La verdad que me hizo libre

KairosACN/ Milord de las Ballesteras Corría el año de 1993 y estaba viviendo una nueva etapa en mi vida. Todo se vislumbraba “hiperperfecto” según mis modismos lingüísticos de entonces. Había nacido dentro de un matrimonio de creyentes y desde la edad de los 40 días hasta esa época, todos los domingos de mi vida había recibido cuidados e instrucción dominical en iglesias cristianas. Era una ávida lectora y dominaba de memoria muchísima información (secular y espiritual). Disfrutaba de los dones, talentos y habilidades con los cuales había sido predestinada y vivía mi vida a gusto, tal como correspondería a cualquiera nacida con una “pizca” de suerte. Mis padres me inculcaron principios cristianos muy estrictos y tenía una conciencia muy desarrollada sobre el bien y el mal, gracias a esto la convicción de lo que era pecado sería inseparable en todas las decisiones que en mi vida tomaría. Aunque ciertamente nadie imaginaría que voluntariamente elegiría la maldad. El “amor de mi vida” había decidido romper nuestra relación de dos años y mi pedazo de mundo se derrumbó. En un abrir y cerrar de ojos me encontraba encendiendo velas negras e implorando conjuros a demonios sin el menor remordimiento, tiempo después me hallaba comprometida en matrimonio con un hechicero y posteriormente me era imposible recuperar el ejercicio libre de mi voluntad. Yo misma era presa de alguien que, así como yo había hecho anteriormente, usó poder demoníaco para esclavizar mi alma sutil y caprichosamente en una relación. Pero ¿Como llegué a ese extremo? No hay explicación lógica que valga. Lo que sí puedo intentar es detallar algunos de los agravantes y atenuantes de mis delitos. En este punto es vital mencionar que todo lo aquí registrado es parte de un pasado que avergonzó mi vida y la de los míos y que fue hasta que el Espíritu Santo hizo su obra en mí, gracias a la intercesión incansable de mi madre y de todos aquellos que me amaban, que pude recibir a Jesucristo como Salvador y Señor, y que pude llegar a ser reconciliada con el Dios Todopoderoso. La segunda vez que verdaderamente medité en la historia de la tentación (serpiente vs. Eva), me di cuenta que los humanos debemos controlar algo llamado “codicia de sabiduría” (Génesis 3:6), saber el bien y el mal (Génesis 3:5), no suena tan pecaminoso en principio, pero experimentar sobre la infalibilidad de estas categorías establecidas por Dios, deja resultados devastadores e insoportables: quedamos expuestos a una subsistencia agonizante a causa de la ruptura que tenemos con nuestro Creador, sufrimos vergüenza y somos desterrados del paraíso, entre otras cosas. Esa reflexión y enseñanza, era algo que yo jamás había discernido hasta entonces. Dada mi formación “tradicional” y mi fascinación por la lectura, aprendí que lo que el mundo natural llama magia, eran trucos perfectamente imitables, que el pseudo poder que pregonan los brujos es obra de la sugestión, ignorancia y analfabetismo de las personas. La certeza de que los demonios sólo inciden en nuestra vida en rarísimas ocasiones, (una vez al año en algún lugar recóndito del planeta) junto a idea de que bastaba aceptar el sufrimiento “inherente” a la vida misma y mantenerse positivo, porque todo era “voluntad de Dios” (y no obra de Satanás), era casi un dogma.

Tenía 18 años cuando decidí confirmar por cuenta propia estas erróneas enseñanzas. Los cuarzos eran “colguijes” de moda, y si el ritual de ponerlos en un vaso con agua bajo la luna era parte de la onda, era seguro que balbucear algunas cosas para “programarlos”, no tenía nada de malo. En la “mayoría de edad”, las nuevas amistades están a la orden del día. La mamá de una amiga había sido cartomancista y su suegra le había enseñado el “arte”. Me dije “tan simple como aprender un juego de baraja, pues que me enseñen a mí también”. Y fue entonces que comenzó a suceder lo que parecía imposible, un espíritu de adivinación comenzó a influenciarme y a la par comenzaron a hacerse presentes en mi vida muy lenta y sutilmente cambios en mis pensamientos, sentimientos y convicciones. Fue como estar en el espacio sideral, jugando sin gravedad y así sin notarlo, de repente me reconocí en lo profundo de un hoyo negro, que había absorbido mis fuerzas totalmente y en el cual me encontraba sin la menor oportunidad de salvación. Después de lo que considero una amarga experiencia y de la cual sólo transcribo una mínima parte, yo sugiero humildemente que se enseñe en todas las iglesias, a nuestros niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos, sobre cómo discernir las usanzas, costumbres y modas que dictan las mayorías, aún por más inofensivas que éstas parezcan. Nuestro adversario cuenta con que creamos que vivimos en un “mundo rosa” en el cual no se necesita discernir y así olvidar que ha maquinado imperceptibles hoyos negros por todas partes y que ha dejado una variedad de indetectables señuelos, que van desde lo simple y sencillo hasta lo complejo, sofisticado y novedoso. Tengamos el valor de ser un pueblo diferente, seamos apartados, y seamos santos. Intercedamos incansablemente por nuestra familia, amigos y cualquiera que se encuentre perdido. Aunado al sacrificio de Jesús, nuestro Dios nos dejó parte en sus propósitos eternos, Él ha dispuesto Su Misericordia, nuestro testimonio y nuestras oraciones para dar testimonio a otros, y que sean libres de la aniquilación terrenal y de una agonía eterna. Cumplamos. Si tú estás en una situación similar quiero decirte que Jesús es la única respuesta a tu deseo de interpretar el presente y de conocer el futuro. Elige dejarte conducir por Él. Cédele tu voluntad al Único y Sabio Dios que tiene planes perfectos para tu vida. Milord de las Ballesteras milord.delasballesteras@live.com.mx

Periodismo a la manera del Reino

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful