Facultad de Filosofía Departamento de Filosofía y Humanidades

“Ensayo Gianni Vattimo: Creer que se cree”

Profesor: Samuel Yáñez. Alumno: Ignacio Sanfurgo. Fecha: Martes 3 de Noviembre.

El autor Gianni Vattimo, plantea a lo largo de su obra titulada “Creer que se cree” una vuelta o retorno hacia lo religioso que él ha vivido y le ha cuestionado, como

creyente de un credo específico. Es decir, una vuelta o replanteamiento a una experiencia personal anterior, parafraseando al autor, una búsqueda de la huella de la huella, una voz que seguramente hemos oído ya. Calificará el proceso de secularización como positivo para el cristianismo. Cristianismo que se caracteriza por el abajamiento de dios que se hace hombre. Este proceso de abajamiento o debilitamiento, el autor lo vinculará con el actual contexto filosófico de fragilidad ontológica. Esto le otorgará un trabajo específico al cristiano actual, como desmitificador de lo añejo –o absoluto- e interpretador de la revelación continua y cotidiana. La obra la escribirá en primera persona, debido al carácter personal o vivencial de ésta, metodología que –como él mismo reconoce- no le caracteriza. El retorno hacia lo religioso tiene relación con el fin de la metafísica, presentada por las escuelas nietzscheana y heideggereana. La primera planteará la muerte de Dios, debido a que todo es mera interpretación; hemos objetivizado según el hombre y a eso le hemos denominado “verdad”. Esto está unido a la crítica de Heidegger frente a la concepción absoluta y determinante del ser, limitante de la libertad e historicidad del existir. La instauración de la época moderna y todas sus consecuencias filosóficas y culturales, es decir, las propuestas de verdad científica y de progreso racional se nos presentan, a estas alturas de la obra, como paradigmas ya desgastados u obsoletos. El autor afirmará: “lo que hoy ha sucedido es que tanto la creencia en la verdad “objetiva” de las ciencias experimentales, como la fe en el progreso de la razón hacia su pleno esclarecimiento aparecen, precisamente, como creencias superadas1.” La misma idea de desencanto -parafraseando al autor- está desencantada debido al desencanto del mundo. Es desde este mundo moderno y descreído donde Vattimo planteará e interpretará la vuelta hacia lo religioso. Me gustaría citar una estrofa del autor que me parece muy ilustrativa de este contexto: “la ciencia habla de objetos cada vez menos equiparables a los de la experiencia cotidiana, por lo que ya no sé bien a qué debo llamar “realidad”(…)la técnica y la producción de mercancías configuran cada vez mas mi mundo como un mundo artificial”.2Por último, el retorno a lo religioso tiene que ver con el fin del pensamiento calculador y absolutizante, planteado específicamente por Heidegger y Nietzsche, que serán soporte para la tesis del autor. Estas nos sugieren poner en tela de juicio nuestras concepciones de “lo verdadero”, y abrirnos a una reinterpretación de lo real. Esta nueva forma no pretende ser agresiva ni
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Vattimo, Gianni; Creer que se cree; Buenos Aires; Paidós; 1996; pp.22-23. Vattimo, Gianni; Creer que se cree; Buenos Aires; Paidós; 1996; p.27.

violenta respecto a la construcción de conceptos verdaderos, al revés, reconoce su limitación y rechaza toda fórmula o idea de carácter totalizante. En conclusión, podríamos decir que no pretende ser metafísico, pretende estar en relación con el mundo y no sobre él. Es desde este sistema filosófico que Vattimo se estriba para reconocer la huella del cristianismo que aún sigue presente en él. Vincula de esta manera el pensamiento débil (u ontología débil) con la doctrina cristiana de la kenosis de Dios3, de la encarnación. Teniendo como fuente común su facultad de debilitamiento de toda estructura que quisiese ser impuesta violentamente o de manera objetiva. Lo que el autor logra hacer es el diálogo desde su vocación común, el abajamiento y empequeñecimiento. Y especialmente la encarnación divina como disolución de lo sagrado en cuanto a violento. El autor dirá: “Vuelve a hacerse presente algo que creíamos definitivamente olvidado, la reactualización de una huella semiborrada, la reagudización de una herida, la reaparición de lo reprimido…”4 De este modo es como comienza la relación entre estos dos pensamientos -si se les puede denominar de esa forma. La encarnación, dios hecho hombre, se encargará de acercarnos la realidad de lo sagrado, se preocupará de desmantelar la concepción violenta y sangrienta de lo divino, emparentada con la metafísica, como violenta objetivadora y autoritaria. Es Jesús que se hace uno de nosotros con el fin de romper la relación que se halla(ba) entre lo sagrado y lo violento, y enseñarnos el original sentido amoroso, pacifico y abajado. El italiano señalará: “kenosis de Dios, será interpretada como signo de que el Dios no violento y no absoluto de la época post-metafísica tiene como rasgo distintivo la misma vocación al debilitamiento de la que habla la filosofía de inspiración heideggeriana.”5 Así la ontología heideggeriana se presenta como una transcripción filosófica del mensaje cristiano de la encarnación. Con todo lo anterior, podríamos afirmar que el proceso de secularización, el paso de lo sagrado a lo profano, tiene carácter de positivo para el sentido original y constitutivo del cristianismo, la caridad. Esto le concederá un rol principal al proceso de secularización dentro del cristianismo, incluso llegando a tener carácter de esencial.
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Véase Pablo, Carta a los Filipenses 2, 7. Vattimo, Gianni; “La Huella de la Huella”; p.109; en J.Derrida, G.Vattimo E.Trías [eds.]; La religión; PPC; Madrid; 1996; pp.107-129. 5 Vattimo, Gianni; Creer que se cree; Paidós; Buenos Aires; 1996; pp.38-39.

Mediante el proceso de secularización se desacralizarán todos aquellos elementos que nos pareciesen violentos y por lo tanto lejanos. Discrepando del Dios todopoderoso, alejado de su creación, y recapitulando nuestra historia junto al dios humano y cercano; “Él, que era de condición divina, no se aferró celoso a su categoría de Dios, sino que se rebajó así mismo hasta ya no ser nada, tomó la condición de esclavo y llegó a ser semejante a los hombres”.6 Fundando así una nueva –u olvidada- relación de proximidad, desmantelando al Dios fuerte, producto de rígidas estructuras metafísicas. Esta novedad nos permitirá desarropar la concepción resguardada del cristianismo, especialmente de sus dogmas y preceptos. Consiguiendo adentrarnos en lo esencial del mismo, y lo que lo hace cristiano propiamente tal; su sencillez y su sintonía evangélica. Con esto no se plantea una despedida del cristianismo, sino una revitalización y realización más plena de su verdad, humillada y hecha hombre. Esta nueva relación nos recordará que dios sigue haciéndose presente en nuestras vidas, que la salvación para con sus criaturas es perpetua y está disponible para ser nuevamente interpretada según los signos de los tiempos. Nuestra labor como cristianos es luchar por la desmitificación del mensaje contaminado y encubierto, logrando esencializar el mensaje evangélico amigable y amoroso; “todos deberíamos reivindicar el derecho a no ser alejados de la verdad del Evangelio en nombre de un sacrificio de la razón, requerido sólo por una concepción naturalista de la trascendencia de Dios”7Se nos exige también como cristianos participantes de la iglesia, que sea objeto de secularización la moral religiosa tradicional y los dogmas de esta, que son en la actualidad para la iglesia signos de poder e intolerancia frente a una posible concepción débil de la institución de cara al mundo. La desmitificación nos abrirá camino hacia una interpretación libre y de carácter personal de querer hacerse del evangelio desde la cotidianidad y no privativo de algunos pocos. De esta manera el objeto de la secularización radicará en el mandamiento del amor. El proceso de desacralización como signo consistente de romper con las violentas estructuras, y no sólo por un afán vanidoso, sino exclusivamente por amor. Es la caridad el motor de esta fuerza secularizadora que nos devuelve la pureza de la revelación. Jesús como revelación misma de la kenosis divina, será signo caritativo de la nueva relación humano-divina ofrecida por el cristianismo y emparentado con el proceso de
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Flp 2, 6-7. Vattimo, Gianni; Creer que se cree; Paidós; Buenos Aires; 1996; p.62.

debilitamiento metafísico. El cristiano, por lo tanto, se configura como desmantelador de todo sistema violento y controlador, de carácter estático y que no camina junto a la historia. Como desorganizador del orden pre-establecido, el cristiano debe con libertad abrirse a la construcción común, historia comunitaria que sienta sus bases en la caridad y en la radical opción por el otro. La invitación a “amar a tu prójimo como a ti mismo”.8 Para concluir, el autor constata un deseo en la actualidad de vuelta hacia lo sagrado. En un contexto filosófico de incredulidad frente a lo estrictamente objetivo y objetivizante. Se descubre un nexo entre los nihilismos de Nietzsche y Heidegger y la doctrina cristiana de la encamación del hijo de dios. Existe una similitud entre lo que se considera como ontología débil, es decir, el ser por el debilitamiento, y la secularización, como única vía de superación de la metafísica. Desde la encarnación, dios pasa de ser un Dios trascendente y lejano del que sus criaturas éramos siervos, a una persona cercana del que somos amigos; “Ya no os llamo siervos, sino amigos”.9 Con Jesús no termina la revelación, la historia continúa y se cumple en la cotidianidad. He aquí la importancia de nuestra interpretación –o hermenéutica- con respecto a los signos de los tiempos. La secularización, el debilitamiento de las doctrinas inmóviles, violentas y dogmáticas es, como el nihilismo heideggereano, un proceso sin fin cuyo único límite es la caridad, el amor.

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Mc 12, 31. Jn 15,15.

Pretendo continuar con la temática expuesta por el autor y poder relacionarla con las temáticas vistas con el correr del semestre en el ramo de Filosofía de la Religión, especialmente aventurándome en el proceso de secularización moderno expuesto por Amengual, y la entrega de sentido desde nuestra relación con lo transcendente (divino) que plantea el autor estribándose en Heidegger. El autor del texto “Modernidad y Secularización” Gabriel Amengual, dedicará uno de sus apartados a la secularización y la posibilidad de hablar de Dios. Al inicio del párrafo comienza señalando si: ¿será posible luego de la secularización, y lo expuesto por Heidegger y Nietzsche, seguir filosofando sobre Dios?, ¿o será mas bien el fin de esta actividad? Amengual señalará, con notable esperanza, que queda algo más que la abstinencia o el silencio sugerido por los filósofos modernos. El fin de la ontoteología es una liberación del pensar para un Dios divino que no sea solamente idea ni tampoco ídolo, sino trascendencia próxima, susceptible de ser adorado y amado; posibilitadora de una experiencia religiosa. Además la secularización desembocará hacia un politeísmo-pluralismo en el que destacan dos aspectos. En primer lugar el desencanto iniciado por la "muerte de Dios" no refiere a un mundo desacralizado sino al retorno de los "dioses antiguos" que desean dominar sobre nuestra vida. En este contexto plural la fe será una interpretación entre otras y tendrá la posibilidad de hacerse presente en el diálogo social, de modo que a Dios sólo se le hace presente, no sacándolo de su invisibilidad, sino a través de la huella y en medio de la ambigüedad. Amengual dirá: “lo que le da la carta de ciudadanía es la infinita posibilidad de interpretaciones, pero eso mismo la sitúa dentro del mundo donde es igualmente posible, también lo arbitrario, o –pero aún- porque todo es considerado así”10 Esto le otorga la variedad interpretativa a la experiencia religiosa, incluso, nos revela el modo original de la presencia de Dios. Quisiera detenerme un poco en este asunto que me parece importante para iniciar un pequeño avistamiento o diálogo desde la tesis kenótica de Vattimo. El retorno, como toma de conciencia de lo olvidado, de lo originario y a lo cual se vuelve, le da un carácter de continuo, una historia que se va develando conforme a nuestra relación con el medio y las personas que son actores junto con nosotros. Entregándole la característica de proximidad a la revelación y su
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J.G Caffarena y J.Mª Mardondes (eds.); “Materiales para una Filosofía de la Religión.III: Estudiar la Religión”; Anthropos ;Barcelona;1992-1993; p.173.

interpretación. Específicamente, la historia de salvación cristiana -de opción por su pueblo- podríamos decir que sigue presente y vigente. Y esto, gracias a que dios se hizo hombre, quiso de alguna u otra manera hacerse finito, y liberarnos de toda concepción violenta y determinada respecto a lo divino. Es el dios amoroso que pasa por nuestra vida y que se mantiene en diálogo cercano con nuestra historia como humanidad. Por último, diremos que es el amor expresado por el dios hecho hombre lo que nos posibilita pensarnos como seres eventuales –contingentes. En segundo lugar, la posibilidad de presencia de la fe en un mundo plural no ahorra el planteamiento de la pregunta filosófica de cómo pensar a Dios. Vemos como el correr de la filosofía teológica para Heidegger ha sido mera representación, una idolización de Dios, llegando incluso hasta la muerte. Amengual reconoce la dificultad del tema, pero logra descubrir dos movimientos o caminos para resolver esta pregunta, -si es posible hablar (filosofar) de Dios- desde las teorías propuesta por Heidegger: el “paso atrás” y el “sobreponerse”. Intentaré humildemente -debido a pequeñas herramientas respecto a Heideggerinterpretar –arriesgadamente- estos caminos desarrollados desde la teología y expuesto por Amengual, y la tesis propuesta por Gianni Vattimo en su obras “Creer que se cree” y “La Huella de la Huella” y hacerlas dialogar. Primero creo necesario describir a qué se refiere el autor con estos caminos o posibles vías de respuesta frente a lo trascendente. El “paso atrás” se refiere a lo pensado como el camino para llegar a la cosa que impulsó el pensar y permaneció no-pensada. Tiene relación con el diálogo hacia la historia de la filosofía. Hegel lo clasificó como una superación, un paso hacia adelante –desde conceptos heideggereanos. Heidegger, contrariamente buscará la fuerza en lo no pensado, desde el cual lo pensado recibe su espacio esencial. No tiene pretensiones de superación, sino exclusivamente con afanes de otorgar libertad para lo que aún no ha llegado a ser. Amengual conceptualiza “el paso atrás” como “el ámbito de lo olvidado”, como fundamento esencial de todo pensar. Teológicamente hablando, el retroceso por medio de lo pensado hacia lo impensado que generó aquel pensar nos llevará a la experiencia religiosa, como fuente de pensamiento teológico. Vattimo señalará como constitutivo de la experiencia religiosa el retornar -y no accidentalmente- debido a una voz que hemos oído anteriormente, pero que olvidamos. De manera que cuando confirmamos nuestra condición humana de finitud, contingencia e historicidad, entramos en el plano de una religiosidad superadora del objetivismo. Nos reconocemos

criaturas y eso es lo que determina el contenido esencial de nuestra experiencia religiosa -esto me recuerda la tesis expuesta por Scheleimacher-. Experiencia que señala historicidad como procedencia original. Es decir, a grandes rasgos que el fundamento de todo está en Otro. Lo que abrirá el paso hacia una lectura no meramente natural o no dependiente será la apertura hacia el Nuevo Testamento, es decir, la encarnación divina. “Si el Dios que la filosofía recobra es sólo el Dios Padre, no se anda mucho camino más allá del pensamiento metafísico del fundamento -y acaso, incluso, se retrocede unos pasos.”11La contingencia del ser no se deja develar exclusivamente desde su creaturidad o dependencia, que permanece en el horizonte de una religiosidad natural. Sólo mediante el proceso de abajamiento amoroso de dios es posible para la filosofía, catalogarse como decodificadora de los signos de los tiempos. Como hemos visto desde la teoría de Vattimo, es el proceso de secularización un hecho positivo para el cristianismo. Hecho que se estribará en el proceso de secularización llevado a cabo por dios mismo que se hizo hombre. Y que es posible transcribirlo desde el nihilismo posmoderno y la desconfianza sobre toda interpretación que quisiese admitirse o certificarse como “verdad absoluta”. Es lo que da lugar al ser contingente, no reducido a la mera aceptación de lo existente. Ahora, en segundo lugar, con respecto al sobreponerse, se define como el rememorar las interpretaciones como interpretaciones. Sobreponerse es la misma vivencia de la metafísica como posibilidad de que el hombre se una al ser, de que el hombre sea propiamente según la propia esencia. Una nueva relación frente a los errores, como fuente de riqueza interesante y novedosa. Parafraseando a Vattimo, es una superación de lo moderno que no consiste ni en aceptar sus errores ni en superarlo críticamente sino en un rebasamiento12, que es algo diferente; una nueva forma de pensar. Estas dos concepciones de paso hacia atrás y sobreponerse nos facilitan una nueva lectura frente a nuestra relación con lo trascendente y el sentido que le otorga a nuestra vida esta relación. Se puede interpretar nuestra relación con lo divino como
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Vattimo, Gianni; “La Huella de la Huella”; p.127; en J.Derrida, G.Vattimo E.Trías [eds.]; La religión; PPC; Madrid; 1996; pp.107-129. 12 Vattimo, Gianni; “El fin de la Modernidad : Nihilismo y Hermenéutica en la Cultura Posmoderna”; Gedisa, Barcelona; l986. p.150.

inmovilidad y como indicio de una búsqueda. Nos sitúan desde un camino sin salida y al mismo tiempo, nos remiten a otra cosa, a otro pensar. Es lo divino que se ha encarnado y su historia como historia común a la humanidad, incluye también esta historia de idolización y en la medida que aceptamos esta relación como tal, descubrimos que todo puede ser signo de su presencia y que nuestra inquietud y búsqueda esta determinado, posibilitado y movido por esta presencia. Amengual concluirá diciendo, “Precisamente porque en último término el sentido lo descubrimos como siendo ya, aunque se dé en la fragmentariedad y provisionalidad, creo que se puede afirmar que “después de haber intentado dar un sentido al mundo, proclamando la muerte de Dios, el hombre hace la experiencia de que sin un sentido dado originariamente e independiente de él, ningún verdadero sentido es posible: el sentido es trascendente o no lo hay”. Para Vattimo, como veíamos anteriormente, la experiencia frente a lo trascendental, estará determinada por una disposición personal frente a lo Otro. Esta interpretación natural será interpretada –posteriormente- desde la tradición cristiana. Reconocerá así el carácter hermenéutico: de estructura interpretativa. La transmisión, la mediación, y quizás la caída misma del ser divino no remiten exclusivamente al anuncio, sino que son signos de la vida misma de Dios. Es esta herencia madurada de la tradición judeo-cristiana es la que posibilita el retorno y, por lo tanto, superación de la metafísica. Es decir, existe en nuestra experiencia frente a lo trascendental una condición natural de creaturas y una posibilidad de interpretación próxima y cotidiana mediante el proceso de abajamiento. Aquí es donde nos encontramos con la posibilidad de la divinidad adorada y amada. Es la vuelta hacia la experiencia religiosa originaria y su posibilidad de ser sobrepuesta, gracias al hecho de encarnación lo que nos faculta de una renovada concepción del ser trascendental, ser contingente y carente de cualquier tipo de objetivación. En definitiva, es el paso atrás conjugado con la encarnación, lo que nos sobrepone un nuevo pensar o hablar (filosofar) sobre dios. Que sigue siendo posible gracias a su encarnación. Esto hace que en la actualidad, frente a un contexto inseguro, atestado de maldad y culpa, el querer volver a lo religioso este mediado por un re-interpretación (o constante actualización) del mensaje evangélico, libre intenciones violentas y diseñadoras de verdad.

Personalmente creo que me resulta atractiva la tesis expuesta por Vattimo sobre el proceso de empequeñecimiento y abajamiento de lo divino. Esto debe estar mediado por el contexto actual en el cual –al igual que Vattimo- como creyentes y participantes de un credo específico, se nos exige una actualización y superación de conceptos catalogados como “verdades exclusivas y últimas”. Debo reconocer lo agradecido que estoy de poder descubrir propuestas que atañen específicamente al credo que practico. Y sobre todo, si la tesis, está enraizada en un análisis filosófico cultural, de decadencia y superación de todo tipo de armazón segura, violenta e invulnerable. Es sumamente complejo hacer este tipo de reflexión e interpretación fuera de lo real, parafraseando a un teólogo brasilero, Frei Betto, dirá que la cabeza piensa donde pisan los pies. Ahora y con respecto a esto último, me parece pobre que esto se configure exclusivamente desde una teoría judeo-crisitiana. Creo vislumbrar, ciertas concepciones de universalidad que vendrían exclusivamente de la experiencia judeo-cristiana. Me pregunto ¿Cómo se plantea un retorno hacia lo religioso desde un contexto contrario o distinto al cristianismo? La misma concepción kenótica del cristianismo es de abajamiento y empequeñecimiento. No sugiere esto una apertura a un diálogo con las experiencias religiosas orientales, por ejemplo. Creo en este sentido que la tesis juega en contra de las concepciones de abajamiento y apertura interpretativa, al plantear el retorno de lo religioso desde una forma exclusiva. Me pregunto ¿Qué entenderá Vattimo por lo religioso? si ¿No habrá algo anterior, como lo propuesto por Amengual, que estriba el sentido que le damos a nuestra existencia desde una concepción natural? Será posible hablar de una ontología del debilitamiento desde una cultura ajena a la cristiana? Y dentro de ésta misma esfera, ¿Cómo interpretaría Vattimo la resurrección de Jesús? ¿Será el retorno hacia lo santo? ¿No es sino la historia una especie de ciclo constante de aparición y desvanecimiento de lo divino? Creo entender que Vattimo realiza un buen ejercicio relacional entre el contexto de debilitamiento y el abajamiento judeo-cristiano, pero deja pendientes –a mi parecerun aspecto importantísimo. Respecto a nuestra facultad interpretativa, a la luz de la experiencia un documento cualquiera, en el caso de Vattimo, las escrituras. Me parece débil el como caracteriza el tema de la interpretación, que siento que en la actualidad es de gran importancia y el mismo Nietzsche lo habría diagnosticado. Me hubiese gustado que ahondase en el tema de la interpretación, que es al final de cuentas, una construcción de verdades.

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