Miguel Mihura

Milagro en casa de los López
Comedia en dos actos, el segundo dividido en dos cuadros.

Miguel Mihura

Cronología de Miguel Mihura

1905. Nace en Madrid, en la calle Libertad, el día 21 de julio. 1915-23. Cursa sus estudios de bachillerato en el colegio San Isidoro y más tarde en el Liceo Francés. Amplía su formación con clases de música, dibujo e idiomas. Compagina sus trabajos de decorador de abanicos y jarrones con las giras de su padre, el actor, autor y empresario Miguel Mihura Álvarez, con la compañía de Pedro Zorrilla. 1924. Escribe su primer artículo en La Voz. Empieza a colaborar con Buen Humor y el diario El Sol, donde publica historietas cómicas. 1925. Muere su padre, empresario de la compañía de Aurora Redondo y Valeriano León. Colabora en Muchas Gracias, firmando los textos como Miguel Santos. 1932. Dirige la compañía Alady. Escribe, durante su convalecencia tras una operación de cadera, Tres sombreros de copa. 1934. Comienza a trabajar para el cine adaptando los diálogos de doblaje. Publica en el diario Ya la serie cómica ―El señor cara de palo‖. Escribe su primer texto original para el cine: Una de fieras, iniciando así su colaboración con Eduardo García Maroto. Escribe el guión de Don Viudo de Rodríguez, dirigida por su hermano Jerónimo Mihura. 1936. Se traslada a San Sebastián y crea la revista de humor La Ametralladora, donde firma como ―Lilo‖. 1939. Estrena ¡Viva lo imposible! –escrita junto a Joaquín Calvo Sotelo– en el Teatro Cómico. 1941. Funda la revista La Codorniz, junto con Manuel Halcón. 1943. Estreno en el Teatro María Guerrero de Madrid de Ni pobre ni rico sino

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Milagro en casa de los López

todo lo contrario, escrita junto a ―Tono‖. Un año más tarde abandona La
Codorniz. 1946. El 20 de febrero estrena en el María Guerrero El caso de la mujer asesinadita, escrita con A. De Laiglesia. 1948. Se publica Mis memorias. 1952. Colabora con Luis G. Berlanga y Juan Antonio Bardem en el guión de Bienvenido Mister Marshall. El 24 de diciembre Gustavo Pérez Puig estrena Tres sombreros de copa en el Español de Madrid. Un año más tarde gana el Premio Nacional de Teatro por esa obra. 1953. Estreno en el Teatro Alcázar de El caso de la señora estupenda y en el Reina Victoria de Una mujer cualquiera. El 25 de noviembre se representa en el Teatro de la Comedia A media luz los tres, cuyo título original, Piso de soltero, fue censurado. El año siguiente presenta en La Comedia El caso del señor vestido de violeta. 1955. Estrena Sublime decisión y La canasta, en el Infanta Isabel. El siguiente año sube al escenario de La Comedia Mi adorado Juan, por la que recibe su segundo Premio Nacional de Teatro. En 1957 vuelve a levantar el telón del Infanta Isabel, en este caso con Carlota. 1959. Estreno de Maribel y la extraña familia. Recibe su tercer Premio Nacional de Teatro. 1961. Estreno de El chalet de Madame Renard en el Infanta Isabel. Le siguen Las entretenidas en La Comedia (1962) y La bella Dorotea en el mismo teatro (1963). 1964. Estrena en La Comedia Ninette y un señor de Murcia, que será llevado al cine por Fernán Gómez, y en el Talía, de Barcelona, Milagro en casa de los

López.

1966. Estrena Ninette, modas de París, en La Comedia. Recibe el Premio Nacional de Literatura. 1967. Representaciones de La decente en el Infanta Isabel y, un año más tarde, de su última obra, Sólo el amor y la luna traen fortuna. 1972. Recibe el Premio Cortina que otorga la Real Academia Española. 1976. El 16 de diciembre es elegido miembro de la Real Academia Española; le corresponde el sillón K. 1977. Fallece el 28 de octubre de Madrid de coma hepático. Es enterrado en San Sebastián. 3

que sólo subiría a los escenarios veinte años después. Tres sombreros de copa. en caso extraño de parto no precoz sino supertardío. aun habiendo claudicado para circular con éxito por los escenarios comerciales. En época de los Quintero. No busquemos en su teatro valor documental alguno. O sea. muy vanguardista‖). sabe que fabricar piezas teatrales es calcular repartos.Miguel Mihura 100 años. de acomodación a los usos comerciales. 10 claves y 1 propuesta Mihura ya me parecía un autor singular y digno de atención el año pasado. Hijo de un hombre de teatro. Sólo que él. Postrado en cama por enfermedad durante casi un año. cuando sólo se cumplían 99 años de su nacimiento. con los ritos y. La sorpresa llegó al rechazarle los empresarios esa pieza (―es un humor muy moderno. 4. Viene de la praxis humorística y del mundo del espectáculo. 3. pues. cuando resultan obligadas las reverencias. aprovechó el tiempo para escribir su primera obra. Pero es ahora. Él lo atribuyó siempre a su pereza o explicando que sólo volvía a la escritura cuando desde el banco le anunciaban números rojos. contribuiré a conmemorar esos 100 años lanzando 10 rápidos flashes sobre su producción. escribió siempre con un ojo puesto en la taquilla. aquel autor que forcejeaba para abrirse paso en los escenarios. no deja testimonio válido de la misma. Mihura nació al teatro con dificultades. al alcanzarse el centenario. a astracanismos facilones. fue dando productos a cuentagotas. Vital Aza o Muñoz Seca. Mihura no procede del estudio ni de la lectura. Hijo legítimo de su época. 1. escribir a la medida de tal o cual actriz o actor y combinar recursos para conseguir que la pieza triunfe. No viaja del libro al escenario. Tardíamente aceptado en el teatro comercial. Profesional del teatro. Sin aura literaria. como todos los autores del mundo. Unos 4 . lo proclamaba. No nos engañe ese modo de encubrir con pudor su autoexigencia. 2. sin bagaje libresco. nunca recurrió a tópicos regionalismos de cliché. prefirió dialogar con los cerebros de sus espectadores y buscar un humor dirigido siempre a la inteligencia. el primer Arniches. La espontaneidad creativa quedó herida y ya siempre hablaremos de una evolución condicionada. conservó siempre un sentido de la dignidad artística que le impidió fabricar productos nacidos simplemente de una fórmula taquillera. 5. Mihura nos ha legado personajes que son producto exclusivo de su singularísima inventiva. sin ínfulas intelectuales. puesto que los números redondos son tan impactantes. ajeno a poses intelectuales. Cumplamos. Si no escribió más es porque.

Que sus personajes sean militares.Milagro en casa de los López mendigos que son sólo sus mendigos (Ni pobre ni rico. Solterón empedernido. en definitiva. porque el matrimonio. Enfrente. A su manera. algún superficial le tildaría de misógino o. estaba contribuyendo a airear la atmósfera gris de aquellos años (como pedí arriba. En tiempos como aquellos. pero que en cuanto pudo pasó a la España de los golpistas. Y ya que el lector está en aquella obra. pero poco. no dictó normas de conducta. 6. libre de obligaciones de fidelidad. lo que es lo mismo. de Tres sombreros de copa). y no tendrá la menor duda de que estamos ante un enamorado de la mujer. de moralidad tan unívoca. Quien. tan impuesta y tan innegociable. iniciar una relación que ya no sería adúltera. Mihura escapó a filiaciones. en La decente. fue capaz de idear personajes que escaparon al maniqueísmo simplón de buenos y malos. practicaba desde su teatro un modo personal de embromar el sistema de valores impuesto. magnífico embrión de todo el teatro mihuriano. La única clasificación que admiten es aquella que los divide en marginados y acomodados o. cuando menos. pero poco. Nombré arriba el franquismo –manera segura de entristecer la página– y aprovecho para subrayar que este autor a quien la sublevación franquista pilló en el Madrid republicano. que algunos de ellos estén casados. podría suponerle radicalmente opuesto al matrimonio. cultivó con maestría el arte de la relativización que en épocas de dictadura tiene mucho de alivio y de aire fresco. entiéndase la frase en todos sus sentidos). que otros asesinen. Al matrimonio condena. confundiendo máscara y ser). leeremos a Mihura sin aspiraciones de saber cómo fue la vida en el franquismo. ante un escritor tan monotemático que pudo decir: ―Mi teatro soy yo y una mujer enfrente‖. Recuérdese en Tres sombreros de copa la prédica de Don Sacramento enumerando las estúpidas obligaciones del futuro casado y se entenderá el desprecio de Mihura por el emparejamiento burocrático. aun viviendo tiempos absolutistas y dogmáticos. a Dionisio. Quienes leemos a Garcilaso sin teorizar sobre la sociología de los pastores y a Lorca sin exigir el ADN a sus gitanos. en listos (los primeros) y tontos (los que convierten el rol que les toca representar en sociedad en razón única de su valía. preste atención a la deliciosa Paula. matizo. hacía que la protagonista prefiriera asesinar a su cónyuge para. es utilizado en su teatro como símbolo de la sumisión a las imposiciones del sistema. 8. sino todo lo contrario) o unas putas que sólo son sus putas (por favor. desde luego. entiéndase el gris en todas sus acepciones). pero poco… Todo ello crea un clima de escepticismo que trasciende con mucho lo que serían simples golpes de humor. 9. al matrimonio deja llegar al inteligente que negocia e impone condiciones (Mi adorado Juan). como luego a tantas paulas de su producción. por ejemplo. Ese autor que innovó sin jugar a iconoclasta y sin escribir o suscribir proclamas teóricas sobre el género. a sus personajes débiles (a la cabeza de todos. 7. 5 . mientras ideaba cambiar ese adverbio por una o algunas preposiciones.

(Por cierto. ¿por qué no postergamos veinte años la celebración del centenario de Miguel Mihura y lo pasamos a 2025? Ya no coincidiría con cumpleaños alguno de El Quijote y el gran Miguel no dejaría en penumbras al nuestro. Emilio DE MIGUEL [Emilio de Miguel es autor de El teatro de Miguel Mihura. podríamos llamarle.Miguel Mihura 10. Supo contra qué estaba. como dije. de qué se burlaba. Ya sé que se repelen los términos de la definición.] 6 . escrito en 1932. Nihilista de derechas. Pero también sé que son un reto a la lógica la frescura irreverente de Ni pobre ni rico sino todo lo contrario. Texto este que. veinte años a que un grupo universitario lo desempolvara en 1952. la pulla a convencionalismos que contiene Maribel y la extraña familia o la genialidad temprana de Tres sombreros de copa. y se desentendió de la obligación de ofrecer modos sustitutivos de conducta o esquemas alternativos de pensamiento. sería un guiño apropiado a quien tanto coqueteó con el absurdo). ilógicamente hubo de esperar. Planteó conflictos que afectarían a muchos y dio soluciones aplicables sólo por muy pocos. Y aunque ni con esa segunda oportunidad es seguro que se dieran por enterados los responsables culturales de este país. absurda. atendiendo a esos veinte años de creación libre que le robaron.

las del espectador. 7 . Época actual.Milagro en casa de los López MILAGRO EN CASA DE LOS LÓPEZ PERSONAJES TERESA JACINTO JERÓNIMO MERCEDES ELVIRA CRISTÓBAL JACOBO Y DOS PERSONAJES QUE NO HABLAN. La acción. en Madrid. Derechas e izquierdas.

la insignificante y vulgar doncellita de "Milagro en casa de los López". TERESA. de que me perdones por tanta torpeza y con el deseo de que seas muy feliz con tu novio y que tengas un niño rubio. eres la que tienes un problema muy sencillo y muy humano que tu Ángel de la Guarda viene a resolver. Con la esperanza. Con mis disculpas por no haber sabido hacerme comprender aunque lo intenté desde la primera escena. y pensé que el mensaje poético que te dedicaba llegaría bien claro al espectador al fin de la comedia y el público diría: "¡Pero qué bonito!" Y yo no digo nada. y que los huéspedes inesperados también lo son. que me has obligado a hacer varias versiones de esta obra y a ser farragoso en las explicaciones. TERESA. sin embargo. y a escribir escenas que nunca me hubiera gustado escribir.Miguel Mihura DEDICATORIA: A TERESA. TERESA. intentando con ello —sin conseguirlo— que el público comprendiese que los señores de López son unos perfectos idiotas que no merecen ningún milagro. EL AUTOR 8 . nadie lo ha comprendido o no lo ha querido comprender. que es lo principal. que es la verdadera protagonista de esta comedia y que. y que en esta comedia sólo tú. Para ti.

—¿Qué haces. por consiguiente. muebles y lámparas dan la impresión de estar así. cuadros. Después enciende las luces y se dirige a TERESA.—Para nada. TERESA. Y a la mitad se echa a llorar de nuevo. en el derecho. cada dos. Junto a la puerta de la izquierda. Sólo hay una lámpara encendida. Cortinas. En el lado derecho. en un barrio residencial de Madrid. un aparato televisor. Por fin. una mesita con un teléfono y una silla Y en primer término. un pequeño buró y un sillón tapizado. se sienta en la butaca de la derecha y sigue llorando con tina gran congoja. Teresa? TERESA. hacia la derecha. y terminarás por ser una llorona de tomo y lomo.Milagro en casa de los López ACTO PRIMERO Saloncito de estar en el chalet que habitan los señores de López. alfombras. cómodo y abundante.—Estoy llorando. Todo es bueno. el criado. Por la izquierda entra JACINTO. está muy poco iluminada. una doncella de unos veintitantos años. sin que nada falte ni nada sobre. hacia la derecha y de espaldas al público. Vuelve a marcar el número. y una mesa detrás. bastante mona y elegantemente uniformada. y otra. Teresa. Y por la izquierda sigilosamente. que tiene unos cincuenta años y va vestido de criado.) JACINTO. primer término. que deja en la mesa que hay detrás del sofá.—Creo recordar que ya lloraste el sábado pasado. Para llorar. En el centro un sofá. Empieza a marcar un número. luego. Jacinto JACINTO.—Me gusta llorar cada ocho días. pero de pronto se arrepiente y se echa a llorar. (Al levantarse el telón la escena está sola. entra TERESA. Cruza la escena y se dirige al teléfono. Otra más al foro. Se rehace. Todo es lujoso y caro. Después te habitúas y en lugar de ser cada ocho días será cada cuatro. JACINTO. cada uno.—¿Para qué? TERESA. Es de noche. Lleva en las manos una bandeja con servicio de "whisky". más tarde. con botellas de licores. hace ya muchos años.—De todos modos. Otoño. Dos butacas a cada lado del sofá. 9 . en primer término. en su sitio. y la habitación. no debes abusar. JACINTO. Y hacia la izquierda un gran ventanal que da al jardín. Una puerta en el lateral izquierdo.

.—Bien. con una cofia y un delantal...—Ante todo. 10 . no quiero seguir hablando.—No. y así disfrazadas no sabemos si somos nosotras. ponerles un televisor a cada uno y hacerles una comida diferente. TERESA. solas... Y enfadados o en paz. (Y JACINTO conecta y enciende el televisor de la derecha. Ya he dejado. El señor me ha dicho que quiere ver "Patrulla de Diamantes". hoy debías ser feliz. ¿qué debo hacer? JACINTO... no es justo. TERESA.—Y sin hablarse. pero.—Tienes tu noche libre.. hay que preparar el televisor.. digo yo. ¿qué hago? JACINTO..Miguel Mihura TERESA. Ya he dejado. Jacinto..) TERESA. Estás nerviosa y no quiero insistir.—Entonces no hay que perder tiempo. ni entran.. y cavilamos. siempre juntos. los señores estén enfadados porque el señor derramó una copa de anís en este sillón. ¿Y todavía quiere usted que no llore? JACINTO. que luego me saca usted todo y se burla de mí.—Bien... ¿qué? TERESA..—Ahora explícame por qué estabas llorando. sin separarse.—Sería conveniente.—Los señores siguen enfadados todavía.—Eso sí. por favor. si después acaban por hacer las paces? Y ni salen.. TERESA.. TERESA. Faltan unos minutos solamente... JACINTO.—No. ¿dejo ya de llorar? JACINTO.—Entonces.. Es agobiante. ¿verdad? JACINTO.—En efecto. sobre todo.—¿Y usted cree que es justo que cuando en el mundo hay tantas injusticias sociales y tantos problemas y tantas catástrofes. son problemas de chicas de servir que dejamos a nuestra familia en el pueblo.. tenemos que preparar las cosas según es costumbre en los días de enfado.) JACINTO. ¡No quiero! ¡No quiero! (Y vuelve a llorar. Están a dieta de diálogo. y manchó la tapicería? ¿Y porque el huevo pasado por agua de la señora estaba anoche menos pasado por agua que el del señor?.—Enfadadísimos.. sin embargo.. ¿Y para qué se enfadarán. ni reciben visitas… Los dos solos.. Y vas a salir con tu novio. TERESA. en una casa extraña.—¿YO? ¿Por qué? JACINTO. Ya está. y pensamos.—Sí.—Sería muy largo de contar. ya está.. Jacinto… Son problemas de muchachas jóvenes que sólo entendería usted si fuera también una muchacha joven. y estamos aquí. ¿no? JACINTO... de todos modos. mismas o somos otras diferentes. siempre igual. Pero. y dudamos si ir por un lado o si ir por otro.. Separar las camas. ¡Y yo no quiero que nadie se burle de mí!. JACINTO.. Y ahora..—Y sin embargo. Teresa.—Sí. Pero deja ya de llorar. Y ahora. TERESA. JACINTO. Dejémoslo entonces. TERESA. colocar los cubiertos más lejos en la mesa. TERESA..—LO mismo me ha dicho a mí la señora.—Sin embargo. TERESA. Y.

la más absoluta indiferencia. JACINTO. Aspecto distinguido. primer término.—Son muy educados.Milagro en casa de los López JACINTO—Sí que lo es.—Muy bien.—Como recurso.. "Patrulla de Diamantes" va a empezar de un momento a otro. El "telefilm" va a empezar de un momento a otro. señor.. Es el mutismo. señor. claro. (Y por la puerta derecha.—¡Otra noche más en la que sólo oiremos en la mesa el tintinear de las copas y de los cubiertos! JACINTO. frente al televisor mientras TERESA apaga la luz general. (Y se sienta en la butaca de la izquierda. Ya está aquí. (Que ha mirado hacia la derecha.) JERÓNIMO.—Hola.—Buenas noches. TERESA. yo pondré en su sitio la butaca. JERÓNIMO. sí. Unos cincuenta años y pico. emitiendo los dos. Pero sí es malo y se aburren.—En el mismo punto que el del señor.—¡Y si al menos se insultaran..) TERESA. Fuma en pipa y va en zapatillas y bata de abrigo.—¿Está en su punto el de la señora? TERESA.—Acaba de pasar. no.—¿Ha cuidado el brillo? JACINTO. y sólo queda una lámpara 11 . sobre una mesa de ruedas.. no tendrán más remedio que hacer las paces otra vez… TERESA. naturalmente. señor.. JACINTO quita la funda y coloca este televisor en primer término.—Pues voy a avisarle..—Todo dependerá del programa. a la izquierda.—¿NO ha habido reajuste? JACINTO.. JACINTO.)—No hace falta. muchas gracias. o se tiraran los platos a la cabeza!. el mismo programa..—¿El anuncio del "Omo" ha pasado ya? TERESA.—Sí… (Junto al ventanal hay un televisor tapado con una funda. que es de anuncios y que llega hasta el público muy débilmente. Pueden ustedes apagar la luz.) JACINTO. Si el "telefilm" es bueno. JACINTO. JERÓNIMO. de espaldas al público. TERESA. (Han puesto las butacas enfrente de los respectivos televisores y vigilan que los dos marchen bien. El aparato de la derecha ya ha empezado a funcionar y ahora funciona el de la izquierda. vaya usted colocando el otro aparato. JERÓNIMO. o dieran gritos.—Todo está en su punto. Y mientras hablan conecta el aparato a un enchufe. se distraerán y seguirán sin hablarse un día o dos. Pero. el bostezo. no lo olvides. TERESA. TERESA. entra DON JERÓNIMO.—Ande.—No ha habido reajuste. JERÓNIMO.

Oímos el diálogo del telefilm. pudiéramos decir que es la culminación de la memez . MERCEDES (Le manda callar. TERESA. También tiene aspecto distinguido. JERÓNIMO. nos retiramos. que el matrimonio sigue atentamente.—Eso sale usted ganando. También va en bata de casa. El tratamiento es largo y el "telefilm" es corto. MERCEDES.)—¡Chiss. se le ve largo o no se le ve? TERESA.—No le daría tiempo.—Por cierto. por favor! ¡Que ha empezado ya! ¿Es que en esta casa no se puede ver tranquilo un programa de televisión? JACINTO.—¿Y por qué el vaquero degüella a la anciana? MERCEDES. Al cabo de un instante.—Su butaca. yo no entiendo una palabra de lo que dicen.! JERÓNIMO. (Una pausa) JERÓNIMO. JERÓNIMO.—Pueden hacerlo. JERÓNIMO. en intermitencia. voy a avisar a la señora. MERCEDES.—Con el permiso del señor.—Podía hacer una cura de cortisona. 12 . (MERCEDES no dice nada. basta ver su cine (Silencio en MERCEDES.—Para saber hasta qué punto un país es tonto.Miguel Mihura encendida. caballero..) Por otra parte. MERCEDES.—Con el permiso de los señores.—Le ruego que baje usted el tono de su voz.—Y usted el de su aparato. Me lo ha pedido.—Puede usted hacerlo.—No hace falta que me avise Ya estoy aquí. MERCEDES.—¡Silencio.) MERCEDES.—Gracias. ¿En el suyo salen puntos blancos en la sotana del sacerdote? MERCEDES. (Y TERESA y JACINTO hacen mutis por la izquierda.—¡Se lo impide la artritis. JERÓNIMO dice:) JERÓNIMO.—¿Al detective se le ve ancho. MERCEDES. señora.—Porque la anciana no puede degollar al vaquero. Sigue el "telefilm") Más que estúpido. JERÓNIMO. JERÓNIMO.—El detective no ha salido aún. TERESA. (Y se sienta en la butaca de la derecha) ¿Salen rayitas? TERESA. JERÓNIMO.—Esto es bastante estúpido.) TERESA. no.—Para mí es larguísimo..—Buenas noches.—Por la parte de arriba aparece una.—Está con la misma potencia que el suyo. JERÓNIMO...—¿Se lo impide su religión? MERCEDES. (Pero en este momento entra MERCEDES por la puerta del foro.—En el mío. JERÓNIMO. MERCEDES. señora.

MERCEDES. sin embargo.—Con esta película.Milagro en casa de los López JERÓNIMO. Mercedes.—Ni tú tampoco.—Y por la India.—¡Oh.) ¡Qué liberación.—Igual que yo. MERCEDES.—Podemos repetir el experimento.—Tengo la impresión. ¿A comprar conservas a un supermercado? JERÓNIMO.—¿Para qué? MERCEDES. si te parece.—Para que no esté funcionando inútilmente. a dar una vuelta.—Podemos hablar. MERCEDES. MERCEDES. JERÓNIMO. JERÓNIMO. pardiez! JERÓNIMO. Mercedes.—Tratándose de una cuestión técnica. MERCEDES. así es.—Nos vendrá muy bien este "receso".—En efecto. desde que nos casamos. MERCEDES. formal.—No olvide que estamos enfadados. MERCEDES. MERCEDES. JERÓNIMO. por ejemplo. JERÓNIMO. MERCEDES da a una llave que hay en la pared y se encienden todas las luces del saloncito. JERÓNIMO.—Y mira que yo te quiero. JERÓNIMO. JERÓNIMO.) MERCEDES.—Hay otros sitios donde ir.—¿Para oírte decir siempre las mismas simplezas? ¡Por favor.—Tienes razón. puede mirar en mi aparato. A Kansas City. podemos pactar un armisticio. están funcionando los dos inútilmente. (Y se levanta. MERCEDES. Pero no te trago. El programa es de aúpa.—No me tragas de verme aquí siempre contigo.—Que es exactamente igual que lo que te pasa a ti conmigo. Como usted quiera. MERCEDES. 13 . piadosa y educada. es que no sé lo que vamos a hacer ahora. y cada uno apaga su aparato.—Es que no hay que olvidar que contrajimos matrimonio el mismo día y a la misma hora.—No sé a dónde quieres que vaya sola.—Antes de conocerte a ti ya estaba yo harta de dar vueltas por Kansas City. Porque eres buena. sí. JERÓNIMO. Jerónimo.—¿Por qué no apagas tu aparato? JERÓNIMO.—Lo malo.—Lo que ocurre. hija. que esta película será tan idiota en mi aparato como en el suyo.—¡Doce años desde que se produjo aquella terrible coincidencia! MERCEDES.—Si quiere usted. MERCEDES.—Pues en el mío. Sólo apagaré el mío con la condición de que apagues tú también el tuyo. (Y se levanta de su butaca y se sienta en el sofá. es que no nos podemos aguantar. MERCEDES. MERCEDES. es demasiado! JERÓNIMO.—Bien. JERÓNIMO. al lado de la butaca de MERCEDES.—Y desde que nos casamos no has salido nunca de casa. no! Ya hablamos la semana pasada. JERÓNIMO. Y por Jamaica. JERÓNIMO.—Pero al menos en el mío no salen puntos blancos en el caballo del "sheriff".

por ejemplo? MERCEDES. Río. no ha habido necesidad de hacer ese viaje. que te liberó de una soltería abominable. MERCEDES.—¡Yo! MERCEDES. además. JERÓNIMO.—Y por Túnez.Miguel Mihura JERÓNIMO. "La heredé de mis abuelos. JERÓNIMO. MERCEDES. tiene un jardín y diez habitaciones.—Sólo en Montecarlo. por fortuna.—Bien. JERÓNIMO.—Mientras con el mejor quitamanchas francés tratabas de quitarte una mancha de salsa tártara que había caído en tu mejor vestido.. y unos cuartos.—Que tampoco te ha servido para limpiar la tapicería del sillón. 14 ." JERÓNIMO. El quitamanchas y la mancha.—Que jamás se llegan a secar del todo. JERÓNIMO... París. MERCEDES. ¿Has pasado hoy la cuenta con el administrador? JERÓNIMO.— "¿Por qué no nos vamos a bostezar juntos a mi casa de Madrid?".—Tú también vivías solo en la mejor "suite" del hotel Hermitage.—¿Y qué tenemos? JERÓNIMO. MERCEDES. MERCEDES. encontré algo que no se me había perdido.—Bostezando junto al ventanal.—Esa gotita que siempre rezuma de la punta.—Éramos ricos.—La Virgen de Lourdes se encargó de este encuentro.—No me recuerdes tu torpeza al servirte el anís.—¡Qué manantial inagotable!. y aún no he vivido en ella. te propuse yo. Hemos viajado por todo el mundo y hemos frecuentado los mejores hoteles. (Y va hacia el sillón de la izquierda y contempla la mancha que hay en el asiento. JERÓNIMO.—¡Y es tan incómodo! Una cena con caviar en la Parrilla. Tú tenías tu dinero en Francia y yo en España. JERÓNIMO.—No me hables. Jerónimo.—Y yo acepté. JERÓNIMO.—Aún conservo ambas cosas. con cuarenta y tres céntimos. MERCEDES. MERCEDES... JERÓNIMO.—La he recorrido entera. ¿qué se le ha perdido a uno en Boston. MERCEDES.—Sí.. y después venga a lavarse los calcetines en el cuarto de baño.—Más que ayer.—Cuarenta y dos millones setecientas treinta y cinco mil pesetas.—Nueva York..—Y yo bostezaba en el ventanal de la "suite" de al lado.. te dije. MERCEDES. Estábamos en que yo bostezaba junto al ventanal.. MERCEDES.. JERÓNIMO.—Y. y después volveremos a Francia para gastar el mío".. MERCEDES. puesto que aquí nuestra fortuna aumenta.—"Viviremos en España hasta que gastemos tu dinero.—¿Y en Copenhague? JERÓNIMO.—He visitado todas sus sinagogas. Un objeto curioso. MERCEDES. MERCEDES. a mi vuelta de un viaje a Lourdes.) JERÓNIMO.—Pero.—¡Exacto! JERÓNIMO.. MERCEDES. JERÓNIMO. Como todos los días.—Cien mil más.

.—¿Estás loca? Lo único que me faltaba a mí era tener que aguantar a otra pesada.—Ya has podido hacerte un traje..—Cuando los teníamos nos aburríamos todavía más. Y. Debe estar ya mohoso.—Yo no sé adónde vamos a ir a parar si el campo sigue tan boyante.—Pero estaríamos en lo mismo. y no lo tenemos.—Realmente.—Lo que nos hacía falta ver eran caras nuevas. JERÓNIMO.—También yo lo he pensado alguna vez. porque quizá sea esto la causa de nuestro aburrimiento. Alguien que animase esta casa. Y figúrate. Además.—Es cierto.—¿Y si tomáramos huéspedes? 15 . te explican que han ido a Candanchú. sobre todo.. tener que escuchar atentamente la historia de su vida. Si tú me engañases con otra. que para eso hay que salir a la calle. ¿Y por qué no nos vamos a un espectáculo para distraernos? JERÓNIMO.—O que nos separemos por las buenas.—Sí. MERCEDES. Que si marrón. JERÓNIMO. Por el mismo motivo yo no me hago nada desde hace nueve años. JERÓNIMO. Y citarse con una señorita..—Yo el otro día había pensado envenenarte. quitarse las medias. hay que llegar hasta el estacionamiento. MERCEDES. ya sabes que a mí esas cosas no me sientan bien. a nosotros. Al principio sería divertido comprar el veneno y buscar la ocasión para echar los polvos en un vaso. JERÓNIMO..—Yo estoy pensando que.. JERÓNIMO.. todavía.. porque toda la ropa me está ya chica. JERÓNIMO.. MERCEDES. Y nosotros nunca llegaríamos. JERÓNIMO. yo no puedo ir a ningún sitio.—Pero para eso tendríamos que tener un motivo especial. Y. me quedaría lo mismo de aburrido.—Para estacionar el coche.—Además. JERÓNIMO.—Es de las cosas que me producen más indiferencia. MERCEDES.—¡Qué horror! Miraditas. a lo mejor. que eres más joven.—¿Tú crees que estoy loco? Ya sabes lo que es eso de elegir la tela. JERÓNIMO. Desde luego es una monserga.—A veces me pregunto si lo que nos pasa a nosotros es que no tenemos amigos. Es echarse encima una responsabilidad de la que puede uno estar arrepentido toda su vida. además. MERCEDES. MERCEDES.. al morir tú. JERÓNIMO. lo mejor sería que nos divorciáramos.—Pues si no te cuentan eso... puesto que no nos podemos tragar.—Es que realmente son pesadísimos.. es una gaita que las fincas dejen esos dividendos.—Eso sí. que si con rayitas..Milagro en casa de los López MERCEDES. MERCEDES. ¿A ti te interesa que el hijo de tu amigo Mónchez haya terminado Arquitectura? JERÓNIMO. MERCEDES. Y frecuentar lugares de recreo.—¿Y dónde estacionamos el coche? Dice la gente que no hay nunca sitio. citas. JERÓNIMO. que si gris. Pero después.—Pero yo soy católica y eso está prohibido. MERCEDES. Candanchú.. Hace ya nueve años que no ponemos en marcha el motor. MERCEDES. MERCEDES. MERCEDES. No pienses en eso.—En eso coincidimos. MERCEDES. JERÓNIMO. Tú eres la que me debías engañar. Jerónimo..—Y de quien nos tuviéramos que ocupar.

MERCEDES. JERÓNIMO. JERÓNIMO. Y con aspecto de ser de provincias.—Es verdad..—Sería entretenido.—-Bien.—Le he dicho que no.Miguel Mihura MERCEDES.—Tú a mí también.) TERESA.—Yo tampoco. (A MERCEDES.—No sé qué decirte..—¿Qué hacemos.—Sin embargo. JERÓNIMO.—Es joven. es raro. MERCEDES.. JERÓNIMO. yo creo que debemos aclarar esto inmediatamente.—Pero me caes gorda. Sobre todo cuando hace unos minutos precisamente. Calle de Olmos. Jerónimo? JERÓNIMO. Y parece fina. "Señores de López. JERÓNIMO.—¿Y qué? Sabe usted perfectamente que no recibimos nunca a nadie...—¿Cómo dice? TERESA.—¿Cómo se atreve a molestarnos para una tontería semejante? TERESA.—Sin embargo. Dígale que pase. Teresa. mi vida. Colonia Residencial.—Sí. MERCEDES. MERCEDES. JERÓNIMO.—No. Teresa? TERESA...—¿Y usted que le ha dicho..—¿Y por qué es excepcional? TERESA. creo que este es un caso excepcional. Jerónimo.—Con el permiso de los señores. TERESA.—Te repito que tengo miedo.—¿Y no se habrá equivocado de dirección? TERESA.. MERCEDES.—¡Tengo miedo.—La señorita que ha venido me ha preguntado si los señores admiten huéspedes. MERCEDES.—¿Y cómo es esa señorita? TERESA. doce. si ya te digo que esto nuestro es bastante grave.—Pero bastante incómodo. MERCEDES.—Y yo a ti." Y hasta el número del teléfono viene también. muñeco.—¡Trae en un papel apuntadas las señas. MERCEDES. JERÓNIMO. JERÓNIMO. y por eso me he atrevido a molestar a los señores.. (Y TERESA hace mutis por la izquierda. ¿de qué? 16 . JERÓNIMO.)—¿Has oído? MERCEDES. JERÓNIMO. señor.. JERÓNIMO..) MERCEDES. ¡Pero es que no te aguanto.—Pero miedo.—Sí. MERCEDES. Teresa? TERESA. Y que si los señores tienen alguna habitación libre.—Eso mismo.—Y todo sería fácil si yo te pudiera aguantar.. cielo. (Por la izquierda aparece TERESA. Pero ella ha insistido en ver a los señores. naturalmente. Jerónimo! JERÓNIMO..—¿Qué quiere.—Una señorita desea verles. MERCEDES.. cariño! MERCEDES.—Y el caso es que te quiero..

—Déjate ahora de pensar cosas raras. sencilla.—Generalmente.—Muchas gracias. Unos veinte años.. (Entra TERESA por la izquierda y se vuelve dirigiéndose a alguien que ha quedado fuera. Ingenua.—¡Puede usted retirarse.—Haga usted el favor de pasar.—Yo estoy segura que en la vida hay alguien que escucha siempre nuestras palabras.Milagro en casa de los López MERCEDES. señora. Y. y por eso yo he insistido con la doncella.—Yo creo que fuiste tú quien lo dijiste. Y resulta que entonces.... Mercedes. esto sería muy caro para mí. temía perderme en la ciudad.—El taxista.) ¡Todo es tan bonito y está puesto con tanto gusto!. 17 . (Y TERESA hace mutis por la izquierda.—No estoy muy segura. en todo caso....—En todo caso. Viste modestamente.—No. JERÓNIMO..) ELVIRA.. desde luego...—¿Qué quieres decir? MERCEDES. porque traigo equipaje. MERCEDES..—¿Y quién le ha dicho a usted todo eso? ELVIRA. y de repente llaman a la puerta y se presenta una señorita solicitando ser admitida. (Y entra ELVIRA. porque como es la primera vez que vengo a Madrid.—¿Y no será algo muy distinto? JERÓNIMO.—Sí.—Acabo de llegar en el tren y en la estación he tomado un taxi. Estas son las señas que me han dado... lo que no ha dejado de hacer desde que ha entrado. JERÓNIMO. más que huéspedes. debe tratarse de una equivocación.) JERÓNIMO.—Sólo puede tratarse de una equivocación.. no será la primera vez que lo decimos. Mercedes.—Buenas noches...—Sí señor. claro. Pero..—Debes reconocer que todo esto es muy extraño. TERESA. haya sido uno u otro. JERÓNIMO.. MERCEDES. Alguien con más fuerza..—La doncella nos ha dicho que ha venido usted preguntando si admitimos huéspedes en esta casa. ELVIRA. Siempre soñé con una casa así. Teresa.) Buenas noches. ¡Anda! Y dos televisores… Y un reloj inglés... Y. MERCEDES. JERÓNIMO.) TERESA. pero me parece que se te ocurrió a ti. (Y vuelve a mirar la habitación. Y dime una cosa: ¿Cuál de nosotros fue el que dijo eso de los huéspedes? MERCEDES. (Al matrimonio.. Vamos. MERCEDES. la servidumbre. JERÓNIMO. JERÓNIMO. MERCEDES.. me dijeron que aceptaban ustedes alguna pensionista en familia. Acabábamos de hablar en broma de la posibilidad de admitir huéspedes.—¿Qué taxista? ELVIRA. además. Jerónimo. Porque en nuestras conversaciones solemos repetir una y cien veces las mismas cosas. Mona.

y como pillaba casi de camino. MERCEDES. Sólo ver el chalet por fuera.—Entonces. Jerónimo? JERÓNIMO. nuestra dirección y hasta el número de nuestro teléfono? ELVIRA. ya me impresionó un poco ¡Todo tan bueno y tan bonito! Pero.) JACINTO. En seguida. pensé que con preguntar no se perdía nada.. MERCEDES—¿Y cómo es que ha apuntado en este papel nuestro nombre. Un hotel de segunda categoría.—¿Qué vas a hacer.. He dejado dentro el equipaje hasta saber las condiciones.—¿Quién está esperando? ELVIRA. (JERÓNIMO se acerca al timbre y da dos timbrazos. además.—Decirle a Jacinto que haga pasar al taxista. y me apuntó en un papel las señas y el teléfono.. señor.—Y tenga la bondad de sentarse.) JERÓNIMO. se cambia usted allí".—Gracias. (Por la izquierda entra JACINTO. aceptaban huéspedes estables. verdaderamente es muy raro… Entonces. yo les ruego que me disculpen.. Pero me puedo ir si lo desean. Puede que se haya equivocado de casa.) Entonces yo decidí que lo mejor sería venir aquí directamente..—¿Llamaba el señor? JERÓNIMO. ELVIRA.. a lo mejor no tiene la culpa.. llegó usted a la estación. Mire. Y paró el coche y todo. en Olmos. Así. JACINTO—Sí. El taxi. Él nos explicará lo que significa todo esto… ELVIRA. Ya he llevado a otros y han quedado muy satisfechos.—Yo creo que me debía marchar.. (Y se sientan los tres. no obstante. Que subí en un taxi y le di al taxista la dirección de un hotel que me habían recomendado.. número 12.. me va a salir muy caro. Y ahí está esperando en la calle. por favor? MERCEDES..—El taxi. El pobre. (Y JACINTO hace mutis por donde entró. se lo entrega a MERCEDES..—Si se trata de una confusión.. Jacinto El taxi en que ha venido esta señorita está en la calle esperando.—Pues eso.Miguel Mihura JERÓNIMO—¿Quiere usted continuar con lo del taxista.—Sí. Aquí lo tengo (Y da un papel a JERÓNIMO que. después de leerlo. "Es una casa muy tranquila y allí estará usted muy bien.) MERCEDES.. ya en el camino se me ocurrió preguntarle al taxista si él conocía alguna pensión decorosa en plan familiar. ELVIRA.—Mire usted. Salga usted y dígale al taxista que haga el favor de pasar.) ELVIRA. que si no está usted contenta en el hotel a donde va. Entonces él me dijo que los señores de López. ¿no es verdad que admitan ustedes huéspedes? 18 . ¿comprenden? El hotel Toledo… Pero como a mí eso de los hoteles me molesta mucho. le dije que me trajera aquí.

.—Sus señas personales. señor. Pero hace un momento..—¿Has oído.—¿Cómo dice usted? ELVIRA. A comprar tabaco. sí. ¿no? MERCEDES..—En la calle no hay ningún taxi esperando. como transparente. JACINTO.—Pues verá usted… Hasta hoy.—Si los señores me permiten que intervenga. ELVIRA.. Guapo. MERCEDES.—A esta señorita la han engañado. Es más bien delgado. señor.) ELVIRA. Sí. estábamos pensando en ello... Además.... ¿Alto..Milagro en casa de los López JERÓNIMO. A través suyo.) JACINTO.—¡Pero no es posible! JACINTO... MERCEDES. JERÓNIMO.—¿Qué? JACINTO.—Mi mujer tiene razón.—(Preocupado.—NO le he visto en pie. MERCEDES. Jerónimo? JERÓNIMO. bajo?. Ni abajo ni arriba.—Sí. MERCEDES. Y más que rubio.—¿Y no recuerda usted el número de la matrícula? ELVIRA.. Puede haber ido a algún sitio.—Habrá que llamar a la Policía. ni en la de enfrente.. rubio. igual que MERCEDES. Jerónimo. no.. Ni en esta acera. Jerónimo. Había algo extraño en su cara.—¡Pero yo dejé en el taxi dos maletas! ¡Todo lo que tenía! MERCEDES. MERCEDES. JERÓNIMO.—Sí que es casualidad. Joven..—¡Pero si yo le dije que salía en seguida! JERÓNIMO..—No. (Y JACINTO hace mutis por la izquierda. JERÓNIMO.—Señor… JERÓNIMO.. JERÓNIMO. 19 . justamente. sí… (Y por la izquierda vuelve a entrar JACINTO. Creo que ha sido usted víctima de una estafa.—Entonces no es una estafa. Es un truco como otro cualquiera para apoderarse de su equipaje. yo veía la circulación.. les diré que Teresa vio el taxi que aguardaba en la calle cuando llamó la señorita.. No me fijé.. JACINTO.....—Antes de llamar. albino. por ejemplo. Con cara de bueno.—Qué casualidad.—Este asunto se está poniendo feo.—¿Y cómo era el taxista? ELVIRA. Tenía algo de borroso.—¿Cómo que cómo era? JERÓNIMO.—No hay ninguno...—De todos modos. salga de nuevo a la calle y esté al cuidado por si vuelve. Y por este barrio no hay estancos. ELVIRA..—¿Y para qué iba yo a engañarles? JACINTO. sino lo que yo pensé al principio. vaya a ver.. MERCEDES. ELVIRA.—¿Y está usted segura que vino en un taxi? ¿No será un cuento todo esto? ELVIRA. Jacinto.—El comercio está ya cerrado.—¿Para qué? MERCEDES..) Pues.

Jerónimo. JERÓNIMO. Y con fecha de hoy. (Y se lo devuelve. JERÓNIMO..—Señor. a donde venía. Jerónimo. De Plasencia a Madrid. en segunda clase. JERÓNIMO. en el andén.. al llegar aquí. JERÓNIMO. Pero el caso es que ahora..—¿Cómo es posible que no recuerde de dónde viene.—¿Qué hay? JACINTO. en segunda clase.—¡Pues. anda que nosotros!. JERÓNIMO.—Bueno. o alguien. y de repente sentí unos deseos terribles de venirme a Madrid. y ahora...—¿Quieres callar. Jerónimo? ¡No lo sabe! ¡Pero qué maravilla! JERÓNIMO.—Espere.—NO la grites. no lo recuerdo bien. Bueno... MERCEDES. JERÓNIMO. MERCEDES.. pero como es tan mayor es como si no tuviera nadie. ¡Ah! ¡Pero ahora me acuerdo! ¡Sí! Vengo de Plasencia.—¿Y de dónde viene usted? ELVIRA.. señorita? ELVIRA. (Y entra JACINTO por la izquierda..—Sí. (Y le da el billete. saberlo sí lo se. con tantas emociones. Esta mañana emprendí el viaje. me empujase a ello. (Y mira en su bolso.—¿Y a qué ha venido usted a Madrid. Estaba en casa sola.) ELVIRA. se me ocurrió de pronto.Miguel Mihura ELVIRA.—(Después de mirarlo. JERÓNIMO.) De Plasencia a Madrid. Lo di al salir.—Que su presencia aquí sólo puede ser debida a. No tengo a nadie.. ¿no lo sabe usted? ELVIRA.) ¿Ve? Lo tengo aquí.—¿Y qué pensó usted? MERCEDES..—Sí... Y entonces me fui a la estación y allí mismo me recomendaron el hotel Toledo. claro.—¿Y usted cree que la vamos a creer después de tantas dudas? ELVIRA.—No.—¿Están viendo como no les engaño? ¿Qué interés podría tener en hacerlo? Yo no tengo la culpa de todo lo que está pasando. Jerónimo.) En efecto. o no? MERCEDES. Como si algo. 20 . si acaba de llegar? MERCEDES. Y la verdad es que no comprendo nada.—¿Te callas.) JERÓNIMO.—No. verá. realmente no lo sé… MERCEDES.—Sí.. JERÓNIMO.—Entonces. Mercedes? A esta señorita no le importa nada lo que nosotros podamos pensar.—¿Y tiene usted familia? ELVIRA. MERCEDES. Si no sabe de dónde viene.... no lo sabe! ELVIRA. Ahora me acuerdo que no di el billete al revisor.—¿Tiene usted ahí el billete de ferrocarril? ELVIRA. por algo será. tengo a la abuelita.. como siempre.—¿Has oído. ha ocurrido todo esto.—¿Que de dónde vengo? MERCEDES—¡No lo sabe..—¿A Madrid? Pues... Tienes razón.

MERCEDES.—Pero en la puerta no había nadie. eso sería lo de menos.—Sí.. (Y en este momento.—La llegada de esta señorita.. JERÓNIMO—No. me ha parecido oírlo.—Qué.. Déjate ahora de la Policía. JERÓNIMO. vaya a ver si esas maletas son suyas y si no falta nada. JERÓNIMO. MERCEDES. MERCEDES. ELVIRA.—No. Y todos mis vestidos.—¿Tú estás seguro que eso de admitir huéspedes no es la primera vez que lo hemos dicho? JERÓNIMO. Jerónimo... No se puede despojar a una señorita de todo su ajuar impunemente.—Desde luego. MERCEDES. ese algo acaba por pasar. TERESA. señor. acompáñenla.—Bueno.—Pero esto no lo hemos pensado..) TERESA. MERCEDES.—Y bien.—Porque aún quedan por aclarar algunas cosas y quiero hacerlo yo. JERÓNIMO. señor. Y mi ropa interior.Milagro en casa de los López JACINTO. MERCEDES.. si no llamas tú a la Policía seré yo quien la llame.—Jerónimo. JERÓNIMO.—¿Qué ocurre ahora? TERESA..) MERCEDES. pero que son recuerdos de familia... entra por la izquierda TERESA..) Y ustedes.—Llama a la Policía.—Sí. (A ELVIRA.—Han llamado a la puerta y he abierto. ¿Qué voy a hacer yo ahora aquí sin ropa? JERÓNIMO.—Lo haya dicho quien lo haya dicho hemos provocado este efecto. JERÓNIMO. claro.—¿Por qué tenemos que esperar? JERÓNIMO.. pero creo que si se piensa algo varias veces seguidas.. Mis joyas.—Yo no estoy ya seguro de nada.—¿Y no hay ningún taxi en la puerta? TERESA.—Aquí pasa algo.) ¿Llevaba usted objetos de valor en su equipaje? ELVIRA.—¿Qué efecto? MERCEDES. Pero sí me ha parecido ver un coche que arrancaba a toda velocidad y que daba la vuelta a la esquina. (Y sale ELVIRA.. JERÓNIMO. No de mucho valor.—Sí.—¡Las mías! JERÓNIMO.—He ido a una y otra esquina de la calle y no hay rastro de ningún taxi.—Jerónimo.—Señora. sino que lo hemos dicho en voz 21 ..—Señorita. No estoy muy versada sobre estas cuestiones. Y no sé si lo dije yo o si lo dijiste tú. claro. MERCEDES.. Sólo dos maletas que han dejado en la entrada. seguida de TERESA y JACINTO. Más que verlo. Quedan solos MERCEDES y JERÓNIMO. MERCEDES. TERESA.—(A los criados. ELVIRA.

Hay que echarla.! MERCEDES.. JERÓNIMO. que no me divierte nada la India.. hija. ¿Y es que salgo yo a alguna parte? MERCEDES.—Si es un milagro.. Yo no me explico bien.—¡Eran mis maletas! ¡Y está todo! ¡No falta nada! 22 . no discutamos más. debemos llamar inmediatamente a la Policía.—Venga de donde venga. Se trata de un milagro y no hay más que hablar. JERÓNIMO. y esperar los acontecimientos. JERÓNIMO. No. pase.—¿Yo? ¿Por qué? MERCEDES. Y si no lo es.—No podemos hacer eso de ninguna manera.—¿Y me he ido a Plasencia a buscarla? Vamos.—Que lo han podido oír los criados.—¡Mercedes! ¡Estoy pensando que eres tú la que has tramado todo esto! MERCEDES.—¿Con qué objeto? MERCEDES. MERCEDES. MERCEDES.—No estoy yo muy segura de que haya venido de Plasencia.—¡Pues tú me dirás qué hacemos entonces! MERCEDES.) ELVIRA.—Entonces. MERCEDES.. JERÓNIMO. pase. Jerónimo.. no.—¿Es que tú crees que a mí..—¿Y qué? JERÓNIMO. (Y entra ELVIRA por la derecha. MERCEDES.—¿Y con qué objeto? ¿Qué interés pueden tener ellos en meternos aquí una huéspeda? ¿Tener más trabajo? Además. (Se oye la voz de ELVIRA dentro. El único que ha podido planear todo esto eres tú. para planear un asunto así he tenido que salir a la calle. Teresa y Jacinto son de toda nuestra confianza.—La chica es mona.—¿Pero qué idea tienes tú de los milagros? MERCEDES. JERÓNIMO.—¿Y cómo sabemos si lo es o no lo es? MERCEDES.—¡Has podido decírselo al administrador! JERÓNIMO. me va a divertir esta señorita que viene de Plasencia? No. no sé.—Sí. JERÓNIMO. Jerónimo.—De haber yo tramado una cosa así.—Pues nuestra soledad. Nuestro aburrimiento.—Pues mira.—En las conversaciones que tengo con el administrador estas tú siempre presente. Y planear entre ellos esta broma. JERÓNIMO. Nos castigaría Dios. debemos dejarla aquí.Miguel Mihura alta. JERÓNIMO. Y tú eres muy cómodo y puedes haberte buscado una aventura a domicilio. ¡Qué le vamos a hacer! JERÓNIMO. amigo! Esto es lo que tienen estas cosas.—¿Y qué es lo nuestro? MERCEDES.) ELVIRA.—¿Se puede? JERÓNIMO. que no se sabe nunca.—Para arreglar lo nuestro. ¡tú estás loca.—¡ Ah. Pero creo que esta señorita la ha enviado Dios a nuestra casa. hubiese traído a un señor y no a una señorita! JERÓNIMO.

—No. Sigue existiendo un taxista misterioso.—Pero ten en cuenta que ese taxista era transparente. MERCEDES. nada. miren. ELVIRA. pasa la mano por la tapicería.—Para marcharme. JERÓNIMO. Es una mancha que ha echado mi marido y que no hay quien la quite. MERCEDES. lo único malo.—Pero si no me quedo...—No.—¿Estaba usted detenida? ELVIRA.—No. ELVIRA.Milagro en casa de los López MERCEDES.. ELVIRA..—¿Una mancha? (Y.—¿Ah. MERCEDES. MERCEDES. ya soy mayor de edad.—¡Si vieran ustedes lo contenta que estoy.. el hecho de que le hayan devuelto su equipaje no aclara nada esta situación. para ver si es verdad.—No es azúcar..—¿Pero qué les pasa? JERÓNIMO. (ELVIRA acerca el sillón que está manchado y se fija en él. En primer lugar.) ELVIRA. JERÓNIMO.. Continúe su historia.—¿Te das cuenta? JERÓNIMO. Y créame que lo siento. en todo caso..—Por favor.) ELVIRA.—Eso sí.—¿En un convento.! Pero puesto que no admiten ustedes huéspedes. no sabemos nada de esta señorita y todo lo que nos ha explicado referente a ella es un poco confuso.. MERCEDES. ¡Me ha gustado tanto la casa. que da unas señas y que aparece y desaparece. señorita.—Es que no les he dicho la verdad..) No.—Que me he escapado de Plasencia....—¡Vaya! ¡Pues más vale así! ELVIRA. Haga usted el favor de sentarse y explíquenos todo. JERÓNIMO. (Y se santigua.—(Se ha levantado.—No queda ni señal.—¿Por qué? ELVIRA..) ¿A ver? JERÓNIMO. JERÓNIMO...—¿Se han fijado? Ha caído azúcar en este sillón. Pero si esto no les basta. Mercedes. es que ahora tendré que buscar otro taxi. ¿para qué quieren saberla? Son cosas privadas que a nadie le interesan. JERÓNIMO.! Claro que.. Era azúcar.—Ten cuidado con lo que decides.. MERCEDES.. no? ¿Y cuál es la verdad? ELVIRA..—¿Entonces. Sólo puedo decirles que no he hecho nada malo en ningún aspecto. quizá? ELVIRA. nada de eso. lo mejor será que me marche.—Por otra parte.. Que soy una verdadera señorita. ¡Ya no hay nada! MERCEDES..—¡Caray! MERCEDES.? MERCEDES. suavemente.—Sí. Y que. igual que JERÓNIMO.. nada.—¿Y quién le ha dicho a usted que no? JERÓNIMO.. Y les 23 ...

—Está decidido. 24 .. TERESA. (Y llama al timbre. Perdóneme..—Nunca la había visto tan nerviosa. vaya subiendo.) TERESA. podrá encontrarse cómoda.—Unas trescientas pesetas diarias. señora..—Pues.—Además.. señora.Miguel Mihura ruego que me perdonen.—Después de todo.—Entonces..—Pero esto será muy caro.. yo no he tenido la culpa de nada. Lloro.—¿Llamaba la señora? MERCEDES.—¿Qué hace? ¿Qué le pasa a usted? TERESA. No tengo más remedio que ir. Jerónimo? JERÓNIMO.—¡Si tú lo estimas conveniente! MERCEDES.. y que no nos podemos negar de ninguna manera…! (Por la izquierda entre TERESA. en casa. señora. Sólo ha sido una confusión o una broma. Y cuando acabe usted de arreglar la habitación podrá marcharse...—Y. además. No es tan difícil preparar una habitación. ¿me aceptan? MERCEDES—Voy a dar instrucciones para que preparen la habitación.—Bien.. señora.—Entonces prepare usted la más confortable. MERCEDES. claro... Se queda usted. deje usted de llorar.—Porque debo recordarles a los señores que hoy tengo mi noche libre. MERCEDES. creo que es absolutamente necesario..) MERCEDES. Teresa. Con todo incluido.—Vamos. Me iré..—Yo siento que por culpa mía.. Y tengo que ir. MERCEDES. yo misma iré a ayudarla. JERÓNIMO.—Cuando se tienen huéspedes no existen noches libres. (Y no se mueve de su sitio y empieza a llorar. o quién sabe si una jugarreta de esas que nos gasta el destino. pero no se marche tan pronto. le pondremos el mismo precio.—Nada.—Pobrecita. Teresa? MERCEDES. ELVIRA. TERESA. ELVIRA.—¿Y por qué llora? TERESA. MERCEDES...—¿Cuánto pensaba pagar en el otro hotel? ELVIRA. ¿verdad? TERESA.—De todos modos. Ande. Y yo creo que aquí.—Claro que sí. Como habrán visto... le haremos un diez por ciento de descuento. MERCEDES.—¡Más que conveniente. ELVIRA.. TERESA..—Es que estaba citada con mi novio. JERÓNIMO. por ser para usted.. yo no sé si debo. MERCEDES.—Bueno.—Tenemos habitaciones libres.. No tiene importancia. MERCEDES. ¡Es absolutamente necesario! JERÓNIMO.) ELVIRA. MERCEDES. Esta señorita se queda con nosotros. ¿verdad. MERCEDES.. tenemos habitaciones libres. MERCEDES.—¿Pero qué le pasa a usted.—Sí.

Yo soy poco llorona.—Sí.) ELVIRA.... además.. (Y hace mutis por la izquierda. no en estas mismas circunstancias ni con motivos parecidos.—Ya.—Dígame una cosa. JERÓNIMO..—Sí. JERÓNIMO. ¿Por qué se ha escapado de Plasencia? ¿Qué hacía allí? ¿Dónde vivía? ¿Con quién? ELVIRA.—¿No le importa que se lo cuente todo mañana? Hoy estoy demasiado 25 .Milagro en casa de los López TERESA.—Y en cuanto a mi historia.. Son cosas vagas muy difíciles de explicar... con frecuencia.—Gracias. sí? ELVIRA.) ¿Ve usted mucho la televisión ? JERÓNIMO.. ¿verdad? ELVIRA—Sí. Y.) JERÓNIMO.—Sí. (Y JERÓNIMO la observa en silencio.—No tiene por qué preocuparse..—Qué llorona. sin conocer jamás el tedio. es que no quería contarla delante de su esposa. JERÓNIMO.—En los hombres.—Vuelvo en seguida. JERÓNIMO. Cuando estoy aburrido.. ELVIRA. Quedan solos JERÓNIMO y ELVIRA. toda mi vida es muy complicada. señorita..—Pues no sé.. Estará más cómoda.—Bueno. JERÓNIMO. ELVIRA. señor. ELVIRA.... en el sofá.—¿Por qué me mira usted? JERÓNIMO. sí? ELVIRA.. Esto que me ha pasado hoy..—¿Quiere esto decir que está aburrido con frecuencia? JERÓNIMO. por nada.—Pues sí..—¿Ah. (Y hace mutis detrás de TERESA.. por nada.—Sí..—Yo no me aburro nunca. ¿sabe? JERÓNIMO. JERÓNIMO.—¿Usted también es muy llorona? ELVIRA. en silencio.—No. señora. muy llorona.) MERCEDES. Hasta ahora mismo.—¿Y en qué piensa usted? ELVIRA. ELVIRA. Me gustan mucho. ELVIRA.—¿Por qué? ELVIRA.—Siento mucho lo que ha pasado. a veces. JERÓNIMO.—Y usted es muy simpático. sí? ELVIRA. (Y cambia de tema.—No.—En ese caso siéntese aquí. ya me ha ocurrido en otras ocasiones. JERÓNIMO. JERÓNIMO.—¿Ah.. JERÓNIMO. Soy una muchacha muy tímida.—¿Ah. ELVIRA.—De nada. Puedo pasarme muchas horas sentada en una butaca.

—No..! Si no fuera por Dios.—¡Hola! ¿Cómo entra usted por ahí? MERCEDES.. Y además. A ti te conocí después de un viaje a Lourdes.—Muchas gracias. MERCEDES..—Comprenderás que si se trata de un milagro. 26 ..—Perdona. La doncella la espera en el vestíbulo..—¡NO! JERÓNIMO.—Gracias.—Hoy estábamos hablando de separarnos.—Me ha dicho que le gustan los hombres.—Sí.. no debes desconfiar de esta señorita.—(Señalando la izquierda) Por ahí..—¿Vigilando yo? JERÓNIMO. ELVIRA. nos ha enviado a esta señorita para romper nuestra soledad. MERCEDES.—¿Y qué? MERCEDES. JERÓNIMO.—Porque por esta parte también se va al piso superior. puedes llenar de huéspedes toda la casa.—Además. ELVIRA. MERCEDES.—¿Qué es lo que te ha dicho? JERÓNIMO.—Pero para un asunto así no se manda a una tonta. ¿Pero cómo entonces ha podido quitar la mancha? Porque el milagro de la mancha no puede estar más claro.—Ah.—Pues muy bien. ya puede subir a su dormitorio.—Si quiere. ¿Por dónde voy? MERCEDES. y asunto concluido. Y cuanto antes mejor. MERCEDES. ¡Y hay veces que hasta parece que me habla. como quieras...Miguel Mihura cansada. Y si no se trata de un milagro. Jerónimo.. Que se quede..! (MERCEDES entra sigilosamente por la puerta de la derecha del foro..... JERÓNIMO.—¡Hola! ELVIRA. ¡Que es lo que debimos hacer desde el primer momento! MERCEDES. Y de repente alguien. un poco tonta sí parece. ¡He sufrido tanto y soy tan desgraciada..—Si le gustan los hombres no es tan tonta como tú piensas... ni muchísimo menos de mí. pero que está por encima de nosotros. MERCEDES.. Y que yo le soy muy simpático. yo creo que es tonta de capirote. (Y hace mutis por la izquierda.—¡Caramba! JERÓNIMO..—Sí. como lo oyes. JERÓNIMO. Por mí. MERCEDES. ELVIRA. MERCEDES. Incluso de llegar al crimen para escapar de esta monotonía... Con el permiso de ustedes.. que vela por mí.. JERÓNIMO.) MERCEDES.—Sí.. como piensas.. que Dios se vale de los medios más insospechados para acercarse a nosotros....—¿Por qué estabas vigilando? MERCEDES. tú. JERÓNIMO. no lo olvides.. que no sabemos quién es.) JERÓNIMO.. lo mejor será que se vaya..—Y lo hizo justamente cuando ya la íbamos a poner en la calle.

MERCEDES.—Usted lo tiene. Jacinto. JACINTO. (Entra DON CRISTÓBAL.) JACINTO. Dígale que pase.—¿Qué hacemos.—Aquí está el señor. (Entra JACINTO. MERCEDES..—Tengo miedo. déjate ahora de la Policía. (Y JACINTO hace mutis..—Bien. (Por la izquierda entra JACINTO. señora.) CRISTÓBAL. En la mano trae un maletín) CRISTÓBAL..) MERCEDES.. no! Aunque sólo sea por curiosidad.—Sí. CRISTÓBAL. MERCEDES. Después de lo ocurrido. Puede retirarse.. ¿El salón.—Sí es posible.—Han llamado a la puerta.—Pase usted.—¿Cómo ha dicho? JACINTO.—Eso. Jerónimo.—Con permiso. Jerónimo. debemos recibirle. un señor de mediana edad.Milagro en casa de los López MERCEDES.) JACINTO.—¡Pero no es posible! JACINTO. podemos llamar a la Policía. Me gusta mucho todo esto.—Y yo.—No. DON CRISTÓBAL ojea el salón. Jacinto.. bastante confortable. Está ahí esperando.—Confortable. JACINTO. JERÓNIMO. MERCEDES.—Uno de los salones..—Despídale usted. Dice que le han recomendado mucho esta residencia. JACINTO.—Sí. MERCEDES. MERCEDES. señor.—Señores… JERÓNIMO. Y no mostrarnos sorprendidos ya de nada. ¿Niños? JERÓNIMO. JERÓNIMO. (Y JACINTO hace mutis. JERÓNIMO. Estoy muy contenta de que en el fondo pienses igual que yo. muy bien. no? MERCEDES. he abierto y un señor me ha preguntado que si tenemos habitaciones libres.. JACINTO. señor..—Eso.—¿Cómo niños? 27 . JERÓNIMO. hay que llegar hasta el final. Y tener valor.—Muchas gracias. señor.—¡Oh.—Si te parece. Jerónimo? JERÓNIMO..—Que pase.—Diga. muy bien.

—Tenemos contratados varios taxistas para que hagan propaganda de nuestra casa y nos gustaría saber cuál de ellos ha sido.—Pues. CRISTÓBAL. JERÓNIMO. Es nuestro negocio. ¿verdad? Porque a mí me molestan los niños. CRISTÓBAL.—Muchas gracias. no me he dado cuenta..—Pues usted nos dirá. porque hace un momento dejó aquí las maletas de la señorita.—Comprenderás. le daremos flan. ¿Mantas? MERCEDES.—Ya. Son trescientas pesetas la pensión completa. en cuyo caso todo es posible. decidí probar. la verdad. MERCEDES.—Dígame antes una cosa. ¿Me podrían enseñar la habitación? MERCEDES.—No..—Tenemos ancha.—Pensaba ir a un hotel.—El taxista que me ha traído.—ESO. CRISTÓBAL.—Pues de acuerdo entonces. y me ha asegurado que había habitaciones libres y el precio me conviene.—Y transparente.—Ya.—¿Le está esperando fuera? CRISTÓBAL.—Pues no. MERCEDES.—A no ser que se trate de lo que yo pienso.—Que no habrá niños. como suelo hacer siempre. como rubito? CRISTÓBAL—Pues. ¿no? CRISTÓBAL. Mercedes.—Sí. ¿Cama ancha o estrecha? JERÓNIMO. ¿Para qué iba a esperarme? Le he pagado y el taxi se ha ido.—Como postre. CRISTÓBAL. señor.—¿Y cómo era el taxista? ¿Guapo o feo? CRISTÓBAL.)—¿Cómo dice usted? JERÓNIMO.) MERCEDES.. y por eso estoy aquí.Miguel Mihura CRISTÓBAL. Pero el taxista me dijo que él conocía una residencia donde estaría mucho mejor y más tranquilo...—Dos. (Extrañado. Yo soy de Barcelona. MERCEDES.—¿Qué quieren que les diga? Me han dicho que admiten ustedes huéspedes. tenemos estrecha y tenemos cuna. CRISTÓBAL. JERÓNIMO. que el mismo no ha podido ser.—Si es usted bueno.. ¿Quiere sentarse? CRISTÓBAL.—Prefiero la ancha. De momento no hay niños. CRISTÓBAL.—Exactamente. CRISTÓBAL.—Bien. JERÓNIMO. JERÓNIMO. JERÓNIMO.—¿Y quién se lo ha dicho? CRISTÓBAL. JERÓNIMO. Y como a mí me gusta la tranquilidad. Y no ha tenido tiempo de volver a la estación a hacer otro porte.—¡Ah! MERCEDES. ¿Usted de dónde viene? CRISTÓBAL—¿Que de dónde vengo? De Barcelona..—¿Era así. Porque las alas ayudan mucho. claro. ¿qué dan? ¿Plátano o pera? MERCEDES.—¿Transparente? MERCEDES.. sí. (Y CRISTÓBAL se sienta en el sofá. Creo que albino. ¿ES que no sabe usted lo que es un taxista transparente? CRISTÓBAL. MERCEDES.—Como el sitio me gustaba. ¿no? JERÓNIMO. Me gusta. CRISTÓBAL. 28 .

dentro de un rato..—Me alegro mucho que le guste. pero les he dicho que lo que yo busco es una casa tranquila.Milagro en casa de los López CRISTÓBAL.. MERCEDES.. MERCEDES. ¡Tendrá que ir a tantos sitios.—Y necesitamos sus tarjetas de identidad para el registro. JERÓNIMO. (Cada vez más extrañado... viajante. Más tarde. Hasta ahora mismo. que ninguno de los dos nos ha dicho todavía el nombre. MERCEDES. Y si empiezan ustedes a decir cosas que no entiendo...—Bien.—Creo que la que da al jardín está libre. se la daré a ustedes. ¡Ah! Y dile a Teresa que esta noche no puede salir... MERCEDES. CRISTÓBAL..—Por cierto. Y a lo mejor. ¿Y usted. las alas! ¡Parece usted tonto! JERÓNIMO. Este acaba de llegar ahora..—"Cristóbal Pereda.. JERÓNIMO.—No. De profesión..—¡Ah! Yo creí que iba a estar sola.—¿Se puede? JERÓNIMO. JERÓNIMO. si no les importa.)—¿Qué alas? MERCEDES.—Debe usted saber que uno de nuestros taxistas tiene alas.) ELVIRA.. (Y se la da a JERÓNIMO.—¿Se conocen ustedes? CRISTÓBAL.—¿No la tiene? CRISTÓBAL—Sí..—Pase.—¿En cuál le ponemos? MERCEDES.." MERCEDES.—¡Pues las alas. pueden venir más..—En cuanto a la tarjeta. La habitación es preciosa.—Yo me llamo Elvira de Jesús.. (A JERÓNIMO.—Y tengo la tarjeta arriba..—Yo me llamo Cristóbal. Se lo diré. Soltero. JERÓNIMO—De acuerdo. no.)—¿Has oído? ¡De Jesús!. (Entra ELVIRA por la izquierda... Que lo siento en el alma. creo que sí..—¡Cristóbal! CRISTÓBAL.) MERCEDES. pero que hay mucho trabajo. Y le voy a presentar a un nuevo huésped. ELVIRA. claro. ELVIRA. caramba.—Viajante.) ¿NO te importa decirle a la doncella que vaya preparando la habitación de este señor? JERÓNIMO..—Lo mismo le digo..—Pues si me hace usted el favor.—Pues.—¿Qué pone? JERÓNIMO. 29 .—Vengo encantada. ELVIRA.. Y que lo deje para mañana.—Aquí está. CRISTÓBAL. caballero? CRISTÓBAL... JERÓNIMO.. MERCEDES. ELVIRA.—Mucho gusto. MERCEDES. que la lee. CRISTÓBAL. ¿Por qué nos íbamos a conocer? ELVIRA.! (A JERÓNIMO.—¡Perdónenme.

. Anoche me pusieron una conferencia a Barcelona diciéndome que me desplazara aquí.—¡Hola! 30 ..—Naturalmente.) MERCEDES. lo comprendo.—¿Decía usted ? MERCEDES.—¿Decía usted? MERCEDES.—Claro.—Nada..—Perdón.. nada. La agencia Pandora.—Yo no. ¿el motivo de este viaje? CRISTÓBAL..—¿Y saben ellos su dirección? Es decir.—No. (A CRISTÓBAL.—Pues realmente.. como si mirase hacia el cielo.Miguel Mihura (Y mirando con recelo a su mujer hace mutis por la izquierda. CRISTÓBAL.—Están en todo. no. (Y mira hacia arriba. ¿eh? Están en todo..... MERCEDES. ¿Piensa estar mucho tiempo con nosotros? CRISTÓBAL.. con aire de estar vigilándolos.—Por ahora.. ¡Menuda firma!. MERCEDES.) JERÓNIMO. ELVIRA. ¿a qué se dedica? CRISTÓBAL.—¿Y no sabe usted quién le puso esa conferencia? CRISTÓBAL.—De todos modos. ¡Ah! Y esa firma se llama Pandora.. MERCEDES.) MERCEDES... ¿Alguno de ustedes fuma? CRISTÓBAL....... ELVIRA.—Entonces. (Aparece JERÓNIMO por la puerta de la derecha. MERCEDES. Ellos lo encuentran todo. MERCEDES. a nada.—Y usted. (Y vuelve a mirar hacia arriba y CRISTÓBAL hace igual..) CRISTÓBAL. a Madrid. nada. Es curioso.—Ni yo.—A mí me pasa igual.) CRISTÓBAL.. esta. que ya me encontrarían.. además de ser viajante. pero me dijeron que no me preocupase. sin comprender el significado de estas miradas.—No lo sé aún.. CRISTÓBAL. Espero un destino.)—Y dígame. (Y hace mutis por la izquierda. Me dijeron de parte de una gran firma comercial. pero sin citar el nombre del que me llamaba. me han dado un número de teléfono para que yo los llame. MERCEDES. CRISTÓBAL. y he venido. nada.—El caso es que me mandaron el billete del tren y un dinero para los primeros gastos. ELVIRA.—Pues no. MERCEDES.—Exactamente no lo sé. Depende de tantas cosas.—Voy entonces a buscar los cigarrillos que me dejé arriba. para un asunto urgente.

—Aquí encontrará toda la tranquilidad que necesite. ¡Qué va.—Y.—No. MERCEDES. A mí me 31 . Figúrese que están muy sorprendidos porque yo he venido de Plasencia.—Ya cogí el tabaco.—Pues sí.—¿Y por qué sospechabas tú de mí? CRISTÓBAL.—¿Usted ha estado aquí en otra ocasión? ELVIRA. Quizá por el mismo motivo que lo hiciste tú antes. ¿Verdad que parece que están asustados? CRISTÓBAL.—Quisiera consultarte algo sobre el postre.. Y la señora no hace más que mirar al techo. Las comidas a su hora. Quedan solos ELVIRA y CRISTÓBAL. CRISTÓBAL.. que vienes de arriba.—¡Hola! ¿Por qué has venido por ahí? JERÓNIMO.—Vuelvo a repetirles que a mí me gustan las casas tranquilas.—Sí. Jerónimo? JERÓNIMO. ELVIRA.—¿Y la señorita.—Pues ha subido a buscar cigarrillos. Es la primera vez.—Ya ves. Con eso del taxista están muy pesados.. ELVIRA. ¿No les molesta? MERCEDES. no? ELVIRA. MERCEDES.—Yo por arriba no la he visto. además.—ESO le quería yo decir..Milagro en casa de los López MERCEDES. CRISTÓBAL. JERÓNIMO... Con el permiso de ustedes.. nada.—¿Y por qué echan azúcar en los sillones? ELVIRA.. dónde está? MERCEDES. vamos.—Pues no. En absoluto. ELVIRA. tampoco debe estar muy bien de la cabeza..! CRISTÓBAL. Por nada.—¿Y tardaremos mucho en cenar? Porque a mí me gusta cenar pronto. Puede fumar todo cuanto quiera.—¿Qué? CRISTÓBAL.—Voy a disponer las cosas para que nos sirvan cuanto antes... ¿eh? Nada de desorden. (Y entra ELVIRA por la izquierda. hablan de un taxista que tiene alas. ¿Me acompañas. JERÓNIMO.. Me gusta mucho fumar. Y no vea la cara que han puesto porque he quitado un poco de azúcar que había en un sillón.—Pues no lo sé...—Supongo que no sospecharás de mí. JERÓNIMO. MERCEDES. CRISTÓBAL. Eso parece.—Lo celebraré mucho. A lo mejor es que hay goteras. CRISTÓBAL.) ELVIRA.—¿Y no nota usted un poco raros a estos señores? ELVIRA.—Bueno. MERCEDES.)—¿Les sucede algo? MERCEDES.—Pues no la he visto.—Oiga. (Sin comprender.) CRISTÓBAL. CRISTÓBAL.—Tú lo sabrás. JERÓNIMO. Claro que el taxista que me ha traído a mí aquí.—Yo lo que creo es que ninguno de los dos está bien de la cabeza. CRISTÓBAL.—¿Para qué? MERCEDES. nada.—No.—No. JERÓNIMO. (Y MERCEDES y JERÓNIMO hacen mutis por la puerta de la izquierda.—¿Ah.

Si quiere usted acompañarme para verla.—No.. pero de todos modos.—No ha sido por su culpa. ¿Por qué puerta tenemos que ir? MERCEDES.—Y si encuentra esta casa tan rara..—De nada..) JACINTO. JACINTO. CRISTÓBAL.—Ahora mismo estoy oyendo pasos.. señorita.—Sí que tengo novio. señorita.—Yo voy a ver qué tal dan de cenar... ELVIRA. que también.—No se preocupe.—Porque el precio es muy ventajoso y la habitación es muy buena. pero se contiene. Buenas noches. haga usted el favor.) MERCEDES.—Sí. muchas gracias. De Vigo. si tiene usted novio y la esperaba.—Sí. la observa un momento. ELVIRA..—¿Su padre era de Burgos? ELVIRA. ¡Ah! Y tenga cuidado.—Si la señorita desea que la ayude a colocar la ropa en el armario. CRISTÓBAL. ¿verdad? ELVIRA. porque siempre están escuchando detrás de las puertas.) 32 ..Miguel Mihura habían dicho que en Madrid estaban todos un poco chiflados. ELVIRA. No tengo prisa. Eso me parece a mí. me marcho. ELVIRA. (Y MERCEDES y CRISTÓBAL hacen mutis por la izquierda. CRISTÓBAL...—Sí..—Gracias.—¿La señorita desea tomar un aperitivo antes de cenar? ELVIRA. y sí que me esperaba. TERESA.—Su habitación ya está preparada.) La cena va a estar en seguida. antes de hablar. CRISTÓBAL.... (Y de nuevo está a punto de echarse a llorar.. señora.. No he salido nunca de Plasencia.. JACINTO. CRISTÓBAL.. Después aparece JACINTO por la izquierda y.—Sí.... señor.. no se moleste.. sigilosamente. TERESA. Buen tiempo.. (Por la puerta del foro entra. Y por la derecha entra TERESA.—No.—Pues a lo mejor hago yo lo mismo.. (A ELVIRA. antes de hablar. Muy buen tiempo.—¿Viene a Madrid por primera vez? ELVIRA.—No.. ELVIRA. (Yendo hacia la de la izquierda)—Por aquí. ¿por qué se ha quedado? ELVIRA. (Y el criado se va por la izquierda..—De todos modos. (Y ahora JACINTO la habla en tono misterioso.. Queda sola ELVIRA.) TERESA.) JACINTO.. MERCEDES. sino por la de ese señor que ha llegado ahora. y siento mucho que no haya usted podido salir por culpa mía. la observa un instante. Y si no me gusta... Pero no creí yo que llegaran a tanto.

que estaba vigilando a TERESA y a ELVIRA. No tiene importancia.—No. JACINTO.—A Cosme.Milagro en casa de los López ELVIRA.) MERCEDES. JERÓNIMO. ELVIRA. Pero yo estoy segura que también hará algo 33 . MERCEDES.—No.—Por consiguiente. JACINTO. Entonces puede retirarse (Y JACINTO hace mutis por la izquierda) MERCEDES. JERÓNIMO. JERÓNIMO. (Que ha oído pasos. en cambio.—Exacto. sino de Vigo.—Bien. tenga la bondad. ¿verdad? JERÓNIMO—Sí. nada.—Ninguno se conoce.) JERÓNIMO.—No. la ayudo.)—¡Calla! JACINTO.—¿Y por qué. no ha hecho nada todavía.—-Sí.—Los criados tampoco.—No tengo ni idea de quién pueda ser. (Señalando el sillón)—Esta mancha existía y ya no existe. MERCEDES.—Será más lento.—Ni tú ni yo hemos preparado todo esto. MERCEDES.. JERÓNIMO. JERÓNIMO. entra JERÓNIMO. JACINTO.—¿De qué hablabais? JERÓNIMO.—¿Y qué opina? JACINTO. (Y ELVIRA hace mutis por la izquierda.—Su padre no era de Burgos..—Ni rastro. señora. (Entra MERCEDES por la izquierda. JERÓNIMO. entonces?.—Bueno. MERCEDES.. sin embargo..—Comentaba con Jacinto todo esto que está ocurriendo. MERCEDES..—Es ridículo pensar en una broma.—¿Y el otro? JERÓNIMO. si quiere. mi idea del milagro es la única potable. por la izquierda. JERÓNIMO.—¿Qué? JACINTO. MERCEDES. esa cara me recuerda a alguien. él. MERCEDES. seguida de TERESA. con una organización tan perfecta. MERCEDES.—Y.—No. señor. TERESA.. muchas gracias. JERÓNIMO se dirige a él y hablan en voz baja. Ande.—Ninguno está de acuerdo. por la derecha. a Cosme. JERÓNIMO. MERCEDES. nada.—Pero si ella ha quitado la mancha. En seguida... Jerónimo. JERÓNIMO. Y después.. primer término.—¿Le pasa a usted algo? TERESA.—Yo no opino nada. JACINTO.—Venga por aquí.—No.. Es usted muy amable.

JERÓNIMO. con aire de esperar y lentamente va cayendo el TELÓN 34 . Vamos a sentarnos.Miguel Mihura sorprendente. pensativos. Esperar. JERÓNIMO. A esta gente nos la ha enviado Dios.—Para averiguar eso. irán desarrollándose. JERÓNIMO. Mercedes.—¿Pero puede saberse para qué? MERCEDES.—Pues eso. Jerónimo.—Vamos a sentarnos. sólo tenemos que esperar. (Los dos se sientan. Los acontecimientos. fatalmente.—¿Y qué hacemos? MERCEDES.

Segundos más tarde. Se asoma a la puerta de la izquierda. ¿No habíamos quedado citados a las ocho y media? JACINTO. Poco después. JACINTO. por la derecha. y después va a una lámpara y la enciende. vestido con uniforme de mañana y llevando en las manos algún utensilio de limpieza. Y un albornoz encima.—Buenos días. con la boca abierta. que está abierta. Duerme plácidamente.—¿El señor lleva mucho tiempo aquí? JERÓNIMO.—¿Abro las cortinas? JERÓNIMO. por el que entra la luz del día.) JACINTO. Y. se sienta.—Me he asomado ahora a su habitación. también con sigilo. (Al levantarse el telón no hay nadie en escena.—En efecto. entra JACINTO por la puerta de la izquierda.—Acabo de bajar. 35 . que bien pudiera ser un plumero y un paño. Se asoma a la puerta del foro. JERÓNIMO. JACINTO. (JACINTO abre las cortinas del ventanal. han seguido hablando.—Buenos días. mientras tanto. y después apaga la lámpara. Y una vez hecho esto. Las cortinas del ventanal están echadas. Jacinto. y el salón sólo está iluminado por la poca luz que entra por la puerta de la izquierda.Milagro en casa de los López ACTO SEGUNDO CUADRO PRIMERO El mismo decorado. entra JERÓNIMO. Mira su reloj de pulsera y comprueba la hora en otro de los relojes que hay en el salón. en una butaca y empieza a encender su pipa.) JACINTO. muy sigilosamente. pensativo. señor.—¿Y la señora? JERÓNIMO. Calza zapatillas y viste "short" y camiseta azul.—Pues son las ocho y media en punto.—Abre las cortinas. señor. JERÓNIMO.

—¿Y los huéspedes? JACINTO. estamos en las mismas. tengo miedo. en sus quehaceres. Pues ahora sólo nos queda esperar el resultado.—Se levantará ahora.—¿Los dos? JACINTO.—No es ningún milagro.—Bueno. Entré en los dos cuartos.—¿Y la cocinera? JACINTO. figúrate yo. JERÓNIMO. JERÓNIMO. ¿Qué estaban haciendo? JACINTO. Esta chica es la hija de Cosme que nos ha encontrado.—Dormían.—Ciérrala. porque si han venido a lo que pensamos.—¿No tenían echados los pestillos? JACINTO. Jacinto.—Por favor.. JACINTO.Miguel Mihura JACINTO. JERÓNIMO. JACINTO. JERÓNIMO. JERÓNIMO. JACINTO. JERÓNIMO.—Pues la verdad es que no tengo ni idea de quién es el otro.—Sí. JERÓNIMO.—Bien.—Cierra esa puerta. porque debían desconfiar.—¿Y está usted seguro que todo esto no es un milagro? JERÓNIMO. JERÓNIMO. Es para abrirla.—A pierna suelta. lo que tendría que organizar. El otro. no debían dormir a pierna suelta.—Entonces. señor. es raro. Las doscientas mil pesetas que usted me dio. JACINTO. Jacinto. JERÓNIMO. Entré descalzo.—Sí. JERÓNIMO.—¿El otro? JACINTO. JERÓNIMO. JERÓNIMO. Ninguno de los dos. en el que escribí bien claro: "Para Cosme". es raro. organiza una investigación en toda regla. JERÓNIMO.—No.—Aún no se han levantado. JACINTO. Jacinto. JACINTO. JACINTO. ¿Hiciste lo que te encargué? JACINTO.—Y no desconfían. ¿Pero y el otro? JERÓNIMO.—¿Y no te oirían? JACINTO.—Es raro. que no soy de Roma.—NO.—Lo hice.—Los dos.—Me lo supongo.—¿Dejaste el dinero sobre la mesilla de noche de la chica? JACINTO. JERÓNIMO.—Sí.—Yo también tengo miedo.—Es raro. JERÓNIMO.—¿Entonces. JERÓNIMO.—¿A qué hora? JACINTO—A eso de las seis de la mañana. Jacinto.—¿Para qué? JERÓNIMO. Primero en el de él y luego en el de ella.—¿Tranquilamente? JACINTO.? JERÓNIMO.—Está en la cocina. sí. para casos más claros.—¿Y Teresa? JACINTO. 36 . Si la curia romana.—De todos modos.—Bien. JERÓNIMO. señor. señor.. JACINTO.—Sí. Dentro de un sobre.

—Y en un bar de los barrios bajos encontramos a Cosme. ni quiénes éramos. puesto que para eso era su ayuda de cámara. sigues a mi servicio como si nada hubiera ocurrido.—Cuando te tomé a mi servicio.—Sí. más rica aún que yo..—Sin embargo hubo que buscar a alguien que se ocupase de la parte técnica del asunto.—Sí. Conozco a Mercedes. sin olvidar nada. JACINTO. alegremente.—¿Qué hacer entonces? ¿Renunciar a una vida de lujo y de placeres? ¿Trabajar para poder vivir? Esto era estúpido. suponiendo que al morir ella me dejaría toda su fortuna.. Tú. JERÓNIMO. en un par de meses. JACINTO. JERÓNIMO. señor.—Hasta el último céntimo. ya sin un ochavo. a los noventa años empieza a chochear ostensiblemente. JACINTO.—Pero yo empiezo a jugar en todos los Casinos de Europa y gano una fortuna.Milagro en casa de los López JACINTO. derrochaba el dinero. Ella. Y entonces fue cuando se me ocurrió robar en la joyería de Cazorla Hermanos.—Y ese fue el motivo de que a última hora su fortuna se la dejase a un asilo de ancianos pobres.—Y todo salió bien. sin antecedentes penales. y los ancianos pobres siguieron siendo tan pobres y tan ancianos como eran antes. JERÓNIMO. JACINTO. Yo era un hombre culto y refinado. fuésemos encontrados. se cree 37 . cosa que les sentaba tan mal que a algunos de ellos les costó la vida.—Exacto. ni dónde vivíamos. Ella se empeña en volver a España y volvemos. a mí me hizo la pascua.—Y ahora pongamos en orden nuestras ideas. Y para evitar que alguien nos reconozca. Nos casamos. delincuente habitual. por muy digna y respetable que sea una abuela. Y yo. señor. JACINTO. un perfecto sinvergüenza. JERÓNIMO. JERÓNIMO.) JERÓNIMO. un bala perdida. nos gastamos todo aquel dinero. JACINTO.. un cabecita loca. sólo pudo dar nuestras señas personales. JACINTO. JACINTO. Emprendo negocios honestos que me salen bien.—Y era rico porque mi abuela satisfacía todos mis caprichos y sufragaba todos mis gastos.—Efectivamente. JERÓNIMO.—Sin contar con que una abuela. señor.. JERÓNIMO. yo era joven. en efecto. (Y JACINTO cierra la puerta de la izquierda. Recuerdo lo último. mientras JERÓNIMO cierra la de la derecha.—En el extranjero vendemos las joyas y. lo cual no fue suficiente para que nosotros. JERÓNIMO. convenzo a mi mujer de que salir a la calle es una tontería. JERÓNIMO. a excepción de que a Cosme le pescaron y no tuvo más remedio que cantar. era guapo y era rico. que gentilmente nos brindó su ayuda a cambio de repartir las ganancias a partes iguales. JACINTO.—Con lo cual. que es dócil y con tendencia al retraso metal.—En cuyo robo yo le ayudé. con la diferencia de que los domingos les ponían paella.—ASÍ fue.—Pero como no sabía nada de nosotros.

nos localiza y decide inventar algo para entrar en casa. 38 . JACINTO. JERÓNIMO. lo mejor es imitar a mi mujer y hacer lo que ella hace.—Y ahora. JACINTO.—Buenos días.) MERCEDES.. señor. JERÓNIMO. blusita y albornoz. Y nos pasamos diez años en casa sin salir.—¡Pero será raro! JERÓNIMO. MERCEDES.—¿Y por qué no lo ha dicho? Ha estado a solas con nosotros dos.Miguel Mihura lo que le digo.—Bien. MERCEDES. ¿Y el otro? JERÓNIMO.—Ni yo tampoco.—Todo aquí es muy raro.. ¿a qué viene? JERÓNIMO. sino porque hay un señor en la puerta que no le deja. entonces.—Tendrá instrucciones para no hablar.—Evidentemente. desde la cárcel. Esperar. JACINTO. JERÓNIMO. JACINTO.—Entonces. la verdad es que no entiendo ni patata de todo esto.—Se lo guardará en el bolso y se irá sin decir esta boca es mía. hace gestiones para encontrarnos.—De acuerdo. Sólo éramos los tres. JERÓNIMO.—No porque él lo considere una tontería. JACINTO.. JACINTO. Pero.—En nuestra historia no existe ningún otro. Ya hemos puesto el cebo y ahora sólo nos queda aguardar el resultado. ha sido precisamente para averiguar quién puede ser el otro.. JACINTO. JERÓNIMO.—Buenos días.—Bueno.—Por eso. Esta.) MERCEDES. además de saber que es de Burgos. JACINTO. Y posiblemente se vale de su hija.—¿Cómo tenéis todo esto tan cerrado.—Hola. en la cárcel. ¿cuando encuentre el dinero sobre la mesilla de noche? JERÓNIMO. jolines? JERÓNIMO. por cualquier circunstancia. (Suenan unos golpecitos en la puerta de la derecha. Algo espectacular que nos impresione. la cual tendrá ahora aproximadamente la misma edad que esta señorita que ha venido. Y lo que inventa es todo esto. también con "short". buenos días. que no hablas tú poco con Jacinto. tampoco sale. JACINTO. muy bien. JERÓNIMO. nos enteramos que tiene una hija de ocho años.—Si hemos recordado toda esta historia.—Mientras que Cosme.—Estaba hablando con Jacinto.—Por la parte del dinero que le corresponde a su padre. JACINTO. Ha tenido ocasión de insinuar algo.—Aguardemos.—Aguardemos.—Pues hijo. JACINTO. En las pocas conversaciones que tenemos con Cosme. Es indudable que Cosme. La chica ha entrado y ya está en casa. (Desde dentro)—¿Se puede? JERÓNIMO.—Adelante. JERÓNIMO. (Y se abre la puerta y entra MERCEDES.

Milagro en casa de los López JACINTO.—Cuando yo arreglaba la habitación, el señor entró. MERCEDES.—¿Y no has hecho tu gimnasia sueca en el jardín? JERÓNIMO.—No, iba a hacerla, pero me he entretenido hablando... MERCEDES.—¿Y de qué hablaban ustedes? De los huéspedes, claro... JERÓNIMO.—Sí, claro, de los huéspedes. MERCEDES.—¿Y qué? ¿No han hecho ningún otro milagro esta noche? JACINTO.—Que sepamos, ninguno. MERCEDES.—¡Ah! Pues esto no puede ser. Hay que decirles que hagan algo. Sobre todo a ese señor de Barcelona, que es que no da golpe. Y si no hacen ningún milagro, no sé a santo de qué les tenemos aquí. JERÓNIMO—Eso mismo le decía yo a Jacinto. MERCEDES.—Naturalmente. Porque si ahora resulta que son dos impostores, habrá que llamar a la Policía. JERÓNIMO.—¿Quieres dejar a la Policía en paz? En estos asuntos milagrosos no hay que mezclar jamás a la Policía. ¿No es verdad, Jacinto? JACINTO.—No es correcto. MERCEDES.—¿Y qué? ¿Se han despertado ya, o aún están durmiendo? JACINTO.—No lo sé, señora. MERCEDES.—Pues vaya usted a enterarse. No se vayan a creer que han venido aquí para pasarse todo el día en la cama. Y si se han despertado, dígales que nos reuniremos aquí para ir al comedor a desayunar, después que hayamos hecho nuestra gimnasia sueca... JACINTO.—Sí, señora. Cumpliré su encargo.

(Y JACINTO hace mutis por la puerta de la izquierda, que ya deja abierta.)
MERCEDES.—Jerónimo. JERÓNIMO.—Qué. MERCEDES.—Creo que estamos haciendo las cosas muy mal. Sobre todo tú. JERÓNIMO.—¿Qué es lo que estoy haciendo mal? MERCEDES.—Puesto que ya es casi seguro que a estos señores nos los ha enviado Dios, no podemos quedarnos tan tranquilos ni tan indiferentes. Tenemos que poner algo de nuestra parte. Vamos, que tenemos que colaborar. JERÓNIMO.—¿Colaborar en qué? MERCEDES.—He pensado mucho durante la noche. Y he llegado a la conclusión que si estos señores han venido aquí no es para acompañarnos ni para que no estemos tan solos. Porque, para eso, lo mismo nos podía haber mandado un gato. JERÓNIMO.—¿Para qué ha sido entonces? MERCEDES.—Para que nos enamoremos de ellos locamente. JERÓNIMO.—¿Ah, sí? MERCEDES.—Claro que sí. Tú de la chica y yo del chico. JERÓNIMO.—Don Cristóbal ya no es tan chico. MERCEDES.—No importa. Aunque a mí me haya correspondido el peor lote, el caso es que volvamos a sentir el amor. Y que de nuevo tengamos ilusión en la vida. Y que renazca en nosotros el deseo de gustar a alguien. De coquetear. De querer y de ser queridos... 39

Miguel Mihura JERÓNIMO.—NO te entiendo. MERCEDES.—Pues es bien sencillo. Que yo debo coquetear con don Cristóbal y tú con Elvira. Y a ver lo que pasa. A lo mejor se nos dan muy bien. Y ya contentos, lo empezamos a pasar divinamente, sin necesidad de ver "Patrulla de diamantes", ni otras gaitas por el estilo. JERÓNIMO.—¿Pero tú crees que Dios hace milagros para una tontería semejante? MERCEDES.—¿Y por qué no? Con probar, no perdemos nada.

(Por la izquierda entra CRISTÓBAL. Viste el mismo traje que en el acto anterior.)
CRISTÓBAL.—¿Se puede? MERCEDES.—Pase, pase... ¡Mira, aquí está, aquí está! JERÓNIMO.—Buenos días. CRISTÓBAL.—Hola, buenos días... MERCEDES.—¡Tanto bueno por aquí! ¿Qué tal, don Cristóbal, qué tal? ¡Siempre tan pimpollo!... CRISTÓBAL.—Vaya... JERÓNIMO.—¿Ha descansado usted bien? CRISTÓBAL.—Muy bien, muchas gracias. MERCEDES.—Pero siéntese, siéntese... (CRISTÓBAL se sienta.) ¿Estaba la cama bien mullida? CRISTÓBAL.—Muy bien mullida, si señora. MERCEDES.—Todas las camas de esta casa están muy bien mullidas. Sobre todo, la mía, ¿usted sabe? Y muy calentita y muy acogedora. JERÓNIMO.—Eso no es coquetear, Mercedes. Eso es ser una desvergonzada. MERCEDES.—Debes comprender que no tengo costumbre. Si me paso, tú me lo adviertes. JERÓNIMO.—Pues te has pasado. MERCEDES.—¿Pero me he pasado mucho o poco? JERÓNIMO.—Te has pasado una barbaridad. ¿No cree usted lo mismo, don Cristóbal? CRISTÓBAL.—Me gustaría saber de qué hablan ustedes. No porque yo sea curioso, ¿saben? Sino para enterarme. Porque, la verdad, es que nunca me entero aquí de nada. MERCEDES.—Lo que yo quería decirle es si le hago a usted tilín. CRISTÓBAL.—¿Y por qué me iba usted a hacer tilín, señora? MERCEDES.—Qué sé yo... Por hacerle algo, caballero. ¿Va bien así, Jerónimo? JERÓNIMO.—Muy bien, muy bien. Mucho más fino... MERCEDES.—No, si ya verás cuando me entrene qué bien me sale... CRISTÓBAL.—Bueno, ¿pero ustedes de qué están hablando, si es que puede saberse? JERÓNIMO.—Mi mujer siempre ha pretendido hacerle tilín a alguien. Y ella piensa que, ya que está usted en nuestra casa, sería francamente bueno que ella le hiciera a usted tilín. CRISTÓBAL. (Sin comprender.)—Ya. MERCEDES.—¿Lo entiende usted, o es necesario que se lo traduzca al catalán? CRISTÓBAL.—No, no se moleste, no es necesario... Bueno, bueno... Y, a 40

Milagro en casa de los López propósito de tilín, ¿ustedes me permiten que hable por teléfono? MERCEDES.—Claro que sí. Ahí está el aparato. No tiene más que marcar el número con el dedito. CRISTÓBAL.—Gracias..Ya sé el manejo. MERCEDES.—Lo que usted no sepa, ¡pardiez!... CRISTÓBAL.—¿Cómo? MERCEDES.—Nada. CRISTÓBAL.—Ya...

(Y CRISTÓBAL ha marcado un número en el teléfono.)
CRISTÓBAL.—Oiga... ¿Es el dos, tres, uno, seis, siete, cero, uno? ¿Es la Agencia Pandora? Sí. La Agencia Pandora. ¿Cómo dice? Sí. El número dos, tres, uno, seis, siete, cero, uno. Claro que he marcado bien. ¿Cómo? ¿Que ese número es el de la Parroquia de los Desamparados? MERCEDES.—¿Has oído, Jerónimo? JERÓNIMO.—¡Claro que he oído! MERCEDES.—¡Le ha salido la Parroquia de los Desamparados!... ¿Te das cuenta? JERÓNIMO.—Sí que me doy cuenta... CRISTÓBAL. (Al teléfono.)—Pues la verdad es que no lo entiendo. Bueno. Muchas gracias, y usted perdone (Y cuelga) Es muy chocante todo esto. MERCEDES.—¿El qué? Cuente, cuente... CRISTÓBAL.—Me llaman por teléfono a Barcelona. Me envían con un mensajero el billete del tren y un dinero para los primeros gastos. Me dan el número del teléfono de la Agencia en Madrid para que yo les llame si no he recibido antes noticias, y ahora resulta que ese número pertenece a la Parroquia de los Desamparados... JERÓNIMO.—¡Apuntaría usted mal el número... CRISTÓBAL.—Lo apunté muy bien. Y hasta hice que me lo repitieran dos veces. Y por razones que no son del caso explicar, ese número se me quedó grabado en la mente. Y lo que a mí se me queda grabado en la mente jamás se me va de la memoria. ¿Comprenden? Pueden pasar diez años, quince, treinta…, ¡un siglo! Pero nada ni nadie podrá borrar lo que yo dejé escrito en mi cerebro. Ahora bien: por cualquier circunstancia, he podido tener un fallo, y voy a buscar de nuevo el papel donde lo apunté... Vuelvo en seguida... Buenos días...

(Y CRISTÓBAL hace mutis por la izquierda.)
MERCEDES —Este señor es bastante raro. JERÓNIMO.—Sí que lo es, sí… MERCEDES.—Y bastante feo... JERÓNIMO. A mí, al menos, es de esos hombres que no me dicen nada... MERCEDES.—Comprenderás que con un señor así es muy difícil coquetear... JERÓNIMO.—De todos modos, Mercedes, me parece que todo esto es más grave de lo que yo pensaba. MERCEDES.—¿Por qué? JERÓNIMO.—Porque sí. Un número puede estar equivocado. ¿Pero por qué ha de salir una parroquia? Cuando uno se equivoca de número sale todo menos una 41

no sabré a qué atenerme. Ya sabes que el amor y la ilusión deben de estar muy relacionados en este asunto..—Yo lo hacía por ayudarte. Y hasta que no baje de su dormitorio la otra señorita.—¿La señorita? JERÓNIMO. don Jacobo está en Zaragoza desde ayer. de ninguna manera. Olvídalo.! JERÓNIMO. Pero él.—Bien. JERÓNIMO... perfectamente. MERCEDES. MERCEDES. Entonces esperemos a que baje la señorita. Ella.) JACINTO.. La señorita ya está arreglada. Para tener independencia.—Ha salido eso porque son unos enviados de Dios… JERÓNIMO. señorita. con esta pinta. Mercedes. pues anda.—La de mi marido también es muy mullida. Dile a esa señorita que pase. MERCEDES.. Jacinto.) ELVIRA. ¿comprende? JERÓNIMO. señor.— ¿Pero qué es eso? JERÓNIMO. MERCEDES. caramba.Miguel Mihura parroquia... buenos días. JERÓNIMO.. (Entra JACINTO por la izquierda.—Eso sí que es verdad..—Sí. Ella sólo puede tener la clave del enigma. Toda la noche de un tirón. sin dejar de observar a ELVIRA. Y dice que si puede pasar aquí un ratito. sino yo.—Nada. 42 . MERCEDES.—Con el permiso de los señores. Di tú cosas..—¿Y para qué? Además. MERCEDES. Que eso se nota.—Sí.) Puede usted pasar.—Sí. la señorita.. Pero no olvides coquetear con ella.. Mercedes.—No necesito ayuda.—Me niego a creerlo.—¿Qué tal? ¿Ha dormido usted bien? ELVIRA. MERCEDES. no puede ser un enviado de Dios. no tiene importancia.—Sí. y no volverá hasta la semana que viene. MERCEDES. JACINTO se queda junto a la puerta.—No eres tú la que debe decir eso. MERCEDES.—Hola. MERCEDES. Me doy por vencido.—No lo sé. Este señor. JERÓNIMO. (Y entra ELVIRA con un sencillo vestido de mañana. (A JACINTO. Es a mí a quien me toca ahora. (Y se vuelve a la puerta.—Bueno. Porque no sé si usted sabrá que él duerme en una habitación y yo en otra. MERCEDES.—Buenos días. no.—No ha hecho alusión a nada de eso.. mucho.—¿Mullida la cama? ELVIRA. ¿Y qué hacemos entonces? JERÓNIMO.—¿Y si llamáramos al administrador? ¿No habrá sido él quien haya preparado todo esto? JERÓNIMO.—¡Pues no faltaba más. JACINTO..)—¿No ha hecho alusión a nada de eso? JACINTO. todavía.

. 43 . Usted a lo mejor querrá telefonear. sí...—¿A la señorita le ha parecido suficiente? MERCEDES. muchas gracias.—Sí.—¿A qué viene hablarle ahora de la mesilla de noche. si así está bien. Porque si no. JACINTO.—Siéntese.) JERÓNIMO.Milagro en casa de los López JERÓNIMO.! ELVIRA. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? JACINTO.—Bueno. (Y se sienta. ELVIRA. caramba? JERÓNIMO. MERCEDES.—En seguida. No es que de momento tengamos más pero la podíamos buscar. es bonita.. o no? Cada uno coquetea a su manera.. A las doce.—La señorita habrá podido comprobar que sobre la mesilla hay un cenicero. un reloj y un aparato de luz. señora. ¿verdad? MERCEDES.—Pues. Así está bien.—La mesilla.—¿Pero por qué habláis tanto de la mesilla de noche.. márchese. Y dígame. JACINTO.—¡No le vas a llenar el cuarto de mesillas de noche! JERÓNIMO.—¿Y qué le va a decir? ¿Que la mesilla era suficiente y que ya está todo arreglado? ELVIRA. señorita. ELVIRA. Jacinto? ¿Quiere usted marcharse de una vez y no meterse en lo que no le importa? JACINTO.—¿Pero usted qué hace aquí. MERCEDES. si dice que no conoce aquí a nadie? ELVIRA.—¿A quién va a telefonear. Pero un poco más tarde. en efecto.—¿Pero qué es lo que le va a parecer suficiente? JERÓNIMO..—¿Cómo dice? MERCEDES. Buenos días.. (Y JACINTO hace mutis por la izquierda. JERÓNIMO. muchas gracias.—No entiendo. He fumado un cigarrillo al despertarme. MERCEDES.—En todas nuestras mesillas de noche hay un cenicero. Ya lo he visto.) JERÓNIMO—¿Y qué? ¿Qué le ha parecido a usted la mesilla de noche? ELVIRA. ELVIRA.—Sí. MERCEDES. Jerónimo? JERÓNIMO—Quiero decir que si le ha gustado la mesilla de noche. De caoba. Jerónimo.—¡Si ella lo quiere. le ponemos otra.—Gracias. JACINTO. Mercedes.—Pues ande.—Por si le ha gustado lo que hay encima.—¿Quieres callarte. MERCEDES. MERCEDES.—¿Pero otra vez vas a empezar con la mesilla? JERÓNIMO. ahora se marchará.—Es una mesilla de noche muy completa. JERÓNIMO. JERÓNIMO.—A un antiguo amigo.—No. ELVIRA.—En ese caso.—No comprendo el motivo.—El señor quiere decir que una vez que la mesilla de noche le ha parecido suficiente.—Pues sí. señora...—Sí. JACINTO. ELVIRA.

..—En cuanto nos levantamos nos vamos al jardín.. Sin embargo.—Naturalmente. Muchas gracias.—Bueno. Esas pesadillas terribles en las que parece que una va cayendo a un abismo sin fondo.—Es simpático mi marido.. al levantarme. he visto que en el cielo lucía el sol.—Buenos días. ¿A dónde quiere usted que vayamos? JERÓNIMO..Miguel Mihura Y tú lo haces a base de la cama. no se asuste. Pero la caja está vacía.—¿Dice usted que no salen hace diez años? MERCEDES. 44 ....—Yo he tenido muchos sueños. MERCEDES.) TERESA.—Sí. (Cuando TERESA va a salir por la izquierda.. MERCEDES.—Un poco extravagante.—En fin.. (A ELVIRA.. JERÓNIMO. TERESA. Nos llevamos fatal. Jerónimo. Como me parece que aquí tampoco hay ningún plan posible.—Claro.—Ya.—¡Ah! Y si llama usted por teléfono y le sale alguna parroquia. TERESA. JERÓNIMO.—Pues no. ELVIRA. pues anda.) CRISTÓBAL. Y muchas pesadillas. vamos saliendo. Por eso vamos así vestidos.—Sí. pero yo le adoro. MERCEDES. (Cada vez más extrañada de todo. muy bien.... que mi marido y yo hacemos gimnasia sueca todos los días antes del desayuno. ELVIRA.. Porque no sé si usted sabrá.—Ya. Hasta después. Y por la puerta del foro entra TERESA. con uniforme de mañana.)—Pues yo.—Bueno... ELVIRA.. Queda ELVIRA sola. ¿verdad? ELVIRA.—Sí. Viene muy sonriente. entra CRISTÓBAL por el mismo término. ¡Y el sol siempre es el sol!. MERCEDES. ¿Comprende? Y yo caía. lo mejor será que nos vayamos al jardín a hacer nuestra gimnasia sueca acostumbrada. nos conviene hacer un poco de ejercicio. MERCEDES. y yo.. ELVIRA.. Mercedes.. Quiere fumar y abre una cajita de ciga- rrillos que hay sobre la mesa del teléfono. la verdad… MERCEDES. a base de la mesilla... ELVIRA.—Como no salimos de casa hace diez años... ELVIRA..—Hasta ahora mismo.. entonces.) Hasta ahora mismo.—Buenos días. ¿Y usted? TERESA..—Hola....—Hasta después.—¿Ha descansado usted bien? ELVIRA. Caía.. mucho. como los perros.. hoy.—Buenos días. ELVIRA. nada.. señorita.. pues muy bien... buenos días.—¿Es que usted sabe de algún sitio adonde ir? ELVIRA. pensativa. ¿Quiere usted alguna cosa? ELVIRA. (MERCEDES hace mutis por la izquierda. Las parroquias aquí salen como hongos. detrás de JERÓNIMO. TERESA..

señor. Y hoy. TERESA.—Entonces.—Tengo que hablar con usted urgentemente. (Y TERESA hace mutis por la izquierda..—Y usted quiere que yo me lo crea. TERESA.—Muchas gracias. sí? ¿Y por qué? ELVIRA. CRISTÓBAL.—Ya. Un sobre dirigido a Cosme..—No sé. que no sé quién es. Yo creo que todos están locos.. ELVIRA.. CRISTÓBAL. ELVIRA se aproxima a CRISTÓBAL. ELVIRA.—¿Por qué? 45 . como iluminada. CRISTÓBAL.—No.—Sí.) ELVIRA.—Los señores. desde luego.—En esta casa pasan unas cosas muy extrañas.)—Ya. ¿Por qué será eso? CRISTÓBAL. ELVIRA. CRISTÓBAL.. ha entrado en mi cuarto cuando yo dormía y me ha dejado un sobre en la mesilla de noche.Milagro en casa de los López TERESA.. No salen a la calle hace diez años. CRISTÓBAL..—Sí.—Vamos a ver.—¿Con la cuenta de la pensión? ELVIRA..—¿Y sabe usted lo que me ha pasado a mí esta noche? CRISTÓBAL. CRISTÓBAL..—Sí.—¿Qué dice usted a eso? CRISTÓBAL.. CRISTÓBAL.—Oiga.—No tengo ni idea.—Ayer la doncella no hacía más que llorar.... CRISTÓBAL. CRISTÓBAL. CRISTÓBAL. ¿verdad? ELVIRA.—Pues que alguien. CRISTÓBAL.. muy extrañas..? ELVIRA.—¿A Cosme? ELVIRA. bueno.—Adiós.—Claro que sí.. feliz. Pues entonces yo voy a recoger mi maleta y me voy a marchar.. (La mira receloso y desconfiado.. ¿Entonces resulta que le han dejado a usted un sobre en la mesilla de noche con doscientas mil pesetas y dirigido a Cosme. está sonriente.. nada. adiós.—¿Ah.—No...) CRISTÓBAL. ELVIRA..—Porque dicen que por más que piensan no se les ocurre ningún sitio adonde ir.—¿Qué ? ELVIRA..—¿Necesita usted alguna cosa? CRISTÓBAL. CRISTÓBAL. Pero dentro del sobre había doscientas mil pesetas.—¿De qué se trata? ELVIRA.—Bueno.—No lo sé.—Dentro de unos minutos espero que el desayuno esté preparado. (DON CRISTÓBAL se levanta de la butaca en que estaba sentado. ELVIRA. a pesar de no haber disfrutado de su noche libre.. ELVIRA.—¿Y quién es Cosme? ELVIRA.

—Pero es que yo no puedo dormir en las camas muy blandas porque me hundo. cuando se telefonea. Pero yo. CRISTÓBAL.—Más mesillas de noche.—El es de Madrid.—Un novio que yo tuve y que me dejó plantada..—Claro.—¿Quién es Juanito? ELVIRA.. porque yo creo que el dinero me lo ha dejado alguien de esta casa. me ponen más.—Yo le aseguro que es verdad. me voy a marchar. y había ido a Plasencia a hacer unos trabajos de arquitectura.—Pueden ser unos sádicos. Tuvimos relaciones unos dos años y nació un niño. ELVIRA. además. y he venido buscando una residencia tranquila.—¿Conmigo? ¿Y para qué? ELVIRA. he decidido guardármelo en mi maleta y no decir nada.—Porque yo soy una persona seria.—¿De qué entonces? ELVIRA. CRISTÓBAL. bueno. claro.—No puede usted dejarme sola. desde luego. Y a lo mejor es que quieren quedarse a solas con usted. tengo que telefonear.—Pues a lo mejor es para eso. Y lo siento mucho. CRISTÓBAL.) Bueno. CRISTÓBAL.—No debe tratarse de dormir. (Vuelve a levantarse. CRISTÓBAL.—Ya.—Porque estoy segura de que esta gente está tramando algo. porque ahora todo el tiempo están repitiendo que cuándo me voy. CRISTÓBAL. CRISTÓBAL. Y un día se fue y no le volví a ver más. a lo mejor. (Y vuelve a levantarse.—¿Y por qué no se lo ha entregado a los dueños de la pensión? ELVIRA. Y que estaban de acuerdo con el taxista para traernos aquí..—No lo sé. ELVIRA. ELVIRA. por lo pronto.—¿Más qué? ELVIRA.—Porque ninguno de ellos se llama Cosme.—La señora. ELVIRA. Y no hace más que decirme que su cama está muy blandita. ¿comprende? Así que todo eso de Cosme y de las doscientas mil pesetas se lo va usted a contar a su tía. me mira así como rara. todos me están hablando de la mesilla de noche. CRISTÓBAL. pues yo creo que. ELVIRA. ELVIRA. CRISTÓBAL.—Eso me ha dicho a mí la señora.—¿Y por qué le han dejado a usted ese dinero y no a mí? ¿Qué injusticia es esa? ELVIRA. Y me han dicho que. Desde que he bajado.—Es que. CRISTÓBAL. sale una parroquia.—¿Con qué objeto? ELVIRA. CRISTÓBAL. y aquí.—Yo he pensado que si me han dejado este dinero es para que me vaya. definitivamente.. Y..—¿Por qué? ELVIRA. debo marcharme.—Espere usted un poco.—Puede figurárselo. porque a las doce tengo que llamar a Juanito.. Y en el sobre pone: "Para Cosme". 46 .Miguel Mihura CRISTÓBAL. ELVIRA. CRISTÓBAL. sobre todo.)—Bueno. CRISTÓBAL. Que no le miento. aunque sea sin desayunar. pues yo creo que. CRISTÓBAL.

claro. además. (Y se manotea junto a la frente. pero en las pensiones no lo digo nunca porque se asustan y no me admiten. Perdóname lo que ha pasado. ¿verdad? CRISTÓBAL.)—Mírese en este espejo.—No tenga ningún miedo. le diré que yo tampoco he dicho aquí la verdad.—Se fue Juanito. (Que ha sacado del bolsillo un espejito.—Ya. ELVIRA. la verdad es que antes sí era viajante. Y aunque en mi tarjeta de identidad dice que soy viajante. Es que le dije anoche a la 47 . ¿Y le pica? ELVIRA.—Es que es muy gorda. MERCEDES. Pero la siento. Quiero casarme contigo. Pobrecita.) MERCEDES. sin embargo. ELVIRA.—¿Pero quién se fue? ¿El niño o Juanito? ELVIRA.. ELVIRA. ELVIRA. CRISTÓBAL.. (Receloso.—No. no la veo.. ELVIRA. Usted no tiene ninguna mosca. que vienen! (Por la izquierda entra MERCEDES.—Esa que tiene usted en la frente.—Sí.Milagro en casa de los López CRISTÓBAL. pues es verdad! (Y retrocede cada vez más asustada. Y. CRISTÓBAL.. pues yo creo que también me voy a marchar de esta casa.—¿Qué mosca? CRISTÓBAL.—¿Por qué? CRISTÓBAL.) ELVIRA. (Después de mirarla fijamente.—¿Y qué es usted ahora? CRISTÓBAL..—¿No? CRISTÓBAL.) Pues no se va. pero ya lo he dejado.—Hace dos días. aún. Ya estoy de vuelta.—Es verdad. no. ¿No les han avisado para desayunar? CRISTÓBAL. ELVIRA. llámame por teléfono al número tal.—De todos modos.. No tiene nada que temer.—¿Y por qué no se la espanta? ELVIRA. CRISTÓBAL. CRISTÓBAL. Y estoy esperando que sea la hora para llamar. Y yo no lo he contado aquí porque me da mucha vergüenza.—Hola.—No. CRISTÓBAL.—Porque yo les puedo hacer creer que les he pagado la pensión completa y marcharme tan tranquilamente sin pagar nada. Cuando llegues.—No.) Bueno. ELVIRA.—Nos avisarán de un momento a otro. ELVIRA. Te quiero.)—Claro. está muy pesada.—¡Anda. (Ahora es ELVIRA la que se muestra recelosa. no. recibí carta suya: "Ven en seguida a Madrid. Pero no lo volveré a hacer más..—Mucho.—Pues. CRISTÓBAL. CRISTÓBAL. de doce a una".—¡Calle. CRISTÓBAL.. Ha sido sólo un experimento para demostrarle que verdaderamente soy hipnotizador.)—¿Ve usted esa mosca? ELVIRA.—Puesto que usted se ha sincerado conmigo.—Soy hipnotizador.

.—Sí.—Si no lo sabemos con certeza. claro..)—¿Lo ve usted? Quieren que yo me vaya para eso.—Oiga.—¿Y qué proyectos tienen ustedes para hoy? ¿Ir a dar una vuelta por el Retiro? CRISTÓBAL.. Pero. MERCEDES.. (Y ahora entra JERÓNIMO.. 48 .—¿Pero es que ustedes saben. Bueno. ELVIRA. Jerónimo? JERÓNIMO. Cosme.—Pues no lo van a conseguir. CRISTÓBAL.. Cosme.... yo me marcho también.—¿Y por que no hace usted algo mientras nos traen el desayuno? CRISTÓBAL. No se preocupe..—¿Y el desayuno? ¿Todavía no está él desayuno? CRISTÓBAL.—Bueno. Usted.—Pues que yo. CRISTÓBAL. si no le conoce.—¿El qué? CRISTÓBAL.Miguel Mihura cocinera que hiciera churros..—Y yo también.—No. ELVIRA. (Se sienta...—Y el caso es que a mí me parece que un tal Cosme ha estado en esta casa. MERCEDES..—Realmente. MERCEDES..) JERÓNIMO.. ELVIRA..—¿Usted conoce a un tal Cosme? MERCEDES.—No..—¿Pero qué quieren ustedes que haga? MERCEDES. Porque si usted se marcha. Yo voy a esperar a ver qué pasa..) Bueno. Y mi marido y yo estamos esperando. MERCEDES.. no.—Bueno. (A CRISTÓBAL. déjelo.) ¡Todavía sigue usted aquí. pues ya he hecho mi gimnasia. no tiene importancia. nada. Cosme. MERCEDES. ¿De qué me suena a mí ese nombre.—Pues.! CRISTÓBAL.? MERCEDES.. si no se acuerda ahora.—Pues algo. ni idea.—Porque si la mesilla de noche le ha parecido bien… MERCEDES.—¿Pero otra vez con lo mismo.. MERCEDES.. caramba? ¿Y por qué lo pregunta? ELVIRA. Pero ahora no caigo.. MERCEDES.—Y yo. Cosme..—Dígame..—¿De qué hablan ustedes? CRISTÓBAL. MERCEDES..—¿Yo? JERÓNIMO. y por eso debe de estar tardando tanto. espere.—¿Cosme? No.. nos lo figuramos.—Claro que sí.—Desde que ha venido no ha hecho usted nada. ¿De qué me suena a mí ese nombre. Y a mí me gusta desayunar cuando me levanto....... por la izquierda. señorita? MERCEDES.. Ese nombre me suena. (A ELVIRA..) ELVIRA.. el desayuno está tardando mucho. Cosme. ¿Por qué no va a seguir aquí? JERÓNIMO. ¡Usted debe de ser capaz de hacer tantas cosas.. ¿Y qué hay? ¿Qué dicen ustedes? ELVIRA. don Cristóbal? (Y le guiña un ojo. Cosme. señora. de nada.

.. ELVIRA.Milagro en casa de los López ELVIRA. JERÓNIMO.—¿Quién tiene cigarrillos aquí? ELVIRA. Jacinto.—Bueno.—Seguro.—¿Seguro? ELVIRA.—Espere un momento. CRISTÓBAL. MERCEDES.. Después las abre. no está mal.—Sí.—Antes.—Yo. haga usted lo de la mosca. no está mal. me gustaría fumar un cigarrillo. Es un capricho. MERCEDES.—Bueno. don Cristóbal..—Es un momento.—NO. Y.—Ya te dije que este señor no se iba de vacío. (Y CRISTÓBAL. este juego no le ha hecho ninguna impresión.—Déjemela ver.—Ande. JERÓNIMO. MERCEDES.)—No. ELVIRA. Vamos. Hay aquí demasiada luz. (ELVIRA le da la caja. JERÓNIMO.. ELVIRA. con la consiguiente sorpresa de todos. estaba vacía. va al ventanal en el momento que entra JACINTO por la izquierda. ELVIRA. puede usted llamarlo como quiera. Y aparece una señorita muy mona en traje de baño. la señorita va hacia la caja de cigarrillos y coge uno.—Con el permiso de los señores.—¡Anda..) CRISTÓBAL.—Oiga.—¡Ah! ¿Pero es que hace cosas con alguna mosca? CRISTÓBAL.—¡Hay que ver qué cosas! (A JERÓNIMO.—Quizá tengan ustedes en aquella caja.—¿Pero qué demonios de mosca es esa? JERÓNIMO.. haga algo.—De todas maneras. que.) Efectivamente. MERCEDES. igual que a ella. CRISTÓBAL. (Coge la caja. (Sin comprender)—Ya. pues es verdad! ¡Pero qué bonito! MERCEDES. ¿Y en palomas sabe usted hacer algo? CRISTÓBAL. Ha sido sólo un experimento. después de mirar fijamente a los presentes.—Ha sido un milagrito muy mono. nada. no. son figuraciones de la señorita. Ya miré yo antes..) JACINTO. si no les importa. está vacía. Mire.) ¿Te ha gustado a ti? JERÓNIMO. JACINTO. Y cierra las cortinas del ventanal. CRISTÓBAL.—¿Ustedes me permiten que cierre las cortinas del ventanal? MERCEDES. si usted se empeña. CRISTÓBAL le da 49 . Está vacía.—¿Para qué? CRISTÓBAL. (Y la abre. MERCEDES.—No. por Dios. CRISTÓBAL. que este señor va a cerrar las cortinas del ventanal. MERCEDES.—Y si vieran ustedes lo de la mosca.—Ni yo. (CRISTÓBAL también mira fijamente al criado. JERÓNIMO. (La cierra y la abre.) Pero ustedes podrán comprobar que ahora está completamente llena.—¿Y por qué hablan ustedes de milagros? Eso no está bien.

—Oiga.—¡Bueno. JERÓNIMO.—De todos modos. CRISTÓBAL. CRISTÓBAL echa las cortinas. MERCEDES.—¡Pero qué maravilla! MERCEDES. ELVIRA. se ha impresionado mucho.)—¿Yo? JERÓNIMO. MERCEDES. qué barbaridad. Y ponía "para Cosme". señorita? ELVIRA. JERÓNIMO.—Yo venía para algo. aunque no sea útil.—Sí que he visto.—Como el pobre lleva tanto tiempo sin salir de casa y no sabe lo que hay por el mundo. ¿y no lo podría usted hacer otra vez? CRISTÓBAL. La señorita ya no está.—Naturalmente. Jacinto? JACINTO. pues no se vaya de vacío. ¡Pero qué barbaridad! MERCEDES.—Pues sí. hombre! MERCEDES. al despertarme. ya no hay duda de lo que está pasando. ya se me ha olvidado.—Bueno.—¡Pero. JERÓNIMO. ¿eh? 50 .—Verán ustedes. (Sorprendido.) JACINTO. me gustaría mucho que lo repitiera. me doy por vencido. ELVIRA. señorita.—No comprendo. MERCEDES.—¡Eso.—Porque esta señorita me ha preguntado antes si nosotros conocemos a un tal Cosme. señorita? ELVIRA.—¿Y qué otra cosa pueden ser.—¿Yo? No recuerdo haber hecho nada. ¿verdad. debe de ser eso. ¿eh? CRISTÓBAL.—¿Tú has visto.—¡Es increíble! MERCEDES.—Pero qué cosas.—Comprenderás que después de ver esto. Jerónimo? JERÓNIMO..—No.—Vamos. he encontrado un sobre encima de la mesilla de noche. pero después de ver lo que he visto. Después las abre. ¿Usted conoce a un tal Cosme? JACINTO. Jerónimo.—Los milagros deben ser útiles para alguien.—¡Es extraordinario! JERÓNIMO. Pero más despacio. JERÓNIMO. Hoy. Y dentro del sobre había doscientas mil pesetas.—Explíqueles lo que ha pasado. eso.)—¿A qué viene eso. JERÓNIMO. sí.—Estas cosas sólo se producen una vez y por casualidad. Pero que se quede más tiempo.—Indudablemente.. Y esto no lo es. ELVIRA.! JACINTO. bueno! JERÓNIMO —¡Caramba! ELVIRA. JERÓNIMO.Miguel Mihura fuego y ella fuma. (Igual. MERCEDES. Mercedes? MERCEDES. déjese de ilusiones y hágalo otra vez. ya está bien. Este milagro me parece un poco irreverente.—¿Pero por qué esa manía de creer que estas cosas son milagros? MERCEDES. Habrá sido ilusión de ustedes.—¡Pero qué barbaridad.—¡Pero qué barbaridad! JERÓNIMO. ¿Y usted qué es lo que quería. Y después vuelve a ir junto al ventanal.

ya lo he oído. que dijo que se llamaba Cosme y que te quería ver.—No lo sé. es porque nos lo ha enviado Dios para descifrar este jeroglífico. Me contó desgracias..—Sí.—¿Y por que no lo ha dicho usted antes? ELVIRA.—¡El administrador. MERCEDES.—No. JERÓNIMO. ¿y qué pasó? MERCEDES. con muy mala pinta.—Bueno. JERÓNIMO. JACINTO.—Pues me dijo que habías tenido un asunto con él. MERCEDES.—¿Y por qué no me lo dijiste? MERCEDES.—Entonces.—¿Aquí un tal Cosme? MERCEDES.—Hace siete años. a mí me dio lástima y le di ese dinero. caramba? MERCEDES. ¿ustedes saben? 51 . JERÓNIMO.—No me pareció bien molestarte estando enfermo. MERCEDES. ¿Cuándo tuviste tú la pulmonía? JERÓNIMO.Milagro en casa de los López JERÓNIMO.—Ya sabes la mala memoria que tengo para todo.—¡Pero esto es extraordinario! ¿Tú has visto otra cosa igual? Doscientas mil pesetas. velando tu sueño... qué es? JACINTO.—Sí… MERCEDES.—Bueno. Que había estado en un asilo o alguna cosa así. Si ya sabía yo que a mí me sonaba mucho eso de Cosme. Esa cantidad me ha dado la pista.—Bueno. no era eso. Jacinto? ¿A qué ha venido? JACINTO.—Yo tampoco lo sé. no era eso… JACINTO. Bueno.—Sí.. Y que se había escapado porque le daban muy mal de comer. porque Jacinto estaba en tu habitación. Jerónimo! JERÓNIMO. CRISTÓBAL. MERCEDES. ¿y qué pasa con eso.—¿Y si no era eso. Lo pasó aquí Teresa. JERÓNIMO. Y después pasó el tiempo y se me olvidó. los pitillos y la bañista.—¿Cómo que te sonaba mucho? MERCEDES. JERÓNIMO. Jacinto. Porque don Jacobo es un lince.—Bueno. ¡Ah! Y que una hija que tenía se le había muerto Y entonces. JERÓNIMO. el caso es que le debías doscientas mil pesetas.—Claro que sí. JERÓNIMO.—He venido a decirles que en el despacho les está esperando el señor administrador. Ya caigo. ¿pero de qué demonios habláis? ¿Y usted qué hace aquí dentro. Y ahora me acuerdo quién es Cosme.—¡Un olvido de siete años y medio! MERCEDES. Aquel día tenías mucha fiebre. Jacinto.—Siete años y medio.—¿Pero no te das cuenta? Creíamos que estaba en Zaragoza y resulta que el administrador está aquí.—¡Ah! Un momento. No sé de qué negocio me habló. por cierto. JERÓNIMO. MERCEDES. pues entonces fue cuando se presentó aquí un señor. señor.—No sabía lo que hacer. Y que se iba a ir al extranjero. JERÓNIMO.—¿No era el qué? JERÓNIMO.—Que si el administrador estaba en Zaragoza y ahora resulta que está aquí.

JERÓNIMO.) MERCEDES.. JERÓNIMO.—Eso es..—Tienes razón. MERCEDES. JERÓNIMO.—Y ahora.—Siéntense. caramba? JERÓNIMO.—Por favor. (Y hace mutis por la izquierda.—Bueno. JACINTO. Jerónimo.—¿Pero se puede saber qué es lo que haces.—Gracias. JERÓNIMO. que va al ventanal y mira por entre las cortinas. amigos míos. MERCEDES.—¿Incluso lo de la bañista? MERCEDES. señora.—Pues no. que es muy serio.—Entonces yo no entiendo nada. (Y se sientan todos. no sabíamos. Sólo él. por favor.—Quisiera saber cuál es la trampa. en todo esto no hay ninguna trampa.—Bien. (Y se sienta.) MERCEDES. MERCEDES. TELÓN 52 .—Gracias. menos JERÓNIMO. CRISTÓBAL.) MERCEDES. esperemos a que venga el administrador. Esperemos a que venga el administrador.—Esperemos entonces a que venga el administrador.—Incluso eso.Miguel Mihura ELVIRA.—Pues ¿qué va usted a decirle? ¡Que haga el favor de pasar aquí! JACINTO. Las cosas ocurren así porque deben ocurrir así..—Esperemos. ¿entonces qué le digo? MERCEDES.. ELVIRA. JERÓNIMO. nos podrá aclarar este pitote. A lo mejor ha sido para eso.—Ya te he dicho que no entenderemos nada hasta que no nos lo explique el administrador.

los equívocos y demás zarandajas (A los LÓPEZ. 53 . JACOBO. y todo tiene su explicación. y a fuerza de ver un telefilme y un anuncio y un anuncio y un telefilme. un hombre de unos cincuenta años. JERÓNIMO. se aburren aquí como caballos. ELVIRA. aún creen en los milagros. (En escena están MERCEDES. podremos seguir adelante. no. señoras y señores! Fue un pedazo de bestia que me embistió por la izquierda.Milagro en casa de los López CUADRO SEGUNDO El mismo decorado. que está de pie y habla en tono ampuloso.—¡Pero qué administrador tenemos! ¡Lo que sabe de cuentas! ELVIRA. al grano… JACOBO. y llenos de dinero y de televisores. Y un nuevo personaje.—En efecto. CRISTÓBAL. Pero milagritos. no. ¡Pobrecitos los señores de López! ¡Pobrecitos! MERCEDES. en el que impera la picaresca.—Es verdad. ¡Qué risa! ¡Pero qué risa! CRISTÓBAL.) JACOBO. menos compasión y vamos al grano. y que no tenía ni idea de lo que es conducir. Y al desconocer el mundo actual. Ya hablaremos después del taxista. es por qué los señores de López han podido suponer semejante cosa. que se llama DON JACOBO. ¿eh? Milagritos.—Pues han supuesto esto. son cuatro.. las palabras con doble intención. no. o no es así? MERCEDES. eso de que el taxista nos trajera aquí… JACOBO.—Bueno..—Efectivamente. al grano.—También yo me pregunto lo mismo. Se supone que han transcurrido unos minutos desde que terminó el cuadro anterior. amigos míos. JACOBO. Dos y dos. qué risa.—Pero. por lo visto. que su llegada a esta casa ha sido producida por un milagro.—Y de ahí.—Bien. por favor. Y una vez rechazada esta suposición y no pensando más en milagros. JERÓNIMO.—ESO. pulcro y bien vestido. son seis. porque los señores de López no salen de casa hace diez años. después de la explicación detallada que de los hechos me acaban de dar los señores de López. ELVIRA y DON CRISTÓBAL.—Bueno. MERCEDES. los sustos.—Así es. ¿Quiere esto decir que fue un enviado de Dios el que me dio un golpe para que yo pudiera estar aquí en estos momentos? ¡Oh. y cuatro y dos. Lo que hay que rechazar de un modo contundente es eso de que estos señores sean unos enviados de Dios. lo que yo me pregunto. oiga.—Y creen igualmente que es un milagro el que yo esté aquí en lugar de estar en Zaragoza.) ¿Es así. como ustedes acaban de oír. sus cerebros se han ido atrofiando. Porque todo tiene su lógica. mis administrados suponen. pero de todos modos. el fraude y la mentira. JERÓNIMO.—Y bien. así es. cuando si estoy aquí es porque ayer le dieron un golpe a mi coche y debo esperar que me lo arreglen para emprender el viaje. CRISTÓBAL.

y cuatro y dos. mira. Por consiguiente.—¿Cómo va a ser lo de menos? Es lo de más. ELVIRA.. MERCEDES.—¡Pero yo no he sido.—¿Jacinto? ¿Y por qué? JERÓNIMO. Pues bien. son seis.—¡Claro que sí la había! JACOBO. señora mía. al secarse totalmente.. ¿pero y las doscientas mil pesetas que aparecen en la mesilla de noche de esta señorita? JERÓNIMO.. la pasta del producto se cristaliza..—¿Puede usted encontrar una explicación a un hecho tan extraño? JACOBO. por muy ángel que sea.! MERCEDES.—Bueno. quitó la mancha de este sillón? ELVIRA.—Pues no está mal visto. ¿Pero cómo es que aquí. se gasta doscientas mil pesetas en hacer tonterías. Según me ha contado usted. caramba.—No se trata de eso. Al principio. Sacude el azúcar y ya está. Jerónimo. Jerónimo! ¿Es así como pretendes conquistar a las mujeres? JERÓNIMO.. la señorita. la cosa es muy sencilla. sólo usted. caramba! JACOBO.. aunque en el cielo la vida debe de estar más barata que aquí. ELVIRA. pero después.—Eso es lo de menos.. ¡Confiéselo! JERÓNIMO. Ni Jacinto. MERCEDES.. CRISTÓBAL.. además. JERÓNIMO.) tampoco. yo no. antes de la llegada de esta señorita usted había probado a quitar la mancha con un quitamanchas francés. explícalo. señora. MERCEDES.—¡Pero si no había ninguna mancha! MERCEDES. son cuatro. o su marido.—Bueno..—Y no tanto..—Ya les dije yo que era muy astuto. JERÓNIMO.—¿Después de qué? MERCEDES. muy bien. ningún ángel. (Por CRISTÓBAL. desaparece y quedan unos polvos blancos. JACOBO.—¿Yo? JACOBO...—¡Sí! Usted.—¡Pero qué sagaz es este señor. 54 . Por consiguiente.. lo han podido poner. Mercedes.—Porque yo le di el dinero para que lo dejara encima de la mesilla de noche de la señorita.—Además. MERCEDES. ni la cocinera es de suponer que dispongan de una cantidad así. MERCEDES. CRISTÓBAL.—Deben ustedes comprender que.—Claro que sí. entonces.—No entiendo bien de lo que hablan ustedes.—Lo que ocurre simplemente es que todo tiene una explicación científica. JACOBO. ha sido usted. Este señor.Miguel Mihura MERCEDES. Ha sido Jacinto. pudiera ser. Todo lógico. el dinero encima de la mesilla se les deja después y no antes. ese dinero sólo lo ha podido dejar en la mesilla de noche de esta señorita un ser de carne y hueso que. la mancha no sale. (A JERÓNIMO)—Entonces. que esta señorita toma por azúcar. JERÓNIMO. ni Teresa. oiga.—Bueno. MERCEDES. vive en esta casa. todo natural. MERCEDES.—Después de eso. Dos y dos.—¡Pero qué viejo estás.—Anda.—Un momento de calma. la mancha.

Y lo que hice antes fue un simple experimento para pasar el rato. JERÓNIMO. es más delito que apropiarse de uno que no va dirigido a nadie. (Recordando a la bañista.—¡Pero pobrecita! ¡Pobrecita! JACOBO. JACOBO. demuestra su inocencia.—Regular. JACOBO.—Es bien fácil.—Algo tengo que ser.—Le dije a Jacinto que pusiera un nombre cualquiera al azar. Y.—Está usted perdonada. Lo de su abuelita y todas esas paparruchas.—Pues mira. no tiene usted idea.—¡Eso! ¡Confiese! ELVIRA. Me lo dijo a mí antes.—¿Y lo de los cigarrillos? JACOBO.—Pues repítalo luego..—¿Eh? ¡Ya salió el amor! ¡El pecado! ¡Todo en la vida gira en torno al amor. señora.—Pues es bien fácil.. pero muy mona. ELVIRA.—¿A qué ha venido usted a Madrid.—Sí.—Pero que muy bien. JACOBO. (A CRISTÓBAL. al vicio y al pecado! Y es por ahí por donde debemos investigar.—¿Y por qué en el sobre ponía "para Cosme"? JERÓNIMO. la bañista está sensacional. ELVIRA.. MERCEDES. JERÓNIMO. Y él puso ese. MERCEDES.Milagro en casa de los López JERÓNIMO.—Trataba de descubrir quién es usted.—¡Curiosa estratagema! MERCEDES. CRISTÓBAL.—¿Y por qué es usted eso..—Ha dado usted pruebas de una sagaz inteligencia. Quedarse con el dinero que va dirigido a una persona. CRISTÓBAL. Esta señorita llega aquí de un modo enigmático.—¿Pero gordita? JERÓNIMO.—¿Y por qué tenía que poner un nombre? JACOBO.—Experimento que le ruego que repita después. MERCEDES.. y bien puede ser una ladrona. que me abandonó. pues. Este señor es hipnotizador.)—Usted no es viajante de comercio. JACOBO. señorita? ¡Dígalo! ¡Pronto! MERCEDES.—¡Eso! ¡Eso! MERCEDES. hija mía. pero es que me parecía feo.—¿Yo? JERÓNIMO. ¿Cómo cerciorarme de ello? Dejándole un dinero sobre la mesilla de noche.—¿Entonces usted creía que yo era una ladrona? JERÓNIMO. no hay duda de que se trata de una ladrona. ¿verdad? ELVIRA..—Hombre.... Si ella no dice nada y se lo guarda. JERÓNIMO. JERÓNIMO. eso ha estado muy bien. ¿eh? 55 . Pero al decirlo como lo ha dicho..—¡Córcholis! MERCEDES. ¿pero y lo de la bañista? MERCEDES.. además.—Ustedes me perdonarán que no les haya dicho nada de esto.)—¡Pero qué barbaridad! JACOBO.—No... JERÓNIMO. hombre? CRISTÓBAL. hago juegos de ilusionismo. ELVIRA. sin pensar nunca en cosas sobrenaturales.—Bueno.—La verdad es que tengo un hijo y que he venido a buscar a su padre..—Muchas gracias. JERÓNIMO.. muchas gracias. porque tengo la sospecha de que no es verdad lo que nos ha dicho.. según nos ha dicho don Jerónimo.

—¡Ah! ¡Ya caigo! JERÓNIMO. MERCEDES. JACOBO. señor. Y estoy seguro que si después vuelve usted a marcar correctamente. Y yo creo que todo será más fácil si en vez de preguntarnos "por qué" el taxista los ha traído aquí. el teléfono. un dos. incluso sé fue sin cobrar. la mancha. la llegada de unos huéspedes inesperados... un tres. la doncella tenía su noche libre y por nuestra causa no salió. CRISTÓBAL..—Efectivamente. JERÓNIMO. no incumbe a estos señores. la bañista. sí? JERÓNIMO—Sí. de camas. Y ella tenía mucho interés en salir.. ¿ha sucedido aquí algo más? MERCEDES. Un problema de víveres. ya que está visto que a ellos lo mismo les hubiera dado venir aquí que a cualquier otra parte. MERCEDES. sigamos. siempre tiene que ocasionar algún problema.—Cabe en lo posible. Aparte de esas tonterías que ustedes me han contado.—¿No ha habido ningún cambio en las costumbres de la casa? MERCEDES. 56 . Y el abonado que ha cogido el teléfono.—No.. le saldrá el número deseado. JERÓNIMO. En fin. y son los más sorprendidos de todo lo que ha sucedido.—Bueno. sin embargo. JERÓNIMO. ¿Pero y el taxista misterioso que los ha traído aquí? ¿Por qué los ha traído? JACOBO. de colchones.—Lo que quiere decir que el taxista que los ha traído aquí.. eso! JACOBO. Y si los ha traído aquí.—Lo que sí ocurrió es que. desde hace poco tiempo esa chica está un poco rara.—¿Y por qué al llamar por teléfono le ha salido la Parroquia de los Desamparados? ELVIRA.—Muchas gracias. JACOBO.—Vamos a suponer que ha marcado usted mal el número.—Nada. en vez de decir "número equivocado". JACOBO.Miguel Mihura CRISTÓBAL. tampoco. JERÓNIMO.. diciéndole lo de la parroquia. Ahora me acuerdo que cuando mi mujer le dijo que tenía que quedarse en casa.—Los taxistas no están nunca para bromas. JACOBO..—En efecto. de alojamiento. MERCEDES.—Eso es lo que tenemos que tratar de averiguar. JACOBO. ha sido para sacar un provecho de ello.—¿Pero qué provecho? ELVIRA.—¿Ah.—Eso sí.—Pues no.—¿Qué? ELVIRA. Porque debe de haber una razón. JACOBO. por lo visto. En vez de un dos. JACOBO..—Bien pudiera ser. señoras y señores.—Para gastarnos una broma. JACOBO. CRISTÓBAL.—El que me trajo a mí. MERCEDES. nos preguntamos "para qué".—Y. los ha traído para algo. se echó a llorar. le ha gastado una broma. muy bien. cuando termine usted su encuesta. evidentemente.—Tendré mucho gusto en volverlo a hacer.—Vamos a ver.—Una razón que..—¡Eso. ELVIRA. En vez de un uno.

TERESA. Estamos tratando de resolver un asunto muy importante.—¿Yo? JACOBO.) TERESA. señora? MERCEDES. no es que no le quiera. JACOBO.—Entonces. si a ustedes no les importa. comprenderá usted que ese milagro debe ir dirigido a mi marido y a mí.. usted. qué ambición! 57 . decidimos que lo dejara para hoy. Se llama Isidro..—¿Y quién es su novio? TERESA.—Pues que hay una pista.—Pero en vista de que había tanto jaleo. MERCEDES. MERCEDES.) JERÓNIMO.—¡Qué ambición.—¡No faltaba más! (Y MERCEDES toca el timbre.—¿Quiere usted dejarse de milagros? (Por la izquierda aparece TERESA.Milagro en casa de los López JACOBO.) MERCEDES. me gustaría hablar con ella.—Sí. Teresa. ¿Y qué? JACOBO.—Pase.) JACOBO. JACOBO.—Conteste. JACOBO.—Bueno. Sí le quiero. JACOBO.—Es ebanista. JERÓNIMO. JACOBO. MERCEDES.—Vamos.—Lo que quiere decir que la llegada de estos señores sólo ha causado un efecto real y auténtico. pase.—¿Se puede? MERCEDES.—¿Se quieren ustedes? (TERESA no contesta.—En ese caso. no empecemos ya con las lagrimitas. Pero nunca a la doncella de la casa. TERESA. y tiene el taller muy cerca de aquí...—Con permiso.—¿Le quiere usted o no le quiere usted? TERESA. JACOBO. conteste. que somos los protagonistas.—Pero si se trata de un milagro. y es absolutamente preciso que nos diga usted toda la verdad. Como todos los jueves. ¿Quiere usted llamarla. Teresa. Que la doncella no saliera.. JERÓNIMO.—Pues.—¿A qué viene llorar ahora? JERÓNIMO. madre mía.—¿Por qué se calla? (TERESA empieza a llorar. pero yo a él no.. resulta que ella tenía su noche libre.—Vamos a ver. JERÓNIMO. con mi novio. Pero yo aspiro a más.—El sí me quiere a mí. Vamos.—Vamos. JACOBO. ¿Con quién pensaba usted salir anoche? TERESA.—Sí.

por consiguiente.. ¿Usted sabe si su novio tiene algún amigo taxista? TERESA.—¿Y usted sabe lo que significa ir a tomar una copa a casa de un señor que vive solo? TERESA.—¿Y por una mercería era usted capaz de llegar a lo de la copa? TERESA.. TERESA.—Yo soy muy buena y muy decente. Y por eso se puso furioso.—Yo también creo igual. El novio se pone de acuerdo con el primo.—Eso sí que es posible.—¿Con quién? TERESA. ¿Su novio sabía que iba a ir a casa de ese señor? TERESA. JACOBO.—A veces tiene una un mal momento.—¿Y aun sabiéndolo estaba decidida a ir. JERÓNIMO. señor.—Sí.—¿LO que quiere decir que no se llevan ustedes bien? TERESA. se tropieza uno con lo mismo. JACOBO..—¿A su casa nada menos? TERESA.—Y él la quiere. ¡El amor. ELVIRA. MERCEDES.—La historia no puede estar más clara..—Señoras y señores. en estos casos. Y muy contenta de que llegaran estos señores y que por su causa no pudiera salir. JACOBO.—Yo sólo lo he visto una vez.—¿Taxista? Bueno. el pecado! Siempre.—Conteste. por favor.—No. Creo que un primo suyo es taxista. Vamos a ver.—¿Con qué señor? TERESA.—El me había dicho que sólo era para tomar una copa. JACOBO. Y ahora estoy arrepentida.—Y que. usted no pensaba salir con él anoche.—No. CRISTÓBAL. JACOBO.—Claro. JACOBO.. creo que estamos a punto de descubrirlo todo. Y que es el dueño de una tienda de comestibles. JACOBO.—Y que es posible que estén peleados. Teresa..—Es viudo y vive solo. 58 .—No empecemos otra vez con los milagritos. ¿verdad? TERESA.—Claro que lo sé.—Con un señor que anda detrás de mí.Miguel Mihura JACOBO. JERÓNIMO.—¡No se calle! TERESA.—¡Entonces está todo bien claro! El taxista es su Ángel de la Guarda y es el que trajo aquí a estos señores para impedir que a esta criatura le pusieran una mercería. JACOBO.—Pues hay que fijarse en esas cosas. CRISTÓBAL. Yo le dije bien claro lo que pensaba hacer. MERCEDES. éste va a la estación a recoger viajeros y los trae aquí de huéspedes. TERESA.—Con un señor. MERCEDES.. señor. hija.—Pensaba salir con otro.—¿Y adónde pensaba usted ir? TERESA. MERCEDES. JACOBO.—Sí. Y me había invitado a su casa. MERCEDES. sí.—¿Con quien entonces? MERCEDES.—¿Pero tiene alas? TERESA. JACOBO. desvergonzada? TERESA. Pero como ese señor me había ofrecido ponerme una mercería. Y no me he fijado.

yo le ruego a usted.—¿Lo está usted viendo.—¡Y en vez de quedarse se va por ahí..—¡ES la primera vez que me falla a mí este experimento! MERCEDES... con alas en la espalda.—Hay una solución para saber la verdad. creo que su primo está enfermo hace mucho tiempo.—Lo procuraré. ELVIRA.) JACOBO. nos lo confesará todo. aparece un taxista pelirrojo y sonriente..—¡Qué bañista tan rara! ELVIRA.. JERÓNIMO. MERCEDES. de paso.. (DON CRISTÓBAL vuelve a repetir lo mismo que hizo anteriormente con las cortinas del ventanal. TERESA.—Habrán ustedes visto que hay que ser realistas. ni en ángeles de la guarda.—Eso. Y dos y dos. TERESA. ELVIRA... ahora que me acuerdo. sin mirar a nadie.—Yo no creo capaz a mi novio de hacer todo esto.—¿Y si no es verdad lo que usted se imagina? Porque yo dudo mucho que se trate de eso… JERÓNIMO.—No puede ser. Hay que ser realistas. por donde ha salido Teresa…! JERÓNIMO. don Jacobo? Diga usted lo que diga. MERCEDES. Y tráigale aquí.—¡Pero qué experimento ni qué porras! ¿No está bien claro que es su Ángel de la Guarda? ¿No comprenden aún que el milagro ha sido para que esa chica no se perdiese? JACOBO. Pero esta vez. se lo ordeno.. señora mía.—Y así. que lo haga. Y le dice usted al de la tienda de comestibles que le ponga la mercería a Chindasvinto.—Eso. CRISTÓBAL. son 59 . hace usted las paces con él. JACOBO..—¿Cuál? JACOBO.—¡Caray! JACOBO...Milagro en casa de los López para que Teresa no pueda salir y no se reúna con ese señor de la tienda de comestibles.. Y. Que no hay que pensar ni en milagros. JERÓNIMO. TERESA.—Y yo.—Sí. Se lo diré… ¡Estoy tan arrepentida de todo…! (TERESA hace mutis por la izquierda. JACOBO.—Mientras que esta duda se disipa. en lugar de aparecer una bañista. yo creo que ese taxista es su Ángel de la Guarda. JERÓNIMO. señora. vaya usted a buscar a su novio. JACOBO. va hacia la izquierda y hace mutis por la puerta.—Es que no sé si querrá venir. como abogado. Y el Ángel de la Guarda de TERESA.—Le dice usted que.. MERCEDES. Y ahora.—¡Y tiene alitas! CRISTÓBAL.—Y yo. que haga otra vez ese experimento de la bañista.—Y que se quede más tiempo. por otra parte.—Voy a hacerlo ahora mismo... ¿eh? CRISTÓBAL. cuando venga el novio.) JERÓNIMO.—Puesto que me ha dicho que vive cerca. señor.

pensativos.—Y tan posible. es muy posible. MERCEDES.Miguel Mihura cuatro. mientras rápidamente cae TELÓN 60 . JERÓNIMO. (Se han el sentado todos..—Decididamente posible.—Pues sí.—Pero muy posible. CRISTÓBAL. MERCEDES..—¿Y no será que ni usted ni nosotros sabemos sumar? ¿No será eso? ELVIRA.

com 61 .Milagro en casa de los López Digitalizado por Risardo para Biblioteca_IRC en septiembre de 2005 http://biblioteca.d2g.

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