TRASCENDENCIA EN EL AMBITO LABORAL Con este escrito se busca –entre otras cosas- enfocar la realidad, los problemas y las

situaciones cotidianas desde la perspectiva de la fe, descubriendo que no se les hace violencia o se simplifican, sino que les proporciona un “plus”, una riqueza de perspectiva, que lejos de competir con la razón y en general con la naturaleza humana, las complementa. ¿Qué aporta la fe a esa realidad tan humana, tan cotidiana e inmediata que es el trabajo?, ¿no se trata de dos horizontes paralelos e irreductibles entre sí?, más aún, ¿no constituye el trabajo – siempre desde la perspectiva bíblica- un castigo debido al pecado original? Como en tantas ocasiones, al tratar temas involucrados con la fe, podemos ser sujetos de equívocos o simplificaciones. Desde la óptica bíblica el trabajo no es un castigo, lo que constituyó el castigo fue el agotamiento que lleva consigo, el ir acabando con las fuerzas humanas por el cansancio; pero ya antes del pecado el hombre trabajaba y Dios contaba y cuenta con ese trabajo como parte de la vocación fundamental del hombre, de su papel en el mundo. De otra parte, querer hacer del mundo de la fe y del mundo del trabajo dos campos paralelos e irreductibles implica introducir en el hombre una división, cuando no una ruptura, absolutamente innecesarias y siempre nocivas, al tiempo que se termina por recluir a la fe en el ámbito de lo irrelevante, encerrándola en la conciencia y despojándola de voz en el concierto público. Obviamente no se trata de crear una teocracia o de solucionar problemas técnicos con agua bendita o “aves marías”; es una cuestión más de fondo, ya que si bien los ámbitos laborales y religiosos son diversos, no son opuestos, sino que se complementan y enriquecen mutuamente. La fe descubre su auténtico sentido al trabajo, le da una dimensión trascendente, lo libera de la asfixia de lo inmediato y de los estrechos horizontes del éxito, lo proyecta dándole una dimensión social e histórica bien precisa. Si en el Antiguo Testamento es claro que el hombre fue creado para trabajar, en el Nuevo, con la Encarnación del Hijo de Dios, con Jesucristo, el trabajo adquiere una luz original cargada de significado y valor. Con sus 30 años de vida oculta, en los cuales Jesús trabajó como uno más -era “hijo del carpintero”- convirtió al trabajo humano normal, sencillo, ordinario en instrumento de redención. Es decir, a través del trabajo puedo entablar un diálogo con Dios, unirme a Él, imitarlo y cooperar con su misión salvífica en el mundo. Al trabajar con esta disposición me convierto en colaborador de Dios, desprendiéndose un cúmulo de consecuencias prácticas para el cristiano: primero el deber de trabajar mucho y bien; un cristiano flojo es un contrasentido, alguien que voluntariamente busca mantener esa dimensión paralela entre la fe y el trabajo por comodidad, traicionando o empobreciendo, como se quiera ver, la propia fe. Al mantener ese diálogo divino con ocasión de la propia profesión, se descubre que el trabajo “nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor” (en expresión de San Josemaría). Es un medio para expresar mi amor a Dios, pero también mi amor al prójimo, a la sociedad en la que vivo, a mi propia profesión.

es decir. y a santificar a los demás con el trabajo.Entiendo su sentido más profundo. a crecer en virtudes. que a través de él presto a Dios. por la profundidad del horizonte con el que lo hace: mero enriquecimiento personal. o colaborador de Dios y de los hombres para construir un mundo mejor. no hay diversas categorías de oficios. lo característico del amor es el servicio. porque si la obra propia de la libertad es el amor. todos gozan de la misma dignidad y valor. de laboriosidad. .que Dios me llama a santificar el trabajo mismo. de idoneidad. ofreciéndolo a Dios como sacrificio agradable en su presencia. con rectitud moral. de convivencia. Visto así no existen trabajos mejores que otros. a mi familia y a las personas con las que lo realizo. para acercarlos a Dios. a la sociedad. a la sociedad. cada uno se mide exclusivamente por el nivel espiritual del que lo realiza. Lo definitivo en el trabajo es en consecuencia el amor con el que se realiza. porque así se trasciende la inmediatez más plana de la propia afirmación o satisfacción de necesidades perentorias. Salgo de esa cárcel de egocentrismo en la que tantas personas se debaten dentro del mundo laboral. para ayudarles a mejorar humanamente y también muchas veces. más humano. tomar ocasión de él para servirles. mi profesión: hacerlo bien. a santificarme en el trabajo: a mejorar como persona. y se descubre su valor primordial en el servicio. para comprender con luz nueva –a través de ese diálogo. a mi familia y en definitiva a mi mismo. Con el trabajo presto un servicio a Dios.