TEMA 22

LA ESCULTURA EN ANDALUCÍA EN EL SIGLO XVI

22.1. CONCEPTOS INTRODUCTORIOS Andalucía, zona fuertemente romanizada y, por tanto, bien predispuesta a asimilar de nuevo las formas clásicas. Andalucía, zona abierta, y, por tanto, predispuesta a novedades. Andalucía, y la vigencia de tres estilos: Gótico, Renacimiento y Manierismo, además de la constante Mudéjar. Influencias de Lombardía, Florencia, Flandes y Francia.

EL CONCEPTO DE ESCUELA El conocimiento de los autores, las obras y las ideas entorno a este fenómeno son todavía insuficientes y se encuentran en un estadío demasiado embrionario para extraer conclusiones. Son todavía numerosas las obras que plantean problemas de autoría e incluso de cronología. Realmente no puede hablarse de Escuela Andaluza hasta el último tercio del siglo. Los dos primeros tercios serían de ensayos, balbuceos y, sobre todo, años demasiado convulsos como para que precipitaran en una "escuela". Se produce una escuela cuando un maestro o un taller se muestra dominante en su entorno y se erige naturalmente en el modelo de los demás. Pero la Andalucía de los dos primeros tercios del siglo XVI era una tierra por la que pasaban demasiados artistas en fugaces estancias, de diversificados orígenes y un terreno culturalmente demasiado bullente y variado como para que la clientela, igualmente variada, se decantara por un estilo concreto. Por otro lado, dentro de una posible escuela andaluza habría que diferenciar los focos de Sevilla y Granada. El asunto se percibe aunque hay muchas excepciones dada la movilidad de los mismos artistas y los intercambios entre ambos focos. Hay comarcas de influjos dobles y también hay focos secundarios independientes aunque por períodos cortos. Las diferencias se irán decantado en el último tercio del siglo XVI y se harán más nítidas durante el período Barroco. FASES Y PERÍODOS EVOLUTIVOS Primer tercio: Llegada Convivencia con el Gótico

y

asimilación

del

nuevo

estilo.

Segundo Tercio: Asimilación generalizada del nuevo estilo. Convivencia del Renacimiento italiano (minoritario), el manierismo de procedencia flamenca y el procedente de Italia de forma directa. Tercer Tercio: El clasicismo miguelangelesco.

LA POSICIÓN DEL ARTISTA Los tallistas (piedra) Los escultores (madera) Los Imagineros (madera) Escasa presencia de escultores de Corte. (Machuca y Siloe) Artistas de reconocido prestigio Artesanos integrados en el mundo gremial

22.2. LA INTRODUCCIÓN DEL RENACIMIENTO: EL PAPEL DE ITALIA. Igual que ocurre en el resto de la península, las formas del Renacimiento comienzan a llegar a Andalucía a fines del siglo XV a través de la corriente de pensamiento humanista. La llegada de este arte coincide con un momento en el que se practica arte plenamente gótico en lo que se refiere a la escultura, sin olvidar la subyacente corriente de arte mudéjar que aún impregna otras manifestaciones artísticas. Los introductores de esta corriente serán los propios Reyes Católicos pero sobre todo serán algunas familias de nobles militares vinculados a su política exterior los primeros que deciden traer a España obras del nuevo estilo que sólo se practica en Italia. Las dos fundamentales en Andalucía serán los Mendoza y los Enríquez entre otras. Estas familias encargan en talleres italianos sepulcros, retratos, algunas imágenes de devoción y, sobre todo elementos ornamentales de sus palacios. Un pagano sentido de la glorificación del individuo y un repertorio mitológico serán dos características de estas nuevas esculturas importadas. En la zona gaditana hay varias laudes sepulcrales datables a fines del siglo XV e inicios del XVI. Tal vez la más antigua sea la de Alonso Fernández de Lugo, fundador de la iglesia de la Trinidad de Sanlúcar de Barrameda en 1441, fallecido en 1450. Entre las obras más antiguas deben estar las laudes sepulcrales de Don Pedro Zuazo, Señor de Cádiz y de su mujer Doña María de Spínola, conservadas en la iglesia de San Francisco de Jerez de la Frontera, obras italianas datables hacia 1500. Una lude sepulcral no escultórica sino grabada sobre mármol es la Don Alvaro Obertos de Valeto, personaje de origen genovés, fallecido en 1482 y fundador de la Cartuja de Jerez.

Otro de los tipos de obras de origen italiano que llegaron muy pronto a Sevilla son varios relieves en terracota esmaltada en azul y blanco realizadas en el taller de Lucca y Andrea della Robbia. Según Vasari, Lucca hizo varias obras para España. Las que se conservan en Sevilla son del taller de Andrea. Las más importantes son el retablo de la Virgen de la Granada y La Virgen del Cojín, ambas en la Catedral de Sevilla aunque la segunda procede del convento de la Trinidad. Hubo una figura de San Juan Bautista Niño, en la iglesia del Salvador de Ubeda que se perdió en la Guerra Civil y que estaba considerada obra de Miguel Ángel aunque otros autores la atribuían a Rossellino o a Settignano. Especial interés tuvieron las obras emprendidas por dos nobles granadinos en sus respectivas residencias. El Marqués de Zenete, Don Rodrigo Díaz de Vivar Mendoza construyó su Castillopalacio de la Calahorra incluyendo en su interior un patio renacentista que ejecutaron artistas italianos entre 1509 y 1512. El patio, importado de Italia, fue realizado por Michele Carlone. Otros artistas genoveses y lombardos cuyos nombres conocemos, participaron en esta obra junto a Carlone. El otra gran encargo de este tipo fue el patio del Castillopalacio de Vélez Blanco promovido en 1506 por Don Pedro Fajardo y Chacón, Marqués de Vélez. Hoy se encuentra en el Museo Metropolitano de Nueva York. Los artistas que se supone lo ejecutaron, fueron escultores de similar procedencia a los que intervienen en la Calahorra. Ambos palacios se decoraron con un repertorio de motivos de inspiración romana y componen programas iconográficos perfectamente encuadrables en el ambiente Humanista italiano de la época. Un artista italiano que trajo a Andalucía el repertorio de motivos renacentistas de forma muy pionera fue Niculoso Francisco el Pisano, un ceramista que dejó varias obras datadas en los primeros años del siglo y entre las cuales hay una de enorme interés para la escultura. La portada del monasterio de Santa Paula en la que incluye varios relieves en tondos de guirnaldas al estilo de los Robbia pero ejecutados por un escultor local: Pedro Millán. El resto de la obra de Millán es gótica a excepción de estos detalle hechos seguramente sobre diseños del propio Pisano. Pero uno de los autores italianos de mayor trascendencia en la implantación del Renacimiento escultórico en Andalucía es Domenico Fancelli da Settignano, formado en Florencia junto a Miguel Ángel. Entre 1508 y 1510 hizo en Génova el Sepulcro del Arzobispo Don Diego Hurtado de Mendoza y vino a montarlo a Sevilla. Sigue el modelo del sepulcro que Mino da Fiésole hace en Roma para Paulo II. Está adosado al muro bajo un arco de triunfo y fue colocado en la capilla de la Virgen de la Antigua. Dado el éxito de la obra, los Reyes le encargan el del príncipe don Juan para Santo Tomás de Avila en 1513 y poco después el de los mismos Reyes Católicos para la Capilla Real de Granada, terminado en

1517. Al año siguiente se le encargan los de Felipe el Hermoso y Dona Juana aunque la muerte le impide cumplir este último encargo que hará finalmente Bartolomé Ordoñez. Hacia 1523 llega a Sevilla un polémico artista por su impulsivo carácter: Pietro Torriggiano. Sus problemas personales le animaron a dejar su Florencia natal y se va a Inglaterra donde trabaja en el sepulcro de Enrique VIII e Isabel de York. Posee un arte derivado de Donatello y de Benedetto da Mainao pero de fría expresión clásica y cierto realismo algo descarnado. Parece ser que realizó un retrato de la emperatriz Isabel cuando su boda en el Alcázar pero ha desaparecido así como un Cristo Crucificado para el Monasterio de San Jerónimo de Buenavista. También para este monasterio realizó las dos obras conservadas: San Jerónimo penitente y la Virgen con el Niño, hoy ambas en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. La primera de ellas tuvo especial importancia ya que fue cabeza de serie de otras de su misma iconografía realizadas por escultores posteriores. La Virgen con el Niño tuvo también mucho éxito y, según cuenta Vasari, el Duque de Arcos le encargó una réplica que le pagó con moneda de vellón, de escaso valor lo que provocó la irritación del artista que rompió la imagen siendo detenido por la Inquisición, acusado de hereje y llevado a la cárcel donde falleció en 1528. Otro escultor de Florencia fue Jacopo Florentino, llamado el Indaco. Fue pintor y compañero de Miguel Angel con quien colaboró en la Capilla Sixtina. Cuando viene a España se casa con la hija de un escultor y se dedica a la escultura. Lamentablemente se conoce muy mal su obra aunque se sabe que trabajó para la Catedral de Murcia, para la Capilla Real de Granada y se le atribuye un Santo Entierro hoy en el Museo de Bellas Artes de Granada. Pero el grupo de artistas que más obras realizaron para Andalucía por su estrecho vínculo con la ciudad fue el del taller que en Génova tenían varios artistas de procedencia lombarda entre los que estaban Antonio María Aprile di Carona y Pace Gazzini. Las obras que se le encargaron vinieron a través de Don Fadrique Enríquez de Ribera quien a su paso por Génova, camino de Tierra Santa, le encarga el sepulcro de su padre Don Pedro Enríquez en 1520 para colocarlos en la cartuja de las Cuevas del que se hace su patrón y protector. También encarga el de su madre Doña Catalina de Ribera haciendo juego con el anterior, este hecho sólo por Pace Gazzini. En 1528 encarga los sepulcros de sus ascendientes por línea materna, los Ribera, obra que finalmente hace Antonio María Aprile en 1529. El conjunto de sepulcros de los Enríquez y los Ribera en la cartuja de Sevilla es de los más importantes de España. El ejemplo de los Ribera fue seguido por otros nobles y, por ejemplo, los Marqueses de Ayamonte, Don Francisco de Zúñiga y Doña Leonor Manrique fueron realizados entre 1526 y 1532 por Antonio María di Aprile y Pier Angelo della Scala. Se colocaron

en la iglesia del convento de San Francisco de Sevilla y hoy se encuentra en la iglesia de San Lorenzo de Santiago de Compostela. También Don Hernando Colón hijo del Almirante, hizo su encargo de una puerta y cuatro ventanas para su casa en la Puerta de Goles al taller de Antonio María di Aprile y Antonio de Lanzio, obra que no se conserva. Una última obra de calidad extraordinaria fue encargada y aún se conserva: El Cenotafio de Don Baltasar del Río, Obispo de Scalas, instalado en su capilla funeraria de la Catedral de Sevilla, obra encargada en 1539 probablemente a algún artista del círculo de Gazzini. Además de éstas, otras muchas más fueron encargadas en los talleres genoveses como obras especiales y, sobre todo, infinidad de columnas, capiteles, chimeneas, y otros elementos de mármol decorados con el nuevo repertorio llegaron a Sevilla en la bodega de los barcos y completaron la arquitectura y los interiores de casas andaluzas dejando su impronta en la retina de sus comitentes y también de los artistas locales que se dejaron influir por esta nueva forma de concebir la ornamentación escultórica. Todavía en 1548 se contrata el sepulcro para Don Juan Portocarrero y Doña María de Osorio a colocar en el presbiterio de la iglesia de Santa Clara de Moguer, obra de Gian Giacomo della Porta y Giovanni María da Pasallo. 22.3. LA PRIMERA ETAPA DE LA ESCULTURA ANDALUZA DEL RENACIMIENTO: EL FILTRO FLAMENCO Los inicios de la escultura renacentista en Andalucía se inscriben en un ambiente plenamente gótico y dada la afluencia de obras y artistas foráneos, se genera una situación ecléctica o mejor, plural y diversificada, en la que cada cual ofrece su producto y observa el que ofrecen otros. 22.3.1. EL FOCO SEVILLANO ESCULTURA FUNERARIA En este período las obras funerarias más importantes fueron realizadas por artistas italianos y han sido citadas más arriba a propósito de los enterramientos de mármol italiano de los Ponce de León, los Téllez pero alguna fue ejecutada por artista local. Es el caso del Sepulcro del Arzobispo Fray Diego de Deza, hecho después de 1523 para el Colegio de Santo Tomás e instalado hoy en la capilla de San Pedro de la Catedral de Sevilla. Debió ser realizado por algún anónimo escultor local del primer cuarto del siglo XVI. Al mismo grupo pertenecería la laude de Don Iñigo de Mendoza, fallecido en 1497 hoy en el patio del Antecabildo de la

Catedral. Algunos autores la consideran obra italiana pesa a ciertas durezas y rigideces del modelado. Una obra de interés por estar realizada en terracota esmaltada es la figura yacente de Pedro Vázquez, en la iglesia del Castillo de Aracena, obra de autor desconocido. ESCULTURA DECORATIVA También en Sevilla trabajan artistas en las tres primeras décadas del siglo que introducen las formas renacentistas. El escultor más importante tal vez sea el francés Michel Perrín. Llega a la ciudad antes de 1517 ya que en esa fecha trabaja para la catedral haciendo figuras de terracota para el Crucero. Parece que su obra se desarrolló casi exclusivamente para esta institución y a él se deben las esculturas y relieves de las portadas de los Palos, las Campanillas y el Perdón hechas entre 1519 y 1521. No sabemos dónde se forma pero es evidente su contacto con el arte italiano y su obra muestra composiciones muy equilibradas, formas muy monumentales y expresiones muy serenas. En este mismo ambiente se inscriben las obras del también francés Nicolás de León quien realiza doce figuras para las capillas de los Alabastros en 1531. Hay varios edificios sevillanos del segundo tercio del siglo XVI en el que intervienen numerosos tallistas escultores cuyos nombres conocemos pero cuya obra es hasta ahora desconocida por la dificultad de identificación de sus respectivas aportaciones personales. Los tres edificios principales fueron el Nuevo Cabildo Municipal, la Capilla Real y la Sacristía Mayor de la Catedral. Tan sólo algunos de los escultores que intervienen en estas grandes obras colectivas son conocidos como autores de otras obras personales identificables. Sabemos que en la sacristía Mayor intervienen López Marín, Lorenzo del Bao, Juan Picardo, Diego Guillén, Jacques y Gonzalo Hernández. También colaboran en la capilla Real el mismo Lorenzo del Bao y Pedro de Campos, quienes entre 1552 y 1554 hacen los doce Reyes de Judá con diseños que proporciona el pintor Pedro de Campaña. SILLERÍAS Y RETABLOS Pero el capítulo verdaderamente importantes de la escultura mobiliar es el de los retablo y, de manera especial, el más importante de todos los andaluces de este período: el Mayor de la catedral de Sevilla, iniciado en 1481 por Pieter Dancart pero de dilatad historia que permitió la intervención de escultores durante todo el siglo XVI. En 1508 son los hermanos Alejo (pintor) y Jorge Fernández (escultor) los que se hacen cargo de la obra. La formación nórdica de Jorge se evidencia en un estilo gótico que, no obstante, tiene ya mucho de la serenidad y la mesura del lenguaje italiano con el que estos artistas debieron

tomar algún contacto. Son suyos tres escenas del banco, primero y segundo cuerpo y algunas historias del tercero. Fernández interviene en esta obra con su nutrido taller hasta 1529. Su arte evoluciona hacia el clasicismo naturalista tal vez por el contacto con Fancelli, Torrigiano y otros italianos que llegaría a conocer en sus años. Con el estilo de este escultor se relacionan tanto el Retablo de San Juan de Marchena como el Retablo de Santiago de Ecija. En este último también interviene el escultor Nicolás Tiller, escultor activo en Málaga entre 1517 y 1538. Tiller junto con Pedro Calderón realizan el retablo de San Gregorio en la mezquita-catedral de Córdoba y el retablo de Santa Bárbara de la misma catedral. EL MANIERISMO EXPRESIONISTA El otro gran conjunto de esculturas, esta vez de madera, es la obra de Retablo Mayor de la Catedral de Sevilla. Roque de Balduque * es el escultor que más fama alcanza en Sevilla durante el tercio central del siglo. Nace en Bois le Duc en el Brabante septemtrional y parece estar en Sevilla desde la década de los cuarenta aunque parece residir en la ciudad de forma estable sólo después de 1550 hasta que fallece en 1561. Una parte importante de su producción conservada es la representada por las imágenes de la Virgen con el Niño, tema en el que parece haberse especializado y del que quedan muestran en Andalucía y en América. Entre sus obras de mayor interés están la Virgen de la Misericordia, en la iglesia del Hospital de dicho nombre (Sevilla), La Virgen de la Cabeza, la Virgen de San Benito, la del Amparo, la de Todos los Santos, la de la iglesia de San Felipe en Carmona, la de la Granada en la parroquia de San Lorenzo (Sevilla).. Son muy importantes sus relieves para el retablo mayor de la catedral como el de la Huida a Egipto, Jesús ante los Doctores o la Conversión de San Pablo. Según Hernández Díaz, las ampliaciones laterales del retablo mayor podrían ser proyectadas por Balduque y realizadas por él mismo junto con otros artistas de su círculo como Pedro de Heredia, Andrés López del Castillo y Juan de Villalba. A su muerte en 1561, Juan Bautista Vázquez se hace cargo de la dirección de los trabajos. De su obra para otros retablos se conservan un relieve de la Cena muy deteriorado para Chiclana, el Calvario del retablo mayor de Santa María Coronada de Medinasidonia, los Cuatro Doctores de la Iglesia en le retablo de la Virgen de la Paz de la misma iglesia. También es suyo el grupo de Santa Ana, la Virgen y el Niño de la iglesia de Alcalá del Río, hecho en 1557. En la capilla de San Gregorio de la misma localidad hay dos Cristos crucificados que se le atribuyen por similitud con el de Medina y

hay otro en San Francisco de Lima (Perú) que también se le atribuye. El conjunto suyo más completo es el retablo de Santa María de Cáceres. Se le atribuye también el relieve de la Deposición de Cristo en el Sepulcro en la capilla del panteón Ducal de Osuna, construido entre 1544 y 1555. En América se conservan la Virgen de la catedral de Lima (Perú) y la Virgen del Rosario en la misma ciudad. Perteneciente a una familia de artistas con su mismo apellido que actúan en Castilla en el siglo XVI, Juan Giralte es otro de los escultores que desarrollan su labor en Sevilla en la década de los años sesenta. Es artista de obra mal conocida ya que no es muy abundante la conservada. Por lo que se deduce de ellas parece ser un escultor de formación manierista de estirpe flamenca, tendente a dar a sus figuras proporciones muy alargadas y de canon estilizado y que mezcla los rasgos el manierismo florentino con los flamencos propios de su probable origen. Su obra más representativa es el retablo de la Redención para el convento de Santa Catalina de Aracena, hoy conservado sin policromía en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, obra realizada en 1562. Sus relieves de la Anunciación, la Oración en el Huerto, Coronación de Espinas, Cristo atado a la Columna, Resurrección, Dios Padre y los Cuatro Evangelistas, Son también de su mano, una imagen de Cristo atado a la Columna en la iglesia del Convento de la Trinidad que Giralte ejecutó para la Hermandad de la Columna; varias imágenes del Tenebrario de la Catedral realizadas en 1562, obra en que colabora con Juan Bautista Vázquez, el Viejo, y una escultura de San Sebastián (1564) en Jimena de la Frontera (Cádiz). A Guillén Ferrant se le conoce básicamente por su obra de la Virgen de la Granada en la Colegiata de Osuna. En 1553 llega a Sevilla procedente de Avila, Isidro de Villoldo, discípulo de Berruguete a quien se encarga la realización del Retablo mayor de la cartuja de las Cuevas. La desaparición de este conjunto nos impide conocer la obra más importante, por no decir la única realizada en Sevilla por este autor al que algunos especialistas quien ver como el iniciador de una auténtica Escuela sevillana de escultura.

EL MANIERISMO CLASICISTA El tono general de la producción escultórica de lo último tercio del siglo XVI es el de un manierismo que elimina las

estridencias tanto del lenguaje expresionista flamenco anterior como las sofisticaciones extremadas del arte florentino. Adopta, pues una posición de tendencia clasicista elegante, jugosa y que va adquiriendo progresivamente aires heroicos y grandiosos conforme avanza el siglo. Es en este período cuando se perfilan los caracteres peculiares de la Escuela Andaluza de escultura con sus dos vertientes: la sevillana y la granadina. Después de la supuesta aportación de Villoldo, el personaje fundamental en el arranque de la escuela sevillana es Juan Bautista Vázquez (el viejo) *. Procedente de Castilla, debe acudir a Sevilla, igual que otros escultores del círculo de Berruguete, al calor de una bullente ciudad en que se concentran los encargos de imágenes, relieves de edificios y retablos para iglesias de la comarca y de las tierras americanas. Llega a Sevilla en 1557 procedente de Avila y Toledo y es probable que se hiciera cargo de las obras que su colega Villoldo deja pendientes al morir. Vázquez trabajará en Sevilla desde entonces hasta que fallece en 1589. El clasicismo de su obra castellana y sevillana permiten sospechar una posible estancia en Italia hacia la década de los 40. Vázquez había nacido en Pelayos (Salamanca) y fue un artista de formación muy completa ya que se sabe que fue no sólo escultor sino pintor y grabador aunque lo esencial de su obra fueron las esculturas y relieves para retablos de Andalucía y América. Se conoce poco su fase de formación pero se le supone relacionada con Villoldo y con el arte italiano. Su obra recibió en Sevilla una gran aceptación y después de 1570 era el máximo representante de la escultura local. Comienza su labor hacia 1561 al encargarse de la continuación de los trabajos del retablo de la Cartuja de las Cuevas que al desaparecer no ha dejado rastro alguno de la obra de Vázquez. Al año siguiente se hace cargo también de la continuación de los trabajos del retablo mayor de la Catedral. En este caso sí que han quedado partes del mismo realizadas por él. Entre ellas, los relieves del banco con los temas de El pecado original, la Creación de Eva y la Expulsión del Paraíso. También interviene en los retablos mayores de Santa María de Carmona, San Mateo de Lucena (Córdoba) (en colaboración con Jerónimo Hernández), Santa María Coronada en Medina Sidonia, el mayor del antiguo Convento de San Pablo, el de la Virgen de la Piña de Lebrija, el del Rosario de Lima, el de la Capilla Manrique de la Catedral de Málaga en 1579 etc. Los trabajos realizados para todos estos conjuntos son esculturas y relieves de madera policromada. Pero también practicó Vázquez la escultura en piedra. En este material realizó el tondo de La Virgen con el Niño para la fachada de la Anunciación y también las tres Virtudes para la

fachada de la iglesia del Hospital de las Cinco Llagas, el sepulcro del inquisidor Corro en San Vicente de la Barquera y el del canónigo Francisco Martínez Silíceo para Villagarcía (Badajoz). Se le atribuyen los relieves que decoran la Giralda: cabezas de león, querubes, alegorías de los Vientos, cuatro profetas mayores y ocho menores. También intervino (junto a Juan Giralte) en la realización de los Apóstoles del Tenebrario de la Catedral (1562). Se le atribuye el modelo original para fundir en bronce la imagen del Giraldillo (1568). Suministró el diseño para la laude sepulcral en bronce del Primer Duque de Alcalá, en la Cartuja de las Cuevas. Colaboró en la decoración de la galera de Don Juan de Austria (Lepanto) y realizó diversos regalos que la Corona hizo a fundaciones americanas. En la catedral de Sevilla también realizó el Facistol con la escultura de la Virgen que lo remata. Otro importante conjunto donde intervino (en colaboración con Diego de Pesquera y Marcos Cabrera) es el Antecabildo de la Catedral, ámbito en que se conservan varios relieves que se le atribuyen. También se adentró Vázquez en el terreno de la imaginería y dejó una obra conservada aunque algo modificada, el Cristo de Burgos (Sevilla) y otra imagen que se le atribuye, el Cristo del Amor (El Viso del Alcor). Vázquez hizo numerosas obras para el mercado americano y entre ellas destacan obras destinadas a Tunja, Bogotá y Lima. En torno a Juan Bautista Vázquez aparecen otros escultores más o menos coetáneos suyos que conforman este panorama inicial de la escuela sevillana. Entre ellos se encuentran Juan de Oviedo el Viejo, padre de su primera mujer, Diego de Velasco, Gaspar del Aguila, Miguel Adán etc. Todos ellos proceden del foco castellano y comparten una formación muy similar con ligeros matices diferenciadores. Diego de Velasco es uno de los artistas de mayor relieve de este círculo aunque está mal conocido. Al igual que Vázquez, procede de Avila y Toledo y llega a Sevilla en 1579 y aquí vive hasta que fallece en 1592. mantuvo un fuerte vínculo con la Catedral y trabaja para ella durante años. En 1582 es nombrado "escultor mayor⋅" de la Catedral y en 1586 es nombrado "maestro mayor de obras de la ciudad" ya que, además de escultor, era también arquitecto aunque nada se conoce de su labor en este campo. Su trabajo de retablos se desarrolla en el mayor del convento de San Leandro (Sevilla) y el mayor del convento de Santo Domingo en Osuna (en colaboración con Jerónimo Hernández). En ambos se encarga Velasco de las esculturas y relieves. Su obra se confunde estilísticamente con la de Hernández.

La parte más sustanciosa de su obra identificada es la de los relieves que ejecuta para la Sala Capitular de la Catedral. En ella se le atribuyen los relieves de San Juan y el Angel, la expulsión de los Mercaderes del Templo, el Humo que salía del pozo, la visión de los Siete Sellos y la Visión de los Ángeles con Trompetas (1584-1585). Además de esta obra documentada, Hernández le atribuye el Niño Jesús, vencedor de la Muerte en la iglesia de N.Sra. de la O en Sanlucar de Barrameda. Gaspar del Aguila * fue otro de los artistas del grupo de Avila. Nace hacia 1540 y debió trasladarse a Sevilla hacia 1566 donde residirá hasta que fallece en 1602. Desarrolló su labor en el campo de la escultura para retablos, la imaginería y tuvo un papel de relieve dentro del gremio. Muestra una cierta dependencia estilística de Vázquez el Viejo aunque revela cierta dureza en el tratamiento de la anatomía y cierta frialdad en la interpretación de los temas. Es autor del Cristo de la Sangre en Ecija (1567) obra en la que sigue un modelo gótico por indicación del cliente. Es más reveladora de su personal estilo el San Sebastián de la iglesia de Marchena (1575), la Virgen con el Niño de Trebujena (Cádiz) (1579) y las imágenes que envió a Perú (sic) así como la que se le atribuye en el Asilo de la Mendicidad. Otro de los autores de interés es Miguel Adán, artista nacido en Pinto (Madrid) pero procedente del foco toledano antes de llegar a Sevilla, ciudad donde se establece en 1557. Desempeñó su labor en el campo de los retablos pero su obra no ha sido aún identificada respecto de la de los artistas con los que frecuentemente colabora (Vázquez el Viejo y el Mozo, Hernández, Aguila, Oviedo el Mozo etc.). Obras claramente documentadas suyas son la Virgen de Villanueva de los Castillejos (Huelva) y la de Palomares del Río (Sevilla). En colaboración con Juan de Oviedo el Mozo, realiza las esculturas yacentes de Doña Juana de Zúñiga, viuda de Cortés, y Doña Catalina Cortés, en el Convento de Madre de Dios (Sevilla) (1589). Un autor poco conocido aunque debió ser artista de relieve es Juan Marín, al que conocemos como escultor y también como ingeniero ya que en 1577 se traslada a Cádiz a realizar trabajos en fortificaciones. Es de origen italiano y se le documenta en Sevilla por primera vez en 1561. Su obra documentada más conocida es la que forman los relieves en bronce para el facistol de coro de la catedral de Sevilla (15....). también parece ser que intervino haciendo figuras para el Trasaltar Mayor y en la Capilla Real de la Catedral aunque no han sido identificadas allí sus intervenciones. Un artista e orígenes y formación poco claros es Diego de

Pesquera *, autor de posible formación castellana pero cuya trayectoria profesional anterior a su fase sevillana sólo conocemos por su trabajo en Granada entre los años 1563 y 1570. Se le ha supuesto un origen italiano o al menos un contacto muy directo con el arte de aquél origen. La hipótesis se fundamenta en su "miguelangelismo", sus interpretaciones de temas profanos y su habilidad para la talla en piedra. Su labor sevillana comienza con la intervención en la Capilla Real de la Catedral, donde ejecuta las figuras de Santas Justa y Rufina y las imágenes de San Pedro y San Juan Evangelista. También participa en las esculturas del Trasaltar (junto con Juan Marín) y en los relieves del Antecabildo donde son suyos los de San Juan, San Marcos, la Adoración de la Bestia y Moisés con los Israelitas en el desierto. Son suyas las dos esculturas pétreas de Hércules y César para las columnas de la Alameda (Sevilla) (1574). Es suyo también el modelo de la escultura de Mercurio para el estanque de dicho nombre de los jardines del Alcázar junto con su peana en forma de tinaja y los cuatro leones que rematan la baranda del mismo estanque (157..). Se le atribuye también la figura de Neptuno en el mismo material de los mismos jardines. En 1574 se encargó de las figuras orantes de la viuda e hija de Hernán Cortés, obras que no terminó y que se conservan en la Casa de Pilatos. Se le atribuye la lápida de Diego Venegas, oidor de la Casa de Contratación, fallecido en 1587 y que se conserva en el convento de la Madre de Dios (Sevilla). Parece ser que después de este momento emigró a Indias. La definición final de los rasgos de la escuela la llevarán a cabo los discípulos más jóvenes de Vázquez entre los que se hallaban su propio y homónimo hijo, Juan Bautista Vázquez el Joven, y, de manera especial, Jerónimo Hernández. Son artistas que llegan a Sevilla muy jóvenes y que forman aquí su estilo. Finalmente, los discípulos del propio Jerónimo Hernández serán ya artistas nacidos en la ciudad que conforman el período de madurez de la escuela. Estos discípulos protagonizarán la siguiente etapa estilística introduciendo el Realismo, primera etapa del Barroco. Entre ellos, estarán Gaspar Núñez Delgado, Juan de Oviedo el Mozo, Diego López Bueno y el artista que dominaría con su obra la primera mitad del siglo XVII: Juan Martínez Montañés. Jerónimo Hernández * es, sin duda, el autor más importante de la escultura sevillana de la segunda mitad del siglo XVI. Nace en Avila en 1541, inició su formación allí con un desconocido artista llamado Pedro Delgado y la continuó en Sevilla con Juan Bautista Vázquez el Viejo que era, además, su tutor hacia 155758. Hombre de cierta cultura, fue buen dibujante, según cuenta Pacheco, y poseyó una buena biblioteca en temas artísticos. Se casó con una hija del arquitecto Hernán Ruiz II lo que le afianzó en la firme posición que adquirió en el ambiente artístico local.

Lamentablemente fallecíó cuando sólo contaba 45 en 1586. La sencilla monumentalidad es tal vez el valor más sobresaliente de sus obras y se convirtió en el artista de conventos, parroquias, hermandades y clientes privados. Trabajó muy poco para la catedral. Una de su obras más tempranas y expresivas de su valía juvenil es el relieve de San Jerónimo para el banco del retablo ..... de la Catedral, obra de 1565-66. No se conserva el retablo mayor para el convento de Madre de Dios a excepción de la imagen de la Virgen del Rosario (1570-73). Son también obras suyas de excepcional calidad la Virgen de la Paz (1581-82), la Virgen del convento de los Dolores de Utrera y la que se le atribuye en San Lorenzo de Santiago de Compostela. También se le atribuye la Virgen de la Antigua de la Colegial de San Sebastián en Antequera. En 1579 Hernández traza el túmulo levantado en la catedral con motivo de las Traslación de los cuerpos reales a la Capilla Real y en 1580 trazó también el realizado para las exequias de la reina Ana por encargo del Cabildo de Carmona. Dada su participación en el retablo mayor del convento de Madre de Dios ha hecho que se le atribuyan los dos laterales dedicados a los Santos Juanes Bautista y Evangelista. Intervino también en el retablo mayor del convento de San Leandro (1582) en colaboración con Diego de Velasco). Se conservan las escenas de la Flagelación, la Asunción y la Oración en el Huerto, integradas en un retablo del siglo XVIII que sustituyó el original. Parece que en el retablo mayor del convento de Santo Domingo de Osuna, (colaboración con Velasco) sólo hizo la estructura arquitectónica. Igual ocurrió con el de San Mateo en Lucena (Córdoba) cuya escultura hizo Juan Bautista Vázquez el Viejo (1572-80) aunque se le atribuyen los relieves del banco y los del sagrario. Su última gran obra fue el retablo mayor de Santa María de Arcos de la Frontera, obra que comenzó pero terminaron otros artistas posteriores. Hernández fue autor de imágenes exentas realizadas tanto para retablos como para uso procesional. Entre otras, podemos recordar las siguientes: La Virgen de la Granada en el convento de San Leandro, (Sevilla). El grupo de La Oración en el Huerto (Hdad. Montesión) Niño Jesús y Cristo Resucitado (1582) (Hdad. del Dulce Nombre de Jesús) El Cristo crucificado de la Hermandad de las Siete Palabras. La Virgen de la O en Ubrique. La Virgen con el Niño en la parroquia de Guillena. La Virgen del Prado de la ermita de San Sebastián de Sevilla. La importancia de Hernández no sólo radica en su propia obra sino en su labor proyectada en sus discípulos más directos. Ellos

forman un coherente grupo de artistas que prolongan su estilo con matices personales durante el primer tercio del siglo XVII y sirven de enlace con la figura clave de Juan Martínez Montañés. Juan Bautista Vázquez (el mozo), es hijo del anterior y debió formarse en el taller de su progenitor. Su estilo se relaciona con el de su padre aunque las porporciones de sus figuras son menos esbeltas y los rasgos anatómicos se acercan más al realismo de su generación más que al clasicismo de la etapa precedente. En el retablo de Santa María de Arcos hizo los relieves de San Lucas y San Marcos del banco (1588-90) ya que dejó ese conjunto para realizar el retablo de Santa Ana, hoy dedicado a la Inmaculada en la iglesia de la Anunciación. Parece ser que participó también en el mayor de Santa María Coronada de Medina Sidonia con su padre y en el de San Jerónimo de Granada (en colaboración con Diego de Velasco) en el que se le atribuyen los relieves de Jesús atado a la columna, San Juan en la Tina, la Anunciación, la Epifanía y la Circuncisión. Uno de los discípulos más brillantes de Hernández es Gaspar Núñez Delgado que pasa por ser el mejor de sus discípulos a fines del siglo XVI, según testimonio de Pacheco. Su estilo presenta una cierta filiación con el maestro pero cargado de un nivel de expresividad mucho mayor en el que los rostros se vuelven más naturalistas, las cabelleras de agitan y los ropajes, por el contrario se vuelven mucho más esquemáticos y metalizados. Su obra conocida ese extiende de 1581 a 1606, año en que otorga testamento. Una de las facetas en las que más fama alcanzó fue en el trabajo del marfil, material del que se conservan dos obras suyas seguras: un Cristo crucificado (1585) en el Museo Bello de Puebla (México) y otro (1589) en el Palacio Real de Madrid. En 1587 se le documenta un modelo en barro para una Inmaculada que ejecutaría en madera Andrés de Castillejo para la iglesia parroquial de San Andrés, obra que se considera un precedente del modelo que más tarde difundirían Cano y Montañés. Parece que fue muy hábil en la obra de terracota como testimonian un Ecce Homo en la Colección Gómez Moreno que se le atribuye y su Cabeza del Bautista en el Museo de Bellas Artes de Sevilla (1591). Una de sus obras tardías es el retablo de San Juan Bautista que realizó para el monasterio de San Clemente (Sevilla) donde, además del relieve principal de extraordinarias expresividad, incluyó también otros menores dedicados a la Visitación, el Nacimiento de San Juan, la Degollación y el Bautismo de Cristo Es muy poco lo que sabemos del escultor Marcos Cabrera * que estuvo activo en Sevilla y en México. La imagen que tenemos de su obra se debe básicamente al Cristo Crucificado de la Expiración (Hdad. del Museo), obra de excepcional calidad, hecha en pasta de madera en 1575 y en la que parece haberse inspirado en el Cristo

para Victoria Colonna, dibujo de Miguel Angel hoy en el British Museum y del cual debieron circular copias por Sevilla. El paño de pureza es fruto de una modificación posterior. Se le atribuye la imagen de Jesús Nazareno o de la Vereda (Iglesia de San Bartolomé en Utrera). El otro conjunto de obras documentadas de este artista es el grupo de relieves que realizó para la Sala Capitular de la Catedral con las historias de la Vida de Cristo. En 1599 realiza también para la ciudad un busto del rey Don Pedro para colocar en una hornacina aún conservada en dicha calle sevillana. Uno de los autores que supusieron la transición al realismo dramático del siglo XVII fue Andrés de Ocampo * . Nacido hacia 1550-55 en tierras de Jaén (Ubeda para unos, Villacarrillo para otros), está ya en Sevilla en 1575 examinado como escultor y relacionado con Hernández por vínculos familiares (estuvo casado, como éste, con otra hija de Hernán Ruiz II) como profesionales. Su estilo personal parece derivar de lo de Hernández pero da a sus obras un claro sentido dramático que adelanta el Realismo del siglo XVII apartándose de las serenas expresiones del maestro. Entre sus obras más importantes se encuentran sus contribuciones a los retablos de San Miguel de Morón, Santa María de Estepa, San Martín (Sevilla), Santa Paula (Sevilla) y Santiago (Sevilla) y Santa María de Arcos de la Frontera (Cádiz), obra esta última que acaba en 1607 y en el que se le atribuyen los relieves de la Anunciación, la Natividad, la Asunción, los Apóstoles, el Padre Eterno y las Virtudes. Entre 1581 y 1584 residió en Córdoba donde trabajó en el retablo de Santa Marta y en un tabernáculo desaparecido para la Iglesia de los Huérfanos. También en Granada dejó trabajos ya que realizó, sobre probable modelos de barro de Pedro Machuca, la decoración de la portada occidental del palacio de Carlos V. Una de sus obras más notables es el relieve del Descendimiento en la iglesia de San Vicente (Sevilla) obra de 1603 que resuelve según esquema manierista cargada de dramatismo. La imagen del Cristo Crucificado de la Hermandad de la Fundación (los Negritos) es su más conocida obra de imaginería procesional así como el Cristo crucificado de la catedral de Comayagua (Honduras). Otros maestros de menor importancia activos en Sevilla podrían ser citados. Entre ellos, Lorenzo Meléndez, autor de la Virgen de Belén para Santo Domingo en Osuna (1564) o Francisco de Arce con su Virgen de Gracia de 1580 para la iglesia de Castilblanco de los Arroyos (Sevilla). Un autor de posible mayor interés por sus relaciones con América es Martín de Oviedo cuya obra andaluza aún está por identificar. Martín Alonso de Mesa, autor de la Virgen de la Oliva (1595) para Vejer de la Frontera (Cádiz) se marchó a Perú instalándose en Lima donde fue el centro

de un círculo importante de escultores locales. Obras aisladas en localidades de la comarca nos plantean a veces la personalidad de aristas de producción escasamente conocida como Pedro Daín, autor de la imagen de San Sebastián en Conil (Cádiz) o Francisco de la Gándara, escultor al que el Duque de Medina Sidonia encarga sus sepulcros para la iglesia del convento de Santo Domingo en Sanlucar de Barrameda (Cádiz) siguiendo el modelo de las del Escorial.. Las actuales provincias de Huelva y Cádiz, pertenecientes al antiguo Reino de Sevilla manifiestan durante el siglo XVI una total dependencia respecto de Sevilla y serán artistas establecidos en la ciudad del Guadalquivir los que cubran los más importantes encargos de este territorio como se ha visto por las obras citadas en las páginas anteriores. 22.3.2. EL FOCO CÓRDOBÉS Con independencia de que Sevilla se constituye en el foco artístico más importante de Andalucía durante el siglo XVI, otras ciudades forman focos secundarios en los que la actuación de algunos artistas de importancia con obras de interés hacen conveniente citarlos en este panorama general. Los encargos cordobesas de este período se cubren desde Sevilla, Granada o Antequera con la salvedad de algún encargo aislado asumido por artistas afincados en Córdoba. Se tienen noticias de un Francisco Gutiérrez que ejecuta en 1574 una Santa Lucía para la catedral, regalada por el gremio de plateros. y también de un Guillermo de Orta al que en 1578 se le encarga el nuevo sagrario de la Catedral con sus relieves de la vida de Cristo. El autor de más fama es Pablo de Céspedes al que se atribuye sin base documental la imagen de San Pablo de la catedral. Se sabe por Pacheco que fue un buen escultor y que hizo un retrato de cera del cardenal Rodrigo de Castro sobre el que Gianbologna fundió un bronce para colocarlo en la fundación que hizo Castro en Monforte de Lemos (Lugo) aunque nada se conserva de todo esto. Un escultor algo mejor conocido es Juan de Mesa el Mozo, autor de un Ecce Homo (1597) para la iglesia de San Mateo de Lucena y se le atribuye un Cristo atado a la Columna en Montilla (Córdoba).

22.3.3. EL FOCO GRANADINO En Granada actúan frecuentemente artistas que proceden de Castilla o de Sevilla con lo que el nivel de independencia fue durante el siglo XVI muy relativo. No obstante, precisamente la carencia de una tradición figurativa anterior a la reconquista

obliga a contratar a numerosos artistas foráneos que se suelen reclutar entre los mejores. En Granada se emprenden obras de arquitectura importantes que requerían la colaboración de escultores. Uno de ellos es la Capilla Real y en ella, la portada que se abre a la Catedral. En ella la arquitectura es gótica pero los elementos escultóricos ya denotan acentos del nuevo estilo en la obra de Jorge Fernández Alemán (1517). La portada exterior del mismo, modificada en el siglo XVIII en su parte baja, interviene el francés Nicolás de León. Ambos artistas estaban afincados en Sevilla. La portada de la cercana Lonja (1518-1522) también muestras elementos tempranos del Renacimiento. Esta dependencia del foco sevillano se ve compensada con una influencia directa de Italia derivada de algunos encargos reales como el encargo de los Reyes Católicos a Domenico Fancelli para que realice su sepulcro, ya citado entre las obras de italianos, o la continuación del proyecto cuando éste fallece, a Bartolomé Ordoñez, español formado en Italia quien se encarga de ejecutar el sepulcro de Felipe el Hermoso y Doña Juana. La obra fue realizada hacia 1519 aunque su fallecimiento al año siguiente antes de concluirla hizo que se encargaran de su terminación sus discípulos Vittorio Cogono, Domenico Florentin y Cristóbal. Esta circunstancia hizo que la obra permaneciera guardada en el Hospital Real y no se colocara hasta 1603 en su ubicación definitiva. El estilo empleado por Ordoñes y sus discípulos españoles e italianos estaba fuertemente italianizado y muy cercano al del propio Domenico Fancelli. Otro de los conjuntos granadinos de interés para el arte escultórico de este período es el Monasterio de San Jerónimo en el cual se encarga a Jacobo Florentino el Indaco los trabajos de transformación renacentista del edificio desde 1523 en que se convierte en fundación del Gran Capitán hasta a 1526 en que fallece el artista. Deben ser suyas las decoraciones del crucero de la iglesia y los escudos colocados al exterior. Los trabajos serían seguidos luego por Siloe y otros artistas. También la decoración temprana de la Casa de los Tiros (1530-1540) con sus temas mitológicos, históricos y bíblicos, es un caso interesante de esta etapa. El Hospital Real de Granada en cuyas ventanas superiores se incluyen marcos de tipo renacentistas, también es otro de los ejemplos más tempranos de Renacimiento en esa ciudad. Una de las obras cumbres de este período es el retablo de la Capilla Real de Granada, obra encargada a Felipe Vigarny, escultor procedente de la región francesa de Champagne. El suave estilo que el artista emplea en esta obra difiere del más flamenco conocido en sus obras castellanas. Tal vez la influencia de Jacopo Florentino pudo favorecer este cambio. También es de interés la sillería de coro de la Capilla Real de Granada, obra de Martín Bello según trazas atribuidas a Jacopo

Florentin el Indaco. Pero con independencia de estos artistas cercanos a ambientes franceses e italianos, un personaje español será quien más influya en la evolución del foco granadino de escultura durante el siglo XVI marcándolo de tal forma que su estilo se adentrará en el siglo XVII mucho después de su muerte. Nos referimos a Diego de Siloe, un artista ya tratado como arquitecto pero que, como otros contemporáneos suyos fue también excelente escultor. había nacido en a fines del siglo XV y formado en Italia hacia 1515-19, donde colabora con Ordoñez en sus trabajos napolitanos. Trabaja en Cartilla entre 1519 y 1528 y después se establece en Granada donde permanecerá hasta que fallece en 1563. Comienza su labor granadina hacia 1526 en el monasterio de San Jerónimo tras la muerte de Jacobo Florentino ejecutando gran parte del programa ornamental interior y exterior. Hacia 1547 contrata la sillería del coro de dicho templopanteón y en ella le ayudan sus discípulos Baltasar de Arce y Diego de Aranda. También se comprometió a realizar las portadas del claustro de dicho monasterio. También entre sus primeros trabajos se cuentan las figuras orantes de los Reyes Católicos para el retablo mayor de la Capilla Real. Sus figuras sustituyeron otras de Vigarny anteriores. Hay en Granada y sus territorio numerosas imágenes de madera que se le atribuyen aunque sin fundamento documental. Pueden considerarse muy cercanas a su estilo los Crucificados de las iglesias de la Encarnación, la de Gracia, de Santa Ana y del Sagrario. La obra que mejor puede acomodarse a su estilo es el Jesús atado a la columna de la iglesia de San José obra de gran expresividad Su tarea fundamental realizada en la Catedral de Granada le apartaron bastante de sus trabajos en madera pero le permitieron realizar el excelente conjunto de portadas de ese templo con sus respectivos relieves y esculturas. Las portadas del Ecce Homo, San Jerónimo (1532), la del Perdón (1537), y la puerta de la Sacristía con su medallón de la Virgen con el Niño (1561). El arte de Siloe posee unas indudables vinculaciones con lo italiano pero no se explica sólo en función de ese factor ya que sus experiencias castellanas también enriquecieron su arte con acentos del ambiente flamenco que se vivía en Castilla y supo dar a sus obras un toque muy personal que las hace reconocibles así como las de sus discípulos más cercanos. Este carácter fue, tal vez, el factor más identificativo de la escuela granadina de escultura durante el segundo tercio del siglo XVI y su factor más identificativo respecto del foco sevillano, más clasicista, sereno y monumental. Una experiencia importante en la conformación granadino de escultura fue la representada por la del foco obra del

palacio de Carlos V en la Alhambra, conjunto en que la responsabilidad como tracista de Pedro Machuca debió imprimir cierto carácter. Las portadas del palacio concentraron a varios escultores importantes extranjeros que completaron el panorama local que se forjaba en las empresas de la ciudad y su Catedral. La portada sur es del milanés Niccoló da Corte (1537) sobre diseño de Machuca. Se dedica a ensalzar los éxitos militares del emperador por tierra (parte baja) y por mar (parte alta). En las enjutas bajas aparecen Victorias flanqueando una alegoría de la abundancia. En las enjutas altas aparecen la Historia y la Fama. En la portada de Poniente también intervienen da Corte junto a Juan de Orea y Antonio Leval. En esta figuran las alegorías de la Guerra y la Paz y alusiones a la Batalla de Pavía. La escena del Cortejo del Emperador puede ser de Corte y a Orea los de la Batalla de Pavía y la alegoría del Triunfo de la Paz. Se detuvieron los trabajos de esta portada al morir Machuca. El segundo cuerpo se hizo con diseños de Juan de Minjares y los relieves de mármol con los Trabajos de Hércules fueron realizados por Andrés de Ocampo en 1591. Fueron escasa las repercusiones de esta obra de carácter elitista y cortesano sobre la evolución general de la escultura en la ciudad de Granada. Pero dentro del ámbito de la Alhambra hubo otras intervenciones de este grupo de artistas. Por ejemplo, Niccoló da Corte fue el autor del Pilar de Carlos V en 1543 y Francisco Florentino, de la hermosa pila bautismal de la iglesia del Sagrario. De las repercusiones más importantes que tendría este grupo sería la obra que Juan de Orea realiza en Almería al ser nombrado maestro mayor de obras del Obispado. Su labor más fina es la desarrollada en el interior y en las portadas de la catedral 1550 y 1570 por encargo del obispo Diego Fernández de Villalán (1523-1556), personaje para el que también realizó un sepulcro en alabastro. Entre 1558 y 1562 Orea si hizo cargo de taller la sillería de coro de la propia catedral almeriense. La obra de Orea es de extraordinaria calidad e imbuida del arte de Machuca (del que era yerno) y de Niccoló da Corte (del que era discípulo).

En el último tercio del siglo la situación es algo más confusa que en el foco sevillano pero se perfilan varias personalidades y una de ellas sobresale entre las demás. Por una parte se sitúan los discípulos de Diego de Siloe que prolongan el arte de este hasta fines del filo. Destacan los citados Diego de Aranda y Baltasar de Arce. De es´te último es la imagen del Cristo atado a la columna de la iglesia del Corpus Christi.

Fallecido Siloe en 1563 es sustituido en los trabajos de la catedral por Diego de Pesquera, artista que se encarga de hacer el relieve de la Caridad para la portada de la Sala Capitular (1565) sobre traza de Juan de Maeda y el retablo de la iglesia parroquial de Ogíjares (1567) con relieves como el del Abrazo ante la Puerta Dorada aún "in situ" o la Sagrada Familia, en el Metropolitan Museum de N. York. Pero el autor fundamental para la creación de la escuela granadina es Pablo de Rojas.

22.3.4. EL FOCO JIENNENSE También en el ámbito de la madera se desarrollará gran parte de la escultura de esta etapa, concretamente en la ejecución de sillerías de coro y de retablos. Algunos de estas importantes obras aún se conservan. Entre ellas destaca la de la Catedral de Jaén, obra de aspecto muy flamenco en la que intervienen Juan López de Velasco, el nórdico Gutierre Gierero y, al parecer, Jerónimo Quijano.

Esteban Jamete Alonso Berruguete Andrés de Vandelvira

22.3.5. EL FOCO MALAGUEÑO Pedro de Moros Gregorio Vigarny Juan Bautosta Vázquez el Viejo