Josefina Pla

LOS TREINTA MIL AUSENTES

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Elegía a los caídos del Chaco
Hugo Rodríguez Alcalá

Este Canto Elegía compuesto por 35 poemas, puede ser recitado o leído como se lee o recita un libro de poemas. Puede leerlo o recitarlo una sola voz o varias; de mujer o de varón; voces femeninas y masculinas alternadas, etc. Constituye en suma un poemario cuya característica es la unidad encadenada de su motivación y contenido. Cada eslabón recibe sentido del precedente y lo da al que le sigue: aunque muchos de ellos pueden ser eventualmente "dichos" como poemas aislados.

Los treinta mil ausentes de Josefina Plá.
Josefina Plá ha unido su voz a la celebración del cincuentenario de la victoria del Chaco con todo un poemario en honor a los caídos por la patria. "Este Canto-Elegía, compuesto por 35 poemas, puede ser recitado o leído como se lee o recita un libro de poemas", dice ella. Y, en efecto, la obra es, de una parte, canto, o sea, una composición del género heroico; y, de otra parte, elegía, o sea lo que en griego, originariamente, significaba llanto. "Constituye en suma" -agrega la autora-"un poemario cuya característica es la unidad encadenada de su motivación y contenido. Cada eslabón recibe sentido del precedente y lo da al que sigue..." Es un canto, en verdad, a los treinta mil caídos, un canto exaltador de la gloria de estos muertos en el día triunfal de la victoria. Para modular este canto, la poetisa imagina un desfile, un desfile que nos recuerda el de 1935, el comandado por el general vencedor José Félix Estigarribia. Pero también un desfile que vuelve a pasar, ahora más numeroso, en 1985 y, a la par, un desfile fuera del tiempo, en la eternidad. Por magia poética, los
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caídos en la guerra, los que desfilaron en 1935, los que murieron después de 1935, y los ya no muchos veteranos sobrevivientes, marchan en esta revista. Todos están presentes aunque al iniciarse el poema, sólo se menciona a los ausentes: Los treinta mil ausentes en el día solar de la Victoria.. . Los vemos fantasmalmente unidos a los vivientes, uniformados de verde olivo, bajo el arco de triunfo alzado sobre la actual avenida Mariscal López el 20 de agosto de 1935. Son ellos Los treinta mil sin sombra sobre la patria tierra para que este día la tierra patria se alce a toda su estatura. Los treinta mil que fueron uno a uno señalando el camino.. . Estos versos no son, de ninguna manera, un llanto sino un canto. Ya se verá que los vivos van detrás de los muertos bajo la lluvia de flores de 1935. ¿No señalaron estos últimos el camino? Y como son espíritus no proyectan sombra como las almas del trasmundo que nos describe el Dante. Pero los treinta mil sin sombra -sombras que no proyectan sombra- son en la visión poética que los transfigura cuerpos gloriosos. Radiosamente, en efecto, nos los hace visualizar la poetisa cuando exclama: porque son todos luz en la memoria bajo este sol de la Victoria. Ya en pleno ámbito de transfiguraciones, éstos que están y no están, ejercen un constante vaivén entre un allí y un acá. En la alta lírica tal fantasmagoría no es sólo
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posible sino plausible. El desfile de los ausentes se verifica de modo mágico, mientras la poetisa los convoca a la fiesta de los vencedores; ella oye el militar estruendo de una marcha triunfal muy diferente de la de Rubén Darío pero no menos resonante en sus bronces y sus hierros: Tal vez penséis que allí callados duermen Tal vez penséis que allí dormidos callan mientras acá restallan anunciando los términos triunfales vibrantes llamaradas de metales... Obsérvese que ese allí nos refiere a los desiertos del Chaco, y entonces nuestra mente dirige una ideal mirada hacia tristes lugares de eterno reposo; y que ese acá representa la nombrada avenida de piedras azules sembrada de flores en 1935; la cual, además, es otra alta y luminosa avenida que se pierde en lontananza transmundana. (¡Qué deslumbrante sinestesia, entre paréntesis, la de esas vibrantes llamaradas de metales!). Vaivén, he dicho, entre un allí y un acá, en este desfile que ahora avanza hacia otra forma de celebración. En efecto, los ausentes han venido, están acá, para asistir a una cita, y para unirse al cántico del himno desde los últimos confines.. . En el eslabón-poema VI los visualizamos mejor. El Canto-Elegía tiene un carácter reiterativo en virtud del cual el aludido vaivén entre el sepulcro y la celebración, entre el allí y el acá, entre un plano real y el plano imaginario, moviliza su multitud de imágenes para potenciar la ilusión del desfile. A veces apenas se alude el allá con la imagen de un alzarse de un sitio innominado y de un venir hasta el aquí del desfile:
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Lavados con las aguas lustrales del recuerdo se alzaron todos a una han venido a formar... Han venido, sobre todo a compartir el resplandor del día Nótese cuán sugestiva es la índole bisémica del símbolo inserto en este hermoso verso: ese resplandor del día que los muertos compartirán con los vivos es, por un lado, luz, como opuesta a la tiniebla; la vida como opuesta a la muerte; es, además el resplandor de la gloria en este día triunfal. Pero, visualicemos con mayor nitidez a los muertos; veámoslos caminar ...sin rumor marcando el paso fijos los ojos como se quedaron abiertos cara al tiempo que no acaba sabiendo ya primero que vosotros esta hora, este canto y este día Porque cayeron los primeros vuestra vanguardia son Ellos los muertos ¿A quién se dirige la poetisa cuando dice, vosotros? ¿A los vivos de 1935 que, efectivamente, desfilaron y a los que en esa ocasión los vieron en la emoción del triunfo? Estos vosotros que aparecen en el poema VI ya estaban en rigor en el poema II. Tal vez penséis que están allá en silencio sin conocer auroras ni saber mediodías. Tal vez penséis que allí callados duermen Tal vez penséis que allí dormidos callan
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Estos vosotros resultan tener identidad muy compleja: son los vivos de ayer y somos los vivos de hoy y son los vivos de mañana, tal como el desfile es un desfile de ayer, de hoy y del mañana eterno de la gloria. Canto por lo que tiene de género heroico, y elegía por lo que tiene de llanto, se ha dicho; el poemario irá mezclando, como aguas de dos ríos que se juntan aunque conservando su color, en majestuosa fluencia, la exaltación del heroísmo y la fúnebre lamentación. En el poema VII se señala a estos muertos que van en la vanguardia de los vivientes, con un ingenioso pero serio y solemne juego de palabras. Los ausentes. Fueron los que cayeron para que en pie quedaran sus hermanos y que la patria en pie permaneciera... En la "unidad encadenada" del Canto-Elegía, "en que cada eslabón recibe sentido del precedente", el eslabón número VIII será uno de los más impresionantes. Aquí lo macabro se superpone a lo triunfal y heroico o, mejor dicho, ya muestra su faz atroz y con esa faz atroz se incorpora a la marcha. Veámoslo: El arma con la cual se desposaron y que fue un hueso más entre sus huesos aún la describe el molde de sus manos.. Estos soldados muertos desfilan sin armas... Las manos que las empuñaron pasan, vacías, sí, pero conservando el molde de culatas, cerrojos, empuñaduras. Detalles tan escuetamente señalados, tan gráficamente presentados, nos dan una vívida intuición de postrimerías. Ahí van inermes los soldados que marcan el paso como los otros, aunque sin rumor, y algo inclinados:
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Curva aún sus espaldas ausente la mochilla Son ahora fantasmas que han dejado en el allá de la muerte la impedimenta; llevan, no obstante, en el rostro, bajo el ala del "sombrero blando", una sonrisa -una sonrisa que se les estira... Léase lentamente el poema VIII para captar con plenitud el sentido del porqué se les estira esta sonrisa. Vamos de vuelo ahora y detenernos, en este triste rictus de los muertos, de tantos muertos, sería, asistir por largo tiempo a la agonía de la sed, a los espejismos de la sed, a cuanto eternizó en los rostros muertos el vía crucis del sacrificio. En pocos versos de enorme intensidad expresiva, la poetisa nos dice todo esto. Sin embargo, aunque macabra, la visión de los muertos conlleva signos de vida porque esta poesía difiere en sus figuraciones de los dibujos del mexicano Posadas, dibujos en los cuales los difuntos no tienen, como los del desfile, "una juvenil cabeza". No; bajo pesados sombreros el gran artista dibuja calaveras de cuencas vacías y dientes sin labios, al paso que en los treinta mil ausentes, no sólo hay esa sonrisa sino que hay, en vez del vacío de las cuencas, unos ojos que miran con un brillo auroral eternizado: en sus ojos demora su resplandor la aurora del segado mañana.. . Se insiste aquí sobre estos detalles del gran mural en movimiento en que el desfile fantasmal consiste, para subrayar la complejidad y riqueza de aspectos conceptuales, afectivos y sensóreos con que la poetisa urde sus espectros. La maravillosa expresividad de su lenguaje poético permite todas las fantasías y resuelve las más flagrantes contradicciones. Basta un somero análisis para descubrir verdaderos "cuadros" insertos en el espacio de veintidós sílabas, esto es, en dos endecasílabos: El arma con la cual se desposaron
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y que fue un hueso más entre sus huesos... ¿No nos evocan estos dos versos fotografías macabras del Chaco, de momias con los huesos descubiertos y esparcidos junto a un fusil ya herrumbrado, fusil que parece ser parte de esas momias? Examinemos el poema XIV para apreciar en él esa fusión de canto heroico y de lamentación fúnebre ya descrita, y ese juego de afirmaciones y negaciones que se resuelve en vigoroso tropel de imágenes: Marchan aquí en columna cerrada silenciosa invisible Todos los treinta mil Es la hora en que ni uno de ellos está ausente Aquí están todos Los que no hallaron tumba Aquellos cuyos huesos dispersó la metralla O los que no pudieron unir nombre con rostro El perdido en la noche el sin cruz y sin fúnebre discurso el que murió en la brasa de la sed y el que vació sus venas en soledad en tierra El que murió creyendo que soñaba y el que mataba cuando ya moría Con sus soles truncados se hizo este radiante y clamoroso día ... ¿En qué quedamos? ¿No los habíamos visto hace un instante pasar infinitamente
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como a lo largo de una avenida de la eternidad, la cabeza juvenil bajo el blando sombrero, curva aún la espalda bajo la mochila ausente y ahora resultan formar una columna invisible? Sin duda alguna. Pero esta afirmación de su invisibilidad, negación de su muy reciente visibilidad potencializa la figuración fantasmal. De ninguna manera borra el desfile de nuestra psique, porque si lo niega como perceptible lo hace como ocultándolo tras una niebla para luego dejarlo reaparecer, tal como en la explanada del Palacio de Elsingor, la sombra del Rey Hamlet, con un manto real, en la cabeza el yelmo y en éste la visera alzada, aparece y desaparece y vuelve a aparecer a los ojos de Bernardo, Marcelo y Horacio, obsesos por el fantasma. En la misma contradicción entre un eslabón y otro, yace, pues, el secreto de la poética potenciación de estas presencias de ausentes. Volvamos a leer el poema XIV. Hacia la mitad o, mejor, a partir del verso séptimo, la "cámara" abandona el aquí del desfile y enfoca, digamos, el allá donde cayeron los ausentes. Y entonces en nuestra psique de lectores no distraídos, se suscitan imágenes de infinitas muertes, de múltiples tipos de muerte en que los treinta mil hallaron su destino. Y nótese cómo al final del poema-eslabón la poetisa vuelve a verificar una síntesis, digamos, de canto heroico y lamentación fúnebre para glorificar con nuevas imágenes a los caídos "en el día solar de la Victoria". Ahora el panegírico asevera que con el resplandor de los "soles truncados" de las vidas sacrificadas por la patria, se hizo este radiante y clamoroso día. El cántico que entonan los muertos comienza en el poema XVI y termina en el poema XXV. No hay hoy tiempo, a pocos días de la publicación del Canto-Elegía, para subrayar debidamente los hallazgos poéticos en que abunda. El himno de los muertos marcha fúnebre que nos recuerda el segundo movimiento de la tercera sinfonía: la Eroica-, resuena con sones triunfales, a despecho de la inmensa tristeza con que en él se
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lamenta el holocausto de tanta vida juvenil. Los muertos dicen en su himno de: ¡La paz llega aureolada de victoria! Y, no nos asombre la "contradicción" en el poema XXVI, cuando terminado el cántico de los muertos, éstos, a diferencia de cómo se los describe en el poema VIII y en el poema XIV; éstos, digo, reaparecen ahora muy visibles y, además, armados. Y no sólo pasan con todo su equipo: pasan ahora marciales y felices: Siguen pasando erguidos y bizarros Nadie como ellos el compás ajusta a la espalda llevando los fusiles y en la boca la sonrisa de la última broma jugada al compañero No busquéis las heridas no les contéis las llagas... Están todos de pié de pié como antes de acostarse la última vez en casa dispuestos al reposo sobre la media luna de la hamaca Lejos están las llagas las heridas lejos lo que mutila y desfigura. ¿Qué debe subrayarse como lo más notable de este poema-eslabón? Ya no hay necesidad de hacer hincapié en el mencionado vaivén, o en la contradicción ni ya siquiera en su imaginería. Hay algo sorprendente en este inesperado talante de los treinta mil. Digámoslo a grandes rasgos. En los años cuarenta los más destacados escritores que integran el famoso grupo, instauran un "personaje literario". Este personaje va a dominar
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en la mejor narrativa y en la mejor poesía. El clima espiritual de los años cuarenta era "existencialista" y "surrealista". Era surrealista no siempre exento de las preocupaciones extraliterarias y artísticas que el surrealismo inicial fue incorporando a su credo. Bien: este "personaje literario" es un agonista en Campos Cervera, un ser desgarrado y melancólico en Josefina Plá y una figura estoica y triste en Roa Bastos. Acaso el escritor que más haya contribuido a la creación de ese personaje sea el gran poeta de Ceniza redimida. Fue, en efecto, Campos, por antonomasia, "el poeta de la muerte", como el autor de estas líneas lo caracterizó en un ensayo de 19531. Toda o casi toda la poesía de Campos Cervera es elegíaca. Josefina Plá, también "poetisa de la muerte" ejerce en aquellos años fundadores una poesía tétrica y desesperada. ¿Buscar en su lírica de entonces y después un poema jubiloso y triunfal? Tarea inútil. Y he aquí que en 1985 ocurre algo insólito en su poesía mejor: el hombre paraguayo que, conforme a una tradición artística de cuarenta años, ha tenido los labios sellados para la risa, el regocijo, la broma, ahora experimenta una insospechable metamorfosis: estos ex-combatientes (que son todo un ejército de treinta mil almas) llevan en la boca la sonrisa de la última broma jugada al compañero. En la mejor literatura de "los Tristes del Cuarenta" esta sonrisa, insistamos, era inconcebible. Sobre todo, la motivación de la sonrisa: la broma2. Pues bien, Josefina Plá nos ofrece hoy esta sorpresa: el "personaje literario", esto es, el personaje convencional, patético, sí, pero no real, queda en su lírica superado. Mejor dicho, la poetisa aprehende una esencial calidad del hombre paraguayo, que el arte literario ignoró durante cuatro décadas en sus creaciones más prestigiosas. Hace años que postulo yo una interpretación más fiel al espíritu del pueblo paraguayo en nuestra narrativa, especialmente. Porque a despecho de todas las
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adversidades, de todos los infortunios, de todas las hambres y miserias personales y colectivas de nuestra historia, nuestro pueblo siempre ha sabido sonreír. Esto lo sabemos bien, tocante a lo que el hombre paraguayo ha mostrado ser durante los años trágicos de la guerra, los que estuvimos en el Chaco. En suma, ese hombre trágico, amargo, víctima patética del más aciago destino que tanto ha impresionado hasta a nuestros mismos compatriotas y sobre todo a los extranjeros, es, repitamos, un producto del arte, no de la realidad. Nuestra poetisa lo ha visto ahora, en su Canto-Elegía, conforme a su verdadero ser. Lo dicho anteriormente nos plantea una cuestión. ¿Señala el Canto-Elegía una nueva etapa en la poesía de Josefina Pla? No quisiera arriesgar una respuesta afirmativa. La última obra poética que nos ofrece es, no olvidemos esto, una elegía. Para cantar a los héroes del Chaco la poetisa elige a los muertos. Esta elección misma podría sugerir, sin más, la vocación elegíaca de quien desde hace medio siglo se destaca -insistamos- como "poetisa de la muerte". Recordemos un poema titulado "Dame... Y." Es un poema escrito en 1937 a un sólo ausente, el gran ceramista Julián de la Herrería: Dame, mi ausente, el signo de tu ceniza. En ella agrisaré mi pelo, amargaré mis labios.. . Dame, mi muerto, nieblas de tu última mirada. Con ella velaré las pupilas audaces, extinguiré los brillos de los domingos nuevos que como girasoles florecerán mañana..3. Terrible poema. Acaso el más fúnebre de la lírica hispánica. Ni en los "Sonetos de la muerte" de Gabriela Mistral se llega a este extremo de desgarramiento ni a una intuición tan tétrica de lo macabro. Escrita en 1937, esta elegía antecede en casi medio siglo a la de
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Los treinta mil ausentes. La maestría de la autora, su dominio del oficio, su eficacia verbal en 1937 son los mismos de hoy. ¿Por qué, no obstante, nos inclinamos a ver en el Canto-Elegía el cenit de su lírica? ¿En qué consiste lo nuevo? Debe agregarse, antes de responder a esta pregunta, que, en cuanto a procedimiento poético, el aludido juego de contradicciones, merced al cual lo negado da más relieve a lo antes afirmado y hace que esto último adquiera una mayor energía representativa, ya en un poemario de 1945 lo vemos ejercido con eficacia. Y da la coincidencia de que uno de los poemas acaso más representativos de aquellos años -los cuarenta- verse, también, sobre un personaje... ausente. Mejor dicho, el poema a que aludo tiene por protagonista una "omnipresente ausente", que, en virtud de un discreteo que llamaríamos "manierista" para darle un nombre, suscita una incógnita cuya revelación no tarda en verificarse. La "omnipresente ausente" es la poetisa misma o, si se quiere, el fantasma juvenil de la poetisa. En suma, algo muy similar a ese "fino galgo" que seguía a Antonio Machado "cual dócil sombra". Bien: se puede ahora afirmar que en el Canto-Elegía, el discreteo -en lo que pueda éste tener de artificioso- no es visible. El procedimiento de negación y afirmación o viceversa se aplica con gran fuerza expresiva y está cabalmente justificado. En cuanto al cabo suelto que dejamos más arriba, mejor dicho, en cuanto a la pregunta sin respuesta que formulamos así: ¿en qué consiste lo nuevo? Lo nuevo, se entiende, en lo que mira a lo elegíaco puro, sin aleación alguna, he aquí la respuesta: en las elegías de antes no se trascendía de lo macabro y luctuoso. En el Canto-Elegía sí, se trasciende: los muertos no son ya cal despedazada y ceniza: los treinta mil sin sombra ...son todos luz en la memoria bajo este sol de la Victoria.
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Al terminar la lectura de Los treinta mil ausentes, obra tan majestuosa y de tan elevado estilo, uno no puede menos de recordar la célebre "Oración fúnebre" que Tucidides pone en labios de Pericles en el Libro II, capítulo VI de La guerra del Peloponeso. J. B. Bury imagina detectar en la prosa inmortal de Tucidides frases auténticas de Pericles, porque el historiador escuchó al estratego el día en que éste pronunció la oración. Esto es, Tucídides no la invento del todo. Una de aquellas frases declara: "La tierra entera es el sepulcro de los hombres famosos"4. Podría decirse que nuestra poetisa ha hecho en el Paraguay tan presentes a sus Treinta mil ausentes, que el sepulcro de ellos podrá hallarse en todas las tierras donde se habla español. Agosto, 1985
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NOTAS
1 El ensayo se titula "Hérib Campos Cervera, poeta de la muerte", y apareció en la Revista Iberoamericana, Volumen XVII, Núm. 39, en julio de 1951. (Este número lleva fecha atrasada: en rigor vio la luz en 1954. Fue reproducido en mi libro Korn, Romero, Güiraldes, Unamuno, Ortega, México, Colección Studium, Ediciones De Andrea, 1958. 2 Véase mi estudio "El vanguardismo en el Paraguay", Revista Ibero-américa, enero-junio de 1982, Núms. 118-119, y también mi artículo "La narrativa paraguaya desde 1960 a 1970", en la revista Nueva narrativa hispanoamericana, Nueva York, Vol. 1, Núm. 2, enero de 1972. 3 El poema termina así: ...Y me darás tus huesos. Con ellos en los míos, agotaré los astros de la noche más nuestra. Por el camino blanco de las eternidades mi polvo con tu polvo, se irá tras las violetas. (Véase mi estudio "Josefina Plá, española de América y la poesía", Cuadernos Americanos, Núm. 4, julio-agosto de 1968. Otra versión de este trabajo vio la luz en Papeles de Son Armadans, Madrid-Palma de Mallorca, Vol. LVIII, Núm. CLXII, 1970. 4 Ver J.B. Bury, A History of Greece, New York: Modern Library, s.f. Pág. 387. Ver el comentario de Werner Jaeger en Paideia. Los ideales de la cultura griega, (México: Fondo de Cultura Económica, 1962), Págs. 366 y siguientes.

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Volver al Índice I Los treinta mil ausentes en el día solar de la Victoria. los treinta mil callados este día solsticio de la gloria Los treinta mil sin sombra sobre la patria tierra para que en este día la tierra patria se alce a toda su estatura Los treinta mil que fueron uno a uno señalando el camino Que en sus puestos quedaron hechos muro y frontera Los treinta mil ausentes los treinta mil callados los treinta mil caídos los treinta mil sin sombra porque son todos luz en la memoria bajo este sol de la Victoria

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II Tal vez penséis que están allá en silencio sin conocer de auroras ni saber mediodías y sin beber la aloja del ocaso ya ciegos para siempre a sus soles de fuego como a sus noches ebrias de luceros bajo la Cruz del Sur soñando junto al lento rizo de las raíces sordos al grito errante de sus pájaros velados por la escueta arquitectura de cactos y de ascetas guayacanes Tal vez penséis que allí callados duermen Tal vez penséis que allí dormidos callan mientras acá restallan anunciando los términos triunfales vibrantes llamaradas de metales

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III Pero no No es así No pueden quedar solos Vosotros no podéis pensarlos allá solos Ellos no pueden allá quedarse solos Ellos están aquí sin faltar uno Ellos también supieron de la cita y para unirse al cántico del himno desde los últimos confines acuden al clamor de los clarines.

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IV Los treinta mil que allá quedaron prendidos a la tierra como queriendo oírla como queriendo asirla como queriendo hacerse raíz en ella o cara al sol gritando sin palabras ¡OH voz inacallable de los muertos! una vez más su voto de colgar en las lindeas de la patria arco triunfal de las fronteras los ramos de sus verdes primaveras

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V Los treinta mil que allá cayeron señalando con el ramaje roto de sus huesos la ruta de la pólvora la senda del rugido El mapa de la sed y la fatiga donde no falta un grito ni un gemido ni una gota de sangre ni un latido Están todos aquí blanqueadas sus heridas reavivado el color del verde olivo porque vienen de adonde en la sombra renuevan sus arco iris las banderas de las indestructibles primaveras

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VI Lavados con las aguas lustrales del recuerdo se alzaron todos a una han venido a formar en el desfile a compartir el resplandor del día Y en el aire de canto y siempreviva caminan sin rumor marcando el paso fijos los ojos como se quedaron abiertos cara el tiempo que no acaba sabiendo ya primero que vosotros esta hora este canto y este día Porque cayeron los primeros vuestra vanguardia hoy son Ellos los muertos

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VII Fueron los que cayeron para que en pie quedaran sus hermanos y que la Patria en pie permaneciera Callan pero comandan el desfile Caminan ya sin sed y sin cansancio Beben sin prisa el brindis transparente del permiso sin término Llevan sin pausa el ritmo de la marcha Sus heridas quedaron allá donde señala anónima corola la oculta cabecera en el tiempo y destino confunden ambos su era

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VIII El arma con la cual se desposaron y que fue un hueso más entre sus huesos aún la describe el molde de sus manos Curva aún sus espaldas ausente la mochila cubre el sombrero blando la juvenil cabeza y en su rostro se estira una sonrisa en donde la picada traicionera en el ensueño se hace ingenuidad de arroyo el estero un espejo destellante y el pajonal susurro acariciante Su juventud ciñó como corona el compromiso con la muerte como el austero cacto su flor efímera entre espinas (Su flor también apenas duró un día) En sus ojos demora su resplandor la aurora del segado mañana Guardan sus manos todavía un poco de la tierra que era su propia tierra en sus huesos erguida Para hacerse muralla Para hacerse bandera Para volverse escudo

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IX Para su mano no hubo ya una mano Para su abrazo no hubo ya una novia Para su sueño no hubo ya enramadas Para su orgullo no hubo descendencia Para su arado no hubo sementera Para su canto no hubo compañeros Para su pecho no hubo ya medallas Fue suyo el viento sin hamaca y suyo el mate amargo el cimarrón postrero de sabor a amanecer prohibido y apagado lucero

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X No habléis así No habléis así Porque por ellos siguen las canciones mojadas por los besos en los valles Por ellos hay orgullo en los hogares Por ellos cantan hoy guitarras en los valles Y se mecen tranquilas las hamacas en la brisa suave de los valles y circula en el corro de los atardeceres el mate fraternal y compartido tras el duro trabajo allá en los valles

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Ellos están aquí también Os acompañan Los nimba vuestro júbilo Los nimba la luz de vuestros soles recobrados Ellos están aquí Cómo podrían dejar de estar presentes en esta hora del deber cumplido y la alegría total? Cómo podrían estar lejos en la hora del banquete fraterno huérfanos del arrullo de los himnos ciegos para el color de las banderas en esta hora en que se hace pura luz la sangre? Cómo podrían quedar allí este día con solo el vidrio roto y reseco de un lejano llanto la fugitiva brisa de los rezos sin una mano que se extienda como piadoso hisopo renovando el rocío sobre el disperso ramo de sus huesos? Ellos están aquí y os acompañan batiendo el paso con el vuestro batiendo el paso en vuestro pulso batiendo el paso en el temblor del párpado Su mano encuentra nuevo calor en vuestras palmas y añade claridad al día su invisible presencia.
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XII Porque aún muertos no son los desarmados Porque aún muertos reclaman voz y voto Porque aún muertos sus sueños continúan en el sueño de paz que conquistaron que hoy es ya nuestro Nuestro Nuestro Nuestro Y respiráis el aire en que estuvo su canto adolescente Y en el viento que agita estas banderas alienta aún su último suspiro que viene aleteando de sus lejanos valles

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XIII Madres que con la mano sobre el pecho casi alma creéis tocar aún el rostro del ausente vuestros hijos perdidos están aquí y a vuestro lado pasan Madres cerrad los ojos y miradlos Ellos que retornaron a la tierra vuelven todos ahora en ola irresistible Porque la tierra vuelve en pie otra vez se pone Porque la tierra vuelve vuelve incesante en el correr del tiempo En ella se hacen las generaciones de nuevo carne y canto de la patria

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XIV Marchan aquí en columna cerrada silenciosa invisible Todos los treinta mil Es la hora en que ni uno de ellos está ausente Aquí están todos Los que no hallaron tumba Aquellos cuyos huesos dispersó la metralla O los que no pudieron unir nombre con rostro El perdido en la noche el sin cruz y sin fúnebre discurso el que murió en la brasa de la sed y el que vació sus venas en soledad en tierra El que murió creyendo que soñaba y el que mataba cuando ya moría Con sus soles truncados se hizo este radiante y clamoroso día

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XV Acuden todos hoy a respirar el aire de canto y siemprevivas que es su alimento mismo Han regresado todos a su hora igual que regresaban en su día cumplido ya el trabajo dejando atrás la herida gloriosa de la tarde sabiendo que cada noche hereda una mañana Regresan todos a mirar el dolor hecho sonrisa, la angustia hecha clamor de bienvenidas y la ausencia esperanza renacida Ellos cantan el himno con vosotros El himno de los vivos tiene su eco y el himno de los muertos tiene el suyo Un eco que es la sombra gigante de los himnos Escuchad en sus bocas inmóviles el canto En su garganta muda el estribillo

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XVI Nacimos herederos de la muerte y devolvimos pronto nuestra herencia Pasamos como en sueños desde una aurora a otra inmensa y sin orillas Sin esperar que el tiempo quebrase nuestras rótulas o marchitase el lustre de follaje en septiembre en nuestro pelo Antes de que la fuente diáfana de los ojos se convirtiese en charco mortecino negado al resplandor de los luceros

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XVII Y sin embargo madre hermana novia era grato miraros era grato mirar el sol jugando al escondite tras de la cabellera lustrosa de las palmas Era dulce beber vivificante el agua manantial donde vertía el crepúsculo su azúcar amarillo Era dulce correr cortando el viento juguetón de septiembre y llegar a la puerta de aquel rancho con una hoja de yvapobó en el pelo para que la soltasen los dedos traviesos de la novia Era dulce sentirse dueño de algo que no sabíamos qué era pero que nos vibraba como una cuerda viva de guitarra en los pulsos y un canto de cigarra bajo la cruz del pecho

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XVIII Era dulce sentirse dueño de algo que no sabíamos qué era y quedó sangre adentro para siempre como se queda presoñado el grano de uva en la yema cortada al comenzar septiembre Tanto rumor alegre de ramajes al viento al comenzar septiembre Tanta rosa en la sangre encarcelada al comenzar septiembre Tanta esperanza de no se qué en la tarde cuando baja el vivero de estrellas a la sangre al comenzar septiembre cuando la luna tira sus espejos al agua al comenzar septiembre

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XIX Tanto querer vivir tanta sabia bullendo en la garganta vuelta cascada de tambores Tanto latido hecho para comprar pedazos de amor y de alegría convertido en reloj para medir el tiempo del ataque Tantos gritos de amor y de esperanza ahogados en el silencio del acecho Tantos gritos de amor y de esperanza vueltos gemido Tantos besos de amor y de esperanza ahogados en el trago de la herida Tanta bullente sabia de amor y de esperanza por la arena sorbida

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XX Había en estos brazos montones de panales centenares de surcos millones de áureos frutos y millones de espigas Cien mil faroles domingueros de júbilo cien mil ramas en flor cien mil lunas crecientes danzando entre pestañas de alegres galoperas cien mil caricias enredadas como los dedos en el arpa en juveniles trenzas En nuestra frente estuvieron las banderas del viento los urubús del trueno Las mariposas rúbricas del sueño

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Y las cambiamos por el haz de rayos fríos de azules bayonetas un cinturón de proyectiles un collar de granadas Cambié mi corazón por un paquete de cartuchos el brazo de mi padre sobre el hombro por el fusil en banderola Empujé hacia adentro las lágrimas para que no nublasen mi camino Y me olvidé del nombre que mi madre me daba al ofrecerme el mate en las mañanas Y dije adiós a los paisajes que fueron los pañales de mis ojos al cerro y al arroyo de mi infancia Y adiós a rostros que no se sabían pero que yo sabía y que sabían el mío Encerré en el palenque los potros de los sueños dejé los sitios que conocía como conoce el pan la mano o los labios el vaso para marchar por sitios enemigos a visitar rincones rencorosos de acecho y altares del peligro

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XXII Yo dejé mi rostro colgado de sus ojos para que lo guardasen en mi ausencia y le contasen su cariño y le contasen los sábados sin fiesta Los domingos de misa de nostalgia Las madrugadas sin saludo Las tardes de la espera – Y yo se lo dejé para los rezos – Y yo se lo dejé para el silencio – Y yo se lo dejé para las lágrimas – Y yo se lo dejé para el orgullo

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XXIII Dejé la calma el ala la flor en la sonrisa apreté contra el pecho los riesgos y el recelo como se toma entre los brazos el tigre para ahogarlo Me vestí del olvido como un traje fantasma me arropé con la astucia con un traje de niebla o de aire oculto me vestí con la sed como camisa hecha de ascua y me hice del sombrero mi corona de espinas

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XXIV Y por eso la muerte contra mí nada pudo Pues ser soldado no es desafiar la muerte es abrir antes que ella la picada escribir antes que ella las finales palabras y burlar su amenaza reírse de su mueca y despreciar su premio Pues ser soldado es comprender de pronto que la muerte camina siempre como la sombra con nosotros Y saber olvidarla es el lujo terrible del soldado Y me fui lejos para que nadie me escuchara y morí lejos para que muerto no me vieran y me pudieran soñar vivo un poco más un poco más de tiempo todavía

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XXV Patria hemos muerto para que vivieras Hemos callado para que cantaras Hemos dado la sangre y la sonrisa para que tu sonrisa prosiguiera Patria caímos para que inconmovible en pie siguieras Patria cegamos para que más fulgiera tu horizonte La juventud que no tuvimos es juventud que entre tus venas se renueva Patria hemos muerto para que vivieras hemos caído para que mientras en ti seamos latido de raíz y de simiente inconmovible e intocada sigas Y mientras no nos dejes morir en el recuerdo mientras en ti vivamos no lo olvides ¡tu seguirás viviendo!...

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XXVI Siguen pasando erguidos y bizarros Nadie como ellos el compás ajusta a la espalda llevando los fusiles y en la boca la sonrisa de la última broma jugada al compañero No busquéis sus heridas no le contéis las llagas no le contéis las puertas que buscando su alma les abrieron las balas Están todos de pie de pie como antes de acostarse la última vez en casa dispuestos al reposo sobre la media luna de la hamaca Lejos están las llagas las heridas lejos lo que mutila y desfigura

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XXVII Todo quedó borrado en la distancia Todo pasó en el sueño Están de nuevo en casa la guerra comenzará mañana Mañana se echarán al hombro la mochila y ensayarán el paso que ya no habrá de terminarse mientras haya una patria y una historia y se pondrán en marcha mientras de todas partes el rebelde color de los lapachos se derrama en los campos Y tomarán el mate último servido por la madre de manos arrugadas o la hermana de trenzas enfloradas Ahora marcan el paso ocultos en la lluvia solar del negro día Y prosigue su canto

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XXVIII “Cuando dejándonos atrás avanzabais vosotros íbamos con vosotros Cuando en las noches de suspenso y de peligro buscabais el amparo de las sombras con vosotros estábamos queriendo hacer un poco más densa la tiniebla en que pudierais arroparos Cuando en la zanja alzando la cabeza oteabais el peligro allí estábamos todos en el campo de nadie señalando la sombra para que no os traicione señalando la luz para que no os denuncie Y cuando cuerpo a tierra desde la tierra misma podíamos contar vuestros latidos allí estábamos todos con vosotros estábamos cubriendo vuestros rastros en el fondo de los oscuros cañadones”

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XXIX “Vosotros no llegasteis más lejos que nosotros Sólo se os vio llegar más lejos Pero nosotros íbamos delante de vosotros marcándoos la senda Y donde cayó el último le recibimos todos con un clamor de triunfo que resonó más alto que todos los cañones”

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XXX “No nos abandonéis ahora que ya no es necesario ir delante sobre campos de la muerte y pisáis otra vez los campos de la vida No nos abandonéis Como vosotros en el último instante del recuerdo estaremos Marchar queremos con vosotros...”

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XXXI Este es el día solar de la Victoria Trae consigo el aroma cereal de los maizales el perfume nupcial de los azahares el oro de los viejos naranjales ¡Oh día solsticial entre los días triunfales!

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XXXII El himno adensa el aire y el aire es ya todo himno De Norte a Sur y de Este a Oeste la patria es sólo un cántico es sólo un gran suspiro ¡La paz llega aureolada de victoria! Llevadnos con vosotros La tierra se estremece toda ella vuelta música y el río también arrastra música en su marcha interminable hacia el mar la música del río caudaloso padre de nuestra historia “Música de la sangre hecha victoria!...”

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XXXIII Vuelven los hijos los hogares florecen como ceibos en agosto Madres esposas compañeras novias buscan todas el rostro amado que les pertenece Son muchos los que vuelven y hay un fulgor de espejos encantando rincones de las almas Son muchos los que faltan y hay una oscura nube que se deshace en invisible rocío sobre el alma mutilada Son muchos los que vuelven y en los pechos suenan alegres los tambores Son muchos los que faltan y son muchos los relojes sin hora y sin embargo...

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XXXIV Y sin embargo madres esposas compañeras hijas novias ellos están ahí Marcan el paso Cerrad los ojos Los veréis marchando Al par erguidos Porque todos llegaron ¡pero ellos los primeros¡ Porque cayeron antes Y fue el sorbo primero el de sus venas Cuando sonó el clarín de ¡Cese el Fuego! pecho al frente sangrando todavía ¡allí estaban también en la vanguardia! Cerrad los ojos Los veréis marchando Su paso en cada corazón resuena porque se convirtió en nuestro latido

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XXXV Hoy que la patria entera entona su himno bajo los soles recobrados... ¡Sean un millón de veces benditos nuestros muertos! ¡Sea un millón de veces laurel a los caídos! ..................................... La patria está donde están los vivos ¡La patria es en donde están sus muertos...!

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Volver al Índice LOS TREINTA MIL AUSENTES Mereció el primer premio en el concurso de poesía convocado en 1982 por el Unión Club, para celebrar el Cincuentenario de la Defensa del Chaco.

ILUSTRACIONES Y VIÑETAS de Carlos Colombino EDITORIAL ARTE NUEVO – 1985 Edición al ciudado de HDR y HDM Los treinta mil ausentes Josefina Pla Ilustraciones y viñetas de Carlos Colombino Serie Poesía – Épicos I 750 ejemplares Queda hecho el depósito que marca la ley Ejemplar de Cortesía Sin valor comercial Arte Nuevo Editores

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LOS TREINTA MIL AUSENTES

JOSEFINA PLA

LOS TREINTA MIL AUSENTES
(Elegía a los caídos del Chaco) Prólogo de Hugo Rodríguez Alcalá Ilustraciones de Carlos Colombino

Elegía a los caídos del Chaco
Este Canto-Elegía compuesto por 35 poemas, puede ser recitado o leído como se lee o recita un libro de poemas. Puede leerlo o recitarlo una sola voz o varias; de mujer o de varón; voces femeninas y masculinas alternadas, etc. Constituye en suma un poemario cuya característica es la unidad encadenada de su motivación y contenido. Cada eslabón recibe sentido del precedente y lo da al que le sigue: aunque muchos de ellos pueden ser eventualmente “dichos” como poemas aislados.

Se terminó de imprimir en los talleres gráficos de la Imprenta ARTE NUEVO a los 8 días del mes de agosto de 1985

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