Facultad de Filosofía Departamento de Filosofía y Humanidades

Teoría del Conocimiento
Trabajo de Investigación: “Escepticismo cartesiano, una mirada contemporánea”

Profesor: Francisco Pereira. Alumno: Ignacio Eduardo Sanfurgo Marín. Rut: 16.209.139-5 Carrera: Bachillerato en Filosofía.

Fecha: Viernes 30 de Septiembre del 2011. N° de Palabras: 2458.

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A lo largo de esta investigación pretendo humildemente poder profundizar en el argumento cartesiano del sueño y en la reproducción más reciente de lo que sería el argumento del genio maligno cartesiano, a saber, el argumento del cerebro en la cubeta 1. Para este proceso necesariamente me guiaré por las meditaciones metafísicas2 del filósofo y los apuntes recomendados en clases, en los cuales, abordan el tema del escepticismo en el filósofo moderno y desarrollan especialmente una crítica, básicamente enraizado en la concepción de saber como certeza infalible. Metodológicamente iniciaré la investigación calificando los distintos tipos de argumentos escépticos para continuar con la revisión detallada de los dos argumentos, con el fin de buscar ciertas similitudes o diferencias en su metodología y función de duda respecto a los objetos físicos o mundo externo. Finalmente pretendo indagar sobre el principio de cierre como fuente de fundamentación escéptica y resaltar algunas de las características importantes de la epistemología expuesta por Descartes a la luz de la epistemología contemporánea. Como decía al comienzo, antes de entrar en cada uno de los argumentos, sus supuestos e implicancias, me empeñaré en calificar cada uno de estos argumentos guiándome por la propuesta de Antonio Manuel Liz en su obra: Justificar y explicar3. Para el autor existirían cuatro tipo de argumentos escépticos, la función de estos es poder “mostrar que o bien no tenemos, o bien no podemos tener, ciertos conocimientos que creemos tener”4. El primero de ellos intenta mostrar que no poseemos de hecho los conocimientos que creemos tener acerca de un campo particular. El segundo tipo haría referencia a la imposibilidad (de ninguna forma) de conocimiento respecto a algún campo particular. El tercer tipo de argumento intentaría mostrar que no tenemos de hecho los conocimientos que creemos tener acerca de ningún campo en general; no conocemos nada. Y por último, el cuarto argumento, referirá nuevamente a la imposibilidad (similar al segundo tipo) de conocimiento sobre cualquier campo en general. Son interesantes sin duda, los criterios que utiliza el autor para dividir los tipos de argumentos escépticos. Serían dos criterios los fundamentales, en primer lugar sobre el

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Putnam. (1981). cap.1. Descartes, R. (2004). Meditaciones Metafísicas, ed. de Vidal Peña. Oviedo. KRK Pensamiento. pp.131- 134. 3 Liz Gutiérrez, Antonio M. (2003). Justificar y explicar, La justificación epistémica como un tipo de explicación naturalista guiada por la reflexión. U. de la Laguna. 4 Ibíd. p. 41.

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nivel (mayor o menor) de generalidad del campo de conocimiento en cuestión. Y en segundo lugar, la mayor o menor fuerza modal (de hecho-posibilidad) del cuestionamiento. Además de separarse por criterios de nivel y fuerza, también estos se pueden categorizar según su función o su fin. Para el autor los dos primeros argumentos (sin son correctos) serían aceptables y más aún necesarios, para progresar epistémicamente. De la misma forma, los argumentos del cuarto tipo o son incoherentes o caen en el escepticismos radical (pirrónicos), y solo cumplen su función en la medida que contraargumenten la noción de justificación epistémica5. Sin embargo, los argumentos de tercer tipo, según el autor, conducen a otro tipo de problema, el que intenten mostrar que no podemos tener, o no tenemos ningún conocimiento, hace que se enfrenten a todo nuestro pretendido conocimiento. Como decíamos anteriormente estos últimos pondrían en cuestión que de hecho tengamos conocimientos sobre ningún campo en general. Y más aún. Estos argumentos presentan una posibilidad con la que tenemos que vivir; todas nuestras creencias pueden efectivamente ser falsas. Son dentro de es tipo de argumentos, según el autor, en donde se enmarcan las hipótesis a desarrollar en esta investigación; argumento de cerebro en una cubeta y del sueño. Iniciaré la investigación indagando más profundamente en el segundo de estos argumentos. Para esto me guiaré por la descripción hecha por el autor Daniel Quesada en su obra: Saber, opinión y ciencia, Una introducción a la teoría del conocimiento clásica y contemporánea.6 Descartes en su primera meditación afirma:
“¡Cuántas veces no me habrá ocurrido soñar, por la noche, que estaba aquí mismo, vestido, junto al fuego, estando en realidad desnudo y en la cama! En este momento, estoy seguro de que yo miro este papel con los ojos de la vigilia, de que esta cabeza que muevo no está soñolienta, de que alargo esta mano y la siento de propósito y con plena conciencia: lo que acaece en sueños no me resulta tan claro y distinto como todo esto. Pero, pensándolo mejor, recuerdo haber sido engañado, mientras dormía, por ilusiones semejantes. Y fijándome en este pensamiento, veo de un modo tan manifiesto que no hay indicios concluyentes ni señales que basten

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“Cualquier pretendida justificación requerirá ya el conocimiento de alguna cosa, aunque sólo sea el conocimiento de nuestros recuerdos” extraído de Ibíd. p.40. 6 Quesada, D. (1998); Saber, opinión y ciencia, Una introducción a la teoría del conocimiento clásica y contemporánea; Barcelona; Ariel.

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a distinguir con claridad el sueño de la vigilia, que acabo atónito, y mi estupor es tal que casi puede persuadirme de que estoy durmiendo.”7

El autor desarrolla (o interpreta) el argumento de la siguiente manera:8
1- Me parece estar sentado al lado del fuego.

2- En el pasado he soñado que he estado al lado del fuego cuando no lo estaba y, por lo
tanto, mi sueño era falso

3- Si tengo alguna razón para pensar que es posible que esté soñando que esté soñando que
estoy sentado al lado del fuego, tengo también alguna razón para pensar que puede ser falso que lo esté.

4- Se puede tener la absoluta certeza de que p sólo si no se tiene ninguna razón para creer
de que p pueda ser falsa. 5- Por lo tanto, sólo puedo estar absolutamente seguro de que estoy sentado al lado del fuego si no tengo ninguna razón para creer que estoy soñando. 6- Careceré de razones para pensar que estoy soñando si hay ciertas marcas o evidencias que permitan decidir si estoy soñando o despierto. 7- Veo que no hay marcas que permitan decidir lo anterior (6)

8- Por lo tanto, no puedo tener la absoluta certeza de que esté ahora sentado al lado del
fuego.

Según el autor, el principal problema del argumento del sueño radica en que se estriba en una exigencia problemática; sobre un determinado criterio de distinción entre el estar soñando o en vigilia. Específicamente, el autor apelará a una revisión de ciertas premisas utilizadas por Descartes en el punto 6 y 7, que como él señala: son “como mínimo dudosas”9 La pretenciosa exigencia hecha por Descartes en el número 6, según el autor es incoherente y hace que podamos dudar razonablemente de ella. El error radica principalmente en el estado en que se exigen las marcas, es decir, se demanda, como condición, encontrar marcas que presentasen las experiencias que se realizan en la vigilia pero no las experiencias de los sueños. Una muestra sería el típico ejemplo de peñiscarse para determinar si estoy en vigilia o en sueño. A lo que apela el autor es que si efectivamente nos peñiscamos y nos decidimos por un estado de vigilia, no serviría de nada; dado que bajo el mismo pensamiento, apelar al pasado y afirmar que anteriormente se
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Descartes, R; op.cit. pp.131-132. Quesada, D.;op.cit. p.97. 9 Ibíd. p.113.

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ha peñiscado, se ha dado la misma conclusión (vigilia) y posteriormente uno se ha dado cuenta de que ha estado soñando (que al peñiscarse se decidía por la vigilia). Lo que quiere señalar Quesada es que no puede aplicarse cierto criterio en sueño, porque se podría estar soñando; es decir solo se puede soñar que se aplica. En definitiva el autor dice: “se está pidiendo algo que pueda cumplir una cierta función, cuando, por la manera de definir la función, no puede existir algo que la cumpla”10 Por lo tanto no parece extraña la conclusión (7); de la evidencia. Sin embargo, si las marcas se toman en un sentido diferente, a saber, que no presupongan la facultad de decidir ante una experiencia dada, entre el sueño y la vigilia, entonces sí puede darse una distinción entre las dos clases de experiencias, lo cual refutaría el séptimo argumento. Suponiendo lo anterior, en resumidas cuentas parece posible encontrar algo que separa la vigilia de sueño y, por lo tanto, el argumento del sueño (y la reconstrucción hecha por el autor 11) no es buen argumento para hacernos dudar de nuestras experiencias corrientes.12 El siguiente paso es dar espacio a, como el autor las califica, las “dudas meramente teóricas”, es decir, a las que se fundan en la existencia de alguna posibilidad de error, aunque no puedan encontrarse o señalarse alguna razón concreta para esa posibilidad; “el único motivo de duda es la mera posibilidad de algún error”13. Este nuevo espacio será el que propicie entrar en el principio de cierre con implicancia conocida. Propongo sí, poder continuar con la investigación respecto a la hipótesis del cerebro en la cubeta, para suscitar similitudes y diferencias con el argumento del sueño recién revisado, y finalmente lograr identificar la función que cumple el principio de cierre como justificación epistémica. El argumento cartesiano con el cual el filósofo continúa su proceso de argumentación dudosa respecto al mundo externo, es la hipótesis del genio maligno. Una versión contemporánea de ella es lo propuesto por el pensador Hilary Putnam, la hipótesis del cerebro en la cubeta. A grandes rasgos, trata de que somos sujetos controlados por una supercomputadora la cual nos hace creer que lo que experimentamos es similar a la experiencia corriente, es decir que no provenga de los objetos que nosotros creemos que proviene; “todo lo que parece real sería meramente realidad virtual.”14
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Idem. Ibíd.; p.97. 12 El autor señala la posibilidad de que exista otra manera de interpretar el argumento del sueño, lo que perfectamente le puede otorgar validez o hacerlo obviamente menos inaceptable. 13 Ibíd.; p.114. 14 Ibíd.; p.116.

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Según el filósofo estadounidense, el problema se estriba en el uso del lenguaje y al igual que el argumento del sueño, en la actitud de duda que quiere fomentar. Para esto se puede tomar como ejemplo el comienzo de las meditaciones cartesianas:
“(…) por cuanto la razón me persuade desde el principio para que no dé más crédito a las cosas no enteramente ciertas e indudables que a las manifiestamente falsas, me bastará para rechazarlas todas con encontrar en cada una el más pequeño motivo de duda.”15

Este proceso de desacreditación exige una cierta concepción respecto a las cosas “no enteramente ciertas (incorrecto)” y a su contrario, a saber, la demostración (correcto). Es decir se presupone una facultad de diferenciación, entro lo correcto de lo incorrecto; por el contrario lo que se está diciendo no tendría sentido. De la misma manera ocurre en el argumento del sueño, como ya revisábamos, la incapacidad para discernir las experiencias ocurridas en un estado de sueño o de vigilia, es incompatible con poder conocer el significado de las expresiones correspondientes a cada estado; experiencia de cuando estamos despiertos y cuando estamos soñando. La diferencia de los dos argumentos está en que para el segundo (cerebro en una cubeta) esta incapacidad para distinguir no conllevaría necesariamente a la negación de los objetos físicos, debido a que el escéptico tiene tres supuestos:
“(…) que el significado de las expresiones lingüísticas es independiente del modo en que sea el mundo (…) que el contenido de los pensamientos podría ser el mismo aunque el mundo fuera muy distinto a como creemos que es (…) ese contenido es independiente de la constitución de la realidad.”16

¿Cómo es entonces que la proposición: “Somos cerebros en cubetas, manipulados por un súper computador” plantee una posibilidad? Es en este estadio donde se reincorpora el plano de las “dudas meramente teóricas”. En la medida en que no soy capaz de descartar toda posibilidad de que sea un cerebro en una cubeta, es decir, no puedo afirmar que no soy un cerebro en una cubeta. Este proceso se enraizaría en la conocida pretensión cartesiana de certeza como exigencia del auténtico conocimiento; “solo sabemos realmente algo cuando

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Descartes, R; op.cit. p.130. Quesada, D.;op.cit. p.117.

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tenemos garantía de su verdad”17 y por lo tanto por contraposición, si es posible el error, no podemos afirmar que sabemos realmente. El argumento es el siguiente:18
“ Premisa: Si conocemos (si sabemos algo), entonces no es posible que estemos equivocados. Conclusión: Si es posible que podamos estar equivocados, entonces no conocemos.”

El autor refutará el proceso presentado por los escépticos de la siguiente manera: En primer lugar indicará que la premisa es verdadera en el sentido de que “una condición necesaria de nuestro concepto usual de saber es la verdad de lo que se sabe; es necesario para la verdad de “x sabe que p”, que p sea verdadero”19 Por lo tanto, por contraposición, es suficiente para decir de la falsedad de “x sabe que p”, que p sea falso. Según el autor, para establecer la conclusión se toma la premisa de forma en que no es verdadera, es decir:
“x sabe que p no se sigue necesariamente p es necesariamente verdadero. es decir, no se sigue: no es posible que p sea falso.” 20

La propuesta del autor refiere a que para la conclusión se toma una premisa que no es verdadera, es decir, si “x sabe que p”, en donde no hay posibilidad de que p sea falso, por lo tanto (según la conclusión: si es posible que podamos estar equivocados, entonces
no conocemos) “x no sabe que p”. Lo que a mi parecer está tratando de afirmar el autor, es

que el dar paso al error en la conclusión, supone necesariamente, tomar la premisa (si conocemos (si sabemos algo), entonces no es posible que estemos equivocados) de una forma incorrecta. Personalmente tiendo a estar de acuerdo en la propuesta hecha por Quesada, me parece interesante sobretodo por, como hemos revisado en clases, el proceso de examen y refutación de las concepciones escépticas cartesianas a la luz de la epistemología contemporánea. Como el autor lo señala, el proceso mental para Descartes es algo de carácter exclusivamente interno, de un sujeto que se ve reducido, parafraseando a Quesada,
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Ibíd.; p.120. Ibíd.; p.121. 19 Ibíd.; p.121. 20 Ibíd.; p.122.

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a su propia condición de ser pensante. Esto necesariamente, no puede estribarse en ningún tipo de dato intersubjetivo; la marca o la evidencia “es algo a descubrir por introspección.”21 Como hemos revisado en clases, una epistemología internista en donde la justificación de una creencia debe ser totalmente accesible para el sujeto. Producto de esto, de una cierta claridad respecto a los procesos mentales, brota una infabilidad. La noción cartesiana de conocimiento es infabilista, requiere de certeza e indubitabilidad absoluta. Sin embargo, más allá de todo esfuerzo o insistencia del cartesiano por invitarnos a suscitar en la posibilidad del error, siento que finalmente la propuesta del autor refiere a que no es suficiente la mera posibilidad del error para plantear la auténtica duda, y claro, eso está estribado en diferentes concepciones respecto al saber. Para la época moderna fue la unión entre saber y certeza. En ese sentido, tiendo estar de acuerdo con lo propuesto por Josep Lluís Blasco y Tobies Grimaltos en su obra: “Teoría del conocimiento”22, quienes postulan al final del segundo capítulo de su obra, que el problema radica en que la verdad es externa a la perspectiva del sujeto, a diferencia de la creencia. “Podríamos decir que es algo ontológico y no epistemológico: depende del mundo y no de lo que creemos acerca del mundo o de la fuerza de con creemos en el mundo.” 23 El error ha estado en querer epistemologizar la verdad, como algo interno al sujeto, “haciendo de la certeza el criterio de la verdad.”24

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Ibíd.; p.124. Lluís B, J y Grimaltos, T. (2004). Teoría del conocimiento. Universitat de Valencia. 23 Ibíd.; p.95. 24 Idem.

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Bibliografía. • • • Laguna. • Valencia. • Quesada, D. (1998). Saber, opinión y ciencia, Una introducción a la teoría del conocimiento clásica y contemporánea. Barcelona. Ariel. Lluís B, J y Grimaltos, T. (2004). Teoría del conocimiento. Universitat de Brueckne, T. (2004, Octubre). Standford Encyclopedia of Philosophy, Descartes, R. (2004). Meditaciones Metafísicas, ed. de Vidal Peña. Oviedo. Liz Gutiérrez, Antonio M. (2003). Justificar y explicar, La justificación Recuperado el 27 de Septiembre de 2011, de http://plato.stanford.edu/entries/brain-vat/#1 KRK Pensamiento. epistémica como un tipo de explicación naturalista guiada por la reflexión. U. de la

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