TEMA 18 LA PINTURA MEDIEVAL ANDALUZA Pese a que en un conexto peninsular, las manifestaciones de la pintura medieval andaluza no son el brote

regional más importante, no debe desdeñarse una serie de aportaciones importantes, como se verá a continuación. Los trabajos de Boutelou, Sentenach, Gestoso a principios de siglo y, especialmente Mayer en 1911 y 1926 y la posterior obra monumental de Post: A history of Spanish painting publicada desde 1930. castejón y Santos gener en Córdoba y Angulo, Hernández Díaz, Valverde y, sobre todo Guerrero Lovillo y Nieto Cumplido. 18.1. LA ERA ALFONSÍ Es lógico que las primeras manifestaciones de la pintura gótica andaluza se dieran en el ámbito cortesano de Alfonso X el Sabio cuya lujosa corte se convertirá en el foco cultural más importante del momento. Este brote se caracteriza por el importante papel jugado por los miniaturistas dedicados a iluminar los libros que se escriben en el taller palatino. Conocemos los nombres de algunos de estos artistas y su correspondiente labor, como Pedro de Pamplona o Johan Pérez. Por algunas viñetas de la cantigas sabemos que también se practicaron otros tipos de pintura como la mural y la de caballete. De entre las obras con miniaturas de mayor interés se encuentran 1.- La Biblia (Biblioteca Capitular y Colombina) ilumninada por Pedro de Pamplona. 2.- Las Cantigas de Santa María (1265-1280), obra capital de la miniatura europea. (Biblioteca Nacional de Madrid, Biblioteca de El Escorial y Biblioteca Nacional de Florencia). El más intereante de todos es el "Códice Rico" de El Escorial con casi doscientas páginas iluminadas. Realizadas entre Toledo y Sevilla, muestran un vigoroso y expresivo lenguaje nunca empleado en nuestra pintura española. 3.- Otra obra de excepcional valor artístico es la Crónica General de España (1270-1284), escrita e iluminada en Sevilla (Biblioteca de El Escorial). Fue comenzada en época de Alfonso X y concluida en tiempos de Sancho IV. 4.- La obra de mayor interés para Anmdalucía es el Libro de los Juegos (Biblioteca de El Escorial) (1283) con 150 miniaturas que reflejan el ambiente de la ciudad durante aquellos años. No sólo se produjeron pinturas en el taller real sino que también otros edificios fueron decorados con pinturas murales. Lamentablemente son muy pocas las conservadas. Entre las más interesantes están las de Santa María de la Oliva en Lebrija y también algunas obras conservadas y documentadas en la Catedral de Córdoba. 18.2. LOS TECHOS DE LA ALHAMBRA. En una de las casas de los jardines del Partal hay un curioso conjunto de pinturas con escenas de cacerías y animales fantásticos que dejan claro por su cronología de época de Muhammad III que las prohibiciones coránicas en este terreno no se cumplieron a rajatabla. Pero además de éstas pinturas, el conjunto más espectacular es el de las tres bóvedas del Cuarto de los Leones. Son pinturas realizadas con un estilo muy lineal sobre una piel de carnero fijada a un entramado de madera que forma la bóveda. Ninguna explicación satisfactoria ha sido elaborada aún sobre este conjunto inexplicable de pinturas datables a mediados del siglo XIV que para unos son hechas por cristianos y para otros, por musulmanes. 18.3. LA PINTURA ITALIANA DEL SIGLO XIV La escuela andaluza de pintura se conoce lo suficiente como para diferenciar dos corrientes distintas que recorren los siglos XIV y XV aunque a veces se combinan en un mismo autor o en una misma obra. La influencia italiana se materializa en un conjunto de obras que dejan entender que duerante esta época debieron acudir a Andalucía occidental algunos pintores formados en las escuelas sienesa y florentina y en el rastro dejado en ellas por Giotto, Duccio, Simone Martini y los discípulos de todos ellos. Esta línea expresiva se centra de forma especial en la forma humana dejando en segundo término la representación de objetos y otros temas. El tono con que se representan las figuras es contemplativo, sereno, lírico e idealista. Esta corriente se extiende por Andalucía durante la segunda mitad del siglo XIV.

Una de las primeras muestras del arte de este período son las pinturas de la Capilla de Villaviciosa de la Catedral de Córdoba. Se han perdido casi completamente quedando tan sólo algunos fragmentos en el Museo Arqueológico de la ciudad. Son de una delicadeza extraordinaria y de un tono muy sienés. Otra obra cordobesa es la constituida por las tablas del antiguo retablo de la Virgen de la Leche de la Capilla de San Pedro de la catedral y que forman lo que Post denomina el "Políptico de Montemayor" por el nombre del adelantado que luchó contra Pedro I defendiendo Córdoba. Se compone de una tabla con la citada Virgen y dos tablas a cada lado con santos. Se fecha esta obra en el último tercio del siglo XIV. A estas mismas fechas corresponderían las pinturas del ábside de la iglesia de San Lorenzo de Córdoba. Representan temas de la Pasión y Resurrección de Cristo. Hay un tríptico de la antigua colección de la Duquesa de Parcent donde se representa a la Virgen con santos y santas. Pero el grupo de pinturas más denso en interés datable en este periodo lo tenemos en el entorno de Sevilla y sus tierras. Lo más notable de este foco es la serie de Vírgenes con el Niño entre las que destacan tres que, a pesar de sus múltiples restauraciones, datan aproximadamente de esta fase: La más importante de ellas es La Virgen de la Antigua, imagen que fue pintada en un muro de la antigua mezquita y traladada a su actual capilla con un complejo porcedimiento empleado en el siglo XVI. Fue la imagen de más devoción de la Sevilla medieval y postmedieval, la Santa María original a que se dedicó el templo principal. Su estilo es muy italianizante pero también con rasgos franceses como el aire elegante y aristocrático, la torsión compensada del cuerpo. La dulzura de expresión en los delicados rostros es, sin embargo, un rasgo de origen sienés. Esta mezcla ha llevado a algunos a considerarla como obra más tardía del Gótico Internacional. Su cronología, por ello, ha sido muy debatida aunque la mayor parte de los autores la fijan en el siglo XIV. De esta imagen serían realizadas durante la Edad Media y la Moderna múltiples copias que a pesar de los detalles contemporáneos, respetan los rasgos generales del modelo iconográfico del original. Parecidos rasgos se observan en la Virgen de Rocamador, en la parroquia sevillana de San Lorenzo que deriva iconográfica y estilísticamente de la de la Antigua. El origen francés de su advocación la datarían a fines del siglo XIII pero sus rasgos la sitúan más bien en el siglo XIV. La tercera de las imágenes de este grupo en la Virgen del Coral, situada en un muro latreral de la iglesia parroquial de San Ildefonso de Sevilla. Suele datarse entre 1375 y 1400 y los los autores coinciden en que es la más tardía de las tres. Otros inciden en el interés de los atributos iconográficos que muestran las dos figuras. A caballo entre los dos estilos podemos considerar la tabla de la Virgen de los Remedios que preside el trascoro de la Catedral de Sevilla. A un aire Internacional genérico suma esta obra una influencia muy notable sienesa perceptible de los rasgos de los rostros. Varios autores la datan a principios del siglo XV. Deben quedar aún muchas pinturas murales ocultas en los presbiterios de iglesias medievales por capas de pintura y por retablos y suelen aparecer cuando se hacen reconocimientos sistemáticos de estas partes de los edificios. Eso ocurrió hace unos años con el de la iglesia de Santa María de Sanlucar la Mayor que, aunque muy mal conservadas, son una muestra más del influjo del arte italiano sobre el estilo ecléctico andaluz a fines del siglo XIV. No obstante, el conjunto más interesante que reproduce una completa escena es el de la iglesia de Santa María en Arcos de la Frontera, conjunto de numerosoa figuras que forma la Coronación de la Virgen y en el se mezclan rasgos muy evidente del arte italiano del Trecento con detalles propios del arte mudéjar lo cual permite pensar que fue ejecutado por artistas locales que funden ambas tradiciones o por italianos que absorven rasgos locales al formar su estilo propio. La obra suele ser datada entre 1350 y 1450. 18.4. EL GÓTICO INTERNACIONAL DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XV Las primeras décadas del siglo XV conocen la convivencia del gótico italiano y de nuevas tendencias procedentes del norte que se conocen como Gótico Internacional, un estilo que mezcla factores de procedencia diversa, francesa, italiana y germánica. Esta nueva modalidad del Gótico, que recibe un gran impulso en la Corte de los Papas en Aviñón, se hace dominante hacia 1430 y es superada hacia 1460 por el Gótico hispanoflamenco. El estilo internacional se define por su dinamismo, su carácter narrativo y su minuciosidad descriptiva

tendente a dotar los ambientes representados de un aire de lujo y leyenda y de complejas escenografías en perspectivas urbanas. El gótico Internacional aparece en Andalucía en torno a 1400 según Gudiol y lo recibiría a través de Toledo. Está documentada la presencia en Svilla de Sansone Delli , hermano de Dello Delli, autor del retablo mayor de la Catedral de Salamanca. La primera obra firmada por un pintor sevillano es una tabla, resto de un retablo que el arzobispo Alonso de Fonseca envió al convento de las Ursulas de Salamanca. Está firmado "García Fernández pintor de Sevilla". El registro superior representa la Presentación en el Templo y el inferior a la Matanza de los Inocentes. Según Post, sólo la escena inferior sería de Fernández en tanto que la superior podría ser de un pintor de menor calidad. En cualquier caso, ambas escenas denotan la labor de un artista de modestos recursos. Atribuido al arte de Lorenzo de Monaco por Post, se conserva en el monasterio de Santa Clara de Moguer (Huelva) un díptico que representa respectivamente a Cristo atado a la Columna y a la Virgen con el Niño. Por el respaldo de las tablas aparecen diseños ornamentales mudéjares y el arco de herradura detrás de Cristo también indica que se trata sin duda de una pintura andaluza pese a las influencias externas. Una tabla en el Museo de Bellas Artes representando a la Virgen de la Antigua parece datar de esta misma época y es réplica de la original de la catedral. El pavimento de estrellas de alicatado que en ella aparece es una muestra más del carácter vernáculo de la obra. Las pinturas murales de la parroquia de San Nicolás de la Villa en Córdoba con las escenas de la Coronación de la Virgen y el Tránsito de María datarían, según Post, del segundo cuarto del siglo XV. Uno de los conjuntos más importantes de pintura de esta época es el de los murales del monasterio de San Isidoro del Campo donde se mezclan influencias italianas con motivos de raigambre mudéjar y detalles de tendencia francesa. Fue realizado entre 1431 y 1436 y financiado por el Conde de Niebla, Don Enrique de Guzmán. Varias partes del monasterio muestran pinturas murales: El Patio de los Evangelistas es una de ellas. Se alternan en él, paños de motivos geométricos con escenas figuradas como San Jerónimo dictando la regla a los monjes de su Orden, San Esteban, San Lorenzo, San Fabián, Santa Catalina etc. Al mismo maestro debe atribuirse la Santa Cena del refectorio del mismo monasterio. Según Angulo el autor de este conjunto sería el que él llama "maestro de los cipreses" y cuyo estilo identifica en unas miniaturas de libros de coro de la Catedral. Parece que este autor podría ser el mismo que aparece citado en los documentos como Pedro de Toledo. Un conjunto cordobés conectado con estas mismas características es el de la casa de la calle Velázquez Bosco formado por paños de lacería con escudos en su centro y personajes intercalados en los registros intermedios. A este mismo grupo pertenecerían los zócalos del patio mudéjar del monasterio de la Rábida y también los de la sala medieval hallada en el interior de la Casa-Palacio de Miguel de Mañara y los de la ermita de la Virgen del Aguila en Alcalá de Guadaira, fechados por Post en 1450. Post sugiere que esta importante influencia italiana en la pintura sevillana pudiera proceder de la mencionada presencia en la ciudad del artista florentino Sansón Delli. Uno de los pocos pintores cuyo nombre conocemos es Juan de Sevilla o "Joh(a)n(ne)s Hispalensis" que dejó en Castilla toda la producción que se le conoce aunque es de suponer debió formarse y trabajar en su tierra de origen. Gudiol piensa que sea el mismo que firma Juan de Peralta, autor de una tabla de San Andrés hoy en la colección Schmiz de Paris. Una posible obra juvenil podría ser el San Miguel en el Museo de Sevilla aunque su estilo es muy diferente a la obra firmada. Su obra más conocida es un tríptico en el Museo Lázaro Galdiano en que aparece la Virgen con el Niño rodeada de ángeles Musicos. De su producción castellana puede destacarse el retablo de Santa Catalina, para la Catedral de Sigüenza. 18.5. LOS MAESTROS HISPANOFLAMENCOS DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XV. El arte flamenco, gestado durante la primera mitad del siglo XV, llega a Andalucía hacia mediados del siglo y supone una renovación en la forma de pintar y en la forma de ver la realidad. Un primer cambio es el de la técnica generalizándose el empleo del óleo frente al temple. Ello supuso no sólo un aumento en la brillantez de los

colores del cuadro sino nuevas posibilidades de representar matices de la realidad que resultaban muy difíciles con la técnica anterior. Todo conduce hacia una representación más fiel de lo visible en cuanto a sombras, luces, detalles y sensaciones de volumen sin precedentes. Un perfeccionamiento en los sistemas perspectivos hechos gracias a las experiencias óptica de Flandes aumenta la credibilidad de los espacios y cuerpos representados en las obras. Surgirán dos focos fundamentales, Sevilla y Córdoba en la segunda mitad del siglo XV y que hacia 1460 terminan desbancando definitivamente al estilo internacional aunque en el nuevo estilo pervivirá la suavidad de los sienés que se mezclará con la nitidez de lo flamenco generándose un estilo más dulce que el hispanoflamenco castellano. Se conservan de este momento un número elevado de obras así como cierta información sobre el gremio de pintores y el establecimiento de ordenanzas. La definición de personalidades es, no obstante, bastante complicada por las similitudes de estilo y por la repetición de nombre y apellidos. Una de las obras de más interés es la conservada en el Museo Fitzwilliam de Cambrigde. Se trata de una Vía Sacra en la que aparece Cristo con la cruz y varios soldados. Esyá firmada por Antón y Diego Sánchez. Hay referencias de trabajos hechos por Antón y Diego Sánchez de Guadalupe para Málaga, llamados por el arzobiospo. Es posible que fuersen los mismos que firman conjuntamente la tabla de Cambridge. Sin ser una obra de extraordinaria calidad, es una de nuestras primeras firmadas y refleja la calidad discreta de los maestros medios de la ciudad. No obstante, el pinto más notable del periodo es Juan Sánchez de Castro, figura de un cierto relieve local, según se deduce de la documentación conocida. Lamentablemente han desaparecido varias obras que sólo conocemos por noticias como el retablo de Santa Lucía que había en la capilla de San José de la catedral de Sevilla; una Anunciación que hubo en el Patio de los Muertos de San Isidoro del Campo y que conoció Pacheco; un mural de San Cristobal que conoció Angulo y fue destruido en 1932 en la parroquia de San Julián fechado en 1484 con semejanzas con la tabla de este artista que se conserva en la catedral y que es hoy el único testimonio directo del quehacer de este pintor. Esta obra es la Virgen de Gracia flanqueada por San Pedro y San Jerónimo. En ella se mezclan los resgos hispanoflamencos con algunos sevillanos enraizados en los italiano. Se le atribuye también la tabla del Sueño de Jacob del Museo de Bellas Artes de Sevilla, considerada como una de las obras pictóricas españolas más cercanas al arte de Dirk Bouts. Otro de los conjuntos importantes vinculados al arte de Juan Sánchez de Castro es el de la ocho tablas procedentes de San Benito y depositadas en el Museo de Bellas Artes. Son obras de gran belleza, equilibradas, elegantes y de muy cuidada ejecución. Todos los personajes posan de pie sobre pavimentos de alicatado mudéjares. Más enigmática resulta la figura de Juan Sánchez II, descubierta por Gestoso, autor de una obra en la Catedral firmada "Juan Sanchez, pintor" que representa una Crucifixión. Debió tener un amplio número de seguidores de su estilo. Entre las obras de dicho círculo podemos citar una tabla de la Dormición de la Virgen de la colección Lacave y el Políptico de la Pasión procedente de Sanlúcar de Barrameda hoy en el Museo de Bellas Artes. Tal vez el pintor sevillano más influenciado por Van der Weyden sea Pedro Sánchez I, autor de un Entierro de Cristo hoy en el Museo de Budapest aunque su estilo es más duro que el del maestro flamenco. A Pedro Sánchez I ha sido atribuida la tabla de la Crucifixión hoy en el Museo Lázaro Galdiano, obra de un aire flamenco muy delicado. El último de los grandes pintores sevillanos del final de la Edad Media es Juan Núñez, artista documentado entre 1480 y 1501. Su única obra conocida es la Piedad conservada en la Catedral de Sevilla con ecos muy evidentes del arte de Van der Weyden. Uno de los últimos exponentes de la pintura hispanoflamenca en Sevilla ees un par de puertas datadas por Post hacia 1500 que se conservasn en el monasterio de Santa Clara de Moguer, obra de marcado sabor popular y de controvertida atribución. En la provincia de Huelva se conservan varias pinturas murales de cierto interés y que conducen a pensar en la posible existencia de un foco independiente de Sevilla aunque nqada hay seguro de esto. Uno de los conjuntos notables está en la iglesia del monasterio de Santa Clara de Moguer donde se ven un San Cristóbal, una Trinidad, una Alegoría de la Muerte, una Santa Úrsula. Otra iglesias con pinturas murales son San Antón de Trigueros, San Martín de Niebla, y el Monasterio de la Rábida. También el la Sierra de Huelva se conservan algunos conjuntos de pintura mural entre los que destaca la ermita de San Mamés de Aroche.

CÓRDOBA Ya se ha comentado que Córdoba es el otro gran foco de producción pictórica de Andalucía en la segunda mitad del siglo XV. Sobresale la figura de Bartolomé Bermejo que, lamentablemente realizó su labor fuera de Andalucía. Muy poco se conoce de su actividad en Córdoba aunque allí se le atribuyen varios discípulos como Pedro de Córdoba, Pedro Fernández, Antón Pérez y Alonso de Aguilar entre otros conocidos. Pedro de Córdoba, firma una tabla de la Anunciación que se conserva en la Catedral de esa ciudad, obra de enorme minuciosidad en que parecen mezclarse lo flamenco con lo francés y lo hispánico. Post atribuye al mismo maestro la tabla con San Nicolás de Bari en el Museo de Bellas Artes de Córdoba, ejecutada casi como un retrato con ricas telas y pedrerías. El otro gran pintor primitivo cordobés fue Pedro Fernández, figura importante del gremio al haber redactado sus ordenanzas. Sólo tiene una tabla firmada: el Nacimiento en la Colección Pickman, aunque se le atribuyen muchas. Finalmente hay que citar a Bartolomé Ruíz que es citado en documentos cordobeses entre 1480 y 1500 y que es autor de una Piedad conservada en el Museo de Lisboa. A estos finales del Gótico. A estos finales del Gótico debe pertenecer la Virgen con el Niño y ángeles o Coronación de María de la parroquia de la Asunción y Angeles de Cabra (Córdoba). Iconográficamente se acerca a modelos sevillanos aunque es técnicamente mucho más artificiosa que éstas con abundantes dorados en sus brocados y es notable la finura de los rostros. La zona de Andalucía oriental apenas posee obras pictóricas de este período a excepción de las donadas por los Reyes Católicos. Destaca entre éstas una tabla de la Piedad con los mismos reyes como donantes, hoy en la Catedral aunque procedente de San Juan de los Reyes. Aunque la obra de más calidad es otra tabla que la reina regaló a la ermita de Santas Ursula y Susana y que, donada por los padres escolapios, puede verse hoy en el Museo de Bellas Artes de Granada. Está firmada por Francisco Chacón, "inspector de pinturas del reino y pintor de la reina" que sigue la linea de Bermejo y Berruguete. 18.6. LOS RETABLOS TARDÍOS En diversos puntos de Andalucía se conservan actualmente una serie de retablos datables en el siglo XV, anónimos en su casi totalidad aunque algunos de ellos han sido atribuidos. Son obras de estructuras arquitectónicas góticas tardías y la mayor parte de ellos están completados con pinturas excepto el gran retablo mayor de la catedral de Sevilla. En Jaén se conservan varios. Uno en la iglesia de San Andrés de Baeza, procedente de Santa María de los Alcázares, con nueve tables. Algunos autores lo vinculan al círculo cordobés de Pedro Fernández. También en Jaén se conserva el retablo de la parroquia de Santa María en Arjona entre cuyos autores estaría Diego de Pareja. En la provincia de Córdoba, en la parroquia de San Bartolomé se conservan cuatro tablas de carácter algo popular de un retablo desmembrado. Otras tablas se conservan en la iglesia de la Asunción de Priego, dedicadas a la vida de Santiago. Finalmente, en Sevilla, se conservan obras de interés como el Políptico de Santo Tomás, en la capilla de San José de Santa María de Carmona. Según Post, es obra que recuerda a las maneras tardías de Juan Sánchez de Castro. Pero la obra de más calidad del ámbito sevillano es el retablo de Santa María de las Nieves en Alanís (Sevilla). Dedicado a la Vida de Cristo, se compone de trece grandes composiciones, inspiradas algunas de ellas en grabados de Schongauer. En su ejecución, no obstante, parece desitinguirse varias manos. La Transición al Renacimiento viene marcada por el retablo de San Bartolomé en la capilla de Santa ana de la Catedral de Sevilla, terminado en 1504.