LA CRISIS ECONOMÍCA Y SU IMPACTO EN LA VIDA DE LA SOCIEDAD .

FABIO GIRALDO ISAZA
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“…los hombres adoran los razonamientos abstractos y las sistematizaciones bien elaboradas, a tal punto, que no les molesta reformar la verdad, cierran los ojos y los oídos a todas las pruebas que los contradicen, con tal de conservar sus construcciones lógicas.” Fedor Dostoievski
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I.

MAS DE LO MISMO Y TODO SIGUE IGUAL.

En las últimas décadas asistimos a la implementación de las teorías de libre mercado que fueron la base de la doctrina que recibió el nombre del consenso de Washington, credo de los ideólogos de la reciente fase de la globalización económica. Con fe casi religiosa se vendió la idea de la eficacia de los mercados y la inutilidad de los Estados, tomando la competencia económica como principio para dirimir los intereses entre el capital y el trabajo, al tiempo que promovían la privatización, la desregulación y la libertad de los mercados, incluido el de capitales como la clave del crecimiento y el desarrollo económico. Los gobiernos deberían dedicarse básicamente a equilibrar sus presupuestos, combatir la inflación y hacer una que otra cosa más de asistencia humanitaria y de manejo de subsidios a la demanda. El Estado quedó prácticamente excluido del manejo económico y la política de intervención y regulación fue estigmatizada y llevada casi a su inutilidad. Se afirmó incluso que “el único gasto público productivo es el que no se hace” Fue necesario que el banco estadounidense Lehman Brothers confesara estar lleno de títulos tóxicos en sus activos, para declararse en quiebra al tiempo que la primera compañía de seguros del planeta, AIG, modificara en libros sus gigantescos beneficios y el valor de sus activos en bolsa se evaporara para que el Estado norteamericano decidiera realizar una intervención masiva. Las operaciones financieras responsables de la crisis fueron efectuadas con las hipotecas subprime, las cuales se financiaron con altos niveles de apalancamiento, elevando enormemente los riesgos no solamente de los accionistas, bancos, fondos de inversión, compañías de seguro, prestatarios hipotecarios y demás agentes participantes de esta orgía especulativa, y todo se realizó sin descontar la alta vulnerabilidad que deberían soportar los implicados en las fraudulentas operaciones sometidas al vaivén de las fluctuaciones de las principales variables financieras. Como si fuera poco, el Estado también tuvo que entrar a rescatar a las grandes compañías hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac. Sus activos estaban representados por esas hipotecas tóxicas de alto riesgo mencionadas pretermitiendo los más elementales análisis de capacidad de pago. Se fue instaurando a nivel global un proceso de acumulación basado en fraudes financieros y operaciones especulativas donde se negociaban activos con un gigantesco contenido de riesgo moral, ignorándose por parte de las propias compañías calificadoras de riesgo los más elementales conflictos de intereses, haciéndose los de la vista gorda al calificar la enorme cadena de derivados emitidos por quienes pagaban generosamente sus muy discutibles servicios. Volvimos en últimas a presenciar el desenlace común de toda crisis financiera: pánico entre los inversionistas, desplome de las cotizaciones de las acciones, quiebra de bancos, contracción del crédito al sector privado, los consumidores dejaron de consumir, los inversionistas de invertir, los ahorradores
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Publicado con autorización del autor He retomado algunos planteamientos realizados en la presentación del libro, Urbanización para el desarrollo humano, ONU-HABITAT, Julio de 2009. 3 Fedor Dostoievski: “Memorias del subsuelo” Centro editor de América Latina, Buenos Aires 1977, Pág. 27.
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no sabían donde ahorrar, disminución considerable de la actividad económica y millones de personas vieron perder de la noche a la mañana su riqueza y puestos de trabajo. Todo esto ocurrió a tiempo que las utilidades de la orgia especulativa quedaron en manos de la parte fuerte de los apostadores del casino y las pérdidas fueron asumidas, tendrán que seguir siéndolo, por parte de la población más débil. El saqueo de aquellos que se aprovecharon de un capitalismo sin reglas, dudosamente autorregulado, corrupto y extremadamente desigual, nos llevó a presenciar manejos monetarios muy volátiles, llegando incluso a bajar las tasas de interés hasta el 0% para estimular la demanda agregada y evitar la depresión. La política fiscal hizo lo propio inyectando cuantiosos recursos a la economía por la vía del gasto público, lo cual agravó más el cuantioso déficit presupuestario de los Estados Unidos, quienes en el periodo anterior a la crisis, habían recortado los impuestos a los ricos y para sostener la guerra petrolera en Irak se generó un enorme déficit fiscal, todo lo cual dificultará el manejo económico en el futuro y lo hará mucho más, cuando vuelvan los vientos de la estanflación. El balance de este ascenso de las políticas del miedo con las cuales se ha sustituido gradual y ampliamente el Estado Social so pretexto de una creciente preocupación por la seguridad física es bastante conocido. Recordemos sus guarismos más dicientes. La mitad de la población mundial vive con menos de dos dólares diarios y 1.300 millones lo intentan con menos de un dólar al día. Cada tres segundos muere un niño por causas relacionadas con la pobreza, al tiempo que en Estados Unidos, el 1% de los habitantes tiene una fortuna superior us$170 millones estadounidenses; en sólo 22 países, donde apenas vive el 14% de la población total, se concentra más de la mitad del comercio mundial y más de la mitad de las inversiones globales, mientras que los 49 países más pobres –en los que habita el 11% de la población mundial- reciben en conjunto sólo el 0.5% de la producción global, casi lo mismo que los ingresos de los 3 hombres más ricos del mundo. El 9% de la riqueza total del planeta está en 4 manos del 1% de sus habitantes Pero eso no es todo. Un ejecutivo medio gana hoy 343 veces más que un empleado medio, cuando hace 40 años apenas llegaba a 20 veces más. Nos podríamos volver tediosos y cansones con esas letanías sobre las víctimas de la supuesta “realidad económica” que vista sin tapujos sería mejor llamar villanías y fechorías globales que se pueden remediar si se le pone fin a un orden social mimetizado técnicamente, por esos mayordomos del statu quo en que se han convertido los economistas del establecimiento, quienes al gozar del poder no dudan en ocultar cómo hoy el patrimonio de las 10 primeras fortunas del mundo es superior al ingreso nacional de los 55 países más pobres, y cómo más allá de cualquier duda razonable los peligros que amenazan la seguridad física de los individuos y de sus propiedades está íntimamente relacionado con la “sensación de precariedad”, siguiendo muy de cerca el ritmo de la liberación económica y de la consiguiente sustitución de la solidaridad social por la 5 responsabilidad individual La crisis económica amenaza con ampliar más los costos que las ventajas del proceso de crecimiento económico cuando este genera empleo y bienestar social. Las advertencias del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional sobre su dimensión y lenta recuperación son solidarias con las estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo sobre la pérdida de empleos y la preocupación del Secretario General del Sistema de las Naciones Unidas por el cumplimiento de los compromisos en materia de combate a la pobreza, con dificultades para no perder incluso lo avanzado, son serios indicios de quien terminará pagando los platos rotos de la borrachera especulativa del capitalismo global. La crisis actual tiene ya severas consecuencias sobre los pobres, en particular los de África Subsahariana, hasta el punto que para muchos países en vías de desarrollo los esfuerzos de los últimos 20 años pueden quedar destruidos. El resultado final será más de lo mismo. Mayor desigualdad que la existente antes de la crisis y una tremenda dificultad para que los millones de personas que perdieron no solo su empleo sino su hogar, lo puedan recuperar en un futuro.

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Zygmunt Bauman, “Tiempos Líquidos” –Vivir en una época de incertidumbre- , Tusquets Editores, Barcelona, 2007, Pág. 14 5 Ibíd., Pág. 29

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El mayor desafío se despliega con todo en términos políticos, en el sentido de romper las desigualdades y profundizar la democracia. Desde esta perspectiva, la crisis nos ofrece la oportunidad de enfocar los nuevos esfuerzos de modo más equitativo, donde el reparto de las funciones entre el Estado y el mercado sea mucho más equilibrado y el Estado más severo en la administración de mecanismos eficaces de regulación. Si aceptamos que el desarrollo no es meramente económico sino también humano y que por tanto debe ser visto integralmente con capacidad de obtener cohesión colectiva, podemos decir que la actual crisis necesariamente producirá más subdesarrollo, pobreza y malestar. La confianza en los mercados se ha debilitado y el crecimiento del desempleo y la caída en la producción global son un indicador de la desconfianza en las ideas dominantes impuestas ideológicamente por el poder político, los medios de comunicación y una academia cada vez más colonizada por el establecimiento. La crisis social en la cual se encuentra inmersa la población es de hecho una manifestación de las dolencias más profundas del tipo de vida que hemos venido creando a través del tiempo. En términos de economía espacial, hay en el mundo contemporáneo un espacio “monádico” no comunitario, conectado por las redes comerciales y financieras y por la red de las multinacionales que deslocalizan lo básico de la acumulación por medio del sistema financiero internacional, el cual ha colonizado la política, el poder, llevando los frutos del crecimiento a los estratos más altos de la población. La crisis nos alerta sobre aquellos que quedaron fascinados por una supuesta “ciencia económica” neutral que, legitimando los intereses de los pudientes, trataba ideológicamente de demostrar que favorecía a todos con sus índices de crecimiento. La crisis cogió de sorpresa a todos aquellos que creían en la autorregulación de los mercados y en primer lugar a los políticos y sus ideólogos que llegaron a los gobiernos como sus más asiduos defensores. La crisis es en sentido fuerte, la crisis de las ideas en el poder, materializadas en el pensamiento único que fue tomando cuerpo en la envestida política –ideológica dominante- según la cual, el único criterio para observar la realidad social es el criterio económico. No se libró de esta envestida ni el mundo académico. Allí la Economía Neoclásica, en esencia la base fuerte de todo el pensamiento económico contemporáneo y la mayoría de las demás escuelas, trataron de demostrar que la teoría económica es un saber “científico neutral” y no como ocurre en el complejo mundo de las ciencias sociales, un punto de vista, que como tal, tiene la imposibilidad lógica y práctica de esgrimir un saber riguroso a propósito de la sociedad y la historia. Deberíamos, aunque de paso, ahondar un poco en las anteriores aseveraciones sin caer en ingenuidades. La Teoría Económica opera a través de modelos y estos no son la realidad, son una simplificación y por qué no, bastante idealizada de lo que realmente ocurre. Como es sabido, se fundamenta en el método de la abstracción, y su simplificación estratégica es clave para poner algún orden mental al abordar la complejidad de la vida económica. Lo anterior está bien, incluso cuando se llega a los extremos como el de suponer no sólo en el individuo sino en la sociedad un comportamiento racional, dejando de lado la dimensión a-racional de la naturaleza humana y sus efectos psicológicos en el comportamiento de las variables económicas. El verdadero problema radica en que se olvida que la teoría es la teoría –mirada que se sitúa frente al mundo y lo examina- y ella jamás podrá darnos una “verdad” sobre las instituciones. Nosotros, como sostuvo a lo largo de su extensa obra, Cornelius Castoriadis, no podemos situarnos al frente de la institución y examinarla porque los mismos medios de que disponemos para hacerlo forman parte de la institución. El ser humano es en esencia, un bípedo hablante totalmente penetrado por la institución de nuestra sociedad de origen: la sociedad no puede existir sin institución, sin ley, y sin lo que le es específico, el nomos, la convención, aquello sin lo cual los seres humanos no pueden existir en tanto que tales. El conjunto de las instituciones de la sociedad complejamente entretejidas constituye la textura de la misma y por tanto, no podemos tener como señala lúcidamente Castoriadis una “teoría” de la institución,

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hacemos parte de ella, estamos en su interior como pequeños fragmentos itinerantes de la institución 6 social. Lo anterior no significa que por no haber un saber riguroso y completo sobre la sociedad, de ahí no se sigue necesariamente que no exista ningún saber más o menos aproximado que permita la comprensión de nuestra realidad, que todo valga. Pero dichos conocimientos son tan sólo parciales e inexactos, como en efecto lo es la propia teoría económica, que aportan elementos no absolutamente ciertos en nuestro intento de elucidar el mundo socio-histórico en el cual vivimos; son por tanto un acercamiento imperfecto al mismo: ¿qué es lo que mantiene unida una sociedad?; ¿qué es lo que hace que exista una sociedad y no una dispersión? Para responder a estas preguntas se debe trascender la oposición entre la ilusión de un saber global sobre la sociedad y la ilusión de que basta con una serie de disciplinas especializadas y fragmentarias. El caso de la teoría económica es más curioso. Los críticos neo-keynesianos pretenden validar, en todo tiempo y lugar, políticas monetarias y fiscales expansivas, sin tener en cuenta las posibles consecuencias sobre la inflación y los desequilibrios externos que dichas políticas podrían acarrear. Olvidan que el capitalismo es el primer régimen social que produce una ideología según la cual el sistema sería el mismo “racional”, reduciendo la racionalidad a un cálculo económico bien definido o la 7 sociedad sólo a términos puramente cuantitativos. Esta envestida ideológica ha llevado a una alienación creciente de la sociedad, condicionando y limitando drásticamente la “soberanía” para decidir sobre los asuntos políticos básicos. En efecto, la “soberanía” quedó mutilada al no poder decidir acerca de los problemas macroeconómicos, dejando una proporción no despreciable de los bienes públicos en manos de “congresistas virtuales”, llamados mercados, pero que deciden en últimas los márgenes, intensidades y ritmos de la globalización tecnocientífica -comunicacional en curso. Los políticos ganaban las elecciones con programas de desarrollo y lucha contra la pobreza, y una vez instalados en el gobierno impulsaban programas de ajuste económico en contravía de los intereses de las mayorías. Más aún, los criterios de optimización de los beneficios empresariales se impusieron por encima de una adecuada prestación de servicios a las mayorías más débiles, dejando ver en cierta forma la preferencia por la eficiencia en lugar de asignar los recursos buscando la equidad y la justicia social. No se trata de dejar a un lado los análisis de costo/beneficio para racionalizar el gasto y “optimizar” los recursos escasos, pero sí de alertar que el Estado no tiene porque ser, PER-SE, ineficiente y lo privado eficaz, como lo deja ver la crisis financiera comentada. Como se dijo, dicha crisis tuvo una de sus fuentes más sustantivas sino en el sector privado, mostrándolo como ineficiente, corrupto, irresponsable e incompetente, características estas atribuidas en el pasado reciente al Estado. Los dueños del capital transnacional confundieron, con la complacencia de políticos y tecnócratas, sus intereses con el interés general. Los grandes divulgadores de este proceso a través de la doctrina del libre mercado, crearon una severa regulación a la entrada y un libertinaje neoliberal tipo de Ponzi en la operación, …………? productor de oligopolios en red -empresas entrelazadas en una “urdimbre virtual” gestionadas por una oligarquía global- que, de la mano del Estado, favorecieron conscientemente los intereses de las multinacionales y sus expresiones concretas a nivel nacional, los propietarios de grandes rentas, a expensas de unas clases medias y trabajadoras manipuladas ideológicamente con la utilización de los medios de comunicación de masas, propiedad, muchos de ellos, de esos mismos capitales globales. ( ojo párrafo ilegible en su parte final; Ok.)? 000 Las políticas pro-rico desreguladas en los niveles más abstractos de operación de los mercados financieros y de capitales, crearon los incentivos para la operación de un fraudulento casino global
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Cornelius Castoriadis, “Figuras de lo pensable”. Ediciones Cátedra S.A., Madrid 1999; también se puede consultar del mismo autor, “La Institución imaginaria de la sociedad” Tusquets Editores, Primera edición argentina en colección Ensayo: Marzo 2007. 7 Ibíd., Pág. 65.

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detrás del cual se encuentran los escándalos corporativos en los Estados Unidos, donde la mayoría de la población fue una convidada de piedra que, a mayor crecimiento económico, sólo recibió mayor inequidad y mayor inseguridad social. En plena crisis, las reglas del sistema quedaron claras: el socialismo es bueno cuando los ricos requieren el esfuerzo colectivo para cubrir los errores de los descalabros en sus juegos ilícitos en la ruleta global. En economía, como en general en todos los asuntos donde intervienen activamente el individuo y la sociedad no es posible tener posturas homogéneas. La situación de países como Alemania, Japón, y la propia China, no es la misma que la de Estados Unidos e Inglaterra donde el exagerado consumo fue cubierto básicamente con el ahorro internacional. Muy por el contrario, en Japón y China sus consumidores no habían cambiado sus pautas de ahorro y en lugar de especular y endeudarse con sus activos los manejaron prudentemente. Algo similar, aunque seguramente en menor proporción por su matriz cultural, ocurrió en Alemania. Las diferencias de estos comportamientos se pueden observar en los enormes déficits en cuenta corriente existente en Estados Unidos, financiados en una alta proporción por el superávit en China, Japón e incluso Alemania y muy seguramente por el tipo de políticas de signo opuesto que se tendrán que implementar para salir de la crisis. Dejando a un lado estas diferencias, es bueno, mirar el comportamiento del gran dragón chino y de sus particulares políticas monetarias y fiscales para enfrentar la crisis. Allí el factor humano es el más importante de la demanda y la base del contrato social. Los chinos por su pasado comunista deben proponer al menos, de dientes para afuera, que la finalidad de la actividad productiva no debe ser otra que la de procurar el bien–estar y la mayor felicidad para el ser humano. Esto se refleja de alguna manera cuando se trata de dar estímulos económicos; para los chinos de una forma pragmática, el gasto público proporciona una mayor relación calidad–precio que los rescates fiscales y una buena política de gasto público en las ciudades es la esencia para contribuir a un buen plan de reactivación económica. El ejemplo de China es en este aspecto elocuente, pero para captarlo en su verdadera dimensión es bueno dejar a un lado la macroeconomía y entrar más de lleno en la economía espacial-urbana. En efecto, en las áreas de mayor urbanización, sus zonas costeras, el sistema financiero global creó, con la complacencia del partido comunista chino, una nueva industria para valorizar el capital, la industria del espacio–red a través de la cual la intervención estatal toma a la ciudad-red como soporte del crecimiento económico, conectando socio-especialmente a un conjunto de ciudades y haciéndolas interactuar globalmente en un proceso de acumulación donde la urbanización en red y las exportaciones jalonan el crecimiento de la economía. Los chinos no tienen duda en el papel que deben jugar las ciudades en el desarrollo del país. Para ellos, éstas generan una parte importante del PIB nacional y en mayores niveles de consumo de la población urbana al de las zonas no urbanas. Por tal razón, en plena crisis, han lanzado una política de estímulos fiscales sin paralelo en el mundo, manteniendo un crecimiento alto -se estima que el crecimiento del PIB sea del 8% en 2009-(ojo: actualizar cifra), a pesar de una caída importante de las exportaciones en lo que va del año. Ésta no sólo ayuda a sostener la demanda interna, sino que penetra con el urbanismo muchos lugares antes inexplorados, fortaleciendo sus infraestructuras físicas con el fin de continuar con el crecimiento endógeno, sosteniendo el empleo y manteniendo los pilares básicos de la competitividad en el largo plazo. Dado su actual nivel de organización y el énfasis de la transformación capitalista del agro para apoyar la modernización e integración en redes de las ciudades orientadas hacia el estilo de vida occidental y la exportaciones, es de esperar en esta nueva fase una mayor integración interna y una creciente tensión entre las promesas del Partido Comunista Chino por institucionalizar los derechos campesinos a la tierra y las tendencias casi “naturales” de la penetración del capitalismo en el campo; no es claro cómo se van a llevar a cabo los procesos para legalizar la apropiación ilegal y violenta que ha venido ocurriendo a gran escala y que son el sello de la turbulenta transformación del campo en la China, por lo que no dudaríamos en denominar esta extraña vía de desarrollo comunista de mercado, como otro de los grandes fraudes creados por el capitalismo global y afianzado igualmente en la idea que los mercados son un mecanismo social que conduce al equilibrio con una asignación óptima de recursos. Pero la gran

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paradoja es que este complejo proceso se haya realizado utilizando como medio a la ciudad, ese lugar privilegiado de la experiencia de la libertad y la democracia. Lo anterior nos lleva a una conclusión importante: ya no se puede seguir razonando en términos abstractos utilizando modelos de equilibrio general, sin medir las consecuencias que dicho razonamiento tiene sobre la realidad y la vida de las personas. El capitalismo vive de la inestabilidad y del desequilibrio propio de sus fases de creación-destrucción, en una permanente crisis. Debemos cuestionar la teoría económica en su raíz dejándola de leer como un catecismo religioso, sin caer, como lo mencionamos, en la ingenuidad de pretender sustituirla, pero sí, de ponerla en su justo lugar. La mirada meramente religiosa y sin cuestionamiento de la teoría, no sólo empobrece a la teoría misma, sino a nuestra propia vida. Hoy la crisis vuelve a recordarnos que la sociedad de mercado sin una regulación política ciudadana en su forma de vida es una amenaza para la sociedad y la biósfera del planeta. Asistimos a un cambio de época. El capitalismo de libre mercado, probablemente no se va a acabar con esta crisis, pero los esquemas de crecimiento basados en la expansión sin controles del sector financiero, no podrán continuar y las nuevas plataformas de acumulación de capital, seguramente continuarán pero con intervenciones y regulaciones del Estado que situarán su dinámica en niveles más limitados que en el pasado. Cambiarán las palabras que utiliza el capital para hacer creer al conjunto de la población que la expansión de los mercados y la ley del consumo por el consumo son fenómenos naturales. La globalización neoliberal como máquina ideológica no se venderá tan fácilmente como en el pasado y su idea de que el Estado no debe intervenir en la economía, seguramente durará mucho tiempo en volver a hacer su aparición. El crecimiento económico no podrá descansar solamente en burbujas especulativas y se tendrán que mantener políticas macroeconómicas activas que permitan contrarrestar la deficiente demanda efectiva en los ciclos de la economía. El crecimiento es la base de la riqueza y por tanto el sustento último que mantiene en movimiento a la psique humana. Podemos alterar nuestros objetivos si queremos liberarnos de una forma de vida orientada solamente por mercados competitivos que erosionan la solidaridad con los más débiles manteniéndonos en crisis y tensión permanente. Las políticas económicas deben tener un objetivo social. Revelan un proyecto de sociedad y por lo tanto nos alertan contra la ilusión tecnocrática de querer dar respuesta a los problemas sociales con ejercicios sofisticados de álgebra, elevando la muralla de incomprensión que separa a la sociedad de la política. De esta forma y en ausencia de pensamiento crítico se llega al vacío de significación, al reducir la política al mero cálculo de maximización de beneficios y minimización de costos, dejando la sociedad a la deriva y sin capacidad para responder a las demandas colectivas de sentido y mucho menos a las demandas para reducir el creciente malestar global. Pero dejemos a un lado los aspectos meramente económicos de la actual crisis, resultado del uso masivo de instrumentos financieros como los derivados, la compra-venta de futuros y el empaquetamiento de hipotecas tóxicas carentes de todo análisis individual de riesgo y preguntemos ¿de qué crisis hablamos cuando hablamos hoy de la crisis? ¿Lo hacemos pensando solamente en la crisis financiera o pensamos por un momento en la impresionante crisis político cultural a la que el neoliberalismo ha venido llevando al conjunto de la humanidad, demandando aquí y allá el cambio de rumbo en la conducción política y económica? No solo la actual crisis, sino la historia del capitalismo han dejado claro, cómo este es un sistema incapaz de corregirse así mismo. El sistema ha necesitado una y otra vez la mano visible de unas medidas correctoras de tipo político, fiscal, monetario y legal para completar la mano invisible del mercado. ¿Cuánta población puede sostener el planeta con niveles de vida como lo hacen hoy, digamos, los consumidores de clase media de Estados Unidos? y esto sin calcular el tiempo en que con dicho consumo agotarían los combustibles fósiles que tardamos 400 millones de años en acumular y como consecuencia, cambiaríamos más rápido de lo que hoy ocurre, el clima de la tierra. Nuestros cálculos desgraciadamente no nos permiten captar adecuadamente lo que está sucediendo con las personas y la sociedad y los indicadores disponibles son insuficientes para su evaluación. Las

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mediciones corrientes no tienen en cuenta la sostenibilidad y la sobreexplotación de los recursos naturales y la degradación de nuestro medio ambiente. Cómo lo mostró recientemente en forma lúcida Joseph Stiglitz: “Los marcos estadísticos están destinados a resumir lo que está sucediendo en nuestra sociedad compleja en unos pocos números fácilmente interpretables. Debería haber sido obvio que no se podía reducir todo a un único número, el PIB… se debe crear un conjunto más amplio de indicadores que capturen de manera más precisa tanto el bienestar como la sostenibilidad a la vez de dar impulso para mejorar la capacidad del PIB y las estadísticas relacionada a la hora de evaluar el desempeño de 8 la economía y la sociedad”. Sostenibilidad es una palabra gris y aburrida, pero es un gran reto que afronta hoy el capitalismo globalizado; en algún momento los consumidores más ricos tendrán que tener menos y no cada vez más, si no queremos afrontar ajustes más drásticos en las formas de vida del colectivo humano. Como se sabe, el capitalismo es experto en fabricar deseos y esa lógica de expansión constante de los mismos es insostenible a escala mundial. La pregunta nuevamente es: ¿estamos dispuestos a conformarnos con menos para que otros puedan tener más? La tierra es nuestro hogar común y nuestra capacidad para vivir en el planeta se ha vuelto un imperativo ético y moral, por tanto político. Alguien pensará que estamos exagerando. Pero la crisis en la que todavía estamos inmersos no es sólo una crisis económica y financiera. Nuestras formas de vida no están amenazadas sólo por el desempleo y la deflación y no muy lejos por una híper-inflación. También, y esto no lo podemos ocultar, sufrimos una preocupante crisis ambiental que puede llevarnos a producir la primera extinción en el planeta, atribuida exclusivamente a nuestros muy particulares comportamientos individuales y colectivos. Vivimos en una sociedad de riesgo y estamos severamente amenazados por la deforestación, la erosión de suelos, el cambio climático, la super-explotación de la biodiversidad, de sus formas de vida, el declive de acuíferos y la extinción masiva de especies y hábitats. La crisis es indisolublemente económica y antropológica; es una crisis palpable en las molestias y temores urbanos y medio ambientales y teniendo su epicentro en los “expertos”, en administración del crecimiento, los trascienden y nos ponen de frente ante las inercias y pusilanimidad del mundo contemporáneo, que no atina a comprender políticamente que los impactos sobre el medio ambiente influyen en la deriva evolutiva. La crisis económica vincula el presente con el futuro: la crisis financiera, un mundo que se urbaniza a ritmos sin precedentes y el cambio climático, han puesto en riesgo bienes públicos globales y vitales para la supervivencia de la sociedad y de la especie.

II. CON CADA VEZ MENOS CAMPESINOS Y FRENTE AL CAMBIO CLIMÁTICO. Lo tratado en el acápite anterior, no es sino la parte meramente económica de la crisis y no debemos olvidar lo que ya hemos mencionado: el sistema existente en su forma de vida es una amenaza para la sociedad y la biosfera del planeta. En efecto, la crisis medio ambiental es quizás uno de los hechos centrales del mundo contemporáneo: el incontrolado proceso de crecimiento que ha llevado a la mayoría de la población a vivir hoy en ciudades, estimándose que el 75% de la población global sea urbana en 2050, ganando las ciudades mayor protagonismo al convertirse en el hábitat predominante del ser humano, alertan sobre la necesidad de pensar complejamente las principales dimensiones de la sociedad contemporánea. El desempeño de las ciudades en estas crisis sistémicas del capitalismo realmente existente, es contradictorio. El nuevo mercado creado por el sistema financiero internacional da la impresión por una parte, de operar en el vacío de cualquier referencia geográfico-espacial, llevando a pensar a algunos en el “no lugar”, la no ciudad, la negación de la ciudad en su particularidad, en su historia. La ciudad política queda anulada y ella, nos dicen, no puede controlar ya su destino, quedando a merced de poderes transnacionales. Pero lo anterior no es sino la visión competitiva de la ciudad, existiendo en el
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Joseph Stiglitz, “fetichismo del PIB”, El Espectador, Bogotá Septiembre 13 de 2009 pág. 39.

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mundo contraejemplos de lo que se puede hacer, en el mismo tiempo incluso en el que se fue orquestando la crisis global, no con la competencia, sino con la cooperación. Bogotá es un caso específico de esta segunda forma de pensar y actuar. Aunque aquí sólo podemos dar u ofrecer algunos puntos de referencia provisionales, que demandan en un futuro una más profunda articulación, éstos son muy elocuentes con respecto a los frutos de esta actuación. Gracias a la acumulación de buenos gobiernos, auspiciados e impulsados por una ciudadanía responsable y atenta, la ciudad aumentó de manera notable la calidad de vida de sus habitantes, dando lugar a lo que se ha conocido internacionalmente como la gran transformación. El diseño de sistemas de información unificada de violencia y delincuencia, el respeto de los recursos públicos, la continuidad de las políticas bajo el lema de construir sobre lo construido, especialmente en las políticas de movilidad y espacio público, la transparencia política en las relaciones del alcalde con el concejo municipal, y la complementariedad de los énfasis políticos de varios alcaldes con capacidad de gestión técnica de los asuntos públicos, han sido aspectos decisivos de esta evolución. Al igual que en los países, la crisis económica se asoma en las ciudades, entre ellas, en Bogotá. Si los esfuerzos pendientes eran copiosos y los desafíos en todas las áreas notables, debiendo atender los primeros y proseguir abordando los segundos, la crisis invita, en lógica contracíclica, a aumentar los recursos públicos e invertirlos de manera eficaz y eficiente. Avanzar en el desarrollo humano y el cumplimiento de las Metas del Milenio sigue siendo urgente. La capital colombiana cuenta además 9 como activo con un margen fiscal suficiente para actuar pronta y extensamente. Con la urbanización, las desigualdades sociales medidas en términos relativos se profundizan con excesiva frecuencia, resaltando el problema casi congénito de la distribución inequitativa de los recursos, los bienes y la riqueza, apropiados obscenamente y con una fuerza inaudita en los tiempos que corren por parte de una minoría concentradora del poder económico y político global a través de las corporaciones multinacionales deslocalizadas territorialmente. Los poderes que determinan lo esencial de nuestras vidas, son globales, mientras que nuestras instituciones de acción política son básicamente locales. Citando nuevamente a Zygmunt Bauman, “Una de las paradojas más desconcertantes surgidas en nuestra época es que la política, en un planeta de creciente globalización, tiende a ser, de forma apasionada y consciente, local. Expulsada del ciberespacio, o, con el acceso vedado, la política retrocede y se concentra en los asuntos “a su alcance”, en cuestiones locales y relaciones de vecindario”. Es en la ciudad donde se concentra la mayoría de la población y en ella, no sólo por su densidad sino por la gran cantidad de acciones y comunicaciones, es donde necesariamente se presentan los miedos, la inseguridad y las fuentes psicológicas de la ansiedad y agresividad del mundo 10 de hoy como manifestaciones de las raíces psíquicas y sociales del odio al otro, al diferente Esto no tiene por qué ser así. Con una buena gestión y el diseño de políticas encaminadas a romper las asimetrías en la distribución del ingreso, la urbanización es una gran aliada para lograr eficiencia y equidad. Para ello, hay que dejar a un lado las ideas de “fundamentalismo de mercado” según las cuales son los mercados sin control ni restricción alguna, los que nos dan mayor crecimiento y mejor distribución. Los mercados, entidades humanas y contingentes, deben ser regulados y gestionados por la intervención consciente, sin omitir que funcionan, pero recordando que lo hacen mal con mucha facilidad, siendo la capacidad de gestión de los Estados, a pesar de las dudas al respecto bien ganadas, siempre imprescindible. El “libre mercado” es un mito. El mercado moderno nunca ha estado exento de garantías estatales de seguridad, control y reglamentación de abusos. Cuando los mercados se exceden, como hoy ocurre, deben ser corregidos por los Estados y no esperar que ellos se auto-regulen como si fuesen
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Una discusión amplia en esta dirección se puede consultar en: “Urbanización para el desarrollo humano” – Políticas para un mundo de ciudades – ONU – HÁBITAT. Bogotá, 2009. 10 Un desarrollo en esta dirección se puede consultar en: Fabio Giraldo I. –Compilador- “Guerra y muerte, FICA, Bogotá 2002.

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mecanismos “naturales”. Los mercados son creaciones político-culturales que se han ido generalizando y necesitan la regulación para con su uso poder alcanzar un mejor nivel de vida para la mayoría, evitando el crecimiento de las desigualdades. En la medida en que las ciudades se han ido consolidando y la conciencia ambiental de ciudadanos, técnicos y políticos acentuando, la presión ambiental de algunas ciudades ha tendido por otra parte a moderarse para un nivel de bienestar elevado. Desde el punto de vista del cambio climático, más que la urbanización, son algunas de sus formas, dispersas y con dependencia del transporte privado motorizado, las que son agresivas. Bien gestionada, la urbanización constituye, la mayor oportunidad para buscar las condiciones encaminadas a crear un desarrollo humano sostenible donde se cree un espacio público en que se alcance mayor libertad a partir de interacciones culturales y políticas, sin omitir cómo la garantía para tener mayores libertades y construir una democracia más profunda y estable exige consensos y diálogo, compartiendo unos valores y principios básicos. El impacto de las ciudades sobre el medio ambiente es evidente. Todas las actividades humanas que se desarrollan en las urbes generan un consumo de recursos naturales y ambientales como espacio, energía, agua, suelo, aire, plantas y animales, y en esta medida cada ciudadano necesita de una “área ecológica” -huella ecológica- para realizar sus actividades. Continuamos separando los aspectos global y local de la vida y la política en dos órbitas diferentes con muy poca comunicación sin advertir que el verdadero poder, el que determina nuestra vida, si bien es cierto que se mueve en el espacio global, se realiza, actúa, en un lugar, en un sitio, lo hace todo el tiempo a nivel local. Las ciudades, al generar la mayor parte del crecimiento económico de los países, trasladan el alto nivel de consumo de energía de sus procesos productivos a empeorar las condiciones medio ambientales. Por ello, un crecimiento urbano adecuadamente regulado y planificado es clave para gestionar políticamente el bienestar, controlando la calidad del aire, la disponibilidad de agua, el reciclaje y un tratamiento adecuado de los residuos. El desafío global se va a concentrar cada vez más en las ciudades, dado que en ellas se encuentra la mayoría de la población; incrementar el consumo de los más pobres disminuyendo el consumo de los más ricos y reduciendo al mismo tiempo la presión que ejerce el actual modelo de crecimiento sobre los recursos naturales, la atmósfera y los ecosistemas, es la clave para poder responder a la pregunta: ¿cómo incrementar la calidad de vida y hacerla para todos conservando de una forma sostenible el medio ambiente humano en las ciudades y territorios? No se trata de acabar, como se señaló, con el crecimiento económico, pero sí de pensar lo que ha significado el paso de una sociedad con crecimiento a una sociedad de crecimiento, la cual en su persecución indefinida del mismo, nos ha revelado sus incompatibilidades con un planeta finito Crecer y crecer o, lo que es lo mismo, aumentar el PIB sin consideración del medio ambiente, es insostenible: la presión sobre los recursos naturales harán inviable la capacidad de soporte del territorio; la superficie terrestre productiva de suelo, ríos, océanos, etc., necesaria para proporcionar los recursos consumidos por una población determinada cualquiera que sea, acumulando desechos y residuos, llevarán a problemas bioterritoriales. En la ciudad, los asuntos globales van entrando en las preocupaciones políticas por medio de las desviaciones y repercusiones que los problemas tienen en el ámbito local. No podemos actuar a nivel planetario, lo hacemos a nivel local: es en la urbe donde se concentran los problemas engendrados globalmente. Para dar una idea: aunque las ciudades ocupan tan sólo el 2% del territorio del planeta, utilizan el 75% de sus recursos naturales. Las ciudades aprovechan los bienes y servicios de los ecosistemas cercanos y los productos y emisiones generados pueden afectarlos, a nivel local e incluso global. En la actualidad, las dinámicas de crecimiento material han sobrepasado la capacidad del planeta. Hemos extralimitado las fuentes de recursos y sumideros de la tierra. Evidencia de esto es el cambio climático o lo que es lo mismo, el aumento de la temperatura promedio global, debido al incremento de la concentración de gases efecto invernadero en la atmósfera causado principalmente, pero no de manera exclusiva, por las actividades humanas.

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Este incremento de la temperatura lleva a cambios impredecibles en el sistema climático global y la medida conocida como huella ecológica muestra cómo el nivel de consumo ha excedido la capacidad del soporte del planeta. El cálculo de la Huella Ecológica, mide el área requerida para ofrecer recursos y asimilar desperdicios sin comprometer la posibilidad de que esas áreas continúen prestando estos servicios. Es una medición del área biológicamente productiva, útil para la satisfacción de las 11 necesidades de la población . Los gráficos 1 y 2 muestran la forma en que se viene excediendo la biocapacidad de la tierra y los principales componentes de la huella ecológica. El gráfico 3 contiene datos de la huella ecológica y de biocapacidad para algunos países. La evaluación de los ecosistemas realizada por las Naciones Unidas ha venido insistiendo sobre esta preocupante situación: “Los seres humanos están cambiando sustancialmente, y en gran medida en forma irreversible, la diversidad de la vida sobre la tierra, y la 12 mayor parte de esos cambios representan una pérdida de biodiversidad” Gráfico 1

Huella Ecológica de la Humanidad 1961-2003

Fuente: Informe Planeta Vivo 2006

Desde finales de la década de 1980 la Huella Ecológica ha excedido la biocapacidad de la Tierra: en 2003 en un 25%. Lo anterior significa que la capacidad regenerativa de la Tierra ya no puede mantenerse al ritmo de la demanda.

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De una forma más precisa, la huella ecológica es un indicador agregado definido como “el área de territorio ecológicamente productivo (cultivos, pastos, bosques o ecosistemas acuáticos) necesaria para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población dada con un modo de vida específico de forma indefinida”. Este indicador puede aplicarse a todo el planeta, continentes, países, ciudades, regiones, etc., mostrándonos en cuanto la sociedad excede la capacidad del territorio para ser sostenido.
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Millenium Ecosistem Assesment, 2005.

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Gráfico 2

La Huella Ecológica por componentes 1961-2003

Fuente: Informe Planeta Vivo 2006

Gráfico 3

Fuente: Informe Planeta Vivo. 2006

El crecimiento económico desmesurado con respecto a la biocapacidad del territorio, ha dejado de ser una manera de satisfacer necesidades reales y se ha convertido en un fin en sí mismo, generando necesidades ficticias; mientras una parte considerable de la humanidad no tiene con que alimentarse, una pequeña parte de ella, sufre los problemas derivados del exceso de alimentos como la obesidad:

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comen demasiada carne, pescado, grasas, demasiado de todo y esta es la medida que ha llevado a la crisis medio ambiental, causada por el crecimiento ilimitado de unos pocos. El crecimiento económico de los países industrializados es insostenible en un horizonte de largo plazo con los recursos naturales disponibles. Hoy en día, cerca del 20% de los habitantes del planeta consumen más del 85% de los recursos y su presión es creciente, ya que el impacto ocasionado por el nivel de vida de una gran proporción de la población sobre el espacio bioproductivo de la tierra, ha llevado a mostrar cómo el planeta con 51 mil millones de hectáreas, tiene sólo 12 mil millones de hectáreas adecuadas. De ellas depende la totalidad de la población mundial. Veamos algunos ejemplos dados por Serge Latouche : Dada la actual población de la tierra, cada individuo debería sostenerse con 1.8 hectáreas de ese espacio bioproductivo; el actual nivel de vida de los españoles necesita 14.5 hectáreas por persona año para sostenerse. Si todos los habitantes del planeta quisieran vivir como los españoles harían falta dos planetas y medio; pero si quisieran vivir como los franceses, serían necesarios tres planetas; y si quisieran vivir como los norteamericanos, se 14 necesitarían 6 planetas /. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente en las ciudades, implica tener presente cómo los ecosistemas proveen tres tipos de servicios a la ciudad: provisión, regulación y enriquecimiento. Mientras algunos de estos servicios son fácilmente medibles, tales como la provisión de comida y agua fresca, otros son más difíciles de cuantificar, como la contribución que los ecosistemas hacen a la calidad de vida en términos estéticos y espirituales. La biodiversidad –la diversidad entre los organismos vivos- juega un rol esencial para asegurar la sobrevivencia en la tierra. Agua limpia, alimentación, medicinas y calidad de vida, son algunos de los servicios que la biodiversidad ofrece a las ciudades. Reconocer la importancia de la biodiversidad y ecosistemas sanos es fundamental para las ciudades. Algunas ciudades en la actualidad han tomado iniciativas para utilizar, conservar y reparar su entorno eficientemente. Estas acciones pueden llegar más allá de las fronteras de la ciudad, pueden afectar la biodiversidad a escala global. El proceso de urbanización ha llevado a que las ciudades sean el principal foco de afectación del medio ambiente. Tanto las ciudades costeras como las interiores han llevado al deterioro continuo del medio ambiente, generando:       Desechos sólidos y basuras en general Vertimientos en los ríos, mares y océanos Contaminación del aire –emisiones de empresas, hogares, transporte-. Contaminación visual. Escasez de tierra. Incremento de tugurios.
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En la actualidad, la principal preocupación mundial es el cambio climático que está siendo causado por el incremento de las emisiones de gas efecto invernadero. En el mundo se vienen planteando iniciativas para aumentar la percepción de lo que está ocurriendo y las medidas necesarias para detenerlo. De no mediar una reducción drástica en el empleo de combustibles fósiles y su eliminación en los próximos años, la catástrofe ecológica no tendrá precedentes y se producirá, como lo señalamos anteriormente, la primera gran extinción masiva de la vida, ocasionada por el ser humano. Las implicaciones del cambio climático son hoy en día temas de interés en las investigaciones científicas y las discusiones de política. Las consecuencias de los incrementos en la temperatura
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/www.kaosenlared.net/noticia/entrevista-serge-latouche-profesor-emerito-universidad-paris-sur-xi-op. / Si la humanidad creciera al 2% anual, en el año 2050 necesitaría de 30 planetas. Utilizamos estos datos para dar una idea de la discusión que cada vez más se profundizará entre economía y ecología, en la cual se presentará toda una gama de discusiones políticas, encaminadas a buscar equilibrios medio ambiente – economía.

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tendrán impactos aún no determinados con absoluta certeza, sobre el funcionamiento de ecosistemas, la viabilidad de la vida salvaje y el bienestar de los humanos. Para formarnos una idea tipo de retos a que se ve enfrentada la población mundial, es conveniente traer a consideración factores que producen los cambios en la temperatura de la Tierra, entre los que se encuentran radiaciones solares, la distancia al sol, la disposición de los continentes – deriva continental- , corrientes oceánicas y la composición atmosférica.

los del los las las

Respecto a la composición atmosférica, su cambio se debe al stock de gases efecto invernadero (GEI) en la atmósfera, el cual es la acumulación de muchos años de emisiones. Los GEI se mantienen en la atmósfera por muchos años: el CO2 por 200 años, el óxido nitroso (N20) 114 años, los clorofluorocarbonos (CFC) entre 50 y 1700 años y el perfluoroexano (C6F14) hasta 3,200 años. El ser humano, como consecuencia de sus actividades productivas, ha alterado la composición atmosférica de manera acelerada, lo que ha llevado a un proceso de cambio en el clima global, que puede tener graves consecuencias. Las actividades humanas que más han influido en el cambio climático son la deforestación y la quema de combustibles fósiles que han aumentado la concentración de CO2, metano y otros gases en la atmósfera. Este cambio en la composición atmosférica se ha dado principalmente por la emisión de gases efecto invernadero (GEI), siendo el principal de estos gases el dióxido de carbono (CO2). Otros GEI son el metano, el ozono y el dióxido de nitrógeno. Tales efectos se ilustran en la tabla siguiente:

Sustancias

Fórmulas químicas

Tiempo de vida en años en la atmósfera 200

Fuentes generadoras
Quema de combustibles fósiles petróleo y carbón- y tala de bosques. Refrigerante Aerosoles

Dióxido de carbono CFC -11: Triclorofluorometano (freón 11) CFC -12: Diclorodifluorometano (freón 12) CFC -13: Clorotrifluoromethane (freón 13) CFC -113 Diclorotrifluoretano CFC -114: diclorotetrafluoroetano CFC -115: Monocloropentafluoretano Perfluoroexano Metano
Oxido Nitroso

CO2 CFCl3 CF2Cl2

50 102

CClF3 C2F3Cl3 C2F4Cl2 C2F5Cl C6F14 CH4
N20

640
85

Refrigerante Extintores y solventes Refrigerante
Extintores y solventes

300 1700 3200 14.5
120

Solventes Ganadería y residuos sólidos Quema de combustibles fósiles y la utilización de fertilizantes químicos Extintores

Trifluoroiodometano

CF3l

<0.005

*Fu

ente: BARROS Vicente, 2005. El cambio climático global ¿cuántas catástrofes antes de actuar?

En las ciudades se concentran los problemas de origen global y allí se encuentran las posibles “soluciones”. Tarea difícil la de encontrar salidas locales a los desastres globales, pero hoy todo recae sobre la población urbana y lo que ocurre en nuestras viviendas, barrios o localidades nos compete. En plena globalización todavía es posible recordar el atractivo de las ciudades medievales a través del viejo dicho alemán, el aire de las ciudades te hará libre. Esto hoy en día todavía es así y es en la ciudad donde pueden venir los cambios y las transformaciones, es allí donde puede tener lugar una nueva mutación, es allí y no en otro lugar.

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III. HAY QUE ENDEREZAR EL RUMBO. Debemos actuar tratando de enderezar el barco de la globalización y cambiar su rumbo. Empresa difícil. Estamos montados en el mayor barco pirata que la historia de la humanidad tenga noticia y allí como esperamos sea de público conocimiento no hay espacio para todos. El barco de la globalización neoliberal se parece mucho al Titanic, donde como se recordará, la elevada cifra de muertes se debió a que a pesar de cumplir con todas las normas marítimas de la época, no llevaba botes salvavidas suficientes para todos los pasajeros: murieron 1.517 de los más de 2.200 que viajaban a bordo. Los botes tenían una capacidad total de 1.178 plazas, reservadas básicamente para los pasajeros de primera clase y el barco podría albergar hasta 3.547 personas. El Titanic, como el sistema financiero global se diseñó usando las más avanzadas tecnologías de su tiempo sin rival en lujo y elegancia. El desastre que ocasionó, como el causado socialmente por el neoliberalismo en el poder de los Estados, ha sido de tal magnitud que se debe obligar al igual que le ocurrió a los constructores de barcos después del desastre del Titanic a establecer las más estrictas medidas de seguridad, para aprender a fondo la lección de toda esta comedia de abusos y displicencia ciudadana con los asuntos públicos: cuando se confía ciegamente en el sistema de precios –la mano invisible- desestimando la gula de los propietarios del capital, hay improvisación, corrupción y exceso de dominación ideológica que llevan a la sociedad a la crisis. Y como siempre ocurre, en el barco, los botes salvavidas son para los que mejor localizados se encuentran antes del inicio de la tormenta. Es tiempo de abandonar los academicismos cientificistas y entrar de lleno a la discusión política de la conducción de la sociedad. En el medio colombiano, Jorge 15 Iván González al discutir la necesidad de la superación de la distinción micro y macro, alega con razón que no se trata simplemente de dificultades lógicas de una propiedad matemática. La falta de consistencia, argumenta González, refleja un problema epistemológico y ético complejo, dejando sin desarrollar, lo que es muy común en muchos economistas, el problema político que subyace a toda discusión de economía aplicada. La ética es creada en y por la historia, la cual forma parte, en sentido profundo, de la cuestión política, entendida como lo hace Cornelius Castoriadis, la actividad lúcida y reflexiva que se interroga sobre las instituciones de la sociedad y que, eventualmente, pretende transformarlas. Hay, por supuesto, en el mundo de hoy separación entre ética y política, entre un hombre interior y un hombre público, pero tal separación es la que debemos superar. Hay que superar las éticas de la heteronomía y para ello hay que superar primero las políticas de la heteronomía. Se necesita una ética 16 de la autonomía, que sólo puede articularse a una política de la autonomía. La política, no la politiquería que se da casi en forma silvestre en nuestro medio, es una extraña creación, pero es la base de la posibilidad de crear una sociedad democrática; una sociedad donde sus individuos se dan explícitamente, aunque solo en parte, las leyes de su propia existencia. Quién habla de política, habla del poder, habla del elemento crucial del devenir histórico. Hoy, el poder se ha vuelto difuso, es horizontal y se expresa en la red a través de los flujos financieros y la liberación de los mercados de capitales producidos por la revolución informática y de las telecomunicaciones. Ellas han conectado el tiempo y el espacio casi en forma instantánea, transfiriendo el poder político hacia el poder económico y financiero llevando a una compleja realidad: son los mercados los que mandan y ellos se representan en la bolsa de valores y en Internet. Muchos incluso han llegado a plantear que los mercados “piensan” mas racionalmente que el ser humano, que lo hace, como lo señalamos, de una forma bastante irracional.
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Gonzales, Jorge Iván: “ La dicotomía micro-macro no es pertinente” Revista de economía institucional, vol. 6 No 11, Universidad externado de Colombia, 2004, págs. 90-91 16 Castoriadis Cornelius, El ascenso de la insignificancia. Ediciones cátedra, S.A, 1998, Pág. 234 y ss. , para la discusión de la ética, Pág. 204 y ss.

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Esta situación ha hecho emerger al poder de los mercados, sobre todo los rentistas de monopolios y oligopolios, como poder fiscalizador del Estado, reaccionando con enorme celeridad y castigando duramente cualquier medida de política económica que considere negativa. Su método principal es la retirada de la confianza que, produciendo desequilibrios, lleva al poder político a la ingobernabilidad y a aceptar la imposibilidad de discutir con el único poder que no ha generado ateos exitosos, ni disidencias célebres, el poder del dinero. El funcionamiento adecuado de las instituciones de la sociedad, está atravesado por una multiplicidad de factores políticos propios de los intereses conscientes e inconscientes de los actores que intervienen en su configuración, indicándonos cómo, en última instancia, los problemas económicos son ilegibles sin abordar la dimensión política y sicológica de la sociedad; no se debe perder de vista que los elementos fundamentales para atacar a fondo los peores males de la sociedad tienen que ver con el cumplimiento del contrato social más importante: ingresos y empleos suficientes para que las familias puedan no sólo atender sus necesidades básicas, sino acceder al sistema financiero y honrar sus créditos para así actuar activamente en la sociedad de mercado. En una palabra, mayores y mejores empleos a través del tiempo, o lo que es lo mismo, oportunidades efectivas de escape para quienes han quedado atrapados en la trampa de la pobreza, no sólo material, sino también psíquica. No es sólo un problema de mala fe y de corrupción deliberada. Es también algo más complejo relacionado con ideologías encarnadas sicológicamente en intangibles inmanentes, como la confianza y las expectativas. Se ha dado una exclusión por motivos ideológicos para propiciar una agenda política a favor de la desregulación. El peso inconsciente de las ideas y la manera como ellas han invadido los últimos rincones de nuestra existencia individual y colectiva nos hacen recordar el final de la influyente obra de J. M. Keynes: “… las ideas de los economistas y los filósofos políticos, tanto cuando son correctas como cuando están equivocadas, son más poderosas de lo que comúnmente se cree… los maniáticos de la autoridad que oyen voces en el aire destilan su frenesí inspirados en algún mal escritor académico de algunos años atrás. Estoy seguro de que el poder de los intereses creados se exagera mucho comparado con la intrusión gradual de las ideas… tarde o temprano, son las ideas y no los 17 intereses creados las que presentan peligros, tanto para mal como para bien” Los asuntos humanos -individuales y colectivos- excluyen el que pueda darse cuenta exhaustiva de las conductas individuales a partir de sus causas; lo que en el desarrollo humano se llama libertad no es precisamente la indeterminación, sino más bien la posibilidad de sobreponernos a las determinaciones. El ser humano en su vida lo muestra permanentemente: es de una maleabilidad extrema, más extrema aún, cuanta más creación hay en sus vidas. Por ello debemos tomar consciencia que en la “realidad” nadie puede hacer lo que hace sin la sinergia de la sociedad donde está inmerso. Cualquier conmensurabilidad, medición, tomada como un existente “verdadero y objetivo” solo vale en función de lo que Castoriadis conceptualizó como significaciones imaginarias que operan en y para la sociedad.

Pero no hay que complicarse con los aspectos psico-culturales de las instituciones. Una economía de mercado de alguna densidad no es factible sin instituciones adecuadas a este fin. El desempeño económico depende de la calidad de sus instituciones esto es, las reglas que restringen y moldean las 18 acciones de los agentes económicos. Lo que se comercia en el mercado, como no lo enseña Ronald H. Coase, no son entidades físicas sino los derechos para realizar determinadas acciones, los cuales son establecidos por el sistema jurídico y se encuentran determinados por la ley. Tiene poco sentido debatir sobre el sistema de precios y el funcionamiento del mercado, sin especificar el escenario institucional donde tiene lugar, ya que este afecta los costos de transacción y los incentivos a la producción; el sistema jurídico tiene un efecto profundo sobre el funcionamiento del sistema económico, 19 y en ciertos aspectos se puede decir que lo controla .
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J. M. Keynes, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, FCE segunda reimpresión de la segunda edición 1971, Pág. 337 18 Douglass C. North, Instituciones, cambio institucional y desempeño económico, FCE, 1ª reimpresión Chile 1995. 19 Ronald H. Coase, Ensayos sobre economía y economistas, Marcial Pons, Madrid 2009 Pág. 22.

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La democracia política es la posibilidad de crear un espacio de participación y un marco jurídico-global donde toda la ciudadanía tiene los mismos derechos; este valor trascendente no conlleva a eliminar las relaciones jerárquicas que necesariamente se establecen en la sociedad. Ello no es posible: hay hombres y hay mujeres; hay niños y hay adultos; hay jóvenes y hay viejos; hay científicos que se devanan los sesos por comprender y hay hombres que pasan sus días contemplando y escuchando el movimiento inescrutable de las olas del mar; se puede discutir la modalidad de las jerarquías, pero querer abolirlas es un sofisma intelectual propio de anarquistas, quienes nunca han podido entender que la realidad es la realidad humana, imposible de existir sin normas ni leyes; esto es, sin instituciones, y lo que es mas importante sin la institución central del poder: la política. El desarrollo humano, clave para discutir las formas de vida en la sociedad, es ante todo una perspectiva de análisis que se concentra en la creación de complementariedades entre las diversas dimensiones de la sociedad: política, económico-social, estético-cultural. Es definido por algunos de sus divulgadores, como el manejo de la tensión inevitable entre economía y sociedad para asegurar el 20 despliegue simultáneo de la riqueza, la habilitación de las personas y la integración de la sociedad . Busca que las personas se sitúen como actores frente a la pugna entre sociedad y mercado, observando las condiciones socio-culturales del desarrollo humano territorial y el impacto recíproco entre las dimensiones de la sociedad y las dinámicas meramente cuantitativas de la economía. Como hay un fuerte desequilibrio en la relación entre política y economía, hay dificultades en la creación de una democracia económica que como tantas veces lo ha puesto en discusión el PNUD, es la clave para el desarrollo humano. Esto pasa por poner el mercado al servicio de la ciudadanía: “la política es tan importante para el éxito del desarrollo como la economía. La reducción sostenible de la pobreza requiere que haya un crecimiento equitativo, pero también que los pobres tengan un poder político. La mejor manera de conseguirlo de forma coherente con los objetivos del desarrollo humano es elegir 21 formas firmes y profundas de gobernabilidad democrática en todos los niveles de la sociedad” . Al indagar sobre la necesidad y pertinencia de profundizar la democracia, le restituye un lugar central a la política, en aquellos aspectos donde el mercado no resuelve los problemas de las asimetrías sociales. Planteado en términos de muchos de sus exponentes, el mercado hace bien lo que los consumidores quieren que se haga; pero el problema radica en que una democracia política no se hace a imagen y semejanza de los consumidores, sino de los ciudadanos. En palabras del ex presidente chileno, Ricardo Lagos: “Si la sociedad la hacen los consumidores, la sociedad mantendrá la desigualdad propia del consumo de cada uno de los consumidores. Si la sociedad la definen los ciudadanos tendrá grados crecientes de igualdad, en tanto como ciudadanos todos somos iguales; es el ámbito de la ciudadanía donde nuestras democracias tienen su más grave déficit y, por lo tanto, donde 22 enfrentamos los mayores desafíos” Una sociedad definida por su ciudadanía -ciudadanas y ciudadanos- es una sociedad que cada vez logra ofrecer a su población los bienes indispensables para el ejercicio de sus derechos; estos derechos son la base de la autonomía individual y colectiva, que no es otra cosa, que la libertad para expresar opiniones, que cuando son emitidas por ciudadanos, tienen el mismo valor: “Si la libertad es realmente importante, no puede ser correcto reservarla únicamente para unos pocos elegidos …La desigualdad es 23 una preocupación central en la perspectiva de la libertad” . El desarrollo humano territorial es libertad y no hay libertad en pobreza extrema.

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Ricardo French Davis. “Desarrollo humano y economía: América Latina en la actual era de la globalización”. En: revista Latinoamericana de desarrollo humano, www.revistadedesarrollohumano.org 21 PNUD. Informe sobre desarrollo humano. 2002. 22 “La democracia en América Latina – Hacia una democracia de ciudadanos y ciudadanas, PNUD, Buenos Aires, 2004, Prefacio, Ricardo Lagos Escobar” 23 Amartya Sen “ ¿ Qué impacto debe tener la ética?” Biblioteca digital de la iniciativa Interamericana de capital social ética y desarrollo, presentación en la reunión internacional Ética y desarrollo: BIDGobierno de Noruega, 2002

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El mensaje del ex presidente Lagos es claro: la sociedad trasciende en complejidad al mercado y por ello no se puede definir desde criterios meramente económicos -mercado, consumidores, clientes- sino de criterios políticos ligados a valores y a conceptos como el de ciudadanía; la democracia, entendida como “el gobierno del pueblo”, hace ineludible la discusión sobre la ciudadanía. Para ello es bueno retomar por un momento la maravillosa pregunta realizada hace mucho tiempo por Aristóteles: “¿Quién es ciudadano?: es ciudadano quien es capaz de gobernar y ser gobernado”. Este es el quid de la democracia, enseñar que no hay expertos a quienes es necesario confiar los asuntos públicos. Como en su momento lo sostuvo la directora Regional para América Latina y el Caribe del PNUD , la política en el sentido del manejo de lo público, de lo que nos es común, no se puede delegar en un mercado impersonal y en un saber tecnocrático; si el desarrollo humano es el aumento de las opciones para que las personas de carne y hueso puedan mejorar su calidad de vida, esto solo se puede alcanzar recuperando lo público para el debate y la participación de la gente y así lograr el desarrollo humano en los territorios. Es una tarea de reformismo radical de gran importancia para la sociedad realmente existente: hay un mínimo que el estado social debe garantizar a todos los individuos y que se debe ir aumentando en la medida en que la sociedad crece; la referencia al reformismo no debe omitir su degradación: “Se bautiza como reforma hasta los mismos retrocesos sociales… lo que ocurre no es 25 tanto que la sociedad esté bloqueada sino que nuestras ideas están desgastadas”. No se puede continuar separando alegremente mercado y estado; ambos son creaciones humanas irreductibles e inseparables que se contaminan mutuamente, produciendo unas veces crisis sistémicas como las que vivimos en la actualidad y otras, una abusiva invasión del Estado en la vida individual y social impulsada por ideologías presuntamente progresistas que confían ciegamente en la razón, el progreso y la planificación, para organizar la vida societaria con otro credo, pero igualmente, a través de una religión. No se trata de cambiar de amo sino de dejar de ser esclavos abandonando la minoría de edad. Como con tanta frecuencia lo recordaba Estanislao Zuleta en nuestro medio: el imperativo Kantiano “! Atreverse a pensar!” y el imperativo Marxista “! Cambiar la sociedad!” son sin duda parte de nuestra herencia política. Pero ni un liberalismo Kantiano ni un socialismo Marxista son suficientes hoy, 26 por si solos, para construir una visión autónoma y democrática de la vida en sociedad. Viendo hoy lo que ocurre a nivel global, al observar la crisis económica financiera y las formas de vida de la sociedad contemporánea, así como el lamentable nivel en que ha caído la política, es muy posible entrar en el pesimismo. Sin duda, como nos lo enseñó hace muchos años el gran poeta y novelista Víctor Hugo, “Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha”. La humanidad surgió en la tierra por la evolución de las formas inferiores de vida a lo largo de millones de años. Nuestra especie no cobró vida súbitamente por obra de algún hálito divino. Evolucionamos en el seno de un rico mundo biológico en el curso de decenas de miles de generaciones y como hoy ya sabemos por los avances de la ciencia, las civilizaciones se desmoronan cuando el medio ambiente que las rodea se degrada. La bioesfera es nuestro escudo protector y hoy lo estamos destruyendo pese a los reclamos de nuestros mejores hombres; ellos nos han enseñado que dicho 27 escudo es, viéndolo bien, una frágil membrana apenas ceñida al cuerpo del planeta. El planeta se encuentra amenazado de muerte cultural y la ciudad, la mayor empresa colectiva con sus dificultades latentes es nuestra última esperanza. Hoy en día nos enfrentamos a la ardua tarea de construir ciudades y ciudadanía respetando al ser humano y sus formas comunitarias. No es una tarea fácil y menos lo es cuando en las ciudades de hoy se percibe que los individuos no tienen la intensión de vivir a través de los valores de la ilustración; atentamos contra ellos siempre que los podemos hacer.
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Elena Martínez. “Prefacio”. En: La democracia en América Latina: Hacia una democracia de ciudadanos y ciudadanas. PNUD Buenos Aires. 2004. Págs. 15-16. 25 Jean Paul Fitoussi, Pierre Rosanvallon, “ La nueva era de las desigualdades”, ediciones Manantial, Buenos Aires, 2003, Pág. 194. 26 Estanislao Zuleta, “Colombia: Violencia, democracia y derechos humanos, Ediciones Altamir, Bogotá, 1991. 27 Ver: Edward O. Wilson, La creación – salvemos la vida en la tierra, ediciones Katz, Buenos Aires, 2006.

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El pensamiento ilustrado no ha demostrado ser capaz de dar cohesión social, eso se paga y su costo puede ser muy alto. Volvamos a embarcarnos pero ya no en el Titanic sino en un avión que partiendo de la gran ciudad, la ciudad de New York, nos permite hacer nuestra la metáfora que empleó el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordoñez: “Cuando el mes pasado un avión que despegaba del aeropuerto de Nueva York estuvo a punto de estrellarse, la salud y la vida de todos los pasajeros venía determinada por cómo se resolviera esa crisis, sin que ello dependiera de su juventud, ni de su nivel de colesterol, ni de su exceso de peso o el estado de sus pulmones. El drama les igualaba a todos. Felizmente todos salieron sanos y salvos del aterrizaje en el Hudson, pero a partir de entonces, una vez acabada la crisis, la salud y la vida de cada uno de los pasajeros vuelve a depender del estado de sus 28 órganos, de la dieta y ejercicio, así como de acertar con la medicación adecuada.” Empezamos a dejar la parte más baja del ciclo económico y el nerviosismo de los mercados internacionales evidenciando menos tormentos, como producto de la desaceleración de la crisis, pero cuando volvamos a embarcarnos en la nave de la globalización es posible que ya no podamos salir de ella por ser demasiado tarde. La filosofía para atender los males del presente no puede ser solo recuperar la economía ni diabolizar los principios mismos de la apertura y de la globalización. Hay que pensar las formas de vida que llevamos en el centro y la periferia del sistema. La economía importa pero el cambio climático puede inducir un desastre social y ecológico sin antecedentes. Debemos cambiar antes que sea demasiado tarde. Se imponen nuevas formas de vida. Es necesario aprender a gestionar no sólo la globalización económica sino la vida ambiental y urbana. Hacemos parte de la biósfera y debemos crecer para salir de nuestras grandes contingencias sin dejar a un lado nuestros compromisos ecológicos con la naturaleza que nos ha dado el privilegio de vivir. Las promesas del progreso se han derrumbado trasladándose a un mundo lleno de crisis y tensiones en un tiempo donde nuestras noches están llenas de insomnio y pesadillas; los beneficios prometidos por el incremento de la producción no quedaron ni en el campo ni en la ciudad, se esfumaron en la globalización y la mesa quedo servida como siempre: una inmensa masa de pobres e indigentes rodeados de una minoría de hombrecillos llenos de poder y de gula. El fracaso para predecir la crisis no es solamente de los economistas –muchos incluso lo hicieron- y tampoco de sus teorías; el fracaso no es otro que el querer llevarlo todo a una racionalidad instrumental, incluyendo nuestra propia vida. La sociedad no está compuesta por actores racionales que, como una mano invisible, emprenden actividades para obtener un beneficio colectivo; el individuo y la sociedad están gobernados en últimas por procesos psíquicos complejos instalados en la mente. El fracaso de la profesión es el de permitir que políticos disfrazados de técnicos nos impidan ver los alcances sociales de sus prácticas que cubiertas con un velo de rigurosidad, no sirven ni para medir los desastres de la crisis y mucho menos para “ver” que en nuestros trastornos individuales y colectivos se encuentran las causas últimas de las fluctuaciones de la Economía. Los tecnócratas en el poder con su prepotencia han ido tan lejos como sus supuestas doctrinas neutrales se lo permiten, escondiendo en no pocos casos la naturaleza histórico-social de las instituciones centrales de la sociedad, tratándolas ideológicamente como si fueran un hecho físico natural, desfigurando en no pocos casos, maliciosamente, las bases culturales, psíquicas y políticas de los mercados. Los mercados importan y también por supuesto la economía y su teoría, pero mas importante que la economía es la política; por ello hay que tener claro que la economía y en especial los mercados, no son un fin en si mismo, sino el medio necesario para un fin común: crear una democracia con mayor profundidad y participación real y efectiva de una ciudadanía consiente de sus derechos y deberes solo pensable, cuando se cree una realidad donde su valor mas complejo sea la autonomía individual y colectiva.

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Miguel Ángel Fernández Ordoñez: La economía Española después de la crisis, www.revistalafactoria.eu/articulo.php?id=440

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