LO QUE HE APRENDIDO

“La libertad de la tienda de campaña”

por Isabelle Bres

Soy una enamorada de la tienda de campaña, desde pequeña. Es una especie de caparazón muy fácil de llevar y que, como al caracol, te permite tener casa, estés donde estés, para descansar, gozar o protegerte de la intemperie. Y es curioso porque te sientes “dentro”, cuando en realidad sigues estando “fuera”: oyes, hueles y sientes todo aquello que está en el exterior.
Hace unos años, aprendí a usar la tienda de campaña en el trabajo. Fue en un plató de los parajes madrileños, rodando un capitular para una serie de más de 7 temporadas, un viernes por la tarde. No era cualquier viernes, era un viernes antes de un fin de semana de tres días y era justo después de comer. Todos habíamos empezado a trabajar a las 8h, así que en el ambiente se notaba el letargo post-comida, el cansancio de la jornada y de toda la semana. Pero también se notaba la excitación por la proximidad de los 3 días festivos, algo inusual y muy esperado. Puntualizo: así era para el equipo fijo de la serie (técnicos y actores). Yo me sentía feliz y fresca como una rosa y toda mi excitación provenía del placer de poder disfrutar de una sesión de rodaje... Con la ayuda de Murphy, mi escena más intensa tocó justo en este momento. Se trataba de un travelling, tres personas dialogando y caminando, cruce de extras, varias cámaras y carga emocional para mi personaje. Resultó complicado a nivel técnico. Preparados a primera posición, esperábamos, mucho, entre toma y toma. Y mis compañeros empezaron a jugar, cada vez más, como niños que somos los actores, para no amuermarse y porque conocían a la perfección el engranaje del plató y sus personajes. Trabajar desde hace años en una misma serie te permite eso, entrar y salir con facilidad. Por supuesto no era mi caso, necesitaba mucha más concentración. Y de juego en juego, llegaron a cantar y bailar “Mama chicho”. Eso fue el momento cumbre. Mi primera reacción fue de asombro y luego pasé por el “¿qué he hecho yo para merecer esto?, qué falta de respeto, vaya mierda” ¡¡BASTA!! No estaba dispuesta a seguir por ese camino sombrío y maloliente. Por el contrario, estaba decidida a cambiar el látigo por el plumero de avestruz (suave, cosquilleante y sanador). Además, no quería enfadarme con mis compañeros. Había trabajado muy a gusto con ellos a lo largo de la mañana. Entendía perfectamente de dónde les surgía esta vena bailonga-horteril. Es así como de repente, decidida a trabajar a mi favor y a no dejarme contaminar por un ambiente poco propicio para mis necesidades, apareció la tienda de campaña. Literalmente, visualicé la cremallera, la tela, ligera pero firme, envolviéndome como una burbuja a medida que mi mano dibujaba un arco. ¡Y todo cambió! Dentro de la tienda de campaña, me sentí libre y a gusto. Poco a poco se desvaneció mi tensión, me relajé y pude concentrarme. Estaba aislada pero seguía oyendo y sintiendo a mis compañeros, allá en el exterior, como un rumor lejano. En mi tienda-burbuja seguí con mi preparación emocional, viajando con la imaginación, viva y con energía. Una energía limpia, genuina y favorable. Y no necesité plantar la tienda en un rincón (ocupa muy poco espacio). No, al contrario, la planté en medio, donde me tocaba esperar, allí, en la marca, con los demás actores.

Lo que he aprendido/ por Isabelle Bres

En cuanto oía, “venga, preparados”, abría la tienda, conectaba con mis compañeros y -sin tensiones, juicios ni malhumores innecesarios y estériles- nos entregábamos juntos a la escena. Estaba disponible y lista. Y orgullosa por no culpar a los demás de lo que es mi responsabilidad, por atenderme, por jugar a mi favor y por recordar las enseñanzas del poeta Pope. Y es así como mi amor y admiración por las tiendas de campañas ha ido creciendo. Porque la tienda resultó un regalo precioso, un espacio de inmensa libertad donde prepararme sin trabas y sin contaminarme de aquello que no quería ni me servía. Desde entonces, la he utilizado muchas veces y con total satisfacción. Compartiendo mi descubrimiento con compañeros, he aprendido que las hay de muchos modelos y colores pero que todas tienen algo en común: ¡son tan fáciles de usar como bajar o subir una cremallera…!

Responsable de sección: Emilia Ruiz

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful