Derechos de autor del extracto © 2012 de Tinderbox Books, LLC y Lauren Kate.

Publicado por Delacorte Press, una impresión de Random House Mondadori Children’s Books, Una división de Random House Inc., Nueva York.

Este texto no viola ningún derecho de copyright pues se encuentra totalmente disponible al público en su idioma original.

Traducido por: Staff Saga Oscuros (http://sagaoscuros.blogspot.com)

Colaboración especial de: Shirley Pauline Robayo Juan Camilo Franco y Lorelay Cullen. y Robayo,

PROLOGO

CAYENDO

Primero, hubo silencio… En el espacio que había entre el Cielo y la Caída, en las profundidades de la distancia desconocida, hubo un momento en el que el zumbido de gloria del Cielo desapareció y fue reemplazado por un silencio tan profundo que el alma de Daniel se tuvo que esforzar para no hacer ningún ruido. Luego llego la sensación real de caer. La clase de caída de la que ni siquiera sus alas podían salvarlo, como si el Trono se las hubiera atado a la luna. No tenían control de sus cuerpos, y cuando lo lograron, eso no tuvo ninguna influencia en la trayectoria de la caída. ¿A dónde iba? No había nada delante de él y tampoco atrás. Nada arriba y nada abajo. Solo oscuridad y el contorno borroso de lo que quedaba del alma de Daniel. En la ausencia absoluta del ruido, su mente tomo vuelo: se llenó con algo, algo ineludible: Los inquietantes términos de la maldición de Luce. “Ella morirá siempre… jamás pasara de la adolescencia, morirá una y otra vez justo en el momento en el que recuerde tu decisión. Para que nunca estéis verdaderamente juntos” Ese había sido el castigo impartido por Lucifer, su adicción a la desgracia ajena tuvo lugar allí y dio paso a la sentencia del Trono en la Pradera celestial. Ahora la muerte reclamaba su amor. ¿Podría Daniel detenerla? ¿Podría incluso reconocerla?

¿En qué circunstancia conocería un ángel la muerte? Daniel había sido testigo de cómo llegaba lentamente a las nuevas razas mortales llamados humanos, pero la muerte jamás había sido una preocupación para los ángeles. Muerte y adolescencia: dos términos de la maldición de Lucifer. Eso no significaba nada para Daniel. Todo lo que sabía era que ser separado de Luce no era un castigo que pudiera soportar. Tenían que estar juntos. -¡Lucinda!- grito Su alma debía de haberse tranquilizado por el solo hecho de pensar en ella pero solo había dolor por su ausencia. Debería ser capaz de sentir a sus hermanos alrededor; todos los que habían elegido mal o demasiado tarde. Aquellos que no habían tomado ninguna elección y habían sido expulsados por su indecisión. Él sabía que no estaba realmente solo. Más de cien millones de ángeles habían caído en picada cuando la tierra debajo de ellos se abrió hacia el vacío. Pero él ni siquiera podía ver o sentir a nadie Antes de ese momento, él había estado solo. Se sintió como si pudiera ser el último ángel en todo el universo No pienses de esa manera. Te vas a perder a ti mismo Trato de aferrarse… Lucinda, la elección que él había tomado… pero mientras seguía cayendo, se le hacía más difícil recordar. Por ejemplo, ¿Cuáles fueron las últimas palabras que él había escuchado decir por el Trono?

Las puertas del Cielo… Las puertas del Cielo están…

No podía recordar lo que vino después. Solo podía recordar vagamente la manera en que la gran luz parpadeo y el más duro frio barrió la Pradera y los árboles en el Huerto del Conocimiento cayeron uno encima de otro, causando ondas de furiosa perturbación que se sintió en todos los cosmos. Tsunamis de nubes tan fuertes que aplastaron a todos los ángeles en su gloria. Pero había algo más, algo justo antes de la destrucción de la Pradera, algo como…

Una visita del pasado

Un valiente ángel brillante había aparecido durante la lectura de la lista. Le había dicho a Daniel que venia del futuro. Había una antigua tristeza en sus ojos. ¿Había ese ángel – esa… versión del alma de Daniel – verdaderamente sufrido? ¿Lo había hecho Lucinda? Daniel hervía de rabia. Encontraría a Lucifer, el ángel que vivió en el callejón sin salida del universo. Daniel no le temía al traidor que había sido antes el Lucero del Alba. Dondequiera, dondequiera que llegaran al final de ese olvido, Daniel tendría su venganza. Pero primero encontraría a Lucinda, ya que sin ella, nada le importaba. Sin su amor, nada era posible. Aquel amor era tan verdadero que le hizo inconcebible la idea de elegir a Lucifer o al Trono. El único lado que podía elegir siempre era el de ella. Así que ahora Daniel pagaría por su elección, pero el aun no entendía la forma que tomaría ese castigo. Solo sabía que ella se había ido del lugar donde pertenecía: a su lado. El dolor de la separación de su alma gemela recorrió el cuerpo de Daniel de repente, fuerte y brutal. Gimió sin decir nada, su mente se nublo, y de repente, terriblemente, no logro recordar porque. El ya no podía ver, o sentir, o recordar cómo había terminado allí, en medio de la nada, cayendo a toda velocidad a través del vacío. ¿Hacia dónde? ¿Por cuánto tiempo? Su memoria se desvaneció. Era más y más difícil recordar aquellas palabras dichas por el ángel en la blanca pradera que era tan parecido a… ¿Qué tenía el ángel que le recordaba a alguien? Y ¿Qué había dicho el que era tan importante? Daniel no lo sabía. Ya no sabía nada.

Solo que estaba cayendo hacia el vacío. Estaba lleno del deseo de encontrar a alguien. Una urgencia de volver a sentir todo como era antes. Pero solo había oscuridad dentro de la oscuridad. Un silencio ahogando sus pensamientos. Un nada que lo era todo. Daniel cayó.

UNO

EL LIBRO DE LOS VIGILANTES

-Buenos días. Una mano cálida acarició la mejilla de Luce y colocó un mechón de cabello detrás de su oreja. Girando hacía su lado, bostezó y abrió sus ojos. Había dormido profundamente, soñando con Daniel. -Oh -ella jadeó, sintiéndolo su mejilla. Allí estaba él. Daniel estaba sentado junto a ella. Vestía un suéter negro y la misma bufanda roja que había usado alrededor de su cuello la primera vez que ella lo había visto en Espada & cruz. Se veía mucho mejor que en cualquier sueño. Su peso hizo que la cama se hundiera un poco, y Luce enredó sus piernas para entrelazarse con él. -No eres un sueño -dijo ella. Los ojos de Daniel estaban más agotados de lo que ella acostumbraba a verlos, pero aún brillaban del violeta más intenso cuando se centraban en ella, estudiando sus facciones como si la observaran una y otra vez. Él inclinó y presionó sus labios con los suyos. Luce se plegó a él, atrapando sus brazos alrededor de su cuello, feliz de besarlo. No le importaba que sus dientes necesitaran lavarse o que su cabello fuera un desastre mañanero. No le importaba otra cosa más que sus besos. Estaban juntos ahora y no podían evitar el sonreír. Entonces todo fue a toda prisa: Garras como navajas y sombríos ojos rojos. Asfixiante hedor de muerte y podredumbre. Oscuridad en todo lado, tan completo en su perdición que hacía que la luz, el amor y todo lo bueno en el mundo se sintiera cansado y roto y muerto.

Ese Lucifer había sido alguien más para ella –Bill, la desagradable gárgola que confundió con un amigo- era imposible. Ella lo dejó acercarse mucho, y ahora, porque ella no hizo precisamente lo que él deseaba –elegir no matar su alma en el antiguo Egipto- él había optado por un borrón y cuenta nueva. Regresar en el tiempo y borrar todo desde la caída. Cada vida, cada amor, cada momento que cada alma angelical y mortal hubieran experimentado sería derrumbado y descartado por el capricho imprudente de Lucifer. Como si el universo fuera un juego de mesa y él fuera un niño llorón rindiéndose tan pronto como empieza a perder. ¿Pero que es lo que quería obtener con eso? Luce no tenía idea. Su piel se sintió caliente recordando su ira. Él quería que ella lo viera para temblar en sus manos cuando la tomó de vuelta al pasado hacia la caída. Luego la lanzó, moldeando una Anunciadora como una red para capturar a todos los ángeles que hubieran caído del cielo. Justo cuando Daniel la atrapó en ese inexistente lugar estrellado, Lucifer desapareció de la existencia, y todo el ciclo empezó de nuevo. Fue una jugada drástica. Daniel le explicó que para guiar a los ángeles hacía el futuro, Lucifer debería reunirse con su yo pasado y renunciar a su poder. Hasta que los ángeles cayeran, era incapaz de hacer cosa alguna. Justo como el resto de ellos, el cayó en un impotente aislamiento, con sus hermanos pero aparte, juntos y solos. Y cuando caigan en la tierra, habrá un salto en el tiempo, y todo volvería a empezar en borrón y cuenta nueva, como si los siete mil años entre ese entonces y la actualidad no hubieran existido. Tan pronto Luce empezó a entender su maldición, el mundo entero estaba en juego – hasta que Luce, los siete ángeles, y dos nefilims pudieran impedirlo- ellos tenían sólo 9 días y no tenían ni idea en donde empezar. Luce había estado tan cansada la noche anterior que no recordó recostarse dentro de la cama, enredando esta cobija azul en sus hombros. Había telarañas en las esquinas de la pequeña cabaña, una mesa plegable adornada con vasos medio llenos de chocolate caliente que Gabbe había preparado para todos. Pero todo parecía un sueño. Su vuelo fuera de la Anunciadora a esta pequeña isla fuera de Tybee, esta zona segura para los ángeles, había sido empañado por un cegador letargo. Ella se había quedado dormida mientras los otros estaban hablando, dejando que la voz de Daniel la guiara a un sueño. Ahora la cabaña estaba silenciosa, y en la ventana detrás de la silueta de Daniel el cielo era del gris del casi amanecer.

Ella se acercó a tocar su mejilla. El giró su cabeza y besó la palma de su mano. Luce entrecerró sus ojos para no llorar. ¿Por qué después de todo por lo que habían atravesado Luce y Daniel tenían que derrotar al diablo antes de que fueran libres para amarse? -Daniel -la voz de Roland vino desde la puerta de la cabaña. Sus manos se encontraban dentro de los bolsillos de su gabardina y un gorro gris adornaba sus rastas. Le dio una sonrisa agotada- Es hora. -¿Hora de qué? -Luce encogió sus hombros- ¿Nos vamos? ¿Tan pronto? ¿Qué hay de mis padres? Probablemente estén aterrorizados. -Pensé en llevarte a casa ahora -dijo Daniel- Para decir adiós. -¿Pero como voy a explicarles mi desaparición después de la cena de Acción de Gracias? Recordó las palabras de Daniel la noche anterior: se sintió como si hubieran estado en las Anunciadoras por una eternidad, pero en el tiempo real sólo unas cuantas horas habian pasado. Sin embargo, para Harry y Doreen Price, unas cuantas horas con una hija perdida es una eternidad. Daniel y Roland compartieron sus miradas. -Nos encargamos de eso -dijo Roland, entregándole a Daniel un par de llaves de un auto. -¿Te encargaras cómo? -preguntó Luce- Mi padre una vez llamo a la policía cuando me demore media hora en la escuela. -No te preocupes chica -dijo Roland- Te tenemos cubierta. Sólo necesitas hacer un rápido cambio de atuendo -y apuntó a una mochila en la silla mecedora cerca de la puerta- Gabbe trajo tus cosas. -Um, gracias -dijo ella confundida. ¿Dónde estaba Gabbe? ¿Dónde estaba el resto de ellos? La cabaña había estado llena la noche anterior, positivamente acogedora con el brillo de alas de ángel y el olor de chocolate caliente y canela. La memoria de ese momento, contrastada con la promesa de decir adiós a sus padres sin saber a dónde se dirigía, hizo que sintiera esta mañana vacía. El piso de madera era áspero ante sus pies descalzos. Mirando hacia abajo, se dio cuenta que estaba vistiendo el estrecho vestido blanco que tenía en Egipto, la última vida que visitó en las Anunciadoras. Bill la había hecho lucirlo. No, no Bill. Lucifer. Él miró de reojo con aprobación cuando ella tomó la flecha estelar en su muñeca, contemplando el consejo que le había dado de cómo matar a su propia alma.

Nunca, nunca, nunca. Luce tenía mucho por lo que vivir. Dentro de la vieja mochila verde que usaba en el campo de verano, Luce encontró su pijama favorita –la franela rayada roja y blanca- pulcramente doblada, con el par de pantuflas que le hacían juego -¡Pero es de madrugada! -dijo ella- ¿Para que necesito pijamas? De nuevo Daniel y Roland compartieron miradas, y esta vez, Luce pudo jurar que estaban intentando no reírse -Sólo confía en nosotros -dijo Roland Después de vestirse, Luce siguió a Daniel fuera de la cabaña, dejando que sus anchos hombros amortiguaran el viento mientras caminaban por el camino apedreado en el agua. La pequeña isla fuera de Tybee estaba a casi una milla de la línea costera de Savannah. Alrededor de ese tramo de mar, Roland había dicho que había un auto esperándolos. Las alas de Daniel estaban ocultas, pero debió sentir como ella se fijaba en el sitio donde se supone que se encontrarían sus alas. -Cuando todo esté en orden, podremos volar a donde sea para detener a Lucifer. Hasta ese entonces es mejor estar abajo, en el suelo. -Está bien -dijo Luce -¿Una carrera hasta el otro lado? Su aliento congelo el aire -Sabes que te venceré -Es verdad -él pasó un brazo alrededor de su cintura, calentándola- Quizás sería mejor tomar el bote, entonces. Protegerá mi famoso orgullo. Ella lo observo desatar un pequeño bote de metal de un puerto. La suave luz en el agua le hizo recordar el día en que apostaron una carrera en el lago secreto de Espada & Cruz. Su piel había resplandecido cada vez que emergían hacia la roca en el centro para recobrar el aliento, entonces habían descansado en aquella piedra apenas calentada por el sol, dejando que el día secara sus cuerpos. Ella apenas había conocido a Daniel para ese entonces – no conocía el hecho de que fuera un ángel- y ya se había enamorado peligrosamente de él. -Solíamos nadar juntos en mi vida en Tahiti ¿cierto? -ella preguntó, sorprendida de recordar otro momento en el que el cabello de Daniel había resplandecido con el agua. Daniel la miró y ella comprendió cuanto significaba para él finalmente ser capaz de compartir algunas de sus recuerdos del pasado. Él se veía tan conmovido que Luce creyó que podría llorar.

En vez de eso beso su frente tiernamente y dijo -Me venciste todas esas veces, también, Lulu. No hablaron mucho mientras Daniel remaba. Fue suficiente para que Luce observará el modo en que sus músculos se contraían y se estiraban cada vez que arrastraba los remos hacia afuera, oyéndolos salir y entrar en la helada agua, respirando en el salado mar. El sol se alzaba sobre sus hombros, calentando la parte de atrás de su cuello, pero mientras se acercaban a tierra firme, observó algo que le envió un escalofrío por toda su espalda. Un carro. Reconoció el Taurus blanco de inmediato. -¿Qué sucede? -Daniel observo la rígida postura de Luce en cuanto el bote tocó la costa. – Oh, eso -él sonaba despreocupado mientras salía del bote y le acercaba una mano. El suelo era acolchado y rico en olores. A Luce le recordó su infancia. -No es lo que piensas –dijo Daniel- Cuando Sophia salió volando de Espada & Cruz, luego de – Luce espero, removiéndose, esperando que Daniel no dijera, “luego de que asesinara a Penn”- luego de que nos enteráramos quien era realmente, los ángeles confiscaron su carro - su rostro se endureció- Ella nos debe eso, y más. Luce pensó en el rostro blanco de Pen y en la sangre saliendo de su cuerpo. -¿Donde esta Sophia ahora? Daniel sacudió la cabeza. -No lo sé. Desafortunadamente, pronto lo averiguaremos. Tengo el presentimiento de que hallara una forma de meterse en nuestro planes -saco las llaves de su bolsillo y las inserto en la puerta del pasajero- Pero eso no es algo de lo que deberías de estar preocupada ahora. -Bien -Luce le contesto mientras se hundía en la tela gris del asiento- ¿Así que hay algo más, de lo que debería de estar preocupara ahora? Daniel giro la llave, el carro se sacudió lentamente al encender. La última vez que estuvo sentada en ese asiento, había estado preocupara por estar sola en un carro con él. Fue la primera noche que se besaron - hasta donde ella sabía en ese entonces. Estaba lidiando con el cinturón de seguridad cuando sintió los dedos de el sobre los suyos. “Recuerda,” dijo suavemente, alcanzando el broche del cinturón de seguridad, dejando sus manos sobre las de ella. “Tiene un truco.” La beso suavemente en la mejilla, luego puso el carro en marcha y los saco de los húmedos bosques dentro de una angosta carretera de dos vías. Eran los únicos en el camino. -¿Daniel? -Luce pregunto de nuevo- ¿De qué más debería estar preocupada? Él se le quedo mirando su pijama.

-¿Qué tan buena eres haciendo de enferma?


El Taurus blanco se ahorrillo en el callejón detrás de la casa de sus padres, mientras Luce trepaba por los tres arboles de azalea junto a la ventana de su recamara. En el verano, habría plantas de tomate saliendo de la tierra negra, pero en invierno el patio se veía estéril y seco, y no como su hogar. No podía recordar la última vez que se paró ahí fuera. Ella se había escapado de tres diferentes escuelas, pero nunca de la casa de sus padres. Ahora estaba colándose dentro, y ni siquiera sabía cómo funcionaba su ventana. Luce miro a su alrededor, a lo que parecía ser su adormilado vecindario, el periódico en su envoltura de plástico al borde del patio de sus padres, al viejo aro sin red de básquetbol en la cochera de los Johnsons justo al cruzar la calle. Nada había cambiado desde que ella se había ido. Nada había cambiado, excepto por Luce. Si Bill triunfaba, ¿desaparecería este vecindario también? Le dio una última despedida a Daniel, quien la estaba viendo desde el carro. Tomo un profundo respiro, y uso sus pulgares para meterlos en la parte baja del panel de la ventana azul con grietas en el alféizar. Esta se deslizo hacia arriba. Alguien dentro ya había quitado la tela de mosquitero. Luce se detuvo, asombrada cuando la cortinas de gasa de abrieron y la cabeza mitad rubia mitad negra de su alguna vez enemiga Molly Zane, lleno el espacio abierto. -Qué onda, Pastel de Carne Luce se irrito con el apodo que se había ganado en su primer día en Espada & Cruz. ¿Eso había sido a lo que se referían Daniel y Roland cuando dijeron que se habían hecho cargo de las cosas en su casa? -Que estás haciendo aquí, Molly -Ay vamos. No te morderé -Molly extendió una mano. Sus uñas estaban cuarteadas, verde esmeralda. Luce hundió su mano en la de Molly, se agacho y paso una pierna a la vez por la ventana. Su habitación se veía pequeña y pasada de moda, como una capsula del tiempo dejada por una Luce de hace algún tiempo. Ahí estaba enmarcado el poster de la Torre Eiffel detrás de la puerta. Ahí estaba su pizarra de boletines llena de los listones del equipo de natación de la Primaria Thunderbolt. Y ahí, bajo el gran edredón Hawaiano verde y amarillo, estaba su mejor amiga, Callie. Callie se despegó de las sabanas, salió la cama y voló a los brazos de Luce.

-Ellos seguían diciéndome que ibas a estar bien, pero me lo decían en ese tipo de mentira de estamos-completamente-aterrorizados-que-no-vamos-a-explicarte-ni-una-palabra. ¿Te das cuenta de cuan absolutamente espeluznante fue eso? Fue como si desaparecieras de la faz de la tierra… Luce la abrazo firmemente. Después de todo Callie sabía que, Luce solo se había ido desde la noche anterior. -Bueno ya, ustedes dos -gruño Molly, apartando a Luce de Callie- pueden hacer sus caras de “¡Oh, por Dios!” luego. No estuve acostada en tu cama con esa peluca barata de poliéster toda la noche pretendiendo ser Luce con gripa estomacal para que ustedes echen a perder la farsa ahora -ella entorno los ojos- Novatos -Espera. ¿Hiciste qué? -pregunto Luce. -Después de que tu… desaparecieras -Callie dijo jadeando- sabíamos que nunca podríamos explicárselo a tus padres. Digo… yo apenas podía comprenderlo luego de haberlo visto con mis propios ojos. Así que les dije que te sentías enferma y que te habías ido a la cama y Molly pretendió ser tú y… -Por suerte encontré esto en tu armario -Molly retorció una peluca corta de cabello negro ondulado en un dedo- ¿Residuos de un Halloween? -Mujer Maravilla. -Luce se estremeció, arrepintiéndose de su disfraz de Halloween de la secundaria, y no era la primera vez. -Bueno, pero funciono. Era extraño ver a Molly – quien alguna vez la comparo con Lucifer- ayudarla. Pero incluso Molly, como Cam y Roland, no querían caer de nuevo. Por lo que aquí, ellos eran un equipo. -¿Tú me encubriste? No sé qué decir. Gracias. -Como sea. -Molly giro su cabeza hacia Callie; haciendo cualquier cosa con tal de desviar la gratitud de Luce- Ella fue la verdadera mente diabólica. Agradécele a ella. -saco una pierna fuera por la ventana abierta y volteo para decir- ¿Creen chicas que pueden manejarlo de aquí en adelante? Tengo una reunión cumbre en La Casa del Waffle. Luce le mostro a Molly un pulgar arriba y se dejó caer en su cama. -Oh, Luce -susurro Callie- Cuando de fuiste, todo el patio trasero quedo cubierto en ese polvo gris. Y la otra chica rubia, Gabbe, movió su mano una vez y lo hizo desaparecer. Luego dijimos que estabas enferma, que todo el mundo se había ido a casa, y comenzamos a lavar los trastos con tus padres. Y al principio pensé que esa chica Molly era un poco terrible, pero la verdad es que es algo cool -sus ojos se entrecerraron- ¿Pero a dónde fuiste? ¿Qué te sucedió? Me asustaste.

-Ni siquiera sé por dónde empezar -dijo Luce- Lo siento. Hubo un golpe, seguido del familiar crujido de la puerta de su habitación al abrirse. La madre de Luce se detuvo en el pasillo, con su cabello enmarañado por haber dormido echado hacia atrás con un broche amarillo, su rostro estaba libre de maquillaje y se veía hermosa. Ella sostenía una bandeja con dos vasos de jugo de naranja, dos platos de tostadas con mantequilla, y una caja de Alka-Seltzer. -Parece que alguien ya se siente mejor. Luce espero a que su mama pusiera la bandeja en la mesa de noche; entonces envolvió sus brazos alrededor de la cintura de su madre y enterró el rostro en su bata de baño rosa. Las lágrimas le escocían los ojos. Se sorbió la nariz. -Mi pequeñita -dijo su mama, tocando la frente y mejillas de Luce revisando si tenía fiebre. Ella no había usado esa suave y dulce voz con Luce hacía mucho tiempo, y se sentía tan bien escucharla. -Te quiero, Mama -No me digas que está demasiado enferma para el Viernes Negro -el padre de Luce apareció en la puerta, sosteniendo una jarra verde de plástico. Estaba sonriente, pero detrás de esos lentes sin armazón, sus ojos parecían preocupados. -Me estoy sintiendo mejor -dijo Luce- pero… -Oh, Harry -dijo la mama de Luce- Sabes que solo la tenemos por este día. Ella tiene que regresar a la escuela -se giró hacia Luce- Daniel llamo hace un rato, cariño. Dice que puede recogerte y llevarte de vuelta a la escuela. Yo dije que desde luego que tu padre y yo estaríamos felices de hacerlo, pero… -No -dijo Luce rápidamente, recordando el plan que Daniel le había detallado en el carroDeberían de ir de compras por el Viernes Negro. Es una tradición de la familia Price. Ellos accedieron que luce viajara con Daniel, y sus padres llevarían a Callie al aeropuerto. Mientras las chicas comían el desayuno, los padres de Luce se sentaron en la orilla de la cama y hablaron sobre Acción de Gracias (“Gabbe pulió toda la porcelana—que angelical”). Para cuando siguieron al tema de las ofertas del Viernes Negro a las que ellos iban en búsqueda de (“Todo lo que tu padre siempre quiere son herramientas”), Luce se dio cuenta de que no había dicho nada excepto por los simples rellenos en la conversación como “Uh-huh” y “Oh, en serio?” Cuando sus padres finalmente se levantaron para llevar los trastos a la cocina y Callie comenzó a empacar, Luce fue al baño y cerró la puerta.

Estuvo sola por primera vez en lo que parecían millones de años. Se sentó en el taburete y se miró en el espejo. Era ella misma, pero diferente. Seguro, Lucinda Price la miraba directamente a ella. Pero también… Ahí estaba Layla en lo carnoso de sus labios, Lulu en sus gruesas ondas del cabello, la intensidad de Lu Xin en el color avellana de sus ojos, Lucia en el hoyuelo de su mejilla, lista para una travesura. Ella no estaba sola. Tal vez nunca estaría sola de nuevo. Ahí, en el espejo, estaba cada encarnación de Lucinda mirándola fijamente y preguntándose ¿En qué nos vamos a convertir? ¿Qué hay de nuestra historia, y de nuestro amor? Ella tomo una ducha, se puso unos jeans limpios y sus botas de montar negras junto con un suéter largo blanco. Se sentó sobre la maleta de Callie mientras su amiga luchaba por cerrar el cierre. El silencio entre ellas era brutal. -Eres mi mejor amiga, Callie -dijo Luce finalmente- Estoy pasando por algo que no entiendo. Pero eso no tiene que ver contigo. Lo siento, no sé cómo ser más específica, pero te he extrañado. Mucho. Los hombros de Callie se tensaron. -Solías decírmelo todo Pero la mirada entre ellas sugería que ambas chicas sabían que eso ya no era posible, ya no más. La puerta de un carro se cerró en el frente. A través de las persianas abiertas Luce vio a Daniel caminar por la entrada de sus padres. E incluso aunque había pasado menos de una hora desde que la había dejado ahí, Luce sintió sus mejillas sonrojarse al verlo. Caminaba lentamente, como si estuviera flotando, su bufanda roja se ondeaba tras el con el viento. Incluso Callie lo miraba fijamente. Los padres de Luce se pararon juntos en el vestíbulo. Ella abrazo a cada uno de ellos por un largo tiempo – Papa primero, luego Mama luego Callie, quien apretó su mano fuerte y susurro rápidamente, “Lo que te vi hacer anoche fue hermoso. Solo quería que supieras eso.” Luce sintió sus ojos arder de nuevo. Ella apretó la mano de Callie en respuesta y murmuro un gracias. Luego camino hacia la entrada, hacia los brazos de Daniel y hacia lo que sea el destino tuviera preparado para ellos


-Ahí están, tortolitos, haciendo esas cosas que hacen los tortolitos –canto Arriane meneando su cabeza desde la parte de atrás de una larga estantería. Estaba sentada con las piernas cruzadas en una silla de madera de la biblioteca haciendo malabarismos con un par de pelotas Hacky Sack. Llevaba puesto un overol y botas de combate y su oscuro cabello estaba trenzado en varias coletas diminutas. Luce no estaba muy contenta de estar de vuelta en la biblioteca de Espada & Cruz. Había sido renovada desde la vez que el incendio la destruyo, pero aun olía como si algo grande y feo hubiera sido quemado allí. El profesorado había explicado el incendio como un accidente, pero alguien había muerto. Todd, un estudiante tímido que Luce apenas había conocido hasta la noche en que murió. Y Luce sabía que había algo más oscuro asechando bajo la superficie de esa historia. Se culpaba por su muerte. Y ahora, mientras Luce y Daniel le daban la vuelta a la esquina de la estantería y se dirigían hacia la zona de estudio de la biblioteca, Luce vio que Arriane no estaba sola. Todos estaban allí: Gabbe, Roland, Cam, Molly, Annabelle – el ángel de piernas largas con el cabello pintado de rosa – e incluso Miles y Shelby quienes la saludaron con emoción y se veían totalmente diferentes a los otros ángeles, pero también diferentes a los adolescentes mortales. Miles y Shelby estaban… ¿Estaban cogidos de la mano? Pero cuando Luce miro de nuevo, sus manos habían desaparecido debajo de la mesa donde estaban todos sentados. Miles se acomodó su gorra de beisbol y Shelby se aclaró la garganta y se encorvo sobre un libro. -Tu libro –le dijo Luce a Daniel tan pronto como vio el lomo del libro grueso de color gris y desgastado en la parte de abajo. La cubierta del libro decía: Los Vigilantes: Mito de la Europa Medieval por Daniel Grigori Su mano se alargó automáticamente hacia la desgastada cubierta gris. Cerro los ojos porque le recordaba a Penn, quien no debería haber muerto, y porque la fotografía pegada dentro de la cubierta del libro fue la primera cosa que la había convencido de que lo que Daniel le decía sobre su historia podía ser posible. Era una fotografía tomada en otra vida, una vida en Helston, Inglaterra. Y a pesar de que no debería haber sido posible, no había duda: la joven mujer de la fotografía era Lucinda Price -¿Dónde lo encontraste? –pregunto Luce Su voz debió haber salido algo ausente porque Shelby dijo: -De todos modos, ¿Qué es lo que tanto importa de esta cosa polvorienta? -Es muy valioso, nuestra única llave ahora –dijo Gabbe- Sophia trato que quemarlo una vez

-¿Sophia? –Luce se puso la mano en el corazón- ¿La srta. Sophia inicio… el incendio en la biblioteca? ¿Fue ella? –los otros asintieron- Ella mato a Todd –dijo Luce aturdida Así que no había sido culpa de Luce. Otra vida que había acabado Sophia. -Y casi se muere de un shock la noche que apareciste –dijo Roland–Todos nos sorprendimos. En especial cuando sobreviviste para hablar de ello. -Hablamos del beso con Daniel –recordó Luce, ruborizándose- ¿Fue eso por lo que se sorprendió la señorita Sophia? -En parte –dijo Roland- Pero hay mucho más en ese libro que Sophia no hubiera querido que tú conocieras. -No se puede esperar mucho de un profesor. ¿A que si? –dijo Cam -¿Qué era lo que ella no hubiera querido que yo supiera? Todos los ángeles se volvieron para mirar a Daniel -Anoche te dijimos que ninguno de los ángeles recordábamos donde aterrizamos cuando caímos -Sí, sobre eso, ¿Cómo es posible? –Dijo Shelby- Uno pensaría que ese tipo de cosas se quedarían por siempre en tu memoria La cara de Cam estaba enrojecida -Trata de caer por nueve días a través de múltiples dimensiones y miles de millones de kilómetros, aterrizando de cara, rompiéndote la alas, dando vueltas por una conmoción por quien sabe cuánto tiempo, vagando por el desierto durante décadas buscando cualquier pista de quien o que o donde te encuentras y luego habla conmigo sobre la memoria a largo plazo -Está bien, tuvieron problemas –dijo Shelby poniendo su voz de arrepentimiento -Bueno, al menos recuerdan que había un desierto implicado –dijo Miles diplomáticamente, haciendo reír a Shelby Daniel se volvió hacia Luce -Escribí este libro luego de perderte en el Tíbet… pero antes te había conocido en Prusia. Sé que visitaste la vida en el Tíbet porque te seguí hasta allí, así que tal vez puedas ver cómo perderte de esa manera me hizo pasar años de investigación y estudio para encontrar una forma de liberarnos de esta maldición. Luce miro hacia abajo. Esa muerte que se había provocado el mismo lanzándose por un precipicio. Temía que volviera a ocurrir.

-Cam tiene razón –dijo Daniel- Ninguno de nosotros recuerda donde aterrizamos. Recorrimos un desierto hasta que ya no era desierto, vagamos por llanuras, valles y mares hasta que volvimos a llegar a otro desierto. No fue sino hasta que poco a poco nos encontramos los unos a los otros y comenzamos a unir piezas de nuestra historia. Fue ahí cuando recordamos que habíamos sido ángeles. -Pero hubo reliquias de nuestra Caída, registros que la humanidad encontró y guardo como tesoros, regalos, que creyeron eran de un rey que no entendían. Por un largo tiempo las reliquias estuvieron enterradas en un templo en Jerusalén, pero durante las Cruzadas, fueron robadas y luego esparcidas por varias lugares. Ninguno de nosotros sabía dónde. -Cuando hice mi investigación, me concentre en la época de la Edad Media, recurriendo a tantos recursos como pude en una clase de búsqueda del tesoro teológico de las reliquias. Lo esencial de esto es que si los tres artefactos pueden ser reunidos y llevados al Monte Sinaí… -¿Por qué el Monte Sinaí? –pregunto Shelby -Los canales entre el Trono y la Tierra están más cerca ahí –explico Gabbe acomodándose un mechón de cabello- Ahí es donde Moisés recibió los Diez Mandamientos, por ahí es por donde los ángeles entran a la tierra cuando tiene que entregar mensajes del Trono -Piensa en el como un lugar de zambullida de Dios –añadió Arriane mandando un Hacky Sack demasiado alto en el aire, golpeando una lámpara. -Pero antes de que preguntes –dijo Cam, destacando a Shelby entre todos con la miradaEl Monte Sinaí no es el sitio original de la Caída. -Eso sería demasiado fácil –dijo Annabelle -Si las reliquias son llevadas al Monte Sinaí –dijo Daniel- entonces, en teoría, el lugar de la Caída será revelado -En teoría –se burló Cam- Debo ser el primero en decir que hay algunas dudas sobre la validez de la investigación de Daniel… Daniel apretó la mandíbula -¿Tienes una idea mejor? -¿No crees que –Cam alzo la voz- tu teoría pierde mucha validez ante la posibilidad de que esas reliquias no sean más que un rumor? ¿Quién asegura que son capaces de hacer lo que se suponen que hacen? Luce estudio el grupo de ángeles y demonios – sus únicos aliados para salvarse a sí misma, a Daniel y al mundo

-Así que ese lugar desconocido es donde debemos estar en nueve días a partir de ahora. -Menos que nueve días a partir de ahora –dijo Daniel- Nueve días sería demasiado tarde. Lucifer y los ángeles expulsados del Cielo ya habrán llegado para entonces. -Pero si podemos derrotar a Lucifer en el sitio de la caída –dijo Luce- ¿entonces qué? Daniel sacudió la cabeza -En realidad no lo sabemos. Nunca le conté a nadie sobre este libro porque no sabía para que serviría sin que tú estuvieras allí para hacer tu parte… -Mi parte? –pregunto Luce -La cual aún no entendemos… Gabbe le dio un codazo a Daniel, interrumpiéndolo -Lo que él quiere decir, es que todo será revelado a su tiempo Molly se golpeó la frente -¿Enserio? ¿Todo se revelara? ¿Eso es todo lo que saben? ¿Es eso lo que están planeando? -Eso y tu importancia –le dijo Cam a Luce- Tu eres la pieza clave por la que se están peleando -¿Qué? –susurro Luce -Callate –Daniel le dijo a Cam, luego fijo su atención a Luce- No lo escuches Cam resoplo pero nadie le prestó atención. Se sentó en una silla como un huésped no invitado. Los ángeles y demonios se quedaron en silencio. Ninguno iba a dejar escapar nada más sobre el papel de Luce en detener la Caída. -Así que toda esta información, esta búsqueda del tesoro –dijo ella- ¿está en ese libro? -Más o menos –dijo Daniel- solo tengo que pasar un poco más de tiempo con el texto para saber dónde comenzar. Los otros se alejaron para darle espacio a Daniel en la mesa. Luce sintió la mano de Miles acariciando la parte de atrás de su brazo. Apenas habían hablado desde su regreso a través de la Anunciadora. -¿Puedo hablar contigo? –pregunto Miles, muy callado- ¿Luce? Aquella extraña mirada en su rostro hizo que Luce pensara en aquellos últimos pocos momentos en el patio trasero de la casa de sus padres cuando Miles lanzo su reflejo.

Nunca habían realmente hablado sobre el beso que se habían dado en la cornisa de su habitación de La Escuela de la Costa. Seguro que Miles sabía que había sido un error… pero ¿Por qué Luce sentía que le daba importancia a ese beso cada vez que era amable con él? -Luce –era Gabbe apareciendo al lado de Miles- Creí haberte llamado –miro a Miles- si quieres ir a visitar a Penn, este sería el momento. -Buena idea –asintió Luce- Gracias –le dio una mirada de disculpa a Miles, pero el solo se acomodó la gorra de beisbol sobre los ojos y se volvió para susurrarle algo a Shelby. -Ejem –tosió Shelby indignada. Estaba de pie detrás de Daniel tratando de leer el libro por encima de su hombro- ¿Qué hay de mí y de Miles? -Volverán a La Escuela de la Costa –dijo Gabbe sonando más como a los profesores de La Escuela de la Costa que lo que Luce nunca antes había notado- Necesitamos que le avisen a Steven y Francesca. Puede que necesitemos de su ayuda y de la ayuda de ustedes dos también. Díganles – tomo una larga bocanada de aire- díganles que está sucediendo. Que un final ha llegado y sucederá pronto, pero no de la manera que esperábamos. Díganles todo. Ellos sabrán que hacer. -Está bien –dijo Shelby, frunciendo el ceño- Tu mandas -Yodelayhee-hooooo –Arriane ahueco las palmas de sus manos alrededor de la boca- Si, eh, Luce quiere salir, alguien va a tener que ayudarla a bajar por la ventana. He hecho una barricada de libros cerca a la entrada en caso de que alguno de los metidos y mirones de Espada & Cruz se sintiera atraído en interrumpirnos. Cam ya estaba deslizando su brazo hacia el pliegue del codo de Luce. Ella comenzó a protestar pero nadie de los otros ángeles parecía pensar que era una mala idea. Daniel ni siquiera se dio cuenta. Cerca de la puerta de atrás, Shelby y Miles gesticulaban con la boca hacia Cam: “Ten cuidado con Luce” con diversos grados de intensidad. Cam la llevo hacia la ventana, irradiando calor con su sonrisa, deslizo el vidrio y juntos se asomaron por la ventana hacia la escuela donde se habían conocido. Donde habían madurado juntos. Donde el la había engañado para que le besara. No todos eran malos recuerdos… Salto por la ventana de primero, aterrizando sin problemas en la cornisa y le tendió una mano a Luce -Milady Su apretón era fuerte y la hacía sentirse pequeña y sin peso mientras el casi la hacía volar hacia abajo en la cornisa. Sus alas estaban ocultas, pero aún se movía con tanta gracia como si estuviera volando. Aterrizaron suavemente sobre la hierba húmeda por el roció.

-Entiendo que no quieres mi compañía –dijo el- en el cementerio… bueno, no, no solo en el cementerio. En general. -Cierto. No gracias Aparto la vista y se metió la mano al bolsillo sacando una campanilla pequeña de plata. Se veía antiguo y tenía letras escritas en hebreo sobre el. Se lo entrego a ella -Si necesitas una mano, solo hazlo sonar -Cam –dijo Luce- ¿Cuál es mi papel en todo esto? Cam estiro su mano para tocarle la mejilla, entonces pareció pensárselo mejor. Su mano quedo suspendida en el aire -Daniel tiene razón. Este no es el momento para contártelo El no espero que ella respondiera… solo doblo las rodillas y se elevó del suelo. Ni siquiera miro hacia atrás. Luce miro el campus por un momento, dejando que la familiar humedad de Espada & Cruz se le adhiriera a la piel. Ella no podía decir si la escuela, con sus enormes y compactos edificios neogóticos y el triste y deteriorado paisaje se veía diferente o igual. Se paseó por el campus, a través del patio plano y lleno de hierba, más allá de los dormitorios deprimentes a la cancela de hierro forjado del cementerio. Hizo una pausa, sintiendo como se le ponía la piel de gallina. El cementerio todavía se veía y olía como un pozo negro en medio de la escuela. El polvo de la batalla de los ángeles se había despejado. Todavía era lo suficientemente temprano para que la mayoría de los estudiantes estuvieran durmiendo, y de todos modos, no era probable que ninguno de ellos merodeara por el cementerio a menos de que estuvieran castigados. Se deslizo a través de la verja y descendió a través de las lapidas caídas y las tumbas sucias. En el oriente, en la esquina más alejada estaba el lugar donde Penn descansaba eternamente. Luce se tumbó al lado de la lápida de su amiga. Ella no tenía flores y no se sabía ninguna oración, por lo que puso sus manos sobre el césped frio y húmedo, y cerrando los ojos le envió su propio tipo de mensaje a Penn, preocupándose de que tal vez ella nunca lo escucharía. Luce volvió a la ventana de la biblioteca sintiéndose irritable. No necesitaba de Cam o de la campanilla para ser rescatada. Podía llegar hasta el borde ella misma. Fue bastante fácil escalar hasta la parte más baja del techo inclinado, y desde allí pudo subir hasta que estuvo cerca del alfeizar de la ventana. Mientras se deslizaba a lo largo de la ventana escucho a Daniel y Cam discutiendo.

-¿Qué pasaría si uno de nosotros fuera interceptado? La voz de Cam era alta y suplicante -Sabes que somos más fuertes unidos, Daniel -Si no llegamos allí a tiempo, nuestra fuerza no servirá de nada. Seremos eliminados Ella podía imaginárselos al otro lado de la pared Cam con los puños apretados y los ojos verdes centelleando. Daniel impasible e inmóvil con los brazos cruzados sobre el pecho -No confió en que no actúes a tu propio beneficio cuando estés solo -el tono de Cam fue duro -No hay nada que discutir –Daniel no cambio su tono- Dividirnos es nuestra única opción. Los otros estaban callados, probablemente pensando en lo mismo que pensaba Luce. Llego a la ventana y vio que los dos ángeles estaban frente a frente. Cam y Daniel se comportaban demasiado como dos hermanos para que alguien se atreviera a intervenir entre ellos. Las manos de Luce se apoderaron del alfeizar de la ventana. Sintió un poco de orgullo – lo cual jamás confesaría – por haber vuelto a la biblioteca sin ayuda. A lo mejor ninguno de los ángeles lo notarían siquiera. Ella suspiro y deslizo dentro una pierna. Fue entonces cuando la ventana comenzó a temblar. El vidrio resonaba en el panel y el alfeizar se movía tanto en sus manos que casi se sale de la cornisa. Se agarró con más fuerza sintiendo las vibraciones dentro de ella, como si su corazón y su alma estuvieran temblando también. -Terremoto -susurro. Su pie rozo la parte posterior de la cornisa justo mientras ella perdía el agarre en el alfeizar. -¡Lucinda! Daniel corrió hacia la ventana. Sus manos encontraron el camino hacia las de ella. Cam también estaba allí, con una mano sobre el hombro de Luce y otra en la parte posterior de su cabeza. Las estanterías temblaron y las luces parpadearon en la biblioteca mientras los dos ángeles tiraban de ella por la ventana justo antes de que el vidrio se deslizara por el marco y se rompiera en mil pedazos. Miro a Daniel tratando de entender que había pasado. Él todavía le estaba agarrando las muñecas, pero su mirada iba más allá de ella, a lo lejos. Estaba mirando el cielo, el cual se había vuelto turbulento y gris.

Peor que todo eso, era la persistente vibración dentro del cuerpo de Luce, la cual la hacía sentir como si estuviera siendo electrocutada. Pareció una eternidad, pero duro unos cinco, tal vez diez segundos… tiempo más que suficiente para que Luce, Cam y Daniel cayeran al polvoriento suelo de madera de la biblioteca con un ruido sordo. Entonces, el temblor paro y el mundo se sumió en un silencio de muerte -¿Qué demonios…? –Arriane se levantó del suelo- ¿Acaso nos transportamos a California sin saberlo? Cam saco un largo trozo de cristal de su antebrazo. Luce se quedó sin aliento al ver la brillante sangre roja saliendo del codo de Cam, pero su rostro no mostraba señal de que le doliera. -Eso no fue un terremoto. Eso fue un cambio radical en el tiempo. -¿Un qué? –pregunto Luce -El primero de muchos –Daniel miro por la ventana, viendo varios cúmulos de nubes blancas en el ahora cielo azul- Entre más cerca este Lucifer, más fuerte se harán los cambios en el tiempo –miro a Cam, quien asintió con la cabeza -Tic-toc, gente –dijo Cam- El tiempo está corriendo. Necesitamos volar.

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