una manija en el reverso. Engoznado a la parte de arriba de la máquina y proyectado sobre el cilindro hay un mecanismo de fusil de chispa con un gatillo de palanca. Cada cilindro tenía una inscripción diferente que decía —en inglés—: 1. Defendiendo al rey Jorge, su país y leyes se defiende y salva la causa protestante. Había entre el principio y el final de la inscripción un busto del rey Jorge con el anagrama real (G.R.), un libro abierto con la inscripción Holy Bible y una figura de Britania. 2. Para puentes, brechas, líneas y pasos, barcos, lanchas, casas y otros lugares.

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Historia de la Ciencia y la tecnología

PIONEROS
n La primera ametralladora de la historia no fue nunca usada en combate, una suerte

para aquellos que se libraron de sus efectos, pues hubiese sido una arma devastadora.

www Unido la urgente necesidad de contar con subfusiles —no tenían ninguno en dotación en 1939—, la respuesta fue que «el Ejército Británico no tiene necesidad de equiparse con armas de ganster». Como bien dice el historiador John Weeks, sería divertido saber qué fue de aquél burócrata, cuando un año más tarde el Ejército Británico, viendo el éxito de los subfusiles en manos alemanas, acaparó todas las armas de ganster que pudo conseguir. En los dos casos que hemos citado, las armas de las que hablábamos no eran únicas, en 1939 los subfusiles tenían veinte años de antigüedad y

habían sido empleados en media docena de conflictos con excelentes resultados. Cuando Francia declaró la guerra a Prusia, centenares de hombres habían caído años antes bajo los proyectiles de las primeras ametralladoras en la Guerra Civil Americana. Sin embargo, cuando James Puckle presentó en 1718 su curioso invento a las autoridades británicas, nadie había construido nunca algo parecido, aunque sí se había esbozado y proyectado. Ames Puckle (1667-1724) era un notario público y escritor, su trabajo más conocido —reeditado en 1900— fue El Club: un diálogo moral entre

un padre y su hijo. Puckle realizó también una espada cuyos detalles se han perdido, pero fue su sorprendente ametralladora la que ha pasado a la historia. El invento de Puckle era extremadamente sencillo. Un solo cañón y una cámara con seis cilindros —aunque podía tener más—, se montaban sobre un trípode para permitir, mediante una manivela, un sistema de disparo por rotación que anticipaba muchas de las características de las primeras ametralladoras Gatling de la primera mitad de los años sesenta del siglo XIX. Tras unos primeros ensayos bastante aceptables en Woolwhich, obwww

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El Quick Firing

MITRAILLEUSE
n La mitrailleuse francesa de 1870 es la demostración práctica de que un buen

invento, incluso uno revolucionario, no sirve de nada si no hay una doctrina para su uso.

www tuvo una patente para su invento el 15 de mayo de 1718 y realizó vigorosos esfuerzos para lograr que su arma fuera empleada, creando incluso una empresa para tal propósito en 1721. Cuando se efectuaron las primeras pruebas el arma de Puckle logró un aceptable funcionamiento, pero cuando se acostumbraron a su uso se logró alcanzar la cantidad de sesenta y tres disparos en siete minutos —un índice de nueve por minuto— lo que en su época y disparando sobre líneas cerradas hubiera sido devastador, más aún si consideramos que los hombres de un regimiento bien entrenado no hacían más de tres disparos por minuto. Asimismo era

importante su utilidad como arma de defensa a bordo de buques. Además de un anuncio en el Daily Courant a finales del mes de marzo de 1722, el London Journal publicó un reportaje sobre las primeras pruebas de campo, destacando que aún a pesar de que estaba lloviendo, los proyectiles fueron lanzados con gran fuerza. Curiosamente, dentro de la moral de la época, la Puckle Gun, debía disparar balas cilíndricas contra los enemigos cristianos del Reino Unido, pero contra los turcos y otros enemigos musulmanes podía emplear balas incendiarias. El fracaso de los intentos de comercialización y producción

de la revolucionaria arma fue tratado de forma muy irónica por la prensa de la época. La abortada expedición del duque de Montagu a las Indias Occidentales —Santa Lucía y San Vicente— en 1722, tenía en su lista de material dos ametralladoras de Puckle y fue el único caso, que sepamos, en en el que se considero seriamente su uso en combate. •

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Historia de la Ciencia y la tecnología

El Fardier, el primer automóvil de la Historia
Jean Ribeau y Carlos Canales
El primer automóvil de la historia fue concebido con fines militares. Lo ideó Nicolás-Joseph Cugnot (1772-1804), un ingeniero militar francés, que tras haber combatido contra los prusianos en la Guerra de los Siete Años, lo creó como un vehículo para transporte de artillería y fabricó un prototipo en 1769 al que denominó Fardier. La construcción se hizo en el Arsenal de París. Estructuralmente era un triciclo capaz de alcanzar una velocidad en llano de casi nueve kilómetros por hora, pero era demasiado pesado para tener un uso práctico fuera de carreteras bien pavimentadas, pues además era muy inestable. No obstante, hay que reconocer que para su tiempo fue una idea genial.
Un ingeniero aplicado icolás-Joseph Cugnot nació el 25 de septiembre de 1725 en Void, Lorena y cursó estudios de ingeniería militar en la escuela Real de Ingenieros de Mézières. Vivía en Vienne y se incorporó al ejército austriaco, pues el duque de Lorena Francisco III se convirtió en el emperador de Austria con el nombre de Francisco I. Durante estos años trabajó en los estudios de Jakob Leupold y su obra Theatrum Machinarum, que había sido publicada

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el año anterior al nacimiento de Cugnot, en 1724, en la que se hacía un repertorio de todas las máquinas de vapor fabricadas hasta entonces. En Bruselas, donde formaba parte de la corte de Carlos de Lorena, se consagró, ya de forma definitiva al estudio de la poliorcé-

tica, el arte de la fortificación y a la creación de diferentes tipos de ingenios y máquinas de guerra. Libre de sus deberes militares, Cugnot, marchó al término de la Guerra de los Siete Años en 1763, a París, donde se dedicó www

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El Fardier

PROPULSIÓN
n El motor del Fardier era toda una

muestra de las habilidades técnicas de la Ilustración francesa. Con dos cilindros y una caldera de bronce, su cilindrada era de 50 litros.

CUGNOT
n Cugnot y sus operarios ponen a punto

al Fardier para una prueba. Aunque realmente el vehículo no cumplió lo que se esperaba de él, lo cierto es que había toda una mezcla de expectación y asombro ante una máquina que era capaz de moverse sin ayuda animal.

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Historia de la Ciencia y la tecnología www en profundidad a desarrollar un vehículo militar “accionado por el fuego”. Cugnot sabía que podía contar con el apoyo de uno de los más grandes expertos en artillería de la época, Gribeauval, que había sido nombrado inspector general del Ejército francés. Gratamente sorprendido por el audaz proyecto de Cugnot, Gribeauval, envío una memoria al marqués de Monteynard, ministro de la Guerra. En ella se le explicaba con detalle la posibilidad de construir un vehículo movido por vapor capaz de arrastrar piezas de artillería o transportar cargas y personas sin la necesidad de utilizar tracción animal. Un oficial de la Guardia Suiza, monsieur

De Planta, había propuesto en las mismas fechas al duque de Choiseul diversos inventos suyos, incluyendo una máquina movida por el fuego. Tras unos meses de controversias, De Planta reconoció que el proyecto de Cugnot era superior al suyo y el proyecto de éste último tuvo vía libre. Una máquina para el asombro de las gentes Tras intensos trabajos, el 23 de octubre de 1769, el primer prototipo del vehículo de Cugnot estaba listo y fue presentado en una sesión especial al ministro Choiseul y al general Gribeauval, así como otras

importantes personalidades. El prototipo recorrió cuatro kilómetros en una hora, por lo que su velocidad de marcha era ligeramente inferior a la de un soldado entrenado. En noviembre, el ensayo se repitió, ésta vez con la presencia de Rolland, comisario general para la Artillería. Finalmente, el 22 de abril de 1770 el Fardier fue presentado en la Corte a Luis XV. Fascinados, los invitados al acto vieron como un extraño triciclo con una rueda directora y motriz anterior, provisto de una caldera de vapor que accionaba dos cilindros, se movía conducida por un ser humano y sin necesidad de que la arrastrará ningún animal. El éxito fue total, aún www

El Fardier tenía líneas toscas y era, evidentemente, poco aerodinámico. Tampoco necesitaba serlo, pues en su mejor versión apenas alcanzaba los 9 kilómetros por hora y en terreno llano. No era ciertamente un jeep, pero su velocidad no era muy inferior a la que alcanzan hoy en día los autobuses urbanos de Madrid en hora punta.

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El Fardier

Ficha Técnica

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Historia de la Ciencia y la tecnología

La larga búsqueda de la autotracción
os intentos del ser humano por lograr un vehículo de tracción mecánica han sido tantos, que resulta realmente imposible saber quién fue el auténtico inventor del automóvil. El automóvil actual es una verdadera maravilla técnica del mundo occidental y sin duda alguna, el símbolo más representativo e idóneo para describir la civilización de las máquinas en la que vivimos. Sin embargo, no fue nunca resultado técnico de un genio individual y solitario. Fue el resultado de un lento proceso de búsqueda que ocupó durante muchos años a algunos de los más brillantes talentos de la ciencia, la mecánica y el ingenio que ha visto nuestra civilización. Los intentos de crear un vehículo automotor que utilizase para la tracción la energía mecánica son tan antiguos como el hombre, pero en nuestro entorno empezaron a tener una cierta consistencia hacia la segunda mitad del siglo XV.

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Contamos con un dibujo de Leonardo da Vinci, que ideó un carro de muelles provisto de un rudimentario diferencial, formado por dos ruedas dentadas horizontales. Este modelo fue llevado a la práctica un siglo más tarde por el francés Tallemont de Meaux, pero fracasó. En los siglos XVI y XVII, fueron muchos los hombres de talento que se dedicaron a resolver el problema de la autotracción. Conviene recordar a Girolamo Cardán, cuyo nombre irá siempre unido a la construcción de la denominada junta cardán que trasmite el movimiento a varios ejes acoplados. También Agostino Ramelli, que fue capaz de fabricar un notable carro armado anfibio accionado por ruedas con palas y finalmente Giovanni Branca, que nos legó varios dibujos de vehículos movidos por el viento. Sin embargo, todo estos sistemas tradicionales de locomoción resultaron inadecuados y de ninguna utilidad para la tracción de vehículos terres-

tres. Por ello, el interés de los apasionados de la mecánica se dirigió hacia la búsqueda de sistemas de propulsión nuevos, principalmente el vapor, del cual ya a finales del siglo XVII se empezaba a intuir su posible utilidad. En 1680, Isaac Newton ideó una original, aunque no muy práctica, contribución a la evolución del carro automotor, al diseñar un vehículo constituido por una caldera esférica situada entre cuatro ruedas y provista de un orificio posterior para la salida del vapor, de manera que podía aprovechar el principio dinámico de la reacción. Tras las experiencias de Papín y Newcomen, James Watt logró construir un motor accionado de manera exclusiva por la presión del vapor. Esta solución aumentó en un alto grado el rendimiento de la máquina y permitió por primera vez en la historia, una amplia utilización industrial del vapor. Una revolución estaba en marcha.

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El Fardier

DA VINCI
n Este es el extraño vehículo automóvil

ideado por Leonardo da Vinci. Funciona con un sistema de muelles provisto de un diferencial. Era mecánicamente inviable.

ISAAC NEWTON
n Interpretación del dibujo

de Newton de un automóvil a reacción (1680). Nunca se construyó y estaba formado por una caldera entre las ruedas con una salida posterior. Hubiera sido enormemente peligroso para el tripulante por los posibles escapes del vapor, además carecía de un sistema de dirección.

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Istituto e Museo di Storia della Scienza, Florencia.

Historia de la Ciencia y la tecnología www a pesar de que Cugnot chocó contra un muro, sufriendo de esta forma el primer accidente automovilístico de la historia. Del éxito al olvido Cugnot fue recompensado con una prima de 22.000 libras y comenzó la fabricación del Fardier número 3, prototipo mucho más avanzado, capaz de llevar una carga útil de 4 toneladas y construida en el propio Arsenal Militar de París bajo la supervisión de Mazurier, su director. Los pistones, los cilindros y las bielas fueron encargados por Gribeauval directamente al prestigioso M. de Chateaufer, entonces director del departamento de Artillería de Estrasburgo.

La nueva máquina era ya algo más serio. En una prueba efectuada en noviembre de 1770, el Fardier fue capaz de viajar desde el Arsenal de París a Vicennes y en la prueba realizada en el Arsenal llevó una carga de 2,5 toneladas y arrastró un cañón de 48 a una velocidad de 5 kilómetros hora. Si todo progresaba bien, el ejército francés estaba a punto de tener la primera fuerza militar mecanizada de la historia. El Fardier no dejaba de ser todavía un prototipo, pero era susceptible de ser mejorado y si se trabajaba a fondo en él, sería sencillo perfeccionarlo para mejorar sus condiciones de movilidad en terrenos agrestes o mal pavimentados. Sin embargo la desgracia se

abatió sobre el curioso y avanzado proyecto de Cugnot. La nueva serie de ensayos se había programado para el mes de julio de 1771, pero en el intervalo el duque de Choiseul cayó en desgracia y su sustituto, el marqués de Montaynard, firme defensor de los métodos antiguos y totalmente opuesto a las “extrañas máquinas” de Cugnot, tomó la decisión de abandonar los ensayos y se dio la orden de mantener al Fardier en un hangar. Las pruebas se cancelaron y se cortó el suministro de fondos de forma radical. Cugnot, cuya maravillosa visión de máquinas automóviles recorriendo los caminos, había estado esa vez más cerca de cumplirse que nunca, fue ahora totalmente olvidado. www

Aparecido en 1771, el Fardier número 3, puede verse en el Conservatoire National des Arts et Métiers, Musée National des Techniques (292 rue Saint Martin - 75003 Paris).

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El Fardier

www El Fardier estuvo en los años siguientes olvidado y por dos veces estuvo a punto de ser convertido en chatarra, la primera por causa de un Comité de la Revolución en 1793 y la segunda, en 1797, por obra del ministro Dubois Grance, que no lo consideraba ni útil ni interesante. Aún hubo una última oportunidad para el Fardier, pues al fin y al cabo era una máquina curiosa y relativamente conocida, principalmente por los cultos y bien preparados oficiales facultativos del arma de Artillería y uno de los que se interesó por el se llamaba Napoleón Bonaparte, quien ordenó ver que utilidad podía tener para su ejército. Desgraciadamente de nuevo la mala suerte se cebó con el Fardier y el comienzo de la expedición a

Egipto terminó con cualquier posible renacimiento del proyecto, aunque Napoleón ordenó que se aprobara una pensión de 4.000 libras para Cugnot. En cuanto a su máquina, el Fardier número 3 se entregó en 1801, a instancias de Mollard, su conservador, al recién creado Conservatoire des Arts et Métiers. En cuanto a NicolásJoseph Cugnot, falleció el 2 de octubre de 1804 en la ciudad de París sin ver el triunfo de su máquina. Conclusión Para sus detractores el Fardier era una máquina lenta, pesada y poco maniobrable, además la caldera de vapor era muy voluminosa y su humo estorbaba al

conductor, por ir situada en la parte delantera. Probablemente tenían razón y el automóvil de Cugnot se adelantó demasiado a su época. No obstante, Europa se llenó en los años siguientes de extrañas máquinas que usaban el vapor para moverse por tierra, siendo la más conocida la del inglés Richard Tevithick, de 1803, si bien el futuro de la automoción no estaba en el vapor, sino en la gasolina, pero para tener un modelo aceptable de vehículo aún habrían de pasar muchos años. Cugnot, simplemente, se había adelantado demasiado en el tiempo y el ejército francés no tendría vehículos automóviles hasta principios del siglo XX. •

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Los Mapas de La Cartoteca
ara abrir la colección de mapas que guiarán a Argos en su viaje, nada mejor que una carta batimétrica del Ártico, esto es, un mapa de profundidades. Lo que vemos en esta representación de lo que bajo los hielos del Norte existe, es todo un campo de batalla.

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Los expertos en geoestrategia avisan que ésta será una de las áreas calientes del siglo XXI, espacio de conflicto entre Rusia, Canadá y los Estados Unidos, un terreno en disputa por el acceso a los recursos naturales que existen bajo las aguas. •

Fuente: IBCAO/NOAA Map of Arctic Ocean bathymetry http://www.ngdc.noaa.gov/mgg/bathymetry/arctic/arctic.html

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alpoma