REBUSCA

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DE UNA MEDICINA UNIVERSAL

Libro Los Propósitos Psicológicos Tomo VI Volumen I Medicina Universal Alma de las Cosas en edición aprobada por el Gurú de la JÑANA Autor Sat Gurú de la JÑANA Dr. S. R. de la Ferrière Traducción por el Apóstol de la JÑANA Dr. David Ferriz Olivares

Nuestra civilización no parece haber alcanzado su éxito, sino que al contrario, la vida colectiva tanto como la existencia individual, se caracterizan por la incomprensión total de las leyes que las dirigen. Los seres en general no son capaces de gobernarse. Cuando la Evolución hizo perder el instinto animal a los individuos, la inteligencia ciertamente hizo progresos, pero el Espíritu de la Humanidad ascendente, descansó igualmente. Los Antiguos eran ciertamente superiores a nosotros, moral o físicamente. Nos alejamos de la Prudencia y como consecuencia de esta emancipación, podemos afirmar nuestra incapacidad para disciplinar nuestras existencias. Es primeramente la ignorancia de Principios Superiores y después la ineptitud para hacerlos valer. Estamos sometidos a leyes que no mencionan la enseñanza y en tanto que la Ciencia considera demasiado a menudo al hombre como una materia orgánica sin otras relaciones, la Filosofía sólo ve la persona humana, y por su parte, la Teología reduce la idea del hombre; pero todas esas consideraciones no traen la solución para el éxito de una vida cumplida según su propio destino. En fin, desde hace largo tiempo, ninguna civilización consiguió dar al hombre reglas de conducta enteramente conformes a su estructura, y un ambiente que fuera igualmente adaptado a ello. En una palabra, no tiene éxito la vida humana, como dice Alexis Carrel: parece que se metió en una calle sin salida como en el tiempo cuando la evolución creadora produjo los dinosaurios, esos animales con proporciones gigantescas, monstruosas y con el cerebro pequeñísimo, incapaces de adaptarse al medio ambiente. El entendimiento en su desarrollo egoísta, aislado del sentimiento, es una monstruosidad que parece deber volver al hombre: incapaz de sobrevivir. Es la quiebra total, de la cual el Dr. Carrel tan bien describió las razones y los medios para asegurar el éxito de la Humanidad (Consideraciones acerca de la Conducta de la Vida. París 1.950. Ediciones Plon).

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Una esperanza, sin embargo, anima ya a un número importante de comisionados, estos seres que se agrupan por casi todas partes para establecer de nuevo una verdadera colectividad humana, según las reglas milenarias, pero que son siempre válidas cuando se trata de aprender la Ciencia de Vivir realmente. La nueva educación de la humanidad está emprendida desde hace algunos años y podemos asistir al Nacimiento de una Raza que, por fin, habrá encontrado de nuevo su verdadera misión. Desde la caída de Roma, se habría podido creer en el advenimiento del cristianismo, pero este no ha sabido implantarse en una época que llega a ser más y más científica, en tanto que el antiguo budismo no sólo logró resistir a todas las perturbaciones que a través de los siglos se verificaron en Asia, sino que también ha sobresalido en el Occidente, donde sus adeptos son más y más numerosos gracias a su filosofía muy humana. Ya vimos por qué este sistema logró satisfacer casi a un cuarto de la población de nuestro planeta: porque llama al buen sentido para probarle que todo empieza con el sufrimiento. No se trata de convertir a toda la humanidad a esta filosofía, ¿y si se pudiese? -No, porque una vez más, la doctrina budista trata de hacer aceptar dogmas que son incompatibles con la psicología moderna. Sin embargo, la rebusca de una Moral Universal debe tomar su base en el Manantial del Saber Antiguo a fin de formar un sistema aplicable a las reglas de conducta de la vida actual. Parece que sería una paradoja buscar tan lejos, en la historia del hombre, para encontrar una solución a los problemas contemporáneos, pero es porque nuestros males no son nuevos y la Ciencia del Vivir queda fundada sobre esas mismas grandes leyes. ¿Cuáles son esas grandes leyes? Ante todo son leyes de correspondencias, sobre las cuales no hemos acabado de insistir desde hace largo tiempo. Todo está enlazado, y si los planetas pudiesen compararse a las glándulas de Dios, seríamos sus glóbulos . Es obvio recordar que la composición de un átomo es comparable a un sistema solar de escala microcósmica, o que nuestro cuerpo se identifica con el mecanismo astral (las 72 pulsaciones por minuto de un corazón normal se identifican con los 72 años que emplea el sol para retrasar un grado su movimiento aparente sobre la eclíptica; las 25.920 respiraciones de nuestros pulmones en un día, se comparan con los 25.920 años que emplea una estrella llamada "fija" para dar la vuelta al cielo, etc.). Mejor aún, los descubrimientos, hechos por el hombre para mejorar su vida llamada "organizada" ¿no son precisamente las aplicaciones del mecanismo mismo de su propio organismo? La máquina de vapor es una reproducción de nuestra alimentación que se descompone y fabrica el calor capaz de mantener en marcha nuestro organismo. Todas las aplicaciones de la mecánica y de la maquinaria son más o menos copias de la armadura humana (osamenta, musculatura); aún la electricidad puede ser comparada a nuestro sistema nervioso.
(1) Nota del Coordinador de la Literatura del Sat Gurú de la JÑANA, Dr. S. R. de la Ferrière, el Apóstol de la JÑANA, Dr. D. Ferriz O.- Se ha respetado este título de la edición original del S. MAESTRE en Nice (A. M.), pues además de su acepción de

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escudriñar, significa el fruto que queda en los campos después de alzada la cosecha y particularmente de la vid. También por su acepción de búsqueda.

"Si Ud. es medico y no sabe Astrología, ni medicina sabe". PARACELSO "Un médico sin el conocimiento de la Astrología, no debería considerarse a si mismo médico". HIPÓCRATES

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El hombre, en la medida de su evolución, desarrolla primero su inteligencia y su memoria. Luego, hará comparaciones debidas a la facultad de combinar y de coordinar los acontecimientos y sus impresiones. En este estado surge la elección, con sus correspondientes resultados: la materialidad, como patrimonio de aquellos cuyo objetivo vital no va más allá de la reacción, y la REALIZACIÓN, o sea, actos personales a base de propósitos, de concepciones bien definidas, como patrimonio de aquellos cuyo objetivo vital va más allá de la reacción. Es el grado de inteligencia lo que diferencia al hombre del animal: la posibilidad de elegir, una vida; de decidir una parte de su destino; de reaccionar, a su manera, según un cúmulo de factores, frente a los cuales, el animal más avanzado no es capaz de responder. Frente a esta Libertad de acción, el ser humano comporta una gran responsabilidad, que reposa, no solamente sobre su propio destino, sino que, también, incluye el destino de la humanidad entera... En efecto, las fallas del individuo es lo que le ha producido un estado funesto de enfermedad. Es igualmente cierto que las fallas de las colectividades es lo que conduce a su ruina. Para todas las civilizaciones pasadas, el mecanismo de la disolución fue siempre el mismo, idéntico hasta el punto de que podría decirse como lo ha hecho un poeta; "si la historia, que tiene tantos libros, no tuviera más que una sola página, llegaría a la conclusión de que siempre, es un eterno recomenzar..." Así como hay enfermedades individuales, hay enfermedades sociales y todas ellas provienen de nuestras fallas, errores, cuyo lastre viene a agregarse a aquellas fallas cometidas por nuestros ascendientes. El Dr. Paul Carton se expresa así: "En cuanto concierne a la especie humana las enfermedades se declaran como la acumulación de un término y como las sanciones a las desobediencias colectivas a las leyes naturales de verdad, de bondad, de unidad, de abnegación, de trabajo, de sobriedad, de auto-disciplina, que son las condiciones fundamentales del progreso, de la salud y de la felicidad de las razas humanas." Cuando estos principios fundamentales han sido violados durante largo tiempo, se declara primero una enfermedad general colectiva (época de crisis debida al desequilibrio de las conciencias).

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Este estado de degeneración física y mental es lo que disminuye la vitalidad y la moralidad y abate las fuerzas de resistencia de una nación. Entonces, los pueblos llegan a un estado de aptitud para contraer las enfermedades catalogadas que se denominan guerras civiles, revoluciones, grandes epidemias, terremotos, etc... Estos flagelos obligan a suspender los hábitos malsanos, a encontrar nociones más justas, a aplicarse más estrictamente a los deberes esenciales (espíritu de verdad, de unidad, de disciplina, de caridad, y de altruismo). En suma, cuanto más el individuo y sus agrupaciones se aparten de la ley natural en la elección y el perfeccionamiento de sus condiciones de vida y de evolución, tanto más las sanciones dolorosas, individuales y colectivas, crecerán porque el progreso es una fatalidad y todo aquello que no queremos aprender de buen grado, nos es impuesto a la fuerza por el orden bienhechor de las cosas. Es decir, que los remedios parciales o teóricos (desarme universal, vacunaciones múltiples, etc...) jamás llegarán a refrenar definitivamente el retorno de los flagelos, porque la represión del mal hecha a base de medios artificiales, en un punto dado, no conduciría sino a hacerlo aparecer en otras partes y a transformarse en desgracia mayor, lo que no sucedería si se lo hubiera reprimido en su fuente. La obligación de descubrir, de proclamar y de practicar las leyes naturales que regulan la conducta intelectual y moral de los hombres quedará, en definitiva, como el único remedio general para alejar todas las miserias humanas y, por consiguiente: el único objeto o fin que se debe ofrecer, como solución, a los problemas de cada uno. En una palabra, la buena salud individual y social no puede alcanzarse sino mediante la buena voluntad, cada vez más fuerte, de obedecer las leyes naturales y divinas, es decir: de pensar en obrar en todas las cosas con justicia y con bondad. Es perfectamente lógico que quien persigue una existencia material inclinándose sobre el plano físico, se coloca en disonancia con el espíritu de la naturaleza, en oposición con el alma de la evolución colectiva. La RESPONSABILIDAD es, pues, grande, porque el hombre que no vive en función de las energías superiores entraba la armonía universal y se torna culpable de los males de que se aflige la Humanidad. Por el contrario, si, mediante su ritmo personal, el ser humano eleva sus pensamientos hasta las Potencias Directrices del Universo, vibra al unísono de estas fuerzas y, en una comunión constante con el ritmo superior de ellas, participa en la emisión de estas Ondas Poderosas, que, mediante su magnetismo, conducen al mundo a un destino superior. Esperamos que estas líneas contribuyan al nacimiento de una mejor concepción; que un pensamiento más elevado se revele a todos los espíritus; que sea sentida la presencia del alma rectora del Universo: el Sublime Pensamiento de Dios. Los Grandes Mensajes página 428

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Consultar si la Obra del S. MAESTRE que se piensa adquirir está limpia de palimpsesto

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