E L D O M I N I CAL D E D IAR I O D E MALLO R CA

La Almudaina
MÁS M OTO R Y NÁUTI CA

27 de marzo de 2011 / N° 515

GUILLERMO SOLER SUMMERS

Una decisión política y la implicación de un ingeniero inglés consiguieron hace 150 años iniciar el millonario y audaz proyecto de desecación de s’Albufera de Alcúdia, lograda en diez años de trabajos con el esfuerzo de 1.500 personas

S’Albufera de Mallorca, desecada por un inglés

Desde 1988, cuando el Govern de les Illes Balears declaró Parque Natural a la zona húmeda de 1.700 hectáreas, situada en los municipios de Alcúdia, Muro y sa Pobla, y que venía a ser el grueso de la superficie de s’Albufera, se consiguió preservar un territorio natural con una importante flora y fauna autóctona, a la vez que mantener un humeral, casi único en esta zona del Mediterráneo que representa una auténtica parada y fonda para miles de aves de numerosas especies de paso entre el Norte de Europa y África. Con los años, esta acotada y protegida parcela natural, en donde la tierra, el agua dulce de torrentes acuíferos y el mar se mezclan, se ha convertido en un hábitat natural privilegia- Desde 1988, s’Albufera es un parque natural. FOTO: DIARIO DE MALLORCA do, de gran atracción para naturalistas, especialmente ornitólogos, logrando, incluso, ser A la izquierda, John F. declarada como Reserva de la Biosfera, con Bateman, el ingeniero toda la protección medioambiental que eso inglés autor del prosignifica, si bien no siempre fue así. yecto de desecación. S’Albufera fue considerada insalubre duA la derecha, plano de rante siglos, por lo que se convirtió en una pes’Albufera realizado sadilla para generaciones de habitantes de lopor C.R. Cheffins, para calidades vecinas. Fue en 1851, reinando Isala New Majorca Land bel II, cuando se decidió desecar esa zona Company en 1851 y pantanosa por medio de una Real Orden, fircopiado por Pere d’Almada en Madrid, con Bravo Murillo al frente càntara Penya. Se condel Gobierno. Hacia 1861, tras varios proyecserva en la Biblioteca tos fallidos, se perfila un plan de actuación paNacional de Madrid. ra s’Albufera, iniciado en firme en 1862, cuando entra en escena el ingeniero Frederick Bateman, conocido posteriormente como ‘el desecador inglés de s’Albufera’. Cuando, desde la Villa y Corte se ordena realizar el proyecto de desecación de s’Albufera se intenta, de una vez por todas, solucionar una serie de problemas, arrastrados desde siglos atrás, con frustrados intentos similares, en especial, a partir de la llegada de los Borbones. Entre los varios proyectos de desecación, unos no iniciados y otros que quedaron a medias, propuestos entre finales del siglo XVIII y 1862, destaca el del francés Alexander De Cauterac d’Orgenau, apoyado por la Sociedad Mallorquina Amigos del País, pero que fue boicoteada por propietarios y campesinos de la zona. En ese proyecto, el ingeniero francés ya se proponía abrir dos grandes canales hasta el mar y la utilización de las maquinaria hidráulica más moderna, pero el inicio de la Guerra de Independencia provocó la suspensión del mismo. De Cauterac, al ser considerado enemigo, tiene que huir de la isla. Siguen otros proyectos de desecación, con dictámenes de los coroneles de Ingenieros Eusebio Ruiz (1815) y Tomás de Rifá (1817), que no llegan a ver la luz.
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Fachada principal de Can Bateman, hoy convertida en centro de interpretación del parque natural. FOTO: PEP CÓRCOLES

2-D LA ALMUDAINA Algunos proyectos ni siquiera se iniciaron
Una serie de circunstancia nacionales como internacionales, a mediados del XIX, mueven al Gobierno de Madrid a mostrar una decisión enérgica respecto a la urgente necesidad de desecar s’Albufera. Junto a la necesidad de solucionar la cuestión sanitaria, debido a que las aguas estancadas eran nido de insectos, transmisores de enfermedades, especialmente el paludismo, sin olvidar las fiebres terciarias, que eran azote de los núcleos cercanos, estaban también las necesidades políticas y económicas. En aquel momento, el Estado que daba todo su apoyo al proyecto, esgrimió su voluntad de actuar, decidido a utilizar todos los resortes a mano que daba su poder y autoridad, mostrando así su total decisión de eliminar cualquier obstáculo que encontrara en el camino, lo que permitió que intereses diversos, tanto de ayuntamientos como de terratenientes importantes, causantes directos del fracaso de proyectos de desecación anteriores, quedaran fuera de juego. Ya en vigor la Real Orden de 1851, se inician nuevos proyectos para desecar s’Albufera, como el de los franceses Bouvy y Veerniere, realizadores de la desecación del prat de Sant Jordi y que es autorizado en 1852. Las obras arrancan hacia 1853, una vez creada una compañía en la que también participan Mateo Ferragut y Mateo Marcel, según testimonios, utilizando el proyecto elaborado por el ingeniero Antonio López Montalvo. Si bien se excavan los canales d’en Molines, de s’Ullastrar, d’en Conrado y d’en Ferragut, por una serie de dificultades se abandona el mentado proyecto. Le sigue uno nuevo, en 1859, concebido por Juan de Villaverde y si bien también se frustra sirve de guía para el definitivo, el que emprende el legendario Frederick Bateman, con su socio William Hope.

Domingo, 27 de marzo de 2011 / Diario de Mallorca La exconsellera de Medio Ambiente del Govern, Margalida Rosselló, con los planos de la desecación de s’Albufera de J. F. Bateman, que ahora se conservan en el Arxiu del Regne de Mallorca.
FOTO: G. BOSCH

Viene de la portada

Bateman hizo instalar en s’Albufera una rueda hidráulica impulsada por vapor. FOTO: ARCHIVO ANDREU MUNTANER

B

ATEMAN Y SU SOCIO, WILLIAM HOPE, CREARON LA NEW MAJORCA LAND COMPANY, QUE SE ADJUDICIÓ LAS OBRAS DE DESECACIÓN

John Frederick Bateman es gloria nacional de la ingeniería hidráulica británica, con proyectos realizados a lo largo de su vida profesional en la mayoría de continentes, destacando, entre otros, los suministros de agua potable a Ceylán, Constantinopla o Nápoles, entre otros. Asimismo, fue autor de diversos trabajos académicos, siempre sobre su especialidad. Nació en Wyke, localidad cercana a la ciudad portuaria inglesa de Hálifax, en 1810 y falleció en 1889, en su país de origen. Fue el hijo menor del matrimonio de la burguesía, formado por John Bateman y Mary Agnes de La Trobe. Recibió una importante educación, mostrando vocación por la ingeniería, coincidiendo con la revolución industrial de Inglaterra y la aplicación de la máquina, que Bateman utilizó con profusión en los proyectos hidráulicos que desarrolló, aunque se inició profesionalmente como aprendiz de topógrafo, convirtiéndose poco después en ingeniero de explotación minera. Pero su vocación era otra. Así, a los 23 años puede establecerse como ingeniero civil. A raíz de unas inundaciones en el río Medlock (Manchester), decide especializarse en técnicas hidráulicas. Pregunta obligada cuando se conoce la transcendental relación que llegó a tener John Frederick Bateman con s’Albufera, y por ende con Mallorca –llegando a ser el primer extranjero que se hizo construir una villa en El Terreno de Palma– es como entró en relación con ese humedal isleño y más en una época en que las comunicaciones eran difíciles. Parece ser que, según aportan los testimonios, Bateman, reconocido viajero, para realizar trabajos hidráulicos viajó a Barcelona hacia 1861, llegando a su conocimiento los trabajos de desecación en el citado humedal mallorquín. Según parece, enseguida se interesó por el proyecto por lo que

se puso en contacto con los responsables de la concesión de las obras. Las negociaciones llegaron a buen puerto,¡ por lo que en 1862 Bateman y su socio William Hope crean la New Majorca Land Company, logrando la adjudicación de las obras de desecación. El proyecto y su ejecución quedó bien reflejado en la prensa local de la época, especialmente en el Diario de Palma. Con cierta demora, debido a los preparativos como la contratación de personal, la importación de maquinaria especial, acopio de materiales diversos, construcción de dependencias y organización de una importante logística, junto al papeleo necesario, se inician los trabajos de desecación en abril de 1863, bajo la dirección de Bateman. La New Majorca Land Company pone en manos de los ingenieros Grün y Henry Robert Waring, la misión de realizar el trabajo de campo. Un trabajo laborioso, ya que se contratan para materializar el proyecto a más de un millar y medio de trabajadores, de diversas categorías. Si bien se contrataron vecinos de los tres municipios en donde se encuentra s’Albufera y de otros pueblos de la isla, también llegaron técnicos, especialistas y trabajadores de Menorca, Eivissa, Francia y Reino Unido. Esta pequeña babel tuvo su problemas idiomáticos y roces religiosos, debido a la presencia de una comunidad anglicana, con cierta entidad, constituida especialmente por mandos y especialistas llegados del Reino Unido, incluidos algunos con sus familias, que crearon cierta incomodidad en la feligresía católica local. A su llegada a Alcúdia, el ingeniero Waring descubre la finca de Gatamoix, de origen árabe, situada a espaldas del puig de Martí, adquirida por Bateman y ante las necesidades logísticas del personal técnico y trabajadores que realizan la desecación de s’Albufera, funda en sus 200 hectáreas una colonia agrícola, poblada por unas cuarentas familias locales. Este pequeño pueblo llega a disponer de unas veinte casas e instalaciones agropecuarias ya que se cultivaron en sus campos viña, cereales y hortalizas, además de criar ganado diverso. Comienza a funcionar en 1876, finalizando su explotación hacia 1923. En 1889, Louis Latrobe Bateman, sobrino del desecador de s’Albufera, hizo

construir un pequeño templo, con rectoría y escuela. Con el inicio de las obras s’Albufera y alrededores se convierten en un gran campamento. El dinero fluye y la zona se transforma al principio en motivo de interés de gentes de dudosa reputación, por lo que Bateman imponen su autoridad, respaldado por las fuerzas del orden puestas a su disposición por las autoridades de Mallorca. Con una organización muy británica, como si de un ejército en campaña se tratase, con divisiones de los trabajadores por equipos dirigidos por técnicos y capataces, la obras cobran ritmo. Desde 1863, año del inicio de los trabajos de desecación, hasta su finalización en 1871, se construyen casi 50 kilómetros de caminos, 138 kilómetros de canales, 13 sifones, once puentes y se monta un pantalán de 300 metros de largo que comunica con el mar. Si bien la pieza más espectacular de la obra es la construcción del Gran Canal, al cual suman sus aguas dos torrentes, con una anchura de 60 metros y una extensión de unos dos kilómetros y medio. La materialización del proyecto tuvo problemas, debido a que las tierras recuperadas de s’Albufera estaba bajo el nivel del mar, produciendo importantes filtraciones de agua salada, lo que obligaba a bombear más agua dulce a la zona. En lo que hoy se ubica el Centro de Interpretación del Parque, Bateman hizo instalar una rueda hidráulica impulsada por el vapor de una batería de calderas, dispositivo que conducía agua dulce desde vetas cercanas o de la serra de Tramuntana. Bateman no regateó en gastos, importando todo tipo de maquinaria y herramientas, calculándose que el costo de la desecación alcanzó casi los 18 millones de pesetas de la época, unos tres millones de duros, que en oro significó 5.645 quilos utilizado en parte para acuñar su propia modena. Una año después de haber terminado la obra, la New Majorca Land Company, cuyo principal accionista es el propio Bateman, recibe en propiedad por parte del Ministerio de Fomento las tierras ganadas al agua y los elementos. En 1886, el propietario de s’Albufera donó la finca a su hijo Lee. La progresiva salinidad de las aguas provocó la pérdida de una cuarta parte de las tierras en explotación agraria,

quedando reducidas éstas, con el tiempo, a 280 hectáreas. En estas parcelas secas se cultivaban cebada, algodón, trigo, cáñamo y hortalizas, incluso se plantaron árboles de morera lo que permitió criar millones de gusanos de seda, si bien esta inversión, a la larga, no fue rentable. Aunque la empresa obtuvo el éxito regular inundaciones periódicas y desterrar las enfermedades no prosperó empresarialmente, lo que provocó la ruina total de la propiedad, antes de finalizar el siglo XIX. Ante la situación de bancarrota, fallecido ya el desecador inglés de s’Albufera, su hijo y heredero, Lee Bateman, logra vender, aunque se supone con merma de su valor real, la finca pasando entera a propiedad de Joaquim Gual de Torrella. Este terrateniente mallorquín, asociado a la compañía, con presencia levantina Agrícola Arrocera, se inicia en el cultivo del arroz pero la bajada de sus precios, los costes de la alta necesidad de mano de obra y unas lluvias torrenciales que provocan un encharcamiento abusivo en 1906 provocan la pérdida de la cosecha. Se abandona el proyecto quedando el terreno agrícola arrendado a payeses de la zona. Aún hoy se mantienen pequeñas parcelas, conocidas como velas en el municipio de sa Pobla, dedicadas al cultivo del arroz, todo un alimento de lujo debido a la corta producción. Durante la guerra civil, un grupo mallorquín con socios italianos fundan la Celulosa Hispana SA, por lo cual se monta en las instalaciones de calderas de s’Albufera una fábrica de papel, no de mucha calidad, que se dedicó al embalaje utilizando mayoritariamente carrizo y masiega. La factoría estuvo en activo desde 1938 a 1966 y durante ese período se produjeron denuncias de los pescadores, quejosos de la mortalidad de especies marinas, especialmente anguilas, causadas por los vertidos tóxicos a las aguas del humedal. Debido a las necesidades de suministro eléctrico y a causa de la progresiva demanda turística, en un extremo de esta zona húmeda se construyó la Central Eléctrica de es Murterar, alimentada con carbón. Durante décadas, hasta la declaración de Parque Natural, en el interior de este perímetro natural húmedo de 32 kilómetros de perímetro y 2.504 hectáreas de superficie, el Estado español era propietario de unas 1.700 hectáreas mientras el resto se la repartían diversos propietarios. No faltó la especulación con favores de la Administración, a partir del boom turístico, por lo que se autorizó la urbanización de unas decenas de hectáreas en la zona de los lagos, emergiendo en pocos años una auténtica ciudad dominada por hoteles y apartamentos. Incluso zonas de s’Albufera, aún vírgenes en manos particulares, fueron cotos de caza especialmente de aves acuáticas, mayoritariamente patos, frecuentadas por jefes de Estado, realeza europea y árabe, sin olvidar a príncipes de las finanzas internacionales. Tampoco faltó cierta actividad contrabandista en la zona. Actualmente, una serie de topónimos recuerdan en este Parque Nacional el paso de varios ingleses, capitaneados por J. F. Bateman, que hace siglo y medio aceptó el desafío de desecar a la vez que sanear una salvaje e insalubre parte de la superficie de Mallorca.

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