TEMA 21 ARQUITECTURA DEL RENACIMIENTO EN ANDALUCÍA OCCIDENTAL La primera generación del siglo es una generación de dudas como toda

generación que vive una crisis. Los maestros de comienzos del siglo XVI son forzosamente eclécticos y han de plegarse a los gustos de la clientela variada que encarga las obras. El propio emperador una veces opta por el lenguaje romano y otras, por el moderno. Cuando en 1526 viaja a Sevilla pasa por Córdoba y critica al Cabildo que en la remodelación de la Mezquita-catedral pretende, según el, destruir lo "único e irrepetible en el mundo" para edificar lo que todos hacen en todas partes. Poco después, en Sevilla, impulsa en el mismo año la construcción de la obra renacentista del Ayuntamiento y él mismo promociona la construcción de su palacio junto a la Alhambra en 1527. En 1528 escribe alarmado al Cabildo de la Catedral de Granada que ha elegido el proyecto romano de Siloe. El artista visita al emperador y le convence finalmente de su proyecto no sabemos con qué argumentos. 21.1. DEL GÓTICO HUMANISTA A LAS MEDIDAS DEL ROMANO Las primeras obras renacentistas realizadas por artistas locales datan de la década de los años veinte del siglo XVI. Algunos autores se preguntan porqué en una ciudad abierta y cosmopolita como Sevilla tarda tanto en asimilarse el nuevo lenguaje. Una respuesta puede estar en que las primeras obras renacentistas que fueron vistas en Sevilla no fueron arquitecturas sino objetos suntuarios de importación que no se han conservado. Alonso Morgado, ya a mediados del siglo, comenta que se están haciendo en Sevilla las primeras casas abiertas a la calle y no como las antiguas herméticamente cerradas a ella. En 1510 el cardenal Don Diego Hurtado de Mendoza se entierra en el sepulcro que ha labrado para él Domenico Fancelli da Settignano en la Catedral de Sevilla. Fadrique Enriquez de Ribera Marqués de Tarifa, encarga en Génova sus sepulcros que coloca en la Cartuja de las Cuevas de Sevilla, realizados por Pace Gazzini y Antonio María di Aprile. Estas obras sirvieron seguro de inspiración a los escultores sevillanos. El banquero genovés Francesco Pinelli, prestamista de los Reyes Católicos para la Guerra de Granada y financió parte de las empresas de Cristóbal Colón, se hizo traer de Génova los mármoles para la construcción de su casa, probablemente la más antigua del estilo romano en Andalucía occidental: la llamda Casa de los Pinelo. Sobre las columnas de mármol genovés, una decoración de arcos con ornamentación renacentista ejecutada en un material de antigua tradición mudéjar, el yeso. La pugna entre lo viejo y lo nuevo es también patente en otro gran patio, el del Palacio de las Dueñas, mansión también de la familia Ribera en la que se ven mezclados rasgos romanos con rasgos góticos. Una tercera casa, la llamada tradicionalmente Casa de Pilatos, mandada construir también por la familia Ribera, mezcla mármoles traídos de Italia (columnas del patio y portada) con yesos decorados con motivos romanos y mudéjares de tradición nazarí y azulejos realizados según la tradición mudéjar local. Aunque la casa se comienza a fines del siglo XV en tiempos de Doña Catalina de Ribera, recibe un impulso importante en tiempos de don Fadrique Enriquez de Ribera quien peregrina a Tierra Santa en 1519 y encarga a sus paso por Génova numerosas obras de mármol en el taller de Antonio maría di Aprile. La gran portada se coloca en 1533. Por estos mismos años, otras familias importantes de Sevilla realizan en sus palacios operaciones de reforma similares a la de los Ribera y en tiempos del emperador se levanta el Pabellón de Carlos V, un cenador de jardín situado en medio de un naranjal y que la ciudad ofrece al Emperador con motivo de sus esponsales celebrados en el mismo edificio. Su autor es un tal Juan Hernández, hijo de un mudéjar que imprime un aire musulmán a un edificio en el que los detalles y las proporciones son renacentistas. El cenador marca un hito en el Renacimiento andaluz en una definición de un marcado acento sevillano. Ya en tiempos de Felipe II se emprenden obras similares en el Real Alcázar de la ciudad. Hacia 1561 se renuevan los mármoles del patio, se modifican algunas yeserías y se construye la galería alta del patio con balaustrada. La publicación del libro de Diego de Sagredo: Medidas del Romano (Toledo, 1526) marca un hito en la asimilación de las novedades renacentistas. A diferencia de la arquitectura civil en que no conocemos nombres de arquitectos, en la arquitectura religiosa sabemos de la actuación de varios cuyos nombres han quedado asociados a los edificios más importantes. En el mundo de fines del Gótico son Enrique Egas, Juan Gil de Hontañón y Alonso Rodríguez los maestros que, asociados a los círculos de poder político y eclesiástico, acaparan los cargos más importantes y

son los responsables de los edificios más relevantes. Alonso Rodríguez, no sólo se encarga de las obras de la Catedral sino que proyecta iglesias del Arzobispado de Sevilla en que se percibe el cambio del estilo: Santiago de Alcalá de Guadaira y Santa María de Carmona. Iglesias construidas en esta fase y ambiente son Santa María de Arcos de la Frontera, San Miguel de Jerez, Santa María Coronada de Medina Sidonia o la parroquial de la Asunción de Aroche (Huelva), o las iglesias conventuales de Santa Paula en Sevilla, San Jerónimo de Valparaiso o Santa Marta en Córdoba. Los dos maestros importantes de este período de transición son Hernán Ruiz el Viejo y Diego de Riaño. Ellos fueron los encargados de introducir la arquitectura de Andalucía Occidental en el llamado por algunos autores Gótico Humanista. Hernán Ruiz el Viejo (1475-1547) fue un cordobés nacido en una familia de constructores góticos que debió acceder a otras fuentes de información que le permitieran adentrarse en el nuevo lenguaje. Sus primeras obras son conclusiones de obras ya iniciadas. Son los casos de la portada e iglesia del monasterio de San Jerónimo de Valparaiso (ca. 1510) o la iglesia también jerónima del monasterio de Santa Marta en Córdoba. Otras obras suyas de enorme interés son el Hospital de San Sebastián (1513-1516) Otro edificio de la época vinculable a su labor es el Hospital de la Caridad, en el Potro, actual Museo de Bellas Artes. Todos estos edificios tiene numerosos rasgos y elementos de l lenguaje gótico y también del Mudéjar. Otro edificio encuadrable en el mismo ambiente es el Palacio de los Paez de Castillejo contratado por Hernán en 1538. En 1523 Hernán Ruiz el Viejo pondría los cimientos de su obra para el coro y la capilla mayor de la catedral de Córdoba, obra que no se acaba hasta 1600 después de una apasionante historia aún pendiente de ser desmenuzada en detalle. Los problemas causados al culto cristiano por un edificio musulmán fueron siempre el inconveniente para su nuevo uso. El primer cambio lo introdujo el obispo Don Iñigo Manrrique construyendo en 1489 la Capilla de Villaviciosa y dándole el uso de capilla mayor. A continuación , en el siglo XVI fueron las actuaciones de Hernán Ruiz las que produjeron los cambios fundamentales en tres etapas sucesivas. La primera fue de 1505 a 1514 y afectó al exterior del edificio. Se construyen entonces las Puerta de San Miguel, Puerta de Palacio y Postigo de la Leche. Más tarde de reconstruye todo el perímetro de las arcadas del patio (1510-16). La segunda de 1514 a 1523 en que se construyen las dependencias del Cabildo, hoy perdidas en parte. Se levantaron en la zona sur de Almanzor y sujetas a la estructura modular de esta zona del edificio. En ellas ensaya Ruiz los tipos de bóvedas de luego usa en el coro y capilla mayor. La tercera etapa, de 1523 a 1547, estuvo dedicada a levantar la nueva capilla mayor y el coro. La operación se emprende en plena Guerra de los Comuneros. El rey da permiso al Cabildo catedralicio para iniciar la obra a pesar de la oposición de los nobles locales integrados en el Cabildo Municipal. Cuando el Emperador pasa por Córdoba se arrepiente de haber dado permiso. El efecto fue que la Ciudad se sintió respaldada por el Emperador y comienza a colaborar aportando dinero para la obra que así puede terminarse. No hubo debate artístico sino enfrentamiento político. Fray Juan Alvarez de Toledo, hijo del Duque de Alba, fue el Obispo que impulsó el proyecto que Ruiz plantea en proporción sesquialtera, la recomendada por Rodrigo Gil en su tratado de tradición medieval. El planteamiento inicial es Gótico y hacia 1530 se produce un cambio que arroja como resultado los alzados del templo en lo que afecta por debajo de la cornisa que recorre todo el edificio. A partir de 1545 Hernán Ruiz el joven se asocia a la tarea de su padre. El Obispo Leopoldo de Austria (1541-1557), tío del Emperador Carlos es el que corresponde a la etapa de Hernán Ruiz II que eleva los muros de la cabecera y los brazos de los que también cierra sus bóvedas hacia 1569. Hernán Ruiz III continua las obras mucho más lentas y, finalmente, Juan de Ochoa cierra hacia 1600 el testero de los pies en un ejercicio de clasicismo de enorme elegancia. Varios ejemplos de arquitectura civil cordobesa acompañan estas obras. Destacan las portadas como la casa de Rodrígo Méndez de Sotomayor (1551) o las portadas de las iglesias de Santa María de Baena o San Bartolomé de Montoro. En Sevilla, el arquitecto fundamental de esta primera etapa es Diego de Riaño. Es una figura controvertida ya que se le atribuyen y se le documentan obras de sabor muy dispar. Procedía de la región cántabra, como otros muchos canteros. Se conoce de su actuación en Valladolid en la Iglesia Colegial junto a Juan Gil y Juan de Alava. Cuando en 1526 el emperador se encuentra en Sevilla para sus bodas comenta que el edificio del Cabildo Municipal no corresponde a la grandeza de la ciudad. Se manda llamar a Diego de Riaño para que de las trazas

del nuevo edificio y así lo hace. Su tarea entre esta fecha y 1534 en que fallece, se desarrolla entre Sevilla y Valladolid. El edificio, con una articulación total muy distinta a la actual por la desaparición del convento de San Francisco y la modificación del Ayuntamiento en el siglo XIX, consta de varias partes articuladas de forma algo extraña. La parte más antigua es la izquierda y se compone de un bloque prismático de esquema simétrico y decoración delicadísima de fuerte sabor italiano lombardo. El bloque de la izquierda coincidente con el arco de entrada al convento de San Francisco parece obra algo posterior, tiene estructura de arco de triunfo y se le hicieron reformas en la parte superior en el siglo XIX. Las obras fueron concluidas por el aparejador Juan Sánchez aunque muy probablemente según las trazas de Riaño. En el interior se atribuye a Riaño la planta baja en la que aparecen la bóveda del apeadero, de fuerte sabor tardo gótico y la de la escalera, obra verdaderamente primorosa que ha sido alabada por todos los críticos como una de las más bellas cúpulas de España. La parte izquierda se hizo con proyecto de Riaño en su planta baja, dedicada a Juzgado de Fieles Ejecutores y con proyecto de Hernán Ruiz en su planta superior, destinada a Archivo y Contaduría. Un nutrido grupo de tallistas españoles y franceses realizaron el programa iconográfico dirigida por un lado, a presentar el Ayuntamiento como Templo de la Justicia para los ciudadanos y, por otro, al Emperador en su genealogía de reyes españoles y sus paralelos clásicos en la figura de Hércules. Pero si importante es la obra de Riaño en el Ayuntamiento, no lo es menos su labor para el cabildo de la catedral. En ella interviene realizando varias partes de interés. Por un lado, hace las Capilla de los alabastros dedicadas a la Virgen de la Estrella y a San Gregorio respectivamente, obra que realiza hacia 1528 siendo talladas por Nicolás de León. El mismo año da las trazas para la Sacristía de los Cálices, dependencia resuelta en estilo moderno que proyectó Riaño y dirigió su ejecución hasta que fallece en 1534 dejándola por cubrir. La concluyó su aparejador Martín de Gaínza siguiendo sus trazas. El Cabildo obliga al arquitecto a dar trazas de todas las dependencias; es decir, Sacristía Mayor, Sacristía de los Cálices y Sala Capitular. La parte en que se concentran sus esfuerzos es la Sacristía Mayor, obra verdaderamente espectacular por su complejidad estructural, atrevimiento en diseño y por la prolijidad de su programa iconográfico. Es el primer espacio cubierto por cúpula sobre pechinas y linterna de nuestro Renacimiento Español mucho más madura que el único precedente que pudo tener: la Sacristía de Jacopo Florentino (1521) y la Capilla Junterón de Jerónimo Quijano en la Catedral de Murcia (1526). Aunque está concebida para Sacristía, su estructura está ideada como Capilla y, de hecho, tuvo su altar de las Reliquias e incluso su bóveda ovoidea de presbiterio. El rico programa iconográfico ideado por el cultísimo canónigo Pedro Pinelo, estuviese relacionado con la función de relicario que se le asignó. Está dedicado a la Fe, probablemente como respuesta a la reacción protestante. Cuando fallece Riaño la obra está por las cornisas y se llama a distintos artistas para que se encarguen de su terminación pero ante la negativa de todos, se nombra a Gainza que, al menos, conocía bien la obra. También se ha pensado a veces que Riaño esté detrás de la construcción de la Iglesia Colegial de Osuna, promovida por don Juan Téllez Girón, IV Conde de Ureña. L iglesia se hace entre 1531 y 1539. Su Puerta del Sol se fecha en 1535 y aunque se atribuye también a un anónimo italiano, sus formas no son ajenas a la obra conocida de Riaño. Completan el conjunto el pequeño claustro plateresco, algo posterior, el panteón familiar y la Capilla del Sepulcro. Se conoce también la actuación de Riaño en otros muchos edificios para los que pudo dar trazas como la cartuja de Jerez de la Frontera (1533), y las iglesias de Aracena, Arcos, Aroche, Aznalcóllar, Carmona, Chipiona y Encinasola.

21.2. LA GENERACIÓN DE HERNÁN RUIZ EL JOVEN Entre 1540 y 1560 se desarrolla una nueva fase de nuestro Renacimiento caracterizada por el protagonismo de los elementos tectónicos en detrimento de las decoraciones platerescas. En esta fase destaca fuertemente una figura entre todas: Hernán Ruiz II, cuya vida activa va de 1530 a 1569. Es el período de la asimilación total de los tratados clásicos y renacentistas como Vitrubio, Serlio, Vignola y Palladio que ahora se traducen al castellano. Incluso algunos de nuestros arquitectos emprenden la redacción de sus propios tratados como el del mismo Hernán Ruiz II. En Sevilla los sucesores de Diego de Riaño como Juan Sánchez y, sobre todo, Martín de Gaínza ocupan varios años de actividad antes de Hernán Ruíz. De Gaínza se conservan como obras especialmente importantes

la Capilla Real de la Catedral de Sevilla obra para la que da trazas definitivas en 1547 comenzándose las obras en 1551. Es un espacio cúbico al que se le adosan dos capillas con tribunas laterales y que se remata por alta cúpula sobre pechinas y con linterna. Gaínza sigue en toda la composición la proporción dupla de origen medieval. El presbiterio es de planta semicircular y se remata con cuarto de esfera. Los muros se estructuran con los mayores balaustres de Renacimiento español. En 1545 Gaínza recibe el encargo del Hospital de las Cinco Llagas o de la Sangre, el edificio más grande de nuestro Renacimiento español salvo El Escorial. Promovido por Catalina de Ribera y Fadrique Enriquez, se planteó según el modelo del Ospedale Maggiore de Milán de Filarete de 1456. Es un cuadrado subdividido en varios patios que dejan la iglesia en el centro. Cuatro torres flanquearían el conjunto y los huecos se distribuyen rítmicamente en ambas plantas. Los superiores van enmarcados por balaustres y se rematan en un frontón. Toda la fachada se estructura con un orden apilastrado en planta baja y de semicolumnas jónicas en planta alta. Pero la figura esencial de esta fase clásica del Renacimiento de Andalucía Occidental es Hernán Ruíz II (1508-1569). Es una artista que vivió un período privilegiado y supo extraerle todo su fruto. Se conjugan en su obra la oportunidad, su capacidad para sintetizar y su desmedida ambición profesional. Es probable que conociera a todos los grandes arquitectos y escultores de su momento. Acaparó numerosos cargos en Córdoba, su tierra de origen y en Sevilla, su tierra de adopción. Su actividad se extiende por el amplio territorio que se controlaba desde estas dos ciudades. Su obra es a veces ecléctica pero siempre perfectamente informada de los avances del arte italiano. Fue hombre culto y conocemos su nutrida biblioteca. Fue un buen ingeniero y así se conservan varias intervenciones suyas de esta índole como el Puente de Córdoba, el proyectado y no construido para Sevilla y del monumental de Benamejí en 1556. En 1530 se le nombra arquitecto del Municipio de Córdoba (1530-39). En 1535 viaja a Sevilla por primera vez. En 1545 concursa sin ganar en el Hospital de las Cinco Llagas y en el mismo año se le nombra Maestro Mayor de la Catedral de Córdoba y de su Obispado, adjunto a su padre y de derecho cuando este fallece en 1547. Finalmente en 1557 obtiene el puesto de Maestro mayor de la Catedral de Sevilla en el reñido concurso en que participan los más importantes arquitectos andaluces del momento. En 1558 también se hace Maestro Mayor del Hospital de las Cinco Llagas. En 1560 logra ser Maestro Mayor del Ayuntamiento de Sevilla y en 1562 se le encargan las iglesias de su Arzobispado. De su extensa producción, estudiada por Antonio de la Banda y por Alfredo Morales, sólo destacaremos algunas obras de especial importancia agrupadas temáticamente en tres apartados: las portadas, los remates de torres y los espacios de nueva planta. Respecto de las portadas, en manos de Hernán Ruiz se convierten en ejercicios autónomos en los que estudio su autor las posibles variables que permite la versatilidad del lenguaje clásico romano aunque introduciéndole multitud de matices y soluciones poco ortodoxas según los órdenes canónicos. La primera vez que Ruiz se enfrenta a este tema es en la conclusión de la portada del palacio de Luis Páez de Castillejo (1540) en Córdoba. Con ella inaugura su costumbre de hacer adinteladas las portadas civiles reservando el arco de medio punto para las de edificios religiosos. Hace un orden pareado a cada lado rematado en frontón recto y en el centro, un frontón semicircular mayor. Esta fórmula la empleará más adelante en otras portadas. Dos años después traza la portada de la iglesia de San Pedro de Córdoba (1542) donde ya aplica un criterio muy distinto en un diseño mucho más depurado, despojado de decoración figurativa y en una línea que seguirá durante toda su obra. Es decir, hacia este año demuestra poseer ya una madurez de estilo propio que sorprende por el carácter temprano de este purismo. El rasgo más sorprendente es el serlianismo del cuerpo alto. Curiosamente en 1560 vuelve de nuevo sobre el estilo más ornamental en la portada de la casa de los Villalones en Córdoba, tal vez por haberle seducido el Ayuntamiento de Sevilla del que en ese año se hace maestro mayor. El valor de esta obra no sólo reside en la portada sino en la concepción de toda la fachada. En el mismo año 1560 realiza Ruíz una de sus más bellas portadas en la iglesia del Hospital de las Cinco Llagas. Es una arquitectura que cobija a otra arquitectura en un esquema que pudo tener precedentes italianos pero también españoles en la portada que Juan de Alava hace la para la catedral de Plasencia. Otra portada de enorme interés es la de la iglesia de San Juan Bautista de Hinojosa del Duque, concluida en 1571. Resulta curiosa la semejanza de composición con la Puerta del Perdón de Siloe para la catedral de Granada y con la de El Salvador de Ubeda de Vandelvira.

De esta década de los sesenta son las portadas ,más conocidas que suelen rematarse con el típico frontón de triple inflexión que emplea también en la Giralda. Entre ellas están la de la parroquia de las Virtudes de Villamartín (1562-65) o la de Santa catalina en la mezquita catedral (1565). Otra notable es la de la iglesia de la Compañía de Sevilla (1565) o de hoy desmontada del convento de San Agustín. Las torres son otro de los ejercicios en que Ruíz demuestra su gran capacidad para experimentar tanto con la valentía de las estructuras como con las fórmulas diferentes que da todos los campanarios que proyecta. Destacan la de Pedroche en la Sierra de Córdoba, la de la parroquia de San Lorenzo, también cordobesa y la de la Torre de la Catedral de Sevilla. En la primera de ellas Hernán Ruiz experimenta superponiendo cuerpos prismáticos de planta cuadrada, octogonal, cuadrada girada y circular, empleando un lenguaje tan sobrio que queda despojado de adornos y concentra la vista en el puro juego geométrico de las formas puras perfectamente macladas como cristales naturales. El campanario de San Lorenzo es un ejercicio similar en el que emplea, no obstante, un lenguaje más jugoso de elementos clásicos y el ejercicio más atrevido y original será el del remate de la Torre musulmana de la antigua mezquita de Sevilla (1558-68). En ella emplea piedra, ladrillo y cerámica en juego muy novedoso después transformado por policromías y dorados hoy perdidos. En cuanto a los espacios, Ruiz se estrena con la capilla bautismal de San Nicolás en Córdoba (15401559), obra en que se perciben influencias de Siloe y Riaño. También se perciben acentos de Siloe en la parte que Ruíz realiza en la Catedral de Córdoba, concretamente en los fondos del crucero y cabecera donde emplea esquemas de serlianas y atlantes. Una de sus obras más curiosas y eclécticas es la capilla del Espíritu Santo patrocinada por los hermanos Simancas, todo un ejercicio de catálogo de formas arcaicas y modernas con un sentido decorativistas, no obstante, de un geometrismo muy distante de las obras paternas. En la catedral sevillana su primera misión es cubrir la Capilla Real, en cuyo exterior se perciben sus formas secas y austeras semejantes a las empleadas en Pedroche. Esta experiencia en un espacio centrado y cupulado la repite después con lenguaje más personal en las sacristías de Lebrija (1568) y San Miguel de Jerez. Uno de sus espacios más sorprendentes y novedosos es la Sala Capitular de la Catedral (1558), con planta elíptica, zócalo, orden jónicos limitando relieves de historias bíblicas. Obra, en suma, de un nivel de calidad semejante a las más vanguardistas experiencias italianas. Completan esta zona el Antecabildo y el Patio del Mariscal. Su templo más interesante es la iglesia del Hospital de las Cinco Llagas (1558), uno de los más exquisitos y logrados del Renacimiento español aunque sus cubiertas, que conocemos por los dibujos que incluyó de este edifico en su tratado, no se correspondan con las originalmente trazadas por Ruíz. Un templo de interés es la iglesia parroquial de Santaella (1559) así como la iglesia del convento de Santo Domingo de Sanlucar de Barrameda atribuida a Ruíz. Pero tal vez su templo más depurado sea el de la Compañía de Jesús en Sevilla (1565-1579), obra probablemente proyectada por Ruíz aunque también se asocia a ella el nombre de Bartolomé de Bustamente. Iglesias similares son el Colegio de Santa Catalina de Córdoba (1564-89) y el Colegio de la Encarnación de Marchena (1556-1588). 21.3. LOS MANIERISTAS Dado su radio de acción en toda Andalucía occidental y el acaparamiento de cargos, la muerte de Hernán Ruíz II crea una auténtica crisis en la actividad constructiva en toda esa zona por la repentina necesidad de sustituirle en sus tareas. Las tres últimas décadas del siglo XVI e incluso las dos primeras del XVII conocerán un período de actividad económica pujante y sólo a partir de 1625 decaerá efectivamente la construcción. Durante todo este período la actividad arquitectónica será desarrollada en las provincias andaluzas por dos generaciones de arquitectos cuya actividad puede ser encuadrada en tres líneas de trabajo de naturaleza artística diferente. 21.3.1 TRADICIÓN TARDORENACENTISTA DE CANTEROS

Por un lado tendríamos la prolongación de una arquitectura tardorenacentista ejercida por canteros. Esta pervivencia de la línea de trabajo de la generación precedente se debe al auge con que en algunos centros artísticos andaluces se mantienen la fuerte tradición de arquitectura en piedra que había protagonizado el período anterior en que grandes canteros, venidos del norte, emprenden la construcción de grande edificios de piedra que tardan en completarse varias décadas. Andrés de Vandelvira en el Alto valle del Guadalquivir, Diego de Siloe en Granada y Hernán Ruiz II en Córdoba y Sevilla serán la gran trilogía que protagoniza el brillante período anterior. Los numerosos herederos de esta línea seguirán trabajando en Andalucía y su arquitectura, más conservadora que la de sus antecesores, permitirá mantener esta tradición durante las últimas décadas del Siglo XVI. Francisco del Castillo (1527-86) es el mayor de esta generación aunque su actualizado arte lo vincula más a los herederos que a su propia generación. Las obras de Priego de Córdoba son de los mejor de su labor más tardía. El Pósito y las Carnicerías Reales, la Fuente de la Salud (1586-88) y el desaparecido edificio de la Audiencia y Cárcel (1600). Hernán Ruiz III (1534-1606), hijo de su homónimo II es una de las figuras de mayor interés. Una vida personal y profesional bastante agitada no impidió una labor artística de cierto interés. Como maestro mayor de la Mezquita-Catedral de Córdoba realiza el remate de la torre aunque debe aceptar la intervención de Asencio de Maeda. Tras la visita a Córdoba de Felipe II, se le encarga el proyecto de la Puerta del Puente (1573-77) donde emplea un modelo de arco de triunfo de un clasicismo más radical que el lenguaje que su padre había empleado en las Puertas de Sevilla. En Ecija realizó dos obras en que fue ayudado por sus hermanos constructores, las Carnicerías (1572) y el edificio del Arca Real del Agua (1583), obras en las que se acerca más a ejercicios de su padre en las puertas de Sevilla. La de las Carnicerías recuerdan a la de la Macarena en el remate y la del Arca Real del Agua a la lámina 33 de Vignola. Ruíz viajó por toda Andalucía occidental dando informes y opiniones que no se materializaron en muchos casos. Juan de Ochoa (1554.1606), discípulo suyo, fue su más firme oponente. Trabajó en el replanteo de cimientos de la Casa Lonja de Sevilla (1583) y poco después realiza la iglesia del convento de Santa Isabel de los Angeles, patronato de los Villaseca (1583-87). Se le atribuye el Palacio de Viana, obra de originales soluciones en su patio y de portada muy vingnolesca. En la plaza de la Corredera hizo la Casa y Cárcel del Corregidor (1586) y poco después realiza el campanario de la iglesia de Hinojosa del Duque en que había intervenido su padre. Pero la obra de más envergadura y responsabilidad de Ochoa fue su intervención en la catedral de Córdoba (1599-1600). El testero, con uno de los diseños arquitectónicos más finos del Protobarroco andaluz, es una obra trazada por él en tanto que la obra de las bóvedas con una labor ornamental muy profusa debe ser el resultado de su trabajo en colaboración con otros ornamentistas entre los que algunos quieren ver la obra del canónigo racionero de la Catedral Pablo de Céspedes y otros la obra de Cesare Arbasía. El trazado de la cúpula oval del Crucero entronca con la de la Sala capitular de la Catedral de Sevilla, obra, al parecer, de Hernán Ruiz II aunque aquí la más intensa ornamentación de yeso imprime un carácter más avanzado al conjunto. Andrés de Ribera, ha pasado a la historia gracias a la portada exterior del Monasterio cartujo de Santa María de la Defensión en Jerez de la Frontera, obra en la que denota un influencia muy directa de Hernán Ruiz II. Pedro Díaz de Palacios, fue el heredero de Ruiz II en la Catedral de Sevilla y en el Arzobispado aunque su problemática labor no se materializó en demasiados edificios. Entre ellos parece sólo poderse identificar como obra suya la torre de la iglesia parroquial de Constantina en la que realiza un ejercicio de clasicismo bastante anodino. En las tareas como maestro mayor de la ciudad Ruiz II es sustituido por el italiano Benvenuto Tortello, arquitecto traído de Italia por el Marqués de tarifa, Per Afán de Ribera para el que también trabajaría en la casa de Pilatos y en su palacio de Bornos donde deja una interesante Galería para el fondo del jardín. De su labor para el cabildo municipal tan sólo queda el escudo de la institución que parece proyectar y colocar sobre el Postigo del Aceite. Asencio de Maeda, hombre de firme formación junto a su padre Juan de Maeda y a las órdenes de Diego de Siloe en Granada, fue un hombre que desempeñó una importante labor, no sólo acabando obras iniciada por sus antecesores (Sala Capitular de la Catedral; Antecabildo y Contaduría) añadiendo tan sólo algunos detalles

suyos, sino en alguna obra exclusiva suya como las portadas laterales de la capilla de la Antigua. Lamentablemente, gran parte de su labor realizada para el Arzobispado y para la ciudad no se ha conservado. Adentrándose en el siglo XVII tenemos la importante figura de Alonso de Vandelvira, hijo de Andrés y que, formado en Jaén junto a su padre, pasó luego a trabajar en Sevilla y más tarde en Cádiz para las obras del rey y Sanlucar de Barrameda para las del Duque de Medina Sidonia. Su obra fluctúa entre el clasicismo jugoso del renacimiento de Ubeda y Baeza conocido a través de su padre y las influencias geometrizantes de la obra herreriana que conoció. Ambas líneas se mezclan en sus obras como la iglesia del convento de Santa Isabel de Sevilla (1602) o la iglesia de la Caridad de Sanlúcar de Barrameda (1609-1612). 21.3.2. TRADICIÓN MANIERISTA Y PURISTA Contemporánea a esta primera tendencia, se desarrolla otra menos autóctona por proceder de la Corte y que pretende extender por Andalucía la arquitectura oficial promovida por Felipe II y su arquitecto Juan de Herrera. Es la línea que denominamos escurialense en atención al edificio que mejor la representó. Son muy escasos los construidos en Andalucía siguiendo esta tendencia ya que la presión de la Corte en el Sur en este terreno se vio entorpecida por una pujante tradición arraigada de otro signo. El único edificio encuadrable en este línea es la Casa Lonja aunque su larga historia dio pie a que en sus últimas etapas el proyecto de Juan de Herrera se viera reinterpretado en clave local traicionando la austeridad inicial del edificio. Uno de los arquitectos venido a Sevilla para ejecutar la Lonja, Juan de Minjares será de los pocos representantes locales de esta arquitectura que no dejó demasiadas muestras ya que no son numerosos las obras conservadas de Minjares. El otro representante de esta tendencia sería Vermondo Resta, arquitecto milanés de nacimiento, formado en la albañilería aunque familiarizado con el lenguaje de Vignola. Su trabajo junto al cantero Asencio de Maeda y su vinculación personal al arzobispo Don Rodrigo de Castro y al Conde Duque de Olivares le conectaron con la tradición andaluza y también con la arquitectura e la Corte de Madrid donde acompañó al Prelado. No obstante, su obra hecha habitualmente en ladrillo dulcifica notablemente el geometrizado lenguaje de Herrera. Su iglesia del convento de San José de las Teresas (1602) es una muestra de este purismo así como su sacristía y portada de los pies para la iglesia de San Pedro (1606) su Apeadero del Real Alcázar (1607) o la fachada de la iglesia parroquial de La Campana, todas en Sevilla. Sus trabajos para los jardines del palacio, especialmente el Jardín de las Damas y la Fuente de Grutescos (1612-24) es una muestra de su conocimiento del arquitectura vignolesca y de corte florentino. 21.3.3. TRADICIÓN MANIERISTA DECORATIVA Esta línea vignolesca amante de los ordenes rústicos estará también presente en la última línea de trabajo de los arquitectos andaluces de fines del siglo XVI y principios del XVII. Esta tercera tendencia que pasará a llamarse a veces Protobarroca es la más avanzada y la llamada a ser el punto de partida de la posterior arquitectura barroca de la segunda mitad del siglo XVII. Aquí adquiere una especial relevancia el trabajo no de los arquitectos canteros de la primera línea o de los arquitectos geómetras de la segunda y de los arquitectos-artistas, especialmente escultores y pintores que se desenvuelven bien en el ámbito de la arquitectura ya que aventajan a los canteros y albañiles en el arte del dibujo. A fines del siglo XVI e inicios del XVII la formación de los pintores y, sobre todo, de los escultores que hacen retablos, incluye un conocimiento extenso y profundo del lenguaje arquitectónico que frecuentemente tienen que incluir en sus cuadros, relieves y retablos. Esta familiaridad los convierte en magníficos diseñadores e inventores de arquitecturas que, habitualmente son más imaginativas y proporcionadas que las diseñadas por los canteros En esta línea se inscriben no sólo todas las arquitecturas diseñadas por arquitectos-ensambladores de retablos como gran parte de los edificios que se construyen entre 1590 y 1625. La crisis económica que va afectando a las empresas constructiva favorecen un cambio de materiales esencial abandonándose las bóvedas de piedra y sustityéndolas por las llamadas "de tabicado" hechas de ladrillo y decoradas a veces con esquemas geométricos muy simple de corte escurialense pero en otros muchos casos con jugosas y pletóricas ornamentaciones de cartelas, flores, frutos y figuras talladas en yeso. Esta recuperación del yeso tallado supondrá a la larga la eclosión de las ornamentaciones de los interiores de los templos. Será

simultánea la proliferación de cubiertas ligeras de madera realizadas según la tradición mudéjar que convienen especialmente por el bajo costo y los escasos problemas tectónicos que ocasiona su ligera estructura colocada sobre muros e ladrillo. Por otra parte, durante este período es la arquitectura hecha para conventos y monasterios la que ocupa la atención de los arquitectos ya que las catedrales y las parroquias sólo terminan, cuando pueden, las obras iniciadas en las décadas anteriores. Entre los arquitectos que destacan en esta línea podemos citar a Juan de Oviedo y de la Bandera (15651625). Suyos serían los proyectos para el convento de la Merced de Sevilla (1602-12), la iglesia del convento de San Benito de Calatrava (1610-12) o la decoración interior y porche de la iglesia del Convento de Santa Clara (1620-22). Una de sus obras más notables sería el proyecto para el Túmulo para las Exequias por la muerte de Felipe II (1598), obra en que influido por la obra de El Escorial depura su lenguaje asimilándolo al que gustaba al monarca. El otro arquitecto de renombre de Sevilla será Diego López Bueno (1565-1632), hombre formado en la escultura y el retablo de madera que ocupa los cargos del Arzobispado y los Reales Alcázares dejando numerosas muestras de una arquitectura de no demasiados vuelos intelectuales pero de un enorme valor testimonial de una época. Entre sus obras arquitectónicas destacan la iglesia del Colegio franciscano de San Buenaventura, la iglesia parroquial de Cantillana o la reforma del presbiterio de la iglesia parroquial de San Lorenzo, todas en Sevilla.