SAMUEL BECKETT MALONE MUERE

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Malone Muere

Samuel Beckett

Pronto, a pesar de todo, estaré por fin completamente muerto. El próximo mes, quizá. Será, pues, abril o mayo. Porque el año acaba de empezar, mil pequeños indicios me lo dicen. Tal vez me equivoque y deje atrás San Juan e incluso el 14 de julio, fiesta de la Libertad. Qué digo, tal como me conozco, soy capaz de vivir hasta la Transfiguración o hasta la Asunción. Pero no creo, no creo equivocarme al decir que dichas fiestas, este año, se celebrarán sin mí. Tengo esa sensación, la tengo desde hace algunos días, y espero no engañarme. Pero, ¿en qué se diferencia de aquellas que me confunden desde que existo? No, esta clase de preguntas no me preocupa; en lo que a mí respecta, ya no necesito ser original. Moriría hoy mismo, si quisiera, con sólo proponérmelo, si pudiera querer, si pudiera proponérmelo. Pero mejor dejarme morir, sin precipitar las cosas. Algo debe de haber cambiado. No quiero ya inclinarme, ni en un sentido ni en otro. Seré neutral e inerte. Me resultará fácil. Sólo hay que tener cuidado con los sobresaltos. Por otra parte, me sobresalto menos desde que estoy aquí. Evidentemente, aún siento de vez en cuando impulsos de impaciencia. Y de ellos debo defenderme ahora, durante quince días o tres semanas. Sin exagerar nada desde luego, llorando o riendo tranquilamente, sin exaltarme. Sí, por fin seré natural, sufriré todavía, después menos, sin sacar conclusiones, me escucharé menos, no seré frío ni caliente, seré tibio, moriré tibio, sin entusiasmo. No me miraré morir, eso lo falsearía. ¿Acaso me he visto vivir? ¿Acaso me he quejado alguna vez? Entonces, ¿por qué alegrarme ahora? Estoy contento, es inevitable, pero no hasta el punto de batir palmas. Siempre estuve contento, a sabiendas de que sería recompensado. Y aquí está ahora mi viejo deudor. ¿Es esto una razón para agasajarle? Ya no responderé a las preguntas. Intentaré también no formulármelas. Podrán enterrarme, no me verán ya en la superficie. Hasta entonces me contaré historias, si puedo. No serán las mismas historias de otras veces, eso es todo. Serán historias ni buenas ni malas, apacibles, no habrá en ellas fealdad ni belleza, ni fiebre. Apenas si tendrán vida, como el artista. ¿Qué digo? No importa. Espero proporcionarme mucha satisfacción, cierta satisfacción. Estoy satisfecho, eso es todo, estoy preparado, se me reembolsa, ya no siento ninguna necesidad. Dejadme decir para empezar que no perdono a nadie. Os deseo a todos una vida atroz y luego las llamas y los hielos de los infiernos y un honroso recuerdo en las execrables generaciones venideras. Basta por esta tarde.

Esta vez sé adónde voy. No es ya la noche de hace mucho, de hace poco. Ahora se trata de un juego; jugaré. Hasta hoy no supe jugar. Deseaba hacerlo, pero sabía que era imposible. Sin embargo, a menudo lo intenté. Lo alumbraba todo, miraba bien a mi alrededor, me ponía a jugar con lo que veía. Las personas y las cosas sólo piden jugar; algunos animales, también. Empezaba bien: todos venían a mí, contentos de que quisiera jugar con ellos. Si decía: “Ahora necesito un jorobado”, aparecía uno en el acto, orgulloso de la hermosa joroba que justificaba su actuación. Por su mente no cruzaba la idea de que yo pudiera pedirle que se

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desnudara. Pero yo no tardaba en encontrarme nuevamente solo, sin luz. Por eso renuncié a querer jugar e hice míos para siempre lo informe y lo inarticulado, las hipótesis vanas, la oscuridad, el largo camino a tientas, el escondrijo. Tal es el fundamento del que desde hace casi un siglo no me he, por así decirlo, separado. Ahora esto cambiará; no quiero hacer otra cosa que jugar. No, no voy a empezar con una exageración. Pero desde ahora jugaré durante gran parte del tiempo, la mayor parte, si puedo. Pero quizá no tenga más éxito que antes. Quizá me encuentre abandonado como antes, sin juguetes, sin luz. Entonces jugaré solo, fingiré contemplarme. Me anima el hecho de haber sido capaz de concebir semejante proyecto.

Durante la noche he tenido que reflexionar sobre mi empleo del tiempo. Creo que podré contarme cuatro historias, cada una sobre un tema distinto. Una sobre un hombre, otra sobre una mujer, la tercera sobre cualquier cosa, y la última sobre un animal, un pájaro tal vez. Creo no olvidar nada. Estaría bien. Quizá ponga al hombre y a la mujer en la misma historia, hay tan poca diferencia entre un hombre y una mujer, quiero decir entre los míos. Es posible que no tenga tiempo para terminar. Por otro lado, tal vez termine demasiado pronto. Heme aquí de nuevo en mis viejas aporías. Pero ¿son verdaderas aporías? No lo sé. Que yo no termine, no importa. ¿Y si debiera terminar demasiado pronto? Tampoco importa. Porque entonces hablaré de las cosas que aún quedan en mi poder; es un proyecto muy viejo. Será una especie de inventario. De todos modos, debo dejarlo para el último momento, para tener la seguridad de no haberme equivocado. Por otra parte, lo haré indudablemente, pase lo que pase. Sólo necesitaré como máximo un cuarto de hora. Es decir, si quisiera podría tomarme mucho más tiempo. Pero, si en el último momento me faltara tiempo, me bastaría un breve cuarto de hora para redactar mi inventario. Desde ahora quiero ser claro sin ser maniático; forma parte de mis proyectos. Es evidente que puedo expirar de repente, de un momento a otro. ¿No sería mejor, pues, hablar ya de mis pertenencias, sin esperar más? ¿No sería más prudente? ¿Aunque, en caso necesario, debiera hacer las correcciones en el último momento? La razón me aconseja eso. Pero la razón, ahora, tiene poco poder sobre mí. Todo coincide para alentarme. Pero morir sin dejar un inventario, ¿puedo resignarme realmente a esa posibilidad? Ya me estoy poniendo pedante de nuevo. Hay que suponer que me resigno, puesto que voy a correr el riesgo. Durante toda mi vida he evitado hacer este balance diciéndome: “Demasiado pronto, demasiado pronto.” Pues bien, aún es demasiado pronto. Durante toda mi vida he soñado en el instante en que, seguro al fin, en la medida en que uno puede estarlo antes de haberlo perdido todo, podría trazar raya y sumar. Este instante parece inminente. Por tanto, no perderé mí sangre fría. Así, pues, primero mis historias, y en último lugar, si todo va bien, mi inventario. Empezaré, para salir de ello, por el hombre y la mujer. Será la primera historia, no hay materia para dos historias. Sólo habrá, pues, tres historias: la que

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acabo de citar; después, la del animal; después, la de la cosa, una piedra seguramente. Todo está perfectamente claro. Acto seguido me ocuparé de mis pertenencias. Si al terminar vivo aún, haré cuanto sea necesario para tener la seguridad de no haberme equivocado. Está decidido. Antes no sabía a dónde iba; sin embargo, sabía que llegaría, sabía que alcanzaría este largo camino oscuro. ¡Dios mío, cuántas aproximaciones! Bien. Ahora hay que jugar. Me cuesta acostumbrarme a la idea. La vieja niebla me llama. Ahora hay que decir lo contrario. Porque presiento que no llegaré al final de este camino perfectamente señalado. Pero conservo la esperanza. Me pregunto si en este momento estoy en trance de perder tiempo o de ganarlo. Antes de empezar mis historias, he decidido recordar brevemente mi situación actual. Creo que hago mal. Es una debilidad. Pero me la permitiré. A continuación jugaré con mucho más ardor. Por otra parte, estará en consonancia con el inventario. La estética es, pues, algo para mí, determinada estética. Ya que deberé adoptar una actitud seria para hablar de mis pertenencias. Así, pues, he aquí el tiempo que me queda dividido en cinco. ¿Cinco qué? No lo sé. Supongo que todo se divide en sí mismo. Si me abandono a la reflexión, estropearé mi muerte. Debo decir que hay algo atractivo en esa perspectiva. Pero estoy sobre aviso. Desde hace algunos días todo me parece atractivo. Volvamos a los cinco. Situación actual, tres historias, inventario; eso es todo. No hay que excluir algunos intermedios. Es un programa. Sólo me apartaré de él en la medida en que no pueda actuar de otro modo. Está decidido. Sé que cometo una falta grave. No importa.

Situación actual. Esta habitación parece ser mía. De lo contrario, no me explico que me permitan permanecer en ella. Desde hace tiempo. A menos que cualquier potencia lo quiera así. Esto es un tanto inverosímil. ¿Por qué las potencias habrían cambiado respecto a mí? Mejor será adoptar la explicación más sencilla, aunque lo sea poco, aunque no esclarezca gran cosa. No es preciso demasiada luz; una luz débil permite vivir en lo extraño, una lucecita fiel. Quizá heredé esta habitación a la muerte de la persona que la ocupó antes que yo. En todo caso, no voy a romperme la cabeza. No es una habitación de hospital ni de manicomio, se nota. He escuchado con atención a diversas horas del día, y jamás he oído algo sospechoso o extraño, sino los ruidos tranquilos del hombre en libertad: levantarse, acostarse, hacer la comida, ir y venir, llorar y reír, o nada. Y al mirar por la ventana comprendo, por determinados indicios, que no me hallo en una casa de reposo. No, es una habitación de un particular corriente en una casa normal. No recuerdo cómo llegué. En una ambulancia, en todo caso en un vehículo. Un día me encontré aquí, en la cama. Habiendo perdido el conocimiento en algún lugar, a la fuerza me beneficio de un hito en mis recuerdos, que sólo se reanudan desde el momento de mi despertar aquí. En cuanto a los sucesos determinantes del síncope y a los cuales entonces no debí ser insensible, nada inteligible queda de ellos en mi mente. Pero, ¿quién no ha sufrido olvidos semejantes? Son frecuentes al día siguiente de una borrachera. A

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Vaya. Golpean el cristal con su pico. A veces suceden cosas raras. Permanezco vuelto hacia ella gran parte del tiempo. La puerta se 5 . Pero noto que tengo los días contados. yo qué sé. me vi de repente en Londres. Vienen hasta el alféizar de mi ventana. Pero no logro reconocerlas. Jamás he tenido tanto pelo como ahora. el último recuerdo anterior a mi despertar aquí. No veo campos ni montañas. ¿De qué podría. Veo tejados y el cielo. Sin embargo. y con qué? Recuerdo un clima. Tampoco veo el mar. si me esfuerzo mucho. realmente ofrecen una gran variedad. pero lo oigo cuando está tormentoso. Nunca les he dado nada. Pero quizá me golpearon. evidentemente. No sólo me permiten estar aquí. al observarlas. Si me hubieran pronosticado que un día me sentiría vivir así. bien. tal como la reencuentro por momentos. En el fondo. Pero al final del día ignoraba dónde había estado y en qué había pensado. para hacer de él un punto de partida. podría creerme ya muerto. Son muy variadas. ¿Es posible que haya llegado hasta Londres? ¿Y qué tienen que ver las estrellas con esta ciudad? En desquite. antes de ser vengado. ahora que digo bosque. acordarme. Desde que estoy aquí me he interesado un poco por las estrellas. lo digo sin miedo a que me contradigan. he hecho un chiste. en trance de expirar o en una de las moradas celestiales. ¿Qué más? Las nubes. salvo en los primeros meses y desde que estoy aquí. escribiré mis memorias. Andaba. ¡piden comida! Es enternecedor. toda mi vida he andado. pero yo hubiera sabido que sonreía. Jamás he logrado precisar. Y es el presente lo que debo establecer. Mis pertenencias están en un rincón. porque no enciendo la luz. acercarlas a mí. si no me sintiera morir. Entonces aún no sabía desenvolverme bien. Recuerdo perfectamente aquellos últimos días: han dejado en mí más recuerdos que los treinta mil precedentes. alcanzo a ver un poco de calle. Mi cama está junto a la ventana. Puedo ver una habitación de la casa de enfrente. He vivido en una especie de coma. sí. Lo contrario hubiera sido menos sorprendente. He conocido pocas habitaciones. me he familiarizado con la Luna. Ahora conozco bien sus cambios de fase y de órbita. perder el conocimiento no significaba una gran pérdida. revueltas. quizá en un bosque. están cerca. Es una habitación normal. ni tan largo. devolverlas de nuevo a su lugar. Hace sólo seis meses experimentaba más la sensación de ultratumba. Mi juventud. Hay un armario en el cual jamás he curioseado. Al fin y al cabo. Cuando haya hecho el inventario. pero esta me parece normal. es más variada. pues. sé más o menos las horas en que puedo buscarla en el cielo y las noches en que no aparecerá. ¿Qué esperan? No son buitres. Pero sin llegar a divertirme de verdad. recuerdo vagamente un bosque. Las personas son raras. Pero por la noche ellos no me ven. hubiera sonreído.Malone Muere Samuel Beckett veces me ha divertido inventar estos sucesos. Pero vuelven siempre. Quizá se trate de anormales. Todo esto pertenece al pasado. Y toda clase de pájaros. Puedo hurgar en ellas con mi largo bastón. No se habría notado. Bien. Una noche. Para mí. si mi muerte no es inminente. ¡sino que además se ocupan de mí! Explicaré cómo lo hacen. Ellos también deben de verme: mi cabezota hirsuta contra el cristal.

No me lavo. Tal vez haya muerto. Si me noto sucio en alguna parte. en cierto modo. cuyo número aumento o disminuyo según las estaciones. impotente. La mitad de todo esto debe de ser obra de la imaginación. mis deseos. ni siquiera eso. No es ya capaz de nada. llamémosle bondad. una vez colocados en su sitio. Creo que aún es más vieja que yo. rancho. Como término medio me la como una vez de cada dos. y quizá sea otra la mano que ahora dispone y limpia la mesa. coge el plato de la víspera. Hace una eternidad que no llevo la cuenta. pueden aún realizar un esfuerzo. pero tampoco me ensucio. ¡Cuánto debo a los bastones! Casi he olvidado los golpes que me transmitieron. Mis brazos. al abrigo de estos muros. a pesar de su movilidad. Todo está previsto. A veces añoro poder arrastrarme. Va con ruedas. nunca tengo frío. La mujer entraba en la habitación. forma parte de la habitación. No sé por qué es buena conmigo. No. Debo decir que no sé cuánto tiempo llevo aquí. una vez de cada tres. pero ignoro hasta qué año he llegado. Al principio las cosas sucedían de otro modo. chirriando. En tal caso no requiere un estudio aparte. Incluso terminé por hacérselos comprender. adecuados a su caso. junto al plato. Entonces me quedo veinticuatro horas sin bacín. se preocupaba por mis necesidades. Cuando ya estoy harto. Pues sé muy bien lo que pueden contra mí. Cuando quiero alimentarme engancho la mesa con mí bastón y la aproximo a mí. Sí. Pero no hay que excluir el hecho de que haga lo que hace por caridad o por un sentimiento menos general de piedad o de afecto hacia mí.Malone Muere Samuel Beckett entreabre. Me costó. o cuadragenario. Desde su punto de vista es bondad. una mano deja un plato sobre la mesilla colocada en la habitación a tal efecto. Ella no entendía. Me digo nonagenario. acabaré por creerlo. Gracias a él puedo hurgar incluso en los rincones más apartados de mi habitáculo. Es una mujer vieja. Diría que en un abrir y cerrar de ojos han transcurrido días enteros. pero no puedo probarlo. Pero soy poco dado a la nostalgia. froto el lugar con el dedo humedecido con saliva. Fue ella quien me proporcionó este largo bastón. Cuando mi bacín está lleno lo pongo sobre la mesa. Es sopa. Sé únicamente que era ya muy viejo antes de llegar. Sé el año de mi nacimiento. pero me 6 . y la puerta se cierra de nuevo. la empujo de nuevo hacia la puerta. lo esencial es alimentarse y eliminar. Pero menos bien conservada. sin sutilezas. se desliza hacia mí tambaleándose a un lado y a otro. Ni siquiera eso. Hasta que un día encontré los términos. Quizá. Pero resulta más cómodo suponer que me ha sido entregada junto con la habitación. por así decirlo. no lo he olvidado. Está provisto de un gancho. de mis años quiero decir. salvo las mantas. Bacín. las distintas estaciones. Tal vez sea sólo quincuagenario. precediéndome. Deben de saber que ya no tengo dientes. Ahora sólo veo de ella la mano descarnada y una parte de la manga. Todo es posible. Esto no se aprende en uno o dos años. se afanaba a mi alrededor. ¿Queda algo por añadir? Quizá algunas palabras respecto a mí. he aquí los polos. probablemente a la misma hora. hacen eso por mí. Pero creo estar aquí desde hace bastante tiempo. mis necesidades y mis deseos. tengo dos bacines. Nunca tengo calor. Si uno desea resistir. Estoy desnudo en la cama. quizá a la ligera. Mi cuerpo es lo que se llama. el tono. Todos los días.

Todo cálculo le parecía una pérdida de tiempo. Le decía a su mujer: “He de encontrar una colocación para poder trabajar por las noches y el sábado por la tarde. Y las cifras que maniobraban en su cabeza la poblaban de colores y de formas. Algunas palabras acerca de su juventud. pero con la mejilla contra la almohada. Estaba poco dotado para los estudios y no comprendía la utilidad de los que le obligaban a seguir.” Añadía con voz agonizante: “Y el domingo. Sus familiares le llaman Sapo. ¿Nombre de pila? No lo sé. La estancia sólo está iluminada por reflejos. al cálculo mental. no existo para ellos. Veo y oigo muy mal. El crujido del somier forma parte de mi vida. Que vaya a otro con su rabia de agonizante. no quisiera que cesara. Esa parece ser mi situación. Es sobre la espalda. En cuanto abro los ojos. No hablaré de mis sufrimientos. Tiemblo un poco. Su padre era dependiente en una tienda. Asistía a las clases con el pensamiento en otra parte. Sumergido en ellos hasta lo más profundo. o sea. oscuro e insípido. Estoy harto. a escondidas de mi carne estúpida. Se dedicaba. en lo secreto. como estoy mejor. si no se precisaba la naturaleza de la unidad. Es imprescindible. lejos también. Se sorprendía cada vez por la vaguedad de sus propósitos y no le extrañaba que a nada condujeran. ¿Quiénes? No lo sé. vuelto al revés. Es allí donde muero. Permanezco de espaldas. Con frecuencia les oía hablar de lo que era preciso hacer para vivir mejor y tener más dinero. Como su padre. También me busca. o vacío. lo que grita y se agita son los restos. ahí están de nuevo el cielo y el humo de los hombres. Tampoco sabe ya calmarse. El hombre se llama Saposcat. Estoy lejos de los ruidos de sangre y de aliento. Asistía a las clases con el pensamiento en otra parte. así soy menos huesudo. ¡Qué aburrimiento! Era el primogénito. Lo que se ve. Era un muchacho precoz. y todos mis sentidos apuntan hacía mí. En alguna parte de semejante confusión el pensamiento se encarniza. no siento nada. enfermarás.Malone Muere Samuel Beckett cuesta dirigirlos. no. Se ignoran.” Y el señor Saposcat 7 . allí donde no estoy. Pero le gustaba el cálculo. Era el uso de los números concretos lo que le gustaba. como desde siempre. es decir. Probablemente la médula roja ha palidecido. No lo necesitará. Pero no le gustaba el modo en que se lo enseñaban. pero sólo un poco. Durante este tiempo me sentiré en paz. en público y en privado. Mudo. Sus padres eran pobres y enfermizos. no quisiera que se atenuara. prosternado.” Su esposa respondía: “Pero si trabajas todavía más.

“Quizá de escribiente”. “¿Y quién se ocupará del jardín?”. Los hijos. se preguntaban con tristeza si no sería propio 8 . Después la casa. hasta el día en que la marcha de los mayores. O bien se decían: “Apeémonos aquí. Durante el silencio que seguía. una conversación propiamente dicha. pues. donde. podrían permitirse el lujo de comprar carros enteros. “Y los gastos de farmacia”. en voz baja y con asombro. compensando la llegada de los recién nacidos. antes de llegar a este punto. “Resulta más barato comprarlas”. “¿Trabajar en qué?”. atónito. decía su mujer.” Una vez señalado su hijo. se iría vaciando. ¿Meditaba sobre el paso implacable de los años. “Si plantara legumbres”. afectuoso. les prestarían ayuda. sobre la carestía del abono que le impedía ofrecer a los suyos una vida más desahogada. la cifra equivocada. Así. acababan los conciliábulos la mayoría de las veces. decía la señora Saposcat. No tenían. él estaba convencido de que esto le incumbía a ella. Eran al menos personas hechas. Pero él no estaba enfermo hasta el punto de no poder trabajar las noches de los días laborables y el sábado por la tarde. con la aplicación que caracterizaba todos sus actos. “Piensa en los honorarios del médico que economizamos”. decía su mujer. preguntaba su mujer. decía él.Malone Muere Samuel Beckett reconocía que. en pleno ensueño. No les quedaba otra solución que trasladarse a una casa más modesta. El señor Saposcat repetía varias veces. ella sin fuerzas. Pero ella se dejaba convencer con facilidad de que no podía dar mucho más de sí sin poner su vida en peligro. esperando que su mujer se excusara. estableciera una especie de equilibrio. haría mal en no descansar el domingo. A partir de un tema dado. decía ella. Y por fin se quedarían solos. ¿Se trataba al menos de un pedazo de buena calidad? Sapo miraba el rostro de su padre. El estaría jubilado. el señor Saposcat reflexionaba. poco a poco. “Piensa en el precio del abono”. uno de los cuales establecía la criminal absurdidad de un jardín sin rosas. decía su madre. por no rendir el máximo de cuanto era capaz. “Es mejor que prepare sus exámenes”. se detenían a considerar el caso de su hijo mayor. Su mujer suministraba el informe. Usaban las palabras como el maquinista se sirve de las banderas o de la linterna. con sus recuerdos. “¿Qué edad tiene?”. preguntaba el señor Saposcat. decía el señor Saposcat. o en el tiempo que su hijo tardaría en convertirse en un hombre asalariado? A veces expresaba con laxitud su pesar por no ver en su hijo mayores prisas por decidirse a ser útil. sus cerebros pensaban al unísono. La vida de los Saposcat estaba llena de axiomas. Ella se equivocaba siempre. aunque ya no necesitarían abono. decía su mujer. “Pero ya vivimos bastante estrechos”. contestaba él. triste. Sapo escuchaba estas conversaciones con asombro. Y al mismo tiempo buscaba en el aspecto de su hijo un atenuante a lo que acababa de descubrir. decepcionado. Diríase que los Saposcat encontraban la fuerza de vivir en la perspectiva de su impotencia. como la carne. Pero a veces. como si se tratara del alza de un artículo de primera necesidad. con el césped y las alamedas descuidados. a su vez. Entonces podrían cambiarse de casa. en efecto. Alquilarían una quinta en el campo. esperanzado a pesar de todo. Y se daba por sobreentendido que lo estarían cada año más y más. sensibles a los sacrificios recibidos.

Me pregunto si. No siempre se contentaban con contemplar en silencio el mismo paisaje. Sapo se sentía a gusto entre sus compañeros. Un día. se burlaba de los profesores y a veces incluso les respondía con insolencia.Malone Muere Samuel Beckett de los espíritus superiores fracasar en el escrito y cubrirse de ridículo en el oral. decía él. la de la piedra. no estaré hablando de mí. “A su edad. Era. su salud es buena”. contemplaré el hatillo de mis pertenencias. agotada su capacidad de dulzura y de razonamiento. y con frecuencia no regresaba a casa hasta las ocho de la noche. daré a mi cuerpo las viejas órdenes que sé es incapaz de ejecutar. Pero. ¡Qué manera de razonar! Abriré los ojos. Pero no se dejaba golpear. Resulta raro que el mal estudiante sea un solitario. sin ser exactamente querido. “No tanto”. No es así como se juega. o incluso a la tercera. como si a partir de determinada edad las personas no pudieran operarse. decía la señora Saposcat. por tanto. en los cuales me reconozco. consultaré mi conciencia caduca. ¡Qué aburrimiento! Y a eso llamo jugar. a pesar de mis precauciones. me miraré temblar. me detendré para examinarme tal cual soy. Sapo no tenía amigos. Cada vez que me amenace la ruina. ¿Rápido en las carreras? Bueno. eso no marcha. avanzó hacia Sapo palmeta en mano. Pronto no sabré de dónde sale mi pequeño Sapo. era rápido en las carreras. me siento llamado por esta ignorancia que podría ser hermosa y que sólo es cobardía. No. “Por lo menos. Y su marido contestaba: “Más bien le veo cirujano”. estropearé mi agonía para vivirla mejor. Pero no importa demasiado. hasta el fin. agobiado por preguntas. inconcebible que resultara inepto. Preferentemente. “Pero no tiene nada grave”. Reflexionaré sobre lo que digo antes de avanzar. Es justamente lo que deseaba evitar. La primera vez que un maestro. instalarse esa soledad. decía ella. No. Hay cosas que no comprendo. Después de este baño de cieno podré admitir mejor un mundo en el cual yo no sea una mancha. Tal vez sería mejor dejar esta historia y pasar a la segunda. decía el señor Saposcat. engulliré mi sopa. le veían médico. decía su mujer. “Nos asistirá cuando seamos viejos”. lejos ya del mundo que por fin se dilata y me permite pasar. Boxeaba y luchaba bien. No sé muy bien lo que me digo. ¿Seré incapaz. Eso se daba por sentado. sería el colmo”. ni lo que espera. Bastaría prestar más atención. Ignoraban por qué estaba destinado a una profesión liberal. de mentir sobre otra cosa? Siento amontonarse ese negro. sería igual. sin duda. Sólo me queda continuar. no hay otro medio. He intentado reflexionar sobre el principio de mi historia. Se sometía con filosofía a tales vejaciones. este se la arrancó de las 9 . exclamó: “¡Le digo a usted que no lo sé!” Pasaba la mayor parte del tiempo en el colegio a causa de los castigos y retenciones.

de pronto estalla y lo engulle todo. Pero lo más asombroso era su enorme cabeza redonda. duros e hirsutos como los pelos de una brocha. lo haré vivir como si hubiera sido castigado según sus méritos. en pleno campo. en la claridad. Pero Sapo no fue expulsado entonces ni más tarde. A los catorce años era un muchacho regordete. No he podido averiguar por qué no fue expulsado. la Luna. día y noche. se interesaba por los animales y las plantas y levantaba gozoso los ojos al cielo. y los árboles. No se piensa más en ella. —¡Qué desastre! Sapo amaba la Naturaleza. Trato de no alegrarme. “En más claro”. pero no la perderemos de vista. Había motivo suficiente para expulsarlo. por el momento. Curiosa deducción. decía su mujer. “Tiene tus mismos ojos”. Esto es lo que he decidido.. El cráneo de Sapo era el motivo de que se hubiera forjado esa opinión y de que pudiera mantenerla contra viento y marea. Pensaré con cabeza clara las razones por las cuales Sapo no fue expulsado si merecía tanto serlo. lejos de todo abrigo. Una sombra insignificante. que estaba cerrada a causa del frío invernal.” Pero le gustaba el vuelo del 10 . Pronto alejaré a mi Sapo de esta indulgencia incomprensible. Entonces el señor Saposcat tenía prisa por quedarse a solas y poder examinar sus ojos frente al espejo. Daremos la espalda a esta nubecilla. Apenas eran azules.. Pero no soportaba la mirada de su hijo y evitaba encontrarla. a un cielo ennegrecido. No cubrirá el cielo sin que lo sepamos. “Un día nos sorprenderá a todos”. al igual que todo cuanto aumentara el murmullo: “Eres un memo. No veo otra solución. Aceptaba con una especie de alegría el hecho de no comprender las cosas extrañas y a veces hermosas que le rodearían toda su vida y cuyo conocimiento le tentaba a veces. Me veo obligado a dejar esta cuestión en suspenso. Incluso sus maestros reconocían que poseía una cabeza inteligente. Tenía las articulaciones gruesas. Trato de hacer lo mejor. las miradas que les prodigaba no le enseñaban nada acerca de ellas. Sapo amaba la Naturaleza. Pues quiero que en su historia no exista la menor sombra posible. se interesaba. sonrosado.Malone Muere Samuel Beckett manos y la arrojó por la ventana. en sí misma. Pero conozco la sombra. Confundía los pájaros entre sí. se acumula. decía la señora Saposcat. con los cabellos rubios. no levantaremos de pronto los ojos. El Sol. Pero no sabia observar estas cosas. se hace más densa. no es nada. No relacionaba los azafranes con la primavera ni los crisantemos con el otoño. los planetas y las estrellas no le planteaban problemas. y les era tanto más penoso no lograr nada en ella. decía su padre cuando estaba de buen humor. se continúa. no conseguía distinguir unos cereales de otros. por lo cual su madre decía que un día seria aún más alto que su padre.

con el bastón en la mano. He terminado mi sopa y he empujado la mesita hacia su sitio. decía el señor Saposcat. o en su cesto. y hasta el anochecer no se acuerda de su viejo amigo. efectivamente. seguía con la mirada los lentos vuelos planeados.Malone Muere Samuel Beckett gavilán y sabía distinguirlo entre todos los otros. Los demás se preguntaban en qué soñaba durante tantas horas. para mayor seguridad. Razón suficiente para dejar boquiabierto a un muchacho clarividente y sensible. Los conozco tan bien. Una de las dos ventanas de la casa de enfrente acaba de iluminarse. “Es cierto”. No siempre corre las cortinas. Es incomprensible por qué esta expresión resulta incompatible con los pensamientos eróticos. por caminos claros y transitables. La apacibilidad y los silencios de Sapo no gozaban de mucha aceptación. fijos como los de una gaviota. para el que sólo quiere seguirle y dejarse guiar por él. se quedaba inmóvil en su sitio. en su futuro. Pero. junto a la puerta. “A los dieciséis años te ganabas la vida”. yo también era así”. “A los dieciséis años. Su padre le creía turbado por el despertar de la sexualidad. A los perros viejos les llega la hora en que al oír el silbido del dueño que parte al amanecer. en su vida. Entonces se quedan en su caseta. El hombre aún no ha llegado. me tomaré un pequeño descanso. decía su mujer. soledad. entre el mensaje recibido y la respuesta desolada. casi siempre de pie. ya no pueden abalanzarse tras él. Durante un momento he visto a la mujer yendo y viniendo. la espera temblorosa. sino de una entera y parte de la otra. decía. No abandonaré todavía. las alas que se elevan para caer a plomo. aunque no estén atados. Después ha corrido las cortinas. fascinado por tanta precisión. Después todo irá mejor para Sapo y para el que le sigue. En medio del bullicio. sin levantar la cabeza de la almohada. el ascenso violento. La continuación será todavía mejor. 11 . A decir verdad. soñaba consigo mismo. en la escuela y en casa. Los maestros de Sapo juzgaban aquella actitud como un puro y simple embrutecimiento. He ordenado algunos movimientos a mis piernas. Rebuscaré un poco en mis pertenencias. que he pedido sentir el esfuerzo que hacían para obedecerme. También el hombre está triste. y miraba de frente con sus ojos claros. Las luces de la casa le dan la bienvenida y un débil ladrido le obliga a decir: “Ya es hora de sacrificarlo. Después esconderé la cabeza bajo las mantas. Cuando digo dos ventanas me refiero a las que puedo ver siempre.” Bonito fragmento. arrogancia. a mis pies. Es esta última la que acaba de iluminarse. y para taparle temporalmente las narices. Con ellos he vivido el breve espacio de tiempo que abarca todo un drama. Hasta mañana no volveré a verla. Pero el aire libre y el sol le consuelan en seguida. Sapo se quedaba boquiabierto y respiraba por la boca. no se trata de dos ventanas enteras. quizá su sombra de vez en cuando. paciencia. Pero. y escuchan unos pasos que se alejan. Inmóvil. más que con chicas.

al tumulto de dudas. lo has ofendido!” Esto marcha. Y dotado de menos fuerza y valor. “Le gusta andar —decía la señora Saposcat—. por 12 . empezando por replegar el dedo corazón y el anular a fin de posar mejor el índice sobre el sujeto y el meñique sobre el verbo. o muy poca. Adrián. Este es el aspecto flaco y etéreo que necesitaba. Conozco estas frases que parecen insignificantes y que. despedirme de las cuevas donde he vivido. Me habían asegurado que sería un buen atleta —decía el señor Saposcat—. si no forzoso. decía la señora Saposcat. De tales ensueños salía pálido y agotado. Me recuerdan a un viejo náufrago. eso marcha. una vez aceptadas.Malone Muere Samuel Beckett Esos ojos de gaviota me asustan. Nada es más real que nada. como exigía su profesor de latín. Incluso me siento preso de un extraño deseo: el de saber qué he hecho. no recuerdo cuál. con la agradable compañía que siempre deseé.” En tales ocasiones. en tierra. Pero hasta entonces tengo tiempo de retozar. cerrado al atractivo de las sombras. que siempre busqué y que jamás quiso nada conmigo. Sin embargo. Sí. naufragar con mi refugio. que Sapo se largara. No volveré a entrar en esa osamenta salvo para saber la hora. renunciando a saber cómo estaba hecho y cómo iba a poder vivir.” Entonces el señor Saposcat bromeaba. aplastados por el peso de su súplica concedida. que decía: “Mejor hubiera sido enseñarle un trabajo manual. mientras su madre exclamaba: “¡Oh. sé que he ganado la partida. Quiero estar allí un poco antes de la zambullida. fantasías y temores que bullían en su cabeza. y sin prestar atención. “Y siempre es el último de la clase”. decía el señor Saposcat. ¡Miedo a contradecirme! Si eso continúa. Si no temiera contradecirme diría que ha sido un buen trabajo. entre extraños.” “Los estudios ocupan todo su tiempo”. era normal. Sentimental. ahora estoy tranquilo. a ciegas. deseos. ávido del menor fulgor. Pero me he vuelto miedoso. bajar por última vez la vieja y querida escotilla. Entonces él lamentaba no haber querido aprender el arte de pensar. es un detalle. vaya. “Debería hacer más deporte. pueden corromper toda una lengua. lo que confirmaba a su padre en la idea de que era preso de especulaciones lascivas. pensando en el bien que le hacían a su hijo los largos paseos solitarios. completamente solo. Evidentemente. Nada se me parece menos que ese muchacho razonable y paciente que. Salen del abismo y no paran hasta arrojarnos a él. he perdido todas las demás. Eso marcha. esta vez sabré defenderme. A veces llegaba a atolondrarse tanto. me perderé a mí mismo y los mil caminos que conducen a mí. los largos paseos le sientan bien. él también habría abandonado. lejos de la niebla alimenticia que me consume. y viviendo derrotado. se encarniza durante años para ver un poco claro en sí mismo. en un mundo insensato. Pareceré esos desdichados de la fábula. y ahora no forma parte de ningún equipo. pero la última es la que cuenta.

En vísperas de ya no ser. para destruirlos. alegre.Malone Muere Samuel Beckett qué. corría a esconderme rápidamente. me veía perder. desgarrándome. contestaba su marido. Salía de la ciudad. rugiendo. Inventar. El coma es bueno para los vivos. llego a ser otro. Debí intentarlo. Todos me han acosado siempre. No me interesa. gimiendo. Sapo se inmoviliza sobre una pierna. después los mataba. me cazaban. El próximo amanecer. a solas. o huía. En mi empleo del tiempo no hay lugar para el sueño. con el pretexto de que trabajaba mejor al aire libre. Completamente solo. me golpeaban. No importa. Por la mañana tomaba clases particulares. sin explicaciones. los justos. me veía ganar. Me perseguían los mayores.. y decirlo. no hay tiempo suficiente para poder terminar todos los quehaceres. No me interesa mucho dormir. No supe jugar. inventar. Eso es. No deja de tener gracia. gritaba. Interrumpo todo y espero. o me ponía en su lugar. como si me hubieran embrujado. La agitación que lo ilumina se fija en mil posturas absurdas. Vivir. De repente me abalanzaba sobre los instrumentos del juego. o por la granja o la era. tampoco. Era la estación en que los trabajos de los campesinos alcanzan el paroxismo. Así llego al límite de lo que me propuse en mi juventud y me ha impedido vivir. a veces de pie. en la alegría. durante horas. Me he dormido. Lo intenté. o huía. me postraba de rodillas ante quien no puede vivir ni soportar este espectáculo en los demás. “Es una buena inversión”. bien escondido. con los libros bajo el brazo. Las vacaciones. Por la tarde se iba. vivir. No es la palabra. y a pesar de que la luz del día alarga. palmoteaba. “Nos arruinarás”. Digo vivir y ni siquiera conozco 13 . Daba vueltas. La nubecilla que pasa ante el glorioso Sol oscurecerá la Tierra durante todo el tiempo que a mí me plazca. dolorido. yo nací grave. inmóvil. Siento en mí el calor de ese viejo frenesí. corría. Vivir e inventar. para cambiar su felicidad por aullidos. me echaba faroles. yo me entiendo. Pero cada vez que lo intentaba de nuevo perdía la cabeza. Mientras. rabiando. si los tenía. no es la palabra apropiada. pero sé que ya no me poseerá. en la partida. escondía los libros bajo una piedra y corría por el campo. Ha sido mi peor enfermedad. yo les seguía con la mirada.. creía precipitarme hacia mi salvación cuando me precipitaba en mis tinieblas. Y gravemente intenté no serlo. gimiendo. Lo hice. me hacían entrar de nuevo en el círculo. Lo intenté. a menudo alejados. o sobre un niño. Y con frecuencia aprovechan el claro de luna para hacer un último recorrido por los campos. sus extraños ojos cerrados. gimiendo de aburrimiento. no. la gran fiera de la seriedad se paseaba en mi interior. Otros nacen sifilíticos. Entonces yo era esclavo de la seriedad. decía la señora Saposcat. o para revisar las máquinas y prepararlas para el próximo amanecer. Pero no tengo que dar explicaciones. Vivir.

no puedo. la tierra parecía derribarle. Pero quería estar seguro. hacer vivir. Había en su paso algo flotante. No me equivocaba demasiado al creer que las poseía. No están más huecas que lo que arrastran. el consuelo. Después vivir. tras unos minutos de paro vacilante. de la verdad. en mi cabeza. querer vivir. En su región. el tiempo de sentir. inerte. La imperfección de las relaciones entre las campiñas y la ciudad no había pasado inadvertida para el excelente muchacho. sin mirarlas. irguiéndome al principio por encima de mi madriguera. parecía un gran plumón que el viento arrancara del lugar en donde está posado. Los campesinos. No. He hecho 14 . Reunidos en el corral le veían alejarse. del abandono.. empiezo de nuevo. y podía hablar de ellas de un momento a otro. no dejaría de ser chistoso. No se trata de mí. No la que conduce al éxito. sino la del fracaso. en otro. en mí.. después de un alto. cerrarse otros ojos. separando unas de otras y acercándolas hacia mí para verlas mejor. Después del fracaso. ¡Ah. del retorno a lo negro. ¡Qué final! El mercado. en vísperas de desaparecer. Vivir y hacer vivir. unas quizá cerca. al mismo tiempo que el advenedizo. quien me cedía su lugar y velaba por mí. A pesar de todo. Ahora me desvío rápidamente. a la nada. el reposo. quien me rodeaba con sus brazos y me pedía que no me marchara nunca más. He hurgado un poco en mis pertenencias. otras sin duda lejos. sino de otro que vale menos que yo y a quien intento envidiar. en otra dirección. no sé cómo. detrás de mis ojos cerrados. ser otro. del hundimiento.Malone Muere Samuel Beckett su significado. Ya no vale la pena enjuiciar las palabras. sí!. a lo serio. A eso quería llegar. quería alcanzar los éxtasis del vértigo. ¡Qué falso es todo esto! Nunca he visto nada semejante. si nunca lo intenté? Mostrarme ahora. con pasos inseguros. los. como si los pies no tocaran bien el suelo. con el plan alimenticio. a quien hice sufrir tanto y tan poca alegría di. Empiezo otra vez. a quien siempre me esperaba. Hay una pequeña diferencia. a quien jamás he visto. Sus visitas a los campesinos. para distraerme. Y cuando se recobraba del bamboleo. quien sufría cada vez que yo le dejaba. quizá haya vivido sin saberlo. Pero tampoco he sabido nunca relatar las mías. ni tampoco vivir o relatar las de otros. en las direcciones más inesperadas. a quien necesitaba de mí y a quien yo necesitaba. Lo intenté sin saber qué intentaba. de quien acabaré por contar sus vulgares aventuras. Pero despacio. Ya empiezo a exaltarme. después. a la casa. de la caída. No puedo. hacia inaccesibles alimentos. Hizo las siguientes consideraciones al respecto. ¿Cómo habría de hacerlo. Se detenía con frecuencia para reemprender la marcha. babosos. Me pregunto por qué hablo de estas cosas. en una luz áspera. gracias a la misma gracia.

También he encontrado un paquetito envuelto en papel de periódico amarillento y atado. sirviéndome de él como un punzón. lejos de encerrar mi botín. mejor. ¿Y detrás de qué mueble? Que yo sepa. ya no poseo este botín. envuelto con un papel de periódico. No recuerdo haber fumado nunca en pipa. Pero ya he registrado el armario. casi se impone. Pues ahora sé que la imagen de esos objetos en la que me he recreado hasta hoy. Tengo prisa. O un mechón de cabellos. lo he tocado con la punta del bastón. Será mi pequeño misterio. tampoco determinados objetos de menor valor. ¿Habrán resbalado por detrás de un mueble? Me sorprendería. Quiero estar en condiciones. Veo. a las dos paredes. creo yo. Es allí donde acecha el astuto. Muchos de mis tesoros tienen el mismo origen: caídos del cielo. que creía haber guardado. Las verdaderas vidas no soportan este exceso de requisito.” También me he dicho que he de avanzar más aprisa. no lo era en los detalles. de hermoso brillo. Tuve la misma idea. Diré. Recuerdo una pipa para hacer pompas de jabón. inolvidable. ni siquiera eso. mi bastón lo ha registrado. una cazoleta de pipa. Es de allí de donde un día surge. puesto que está en el rincón. cuando llegue el gran día. junto con lo demás. Quiero rechazar toda aproximación. al menos. por lo que veo. en cuanto a bienes materiales. me refiero al armario. No. Nada. por tanto. pues. Debe de ser una obsesión. Venga de donde venga. mi bien. blando y ligero como una pluma. ha comprendido la blandura y ligereza. se encuentra en el interior del armario. no son ya de mi pertenencia. Lo he mandado al rincón. y una de las cuales. en esta habitación sólo hay un mueble capaz de interponerse entre mis pertenencias y yo. si bien en conjunto era justa. Por el contrario. revolviendo por todas partes. cajones. antes de arrojarla lejos de mí hacía con ella pompas irisadas.Malone Muere Samuel Beckett bien. un paquetito. pues era una especie de botín. pero ¿qué? Lo he acercado hasta mí. abriendo puertas. pero con cuidado. sin embargo. por ejemplo. Quizá vuelva a hablar de él cuando llegue el momento. que me había atribuido ciertos objetos que. Importa poco. ahora esta cazoleta es mía. no despierta en mí ningún recuerdo. Pero está tan pegado a la pared. llevándose para siempre el azur. sólo veo un zapato. y dejado. ¿podría resbalar por detrás de un mueble? Y. Un zapato. ya me estoy oyendo: “Además. está vacío. tal como una sortija de cinc. No he querido desenvolverlo. como el gonococo en los pliegues de la próstata. que parece formar parte de ellas. todo cuanto su larga espera me habrá aportado. Quizá me digáis que mi botín. he encontrado en el montón por lo menos dos o tres cosas que ya había olvidado. quizá por primera vez. no sé por qué. palpado y sopesado. Quizá sea un fajo de rupias. No quiero desperdiciar esta ocasión única en la que una especie de verdad se anuncia posible y. cuando todo sonríe y brilla. sin añadir ni omitir nada. Y el armario. que si lo hubiese tocado directamente. Mi situación 15 . Y mi mano ha comprendido. para anunciar con claridad. de cuando era niño. junto a la cama. Me dice algo. la gran cabalgata de nubes negras y bajas.

llena la habitación con su ruido. Pero no soy juicioso. para estar muerto. Únicamente deseo saber. y en seguida las antigüedades. y esos nombres. lo sentiré. mis encías. El somier está hundido como un foso. en lo más hondo del pecho. pero está demasiado lejos. tengo. Esto se llama moderar las exigencias. escucho el viento. por temor a gozar. Pero ¿se trata de eso? Hay probabilidades. antes de abandonarlo. la nariz. ¡Dios mío! Tengo la cabeza casi del revés. cuando lo recupero. una última vez. Pero más allá de semejante tumulto la calma es inmensa. a que su cuerpo lo estuviera. Entre él y yo. Ahora que he visto. y examinaba las novedades. aplasto mis viejos pelos ya blancos por completo. Son rítmicos. Poco importa. Estoy enterrado en el Universo. Siento. Soy feliz. No es verdad. Si la vida llega a faltarme. sin pestañear. y que incluso viviendo yo. empañado. el viejo Universo me protege. pudrirse y morir. el cristal. cortadas por el viento. se funden. forman una especie de cancioncilla. Si. como un pájaro. el cielo nocturno. muy pequeño. Yo me entiendo.Malone Muere Samuel Beckett es verdaderamente delicada. que sólo mi muerte le impide seguir. Pero no aguardaré. debo haberlo dicho. He terminado de buscarme. vencer. Pero creo que pesa más sobre el somier. oprimo la boca contra la almohada. Si me armara de paciencia vería la Luna. la siento contra mi lengua. Me vuelvo un poco. sufrir. ahora. 16 . creo yo. surgen inagotables y se persiguen. no puedo precisar más. Es una noche como las que le gustaban a Kaspar David Friedrich. tempestuosa y clara. Estoy acostado en el fondo. se destruyen. Al fin y al cabo importa poco terminar. de aquel que empezó tan bien. de una última ola de tristeza. Nunca más nada hará mella de verdad en ellas. Separo los labios. deshilachadas. victorioso. Abro los ojos y miro durante mucho tiempo. y también la indiferencia. hubiera él esperado. en la espalda. Mi aliento. Mi cuerpo aún no se decide. Ese apellido que vuelve a mi mente. siempre fui propenso a los pensamientos profundos. en este instante de felicidad. ahora tengo la almohada en la boca. Qué soportable es todo esto. supongo. de impotencia y de odio! Las formas varían allí donde lo inmutable descansa de no tener forma. cuántas cosas importantes fallaré por temor. Chupo. como cuando era pequeño. he debido cambiar de opinión. sobre todo. perder. ¡Cuántas cosas hermosas. Pues lo juicioso sería dejarme ir. se expande y se espachurra. Cierro los ojos y se confunde con mi aliento. por temor a caer en el viejo error. Mi soplo no lo empañaría. Tengo. por temor a no terminar a tiempo. Me atrevo a esperar que no haya más pensamientos profundos. sobre todo a principios de año. jaspeado por la mácula de los años. Creo que es. me cubro la cabeza con la manta. Con gusto soplaría encima. sobre un fondo límpido. El anterior me trabajaba desde hacía algunos minutos. Palabras e imágenes se arremolinan en mi cabeza. sabía que un día sería feliz. Son azulados. bien atrapado entre las dos laderas. gozar. La veleidad no tiene en sí misma nada especialmente deshonroso. nuevos dolores. Las nubes avanzan. sin que mi pecho se mueva más que el de un niño que duerme. Solamente quiero que mi última hable hasta el último momento. sabía que un día encontraría mi sitio en él. Es todo.

y. No todo está dicho entre yo y. Pero no. cómo son posibles tales seres. indulgentes: “Si no hubiese sido él. Quizá desee solamente oírlo decir una vez más. Los Louis.Malone Muere Samuel Beckett Pero. no se trata de comprender. Louis el Gordo. no deseo nada. a los campos que tanto hubiera deseado amar. La noche. la desdicha. su viejo corazón daba un vuelco en el interior de su jaula. la tormenta. Y al pensar que él. como tal. pues. Al menos esto no admite controversia. ni de sí mismos ni de los demás. estaba muy solicitado. con un jamón o un poco de manteca. “Jamás habrá nadie como él —decía—. al cielo por donde corren las nubecillas blancas y ligeras como copos. habría sido otro. y que a pesar de su avanzada edad aún le necesitaban. Sí. en un papel. no los he juzgado. la mujer y dos hijos. Se había ya casado varias veces. las catalepsias del alma. pero no lo creo. preguntándose si viviría hasta esta fiesta. por toda remuneración.” Lo diría de otro modo. según el secreto que su padre le había transmitido y del cual se consideraba último depositario. y en su bolsillo. se hallaba en camino hacia le lejana granja donde le aguardaban. Así. o diciéndose. todo está dicho.. quiero decir llegar a fin de mes. añorando su pipa. los cuchillos cuidadosamente afilados la víspera junto al fuego del hogar. Regresaba de sus expediciones entrada ya la 17 . hombres y mujeres sólidamente colocados en la vida. Quizá les haya juzgado mal. ¡Qué verosímil resulta! Puesto que amaba su trabajo. empezar a comprender. lo estaba. por gratitud hacia aquel sin el cual jamás hubieran visto la luz del día. y que era capaz de lo que los jóvenes no eran capaces. Sí. durante el trabajo. en efecto. Entonces se alejaba llevando bajo el brazo. bastante solicitado. sin esperar nada. Le ayudaban. se sentía orgulloso de hacerlo tan bien. pues? No lo sé. Tenía fama de ser un buen matarife y descuartizador de cerdos y. antes de fundar. No debería. cada uno según sus posibilidades y el humor del momento. por orgullo o cortedad. Los animales pacen. Solamente quiero intentar comprender. Era el hombre. como un artista. un chico y una chica. una vez haya desaparecido yo. para Louis los buenos tiempos terminaban en diciembre y en enero. el hogar donde aún habita. quizá por mi culpa.” Louis el Gordo no tenía dientes y fumaba los cigarrillos en boquilla. pero no lo creo. en una caja. Lo haré a pesar de todo. puesto que cobraba menos que el carnicero y con frecuencia se contentaba. cuyo principal acontecimiento es indudablemente la celebración del nacimiento del Salvador en un establo. y a partir de febrero esperaba con impaciencia la vuelta de dicha estación. Por otra parte. con su joven prima. Al padre lo llamaban Louis el Gordo. esta vez veré cómo todo esto es bueno. a la vida que no supe aprovechar. por última vez. dejo mi felicidad y regreso junto a los hombres que a menudo también van y vienen con fardos. A los Louis les costaba trabajo vivir. su traje de los domingos y días festivos. Tenía otros hijos en otros lugares. Una vez más siquiera. ¿De qué. No. el delantal destinado a proteger.. el sol calienta las rocas y las hace brillar. ¿qué hago? Regreso a la luz. A menudo hablaba de su padre con ternura y respeto.

para sus cerdos. pues le temían. sangran. sin embargo. Louis continuaba hablando a los suyos. por la noche. Junquillos y narcisos florecían con extraordinaria exuberancia durante la estación correspondiente. 18 . apoyándose en su coño. Louis paseaba sus cabras por allí. Y no podía o no quería comprender que la culpa no era del cerdo. Algo curioso. Y a fines de noviembre su familia esperaba con impaciencia la hora de esparcir el abono y plantar alubias. por medios que a menudo le parecían exorbitantes. tan diferente del otro en todos los aspectos. tan diferente y. furtivamente. Entonces toda su conversación giraba en torno a este último. ebrio y cansado por la larga caminata y por la emoción. de un modo peculiar que no podría adoptar un cordero. Y al menor signo de rebelión por parte de ella. Sí. era un buen mozo con una dentadura siniestra. a la luz de una vela. diría al otro mundo si no supiera que los cerdos sólo tienen este. gritan. Encerrado en la reducida pocilga desde su llegada. La granja de los Louis se hallaba en un hoyo. se debaten. del que acababa de matar. Pues todos los cerdos se asemejan cuando se les conoce bien. poco antes de Navidad. hasta que un día lo llamaban para que matara otro. gimen y se desvanecen más o menos del mismo modo. Pero no se atrevían a decirle nada. igual en el fondo.Malone Muere Samuel Beckett noche. con las patas atadas. Louis el Gordo se calmaba y se tornaba taciturno. Si bien Louis tenía habilidad para matar cerdos. Dicho sea entre paréntesis. Pues Louis se obstinaba en temer. o un choto. Igualmente temía que la luz del día y el aire libre fueran perjudiciales para ellos. Y durante algunos días sólo hablaba del cerdo que había despachado. Louis se hacia temer y se comportaba como le daba la gana. carecía de ella para criarlos. sino a otros granjeros que vivían lejos de allí. Y persistía en su error. a la edad en que la mayoría de la gente disminuye. en el mes de abril. y raramente el suyo pasaba de los sesenta kilos. chamuscado en verano. Edmond. los efectos adelgazantes del ejercicio. La granja. como si se excusara por vivir tanto. reprochándole su ingratitud en voz alta. pero sin prisas. E incluso él le exigía que le facilitara la tarea. encharcado en invierno. aunque cada año le daba un rotundo mentís. gritan. allí se quedaba hasta su muerte. Volviendo a los cerdos. hábil triunfo de las mujeres jóvenes. ciego y flaco que él acostaba sobre el lomo. sino suya. por ejemplo. y que mataba con rabia. Una hermosa pradera daba acceso a ella. Pero esta hermosa pradera no pertenecía a los Louis. El hijo. se dirigía al lavadero en busca de la pala y la golpeaba hasta que se arrepentía. Puesto que sabía lo que él haría si se negaba a entreabrírsele. o heredero. al caer la noche. se debaten. Incluso su joven esposa había renunciado a hacerle bajar el gallo. lo cual aburría terriblemente a su familia. Pero a partir del mes de marzo. por haberlo mimado demasiado. El resultado era un cerdo débil.

venían a estrecharle la mano. capaz de permanecer mientras durase la luz exterior. junto a la ventana. pálido. tan aprisa que parecía haber cuatro o cinco al final de cada brazo. por la ventana. Y noches de trescientas horas.. cerca de la ventana. en la casa y en el campo. vacías y blandas. Pues le daba por ahí todos los días. yo me comía el Universo. Ante él. Después callaba y se quedaba inmóvil unos momentos. Pero también ellas tenían trabajo. Al mismo tiempo profería furiosas preguntas sin respuesta. tan pocos brazos. diez minutos? Sí. antes de reanudar el trabajo que había abandonado. sola en el mundo sin duda. Antaño los contaba. Entonces no se preocupaba por saber si estaba sola o no. también le dejaban. levantaba los brazos al cielo para dejarlos caer en seguida. En la sórdida cocina. después reanudan el trabajo tristemente. la sombra de un liquen marchito. El pecho. sin extenderse. el parloteo de los gorriones al amanecer. cansinamente. el brazo agitaba una rodilla. Era verano. o de precipitarse hacia otro. tan poco tiempo. gesticulan. Los separaba de sus flancos. deteniéndose un instante entre dos tareas o en mitad de una. No era una claridad firme. Uno cambia. grises y sucios.. Sapo se quedaba solo. hoyado. varias veces al día. y el rostro era pálido y delgado. 19 . Pero aún resplandece mi orla celeste. La mujer.Malone Muere Samuel Beckett Mundo muerto. Pero lo dejaba todo y gritaba y gesticulaba. sin aire. Louis el Gordo y su hijo abandonaban el trabajo. Sapo tenía su lugar. es la cabeza lo que importa y los brazos que le prestan ayuda. el menos fatuo de los resplandores. contaba por contar. ¡Qué efusiones! ¿Cuánto pudo durar: cinco. Esos son tus recuerdos. iluminaba un trozo de la estancia. no más. Las manos trepidaban. que se cruzan. el tazón de leche de cabra olvidado. después dividía por sesenta. Pasaba el tiempo. no. El resplandor más querido. dejándolo solo con la madre y la hija. ya no.. vencida por el peso. contaba hasta trescientos. Al envejecer. Eran abundantes. yo diría que los blandía si ignorase aún mejor el genio de vuestra lengua. para sacudirle el polvo. De tarde en tarde. Ahora. las campanas. o un trapo. o no contaba nada. Después imprimía a cada uno de ellos movimientos difíciles de describir y de oscuro significado. Pero tales pantomimas y jaculatorias no iban dirigidas a nadie. La claridad se deslizaba a través de las aberturas estrechas y alejadas entre si. Su gesto era extraño. después se marchaban otra vez. La estancia quedaba en la penumbra a pesar de la puerta y la ventana abiertas a la luz intensa del exterior. no mucho más. sin agua. e indiferente a cuanto ocurría a su alrededor. enérgico y desarticulado a la vez. pues carecía de tiempo para cuidarlos. Yo era el tiempo. Había tanto trabajo. después moría. acercándolos y separándolos. tales como ¿para qué? Los cabellos se le soltaban y le caían por el rostro. como trabajado por la zozobra y las consiguientes amarguras. sobre la mesa. en el fondo de un cráter. si lo que hacía era urgente o podía esperar. con el suelo de tierra apisonada. cuatrocientos y a veces contaba otras cosas: los aguaceros. levantando los viejos objetos inertes y cambiándolos de sitio.

Era una gallina gris. los dejaba sobre la mesa. también ella le conocía. mirando la tierra cuyo rojo resplandor le hería los ojos. Pero quizá había varias gallinas de color gris. una cuarta. si se prefiere. según él. el silencio del polvo. La sombra vencía. Sapo acabó por conocerla y. tranquila y continua entre el cielo y la tierra. la sombra invencible que reptaba alrededor de su rostro iluminado. Pero. permanecía envuelto en la sombra. Si se levantaba para marcharse. puesto esto es algo que nunca se sabrá. que había entrado en primer lugar y a la que nada había sucedido. por el contrario. Entonces podía oír mejor el ruido de los trabajadores. Y el tictac del invisible reloj era como la voz del silencio que. muy diferente a la primera y bastante diferentes entre si en cuanto al plumaje y a la silueta. incluso en el momento de darles la comida. una pata en el aire. la gallina no se alborotaba. de la hija que gritaba tras las cabras. alerta. no sabía distinguirlas. y a esponjar sus ruidosos plumajes. Estas parecían menos feroces que la gris. sin embargo. Al fin. devorada por la sombra a medida que entraba. la cabeza ladeada. Pero entraba sin cesar. se difuminaban más y más a medida que avanzaban. pues no estaba decidido. al fin. más segura. o una de las grises. el silencio de las cosas que jamás se moverían si de ellas dependiera. se adentraba en la estancia. sólo había una. unos han muerto y los otros han olvidado. Pues de los que lo supieron. Pero a veces. en tinieblas. vencería también un día. antes de que se fuera. Y. después. sucedía que una gallina. por miedo a traicionarse. que gritaba: “¡Titastitastitas!” golpeando una vieja lata con una mohosa cuchara. hasta quedar en tinieblas. se detenía. sin embargo. A veces la seguía una segunda. Alguna vez se volvía hacia ella bruscamente. para saber si había varias gallinas grises o. que la mirada de Sapo. aunque hubiera resultado fácil averiguarlo con sólo esforzarse un poco. Pero a menudo sólo venía la gris. Pero en el fondo de las sombras reinaba el silencio. una tercera. Apenas franqueado el umbral. nunca se sabrá. estremecida. ávida de parecidos. al fin y al cabo. Silenciosas al principio. quizá siempre la misma. ¿de qué habría servido? Bien hubiera podido suceder que existieran varias gallinas grises y que sólo una de ellas entrara en la cocina. Pues bien pudiera suceder que sólo existiese una gallina gris. Lo cual hubiera sido definitivo. Entonces todo quedaría en silencio. Y por poco que el suministro de la luz se debilitara. Y el día en que Sapo quiso averiguar la 20 . poco a poco empezaban a rascarse y a cacarear de satisfacción. Sapo sacaba de sus bolsillos los pobres regalos que había traído. el cuello arrugado. antes de que decidiera irse. desaparecían. tan semejantes en todo lo demás. batiendo los párpados. expedida y renovada desde el exterior. aprovechando que la puerta estaba abierta. Y. Y Sapo. aliviado. exponiéndose a ella. bañándose en ella. el experimento resultaba atractivo. Después avanzaba. al entrar en la habitación. al igual que la sombra. y se iba. Hubiera bastado hallarse presente en el momento en que todas las gallinas corrían hacia la señora Louis. entraba sin cesar y moría. Vivamente iluminadas por un instante.Malone Muere Samuel Beckett En ninguna parte de la habitación la luz era como en el exterior. la estancia se oscurecía más y más. las cosas permanecerían para siempre en su lugar. del padre que injuriaba al mulo.

balanceándose y secándose al sol. era demasiado tarde. si por unos momentos se habían quedado un tanto molestos. pues casi siempre trabajaban lejos unos de otros. pues sabían que no había en ello mala intención. difícil para Sapo deslizarse sin ser visto. discutían entre sí hasta que lo estaban. Entonces se arrepintió de no haber comprendido a tiempo. como esa ave ansiosa y cenicienta. Y Sapo se iba. pues. Y si en un principio no estaban de acuerdo acerca de lo que habían visto y su significado. sus paradas y extravagancias. y no sólo eran capaces de reconocer a las personas que pasaban por allí y a quienes la distancia reducía al tamaño de una cabeza de alfiler. abriendo y cerrando sus ojillos negros y brillantes. Porque el menor movimiento cercano a sus tierras. creyendo haber asistido a una escena cualquiera. deteniéndose a menudo. nada podía suceder sin que se enterasen. y en cuya espera advertía muchas cosas. a pesar de su andar extraño. con miedo. Entonces lanzaban la noticia a gritos. les hacía alzar la cabeza y abrir bien los ojos. a la que echarían a gritos y a escobazos. cada cual exponía su modo de entender el acontecimiento y escuchaba la opinión de los demás. la partida de Sapo rara vez se les escapaba. sin tratar de retenerle ni de gritarle adiós. y a veces también la colada de la ropa blanca. y les impedía tomarlo como una afrenta. algunos de cuyos tramos se divisaban a más de una milla. adónde se dirigían y con qué fin. es decir. irresoluta a la luz del umbral. Era. Se iba por el camino por donde había llegado. sin importancia. suponiendo que hubiera sido capaz de deslizarse. cuyo lecho era un infierno de raíces nudosas. Los Louis le veían de lejos o de cerca. según manda la tradición. pensándolo bien. sin desconfiar. cacareando y picoteando después detrás del hornillo. a la sombra de los grandes árboles que bordeaban el riachuelo. puesto que lo era. Y esos humildes regalos tan útiles y el modo tan delicado de entregarlos. y agitando sus alas atrofiadas. escuchando. o renunciaban a ello para siempre. la importancia que un día tendrían para él esas estancias en la cocina de los Louis donde. andrajosa. sino también de adivinar de dónde venían. alrededor de la mesa o en otra parte.Malone Muere Samuel Beckett verdad. Y así se alejaba casi siempre inadvertido. los desarmaba a todos por igual ante el tazón de leche de cabra medio vacío o dejado intacto. por la orilla de la pradera. para poder aprovecharlo. la cadena y el cubo. Pero. aunque sólo se tratara de un pájaro al posarse o al levantar el vuelo. O. con el torno. con pasos indecisos. y que regresaría. Se agachaba para franquear la puerta y ante él veía el pozo. o se hacían señas. Incluso en el sendero. esperaban encontrarse de nuevo de pie y en marcha. quiero decir de acuerdo. y sin ofenderse por la partida poco amistosa en apariencia. a la vista del sobre estrujado sobre la mesa de la cocina y que contenía algunos artículos de mercería. Y al primer descanso que les reunía. enderezados y vueltos hacía el acontecimiento. antes de encorvarse de nuevo hacia la tierra alimenticia. o unos de lejos y otros de cerca. sin sospechar nada. incluso entre las sombras de los árboles que bordeaban el riachuelo. ni dentro ni fuera. pues más bien parecía chapotear en un 21 . tal sentimiento desaparecía en el acto. piedras y barro endurecido. surgir por detrás de la ropa tendida y meterse en el sendero.

Y cuando se detenía no lo hacía para pensar mejor. por donde se deslizaba el viento. a mi gusto. amortiguado. amarilleados por la cera y la falta de cuidado. después. menos diáfanas que las estrellas y que la Luna apagaba. De modo que creo recuperar el oído de mi juventud. E incluso la arena de la alameda tenía voz propia. y tan largos que me cubren los lóbulos. paseando de la sombra a la luz. sin emoción. Entonces fijaba sus ojos pálidos en la tierra sin ver la belleza. o. que desde hace algún tiempo parecen oír mejor. pero sin malicia. entregado a la alegría de mi alegría muerta. Me llegaba. con su digamos calma. en la oscuridad. y cada uno quizá se preguntaba si los demás sentían lo mismo y se prometía informarse. ya a la sombra de los árboles seculares cuya especie desconocía. que se alejaba tropezando. se miraban unos a otros. Pero sus paradas eran breves. ni la utilidad. el de las ramas. Por aquel entonces. y que desaparecían pronto. Los perros del valle respondían: su gruesa voz llena de colmillos. en mi cama. Pero el de Sapo. me divertí mucho. Así razono ahora. el de los troncos gemebundos. Es su hora. con indiferencia. Y en cada rostro inclinado hacia la tierra vagaba quizá una sonrisita que no llegaba a realizarse. donde vivían los picapedreros desde hacia varias generaciones. apenas perceptible. De la montaña me llegaba además otra alegría: la de las luces difuminadas que nacían al caer la noche. los ruidos se dejan oír de nuevo con una fuerza extraña. Pero ahora. mandíbulas y baba. sabía distinguir. de las que surgen los impetuosos mechones de pelos probablemente amarillos. nunca 22 . mejor. y su murmullo característico durante el buen tiempo. por la noche. que mi alegría muriera. Era el aullido de los perros. hasta mi casa en la llanura. como hace un momento. de la luz a la sombra. Cada árbol tenía su peculiar modo de gritar. en el límite del silencio y de la noche. ya a la luz de la alta pradera (tan inseguro era su paso). Sí. en noches de tormenta. en los villorrios pegados a los flancos de la montaña. en mí. el rumor de las hojas. ¡Oh. hecha de innumerables jadeos que me divertía descubrir. esperando que murieran. antes de encorvarse de nuevo hacia la tierra. o para mejor contemplar sus sueños. entre el aullido del exterior. en mi juventud. uniéndose en manchas apenas más diáfanas que el cielo. Y de nuevo vagabundeaba por los campos. más que de estas miserias. sino simplemente porque la voz que dictaba su avance había callado. Compruebo. se trata de mis orejas.Malone Muere Samuel Beckett charco. ni las florecillas silvestres de mil sutiles tonalidades esparcidas por entre cultivos y hierbas. salvaje y aflautado. en la próxima reunión. De pie ante mi alta ventana me abandonaba a ellas. A lo lejos oía el portal de hierro arrastrarse sobre sus pilares y entrechocar sus hojas abiertas. el de Sapo era un rostro tan grave como el de siempre. incluso el de la hierba y el de la casa que me guarecía. Eran cosas que apenas eran. que se apagaban por sí mismas apenas encendidas. inexpresivo. Cuando me interrumpo. pues aún era joven. La noche sin aliento para mí era otra tormenta. Y todos levantaban la cabeza y lo miraban hacer. allá lejos ante mí. Mi ruido preferido no era nada noble. más bien una mueca.

Un mínimo de memoria es indispensable para vivir de verdad. prisa por terminar. No quería escribir. Es un coro mixto. un coro. Su familia. allí donde le cede el lugar. Pero oigo el ruido de mi dedo meñique que se desliza sobre el papel y el otro tan distinto del lápiz que le sigue. Hace mucho tiempo que canta el mismo canto.. tan distintos entre si. sólo que más corto. o más rápido. aquí está por fin. no sé de dónde. su razón. Pues aunque el viento me lo devuelva de nuevo. pero acabé por resignarme. El volumen sonoro percibido continuó siendo el mismo. se mezclaban en un único y desenfrenado galimatías. Basta. apenas lo veo. es una de las más negras que puedo recordar. no siento la misma necesidad. voy mal. por así decirlo. Debe de ensayar. en el mismo cuaderno. Es justo que también él tenga su pequeña historia. no hay duda. Tengo la absurda sensación de que lo dirige una mujer. Desdichas. pero más lento. Pero en el otro sentido. y que pueda hallar lo bueno en lo malo. si no me equivoco. y cuando disminuye. Tengo poca memoria. ¿por qué no? Y oigo también. No veo nada. y así envejecer dulcemente a lo largo de días siempre iguales. dónde está. de arriba abajo. Vuelta con lo mismo. los de los hombres e incluso los míos. ¿Será la semana de Pascuas? 23 .. Y. y la pared que forma con él un contraste tan sorprendente. Incluso el cristal. lo hace con adelanto. sus recuerdos. debí decirlo antes. no menos brillantes. Pero estoy tranquilo: está anotado en alguna parte. Mi dedo meñique. se adelanta a mi lápiz. pero demasiado lejano para que sus notas puedan llegar hasta mí. Decididamente esta noche no diré nada que no sea falso. no. Quizá con niños también. y cuando se desvanece. Es el único medio de controlarlo. sólo perdí la facultad de descomponerlo. Los ruidos de la Naturaleza. Al principio no escribía. Conozco este canto. no tengo prisa. no tengo tiempo para elegir mis palabras. tengo prisa. de mis desdichas a ese desorden auditivo si por desgracia no estuviera dispuesto a ver en él más bien una ventaja.Malone Muere Samuel Beckett estuve ni parcialmente sordo! Pero oigo confusamente desde hace mucho tiempo. incluso la noche. quiero decir que no me deje perplejo en cuanto a mis verdaderas intenciones. Lo que quiero decir quizá sea esto: que poco a poco los ruidos del mundo. De ahí el niño que yo hubiera podido ser. Atribuiría con gusto parte de mis. respecto a mi propio canto. Ya está: ha lanzado por última vez el grito triunfal que señala el fin. Esto es lo que me asombra y me obliga a reconocer que algo ha cambiado. posado sobre la hoja. la oscuridad es completa. Pero en lo que a mí se refiere. Ya no soy yo. a fuerza quizá de ser siempre los mismos se han unido en uno solo. escribo sobre mí. sin embargo. olvidaba lo que había dicho. Ignoro también mi propia historia. Con el fin de saber dónde estoy. lo malo en lo peor. que sobre él. la olvido. por ejemplo. sin embargo. para convertirse en un solo zumbido continuo. pero no necesito conocerla. hasta el extremo de parecer al borde de un precipicio. o con retraso. sólo hablaba. nada sobre ella. y que tan bien sabía distinguir unos de otros. Porque la tarde. ventajas. Y. después. verdaderamente yo ya no sé. permanece en mí. sino otro cuya vida apenas ha empezado. Es mi excusa. con el mismo lápiz. y morir un día como otro cualquiera. Sí. Pero debe de haber otras. le anuncia cayendo el final de la línea.

etc. me trae el alba y el crepúsculo. revolví entre mis cosas con la esperanza de encontrar uno. mi proyecto de vivir. Tendré que esperar hasta el amanecer. no he trazado una raya. Creo que aún he dormido.Malone Muere Samuel Beckett Contento como unas pascuas. es un viejo conocido. palidecer ante la lívida aurora. por consiguiente. pondría la mano en el fuego. Si mañana necesitara una antigua carta de amor. o de astrología. He tenido que arponearlo. Verdaderamente. etc. Es un Venus. Acabo de escribir: “Creo que aún he dormido. he escrito: “Pronto estaré por fin completamente muerto”. Pero no temía nada. Como desanimados. Lo encontré. aquel que me salvó. Pero hasta entonces puedo perderlo. Tengo una disculpa para no volver sobre este cuaderno. ya no temo nada. y después. se inicia la buena estación. el día que lo necesité. más de ocho días que dije: “Pronto. No me decepcioné. al fin. tomaba el camino de mis otros proyectos. no me sorprendí. De ahora en adelante escribiré en las dos caras de cada hoja. Lo creo sinceramente. Ahora añado estas líneas. por el contrario. veinte siglos atrás? ¿El primero? El grito final lo hace suponer. Es de papel cuadriculado. El lápiz. antes de abandonarme de nuevo. cuando haga el inventario. En vano busco a tientas.” Pero cuidado. Debe de tratarse de cálculos. No lo he atravesado del todo. Debía de llevarlo encima cuando me trajeron aquí. tengo la impresión de haberlas escrito ya en alguna parte. No me abandono con el mismo ahínco de hace ocho días.”. Pero sigo teniendo el lápiz en la mano. Las dos últimas frases. a pesar de todo. Se interrumpen bruscamente. y que. haría lo mismo. El cuaderno ha caído al suelo. un cuaderno”. he aquí lo que escribí al comprender que no sabía ya lo que había dicho al principio de mi discurso. De cara al cristal la he visto temblar. En caso afirmativo. He trazado una raya. Es un cuaderno grueso. palabra por palabra. ¿Cómo es posible que sucedan semejantes cosas? He tardado en recuperarlo. signos y figuras. por ejemplo. de jugar al fin y de morir vivo. y que a decir verdad aún no se ha acallado por completo en mi interior. Quizá sean de astronomía. ¿no será simplemente en honor de aquel que resucitó el primero de entre los muertos. entre mis pertenencias. así. Es muy corto y tiene punta en ambos extremos. sin pasar siquiera a la página siguiente. no encuentro mi cuaderno. He tardado en encontrarlo. por las buenas.”. Las primeras páginas están llenas de cifras. No me he fijado bien. a pesar de todo. diría que prematuramente. Debe bastarme. Dios sabe qué haré entre tanto. estaré por fin completamente muerto. Estaba debajo de la cama. Sólo tendré que decir: “Ítem. con alguna frase de vez en cuando. Debe de hacer más de ocho días que esto dura. Es lo que escribí. No es lo que dije. Sí: “Pronto. A sabiendas de que no poseía un cuaderno. No se trata de un cristal cualquiera. Confío en 24 . y hacer vivir. que aparecía intacta. el canto que acabo de oír. indicando quizá el color. Creo que la aurora se hace esperar menos de lo que me temía. Tiene cinco caras. confío en no desfigurar demasiado mi pensamiento. o dicho. no. pero está en mal estado. ¿De dónde ha salido? No lo sé.

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que cumplirá su trabajo. Decía que no me abandono con el mismo ahínco. Esto debe de pertenecer al orden de las cosas, todo cuanto me sucede debe de inscribirse en él, e incluso mi impotencia para comprender de qué orden se trata. Pues jamás he visto ninguno, ni en mí ni fuera de mí. Me he fiado de las apariencias, aun considerándolas vanas. No entraré en detalles. Resoplar, deslizarse, reponerse, resoplar, suponer, negar, afirmar, negar. Bien. Me abandono, no tan voluntariamente como antes. Así sea. He esperado el amanecer. ¿Haciendo qué? No sé. Lo que debía hacer. He espiado a través del cristal. Me he olvidado de mis dolores, de mi impotencia. ¡Y por fin me ha parecido, por un instante, que iba a recibir una visita!

Las vacaciones llegaban a su fin. El momento decisivo se acercaba, en que se verían justificadas, o defraudadas, las esperanzas puestas en Sapo. “Está preparado”, decía el señor Saposcat. Y su mujer, cuya piedad se avivaba en los periodos de crisis, rezaba por el éxito. De rodillas, por la noche, en camisón, eyaculaba, casi en silencio, porque su marido la hubiera reprobado: “¡Qué apruebe! ¡Que apruebe! ¡Aunque no saque nota!”

Superada esta primera gran prueba habría otras, todos los años, varias veces al año, durante cinco o seis años. Pero los Saposcat creían que no serían tan duras como la primera, la que les concedería, o les negaría, el derecho a decir: “Hace medicina” o “Hace derecho”. Porque consideraban poco probable que un muchacho más o menos normal, si no inteligente, una vez admitido para iniciarse en tales profesiones, no llegara tarde o temprano a ser juzgado capaz de ejercerlas. Pues habían tenido tratos con médicos y abogados, como casi todo el mundo.

Un día, el señor Saposcat adquirió una estilográfica, a precio de saldo. Una Blackbird. “Se la daré la mañana del examen”, dijo. Levantó la tapa de cartón y mostró la estilográfica a su mujer. “Déjala en la caja”, dijo, como si ella quisiera arrebatársela de las manos. Descansaba sobre el prospecto cuyos bordes, enroscados, se juntaban casi en lo alto. El señor Saposcat los separó y aproximó la caja a los ojos de su esposa. Pero ella, en lugar de mirar la estilográfica, miró a su marido. El dijo el precio. “Quizá sería mejor —dijo ella—que se la dieras el día antes para que se acostumbre.” “Tienes razón —dijo él—, no lo había pensado.” —“O incluso dos días antes —dijo ella—, para que tengas tiempo de cambiarla en caso de que la pluma no le guste.” Un mirlo, cuyo enorme pico amarillo indicaba que estaba a punto de cantar, adornaba la tapa. El señor Saposcat la cerró con manos expertas, envolvió la caja en un papel e hizo pasar por encima una delgada gomita. No estaba satisfecho. “Es una pluma bastante buena —dijo él—; seguramente le gustará”

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La conversación se reanudó al día siguiente. El señor Saposcat dijo: “Podría prestársela solamente, diciéndole que si aprueba será suya.” “Entonces hay que decírselo en seguida — dijo la señora Saposcat—; de lo contrario no servirá de nada” A lo cual el señor Saposcat hizo, tras un silencio, una primera objeción, y en seguida, después de un segundo silencio, una segunda objeción. En primer lugar objetó que su hijo, si recibía la estilográfica en seguida, tendría tiempo de estropearla o de perderla, antes del examen. A continuación objetó que su hijo, si recibía la estilográfica en seguida, y suponiendo que no la estropeara ni la perdiera, tendría tiempo para acostumbrarse tanto a ella, de conocer tan a fondo sus defectos, comparándola con las estilográficas de compañeros más afortunados que él, que el poseerla le daría igual. “No sabía que era una baratija”, dijo la señora Saposcat. El señor Saposcat posó su mano sobre el mantel y la miró durante unos momentos. Después dobló la servilleta, se levantó y abandonó la estancia. “¡Pero termina de comer!”, gritó su mujer. Sólo ella escuchó el ruido de sus pasos por el pasillo, alejándose, acercándose, alejándose, acercándose. Un día, Sapo llegó a casa de los Louis más tarde que de costumbre. Pero ¿sabemos a qué hora acostumbraba a llegar? Las sombras se alargaban, perdiendo rápidamente su realce. Sapo se llevó la sorpresa de ver a lo lejos, entre los rastrojos, la enorme cabeza roja y blanca del padre Louis. Su cuerpo estaba dentro del gran foso que cavaba para su mulo, muerto durante la noche. Edmond salió de la casa secándose la boca, y fue a reunirse con su padre. Éste salió entonces del foso y el hijo se metió en él. Al llegar junto a ellos, Sapo vio el cadáver, negro del mulo. Entonces entendió. El mulo yacía sobre el flanco, lo que era normal. Las patas delanteras estaban derechas y rígidas; las traseras, replegadas sobre el vientre. La boca entreabierta, los labios respingados, los grandes dientes, los ojos desorbitados, hacían que presentara una cabeza de muerto poco trivial. Edmond pasó a su padre la piqueta, la azada y la pala, y salió del foso. Cogiendo uno las patas de adelante, y el otro las de atrás, arrastraron al mulo hasta el foso y lo dejaron caer, de espaldas. Las patas de adelante apuntaban al cielo, sobresaliendo ligeramente por el borde del foso. El padre Louis las dobló a golpes de azada. Le dio la azada a su hijo y se dirigió hacia la casa. Edmond empezó a cubrir el foso. Sapo observaba su acción. Una gran paz le llenó. Gran paz, es mucho decir. Se sentía mejor. El fin de una vida, vigoriza. Edmond se detuvo, se apoyó sobre la azada y, resoplando, sonrió. Entre sus incisivos aparecían agujeros rosados. Louis el Gordo estaba sentado junto a la ventana, desde donde podía vigilar a su hijo. Fumaba un cigarrillo, con boquilla, y bebía aguardiente. Sapo se sentó frente a él, posó una mano encima de la mesa y en ella la frente, creyéndose solo. Entre la mano y la frente deslizó la otra mano y quedó inmóvil. Louis empezó a hablar. Parecía de buen humor. El mulo, según él, había muerto de viejo. El día que lo compró, hacia ya dos años, lo conducían precisamente al matadero. Había amortizado, pues, su dinero. Al comprarlo le predijeron que el mulo caería tieso a la primera labranza. Pero

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Louis el Gordo entendía de mulos. En el mulo lo que cuenta es el ojo, lo demás apenas importa. Así que lo había mirado fijamente a los ojos, en la puerta del matadero, y pensó que aún podía servir. Y el mulo le devolvió la mirada, en el corral del matadero. A medida que Louis avanzaba en su narración, el matadero iba adquiriendo cada vez más importancia. Así que el lugar de transacción se desplazaba progresivamente del camino del matadero a las puertas del matadero y de estas pasaba al corral. Un poco más y habría disputado el mulo al desollador. “Pareció suplicarme que me quedara con él —dijo Louis—. Tenía llagas por todo el cuerpo; pero cuando se trata de un mulo no hay que dejarse impresionar por las llagas de la vejez. Es el ojo lo que importa.” Le dijeron; “Ha hecho ya diez millas, se despanzurrará antes de llegar a tu casa.” “Calculé que tiraría unos seis meses —dijo Louis—; ha tirado dos años.” Mientras hablaba no dejaba de vigilar a su hijo. Permanecían allí, uno frente a otro, en la oscuridad, uno hablando, el otro escuchando, y lejos, uno de lo que decía, el otro de lo que escuchaba, lejanos uno del otro. El montón de tierra iba disminuyendo. A la débil luz rasante la tierra adquiría reflejos extraños, se encendía de vez en cuando, como iluminada desde el interior, en la sombra cada vez más densa. Edmond se detenía con frecuencia, se apoyaba en la pala y miraba a su alrededor. “El matadero —dijo Louis—; allí compro mis animales.” Añadió: “Mira a ese gandul.” Salió y reemprendió el trabajo, junto a su hijo. Trabajaron juntos durante un buen rato, sin ocuparse uno del otro; luego, el hijo soltó su pala, dio media vuelta y se alejó lentamente, con movimientos rítmicos y acompasados, pasando sin conmoción alguna del esfuerzo al descanso, como única salida posible. El mulo ya había desaparecido. La superficie, por la que había trotado durante toda su vida, ya no le vería penando delante del arado, delante del carro. Y Louis el Gordo pronto podría labrar aquel mismo terreno con otro mulo, o con un caballo viejo, o con un buey viejo, que compraría en el matadero, que se llama también el desolladero, sin que la reja del arado machaque las carnes fétidas y sin que despunten los huesos que aquellas habían cubierto. Porque no ignoraba la tendencia de los enterrados a regresar de nuevo, contra toda espera, a la luz. Se parecen a los ahogados. Y al cavar la fosa tuvo en cuenta que no tuviera menos de seis pies de profundidad. Edmond y su madre se cruzaron en silencio. Esta regresaba de la casa de una vecina, donde había ido a que le prestaran una libra de lentejas para la cena. Pensaba en la hermosa romana que había utilizado para pesarlas, preguntándose si estaría bien regulada. También pasó rápidamente delante de su marido, sin concederle siquiera una mirada, y nada indicaba, en la actitud de él, que la hubiese visto. Ella encendió la lámpara sobre la repisa de la chimenea, junto al despertador, flanqueado a su vez por un crucifijo colgado de un clavo. Los tres objetos se apretujaban unos contra otros, en medio del estante vacío a ambos lados. El despertador, como era el más bajo de los tres, debía permanecer en medio y a la inversión de la lámpara y del crucifijo se oponía el clavo que mantenía en pie a este último. Ella permanecía con la frente y las manos apoyadas en la pared, esperando el momento de subir la mecha. Por fin la

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Malone Muere

Samuel Beckett

subió y colocó de nuevo el globo amarillo desfigurado por una larga rotura. Al ver a Sapo creyó por un momento ver a su hija. Después su pensamiento voló hacia la ausente. Puso la lámpara sobre la mesa y el exterior se obliteró. Se sentó, vertió las lentejas sobre la mesa y se puso a limpiarlas. De manera que pronto formó dos montoncitos sobre la mesa: uno grande, que iba disminuyendo, y otro pequeño, que iba creciendo. Pero de repente de un manotazo los mezcló, destrozando así, en menos de un segundo, el trabajo de dos o tres minutos. Luego fue a buscar una cazuela. “No morirán si las comen”, dijo, y con la mano empujó las lentejas hacia el borde de la mesa y de allí a la cazuela, como si lo más importante fuera no morir. Pero lo hizo con tan poca habilidad y tanta precipitación, que gran parte de las lentejas, deslizándose por el borde de la cazuela, cayeron al suelo. Después cogió la lámpara y salió, a buscar leña quizá, o un poco de manteca. La oscuridad volvió a hacerse en la cocina, la del exterior se disipó lentamente, y Sapo, los ojos contra el cristal, acabó por distinguir cierta cantidad de objetos pisoteados por la masa sombría del gordo Louis. Que uno se detenga en el mejor momento de un trabajo fastidioso y de dudosa utilidad, Sapo lo comprendía muy bien. Porque muchos trabajos son de esta categoría, digan lo que digan, y sólo se acaban renunciando a ellos. La señora Louis; habría seguido limpiando las lentejas hasta el alba, aunque su objetivo, conseguir dejarlas sin impurezas, no hubiese sido alcanzado. Pero se hubiera parado al final, diciéndose: “He hecho lo que he podido” Y no habría hecho lo que hubiera podido. Pero llega el momento en que uno abandona, por prudencia, sin desmoralizarse hasta el punto de deshacerlo todo. Pero, ¿y si su objetivo, al limpiar las lentejas, no hubiera sido quitarlas todo lo que no fuese lenteja, sino sólo las impurezas más evidentes? Entonces, ¿qué? No lo sé. Puesto que hay otros trabajos, otros días, de los que podemos decir, sin equivocarnos mucho: “Se acabó” Aunque no sé cuáles. Regresó, sosteniendo la lámpara en el aire y un poco apartada, para que no la cegase. Con la otra mano sostenía un conejo blanco, por las patas traseras. Porque si el mulo había sido negro, el conejo había sido blanco. Ya estaba muerto, ya no era. Hay conejos que mueren antes de que los maten, de puro miedo. Tienen tiempo suficiente, mientras se les saca de la conejera, a menudo por las orejas, y mientras se dispone cómodamente la parte a golpear, ya sea la nuca o el cuello. A menudo se golpea un cadáver, sin saberlo. Pues acabamos de ver al conejo vivo, detrás de la alambrada, entre el heno. Y uno se felicita por haberlo conseguido al primer golpe, pues no le gusta ver sufrir inútilmente, porque en realidad uno se apena por nada. Esto sucede sobre todo por la noche, por la noche el miedo es mayor. Las gallinas, por el contrario, tienen la vida más obstinada, e incluso vemos que, una vez decapitadas, todavía pegan algunos brincos antes de derrumbarse. Los palomos son también menos nerviosos y oponen a veces cierta resistencia antes de sucumbir a la asfixia. La señora Louis jadeaba. “¡Bestia asquerosa!”, gritó. Pero Sapo ya se hallaba lejos y dejaba deslizar su mano por entre las altas hierbas ondulantes de la pradera. Poco después, Louis, y luego su hijo, atraídos por el olor, entraron en la cocina. Sentados ante la mesa, uno

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Por consiguiente. dijo. No porque se contuviera cuando su hermana estaba allí. Salió. sería igual. A pesar de todo. Por lo demás. sería actuar prematuramente. Dijo: “Mañana mataremos a Grisette. el espíritu lejos de aquí. como siempre hacía antes de apagarla. Pero la mujer. la madre. la única de la familia que ya no deseaba acostarse con nadie. Pero es difícil mirar sostenidamente a un semejante. gritó. Pero ni su mujer ni su hijo pudieron aprobarle.Malone Muere Samuel Beckett delante del otro. Louis el Gordo la observó. fue hasta la puerta y llamó a su hija. Louis el Gordo les mandó callar y fue a buscar en un rincón la caja que contenía sus cuchillos. incluso queriéndolo. cuando su hermano estaba allí. Estaba sentada delante del hornillo. que sus mejillas estaban humedecidas por las lágrimas. entre tanto. Pero algo les detenía. escuchó. esperaban. y ciertas delicadezas no eran posibles. hablar de los Louis. Acabada la comida. directamente de la cazuela. ahora. Pero todavía era joven. pues esto le era indiferente. continuaré un poco más. “Ya llega”. Tras un silencio. sin embargo. Se sentó junto a la ventana y bajó la mecha de la lámpara. lo otro se pierde. Tenían poco espacio. El incesto. Luego volvió a su hornillo. sólo la señora Louis permaneció en la cocina.” Lo dijo con otras palabras. naturalmente. con una cuchara. Y. hablar de mí. con indiferencia. La señora Louis volvió a la puerta. pero el sentido es este. con todas sus fuerzas. llamó. “¡Líse!”. a ella no parecía apetecerle. Eran tres y se trataba solamente de desengrasarlos y frotarlos un poco unos contra otros. que compartía su habitación. Me oiré de lejos. los Louis. Acababa de ver la Luna. fuese uno u otro. De buena gana se habría acostado con su hermana. Dónde están mis proyectos. Pero. ¡Qué aburrimiento! ¿Y si pasara a la piedra? No. Al quedarse solo con su hija. el espíritu lejos. Louis manifestó: “Mataré a Grisette mañana. no especialmente. Le dijo que comiera y ella se puso a comer lo que quedaba del conejo. Edmond se había retirado. pues. pues no le gustaba 29 . A lo lejos el rebaño le contestó. y Louis el Gordo vio de pronto a su hija en otro sitio y ocupada en algo distinto que en llevar la cuchara de la cazuela a la boca y de la boca a la cazuela. sin un motivo especial. se dirigió hacia ella. con un aspecto abrumado. y el padre también. No. la primera porque hubiera preferido la muerte de Noiraud. habría jurado que no le había quitado los ojos de encima. pues estaba lejos la época en que de buena gana se habría acostado con su hermana. lo veía llegar. tenía proyectos. varias veces. no puedo pararme aquí. entre sus ruinas. quiero decir que el padre de buena gana se habría acostado con su hija. La señora Louis. Quizá tenga para diez años. Pero no llegó hasta mucho más tarde. Entonces. y la sujetarás si quieres” Pero al ver que seguía tan triste. Edmond había ido a acostarse para poder masturbarse tranquilamente antes de la llegada de su hermana. Ella tampoco se contenía. el segundo porque consideraba que matar tan pronto a los cabritos. se trata de los Louis. flotaba en el ambiente. sin mirarse. Los Louis. pensando en otra cosa.

Y el acuerdo sólo llega más tarde. reunieron los recuerdos que él hubiera podido dejarles. La Luna había desaparecido. en los momentos difíciles. los ojos bajos. daba una vuelta alrededor de la vieja casucha. Mortal aburrimiento. es decir. antes de sentarse de nuevo. la esperaba a menudo en la cocina. El cubo estaba en el fondo del pozo y el torno estaba trabado. los útiles y utensilios de todos los días. Hacía sólo cinco o seis años que estaba allí. con horror. Permaneció un instante dudosa. vinculadas unas a otras. En la cocina. que sentí en el mío vaharadas de aire cálido y saliva. Sentada yendo y viniendo. Pero hasta al día siguiente o al cabo de dos días no se decidió a decirle lo que Sapo le había dicho. Cuando el cristal y el globo le parecieron suficientemente enfriados se levantó y sopló dentro. Pero conocemos esta llamita. pero las estrellas brillaban con un vivo resplandor. puesto que no era propiamente una luz. Era así. Ésta. se hundían desmayadamente en su espíritu. saliendo. y él también sin duda en el suyo. pero mejor que en la cama. sobre todo en verano. Le gustaba. Algunas parecían referirse a su hija. descansando mal. ayudándose unos a otros y esforzándose por ponerse de acuerdo. la segundona de sus inquietudes. el día menos muerto. a la noche de día. cuando necesitaba coraje. Entonces abría mucho los ojos para permitir a los candidatos admirar la profundidad de mi mirada y los reflejos que hacia nacer en ella todo cuanto no se decía. Las miró un buen rato. secándose los ojos y la boca. estuvo a punto de levantarse y reunirse con ella. Un día pedí consejo a un israelita acerca de la cognación. andaba por la habitación o. con las manos apoyadas sobre la mesa. los resistía mejor que tendida. con el olvido. esos temblores en la sombra turbada. que se iba para siempre. como suele hacerse incluso con los muertos más insignificantes. tiesa en una silla o caída sobre la mesa. la noche le parecía menos noche. y día y noche. Sus dedos se pasearon a lo largo de los eslabones ondulantes. La luz que ella concebía bien. Fue hasta el pozo y agarró la cadena. se decía sin atreverse a creerlo del todo. el día despertaba en ella otros afanes: los de la vida estúpidamente tenaz y sus asiduos dolores. impregnada de penas diurnas. apretar con sus dedos la vieja mesa alrededor de la cual vería tan pronto sentados a los suyos. la abrió y miró hacia el exterior. casi sin dormir. dispuestos a ser usados. esperando que ella les sirviese. al atravesar mi pantalón de 30 . Entonces. puesto que estaba acostumbrada a ella. al día por la noche. Acabados los trabajos de la jornada. Debió de ocurrir durante la época en que yo buscaba aún a alguien que me fuera fiel y a quien yo lo fuera. Sabiendo que su madre velaba. no pudiendo dormir. A veces se levantaba. entristecerme ante el charco que el orín. tranquilo por fin. Fue hasta la puerta. Lo veo de nuevo. “Tengo una enfermedad de mujer”. Era un espectáculo que más de una vez la había consolado. Nuestros rostros estaban tan próximos uno del otro. permanecía desde hacia algún tiempo al acecho.Malone Muere Samuel Beckett apagar una lámpara aún caliente. esa luz que le habían dicho siempre que ella no podría concebir. y sentir a su alrededor. y yo. Preguntas informes. Desde el fondo de esa fatiga sin fin no cesaba de clamar.

en el fondo. Lo que me encorajina ahora son los bebés que aúllan. Por qué no. no gano nada suponiéndome en el subsuelo si hay varios. Pero. pero desgraciadamente yo le repugnaba. pero mejor veamos cómo suceden ahora. pero no pasaba de la famosa restricción. y. diré su nombre: Jackson. Intenté a continuación. que suben hacia mi? Quizá haya otras cuevas aún más profundas que la mía. Las tres primeras palabras el pájaro las pronunciaba bien. unos encima de otros. Todo permanece. Pero en cuanto a compañeros mudos. todo te hace permanecer. sin embargo. perchas. los pasos por la escalera. vacilo en dar. rojas. de verdad. Había demasiadas cosas. En tal caso. Nicholson y Watson. Las cosas debieron ocurrir así. permite afirmarlo. poniendo los ojos en blanco. Las puertas que crujen. el corazón palpitante. no sé por qué. No estoy. Ahora que ya no le necesito. De ahí a deducir que son puras y simples alucinaciones hay un paso que. No quiero demostrar nada. yo miraba a los viejos con asombro y horror. Desgraciadamente ignoro en qué piso estoy. ¿y esos ruidos que suben. en el subsuelo. hablándose incluso. me arrojaría por la ventana. yo me hubiera encontrado estrecho en ella. bien arreglada. así como a Johnson. etcétera. nada me han dicho al respecto. Pero. Polly se enfadaba y se retiraba a un rincón de su jaula. Yo tenía la impresión de que la idea del rebaño errante le encajaba más a él que a mí. chocolate. todos unos cerdos. couah. ¡Qué aburrimiento! ¡Yo que creía haberlo combinado todo tan bien! Si pudiera usar de mi cuerpo. Mis relaciones con Jackson duraron poco. el problema de saber en qué piso estoy se plantea de nuevo. por muy poco. al que enseñaba a decir: “Nihil in intellectu”. en verdad. etc. Jackson me llamaba el carnero. Por otra parte. jamás tuve otra idea que la del viento. ese viento que apenas me había sido proporcionado. o un perro joven. con trapecios. durante cierto tiempo. que en esta casa hay gente que va y viene. couah. Sólo sé que hay seres vivos por encima de mí y por debajo de mí. La casa está llena de bebés. o un perro viejo aún mejor. reprimiendo mis gestos. Pero los ruidos. que creo oír subir hacia mí. Pero quizá porque estoy impotente me permito aún tal pensamiento. irritándose. había formado a mis pies. comederos. ¿lo hacen realmente? Nada. Eso se dice. quizá por el dicho francés. así como muchos hermosos bebés. bebederos. Suave mare mágnum. Habría deseado que él tuviera un gato. descubrir un alma hermana entre las razas inferiores. rampas y huesos de jibia en cantidad. los pasos. Wilson. Era una jaula muy bonita. Y creo. pues. esbozando rictus. a través de mi ventana. Lo habría soportado como amigo. algunas veces veo el cielo. amarillas. sobre todo desde hace algún tiempo. De joven. se encarnizaba en corregirle. a los que sus padres trasladan 31 . quizá sólo esté en el entresuelo. sólo se oía: “¡Couah. los ruidos callejeros. Con los locos también fracasé. couah!” Y cuando Jackson. Pero esto no demuestra nada. otras ventanas que aparentemente se encaran con la mía. Y si los apestados hubieran sido de más fácil acceso me hubiera introducido entre ellos.Malone Muere Samuel Beckett parte a parte. sobre todo para quien desembarca. Quizá después de todo me halle en una especie de cueva y el espacio que tomo por una calle sólo sea una larga zanja a la que dan otras cuevas. sólo disponía de un loro gris y rojo.

empezó a ponerse. pero hablo por hablar. ¿Y qué significa. no sabría situarlos. de modo que aquí todo se baña. apoyando este punto de vista. Pero. y la noche. era la de la tarde. como yo. en vez de ser la de la mañana. nunca verdaderamente luz. por consiguiente. incluso antes. a la pareja de enfrente. a las transformaciones del cielo. desde la mañana. pensándolo bien. quiero decir. Nada se parece tanto a un paso que sube como un paso que baja. pero no entra. si no. E invoca. sin embargo. el aire centelleante. la luz se hizo de nuevo y pude agarrar con mi bastón los objetos que necesitaba. pues parece venir de todas partes a la vez y con idéntica energía. En tal caso. previendo el día en que tendrán que desplazarse sin ayuda. es difícil saber de dónde viene. es un hecho indudable. Ejemplo. lo que no es mucho decir. incluso oscurece por completo con frecuencia. no poder decidirme a afirmar que también lo he conocido. por decepcionante que sea. La luz. Pero el sentido común quiere que aún no haya dejado de jadear por completo. Tomemos por ejemplo la luz reinante en este reducto. el granito de la pared de enfrente brilla con toda su mica. todo ese trabajo ha resultado completamente inútil. el trabajo que me tomo desde hace algún tiempo. sino en una especie de luz plúmbea que no arroja sombra y que. sino que está medio sordo la mitad del tiempo. Y el Sol. Pero lo contrario en cierto modo. quiero decir para quien. salvo que lo debía al sentimiento de no tener para mucho tiempo. diré francamente que nunca hay luz a mi alrededor. etc. Quizá expiré en el bosque. y me apena. por así decirlo. Y he aquí que dicha claridad. debo confesar que jamás lo he conocido. no diré en sombras. Hay una especie de noche y de día a mi alrededor. Pero todo ello quizá sólo sea en realidad mis gusanos. diversas consideraciones concernientes por ejemplo al pequeño montón de mis pertenencias. Es extraña. Y. desde luego. está afuera. de que esté ya muerto desde hace tiempo y de que todo continúe más o menos igual. la necesitaba para hacer ciertas cosas difíciles de realizar en la oscuridad. no sólo ignora dónde se encuentra y en consecuencia. es lo menos que puede decirse de ella. Y estoy seguro de que. No se me escapa. a la que creía haber despedido a mi modo. el que aquí no haya ningún color. debajo de mi cama en estos momentos hay la misma luz que en el techo. verdaderamente lo menos. cayó de nuevo implacable. a mi método de nutrición y de eliminación. salvo en la medida en que 32 . a menudo he llamado a la noche con todas mis débiles fuerzas. o incluso que va y viene sin cambiar jamás de nivel. qué debe esperar exactamente.Malone Muere Samuel Beckett con frecuencia de lugar para que no se habitúen a la inmovilidad. quiero decir el día terminado en el crepúsculo del alba. pero no ocurre siempre del modo al que estaba me parece acostumbrado antes de encontrarme aquí. Y poco a poco. en efecto. y yo esperaba el alba con cierta impaciencia. ni siquiera en penumbra. así como muy a menudo he llamado a la mañana desde el atardecer. lejos de elevarse cada vez más en el cielo como yo esperaba. la posibilidad. nada vale lo que un ejemplo: una vez se hizo la oscuridad en mi habitación. la luz está en mi cristal. por ejemplo. por hablar. con un fin acerca del cual no recuerdo gran cosa. Pero antes de abandonar este tema y de pasar a otro. desde el punto de vista sonoro.

buscar una cerilla entre tus cosas. inquieta. al capricho de los remolinos. qué sé yo. Y entonces en alguna parte del centro se atan y desatan otras olas. Sería necesario para ello que me dieran una lámpara. no quiero negarlo. sí!. como en la atmósfera terrestre.. la de los hombres que saben que el sol sale a tal hora y que a tal hora se pone de nuevo por detrás del horizonte. ver si arde. por ejemplo. 33 . aunque siempre acaben por disiparse tarde o temprano. como hace la gente de enfrente. otros asaltos. Y poco a poco mi reducido espacio zumba de nuevo. me contentaría con decir que nada tiene de. y la mía. es como quien dice el alma que hay que cegar. ni materia. de los que digo en mi ingenuidad que se detienen. E incluso mi noche no es la del cielo. una antorcha. lo mismo que mis sábanas. pero soy yo quien lo digo. y eso es algo que no perdona. Incluso yo soy gris. ¿es el vacío? Veamos.. Es difícil pronunciarse. tengo mis pequeñas distracciones y deberían. nada de negativo quizá. Y cuando observo el techo.? Sí. pues mi impotencia tiene limites. Evidentemente el negro es negro en todas partes. que estas ocho. cuando en realidad nunca se detienen. ¡Ah. ni barcos. no. murmullos. pues también yo debí haber vivido.. pero como yo sí puedo. y en efecto con frecuencia creo estar en una cabeza. veo que no hay posibilidades de producir luz en mi habitación. y yo dentro. eso jamás. sus ocasos y auroras. incluso a veces tengo la sensación de emitir gris. de los moribundos y de los enamorados. pasos. No es una cuestión de párpados. pero de ahí a decir que es mi propia cabeza. y que cuentan con ello. artificialmente. he debido decirlo. y cuyas nubes son siempre previsibles. los cierro de verdad. O es la tempestad que se levanta. tus pertenencias. entonces a veces mi cama se eleva y boga por los aires. Y el cráneo. y cuando todo calla lo oigo lanzarse contra los tabiques que lo rechazan naturalmente. pero no sé si este aire es de los que se prestan a la combustión. lo acepto. gritos. y entonces el juego o conflicto estallaría a mi alrededor entre el gris y el negro al que recubre más o menos. como una brizna. por ejemplo. Entonces es el silencio. Los ruidos. no. acechante. cómo decirlo. de ahí sin duda el débil ruido de arenas movedizas que es mi silencio. y oculta los gritos de los niños. Pero mi luz también tiene sus alteraciones.Malone Muere Samuel Beckett esta especie de incandescencia grisácea pueda serlo. aguda. Diréis que en mi cabeza. del cual. iba a decir según la hora. por suerte. esa alma que de nada sirve negar. se interrumpen también durante jornadas enteras. como no pueden hacerlo los demás. Y si cierro los ojos. jornadas de los otros. estas seis paredes son de hueso macizo. podríamos hablar de gris sin duda. ¿Pero cómo es posible entonces que mi reducido espacio no se beneficie de los astros que a veces logro ver brillar a lo lejos y que esa Luna donde Caín pena bajo su fardo no me ilumine jamás el rostro? En una palabra: parece haber la luz del exterior. pero no siempre parece una cuestión de horario. Memorándum. ni entendimiento. Una especie de aire circula en su interior. las paredes. revolviéndose en su jaula como en un farol en la noche sin puertos. advertido..

¿cuál puede ser la diferencia desde el punto de vista de la duración?” ¡Ah. no hay remedio. los restos mortales y ciertas partes del cuerpo todavía vivo que pierden color y de las que la sangre se retira a la larga. he hecho un curioso descubrimiento: el suelo se vuelve blanco. y llegará el día en que no quede más que un fragmento tan ínfimo que ya no podré sostenerlo. creo que incluso me haría bien.Malone Muere Samuel Beckett Qué desgracia. falso. debería mejor decir infraficies. Utilizo sucesivamente ambas puntas. Por eso aprieto lo menos posible. uno francés. Pero me digo: “Entre una mina dura sobre la que es necesario apretar para que marque. De esta manera mi lápiz se acorta poco a poco. no me haría ningún daño. como dos derrumbamientos de arena fina o quizá de polvo o ceniza. por así decirlo. al emprender la caza del lápiz. todavía verde sin duda. un largo cilindro apenas comenzado. esa querida cosa que es la ausencia. me volvería más alegre. ya no lo sé. Es un Venus pequeño. y tan corto que tiene el sitio exacto. en una palabra. es el mismo gris que 34 . lo que es más extraño todavía si tenemos en cuenta que las cosas en general tienden más bien a ennegrecerse con el tiempo. en algún sitio de la cama. ya que el resto no es de mi incumbencia. tanto la horizontal como las perpendiculares. Y. les saco punta con mis uñas. estoy inquieto. En realidad debería perder mi lápiz más a menudo. para mi pulgar y los dos dedos siguientes unidos en pinza. amarillas y afiladas y se quiebran fácilmente por falta de cal o quizá de fosfato. Y he podido comprobar que todas esas grandes superficies. sin embargo. me gusta chupar. por tanto. quiero decir lo que se refiere a Malone (puesto que así me llamo ahora) y al otro. Durante este tiempo la arena no dejaba de correr y yo me decía: “Nunca lo conseguiré”. en el centro. por supuesto. he de decir que no. tengo pequeñas distracciones. creo. por ser el retroceso demasiado grande o quizá insuficiente. que son largas. sí!. sería más alegre. Ahora mismo. dejando aparte. chupándolas a menudo. han palidecido sensiblemente también. Lo que le falta a mi bastón es una pequeña trompa prensil como la de los tapires nocturnos. Y era. he mirado con atención las otras grandes superficies. refiriéndome al lápiz. Lo más curioso es que tengo otro lápiz. Alarmado por eso. desde la última inspección que data de no sé cuándo. y afilado por ambos extremos. de cinco o seis caras. creo. Y cuando se gastan las minas. y una mina blanda y grasa que ennegrece la página casi sin tocarla. el lápiz ha debido de caérseme de las manos puesto que sólo tras cuarenta y ocho horas (ver en algún lugar más arriba) de esfuerzos intermitentes he logrado recuperarlo. ahora que sé lo que ocurre? Pues bien. Lo he golpeado con mi bastón varias veces y ha producido un sonido hueco y seco a la vez. y que dejaran tras de mí. pero la mina es dura y no dejaría marca si no apretara. sólo sé que me han permitido resolverlo todo y terminarlo todo. cada uno en su lugar y situación. Durante ese tiempo intentaba intermitentemente volver a conseguir mi lápiz. Acabo de pasar dos días inolvidables de los que nunca sabremos nada. sobre mí y a mi alrededor. aunque no parezcan muy perpendiculares desde aquí. ¿Quiere esto decir que hay más luz a mi alrededor. de importancia ciertamente desigual. No hay nada que temer a ese respecto. pero de alguna manera concertados.

hasta el punto de ocultarlo todo a mi mirada excepto la ventana. me acaricia. pero pronto me hice con él introduciendo el gancho de mi bastón por una de las desgarraduras de la cubierta y recogiéndolo con suavidad. Puesto que ya me lo esperaba. la de una mano cansada y ciega que hurga desmayadamente en mis partículas y las hace fluir entre sus dedos. ¿de qué serviría? ¿O de aquellos otros en que cabría por el ojo de una aguja. No. yo que toda mi vida he andado a tientas. que en cierto modo parece ser mi ombligo. que yo sepa. me decía también: “Todo volverá a oscurecerse. y de la que me digo que el día en que también se eclipse sabré más o menos a qué atenerme. hurga. y a veces saquea. un montón que va disminuyendo grano a grano hasta que. incitada por el cansancio.” Y es sin demasiada tristeza que nos vuelve a ver tal como somos. tan endurecido y encogido estoy? No. a juzgar por ciertos indicios. y hasta recuerdo claramente la tapicería o papel pintado adheridos aún a los muros en algunos lugares y en los que se retorcían rosas. la idea de que sabía ahora lo que tenía que hacer. Pero de todo eso nada parece sobrevivir ahora. supongo que todo en mi cabeza se deslizaba y vertía como a través de compuertas. E incluso me sucede. distraídamente como suele decirse. violetas y otras flores en tal abundancia que me parecía no haber visto en toda mi vida ni tantas ni tan hermosas. Estaba hablando de mis pequeñas 35 . que por momentos literalmente reluce. hablar de esos períodos en que me licúo y me vuelvo barro. Pero he sentido tantas cosas extrañas y seguramente infundadas que quizá valdría más silenciarlas. y qué hermoso!”. y si en el techo no había flores había sin duda alguna otra cosa. se espesa si se quiere. en el confín de esas inquietas tinieblas. cuando todo está tranquilo. Y mientras perseguía mi lápiz. ni de Malone ni del otro. yo seguía muy bien las diversas fases de aquel parto y no me extrañaba en absoluto verlo tan pronto reducir como acelerar su marcha. Pero en seguida se estremece. y cuya inmovilidad era también una especie de ir a tientas. mientras me decía: “¡Por fin!” Y he de decir en lo que a mi respecta que tal sensación me es desde siempre familiar. eso son agradables tentativas que en nada cambian el asunto. hasta que finalmente no quedó ya nada. mi cuaderno de colegial. en un momento dado. lo que no ocurría hasta ahora. como para vengarse de no poderme barrer. el sentirla hundida en mí hasta el codo. pero tranquila y diríase que dormida. algo como osamentas. la mano empieza a juguetear. muchas veces me he quedado parado a tientas. también desaparecidos. sí. tan claras veía las razones por las que las cosas no podían suceder de otro modo. La comprendo. Cupidos quizá. Ya que mientras me decía: “¡Qué sencillo es. independientemente del espectáculo. luego se enturbia y se apaga. se despierta. Y es más. a coger puñaditos de granos y a dejarlos caer sobre el montón. Y durante todo este tiempo. En lo que por supuesto me hacía ilusiones una vez más.Malone Muere Samuel Beckett antes. todo cuanto quiero decir es que desencajando los ojos veo relucir. tan fértil en incidentes y contratiempos. Y también me divertía. aprieta. cayó también al suelo. Por ejemplo. quiero decir creyendo ver por fin claro en mis absurdas tribulaciones pero con todo no hasta el punto de poder ahora guardarme rencor. para mi regocijo. a saber.

Sí. no daré vagidos. para tenerla en mis brazos. en la ignorancia de lo que hago. ya que nunca se ha tratado de otra cosa. vivir el tiempo suficiente para saber qué es el gas carbónico libre. está muerta. vida y muerte. que haya vivido o no. por el momento. Pero decir en qué se resuelven exactamente. como siempre. sin embargo. hinchándome. la devoraré. o no habría empezado.” ¿Y qué ha cambiado y por qué me excito de esta manera? No. hinchándome. quizá papá también sea de la partida. que yo recuerde. Si. Todas las cosas que siempre han sido. digámoslo.” Por otra parte. por falta de amor. de si soy. de dónde soy. Y si hablo de mi mismo. mientras entre el ruido del viento las olas me azotaban con espuma. diga lo que diga. es mejor así. eso nunca.Malone Muere Samuel Beckett distracciones e iba a decir. Y. y que devoraré como he devorado a los otros. Se me ha ido de la cabeza mi pequeña idea. canoso e impotente. iré a dar en pleno osario dando vagidos. No hace falta la memoria. un homúnculo. la vida pasa. y luego dar las gracias. o suspirando sobre la playa y apenas asiendo los guijarros. por la noche. haré lo que siempre he hecho. he aquí mi actual idea. ¿para qué? Cuántas historias me he contado. creo. por tanto. brillaban las lucecillas amarillas y breves de los hombres y toda la noche los grandes fuegos blancos o de vivos colores que venían a las cavernas en que yo era dichoso. soy dueño de mi leyenda. me sería imposible. o excesivamente parecida. mierda. He debido tener mis nociones. Luego me quedaré solo un buen rato. y del otro que es mi criatura. no he de nacer y. va a malparir por gangrena. tanto se parecen las ideas cuando se las conoce. mi sueño. intentaré hacer. desgraciado. mi madre ya no lo soporta. que haría mejor contentándome con ellas que lanzándome a esas historias disparatadas de vida y muerte. ni para quién. jugando con conos y cilindros por ejemplo. bosques y desiertos y he estado mucho tiempo llorando a la orilla de los mares frente a islas y penínsulas en donde. Y viéndola malograda. y creo que sí. no feliz. Nacer. hubiera seguido tan tranquilo aburriéndome mortalmente. no. Ése siempre ha sido. Quizá sea la misma. sin saber cuál ha de ser mi oración. en el fondo. me parece que nací y que he vivido mucho tiempo y encontrado a Jackson y vagado por ciudades. una criaturita a mi imagen. con los granos de mijo de los pájaros y otros panizos. que esté muerto o sólo agonizante. no puedo detenerme. por otra parte. adherido al moho. esperando que alguien se tome la molestia de venir a tomarme las medidas para el ataúd. 36 . acabo de tener otra. es decir. la he podrido. poco importa que haya nacido o no. he aquí que soy un viejo feto por el momento. al empezar. no esperaba eso. mi sueño. es. suponiendo que se trate de eso. Son imprecisas. me habría quedado tranquilo. nunca moriré. en el fondo. Tantas cuerdas y nunca una flecha. Pero no importa. agazapado sobre la arena al abrigo de las rocas entre el olor de las algas y de la roca húmeda. sino deseando que la noche no termine nunca ni retorne el día que hace decir a los hombres: “Ea. Y diciéndome: “Ya está. de quién soy. hay que aprovecharla.

Es casi un viejo ahora. aunque las vestiduras nada importan. cargados de equipaje. los esconde en parte. Fue en medio de la ciudad donde reparé en él. la barahúnda de los cretinos. en lo bajo del tronco una. Y efectivamente el abrigo termina en flecos. E incluso los pies. No. ¿Qué más necesito? Sí. Porque está tan bien abotonado de arriba abajo. Me deslizo en él. ya que las mangas de ese tapapringue están 37 . y donde había sol y cobijo para quien los necesitaba verdaderamente. pero ya nunca habrá otras. eran gratuitas por así decirlo cuando se sabía cómo hacerlo. ¿En qué lo he reconocido? No sé. ¿Y qué ha podido cambiarlo hasta este extremo? La vida quizá. juiciosamente colocados el uno junto al otro en el suelo. donde los fémures forman ángulo recto con la pelvis. Entonces es difícil creer en aquellos cortos años en que los panaderos solían ser indulgentes al final de la jornada.Malone Muere Samuel Beckett He tardado en volverlo a encontrar. ¡Pero se trata realmente de mí! Y hételo tan tranquilo en su banco. preguntándose si no está muerto sin saberlo o ha vuelto a nacer en algún sitio. a la búsqueda del calor y las cosillas no demasiado malas de comer. Es un ser todavía vivo y de sexo masculino. Alrededor. ya que en la pose no hay abandono alguno. y vestido como vamos a ver. el faldón de su abrigo barre literalmente el suelo y deja oír un ruido de cola. Pero son territorios sin restos ni marcas. siempre me han gustado las manzanas. sin duda con la esperanza de aprender algo. Y si hace ya mucho tiempo que las lleva. los días fueron cortos entonces. y que se degusta trotando al solecillo. Y se cree que así será para siempre. en el sentido de que lo envuelve y lo sustrae a las miradas. de espaldas al río. por medio de una quincena de botones. y también en las mangas el entramado se aprecia a simple vista y está previsto de hilachas que juguetean al viento. lo presiento. no hay por qué decirlo. Quizá no es él. viviendo esa vida a punto de acabar que es como una convalecencia. lo sé. hijo bien amado de la Aurora. siempre allí donde no deben a la hora en que no deben. pero ya está hecho. lo sé. así como suena. son las últimas. no importa. y las manzanas. uno se pierde en inmensos matorrales crujientes o lanzando a través de estepas azotadas por tempestades. sentado en un banco. y a no ser por la ausencia de ligaduras podría creerse sostenido por ligaduras. a juzgar por lo usadas. o simplemente está erguido. no sé en qué lo he reconocido. a primera vista. comprando tickets. los intentos de amar. Pero de pronto todo vuelve a ponerse a rabiar y a retumbar. Pero es sobre todo el abrigo lo que llama la atención. como la del Coloso de Memnón. no obstante la doble quebradura del cuerpo. como corresponde. cuando anda. que no deja entrever nada de lo que transcurre en el interior. colocados a tres o cuatro pulgadas como máximo uno de otro. Ahora es mío. Y las manos también están ocultas. Poco importa. como ciertas cortinas. y bien empleados. por los pasillos del metro. si mis recuerdos son míos. Pero acabaré seguramente por encontrar vestigios. Lo que equivale a decir que cuando anda. otra en las rodillas donde las tibias vuelven a tomar la posición vertical. ¿En qué lo he reconocido? Quizá en los ojos. no me desdeciré de nada. de comer. tan inmóvil y rígida y constituida por planos y ángulos distintos es la pose. o bajo tierra. de escapar a los justicieros.

por el momento. estar encima y por encima del todo. si me acuerdo. Pero todos tienen más o menos dos pulgadas y media de largo y de esta manera impiden que los dos paneles se separen uno de otro. sin embargo. también hay otros que no tienen forma bien definida. yo mismo he debido verlos. para más seguridad. El sombrero altivamente abombado. una vez estas desaparecidas. probablemente destinado a facilitar la introducción del cráneo. ya que si entre estos bastoncillos o clavijas hay en verdad algunos cilíndricos. todo lo que puede decirse es que casi parece fieltro. que se alza. con un orificio en el centro por el que pasa el hilo. sino más bien cilindros de madera. el otro en una sombrerería. ni siquiera me extrañaría haber viajado en ellos. del que todo cuanto puede decirse es que a pleno sol revela débiles reflejos gamuza y gris perla y que en otro caso recuerda al negro. este es excesivamente pequeño. quizá el mismo día. En lo que se refiere al paño de esa prenda. Sí. no obstante. altiva e impasible. las pasiones lo han marcado. Y nada tendría de extraño que el sombrero hubiera pertenecido antaño a cualquier deportista. Eso por lo que al abrigo se refiere. Y cuando digo cilindro quizá exagero. lo más importante quedaría por decir. por el mismo 38 . El cuello. ha permanecido. de un verde como de coche de alquiler. Y uno se dice que después de todo pudieron ser comprados. consecuencia del uso. al ver lo bien que casan sombrero y abrigo. intacto. de dos o tres pulgadas. de terciopelo o quizá de pana. o a un criador de carneros. Me contaré cuentos sobre los zapatos otra vez. Y si se apostara que. ya que esa es. ya que había antaño coches de alquiler y carrozas con tableros de un hermoso color verde botella. el abrigo era de un hermoso color verde liso. un buen rato aún. un cordel ata el sombrero al primer botón del abrigo contando de arriba abajo. hablando en puridad. no se correría gran riesgo. todo lo que puede decirse es que en él predomina el verde. aunque eso poco importa. no son. en la misma época. Al considerarlos no ya por separado. Pero aunque nada quedara por decir de la estructura de tal sombrero. sin parecerlo nunca del todo. de nuevo. Pero nunca se sabe. En cuanto a los botones. se recibe una agradable sorpresa. dígase lo que se diga. Puesto que abrigo y sombrero tienen esto en común: que si aquel es demasiado grande. puesto que el color es también cosa de importancia. sino en sus relaciones recíprocas. el uno en una sastrería. lleva en la parte posterior un ancho surco. tienen todos eso en común. estoy hablando por supuesto de su color. verdaderos botones. duro como acero. el ala estrecha y redondeada. probablemente los actos también. o a un aficionado a las carreras de caballos.Malone Muere Samuel Beckett hechas a ejemplo del resto. Pero quizá hago mal en llamar abrigo a aquella prenda y debería mejor ver en él un gabán. a excepción evidente de la cabeza. y esto por el ensanchamiento desmesurado de los ojales. ya que un agujero es más que suficiente. pero diríase que ya no sufre más. En lo que al color respecta. en efecto. Y los huecos y protuberancias que en él producen las varias torsiones y contracciones del cuerpo permanecen. la impresión que causa. fuera de su alcance. de nada sirve negarlo. Y aunque los bordes así hendidos hagan de mandíbulas de cepo. o incluso un sobretodo.

al tomar cada ser el camino que le ha sido trazado. rosa y verde. que para tantas personas vuelve a abrir el camino del descanso y las distracciones. esa hopalanda. pues de verdad existen hombres hermosos que tienen seis pies de altura o incluso más. alrededor de las desembocaduras de alcantarilla. felices. la mayoría de 39 . subyacente e incluso íntima. Pero pasando ahora a la vestimenta propiamente dicha. no importa cuál. los días de hastío. es difícil anticipar nada con certeza al respecto. ya que Macmann estaría desnudo como un gusano bajo ese. pero no hay tiempo que perder. precisamente esa tarde. no.. pero el río se le hace quizá presente en el griterío horroroso de las gaviotas que la noche congrega. dar una vuelta en libertad con un semejante. o bien sin explicación ninguna. para disolverse acto seguido. que hacen que uno casi se resigne. frente al hotel Bellavista. El agua mece ya. Sí. sobre la acera. de la tienda. Le vuelve la espalda. en fin. puesto que hasta ahora no hemos visto más que la manifiesta. en resumidas cuentas. excepcionalmente. las de los almacenes y las otras puertas.Malone Muere Samuel Beckett dandy. Desde la mañana está ahí y ahora cae la tarde. como aturdidos. dan unos pasos en compañía para separarse en seguida quizá diciéndose cada uno para su coleto: “Ahora va a creer que todo le está permitido”. para empezar. la que cualquiera podría ver. a la inmortalidad del alma iba a decir. o una frase probablemente más corta o incluso inacabada. Pero a lo que él se encara es a las personas. las de las oficinas. Lo fastidioso es que no se mueve. a esa hora. Entonces. en el estilo de las únicas que alivian de las menudencias de la vida social. enfebrecen por última vez sobre los desperdicios. cargadas de barriles vacíos. Las puertas. incluso esos se saludan en la mayoría de los casos y se separan. ya que a fin de cuentas cada uno tiene sus costumbres y conoce las de los otros y lo poco que con ellos se puede contar. cualquier cosa. Los grupos así devueltos a la libertad permanecen un instante compactos. las parejas. de encontrarse con otro poseído por la misma necesidad. diciendo los unos que tienen prisa. Dentro de una hora será de noche. pero no veo la relación. E incluso los que se saben llamados a emprender el mismo camino. pequeña y distinguida. a la salida del taller. Ya que Sapo. hasta el punto que nada de él aparecería al exterior. Y tanto peor para el que desea. una vez ha terminado la jornada. apaga con su chapoteo y luego de nuevo despliega en largas oleadas temblorosas. en fin. anaranjado.. Por tanto. no es mucho mejor. pero con corrección. con toda la larga velada ante ellos. no es grande. también ellas. puesto que. ya que el número de los caminos que pueden tomarse. antes de alcanzar las altas peñas nocturnas. vomitan cada una su porción. con los paroxismos del hambre.. Entonces. las lejanas llamaradas del ocaso. numerosas en la calle a aquella hora. no puedo seguir llamándole así. y hasta me pregunto cómo he podido soportar hasta ahora este nombre. y lo demás en proporción excepto la cabeza. pretextando los otros una gestión que hacer en otra parte. Se remolcan al puerto las últimas gabarras de chimenea negra y roja. en el arroyo. a menos que tenga la suerte. puesto que Macmann. Y agrada verse una vez más en presencia de una de esas inmutables correspondencias cuyos elementos se envilecen al unísono. por el momento.

obstruyendo los aledaños de los lugares de placer. no tardan en llegar allí donde se los espera. con aspecto abatido. una vez declarado el lugar al que desea ir y sabiéndose tan impotente para modificar el curso de los acontecimientos como la oscura cochiquera que lo contiene. por el camino más corto o dando un rodeo. entonces levanta la cabeza. las piernas tapadas. completamente solo en su banquillo a diez pies del suelo. Y luego vendrá el sueño. supongo. casi hasta el suelo. al menos al principio. o al hotel. o por el contrario cuando el correón comienza a oprimirle el espinazo. los adioses entre bostezos. puesto que no hay cuatrocientas clases de viajeros. irguiéndose a medias e inclinado hacia adelante. Entonces se ve al caballo. o terminado el buen rato. Se ve también al cochero. a fe mía. ya que. a través de la muchedumbre de los demás desplazados. acodados en los parapetos. es decir. se abandona quizá al agradable sentimiento de haberse liberado de toda responsabilidad. junto a gentes acomodadas. o de carga. los demás a la calle como suele decirse. hacia el lugar designado. Sin embargo. Helos todavía seguros. inclinada la cabeza tanto como le permiten las varas y el aparejo. no importa el tiempo ni la estación. por si lloviera. diciéndose: “Las cosas cambiarán. volver a casa. Pero cuando se alzan las varas. o piensa en aquello a lo que se aproxima. el caballo. ya que el solo hecho de correr y tirar de algo no lo satisface en tales condiciones. el cochero y el viajero. donde les espera una buena cama. Hasta hay quien toma un coche de alquiler.” De esta manera se apresuran. Suele estar amoratado y de mal humor. los unos a su hogar o al de otros. La agenda con su lapicillo. son poco numerosas en comparación con los solitarios. advirtiéndole que por fin ha llegado un cliente. Pero la carrera lo transfigura. El pasajero.Malone Muere Samuel Beckett las cuales se reducen a una mera cuestión de interés erótico. acaso por los recuerdos que despierta. Y precipita a ciegas su vehículo por lo más hondo de calles oscuras y abarrotadas. consumiendo su corta vida entre un pasado próximo de caballo de lujo. sabiendo que es corto el tiempo de que disponen para decir todo lo que llevan en el corazón y en la barriga y para hacer las cosas que tienen que hacer juntos. y la menor carrera remunerada parece excitarlo hasta el frenesí. por algunas horas. para llegar antes a la cita. a menudo en un portal o bajo una marquesina. y el matadero. con una manta originalmente marrón en la mayoría de los casos. adosados de trecho en trecho a los muros de los edificios. según el cliente se haya colocado en el sentido de la marcha o en el opuesto a ella. la boca llena de improperios. quizá más cómodo.” Y acto seguido: “Siempre ha sido igual. precisamente la misma que acaba de retirar del lomo de su animal. Y entre estos últimos los primeros en llegar suelen serlo por muy poca diferencia. a un sitio público o a un lugar convenido. o de tiro. se apresuran todos en ir unos al encuentro de otros. Con sus enormes manos crispadas tira de las riendas o. quizá a fuerza de esperar al posible viajero. Emplea la mayor parte de su tiempo en la parada. las que uno no puede hacer solo. crispa los corvejones y hasta parece contento. o en aquello de lo que se aleja. Y cada uno 40 . las hace chasquear colérico a todo lo largo del espinazo. que surcan en todos sentidos las calles y los callejones. o de carreras.

a un lado y a otro por el río. entre otras. Pero en cuanto a Macmann. y acto seguido esa especie de epílogo en que no se sabe bien de qué se trata y que no parece añadir gran cosa a la situación ni quitarle nada de su confusión. es un defecto de cálculo. al contrario. un viento equinoccial aúlla a lo largo de los muelles. de altos edificios rojos. Y a Macmann sin duda le da lo mismo que sea primavera u otoño. Y Macmann no sabe nada. en verdad que todavía no se sabe. pero ya se le pasará. uno se pregunta por qué. Por tanto. aunque parece que hay algunos que siguen siempre verdes. lo quiera o no. sino hojas viejas. donde no parece estar demasiado a disgusto. quiero decir el ponerse de pie. pero no hay nada menos seguro. Pues de nada sirve ignorar esto y aquello: o se sabe todo. pero no es ahí donde está el intríngulis. Y si es al atardecer. durante largos años. que han conocido las largas alegrías del verano y ya no sirven más que para humus. de las que lo asustan. pero con cuánta más dificultad que si se hubiera uno resignado la víspera. por haber perdido a medias la cabeza. y gracias. ni los pájaros nidos en que poner ni incubar. a menos que prefiera el verano al invierno o a la inversa. y por qué aumentar esta dificultad. O quizá se trata de una tarde de otoño. Puesto que para no morir hay que ir y venir.Malone Muere Samuel Beckett tiene sus motivos. se cree estar pendiente de un hilo. tres y hasta cuatro días sin moverse. ya que aquí no hay árboles. y verdaderamente se levanta uno. Pero sería erróneo creer que ya nunca se moverá. lo que es poco probable. puesto que todavía tiene ante él toda la vejez. muchos de los cuales son depósitos. mientras se pregunta de vez en cuando lo que importan. en el caso de que se aumente. a menos de tener a alguien que le aprovisione a uno en donde está. y llegará por otros sitios a otro sitio. en vez de a ninguna parte. helo de nuevo. del mismo modo que se deja secar el heno antes de ensilarlo. no se piensa más que en la dificultad que se tiene. de esta manera. casi a imagen del ocaso. pero sin duda tiene alguna utilidad. pero ¿qué son cuatro días cuando se tiene la vejez ante uno?. ya no se piensa en el cuarto ni en el tercero. E incluso es un defecto de cálculo. Ya que el quinto día. aunque también depende de la estación. desde luego es una tarde de primavera. Bien. pero sólo quiere reconocer su ignorancia de ciertas cosas. ahora que los hombres y los animales ya no necesitan sombra. y uno tiene que arrastrarse hasta el huerto más cercano. ¡uf!. y no es seguro. aunque a menudo no sepa adónde va hasta haber llegado. cuando uno trata de levantarse. como todo hijo de vecino. venidas de no se sabe dónde. que no cambiará jamás de lugar ni de postura. ya que hay que levantarse al quinto día. y de allí por otros más a otro más. y el caballo apenas menos lúcidamente que los demás. otro fenómeno relevante es el número de ventanas y vitrinas que se iluminan un instante. y esas hojas que revolotean por el aire. se levantará. a menos que vuelva aquí. 41 . y luego lo lento de la evaporación. o aún mejor la antevíspera. o no se sabe nada. y de esta manera. y que incluso allí donde no late corazón alguno los árboles tienen que ennegrecerse. bordeados. Y se puede permanecer dos. Y a veces no se consigue. está en los seres humanos. un comino. cosa muy humana. apenas verdes. y si justifican el ir allí a donde va en vez de a otro sitio. como yo. no son ya las primeras del año.

pero raras veces malintencionados. Escrupuloso hasta el final. y no tengo más que seguir como si hubiera de durar hasta San Juan. por ejemplo. los demás siguen. y si los tuviera no sabría aprovecharlos. lo que vendría a ser la plenitud perpetuamente serena de los abismos. a fin de cuentas. pues no están atados los unos a los otros y son libres de ir y venir cada uno a su antojo. Y es que de nada me sirve contarme historias. y agitaba mis puñitos diciendo: “¡Más! ¡Más!” Y el significado de las esferas de los relojes. dentro de dos o tres días. sobre todo cuando están maduras. no sé por qué.Malone Muere Samuel Beckett usando las matas de hierba y las escabrosidades del terreno para reptar. Inexpresivo. He querido estar seguro antes de anotarlo. Quiero decir. siempre hilando fino. que parecen unirse con dificultad ya que hay cuatro. viene. aunque produzcan acidez.. puesto que mayo viene de 42 . Y cuando hay uno que muere. dos de ellos por cada lagrimal. entre el triquitraque de sus mecanismos de fantochazos. o incluso los zarzales. y el movimiento de los hombres. he aquí a Malone. en que la luz no cambia y los residuos se parecen. Pero de tarde en tarde se van cerrando. en el fondo nunca dejé de creerme vivo con la vida del aire de la tierra. quiero decir por qué creo haber llegado. y hay que jugar perdiendo. comparado a toda la senectud. una delicia. como si nada ocurriera. para decirlo como cuando me enseñaban los nombres de los días cuyo pequeño número me extrañaba. seguro de sentir que será pronto. y que tienen sobre los huertos la siguiente ventaja: que uno puede meterse en ellos y esconderse. ya creo haber llegado a lo que se llama el mes de mayo. cada uno por su lado. es decir. Me doy cuenta. Qué tal. enrojecidos y arrugados. dos o tres días más o menos. Porque no es lo mismo que si uno tuviera medios de conseguir en un solo día suficientes provisiones para sobrevivir durante tres semanas o un mes. Me doy cuenta de que viene. gracias. Pronto.. tan lejos se siente del mañana. tan diferente. con la excepción quizá de los días en que me parecía que ya había llegado. miran fijamente al frente. a fuerza de haberlo esperado en vano. ninguna de las cuales se mueve sin que las demás se muevan igualmente. a menudo sin ira. y los espasmos de las olas. Pero no los tiene. Entonces se ven los viejos párpados. y eso ¿qué es?. incluso los días que abundan en pruebas de todo lo contrario. y sin duda ya ni cree en él. Y no se lo reprochan y van y vienen. ya que nunca dudé que llegara pronto o tarde. una broma. sin hablar de la desecación? Una miseria. y se repliegan sobre sí mismas. y a menudo se importuna a animales feroces o asustados. con esa inesperada suavidad de las carnes que se estrechan. apenas algo más azules que una clara de huevo. de los cruceros y también de la tierra. para portarse bien. Los ojos. y ¿qué es un mes. donde a veces hay cosas buenas de comer. Y quizá es entonces cuando contempla el cielo de los antiguos ensueños. lo que es penoso entre patatas por ejemplo. tanto de pluma como de pelo. Y quizá esté en el momento en que vivir es errar en completa soledad al fondo de un momento ilimitado.

Y quizá haya en mis manos el reflejo de una sombra de hojas y de flores y de manchas claras de un sol olvidado. sí. pero se notaría más. ocuparía buena parte del universo. quiero decir el mismo tubo. mierda. por no haber sido mi vida más que una serie o mejor una sucesión de fenómenos locales. especialmente mis pies. hasta el punto de poder ser enterrado casi en un joyero. no. calma. Y si yo tuviera que ponerme otra vez de pie. Todo tiende hacia la sima más cercana. calma. de mi cabeza quiero decir. en eso exagero. tanto más alejados de mí incluso normalmente que todo lo demás. también eso lo recuerdo. yo que siempre creí que me iría encogiendo. sin duda. de tal modo que el sujeto se distancia del verbo y el complemento viene a posarse en algún lugar del vacío. y sin embargo los siento fuera del alcance del telescopio más potente. guárdeme Dios. ya lo he visto bastante. Porque el culo. por ejemplo. a menos que se quiera ver en él el fin de los labios. chorros de semen que iban a darme en plena cara. cuando me adormezco. y el aire que discurre por entre mi cuaderno y le vuelve las páginas sin que yo me entere. ya que la abundancia llega sólo más tarde. sin que nada haya resultado de ello. creo haber llegado a la estación del crecimiento y la abundancia. que todavía no se ha inclinado. oh. y especialmente la punta. si se pusiera a cagar a esta hora. Porque lo supe siempre.Malone Muere Samuel Beckett Maya. entre los crisantemos. Pero mis dedos escriben también en otras latitudes. creo que las virutas se verían salir en Australia. y me chocaría. y realmente es minúscula. hundida creo en algún lugar de mi verdadera cabeza. uno tras otro. pero tan inmediatos el uno del otro que parecían un único chorro continuo. y por lo esencial debo entender esa cabecilla de torrezno. con las cosechas. me parece tener los pies a varias leguas. al menos del crecimiento. no es que me importe. la mejor manera de no hacerse notar es echarse al suelo y no moverse. aunque no sé qué pintan en esto lo esencial y lo fortuito. ese aire no es el de esa penúltima residencia. sentirse estirado hasta este punto resulta tentador. entre los escombros de mi cabeza inclinada. hablando como Jackson. la sensibilidad los ha abandonado misericordiosamente. Por tanto. ya no espero verlo nunca más a simple vista. por donde saltaban. ¿Será eso lo que se llama tener un pie en la fosa? Y todo por el estilo. Pero no es eso todo y no son sólo mis extremidades las que se alejan de aquí. es un engaño más. mientras aquello duraba. nos hemos mirado ya suficientemente ojo a ojo. para curarlos o limpiarlos. cuando yo era virgen. En cualquier caso. y para acercármelos. Ahora mi sexo. lo digo por decir. a partir del momento en que los hubiera localizado. ya no me siento los pies. no más que echado. cada una sobre su eje. es una simple creencia. estaré aquí todavía el día de Todos los Santos. y por donde pasa todavía un poco de pis de vez en cuando. me parece. y así está bien. O quizá lo esencial. al que no se puede tildar de ser el fin de nada. creo que ni un mes me bastaría. se haya minimizado tanto que lo fortuito parece ilimitado. 43 . resulta que me dilato. ya que es ahí donde me he refugiado. pues si se tratara sólo de un fenómeno local no habría reparado en él. diosa del crecimiento y la abundancia. en otro caso habría muerto de uremia. este año no los oiré lloriquear en sus osarios. Y mira por dónde.

Pero dejemos por el momento estas cuestiones morbosas y volvamos a la de mi óbito. Londres de nuevo. quizá por respeto. puesto que no me conoce. únicamente se espera el momento de utilizarla. Poco importa. a menos que esto siga en el otro mundo. qué gran turista he debido ser. incluso recuerdo la diéresis. quiero decir que no me haya sucedido ya. sino aquí. y volvemos a lo mismo. sí. el don de poder decir Up the republic!. muramos primero. junto a esta ventana que a veces me parece un trampantojo. Y ya son cinco. es que a pesar de mis historias sigo cabiendo en esta habitación. cuántas veces he visto. no es lo mismo. pues peso mucho. sin tener que preguntarme si no hubiera sido mejor callar o decir otra cosa. Pero no pidamos peras al olmo. una de las cosas que me gustan. a la altura de la rodilla. pues nunca se sabe. y sin duda cabré el tiempo que sea necesario. De tal modo que mi cabeza choca con el dintel. ni antes ni después. es inevitable. sino que debe empezar antes a dar la vuelta. Cuántas personas he matado. vamos. En este momento ya se habrán acabado los Murphy. nunca conocí a nadie. o por temor de lastimarse los dedos. golpeándolas en la cabeza o pegándoles fuego. luego reflexionaremos. Y. 44 . para no darse contra el muro. Y si alguna vez reviento no será en la calle ni en el hospital. Sí. realmente quepo. por ejemplo. aunque no se haya dicho todo. Si por lo menos pudiese estar seguro. dentro de dos o tres días si no me falla la memoria. desconocidos. Sólo creo que nada puedo decir que no sea cierto. a mi cabeza. de modo que todo transcurre en medio de un gran silencio. cualquier cosa. no tengo por qué reflexionar. como el techo de Tiépolo en Würzburg. sin embargo. en Londres creo. Y eso le da lo mismo. y lo esencial sea la enormidad dispersa en la sombra. que yo esté allí completo. Me gustaría ver. eso es quizá lo que debiera haber dicho. eso es lo que me digo. nunca me ha conocido. lo esencial. y además la puerta es baja. Mercier. de recibir a una familia numerosa o a una pareja de tortolitos. “¡Eh. ya que soy muy huesudo. despacio!”. ¡Paf! ¡Despacio! ¡Adelante! ¡La puerta! Y por fin queda la habitación vacía y en condiciones. le rebané el pescuezo con su navaja. mirando por la puerta. Sí. rodeado de mis pertenencias. Así de improviso no recuerdo más que cuatro. el muro del descansillo quiero decir. sólo abrir la boca para que dé testimonio de mi vieja historia y del largo silencio que me ha vuelto mudo. pero el que la lleva se queja. como me ocurría antes. pero no importa. Molloy. ya que yo soy alto y el descansillo es pequeño. y el que lleva mis pies no puede esperar. cada vez más baja a mi juicio. aunque no se haya dicho nada. También estaba el viejo. es lo que me gusta de mí. Bob. que en realidad no es una verdadera diéresis. llamemos a eso habitación. para bajar la escalera. Pero me digo tantas cosas. ya ha sucedido. en el descansillo quiero decir. ¿qué hay de cierto en ese guirigay? No sé. y puede que sea lo fortuito lo que se haya reducido al tamaño de un ocelo de Noctuelia. Me parece que tenía un nombre.Malone Muere Samuel Beckett no lo entiendo. una de las cosas que no hubiera podido imaginar. en las condiciones en que está. una vez desinfectada. Y si alguna vez me callo es que ya no habrá nada que decir. Y cada vez tropieza con el dintel. Moran y otros Malone. salir mi vieja cabeza. vuelvo a hablar ahora de mi lecho de muerte. o ¡Querida!.

Tengo el tiempo justo. a pesar de lo que haya podido decir. a mí. ¡ah. decididamente ya va siendo hora de dejarlo. tan solo como al partir. me haría bien. no te comprometas. para ayudarme a salir de este lugar todavía en un mundo mal cerrado. blanquecino y abovedado como tallado en marfil y qué marfil. lo que me sorprende. ya no sé qué por ejemplo. mucho mejor. pues todavía tengo que hacer aquí. tropezando con los escombros. juntos. no pido otra cosa. Observo ante todo que está singularmente redondeada. poner orden en mis pertenencias. Porque quizá ya no haga más que un solo viaje. aquí nunca es de noche. porque quiero sorprenderme todavía una vez más. pero las suficientes para indicar que este cielo negro es en verdad el de los hombres y que de ninguna manera está simplemente pintado en el cristal. me pregunto por qué. pero a menudo está más oscuro que ahora. no sé cuál. Y como si eso no bastara para convencerme de que se trata verdaderamente del exterior. por las largas galerías que conozco. esto es lo que deseo. siempre que no se trate de algo premeditado para escarnecerme. y yo no tengo toda la noche por delante. o un tragaluz. resulta impreciso. Después de todo. hasta parecer casi un ojo de buey. como si fuera a. pero no creo. hasta cierto punto. eso es. he aquí que la ventana de enfrente se ilumina. y si he calculado mal. para seguir las lentas caídas y ascensiones de los otros mundos.. puesto que algo hay al otro lado. para nunca más separarnos. Sí. aunque esté lleno de tumulto y de violencia. gritando detrás de mí por los pasillos. Ya está decidido. tampoco pido nada. mientras que afuera es noche cerrada. los oigo desde aquí. nunca más espiarnos. O entonces es preciso tener toda la noche por delante. en color si fuera posible. sin cesar. uno solo. Pues a mi alrededor no anochece. por otra parte no he calculado nada. O volveré solo. ya que hubiera podido no encontrar nada mejor. Y no me interesa saber si se han levantado antes del alba o si 45 . Justo el tiempo de ir a dar un último paseo. Ante todo veo la noche. lo sé. Sólo que antes de partir me gustaría encontrar un agujero en la pared. rogándome que los lleve conmigo. como auténticas estrellas. pero ya me acordaré en el momento preciso. en este sucio cuartucho. Una última ojeada y me parece que me marcharé contento. sino que tengo que mirar pausadamente y dar a las cosas el tiempo suficiente para recorrer el largo camino que me separa de ellas. para nunca más abandonarme. ahora me vendría bien algo imprevisto. o que me doy cuenta de que está iluminada. No importa. diríase un viejo raigón.. o para esperar los meteoros. pues no soy de los que pueden abarcarlo todo de una sola ojeada. de volver y hacer lo que tengo que hacer aquí. detrás del cual ocurran cosas tan extraordinarias.Malone Muere Samuel Beckett éste. con los solecillos y lunillas que cuelgo. y a veces en color. Luego volveré aquí. iba a decir Citerea. lo que no ocurriría de estar pintado. Y eso es en efecto una coincidencia feliz y de buen augurio. y los bolsillos llenos de guijarros para representar a los hombres y a sus estaciones. y además otra cosa. con pocas estrellas. si he calculado bien. para nunca desear lo que no tengo. Volveremos todos quizá. sí!. cuando los hay. que el cielo nocturno en el que nada ocurre. esa ventana es lo que yo quiero que sea. ya que tiembla.

Era una lluvia pesada. porque hete aquí que el visillo se desliza y estalla un ramillete de colores encantadores. rosa pálido y blanco carne. Parecen sufrir. Pero la noche debe ser cálida. Quizá tienen frío. Sorprendido por la lluvia lejos de todo abrigo. se ve bien claro que son dos cuerpos diferentes y separados. o un cuarto de hora. de que todas esas partes están íntima y hasta indisolublemente ligadas las unas a las otras. basta. como si la lluvia fuera una simple cuestión de gotas-por-hora. se pone uno a toser y a estornudar sencillamente. o sobre uno de sus flancos. puede provocar espasmos del risorio durante años. quizá sean tres. atrás. debe de ser así cómo se hace. preso cada uno de sus límites. sin darse cuenta. ya que también hubiera podido colocarse en posición supina. qué bueno debe de ser. Pero le parecía que la nuca y la espalda hasta los ijares eran menos frágiles que el pecho y el vientre. se tumbó de bruces. Pronto podrán separarse. fría y vertical. Bueno. antes de emprenderla con el plato fuerte. que está oscuro. y que no se necesitan uno al otro para ir y venir y sobrevivir. si se me permite decirlo. ya no se mueven. por tanto. ya que la fricción conserva el calor y lo devuelve cuando ha desaparecido. como la electricidad. una vez hayan terminado. optando por un término medio. qué estúpido soy!. de modo que se trata de una luz oscura. Pero cuando se tambalean veo claramente que son dos. Vamos. ¿Es posible que ya hayan terminado? Han hecho el amor de pie. ya veo de qué se trata: deben de estar haciendo el amor. Esa es en realidad la clase de historia que se ha contado toda su 46 . Están completamente pegados al visillo ahora. por supuesto hasta que llegue la muerte. pero más bien pobre de color. No tienen frío. ¡Ah. como si hubiera sido un cesto de tomates. Todo eso es bonito y curioso. pues. me siento mejor. de nada les sirve abrazarse desesperadamente. quizá debido a la acción del agua de turba. tras un momento de duda. y que una gota de agua inoportuna. luego me iré. después de atravesar un aguazal a pie. y que iba a poder levantarse al cabo de diez minutos. O quizá no hagan más que tomar aliento. por ejemplo. por eso se frotan así. ya que se bastan por completo a sí mismos. Voy a ver si el cielo está todavía ahí. porque están tan estrechamente unidos el uno al otro que en consecuencia diríase un solo cuerpo y una sola sombra. diciéndose: “La superficie pegada al suelo permanecerá seca. Adelante. es una cosa compleja. adiós. en el cóccix.Malone Muere Samuel Beckett es que aún no se han acostado o si se han levantado en mitad de la noche con intención quizá de volverse a acostar y dormir. polvoriento por delante. como si hubiera relación entre la violencia y la duración. compuesta por varias. desde el momento en que andan tan ligeros de ropa en plena corriente de aire. como los perros. Así. y me basta verlos erguidos el uno contra el otro tras el visillo. y que les hace una sombra poco perfilada. Macmann se detuvo y se acostó. como se aprecia cuando. después un rosa más vivo que debe proceder de un vestido. y a otras muchas de las que no tenía ni la menor idea. que se tambalea y se balancea. sin sentir en las piernas más que una especie de bienestar. lo que hacía suponer a Macmann que seria breve. mientras que de pie me mojaría todo por igual”. y también del oro que no tengo tiempo de explicarme.

con un ruido de gluglú y de succión. y con interés. de marzo quizá. atravesando la hendidura. desde el punto de vista sonoro. y así sucesivamente. acostumbrado a decir verdad a tal quimera. para luego abandonarla. en que la lluvia lo sorprendió lejos de todo abrigo. muy probablemente. pues. era. Continuemos esta descripción. a menos que uno quiera dar vueltas circulares. empezaba a sonreír sin motivo. Y era temblando como a menudo sufría. a sonreír y a agradecer esta lluvia batiente y la promesa que en ella veía de estrellas para un poco más tarde. o pararse en seco y no moverse más. El aire inmóvil. como si pudiera haber alguna otra cosa además de la vida. no. Y sin duda se habría preguntado si era verdaderamente necesario ser culpable para recibir un castigo. poco a poco las ideas de culpa y de castigo se habían confundido en su mente como a menudo las de causa y efecto en los que todavía piensan. y diciéndose: “Va a costarme caro. más bien de octubre. sin ser frío como en invierno. cosa rara en tiempo de lluvia. cada vez más atosigante. es decir. imposible saber cuál. sino más bien un nuevo castigo. una mata de hierba cada una. que reclamaba otros castigos. que iluminarían su camino y le permitirían orientarse. o a la tercera.” Era una hora cualquiera de la tarde. de no tener el recuerdo. luego de colada. ni la ciudad. puesto que tenía la oreja.” Pero no sabiendo cómo arreglárselas para pensar y sentir adecuadamente. hacía horas y horas que duraba aquel día insulso. de haber accedido a vivir en su madre. se daba perfecta cuenta de que vivir no era castigo suficiente o de que ese castigo era en sí mismo una culpa. y percibía esa especie de lejano crujido de la tierra cuando bebe y los suspiros de la hierba combada y goteante. y que le bastaría un mínimo de claridad y algunas estrellas fijas para poder aproximarse sensiblemente a una. que no había sabido aprovechar y que en vez de limpiarle de culpa no había conseguido más que hundirlo más en ella. y que la montaña no estaba lejos. y percibía muy bien. e impresionado probablemente por la postura del cuerpo y por los dedos crispados como por el sufrimiento. hasta que la luz 47 . como ahora. que está en el mismo plano que la mejilla o casi. en caso de que lo deseara. La lluvia le batía la espalda con un ruido de tambor al principio. con tanta fuerza como si se hallara agarrado a la vertiente de un precipicio. como cuando se remueve la ropa en el lavadero. Pues para mantenerse allí donde sucede que uno se encuentra también se necesita claridad. parecía sin promesa ni recuerdo de tibieza. Pero tampoco en eso lograba descubrir su auténtica culpa. pegada al suelo. o al otro. salvo que se encontraba en la llanura. Y sin saber exactamente cuál era su culpa. diciéndose “Es imposible que esto dure mucho todavía. o para mantenerse en la llanura. pues está ya lejos aquella tarde. según lo que hubiera decidido. Se le ocurrió la idea de castigo. ni el mar. al extremo de sus brazos separados. Macmann se lo quitó y se lo puso en la sien. cuán diferentemente. por la tarde. Y para ser sincero. la lluvia caía sobre él y sobre la tierra. Molesto por el agua que le llenaba el sombrero. Pues no sabia muy bien dónde se hallaba. muy. volvió la cabeza y puso la mejilla en el suelo. como entonces. lo que resulta por así decirlo imposible en la oscuridad.Malone Muere Samuel Beckett vida. Sus manos estrujaban. o de noviembre quizá. para los vivos.

siendo equis la anchura de los hombros en pulgadas. Y sin llegar a eso. se sorprendió de no haber comprendido. apresurando el paso. en vez de levantarse y ponerse en movimiento se volvió sobre la espalda. todos muertos. ni nadie venir. ni haber más que la espera que se sabe inútil. Porque habiéndose reprochado lo que había hecho. Quizá estaba allí. verdaderamente diríase que no. lo más en línea recta que le fuera posible. ha esperado demasiado. vaya. que permite a los verdaderos hombres. se produce un desplazamiento lateral de todo el cuerpo. Pero si uno se halla en una cama estrecha. y así continuamente. Y cuando uno muere (por ejemplo). Y fue entonces cuando aparecieron al descubierto sus cabellos. con barbas al principio. reconocer su error. lo sé. quiero decir justo lo bastante amplia para acogernos. con bigotes después. a los verdaderos eslabones. hijo y nieto de humanos. a menos que uno la incline adrede hacia la derecha. hacia la izquierda. con la cabeza descubierta. a menos que lo evite adrede. Pero entre él y esos hombres serios y severos. y que no debía detenerse y esperar. Y el más vale tarde que nunca. después de cuarenta o cuarenta y cinco minutos de espera confiada. a ciegas. y la cabeza se coloca a equis pulgadas aproximadamente del lugar en donde estaba. porque él era humano. y su monstruoso error de apreciación. ofrendando así el pecho al diluvio. que la simiente de él jamás había hecho daño a nadie. un camastro. es decir. con la esperanza de encontrar un poco de frescor. Intentó mirar la masa negruzca y chorreante que era todo cuanto quedaba de aire y de cielo. acostado boca abajo en un lugar salvaje y por así decirlo sin límites. por vez primera desde sus caminatas. a menos que no haga frío. uno se vuelve sobre la espalda. pues. es demasiado tarde. Sí. y hay sin duda quien se toma este trabajo. no estaba al alcance de Macmann. lo sé. y entonces uno se muere de frío. pues la cabeza se halla justo en medio de los hombros. Quizá sea su caso. sino por el contrario continuar en línea recta. viendo que la lluvia caía cada vez más fuerte y que el día terminaba. entonces uno se vuelve en vano sobre la espalda. y de la cabeza con lo demás. y después boca abajo. con la esperanza de ir a dar tarde o temprano con un árbol o con unas ruinas. corregirse y precipitarse hacia el siguiente. había esta diferencia. Entonces abrió la boca y permaneció largo tiempo así. En vez de sorprenderse por esa lluvia tan violenta y tan duradera. Pues cuando. Pero Macmann habría sido más que humano. que iba a llover larga y violentamente. creyendo haberse perpetuado. con la boca abierta y las manos 48 . Así. si no hubiera comenzado a lamentarse de lo que había hecho.Malone Muere Samuel Beckett vuelva. pero la lluvia le dañó los ojos y los cerró. acostarse en el suelo en vez de haber proseguido su camino. ni lo que pasa por la cabeza. a partir de las primeras gotitas. Pero se diría que no. y transcurrido un cierto plazo nada puede suceder. quien a veces pensaba que no tendría bastante eternidad para arrastrarse y encenagarse en su mortalidad. por su alegre campiña natal. su sombrero había quedado en el sitio que su cabeza acababa de abandonar. no se vive lo suficiente para poder detenerse. sólo estaba unido a su especie por sus ascendientes. quien tanto ha esperado esperará siempre. la cabeza queda siempre en el mismo lugar. aunque los actos apenas cuentan.

Y justo en medio.. me pregunto qué significa eso. y si en realidad su tormento no tenía otras causas. que desde el punto de vista del color era entonces al blanco más o menos lo que al negro el tinte de la hora.. he aquí una curiosa observación que podría prestarse a fructíferos desarrollos.. Y gran parte de su existencia ha debido de transcurrir en una inmovilidad de piedra. pero olvidaba la melena. o la parte llana. fría (sin ser helada) y perpendicular. de modo que se acostaba y se sentaba con el menor pretexto y sólo se levantaba para partir de nuevo cuando el struggle for life o ímpetu vital le quemaba el culo. ahora volvió a remangarse de nuevo. ni por consiguiente su sufrimiento o dolor. y más bien era una criatura prosaica por naturaleza. tiene uno menos tendencia a asirse al suelo cuando está de espaldas que cuando está boca abajo. el permanecer acostado no tenía en sí nada particularmente desagradable. Y esa importante semiverdad la adivinaba quizá ya. los furores y locuras demasiado numerosos afortunadamente para ser enumerados del cuerpo comprendiendo el cráneo y de sus marcos. por no decir las tres cuartas partes. ya tendido boca arriba. para sentir la lluvia martilleándole las palmas. Y en tiempo seco y ventoso juguetearía en la hierba a la manera casi de la misma hierba. y por lo demás extremadamente larga por detrás y por ambos lados. como si existiera una relación entre quien sufre y quien hace sufrir. y además el amor. y poco hecha para la razón pura. necesitan el calor y el frío. del mismo modo como él podía dejar de sufrir sin que por ello la lluvia cesara. pues uno no permanece tanto tiempo en semejante postura sin sentirse incómodo. Porque lamentando no poder pasar el tiempo que le quedaba de vida (y que le sería agradablemente reducido) bajo esa lluvia pesada. una especie de pasta fangosa. ya postrado. Porque es algo que uno difícilmente soporta ignorar. Pero la lluvia la aplastaba contra el suelo y la amasaba con la hierba y con la tierra formando una especie de pasta fangosa. tal el pie deforme. Y justo en mitad de su sufrimiento. en resumen. y lo más alejadas posible una de la otra. e incluso las cuatro 49 . Porque. la lluvia y su contrario que es el buen tiempo. la amistad. empezó a desear que la lluvia no cesara nunca. para que puedan saber con precisión qué es lo que se atreve a impedir que su felicidad sea sin mezcla. Porque a la gente no le basta con sufrir. sintiéndose mejor sentado que de pie y acostado que sentado. depende. no una pasta fangosa.Malone Muere Samuel Beckett también. también llamadas los huecos de la mano. Y como una hora antes se había remangado para poder agarrarse con fuerza a la hierba. Pero estos son vuelos para los cuales Macmann carecía aún de alas. Pues la lluvia podía cesar sin que él dejara de sufrir. Y a decir verdad estaba por su temperamento más próximo a los reptiles que a los pájaros y podía sufrir sin sucumbir mutilaciones masivas. cosa extraña. porque era la lluvia la que lo hacía sufrir casi con seguridad. no estaba lejos de preguntarse si no se equivocaba al creer sufrir por su causa. E incluso se ha visto a rigoristas no parar hasta haber determinado si su sarcoma estaba en el píloro o si por el contrario estaba más bien en el duodeno. sobre todo en las circunstancias en que hemos tenido la suerte de circunscribirle. la piel tostada y la insuficiencia sexual y gástrica por ejemplo.

pero que también deben de servir para algo. y sólo dispuso de sus propias fuerzas y medios para andar de la mañana a la noche y después de la noche a la mañana sin herida mortal. e incluso de las flores. un sistema vegetativo a toda prueba. y que le cegaba literalmente en contra de su verdadero interés. y de muy poca importancia. me digo yo. Y hay que creer que recibió como herencia de sus numerosos antepasados. pero que se apoderó poco a poco no diré que de sus partes vitales. E incluso los humildes trabajos de barrendero que más de una vez había acometido. cantidad de papeles indescriptibles. como la grama cara a los perros y de la cual los hombres a su vez han extraído una tisana. para que la tierra las favorezca tanto. Y. como si un espíritu maligno le hubiera empujado a servirse de su escoba. al precio de tres e incluso seis peniques la hora. era a menudo más fuerte que él. sin percance serio. sin embargo. De modo que al final de la jornada. y la herramienta se le caía de las manos. diciéndose que tal vez él fuese también una basura que se ignoraba. a lo largo del sector que le había sido confiado. pero sí al menos de su sensibilidad y entendimiento. Pero todo ocurría como si en verdad 50 . lo que no habría tenido consecuencias si hubiera sabido ganárselo. Pero habiendo recibido la comisión. y acomodándose a él. Y él mismo reconocía que el trozo que había barrido presentaba un aspecto más sucio a su partida que a su llegada. cagarrutas de perro y de caballo y otras inmundicias. puestos graciosamente a su disposición por el municipio. se había esforzado sinceramente por quedar bien. todo se mezclaba simplemente ante sus ojos. por un feliz azar y entre otras ventajas. en moneda contante y sonante. quiero decir capaz de borrarlo del número de moribundos. algunos mortales. no lograba realizarlos mejor. por ejemplo. se veían cáscaras de naranja y de plátano. Pues nadie le prestó jamás apoyo.Malone Muere Samuel Beckett quintas. con el fin aparente de inspirar a los transeúntes el mayor asco posible y de provocar el máximo de accidentes. y para añadirlas así recuperadas a las ya visibles y que tenía por misión hacer desaparecer. para ir a buscar las basuras allí donde el azar las había apartado de la vista de los contribuyentes. para haber llegado a la edad a que acaba de llegar. por distracción. inmovilidad de superficie durante los primeros tiempos. por resbalar. Y hay que decir que sólo recibió muy pocos dones. observando el modo de actuar de sus compañeros más experimentados. o bajo el dominio de no sé qué furiosa necesidad que se apoderaba de él a la vista de las hortalizas. reunidas cuidadosamente a lo largo de las aceras o amontonadas con esmero en medio de la calzada. los arrancaba todos de corrido. por el trujumán de su papá y de su mamá. colillas. La necesidad de limpiar el terreno y no tener ante sus ojos más que un poco de tierra parda libre de parásitos. y que sólo es una bagatela comparada a la edad a que llegará. o de rábanos. su pala y su carretilla. de binar un bancal de zanahorias. no distinguía los vegetales destinados al embellecimiento del hogar o a la alimentación de los hombres y animales. con el sudor de su frente o sirviéndose de su inteligencia. de las malas hierbas de las cuales se dice que no sirven para nada. para ayudarlo a evitar las espinas y los cepos que siembran el camino del inocente. O sin llegar a tales extremos.

es decir. puesto que estaba atado a 51 . y alcanzado más o menos el mismo resultado. de la mitad o la cuarta parte de su existencia que comportaba los movimientos más o menos coordinados del cuerpo. a pesar de su falta de experiencia. Por el contrario. después sin detenerse ya. es quizá licito desear eventualmente a Macmann. tenia en verdad maña. de lo contrario no se daba cuenta. había transcurrido en esos trabajos no remunerados de confección y reparación. desabrochándose y volviéndose a abrochar. como el hecho de haberse acostado de espaldas no atenuaba en modo alguno la violencia de la lluvia. una parálisis general excluyendo a lo sumo los brazos si fuera concebible. y sin disponer de los útiles más indispensables. y por otro lado capaz de reforzar sus borceguíes con corteza de sauce y ataduras de mimbre para poder ir y venir de vez en cuando sobre el suelo sin herirse demasiado con los guijarros. o se hunde hasta la rodilla en las bostas. restregándoselo por así decirlo por las narices. porque le era necesario. una vez hecho. mientras lo hacía. ni lo que había hecho. por razones oscuras y que sólo Dios sabe. al igual que sus criaturas. a decir verdad. y finalmente girando sobre sí mismo siempre en el mismo sentido. o de maravillas. Pero nunca se sabe. al frío. las espinas y los pedazos de vidrio procedentes de la desidia o de la maldad de los hombres. como cuando por ejemplo debía reemplazar uno de sus bastones-botones. incapaz de binar sin devastar por completo un parterre de pensamientos. Pues no sabía prestar atención a su camino y escoger el sitio donde poner los pies uno detrás de otro (lo que le habría permitido andar descalzo) Y aunque lo hubiese sabido no le hubiese servido de mucho. Porque era necesario que le dijeran: “Pero mire lo que ha hecho”. como suele decirse. Y en principio su sombrero hubiera debido seguirle. a los grandes calores semejantes a los del siglo VII y a la luz del día. puesto que desear no cuesta nada. Pero. en un lugar tan impermeable como fuera posible al viento. para los pequeños servicios que se prestaba a sí mismo. Puesto que le era necesario si quería continuar yendo y viniendo. Macmann empezó al fin a agitarse. que no tenían larga vida. visto desde cierto ángulo. sin apenas refunfuñar. siendo la mayoría de madera y estaño sometidos a los rigores de la zona templada. y a decir verdad no disponía de otros medios. a los ruidos. poco importa cuál. volviéndose a derecha y a izquierda como bajo el influjo de la fiebre. Seria sorprendente. Y una gran parte de su existencia. primero con un breve descanso después de cada vuelta. Y para qué apuntar a lugares musgosos y lisos puesto que el pie cae al lado. Tal parecía ser Macmann. entre tanto. con uno o dos edredones útiles para todo y un alma caritativa pongamos semanal cargada de manzanas y de sardinas en aceite destinadas a retrasar hasta los límites extremos de lo posible el plazo fatal. tan poco dueño era de sus movimientos. a la lluvia. Dios no parece necesitar razones para hacer lo que hace y para omitir lo que omite.Malone Muere Samuel Beckett no fuera dueño de sus actos y no supiera lo que hacía. a menudo de cierta ingeniosidad. Pero para pasar ahora a otro orden de consideraciones. sobre los pedernales y los cascos. y creía haber procedido como cualquier hombre de buena voluntad hubiera procedido en su lugar. pero le era necesario. aunque.

Mi lápiz. o al menos hasta que sus fuerzas lo abandonaran. Y sin abandonarse exactamente a proyectos para el futuro. y la mesilla. y el cordel hubiera debido enrollarse alrededor de su cuello. Los dos lápices. pero describiré lo mínimo. no me lo explico. tengo tiempo. pero que sin embargo abandonaba. pues esto. dos veces.. De nuevo debe dejar paso a la noche. y el otro. comprendió que avanzaba con regularidad e incluso con cierta rapidez. calma. no lo veo. pues. Y mientras rodaba concibió y pulió el proyecto de continuar rodando toda la noche si era necesario. tengo tiempo. y acercarse así a los confines de la llanura.” Pero es tan largo que sale por debajo de la almohada y termina lejos detrás de mí. después sobre el pie izquierdo. las mantas. Pero el cuaderno es mío. como de costumbre. un día de mucho viento que lo vea. y que continuaba gracias al sombrero sobresaliendo del espacio circundante. largo y redondo. el cuaderno y también el bastón. He debido describirlo ya. como si tuviese sesenta años. puesto que se imaginaba con un extremo más pesado que el otro. Ahora no era la primera vez que Macmann rodaba por tierra. de nuevo seco y ligero. el plato. Pero quizá llegue un día. como un enorme cilindro dotado de inteligencia y de voluntad. enganchadas unas a otras como sucede a menudo con las cosas abandonadas. según el arco de un círculo probablemente gigantesco. los bacines. sin saber cuál. aunque no necesariamente. Calma. mis dos lápices. Estoy tranquilo. no voy a buscarlo. Calma. acercarlas hasta la cama una a una o varías a la vez. calma. en alguna parte de la cama. no sé de dónde viene. 52 . pero lo había hecho siempre sin intención locomotriz. primero sobre el pie derecho por ejemplo. pero no fue así. Está oscuro. Continúo de memoria. si tengo tiempo cuando haya terminado lo buscaré. antes me frotaba contra él diciéndome: “Es una mujercita. correr y saltar por la llanura y llegar así hasta las proximidades de la ciudad o del océano. pues la teoría es una cosa y la realidad otra. al alejarse del lugar en donde la lluvia lo había sorprendido lejos de todo abrigo. mis pertenencias. no vería nada. Pronto. pero comprendo que es mío. no lo tenía al llegar aquí. que a decir verdad no tenía ninguna prisa en abandonar. pero que considero como de mi propiedad. Y sin disminuir su marcha empezó a soñar con un país llano donde nunca jamás tendría que levantarse ni mantenerse de pie en equilibrio. Apenas veo la ventana. Está en la cama conmigo. pero lo siento en mi mano izquierda. Y en efecto quizá tenga tiempo. y donde podría ir y venir y de esta manera sobrevivir. si me queda. No. Mientras que entonces. bajo las mantas.Malone Muere Samuel Beckett su abrigo. pronto. lo sabía. haré la corrección con el otro. pues. este del que sólo queda entre mis enormes dedos la mina. Aunque tuviera tiempo de pescar mis cosas. salida por completo de la madera. quiero decir en su lugar. todo el tiempo. y el sombrero permanecía donde estaba. el armario. Así es. que tenía en reserva. pero no mucho más.. La cama. también sería mía. como un objeto abandonado. si no lo encuentro no lo tendré. que tampoco tenía al llegar aquí. nada de todo esto es mío. Mi cuaderno. sé que está allí.

y tales lugares son escasos. Y a menudo los echaba de menos. ni siquiera por breves momentos. y volverán a la tierra tarde o temprano. Una aguja pinchada entre dos tapones. es decir. pero debieron decirse: “¡Bah!. tan lejos de la costa como me era posible. tirada porque ya no podía servir. durante un desplazamiento. con el tubo completamente roto. Y sin la compañía de tales cosillas que recogía por aquí y por allá. en mis hondos bolsillos. por el suelo. como si todavía tuviese 53 . como un. He debido de encontrarla en alguna parte. Hubieran podido reparar la pipa. en previsión de esta hora. buscaba cuidadosamente un lugar donde estuvieran tranquilos para siempre. esto también está mal. de modo que las recogía y me las metía en el bolsillo. si no lo han hecho ya. Pero he comprendido que no era necesario. los tiraba. y los dejaba allí con cuidado. lo recuerdo. pues intento hablar de la época en que andaba todavía sin bastón y con mayor razón sin muletas. me gustaba tocar y acariciar los objetos duros y tersos que se hallaban allí. al andar. apretándolos con los dedos.. o arrojaba al mar con todas mis fuerzas.. Mi cazoleta de pipa. era mi modo de hablarles y de tranquilizarlos. Así es cómo debe hacerse. o una castaña de indias o una piña en la mano. Pero los había escondido tan bien. por donde se une a la cazoleta. porque en el fondo no he evolucionado en cuanto a afectos y pasiones. Y aquellos de los que me cansaba o que eran sustituidos por otros en mi afecto. cuando había más luz. y al despertar los tenía todavía. todo no. puesto que si la punta pincha más que el ojo. en la hierba. Pero todo esto son suposiciones. Así me desprendía de objetos queridos que ya no podía guardar. a menudo llorando. y que a veces me daban la impresión de que también ellas me necesitaban. a pesar de mi experiencia. por culpa de nuevos amores. lastrándolos con una piedra. Y a veces los enterraba. aunque nunca haya usado pipa. me habría refugiado quizá en el trato con la buena gente. no. Pero después he debido de olvidarlo todo. Y me gustaba. esto está mal. sobre todo cosillas portátiles de madera o de piedra. no. y que me inspiraba el deseo de llevarlas conmigo y guardarlas siempre. se enrolla todavía un poco de hilo negro. Es una cosilla bonita. No. con las manos en los bolsillos. al azar de mis desplazamientos. puesto que si la punta pincha menos que el ojo. Pero no debe hacer mucho tiempo que lo he revisado y controlado todo. Alrededor de la aguja visible entre los dos tapones. o en los consuelos de una confesión cualquiera. donde jamás nadie pudiera encontrarlos salvo por una extraordinaria coincidencia. para que no me pinche. y hagamos como si no lo tuviera. recuerdo ahora el detalle. puesto que he llorado hasta muy viejo. que ni yo mismo podía encontrarlos de nuevo. me compraré otra. Pero incluso a los amigos de madera los he arrojado al fondo algunas veces. a pesar del sueño que convierte al cuerpo en un trapo para que descanse.Malone Muere Samuel Beckett supongamos que lo tenga. Estaba allí. el ojo pincha también. es raro olvidarlo todo.. aquellos de los que tenía la seguridad de que no flotarían. Y me dormía fácilmente con una piedra. Pues una vez podrido el cordel subirán a la superficie. aunque no lo creo. Quizá me pareció bonita o experimenté por ella el infecto sentimiento de piedad que tan a menudo he experimentado ante las cosas.” Yo solo encontré la cazoleta. no se parece a nada.

Me pregunto cuál será mi última palabra. ya no es mía. hasta el fin. La he buscado por todas partes. nada puede hacer. ¿por qué jugar a tener prisa? No lo sé. al techo. me recordaría mis buenos tiempos. con la esperanza de que al verla sola me daría pena. Una maza en todo caso. es un detalle. al haberse convertido en rajas. las hipótesis. Por otra parte. con sólo quererlo. ni sobre el armario ni por otra parte. me pregunto qué podía meter en ella. No se parecía mucho — hago mal en hablar de ella— a la que todavía tengo. cada vez más próximo. en un espacio tan reducido. con mi bastón. quizá incluso de haber nacido aquí.Malone Muere Samuel Beckett tiempo que perder. Haber dado el vagido. pero me he defendido. de lo contrario no acabaría nunca. pues. Adelante. es la definición que he adoptado para definir mis pertenencias. Podría atraparlas. Decididamente jamás se me permitirá acabar nada. de la familia de los psitacidios. cuando ignoraban todavía que no podría volver a moverme. engancharía el objeto deseado y lo traería hasta la cama. Está manchada de sangre. el paráclito quizá. Me servia de recipiente. Así sea. incluso en esta oscuridad. de agujeros redondos que eran. Tampoco acabaré este inventario. pero insuficientemente. Entonces. Todas esas cosas están juntas en el rincón. Las localizaría al tocarlas. No hay que ser goloso. Y como no la buscaré nunca más. Pues sólo son mías en rigor las cosas cuya situación conozco lo suficiente para poder atraparlas. Esto explicaría muchas cosas. en efecto. me lo dice un pajarito. y por fin lo tendría en mis manos. Quizá tenga prisa después de todo. Me la quitaron. y le fabriqué una tapa de hojalata. en lugar de permanecer. en el fondo lo sé. es absolutamente necesario. Pero se acabaron las sensaciones. jamás he visto una bota con tantos ojetes. Entonces es otra cosa. me he desprendido de ella. O quizá esté encima del armario. hay que decir lo que es. Me he defendido mal. ¿Por dónde iba? Mi cazoleta. Nunca lo sabré. Cómo la vida puede hacer perder el placer de la protesta. Pero ¿es así cómo uno se ahoga? Hay que creerlo. escrita. la mayoría inutilizables. aunque guardo suficientes 54 . Antes tuve tal impresión. en desorden. Pero mis impresiones. ya no sé de qué pie. Nunca. ¿qué se hace con él? Quizá no sea imprescindible después de todo. prestando atención a la ventana. lo izaría sobre la cama. del izquierdo sin duda. Esta maza es mía. La otra ha desaparecido. al principio. Es lo que a veces me digo. este es el caso. metía en ella un montón de cosas. punto y basta. después joderse y no dar el estertor. O de haber regresado aquí después de una larga ausencia. lo oiría resbalar y saltar hacia mí a lo largo del suelo. Y me dejaron la otra. el mensaje afluiría a lo largo de mi bastón. sobre el que me levanto. Y el estertor. Vamos. pero he olvidado la parte superior del armario. pero de todos modos no acabaré nunca. sí. Hay momentos en que tengo la sensación de estar aquí desde siempre. Si fuese mi sombrero quizá me lo pondría. cuya característica más notable es su gran número de ojetes. sin intentar comprender. la amarilla. El pobre Macmann. originariamente amarillenta. ¿Y si no me importara tanto recordar lo que me queda de lo que he tenido. Los hombres son así. las otras vuelan. cada vez menos querido. salvo el respirar. Una bota. ni a ella ni a nada. insuficientemente. una buena decena de objetos por lo menos? Sí.

es un capricho inocente. y otras que entran. Es quizá el único objeto todavía mío cuya historia recuerdo bastante bien. Pero. Entonces las tendré todas a mi alrededor. Pero no me atrevo a dormir. que doy por perdidas otras que no lo están. Y. Vivir de modo que resultara imposible perjudicarme. está decidido. la de las que lo ignoro todo y a cuyo respecto no me arriesgo a equivocarme ni a tener razón. dos. Pero nada me dice que siempre será igual. Me pregunto si debo continuar. De modo que. son siempre posibles. o esperar sencillamente. sin hacer nada. Pues bastante he perecido en esta habitación para saber que hay cosas que salen de ella. Para ponérselo y quitárselo hay que cogerlo con ambas manos. sobre mi. mientras que otras no. hay toda una serie de objetos. mi piedra. como en cualquier habitación inhabitada. o mis botones. entre las que vuelven. Siempre tengo este recurso. y que han permanecido prudentemente en su sitio. y que hay otras. ¿cuándo acabaré de morirme? Vamos. yo estaba presente. no vas a empezar de nuevo. Buena idea. Si tuviera un penique le confiaría la decisión. pero ¿cómo hacerlo? Memorándum. a ambos lados. Al fin y al cabo. mi papel de periódico quizá. ¿Y si persistiera hasta el amanecer? Sí. No me explico de otro modo el carácter cambiante de mis pertenencias. Me doy cuenta de que me atribuyo quizá cosas que ya no tengo. conmigo. Fue para conservarlo puesto durante el sueño. ponérmelo en cualquier circunstancia. Tendré en la mano mi foto. y 55 . parece una corteza de melón. Pero cada cosa a su tiempo. Pero quizá lo haga. y si no sería mejor terminar de una vez y entregarme a otro tipo de distracción que no diera tanto que hacer. Y entre las que salen hay algunas que vuelven. excelente idea. allá en el rincón. qué es mío y qué no lo es. uno. algo todavía más curioso. Me gustaría que lo enterraran conmigo.Malone Muere Samuel Beckett recuerdos de ellos. Cuando haya luz. en los dos sentidos. tres y así sucesivamente. No lo entiendo. hablando con exactitud. por no sé qué medio. Ya no tiene alas. tras una ausencia más o menos prolongada. Tengo sueño. debajo de mí. Decididamente la noche es larga y pobre en consejos. de un instante a otro. rectificaciones in extremis. en fin. in extremissimis. redactar un inventario. apretándolo. Todo esto suena a falso. decidiré. Sé en qué circunstancias perdió sus alas. ¿Si hiciera venir todas mis pertenencias tal cual y las tuviera conmigo en la cama? ¿Serviría de algo? Supongo que no. me es imposible saber. estaré en medio de mis pertenencias. pertenecientes a una tercera categoría. en el rincón. algunas me son familiares. en el rincón ya no habrá nada. o quizá contando. Quizá tenga algo en la boca. Malone. antes de que sea demasiado tarde. O de lo contrario lo hacen muy aprisa. De modo que. teniendo en cuenta que mis relaciones con la realidad son quizá muy lejanas. aparentemente sin nada de particular en común. Si al amanecer estoy aquí. todo estará en la cama. bien calado. Ni así. que jamás me han abandonado desde que estoy aquí. Me pondré el sombrero. Y me digo también que después del último control de mis pertenencias ha pasado mucha agua bajo el Butt Bridge. para que no se vayan. Esto es ser escrupuloso. y otras que no vuelven nunca. Entonces me pregunto si debo continuar. según mi definición. quiero decir a partir del momento en que pasó a formar parte de mis propiedades.

Es un asno. Decir que quizá vaya a morir de hambre. está lleno y el otro se llena lentamente. Ya no hay rastros de ropa por ejemplo. No voy a detenerme. no puedo. Hubiese querido hablar de mi tapa de timbre de bicicleta. Los bacines no parecen ser míos. pues las mismas causas producen los mismos efectos. lo que me permite manejarlos al deslizar en ellas mi bastón. aunque quedara no la tomaría. diríase una muleta de bebé. junto al océano. si me encuentro acosado. después de haber luchado con éxito durante toda mi vida contra semejante plaga. pero no me siento bien. el sombrero y tres calcetines.Malone Muere Samuel Beckett yaceré sobre otros tesoros. Creo que voy a interrumpirme. Es un desfallecimiento pasajero. los he contado. Al no comer nada me intoxico menos y mis evacuaciones escasean. No puedo creerlo. Ya no renuevan mi sopa desde hace algunos días. En las orejas se le nota que no está contento. El plato permanece vacío. Quizá sea la mía una mala definición. Entran en la definición de lo que es mío. se diga lo que se diga. y les entonelan papilla 56 . levantarlos y depositarlos. No me será. no lo sé. O es una feliz coincidencia. Las piernas flacas. No. mi abrigo. Todo ha sido previsto. hacerla ir y venir con la esperanza de que el ruido sea percibido y correctamente interpretado. Aún puedo terminar de hacerlo. o en el recto. El bacín. Pero tal vez debería decir lo contrario. pero me extrañaría. Mi foto. De buena gana comería un poco de sopa. El océano tiene un aspecto tan artificial que parece un decorado. No. las pequeñas pezuñas a flor de arena. tomado de frente y de bastante cerca. me voy quizá. después eso pasa. Por otra parte. Guardaba lo mejor para el final. difícil volcarlos. como digo yo. ¿lo he dicho? He debido decirlo. se recobran las fuerzas y se empieza de nuevo. pero no son míos. pero para mí es el océano. en caso de tratarse de un olvido. salvo el zapato. para que sus hermosos ojos se impriman en la película. traerla hacia mí. mi pantalón y la chaqueta de franela que me dio el señor Quin. el tiempo preciso. A los viejos impotentes los ceban hasta el final. Si llego a llenarlo vaciaré ambos en el suelo. los tengo sólo en usufructo. todo el mundo ha conocido alguno. pero digo mis bacines. y aguardar a que se vacíen. ¿Dónde han ido a parar mis ropas. sobrepasando el borde. Le han puesto un canotier en la cabeza. no es el océano. mejor dicho de inanición. Pero no se trata de lo que ya no poseo. pues. Uno desfallece. ¿bostezaría si se tratara de algo grave? Por qué no. la mitad y el travesaño. Hablar de mis bacines me ha vigorizado un poco. la risa del fotógrafo ha movido la cámara. No son míos. pero la tiene gacha. mi ventana. quién me lo impide. me parece. Cada uno tiene dos asas una frente a la otra. pero quizá me parezca bastante. como digo mi cama. duras y paralelas. eso no cuenta en semejante momento. Bostezo. manifestándome que él no la necesitaba? Quizá las hayan quemado. Y cuando no pueden ya digerir les meten un tubo en el esófago. Han intentado naturalmente hacerle levantar la cabeza. Mis pertenencias me han hecho flaquear. por el contrario. por quien deba hacerlo. Resulta inútil mandar mi mesa hasta la puerta. si quedara. si las enumero de nuevo volveré a desfallecer. No es una foto de mi persona. de mi mitad de muleta. Es probablemente lo que me sucederá. pero hay pocas posibilidades. Los contornos aparecen desvaídos.

Si me entreno acabaré quizá por hacer oír un gemido. Es un riesgo que no estoy dispuesto a correr en este momento. Quizá conseguiría conducirla a través de la puerta. Si tirara mi mina. Lo intenté. en espera de que haya suficiente luz para intentar la aventura. harto de días como antes del diluvio. no debo dormir. al resbalar. Hasta ahí conduce la afición a generalizar. Durante este tiempo por lo menos no me diré más mentiras. Al principio.Malone Muere Samuel Beckett vitaminizada. He perdido mi bastón. Mi querida mina. He debido de escoger mal mi punto de apoyo. mediante un ataque cardíaco. en la oscuridad. pero era al principio. Basta no oír otra cosa. Lo mejor sería dormir. tan estrecha es. reflexionar sobre ello y sacar conclusiones. No se atreve uno a aproximarse. voy a intentarlo. en su agujero. Y ya me veo. si funciona. No siempre es fácil. después durante algún tiempo un viejo brazo amarillo. Pero siempre puedo intentar averiguar si la cama se deja arrastrar. como conviene a quien no tiene nada que decir ni sabe adónde ir. Con todo. de vejez pura y simple. Sine qua non. pero probablemente no hacían sino ejecutar las órdenes de un consorcio. La cama no se ha movido. es 57 . el estómago lleno. No la recuperaría nunca. quién sabe. En efecto. Sin tener en cuenta que bien pudiera ser que no hubiera nadie en un radio de cien pasos. He hablado despacio. Basta apoyar el bastón contra la pared y hacer fuerza. muchas camas lo están. Pero no tuve tiempo para reflexionar. que el ruido de las cosas. O hayan muerto ellos. el esfuerzo físico podría rematarme. Por otra parte. La oscuridad me perjudica. Podría echarla de menos. pues. Arquímedes. Revivirlo. Es un desastre. En tal caso me fatigaría inútilmente. para que uno se crea el último superviviente del género humano. se trata de no tener un homicidio sobre la espalda. Resulta increíble que nunca me haya planteado esta cuestión desde que estoy aquí. e incluso hacerla bajar por la escalera. un chirrido abrasador en el fondo de la tráquea como cuando se tiene acidez. aunque en el fondo nada sé. Espero que sean las más importantes. sirviéndome del bastón como de un bichero. si hubiera una escalera que bajar. El miedo de caer hace cometer locuras semejantes. me hubiera sacado de la cama si yo no lo hubiera soltado. El bastón. No he oído nada anormal. Me pregunto si podré interrumpirme. desplazar mi cama. Sí. Mejor hubiera sido naturalmente renunciar a la cama que perder mi bastón. ¿Y si gritara? No es que quiera atraer la atención sobre mi persona. he andado despacio siempre. He perdido el tren. He aquí el hecho más sobresaliente de la jornada. Digo ellos. dando una vueltecita por la habitación. Quizá me creen muerto. Bien podría estar sobre ruedas. ¿He dicho ya que sólo digo una pequeña parte de las cosas que se me ocurren? He debido decirlo. en un sentido. Qué aburrimiento. pues? Me pregunto sí conseguiría. y a continuación un vecindario tan denso que la gente se pisotee al andar. ¿Qué hago. Irme. tenía razón. el silencio por momentos es tal que la tierra parece estar deshabitada. Moriré. Pero no me gusta gritar. veía a una vieja. Desgraciadamente ya no tengo sueño. lo haría sólo para intentar saber si hay alguien. pues ya es de día otra vez. Escojo las que parecen tener una cierta relación entre ellas. Pues en tales condiciones es preferible no hacerse notar. durante algunos días. Y después.

Al menos no me regañarán. Pero en tal caso. un mal para bien. Sin duda me veré obligado a hacerlo en la cama. salvo mi cuaderno. Saber poder hacerlo mejor. se nota. suponiendo que realmente exista. y que no hay próxima vez. Me siento menos débil. Eso hubiera dado un toque de variedad a mi descomposición. cuando ya no lo tengo. y que es una suerte que no la haya. Y de ahí me remonto. he aquí con qué satisfacerse durante un momento. fuese el de ayudarme a morir? Juzgamos demasiado a la ligera a la gente. Así el hombre se distingue de los primates y va. No. como de todo lo que se ve. quizá me hayan alimentado mientras dormía. mi mina y el lápiz francés. De modo que no estoy lejos de ver. Y después. Creí sacar el máximo de esta especie de cabeza de lobo. cada vez más arriba. de la llave que abre su jaula. lo que aquí se toma por tal.Malone Muere Samuel Beckett sin duda lo mejor que puedo hacer ahora. También veo el bacín. De ahí. Permanecer frío como el mármol debajo de la lava. al privarme de la sopa. me falta todavía un poco de tranquilidad. Esto me recuerda que tenía entre mis pertenencias un frasquito sin etiqueta con algunos comprimidos dentro. ¿yo? De nuevo es de día. Por lo demás. la próxima vez. la cuestión no se plantea. ¿Y si su propósito. se salvó un ladrón. no del todo. de descubrimiento en descubrimiento. Ya he hablado bastante de mí. ahí es donde se ve de qué madera se está hecho. ¿por qué alimentarme mientras duermo? Pero no es seguro. Son gente previsora. a una comprensión del Bastón. tan ingenioso soy. Catástrofe también en el sentido antiguo sin duda. Es consolador. pues quizá encuentre el medio de recuperarlo. según mi definición. Es como si se hallara en el Ecuador. mi conciencia notablemente ampliada. No todo está perdido irremisiblemente. de repente. Tengo una idea para intentar recuperarlo. hasta sentirse otro. estuve inspirado. Voy a ver si sirve mi idea para recuperar el bastón. de lo que era mi bastón y de lo que representaba para mí. cerca de la cama. El sabio quizá no. Pero si quisieran ayudarme. cuando me hubiera cansado de arrastrarme y de rodar por el suelo o por la escalera. Hice bien al interrumpir mi inventario. como el mono. hacia la luz. Es decir. He debido de dormir tras una breve crisis de desaliento. Entre tanto. basta de hablar de mí. despojado de todos sus accidentes. Me doy cuenta ahora. Pedirles tranquilidad y no obtener más que una diarrea. insospechada hasta ahora. en la auténtica catástrofe que acaba de destrozarme. Lo cierto es que debo de estar muy 58 . nada me pertenece. si no recuerdo mal. ¿Laxantes? ¿Sedantes? Ya no recuerdo. al rascarse. ¿no sería más inteligente darme sopa envenenada. resultaría cargante. Pero ¿puede el sabio no desear una cosa cuya posibilidad ni siquiera concibe? No lo entiendo. Porque ahora comprendo que manejando mi bastón de manera inteligente habría podido sacarme de la cama y quizá volver a meterme en ella. Pues por qué desalentarse. veo sólo una parte. mucha sopa envenenada? Quizá teman la autopsia. Pero. Acabo de pensar algo. es un buen porcentaje. el que no está lleno. Por otra parte. Veo el bastón en el suelo. ¿Cómo no lo pensé? Es cierto que no deseaba abandonar la cama. penosamente. es lo mejor que se puede hacer. ya no podré alcanzarlo. como no la tuve desde hace mucho. Y estoy tranquilo. como cuando era bebé. Diríase que me alivia estar sin bastón. no mucho.

donde se hallaba. lo observó un momento. Eso nos gusta. a pesar de la bondad de que era objeto. y apretaba con cada mano un barrote de la cama. pues hasta ahora había escapado a la caridad. Se apretujaban alrededor de su cama. en un asilo. El que hablaba era un hombre. Macmann recobró el sentido. A decir verdad. se llenaba cada vez más. estando metido dentro. para empezar. Si no. más que improvisar leía. Aparte de los alimentos adecuados para mantenerte vivo. Ver qué ha sido de Macmann quizá. en honor de nuestro patrón. En resumen le dijeron: “Estás aquí. al mismo tiempo que un lápiz indeleble cuya punta acababa de meterse en la boca. pues se le reconocía todavía cierto número de derechos. sea por temor a ser castigado si se negaba. se llama Macmann”. dijo con enfado. recibirás. dijo el barbudo. La habitación.” Siguieron instrucciones sobre sus derechos y deberes. en el asilo de San Juan de Dios. o celda. “¡No empujen. Alguien respondió: “Es Moll. el otro cogió de nuevo el papel. Un día. Entonces se retiraron todos. a juzgar por el papel que sostenía entre las manos y al que lanzaba de vez en cuando una ojeada ansiosa. dijo el barbudo. ¿qué?” Fue entonces cuando una voz de mujer. Si sirve de algo intentaré salir de la cama. en cuyos rasgos se reflejaban en idénticas dosis dulzura y severidad. Dicha mujer se hallaba situada detrás de Macmann. hervía de hombres y mujeres vestidos de blanco. exageradamente aguda y desagradable. después bajó los ojos. atropellándose y 59 . y le rogó que estampara su firma. dando de pronto media vuelta.” Añadió. diciendo: “Mann. no sé qué haré. de modo desordenado. lo examinó y dijo: “Mac. estás entre amigos. Por fin tendió el papel a Macmann. ¿Por qué esta necesidad de actividad? Me pongo nervioso. por Dios!”. Macmann no comprendió de momento que se dirigían a él. sin que pudiera saberse con exactitud si el elogio iba dirigido al hermoso nombre de Moll o al hermoso nombre de Macmann. se llama Moll” El barbudo se volvió hacia quien acababa de hablar. Por tanto. No te preocupes por nada. Date cuenta. “¿Quién es usted?”. a juzgar por su aspecto. tras un silencio: “Hermoso nombre”. exclamó: “¡A ver si dejan de empujar de una vez!” La habitación. en efecto. una vez más. Siempre dispongo de este recurso. por la afluencia de nuevos curiosos. todos los sábados. en la flor y plenitud de la vida. mucho más tarde.. En cuanto Macmann hubo obedecido. estoy enfermo. se dejó oír. y llevaba una barba roñosa destinada sin duda a reforzar su parecido con Cristo.Malone Muere Samuel Beckett débil. e incluso sano. naturalmente. Asombrado por semejante tuteo torrencial. “Yo me voy”. media pinta británica de cerveza negra y tabaco para mascar. o recitaba. nosotros pensaremos y obraremos por ti de ahora en adelante. Al principio ignoraba que lo fuera. de modo que este no podía verla. advirtiéndole que se trataba de un requisito sin importancia. no nos des las gracias. pero se lo dijeron en cuanto fue capaz de recibir un comunicado. Después.. bueno. cierto —dijo—. No temas nada. con el número ciento setenta y seis. sea por no comprender la gravedad de lo que hacía. “Cierto. y los que aparecían en segunda fila se empinaban y alargaban el cuello para verlo mejor.

Pero cuando todos hubieron salido. una ancha y larga camisa de tela tosca. los labios tan anchos y gruesos que parecían comerle la mitad del rostro. por la superioridad. que el ciento setenta y seis sería para Moll. los miércoles. después volvió a sentarse. Le traía de comer (un buen plato por día. en vez de su atavío habitual. poco después de su admisión. los martes. y las restantes partes del cuerpo. y sin duda tenía otros cuidados que prodigar y otras instrucciones. cuando permanecía inerte. los muslos. Macmann pensó que esa persona debía de ser la encargada de cuidarle y servirle. Me interrumpo para señalar que me siento extraordinariamente bien. lo abandonaba lo menos posible e incluso lo velaba parte de la noche. Pero durante los primeros tiempos. se deduce de la siguiente anécdota. los lunes. cuando este hacía algo. En efecto. la de él. muy pronto frío). Parece llamada a desempeñar cierto papel en los insignes sucesos que espero me permitirán acabar de una vez. de cuerpo y rostro inmoderadamente desgraciados. Era una viejecita. Moll se sentó entonces en el borde de la cama y distribuyó sus manos de la manera siguiente: una sobre una de las de Macmann. la otra sobre su frente. le dijo que sus ropas desde luego ya no existían y por consiguiente no podían devolvérselas. arreglaba la cama de vez en cuando y parecía obtener un exagerado placer al frotar y sacar brillo a los cristales esmerilados de la única ventana. ¿Significaba que ella permanecía constantemente junto a él? No. no. Los brazos flacos y amarillos y retorcidos por una deformación ósea cualquiera. eran lo más repugnante en ella (a primera vista). quizá estameña. En lugar de pendientes llevaba dos crucecitas de marfil que se balanceaban desenfrenadamente al menor movimiento de su cabeza. dejando el cuello y las orejas para el domingo. Ella barría la habitación. Quizá sea el delirio. había hecho la demanda. comprendiendo en ellas probablemente el contenido de sus bolsillos. agitándose en la cama y golpeando las mantas con las manos abiertas. en una silla. el domingo descansaba. Acto seguido empezó a reclamar ruidosamente sus ropas. Correcto. pues gritó: “¡Mis cosas! ¡Mis cosas!” Muchas veces. las piernas hasta las rodillas. junto a la cama. de si tenía o no derecho. Que era comprensiva y de buenos sentimientos. que no se movió. esperando que él se habituara a la aún reciente felicidad. la de él o la de ella. e igualmente. se dirigió hasta la puerta y la cerró. Era tan baja que sus pies no llegaban al suelo. según las fórmulas previstas. Macmann comprendió que vestía. por otra parte. caliente al principio. que nunca se abría. Cuando Macmann se hubo calmado un poco.Malone Muere Samuel Beckett tratando cada cual de pasar primero. Ella. había sido decretado. una tras otra. y en cuanto a los objetos que habían sacado de ellas se juzgaron carentes de valor alguno y buenos sólo para 60 . Informaba a Macmann. de si estaba permitido o no. vaciaba el orinal todas las mañanas y le enseñaba a lavarse la cara y las manos todos los días. excepto Moll. y así sucesivamente. una vez por semana: los pies. Un día.

Se parecen. por añadidura. no importa de qué vestigios de carne y de conciencia se trata. para quien sabe lo que puede el paso de los años? Efectivamente. y especialmente su sombrero. a fin de cuentas. no vale la pena rastrear a la gente. Pero como Macmann continuaba reclamando sus cosas. lo cual hizo parpadear los ojos de Macmann como los de un animal al que su amo mira fijamente y por último los obligó a desviarse. del mismo ilustre cojón. aparte de su aspecto deteriorado por el uso. Y lo que es más. tanto se le parece. cualquier investigación requiere demasiado tiempo. y aun de tenerse en pie. que había ido a buscar quizá en el montón de basuras al fondo del huerto. y en su mayoría orgullosos. se hallaban en un lugar tan seguro como si hubieran sido recibidas en depósito por el Banco de Inglaterra. Contempló enternecida el viejo rostro aturdido que empezaba a calmarse y debajo de la barba la boca que intentaba sonreír. Pasaremos en seguida a la segunda. salvo un portacuchillos de plata que tenía a su disposición. Debe de tratarse del mismo sombrero abandonado en medio de la llanura. que únicamente se trataba de una broma y que en realidad sus ropas. riendo. y las manos que se alzaban para calárselo mejor y de nuevo se posaban temblorosas sobre la manta. 61 . Y reapareció poco después sosteniendo con la punta de los dedos el sombrero en cuestión. Consideremos ante todo la primera fase de la estancia de Macmann en San Juan de Dios. se vio obligada a invocar el reglamento. como si nada hubiera comprendido de cuanto ella acababa de decirle. e incluso lo ayudó. pues. si es necesario. que en ningún caso admitía que un hospitalizado recuperara su apariencia de hombre sin hogar ni familia hasta el fin de su hospitalización. Pero como Macmann continuaba reclamando sus ropas a grito pelado.Malone Muere Samuel Beckett tirar. después de haber sido lavadas. y los ojillos enrojecidos que se volvían tímidamente hacia ella con aire de querer agradecérselo o se posaban sobre el sombrero recobrado. Pero esas declaraciones provocaron en Macmann tal inquietud. y con el temor. en la duda de poder andar. suponiendo que pudiera levantarse. e incluso a la tercera. cubierto de estiércol. zurcidas. a los disgustos que podría acarrearle por parte de la dirección. a pesar del extraordinario parecido físico. después de todo. Y finalmente cambiaron una larga mirada y la boca de Moll se abrió y se hinchó en una horrenda sonrisa. hasta el punto de confundirse incluso en el espíritu de aquellos que les quieren bien y se sentirían de verdad dichosos si pudieran separarlos. naftalinadas y guardadas en una caja de cartón con su nombre y su número. Fin de la anécdota. que se apresuró a añadir. Desde el momento en que todavía es lo que se llama un ser vivo no cabe equivocarse. y espiritual. ella lo dejó diciéndole que no era razonable. planchadas. ayudándole a incorporarse y arreglándole las almohadas de modo que pudiera sostenerse sin fatiga. Durante mucho tiempo no se movió de la cama. de haber salido todos. los Macmann son numerosos en la isla. pues. forzosamente unos a otros. parecía estar en plena descomposición. ¿Se trata por casualidad del mismo Macmann. permitió que se lo pusiera. es culpable. Por lo demás.

Pues dada su edad y su poca experiencia del amor carnal.. tengo la llave de la farmacia. Comparado con el otro no tiene importancia.. ¡Y pensar que esperaba más bien un enfriamiento! La primera fase. para quienes han ido. Hizo entonces indiscutibles progresos en el ejercicio de la palabra y aprendió en poco tiempo a colocar en su debido sitio los sí. Que sea justo en el mismo momento. Pero. por fin lo he comprendido. es todo cuanto pido. menos no 62 . más y bastante que mantienen la amistad. por no decir cuál. lo cual para Macmann facilitaba mucho las cosas. Después se la devolvía y ella la metía debajo de la almohada con otras ya guardadas allí. Pero mis notas tienen la penosa tendencia.. Entró por el mismo motivo en el mundo hechizado de la lectura. Se volvía entonces acaloradamente hacía él. diciéndose: “Está allí. de rodillas. Por lo demás. Durante la lectura. la de la cama. por haberte encontrado antes de morir. Macmann se empeñaba en introducir su sexo en el de su compañera como si metiera una almohada en una funda.Malone Muere Samuel Beckett Unas cuantas pequeñeces dignas de mención. cuántos discreteos. eso cae de su peso. Pues moriremos pronto los dos. temores y tímidos contactos. no pasa un día sin que dé gracias a Dios. si las interpreto correctamente. Pero aprovechemos antes este suntuoso ocaso. pues. se caracterizó por la evolución de las relaciones entre Macmann y su guardiana. apelando a todos los recursos de la piel.. no diré cuáles. allí. aunque de una perfecta impotencia uno y otra. conscientemente del extraordinario calor. las mucosas y la imaginación. que les arrastró en un momento dado a acostarse juntos y a acoplarse lo mejor que pudieron. sosteniendo la hoja tan lejos de sus ojos como sus brazos se lo permitían. Ejemplo: “Querido. a hacer desaparecer cuanto consideraba como su objeto. muy curiosas dada mi situación. dispuestas por orden cronológico y atadas con un lazo. lejos de desanimarse. con la mirada baja. allí”. no. se aficionaron al juego y terminaron por. Moll permanecía un poco alejada. que muy pronto pudo pasarse sin las explicaciones de su corresponsal y comprenderlo todo por sí mismo. Me desvío. imprevisto. pues Moll le escribía cartas enardecidas y se las entregaba en mano.. de los cuales sólo importa señalar aquí que hicieron entrever a Macmann el significado de la expresión ser dos. Poco a poco se estableció entre ambos una especie de intimidad. Y los recuerdos de la escuela son tan tenaces. pues era la más extrovertida de los dos (en aquella época): “¡No habernos encontrado sesenta años atrás!” Pero antes de llegar a eso. era natural que no consiguieran al primer intento causarse la impresión de estar hechos el uno para el otro. hacer brotar de sus secos y débiles abrazos una especie de sombría voluptuosidad. otro recuerdo de cuarto curso. Tales cartas apenas variaban en cuanto a la forma y al contenido.. De modo que Moll exclamó. a tiempo de ver cómo se llevaba la carta a los labios o la apretaba contra su corazón. que se ha adueñado de ciertas partes de mi máquina. doblándolo en dos y empujándolo dentro con los dedos. y mantenía dicha actitud hasta que el ruido de la hoja metida de nuevo en el sobre le anunciaba que él había terminado.

De eso se trata. Y por no haber servido nunca. e incluso de la madurez. En cuanto al sesenta y nueve. que pronto lo habrán visto todo y que a menudo les cuesta permanecer abiertos. quien nunca las contestaba. no es gran cosa. creo.” Tal era el tono ligeramente discursivo de las declaraciones que Moll. en la oscuridad. así es mejor. ¿verdad. es evidente. y tú. S. viejo bebé peludo a quien adoro. y naufraguemos juntos en una desgracia sin nombre. ¡Grandísimo truhán. de recordar la antigua embriaguez en medio de la náusea. y cuando ya las cartas escaseaban. Por lo que respecta al camino a seguir. cada cual por su cuenta. haremos todavía cosas asombrosas. Pero todo es relativo. lo habrás notado. ciervos y ciervas a sus necesidades. hay peras que sólo maduran en diciembre. déjalo de mi cuenta. desesperando sin duda de poder dar rienda suelta a sus sentimientos por vía normal. vamos! Son todos esos huesos lo que nos entorpece. ¡qué vida tan sobria y casta has debido de llevar! Yo también. sobre todo a nuestra edad. aprovechémosla. tomémonos tal como somos. cuando estabas en edad de hacer palpitar el corazón de las mujeres hermosas. cierto. escuchamos decir al viento lo que es estar fuera. privada del recurso de la pasión. no tendremos tiempo de aprender a aborrecernos. en particular.Malone Muere Samuel Beckett puede decirse. “He pedido las ostras. quiero decir por escrito. pero manifestaba por todos los medios a su alcance el placer que sentía al recibirlas. sino más bien fea y casi deforme. y con su ternura. comparado con el frenesí de la juventud. lo que juntos no podamos ya. lo que reducidos a ese único medio realizamos diariamente. no carecemos de frescura ni inocencia. Considera por otra parte. que nunca he sido hermosa ni bien formada. puesto que nos lo contamos todo. nunca comprendido. Pero hacia el final del idilio. Es asombroso lo bien que te sales del paso. Y tú. nosotros a las nuestras. tengo esperanzas. de buscar en terceros. Pero al envejecer nos hemos vuelto apenas un poco más horribles que nuestros coetáneos mejor proporcionados. Hay que ver las cosas como son. debemos creerlo. ¿reunías las otras condiciones? Lo dudo. abrazados. cariño? Cuando estoy entre tus brazos. reuniendo todas las fuerzas de su vocabulario Macmann se dispuso a componer 63 . tras un largo día de tormenta. nuestros corazones entristeciéndose al unísono. aunque mis obligaciones nos separan. ya verás. en invierno. en fin. recuerdo la expresión. es decir un poco tardíamente. creo que hay que perseverar. eso sólo son pequeñeces. mi amor. has conservado los cabellos. y muchos besos allí donde adivinas de tu Muñeca Borrachina. ya me dirás algo. por ejemplo. Piensa también que la carne no lo es todo. por la noche. no estoy de acuerdo contigo. P. Y sobre todo no nos apuremos. y tú en los míos. y lo que es haber sido lo que nosotros hemos sido. a juzgar por los testimonios que he recibido. Conclusión: por fin ha llegado para nosotros la estación de los amores. pues. y busca amantes que puedan con sus ojos lo que nosotros podemos con los nuestros. apretujándonos. me decía que parecía un macaco. ¿No piensas lo mismo? ¡Querido! ¡No habernos encontrado sesenta años atrás! No. En fin. dirigía tres o cuatro veces por semana a Macmann. no puedo creerlo. Ánimos. de habituarnos el uno al otro. Pensemos en las horas en que. Déjate hacer. de ver marchitarse nuestra juventud. Papá.

Ni una palabra. Resulta extraordinario que Macmann haya podido izarse. caracterizados sin excepción por la importancia dada al amor considerado como una especie de aglutinante mortal. más o menos de esta misma calidad. Ejemplo: Muñeca Borrachina y viejo bebé El amor nos unió un día Al final de una larga vida Que no siempre alegre fue Cierto es No siempre alegre fue Otro ejemplo: El amor nos ayuda a partir Tu mano en mi mano hacia Glasnevin1 Lo mejor del camino es el fin Para mí y para ti Sí Para ti y para mí Tuvo tiempo de componer diez o doce. Principios dificultosos en efecto.Malone Muere Samuel Beckett breves escritos curiosamente rimados. idea que se encuentra con frecuencia en los textos místicos. Sus labios particularmente le repugnaban. Y uno se queda pensativo. pues. Fue ella. pues comprendía que se le escapaba. los mismos poco más o menos que algunos meses después habría de chupar gruñendo de placer. Me pierdo. preguntándose qué habría podido hacer si hubiera entrado en contacto con la verdadera sexualidad a una edad menos avanzada. para ofrecérselos a su amiga. hasta una concepción tan elevada. para mayor seguridad. 1 Nombre de un famoso cementerio local. no sólo cerraba los ojos. sino que se los cubría con las manos. durante los cuales Moll le inspiraba una franca aversión. 64 . hasta el punto de que al verlos. en tan poco tiempo y a partir de principios más bien dificultosos.

“Me lo cepillo cinco veces por día —dijo—. diera un salto adelante. haya querido poner punto final a sus relaciones. Un día. un colmillo largo. al final. Mi luna estuvo aquí abajo. considerando a partir de un momento dado que se había equivocado respecto a Macmann y que este no era lo que ella creía.” Soltó su labio. él la detuvo de nuevo. Pero como ella se dispuso a volver a la carga. sin haber podido encontrar un pesar. ante ella. único pesar. no puedo. Y un día. y no tener que morir nunca más. quien al fin y al cabo sólo es una hembra. una noche terrestre. Y en cuanto al placer que experimentó más tarde al meterle la lengua en la boca y paseársela por las encías. tallado probablemente con una fresa para representar el célebre sacrificio. una liga según parece o una sobaquera. durante el cual entre el calor creciente de uno y el ya ligeramente en baja del otro se estableció una fugaz igualdad de temperatura. Pero demos la palabra a los hechos. “Se mueve —dijo—. pareció flaquear y necesitar estímulos a su vez. Estar muerto. sino de Macmann. como yo. separó el rostro de Moll del suyo con la excusa de examinar sus pendientes. pronto. muy abajo. He aquí el tono aproximado. Y a veces la simple imagen de un tercero. preguntándole al azar: “¿Por qué dos Cristos?”. sin responder aún como habría de hacerlo más tarde. de entre los moribundos. y girar. blanca luna postrera. con ella. Desgraciadamente no se trata aquí de Moll. amarillo y sumamente descascarillado. que volvió inmediatamente a su lugar con un chasquido. Algunas palabras para terminar con el desenlace de esta unión. muerto sobre muerta. alrededor de los pobres hombres. una por herida. cuando Macmann empezaba a acostumbrarse a ser amado. rompiendo la monotonía de las encías. ni siquiera eso. A menos que no se tratara sencillamente de una cuestión de salud. No. en su afecto.Malone Muere Samuel Beckett quien por aquel entonces se deshizo en ardores insaciables.” Separó entonces las mandíbulas y llevándose el labio entre el pulgar y el índice hacia la barbilla descubrió. bajo la tierra. nada nos obliga a hacer gala de ello. lo cual puede servir para explicar por qué. Lo referente al breve período de plenitud entre los dos alejados extremos. lo poco que supe desear. Pregunta a la que ella dio una respuesta absurda: “¿Por qué dos orejas?” Pero se hizo perdonar al cabo de un instante. pronto. con una sonrisa (sonreía por naderías): “Son los ladrones. Pero. diciendo. y morirá. ni siquiera eso. con aire de creer que con uno ya era suficiente. al claro de tierra: “Ni siquiera eso. Hastiada de mi hastío. Lo que tampoco excluye la hipótesis de que Moll. ni siquiera eso”. Cristo está en la boca. Ejemplo. Ni siquiera eso.” Con el índice de la mano libre se lo tocó. Haría mejor en hacérmelo arrancar. para no alarmarlo. temo despertarme cualquier mañana habiéndomelo tragado. Pues si hay que tener para no haber tenido y para no tener ya. ni tampoco del desenlace de sus relaciones. tampoco interesa ahora. 65 . sobre ella. pero suavemente. Este incidente dejó una fuerte impresión en Macmann e hizo que Moll. un moribundo dirá. ese raigóncruz desempeñó seguramente un buen papel. sino del comienzo. ¿qué sería del amor sin estos inofensivos adyuvantes? Ya sea un objeto.

se instalaba en medio de la habitación. Cincuenta años menos y parecería una embarazada. 66 . si se quiere. Para Moll también. ¿no?. se golpeaba. se retorcía y gritaba sin resultado. y confesó a Macmann que ya no se atrevía a peinarlo. o agotado. mientras se contorsionaba y gritaba. Pues cuando se tiene al alcance de la mano el único amor compartido de una vida desmesurada. no. en una silla. Por añadidura. “Me lo cuenta todo”. La mataré. a simple vista. En una palabra. vomitaba mucho sobre el suelo. Y las deyecciones permanecían a veces. no por ello sentía menos necesidad de abrazarla. y no dejarse desviar por repugnancias buenas para los tibios. Fue por esta época cuando ella perdió su colmillo. para no ofrecer a su amante mas que la espalda sacudida por movimientos espasmódicos. la cabeza e incluso el colchón. Macmann no podía evitar ver en su actitud un enfriamiento hacia él. por supuesto. si es verdadero. y ya no se movía.Malone Muere Samuel Beckett Moll. Pero esto no tenía importancia comparado con la alteración de su tez. por pestilente y vomitada que estuviera. pero entre no oler bien y exhalar el tufo que exhalaba por aquel entonces mediaba un abismo. allí donde habían caído. se decía él con satisfacción. con la esperanza quizá de que ella se apiadaría de él y vendría a consolarlo y a secarle las lágrimas. se sentaba en la cama e incluso se dejaba hacer cosquillas. Macmann. como el día en que había reclamado su sombrero. al verla tan desmedrada. Se le comprende (a ella también). más deseaba Macmann aplastarla contra su pecho. Entonces él continuaba solo fuera de sí. entonces una especie de frenesí se apoderaba de él y empezaba a golpearse con los puños el pecho. lamentaba la larga inmunidad perdida. Y. Jamás había olido bien. sin embargo. Y cuando ella se volvía hacia él y lo miraba (y aún lo hacía de vez en cuando) con ojos en los cuales él creía leer un amor y una pena infinitos. Si él la llamaba. Sea lo que fuere. salió por si mismo del alvéolo. que de amarilla pasaba a azafrán. Y quizá hubiera algo de esto también. el asilo. cuanto más decaía ella. esperando que ella recuperara fuerzas para ir en busca de algo con que quitarlas y limpiar el suelo. Y tranquilo al fin. lo más natural es querer aprovecharlo. por temor a acelerar la caída. que era desinteresado. Y en verdad lo hubiera hecho si ella no se hubiera opuesto. Pero era evidente que pensaba en otras cosas y que sólo tenía un deseo: recuperar su silla y recobrar el gesto que ya se había hecho familiar en ella: el de darse lentos masajes en el vientre apretando bien con las dos manos. pero no era ya la misma. e incluso salía de la habitación sí consideraba que la escena se alargaba demasiado. mientras se esté aún a tiempo. Y su irreflexión llegaba hasta el punto de preguntarse con qué derecho cuidaban de él. la caridad y la ternura humana. Volviéndose entonces. Además. pero que el amor no advierte. pues ella le dejaba hacer. Por otra parte. padecía vómitos. Se ocupaba siempre de Macmann. a menos que la imaginara escuchando detrás de la puerta. fenómeno lo suficiente extraño y curioso para merecer ser mencionado. durante horas. empezaba a oler mal. perdía el cabello abundantemente. Y aunque todo parecía indicar que Moll no estaba nada bien. eran días muy malos para Macmann. Una vez terminada la limpieza. lo cual prueba.

Lemuel daba la impresión de ser ligeramente más estúpido que malo. Lemuel permanecía pensativo durante largo rato. Ya en vida de Moll había manifestado más de una vez el deseo de levantarse y de salir a tomar el aire. o mostrado al menos. cada vez más inquieto por su situación aparentemente y habiéndose convertido en un ser capaz de aislar y expresar bastante bien para ser comprendido una pequeña parte de lo poco que le pasaba por la cabeza. se vería colgada en el tablón de servicio una nota así concebida: “Que el ciento setenta y seis se levante y salga. locos o como nosotros. pero tímidamente. un gesto autoritario le obligaba a callar. en caso afirmativo. dijo un día.” Pero se dijo a continuación. a primera hora de la mañana. Y sí Macmann. inmóvil o si se quiere rascándose la cabeza o la axila. cómo salir. y su voz era más fuerte que la del amor. era extraño que recibiera una respuesta inmediata. un hombre a quien jamás había visto vino a decirle que Moll había muerto. una señal de cariño y confianza. según los casos. podría sin duda levantarse un día e incluso salir a respirar el aire puro de la planicie. se atrevía a tomar de nuevo la palabra. le pedía algún informe. Entonces añadía: “Pero preguntaré. y me ocuparé de ti de ahora en adelante. Macmann podía tener la seguridad entonces de que no se hablaría más de ello. diez o quince minutos. y que ese día. si San Juan de Dios era una institución privada o dependiente de la República. mierda!” Y casi siempre acababa por decir que no sabía nada. aunque de padres probablemente arios.”. cuando ella hubiera abierto la boca para hablar o para sonreír. pues. en primer lugar: “Hubiera podido callárselo: es. en la gran sala donde todo el personal se reunía al amanecer antes de entrar en servicio. que tenía las dimensiones de un diario de a bordo.” Un día. como si tales preguntas no se las hubiera formulado nunca. en su corazón. por ejemplo. O gritaba.Malone Muere Samuel Beckett durante el día por suerte. digo. cuando Macmann. Pero era presa de accesos de buen humor casi hipomaniáticos. Macmann se dijo. murmurando: “Privado o estatal. “¿Puedo levantarme?”. considerado bajo un determinado punto de vista. tomaba nota. de modo que ella pudo recogerlo y guardarlo en lugar seguro. etc. cada vez que se dejaban oír al 67 . Moll se mostraba inflexible.” Y sacando su agenda. si era prudente. con pataleos de un nerviosismo indescriptible: “¡Déjame reflexionar. o quizá pensando en otra cosa. Lo cual le sirvió para descubrir que en efecto. impacientándose o creyendo haberse expresado mal. como cuando se pide la Luna. Ahí tienes tus gachas.” Y finalmente: “Pero ella ya no habla ni sonríe. y sin embargo su maldad era considerable.” Un pequeño esfuerzo todavía. Así era el tal Lemuel. por medio de qué diligencias. Cuando Macmann. si una vez atrapado uno podía al menos albergar la esperanza de salir algún día y.” Y en segundo lugar: “Pero me hubiera enterado de todos modos. Una menos. Habiéndole preguntado. Cómetelas ahora que están calientes. si era un hospicio para viejos y lisiados o un asilo para locos.” Pues en todo cuanto se refería al reglamento. o irse a acostar. “Me llamo Lemuel —dijo—. cuando ella se lo comunicó: “Hubo un tiempo en que ella me lo hubiera ofrendado.

un golpe tan violento que cayó hacia atrás. los antepenúltimos. con su andar pesado. y es allí dentro donde se hallan todas las porquerías y podredumbres. gritó Macmann. ¿verdad. colocándose en un punto de vista más elevado. mi madre me cogía de la mano. No tuve miedo. No es cierto. pero ellos creen saber. Por otra parte. Por ejemplo. era la cabeza. durante un buen rato. justo en medio de sus antiguas heridas. mostró a Macmann su tibia cubierta de cardenales.. Lemuel se quedó inmóvil. es humano. Después se sacó presurosamente de un bolsillo interior un martillo y se asestó. Respondió: “Está precisamente tan lejos como parece. es un ruido fugaz y fuerte sin más. que nada le ha hecho. las ostras. Pero Lemuel era de otra pasta. Tuvo lugar sobre un campo de carreras. las cuestas escarpadas se confunden en mi memoria. parecía prestarle una preciosa ayuda. y lejos de aferrarse a los estatutos. Un avión pasa. Decía: “Prodigioso. ¡Quiero levantarme! ¡Quiero levantarme!” Han venido. Si esto les divierte. mamá?” Sin malicia. podía uno preguntarse. A menudo no estábamos de acuerdo. pensaba simple y libremente en las millas que nos separaban de él.” Entonces yo le llevaba la contra. no parecía conocerlos demasiado bien. arremangándose el pantalón. Desollado vivo por el recuerdo. volando bajo. iba y venia sin cesar. sin atreverse a soñar ni a pensar y a la vez incapaz de defenderse. “¿Tengo derecho a levantarme?”. lo cual se comprende. he visto volar los primeros y después a fin de cuentas los modelos más recientes. Esto marchaba. “¿Qué?”. aulló. Otro sufría. y un día. gritó Macmann. Entonces han venido. que yo sepa. Cuando las angustias de la reflexión no lo clavaban en el suelo. Recuerdo el azul. Digo: “El cielo está más lejos de lo que parece. cicatrices y llagas. Para recordarme mi agonía. Esto marchaba demasiado bien. por el contrario. no los últimos. sus gritos eran de dos clases: los que tenían como única causa el dolor moral y los que. se dice trueno pero sin pensarlo. Pero he oído aviones en otras partes e incluso los he visto volar. que la dirección le había denegado recordándole el artículo que las prohibía. Pero la parte que se golpeaba más a gusto. Y más. pero que ella hubiera podido fácilmente conseguir con la ayuda de complicidades del exterior. Pero en aquel 68 . entonces uno golpea encima con más gusto que en la pierna por ejemplo. aun siendo idénticos. Me había olvidado. con el mismo martillo. y sensible. Fui testigo de uno de los primeros rizos. no se parece a ningún otro. furioso e indeciso. Es la primera vez que lo oigo aquí. le servían para prevenirse de aquellos. en lo referente a ese asunto. Macmann jamás logró ver ni de qué color eran. los penúltimos. y fácil de alcanzar. “¡Levantarme!. Un ruido que no tiene nada de trueno. con el espíritu hormigueante de cobras. Yo estaba en otra parte. sí estaba en su sano juicio. yo tampoco sé. lo juro. prodigioso. El dolor físico. perdido. Un día subíamos juntos por una cuesta extraordinariamente escarpada.. con un ruido de trueno.Malone Muere Samuel Beckett unísono. El hecho es que no saben. pues es una parte también ósea. oh. cerca de la casa sin duda. gesticulando y articulando con violencia palabras ininteligibles.” Tenía razón.

si no he oído nada es que no ha dicho nada. sus labios se agitaron. De todos modos. Un metro plegable sobresalía. por ejemplo. melancólica y como enharinada. gimo. Y. sombrero hongo sostenido delicadamente con la punta de los dedos contra el bajo vientre al principio. Ha tenido que marcharse a las seis. las islas. disgustado por haberse molestado prematuramente. Esperaba quizá tener la satisfacción de verme entregar el alma antes de su partida. diversas observaciones. camisa blanca como la nieve. al igual que una punta del pañuelo blanco. Como si nada hubiera dicho. Parecía contrariado. Eso. Por un momento creí que iba a rematarme. Buena velocidad para la época. siete horas por lo menos. ninguno. lo cual le habría evitado sin duda un viaje. Sin embargo no soy sordo. durante un rato. En cuerpo no. que ignoro a qué debo el honor. estatura y corpulencia medianas. a alguien a quien le divertía. Después se hizo una especie de luz aquí. Helo aquí. respiro. corbata negra. Estamos prevenidos. Lo he visto bien. por supuesto. por el momento. Se ha quedado un buen rato. Veníamos de la carnicería. quizá me haya producido una conmoción cerebral. Al principio lo he tomado por un empleado de pompas fúnebres. mi cuaderno tampoco. todo cerca de mi oreja. Me han contado otras. ¿Mi madre? Quizá sea una historia que oí. heme de nuevo en la mierda. después mezcla de Macmann y de la agonía durante el mayor tiempo posible. Son verdaderos cabrones. Macmann tampoco. es todo cuanto pido. tanto peor. los promontorios. Pero me he vuelto quizá a la larga poco sensible a los sonidos específicamente humanos. Creen poder turbarme y hacerme perder de vista mis programas. vuelta a la agonía. no soy tan tonto. a continuación Macmann. el avión lo demuestra. oh. ¿Debo describirlo? Por qué no. el fin del programa. puños a lo clown pesadamente almidonados tapándose casi por completo las manos. Estoy en medio de una 69 . y después. Vaya idea la de golpearme en la cabeza. Se veía el mar. Que todo se vaya al cuerno al mismo tiempo. eso. estoy seguro. frente a la casa de Tyler. engullo. siempre divertidas. bueno. siempre divertidas. los istmos. Visitante. No depende de mí. Quizá llevara algún tiempo allí. Su boca se abrió. Había hecho sin duda las observaciones normales. No sé qué quería. era tuerto.Malone Muere Samuel Beckett momento me confundió. mi mina no es inextinguible. Salvo imprevisto. Ahora ya se ha ido. sombríos ojos apagados. sin embargo. imberbe. asestado en el cráneo con un gesto de una rapidez y seguridad extraordinarias. yo tampoco pese a las apariencias. He aquí en todo caso el programa. cabello negro rizado. El avión acaba de pasar a doscientas millas por hora quizá. cara alargada. Veo aún el lugar. a continuación Macmann. no hago ningún ruido. en un momento dado. no insinúo nada. es humano. Es decir. pero siempre he estado en espíritu con un montón de cosas. nos hacemos notar como podemos. ¡Ni por esas! Hubiera sido un crimen. Quizá sea importante. charlatán. débil y al mismo tiempo radiante. Visita. del borde de su bolsillo. pero no oí nada. Que quede claro. He sentido un porrazo en la cabeza. Yo. Hortelano. terminada su jornada. No nos gusta esperar. toso. Traje negro de corte anticuado o quizá de nuevo a la moda. Estoy con él en espíritu. la costa alejándose hacia el Norte y hacia el Sur y los malecones encorvados del puerto.

¿qué es una mina sin papel? Ha debido decirse. se apoyaba en él. de pie junto a la cama.” Pero había escondido el cuaderno debajo de la manta. Quizá vuelva mañana. y mostrárselo: “Devuélvame mi bastón. pues he intentado hablar. Tal humillación me ha sido privada gracias a mi afonía. Pero si él me miraba. Mejor ni siquiera pensar en ello.” Pero a su regreso. mejor equipado. yo también le miraba. aunque no lo haya visto en seguida. por favor. La mina también. porque estoy viejo y cacoquímico. el resto continuará.” O bien: “Tenga la bondad de darme mi bastón. Imaginaba probablemente poder hacerme bajar la mirada. Pasándoselo de una mano a otra a cada momento. Hablo de mañana y tarde y de tal y tal hora. pero. el cuaderno ya no estaba allí donde me vio esconderlo. Homicidio voluntario se diría. Entonces con las manos unidas y lágrimas en los ojos le hubiera rogado que me hiciera ese favor. Puesto que sólo me queda el cuaderno de todo cuanto tuve. no resulta muy difícil. De lo que no hay que hablar nunca es de la felicidad de uno.” ¡Y qué cara! Lo había olvidado. Creo que nos hemos mirado fijamente sin exageraciones durante horas sin apenas pestañear. ahora que se ha familiarizado con la casa. Mi voz se apaga. hacia las diez probablemente. En un momento 70 .Malone Muere Samuel Beckett extraña luz desde entonces. Su paraguas. y sin pensar tampoco que me observaba en el momento del fraude. Entonces se encorvaba. de pie junto a la cama. es humano. Yo me he dicho: “Cualquier día empiezan a roznar las ramas. De pie junto a la cama me miraba. Ha debido de permanecer aquí de nueve a doce y de dos a seis. Se habría negado. Fue por la mañana cuando me golpeó. Tenía algunas cosas que pedirle. parece muy apegado a él. y por consiguiente habría podido fácilmente apoderarse de mi cuaderno si quería. a listo. después ha regresado al cabo de unas horas. ¿he hablado de él? Un paraguas puntiagudo. no se me ocurre nada más ahora. como suele decirse. Ha consultado varias veces su reloj. Hacía tanto tiempo que no veía a uno de estos bichos que me lo comí con los ojos. no tenía más que clavármela en el corazón. Pobre estúpido. Lo hice sin pensar que hacía ya algún tiempo que estaba allí (o no me hubiera golpeado) mirando cómo escribía. pues yo debía de estar a punto de escribir cuando él ha llegado. Lo utilizó para alzar mis mantas. Hubiera podido escribir. hay que ponerse en el lugar de las personas si se quiere hablar de ellas. Creí que iba a matarme con él. o con un asistente. un callana. Es decir. después se ha ido definitivamente. y que por consiguiente yo no hacia en realidad más que atraer su atención sobre el objeto que quería ocultarle. se ha ido una primera vez. con la larga punta afilada. para que no me lo cogiera. Al ver moverse mis labios. Quizá vuelva mañana. se ha inclinado sobre mí. en mi cuaderno. por temor a equivocarme. Eso es razonar. listo y medio. le habría pedido por ejemplo que me diera mi bastón. estaba ya en su sitio cuando lo he visto. mientras almorzaba: “Esta tarde le quitaré el cuaderno. Por la tarde no me ha hecho nada. me pego a él. naturalmente.

Pero por la tarde he dormido un poco. Aparecían copiosamente salpicados de barro reciente y me he dicho: “¿A través de qué fangos ha llegado hasta mí?” Me pregunto si buscaba algo concreto. la mañana está tan lejos. la media vuelta. me ha parecido durante unos momentos disfrazado. Entonces he visto que llevaba zapatos amarillos.” Y las personas a quienes he visto os aseguro que también me han visto. Pero sólo un instante. a todo tirar. Quienes me han hecho vivir aquí hasta el presente velarán sin duda para que me entierren con un mínimo de ostentación. 22) ¿Podría prestarme una goma de borrar? Después de su partida. de memoria. puestos a pedir. con su paraguas. lo he oído. el choque ufano del paraguas contra el suelo. Por la mañana no le quité los ojos de encima. no se puede hacer eso y mirar al mismo tiempo. los pasos rápidos hacia la puerta. No le miraba ya. me he dicho: “Pero ya lo he visto en alguna parte. Tengo tiempo. si se me permite decirlo. 10) ¿Trabaja por su cuenta? 11) De lo contrario. 21) No se vaya. ¿Bastará con una hoja? Deben quedar pocas. ésta vuelve a cerrarse sin ruido y por fin.Malone Muere Samuel Beckett dado. ahora siembran el suelo.” Sandeces. ha tenido miedo. intentaba comprenderle. o no importa cuándo. Me había acostumbrado a él. con las fechas para dar una ligera idea del tiempo que empleó para hacerse perdonar y también para distinguirle de sus homónimos. Curiosa necesidad la de saber quiénes son las personas y que hacen en la vida y qué os piden. En un momento dado. hurgar en mis cosas probablemente. Ignoro qué ha hecho entre tanto. el ruido de la cadena cuando ha sacado su reloj. 18) ¿Por qué sus zapatos son amarillos y dónde se los ha ensuciado tanto? 19) ¿No tendría un lápiz gastado para darme? 20) Numere sus respuestas. sería interesante saberlo. Ni siquiera lo he visto partir. se ha escurrido por entre la cama y la pared para intentar abrir la ventana. Y por la tarde. tengo más cosas que pedirle. tan decepcionantes unas como otras. numerosos en la isla y en ultratumba. 13) ¿Por qué me han suprimido la sopa? 14) ¿Por qué motivo ya no vacían mis bacines? 15) ¿Cree que tengo aún para mucho tiempo? 16) ¿Puedo pedirle un favor? 17) Sus condiciones serán las mías. no se ha desvanecido. 1) ¿Quién es usted? 2) ¿Qué hace usted? 3) ¿Qué desea? 4) ¿Busca algo en concreto? ¿Qué? 5) ¿Por qué está enfadado? 6) ¿Le he hecho algo? 7) ¿Sabe algo respecto a mí? 8) No debió golpearme. Pero de quién no puede decirse: “Lo conozco. u hoy. lo siguiente. Por un momento creí que me había sido enviado por las pompas fúnebres. su respiración se ha acelerado y se ha apartado de la cama. lo cual me ha producido tal efecto que no encuentro palabras capaces de expresarlo. como si fuera un duende. Pensaba en él. para mostrársela mañana. Oh. 9) Déme mi bastón. ¿quién le envía? 12) Ordene de nuevo mis cosas. Aquí yace un carcamal. Resulta inaudito que nunca haya conocido a ninguno que yo sepa. pero de qué. Voy a arrancar una hoja de mi cuaderno y a reproducir en ella. A pesar de la soltura con que llevaba luto y manejaba su paraguas y la naturalidad manifiesta con que lucía el sombrero hongo. molesto por el tufo probablemente. a quien todo salió mal. quiero decir una media hora. No ha podido. uno más. y por qué. ¿Me 71 . Podría pedir una goma. Aquí yace por fin Malone. si no vuelve nunca. En seguida le he atribuido otras funciones.

De todos modos también él arde. a fe mía. a sonreírme. Malone. o tal como hubiera debido ocurrir para que pueda decirme. nubes lluviosas devanándose en hilas. con mis secreciones. y estrangularla a medias. a darme la sopa.Malone Muere Samuel Beckett atreveré a decirlo?. sería encantador. Mañana quizá lleve polainas. por él. a abrazarme. yo moriría encantado. Schneider. Será preciso rehacer el cuestionario de modo que sea aplicable en todo a cada uno.” Sí. se ruboriza. ¿Cómo puede ser que yo no tenga sed? Debo abrevarme por dentro. a vaciar mis bacines. a seguir el coche fúnebre llenando su pañuelo de lágrimas. La muerte debe tomarme por otro. qué vértigo de bisbiseos. llena de aceite hirviente. qué digo. Diviértase mucho. por piedad. me esclarecerán lo que acaba de suceder. pero entonces se arrojaría por la ventana.” Está previsto. demasiado tarde. O podré quizá atrapar a alguno. Y se permitía una gota de agua de vez en cuando. Soy tan bueno en el fondo. olvidadizo respecto a la consigna. me harán decir: “Ah. El corazón tiene la culpa. las tres cuartas partes. después se pasarán el día mirándome con ira y disgusto. por los dos. un día. Todas las personas a quienes he visto de cerca o de lejos pueden desfilar a partir de mañana. poco a poco lo veré tal como acaba de ocurrir. un silboteo vivo y alegre al alejarse. Arde. excepto de latir aparentemente. no te dispares. Como dolor. carroña. se acostaría conmigo. el 72 . también los he visto. y a lo largo de ella. pantalón de montar y gorra a cuadros. Quieren relevarse y son varios. a quedarse junto a mí. ¿Qué omito? Pequeños detalles. respiro mal. O quizá haya sido sólo la primera de una serie de visitas. ahora es demasiado tarde. una vez más: “Demasiado tarde. me asestarán un buen golpe en la cabeza para empezar. Lejos de esta sombra rojiza. el pecho se agita ansioso. cuando la supieran conmigo nos traerían sopa para dos. si lo hubiera sabido entonces. a acariciarme. Entre ellos habrá quizá uno. se avergüenza de todo. todos tendrán en la mano algo en que apoyarse y con que hurgar en mis cosas. hablemos un poco de mí. azucarada probablemente. yo empujaría la cama contra la puerta para impedirle salir. la aleccionaría sobre el amor y el odio. cada una diferente. Sí. ya no lo sé. por mí. de acuerdo con mis indicaciones. pero era joven. sólo me tendría a mí. Jaqueca incandescente. Y quién sabe si quizá sea la respiración lo que me falle en primer lugar. jamás me olvidaría. Después y antes de cada confesión. que me dé el bastón. y además tenía convicciones políticas e incluso simplemente humanas tal vez. sólo nerviosismo. No te dispares. para que acceda a darme mi bastón. Agua. Quizá incluso vengan mujeres y niños. es evidente. La ventana me da los buenos días. naderías. se desnudaría delante de mí. a darme mi sombrero. es casi insoportable. Schroeder. ¿cómo no lo han comprendido? Una niña me iría bien. tan bueno. No es nada. Qué luz. que recordaré más tarde. ¿Será un placer anticipado del paraíso? Mi cabeza. una niña por ejemplo. como en el pecho del rey de los fósforos. con un látigo en la mano para compensar el paraguas y una herradura en el ojal. eso me descansará de esa gentuza. ella me cerraría los ojos y me pondría un tapón en el culo. ¿De qué moriré al final? ¿De un ataque de locura? Sería el colmo. Sí. ¿Cuánto tiempo se puede ayunar impunemente? El alcalde de Cork ha durado un tiempo infinito.

como yo. Descanso. con una necesidad desencadenada de tierra y de luz. en el matorral. Y a menudo permanecían allí un buen rato juntos. sin decir nada. los árboles se hacían la guerra. Macmann. aunque lejos de Inglaterra. con linternas. me ha llevado algún tiempo resignarme a ello. y que tal despliegue de fuerzas era innecesario. para conducirlo de nuevo a su celda. antes de regresar. Una 73 . semejante a una multitud que cuchichea? No lo entiendo. en silencio. añadir al cuestionario: “Si por casualidad tiene usted un fósforo. es preciso que sean ambulantes. en la medida de lo posible. cada vez que era necesario. mira a lo lejos el mar revuelto. acuclillados uno contra el otro. Los otros están allí también. allí todo crecía con ávida lujuria. puesto que siempre sabía lo que debía hacer. ni el papel. Ni el viento. y las flores salvajes y las malas hierbas. Llevando por encima de su larga camisa una gran capa rayada que le llegaba hasta los tobillos. Con mi mano lejana cuento las páginas que me quedan. y también los demás ruidos nocturnos cuyo significado se ignora. es preciso. quizá carezca ligeramente de oxígeno. Pero lo mejor quizá sería acabar conmigo primero. La velocidad a la que esto gira es realmente incómoda. tenga la gentileza de intentar encenderlo. ¿Pero. el viento entre las hojas. los búhos. Era un verdadero parque al estilo inglés. pero probablemente aumentará. armados de bastones y linternas. cuando se escondía. se alejaban en abanico del edificio y batían los matorrales. el mar cuando estaba lo suficiente revuelto como para dejar oír su voz. en la oscuridad. Y muchas veces era preciso ir en su busca. los arbustos también. Es mi vida. Entonces los guardias. aferrados a los chopos temblorosos o a la ventana. se iba solo y entraba en su habitación y Lemuel no lo alcanzaba hasta mucho después. para tratar de hacerme creer que me había vuelto sordo. directamente al matorral donde Macmann se había construido un refugio. esto es lo más interesante. siempre en el mismo lugar. Alcanzarán. para que mueran conmigo. ni el mar. pues primero se hacia el sordo a la llamada de la campana y a los gritos y amenazas de Lemuel. Dios mío. pero mal. pero alcanzaba los límites de lo absurdo por su negligencia. tocado con el sombrero que Moll le había devuelto. Sucedía también que Macmann. No.Malone Muere Samuel Beckett aire me ahoga. cansado de no estar solo. y esta incontable palabrería. transportables al menos. pigmeo bajo grandes pinos negros y gesticulantes. Macmann tomaba el aire a todas horas. no lo tiraré. el cuaderno. escuchando quizá los ruidos nocturnos. después de los demás guardias. Desde entonces era Lemuel quien se dirigía solo. ni el aire que respiro con tanta fatiga. ese grueso cuaderno de colegial.” ¿Cómo puede ser que no haya oído nada cuando él me ha hablado y que lo haya oído silbar al irse? Quizá sólo fingía hablarme. pero de pie. desde la mañana hasta la noche. no pueden ayudar a nadie. pues el nido era pequeño. de manera que no comprendieron. ¿Oigo algo en este momento? Veamos. Memorándum. no. Quiero poner en él por última vez a quienes llamé en mi auxilio. como yo no. con sus trajes blancos. Pero acabaron por notar que se escondía. o en la ventana. los helechos y los boscajes llamando al fugitivo y amenazándole con las peores represalias si no se entregaba inmediatamente. escuchando. Sin embargo.

El aire se llenaba con sus voces. por consiguiente. Remolineaban en el aire endiablado gritando de rabia. y aquellos que en verano o en invierno volaban hacia otros horizontes volvían al invierno o al verano siguiente. Pues. y los Lemuel. un verdadero bruto aunque de apariencia débil. no había pruebas en su contra. Todo ello sin la menor explicación. sin embargo. y los que por las mañanas se alejaban en bandadas. el haber medio destrozado el arbusto. con la que quería hacer un bastón para apoyarse al andar. quien le arrancó la hermosa flor de entre las manos y lo amenazó con entregarlo de nuevo a Jack. análogo al encubrimiento? En tal caso. seguro. y le dijo: “Pat. los campesinos. habría dicho la verdad. Moll. como la de los carniceros. Numerosos y variados en los densos follajes vivían sin temor durante todo el año. como tantas otras cosas. no cabía ninguna confusión entre los Macmann. Macmann. Por otra parte. mi situación. o bien se abstenían. pensándolo bien. hacia lejanos labrantíos. No es de extrañar. al ver el giro que tomaban los acontecimientos. muy.Malone Muere Samuel Beckett tarde en que Macmann regresaba con una rama arrancada a una zarza muerta. Todo es pretexto: Sapo y los pájaros. en su fuga hacia el interior. no. Cuando había tormenta eran muchas las gaviotas que hacían escala allí. Los pájaros. esto no va. una especie de laurel. vulgarmente hablando. al abandono. Si lo hubieran interrogado al respecto. regresaban por la tarde muy alegres al santuario. Lemuel se la quitó y le atizó palo tras palo. en San Juan de Dios nunca interrogaban.” Entonces Pat arrebató la rama de las manos de Macmann. en donde sus centinelas les aguardaban. pretexto para no ir al grano. Sí. la apretujaba entre sus manos. por una parte. después se posaban en la hierba o sobre el techo de los edificios. los cuervos o los estorninos. es inútil 74 . mis pertenencias. muy bien. ¿con qué derecho una flor en la mano achaca al portador la culpa de haberla cortado? ¿O acaso el hecho de tenerla ostensiblemente en la mano constituye suficiente delito. sin otro temor que el de sus congéneres. según los supuestos de una lógica especial. levantando el pulgar y largándose por las buenas sin ninguna explicación a riesgo de ser mal visto entre sus pequeños camaradas. era inútil acorralarle a preguntas. De modo que un poco más tarde. desconfiando de los árboles. mira esto. las dudas que no me importan. aquellos que en las ciudades se buscan o se rehuyen. nunca le había acarreado la menor amonestación. Pero todo esto se aparta del problema. creyendo no haber hecho nada malo. en vez de precederla? La pregunta parece bien planteada. o bien simplemente castigaban. para poder esconderse. quien. Lemuel llamó a un guardia llamado Pat. no. se vio ferozmente apresado por Lemuel. habiendo traído de su paseo un jacinto que había arrancado con el bulbo y las raíces con la esperanza de conservarlo así mejor que si lo hubiera cortado. Jack es otro. Y. y todavía más. Pero era de suponer que sólo negaría y mentiría y que. por el contrario. por otra. Gracias a la capa a rayas azules y blancas. Jack y Pat. a Pat. y lo golpeó hasta que Lemuel le mandó parar. sobre todo al amanecer y a la hora del crepúsculo. ¿no hubiera sido mejor informar franca y lealmente a los interesados y de este modo hacer que la culpa cometida siga a la conciencia de la culpa.

quien sólo pedía verle lo menos posible. un pequeño Edén para quien aprecie el estilo desaliñado. los amores. de los aterrados. a la negra alegría de pasar solo y vacío. macizos y vastos a pesar de la lejanía y donde a cada instante nacían y desaparecían especies de pequeños copos que en realidad eran los guardianes yendo y viniendo. A pesar de todo trataré de continuar. ningún contacto humano salvo Lemuel. En efecto. Moll muerta. Bien. vista desde lejos. Moll no mintió. el canto de los pájaros. ¿Cómo? Pues gracias. buscando una salida al desconsuelo de no tener nada ni a nadie. ni compararlo con lo que había tenido suficiente antes de perderlo. cualidades abrumadas por la marcha incesante y el fuerte viento. a la tierra de pan escaso. de refugios escasos. sin poder nada. hacía combar y gemir a los más robustos árboles. los humos de la ciudad y los edificios de la institución. sin precisar. arrancaba las ramas. dominaba la planicie. Y es entonces cuando un hálito de exaltación resucita las plegarias muertas y nace un murmullo en el mudo Universo.. Lo cual expresaba diciéndose: “Tengo suficiente”. desde la mañana hasta al caer la noche. La propiedad de San Juan ocupaba todo el casco y el viento soplaba allí sin detenerse. cama y comida gratuitos y asegurados. espero no haber olvidado nada. Como viático no lo hay mejor. inclinaba las hierbas y arrancaba hojas y flores.” Un río que avanzaba a trancos de vez en cuando. sin inclinarse ni por un instante sobre aquello de lo cual tenía suficiente. en fin.. no tenía rayas ni parecía una capa. Bien. llamada la Roca a causa de la roca que había en ella. cuya cima. después de la primera sorpresa: “Son mujeres y hombres. evidentemente a la prominencia del terreno. pero si se trata de la Naturaleza. es difícil dejarlo todo. soberbios panoramas desde todos los puntos de mira sobre el enemigo de siempre. ¿qué más quería? “Debo ser feliz —se decía—. a través del saber.. era una planicie. pues era sencillo.Malone Muere Samuel Beckett decirlo. el que nada pide.” Y se alejaba cada vez más. el mínimo de burlas y brutalidades. El aire puro de la planicie. de modo que sólo podía decirse. Por otra parte me pregunto de dónde habrá podido surgir. Los ojos consumidos por las injusticias se entretienen abyectos en todo aquello por cuanto han rogado durante mucho tiempo. Macmann a veces se preguntaba qué le faltaba para ser feliz. el mar. la montaña. quizá mezclados iba a decir con los presos. desataba los helechos. por así decirlo. pues la capa. quizá. personas. en el último. ni sospechando que aquello cuyo exceso se 75 . El derecho al aire libre a todas horas. reprochándote afectuosamente haber desesperado demasiado tarde. y con lo que tendría suficiente de nuevo. la memoria y la reflexión. o más bien una eminencia sobre suaves rampas. una vegetación que parecía tenderle sus ramas para envolverlo y esconderlo. es menos divertido de lo que creía. zarandeaba los matorrales. Una alta muralla lo rodeaba y sólo cegaba a quien se hallaba muy cerca. cuando lo tuviera de nuevo. El aire puro. pues estaba vigilada. hacia la muralla. De bajo tierra. sin acercarse demasiado. sin querer nada. el verdadero ruego al fin. Profundicemos más. la belleza.

quizá en realidad sólo sea lo mismo. por los escasos claros. o rugosidades que le permitieran escalarla. Pero a veces se rozaban sin parecer percibirlo. Todo se congeló y calló. Macmann abandonó el árbol que lo ocultaba y subió la pendiente. sin llegar a tal extremo. y los prisioneros empezaron de nuevo a bisbisear cada uno por su lado. Detrás de la verja. Poco a poco volvió la niebla. ni sucedería nunca. bordeado de masas sombrías. como si se avergonzaran de mostrarse a sus semejantes. Los niños se colocaron a ambos lados de la avenida. cambiar simplemente de dirección. una llave. y las cosas apretujadas unas contra otras cambiaban y morían siguiendo cada una su soledad. ayudándose con los troncos y las ramas que se ofrecían para hacerle avanzar.Malone Muere Samuel Beckett hace sentir a menudo. Apareció el camino. vestido de blanco. se apresuraban a retroceder o. lo suficientemente cerca para que se dieran cuenta. erraban desde la mañana hasta la noche hundidos bajo la pesada capa. de la tierra que lo apremiaba a caer. Pero otro se inclinaba por él y ponía fríamente el signo igual allí donde debía ponerse. siguiendo lentamente bajo la capa de la vegetación el contorno de la muralla y buscando una abertura por donde deslizarse. Pero la muralla era compacta y lisa. Casi nunca se acercaban unos a otros. lo suficiente ancha para dejar pasar dos vehículos a la vez y franqueada por dos encantadoras casitas cubiertas de parras trepadoras y ambas habitadas por familias numerosas a juzgar por la nube de pequeños inocentes que jugaban cerca. sin correr. y los instantes fluían como exudados por las cosas en un inmenso y confuso chorreo hecho de rezumos y torrentes. y de su larga vida ciega. blanco de polvareda. Otros. la verja. De pronto hubo mujeres. pero lo más rápido que pudo. persiguiéndose y lanzando agudos gritos de alegría. y fue como si nada hubiese sucedido. en el camino. Pero cuando el azar aproximaba a dos o más. Pero veamos brevemente la verja. estaba preso en él como en una red. 76 . encorvado y abatido. con la cabeza escondida bajo el amplio capuchón. toda ella coronada de cascos de botella. a causa de los gritos. del cielo. empujando al hombre que al principio retrocedió. limitado a corta distancia por un cielo estrecho y gris. Los pesados batientes se separaron. a merced de la noche. Un guardián salió de una de las casas. de rabia y de dolor. entre los árboles que ocultaban el cielo y por los altos helechos donde parecían nadadores. debido a su escaso número y a la magnitud del parque. y que se honra con calificativos tan diversos. y debatiéndose si se quiere con los niños. pues caminaba con gran esfuerzo. y el sentido de la ausencia. basta”. De modo que él podía contentarse con ese resoplido simple y tonto: “Basta. pasaban formas que Macmann no pudo identificar a causa de los barrotes y de todo cuando temblaba y trinaba a su espalda y a ambos lados. después dio media vuelta y recuperó rápidamente el umbral. al igual que Macmann. como si eso pudiera cambiar algo. con el infinito de los cuerpos apenas moviéndose. avisado probablemente por teléfono. las casas. Pero el espacio rodeaba a Macmann por todas partes. con una cosa negra en la mano.

devuelto su sonrisa. rosas sin duda. Lemuel miró el sol con asco. mejor de abril. un hermoso día de mayo o abril. detrás de ella. con la señora Pédale. debieron de perfumar el ambiente. les gusta trepar. gracias a él. una nota que le concernía. una excursión a las islas. Perduraban. se abrazaban. después de haberlo intentado varias veces. encontró. pero era una mujer rica y que adoraba hacer el bien y aportar un poco de alegría a los menos afortunados. Lemuel no era muy querido. era mi cumpleaños. si el tiempo lo permite. lo que desencadenó una tempestad de risas tan violenta que se formaron parejas espontáneamente. La habitación era pequeña y estaba absolutamente vacía. ¿Pero hubiese deseado serlo? Ahí está todo. cuyo asiento parecía ser de paja. para emplear su propia expresión. aunque todos sometidos a las mismas condiciones. rastros de una especie de celosía por donde trepaban flores. Sin embargo. ya en un lugar. luego me llevaron a los títeres. Se hallaba en su habitación. temblando a través del mar en calma. pues Lemuel dormía en el suelo y también descansaba en él. Firmó la nota y se fue. Macmann finalmente rompió la foto y arrojó los pedazos al aire. excursión a las islas. 13 horas. una mujer dijo: “Te embarcan”. un día de mucho viento. Al grano. Las rosas también debieron de ser bonitas. Cuando llovía. se tambaleaban.” Sus compañeros le miraban riéndose por lo bajo y dándose codazos. la señora Pédale organizó. como exigía el reglamento. acabando en punta. que iba a pagar cara. y señalaba el comienzo de lo que quizá sería. La señora Pédale no 77 . ampliándola.” Macmann recordaba tales palabras. El sol apenas se levantaba. Pero no se atrevían a decir nada. Al dar a Macmann este recuerdo le dijo: “Tenía catorce años. Y quizá en honor de este último. Moll apretaba los labios con aplicación. cuando nevaba. recuerdo perfectamente el día. aprovechando la atmósfera terrestre que tamizaba el resplandor de los rayos. ya en otro. no sé.Malone Muere Samuel Beckett Macmann guardaba encima la foto que Moll le dio y la miraba de vez en cuando. hubiera podido arrojarse con toda seguridad por la ventana si hubiera tenido un carácter más firme. con dificultad. en beneficio del grupo Lemuel. un día de verano. de una belleza repujada. diríase con prontitud. Lemuel. o mejor. habiéndose dirigido al salón antes de entrar en servicio. como un espejo convexo o cóncavo. Entonces se dispersaron. clavada en el tablón.. para esconder los enormes dientes salientes. salida. Aparecía de pie junto a una silla y apretaba las largas trenzas entre sus manos. “Grupo Lemuel. se trata sin duda del weekend de Pascua pasado por Jesús en los infiernos. que conservaba su sentido común y a quien la vida había sonreído. quizá fuera más bien un daguerrotipo. se notaba. desde donde. Una mañana. Pero no se trata de Lemuel ni de su habitación. El largo tapiz plateado estaba allí. Lo que más le gustaba de aquella imagen era la silla.. en el cuarto o quinto piso. y cada uno se reía por encima del hombro de su compañero.

“Seis sopas salida”. Se hizo un gran silencio. por exceso de precaución. aulló Lemuel. dijo el cocinero. para hacerle andar. “Está bien. excepto obligado por una orden de la superioridad. a causa de la excursión. puesto que hasta el momento una sola le había bastado para llevar los dos. La segunda habitación. con un cubo en cada mano. encerraba a un ser cuya única característica chocante era la estatura. Pero Lemuel estaba acostumbrado. está bien”. sacó del fondo del cubo seis pedazos de torrezno. aunque distaba de serlo. Una vez hubo llenado el cubo. sin exageraciones. la camisa levantada y las manos sobre los muslos. pues necesitaba la otra 78 . Nunca salía. Reinaba una gran animación. sin exigir que las justificara. en la sopa. y entonces había que acompañarlo. lanzando los cubos contra el hornillo. Nada en él indicaba qué edad podía tener ni si estaba maravillosamente conservado o por el contrario prematuramente marchito. a cuatrocientos o quinientos pasos de la primera. “¡Seis sopas salida!”. no era la única en llevarlos de paseo cada dos años como término medio por tierra y por mar a lugares famosos por su belleza o su grandeza. hasta el punto de no preguntarse de qué se alimentaba tal personaje. en la terraza. mientras que la sopa de la víspera aparecía congelada en su escudilla. quizá porque de vez en cuando se expresaba en inglés. los comió hasta la corteza y echó las cortezas. Lemuel se retiró a un lugar apartado. la tirantez y el aspecto de buscar algo preguntándose qué podía ser. Vació la escudilla en su cubo vacío y con su cubo lleno la llenó de sopa recién cocinada. y había revestido ese grueso capullo con la capa que apretaba frioleramente contra sí. Le llamaban el Inglés. pues conservaba bastante sangre fría como para no tener que inclinarse pare recogerlos. Sin quitarse la camisa se había envuelto en dos mantas como en dos pañales. muerto joven. refunfuñó. sentado en una vieja mecedora. Su bacín estaba vacío. que parecería dormir si sus ojos no estuvieran tan abiertos. Cosa curiosa. el suyo y otros cinco. sin soltar las asas. uno tras otro. con una sola mano. después de haberlas lamido. dijo el cocinero. Lo contrario hubiera sido menos sorprendente. Las habitaciones de los cinco estaban alejadas unas de otras y dispuestas de manera tan astuta que Lemuel no pudo comprender nunca cómo debía proceder para visitarlas sucesivamente con el mínimo de cansancio e irritación. sino que estaba secundada por otras damas partidarias de su punto de vista y sobradas como ella de tiempo y de dinero. Cerró la puerta con llave tras de sí. al claro de luna. Después se fue. Al grano. La diferencia entre una sopa salida y una sopa corriente o de la casa consistía en que ésta era completamente líquida mientras que aquélla contenía un pedazo de torrezno. o les procuraba diversiones en el mismo establecimiento tales como sesiones de prestidigitación y ventriloquía. le sirvieron seis sopas salida o extra con sólo pedirlas.Malone Muere Samuel Beckett era la única en interesarse por los protegidos de San Juan o juandiosardos como simplemente los llamaban en la localidad. bueno. Se remangó la manga hasta el codo. Pero se trata de la señora Pédale. para mantener las fuerzas de los excursionistas hasta su regreso. “¿Qué?”. Lemuel se dirigió a la cocina con dos cubos embutidos uno dentro del otro. En la primera se hallaba un hombre joven.

También he de señalar un gran ruido de aguas. En cuanto a los demás. En la quinta. ¿Y si reventara? El techo se aproxima. Pero al cabo de algunos pasos se detenía. paraba de rascarse y tendía la mano a Lemuel. Ansiosamente observaba a Lemuel hacer lo necesario. Así. la boca abierta. enloquecido por tanta opacidad. como cuando yo era un feto. que me perdonen. Apenas abierta la puerta. Todo está preparado. En la cuarta. se volvía y entraba de nuevo en su habitación. con marcado acento extranjero. apretando contra él la capa y el paraguas que no había soltado. apoyándose en el suelo con una mano mientras la otra iba y venia bajo la camisa. intermitente. sin levantarse. en el desierto. Grandioso sufrimiento. si me atrevo a decirlo. Su sopa. acribillada de pequeños embudos por donde se escapa en remolinos hacia la claridad que la aspira. adormecido. good morning —decía. el joven. reflexionaba. un enorme barbudo deforme. un paraguas en la mano. pues. Ventana. Y yo. muy densa. pero nunca salía. no. se aleja. Excepto yo. la capa plegada en el brazo. era rascarse. good morning. “Dream all night of that bloody man Quin again”. Innegablemente moribundo. un instante y se acabó. exclamaba. 79 . sus pies aparecían desnudos. No puedo. con la esperanza cotidianamente burlada de ahorrarse un desplazamiento. De nuevo luz saturnina. Los pies ya han salido del gran coño de la existencia. Mucho tiempo. un delgaducho iba y venía con vivacidad. los ojos cerrados. Me hincho. esperaba la sopa. mientras lanzaba miradas escrutadoras a su alrededor—. ¿Cuánto tiempo después de mi visita? No sé. cuya única ocupación. Sentado de través sobre la almohada colocada en el suelo bajo la ventana. las piernas separadas. blanca y sedosa. Lemuel. las rodillas levantadas. vacilante. o quizá debería decir el aire. yes?” Quizá temiera traicionar su pensamiento. Se planteaba preguntas en voz baja. el Inglés. Hermosa cabellera. Tal es mi impresión. Nazco en la muerte. ¿Por qué tal seguridad? Trato de reflexionar. ya no me acuerdo. No sé si han cambiado. No han venido.Malone Muere Samuel Beckett para ayudarse en la inspección de todo cuanto parecía sospechoso. Extraña gestación. la cabeza inclinada. fenómeno mutatis mutandis análogo quizá al espejismo. se puso a llorar. En efecto. dijo. No la veré más. sin soltar los cubos. Acostumbraba salir de vez en cuando. el flaco y el barbudo. vaciar y llenar. ¿fucking awful busines this. en cadencia. examinada sin duda gota a gota. lo hizo rodar por los suelos de un manotazo en el hombro. había pasado tal cual al bacín. “Good morning. Llena la escudilla. Macmann. se precipitaba a franquearla. Todavía le gustaba la sombra y el secreto de los helechos. Bruscos impulsos inmediatamente reprimidos lo alejaban insensiblemente de su óptimo puesto de observación en el centro de la habitación. “What!”. Algunas líneas para recordarme que yo también subsisto. se respondía. pues por desgracia me encuentro en la imposibilidad de volver la cabeza. Saliendo de su asombro. En la tercera. pasaba sus días surcando el parque en todas direcciones. Por el contrario.

el flaco. tratando de soltar su brazo y repitiendo: “¡Déjeme! ¡Déjeme!” Verse objeto de disposiciones y precauciones incomprensibles. o su delegado.Malone Muere Samuel Beckett Presentación favorable. En uno de los bancos. su rostro rojizo y rollizo parecía verbenear. dijo el director. dijo el director. El cielo estaba despejado. Macmann no se quedó menos nervioso ni triste. también presente. Le he preguntado algo. el joven y dos colosos vestidos de marino. decía soñadoramente de vez en cuando el director. por el tobillo. las piernas fláccidas. Los pasajeros se abandonaban. al joven con el flaco por un lado. El carro. larga y escarpada. Macmann. colocados de cara. más que rodar. pedía explicaciones sin enfadarse. “¡Malo! —gritaba— ¡Auxilio!” El barbudo echaba los brazos al cuello del Inglés y se colgaba de él. en compañía de otros desdichados atados de dos en dos por el tobillo. Macmann también tiene una especie de barba. Margaritas artificiales con el centro de un amarillo brillante. detrás de un velillo con motas grandes como pastillas. furioso por haber estado encerrado durante toda la mañana y no comprendiendo qué querían de él. vacilante. “¡Para el Sol! ¡Para el Sol!” El flaco le arreaba palmotazos petulantes en las manos y el antebrazo. resbalaban. Se había negado a salir sin su sombrero. volviéndose hacia Lemuel. aún viviré.” “Formalidad”. ¿Y luego? En el otro. en efecto. Lo había hecho todo solo. En el pescante. demasiado orgulloso para desplomarse. frente a ellos. any of you poor buggers happen to know. exhausto a causa de tantos preparativos. pues Pat se negó a ayudarlo. quien se había resistido más que nadie. Sujetas por el tornillo de los frenos. Se acabó hablar de mí. brotaban de su sombrero de paja de anchas alas. y Lemuel sujetaba a Macmann por el brazo. trataba débilmente de apropiarse del paraguas del flaco. Detenida mi historia. El Inglés. ¿no habría telefoneado?”. el Inglés y el barbudo. Al mismo tiempo. que Lemuel. con el cuerpo echado hacia atrás. espero. “¿Tendrá ella miedo de que cambie el tiempo?”. Estaban solos en la terraza. Con todo su pequeño mundo. junto al cochero. el aire inmóvil. que tras dos horas de esfuerzos no había logrado reunir por completo. hizo descender lentamente el carruaje hacia el mar. gorda y gruesa. Lemuel. Al atravesar la verja los niños aplaudieron. Retardo prometedor. por el otro al Inglés con el barbudo. había terminado por decirle que podía conservarlo a condición de esconderlo debajo del capuchón. en tal caso. la señora Pédale. No diré más yo. por común inercia. lo irritaba. con una energía tan feroz. se encabritaban contra el empuje. las ruedas. “Who is this shite anyway —dijo—. La señora Pédale se afianzaba en el asiento. Repliega tus manos. diciendo. Lemuel esperaba en la terraza la llegada de la señora Pédale. No puedo. a la inclinación de los bancos y se hundían en 80 . a quien el sol dañaba. Mi cabeza morirá en último lugar. La amarga amargura. Una cuerda ataba. Una brusca pendiente. Era una mujer alta. y los caballos. tropezando. Era Macmann. El joven. “¿Dónde está el hermoso joven con barba de Cristo? Pero.

murmura. del mar azul contra la carena. para el doble de gente. El barbudo yacía entre los dos bancos. sentada en la parte trasera.. otra se aproxima. ¡Aprovechen este hermoso día! ¡Olviden sus penas durante unas horas!” Y entonó: Dulce mes de los nidos y las rosas He aquí la risueña estación El sol brilla en el horizonte Todas las puertas están abiertas Festejemos la alegre primavera Festejemos. Una tierra se aleja.. dijo para demostrar que no era orgullosa. “¡Qué belleza!”.. Hay sitio. El Inglés lanzó un aullido que a la señora Pédale.. aunque en principio sea el Inglés quien tirita. la señora Pédale se volvió afablemente hacia sus invitados. ¿Y tú?.. A la izquierda. menos joven que hacía un momento. parecía vomitar. El joven. Gracias. ¿Dónde?. dijo el otro..Malone Muere Samuel Beckett desorden bajo el asiento. buena. La señora Pédale... “¿Huelen el mar. ¿Y tú?. Salvada por fin la pendiente. ¡Vamos!. “¿Es usted el responsable?”. “¿Hay que hacerles bajar?”.. “Hermoso paseo”. Nadie se movía.... hijos míos? —dijo la señora Pédale—. “Valientes muchachos”.. Lemuel sacó un hacheta de debajo de la capa y se golpeó varias veces el cráneo. dijo. Sola.. La lancha.. Calló. Inmóvil y recogido entre las voces. dijo uno de los marinos. se rinde a la tristeza. apretándose. por precaución. el carro avanzaba traqueteando. como en el carro.... al acecho del menor signo de animación. dijo uno de los marinos. Probemos. ¿Dónde?. gritaba la señora Pédale. “¿Qué ganaremos?”. Regresemos. Yo lo huelo. Sus piernas. dijo Lemuel. Regresemos.” Macmann intentó arrojarse al mar. chocaban una contra la otra al nivel de las rodillas. con el lado contundente. sobre los tablones. dijo la señora Pédale. el triple. el cuádruple. respondió. “¡Échense hacia atrás!”. de los toletes. dijo la señora Pédale. exageradamente delgadas y zambas. le pareció bien tomar por una manifestación de alegría. “Pistonudo”. las reforzaba con gestos apasionados que ampliaba el paraguas. doblado en dos. Uno de los marinos se inclinó hacia Lemuel y dijo: “Se le pregunta si es usted el responsable... en vano. “¡Eso es! ¡Canten! —exclamó—. 81 . Sólo el ruido de los remos.. “¿Qué les ocurre?”. dijo el otro.. Sol. dijo la señora Pédale al cochero. incomprendida. El flacucho. isla grande y pequeña. tiritando. la cabeza envuelta con los faldones de la capa.. azul. había reanudado su diálogo.. Pues no. Tomando velocidad. Es cierto.. Llueve. déme los bollos”. desanimada.. “Nada”.” “¡Chitón!”. ¿A la derecha?.. Probemos. “A la vuelta será necesario”.. “Ernest.....

” Pero al ver a los difuntos marinos se 82 .Malone Muere Samuel Beckett demasiado buena. “Bien. desde la mañana hasta la noche. ¿Qué decir de los míos? Nada. ha nacido. Por allí. y lo mató a hachazos. vamos a buscar un sitio para comer. en menos orgulloso. Es pequeña. que llevaba la cesta en el brazo. llamadas también retama. suéltenlos. Lemuel lo mató también. dos arrecifes. pues Lemuel lo cogía por la cintura y lo apretaba contra él con un gesto casi afectuoso.” El barbudo se había negado a abandonar la lancha. con Sordello. Pero fue una muerte más lenta. dos islas. estaría bien. brutos como los hay por millares de millones. añadió. El martillo de los picapedreros produce un ruido de campanillas. le daba aspecto de león en reposo y se aferraba a él. como puede estar en cualquier parte. a hachetazos más bien. y esto le prestaba cierto parecido. quien. fuera de la oscura planicie. De pronto se volvió y dijo: “¿Sabe usted que hay vestigios druídicos en la isla?” Sus ojos iban de uno al otro.” Como Maurice se disponía a obedecerla. El flaco tuvo un gesto curioso: rompió el paraguas contra el peñasco. pero de nuevo en vano. Un esfuerzo más. quizá vivir en ella. Cuatro remos. “Venga. Son más bien colinas. El flaco tenía ganas de correr por la isla. entre los altos muros rocosos. Se quita los guantes y deja arrastrar su mano cargada de zafiros por el agua transparente. no hay mandos. apacibles. sir. Se podría vivir en ella. llamando. después cada vez más ancho a medida que se desgranen los siglos. pero nadie vive en ella.. sentado en una piedra. “Cuando hayamos descansado —dijo—. jovial. “Pobres —dijo la señora Pédale—. con cálidas flores doradas. usted es el responsable”. inofensivos. Macmann intentó escaparse de nuevo. Todo está preparado. Maurice . Se alzan suavemente. Allí en lo alto hay matorrales y aliagas. La isla. El agua del mar llega hasta sus rincones más escondidos. El joven y el barbudo no chistaron. Ernest vino a buscarlos. lo cual obligaba al Inglés a permanecer también en ella.” Llamaba barco a eso. quédese junto al barco. vengan todos! —gritaba—. esto marcha. del mismo modo que al otro. en algún sitio. El Sol se ocultaba tras las montañas. los remos mandan. Ella apareció. de padres buenos. En tales condiciones resulta difícil hablar de los hombres. ¿verdad?” Prosiguió su camino. “¡Vengan. estrecho al principio. separadas por un abismo. dos rocas. Lemuel soltó a Macmann. seguida de Ernest. inclinándose hacia adelante y golpeándose los muslos: “Nice work. Cuando hubieron desaparecido. son más bien. Un día no habrá más que dos islas. sí la vida fuera algo posible. Se ha puesto el sombrero. nice work!” Un poco después. cuñados por añadidura. se aproximó a Maurice por la espalda. Y usted. llenaba su pipa. Se alejó con Ernest. El Inglés exclamó. Ernest —dijo la señora Pédale—. en una hermosa casa. Lemuel mira las montañas que se alzan detrás de las agujas de los campanarios del puerto. Lemuel dijo: “Deje. La enorme cabeza de Macmann. Macmann tampoco estaba libre.. roída de caletas por el lado del mar abierto. los buscaremos. Dos hombres valientes. Al acercársele. azuladas. Están allí cada cual como puede. se dejó oír. pero el joven se había acostado a la sombra de un peñasco. La voz de la señora Pédale. dijo la señora Pédale. Esto marcha.

Macmann. los seis. los remos se arrastran en el agua. la sangre no se secará jamás en ella. las damas ancianas se dislocan fácilmente la cadera. no golpeará a nadie. las luces de la tierra. Están lejos. quizá la cadera. levanta el hacha. pero no es para golpear a nadie. Gluglú de desagüe.Malone Muere Samuel Beckett desmayó y cayó al suelo. Son ellos. Ella se había levantado el velillo y tenía en la mano un sándwich muy pequeño. las estrellas. en la bahía. aulló el Inglés. aferrándose quizá unos a otros. y después subió él y se alejaron de la orilla. como si fuera la única en el mundo digna de piedad. Lemuel hizo subir a Macmann y a los otros dos a la barca. este embrollo de cuerpos grises. sus cabezas ciegas en sus capas. quizá duerma. “Smash her!”. Lemuel es el responsable. Al caer debió de romperse algo. las boyas. ni con ella ni con ella ni con ella ni ni con ella ni con su martillo ni con su bastón ni con su bastón ni con su puño ni con su bastón ni con ni en pensamiento ni en sueños quiero decir nunca no tocará nunca ni con su lápiz ni con su bastón ni ni luces quiero decir 83 . los faros. mis pertenencias. nunca más tocará a nadie. Cuando el Sol desapareció detrás de la montaña y las luces del puerto empezaron a parpadear. silenciosos. pues en cuanto recobró el conocimiento empezó a gemir. La noche está sembrada de absurdas luces. también está allí. no golpeará a nadie. y en la montaña los débiles fuegos de la retama en llamas. apenas visibles. mi pasado. Lemuel. Lemuel ya no rema. no lo olvido. En la noche. son sólo un único montón.

Malone Muere Samuel Beckett nunca eso es tocará nunca nunca tocará eso es nunca eso es eso es nada. (FIN) 84 .

de una forma extrañamente caleidoscópica. subjetividad y exterioridad. MALONE MUERE mantiene en la indistinción hombres y objetos. la imposibilidad de superar la soledad. pero sólo el Premio Nobel de 1969 ha trascendido ese procedimiento literario hasta convertirlo en vehículo expresivo de una visión del mundo. 1906) por mantener la vinculación con un mundo exterior situado irremisiblemente fuera del control del hombre. cuyos confusos pensamientos y borrosas imágenes se traducen en palabras que. sólo mediante el monólogo de la conciencia. "El innombrable"—. En un universo en el que no cabe adivinar las tendencias ni descubrir el sentido no hay pecado pero tampoco salvación: sólo queda la desesperación cósmica. El propio novelista ha indicado que el campo temático de su predilección es una zona considerada por los escritores como algo incompatible con el arte: un mundo de impotencia e ignorancia. también irlandés expatriado. 85 . atrapada en un cuerpo en ruinas. el horror frente a la existencia. Al igual que las novelas inicial y terminal de la serie —"Molloy”. James Joyce — de quien Beckett. la trilogía posterior a la guerra (escrita en francés) pone en duda la validez misma de la realidad y de la existencia. tratan sin esperanzas de fijar la cronología y la identidad de una realidad que se les escapa.Malone Muere Samuel Beckett CONTRACUBIERTA Si en las obras correspondientes a su etapa inglesa ("Murphy" y "Watt") se esfuerza aún SAMUEL BECKETT (Dublín. poblado por caracteres inmóviles y desnudos que reconocen su existencia. fue discípulo y secretario— había logrado ya la fusión de la fuente de los estímulos y de la conciencia que los registra. ciertamente.

katarsis-webzine.blogspot.com 86 .Malone Muere Samuel Beckett http://www.

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