TAMBIÉN NOSOTROS

ESTAMOS POR LA LABOR

P

or la hermosa labor de apoyar la cultura de nuestra tierra.

Es lo que, con ALMORAIMA, viene realizando la Mancomunidad de Municipios de la comarca del Campo de Gibraltar. Y nosotros también estamos por tan valiosa labor patrocinando esta revista que es “un medio plural y riguroso que se ocupa de desentrañar los entresijos de la historia y contemporaneidad campogibraltareñas”. Si toda la provincia es nuestro campo de acción, ¿cómo no estar por la labor cultural campogibratareña?

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ALMORAIMA
Revista de Estudios Campogibraltareños Número 33 - Abril 2006
EDITA

Premio LAURISILVA 1996 AGADEN - Campo de Gibraltar

MANCOMUNIDAD DE MUNICIPIOS DEL CAMPO DE GIBRALTAR
DEPARTAMENTO DE CULTURA
DIRECCIÓN, DISEÑO Y MAQUETA

Rafael de las CUEVAS SCHMITT
CONSEJO DE EDICIÓN

Mario Luis OCAÑA TORRES Ángel J. SÁEZ RODRÍGUEZ Antonio BENÍTEZ GALLARDO Carlos GÓMEZ DE AVELLANEDA SABIO Juan Emilio RÍOS VERA Rafael MÉNDEZ PEREA Rafael FENOY RICO Eduardo BRIONES VILLA
FOTOGRAFÍAS

Archivo-Cedidas
REDACCIÓN

Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar Departamento de Cultura
Parque Las Acacias, s/n 11207 Algeciras (Cádiz) Teléfonos: 956 572 680 · 956 580 069 Fax: 956 602 003 Correo electrónico: iecg@mancomunidadcg.com
IMPRESIÓN Y FOTOCOMPOSICIÓN

Impresur, S.L.
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Escalinata romana de acceso al foro de Carteia (idealizada)

I.S.S.N. 1133-5319 Depósito Legal CA-868-89

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ALMORAIMA
Revista de Estudios Campogibraltareños
NORMAS PARA LA PRESENTACIÓN DE COLABORACIONES Se admitirán únicamente trabajos inéditos relacionados con los temas del Campo de Gibraltar –Historia, Geografía, Arqueología, Artes, Letras, Costumbres, Ciencias, etc– que son fundamento de su contenido. Los originales se presentarán en CD de ordenador, preferiblemente en formato Word (seleccione “Guardar como…” en su procesador de texto), e impresos por duplicado en hojas tamaño A4, guardando un margen de 2'5 cm por todos sus lados. La extensión de los trabajos no deberá ser inferior a tres folios ni superior a veinte, incluídas notas y bibliografía. No se admitirán trabajos que no vengan acompañados de las correspondientes referencias documentales y bibliográficas. Se adjuntarán los datos personales del autor: nombre, domicilio, teléfono de contacto. El tipo de letra a emplear será Times New Roman, tamaño 12 puntos. Se aplicará un cuerpo menos (tamaño 11) en citas de más de 3-4 líneas dispuestas en párrafo aparte. Las notas irán numeradas de forma consecutiva y reseñadas en página aparte al final del texto. Las fuentes documentales y bibliográficas, asimismo en página aparte al final del texto, serán citadas de la siguiente manera: - Documentos: Título del documento, archivo, sección y legajo. - Libros: Apellidos (en mayúsculas) y nombre del autor. Título de la obra (en cursiva). Lugar de edición. Editorial. Año. Número de la página citada. - Revistas: Apellidos y nombre del autor. Título del artículo (entre comillas). Nombre de la revista (en cursiva). Número. Año. Lugar de edición. Editorial. Número de la página citada. Para lo no especificado en estas normas de presentación de colaboraciones, los autores podrán consultar las Normas de Estilo editadas por el Departamento de Cultura y el Instituto de Estudios Campogibraltareños, solicitándolas en el caso de no disponer de ellas. Las figuras y fotografías que acompañen al texto deberán tener su referencia claramente anotada en el mismo y, en hoja a parte, se reseñarán los correspondiente pies de cada una. Asimismo, se hará constar el orden de prioridad que el autor estime para su publicación en previsión de que no todas puedan ser incluidas. Los gráficos y tablas digitalizados deben presentarse en alguno de los siguientes formatos: TIFF, BMP o JPEG (para cualquier tipo de ilustración, incluidos los gráficos estadísticos), y no deben ser incluidos en el archivo de texto. Las fotografías e ilustraciones que acompañen a los mismos estarán sujetas para su publicación al espacio disponible en el conjunto de la maqueta de cada número de la Revista, a criterio de los responsables de Diseño y Compaginación y de la Dirección de la misma. El Consejo de Edición de la Revista decidirá sobre la publicación en cada caso de los trabajos recibidos que hayan sido admitidos previamente por ajustarse a estas Normas. El criterio de oportunidad de publicación valorará la originalidad, el rigor científico y la necesaria diversidad de materias que deben ser tratadas en cada número de ALMORAIMA. Las colaboraciones deberán ser enviadas a: ALMORAIMA - Revista de Estudios Campogibraltareños. Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar. Parque “Las Acacias” s/n. 11207 ALGECIRAS (Cádiz).

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CONCLUSIONES DE LAS I JORNADAS DE ARQUEOLOGÍA DEL CAMPO DE GIBRALTAR Y PROTECCIÓN DEL PATRIMONIO Es deseo de la Dirección del Instituto de Estudios Campogibraltareños comenzar estas reflexiones sobre las Jornadas de Arqueología y Patrimonio, testimoniando nuestro agradecimiento a todos los comunicantes y asistentes a las mismas por el alto nivel de los contenidos que se han expuesto, así como por el interesante nivel de debate y discusión alcanzado; reconociendo que estas Jornadas sólo han sido posibles gracias a la desinteresada y entusiasta labor de investigadores y personal técnico del IECG cuya colaboración ha contribuido a hacer posible el éxito de estas I Jornadas de Arqueología. Igualmente agradecer a los miembros del Instituto de Estudios y de la Sección 2ª que han contribuido en la organización y realización de estas Jornadas de forma decisiva: Rafael de las Cuevas, Secretario Coordinador; Andrés Bolufer, Presidente de la Sección y Ángel Sáez, Vicedirector del Instituto. A lo largo de este fin de semana de primavera han sido muchos los espacios arqueológicos que han sido expuestos ante los asistentes. Desde los temas que pueden considerarse clásicos: nuevas aportaciones sobre el Arte Sureño, sobre los grandes complejos urbanos de Roma en la Comarca: Baelo y Carteia, el mundo medieval islámico, por citar algunos, a los que ponen de manifiesto la apertura, o la consolidación, de nuevos campos de investigación arqueológica en la Comarca entre los que mencionaría aquellos relacionados con la arqueología y el patrimonio submarino. Han estado igualmente presentes las Comunicaciones relacionadas con aplicaciones didácticas destinadas a fomentar entre los más jóvenes el afecto hacia el patrimonio y su conservación para el futuro, elemento, a nuestro juicio, de vital importancia si pretendemos eliminar la actitud de indiferencia, cuando no de desprecio manifiesto hacia el patrimonio histórico, y transformarlo por otro de admiración y orgullo. Quizás esta cuestión, la protección y conservación del patrimonio histórico arqueológico, es la que ha estado permanentemente presente en la sala de exposiciones. Algunas Comunicaciones han expuesto sin tapujos como siguen arrasándose elementos históricos, reconocidos y protegidos, y otras han puesto sobre aviso de la necesidad de proteger de inmediato aquellos bienes arqueológicos que, en el caso de algunos yacimientos, reclaman insistentemente la atención y los recursos de las administraciones públicas, so pena de verlos desaparecer en breve. Un último apunte. Por razones geográficas e históricas nuestra Comarca, cruce de civilizaciones y culturas desde la Prehistoria al presente, conserva un muy importante legado arqueológico. Los riesgos que, a partir de las experiencias expuestas en estas Jornadas, existen para su conservación, debido a la presión de diferentes tipos de intereses, son excesivamente altos y requieren una decisiva intervención tendente a evitar su degradación, aunque para ello tengan que adoptarse, de verdad, medidas adecuadas para conseguir una verdadera protección patrimonial de todos aquellos elementos que constituyen nuestro legado histórico. Por ello, y con esto finalizo, en estas conclusiones, como en muchas de las anteriores, queremos llamar la atención a las autoridades responsables, sobre la obligación y la responsabilidad histórica y política que tienen de conservar y transmitir el legado histórico arqueológico heredado; vigilar e impedir cualquier acción que vaya en detrimento o perjuicio de la riqueza patrimonial de nuestra comarca y actuar siempre en defensa del interés público que, en el caso que nos ocupa, no aspira más que a que se proteja y conserve aquello que dictan las leyes. Con la ilusión de que los datos que se reflejan en las Actas de estas I Jornadas de Arqueología y Patrimonio contribuyan a difundir entre la población el amor a los elementos heredados del pasado y nos abran nuevos caminos a la investigación, al tiempo que consolidan los ya iniciados, quedamos emplazados a un nuevo encuentro en cualquier otro pueblo o ciudad de la Comarca.

Mario L. Ocaña
Director del Instituto de Estudios Campogibraltareños

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SUMARIO

PROGRAMA DE INVESTIGACIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL CASTILLO DE JIMENA DE LA FRONTERA (CÁDIZ) Miguel Ángel Tabales Rodríguez ......................................................................................................................................... 9 ESTUDIANTES EN BAELO CLAUDIA UNA EXPERIENCIA DE PROTECCIÓN DEL PATRIMONIO EN LA ESCUELA Josefa Contreras Moreno / Ángel J. Sáez Rodríguez ........................................................................................................ 31 LA PORTADA DE SAN MATEO EN TARIFA Andrés Bolufer Vicioso ...................................................................................................................................................... 39 ACTUACIÓN EN LAS CANALIZACIONES DE LAS TERMAS DE CARTEIA Margarita García Díaz y otros .......................................................................................................................................... 55 EL RECINTO NORTE DE LA ALGECIRAS MEDIEVAL: DOS NUEVOS ELEMENTOS DE SU SISTEMA DEFENSIVO Rafael Jiménez-Camino Álvarez / Pedro Gurriarán Daza ............................................................................................... 71 EMBARCADERO DEL RÍO PALMONES (ALGECIRAS). SÍNTESIS SOCIOECONÓMICA Y PERSPECTIVAS DE INVESTIGACIÓN José Ramos Muñoz y otros ................................................................................................................................................. 95 EL YACIMIENTO DE LOS ALGARBES II (TARIFA, CÁDIZ) Y LA OCUPACIÓN IBÉRICA EN EL CAMPO DE GIBRALTAR Juan Antonio Martín Ruiz y otros .................................................................................................................................... 107 ARTE SUREÑO: NUEVOS DESCUBRIMIENTOS Y SITUACIÓN ACTUAL DEL ARTE RUPESTRE DEL EXTREMO SUR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA Lothar Bergmann y otros ................................................................................................................................................. 117 EL RÍO PALMONES (LOS BARRIOS, CÁDIZ) Y LAS SOCIEDADES PORTADORAS DEL TECNOCOMPLEJO ACHELENSE O MODO 2. UNA APROXIMACIÓN A SU ESTUDIO Vicente Castañeda y otros ................................................................................................................................................ 125 LA PEÑA: ENTRE EL PALEOLÍTICO MEDIO Y LA PREHISTORIA RECIENTE Juan José Álvarez Quintana ............................................................................................................................................ 135 EL CEMENTERIO ISLÁMICO DEL FUERTE DE SANTIAGO (ALGECIRAS, CÁDIZ). NUEVAS EXCAVACIONES Y SÍNTESIS INTERPRETATIVA José María Tomassetti Guerra y otros ............................................................................................................................ 147 SANTIAGO, EL ÚLTIMO FUERTE DE ALGECIRAS Ángel J. Sáez Rodríguez / Óscar Sáez Rodríguez ........................................................................................................... 171 'ALLENDE EL RÍO…' SOBRE LA UBICACIÓN DE LAS VILLAS DE ALGECIRAS EN LA EDAD MEDIA: UNA REVISIÓN CRÍTICA Rafael Jiménez-Camino Álvarez / José Tomassetti Guerra ............................................................................................ 183

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LA PRIMERA FORTIFICACIÓN SOBRE EL ISTMO DE GIBRALTAR. METODOLOGÍA DE TRABAJO PARA SITUAR EL TRAZADO DE UNA FORTIFICACIÓN EFÍMERA Manuel López Fernández ................................................................................................................................................. 211 LA EXPLOTACIÓN DE RECURSOS MARINOS EN ÉPOCA ROMANO-REPUBLICANA. RESULTADOS DE LA ACTUACIÓN ARQUEOLÓGICA EN PUNTA CAMARINAL-EL ANCLÓN (BOLONIA, TARIFA, CÁDIZ) A. Arévalo González y otros ............................................................................................................................................. 221 VILLA VICTORIA, UNA FIGLINA ALTOIMPERIAL EN EL TERRITORIUM DE CARTEIA Dario Bernal y otros ........................................................................................................................................................ 235 NOVEDADES SOBRE ESTABLECIMIENTOS ALFAREROS ROMANOS EN EL ARCO NORTE DE LA BAHÍA DE ALGECIRAS (CÁDIZ) José Mª Tomassetti Guerra / Salvador Bravo Jiménez ................................................................................................... 251 ESTADO ACTUAL DEL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO SUMERGIDO EN LA BAHÍA DE ALGECIRAS Milagrosa Jiménez Melero / Raúl González Gallero ...................................................................................................... 265 NUEVAS INTERPRETACIONES ARQUEOLÓGICAS PARA LA PUESTA EN VALOR DE LA CIUDAD DE CARTEIA (SS. VII A.C- S. XIV D.C) Lourdes Roldán Gómez y otros ........................................................................................................................................ 271 PROSPECCIÓN ARQUEOLÓGICA SUBACUÁTICA CON SONDEOS FRENTE A LA COLONIA DE PUENTE MAYORGA (SAN ROQUE) Raúl González Gallero y otros ......................................................................................................................................... 287 NUEVAS CETARIAE EN IULIA TRADUCTA AVANCE DEL CONTROL ARQUEOLÓGICO EN CALLE SAN NICOLÁS 1 Dario Bernal Casasola / J. A. Expósito Álvarez ............................................................................................................. 293 APROXIMACIÓN AL ESTUDIO DEL POBLAMIENTO HISTÓRICO EN EL ENTORNO DE JIMENA DE LA FRONTERA A TRAVÉS DE LA TOPONIMIA Rafael Sabio González ..................................................................................................................................................... 309 LA EVOLUCIÓN DEL VALOR SOCIAL DEL PATRIMONIO, EL EJEMPLO DE CARTEIA Manuel Galiano León ...................................................................................................................................................... 323 INTERVENCIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL POLÍGONO INDUSTRIAL DE GUADARRANQUE: NUEVOS HALLAZGOS Francisca Piñatel Vera .................................................................................................................................................... 337 ALGECIRAS ALTOMEDIEVAL. SECUENCIA ARQUEOLÓGICA AL NORTE DEL RIO DE LA MIEL: DEL SIGLO IX AL SIGLO X José Suárez Padilla y otros .............................................................................................................................................. 359

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Comunicaciones

PROGRAMA DE INVESTIGACIONES
ARQUEOLÓGICAS EN EL CASTILLO DE JIMENA DE LA FRONTERA. CÁDIZ
Miguel Ángel Tabales Rodríguez

El presente trabajo pretende dar a conocer los resultados generales de un programa de actuaciones arqueológicas destinado a la obtención de información material, relativa a la evolución constructiva del castillo de Jimena de la Frontera. La delimitación de los elementos arquitectónicos emergentes, las cotas de las distintas ocupaciones, la comprensión espacial y funcional de cada período y sobre todo el entendimiento del mismo proceso de transformación, constituyen argumentos esenciales de un programa de investigaciones vinculado al proyecto de restauración, del que forma parte y del cual obtiene su justificación.

1. JUSTIFICACIÓN La investigación arqueológica, independiente y extensa por su naturaleza científica, a pesar de que puede justificarse por sí sola en otras circunstancias, debe en este caso su razón de ser a la restauración arquitectónica emprendida por la Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía con el apoyo del ayuntamiento de Jimena. Este dato es esencial para entender el sentido del programa de actuaciones ya que su principal objeto es el de servir a la restauración y posterior uso público del yacimiento proporcionando selectivamente aquellos datos materiales esenciales para su comprensión, consolidación y recuperación. Esto debe entenderse con claridad pues se traduce en una disminución real y lógica de los objetivos científicos puntuales (que ni excluye ni coarta) para centrarse fundamentalmente en el proceso de cambio general y en la realidad arquitectónica como argumento arqueológico principal. Es por tanto la recuperación y no la investigación la que determina el orden e intensidad de nuestra labor. Sería absurdo plantear un trabajo de este tipo, no obstante, obviando el valor puntual de cada fase, las potencialidades y expectativas locales existentes o incluso, desestimando la inserción del asentamiento en el entorno. Por ello mantenemos una visión amplia del análisis fruto de lo cual se incorporan estudios de materiales, prospecciones físicas y superficiales e indagaciones documentales, manteniendo en la medida de lo posible un asesoramiento continuo por parte de los especialistas zonales y temáticos.

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La intervención es pues “de apoyo a la restauración” y este carácter debe asumirse con todo rigor pero también con la mayor elasticidad posible, entendiendo que la oportunidad histórica de destruir investigando (excavando) descarta aproximaciones científicas futuras, por lo que cada paso dado en ese sentido debe acompañarse de un nivel de documentación alto. La lógica de la indagación arqueológica se supedita e integra en el programa de recuperación general; su discurso en ese sentido es autónomo y no demasiado cómodo pues deben hacerse confluir intencionalidades de orden poco compatibles tales como el uso público contra el interés científico, la consolidación de una fase determinada y no de otra tal vez más vistosa, el interés por una época concreta (habitual entre historiadores ya que, por lo general, los excavadores lo son al ser especialistas en períodos históricos: prehistóricos, clásicos, medievales, etc.) en lugar de la necesidad de valorar por igual todo el proceso, etc… En este caso y como consecuencia de lo expuesto, el equipo de investigación mantiene una clara vinculación con la dirección facultativa y está formado por arqueólogos con experiencia tanto en rehabilitación arquitectónica como en la lectura de los procesos de transformación material histórica. Claramente no somos ni los mejores especialistas en el período islámico de la zona, ni los investigadores mejor preparados para analizar las fases pre-romanas locales, y mucho menos los mejores conocedores de Jimena de la Frontera y su historia local, pero, probablemente, sí podamos aportar una visión general de todo ello en conjunto.

2. ACTUACIONES Los trabajos realizados en el castillo de Jimena de la Frontera, en realidad “Antigua ciudad amurallada de Oba-Shemina”1 han contado con la presencia de un equipo interprofesional compuesto por arqueólogos, historiadores del arte y arquitectos que se han volcado principalmente en la comprensión de la estructura emergente desgranando su superficie y caracterizando cada fábrica.2 Dicho estudio ha estado acompañado por la excavación de cinco sondeos estratigráficos en las zonas esenciales del conjunto; sus resultados, muy clarificadores, nos permiten a día de hoy plantear los futuros trabajos de excavación y prospección extensiva con cierto conocimiento del sustrato. En la ladera oriental de la ciudad se ha procedido a limpiar e identificar una parte del complejo poliorcético completamente destruido al menos en tres ocasiones, extremo que ha conllevado la organización de una consolidación de emergencia de las estructuras más llamativas, que son las del período alto y bajoimperial romano. Mediante un sondeo en la base de la muralla más antigua pudimos establecer una teoría sobre la adscripción cronológica de los tres amurallamientos sucesivos (alto y bajo romano) y almohade-meriní. Por su parte, en el extremo opuesto, en el lado oeste, las bóvedas concrecionadas que soportaban una terraza destruida avanzada sobre la ladera, han sido limpiadas e interpretadas como la base de un magnífico templo tetrástilo próstilo muy similar a los de la tríada capitolina de la cercana Baelo, completamente desaparecido, salvo algunos detalles de su molduración recuperados in situ y en los rellenos. En este sector se ha hecho patente más que en ninguna otra zona la necesidad de acometer tareas urgentes de consolidación de unas estructuras de dos mil años de antigüedad que amenazan desplome.

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Trabajos financiados por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en colaboración con el Ilmo. Ayuntamiento de Jimena de la Frontera. Formaron parte de los estudios de apoyo a la restauración del castillo, dirigida por el arquitecto Francisco Reina. Agradecemos la colaboración de Hamo Sassoon y de José Regueira durante el proceso de investigación y restauración de los restos.

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Comunicaciones

En el interior del aljibe almohade se ha realizado un notable esfuerzo para vaciar una mínima parte de su relleno hasta conocer su profundidad máxima, que se manifestó a tres metros de profundidad, determinando una altura de 6’35 m hasta la clave desde el pavimento de losas. En la fortaleza, junto a la Torre del Homenaje se planteó un corte que determinó la fecha clara de su erección, a inicios del siglo XVI, así como el descubrimiento de la articulación de dependencias interiores de época moderna. En el exterior, descubrimos la factura y sección del foso militar de 1812 así como parte de la urbanización romana e islámica de la ciudad cortada por éste. Durante la campaña de 2003 ha sido completamente excavado, localizándose los restos del antiguo puente medieval de acceso a la fortaleza, remodelado durante la Guerra de la Independencia. En definitiva, tareas que han aportado algo de luz tanto en la datación como en la valoración del conjunto, pero que a su vez, como era de esperar, plantean por un lado nuevas y futuras indagaciones y por otro un programa de consolidaciones y puesta en valor ambicioso. 3. ANTECEDENTES HISTÓRICOS Los primeros indicios de ocupación prehistórica en el sector lo constituyen las pinturas rupestres de la Laja Alta y la Cueva de la Chinchilla en el mismo cerro del castillo (Schubart 1993). En el siglo I a.C. hay evidencias de la existencia de un asentamiento libio-fenicio bajo la denominación de “Oba”en base a las monedas bilingües localizadas; en la descripción de la Bética de Plinio se señala el origen púnico de los habitantes de las costas y de algunas ciudades interiores vinculadas a una procedencia norteafricana y fenicia. Isidoro Gómez habla de poblamientos anteriores (tartesos, bástulos, turdetanos) basándose en la toponimia. Se constatan acuñaciones de monedas desde el 100 al 23 a.C. (Vargas Machuca 1973). Tras la conquista romana de los nuevos territorios se respetan algunos de los nombres de poblaciones ya existentes. Se latiniza el nombre del municipio pasando a denominarse República Obensis gozando de estatuto de municipio de derecho latino durante el gobierno de Vespasiano ( 69-79 d.C.) convirtiéndose en una ciudad regida por un senado local y aparecen magistrados como los duumviri y los aediles. Hay inscripciones que pueden fecharse en el siglo I y el II d.C. (Sassoon 2001) Desde el siglo III d.C. desaparece la documentación referente a Oba y no se conoce la influencia de las invasiones germánicas en la zona. En las proximidades de San Pablo de Buceite se encontró una lucerna de bronce cincelado con forma de paloma y atribuible al siglo IV, en el cerro de los Zarzales una moneda de Constantino, también del siglo IV; parece que durante este periodo Jimena de la Frontera se convierte en un mero puesto fronterizo. Entre los siglos V-VIII (aprox. 554 d.C.) los bizantinos se instalan en una amplia franja de terreno entre la desembocadura del Júcar y la del Guadalquivir. Parece que la instalación de una guarnición bizantina no tiene duda basándose en materiales de cimentación romano-bizantinos del castillo, especulándose sobre la Torre del Homenaje y su doble muralla defensiva como estructura de inspiración romano-bizantina. No existen referencias documentales relacionadas con Jimena de la Frontera en época de la conquista islámica; parece que en el curso de la campaña que Musa llevó a cabo contra Medina Sidonia, en 711, pudo pasar a poder musulmán el enclave de Jimena de la Frontera. Desde el año 1059 pasa a depender del reino taifa de Sevilla. A finales del siglo XII, según Alfajeme Ruano, durante el dominio almohade sevillano, el castillo sufre reformas: transformación del torreón circular, construcción de los aljibes, torre albarrana y puerta de entrada. Parece que en esta época no tiene importancia poblacional sino tan sólo de tipo militar (Alfajeme 1978). La primera noticia escrita sobre la Jimena islámica la encontramos en el año 1293 en un texto en el que el sultán merinita Abu Yacub entrega al rey nazarí de Granada las ciudades de Algeciras, Ronda y sus distritos además de algunos castillos entre los que figura el de XEMINA con una importante población como consecuencia de las conquistas castellanas de todo el occidente andaluz (Bueno 1998). En 1431 Jimena cae en manos cristianas tras el asalto del Mariscal de Castilla Pedro

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García de Herrera. Se despuebla la villa volviendo a su carácter puramente militar dependiente de Jerez. Poco después, en 1451 se reconquista por parte musulmana para volver en 1456 definitivamente a ser conquistada por los castellanos (Valverde 1996). Tras siglos de abandono, al pasar la población a ocupar el emplazamiento actual en la ladera norte, en 1811 se realizó la última gran reparación durante la Guerra de la Independencia. En el presente, la denominación “castillo” hace referencia al antiguo conjunto urbano amurallado romano e islámico. La alcazaba o alcázar, muy transformada a comienzos del XIX, y abandonada desde entonces, se sitúa al sur, sobre uno de los dos promontorios que destacan sobre el terreno. En el extremo norte, existe una elevación similar en la que en la actualidad se ubica el cementerio local. El resto de la antigua villa, accesos y arrabales ha soportado y lo sigue haciendo en parte una actividad agropecuaria que ha contribuido a la desaparición y ocultamiento de los restos de la antigua ciudad (Regueira 1988). En el centro de la villa se han ido abriendo grandes aljibes desde la época romana, destacando por su volumen el gran aljibe almohade, el recién restaurado aljibe de Edad Moderna, y desde los años setenta del siglo XX, la cisterna municipal, en pleno uso. 4. PLANTEAMIENTO METODOLÓGICO Se ha diseñado una estrategia de intervención acorde con nuestro modelo habitual de aproximación a edificios históricos (Tabales 2002).
ACTUACIONES PREVISTAS FASE I ACTIVIDADES 1. Redacción del Programa General de actuación arqueológica en el castillo y primer análisis de las edificaciones. 2. Estudio de alzados. 3. Excavación arqueológica. - Sondeos prospectivos. - Limpiezas arqueológicas. 4. Informe provisional. 1. Excavación del sector alcazaba y accesos. 2. Control y apoyo de las labores arquitectónicas. 3. Informe provisional. 1. Excavación del sector antiguo acceso romano y plataforma. 2. Control y apoyo de las labores arquitectónicas. 3. Informe provisional. 1. Excavación sectores urbanos. 2. Control y apoyo de las labores arquitectónicas. 3. Informe provisional. Redacción Memoria Científica. - Síntesis final. - Análisis final y Acta de depósito de materiales. - Analíticas y estudios derivados finales.

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FASE COMPLEMENTARIA 1. Prospección arqueológica de la ladera meridional. 2. Prospección geofísica. 3. Investigaciones documentales puntuales.

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Comunicaciones

La primera campaña de estudios arqueológicos en el castillo de Jimena ha culminado las siguientes actividades:3 1. Redacción del programa general de actuación arqueológica en el castillo y primer análisis de las edificaciones: a) Coordinación del proceso con la Delegación Provincial de Cultura de Cádiz. b) Coordinación técnica y científica con la dirección facultativa. c) Documentación básica. d) Toma de datos in situ relativos a la estructura conservada. e) Elaboración de la primera aproximación a su evolución constructiva. f) Organización de un programa general de investigación arqueológica del castillo. 2. Estudio de alzados. Se ha realizado durante los primeros meses en la primera fase al mismo tiempo que las excavaciones y limpiezas arqueológicas. Consta de cuatro actividades aplicadas a todo el perímetro urbano:4 a) Aproximación básica a la edificación: identificación, numeración, estudio de adosamientos, tipos de fábrica, etc b) Análisis estratigráfico. c) Análisis tipológico. d) Análisis constructivo (crítico-descriptivo). 3. Sondeos prospectivos en los diferentes ámbitos del conjunto destinados al establecimiento de un perfil topográfico y ocupacional general para cada una de las fases de ocupación. Los cortes terminados fueron: S-I: Base del torreón circular de la alcazaba. S-II: Foso y antefoso de la alcazaba. S-III: Sondeo muralla oriental. S-IV: Inmediaciones de la plataforma abovedada meridional. S-V: Aljibe almohade 4. Limpieza arqueológica y excavación de los sectores: a) Sistema de accesos actual al castillo y aljibe. Limpieza de la muralla, la barbacana, liza y antemuro del sector oriental. b) Plataformas y bóvedas del sector occidental de la muralla. La segunda campaña se ha centrado en la recuperación integral del foso de la fortaleza.5

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Campaña dirigida por Pablo Oliva Muñoz. Arqueólogos Gregorio Mora Vicente y Rosario Huarte. Trabajos realizados por el Departamento de Construcciones Arquitectónicas 2 de la Universidad de Sevilla; Amparo Graciani García, José María Calama Rodríguez, Arturo Pérez Plaza, Luis Alberto Núñez, coordinados por M.A. Tabales. Trabajo dirigido por Juan Miguel Pajuelo junto a Raquel Utrera.

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4. ESTUDIO BÁSICO DE LA ESTRUCTURA EMERGENTE Sistemas de contacto murario Se aprecian las siguientes evidencias generales: - El castillo es monofásico, superponiéndose todos sus lienzos sobre restos previos sin adosamientos ni encastres laterales. - El torreón del homenaje es una entidad unitaria sin conexión con alzado alguno, salvo con el murete diafragma que le sirve a oriente como caja de la escalera de acceso a la primera planta. Éste se le adosa. - La Puerta del Reloj es una entidad plurifásica que manifiesta la presencia de al menos cinco procesos de transformación (dos romanos, un impreciso y dos islámicos) cuyo resultado final es el que hoy observamos probablemente inalterado en lo sustancial desde la época benimerí. - El sector occidental presenta una continuidad muraria sólo rota por refacciones e implementaciones de épocas diversas. Creemos que es la antigua muralla romana reparada en numerosas ocasiones. - El sector oriental refleja dos áreas diferenciadas. La situada junto a la puerta del reloj presenta al menos tres líneas de muralla destruidas (dos romanas y una bajomedieval). Junto al castillo la muralla es íntegramente islámica con tres salvedades: • Está coronada por las reformas napoleónicas. • En algún punto se yuxtapone sobre restos de la muralla romana “antigua”. • Afloran los restos de la segunda muralla romana, desestimada en la Edad Media, y hoy visibles a manera de falsa barbacana, situados sin ninguna concomitancia a un metro al exterior de los lienzos. - El sector meridional es inaccesible momentáneamente por la presencia del cementerio local así como de huertos particulares y cortados de difícil acceso. Tipos de fábrica Tras una primera aproximación al castillo advertimos el empleo de un número elevado de fábricas que delatan una diversidad edilicia superior a lo común explicable por las diversas reformas emprendidas desde la protohistoria hasta nuestros días (figura 1). Inicialmente han sido detectados dieciséis tipos con diversas variantes o subtipos que no trataremos en este apartado provisional. Parece existir una clara correlación entre los tipos de fábrica y los períodos históricos en los que éstas fueron habituales; solamente hay divergencias en uno de los tipos (mampostería menuda regularizada) presente en reformas de difícil adscripción desde la Edad Media hasta nuestros días. Es habitual en nuestros trabajos incorporar nuestras clasificaciones tipológicas (Tabales 1997) tanto a la primera lectura como a los estudios pormenorizados posteriores; sin embargo, salvando generalizaciones claras, es evidente que dicha estructuración falla en los distintos aparejos relacionados con el mampuesto. Por ello, y dado que la mayor parte de los tipos aquí presentes son variaciones de dicha fábrica, hemos considerado oportuno crear una nueva secuencia numerada que servirá de matriz a futuros trabajos.

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Comunicaciones

Figura 1. Principales fábricas murarias en Jimena de la Frontera.

A pesar de que las fábricas murarias que han sido sistematizadas en los diferentes sectores del recinto de Jimena de la Frontera no destaquen por su excepcionalidad en cuanto a calidad de ejecución y tratamiento superficial, hay que reconocer un doble interés a este conjunto con relación a este asunto. Por una parte, las tipologías predominantes ponen de manifiesto las vinculaciones y las relaciones constructivas que históricamente ha existido con otros centros del entorno, como por ejemplo en lo que se refiere a las fábricas romanas, con la Carteia imperial. En segundo lugar, a través de la diversidad de fábricas que hemos podido determinar, quedan patente las constantes intervenciones que históricamente se han producido en este sector, desde el siglo II a.C. (especialmente en el sector oriental, que ha sido excavado) hasta las recientes actuaciones de carácter parcial de hace unos años. No obstante, los restos murarios corresponden fundamentalmente a las épocas romana (alto y bajoimperial), medieval (islámico, XII-XIII y cristiano XIV), moderno (XV-XVII) y contemporánea (de época napoleónica, a comienzos del siglo XIX). Aunque en menor medida hay fábricas mixtas, las fábricas predominantes en Jimena de la Frontera son las pétreas, de modo que la presencia de piezas latericias se limita, prácticamente, a acuñamientos y a verdugadas de ladrillo de un pie que se alternan en hiladas con mampuestos reutilizados (B.2.1) y que por tanto tienen como finalidad la de regularizar fábricas de mampostería. Las fábricas pétreas corresponden a una amplia diversidad (sillería, opus vittatum y diversos tipos de mampostería); de entre las de época romana, las fábricas predominantes concretamente fueron realizadas en opus vittatum, una técnica muy habitual tanto en la Bética romana, como en otras provincias del Imperio, por su practicidad, facilidad de ejecución y solidez.

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Figura 2. Estratigrafía de la Torre del Reloj.

Los sectores de mayor complejidad tipológica son el Sector 1 (de la Puerta del Reloj, donde llegan a encontrarse hasta ocho tipologías diferentes) y el 2 (sector de la muralla oriental, especialmente en la zona recientemente excavada); en ocho sectores, las fábricas más antiguas corresponden cuanto menos al siglo I a.C. e incluso, en función de la cerámica de excavación, podrían retrotraerse al siglo II a.C. (A.1.0, sector muralla oriental). En cuanto a la calidad de ejecución y tratamiento superficial, por la finura en su tratamiento pulido de su haz, destacan algunas fábricas del sector de la Puerta del Reloj y de la muralla occidental, correspondientes a época romana (figura 2). Concretamente, las tipologías A.1.1 y A.1.2, referidas como Opus Quadratum y Opus vittatum A, respectivamente, que aparecen en el Sector de la Puerta del Reloj y la tipología A.1.3. referida como Opus Vittatum B, en el sector de la muralla occidental, en la fábrica correspondiente al basamento del templo. En general, los diversos tipos constatados de fábricas pétreas están conformados por piezas bastante irregulares, a excepción de las piezas isódomas del A.1.4 bis y de las seudoisódomas, en hiladas de diferente altura del Opus quadratum (A.1.1.) y de los Opus vittatum C y D (A.1.4 y A.1.5). Esta irregularidad en cuanto a las piezas está también presente en las fábricas de mampostería ordinaria, donde en contraposición para obtener la horizontalidad de tendeles y regularizar las fábricas en la medida de lo posible, se recurre a cuñas regularizadoras pétreas o cerámicas, (B.1.1, B.1.3 y B.1.4), encadenados de sillares y sillarejos en los ángulos, hiladas alternas de regularización (mampostería regularizada B.1.2). Por esta amplia diversidad tipológica, el castillo de Jimena de la Frontera se ofrece como un abanico de soluciones, especialmente en cuanto a fábricas de mampostería de diferentes momentos de la historia.

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Figura 3. Limpieza arqueológica del sector oriental.

5. LIMPIEZAS ARQUEOLÓGICAS Lienzo oriental El trabajo realizado en la ladera de oriente del castillo constituía una limpieza arqueológica general. Para llevar a cabo la misma se trazó un programa de actuación que partía de la delimitación de una serie de sectores de cinco metros de anchura cada uno a partir de la Torre del Reloj (flanco sur), hasta el encuentro con el lienzo rehecho en el año 1992. En definitiva de la compartimentación resultaron once sectores (C-M), tratados de diferente forma respecto de las dificultades y los resultados científicos que ofrecían cada uno. La finalidad de este trabajo radicaba en la comprensión del sistema poliorcético del castillo, ya que en este lado la muralla era parcial debido a la acumulación de tierras y el derrumbe de la ruina en la que está constituida la defensa. En este punto se presentaban varios interrogantes, como la cronología precisa del propio paramento, la presencia de restos anteriores en alzado, la existencia de un antemuro, etc (figura 3). El sistema de trabajo ideado se basaba en el rebaje exhaustivo de cada sector, llegando hasta la cimentación de los lienzos en los lugares que fuese oportuno, intentando aclarar en todos los casos la secuencia estratigráfica de las fases, mediante la recogida sistemática del material que los rellenos ofrecían. Los resultados se sintetizan en este esquema:

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UNIDAD 521 526 543 534 553 585 573 504 650-639-583 636-643-663 684

ELEMENTO Paramento de opus vittatum A. Paramento opus quadratum. Torre del recinto inicial. Plataforma de cimentación del bastión. Muralla de levante. Opus vittatum C. Torre cuadrangular perteneciente al recorrido de 534. Calzada de caliza. Refuerzo de muralla 534 Torre del reloj Paramentos de articulación urbana. Rellenos de destrucción de estructura urbana. Camino del cementerio.

CRONOLOGÍA Siglo I a. C. Siglo I a. C. Siglos II-III. Siglos II-III. Siglos II-III. Siglos II-III Siglo XIII Siglo XIII Siglos XIII-XV Siglos XV-XVI Siglo XX

COTA 188´34 / 186´78 188´53 / 186´78 181´88 / 181´38 (excavada) 185´48 / 187´68 190´38 / 185´53 189´72 / 189´97 189´53 / 183´58 188´30 189´97 191´32 /189´57 188´48 / 191´40

Limpieza arqueológica del lienzo occidental (plataforma abovedada) A simple vista el lugar ofrecía posibilidades manifiestas; primero porque se conservaba en bastante buen estado el perímetro de la muralla defensiva de la ciudadela, cuyo recorrido encerraba un cubo que interiormente se articula mediante nueve bóvedas de medio cañón. Puestas en relación estas estructuras con la recientemente localizada muralla en el flanco oriental (unidad 575) y después de realizarse el estudio paramental y tipológico, comprendimos que ambos referentes podían ser puestos en relación, siendo fechados en el siglo I a. C. A esta premisa habría que unir la frecuencia con la que aparece en esta zona material romano en superficie, bastando con realizar una leve prospección superficial para encontrar testimonios materiales de todo tipo, desde cerámicas a fragmentos arquitectónicos de entidad, en concreto molduras, fustes de columnas etc (figura 4). Desde esta base nuestro trabajo perseguía no solo la clarificación de estas evidencias, sino la localización de una posible puerta de acceso a la ciudad antigua, que hubiese quedado fosilizada en determinadas etapas históricas. Esta suposición se basaba en buena medida en grabados decimonónicos en los que se ofrecía una panorámica de la fortaleza desde el norte, apreciándose en dicho lugar las ruinas de un arco más o menos monumental. Esta hipótesis quedaba igualmente refrendada con la existencia de una construcción como las citadas bóvedas (cuya misión, como granero o espacio de almacenamiento simple cimentación, se pretendía distinguir), que pudiese condicionar otro tipo de construcciones prototípicas en zonas de acceso tan abruptas como la nuestra, fundamentalmente relacionadas con las de tipo templario. También eran evidentes replanteos y reparos en el perfil de la propia muralla, que hacían pensar que la secuencia obtenida en la de levante pudiese repetirse en esta zona. Por último la existencia de un pavimento de ladrillos a la palma así como de algunos muros nos evidenciaban una ocupación del sector hasta época moderna; si bien de forma reciente el espacio permanece baldío y cubierto de vegetación. Tras el desbroce general se decide acotar como espacio de trabajo una cuadrícula de 13´30 x 15 m, la cual se divide en nueve compartimentos que oscilan en los 25 m 2. De ellos se trabaja en siete, realizando un rebaje medio de 0´90 / 1´10 m, teniendo en cuenta la irregularidad del terreno. Ante la pronta aparición de los restos y la envergadura de la mayoría se decidió establecer en uno de los estancos un corte arqueológico con el fin de determinar estratigráficamente el sector. Este sondeo fue denominado como IV y su trabajo se llevó a cabo a medida que avanzaba la propia limpieza. Las unidades descubiertas presentan un faseado que puede desarrollarse como sigue: - La presencia de un avanzado estado urbano entre los siglos I-II a. C con elementos de la entidad arquitectónica de una muralla, un conjunto de nueve bóvedas de medio cañón entendido como aljibe o cimiento de un templo y una posible puerta de acceso a la urbe (figura 5).

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Figura 4. Limpieza arqueológica del sector occidental (Bóvedas).

- Nivel de arrasamiento de determinadas estructuras en los siglos II-III (templo), repavimentación del espacio y refuerzo parcial de la muralla, como posible consecuencia de las invasiones de los siglos II-III. - Periodo de crisis o abandono superado en el siglo XIV con la construcción de un nuevo espacio residencial y manteniendo la orientación ofrecida por los cañones. - Nueva articulación de la residencia en el siglo XVI, mantenimiento de algunas estructuras y formación de diferentes espacios articulados mediante pilares primero, y posteriormente con muros que los sustituyen, hasta su definitivo abandono y progresiva degradación a partir de los siglos XVI-XVII.
UNIDAD 716 764 727 728 717 729 776 730 763 718 711 ELEMENTO Muralla de poniente de la fortaleza. Opus vittatum B. Cubierta sobre cubo de las nueve bóvedas. Pavimento de losas con media caña. Moldura de piedra caliza. Refuerzo defensivo sobre ángulo N-W. Pavimento de losas calizas Pavimento de losas calizas Relleno de anulación de suelo 729 bajo capa 763. Capa de cal, asiento de solería perdida. Paramento de articulación. Solería de ladrillos a la palma CRONOLOGÍA Siglo I a.C. Siglo I a. C. Siglo I a.C. Siglo I a. C. Siglo II-III. Siglo II-III. Siglo II-III Siglo XIV. Siglo XIV. Siglo XIV. Siglo XVI. COTA 189´96 190´28 190´44 / 190´28 191´66 / 187´89 190´53 / 190´44 190´06 /189´92 191´14 / 190´53 191´14 191´60 / 190´28 191´28

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Figura 5. Reconstrucción hipotética del templo romano sobre el acceso original a Oba.

Limpieza del foso (fase 2- 2003) - Proceso inicial: La construcción del foso se ha fechado a través del estudio paramental realizado durante el año 2002 y de su similitud constructiva con el foso de Algeciras, dando una cronología de los siglos XII-XIV, con características norteafricanas (figura 6). Es un foso seco de sección en V con un refosete en su parte inferior para facilitar la limpieza del mismo, la sección longitudinal del foso está pensada para que desagüe en una fisura natural de la roca, que lo mantendría limpio sin apenas esfuerzo; tal es así que incluso se situó en su parte occidental una poterna para el vertido de basura cuando se construye el foso. Está excavado en la roca tanto la escarpa como la contraescarpa y acondicionada en la parte superior de la primera, nivelándola para acomodar las murallas. Las grietas de la roca madre se hallan reforzadas con muros de piedras caliza medianamente escuadradas que, amoldándose a los huecos, los rellenan para evitar un fácil acceso por las mismas. Hay dos muros en esta construcción de grandes dimensiones, el primero (UE-58) se localizó durante la intervención arqueológica del año 2002 (Tabales et alii 2002) y su tamaño, de unos tres metros de largo y dos de alto, obedece a que cierra una cisterna romana cortada al ras para la realización de la obra del foso, el muro en cuestión se acomoda a la superficie de la roca ataluzándose siguiendo la sección en V con la que se excavó el foso, estando cimentado sobre la misma roca natural. El otro, UE-12, está realizado al igual que el anterior con piedra caliza escuadrada y unida por mortero de cal. Cierra una parte muy baja del foso en su zona oriental. Sobre ambos muros hallamos otro, UE-08, este realizado de mampuesto de piedra caliza y arenisca de la zona amalgamadas con mortero de cal de baja calidad y que

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Figura 6. Perfil del foso de la alcazaba islámica. Sondeo II.

interpretamos como muros que delimitan el foso en su parte septentrional, allí donde la roca natural no alcanza a tener la elevación necesaria. Estos muros aparecen a lo largo de todo el foso especialmente en la zona occidental donde documentamos un muro in situ y su parte superior volcada hacia atrás. La zona occidental del foso se halla, al igual que la oriental, excavada en la roca con la misma sección en V pero a una mayor altura para desaguar por la fisura señalada anteriormente. A esta zona se le ha dejado un escalón, UE-51, recortado en la contraescarpa, y, sobre él, otro escalonamiento más, UE-50. No conocemos la razón de estas construcciones pero puede que tengan que ver con elementos constructivos realizados con materiales perecederos hoy día desaparecidos. De la intervención se desprende que la construcción del foso y las murallas medievales son parte de una misma obra, es decir, que los muros meridionales de la alcazaba son diferentes fases de una misma construcción. La falta de materiales de la época se debe a que el foso esta en funcionamiento desde su construcción XII-XIV hasta su abandono en el siglo XVI, momento en que empieza su colmatación progresiva. La falta de restos de los siglos XVII y XVIII en los vertidos de amortización está relacionada con las obras de acondicionamiento realizadas durante la guerra de independencia para poner en valor un elemento defensivo de primer orden como es el foso defensivo de la fortaleza. - Proceso moderno: El primer estrato que cubre al foso se fecha aproximadamente en la segunda mitad del siglo XVI, con un amplio repertorio cerámico que abarca desde las producciones esmaltadas en blanco (blanco de Sevilla), hasta algunas importaciones italianas de la zona de Liguria, así como sus correspondientes imitaciones realizadas en los

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alfares sevillanos. El proceso de degradación y abandono que pasa el castillo de Jimena en estos momentos se debe a la paz que impera en la zona desde el fin de la guerra con el reino de Granada a finales del Siglo XV. Es en este marco cuando se rellena la parte inferior del foso, quizá sirviendo de vertedero para toda la zona, una vez perdido el carácter defensivo principal. Lo cierto es que se trata de un relleno muy homogéneo en toda su longitud con una acumulación de materiales en la zona central del foso De esta época no se conoce ninguna construcción en el castillo, siendo las más cercanas en el tiempo la torre del homenaje de la alcazaba y parte de las murallas que la circundan, así como los restos de ocupación (solerías y pavimentos) encontrados durante la campaña anterior. Todos estos restos son de la centuria anterior y relacionados con la ocupación cristiana definitiva de la fortaleza. - Proceso contemporáneo: En este periodo el paisaje de la alcazaba se transforma, recuperando gran parte del esplendor de los lienzos medievales pero, con las mejoras poliorcéticas características de la época, como los merlones para la fusilería. Su construcción se fecha en 1810, la fábrica contemporánea en el caso de la alcazaba se sitúa directamente sobre los lienzos islámicos y con una línea de estacas lígneas típica del momento. En relación al foso es ahora cuando se realiza una verdadera obra de acondicionamiento, creando un nuevo acceso a la alcazaba compuesto por un cuerpo realizado con sillares y sillarejos provenientes del propio castillo y unidos entre sí por argamasa. Este cuerpo esta directamente apoyado sobre otro construido ex profeso en la zona sur, además de los restos del acceso medieval tallado en la roca alisado con un muro de piedra caliza. En la zona norte se apoya a la embocadura formada por un cajón cerrado por su parte este por un muro de piedras escuadradas, que se cimienta directamente sobre una zapata tallada en la roca natural y esta cerrado en su lado oeste también por la roca natural. Esta embocadura formaba parte del acceso original de la alcazaba en los siglos XII-XIV, siendo su construcción muy similar a los muros conservados del foso de Algeciras. El cuerpo contemporáneo tiene en su parte inferior una abertura relacionada con la evacuación de aguas que saldría por una atarjea localizada en la zona este del foso y que desaguaría a través del lienzo oriental. Este nuevo cuerpo constituye la base para situar un camino de acceso estable y con fuerza suficiente para aguantar el peso de la artillería usada en la época. Para situar el nuevo acceso a la fortaleza se realizaron trabajos de acondicionamiento del foso, nivelando toda su extensión con el relleno de un estrato de tierra y la colocación de un firme de piedras de buen tamaño, que se usó como base para situar el acceso mas arriba señalado. Los trabajos del foso también tuvieron en cuenta su carácter defensivo, dotándolo, en su zona oriental, de un muro adelantado a forma de barbacana que protegía tanto la torre de flanqueo este como el acceso más practicable al foso por la contraescarpa. Mientras que en la zona oriental se dotó tanto de torre albarrana como de muro barbacana, en el occidente solo se construyó un lienzo apoyado sobre la roca natural y las murallas medievales que delimitaba lateralmente el foso y es defendido en su parte externa por la torre occidental del castillo. - Proceso de abandono: La mayor parte de los rellenos de colmatación del foso provienen de este momento, es decir, desde el abandono tras la guerra de independencia a principios del siglo XIX hasta la década de los años setenta del siglo XX, cuando se produce la última intervención de importancia con la construcción del aljibe que nutre de agua a la población hoy día. Este periodo es de un abandono total y de dedicación exclusiva de la fortaleza para usos agropecuarios, convirtiéndolo en espacios para huertos, tanto en el interior del recinto amurallado como en las laderas orientales, llegando en algunos a conservarse hasta la actualidad la división de estos huertos.

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Nº 1 2 3 4 7 14

PROCESO EXPLOTACIÓN AGRÍCOLA Y RELLENOS DE AMORTIZACIÓN EXPLOTACIÓN AGRÍCOLA FORTIFICACIÓN ALCAZABA RELLENO DE ABANDONO FORTIFICACIÓN NORTEAFRICANA RELLENOS PROTOHISTÓRICOS

CRONOLOGÍA s. XX ss. XIX-XX 1812 s.s. XVI ss. XII-XIV ss. VIII-VI a.C.

COTAS 198,22 197,48 196,69 195,92 199,19 196,47

7. SONDEOS ESTRATIGRÁFICOS SE I. Torre del Homenaje. Este primer sondeo quedó ubicado en las inmediaciones de la Torre del Homenaje. En concreto fue colocado en el sector oriental del alcázar entre la muralla, la torre y el muro diafragma de acceso a ésta. Entendíamos que era esta la mejor localización para intentar dilucidar la evolución del alcázar y, sobre todo, para poder llegar a los niveles de cimentación de la propia torre y así datarla de forma inequívoca. Tiene unas dimensiones de 5.50 x 4.85 metros y llegamos a identificar las siguientes unidades estratigráficas:
UNIDAD 568 640 644, 673, 674 638 26 / 564 690 /696 ELEMENTO Pavimento Relleno Estructuras de habitación Pavimento empedrado Torre del homenaje Estructuras islámicas CRONOLOGÍA 1812 XVII-XIX Inicios del siglo XVI Inicios del siglo XVI Inicios del siglo XVI Siglo XV COTA 205.25 204.78 204.73 204.58 204.10 204.30

SE II. Foso de la Alcazaba. El segundo de los sondeos quedó localizado en el exterior del recinto amurallado del alcázar. Concretamente llevamos a cabo una zanja de 15 x 2 metros que, con dirección norte-sur, partía desde el exterior de la muralla septentrional de dicho recinto. El objetivo principal de dicha zanja era el de poder visualizar, y poner en relación las estructuras del foso defensivo y las propias de la urbanización interior del castillo. Las unidades que identificamos son las siguientes:
UNIDAD 708 756 749, 761 762 709 ELEMENTO Relleno de huerta Muro del foso Muros interiores de la villa Pavimento interior de la villa Cisterna romana Roca madre CRONOLOGÍA Siglo XX 1811-1812 Siglos XV-XVI Siglos XV-XVI Siglos I-II COTA 198.14 196.34 197.70 197.04 197.58 196.84

SE III. Muralla oriental (sectores J-K) El sondeo supone un área tendente a la cuadrícula, si bien su apariencia irregular se debe a las ampliaciones puntuales que se llevaron a cabo. La superficie total excavada fue de 82´50 m2, formalizándose un espacio de 11´00 m de largo por 7´50 m de anchura. Partimos de la cota máxima de 192´50 que marcaba el relleno general que cubría por completo todas las estructuras a continuación descritas (salvo el lienzo 579), hasta alcanzar la de 187´88 que marcaba la zapata de la unidad 645, punto en el que abandonamos la excavación. El resultado general de este trabajo fue la obtención de una secuencia cronológica completa del yacimiento, que a nivel estructural parte, como mínimo, del siglo I a.C., al XX; mientras que materialmente podemos remontarnos a la Edad del Bronce (siglos VIII-VII a. C.).

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UNIDAD 699 575 660 534 647 579 578

ELEMENTO Pavimento de opus signinum vinculado a muro 575 Paramento en damero, muralla oriental. Zapata interior de muralla 534 Muralla de levante Pavimento calizo Muralla de cierre oriental Pavimento calizo dispuesto en vías.

CRONOLOGÍA Siglo II-I a. C Siglo I a. C.. Siglos II-III Siglos II-III Siglos II-III Siglos XII-XIV Siglos XV-XVI.

COTA 189´88 / 189´50 191´05 / 188´54 188´93 / 188´23 190´01 / 187´63 189´92 / 193´13 / 191´10 191´59 / 191´15

SE IV. Plataforma abovedada. Situado en la cuadrícula S-E de las que forman la superficie de limpieza de las nueve bóvedas. Se trata de una planta de 4´50 x 3´80 m. El objetivo de este sondeo era determinar con mayor claridad la secuencia estratigráfica obtenida en la limpieza arqueológica, y la presencia de estructuras vinculables al acceso de la ciudad. Partimos de la cota general de 192´07 del relleno inicial, alcanzando la máxima de 190´48. Los resultados obtenidos en este sentido pueden considerarse de manera siguiente.
UNIDAD 766 753 773 / 745 741 736 735 ELEMENTO Relleno de anulación de estructuras. Pavimento calizo Recodo Solería caliza. Capa de cal de anulación de estructuras. Relleno General CRONOLOGÍA Siglos II-III Siglos II-III Siglo II-III Siglos XIV-XV Siglo XVI. Siglo XVI-XVII COTA 190´10 / 190´48 190´70 191´66 / 190´70 191´70 / 191´60 192´00 / 191´96 192´07 / 192´00

SE V. Aljibe almohade. El sondeo V se llevó a cabo en uno de los aljibes que se hallan repartidos por el interior del castillo. En concreto se trabajo en la esquina nororiental del aljibe situado delante del actual cementerio. El corte tenía unas dimensiones de 3.35 x 3 metros y también se aprovechó para hacer una pequeña auscultación en el flanco oriental exterior del mismo. Los objetivos perseguidos eran, en el caso de la zona exterior, intentar localizar algún tipo de estructura relacionada con el aljibe; mientras que en el interior intentábamos localizar la solería para así conocer su profundidad y estado de conservación (figura 7). Tan solo identificamos dos unidades:
UNIDAD 779 780 ELEMENTO Relleno de colmatación Bóvedas Solería original del aljibe Roca madre CRONOLOGÍA Siglo XVI Siglo XII Siglo XII COTA 193.64 197.24 190.54 196.27

8. APROXIMACIÓN A LA ESTRATIGRAFÍA DEL YACIMIENTO Los sondeos practicados en los diferentes sectores de la ciudad han revelado una topografía poco alterada si se la compara con otros yacimientos similares. La roca natural aflora a una cota relativamente cercana a la actual, debido a múltiples factores entre los que destaca, sobre todo, el uso agrícola al que fue sometido el recinto amurallado durante los últimos quinientos años. Por otro lado, aunque aún no estamos capacitados para establecer consideraciones generales sobre el urbanismo interior, sí puede advertirse una superposición muy directa de las edificaciones islámicas meriníes sobre las romanas, con soterramientos muy débiles y sin solución de continuidad.

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Figura 7. El aljibe almohade tras la excavación del Sondeo V.

Nuestras apreciaciones, por otro lado, además de puntuales, se circunscriben a la mitad meridional del conjunto. Las limitaciones de distinto signo sufridas por nuestro equipo han imposibilitado practicar un sondeo en la zona norte, junto al cementerio, pues aunque se ha realizado un corte en el interior del aljibe almohade, situado en dicha zona, no es representativo de la estratificación urbana. A pesar de todos los inconvenientes sí estamos en condiciones de aportar una visión aproximada de la mitad meridional y en ese sentido establecemos la siguiente secuencia general:
Nº 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 PROCESO RELLENOS DE AMORTIZACIÓN EXPLOTACIÓN AGRÍCOLA FORTIFICACIÓN ALCAZABA RELLENO DE ABANDONO OBRAS MODERNAS URBANIZACIÓN NORTEAFRICANA FORTIFICACIÓN NORTEAFRICANA RELLENOS DE AMORTIZACIÓN URBANIZACIÓN BAJOIMPERIAL FORTIFICACIÓN BAJOIMPERIAL RELLENOS DE AMORTIZACIÓN FORTIFICACIÓN REPUBLICANA RELLENOS PÚNICOS RELLENOS PROTOHISTÓRICOS CRONOLOGÍA 2ª mitad del s.XX ss. XVI-XX 1812 s.s. XVI-XVII Inicios del s. XVI ss. XII-XV ss. XII-XIV ¿? ss. III-IV d.C. ss. III-IV d.C. ss. III-IV d.C. s. I a.C. ss. IV-II a.C. ss. VIII-VI a.C. COTAS snm 198-192 198-192 205 198-192 204 191-197 191-193 190 192 190 191 191 189 188

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Deben tenerse en cuenta como resumen las siguientes consideraciones: - Los niveles protohistóricos se han localizado en la base de la muralla oriental de la ciudad, tanto al interior como al exterior de la misma. Pertenecen a rellenos arquitectónicos vinculados con la edificación romana por lo que ignoramos si su posición es primaria o secundaria. En cualquier caso, y bajo la óptica topográfica que nos atañe, puede afirmarse, además de la existencia de ocupación en el promontorio durante los siglos VII-VI, que la posibilidad de localización de restos arquitectónicos de este período es notable desde escasos centímetros bajo la superficie actual. - La misma consideración debe hacerse respecto a los rellenos púnicos, ya que se superponen a los anteriores en la misma zona y bajo los mismos condicionantes. Sin embargo aquí debe constatarse la existencia de un paramento destruido por una de las torres del lienzo bajoimperial, que aflora en la ladera oriental, lo que advierte para intervenciones futuras de la existencia de construcciones de ese período en esa parte del cerro, sin edificios conservados sobrepuestos. - Las murallas romanas primitivas aportan un probable nivel de ocupación interior en el sector oriental por debajo del metro desde la superficie actual. En este sector, por tanto deberá tomarse en consideración a la hora de excavar, que en menos de un metro se suceden niveles de pavimentación desde el siglo XV al I a.C. sin una pauta de superposición. - La ocupación del siglo III-IV se manifiesta en el sector oriental de manera clara mediante la conservación de pavimentos de losas calizas y suelos de signinum de mala calidad a escasos centímetros de la superficie actual; por el contrario en la parte occidental, junto a las bóvedas, se ubica a algo más de un metro debajo de grandes niveles de escombros medievales. En ambos casos, y suponemos que en el resto de la villa, el acceso a dichas cotas es relativamente cómodo. - En todo el yacimiento, desde el castillo hasta la Puerta del Reloj, los niveles de pavimentación medievales son fácilmente accesibles pues se localizan bajo las capas de amortización (siglos XVI al XX) que constituyen la superficie actual. Es previsible, por tanto una relativa conservación de las estructuras islámicas inmediatamente debajo de la superficie tal y como se vio en la zanja practicada junto a la muralla diafragma del castillo.

9. PROCESOS CONSTRUCTIVOS GENERALES Las observaciones indagatorias iniciales apuntan hacia un esquema de superposición muy similar al argumentado por diversos autores (Torremocha, Regueira, Corzo, Sassoon, etc.) consistente en la presunción de una ocupación romana a la que se superpuso en el siglo XII un nuevo amurallamiento que se sirvió parcialmente del anterior (Torremocha 1996) y sobre el cual se levantaron en el siglo XV la torre del homenaje y en el XIX las defensas de la alcazaba. (figura 8) Una revisión pormenorizada de los sistemas de adosamiento, así como la identificación de los diversos tipos de aparejos presentes en la cerca urbana y de la fortaleza, así como la lectura de paramentos y los sondeos estratigráficos practicados evidencian efectivamente la presencia de cuatro grandes sistemas amurallados: - Muralla urbana romana - Muralla islámica - Reformas castellanas. - Reformas de la guerra de la independencia. No obstante, y en contraposición con la uniformidad de las tres últimas operaciones, la denominada fase romana ofrece al menos tres variables constructivas que responden a concepciones militares diferentes:

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Figura 8. Adscripción cronológica de las estructuras localizadas.

Primera fase romana. - Primeras estructuras, caracterizadas por el uso de fábricas de opus vittatum con emplecton cementicio. Son aparejos de bloques a hueso de roca arenisca local dispuestos en hiladas horizontales, a veces isodomas, otras con piezas cuadrangulares bien escuadradas pero de distinto tamaño, manteniendo la regularidad de hilada, e incluso en ocasiones con sillares bien escuadrados a juntas vivas. La característica principal de estos muros es el perfecto acabado ya que las piezas aparecen a cara vista tallada. - Corresponden a esta fase en la cara oriental de la cerca urbana, dos fragmentos de lienzo situados en las inmediaciones de la puerta del reloj (uno bajo el camino actual del cementerio y la misma puerta, y el otro en un huerto contiguo). El de la puerta disponía de una torre cuadrangular de sillares de roca caliza. En el perímetro de la cerca se advierten fragmentos de lienzos o zócalos con esta fábrica bien aislados o bajo murallas islámicas. En el sector occidental, hacia el río, el bastión de las bóvedas y los lienzos contiguos responden también al mismo esquema. - La cronología es claramente altoimperial, con paralelos de aparejos similares durante el período augusteo (cambio de Era), si bien, como sucede en las principales ciudades romanas de la zona (Carteia, Lacipo, Baelo, etc.), existe una vinculación entre las tendencias constructivas romanas representadas por el uso del vittatum de calidad (Ocuri, Carteia) y la tradición púnica representada por la tendencia a la horizontalidad combinada con bloques de distinto tamaño [Carteia, Baelo, Dhuga, Lixus... (Puertas Tricas 1998)]. Por tanto, y como hipótesis de trabajo entendemos que este primer cercado (detectado hasta el momento) es del siglo I d.C., realizado por gente de origen púnico muy influenciado por la técnica romana.

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- El esquema supondría la existencia de una ciudad púnica amurallada y mejorada por los invasores en el período altoimperial. El tipo de muralla, su escasa consistencia, las fábricas a hueso vistas, el bastión de las bóvedas, que cimentaba un templo de entrada, nos hablan de un fin para este pomerium menos militar que propagandístico. Parece un bello escenario imperial destinado a impresionar a la población autóctona y en menor grado para una defensa efectiva (en esa época no existen peligros evidentes). Nos viene a la mente el caso de la Puerta de Sevilla en Carmo. Como allí, el templo se erigía sobre un podium (del que perdura parte de una moldura) y se conformaba como una estancia rectangular precedida de un pórtico de un tramo tetrástilo; no sería muy diferente a cualquiera de los capitolinos hoy conservados en Baelo Claudia o los del foro de Singilia Barba. - Esto no quita para que bajo los muros romanos aparezcan vestigios púnicos o protohistóricos de carácter defensivo. El hecho de la existencia de un asentamiento en altura (Oba) con acuñaciones republicanas con caracteres latinos y cartagineses evidencian la existencia de una fortaleza en el promontorio. Así lo atestiguan los restos cerámicos encontrados en sendos paquetes situados bajo la muralla oriental (uno del Bronce final (VIII-VI a.C. y el otro púnico del IV-II a.C.) que al menos ponen de manifiesto una ocupación clara desde mediados del primer milenio. En otro orden de evidencias, ya en el campo de los indicios, cabe destacar la presencia de sillares como los de la torre, regidos por patrones modulares heleno-púnicos, o el tipo de fábrica empleado en la muralla más antigua. Dichas evidencias nos mueven a hipotetizar la existencia de una estructura urbana sólida anterior a la ocupación romana. - Desde el punto de vista urbano, la zanja efectuada junto al foso del castillo, nos aporta datos relativos a la existencia de una cisterna ovalada (recubierta de opus signinum) similar a la de otros yacimientos (Ocuri…) junto a un silo campaniforme; ambas estructuras, muy profundas, nos hablan de aprovisionamiento de la ciudad en época romana. Segunda fase romana - Conformada mediante una nueva muralla que en algunos puntos forra literalmente a la anterior y que en otros se anticipa unos metros. Está presente exclusivamente en la cara oriental de la cerca, que es la más expuesta ya que presenta los terraplenes más suaves del montículo. Su fin no es otro que reforzar el flanco más débil. - Sus fábricas son similares a las anteriores; de hecho es posible que muchos bloques fueran reutilizados en dicho refuerzo; se caracterizan por el uso de un opus vittatum regularizado mediante bloques a soga unidos con argamasa pero con la superficie ligeramente desbastada. En la única torre de este período se advierte un emplecton de opus caementicium por compresión con caementa de gran calibre. - En algún punto el intervalo entre la nueva muralla y la antigua es lo suficientemente espacioso como para requerir su atado mediante tirantes de mampostería a manera de casamatas. - Existen paralelos de estas fábricas en Lacipo, Carteia, Baelo y su cronología no es demasiado precisa si bien, el grado de inacabado, los materiales superficiales recogidos en su base, la noticia de la recuperación de esta técnica en época de Diocleciano (inicios del siglo IV), etc... nos permiten conjeturar sobre el período bajoimperial para su levantamiento (siglos II al IV). Probablemente a raíz o como consecuencia de la invasión de los mauri a fines del II o de los francos y alemanes en el III. La cronología del V (vándalos) o del VI (bizantinos) nos parece inicialmente excesiva dado el aparejo y la lógica militar, aunque no estamos momentáneamente en condiciones de establecer tal precisión. - En la zona del bastión abovedado se detecta la desaparición del templo altoimperial y la repavimentación de la terraza mediante losas calizas; también se advierten reformas en las inmediaciones de la probable puerta de la ciudad, encaminadas a adecentar quizá una destrucción parcial de la misma.

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- En la zona oriental, junto a la muralla recién avanzada, se pavimentará mediante grandes losas calizas una calle perimetral que en épocas posteriores acabaría siendo absorbida por viviendas. Tercera fase romana - El análisis superficial del sistema de acceso de la Puerta del Reloj evidencia la existencia de al menos dos ampliaciones de la torre en época preislámica. La primera ampliación debe corresponderse con la reforma bajoimperial del sector oriental de la muralla. La segunda supone la construcción de un potente bastión rectangular de potentes muros y tirantes interiores que serviría de flanqueo a un probable paso de doble arco con intervallum, como en Carmona. Su fábrica es de mampostería regularizada con cuñas y unión mediante barro. - La cronología de esta última reforma no es precisa, pero en cualquier caso no es anterior a la época bajoimperial. Sin embargo su importancia es capital ya que evidencia la existencia de una portada a la ciudad de entidad por este sector, contrapuesto, al menos eso parece en principio, al acceso ancestral, situado junto al bastión-templo del lado occidental. - Es probable la existencia de un paso en este lugar desde la primera fase romana. De hecho, la existencia de una torre de sillares, mientras que el resto de lienzos discurre en cremallera siguiendo la topografía natural, parece dignificar un arco de ingreso. En la segunda fase (la de la ampliación de la cerca oriental) existiría sin duda una puerta, de ello da fe la potencia del bastión cuadrangular que forra al anterior y la reciente aparición en los primeros días de la limpieza arqueológica de una calzada de roca caliza que parece proceder del exterior. Reformas islámicas Se hacen patentes en todo el perímetro urbano y parecen (Torremocha 1997) adecuarse especialmente al sector oriental de la cerca. Si las noticias son ciertas la mayor parte de la obra sería realizada durante la época almohade y meriní (siglos XII al XV), período de actividad militar que justificaría dicha reparación. De momento advertimos algunas evidencias que aportan cierta solidez a dicha afirmación: - La existencia de aljibes interiores con arcos de medio punto y bóvedas ligeramente apuntadas con resalte de imposta, y en uno de los casos, con las enjutas caladas de manera similar a la del acueducto de los Caños de Carmona en Sevilla, parecen encuadrarse dentro de dicho período (Sassoon 2003:213). - Los aparejos utilizados en la construcción de la Puerta de la Buhedera y en otros sectores de la muralla responden al uso de una mampostería bien escuadrada y regularizada con algunas variantes (pseudoisodoma, mixta, regularizada) habitual en castillos y fortalezas de la zona (Castellar de la Frontera, Ronda, Medina Sidonia, Tarifa…) - Respecto a la ubicación de las reformas parece clara una triple solución según el sector: así, en el lado occidental, las reformas son simplemente de coronación, parcheado o implementación del muro romano; en el lado oriental existe un forro desde la primera torre, junto a la puerta, de la segunda muralla romana, mientras que en el resto de la ladera suroriental hay un retranqueo de algo más de un metro respecto a la muralla segunda, que queda convertida, más que en barbacana, en base de camino exterior de ronda. - En el área del castillo, la torre del homenaje responde a un esquema mudéjar monofásico en el que no parecen advertirse fases preexistentes alzadas. Las bóvedas ochavadas esquifadas y los vanos apuntados y abocardados, con imposta resaltada (como la de los aljibes), junto al tipo circular, propio de las atalayas, nos apuntan hacia la segunda mitad del siglo XV para su erección. No es descartable que dicha torre se yuxtaponga sobre algún bastión islámico o romano, pero lo cierto es que la excavación practicada en su base (SE I) parece apuntar en dirección opuesta ya que tanto la

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cimentación, como sus materiales y la yuxtaposición a estructuras islámicas, nos permiten datarla provisionalmente a inicios del XVI. - El foso se excava en un momento indeterminado de la baja Edad Media respondiendo a necesidades militares compatibles con la última etapa urbana de Shemina. Se trata de un foso seco excavado en forma de V en la roca, con refosete y una grieta-sumidero. Tras el abandono de la ciudad a inicios del XVI el foso fue abandonado, lo que provocó su colmatación. Reformas Contemporáneas Respecto a la fase de la Guerra de la Independencia, sus fábricas son tan elocuentes (mampostería enripiada con ladrillos en pseudocloisonné) que permiten atribuir todo el castillo actual a dicha reforma militar. En los fundamentos de dichos muros se advierten tipos murarios islámicos y romanos que evidencian una reutilización de estructuras militares de dominio previas, pero hoy por hoy, los alzados y la merlatura artillera indican una obra de calibre que supuso la eliminación de la alcazaba antigua. Destaca en cualquier caso el programa de reparaciones del foso de la alcazaba consistente, tras el establecimiento de una cota más antigua que la del predecesor, en la simplificación del puente coincidente con el retranqueo parcial del muro del castillo, que queda ahora muy disminuido.
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ESTUDIANTES EN BAELO CLAUDIA.
UNA EXPERIENCIA DE PROTECCIÓN DEL PATRIMONIO EN LA ESCUELA
Josefa Contreras Moreno / Licenciada en Geografía Ángel J. Sáez Rodríguez / Doctor en Historia
Esta comunicación no va a presentar nuevos datos objetivos sobre la ciudad hispano romana de Baelo Claudia. Tampoco interpretaciones novedosas acerca de los materiales allí recuperados. Se trata de una experiencia pedagógica que venimos desarrollando con alumnos de 2º curso de Bachillerato de Ciencias Sociales, desde hace tres años, como aplicación práctica de algunos contenidos de la asignatura optativa Patrimonio histórico y monumental de Andalucía. La propuesta de trabajo se vincula con uno de los objetivos de estas jornadas al convertirse en un instrumento de concienciación de jóvenes preuniversitarios que asumen un papel de directa implicación en la gestión de conservación del patrimonio arqueológico. Como se explica en las líneas siguientes, los jóvenes llevan al terreno de la práctica unos planteamientos conservacionistas que, de mantenerse en niveles meramente teóricos, pueden resultar menos eficaces como acción formativa.

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2. EXPLICACIÓN DEL PROYECTO El proyecto se concibe como la planificación, ejecución y redacción de la memoria final de una excavación arqueológica ficticia en la citada ciudad romana por parte de nuestro alumnado. Crear una forma distinta de estudiar y conocer el patrimonio era el fin que perseguíamos. En todo momento pretendimos que el alumno valorara la importancia del patrimonio histórico artístico de Andalucía conociendo técnicas específicas de conservación y manifestando actitudes de respeto hacia nuestro legado, contribuyendo así a la preservación para generaciones futuras. 2.1. La fase previa: programación Parte de un planteamiento hipotético en el que los estudiantes encarnan a un equipo de arqueólogos al que se le ha encomendado la excavación de un lugar denominado Baelo, un campo de ruinas en el que nunca se ha trabajado de manera científica y sistemática, aunque ha sido pasto de saqueadores y canteros a lo largo de los siglos. Los arqueólogos gestionan los permisos para la intervención, que les son expedidos por las autoridades competentes. En él se especifica el lugar o la zona en la que se puede excavar, la duración de los trabajos, el destino que deben seguir los materiales encontrados, las normas de publicación de los resultados, etc. Desde ese momento se procede a realizar todos los trabajos previos a la excavación. El análisis de fotografías aéreas del yacimiento permite una aproximación exhaustiva al objeto de trabajo, con la determinación de su situación y emplazamiento, además de permitir valorar el volumen y disposición de los restos arquitectónicos. Los datos registrados se cruzan con los que ofrecen mapas topográficos y planos del lugar, siendo interesante disponer de planos de diferentes épocas que permitan apreciar la evolución de los restos emergentes, de la vegetación, de las construcciones modernas parásitas, de los cursos de agua o redes de drenaje. Por su parte, el mapa geológico permitió comprender la forma interna y externa del territorio. Los diferentes materiales que componen el suelo, los cambios y alteraciones que éstos han experimentado desde su origen a su colocación actual. En esta primera fase es fundamental la implicación activa de los estudiantes en la investigación de los primeros datos barajados. El trabajo bibliográfico tradicional o mediante internet permite que sean ellos mismos los que aporten la información que permita proseguir con el proceso. Es el momento de aplicar la teoría sobre la urbanística romana, los contenidos propios para la realización de una excavación arqueológica con todas y cada una de sus fases asimimo, la puesta en práctica de todos los conocimientos adquiridos con esta primera fase. 2.2. La fase de desarrollo: excavación Finalizada la fase previa, se procede a la de excavación propiamente dicha. Se trata de la tarea de campo que se desarrolla en el propio yacimiento, previa autorización de sus gestores. El proyecto intentó fundir imaginación, conocimientos previos y deseos de aprender sobre el terreno. Teniendo en cuenta los conceptos impartidos previamente y el material aportado comienza la difícil y desafiante tarea de investigación arqueológica que iba a ser utilizada como recurso para un aprendizaje significativo que buscaba actitudes de respeto hacia un legado patrimonial de sociedades pretéritas. Esta labor comporta el establecimiento del sistema de ejes o cuadrículas del yacimiento. En dicho sistema se van a especificar espacialmente todos los hallazgos de la excavación.

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Cada alumno elabora también sus propias “fichas de excavación”, así como el pertinente “diario de excavación”. En ellos se recogen los datos aportados por la prospección, habiendo sido denominada cada cata de forma individual. Para ejemplificar la relevancia de la documentación gráfica de cada fase de la excavación deben fotografiar y dibujar algunos aspectos relevantes de la cuadrícula en la que cada uno trabaja. Se insiste también en que se reflejen los cortes estratigráficos donde resulte posible, dibujándose, por tanto, plantas y alzados. 2.3. La fase final: memoria Por último, se aborda la Memoria de Excavación, con los mismos elementos con que se trabajan las de excavaciones arqueológicas reales: Antecedentes: una breve introducción histórica de la zona. Descripción de la localización del yacimiento. Metodología arqueológica aplicada. Desarrollo y descripción de los trabajos. Cierre de la excavación. Dibujo de materiales. Fotografías de las piezas y del yacimiento. Planimetrías y estratigrafías. Conclusiones. Equipo de trabajo.

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3. VALORACIÓN DE LA EXPERIENCIA Los resultados obtenidos hasta el momento son muy positivos. El proyecto está permitiendo el logro de algunos objetivos, como son: - La aplicación de una parte del programa de la asignatura de forma práctica y amena. - La difusión del atractivo de Baelo Claudia como centro monumental de gran relieve. - La comprensión de la actividad arqueológica “desde dentro”. - El fomento en nuestro alumnado de una conciencia conservacionista del patrimonio monumental. - La formación de auténticos “agentes de difusión cultural”, que transmiten su innovadora experiencia a las personas de su entorno. - Desarrollar actitudes favorables para el análisis riguroso y crítico de los bienes patrimoniales, utilizando métodos de investigación y técnicas de carácter científico. Además, nos permite evaluar un trabajo de campo sobre un bien patrimonial cercano, aplicando conceptualizaciones, métodos de investigación y técnicas de carácter científico. Dicha práctica nos permitirá seguir trabajando en otros aspectos a lo largo del curso y evaluar el alcance del proyecto en temas que van desde el análisis y valoración de la legislación específica sobre patrimonio histórico artístico hasta la política seguida en nuestra Comunidad en relación con la administración, tutela, fomento, conocimiento y protección de estos bienes.

4. MATERIALES DIDÁCTICOS El material elaborado para dicha actividad se divide en tres partes y se realiza también en tres fases distintas: Para la fase 1: Documentación del yacimiento. Para ello contamos con la creación en el aula de los grupos de trabajo integrados por alumnos que realizan una primera aproximación al estudio arqueológico de una ciudad romana, siguiendo las pautas necesarias para llevar a cabo el proyecto. La localización del yacimiento y el estudio detenido del área será el punto de partida para conocer el yacimiento. El cuaderno de trabajo para esta primera fase plantea actividades en torno a la localización general, las coordenadas geográficas del lugar de estudio y otros datos de interés como las vías de acceso a dicho yacimiento. Son muchos los recursos utilizados para la consecución de los objetivos. Así, la fotografía aérea permitirá revelar datos importantísimos sobre la ciudad, las tierras, los caminos, los monumentos. La observación y la asociación de afirmaciones sobre dicha fotografía nos permitirá conocer aún más el lugar de estudio. Observando más detenidamente la fotografía se podrá estudiar la disposición de la ciudad. Podremos, por tanto, comprender la estructura de una ciudad romana y la disposición clara de los distintos monumentos. A partir de ahí investigaremos y crearemos hipótesis sobre la posible ubicación del asentamiento y la extensión que pudo ocupar. Buscaremos explicaciones que nos lleven a justificar la localización del mismo a lo largo de la costa utilizando, como ya hemos dicho, la fotografía aérea y el mapa topográfico.

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Comparar los planos y fotografías aéreas de la ciudad romana nos permitió deducir la morfología de las calles y la función de cada uno de los elementos arquitectónicos que observamos en ella. Disponer de planos de distintas épocas sirvió para apreciar la evolución de los restos emergentes y la aparición de construcciones parasitarias modernas. Para nosotros fue fundamental la utilización del mapa topográfico. Recordamos a nuestros alumnos que el mapa es la representación de un área geográfica, que suele ser generalmente de una porción de la Tierra, dibujada o impresa en una superficie plana. En la mayor parte de los casos, un mapa es una representación del terreno en forma de diagrama por lo que suele contener una serie de símbolos aceptados en el ámbito mundial que representan los diferentes elementos naturales, artificiales o culturales del área que se quiere representar. Gracias a él nuestros alumnos pudieron analizar los elementos naturales del área analizada y también ciertos elementos artificiales, humanos o culturales como, por ejemplo, las carreteras, los pueblos y ciudades, las fronteras y límites de países, provincias y municipios, las líneas de ferrocarril, tendidos eléctricos, los ríos, etc. De esta forma pretendimos identificar alturas máximas en la zona de estudio, cauces de ríos y arroyos, que nos permitiera situarnos en el espacio. En el aula y sobre un plano se trabajó para hacer más fácil la comprensión de cada uno de los elementos del espacio geográfico que nos íbamos a encontrar durante la visita. Otra actividad interesante fue la realización de un perfil topográfico de la zona, intentando comprobar un desnivel interesante de la zona de estudio que después observaríamos in situ, además del cálculo de distancias mediante la utilización de la escala. Sobre el mapa geológico se señalaron, según la leyenda, unidades, materiales y eras geológicas de la zona de estudio. La comprensión del entorno de estudio mediante la utilización de diversos recursos se consiguió observando el mapa topográfico y el geológico y relacionando cada elemento morfoestructural con los materiales que se expresaban en los mapas geológicos.

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Otra actividad interesante fue la creación de un mapa temático sobre un plano de Baelo Claudia. Los mapas temáticos, como su propio nombre indica, reflejan algún tipo de dato del tema que se está estudiando. Para que un mapa pueda contener gran cantidad de información de fácil lectura debe emplearse un sistema de símbolos. Con este fin, se creó una leyenda que mostraría los datos más característicos de dicha ciudad. La fase 2: Excavación arqueológica. Fue la fase más compleja de todas. El alumnado tuvo que imaginar que Baelo no estaban excavada, y que ellos iban a ser los verdaderos responsables de dicha excavación. Esta tarea se desarrolla en el propio yacimiento, por lo que fue necesario crear una delimitación clara del terreno de estudio. Cada grupo tenía asignado una zona del yacimiento. Comenzaron por analizar el terreno y crear una hipotética división en cuadrículas que irían plasmando en el papel milimetrado del cuaderno de trabajo. El siguiente paso consistió en establecer el sistema de ejes o cuadrículas del yacimiento. Con dicho sistema se fueron especificando espacialmente todos los hallazgos de la excavación. La técnica no es otra que la del dibujo lineal y por ello en el plano se representa la planta mientras que en la siguiente actividad se realizó un alzado que nos pareció interesante. Cada cuadrícula se corresponde con una sigla, el objeto será designado por sus coordenadas o distancias a los lados del cuadrado de la cuadrícula donde se encuentre. Cada grupo tomó una zona de estudio, trazó mentalmente la cuadrícula sobre el suelo y la llevó a la plantilla. En dicha actividad será necesario plantear la escala que creamos conveniente. Podrá valernos 1:200 o podemos probar con otras escalas. Cada grupo elegirá un edificio concreto que designamos de distinta forma: Tp Templo, F Foro, B Basílica, Tt Teatro, M Macellum, B Termas, S Industrias de Salazón, etc. Recordamos a nuestros alumnos que para tomar toda la información y posición de los objetos encontrados utilizarán las siguientes siglas: Área de excavación Tp (Templos), Cuadrícula C-4 Cuadrante B, x=0,45, y=0,75 y z=-1,18 En teoría todos los hallazgos, grandes y pequeños, significativos o sin importancia, deben ser inventariados. Esto hoy no nos va a ser fácil, especialmente cuando la excavación no es real y no tenemos los datos verdaderos de los materiales encontrados. En dicho inventario aparecerá una lista de los objetos encontrados ordenados, con una descripción de los mismos. Es necesario documentar la forma, textura, volumen, etc., incluso realizar un dibujo y una fotografía. Después de la prospección o excavación ficticia comienza el análisis de toda la información recogida, tarea clave de la Arqueología. Cada miembro del grupo rellenará una ficha, para ello necesitará el documento de interpretación arqueológica. Dicho documento no es más que una relación detallada de posibles restos romanos encontrados en una ciudad-tipo. Ellos, después de haber analizado cada uno en clase, podrán tomar como referencia dicho documento para hacer mención de distintos útiles encontrados en su zona de estudio. En él aparecen imágenes y características importantes sobre elementos como la cerámica, la estratigrafía, las lucernas, los mosaicos, el opus signinum, la pintura mural, los útiles de bronce, las canalizaciones, los juguetes, las monedas, los muros, la orfebrería, los recipientes de almacenaje, los suelos de cerámica, las vasijas de lujo, etc. El Diario de Excavación recogerá de cada grupo toda la información del proceso de excavación. De ahí la importancia del director del yacimiento. En dicho diario debe aparecer una descripción de todo el proceso de excavación, con la descripción de los trabajos realizados, los materiales y piezas encontradas, el tipo de fotografía realizada, pequeños croquis, niveles de sedimentación, etc.

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El director del yacimiento cuando escribe y redacta, debe tener en cuenta, en este caso, imaginar que ha ido quitando cada una de las capas de la tierra que se fotografían, de los cambios de color de la tierra, de los tipos de suelo que van apareciendo, de los materiales que aparecen dispersos, de la colocación de una pieza con respeto a otra, de la dimensión de los objetos y de la situación de los mismo. Realiza también dibujos de planta de la cuadrícula o cata y otros de un posible alzado con imaginarios cortes estratigráficos. Después de quitar cada una de las capas de tierra se fotografía, se dibuja todo con mucho cuidado y se toman notas de lo que va apareciendo: no sólo de las piezas, también de los cambios de color en la tierra, de los tipos de suelos, de las piedras que nos aparecen dispersas. Es un trabajo muy minucioso y cada uno se tiene que responsabilizar de lo que sale en su cata y controlar todos los hallazgos. Al final del Diario, el director planteará también la existencia de piezas que estén parcialmente incompletas y que necesiten de una restauración inmediata así como la tarea de reconstrucción de las mismas. Otra actividad muy significativa de esta fase es la realización de fotografías arqueológicas. Comentamos a nuestros alumnos que es imprescindible en una excavación arqueológica ir fotografiando la excavación y sus hallazgos a lo largo de su desarrollo. Lo que exige la excavación son las fotografías adecuadas para documentar lo que el director arqueólogo ve y necesitará siempre como referencia insustituible para sus hallazgos. La idea, por tanto, de la fotografía es que documente los hallazgos tal y como aparecen in situ, los colores de las tierras, las manchas, la colocación de unas piezas con respecto a otras, las dimensiones de los objetos y la orientación de los mismos. Para todo ello, no se debe olvidar nunca colocar junto a lo que se fotografía una escala y una pizarra con el número de la cata fotografiada y la orientación de la misma, siempre con respecto al norte. Las fotografías que se vayan haciendo deberán anotarse en el diario de excavación o las fichas con un número y una referencia topográfica.

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Se llevan a cabo dos tipos de dibujos: por un lado los de la planta de la cuadrícula o cata y por otro, el alzado de los cortes estratigráficos, en este caso las paredes de la cuadricula o cata. La fase 3: Memoria de excavación. Se realizará en clase una vez terminado el trabajo de campo, siendo por tanto, la parte más laboriosa. Se debe realizar por cada uno de los grupos una descripción detallada de todo lo que se ha hecho para que, en el caso de que alguien quiera saber qué ha aparecido en ese lugar, pueda consultarla y enterarse. Consiste en poner por escrito, ordenada y claramente, todo lo que hemos hecho a lo largo de la excavación. Esta actividad fue realizada por cada uno de los grupos de alumnos. Cada una de las partes fueron estructuradas y guiadas para realizar la memoria final. Se llevó a cabo una breve introducción histórica de la zona, pobladores, asentamientos cercados, civilizaciones, etc., que nos ayudaron a encuadrar en el tiempo el yacimiento. Con los datos obtenidos pudimos describir el lugar donde se localiza el yacimiento. Analizar las características del relieve, el clima, los ríos de la zona, es decir, hacer una breve descripción geográfica del entorno. La memoria de excavación tenía que explicar la metodología utilizada y aplicada en nuestro yacimiento. De esta forma los alumnos excavaron hipotéticamente en áreas, utilizando todo el yacimiento al mismo tiempo, creando cuadrículas o catas con grupos dedicados a cada una de ellas. El Diario de la excavación nos servirá para poder desarrollar una descripción de cada uno de los trabajos desempeñados, la aparición de materiales, los restos arqueológicos, la evolución del proceso y las estructuras encontradas, expresándolo con detalle, imaginando que son verdaderos profesionales en la lectura de las páginas de la historia enterrada. Importantísimo fue también que el alumno imaginara como iba a realizarse el cierre de la excavación. Ellos mismo crearon el futuro del yacimiento. Algunos mantuvieron el trabajo, otros acabaron el proyecto, esperando o buscando posibles subvenciones para proseguir con los trabajos. Otros plantearon la puesta en valor de la zona y la creación de un centro de visitantes. Fue interesante terminar con distintas posibilidades. Ya comentamos la importancia de describir todos y cada uno de los materiales encontrados en el yacimiento. Dicha descripción se completa con la imagen tanto fotográfica como con un dibujo a escala de las piezas más importantes. La fotografía permitirá tener una visión más completa de todo lo hallado. El trabajo final se ilustra con dichas imágenes. A todo ello se le une las planimetrías y estratigrafías realizadas, son los dibujos que los grupos de alumnos realizaron a pie de cada cata. Una vez pasados a limpio se recogen en la memoria final. Por último las conclusiones serán de especial interés porque se demostrará el conocimiento de la materia a través del análisis e interpretación de los restos arqueológicos. Llegando a la conclusión de que e encuentran ante un importante hallazgo como es la ciudad romana de Baelo Claudia. Para terminar, todo el grupo que intervino se presentará como el equipo de trabajo creado por especialistas que aportan sus conocimientos al resultado final que es la interpretación y la ampliación del conocimiento histórico.
5. BIBLIOGRAFÍA. ARÉVALO, A., D. Bernal y L. Lorenzo (2001) “Prospecciones arqueológicas en el “territorium” de Baleo Claudia. Nuevos elementos interpretativos”, Almoraima, Vol. 25, Algeciras. BALIÑA, R. (1987), Catálogo de yacimientos arqueológicos de la Provincia de Cádiz. Delegación Provincial de Cultura de Cádiz. CANO NAVAS M. L. y otros (1990), Baelo Claudia. Cuaderno del Profesor. Junta de Andalucía. Consejería de Educación y Ciencia. Gabinete Pedagógico de Bellas Artes. FERNÁNDEZ PALACIOS CARMONA. A. y otros (1988), Guías Naturalistas de la Provincia de Cádiz. El litoral. Libros de la Diputación de Cádiz. MORALES A. J. (1996), Patrimonio histórico-artístico. Conservación de Bienes Culturales. Historia 16. Madrid.

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LA PORTADA DE SAN MATEO EN TARIFA
Andrés Bolufer Vicioso / Instituto de Estudios Campogibraltareños
El templo, como edificio funcional, sufre a lo largo de su vida tantas transformaciones como comitentes han intervenido en su desarrollo; otro tanto podríamos decir sobre las modificaciones litúrgicas que acompañan el paso de su tiempo. En él, y en nuestro caso en San Mateo de Tarifa, se integran distintos elementos que perduran de su fábrica primitiva; otros que se le han sumado a lo largo del tiempo, y otros que, en el mejor de los casos, se han disgregado y esparcido entre sus muros. Su contexto es amplio en el tiempo (siglos XIV al XX) y en el empleo de distintas estéticas (desde el Gótico final hasta el ¿Realismo Mágico? de Pérez Villalta). Ambas conjunciones han alterado sustancialmente su fábrica inicial, de tal manera que el edificio actual ha quedado configurado como un engranaje de piezas, como un mosaico en el que se han ido engarzando distintos fragmentos de diferentes períodos, acoplados unos a otros como una suma de devenires en la gran obra de arte que es en sí misma San Mateo, donde tienen cabida a modo de páginas de su intrahistoria cada una de las obras individuales que la integran. En él, se puede afirmar con Adorno que “La obra de arte es por sí misma, y no por su situación en la historia real, como quiere el historicismo, no un ser que esté elevado sobre el devenir, sino un ente que es devenir. Lo que en ella se manifiesta es su tiempo interno y la explosión de su manifestación rompe la continuidad de ese tiempo”.1 En este sentido, una de las piezas que lo han enriqueciendo se encuentra en su fachada oeste, la principal. La portada o portal, como se le llama también en la documentación, rompe estéticamente con su interior. Los añadidos de distintas épocas y gustos son normales en los edificios emblemáticos como las iglesias, que crecen y se modifican como un complejo orgánico, en función de sus mecenas. El que no crezcan no es signo de prestigio, sino todo lo contrario. Éste se lo da la presencia de nuevos conglomerados, en los que no es frecuente la conservación del estilo. Lo normal es que desaparezca su carácter primitivo, configurándose como auténticos repertorios de distintas épocas, en un museo en su más amplio sentido. Su cronología constructiva se hace por tanto tan amplia como la del interés que estos edificios han demostrado para sus comitentes, y esto sucede precisamente con este portal.

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W. T. Adorno, Teoría estética, Orbis, col. Historia del Pensamiento, 10, Barcelona, 1983, p. 112.

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El cómo hemos podido averiguar su autoría y sus fechas claves ha sido un hecho fortuito. Sucedió ojeando un legajo sobre la Fábrica de la Iglesia de San Mateo en el Archivo Diocesano de Cádiz (ADC). Su contenido básico hacía referencia a unas discrepancias económicas entre las fábricas de San Mateo y San Francisco,2 a lo que se llama atinadamente en el mismo trastornos. El documento se intitula Autos de las Fábricas de Sn. Franco y San Matheo,3 y está formado por dos expedientes fechados entre 1792 y 1793 por el escribano Pedro de Ronda.4 En principio nada haría sospechar más allá de su título, pero en San Mateo, al insistir una y otra vez ante las autoridades eclesiásticas que no se ha gastado nada que no fuera suyo en su portada, convierte su alegato en una pieza clave para conocer la marcha de este emblema de la iglesia mayor tarifeña: “no es la Ygla que representamos deudora a la d Sn Franco de los 22.765 rs y 30 mrs liquido resultante de la Casa vendida en Alxesiras, por que ni esta referida Cantidad es el principal de la dotación de Concepción, ni la de Sn Matheo, lo gastó en su Portada”.5 Se desgranan así las líneas de argumentación de su defensa, en las que entraremos de modo genérico en próximas líneas. Junto a este documento hay que situar otras dos fuentes más tardías que nos ayudan a conocer, no sólo el tránsito de la iglesia entre 1886 y 1919, es decir el antes y después a la gran reforma llevada a cabo en su interior en el cambio del siglo XIX al XX, sino que además nos completan la información sobre la fachada. La primera de ellas es una breve Memoria de la Iglesia Mayor de Tarifa del Sr. Sn. Mateo, sacada de apuntes particulares, del archivo y juicio crítico de quien lo ha redactado,6 el cura Juan López en 1886. Esta formada por nueve hojas sin foliar con situación de altares en la iglesia, y en su día la acompañó un plano de la misma, pero éste desgraciadamente le falta. El último manuscrito, firmado por el cura Francisco de Paula Santos Moreno lleva por título Parroquia de S. Mateo de la ciudad de Tarifa,7 pero en la página número tres aclara que se trata de una “Relación clara, sucinta y exacta de la parroquia de S. Mateo; Matriz de la ciudad de Tarifa, y de las iglesias que están bajo la jurisdicción, custodia o administración del infrascripto Cura regente de la misma, según el orden y puntos contenidos en los elencos número I y II, publicados en el Boletín ecco., correspondiente al 16 de Enero de 1919.” Así pues introduzcámosnos en los documentos, para que nos remitan a la intrahistoria de las vicisitudes de las dos parroquias tarifeñas, y en concreto hacia algo tan simbólico como la fachada del templo mayor de San Mateo, que esperaba turno desde el siglo XVI. Afortunadamente los fondos necesarios para su culminación llegaron, sí, pero dos siglos después y no sin polémica. El año 1790 puede considerarse la fecha de inicio del pleito. Hasta esa fecha:
Las rentas, en alimentos y obenciones de las Parroquias de Sn. Matheo y Sn. Franco, y los reditos del Capital, estaban todos materialmente unidos sin poderse objeccionar a este aserto, cosa encontrario, hasta que en la Visita hecha en el año de noventa, en la vacante del Ilmo. Sor. Ezcalzo, se separaron, con la qual cesó el llevarse baxo una cuenta el cargo, y data de las Fabricas,…;8

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La esencia del trastorno se refleja en los diez primeros folios, del 11 al 23 es la copia del documento original, siendo el resto las idas y venidas de los procuradores (Juan José de Santa María por San Mateo y Rafael José de Brenes y Hoces por San Francisco) de las fábricas litigantes y el informe del notario Pedro de Ronda. Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, 1 y 2, Tarifa, 1792-1793, Cádiz, ADC, Sección Varios, sig. 34. Activo en Tarifa entre 1774 y 1799, ver Angelina Melle Navalpotro, Distrito notarial de Algeciras. Inventario de los fondos notariales, Col. Bienal de Algeciras nº 5, FMC “José Luis Cano”, Algeciras, 1995, pp. 122. Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, 1, p. 2. J. López, Memoria de la Iglesia Mayor de Tarifa del Sr. Sn. Mateo, sacada de apuntes particulares, del archivo y juicio crítico de quien lo ha redactado, Tarifa, 1886, (ADC), Varios, sig. 459. Francisco de Paula Santos Moreno, Parroquia de S. Mateo de la ciudad de Tarifa. Tarifa, 1919. ADC. Varios, sig. 459. Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, 1, p. 62-62v.

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y por consiguiente sus fondos: “que desde dicho origen (1292) se encuentre más que una Caja, y un fondo de las rentas decimales, comun a todas quatro Iglesias (Santa María, Santiago, San Mateo y San Francisco), sin rastro el mas leve que indique haver estado algún tiempo dividido este fondo.”9 La razón era muy sencilla: “los S. Y. Mandaron i permitian la union de las rentas en un fondo a beneficio comun de las Yglesias, siendo todo de todas, y todo de la que lo necesitava”.10 Esto resultó particularmente beneficioso cuando se presentó un año tan calamitoso como el de 1787; “se halló la fabrica de las referidas Yglesias de grave necesidad con la esterilidad de los años, y fueles indispensable valerse de dho fondo para subvenir a los gastos necesarios del sacrificio, Compra de trigo para los ministros, Composición de la Cappilla de Angustias de Sn Franco, reparación de las bóvedas de Sn Matheo, pagado el Subcidio, y otros fines.”11 Y por la misma razón, se acometían las obras en las parroquias con el fondo común, del que evidentemente en esta ocasión se benefició San Mateo, siempre eso sí, con el consentimiento de los visitadores: “quienes en uso de sus facultades han aplicado y librado de dicho fondo indiviso las Cantidades, que les ha parecido conforme a la necesidad, ó esplendor de alguna de dichas Iglesias. Assi aconteció con la obra de la Portada de la Iglesia de Sn. Matheo”.12 Pero con la partición surgieron las desavenencias. Hasta ese preciso momento el reparto había sido de un tercio para San Francisco y de dos tercios para San Mateo. El inicio del debate tiene su origen, como hemos visto en la última visita general de 1790 durante la sede vacante del obispo Escalzo, en la que el Penitenciario y Visitador, D. Cayetano Mª de Huarte, registró una deuda de 22.765 reales y 30 maravedíes13 de San Mateo a favor de la de San Francisco. Lo que no reconocen los mateistas, por lo que iniciaron en enero de 1792 un proceso ante el Provisor Interino de la diócesis D. Josef Muñoz y Raso con el fin de aclararlo, aunque tras medio año largo desde su inicio, el escribano Pedro de Ronda, en su informe de agosto, insiste en que “se mantiene el Proceso en el mismo estado de confusión”.14 Las fechas extremas para la información del reñido pleito, tienen su inicio el 9 de enero de 1792 y su término el 18 de noviembre de 1793, siendo un rastro de algo que hubo de tener un inicio anterior y un fin del que desconocemos su desenlace. Lo único cierto es que con el dinero gastado, con independencia de su legítimo poseedor, se llevó a cabo un digno colofón para un no menor templo. El origen de la disputa venía de lejos. En 1693 Antonio Lobatón y Morales dejó 11.000 reales de vellón en una cláusula testamentaria para que, con sus réditos, se llevara a cabo una fiesta anual el día de la Concepción (devoción mariana franciscana por excelencia) en la parroquia de San Francisco, lo que se inició a raíz de su muerte tres años después. Pero no se impusieron hasta 1742 sobre una casa de la calle Imperial, en Algeciras, propiedad de Antonio Machado; en este intervalo la fiesta fue costeada por el fondo común. A la muerte de éste la casa se vendió judicialmente a favor de Manuel Cid en 1768, abonándose el pago a la fábrica común de las iglesias de Tarifa, no a la de San Francisco. Se definen así las dos claves del “trastorno”: la fiesta con su dotación y la venta de una casa comprada en la calle Imperial de Algeciras con este fondo;15 y aquí estriba el quid de todo el entramado del pleito: el caudal no pertenecía a la parroquia de San Francisco que, con independencia del fondo asignado a ella, no existía de manera independiente y por tanto no podía cumplir por sí la institución de la fiesta, sino que revertía en el capital común de la fábrica de las iglesias tarifeñas, formado en aquel momento por cuatro iglesias. Algo que no acepta el clero de San Francisco porque, si bien no existió en el momento de su imposición “su fábrica” y por tanto la división del fondo, sí estaban delimitadas las parroquias y sus contribuyentes, y por tanto este capital era privativo suyo en todos sus conceptos, según sus alegatos.
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Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, 1, p. 4v. Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, p. 7. Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, p. 8. Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, p. 5. Esta cantidad resulta de restar a los 30.000 reales en que fue vendida en 1772, 7.234 reales y 4 maravedíes en 1774 perdidos por la Fábrica ante la Chancillería de Granada, de ellos 3.372 reales y 4 maravedíes fueron gastados en su defensa y 3.863 reales corresponden a lo requerido a la Fábrica por esta Audiencia. Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, 1, p. 3v.

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Para complicar aún más las cosas, en 1769 el comprador de la casa la cedió y traspasó no a la dotación de la fiesta ni a la parroquia franciscana, sino a la fábrica indivisible tarifeña en 30.000 reales, por lo que esta cantidad figuraba en el momento de la partición como perteneciente al fondo común. Pero las operaciones continúan. Blas Montañana, mayordomo por entonces, la vendió en 1772 por la misma cantidad a Juan Manuel de Echevarría; pero el importe de la transacción no lo ingresó en la caja hasta la visita pastoral de 1776, salvo una partida de 7.234 reales y 4 maravedíes que tuvo que pagar la fábrica a la Chancillería de Granada. En total sólo se depositaron 22.765 reales y 30 maravedíes en la caja común. Aquí viene a colación la diferencia entre qué se considera por principal y líquido en dicha venta. Lo que para el visitador José Martínez y Guzmán es principal, es líquido para los mateistas, porque para éstos el principal son los 11.000 reales de la dotación de la fiesta, no los 22.765 reales y 30 maravedíes de la venta de la casa, un error que creen tiene su origen en las inversiones del mayordomo antes citado “que por una mera deliverasion de utilidad a favor del fondo que administrava, y sin las solemnidades y Licencias necesarias, (pues no constan) compró dicha Casa libre de toda responsavilidad, y la vendió de orden superior sin censo alguno”.16 Y esto se trasmitió sin más reflexión hasta la visita de Cayetano Mª de Huarte en 1790, de quien dicen los mateistas, que no pusieron reparos en su momento, y que si éste lo hubiera preguntado se le hubiera aclarado. Todos estos antecedentes los aducen los mateístas como prueba de que su fachada, concluida en 1778,17 se hizo cuando sólo existía una fábrica eclesiástica y que hacerle pagar el capital de la fiesta, una vez deslindadas las fábricas, era injusto, porque, tanto la portada de San Mateo como el coro y órgano de San Francisco, se hicieron con el fondo común e indiviso. No podemos entrar en quién tenía la razón, ni continuarlo, porque sigue y sigue. Resumiendo podríamos decir que la fábrica de San Mateo en sus alegatos ante el vicario-provisor quiere dejar bien claras dos cosas: que la venta de la casa de Algeciras, de la cual habría que restar el importe de la fiesta, no pertenecía a San Francisco, porque en aquel momento sólo existía una fábrica en la ciudad; y que el importe “de su obra del portal” no tiene nada que ver con el fondo de la fiesta concepcionista. Y que en consecuencia pedía se anulase el decreto origen de la disputa. Pero no sólo habría que situar estos elementos en la discordia; también el poder civil local tiene algo que ver en la trama de hechos, silencios y confusiones. El momento decisivo en este caso se inicia en el cabildo de 23 de diciembre de 1773, cuando reunido éste ante notario, bajo la presidencia del gobernador político y militar Isidro de Peralta y Roxas y con la presencia del vicario Juan Serrano Muñoz, se toma el acuerdo de pedirle al obispo su apoyo para remediar el deterioro de las iglesias:
En este Cavildo el Sor. Governador hizo presente a la Ciudad se halla informado del crecido fondo de maravedises que oy tiene el Caudal de fabrica de estas Iglesias, a tiempo que estas se hallan con necesidad de reparos, asi en lo material de la obra, como en lo interior de Altares, ornamentos, que todo cede en poco culto de Dios, y sus templos; lo que haze presente a la Ciudad para que mirando esta materia con la atención que exige, acuerde si le pareze representar al Illmo. Sor. Obispo lo conducente De que entendido el Cavildo dixo: ha muchos años que está mirando este asunto como digno de una Providencia del Sr. Obispo, y que para ello ha practicado algunos influxos con Cavalleros Eclesiásticos; especialmente Parrocos, que ningun efecto han producido, sin comprehender la causa, por lo que juzga muy conveniente, y de su obligación, representar al Ilustrísimo Sor. Obispo, y poner todos los demas medios que sean convenientes, asi en este punto, como en otros respectivos a las mismas Iglesias,…18
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Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, p. 35. Lo que nos habla de la pujanza inmobiliaria de la nueva ciudad, en la que era muy interesante el mercado inmobiliario. Ver Angelina Melle Navalpotro, "Renacer de Algeciras: génesis del barrio de Matagorda", III Jornadas de Historia del Campo de Gibraltar, La Línea 1994. Almoraima nº 13, Algeciras 1995, pp. 227-290. Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, 1, p. 14. De los que se cumplen 226 años en la celebración de estas Primeras Jornadas de Arqueología y Protección del Patrimonio del Campo de Gibraltar. Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, 2, pp. 145v-146.

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Figura 1. Primera mención a “D. Torquato Arquitecto”como autor de la Portada de San Mateo de Tarifa.

Parece increíble, pero parece estar más interesado en la solución el cuerpo civil que el eclesiástico. Al cabildo civil el único interés que le mueve era la mejora de las iglesias y no repara en el origen de los fondos para ello. Sabe que existen los fondos necesarios, y no ve impedimentos para que se pueda acometer la empresa. Así pues, animosa la ciudad, nombra dos diputados para diligenciar estos asuntos, y pronto se vieron sus frutos. En el Cabildo de 2 de febrero de 1774,19 se lee una carta del obispo de 20 de enero, en la que alienta a los tarifeños sobre la reparación cercana de su iglesia principal, aunque en la misma el prelado quiere dejar bien claro que si es cierto que hay superávit, no se pueden obviar los gastos a los que ha de hacerse frente en las dos parroquias de la ciudad, máxime si hubiera una época de carestía, pero que salvada esta precaución no tiene reparos en que la ciudad atienda estas “urgencias” que califica de “justas, bien premeditadas razones, /…[por lo que]…/ uniendo mis anhelos a los de la Ciudad me dedicaré a las adequadas Providencias que acrediten mi Desvelo en el efecto a que Conspira V. I. que es la mejor Decencia del Santuario y honor Del Señor en su Culto”.20 Era el momento oportuno como reconoce el obispo, aunque consciente del deterioro del templo mayor, tampoco éste alude a la estructura de los fondos, sólo a:
…el deplorable estado que la Ciudad observa en esas mis Iglecias mayor Parroquial del Sor. Sn. Matheo qe en la urgencia se singulariza entre las otra por lo desfigurado de su fachada, y Portada que la adorna, y la Torre sin legitima formazon de campanas, notando asimismo V. I. con imponderable dolor en lo interior, el mal estado de retablos, y altares, el poco aseo de las Naves, el corto numero de ornamentos respecto a la concurrencia de sacerdotes, y lo indecente de la musica; cuyos individuos por carecer de voz, y de inteligencia, sirven mas de entibiar la devocion que de exitar el fervor, circunstancias todas tan dignas de mi atencion; y de mi Pastoral desvelo para Providenciar el remedio mas adeguado a que aspira el objeto de la Ciudad mediante los crecidos arbitrios de un fondo de mas de nueve mil pesos con que se halla
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En el original pone 1784, pero evidentemente no puede ser esta fecha sino 1774, ya que la carta del obispo tiene por fecha 20 de enero de 1774. Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, 2, pp. 147 y 149v. Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, 2, p. 149.

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esa fabrica en sus Arcas; Devo decir a V. I. Que si antes De ahora huviera comprendido por algun conducto tanta Desolación como la Ciudad me instruye huviera Desde luego procedido a repararla,…21

La situación descrita no podía ser más lamentable. El edificio estaba lejos de estar concluido; la portada no es que no existiera, es que estaba en muy mal estado y la torre campanario carecía del cuerpo superior que le da nombre. En el interior las naves y los altares no estaban nada adecentados, y algo tan esencial para la celebración de la liturgia como son los ornamentos y la música no necesitan para su remedio más aclaraciones que las expuestas. Es decir; todos tenían claro que se precisaba remediar esta situación y, habiendo fondos, ¿por qué no llevarlo a cabo? Pero como todo el mundo sabe, el dinero es muy goloso y mientras todo está bien no hay problemas, hasta que se presentan, y esto sucedió a partir de 1790 con la división de los fondos, que pasaron de comunes e indivisibles a ser divisibles entre dos fábricas. Las alteraciones se plasmaron, al menos que sepamos, en la disputa de 1792 de San Mateo contra San Francisco, aunque lo más plausible es que se entablara una anterior de los segundos contra los primeros, porque si nó no tendría objeto. Toda esta maraña probablemente no hubiera salido a la luz de no haber mediado la división de la caja, pero en fin, como resume muy atinadamente el procurador de San Francisco: “por su defecto se padecen las presentes resultas, donde ban a abenturarse los derechos de las Parroquias Colitigantes por la obscuridad indispensable de unos sucesos remotos, y de unas Cuentas prolixas, y difíciles para recibir claridad bastante.”22 Valga todo lo expuesto como marco contextual. Aquí nos quedamos en el pleito; San Mateo insiste en demostrar su inocencia en el asunto y quiere demostrar además que incluso se le deben otras cantidades correspondientes a los diezmos de Santa María y Santiago, pero el tema no nos interesa en sí mismo sino por las noticias que se dan sobre el portal de la parroquia mayor, y esto simplemente se aclara tirando del hilo. De él surgen las aclaraciones referentes a este particular, que nos ayuda a presentar a Torcuato Cayón de la Vega como su autor (figura 1), no como mera atribución, como se había hecho hasta ahora;23 y su ejecución a los maestros Carlos de Hermida y Bernardo Cabrera, entre 1774 y 1778. En concreto en el punto 9º de la argumentación de San Mateo se dice:
Esta fue mandada principiar por el Sr Yllmo Valle,24 con el reconoscimiento y direccion de Dn Torquato [Cayón de la Vega], Arquitecto, y Maestro de la nueva Cathedral25 [figura 8]; y a instancia, y por representacion del N. Ayuntamto de dha Ciudad de Tarifa. Ella fue continuada en el tiempo de la vacante de dho Sr Yll segun las ordenes y disposiciones dadas por el Sr Dn Josef Martin y Guzman su Visitador general.26 Y ultimamente su conclusion fue verificada el año de 1778 con orden del Yll Sr Serveras.27, 28
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Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, 2, pp. 147v-148. Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, 2, p. 151. Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, 1, p. 82v. Margarita Toscano cuando hace referencia a la autoría de la portada dice taxativamente: “La fachada principal la concluyó a mediados del siglo XVIII el arquitecto gaditano Torcuato Cayón de la Vega. Esta atribución realizada por Romero de Torres en su Catálogo Monumental de la provincia, puede darse por válida habida cuenta de que el estilo de la fachada coincide bien con el arte de Cayón, un academicista de fines del Barroco que introduce en Cádiz las primeras formas neoclásicas, aunque la autoría del alarife gaditano no tiene otra constancia documental ni aparece reflejada en su más reciente biografía”, a lo que añadimos que dicha autoría se ha mantenido sin otras pruebas que la sustenten ni siquiera en la bibliografía que antecede a este artículo. El subrayado es nuestro. Ver bibliografía y en concreto Margarita Toscano San Gil, Iglesias del Campo de Gibraltar, en A.A. V.V, Monumentos Artísticos, Enciclopedia gráfica gaditana, Vol. I, Caja de Ahorros de Cádiz, Cádiz, 1984, p. 174. Se refiere al episcopado de fray Tomás del Valle (1731-1776). Pablo Antón Solé, La Iglesia gaditana en el siglo XVIII, Universidad de Cádiz, Cádiz, 1994, pp. 163-174. Torcuato Cayón de la Vega (Cádiz, 1725 - San Fernando, 1783), académico de mérito de San Fernando desde 1763, cuenta entre sus producciones religiosas con las catedrales de Guadix y Cádiz, en las que sigue modelos tardobarrocos. En la Iglesia de San José y la Capilla Eucarística de la Santa Cueva ambas en Cádiz, plasma sin embargo el gusto neoclásico. Su intervención como maestro mayor de la catedral de Cádiz, abarca el período que va de 1759 hasta su muerte en 1783. Pablo Antón Solé, La Catedral de Cádiz, en Monumentos Artísticos, Vol. 1, Enciclopedia gráfica gaditana, Caja de Ahorros de Cádiz, Cádiz, 1984, pp. 11-14. Se refiere a la sede vacante entre fray Tomás del Valle y su sucesor fray Juan Bautista Servera, es decir al año que trascurre prácticamente entre el 19 de febrero de 1776 y el 29 de agosto de 1777, fecha en la que tomó posesión de la sede, aunque había sido nombrado el 19 de abril. Pablo Antón Solé, opus cit, pp. 174-177. Fray Juan Bautista Servera fue obispo de Cádiz-Algeciras de 1777 a 1782. Pablo Antón Solé, opus cit, pp. 174-182. Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, 1, p. 5.

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En el punto 10º de la misma se abunda sobre las razones de su necesidad, utilidad y financiación, lo que en paralelo sirve para aclaración general del pleito consabido. Desde el punto de vista mateísta esta obra se llevó a cabo con fondos sobrantes y comunes a la fábrica indivisa de las iglesias tarifeñas, y con el beneplácito episcopal:
Yntroducimos a escudriñar si en dhos Ylls. Prelados, y Visitador recidieron justas facultades de mandar hacer, continuar y concluir dha Obra, o si hera mas conforme intervenir su costo en otros destinos mas precisos a el sacrificio, y culto, que al exterior hornato, y explendor del Edificio, seria un atentado, y grave delito. Mas nunca lo será, defender, y confessar se comensó, continuo, y concluyó con las solemnidades devidas, y necessarias licencias de los superiores, que pudieron mandar se costease dha Portada de un fondo sobrante, indibiso, y comun a todas las Yglesias.29

Ante la cierta abundancia de documentos, detengámonos por un momento en la gestación de este portal; retomemos la representación del Cabildo en 1773 al obispo. El Cabildo nombró dos diputados, Álvaro de Toledo y Sebastián de Arcos, para que, junto con el vicario, el cura mas antiguo y el mayordomo de fábrica examinasen las iglesias con el fin de que dictaminasen y evaluaran “el reparo mas preciso, y urgente”. En un Cabildo posterior, en 1774, el vicario informa de la resolución del obispo para iniciar las obras de la portada; pero para ello necesitaba la conformidad del cabildo tarifeño. Éste, deseoso como estaba, y ante la vista del proyecto da su acuerdo, pero quiere reducir gastos para poder atender otros desembolsos:
…haviendo resuelto el Yllmo Sor Obispo se egecute la Portada de la Parroquia Del Señor San Mateo con arreglo al dibujo formado de su orden, solo se espera para la practica De dha obra, el que este Ayuntamiento manifieste su condescendencia, y por la ciudad visto con el Mapa De qe va hecha mencion, acordó dar gracias a su Yllmo por la anuencia a la solicitud del Ayuntamiento, pero que atento a que puede execusarse en la obra de la Portada algun costo quedando reducida dha obra a lo qe puramente es Portada, y aplicarse este ahorro a la conclusión De la Torre De la misma Iglesia, o a otros hornatos De esta,30

¿Era el proyecto ambicioso?, probablemente sí. Desgraciadamente desconocemos sus características, Lo que parece claro es que de su ahorro se derivarían otros beneficios. Por lo que su reforma, y con ello su simplificación, llegaron con el proyecto que le sustituyó. Pasado el tiempo, y en fase de construcción, se recibe una carta [1776], que en términos conminatorios reduce la posibilidad de mayores gastos en la fachada. La portada ha ido engullendo caudales, y esto aunque excesivo según la misiva, no va a paralizar su culminación, pero no autoriza a gastar ni un maravedí más, siendo todos los gastos que superen lo permitido por cuenta de sus responsables, que según el obispo lo serían el mayordomo de fábrica y el maestro Carlos Hermida, quienes para no correr riesgos, habrán de ajustarse a un segundo plano del maestro catedralicio, del que tampoco tenemos constancia, pero del que sí podemos deducir que era más simple que el primero sobre todo en elementos ornamentales. En este nuevo capítulo aparecen nuevos personajes, los alarifes locales Andrés de Aguilar y Alonso Barranco.
En quanto al cresido costo de la Parroquia Sn. Matheo, qe sube en el dia a la Cantidad de Setenta y ocho mil seiscientos quarentta y un rrs. con ttres mrs. Faltando para su conclusión Cinquentta y dos mil quattrocientos y nobenta reales von, según la Certtificasn. Dada por Carlos de Hermida, que nos ha presentado en quattro del corriente, aunque consideramos el vicible y extraordinario exseso a que ha subido esta obra, absoluttamte menos necesaria qe ottras muchas interiores de ambas Igs Parroquiales que pedian la maior attencion y lo que es mas haverse excedido de los Sesenta y dos mil rrs que permitio el Illmo. Sr. Dn. Fr. Thomas del Valle se gastasen en esta obra según el primer plano de Dn. Torquato Callon, que

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Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, 1, pp. 5v, 17v-18. Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo. 2, p. 151.

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Figura 2. Procesión Virgen de la Luz. Portada de San Mateo con el patrono en la hornacina. Años 30. Col. Sebastián Truijillo.

lo taso de su orden, a cuio exseso eran responsables el mismo dn. Torquatto, y los Maestros Carlos de Hermida, y Bernardo Cabrera, respectibamte por considerar en ellos concurso alos dispendios y costtos destta obra según el prolijo examen que emos echo; para evitar otros inconbenientes y rresultas, permittimos se prosiga y concluya según el ultimo Plano dado por el mismo dn. Torquatto en Veinte y siette de Mayo deste preste año, tasado por el maestro Carlos, en los dhos Cinquenta y dos mill quattrocientos nobenta rr, declarando assi mismo la seguridad de toda la enchapadura y conoscido de nra. orn. por los Maestros Andres de Aguilar y Alonso Barranco, Alarifes desta ciudad en quatro del corrte: y prohibimos se añada un apise sobre el citado Plano De Dn. Torquatto, ni se le aumenten flores ni resaltos, antes si sele cersene todo lo posible según previene dho Dn Torquato en su Certificado De Veinte y Siete De Mayo proximo pasado De la fha, que todos quadraran firmados por Nos, y por el preste Notario y a cargo Del Mayordomo De Fabrica con apercevimto qe seran De su cargo y a su costa y Del mismo Mro. Carlos las variaciones o alteraciones qe se encontraren contra el Citado Plano, y demas Certificados, y para ello permitimos se saquen Del Deposito la Cantidad de dis mil pesos, supliéndose lo Demas de las rentas corrte de la fabrica.31

El 2 de julio de 1776 el visitador de la diócesis durante la sede vacante, José Martín Guzmán, autoriza en San Roque “para que se saque de la Caja de deposito de los Caud[al]es de la fabrica de la Ciudad de Tarifa la cantidad de Treinta mill rr de vn –2000 pesos– p[ar]a la obra de la Portada de la Yglesia maior Parroquial del Sr. Sn Matheo de ella”,32 lo que se llevó a efecto el 10 de julio. Por lo que se deduce hay una reducción de elementos decorativos prescindibles, más en función de gastos que de estética, aunque la obra pasó de los 62.000 reales previstos a 114.490 reales, es decir lo que se llevó a cabo rebasó en 52.490 reales lo presupuestado en sus inicios. En este segundo presupuesto se tuvo en cuenta que se habían ya consumido 22.490 reales de más y por tanto se necesitaban 30.000 reales más, con los que completar esta cantidad. ¿Estarían aquí incluidas las cantidades reclamadas por San Francisco como propias y gastadas en la portada? Esos 30.000 reales curiosamente podrían ser los que se aducen como pertenecientes al capital acumulado por la fiesta concepcionista. No es mucha más la información que se ha producido sobre esta pieza singular. En la Memoria de 1886 simplemente se dice que “se principió el año de 1774 y se concluyó (por el segundo plano que lebantó D. Torcuato Cayon) el de 1778, siendo Vicario D. Luis Bermúdez y Mendoza y Mayordomo de fabrica D. Blas de Montañana. El maestro que la hizo fue Carlos Hermida acompañado de Juan Lorenzo Gallego, que saco las cuatro columnas de una sola pieza y de una sola piedra…”.33 Mucha más escueta es la información de 1919, aunque por otro lado completa lo que sabemos: “Su fachada es hermosa, aunque no corresponde a la belleza artística del interior, y con cruz en el vértice sobre una hornacina donde está una estatua de madera

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Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, 2, pp. 152v-153v. Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, 2, pp. 154v-155. Juan López, Memoria de la Iglesia Mayor de Tarifa del Sr. Sn. Mateo, sacada de apuntes particulares, del archivo y juicio crítico de quien lo ha redactado. 1886. (ADC). Sec. Secretaría. Parroquia. S. Mateo de Tarifa. Sig. 459, p. 4.

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de S. Mateo”.34 Con todo aunque poco, algo se amplía la información: el hacedor de las columnas, que no figura en la jugosa carta episcopal de 1776 y la reseña sobre el titular, que como debiera, presidía la hornacina exterior de su templo (figura 2), aunque con las características atmosféricas de la zona, no fue muy prudente tenerla de madera, si bien duró lo bastante hasta ser sustituida por la actual en los años 70, no del patrono, sino del Corazón de Jesús. También en este último comentario tenemos un eco de los gustos de la época. Al cronista de la iglesia, aún gustándole la fachada, le parece de menor entidad que su interior. Téngase en cuenta que el Barroco no gozó de buena prensa durante el siglo XIX y principios del XX. Vistas las razones de su ser y los trastornos que produjo su propia historia, es hora de entrar en los resultados de lo que a pesar de los dimes y diretes de unos y otros, constituye una de las señas de identidad de Tarifa. Una pieza que supone un eco de lo que se llevaba a cabo en la capital de la diócesis y por su cabeza visible, el arquitecto Torcuato Cayón de la Vega (Cádiz, 1725 - San Fernando, 1783); pero para abordar el Portal de San Mateo debemos percatarnos también del camino recorrido entre las catedrales de Granada, Guadix y Cádiz, para reconocer sus repercusiones en esta singular portada-retablo.

MONTE SACRO

PARAMENTO

PORTADA

Figura 3. Diseño organizativo. Elaboración propia.

Para organizar su estudio vamos a seguir los pasos que nos marcamos a partir de un diseño (figura 3), que nos divide la portada en tres espacios: la portada propiamente dicha en función de la monumental portada-retablo de una sola calle, los sobrios paramentos laterales, y el monte sacro que culmina toda la estructura. La primitiva fachada debió de ser muy rudimentaria,35 siendo sustituida por la actual que tiene en sí una estructura orgánica muy simple, sólo rota por el propio eje de simetría donde se sitúa la monumental portada-retablo; y el ático del monte sacro, del que se separa por una amplia cornisa que divide los dos espacios: fachada y ático. Para acercarnos a la composición estética de la portada hemos de remontarnos a tres grandes obras de la arquitectura española. Si bien se tiene a la catedral granadina como antecedente directo de la gaditana, no podemos echar en falta que los primeros constructores de la gaditana intervinieron activamente en la accitana, y en concreto esta influencia la podemos rastrear en la semejanza que guardan las fachadas principal y del crucero de la catedral gaditana con la fachada principal de la accitana. Estas semejanzas se trasmiten de modo simplificado en las fachadas de la sede isleña, pero en el caso de las fachadas del crucero, imponen un alzado novedoso respecto a la fábrica granadina, en la que la portada del transepto no aparece diferenciada de la planta de salón a la que se incorpora. Aquí en Tarifa sí lo hace y de manera elocuente, lástima que las cuestiones económicas repercutieran en su monumentalidad.

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Fco de Paula Santos Moreno, Parroquia de S. Mateo de la ciudad de Tarifa. Tarifa, 1919. ADC. Sec. Secretaría. Parroquia. S. Mateo de Tarifa. Sig. 459, p. 12. En los documentos antiguos se habla de que los pleitos entre el marqués de Tarifa y el cabildo, motivaron que se hiciera. Ver entre otros, Francisco Javier Criado Atalaya, Tarifa: Su Patrimonio, en Cuadernos divulgativos. Tarifa: su Geografía, Historia y Patrimonio, vol. III, Tarifa, 1992, p. 33.

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El proyecto de Vicente Acero para la catedral nueva de Cádiz (1721-1729), inspirado en la catedral granadina para la que trabajó, y luego desarrollado por los Cayón [Gaspar (de 1731 a 1759) y Torcuato (de 1759 a 1783)], presenta algunas interesantes modificaciones respecto al diseño de Egas, luego reformado sustancialmente por Siloé en Granada. Una de ellas es la propia concepción de las fachadas del crucero. Mientras en Granada la única portada del transepto no sobresale en absoluto de la planta (figura 4.a), en Cádiz sí lo hacen siguiendo una escenográfica composición cóncava cara al exterior. En estas fachadas36 si bien las piezas se amoldan interiormente a una sección seudoabsidial, las caras exteriores del muro perimetral quedan deprimidas en el centro, configurando un espacio troncopiramidal (figura 4.b). Esta composición, aunque harto simplificada, tuvo su inicio en la intervención de Vicente Acero en la fachada principal de la catedral accitana, que se forma combinando tres espacios cóncavos entre amplios machones de base triangular (figura 4.c). Este ritmo no se repetirá miméticamente en Cádiz, pero sí evoluciona a partir de él. En Cádiz la fachada principal se articula en función de un airoso espacio alabeado formado por una portada central cóncava y laterales convexas, creando un ritmo italianizante de claro sabor borrominesco. Pero su influencia no acaba aquí. En Tarifa, donde tiene una clara continuación estructural este espacio dinámico, en el sentido de proseguir con los efectos ópticos, la sensación de espacio cóncavo creada en las fachadas laterales gaditanas, se lleva a cabo a través de una amplia “U” alabeada en retroceso, de fuera hacia adentro, con la que se da la sensación de estar ante una seudoexedra abierta a su vía, “la Calzada”, a la que sirve de telón, como si fuera un auténtico ábside público (figura 5). A esto contribuye también la organización de la portada en retroceso respecto a la fachada, con ello se busca diferenciarla de ésta, y por esto entran en juego al menos dos movimientos opuestos. En sentido ascendente un doble ritmo columnario, mientras que en el horizontal se consigue engarzándolo con la fuerte cornisa en “U” de este cuerpo (figura 6). Si la fachada tarifeña tiene en planta un claro antecedente en las portadas del crucero de la sede gaditana, en el ático no lo es menos que lo posee con el monte sacro que recorre el ático de la catedral accitana (figura 4.c), en la que intervinieran directamente Vicente Acero, primer arquitecto de la nueva metropolitana gaditana, y el tío de Torcuato, Gaspar, su antecesor directo en Cádiz. Pero como sucede en la obra de Torcuato Cayón, el decorativismo de su tío y Acero queda reducido a lo esencial, en función de las nuevas corrientes academicistas, de las que él es un paladín. No en vano obtuvo el título de académico de mérito de San Fernando en 1763; aunque por estas fechas aún lo tardobarroco sigue premiando los gustos. El nuevo estilo no triunfaría definitivamente en Cádiz hasta 1785, tras la publicación por Gaspar de Molina y Zaldívar, marqués de Ureña, de sus Reflexiones sobre la arquitectura, ornato y música en el templo: contra los procedimientos arbitrarios sin consulta de la Escritura Santa, de la disciplina rigorosa, y de la crítica facultativa;37 de hecho los grandes nombres de las últimas obras del siglo, como la capilla eucarística de la Santa Cueva o la parroquia de San José, ambas en Cádiz y obras del mismo Cayón, pertenecen decididamente al nuevo estilo; por tanto cabría situar el portal tarifeño como una de las últimas piezas tardobarrocas en la provincia. Vistos los antecedentes inmediatos es hora de recalar en su trama donde se genera un doble y jugoso diseño verticalhorizontal entre la propia portada-retablo y el ático donde se sitúa el monte sacro, y por otro lado el juego de luz-contraluz, que oponen las columnas blancas frente al color de la piedra, y los vacíos que generan ellas mismas, marcando la línea y el ritmo ascendente de la portada. En el plano horizontal las amplias y fuertes cornisas son las responsables de las sugestivas líneas dinámicas: en primer lugar la que separa en el portal el primer cuerpo de columnas del de la hornacina central (ilustración no. 6) y, en menor medida

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Se construyeron entre 1755 y 1759 durante la maestría de Gaspar Cayón (activo en la catedral entre 1731 y 1759). Pablo Antón Solé, La iglesia gaditana en el siglo XVIII, Universidad de Cádiz, Cádiz, 1994, pp. 559-560.

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A

B

C

Figura 4. Evolución del crucero en los planos de las catedrales: 4.a) Granada (Egas-Siloé); 4.b) Cádiz (Acero-Cayón). 4.c) El Monte Sacro en la fachada de la catedral de Guadix. Vicente Acero-Gaspar Cayón.

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Figura 5. Ubicación de la Fachada y Portada en el Templo y su calle.

Figura 6. Vista de la cornisa Inferior. Escudo y lápida fundacional.

la rota que enlaza este segundo cuerpo con el monte sacro y que a su vez se une a continuación con la que recorre la parte superior de la fachada separándola del ático; una tercera recorre la cumbre del monte sacro. De todas ellas y muy especialmente la primera aludida, dado su volumen, tiene una disposición visual muy llamativa: retranqueada en “U” hacia el interior en la portada-retablo de la fachada, crea un fuerte espacio de claroscuro. De mayor envergadura es la cornisafrontera rectilínea entre la fachada propiamente dicha y el ático, y a la que se opone la amplia cornisa mixtilínea del monte sacro que lo define, el Gólgota, cuyo cenit en la cruz de piedra, marca el eje de simetría de toda la estructura del Portal. Asociada a esta portada se encuentra la fachada de la actual fábrica de la capilla de Nuestra Señora de Europa en Algeciras (1769), anterior a la tarifeña38 (figura 7.a), y como ésta también atribuida a Torcuato Cayón o a su círculo. Su estructura es más barroca si se quiere, visible sobre todo en el cuerpo de acceso, pero también irrumpe en ella el neoclásico en el cuerpo superior, con una disposición que recuerda la de ciertos retablos de la época, como los de la Triple Trinidad y el del Carmen en la iglesia tarifeña de San Francisco.39 No sucede lo mismo con la fachada de la ermita de San Pedro de Alcántara (1776) en Ojén (Los Barrios), cuya portada se ha venido relacionando también con ella, pero que desde nuestro punto de vista, no guarda ninguna relación con estas portadas (figura 7.b), y sí con las fachadas civiles del arco de la bahía gaditana.
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La actual capilla de Europa sustituyó en 1769 a otra anterior. En ella intervino el maestro albañil local José de Paz. Ana Mª Aranda Bernal y Fernando Quiles García, Historia urbana de Algeciras, Junta de Andalucía, Sevilla, 1999, pp. 212-213. La disposición de las columnas de orden jónico en estos retablos, se hace del mismo modo que en esta fachada algecireña. Dos columnas flanquean el cuerpo central, en retroceso una respecto a otra. Ver Andrés Bolufer Vicioso, La “Sagrada Familia” de la iglesia tarifeña de San Francisco de Asís, V Jornadas de Historia del Campo de Gibraltar, Algeciras 1998, Almoraima nº 21, Algeciras, 1999, pp. 185-195.

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Figura 7. Relaciones de la Portada de San Mateo 7.a) Fachada de Nuestra Señora de Europa (1769). Algeciras. 7.b) Fachada ermita de San Pedro de Alcántara (1776). Ojén (Los Barrios).

Situándonos en la portada-retablo, de una sola calle, (figura 3), tenemos, en primer lugar, el piso de acceso, el de mayor altura, que podríamos subdividir en dos. A nivel horizontal el nivel del gran plinto-basamento corrido situado a la misma altura que el zócalo de la fachada, y en altura el primer cuerpo columnario, formado por cuatro columnas de orden compuesto, organizadas en derrame hacia el interior, dos exteriores y dos interiores flanqueando el acceso, todas ellas de acanaladura contrapuesta (inferior y superior). Este mismo sistema se repite, pero simplificado y a una escala menor en el segundo piso, siguiendo el esquema 2:1, algo que ya se hizo por otra parte en el alzado de la portada principal de la catedral gaditana. Entre ambos cuerpos se encuentra la dinámica cornisa en “U” retranqueada que separa ambos cuerpos. La puerta de acceso está recorrida por un amplio baquetón, que, sobre el arco escarzano, toma la forma de doble cornua en forma de “M” o alas de mariposa. Cada tramo de ella se curva en arco de medio punto hacia los extremos externos. Sobre el centro del arco y flanqueado por el símbolo mariano se sobreponen los símbolos pontificios, de cuya tiara surge un pequeño capelo sobre una pértiga, símbolos el primero del cuerpo eclesiástico encuadrado en la cofradía de San Pedro y el segundo del apoyo episcopal a la obra. Un segundo elemento parlante, pero de menor envergadura, corona la inscripción fundacional: una corona real en su cenit, para significar la decisión del Cabildo realengo en su marcha. Se unen de esta manera las dos instituciones locales que la han hecho posible, aunque está claro que no se les atribuye la misma importancia dada las dimensiones de sus respectivos símbolos, y menos aún en la inscripción, que se representa como una leyenda abierta al público tras unos ligeros cortinajes, donde el gran protagonista es el cuerpo eclesiástico.

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En ella se nos dice quiénes fueron los obispos que permitieron los gastos necesarios para que se llevara a cabo y quiénes los responsables de los mismos. Francisco de Castro y Aragón, párroco y mayordomo de la nueva fábrica de San Francisco, al mandar copiar literalmente su texto para añadir un nuevo alegato contra la fábrica de San Mateo, nos trasmite, afortunadamente el contenido de la leyenda, algo que hoy desgraciadamente sólo podemos reconocer parcialmente debido al mal estado de la inscripción. Su literal es el siguiente: “Se principió esta obra siendo Obispo Dn. Fray Tomás del Valle y se remató siendo Obispo Dn. Fray Juan Bautista Servera, siendo vicario Dn. Luis de Mendoza y Mayordomo de fabrica Dn. Blas de Montañana en el año de 1778; fue maestro de esta obra Carlos Hermida”.40 Tal vez éste indisimulado orgullo del cuerpo eclesiástico por haber conseguido algo tan largamente soñado, y cumplirlo en tan relativamente corto espacio de tiempo (sin olvidar que en aquel momento sólo existía una sola fábrica, y por tanto los fondos eran comunes, y estos crecieron desmesuradamente en el gasto de la portada), pudo haber sido el toque indispensable para toda la diatriba que hemos visto líneas atrás. De hecho, el mayordomo de San Francisco quiere que figure esta declaración fundacional como prueba de su argumentación. Para elevar la altura y acoplar los distintos elementos parlantes de este nivel, se suma a los capiteles un arquitrabe liso de dos hiladas en retroceso. Sobre él descansa la fuerte cornisa en “U”, y encima de ella se yergue el cuerpo de la hornacina central. Su base se corresponde en altura con la quebrada horizontalidad de la cornisa. En este cuerpo se simplifica el ritmo columnario del piso inferior, sólo aparecen dos columnas junto a la hornacina central, las columnas exteriores del cuerpo inferior se han sustituido aquí por sendos pináculos. Sobre el ábside avenerado del nicho se sitúa un frontón mixtilíneo, similar a los utilizados en la catedral gaditana. Lateralmente la portada está flanqueada por pilastras cajeadas. Este cuerpo, dado su carácter iconográfico, ya que en su hornacina figuró en su día la imagen del titular (figura 2), se monumentaliza con el arco que cobija todo este espacio. Éste tiene su arranque en la cercanía de los capiteles de este cuerpo, pero se convierte en inferior de otro superior, que nace de los extremos del arquitrabe y cornisa partidos y conecta en sus extremos con la cornisa corrida de los paramentos laterales que limitan con la portada, recorriendo el limes de las “fachadas laterales” y el ático de la misma (el monte sacro), convirtiéndose esta unión en el elemento de enlace entre portal, fachada y ático. Entre los dos arcos de medio punto se ubica un óculo en cuyo interior hay un corazón con corona de espinas, a modo de fajín central, y coronado en cruz, del que se desprenden resplandores. Como remate del arco superior, se sitúa en su cenit una especie de pebetero flameante en clara alusión a la Fe. Propiamente aquí termina la portada-retablo, con esta doble arcada, auténtico ático de la fachada-retablo, que la inscribe como un arco triunfal. Sobre ella se encuentra la parte central del ático de la fachada del edificio, sobre el que se sitúa la cruz de piedra del templo. Todo él compone una estructura dinámica articulada como un monte sacro de tres cumbres, que forman un todo único acoplado perfectamente sobre la fachada, a modo de Calvario. La cumbre central, en consonancia con la portada-retablo, se retranquea desde la fachada, disponiéndose las otras dos en línea con ésta. Junto a la cruz aparecen florones y otros elementos decorativos, que ha de recordarse son menores a los dispuestos en el primer plano diseñado por Cayón. Torcuato Benjumeda, discípulo de Cayón, hizo un ático parecido en la iglesia de José, María y Jesús, más conocida como de San José en Puerto Real.41 Tanto éste como el de San Mateo son deudores del que Vicente Acero proyectó para la catedral accitana. Sólo nos queda completar la fachada de esta pieza singular con los paramentos correspondientes al exterior de las naves laterales, que se conforman en función de tarjetones rectangulares centrales de orden gigante con los vértices sobresalientes y pilastras cajeadas en las lindes: Ambos elementos decorativos están levemente resaltados sobre el plano. Lamentable-

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Autos de las Fábricas de Sn Franco y Sn Matheo, 2, Tarifa, Cádiz, ADC, Sección Varios, sig. 34, pp. 119. Las obras comenzaron en 1770 y concluyeron en 1794. Tiene dos espacios, el inferior conocido como “La Cueva” y el superior, donde está la iglesia propiamente dicha, por lo que sigue muy de cerca la composición de la Santa Cueva de Cádiz. Ver Antonio Muro Orejón, Puerto Real entre el pinar y la mar. Selección de a<rtículos sobre historia, tradiciones, callejero, arte, fiestas y cofradías de Puerto Real, Costumbres nº 1, Caja de Ahorros de Cádiz, Cádiz, 1983, pp. 367-368.

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mente la calidad de la piedra, la erosión y la humedad no han contribuido en nada a su mantenimiento. Si los materiales hubieran sido otros,42 su visión resultaría más monumental de lo que es; pero por otro lado responde a una realización completa de un proyecto, algo no muy frecuente por otra parte. Simbólicamente tan importante como la propia puerta es su antesala. En el caso de San Mateo tenemos la suerte de contar una copia del plano de 188643 (figura 8). En él, ante la fachada aparece el estrado, definido como “sagrado” en el documento, y tras la puerta el cancel. En este plano, que acompaña a una memoria de la iglesia de ese año, se dice: “Las puertas y el cancel se principiaron en junio de 1803, y se estrenaron el 6 de setiembre de 1804, cuyo trabajo hizo el maestro Italiano Juan Escorcia, habiendo tenido de costo 30.192 rs. y 30 ms. sin contar ocho tablones de caoba que dio D. Jerónimo Quintana, y según parece mando de Vera Cruz D. Felipe Quintanilla”.44 Al llamar “sagrado” a lo que todo el mundo llamaría simplemente acera, el cronista nos remite a la idea que todos tenían en su tiempo. Están en el umbral de la Casa de Dios; han Figura 8. Plano de San Mateo de Tarifa en 1886 (Criado, 1999). entrado en lo que los griegos denominaban Témenos, campo o Detalle del mismo. recinto consagrado a una divinidad: el Santuario con mayúsculas. Tan sagrado, que la jurisdicción real no tenía efecto en este dominio, como lo recogía la propia legislación. Frente a él la fachada y en ésta el Portal de ingreso. Tan espectacular puerta de acceso reforzaba así su simbolismo como recurso significativo trascendente. La Puerta tiene un sentido metafísico. significa algo más que un hecho físico, admite múltiples interpretaciones:45 “La puerta simboliza el lugar de paso entre dos estados, entre dos mundos, entre lo conocido y lo desconocido, la luz y las tinieblas, el tesoro y la necesidad. La puerta se abre a un misterio. Pero tiene un valor dinámico, psicológico; pues no solamente indica un pasaje, sino que invita a atravesarlo. Es la invitación al viaje hacia un más allá…”.46 En nuestro caso consistiría básicamente en el paso del mundo profano al espiritual; atravesarla se convierte en un auténtico rito de paso. Al entrar en El Sagrado dejamos el mundo profano y al atravesar la puerta penetramos en el mundo espiritual. De ahí la necesidad de ennoblecerla porque se convierte en la Puerta de las Puertas, máxime teniendo en cuenta su orientación en el eje primordial, el de la Salvación: este-oeste (presbiterio-portal = orto-ocaso). Ya el abad Suger decía a los peregrinos de Saint-Denis que “la belleza que ilumina a las almas debe dirigirlas hacia la luz de la que Cristo es la puerta verdadera”.47 Al rebasar el sagrado y el portal damos un nuevo paso en el santuario, pero no del todo, tenemos una barrera, la mampara de la cancela, remedo del antiguo nártex.
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Con todo se nota una mayor calidad de materiales en la portada que en los paramentos. Ya señalamos que en la documentación diocesana no existe hoy en día, pero afortunadamente Criado tuvo la oportunidad de publicarlo en 1999. Francisco Javier Criado Atalaya, La Iglesia Mayor de San Mateo según la memoria escrita en el año 1886, I y II; Aljaranda nos. 32 y 33, Tarifa, 1999, p. 19 y 5 respectivamente. J. López, Memoria de la Iglesia Mayor de Tarifa del Sr. Sn. Mateo, sacada de apuntes particulares, del archivo y juicio crítico de quien lo ha redactado, Tarifa, 1886, (ADC), Varios, sig. 459, s/f (9). A.A. V.V., Diccionario de los símbolos, Barcelona, 1995, p. 855-858. A.A. V.V., Diccionario de los símbolos, Herder, p. 855. A.A. V.V., Diccionario de los símbolos, p. 856.

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La propia configuración representativa de estos tres elementos (fachada –paramentos–, portal –fachada-retablo– y ático –monte sacro–), nos remite a la propia esencia del arte religioso “que es el de ser simbólico, es decir, el de traducir mediante imágenes polivalentes la correspondencia que relaciona entre sí los diversos órdenes de realidad, el de expresar, mediante lo visible, lo invisible, y el de conducir al hombre hacia éste”.48 Téngase en cuenta que el fin catequético siempre se ha privilegiado a través de la imagen y la palabra, máxime en estos períodos de imperante analfabetismo. Un hecho físico como la puerta, tomada como una imagen-símbolo ejerce un claro efecto de llamada. Aunque ese mismo reclamo se nos puede mostrar hoy día hermético, ya que el sistema iconográfico al que pertenece determina y precisa un lenguaje ideográfico específico, que no tiene por qué ser comprensible a todos los que lo observen en su devenir histórico, máxime al aumentar la distancia cognitiva entre creadores y espectadores. En conclusión, a través del análisis de las fuentes, hemos podido demostrar algo que se intuía, pero que ahora aparece de modo incontestable; la autoría de la Portada de San Mateo de Tarifa como una obra tardobarroca del maestro catedralicio gaditano Torcuato Cayón de la Vega, en un momento (1774-1778) posterior a sus primeras intervenciones directas en la catedral gaditana (desde 1759) pero anterior al triunfo neoclásico en la diócesis para la que trabajaba, primero en la literatura artística con la publicación de las Reflexiones sobre la Arquitectura, Ornato y Música del Templo, por el marqués de Ureña en 1785, y luego en las obras que él mismo llevará a cabo decididamente en este estilo, como la iglesia parroquial extramuros de San José en Cádiz (1787) y la capilla eucarística de la Santa Cueva (1796) en la misma capital. Pero con independencia de su devenir, lo más importante para sus coetáneos fue su impacto emocional. La portada de San Mateo representaba para los tarifeños, y en concreto para sus parroquianos, algo tan sobrecogedor, como alcanzar un anhelo largo tiempo postergado, y culminar honrosamente “su templo mayor”.
BIBLIOGRAFÍA Autos de las Fábricas de Sn. Franco y Sn Matheo. 1 y 2, Tarifa y Cádiz, 1792-1793, Cádiz, ADC, Sección Varios, sig. 34. LÓPEZ, J. Memoria de la Iglesia Mayor de Tarifa del Sr. Sn. Mateo, sacada de apuntes particulares, del archivo y juicio crítico de quien lo ha redactado, Tarifa, 1886, Archivo Diocesano de Cádiz (ADC), Sección Varios, Sig. 459. SANTOS MORENO, Fco. de Paula. Parroquia de S. Mateo de la ciudad de Tarifa, Tarifa, 1919, ADC. Sección Varios, sig. 459.

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Jean Hani, El simbolismo del templo cristiano, Sophia Perennis, Barcelona, 1983, p. 13.

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ACTUACIÓN EN LAS CANALIZACIONES
DE LAS TERMAS DE CARTEIA
Margarita García Díaz / Arqueóloga. Instituto de Estudios Campogibraltareños María Isabel Gómez Arroquia / Arqueóloga. Instituto de Estudios Campogibraltareños Manuel Jaén Candón / Restaurador del yacimiento de Carteia

RESUMEN Se ofrecen en la presente Comunicación los resultados de una intervención realizada en las canalizaciones de las termas de la ciudad romana de Carteia. El motivo de dicha intervención es apoyar con un seguimiento arqueológico las obras y tratamientos que se hacen precisos para canalizar y controlar la acumulación de aguas en dicho edificio. Por tanto, se trata de una intervención muy focalizada y con unos objetivos concretos en relación a obtener la información necesaria que su estudio proporciona para adoptar las medidas más oportunas para su conservación. Mostraremos distintos aspectos técnicos relacionados con las interconexiones de la red de aguas en el edificio, fundamentalmente en la zona baja del mismo, las referidas a una gran canalización que aprovecha el desagüe ya existente en las letrinas y las conexiones de ellas y las distintas piscinas con la cloaca. Todos estos elementos se estudiarán desde el punto de vista constructivo, los materiales, la cronología, etc. Palabras clave: Termas, cloaca, canalizaciones.

INTRODUCCIÓN La ciudad romana de Carteia se encuentra ubicada en el interior de la bahía de Algeciras, ocupando una ladera orientada al sur y asentada sobre los restos de otra previa de época púnica. La situación geográfica de este notable yacimiento no es cuestión de tratamiento en este trabajo, sólo hacer mención a su posición estratégica indiscutible de control del Estrecho, lo que le dio un carácter especial, no sólo como un mero asentamiento comercial, sino dotándolo de una dimensión militar indudable. Prueba de ello, quizá sea su pronta incorporación al elenco de ciudades elevadas por Roma al rango de colonias en la conocida fecha del 171 a.C. El edificio objeto de la actuación que detallaremos más adelante es el termal. Se encuentra en la zona sureste del yacimiento, en la parte baja del mismo, próximo a la desembocadura del río y de la playa de Guadarranque.

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1. EL EDIFICIO TERMAL 1. 1. Descripción Estamos ante una verdadero complejo termal -thermae- destinado a diversas actividades, no sólo a los baños -balneae-, como lo demuestran la existencia de estancias de tipología y utilidad heterogéneas (figura 1). En la actualidad podemos observar parte de dicho edificio, ya que no está excavado en su totalidad, continuando aún pendiente de comprobación sus dimensiones completas, algunos accesos, etc. Datos éstos que, con toda probabilidad, se encuentran en el subsuelo de la zona noreste. Es una edificación de grandes dimensiones, de más de 60 metros en dirección norte-sur, que, como hemos dicho anteriormente, habría que ampliar ya que, algunos de sus muros, continúan visibles en superficie. Se adapta al desnivel del terreno mediante plataformas dispuestas en tres alturas diferentes.1 Entre las estancias con las que cuenta el edificio, podemos hablar de unas letrinas, situadas en el lateral suroeste próximas a uno de los accesos; un gran espacio que debió estar porticado a lo largo de la parte sur y oeste y que se ha venido interpretando como palestra por los investigadores que lo han estudiado; una gran piscina, inserta en el ángulo que forma el espacio nombrado anteriormente y a la que se adscribe una catalogación de natatio; una amplia sala absidada que cuenta con un horno en el lado opuesto al ábside y que podemos considerar como una sala con piscina del tipo caldarium; otra habitación idéntica a ésta se aprecia más al este, separada de la primera por una sala cuadrangular que aún conserva en su esquina norte la configuración completa del suelo de la piscina que se disponía sobre el hipocausto, del que también podemos observar sus columnillas. Tendríamos, por tanto, la zona de caldaria, compuesta por dos piscinas de agua caliente y una zona templada en medio. Los frigidaria están representados por dos piscinas (hab. 20 y 24) que se disponen en los laterales de un gran espacio que seguramente conformarían las habitaciones señaladas como 15, 16 y 17 y del que aún es posible advertir pilares y huellas de columnas, si aceptamos el recrecido de muros que se llevó a cabo en los años ochenta. Quedaría, así configurada la zona fría de las termas, conectada con la palestra, algo también habitual en los edificios termales romanos. En la plataforma superior, la menos excavada, se abren diversas habitaciones, algunas bastante modificadas y otras conservando suelos con restos de mosaicos y pinturas murales, que se han venido interpretando como zona de vestuarios (apodyterium). En cuanto a la técnica constructiva, buena parte del edificio está realizado en opus vittatum, sobre todo durante la fase más antigua de su construcción que podemos situar cronológicamente alrededor del s. I d. C.2 y que emplea fundamentalmente la piedra caliza y sillares de calcarenita en las esquinas y otras zonas donde es necesario reforzar los muros. En las sucesivas reparaciones, ampliaciones y reformas que sufre el edificio, se opta por otros sistemas constructivos, como el opus caementicium y por el empleo de otros materiales, representados, sobre todo, por ladrillos de distintas dimensiones y tipologías. Posteriormente nos encontramos con otro tipo de reformas de época bastante más tardía que modifican sustancialmente el aspecto y quizá el uso de las estancias de las termas. Corresponden a esta fase los muros y estructuras

1

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Según Carmen Fernández las termas de Carteia se integrarían dentro de los conjuntos de esquema lineal-semisimétrico o simétrico-axial, v., Carmen Fernández Ochoa y otros: “Grandes conjuntos termales públicos en Hispania (1)”, II Coloquio Internacional de Arqueología en Gijón, Termas romanas en el Occidente del Imperio, Gijón 1999, Gijón 2000, p. 61. Según Presedo el edificio se remontaría al menos a época flavia, v. Francisco José Presedo Velo y Antonio Caballos Rufino, “Informe de la campaña arqueológica de 1985 en el yacimiento de Carteia (San Roque, Cádiz), AAA´85, II (1987), p. 389.

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de peor factura en la que están presentes reutilizaciones de materiales constructivos anteriores. Finalmente, el solar que ocupaba el edificio acoge, ya en los siglos VI o VII d.C. una pequeña necrópolis de la que podemos ver algunas tumbas. 1. 2. Historia de las investigaciones Las primeras intervenciones en el edificio termal de Carteia se deben a Julio Martínez Santa Olalla cuando, a mediados del siglo XX, excava la necrópolis, asignándole una cronología visigoda e interpretando la piscina como perteneciente a una factoría de salazones. Un equipo de la Universidad de Sevilla dirigido por Francisco Presedo, inicia sus trabajos en las termas en 1985, acometiendo el desmantelamiento de la carretera que circulaba por encima del edificio y realizando la única intervención con excavación de la que tenemos publicación de los resultados obtenidos. Presedo y Caballos asignan la numeración de las habitaciones que aún utilizamos.3 A finales de la década de los ochenta todo el yacimiento se ve incluido en un plan de conservación de las estructuras exhumadas que, en muchos casos, supone el recrecido de los muros. Las termas presentan los resultados de estos trabajos que estuvieron dirigidos por el arquitecto Alfonso Jiménez. A principios de la década siguiente, Lourdes Roldán, de la Universidad Autónoma de Madrid, realiza su tesis doctoral sobre técnicas constructivas en la Bética y estudia los edificios de Carteia. Lleva a cabo una lectura de paramentos, realiza algunas modificaciones en el plano de Presedo y zonifica las termas. Los resultados de sus trabajos y conclusiones se editan en una monografía.4 La situación que nos encontramos actualmente en relación al estudio de esta edificación es de un conocimiento parcial de la misma por la escasez de datos relativos a las excavaciones, el estado de sobreexcavación de muchas de las habitaciones y las medidas de conservación mencionadas que, en algunos casos precisan de una revisión y que pueden aportar una imagen en cierta manera distorsionada de las termas. 1. 3. Problemática El edificio termal de Carteia presenta una problemática referida a inundaciones periódicas coincidiendo con los meses de mayor pluviosidad, generalmente otoño e invierno. Estas inundaciones se producen, fundamentalmente por los siguientes factores: - Su ubicación, al final de una ladera por la que, de forma natural, discurre un pequeño arroyo estacional formado a partir de las aportaciones de las aguas de los terrenos colindantes, igualmente en pendiente. - Todo este agua que se recoge en la pendiente se acumula en la zona más baja, letrinas y cloaca, donde los muros, la obstrucción de las canalizaciones, o la propia situación de no excavación, funcionan como verdaderos diques que retienen el agua ahí acumulada que es necesario evacuar mediante bombas de achique. Además de estos factores relacionados con la dinámica natural de la pendiente y las arroyadas, podemos hablar de otros relativos a: - La larga vida del edificio, que soportó, mientras estaba en uso, numerosas reformas y remodelaciones, con empleo de materiales y técnicas constructivas menos eficaces cuanto más recientes.
3 4

Francisco José Presedo Velo y Antonio Caballos Rufino, op. cit. pp. 387-393. Lourdes Roldán Gómez, Técnicas constructivas romanas en Carteia (San Roque, Cádiz), Monografías de arquitectura romana 1, Universidad Autónoma de Madrid, 1992.

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- Las intervenciones de origen antrópico una vez amortizado el edificio, ya en épocas recientes, desde actuaciones cercanas al saqueo en el s. XVIII, hasta la construcción de la carretera en el XX. Para solventar esta problemática se ha realizado un proyecto de intervención puntual cuyo objetivo fundamental es la limpieza, acondicionamiento y mejora de los sistemas de drenaje del complejo termal para asegurar una óptima conservación del conjunto. Derivados de este objetivo principal se vertebran una serie de trabajos complementarios: - Eliminar el agua de las letrinas, de la canalización principal y de la cloaca a partir de ver cómo funcionan entre sí, posibles conexiones, etc. - Localizar la red de desagües romanos, tanto los de aporte como los de evacuación, averiguar su funcionamiento, para plantear la posibilidad en el futuro de acondicionarlos con objeto de reutilizarlos para la evacuación del agua de lluvia. - Otro objetivo es la puesta en valor de las letrinas facilitando el acceso a las mismas de las visitas, acometiendo una recreación de la bancada, etc. 2. DESARROLLO DE LA INTERVENCIÓN 2. 1. Metodología A pesar de ser una intervención que en principio se iba a limitar a un seguimiento arqueológico de apoyo para facilitar las obras de drenaje y restauración en el edificio termal, que iban a tener un mínimo de movimiento de tierras, además de producirse en una zona excavada con anterioridad, para obtener un máximo de rigor a la hora de documentar estos trabajos, hemos aplicado el método Harris5 a la hora de describir los niveles deposicionales excavados, tanto naturales como antrópicos. Así mismo, dada la complejidad presentada por el edificio termal, inherente a su larga vida y a las sucesivas intervenciones arqueológicas que ha sufrido, hemos intentado aplicar también cono método de análisis la lectura de paramentos.6 Con este método, se diferencian, ordenan y datan las fases por las que han pasado los edificios hasta llegar a su estadio actual, analizando todos los elementos que los componen y que les fueron añadiendo históricamente y analizando las distintas actividades y procesos constructivos y destructivos que sufrió.7 Este sistema, consiste en aplicar el método estratigráfico arqueológico al estudio de las construcciones históricas y está dando excelentes resultados dentro del Campo de Gibraltar en el castillo de Jimena, por parte del equipo de investigación de la Universidad de Sevilla dirigido por Miguel Ángel Tabales.8 2. 2. Zonas de intervención 2.2.1. Letrinas Tras retirar un primer nivel natural9 encontramos la cimentación de la bancada de las letrinas que se dispone de forma irregular a lo largo de toda la habitación adosada a la parte inferior de los paramentos. Esta realizada a base de un mortero compacto de piedras arenas y cal y tiene un color amarillento debido a la utilización de arenisca del Aljibe machacada. Hemos calculado
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Edward C. Harris, Principios de estratigrafía arqueológica, edit. Crítica, Barcelona, 1991. Roberto Parenti, “Historia, importancia y aplicaciones del método de lectura de paramentos”, Informes de la Construcción. Vol.46, nº 435 (1995), pp. 19-29. Luis Caballero Zoreda, «Método para el análisis estratigráfico de construcciones históricas o «lectura de paramentos », Informes de la Construcción. Vol. 46, nº 435 (1995), p. 37. Este investigador también ha estado aplicando este método en edificios históricos como los Reales Alcázares de Sevilla, v. Miguel Ángel Tabales, “La arqueología en edificios históricos. Propuesta de intervención y análisis global a través de la experiencia sevillana”, Boletín del IAPH, 20 (1997), pp.65-81 yMiguel Ángel Tabales Rodríguez, “Análisis arqueológico de paramentos. Aplicaciones en el Patrimonio edificado sevillano”, SPAL, 6 (1999), pp. 263-295. La realización de estos trabajos no hubiera sido posible sin la participación del personal del yacimiento de Carteia Isabel Solís, Fabriciano Bautista, Ismael Muñoz y Manuel Sarmiento.

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Figura 1.

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a partir de la excavación de esta cimentación que la altura de los asientos de las letrinas sería de unos 50 cm por otros 50 cm de profundidad. Estos asientos consistirían en una bancada corrida a lo largo de la pared realizada en mármol con unos agujeros de forma circular para realizar las evacuaciones. Los elementos que componen las piezas que se conservan de las letrinas por donde pasaba el agua limpia destinada a la higiene, están realizadas en calcarenita fosilífera pulida. Algunas de estas piezas están muy erosionadas y algunas de ellas han desaparecido siendo sustituidas por reproducciones realizadas en cemento. Encontramos una de las piezas originales durante la excavación del canal de desagüe de las letrinas. La prueba de la larga vida de esta estancia en particular queda demostrada por el hecho de que en algún momento se pierde una de las piezas que es remplazada por otra realizada con material constructivo cerámico. En la estrada de la estancia se conserva una ladrillo bipedal completo, que se supone formaba parte de un conjunto que a modo de escalón se encontraba en la entrada.10 Descubrimos el canal de desagüe de las letrinas (figura 2) que en parte había sido excavado con anterioridad, ya que hemos Figura 2. encontrado material de datación contemporánea. En la parte del desagüe menos alterada encontramos un relleno de mortero de cal y piedras de mediano tamaño realizado con el objeto de inutilizar el canal cuando se amortizan las letrinas. Esta amortización podemos datarla en el siglo IV d.C. en función del material cerámico hallado: un fragmento de sigillata africana D de la forma Hayes 61A y otro de cerámica africana de cocina correspondiente a un plato-tapadera de la forma Ostia I, 264. El canal de desagüe está realizado por hiladas de caliza gris y tiene una anchura de 33 cm por 50 cm de profundidad. El suelo del canal está formado por hiladas de tégulas dispuestas en fila y cubiertas por una fina capa de mortero. El agua fluía permanentemente por este canal de desagüe que circulaba bajo los asientos limpiando las deposiciones de los 22 usuarios de las letrinas y también llegaba a través de una canalización que iba a esta estancia y que detallaremos más adelante. Esta estancia desaguaba a través de otra canalización que localizamos en la parte central del canal de desagüe de las letrinas en el lado sur y que desembocaba directamente al mar en vez de conectar con la cloaca máxima. El suelo de los cuatro lados del canal de desagüe no está a nivel, sino en pendiente para facilitar la evacuación del las aguas sucias. Restos del paso de estas aguas han quedado adheridas en forma de calcificación en las paredes de dicho canal.

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Lourdes Roldán Gómez, op. cit., p. 117.

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Figura 3.

2.2.2. Canalizaciones 2.2.2.1. Canalización A Esta gran canalización atraviesa longitudinalmente el edificio termal, por debajo de al menos, las habitaciones 20, 17, 16, 15, 8 y 3 (figura 1) tras lo cual desembocaría en el mar, teniendo al menos 35 m de longitud. A ella estarían conectadas otras canalizaciones secundarias que evacuarían el agua de las piscinas de las distintas estancias: el frigidarium (hab. 20) que desaguaría por una canalización de plomo, el caldarium (hab. 14) a través de las canalizaciones F y D en distintos momentos y la natatio (hab. 6) por la canalización C. Las canalizaciones están todas en pendiente, como el mismo edificio termal que está construido sobre una ladera, lo que facilita el recorrido del agua. Después de atravesar la estancia identificada como palestra (hab. 8), la canalización queda al descubierto por lo que podemos observar su sistema constructivo. Las paredes de esta canalización que tiene 80 cm de anchura, están realizadas en opus vittatum de caliza gris, que podemos relacionar con la primera fase de construcción del edificio. La techumbre está resuelta a base de una bóveda de medio cañón formada por grandes dovelas realizadas con bloques tallados de calcarenita (figura 3). El interior está colmatado por un relleno a base de lodos, piedras y material cerámico diverso. Se realizó un pequeño sondeo a la entrada de esta canalización identificada como cloaca de 80 x 70 cm para establecer la potencia del relleno y establecer la profundidad de esta canalización. Sin embargo, llegamos a una cota máxima de unos dos metros ya que un afloramiento de agua nos imposibilitó el poder seguir trabajando. A unos 1,70 metros de profundidad encontramos un nivel compuesto por material cerámico diverso: Sigillata Africana A, africana de cocina, cerámica común, placas de revestimiento de mármol, malacofauna, vidrio contemporáneo,… Dada la imposibilidad de continuar a causa del agua con las labores de limpieza, se han interrumpido estos trabajos hasta que la climatología sea más propicia.

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2.2.2.2. Canalización B Esta canalización corre de forma paralela a la A, parte de la piscina de la hab. 24 y desemboca en las letrinas (figura 1), teniendo 14´39 m de longitud con una pendiente de un 8% y 60 cm de ancho. Su estructura está formada por dos muros paralelos realizados en opus vittatum y una cubierta realizada en opus caementicium. La salida de la canalización a las letrinas está cerrada por un murete de 40 cm de altura realizado en época contemporánea para evitar la inundación de las letrinas. Los muros de la estructura de la canalización están realizados por bloques de caliza gris de tamaño irregular dispuestos en hiladas, utilizando lajas más pequeñas del mismo material para regularizarlas formando el citado opus vittatum. También aparecen bloques de calcarenita de forma intermitente. La irregularidad de este vittatum se debe en parte a que la construcción tiene que adaptarse a la pendiente sobre la que están construidas las termas ya que, a medida que nos adentramos en ella el suelo va subiendo. Tienen los muros 39 cm de ancho y 78 cm de altura. Respecto a la cubierta, al alternarse la doble vertiente con arcos, la iremos describiendo por tramos desde la entrada hasta el fondo (figura 4). Por otra parte la zona de la entrada desde el murete de cierre contemporáneo hasta que empieza la cubierta está muy restaurada y tiene 56 cm de longitud:

Figura 4.

- El primer tramo de la canalización propiamente dicha está cubierto por 23 tégulas dispuestas en doble vertiente que se apoyan sobre el caementicium que constituye la techumbre (a cada lado hay 11 tégulas y media). Lo que se conserva de las tégulas es su huella en negativo. En el punto de unión de éstas se disponen ímbrices dispuestos en u invertida de los que sólo se conserva el segundo de 41 cm de longitud y 14 de ancho, del resto se conservan las huellas en negativo sobre el caementicium. Este tramo tiene 5´60 m de longitud. - Tras este tramo encontramos un arco de medio punto formado por ladrillos que hacen las veces de dovelas de 65 cm de diámetro que se prolonga 80 cm al interior formando una bóveda de medio cañón. - Después comienza otro tramo formado por 14 tégulas con sus ímbrices respectivos de los que sólo se conservan las huellas en negativo y que tiene 3´80 m de longitud. La cubierta original estaría formada por 16 (8 a cada lado), pero en la parte final de este tramo existe una rotura de la cubierta que ha eliminado la huella de esta última, rellena por grandes bloques de piedra. - A continuación hay otro arco de medio punto de iguales características que el anterior y que se prolonga 60 cm al interior11 (figura 4).
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Según Lourdes Roldán funcionarían como arcos de descarga coincidiendo con las alineaciones de los muros, v., Lourdes Roldán Gómez, op. cit., p. 120.

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- El último tramo es el más interesante ya que la mayoría de las tégulas de la cubierta se conservan. Se disponen 6 y media a doble vertiente sin ímbrices a ambos lados. La primera tégula de la izquierda después del arco ha desaparecido casi en su totalidad y a la derecha hay otra rotura en el techo relleno por grandes bloques de piedra. Y de la segunda a izquierda y derecha tan sólo se conservan las huellas en negativo sobre el caementicium. El resto de las tégulas están en perfecto estado de conservación (figura 4); Tienen 60 cm de longitud x 42 cm de ancho y un rebaje en la parte inferior del borde. Este tramo mide 2´80 m a lo que habría que sumar la media tégula a ambos lados que remata este tramo que si tiene un fragmento de tégula en el punto de unión de ambas y que sumaría otros 20 cm más. - El final de la canalización está marcado por dos bloques de calcarenita sobre los que se disponen piedras, fragmentos de material constructivo cerámico y caememticium sobre los que se apoya un gran bloque de calcarenita de forma adintelada (tiene 57 cm de ancho x al menos 78 cm de longitud). Tras este bloque en la parte superior está la conexión con la piscina de la hab. 24, que evacua a esta canalización a través de una cañería de plomo. El cierre de la canalización está realizado por un muro construido por bloques de caliza gris y calcarenita de 60 cm de ancho x 56 cm de altura. Mas arriba hay un entrante de 30 cm de longitud y continua el cierre a base de caementicium y piedras con una altura de 64 cm, que se encuentra horadado en la parte superior por el desagüe de la piscina 24 y sobre el que se apoya el gran bloque de calcarenita arriba mencionado. El pavimento de la canalización está realizado con opus signinum de unos 4 cm de espesor muy degradado (donde mejor se conserva es en el tramo final). El material cerámico encontrado en el interior de la canalización es diverso: Sigillata Africana C y D, cerámica común, elemento arquitectónico de mármol, pintura mural, etc que nos da una fecha en torno al siglo IV d.C. (Sigillata Africana D, forma Hayes 59) 2.2.2.3. Canalización C Se procedió a la limpieza de esta canalización que sirve de desagüe de la natatio para ver de qué modo conectaba con la canalización A, su relación con la D y estudiar su sistema constructivo ya que ambas canalizaciones, la C y la D, confluyen por debajo de la zona de la palestra, donde conectarían con la cloaca o canalización A (figura 1). Podemos observar el sistema constructivo de esta canalización en la palestra ya que, el tramo entre la natatio y esta estancia está por debajo de los muros. La estructura de esta canalización está realizada a base de siete hiladas sucesivas de ladrillos unidas con mortero (27 cm longitud x 8 cm ancho x 5 cm grosor) que le dan una altura de 48 cm y la cubierta está realizada por losas de piedra de las que se conservan cinco, realizadas en caliza gris, calcarenita y arenisca del Aljibe. El suelo de la canalización está realizado con ladrillos (44 cm ancho x 40 cm de largo x 3 cm grosor). El tramo visto de esta canalización hasta la cloaca mide unos 1´48 cm de longitud (figura 5). La canalización acaba en una estructura vertical de forma rectangular de 22 cm de ancho construido a base de hiladas de caliza gris y calcarenita de al menos 1´20 cm de profundidad que conectaría esta canalización con la cloaca. El material cerámico encontrado en el relleno de la canalización nos da una fecha en torno al s. III d.C. (Sigillata Africana C: forma Hayes 50 y africana de cocina: forma Hayes 197) 2.2.2.4. Canalización D Esta canalización se superpone a la anterior, parte del caldarium (hab. 14) desembocando igualmente en la cloaca (figura 1) y pasando por un espacio abierto (hab. 7) y la palestra (hab. 8). La estructura de la canalización está realizada por bloques de caliza gris y calcarenita. El primer tramo de la canalización está arrasado ya que, en un momento determinado se amortiza

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con ladrillos el desagüe del caldarium y con mortero el final del primer tramo que se corresponde con la hab. 7. Sobre este tramo de la canalización inutilizado se dispone un pavimento de opus signinum, por lo que sólo se conserva de esta parte de la canalización lo que se encuentra por debajo del pavimento. Para desaguar el patio colocan una losa horadada de arenisca micácea sobre el tramo que permanece en funcionamiento que empieza dentro del muro que separa ambas habitaciones, que conduciría el agua directamente hacia la cloaca. El segundo tramo que discurriría por debajo de la palestra está en mejores condiciones (figura 5). La canalización tiene una anchura interior de 41 cm y una altura máxima de 45 cm. Como ya hemos dicho más arriba, su estructura es en piedra y mortero con un pavimento realizado en material constructivo cerámico que aparece cubierto por una costra de cal por el paso de agua. La cubierta no se conserva. Sobre uno de los laterales de esta canalización hemos hallado un relleno a base de fragmentos de calcarenita, losas de mármol, material constructivo cerámico, caementicium, etc. que parece un nivel de preparación previo a un nivel de suelo.
Figura 5.

La construcción de está canalización es posterior a la C ya que se apoya sobre ésta y la rompe en parte en el tramo final donde conecta con el orificio que da a la cloaca.

2.2.2.5. Canalización E Esta canalización desagua el espacio separado por columnas que en la actualidad correspondería con las habitaciones 15, 16 y 17 (figura 1) y conecta con la canalización B. Su estructura está realizada por cinco hiladas de ladrillos unidas por un mortero bastante cementado de 3 cm de grosor entre una hilada y otra. La hilada inferior está realizada con ladrillos bipedales de 62 cm de longitud, mientras que el resto de hiladas se compone de ladrillos de menor tamaño (26 de longitud x 11 de anchura). El suelo de la canalización está formado por tégulas de 64 cm de longitud x 28 cm de ancho que conservan una costra blanca producida por el paso de agua (figura 6) al igual que la cubierta que también esta resuelta con tégulas. La cimentación de la canalización está hecha a base de piedras, material constructivo cerámico y mortero que forman la pendiente necesaria para que esta canalización desaguara sin problemas en la principal El único objeto encontrado en el relleno ha sido un anzuelo de bronce perfectamente conservado. 2.2.2.6. Canalización F Esta canalización partía del lateral del caldarium en un momento anterior a la construcción de la canalización D y desaguaba en la cloaca por debajo de la actual habitación 16 (figura 1). La estructura de la canalización está formada por bloques de caliza arenosa gris, margocalizas y calcarenita unidos con un mortero de arena y cal poco consistente, mientras que la cubierta y el suelo están realizadas con losas de arenisca micácea

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Figura 6.

Figura 7.

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(figura 7). Sobre parte de la cubierta se apoya un pilar de cimentación que en un momento determinado produce el hundimiento de la canalización lo que imposibilita la evacuación del agua y la necesidad de hacerlo por la zona del ábside a través de la canalización D, cerrándose la salida del caldarium a esta zona con ladrillos. Un orificio rectangular al final de la canalización F lo comunicaba con la cloaca. Al excavar el relleno hemos hallado fragmentos de Sigillata africana A/D con el barniz desaparecido y de africana de cocina de la forma Hayes 23B fechable en los siglos II-III d.C.

3. TIPOS DE MATERIALES CONSTRUCTIVOS 3. 1. Material constructivo de piedra En el complejo termal se identifican distintos tipos de materiales pétreos,12 cuya selección y empleo está determinado según sus características intrínsecas. Nos detendremos principalmente en los dos primeros, que son los más utilizados, citando los demás, para no extendernos demasiado en este apartado: 3. 1. 1. Calcarenita fosilífera Es una arenisca con clastos de distintos organismos que vivían en la plataforma marina: ostras, bolas de algas, lamelibranquios, espículas de erizos, pecten, corales, etc. cementada por carbonato cálcico y con bioturbaciones (rastros de reptación y alimentación de gusanos) procedente de las canteras de la zona (por ejemplo, Taraguilla). Dentro de las calcarenitas encontramos algunas que son más bioclásticas, formadas casi en su totalidad por conchas (lumaquela) y otras más detríticas, constituidas por granos de arena y menos organismos. Es una roca de color beige-amarillento, que en algunas zonas presenta vetas rojizas que se corresponden con zonas por donde más ha circulado el agua y ha depositado más óxido de hierro. Es un tipo de roca consistente, fácil de trabajar y poco pesada al ser muy porosa por lo que es utilizada para hacer grandes bloques. 3. 1. 2. Caliza arenosa gris Roca de origen turbidítico. Tiene la ventaja de que al estar dispuesta en estratos la cara de arriba y la de abajo ya están hechas y no hay que trabajarlas, por lo que es ideal para hacer construcciones en las que las hiladas tengan que ser regulares como es el caso del opus vittatum. Otros materiales empleados son: a. Margocaliza. Proceden de las mismas canteras que la caliza arenosa gris. Tiene un tacto untuoso por la arcilla y puede presentar vetas de sílex. b. Arenisca micácea. Denominada comúnmente piedra jabaluna, procedente del Campo de Gibraltar. c. Arenisca roja procedente de la zona de Málaga. d. Arenisca del Aljibe. Roca de grano medio, color ocre por acción del óxido de hierro, muy abundante en la zona del Campo de Gibraltar, perteneciente a la Unidad del Aljibe. Presenta facies de grano más grueso o microconglomerado.

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Queremos agradecer la colaboración del geólogo Francisco Luis Torres Abril en la elaboración de este apartado sobre los distintos tipos de materiales constructivos pétreos.

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3. 2. Material constructivo cerámico Respecto al material constructivo cerámico encontramos una amplia diversidad en este material: a. Pieza de cerámica . Letrinas, similar a las realizadas en piedra. b. Ladrillo bipedal. Entrada de las letrinas, canalización E. c. Ladrillos. Para los arcos de la canalización B, arco sobre la canalización C, estructuras de la canalizaciones C y E, muros junto con la piedra. d. Ladrillos en forma de cuarto de círculo del caldarium reutilizados en rellenos y pavimentos. e. Tégulas como pavimento en el canal de las letrinas, canalización C, D y E, cubierta a doble vertiente de la canalización B, cubierta de la canalización E, etc. f. Ímbrices en la cubierta de la canalización B. 3. 3. Morteros. Opus caementicium El mortero de la primera fase de arenas y cal es muy ligero, mientras que en fases sucesivas al emplearse construcciones de mampostería realizadas con piedras de forma irregular se hace más consistente. El de la canalización F es un mortero con alto contenido en cal muy deleznable, mientras que en la C, D y E está más cementado. En la cimentación de la bancada emplean en el mortero arenisca del Aljibe machacada lo que le da una coloración amarillenta y bastante consistencia. El caementicium lo encontramos a partir de la segunda fase en obras como la cubierta de la canalización B o en la cimentación de parte del muro oriental de la palestra donde se conservan las huellas del encofrado. 3. 4. Revestimientos y pavimentos 3. 4. 1. Placas de revestimiento Las placas de revestimiento en piedra las encontramos in situ en la parte central de las letrinas y cubriendo los frigidaria de las habitaciones 20 y 24. El grosor de las mismas oscila entre 3 y 0´5 cm. En las piscinas se colocan sobre una capa previa de opus signinum y se sujetan por medio de enganches de hierro a la pared. Por otro lado hemos encontrado fragmentos de dichas placas en las excavaciones de las canalizaciones reutilizadas formando parte de la cubierta o sueltas en el relleno al interior de las mismas. A continuación pasamos a enumerar los distintos tipos y el lugar donde se han hallado: a. Mármol blanco. Letrinas, piscinas 20 y 24. b. Mármol veteado gris. Piscina 20 y 24. c. Mármol veteado rosado. Piscina 20. d. Mármol veteado verde. Piscina 24. e. Caliza fosilífera beige con rudistas. Letrinas. f. Caliza fosilífera amarilla. Piscina 20. g. Caliza fosilífera rosada. Piscina 20 y 24. h. Caliza nodulosa morada. Piscina 20 y 24. i. Pizarra. Piscina 24. j. Calcoesquisto. Piscina 24.

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3. 4. 2. Opus signinum El opus signinum lo encontramos en pavimentos como el hallado a la entrada de las letrinas en la hab. 5, en la hab. 6 cerca de la cloaca, en los revestimientos de piscinas aplicado antes de las placas de mármol para alisar la pared (natatio, frigidaria 20 y 24), piletas, etc siempre ligado a construcciones relacionadas con el agua. También lo hemos hallado reutilizado como material constructivo en un muro de la hab. 2. 3. 4. 3. Opus tessellatum El único resto que hemos localizado en la zona donde hemos trabajado ha sido el fragmento realizado con teselas de color gris presente en uno de los muros de las letrinas y varias teselas sueltas halladas en los rellenos y en los muros de color blanco (tan sólo hemos encontrado una en pasta vítrea de color azul) 3. 4. 4. Mortero de revestimiento Hemos hallados restos de mortero de revestimiento de las paredes en el canal de desagüe de las letrinas y en diversas canalizaciones. 3. 4. 5. Pintura mural Encontramos pocos restos: a. Color blanco. Letrinas, canalización B, C y D. b. Color blanco y rojo. Letrinas. c. Color rojo. Letrinas, canalización F. d. Color negro, violeta, rosa, marrón, amarillo, etc formando un dibujo geométrico. Canalización F.

4. CONCLUSIONES 4. 1. Dinámica del edificio Teniendo en cuenta lo puntual que ha sido la presente intervención, centrada principalmente en las canalizaciones, estamos en disposición de aportar algunos datos sobre la dinámica del complejo termal en función de las mencionadas canalizaciones. Se pueden establecer las siguientes fases en función del sistema constructivo y de las materias primas empleadas: 4. 1. 1. Primera fase Coincide con el empleo de opus vittatum de excelente factura en caliza gris utilizando la calcarenita para esquinas, umbrales, etc. Este mismo material también se utiliza para la elaboración de los elementos sustentantes, como es el caso de los fustes de las columnas, y en pilares de cimentación junto a las margocalizas. El mortero empleado es mínimo, a base de arenas y cal, pareciendo que las piedras están unidas a hueso. A esta época corresponderían las canalizaciones A y F, las letrinas y el frigidarium señalado como habitación 20. Cronológicamente lo podemos asociar con el primer momento de construcción de las termas que, según Presedo, se fecharía a finales del s. I d.C.

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4. 1. 2. Segunda fase Se corresponde con varias ampliaciones en el edificio que pasaría de cumplir funciones exclusivas de baño, a contar con dependencias que lo catalogan como un complejo termal. Nos encontramos con paramentos realizados en un opus vittatum irregular que emplea la caliza gris y la calcarenita de distintos tamaños, ayudándose de pequeñas lajas y de material constructivo cerámico para regularizar las hiladas. Junto a este tipo de obra, también encontramos muros que podemos calificar de mampostería, en los que se diversifica el tipo de material pétreo utilizado –arenisca del aljibe, arenisca roja, rocas metamórficas, etc.– A los muros se incorporan otros materiales constructivos, bien provenientes de la reutilización de otros edificios (sillares almohadillados), así como la presencia de materiales latericios en forma de tégulae, ímbrices, ladrillos bipedales, etc.13 El amplio abanico de técnicas y materiales se complementa con el empleo de opus caementicium que se utiliza en la cimentación de la natatio, en la palestra –en la que se observa la técnica del encofrado– y en la cubierta de la canalización B Podemos asociar a esta fase el frigidarium (habitación 24), la canalización B y las estancias que se adosan a ella (habitaciones 10, 11 y 29) así como las canalizaciones C y E. Durante esta segunda fase se mantuvieron en uso la canalización A y la F. Las letrinas de las termas es una de las estancias, cuyos paramentos han sufrido más remociones a lo largo del tiempo. De hecho, lo que se conserva del alzado parece corresponder a una segunda fase del edificio. Aparte del hecho de que, la mayor parte ha sido recrecida en restauraciones contemporáneas. Si bien, identificamos parte de la cimentación correspondiente a la primera fase cuando realizamos un sondeo en la cara exterior del paramento oriental de las letrinas, en la que se emplean hiladas de bloques regulares de calcarenita alternados con losas de caliza gris. En cuanto a su cronología, y por el material que aparece asociado a estas reformas, como sigillata africana C y (forma Hayes 50) y africana de cocina (formas Hayes 23B y Hayes 197) podemos datarlo en torno al s. III. 4. 1. 3. Tercera fase Durante esta fase, la canalización F que parte del caldarium se inutiliza porque se produce el hundimiento de la misma, quizá debido a la presión de un pilar de cimentación apoyado sobre ella que se construye en la segunda fase. Este es el motivo de la construcción de la canalización D en la zona absidal de la mencionada habitación 14 y que conecta con la canalización o cloaca A. 4. 1. 4. Cuarta fase Durante esta fase se ciega la salida de la canalización D con ladrillo y se realiza un pavimento de opus signinum que se apoya directamente sobre lo que era el suelo de la canalización, una vez eliminada su cubierta. Sin embargo, y en base a la presencia de una losa en arenisca micácea con un orificio en la parte central, en el límite entre las habitaciones 7 y 8, sabemos que el último tramo de esta canalización, que conecta con la cloaca se sigue utilizando para evacuar el agua del patio de opus signinum, que estaría al aire libre. A esta fase podemos asociar también distintos rellenos y cegamientos que se producen en el complejo termal y que determinan el final de su utilización como tal, como son el relleno del canal de desagüe de las letrinas, el acceso a la habitación 9, otros en la zona de la palestra, la conexión de la natatio con la canalización C, etc…

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Con anterioridad sólo se emplean los ladrillos para formar los pilares del hipocausto y en la suspensura.

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Todas estas actuaciones las podemos datar en el s. IV y nos hablan de una transformación del edificio y de su uso, posiblemente industrial, vinculado a la industria de salazones que aprovecha algunas de las canalizaciones anteriores y las piscinas. Podemos asociar a esta época varias piletas realizadas en opus signinum y un suelo pavimentado con material constructivo cerámico reutilizado. 4. 1. 5. Quinta fase Durante esta fase el complejo termal de Carteia es utilizado como soporte para la construcción de una necrópolis de inhumación, reflejada en la rotura del pavimento de la habitación 7 y posiblemente relacionada con la reutilización del caldarium 14 bis y una construcción de planta basilical. Esta zona fue la primera en excavarse, a mediados del s. XX, y fue interpretada por Santa Olalla como una necrópolis de época visigoda. Presedo fecha este último momento en torno a los siglos VI-VII d.C.
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EL RECINTO NORTE DE LA ALGECIRAS
MEDIEVAL: DOS NUEVOS ELEMENTOS DE SU SISTEMA DEFENSIVO
Rafael Jiménez-Camino Álvarez / Fundación Municipal de Cultura “José Luis Cano” Pedro Gurriarán Daza / Instituto de Estudios Campogibraltareños
1. INTRODUCCIÓN El espectacular desarrollo experimentado por la arqueología urbana en Algeciras durante los últimos años ha tenido un punto de especial interés en la identificación y estudio de sus construcciones militares de época medieval. Más allá del tradicional conocimiento de algunos restos dispersos, las recientes actuaciones llevadas a cabo en las murallas excavadas en la prolongación de la avenida Blas Infante, cuya trascendencia ha sido recogida en numerosos estudios,1 y en los vestigios de la Huerta del Carmen,2 han aumentado considerablemente nuestros referencias sobre las técnicas y los procesos edilicios empleados en la construcción de las defensas de las dos villas algecireñas. Aunque de mucha menor envergadura que las excavaciones referidas, en estas páginas presentamos los resultados derivados de sendos sondeos realizados en el año 2003, dentro del Proyecto de Control Arqueológico de Movimiento de Tierras del Soterramiento de Residuos Urbanos de Algeciras.3 El primer sondeo –número 37– se llevó a cabo en la acera sur de la prolongación de la Avenida Blas Infante, junto al edificio Pérez Blázquez. El número 7 fue practicado en la calle Teniente Miranda, a la espalda de la Jefatura de la Policía Local. En ambos reconocimientos aparecieron estructuras de origen defensivo, identificadas así, tanto por su gran envergadura y especial puesta en obra, como por su situación relativa dentro del urbanismo de la ciudad con relación a otros elementos de la misma naturaleza. Se caracterizan por el origen concrecionado de los materiales edilicios, aunque de diferente composición y sistema de ejecución en cada caso, como tendremos ocasión de ver. Aunque es difícil establecer una cronología absoluta, sí es posible precisar su construcción en el período medieval. La interpretación funcional de las estructuras exhumadas como integrantes del recinto defensivo las clasifica, desde un punto de vista legal, como Bienes de Interés Cultural.4 Así, tras su localización, se dio cumplida cuenta a la Delegación Provincial de Cultura, y una vez finalizado el proceso de documentación arqueológica, han sido nuevamente enterradas.5 En definitiva, estos nuevos elementos no sólo aumentan el conocimiento que poseemos sobre las técnicas edilicias empleadas en las murallas de la Algeciras medieval, sino que también sirven para reflexionar sobre su difusión y empleo en la arquitectura medieval de nuestro país.
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Valgan como ejemplo los artículos citados en la bibliografía de Torremocha, Navarro y Salado (1999 y 2000). Navarro y Tomassetti, 1999. Jiménez-Camino, 2003. Según interpretación de la Disposición Adicional Segunda, de la Ley 16/1985, de Patrimonio Histórico Español. La localización de la muralla en el sondeo nº 7 obligó a la anulación del resto de soterramientos planteados en esta acera de la calle Teniente Miranda.

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2. SINÓPSIS HISTÓRICO-ARQUEOLÓGICA DE LAS MURALLAS DE ALGECIRAS La ciudad de Algeciras contaba, al menos a partir de finales del siglo XIII, con dos recintos amurallados separados por el río de la Miel. Hasta fechas muy recientes se daba por sentado que la ciudad situada al norte del río, donde se localizan los hallazgos que exponemos aquí, era la más moderna. Se suponía que ésta había sido fundada por el emir benimerín Abu Yusuf Ya’qub entre 1279 y 1285.6 Sin embargo, recientes investigaciones históricas sobre la ciudad plantean exactamente lo contrario, es decir, que este recinto septentrional es el lugar donde se encuentra la al-Yazirat al-Hadra de las fuentes islámicas, la Villa Vieja de las castellanas.7 En este sentido parecen apuntar, además, los hallazgos más antiguos de las últimas excavaciones realizadas en la ciudad.8 La primera noticia sobre la fortificación de esta madina es posible deducirla de un acontecimiento recogido primero por Ibn al-Qutiyya y, después, por Ibn Hayyan,9 referente al escarmiento recibido por la población algecireña a manos del emir al-Hakam I, a causa de la extensión del jariyismo en este lugar. En ambas fuentes se menciona una puerta de la ciudad, lo que nos hace suponer que debió existir un recinto fortificado, al menos desde un momento situado entre los años 796 y 822, al que se accedía por esta entrada.10 Esto es lo que deducimos de una atenta lectura de las fuentes escritas; no obstante, no se conoce ninguna estructura datada con anterioridad a la época bajomedieval en ninguno de los dos recintos. Sabemos con seguridad, debido a que fueron cartografiados en el siglo XVIII, que los restos de muralla identificados hasta la fecha estuvieron en uso hasta mediados del siglo XIV. Es decir, conocemos el perímetro máximo de la ciudad en los momentos finales de la Edad Media y a este período pertenecen, sin excepción, todas las localizaciones de elementos de la fortificación que conocemos hoy día. Es, por tanto, posible plantear que la antigua cerca se emplazara al interior del reducto y que fuera sistemáticamente destruida para ampliar la ciudad. Esta circunstancia impediría su representación en época moderna. A pesar de que el objetivo de este trabajo no va más allá de presentar los nuevos descubrimientos exhumados, realizaremos en estas líneas una breve descripción de todos los restos emergentes en la actualidad. Las fortificaciones del recinto sur están representadas por los vestigios localizados en la zona denominada Huerta del Carmen. Éstos son los más meridionales de la cerca y están compuestos por restazos de la muralla, tres torres y la barbacana. La muralla,11 muy arrasada, se construyó con la técnica del tapial.12 Las tres torres emergentes, en cambio, están fabricadas con calicanto recubierto con paramentos de mampostería dispuesta en hiladas.13 Se han conservado restos del enfoscado.
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Sobre la fundación de al-Binya léase Torremocha, Navarro y Salado (1999:73-85). Véase en este mismo congreso: Jiménez-Camino y Tomassetti (e.p.). Por ejemplo, en este mismo congreso Suárez, J., Tomassetti, J.M. y Jiménez-Camino, R. (e.p.) Ibn Al-Qutiyya: 39 e Ibn Hayyan: 131. Ibn al-Qutiyya menciona que al-Hakam “llegó a Algeciras, acampó a las puertas de la ciudad y pasó a cuchillo a la mayor parte de sus habitantes”. Mientras que Ibn Hayyan señala que el emir “movilizando su ejército, salió con él personalmente hasta tomar la puerta de Algeciras, sin que la población lo sintiera, y pasó a cuchillo a la mayoría”. La idea de acampar a las puertas, en el primero, y de tener que “tomar” este acceso, en el segundo, indican que el espacio debió estar fortificado. La lámina 1 reproduce un tramo recientemente descubierto de la muralla. D. David Martín Ríos, a quien agradecemos desde aquí su comunicación, nos avisó de que, al concluir los trabajos de desbroce de una parcela situada al este del Hotel Cristina, se podían apreciar restos de piletas de salazón. Al comprobar el hallazgo, descubrimos que apoyándose en la medianera que separaba dos de éstas balsas se había levantado un muro de hormigón de cal, con una orientación y localización coherente con la del trazado defensivo. Otro muro con una fábrica de tapia de dosificación semejante se encuentra separando los jardines del Parque de las Acacias de los del Hotel Reina Cristina, bajo la valla contemporánea. Éste alcanza un desarrollo longitudinal de unos 80 metros y coincide con una estructura representada en el plano del Archivo General de Simancas AGS MPD X-94 (Jiménez-Camino, R. y Tomassetti, J. (en preparación), por lo que podemos inferir que es anterior al siglo XVIII. Teniendo en cuenta el período de abandono generalizado documentado en la ciudad entre finales del siglo XIV y principios del siglo XVIII, se puede incluso rebajar esta referencia cronológica ante quem a 1379. Opinión diferente se cita en otro estudio (Torremocha, 1994: 245), quién lo data en época romana basándose en la fábrica. Se ha interpretado que al menos una de las torres estaba “forrada” por un muro de tapia (Navarro y Tomassetti, 1999).

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Figura 1. Planta general del recinto norte de Algeciras obtenido de la superposición de la planimetría del siglo XVIII (Archivo General de Simancas, M. P. y D. X95, G. M. leg. 3618) al parcelario actual. Leyenda de las excavaciones anteriores de restos defensivos: 1. Excavación de la prolongación de la Avenida Blas Infante, 2. Solar nº 5 de la Plaza de la Palma. Sondeos actuales: A. Sondeo 7, B. Sondeo 37.

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De la misma fábrica es la barbacana, de la que se conservan cuatro tramos con perfil ataludado.14 El conjunto se ha datado hasta ahora por supuestos teóricos deducidos de las fuentes documentales. Los indicadores cronológicos no son anteriores al período bajomedieval, nos referimos a un ataifor de borde quebrado rescatado en la fábrica del forro de tapia de una de las torres y a un depósito localizado en la liza que amortiza a otro de época tardorromana (NAVARRO y TOMASSETTI, 1999). En el recinto norte se han realizado dos localizaciones. La primera de ellas se ha efectuado en el sector nororiental, en la prolongación de la avenida Blas Infante (figura 1,1). Durante los últimos años se ejecutaron varias intervenciones arqueológicas15 en este lugar que han tenido como resultado la identificación de un complejo defensivo datado por sus excavadores entre 1279 y 1285.16 Consta de un lienzo de muralla de calicanto terminado con mampostería careada, un “antemuro” de tapia de hormigón, cuatro torres de sillería con relleno de calicanto, más una torre-puerta a la que se accedía a través de un puente de obra que salvaba un foso. Éste último se construye con la misma fábrica que la muralla. Sobre su escarpa se erigió una barbacana, también de calicanto y revestimiento de mampostería. El único testigo de la fortificación conocido, antes del inicio de la arqueología urbana en Algeciras, era un tramo de aproximadamente 20 metros de longitud, interpretado primero por Antonio Torremocha (TORREMOCHA, 1994:82) como un testigo de la barbacana, y, posteriormente, tras las intervenciones citadas como parte de la escarpa del foso.17 Es, precisamente, a continuación de este tramo y unos 40 metros hacia levante, donde se ha ejecutado el sondeo 37 que aquí presentamos.

Lámina 1. Sección de una pileta de salazón (abajo, izqd.) y de la muralla de tapial (sobre la pileta y a su dcha.) ubicada en el flanco sureste de la villa vieja. Es posible apreciar la fábrica de la balsa romana a base de hiladas de mampuestos y los revestimientos, a un lado y a otro del muro, de opvs signinvm. La muralla estaba muy erosionada y no presentaba careado en su lado visible, debido a este motivo.

La segunda identificación de un elemento de la fortificación se efectuó en el año 2001, como consecuencia de una intervención arqueológica de urgencia efectuada en el solar número 5 de la plaza de la Palma18 (figura 1, 2). En esta ocasión se halló un nuevo tramo de la muralla y parte de una torre. El lienzo tenía un desarrollo de 6,10 metros de longitud y una anchura de 2,20 metros. La fábrica era similar a las rescatadas en la avenida Blas Infante, con un careado de mampostería
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Se detectó además, en el sondeo 4, otra estructura de hormigón, de la que no se conservaba careado, que se disponía paralela a la muralla y que se ha interpretado con reservas como un “antemuro” de tapia. (Torremocha, Navarro y Salado, 1999: 88). Las dos primeras intervenciones fueron dirigidas por Alejandro Pérez Malumbres. Posteriormente, entre abril y octubre de 1998 el equipo dirigido por Ildefonso Navarro, Antonio Torremocha y Juan Bautista Salado continuó las labores de excavación en la misma parcela. Torremocha, 2002: 464-465. Torremocha, Navarro y Salado, 1999:104. Fernández y Tomassetti, 2001.

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Figura 2. Planta y perfiles del sondeo 37. Arriba izda.: perfil oeste. Arriba dcha.: perfil norte. Abajo: planta.

regular que revestía un núcleo de calicanto. La torre, de la que sólo restaba un lado completo, difería de las vistas en el frente norte pues, aunque su núcleo era de las mismas características, sus dimensiones (4,00 metros de lado) eran menores y su revestimiento se levantó a base de mampuestos. La interpretación cronológica efectuada por sus excavadores determinaba la anterioridad de la torre respecto de la muralla y sitúa el abandono de ésta última, de forma genérica, en el período meriní.19 Además, propusieron una semejanza formal entre esta torre y otras dos cortadas por la muralla en la otra excavación citada en la ciudad septentrional, por un lado, y las de la cerca del recinto sur, por otro.20

3. LOS RESTOS DE FORTIFICACIÓN HALLADOS EN LA PROLONGACIÓN DE LA AVDA. BLAS INFANTE La obra identificada se corresponde con el núcleo de un potente muro sin vestigios de su careado exterior, que apareció arrasado dentro del Sondeo 37, practicado en la acera sur de la prolongación de la avenida Blas Infante, al este del carril que da acceso a los garajes del edificio Pérez Blázquez. Dicho corte tenía unas dimensiones de 4,40 x 2,00 metros, con su lado más largo orientado sensiblemente en dirección este-oeste (lámina 2 y figura 2).
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Ya que no se agotó la secuencia estratigráfica por dificultades técnicas. Ello implicó que no se pudiera determinar un terminus post quem para la fundación de la muralla. Navarro y Tomassetti, 1999.

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3.1. Fase fundacional y definición constructiva El sistema constructivo elegido para la puesta en obra de este tramo de obra estuvo condicionado por su situación litoral, que implicaba dos aspectos fundamentales: su carácter semiacuático e inundable y la previsible existencia de un firme arenoso. La inestabilidad del sustrato base y la siempre problemática presencia de agua motivaron la elección de soluciones que mitigaran en la medida de lo posible la aparición de patologías y lesiones derivadas de estos factores. La primera solución se consiguió, posiblemente, al resolver los fundamentos de la estructura asentado sobre el terreno grandes lajas de tamaño cercano al metro de longitud y de 20 a 30 cm de espesor (U.E. 3723). Estas piedras estaban colocadas a hueso y los intersticios que las separaban estaban colmatados por un nivel de carbón que, como explicaremos más adelante, amortizaba la interfacie de destrucción del elemento constructivo (U.E. 3714). Sólo la cara superior del bloque dispuesto en una posición más elevada, presentaba restos del ligante que lo aglutinaba con el muro. De otro lado, las lajas estaban separadas de la base del lienzo hormigonado por esta misma interfacie de destrucción U.E. 3714 y estaban cubiertas por un estrato con abundantes fragmentos pétreos (U.E. 3713). Nos decantamos por interpretar estas lajas como integrantes del basamento del muro,21 debido a tres factores: Lámina 2. Vista de detalle desde el sur de las estructuras el tamaño de estas piedras, ostensiblemente mayor que el de excavadas en el sondeo 37. aquellas que integran el depósito que las cubría (U.E. 3713), el hecho de no presentar restos de argamasa por debajo del nivel de carbones y, sobre todo, por su disposición ya que se hallaron niveladas y ordenadas al pie del muro. La segunda, se consigue a través de la fábrica que forma el grueso de la obra principal, un hormigón de naturaleza caliza. Forma la mezcla concrecionada una mezcla de mortero de cal, arena, gravas y pequeños cantos (de diámetro <10 cm) y escasos fragmentos cerámicos, con un volumen de la matriz de argamasa ostensiblemente mayor al de las inclusiones contenidas en ella. Es decir, nos encontramos ante un conglomerado de “cal y canto”, aunque, en este caso, con una granulometría muy fina y con abundante aglomerante calizo –de ahí el color blanquecino que presenta–. Sorprende esta dosificación al compararla con la que presenta el resto de escarpa22 que emerge unos metros a poniente (al este del futuro Parque Arqueológico de las Murallas Meriníes), donde la frecuencia de los cantos es muy alta y ocupa un volumen semejante al de la matriz de argamasa. Aunque resultaría sugerente concluir distintos momentos para la ejecución de ambas estructuras, pensamos que las desiguales características de los hormigones responden más bien a criterios de lógica
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El hecho de que los bloques aparecían separados de esta estructura por debajo de la U.E. 3714 dificultó su interpretación, máxime cuando justo este punto constituía la cota de finalización del sondeo. Los bloques se hallaron sólo en un pequeño espacio junto al perfil meridional, el resto del sondeo estuvo permanentemente inundado por el agua aportada por la capa freática y una fuga proveniente de una tubería. En otro trabajo se interpreta el tramo emergente en la Avenida Blas Infante como la escarpa sobre la que se asentaba la barbacana (Torremocha, 1994: 82 y 85).

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Figura 3. Representación del ingeniero Cristóbal de Rojas sobre “el modo de fabricar en la mar” (S. XVII).

constructiva. En efecto, el empleo de una mezcla más fina y cuidada en el tramo más cercano al mar se estima conveniente para garantizar un adecuado comportamiento ante el agua, que evite sobre todo la disgregación de la mezcla hormigonada. Recuérdese que el uso de malas dosificaciones con escasez de aglomerante deriva en materiales poco cohesionados e inestables ante la acción hídrica. Por otra parte, la implantación de esta estructura sobre un terreno arenoso e inundable exigió cuidados adicionales por parte de sus constructores para evitar desplazamientos y colapsos en un firme tan poco adecuado. Junto al probable fundamento de lajas tomadas a hueso, se empleó otra solución conocida desde antiguo que consiste en el empotramiento de postes de madera en el suelo, que a su vez se embuten en la fábrica hormigonada. Se ha podido identificar este sistema debido a la existencia de cuatro mechinales de sección tendente a rectangular (con unas dimensiones que oscilan entre 12 y 15 cm) alineados entre sí. Aunque aún se conservaban pequeños restos de madera adheridos a sus laterales, los fustes habían desaparecido. En el momento de la excavación, el interior de estos mechinales estaba colmatado por restos de equinodermos depositados mucho después de que la madera se pudriese. Disponemos de una referencia sobre el empleo de materiales lignarios en cimentaciones por parte de Marco Lucio Vitrubio, quien recomienda cómo “en caso de que no se encontrase terreno firme, por ser el suelo de tierras de acarreo o movedizas hasta muy hondo, o pantanosas, entonces se cavará y ahondará la zanja hasta cierto límite y se hará una estacada con cuartones chamuscados de álamo negrillo, olivo o encina, cuidando de que los maderos de esta armazón queden tan compactos como sea posible con ayuda de máquinas, y que los espacios que resultan entre los cuartones se rellenen con carbón. Hecho esto se terminan los cimientos de albañilería muy solidamente”.23 La pervivencia de criterios similares,
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Vitrubio, 1997: 76 y 77.

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como el uso de pilotes, queda patente en otros tratados redactados ya en la Edad Moderna, como el del ingeniero Cristóbal de Rojas, quien dedica un epígrafe al “modo de fabricar en la mar”, utilizando estacas cuando “el terreno es muy falso y sin firmeza” (figura 3).24 Un interesante paralelo, muy parecido al identificado en nuestro caso, lo tenemos en la cimentación del castillo de los Genoveses de Málaga, fortín construido entre la ciudad y el mar en terreno arenoso en el siglo XV (lámina 3).25 En este caso, la intervención pudo identificar los pilotes de madera que aún se conservaban empotrados en varios tramos del muro de calicanto, alineados transversalmente, y, al menos en la base de una torre, anclados a un entramado de vigas que forman un encepado.26 Esta última técnica de formar mallas, que no se ha podido identificar en el ejemplo que nos ocupa, sería habitual para resolver la base de puentes,27 muelles o diques, en cuyo caso se replaneaba un zampeado compuesto por una retícula de madera.28 Por otra parte, los constructores de todo el marco mediterráneo se habituaron a la inclusión de travesaños de madera en el macizo de las fábricas de una estructura,29 tanto pétreas como hormigonadas, con la aparente intención de dotarlas de mayor resistencia.30 El uso de estos elementos en el mundo clásico tiene su lógica pervivencia en la arquitectura imperial bizantina, con multitud de variantes que incluyen el recurso a piezas de hierro,31 y terminará arraigando en la península Ibérica en la Lámina 3. Detalle del sistema de cimentación con pilotes de madera del castillo de los Genoveses de Málaga (S. XV) (Fotografía cedida por M. Acién edilicia andalusí. Aunque fuera común la inclusión de perfiles Almansa). de madera en las tapias de hormigón puestas en obra con tapiales, a fin de dotar de resistencia a tracción a materiales tan poco apropiados para soportar esfuerzos tangenciales, sorprende la profusión del empleo de esta solución como medio auxiliar en paramentos de sillería. Esta costumbre de embutir emparrillados en los rellenos de los muros de cantería destacará principalmente durante el Califato de Córdoba.32
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De Rojas (1985). Acién (e.p.). La madera utilizada en la construcción de esta fortaleza provenía del saqueo de un navío mallorquín arribado al puerto malagueño, ibídem. El uso de materiales de refuerzo del basamento de este tipo de estructuras queda reflejado en la restauración del puente de Córdoba en 971/360H “con grandes cajones de madera, gruesas barras de hierro, de solidez muy de fiar, y enormes y durísimos bloques de piedra traídos directamente de la cantera […]” (Ibn Hayyan, 1967: 30). La permanencia de restos de madera en ambientes de humectación constante, posibilita la conservación del material en buen estado. De este modo, es posible estudiar en algunos casos ejemplos realmente espectaculares de emparrillados de cimentación de puentes, tal es el caso, por ejemplo, de la rampa de calado del puente de romano de la Calle Santiago de Irún, excavada a partir de 1992 (Gereñu, 1997: 472). A este respecto véase el completo estudio de Pavón (1999: 625 y ss.). Volviendo nuevamente a Vitrubio, este arquitecto recomienda cómo “en el espesor de la muralla, en su totalidad, deben empotrarse estacas de olivo tostadas, entrelazadas lo más estrechamente posible […] no sólo las murallas, sino también los cimientos y cualesquiera paredes de mucho espesor deben trabarse de la misma manera, y así no se viciarán tan pronto” (Vitrubio, 1997., p. 23). Choisy, 1997: 118 y 119. Jiménez, 1979: 474.

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Así, tenemos los ejemplos del alminar mandado erigir por ‘Abd al-Rahman III en la gran mezquita cordobesa,33 y ciertas construcciones defensivas también fechadas en el siglo X como algunos muros del castillo de Cuenca,34 la torre del Espolón Sur del Castell d’Alpont (Valencia)35 o la torre del Andador de Albarracín (Teruel).36 No obstante, no debe limitarse la difusión de estas técnicas a un periodo específico, de modo que aún es posible estudiar construcciones mucho más tardías que atan sus muros con vigas; así es el caso de la puerta del Cristo de Ronda (Málaga), de época nazarí, cuyos perfiles de madera embutidos en las fábricas de mampostería servían además para el anclaje de los andamios de las obras.37 De este modo, al encontrarnos ante criterios constructivos de larga tradición, es difícil proponer a partir de los mismos una cronología específica para este muro que nos ocupa, si bien no dificulta una lectura tardomedieval remitiéndonos a una datación por paralelos con otros elementos defensivos más o menos fechados de otras partes de la ciudad, tanto edilicios como morfológicos, para afirmar esta hipótesis. Tanto para la escarpa emergente en la avenida de Blas Infante, como para la coracha, se ha propuesto una cronología bajomedieval islámica38 (TORREMOCHA, NAVARRO y SALADO, 1999). 3.2. Interpretación funcional Contamos con varias fuentes documentales que permiten constatar que estos restos pertenecen al ángulo noreste del sistema defensivo medieval. Éstas son: - Un ensayo de superposición de los planos que sobre la ciudad se realizaron a principios del siglo XVIII sobre el parcelario actual. En la figura nº 1 se ha representado uno de ellos. En concreto se han digitalizado los elementos defensivos medievales identificados en el plano AGS, MP y D X-99 y se han escalado sobre el plano actual de la Gerencia Municipal de Urbanismo. - Un conjunto de fotografías fechadas entre 1929 y 1966 en las que se pude apreciar la fisonomía del muro y se reconocen algunos edificios que se mantienen hoy.39 - Un grabado del siglo XVIII (TORREMOCHA, 1994: 92) que contiene los mismos elementos que los representados en las fuentes anteriores. Otra cuestión es determinar a que elemento concreto de la cerca pertenece. El hecho de que no podamos reconocer con seguridad la dirección del muro, ya que no se conservan rastros del careado, nos obliga a dudar de si el elemento exhumado pertenece a la escarpa o a la coracha medieval. Hemos de tener en cuenta que es fácil presumir algunos metros de error en la restitución cartográfica realizada y que las fotografías conservadas tampoco permiten hacer mayores precisiones. La primera posibilidad, por tanto, sería atribuirlo a una porción de la barbacana o de la escarpa, con lo que este tramo constituiría la inflexión noroeste-sureste reflejada en la cartografía y en las fotografías. Ello haría coincidir la disposición de los mechinales, aparejados de forma transversal al eje del muro, con la del castillo de los Genoveses, como vimos arriba.
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Hernández, 1975: 48 a 50. Almagro, 1979-1981: 243 a 245. Ribera i Gómez, 1986: 272. Almagro, 1976: 286 y ss. Gurriarán y Villalobos, 2004: 16. Hasta la fecha no ha sido localizado ningún resto de coracha, pero según algunas de las fotografías que mencionamos (véase infra nota 39) se intuye que su núcleo era de hormigón, al igual que el del tramo emergente de Blas Infante, mientras que su careado era de sillería, posiblemente como el de las torres localizadas en las intervenciones realizadas en la Avenida Blas Infante. Nos referimos, por un lado, a dos fotografías realizadas desde el norte que recogen la coracha, aún en pie, fechadas entre 1925 y 1930 (Torremocha, 1994: 94 y Delgado, 2003: 26) y, por otro, a otras tres que recogen desde el aire los restos de barbacana, la coracha ya había desaparecido. Una de 1929 (un detalle se ha reproducido en la lámina 4, por cortesía de Ángel Sáez) y el resto de entre 1964 y 1966 (Puerto Bahía de Algeciras, 1993:88, nº 28.22 y Jiménez-Camino y Tomassetti, en preparación: Ficha 11, del Anexo Documental II: Cartografía Histórica, Fotografías y Grabados, de la Carta Arqueológica de Algeciras).

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Lámina 4. Vista aérea del extremo noreste de la villa norte de Algeciras con el tramo defensivo estudiado. Año 1929.

Según esta interpretación, la principal dimensión localizada correspondería al ancho del lienzo, que superaría los tres metros de latitud, pero cuya medida exacta no se podría calcular ya que continúa por debajo de los perfiles oeste, norte y sur y ha sido destruida en la mitad este del sondeo.40 Sin embargo, no podemos descartar una segunda interpretación por la que el elemento formaría parte de la cimentación de la coracha, en este caso, los mechinales estarían dispuestos siguiendo la longitud del muro. La orientación del elemento se adecuaría a la de la coracha en la cartografía siguiendo un eje suroeste-noreste. 3.3. Destrucción del elemento La estratigrafía reveló al menos dos momentos en su desmantelamiento. La interfacie U.E. 3714 que secciona al muro en dirección noreste-suroeste, desmontándolo en la mitad sur del sondeo, marca la primera señal de destrucción sufrida. Sobre ésta, se ha depositado un nivel de carbones cuya huella ha quedado fosilizada en el muro, presentando este estrato una superficie superior sensiblemente horizontal (U.E. 3715) y que amortiza los grandes mampuestos que suponemos forman parte de la obra de cimentación del muro.41 La fosa fue, posteriormente, colmatada con un depósito formado a partir de abundantes mampuestos de mediano y gran tamaño con restos de argamasa asociados. No parece que estos materiales pertenezcan a esta misma estructura. El gran tamaño de las piedras que componen la fábrica y la escasa relación de argamasa en el volumen del muro frente al espacio ocupado por los mampuestos desestiman esta sugerencia. Tal vez provengan de los derrubios de otras estructuras próximas o del alzado emergente de este mismo muro que bien podía haberse realizado con una dosificación diferente, como ocurre con el elemento conservado al este del Parque Arqueológico. El único objeto
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Esta es la interpretación recogida en el dibujo de la planta del sondeo de la figura nº 2. Estos carbones cubrían también los interesticios entre los bloques de la UE 3723.

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recuperado en la intervención que pudiera arrojar alguna data sería un bolaño, en este caso sobre un asedio. Sin embargo, no representa un indicador cronológico aproximado, ya que disponemos de un grabado del siglo XVIII en el que barbacana y coracha se representan en pie (TORREMOCHA, 1994: 92). Posteriormente, se abrió una nueva fosa (U.E. 3710) que seccionaba al muro, rebajándolo alrededor de 70 cm. Esta interfacie ha dejado una huella sobre la estructura con dos lados en ángulo recto.42 El objeto de esta substrucción era alojar en su interior una estructura cuadrangular de hormigón armado con tochos metálicos (U.E. 3725). Las dimensiones de la fosa se explican por la necesidad de espacio para el encofrado de esta estructura por todos sus lados. El picado necesario para abrirla ha sido, posiblemente, el causante de las grietas que recorren la estructura, en especial, la que ha fracturado el elemento longitudinalmente según el eje de los mechinales. Algunos ciudadanos nos informaron que la grúa utilizada para la edificación de la vivienda colindante se posicionó cerca de este lugar. Es posible que esta estructura (U.E. 3725) haya servido de cimentación para su emplazamiento. El resto de acciones que han dejado huella en el sondeo están relacionadas, fundamentalmente, con nivelaciones para emplazar el acerado de la calle y con la instalación de servicios para el abastecimiento urbano. Disponemos de diferentes fotografías sobre este sector de la fortificación. Según la interpretación de éstas podemos asegurar que de tratarse de la escarpa-barbacana el elemento se conservó con un alzado considerable hasta el año 1964 o 1966, fechas de las últimas reproducciones.43 Mientras que la coracha es fotografiada por última vez, según las copias que manejamos, entre los años 1925 y 1930.44 En una de éstas (DELGADO, 2003:26) se puede apreciar un paño de muro con importante alzado revestido de sillares que se encuentra desligado de la barbacana por una gran fractura.

4. LOS RESTOS DE FORTIFICACIÓN DE LA CALLE TENIENTE MIRANDA El sondeo nº 7 se replanteó en el vial de la calle Teniente Miranda, con uno de sus lados mayores, el oeste, pegado a la acera de poniente de dicha calle. Sus dimensiones eran de 5,48 x 2,05 metros y se situaba a 6,62 metros al norte, de la esquina sureste, del muro perimetral de la Jefatura de la Policía Local (véase figura 4). 4. 1. Descripción del elemento defensivo 4.1.1. El muro La estructura excavada tiene una anchura mínima de 1,80 metros y una orientación norte-sur. Está construida mediante el empleo de un hormigón de cal, de granulometría fina. La composición de la mezcla conglomerada viene determinada por un aglomerante de mortero de cal grasa y un elemento inerte que incluye arenas, gravas, y en menor medida cantos, fragmentos cerámicos, limos, arcillas e inclusiones de nódulos de cal. Señalar, por otra parte, la existencia de una heterogeneidad en la dosificación consistente en el incremento de árido grueso (30-40 cm) en el tramo central del sondeo. Este elemento constructivo apareció desmochado según una línea sensiblemente horizontal por lo que intuimos que se trata del límite superior de un cajón o tapia –recuérdese que las líneas de rotura de estos hormigones suelen aparecer en uniones constructivas–. Por otra parte, los resultados de la excavación demuestran que nos encontramos ante el pie del alzado del muro;
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Junto a este rebaje aparecen al menos dos más (UU.EE. 3711 y 3712). Una de ellas se denomina “Vista aérea del paseo marítimo y de la dársena pesquera” (Puerto Bahía de Algeciras, 1993: 88) y refleja la construcción del primer edificio de doce plantas de la avenida Virgen del Carmen. En ella todavía permanecen los restos de la barbacana pero ya ha sido demolida la coracha. La otra (citada en la nota 39) refleja este mismo edificio en construcción. Véase nota 39.

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Figura 4. Planta y perfiles del sondeo 7. Arriba izda.: perfil oeste. Arriba dcha.: perfil norte. Abajo: planta con una de las hipótesis acerca de la orientación del muro.

esta suposición parte de la constatación del nivel geológico del terreno (arcillas) bajo este elemento, en el sector noroeste45 y suroreste, con una diferencia de cota de 40 cm. La tapia estaría compuesta por dos tramos de cimentación, diferenciados por la necesidad de adaptar la construcción a la topografía del terreno: ambos arrancan mediante un mismo procedimiento, que consiste en el vertido de una primera capa de mortero de cal (U.E. 718) sobre las arcillas geológicas. Esta técnica de escalonar los basamentos es característica de las obras realizadas con cajones de hormigón en terrenos con pendiente, los cuales necesitan una superficie nivelada para edificar las tapias. A continuación, se levantaría el resto de la estructura según el procedimiento habitual de construcción utilizando hormas reaprovechables. Resulta llamativa la ausencia de mechinales de agujas en este elemento,46 no obstante esta circunstancia queda justificada por tratarse de las tapias base del muro, justo sobre las cuales se colocarían los primeros travesaños de madera correspondientes al cajón superior. El desmochado a ese nivel ha hecho desaparecer cualquier resto de estos testigos. En consecuencia, este tramo de muralla se pondría en obra utilizando la técnica del tapial, cuyo resultado, la tapia, se denominaría tabiya en el Islam occidental.47 Incidiendo en las labores de ejecución, en el tramo meridional y hasta el escalón con el siguiente se documentó un nivel de lajas niveladas dispuestas con relativo orden sobre la cara superior del elemento hormigonado (obsérvese lámina 5). Esta
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Este muro se inserta en el terreno mediante la apertura de una zanja de sección decreciente con respecto a latitud del muro. El tramo con mayor alzado alcanza 0,80 metros. Van Stäevel, 1999: 95 a 109.

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Lámina 5. Vista desde el norte del elemento defensivo excavado en el sondeo 7.

peculiaridad se puede interpretar como un intento de obtener una superficie regular y resistente sobre la que alzar los cajones superiores. Dicha solución está ampliamente constatada en numerosas obras de tapias pero empleando para ello hiladas de ladrillo.48 Por otra parte, es posible mencionar ciertos elementos cuya interpretación es más complicada. Hablamos de una única hilada horizontal de mampuestos que aparece en el extremo central y meridional del perfil occidental (U.E. 721, figura 4). Estas piezas están apoyadas contra la cara occidental del muro. Su superficie superior está enrasada con el nivel de lajas referido y posiblemente marque el nivel de uso exterior (bien pudiera ser un bordillo o un pavimento). El hecho de que apareciera justo en el perfil ha dificultado su correcta interpretación. 4.1.2. Otros elementos Tras esta descripción del muro debemos referirnos a la aparición de otras estructuras relacionadas con el mismo. Sobre todo, destacan dos unidades identificadas en el perfil occidental a la altura de su extremo septentrional. Consiste la primera (U.E. 710) en un muro u hoja constructiva realizada en mampostería careada tomada con mortero terroso, con un ancho de 60 cm y una dirección ortogonal al eje del muro, U.E. 712. Su relación con esta última construcción viene dada por su
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adosamiento, que incluye una capa de barro dispuesta entre ellos; esta circunstancia nos indica la posterior cronología de la U.E. 710. Vinculada a la misma se encuentra un paquete de mampuestos y cantos (U.E. 727), en el cual se diferencia un primer nivel ordenado y empotrado puntualmente en el muro de hormigón, y otro superior con las piezas pétreas vertidas caóticamente, que bien pudiera corresponder a un derrumbe o a un relleno estructural. El hecho de que estas piedras estén contenidas contra un plano vertical (véase la planta del sondeo, figura 4) reafirma nuestra hipótesis de que han sido vertidas cuando la U.E. 712 ya se había formado. Las unidades estratigráficas 710 y 731 (base sobre la que se deposita la U.E. 727) se asientan directamente sobre el nivel geológico. 4.2. Interpretación funcional A la hora de interpretar el muro de hormigón hemos de tener en cuenta tres aspectos fundamentales: por una parte, su poderosa envergadura, por otra, su construcción con un hormigón calizo, bien trabajado y de extraordinaria dureza y consistencia, y por último, su situación relativa con respecto a la planimetría histórica de las murallas del recinto norte de Algeciras. 1) La anchura del muro, próxima a los dos metros,49 relaciona directamente a esta construcción con otras de naturaleza militar. 2) El material edilicio que como hemos comentado consiste en un hormigón con altas dosis de mortero de cal, muy bien trabajado y dosificado cuyos valores resistentes superan ampliamente a otros materiales más comunes y pobres apropiados para las construcciones civiles. El protagonismo de estas mezclas en numerosas murallas andalusíes supone otro argumento adicional para defender el origen defensivo de este muro.50 3) Su situación, ya que la superposición de los planos de la muralla levantados en la primera mitad del siglo XVIII51 sobre un parcelario actual, hace coincidir el trazado de la muralla con el elemento excavado. Sin embargo, al igual que ocurría con el muro de la avenida Blas Infante, tampoco podemos obviar la posibilidad de que existan algunos metros de error en la restitución. Ello podría plantear dudas sobre la interpretación del muro, puesto que podría tratarse de la barbacana o del antemuro de tapia. De estos tres factores deducimos que el muro analizado forma parte del sistema defensivo. Sin embargo, queda por discernir a que parte. Discutiremos, a partir de aquí, sobre las tres posibles interpretaciones: 1) La interpretación como barbacana. La comparación de la fábrica del elemento descubierto en la calle Teniente Miranda con la de la muralla y la barbacana de Blas Infante no arroja mucha luz al respecto, puesto que éstos últimos están fabricados con un núcleo de calicanto con forro de mampostería. Por tanto, no se asemeja a ninguno de los dos. Los autores de la segunda fase de intervenciones en este yacimiento proponen que la barbacana podría tener una fábrica mixta en la que su basamento fuera de este material y el alzado de tapia de hormigón, basándose en las anotaciones que sobre la fortificación realiza Jorge Próspero de Verboon. Éste señala que “como el recinto de la Ciudad grande estava algo apartada de su fosso, […] se habia construido en su orilla un segundo recinto bajo a modo de falsabraga fabricado

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La medida exacta no se puede concretar al desaparecer una de las caras bajo el perfil oriental. Gurriarán y Sáez, 2002: 584 y ss. Planos depositados en el Archivo General de Simancas con las siglas M. P. y D. X-99, G. M. leg. 3618; M. P. y D. X-100, G. M. leg. 3618; M. P. y D. X-95, G. M. leg. 3618.

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de tapias y argamazon con sus torreones quadrados de distancia en distancia con lo que flanqueavan dicho fosso […]”.52 De esta forma se podría plantear que nos encontramos ante un tramo de barbacana. Sin embargo, tenemos tres objeciones al respecto: por un lado, hemos interpretado que el muro excavado por nosotros es, en realidad, una cimentación, por lo que la fábrica de su basamento diferiría también de la del hallado en Blas Infante; por otro, aunque reconozcamos que el plano de Verboon pueda presentar errores de localización y, por lo visto en relación a otros elementos exhumados, no parece que el margen sea tan grande; y por último, creemos que se puede hacer una interpretación diferente de este texto. Según ésta, intuimos que el autor se está refiriendo, en realidad, al “antemuro” de tapia y no a la barbacana. Nos basamos para ello en cuatro argumentos basados en el análisis interno de los dos informes de Verboon: a) El belga parece referirse con el término “tapias y argamazón” a la técnica constructiva del tapial con árido y no a una técnica mixta (mitad tapial, mitad calicanto) como se ha propuesto, ya que cuando el ingeniero describe la muralla, la escarpa y la contraescarpa del foso, el término utilizado para identificar su fábrica no es “argamazón”, sino “Cal y Canto”, es decir utiliza un término completamente diferente, –recordemos que en las intervenciones realizadas en el perímetro de la Prolongación de la Avenida Blas Infante (TORREMOCHA, NAVARRO y SALADO, 1999) se determinó que, efectivamente, tanto el foso como la muralla principal tenían un núcleo de calicanto con revestimiento exterior de mampostería–. b) Cuando, en otro extremo de su informe, el ingeniero caracteriza las construcciones de “moros” señala que sus “Torres y Atalayas que edificaron de recias Tapias parte de Tierra y Argamazón, y algunos de Cal y Canto”, donde estimamos se expresa nuevamente una dicotomía entre dos tipos de fábrica, la técnica del tapial con el predomino de árido (“Tierra y Argamazón”) frente al que incluye cantos trabados con mortero (“Cal y Canto”), al contener el informe, y en la misma frase, los dos términos en clara contraposición. c) Al describir la muralla del recinto sur señala el ingeniero “Por lo que toca a la Algecira nueva [la villa sur, según este autor] su recinto de Tapia y Argamazon era de la misma Construcción dela falsabraga de la antigua con la diferencia que las Murallas principales eran mas gruesas y mas altas” (PARDO, 1995: 73). Donde se utiliza el mismo término para designar la fábrica de la muralla del recinto sur –de tapia según la única intervención realizada (NAVARRO y TOMASSETTI, 1999)– que la falsabraga (“antemuro”, véase infra, apartado 2) del recinto norte. d) Por último, Verboon escribe en su informe sin data (el que hemos citado en el apartado “c”, PARDO, 1995: 7374) que las murallas del recinto sur son de “tapias y argamazon” mientras que en otro informe con un contenido muy similar describe esta muralla explicando que estaba realizada de “tapiales” (PARDO, 1995: 33). De la comparativa de ambos informes deducimos que “tapias y argamazon” es un concepto sinónimo al de “tapiales”. Ello explicaría que esta “falsabraga” –y no la barbacana– estuviera flanqueada por varias torres, las cuatro que se excavaron en este lugar y que se asocian tanto a la muralla principal como al “antemuro”. Por otro lado, tampoco tenemos indicios determinantes de la existencia de torres en el foso. Finalmente, interpretamos de la lectura del texto de Verboon que hemos reproducido más arriba que la funcionalidad de este muro, según el parecer del ingeniero, era acercar la muralla al foso. La barbacana se apoya directamente sobre este elemento por lo que no puede cumplir, por tanto, esta función. Además ninguno de los planos que Verboon mandó levantar refleja torres sobre el foso.
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Pardo, 1995: 29, 33 y 73. Donde se transcriben dos informes del ingeniero, uno con fecha 30 de septiembre de 1726, y otro sin data, dirigidos al Marqués de Castelar.

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En resumen, concluimos que el elemento exhumado en el sondeo nº 7 no pertenece a un tramo de la barbacana y que no hay ningún dato para afirmar que ésta estaba edificada mediante una fábrica mixta (tapia y calicanto). 2) La interpretación como “antemuro” o “falsabraga” de refuerzo. Con el planteamiento de que la falsabraga mencionada por Verboon pudiera ser el “antemuro” localizado en la liza del yacimiento de Blas Infante buscamos indicios de su extensión a lo largo del recinto norte. En el plano AGS MPD X-94 (véase lámina 6. A) se representan dos tramos de muro entre las torres de la cerca medieval situadas al sur de la “Puerta de Gibraltar”. Esta es la única representación que se conoce, al menos en los planos conservados del siglo XVIII,53 en la que aparece delineado el “antemuro o falsabraga” hallado en la Avenida Blas Infante y su trazado se circunscribe exclusivamente a esta zona.
Lámina 6. Detalle de tres planos depositados en el Archivo General de Simancas (A.G.S.) y uno de la Cartoteca Histórica del Servicio Geográfico del Ejército (S.G.E.). A: A.G.S., sigla M. P. y D. X-94, donde se aprecian varios tramos de muro coincidentes con el trazado del “antemuro” excavado en Blas Infante (señalados por las flechas), B: A.G.S., sigla M. P. y D. X-95, C: A.G.S., sigla M. P. y D. X-100 y D: S.G.E. AG/T9/C2/832b, se indican con flechas los supuestos vestigios de “antemuro o falsabraga”.

Sin embargo, el texto del informe del Marqués de Verboon (PARDO 1995: 29-33) al que aludimos en el apartado anterior señalaba que “se habia construido en su orilla [de la Ciudad grande, ésto es del recinto norte] un segundo recinto bajo a modo de falsabraga”. La interpretación más directa del término “orilla” parece referirse a que esta estructura debía rodear todo el recinto amurallado (al menos en su flanco no marítimo, pues en este último no parece tener sentido logístico). Esa interpretación se ve respaldada por la hipótesis defendida por otros investigadores (TORREMOCHA, NAVARRO y SALADO, 2002: 470, nota 60), quienes, basándose en los planos X-95 y X-100, afirman que el antemuro rodeaba la ciudad. No obstante, la copia que manejamos de éstos planos parece no reproducir un doble amurallamiento sino los restos del derrumbe del muro principal.54 Prueba de ellos es que los bloques se delinean tanto al interior como al exterior de la cerca. Sin embargo, el plano SGE/T9/C2/832b de 1725, que, por otra parte, sigue sin representar la falsabraga localizada en Blas Infante, sí parece dibujar fragmentos de muro alineados casi exclusivamente al exterior de la cerca, en su lado oeste (véase lámina 6. D). El principal problema, en este sentido, es que no podemos asegurar si se trata de un doble muro (también se representa en el recinto sur) o de los restos del derrumbe dibujados en los demás planos.

Es difícil concluir si existía o no un “antemuro” que, además de la barbacana, rodeara por completo el recinto norte, partiendo de la documentación que manejamos. Sólo nuevas intervenciones podrán aclarar este supuesto. Lo que si podemos avanzar es que el lienzo hormigonado que nos ocupa posee unas dimensiones completamente diferentes a los
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Los analizados por nosotros son los depositados en el Archivo General de Simancas con la siglas MPD: XXVIII-16, XIV-34, X-94, X-95, X-99, X-100 y XIV-36; y los archivados en la Cartoteca Histórica del Servicio Geográfico del Ejército con las signaturas: SGE AG/T9/C2/: 830, 832b, Véase Lám. 6. B y C.

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paños descubiertos en la prolongación de la avenida Blas Infante. Éstos últimos, con 1,35 m de latitud,55 son mucho más estrechos que el de la calle Teniente Miranda –mayor a 1,80 m–. De lo que deducimos que se trata de construcciones edificadas, bien en momentos diferentes, bien con funciones distintas. 3) La interpretación como muralla principal. El muro cumple con todas las características necesarias para que defendamos esta interpretación, en cuanto a envergadura, sistema constructivo y situación. Sin embargo, la única fuente islámica que hemos encontrado con referencia a la fábrica de la muralla y que se refiere a una realidad anterior al último tercio del siglo XIII, explica que “sus murallas son de piedra mezclada con cal”.56 Verboon en su descripción de los elementos defensivos de la ciudad dirá de las murallas del recinto norte que están “hechas de Cal y Canto” (Informe de 30 de septiembre de 1726, recogido en PARDO, 1995: 29) lo que parece corresponderse tanto con lo visto en el tramo exhumado en la avenida Blas Infante como en el de que se descubrió en la plaza Nuestra Señora de la Palma, 5 (FERNÁNDEZ y TOMASSETTI, 2001). Por tanto, si futuras intervenciones confirmaran que este trazado se corresponde con la muralla principal y a la vista de la diferente fábrica con otros puntos del recinto se podría plantear su origen en relación a una diferenciación cronológica (v.g. una refacción del lienzo). En resumidas cuentas, nuestra exposición de datos pretende plantear la problemática que la interpretación de este muro presenta a la luz de las demás intervenciones arqueológicas y las fuentes documentales más que plantear una solución definitiva del problema. Descartamos que éste pueda interpretarse como barbacana, al menos en el sentido en el que se interpretó en el yacimiento de Blas Infante (TORREMOCHA, NAVARRO y SALADO, 1999). Sin embargo, no podemos descartar con seguridad que el muro funcionara como “antemural” –teniendo en cuenta las consideraciones cronológicas y funcionales de los investigadores que acabamos de citar– o como “muralla principal”. Aunque nos inclinamos a interpretarlo como esto último, sólo nuevas intervenciones arqueológicas podrán dilucidar la funcionalidad real de este elemento. 4.3. La destrucción del muro y la interpretación cronológica El resto de depósitos que conforman el sondeo 7 hasta la cota de la pavimentación de la calle y su preparación contienen, en mayor o menor grado, restos del elemento constructivo. Están compuestos, fundamentalmente, por pequeños bloques de hormigón de cal y en menor medida por mampuestos. No se han evidenciado niveles de incendio o proyectiles que pudieran relacionar estos depósitos con una destrucción intencionada de la muralla. De un lado, la disposición de los estratos que parten directamente de la interfacie de destrucción de la muralla y hasta el mismo nivel de la calle actual puede estar reflejando el colapso de la estructura sobre si misma. De otro, la misma potencia de los depósitos podría relacionarse con un relleno intencional aportado por los abundantes restos estructurales del derrumbe del elemento defensivo, con objeto de servir de base para nivelar esta parte de la ciudad. La cronología bajomedieval de los depósitos, que analizamos a continuación, nos sitúa del lado de la primera proposición Como acabamos de referir, los escasos materiales arqueológicos localizados avalan una cronología tardía para la fase de abandono, dentro del período medieval islámico de la ciudad. Hemos realizado una selección de elementos diagnóstico (recogidos en la figura 5) entre los que se hallan un borde y un fondo de orza fechados entre finales del siglo XIII y mediados

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Torremocha, Navarro y Salado, 1999: 100. El mismo comentario lo hallamos en al-Himyari: “Algeciras posee un muro de piedra trabajada con hormigón de cal” (HIMYARI, 1963: 156), aunque seguramente la fuente sea el texto de Idrisi que hemos citado. Entendemos que la cita se refiere al recinto amurallado norte siguiendo la interpretación de JIMÉNEZ-CAMINO y TOMASSETI, e.p., donde también se pueden leer las interpretaciones sobre estos textos y sus autores.

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Figura 5. Selección de materiales del sondeo 7. 1. Borde de orza con vedrío melado interior y chorreado exterior (U.E. 708), 2. Fondo de orza con vedrío melado interior y exterior (U.E. 704), 3. Jarrito/-a con decoración pintada a la almagra (U.E. 708), 4. Candil de pie alto (U.E. 727), 5. Tapadera con vedrío melado exterior (U.E. 708); y 6. Alcadafe con engobe blanco y bruñido (U.E. 708).

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del siglo XIV (TORREMOCHA, NAVARRO y SALADO, 1999). El resto de materiales seleccionados: un alcadafe, una tapadera y un fragmento del borde de una jarrita, no permiten una mayor precisión cronológica. A pesar de que no halláramos indicadores cronológicos en el interior de la fábrica de la muralla,57 sí que descubrimos en un depósito secundario, también medieval, un fragmento de candil de pie alto (figura 5, nº 4), con retos de un mortero de las mismas características de ésta, fuertemente adherido a sus paredes. Los restos de tapia hacen suponer que formó parte de la muralla, por lo que podemos utilizarlo, con una prudente reserva, como referencia post quem para la construcción del tramo amurallado, en el siglo XII. La lámpara se hallaba integrada en el depósito de arcillas, descrito en el apartado 4.1.2., que adosaba la U.E 727 al muro y que era, por consiguiente, posterior estratigráficamente.
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Los únicos materiales recuperados, muy deteriorados por las concreciones de la fábrica, parecen estar relacionados con la construcción (tejas). También fueron localizados restos de fauna.

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SUÁREZ, J, J. M.Tomassetti y R. Jiménez-Camino. (e.p.) “Algeciras Altomedieval. Secuencia arqueológica al norte del río de la Miel: El siglo IX” en I Jornadas de Arqueología del Campo de Gibraltar. Protección del Patrimonio, Tarifa 23-25 de Abril de 2004, Almoraima. TORREMOCHA SILVA, A. (1994): Algeciras entre la Cristiandad y el Islam, Algeciras. TORREMOCHA, A., I. Navarro y J.B. Salado: (1999). Al-Binya, la ciudad palatina meriní de Algeciras, Algeciras, Fundación Municipal de Cultura “José Luis Cano”. (2002): “Estructuras defensivas de Algeciras islámica. Su análisis desde las fuentes escritas y el registro arqueológico” en II Congreso Internacional. La ciudad en alAndalus y el Magreb, (Algeciras), Granada, Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, Fundación El Legado Andalusí, pp. 451-482. VAN STÄEVEL, J. P. (1999) : “Réflexions à propos de la nomenclature médiévale de l’architecture de terre en occident musulman : l’exemple du tabiya», L’architecture en terre en Méditerranée (Rabat, 1996), Colloques et séminaires de la Faculté des lettres et sciences humaines de Rabat n°80, Rabat, pp. 95 a 109. VITRUBIO, M. L., (1997): Los diez libros de arquitectura, Trad. A. BLÁNQUEZ, Barcelona, pp. 76 y 77.

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RELACIÓN DE UNIDADES ESTRATIGRÁFICAS DEL SONDEO 37 DESCRIPCIÓN DATACIÓN Pavimento de losas. Cronología inferida a partir del material constructivo. CONT Nivel de arenas grisáceas. Preparación del pavimento U.E. 3701. CONT Nivelación de hormigón. Cronología inferida a partir del material constructivo. CONT Nivelación de albero. CONT Arqueta de ladrillos. Cronología inferida a partir del material constructivo. CONT Nivel de gravas y hormigón disgregado. Preparación de la base de hormigón U.E. 3703. CONT Nivel de escombros. CONT Nivel de arena marrón clara. No se hallaron elementos de datación. ¿CONT? Nivel de arcillas verdosas con vetas amarillas (interestratificación del substrato geológico). ¿CONT? Fosa excavada en la barbacana con morfología cuadrangular. Su perfil Oeste y Norte forman un ángulo de 90º. ¿CONT? 3711 INT Fosa excavada en la barbacana con morfología cuadrangular. Su perfil Sur y Este forman un ángulo de 90º. ¿CONT? 3712 INT Fosa excavada en la barbacana. Su perfil Norte forma un lado recto excavado en la construcción medieval. ¿ CONT? 3713 DEP Nivel de escombros integrado por abundantes mampuestos de diferentes dimensiones, abundando los de gran tamaño. El volumen de las inclusiones supera al de la matriz. El material de datación es un bolaño con restos de argamasa, de aproximadamente 35 cm de diámetro. Rellena la fosa que destruye la muralla en su lado Este. INDET 3714 INT Interfacie de destrucción del elemento defensivo. INDET 3715 DEP Nivel de carbones. Su superficie superior se encuentra sensiblemente nivelada. INDET 3716 INT Mechinal Oeste. MED 3717 INT Mechinal al Este de la U.E. 3716. MED 3718 INT Mechinal al Este de la U.E. 3717. MED 3719 INT Mechinal al Este de la U.E. 3717. Es el situado más a levante. Está seccionado por la U.E.3714, sólo conserva parte de su pared Oeste y Norte. MED 3720 DEP Nivel de colmatación de la U.E. 3716. en las paredes internas del mechinal quedaban restos de madera. Parte del mechinal estaba colmatado por restos de malacofauna (erizos y lapas). Dimensiones: 13x12 cm. INDET 3721 DEP Nivel de colmatación de la U.E. 3717. en las paredes internas del mechinal quedaban restos de madera. Parte del mechinal estaba colmatado por restos de malacofauna (erizos y lapas). Dimensiones: 15x12 cm. INDET 3722 DEP Nivel de colmatación de la U.E. 3718. en las paredes internas del mechinal quedaban restos de madera. Parte del mechinal estaba colmatado por restos de malacofauna (erizos y lapas). INDET 3723 ¿CON? Mampuestos y lajas de gran tamaño dispuestos horizontalmente y a hueso. ¿MED? 3724 CON Barbacana o coracha. MED 3725 CON Estructura de hormigón armada con hierro. CONT U.E. 3701 3702 3703 3704 3705 3706 3707 3708 3709 3710
58

TIPO CON DEP DEP DEP CON DEP DEP DEP DEP INT

58

Clave: U.E.= Unidad estratigráfica. Tipo: DEP= Deposicional, CON= Constructiva, INT= Interfacial. Datación: CONT= Contemporánea, MED= Medieval. INDET= Indeterminada. NO HIST= No histórica ( substrato geológico)

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U.E. 701 702 703 704 705 706 707

TIPO CON CON DEP DEP DEP DEP DEP

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DEP

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DEP

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CON

711

DEP

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CON DEP DEP DEP DEP

717 718 719 720 721 722 723

CON DEP DEP DEP CON DEP DEP

RELACIÓN DE UNIDADES ESTRATIGRÁFICAS DEL SONDEO 7 DESCRIPCIÓN DATACIÓN Adoquines que marcan el contorno de la acera norte de la calle Teniente Miranda. Interpretación: acera. CONT Adoquines del vial de la calle Teniente Miranda. Interpretación: pavimento de la calle. CONT Nivel de preparación para el asiento de la U.E. 702. CONT Sedimento arenoso de textura compacta y color marrón medio con vetas amarillentas. Inclusiones: algunos mampuestos y escasos fragmentos de cerámica. Interpretación: depósito. ¿MED? Sedimento arenoso de color marrón oscuro con pequeñas inclusiones de tapia de hormigón muy disgregado. Interpretación: depósito. ¿MED? Sedimento arenoso de color amarillento. Inclusiones: mampuestos y gravas (1-4 cm). Interpretación: Disgregación de la muralla. MED Sedimento arenoso de color marrón oscuro con pequeñas inclusiones de tapia de hormigón muy disgregado y abundantes nódulos de cal. Algunos mampuestos de mediano tamaño. Escaso material cerámico. MED Sedimento arcilloso de color marrón oscuro con interestratificación al 50% de un sedimento arenoso de color amarillento integrado por nódulos de tapia de hormigón, nódulos de argamasa semejantes a los de la nivelación de cal tejas y ladrillos y frecuencia moderada de mampuestos de tamaño medio (10-15 cm) y abundantes de pequeño tamaño (6-7 cm) Interpretación: Derrumbe de la muralla. MED Sedimento arenoso con abundantes inclusiones de arcilla de color verde (de similares características a las del geológico local). Las inclusiones de mampuestos (15-30 cm) ocupan un volumen mayor que la matriz. También se registran tejas en abundancia y ladrillos. MED “Forro”. Muro a base de mampuestos de gran tamaño (15-40 cm). El aglutinante del muro es una arcilla muy plástica con inclusiones de mampuestos de pequeño tamaño. Interpretación: Muro adosado a la muralla. MED Sedimento arenoso de color marrón medio con algunas interestratificaciones de una matriz arcillosa marrón oscuro. Inclusiones: nódulos de cal (o argamasa de tonalidad grisácea), abundantes mampuestos de pequeño tamaño (8-10 cm), cantos rodados de pequeñas dimensiones, algunos fragmentos de tejas. MED Muralla MED Sedimento arenoso de color marrón-rojizo con inclusiones de nódulos de argamasa, tejas, fauna. El nivel contiene abundantes nódulos de carbón. MED Sedimento compuesto por tapia de hormigón disgregado y abundantes mampuestos, sobre todo en su base. MED Sedimento arcilloso de color marrón oscuro con vetas verdes y textura compacta. MED Sedimento arenoso de granulometría fina y color amarillento muy homogéneo. Inclusiones: gravilla (1-2 cm) y algunos mampuestos de 10-20 cm. Interpretación: Derrumbe de la muralla. MED Muralla = U.E. 712. Superficie superior tendente a la horizontalidad. MED Nivel de argamasa con mucha cal y mampuestos. Su superficie superior es ligeramente horizontal. Interpretación: tongada de nivelación. MED Substrato geológico. Arcillas de tonalidad verdosa. NO HIST De similares características a la U.E. 719, pero contenía algún mampuesto. NO HIST Una hilada de mampuestos alineados (20 cm) sobre un plano tendente a la horizontalidad insertos en un sedimento con las mismas características que la U.E. 723. MED De similares características a la U.E 715. MED Sedimento formado a partir de la interestratificación de dos estratos: uno, de matriz arenosa y coloración marrón rojiza, y otro de matriz arcillosa y color verdoso (similar al del geológico local). Inclusiones: mampuestos de mediano tamaño (10-15 cm), nódulos de pequeño tamaño de carbón, tejas, fauna. MED

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Nivel de similares características a la U.E. 718, pero situado a una 40 cm más alta. Sedimento arcilloso de coloración marrón y tonalidad media que colmata una grieta (U.E. 726) en la U.E. 717. 726 INT Fisura en la U.E. 717. 727 ¿CON? Acumulación de mampuestos de gran tamaño (>20 cm) insertos en una matriz arcillosa de color verdoso (semejante a la del geológico) con inclusiones de nódulos de cal y argamasa amarillenta (tapia de hormigón de la muralla). Interpretación: ¿derumbe o relleno estructural? 728 DEP Sedimento arenoso, de grano medio y color marrón oscuro con nódulos de carbón. 729 DEP Sedimento arenoso de color marrón medio con abundantes inclusiones de tapia de hormigón. Interpretación: depósito. 730 DEP Sedimento arcilloso de coloración marrón-rojiza muy compacto con abundantes mampuestos y tejas 731 CON Acumulación de mampuestos trabados con arcilla. ¿cimentación?

DEP DEP

MED MED MED

MED MED MED MED MED

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EMBARCADERO DEL RÍO PALMONES.
SÍNTESIS SOCIOECONÓMICA Y PERSPECTIVAS DE INVESTIGACIÓN
José Ramos Muñoz / Vicente Castañeda Fernández / Manuela Pérez Rodríguez Eduardo Vijande Vila / Antonio Castañeda Fernández
1. INTRODUCCIÓN El asentamiento del Embarcadero del río Palmones está situado en la bahía de Algeciras. Nuestro grupo de investigación de la Universidad de Cádiz ha realizado estudios preliminares de conjuntos líticos tallados (RAMOS, dir., 1995; DOMINGUEZ et al.1995; RAMOS, DOMÍNGUEZ y CASTAÑEDA, en prensa; RAMOS et al., 2000) y hemos desarrollado dos campañas de excavación de urgencia en los años 2000 (RAMOS et al., 2001; RAMOS, 2003; RAMOS, CASTAÑEDA y DOMÍNGUEZ, 2003; RAMOS y CASTAÑEDA, 2003; RAMOS et al., 2003; RAMOS y CASTAÑEDA, eds., en prensa; RAMOS, CASTAÑEDA et al., en prensa; RAMOS et al., en prensa; DOMÍNGUEZ et al., 2001; DOMÍNGUEZ et al., en prensa) y 2003 (PÉREZ et al., en prensa). Hemos realizado un estudio interdisciplinar (arqueólogos, biólogos, geólogos, químicos) que nos ha permitido conocer la ocupación de una comunidad cazadora-recolectora. El estudio del asentamiento, estructuras y productos arqueológicos permite deducir unos modos de vida basados en la caza, el marisqueo y la recolección de productos silvestres vegetales (RAMOS y CASTAÑEDA, eds., en prensa). Es un alto de caza, así como de recolección de moluscos y de explotación del medio vegetal. Presentamos en este trabajo algunos datos de la campaña de excavación de 2003 y una síntesis socioeconómica del estado actual de la investigación del yacimiento. Es un asentamiento de gran interés para el conocimiento de las últimas comunidades cazadoras-recolectoras que habitaron en los entornos de la bahía de Algeciras.

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2. METODOLOGÍA Trabajamos desde una perspectiva metodológica de la Arqueología orientada como modelo social, donde nos preocupa un intento de reconstrucción social y económica. Aspiramos a conocer los modos de vida y de trabajo de las comunidades primitivas. La reconstrucción histórica de las excavaciones de los yacimientos prehistóricos debe considerar una relación entre metodología y registro arqueológico. Partimos de los objetos documentados en un análisis espacial. Estas unidades mínimas son consideradas como productos y se relacionan con las estructuras documentadas. Con ayuda de los estudios de la vegetación, análisis geológico, estudio de semillas, así como de funcionalidad de los objetos documentados, intentamos valorar las áreas de actividad como modelo etnográfico de la vida cotidiana. En definitiva nos interesa profundizar en el trabajo y en el consumo, como exponentes de la base económica. En las comunidades primitivas hay una relación directa entre la ideología y las relaciones sociales de producción y de reproducción.

3. LA CAMPAÑA DE EXCAVACIÓN DE 2003 Y PERSPECTIVAS DE INVESTIGACIÓN La campaña de excavación arqueológica de 2000 en Embarcadero del río Palmones ha demostrado que un área de actividad en un asentamiento ocupado por una comunidad cazadora-recolectora, puede ocasionar unas asociaciones de productos y de indicios de estructuras, que suelen inferir ciertos patrones de conducta. Existe por tanto una clara relación entre productos, estructuras, áreas de actividad y modelos sociales (RAMOS y CASTAÑEDA, eds., en prensa; RAMOS, CASTAÑEDA y DOMÍNGUEZ, 2003; RAMOS et al., 2003). En la campaña de 2003 se han excavado los cortes 7 a 40 (figura 1 A) con el método alternante de excavación (ARTEAGA, RAMOS y ROOS, 1998; Pérez et al., en prensa). Hemos pretendido documentar la estratigrafía en diversas zonas del yacimiento. Además se ha intentado delimitar el espacio de las estructuras de ocupación observadas en el corte 2 de la campaña de 2000. La estratigrafía básica documentada coincide a grandes rasgos con la del corte 2 de la campaña del 2000 (Ramos y CASTAÑEDA, eds., en prensa) (figura 1 B): - Estrato I. Suelo edafizado (7.5 YR 5/6) (MUNSELL, 1994). - Estrato II. Arenas pardas (7.5 YR 5/6) (MUNSELL, 1994). Nivel de ocupación. En su parte superior tiene en algunos cortes manchas rojizas del proceso de edafización. En su zona inferior cuenta en ocasiones con cantos rodados y también a veces con cantos termoalterados, con productos líticos y fauna. Suele tener una potencia media de 20 cms. de ocupación. A partir de aquí hay variaciones en los cortes, en función de la situación geomorfológica del nivel de terraza. Bajo el estrato II hay cortes que tienen: - Estrato III. Arenas amarillas (10YR 7/6). No tienen evidencias de registros arqueológicos. Estrato IV. Tránsito de arenas a arcillas variegadas (5YR 5/6). O en su caso: Estrato V. Arcillas variegadas rojo-oscuras (2.5 Y4/8). Indicios de estructuras se han documentado en los cortes 7, 8, 9 y 10. Se trata de las características concentraciones de guijarros termoalterados, básicamente en areniscas. Corresponden a fuegos que han sido desmantelados. Cuentan en su alrededor con evidencias de fauna, malacofauna, así como con tecnología lítica tallada.

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A

B

C

Figura 1. A: Situación de los cortes de la campaña de 2003. B: Perfiles estratigráficos del Corte 7. C: Productos líticos retocados del Estrato II.

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El espacio comprendido entre los cortes 11 y 23 es un área periférica del asentamiento. Se ha documentado el estrato II, pero apenas se han registrado guijarros termoalterados. La documentación de productos líticos es menor en esta zona, así como la de productos orgánicos. La zona situada entre los cortes 28 y 31 ha sido muy alterada, por la presencia de fosas donde se han acumulado escombros. La presencia de guijarros termoalterados evidencia estructuras desmanteladas. También se han localizado productos líticos tallados. Por tanto, la campaña de excavación arqueológica de urgencia del verano de 2003 ha permitido delimitar mejor el espacio del asentamiento de una comunidad cazadora-recolectora que frecuentó la zona en tiempos vinculados al concepto normativo Epipaleolítico. En la década de los noventa del siglo pasado, este asentamiento, al estar situado en zona periurbana, fue motivo de extracción de áridos y de acumulación de basuras y escombros. Todo ello le afectó significativamente. El espacio del asentamiento delimitado en el estudio de 1995 (RAMOS, dir., 1995) de tres zonas bien definidas de concentración de productos se confirmó en la campaña de 2000, con la ubicación espacial de estructuras de hogares desmantelados en el corte 2. Evidencias similares se han localizado en los cortes 7, 8, 9 y 10. El resto de los sondeos (cortes 11 a 23) demuestra que dicho espacio se relaciona con una zona periférica del asentamiento donde se realizan algunas actividades por la comunidad aquí asentada, no habiendo localizado estructuras bien definidas en dichos cortes. La campaña de 2003 ha aportado información sobre los siguientes aspectos: - Ha permitido precisar el estudio geomorfológico de la terraza fluvial. - Ha completado el registro polínico para una reconstrucción medioambiental. - Ha documentado nuevas evidencias de estructuras desmanteladas de guijarros termoalterados. - Ha generado nueva información respecto a los recursos potenciales de la comunidad, tras los análisis en elaboración, antracológicos y de semillas. - Permitirá precisiones en la cronología (TL y probablemente C14). - Ha aportado nuevos e interesantes datos de la tecnología lítica tallada, pues se han documentado ejemplares de todas las etapas del proceso de talla: núcleos, lascas, desechos y productos retocados (figura 1C).

4. SÍNTESIS SOCIOECONÓMICA Trabajamos con la hipótesis que Embarcadero del río Palmones es un asentamiento que se encuentra en una zona natural frecuentada por una comunidad aún cazadora-recolectora que desarrolla un modo de producción definido por una explotación del medio natural costero, en forma de pesca y marisqueo, junto a la caza y donde la recolección juega un papel importante. No se ha documentado ningún indicio de economía de producción. La fauna estudiada por Isabel Cáceres en 1995 permitió documentar dos fragmentos de molar de Equus caballus, un fragmento de Cervus elaphus y tres dientes de Canis lupus. Los registros de la campaña de 2003 están en estudio.

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Del estudio de Milagrosa Soriguer, Cristina Zabala y José Hernando, comprobamos un limitado pero significativo registro de la fauna marina. De la malacofauna se han documentado restos de cuatro especies de moluscos bivalvos. Recordamos así la constatación de Acanthocardia tuberculata, Ruditapes decussatus, Donax trunculus y Venus verrucosa. Todas ellas susceptibles de consumo y sugieren su recolección en zonas arenosas intermareales (SORIGUER, ZABALA y HERNANDO, en prensa). Las evidencias de la caza y marisqueo pueden explicar la frecuentación de la zona y la ocupación del emplazamiento. Esta sociedad disponía de una diversidad de recursos que utilizó y gestionó en su producción y reproducción social. El concepto modo de producción encierra mayor potencialidad explicativa que el usado actualmente de economía de amplio espectro. En Embarcadero del río Palmones como en otras áreas atlánticas y mediterráneas los recursos alimenticios fueron potencialmente variados, en fauna marina, en fauna terrestre, así como en recursos vegetales silvestres. La explotación de la variedad de recursos generó un modo de producción para el que se utilizan técnicas muy precisas que permiten el uso de instrumentos o medios de trabajo susceptibles de afrontar posibles fenómenos de escasez (ARIAS, 1997: 29) y que son muy eficaces, en su desarrollo técnico. Embarcadero del río Palmones se diferencia del asentamiento de El Retamar, ya que éste constituye un ejemplo de comunidades que tienen ya indicios de la economía de producción, contando con prácticas de domesticación animal, pero con una base importante de la pesca, manteniendo la caza y probablemente la recolección de vegetales (RAMOS y LAZARICH, eds., 2002). Para la datación del asentamiento, hay que tener en cuenta, ante el contexto socioeconómico inmediato, las dataciones de cal. BC 5025, cal. BC 5717 y cal. BC 5889 de El Retamar (RAMOS, LAZARICH, et al., en prensa). Además hay que considerar las diferencias de indicadores de domesticación, presentes en El Retamar, pero ausentes de Embarcadero del río Palmones. Por ello hay que vincular a este asentamiento, dado su carácter de alto estacional con los momentos previos que conducirán a los modos de vida semisedentarios (ARTEAGA y CRUZ-AUÑÓN, 1999: 565). Para su enmarque cronológico hay que considerar sobre todo la tecnología lítica de microlitos geométricos, la presencia de fauna salvaje, de prácticas de marisqueo; así como la ausencia de agricultura, tal como se ha documentado por el análisis funcional de la industria lítica tallada y por el estudio antracológico. Todo ello nos permite plantear la hipótesis de ocupación en el VI milenio BC, o incluso ligeramente anterior a finales del VII milenio BC. Por tanto trabajamos con la hipótesis que Embarcadero del río Palmones presenta un registro biológico, tecnológico y socioeconómico previo a lo que representa la ocupación de El Retamar (RAMOS y LAZARICH, eds., 2002) y NV3 de Cueva de Nerja (AURA et al., 1988: 223). Estamos convencidos que la conformación del proceso de neolitización tanto en el sur como en el suroeste peninsular es mucho más compleja e interesante que el modelo expuesto por los colegas levantinos (BERNABEU, AURA y BADAL, 1993) para el litoral mediterráneo. En ello ha incidido también recientemente Carmen Olaría de forma crítica (OLARÍA, 1998 a: 268). Los registros de El Retamar y Embarcadero del río Palmones prueban también la divergencia lineal con Levante a este respecto, y nos hablan de formas propias de desarrollar el tránsito hacia el proceso de neolitización. Estas comunidades contaron con un importante número de recursos. El desarrollo de la producción se lograba por la conformación de una precisa tecnología, como instrumentos de trabajo. El estudio de Ignacio Clemente y Jordi Pijoan ha podido documentar la utilización de los geométricos como puntas de proyectil, verificando también una variedad de enmangues, con relación al tipo de animales cazados y a su tamaño. Han

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apreciado también el uso de productos en el corte vegetal no leñoso, en un corte de vegetales, tipo juncos o en trabajos de cestería. Han documentado evidencias del trabajo de madera en actividades de raer y/o raspar y cepillar/raer. También se registran instrumentos para la explotación de materia dura animal. En la diversidad de actividades documentadas han apreciado además la explotación de recursos animales blandos, como raspado de piel y trabajo de corte. Es a destacar también la polivalencia funcional de los geométricos y de las laminillas, y el uso de muescas en los trabajos de recursos vegetales y con el trabajo de hueso (CLEMENTE y PIJOAN, en prensa). En el marco de referencia del modo de producción hemos de hacer una especial mención al Medio Natural, en cuanto objeto de trabajo. La aportación de Javier Gracia, da una clara idea del Medio Natural que conoció esta comunidad. El Medio estaba muy diferenciado, estando el asentamiento ubicado en una terraza del río Palmones, en un contexto de una amplia llanura costera, con aportes de los ríos Guadarranque, Guadacorte y Palmones. Ocupa así un lugar de gran potencial ecológico como es el tránsito del ambiente fluvial y el litoral de marisma. Como ha indicado Javier Gracia, la zona ha fluctuado mucho en el Pleistoceno y en el Holoceno, siendo significativos los fenómenos de oscilaciones del nivel del mar. Con todo, la proximidad al tránsito continental-marino es evidente, con lo que ello conlleva de potencial de recursos animales y vegetales (GRACIA, en prensa). El análisis de los recursos vegetales ha tenido gran importancia en Embarcadero del río Palmones. El estudio polínico ha sido realizado por el equipo de Blanca Ruiz y el análisis antracológico ha estado a cargo de Oliva Rodríguez. De ambos se evidencia que no hay indicios de agricultura, con valoración de las especies naturales silvestres. Hay que destacar la documentación en el corte 2 de Pinus, Olea y Quercus, que conllevan un paisaje vegetal abierto. Además dada su situación natural indicada en un tránsito de ambiente fluvial y litoral de marisma destaca también la presencia de elementos riparios propios de un cauce fluvial, así como herbáceos, que conllevan condiciones ecológicas de cierta humedad (RUIZ et al., en prensa). El análisis antracológico a cargo de Oliva Rodríguez, demuestra una gran selección y variedad de maderas utilizadas en los fuegos en el asentamiento. Así ha identificado la presencia de 14 taxones, que tienen un grado variado de determinación: Olea europaea, Phragmites, Pistacia lentiscus, Quercus suber, Pinus halep./pinea, Leguminosa, Monocotiledoneae... El análisis antracológico coincide con el polínico en la reconstrucción del medio natural en los grandes grupos de vegetación de ribera y vegetación climácica. El interés que nos ofrece además el estudio de Oliva Rodríguez radica en la indicación de un enorme potencial vegetal susceptible de ser utilizado en actividades de recolección. Además destaca la significativa vegetación arbórea y arbustiva de la zona, con importante presencia de Olea, Quercus y Pinus. Por tanto esta comunidad disponía de abundantes aceitunas, bellotas y piñones, entre otros recursos vegetales, susceptibles de ser recolectados (RODRÍGUEZ, en prensa). Como hemos visto también del estudio funcional de los instrumentos líticos tallados se confirma un trabajo relacionado con la explotación de recursos vegetales. Con relación al Medio Natural es evidente que Embarcadero del río Palmones, en la bahía de Algeciras, al igual que ocurría con El Retamar en la bahía de Cádiz, puede considerarse un lugar o emplazamiento territorial de lo que se denomina economía diversificada (ARIAS, 1997: 40, 51, 62). Cuenta con la apropiación de un área de marisqueo y probablemente de pesquerías, con posibilidad de abundantes recursos vegetales y de caza. El Medio posibilita también recursos silíceos para el abastecimiento de los productos líticos, en cuanto objetos de trabajo. La aportación de Salvador Domínguez demuestra la diversidad de rocas silíceas utilizadas, lo que confirma los aportes

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sedimentarios variados indicados y también la realidad de evidentes fenómenos de desplazamientos y de movilidad en su captación y aprovisionamiento (DOMÍNGUEZ y SÁNCHEZ, en prensa). Por su parte el análisis de los componentes de las cerámicas (DOMÍNGUEZ et al., en prensa) indica el carácter local de los recursos, de las arcillas, para la conformación de las cerámicas. Esto es muy significativo, pues las cerámicas son locales, no ofreciendo indicios de vinculación con procesos alóctonos de intercambio o distribución. Al pretender explicar el modo de producción de cualquier sociedad concreta se deben indicar también referencias “a la unidad de los procesos económicos básicos de la sociedad: producción, distribución, cambio y consumo, siendo esenciales en la determinación de la estructura social las relaciones que se establecen en torno al proceso de producción” (BATE, 1998: 58). Indicada ya la variedad de recursos y la producción, hay que observar que no se han identificado objetos y productos recibidos por mecanismos de distribución o por intercambio. La tecnología lítica es completamente local, tanto en los productos líticos tallados, en una diversidad local de sílex, como en los utilizados en las rocas de los hogares y estructuras desmanteladas (areniscas y en menor medida sílex, cuarcitas y filitas). En Embarcadero del río Palmones hemos así estudiado una comunidad de autoconsumo, no existiendo evidencias de objetos obtenidos por medio o a través de redes de distribución o cambio. La relación de los productos asociados a las estructuras desmanteladas nos indica la presencia de procesos de elaboración de manufacturas, en lo que a tecnología lítica se refiere, para realizar las herramientas. Parece evidente, tras el estudio de la tecnología lítica tallada, la relación de los procesos de manufactura, con relación a la talla de productos líticos, próximos o en las inmediaciones de los fuegos y de las estructuras de hogares. Del estudio espacial del corte 2 (campaña de 2000) se aprecia la asociación de la concentración de guijarros termoalterados con la distribución de carbones y de los productos líticos tallados. Resulta evidente que el área comprendida entre las cuadrículas AXXII y CXXII y AXXIII y CXXXIII presentan evidencias de estos guijarros termoalterados, al igual que la zona que se proyecta hacia -AXXII y –AXXIII (RAMOS y CASTAÑEDA, eds., en prensa). La distribución espacial de núcleos, lascas y otros restos de talla confirma una talla y desbaste in situ, que queda comprobada en las cuadrículas CXXII, CXXIII, siendo BXXII la cuadrícula con mayor concentración de productos retocados, lo que confirma el desarrollo de actividades domésticas en el espacio excavado (RAMOS, CASTAÑEDA y DOMÍNGUEZ, 2003). Esta distribución espacial se complementa en el análisis antracológico de Oliva Rodríguez, pues ha documentado que las especies más utilizadas en los fuegos han sido la encina/coscoja, el pino y el acebuche, siendo interesante la ausencia de carbón en las cuadrículas BXXII y BXXIII, curiosamente con gran presencia de productos líticos tallados, confirmando un área de trabajo lítico. Embarcadero del río Palmones representa así un asentamiento limitado, de carácter estacional o de ocupación somera. Hemos estudiado los productos líticos tallados elaborados (RAMOS, 2003; RAMOS y CASTAÑEDA, 2003) en su vinculación espacial y se ha precisado en un interesante estudio funcional el uso de algunos instrumentos (CLEMENTE y PIJOAN, en prensa). Podemos indicar la constatación de una inversión de fuerza de trabajo por medio de unos instrumentos elaborados con una tecnología muy precisa, donde destacan proyectiles para la caza (microlitos geométricos enmangados) encaminada a la obtención de recursos alimenticios y también el empleo de una tecnología vinculada con la realización de trabajos con vegetales, maderas y huesos.

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Por tanto podemos valorar que Embarcadero del río Palmones es un asentamiento puntual de cazadores-recolectores, en que se desarrollan actividades características de conformación de herramientas y de caza, marisqueo, donde además han trabajado con recursos vegetales silvestres. No hay indicios de patrones de ocupación estacional, pues parece una ocupación única. En el análisis de las relaciones entre fuerzas productivas y el sistema de relaciones sociales se regulan las formas de la propiedad. Han debido haber frecuentaciones de la zona, pero se diferencia claramente de El Retamar, donde la comunidad se debió apropiar del territorio en la bahía de Cádiz de forma efectiva, como avalaban las prácticas de entierros. Como hemos indicado no se han apreciado respecto a las relaciones sociales, ningún producto que conlleve diferenciación social en el trabajo, estando así ante una comunidad igualitaria cazadora-recolectora (VARGAS, 1987; BATE, 1998), que en un alto característico ha realizado tareas productivas, de caza y marisqueo, en un medio con gran potencial de recursos vegetales naturales. Los procesos de trabajo se vinculan con el análisis de la captura por medio de una tecnología expresada en instrumentos o medios de trabajo. En otros trabajos hemos presentado el análisis espacial de la distribución de los productos, incidiendo en la precisión que aporta la tecnología lítica; analizando su variado registro, distribución, relación con las estructuras desmanteladas y estableciendo hipótesis de asociación con áreas de actividad (RAMOS et al., 2003; RAMOS, CASTAÑEDA y DOMÍNGUEZ, 2003). El componente tecnológico se vincula con conjuntos líticos entendidos en los criterios normativos como propios de la noción de Epipaleolítico geométrico. Por ello Embarcadero del río Palmones nos indica la presencia de comunidades que están ocupando el territorio en momentos previos a los inicios de la economía de producción. Sus bases económicas son claramente características de comunidades cazadoras-recolectoras. No hay ninguna indicación de agricultura ni de ganadería, tal como evidencian el estudio funcional de la industria lítica y los estudios sobre los recursos biológicos. Nos ha sorprendido el registro de algunos escasos fragmentos cerámicos. Hay que indicar así la ausencia de cerámica cardial y la presencia de un fragmento de cerámica incisa y de algunas lisas. De este modo planteamos unas reflexiones (RAMOS et al., en prensa) sobre la contradicción que genera trabajar con parámetros del modelo dual (HERNANDO, 1999) y con la vieja noción del “fósil director”. Ya indicábamos en el estudio de El Retamar la difícil aplicación del registro levantino formulado a partir de las secuencias conocidas, tipo Cocina o Cueva de l’Or, por lo que se valoraba la situación en el sur peninsular como más compleja que la que sintetiza el llamado “modelo dual” (RAMOS y LAZARICH, eds., 2002). Ahora queremos relacionar y vincular esta tecnología con los procesos de trabajo. Conceptualmente pretendemos el enmarque de ésta como fuerza productiva y es muy sugerente en la definición de los modos de vida (VARGAS, 1987). En Embarcadero del río Palmones se evidencian auténticos procesos de elaboración y talla in situ como lugares de producción de herramientas. El registro de núcleos, de lascas y de otros restos de talla confirma estos procesos de trabajo. Lo específico de las prácticas de caza configura una tecnología caracterizada por hojas, con fracturas por medio de la técnica del microburil para la elaboración de microlitos geométricos. Su función como proyectiles ha quedado confirmada en el estudio funcional (CLEMENTE y PIJOAN, en prensa). Además, se constata la presencia de otras herramientas (raspadores, muescas, lascas, láminas) para trabajos de materias vegetales, maderas y huesos, en actividades de raer/raspar e incluso de raspado de piel y corte.

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La relación del análisis tecnológico (RAMOS, dir., 1995; RAMOS y CASTAÑEDA, 2003) con la propia distribución espacial (RAMOS, CASTAÑEDA y DOMÍNGUEZ, 2003) y la asociación de los productos orgánicos de fauna terrestre y marina permiten deducir la importancia de los procesos de trabajo relacionados con la caza y marisqueo, tanto en la preparación tecnológica de microlitos para proyectiles, como de objetos de reposición y procesamiento en el interior del asentamiento. Las superestructuras, en cualquier sociedad, se integran con la base económica en el corpus de ideas y valores que mantienen y transforman la reproducción de la vida social (BATE, 1998: 62). Tanto en las sociedades cazadoras-recolectoras, como en las sociedades tribales comunitarias lógicamente hay una clara relación del modo de producción con la ideología, institucionalizada en cuanto a la reproducción social y a los sistemas de valores. Esta ideología se regula en el marco de relaciones, entre propiedad, trabajo y distribución de los productos. No hay indicios en cuanto a las relaciones sociales, de ningún producto que conlleve diferenciación social en el trabajo, confirmando además una inexistencia de relaciones de distribución de productos externos. Todo ello se vincula con un ejemplo característico de una comunidad igualitaria cazadora-recolectora (BATE, 1998; VARGAS, 1987). No hay ningún testimonio que marque una contradicción social. Queremos finalizar con unas reflexiones sobre las alternativas explicativas que se están abriendo desde el sur peninsular a los modelos levantinos basados en la ola de avance y el modelo dual. Comienza a atisbarse un auténtico neolítico aldeano, en la cuenca del río Guadalquivir (ARTEAGA, 2002; ARTEAGA y CRUZ AUÑÓN, 1999), donde se desarrollan las bases de conformación de la sociedad tribal comunitaria. Por ello es muy interesante la dinámica de estudios de los enclaves de El Retamar (RAMOS y LAZARICH, eds., 2002) y de otros asentamientos en la banda atlántica de Cádiz, en los entornos de San Fernando y Chiclana de la Frontera (RAMOS, et al., 1997, 2000), con registros también interesantes en el Campo de Gibraltar, como Borondo (GUTIERREZ et al., 2000) y Gibraltar (FINLAYSON et al., 1999). Es significativo el nivel III de la Cueva de Gorham, que refleja un ecosistema y un estudio arqueobotánico con grandes semejanzas a Embarcadero del río Palmones. Para la ocupación neolítica indican sus excavadores el papel sustancial de la caza, pesca y recolección (FINLAYSON et al., 1999: 219). También cobra importancia en el contexto territorial inmediato el emplazamiento de Borondo con testimonios de estructuras, que evidencian consumo de fauna cazada y de malacofauna. La tecnología lítica parece tener una base Epipaleolítica, con microlitos geométricos (GUTIERREZ et al., 2000). Hay que indicar también la novedad de registros en las prospecciones en el río Palmones, a cargo de Vicente Castañeda y Nuria Herrero. Resulta evidente el interesante panorama que se está configurando también en el entorno de la bahía de Algeciras y su interior, que permiten plantear con optimismo la investigación en la problemática del tránsito de las comunidades cazadoras-recolectoras a las tribales comunitarias. Aunque los datos aún son limitados empiezan a haber bases para plantear un sustrato poblacional local con capacidad para llegar a desarrollos diferentes del cambio sustancial de modo de producción. La realidad es que comienza a atisbarse la presencia de comunidades cazadoras, recolectoras y pescadoras, con tecnología propia del Epipaleolítico, con significativa presencia de utillaje microlaminar y geométrico. La situación expuesta lleva a cuestionar abiertamente el modelo dual basado en la colonización y en diversas formas de aculturación (BERNABEU, AURA y BADAL, 1993), cuestión que ha sido ya cuestionada por algunos autores (OLARÍA, 1998 a, 1998 b) desde el propio Levante y en sentido más amplio en visiones críticas de síntesis (HERNANDO, 1999).

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Estamos convencidos que estas nuevas investigaciones en el Suroeste peninsular, en la cuenca del río Guadalquivir, en la banda atlántica de Cádiz y en concreto en las bahías de Cádiz y Algeciras vienen a aportar elementos para la reflexión y el debate de cierto alcance. La nueva realidad de investigación confirma una diversidad de modelos en las estrategias económicas de las últimas comunidades cazadoras-recolectoras, que se manifiesta lógicamente en la diversidad arqueológica de sus registros materiales.
5. BIBLIOGRAFÍA ARIAS, Pablo: Marisqueros y agricultores. Los orígenes del Neolítico en la fachada atlántica europea. Universidad de Cantabria. 1997. ARTEAGA, Oswaldo: “Las teorías explicativas de los ‘cambios culturales’ durante la Prehistoria en Andalucía: Nuevas alternativas de investigación”. Actas del III Congreso de Historia de Andalucía (2002), pp. 247-311. Córdoba. ARTEAGA, Oswaldo y Rosario Cruz-Auñón: “El asentamiento al aire libre de ‘Los Álamos’ (Fuentes de Andalucía, Sevilla). Excavación de urgencia de 1995”. Anuario Arqueológico de Andalucía 1995. Actividades de Urgencia (1999), pp. 559-566. Junta de Andalucía. Sevilla. ARTEAGA, Oswaldo, José Ramos y Anna María Roos: “La Peña de la Grieta (Porcuna, Jaén). Una nueva visión de los cazadores-recolectores del Mediodía AtlánticoMediterráneo desde la perspectiva de sus modos de vida y de trabajo en la cuenca del Guadalquivir”. En J.L. Sanchidrián y M.D. Simón, eds.: Las culturas del Pleistoceno Superior en Andalucía, pp. 75-109. Málaga. 1998. AURA, Emilio, Jesús Jordá , Javier González-Tablas, Julián Bécares y José Luis Sanchidrián: “Secuencia arqueológica de la Cueva de Nerja: La Sala del Vestíbulo”. En J.L. Sanchidrián y M.D. Simón, eds.: Las Culturas del Pleistoceno Superior en Andalucía: 217-249. Málaga: Patronato de la Cueva de Nerja. 1998. BATE, Luis Felipe: El proceso de investigación en Arqueología. Barcelona: Crítica. 1998. BERNABEU, Joan, Emilio Aura y Ernestina Badal: Al oeste del Edén. Las primeras sociedades agrícolas en la Europa mediterránea. Editorial Síntesis. Madrid. 1993. CLEMENTE, Ignacio y Jordi Pijoan: “Estudio funcional de los instrumentos de trabajo líticos en el Embarcadero del río Palmones”. En J. Ramos. y V. Castañeda, eds.: Excavación en el asentamiento prehistórico del Embarcadero... En prensa. 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PÉREZ, Manuela, José Ramos, Vicente Castañeda, EduardoVijande, Antonio Castañeda, Susana Fernández, David Guerrero, Juan José Císcar y Luis Pérez: “Informe de la excavación arqueológica de urgencia en el Embarcadero del río Palmones (Algeciras, Cádiz). Campaña del verano de 2003”. Anuario Arqueológico de Andalucía/2003. Actividades de Urgencia. En prensa. Sevilla. RAMOS, José, Dir.: El Paleolítico Superior Final del río Palmones. Un ejemplo de la tecnología de las comunidades de cazadores-recolectores. Instituto de Estudios Campogibraltareños. Algeciras. 1995. RAMOS, José: “Hacia la superación de los esquemas normativos Epipaleolítico-Neolítico. Reflexiones desde el estudio de la tecnología del Embarcadero del río Palmones (Algeciras, Cádiz)”. Almoraima 29 (2003), pp. 97-107. RAMOS, José y Vicente Castañeda: “La tecnología lítica del asentamiento del Embarcadero del río Palmones (Algeciras, Cádiz)”. Pliocénica 3 (2003), pp. 159-164. RAMOS, José y Vicente Castañeda, eds.: Excavación en el asentamiento prehistórico del Embarcadero del río Palmones (Algeciras, Cádiz). Una nueva contribución al estudio de las últimas comunidades cazadoras y recolectoras. Fundación Municipal de Cultura de Algeciras y Universidad de Cádiz. En prensa. RAMOS, José, Vicente Castañeda y Salvador Domínguez: “Valoración espacial del Embarcadero del río Palmones (Algeciras, Cádiz)”. Pliocénica 3 (2003), pp. 165-172.

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RAMOS, José, Vicente Castañeda, Salvador Domínguez y Eugenia García: “Análisis espacial del área excavada del asentamiento del Embarcadero del río Palmones (Algeciras, Cádiz)”. Almoraima 29 (2003), pp.109-122. RAMOS, José, Vicente Castañeda, Salvador Domínguez, Jordi Pijoan y Ignacio Clemente: “La tecnología lítica del asentamiento del Embarcadero del río Palmones (Algeciras, Cádiz): captación de recursos, tecnología, función y valoración histórica”. III Congreso del Neolítico Peninsular. Santander, (2003). En prensa. RAMOS, José, Vicente Castañeda, María E. García, Salvador Domínguez et al.: “Informe de la excavación arqueológica de urgencia efectuada en el asentamiento prehistórico ‘Embarcadero del río Palmones’ (Algeciras, Cádiz)”. Anuario Arqueológico de Andalucía/2000. III Actividades de Urgencia. Vol 1, 2003, pp. 99-112. Sevilla. RAMOS, José, Vicente Castañeda, María E. García, Salvador Domínguez et al.: “Análisis técnico de los productos líticos tallados del corte 2, campaña de excavación de 2000 del ‘Embarcadero del río Palmones (Algeciras, Cádiz)”. Catearía 4. Algeciras. En prensa. RAMOS, José, Vicente Castañeda, manuela Pérez, María Lazarich y Manuel Montañés: “Contributions to the study of the specialized hunter-gatherer production mode and to the begginning of the production economy in the Atlantic coast of Cadiz (Southern Spain)”. En C. Finlayson, G. Finlayson y D. Fa, eds.: Gibraltar during the Quaternary, pp. 135-158. Gibraltar. 2000. RAMOS, José, Salvador Domínguez y Vicente Castañeda: “Aproximation to the sequence model, technology and mineralogical and petrological analisis of siliceous material of the hunter-gatherers settlements from the atlantic band of Cadiz (SW Spain), at the Upper Pleistocene”. VII International Flint Symposium. Bochum. 1999. En prensa. RAMOS, José, Eugenia García, Vicente Castañeda, et al.: “Primeros resultados de la campaña de excavaciones desarrollada en el asentamiento de cazadores-recolectores del Embarcadero del río Palmones (Algeciras, Cádiz)”. Almoraima 25 (2001) , pp. 81-90. RAMOS, José, María Lazarch, Isabel Cáceres, Manuela Pérez, Vicente Castañeda, Nuria Herrero y Salvador Domínguez: “El asentamiento El Retamar. Síntesis del registro arqueológico y enmarque socio-económico e histórico”. III Congreso del Neolítico Peninsular. Santander 2003. En prensa. RAMOS, José, María Lazarich, Vicente Castañeda, Manuela Pérez et al.,: “Los inicios de la economía de producción en la Bahía de Cádiz”. O Neolítico Atlántico e as Orixes do Megalitismo, pp. 677-689. Santiago de Compostela. 1997. RAMOS, José y María Lazarich, eds.: El asentamiento de «El Retamar» (Puerto Real, Cádiz). Contribución al estudio de la formación social tribal y a los inicios de la economía de producción en la Bahía de Cádiz. Universidad de Cádiz y Ayuntamiento de Puerto Real. 2002. RODRÍGUEZ, Oliva:”Análisis antracológico del asentamiento prehistórico del ‘Embarcadero del río Palmones’”. En J. Ramos y V. Castañeda, eds.: Excavación en el asentamiento prehistórico del Embarcadero... En prensa. RUIZ, Blanca, Miriam Dorado, María José y Ana Valdeolmillos: “Paleovegetación en el yacimiento prehistórico del ‘Embarcadero del río Palmones”. En J. Ramos y V. Castañeda, eds.: Excavación en el asentamiento prehistórico del Embarcadero... En prensa. SANCHIDRIÁN, José Luis, María Dolores Simón, Miguel Cortés y Victoria Muñoz: “La dinámica de los grupos predadores en la Prehistoria andaluza. Ensayo de síntesis”. En M. Cortés et al., eds.: El Paleolítico en Andalucía. Córdoba. 1996. SORIGUER, Milagrosa, Cristina Zabala y José Hernando: “Características biológicas de la malacofauna del yacimiento del ‘Embarcadero del río Palmones’”. En J. Ramos, y V. Castañeda, eds.: Excavación en el asentamiento prehistórico del Embarcadero... En prensa. VARGAS, Iraida: “La formación económico social tribal”. Boletín de Antropología Americana 15, pp.15-26. (1987) México.

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EL YACIMIENTO DE LOS ALGARBES II
(TARIFA, CÁDIZ) Y LA OCUPACIÓN IBÉRICA EN EL CAMPO DE GIBRALTAR
Juan Antonio Martín Ruiz / Alejandro Pérez-Malumbres Landa Montserrat Cuenca Muñoz / José Manuel Martín Ruiz
1. INTRODUCCIÓN Los materiales que aquí se presentan fueron recuperados hace ya varios años por Carlos Posac Mon, quien, en el transcurso de una de las campañas de excavaciones que se estaban llevando a cabo en la necrópolis de la Edad del Bronce de Los Algarbes, en concreto la desarrollada en septiembre de 1971, efectuó un breve examen del yacimiento con la intención de localizar el asentamiento al que debía vincularse este área de enterramientos. Al año siguiente se realizaron algunas labores más en el yacimiento (POSAC, 1975: 88-89; Lorenzo, 1998: 81-82). La pequeña excavación practicada proporcionó una serie de materiales que han permanecido inéditos hasta nuestros días y que han sido puestos a nuestra disposición por su excavador, quien nos ha animado a su publicación. Aprovecharemos este hecho para analizar la problemática que suscita el poblamiento ibérico en esta zona, incrementando el número de los hasta ahora escasos enclaves conocidos. Al iniciar el análisis de la colección se nos planteó un importante problema, derivado de la inexistencia de referencias estratigráficas para los materiales, ya que la documentación sobre la intervención ha desaparecido. Hay que tener en cuenta que la excavación se realizó hace más de 30 años y que se practicó como un pequeño sondeo de comprobación en la que aparecieron sólo bolsadas de material sin asociación directa a complejos estructurales. Hemos de recordar, además, que la finalidad de este pequeño sondeo no era otra que la de descartar la existencia de una ocupación prehistórica en el lugar que fuera presuntamente asociable a la necrópolis objeto de excavación. Como es lógico, ello impide poder establecer con seguridad los parámetros temporales en los que este yacimiento se enmarca, así como poder valorar otro tipo de cuestiones de carácter interpretativo sobre el mismo. A esta escasez de posibilidades hemos de unir el hecho que de que la zona se haya visto muy afectada por trabajos de repoblación forestal que se emprendió en los años setenta, a fin de detener el avance de las dunas de arena sobre el piedemonte de la sierra (MATA, 1998: 61).

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2. EL YACIMIENTO El emplazamiento cuyos materiales damos a conocer lo denominamos Los Algarbes II, siguiendo el topónimo asignado por Carlos Posac pero buscando distinguirlo de la más conocida necrópolis, aun cuando también puede aparecer recogido en la bibliografía como Las Cabrerizas (Lorenzo, 1998: 83). Se sitúa en la ladera sureste de la colina de las Palomas, en la margen occidental del río del Valle, muy cerca de la mencionada necrópolis prehistórica, justo detrás de uno de los farallones rocosos que conforman la citada área de enterramientos. Se trata de una zona de areniscas a unos 200 m. de altitud sobre el nivel del mar y a un kilometro de la línea de costa, en concreto la ensenada de Valdevaqueros. Al parecer en este punto existían unos recintos edificados con piedras que eran utilizados como aprisco para ganado, y que ya en los años setenta habían sido destruidos (POSAC, 1975: 88; LORENZO, 1998: 83). Como cabe advertir el emplazamiento se localiza en un lugar prominente que posee una potencialidad evidente desde el punto de vista de la actividad agropecuaria, siendo, así mismo, un óptimo lugar de paso para comunicar la franja costera con el interior.

3. LA CULTURA MATERIAL Está integrada por elementos cerámicos y, en menor medida, metálicos, junto a algunas conchas marinas y restos de ictiofauna. La cerámica Fue predominantemente ejecutada a torno, aunque existe algún fragmento de olla con cocción reductora y tendencia globular hecha a mano (figura 4, última pieza), y comprende un repertorio tipológico más bien reducido en el que dominan de forma absoluta los recipientes no decorados (96,6%). Tan sólo en cuatro ocasiones se advierten restos de pintura de color rojizo sobre las superficies externas de fragmentos de una olla y tres cuencos, en tanto otros dos más se decoran al interior mediante círculos concéntricos de color negruzco, una de ellas también al exterior. Las pastas son bastante homogéneas en el conjunto de la colección, y presentan coloraciones anaranjadas y beiges, con desgrasantes de tamaño fino y medio de caliza, cuarzo y escasísimos puntos de mica. En realidad, la mayor parte de los elementos se reducen a fragmentos del borde, junto a algunos fondos, siendo muy escasas las piezas de las que podemos reconstruir su perfil completo, lo que dificulta la correcta identificación de algunas de sus formas. Aunque el porcentaje de formas abiertas es similar al de recipientes cerrados, los cuencos y ollas son los tipos predominantes. Los primeros, con un total de ochenta y dos vasijas (figuras 1-2), configuran este grupo como el más representado. En él se incluyen tanto los de tendencia parabólica y semiesférica, como los caliciformes y otros pertenecientes a los llamados cuencoslucerna, algunos de los cuales muestran sus bordes ennegrecidos, señal de utilización. A éstos le siguen en importancia las ollas (figura 3-4), que pueden subdividirse en dos grupos en función de sus bordes, ya que cuarenta y siete de ellas muestran bordes rectos exvasados al exterior, a veces con acanaladuras para ajustar la tapadera, mientras que otras treinta y dos ofrecen bordes de sección triangular igualmente exvasados al exterior, también conocidos como “pico de pato”. Del mismo modo, es posible citar la presencia minoritaria de jarros, lebrillos (figura 5) y ánforas, estas últimas reducidas a un par de ejemplares, sin olvidar algunos pequeños fragmentos de platos y otro más perteneciente a un kalathos de cuello estrangulado que podemos incluir en el grupo 16 de la clasificación efectuada por C. Aranegui y E. Pla (1981: 78).

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Figura 1. Cuencos sin decorar y pintados.

Figura 2. Cuencos sin decorar y platos de pescado.

Contamos también con varios bordes que nos informan acerca de la aparición en este enclave de otro grupo integrado por tres tipos de platos distintos, aun cuando todos ellos se relacionan con los recipientes de raigambre fenicia destinados al consumo de pescado (figura 2). Pertenecen a lo que se viene llamando plato con pocillo central, con bordes rectos biselados o con una pestaña exterior que gira hacia abajo y que puede ser más o menos pronunciada según se acerque o aleje de los prototipos helenos de estas piezas (GARCÍA, 1998: 27-28). Con pastas anaranjadas y en una ocasión gris oscuro, podemos adscribirlos desde un punto de vista tipológico a los grupos III, IV y V de la clasificación establecida para los platos procedentes de la necrópolis de Puente de Noy, en Almuñecar (HUERTAS, MOLINA, 1986: 498). Igualmente podemos citar la aparición de otros dos fragmentos pertenecientes a ánforas fenicias de pastas rojizas (figura 5), asimilables al tipo T 12.1.1.1 de Ramón (1995: 237-238), y que son habituales en las producciones anfóricas localizadas en los alfares gaditanos, como por ejemplo los excavados en la actual isla de San Fernando (SÁINZ et alii, 2003: 75-76).

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En consecuencia, y teniendo en consideración el número mínimo de ejemplares ya señalado, podemos establecer los siguientes índices de aparición, según las formas cerámicas representadas:
FORMA Cuencos Ollas Platos Ánforas Lebrillos Jarros Kálathos TOTAL Nº MÍN. EJEMPLARES 82 80 5 4 2 2 1 176 PORCENTAJE 46,7% 45,6% 2,9% 2,2% 1,1% 1,1% 0,5% 100%

Entre los materiales fabricados con arcilla es posible apuntar también la aparición de alguna fusayola de sección troncocónica. Es necesario mencionar, además, la aparición de un fragmento de terra sigillata africana, así como parte de un candil de pie alto vidriado en verde y de un jarro de época medieval, los cuales desentonan cronológicamente, como es evidente, con el resto del material exhumado. Los metales Los objetos de metal, todos ellos de bronce, están integrados por una fíbula del tipo La Téne I prácticamente completa (figura 6), a la que le falta el típico pivote con que rematan estos pasadores para el vestido, hecho que nos impide determinar con precisión su adscripción tipológica (Iniesta, 1983: 61-63; Sanz et alii, 1992: 213-214), dos anzuelos de pequeñas dimensiones y tres pulseras, una de ellas consistente en un fino alambre que remata en un nudo, otra formada por una estrecha lámina rectangular y una tercera de sección con tendencia semicircular. Por último existe otra pieza de tipología indeterminada. Otros materiales Es de reseñar la presencia de dos elementos líticos, en concreto una lámina completa y otra fragmentada, en ambos casos de sílex de color crema. La fauna Su representación es poco numerosa, destacando la presencia de malacofauna, la cual ha recibido un estudio preliminar cuyas conclusiones aparecen en el anexo. El registro muestra la aparición de otros restos de fauna, como son los exiguos fragmentos de icitiofauna constatados, de los cuales únicamente podemos decir, por ahora, que pertenecen a túnidos y que incluyen tres vértebras, aun cuando ignoramos si pertenecen a uno o más individuos, de manera que tenemos un número mínimo de un ejemplar y un máximo de tres.

4. CRONOLOGÍA No es tarea fácil plantear una datación para este yacimiento, dada la falta de contexto arqueológico conocido para el material exhumado, como ya indicamos al principio, lo que nos obliga a tomar en consideración cuestiones estrictamente tipológicas y dataciones cruzadas, y a restringir nuestras expectativas de interpretación del yacimiento. En este sentido, poca es la ayuda que pueden prestarnos algunas de las formas aquí representadas, como sucede con los cuencos-lucerna, puesto que su perduración temporal es sumamente amplia, según vemos en Cerro Macareno, donde se

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Figura 3. Ollas sin decorar y pintadas.

Figura 4. Ollas a torno y a mano.

documentan desde el siglo VII a. C. hasta los momentos previos al cambio de era sin que apenas se constaten modificaciones morfológicas (PELLICER et alii, 1983: 92). Otro tanto acontece con los cuencos de tendencia parabólica y semiesférica, que ofrecen un gran marco temporal. En cambio, los platos de pescado pueden sernos muy útiles en este sentido, pues otorgan una cronología que comprende los siglos VI-V a. C. para el ejemplar asimilable al tipo III de Puente de Noy, mientras que los de los tipos IV y V pueden situarse en el siglo IV a. C. (HUERTAS, MOLINA, 1986: 501). Los lebrillos nos sitúan entre los siglos VI y IV a. C. si atendemos a las cronologías dadas para el Castillo de Doña Blanca (RUIZ, 1987: 311). Por su parte, el kalathos de cuello estrangulado surge en la segunda mitad del siglo IV y perdura hasta el III a. C., cuando son sustituidos por los de cuello recto (Aranegui, Pla, 1981: 78). Por otro lado las ánforas fenicias aportan unas dataciones que no desentonan con las anteriores. Ya que las T. 12.1.1.1. inician su producción en el siglo IV para perdurar hasta el II o, tal vez, el I a. C. (RAMÓN, 1995: 238). En cuanto a los artefactos metálicos, la fíbula es la única que nos ofrece una cronología aproximada, pues estos artefactos se encuentran en contextos ibéricos que abarcan desde las últimas décadas del siglo V y todo el IV a. C (SANZ et alii, 1992: 220-221).

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En consecuencia, y a tenor de los datos suministrados por la cultura material, en la que están ausentes por completo los artefactos de procedencia itálica, podemos situar el material extraído de este sondeo en el período conocido como Ibérico Pleno, esto es, entre los siglos V y III a. C., con las lógicas precauciones que impone la carencia de una secuencia estratigráfica. Por otra parte, no podemos negar que esta secuencia pueda ser más amplia en ambos extremos, ya que las excavaciones fueron insuficientes para poder asegurarlo sin paliativos.

5. EL POBLAMIENTO IBÉRICO EN EL CAMPO DE GIBRALTAR Como ya apuntamos al inicio de este trabajo, son muy pocos los enclaves conocidos en esta zona que podemos vincular con las poblaciones indígenas de la segunda mitad del primer milenio a. C. Según podemos constatar, apenas tenemos información sobre la existencia de un asentamiento tipo oppidum en la cercana Silla del Papa (CASTIÑEIRA, CAMPOS, 1994: 144-145; ARÉVALO et alii, 2001: 131-132), así como de un posible recinto fortificado en el Cortijo del Infante, ya en San Roque (CASTIÑEIRA, CAMPOS, 1994: 145-148), y de un hábitat en Cala Arena (MUÑOZ, BALIÑA, 1987: 163), establecimientos a los que cabría sumar El Piojo, aun cuando en esta ocasión persisten serias dudas respecto a su filiación cultural semita o indígena (ARÉVALO et alii, 2001: 123-124). Junto a esta ocupación autóctona hemos de tener presente, a fin de trazar un cuadro lo más preciso posible de la realidad histórica del momento, a las comunidades de origen oriental instaladas en el tramo de costa comprendido entre la bahía de Algeciras y Cádiz, y de las que tenemos un caudal de información mucho mayor. Uno de estos establecimientos se localiza, al menos desde el siglo VI a. C., en Tarifa, donde es muy posible que el asentamiento se situase en el cerro del Castillo de Guzmán el Bueno y la necrópolis en la isla de las Palomas (PÉREZMALUMBRES, MARTÍN, 1998: 159). Más al este encontramos desde el siglo VII a.C. el asentamiento de Cerro del Prado, el cual es abandonado a mediados del siglo IV a. C. (ULREICH et alii, 1990: 257-259), justo cuando se inicia la construcción de Carteia (ROLDÁN et alii, 2001: 69). También es posible citar la existencia de un yacimiento instalado desde el siglo VIII a. C. en la cueva de Gorham en Gibraltar, que ha sido interpretado como un santuario al que asistirían, según algunos autores, miembros de las sociedades indígenas a juzgar por los hallazgos recuperados, los cuales incluyen cerámicas como cuencos y kálathos, así como algún grafito con escritura ibérica (GUTIÉRREZ et alii, 2001: 20 y 23). Es necesario recordar que la mayor parte de estos yacimientos ibéricos son conocidos únicamente gracias a los datos suministrados por recogidas superficiales de materiales, lo que complica en gran medida el análisis del poblamiento en esta zona al no disponer de secuencias estratigráficas que marquen los límites temporales de ocupación en dichos enclaves. Ello dificulta notablemente el establecimiento de sincronías entre los hábitats ibéricos, al igual que entre éstos y los enclaves fenicios. Al mismo tiempo, no podemos estar seguros sobre si su reducido número es reflejo a la realidad de las circunstancias históricas o, lo que nos parece más probable, es el resultado de un déficit en la investigación, algo similar a lo que acontece con sus necrópolis, de las que carecemos por completo de referencias para toda el área del Campo de Gibraltar. Escasos son también los datos que nos aportan las fuentes clásicas desde Hecateo de Mileto ya desde el siglo VI a. C. en adelante, las cuales recogen unas comunidades situadas en torno al estrecho de Gibraltar a las que designan con el nombre de mastienos, en un territorio que en época romana aparece controlado por los bastetanos (GARCÍA, 1993: 204-208). Es bien sabido cómo a partir del siglo VI a. C. asistimos a un proceso que supone la reorganización del poblamiento indígena en el sur peninsular. Será ahora cuando se produzca una concentración de la población en grandes oppida que se acompañan de recintos fortificados de menor envergadura, junto a otras unidades dedicadas a la producción agrícola (RUIZ,

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Figura 5. Ánforas fenicias y lebrillo.

Figura 6. Objetos metálicos.

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MOLINOS, 1993: 258-260). Precisamente en un territorio cercano a Tarifa, como es el actual término de Vejer de la Frontera, las prospecciones realizadas han puesto de manifiesto la existencia en estas mismas fechas de un abundante poblamiento rural que se articula en torno a dos centros principales, como son Baesippo y Cerro Patría, el cual llega a fortificarse, y que controlan los más importantes pasos hacia el interior (FERRER et alii, 2002: 62-66). Aun con las dificultades de interpretación ya señaladas, a partir de la información disponible parece factible defender que el yacimiento de la Silla del Papa, en el que son visibles diversas estructuras excavadas en la roca de difícil datación, ocupe un lugar de primer orden en la jerarquización de los yacimientos de esta zona, sobre todo si tenemos en cuenta su ocupación prolongada desde al menos el siglo VI a época altoimperial, junto con sus 10 has. de extensión (ARÉVALO et alii, 2001: 131). En relación con el mismo estaría el posible recinto defensivo de el Cortijo del Infante, cuyo presunto carácter militar se hace necesario constatar, situado en una elevación desde la que se controla el valle del arroyo de las Colmenas, con una superficie estimada mucho menor, en torno a las tres has. (CASTIÑERIA, CAMPOS, 1994: 145). En cuanto al resto de yacimientos, entre los que incluimos el que aquí damos a conocer, resulta mucho más difícil establecer correlaciones territoriales, y que tal vez debamos ponerlos en relación con los asentamientos rurales que se han detectado en Vejer de la Frontera.

6. CONCLUSIONES El yacimiento excavado pertenece a un complejo en el que se han podido documentar varios momentos de ocupación en época prehistórica, protohistórica, romana y medieval, aunque su correlación cronocultural debe tomarse con la prudencia, dada la escasez de restos arqueológicos que permitan describir una secuencia con la necesaria fidelidad. Resulta caprichoso que conozcamos dos necrópolis y un área de hábitat, pero que no se correspondan entre si. El conjunto incluye, como se dijo, una necrópolis perteneciente a la Edad del Bronce y otra de época medieval en las inmediaciones (POSAC, 1975: 88). Junto a esto, estos materiales nos permiten conocer la existencia de un yacimiento ibérico próximo a la costa que podemos datar entre los siglos V y III a. C., y en el que no se ha detectado ningún elemento que pueda hacernos pensar en una continuidad tras la conquista romana del Estrecho, sólo un fragmento de sigillata. Poco puede decirse acerca de las actividades económicas practicadas que no sea extensible a otros yacimientos. A pesar de que la escasa representación de malacofauna e ictiofauna no permiten avanzar gran cosa sobre el papel de la obtención de productos marinos, no creemos que las actividades pesqueras fuesen ignoradas por los pobladores de Los Algabes II, si consideramos la presencia de anzuelos y los restos de peces. En este sentido se debe advertir la presencia de ánforas fenicias relacionables con las salazones de pescado, lo que puede hablar a favor de la adquisición de estas mercaderías, sobre todo si tenemos presente la influencia económica gaditana que se ha constatado en los yacimientos detectados en Vejer de la Frontera (FERRER et alii, 2002: 66). Estas mismas ánforas avalan, en principio, la existencia de contactos comerciales con las comunidades fenicias, como no podía ser de otra forma dada la proximidad de estos núcleos en el Campo de Gibraltar. Sin embargo, apenas sabemos nada sobre otros aspectos relacionados con estas presuntas actividades comerciales, extremo que debemos achacar a la escasez de investigaciones sobre estos emplazamientos ibéricos. Sería, por ejemplo necesario, abundar en los análisis cerámicos para establecer si algunas de estas formas de origen semita, como los platos de pescado, pudieron ser fabricados por alfareros indígenas, dada la aparente uniformidad de las pastas con que fueron elaborados, semejantes en casi todos los casos al resto de los recipientes cerámicos exhumados.

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Así pues, y a modo de conclusión, podríamos señalar que Los Algarbes II constituye un yacimiento ibérico, no fenicio o púnico como se había indicado en una primera evaluación preliminar (POSAC, 1975: 88), con unos restos materiales que parecen avalar un contexto de índole habitacional en el que predominan los recipientes sin decorar destinados a vajilla de mesa y cocina.

ANEXO ESTUDIO MALACOFAUNÍSTICO Bivalvos Glycymeridae Existen seis elementos correspondientes a seis individuos distintos, todas pertenecientes a la familia Glycymeridae, y al menos a dos especies: Glycymeris glycimeris (3 individuos) y Glycymeris bimaculatum (3 individuos). Supone el 60% de las apariciones. Sus dimensiones son medias, entre 4,5 y 7,5 centímetros. Su estado de conservación es bueno por lo general. Todas fueron recogidas post-mortem, (tal vez excepto un pequeño ejemplar de Glycymeris glycimeris, cuyo estado es muy bueno, con tres pequeños golpes recientes), según indican las señales de litófagos que presentan en tres de los casos, con pequeños orificios de sección cónica, uno de ellos inacabado. El resto presentan alguna perdida de masa por descalcificación, y cierto desgaste de las charnelas y de la dentición por rodamiento. Todas las especies de esta familia viven en aguas bajas, desde la rompiente hasta los 150 metros de profundidad, en sustratos de arenas y fangos. Actualmente se la denomina almeja boba, y a pesar de que hoy día no se consuma, es posible que si lo fuera en la antigüedad, pues es comestible. Desde el punto de vista arqueológico, los Glycymeridae es una bivalvos muy habituales y comunes en los yacimientos andaluces, sobre todo costeros. Su uso como elemento constructivo ha sido constatado, en las fechas que presenta la colección de este yacimiento, en la fabricación de suelos, aunque pudiera también emplearse como pequeño contenedor, lamparilla, etc. A veces aparece recortado para servir de tapadera, ficha, etc., u oradado, para ser empleado como elemento de adorno personal. Gasterópodos Patellae Existen dos ejemplares de tamaño diverso que suponen el 20% de los hallazgos malacológicos. Uno de ellos pertenece a la especie Patella coerulea, con 3,5 cm. y otro de Patella ferruginea de 8,3 cm. En ambos casos su estado de conservación es bastante bueno, y los dos presentan una pequeña marca en la parte baja de la crenuladura, tal vez como consecuencia del golpe realizado para su extracción. Pudieron, por lo tanto, ser pescados. Son comestibles y viven en rocas, cerca de los rompientes. Conus Por último, el 20% restante lo conforman dos pequeños ejemplares de Conus mediterraneus muy deteriorados, de 1,5 y 2 cm. Por su pequeño tamaño y su estado, no pensamos que fueran recolectadas para el consumo.

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Interpretación medioambiental Los biotopos que dibujan estos hallazgos no difieren mucho de las actuales. Todas la especias analizadas coinciden en responder a un hábitat común, es decir, playas de arena amplias con una plataforma de hasta 150 metros de profundidad en combinaciones con áreas rocosas en las rompientes, un paisaje típico de la costa de Cádiz.
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ARTE SUREÑO:
NUEVOS DESCUBRIMIENTOS Y SITUACIÓN ACTUAL DEL ARTE RUPESTRE DEL EXTREMO SUR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA
Lothar Bergmann / Ana Gomar Barea Ana María Carreras Egaña / Antonio Ruiz Trujillo
ANTECEDENTES Y NUEVOS DESCUBRIMIENTOS Desde las publicaciones de J. Cabré y E. Hernández – Pacheco en 1914 y H. Breuil y M.C. Burkitt en 1929 hasta principios de los años noventa del siglo pasado el número de los abrigos con arte rupestre en la provincia de Cádiz se ha mantenido, casi invariablemente en poco más de un centenar. Este conjunto fue enriquecido en aquellas seis décadas sólo por algunos hallazgos aislados, como por ejemplo la Cueva de la Laja Alta (Salvador Gorbacho Rey), la Cueva de las Bailadoras (Lucas Millán Millán) o la Cueva del Realillo-1 (Mario Arias Dietrich). A partir de 1992, un nuevo impulso descubridor ha elevado el número de cuevas y abrigos conocidos hoy en la provincia gaditana a más de 180, destacando el término municipal de Tarifa con más de medio centenar de estaciones. Esto se debe gracias a la elaboración del “Catálogo de Yacimientos Arqueológicos” para el Plan Especial de Protección y Mejora de la Ensenada de Bolonia y Núcleo de El Lentiscal. El autor de esta comunicación, en su condición de espeleólogo y miembro del equipo colaborador del Conjunto Arqueológico de Baelo Claudia, realizó para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía trabajos de localización y prospección superficial – descubriendo durante estas tareas varias docenas de nuevas cuevas y abrigos con manifestaciones de arte rupestre.

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ARTE PALEOLÍTICO: GRABADOS DE ÉQUIDOS. CUEVA DEL MORO (TARIFA) Las figuras más antiguas de los abrigos gaditanos datan del Paleolítico Superior (Solutrense). Un ejemplo de esta época son los grabados de équidos de la Cueva del Moro (Tarifa) que representan el arte paleolítico más meridional del continente europeo. Pero la inmensa mayoría de las manifestaciones parietales del extremo sur de la península Ibérica son postpaleolíticas (Neolítico, Calcolítico, Edad del Bronce, Edad del Hierro). La gran importancia del Arte Sureño reside en el hecho de que aquí existen manifestaciones prehistóricas realizadas en un periodo que duró casi 20.000 años. Estas nos permiten contemplar todos los cambios de estilos, técnicas, evoluciones e influencias culturales que tuvieron lugar durante tan dilatado espacio de tiempo. Muchas de las nuevas estaciones han sido publicadas por el autor mediante comunicaciones que muestran las figuras más representativas de manera testimonial, dejando su estudio en profundidad para futuros trabajos de equipos multidisciplinares. Como medida de protección, no se han publicado las localizaciones de ninguna de estas cuevas o abrigos. Hasta hoy el ritmo de los descubrimientos de nuevas estaciones con arte rupestre no ha cesado. Cada año aumenta la lista de nuevos yacimientos. Se ha descubierto arte postpaleolítico en municipios donde antes era desconocido, como Jerez de la Frontera o en Alcalá de los Gazules. Lo mismo ha ocurrido con el arte paleolítico: Hace poco más de un año Jorge Antunez Neira encontró la representación naturalista de un ciervo en la Cueva del Ciervo en el término municipal de Los Barrios. Mientras las características estilísticas de esta figura parecen indicar un origen paleolítico, para G. Sauvet (Paris) –quien visitó este abrigo en agosto de 2003– puede tratarse del arte levantino más meridional del continente. Con respecto a los nuevos abrigos, encontrados en 2003, adscritos al arte postpaleolítico incluimos a continuación la lista: Término municipal de Tarifa: Cueva de Pastor, figuras ancoriformes. Cueva del Cancho II, ancoriforme. Cueva de la Carbonera, cuatro barras en paralelo. Cueva del Helechar IV, antropomorfo esquemático más grande de la provincia más de 30 cm de largo, doble línea de punto y signo oval. Cueva de Europa Sur, grabados en proceso de estudio. Término municipal de Los Barrios: Cueva del Charco, conjunto de puntos. Cueva de la Loma, conjunto de líneas. Los descubrimientos casuales de los últimos años demuestran, que el territorio en cuestión precisa de una serie de prospecciones sistemáticas y meticulosas que, sin lugar a dudas, proporcionará nuevos hallazgos que completarán la visión del arte rupestre del sur de Europa.

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Arte paleolítico: Grabados de équidos. Cueva del Moro, Tarifa.

Arte postpaleolítico: Ídolo oculado. Cueva del Tajo Gordo-2, Jerez de la Frontera.

Arte paleolítico: Pintura rupestre de un ciervo. Cueva del Ciervo, Los Barrios (imagen tratada por ordenador).

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PROTECCIÓN, CONSERVACIÓN Y TRANSMISIÓN A LAS GENERACIONES FUTURAS DE ESTE PATRIMONIO HISTÓRICO Hablar de arte rupestre es hablar de un patrimonio histórico extremadamente vulnerable, muy difícil de conservar y que se encuentra en vías de desaparición. Es por esta razón por la que la Ley del Patrimonio Histórico Español prevé, en su titulo V, artº 40.2: "Quedan declarados Bienes de Interés Cultural por ministerio de esta Ley las cuevas, abrigos y lugares que contengan manifestaciones de arte rupestre". Estas expresiones milenarias de creación humana gozan de especial protección sin que medie una declaración individualizada. Ser Bien de Interés Cultural significa también, que el ciudadano tiene el derecho de conocerlo y el Estado la obligación inexcusable de proteger y conservarlo. Por desgracia, los predecesores de la actual Delegada Provincial de Cultura, han dejado una herencia bastante desastrosa. En los últimos 10 años no se ha invertido voluntariamente en medidas de protección y el resultado es nefasto. Hoy constatamos, que el 10 % de las cuevas con arte rupestre de la provincia de Cádiz están dañadas a causa de actuaciones antrópicas, sobre todo en forma de pintadas de visitas incontroladas. A modo de ejemplo aquí algunos nombres: Cueva de los Alemanes Cueva del Arroyo Cueva de Atlanterra Cueva de Bacinete Cueva de las Bailadoras Cueva del Ciervo Cueva de la Chinchilla-2 Cueva de la Gandana Cueva de la Horadada Cueva del Jilguero Cueva de los Maquis-3 Cueva de la Mesa del Helechoso Cueva del Moro Cueva de las Palomas Cueva de la Pretina Cueva del Tajo de las Figuras

Muchos yacimientos ya tenían pintadas de excursionistas en el momento de su descubrimiento, como la Cueva del Moro o la Cueva de la Gandana. Pero últimamente las agresiones se siguen incrementando como consecuencia de la presión turística en las sierras. El aumento del tiempo libre y la necesidad de cubrirlo con actividades de ocio unido al acceso cada vez más asequible del ciudadano al medio natural, ha contribuido a la degradación de las estaciones de arte rupestre. El lugareño, es decir, el campesino que habita en estos lugares, nunca se ha dedicado a pintar su nombre en los abrigos. La protección de nuestro patrimonio histórico no es sólo una cuestión de leyes, es sobre todo una cuestión de educación. En este contexto, los técnicos deberían emplear sus especializados conocimientos para asesorar a la administración competente en la preservación de nuestro patrimonio histórico a largo plazo. En esta tarea tienen una responsabilidad primordial y como tal debe ser asumida. La desafortunada actuación de los colaboradores de la UNED (Madrid), como M. Mas Cornellà y otros, que realizaron los estudios de las manifestaciones rupestres desde la mitad de los años ochenta del siglo pasado, ha conducido a la destrucción indirecta de parte de este patrimonio. La repetida actuación del Defensor del Pueblo Andaluz (Cueva del Moro, Cueva de Atlanterra) y la creación de una asociación gaditana han supuesto la única defensa para nuestro patrimonio. Incluso el Parlamento de Andalucía tuvo que tratar el caso de la Cueva del Moro en repetidas ocasiones. Para el Arte Sureño, el año 2003 ha sido muy especial. En primavera el Defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo, inició de nuevo una actuación de oficio ante la delegación provincial de Cultura de Cádiz, esta vez para conocer la situación de

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deterioro en la que se encontraba la Cueva de Atlanterra y con el fin de proponer soluciones. Al mismo tiempo se produjo un cambio importante en la Delegación Provincial de Cultura. La nueva delegada, Bibiana Aido, no sólo se comprometió a poner fin a la situación desastrosa dejada por sus predecesores, sino que empezó a actuar: La Cueva de Atlanterra fue restaurada y cerrada en diciembre de 2003. La provincia tendrá un centro de interpretación de arte rupestre y habrá medidas de protección para los abrigos más necesitados, empezando con la Cueva de Bacinete y la Cueva del Ciervo. Estas se realizarán según las necesidades de cada caso por medio de rejas o vallado perimetral. Por otra parte, existen también otros factores no antrópicos que hacen desaparecer este patrimonio. Son entre otros los procesos físicos y químicos de la génesis de las cavidades, causas naturales como los líquenes que invaden paneles enteros o la fauna que construye sus nidos encima de las figuras prehistóricas (himenópteros o aves). Otros factores a tener en cuenta son movimientos tectónicos que causaron el derrumbamiento de paneles y cuevas enteras. Un ejemplo de esto posiblemente sea la recién descubierta Cueva del Helechar IV cuyo techo se derrumbó pero afortunadamente mantiene las pinturas rupestres en el panel principal. El arte rupestre forma parte de nuestro patrimonio histórico y goza por tanto también de la protección prevista en el Art. 46 de la Constitución Española, que insta a los poderes públicos a garantizar la protección, conservación y transmisión a las generaciones futuras de este patrimonio. La protección del arte rupestre debe ser percibida como una necesidad absoluta y no como algo marginal y secundario en relación con los objetivos económicos o turísticos. Se trata de un problema de educación y de promoción cultural en el más amplio sentido de la palabra.

EL ARTE RUPESTRE DEL ARCO MEDITERRÁNEO DE LA PENÍNSULA IBÉRICA En 1998 la UNESCO incluyó en la lista del Patrimonio Mundial el Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la península Ibérica, reconociendo así la importancia de dar a conocer y salvaguardar estas expresiones milenarias de la creación humana. Un gran conjunto de arte rupestre (arte paleolítico, arte macroesquemático, arte levantino, arte esquemático), desde los Pirineos hasta la provincia de Granada, ha conseguido de esta manera una protección importante. Por desgracia no se ha incluido en este conjunto el arte rupestre de las provincias también mediterráneas de Málaga y Cádiz. Cuevas tan importantes como la Cueva de Nerja, la Cueva de Ardales, La Cueva de la Pileta o la Cueva del Moro, que también pertenecen al arco mediterráneo, han quedado fuera y no cuentan con esta protección. Pero sin la incorporación del Arte Sureño no se puede hablar realmente de un "Arco Mediterráneo". Por eso hoy son los ciudadanos agrupados en distintas asociaciones que están creando la demanda social para completar el arco mediterráneo. Gracias a la iniciativa de AGEDPA, la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar (2001) y La Mancomunidad de Municipios de la Janda (2003) –y gracias a sus presidentes Miguel Manella (hoy alcalde de Tarifa) y Luis Romero– se ha tomado la muy acertada decisión de solicitar a la Junta de Andalucía la inclusión de este patrimonio histórico en la lista del Patrimonio Mundial, para ampliar de esta manera el Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la península Ibérica. Ellos han expresado su deseo que esta propuesta sea elevada a instancias superiores que realicen las gestiones oportunas ante la UNESCO. AGEDPA, respaldado también por otras asociaciones culturales organizadas en la Coordinadora de Defensa del Patrimonio del Campo de Gibraltar, agradece de todo corazón la decisión de estos políticos. Esta permite una política activa para la protección y conservación de estos lugares, la base imprescindible de una posible puesta en valor y la creación de nuevas ofertas turísticas dentro de los recursos ya existentes en la región y la creación de nuevos puestos de trabajo dentro de proyectos de un turismo sostenible en los espacios naturales protegidos.

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Como se puede ver en el CD-Rom Arte Sureño (*), la provincia gaditana cuenta con casi 190 cuevas y abrigos con arte rupestre. Algunas estaciones no están recogidas todavía porque simplemente se encuentran en lugares que todavía no han permitido determinar con exactitud el término municipal a que pertenecen. En la elaboración del listado ha colaborado la población entera: guardas forestales, científicos realizando estudios botánicos u ornitológicos, excursionistas, escaladores y gente que practica el senderismo; alumnos de colegios y muchos otros que realizan actividades al aire libre en nuestras sierras. El 30 % de todas las cuevas con arte rupestre de la provincia de Cádiz, es decir más de medio centenar, se encuentra en el término municipal de Tarifa. Esta ciudad es el municipio gaditano de mayor número de estaciones con manifestaciones prehistóricas. Entre estas se encuentran seis con arte paleolítico, que significa la mayor densidad de yacimientos de este tipo en Andalucía: Cueva de Atlanterra, Cueva del Buitre-2, Cueva de la Jara-1, Cueva del Moro, Cueva de las Palomas1, Cueva del Realillo-1 y probablemente también la Cueva de Europa Sur.

ACTUACIONES NECESARIAS Cualquier trato responsable del arte rupestre tiene que tener su base en la catalogación de todos los yacimientos y la elaboración de los expedientes de declaración de Bien de Interés Cultural. Hoy por hoy sólo unos 120 abrigos de los más de 180 de la provincia de Cádiz están catalogados correctamente. El Arte Sureño ya no puede ser un objeto de estudios esporádicos que se realiza cada x años durante campañas de poca duración. Necesitamos una comisión permanente de seguimiento de este conjunto. Son necesarias ya medidas urgentes de protección y conservación bien estudiadas y no nacidas de necesidades de urgencias. Habrá que elaborar un catálogo de prioridades y empezar a actuar sobre los yacimientos más amenazados. Sobre todo, este patrimonio histórico no puede estar a merced de “científicos” que hasta hoy sólo se han preocupado de conseguir el dinero del contribuyente en forma de subvenciones y de rellenar currículo. No eran capaces de realizar o impulsar ni un solo proyecto para la protección o conservación. Tampoco asesoraron a las autoridades competentes en la materia de manera acertada. El “expolio científico” del pasado, es decir la realización de trabajos subvencionados (publicaciones de calcos, documentales, etc.) de cuevas gaditanas sin preocuparse de las medidas necesarias para asegurar la integridad de este patrimonio, no ha aportado nada positivo. El ejemplo más negativo en este contexto es la publicación “Las manifestaciones rupestres prehistóricas de la zona gaditana” de M. Mas Cornellà. No se equivoca solamente en el nombre de varias cuevas, ya publicadas por H.Breuil en 1929, sino incluye también las coordenadas exactas UTM de los 17 abrigos con arte rupestre. En 15 de ellos no se ha tomado ninguna clase de actuación para asegurar su protección. Ahora no hace falta ni buscar una cueva; con un GPS, interesados y empresas de dudosa reputación que ofrecen excursiones a las sierras llegan más fácilmente que nunca a estos lugares de manera totalmente incontrolada. La experiencia nos muestra que muchos de los hallazgos de los últimos años ya estaban dañados por excursionistas en el momento de su descubrimiento, por lo que uno de los trabajos prioritarios es el de prospeccionar superficial y sistemáticamente nuestras sierras para localizar yacimientos hasta ahora desconocidos. El objetivo es llegar antes que los excursionistas. Al mismo tiempo hay que realizar la documentación fotográfica de todas las expresiones artísticas de la provincia gaditana con medios profesionales y su transferencia a soportes informáticos. En caso de daños o pérdida de las figuras originales, por lo menos quedarían estos documentos para futuros estudios.

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Estudios de arte rupestre por si solos, sin relacionarlos con otros datos arqueológicos de aquellas sociedades prehistóricas es simplemente un trabajo estéril que no es capaz de aportar nada de valor. Por eso, las distintas actividades deberían estar supervisadas por la Universidad de Cádiz. Ésta es la encargada de otros estudios arqueológicos en la provincia como por ejemplo Las Bandas de Cazadores-Recolectores en el Campo de Gibraltar, aprobado y patrocinado por la Dirección General de Bienes Culturales de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Sólo la unión de todos los datos puede proporcionarnos una amplia visión de aquellas comunidades prehistóricas.

DIFUSIÓN DE PATRIMONIO Y MEDIDAS DE EDUCACIÓN Un patrimonio que no está incluido en los libros de enseñanza, simplemente no existe. Por eso AGEDPA ha propuesto la elaboración de material didáctico, sobre todo para enseñar a los jóvenes de respetar nuestro patrimonio histórico y cuidar los lugares donde se encuentra. La protección y conservación de nuestro patrimonio histórico no es sólo una cuestión de leyes, es sobre todo una cuestión de educación. En esta línea y dirigiéndose sobre todo a la juventud, AGEDPA está llevando a cabo una labor extraordinaria con su Web en Internet: http://www.elestrecho.com/arte-sur. Ésta muestra en 136 páginas dedicadas a temas de nuestra prehistoria más de 600 imágenes (fotografías y calcos) del arte rupestre del sur de Andalucía. En enero de 2004 la Web Arte Sureño fué seleccionada por Cibersur como una de las mejores de Andalucía. En el contexto de una enseñanza y educación ambiental es necesario también un centro de interpretación del arte sureño. En diciembre de 2002 AGEDPA propuso a la Delegación Provincial de Cultura ubicarlo en el futuro centro de recepción del Conjunto Arqueológico de Baelo Claudia. Las razones son las siguientes: por un lado existen más de 30 cuevas con arte rupestre en las sierras cercanas a este yacimiento romano y, por otro lado, cuenta este Centro ya con toda una infraestructura para recibir cada año unos 100.000 visitantes. De esta manera no harían falta grandes inversiones y

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complicados proyectos. Por otro lado, la afluencia masiva a este centro convierte en labor fácil difundir los aspectos didácticos de este patrimonio histórico. Parece que la idea fue bien acogida por la Delegación Provincial de Cultura y sólo no se prevé realizarlo en Tarifa, sino en Casas Viejas. También el Ayuntamiento de Tarifa ofreció en 2003 a la Delegación Provincial todo el terreno municipal que haga falta para tal proyecto en su término municipal. Pensamos que un centro de interpretación es aconsejable también en la ciudad gaditana que más cuevas con arte rupestre tiene y donde abundan estaciones paleolíticas de extraordinario interés científico. De todo modo, una cosa es el trabajo que puede realizar una asociación de ciudadanos sobre todo en el campo de difusión (Internet, CD-Rom (*), etc.) y la creación de una demanda social, y otra cosa es el conjunto de actuaciones necesarias para la protección, conservación y transmisión de este patrimonio histórico a las futuras generaciones donde tenemos que colaborar todos: políticos, científicos y ciudadanos. Si cada uno aporta su grano de arena, su experiencia en los distintos campos con voluntad sincera, podemos realizar un proyecto que vale la pena de ser llevado a cabo. (*) Los lectores de Almoraima pueden conseguir el CD-Rom “Arte Sureño” gratis: El interesado simplemente tiene que mandar un sobre (A5) franqueado con su dirección a AGEDPA, Los Algarbes, s/n, 11380 Tarifa (Cádiz). Quien quiera colaborar con la labor de la asociación de difusión de patrimonio, puede incluir en el sobre un billete de 5 o más Euros.
BIBLIOGRAFÍA ACOSTA, Pilar. La pintura rupestre esquemática en España, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Salamanca, Salamanca, 1968. BERGMANN, Lothar. "Nuevas cuevas con pinturas rupestres en el término municipal de Tarifa". III Jornadas de Historia del Campo de Gibraltar, 7,8 y 9 de octubre de 1994, Almoraima No.13, págs. 51 - 61, Algeciras. BERGMANN, Lothar. "Informe sobre experiencias en la instalación del primer banco de imágenes digitalizadas de pinturas rupestres del Campo de Gibraltar ", III Jornadas de Historia del Campo de Gibraltar; 7, 8 y 9 de octubre de 1994; Almoraima No. 13, págs. 62 - 64, Algeciras. BERGMANN, Lothar. "Los grabados paleolíticos de la Cueva del Moro (Tarifa)", Almoraima No. 16, Revista de Estudios Campogibraltareños, Algeciras, 1996. BERGMANN, Lothar. "Tratamiento de imágenes: Aplicaciones en la investigación del Arte Rupestre", Computadora, Revista de difusión informática, Cádiz, 11 / 1996. BERGMANN, L., A. Casado, D. Mariscal, F. Piñatel, L. F. Sánchez Tundidor y L. Sevilla. "Arte rupestre del Campo de Gibraltar. Nuevos descubrimientos", IV Jornadas de Historia del Campo de Gibraltar, 8, 9 y 10 de noviembre de 1996, Almoraima No. 17, Algeciras. BREUIL, H. y M. C.M. Burkitt. Rock Paintings of Southern Andalusia. A description of a Neolithic and Copper Age Art Group, Oxford University Press, 1929. BREUIL, H.,H. Obermaier y W. Vernet. La Pileta a Benaoján (Málaga), Institut de Paleontologie Humaine, Fondation Albert, I Prince de Monaco, Mónaco, 1915. CABRÉ, J., E. Hernández - Pacheco. Avance al estudio de las pinturas prehistóricas del extremo sur de España, Trabajos de la comisión de investigaciones paleontológicas y prehistóricas, No.3, Museo nacional de ciencias naturales, Madrid, 1914. CANTALEJO, P., M. Espejo, J. Ramos. Cueva de Ardales, Ayuntamiento de Ardales (Málaga), 1997. CLOTTES, Jean. “La UNESCO y el arte rupestre “, BARA, Nº 2, Boletín de Arte Rupestre de Aragón, Zaragoza, 1999. Defensor del Pueblo Andaluz, “Informe del Defensor del Pueblo andaluz al parlamento de Andalucía sobre la gestión realizada durante 1999”, Internet: http:// www.defensor-and.es/informes/ftp/info_99/CULTURA.htm MAS CORNELLÀ, M., S. Ripoll López, J. A. Martos Romero., PANIAGUA PÉREZ, J. P., LÓPEZ MORENO DE REDROJO, J. R. y BERGMANN, L. “Estudio preliminar de los grabados rupestres de la Cueva del Moro (Tarifa, Cádiz) y el arte paleolítico del Campo de Gibraltar”, Trabajos de Prehistoria, Vol 52, Nº 2, págs. 61-81, Madrid, 1995, Consejo Superior de Investigaciones Científicas. RAMOS MUÑOZ, J., et al. El Paleolítico Superior Final del Río Palmones (Algeciras, Cádiz). Un ejemplo de la tecnología de las comunidades especializadas de cazadores - recolectores. Instituto de Estudios Campogibraltareños, Algeciras, 1995. RAMOS MUÑOZ, J. “Europa prehistórica: Cazadores y recolectores.”, Sílex, Madrid, 1999. ROMERO, J. F. Pinturas Rupestres de las Sierras de la Plata y del Retín. Barbate, 1995. SANCHIDRIÁN TORTI, J. L., 1994: "Arte Paleolítico de la zona meridional de la Península Ibérica", Complutum 5, Publicaciones del Departamento de Prehistoria de la Universidad Complutense de Madrid. SANTIAGO VILCHEZ, J. M. “La Cueva de las Palomas en el arte paleolítico del sur de España.”, Boletín del Museo de Cádiz, II, 1979 - 1980, Cádiz, 1982. SANTIAGO VILCHEZ, J. M. “Avance al estudio del arte parietal paleolítico de la Cueva de la Motilla (Cádiz).”, Zephyrus, XLIII,1990. TOPPER, U. y U. Arte Rupestre en la provincia de Cádiz, Cádiz, 1988. WEB del ARTE SUREÑO: http://www.elestrecho.com/arte-sur

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EL RÍO PALMONES (LOS BARRIOS, CÁDIZ)
Y LAS SOCIEDADES PORTADORAS DEL TECNOCOMPLEJO ACHELENSE O MODO 2. UNA APROXIMACIÓN A SU ESTUDIO
Vicente Castañeda / Nuria Herrero / Antonio Castañeda / Domingo Mariscal / Francisco Torres

1. ANTECEDENTES Esta Comunicación tiene por objetivo presentar una aproximación a la información histórica relacionada con las sociedades portadoras del tecnocomplejo Achelense o Modo 2 dentro de nuestro programa de investigación.1 Éste tiene por objetivo general la creación de un modelo de contrastación para el Campo de Gibraltar, que nos permita acercarnos a sus características diferenciadoras y su comparación con otras regiones. Un proyecto de investigación debe contar con una posición teórica, una toma de postura que defina y en última instancia rija el trabajo que realiza. La elección de unos principios teóricos-metodológicos se convierte en un mecanismo básico para conseguir una coherencia, tan necesaria en estos años donde el eclecticismo postmoderno induce a los profesionales de la arqueología a huir de cualquier planteamiento teórico e intentar obtener “lo mejor” de cada corriente (RAMOS, CANTALEJO y ESPEJO, 1999). Por todo ello, y como elección personal, partimos de una posición teórica como es la Arqueología Social para el estudio de las bandas de cazadores-recolectores. Así, para nosotros, la Arqueología no es ni una rama de la Antropología ni una ciencia auxiliar de la Historia, sino que ésta es explicada como una disciplina de la Ciencia Social a través de la cual nos podemos acercar a la totalidad social. Para ello, nos serviremos del registro arqueológico, que por medio de los sistemas de mediaciones inferenciales nos ayudarán a obtener los conocimientos que permitan la explicación científica de la historia concreta (BATE, 1998). Para M. Gándara, una posición teórica determinada, como modelo simplificador de la realidad que es, guía el trabajo de una comunidad académica concreta, permitiendo "la generación y el desarrollo" de diferentes teorías sustantivas como consecuencia de las distintas áreas que forman la posición teórica (GÁNDARA, 1993).

1

La información aquí expuesta se corresponde con parte de los resultados de la campaña de 2001 dentro del proyecto de investigación titulado Las bandas de cazadoresrecolectores en el Campo de Gibraltar, autorizado y subvencionado por la Dirección General de Bienes Culturales de la Junta de Andalucía.

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La teoría sustantiva es definida como un conjunto de enunciados sistemáticamente relacionados, que incluye al menos un principio general tipo-ley, que es refutable, no confirmable, en principio y que se propone para explicar/comprender un fenómeno o proceso (GÁNDARA, 1993). Dentro de la propuesta de la Arqueología Social la teoría sustantiva general es el Materialismo Histórico, el cual explica a la sociedad como una totalidad concreta, describiendo el proceso de desarrollo histórico de éstas por medio de los diferentes niveles de generalidad (formación económica y social), particularidad (modo de vida) y singularidad (cultura)(BATE, 1986, 1998; VARGAS, 1990). Sobre la base de una teoría sustantiva como es el Materialismo Histórico, pretendemos profundizar en el conocimiento de los procesos históricos y más concretamente los que tuvieron lugar en el sur de la península Ibérica durante el Pleistoceno. Así, aspiramos a aproximarnos a la formación social de cazadores-recolectores, por medio del análisis de los modos de producción y reproducción social y su concreción empírica en los modos de vida. En este proyecto, y atendiendo a nuestra posición teórica de partida, pretendemos aproximarnos, como uno de los objetivos básicos, a la articulación social del territorio por parte de las sociedades del Paleolítico, donde valoraremos el emplazamiento de los lugares de asentamiento, la distribución de los recursos naturales, las áreas de captación de recursos pétreos,… Junto a ello, también estudiaremos el proceso técnico de talla de los diferentes productos retocados, que nos ayudarán en última instancia a la reconstrucción de los distintos procesos de trabajo, para así aproximarnos a los diferentes modos de vida como concreción empírica de los modos de trabajo (VARGAS, 1990; BATE, 1998). Aunque somos conscientes de las limitaciones ofrecidas por una prospección arqueológica superficial, no descartamos la programación de una serie de excavaciones arqueológicas encaminadas no sólo a la plasmación de una perspectiva sincrónica y diacrónica, sino también a una aproximación a los modos de vida, que al fin y al cabo como historiadores es a lo que debemos aspirar. Desde nuestra posición teórica debemos mostrar su correspondencia con el modelo empleado a la hora de estudiar los restos arqueológicos, que en nuestro caso se va a relacionar exclusivamente con productos transformados en roca, dado las características de nuestra intervención. Desde un primer momento, nos ha interesado estudiar el proceso de trabajo desde la localización de las materias primas hasta la elaboración de las herramientas de trabajo, considerándolo todo ello como una inversión de fuerza de trabajo, por lo que no hemos sido partidarios de emplear modelos idealistas subjetivos descriptivos. Por el contrario, si nos ha parecido aceptable la formulación dialéctica planteada por el Sistema Lógico Analítico para los conjuntos del Paleolítico inferior (CARBONELL, GUILBAUD y MORA, 1982; CARBONELL, 1986), por lo que hemos empleado esta propuesta para estudiar los productos arqueológicos. Como es evidente, no podemos entender la totalidad material de las sociedades del Paleolítico tan sólo por sus manifestaciones tecnológicas, sino que éstas deben ser ampliadas a otras de la vida social. Sin embargo, las limitaciones del registro arqueológico de superficie, sujetas a fuertes procesos erosivos y deposicionales, limitan las inferencias históricas obtenidas. El trabajo arqueológico desarrollado en el término municipal de Los Barrios se ha dividido entre las labores de campo y las de laboratorio. Esta última, desarrollada paralelamente al trabajo de campo, ha sido realizado tanto en el laboratorio de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Cádiz como en el I.E.S. Carlos Cano de Los Barrios.2

2

Agradecer a la Dirección del I.E.S. Carlos Cano por las facilidades ofrecidas para el estudio de los materiales arqueológicos en sus instalaciones.

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El trabajo de campo está siendo realizado con personal habituado en las tareas de prospección (estudiantes de segundo ciclo y licenciados de tercer ciclo de Historia), cuestión ésta básica si pretendemos obtener unos buenos resultados en la misma. Junto a ello, también estamos colaborando con investigadores del Campo de Gibraltar.3 Los problemas que nos hemos encontrando a la hora de realizar la prospección superficial hacen referencia no sólo a cuestiones relacionadas con la parcelación y la propiedad, sino también la visibilidad, que se encuentra en consonancia con el uso diferencial del suelo actualmente. Así, buena parte del territorio estudiado se corresponde con terrenos baldíos incultos, o dominado por especies vegetales de monte alto y bajo, por lo que su visibilidad es escasa. Esta circunstancia nos impide en algunas zonas documentar nuevos sitios arqueológicos. Este hecho ha permitido que la prospección superficial haya tenido unos resultados más óptimos sobre aquellos territorios caracterizados por la ausencia de vegetación (los escasos lugares cultivados, carriles rurales,...). Junto a ello, reflexionar también sobre el tipo de sitios arqueológicos localizados, todos ellos de superficie y vinculados, en su mayoría, con las terrazas fluviales del río Palmones. Lugares que nos permiten aproximarnos a la articulación social del territorio por parte de los diferentes homínidos, pero que nos limitan la información diacrónica y la reconstrucción de sus modos de vida, que al fin y al cabo como historiadores es a lo que debemos aspirar.

Figura 1. Localización geográfica.

La información recogida en las terrazas fluviales del río Palmones se corresponde principalmente materiales vinculados a las sociedades portadoras del tecnocomplejo Achelense o Modo 2, dentro de lo que E. Vallespí denomina como Achelense Pleno Ibérico. Mientras, los sitios relacionados con sociedades de neandertales aparecen en proporciones ínfimas. Con el objetivo de no caer en un determinismo geográfico, la prospección de las terrazas fluviales del río Palmones se ha visto contrastada con la información recogida en los territorios de intravalles, que por el contrario no nos han ofrecido información sobre las sociedades del paleolítico y sí sobre las tribales (figura 1).

3

Agradecer a los compañeros y compañeras que han colaborado en la campaña de prospección del T.M. de Los Barrios, y muy especialmente a E. Vijande, P. Sánchez y F. Moncayo.

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APROXIMACIÓN A LA GEOLOGÍA, GEOMORFOLOGÍA Y SEDIMENTOLOGÍA DE LAS TERRAZAS FLUVIALES DEL RÍO PALMONES El río Palmones, con una cuenca de unos 350 km2, drena las sierras del Campo de Gibraltar situadas al oeste y noroeste de la bahía de Algeciras, en donde afloran materiales sedimentarios de las Unidades Alóctonas del Campo de Gibraltar: la Unidad del Aljibe al oeste y al norte y la Unidad de Algeciras, principalmente en su curso bajo. En su curso alto y medio la dirección general es norte-sur, excepto al sur de la sierra de Montecoche en donde, mediante contactos tectónicos, aflora un conjunto de materiales arcillosos y calcáreos de edades comprendidas entre Paleoceno y Mioceno inferior. La erosión diferencial de estos materiales, más blandos que hasta los ahora encontrados por el río, junto con la presencia al sur de otro relieve más competente, provoca que el Palmones discurra unos 3 km en dirección este-oeste, volviendo a retomar la dirección norte-sur al atravesar de nuevo materiales de la Unidad del Aljibe. En su curso bajo (a partir de su unión con el arroyo del Tiradero) el río toma una dirección general WNW-ESE, divagando en meandros hasta su desembocadura en la bahía de Algeciras. Durante gran parte del Cuaternario, en los momentos y lugares en que predominó la sedimentación frente a la erosión, adyacentes al cauce del río se originaron una serie de depósitos fluviales. El descenso del nivel de base del río, tanto por oscilaciones eustáticas, como por levantamientos tectónicos, hizo que estos depósitos se estructuraran en forma de terrazas. La tectónica comarcal, con direcciones locales este-oeste, es la responsable de la delimitación, durante el Cuaternario, de tres grandes áreas de sedimentación fluvial, separadas por relieves de Arenisca del Aljibe (en donde ha predominado la erosión). De norte a sur encontramos una primera área de depósito a cota 130-160 separada, por los relieves de sierra del Junquillo y sierra de Montecoche, de un área central con depósitos fluviales a cota 75-100. Los relieves de la Loma de los Garlitos y puerto de Valdespera (serie de Charco Redondo) separan la anterior del área sur, la más extensa, donde los depósitos van desde el nivel del mar hasta la cota 50. El estudio geomorfológico de los depósitos fluviales del término municipal de Los Barrios nos ha permitido definir cuatro niveles de terraza: T0 (Llanura de inundación actual), T1 (Terraza inferior), T2 (Terraza media) y T3 (Terraza superior). La relación geométrica de estos es tanto de terrazas encajadas (Villa de Los Barrios), como de terrazas escalonadas (Navas de Gibraltar). En el siguiente cuadro se recogen las zonas con terrazas de cada área de depósito (figura 2), los niveles de terraza que existen en cada zona y la altura en metros de estos sobre el nivel actual del río. La asignación definitiva de los niveles de terraza de la Zona 6 está aún pendiente de estudios más detallados (datos tomados de RAMOS et al., 2001).
Área Norte Zona 1 Navas de Gibraltar 3-5 — 22-25 41 Área Central Zona 2 Cola del embalse — 20 28-30 38-42 Zona 3 Frenazo-Majadillas 6 — 29-32 39-42 Área Sur Zona 4 Zona 5 Villa de Los Barrios La Almoguera 2-5 2,5 5-10 15 20-25 — 33-40 — Zona 6 (1) Desembocadura del Río 1-3.5 12-15 17-25 —

T0 T1 T2 T3

Las diferentes terrazas del río Palmones nos han permitido documentar la presencia de distintas ocupaciones vinculadas a sociedades portadoras de los tecnocomplejos achelense y musteriense. Así, tenemos, entre otros: - T3: Venta Acosta-Pinpillar-1, Lazareto-1, Lazareto-2, Altos de Ringo, Venta Frenazo-Majadilla-1, Huerto Castillo-1, Huerto Castillo-2

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Figura 2. Zonas con terrazas en la cuenca del Río Palmones. 1. Las Navas de Gibraltar. 2. Cola del Embalse de Charco Redondo. 3. Venta el FrenazoMajadillas. 4. Inmediaciones de la Villa de Los Barrios. 5. La Almoguera. 6. Desembocadura del Río Palmones.

- T2: Cortijo Tinoco, Loma de la Casilla del Moral, El Chaparral, Cortijo Las Haciendas, Cerro del Pilar, Altos del RingoDepósitos de Agua, La Almoguera, Cortijo Coto de Roma, - T1: Huerta de Ocio-Plaza de Toros, Parada de Autobús, Residencia San Ramón, Casilla del Moral. Junto a ello, en las terrazas inferiores y en la propia llanura de inundación (T0) se han podido documentar evidencias arqueológicas achelense fruto de los procesos gravitacionales (cerro de Villa Coca). La mayoría de estas terrazas se diferencian bien, gracias a que sus laderas se encuentran regularizadas (PIÑATEL, MARISCAL y TORRES, 1997). A pesar de ello, nos gustaría resaltar como el desarrollo urbanístico del casco urbano de Los Barrios, situado sobre las terrazas del río Palmones, está afectando a los yacimientos paleolíticos. Por ello, consideramos necesario el control arqueológico de toda intervención urbanística que altere la posición originaria de las terrazas.

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La sedimentología de los depósitos del río ha podido ser estudiada en los escasos cortes frescos y en las excavaciones arqueológicas de urgencia realizadas por los autores en los yacimientos de Lazareto y Los Cuartillos. Hemos distinguido las siguientes facies: - Llanura de inundación. Arcillas de colores abigarrados, predominando el rojo, aunque también verdosas y amarillentas, con finas pasadas de limos. Presentan estructura masiva y laminación paralela. - Desbordamiento de canal. Conglomerados de matriz arenosa, con cantos de pequeño tamaño (menos de 2 cm) de subangulosos a redondeados y de baja esfericidad, estratificación masiva, muros erosivos y acuñamiento lateral. - Progradación de barras. Conglomerados con cantos y bloques (hasta 10 cm) de subangulosos a subredondeados y de baja esfericidad, con estratificación masiva o estratificación horizontal muy grosera y muros erosivos, que se acuñan lateralmente de forma rápida. La matriz es de arenas rojas. - Relleno de canal. Conglomerados de matriz arenosa con cantos y bloques (de hasta 1 m) de subangulosos a redondeados y de baja-media esfericidad. Aparecen en niveles lenticulares con muros erosivos, paleocanales, estratificación masiva e imbricación de cantos. Se trataría pues de sedimentos originados en ríos trenzados de tipo braided. Este modelo, a falta de posteriores estudios, no es aplicable a parte o a la totalidad de los niveles de terraza de la Zona 6 debido al origen fluvio-marino de los sedimentos de la desembocadura y a un posible paso de río braided a río meandriforme. Los cantos y bloques son en su mayor parte de Areniscas del Aljibe, siendo los más cementados (con cementos silíceos y ferruginosos) y compactos la principal materia prima, durante el Paleolítico, para la fabricación de herramientas de trabajo. En menor proporción hay calizas de distintos tipos y escasos cantos de sílex, procedentes de la erosión de relieves tipo Cerro Calderón (TORRES et al., 2003), que afloran, o ya han sido totalmente erosionados, en la cuenca del Palmones. Con la distalidad de los depósitos encontramos un menor tamaño y proporción de bloques, mayor competencia de los cantos de arenisca y mayor proporción de cantos siliceos (las áreas fuente de estos últimos serían más escasas en la cabecera). En las Zonas 5 y 6 hay presencia de cantos metamórficos aportados desde el este por las corrientes marinas de deriva litoral.

LAS SOCIEDADES PORTADORAS DEL TECNOCOMPLEJO ACHELENSE O MODO 2 EN EL RÍO PALMONES. NUESTRO PRIMER MODELO DE CONTRASTACIÓN Para este estudio preliminar hemos elegido de cada terraza aquellos sitios arqueológicos que nos ayuden a aproximarnos al proceso técnico de trabajo encaminado hacia la realización de las herramientas de trabajo. Así, de la T3 hemos elegido, por ejemplo, los sitios de Lazareto-1, Altos de Ringo, Huerto Castillo-1 y Huerto Castillo-2, mientras que de la T2 el sitio de El Chaparral, Las Haciendas, Moheda Conejo, entre otros. Estos trabajos arqueológicos desarrollados a lo largo del valle fluvial del río Palmones nos han permitido documentar, como ya hemos comentado, una alta concentración de sitios relacionados con las sociedades portadoras del tecnocomplejo Achelense o Modo 2, vinculados con los niveles de terrazas altas y medias. Igualmente, los trabajos geológicos realizados sobre las terrazas fluviales nos han permitido obtener una primera visión no sólo sincrónica sino también diacrónica, a falta de las necesarias dataciones absolutas. Estos sitios arqueológicos deben contextualizarse en el modelo planteado por E. Vallespí para el Paleolítico inferior de la península Ibérica, quien ha esbozado la existencia de un área nuclear del Achelense ibérico en la vertiente atlántica, donde

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Figura 3. Lazareto. BN1G.

Figura 4. Lazareto. Bifaces.

se incluiría la baja Andalucía. Así, defiende en esta zona la presencia de un Achelense antiguo ibérico al que sucede un Achelense Pleno (VALLESPÍ, 2000). Este modelo de ordenación tecnológica constituye hasta la fecha la única propuesta de síntesis existente para la zona, defendiendo un sistema alternativo a la secuencia clásica francesa. Pero el modelo planteado por E. Vallespí va mucho mas allá, ya que supera los modelos normativos mecanicistas caracterizados por la evolución unilineal de los diferentes tecnocomplejos. Así, plantea la convivencia de diferentes sistemas técnicos (VALLESPÍ, 2000), circunstancia ésta que tendrá que ser desarrollada con un claro contenido histórico. Estos trabajos de síntesis planteados por E. Vallespí para la baja Andalucía deben servirnos como un referente claro a la hora de contextualizar los hallazgos localizados en el Campo de Gibraltar, aunque somos partidarios de la creación de un modelo de contrastación alternativo para la Comarca. Que como es lógico, a escala general tendrá sus similitudes con la baja Andalucía, mientras que en el ámbito particular presentará sus peculiaridades regionales. Como ya hemos podido comentar con anterioridad, dada las limitaciones de la fase del proyecto en la que nos encontramos, aquí tan sólo nos centraremos en el proceso técnico de talla encaminado hacia la fabricación de las herramientas de trabajo, que nos permita obtener una primera aproximación a los modos de trabajo de las sociedades del Paleolítico, y la articulación social del trabajo, donde valoraremos los lugares de asentamiento, la distribución de los recursos naturales, las áreas de captación de las materias primas,…

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El registro arqueológico documentado tanto en superficie como en conexión estratigráfica se relaciona tan sólo con los productos transformados en roca ante los problemas de conservación de las terrazas fluviales. Este hecho, unido al tipo de intervención arqueológica realizada, restringe las inferencias históricas obtenidas. El estudio de los sitios arqueológicos localizados en las terrazas altas y medias nos han aproximado, en primer lugar, a la selección y utilización de las materias primas empleadas en la fabricación de las herramientas de trabajo. Esta circunstancia nos ha permitido comprobar un uso masivo de la arenisca en las estrategias de aprovisionamiento y transformación en herramientas de trabajo. El empleo de este tipo de materia prima no solamente es consecuencia de su abundancia en las terrazas del río Palmones, sino también por las características relacionadas con esta roca, donde no se emplea cualquier tipo de arenisca sino que tras una selección previa se transforman aquellas caracterizadas por un grano fino y compacto, que ante los procesos de fracturación ofrecen unos filos activos para ser utilizadas como herramientas de trabajo (CASTAÑEDA, et al., 2001, 2003; CASTAÑEDA, et al., en prensa). Otra de las materias primas empleadas por estas sociedades es el sílex, siendo éste también transportada por el río Palmones aunque en proporciones ínfimas. Los productos transformados en sílex están escasamente representados en los sitios localizados en las terrazas altas, tal como se constata en Lazareto 1 (CASTAÑEDA, et al., en prensa) o Huerto Castillo (CASTAÑEDA, et al., 2001). Aumentando este porcentaje en los sitios de Moheda Conejo (CASTAÑEDA, et al., 2003) o El Chaparral (GILES, et al., 2000), relacionados con los momentos avanzados del tecnocomplejo Achelense o Modo 2. Estas circunstancias cambian a partir del tecnocomplejo Musteriense, donde el sílex adquiere un protagonismo importante con relación a la arenisca. Las proporciones tan ínfimas de sílex transportadas por el río Palmones, unido a su incremento progresivo a lo largo del Pleistoceno nos permiten plantear como hipótesis los inicios de una movilidad por medio de una frecuentación de los sitios a través del nomadismo, con la finalidad de apropiarse de los productos (materias primas, recursos subsistenciales,…). Esta hipótesis está siendo contrastada actualmente por medio de los estudios petrológicos. Con relación a la gestión de la materia prima podemos documentar una serie de diferencias desde una perspectiva diacrónica, relacionadas no sólo con las distintas ocupaciones vinculadas al Modo 2 o Achelense, sino también con el Modo 3 o Musteriense. Los sitios localizados en las terrazas más altas, ejemplificados en Lazareto 1 (CASTAÑEDA, et al., en prensa) y Huerto Castillo (CASTAÑEDA, et al., 2001), están caracterizados por unos patrones de explotación sencilla dominado por una talla aleatoria no jerarquizada, longitudinal y bipolar ortogonal, estando totalmente ausente o en proporciones ínfimas la talla multipolar y la centrípeta (figura 3). Por el contrario, en las terrazas medias se comienza a observar el dominio de un esquema racional (longitudinal o bipolar ortogonal) y unas estrategias de talla más complejas (multipolar y centrípeto) frente a las más simples (longitudinal o polarizado), tal como se constata en Moheda Conejo (CASTAÑEDA, et al., 2003) y sobre todo en El Chaparral (GILES, et al., 2000). Circunstancia ésta que se verá acentuada con el desarrollo del siguiente sistema técnico o Modo 3. Los patrones de explotación también determinan una estandarización de las BP, documentándose un alto porcentaje de BP de carácter cortical y cortical-no cortical frente a la no cortical en las terrazas altas; mientras que por el contrario, en las terrazas medias, aunque se observan las diversas fases del proceso de talla, son mayoritarias las que no presentan córtex. Igualmente, las estrategias de explotación sencillas también se observan en las plataformas de percusión, principalmente lisas o corticales.

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Los productos retocados, que generalmente se incluyen en las herramientas de trabajo, se caracterizan, para las sociedades portadoras del tecnocomplejo Achelense, tanto en las terrazas altas como medias del río Palmones, por una elevada presencia de cantos tallados, bifaces (figura 4), hendedores y triedros, dividiéndose, atendiendo al momento de la cadena operativa lítica donde se encuentre, entre los que se fabrican sobre BN1GC o BN2G. Igualmente, también aparecen, aunque en menor proporción, productos retocados tales como denticulados, raederas o muescas. La mayoría de estos productos arqueológicos están íntimamente relacionados con la caza y despiece, que a falta de restos faunísticos en el Campo de Gibraltar, debe relacionarse con los modos de trabajo realizados sobre grandes mamíferos, tal como se ha podido constatar en el ámbito regional. Igualmente, aunque con una menor representatividad, también aparecen productos vinculados a actividades domésticas (raederas, muescas,…). Atendiendo a estas premisas, el río Palmones aparece como un lugar idóneo para la vida de estas sociedades, donde un patrón de asentamiento tan repetido como el localizado en nuestra área de estudio, no solamente le facilitará el acceso a los recursos subsistenciales, sino también como una verdadera vía natural de comunicación, que relacionaría al Campo de Gibraltar con la antigua depresión de La Janda. Quizás, ésta sea la causa que justifique la alta concentración de sitios achelense o Modo 2 localizados en las distintas terrazas del río Palmones, funcionando este paso natural no sólo para los homínidos sino también para la fauna susceptible de ser cazada. Una frecuentación del territorio por medio del nomadismo a finales del tecnocomplejo Achelense o Modo 2, tal como ha puesto de manifiesto el profesor E. Vallespí, encaminada hacia la apropiación de materias primas silíceas para la fabricación de herramientas de trabajo, deben ser conjugada también con la realización de otros modos de trabajo tales como la caza o la recolección, entre otros. Todo ello nos está informando sobre los inicios de un comportamiento moderno con anterioridad a la presencia del Homo neanderthalensis en la Comarca. La presencia de evidencias materiales relacionables con Homo neanderthalensis tan sólo ha sido planteada para los sitios de Cerro del Pilar, Altos de Ringo Rango-Depósitos de Agua y Pantano Terraza Baja. Esta circunstancia nos invita a reflexionar sobre la articulación social del territorio por parte de estos homínidos, que presenta diferencias sustanciales con relación a épocas anteriores, y los nuevos modos de trabajo. Sin duda, el desarrollo de la investigación nos ayudará a comprender estos hechos. Como ya hemos comentado, nuestra intervención no sólo se restringió a la prospección superficial de las terrazas fluviales del río Palmones, sino que también, en un intento de huir de los planteamientos ambientalistas, ésta se desarrolla en las zonas de valles y montaña media-baja. Aquí, la investigación no nos ha deparado ninguna evidencia paleolítica, pero sí un interesante registro relacionable con las sociedades tribales.
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CASTAÑEDA, Vicente, Nuria Herrero, Dimingo Mariscal, Francisco Torres, Salvador Domínguez-Bella, y Antonio Castañeda, en prensa: “El sitio arqueológico de Lazareto 1 (Los Barrios, Cádiz). Un ejemplo de los modos de trabajo de una sociedad portadora del tecnocomplejo achelense”. Caetaría, 4. Museo de Algeciras. GÁNDARA, Manuel, 1993: “El análisis de posiciones teóricas: aplicaciones a la Arqueología Social”. Boletín de Antropología Americana. 27. 5-20. México. GILES, Francisco, Francisco Javier Gracia, Antonio Santiago, José María Gutiérrez, Esperanza Mata, Luis Aguilera, Clive Finlayson, Francisca Piñatel, y N. Barton. 2000. “Nuevas aportaciones al conocimiento de los complejos tecnológicos del Pleistoceno medio y superior del Campo de Gibraltar. Los yacimientos de El Chaparral (Los Barrios) y Guadalquitón-Borondo (San Roque)”. Caetaria, 3, 13-26. Museo Municipal. Ayuntamiento de Algeciras. Algeciras. GILES, Francisco, Francisco Javier Gracia, Antonio Santiago, José María Gutiérrez, Esperanza Mata, Luis Aguilera, Clive Finlayson y Francisca Piñatel. 2001: “Sondeo geoarqueológico en el yacimiento paleolítico de El Chaparral. Los Barrios (Cádiz)”, Anuario Arqueológico de Andalucía/1997. III Actividades de Urgencia, Junta de Andalucía, Sevilla. 60-67. PIÑATEL, Francisca, Domingo Mariscal, y Francisco Torres. 1997: “Los Barrios en la Prehistoria: síntesis y nuevos descubrimientos”. Almoraima, 17. 27-43. Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar. Algeciras. RAMOS, José, Pedro Cantalejo, y María de Mar Espejo. 1999: “ El arte de los cazadores-recolectores como forma de expresión de los modos de vida. Historiografía reciente y crítica a las posiciones eclécticas de la posmodernidad”. Revista Atlántica Mediterránea de Prehistoria y Arqueología Social, II. Universidad de Cádiz. 151-177.Cádiz. RAMOS, José, María EugeniaGarcía, Vicente Castañeda, Gema Jurado, María Sánchez, Salvador DOMÍNGUEZ-BELLA, Francisco Javier Gracia y Francisco Moncayo . 2001: “Primeros resultados de la campaña de excavaciones desarrollada en el asentamiento de cazadores-recolectores del Embarcadero del Río Palmones (Algeciras, Cádiz)”. Almoraima, 25. 81-90. Algeciras. RAMOS, José, Nuria Herrero, Salvador Domínguez-Bella, Francisco Javier Gracia y Vicente Castañeda. 2002: “Registro estratigráfico, geomorfología, petrología y tecnología lítica de la ocupación paleolítica de Ringo Rango (Los Barrios, Cádiz). Intento de interpretación sociohistórica”. 39-75. BERNAL, Darío, y LORENZO, Lourdes: Excavaciones arqueológicas en la villa romana del Puente Gordo (Los Altos de Ringo Rango, Los Barrios, Cádiz). Una ventana al conocimiento de la explotación económica de la Bahía de Algeciras entre el siglo I y el V d.c. S. Universidad de Cádiz. TOMASSETTI, José María, 2003: “Primeras evidencias del Paleolítico Inferior en el término municipal de Algeciras (Cádiz)”. ALMORAIMA, 29. Revista de Estudios Campogibraltareños. 13-32. Algeciras. TORRES, Francisco, Margarita García, María Isabel Gómez y Domingo Mariscal. 2003: “Aprovisionamiento de materias primas líticas en el territorio del Campo de Gibraltar durante la prehistoria”. Almoraima, 29. Revista de Estudios Campogibraltareños. 59-69. Algeciras. VALLESPÍ, Enrique, 2000: “Comentario Al Paleolítico Inferior Ibérico: continuidad, etapas y perduraciones del proceso tecnocultural”. SPAL, 8. 39-46. Universidad de Sevilla. VARGAS, Iraida, 1990: Arqueología, Ciencia y Sociedad. Edit. Abre Brecha. Caracas.

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LA PEÑA: ENTRE EL PALEOLÍTICO
MEDIO Y LA PREHISTORIA RECIENTE
Juan José Álvarez Quintana / Licenciado en Historia por la Universidad de Granada
En la primavera de 1984, movimientos de tierra para la instalación de diversas construcciones hosteleras en primera línea de costa ponen al descubierto la existencia de un yacimiento prehistórico en el término municipal de Tarifa. Gracias a la presencia fortuita en el acto y a la intervención inmediata del equipo del Museo Municipal de Algeciras, bajo la dirección de Juan Ignacio de Vicente Lara, pudo recogerse un conjunto de útiles líticos y restos de talla con la finalidad de que sirviesen de testimonio. Realizada la pertinente denuncia ante la autoridad competente en materia arqueológica, no se tiene conocimiento de las actuaciones que dieran respuesta con posterioridad a tal denuncia. El material procede de una de las terrazas marinas de la vertiente atlántica del término municipal de Tarifa, en el paraje conocido como la Peña. Si bien su hallazgo se produce en el contexto antes mencionado (siendo difícil de valorar el impacto producido por la construcción de los establecimientos hosteleros debido a la falta de una intervención arqueológica previa) otros factores de origen antrópico han incidido en la destrucción del yacimiento. Este se ve afectado en buena medida por un desmonte parcial previo a la construcción de dos nidos de ametralladora, por las labores de reforestación desarrolladas en la zona y por la regularización del camino de acceso a la costa, sin olvidar el paso de caminantes sobre unos sedimentos muy deleznables. Existen a su vez evidencias de agresiones recientes a los depósitos de la terraza (extracciones efectuadas en el talud), sin que podamos saber si se trata o no de actividades de expolio llevadas a cabo por clandestinos. Se trata en conjunto, de agentes que han causado la destrucción de una porción indeterminada del yacimiento, imposibilitando a su vez conocer las dimensiones del mismo. El material arqueológico, formado por elementos de industria lítica sobre sílex y arenisca, aparece disperso en una banda paralela a la costa de aproximadamente cien metros.

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Figura 1. Vista de la terraza superior (fotografía, Juan Ignacio de Vicente Ojeda).

El enclave se localiza en una de las denominadas unidades de transición por P. Ibarra, “terrazas marinas constituidas por conglomerados marinos (guijarros y cantos en matriz arcillo-arenosa) y arenas con cantos calcáreos y areniscosos y conchas del Pleistoceno u Holoceno”.1 En la zona se documenta al menos uno de los cuatro niveles de terraza marina originados por los ascensos glacioeustáticos del nivel del mar durante el Cuaternario,2 en concreto de aquellos depósitos identificados por C. Zazo como los correspondientes a la 3ª Transgresión o Transgresión de Trafalgar. Este nivel es considerado por el mismo autor como Ouljiense (Tirreniense III), documentándose ampliamente en el litoral de la provincia de Cádiz entre los 0’5 y + 21’5 metros sobre el nivel del mar.3 Las dataciones radiométricas arrojan una antigüedad en torno a los 90.000 años. A tal episodio transgresivo se adscriben, entre otros, un conglomerado de matriz arenosa. Por su parte, a la regresión subsiguiente se asocian dunas fósiles y un glacis de limos arenosos rojos de origen continental,4 depósito este último identificado en la zona entre los tres y los ocho metros sobre el nivel del mar.5 Sólo en la porción meridional del yacimiento, pueden observarse los niveles geológicos (figura 1), una terraza artificial que presenta en su base un estrato de margas miocenas (U.E. 1) con una potencia de 2’60 metros, sobre el que se dispondría, si bien no se observa el contacto, un nivel de limos arenosos amarillos (U.E. 2) de potencia imprecisa. Sobre el mismo se observa un nivel carbonatado (U.E. 3) de escasa potencia (10 centímetros), que da paso a un horizonte (U.E. 4) de
1 2 3 4 5

Ibarra Belloch, P. (1993) Naturaleza y hombre al sur del Campo de Gibraltar: un análisis paisajístico integrado. Junta de Andalucía. Consejería de Cultura y Medio Ambiente. Agencia de Medio Ambiente. Sevilla. Gutiérrez Más, J. M., Martí, A., Domínguez, S. Y Moral, J. P. (1991) Introducción a la geología de la provincia de Cádiz. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, p. 162. Zazo, C. y Ovejero, G. (1976) Niveles marinos cuaternarios en el litoral de la provincia de Cádiz. Trabajos sobre el Neógeno-Cuaternario nº 5. p. 142; Gutiérrez Más et al., opus cit. p. 163. Menanteau, L., Vanney, J. R., Guillemot, E. (1983) Bello II. Belo et son environnement (Detroit de Gibraltar). Etude physique d’un site antique. Casa de Velásquez. París.

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Lámina 1. Núcleos: Levallois (1-4), prismáticos (5-7), poliédricos (8-9), sobre lascas (10-13).

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acumulación férrica (15 cm) previo a un depósito limo-arenoso rojo de un metro de potencia (U.E. 5); nuevo horizonte de acumulación férrica (U.E. 6), muy granuloso, de 15 cm de potencia, si bien se localiza en el extremo sur un lentejón de hasta 80 cm; limos arenosos rojos (U.E. 7) de similares características a los anteriormente mencionados (un metro de potencia); nivel arcilloso de color marrón, pardo, de entre 15-20 centímetros de potencia (U.E. 8), probable paleosuelo sobre el que se efectúa el poblamiento prehistórico y suelo pardo de hasta un metro de grosor (U.E. 9). En el hecho de no poder precisar la unidad de origen del material arqueológico, así como en determinados rasgos tipológicos que suscitaron nuestras dudas en torno al encuadre cronocultural del conjunto, se encuentra el origen del título de este trabajo. En relación a la industria lítica, por cuanto puede aportar alguna indicación acerca de la procedencia estratigráfica de las piezas, cabe decir que mientras algunos ejemplares presentan concreciones que los relacionan con los limos arenosos rojos, en otros se observan restos de un sedimento arenoso más oscuro.

ANÁLISIS DE LA INDUSTRIA LÍTICA Comenzando con los núcleos y en relación a la materia prima empleada, destaca sensiblemente el predomino de los ejemplares de sílex (29), frente a los núcleos de arenisca (24), estos últimos de mayores proporciones a nivel general. Identificamos cuatro tipos de núcleos en la muestra objeto de estudio: levallois, prismáticos, poliédricos y sobre lascas. En el caso de los núcleos levallois (lámina 1, 1-4) se observa una supremacía de soportes de arenisca, a los que corresponden 16 de los 18 ejemplares adscritos a este tipo de núcleos. La mayoría de ellos se emplearon para extraer lascas y lascas laminares de mediano tamaño. Por su parte, los ocho núcleos prismáticos (lámina 1, 5-7) son de sílex, presentándose muy agotados en general. De los 16 núcleos poliédricos (lámina 1, 8-9), nueve son de sílex y siete de arenisca, destacando entre estos últimos un ejemplar de gran tamaño del que se extrajeron lascas de entre 6-7 cm de longitud y 5-6 cm de ancho. Por lo general se trata de ejemplares muy agotados. Finalmente identificamos 11 núcleos sobre lascas (lámina 1, 10-13), 10 de sílex y 1 de arenisca. En cuanto a las lascas, entre el material se identifican cinco lascas de descortezado, de las cuales tres resultan del trabajo de un núcleo no silíceo. Una de las cinco ronda los 6 cm de longitud y 4 de anchura, presentando talón diedro (ejemplar de arenisca); dos poseen entre 3-3’5 cm de longitud y 2 cm de anchura, de talón plano y abatido; dos miden entre 1’5 y 2 cm de longitud, 1-1’5 cm de anchura y presentan los talones abatidos. Las lascas de semidescortezado suman 21 ejemplares, de los cuales 18 proceden de un núcleo silíceo. Se trata en este caso de seis lascas de entre 1-2 cm de longitud y 1-2 cm de ancho (todas con algún tipo de fractura), 5 de borde abatido y 1 plano; 11 lascas de entre 2-4 cm de longitud (7 fracturadas), cinco de entre 1-2 cm de anchura, cinco de entre 2-3 cm de anchura y una de 4 cm de anchura, ocho con el talón abatido y tres con talón plano (1 de ellos plano-cortical); un ejemplar en torno a los 5 cm de longitud y 3’5 de anchura, de talón abatido. En cuanto a las lascas de semidescortezado de arenisca, registramos un ejemplar cuya longitud es inferior a los 2 cm, de 2 cm de ancho y talón plano; un ejemplar (fracturado), de entre 2-4 cm de longitud, 2’2 de anchura y talón abatido; un ejemplar en torno a 5 cm de longitud y 4 cm de anchura, de talón plano cortical. En la obtención de las lascas internas (lámina 2, 1-6), la materia prima utilizada fue predominantemente el sílex (42 ejemplares frente a 27 sobre arenisca), del que se obtienen 16 lascas de entre 0-2 cm de longitud y 26 de entre 2-4 cm, más de la mitad de las cuales poseen una anchura de entre 3’5 y 4’5 cm. En cuanto a los talones se documentan 13 abatidos, 20 planos, 5 diedros y 4 facetados. Dentro de los 27 ejemplares sobre arenisca destaca el grupo de entre 2-4 cm de longitud (17), presentando el resto entre 0-2 cm a excepción de dos ejemplares (4’5 y 4’7 cm), predominando en conjunto los ejemplares con una anchura comprendida entre los 2 y los 3 cm. Constatamos 8 talones abatidos, 15 planos y 4 facetados.

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Lámina 2. Lascas y láminas. Internas (1-6), levallois (7-14).

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El número de lascas levallois (lámina 2, 7-14) sobre arenisca es similar al de ejemplares sobre sílex obtenidos mediante dicha técnica de talla (47). Sobre sílex se documentan 13 lascas levallois de entre 0-2 cm de longitud; 28 entre 2-4 cm y seis entre 4-6 cm. Destacan a nivel general los ejemplares con una anchura comprendida entre 1’5-3 cm. Registramos 11 talones abatidos, 12 planos, 12 diedros y 12 facetados. En arenisca se obtienen ocho lascas de entre 0-2 cm de longitud, 16 entre 2-4 cm, 17 entre 4-6 cm y 3 entre 6-8 cm. La anchura es variable entre los distintos grupos, destacando los ejemplares entre 1-2 cm, 2-2’5 cm, 3-4 y 3-3’5 cm de ancho respectivamente. Se observan 12 talones abatidos, 21 planos, 4 diedros y 7 facetados. Dos ejemplares sobre otro soporte, posiblemente caliza, presentan una longitud de entre 4-6 cm. Ambos rondan los 4 cm de anchura y poseen talón plano. En cuanto a las lascas-láminas de crestas (lámina 3, 1-5) son cinco los ejemplares sobre sílex, tres de entre 1-1’5 cm de longitud y 2 cm de ancho (2 de talón plano cortical y 1 abatido) y dos de 2’5 cm de longitud, 0’8 y 2’3 cm de ancho, de talones abatidos. Los dos ejemplares sobre arenisca (uno de ellos fracturado), poseen 2’5 y 3 cm de longitud, 1 y 1’5 de anchura respectivamente y talón abatido. Más del 80% de las hojas (lámina 3, 6-15) presenta algún tipo de fractura, predominando las medio-distales. De las 17, sólo 2 se realizan en arenisca. Poseen 3 y 4 cm de longitud, en torno a 2 cm de anchura, talón liso y 9 y 6 mm de espesor respectivamente. En sílex dos ejemplares poseen entre 1’5-2 cm de longitud, en torno a 1’5 cm de anchura, 4 mm de espesor y talón plano y abatido respectivamente. Por su parte, 11 hojas poseen entre 2 y 4 cm de longitud (cinco entre 2-2’5 y 6 entre 3-4), 7 talón abatido y 4 talón plano; seis de las 11 posee una anchura de entre 1-1’5 cm y un grosor de 2-3 mm y cinco entre 1’5 y 2’3 cm de anchura y un grosor de entre 4 y 7 mm. Finalmente se registran dos hojas de 5 cm de longitud (una fracturada), 3 y 6 mm de grosor y 1’5 y 2 cm de anchura, con talón abatido y diedro respectivamente. Como esquirlas consideramos los productos de hasta 2 cm de longitud que no poseen talón, buena parte de los cuales quizás haya que considerar como lascas internas. De los 60 ejemplares asociados a este grupo, 51 son de sílex. Algo similar ocurre, en relación a su identificación como lascas internas, en el caso de los que consideramos desechos de talla. Se trata de 41 ejemplares de proporciones muy variables que no muestran indicios claro de lascado,6 28 de arenisca y 13 de sílex. Comenzando con los útiles, distinguimos en el conjunto seis raspadores (lámina 3, 16-17). De entre los cinco sobre sílex, dos poseen menos de 2 cm de longitud y anchura (los talones de las lascas soporte se presentan abatido y facetado), uno con retoque inverso y el otro bifacial; dos de entre 2’5-3 cm de longitud y anchura, sobre núcleos, carenados, con retoque de aspecto escamoso; El realizado en arenisca, sobre lasca, posee 3 cm de longitud, 2’5 cm de anchura, talón abatido y retoque bifacial. Son 3 los buriles (lámina 4, 1-2) identificados, todos ellos sobre lascas de sílex: uno de 3 cm de longitud, 1’3 cm de anchura y talón cortical (sobre extremo retocado); dos de entre 3’5-4 cm de longitud, de 1,7 y 2 cm de anchura y talones planos circulares. De las nueve muescas (lámina 4, 3-4), todas sobre lascas, cinco se realizan en arenisca y cuatro sobre soporte silíceo. En cuanto a las realizadas en arenisca, cuatro de ellas poseen una longitud de entre 3’5-5 cm, dos una anchura de entre 1’53 cm y tres una anchura de entre 3-3’5 cm; dos ejemplares poseen el talón abatido, 2 plano y 1 diedro. Cuatro de las muescas ocupan una posición medio-distal; la quinta medial. Tres de ellas se obtienen mediante retoques simples, inversos, una por retoque abrupto (medial), directo y una mediante dos retoques abruptos (el ejemplar de menores dimensiones). Las realizadas en sílex poseen entre 3-3’5 cm de longitud y 2-2’5 cm de ancho, a excepción de un ejemplar que mide 4’5 cm
6

Ramos, J. (Dir.)(1995): El Paleolítico Superior Final del río Palmones (Algeciras, Cádiz). Serie de Historia y Geografía del I.E.C.G. 7. Algeciras.

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Lámina 3. Lascas y láminas. De crestas (1-5), hojas y hojitas (6-15). Útiles. Raspadores (16 y 17).

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de longitud. Una posee el talón liso, 1 abatido, 1 facetado y una posee talón cortical al estar elaborada sobre un riñón de sílex. En dos casos ocupan una posición medio-distal y en el tercero lateral. Se trata de 4 ejemplares dobles, 2 de los cuales presentan una serie de minúsculos retoques abruptos y muesca simple y un tercero, sobre riñón de sílex, un retoque abrupto. Tres de ellas están fracturadas. Los dos perforadores (lámina 4, 5-6) están realizados sobre lascas de sílex (1 fracturada). Poseen 2’5 y 3’5 cm de longitud, en torno a 2’7 cm de anchura y sus talones son 1 abatido y 1 cortical. Se elaboran mediante minúsculos retoques abruptos en el borde y un retoque muy plano mediante el cual se extrae una “microlámina” que rebaja el espesor de la lasca, a modo de golpe de buril. Sólo una de las cuatro raederas (lámina 4, 7-8) está confeccionada en arenisca, sobre lasca levallois. Posee 5 cm de longitud y 3’2 de anchura máxima, talón diedro y presenta escasos retoques simples, directos, de aspecto escamoso. Un ejemplar en riñón de sílex posee 2’2 cm de longitud y 2 cm de ancho, presentando un retoque alterno; un sobre lasca levallois posee 4’3 cm de longitud y 2’5 cm de anchura, talón diedro y está confeccionado por medio de retoques abruptos, alternos; finalmente un ejemplar sobre lámina desviada, de 5’5 cm de longitud y 2 cm de ancho, talón facetado y retoque simple, marginal (fracturado). Identificamos tres microlitos (lámina 4, 9-10) en el conjunto, todos con retoques abruptos muy marginales. Dos de ellos poseen entre 1’5-2 cm de longitud y 2 cm de ancho (1 talón plano y 1 talón abatido); un ejemplar, también de sílex, posee 1’5 cm de longitud, 2 cm de anchura y talón plano. Dos de los tres elementos de hoz (lámina 4, 12-13), todos de sílex, presentan un retoque muy abrupto, dorso dentado y fuerte pátina al igual que se observa en la superficie ventral, retocada con un retoque muy plano. Estos ejemplares, en torno a 3 cm de longitud, 1’8 de anchura y 9 mm de espesor, presentan además diversos retoques tanto en el dorso opuesto (de inserción), como retoques semiabruptos en uno de sus extremos. En cuanto a las puntas, notamos la existencia de 3 ordinarias y 4 levallois. Las puntas ordinarias están confeccionadas en sílex. Si bien las clasificamos como puntas, dos de ellas sólo pueden concebirse como tal teniendo en cuenta que su proceso de manufactura no llegó a concluir. Estos dos ejemplares (1 fracturado), con pedúnculo ligeramente elaborado, poseen en torno a 2’5 cm de longitud, 1’8 cm de anchura y talón abatido. La tercera punta, sobre lasca, presenta eliminación de la arista central en el extremo proximal, conseguido mediante retoques escamosos. Posee 4 cm de longitud, 2’5 cm de anchura y el talón abatido. Las puntas levallois se elevan a cuatro, dos en sílex y dos en arenisca. Las primeras rondan los 2 cm de longitud y poseen 1 y 1’2 cm de ancho, 1 talón plano y 1 talón abatido. Las de arenisca, desviadas ligeramente, poseen talón plano, 3 y 4 cm de largo y 2 y 2’5 de ancho (una con fractura distal). Todas muestran retoques muy planos. En el caso de los cuchillos, contamos con cinco ejemplares. Sólo uno, de dorso natura, se encuentra elaborado sobre sílex; posee 4’5 cm de longitud, 1’5 de anchura máxima, talón plano y presenta retoques planos y extremadamente estrechos, paralelos al dorso. Dos de los realizados en arenisca miden entre 3’5-5 cm de longitud y 3-3’5 cm de anchura; el resto 7 y 10 cm de largo y 4’7 y 7 cm de ancho. Tres poseen el talón abatido y 1 el talón plano. Contemplamos la existencia de 11 lascas retocadas, nueve de ellas en sílex. Poseen en torno a los 2’5-3 cm de longitud y 1-3’5 de ancho, a excepción de un ejemplar de 4’5 cm de largo y 4’5 cm de ancho. Presentan en un caso retoque alterno, dos retoque bifacial, un retoque mixto y cinco abruptos. Los dos ejemplares de arenisca, presentan un retoque abrupto profundo.

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Lámina 4. Útiles. Buriles (1-2), muescas (3-4), perforadores (5-6), raederas (7-8), microlitos (9-10) punta-raedera levallois (11) y elementos de hoz (12-13).

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INVENTARIO DEL MATERIAL 1- RESTOS DE TALLA ................................................ 363 1.1. NÚCLEOS ................................................................ 53 Levallois ................................................................... 18 Levallois para lascas ............................................... 15 Levallois para lámina ................................................. 3 Poliédricos ................................................................ 16 Prismáticos ................................................................. 8 Sobre lascas ............................................................ 11 1.2. LASCAS-LÁMINAS ............................................... 209 De descortezado ........................................................ 5 De semidescortezado .............................................. 21 Internas .................................................................... 69 Levallois ................................................................... 91 De crestas .................................................................. 7 Hojas ........................................................................ 16 1.3. ESQUIRLAS ............................................................ 60 1.4. DESECHOS ............................................................. 41 2- ÚTILES ....................................................................... 55 2.1. Raspadores ............................................................... 6 2.2. Buriles ........................................................................ 3 2.3. Muescas ..................................................................... 9 2.4. Perforadores .............................................................. 2 2.5. Raederas ................................................................... 4 2.6. Microlitos .................................................................... 3 2.7. Elementos de hoz ...................................................... 3 2.8. Puntas ........................................................................ 7 2.8.1. Ordinarias ........................................................ 3 2.8.2. Levallois ........................................................... 4 2.9. Cuchillos .................................................................... 5 Cuchillos de dorso natural ......................................... 2 2.10. Lascas retocadas .................................................. 11 2.22. Atípicos .................................................................... 2 TOTAL INDUSTRIA LÍTICA ........................................ 418
Figura 2. Inventario de la industria lítica de La Peña.

Finalmente consideramos atípicos un ejemplar de aspecto foliáceo, en arenisca, de 4 cm de longitud y 2’5 de anchura, con retoques planos; un ejemplar en sílex con retoque bifacial, plano, conformando un borde sinuosos y convexo, similar a un hacha. Posee 5’5 cm de longitud y 5’3 de anchura.

CONCLUSIONES Desde el punto de vista crono-cultural, encontramos elementos formalmente adscribibles al Paleolítico, especialmente al Paleolítico medio, como útiles propios de las comunidades de la Prehistoria reciente (figura 2). En este sentido, la buena representación de restos de talla obtenidos mediante la técnica levallois, que en parte tiene su reflejo en los soportes de los útiles (caso de la raedera doble sobre lámina desviada o dos de las 4 puntas levallois desviadas), no pueden adscribirse per se a un horizonte preholocénico. Por ello, a menos que a través de futuros trabajos puedan asociarse tales ítems a una ocupación musteriente, consideramos todo el material como parte de un conjunto unitario pospaleolítico. En este sentido, atendiendo a los paralelos que pueden establecerse con otros yacimientos y acogiéndonos a la escasa presencia de bordes abatidos, presencia de elementos de hoz bien conformados, núcleos prismáticos, hojas de talla a presión, buena representación de muescas, presencia de foliáceo, puntas de flecha pedunculadas y buena presencia de repertorio levallois, enmarcamos este yacimiento en un momento muy avanzado de la Edad del Cobre, sin eliminar la posibilidad de una ocupación posterior. Encontramos así claros paralelos entre el material de La Peña y el documentado en poblados gaditanos de la Edad del Cobre, caso de Los Charcones en Benalup-Casas Viejas,7 o de los diversos yacimientos localizados en Jerez de la Frontera.8

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Ramos, J.; Castañeda, V.; Pérez, M.; Lazarich, M.; Martínez, C.; Montañés, M.; Lozano, J. M.; Calderón, D. (1995): Los Charcones. Un poblado agrícola del III y II milenio a.C. Su vinculación con el foco dolménico de la Laguna de La Janda. Almoraima. Actas III Jornadas de Historia del Campo de Gibraltar. Algeciras, pp. 35-50; Ramos et al. Ob. cit nota 6; Ramos, J.;Castañeda, V.; Pérez, M.; Lazarich, M.; Martínez, C.; Montañés, M.; Lozano, J. M.; Calderón, D. (1995): Los Charcones. Un poblado agrícola del III y II milenio a.C. Su vinculación con el foco dolménico de la Laguna de La Janda. AEQUA-GAC. Jornadas de Campo en la Depresión de la Janda (Cádiz). Córdoba, pp.70-91. Ramos, J.; Valverde la Santa, M.; Alnagro Blázquez, A.; Romero Sánchez, J. L. (1992): Tecnología lítica de las Edades del Cobre y Bronce en la Marisma del Cuervo (Jerez de la Frontera, Cádiz). SPAL I. Sevilla, pp. 151-177.

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Del análisis del conjunto industrial se desprende la elevada presencia de restos de talla (85%). Teniendo en cuenta el origen del material, en cuanto no ha sido producto de una intervención intensiva a la que probablemente se asociaría el registro de un número mucho mayor de restos de talla, consideramos este hecho especialmente significativo en relación a la determinación del carácter del propio enclave. En el sentido más amplio del término, se trataría de un taller lítico, existiendo diversas cuestiones a resolver si se quiere matizar la significación del término “taller” aplicado al presente yacimiento. Así, la variedad relativa a la presentación del sílex en riñones o tabulas de distinto grosor que observamos en el conjunto industrial, la diversidad de tipos de sílex y especialmente el hecho de que no se hallan registrado afloramientos de materia prima in situ, fragmentos tabulares, grandes núcleos o riñones en bruto (estos últimos siempre aparecen en un proceso avanzado de transformación), indican que nos encontramos ante un taller de transformación pero no de extracción. Es difícil establecer si tiene lugar una ocupación no asociada exclusivamente a la elaboración de útiles líticos en el enclave y ello por dos razones: el hecho de que no se observen afloramientos silíceos no significa que no existan o que no existieron; no tenemos constancia de la aparición de materiales cerámicos o útiles pulimentados. No obstante, la presencia de sílex tabular y en riñón puede ser claro indicativo no sólo de que la materia prima es captada en lugares distintos, sino que se transporta en diverso grado de desbaste al asentamiento. Asenta-miento por su parte cuyo carácter estacional, habrá de ser contrastado en el futuro. Finalmente, en relación a la disponibilidad de materia prima silícea, se conocen tres fuentes en un radio de 20 km en torno al yacimiento objeto de estudio: Punta Macotilla, en el contexto de la propia bahía de Valdevaqueros, a poco más de 4 km; la cantera del cerro de Agua de Enmedio, a unos 14 km9 y quizás Las Caheruelas,10 a unos 7 km.

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Torres Abril, F. L.; García Díaz, M.; Gómez Arroquia, M. I.; Mariscal Rivera, D. (2003): Aprovisionamiento de materias primas líticas en el territorio del Campo de Gibraltar durante la Prehistoria. Actas VII Jornadas de Historia del Campo de Gibraltar. Almoraima, 29. Algeciras, pp. 59-69. Breuil, H; Burkitt, M.C. (1929): Rock paintings of Southern Andalusía. A description of Neolithic and Copper Age art group. Oxford University Press, p. 56. En la nota inferior el tra-ductor dice que Breuil recibe noticias sobre la existencia de sílex en tierras de cultivo de Las Caheruelas.

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EL CEMENTERIO ISLÁMICO DEL FUERTE
DE SANTIAGO (ALGECIRAS, CÁDIZ).
NUEVAS EXCAVACIONES Y SÍNTESIS INTERPRETATIVA
José María Tomassetti Guerra / Cibeles Fernández Gallego José Suárez Padilla / Salvador Bravo Jiménez / Taller de Investigaciones Arqueológicas S. L. Rafael Mª Jiménez-Camino Álvarez / Arqueólogo. FMC “José Luis Cano” Ildefonso Navarro Luengo / Arqueólogo. Área de Patrimonio Histórico de Estepona

las flores que saldrán de mi cabeza algo darán de aroma Javier Krahe

RESUMEN Presentamos un avance de los nuevos datos aportados por las recientes investigaciones en el cementerio islámico situado al Norte del mayor de los recintos urbanos medievales de Algeciras. Los ocho años transcurridos entre la primera y la última campaña de excavaciones han permitido afinar, tanto por el estudio de este espacio como por las excavaciones ejecutadas en el interior de la madina, muchos de los argumentos elaborados a lo largo de estos años. Las principales aportaciones de nuestra investigación son: la formulación de hipótesis que expliquen las desigualdades constatadas entre las fases I y II, en cuanto a la organización del espacio, la tipología de las tumbas y los artefactos arqueológicos; se plantea que estas diferencias son suficientemente significativas como para hablar, no ya de fases, sino de cementerios diferentes. Interpretamos los cambios observados en el registro arqueológico como variaciones del ritual de enterramiento originadas a partir de factores de tipo ideológico. Se propone, además, un ensayo de datación para ambas necrópolis y la existencia de una fase III, más moderna, con interesantes implicaciones histórico-arqueológicas. A la luz de una revisión crítica de las fuentes islámicas, que hacemos en otra comunicación a estas Jornadas, se establece la probable identificación de la maqbara más moderna con el fonsario mencionado en la Crónica de Alfonso XI. Palabras clave: Algeciras, excavación arqueológica, cementerios, maqabir, bajomedieval islámico, bajomedieval cristiano, almohade, nazarí, meriní.

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1. ANTECEDENTES Y CAMPAÑAS DE EXCAVACIÓN Tradicionalmente se ha tenido conocimiento de la aparición casual de restos esqueléticos humanos en el entorno del Fuerte de Santiago y Parque de Mª Cristina desde que Pérez Petinto (1944) dejara por escrito las noticias de su existencia. Junto a la información así transmitida, se han recabado otros testimonios orales cuyo detalle puede consultarse en TORREMOCHA y NAVARRO (1998) o TORREMOCHA y otros (1999), pero la primera actuación sobre el terreno que permitió plantear la existencia real del cementerio no tiene lugar hasta 1996, cuando J. M. Gener (1996) dirige una campaña de excavación en los antiguos viveros municipales, aunque sin resultados especialmente significativos.1 Estrictamente, las campañas de excavación que han contribuído a nuestro actual conocimiento del cementerio islámico han sido cinco, entre 1997 y 2003. - Primera campaña (noviembre y diciembre de 1997). Bajo la dirección administrativa de Ildefonso Navarro y Antonio Torremocha, el primero de ellos ejecutó, con Juan Bautista Salado, la excavación de urgencia (tras un inicial rebaje mecánico de 400 m2, sometido a vigilancia arqueológica) sobre una superficie de 170 m2 en espacios pertenecientes al antiguo cuartel del Calvario, entre los 19’43 y los 20’92 m.s.n.m., estudiándose una secuencia que, sobre las arenas geológicas, muestra los restos conservados de dos fases superpuestas del cementerio bajomedieval islámico, amortizado por rellenos y restos de pavimentos cristianos del siglo XIV, éstos, a su vez, bajo cimentaciones y sedimentos aportados en la Edad Contemporánea (NAVARRO y TORREMOCHA, 1998). - Segunda campaña (primavera de 1998). Por los datos publicados (TORREMOCHA y otros, 1999: 139, donde sólo se cita; TORREMOCHA y OLIVA, 2003: 193-194), se exhumaron 30 sepulturas en una superficie aproximada de 160 m2, como ampliación de la Iª Campaña hacia el noreste, con similares resultados. - Tercera campaña (enero a abril de 2001). El equipo formado por Rafael Jiménez-Camino, José María Tomassetti y Cibeles Fernández, bajo dirección administrativa del primero, llevaron a cabo esta campaña (incluyendo un rebaje mecánico vigilado de toda su superficie, aproximadamente 1.560 m2). Se abrieron tres sondeos iniciales de 7’2 m2 cada uno, posteriormente prolongados como zanjas (cuatro, 54’4 m2 en total); finalmente, como ampliación de la más meridional de ellas, se diagnosticó un área abierta de morfología irregular y 270 m2 de superficie. Entre los 17’80 y los 20’75 m.s.n.m., en números absolutos, se estudió una secuencia arqueológica similar a las de las campañas anteriores, salvo por la inexistencia de niveles correlacionables con la presencia cristiana del siglo XIV, aunque sí se pudo precisar la fase contemporánea, identificándose el piso del primitivo campo de instrucción del cuartel de Artillería del Calvario antes de los rellenos que se practicaron para instalar sobre él el de infantería Fuerte de Santiago. - Cuarta campaña (septiembre de 2001 a enero de 2002). Cibeles Fernández dirigió la intervención de urgencia que, junto a José María Tomassetti, desarrolló como continuación de la anterior, originadas ambas, al igual que las campañas precedentes y la posterior, en las obligaciones patrimoniales derivadas de la promoción inmobiliaria que SOMIXUR S. A. viene llevando a cabo en los espacios antes pertenecientes al cuartel Fuerte de Santiago. En esta ocasión la estrategia de trabajo consistió en la apertura de 10 sondeos de 9 m2 cuya estratigrafía sirvió de orientación para la vigilancia de un rebaje mecánico controlado de 1.915 m2. Finalmente, se ampliaron los sondeos II y III hasta alcanzarse un total de 165 m2 excavados con metodología arqueológica. Las cotas absolutas máximas de inicio y fin de los trabajos se extienden entre los 17’23 y los 20’92 m.s.n.m. La secuencia estudiada, además de sí documentar en esta ocasión un
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Se excavaron 40 m2 repartidos en 10 sondeos durante los días 4 y 9 de marzo de 1996, entre los 13’30 y los 14’00 metros sobre el nivel del mar (m.s.n.m.), alcanzándose el manto geológico arcilloso en toda la zona diagnosticada. Bajo el humus superficial aportado para el cultivo de vegetales, Gener documenta un nivel de desmantelamiento de la terraza original formado por arenas con restos de malacofauna, cerámica muy rodada y algunos fragmentos de huesos humanos.

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buen número de depósitos de época cristiana (sondeo 10), amplía la historia del cementerio a una IIIª fase –no documentada en las otras campañas– antes de las nivelaciones y construcciones contemporáneas. - Quinta campaña (enero a noviembre de 2003). Nuevamente Rafael Jiménez-Camino, desempeñando sus funciones de arqueólogo municipal, dirigió la última de las campañas, que llevó a efecto coordinando a un amplio equipo formado por técnicos de las empresas Taller de Investigaciones Arqueológicas S. L. (Salvador Bravo, Cibeles Fernández, José María Tomassetti, José Suárez, María Antonia Martín, Sonia Ayala, Alfonso Palomo) y Figlina S. L. (Luis Iglesias, José Ángel Expósito, Ever Calvo y Francisco Javier Chaparro). En la presente ocasión se abrieron tres sondeos iniciales, cada uno de 64 m2, que, aparte la lectura y documentación de un perfil existente de 90 metros de longitud, se continuaron con otros tres (de 23x4’5 metros los números 4 y 5, y de 23x4 el nº 6). En total, han sido 491 m2 excavados, entre las cotas 17’22 y 20’46 m.s.n.m. Las conclusiones finales indican la revalidación de las fases de enterramiento previamente estudiadas (salvo la llamada fase III de la cuarta campaña), incluido el “abandono” cristiano del siglo XIV, antes de las obras y rellenos contemporáneos. La reflexión efectuada sobre ésta y las precedentes campañas nos ha sugerido novedosas hipótesis que afectan a la propia caracterización de las fases como cementerios diferenciados, al conocimiento de su organización interna, a su probable cronología y a su identificación precisa en las fuentes cronísticas.

2. ANÁLISIS ESTRATIGRÁFICO DEL YACIMIENTO A pesar de lo extenso del espacio afectado (aproximadamente 35.400 m2) en proporción a lo diagnosticado por excavación con metodología arqueológica (unos 1.582 m2, inferior al 4’5% del total),2 creemos plausible el ejercicio de extrapolación que haremos para aproximarnos a la conformación estratigráfica de la secuencia general del yacimiento. De hecho, incluso desde los trabajos de Gener en los viveros municipales, puede rastrearse una estratificación altamente homogénea que, omitiendo las diferencias entre campañas, se puede sintetizar en cinco grandes paquetes sedimentarios que, a su vez, representan cinco momentos cronológicos distintos capaces de explicar por sí mismos la historia urbana de este amplio sector de la Algeciras actual.
MODERNO-CONT. CRISTIANO CEMENTERIO III CEMENTERIO II CEMENTERIO I Iª CAMPAÑA Presente Presente Ausente Presente Presente IIª CAMPAÑA Presente Presente Ausente Presente Presente IIIª CAMPAÑA Presente Ausente Ausente Presente Presente IVª CAMPAÑA Presente Presente Presente Presente Presente Vª CAMPAÑA Presente Presente Ausente Presente Presente

En todos los casos, a muro de la secuencia estudiada se encuentra un paquete de arcillas y/o arenas terciarias cuya interfacies superior marca una discontinuidad cronológica entre la historia geológica y la cultural, de modo que sobre ella se producen las acciones humanas que inauguran el uso histórico de esta colina al norte de la madina medieval.3 La topografía previa a dicho uso se nos escapa en sus detalles, pero no debía diferir demasiado de la existente antes de los rellenos que permitieron allanar el espacio para habilitarlo como campo de instrucción del cuartel del Calvario. El rebaje mecánico efectuado durante la tercera campaña posibilitó avanzar una aproximación al respecto (al menos para la zona de confluencia entre la

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En cada una de las campañas, sus directores se han ajustado a los criterios establecidos por la Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía en Cádiz. Se han registrado algunos artefactos fabricados en sílex, rescatados cuando se excavaba la primera de las fases funerarias, pero sin relación contextual con ésta. Necesariamente responden a la frecuentación de estos espacios durante la prehistoria local, como se conoce en el reborde litoral escarpado que va desde las terrazas del río Palmones hasta las inmediaciones de Torre Almirante; al sur de la ciudad (entorno del colegio Salesianos, Punta del Rodeo); o en yacimientos costeros entre Getares y Cala Arena. En general, puede consultarse el análisis de S. Fernández Cacho(1995).

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prolongación de la avenida Blas Infante y la calle Capitán Ontañón), reconociéndose como un cerro, limitado al este por el acantilado marino, de suaves pendientes a norte y sur pero con caída más acusada hacia el oeste, dando la impresión de existir una vaguada con desarrollo lineal hacia el acceso más cercano a la madina bajomedieval (la hasta ahora llamada Puerta de Gibraltar, que nosotros identificamos con la del fonsario de la Crónica de Alfonso XI).4 Cementerio I. La más antigua de las necrópolis estudiadas se instala sobre este paquete areno-arcilloso mediante la excavación de fosas (con indicadores o no sobre el nivel de suelo) que luego se rellenan con el mismo sedimento evacuado en el momento de su apertura. Se muestra, por tanto, no como un estrato físicamente discernible del terreno de base, sino como un conjunto de acciones de excavación, inhumación y relleno (en casos, instalación de estructuras), cuya entidad volumétrica no puede calcularse más allá de lo que supone la evaluación del contenido de las fosas. Ello no obsta para que se hayan recogido objetos cerámicos, metálicos u otros que, en el continuo uso del cementerio, o durante su abandono, han quedado incluidos en la matriz sedimentaria por alteración antrópica o natural de su superficie en contacto con los agentes atmosféricos. El análisis de estos materiales, para la fase I de la Vª campaña, indica la presencia de fragmentos cerámicos pertenecientes a un lapso temporal amplio que va desde el siglo X a principios del XIII. Todos aquéllos pertenecientes a momentos históricos previos a la ocupación almohade se muestran con un alto índice de rodamiento, gastadas sus aristas y profundamente alteradas sus superficies. Cementerio II. Resulta en extremo difícil valorar las circunstancias de deposición del paquete arenoso que amortiza a la fase anterior. En sí, se compone de varios niveles de arenas gruesas con muy frecuentes inclusiones de gravillas, cerámicas y restos malacológicos, altamente fragmentados y rodados. Destaca la coloración rojiza del conjunto, si bien se han distinguido capas, a veces, con tonalidades diferentes: marrones, amarillentas o verdosas. Hasta ahora se ha venido barajando, junto a la posibilidad de un relleno voluntario, la de un aporte natural (por efecto de inundaciones de los arroyos cercanos en época medieval, o, incluso, por efecto de lluvias torrenciales como las referidas por la Crónica de Alfonso XI (ver ROSSELL, 1953: 348).5 Para dilucidar estos extremos hemos recabado informes de Francisco Torres Abril (licenciado en Ciencias Geólogicas), José Luis Vera Peláez y Mª Carmen Lozano Francisco (doctores en Paleontología, Museo Municipal Paleontológico de Estepona). En síntesis, sus apreciaciones se resumen en el siguiente sentido: por un lado, el depósito (o depósitos) se instaló sin dudas tras el abandono del primer cementerio; originalmente, fueran una o varias las acciones de relleno, todo el paquete arenoso poseía las mismas características granulométricas, con idénticas inclusiones y similar coloración de muro a techo. Los procesos de edafización posteriores han causado las diferencias de color que hoy se aprecian (marrón-rojizo-verdoso, de arriba abajo) –y que nosotros hemos identificado, cuando ha sido posible, como unidades estratigráficas independientes–, siendo en realidad distintos horizontes de suelo, formados por procesos químicos habituales en la edafogénesis comarcal. Procede todo el sedimento de un ambiente litoral costero, seguramente recogido de una playa fósil cercana de edad tirreniense y vertido intencionadamente sobre la interfacies superior de la fase I.

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Recomendamos al lector interesado la consulta de nuestro trabajo en estas mismas jornadas “Allende el río... Sobre la ubicación de las villas de Algeciras durante la Edad Media: una revisión crítica”, donde se reconsideran los datos histórico-arqueológicos y se plantean las hipótesis en que basamos nuestra actual interpretación de la ciudad y, en consecuencia, de sus espacios funerarios. Al respecto, ya se dijo en 1998 que “la U.E. 4 constituye un aporte de gravas –bien por causas naturales, bien por acción antrópica- que ocasionó una reelevación de la superficie de la necrópolis, de manera que las tumbas del segundo nivel no afectan en ningún momento a las del nivel inferior” (Torremocha y Navarro, 1998: 109). En los informes inéditos de las subsiguientes campañas, hasta la cuarta, se sigue dudando sobre la génesis de los estratos respectivos. Buena parte de estas conclusiones preliminares han sido expuestas, sin nuestra autorización, en el último trabajo publicado sobre estelas funerarias (Torremocha y Oliva, 2003: passim), incidiéndose, por desgracia, en los errores que nos hemos afanado en corregir antes de darlas, nosotros, a conocer.

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Sobre la intencionalidad de este aporte de tierras resulta esclarecedor el resultado de su estudio malacológico. Además la caracterización de las especies identificadas (todas de ámbitos mediterráneo-atlánticos y de edad holocena), se observa una alta fragmentación distinta a la producida por el efecto mecánico natural del oleaje marino, fragmentación que los doctores Vera y Lozano (2004) interpretan como roturas antrópicas posiblemente voluntarias de las conchas y valvas.6 En cualquier caso, su uso alimentario ha sido plenamente descartado.7 Todo ello significa una fuerte y compleja transformación de los espacios sobre los que se instala el segundo cementerio, y que supone: la recogida del sedimento (incluidos numerosos fragmentos cerámicos con superficies y aristas redondeadas); la recogida de conchas y su mezcla con la matriz arenosa; el transporte desde un lugar no determinado, aunque supuestamente localizado en el entorno; y su vertido controlado sobre la antigua necrópolis, creando, por así decirlo, un nuevo paisaje donde empezar de nuevo la actividad funeraria. Resulta obvio que tantas preocupaciones no pueden deberse a la simple falta de espacios donde seguir enterrando, sabiendo, como sabemos, que por todo al-Andalus se han resuelto carencias de capacidad de las maqabir integrando en ellas parcelas adyacentes o fundando otras en emplazamientos periurbanos distintos (a menudo sobre alfares, como indican Fili y Rhondali, 2002, en Sevilla, Pechina, Toledo, Murcia). Es decir, puede no tratarse de un proceso de crecimiento o modificación del primer cementerio, sino de su planificada sustitución por el segundo. Si a ello sumamos las diferencias en el ritual de enterramiento y de organización interna (en estrecha relación con los vertidos), hemos de concluir que su origen podría estar vinculado a un cambio histórico –quizá también demográfico– con reflejo visible en las prácticas mortuarias de la población local. El contenido artefactual de estos niveles de arenas, conchas y gravillas es amplio en su caracterización cronológica relativa, pudiéndose estudiar fragmentos cerámicos que abarcan desde los siglos X-XI hasta el XIV. No obstante, y tal como ocurría en los estratos subyacentes, puede diferenciarse sin problemas un nutrido grupo de materiales muy rodados, los más antiguos –y, por tanto, no datantes–, de otro de apariencia fresca que nos fecha el cementerio II desde mediados del siglo XIII.

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Resumimos el contenido del citado informe: “La procedencia del material malacológico es sin duda, de la playa, todas las especies identificadas son netamente marinas (...) el único fin observable de este material malacológico es su utilización como relleno de los cadáveres (…) Se han identificado 19 especies de moluscos, 17 de ellos son marinos (gasterópodos y bivalvos) y dos son continentales (gasterópodos pulmonados), y dos de crustáceos (…) Todos (…) proceden de la zona infralitoral (permanentemente sumergida) poco profunda (...) si bien Jujubinus gravinae procede de la zona intertidal (zona de mareas) de sustrato rocoso o pedregoso (…) Además del desgaste producido por abrasión marina (oleaje) y rozamiento con la arena y gravas del rompiente de playa, se observa un tipo de fragmentación mecánica presumiblemente antrópica sobre los restos de bivalvos hasta convertirlos en fragmentos menores (…) que interpretamos como roturas por una herramienta que aplastó las conchas hasta un tamaño uniforme que oscila entre 1 cm y 2 cm de longitud (…) Procede de las playas de la costa de Algeciras o zonas cercanas del Atlántico adyacente o del Mediterráneo occidental (...) La datación de los moluscos es el Holoceno (…) Lo más probable es que las conchas se recogieran durante la construcción de la necrópolis” (Vera y Lozano, 2004: passim). Los moluscos identificados son Jujubinus gravinae, Turritella sp., Bittium reticulatum, Buccinulum corneum, Columbella rustica, Chauvetia sp., Cyclope donovania, Nassarius reticulatus, Nassarius pygmaeus, Theba pisana, Oestophora sp., Glycimeris sp., Rudicardium tuberculatum, Chamalea gallina, Callista chione, Venus verrucosa, Donax trunculus, Ensis sp. y un prosobranquio no identificable; los crustáceos: Brachiura sp. y Balanus sp. Resulta en extremo interesante la existencia de un paquete estratigráfico de idénticas características sedimentológicas e inclusiones malacológicas en la necrópolis islámica del arrabal de Enmedio, en Ceuta (solar de calle Real, 42-44), según nos comunica su excavador, Fernando Villada Paredes, Arqueólogo Municipal de la Ciudad Autónoma. En esta ocasión, el análisis geológico de las muestras apunta que los fragmentos de moluscos fueron aportados a la matriz sedimentaria, es decir, que no formaban parte del mismo depósito original y, por tanto, resulta aún más elaborada su preparación (por desgracia, el depósito carece de enterramientos y de fecha precisa, a techo de un nivel altomedieval y a muro de la última fase islámica, entre los siglos XI y XIV). La identidad de estas unidades estratigráficas a ambos lados del Estrecho, y sus grandes semejanzas con niveles similares estudiados en la última campaña de excavación en la maqbara de la avenida España en Estepona (Bravo y otros, 2003a y 2003b, cuya vigilancia previa ofreció una fase final compuesta por arenas rojizas con gravas, de posible aporte intencional), las convierte en un “estratotipo” cuyo análisis conjunto puede, a la larga, definir un horizonte cronológico -con cuantas implicaciones culturales y rituales se deriven- que sería de gran ayuda a la hora de interpretar ulteriores trabajos de campo, habida cuenta de las muchas dificultades que plantean las necrópolis islámicas para su correcta seriación. Por otra parte, las acciones de “relleno” sobre cementerios anteriores son también habituales en otras ciudades de al-Andalus, por ejemplo, en Málaga (niveles nazaríes de la maqbara de Yabal Faruh: Mayorga y Rambla, 1999: 324; Santamaría y otros, 1999: 342).

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Cementerio III. El sondeo 3 de la IVª Campaña de excavaciones permitió nuestro conocimiento de una tercera fase –eso sí, muy limitada– de enterramientos. Como en otros casos, su dimensión estratigráfica casi se reduce a la excavación de fosas y posteriores relleno y señalización. Un estrato orgánico arenoso sin las típicas inclusiones (gravas, moluscos…), pero con parte de la mampostería derrumbada de los muros pertenecientes a la fase II, cubre las estructuras documentadas. Si bien se han reconocido superposiciones de enterramientos en la fase II, se descartó la posibilidad de tratarse, en este caso, de una de ellas, a raíz de su análisis estratigráfico. La excavación de las fosas afecta, cortándolos, a los muros de la fase previa y a sus recrecimientos, de modo que, cuando se abrieron aquéllas, éstos se encontraban ya ocultos a la vista. Desgraciadamente, los materiales arqueológicos contenidos en los depósitos respectivos ayudan poco para su encuadre cronocultural, ofreciendo un término post quem, como máximo, tardoalmohade/nazarí (mediados del siglo XIII), sin que se puedan hacer más precisiones. Sin embargo, se asocian a ella varios fragmentos de estelas fabricadas en arenisca que nos ayudan a plantear sugerentes hipótesis, como se verá más adelante. Cristiano. No hay relación estratigráfica alguna entre el cementerio III y los niveles pertenecientes a la fase medieval cristiana, no existiendo ésta en el sondeo 3 de la IVª campaña.8 Por otra parte, el sondeo IV-S10 ofreció una secuencia sedimentaria formada por la sucesión de depósitos arenosos que (salvo la UE IV-S10-1: superficial, contemporánea) pueden datarse de forma relativa en el periodo bajomedieval cristiano, existiendo inclusiones cerámicas tipo "Paterna" desde la base, a -1’65 metros de la superficie (17’23 m.s.n.m.). Conocemos mejor el periodo en algunos sondeos de la Vª Campaña. Concretamente, en el V-S4/5, se han documentado paquetes sedimentarios sobre la fase funeraria II y amortizando un espacio abierto considerado “camino”, donde quedaron los derrumbes de varios muros que la separaban de los espacios de enterramiento. El sondeo V-S1 conservaba una zanja practicada en el mismo momento, que cortó varios cadáveres de las fases I y II. Moderno-Contemporáneo. Sabemos que desde 1555 parte de estos terrenos pertenecían a Juan Jiménez Serrano y María de Mendoza, matrimonio residente en Gibraltar, y que más tarde pasan vía herencia a los Condes de Cartaojal (CORRERO, 2003: 476). Hasta el momento, las estratigrafías estudiadas no han reconocido fase alguna adscribible al periodo en que la ciudad permanece básicamente despoblada, recuperándose la continuación de la secuencia a partir del siglo XVIII. En los primeros años de ese siglo el solar vuelve a ser ocupado, al menos desde 1716 (TORNAY, 1981: 64), con la construcción del Fuerte de Santiago, que en 1796 acogía cinco cañones de gran calibre y cuatro morteros (OCAÑA, 2001: 99). A comienzos del siglo XIX, esta zona del extrarradio urbano conocida como Cortijo del Calvario se encontraba notablemente deteriorada, hasta el punto de convertirse en basurero (ARANDA y QUILES, 1999: 97), por lo cual algunos vecinos solicitan del Cabildo la concesión de parte de sus tierras para labrarlas, en 1814. Un lustro después se traza un plan para allanar y regularizar los terrenos como parte del proyecto de construcción del cuartel del Calvario (ARANDA y QUILES, 1999: 99), si bien en 1830 Vicente Bálsamo adquiere la finca (CORRERO, 2003: 476) y lleva a cabo una labor de arrendamiento parcelario fruto de la cual parte de los terrenos cercanos al Fuerte son usurpados por el Cabildo (VICENTE, 2001: 132) para construir la alameda del Paseo Cristina. Dicho proceso se inicia en 1833 con la ocupación de pequeños lotes de tierra en la que los vecinos, sea por cuenta propia o a instancias del Cabildo, formarían lo que luego se denominará Paseo de Cristina (VICENTE, 2001: 129). En 1845, el paseo ya aparece parcelado en alamedas y jardines divididos por una calle central y otras transversales, dejando entre ellas los espacios para cultivo de los particulares.
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En adelante usaremos el siguiente código para referirnos a unidades estratigráficas (UE) y unidades estratigráficas funerarias, es decir, enterramientos (UEF): número de campaña (I, II, etc.) + número de sondeo (S1, S2, etc.) o “área abierta” (AA) + número de unidad (1, 2, etc.). Así, UE V-S4/5-23 es la unidad estratigráfica 23 del sondeo 4/5 de la Vª campaña; UEF III-S3-39 es el enterramiento nº 39 del sondeo 3 de la IIIª campaña.

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En el sondeo V-S4/5 se ha documentado una doble línea paralela de agujeros de árboles en sentido sur-norte, probables vestigios de esta alameda, antiguo camino a Gibraltar (JIMÉNEZ-CAMINO y otros, 2004: Fase IV). El dato, en coincidencia con el “camino” del cementerio II, es muy orientador sobre la posible existencia de una vía de comunicación en la zona desde la Edad Media. Por último, el año 1860 verá la construcción del cuartel de Infantería del Calvario, que aprovechó los espacios libres como campo de instrucción hasta que terminaron integrados en las dependencias interiores del cuartel de Artillería Fuerte de Santiago, demolido entre 2000 y 2003. Buena parte de los estratos adscritos a las fases contemporáneas en todas las campañas –cuyo detalle ahorramos al lector en esta ocasión– pertenecieron a las obras de relleno, nivelación, cimentación, solado, etc. de estas estructuras militares.
Periodo CONTEMPORÁNEO MODERNO-CONT. TARDOMEDIEVAL-MODERNO CRISTIANO Principales acciones documentadas Cuartel de Artillería “Fuerte de Santiago”. Nivelaciones, excavaciones, rellenos, edificios… Fuerte de Santiago. Cuartel de Infantería del Calvario. Nivelaciones, excavaciones, rellenos, edificios… Ciudad despoblada. Ocupación esporádica Reales del asedio de Alfonso XI: fin del uso funerario. Obliteración de calles, caída de estructuras, afección sobre las superestructuras funerarias, zanjas, etc. Amortización de las superestructuras funerarias Excavación de fosas, afectando al cementerio II Excavación de fosas, afectando al cementerio I Instalación de estructuras, diseño de calles. Enterramientos sobre el geológico Cronología ss. XIX-XX ss. XVIII-XIX ss. XV-XVII 1344-1369 1342-1344 Desde 1342 ¿1329-1342? ¿Hasta 1342? Desde 1238 Hasta 1238

ABANDONO CEMENTERIO III CEMENTERIO II REORGANIZACIÓN CEMENTERIO I

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3. ANÁLISIS ARQUEOLÓGICO DEL CEMENTERIO-FASE I Nuestro conocimiento de la llamada fase I es ciertamente muy parcial. Las cuatro primeras campañas de excavación, salvo en sectores aislados, nunca agotan los distintos niveles de enterramiento, a menudo diagnosticándose sólo los más cercanos a la superficie. En total, se conocen 137 cadáveres de los 761 estudiados hasta el momento, que representan el 18’00% del total, pero prácticamente la mitad (66) proceden de los sondeos de la Vª campaña (2003), donde siempre se ha analizado la secuencia completa. Las cifras ofrecidas en la tabla siguiente compilan todos los datos recogidos en informes y publicaciones, respetándose la fasificación realizada por sus respectivos excavadores.
TIPO DE ENTERRAMIENTO Fosa simple F. s. cubierta de mampostería F. s. con cubierta de tejas F. s. con cubierta de ladrillos F. s. con encintado y cubierta de ladrillos Fosa con encintado de lajas mqabriyyas Bastidor de sillarejo Cista de mampostería Osarios (fosas simples) TOTALES C. I+II 3 1 6 0 0 0 0 0 0 2 12 C. III 27 0 3 1 1 1 4 0 1 0 38 C. IV 14 0 1 0 0 0 5 1 0 0 21 C. V 49 0 16 0 0 1 0 0 0 0 66 TOTAL 93 1 26 1 1 2 9 1 1 2 137 % 67’88 0’73 18’98 0’73 0’73 1’46 6’57 0’73 0’73 1’46 100’00

Queremos, sin embargo, hacer dos puntualizaciones. En la Iª Campaña se excavaron los restos de una estructura interpretada como panteón o qubba. Si bien en el trabajo de Torremocha y Navarro (1998: 110) no se adscribe a ninguna fase concreta, indicándose solamente que es cortada por una de las inhumaciones de la segunda, en Torremocha y Oliva (2003: 196) queda incluida en la más antigua, ya que sus muros “estaban cortados por sepulturas pertenecientes al segundo nivel de ocupación”. Sin duda, la tumba I-AA-82 –y sólo ella– intersecta de lado a lado su muro suroeste, pero, como resulta también evidente en los planos publicados, este mismo paramento divide en dos a los esqueletos nos I-AA-80 y I-AA-81, también reconocidos como de la fase II en el informe y las publicaciones. Es necesario, por tanto, convenir en su pertenencia al segundo cementerio y, en este sentido, quizá, replantearse su funcionalidad, más bien como estructura subaérea para la ordenación interna del espacio funerario (conocidas para dicha fase en las campañas III, IV y V) que como enterramiento singular bajo cubierta abovedada.9 Por otra parte, en el sondeo V-S4/5, la UEF V-S4/5-274, considerada de la fase I, igualmente nos plantea dudas. Se inhuma en una fosa paralela a uno de los muros de delimitación del viario, supuestamente en un momento en que éste no existía. No se encuentra inserta en el característico paquete de arenas, gravas y moluscos que identifica a la fase II, motivo que mueve a considerarla de la anterior, pero hay que tener en cuenta que los rellenos que habilitan el nuevo cementerio no invaden las zonas de paso.10 A expensas de ulteriores precisiones al respecto, por el momento se considera entre los enterramientos más antiguos, como consta en el correspondiente informe.

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Cabría la posibilidad, por tanto, que la inhumación nº I-AA-82 perteneciera a la fase III, única que, en el resto del espacio estudiado, secciona netamente los muros preexistentes. Además, posee una orientación bien diferente de la mayoría de enterramientos, sean de una u otra fase, casi norte-sur, coincidente sólo con las UEFs V-S4/5-316 y V-S4/5-323, de la fase II.

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En general, los cadáveres se disponen como es usual en el ritual islámico, en decúbito lateral derecho, con orientación variable, pero casi siempre noreste (pies)-suroeste (cabeza), con la cara vuelta a su derecha. A pesar de que a menudo se emplean calzos de piedra para mantener la posición, son habituales los vuelcos a prono o supino de todo o parte del esqueleto postcraneal y/o desplazamientos puntuales del cráneo, pero ello no supone variable alguna en la sistemática seguida sino alteraciones postdeposicionales de diversa índole.11 Es común que aparezcan alterados por sepulturas posteriores, incluso hasta su completa remoción, circunstancia que ha provocado su amontonamiento desordenado, en cuyo caso se han interpretado como “osarios” (de uno o más individuos, pero nunca muy extensos) que, desde el punto de vista de la tipología de las tumbas, deben considerarse como “fosas simples”. Al parecer, e independientemente de la clase de tumba empleada, los cuerpos no se inhumaron en cajas o plataformas de madera, si hemos de guiarnos para su identificación por la aparición de clavos u otros elementos metálicos. Este hecho, tan frecuente en el cementerio II, sólo puede apuntarse ahora para la UEF V-S4/5-295, que proporcionó dos tachones. Los cuerpos, conforme a la costumbre habitual, y obligada –pues se trata de un deber de la comunidad–, debieron depositarse en la fosa simplemente amortajados con una pieza de tela que envolviera todo el cadáver.12 Los entierros se producen habitualmente en fosas simples excavadas en el sustrato, luego rellenadas con la misma tierra, por lo cual excepcionalmente llegan a ser observadas en planta, caso único de V-S2-220, donde se aprecia la estrechez de la excavación, justo lo suficiente para inhumar el cadáver, facilitando el difícil equilibrio de la postura empleada. Si nos atenemos a los resultados de la Vª campaña, la más fiable para hacer valoraciones numéricas, se advierte que, junto a las fosas simples sin cubiertas –mayoritarias (74’24%, incluidos los osarios)–, destaca el grupo con cubierta de tejas, dispuestas en paralelo, solapadas y con su eje mayor transversal a la alineación general del esqueleto (24’24%). Su proporción, en general para todo el cementerio I, apenas llega al 19’00%, pero suelen aparecer fragmentos inconexos de tejas que, sin duda, deben proceder de cubiertas similares desaparecidas.13 Hay que tener en cuenta que, una vez destruida la señalización externa de una tumba, cualquiera que fuese, si ésta no poseía sus paredes revestidas, el aspecto que se nos ofrece a la hora de excavarla es, sin más, la de una fosa simple. Así, la elevada presencia de tumbas sencillas distorsiona, y no sabemos en qué medida, el aspecto real que presentaría el cementerio durante el tiempo que permaneciera en uso (sirva de orientación la lámina I, del cementerio de Tamnougalt Ksar en Zagora, Marruecos).14 En cualquier caso, puede decirse que el cementerio I se compone básicamente de fosas simples sin cubierta o con cubierta de tejas. El 3’65% lo integran las excepcionales –por escasas– cubiertas con mampostería o ladrillos (sólo un caso de cada tipo), con encintado y cubierta de ladrillos (una), o las encintadas con lajas (dos), aún más excepcionales si se considera que tres de las cinco corresponden a individuos infantiles, circunstancia –su edad– que pudiera haber influido en un tratamiento diferencial del lugar de enterramiento.

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Esto es así para todo el yacimiento y todas las fases identificadas, por lo que no volveremos a referirlo más adelante. “La Tradición Profética, recomienda utilizar tres paños blancos (sudarios), uno tras otro, para el hombre y, dos paños más tres elementos complementarios para la mujer (...). Pero advierte contra el encarecimiento y la ornamentación. Estos paños, además de ser nuevos, serán de tela normal y corriente (no serán de seda ni cualquier otro tejido costoso)”; Los funerales en el Islam (s/f: 18). De hecho, esto debe ser así para casi todos los tipos de tumbas con superestructura poco consistente (bastidores de mampuestos, lajas o ladrillos). Los factores postdeposicionales han eliminado toda huella de túmulos de tierra, por demás habituales en este tipo de necrópolis, arrasándolos. Los marcadores superficiales de la fase II tipo estelas o ladrillos vidriados, o incluso mqabriyyas de piezas cerámicas, cuyos restos aparecen dispersos en el sedimento, nunca han permanecido in situ, contrariamente a lo que se indica en Torremocha y Oliva (2003: 195, nota 12). Fotografía obtenida de www.archnet.org/library/images.

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Lámina I. Cementerio de Tamnougalt Ksar en Zagora, Marruecos. Fotografía obtenida de www.archnet.org

Sí deben considerarse caso aparte los ejemplos documentados de mqabriyyas (6’57%). De mampostería y ladrillo, revestidas con estuco blanco, han sufrido, en mayor o menor medida, el arrasamiento de parte de su fábrica original.15 Sirven para definir los dos tipos observados los casos III-AA-183, conservando un tercio de su longitud total aproximada, incluida la cubrición a cuatro aguas, con un reborde periférico por los tres lados conocidos (persistían algunos retazos de pintura roja bajo los desconchones de estuco); y la IV-S3-36, de la que quedó lo suficiente para poderla clasificar como “mqabriyya de plinto y gradas” (lámina II), a falta de un supuesto remate de sección triangular. Creemos que puede incluirse en este grupo -al menos sea por la complejidad de su construcción- la estructura que clasificamos en su día como cista de mampostería (III-AA-179; 0’73% de la fase), con cubierta de sillarejos. Bien es verdad que no poseía cubrición similar a las mqabriyyas conocidas, pero es igualmente cierto que ninguna de éstas fue desmontada, desconociéndose su organización interna (aunque en general suelen poseer únicamente la arquitectura visible). Se trata de una cista rectangular de 1’80x70cm (medida al exterior de la cubierta) levantada con paredes de mampostería y cerrada por dos hiladas de grandes piedras escuadradas a manera de sillarejos. Contenía un cadáver sobre cuyo esplacnocráneo se encontró una pieza de hierro que, a expensas de su restauración, clasificamos como punta de proyectil. Por último, se conoce un caso en que el cadáver (o cadáveres: su conservación muy parcial impide precisarlo) se rodeó de un bastidor de sillarejos de arenisca (UE IV-S2-32; 0’73% de la Fase). Nos atrevemos a considerar la posibilidad de que se trate de una de las sepulturas que en la maqbara de Yabal Faruh de Málaga se han clasificado como tipo F, también conocido en el cementerio murciano de San Nicolás (FERNÁNDEZ GUIRADO, 1995: 45). No obstante la imprecisión de nuestra atribución, hemos querido incluirla en las estadísticas para no obviar su presencia.

Lámina II. Mqabriyya de plinto y gradas, campaña I, sondeo e, UE-36.

Mqabriyyas, cista y bastidor componen, todas ellas, un grupo de enterramientos que se diferencia del resto de tipos por la complejidad de una arquitectura, interior y/o superficial, con

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Son las UEFs III-AA-183, 184, 185 y 187; y las UEs IV-S2-36, IV-S3-3/43, IV-S3-39, IV-S3-40 (afectada por un enterramiento de la fase II, y éste, a su vez, bajo otro de la fase III) y IV-S3-36.

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aspecto más elaborado. Su distribución espacial en el cementerio quizá no indica nada (por las comentadas carencias de conocimiento de la fase), pero resulta significativo que la más alejada de estas “estructuras complejas” se encuentra en el sondeo 9 de la IVª campaña, más o menos en el centro del espacio estudiado. Puede apuntarse la idea de que, en el caso de tener el tipo un correlato con la posición socieconómica de los individuos enterrados, la cercanía a la ciudad tuviera un valor añadido a la hora de elegir el lugar donde recibir sepultura. En este sentido también puede valorarse la presencia del panteón identificado como UE III-AA-193 (lámina III), espacio perfectamente delimitado mediante un recinto de lajas de piedra clavadas directamente en el sedimento y con cinco compartimentaciones internas, también mediante lajas o con líneas de mampostería. En su interior se alojan, de norte a sur, las UEFs III-AA-22 y III-AA-23 en un primer compartimento; la III-AA-9 en el segundo; la III-AA-228 en el tercero; en el cuarto no se ha observado la existencia de enterramientos contemporáneos debido a la intrusión de un conjunto de tumbas infantiles que, si bien no forman parte del panteón, pertenecen igualmente a la fase I, aunque más tardías. Aparte las propias tumbas o agrupaciones de éstas, sólo una estructura muraria (UE IV-S3-31), de mampostería (grandes cantos rodados o subredondeados de caliza), podemos considerar a la hora de plantear una posible organización del espacio cementerial. Posee distinta fábrica y orientación que las conocidas en el mismo sondeo para la fase II, dando apoyo a una de ellas (UE-IV-S3-20). Su existencia –con función desconocida– junto al mencionado panteón y la posible concentración de mqabriyyas son los únicos factores organizadores que se pueden apuntar para la maqbara original.

Figura 1. Extensión del cementerio en la fase I.

Por lo demás, y analizando especialmente las plantas de la Vª campaña, se observa que las fosas se encuentran bastante dispersas, quizá debido, en estos primeros momentos, a una mayor disponibilidad espacial en terrenos de bajo coste económico, pues –siendo arenas y arcillas– tendrían escasa rentabili- Lámina III. Panteón de lajas excavado durante la campaña III, área abierta, UE-193. dad agrícola. Parece acertado, así, ubicar la necrópolis en tierra improductiva.16 Unido a ello, la ausencia de muros de distribución facilitaba la elección del emplazamiento de cada tumba. De hecho, no se observa ningún patrón de distribución, como ocurrirá más tarde, que no sean las agrupaciones mencionadas.
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A similar conclusión se llega, por ejemplo, en la necrópolis almeriense de Bab Bayyana (Martínez y otros, 1995: 105).

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4. ANÁLISIS ARQUEOLÓGICO DEL CEMENTERIO-FASE II Se ha expuesto cómo, abandonado el primer cementerio, se procede al relleno deliberado de todo su espacio con característicos sedimentos arenosos mezclados también intencionalmente con fragmentos de conchas de moluscos. Según se desprende del análisis estratigráfico del sondeo 4/5 en la Vª campaña, antes del vertido inicial se encajarían los primeros muros organizadores, dotando a todo el espacio funerario de un renovado aspecto que –es nuestra opinión– podría ser identificado con un nuevo cementerio, conocido hasta ahora como fase II en la necrópolis del Fuerte de Santiago. Es necesario hacer algunas consideraciones sobre la tipología de las tumbas, pues se advierten cambios significativos que implican nuevas prácticas en el ritual aunque, por supuesto, éste sigue siendo el mismo en lo fundamental. En primer lugar, el empleo de fosas simples continúa, pero aumenta porcentualmente su representación hasta llegar al 95’63% (incluido el osario; el 91’94% en la Vª campaña, cuyos valores consideramos más demostrativos).17 Por contra, las cubiertas de tejas (iguales a las anteriores) casi desaparecen, con 3 ejemplares (0’49%, siendo alguno dudoso por lo parcialmente conservado; 0’67% en la última excavación), de manera que esta modalidad, junto a las mqabriyyas, puede considerarse muy característica del más antiguo de los cementerios.
TIPO DE ENTERRAMIENTO Fosa simple F. s. cubierta de mampostería F. s. con cubierta de tejas F. s. con cubierta de ladrillos Fosa con encintado de lajas Fosa con enc. de mampostería F. con enc. lajas y mampostería Fosa con encintado de ladrillos Osarios (fosas simples) TOTALES C. I+II 116 1 2 0 0 1 0 1 1 122 C. III 169 0 0 1 1 0 0 3 0 174 C. IV 167 2 0 0 1 0 0 2 0 172 C. V 137 0 1 0 0 0 10 1 0 149 TOTAL 589 3 3 1 2 1 10 7 1 617 % 95’47 0’49 0’49 0’16 0’32 0’16 1’62 1’13 0’16 100’00

Los demás modos de acondicionamientos observados, salvo las cubiertas de ladrillos o mampostería –0’65% de casi nula representatividad, como en la fase previa–, pueden agruparse en la categoría de “encintados”, ya sean de ladrillos, lajas y/ o mampuestos. En total, son 20 (3’24%) frente a los 3 anteriores (2’19%).18 Si bien no cambia su presencia porcentual, lo que sí se observa es una diversificación en los materiales usados, pues, obviando los enterramientos infantiles más arriba comentados, prácticamente se usan sólo lajas en el primer cementerio. Esto nos da la impresión de cierta provisionalidad en el momento de composición de las tumbas, en el sentido de que se usa lo que se tiene más a mano, habitualmente elementos de poco o nulo valor económico. Estas diferencias, aparte lo estrictamente numérico, no sólo han de enfocarse como evolución de las costumbres, sino que también, y más importante, marcan cambios “culturales” que deben tener un trasfondo ideológico. Unido a los demás aspectos que se comentan más abajo, nos conducen a plantear la propuesta de dos cementerios distintos. De un centenar de tumbas se han recuperado elementos de hierro relacionados con la clavazón y refuerzo de supuestos contenedores: parihuelas y, sin duda, ataúdes. Son clavos, argollas, tachones y cantoneras, cuya disposición microespacial en algunos casos presenta alineaciones que delimitan estructuras latentes no conservadas, generalmente de anchura inferior
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UEF IV-S6-29 fue depositado en una fosa excavada en las arenas de base y cubierto con sedimentos de la fase II (UE IV-S6-14), permitiendo la identificación del perímetro de la fosa (lámina IV). Siendo, como se ha dicho, difícil documentar la planta de estas sepulturas, sin embargo, en los perfiles se aprecian repetidas veces sus huellas. 0’75% y 0’99%, respectivamente, para la Vª campaña.

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Lámina IV. Fosa simple de la campaña IV, sondeo 6, UEF-92.

Lámina V. Inhundación de fosa simple con depósito funerario (campaña IV, sondeo 2, UEF-122).

a 50 cm. Su existencia, además, explica –aunque no siempre– los vuelcos sufridos por los esqueletos, circunstancia difícil de comprender si no es en condiciones de cierta holgura. Otra importante diferencia ritual afecta a la presencia de ajuares o, como algunos prefieren llamarlos,“depósitos funerarios”. Las UEFs III-AA-41, III-AA-59, III-AA-69, IV-S2-122 (muy fragmentado por alteraciones contemporáneas) y IV-S3-65/137 contenían cada uno, a espaldas del cadáver y a la altura de la cadera, un “jarro con pitorro” volcado lateralmente, con la boca hacia el difunto (cinco casos entre 617: 0’81%; ver láminas V y VI). Su significado funerario se vincula con la normal, aunque excepcional, aparición de elementos cerámicos relacionados con el fuego y el agua, sobre lo cual existen diversas interpretaciones.19 Rara vez aparecen objetos de adorno personal (anillo, alfiler…). Merece la pena referir el hallazgo ocasional, fuera de las tumbas, de fragmentos de candiles, que pueden estar asociados a la tradición de cumplir las obligadas oraciones nocturnas durante las siete noches posteriores al sepelio.
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J. Martínez y otros (1995: 108) proponen que estos vasos contendrían agua cuando se depositaron, que contribuirían a un “acercamiento del paraíso” y los analizan como evidencias de una “oposición simbólica” en función de su rareza en los contextos estudiados: “la gran mayoría de individuos no tienen ningún problema para disfrutar de la vida eterna. Por el contrario, la incorporación de elementos simbólicos (...) sólo a algunos (...) nos plantea la necesidad de ayuda que, desde el punto de vista de la comunidad, tienen estos individuos para entrar en el paraíso (...) El ajuar en estos casos parece mediar entre el individuo ‘extraviado’ y Dios (…)”.

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Lámina VI. Ejemplar completo de jarro con pitorro o alcarraza hallado en la campaña IV.

Lámina VII. Estela funeraria algecireña (campaña IV, sondeo 3, nº de inventario 191)

Ya hace tiempo que constatamos la exclusiva presencia de fragmentos de estelas cerámicas vidriadas y decoradas mediante estampillado en esta fase II, sin excepciones (presentamos en la lámina VII el único ejemplar conocido íntegramente conservado).20 En los últimos años se han convertido en verdaderos iconos de la Algeciras de época meriní. No obstante, son muchos los problemas en torno a su cronología. Desde los primeros trabajos en la necrópolis se partía del presupuesto erróneo que identificaba Villa Nueva con al-Bunayya;21 por consiguiente, el recinto norte de la Algeciras medieval se constituía como yacimiento “cerrado” y “monofásico” (TORREMOCHA y otros, 2001: 350) y el uso de su cementerio no podía sino coincidir con la vida de la madina. A pesar de las notables coincidencias entre las estelas algecireñas y las nazaríes de Málaga (alguna muy parecida a las nuestras: ver lámina VIII), siempre se ha insistido en los atributos diferenciales entre ellas para argumentar a favor de la filiación benimerín para las primeras (estampillado bajo vedrío verde, aquí, frente a -por lo general- cubierta estannífera bajo trazos vidriados en cobalto, allí). Con el respaldo de nuestra actual propuesta espacial para las villas en su conjunto y para el Cementerio II en particular, se plantea su pertenencia a la población nazarí de al-Yazirat.22
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Por suficientemente repetida, evitamos su descripción técnica y morfológica, que puede consultarse desde Torremocha y otros (1999: 187-191) hasta Torremocha y Oliva (2003: 200-204), pasando por varios otros trabajos donde se exponen los mismos presupuestos; destacamos, por la amplia representación gráfica que contienen de materiales procedentes de nuestras excavaciones, los de Torremocha y otros (2001), Torremocha y Oliva (eds.) (2002) y VV. AA. (2003). Preferimos esta lectura del nombre de la ciudad, según el argumento semántico que amablemente nos comunica Mª Antonia Martínez (Universidad de Málaga), en clara coincidencia con lo expresado por las fuentes documentales en que basamos nuestra identificación de las villas (ver Jiménez Camino y Tomassetti, e. p., en estas mismas Jornadas). Sin que podamos precisar su perduración -con los consabidos lapsos meriníes y cristiano- entre 1238 y 1379. Trabajamos actualmente en una línea de investigación que procurará definir los distintos momentos de dominio granadino según la documentación histórica y su, en principio, difícil reflejo en las estratigrafías conocidas. Respecto a la identificación de las estelas, hemos consultado con el Acién (Universidad de Málaga), quien se muestra de acuerdo con la identidad entre nuestras estelas de piedra arenisca (fase III; ver más adelante), las rondeñas y las magrebíes, que sí pueden ser consideradas meriníes. Las de cerámica de la fase II podrían fecharse, en coincidencia con los datos estratigráficos, hacia los inicios de lo nazarí, cuando deben aparecer también las malagueñas -discoidales y de orejas-. Respecto a lo específico del tipo en Algeciras, no debe tomarse como argumento contra la hipótesis nazarí, en la medida que las malagueñas son tan extrañas en el ámbito del reino de Granada como éstas, hecho demostrado por la práctica inexistencia del modelo en la propia capital nasrida.

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Claramente destinadas a servir de marcadores externos de las tumbas (ya sean individualmente, en grupos de dos –cabeza y pies– o de cuatro –ángulos–), otra cuestión es su sistematización en subtipos, modelos y dimensiones. Lo poco realizado hasta ahora (TORREMOCHA y OLIVA, 2003: 200-201) carece de profundidad y no aporta nada más allá de la aplicación de la lógica ecuación edad-tamaño sobre una muestra diversa y bastante escasa. Esperamos en breve poder avanzar los resultados de nuestro trabajo a medida que se vayan catalogando los fragmentos inéditos, que superan el centenar.23 Junto a las estelas son habituales los fragmentos de apliques arquitectónicos (de similar técnica y decoración que aquéllas; Lámina IX), olambrillas y fragmentos de ladrillos vidriados. Es difícil concluir algo sobre su presencia en los estratos correspondientes. Hemos considerado que pudieron formar parte del aparato decorativo de los muros de distribución interna, como no parece improbable. Pero hay que ampliar la hipótesis al supuesto de que, al menos en parte, procedan del desmantelamiento de mqabriyyas cerámicas similares a la conocida como tipo N de la maqbara de Gibralfaro (Málaga).24 El cementerio II ha sido sub-fasificado en dos o tres momentos de enterramiento/relleno, según las zonas estudiadas. Sería prolijo exponer por extenso las características definidoras de cada una de estas subfases por campañas, pero puede servir de guía la secuencia conocida en el sondeo 4/5 de la última. Aquí
Lámina VIII. Estela nazarí malagueña.
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La definición de módulos tipométricos y su correspondencia –hasta ahora más o menos intuitiva- con grupos de edad no será rigurosa hasta que se apliquen protocolos de medición y análisis estadísticos sobre la población total de estelas conocidas y de cadáveres, en condiciones idénticas de recuperación arqueológica (es decir, procedentes de los mismos niveles de excavación). Es más, las conclusiones esbozadas en Toremocha y Oliva (2003) entran en abierta contradicción con lo expresado por el primero de los autores en VV. AA. (2003: 90), sobre que la población enterrada en este cementerio es sobre todo masculina y con escasos infantes, para llegar a la afirmación del “carácter militar de la mayor parte de los residentes en la ciudad (guarnición de ‘Voluntarios de la Fe’ norteafricanos)”. Ambas premisas son falsas: el silogismo, necesariamente. Se han documentado individuos que, según análisis de visu, pertenecen a todos los grupos de edad de ambos sexos. Por primera vez se acometerá un estudio antropológico de los restos óseos en breve, financiado por SOMIXUR S. A. y coordinado por la Fundación Municipal de Cultura. De sección triangular (19 cm de base por 13 de altura), con decoración estampillada de motivos vegetales, epigráficos y geométricos (Fernández Guirado, 1995: 46, fig. 3 y fot. 5). Sospechamos que algunas piezas catalogadas como “pilas de abluciones” pertenecerían a elementos como el descrito (por ejemplo, Torremocha y Oliva, eds., 2002: nº 150).

Lámina IX. Aplique cerámico procedente de la campaña IV.

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hemos dividido esta fase en dos: subfase IIA (la más antigua) y subfase IIB (la más moderna) diferenciándose entre ellas –además de por los niveles de enterramiento– por la desigual alteración química sufrida, estando el sedimento de la primera oxidado, con coloración roja oscura. En este sentido, hemos descartado inicialmente hacer un estudio de cotas ya que, como también se ha podido comprobar, no se da una norma en las profundidades medias de las fosas, pudiéndonos llevar a engaño, tanto por la incertidumbre de las subfases que sería posible distinguir según este método, como por la circunstancia de que, estudiando los valores totales en los nueve sondeos de la IVª campaña en que se excavaron sepulturas, hay una secuencia prácticamente sin solución de continuidad desde los 17’72 (la cota mínima conocida) hasta los 20’44 m.s.n.m. (cota máxima), siendo el mayor salto entre cifras de 4 centímetros, que consideramos poco significante. Subfase IIA. La fundación del segundo cementerio se produce mediante la inserción de muros de mampostería irregular con paredes exteriores estucadas y decoradas.25 Su construcción altera a veces las inhumaciones del primer cementerio. Levantadas dichas estructuras, servirán de contención a los sucesivos rellenos, cuyo vertido respetará las principales zonas de tránsito. A partir de este momento, las inhumaciones se practican al interior de los espacios rellenados.26 Se lleva a cabo una profunda transformación del espacio funerario que poco tiene que ver con la llamada fase I: la compartimentación del espacio mediante la construcción de cuatro estructuras murarias (numeradas del I al IV) que habilitan un espacio de tránsito (de c. 2’80 m de anchura) y conforman un trazado más o menos ortogonal interrumpido por accesos a distintas zonas funerarias. Como es habitual, no soportaban techumbre y conservaban unos 70 cm de alzado. Se encontraban volcados a contraplomo sobre la vía intermedia (que no había sido rellenada por los nuevos depósitos pero contenía inhumaciones de la fase I), en la cual descansaban sus derrumbes. Los muros aparecen estucados y con preparación para ser decorados sea con pintura, sea mediante la colocación de apliques arquitectónicos. Todo el conjunto funciona también durante la subfase IIB.27 Como se dijo antes, estas estructuras (salvo la IV) sirven de límites a una línea de tránsito de la que difluyen varios accesos a las zonas de enterramiento. Creemos que es ésta su principal función pues no condicionan la deposición de las hileras de tumbas (salvo, otra vez, la IV, en la subfase IIA), como en los otros casos conocidos (sondeos IV-2 y IV-3,
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En el sondeo 3 de la IVª campaña, sin embargo, parece que primero se procede al relleno y después al murado, como también intuimos para la excavación de 1997, afectando a esqueletos del propio cementerio II. De hecho, la secuencia de acciones en esta primera campaña parece ser: relleno>inhumaciones>muros>inhumaciones; en la IVª, se procedería: relleno>muros>inhumaciones>realce de muros y relleno>inhumaciones; mientras que en la última la sucesión parece: muros>relleno>inhumaciones>relleno>inhumaciones. No es posible establecer coetaneidad entre unas y otras acciones según las zonas, pero, a primera vista, parece que las diferencias entre secuencias pueden estar informando de que se empezarían los trabajos con rellenos iniciales (quizá posteriores a las estructuras del sondeo V-4/5) donde se excavan las primeras tumbas, avanzando de sur a norte; más tarde se acometió la división interior de la maqbara, cuando en el sondeo de 1997 ya existían fosas (que sufren desperfectos) pero aún no se ha inaugurado el espacio ocupado por los sondeos IV-2 y IV-3. Así, el orden espacial de las inhumaciones en la IVª campaña se encuentra claramente dirigido por las alineaciones murarias. Sin embargo, no ocurre igual en el sondeo V-4/5, donde las estructuras I, II y III (no la IV) parecen funcionar como límites de un “camino” pero no condicionan las deposiciones. Entre las monedas recuperadas hay piezas que pueden estar reforzando la idea de un crecimiento gradual, incluso de los rellenos, sur-norte; se conoce medio dirham almohade en posición muy meridional, la UEF III-AA-129, mientras que apareció un cornado de vellón de Sancho IV (1284-1295) en la UE V-4/5-624 (casi el límite norte). Estos datos son muy provisionales, a expensas del estudio numismático completo. Hasta ahora sólo se han publicado los resultados de cinco ejemplares, del periodo de ocupación cristiana de la Iª campaña, en Mora (1998). Estamos procediendo al análisis de las orientaciones de los esqueletos por fases-subfases y por zonas. Mientras tanto no tengamos resultados definitivos preferimos obviar los datos, que podrían falsear las conclusiones con apreciaciones poco meditadas. Estructura I (UE V-4/5-604+657): paramento de 1’10 m de largo que forma esquina con otro de 1’90 m que se pierde en el perfil; no conserva restos de estuco. Estructura II (UE V-4/5-607+606+609+649+642+643+644): la de mayores dimensiones; conservaba más de 11 m, de mampostería irregular trabada con barro y argamasa; en su cara oeste, frentes estucados con paneles incisos de líneas simétricas como preparación para su decoración (en su derrumbe, fragmentos de estuco pintado –líneas rojas sobre blanco-). Estructura III (UE V-4/5-646+647): esquina suroeste, similar a la estructura I. Estructura IV: Conformada como un rectángulo de tres lados conservados (UE V-4/5-630+616+614), uno de los paramentos en UE-630 y UE-616 presentan un cuidado enlucido donde se marcan líneas guía que suponemos servirían de ejes para la fijación de apliques arquitectónicos (se han conservado numerosos fragmentos en sus derrumbes). La opuesta cara de UE-616, con restos del estuco primitivo. Pensamos que la función original de esta estructura sería la de panteón o edificio cultual. Su parte inferior queda conformada por un baquetón a modo de ancho zócalo hecho con tejas y material constructivo ligados con argamasa y recubiertos por estuco; debía proteger la base arquitectónica de la escorrentía de aguas.

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especialmente). En estos últimos se han interpretado como parte de un sistema de “calles de enterramiento” que consiste en alineaciones paralelas de muros, separados entre sí 3’603’80 m, dentro de cada una de las cuales se distribuyeron las tumbas en dos filas, también paralelas. De manera transversal, se habilitarían vías de acceso con orillas reservadas (“aceras”), que permitirían el desplazamiento a través de las mencionadas “calles”. Este sistema organizativo se mantendrá a lo largo de la vida útil del cementerio (realzando paramentos para ganar altura tras un nuevo relleno), pero termina desestructurado al final, cuando los muros sufren algunos desperfectos por la excavación de las últimas fosas.28 Subfase IIB. Con la base de la misma organización espacial, y aunque nos han llegado parcialmente removidas por construcciones y destrucciones contemporáneas, continúan funcionando las calles de enterramiento, excavadas las fosas en nuevos rellenos aportados de iguales composición sedimentológica e inclusiones. Constituye el más moderno uso del segundo cementerio y sobre él se producen las primeras Figura 2. Planta de las fases I (almohade) y II (nazarí) amortizaciones de época bajomedieval. Se aprecian, no obsdel sondeo 4/5 de la campaña V. tante, inhumaciones más allá de los límites impuestos por las estructuras del sondeo V-4/5 que, a pesar de todo, siguen respetando la zona de tránsito. Llama la atención la UE-V-4/5658, donde se detecta la rotura de una estructura de mampuestos por el impacto de un pequeño bolaño, que hemos de relacionar a priori con las operaciones de asedio castellano de mediados del siglo XIV. Otros bolaños se han recuperado en la misma fase del sondeo V-6.

5. ANÁLISIS ARQUEOLÓGICO DEL CEMENTERIO-FASE III Importante novedad de la IVª campaña fue la identificación de una tercera fase en la secuencia de uso de la maqbara. Ello se deriva del análisis estratigráfico en el sondeo IV-S3, donde se observa que la apertura de las huesas corta los muros y rellenos del segundo cementerio (lámina X), desde un nivel de suelo que ha quedado fosilizado como depósito arenoso de carácter húmico cubriendo los estratos de la fase II. Con ello, terminan de desestructurar la organización interna del espacio de la maqbara que creemos nazarí. Parte del escombro producido al romper los muros se utilizará para componer las cubiertas. La tipología de sus tumbas resulta muy homogénea, siendo las siete reconocidas, todas, fosas con cubierta de mampostería. Pueden distinguirse de las de la fase precedente en una disposición más irregular de los mampuestos, que no delimita con

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No hemos diseñado por completo una interpretación global para la totalidad de muros conocidos en el cementerio II. Existen en los sondeos I-AA, III-AA, IV-2, IV3 y V-4/5, es decir, en todos aquellos de superficie superior a 9 m2, salvo en los afectados por estructuras o destrucciones moderno-contemporáneas, lo que nos hace sospechar que el sistema era generalizado para todo el espacio necropolitano. Es posible que en parte respondan a espacios segregados de carácter grupal (familiar u otro), los llamados panteones, como en el sondeo IV-2 y el V-4/5, pero la exposición de todos los datos desbordaría los límites de esta comunicación. Preparamos actualmente una monografía sobre el cementerio del Fuerte de Santiago que esperamos vea la luz en el plazo de un año.

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nitidez su planta, superponiéndose a veces entre ellas, de manera que la primera visión del conjunto presenta un aspecto similar al de un derrumbe.
TIPO DE ENTERRAMIENTO F. s. cubierta de mampostería TOTALES C. I+II 0 0 C. III 0 0 C. IV 7 7 C. V 0 0 TOTAL 7 7 % 100’00 100’00

Bajo la mampostería existían fosas sencillas en que se colocan los cuerpos dispuestos y orientados según la pauta general. Cuatro de ellas han proporcionado clavos. Otra primicia fue la aparición de estelas de piedra. En el cuadrante suroriental del sondeo IV-3 se encontraba in situ, clavado en la tierra y calzado por un fragmento de ladrillo y una laja, el pie tabular de una estela de arenisca (en que se fabrican todos los ejemplares), de forma trapezoidal (cota absoluta: 20’06 m.s.n.m.), en coincidencia estratigráfica con los enterramientos pero, debido a afecciones contemporáneas en su entorno inmediato, sin relación con cubierta ni cadáver alguno (lámina XI-1). Estratificados, pero removidos de su posición original, se recuperaron otros dos fragmentos (lámina XI-3) y aún se recogieron otros tantos ejemplares en prospección de superficie:29 parte del remate de una (en arco túmido) y del cuerpo central de otra (rectangular, con “apéndices laterales” y estucada en blanco; lámina XI-2). El tipo general puede describirse como estela con peana tabular y remate en disco que reproduce un arco apuntado o de herradura, pudiendo tener pequeños apéndices laterales en la unión entre los dos cuerpos. La novedad estriba en que esta clase de estelas, hasta ahora, sólo se había documentado, para al-Andalus, en Málaga y, sobre todo, en Ronda, fechadas en los siglos XIII y XIV (ver MARTÍNEZ, 1994: 455-456, que refiere el estudio de PAVÓN, 1980). La arqueología puede aportar unas datas mínima y máxima entre mediados del XIII y mediados del XIV, que más abajo afinaremos. La opción de un origen meriní para ellas parece el más acertado, en tanto la existencia del tipo en Málaga es poco o nada representativo (MARTÍNEZ, 1994: 455 refiere un solo ejemplar), mientras que abundan en Ronda (una de las pocas plazas fuertes de los benimerines, ver MANZANO, 1992: passim) y el norte de África (Argelia, Túnez, Marruecos... Por ejemplo, en Rabat y Salé, poblaciones del emirato benimerín en los siglos XIII-XIV; ver BOURRILLY et LAOUST, 1927: 93). Hay que valorar, por tanto, la presencia de este reducido grupo de tumbas como la utilización del espacio cementerial en un momento en que, posiblemente, éste había dejado de funcionar y cuando las estructuras que lo organizaban internamente, en todo o en parte, se encontraban ocultas a la vista por la colmatación de sus alzados. Creemos que lo localizado del conjunto y su homogeneidad constructiva puede ponerse en relación con la presencia, otra vez, de un grupo humano distinto al que había mantenido vigente el cementerio con anterioridad.

6. SÍNTESIS HISTÓRICA DEL CEMENTERIO ISLÁMICO DEL FUERTE DE SANTIAGO. El resumen de todo lo expuesto propone una interpretación bien distinta de lo que hasta ahora se ha escrito sobre el cementerio –los cementerios– del Fuerte de Santiago. Hemos conseguido plantear un amplio conjunto de hipótesis que afectan tanto a la secuencia de uso de este espacio funerario como a las características propias de cada una de las fases determinadas. Respecto a la fase I, que inaugura la serie de enterramientos y, al tiempo, la ocupación humana de este espacio extramuros de la ciudad, lo definimos como cementerio I, de época almohade. Su cronología depende tanto del estudio de los artefactos
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Los estratos de esta fase fueron en parte y superficialmente afectados por el rebaje mecánico previo a la excavación. No hay motivos para dudar de la procedencia de estas piezas que, además, aparecieron muy cerca de los sondeos IV-S2 y IV-S3.

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Lámina X. Fosa de una inhumación perteneciente a la fase III, cortando estructuras anteriores (campaña IV, sondeo 3).

Lámina XI. Estelas de piedra arenísca procedentes de la campaña IV.

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materiales contenidos en los depósitos estratigráficos correspondientes como de la comparación del conjunto de superestructuras funerarias con los estudiados en otros lugares. Las cubiertas de tejas suelen considerarse, en la mayoría de necrópolis islámicas estudiadas en medios urbanos andalusíes, las más antiguas, incluso desde el siglo IX.30 El uso de las mqabriyyas es habitual en los siglos XII y XIII (significativamente en las maqabir de Bab Bayyana y Saria qadima de Almería; MARTÍNEZ y otros, 1995). Apenas nada sabemos sobre su organización interna, salvo que también se levantó algún muro (la UE III-S3-31), dato que no podemos valorar con precisión. Se caracteriza por una distribución espacial diferencial entre los tipos de tumbas más significativos: tumbas “de prestigio” (mqabriyyas y afines) entre la línea septentrional de murallas y el centro aproximado del espacio ocupado hasta ahora conocido; tumbas simples y cubiertas con tejas por toda la superficie. La realidad social que ello parece traslucir apunta a la presencia, en las zonas más cercanas a la puerta del fonsario, de una población numéricamente significativa (en torno al 8%) cercana a los círculos de poder local. En 1231, Algeciras y Gibraltar se someten voluntariamente a la autoridad de la taifa murciana de Ibn Hud. Siete años más tarde Muhammad ben Yusuf ben Nasr somete Málaga y la región de Algeciras. La llegada nazarí supondrá, en nuestra opinión, la creación del segundo cementerio. Sobre los motivos que mueven a las nuevas autoridades nada hemos averiguado aún en las fuentes, pero su fundación resultaba de evidente utilidad: “constituía un acto piadoso, grato a los ojos de Dios. El que la hacía gozaba de beneficios en la otra vida, lo mismo que si hubiera edificado una mezquita, excavado un pozo o reparado un puente” (TORRES BALBÁS, 1957: 144). La obra acometida es además de un enorme volumen y, probablemente, no se ejecuta de una vez sino que avanza por etapas, desde el entorno del principal acceso a la madina hasta los alrededores del arroyo que suponemos el límite septentrional máximo de todo el complejo, por donde hoy discurre la calle Fray Tomás del Valle31 . Un mínimo de 20.000 m3 de arena mezclada con trozos de conchas marinas cubren al final del proceso este vasto espacio que ya no alojará más a los cuerpos de los muwahhidun, los “unitarios”. Aún no alcanzamos a explicar con detalle el significado político y, por ende, religioso de esta magna obra pública (pues no se entiende una iniciativa popular que la llevara a término).32 Se abre, eso sí, una atrayente línea de investigación. No olvidemos que durante el siglo XIII, con fuerte incidencia en la Málaga de los banu Asquilula y en la Murcia hudí, se desarrolló un ambiente religioso marcado por el sufismo místico, corriente que caló entre las clases populares y que se ha llegado a interpretar como “una de las crisis más acusadas de la cultura musulmana”. Los intelectuales se esforzaron en refutarla, apoyados por el poder estatal –defensor de la ortodoxia malikí– que llega a tomar medidas drásticas (GUICHARD, 2002: 242-243). Las acciones de “ocultamiento” del primer cementerio pudieran corresponderse con un amplio programa de damnatio memoriae irradiada desde el emirato granadino contra la zandaqa (herejía) sufí.

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Evitamos exponer por extenso los paralelos conocidos, que nos obligaría a dilatarnos, innecesariamente, con multitud de datos que de manera rápida el lector puede consultar en la obra clásica de Torres Balbás (1957), en los distintos artículos contenidos en Acién y Torres (eds.) (1995) –casos de Málaga, Almería, Granada y Toledo–, en Peral y Fernández (1990) para el malagueño cementerio de Gibralfaro, etc. El sondeo nº 49 del programa de control del soterramiento de contenedores de basuras ejecutado por la empresa URBASER -practicado en su acera de impares- no aportó ninguna evidencia medieval. Por el este llegaría hasta el perfil acantilado sobre la antigua playa, hoy avenida Virgen del Carmen. Su término a poniente resta desconocido, constando algún dato inconcreto sobre hallazgos de huesos en el Parque María Cristina. Es difícil sustraerse a la tentación de relacionar los rellenos de la necrópolis con otros excavados en diversos solares dentro de la ciudad, caso del trasero a la iglesia de la Palma, donde, rodeando a un amplio edificio público, se vertieron distintos paquetes arenosos que, al menos, cambian bruscamente la trama urbana preexistente (Tomassetti, 2000). Aún no hemos podido fechar con precisión estas modificaciones bajomedievales pero actualmente se trabaja de nuevo en la misma excavación para la puesta en valor de parte de las ruinas conservadas.

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Tampoco descartamos un significado ritual al procedimiento empleado. Tenemos noticia de que, por ejemplo, en Salé, se practicaba con frecuencia el enterramiento bajo conchas marinas.33 Nos parece interesante asociarlo a la noción de “refrescar la tumba” con que también se ha relacionado la aparición de jarros entre los escasos depósitos funerarios: según la escatología musulmana, durante los siete días posteriores al entierro (el tiempo del “castigo de la tumba”) ésta arderá y despedirá calor; los familiares del finado a veces riegan o siembran plantas en sus alrededores, costumbres a menudo reprobadas por los alfaquíes (ver, por ejemplo, FIERRO, 2000:181-183). No es descartable que la instalación de las tumbas en arena de playa y la inclusión en algunas de los citados “jarros con pitorro” –con las precisiones hechas en la nota 19– tengan sentido en esta línea. Otra evidencia que fortalece nuestras hipótesis, al tiempo que ayuda a explicarlas, es la introducción de estelas cerámicas, quizá de manera progresiva (más escasas a muro del paquete sedimentario), que inciden en la adquisición de usos culturales que nos acercan el ritual de enterramiento al practicado en la zona malagueña de dominio nazarí. Si nos dejamos llevar por los números conocidos, la ciudad habría crecido en número de habitantes y, en consecuencia, los decesos habrían aumentado considerablemente.
CAMPAÑA I y II III IV V TOTALES CAMPAÑA I y II III IV V TOTALES BASE 100 BASE 100 Vª C. FASE I 12 38 21 66 137 FASE I 8’96% 17’92% 10’50% 30’70% 18’00% 100’00 100’00 FASE II 122 174 172 149 617 FASE II 91’04% 82’08% 86’00% 69’30% 81’08% 450’36 225’76 FASE III 0 0 7 0 7 FASE III 0’00% 0’00% 3’50% 0’00% 0’92% 5’11 0’00 TOTAL 134 212 200 215 761 TOTAL 100’00% 100’00% 100’00% 100’00% 100’00%

A pesar de tratarse de cálculos sobre datos aún imprecisos, nos atrevemos a hacer las siguientes consideraciones sobre la población. Es posible que ambos cementerios hubieran tenido una vida aproximada de entre 91 y 92 años (el primero entre 1146 y 1238; el segundo entre 1238 y 1329, aunque podría llevarse hasta 1342); tomando como “base 100” el número total de individuos enterrados en el primero de ellos, y habida cuenta de tratarse de un lapso temporal casi idéntico, el número de habitantes quizá se multiplicaría, con los nazaríes, por 4’50 o por 2’25 (según si atendemos a las cifras totales o a las de la Vª campaña).34 Sabemos, sin embargo, que no era ésta la única maqbara en Algeciras (al menos había otra en la Villa Nueva), lo cual quita aún más valor al poco que tienen estas estimaciones.35
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Refieren Bourrilly et Laoust (1927: 1, nota 1) que “le champ ovale ou rectangulaire de la tombe, circonscrit par des pierres, est garni tout entier d’une couche de moules (unio) que l’on trouve sur place, dans les amoncellements impressionnants des déchets que laissent les pècheurs de moules sur la dune de la Msalla” [el campo oval o rectangular de la tumba, circunscrito por piedras, está guarnecido por completo de una capa de conchas (unio) que se encuentran en el lugar, en los impresionantes montones de desechos que dejan los pescadores de moluscos sobre la duna de la Msalla]. La traducción es nuestra. El Cementerio II ofrece un total de 617 cadáveres para 1.582 m2 excavados, a razón de 0’39 individuos por metro cuadrado. La maqbara se extiende, al menos, sobre unos 20.000 m2 (aunque seguramente es más amplia). Si se mantuviera la proporción calculada para esta superficie, podríamos hablar de una cifra en torno a los 7.800 individuos enterrados, sólo para esta fase. Si su duración fueran los dichos 91 años, las defunciones anuales habrían sido de 85 u 86. Se ha excavado parte de otro cementerio en la ladera norte del recinto meridional (al-Bunayya), quizá coetánea -en todo o en parte- con la del Fuerte de Santiago (Iglesias y Lorenzo, 2002). El viajero Ibn Sa‘id al-Magribi (1208-1286) escribe sobre Algeciras en el Libro de las Banderas de los campeones: “los cementerios son tan hermosos que su contemplación arrebata los corazones” (ver Abellán, 1996: 48). El subrayado es nuestro. Se trata de la única cita conocida en una fuente islámica sobre las necrópolis algecireñas.

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Hemos aportado nueva luz acerca de la organización interna de este renovado espacio cementerial. Desde su fundación, se organiza mediante el establecimiento de lo que hemos llamado “calles de enterramiento”, dentro de cada una de las cuales se distribuyeron las tumbas en dos filas paralelas. De manera transversal, se habilitarían vías de acceso (¿con aceras?), que permitirían el desplazamiento a través de aquéllas. La línea de tránsito documentada en el sondeo V-4/5, por los argumentos ya expuestos, podría tener un carácter distinto, identificable con el camino a Gibraltar que, cruzando la musallà y el espacio de los muertos, conduce a la puerta del fonsario de al-Yazirat al Hadra, permaneciendo como arteria de comunicación hasta la actualidad.36 En su día asimilamos el tercer cementerio a un uso epigonal de su espacio, en función de la escasez de entierros documentados. Ciertamente no podemos valorar su existencia en términos paleodemográficos pues, siendo la fase más cercana a la superficie, ha debido sufrir más que ninguna otra remociones a lo largo de los siglos. Por un lado, es evidente que no supone cambios radicales, sin preparaciones observables, sino que encaja sus tumbas sobre las precedentes, afectando a los muros preexistentes, que debían encontrarse ocultos a la vista. Ello no supone, sin embargo, lapso temporal alguno, o al menos no importante, pues la colmatación de las estructuras murarias se produjo ya a finales de la fase II. Por otro, es muy reveladora la vinculación entre estas siete tumbas, sus cubiertas de mampostería siempre iguales y las estelas de piedra arenisca. Sabemos que, en su lucha por sustituir al poder almohade en el Maghreb, la intervención meriní no albergaba la idea de “una profunda reforma religiosa con nuevos matices en materia jurídica o ritual, sino (…) un pretendido restablecimiento del orden civil (...), la restitución del desequilibrio demográfico resultante de la derrota de las Navas de Tolosa, y (…) la recuperación de los valores tradicionales del Islam” (MANZANO, 1992: XXVI-XXVII). Portadores de sus costumbres, acaso algunos se entierran en el mismo lugar que los habitantes de Algeciras lo hacían desde decenios antes. Pero ¿cuándo? Sospechamos, por su posición estratigráfica relativa, que inmediatamente antes de que las huestes cristianas conviertan en frente de batalla el lugar. A título de hipótesis, ésta más que ninguna, podría fecharse este grupo de inhumaciones entre 1329 (cuando Muhammad IV devuelve Algeciras a Abu Sa’id) y 1342 (en septiembre, Alfonso XI muda su real desde la Torre de los Adalides a la zona del fonsario). Somos conscientes de que la múltiple alternancia entre dominio nazarí y meriní de Algeciras (1238-1342) se explica mal con esta secuencia lineal que hemos planteado. No podemos llegar más allá en estos momentos. Consideramos verosímil que el cementerio de fundación nazarí estaría vigente a lo largo de todos estos años, independientemente de quien detentara el waliato, y siendo en lo fundamental las mismas gentes quienes vivieron –y murieron– en la madina. Las expediciones meriníes tuvieron un marcado carácter militar desde el principio (la primera, de 1275). Su aporte demográfico sería eminentemente de soldados: se les dota, según nuestras actuales propuestas (ver nota 21), de un “campamento” aislado al sur del río de la Miel (al-Bunayya) con el que debemos relacionar a priori el cementerio de la calle Méndez Núñez. En qué grado se produjo la integración entre ambas poblaciones es un extremo que no podemos precisar, si bien el estudio antropológico proyectado podrá aportar datos fundamentales.

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No podemos detenernos en la exposición de los argumentos que avalan la identificación entre los elementos citados y los restos conocidos. Remitimos otra vez a nuestro trabajo en este volumen que revisa la hipótesis tradicional de las villas medievales. La Crónica de Alfonso XI cita 23 veces el “fonsario” de la Villa Vieja y 6 la “puerta del fonsario”. Nuestra interpretación del proceso de asedio establece el campamento del rey a septentrión del recinto norte, entorno donde deben localizarse estos dispositivos urbanos: Veyendo el Rey que lo mas flaco de la ciubdat era de la parte del fonsario, mandó que todos los engeños, et trabucos que tenian puestos en derredor de toda la villa vieja, que los mudasen todos, porque tirasen al muro de la villa, que es desde la puerta del fonsario fasta la mar, et señaladamiente que tirasen á la torre desta puerta, et á la torre del Espolon, que estaba cerca de la mar (...) (Crónica, Cap. CCLXXXIX, p. 358 de la edic. de ROSSELL, 1953). Respecto a la musallà, en el Cap. CCLXXI, se dice: et el Maestre de Sanctiago posó en un logar que los Moros tenian hecho para matar el carnero en la su pasqua, que es cerca del fonsario (Rossell, 1953: 345).

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El asedio y posterior ocupación de los castellanos y sus aliados acabaron con la vida del cementerio. Dejamos para otra ocasión los detalles que revelan las estratigrafías al respecto, como la existencia de una posible cava en la zona del sondeo IV-S10. En cualquier caso, hay que decir que la superposición de los estratos con materiales de filiación bajomedieval cristiana sobre los niveles de enterramiento informan de una deposición directa sobre la rasante del último uso de la maqbara, que, como hemos visto, sufrió el impacto de proyectiles, la destrucción de tumbas, etc.
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SANTIAGO, EL ÚLTIMO
FUERTE DE ALGECIRAS
Ángel J. Sáez Rodríguez / Óscar Sáez Rodríguez
El Bien de Interés Cultural que constituía Fuerte Santiago, en Algeciras, ha sido destruido por una desafortunada combinación de ignorancia, incompetencia, desidia e intereses urbanísticos. Ignorancia de un pueblo que rara vez ha sabido hacer valer su derecho para que se protegiese el patrimonio monumental legado por sus mayores. Incompetencia y desidia de las administraciones públicas encargadas de velar por su conservación. Finalmente, intereses urbanísticos a los que unas pocas piedras cargadas de historia podían molestar en el último episodio de la especulación del precio de la vivienda en pleno centro de la ciudad. Esta es su historia.

1. ESTADO DE LA CUESTIÓN Hasta que el coronel Rafael Vidal Delgado presentó en 2000 su libro titulado El Fuerte de Santiago y la batalla de Algeciras, esta fortaleza había sido objeto de escasa atención por parte de los investigadores de la historia algecireña y general.1 Unos años antes, el teniente coronel Guillermo Frontela Carreras había repasado su historia con detalle en El Regimiento de Artillería de Costa Nº. 5. Medio siglo de la artillería de Algeciras (1943-1993), libro publicado en 1993.2 En 1998 el tema se abordó en la ponencia del autor de estas páginas titulada "Las Líneas Españolas. Los fuertes costeros del Campo de Gibraltar en el XVIII", presentada en las VIII Jornadas Nacionales de Historia Militar de la Cátedra General Castaños.3 Desde finales del siglo XVIII y durante el XIX figura en todas las relaciones militares sobre el estado de la defensa costera española, que serán citadas a lo largo del presente trabajo, aunque hasta los tres trabajos referidos nunca habían sido aprovechados por los investigadores. Asimismo es elemento integrante de la cartografía histórica de la ciudad desde finales del XVIII, de cuyo absoluto desconocimiento han dado muestra políticos y técnicos responsables de la gestión del patrimonio monumental de esta ciudad a lo largo de su historia (véase ilustración 1). Además de los casos precedentes, existen breves referencias en distintos autores ya clásicos, como el viajero y quizás espía inglés Robert Semple, quien, en 1805, dejó constancia de su admiración por el protagonismo del fuerte artillero en la derrota inglesa de 1801: “Si un inglés curioso pregunta por la batería que pudo con el Hannibal, se sorprendería al ver una especie de fortín, rodeado de un muro bajísimo, con seis u ocho cañones pesados de bronce”.4
1 2 3

4

R. Vidal Delgado, El Fuerte de Santiago y la batalla de Algeciras, Regimiento de Artillería de Costa Nº 5, Algeciras, 2000. G. Frontela Carreras, El Regimiento de Artillería de Costa Nº. 5. Medio siglo de la artillería de Algeciras (1943-1993), Algeciras, 1993, págs. 47 y ss. A. J. Sáez Rodríguez, «Las Líneas Españolas. Los fuertes costeros del Campo de Gibraltar en el XVIII», VIII Jornadas Nacionales de Historia Militar (Sevilla-1998), Milicia y sociedad en la baja Andalucía, siglos XVIII y XIX, Actas de las VIII Jornadas Nacionales de Historia Militar (Sevilla-1998), Cátedra General Castaños, Madrid, 1999, págs. 425 y 426. R. Semple, Observations on a journey through Spain, Londres, 1807, transcrito en M. Bueno Lozano, El renacer de Algeciras a través de los viajeros, Colección “El Castillo de Jimena”, nº 2, Algeciras, 1988, pág. 94.

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Montero, en 1860, narra de manera escueta la batalla de Algeciras, con intervención de nuestro fuerte, a cuyo fuego atribuye de manera principal la captura del Annibal, al que habría acribillado al quedar encallado en sus cercanías,5 mientras que Luna apenas si lo cita.6 Del mismo tenor es la información de Santacana.7 Pascual Madoz, a mediados del siglo XIX, le concedía especial protagonismo en la batalla naval de Algeciras. El autor resalta la importancia de “esta ciudad y su puerto, en la cual se rindió el navío inglés Annibal, al fuerte de Santiago, batido por él y una división de buques franceses, en el año 1802".8 En la obra de Pérez-Petinto constan algunas breves referencias a la fortificación, en la línea de la escasa atención que presta a las construcciones militares de la ciudad.9 Tanto el historiador linense Francisco Tornay10 como la Historia de Algeciras. Moderna y contemporánea editada en 2001 por la Diputación de Cádiz insisten en los mismos datos ya referidos,11 al igual que Torremocha Silva en su Breve historia de Algeciras.12 La Historia urbana de Algeciras publicada en 1999 tan sólo menciona su existencia,13 mientras que no encontramos referencias al mismo en los libros del cronista de la ciudad de Algeciras, Cristóbal Delgado. El monumento consta como edificio a proteger en la Memoria de los edificios de interés histórico-artístico de Algeciras y su término, realizada por Carlos Gómez de Avellaneda en 1980, por encargo del Ayuntamiento de Algeciras,14 documento que, en varias copias, ha circulado por la institución municipal y otras de carácter provincial. También parece constar, aunque de forma imprecisa, en el Catálogo de Bienes Arqueológicos Protegidos del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.15

2. EL ÚLTIMO FUERTE DEL SISTEMA COSTERO DEL XVIII ANTE GIBRALTAR Tiene escasa tradición en estas tierras la advocación de Santiago el Mayor. Hay que remontarse a la conquista de Algeciras en el siglo XIV para localizar la presencia de caballeros de su orden en el Campo de Gibraltar, habiendo participado bajo el mando de Alfonso XI en el asedio de la plaza, concretamente en el sector sur de la Villa Vieja.16 También es tardomedieval la iglesia tarifeña de Santiago o de Jesús, intramuros del extremo oriental del barrio de la Aljaranda, junto al lugar por donde asegura la tradición que entraron las huestes de Sancho IV en la ciudad en 1292.17

5 6 7 8 9 10 11

12 13 14 15

16 17

F. Mª Montero, Historia de Gibraltar y de su campo, Imprenta de la Revista Médica, Cádiz, 1860, pág. 378. J. C. de Luna, Historia de Gibraltar, Madrid, 1944, pág. 470. E. Santacana y Mensayas, Antiguo y moderno Algeciras, Algeciras, 1901, pág. 110. P. Madoz, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1845-1850), Provincia de Cádiz, ed. de Ramón Corzo Sánchez y M. Toscano San Gil, Caja de Ahorros de Cádiz, Cádiz, 1987, pág. 41. M. Pérez-Petinto y Costa, Historia de la muy noble, muy patriótica y excelentísima ciudad de Algeciras (Inédita), 1944, fols. 125 y 128 de la copia mecanografiada. F. Tornay de Cozar, La Línea de Gibraltar, 1730-1810. Origen histórico militar de La Línea de la Concepción, Diputación Provincial, Cádiz, 1981, pág. 64. M. Ocaña Torres, “El siglo XVIII: el resurgimiento”, en Historia de Algeciras. Moderna y contemporánea, vol. 2, M. Ocaña Torres (coord.), Diputación Provincial de Cádiz, Cádiz, 2001, pág. 98: “Batería o Fuerte de Santiago, cuyas primeras noticias datan de 1716, a diez metros de altura sobre el mar [...]. Su misión era la defensa del surgidero del río de la Miel”. En la misma obra, en el capítulo dedicado al siglo XIX, J. Ignacio de Vicente Lara, “El siglo XIX: la consolidación”, pág. 192, recoge las noticias de F. Montero y R. Semple. A. Torremocha Silva, Breve historia de Algeciras, Ed. Sarriá, Málaga, 1999, pág. 62, donde figura como ya existente en 1799. A. Mª Aranda Bernal y Fernando Quiles García, Historia urbana de Algeciras, Junta de Andalucía, Sevilla, 1999, pág. 198. C. Gómez de Avellaneda Sabio, Memoria de los edificios de interés histórico-artístico de Algeciras y su término, inédito, Algeciras, 1980. Figura cierta fortificación de la Edad Media (sic) en este registro oficial de la Junta de Andalucía, con el código 110040034 y el nombre “Calle Fuerte de Santiago”. Posiblemente tan sólo aluda a la prolongación de la Avenida Blas Infante hasta la Avenida Virgen del Carmen. La precisión y utilidad de este catálogo es dudosa, ya que recoge otros bienes arqueológicos como la Torre de don Rodrigo, destruida hace un siglo (código 110040025) . Crónica de don Alfonso el Onceno, B.A.E., Vol. LXVI, Editorial Atlas, Madrid, 1953, pág. 345. Sostiene una tradición de origen desconocido, según se leía en una lápida que existió en el camarín de dicha iglesia, que por un postigo allí situado entraron las tropas y ganó la ciudad el rey castellano: “En 21 de setiembre de 1292, reinando D. Sancho IV el Bravo, se ganó esta ciudad de los moros por el postigo de Santiago que está tapiado”. F. Mª Montero, op. cit., págs. 113 y 114.

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Sólo en el siglo XVIII vuelve a aparecer el nombre con motivo de la construcción de una posición de artillería al norte de Algeciras, situada a 36º08’10"N y 05º26’48"W, dentro del esquema defensivo de sus costas que serán desarrollado seguidamente. El emplazamiento de la Batería o Fuerte de Santiago se encuentra sobre los acantilados costeros, a unos 10 metros de altitud. Hasta los años cincuenta rompían las olas muy próximas a su base y actualmente la línea de costa está retirada, por las obras de relleno portuario, más de doscientos metros. La posición se encontraba a trescientos metros del límite norte de la ciudad, que no había sobrepasado todavía el perímetro medieval (véase ilustración 2). El acantilado arcilloso ha sufrido frecuentes desprendimientos de materiales a causa de la erosión de los agentes meteorológicos y de la filtración de aguas subterráneas, que empapan el subsuelo y afloran en el corte vertical, favoreciendo la aparición de vegetación. El mismo problema ha sido referido por la documentación militar tanto a esta pequeña fortaleza como a la de San Antonio. La fortificación se inscribe en la importante nómina de fortificaciones costeras con que contaba el término municipal de Algeciras hace doscientos años, surgidas todas a propósito de la presencia de una base inglesa en Gibraltar. Tras el fracaso de los proyectos de Jorge Próspero de Verboon y de Lorenzo de Solís para convertir la ciudad en una plaza fortificada “a lo moderno” en la primera mitad del siglo XVIII, sus costas se vieron paulatinamente protegidas por posiciones artilleras, permanentes o provisionales, que respondían a la estrategia borbónica de aislar el Peñón con una suerte de “cordón sanitario” que dificultase su sostenimiento por el tradicional enemigo. Resulta obvio que tal planteamiento constituyó un rotundo fracaso, toda vez que Inglaterra basaba el poder del imperio que estaba fundando en el Dieciocho precisamente en la posesión de numerosos enclaves aislados por tierra y aprovisionados por mar. Gibraltar respondía plenamente a ese esquema. Las ventajas defensivas naturales de su topografía demostraron su eficacia cuando las fuerzas del príncipe de Hesse Darmstadt, que la capturaron en el verano de 1704, pudieron superar exitosamente el primer asedio hispano-francés (septiembre de 1704 a abril de 1705) con los mismos elementos de fortificación tomados a los españoles semanas atrás.

Ilustración 1. El norte de Algeciras en 1857, en un plano de la Brigada Topográfica del CEGET, Algeciras y sus contornos, Doctº 841 (2). Además del fuerte figuran el parque, el cementerio, las calles Alfonso XI (56), Regino Martínez (52-53) y Sevilla (60) entre otras, así como la Plaza Alta (junto a 51).

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Ilustración 2. Algeciras en 1929. Al norte (a la derecha en la imagen) se localiza el Fuerte Santiago. Detrás de él, el parque María Cristina.

Las fortificaciones empleadas por los españoles entre los siglos XVIII y XIX para neutralizar la base enemiga han sido tratadas en diversas publicaciones recientes.18 Podía tratarse de obras preexistentes, que se adaptaron a los nuevos requisitos defensivos, como torres almenaras, torres de vigía artilladas, castillos medievales y castillos de almadraba. Otras obras se levantaron a partir de la pérdida de Gibraltar, como cuerpos de guardia, almacenes de pólvora, casas-fuerte, baterías provisionales y torres-hornabeque. Finalmente, dos tipos de fuertes artilleros o castillos modernos: unos, de costas bajas, como los de San Luis de Marbella, San Luis de Sabinillas, San Luis de Estepona y La Tunara, mientras que otros estaban diseñados para coronar costas altas o acantiladas, como los de San Felipe y Santa Bárbara, que flanqueaban el núcleo del sistema (la Línea de Contravalación), así como los de Punta Mala o San Roque, El Mirador o San José, Isla Verde, San García, Punta Carnero, El Fraile o San Diego, El Tolmo y Santiago en Algeciras.
18

Mª F. Cortés Melgar, “El asedio de Tarifa durante la guerra de la Independencia”, Almoraima, vol. 12, Algeciras, 1994; el citado G. Frontela Carreras, El Regimiento de Artillería de Costa Nº. 5. Medio siglo de la artillería de Algeciras (1943-1993), Algeciras, 1993; J. C, Pardo González, La fortaleza inexistente. Proyectos de Jorge Próspero Verboon sobre Algeciras, Instituto de Estudios Campogibraltareños, vol. 6, Algeciras, 1995; J. A. Patrón Sandoval, “La guarnición británica de Tarifa durante la Guerra de la Independencia (1810-1813)”, Actas de las VI Jornadas de Historia del Campo de Gibraltar (Gibraltar-2000), Almoraima, vol. 25, Algeciras, 2001, págs. 317-334; el citado R. Vidal Delgado, El Fuerte de Santiago y la batalla de Algeciras, Regimiento de Artillería de Costa Nº 5, Algeciras, 2000; J. I. de Vicente Lara y Mercedes Ojeda Gallardo, “El proyecto de fortificación del teniente coronel Juan Lafitte, germen del segregacionismo algecireño en 1725", Almoraima, Vol. 21, Algeciras, 1999; A. J. Sáez Rodríguez, “El fuerte de El Tolmo, Algeciras: puente entre dos continentes”, Actas de las IV Jornadas de Historia del Campo de Gibraltar (Los Barrios-1996), Almoraima, vol. 16, Algeciras, 1997, págs. 55-64; también, “Un proyecto para la defensa de Tarifa y su isla en 1818 (I y II)”, Aljaranda, vols. 23 y 24, Tarifa, diciembre de 1996 y marzo de 1997; del mismo autor, “Un fuerte en Punta Mala, bahía de Algeciras”, s20 Almoraima, vol. 20, Algeciras, 1998, págs. 63-74; también, el citado «Las Líneas Españolas. Los fuertes costeros del Campo de Gibraltar en el XVIII», VIII Jornadas Nacionales de Historia Militar (Sevilla-1998), Milicia y sociedad en la baja Andalucía, siglos XVIII y XIX, Actas de las VIII Jornadas Nacionales de Historia Militar (Sevilla-1998), Cátedra General Castaños, Madrid, 1999, págs. 411-440; además, “Notas sobre la defensa de Algeciras en el siglo XVIII: la batería de San Antonio”, Almoraima, vol. 24, Algeciras, 2000, págs. 19-28; del mismo autor, “La Isla de Algeciras”, Actas de las VI Jornadas de Historia del Campo de Gibraltar (Gibraltar-2000), Almoraima, vol. 25, Algeciras, 2001; también Artillería en el Estrecho de Gibraltar durante la Edad Moderna, RACTA Nº 5, Algeciras, 2001; igualmente en Tarifa, llave y guarda de toda España. Fortificación y urbanismo, I.E.C.G., Vol. 28, Algeciras, 2003 y, por último, en “El Campo de Gibraltar tras el Gran Asedio. Estado de su defensa en 1796", VII Jornadas de Historia del Campo de Gibraltar (Castellar de la Frontera-2002), Almoraima, vol. 29, Algeciras, 2003.

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Cada uno de ellos tiene su historia, aunque en esta ocasión hemos de centrar la atención en la batería de Santiago, el último fuerte de Algeciras. Establecida a comienzos del siglo XVIII como batería provisional siguiendo las indicaciones de Verboon, esta posición se mantuvo durante décadas como el principal punto artillado de la ciudad, junto a la Isla Verde, con la que interactuó en la famosa “Batalla de Algeciras” (julio de 1801), cuando se batió a la escuadra inglesa de Saumarez, que perseguía a los barcos del almirante francés Linois. La acción combinada de embarcaciones y piezas costeras, así como de las lanchas cañoneras del capitán Juan de Lodares, repelió la agresión británica y permitió la captura de uno de sus navíos, el Hannibal (véase ilustración 3).

El fuerte tenía la finalidad de defender las aguas del puerto de Algeciras en conjunción con los fuegos de la Batería de San Antonio y los del Fuerte de la Isla Verde. Aunque la ciudad no ha contado con obras portuarias dignas de dicho nombre hasta bien entrado el siglo XX, las protegidas aguas de la desembocadura del Río de la Miel han servido siempre de fondeadero, varadero y lugar de atraque muy frecuentado. El mismo río ha sido tradicional punto de aprovisionamiento de agua para los barcos que recalaban en esta costa. Su función de cobertura de las embarcaciones acogidas a su amparo fue eficaz durante el siglo XVIII, especialmente durante las guerras por Gibraltar. En sus aguas se protegían las escuadras hispano-francesas y de sus arenales partían las lanchas cañoneras de Barceló que tanto hostigaron las defensas gibraltareñas en el Gran Sitio.

Ilustración 3. Combate naval de Algeciras, grabado francés de 1873 sobre apuntes tomados desde Fuerte Santiago. En primer término el Hannibal encallado. A la derecha, la fortificación de la Isla Verde. A la izquierda y al fondo, la silueta de Gibraltar.

3. RESEÑA HISTÓRICA DE FUERTE SANTIAGO Este emplazamiento artillero debió de ser irrelevante en los últimos años del XVII, toda vez que los viajeros que dejan constancia escrita de su visita a la ciudad por aquella fecha no reparan en su existencia, aunque sí en la del fuerte de la Isla Verde. Tal es el caso de Antonio Ponz hacia 1755,19 Francis Carter en 177120 y del barón de Bourgoing en 1795,21 aunque al año siguiente, Leandro Fernández de Moratín ya cita una batería “en la misma costa y la otra en la isla de las Palomas”.22 El coronel Vidal adelantó las primeras noticias de una batería provisional en el emplazamiento de Fuerte Santiago a principios del siglo XVIII,23 como hiciera Tornay,24 si bien la instalación permanente no parece anterior al Gran Asedio de Gibraltar (1779). Entonces se consolidó esta defensa del norte de la ciudad, hasta entonces desempeñada por la Batería de San Antonio, muy pequeña y comprendida ya en el casco urbano.25

19 20 21 22 23 24 25

A. Ponz, Viaje a España, Madrid, 1947, pág. 1.604, transcrito en M. Bueno Lozano,op. cit., págs. 61 y ss. F. Carter, Viaje de Gibraltar a Málaga (1771), Edic. facsímil de la Diputación de Málaga, Málaga, 1981. Barón de Bourgoing, “Un paseo por España durante la Revolución Francesa”, en J. Garcia Mercadal, Viajes de extranjeros por España y Portugal, Siglo XVIII, vol. 3, Editorial Aguilar, Madrid, 1962. Leandro Fernández de Moratín, Obras póstumas, vol. 2, pág. 181, transcrito en M. Bueno Lozano,op. cit., págs. 82 y 83. R. Vidal Delgado, op. cit., págs. 33 y ss. F. Tornay de Cozar, op. cit., 64. A. J. Sáez Rodríguez, “Notas sobre la defensa..., págs. 19-28.

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Ilustración 4. Plano de Fuerte Santiago en 1863. I.H.C.M., Planos y perfiles del Fuerte de Santiago de Algeciras, 9861-CA-M-5/varios. En él se aprecian todos los elementos y dependencias del monumento que, apenas transformados, perduraron hasta 2000. El norte queda a la izquierda.

La fortaleza fue parcialmente arrasada durante la Guerra de la Independencia, abordándose en los años siguientes su reconstrucción. Toda la planimetría disponible es del siglo XIX, cuando constaba a de “dos grandes plataformas de figura de un triángulo truncado, unidos por una cortina de 97 varas [81 metros], todo a barbeta”,26 con lo que ocupaba un amplio saliente sobre los acantilados (véase ilustración 4). Las estancias habituales de los fuertes artilleros completaban el conjunto. En 1821 su estado era completamente ruinoso, elevándose el presupuesto elaborado entonces para su reconstrucción a 338.000 reales.27 La Real Orden de 14 de abril de 1826 dispuso la reconstrucción de las fortalezas españolas del Campo de Gibraltar, priorizando precisamente este fuerte. Las obras del Fuerte de Santiago llegaron a término en 1831,28 consistiendo en un polígono cerrado por parapeto parcialmente atronerado, dos explanadas para morteros, su repuesto de pólvora, dos edificios para el alojamiento de hasta 40 soldados de infantería y 20 artilleros, y las restantes estancias habituales, además de un tinglado para bala roja. En los años siguientes continuaron produciéndose obras para consolidar el acantilado, en el que se producían desprendimientos a causa de las corrientes de los veneros de agua que penetraban el terreno y ponían en peligro los edificios. Su batería constaba en 1810 de “12 cañones de 24, 2 de 18 y 4 morteros de 14",29 la más poderosa de los enclaves artilleros del Campo de Gibraltar en aquellos años. Su dotación, tras la reconstrucción del fuerte, no fue ampliada, constando en 1860 de “6 piezas de a 24, una de ellas sobre cureña de costa, y dos de a 4 de batalla y un obús de a 7 pulgadas”.30

Ilustración 5. Vista general de Fuerte Santiago. Fotografía gentileza de los señores Ángel Acosta y César Sánchez de Alcázar.

En 1878 se abordó un proyecto para la reforma de las instalaciones del acuartelamiento, al objeto de convertirlo en parque de artillería, iniciándose su ampliación superficial, que llegaría a alcanzar la notable extensión que ocupaba al finalizar su historia operativa (véase ilustración 5). Con el final del siglo, el enclave va perdiendo valor defensivo. Así, en 1910, cuando

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27 28 29 30

I.H.C.M., Sign. 3-5-1-7, Rollo 32, J. de Sierra, Visita de las plazas, castillos, puertos fortificados, torres de costa y edificios afectos en que se manifiesta su situación, estado e importancia con las observaciones que esto ofrece, 1831 (en J. Aparici García, Colección de Documentos Copiados en el Archivo de Simancas como datos para escribir la historia del Cuerpo de Ingenieros, por el Coronel Don…, I.H.C.M., Siglo XVII, Primera Sección, Fortificación, Vol. XXIII, Sign. 1-4-7, Costa de Andalucía, Gibraltar y Cádiz, fol. 104 vto.). I.H.C.M., Sign. 3-5-1-5, Doctº. Nº 547, Rollo 32, J. de Sierra, “Memoria que hace relación y clasificación de las plazas, castillos y baterías de la Provincia de Andalucía”, 1821 (en J. Aparici García, op. cit., fol. 2). J. de Sierra, Visita de las plazas, castillos..., fol. 104 vto. C. Vallés, Gibraltar y la bahía de Algeciras, Publicaciones de la Revista "Científico-Militar", Imprenta de Fidel Giró, Barcelona, 1889, pág. 10. F. Tornay de Cózar, op. cit., pág. 64.

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se producen derrumbamientos en la parte norte a causa de los problemas de estabilidad del suelo, se renuncia a reparar el muro derrumbado, salvo en las medidas que pudieran contribuir a proteger los edificios ubicados en aquella parte. Disponemos sólo de algunas noticias arqueológicas que pudieran vincularse con el aspecto originario del emplazamiento artillero. Se trata de los restos de unos muros ataludados exteriormente y precedidos de foso que fueron localizados en una reciente intervención en la necrópolis islámica de la Puerta de Gibraltar. Los trabajos se llevaron a cabo a principios de 2003 y las conclusiones del informe técnico preliminar presenta materiales cerámicos de los siglos XVIII y XIX colmatando el foso.31 El arrasamiento posterior del yacimiento impide la constatación de esta hipótesis. Desaparecido el interés táctico del lugar, el aprovechamiento del acuartelamiento fue basculando hacia su zona occidental, de cara a la ciudad. La parte de la batería, cada vez menos frecuentada, fue quedando en el olvido y su entorno dedicado a zona de talleres, situación que perduró hasta los últimos años de su aprovechamiento como instalación militar.

Ilustración 6. Noticia de prensa con la promesa de la conservación de la batería en noviembre de 2000.

4. EL YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO Tras doscientos años en manos del Ejército, al finalizar el año 2000 quedaban en pie todos los elementos antiguos de la fortificación originada en el siglo XVIII: dos baterías (una a la barbeta y otra atronerada), la explanada de la primitiva plaza de armas, el almacén de pólvora con el muro de protección exterior integrado en los edificios adyacentes, el cierre perimetral del recinto y los barracones, aunque éstos reformados y modernizados (véase ilustración 5). Es generalmente reconocido el correcto grado de conservación de los edificios de interés histórico que han servido como sede de unidades e instalaciones militares a lo largo de décadas e incluso siglos, de lo que era buen ejemplo el caso que nos ocupa.32 Cuando la Plana Mayor de Mando del Regimiento de Artillería de Costa Nº 5 abandonó su sede tradicional para trasladarse a sus nuevas instalaciones y el terreno pasó a ser gestionado por el municipio, uno de los edificios emblemáticos de la maltratada historia de esta ciudad fue demolido con motivo de las obras de urbanización realizadas en la zona desde 2001. En noviembre de 1999, con motivo de las I Jornadas de Artillería de Costa, organizadas por el RACTA Nº 5 y celebradas en el salón de actos de la Fundación Municipal de Cultura “José Luis Cano” de Algeciras, se había especulado con las posibilidades que ofrecía el enclave para instalar un Museo de Historia Militar del Campo de Gibraltar. El encuentro de especialistas fue presidido por el general del MACTAE, José Luis Martínez Masip, y contó con la participación del coronel
31 32

R. Jiménez-Camino Álvarez, Avance del informe de la intervención arqueológica realizada en la manzana 2 del solar sito en la prolongación de la Av. Blas Infante esquina-Calle Capitán Ontañón (Necrópolis Islámica de la Puerta de Gibraltar), 5ª fase, de Algeciras, 2 de abril de 2003. Esta es la tesis que hemos defendido en Angel J. Sáez Rodríguez, Torres y castillos en la frontera del Estrecho. La conservación del Patrimonio Histórico en la Comandancia General del Campo de Gibraltar, 2º premio en la convocatoria 2003 de los Premios Ejército de Tierra de Investigación en Humanidades.

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Vidal Delgado, el teniente coronel Carpintero Benítez, el director del Museo de Algeciras Torremocha Silva y el investigador Sáez Rodríguez. El enclave de Fuerte Santiago, que podría conservarse como plaza pública, habría sido el lugar ideal para explicar la historia de la presencia del Arma de Artillería en el Campo de Gibraltar, su vinculación con esta ciudad y su papel en la Batalla de Algeciras al permitir situar desde su batería el Fuerte de la Isla Verde, también participante en aquel hecho de armas. En el mismo sentido de la conservación del enclave apuntaban algunas noticias recogidas por la prensa en noviembre de 2000, cuando las máximas autoridades municipales se habrían manifestado favorables a ello (ilustración 6). Todos aquellos proyectos resultaron vanos, ya que los planes urbanísticos llevaban otros derroteros. La destrucción de este Bien de Interés Cultural33 fue detectada y denunciada en dos fases: la primera tuvo lugar en 2001, realizada cuando se acometió el derrumbe de las instalaciones militares y maquinaria pesada rebajó el suelo del solar. Entonces se arrasaron, al menos, barracones, entrada, parte de la muralla perimetral y el almacén de pólvora a prueba de bombas. La reacción de las personas e instituciones con competencias o intereses en la protección del patrimonio monumental de la ciudad llegó tarde, a pesar de haber sido denunciada la situación de peligro a un periódico comarcal y a la Comisión de Patrimonio del Ayuntamiento de Algeciras. La inspección llevada a cabo por entonces a instancias de este órgano consultivo no tuvo efecto alguno. En aquella fecha se desarrollaron excavaciones arqueológicas de urgencia en la zona oeste del antiguo acuartelamiento, a escasos doscientos metros del yacimiento destruido. Se trataba de una nueva fase de la exhumación de la necrópolis islámica medieval que se iniciara en el otoño de 1998 delante de la Puerta de Gibraltar. Esta intervención sirvió para acallar las voces de protesta levantadas por el asunto Fuerte Santiago, dada la sensibilidad que los constructores mostraban al financiarla. Sin embargo, el asunto debe contemplarse desde una óptica radicalmente distinta. Tanto la necrópolis como el fuerte se encontraban dentro del “área de cautela arqueológica” prevista en el actual Plan General Municipal de Ordenación. Por tanto, la vigilancia y atención de las autoridades competentes debía haberse extremado. Además, la intervención arqueológica se efectuó, con la aquiescencia de dichas autoridades, sobre una porción mínima del yacimiento, cuando debía haberse realizado en su totalidad. La segunda vez que se dio la voz de alarma fue en 2003 y, de nuevo, llegó tarde. Entonces se acometieron movimientos de tierras para aterrazar el acantilado que sustentaba la fortificación. Ingenuamente, a aquellas alturas no se temía por la integridad de la construcción defensiva, toda vez que ocupaba una zona en la que no había que realizar obras y destinado a espacio público. Ya se había llamado la atención de las autoridades municipales dos años antes, se había excavado parte de la cercana necrópolis y el Ayuntamiento disponía de personal técnico cualificado para velar por el patrimonio histórico municipal. Pero todo resultó insuficiente. Unos meses antes, la zona a conservar se había empleado como vertedero de la obra y quedó cubierta por depósitos de tierras que camuflaron la parte de la batería con troneras que se proyectaba hacia el este (véase ilustración 7). Esta acción aparentaba una maniobra para proteger las estructuras, aunque, cuando en octubre de 2003 se desmontó la mitad del saliente en el que se encontraba la batería, la apreciación se mostró errónea. Si la parte oriental del monumento no hubiera sido afectada por la remoción de tierras realizada en 2001, ahora se habría destruido el yacimiento. Es decir, que en aquella primera ocasión, cuando el suelo del solar fue rebajado por maquinaria pesada, pudieron haberse salvado las estructuras de la fortaleza dada su cota ligeramente menor que en la zona occidental (la que linda con el Parque María Cristina). Esto parece coherente con la conservación de parte del muro sur del frente defensivo, que aún se conserva, que estaba en similar cota que la zona destruida en 2003.

33

Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, Adicional Segunda, referida, entre otros, al Decreto de 22 de abril de 1949 (B.O.E. Nº 125, de 5 de mayo), que dicta las normas para la protección de los castillos y de cualquier elemento de arquitectura militar defensiva, todos ellos considerados B.I.C.’s.

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Ilustración 7. Depósitos de tierras camuflan la batería atronerada. Comienzos de 2003.

Según se ha relatado, la reacción de particulares e instituciones al constatar la acción de la maquinaria pesada volvió a resultar ineficaz (véase ilustración 8). En octubre de 2003, la Coordinadora para la Protección del Patrimonio del Campo de Gibraltar solicitó al Ayuntamiento de la ciudad una nueva inspección del lugar, dada la opinión del organismo municipal de que allí no había pasado nada. Se cursó visita por el representante de aquella asociación, por el arqueólogo municipal y por el que suscribe estas líneas, como experto independiente en fortificaciones históricas. La inspección ocular resultó descorazonadora, al poderse comprobar el grado de destrucción realizado. Entonces se produjo la denuncia de los hechos señalados a la Delegación Provincial de Cultura por dicha Coordinadora. La Delegación envió a sus técnicos para proceder a la inspección del lugar. En paralelo, la Asociación Ecologista AGADÉN procedió a denunciarlos por vía judicial. También el Ayuntamiento de Algeciras, primer responsable de la salvaguarda del patrimonio monumental del término municipal,34 tomó cartas en el asunto, encomendando al arqueólogo municipal que informase sobre la situación del yacimiento (véase ilustración 9). Después de todas estas acciones, la empresa constructora, que defendió su actuación ante los medios de comunicación (véase ilustración 10), continuó trabajando con maquinaria en el lugar arrasado, aunque con efectos limitados, como la retirada de una de las palmeras que flanqueaban la batería por el norte (véase ilustración 11). Entonces se efectuó una intervención arqueológica para documentar el estado del monumento en la parte norte del espolón atronerado.
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Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, Artículo Séptimo. Por la misma, los ayuntamientos “notificarán a la Administración competente cualquier amenaza, daño o perturbación de su función que tales bienes sufran, así como las dificultades y necesidades que tengan para el cuidado de estos bienes”. La norma autonómica insiste en la misma responsabilidad municipal: “Corresponde a los Ayuntamientos la misión de realzar y dar a conocer el valor cultural de los bienes integrantes del Patrimonio Histórico Andaluz que radiquen en su término municipal” (Ley 1/1991, de 3 de julio, de Patrimonio Histórico de Andalucía).

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Ilustración 8. La zona oriental del yacimiento arrasada por maquinaria pesada. Octubre de 2003.

Ilustración 9. La prensa se hace eco de la denuncia ciudadana. Europa Sur, 13-XI-03.

Según se ha dicho, del conjunto artillero sólo persistía en estos momentos algunos elementos de la parte sudeste del recinto, incluida la batería a la barbeta (véase ilustración 12), aunque no puede precisarse la destrucción absoluta o no de los elementos que conformaban la zona más oriental de la batería atronerada por los depósitos de tierra allí existentes. En el momento de redactar estas líneas (febrero de 2004) carecemos de noticias respecto al resultado de las acciones judiciales y legales señaladas con anterioridad. Pero el proceso de destrucción del lugar continúa imparable, ahora a causa de los agentes geológicos, toda vez que las lluvias están formando profundas torrenteras en la zona arrasada. La destrucción de los muros de la batería ha eliminado los elementos que, durante siglos, han servido de muros de contención del suelo, con lo que la erosión está causando Ilustración 10. La constructora “defiende su actuación en la zona estragos en el mismo (véase ilustración 13). Una última de los cuarteles”. Europa Sur, 14-XI-03. amenaza se cierne sobre el lugar, como son los viales proyectados por el planeamiento urbanístico de la zona, que tendrían que discurrir sobre los escasos restos del monumento. Hace unos años, la presión ciudadana pudo hacer cambiar los planes municipales que pretendían soterrar las murallas del frente norte de la Algeciras medieval que fueron exhumadas en la prolongación de la avenida Blas Infante. La ineficacia administrativa ha dejado que aquel solar se deteriore gravemente, sin que hayan comenzado las obras que debían haberlo convertido en una parque arqueológico de indudable interés ciudadano, didáctico y turístico. En el caso que ahora nos ocupa, el problema no ha llegado siquiera a suscitarse, al haberse arrasado el yacimiento sin que hubiera sido siquiera excavado por vía de urgencia, como exige la legislación vidente. Del enclave defensivo quedan algunas fotografías, unos planos repartidos por varios archivos y, afortunadamente, dos magníficas maquetas a escala 1/72 realizadas en 2000 por Óscar Sáez y Susana Rondón.

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Ilustración 11. Aspecto del mismo lugar tras la intervención realizada después de presentadas diferentes denuncias. Noviembre de 2003.

5. LAS MAQUETAS DE FUERTE SANTIAGO Las referidas maquetas fueron realizadas en 2000 por Óscar Sáez y Susana Rondón, por encargo del entonces coronel del RACTA Nº 5, Rafael Vidal (véase ilustración 14). Ambas, prácticamente iguales, están hechas a escala 1/72 y reflejan escenas cotidianas de la fortificación algecireña a principios del siglo XIX. Una de ellas fue donada por la citada unidad militar al Ayuntamiento de la ciudad y se encuentra expuesta en el Museo de Algeciras, mientras que la otra preside el vestíbulo de acceso al despacho del Coronel Jefe del Regimiento en su nuevo acuartelamiento de Los Pinos. Éste recibe ahora el nombre de “Capitán Velasco”, precisamente en recuerdo del oficial de artillería que se distinguió en aquel fuerte en la acción de 1801. Las reproducciones son absolutamente fieles al desaparecido fuerte, toda vez que fueron construidas según la planimetría histórica que se conserva en el Instituto de Historia y Cultura Militar. Esos documentos fueron contrastados, in situ, con las magnitudes

Ilustración 12. Vista general de Fuerte Santiago, según la maqueta de O. Sáez y S. Rondón.

Ilustración 13. Aspectos de la erosión pluvial en el terreno del yacimiento, desprotegido tras la destrucción de la histórica batería.

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Ilustración 14. El coronel Vidal en el acto de presentación pública de las maquetas. Noviembre de 2000.

reales de la fortificación, que, como ha quedado expuesto en las páginas precedentes, todavía en el año 2000 respondía rigurosamente a su esquema original (véase ilustración 15). Algunos detalles no recogidos por los planos fueron tomados del original y reflejados en las maquetas. Tal es el caso de las sólidas plataformas sobre las que se emplazaban las piezas, a fin de garantizar su estabilidad, independientemente de lo encharcado que pudiese estar el terreno arcilloso circundante; las argollas metálicas, empotradas en los merlones, por las que corrían los cabos que evitaban el excesivo retroceso de los cañones y permitían que de nuevo entrasen en posición; la obra de ladrillo visto que enmarcaba las troneras, dotadas de amplio derrame exterior; la diferencia constructiva entre la batería a la barbeta y la atronerada. Artísticamente son también obras muy destacadas. La simplicidad de las líneas propias de un establecimiento artillero como el que nos ocupa contrasta con el agreste y pronunciado acantilado y, de nuevo, con la quietud de una orilla arenosa; la monotonía de los blancos y ocres que predominan en el acuartelamiento queda salpicado por los azules de los artilleros, mientras abajo destaca la riqueza cromática de las olas que rompen contra las rocas y las salpican de espuma. Reliquia de monumento y de paisaje, ya que el hormigón y el ladrillo han hecho desaparecer ambos, quedando estas reproducciones como atractivos referentes para el recuerdo.

Ilustración 15. Batería atronerada situada al nordeste de Fuerte de Santiago. Maqueta de O. Sáez y S. Rondón (detalle).

Ilustración 16. Un detalle del espolón sobre el acantilado en la maqueta de Fuerte Santiago.

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' LLENDE EL RÍO…' SOBRE LA UBICACIÓN DE LAS VILLAS DE ALGECIRAS EN LA EDAD MEDIA: UNA REVISIÓN CRÍTICA1
Rafael Jiménez-Camino Álvarez / Arqueólogo. Fundación Municipal de Cultura José Luis Cano José Tomassetti Guerra / Arqueólogo. Taller de Investigaciones Arqueológicas, S.L.
El presente estudio forma parte de una investigación más amplia sobre las fuentes documentales y arqueológicas que definen la ocupación medieval de la ciudad de Algeciras. Nos hemos decidido a publicar un primer avance dado lo relevante de los descubrimientos realizados y debido a la repercusión directa que éstos tienen en las estrategias de investigación y gestión de la actividad arqueológica de la ciudad. Estamos convencidos, además, de que este es el foro más apropiado para su discusión. La historiografía tradicional ha interpretado la ubicación de las villas medievales de Algeciras, fundamentalmente, a partir de la identificación del topónimo moderno "villa vieja" con su homónimo medieval aportado por la crónica de Alfonso XI. Según esa línea de investigación, la ciudad situada al sur del río de la Miel –hoy localizada, grosso modo, entre el paseo de la Conferencia, las calles Carteya, Lope de Vega, Alexander Henderson, Cervantes y Méndez Núñez– sería la más antigua, al-Yazirat al-Hadra en las fuentes, y la villa situada al norte del río -hoy entre las calles Segismundo Moret, Cayetano del Toro, Teniente Miranda, Blas Infante y avenida Virgen del Carmen- sería la más moderna, el lugar donde a finales del siglo XIII se fundaría al-Binya. Sin embargo, los resultados de las investigaciones derivadas de las diferentes intervenciones arqueológicas que se han venido realizando en el solar de "las Algeciras" han proporcionado una paradoja estratigráfica, por la que se han obtenido dataciones más recientes para la entonces "villa vieja" y más antiguas para la "villa nueva".

A

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Agradecemos en estas líneas el inestimable esfuerzo realizado en la traducción y comentarios de los textos, de manera específica para esta obra, de algunos de los islámicos, a Mª Antonia Martínez Núñez, profesora de la Universidad de Málaga, y, de los valencianos, a Llúcia Martín Pascual, profesora de literatura catalana medieval de la Universidad Autónoma de Barcelona. Huelga decir que ninguna de estas investigadoras es responsable de los argumentos expresados por los autores. También queremos destacar la labor de Juan Carlos Guzmán, responsable de la Biblioteca del Centro Asociado de la UNED de Algeciras, sin cuyo tesón en la provisión de fuentes no habría sido posible este artículo.

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La principal dificultad con la que se encontraba esta hipótesis clásica radicaba en demostrar la continuidad en el uso del topónimo desde época medieval hasta mediados del siglo XVIII, especialmente cuando a partir del siglo XIV la ciudad se desocupó y su población se trasladó a otros lugares. Esta situación se mantuvo hasta principios del siglo XVIII cuando la ciudad resurge con motivo de la conquista de Gibraltar, asentándose ahora en torno a la Plaza Baja, al norte del río de la Miel. Sin embargo, la no correspondencia entre los topónimos moderno y medieval no es un hecho aislado y podemos rastrear un paralelo cercano en la vecina ciudad de Ceuta, donde se ha denominado "Ceuta la Vieja" a la ciudad medieval más moderna.2 Como ya puso de manifiesto Sabio (2003: 274) se podía plantear la hipótesis, que compartimos, de que los nuevos pobladores de Algeciras asentados en la "villa nueva" denominaran "villa vieja" al otro espacio que la nueva población no ocupó y donde los vestigios medievales no fueron tan rápidamente absorbidos por el urbanismo moderno.3 Ante esta coyuntura, decidimos emprender un amplio análisis de las fuentes medievales islámicas y cristianas que pudieran aportar datos sobre la configuración espacial de las ciudades. Este estudio pretendía examinar las mismas fuentes que los investigadores de la hipótesis tradicional habían manejado. Nuestra investigación se ciñó a estas fuentes y, en su mayor parte, a las versiones traducidas utilizadas por ellos.4 El primer acercamiento dio como resultado el descubrimiento de dos grupos de fuentes que mantenían unas características homogéneas: todas estaban narradas, si no por testigos oculares de los hechos, sí por personas bien informadas en su época y coetáneas a los sucesos que describían; estas fuentes, además, no se alejaban entre sí más de veinticinco años, período en el que, como analizaremos más tarde, no hay episodios históricos que indiquen cambios en la realidad urbana que muestran, y cuya contrastación interna permitía rebatir el paradigma vigente. Además, contábamos con otro elemento independiente de verificación: la cartografía del siglo XVIII, que, como veremos, reafirmará las conclusiones obtenidas en el estudio documental. El siguiente paso consistió en analizar la fuente principal en la que se basaba el modelo teórico antagónico, la crónica de Alfonso XI. Nuestra sorpresa fue que no sólo podía leerse bajo nuestra nueva tesis sino que gran parte de las contradicciones del planteamiento tradicional se resolvían, encajando ahora mejor los datos aportados por las fuentes con los obtenidos a través de la arqueología. Por último, hemos procedido a releer otros documentos que, aunque no contenían datos directos que demostraran cualquiera de los supuestos, sí permitían hacer interpretaciones indirectas.

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Un proceso parecido al de Algeciras se produjo con la conquista portuguesa de la ciudad en 1415, que provocó una contracción del área poblada. Así, la ciudad meriní de Ceuta (Afrag), denominada al-Mansura (Pavón, 1999: 136), queda abandonada y el poblamiento se circunscribe a la antigua medina califal [otro curioso paralelismo con Algeciras: Domingo Bono, cristiano cautivo en Algeciras que huyó de ésta en 1285, denomina “Almanzora” a la villa nueva de Algeciras; vid. Pero Marín (pág. 175-176). La nueva villa meriní de Ceuta pasará a llamarse “Ceuta la Vieja” (Bernal y Pérez, 1999; Pavón, 1996: 23 reproduce un plano de la ciudad de 1717 donde se recoge este topónimo]. En este sentido parecen apuntar algunos documentos anteriores a la segunda mitad del siglo XVIII donde no encontramos las denominaciones “villa vieja” y “villa nueva”. En la solicitud realizada por Don Baltasar de Guzmán de una licencia, en el año 1717, para construir un granero, se designará la ciudad habitada entonces como la “villa Grande de Algeciras” (Muñoz, 2002: 30). Los mismos calificativos, “ciudad grande” y “villa pequeña”, serán utilizados por Verboon en sus informes (Pardo, 1995) y en los planos que se hicieron en aquellos momentos (v.g. AGS MPD X-99). Tendremos que esperar hasta 1745 para encontrar por vez primera el término “villa vieja”, en el plano AGS MPD XXXIX-80. A excepción de algunos textos que hemos considerado vitales y que sí han sido traducidos específicamente para este artículo. Actualmente, localizados los principales puntos de discusión, estamos acometiendo la revisión de los textos árabes.

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1. LA HIPÓTESIS TRADICIONAL: ARGUMENTOS BASADOS EN LA INTERPRETACIÓN DE LAS FUENTES MEDIEVALES Y DE LOS ELEMENTOS CONSERVADOS Los primeros historiadores locales que intentan identificar los recintos urbanos mencionados en las fuentes con la realidad existente en el solar de la ciudad son Emilio SANTACANA (1901: 83-88) y Manuel PÉREZ-PETINTO (1944: 68-70 y 100-103). Ambos, conocedores de la crónica de Alfonso XI, coinciden en un método para la ubicación de las ciudades por el que no consideran necesario argumentar la localización de la villa vieja ya que encuentran una clara coincidencia entre el topónimo medieval y el actual. Así, SANTACANA (1901: 84) no explicará el argumento seguido para la ubicación de ésta puesto que "no hay duda alguna de que la primitiva población tuvo su asiento en la planicie elevada conocida por villa vieja, denominación que ya tenía en la época del sitio". La tradición local juega, también, un importante papel en la identificación de las villas y los elementos arquitectónicos conservados. Santacana explica que, para la ubicación de los edificios notables entre otros aspectos, tendrá que basarse en la "conjetura y la tradición". Muchas leyendas debían circular para explicar los vestigios que en esta época se conservaban, y ejemplo de ello es la guía turística que dirige Lutgardo LÓPEZ (1899: 70) donde se dice que "es opinión general que las ruinas existentes en la Villa Vieja de esta ciudad, son de la mezquita mora que allí existía y en donde se dijo la primera misa", refiriéndose seguramente al lugar donde, primero Santacana –con base en las ruinas y un pozo que dentro del hotel Cristina se conservan aún hoy y seguramente influido por estos rumores– y después TORREMOCHA (1994: 251-253) –sustentádose en los mismos argumentos– sitúan la mezquita aljama de la primitiva Algeciras.5 La interpretación espacial de Pérez-Petinto es deudora de la de Santacana. Ambos realizan una descripción del trazado de las murallas a partir de los hitos que se conservaban en su época y que coincide en líneas generales con lo que ahora sabemos.6 De otro lado, ambos hacen un esfuerzo por reconocer en las ruinas conservadas en la ciudad elementos mencionados en las fuentes, v.g. la Mezquita Mayor, el Alcázar o la torre de El Espolón o de Don Rodrigo, todos ellos en el recinto sur. El número de puertas coincide con las citadas en la crónica: tres para la villa vieja e –interpretan– dos para la nueva, a las que hay que añadir el "Ojo del Muelle". Años más tarde, TORREMOCHA (1994) dedicará dos capítulos de su tesis doctoral a la reconstrucción de la ciudad a través de las fuentes. Este autor hace suyas las interpretaciones de Santacana, utilizando el mismo método de localización7 y añadiendo al corpus documental las fuentes islámicas, la cartografía de Verboon y la identificación de otros elementos urbanos, si bien no para demostrar la ubicación de las villas –que se da por supuesta– sino para apoyar algunas de sus opiniones. En publicaciones más recientes sí aportará el aval de algunos materiales arqueológicos descontextualizados hallados en el solar del recinto sur.8

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Todo ello teniendo en cuenta que no existe ninguna datación para las ruinas del edificio al que se refieren, que, por otro lado, es muy posible que pertenezcan a una edificación de los siglos XVIII o XIX. En cuanto al pozo, aunque se considerara medieval, aspecto éste por demostrar, no es un elemento determinante para la localización de una mezquita. Torremocha añadirá una prueba argumental más: la descripción del emplazamiento de dicho edificio contenida en un texto de al-Himyari, descripción que, como demostraremos más adelante, no coincide con el entorno topográfico donde se asientan estos elementos. Una divergencia notable es que Pérez-Petinto supone que el recinto sur no tenía tramo amurallado al este. Aunque ya no se siente obligado a explicitarlo. Ello abunda en la importancia concedida a la tradición local en las interpretaciones de este grupo de investigadores. Es tan obvia la ecuación villa vieja=recinto sur que no se plantean la necesidad de argumentar su fundamentación. No obstante, echamos de menos las citas a las aportaciones de Santacana y Pérez-Petinto en el cuerpo de su obra, dada la clara coincidencia con ambos autores, que sin embargo quedan relegados a la bibliografía. A pesar de que, naturalmente, los materiales descontextualizados no avalan unívocamente la interpretación sobre la configuración de las villas, apuntamos como curiosidad que existían más hallazgos altomedievales en el recinto norte que en el sur, como se demuestra entre la recopilación de hallazgos publicados en Martínez y Torremocha (2000: 136-149) y AA.VV (2003: 38-48 y 86), en este último caso procedentes sin excepción del recinto norte. Ambos trabajos reúnen todos los objetos arqueológicos altomedievales conocidos en Algeciras que no provienen de intervenciones arqueológicas. La principal conclusión, a la vista del conjunto, es que el único material anterior al siglo XII hallado en el recinto sur es numismático y de época emiral.

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2. LA HIPÓTESIS ALTERNATIVA: UNA NUEVA FORMULACIÓN 2.1. Los antecedentes Jorge Próspero de Verboon. Este ingeniero militar al servicio de la Corona española visitó personalmente la ciudad en 1721 y 1724. Realizó un examen de los recintos medievales y quedó impresionado positivamente por las características que para su defensa presentaba la ciudad. De su estancia nos ha quedado una serie de planos de las ruinas medievales que son los únicos testimonios de su trazado antes de que comenzaran a realizarse intervenciones arqueológicas a finales del siglo XX. También se han conservado dos informes, prácticamente idénticos, donde el autor hace un breve resumen de la historia de Algeciras y de sus posibilidades para establecer una fortificación "a la moderna". A pesar de que el objetivo de estos informes no era la investigación en sí, su testimonio ha aportado importantes datos para la interpretación histórica. Verboon es el primer autor que conocemos que ha interpretado el recinto norte como el más antiguo. Su argumentación, declarada explícitamente, se basa en una analogía formal9 con las construcciones islámicas por él conocidas (las que identifica como realizadas en tapial) frente a otras más cuidadas, con aparejo de sillería, que atribuye, también por comparación, a época romana. Por lo que deduce que el recinto norte debía ser de época romana, por tanto más antiguo, y el sur de época medieval. La arqueología ha demostrado que estos argumentos no son válidos, y ello no porque sus deducciones no sean lógicas, sino porque no contaba con el corpus de datos que manejamos hoy. 2.2. La revisión "arqueológica" de Rafael Sabio Sabio (2003), apuntó en un novedoso artículo algunas de las ideas en las que estamos trabajando para desarrollar nuestra hipótesis. Sin embargo, planteó su análisis a partir de una premisa externa a las descripciones de las fuentes medievales. La crónica de Alfonso XI y algunos textos islámicos nos transmiten la existencia de dos ciudades, una nueva y otra vieja. Este investigador, siguiendo a Verboon, plantea como hipótesis a contrastar la dicotomía por la que la ciudad romana debería ubicarse donde la villa medieval más antigua (Ivlia Tradvcta vs al-Binya), cuestión que no es deducible de ninguna de las fuentes mencionadas y que, a pesar de sus argumentos, no ha sido demostrada arqueológicamente.10 Su revisión peca del mismo error de base que los planteamientos clásicos. En ambos casos se parte de una localización de las villas supuesta de antemano11 y se limitan a tratar de identificar elementos arquitectónicos documentados en las fuentes para procurarles una localización y cronología coherentes con su discurso, con desigual resultado.

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Y no en un planteamiento intuitivo, como le achaca Sabio (2003: 273). La localización de la ciudad romana no tiene por qué implicar el emplazamiento posterior de la ciudad medieval. Independientemente de lo razonable del planteamiento, después de más de cuarenta intervenciones en el recinto norte no tenemos ninguna evidencia de la existencia de una ciudad romana a este lado del río. Ninguna de las estratigrafías conocidas para el recinto septentrional presenta evidencias de depósitos o estructuras domésticas de esa cronología, siendo los estratos más antiguos, depositados sobre el manto geológico, de época emiral (Suárez y otros, e. p. en este mismo congreso). Los únicos indicios de poblamiento romano pertenecen a unos pocos hallazgos descontextualizados (Rodríguez, 1977; Vicente y Marfil, 1991; y Gónmez de Avellaneda, 1999) o bien a vestigios de una necrópolis (Rodríguez, 1977) que, de por sí, no demuestran la entidad de la ocupación (¿podrían pertenecer a una villa?); además, estos datos no son manejados por Sabio. El resto de evidencias a las que se refiere este autor son hallazgos de materiales romanos reutilizados en la fábrica medieval o restos descontextualizados hallados en puntos muy concretos. Por el contrario, las excavaciones realizadas al Sur del río han exhumado un complejo industrial de gran extensión (Bernal y otros, 2003) en la zona periférica de la meseta donde se asienta la hasta ahora denominada villa vieja. Es posible que futuras excavaciones fuera de la zona fabril consigan despejar la incógnita de si esta amalgama de factorías de salazón está vinculada a Ivlia Tradvcta. En Baelo Claudia (Tarifa) el complejo industrial se localiza en la playa y a escasa distancia del foro, integrado dentro de la ciudad. En el caso de la hipótesis tradicional, basada en la identificación entre los topónimos medieval y moderno; en el caso de Sabio, a partir de una deducción no demostrada fundada en la premisa de que la ciudad medieval antigua se asienta donde la romana.

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El principal defecto de su exposición –aparte de lo equívoco del título de su Comunicación– es que no consigue demostrar ninguna de sus argumentaciones. Éstas aparecen formuladas como meras sugerencias y no como refutaciones de la hipótesis anterior ya que la mayoría de los datos utilizados no sólo no están contrastados sino que son indemostrables al día de hoy.12 A pesar de ello, el autor realiza algunas deducciones interesantes y abre sugerentes líneas de investigación que deberán ser puestas a prueba en el transcurso de futuras excavaciones. Para concluir, estamos de acuerdo con él en algunas consecuencias íntimamente relacionadas con el cambio de las villas (caso de la nueva localización de las puertas, de la maqbara, de la Torre del Espolón, etc) aunque, como acabamos de expresar, no en el método utilizado para identificarlas. 2.3. Nuestra Revisión Crítica 2.3.1. Fuentes que ofrecen algún referente geográfico para ubicar las villas 2.3.1.1. La Crónica de Alfonso XI Ha sido utilizada hasta la fecha como la fuente principal para la ubicación de los dos recintos que componían a mediados del siglo XIV la ciudad de Algeciras. Por dos motivos: primero, porque –junto con el Poema– es, desde que empieza a emplearse a principios del siglo XX, la fuente más antigua en la que se da nombres distintos a las villas; y segundo, porque lo hace con dos apelativos que implican cronología. Este relato fue redactado por un testigo presencial de los hechos, como demuestra la descripción casi mensual de los avatares del conflicto y la prolijidad de detalles que se ofrecen. Ángel Sáez (1991: 79-82) ya evaluó en otro lugar la veracidad de la fuente a partir de referencias a elementos del paisaje y la climatología. A pesar de ello, presenta un problema fundamental en relación con la ubicación de las villas: la carencia de referencias cardinales para su emplazamiento. No se encuentran citas como, por ejemplo, "la villa nueva estaba situada al sur del río de la Miel (o del recinto mayor, etc.)". Tampoco hallamos adjetivos que nos describan alguna cualidad de la fortaleza ajena a la cronología, como los relativos al tamaño (villa mayor o pequeña) que sí aparecen en otras fuentes. Los topónimos reflejados en el relato (v.g. el río Salado) no han sido utilizados nunca para la ubicación de los recintos porque también carecen de referencias directas.13 Es por ello que debemos deducir la ubicación de ambas villas del itinerario que siguen el rey y sus aliados alrededor de éstas durante el cerco (ver figura 1). Resulta crucial el cambio del primer al segundo real. Es en ese momento cuando la Crónica refiere la posición relativa de la villa vieja con respecto a un elemento con situación deducible a través del texto, el campamento regio, y de donde se infiere que ésta es la situada al norte del río de la Miel. A partir de este movimiento se sitúan los demás campamentos, tanto del rey como de las mesnadas nobiliarias y los concejos de los municipios y, por tanto, a él quedan supeditadas la mayoría de las deducciones sobre ubicaciones en el cerco. La hipótesis tradicional ha operado al contrario, dando por sentado la ubicación clásica de las villas y situando los reales y los campamentos de las huestes a partir de su relación con aquéllas.
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Las atribuciones funcionales y cronológicas realizadas sobre diferentes elementos arquitéctonicos se han fundado, en el mejor de los casos, en deducciones sobre la cartografía del siglo XVIII y en la interpretación de algunas fuentes medievales, pero estos elementos no han sido aún descubiertos, por lo que sus planteamientos pueden ser tan acertados o desafortunados como los de la hipótesis que rebate (v.g. la supuesta mezquita aljama, la alcazaba –ésta ubicada además en clara contradicción con una de las fuentes que utiliza: al-Himyari-, la ampliación de la cerca por el noreste…). En el caso de elementos exhumados, discute selectivamente las dataciones arqueológicas realizadas por sus excavadores mediante analogías formales con otros monumentos (v.g. datación de la murallas de Blas Infante). Todo ello cuando el método no es meramente intuitivo (v.g. la Puerta de Tarifa datada en época tardorromana). El relato posee lagunas que afectan a la mayoría de los topónimos relativos a cerros donde se colocan los sitiadores. En el caso del río Salado, que la Crónica sitúa en la periferia de la villa nueva, la demostración de nuestra hipótesis lo hará coincidir con el emplazamiento actual del río Saladillo. A pesar de que no hayamos podido rastrear la conexión entre la denominación medieval y la contemporánea, este hecho haría remontar a época medieval el origen del hidrónimo, como ocurre con todos los cauces importantes de la zona: Guadalmesí, río de la Miel (castellanizado en la Crónica), Palmones y Guadarranque.

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A continuación, reproducimos gran parte del capítulo CCLXXI, que describe estos sucesos:14
Veyendo el Rey que los de la hueste recebian muy grand daño en los omes que venian de Tarifa, ca salian los Moros de la cibdat, et tomabanlos cativos, et eso mesmo los que iban de la hueste a Tarifa […]: por esto, et porque él et su hueste posaban tan redrados de la villa, fabló con los que allí eran con él, et díxoles, que eran bien que se llegasen posar mas cerca de la ciubdat. Et como quier que estonce non tenian tantas gentes con las que la podiesen cercar; pero pues que eran venidos algunos caballeros, que era bien que fuesen posar allende del rio de la Miel; et que los Moros non farian daño á los que venian al real. Et todos vieron que era muy bien lo que el Rey dicia: ca llegados eran ya pieza de caballeros vasallos del Rey et de sus fijos, por quien él avia enviado; et dixeronle, que quales él mandase pasar allende el rio, que lo farian de grado. Et el Rey mudó su posada donde estaba, et mandó poner las sus tiendas en otro otero alto que dicen […] et mas cerca de la ciubdat […]. Et el Rey ordenó que los de la delantera, et los otros de la hueste posasen más cerca de la villa: et el Maestre de Sanctiago posó en un logar que los Moros tenian hecho para matar el carnero en la su pascua, que era cerca del fonsario: et los otros todos posaron en aquel derecho desde la mar fasta la posada del Rey. Et mandó facer luego una grand cava entre los del su real et la villa vieja, desde la mar fasta el rio de la Miel. Et el Rey mandó que el pendón et los vasallos de Don Tello su fijo, et […] fuesen a posar al otero que dicen […] que es allende del rio de la Miel, et que esta encima de la Vega frontero de amas las villas, et fueron y posar. Et fincó que non se pudo cercar estonce la villa nueva; pero por este ordenamiento, et mandamiento, et mudamiento que el Rey fizo en las posadas, los de la hueste que iban á Tarifa, et otrosí los que venian al real, iban et venian seguros. […]

Figura 1. Situación de los reales de Alfonso XI durante el cerco de Algeciras. Sobre la base de la Planera digital de Andalucía, editada por el Instituto de Cartografía Andaluza, se ha superpuesto, escalado, el trazado del amurallamiento medieval y la topografía. Esto último se ha obtenido de la digitalización del plano AGS, MPD X-99, para el recinto Norte, y del Plano AGS, MPD X-94, para el recinto sur.

El texto narra el cambio del primer al segundo real. Una vez que el rey decide sitiar la ciudad, se instala en los alrededores de la Torre de los Adalides, al norte del río de la Miel.15 A continuación, el cronista analiza el abandono de este campamento, debido a: a) Los ataques de los habitantes de las villas contra la vía de comunicación y abastecimiento de Tarifa. b) La lejanía del campamento con respecto a la ciudad. En un primer momento, el monarca cuenta con un reducido ejército, insuficiente para emprender el cerco, por lo que tiene que domiciliarse en esta posición.

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Crónica: 345. La ubicación de esta Torre (véase Sáez y Gómez, 1998: 163-173) no presenta ninguna duda puesto que la Crónica especifica que estaba situada “entre la villa et el Rio Palmones”. En esta zona, en concreto en la Barriada de San Bernabé dentro del acuartelamiento “Adalides”, lugar que ha fosilizado el topónimo de la Crónica, se conservan restos de una edificación de estas características.

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Una vez llegan los refuerzos, se decide a cambiar la estrategia. El rey tiene que solventar las dos cuestiones enunciadas, para lo que se decide a: 1) Instalar el campamento regio más cerca de la ciudad. Es aquí donde se produce la confusión de la hipótesis tradicional. Hemos de recordar que el rey está acampado al norte del río y, si atendemos a la lectura literal del párrafo, observamos que los de la hueste, comprendiendo la necesidad de evitar los ataques a los convoys que circulan por el camino de Tarifa, piden al monarca que decida quién debe cruzar el río e instalarse en retaguardia: "et dixeronle, que quales él mandase pasar allende el rio, que lo farian de grado". Por tanto, no es el rey quien se instala al otro lado del río, sino que, simplemente, avanza su posición para situarse más cerca de la ciudad. A partir de este momento, ordena la disposición de las huestes alrededor de la villa vieja, que se sitúa donde el campamento del rey –y, por tanto, al norte del río– y se menciona el fonsario en relación con ésta. Con este movimiento el rey podrá: controlar los ataques que desde esta villa se hagan al aprovisonamiento desde Tarifa, cercar la villa vieja y disponer sus tropas próximas a la retaguardia (la ciudad islámica más cercana es Gibraltar). 2) Enviar parte de sus ejércitos, comandados por el infante Don Tello, al otro lado del río, la zona más conflictiva, para evitar la interrupción del flujo con Tarifa desde la villa pequeña. Éstos son los que cruzan el río en respuesta a los ataques sufridos. El investigador que más ha trabajado en este asunto, Antonio TORREMOCHA (1994: 135), sitúa tanto al rey como a Don Tello juntos al sur del rio de la Miel. Sin embargo, como hemos visto, e independientemente de la posición del campamento regio, a Don Tello se le ordena expresamente que pase al margen contrario del río: "fuesen a posar al otero que dicen […] que es allende del rio de la Miel, et que esta encima de la Vega frontero de amas las villas", por lo que su real no puede estar junto al del monarca.16 Posteriormente, se vuelve a nombrar a este infante siempre en el contexto de acontecimientos ocurridos en la villa nueva,17 hecho que entra en clara contradicción con la hipótesis expuesta por el investigador citado.18 Otros aspectos de la Crónica, si bien no demuestran la ubicación de las villas, sí se explican con mayor facilidad a partir de nuestra interpretación. Por cuestiones de espacio nos ceñiremos a dos argumentos: la situación de "las dos torres mayores" y la del fonsario. En dos ocasiones (Crónica: 346 y 348) se hace mención, en el contexto de la villa vieja, y –en una de ellas– de la Puerta de Jerez, a dos torres mayores de la ciudad. La cartografía del siglo XVIII recoge con detalle dos torres situadas al oeste del recinto norte, ostensiblemente más grandes que las demás de la cerca y que son identificadas por los ingenieros militares como puertas –las de Tarifa y Jerez–, mientras que en el recinto sur se representan todas las torres del mismo tamaño.

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Resulta de interés resaltar aquí que, tras un estudio de la orografía en los planos AGS MPD X-94 y XXII-79, no es posible situarse en ninguna elevación en la margen izquierda del río de la Miel enfrente de las villas, ya que las únicas alturas representadas se sitúan al otro lado. Estos planos son los más antiguos que nos han dejado una representación detallada de los aspectos que comentamos. Huelga decir que estas conclusiones quedan limitadas por su cronología y el método de representación de la época. No obstante, su aplicación militar obligaba a que fueran precisos, teniendo en cuenta que su objeto era plasmar un proyecto para la defensa de la ciudad. La siguiente mención (Crónica: 349), con motivo de un cambio de campamento por las lluvias, por el que la mayor parte de los ejércitos tienen que asentarse en la playa, señala que había un gran trecho entre el otero donde posaba Don Tello y el nuevo establecimiento litoral de las huestes. Por este lugar era por donde “los Moros salian de la ciubdat cada que querian”, por lo que “el Rey fizo facer bastidas de madera en la cava que tenian fecha entre los reales [no olvidemos que la Crónica llama “reales” tanto a los campamentos del rey como de los nobles] et la villa nueva et mandó y posar ballesteros ”. Más adelante, cuando se relatan tres celadas por las que el Rey “cató manera por dar pelea à los de la villa nueva”, se vuelve a citar el otero donde se habían instalado Don Tello y los Maestres de Calatrava y Alcántara (Crónica: 352). Tanto Sáez (1991: 75) como Torremocha (1994: 137) justifican la localización del segundo real junto al recinto sur basándose en la última frase del texto que hemos reproducido: la villa nueva (el recinto norte, según su interpretación) quedaría descercado con el trasvase de casi todos los ejércitos al sur; sin embargo, el rey conseguirá a costa de esto solventar los problemas de avituallamiento con Tarifa. Su razonamiento resultaría convincente de no ser por lo expuesto en los apartados 1 y 2, aparte de que nuestra ubicación de las villas ha sido contrastada con otras fuentes, analizadas en los siguientes párrafos.

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En cuanto al cementerio, ya hemos visto cómo la Crónica sólo menciona una necrópolis, extramuros de la misma villa en la que se asienta el rey, es decir, de la villa vieja, según nuestra interpretación al Norte del río. Un acontecimiento, descrito con anterioridad a este capítulo (Crónica: 344), sería muy difícil de comprender de estar el cementerio localizado en otro lugar. Poco después de asentarse el monarca junto a la torre de Adalides, y después de emprender la primera celada contra los musulmanes, éstos deciden acosar a las huestes cristianas. Salen por la puerta del fonsario de la villa vieja y se dirigen contra la parte de los reales donde se hallaba, entre otros, el campamento del Maestre de Santiago, que el relato sitúa entre la torre de Adalides y la playa. En esta coyuntura, el conde de Lous se adelanta a recibir al enemigo y entabla batalla "en el Fonsario cerca de la ciubdat". Resulta poco comprensible plantear que los musulmanes, para atacar un campamento situado en un lugar alejado al norte de las dos ciudades, salgan de la villa por la puerta más remota de la ciudad más distante (Torremocha sitúa esta puerta y, por tanto, el cementerio, primero al suroeste –1994: 99-100 y 257– y después al sur –1999: 56, 64-66, 75– del recinto meridional; nosotros localizamos esta necrópolis al norte del recinto septentrional: las huestes musulmanas saldrían desde el lugar más próximo al objetivo). Aún más llamativo es el hecho de que la pelea termine produciéndose en el cementerio, máxime cuando la Crónica precisa que las tropas asaltantes habían llegado hasta la línea ofensiva cristiana antes de que se produjera el choque. Es decir, si interpretamos la situación de las villas desde la óptica tradicional, el noble alemán tuvo que perseguir a los asaltantes en el sentido contrario al que traían hasta un lugar situado a más de dos kilómetros –pasando por delante de los dos recintos amurallados y de todas sus puertas– y cruzar el río de la Miel para mantener la disputa en solitario, totalmente aislado de sus refuerzos y, según la Crónica, en inferioridad númerica. Habríamos de tener en cuenta también que los ejércitos musulmanes, inexplicablemente, no fueron reforzados desde ninguna de las salidas de la ciudad y que tampoco optaron por guarecerse cerca de la muralla (al menos hasta que llegan a su punto de partida) para que desde los adarves se castigara a los cristianos. Resulta más verosímil plantear que los musulmanes retrocedieron unos 400 metros para atraer a los alemanes y desvincularlos del resto de las huestes, en el lugar más próximo a la ciudad, desde donde los defensores "tiraban à los Christianos muchas saetadas de arcos y de ballestas". Las intervenciones arqueológicas que desde 1998 se han realizado en el antiguo acuartelamiento Fuerte de Santiago demuestran que una maqbara bajomedieval se encuentra ocupando un solar de algo más de 20.000 m2, en un lugar situado justamente en el escenario que acabamos de describir (TOMASSETTI y otros, e. p., en estas Jornadas). Los enterramientos se inician en el acceso a una torre-puerta del recinto septentrional, del lado de Palmones, y se extienden hasta alcanzar unos 300 metros lineales en esta misma dirección. Sería comprensible que los castellanos o los habitantes de la ciudad designaran a este acceso, denominado por sus primeros excavadores "Puerta de Gibraltar",19 como la Puerta del Cementerio20 puesto que: - La datación de su Fase II, la de mayor extensión, coincide en su momento final con la época del cerco. - Sabemos que los cristianos vieron este cementerio puesto que en los niveles de amortización se halla material cerámico del centro productor de Paterna (interpretado hasta la fecha como el indicador de la presencia castellana).21

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Nombre que, a pesar de coincidir con el camino que se inicia en ella, no se remonta más allá del siglo XVIII, momento en el que los ingenieros de Verboon lo utilizan en la cartografía (v.g. AGS MPD X-99). Fonsario es el término usado por la Crónica. De otro lado, esta ubicación implicaría que la Torre del Espolón debía situarse también a este lado (Crónica: 358), lo que no entra en contradicción con ninguna otra fuente. La Crónica (pág. 372) menciona también un “postigo” situado en las inmediaciones de la Puerta del Fonsario. Un grabado del siglo XVIII (reproducido en Torremocha, 1994: 92) representa una puerta de estas características en la coracha que cierra la playa por el lado del cementerio que estamos describiendo (ver la argumentación de Sabio, 2003: 283). Más adelante llamaremos la atención sobre la falta de correspondencia entre los nombre árabes de las puertas del recinto antiguo (conocidos gracias a al-Himyari) y los castellanos. Ninguna de las designaciones islámicas se refiere a un cementerio. Es posible conjeturar que los castellanos asignaran el nombre a esta puerta en función de un indicio visible para ellos y no por la traducción de los términos árabes (en el caso de la Puerta de Tarifa y Jerez la Crónica especifica que los musulmanes la denominaban así). En otras palabras, insistimos, los cristianos vieron este cementerio.

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- El enorme desarrollo que adquiere hacia el norte hace imposible que el ejército sitiador no se sitúe sobre él si pretendía cercar la ciudad. Resultaría extraño que en la pormenorizada descripción del asedio no se hiciera referencia a una maqbara de las características enunciadas. Hay que tener en cuenta que la narración se realiza prácticamente mes a mes durante los veinte meses que duró, que se describe el emplazamiento de todos los reales castellanos alrededor de las ciudades y que, al menos a partir de marzo de 1343, éstos rodeaban por completo ambas villas de forma tan estrecha que los sitiados lanzaban saetadas a los cristianos desde la ciudad, llegando a dar en algunos puntos del cerco,22 aún más cuando se comprueba que la Crónica utiliza todo tipo de hitos para describir las celadas (cerros, ríos, puertas…) y que en ella se menciona el mismo cementerio –y sólo él– hasta veinticuatro veces.23 Sumemos a ello que la necrópolis conocida por la arqueología encaja con la descripción de su lugar de emplazamiento, tanto por lo enunciado más arriba, como por la especial alusión a esta zona como el punto más débil de la cerca,24 en coincidencia con la disposición topográfica de la zona del cementerio con respecto al área de la cerca situada frente a él (ambas prácticamente a la misma cota en época medieval, lo que la hacía especialmente vulnerable). La misma magnitud del complejo defensivo creado en torno a la llamada "Puerta de Gibraltar" parece demostrar su debilidad (TORREMOCHA, NAVARRO y SALADO, 2000). La interpretación defendida desde la hipótesis tradicional obligaba a la localización del Fonsario en la ciudad meridional. TORREMOCHA (1994: 257) infirió, en un primer momento, que debía situarse al suroeste del recinto, junto a la calle Cuatro Vientos, fundamentándolo seguramente en su propia identificación de la Bab Tarafa de al-Himyari con la Puerta del Fonsario de la Crónica, en un lugar donde no se ha podido certificar su existencia puesto que todavía no se han realizado intervenciones arqueológicas. Sin embargo, en una publicación posterior reconoce que estas puertas son diferen22 23 24

Figura 2. Delimitación de los recintos defensivos de las villas de Algeciras sobre el callejero actual. Se describe una propuesta de localización de las puertas de la cerca, según las fuentes y la situación de las intervenciones arqueológicas citadas en el texto. Éstas son: 1. Cementerio del antiguo acuartelamiento “Fuerte de Santiago”; 2. Murallas de la Avenida Blas Infante; 3. Alférez Villalta Medina, 15; 4. Sáenz Laguna, 16-18; 5. Buen Aire, 3; 6. San Antonio, 21; 7. Rocha, 3; 8. Ruiz Tagle, 55; 9. General Castaños, 4; 10. General Castaños, 32; 11. General Castaños, 15; 12. Cánovas del Castillo, 4-8; 13. Santacana c/v Castelar; 14. Emilio Castelar, 7; 15. Tarifa c/v Santacana c/v Huertas; 16. Tarifa c/v Santacana; 17. Plaza Nuestra Señora de la Palma, 5; 18. Méndez Núñez, 4; 19. Méndez Núñez c/v San Nicolás; 20. San Nicolás, 17; 21. San Nicolás, 3-5; 22. San Nicolás, 1; 23. Murallas de Huerta del Carmen. Cartografía base: Carta Arqueológica de Algeciras. Superposición de los planos AGS, MPD X-99, para el recinto Norte, y del Plano AGS, MPD X-94, para el recinto sur.

“Pero la cava era tan cerca de la ciubdat que les daban desde el adarve muchas saetadas” (Crónica: 354) En doce capítulos diferentes (Crónica: 344-345, 351-352, 354-355, 357, 358-359, 362, 372, 388), a lo que hay que añadir las seis menciones a la Puerta del Fonsario (Crónica: 344, 350, 351, 352, 358, 372). (Crónica: 351, 358), que justifica además que aquí se situara la “delantera”, en palabras del cronista, y que fuera el lugar donde se realizaron los mayores avances de la línea ofensiva.

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tes (TORREMOCHA y SÁEZ, 1999: 179) y retrasa la ubicación del cementerio hacia el sur (entorno donde hoy se encuentran la fábrica de Conservas Garavilla, el Palacio de Marzales, y la barriada de Pescadores). En esta zona sólo se ha realizado una intervención arqueológica (figura 2, nº 23), que no localizó restos del cementerio. Sin embargo, hace dos años IGLESIAS y LORENZO (2002) exhumaron parte de una necrópolis islámica bajomedieval al norte de este recinto. La disposición de este cementerio en una zona al este de un promontorio envuelto por la cerca y entre ambas villas explica por qué no fue descrito en la Crónica de Alfonso XI, que sólo recoge hitos en los flancos norte, sur y oeste del conjunto formado por las dos ciudades, ya que estos son los lugares donde se produjeron las celadas y donde se asentaban las huestes.25
TORREMOCHA (1994: 135-138) Torre Adalides Oeste del recinto sur. Al sur del río de la Miel. Palmones Suroeste del recinto sur SIN UBICAR30 UBICACIÓN DE LOS REALES SÁEZ (2001: 73-76) PROPUESTA DE CRÓNICA ESTE TRABAJO Torre Adalides Torre Adalides "entre la villa et el rio Palmones en un otero cerca de una torre, que dixieron despues la torre de los Adalides"26 Oeste, entre ambos recintos. Noroeste del recinto norte. "Et el Rey mudó su posada donde estaba, et mandó poner las sus Al sur del río de la Miel. Al norte del río de la Miel. tiendas en otro otero alto que dicen […] et mas cerca de la ciubdat"27 Palmones Palmones "cerca de la mar en un logar que avia el suelo arenoso cabo de Palmones"28 Sur del recinto sur Norte del recinto norte "cerca de la mar á espaldas de los suyos que posaban en el fonsario de l villa vieja, á un logar que él avia escogido para esto á ojo del rio Palmones"29 Oeste del recinto sur Oeste del recinto norte "cerca de la ciubdat en el logar dó ante posaba Don Pedro de Castro"31

REAL 1º agosto 1342 REAL 2º agosto 1342 REAL 3º octubre 1342 REAL 4º noviembre 1342 REAL 5º Marzo 1343

2.3.1.2. El Poema de Alfonso XI Esta crónica rimada, que recoge, al igual que la anterior, los sucesos acontecidos durante el cerco de Algeciras, se redactó entre los años 1344 y 1348 (POEMA, en la edición de VICTORIO, 1991: 25-27). Entre sus versos sólo encontramos una estrofa en la que, a partir de un referente geográfico, se pueda deducir la ubicación de alguna de las villas:
2142 Castiella fue bien guisada e el buen rey cavalgó; con muy poca de mesnada sobre Algezira llegó: […]

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La situación de este cementerio en un lugar resguardado del ataque directo del enemigo permitiría seguramente, una vez estrechado el cerco, la inhumación de los fallecidos en un lugar sacro. Crónica: pág. 343. Crónica: pág. 345. Crónica: pág. 348. Crónica: pág. 349. Este autor señala que el cuarto real es el último y definitivo campamento regio hasta la capitulación de la ciudad (Torremocha, 1994:138). Sin embargo, como ya puso de manifiesto Ángel Sáez (1991: 76), Alfonso XI cambió nuevamente de campamento en el mes de marzo de 1343 (Crónica: pág. 355, véase nota 31). Crónica: pág: 355. Se está refiriendo a Don Pero Fernández de Castro, Mayordomo Mayor y Adelantado de la Frontera y Pertiguero Mayor de la tierra de Santiago. Su campamento se localiza a partir de esta cita: “et el Rey mandole que posase do posaba el Arzobiso de Toledo en derecho de las dos torres mayores de la ciubdat” (Crónica: pág. 348). Hecho que se confirma con el pasaje de la página 346 en el que se dice “que seria bien poner dos engeños que tirasen á las dos torres mayores de la ciubdat, que estan fronteros de la posada dó el Rey posó después”. Como hemos señalado, los planos de Verboon sitúan dos torres en el lado oeste de la cerca norte, que son las mayores entre las visibles en los dos recintos, ya que en el sur no es posible reconocer ninguna torre de entidad. Teniendo en cuenta que el tercer real se ubica claramente en las inmediaciones del río Palmones y el cuarto en la retaguardia del fonsario, este último pasaje se refiere sin duda al quinto real y este campamento no puede menos que situarse al Oeste del recinto norte.

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2144 La su tienda muy onrada posaron contra la mar, la villa vieja es cercada de partes de Gibraltar32

De la interpretación de estos versos inferimos que: 1) El poema está aludiendo al recinto situado al norte del río de la Miel, ya que no es posible cercar el recinto sur por la parte de Gibraltar, es decir desde el norte, puesto que en esa posición se hallan el río y el recinto septentrional. 2) Se refiere a la llegada de Alfonso XI a Algeciras y a la instalación del primer real,33 el situado en Torre Adalides, otero desde el que se divisan tanto las dos villas como el mar y que se localiza con precisión al norte de la villa septentrional. Desde esta posición, el recinto norte quedaría cercado "de partes de Gibraltar", de donde este recinto es la villa vieja, aspecto que refuerza lo interpretado en el apartado anterior. Además, en este momento las huestes se sitúan entre el real y el mar, creándose –por primera y única vez– una línea de cerco por el norte, o sea, desde Gibraltar. Posteriormente, cuando se instale el segundo campamento, una cava circundará toda la villa, y, por tanto, será cercada ahora por todas las direcciones posibles desde tierra (oeste y norte). 2.3.2. Fuentes que aluden al tamaño de las villas Ofrecen los principales argumentos para la refutación de la hipótesis tradicional, junto con el Poema. El contenido de estas fuentes, su alusión al tamaño de las villas, ha sido contrastado con los planos que de los dos recintos realizaron los ingenieros militares en 1726. El uso de esta cartografía como referente de las dimensiones de las villas depende de una premisa básica según la cual el trazado de ambas fortificaciones responde, si no al estado de los recintos amurallados desde 1342 hasta la fecha en que fueron confeccionados los planos, sí a la proporción entre ambas villas. Damos por hecho que ningún acontecimiento histórico ocurrido en ese lapso temporal puede justificar que una ciudad creciera hasta casi triplicar la otra. Nos basamos para ello en las interpretaciones históricas formuladas hasta la fecha, por las que, tanto en el período cristiano (1344-1369) como en el intermedio nazarí (1369-1379), existieron graves problemas para mantener poblada la ciudad y para reorganizar su defensa.34 Según esta colección de planos, el recinto situado al norte del río de la Miel resulta ser el más grande; el ubicado al sur, lógicamente, el más pequeño.35

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Poema (pág. 406 y 407). La cursiva es del editor. Agradecemos a nuestra compañera Dª Cibeles Fernández Gallego su acertada lectura. Esta reflexión parte de la identificación de la misma secuencia temporal en los hechos narrados entre los capítulos CCLXIV y CCLXX de la Crónica y en las estrofas 2077 a 2147 del Poema. En ambas fuentes se describen: primero, algunas escaramuzas entre la flota cristiana y la islámica con victoria para la primera (Crónica Cap. CCLXIV; Poema, estrofas 2077-2124); más tarde, la llegada del rey al lugar donde estaba asentada la flota (Getares según la Crónica), el viaje en una galera para ver de cerca Algeciras y la descripción que el monarca hace de ésta (Capítulo CCLXVII; estrofas 2124-2138); seguidamente, la vuelta del rey a Jerez para recabar huestes para el cerco (Capítulo CCLXVIII; estrofas 2139-2141); y, por último, el regreso a Algeciras para cercar definitivamente la ciudad por tierra y el emplazamiento del campamento real (Capítulo CCLXIX; estrofas 2142-2144): en un lugar “contra la mar” y “de partes de Gibraltar” según el Poema, en la Torre de Adalides según la Crónica. En resumidas cuentas, ambas fuentes están describiendo los hechos que anteceden al cerco de la ciudad y la llegada del rey a Algeciras. Tres estrofas más adelante, en el Poema se versificará la muerte de un conde “estraño” (2147). La Crónica, por su parte, en el capítulo siguiente (CCLXX), relatará la muerte del Conde de Lous, personaje de origen alemán. Este suceso se explica en la Crónica antes de que el rey cambie por segunda vez su campamento, por tanto, cuando Alfonso XI está asentado en Torre Adalides (sin embargo, hemos de tener en cuenta que entre las estrofas 2145 y 2153 es posible apreciar un desorden aparente en la secuencia de hechos narrados con respecto a la Crónica). Para el período comprendido entre 1344 y 1369, según los argumentos expuestos en el apartado 2.3.2.2.; para el resto, véase Torremocha (1994: 291-308) y Torremocha y otros (1999: 158-162). Después de la destrucción nazarí del recinto defensivo, la ciudad quedó despoblada. Véanse los planos AGS MPD X-94 y XXII-79.

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2.3.2.1. Las Cartas de Mateo Mercer Su remitente fue uno de los dos vicealmirantes de la flota aragonesa que, junto a la castellana, efectuaron el cerco marítimo de la ciudad de Algeciras. Llegó al real en noviembre de 1342 al mando de diez "galeas", que se sitúan "de la parte de la Villa Nueva", y permaneció aquí hasta la rendición de la ciudad. Se han conservado dos cartas de Mercer narrando la entrada de los ejércitos sitiadores en ambas villas tras la capitulación. Una, custodiada en el Archivo de la Corona de Aragón, iba inserta en una carta del rey de Aragón al capitán del Castillo de Canet para notificarle el suceso. La otra, del Archivo Municipal de Valencia, forma parte de los Manuals de Consell, en concreto del Acta del 3 de Abril de 1344, sobre el acuerdo de celebración solemne de la caída de Algeciras, de la que fue informado el Consell de Valencia por el vicealmirante, natural de la ciudad. Ambas cartas han sido escritas por un observador directo de los hechos, contemporáneo de los redactores de la Crónica y el Poema. Las dos narran los mismos sucesos que la Crónica (pág. 389): la entrada el 26 de marzo de 1344 de don Juan Manuel en la villa nueva y, un día después, la del rey Alfonso XI en la otra villa (la "vieja" según la Crónica). La primera de estas cartas utiliza, sin embargo, un término diferente al de la Crónica para aludir a la villa en la que entra el soberano: la denomina villa mayor.
Don Pedro, por la gracia de Dios, rey de Aragón, etc […] Al religioso y nuestro estimado G. de Guercia, capitán del Castillo de Canet, saludamos, etc [...] Os manifestamos que hoy que es lunes de Pascua, hemos recibido carta de nuestro estimado vicealmirante, don Mateu Mercer, el contenido de la misma es el siguiente: Señor, sepa vuestra alteza que Nuestro Señor ha agraciado [ha dado gracia, merced] al rey de Castilla, que, el viernes, 26 de marzo, en hora de tercia [por la mañana] vuestros estandartes y los del rey de Castilla han entrado en la Villa Nueva de Algeciras y don Juan Manuel y el vizconde de Cabrera y Enrique Enríquez y el almirante de Castilla y yo, cada uno con su compañía [acompañado de sus gentes], entramos en la villa con los referidos estandartes. Y al día siguiente, que será sábado, el rey de Castilla, con toda su compañía [o con todos sus acompañantes] entraba [o entró] en la Villa Mayor, las cuales villas [la Nueva y la Mayor] se han rendido separadamente, y con tales pactos: que todos aquellos que se encuentran en las villas, salgan con todo lo suyo [con sus pertenencias], salvos y seguros. Y se ha acordado tregua entre el rey de Castilla, el rey benamarí y el rey de Granada, a 10 años, en esta tregua el señor rey de Castilla nos ha puesto, siempre que a vuestra alteza plazca esta tregua[…]36

Dos observadores contemporáneos, el autor de la Crónica y Mateo Mercer, están usando dos términos distintos para describir una misma realidad, la villa en la que entra el Rey. De la comparación de este documento con la Crónica y con los planos del XVIII obtenemos dos resultados: 1) El segundo día el rey entra en una villa que, para la Crónica, es la vieja y, para la Carta, es la mayor. Por tanto, la villa vieja es la mayor. 2) En la Crónica, por lo expuesto más arriba, la villa vieja se sitúa al Norte del río de la Miel. En consecuencia, se trata de la villa "mayor", la más grande. Si nuestra premisa sobre la pervivencia de los tamaños de lo representado en los planos

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El texto lo ha traducido y comentado para nosotros la Dra. Dª. Llúcia Martín Pascual (véase nota 1) a partir de la transcripción recogida en Torremocha (1994: 357358, Documento nº 27). Dos transcripciones de la misma carta se hallan en Giménez (1908: 276-277 y 1932: 642, Documento nº DLXXII). En la que reproducimos, los corchetes contienen comentarios de la Dra. Martín.

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del siglo XVIII es acertada –como así lo creemos–, entonces nos están mostrando una imagen real de las dimensiones de la ciudad antigua –al Norte, más grande– con respecto a la fundada en el siglo XIII –al Sur, más pequeña–37 La segunda carta no ofrece variaciones sustanciales con respecto a la primera, por lo que no la reproducimos completa.38 Sin embargo, la villa en la que entra el rey de Castilla es denominada aquí vila vella [villa vieja]. Mateo Mercer ha escrito sendas cartas, dirigidas a diferentes personas, contando los mismos sucesos, pero en una utiliza el término vella y en otra mayor. El marino valenciano emplea dos calificativos diferentes para describir una sola realidad: la confrontación de ambas cartas establece por sí misma la identificación villa vieja=villa mayor. 2.3.2.2. Los escritos de Ibn al-Jatib Este granadino, visir y secretario de estado (katib) del sultán nazarí Muhammad V, dejó por escrito tres versiones de la toma de Algeciras de 1369. La realidad urbana descrita por Ibn al-Jatib es tan sólo veinticinco años posterior a la dibujada por Mateo Mercer. En estos años sólo media la ocupación castellana de Algeciras. El escaso eco que la repoblación tuvo en la ciudad repercutió en una débil defensa, hecho éste aducido a la hora de explicar su rápida conquista (GARCÍA, 198788: 59-76; TORREMOCHA, 1994: 266-272), por lo que es difícil plantear, como venimos señalando, que una de las villas cambiara drásticamente el tamaño de su recinto amurallado en este lapso temporal. El principal interés de estos textos radica en utilizar una terminología similar a la anterior para referirse a las ciudades, salvando la distancia del idioma en el que están escritas, y en estar redactadas por un observador distinto y de una cultura diferente. La primera de estas descripciones se conserva en el Códice Escurialense 1825, junto a una colección de cartas escritas por Ibn al-Jatib en nombre del sultán. Entre ellas se encuentra un fragmento de la risala (carta) del sultán granadino al jeque de la Meca en la que se le notifica la conquista de Algeciras.39 La carta, en realidad un parte de victoria (MARTÍNEZ, 1999: 170), fue dictada por Ibn al-Jatib en octubre de 1369. A continuación reproducimos un fragmento de ella:
Y se apoderaron de su hijuela, la ciudad Alboniya [y entraron en la ciudad de al-Biniya, su hija, victoriosos]. Los sables quedaron satisfechos por el degüello […] Después se dirigieron los esfuerzos de los fieles contra la ciudad grande [la ciudad mayor]40 y rodearon como un muro a la muralla de aquélla [hicieron rodear su muralla con un muro]. Emprendieron con osadía el penetrar en los valles del circuito de sobre sus calzadas [osaron irrumpir en las vías del espacio cercado por encima de sus muros de contención] y aproximaron a ella, con cargas de caballería, unas torres fortificadas.41

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Véanse los planos depositados en el Archivo General de Simancas con las siglas: MPD X-94 y XXII-79. Nuestra figura 2 representa esta proporción al mostrar, digitalizados a escala, los planos AGS MPD X-94 (recinto sur) y X-99 (recinto norte) sobre el parcelario actual. Ha sido publicada por Dualde (1950: 41-42, Documento nº IV) y por Torremocha y Sáez (2001: 310-311, Documento VIII). Sobre Ibn al-Jatib y la risala léase Gaspar (1912: 151-155). La Dra. Martínez Núñez ha comentado para nosotros este pasaje, indicándonos que hay que tener en cuenta la posibilidad de que la designación al-madÓna al-kubr_, “la ciudad mayor”, esté en relación con el nombre de la otra ciudad, a la que Ibn al-Jatib califica de “su hija”. El topónimo al-Biniya ha sido trascrito así por Inan, el editor de la Ih‚ta, por identificarlo con el nombre castellano “La Peña”, aunque en árabe existe un nombre común binya cuyo significado es “edificio”, “construcción”. Sin embargo, el ductus consonántico permite también leer ese nombre como un diminutivo de bint = “hija”. En ese caso, la lectura del nombre de la ciudad sería alBunayya = “la pequeña hija”, “la hijuela”, y el origen del topónimo haría referencia a “la hijuela” de “la ciudad mayor”. Ibn al-Jatib parece aludir a ese origen cuando la designa como binta-h‚ = “su hija”. Así, estos pasajes podrían leerse y traducirse del siguiente modo: “y entraron en la ciudad de al-Bunayya, su hija, victoriosos… luego se dirigieron a la ciudad mayor…” Entre corchetes los matices de la Dra. Martínez a la traducción de Gaspar (1915: 1-8). Esta carta también ha sido recogida en la “Colección de Documentos”, con el nº 34, en Torremocha (1994: 369-371).

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Posteriormente, el mismo autor narraría dos veces el hecho, en la biografía de Muhammad V y en su propia autobiografía:
Luego se pusieron en movimiento hacia Algeciras […] y se inició el combate el sábado, día veintitrés del citado mes. Los musulmanes se entregaron a la guerra y se apoderaron por la fuerza de al-Biniya, la ciudad pegada a ella, y mataron en ella a un gran número de jinetes provistos de corazas y armaduras. Se dirigieron con los botines hacia la ciudad mayor [o "más grande", al madina al-kubrà] y vieron que ellos, por designio de Dios, no tenían capacidad de resistencia, pues Dios, ensalzada sea su majestad, los privó de ayuda, debilitándolos, a pesar de la resistencia de las murallas [la gran profundidad de los fosos y la abundancia de número y preparativos], y pidieron el salvoconducto [am‚n] para sí mismos.42 Y entraron en la ciudad de al-Biniya, su hija, victoriosos, y tomaron las espadas desenvainándolas […] Luego los benditos esfuerzos se dirigieron a la ciudad mayor [al-madina al-kubrà] y rodearon sus murallas con su muralla y osaron irrumpir en las vías del espacio cercado [awdiyat al-fin‚’ = "vías", "caminos" o "valles" de la "explanada", "plaza", "espacio cercado", o "rodeado"] por encima de sus muros de contención [_us˚r = "muros de contención", "puentes"].43

De estos textos se pueden obtener dos consideraciones: 1) En todos ellos se describe una ciudad, al-Bunayya,44 calificada como "hija" o "hijuela" de una ciudad mayor, donde hija o hijuela son diminutivos que se establecen con respecto a la denominada ciudad grande. Los textos contienen en sí mismos los dos apelativos relativos al tamaño de las villas. Estas fuentes se convierten en una contrastación independiente de lo explicado en la primera carta de Mateo Mercer: la ciudad meriní, la villa nueva, es la pequeña y la otra, por contraposición, la antigua, es la más grande. 2) De nuevo la contrastación de sus tamaños con la cartografía del siglo XVIII corrobora que al-Bunayya (o al-Binya si se prefiere) es la situada al sur del río de la Miel y al-madina al-kubrà, que, por descarte, pasa a ser al-Gazira al-hadra, se erige al norte de este río. 2.3.3. Fuentes que permiten una ubicación indirecta de las villas 2.3.3.1. Idrisi Este geográfo, oriundo de la vecina ciudad de Ceuta, debió redactar los datos relativos a al-Andalus en la segunda mitad del siglo XII (IDRISI, en la edición de SAAVEDRA, BLÁZQUEZ y UBIETO, 1988: 9), esto es, antes de la fundación de al-Bunayya. Describirá en su obra, por tanto, un solo recinto fortificado, el más antiguo, que, además, conocía personalmente (IDRISI: 160). De su lectura obtendremos, fundamentalmente, dos testimonios para la localización indirecta del recinto antiguo: 1) Sitúa "un arsenal" en el "interior de la ciudad" (IDRISI: 165). La lectura topográfica de los ámbitos donde se asientan las villas de Algeciras en época moderna y contemporánea ofrece como única localización posible de este astillero el tercio sur del recinto norte. En efecto, mientras que la ciudad sur se levanta sobre una meseta elevada entre 12 y 15 m.s.n.m. (metros sobre el nivel del mar), su antagónica posee, en torno a la actual Plaza de Abastos, un ámbito que, en la actualidad, oscila entre los 2 y 3 m.s.n.m., pero del que tenemos indicios de su condición inundable en época medieval.

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Texto árabe en M. A. Inan (1974: 88). Soha Abboud (1998: 163) ya hizo una interpretación en la que identificaba al-Gazira al-hadra y al-madina al-kubra, por tanto, la villa vieja con la ciudad mayor, añadiendo en una nota a pie de página que esta traducción “contradice en parte lo sabido por otras fuentes. Estudios posteriores podrían aclarar el caso” (Abboud, 1998:166). En realidad, la contradicción se daba con la interpretación de la Crónica de Alfonso XI dada por Santacana (1901) y Pérez-Petinto (1944), expuesta más tarde como parte de la argumentación de la tesis doctoral de Torremocha (1994). Texto árabe en M. A. Inan (1978: 556-557). La ciudad nueva, de fundación meriní (Ibn Marzuq: 102; Ibn Abi Zar: Tomo II, pág. 734; Crónica de Alfonso X: 57; Pero Marín: 175-176 y 184-186).

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Un camino empedrado y sobreelevado con respecto a la rasante del terreno, denominado por sus excavadores "arrecife" (del cual haremos algunas reflexiones más abajo), funcionó como medio de comunicación dentro de esta zona. Si hacemos caso de la descripción de Idrisi, la ciudad se localiza donde el arsenal; si éste no pudo localizarse en otro espacio que el aducido, se encontraba al norte del río de la Miel. De otro lado, A. Torremocha se había percatado de la imposibilidad de construir unas atarazanas en el interior del recinto sur, siendo el primero en situarlas en el lugar explicado e identificando el "Ojo del muelle",45 del que hablaremos más adelante, como posible puerta de acceso a este edificio. Estando, en su opinión, la medina andalusí al sur del río, para dar sentido a la descripción de Idrisi (astilleros en el interior de la ciudad) elaboró, ad hoc, la "hipótesis del arrabal".46 Según ésta, debió existir desde el siglo X, XI o XII –según la publicación a que nos refiramos–47 un barrio por el que la ciudad se ensanchaba hacia esta zona. Sin embargo, esta formulación no ha sido contrastada por ninguna evidencia documental o arqueológica.48 2) Describe, en esta misma obra, que "sus murallas son de piedra mezclada con cal" (IDRISI: 165). No hemos encontrado otra fuente medieval que analice la fábrica de los recintos. Habrá que esperar a los albores del siglo XVIII para que Verboon reseñe en su informe al marqués de Castelar que "[…] las Murallas de su Recinto [el de la Ciudad grande, estaban] hechas de Cal y Canto [mientras que] la otra de distincta fabrica, que por su conformacion parece de Moros […] [y, más adelante] su recinto [el de Algeciras nueva, como él la llama] de Tapias y Argamazon" (PARDO, 1995: 73). Las intervenciones arqueológicas en ambos recintos también han demostrado que las murallas del recinto sur son de tapial, al menos en la única zona excavada (Huerta del Carmen: NAVARRO y TOMASSETTI, 1999; véase figura 2, nº 23), mientras que las del recinto norte son de mampostería trabada con mortero de cal en los dos tramos de mayor

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Conocido por una fotografía de 1935 recogida en Torremocha (1994: 111). Hipótesis que, por otro lado, toma de Requena (1956: 47), autor que no justifica la existencia del arrabal. Torremocha (1994: 259) señala que el arrabal es anterior a época almorávide para justificar que las atarazanas se encuentren dentro de la ciudad; posteriormente cambia de idea en Torremocha y otros (1999: 59-60), fechándolo en época almohade para demostrar exactamente el mismo supuesto; finalmente, acaba por datarlo en época califal, en Torremocha (2002: 215-216). Todos estos cambios se han realizado sin una variación aparente del cuerpo documental en el que se basan (véase nota 48) y se exponen, en cada ocasión, sin advertir que corrigen hipótesis anteriores. A pesar de que este mismo investigador asegure, tanto en Torremocha (2002: 215-216), como en Torremocha y Bernal (2003: 12), que “las intervenciones arqueológicas realizadas en los entornos del lugar donde se hallaron las atarazanas califales permiten avanzar la hipótesis de que [el arrabal] ocupaba toda la zona baja situada entre la ribera norte del río y las actuales calles Emilio Castelar y Cayetano del Toro, lo que supondría una extensión aproximada de 7 ha”, ninguna de las cinco intervenciones realizadas en este entorno (C/ Tarifa c/v Santacana c/v Huertas: Navarro y Torremocha, 1999; C/ Tarifa c/v Santacana: Tomassetti y Torremocha, 2000; C/ Santacana c/v Castelar: Navarro, 2000; Plaza Nuestra Señora de la Palma, 5: Fernández y Tomassetti, 2001; C/ Emilio Castelar, 7: Expósito y Lorenzo, 2003), hasta el momento de producirse estas publicaciones, ha aportado estructuras anteriores a los siglos XIII y XIV, siendo entonces el nivel más antiguo un depósito relacionado con un ambiente marino o fluvial, y no doméstico, del siglo XII. Posteriormente, en C/ Cánovas del Castillo c/v Rafael de Muro c/v Santa María (Fernández y otros, 2004) se han encontrado las primeras evidencias del poblamiento más antiguo, emiral y califal, en la periferia de esta zona, sobre una playa fósil, en el límite del margen continental. Si sumamos a esto la interpretación que se ha hecho del ámbito urbano donde se localizó el “arrecife” -dentro del supuesto arrabal- como un espacio inundado tipo estuario (Tomassetti y Torremocha, 2000), más bien puede afirmarse que es en la línea de C/ Santa María donde, aproximadamente, comienza la zona poblada, hacia el Norte, es decir, todo lo contrario de lo que plantea la “hipótesis del arrabal”. Por otra parte, no existen menciones a un arrabal algecireño en ninguna de las fuentes consultadas. El autor a que nos venimos refiriendo refuerza su existencia en el relato de la invasión almorávide de las Memorias de Abd Allah, que no contiene ninguna mención directa a él. En Abd Allah (pág. 199-200) podemos leer: “ya los soldados habían cruzado el mar tras ellos, y desembarcaron en las Atarazanas. La población de la ciudad vio que unos caballeros habían levantado un campamento, sin saber cuándo habían venido, y, así que amaneció, siguieron llegando contingentes que aumentaban y se sucedían, hasta que todo el ejército almorávid se encontró frente a Algeciras, al mando de Dawud ibn Aisa”. De esta cita deduce A. Torremocha la existencia de un barrio extramuros, basándose en el hecho de que si la población no se había apercibido de la llegada de los contingentes almorávides es porque las atarazanas no estaban en el interior de la ciudad, sino en otro lugar (en la hipótesis de este investigador, al Norte del río de la Miel, rodeado por el supuesto arrabal). Sin embargo, aún entendiendo que esto es lo que se pueda deducir del texto y que no se deba a una forma literaria o a una exageración de la fuente (v. g. HIMYARI: 180 relata una versión diferente), nada demuestra en cuanto a la ubicación de las atarazanas, pues éstas pudieron estar en la misma orilla que la ciudad pero situadas a extramuros, ya que no conocemos el perímetro de la cerca en el siglo XI, momento al que pertenece la descripción de Abd Allah. Posteriormente, el arsenal pudo ser absorbido por el amurallamiento en el siglo XII, fecha en la que debió escribirse la obra de Idrisi. Es decir, debemos tener en cuenta la diferente cronología de ambos textos y nuestro desconocimiento actual del trazado de la muralla antes del siglo XIII.

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desarrollo excavados: solar nº 5 de la Plaza Nuestra Señora de la Palma (FERNÁNDEZ Y TOMASSETTI, 2001) y avenida Blas Infante.49 2.3.3.2. Himyari Este recopilador, de discutido origen (ceutí, andalusí, ¿tunecino?),50 realiza un diccionario geográfico-histórico en el que se recogen, entre otros aspectos, voces sobre ciudades de la península Ibérica. Titulado "El libro del jardín perfumado [sobre la mención de las ciudades y los países]",51 y escrito, seguramente, entre finales del siglo XIII y principios del siglo XIV, contiene un apartado histórico que no ofrece datos posteriores a la época almohade. A partir del estudio del término al-Hadra de su "diccionario" se pueden obtener las siguientes conclusiones: 1. Sobre su cronología. Este autor, al igual que el anterior, refleja una realidad previa a la erección de al-Bunayya (1279 d.C.)52 ya que sólo se menciona una ciudad y los elementos descritos en el interior de ésta son los mismos que encontramos en Idrisi (v.g. la Mezquita de las Banderas). 2. Sobre la diversidad de sus fuentes. Del contenido del Rawd se ha dicho que recoge un conjunto de recopilaciones de autores anteriores plasmadas a menudo sin la introducción de opinión personal alguna (DAOA: 255). En lo que respecta a Algeciras, estamos en condiciones de proponer que son, al menos, tres los testimonios que yuxtapone. Un primer bloque (texto A)53 comprendería desde el principio de la voz "Algeciras" hasta el párrafo que menciona el puerto de la ciudad y la distancia que mantiene con el de Ceuta (pp. 152-156). El segundo (texto B) comienza explicando la fábrica de la muralla y concluye describiendo Gibraltar (pp. 156-157). El texto B está copiado directamente de Idrisi:54 describe los mismos elementos, en el mismo orden y ofreciendo los mismos datos de la ciudad que el ceutí (IDRISI: 165-166).55 El hecho de que A y B se solapen sin comentario del recopilador parece probarse al explicar el origen de la Mezquita de las Banderas: en el texto A se afirma que su nombre se origina en la colocación de las banderas normandas en este lugar, mientras que en el texto B se explica que éste fue el lugar donde se reunieron los "estandartes" de las tribus cuando celebraron consejo. Un último texto C, cerraría la entrada "Algeciras" de este diccionario (pp. 157-158). De un lado, la separación del texto A por la interpolación del B y, de otro, la repetición de un elemento que no aporta ningún dato nuevo –tanto en A como en C se explica que la ciudad tiene "tres termas"– ratifican que debe tratarse de otra fuente diferenciada. En lo tocante a nuestra investigación la diferenciación, sobre todo, de los textos A y B facilitará dos fuentes dentro del mismo al-Himyari, confirmando la existencia del arsenal, además de aportarnos algún dato nuevo: "Había en Algeciras un astillero de construcciones navales […] edificado por […] Abd-ar Rahman III […] después cuando se produjo el período de disturbios […] los príncipes independientes de Algeciras hicieron de este dar sinaa [astilleros] un alcázar".

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Aunque este tramo es más moderno que la descripción de Idrisi, según la datación de sus excavadores (Torremocha y otros, 1999). Una excepción sería el sector excavado en la calle Teniente Miranda, cuya problemática se estudia en estas Jornadas (Jiménez-Camino y Gurriarán, e.p.). Sobre al-Himyari y su obra véase el estudio preliminar de la traducción en la que nos basamos: Al-Himyari (1963: 5-10) y DAOA: 249-255. Kitab ar-Rawd al-Mi´tar (Himyari: 1963). Según la interpretación de Torremocha y otros (1999: 74). Para facilitar la distinción de los datos y hacer más asequible la lectura de este artículo hemos hecho esta diferenciación entre los textos. Esto no quiere decir que no se puedan rastrear más fuentes dentro de al-Himyari sino que nosotros sólo hemos distinguido éstas. Hay que tener en cuenta que nuestra interpretación se basa en las traducciones de ambos autores por lo que, evidentemente, las deducciones se sustentan en el contenido y la semejanza estructural de los textos. Hay una sola excepción. Mientras que Idrisi habla de “tres puertas”, Himyari alude a “tres puertos”. Dada la identidad en la estructura de los dos textos, nos hemos planteado la necesidad de revisar sus traducciones.

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Pero, especialmente, nos ayudará a ubicar con una fuente independiente la Mezquita de las Banderas, que mencionan tanto Idrisi como los textos A y C de al-Himyari, y que analizaremos infra. En el texto B, que reitera la descripción del ceutí, se encuentran los mismos elementos comentados en el parágrafo que hemos dedicado a este autor. Confirma la localización de las atarazanas dentro de la villa vieja: "Tiene […] un astillero de construcciones navales, situado en el interior de la aglomeración" (HIMYARI: 156). En cuanto a la muralla, se vuelve a reiterar que "Algeciras posee un muro de piedra trabajada con hormigón de cal" (HIMYARI: 156). 3. Sobre la localización de la ciudad. La ciudad que están describiendo debe ser la situada al Norte del río de la Miel. El primer argumento en este sentido nos lo aporta el texto A, donde se dice que está "situada sobre una colina que domina el mar" (HIMYARI: 153).56 Más adelante se insiste en este aspecto al señalar que la mezquita mayor "se encuentra en el centro de la ciudad, en la cima de una colina". Del análisis topográfico, en la cartografía moderna57 y contemporánea, de la orografía donde se asientan las villas, resulta una única elevación, localizada en el recinto norte, que podamos considerar susceptible de ser descrita de esta forma, en el actual barrio de San Isidro y levantada hasta 36,45 m.s.n.m.58 sobre un terreno amesetado59 que se extiende alrededor de la actual Plaza Alta. Ambas alturas destacarían, al menos en los siglos XIII y XIV, sobre el tercio meridional del recinto amurallado, que estaría a una cota alrededor de los 2-3 m.s.n.m. Por su parte, el recinto sur se erige en una meseta con una altura regularizada en torno a los 12–15 m.s.n.m. en cuyo ángulo suroeste existen dos pequeñas elevaciones, de 20 y 24 m.s.n.m. de altura, con una extensión homogénea entre los cinco y seis mil metros cuadrados. Naturalmente, no tenemos una convención intercultural que defina las dimensiones que deba tener una colina; ésta es una interpretación subjetiva y hemos de tener en cuenta que el geográfo no estableció ninguna comparación entre los dos recintos, sino que sólo describió la realidad de uno. Sin embargo, resulta cuanto menos curioso que, en la descripción que de la ciudad realiza el marqués de Verboon seis centurias más tarde, se diga: "Las Algeciras estan, como queda dicho a la misma Legua del agua, en la mediania de la costa occidental de la Bahia Este Oeste con Gibraltar […] El ambito que ocupavan es un terreno casi llano, excepto a la parte de Poniente donde la Ciudad principal [el recinto norte] incluía dentro de su recinto una altura o especie de colina, que la coronava un fuerte castillo […]".60 El segundo argumento oscila en torno a la ubicación de un elemento urbano común tanto a la descripción de Idrisi como a los textos A y B de al-Himyari. El primero sitúa la Mezquita de las Banderas "al lado de la Puerta del Mar" (IDRISI: 166), lo que repite miméticamente el segundo en su texto B: "No lejos de la puerta que se abre al mar, se encuentra una mezquita llamada ‘Mezquita de las Banderas’" (HIMYARI: 156). Sin embargo, en el texto A se introduce un referente cardinal para su localización: "Al sudeste de Algeciras, en la ribera, hay una mezquita de tamaño mediano, llamada la ‘Mezquita de las Banderas’", (HIMYARI: 153). Como hemos explicado, el tercio meridional del recinto norte se encuentra a una cota próxima al nivel del mar y posiblemente estuviera inundado en estos momentos. De otra parte, la localización de una posible puerta medieval en el "Ojo del Muelle", fosilizado su topónimo en una calle del parcelario actual,61 nos lleva a plantear que sea ésta la "Puerta del Mar" a que se refieren los geógrafos islámicos. Su situación al sureste de la ciudad y cercana tanto a la ribera fluvial como a la marítima la hacen coincidir con las descripciones de éstos, que, como hemos visto, la localizan
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Hecho éste que ya señalaba en el siglo XI al-Bakri (pág. 34). Especialmente planos del Archivo General de Simancas con las signaturas: MPD X-94 y XXII-79. Su base posee alrededor de 64.500 m2, medidos uniendo las cotas absolutas actuales por encima de los 24 m.s.n.m. Elevado entre 14 y 18 m.s.n.m. La cursiva es nuestra. Informe del Marqués de Verboon al Marqués de Castelar con fecha 30 de Septiembre de 1726, en Pardo (1995: 28). La única fotografía por la que se le conoce ha sido referida supra. Esta puerta ya es descrita como muy antigua por Pérez-Petinto (1944) y, sea o no cierta esta opinión, su existencia no parece tener sentido para la nueva población de Algeciras del siglo XVIII.

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cerca de la Mezquita de las Banderas, que se hallaba en esta dirección. No disponemos de datos con los que podamos restituir esta puerta en el recinto sur; de hecho, el único que ha tratado de identificarla con algún hito de esta villa (TORREMOCHA, 1994: 101-102) la ha emplazado al noreste de la misma, recurriendo a la que llamaremos "hipótesis del error de la fuente o el copista o el traductor", que estudiaremos más adelante, y por la que se han localizado hasta cuatro puertas diferenciadas por las fuentes en un mismo lugar (TORREMOCHA, 1994: 99-100). El tercero se refiere a la ubicación de las puertas de la cerca. Según el texto C de al-Himyari, Algeciras tenía tres puertas, que son: - Al oeste, la gran puerta denominada Bab Hamza. - Al sur, la puerta del Portillón (en la traducción de Mª Pilar Maestro: HIMYARI, loc. cit.). - Al norte, la llamada Bab Tarafa. Recordamos que nuestra propuesta parte de una premisa según la cual la descripción de este autor se refiere al recinto norte en una fecha anterior al último tercio del siglo XIII. Las fuentes de contrastación para la localización de estas puertas son la Crónica de Alfonso XI y los planos de principios del siglo XVIII.62 La Crónica menciona tres puertas de la villa vieja. Aunque no refleje su ubicación directa, por la interpretación realizada más arriba, sostenemos que la del fonsario debía estar al norte de la ciudad y las otras dos al oeste y orientadas según las direcciones de las que tomaban su nombre. Por ello, sería lógico pensar que una estuviera al suroeste, la de Tarifa (ya que en el lado sur está el río), y la otra al noroeste, la de Jerez. La cartografía del XVIII señala igualmente tres puertas en el recinto septentrional, una al norte, otra al noroeste y otra más al suroeste, mientras que ninguno de los planos que se han conservado del meridional señala acceso alguno.63 Descartando la puerta situada en el flanco marítimo por el texto B de al-Himyari -que, por otro lado, no aparece descrita ni en la Crónica ni en la cartografía y de la que ya hemos hablado más arriba-, hay una clara coincidencia en el número de puertas mencionadas en estos documentos. Tres son las ubicadas en nuestra villa vieja: por el texto C de al-Himyari, por la Crónica de Alfonso XI y por los planos del XVIII, a lo que hay que añadir la alusión de Idrisi a otras tantas (pag:165),64 aunque nada diga de su emplazamiento. Sin embargo, de un lado, la nomenclatura cristiana de dos de las puertas (de Jerez y del Fonsario), que no parece equiparable a la árabe (Bab Hamsa y Bab al-hawha)65 a excepción de la identificación Bab Tarafa=Puerta de Tarifa (que analizamos más abajo), por lo que proponemos prescindir, en principio, de realizar equivalencias,66 y de otro, las deducciones que sobre su ubicación geográfica se han realizado en función de los caminos que designan sus nombres, hasta la fecha se ha interpretado como no coincidente con los emplazamientos de al-Himyari (véase TORREMOCHA, 1994: loc. cit. y SABIO, 2003), por lo que se ha dudado de la veracidad de la fuente sólo para este particular. Veamos este último aspecto: Según Himyari, la puerta situada al Norte recibe el nombre de Bab Tarafa, topónimo traducido como Puerta de Tarifa, lo que a priori puede suponer una incongruencia, ya que el camino de Tarifa se sitúa al Sur-Suroeste. Este hecho es igualmente

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v.g. AGS MPD X-99. AGS MPD X-94 y XXII-79, a pesar de lo referido en Sabio (2003: 282). Posiblemente el plano del recinto sur esté croquizado. Véase la nota 55. A falta de una traducción específica de este dato, nos basamos en la referida en la bibliografía. Citada en Torremocha (1994: 100), que maneja otra traducción. La Crónica (pág. 372) señala, no obstante, que Xerez y Tarifa era la forma en que los “Moros” llamaban a estas puertas. Sin embargo, no parece que estos conceptos traduzcan los nombres de las puertas citadas por Himyari.

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contradictorio con la hipótesis tradicional67 y con la propuesta de este trabajo. Virgilio MARTÍNEZ (1996: 51) apunta una posible solución al problema. Le llama la atención la forma anómala con la que se menciona Tarifa en relación a esta puerta (Tarfa) frente a la manera utilizada para designar a la ciudad (Tarif) en el Rawd, para concluir anotando que el campo semántico de Tarf contiene el significado de "extremo, punta, exterior", por lo que su etimología podría acercarse más a una posible "Puerta del Extremo". La Bab Hamsa, que se sitúa al Oeste, presenta menos dificultades en su ubicación y posiblemente se corresponda con la Puerta de Jerez de las otras dos fuentes. El hecho de calificarla como "la Gran puerta" coincide con lo expresado en la cartografía dieciochesca, que dibuja tres torres mayores que el resto, dos de ellas, las más grandes, al Oeste.68 Por último, la Puerta del Portillón (según la traducción de Mª Pilar Maestro) estaría al sur. Ésta es la situación más controvertida puesto que la cartografía del XVIII ubica la tercera puerta al suroeste. A pesar de ello, podemos vislumbrar varias soluciones: - El autor se está refiriendo a una puerta situada al sur de la gran puerta del oeste, y no al lado meridional de la cerca. O bien, entiende por dirección sur, es decir, la más meridional de la ciudad, la situada al suroeste.69 - Existe una puerta de menores dimensiones y no inserta dentro de una torre al sur del recinto norte, razón por la que no aparece representada en los planos de Verboon. La Puerta de Tarifa, situada al suroeste en la cartografía militar, sería la mencionada por Ibn Abi Zar70 y se realizaría en fecha más tardía (1315-1316), razón por la que no es mencionada aquí. - La descripción de la ciudad de al-Himyari (anterior a 1279) corresponde a un momento que precede a lo representado en la cartografía del XVIII (posterior a 1379) y el trazado de las murallas pudo no ser el mismo. La puerta sur pudo haber formado parte de un trazado desaparecido. Tras una ampliación pudo abrirse una nueva puerta, quizá la mencionada por Ibn Abi Zar. Aplicando algunas de estas soluciones es posible que, en realidad, las ubicaciones geográficas de al-Himyari no se deban a un error en la interpretación de las fuentes del autor (que, como se dijo, ubica correctamente Kartaganna=Carteia con respecto a Algeciras en el mismo texto C donde se mencionan el resto de las puertas), ni en sus copistas, sino a una deficiencia en el conocimiento de la cerca medieval en la actualidad y a la aparente falta de correspondencia entre las denominaciones árabes y cristianas.
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Torremocha (1994: 100) supone que al-Himyari (o sus copistas o traductores) yerra al ubicar la puerta al Norte y que se vuelve a equivocar al mencionar que Bab Tarafa y Bab Hamsa son dos puertas diferentes, ya que este investigador interpreta que son, en realidad, una misma puerta con dos nombres diferentes (Torremocha 1994: 100). Por ello deduce que Himyari se está refiriendo a que la ciudad tenía dos puertas en total, a pesar de que el geógrafo las sitúa en tres lugares diferentes. Sin embargo, como hemos señalado, otras fuentes mencionan tres puertas en la villa vieja, entre ellas la Crónica de Alfonso XI. Una nueva vuelta de tuerca llevará a Torremocha a unificar sin ninguna explicación las puertas de Tarifa y el Fonsario de la Crónica en una sola (Torremocha 1994: 99-100; en el texto, porque en la figura 67, pág. 212, las sitúa separadas). Este extremo lo rectificará en una posterior publicación (Torremocha y Sáez, 1999: 179) justificándolo como un error “ante la confusión de los textos” y señalando que la Crónica identifica la puerta del fonsario “situándola en el frente sur de la villa vieja (sic)”, acotación que sí induce a error puesto que la Crónica no hace ninguna referencia geográfica. A pesar de este aparente embrollo, la puerta de Tarifa es mencionada en el Capítulo CCCX (Crónica: 372) y la del Fonsario en seis lugares (Crónica: 344, 350, 351, 352, 358, 372), en contextos claramente diferentes (véase Crónica: 372; la fuente, sin embargo, sí es poco precisa en la descripción del contexto para las puertas de Jerez, de “entre amas las villas” y de Tarifa -en su relación con éstas, no con la del fonsario-, y en la mención a una puerta de Xerez et Tarifa que es citada de esta forma: “et ayuntaronse todos los de la villa vieja et los de la villa nueva ante la puerta […]”, por lo que carecemos de elementos para discernir, de ser una puerta diferente, en qué villa estaba o si se está refiriendo a una o a varias de las puertas conocidas de la villa vieja). Antonio Torremocha la situará al suroeste, haciéndola coincidir en el mismo lugar que la Bab Tarafa (véase nota anterior). Al igual que sitúa Kartaganna [=Carteia] al este, cuando está al noreste (Himyari: 157), lo que no puede entenderse como un orientación errónea sino poco precisa. “El año 715 [7 de abril del 1315 a 25 de marzo de 1316] mandó el emir de los musulmanes construir en Algeciras la puerta frontera al puente” (Ibn Abi Zar: tomo II, pág. 727). Suponiendo que el puente al que se refiere sea la obra arruinada que señalan los planos del XVIII (v.g. AGS MPD X-99), es posible ubicar la puerta al Noroeste del recinto sur o al Suroeste del recinto norte. Sin embargo, no podemos precisar a qué villa se refiere, a menos que supongamos, como parece más razonable, que una fuente como el Qirtas, donde se menciona la “ciudad nueva” (tomo II, pág. 734) aluda con el término “Algeciras” a la única ciudad que hasta la fundación de al-Bunayya se designaba con ese nombre, la más antigua. Recordamos que, como en los demás casos, hemos manejado una edición traducida del Qirtas.

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Crónica de Alfonso XI Puerta del fonsario: ¿NORTE? Puerta de Xerez: ¿NOROESTE? Puerta de Tarifa: ¿SUROESTE?

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PUERTAS DE LA CIUDAD Y SU LOCALIZACIÓN PUERTAS LOCALIZADAS EN LA VILLA VIEJA PUERTAS CUYA ATRIBUCIÓN A UNA VILLA ES INCIERTA Al-Himyari (texto C) Idrisi Miraculos Romanzados71 Cartografía (s.XVIII) Miraculos Romanzados72 Ibn Abi Zar Bab Tarafa: Puerta sin ubicar — Puerta de Gibraltar: — — NORTE NORTE Bab Hamsa: Puerta sin ubicar — Puerta de Jerez: Puerta de Xerez — OESTE NOROESTE Portillón: Puerta sin ubicar Puerta de Tarifa: Puerta de Tarifa: — Puerta frontera al puente: SUR ¿SUROESTE? SUROESTE ¿SUROESTE del recinto norte o NOROESTE-NORESTE del rec. sur? TOTAL PUERTAS TRES TRES UNA TRES UNA UNA

Finalmente, no queremos cerrar este parágrafo sin referirnos a la localización de los accesos en la villa nueva. Sólo existe una fuente que con seguridad nos transmita las puertas de esta ciudad, la Crónica de Alfonso XI. Menciona en cuatro ocasiones una puerta cerca de un oteruelo o cabezuelo, señalándola específicamente como "la puerta de la villa nueva" (Crónica, Cap. CCLXXX, pág. 352 y Cap. CCCII, pág. 367). Éste es el único acceso que, sin dudas y basándonos en este texto, podemos situar en el recinto sur.73 En otra ocasión señala una puerta "entre amas villas", puerta que, tanto por su nombre como por la movilidad de los campamentos74 –en la ribera a uno y otro lado del río–, se antoja más difícil de atribuir a una villa en concreto, aunque es muy posible que estuviera ubicada en la villa nueva (Crónica, Cap. CCCX, pág. 372).75 TORREMOCHA (1994) introdujo otra fuente para la descripción de algunos elementos urbanos de la ciudad nueva, los Miraculos Romanzados de Pedro Marín. Las citas a las puertas de Tarifa y Jerez, en la narración de la huída de varios cautivos cristianos hacia 1285-1286 recogida en esta recopilación de relatos, ayudó a este investigador a soslayar la carencia de nombres propios para las puertas de la villa nueva en la Crónica de Alfonso XI.76 Este investigador relacionará en diferentes publicaciones las puertas de los Miraculos con el recinto meriní sin ninguna argumentación. Sin embargo, de
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Pero Marín. 175-176 y 184-186. Pero Marín. 219-220 y 224-225. Los planos AGS MPD X-94 y XXII-79 representan, al suroeste del recinto sur, parte de la muralla sobre lo que podría entenderse como un “cabezuelo” –un espolón– y muy cerca de otro cerro. Esta movilidad y la escasa frontera que representaba el río se deduce, por ejemplo, de la localización del campamento de Fernand Rodríguez, Señor de Villalobos (Crónica: 356), que el Rey sitúa “en la Vega cerca de Don Joan, asi que oviesen el Rio de la Miel entre ambos á dos” y el cronista explica que los sitúa juntos “porque estos dos Don Joan et Don Fernand Rodríguez se amaban, et se ayudarian”. Tres historiadores: Santacana (1901), Pérez-Petinto (1944) y Sabio (2003) interpretan, basándose en la Crónica, que son dos las puertas de la villa nueva, las mencionadas hasta ahora. La referencia a una puerta de Xerez et Tarifa presenta más dificultades en su análisis (véase nota 67) y su identificación no ha sido abordada por ninguno de los investigadores que nos preceden. Torremocha no fundamentará en las menciones a las Puertas de Tarifa y Jerez de la Crónica de Alfonso XI su propuesta de localización de las puertas de la villa nueva, en los epígrafes dedicados al efecto en sus publicaciones (Torremocha, 1994; Torremocha y Sáez, 1999; y Torremocha y otros, 1999). Sin embargo, en un capítulo de su tesis doctoral dedicado, entre otras cosas, a la celada acaecida “entre las dos villas” (Torremocha, 1994: 228) sí argumentará la localización de la puerta de Tarifa en la villa nueva según la Crónica (a pesar de que es en este mismo pasaje en el que se basa para reconocer la puerta de Tarifa de la otra villa: Torremocha, 1994: 99). Hemos de recalcar que las inferencias para el emplazamiento de algunas puertas en este capítulo de la Crónica son confusas para ambas hipótesis. Sin embargo, de nuestra lectura del texto deducimos que: por un lado, y en el desarrollo de la celada, se menciona la “parte” de Tarifa en el contexto de la villa vieja por oposición a la puerta de la villa nueva (donde Torremocha corrige, sin advertir al lector, “parte” por “puerta”; independientemente de que exista un error tipográfico, la lectura de la fuente es la misma, las celadas en la villa vieja se desarrollan alrededor de una u otra puerta y ésta a la que nos estamos refiriendo tiene lugar en la “parte de Tarifa”, donde todos localizamos una puerta); más tarde se mencionará de nuevo la puerta de Tarifa sin contexto preciso, pero no entendemos que haya ningún motivo para pensar que no esté situada en la “parte de Tarifa de la Villa vieja”, lugar mencionado unas líneas más arriba en la Crónica; por otro lado, en ninguno de los enfrentamientos que tienen lugar en la villa nueva se designa una puerta con nombre propio, sino que sólo se alude a “la puerta de la villa nueva”, en singular (Crónica: 352 y 367). El problema de fondo que observamos en las deducciones de Torremocha radica en que al utilizar la cartografía del siglo XVIII -que, como hemos señalado, representa tres puertas- e interpretar que la villa nueva está al Norte -donde los planos dibujan una puerta de Gibraltar, otra de Tarifa y otra de Jerez-, se encontraba con la necesidad de asignar el mismo número de accesos a al-Bunayya. Este problema no lo tuvieron ni Santacana ni Pérez-Petinto que desconocían los planos hoy depositados en Simancas.

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los siete relatos77 recogidos en la obra de Pero Marín, seis no contienen elementos directos para precisar a qué recinto se están refiriendo. El único en el que sí se hace mención expresa a la ciudad de la que huyen explica que Gonzalo de Soria, Pelegrin de Ossuna y Domingo Perez "vinieron à la puerta de Tarifa, cuidaron que estaba cerrada, fallaronla abierta, & sallieron por ella contra la mar. Tornaron las cabezas atràs, & vieron la puerta cerrada. Et vinieron al Real, o mandò facer la Cerca Abiuzaf". Donde los tres prisioneros salen de la ciudad en la que estaban cautivos por la puerta de Tarifa y van a parar a la villa nueva. Por tanto, no podían estar en ella: la encuentran en su huída desde el otro recinto. Resulta patente que la Puerta de Tarifa por la que salieron se hallaba en el recinto antiguo.78 Otro relato, el de Domingo Bono, también menciona la Puerta de Tarifa, pero esta vez no es posible deducir directamente a qué villa pertenece. Sin embargo, tanto en el relato de Gonzalo de Soria como en el de Domingo Bono, se dice que los cautivos trabajaban de día en la villa nueva, y sabemos con seguridad que Gonzalo de Soria pasó al menos su última noche en la villa vieja. Es posible suponer, por tanto, que la mención de la villa nueva como lugar de trabajo no implica que sea el de su encarcelamiento nocturno, más bien al contrario. En cualquier caso, ningún elemento en la ruta de huida enunciada en este último relato nos lleva a pensar que el cautivo partió de la villa nueva. Igualmente revelador resulta el hecho de que la ciudad nueva ni siquiera sea mencionada en los cinco relatos restantes.79

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Los relatos son los de Estevan de Matrera, Domingo de Burgos y Vicient de Almoguera (Marín: 161); Joan Martinez (Marín: 172-175); Domingo Bono (Marín: 175176); Gonzalo de Soria, Pelegrin de Ossuna y Domingo Perez (Marín: 184-186); Domingo de Merlan, Miguèl Garcia de Carmona y Joan Martinez de Lora (MARIN: 201-202); Aparicio de Marzales (Marín: 219-220); y Domingo Yuannez de Sevilla (Marín: 224-225). En contra de lo argumentado por Torremocha (1994: 107) que la localiza en la villa nueva. De lo que inferimos que todos los relatos se refieren a la villa vieja. Entendemos que, puesto que se da un nombre específico a la ciudad meriní, debía existir otro para la más antigua, el que tenía antes de la fundación de al-Bunayya y que, lógicamente, ha de ser “Algecira”. Por otro lado, llama la atención la siguiente coincidencia: los cristianos de los Miraculos cuentan a Pedro Marín acontecimientos vividos por ellos entre 1281 y 1286; en esas fechas, si nuestra interpretación es correcta, las dos puertas mencionadas por los cautivos –para la villa vieja- son la de Tarifa y la de Jerez. Cincuenta y seis años más tarde, cuando se inicie el cerco, aparecen dos puertas con el mismo nombre y también en la villa vieja (a las que se añade la del Fonsario), mientras que, ni a finales del siglo XIII ni a mediados del XIV, existe una denominación clara para designar a las de la villa nueva, a las que siempre se alude con circunloquios (la puerta de la villa nueva cercana a un oteruelo o cabezuelo, quizá la puerta “de entre amas villas”, la incierta e incomprensible puerta de Xerez et Tarifa de no sabemos qué recinto, etc.).

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PRINCIPALES FUENTES Y METODOLOGÍA PARA LA UBICACIÓN DE LAS VILLAS Fuentes Metodología HIPÓTESIS TRADICIONAL (SANTACANA, PÉREZ-PETINTO, TORREMOCHA)

Topónimo moderno Crónica de Alfonso XI

HIPÓTESIS DE VERBOON HIPÓTESIS DE R. SABIO

Fábrica edificaciones Crónica de Alfonso XI Cartografía histórica, intervenciones arqueológicas

Identificación de los topónimos modernos (Villa Vieja y Villa Nueva) con los medievales. Tradición local y sentido común. Sin contrastación. Interpretación de la situación de los campamentos de las huestes cristianas alrededor de las villas. Lectura realizada a partir del supuesto anterior. Analogía formal. Identificación tapial: islámico, sillería: romano. Sin contrastación. Comparación con cartografía de Verboon e interpretación formal de elementos urbanos. Sólo para la interpretación de las puertas. Intuición, analogía formal (cronología y funcionalidad), uso selectivo de la información arqueológica. Sin contrastación. Interpretación de la situación de los campamentos de las huestes cristianas alrededor de las villas. Lectura literal del capítulo CCLXXI de la Crónica. Situación geográfica del primer real castellano con respecto a la villa vieja.

PROPUESTA DE ESTE TRABAJO

Crónica de Alfonso XI

Poema de Alfonso XI Mateo Mercer (Carta de Pedro IV) Mateo Mercer (Carta al Consell de Valencia) IBN AL-JATIB (Inan, M.A: 1974) IBN AL-JATIB (Inan, M.A: 1978) IBN AL-JATIB (Gaspar, M: 1915)

Villa Mayor. Comparación con la Crónica, con descripción de la otra carta de este mismo autor y la cartografía del siglo XVIII. Villa vella. Comparación con la carta anterior, con la cartografía y con los escritos de Ibn al-Jatib. Comparación con la Carta de Mateo Mercer y la cartografía de principios del siglo XVIII. Comparación con la Carta de Mateo Mercer y la cartografía de principios del siglo XVIII. Comparación con la Carta de Mateo Mercer y la cartografía de principios del siglo XVIII.

3. FUNDAMENTOS ARQUEOLÓGICOS Tras una década de investigación de campo en que han primado de forma exclusiva los planteamientos de la hipótesis tradicional, se diseñó un modelo para las villas medievales, en cuanto a su ubicación por supuesto, pero también en cuanto a su paisaje urbano y a la identificación probable de sus elementos más significativos, que, al día de hoy, ha quedado obsoleto. La superación de los constreñimientos impuestos por una acrítica versión de las cuestiones históricas que afectan a ambos recintos –en su condición de entes físicos– condujo, inexorablemente, al bloqueo de las interpretaciones derivadas del estudio del registro arqueológico. De hecho, puede hablarse de una paralización en el planteamiento de hipótesis de corto alcance, a la vista de una elevada falta de correspondencia entre las formulaciones teóricas y la práctica arqueológica cotidiana. Nuestras llamadas de atención, hechas en informes preliminares y memorias, así como en la síntesis publicada en el Anuario Arqueológico de Andalucía correspondiente al año 2000 (TOMASSETTI y otros, 2003), no han tenido eco en los últimos trabajos salidos de imprenta, donde, a pesar de todo, se ha seguido indicando un supuesto refrendo de la arqueología al fortalecimiento de

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los presupuestos tradicionales (a título de ejemplo, véase TORREMOCHA y BERNAL, 2003). Efecto directo de una tal situación ha sido la larga revisión que venimos desarrollando y, por tanto, hasta haber reunido los datos necesarios, la falta de difusión escrita de nuestros trabajos, conducta que, siendo obligada por mera prudencia, se nos ha afeado inopinadamente. Aún sigue siendo pronto para reformular desde la arqueología el estado de la cuestión, pendientes de desarrollo muchas líneas de investigación inevitablemente novedosas y la re-interpretación de excavaciones "antiguas". Sin embargo, queremos exponer de forma sucinta los argumentos básicos que fundamentan la verosimilitud de nuestra propuesta, así como las principales consecuencias que de ellos se derivan. 3. 1. La secuencia estratigráfica en el recinto sur Recurrentemente se ha aducido la escasez de excavaciones en el menor de los recintos medievales para justificar las graves dificultades que suponía el concertar la presencia aquí de un centro urbano habitado durante más de seis siglos con la ausencia casi absoluta de evidencias arquitectónicas y/o deposicionales posteriores al abandono de la conocida factoría de salazón de calle San Nicolás (fundada en el siglo I de la Era, ha ofrecido niveles estratificados de hasta el VI d.C.). Actualmente, los datos que conocemos adquieren un interés inusitado. Como ejemplos, valgan la campaña de 1999 en Huerta del Carmen (NAVARRO y TOMASSETTI, 1999) y la de 2000 en calle San Nicolás, 3-5 (JIMÉNEZ-CAMINO y TOMASSETTI, 2000). En el primer caso (aparte los datos sobre fábrica y disposición del conjunto defensivo) interesa destacar los resultados del sondeo 4 de Huerta del Carmen: del muestreo estratigráfico en las inmediaciones de la torre 3 se obtuvo una secuencia bien esclarecedora, donde, sobre un estrato tardorromano (que amortizaba un muro de opus vittatum altoimperial), apoyaba directamente un potente depósito de arcillas con inclusiones cerámicas a todas luces de época meriní. Con ello, quedaba planteada la existencia de un hiato cultural que abarcaba toda la Edad Media anterior al siglo XIII.80 El mismo esquema estratigráfico (donde a un periodo romano más o menos largo se superpone otro bajomedieval muy corto o inexistente) se ha comprobado a lo largo de toda la acera de impares de la calle San Nicolás, es decir, intramuros de la hasta ahora supuesta medina andalusí:81 en el número 17 (JIMÉNEZ y otros, 1995), con una secuencia geológico-romanocontemporáneo; en el número 1 (SALADO y NAVARRO, 1988) –aparte la definición concreta de la secuencia de usos y abandonos de la factoría salazonera–, con la identificación de una fase bizantina (niveles de acumulación de basuras) bajo otra bajomedieval islámica conformada por fosas (y sus rellenos) que se insertan en los depósitos subyacentes. Por fin, en calle San Nicolás 3-5 (sondeos I a IV), tuvimos ocasión de establecer la secuencia estratigráfica de las campañas del 2000, que se resume: Fase 0 (geológico); Fase I (romano altoimperial); Fase II (abandono bajoimperial); Fase III (reocupación tardorromana); Fase IV (abandono tardorromano); Fase V (remoción bajomedieval-¿nazarí?); Fase VI (moderno-contemporáneo). En concreto, la Fase V presentaba leves indicios de época bajomedieval en los sondeos I y III (los escasos materiales, actualmente en estudio, se adscribieron inicialmente a producciones nazaríes); como en el solar nº 1, se trataba de zanjas y sus rellenos, aparte el expolio de los paramentos de algunas piletas (JIMÉNEZ-CAMINO y TOMASSETTI, 2000). La continuación de los trabajos (3ª fase) por el equipo dirigido por Rafael Jiménez-Camino y Darío Bernal (una síntesis de esta campaña ha sido recientemente publicada en BERNAL y otros, 2003), confirmó la potente

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Por otra parte, la fecha post quem del forro de tapial de la torre 2, de cuyo interior se extrajo un fragmento de ataifor “de borde quebrado” (que, en el mejor de los casos, podría llevarse al siglo XI, pero que, como es sabido, pertenece a un tipo cerámico por demás frecuente en los ajuares cerámicos algecireños de los siglos XIII y XIV), en su día no se valoró suficientemente. Lo habitual era suponer una fundación para este recinto en el siglo IX, como consecuencia de los ataques normandos del 841. En la de pares, sólo una intervención arqueológica, la urgencia practicada por Piñatel (1996), que inspecciona el solar y hace una lectura de los perfiles existentes, no aporta datos aprovechables para la reconstrucción histórica más allá de la constatación de niveles romanos.

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alteración del ala sur del complejo industrial por una gran fosa en época bajomedieval, aparte la constatación, igualmente esclarecedora, de algunas piletas limpias y colmatadas por material bajomedieval.82 Por otra parte, ya hemos hecho alusión a la reciente localización, extramuros del flanco norte de la muralla (calle Méndez Núñez), de una necrópolis bajomedieval islámica, donde las fosas se excavaron en niveles romanos tardíos, sin datos, para la fase medieval, de momentos anteriores a los siglos XIII y XIV (IGLESIAS y LORENZO, 2002). 3.2. La secuencia estratigráfica en el recinto norte Desborda nuestra presente intención hacer el resumen de las excavaciones efectuadas en la ciudad al norte del río de la Miel, que ya son más de cuarenta. Incidiremos, eso sí, en la proliferación de estratigrafías medievales pre-meriníes, pues han alcanzado un volumen y una dispersión que hacen imposible seguir defendiendo los argumentos tradicionalmente construidos para mantener la fundación de este recinto en el siglo XIII. De ellas, además, se desprenden ciertas consideraciones de orden paleogeográfico que complementan nuestras ideas al tiempo que hacen inviables algunas de las planteadas anteriormente. Hasta el año 2000 se conocían pocas evidencias "altomedievales", de manera que aún se las podía encajar, si bien algo forzadamente, en la visión tradicional. Así, la presencia de niveles emirales o califales (siglos IX-X) en la base de las secuencias de calle General Castaños, 4 y 15 (SALADO, 1999; TOMASSETTI, 1999); y la de un nivel almohade en calle Tarifa, 8 (NAVARRO y TORREMOCHA, 1999), se explicaban, o bien como materiales residuales en el medio litoral cercano a la ribera fluvial, para esta última, o bien, extremando la interpretación, como la existencia del arrabal supuestamente formado en torno a las atarazanas (dar-as-sinaa) emiro-califales, para todas ellas, y sobre las que se ha discutido por extenso más arriba (TORREMOCHA y otros, 1999: 59-60). En cualquier caso, aceptado el esquema medina-atarazanas-arrabal, se produjo el hallazgo en calle Buen Aire, 3 de un nuevo depósito emiral inaugurando la secuencia (TOMASSETTI, 2000). El arrabal se extendía demasiado hacia el norte. Enseguida se han precipitado los acontecimientos, sumándose a la lista: calle General Castaños, 32 (TOMASSETTI, 2002a); calle San Antonio, 21 (JIMÉNEZ-CAMINO, 2002); calle Sáenz Laguna, 16-18 (TOMASSETTI, 2002b), calle Ruiz Tagle, 55 (TOMASSETTI, 2003), calle Alférez Villalta Medina, 15 (SUÁREZ y TOMASSETTI, 2003), calle Cánovas del Castillo, 4-8 (FERNÁNDEZ y otros, 2004), calle Rocha, 3 (TOMASSETTI y otros, 2004). Resulta evidente que los argumentos de la hipótesis tradicional ya no bastan para dar sentido al nuevo estado de cosas. En apretado resumen, podemos aportar una secuencia, para el recinto norte, que empieza en los siglos IX-X (Emirato-FitnaCalifato: General Castaños, 4, 15 y 32; Buen Aire, 3; San Antonio, 21; Ruiz Tagle, 55; Cánovas, 4-8; Rocha, 3), con niveles deposicionales y restos arquitectónicos; continúa en el siglo XI (Taifa de Algeciras y Almorávides: San Antonio, 21; Ruiz Tagle, 55; Alférez Villalta Medina, 15; Cánovas, 4-8; Rocha, 3), con subfases constructivas y de abandono; y en el XII (Almohades: Tarifa, 8; Ruiz Tagle, 55; Alférez Villalta Medina, 15; Cánovas, 4-8; Rocha, 3), con amplio desarrollo urbanístico. Aún no se ha podido precisar, como era de esperar en función de su continuidad histórica con el periodo anterior, el último periodo taifa, que debe encontrarse "camuflado" en las estratigrafías con los últimos almohades del siglo XIII (Ruiz Tagle, 55; Alférez Villalta Medina, 15; Cánovas, 4-8; Rocha, 3). Por supuesto, la gran mayoría de estas estratigrafías, así como de tantas otras que evitamos citar por no hacer más prolija nuestra exposición, contienen restos diversos de los siglos XIII y XIV. Pero aquí se plantea un nuevo dilema: superado el
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En los años 2003 y 2004 se ha vuelto a excavar en el solar nº 1 de esta calle, bajo la dirección de José Ángel Expósito y Darío Bernal, sin que se haya añadido ninguna novedad sustancial a las secuencias conocidas.

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conflicto que planteaban los paradigmas más tradicionales y realizada la revisión crítica de fuentes, historiografía e investigación reciente, la idea, a menudo empleada, de que el recinto norte de Algeciras se conformaba como yacimiento "cerrado y monofásico", también ha perdido toda su vigencia. Es más, los intentos de caracterizar arqueológicamente lo "meriní" precisan una necesaria y urgente actualización, pues se ha mixtificado bajo este concepto un dilatado periodo en que se produjeron numerosas alternancias en la dependencia de la ciudad entre el Emirato de Fez y el Reino de Granada. Baste como ejemplo que entre 1238 y 1344 los nazaríes "ocupan" Algeciras un número total de años mayor que los de dominio meriní, sin que seamos tampoco capaces de precisar la verdadera efectividad de una u otra presencia. Si a ello sumamos las dificultades que surgen para la caracterización del uso cristiano de las estructuras urbanas (hasta ahora sólo identificados niveles sedimentarios y expolio de muros junto a escasas evidencias constructivas), no hay más remedio que concluir en la obligación de profundizar nuestros estudios para definir posibles horizontes arqueológicos con significación histórica precisa, mucho más precisa de lo que se ha conseguido hasta el momento . 3.3. La nueva identificación de ámbitos urbanos Habíamos dejado pendiente la cuestión paleogeográfica. A principios de 2000 excavábamos el llamado "arrecife" de calle Tarifa, 6 (TOMASSETTI y TORREMOCHA, 2000; TORREMOCHA, TOMASSETTI y JIMÉNEZ-CAMINO, 2000). Su existencia, como hemos advertido, informaba de un hecho al que no se ha reconocido su verdadera trascendencia: el carácter inundado (o inundable) del entorno de la Plaza Baja hasta, al menos, el siglo XIII, cuando, tras un primer realce, acabó esta estructura amortizada por arenas y arcillas. Nosotros apuntamos en su día que, en función de presupuestos geomorfológicos básicos y de la experiencia acumulada por proyectos de restitución de paleolíneas de costa (en las desembocaduras del Guadiaro, el Guadalquivir, el Guadalete…), las superficies urbanas inferiores a 5 m.s.n.m. (pero posiblemente desde los 7 u 8) debieron formar parte de una antigua bahía, dentro de la medina, que, a la vista de los datos cronísticos, albergaría las atarazanas de la villa vieja. La reciente excavación del sondeo H en calle Cánovas, 4-8 (en realidad, en el solar de calle Santa María, 4) permite completar el paleopaisaje de la zona en el siguiente sentido: la roca margo-arcillosa de la plataforma continental formaba aquí un perfil acantilado contra el que se depositó una playa arenosa (al menos desde época romana) que empieza a ser ocupada por "basureros" en el siglo IX y que se urbaniza a lo largo del X. Es decir, en la época aún dominaba aquí el ambiente continental, por encima del límite de la pleamar, pero muy cerca de la línea marítima. En definitiva, consideramos, a título de hipótesis con muchos visos de verosimilitud, que la antigua desembocadura del Wadil-asal se encontraría, al menos, unos 300 metros más hacia el interior en el siglo IX que en el XVIII, formándose un pequeño estuario en su contacto con el Mediterráneo que, a lo largo de la Edad Media y posiblemente desde la Antigüedad, tenía todas las características de un puerto natural.83 Aquí hay que ubicar el dar-as-sinaa de al-Yazirat al-Hadra, pero no en relación con el "Ojo del Muelle" –como se ha hecho– sino donde los planos de los proyectos del Marqués de Verboon parecen estar mostrándolo en nuestra opinión: una potente estructura junto al flanco sur de las murallas, de construcción tan recia como el mismo recinto murado, y en una ubicación apta para la entrada y salida de embarcaciones (ver plano AGS MPD X-99, por ejemplo). Ya hemos dicho que el "Ojo del Muelle" no sería otra sino la puerta –terrestre– "que se abre al mar", en cuyas cercanías se hallaba la Mezquita de las Banderas, "al sudeste de Algeciras, en la ribera" (HIMYARI: 153-156).

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Si bien la influencia mareal podría notarse hasta más de 900 metros aguas arriba: “en él [el río de la Miel] se pueden apreciar las mareas hasta, aproximadamente, un ‘satr’ de la ciudad, es decir media milla” (Himyari: 154). Una milla árabe equivale a una milla náutica española (1857’57 m).

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Según hemos expuesto, este espacio estuarino se iría colmatando progresivamente. Es de suponer que la progradación del delta fluvial y los aportes sedimentarios desde el continente, y desde el mar, restarían fondo al puerto, de forma que, durante el siglo XIII, fue perdiendo calado a gran velocidad, tanta que el "arrecife" se vio superado por la acumulación de limos y arenas llegándose al punto de que, quizá ya en el XIV, si no antes, se levantaron las primeras edificaciones en este espacio, el cual, para la fecha, debía poseer las características de una marisma. A nadie escapa que, de estar en lo cierto como creemos, el ficticio arrabal que se habría generado en torno al arsenal -a más de no tener sentido con la correcta ubicación de las villas- es imposible de defender. No caben en este espacio otras precisiones sobre la topografía urbana, especialmente del recinto norte, pero algunas acaso fundamentales para la comprensión de la villa nueva, al Sur. En otro orden de cosas, las implicaciones sobre la nueva comprensión del sistema de murallas de la Avenida Blas Infante, aparentemente mucho más intrincado –en su génesis y destrucción– de lo que se ha dicho; sobre la identificación del alcázar y las mezquitas; en fin, sobre todo cuanto afecta a la toponimia urbana y a la identificación funcional de sus grandes espacios, todo esto, queda ahora pendiente de discusión.
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LA PRIMERA FORTIFICACIÓN SOBRE EL
ISTMO DE GIBRALTAR. METODOLOGÍA DE TRABAJO PARA SITUAR EL TRAZADO DE UNA FORTIFICACIÓN EFÍMERA
Manuel López Fernández / Doctor en Historia. IECG

INTRODUCCIÓN Que nosotros sepamos, la primera obra de fortificación sobre los arenales del istmo de Gibraltar fue aquel foso que mandó cavar el rey Alfonso XI de Castilla para defenderse de los posibles ataques que, sobre el ejército castellano, podían efectuar las huestes musulmanas de Muhamed IV de Granada y del infante meriní Abu-Malik. Como es bien sabido, ambos llegaron a sitiarlo en el Istmo cuando el rey de Castilla pretendía apoderarse de Gibraltar en junio de 1333. No sabemos si por la escasa trascendencia del tema, o por lo difícil que resultaba fijar la ubicación de aquel foso que atravesaba el arenal desde una línea de costa hasta la otra, la mayoría de los historiadores que han tratado el cerco citado han pasado de puntillas sobre este punto concreto; aunque eso sí, casi todos ellos no han dejado de mencionar la famosa "caua" de las crónicas medievales,1 las razones para su ejecución, y las consecuencias derivadas de su efectividad. El tema que abordamos aquí, justificado por las estrechas conexiones interdisciplinares entre Arqueología e Historia, surgió como consecuencia del proceso seguido para situar el real cristiano asentado sobre los arenales del istmo durante el cerco a Gibraltar en 1333, cuando elaborábamos un trabajo más extenso sobre tal acontecimiento histórico.2 Porque el problema inicial no era situar el trazado de la cava que defendía el real por su lado norte, sino fijar la ubicación del campamento de los cristianos durante el cerco referido ya que el foso en cuestión carecía de referencias cronísticas concretas y sólo podíamos situarlo cuando supiéramos la posición del real de Alfonso XI sobre los arenales del Istmo. Por ello nos marcamos un plan de trabajo dirigido a estudiar la ubicación de este real apoyándonos en las referencias que pudieran ofrecernos las crónicas citadas y otras fuentes históricas. Esta metodología la considerábamos más efectiva que el procedimiento tradicional de búsqueda de restos materiales procedentes de aquellas instalaciones medievales, y la razón no era otra que teníamos conciencia de las dificultades que implicaría este método después de las vicisitudes bélicas ocurridas sobre el Istmo desde el siglo XIV, así como las de carácter urbanístico más recientes.
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Nos referimos a la “Crónica del rey don Alfonso el Onceno” y a la “Gran Crónica de Alfonso XI. La primera de ellas en Biblioteca de Autores Españoles. Vol. LXVI. Ediciones Atlas. Madrid, 1953. La segunda, preparada por Diego Catalán, en Editorial Gredos. Madrid, 1976. Debemos advertir previamente que ambas difieren poco o nada al tratar del asedio de Gibraltar en 1333. Así que seguimos en este trabajo a la primera de las mencionadas -refiriéndonos a ella como Crónica, por no repetir las citas; no obstante, indicaremos que la Gran Crónica trata el asedio referido entre los capítulos CXXVI y CILIX. Una parte del mismo, titulado: “Sobre la ubicación del real y del trazado de la cava que mandó hacer Alfonso XI en el istmo frente a Gibraltar en 1333”, será publicado en la revista Espacio Tiempo y Forma de la UNED. en un próximo número.

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LA UBICACIÓN DEL REAL ATENIÉNDONOS A LAS FUENTES ESCRITAS Y CIRCUNSTANCIAS DE LA ÉPOCA3 Sabemos que cuando el rey de Castilla llegó a los arenales en la noche del ventisiete4 de junio de 1333, encontró que el real había sido asentado por sus adalides y siguiendo sus instrucciones previas. Así que, de entrada, creímos conveniente conocer los criterios de la época para elegir un lugar que fuese conveniente para acampar un ejército compuesto por unos siete mil hombres y más de tres mil animales.5 Por tal razón acudimos a la II Partida de Alfonso X y allí, dentro de la Ley XIX, encontramos el Título XXIII donde se habla de las condiciones aconsejables que debía reunir el lugar elegido para "aposentar una hueste"; entre otras cosas, se viene a decir en dicho título que era condición fundamental la existencia de agua, hierba y leña en tal lugar. Con estas premisas parece atenderse a cubrir las necesidades fisiológicas de hombres y animales, pero no dejamos de observar que en el título referido se insiste una y otra vez en la cuestión relativa a la seguridad y comodidad que debía proporcionar el campamento a la hora de "dormir e folgar e sofrir mejor el trabajo que ouieren".6 En la misma línea que Alfonso X podemos ver que se pronuncia su sobrino, don Juan Manuel, en El Libro de los Estados. Dice al respecto este noble que tanto guerreó en el siglo XIV, que cuando se hubiere "de posar en yermo, debe catar los que van en delantera que caten posadas do ha y abondo de aguas et de leña et de paja o de yerba", y además de lo anterior no olvida hacer referencia a la importancia que para los sitiadores tiene el hecho de proteger su campamento con "carcava et barbacana".7 Conocido lo anterior y sabiendo que los castellanos esperaban la llegada de la flota con provisiones e impedimenta procedente de Sevilla y Jerez, lo más razonables es que acamparan en algún lugar de aquel banco arenoso próximo a la línea de costa que circundaba la Bahía; pero a qué distancia de Gibraltar situarían el campamento si aquellos arenales no tenían agua ni hierba a primera vista, y había que desplazarse a sierra Carbonera para encontrar la leña necesaria para cocer el pan y otros alimentos.8 Al hilo de lo que venimos diciendo, todo apunta a que en las proximidades a sierra Carbonera el ejército encontraba más ventajas de aprovisionamiento y seguridad, pero tal vez existiese la dificultad de bloquear desde allí la entrada en la plaza del que quisiera hacerlo acercándose por la orilla del Mediterráneo. Tal vez por esta razón prefirieron aproximar hacia Gibraltar el lugar de asentamiento a riesgo de perder ventajas en la cuestión logística porque, como se deduce de la lectura de las crónicas y luego veremos, el campamento estaba más distante de sierra Carbonera que del Peñón. Y surgió aquí un interrogante clave en nuestro trabajo: ¿a qué distancia aproximada de las murallas de Gibraltar pudo situar su campamento el ejército sitiador? Para responder a semejante cuestión recurrimos de nuevo a las fuentes medievales y nos encontramos con una serie de cercos, anteriores y posteriores a los tiempos de Alfonso XI, en los que se nos daban las distancias aproximadas entre el asentamiento de los reales y las murallas a sitiar. Por seguir un orden cronológico citaremos en primer lugar el cerco a Sevilla por Fernando III el Santo en los años 1247-1248. Según la Primera Crónica al acercarse el rey de Castilla a Sevilla situó su primer campamento en Tablada,9 y encontramos al respecto una cita del profesor Julio González donde se nos dice
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Vamos a manejar aquí la Primera Crónica General, Las Partidas, Crónicas de los Reyes de Castilla, Gran Crónica de Alfonso XI y El Libro de los Estados. .. Damos por hecho que fue este día siguiendo a las crónicas y a la documentación. No obstante, como otros autores han dado fechas diferentes, nos extenderemos en el asunto en un trabajo posterior. A esta conclusión llegamos después de consultar fuentes diversas que sería prolijo citar aquí. Estas son palabras de la Partida II, título XXIII, ley XXIII, cuando habla de cómo debe ser aposentada la hueste a la hora de cercar una plaza. Véase así en: Las siete Partidas. Glosadas por el licenciado Gregorio López (1560). Facsímil de Editorial BOE. Madrid, 1974. Véase: Obras de Don Juan Manuel. Libro de los Estados. Biblioteca de Autores Españoles, tomo LI. Ediciones Atlas. Madrid, 1951, pgs. 320 y 324. En Sierra Carbonera debían existir entonces bosques suficientes para tal menester si nos atenemos a cuanto dice Hernández del Portillo, Alonso: Historia de Gibraltar. Introducción y notas de Antonio Torremocha Silva. Centro Asociado de la UNED. Algeciras, 1994, pg. 55. Primera Crónica General. Editada por Ramón Menéndez Pidal. Editorial Gredos. Madrid, 1977, tomo II, capítulo 1083.

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que en el siglo XVI se conservaba todavía huellas de dicho campamento a media legua10 de la puerta del Alcázar.11 Dando un salto en tiempo de más de un siglo nos encontramos que, en tiempos de Pedro I de Castilla, el canciller López de Ayala nos permite conocer en un par de ocasiones las distancias a las que el citado rey situó sus primeros campamentos cuando cercó Toro en 1355 y Valencia en 1364. En el primer de los caso el rey acampó en la aldea de Morales a una legua de Toro,12 y en el caso de Valencia lo hizo a media legua de sus murallas en la playa del Grao.13 Como vemos, antes y después de los tiempos de Alfonso XI se guardaban unas distancias prudenciales a la hora de instalar un campamento con respecto a las puertas y murallas de las fortalezas a sitiar. Esta circunstancia, que se puede constatar a lo largo de la Antigüedad y de la Edad Media, se debe fundamentalmente a las medidas tomadas por los sitiadores para responder con efectividad a una salida en fuerza y por sorpresa de los sitiados. En estas circunstancias necesitaban los primeros un "tiempo de reacción" e, indiscutiblemente, la distancia existente entre el campamento y las murallas –además de los medidas defensivas que se tomaban en los campamentos, con fosos y torres– era el factor que les proporcionaba ese "tiempo de reacción" en una situación crítica. Como podemos suponer, si estas distancias se guardaban durante la mayor parte del tiempo que duraba un cerco, mucho más había de hacerse a la hora de iniciar el mismo cuando todavía no se sabía con exactitud el potencial de los cercados y peligraba la seguridad de los sitiadores y el prestigio militar de su jefe. Por tal razón aconseja Alfonso X en la II Partida que no se asiente la hueste "primeramente tan a dentro que la ayan despues de tornar a fuera" puesto que tal disposición les podía acarrear "verguença e daño".14 Y al hilo de esto último quizás resulte interesante conocer el "desbarato" ocurrido en el sitio de Loja en 1482 cuando los cristianos intentaron levantar un campamento avanzado que estaba en franco peligro.15 Después de lo conocido con anterioridad con respecto a las distancias a guardar entre sitiadores y sitiados, sólo nos queda saber si Alfonso XI en sus campañas militares tomaba estas precauciones que aconsejaban los más antiguos cuando de cercar una villa se trataba. De entrada, comenzaremos hablando del sitio a la malagueña villa de Teba en 1329.16 Aunque las crónicas nada dicen de la ubicación concreta del real, se sabe por la tradición local y los hallazgos arqueológicos encontrados que los campamentos cristianos se encontraba en unas lomas amesetadas al suroeste de Teba a poco menos de dos kilómetros de la villa.17 Un caso parecido a los que venimos citando se dio frente Alcalá de Benzayde –hoy Alcalá la Real– en el cerco de 1341. Según nos dice la Crónica, el Rey había estado con anterioridad frente a ella probando su resistencia; así que cuando volvió a cercarla definitivamente, reconociendo que era una villa fuerte18 mandó poner los reales bastantes retrasados, tanto que los moros entraban en la villa de noche y por este motivo ordenó adelantarlos.19 Pero esta actitud del monarca frente a los musulmanes no fue diferente cuando Alfonso XI puso cerco a la burgalesa villa de Lerma en 133620 por encontrarse detrás de sus murallas el rebelde Juan Núñez de Lara. Según leemos en las crónicas, cuando el

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No olvidemos que la legua tiene 5.572 metros. Julio González González. Reinado y diplomas de Fernando III. Publicaciones del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba. Córdoba, 1980, tomo I, pg. 376. Crónica de los reyes de Castilla. Crónica del rey Pedro I. Vol. LXVI de la Biblioteca de Autores Españoles. Editorial Atlas. Madrid, 1953, pg 468. Se dice en este caso que estuvo dos meses y medio acampado en Morales, entre otras cosas, “porque non fallaba agua e non se podia mantener la hueste” Ibídem…, pg. 531. Aquí se dice que asentó en el Grao “que es ribera de la mar a media legua de la ciudad”. Partida II, título XXIII, ley XXIII. Véase así en los capítulos VIII y IX de la Crónica de los Reyes Católicos. Crónica de los reyes de Castilla, volumen LXX de la Biblioteca de Autores Españoles. Crónica, pg 225 . Debemos esta información a Gabriel Herrera González, natural de Tebas y Licenciado en Historia que ha tenido a bien informarnos sobre estos detalles. Nuestro más sincero agradecimiento por su colaboración. Crónica, pg. 331. Ibídem, pg. 332. Gran Crónica, pg. 135.

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Rey asentó sus reales frente a Lerma lo hizo junto a la "ermita de Santa Maria". Hoy día no existe una ermita con tal denominación, pero como sospecha el cronista oficial de Lerma –José Portillo–,21 dicha ermita debe ser la conocida hoy día como Ermita de Manciles, de traza románico-mudéjar y a poco más de dos kilómetros de las antiguas murallas de Lerma. Como estamos viendo reiteradamente, Alfonso XI también mantenía una distancia prudencial a la hora de asentar sus reales con respecto a las murallas de las villas que se proponía sitiar. Distancia que siempre fue superior a un cuarto de legua –unos 1300 metros–; esto fue así antes y después del cerco a Gibraltar en 1333 como podemos constatar en dos casos más, que por estar muy próximos en el tiempo y en el espacio al que tratamos, supusimos una confirmación para la hipótesis que acabamos de apuntar. El primero de los casos a tratar es el del cerco algecireño en 1342; como es bien sabido, el lugar elegido para asentar el primer campamento frente a Algeciras fue "un otero cerca de una torre, que dixeron después de los Adalides".22 Será interesante conocer al respecto que la distancia exacta desde el otero citado al punto más cercano a las murallas de Algeciras es de unos mil setecientos metros, lo que venía a corroborar nuestra hipótesis de trabajo; la cual se volvió a confirmar cuando tratamos el caso del asentamiento del real cristiano al sur de la villa de Gibraltar, en la "tierra bermeja" de la Crónica,23 instalado a los pocos días de llegar al Istmo aquel mismo verano de 1333. Este campamento, que tenía por finalidad atacar Gibraltar por su costado meridional, se encontraba a más de un kilómetro del lugar por donde los musulmanes podían efectuar una salida y que no era otro que la puerta de la Barcina. Como sabemos por recientes excavaciones que dicha puerta estaba en la confluencia de Main Street con Casamates Square,24 vemos que se repite una vez más esa condición de no acampar excesivamente cerca de las murallas a sitiar. Pero volviendo al campamento del Istmo, y dado la extensión y regularidad del banco arenoso, resulta razonable pensar que los sitiadores decidieran posar reunidos y estructurar el campamento a la manera clásica de la época, esto es, situando "las tiendas del señor en medio, e las de los oficiales que lo han de seruir en derredor que esten a manera de alcaçar. E todas las puertas de estas tiendas deuen estar facia las del Señor, e deuen dexar enderredor desto plaça para que descaualguen los que uinieren a uer al Rey, e onde se alleguen, si algun rebate acaescierere en la hueste…".25 O sea, que la llamada plaza de armas de un campamento no era otra cosa que el punto de reunión de las fuerzas antes de iniciar alguna salida, tanto para defender el campamento si era atacado, como para iniciar la ofensiva en masa ya que a nadie se le permitía atacar aisladamente. Pero además, y siempre a tenor de lo que dicen las Partidas, esta plaza era la que separaba las tiendas de los oficiales del rey de las de los ricos hombres y de los concejos puesto que las de los primeros debían formar –con respecto a las del rey– una especie de "muro con torres" en tanto que las de los concejos –separadas de las de los nobles por una "carrera ancha"– quedaban situadas en la parte exterior de los reales.26 Por tanto, el campamento que estamos tratando de situar bien podía formar un cuadrado o círculo –de unos quinientos metros de lado o de radio–, y ateniéndonos a todo cuanto se ha expuesto nos inclinamos a considerar que el punto más próximo de aquel campamento a las puertas de Tierra y de Granada –únicos puntos por donde los sitiados podían efectuar una salida en fuerza contra los sitiadores–, no estaba a menos distancia que lo estaba el de "Arenas Bermejas" con respecto a la puerta de la Barcina. Por todo lo dicho, el centro del real de Alfonso XI bien lo podemos situar como a un cuarto de legua –casi mil

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Don José Portillo es autor de un libro titulado: Lerma y su tierra. Su prehistoria y su historia. Lerma, 1995, pg. 50. Quede constancia de nuestro agradecimiento por el envío de fotocopias relativas al tema que aquí tratamos. Crónica, pg. 343. Véanse, para más detalles, los muchos trabajos dedicados al cerco de Algeciras y, en especial, los de dos autores próximos a nosotros como son Torremocha Silva y Sáez Rodríguez. Crónica, pg. 252. Este dato podemos verlo en Francisca Piñatel Vera y otros: Las atarazanas medievales de Gibraltar. Almoraima, nº 25. Algeciras, 2001, pg. 222. Partida II, título XXIII, ley XX. Partida II, título XXIII, ley XIX.

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cuatrocientos metros– de las puertas arriba citadas y a unos doscientos cincuenta metros de la orilla del mar. O sea, que posiblemente el punto más avanzado del mismo posiblemente estuviera –como lo apuntaba Hernández del Portillo– a la altura de la torre del Molino y coincidiendo con la actual zona aduanera de Gibraltar pero la mayor parte de ese real se asentaba en terrenos de La Línea de la Concepción tal y como lo situamos en la figura que acompaña este trabajo.27

LA UBICACIÓN DEL REAL Y EL TRAZADO DE LA CAVA A PARTIR DEL RELATO CRONÍSTICO Aunque estábamos convencidos de esta ubicación del real cristiano partiendo de la utilización de datos indirectos, decidimos comprobar si la hipotética situación del campamento podía confirmarse al identificar alguna otra referencia del terreno en una lectura atenta de las crónicas. En esta dinámica dirigimos nuestros pasos a situar primero el campamento de los musulmanes de Granada y Algeciras –que hostigaban a los castellanos por el lado de Sierra Carbonera– ateniéndonos al dato aportado por el cronista cuando dice que los musulmanes estaban acampados sobre "cabezos altos et tenían muy grand defendimiento".28 Porque como es necesario recordar, Abu-Malik había llamado al rey de Granada y éste acudió en su ayuda en los últimos días del mes de julio.29 Una vez reunidos granadinos y meriníes, no tardarían en desplazar hacia el Istmo a los destacamentos castellanos que defendían Sierra Carbonera impidiéndoles el aprovisionamiento de hierba y leña que éstos hacían en sus montes. Pero si nos atenemos a la última cita cronística, no resulta difícil llegar a la conclusión de que los reales musulmanes estaban a la vista de los arenales y sobre las primeras lomas que desde el Istmo se divisaban. En una primera aproximación al tema pensamos que dichos "cabezos" no eran otros que las estribaciones occidentales que bajan de Sierra Carbonera hasta Puente Mayorga,30 pero en una reconsideración posterior nos dimos cuenta que de ser así el cronista no hubiera puntualizado que dicho campamento bloqueaba el camino31 que habían traído los castellanos hacia Gibraltar, motivo por el que hay que pensar que dichos "cabezos" no eran otros que las colinas que están al norte de la actual Refinería de Cepsa,32 cumpliéndose así la indicación de la crónica cuando dice que el real de los musulmanes estaba "a una legua del real de los Christianos".33 El cambio de situación táctica que se dio a la llegada de los granadinos, con el peligro que podía implicar para los del Istmo, fue el motivo por el que aconsejaron al rey de Castilla "que mandase facer una cava en el arenal desde la una costera de la mar fasta la otra" y que las huestes cristianas estuviesen detrás de aquel foso. A don Alfonso le pareció bien lo que le aconsejaban "et luego fue fecha la cava desde la una costera del mar fasta la otra",34 y nada más dicen las crónicas con respecto al trazado y características de aquel foso que debió hacerse con rapidez y sin grandes problemas de carácter técnico. Pero como la construcción de un foso que diera ciertas garantías de seguridad debía llevarse un tiempo que nosotros suponemos hubiera sido recogido por el cronista, cabe pensar que los castellanos decidieron ejecutar en el menor tiempo posible una fortificación que le proporcionara cierta seguridad y luego mejorar la obra en fases posteriores con aquellos
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La ubicación aproximada la señalamos con el nº 1 en la figura que acompaña a este trabajo. Debemos indicar que la escala del círculo no es la misma que la del mapa. Ibídem..., pg. 255. El cronista da todas las medidas en leguas o fracciones de ella. No es el momento de entrar en detalles, pero las crónicas dan datos suficientes para suponer que fue después de mediado el mes de julio cuando los granadinos llegaron a Guadiaro. Así lo señalamos en nuestro trabajo: Sobre la ubicación del real… No obstante, en el presente trabajo lo situamos en las lomas al norte de la Refinería de Cepsa y lo remarcamos en la figura 1 con el número 5. Crónica, pg. 255. El cronista dice respecto a la ubicación del campamento de los musulmanes que: “non podía salir por tierra un ome del real de los Cristianos que non oviese a pasar por el su real dellos”. O sea, que estaba sobre el camino que unía Gibraltar con el río Guadarranque; camino que todavía se utilizaba a principios del siglo XX, como podemos ver en el mapa de la figura 1. Las señalamos en la figura 1 con el número 6. Crónica, pg. 255. Crónica…, pg. 255.

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peones que permanecían en su guardia. Así que –considerando de entrada que el Istmo no debía tener en aquellos tiempos la misma altura y anchura que hoy día–, suponemos que una zanja de dos metros de ancha y poco más de un metro de profundidad, con el fondo inundado por las aguas del mar, podía ser más que suficiente para formar un talud arenoso de unos dos metros de altura para proteger al ejército castellano de una acometida de los musulmanes de la sierra. Ahora bien, como hemos apuntado anteriormente, un atrincheramiento de estas características no se ajustaba a los usos de la guerra medieval. Por ello creemos que después del trazado inicial, hecho posiblemente en unas veinte horas,35 se debió mejorar la fortificación ensanchado el foso hacia Sierra Carbonera y levantado el muro arenoso por el lado del campamento. Es probable, y aquí seguimos las directrices de Vegecio,36 que el foso alcanzara los cuatro metros de anchura y el terraplén sobre el nivel del Istmo no bajara de los dos, lo que sumado a la profundidad de la zanja constituiría un atrincheramiento de cuatro metros de ancho por tres de alto. Ni tampoco sería extraño, tal y como aconseja don Juan Manuel,37 que en dicho atrincheramiento existieran aberturas protegidas por barbacanas –a las que suponemos necesariamente constituidas por montículos de arena–, protegiendo las salidas y entradas de los cristianos hacia la zona de Sierra Carbonera. Terminado aquel foso, según dicen las crónicas, dispuso el Rey quiénes debían ser los encargados de su defensa en caso de emergencia,38 y dispuso también el monarca que determinados efectivos de la caballería cristiana se adelantaran hacia la Sierra para avisar a la hueste con antelación suficiente de cualquier aproximación que hicieran los musulmanes.39 Es en esta situación cuando el cronista proporciona otro dato a tener muy en cuenta pues, según él, aquellos destacamentos se alejaba de los reales cristianos hasta "una media legua";40 y se dio la circunstancia que una de las veces que aquel destacamento estaba a levante de la Sierra, se introdujo por el lado de poniente y hacia el campamento cristiano un grupo de caballeros musulmanes que los del obispado de Jaén –al mando de Díaz Sánchez– salieron a frenar de "…travieso a deshora. Et los moros volvieron a ellos et ouieron pelea de consuno".41 Lo que hace sospechar que los del obispado de Jaén –a pesar de estar en el lado de levante de Sierra Carbonera– sí estaban vigilando el lado de poniente porque, indiscutiblemente, vinieron a dar alcance a los moros cuando éstos habían penetrado en los arenales más de lo deseado por los de Jaén. Por tanto, los cristianos llegaron tarde al encuentro porque tuvieron que recorrer el espacio que separaba el punto desde donde estaban hasta el lugar de la pelea. Entonces surge la pregunta consiguiente, en qué lugar a levante de la Sierra y a media legua de los reales podían estar los cristianos para ver a los moros que penetraban en el arenal por el lado de poniente. Para responder a tal pregunta decidimos pisar el terreno y encontramos que no existe tal lugar, por lo que es obligado pensar que los de Jaén debieron dejar observadores en algún sitio muy concreto y éste no debió ser otro que un punto de la zona de la Pedrera42 –una cota de sesenta

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Suponiendo que se cavara una zanja inicial de unos dos metros de ancha por otro de profundidad y unos mil quinientos de larga, habría que remover unos 3.000 mts3.. Considerando que un hombre puede remover un metro cúbico de tierra blanda en una hora quince minutos, con turnos de 400 hombres y relevándose convenientemente, la zanja pudo hacerse en unas veinte horas. Estos datos y cálculos los debemos, y desde aquí se lo agradecemos, al arquitecto linense Carlos Javier Rodríguez y Romero. VEGECIO RENATO, Flavio: Instituciones militares. Traducción de José Belda Carreras. Madrid, 1929. Según este tratadista, cuando el enemigo está cerca, o presente, se debe cavar un foso de nueve pies de profundidad y doce de anchura y con la tierra que se saca levantar un muro de cuatro pies de altura, formando un atrincheramiento de trece pies de profundidad por doce de anchura. Así en pgs. 118-119. Libro de los Estados, pg 324: Se dice aquí: “otrosí, si los moros cercaren al logar de los cristianos, los que estudieren en el logar cercado deben trabajar cuanto pudieren porque el logar haya carcava et barbacana…”. Crónica…, pg. 255. La situación de emergencia sería avisada con el toque de una campana. Ibídem. Crónica, pg. 256. Aquí se dice “redradas”. Ibídem. Lo señalamos con el nº 3 en la figura 1 de este trabajo.

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metros situada un poco a occidente del asentamiento de la torre que se levantó en el siglo XVIII–43 donde un hombre puede visualizar simultáneamente ambos lados de la Sierra. Y sobre el terreno nos preguntamos –aunque sin encontrar la respuesta adecuada en aquellos momentos– ¿qué podían buscar los castellanos a levante de la Sierra si eran dueños de aquél privilegiado observatorio desde donde se controlaba los dos lados al mismo tiempo? El primer indicio nos llegó de la pluma de un sanroqueño44 que vivió a caballo entre el siglo XVIII y XIX al describirnos la ubicación de las fuentes más conocidas de Sierra Carbonera. Según nos cuenta Lorenzo Valverde, al norte de la torre de la Pedrera "como a un tiro de fusil de ella está una fuente que llaman del Toro, cuyas vertientes caen a Lebante". O sea, que en la ladera oriental de la Sierra existía una fuente cuyas aguas pudieron ser utilizadas por los de Díaz Sánchez para que abrevasen sus caballos y, ¿por qué no?, para que los animales comiesen hierba fresca, algo imposible de obtener en el campamento del Istmo. Y era seguro que había hierba y agua suficiente para un pequeño destacamento por aquella zona ya que, en una etapa de buenas relaciones entre España e Inglaterra como consecuencia de la paz de Amiens,45 el duque de Kent pidió autorización por dos veces a los gobernadores del Campo para que ganado de Gibraltar pasara a pastar a la zona de la Pedrera.46 La primera vez el asunto debió quedar inconcluso como consecuencia del cambio de gobernador militar en el Campo, por ello se debió retomar la cuestión al poco tiempo de hacerse con el cargo el general Castaños. Éste visitó al duque de Kent el día venticinco de noviembre47 y el día ocho de diciembre de mil ochocientos dos –según cita José Antonio Martínez–48 el gobernador de Gibraltar solicitaba al general Castaños la autorización correspondiente para que ciento cincuenta bueyes de la colonia pasaran a los abrevaderos inmediatos a La Línea49 y que no debían ser otros que los de la Pedrera, como antes se pedía. Con esta información recurrimos a un buen conocedor de la zona como lo es Jorge Sánchez Bassadone,50 quien nos mostró la fotocopia de un mapa militar51 donde se recogía el topónimo "cerro de los toros" en una situación próxima a la que indicaba Lorenzo Valverde y en la que, ya sobre el terreno, encontramos un manantial próximo a una cota de 100 metros y con escaso caudal.52 Pero lo más interesante del recorrido por las parcelas adyacentes al camino que circunda sierra Carbonera por su lado de levante, a una cota aproximada de treinta metros, fue convencernos de que la escorrentía del manantial –o bien el de otros acuíferos de la Sierra– propicia la abundancia de agua e hierba por aquella zona, lo que venía a confirmar el sentido de la petición del duque de Kent y también nuestra hipótesis de que los del obispado de Jaén podían avanzar hasta aquellos parajes para refrescar sus caballos al tiempo que dejaban vigilantes en el observatorio de la Pedrera.
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Para más detalles véase Sáez Rodríguez: Almenaras…., pg. 288. Estamos hablando de Lorenzo Valverde:“Carta histórica y situación topográfica de la ciudad de San Roque”. Instituto de Estudios Campogibraltareños. Algeciras, 2003, pg. 73 Posac Mons, Carlos: Una breve etapa de buenas relaciones entre Gibraltar y el Campo de Gibraltar propiciada por la Paz de Amiens. Almoraima, nº 29. Algeciras, abril de 2003. pgs. 411-418. Véase así en el acta del día 16 de junio de 1802 que se guarda en el Archivo Histórico de San Roque, Libro nº 9 de la Actas Capitulares, folios 144v y 145r. El texto íntegro de la misma podemos leerlo en Martínez Mateos-Albasdalejo, José Antonio: Orígenes de La Línea de la Concepción. Periodo 1794-1821. Página 27. El gobernador militar comunica al ayuntamiento de San Roque sus intenciones de acceder a tal petición el día catorce de junio de 1802. Sospechamos por tanto que la cuestión pudo surgir como consecuencia de la visita que hizo al duque de Kent el gobernador militar del Campo, conde de Haye Saint-Hilarie, el día 22 de mayo. Véase esto último en la pg. 414 del artículo citado en la nota anterior. Véase así en Posac Mons: Una breve etapa…, pg 415. Martínez Mateos-Albadalejo: Orígenes…, pgs 16-17. Así podemos verlo en la carta que el general Castaños dirige a las autoridades de San Roque ya que el concejo se oponía a la autorización concedida por el gobernador militar del Campo. El documento, que transcribe Martínez Mateos-Albadalejo en la obra citada, se guarda en el Archivo Histórico de San Roque, caja 73, doc. nº 18. Sánchez Bassadone es un linense propietario de una cuadra-picadero situada en las cercanías del derruído cortijo de la Pedrera. Sin su apreciada colaboración no hubiésemos llegado a las conclusiones que aquí exponemos, motivo por el que sinceramente le quedamos agradecido. Una porción del mismo es la que se muestra en la figura 1 de este trabajo. El mapa en cuestión, a escala 1: 25.000 y que podemos datar entre 1909 y 1916, se trata del “Estudio de la defensa de la costa desde punta Paloma a punta Sardina” y está realizado por el Regimiento de Artillería de Costa nº 1. La señalamos con el nº 4 en la figura 1 de este trabajo. Tengamos presente que la fuente del Toro llama la atención a Lorenzo Valverde por sus propiedades medicinales y no por la abundancia de su caudal.

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Para nosotros, tal situación explicaría el retraso en frenar la cabalgada de los musulmanes por el lado de poniente y la razón para que el cronista diga que los cristianos se alejaban hasta media legua del real. Esta distancia, cercana a los dos mil ochocientos metros, tomada desde unos trescientos metros al norte del citado observatorio nos situaría el borde septentrional del real cristiano en el interior del actual Parque Municipal Princesa Sofia, tal y como venimos diciendo. Convencidos por varias razones de dicha ubicación, hora es ya que nos aproximemos al trazado del foso que defendía el campamento por el lado de la Sierra, y para ello lo más razonable será cuestionarnos sobre la distancia que podía separarlo de su lado norte porque su posición relativa al resto del campamento carece de importancia. De entrada sabemos que dicho foso no estaba junto al campamento porque según leemos en las crónicas, la segunda vez que los musulmanes de la Sierra se aproximaron en orden de batalla al foso, "los cristianos salieron todos armados fasta la cava, et pusieron y sus haces".53 Detalle éste que nos obliga a pensar que entre foso y real existía una cierta distancia, sensación que se confirma cuando leemos más adelante que después de todo un día de provocaciones por parte de unos y otros para llevar a los contrincantes al terreno que les era favorable, "desque veno la tarde del dia fueronse los moros para sus reales, et los christianos eso mesmo".54 Así que por las expresiones que preceden, damos por sentado que entre el foso y el campamento debía existir un pasillo de unos doscientos a trescientos metros, distancia que permitiría el tránsito de los efectivos que defendían la cava en sus distintos sectores. Por otro lado, y dado que la enlorigada caballería castellana no era efectiva junto al foso, consideramos que se necesitaban unos trescientos metros de espacio mínimo para que los caballos alcanzaran su máximo impulso y eficacia en el caso de tener que cargar contra los musulmanes que rebasaran a los de la cava.55 Así que, apoyándonos en todo lo anterior, creemos que el foso aquí tratado podía discurrir aproximadamente por donde ahora lo hacen las calles Méndez Núñez, Sol y Jardines, cruzando los arenales de una a otra orilla tal y como lo representamos con el trazo que se señala con el número 2 en la figura que acompaña a este trabajo.

EL RASTRO DE LA CAVA EN LA BIBLIOGRAFÍA Como sabemos, aquella fortificación sobre el Istmo resultó efectiva hasta el punto que los musulmanes no intentaron asaltar el campamento castellano. La situación bélica entró en un compás de espera que terminó en un pacto entre los contendientes el día venticuatro de agosto de 1333. A consecuencia de aquel pacto, el rey de Castilla levantó sus campamentos y se dirigió a Sevilla después de pasar por Alcalá de los Gazules y Jerez. Es de suponer que la zanja abierta sobre los arenales y el talud que protegía el real de los cristianos quedaron intactos en la mayor parte de su trazado, pero el viento de la zona debió comenzar por entonces su labor de explanamiento. Por si fuese poco, diez años más tarde llegaron de nuevo los granadinos a Gibraltar para ayudar a los de Algeciras que estaban siendo sitiados por Alfonso XI. Según la Crónica, los de Granada asentaron su campamento sobre el Istmo56 y lo más probable es que contribuyeran al relleno del foso. Y si lo anterior fue insuficiente, no olvidemos que en 1349 Alfonso XI puso de nuevo sitio a Gibraltar y sus huestes permanecieron frente a la plaza más de nueve meses, tiempo suficiente para que con el trasiego de hombres y animales por los arenales se terminara de allanar cualquier desnivel existente sobre el Istmo. Dadas estas circunstancias, naturales y humanas sobre la zona, no es de extrañar que la huella de aquel foso no fuese ya perceptible en los primeros años del siglo XVII57 cuando Hernández
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Ibídem, pg. 266. Ibidem. Es necesario un espacio próximo a los trescientos metros antes de que los caballos alcancen el galope y, con él, su mayor eficacia en la carga. Véase para esto Sotto y Montes, Joaquín de: Síntesis histórica de la caballería española. Editada por Escelicer, S. A. Madrid, 1968, pg. 469. Crónica, pg. 371 En la pg. 22 de su “Historia de Gibraltar” se dice que la obra fue escrita entre los años 1605 y 1610. El comentario sobre la cava podemos encontrarlo en la página 81 de la misma publicación.

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del Portillo escribió su "Historia de Gibraltar". En esta obra, Portillo hace mención a los hechos de 1333, pero nos dice que la cava "no aparece por parte alguna", motivo por el que sospecha que el viento pudo contribuir a su cegamiento. Una veintena de años más tarde, concretamente en 1627, redactó Luis Bravo de Acuña su informe sobre Gibraltar.58 Nada dice sobre aquella fortificación medieval; sin embargo, al hablar de los inconvenientes que se le podía presentar a la artillería para aproximarse a la ciudad de Gibraltar por el Istmo, no deja de observar que los cañones podían acercarse por la playa en la bajamar o a través de unas "dunas muy dobladas de arena"59 que debían seguir una trayectoria este-oeste, porque de otra forma no creemos que entorpecieran el paso de la artillería en su aproximación a Gibraltar. La realidad es que, ante esta cita, no sabemos si estas dunas eran una consecuencia extraña de los vientos de la zona60 o una huella distorsionada de la fortificación medieval que aquí tratamos. Sea como fuere, Francis Carter en el capítulo V de su obra "Viaje de Gibraltar a Málaga" recoge algunos detalles del cerco de 1333 –allí se dice 1332–, y refiriéndose al rey Alfonso XI dice que "hasta hoy en día se puede observar la zanja o foso que hizo de mar a mar para defender la retaguardia de su ejército".61 No sabemos si Carter se dejó llevar por la imaginación, o situó el foso donde ni Portillo ni Bravo de Acuña supieron verlo. Pero debemos indicar al respecto que para el año 1772, fecha en que Carter visitó la zona, ya se habían realizado nuevas obras de fortificación sobre el istmo y el relieve del mismo estaba muy alterado como para reconocer el trazado de la cava. Sin duda alguna, la línea de contravalación que comenzó a construirse en 1731 bajo la dirección de Próspero de Verboom, fue la obra que más alteró el relieve natural de los arenales. Según hemos podido comprobar en las fotocopias de los planos que se guardan en el Museo del Istmo de la Línea de la Concepción,62 para elevar el nivel de la línea fortificada se hubo de acarrear hacia ella arena proveniente de los lados norte y sur de la misma, motivo por el suponemos que las zonas pantanosas que se señalan en algunas cartas63 al norte de aquella fortificación tuvo su origen en la masiva extracción de arena que se hizo en tales puntos. Sea como fuere, ni Ignacio López de Ayala, que escribió su Historia de Gibraltar en 1782, ni otros autores posteriores que conocieron la zona y escribieron sobre ella se aproximan a fijar la situación del campamento o de la cava. Con respecto a estos elementos se ciñen en sus comentarios a cuanto proporciona la Crónica para el cerco de 1333.

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José Antonio Calderón Quijano. Las fortificaciones de Gibraltar en 1627. Sevilla 1968, pg. 7. Bravo de Acuña, al hablar de las medidas tomadas para defender la parte que mira a España, viene a decir que un posible enemigo podía desembarcar artillería por la Torre del Rocadillo –a una legua de Gibraltar–, pero que luego había “ de conduzilla por unas Dunas muy dobladas de arena” . Se puede ver así en Calderón Quijano, Las fortificaciones…, pg, 54. Al proceder de levante y poniente los vientos dominantes en la zona, las dunas debían orientarse en dirección norte-sur tal y como se puede apreciar en una vista del Istmo en 1785, obra de William Faden. Véase así en la pg. 59 de: Una mirada a la Historia. Mapas y cartas marinas de la bahía y del estrecho de Gibraltar. Edita, Fundación Municipal de Cultura de La Línea de la Concepción. Francis Carter. Viaje de Gibraltar a Málaga. Diputación Provincial de Málaga. Málaga 1981, pgs. 62-63. Desde aquí nuestro público agradecimiento al equipo técnico del Museo y, en especial, a su director Carlos Gómez de Avellaneda, que nos ha permitido consultar planos y bibliografía suficiente para confirmar o rechazar algunas hipótesis iniciales de trabajo. Véase, por ejemplo, “Carte de la Baye de Gibraltar” de Jacques-Nicolas Bellin de 1762 y la del mismo autor en 1764 que se recogen en el catálogo antes mencionado: Una mirada…, pgs. 54 y 56. El mismo detalle lo recoge Tomás López en su “Carta de la Bahía de Gibraltar” de 1779 y que se guarda en el Servicio Geográfico del Ejército.

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LA EXPLOTACIÓN DE RECURSOS MARINOS
EN ÉPOCA ROMANO-REPUBLICANA. RESULTADOS DE LA ACTUACIÓN ARQUEOLÓGICA EN PUNTA CAMARINALEL ANCLÓN (BOLONIA, TARIFA, CÁDIZ)
A. Arévalo González / D. Bernal Casasola Área de Arqueología, Dpto. de Historia, Geografía y Filosofía. Universidad de Cádiz L. Lorenzo Martínez FIGLINA. Gabinete de Arqueología, Desarrollo y Servicios del Patrimonio Cultural, S.L.
1. INTRODUCCIÓN1 Las actuaciones arqueológicas realizadas por el Conjunto Arqueológico de Baelo Claudia desde hace años han conllevado la catalogación de los asentamientos arqueológicos situados en la zona de influencia del yacimiento, siempre dentro del término municipal de Tarifa y afectando a la comarca natural definida por la Ensenada de Bolonia (TROYA 1995). Como parte del territorium costero de esta ciudad hispanorromana, uno de los yacimientos más vinculados al asentamiento fue la pequeña factoría de salazones documentada en la confluencia de la playa de Bolonia con Punta Camarinal, asentamiento descubierto por M. Ponsich en los años ochenta, en el cual no se había realizado intervención arqueológica alguna (PONSICH 1988, 199). En los últimos años en el marco de los Cursos Internacionales de Arqueología Clásica en Baelo Claudia, coorganizados por la Universidad de Cádiz y por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, se han llevado a cabo diversas prospecciones arqueológicas en la zona que han permitido recuperar materiales arqueológicos que confirmaban la existencia de un asentamiento industrial en el lugar en época romana, según se deduce de los restos de piletas hoy visibles en las primeras estribaciones rocosas de la cala del Tesorillo, habiendo sido documentados mayoritariamente materiales de época tardorrepublicana (ARÉVALO, BERNAL y LORENZO 2001, 115-132). No obstante, los hallazgos documentados por Ponsich se fechaban, según este investigador, hasta el s. IV d.C. (PONSICH 1988, 199) por la aparición de sigillata clara D. El yacimiento arqueológico en cuestión no contaba con una catalogación específica, limitándose su conocimiento a los datos indirectos comentados anteriormente. Por otra parte, el estudio del medio físico en la ensenada de Bolonia y su evolución histórica (DARDAINE, MÉNANTEAU, VANNEY y ZAZO 1983, 193) habían llevado a plantear la existencia,
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Este trabajo ha sido realizado dentro del marco de desarrollo del Grupo de Investigación HUM-671 del III P.A.I. de la Junta de Andalucía.

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Figura 1. Vista general del yacimiento de Punta Camarinal-El Anclón (Bolonia, Tarifa).

en las inmediaciones a Cabo Camarinal, de una zona apropiada para el fondeo y refugio de embarcaciones (ALONSO y NAVARRO 1997, 137; ALONSO, OJEDA, MÉNANTEAU y ZAZO 2003, 68-70). En este trabajo presentamos los primeros resultados científicos obtenidos en la Intervención Arqueológica de Urgencia acometida en el citado yacimiento, que denominamos Punta Camarinal-El Anclón (figura 1), durante el mes de septiembre del años 2003, dentro de las actividades de campo planteadas durante la celebración del IV Curso Internacional de Arqueología Clásica.

2. OBJETIVOS Y PLANTEAMIENTO DE LA INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA Como condicionantes previos al inicio de la intervención se contaba con tres elementos: la existencia del fondo de dos piletas revestidas de signinum en un mogote pétreo junto a la línea de costa, una unidad muraria en dirección norte-sur localizada a unos cinco metros al oeste de las piletas, además de un notable afloramiento superficial de fauna junto a una escorrentía que cruzaba la zona en dirección sur-norte. La planificación del trabajo de campo, que ha sido acometido por un equipo de 16 personas, conllevaba en primer lugar, la realización de la planimetría arqueológica de los restos emergentes, antes citados, debido al total desconocimiento y delimitación del yacimiento arqueológico. En segundo lugar, se planteó la ejecución de tres cortes estratigráficos trazados en torno a un eje perpendicular a la ya mencionada estructura muraria, con el objetivo de que sirviese de nexo de unión espacial entre las piletas por el este y la zona más alta de la secuencia estratigráfica por el oeste, vector lineal con una longitud aproximadamente de 13 metros que serviría para poder referenciar en planta todas las estructuras identificadas previamente al inicio de la intervención.

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Figura 2. Vista general de la estancia de época republicana documentada en Punta Camarinal en el año 2003. A) Planimetría de la zona de actuación con indicación de los sondeos y las estructuras excavadas. B) Detalle de la habitación excavada, desde el sur.

Las áreas de excavación planteadas, denominadas cortes, presentan las siguientes características (figura 2A): - Corte 4: de 10 m2 (2x5m), estando el lateral corto orientado sobre el eje de cuadriculación general. El vértice noroccidental coincide con el paramento oeste del muro ya visible antes del inicio de la actuación, denominado M-1 a partir de ahora, con el cual el lateral occidental del corte está prácticamente alineado. El vértice noreste está separado 4,80 m de la zona más oriental conservada de las piletas. El objetivo de esta ubicación fue la actuación arqueológica en la zona definida al este de la unidad muraria ya conocida (M-1) y los niveles de colmatación asociados a la misma. - Corte 5: se trata de la continuación del corte 4 hacia el oeste, con una dimensiones de 6 m2 (2x3 m) situándose el lateral corto del mismo en coincidencia con el eje de cuadriculación. El objetivo del sondeo era la excavación de los niveles superficiales que presentaban multitud de restos faunísticos, aparecidos como consecuencia de la escorrentía que en dirección sur-norte atravesaba el corte. - Corte 6: constituye la continuación del corte 5 hacia el oeste. Su objetivo consistía en documentar la potencial existencia de unidades murarias en el lugar, para determinar si el espacio al oeste del M-1 era una habitación o una zona al aire libre. Asimismo, al documentarse en la zona más occidental del corte el perfil con la mayor potencia estratigráfica de todo el yacimiento, las posibilidades de una lectura estratigráfica integral del lugar se multiplicaban exponencialmente.

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3. HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS Y PRINCIPALES ESTRUCTURAS Hemos decidido organizar el estudio de los hallazgos obtenidos en cada uno de los sondeos a título particular, procediendo al final de este trabajo a realizar una valoración conjunta de todo el registro arqueológico documentado. La excavación del corte 4. En la zona de excavación se procedió a la retirada de todo el material pétreo y los restos no compactados de sedimentos ubicados en superficie, entre los cuales se detectaron numerosos fragmentos cerámicos de época republicana. Debido a la elevada frecuencia de material cerámico se decidió definir una unidad o U.E. 400 en la cual integrar toda la serie de hallazgos. Durante el proceso de desbroce de la zona meridional del corte 4 se localizó una nueva estructura constructiva con orientación este-oeste. Al haberse localizado dos estructuras con anterioridad, se optó por dar una denominación correlativa a cada una de ellas, denominándose M-1 al muro en dirección norte-sur y M-2 a la estructura perpendicular al mismo por el norte, por lo que la que nos ocupa ahora fue definida como unidad muraria M-3. Tras el desbroce controlado de la zona, el M-3 parecía mantener una relación ortogonal con el situado en el lateral occidental del sondeo (= M-1), al generar ambos un ángulo recto aproximadamente, si bien la conexión física entre los dos había desaparecido como consecuencia de una escorrentía que atravesaba la zona suroeste-noreste, y que había provocado la alteración del registro estratigráfico en el posible vértice de conexión de ambas estructuras (figura 2 B). Por todo lo comentado, consideramos a la U.E 400 como un nivel sedimentario de colmatación en época contemporánea, caracterizado por una matriz arenosa poco compactada con multitud de material pétreo en su interior. En cuanto a la valoración preliminar de los materiales cerámicos, se documentaron restos de época claramente contemporánea junto con cerámicas romanas fragmentadas, entre las cuales destacaban mayoritariamente las ánforas de transporte. La presencia de ánforas itálicas (grecoitálicas tardías o Dr. 1 A) y púnicas (T-9.1.1.1 como forma más abundante), así como fragmentos de vajilla de barniz negro (tanto campaniense A como otras producciones), junto a algunos fragmentos de cerámica común, apuntaban a un horizonte cronológico de la segunda mitad del s. II a.C. Todos estos restos cerámicos de época republicana se encontraban en posición secundaria, debiendo proceder de los niveles arqueológicos existentes entre las estructuras murarias M-1 y M3, tal y como se deduce de la interfaz de destrucción de los niveles que colmatan el interior de esta posible estancia. A continuación se procedió a la excavación de un estrato que presentaba una morfología triangular, y que constituía el nivel situado al este del muro M-1, al sur del M-2 y al norte del M-3, cuya horizontalidad y situación inducían a pensar que se correspondía con el relleno interior de la unidad habitacional definida por las estructuras antes mencionadas. Este nivel o U.E. 401 presentaba una matriz arenosa, encontrándose muy endurecido, y con una coloración variable, con algunas manchas. Presentaba en superficie algunas intrusiones contemporáneas, si bien la práctica totalidad del material era romano. Estratigráficamente colmata parte del paramento oriental del M-1, por lo que se corresponde con un nivel de génesis natural tras el abandono de esta estructura constructiva. Este estrato se interpreta como un nivel de colmatación de la habitación definida por los tres muros (M-1, M-2 y M-3), fechado en época romano-republicana, si bien presenta algunas intrusiones en su interior de época contemporánea, fruto de su práctica exposición en superficie. Inmediatamente bajo él localizamos los restos de la pavimentación de la habitación, compuesta por las UU.EE. 406 y 402. La U.E. 406 se localizaba únicamente en el ángulo sureste de la habitación, caracterizándose por constituir un suelo de opus signinum muy disgregado, compuesto por fragmentos cerámicos machacados de diversa naturaleza unidos por argamasa (cerámica común y material constructivo), conservado en un tramo lineal de 1,5 mts. y una anchura máxima en dirección E-O de 50 cms. Resulta sorpresivo que no se localice en la totalidad de la superficie excavada de la habitación, pues aparentemente no se detectan zanjas de expolio o evidencias de cualquier otra actividad antrópica que hubiese alterado estos restos. Por su parte, la U.E. 402 se localizaba asimismo en el sector más meridional de la habitación, situándose bajo la 406 y correspondiéndose con un nivel de construcción de la pavimentación, en el cual eran abundantes los fragmentos de roca

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Figura 3. Detalle de la base de las dos piletas de salazón documentadas a pie de playa.

ostionera de pequeñas a medianas dimensiones, no apareciendo muchos fragmentos cerámicos, y algún elemento metálico. Los escasos materiales datantes aparecidos en su interior confirman la cronología de época republicana para el momento de erección de esta estructura. Estos han sido los únicos niveles sedimentarios que han podido ser excavados en el denominado sector 4, siendo la conclusión de la actuación en el sector la existencia de una habitación de época republicana conformada por tres muros (M1, M-2 y M-3), cuyo umbral desconocemos debido al elevado grado de arrasamiento de las estructuras, si bien el mismo no se situó al oeste del conjunto (figura 2A). La intensa actividad erosiva en la zona ha deteriorado tanto la cubierta sedimentaria que en la mayor parte de las zonas el registro arqueológico se ha perdido, encontrándose el substrato geológico de matriz arenosa en superficie. Como ya comentamos anteriormente, junto a la línea de costa contamos con la presencia de los restos de dos piletas situadas al este de la estructura muraria M-1, a una distancia de 6,8 m. de la misma (figura 3). Encontrándose los restos edilicios sin cubierta sedimentaria alguna más allá de la acumulación reciente de arena por la acción eólica, se ha procedido a la documentación arqueológica de las estructuras, que son dos muros (M-4 y M-5) y dos piletas (pileta 1 y 2). La desconexión física de las piletas respecto a la habitación no permite asegurar que se correspondan con la misma instalación industrial. Detalles a favor de la relación entre ambas serían tanto la similitud entre la técnica constructiva de todas ellas como la aparente ortogonalidad entre el M-1 y el M-4, prácticamente paralelos. En contra tendríamos tanto las disfunciones entre las cotas (la base de las piletas coinciden aproximadamente con el pavimento de la habitación, por lo que el suelo de uso de la factoría debería estar mucho más elevado, generando una diferencia de altura de 1,5 a 2 m. entre

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estructuras muy cercanas entre sí cuando lo normal sería la horizontalidad), como el hecho de cumplir el M-4 con las características propias de un muro perimetral que requería mayor anchura. Los resultados obtenidos de la excavación arqueológica del sondeo 4 permitieron confirmar la existencia de una unidad de habitación de grandes dimensiones, de la cual se conservaban tres de sus muros perimetrales, a excepción del oriental, y cuyos niveles de colmatación –que no de construcción– permitían plantear un abandono para el conjunto en la segunda mitad del s. II a. C. El grado de arrasamiento de las estructuras es notable, y la desconexión física de estos restos con las bases de las dos piletas documentadas a pie de playa no permite asegurar la interrelación entre ambos conjuntos, al menos por el momento. Respecto al tipo de actividades desarrolladas en este espacio los únicos indicadores claros al respecto parecen las ánforas de transporte, ya que constituyen la mayor parte del registro cerámico recuperado, por lo que quizás debamos pensar en una vinculación con actividades de almacenaje. La excavación del corte 5. Se trata de una ampliación del corte 4 hacia el oeste, situándose en paralelo a la habitación definida por los muros M-1, M-2 y M-3. También en esta ocasión previamente al inicio de la actuación se procedió a la limpieza superficial de la zona, habiéndose recogido materiales de época moderno-contemporánea alternados con cerámica romano-republicana. Esta unidad, considerada como U.E. 500, no se limita a la superficie del corte, ampliándose especialmente hacia el norte. En la zona intermedia del corte 5, en dirección sur-norte, se identificó el cauce de una gran escorrentía sobre el cual se habían acumulado materiales de diversa naturaleza. También de época contemporánea es la U.E. 503, unidad negativa correspondiente con la escorrentía ya comentada. Esta unidad de génesis natural ha mutilado la parte superior del registro estratigráfico, dejando el alzado occidental del M-1 prácticamente en superficie. En la zona intermedia de su trayectoria se apreciaban multitud de restos de fauna, sobre todo ictiofauna, en las paredes de la escorrentía, siendo estos restos los que propiciaron la localización del corte en la zona en cuestión. Esta última unidad citada ha seccionado tanto niveles de época moderno-contemporánea (UU.EE. 501 y 502) como los romanos infrayacentes (U.E. 504 y siguientes). Desgraciadamente esta unidad de génesis natural ha eliminado los niveles de colmatación sobre el M-1, por lo que no es posible determinar estratigráficamente el momento de abandono de la mencionada unidad constructiva. Durante la excavación arqueológica del nivel U.E. 504 se identificaron algunas concentraciones de ictiofauna en posición anatómica, por lo que pareció pertinente proceder a aislar dichas manchas, las cuales han sido dibujadas en planta e individualizadas del resto de sedimento (denominadas Muestra de Fauna 1, 2, 3 y 4). Al proceder a la excavación de la denominada Muestra de Fauna 2 advertimos la cercanía de material anfórico fragmentado, siendo destacable la presencia de un pivote de una posible grecoitálica de imitación que conservaba parte del contenido original del ánfora en su interior, el cual fue convenientemente aislado. Al continuar la excavación y seguir apareciendo fragmentos de ánforas en torno a la concentración de fauna ya mencionada se ha planteado la posibilidad de que se tratase de un ánfora rellena de un tipo de conserva de pescado, la cual se había conservado in situ con su contenido, fragmentándose con posterioridad y, por ello, diseminando en un área inmediata tanto los restos de su contenido como los fragmentos de la pared del envase. Previamente a la extracción del pivote observamos la aparición del borde de un ánfora del tipo Dr. 1 A o grecoitálica tardía de transición en la cota más elevada de la denominada Muestra de Sedimento 2, por lo que la propuesta anteriormente mencionada cobraba más coherencia, pues como luego se confirmó el borde se encontraba sobre el pivote pero a una cota superior. Tras la excavación de la boca y el pivote del envase aparecieron multitud de fragmentos de pared de ánforas que, tras la correspondiente limpieza, advertimos que no se correspondían con un único ejemplar de almacenaje. No obstante, de la pieza con restos de contenido anteriormente mencionada se ha conservado aproximadamente un tercio de la misma, no debiendo descartar la aparición de más fragmentos al sur del sondeo 5, en la zona no excavada, si tenemos en cuenta la localización de todos estos restos en el límite del área excavada y la constatación de fragmentos de ánforas en el perfil meridional del sondeo 5. Este tipo de grecoitálicas de imitación gaditana asociadas a contenidos de origen piscícola parecen

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Figura 4. Vista general del nivel con los restos de ictiofauna en conexión anatómica.

uno de los envases más habituales en Baelo Claudia en época republicana, según confirman hallazgos sincrónicos de recientes actuaciones en el interior de la factoría de salazones de la ciudad (BERNAL, ARÉVALO, LORENZO y AGUILERA 2003; BERNAL, ARÉVALO, ROSELLÓ y MORALES 2003). Tras la excavación de la U.E. 504 se confirmó que las ánforas estaban apoyadas en torno a la cara oriental y septentrional de un sillar, calzadas por algunos fragmentos de ostionera y por algunas pellas de arcilla de coloración verdosa muy características. Los materiales aparecidos en la U.E. 504 confirman la cronología para el nivel en época republicana, según se desprende del registro anfórico (grecoitálicas de transición o Dr. 1 A, ánforas púnicas especialmente del tipo T-9.1.1.1. y T-8.2.1.1), así como algunos fragmentos de barniz negro entre los cuales destaca el borde de un plato de pescado documentado en contacto con la interfaz superior de la U.E. 505. En este nivel destaca la concentración de miles de restos de ictiofauna por toda su superficie, los cuales presentaban una acumulación concreta en la parte central y meridional del sondeo (figura 4). Se confirmó la continuidad de dichos restos hacia el oeste, en el corte 6, posteriormente excavado, por lo que a continuación procedemos a la interpretación general de ambos niveles, que son equivalentes (UU.EE. 504=604). Efectivamente, y junto a la presencia más o menos esporádica de ictiofauna en todo el nivel, con algunas concentraciones puntuales de fauna en posición anatómica que fueron aisladas como “Muestras de Fauna” con su correspondiente numeración, se localizó una concentración notable de restos en la zona intermedia de los cortes 5 y 6. Inicialmente la planta de este nivel parecía presentar una disposición rectangular, por lo que se planteó que tal vez se tratase de una acumulación de túnidos dentro de un receptáculo realizado en materia deperible (¿caja de madera?), con las juntas no claveteadas, debido a la ausencia de clavos durante la excavación. La culminación de la excavación del nivel deparó una morfología irregular para el mismo, tendente al paralelepípedo pero sin forma definida, por lo que se desechó tal hipótesis inicial.

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Figura 5. Detalle de las columnas vertebrales de algunos ejemplares de notables dimensiones.

Se trata de un nivel con una potencia entre 10 y 25 cms., en el cual la práctica totalidad de restos se relaciona con grandes túnidos, localizándose algún fragmento aislado de malacofauna (valva de mejillón). Dichos restos se corresponden únicamente con vértebras y con fragmentos de huesos largos muy finos relacionables con aletas y colas. Esta apreciación es evidente tras haber procedido a la excavación integral del estrato, con miles de restos óseos. Destaca adicionalmente la conexión anatómica de la mayor parte de ellos, si bien por las condiciones de conservación y por la problemática identificación de algunos restos durante el proceso de excavación únicamente se han podido definir algunas agrupaciones, concretamente una veintena (figura 5). Se ha confirmado que se corresponden bien con fragmentos de columnas vertebrales, columnas con aletas, columnas con cola o aletas solas. Por debajo de la U.E. 504 se localizaron algunos materiales arqueológicos en una concentración muy reducida, por lo que fue definido un nivel o U.E. 507. Es un nivel arenoso, de coloración amarillenta, apelmazado y de escasa potencia (5-15 cms.), situado directamente sobre el nivel geológico. Lo interesante del mismo es que se localiza bajo la U.E. 504=604, especialmente en la zona suroeste, junto al sillar ya mencionado. La casi exclusividad de ánforas aparecidas en su interior confirma que se trata de parte de las ánforas apiladas en esta zona que se desplomaron, situándose sobre sus fragmentos la concentración de ictiofauna que, tras la putrefacción los restos óseos, se mezclaron con el sedimento. Se localiza por toda la extensión de los sondeos 5 y 6, ubicándose directamente sobre el nivel geológico. En su interior únicamente se localizaron restos de ánforas, ratificando las funciones de almacenaje del espacio excavado. Cronológicamente aparecen Dr. 1 A (tanto itálicas campano-laciales como imitaciones gaditanas) y algunas ánforas púnicas, confirmando la cronología del conjunto en las últimas décadas del s. II a. C. En cuanto a su interpretación, y a pesar de haberla diferenciado de la U.E. 504=604 por cuestiones colorimétricas y de textura, posiblemente ambas equivalgan entre sí, ya que incluso algunos fragmentos de

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ánforas aparecidas en dichos niveles pertenecen a los mismos individuos, como ha podido se comprobado en el estudio preliminar de laboratorio de los restos muebles, caso de una imitación de Dr. 1 A. Estos niveles (U.E. 507 y U.E. 504) se asientan directamente sobre el nivel geológico, aparentemente sin pavimentación más allá de la regularización del geológico arenoso tras su compactación. La excavación del Sondeo 5 ha permitido documentar un espacio de grandes dimensiones que relacionamos con las dependencias de un almacén situado a pie de playa. La presencia de ánforas apiladas en torno a un sillar y la detección de restos de procesado del pescado permiten plantear dicha propuesta. Las escasas dimensiones de la zona excavada no han posibilitado confirmar si nos encontramos ante un espacio al aire libre o una estancia adosada a la definida por el M-1, M2 y M-3 por el oeste. La ausencia de unidades constructivas induce, por el momento, a plantear que éste es un espacio de grandes dimensiones en el cual aparentemente no se localizan estructuras murarias. Queremos insistir en la excepcionalidad de este gran depósito de ictiofauna, tanto por tratarse de una cuestión cuya documentación arqueológica es difícil como por la antigüedad del mismo (finales s. II a.C.), no contando en ámbito regional con ningún paralelo conocido y, por los datos preliminares recogidos, tampoco en ámbito hispano, al menos a tenor de las referencias bibliográficas. La excavación del corte 6. Constituye una ampliación hacia el oeste del corte 5, cuyo objetivo no era otro que tratar de documentar la existencia de unidades murarias en dicha dirección que confirmasen la morfología del espacio dentro del cual se ubicaba el nivel de ictiofauna. Por un lado se detectó la existencia de la U.E. 601, una pequeña fosa rectangular posiblemente relacionada con la reciente extracción de tierra en la zona. Estratigráficamente el siguiente nivel es la U.E. 600, que constituye la primera unidad de la secuencia deposicional de niveles positivos, siendo de matriz arenosa, color marrón-grisáceo y muy endurecida. Presenta a lo largo de sus 80 cms. de potencia diversos niveles de unos 2 cms. de espesor caracterizados por abundantes puntos de carbón, que han sido interpretados como resultado de incendios puntuales de la vegetación, algunos de los cuales es posible documentar actualmente en superficie en diversos sectores de Punta Camarinal, fechados en época moderno-contemporánea. Bajo ella se localizó la U.E. 603 o nivel de matriz arenosa y coloración amarillenta no muy compactado, que cubría la totalidad de la superficie del corte, caracterizado por el hallazgo en su interior de materiales cerámicos, mayoritariamente anfóricos. Constituye un nivel de colmatación de época romana, localizado directamente sobre los depósitos de ictiofauna, en cuya zona más meridional se han recuperado multitud de ánforas, junto al perfil sur del corte. Entre ellas destacan las ánforas púnicas (CC.NN. o T-9.1.1.1 y T-8.2.1.1) y especialmente ánforas itálicas, coexistiendo en el mismo nivel las Dr. 1 A con una Dr. 1 C y otros tipos republicanos. Destaca la total ausencia de barniz negro, por lo que se confirma que nos encontramos ante una zona de almacenaje, constituyendo esta zona excavada la prolongación del corte 5 hacia el oeste. Por último, indicar que al situarse las ánforas en la misma zona en la cual se han recuperado algunos opérculos (U.E. 602) es muy probable que los mismos constituyeran las tapaderas de algunas de ellas. Cronológicamente el intervalo es coincidente, si bien la presencia de la Dr. 1C mencionada hace pensar en una mayor modernidad de los niveles, que tal vez debamos situar en las primeras décadas del s. I a.C., cuestión ésta que se precisará cuando se proceda a la publicación de los materiales arqueológicos. Como valoración general del sondeo incidir en la total ausencia de unidades constructivas, por lo que parece ser que o nos encontramos dentro de un espacio de grandísimas proporciones (¿patio central rodeado de estancias?) o bien que el espacio excavado se localizaba al aire libre, propuesta ésta que no encuentra una comunión sencilla con la interpretación del lugar como espacio destinado al almacenaje.

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Figura 6. Selección de materiales cerámicos de los niveles de abandono (U.E. 504). 1. Ánfora del tipo T-7.4.3.3; 2-3. Ánforas del tipo T-9.1.1.1; 4. Ánfora del tipo Dr. 1 A.

Figura 7. Selección de materiales cerámicos de los niveles de abandono (U.E. 603). 1. Ánfora Dr. 1 A; 2-3. Ánforas del tipo T-9.1.1.1; 4. Cerámica común; 5. Ánfora del tipo T-8.2.1.1.

4. VALORACIÓN GENERAL. PUNTA CAMARINAL Y LA INDUSTRIA PESQUERA EN ÉPOCA REPUBLICANA La intervención arqueológica acometida durante el año 2003 en Punta Camarinal ha permitido documentar la existencia de un yacimiento arqueológico de gran interés cuyo conocimiento se limitaba hasta la fecha a unas mínimas referencias por parte de M. Ponsich. Desde un punto de vista cronológico, las estructuras y niveles arqueológicos excavados permiten fechar el abandono del asentamiento en la segunda mitad del s. II a.C., posiblemente en sus últimas décadas, a esperas de ultimar el estudio de materiales que posiblemente permiten precisar aún más. En las figuras 6 y 7 se incluyen una selección de materiales arqueológicos que permiten precisar al respecto. Mayoritariamente se trata, como ya hemos comentado, de Dr. 1 A importadas e imitadas localmente (figura 6, nº 4 y 7, nº 1), conjuntamente con ánforas púnicas de los tipos T-8.2.1.1, CC.NN/T-9.1.1.1 (figura 6, nº 2-3; 7, nº 2-4) y Mañá C2b/T-7.4.3.3 (figura 6, nº 1), cuya presencia conjunta permite pocas dudas al respecto. Se ha documentado en el nivel estratigráficamente más moderno una Dr 1C. y otras formas que quizás permitan ampliar algunas décadas más la vida del asentamiento, cuyo carácter monofásico parece evidente. No obstante, debemos destacar que en la recogida superficial han sido recuperados algunos materiales de cronología precedente (ánforas púnicas), y algunas sigillatas altoimperiales, que posiblemente se correspondan con asentamientos situados en las inmediaciones que aún no han sido localizados arqueológicamente. En este mismo sentido debemos destacar la disfunción estructural ya comentada entre las estructuras excavadas y las piletas situadas a pie de playa, que quizás responda a un decalage cronológico que, desgraciadamente no ha sido posible confirmar arqueológicamente al hilo del desarrollo de esta I.A.U. Queremos destacar la constatación de un posible fragmento de Dr. 1 C reutilizado en la ejecución de la pavimentación de una de estas piletas, hecho éste que proporcionaría una datación en el s. I a.C. para la erección de las mismas. Sería posible en tal caso relacionar estas piletas con los materiales arqueológicos recuperados en las inmediaciones durante las prospecciones arqueológicas realizadas en el año 2000, entre las cuales aparecieron algunos materiales de esta época, como una Dr. 1 C con sello OP […] (Arévalo, Bernal y Lorenzo 2001, 130, figura 5, nº 1). Por otro lado, también debemos destacar la total ausencia de materiales que permitan plantear una ocupación tardorromana de la zona, como sí

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parecía desprenderse de las investigaciones de M. Ponsich con los hallazgos ya citados de ARSW D. Por último, como ya hemos planteado, la zona excavada del yacimiento fue abandonada y cubierta por niveles de génesis natural que evidencian un total abandono del lugar hasta la actualidad. Es decir, en Punta Camarinal-El Anclón nos encontramos con un yacimiento con una actividad claramente documentada en época romano-republicana, pero con indicios de ocupación en época precedente y posterior. No obstante, el abandono de la zona excavada sí permite inferir un posible traslado de la actividad fabril a partir de dicho momento a otros lugares de la ensenada de Bolonia, posiblemente a la zona en la cual en estos mismos momentos de finales del s. II a.C. se ha constatado una intensa actividad relacionada con los recursos del mar (ARÉVALO, BERNAL y ÁLVAREZ 2002; Bernal, ARÉVALO, LORENZO y AGUILERA 2003). Puede ser este el momento en el cual se comience a producir la concentración de las actividades pesquero-conserveras en la zona meridional de la actual ciudad hispanorromana, siendo estas actividades el germen de su posterior urbanismo. No obstante, queda mucho por investigar al respecto, pues de la fase de actividad en época púnica no tenemos más que tenues indicios, así como de la posterior reocupación del asentamiento en época tardorromana, fases ambas no constatadas durante la actuación arqueológica realizada durante el año 2003. La siguiente cuestión de suma importancia es valorar la funcionalidad del asentamiento, cuya vinculación con la explotación de los recursos piscícolas del entorno es evidente. Para defender tal propuesta contamos con al menos tres argumentos de peso. El primero de ellos es la existencia en la zona de las bases de dos saladeros o piletas revestidas de signinum, cuya relación con la industria conservera es evidente. Su situación a pie de costa confirma la existencia de una cetaria en las inmediaciones, cuya relación con las estructuras excavadas parece obvia, aunque no sea posible confirmar la sincronía entre ellas. En segundo lugar contamos con las evidencias procedentes de la funcionalidad de las habitaciones excavadas, cuya relación con pequeños horrea portuarios es la propuesta más viable por el momento. El registro cerámico aparecido se relaciona en un 95% con ánforas de transporte, que se debían encontrar apiladas en dichas estancias de almacenaje. Y en el único caso en el cual han aparecido restos de contenido asociados a una de ellas (imitación gaditana de Dr. 1 A), éste estaba relacionado con productos de origen marino. Tampoco debemos olvidar que la mayor parte de las ánforas halladas eran salazoneras (T-8.2.1.1., T-9.1.1.1 y T-7.4.3.3), acompañadas por algunas vinarias itálicas (Dr. 1 A campano laciales), en una dinámica prácticamente idéntica a la detectada en los niveles republicanos del Conjunto VI de la factoría baelonense (Bernal, Arévalo, Lorenzo y Aguilera 2003). Es decir, almacenes para ánforas mayoritariamente salsarias y salazoneras. El tercer argumento es, con diferencia, el más contundente e importante. Destacar la excepcionalidad del hallazgo de los depósitos de ictiofauna, con miles de restos de grandes túnidos, cuya presencia evidencia que las actividades constatadas en Punta Camarinal-El Anclón estaban relacionadas con el proceso de tratamiento del pescado. Ante el estado preliminar de los trabajos, que no han permitido por el momento un estudio arqueozoológico detallado,3 son dos las posibles propuestas: - La primera es que nos encontremos ante troncos de atunes que fueron depositados en este lugar previamente a su despiece, pues si no las vértebras no hubiesen aparecido en posición anatómica, siendo ésta la característica común a todas las concentraciones de fauna detectadas (ARÉVALO, BERNAL y ÁLVAREZ 2003). Por otro lado, parece evidente que nos encontramos ante troncos de grandes túnidos y no atunes enteros o partes diversas de los mismos, según
3

Actualmente dichos restos están siendo estudiados por el equipo de A. Morales y E. Roselló de la Universidad Autónoma de Madrid.

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se desprende del tipo de restos óseos aparecidos, únicamente vértebras, colas y aletas. El hecho de que no hayan aparecido fragmentos óseos tales como piezas dentarias o huesos de la cabeza permite confirmar el despiece parcial de estos pescados previamente al almacenaje de los mismos (al menos la eliminación de las cabezas). Otra observación de interés, derivada del proceso de excavación, ha sido documentar una disposición desordenada de los troncos de túnidos, pues se han excavado columnas o fragmentos de las mismas entrecruzadas entre sí. Asimismo, descartamos la hipótesis de que nos encontremos ante un vertedero, debido a la aparición exclusiva –y por ello selectiva- de columnas de atunes, además de grandes dimensiones, así como por la total ausencia de otros elementos intrusivos propios de este tipo de depósitos tales como carbones, fauna terrestre u otros desechos de materiales muebles. Adicionalmente, la presencia de algunas colas conexionadas con las columnas permite plantear que los atunes, previamente limpiados y despiezados en los barcos hubiesen sido depositados en esta estancia para su ulterior fileteado y transporte a los saladeros. La limpieza y desangrado de los atunes colgándolos por la cola es el sistema de despiece tradicional, debido a su peso, bien documentado etnoarqueológicamente en las almadrabas de la zona. - La segunda posibilidad es que se tratara de una zona de procesamiento primario de los túnidos, debido a su cercanía a la línea costera, si tenemos en cuenta que las columnas vertebrales aparecidas en conexión anatómica pueden esconder tras de sí a restos de pescados de grandes dimensiones previamente descarnados, o tal vez fileteados, que pudieron ser enterrados para neutralizar los desagradables olores que su putrefacción ocasionaría (MORALES, ROSELLÓ, ARÉVALO y BERNAL 2004). En tal sentido el proceso de preparación de la carne se habría realizado en las estancias excavadas o en sus inmediaciones. Por todo ello, no cabe la menor duda de que nos encontramos ante una instalación relacionada con la industria pesquera en época romano-republicana. No obstante, desconocemos por el momento si se realizaban en esta zona actividades relacionadas con las conservas de pescado, pues únicamente las piletas sobre el mogote pétreo apuntan en tal dirección y no sabemos si son sincrónicas. Otra propuesta es que nos encontremos ante un establecimiento con un punto de embarque en el cual se descargasen los productos obtenidos en la almadraba –tras su limpieza y eliminación parcial de despojos–, bien para procesarlos en el mismo sitio, en estructuras aún no excavadas (por lo que nos encontraríamos ante una cetaria), bien para su transporte a alguna factoría cercana, parcialmente preparados, quizás al barrio industrial de Baelo Claudia. Lo que no cabe duda es que ésta es una de las primeras ocasiones en las cuales se documenta un depósito de grandes túnidos conexionados anatómicamente en ámbito hispano, con garantías de proceder de una actuación arqueológica reglada, por lo que la potencialidad de su estudio para el futuro es notable. Otra cuestión que consideramos de gran interés es la localización geográfica del yacimiento a pie de playa actual. La existencia de un embarcadero en las inmediaciones es evidente, pues es necesaria la llegada de embarcaciones de las cuales traer las capturas documentadas, cuyo notable tamaño aboga por una pesca almadrabera. No debemos olvidar en este sentido el topónimo de la zona “El Anclón”, cuya relación con el fondeadero de embarcaciones es, a todas luces, evidente. Existen en las inmediaciones algunos retalles en la roca que quizás pudiesen ser relacionados con los sistemas de anclaje de las estructuras lígneas que debieron conformar este embarcadero romano, si bien no es posible confirmar esta cuestión ante la notable movilidad de los bloques pétreos en la actualidad, que requerirían un estudio topográfico y planimétrico específicos. Tampoco debemos olvidar que las canteras más cercanas a la ciudad de Baelo Claudia se sitúan en Punta Camarinal (Sillières 1995, 72), activas posiblemente desde el inicio del apogeo urbanístico de la ciudad -época augusteapero cuya cronología de uso se desconoce actualmente. En sus inmediaciones la existencia de un embarcadero es indudable. Recientemente se ha propuesto la existencia de instalaciones portuarias en la ciudad, así como las notables condiciones de Punta Camarinal al respecto, por lo que remitimos a dichos trabajos para ampliar los datos (ALONSO y NAVARRO 1997; Alonso et alii 2003).

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Por último, incidir en la necesidad de integrar los restos de Punta Camarinal en un estudio de la geomorfología de la zona a escala microespacial, para permitir la interpretación funcional de la aparentemente pequeña cetaria localizada en el mogote pétreo a pie de costa, cuya base se localiza a más de 2 m. de altura sobre la cota de la pleamar actual, mientras que las estructuras republicanas excavadas se sitúan a menor altura. Estos nuevos hallazgos permiten, por tanto, incidir sobre la importancia de la bahía de Bolonia desde al menos el s. II a.C. como lugar privilegiado para la pesca y las industrias conserveras derivadas del aprovechamiento de los recursos marinos, previamente al proceso de monumentalización de la ciudad en época augustea. Los hallazgos de los últimos años parecen confirmar que la industria pesquero-conservera fue la vocación que dio pie a la instalación de un núcleo permanente de hábitat en la zona que las últimas estratigrafías tienen a situar desde la segunda mitad del s. II a.C. en adelante. En la conductio de tales actividades la mano itálica es evidente, como ha sido planteado en los últimos estudios al respecto (BERNAL, ARÉVALO, LORENZO y AGUILERA 2003, 312-313), cuya conexión con el impulso de la cercana base naval de Carteia debe ser, a nuestro juicio, una de las claves interpretativas más importantes para las investigaciones de los próximos años.
BIBLIOGRAFÍA ALONSO VILLALOBOS, C. y M. Navarro Domínguez. (1997): “Baelo Claudia, sus posibilidades portuarias y la navegación por el Estrecho de Gibraltar”, III Jornadas de Arqueología Subacuática, Valencia, pp. 133-140. ALONSO VILLALOBOS, C.; R. Ojeda Clavo; L. Ménanteau y F.J. Gracia Prieto. (2003): “Análisis geoarqueológico del sector meridional de Baelo Claudia (Tarifa, Cádiz)”, PH, 43, pp. 58-75. ARÉVALO, A.; D. Bernal y A. Álvarez. (2002): “La factoría de salazones de Baelo Claudia (Tarifa, Cádiz). Intervenciones arqueológicas”, Revista de Arqueología 251, Madrid, pp. 22-31. ARÉVALO, A.; D. Bernal y A. Álvarez. (2003): “Importantes hallazgos cierran el IV Curso Internacional de Arqueología Clásica en Baelo Claudia”, PH 46, Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Sevilla, pp. 4-5. ARÉVALO, A.; D. Bernal y L. Lorenzo. (2001): “Prospecciones arqueológicas en el territorium de Baelo Claudia: nuevos elementos interpretativos”, Almoraima 25, pp. 115-132. BERNAL, D.; A. ARÉVALO, L. Lorenzo y L. Aguilera (2003): “Imitations of italic amphorae for fish sauce in Baetica. New evidence from the salt-fish factory of Baelo Claudia (Hispania)”, Rei Cretariae Romanae Fautorum Acta 38, Abingdon, pp. 305-313. BERNAL, D., A. Arévalo, E. Roselló y A. Morales (2003): “Garum y salsas mixtas: análisis arqueozoológico de los paleocontenidos de ánforas procedentes de Baelo Claudia (s. II a.C.)”, V Congreso Ibérico de Arqueometría, Libro de Resúmenes de Actas, Cádiz, pp. 81-82. DARDAINE, S.; L. Ménanteau; J.R. Vanney y C. Zazo (1983): Baelo II. Historiques des fouilles. Baelo et son environnement, Madrid. MORALES, A.;E. Rosello; A. Arévalo y D. Bernal (2004): “Conjunto de túnidos”, en Garum y salazones de pescado en el Círculo del Estrecho. Catálogo de la Exposición (A. Arévalo, D. Bernal y A. Torremocha eds.), Granada. PONSICH, M. (1988): Aceite de oliva y salazones de pescado. Factores geo-económicos de Bética y Tingitania, Madrid. SILLIÈRES, P. (1995): Baelo Claudia. Une cité romaine de Bétique, Madrid. TROYA PANDURO, A.M. (1995): Inventario de yacimientos arqueológicos del ámbito del Plan Especial de Protección y Mejora de la Ensenada de Bolonia y Núcleo de El Lentiscal (Tarifa, Cádiz), Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, ejemplar inédito.

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VILLA VICTORIA,
UNA FIGLINA ALTOIMPERIAL EN EL TERRITORIUM DE CARTEIA
D. Bernal / J.J. Díaz / Universidad de Cádiz L. Roldán / J. Blánquez / F. Prados / Universidad Autónoma de Madrid

INTRODUCCIÓN Durante el año 2003 un equipo interdisciplinar de la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Cádiz, en el marco del Proyecto Carteia, iniciaron el estudio arqueológico del Plan Parcial de Villa Victoria, zona ésta de reciente urbanización en el entorno costero de Puente Mayorga (San Roque, Cádiz). La importancia y espectacularidad de los primeros hallazgos arqueológicos aparecidos en ésta –un testar con desechos cerámicos eminentemente anfóricos (BRAVO, 2003)– propiciaron, por parte de la Delegación Provincial de Cultura de Cádiz, la peritación arqueológica de manera cautelar en toda la citada urbanización y, derivado de ello, sucesivas intervenciones –tanto de prospección como de excavación– que han permitido el estudio exhaustivo de lo que ha resultado ser el barrio alfarero (extramuros) de Carteia. Un resumen de los resultados obtenidos hasta el momento, por fuerza sucinto, es lo que a continuación describimos. La importancia de este enclave arqueológico campogibraltareño es crucial desde diversos puntos de vista. En primer lugar, su cercanía a la citada ciudad de Carteia, de cuyo pomerium urbano apenas dista un kilómetro lineal (figura 1), ha permitido iniciar un proceso de análisis del territorium costero de la ciudad que, hasta la fecha, apenas había sido atendido dada la monumentalidad e importancia urbana del yacimiento en si de Carteia, la primera gran colonia latina en territorio hispano (ROLDÁN et alii, 2004). A la excavación primero del testar y de uno de sus hornos, unida posteriormente a un conjunto de instalaciones portuarias de época altoimperial (BLÁNQUEZ et alii, 2005 a) sobre las cuales, en época tardorromana, continuaron actividades fabriles entre las que ha sido posible identificar evidencias de un taller de producción de púrpura de la segunda mitad del s.IV d.C. –por el momento el único bien estudiado arqueológica y arquezoológicamente en toda la Bética– (BERNAL et alii, 2006) se han ido sumando, posteriormente, nuevas evidencias materiales como una pequeña necrópolis. Todo ello, en conjunto, materializa una barriada industrial, perimetral a la ciudad de Carteia, de la que no se tenían hasta este momento nada más que evidencias de tipo indirecto.

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Las labores arqueológicas se vienen desarrollando desde hace tres años (2003), materializadas en la intervención en sucesivas parcelas dentro de la urbanización. Por el momento se ha cubierto una extensión superior a los 10.000 m2, hecho éste que ha permitido contar con una perspectiva mucho más amplia que la que tradicionalmente deparan los estudios en torno a la “Arqueología de la Producción” centrados éstos, de manera habitual, en torno a las figlinae: por lo general uno o varios hornos con los vertederos asociados en los casos más privilegiados. Tal es la perspectiva disponible, en la actualidad, para los talleres alfareros excavados en la bahía de Algeciras como, por ejemplo, El Rinconcillo, del cual conocemos cuatro hornos y los testares (SOTOMAYOR, 1969; FERNÁNDEZ CACHO, 1997; BERNAL y JIMÉNEZCAMINO, 2004); o la Venta del Carmen, con sus dos fornaces, algunas habitaciones y evidencias de suministro hídrico del complejo (BERNAL, 1998 a). En Villa Victoria contamos también con evidencias de un horno –por el momento el mejor conservado en todo el Campo de Gibraltar–, uno o varios horrea, almacenes éstos tan vinculados a las actividades fabriles como la alfarera, algunas tumbas de la necrópolis de los operarios del complejo y los testares cerámicos. De estos últimos cabría destacar la conservación de un verdadero testaccio con más de 40 m. lineales y una potencia de hasta 4 m. en algunas de sus partes. Por todo lo expuesto, las investigaciones en curso que estamos desarrollando van a permitir en un futuro cercano disponer de una reconstrucción bastante fidedigna de este tipo de alfares en el Conventus Gaditanus y, por extensión, en todo el Círculo del Estrecho. Por último, la amplitud de la excavación realizada, especialmente en la zona de los testares cerámicos, ha permitido obtener información de primera mano sobre las producciones cerámicas objeto de manufactura: la habitual trilogía de ánforas, cerámicas comunes y material constructivo latericio. Las primeras constituyen la producción mayoritaria y abarcan, tanto ánforas salsero-salazoneras de diversa tipología como algunos tipos vinarios. Entre estos últimos destacaríamos la presencia (producción) de la Dr. 2/4 (BERNAL et alii, 2004 b), lo que permite intuir una fecunda actividad vitivinícola en la comarca de la cual apenas han quedado escasos indicadores de época romana, excepción hecha de algunos significativos ejemplos de acuñación monetal fosilizados en la ceca de Traducta con los conocidos racimos de uva en los reversos de algunos semises de época augustea (ETIENNE y MAYET, 2000, 64-65; BRAVO, 2005). De todo ello se puede deducir, pues, la importancia y el esfuerzo realizado en el estudio de esta zona industrial, extramuros, de la ciudad de Carteia conocida en la actualidad como Villa Victoria y de la cual, tan sólo, se han realizado algunos avances dado el reciente estado de las investigaciones. Junto a los preceptivos Informes que verán la luz próximamente en las páginas de los Anuarios Arqueológicos de Andalucía (ROLDÁN, BLÁNQUEZ y BERNAL, 1993; ROLDÁN et alii 2003 a, b y c; Bernal et alii, 2004 c; Blánquez et alii, 2006), se han publicado sendas reseñas referidas al alfar y a las estructuras portuarias anexas (BERNAL et alii, 2005; BLÁNQUEZ et alii, 2005 a), así como algunas fichas catalográficas de piezas aparecidas en el yacimiento dentro del Catálogo de la exposición Garum y salazones en el Círculo del Estrecho (AA.VV., 2004). Los únicos artículos, ya de marcado carácter científico, corresponden a dos avances. El primero de ellos – materializado en dos trabajos– centrado en el yacimiento –como conjunto– y en la producción de ánforas vinarias documentada en el mismo, presentado al Congreso Internacional Figlinae Baeticae (BERNAL et alii, 2004 a y b). El segundo ha recogido un primer estudio del conchero del taller de púrpura y ha sido presentado en el II International Symposium on Textiles and Dyes (BERNAL et alii, 2006). En la actualidad, el equipo de investigadores trabajamos en la elaboración de la preceptiva Memoria de Excavaciones que recogerá la totalidad de las actuaciones individuales realizadas en Villa Victoria entre 2003 y 2006 –algunas de ellas actualmente en realización– dado que, culturalmente, de un único yacimiento se trata. La publicación de la misma está prevista en un plazo de dos años. Sirvan, pues, estas páginas para presentar a la comunidad científica del Campo de Gibraltar una síntesis de los aspectos más significativos hasta la fecha de este nuevo yacimiento arqueológico.

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LA BARRIADA ALFARERA DE VILLA VICTORIA. UN YACIMIENTO DESCONOCIDO Hasta la realización de las excavaciones que propiciaron el descubrimiento del complejo alfarero de Villa Victoria, en el año 2003, las actuaciones arqueológicas llevadas a cabo en el entorno periurbano de la ciudad de Carteia eran mínimas. De ahí la escasez de datos al respecto sobre las instalaciones fabriles (figura 1, nº 5 a 9) limitadas a los talleres alfareros de Guadarranque, dados a conocer por Beltrán (1977), las noticias –siempre indirectas– de evidencias productivas en la cercana barriada de Campamento (en la calle Aurora), o dentro de la misma Factoría CAMPSA, por citar las más cercanas (BERNAL 1998 b; BERNAL et alii, 2004 a). A ellos debemos unir referencias a hallazgos de tipo funerario en las inmediaciones, como sucede con la conocida necrópolis de “El Gallo”, lugar de aparición del famoso sarcófago tardorromano marmóreo (RODRÍGUEZ OLIVA, 2000) y de otras tantas evidencias citadas por E. Romero de Torres o P. Quintero, recientemente sintetizadas (ROLDÁN et alii, 2004). Previamente al inicio de nuestros trabajos en el área de Villa Victoria ya habían sido localizados restos arqueológicos en un Figura 1. Localización de Villa Victoria (1) en la bahía de Algeciras en control arqueológico llevado a cabo en los terrenos de CEPSA relación a Carteia (*), y principales alfares romanos conocidos en las inmediaciones: El Chorruelo (2), C/ San Quintín (3), El Rinconcillo (4), Venta del con motivo de la instalación de nuevas infraestructuras y Carmen (5), Los Altos del Ringo Rango (6), Factoría Campsa (7), Guadarranservicios (TOMASSETTI, 2002), así como restos de algunas que (8), C/ Aurora (9) y Cortijo Albalate (10). piletas y evidencias de un área portuaria o de embarcadero junto a la desembocadura del río Guadarranque, éstas últimas con motivo de las obras necesarias para la acometida y evacuación de residuos de una nueva central térmica de ciclo combinado, en concreto de su estación de bombeo.1 Pero ha sido la continuidad en el control arqueológico llevado a cabo en la urbanización Villa Victoria, en la barriada de Puente Mayorga (San Roque), la que ha producido un salto cualitativo en el conocimiento. Ha sido ahora cuando se ha podido confirmar, ya de manera sólida, cómo en la zona oriental periurbana de la ciudad de Carteia, posiblemente tras una primera área funeraria de la que sólo se tienen referencias verbales con motivo de la construcción de la refinería Gibraltar de CEPSA, se desarrolló una zona industrial de gran envergadura centrada en actividades de diversa naturaleza de las cuales, las evidencias más tangibles, son las vinculadas con la producción alfarera. Ahora bien, tal y como ya se ha comentado, la constatación de producción de púrpura en el s.IV d.C. confirma la continuidad del uso del suelo en este sector vinculado al sector primario. Las excavaciones realizadas han conllevado hasta la fecha seis actuaciones arqueológicas, cuyos datos básicos reflejamos en la siguiente tabla, si bien es conveniente recordar que en la fecha de finalización de este trabajo2 aún no han concluido las actuaciones arqueológicas en la zona.
1

Remitimos al trabajo presentado por F. Piñatel en las Actas de este mismo Congreso.

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CAMPAÑAS Previa I II

III IV V

VI

ACTIVIDADES Hallazgo, diagnóstico y sondeos iniciales Trabajos en la parcela A4 (excavación del testar) Finalización Parcela A4 Trabajos en la parcela A1 y vial de la urbanización (excavación de un horno) Trabajos de consolidación y tapado del horno Trabajos en Área Libre de la PM-6 “Callejón del Moro” (excavación de un embarcadero) Desmontaje embarcadero romano para su traslado al Museo Municipal de San Roque. Prospección Parcela A5 (localización de la necrópolis) Retirada tumbas romanas de la parcela A5. Trabajos en la parcela R3

FECHAS EJECUCIÓN noviembre 2002 - febrero 2003 abril - mayo 2003 agosto - noviembre 2003

EQUIPO Empresa T.I.A. Equipo UAM - UCA

abril 2004 febrero - marzo 2005

diciembre 2005 - enero 2006 febrero 2006 (en curso)

Tabla 1. Relación de las tareas arqueológicas llevadas a cabo dentro del Plan Parcial (PM-6) de Villa Victoria , en Puente Mayorga (San Roque, Cádiz), entre 2003 y 2006.

Junto a las citadas actuaciones llevadas a cabo por este equipo de investigación interinstitucional e interdisciplinar, también se han realizado dentro del Plan Parcial de la PM-6 y en sus inmediaciones otros controles arqueológicos. Los resultados científicos de los mismos han sido mínimos o no han sido objeto de estudio arqueológico por el momento, por lo que su problemática concreta será abordada en la Memoria Científica de los hallazgos. Dado el resumido carácter de estas páginas, de todo lo aparecido hasta la fecha en Villa Victoria, nos hemos de centrar en los hallazgos directamente relacionados con la actividad alfarera que, además, cronológicamente, en cuanto a orden de intervención arqueológica vienen a coincidir con las labores desarrolladas en los años 2003 y 2004. De ellas damos cuenta sumariamente en las páginas que siguen.

HALLAZGO, EXCAVACIÓN, Y CONSOLIDACIÓN DE UN HORNO ALFARERO Durante la denominada II Campaña (ver tabla I), la de mayor extensión de testar excavado, se documentaron evidencias de, al menos, dos estructuras de combustión. La primera de ellas, la única excavada en toda su extensión, fue localizada en la parte más oriental del testaccio o testar meridional (figura 2). La segunda apareció al noroeste del mismo testar (ROLDÁN, BLÁNQUEZ y BERNAL, 2003) y, a pesar de su aparente muy buen estado de conservación, no pudo ser excavado –y por tanto estudiado– al no estar afectado por escasos metros por las obras del vial en construcción. Con motivo de la III campaña de intervención arqueológica se terminó de excavar la citada primera estructura de combustión, dejándola prácticamente exenta y se procedió, igualmente, a la excavación de su praefurnium. Se trataba de un horno de planta circular que conservaba intacta su cámara de combustión, la parrilla se mantenía in situ, así como el arranque de la cámara de cocción (figura 3). De este horno destacaríamos, en primer lugar, su excepcional estado de conservación. De acuerdo con los criterios determinados por la Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía, en Cádiz, toda la estructura quedó delimitada y convenientemente protegida tras su excavación, dada la conveniencia de conservarlo in situ (ROLDÁN et alii, 2003 b). El compromiso adquirido por la empresa constructora era que, una vez acabadas las obras de urbanización, el contorno
2

La versión de este trabajo, presentado y defendido en Tarifa en abril de 2004 con motivo de las I Jornadas de Arqueología del Campo de Gibraltar, ha sido actualizada en febrero de 2006 previamente a su edición. El objetivo de ello ha sido facilitar a la comunidad científica un estudio lo mas actualizado posible. Al haberse continuado los trabajos arqueológicos en la zona se han producido, hasta la fecha, interesantes novedades que, pensamos, consolidan y enriquecen la visión de conjunto de Villa Victoria.

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perimetral de la estructura, así como el dibujo de su parrilla, quedarían indicados en la acera mediante una barra de bronce incrustada en la misma. Ello serviría a los habitantes de la urbanización y a los viandantes, en general, de recordatorio exacto de su ubicación, un metro más abajo, así como su forma y dimensiones. Se trata de un horno de mediano tamaño si tenemos en cuenta las dimensiones exteriores de los muros de refuerzo de su cámara de combustión, que definen un cuadrado de unos 25 m2 (4,8 m. de lado aprox.). Desde un punto de vista tipológico se adecua al tipo denominado Cuomo IIb, caracterizado éste por un sistema de sustentación de la parrilla a base de sendos grupos de muros paralelos a ambos lados del corredor de acceso, en los laterales del pasillo central, que configuran una planta cuadrada o rectangular para su cámara de combustión. Esta tipología no es nada habitual, ni en la bahía de Algeciras, donde sólo encontramos un paralelo hasta la fecha en uno de los hornos de El Rinconcillo, parcialmente excavado, ni en la provincia de Cádiz, donde únicamente conocemos los ejemplos de Mesas de Asta y la Loma del Puerco (LAGÓSTENA y BERNAL, 2004, 92). Es decir, el horno de Villa Victoria corresponde a un tipo nada habitual en la parte occidental del Conventus Gaditanus y, por extensión, en todo el Círculo del Estrecho. En esta zona, por el contrario, los hornos alfareros suelen ser de planta circular y parrilla sustentada por un pilar central del cual parten arcos radiales. Hornos como el documentado en Villa Victoria apenas llegan al 5% del total de los tipificados (3 frente a 51 en la provincia de Cádiz).

Figura 2. Zona excavada del Plan Parcial de Villa Victoria durante las I, II y III Campañas, con la localización de los dos vertederos (testar principal o “testaccio” y testar septentrional), el horreum (amortizado por el testar principal) el horno y el área de necrópolis.

Es posible que tras esta inusual tipología para el s. I d.C. –que no en fechas posteriores– se escondan influencias derivadas de innovaciones itálicas asociadas a los fenómenos de conquista. En este sentido creemos importante no olvidar que en casi todos los casos citados, menos en el aparecido en la Loma del Puerco y cuya atribución, además, es la única que no es segura (LAGÓSTENA y BERNAL, 2004, 56-57) hay una clara vinculación con el proceso de conquista y colonización. Tendríamos, así, El Rinconcillo (Algeciras), único alfar del s.I a.C. conocido en toda la provincia de Cádiz en el cual no se manufacturan ánforas de tipología tardopúnica como las T-7.4.3.3 (familia de las Mañá C2b); o en Mesas de Asta, cuya cronología de funcionamiento parece finalizar en torno al cambio de era. En el caso de Carteia su vinculación con la presencia itálica desde el s. II a.C. es evidente, por lo que el horno de Villa Victoria bien podría responder a la continuidad de dicha influencia romana y a una menor incidencia de las tradiciones alfareras tardopúnicas en la zona. En este sentido creemos importante recordar cómo los dos únicos casos citados se sitúan, coincidiendo, en la bahía de Algeciras (El Rinconcillo y Villa Victoria). Habrá que indagar en el futuro por qué en otras zonas del litoral de la Andalucía mediterránea, tal y como sucede en la costa malacitana, estos hornos son más frecuentes y se generalizan a partir del siglo I d.C. o compitiendo con los de pilar central.

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Un tercer aspecto por el cual el horno aparecido en Villa Victoria resulta de gran interés es el de su abandono intencional. Efectivamente, la parrilla había sido cubierta por una capa de arcilla rojiza muy depurada, prácticamente libre de impurezas, de unos 50 cms. de potencia que cubría la totalidad de la estructura hasta tapar, incluso, los orificios rectangulares de la misma (figura 3). La detección de este tipo de sedimento se limita a este punto y no se ha documentado en ningún otro ambiente de todo el área excavada. Si, paralelamente, tenemos en cuenta la existencia de un cegamiento del praefurnium mediante un tabicado, actuación ésta que propició la conservación intacta –sin intrusión de sedimento– de la cámara de combustión, parece patente el interés de los alfareros romanos por inutilizar temporalmente dicha estructura –evitando su deterioro– con objeto de posibilitar su utilización en un momento posterior. Dicha actuación se fecha en pleno siglo I d.C. Sin embargo, por motivos desconocidos, el horno no llegó nunca a volverse a utilizar y todo la estructura quedó amortizada por sucesivas descargas defectuosas de material cerámico procedentes del sector más oriental del gran testaccio. Dicho proceso de colmatación habría propiciado el excelente estado de conservación del horno. Desde un punto de vista cronológico, su construcción debió realizarse en la primera mitad del siglo I d.C. si tenemos en cuenta que fue amortizado por descargas asociadas a la denominada Fase III del complejo (vide infra apartado cronológico). En la actualidad, se encuentran en proceso de estudio todos los restos recuperados entre los cuales, dejando a un lado los propiamente cerámicos, destacaríamos los carbones procedentes del relleno del praefurnium.3 Tras el proceso de excavación, consolidación y protección de la estructura, tal y como apuntábamos, se ha procedido a su conservación in situ, bajo el acerado meridional del vial principal de la urbanización. La Delegación Provincial de Cádiz consideró prioritaria su preservación en posición primaria, más que un complicado proceso de extracción y reubicación. Al coincidir su localización con la cota del acerado se han dispuesto las necesarias medidas preventivas que aseguren su correcta conservación y, de igual manera, se han introducido modificaciones en el muro de carga del edificio que, así, queda volado en este punto. Su conservación, así, ha quedado garantizada para el futuro.

Figura 3. Horno excavado en Villa Victoria, en vista cenital (A), con detalle de su estructura (B).
3

Estudio a cargo de Paloma Uzquiano, antracóloga y profesora de la U.N.E.D. de Madrid.

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Figura 4. Detalles del paramento del horreum excavado, en el cual se advierte el empleo de material anfórico reutilizado.

EL HORREUM Y LAS ESTRUCTURAS DE ALMACENAJE Durante el proceso de realización de sucesivas catas en la zona central del testaccio (Cortes 33 y 45 de la excavación) encaminadas a confirmar tanto su potencia como la potencial existencia de estructuras asociadas a esta descomunal escombrera alfarera, se pudo documentar la existencia de un notable paramento que conservaba un alzado superior a los dos metros (ROLDÁN et alii, 2003 a). Dicha estructura había sido amortizada por las descargas defectuosas del testar meridional, por lo que su cronología parecía remitir a la primera mitad del s.I d.C., lo que lo hacía coincidir con la del horno excavado. Dada la entidad de esta y otras evidencias constructivas durante la IIª Campaña se dedicó especial interés a su documentación y ubicación planimétrica dentro del conjunto. La necesidad de materializar un gran vial –eje de la futura urbanización– que pasaba por el centro del testaccio ha permitido exhumar sucesivos tramos de, al menos, cuatro estructuras murarias alineadas, realizadas con similar técnica constructiva y cuya ortogonalidad induce a relacionarlas con uno o varios edificios similares (figura 2). Desde un punto de vista edilicio dos de estos paramentos se caracterizaban por tener un zócalo de opus incertum, con mampostería de pequeña y mediana dimensión, y un singular alzado a base de fragmentos anfóricos reutilizados (figura 4). Los galbos anfóricos recortados se dispusieron generando hiladas horizontales en las cuales, a veces, se introducían bocas, cuellos o pivotes, destinados habitualmente para generar hiladas de nivelación. Este tipo de técnica es muy conocida en estructuras de los talleres del Valle del Guadalquivir, remitiendo a época de G. Bonsor los primeros hallazgos conocidos. En la bahía de Cádiz están documentados multitud de paralelos. A modo de ejemplo podríamos destacar los del Olivar de los Valencianos (JIMÉNEZ CISNEROS, 1971, lám LV), o los de El Gallinero, en Puerto Real. Se trata, pues, de una técnica constructiva propia de ámbitos alfareros, tal y como ha sido recientemente recalcado (LAGÓSTENA y BERNAL, 2004,

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103-104), si bien remitimos a otros ámbitos de la provincia Baetica como el litoral malacitano, con estructuras documentadas en la Huerta del Rincón, o las astigitanas de Las Delicias (CHIC y GARCÍA, 2004, 321-322) como ejemplos más significativos. La tipología de estos grandes almacenes u horrea es bien conocida, si bien normalmente por ejemplos foráneos más que béticos. Recordemos las planimetrías esquematizadas de los almacenes cercanos al Testaccio, según la Forma Urbis marmorea de época severiana, en Roma. Se trata de edificios de planta rectangular, de grandes dimensiones, destinados al almacenaje de mercancías o a otros usos, como lugares propios para el trabajo de los operarios. Desgraciadamente, contamos con escasos ejemplos bien documentados y es el ya citado de Las Delicias, sin lugar a dudas, el más ilustrativo de todos los conocidos en la actualidad. Se caracteriza este último por sus notables compartimentaciones internas y por una modulación desproporcionada que genera un rectángulo muy estilizado, con longitudes en su lados largos que triplican las dimensiones de los cortos (CHIC y GARCÍA, 2004, 322, fig. 30). Del horreum de Villa Victoria, tal y como apuntábamos, únicamente ha sido excavada la parte afectada por el proyecto viario de la actual urbanización. Es, por ello, que sólo ha sido podido determinar una de sus esquinas –la suroeste-, así como la constatación de, al menos, dos edificios integrados –o uno con grandes compartimentaciones internas- y dimensiones más que notables que dan al inmueble, como mínimo, una extensión de 40 m2. De las actividades desarrolladas en su interior carecemos de dato explícito alguno. Todo su entorno excavado está vacío de estructuras o depósitos materiales in situ, por lo que deducimos su abandono vacío en un momento previo a su colmatación por el avance del testar cerámico. El hecho de que durante el proceso de excavación se detectasen parte de los lienzos murarios desplomados y cubiertos por descargas cerámicas confirman que el edificio estaba parcialmente arruinado, sin evidencia alguna de incendio u otras causas cuando se inició su progresivo relleno. Como se advierte en la planimetría (figura 2), han sido localizadas otras estructuras de gran envergadura cuya técnica constructiva difiere con la documentada en el almacén. Se trata en esta ocasión de muros de mampostería de diversa entidad, si bien son especialmente reseñables los localizados al sur del testar septentrional o al noreste del horno. Su parcial –por limitado– y acusado deterioro no permiten afirmar de manera precisa su funcionalidad, si bien ponen en evidencia cómo la zona alfarera, en su primera fase de vida, estuvo caracterizada por la presencia de islotes construidos con edificios y calles entre ellos. Una imagen ésta, por otro lado, que debió ser la habitual en las grandes figlinae gaditanae, tal y como demuestran la gran entidad y amplitud de las estructuras excavadas en el taller puertorrealense de Puente Melchor (LAVADO, 2004, 474-477, 482, 484, figs. 2, 3, 5, 10, 11 y 13).

LA NECRÓPOLIS DEL COMPLEJO ALFARERO Durante los trabajos de la II Campaña de excavaciones, en la zona más oriental del testaccio, al tratar de delimitar el perímetro del mismo en esta zona, se localizó un conjunto de estructuras funerarias de las cuales fue posible identificar dos ustrina y diversas cremaciones in situ (BERNAL et alii, 2004 a, 468-469). Los hallazgos, de nuevo se limitaron a un sondeo (Corte 55) en función del proyecto de urbanización. No obstante, lo hallado confirmaba la existencia de una necrópolis junto a las estructuras alfareras y permitía apuntar diversas inferencias de interés. En primer lugar, su aparición coincidía con el final del testar meridional, de lo que se deducía un cambio radical en la organización espacial de la figlina que pasaba en esta zona de tener una finalidad de escombrera a ser un espacio funerario. Singular resultaba inicialmente dicha coexistencia –vertedero y necrópolis– si bien contamos también en ámbito gaditano con ejemplos similares. Así está también documentado en el alfar fenicio-púnico de Villa Maruja, en San Fernando. Aquí algunas tumbas de los ss. V/IV a.C. fueron cubiertas físicamente por las descargas de hornos (BERNAL et alii, 2003, 82-

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95). En este sentido, pues, los hallazgos de Villa Victoria servirán para profundizar en la división interna del taller y en el conocimiento de la funcionalidad de las diversas zonas del fundus en el cual se integraba el mismo. Si bien, inicialmente, podría parecer anómala la existencia de una necrópolis asociada a un alfar, la existencia de paralelos confirman que no se trataba, ni mucho menos, de un hecho ni aislado ni casual. En este sentido es significativo citar las excavaciones acometidas en 2003 en el yacimiento de Puente Melchor en la Bahía de Cádiz que han permitido exhumar un sector de una necrópolis del s.I d.C. con 21 enterramientos en los que se alternan cremaciones con inhumaciones (LAVADO, 2004, 485-486, fig. 14). En Lusitania, el taller olisiponense del Porto dos Cacos también ha deparado numerosos hallazgos en esta misma línea, si bien asociados a la fase tardorromana del taller. Se trata de 24 inhumaciones fechadas entre los ss.III y V d.C. (SABROSA, 1996). Tanto de la diacronía de los paralelos como de su lejanía, parece deducirse pues que la existencia de necrópolis asociadas a talleres alfareros debieron ser más habituales de lo que encontramos reflejado en la bibliografía de referencia. El hallazgo de este sector de la necrópolis permite plantear que el establecimiento alfarero localizado en Villa Victoria no fue ni efímero ni temporal. Se valoran en ocasiones parámetros tales como la estacionalidad para este tipo de asentamientos, si bien pensamos que en nuestro caso la evidencia arqueológica va en contra de dicha propuesta. La existencia de necrópolis asociadas a estas áreas industriales dotaría de cierta autonomía a este tipo de instalaciones pues, incluso, parece evidente que se enterraban en este entorno, sin tener que recurrir a otras necrópolis periurbanas de la ciudad. Todo ello, a su vez, da carta de naturaleza a la consideración de este yacimiento como un verdadero “barrio alfarero”, orientado al suministro de la ciudad de Carteia pero, sin ser ello contradictorio, con notable independencia con respecto a ésta. De ahí que en el futuro debiéramos valorar cómo la gran entidad de estos núcleos de hábitat suburbanos pudo dar lugar a concentraciones poblaciones que, sin llegar a ser “aglomeraciones secundarias”, sí podrían esconder tras de sí pagi o tuguria. Los hallazgos funerarios citados, evidentemente, son muy limitados. Además de la caracterización de los enterramientos –actualmente en curso–, del estudio tipológico de los ustrina, de los envases utilizados para las cremaciones, así como de sus exiguos ajuares, poca más información podría obtenerse. No obstante, la continuación de los trabajos arqueológicos preventivos, tanto a finales del pasado año 2005 como a principios de este (Campañas V y VI), no han venido sino a ratificar –ya de manera rotunda– las hipótesis anteriormente planteadas. Se trata de una parcela (A3 de la PM-6) situada entre el embarcadero del Callejón del Moro y el propio alfar de Villa Victoria, a escasos decenas de metros al oeste de las unidades funerarias anteriormente descritas. En dicho sector ha aparecido un número relativamente importante de enterramientos, así como un nuevo ustrinum, esta vez realizado con adobes y en un estado excepcional de conservación (BLÁNQUEZ et alii, 2006). Los trabajos arqueológicos se encuentran actualmente en curso y, dada su envergadura, va a ser posible ya realizar una exhaustiva analítica y un detallado estudio antropológico de los restos humanos. En este sentido, pues, el futuro se muestra muy prometedor en relación a la caracterización y estudio de la necrópolis asociada al barrio alfarero de Villa Victoria.

EL TESTAR MERIDIONAL, O TESTACCIO, Y EL TESTAR SEPTENTRIONAL Como decíamos con anterioridad fue precisamente en esta zona donde se concentraron los mayores esfuerzos a lo largo de la I y II Campaña de intervención arqueológica y constituye, al mismo tiempo, la más amplia área prospectada en extensión. Aproximadamente, se puede hablar de cerca de 2.000 m2 diagnosticados arqueológicamente por medios manuales. Dos han sido las escombreras individualizadas denominadas, respectivamente “testaccio o testar meridional” y el “testar septentrional”, separados entre sí escasas decenas de metros (figura 2).

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Figura 5. Vista general del testaccio o testar meridional desde el sur (A), con detalle del perfil estratigráfico de una de las zonas excavadas (B).

El testaccio fue la primera de las zonas intervenidas y la que ha sido objeto de actuaciones más intensivas. La importancia de su excavación radica en varios aspectos. Por una parte, por su gran extensión, pues en dirección este-oeste desarrollaba una longitud aproximada de cerca de 40 ms. lineales. Su potencia máxima conservaba los 4 ms de altura en su zona central, por lo que verdaderamente nos encontramos ante una acumulación artificial de desechos cerámicos que justamente merece el calificativo de testaccio (figura 5). El hecho de que la urbanización de la zona afectase directamente a toda esta acumulación antrópica, tanto de manera integral al norte de la parcela A4 como los estratos superiores del vial de la urbanización (figura 2), permitió una intensiva excavación en toda esta zona y ello, a su vez, la obtención de multitud de datos que redundarán al final en la explicación del propio proceso de génesis de esta gran escombrera. Varios han sido los cortes estratigráficos en el sector norte de esta parcela A4. Ello ha permitido contar al final con un perfil estratigráfico, excavado por tramos, de más de 30 ms. de longitud. De ahí que la secuencia estratigráfica, los ritmos de deposición y el tipo de descargas han podido ser definidos con exactitud. Un avance de parte de los mismos, en concreto de los cortes 5, 6 y 7, ya han sido publicados para su discusión científica a modo de avance (BERNAL et alii 2004 a, 460-462) La excavación detallada del registro arqueológico ha permitido aislar tanto las descargas de material cerámico defectuoso como los cenizales –fruto de limpiezas de praefurnia– y los restos de reparaciones de los hornos, niveles estos últimos caracterizados por multitud de adobes/testae fragmentados de diversa naturaleza. Tal triple agrupación caracteriza la mayor parte de depósitos excavados. A su vez, la secuencia estratigráfica interpretada ha permitido diferenciar con claridad dos fases denominadas, respectivamente, Fase I y Fase III, separadas entre sí por un nivel dunar de génesis natural que correspondería a lo que hemos llamado Fase II. La presencia de este estrato en todos los cortes excavados confirma que no se trata de un episodio esporádico, sino que este gran testar se formó en dos momentos diferenciados separados, entre sí, por una época, no tanto de inactividad sino de retracción de la actividad fabril en el complejo. Ello parece deducirse de la escasa –si bien sistemática– presencia de materiales cerámicos en el interior de este nivel arenoso. La constatada presencia o ausencia de unas formas u otras del repertorio anfórico y de otras categorías vasculares permitirá en un futuro inmediato ulteriores matizaciones sobre los periodos de actividad de cada una de estas producciones, fundamentalmente cuando se ultimen los estudios actualmente en curso. Pero, aun a falta de ello, este testar de Villa Victoria constituye sin dudas una de las primeras ocasiones en Andalucía en que se excava una escombrera de esta entidad, pues tan solo se conoce un ejemplo similar –posiblemente de mayor envergadura– como es el tan citado de Puente Melchor. Su detallado análisis en el futuro permitirá la obtención de multitud de datos sobre el proceso de formación de este tipo de vertederos en los complejos alfareros hispanorromanos.

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La segunda de las escombreras –la septentrional– es de mucha menor entidad y de ella se han excavado, únicamente, algunos cortes en planta. Su interés deriva en las diferencias detectadas en algunos tipos cerámicos propios de su formación, como sucede con la extremada abundancia de ánforas del tipo Dr. 12. Su estudio será complementario al del gran testaccio y, paralelamente, su localización física al norte de aquel confirma la continuidad del yacimiento en esta dirección y ratifica su gran superficie.

ÁNFORAS, CERÁMICAS COMUNES Y LADRILLOS. PRIMEROS DATOS DE LAS PRODUCCIONES CERÁMICAS DEL ALFAR DE VILLA VICTORIA El motor económico que debió propiciar la instalación de este gran complejo alfarero debió ser, sin duda, la riqueza de la industria pesquero-conservera de Carteia. Ello es posible asegurarlo indirectamente por la constatación de que más del 80% de las ánforas aparecidas constituyen envases salsero-salazoneros. Los estudios preliminares realizados hasta la fecha confirman que en esta figlina campogibraltareña se fabricaron mayoritariamente ánforas de transporte, en menor medida material constructivo latericio y, por último, cerámicas comunes de diversa tipología. Es decir, nos encontramos ante una producción polifacetada que trataba de atender todas las necesidades cotidianas de la ciudad y, muy posiblemente, de los asentamientos rurales de las inmediaciones. Las ánforas, envases por antonomasia destinados a la comercialización de excedentes alimenticios, juegan un papel crucial entre las cerámicas de manufactura local. Se han podido determinar algunas diferencias tipológicas entre las dos fases de actividad de Villa Victoria (Fases I y III) que denotan la evolución de los envases a lo largo del tiempo, así como la sustitución de unos tipos por otros (figura 6). De la primera Fase (I), destacamos la manufactura de ánforas salsarias de la familia de las Dr. 7/11 en porcentajes muy elevados, cuestión ésta singular en tanto que constituyen, a su vez, producciones minoritarias en los talleres campogibraltareños hoy conocidos como El Rinconcillo, o Venta del Carmen. Paralelamente, se constata la presencia de algunos bordes atípicos en estas series de envases salazoneros cuya definición tipológica en el futuro permitirá rastrear su distribución mediterránea. En estos primeros momentos de vida destacan las Haltern 70, contenedores asociados tradicionalmente al envasado de defrutum o sapa, mostos éstos reducidos térmicamente y utilizados tradicionalmente como conservantes (AA.VV. 2005).

Figura 6. Tipos anfóricos más significativos de producción local en Villa Victoria. A) Fase I (Dr. 7/11, Haltern 70 y Dr. 2/4). B) Fase III (Dr. 7/11, Dr. 12, Dr. 14, Beltrán IIA y Beltrán IIB).

Especialmente significativa ha sido el poder documentar la presencia de Dr. 2/4. Es ésta la primera vez que se constata con claridad su manufactura en un taller del Círculo del Estrecho (BERNAL et alii, 2004 b). No olvidemos que hasta hace escasos años se hablaba de “l’introuvable amphore vinaire de Bétique” (ETIENNE y MAYET, 2000) al haberse postulado, en diversas ocasiones, su manufactura andaluza apoyándose normalmente en atribuciones macroscópicas del estudio de sus pastas cerámicas; sin embargo, eran mínimos los testimonios arqueológicos fehacientes al respecto. Estas dos

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constataciones han permitido revalorizar la producción vitivinícola en la bahía de Algeciras durante la Antigüedad clásica. De ello no contamos con datos arqueológicos más allá de la tipología monetal de la ceca de Traducta (Bravo, 2005), por lo que las evidencias de Villa Victoria abren un nuevo campo de investigación sobre el cual habrá que profundizar en el futuro. En el segundo horizonte productivo del testar (Fase III) parece documentarse, al menos aparentemente, una mayor diversificación tipológica centrada, casi exclusivamente, en las producciones salazoneras. Se constata una tímida continuidad productiva de las Dr. 7/11, así como la presencia de otras formas no documentadas previamente o con porcentajes de presencia testimoniales entre las cuales, las más significativas, son las Dr. 12, la Dr. 14 y la Beltrán II A y B (figura 6). Este horizonte, centrado en la segunda mitad del s. I d.C., confirma fundamentalmente la pujanza de las industrias vinculadas a la explotación de los recursos del mar en la Bahía durante época flavia. Actualmente se encuentran en proceso de estudio los varios miles de ejemplares seleccionados durante la excavación contándose, incluso, con algunos perfiles completos. El interés de su minucioso estudio estriba, tanto en poder precisar variantes como en la atribución formal precisa de determinados detalles que, a su vez, permitirán rastrear en los próximos años las ánforas de Villa Victoria en los mercados mediterráneos.

CRONOLOGÍA Como es la tónica habitual en los centros alfareros, han sido mínimos los materiales de importación documentados en los vertidos de los testares, limitados, en esta ocasión, a escasos fragmentos de TSH, TSG y ARSW A. Más generosos se han mostrado los contextos de amortización del área funeraria, así como los estratos asociados, tanto a la construcción como al abandono del embarcadero, zona ésta conocida popularmente como “El Callejón del Moro”. En estos contextos, la tipología de las ánforas de producción local –especialmente las ánforas– ha sido un instrumento de datación clave. El estudio estratigráfico realizado con el inicio de los trabajos en Villa Victoria (I campaña de excavaciones) permitió documentar la existencia de cinco fases, o periodos históricos, que las investigaciones posteriores han confirmado, si bien con sensibles matizaciones. En la tabla que incluimos a continuación se resume –si bien de manera sintética– dicha información, con la propuesta cronológica correspondiente a cada momento.
FASE V IV III INTERPRETACIÓN Jardines y zonas rurales Abandono del yacimiento y colmatación por medios naturales Uso y abandono EVIDENCIAS FÍSICAS Niveles de relleno superficiales Estructuras diversas Nivel de cubrición del yacimiento con arenas de aporte eólico Segundo horizonte del Testaccio Testar septentrional Colmatación del área funeraria Nivel de génesis dunar en el Testaccio Horno, horreum Primer horizonte del Testaccio Arenas estériles DATACIÓN ss. XVIII-XX Décadas iniciales del s. II d.C.

Segunda mitad del s. I d.C. Mediados s. I d.C. Primera mitad del s. I d.C. Geológica

II I 0

Retraimiento de la actividad del alfar Construcción, uso y abandono de las estructuras de producción Geológica

Tabla 2. Propuesta sintética de periodos de actividad en el barrio alfarero de Villa Victoria.

En el estado actual de la investigación, los testimonios más antiguos del yacimiento parecen situarse en torno al cambio de Era, quizás época tardoaugustea. Los niveles inferiores del testaccio, en los cuales la presencia de Dr. 7/11 y Dr. 2/4 es casi exclusiva, parecen apuntar en dicho sentido. Pensamos que en este mismo momento debió ser cuando se produjo la

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construcción del horno y del gran horreum. En éste último, algunos materiales cerámicos empleados en su manufactura parecen confirmar tal propuesta (BERNAL et alii 2004 a, 470). De esta primera fase contamos, tan solo, con escasas evidencias asociadas a dichas estructuras de producción y a los diversos niveles que conforman el tramo inferior de la secuencia del citado testaccio que se suceden, aparentemente sin solución de continuidad, hasta un momento cercano a mediados del s.I d.C. Para la Fase II, aquella correspondiente al nivel de génesis dunar y que cierra la secuencia más antigua (inferior) del testar meridional, carecemos de evidencias arqueológicas objetivas para su datación. De ahí que al documentar en los niveles inferiores de la posterior Fase III del mismo testaccio materiales que parecen de época claudia o claudio-neroniana, tendamos a pensar que la retracción de la actividad del taller representada por estos niveles debió ser mínima en el tiempo limitada, quizás, a tan sólo una década. La mayor parte de evidencias cronológicas aparecidas se centran en la denominada Fase III. Corresponde a la última fase de actividad del testaccio, a la génesis de testar septentrional, al abandono del área funeraria, así como a las cremaciones relacionadas con la misma. En los diversos niveles excavados asociados a este momento, imposible de detallar aquí dado lo reducido de estas páginas, se han recuperado, tanto materiales cercanos a las décadas centrales del siglo I d.C. –caso de fragmentos de TSG marmorata- como de época flavia –con servicios de TSH y TSG-, al igual que algunos fragmentos de ARSW A, de las producciones más antiguas. De ahí que se haya propuesto unos momentos centrados en la segunda mitad del s. d.C. y, quizás, algunos años del s. II d.C. A partir de entonces da la impresión de que esta zona de Villa Victoria fue abandonada, si bien conviene no olvidar que nuevas actividades fabriles se desarrollaron en época posterior, tal y como confirman los restos aparecidos de un taller de púrpura en pleno s. IV d.C. (BLÁNQUEZ et alii, 2005 a). Respecto al por qué del abandono del lugar a finales del s. I d.C., o en las primeras décadas del s. II d.C., no es algo que deba especialmente extrañarnos. No es la primera vez que se constata un abandono en estas fechas, de hecho buena parte de las secuencias de amortización publicadas hasta la fecha remiten a dichos momentos. Así se ha constatado con los hornos de la Venta del Carmen, o en la fase altoimperial de la villa del Ringo Rango. Para Villa Victoria, los estudios sedimentológicos realizados han planteado que algunos de estos niveles dunares de la Fase II podrían asociarse a eventos marinos de alta energía y origen desconocido, presumiblemente asociados a una ola producida por algún deslizamiento submarino o acontecimiento sísmico –tsunami-, no registrado hasta ahora en la costa gaditana para mediados del s.I d.C. (ARTEAGA y GONZÁLEZ, 2004). Es decir, un evento natural traumático –gran ola- habría provocado la creación de una gran duna artificial y, con ello, la cubrición total del yacimiento a mediados del s. I d.C. En cualquier caso, a partir de inicios del s. II d.C. no se han constatado evidencias de actividad alfarera en Villa Victoria, por lo que verdaderamente este yacimiento constituye un verdadero laboratorio para el análisis de las pulsiones económicas de la bahía de Algeciras a lo largo de todo el siglo I d.C.

PERSPECTIVAS DE FUTURO Como se ha tratado de ilustrar en estas páginas, en Villa Victoria se localiza un yacimiento de gran importancia para el conocimiento de las actividades fabriles de la bahía de Algeciras entre el cambio de era y el siglo IV d.C., al menos. No obstante, la mayor parte de evidencias, como sucede con la totalidad de los testimonios de actividad alfarera en toda la bahía de Algeciras, se limitan al s. I d.C., entre Augusto y Trajano para ser más exactos. No obstante, dado que las investigaciones en Villa Victoria siguen actualmente en curso, no descartamos que nuevos hallazgos permitan dar mayor solidez a la documentación obtenida hasta el momento en relación con periodos cronológicos mas allá de época julio-claudia y flavia.

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De constituir un yacimiento totalmente inédito en la bibliografía de referencia, en menos de un lustro Villa Victoria se ha convertido en referente inexcusable para todos aquellos estudios que traten cuestiones de historia económica del Círculo del Estrecho. Ello ha estado favorecido, pensamos, entre otras cuestiones, por la continuidad de un mismo equipo de investigadores en la prospección y excavación de las diferentes parcelas que configuran la actual urbanización de Villa Victoria y, cómo no, por la celeridad en la difusión de los resultados. Las primeras excavaciones comenzaron en el año 2003 y, aunque actualmente siguen en fase de desarrollo, ya se han presentado o publicado varios avances preliminares defendidos en congresos nacionales –como éste- o internacionales (ROLDÁN et alii, 2006); algunos de sus materiales han formado parte de exposiciones, como la de Algeciras Garum y salazones en el Círculo del Estrecho, o forman ya parte del discurso expositivo del nuevo Museo Municipal de San Roque. Sede Carteia, cuya inauguración está prevista el próximo mes de diciembre. Estas y otras actividades y publicaciones han servido de hilo conductor para dar a conocer la problemática histórico-arqueológica y algunos de los materiales más significativos del barrio alfarero de Villa Victoria. Actualmente todos los esfuerzos por parte del equipo de trabajo están centrados en la elaboración de una Monografía que, previsiblemente, verá la luz en el año 2007.
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NOVEDADES SOBRE
ESTABLECIMIENTOS ALFAREROS ROMANOS EN EL ARCO NORTE DE LA BAHÍA DE ALGECIRAS (CÁDIZ)
José Mª Tomassetti Guerra / Taller Investigaciones Arqueológicas, S.L. Salvador Bravo Jiménez / UNED-C.A. Campo de Gibraltar
Desde que en 1966 se llevara a cabo una intervención arqueológica junto a Villa Brisamar por M. Sotomayor (1969: 389) descubriendo dos hornos circulares en la zona de El Rinconcillo (Algeciras), el arco norte de la bahía algecireña se ha señalado como una zona bastante rica en hallazgos de esta categoría. La calidad de sus arcillas, la abundancia de agua y el hecho de encontrarse en un nudo de comunicaciones importante influyeron sin duda en que la zona fuese considerada idónea para la ubicación de industrias alfareras en época romana. El espacio seleccionado para nuestro estudio se enmarca entre el peñón de Gibraltar y la ciudad de Algeciras, con el convencimiento de que las instalaciones alfareras romanas se instalan en clara relación con los dos núcleos poblacionales que, desde la primera mitad del siglo II a.n.e. –para Carteia– y desde la segunda mitad del siglo I a.n.e. –para Iulia Traducta–, están demandando activamente productos que requieren su existencia. En este trabajo se pondrá de manifiesto la estrecha relación de dichos alfares con los núcleos poblacionales, aportando tres nuevos ejemplos merced a sendas intervenciones arqueológicas efectuadas entre los años 2000 y 2003 (avenida de la Diputación, en el Rinconcillo –Algeciras–; Las Cañadas, en terrenos de CEPSA –San Roque–; y Villa Victoria, en Puente Mayorga –San Roque–).

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ALFARERÍA ROMANA ALTOIMPERIAL EN LA BAHÍA DE ALGECIRAS Partiendo de la ubicación de Iulia Traducta en el núcleo sur de la ciudad de Algeciras (BRAVO, 2003b: 116), se extiende una amplia bahía enmarcada por la desembocadura de varios cursos fluviales entre los que destacan el río de la Miel, el río Palmones (o de las Cañas) y el río Guadarranque. Existen otros de menor orden, como el arroyo Saladillo, el de los Ladrillos o el de la Madre Vieja, que aumentan la relevancia de su presencia en un territorio tan poco extenso, condicionando la ocupación humana del espacio y permitiendo el desarrollo de diversos usos del suelo (ver figura 1). Parece que en las inmediaciones de uno de estos arroyos, en la desaparecida playa del Chorruelo (Algeciras), se produjo el hallazgo de numerosos fallos de cocción, lo que llevó a M. Ponsich (1988: 67) a plantear la existencia de un horno alfarero, idea de la que se hacen eco otros investigadores (VICENTE Y MARFIL, 1991: 139). Continuando hacia el norte nuestro recorrido, en la calle San Quintín (Algeciras) Vicente y Marfil (1991: 141) informan del hallazgo producido en 1989 de numerosos restos de cocción, que interpretan como un vertido de alfar y datan en la primera mitad del siglo I. Sin embargo, los mejores ejemplos de alfarería romana los tenemos en la zona de El Rinconcillo (Algeciras), en las inmediaciones del curso bajo del río de las Cañas. Varios son los trabajos realizados hasta la fecha en la zona. El primero de ellos se llevó a cabo el año 1966 de la mano de Manuel Sotomayor (1969: 389 y ss.), descubriendo dos hornos de planta circular enmarcados por una estructura de mampostería. Dicho conjunto, dada su magnitud, fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional por Decreto de 16 de octubre de 1969. Tras los trabajos de Sotomayor, en 1987 se llevó a cabo una prospección arqueológica de la zona por parte de Lorenzo Perdigones, realizando un total de 31 sondeos en la esquina entre la zona conocida como Residencial Monteverde y la avda. de la Diputación. Se evidenciaron, aparte de una zona de vertedero de alfar, ciertas estructuras murarias, aunque sin lograr su clara identificación. No será hasta 1991 cuando se acometan trabajos arqueológicos amplios, de la mano de Silvia Fernández Cacho quien documentará un horno circular y varias estructuras murarias con él relacionadas. La cronología que propone esta autora abarca desde el último cuarto del siglo I a.n.e. hasta la primera mitad del I (FERNÁNDEZ, 1991, 1995 y 1997a). Más tarde, en 1997, a raíz de un control de movimiento de tierras en el Residencial Monteverde, documentó parte de dos estructuras de mampostería dentro de la parcela ya sondeada por Perdigones (FERNÁNDEZ, 1997b). En abril de 2000, uno de nosotros excavó la cámara de combustión de un horno de planta rectangular, muy cerca de las estructuras excavadas por Fernández en 1991 (TOMASSETTI y TORREMOCHA, 2000; TORREMOCHA, TOMASSETTI y JIMÉNEZ-CAMINO, 2000). Recientemente se ha llevado a cabo una intervención arqueológica sobre un perfil de los hornos excavados por Sotomayor. Su lectura y documentación destacan la presencia de vertederos, conteniendo sobre todo restos de ánforas, así como la existencia del muro que cerraría el complejo (JIMÉNEZ-CAMINO, 2002; BERNAL y JIMÉNEZ-CAMINO, e.p.). Más hacia el norte, y relacionado igualmente con el río Palmones, se encuentra el complejo alfarero de Venta del Carmen (Los Barrios), descubierto por Vicente y Pecino a principios de los años ochenta (en BERNAL, 1998b: 28). Este complejo ya era conocido desde mucho antes; así, Ponsich cita el hallazgo de un horno y producciones anfóricas encuadradas en la primera mitad del siglo I (PONSICH, 1988: 66 y ss). Se han llevado a cabo dos intervenciones arqueológicas que ponen de manifiesto la importancia del lugar, con dos hornos de planta circular y varias estructuras relacionadas, enmarcados en torno al cambio de era.

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A unos 2 kilómetros de Venta del Carmen se produjo el hallazgo, en la década de los ochenta y en terrenos pertenecientes a la factoría CAMPSA, de un horno con planta aparentemente circular que se encontraba, al parecer, parcialmente destruido (BERNAL, 1997: 68).1 En el entorno de ambos, en la década de los setenta, el profesor Beltrán (1977) documentó otro fornax con clara vinculación a Carteia, que el citado investigador dató a finales del siglo I. Se encontraba muy cerca de la línea de costa y hoy está totalmente destruido. Si avanzamos hacia el este, en la zona de Campamento encontramos el alfar romano de la calle Aurora (FERNÁNDEZ, 1994: 29). Se evidenció merced al hallazgo de un testar. En opinión de Silvia Fernández (1997a: 179) fue uno de los talleres emisores de ánforas en la zona. Más alejado se encuentra el Cortijo de Albalate, a unos 2 km del núcleo urbano de San Roque. Según la noticia de Daniel Sedeño (1987: 106), en su lugar hubo “un horno para la Figura 1. Mapa de dispersión de yacimientos en el ámbito estudiado. fabricación de cerámicas, que se tapó”. En 1997, según Bernal (1998b: 33), una oquedad en el suelo permitió documentar los restos de un horno de planta rectangular muy bien conservado, con la cámara de combustión completa y la parrilla sustentada por falsos arcos de ladrillo. Dada la profusión de hallazgos en la zona, quizá estemos ante un complejo de cierta importancia datado en época altoimperial. Por último, en una parcela urbana de Puente Mayorga conocida como Villa Victoria, merced a los trabajos de acondicionamiento del terreno previos a su urbanización, salieron a relucir restos de un alfar datado en la Iª mitad de siglo I (BRAVO, 2003a). De los trabajos iniciales en este yacimiento, así como de los restos observados en Las Cañadas y del horno excavado en la avda. Diputación de Algeciras, nos ocupamos en las páginas siguientes. Vista la dispersión de las figlinae en la zona, caben algunas consideraciones. En primer lugar, su riqueza geomorfológica permite la instalación de hornos a lo largo de la costa donde, a la magnífica calidad de las arcillas, hay que sumar la abundancia de agua canalizada por los numerosos cursos fluviales que desembocan en la Bahía. Estamos, pues, ante un paisaje de alta potencialidad para el desarrollo de industrias alfareras, lo que se pone de manifiesto en el mapa de dispersión de yacimientos (figura 1). Por otro lado, la existencia de Carteia, verdadero foco de romanidad en el Campo de Gibraltar desde la primera mitad del siglo II a.n.e., hace que se den las condiciones idóneas de mercado para el establecimiento industrial. El hecho de encontrarse en una encrucijada de caminos, como lo es el estrecho de Gibraltar, hará de Carteia uno de los centros irradiadores hacia el interior del país, no sólo de cultura romana, sino de productos tales como el garum (y sus

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Este horno fue visitado por uno de nosotros en compañía de Margarita García Díaz, Directora del Conjunto Arqueológico de Carteia y, gracias a su mediación, se pudo comprobar que permanece en relativo buen estado de conservación aunque expuesto a los riesgos derivados de los agentes climáticos, que lo han erosionado en parte. Se sitúa muy próximo al yacimiento de Las Cañadas. Ver lámina I (fotografía tomada a principios de 2003 y amablemente cedida por M. García).

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contenedores), que se encargará de distribuir. Merece a este respecto traer a colación la cita de Plinio2 sobre las excelencias de las factorías de salazones de la colonia libertinorum (BRAVO, 2002: 67). Así, tanto como para el consumo propio, las figlinae analizadas han de ponerse en relación con el tráfico comercial por el Mediterráneo y el norte de África. A este respecto es interesante el análisis de Gozalbes (1997: 169) sobre la ruta comercial entre Carteia y las ciudades norteafricanas de Septem Fratres y Tamuda. Quizá, como ya señalara Bernal (1998: 37), estemos ante una zona parangonable a los grandes establecimientos productores de la costa malagueña o la bahía de Cádiz (LAGÓSTENA, 1996). A finales del siglo I a.n.e., tras los avatares de la guerra civil entre Octavio y Marco Antonio (31 a.n.e.) la zona sufre una remodelación territorial merced a la instalación de contingentes poblacionales del norte de África (GOZALBES, 1993: 70) y a la creación de un nuevo núcleo poblacional con veteranos romanos (BRAVO, 2003b: 114). En efecto, en torno a los años 29 ó 28 a.n.e. tiene lugar la fundación de Iulia Traducta, muy probablemente en el recinto sur de la ciudad de Algeciras. Tras su aparición en escena, y el lógico declive de Carteia por apoyar al bando perdedor,3 el territorium de ésta se verá remodelado en su zona occidental, siendo muy probable que dejara de gestionar los territorios inmediatos a la actual ciudad de Algeciras. Así, los hornos de la playa del Chorruelo y de la calle San Quintín se enmarcan en el ámbito de Traducta. Queda por dilucidar el complejo alfarero de El Rinconcillo, aunque se podría pensar que, tras la guerra civil y el consiguiente reparto de territorio, quedaría también vinculado a la ciudad de Traducta. Lo cierto es que nos encontramos ante un foco alfarero de primera magnitud cuyas producciones parecen no centrarse únicamente en el mercado local, sino que aprovecha su estratégica situación geográfica para rentabilizarlas comercialmente. Sus manufacturas deben analizarse bajo esta óptica exportadora, en un momento (mediados del siglo I) de clara expansión del mercado del garum e industrias derivadas. No obstante, otras producciones como el vino o el aceite no deben ser descartadas. Los envases fabricados en los alfares así lo prueban.

LOS ALFARES DE VILLA VICTORIA, LAS CAÑADAS Y LA AVENIDA DE LA DIPUTACIÓN Los tres hornos que a continuación presentamos suponen magníficos ejemplos de lo que anteriormente hemos destacado: la proyección económica que el arco norte de la bahía de Algeciras tiene en época romana. Los tres se datan en la misma época, primera mitad del siglo I, y al menos dos de ellos documentan una similar producción. Teniendo en cuenta el distinto grado de conocimiento que poseemos de cada uno, y según los datos derivados de las distintas intervenciones arqueológicas en ellos efectuadas, pasamos a su descripción pormenorizada. Horno romano de Villa Victoria (Puente Mayorga, San Roque) El 11 de noviembre de 2002 se produjo, por unos trabajos de acondicionamiento del terreno para su promoción inmobiliaria en la parcela denominada Villa Victoria, el hallazgo de gran cantidad de cerámicas y parte de una estructura de horno, siendo visitado por la directora del Conjunto Arqueológico de Carteia, la cual emitió informe que sirvió de base para el establecimiento de las necesidades de diagnóstico arqueológico requeridas por la Delegación Provincial de Cultura. Así, con fecha 12 de noviembre de 2002, dicha Delegación remite al Ayuntamiento de San Roque escrito de paralización de las obras en el sector de terreno donde se localizaba el yacimiento, ordenando la realización de actividades arqueológicas. El día 15 del mismo mes, el gerente de la Empresa Municipal del Suelo y la Vivienda de San Roque (EMROQUE S. A.)
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Nat. Hist. IX, 89-93. Carteia tomó partido por los senatoriales en la guerra civil, apoyando a los hijos de Pompeyo en su lucha contra Octavio. Como indica el Bellum Hispaniense: “Cn. Pompeius cum equitibus paucis nonnullisque peditibus ad navale praesidium Carteiam contendit, quod oppidum abest ab Corduba milia passum CLXX.” (B. H., 32).

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Lámina I. Horno de la Factoría CAMPSA, San Roque (Fotografía cedida por Dª Margarita García).

autoriza a Taller de Investigaciones Arqueológicas S. L. para presentar proyecto de excavación arqueológica de urgencia, bajo la dirección de uno de nosotros, concediéndosele el preceptivo permiso mediante Resolución de la Dirección General de Bienes Culturales de 10 de diciembre de 2002.4 Los trabajos se encaminaron a la delimitación del yacimiento mediante zanjeado por excavación manual y a la valoración del grado de afección sufrido, descubriéndose una zona de vertedero cerámico y destacándose ciertos aspectos paleogeográficos que evidenciaron la existencia de una duna fósil sobre la que se produjeron los vertidos. Al mismo tiempo que se abrían ocho zanjas perpendiculares al perfil creado por el rebaje mecánico que afectó a la estructura del horno (lámina II), se procedió a la limpieza de éste y a su lectura estratigráfica. Los materiales recuperados durante el diagnóstico confirmaron que los inicios de la deposición de los vertidos no debían llevarse más allá de época augustea, quizá julio-claudia. La gran cantidad de ánforas del tipo Beltrán IIA con sus respectivas variantes así como las Dressel 14 y los ejemplos de la familia de las Dressel 7/11 y Dressel 12, nos llevaron a conjeturar una cronología fundacional en torno al reinado de Nerón o ya en época flavia, sobre el año 70 de la era. Con la base de los resultados de nuestra excavación, planteamos que el complejo estaría funcionando durante un limitado espacio de tiempo. La homogeneidad del material, así como algunos ejemplos de Terra Sigillata Sudgálica (Drag. 27) y Terra Sigillata Clara A (Lamb. 1A), fueron los indicios que nos proponían su finalización a mediados del siglo II.
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Se firma contrato de trabajo entre las dos empresas citadas el día 12-12-02, iniciándose éste inmediatamente y prolongándose el diagnóstico previo hasta la primera semana de enero de 2003. A pesar de nuestra solicitud de colaboración al equipo de la Universidad Autónoma de Madrid (dada su vinculación a la investigación de Carteia y su entorno), y por extrañas circunstancias que no vienen al caso, nuestro equipo hubo de abandonar el yacimiento, siendo sustituido por otra empresa privada vinculada al de las universidades de Cádiz y U.A.M., que no consideró necesario contactar con sus primeros excavadores para proseguir lo que encontraron empezado. Los resultados de su intervención pueden consultarse en las actas de estas mismas Jornadas.

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La continuación de las excavaciones en el complejo (BERNAL y OTROS, e. p.) confirmaría las hipótesis apuntadas en nuestra intervención de 2002 en lo referente al vertido cerámico, al tiempo que se exhumaba un horno de planta circular de unos 4 metros de diámetro. Asimismo fueron descubiertas otras estructuras relacionadas con él (horrea según sus excavadores). El estudio de materiales llevado a cabo incide, de igual manera, en los datos aportados por nuestra intervención, señalando la aparición de ánforas Beltrán IIA, Dressel 7/11 y Dressel 14, por lo que la cronología apuntada insiste en la ya propuesta en nuestra fase de diagnóstico. Horno romano de Las Cañadas (Guadarranque, San Roque)5 Los trabajos de instalación de un tubo para la conducción de hidrógeno entre la planta petroquímica de Guadarranque de la Refinería Gibraltar de CEPSA y la de su filial INTERQUISA, plantearon la necesidad de proceder a un diagnóstico arqueológico por vía de "urgencia" que, a instancias de la Delegación Provincial de Cultura, debía materializarse en un control de movimiento de tierras, mediante seguimiento visual del vaciado de la parcela. El trazado de la obra proyectada ha recorrido unos 4.900 metros lineales con itinerario zigzagueante entre ambas instalaciones industriales. De ellos, 1.680 discurren al interior de las distintas áreas de protección del yacimiento arqueológico de Carteia, pero tanto éstos como los primeros 620 m se han instalado sobre un ras aéreo preexistente, dentro de los terrenos de la refinería, que evita por completo la afección al subsuelo. El trazado subterráneo mide unos 2.600 metros, casi en su totalidad fuera de la planta de CEPSA, pero siempre en terrenos de su propiedad. Se localizaron restos de ánforas romanas y defectos de cocción en sus cercanías, incidencia que se comunicó a Ángel Muñoz Vicente, arqueólogo de la Delegación de Cultura en Cádiz, quien solicitó la delimitación superficial de la zona de hallazgos, actividad en la que estuvimos acompañados por la directora del Conjunto Arqueológico de Carteia, Margarita García Díaz. Existían indicios fehacientes de que los trabajos previos de excavación para instalación de otras 19 tuberías (desde 1966) habían sacado a la superficie algunos restos cerámicos y que, por tanto, esta afección, aunque mínima, ya se había producido, por lo cual no hubo necesidad de detener los trabajos proyectados. Su seguimiento presencial descartó la posibilidad de existir, en el trazado de la obra, restos de estructuras in situ, reconociéndose el sedimento alterado como fruto de las remociones previas. Mediante análisis visual directo de la superficie del terreno se reconocieron indicios evidentes de materiales de construcción, desechos de alfar y ánforas al interior de un polígono con superficie cercana a las 18 hectáreas (figura 1). En su interior, no obstante, se definen dos zonas con especial densidad de restos. Una, la más septentrional, donde se concentran los hallazgos relacionables con la existencia de un alfar romano altoimperial, en una depresión del terreno con morfología circular (lámina III); y otra, al sur, donde se observan restos constructivos en superficie reconocibles como alineaciones de mampostería (muros) pero sin que podamos precisar su funcionalidad. En definitiva, los datos, aunque escasos, aportan el conocimiento de un nuevo yacimiento arqueológico definido en parte como horno alfarero de época romana, aunque la dispersión de materiales de construcción hace sospechar la existencia de otros edificios en su entorno inmediato. La composición geológica de todo el espacio recorrido son arcillas y/o margas que forman un manto en el que se insertan (y sobre el que se encuentran superficialmente) los restos muebles e inmuebles. Según la cartografía empleada, el topónimo correspondiente, con el que denominamos el yacimiento, es “Las Cañadas”. De hecho, el espacio diagnosticado se encuentra recorrido por tres líneas de escorrentía naturales que han formado cortos pero, a veces, profundos valles, en cuyas
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Datos derivados de Tomassetti y Suárez (2003b). Con anterioridad, se realizaron otras dos intervenciones en el entorno, dentro de la Refinería Gibraltar de CEPSA, con resultados negativos (Gener, 1996; Tomassetti y Suárez, 2003a). Ver espacios prospectados en la figura 1.

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Lámina II. Villa Victoria, San Roque. Vista general de la zona excavada mediante el zanjeado inicial.

Lámina III. Las Cañadas, San Roque. Ubicación supuesta del horno.

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laderas se reconocen, bajo el manto arcilloso, otras facies litológicas (areniscas, margas duras…) susceptibles de haber sido aprovechadas como materia prima para la construcción, aparte el hecho evidente de la probable utilización de la arcilla para la manufactura de productos cerámicos. A esto hay que sumar su cercanía al curso del arroyo de la Madre Vieja, que le permitiría su participación en las redes de distribución-comercio de manera fácil e inmediata, hacia Carteia y a través de la bahía de Algeciras. Horno romano de la avenida de la Diputación (El Rinconcillo, Algeciras) Su descubrimiento se produjo al hilo de las obras de instalación de tuberías del proyecto municipal “Reforma de la Red de Depuración de Aguas Residuales, 2ª Fase, en Algeciras”, que, a su paso por la avenida de la Diputación, seccionó estructuras de presumible interés arqueológico, hecho que fue comunicado por la Empresa Municipal de Aguas al Museo Municipal, quien inmediatamente inspeccionó el lugar del hallazgo, poniéndose en contacto con la dirección de EMALGESA y notificándolo a la Delegación Provincial de Cultura. Ésta, tras la paralización momentánea de la excavación de zanjas, determinó la necesidad de proceder, primero, a un control arqueológico del movimiento de tierras para el resto del trazado de la zanja en la avenida de la Diputación6 y, segundo, a una excavación arqueológica de urgencia en el lugar donde quedaron visibles las estructuras seccionadas, para lo cual se formalizó contrato de trabajo con Taller de Investigaciones Arqueológicas S.L. Éstas se localizaban en la propia avenida de la Diputación, a la altura de su confluencia con el acceso al Residencial Monteverde. Topográficamente se encontraban en la parte alta de una ladera de suave pendiente que se desarrolla EsteOeste en dirección al mar, a unos 450 metros de la actual línea de costa y a unos 750 de la margen derecha del río Palmones. El relieve actual, como se verá, es resultado de un rebaje que, a nuestro parecer, decapitó las estructuras subyacentes que entonces, como hace años (FERNÁNDEZ, 1991), fueron documentadas. Terminadas las labores de vigilancia se procedió a intervenir en la zona afectada mediante un único sondeo de 8’90 x 3’10 m. La existencia de la zanja de instalación de la tubería y un dado de hormigón que protegía cables eléctricos obligó a desestimar gran parte del espacio, siendo al final la superficie efectiva de trabajo de unos 4’30 x 1’90 m (figura 2). La superposición estudiada de depósitos y estructuras se compone de cinco fases, una geológica (Fase 0) y las cuatro restantes históricas. De muro a techo, la secuencia arranca de un nivel geológico de arcillas/margas que fue excavado para insertar una estructura identificada como horno alfarero (Fase I), el cual, producida su colmatación, sufrió un desmantelamiento parcial que permitió su sustitución por otra estructura no determinada funcionalmente (Fase II) que, a su vez, terminó igualmente colmatada. La secuencia estratigráfica queda interrumpida por el desmonte (Fase III), sobre el cual se instalará el piso de asfalto (Fase IV).

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Conforme a lo dispuesto por la Delegación Provincial de Cultura, la labor de vigilancia se prolongó hasta la confluencia entre las avenidas de la Diputación y del Embarcadero. La longitud del tramo controlado alcanza 470 m, tratándose de una zanja de 0’85 m de ancho y profundidad variable entre los 1’70 y los 2’20 m. No se han reconocido más restos de estructuras, de ninguna época, que aquéllas cuya aparición motivó la intervención arqueológica. En resumen, la estratigrafía del terreno, partiendo del lugar del hallazgo hacia el oeste, consiste en un sustrato de arenas y areniscas terciarias, muy variables en cuanto a coloración, desde tonos amarillos o amarillo-naranjas a otros beige-marrones, marrón-rojos, etc. A techo del nivel geológico se instala un débil estrato de carácter edáfico (tierra marrón oscuro) y formación reciente a tenor de su escaso y disperso contenido arqueológico, el cual, no obstante algunas intrusiones de cerámicas adscribibles a la fase activa del alfar, pertenece a la Edad Contemporánea. Su techo es siempre paralelo al nivel suprayacente, indicio de su rebaje y explanación previos al trazado de la avenida. Este suelo, que en algunos tramos se encuentra desaparecido, subyacía a los niveles actuales de urbanización del viario (asfaltado de la avenida). En el marco general de los alfares del Rinconcillo, el resultado negativo de la vigilancia ayuda a precisar un tanto su extensión: dado que el seguimiento de la zanja hasta la avenida del Embarcadero no detectó ningún otro resto arqueológico, debemos considerar los edificios excavados en torno al Residencial Monteverde como los más occidentales del complejo que, en sentido este-oeste (hasta Villa Brisamar), se extiende a lo largo de unos 60 m.

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Figura 2. Planta final del horno de la Avenida Diputación, Algeciras.

Figura 3. Perfil sur de la excavación en Avenida Diputación, Algeciras.

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En síntesis, la secuencia de acontecimientos constructivos pre-contemporáneos es el resultado de la superposición de dos conjuntos de acciones similares que suponen, por un lado, la excavación del sustrato y, por otro, el encajamiento en el espacio excavado de una estructura arquitectónica. De este modo, quedan marcadas dos claras interfacies de periodo que, aunque no estudiadas en su totalidad (dado que no se levantaron las unidades estratigráficas murarias), pueden seguirse en la documentación gráfica del perfil sur (figura 3). Fase I. Horno romano. El sistema de instalación de las estructuras que lo componen consistió, como se ha dicho, en la excavación del sustrato geológico. Posteriormente, las superficies verticales obtenidas se revistieron con un muro de no menos de un metro de ancho, fabricado en mampostería de piedra arenisca con algunos fragmentos de cascote cerámico, que discurría en sentido aproximado noroeste-sureste y sólo tiene careado en la parte que sería interior del edificio. Adosados perpendicularmente a esta cara interna se han conservado tres muretes levantados con ladrillos y tégulas (dimensiones en planta de 30 x 90 cm y alturas conservadas variables en torno a 50 cm). Se ha podido reconocer frente a uno de ellos otro murete de idénticas características, aunque bastante dañado por la excavación de la zanja, que lo seccionó. Todo el área interior se vio colmatada por un potente nivel de sedimento (hasta 70 cm excavados, sin llegar a agotarse) con fragmentos de ladrillos, tégulas, ánforas y cerámicas comunes (entre los cuales también defectos de cocción). Matriz e intrusiones cerámicas se encontraban por completo rubefactadas en rojo, llegándose en casos a la calcinación superficial o profunda de las pastas. Para este edificio no nos queda duda de que se trata de un horno alfarero destinado a la producción de materiales cerámicos, sean ánforas, otras cerámicas comunes y/o material de construcción. En concreto, a la vista de las estructuras documentadas, debe adscribirse al grupo de hornos clasificado como tipo IIb por Cuomo di Caprio (1971-72; BELTRÁN, 1990: figura 4): “hornos de planta rectangular y corredor central” (figuras 2 y 4). En él hemos identificado parte del muro perimetral que contorneaba la cámara de fuego, excavada en el geológico para eludir en la medida de lo posible las fugas de calor, recurso éste que señala Cuomo di Caprio (1971-1972: 389) como recurrente ante las posibles pérdidas caloríficas. Internamente se compartimenta en tres ámbitos diferentes: un pasillo central y dos líneas de suspensurae enfrentadas y formadas, cada una, por, al menos, cinco muretes donde apoyarían los arcos que soportaron la parrilla; de ellas, se han conservado tres en su flanco occidental y una en el oriental (Láminas IV y V).7 Fase II. Estructura romana. El edificio de la Fase I quedaría abandonado por motivos que desconocemos y sustituido, al menos espacialmente, por el de la Fase II. Éste, para cimentarse en el terreno, rompe al anterior y se encaja sobre sus ruinas, del mismo modo que aquél lo hizo sobre el nivel geológico, lo cual explica que el muro perimetral tampoco esté careado en su frente occidental, apoyado directamente sobre la interfacies de excavación. Su anchura máxima alcanza 70 cm y se fabricó con grandes bolos de roca caliza. Su orientación es igual a la de las estructuras de la Fase I y, como en ésta, sirve de acomodo por trabazón o adosamiento a otros dos muros perpendiculares, de idéntica fábrica, que se pierden entre el perfil oriental y la zanja. Los tres y el ámbito que se delimita a su interior quedaron amortizados por una arcilla gris-verdosa (también con huellas de rubefacción) que contenía igualmente materiales de construcción (tegulae, ladrillos) y cerámicas. La parte vista del edificio de la Fase II define un reducido ámbito que no podemos interpretar. El análisis de las relaciones estratigráficas demuestra claramente su instalación sobre el horno cuando la cámara de fuego de éste se encontraba ya colmatada. Sin embargo, el análisis inicial de las cerámicas contenidas en los rellenos de colmatación de ambas fases no ayuda a fijar cronológicamente el paso de una a otra. De hecho, no ha aparecido ningún fragmento cerámico diagnóstico para la datación, aparte las ánforas, que, como era de esperar, establecen un lapso temporal, para el conjunto de las Fases I y II, igual al estudiado en la excavación de 1991
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Se vislumbraban los restos destruidos de otra en la cara norte de la zanja de EMALGESA; la distancia entre ésta y la más cercana conservada indica que debía existir aún otra entre ambas, por lo cual proponemos un número de cinco.

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Lámina IV. Avenida Diputación (Algeciras). Vista de las estructuras desde el SW.

Lámina V. Avenida Diputación (Algeciras). Vista de las estructuras desde el SE.

(FERNÁNDEZ, 1991, 1995,1997b; BERNAL, 1998a), entre el último tercio del siglo I a.n.e. y la mitad del siglo I de la era. Destaca la presencia, porcentualmente abundante, de las Dressel 14, hecho que queremos destacar habida cuenta de que, hasta la excavación de la Venta del Carmen, no se había constatado su producción local en la bahía de Algeciras (aunque sí se conocía para la costa granadina y malagueña, así como en la bahía de Cádiz). Los ejemplares estudiados por nosotros pertenecen al subtipo definido por Bernal (1998b: 159) como Dr. 14, “variante A o variante de paredes verticales”, que, para el tipo en general, se fechan entre época augustea y fines de época flavia.8 Fases III y IV. Desmonte contemporáneo e infraestructura urbana. Presumiblemente, hasta hace pocos años las estructuras romanas debieron conservar cerca de un metro más de su alzado, formando una especie de pequeño tell cuya existencia entorpecía el discurrir del camino que comunica con la playa del Rinconcillo. Cuando se procedió a su desmonte quedaron decapitadas las unidades estratigráficas de las Fases I y II. Este acontecimiento ha quedado fosilizado por un nivel de tierra edafizada producto de la explanación que conserva en su interior cerámicas procedentes de la remoción de los estratos más antiguos (Fase III). Finalmente (Fase IV), se ha asfaltado el camino por donde discurre la actual avenida, en dos ocasiones sucesivas.

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Por lo que respecta al establecimiento de relaciones con las estructuras excavadas en 1991 por S. Fernández Cacho, se ha intentado sin éxito una restitución en planta de ambos sondeos. Tan sólo puede apuntarse la posibilidad de que el retazo de estructura denominado en 1991 UEVP-16 formase parte del edificio de nuestra Fase I, pero más por analogía formal respecto a su técnica de fabricación (hiladas de ladrillos con superficie de cascote de ánforas) que por su emplazamiento y funcionalidad, extremo éste que tampoco pudo resolver su excavadora. Tampoco tenemos evidencia segura que pueda relacionar su UEVP-5 -de piedra, ladrillo y cascote “con un acabado más regular hacia la zona interior” (Fernández, 1991)- con nuestra UE-14.

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CONCLUSIONES Es evidente que estamos ante una zona donde la profusión de instalaciones dedicadas a idéntica actividad hace que debamos cuestionarnos sobre la funcionalidad de las mismas. El hecho de la aparición de tantos hornos de igual cronología con una densidad tan alta no es casual y responde a una ordenación del territorio perfectamente establecida desde los dos grandes núcleos poblacionales en época altoimperial: Iulia Traducta y Carteia. Entre todas las estructuras destaca, por lo novedoso, el horno de la Fase I de la avda. de la Diputación en el Rinconcillo (Algeciras). Si exceptuamos la planta del horno del Cortijo de Albalate, la adscripción del de El Rinconcillo al tipo IIb de Cuomo di Caprio se constituye como el primer ejemplo de este tipo estudiado en el Campo de Gibraltar. Así, nuestro horno representa un islote frente a la tradición de la zona (que viene ya de época púnica), donde prima la planta circular sobre la rectangular. Es interesante destacar la tipología de los hornos rectangulares, para los que recientemente se ha apuntado (BERNAL y JIMÉNEZ-CAMINO, e. p.) que estarían íntimamente relacionados con presencia de población itálica en la zona. Creemos, no obstante, que es arriesgado plantear una tal vinculación, y consideramos más razonable poner en relación su arquitectura con determinada especialización productiva.9 El tipo es ampliamente utilizado en todo el territorio romano, desde Italia hasta Britania.10 Por lo que respecta a Hispania, es en la Tarraconense, y concretamente en la región de Gerona, donde alcanzan mayor representación, con porcentaje cercano al 80% del total de los conocidos (TREMOLEDA, 1995: 88), aunque lo vemos igualmente en zonas del interior, como el de La Jericó, en Herrera de Pisuerga (Palencia; PÉREZ, 1989: 246 y ss.). Llama la atención su poca representación en la Bética. Entre ellos, el cercano del Cortijo de Albalate, ya citado; otro de pequeñas dimensiones excavado en el Saladillo (Estepona, Málaga) dedicado a la fabricación de tegulae (SUÁREZ y otros, 2003 y e. p.); uno, aunque dudoso, de similar tipología en Bobadilla (Málaga; BAENA, 1997: 98); el de Peñarrubia, con producciones de cerámica común y materiales de construcción (SERRANO, 1995: 227); el de calle Carretería en Málaga, que conviviría con uno de planta circular (RAMBLA y MAYORGA, 1997: 75); otros en el viaducto del Pretorio en Córdoba (MORENO y VARGAS, e.p.), donde sus excavadores indican que predominaba el material de construcción entre sus manufacturas. El del Rinconcillo recuerda a los fornaces de Villamanta (Madrid), la antigua Mantua, donde Mar Zarzalejos (2002: 75 y ss.) identificó y excavó dos del tipo IIb de Cuomo di Caprio dedicados a la elaboración de imbrices. El que se repita en los hornos rectangulares la fabricación de materiales constructivos y de cerámicas comunes nos parece de suma importancia en el análisis de su presencia en el arco norte de la bahía algecireña. De confirmarse el binomio: horno de planta rectangular-producción de materiales de construcción, estaríamos ante uno de los escasísimos ejemplos conocidos de elaboración de estos productos en la bahía de Algeciras, si exceptuamos el de Venta del Carmen (Los Barrios). El análisis del testar de la figlina de Villa Victoria permite decantarse por la producción anfórica y de cerámicas de cocina para dicha estructura. Omitiendo el de Las Cañadas por la escasa información que aún tenemos de él, para el horno de El Rinconcillo no podemos asegurar lo mismo, ya que los materiales contenidos en los niveles de colmatación incluyen, junto a ánforas y escasas cerámicas comunes, restos de tégulas y ladrillos rubefactados y calcinados. Es por ello que sugerimos para él una funcionalidad múltiple. El hecho no es novedoso ya que hornos de este tipo se conocen desde antiguo, en Bezares (La Rioja) por ejemplo, donde se constata la fabricación de sigillatas junto a materiales de construcción (JUAN, 1984: 37). En definitiva, estamos en condiciones de plantear que la producción de cerámicas comunes ocurra en todos los hornos, independientemente de la forma de su planta. Así, donde se fabrican ánforas, suele aparecer cerámica común; no obstante,

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Son los hornos de planta rectangular los más abundantes en el territorio de la Tarraconense así como en Bretaña y el sur de Galia. Aunque el aporte poblacional itálico fue importante en estas regiones, nunca se ha relacionado su presencia con la tipología arquitectónica de los alfares. En Galia (Leny, 1988: 69 y ss.), Italia (Cuomo di Caprio, 1971-1972: 444 y ss.) y Britania (MCWHIRR, 1979: 97 y ss.) es, con diferencia, el tipo mayoritario.

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Figura 4. Restitución de la planta completa del horno de la Avenida Diputación, Algeciras.

parece que en los alfares donde no se fabrican ánforas, la asociación de productos es de cerámicas comunes y material de construcción (TREMOLEDA, 1995: 92). Junto a los alfares dedicados a la producción de ánforas, ubicados generalmente junto a grandes vías de comunicación –como es nuestro caso–, la constante demanda de material de construcción haría necesaria la instalación de otras estructuras que proveyeran de ladrillos, tégulas, ímbrices… Es más, la constante demanda de ánforas para la comercialización de los productos generados en la zona (derivados del pescado y muy probablemente vino y aceite) requeriría también de estos materiales para levantar las propias estructuras alfareras. Esta multiplicidad en la producción de los hornos queda igualmente demostrada en los testares de otro alfar cercano y bien conocido (Venta del Carmen) donde, junto a ánforas, se fabrica material de construcción. Por otra parte, no estamos en posición de discernir si existe una producción especializada de ánforas en el alfar de El Rinconcillo. La ausencia de testares excavados impide, por el momento, afirmar tal cosa. Lo cierto es que la zona presenta una variedad tipológica, en cuanto a las plantas de los hornos, que quizá responda no a motivos poblacionales sino tecnológicos y de especialización del trabajo con vistas a una comercialización más rentable. La ubicación de los alfares en una zona comercial de primer orden así lo sugiere.

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ESTADO ACTUAL DEL PATRIMONIO
ARQUEOLÓGICO SUMERGIDO EN LA BAHÍA DE ALGECIRAS
Milagrosa Jiménez Melero Raúl González Gallero
INTRODUCCIÓN Este trabajo viene justificado a tenor de la poca información que existe sobre el patrimonio arqueológico sumergido de las aguas de la bahía de Algeciras, a pesar de haberse realizado numerosas actuaciones de urgencia durante los últimos 20 años. La falta de una actuación sistemática que recoja los resultados hasta el día de hoy obtenidos es más que necesaria. Durante los últimos decenios se han llevado a cabo en el interior de la Bahía numerosas obras públicas portuarias, las cuales hasta bien entrada la década de los noventa se efectuaban por parte de las autoridades competentes sin ningún control sobre el impacto que ejercían en el Patrimonio Arqueológico Sumergido (PAS); desde la mitad de los años noventa se han realizado vigilancias reguladas pero que no han dado el fruto que se podía esperar teniendo en cuenta que la bahía de Algeciras, tanto geográficamente como estratégicamente, ha jugado un papel muy importante en la historia marítima desde la antigüedad hasta nuestros días. Con tal motivo, los ponentes de este trabajo nos propusimos para este Congreso recopilar tanto las publicaciones como los informes de las actuaciones arqueológicas realizadas en la bahía de Algeciras. Tomamos como punto de partida las Prospecciones Arqueológicas Subacuáticas dirigidas por el profesor Martín Bueno allá por el año 1984, con el principal objetivo de determinar cuáles pueden ser las causas de la pobre información que se obtiene de estos trabajos.

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INTERVENCIONES REALIZADAS EN LA BAHÍA Intervenciones sistemáticas La única actuación científica realizada hasta hoy en el litoral de Algeciras dentro de un proyecto de prospección es la realizada por Cancela y Martín Bueno en 1984, en la cual se reafirma que la bahía de Algeciras es un punto donde se augura “un fruto extraordinario a la prospección (arqueológica)…”. Pero no contamos con una buena documentación ni localización de los hallazgos en este trabajo. También es cierto que se dedicaron a inspeccionar pecios ya conocidos por los submarinistas del lugar, sin emplear otra metodología para la prospección, dejándose grandes áreas sin inspeccionar.

Lámina 1. Plano de la Bahía de Algeciras. 1-8: Zonas donde se ha intervenido arqueológicamente.

Los resultados de dicha campaña no se han alterado hasta el día de hoy, los cuales aparecen en la base de datos del Patrimonio Arqueológico de Andalucía (ARQUEOS): la localización de un pecio de principios del siglo XVII conocido como el de la Ballenera y la localización de dos zonas documentadas como fondeaderos - Fondeadero de Punta Carnero y fondeadero de Getares (lámina 2). Intervenciones de Urgencia Las intervenciones de urgencia que se han realizado dentro de nuestra Bahía se han localizado en dos zonas bien diferenciadas, determinadas por la expansión económica y comercial de las instalaciones portuarias: el puerto de Algeciras –en torno al núcleo urbano–, y la zona norte de la Bahía -compuesta por las instalaciones de la Refinería y el polígono industrial sito alrededor de Puente Mayorga. Puerto de Algeciras Desde finales de los años noventa se han llevado ha cabo una serie de controles de los dragados y rellenos que se han efectuado en las instalaciones portuarias de Algeciras. Se han realizado prospecciones previas a la intervención de las zonas afectadas, seguimientos de los trabajos de dragado a bordo de las embarcaciones e incluso para el desarrollo exterior de Isla Verde un estudio geofísico para la localización de posibles restos arqueológicos con inmersiones posteriores de comprobación. Las prospecciones previas se encuentran con la dificultad de la visibilidad o de las capas de limo asentadas en el lecho marino. No se ven acompañadas de sondeos de diagnóstico que lean la estratigrafía marina de la zona y ayuden al posterior seguimiento en draga.

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Lámina 2. Ensenada de Getares.

Lámina 3. Puerto de Algeciras.

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Por otra parte, la mayoría de las veces los seguimientos en draga han sido parciales, y en muchos casos el tipo de draga impide una vigilancia exhaustiva de la obra, perdiéndose de esta manera mucha información sin que el inspector pueda documentarlo (ej: dragas de succión). A tenor de todo ello no es de extrañar que los resultados de las mismas hayan sido muy pobres. Apenas unos pocos restos cerámicos muy fragmentados y sin unidad cronológica. Zona norte de la Bahía La zona norte de la bahía de Algeciras ha sido el área más afectada por las obras de ampliación y de expansión portuaria e industrial. La problemática ha sido la misma que en el puerto de Algeciras al llevarse a cabo hasta el día de hoy el mismo tipo de cautelas para los seguimientos de las obras. Se han realizado prospecciones arqueológicas subacuáticas, seguimientos a bordo de dragados para instalaciones portuarias, ampliaciones del puerto e instalaciones de refinería con la misma metodología, siendo los resultados igualmente escasos. Tan sólo en el seguimiento arqueológico de la obra marítima para la nueva Central de Ciclo Combinado Campo de Gibraltar los resultados han sido más favorables cuando, al detectarse material arqueológico en la zona y tras una inspección visual de los fondos marinos, se propuso por parte del equipo técnico de seguimiento la necesidad de realizar una prospección sistemática con el apoyo de varios sondeos de diagnóstico. Los resultados de esta intervención fueron diferentes, se detectó en la zona un fondeadero de época antigua relacionado por el material documentado con Carteia, intervención que se analizará con más detenimiento en otro artículo presentado en este Congreso por el equipo que realizó la intervención. Con el mismo esquema de prevención se está trabajando en la obra de seguimiento de la futura Central de Ciclo Combinado “Bahía de Algeciras”, en el que tras la fase de prospección superficial del trazado afectado, se ha propuesto a la Consejería de Cultura por parte de la dirección arqueológica la necesidad de efectuar sondeos previos de diagnóstico en la zona que ayuden a determinar las actuaciones cautelares para la protección del patrimonio arqueológico de la zona. Dichas medidas cautelares han sido aceptadas por la Delegación y se van a efectuar los sondeos en brevedad.

CONCLUSIONES A la vista del análisis de los informes de las actuaciones realizadas queda claro que las medidas cautelares han sido insuficientes para la protección de nuestro patrimonio sumergido. La paulatina pérdida de la información que nos ofrece nuestros fondos marinos mutila la realidad objetiva que se está fraguando en la investigación terrestre. La necesidad de coordinar los trabajos arqueológicos y de investigación que se están realizando en los municipios del Campo de Gibraltar con la información que ocultan nuestras aguas es de notable importancia, ya que muchos de los acontecimientos terrestres tienen su prolongación en las actividades marinas y viceversa. Las costas de Algeciras guardan la información complementaria de los trabajos hoy realizados en tierra. La falta de conocimiento de nuestros fondos junto con la continua pérdida motivada por las numerosas obras que se han realizado y se realizan en la Bahía con resultados poco favorables no debe ni puede seguir, ya que sólo puede indicar que el método empleado o las medidas cautelares no son suficientes. Queremos con este trabajo dar la voz de alarma a las autoridades competentes para que se regulen dichas medidas y se adecuen al tipo de obra a realizar (tipo de draga, impacto sobre los fondos marinos, afección de esta obra a la dinámica litoral, etc). Creemos desde esta mesa de discusión que deben fortalecerse las exigencias a las empresas que realicen las

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Lámina 4. Zona Norte de la Bahía.

obras y que se lleve, por parte de los organismos competentes de la Administración, una inspección de los seguimientos arqueológicos llevados a cabo con el fin de evaluar si son o no efectivas y si estas medidas se están llevando tal y como se exigen, alterando en caso necesario el sistema de vigilancia si este no es el ideal. Por último queremos llamar la atención a la administración de la gran necesidad de realizar una carta arqueológica subacuática del litoral de nuestras aguas, herramienta de trabajo necesaria para el establecimiento de mejores medidas cautelares y de zonas de restricción para futuras intervenciones que puedan afectar a nuestro patrimonio sumergido. Hasta el día de hoy la recuperación de los materiales procedentes del fondo marino del litoral algecireño no se ha realizado ordenadamente, de forma que pueda generar una línea de investigación científica que, aunándola a lo que se está generando desde tierra, ofrezca una visión general. Éstas han estado fuera de un proyecto cultural global o de un plan que las regule y unifique criterios de actuación sobre nuestro patrimonio sumergido. Queremos desde aquí alentar a futuros proyectos que vengan a paliar dicha necesidad.

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NUEVAS INTERPRETACIONES
ARQUEOLÓGICAS PARA LA PUESTA EN VALOR DE LA CIUDAD DE CARTEIA (ss. VII a.C- s. XIV d.C)
L. Roldán Gómez / J. Blánquez Pérez S. Martínez Lillo / M. Bendala Galán
INTRODUCCIÓN La organización de estas I Jornadas de Arqueología del Campo de Gibraltar constituye una clara evidencia de la creciente atención que hoy en día se viene prestando al patrimonio arqueológico por parte de las instituciones y de los investigadores. En este enclave geográfico en el que se desarrollan, la ciudad de Carteia supone sin duda un verdadero hito, ya que sus particulares características la diferencian notablemente de la mayor parte de los yacimientos del entorno. En efecto Carteia se nos presenta hoy como un enclave de gran interés científico y enormes posibilidades de proyección y difusión a la comunidad incluido, actualmente, en el llamado Proyecto RAYA (Red Andaluza de Yacimientos Arqueológicos) por parte de la Junta de Andalucía. Constituye ademas, en este ámbito, uno de los pioneros en cuanto a su difusión, lo que se plasma en la inmediata realización de una guía didáctica de su recorrido, así como en la próxima creación de un Centro de Interpretación en las inmediaciones del yacimiento. Ambos aspectos pretenden acercar al espectador el desarrollo histórico de esta ciudad y facilitar su visita con adecuadas textos, dibujos, infografías etc. que posibiliten la comprensión de los edificios –muchos de ellos en la actualidad apenas conservados– así como recrear su aspecto original. Desde que en los años cincuenta se iniciaran los primeros trabajos arqueológicos esta ciudad, ubicada en el interior de la bahía de Algeciras, en pleno Campo de Gibraltar, ha pasado por diferentes procesos de actuación. Así, desde los puntuales trabajos realizados por Santaolalla, apenas conocidos hasta época muy reciente (CASTELO et alii, 1995; ROLDÁN et alii, 1998, 83-96), el yacimiento ha visto sucederse diferentes equipos de investigación que han ido sacando a la luz la mayor parte de los restos arquitectónicos y arqueológicos que hoy podemos contemplar, no siempre adecuadamente estudiados y publicados.

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Hasta hace muy pocos años, sin embargo, Carteia seguía siendo prácticamente desconocida pues la innegable monumentalidad de los restos no fue suficiente para atraer la atención del público dada, entre otras cuestiones, la ausencia de publicaciones de carácter divulgativo que pudieran ayudar a comprender la evolución histórica y monumental del yacimiento. Además, su ubicación en pleno polígono industrial y la frondosa vegetación que cubría gran parte de las estructuras, hacían también poco atrayente su visita. Así pues, durante muchos años los cuidados por parte de la Administración consistentes en periódicas limpiezas y desbroces resultaban insuficientes. El inicio en 1994 del Proyecto Carteia por parte de la Universidad Autónoma de Madrid supuso un nuevo acercamiento a los monumentos de esta importante ciudad con el interés fundamental de documentar, de manera amplia y definitiva en lo posible, las características constructivas, secuencia estratigráfica e histórica y planta de los edificios ya excavados con anterioridad. Con atención prioritaria, asimismo, a la conservación de los restos y a la difusión de los logros científicos, pretendía acercar a la comunidad el conocimiento de este antiguo enclave del sur peninsular durante los periodos púnico, romano y medieval. De este modo, se llevaron a cabo limpiezas de las estructuras ya descubiertas que permitieran una lectura arquitectónica precisa, sondeos puntuales con la finalidad de determinar la cronología y establecer la secuencia arqueológica, estudio de materiales arqueológicos y una exhaustiva recopilación de toda aquella información de antiguos trabajos que pudiera ayudar al análisis y comprensión de los edificios para su futura puesta en valor. Centrados estos trabajos en el sector del llamado foro romano así como en la fortaleza medieval, ubicada en el interior de la refinería CEPSA, atendían, como se ha dicho, a tres momentos cronológicos importantes de la secuencia histórica del yacimiento, los periodos púnico, romano republicano y medieval. Carteia ofrecía entonces magníficas expectativas basadas en sus posibilidades de investigación, fundamentalmente por tratarse de una ciudad de la que ya se conocía su antigüedad e importancia –avalada por las fuentes históricas– y que, además, no planteaba los problemas de superposición tan complejos y limitativos para la investigación de otros importantes núcleos de la Antigüedad, como la propia, Corduba, Tarraco, Hispalis y tantos otros. Especialmente, la posibilidad de estudiar sus edificios ya excavados y visibles sin tener que acudir a grandes excavaciones en extensión, aunque con el inconveniente de que, en ocasiones, la ausencia de datos de primera mano impedía avanzar en los resultados todo lo deseable. A estos aspectos hay que añadir el apoyo económico y logístico dado por la Refinería Gibraltar de CEPSA que se convirtió, desde los inicios del proyecto, en imprescindible para llevar a cabo estos trabajos. Asimismo, el creciente interés del Ayuntamiento de San Roque y el apoyo de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía han permitido que, en la actualidad, el yacimiento cuente con una adecuada infraestructura de mantenimiento, conservación y de apoyo a la divulgación que permiten realizar un adecuado recorrido y, lo que es más importante, entender los distintos aspectos de la historia de la ciudad y valorar sus monumentos. Durante ya casi una década de desarrollo, el Proyecto Carteia nos ha permitido avanzar en la investigación que constituye la base imprescindible para la divulgación y puesta en valor de los restos monumentales de Carteia. De este modo, la próxima publicación de la guía didáctica, junto con un nuevo volumen Carteia II (ROLDÁN et alii, 2004) continuación del anterior Carteia I (ROLDÁN et alii, 1998), así como la también próxima publicación de la memoria de resultados del proyecto, en esta primera etapa de seis años de trabajos de campo, vienen a respaldar, precisamente, esa necesaria puesta en valor y consecuente acercamiento de la investigación a la sociedad en general. Los resultados obtenidos en nuestra investigación se pueden estructurar, como se ha dicho, en tres apartados correspondientes a otros tantos periodos cronológicos. Atienden a la reconstrucción paleotopográfica de la desaparecida factoría

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fenicia del Cerro del Prado, hasta ahora no acometida; las dos muralla púnicas del asentamiento en la nueva Carteia y su monumentalizada puerta sur, desconocidas hasta hoy, que permiten ya reconstrucciones en 3D; los edificios religiosos romanos de época republicana y augustea, ya que no se trata de un único edificio como se pensaba; y las nuevas interpretaciones en torno a la fortaleza meriní de Torre Cartagena. Todos ellos tienen hoy, a la luz de la nueva documentación, diferente valoración e, incluso, reconstrucción física.

1. NOVEDADES DE LA CARTEIA PÚNICA Querer entender lo que culturalmente supuso la ciudad púnica de Carteia obliga a conocer –con sus necesarias limitaciones– el previo asentamiento colonial de El Cerro del Prado, topográficamente un grupo de pequeñas colinas situadas en la margen izquierda del río Guadarranque algo distanciadas del posterior asentamiento carteiense y a 1,5 km hoy de su actual desembocadura. Prácticamente nada se conserva de ésta, destruida a finales de 1976 –en su parte central– para la construcción de una carretera en el entorno del polígono industrial Guadarranque. El nombre del yacimiento procede del cortijo ubicado en sus inmediaciones que daba, a su vez, nombre a la finca. Construido como otros más –caso del cortijo del Rocadillo en Carteia– por ricos hacendados de Gibraltar, en el s. XVII, todavía se mantenía en pie a inicios de los años setenta. El yacimiento, parece ser, fue descubierto en mayo de 1975 como consecuencia de una prospección realizada por Tejera Gaspar y el geomorfólogo Loïc Menanteau motivados en el afán de localizar en el entorno un posible enclave anterior a la Carteia romana, tal y como afirmaban las fuentes textuales. El resultado de aquella prospección fue el descubrimiento de esta pequeña factoría. Su excavación comenzó en la segunda quincena de agosto del año 1976, dirigida por el profesor Presedo Velo, el citado Tejera Gaspar y contó con la colaboración de Joaquín Muñiz Coello, todos ellos de la Universidad de Sevilla. Posteriormente (1985) un proyecto hispanoalemán permitió determinar cómo este asentamiento, inicialmente recreado como un islote habría sido, más bien, una península (SCHUBART, 1993, 71 y figura 3), así como entender su fundación, no como un fenómeno geográficamente aislado sino, más bien, dentro de una geopolítica de mayor envergadura materializada en otras fundaciones coetáneas caso, por ejemplo, de la factoría localizada en la desembocadura del cercano río Guadiaro (Casa de Montilla) junto a la que, posteriormente, sería la ciudad romana de Barbésula (SCHUBART, 1988, 132 y ss) y que, como en el caso del Guadarranque, había sufrido importantes transformaciones paleotopográficas de obligado estudio a la hora de entender el proceso histórico-poblacional (ARTEAGA, 2004 e.p.). Los trabajos arqueológicos llevados a cabo en estos diez últimos años dentro del Proyecto Carteia y en lo que se refiere ya a la ciudad propiamente dicha, han permitido matizar –a la vez que completar– la interpretación histórica de aquella factoría fenicia, tanto con respecto a su reconstrucción paleotopográfica como a la relación histórica entre ambos yacimientos. La recuperación de los planos topográficos (E:1/2.000) del antiguo Cerro del Prado, previos a la construcción de la planta industrial de Butano –levantados entre 1958 y 1960– permiten hoy una reconstrucción bastante detallada del relieve original de todo el entorno, dado que en aquellos años es lógico defender que no habría cambiado mucho su topografía con respecto a la época fenicia; no así el curso fluvial y la línea de costa. De las tres lomas que, topográficamente, caracterizaron en su día el Cerro del Prado (ULREICH et alii 1990, 199), sólo las dos más hacia el sur debieron ser ocupadas por los fenicios en una fecha imprecisa del s.VII a.C si bien, en ningún caso posterior a mediados del mismo. La primera afirmación se deduce al observar, de manera detenida, las cotas de nivel. Todavía hoy, junto al actual cercado de la fábrica de Gas Natural, se conserva parte de un lienzo de lo que fue el límite de la factoría fenicia por su lado norte. La curva de nivel sobre la que se alza es de +20 m., lo que dificulta incluir una tercera

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loma situada más al norte cuya cima no superaba los +18,50 m. pues, el así hacerlo, chocaría con dos constantes naturales. Por un lado, obligaría a que el recorrido murario atravesara una vaguada de más de 10 m. de profundidad y, con ello, además, sólo se obtendría una mínima extensión habitable en el nuevo cerro y, aun ésta, de notable pendiente y a cinco metros por debajo del resto de la factoría, lo cual, en cuanto a efectividad defensiva, parece hoy un absurdo. Los dos cerretes delimitados por la citada cota +20 m. dejaba una superficie total en torno a los 20.700 m2, es decir, 2.07 hectáreas; si bien la parte útil urbanizable sería algo menor a causa de la fuerte pendiente existente en buena parte de sus laderas, sobre todo la sur. Las cimas a principios de los años sesenta mantenían las cotas de +22,90 y +25,10 m., respectivamente, lo que permite suponer una reconstrucción topográfica en este punto amesetada, con una caída suave en pendiente de entre dos y tres metros y una superficie habitable en torno a 1,5 hectáreas. De igual modo, analizando las pendientes naturales extramuros y su relación con la antigua línea de costa sería lógico defender la existencia de una puerta de acceso a la factoría por el sur, en la zona de vaguada entre ambos cerretes, con un acceso en rampa paralelo al trazado de su muralla, en dirección este–oeste; similar, pues, al que luego se construiría en el enclave de Carteia. El Cortijo del Prado, de donde toma el nombre el topónimo actual del sitio, se encontraba situado más al este, sobre la cota +5 m., junto a otro pequeño cerro que se alzaba a +10,70 m. Importante es, por otro lado, determinar la causa de abandono del cerro del Prado en favor de Carteia. Los datos obtenidos a partir del actual proyecto de investigación ponen de manifiesto el traslado poblacional –sin solución de continuidad– no mas allá de mediados del s.IV a.C. gracias a la presencia de determinadas cerámicas de barniz negro aparecidas en los estratos más antiguos de este asentamiento (BENDALA et alii, 1994, 90 y figura 6 y 7; BLÁNQUEZ et alii, 2003, 147). Pero ello no implica pensar en un tajante abandono de toda la población de este primer asentamiento sino, más bien, de las estructuras políticas y administrativas de la ciudad y, con ellas –eso sí– de un nutrido grupo poblacional. De hecho, ya en las prospecciones realizadas por Tejera Gaspar (1976) se apuntaba la presencia en superficie de materiales tardíos: […] mientras que la fecha final del poblado, podría situarse en torno a finales del s.IV a.C., basándonos no sólo en los materiales, como los fragmentos de cerámica ática … Tradicionalmente, sucesivos investigadores a la hora de explicar el abandono de la factoría han invocado causas naturales que habrían provocado el empantanamiento de su zona portuaria y, con ello, el detenimiento de su actividad comercial. Sin embargo, las características urbanísticas y arquitectónicas de la primera fase de Carteia (Púnico I) no encajan bien con una fundación teóricamente condicionada por la emigración forzada de las gentes del Cerro del Prado, tanto en lo que respecta a la extensión ocupada –cerca del doble con respecto a la anterior– como por su notable calidad constructiva; sin ir más lejos una muralla de tres metros de grosor que delimitaba el nuevo perímetro urbano definido con tal acierto que no cambiaría hasta pasados varios siglos, entrado ya el periodo romano republicano. La fecha arqueológica de este nuevo asentamiento tampoco parece casual, sino que se entiende y explica dentro de un contexto histórico de lo más sugerente. En efecto, viene a coincidir con la firma del segundo tratado romanocartaginés que, transmitido por el historiador Polibio (III, 22-24), se fecha en el año 348 a.C. Fueron aquellos momentos en los que la innegable presencia púnica en el sur peninsular –arqueológicamente detectada en su vertiente comercial, si bien no territorial–, apoyada en la hegemonía de Cartago, debió favorecer "la llegada de colonos (púnicos) a las ciudades fenicias (peninsulares) que representarían sus intereses" (Wagner, 1999, 524). Fue entonces también cuando se tiene constancia de las primera acuñaciones cartaginesas para el pago de los mercenarios que combatían en Sicilia. Es, pues, dentro de este panorama en donde mejor se entiende la fundación de la ciudad púnica de Carteia.

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Figura 1. Carteia (San Roque, Cádiz). Excavaciones en el sector púnico. Muralla.

1.1. La ciudad púnica de Carteia (figura 1) Lamentablemente, el reducido tamaño del área estudiada dentro del actual proyecto de investigación no permite grandes detalles de su fase inicial (Púnico I). Por el contrario, la construcción de su segunda muralla –esta vez de casamatas– y, simultáneamente, la monumentalización de sus puertas –al menos la localizada al sur de la ciudad– marcó una nueva fase (Púnico II) en la evolución urbana de Carteia claramente monumental. Aun con lógicas limitaciones, en el estado actual de la investigación, nos encontramos en condiciones de hacer una suficiente caracterización del recinto urbano en esta segunda fase. Fue una etapa corta en el tiempo de menos de una década, pero de inusitada actividad económica y política. Está hoy bien fechada gracias a la aparición de un divisor monetal de la ceca de Ebusos en la fosa de fundación de uno de los muros de las casamatas que proporciona una fecha post quem en torno al 214 a.C. El auge que la ciudad había experimentado en aquellos años plasmado, entre otros factores, por una renovación urbana de estas características no debe explicarse sólo en el marco de un estricto y progresivo bienestar del asentamiento, de hecho para entonces ya habían pasado más de 225 años de vida urbana en esta ubicación (cerca de nueve generaciones), sino también dentro del enriquecimiento que todo el área gaditana protagonizó en el último tercio del s. III a. C. como consecuencia de la política llevada a cabo por los Barca en todo el sur de Andalucía. Una verdadera "opción de estado" (BENDALA, 2003, 24 y ss.) al incluir ya la opción territorial –aparte de comercial– acometida a partir del 237 a.C. De la primera muralla, de tres metros de grosor medio, se han descubierto 9,5 m. de su trazado. De la cara externa, tan solo han llegado hasta nosotros seis hiladas de alzado que materializan una altura de 1,20 m. mientras que de la interna sólo se conservaba su nivel de cimentación. Sus dos caras vistas –interior y exterior– parece ser que fueron construidas con similar técnica constructiva. El paramento externo se levantó mediante pseudosillares de caliza y arenisca de tamaño medio

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(35/40 cm. de fondo, 33/35 cm. de cara vista y 15/20 cm. No se colocaron a hueso, sino acomodadas con tierra arcillosa de coloración rojiza, siempre presente en las construcciones de la primera fase de la ciudad. Estos pseudosillares se tallaron en forma de cuña, de manera que quedaron incrustados con fuerza en el núcleo de la muralla dando, así, una incuestionable cohesión a la obra. Por detrás de esta alineación o "cara vista" se dispusieron primero piedras de notables dimensiones, ligeramente talladas para facilitar su encaje, y luego todo un relleno interior –emplekton– a base de piedra menuda (1012 cm.) carente de trabajo, trabada nuevamente con barro rojizo obtenido del subsuelo geológico. En conjunto, materializaron un núcleo resistente de compacidad elevada (figura 2). Intramuros, asociado al primer nivel antrópico, se documentaron significativos niveles de quemado coetáneos a la muralla, superpuestos unos a otros por encima del original suelo de uso. Presentaban una marcada horizontalidad y mientras que hacia el interior de la ciudad estaban cortados por una posterior fosa rellena con restos de adobes hacia el sur, por el contrario, apoyaban en la cara interna de la muralla evidenciando, así, su posterior deposición con respecto al lienzo defensivo. Parece evidente, pues, que la construcción de la muralla debió realizarse en los primeros momentos fundacionales de la ciudad. Junto a ella se han documentado grandes fosas rellenadas por estratos horizontalizados en convivencia con otras, de menor tamaño, que profundizaban en el suelo geológico llenas de ceniza y restos de escorias. Así, pues, no parece aventurado pensar que aquel espacio inmediato a la muralla fue utilizado originalmente para actividades industriales de cierta envergadura que conllevaban intermitentes combustiones de las que nos han quedado sus cenizas. Sin embargo, lo limitado del área excavada, así como el hecho de que posteriormente toda esta zona quedó afectada por la construcción de la muralla de casamatas, impiden caracterizar dicha actividad industrial, su periodicidad o su duración en el tiempo. Las escasas estructuras documentadas pertenecientes a esta primera fase de la ciudad apuntan un uniforme sistema constructivo y diferente, a su vez, con respecto a la segunda época. Muros de escasa cimentación, en mampostería, zócalos del mismo material de no más de medio metro de altura y alzados de adobes, todo ello revocado con barro sin colorear. La construcción de una segunda muralla mantuvo inalterable el perímetro urbano de la ciudad al construirse trabada a la antigua, por su cara interna; al menos en el área excavada hasta la fecha. De este modo, la muralla anterior pasó a constituir la "cara externa" de la nueva, mientras que la correspondiente "cara interna" se dispuso a 2,70 m. de distancia con la construcción de un muro caracterizado por la presencia de una primorosa colocación de ripios entre sus piedras. Entre ambos lienzos nuevos muros perpendiculares a ellos conformaron estancias cuadrangulares, a modo de casamatas. De esta manera, la muralla pasaba a tener un grosor total cercano a los 6,60 m. con casamatas de 2,70 m. de fondo medio y una anchura media en torno a los 3,30 m. La envergadura de esta segunda muralla, tanto por el grosor de sus muros como por la calidad constructiva plantea una, más que notable, altura original además de un posible segundo piso para los espacios de casamatas. A ello se une otro dato revelador que apunta en la misma dirección: el acentuado desfase entre el nuevo suelo de uso intramuros, por encima del anterior, y la pendiente natural extramuros. La sobreelevación del suelo de uso intramuros de la ciudad como lógica respuesta al arrasamiento–remodelación de toda esta zona supuso casi un metro de altura (0,80 cm.) que, unido al desnivel ya existente con respecto a la base de la muralla extramuros (1,90), obligaba a un alzado de 2,70 m. para homologarlo –tan sólo– al suelo intramuros y a ello habría que sumar un mínimo de altura que protegiera físicamente a las personas. Si en aquella época la estatura media de la gente rondaría los 1,60 m. no sería aventurado suponer un mínimo de dos o tres cuerpos de altura extra. Ello configura un mínimo de altura para la nueva muralla de Carteia entre seis y ocho metros. Posiblemente, la mayor parte de ellos en piedra, rematada mediante adobes –dada la abundancia de restos de los mismos encontrados en la zona de la puerta– o madera en un último tercio superior.

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Figura 2. Carteia (San Roque, Cádiz). Planimetría del sector excavado en la muralla púnica.

De acuerdo con las cotas topográficas tomadas dentro y fuera de las casamatas se puede hoy acometer una reconstrucción bastante aproximada del entorno. Así, parece confirmarse la existencia de una calle pavimentada –posible camino de ronda– construido con losas de 25-30 cm. de longitud que bajaba en suave pendiente (oeste-este) paralelo a las casamatas, si bien unos 20 cm. más alto que los respectivos suelos de uso del interior de éstas en lógica respuesta a la pendiente natural existente en esta área de la ciudad. El acceso a las casamatas era mediante un único y estrecho vano en torno a los 40 cm. no siempre centrado con respecto a la fachada. Una gran laja, de proporciones mayores al resto de las piedras utilizadas en los muros materializaba el umbral, al menos el documentado hasta la fecha. El escasísimo alzado conservado, a base de pequeños sillares rectangulares, no permite hoy determinar como serían sus jambas, tampoco la altura de las habitaciones, pero si se tiene en cuenta la categoría constructiva de la cimentación, así como su alzado mediante sillares, ésta debió ser notable y no sería de extraño, incluso,

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una segunda planta materializada ya con adobes o madera. Por último, en cuanto a sus dimensiones, aun teniendo lógicamente el mismo fondo, en torno a los 2,70 m., variaban sus anchos entre los 3,70 m. (casamata oeste) y los 2,90 m. (casamata este). Carteia, como ciudad portuaria que siempre fue, debió tener sus máximas actividades de almacenaje en torno a la primavera y verano, esto es, coincidiendo con la época de navegación mediterránea, dadas las dificultades de hacerlo en el resto del año. Su uso especializado en aquella línea determinaría, seguramente, un mínimo de vanos –tanto de puertas y ventanas– con objeto de evitar la humedad (AUBET, 2000, 28). Por último, en lo que respecta a la puerta de la ciudad apuntar como ésta se configuró, básicamente, mediante dos cuidados lienzos, ligeramente convergentes hacia el interior, determinando un acceso abocinado de suelo prácticamente en llano, al que se llegaría formando un codo con la rampa inclinada de subida. Apoyados sobre robustas zapatas de cimentación a base de grandes piedras de roca caliza, más anchas que los alzados propiamente dichos. Parte de la misma se apoyó en muros más antiguos pero, en general, se dispuso encastrada directamente sobre las arenas geológicas del subsuelo con una nivelación todavía hoy conservada. Los paramentos que dan a esta calle de acceso son de gran calidad, compuestos por sillares de mediano y pequeño tamaño, prácticamente colocados directamente a hueso y, en ocasiones, engatillados. Fueron tallados intencionadamente en ligera cuña hacia el interior del muro para, de este modo, trabar de la mejor manera con el núcleo del mismo realizado a base de piedra menuda y abundante tierra. Esta técnica constructiva está muy bien documentada en otras ciudades púnicas del occidente mediterráneo: Lixus, Mothia, Qart Hadascht (la Carthago Nova romana), Doña Blanca, etc. con un corte helenístico no por ello contradictorio (CIASCA 2000). El tercio superior de ambos lienzos estuvo realizado mediante alargados adobes rectangulares, acorde con una pauta constructiva generalizada en la antigüedad, pero de difícil conservación con el paso del tiempo. Aproximadamente dos metros más hacia el exterior del tramo hoy conservado, la calle giraba 90º hacia el este para, pegada a la muralla, descender mediante la rampa citada a la cota del terreno fuera de la ciudad al final de la cual tuvo que existir otra puerta construida, probablemente toda en madera, como seguro que fue la dispuesta en la entrada superior propiamente dicha. En este sentido, el camino del siglo XVIII para acceder al cortijo del Rocadillo fosilizó con igual pendiente y alineación, sólo que más al este, lo que tuvo que ser este camino de subida a la ciudad. Toda esta pericia constructiva, así como la citada calidad de acabado en conjunto, constituyen magníficos exponentes del auge económico de Carteia en el periodo púnico. Este acceso sur fue cegado en época romana republicana permaneciendo, así, durante el imperio. De este modo, el perfil estratigráfico hoy visible al fondo de la calle testimonia el proceso de total colmatación del corredor y, con ello, la modificación de este espacio de calle tras un dilatado período de uso de casi tres siglos. Sobreelevado el suelo de uso en esta zona casi un metro, se levantaron nuevas edificaciones acometidas con técnicas constructivas diferentes a lo hasta entonces visto; pero, aun con ello, en líneas generales, los edificios republicanos mantuvieron el antiguo trazado urbano, pues se apoyaron –a modo de cimentación– en las antiguas estructuras púnicas. 1.2. Los materiales cerámicos de importación Lógicamente, ha sido el conjunto de cerámicas de "barniz negro" las que mayores precisiones siguen permitiendo a la hora de establecer una secuencia temporal interna dentro de la ciudad (ADROHER y LÓPEZ, 1996, 11 y ss.) y, en cierto modo, también las que más interesantes matizaciones permiten a la hora de querer penetrar en las pautas económicas y comerciales de este importante enclave púnico y, a la vez, indígena.

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Han sido un total de 184 fragmentos de cerámica seleccionados por su interés agrupados en 14 series diferenciables (Py et alii 2001, 429 y ss). Desde las habituales campanienses A, B (B-oides), es decir, de origen campano y no etrusco; producciones italiotas; de Cales, del taller de Pequeñas Estampillas o, dentro ya de la peninsula, del taller de Rosas. Sus tipologías, en parte complementadas con las acabadas en "barniz rojo" pero, igualmente, helenísticas –las conocidas popularmente como cerámicas de Kouass– (BLÁNQUEZ, 1985) y que en el caso de Carteia tiene en su vecino yacimiento de Doña Blanca sus mejores paralelos (NIVEAU 2003), ofrecen un panorama formal hasta la fecha no registrado con tanta amplitud en los yacimientos de este tipo en el sur peninsular. Copas, platos y cuencos son las formas más abundantes, es decir, vajilla de mesa coherente con el nivel social y económico de los habitantes de Carteia. Junto a estas vajillas, otras acabadas en una típica coloración gris y las pintadas (bícromas y polícromas) configuran, en conjunto, las morfologías cerámicas más interesantes del yacimiento. Difícil es definir su valor económico, si bien algo se puede hoy concretar. Así, por ejemplo, recientes investigaciones parecen demostrar que la cerámica gris, tan frecuente en las factorías fenicias de la costa peninsular ibérica se debe, fundamentalmente, a los contactos mantenidos por éstas con las poblaciones indígenas del Bronce final (MAASS-LINDEMANN 2000,161) y que su valor era inferior a lo que debió suponer la realizada en barniz rojo, tanto fenicio como, en segundo lugar, el propiamente fenicio.

2. LOS TEMPLOS ROMANOS DE CARTEIA Uno de los edificios mas monumentales entre los hasta ahora conocidos en Carteia es el templo republicano. La estructura de su podium conservado en parte se conoce a partir de las excavaciones realizadas en los años sesenta del pasado siglo XX en la era del Cortijo del Rocadillo. La estructura entonces documentada conservaba solamente parte de su podium con algunos de los sillares de la cornisa de cyma reversa que remataba la parte superior del mismo mientras que la planta, alterada por construcciones posteriores, se interpretó como una triple cella característica de un capitolio: "se dibuja netamente sobre la plataforma del podium la planta de un edificio formado por tres cellas o capillas paralelas, la central de mayor anchura 5,89 m. con respecto a las laterales, 3,30 y 3,10 m. respectivamente, es decir, de un capitolio…" (ROLDÁN et alii, 1998, 123). Según el informe original de estas excavaciones (campañas de 1967 y 1968) publicado recientemente por vez primera, la campaña de 1967 se dedicó a la excavación de la piscina situada en paralelo al muro posterior del podium que fue fechada en el III d.C., tanto por la factura de la misma como por los materiales hallados en su excavación (ROLDÁN et alii, 1998, 125). La excavación, iniciada en el muro noroeste (trasero) del podium y continuada en los laterales, no llegó a documentar la planta completa del edificio. Tampoco el informe correspondiente aportaba cronología del edificio a pesar de la realización de una trinchera entre la piscina y el citado muro trasero en la que se profundizó hasta 2.15 m. Ninguno de los nueve estratos consecutivos documentados que llegaban cronológicamente hasta momentos prehistóricos, fue asociado directamente a la construcción del templo. Posteriormente se propuso una cronología augustea. Desde un primer momento se relacionaron con el edificio gran cantidad de elementos arquitectónicos aparecidos en el llamado recinto de los toros (corte XVII) que permitieron la reconstrucción del orden completo en el museo de Sevilla. Se trataba de basas, tambores de fuste, capiteles y sillares de cornisa realizados en caliza fosilífera que habían sido almacenados en ese lugar, a unos 30 m. de distancia del edificio, en un momento impreciso de la Tardía Antigüedad. Las posteriores excavaciones realizadas por PRESEDO en los años setenta (1971-1973) y ochenta (1981-1985) en este sector terminaron de descubrir por completo la planta del templo, incluso, lo que hoy puede identificarse como su fachada con la escalera de acceso, aunque no se confirmó la continuación de los muros laterales hasta enlazar con ella debido a que

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aparecieron muy destruidos (Presedo et alii, 1982). En consecuencia, la visión que entonces se tuvo del edificio, y que quedó fosilizada en la restauración del podium llevada a cabo también en esos años, era de un templo de planta muy cuadrada cuyas dimensiones rondaban los 18 m. en todos sus lados. También se excavaron otras construcciones adyacentes al templo, así como la necrópolis considerada como visigoda, o bizantina y fechada a fines del s.VI, o comienzos del s.VII d.C. Se mantuvo la adscripción cronológica del templo a la época de Augusto, así como su interpretación como un capitolio. Los trabajos de análisis de materiales constructivos y de lectura de paramentos iniciados a finales de los ochenta del pasado siglo, ya por investigadores de la U.A.M., permitieron rectificar la consideración de la planta identificándolo con un templo de cella única con alae laterales (ROLDÁN, 1992). Consecuencia de este primer análisis fue el inicio de un proyecto de investigación (1994) que ha permitido a través de algunos sondeos, del estudio de la planta, y de los elementos arquitectónicos establecer las conclusiones que ahora presentamos. Asentado sobre el punto más alto del cerro del Cortijo del Rocadillo en la plataforma superior del foro (figura 3), el templo de Carteia constituye el edificio más monumental conservado en este sector de la época republicana, así como el más antiguo de los conocidos tras la formación de la Colonia Libertinorum Carteia en el 171 a.C. La construcción del templo supuso la amortización de estructuras anteriores de carácter religioso –altares púnicos– seccionados por la cimentación del podium que profundiza hasta el nivel geológico natural y cuya estructura mantiene la alineación de las anteriores. Los materiales obtenidos, que pueden ser asociados a momentos inmediatamente anteriores a la construcción nos proporcionan una fecha post quem para determinar su cronología. Se trata de cerámicas pintadas y de barniz negro, ánforas púnicas y algunas importadas grecoitálicas. Estas últimas corresponden a fases tempranas del siglo II a.C. y no se documentan restos de Dressel 1A que empiezan a divulgarse hacia 140-130 a.C. En cuanto a las ánforas púnicas –como las Ramón T-7.4.2.1–, parecen centrarse en la primera mitad del s. II a.C. y se constata la ausencia de algunos tipos propios de finales del siglo –Ramón T-7.4.3.3–. Además es significativa la ausencia de cualquier tipo de cerámica sigillata. Todo ello parece indicar que la construcción del templo debió de tener lugar en la segunda mitad del s. II a.C. La estructura del podium se llevó a cabo mediante un grueso muro perimetral cuya zanja de cimentación se rellenó en su nivel inferior con piedras no muy grandes e irregulares, encima de las cuales se dispusieron otras, de mayor tamaño, así como grandes lajas que constituían el final de la cimentación y el comienzo del alzado. Éste, sin moldura en su parte inferior, estaba realizado con pequeños sillares irregulares de piedra caliza en forma trapezoidal, entre los que se observa cierta abundancia de elementos reutilizados de las anteriores construcciones púnicas. Este grueso muro perimetral definía una estructura rectangular de 22,46 x 17,85 m. (75 x 60 pies) y 1,90 m. de altura, rematada en su parte superior por una característica moldura de cyma reversa de la que aún se conservan seis lajas de caliza blanquecina en el lado trasero del edificio. Toda la superficie se hallaba revestida por un enlucido grueso y uniforme realizado en varias capas. En el centro de la plataforma se elevaba la cella, única, de 10 m. de longitud y 6 m. de anchura, que ocupaba la pars postica de la estructura templaria, mientras que la pars antica estaría ocupada por un amplio pórtico, probablemente hexástilo, de 6 m. de profundidad. Los muros que definen su estructura son de grosor inferior a los del podium y están realizados en opus vittatum mediante pequeños bloques irregulares de piedra caliza margosa, de color grisáceo, que mantienen, no obstante, la regularidad de las hiladas. Su cimentación en opus caementicium se realizó en zanjas abiertas en el relleno del podium formado, a su vez, por las tierras extraídas de la zanja de cimentación de éste que se fueron depositando hacia el interior en sentido inverso al de su extracción (ROLDÁN et alii, 1998, 182). Se configura, por tanto, como un templo perípteros sine postico, cuya cella estaría rodeada de columnas en tres de sus lados y cerrada en su parte trasera por un muro ciego que se prolongaba por todo el ancho del podium (ROLDÁN et alii, 2004). Se trata de un edificio muy próximo en su concepción al templo de Juno en Gabii (GROS 1996, 127 ss.) con el que coincide en

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las dimensiones del podium y en la proporción entre la planta de éste y la cella, en el caso carteiense algo más reducida. Su cronología resulta también muy cercana ya que se fecha a mediados del siglo II a.C. (JIMÉNEZ SALVADOR, 1982). La fachada esta modulada en cuatro partes de las cuales las dos centrales están ocupadas por la escalinata frontal de acceso al templo (30 pies de anchura) que es abrazada por las alas del podium (15 pies). Apenas es visible la escalera original que conserva en el extremo Sur seis peldaños, aunque debió de haber tenido alguno más. Esta realizada mediante lajas de piedra caliza margosa y revestida de un opus signinum fino y compacto, de buena calidad. El templo debió de estar originariamente rodeado de una amplia plaza, quizás porticada, de la que no tenemos por el momento ninguna confirmación arqueológica, así como tampoco existen evidencias de la presencia de otros posibles edificios coetáneos al edificio religioso.
Figura 3. Carteia (San Roque, Cádiz). Vista aérea del sector del foro romano y el templo republicano.

Esta magnífica obra arquitectónica fue amortizada, al parecer, en un momento muy temprano que podríamos situar en el tercer o último cuarto del s.I a.C. En efecto, a este momento cronológico parece poder adscribirse un edificio formado, en líneas generales, por un potente muro longitudinal que se adosó a la cara norte del podium. Se realizó en paralelo al muro Norte del podium y su alzado impediría pensar en la existencia de cornisa coetáneamente. Con él se trabaron otra serie de muros transversales que formaban una estructura con pequeñas estancias a modo de tabernae, quizás un macellum. Algunas de las estancias presentan pavimentos de opus signinum, con teselas blancas, de probable cronología augustea. La realización de una corte estratigráfico (C-3) en la parte externa del podium nos permitió documentar la cimentación de éste muro que resultó ser más potente de lo que inicialmente podría pensarse. Profundiza en la tierra casi hasta los niveles de cimentación del templo y podríamos encuadrarlo cronológicamente en el tercer cuarto del s. I a.C. Se trata de una fecha, obviamente muy antigua para suponer a priori una amortización tan temprana del templo, aunque la evidencia arqueológica plantea dificultades a la hora de considerar otras posibilidades. Otro dato que incita a creer en un datación temprana para la destrucción del templo es que los niveles de amortización del podium, es decir, los niveles que rellenan el extremo del muro Sur del podium cuando ya se habían arrasado varias filas de sillares del mismo, presentan también materiales que pueden fecharse en época republicana tardía. Este traumático suceso en la historia de la Carteia podría quizás ser explicado por la implicación de la ciudad en la guerra civil entre Cesar y Pompeyo como consecuencia de las destrucciones, o cambios, más o menos traumáticos que este acontecimiento pudo haber provocado. A finales del s.I a.C. se confirma el inicio de una nueva fase de monumentalización coincidente con la gran actividad urbanística que trajo consigo la nueva etapa de paz y prosperidad propiciada por Augusto. En ella debemos incluir el edificio tipo macellum junto al templo y, probablemente, la remodelación de todo el frente del mismo con la construcción de una nueva escalinata de acceso a la plataforma del podium. Parece corresponder a este momento, asimismo, una nueva pavimentación de la plaza que se extendería delante de la plataforma del templo ya arrasada, al menos en parte. Es posible que todo este espacio se hubiera convertido entonces en un espacio foral ya que no tuvo que serlo, por fuerza, en su estructura original –al menos no existe confirmación arqueológica de ello–.

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Coetánea a esta remodelación del frente del templo debe haber sido la realización de otras construcciones, tanto en la plataforma inferior como en la superior, en el entorno del espacio que había ocupado el templo. Dichas construcciones nos son conocidas por antiguas excavaciones y su estudio, a partir de los datos hoy visibles, nos inclina a considerarlas de época augustea. En cuanto a los elementos arquitectónicos antes mencionados y tradicionalmente asociados al templo republicano, las nuevas investigaciones nos obligan a replantearnos esta interpretación. Se trata de basas sin plinto, capiteles corintizantes, cornisas con modillones y prótomos de toro que permiten la hipotética reconstrucción de un entablamento (figura 4). Estos elementos una vez reanalizados y gracias, en gran medida, a la documentación de una de las piezas de cornisa conservada en mejores condiciones y recuperada últimamente, conducen a suponer que corresponden a un templo posterior, seguramente de época augustea. Se trataría pues de un edificio religioso probablemente incluido en la gran reforma propiciada en la ciudad por la renovación augustea. Se desconoce por el momento su ubicación, aunque, la cercanía de su hallazgo al podium del antiguo templo nos indica que debió de hallarse en las inmediaciones, quizás en algún punto de la amplia plataforma que se extiende delante del mismo en la que se asentaba el cortijo de El Rocadillo, aún por excavar. El entablamento (figura 4) dispuesto sobre el orden de columnas de este segundo edificio religioso estaría compuesto por un arquitrabe de piezas machihembradas mediante engatillado interno (JIMÉNEZ 1983, 15, figuras 2 y 3), ante la necesidad de conseguir piezas largas capaces de resistir grandes cargas con un tipo de piedra blanda (la caliza fosilífera) que no tiene la resistencia del mármol. Formarían parte del friso los prótomos de toro ajustados a las partes lisas de la cornisa que, sobre él, estaba formada por grandes sillares de notable riqueza decorativa con series de modillones decorados alternativamente con hojas de acanto y prótomos de toro en consonancia con las piezas del friso (ROLDÁN et alii, 2004; BENDALA y ROLDÁN, e.p.). Las cornisas de modillones son características del típico entablamento corintio consagrado en Roma – con precedentes republicanos– especialmente a partir de época de Augusto (von HESBERG 1979, 31 ss; GROS 2001, 491 ss.). Con paralelos formales en edificios tan significativos como el templo augusteo de Apolo in Circo –o de Sosio–, en Roma, el tratamiento de las hojas de acanto sigue las tendencias estilísticas propias de la época de Augusto. Asimismo, los capiteles de hojas de acanto presentan detalles decorativos (BENDALA y ROLDÁN, e.p.) que resultan muy próximos a los que ofrecen capiteles augusteos como los de pilastra del teatro de Arlés o de la Puerta de Augusto en Nimes (GROS, 2001, 481). Las nuevas interpretaciones aquí propuestas en relación con los edificios religiosos de Carteia permiten perfilar el nuevo impulso tomado por la ciudad en época de Augusto con la implantación de nuevos y monumentales programas arquitectónicos que –en lo hasta ahora conocido y con la parcialidad de los datos con que contamos– debieron suplantar las anteriores construcciones, incluido el viejo templo que habría probablemente constituido el edificio más emblemático y representativo de la antigua ciudad republicana.

3. EL ENCLAVE DE HISN QARTAYANA En el estado actual de conocimientos, podemos afirmar que los restos de la conocida como fortaleza de Torre Cartagena (Hisn Qartayana) son el resultado de un proceso de ocupación diacrónica que debió comenzar en las primeras décadas del siglo XIII manteniéndose hasta comienzos de la primera mitad del siglo XVII. La almenara que construyeron los alarifes nazaríes seguía el modelo tradicional de ese tipo de estructuras exentas que a lo largo de la alta Edad Media se habían construido en las zonas de frontera, ya fuese marítima o continental. En el caso que nos ocupa contamos con una estructura exenta de planta rectangular y unas dimensiones de 7 x 11 m. Para su ubicación

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Figura 4. Reconstrucción hipotétita del entablamento del templo augusteo de Carteia.

se eligió el punto de mayor altura que había por los alrededores de la antigua ciudad rondando la cota de los 70 m., y que por aquellas fechas, primeras décadas del siglo XIII, debía estar en un franco estado de abandono. El promontorio en cuestión, según recrea en su grabado el viajero británico F. Carter en su Viaje de Gibraltar a Málaga (1772), se elevaría de manera considerable sobre la orilla del mar y sobre el cauce de río Guadarranque. Sobre él, la almenara se configuraría como un excepcional otero que permitía una excelente visual de toda la Bahía, entre las localidades de Gibraltar y Algeciras hasta Punta Carnero; así como del camino hacia la serranía y Ronda, y hacia la ciudad de Málaga a través de los altos de Sierra Carboneras. Similares características se aprecian en ejemplos del entorno, como son los de Gaucín (castillo del Aguila) (ROLDÁN et alii, 1998, 212-213; TORREMOCHA y SÁEZ, 1998, 210-215) y Tarifa (Peña del Ciervo) (ROLDÁN et alii, 1998, 214; TORREMOCHA y SÁEZ, 1998, 227-228), a los que podríamos añadir algún otro semejante de la costa malagueña como la denominada Torre del Jaral ubicada en el término de Vélez– Málaga (MARTÍNEZ y MARTÍNEZ, 1990, 204-209), ésta con dimensiones algo menores (5,25 x 3,10 m.) y de altura considerablemente mayor debido a la orografía plana del entorno. Por lo que respecta al material constructivo utilizado en la atalaya de Torre Cartagena, se hizo amplio uso de la piedra en formato de sillares rectangulares para las esquinas y la parte baja de la misma, de sillarejo para los lados de la torre, y de lajas para el calzado y "encintado" de los materiales empleados; todo ello con la clara intención de ir elevando el paramento mediante hiladas horizontales. Al haber llegado a nuestros días el alzado de la almenara de una manera muy irregular, no contamos con una muestra amplia y representativa del tipo de aparejo que se empleó en su construcción. Sin embargo, en su paramento occidental, éste se plantea con la alternancia de una hilada de lajas y otra de sillarejo con piezas de diverso tamaño, pudiéndose definir como "sillarejo encintado con lajas". Esta solución constructiva que entendemos como una adaptación de la conocida "mampostería encintada", lo que hace es sustituir el ladrillo empleado para calzar los

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mampuestos por lajas obtenidas de piedras del lugar, siguiendo los modelos empleados por la dinastía nazarí en enclaves de mayor envergadura como Archidona (ACIÉN, 1999, 435436 ). En el exterior los paramentos de la almenara iban revestidos con enlucido que ha llegado a nuestros días con dos tonalidades, que oscilan entre el blanco y el castaño-anaranjado (ROLDÁN et alii, 1998, 212); sin embargo, en el estado actual de conocimientos no podemos precisar todavía si el recubrimiento indicado corresponde a la obra meriní más antigua, año 1342-1344 o anterior como fecha post quem, o corresponde a las previsibles obras de reparación y mantenimiento que a partir de esa fecha realizarían los nuevos señores hasta su confirmado abandono del año 1670 (HERNÁNDEZ, 1610-1622, 160). El interior de la almenara sigue el modelo tradicional de estas estructuras que se ha mantenido constante desde el siglo X en al-Andalus. En el caso que nos ocupa, se ha documentado una amplia sala rectangular en la planta inferior, en algunos puntos su suelo se plantea rebajando parcialmente el nivel geológico, sobre el que se levantaron cuatro muros en mampostería y sillarejo hasta una altura aproximada de 1 metro, pasando a partir de ese punto al empleo del ladrillo formando ya una cubierta con bóveda de cañón, que en ciertos lugares se reconoce cierto perfil apuntado (ROLDÁN et alii, 1998, 211). A lo largo de los de carga oeste y este, se han documentado a Figura 5. Acceso en codo a la fortaleza meriní de Torre Cartagena (San Roque, Cádiz). su vez una serie de mechinales de sección rectangular y que tienen su origen y justificación en usarse como base y apoyo de la cimbra necesaria para sostener los empujes de la bóveda. Como ya se indicó en Carteia (1998, 212), existe un gran paralelismo formal y funcional entre los mechinales aquí descritos, y los que todavía se reconocen en el ejemplo de la almenara de la ciudadela de Gaucín (Castillo del Águila). Será en el último cuarto del siglo XIII cuando la presencia meriní en el sur de al-Andalus la podamos entender como un intento de expansión de su estado norteafricano, y se inicie por lo tanto lo que algunos autores vienen denominando como la "reislamización" del reino nazarí de Granada. Proceso que se dará sobre todo en cuestiones de "puesta en escena" y de la cultura material asociada a los dirigentes de esta dinastía hacia mediados del siglo XIV (ACIÉN y MARTÍNEZ, 2003). Tras los años de campaña se mantuvieron fieles las plazas de Algeciras y Tarifa, siendo Gibraltar una posesión en manos nazaríes, y pasando de unas manos a otras las de Ronda y Málaga (MANZANO, 1992, 110). Por lo que las fuentes árabes nos indican sobre los itinerarios seguidos por el sultán meriní en las diversas expediciones, sobre todo la segunda, se desprende que el camino a Ronda permanecía en sus manos. Esto incluiría las poblaciones fortificadas de Qastalla (Castellar de la Frontera), Simina (Jimena de la Frontera) y de Sajra Wazan (Gaucín). En este contexto de presencia constante meriní en el entorno del Campo de Gibraltar, del control en las rutas hacia Ronda, y hacia Estepona y Málaga, y en la visual de la ruta del Estrecho, proponemos la ocupación de la antigua almenara y el inicio de las obras de construcción

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de un enclave de mayores dimensiones y nuevas funciones. Hisn (castillo roquero) próximo a los restos de la perdida ciudad antigua, donde se conservaban los restos del primer oratorio (masyid) de al-Andalus, y ubicado entre las importantes localidades de Algeciras y Gibraltar. El proceso que se dio en el enclave de Torre Cartagena, que significó el paso de una estructura exenta a otra mayor de aspecto y función diferentes, pudo no ser un caso original y aislado en el contexto de la presencia meriní en al-Andalus, tal y como hemos venido proponiendo hasta la fecha en diversos Figura 6. Reconstrucción virtual de la planta de la fortaleza Torre Cartagena. trabajos (BENDALA et alli, 1994,; ROLDÁN et alii, 1998) y foros científicos (MARTÍNEZ y MURILLO, 2001). Por el estudio de ciertos enclaves en los que se documenta una clara presencia meriní a lo largo de la baja Edad Media, da la impresión que estos pastores beréberes llevaron a cabo una actuación claramente planificada a la hora de ocupar el territorio cedido o conquistado. Parece probable que en los casos de Marbella (Málaga) y Gaucín (Cádiz) se aplicase el criterio ya explicado en el ejemplo de la Torre Cartagena (ROLDÁN et alii, 1998, 208-209), donde se reutilizaron los restos de la anterior almenara convirtiendo el nuevo hábitat en una pequeña fortaleza (hisn). El enclave de hisn Qartayana se concibió como un pequeño recinto fortificado de planta casi cuadrada de algo más de 900m2 en su interior, disponiéndose al sur de la almenara ya existente y utilizándose para el apoyo de alguno de sus muros el paramento exterior, oriental y meridional, de la referida torre vigía. Al tener el afloramiento rocoso un buzamiento muy pronunciado que presenta una dirección sur–norte aproximadamente, los ingenieros y alarifes que construyeron la nueva fortaleza pudieron utilizar para su beneficio las diversas pendientes que había alrededor del hisn, sobre todo en las esquinas suroriental y suroccidental. Aparte de la referida almenara, la fortaleza contaba con otra torre-bastión de planta rectangular en el sector sureste, en la que se ubicó el acceso a la misma (figura 5); en el sector sur-oeste del enclave se levantó una torre albarrana de medianas dimensiones, y entre estas dos estructuras –bastión de acceso y torre albarrana, se construyó una barbacana o antemural. Con esta disposición de elementos en el lado meridional de la fortaleza se obligaba al posible atacante a pasar por debajo del arco de la albarrana y a recorrer el espacio restante hasta la primera puerta entre un muro y un parapeto, estando así muy expuestos a ser alcanzados por los dardos y demás proyectiles lanzados por los sitiadores (figura 6). Un esquema de acceso similar, no sugerido hasta la fecha, es el que se observa en el ya mencionado enclave del Castillo del Águila en Gaucín, donde para acceder a la última plataforma, la "ciudadela", es obligado el paso por debajo del arco de la "albarrana" que flanquea esa zona (TORREMOCHA y SÁEZ, 1998, 213 y 215). Extrañamente, en el único sector donde no hay constancia de elemento defensivo alguno es el nororiental. En los muros de esa esquina, tal vez debido a la poca altura que en la actualidad tienen, no se detecta huella alguna que nos haga suponer la existencia de otra torre albarrana o simplemente una torre de flanqueo. Sin embargo en este sector nororiental si se han documentado los restos de una escarpa de considerable inclinación que al menos, en este lado de naciente, dificultaba el avance y la labor de los zapadores. Por el pequeño tramo que se ha documentado podemos decir que corresponde a una buena obra de ingeniería militar realizada con mampostería regular de considerable tamaño que está calzada por lajas de piedra y todo trabado con un mortero bastante compacto. Esta solución, por medio de escarpas-contraescarpas-barbacanas, para la protección de un espacio que no se puede beneficiar convenientemente de la orografía que tiene en el entorno, fue muy usada a lo largo de la baja Edad Media en todo el Mediterráneo, siendo el fenómeno de las cruzadas, el momento en que estas propuestas, junto a otras muchas, se desarrollaron.

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PROSPECCIÓN ARQUEOLÓGICA
SUBACUÁTICA CON SONDEOS FRENTE A LA COLONIA DE PUENTE MAYORGA (SAN ROQUE)
Raúl González Gallero / Miguel San Claudio Santa Cruz Francisco Fernández Matallana / Juan Manuel Cano Núñez
Los trabajos de prospección arqueológica subacuática con sondeos fueron realizados como medida cautelar para la protección del Patrimonio Arqueológico Sumergido (PAS) afectado por la ejecución de las obras de la Nueva Central de Ciclo Combinado “Campo de Gibraltar” (gastos sufragados por Nueva Generadora del Sur, propiedad de la Obra). La ejecución de los mismos fue llevada a cabo por la Empresa Arqueológicas Cooperativa Andaluza; a la que pertenecía el Equipo Técnico Responsable que firma este artículo. Con la colaboración de Caetaria Actividades Subacuáticas C.B.

LOCALIZACIÓN Los terrenos donde tenía previsto ubicar la central se encuentran situados en la Bahía de Algeciras, en las instalaciones de la “Refinería Gibraltar”, dentro del Término Municipal de San Roque, provincia de Cádiz. El área propuesta corresponde a la línea prevista para los emisarios de captación de agua de mar y descarga de la misma. La realización la Prospección Arqueológica con sondeos se efectuó con arreglo al Decreto 32/1993, del 16 de Marzo, por el que se aprueba el Reglamento de Actividades Arqueológicas, y de conformidad con lo previsto en el artículo 52 de la Ley 1/1.991 de 3 de julio del Patrimonio Histórico Andaluz y la Orden Ministerial del 14 de Octubre de 1997, por la que se aprueban las Normas de Seguridad para el ejercicio de Actividades Subacuáticas.

JUSTIFICACIÓN La prospección arqueológica con sondeos vino justificada por el resultado obtenido en las inmersiones de seguimiento y supervisión de la zona afectada por los trabajos de dragado. En las inmersiones realizadas se pudo comprobar la existencia de material arqueológico en dicha zona, cuyo origen pudiera estar en relación con posibles estructuras portuarias (dos sillares de piedra ostionera y otros materiales cerámicos de construcción). Se localizó una gran concentración de material arqueológico de cronología en principio bastante homogénea en la zona W colindante a la zanja que se preveía en el dragado.

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Lámina 1. Plano de localización.

Por todo ello se vio necesario por parte del Equipo de Seguimiento la realización de una intervención más intensiva y sistemática en el área afectada, con el objetivo de comprobar la extensión del material en la zona, definir el estrato continente del material arqueológico y el definir el origen de los sillares localizados. Se presentó el Proyecto de intervención en la correspondiente Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía. El cual fue aprobado por la Dirección General de Bienes Culturales en la resolución del día 28 de enero de 2003.

OBJETIVOS DEL PROYECTO Y METODOLOGÍA Objetivos El Objetivo fundamental de la intervención fue la interpretación de los restos arqueológicos localizados atendiendo a los siguientes aspectos: - Delimitación del yacimiento arqueológico formado por los materiales descritos. - Identificación del paquete estratigráfico que contiene dichos materiales. - Documentación atendiendo al origen de los restos constructivos localizados. Metodología Con la información obtenida y partiendo de que existían dos puntos clave en la actuación subacuática, se diseñó una propuesta de intervención encaminada a cubrir los objetivos prefijados.

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- Prospección arqueológica subacuática. Se utilizaron filieres para la documentación de las acumulaciones de cerámica. El posicionamiento de dichas acumulaciones de material arqueológico se efectuó mediante la utilización de elementos topográficos (Estación Total). La prospección se apoyó con la utilización de detector de metales subacuático. Se diferenció el posicionamiento de los elementos metálicos de los cerámicos, individualizando cada resto metálico con su correspondiente coordenada UTM. - Sondeos arqueológicos. Se realizaron tres sondeos mediante manga de succión (número aprobado por la Dirección General de Bienes Culturales), uno sobre la zona de localización de los sillares. El segundo sondeo se realizó en la zona de mayor concentración de materiales arqueológicos, en la zona colindante al W de la zanja, para su delimitación en el perfil. Y un tercero en la zona de Levante de los sillares para confirmar la ausencia de material significativo que indicase la continuidad del fondeadero en la vertiente E de los sillares.

RESULTADOS Prospección: Tras la realización de los trabajos de prospección de la zona, nos pareció claro que los restos materiales del yacimiento se concentran a poniente de los sillares, justo alrededor de la bocana del arroyo (véase Plano adjunto, Lámina III). El material arqueológico aparece relacionado con el estrato de cascajo que es el contenedor. Se documentó abundante material cerámico de adscripción cronológica bastante homogénea (un alto porcentaje de material romano), y de tipología muy en consonancia con la de un sitio portuario o de fondeadero (abundantes restos anfóricos y pesas de red). También de se localizó material diverso de época romana aunque en menor porcentaje con respecto a los contenedores de gran tamaño (jarritas, platos, cuencos, terra sigillata, etc).

Lámina 2. Sondeos con manga de succión.

Lámina 3.

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Los restos de época medieval, moderna y contemporánea no son muy significativos en proporción con la época antigua. En estos momentos el material recuperado está en estudio. Una vez terminemos de estudiar por completo todo el materia arqueológico será depositado en el Museo Municipal de San Roque; y ofreceremos en posteriores artículos una información más detallada sobre la aportación de los mismos. La recogida de material ha estado en función de su conservación, pues al verse despojado del estrato que lo cubría y protegía quedaba a merced de la corriente con la consecuente probabilidad de pérdida. Todo el material extraído se ha referenciado con su correspondiente coordenada. Se localizó un muerto de fondeo, también de piedra ostionera, similar a los que aparecieron en la desembocadura del Guadarranque y que hoy se encuentran en el yacimiento de Carteia. Se localizaron dos sillares más al Norte de los primeros hallados, a escasos metros de los mismos, alineados con ellos. Se establecieron tres mapas de puntos topográficos durante la prospección que reflejan: 1) las zonas de mayor concentración de materiales cerámicos y su delimitación en extensión, 2) los puntos de aparición de objetos metálicos, y 3) el registro de otro tipo de estructuras o material arqueológico (anclas, muertos de fondeo, pecios, etc.).

Lámina IV. Detalle restos localizados en prospección: Ánfora Beltrán IIB.

Sondeos: Se realizaron tres sondeos: uno en la zona de los sillares, otro en la zona de concentración cerámica (zona de poniente) y un tercero en la zona de levante de los sillares. - Sillares: Los cuatro sillares se distribuyen en un área de unos 12 x 5 metros. La ubicación de cada uno de ellos con respecto a los demás parece dibujar un rectángulo más o menos homogéneo. Los sondeos dieron como resultado la aparición de restos constructivos (restos de opus signinum, piedras de gran tamaño) relacionados con los sillares, aunque en un contexto de destrucción. El estrato contenedor de los sillares es el mismo que contiene la mayoría de los restos cerámicos (formado por cascajo). Debajo de los sillares aparece un estrato natural, de arena grisácea fina. Entre los sillares aparecen acumulaciones de piedras de gran tamaño. Encontramos por la escasa profundidad y la cercanía a playa un impedimento natural para la ampliación de la cata. Con ello no pudimos documentar si dichas estructuras se ampliaban hacia el Norte (hacia costa). Los restos de cerámica relacionados con los sondeos son en su mayoría restos anfóricos y de dolia.

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- Zona de poniente: Los sondeos en esta zona dieron como resultado la clara identificación del estrato contenedor de los restos arqueológicos. Es un estrato compuesto principalmente por cascajo. La potencia del mismo oscila entre los 30 cm la zona más alejada a costa y los más de 50 cm en la zona más cercana a la playa. Dicho estrato se asienta sobre un estrato de arena grisácea (al igual que en los sillares) y está cubierto por otro de arena más amarillenta. - Zona de levante: Se realizaron sondeos en esta zona para comprobar si el yacimiento tenía continuidad o no hacia levante de los sillares. Los resultados en un principio parecían indicar que no era así. En las catas realizadas en esta zona no aparecían niveles ni estructuras arqueológicas.

CONCLUSIONES A la vista de los resultados vistos, se confirmó la hipótesis de la existencia de un antiguo fondeadero en la zona, el cual se sitúa en torno a la desembocadura del arroyo conocido como “de los Patos” y a poniente de las estructuras localizadas, que podrían proteger según su posición, en una primera hipótesis, la entrada del cauce de los vientos predominantes en la zona (en este caso los de levante), y por ello la disposición de todos los hallazgos a poniente. El sedimento arqueológicamente fértil es el compuesto por cascajo, en donde aparece tanto el material cerámico como los sillares antes mencionados. Se confirmó así mismo con los sondeos que los sillares estaban in situ, y que podían pertenecer a algún tipo de construcción portuaria o a alguna escollera de protección de la bocana del arroyo. La cronología de estos sillares está en relación directa con la mayoría del material cerámico aparecido en la zona, y que según la tipología anfórica en un primer análisis, y a la espera de su estudio en gabinete, parece abarcar grosso modo desde los siglos IV a.C. hasta el s. V d.C., por lo tanto muy en relación con el conjunto arqueológico cercano de Cerro del Prado-Carteia y a su actividad económica durante dicho período. Aunque el material de los sillares (piedra ostionera) limitaría según los estudios realizados por los investigadores de Carteia sobre los materiales de construcción del Conjunto, en una primera hipótesis, al período romano la construcción de la “escollera de protección”. Como recomendación final del Informe se solicitó la realización de sondeos en la zona de playa, los cuales serían interesantes para clarificar todavía más a que tipo de construcción podrían pertenecer dichos sillares. Y a relacionar los hallazgos documentados con la zona costera más próxima. Dichos sondeos no fueron aprobados por la Dirección General de Bienes Culturales. A la espera de que se realicen estudios sistemáticos en la zona, con este trabajo queremos dar una pequeña aportación a la Comunidad para clarificar los límites y la relación con respecto al margen marítimo del Conjunto de Carteia, para la mejor comprensión de su patrón de asentamiento. Y así mismo dar una voz de alarma a las Autoridades Competentes de la necesidad de realizar trabajos de investigación que palien el deficiente conocimiento del Patrimonio Arqueológico Sumergido en la zona; el cual (su conocimiento) ayude a interpretar este espacio (el del Conjunto arqueológico Cerro del Prado – Carteia, así como otros de la Bahía) como un espacio que se ha creado y desarrollado mirando hacia el mar, que ha sido la vía principal de desarrollo de la Bahía desde tiempos prehistóricos hasta nuestros días.

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NUEVAS CETARIAE EN IULIA TRADUCTA
AVANCE DEL CONTROL ARQUEOLÓGICO EN CALLE SAN NICOLÁS 1
D. Bernal Casasola / Universidad de Cádiz. Instituto de Estudios Campogibraltareños J. A. Expósito Álvarez / Universidad de Cádiz
El entorno de este solar definido por la calle San Nicolás, el Parque de las Acacias y el hotel Reina Cristina, ha aportado en los últimos años una multiplicidad de hallazgos de cronología romana que confirma la importancia de esta zona de la ciudad de Algeciras durante la Antigüedad clásica, conformándose como el único núcleo importante de poblamiento de la antigua Traducta de las fuentes literarias. Este emplazamiento se enmarca en una pequeña colina limitada por el río de la Miel y la actual zona portuaria de la ciudad. La importancia estratégica de este yacimiento para la ubicación del gran barrio industrial de la ciudad es fácilmente comprensible por su situación junto al mar y a una vía de comunicación, que permitía adicionalmente la obtención de agua dulce tan necesaria en la vida cotidiana de estas grandes factorías de salazón o cetariae, que se han conformado como el tipo de estructuras más frecuentes para época romana (BERNAL et alii 2003). Este marco viene igualmente definido para época medieval por su tradicional adscripción con la Villa Vieja, núcleo original de la medina islámica (TORREMOCHA, NAVARRO y SALADO 1999). En este trabajo presentamos de manera sucinta los hallazgos arqueológicos documentados en el control arqueológico realizado durante el año 2003 en la calle San Nicolás 1, que ha permitido la exhumación de una parte muy significativa de la gran zona industrial destinada a la producción de salsamenta y garum, que se concreta en la documentación de tres pequeñas unidades productivas o cetariae (BERNAL y EXPÓSITO 2003).1

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Este trabajo se inscribe dentro del marco de actuación del Grupo de Investigación Hum-671 del III Plan Andaluz de Investigación de la Junta de Andalucía.

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1. LA ACTUACIÓN ARQUEOLÓGICA EN LA CALLE SAN NICOLÁS 1 En los últimos diez años la creciente urbanización del centro urbano de Algeciras unida a una eficiente política de protección del patrimonio histórico y arqueológico han permitido llevar a cabo numerosas intervenciones arqueológicas que han supuesto una verdadera renovación del conocimiento sobre la ciudad en época antigua y medieval. Los hallazgos de época romana se han centrado casi exclusivamente en la excavación de restos de factorías de salazón en las inmediaciones de la arteria viaria de la Villa Vieja conocida como calle San Nicolás. Tanto los hallazgos puestos de relieve en la primera actuación en calle San Nicolás nº 7 (JIMÉNEZ et alii 1992), como los conjuntos salazoneros recientemente excavados en los nº 3-5 de esta misma calle (BERNAL et alii 2003) corroboran la importancia del sector en la industria pesquera y salazonera. El solar en cuestión fue objeto de una primera intervención a finales de los años noventa (SALADO et alii 1998, 206-207) encaminada a la localización y una primera evaluación del patrimonio arqueológico subyacente. Como resultado de ella se realizaron una serie de sondeos y zanjas que pusieron de manifiesto la existencia de restos romanos en toda la extensión del solar, destacando la existencia de dos unidades de producción salazonera independientes, así como una ocupación bizantina de escasa entidad pero de gran importancia histórica (NAVARRO et alii 2000). La actuación arqueológica de la cual presentamos un avance en este trabajo se corresponde con la segunda intervención desarrollada en este solar, habiéndose ejecutado la misma entre los meses de mayo y agosto del año 2003, a cargo de la empresa FIGLINA, Gabinete de Arqueología, Desarrollo y Servicios del Patrimonio Cultural (BERNAL y EXPÓSITO 2003). En esta actuación arqueológica que presentamos se priorizaron una serie de objetivos: - Delimitación de los dos conjuntos industriales ya conocidos parcialmente. - Confirmación de la propuesta de fases culturales documentadas en las actuaciones precedentes. - Permitir un diagnóstico fiable del grado de afección de las estructuras arqueológicas en relación a la superficie total o parcial del solar, con el objeto de liberar de cautela arqueológica las zonas vacantes de evidencias arqueológicas. - Localización y evaluación de la envergadura de los nuevos hallazgos. Los resultados de esta actuación arqueológica han permitido tanto la delimitación y documentación de los dos conjuntos ya localizados, como la identificación de una tercera factoría de salazones, denominadas respectivamente Conjunto Industrial A, B y C, así como una serie de estructuras anexas destinadas al suministro hídrico de las cuales no se tenía constancia previamente. Las novedades aportadas por esta actuación han permitido tanto mayores precisiones cronológicas del momento de abandono de las estructuras como la identificación de diferentes horizontes constructivos y la identificación de refacciones tardías. Asimismo se ha confirmado la existencia de una fase de época bizantina en el solar, a la cual se asocian alguna de las estructuras excavadas. Por último, se ha constatado la existencia de estructuras negativas de época medieval consistentes en fosas y trincheras, de las cuales no nos ocuparemos en este trabajo, que se relacionan con el mismo tipo de ocupación ya documentada en calle San Nicolás 3-5, de época bajomedieval (BERNAL et alii 2003). En la actualidad están siendo objeto de estudio integral todos los testimonios aparecidos, cuyos resultados serán integrados en la publicación monográfica que verá la luz a finales del año 2004 sobre las factorías de salazones de Traducta a raíz de las últimas excavaciones. No obstante, se ha estimado conveniente presentar en este foro por primera vez los datos aportados por esta intervención, los cuales permiten completar sustancialmente el conocimiento de la gran zona pesqueroconservera de Traducta en la Antigüedad. Los últimos trabajos al respecto han permitido contextualizar esta problemática a escala regional, valorando la importancia de la industria salazonera en la región desde época fenicio-púnica hasta finales de la Antigüedad tardía (ARÉVALO, BERNAL y TORREMOCHA 2004).

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2. PLANTEAMIENTO DE LA INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA Para llevar a cabo los objetivos marcados se planteó la realización de una serie de cuatro transectos o zanjas de grandes dimensiones que permitieran la consecución de los objetivos de diagnóstico y delimitación de los conjuntos industriales (figura 1). Con este fin diseñamos la realización de actuaciones parciales que seguían el eje norte-sur de la parcela, trazando las denominadas zanjas A y B. Como complemento a éstas se planteó acometer un tercer transecto que se intersectase perpendicularmente a las zanjas, siguiendo el eje de una canalización que separaba los dos conjuntos industriales ya conocidos previamente, en dirección NNO-SSE, al tiempo que se proyectó una cuarta zanja perpendicular a las dos primeras en la parte norte del solar, diseñada para documentar mejor este espacio que se encontraba escasamente diagnosticado en la actuación arqueológica de 1998 (SALADO et alii 1998, 206-207). De este modo conseguimos actuar en las zonas más interesantes y desarrollar más eficazmente las labores de diagnóstico arqueológico y localización de nuevos hallazgos, que dieron como fruto la documentación de un tercer conjunto de salazones ubicado al norte de los anteriores. Las actuaciones realizadas han permitido la documentación arqueológica de las estructuras a techo de muro, en aproximadamente el 20% del solar, cuya superficie total es de unos 1.600 m2.

Figura 1. Planimetría general del solar con la localización espacial de las áreas excavadas (zanjas A, B, C y D).

La zanja A se corresponde con un transecto de 3 m de anchura, la cual presenta una longitud de 17,5 m. Centrada en la mitad nordeste del solar, se caracteriza por presentar una dirección norte sur, por lo que se convierte en un eje vertebrador de la excavación ya que la anterior I.A.U. había prestado mayor atención a la mitad meridional de este margen y era interesante diagnosticar este espacio de forma más exhaustiva. Por su parte, la zanja B se corresponde a una franja paralela a la zanja A y con una anchura similar, localizándose en el área central del solar. De esta zanja se decidió actuar en tres sectores concretos que permitieran un diagnóstico más exhaustivo, excavando únicamente en los espacios que potencialmente pudiesen aportar datos que permitieran la consecución de los objetivos previstos, ya que ésta fue el área más atendida en la actuación arqueológica de 1998. Las características de dichos sectores son, grosso modo, las siguientes. - Sector 1: planteamos la excavación en un espacio de 5 m de longitud ubicado en el área centro-norte del solar, colindante con el denominado Conjunto de Salazones B (figura 2), con el objetivo de poder definir perimetralmente este edificio, además de permitir conocer la ordenación espacial al norte de esta cetaria. - Sector 2: se planteó la excavación en un espacio de 3 m de longitud ubicado en la mitad sur del solar, inmediatamente al norte del Conjunto Industrial A, para poder de esta manera localizar su cierre perimetral norte.

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Figura 2. Planimetría general de las estructuras arqueológicas aparecidas.

- Sector 3: se realizó una ampliación de 2 m de longitud en el extremo sur del solar para documentar igualmente si existía un cierre perimetral para el Conjunto A por esta área o si por el contrario seguían documentándose piletas de salazón. La zanja C se planteó con una longitud de 15 m y una anchura de 3 m, destacando su orientación NNO-SSE, diferente a las demás, diseñada siguiendo la dirección marcada por las canalizaciónes II-III y el definido como Pavimento 2, con el fin de poder relacionar los diferentes tramos de la anterior I.A.U., parcialmente interpretados, así como permitir la documentación de la conexión entre ambas factorías de salazones a través de esta pavimentación, la cual nos permitiría además comprender la disposición interna de este espacio industrial. Por otra parte permitiría la excavación del sector oeste del solar, cubriendo sectores no atendidos por las zanjas A y B. Por último, la zanja D se dispuso en el extremo norte del solar, en disposición perpendicular a las zanjas A y B, una longitud de 13 m y una anchura de 2 m (ampliada en su tramo central otros 2 m). Esta zanja se planteó para obtener una datos lo más detallados posibles del área septentrional, la menos documentada hasta ahora y que se pensaba inicialmente que se encontraba totalmente alterada por los niveles contemporáneos. Los resultados permitieron detectar en el tramo central de esta zanja D la existencia de un tercer conjunto de salazones, denominado Conjunto C, atestiguado a través de los restos de al menos tres piletas de salazón. Con la excavación de estas zanjas se completaron los objetivos principales de esta excavación: acotar en la medida de lo posible los conjuntos industriales existentes y delimitar el grado de extensión de los restos arqueológicos en la totalidad del solar. Tras el planteamiento de estas cuatro zanjas realizamos además un pequeño sondeo arqueológico para datar la fosa que secciona la zona occidental del Conjunto Industrial A. Debemos destacar igualmente que junto a estas nuevas áreas de excavación se llevaron a cabo actuaciones de limpieza y reexcavación en los espacios de la anterior campaña que no se encontraban suficientemente documentados (BERNAL y EXPÓSITO 2003).

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3. VALORACIÓN ESTRATIGRÁFICA La excavación confirmó la existencia de una estratigrafía de fácil hermenéutica que permitió la definición de tres fases culturales, que a grandes rasgos se corresponden con niveles moderno-contemporáneos de escasa entidad, testimonios de una ocupación bajomedieval atestiguada a través del hallazgo de varias fosas y, por último, una amplia secuencia de época romana que se correspondía con los niveles de construcción, uso y abandono de una serie de factorías de salazón. Analizaremos en las líneas siguientes, de manera sucinta, las diferentes fases culturales y los diferentes espacios objeto de estudio, así como la problemática derivada del estudio de la secuencia estratigráfica de este yacimiento. Las actividades antrópicas más recientes perduran hasta época moderno-contemporánea, encontrándose representadas en todas las zanjas realizadas en este solar. Se han podido documentar una serie de niveles de relleno muy homogéneos que sirven de testimonio de la más reciente actividad llevada en este solar, que en su último momento de ocupación se utilizo como parking, habiendo sido retirados restos de las pavimentaciones y de las canalizaciones del sistema de saneamiento del solar, así como parte de las estructuras aéreas de las cocheras en el sector occidental de la parcela. Otros testimonios han evidenciado actividades industriales relacionadas con la fabricación de carbón, atestiguada en diveros niveles prácticamente compuestos por esta sustancia, a lo que debemos asociar posiblemente un horno localizado en el sector 3 de la zanja B, quizás relacionado con alguna actividad subsidiaria de la carbonería. Esta serie de estructuras no supusieron una importante alteración de los restos subyacentes, si bien el gradiente de arrasamiento de los mismos varía de un margen a otro del solar debido a que esta parcela se ubica sobre una antigua colina que ha sido parcialmente aterrazada, como se desprende de la disposición de los niveles geológicos documentados en diferentes puntos del espacio excavado. De época moderna los testimonios arqueológicos se limitan a rellenos muy puntuales de colmatación en algunas zanjas, así como a fosas realizadas en época bajomedieval pero que se terminaron de colmatar definitivamente en los siglos siguientes. Por su parte, la estratigrafía de época medieval no presenta la misma dinámica observada en los horizontes de cronología posterior, ya que no aparecen generalizadamente en todo el solar, sino que se encuentran localizados en puntos aislados. Es destacable en esta línea que todos estos restos documentados se ciñen exclusivamente a época bajomedieval (ss. XIII-XIV d.C.), tal y como fue posible detectar en el solar adyacente (BERNAL et alii 2003), por lo que parece que al menos en esta zona la ausencia de evidencias arqueológicas de época emiral o califal comienza a generalizarse. No obstante, se impone la realización de un estudio de conjunto sobre la problemática de la ocupación de la Algeciras medieval en esta zona del actual término municipal en el futuro, previamente a sacar conclusiones apresuradas al respecto. Este trabajo se centrará exclusivamente en la presentación de los restos de época romana y la problemática de los principales conjuntos arquitectónicos aparecidos, las factorías de salazones, analizándose adicionalmente la problemática del momento de amortización definitiva, clave a la hora de interpretar la economía del Estrecho durante la Antigüedad tardía. A través de los restos exhumados apreciamos cómo la fase romana es testimonio de una dilatada ocupación en este emplazamiento relacionado con la explotación de los recursos pesqueros, remontándose las primeras evidencias al alto Imperio y perviviendo hasta los ss. IV y V d.C., si bien debemos traer a colación asimismo algunas refacciones llevadas a cabo sobre la factoría de salazón, ya abandonada, en época bizantina. Efectivamente, los estratos de época bizantina han permitido adentrarnos en un momento aún poco conocido de la tardía Antigüedad, clave para la comprensión de la dinámica del Estrecho (BERNAL 2003 a y b). De esta época, centrada a partir de mediados del s. VI hasta el VII, han sido localizados diversos niveles diseminados por el solar, destacando los hallazgos aportados por la excavación de los sectores 2 y 3 de la zanja B, que permitieron documentar varias refacciones constructivas correspondientes a los restos de una canalización y una estructura de funcionalidad aún desconocida pero que alteraba las piletas del Conjunto A.

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Por su parte, los niveles de abandono de los diferentes conjuntos industriales muestran que el proceso de colmatación de la factoría de salazón se llevó a cabo en momentos avanzados del bajo Imperio, que podemos centrar en un momento muy avanzado del s. V d.C., que deberá ser precisado en el futuro cuando se ultime el estudio de materiales en curso de desarrollo en la actualidad. A partir de este momento, se llevó a cabo una paulatina amortización de las estructuras industriales, las cuales pasaron a encontrarse ya en desuso en el s. VI con total seguridad. Esta amortización de las estructuras industriales se llevará a cabo progresivamente a lo largo del s. IV y especialmente el V d.C. aunque, como confirman las UU.EE. 304 y 310, este proceso comenzó mucho antes en diferentes sectores. Así parece derivarse de la lectura estratigráfica de las canalizaciones II y III, que comenzaron a colmatarse mucho antes, en época medio imperial (ss. II-III d.C.). Estos testimonios evidencian un continuado proceso de reestructuraciones y reparaciones entre los siglos II y V d.C., evidencias contundentes de la existencia de una actividad productiva intensa en este gran barrio industrial pesquero-conservero de Traducta hasta su colmatación definitiva.

Figura 3. Detalle de la Canalización I, de época bizantina.

4. LAS FACTORÍAS DE SALAZÓN. ESTRUCTURAS Y CRONOLOGÍA La totalidad de restos de época romana aparecidos se relacionan con las dependencias industriales de las factorías salazoneras localizadas sobre la plataforma de la Villa Vieja de Algeciras a lo largo de época imperial. Por un lado se han excavado los restos de tres factorías de salazones o cetariae (denominadas respectivamente Conjunto Industrial A, B y C). Ajenas aparentemente a la actividad de la factoría se han podido documentar algunas estructuras bizantinas que inscribimos en la segunda mitad del s. VI o principios del s. VII d.C. Estos elementos se corresponden con los restos de una canalización (Canalización I) y una estructura (Estructura 1) que se encuentra rompiendo a las pileta 8 y 2 respectivamente del Conjunto A. La denominada Canalización I está formada por una base de mampostería de mediano tamaño que se encuentra apoyada en la pared de la pileta y en una unidad constructiva realizada al sur del pavimento sobre el que se apoya (figura 3). La cubierta de esta canalización no ha sido documentada, al tiempo que su estado de conservación es muy deficiente, ya que se encuentra seccionada por el este y deja de documentarse por el oeste por la posible existencia de otras refacciones posteriores. La funcionalidad concreta de esta estructura también es indeterminada debido a su escaso recorrido y a su desconexión respecto al edificio o depósito del cual partiría y al que desembocaba. Por su parte la Estructura 1 se corresponde con un nivel formado por piedras planas de mediano tamaño y forma irregular que cruza la pileta 2 de SO a NE, prolongándose aparentemente más allá de estos límites. Estos restos estructurales de cronología bizantina evidencian una intensa actividad edilicia en la zona, mal conocida al encontrarse muy alterada por las actividades de época

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Figura 4. Vistas generales del Conjunto Industrial A. A. Vista aérea. B. Planta general.

bajomedieval y posterior. El hallazgo de testimonios bizantinos en Algeciras se había producido con anterioridad precisamente en este mismo solar de la Villa Vieja (SALADO et alii 1998; NAVARRO et alii 2000), si bien se habían limitado a algunos niveles arqueológicos no asociados a estructuras. Estos nuevos hallazgos reafirman la importancia comercial de la ciudad en las décadas en las cuales todo el Fretum Gaditanum está bajo dominio de los imperiales constantinopolitanos. Las estructuras que conforman el área industrial de época romana relacionada con la elaboración de salazones de pescado se configuran como tres conjuntos independientes, los cuales quedarían integrados dentro de un gran área industrial más amplia. Estos espacios de trabajo independientes han sido definidos como Conjunto Industrial A, B y C respectivamente, denominación con letras que trata de evitar su confusión con las cercanas cetariae de la calle San Nicolás 3-5, denominadas respectivamente Conjunto Industrial I y II (BERNAL et alii 2003). A continuación procedemos a la presentación de las características generales de cada una de ellas. 4.1. El Conjunto Industrial A (figura 4) Los restos documentados del C.I.A se sitúan en el extremo sur del solar, a escasos 2 m del muro contemporáneo que delimita la parcela, siendo esta la instalación industrial de mayores dimensiones de las tres documentadas. Las actuaciones arqueológicas realizadas en dicho conjunto industrial han permitido exhumar el 50% de los restos conservados pertenecientes al 70% de la superficie total de la cetaria. Morfológicamente este C.I.A atiende a parámetros similares a los de los pequeños conjuntos industriales que conforman el barrio industrial de la factoría de salazones de Baelo Claudia, caso de los denominados Conjuntos Industriales I y IV (ARÉVALO y BERNAL 2001), presentando asimismo muchas similitudes con las estructuras de la factoría tingitana de Lixus (PONSICH 1988, 108, fig. 44), modelos caracterizados por presentar un espacio abierto compuesto por un pavimento de opus signinum que era usado como zona de trabajo y despiece,

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junto al cual se distribuían las piletas de salazón, usualmente en un mismo lateral formando una composición ortogonal integrada por varias piletas. En este caso el espacio de trabajo se localizada al oeste, habiendo sido parcialmente alterado por refacciones posteriores, zona que además de encontrarse totalmente pavimentada con hormigón hidráulico debe corresponderse con el acceso a la fabrica, aún no excavado completamente. En el espacio central y oriental de este conjunto se ubican las piletas de salazón, las cuales conservan al norte y al este parte del cierre perimetral del C.I.A, aunque el extremo este y sur del mismo se encuentra aun parcialmente excavado y en el caso del límite sur, se encuentra muy alterado por estructuras contemporáneas tales como el muro perimetral del solar y el horno I, de época contemporánea. Este conjunto presenta al menos ocho piletas o saladeros con total seguridad,2 si bien el espacio acotado permitiría adicionalmente, si se confirma finalmente su cierre ortogonal en la esquina sudoeste, al menos la existencia de dos piletas más al sur de este conjunto. Esto convierte a este conjunto en el mayor de los documentados en este solar, al menos hasta la fecha. Las piletas del conjunto presentan diversos tamaños, existiendo al menos dos módulos diferentes, ambos de tendencia rectangular, los cuales permiten una óptima diversificación y planificación de la producción. A través del tamaño conservado de las piletas excavadas podemos plantear al menos un volumen de producción mínimo3 para este conjunto en torno a 27 m3 de salsamenta. La distribución de estas piletas parece corresponderse con sendas hileras de dos cubetas que orientadas en dirección NO-SE se ciñen al espacio central y norte, siendo estas cuatro las cubetas de mayor tamaño. En el margen meridional se alinea al menos una hilada de piletas pero orientadas en dirección NE-SO, siendo estas de menor volumen, si bien hay indicios de una segunda hilada. De estas piletas tan sólo dos han sido excavadas hasta su base, si bien parcialmente, habiendo documentado el estado de conservación de las mismas. Se ha confirmado que las piletas de esta factoría presentan un modillón horizontal, en forma de cuarto de caña, entre la parte baja de la pared y el suelo de la pileta, además de constatarse la ausencia del pocillo circular para la limpieza de los residuos en el suelo de la pileta, algo que es muy habitual en las cubetas de salazón. En cuanto a la técnica constructiva de este tipo de conjuntos industriales debemos incidir en el hecho de que en su totalidad fue realizado con muros de opus incertum revestidos con signinum impermeabilizante. Respecto al sistema de cubrición que pudiera utilizarse para las piletas, necesario ante las interferencias que la luz solar provoca en el proceso de maceración de las conservas, no se han conservado testimonios debido en mayor medida a que ninguno de los paramentos se han conservado en su altura original. La pavimentación contigua está conformada con signinum igualmente, aunque ésta se encuentra parcialmente documentada al encontrarse seccionada por una fosa posterior. Este suelo debe corresponderse con el espacio dedicado a las labores de transformación de las capturas, lavado y despiece del pescado, al tiempo que podría haber ejercido funciones de almacén, al no localizarse otras estancias asociadas a este conjunto en su parte trasera. Para facilitar dichas tareas de lavado y despiece son necesarias grandes cantidades de agua que suelen ser suministradas por pozos o cisternas, pero en este caso no se han documentado, al menos en el espacio excavado, por lo que debemos suponer que estas estructuras hidráulicas no existen en el interior de la cetaria. De ahí que debamos poner en relación este espacio con la canalización que discurre a escasos metros de este conjunto, al exterior. Debemos destacar que de los restos visibles se aprecian dos importantes reestructuraciones en el conjunto industrial, aunque ambas parecen corresponderse a momentos en que la factoría se encontraba ya en desuso. Nos referimos a la construcción de la canalización I y la estructura I que alteran la fisionomía del C.I. A. Por último debemos volver a incidir en el hecho de que a pesar de que no está totalmente excavada la estructura de esta factoría, sí ha sido posible reconstruir todos los detalles constructivos del interior del complejo.
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Posiblemente las denominadas como piletas 7 y 9 se correspondan con una única cubeta, propuesta que se deberá confirmar con la excavación en extensión de la parte restante del conjunto industrial. Esta estimación está realizada basándonos estrictamente en los restos conservados y en las medidas perimetrales de las cubetas. Estas estimaciones se han realizado evaluando para las piletas 5 y 7 un volumen similar a la pileta 8, y para las piletas 1, 2 y 4 un tamaño similar a la ileta 3.

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4.2. Conjunto Industrial B (figura 5) Este segundo conjunto industrial se localiza al este del área central de solar, a escasos 7,5 m del muro contemporáneo que cierra la parcela por el margen oriental, presentando este complejo una extensión inferior al C.I.A. Esta fábrica se encuentra documentada casi en su totalidad, en torno al 80%, al haberse podido conocer las dimensiones del cierre perimetral del conjunto de piletas. No obstante no es posible restituir íntegramente las dimensiones totales del C.I.B ya que no ha podido ser excavada completamente la zona de trabajo representada por las pavimentaciones de signinum situadas al este. En cualquier caso este modelo de factoría se corresponde con un edificio más homogéneo y ortogonal que el el C.I.A, compuesto en este caso por seis piletas cuadradas, no documentándose los desajustes existentes en el ejemplo anterior en cuanto a los ejes directores de los saladeros. Observamos cómo queda configurado por un espacio rectangular compuesto por dos hileras de tres piletas cuadradas, paralelas y simétricas que corren en dirección NO-SE, asociándose a este espacio de cubetas un pavimento por su margen oriental que funcionaría como zona de trabajo posiblemente. No obstante, existe otra segunda pavimentación conservada en el extremo opuesto cuya relación con esta cetaria o con otro edificio situado más al oeste tendrá que ser determinada en el futuro. El extremo sur del edificio conserva el cierre perimetral del mismo, compuesto por un muro de buena factura idéntico al localizado en el C.I. A que encierra en su interior al conjunto de piletas y al pavimento oriental. Asimismo apreciamos como el conjunto de balsas de salazón se encuentra también delimitado por los demás puntos cardinales por otras unidades murarias, si bien las unidades constructivas de cierre por el norte y oeste presentan un mayor grosor, utilizando mampuestos similares a los empleados para los muros medianeros. Para atestiguar definitivamente esta diferencia se debería excavar el margen oriental, ya que tal vez la ubicación del muro de mayor anchura coincida con el sector del edificio que presenta fachada a una pequeña calle o vía. Las cinco piletas excavadas en planta4 que conforman este conjunto presentan una mayor
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A

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Atendiendo al esquema básico de este conjunto y a los paralelos conocidos es lógico que el espacio aun no excavado ubicado en la mitad meridional del conjunto esté conformado por otra pileta de salazón y la continuación del cierre de este conjunto. De este modo quedaría compuesto el conjunto industrial por un total de seis piletas.

Figura 5. Vistas generales del Conjunto Industrial B. A. Vista aérea. B. Planta general.

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homogeneidad que el ejemplo anterior, destacando sus similares dimensiones y su morfología cuadrangular. Se ha podido excavar en esta campaña una de estas piletas que ha puesto de manifiesto un paralelismo con la técnica constructiva del adyacente C.I.A. A través del tamaño conservado de las piletas excavadas hemos podido plantear un volumen de producción mínimo5 para esta factoría en torno a los 9 m3, es decir menos de la mitad de la producción mínima del Conjunto A. Por su parte el pavimento oriental presenta una cuidada ejecución y está realizado con una cama de piedras regulares colocadas verticalmente, sobre la que se disponía el suelo de signinum, situándose este pavimento dentro del límite perimetral sur, lo que no ocurre con el extremo norte, lo que induce a pensar que en este espacio debe ubicarse un pequeño vano de acceso del conjunto. Al igual que en el ejemplo anterior no hemos podido constatar testimonios de los elementos de cubrición ni de estructuras de captación de recursos hídricos tales como pozos o cisternas, aunque en este caso tampoco hemos excavado el 100% del conjunto industrial. La homogeneidad y la armonía del conjunto plantea la unidad a la hora de proceder a su construcción, fruto de una planificación bien definida. Este C.I. B representa un paralelo clarividente de los modelos independientes ya analizados con anterioridad, próximos al esquema funcional del modelo representado por el Conjunto I de la zona industrial de Baelo Claudia (ARÉVALO y BERNAL 2001, 113-115, fig 10), similar igualmente a los pequeños complejos lixitanos – Conjunto 1 y 8– (PONSICH 1988). 4.3. Conjunto Industrial C (figura 6) Este último conjunto se ubica en el extremo norte del solar, a unos 8 m de la entrada del mismo, frente a su acceso por la calle San Nicolás. Las dimensiones del espacio documentado de este conjunto industrial y su deficiente estado de conservación no han permitido extraer las dimensiones generales para este complejo, al menos por el momento. Al no conocerse ninguno de los muros perimetrales no podemos saber si este C.I. C se
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B

Figura 6. Vistas generales del Conjunto Industrial C. A. Vista aérea. B. Planta general.

Esta estimación está realizada basándonos estrictamente en la altura conservada de las piletas y en las medidas perimetrales de las mismas. Estas estimaciones se han realizado evaluando para todas las piletas (incluyendo la sexta que debe ubicarse en el espacio central sin excavar) un volumen similar a la pileta 5, que es la única excavada completamente.

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extendía hacia el norte o hacia el sur. Los datos obtenidos tan sólo permiten realizar una estimación del espacio mínimo conservado, que podemos evaluar en 12 m2. En cualquier caso este conjunto debería presentar unas dimensiones mínimas similares al C.I.B., correspondiéndose con otro ejemplo clásico de pequeña unidad productiva. Los datos que se pueden aportar hoy por hoy de este tercer conjunto de salazones son muy parciales ya que tan sólo hemos tenido testimonio de la existencia de tres cubetas, de las cuales sólo hemos podido conocer la morfología integral de la pileta nº 1, al encontrarse las otras dos conservadas de forma parcial al haber sufrido mayor grado de arrasamiento que la primera. A través de la excavación parcial del volumen del relleno de la pileta 1 se ha podido atestiguar que constructivamente estos saladeros presentan una morfología similar a las de los dos conjuntos anteriormente expuestos, destacando únicamente el carácter rectangular de la superficie de estas balsas, con dimensiones similares a las de la pileta 3 del C.I. A. En lo que se refiere a las partes restantes de este conjunto no hemos podido atestiguar pavimentaciones asociadas a estas balsas, estructuras hidráulicas ni testimonios de cubrición debido evidentemente a las reducidas dimensiones del espacio excavado y al mayor nivel de arrasamiento de este último conjunto. Por otro lado, en el extremo NE se han documentado parcialmente algunas estructuras murarias (M1, M2) que podrían Figura 7. Vista aérea de las canalizaciones relacionarse con estos conjuntos o con áreas abiertas subsidia(Canalización II en primer término). rias de esta industria. Notoria es igualmente la localización al oeste del C.I. B de un derrumbe pétreo que limita con la pavimentación occidental de este conjunto, testimonio que podría estar hablándonos de la existencia de un cuarto conjunto industrial o del hallazgo subyacente de estructuras relacionadas con el cercano C.I. C. En cualquier caso habrá que esperar a próximas intervenciones para dilucidar la funcionalidad de este área. Igualmente relacionados con estos conjuntos pero asociados a la distribución general del espacio que articula los tres conjuntos se ha puesto de relieve en estas dos actuaciones arqueológicas la existencia de una pequeña arteria viaria pavimentada y una canalización que discurre entre los conjuntos A y B, conformando una calle de considerable envergadura que debe corresponderse con uno de los ejes principales de este gran área industrial que venimos atestiguando en el entorno de la calle San Nicolás y el Parque de las Acacias. En lo referente a la canalización mencionada ésta se subdivide en dos tramos, denominados respectivamente canalización II y canalización III. La primera de ellas se corresponde con una conducción de aguas que ha sido documentada a lo largo de un tramo de 14 m (figura 7), en un espacio que separa transversalmente los conjuntos Industriales de salazón A y B, presentando una tendencia NOO-SEE, encontrándose compuesta por una base de grandes piedras calizas planas sobre la que se han dispuesto dos alineaciones de piedras, cada una de las cuales presenta los mampuestos que la componen unidos entre sí por argamasa blanca. Estas dos alineaciones se presentan careadas al interior de la canalización, actuando ambas

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alineaciones de márgenes del canal mientras los elementos de su cubrición eran grandes losas de piedra de tendencia cuadrangular, que sellaban completamente toda la canalización, dejando ésta a ras del suelo existente a ambos lados. La canalización III desembocaba en la anterior, adosándose a ella por su extremo oeste y discurriendo esta conducción en sentido este-oeste. Se caracterizaba esta conducción por estar elaborada con ladrillos en su base y márgenes no habiéndose documentado restos de su cubrición. A ambos lados de la canalización II se localizó una pavimentación que se corresponde con una arteria viaria, una pavimentación inicial formada por piedras planas de gran tamaño (pavimento 2), sobre la cual parece construirse en un segundo momento una segunda pavimentación y la canalización II. Este segundo suelo (Pavimentación 1) se compone de dos capas, la superior correspondiente a una capa de sedimento granulado compactado de coloración amarillento, bajo la cual, apenas a 2 cm, se documenta la capa base de este suelo, conformada por una preparación formada por piedras planas de coloración grisácea que se encuentran integradas en mayor o menor dispersión en un sedimento de similares características al estrato superior. Esta pavimentación tiene la entidad suficiente para corresponderse con uno de los ejes maestros de este barrio industrial, presentando un ancho considerable, conteniendo entre sus límites a la canalización descrita, la cual debió ser uno de los ejes principales del sistema de saneamiento que unía el barrio industrial con el mar, donde hoy en día se localizan las instalaciones portuarias.

5. VALORACIÓN GENERAL Los resultados obtenidos en el control arqueológico realizado durante el año 2003 en la calle San Nicolás 1 de la Villa Vieja de Algeciras han permitido un avance sustancial en el conocimiento de la zona industrial de Traducta en época romana, convirtiéndose, conjuntamente con la cercana actuación en calle San Nicolas 3-5 en un paradigma para el conocimiento del funcionamiento de la industria pesquero-salazonera en el Círculo del Estrecho. Como ya hemos comentado anteriormente, en la actualidad está siendo realizado el estudio de materiales, al tiempo que está prevista la realización de una nueva actividad arqueológica en el yacimiento durante el segundo semestre del año 2004, por lo que cuando se ultimen ambos la información disponible sobre las cetariae traductenses se multiplicará exponencialmente. No obstante, por el momento es posible avanzar en una serie de aspectos que a continuación detallamos. En primer lugar, ha sido posible avanzar sobre el modelo de fábrica conservera existente en la Villa Vieja de Algeciras en época romana. Se trata de cetariae autónomas, como ya pusieron sobre la mesa los dos conjuntos industriales excavados en calle San Nicolás 3-5 (BERNAL et alii 2003), y que ahora corroboran estos nuevos hallazgos. Es un modelo aparentemente diferente al de las grandes fábricas como evidencian casos tales como Septem (BERNAL y PÉREZ 1999) o Cotta (PONSICH 1988), sino que por el contrario estas pequeñas unidades productivas, de diferente morfología y tamaño, son las que articularían la topografía interna del barrio industrial de la ciudad. Actualmente contamos con varios parámetros arqueológicos para evaluar con solidez esta propuesta. Conocemos restos de cinco fábricas salazoneras en Algeciras, dos en calle San Nicolás 3-5 (BERNAL et alii 2003) y tres en calle San Nicolás 1 gracias a estos nuevos hallazgos. Ninguna de ellas presenta ni una morfología similar ni unas dimensiones coincidentes. Analizando los tres ejemplos conocidos casi en su totalidad o al menos cuya planta se puede reconstruir casi íntegramente (Conjunto Industrial I de calle San Nicolás 3-5 y Conjuntos A y B de calle San Nicolás 1) tenemos tres escalas diferentes. La gran fábrica excavada en calle San Nicolás 1, con una treintena de piletas, notables dimensiones y además con instalaciones de aprovisionamiento hídrico en la parte central; el Conjunto Industrial A de calle San Nicolás 1, con un número total de cubetas desconocido pero que posiblemente incluyó una docena piletas, como planteamos en la

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Figura 8. Propuesta reconstructiva de la planta de los Conjuntos Industriales A y B.

reconstrucción (figura 8).6 Y por último pequeñas fábricas como la representada por el C.I.B, con seis pequeñas cubetas, y, por tanto, con unas dimensiones claramente inferiores a las de los anteriormente citados. Esta diferenciación permite confirmar lo ya apuntado en fechas precedentes en relación a la topografía interna del barrio industrial de Traducta, que se configura en torno a fábricas conserveras de diferente morfología que se distribuyen por toda su superficie. No parecen existir unas pautas predeterminadas en relación a la orientación de las fábricas, cuestión ésta que parecería probable teniendo en cuenta los vientos dominantes o la orientación solar, factores que de manera positiva y negativa respectivamente influyen en el proceso de salazón del pescado. Efectivamente el C.I.I de calle San Nicolás 3-5 presenta su acceso hacia el este, como sucede aparentemente con el C.I.B de calle San Nicolás 1, mientras que la otra fábrica exhumada (C.I.A) se orienta exactamente al contrario. Sobre lo que sí ha sido posible avanzar al hilo de la actuación arqueológica realizada durante el año 2003 es en la definición de una serie de ejes que parecen modular internamente el gran barrio industrial de Traducta. Nos referimos a la existencia de una gran arteria viaria, ya detectada parcialmente en la primera actuación (SALADO et alii 1998), situada entre los
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Esta propuesta se basa en el hecho de que el C.I. A presenta al oeste el pavimento de signinum de la zona de trabajo, por lo que las cubetas no pueden tener más desarrollo en dicha dirección. Sí podría ampliarse hacia el sur, pero teniendo en cuenta su amplio módulo en dirección N-S no parece probable que existiese una quinta hilera de piletas en su extremo meridional.

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Conjuntos A y B, y con una trayectoria en dirección SE-NO. Constituye este hallazgo el primer fósil-director sobre el trazado de las vías de circulación de la ciudad, poniéndonos en antesala de que nos encontramos ante un espacio perfectamente planificado y transitable. Como se ha comentado en los apartados precedentes, esta vía está bien pavimentada con summae crustae en un primer momento y con pavimentos de tierra apisonada en las sucesivas fases de época tardorromana. Entre ambos momentos se instalan un sistema de canalizaciones que, siguiendo la orientación general de la calle, fosiliza asimismo su trazado. Su presencia es clave para interpretar los ejes maestros del trazado urbano en la zona, pues la orientación de todos los edificios exhumados hasta ahora (factorías I, A y B) orientan sus muros perimetrales respecto a dicho eje SE-NO. De ahí que la zona situada al norte del Conjunto Industrial I sea ahora fácilmente comprensible como parte del trazado viario de la zona, de ahí la ausencia de piletas en dicho sector. Su detallado estudio en el futuro permitirá avanzar notable al respecto. Otro detalle de interés sobre la fisonomía interna del barrio industrial es la constatación de una cetaria en la zona norte del solar, prácticamente en las inmediaciones de la actual calle San Nicolás. Este hallazgo permite confirmar que las factorías de salazones continuaban en dirección a la ladera que conducía al río de la Miel. Posiblemente hasta la zona a partir de la cual se advierte un cambio topográfico de cota, iniciándose el descenso en dirección al río. Pensamos asimismo que esta novedad es también de gran importancia para evaluar futuros hallazgos en las inmediaciones y, al mismo tiempo, para ampliar hacia el norte la zona de distribución de las cetariae. Al encontrarse aún este sector parcialmente excavado –y por ello conocido únicamente por indicios– consideramos más prudente no avanzar interpretaciones apresuradas sobre el particular, si bien es cierto que las perspectivas de interpretación se amplían notablemente a la luz de estos nuevos hallazgos. Tampoco sabemos si entre los conjuntos B y C existieron ramales viarios alternativos o no, aunque pensamos que es muy probable si tenemos en cuenta la regularidad del límite perimetral norte de la fábrica B, la ausencia de estructuras al norte y, curiosamente la trayectoria del muro denominado M1, que es paralelo a los ejes directores mencionados. También es posible la existencia de una calle perpendicular a la ya existente a la altura de la parte trasera del conjunto B y del definido como acceso al conjunto A, pues en ambas zonas hay pavimentaciones de signinum, al tiempo que coinciden en proyección lineal. Es este último simplemente un ejemplo de cómo no consideramos pertinente hipotetizar al respecto ante la diversidad de propuestas posibles, esperando a culminar la excavación del año 2004 para presentar la interpretación definitiva de los hallazgos. En relación a la propuesta reconstructiva de las fábricas (figura 8), el Conjunto B es el menos complejo, presentando un módulo planimétrico rectangular con doble hilera de saladeros simétricos y el espacio de trabajo en su parte oriental. Respecto al C.I. A, del cual únicamente conocemos con total seguridad su límite noreste, parece adecuarse a un esquema en el cual la plataforma de trabajo, pavimentada con signinum, se situaría al oeste, frente a los saladeros, guiados por la pavimentación, fragmentada aparecida en dicha zona, aunque hasta que no se ultime la excavación no debemos descartar totalmente que su entrada se produjese por el sur, encontrándose por ello fuera de la zona de actuación. En cualquier caso nos encontramos ante un edificio con los saladeros en su parte trasera y con una antesala destinada a la limpieza y preparación del pescado. Ambos hallazgos permiten aportar un modelo tipológico de cetaria alternativo al documentado en calle San Nicolás 3-5, que era de planta centralizada. En este caso nos encontramos ante el modelo de factorías de planta dúplice simples, sistematizado a la luz de los hallazgos de Baelo Claudia (ARÉVALO y BERNAL 2001, 124-127, fig. 15 A). La presencia de ambos esquemas en las fábricas de salazón de Traducta (planta simple y centralizada), permite incidir aún más en el carácter diversificado de esta zona industrial y la existencia de una serie de patrones que se van completando conforme avanza el desarrollo de las investigaciones. Es por ello que no consideramos útil, al menos por el momento, comenzar a detallar paralelos tipológicos de cada uno de los conjuntos industriales aparecidos pues si una característica aunaría a todas las afinidades detectadas esta sería su particularidad. No encontramos dos conserveras idénticas en el Mediterráneo occidental, al tratarse de edificios que se adecuan a la fisonomía interna de un espacio urbano con sus propias

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exigencias topográfico-constructivas, de ahí las peculiaridades entre unas cetariae y otras. En lo que sí queremos insistir una vez más es en el modelo general al cual se adecuan las factorías de Algeciras, las conserveras autónomas, con plantas desde la simple a la centralizada, y con tamaños que varias entre unos casos y otros. Otro aspecto de gran interés es la cronología de estos conjuntos industriales. A pesar de que aún se encuentran en fase de estudio los materiales, sí podemos avanzar que se ha detectado una fase de ocupación bizantina (mediados del s. VI - VII), a la cual se asocian algunos niveles arqueológicos y especialmente dos estructuras en el Conjunto A que confirman el total abandono de la fábrica en estos momentos. Desde un punto de vista edilicio el caso más evidente es el representado por la canalización I (figura 3), que parte algunos de los muros de la fábrica, confirmando su abandono. En la información publicada con anterioridad se planteaba un inicio de la actividad en la segunda mitad del s. I d.C. y una continuación hasta momentos avanzados del s. V d.C., sin cesuras aparentes (SALADO et alii 1998, 206-207). Los resultados de esta actuación confirman la existencia de una fase altoimperial, muy mal conocida, ya que lo que se ha excavado es la fase más moderna de la secuencia y, por tanto, el abandono de las estructuras arqueológicas. Sí se ha detectado la amortización de las canalizaciones situadas entre ambos conjuntos en época medio imperial (ss. II - III d.C.), y unos niveles asociados al abandono definitivo de las fábricas. Se trata básicamente de la excavación de la pileta 5 y parcialmente la 3 del Conjunto B, que ha aportado vajilla en ARSW D, africana de cocina, y ánforas tardorromanas de importación (spatheion, Keay LIII y LIV bis) y locales/regionales (Almagro 51c y Keay XVI), tratándose de contextos cerámicos de momentos muy avanzados del s. V d.C. (Bernal y Expósito 2003, 95). No debemos olvidar que los objetivos de esta actuación partían de la premisa de una excavación a techo de muro de las estructuras arqueológicas, por lo que hasta el momento no han sido excavados la mayor parte de depósitos que permitirían precisar al respecto. No vamos a insistir sobre la perduración de la industria salazonera durante el s. IV y V hasta principios del s. VI d.C. en el ámbito del Estrecho, pues a ello hemos dedicado recientemente algunos trabajos (BERNAL et alii 2003, 172-178). Lo que sí pensamos que es importante es precisar a escala local/comarcal las fluctuaciones de dicha industria, y en Algeciras parece que podemos comenzar a precisar al respecto. En San Nicolás 1 los contextos por el momento más significativos son los relacionados con la arteria viaria entre los conjuntos A y B: recrecimiento de las pavimentaciones y amortización de las canalizaciones. No obstante, todo ello manteniendo los ejes ortogonales en la distribución general del barrio industrial, como ya se advirtió en calle San Nicolás 3-5 (BERNAL et alii 2003, 168-172). Esta cuestión nos lleva a plantear una vez más la erección del barrio industrial en época altoimperial, en un momento que aún no podemos precisar ante la ausencia de datos estratigráficos en calle San Nicolas 1, y la continuación de la vida del mismo hasta finales de la Antigüedad tardía, en una ordenación espacia