Fundación de Baetulo

La ciudad romana de Baetulo se fundó en una llanura sin accidentes geográficos importantes. Era una zona con amplias posibilidades agrícolas y con una situación estratégica, frente al mar, que le permitió desarrollar un importante comercio y abrirse a los mercados del resto del Mediterráneo. Estaba ubicada sobre el turó d’en Rosés, limitada a ambos lados por dos torrentes: el de Matamoros y el de Canyet. La fundación de la ciudad se sitúa alrededor del año 100 a.C., aunque desde finales del siglo II a.C. ya existían signos de romanización en la zona. Los datos que permiten fijar esta cronología son, por un lado, los restos arqueológicos del terreno, por otro, el estudio de los materiales cerámicos, y finalmente el estudio del sistema constructivo del recinto amurallado. La mención más antigua sobre la ciudad romana se encuentra en la obra “De Chorographia”, del hispano Pomponio Mela, fechada en el año 43-44 d.C. También se cita en “Naturalis Historia”, de Plini, texto del siglo I d.C. La superficie de la ciudad era de unas 11 ha. de extensión, y estaba rodeada por una muralla de la cual se conocen varios tramos. Se calcula que tenía una población de aproximadamente unas dos mil personas. Su ordenación urbanística se basaba en un plano ortogonal, es decir, con calles longitudinales y transversales que se cruzaban y con manzanas de casas que formaban una cuadrícula regular. El forum, que era la plaza donde se concentraba toda la actividad pública, religiosa y administrativa, estaba situado en la parte alta de la ciudad, lugar donde también estaban las casas

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más lujosas. Estas poseían mosaicos y pinturas murales que ponían de manifiesto la riqueza de sus propietarios. Un ejemplo sería la casa de la calle Lladó. La parte baja de la ciudad estaba atravesada por la Via Augusta, centro de la actividad comercial de la ciudad. Muy cerca de allí se ha descubierto una calle con tabernae (tiendas), en el subsuelo de la actual Plaza Font i Cussó. Era una zona menos regular urbanísticamente, y las casas eran más pequeñas y sencillas.

Las termas
Las termas romanas de Baetulo fueron descubiertas a mediados de los años 50, al llevarse a cabo unas obras de urbanización. Su hallazgo hizo que, para protegerlas, el ayuntamiento construyera el museo que hay encima en la actualidad. Las termas tienen una superficie total de unos 350 m2 y su estructura es similar a la de los modelos creados en Italia. Fueron construidas en el segundo tercio del siglo I a.C. (67-33). En época del emperador Augusto fueron remodeladas, ampliando algunas de sus dependencias y embelleciendo las decoraciones mediante la utilización de mármoles de diversos tipos. Muchos de los habitantes de las ciudades romanas no tenían la posibilidad de lavarse, ya que pocas casas romanas tenían baño propio debido a que no solía haber agua corriente. Por ese motivo, a partir del siglo II a.C. se crearon las termas públicas, que no eran solamente baños sino que también disponían de una palestra (gimnasio), donde se podía correr o practicar diferentes juegos de pelota y lucha. Las termas eran uno de los edificios más importantes para los romanos. De hecho, no se iba a ellas solamente por motivos higiénicos, sino que también eran el lugar preferido como punto de reunión para encontrarse con los amigos, hacerse masajes, depilación y embellecerse el cuerpo en

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general. Se podría decir que tenían una función social de gran importancia. Todo el mundo tenía acceso a las termas públicas: hombres y mujeres, jóvenes y viejos, esclavos y libertos… Algunos de estos espacios disponían de dos edificios, uno para las mujeres y otro para los hombres. Pero en el caso de que no existiera esta separación, había horarios distintos para unos y para otros. El precio de las termas públicas no era fijo en todo el imperio, pero la entrada no solía resultar cara. Podía variar según los servicios que se ofreciesen. Para los soldados, los niños y los jóvenes de hasta 17 años, las termas eran gratuitas. Los baños públicos utilizaban una estructura muy peculiar que le permitía mantener diferentes temperaturas en las distintas dependencias. Con esta alternancia se favorecían tanto las condiciones de limpieza como las de relajación de los músculos. Las termas se dividían en tres partes: caldarium, tepidarium y frigidarium. • Caldarium.- Era la sala con la temperatura más elevada. Los vapores de la sala favorecían la relajación de los músculos y la obertura de los poros de la piel, con tal de facilitar la limpieza corporal. En el caldarium había una especie de piscina de agua caliente. • Tepidarium.- Era la sala de temperatura tibia que separaba el caldarium del frigidarium, con tal de separar también la temperatura de las dos salas y evitar el cambio brusco de temperatura, • Frigidarium.Se caracterizaba por ser la sala con la temperatura más baja. Su función era, después de haber abierto los poros con los baños calientes en el tepidarium y el caldarium, cerrarlos de nuevo. Era, por tanto, la última etapa de los baños públicos.

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En las termas trabajaba personal diverso. Por ejemplo, el capsarius se ocupaba de cobrar la entrada y vigilar la ropa, el fornacator se encargaba de los hornos, el unguentarius hacía los masajes y las unciones, el apilius hacía las depilaciones, etc. En la arquitectura de estos baños públicos podemos ver una vez más la gran capacidad y evolución constructiva que tenían los romanos en comparación con otros pueblos o culturas de la misma época.

La casa de los delfines

Las excavaciones hechas en un solar de la calle Lladó nos permiten conocer buena parte de un ejemplo de casa situada en la zona alta de la ciudad. La planta de la casa propiamente dicha ocupaba una superficie de entre 400 y 500 m2, y se cree que el propietario fue un comerciante de vino. La llamada casa de los delfines estaba formada por: • Un patio central (Atrium) • Un dormitorio (Cubiculum) • Un despacho (Tablinum) • Un comedor (Triclinium) El suelo del atrium estaba decorado con teselas de mármol, y a un lado de la estancia había un rincón que era considerado un lugar de rezo, llamado lararium, el cual contaba con un altar para que los habitantes de la casa veneraran a los dioses. El cubiculum era el dormitorio, y tenía diferenciada la parte de la cama con una base elevada de pavimento o, a veces, de madera. El espacio restante estaba ocupado posiblemente por un armario.

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El tablinum era una de las habitaciones principales de la casa, y era también una de las más decoradas. Tenía la función de despacho del pater familias, el padre. Del triclinium (comedor) de Baetulo se sabe que tenía las paredes de color rojo y un pavimento de opus sectile, es decir, placas de mármol de diversos colores y talladas en distintas formas que encajaban entre sí. En la actualidad solo se conservan unas pocas, las demás son reconstrucciones hechas a partir de las originales. Es posible que hacia el sudoeste, donde todavía no se han podido realizar trabajos de excavación, la casa se extendiera y que allí se ubicaran la puerta de entrada y otras instancias de la casa.

Aspectos de la vida cotidiana
La culina
En la antigüedad no era frecuente la existencia de cocinas en las casas, lo único que se precisaba era un buen fuego donde poder elaborar la comida diaria. Con el tiempo se creó una estancia pequeña situada normalmente detrás del atrium, en la parte posterior de la casa. Gracias a los restos arqueológicos de Pompeya y Herculano, conjuntamente con las fuentes clásicas, podemos establecer cuáles eran las partes de las que podía constar una culina romana: • Focus.- Banco de ladrillos donde habían varios hornillos en los que se cocinaba. Las culinas no disponían de chimenea. • Trípodes.- Lugar donde se colocaban las cazuelas y ollas al cocinar.

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• Leñera.- Estaba situada debajo del focus. • Lavatrina.- Pequeña pila para facilitar el lavado de las manos. • Letrina.- Era normal la presencia de un baño e incluso de un fregadero al lado del focus, ya que la culina era la única instancia de la domus donde la existencia de agua estaba asegurada. • Horno.- Siempre estaba fuera de la casa y servía para cocer alimentos. • Penus.- Despensa orientada al norte para evitar los rayos del sol y la presencia de insectos. • Cámaras.- Estancias para conservar el vino, el aceite y productos preparados para permanecer durante un tiempo (conservas, embutidos, etc.) En el capítulo V de los diez libros de la arquitectura de Marco Vitruvio se describe cómo debe ser una culina romana: “En el patio, la cocina ha de estar situada en la parte más abrigada y caldeada(...) También las salas de baños deben estar contiguas a la cocina; porque así no estará lejos el servicio para las abluciones del personal de las casas de campo. La almazara debe estar asimismo próxima a la cocina para facilitar el trabajo en la preparación y suministro de las aceitunas. En comunicación con este local estará la bodega, que habrá de tener las ventanas al Septentrión, porque si las tuviera a otro lado por donde pudiese ser caldeada por el sol, el vino que en ella se almacenare perdería su fuerza por el calor y se volvería flojo y desvaído. La despensa del aceite, por el contrario, se ha de situar de tal modo que tenga las ventanas al Mediodía o a otro punto cálido del cielo, porque hay que evitar que el aceite se congele y procurar en cambio que merced a un calor moderado se mantenga siempre fluido. El tamaño de ambos cilleros será proporcional a la cantidad de frutos y al nº de vasijas que cada uno ha de contener, las cuales, si son odres, deben ocupar a lo largo del centro un espacio de cuatro pies de diámetro”.

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Utensilios de peluquería
Las modas marcaron los diferentes tipos de peinado de los romanos, y fueron condicionantes junto con otros factores la edad y el estatus social. Disponían de todo tipo de utensilios para el cuidado del cabello: tintes, tenazas, postizos, pelucas, pintas, etc. Las mujeres romanas usaban peines hechos con diversos materiales, como por ejemplo de madera o de hueso. Para los recogidos usaban unas agujas llamadas “comatoriae”, y en cuanto a los adornos usaban cintas, diademas, rulos…

Cosmética
Las mujeres fabricaban su propia base de maquillaje con vinagre, miel y aceite de oliva. Para conseguir un color blanquecino en la cara usaban plomo (que es venenoso), excrementos de cocodrilo (muy difíciles de conseguir), y harina o polvos de talco (daban grandes problemas si llovía). Sonrosaban las mejillas con nitrato rojo (venenoso) o solaje del vino. Creaban las sombras de ojos con tierras de ocre, azafrán, antimonio, ceniza o polvo de piedras preciosas, y los perfilaban con carbón. Los pintalabios los conseguían con frutas podridas, solaje del vino o minio (tóxico), y las máscaras de pestañas procedían del hollín, el carbón o el antimonio. Existían muchos tipos de cremas, ungüentos y perfumes, que se vendían en recipientes de cerámica o cristal. La depilación era una técnica usada tanto por hombres como por mujeres, y se consideraba una cuestión de higiene. Existían varios métodos de depilación: pinzas de depilar, cera o resina, cáscaras de nuez quemadas y cremas depilatorias. Estas últimas eran utilizadas más frecuentemente por los hombres.

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Lo que los romanos llamaban sapo no era un producto parecido al jabón. Más bien era una mezcla de grasa y ceniza con una gran cantidad de álcali sin neutralizar, especie de cosmético usado por las romanas para teñir de rubio su cabello. Los perfumes podían ser líquidos (con aceite), cremosos (con grasa animal, para el cuerpo) o en polvo (con talco, para los brillos de la cara). Se elaboraban con frutas, especias, flores o resina. Los perfumes tenían varias finalidades: • Los aceites aromáticos eran utilizados con fines terapéuticos, y para perfumarse la piel, el cabello o la ropa • Los bálsamos y resinas, como la mirra y el incienso, se quemaban en ritos de culto, banquetes, etc. • Las “effluvium” eran plantas secadas y metidas en pequeños sacos que después se sumergían en agua para perfumar el baño.

El lavado de la ropa
En la antigua Roma se utilizaba mucho la orina para lavar la ropa. Como esta secreción fermentada es muy rica en amoniaco, los romanos dejaban vasijas llenas de orina al aire libre para que esta fermentara. Nunca se hacía el lavado dentro de las casas, con excepción de las de algunos patricios que tenían lavadero particular. De hecho, había hasta profesionales propietarios de lavanderías con grandes depósitos donde introducían la ropa con agua, cal y orina fermentada. Después de escurrirla, se sometía la ropa a los vapores del azufre quemado para blanquearla, y finalmente se cepillaba con una especie de cardos y se frotaba con cal. En una época se reglamentó el oficio de los fullones o lavanderos, con el fin de obligarlos a utilizar tierra sarda y agua, a someter la ropa a los vapores del azufre y a frotar las prendas de color con crimolia y la blanca

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con Terra saxum. Los fullones arreglaban tan bien la ropa vieja que parecía nueva tras salir de sus manos.

La producción de garum
El garum era un compuesto industrial formado por peces grasos o azules, como pueden ser las sardinas, los salmones, los boquerones o los arenques, así como pequeños peces como por ejemplo las anchoas o salmonetes y vísceras de otros grandes como los atunes, los cuales los ponían en salmuera para que se ablandaran al sol durante el verano. En el sur de España se sabe que ponían capas de hierbas aromáticas como hinojo, cilantro, eneldo, hierbabuena y apio. Todo este preparado se removía como mínimo tres veces diarias hasta que se convertía en un líquido. Una vez que ya estaba todo reblandecido se introducía en una cesta y se dejaba que se filtraran los líquidos, los cuales se sacaban y le daban el nombre de liquamen, que era el más preciado; el resto era de peor calidad y se llamaba hallec. Tuvieron mucha fama los garum que se elaboraban en toda la Iberia meridional y que comprendía la franja costera entre la actual Lisboa y Cartagena, siendo muy apreciado el de ésta última ciudad, pero en especial el manufacturado en Baelo Claudia, en la zona del Estrecho de Gibraltar, por estar hechos con restos de los atunes.

La producción y el consumo del vino
En el proceso de producción del vino romano podemos distinguir el zumo que se obtenía pisando la uva del obtenido por el prensado. El primer método era el utilizado en los viñedos pequeños y se consideraba como el de mejor calidad y con mayores cualidades terapéuticas. El segundo se utilizaba habitualmente en los grandes viñedos ya que la construcción y empleo de las prensas de vino eran complejas y caras: estaban equipadas con plataformas de hormigón con vigas de maderas unidas a un cabestrante.

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Tras el prensado el mosto de uva se almacenaba en grandes recipientes de barro llamados dolia que tenían una capacidad de hasta varios miles de litros y solían estar parcialmente enterrados. Allí se producía la fermentación, que duraba entre dos y cuatro semanas, tras la cual el vino se envasaba en ánforas. Posteriormente era usual exponer el vino a temperaturas altas de modo que al cocerse se obtenía un mayor dulzor. El vino blanco dulce era el más apreciado por los romanos. Debido a su alto contenido en alcohol era usual que se diluyeran con agua. Distinguían entre el vino viejo (de más de un año) y el nuevo. El vino de mejor calidad se reservaba para las clases más altas de Roma. Por debajo estaba la posca, una mezcla de agua y vino agrio, que era el vino preferido para los soldados romanos por su bajo contenido alcohólico. El de menor calidad era el lora que se obtenía prensando varias veces la uva y que se recomendaba para los esclavos. Tanto la posca como el lora estaban habitualmente disponible para la población romana en general. El vino en la cultura romana tenía implicaciones religiosas, medicinales y sociales que lo hacían especial. Su uso se generalizó a partir del siglo II a. C al generalizarse la dieta de alimentos secos ya que los ayudaba a ingerir.

Vocabulario específico
• Atrium.- Pieza central de la primera parte de la casa romana. En el techo tenía una abertura por donde entraba el agua de lluvia. Esta agua se recogía en una pila que había en el suelo y que comunicaba con una cisterna subterránea. • Culina.- Lugar en el que se centra la distribución de los alimentos en la casa romana. Tenía un carácter religioso, ya que allí se conservaba el fuego del hogar: solía haber un altarcillo en el que se adoraba a Vesta y a los Penates. • Dolia.- Grandes recipientes usados en la antigua Roma que alcanzan su máxima anchura en el hombro de la vasija para permitir la expansión del contenido. El fondo solía ser plano, aunque algunos ejemplares lo tienen resaltado al exterior, con un pequeño saliente.

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• Forum.- En la antigua Roma, plaza donde se trataban los negocios públicos y donde el pretor celebraba los juicios. • Fullonica.- Nombre que recibían en el Imperio romano los comercios dedicados a la lavandería y a la tintorería. • Garum.- Condimento muy estimado por los romanos, que se hacía poniendo a macerar en salmuera y con diversos líquidos los intestinos, hígado y otros desperdicios de ciertos pescados, como el escombro, el escaro y el salmonete. • Tabernae.- Eran establecimientos comerciales ubicados en dependencias de las casas romanas que se abrían hacia la calle, y que por lo general no tenían acceso a la vivienda principal. Termas.- Baños públicos de los antiguos romanos.

Conclusión
Tras haber realizado la visita al Museo de Badalona y hecho este trabajo, he podido llegar a una principal conclusión: podemos decir que el mundo actual es heredero del mundo de los romanos, ya que muchos de los aspectos de la sociedad actual como por ejemplo la forma de las ciudades o de las casas y muchos otros aspectos de nuestra vida cotidiana tienen bastantes semejanzas con los de aquella época. De la visita lo que más me llamó la atención fueron las formas de algunos de los amuletos que usaban los romanos, pues nunca antes había visto ni oído nada de ellos.

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