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Presentación

• Finalidad del Libro Blanco • El fenómeno metropolitano • Cuestiones en debate • ¿Centralidad, policentrismo o pauta lineal? • Abordaje • Contenidos

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Finalidad del Libro Blanco
Libro Blanco1 es una denominación adoptada de modo cada vez más frecuente para identificar una publicación que reúne y sistematiza el conocimiento significativo sobre determinado tema. En este caso, sobre un territorio en el que habitan casi dos terceras partes de los uruguayos: el Área Metropolitana (AM). Es una línea de base para un proceso que deberá continuar en otras instancias, ya en términos de pensar y planificar el futuro. El objetivo central es poner al alcance de todos una serie de datos, información y opiniones significativas, recogidas a través de investigaciones, entrevistas, talleres y aportes de actores calificados, para contribuir a un debate necesario, en la medida en que se asume que el territorio es una construcción social. Como punto de partida, es interesante poner sobre el tapete las principales interrogantes que orientaron el trabajo. A saber: ¿es “Área Metropolitana de Montevideo” o la ciudad de Montevideo es una pieza más del Área Metropolitana?; ¿tiene límites precisos o es un territorio difuso y cambiante?; ¿cómo juegan allí lo local, la descentralización, la participación?; ¿hay escalas territoriales intermedias?; ¿cómo es la relación del Área Metropolitana con el territorio nacional?; ¿cómo se articula el fenómeno metropolitano con las metrópolis vecinas?; ¿es un territorio radial o tiende a ser lineal?; ¿cuál es la composición social del Área Metropolitana?; ¿hay conciencia metropolitana en sus habitantes?; ¿cómo la sienten quienes viven en el Área Metropolitana?; ¿cómo es la estructura productiva del Área Metropolitana?; ¿es un territorio competitivo en la escala global?; ¿hay una institucionalidad metropolitana?; ¿existen uno o muchos paisajes metropolitanos?; ¿hay una construcción planificada del futuro metropolitano?; ¿el Área Metropolitana crece y se expande o, por el contrario, se retrae?; ¿es un territorio unicéntrico o tiende al policentrismo?; ¿el tema metropolitano está en la agenda política?; ¿hay voluntad política de considerar al Área Metropolitana como tal?; ¿es éste un tema relevante para los uruguayos?; ¿hay un proyecto metropolitano?; ¿cómo será el Área Metropolitana en el año 2040? Como podrá apreciar el lector en las próximas páginas, muchas de las interrogantes han sido contestadas y otras sólo han servido para abrir nuevas preguntas. De todas maneras,
1 También podrá accederse al Libro Blanco en internet: www.presidencia.gub.uy/metropolitana .

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puede decirse que el presente trabajo es un avance, un material que no existía y que brinda información para el análisis, elementos para pensar el presente y, sobre todo, el futuro.

El fenómeno metropolitano
El Área Metropolitana es un territorio de grandes contrastes y asimetrías que se han visto especialmente agravados en los últimos años. Montevideo, con más recursos, más planificación y más legislación, desplazó sin querer parte de sus problemas hacia afuera, hacia sus bordes externos, particularmente hacia el departamento de Canelones. La especulación y los fraccionamientos no permitidos de un lado cruzaron la “frontera” sin dificultades. Lo mismo ocurrió con determinadas instalaciones contaminantes, con las ordenanzas de habilitación y con los barrios cerrados: mientras de un lado de la frontera departamental había regulaciones, del otro casi no existieron. Una expresión más del país dual. El Área Metropolitana es el territorio resultante de un proceso en gran medida espontáneo que nace en la gente, a través los flujos migratorios internos; después es analizado teóricamente en los ámbitos técnicos y académicos y, finalmente, a través de la creación del Programa Agenda Metropolitana, ingresa como tema a la arena político-institucional mediante el acuerdo entre los intendentes de Montevideo, Canelones y San José. El AM recibe una gran influencia de la cuidad de Montevideo pero a la vez incide sobre la capital para hacerla menos puerto, menos casco, más “mestiza” y mas “canaria” (gente del interior). El AM es más que la suma de los territorios departamentales. Articulada como tal deriva en un efecto sinérgico donde 2+2 es más que cuatro.

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¿Cuáles han sido los actores principales en la construcción del territorio metropolitano? El mercado inmobiliario, la crisis y sus desplazamientos demográficos, la fragmentación social, la clase media con ilusiones (por la costa), las restricciones normativas de Montevideo. ¿Quiénes han estado ausentes? La planificación, la visión prospectiva del territorio (del futuro deseado), una institucionalidad abarcativa, una voluntad política más integradora2. Cuando Ghiggia convirtió el gol del triunfo en Maracaná3 y Uruguay explotó en un gritopaís, Pando, La Paz, Santa Lucía y tantos pueblos y ciudades cercanas a Montevideo tenían vida propia. Sus habitantes, salvo excepciones, vivían y trabajaban en la localidad o en su entorno. Como la televisión no existía, la radio, la ONDA4 y el “motocar” eran los encargados de indicar –junto con los maestros– que hacia el sur estaba la capital: la gran ciudad, el Sorocabana, el presidente, el puerto y el estadio Centenario, desde donde don Carlos Solé5 construía la imaginación de los escuchas. Hacia el norte estaba “el interior”, adonde se viajaba en Semana de Turismo, de visita o a cazar mulitas y perdices; un territorio muchas veces dibujado en el imaginario colectivo por los relatores de la Vuelta Ciclista del Uruguay y las Mil Millas Orientales. Eran otros tiempos y el mundo era más pequeño, lo local predominaba sobre lo global. Las Piedras era más chica y distinta; la Ciudad de la Costa no figuraba como tal y por allí había unas pocas casas; Santa Lucía y Pando eran importantes pero autónomas y distantes. Ni hablar de Paso Carrasco, Colonia Nicolich, Empalme Olmos o Ciudad del Plata (históricamente conocida como Rincón de Bolsa). Por entonces ni se hablaba de Área Metropolitana.
2 Esto empieza a modificarse a partir del 30 de julio del 2005, cuando se firma el acuerdo entre los tres intendentes. 3 Mediante ese gol Uruguay gana la final del Campeonato Mundial de Fútbol a Brasil, en ese mítico estadio de Río de Janeiro (16 de julio de 1950). 4 ONDA S.A. (Organización Nacional de Autobuses), empresa monopólica de transporte interdepartamental de mediana y larga distancia. 5 El más famoso de los relatores deportivos que tuvo el país.

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Hoy la situación es diferente. El paisaje ha cambiado notablemente y lo más importante es que seguirá cambiando, seguramente más rápido y radicalmente. En 2040 este presente será pasado, será historia y nuevamente podrá analizarse qué se ha hecho para que ese trayecto sea una buena historia. Al menos una historia donde los protagonistas hayan actuado con inteligencia, estrategias, planes y políticas públicas, para incidir en la construcción del territorio más relevante del Uruguay. Si se eleva la mirada a lo que ocurre en el mundo, surge que el tema de las áreas metropolitanas está estrechamente ligado al fenómeno de urbanización generado especialmente a partir de la Revolución Industrial. Aunque al parecer, el concepto como tal surge en EEUU a mediados del siglo XIX y llega al Uruguay ya muy avanzado el siglo XX6. Desde entonces, y en mayor o menor medida, todas las definiciones y enfoques que se han utilizado para analizar este fenómeno recurren a cinco factores determinantes: • la relación domicilio-trabajo, • el uso de los servicios, • la contigüidad territorial, • el transporte y las comunicaciones (movilidad) y • los aspectos político-administrativos. El primer componente tiene que ver con la relación capital-trabajo, que vincula los factores más relevantes de la producción. Las oportunidades de empleo inciden fuertemente en el establecimiento de las interrelaciones dentro de un área metropolitana. También aparece el acceso a los servicios, especialmente de educación, salud y cultura (la centralidad es, en buena medida, un fenómeno cultural)7. La contigüidad tiene que ver con el mercado de tierras y las oportunidades de radicación que éste ofrece a la población en las cercanías de los grandes centros urbanos.
6 El concepto de área es utilizado oficialmente en el Censo de 1910 como “Zona Metropolitana”, para identificar las ciudades centrales de más de 200.000 habitantes y con un radio mayor de 10 millas. A partir de esa aparición las definiciones se modifican de manera sucesiva, y ya en 1960 las oficinas de estadísticas de todo el país y la propia Oficina de Presupuesto establecen que “el concepto de Área Metropolitana es el de una unidad integrada económica y socialmente con un núcleo de población reconocido”, tomando como dato central para esa integración económica la relación entre lugar de residencia y lugar de trabajo. 7 Últimamente se agregan los impactos de las grandes superficies comerciales (shoppings).

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El sistema de transporte y comunicaciones es, en definitiva, lo que posibilita el vínculo vivienda-trabajo-educación-salud-esparcimiento-consumo. El juego dinámico y cambiante de esos factores, donde por momentos unos inciden de manera más contundente que los demás, se traduce sobre el territorio como una compleja construcción social. En momentos de crisis económica, con cascadas de empobrecimiento, es frecuente que ésta se manifieste en procesos migratorios internos, generando dinámicas habitacionales con repercusiones en el mercado de tierras (nuevos fraccionamientos en la periferia, por ejemplo). En situaciones inversas, donde la producción se reactiva y se generan nuevos flujos de inversiones, la ecuación capital-trabajo orienta la radicación hacia sitios donde la localización responde a otros factores: acceso a las materias primas, servicios, mercados consumidores, innovación, incentivos fiscales y recursos humanos (en los cuales la calificación es cada vez más importante). En todos los casos, las posibilidades de movilidad de que dispone la población son un factor clave en la constitución de áreas metropolitanas. Sin transporte las interrelaciones entre vivienda, lugar de trabajo, estudio, consumo, esparcimiento, etcétera, resultan limitantes. Los medios de comunicación y la información juegan también un rol de importancia creciente, dado que contribuyen a la conformación cultural y generan, por lo tanto, vínculos muy profundos y variados. La dimensión político-administrativa siempre está presente: desde allí se articulan las jurisdicciones, los presupuestos, las infraestructuras. En definitiva, la trama institucional incentiva o restringe los procesos de ordenamiento metropolitano8. En el Uruguay el tema metropolitano no adquiere relevancia teórico-conceptual hasta las últimas décadas del siglo XX, cuando es motivo de estudio por parte de la Facultad de Arquitectura (en el Instituto de Teoría de la Arquitectura y Urbanismo9 y en el Instituto de Historia de la Arquitectura, así como en algunos de sus Talleres). También institutos
8 En este caso la dimensión institucional ha tenido una incidencia importante, dado que durante muchos años la administración de Montevideo fue de signo contrario a la de Canelones, San José y a la del propio gobierno nacional. Esto trajo las consiguientes dificultades, como se detalla en el capítulo 6. 9 A través de la figura del profesor Carlos Gómez Gavazzo.

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privados como el CIESU10 hicieron importantes aportes. En ese sentido, hay que destacar los aportes de Lombardi y Bervejillo11, Thomas Sprechmann y Diego Capandeguy, Pablo Ligrone, Danilo Veiga, Ana Laura Rivoir y Carlos Altezor, entre otros. La primera evidencia que surge de los trabajos es que no hay coincidencia en cuanto a límites y denominaciones. Como podrá apreciarse en los capítulos siguientes, hay distintos abordajes y visiones, que aquí se presentan como tales a los efectos de que el lector tenga a su alcance los diversos matices e interpretaciones. En algunos casos se trata de terminologías diferentes; en otros, las diferencias están relacionadas con límites y escalas. De todas maneras, surgen algunas cuestiones medulares: • la relevancia creciente del tema metropolitano; • manifestaciones institucionales hasta el momento inexistentes (Agenda Metropolitana, Plenario Interjuntas); • programas y proyectos concretos con formulación metropolitana (transporte, residuos sólidos, cuenca del Arroyo Carrasco, entre otros); • desde lo político hay una decisión de tres intendentes –de un área que concentra el 59% de los habitantes del país y más del 65% del PIB nacional– que ha sido fuertemente respaldada desde la Presidencia de la República, la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y ministerios como el de Transporte y Obras Públicas, entre otros; • desde el punto de vista social se evidencian en forma lacerante la consecuencias “del temporal” que culminó en la crisis del 2002, particularmente con el rostro de asentamientos irregulares; • en lo económico-productivo, el país vive un crecimiento en términos de PIB que se traduce en nuevas fortalezas y oportunidades que juegan, en buena medida, en arenas metropolitanas; • en lo institucional se abre un debate aún no muy desplegado pero que tiene señales como la creación del Programa Agenda Metropolitana y, desde allí, algunas experiencias concretas como las mencionadas, que se analizan

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Centro de Investigaciones y Estudios Sociales del Uruguay.

11 Lombardi, Mario y Federico Bervejillo: Globalización, integración y expansión metropolitana en Montevideo. Hacia una región urbana de Costa Sur. V Seminario de la RII. Toluca, México, 21-24 de setiembre de 1999.

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más adelante (transporte, residuos sólidos, cuenca del Arroyo Carrasco, entre otras). La Constitución de 1997 abrió un camino. El proyecto de Ley de Ordenamiento Territorial, actualmente en debate parlamentario, y la postergada modificación de la Ley Orgánica Municipal (1935) marcan el cambio de siglo en un tema tan relevante como el ordenamiento del territorio. Allí tendrá fuerte presencia el territorio metropolitano. El interior del Área Metropolitana registra gran variedad de situaciones, en un panorama que puede definirse como “paisaje fragmentado”. En términos económicos, presenta territorios competitivos y otros con poca capacidad para jugar en los escenarios de la globalización. En términos sociales, exhibe extremos contrastes que van desde la pobreza y la marginalidad –con fiel expresión en materia territorial en los más de 500 asentamientos irregulares12 –a los recoletos barrios cerrados, habitados por sectores de ingresos medios y altos. La clasificación en territorios ganadores y perdedores, que en el Uruguay estuvo históricamente planteada en términos de capital-interior, ciudad puerto-resto del territorio y centro-periferia, se manifiesta ahora con mucha fuerza en el seno mismo del Área Metropolitana y genera dos interrogantes: ¿Cómo juega hoy esa dualidad uruguaya dentro del territorio metropolitano? ¿Cómo debería jugar en el futuro? La primera interrogante puede brindar algunas claves para la segunda, para mirar y ordenar el territorio total desde otra perspectiva y no sólo desde el centro a la periferia, como ha ocurrido históricamente. De no ocurrir esto, la agudización de las tensiones –en algunos casos muy cercana– puede tener consecuencias inesperadas. Es evidente que buena parte del territorio metropolitano no participa de los beneficios propios de una “región ganadora”. Por el contrario, en su propio seno existen áreas más que perdedoras: ciudades, barrios y asentamientos que en muchos casos están, al menos parcialmente, fuera del partido, en condiciones tales de marginalidad o periferia que le asignan al Área Metropolitana la condición de territorio fragmentado y heterogéneo,
12 Cantidad que se modifica día a día.

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como se ve claramente en el capítulo cuatro. ¿Cuál parece ser el desafío de la actualidad? Si bien ésta es una interrogante ambiciosa, la respuesta es casi evidente: superar la improvisación y la espontaneidad, lograr que lo que hoy es una serie de piezas sueltas y contradictorias dentro de un mosaico fragmentado se convierta en un territorio que sepa aprovechar sus fortalezas. ¿Cuál es la buena noticia? Que en los últimos tiempos se han dado pasos en la dirección correcta. ¿Qué es lo que más se necesita? Una visión prospectiva del Área Metropolitana –por no decir de todo el país– que responda a la pregunta por el futuro que deseamos, por ejemplo, para 2040; una interpretación del desarrollo sustentable; una planificación que sume y ordene; una construcción colectiva donde la participación sea un soporte democrático de mayor alcance que el solo hecho de votar cada cinco años; una articulación hacia adentro y hacia afuera; un ensamble institucional que vaya acompañando y creciendo con ese proceso; una valoración de las distintas escalas territoriales para construir una nueva institucionalidad, descentralizada y participativa.

Cuestiones en debate
Sin dudas, la ciudad de Montevideo es –por ser la capital, por reunir casi la mitad de los habitantes del país, por tener el puerto y por muchas cosas más– la pieza principal del Área Metropolitana. Pero también es cierto que están los territorios y las ciudades circundantes, donde surgen y se afianzan nuevas centralidades, en algunos casos a expensas de la propia ciudad. Por otro lado, hay una ruralidad –tanto dentro del departamento de Montevideo como en los departamentos vecinos– que por silenciosa no deja de ser importante cuando del territorio se trata. Esta tendencia al policentrismo, que se manifiesta también dentro de la propia Montevideo, ha generado argumentos fuertes a favor de una interpretación prospectiva en la

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cual el territorio metropolitano pasa de ser unicéntrico y radial a adoptar pautas lineales y costeras. Es lo que Lombardi y Bervejillo denominaron la Región del Sur (“de la pauta radial a la pauta lineal”13) y, más recientemente, en esa misma dirección, Sprechmann y Capandeguy han denominado “Ciudad Celeste”14. De todas maneras, como se ha dicho, bajo la denominación de Área Metropolitana pueden identificarse razonamientos e interpretaciones con distintos alcances: • los que consideran al Área Metropolitana como un territorio con piezas urbanas y rurales, una dinámica de interacciones y diversas centralidades; • los que interpretan el territorio metropolitano como un anillo que rodea la metrópolis; • los que afirman que es un territorio unipolar con relaciones centro-periferia; • los que la definen como el territorio comprendido por la totalidad de los departamentos de Canelones, San José y Montevideo; • los que amplían el territorio a radios mayores (con la inclusión de ciudades más alejadas como Minas, Maldonado, Florida y Rosario) y establecen dos escalas: Área Metropolitana y Región Metropolitana; • las definiciones costeras, que en las versiones de mayor alcance incorporan el tramo entre la ciudad de Colonia y la costa de Rocha; • aquellas donde lo metropolitano se ordena en función de la prestación de servicios (OSE, ANTEL, UTE, etcétera) que difieren entre sí. Este libro trasunta esa diversidad. Por decisión política, el Programa Área Metropolitana comprende la totalidad de los departamentos de Canelones, San José y Montevideo, aunque Florida y Maldonado participan también en muchas de las actividades. Dicha delimitación fue la que se manejó a los efectos de tomar bases estadísticas en los aspectos económico-productivos e institucionales. En el caso de la temática social, en cambio, se incorporó la información desagregada y actualizada en la delimitación realizada por el INE para su última encuesta de hogares (2006), cuyo alcance territorial es menor. En los aspectos territoriales-ambientales se aplicaron criterios más elásticos en cuanto a escalas y tipos de agrupamientos, bajo la denominación de “territorio metropolitano”.
13 Lombardi, Mario y Federico Bervejillo: op. cit.

14 Taller Sprechmann: La Ciudad Celeste (un nuevo territorio para el Uruguay del siglo XXI). Facultad de Arquitectura, UdelaR/Fundación Colonia del Sacramento. Montevideo, diciembre 2006.

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Frente a todos esos matices, y a los efectos de este Libro Blanco, cabían dos alternativas: adoptar una definición única o habilitar la manifestación de las existentes como aporte al debate que quiere generarse. Claramente se optó por el segundo escenario, aunque debe señalarse que, tanto en la literatura disponible como en el imaginario popular, predomina la idea de Área Metropolitana.

¿Centralidad, policentrismo o pauta lineal?
A esta altura es necesario plasmar un razonamiento de “doble vía”, o sea, también “desde la periferia al centro”; de lo contrario las debilidades del centro se trasladan al país y se desaprovechan las fortalezas del no-Montevideo. Cada vez más, se afianza la idea de que existen distintas centralidades que interactúan en red dentro de lo que hoy se denomina Área Metropolitana. Y aparecen visiones mucho más amplias, como la que alude a la “pauta lineal costera”, a la que se ha hecho referencia. Esta interrogante queda planteada desde el inicio y el lector podrá indagar, con el transcurrir del texto, la pertinencia de cada una de estas miradas. En cuanto a sus límites, el punto de partida es entender el Área Metropolitana como un territorio difuso, con distintas escalas, lo que posibilita diversas definiciones. En todas ellas está presente: el carácter dinámico y difuso del AM; un AM con diversidad de escalas y diferenciaciones que surgen en el interior de la misma en la medida en que se ponen lentes de mayor aumento (corredores, coronas, microrregiones, cuencas, entre otras); un territorio con fortalezas y debilidades, desarrollos desiguales y tensiones; un territorio fragmentado.

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Abordaje
Desde el comienzo, este libro fue concebido como producto de un equipo multidisciplinario articulado en torno a cierto enfoque metodológico unificador. Para ello se convocó a cinco equipos de trabajo responsables de las tareas que se detallan más adelante, equipos académicos, con bases de conformación en distintos ámbitos de la Universidad de la República. Por otro lado, en el capítulo dos se incorporó, bajo el nombre de “Distintas Miradas”, una serie de miradas diversas que existen sobre el tema, en un amplio espectro que recoge la visión de los más diversos actores: intendentes, diputados, ediles, secretarios de Junta Local y expertos en distintas disciplinas, pero también habitantes metropolitanos de diversa naturaleza –cartoneros, médicos, choferes del trasporte interdepartamental, estudiantes, trabajadores en general.
desarrollo económicop ro d u c t i vo

desarrollo social desarroll o urbanoterritorialambiental

desarrollo sustentable

desarrollo institucional (gobernabilidad)

Sin dudas, el tema es complejo y la tarea de síntesis lo dificulta aún más. Pero el gran desafío del equipo de trabajo ha sido el logro de un material accesible. Para ello se ha recurrido a la visión de “alta simplicidad”15, que supone ir a la esencia, a las cuestiones más significativas, sin perder la mirada de conjunto. Con esa intención se utiliza la metáfora del “rombo de la sustentabilidad”, cuyos vértices se asimilan a los cuatro grandes componentes que definen las relaciones de los seres humanos entre sí y con el territorio: lo social, lo económico-productivo, lo institucional y lo urbano-territorial-ambiental. Es un recurso para mirar e interpretar la realidad desde las partes sin perder de vista el todo. El libro pone el foco sobre un territorio pero muy especialmente sobre todo lo que allí ocurre, en una red de complejas interrelaciones. Algunos de esos componentes, que en muchos casos funcionan como verdaderos sistemas, resultan más visibles, tangibles y cuantificables que otros. La cantidad de habitantes, la
15 “La alta simplicidad no debiera confundirse con simpleza o banalización. Es una traducción de la realidad (que siempre, de una manera u otra, hacemos a través de nuestros sentidos) que pasa por la alta complejidad hasta encontrar una síntesis que permita que determinado concepto pueda ser socializado, comprendido e incorporado más allá de la conversación académica o científica y de esa manera ser parte del diálogo entre la diversidad de actores.” Martínez Guarino, Ramón: Gestión del territorio y del desarrollo urbano-“Alta simplicidad”. Facultad de Arquitectura, UdelaR/IMM-Fundación 2020. Montevideo, 2005.

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pobreza, la inseguridad, el PIB, por ejemplo, son indicadores que aparecen frecuentemente en los titulares de los diarios. Los indicadores del sistema institucional (normas, costumbres y reglas de juego), en cambio, difícilmente se manifiesten como tales. Son como el sistema nervioso: tiene poco volumen y baja densidad corpórea dentro de la anatomía humana pero es desde allí que se toman las decisiones y se emiten los impulsos para que los músculos, el sistema óseo, el sanguíneo, etcétera, generen sus actividades. Las debilidades institucionales son como las debilidades del sistema nervioso y es desde allí que muchas de las crisis pueden interpretarse, aunque éstas se manifiesten con más elocuencia en lo económico y en lo social. Algo similar ocurre con el componente territorial: se lo puede interpretar como un soporte pasivo de las actividades de hombres y mujeres o como una construcción social cuyo ordenamiento y uso racional es un aspecto importante de la sustentabilidad de un país o una región. Es evidente que los aspectos sociales, económicos y políticos (esquema clásico del discurso16) son los que generalmente acaparan la mayor atención. Los problemas territoriales e institucionales (interpretados en un sentido más amplio que el que tiene el sistema político propiamente dicho) quedan en la letra chica, aunque cuando de sustentabilidad se trata en muchos casos son estos últimos los que pueden dar explicaciones y salidas.

Contenidos
Para facilitar el andar del lector por un libro que abarca variedad de temas y muchos autores, lo que corre el riesgo de transformarse en una tarea abrumadora, se describe brevemente sus contenidos: El capítulo uno –desarrollado por Carlos Baldoira y Carlos Altezor– da una ubicación histórica en “alta simplicidad” y en el reducido espacio disponible, para abordar un aspecto sobre el cual habría mucho para decir. Es una breve “película” necesaria para llegar a las fotos del presente.

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Especialmente instalado desde la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL).

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El capítulo dos es el de las “distintas miradas”, que cuenta con la valiosa colaboración de cada uno de los participantes. Hay también un trabajo periodístico llevado a cabo por Natalia Uval y los resultados del taller realizado con ediles departamentales. El Libro Blanco del Área Metropolitana toma el rombo de la sustentabilidad como matriz ordenadora bajo el criterio claramente comprensible de la alta simplicidad. Cada uno de los vértices tiene su especificidad y se aborda en capítulos separados. • El vértice urbano-territorial-ambiental es tratado en el capítulo tres por el equipo que dirigió el Arq. Salvador Schelotto. Comprende una interpretación del territorio metropolitano como construcción social y capital intangible, medio ambiente, desarrollo urbano, armonía en la relación hombre/territorio (H/T), manejo de las escalas territoriales, entre otros. • El capítulo cuatro refiere a lo económico-productivo. El abordaje se inicia con diversas aproximaciones al desarrollo económico territorial del AM y sus departamentos, seguido de la definición de su perfil de especialización económico, incluyendo la generación de riqueza y empleo. Luego se tratan las particularidades de la producción en el medio rural, en la industria y en los servicios, identificando las principales actividades e interrelaciones, así como el rol de la innovación y del conocimiento en dichos procesos. Fue desarrollado por el equipo que condujo el Dr. Luis Bértola. • El vértice social, tratado en el capítulo cinco, es desarrollado por un equipo coordinado por el Prof. Danilo Veiga y está orientado a analizar esa dimensión. La misma se trata en los aspectos demográficos y sus principales indicadores, así como en los temas de equidad, inclusión, calidad de vida, valores, identidad y pertenencia, educación, salud y vivienda, entre otros. • El capítulo seis está íntegramente enfocado a los temas institucionales: instituciones y organizaciones, gobernabilidad y gobernanza, algunos ejemplos claves de gestión metropolitana. En este caso, el equipo de trabajo estuvo a cargo de la Dra. Cristina Zurbriggen. En el capítulo siete el coordinador general del Programa Agenda Metropolitana, Dr. Gonzalo Carámbula, plantea una serie de reflexiones sobre esta nueva modalidad de trabajo y sintetiza

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las principales acciones llevadas a cabo hasta el momento. Finalmente, el capítulo ocho pone sobre el tapete algunas conjeturas para un futuro debate –a esta altura, ineludible– sobre un posible plan estratégico o al menos sobre grandes directrices ordenadoras del área. Un área que, de todas maneras, con o sin plan, con o sin directrices, seguirá siendo el territorio más relevante del Uruguay. Eso sí: los costos de la improvisación y la espontaneidad siempre serán mayores, como ya ha quedado demostrado.

“La planificación podrá tener muchos defectos pero es irrenunciable desde una perspectiva democrática. Porque la planificación participativa es un antídoto contra la irresponsabilidad y, sobre todo, la única herramienta de gobierno que puede distribuir con cierta equidad.”
Alberto Moncada