Lima,
16
de
diciembre
del
2011.


 
 Compañeros

 Comisión
Política
 Comité
Ejecutivo
Nacional
 Partido
Socialista
 Lima
 
 Mediante
 esta
 carta
 los
 saludo
 y
 les
 informó
 de
 mi
 decisión
 de
 renunciar
 al
 Partido
Socialista
luego
de
seis
años
de
militancia.

 
 Algunos
de
los
motivos
de
mi
alejamiento
son
conocidos
por
ustedes,
al
igual
que
 mis
críticas.
Mientras
las
segundas
son
de
orden
político,
las
primeras
incluyen
 también
 valoraciones
 propias
 del
 ámbito
 personal.
 Hacer
 un
 recuento
 de
 problemas
y
roces
internos
con
algunas
instancias
es
ahora
ocioso
y
secundario.

 
 Existe
sí
un
tema
de
fondo
que
tocar
y
a
ello
intentaré
avocarme
dentro
de
mis
 limitaciones:
 cómo
 reconstruir,
 de
 una
 vez
 por
 todas,
 a
 una
 izquierda
 en
 escombros.
Considero
que
los
dirigentes
históricos
del
Partido,
y
por
ende
de
la
 nueva
 izquierda,
 han
 fracasado
 como
 generación.
 Quedarme
 sin
 embargo
 en
 la
 diatriba
y
fustigar
a
nuestras
caras
visibles
por
sus
derrotas
es
tarea
simple,
es
 decir
que
el
rey
está
desnudo.

 
 Lo
 verdaderamente
 importante
 es
 saber
 a
 dónde
 vamos
 y
 qué
 hacemos
 en
 adelante.
Esa
respuesta
no
la
tienen
los
históricos,
tampoco
los
jóvenes.
Es
una
 discusión
 impostergable
 que
 debe
 darse
 en
 el
 ámbito
 público
 y
 de
 manera
 abierta,
no
en
pequeños
círculos
de
amigos
o
en
tediosos
encuentros
so
pretexto
 de
 ser
 “temas
 internos”.
 A
 fin
 de
 cuentas,
 su
 planteamiento
 y
 respuesta
 excede
 largamente
al
Partido
Socialista.
 
 Las
salidas
y
puestas
en
práctica
tendrán
que
ser
nuevas
y
distintas.
Una
de
las
 pocas
 certezas
 que
 tengo
 es
 que
 no
 podemos
 seguir
 ni
 con
 el
 mismo
 tipo
 de
 estructura,
 pensando
 en
 épocas
 distintas,
 ni
 con
 las
 mismas
 formas
 de
 relacionarnos
con
la
sociedad.
Menos
aún
con
las
mismas
ideas.
La
tradición
y
la
 herencia
no
son
fuente
de
inspiración
sino
pesados
lastres
que
debemos
apartar
 para
los
nuevos
retos
que
enfrentamos.
 
 Por
eso
también
me
voy.
No
podía
exigirle
a
la
izquierda
romper
con
su
pasado
 cuando
yo
no
lo
hacía
con
el
mío.
Debo
irme
de
la
casa
y
dejar
su
falsa
seguridad.
 Parafraseando
a
un
guerrillero,
nosotros
podemos
hacer
lo
que
a
ustedes
les
está
 negado
 por
 sus
 responsabilidades
 y
 también
 por
 edad.
 En
 su
 lugar
 continuaría
 dando
mis
mejores
energías
desde
donde
me
encuentro,
pero
a
mis
años
tengo
el
 tiempo
 para
 explorar
 caminos,
 inventar
 salidas
 y
 recuperarme
 de
 los
 errores.
 Dedicarle
a
estas
tareas
mis
modestos
esfuerzos.
 
 Quiero
dejar
una
última
sugerencia.
Los
jóvenes
no
son
ni
deben
ser
un
cuerpo
 auxiliar,
donde
ellos
tienen
como
tarea
pasar
el
micro
y
ellas
apuntar
el
nombre
 de
los
asistentes.
Los
jóvenes
no
son
mozos
y
las
jóvenes
no
son
secretarias.
Son
 militantes.
 Son
 compañeros
 que
 pueden
 aportar
 con
 ideas
 frescas,
 en
 lugar
 de


ser
solo
el
encargado
de
las
tareas
protocolares,
recibir
a
los
visitantes
y
servirle
 el
agua
a
los
ponentes.
Esto
ocurre
más
en
otras
organizaciones
de
izquierda,
y
 es
importante
que
en
el
Partido
Socialista
no
sea
vea
más.

 
 Pero
también
es
cierto
que
esto
debemos
dejarlo
en
claro
los
jóvenes
mismos.
No
 deberíamos
 aceptarlo,
 sino
 proponer
 que
 esas
 tareas
 se
 hagan
 de
 manera
 compartida.
 Nosotros
 mismos
 debemos
 pelear
 los
 espacios,
 disputarlos
 y
 ganarlos,
 pero
 teniendo
 en
 cuenta
 qué
 existe
 un
 momento
 en
 que
 pasamos
 a
 perder
 el
 tiempo
 peleando
 migajas.
 Los
 jóvenes
 no
 podemos
 esperar
 de
 buena
 gana
que
los
mayores
nos
tomen
bajo
el
brazo.
Tampoco
creo
que
sería
bueno.
El
 paternalismo
es
tan
inútil
como
la
indiferencia.
Tenemos
enormes
deficiencias
y
 limitaciones,
 y
 superarlas
 es
 una
 tarea
 de
 años.
 Pero
 debemos
 empezarla
 sabiendo
 que
 un
 proyecto
 de
 izquierda
 en
 el
 Perú
 reposará
 sobre
 nuestros
 hombros
seguramente
en
una
década.
Esto
va
más
allá
de
nuestras
posiciones:
la
 voluntad
 no
 puede
 contra
 la
 biología.
 En
 unos
 años
 no
 habrán
 ni
 Madrinas
 ni
 Profesores.
Asumamos
la
tarea.

 
 Mucha
suerte
en
las
decisiones
que
tomen,
y
sinceramente
espero
tengan
éxito.
 Dejo
en
claro
que
me
voy
del
Partido
tal
como
vine:
solo
y
por
mi
cuenta.
Esto
va
 mucho
 más
 allá
 de
 los
 afectos
 personales,
 y
 espero
 que
 quienes
 se
 quedan
 lo
 entiendan
así.
He
conocido
personas
de
mucha
valía
al
interior
del
Partido,
y
me
 llevo
de
varios
grandes
afectos,
buenos
recuerdos
y
alguna
admiración.
Pero
eso
 no
 basta
 para
 hacer
 política,
 con
 eso
 no
 conseguimos
 los
 objetivos
 trazados.
 Dentro
 había
 perdido
 gran
 parte
 del
 ánimo
 y
 la
 alegría
 por
 militar,
 y
 eso
 es
 peligroso.
 Es
 como
 perder
 un
 poco
 de
 vida.
 Ahora,
 fuera
 de
 casa,
 siento
 nuevamente
 los
 bríos
 iniciales:
 ese
 calor
 en
 el
 pecho,
 ese
 ánimo
 del
 nuevo
 militante.
Aunque
sin
guía,
debo
buscar
nuevos
caminos
que
intuyo
serán
mucho
 más
fructíferos.
Creo
que
el
tiempo
me
dará
la
razón.
 
 
 
 Un
final
abrazo,
 
 Carlos
León
Moya
 


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