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Un país que no suma, no prospera

Rosario Córdoba – Presidente Consejo Privado de Competitividad. Diario Portafolio. 4 de abril de 2011.

Por estos días, mucho nos deleitamos cuando en los diferentes foros a los que asistimos.

Tanto nacionales como internacionales, oímos hablar del enorme potencial de Colombia, gracias al cual el país hace parte de los Civets, un grupo de países que podrían convertirse en motores del crecimiento global. Sin embargo, para que este potencial que todos reconocemos deje de ser un discurso y se convierta en realidad, hay un largo camino por recorrer. Para crecer a tasas altas sostenidamente e insertarse en la economía global, el país tiene que superar un sinnúmero de cuellos de botella, rigideces y leyes obsoletas. También debe ser capaz de anteponer, como sociedad, el interés general sobre el particular. La agenda es clara y todos sabemos qué hay que hacer. El problema está en la acción y ahí es dónde nos enredamos. El gran obstáculo es que no somos capaces de articularnos como Estado, sector privado, clase política, sociedad civil. En parte, porque no sabemos cómo pero, más grave aún, porque en medio del individualismo, todos queremos ser protagonistas y no estamos dispuestos a oír a los demás. Así, en lugar de sumar esfuerzos para el logro de los objetivos, cada quién anda por su lado, creando entidades y organizaciones nuevas, innecesarias y costosas, que no suman y replican esfuerzos. Ejemplos hay múltiples: entidades a nivel de gobierno central que no se hablan entre sí, totalmente desarticuladas, cada una yendo por su lado; entidades, a nivel regional, que replican actividades de sus homólogas del nivel central, que tampoco se comunican, en un país que habla de la importancia del desarrollo regional; universidades y empresas que nunca se han hablado y no reconocen el valor de las alianzas para el desarrollo del sector productivo y del país; gremios y entidades del sector privado que en lugar de ir en una misma dirección en beneficio de todos, incluso de sus representados, abogan por la defensa de intereses particulares a sabiendas del costo que este tipo de acciones tiene para la sociedad; políticos que jamás se enteran de las necesidades de la población ni de sus representados, que se hacen elegir para llenar sus propias arcas a costa del resto de la sociedad, y las ONG y organizaciones de la sociedad civil que persiguen intereses particulares, amparadas en un discurso aparentemente social que no construye y desestabiliza. Hay excepciones, por supuesto. La Alta Consejería para la Prosperidad y Ruta N en Medellín son ejemplos exitosos que muestran la importancia de trabajar articuladamente hacia un mismo fin, utilizando los instrumentos e instancias públicas y privadas existentes.
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