La mujer en el sistema filosófico de John Stuart Mill

Patricio Catalán Valdés Sasha Paulsen Fuenzalida

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“Ese monstruo es un animal de aquellos a quienes se suelen llamar «ángel mío», es decir, una mujer.” (La mujer salvaje y la queridita, Baudelaire)

Introducción John Stuart Mill, inglés nacido el 20 de mayo de 1806, hijo mayor de James Mill (Escritor de Historia de la India Británica)1, poseedor de las ideas más progresistas del siglo XIX e implacable defensor de las libertades individuales y de la democracia. La figura de este hombre, aunque a ratos es silenciada por el peso de la historia, nos muestra una Inglaterra convulsionada por los avatares políticos y económicos de la Época Victoriana. La aparición de nuevos actores sociales, gracias a la Revolución Industrial, pone en marcha la maquinaria productiva de la conciencia británica. Lo que conlleva, a la necesidad de adaptar el cuerpo jurídico y la mentalidad arcaica del ciudadano anglosajón. La reforma al matrimonio, la supresión del diezmo y las reformas electorales; son la tónica del siglo XIX británico y del diario vivir del joven Mill. Como literato, sus obras más conocidas son Sobre la libertad (1859) y El utilitarismo (1863). Aquí el ímpetu liberal y democrático de Mill queda de manifiesto; y su compromiso con el utilitarismo que heredó de su padre y de su padrino Jeremy Bentham. Entre tantas otras obras, la que nos aboga en esta instancia es la titulada La esclavitud femenina (1869). Tratado dónde encontramos la suma sistemática de su opinión acerca de la mujer y su rol en la sociedad. En este sentido, la figura de su esposa Harriet Taylor y de la hija de ella Helen2, son claves para la articulación de la obra.

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MILL, John Stuart, Autobiografía, Alianza Editorial, Madrid, 1986, p. 38 Helen funda la “Sociedad nacional para el voto femenino”; además publica T he Claim of EnglishwomentotheSuffrageConstitutionallyConsidered en 1867. Publicación donde se hace fehaciente su compromiso con la inclusión de la mujer en política.

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1.- El problema de la moral y el utilitarismo En una primera instancia, nos topamos con el problema de la moral. Encontrar cuál es el fundamento, sea a priori o dependiente de la experiencia, que sostienen en pie los juicios morales. Numerosas escuelas filosóficas a lo largo de la historia se han hecho cargo del problema y han planteado su solución. Tales como el estoicismo quienes fundamentaban la moral sólo en la libertad, el escepticismo escuela que no compartía la idea de un fundamento de la mora, por ende no hay moral o el kantianismo que plantea que los juicios morales son correctos, mientras el mayor número de personas razonables aboguen por él A los ojos de Mill, el problema de la moral es inverso a lo que ocurre en las ciencias fácticas. En las ciencias, lo hechos particulares fundamentan la creación de una ley general. Cada hecho individual, sostiene y demuestra la categoría universal que tenemos por ley. Así, la ley general es posterior al encuentro de cada uno de los hechos individuales. En el caso de la moralidad, al ser un arte práctica ocurre lo contrario. Puesto que, toda acción parece ser en función de un concepto mayor, entonces, cada acto particular del ser humano, tiende a un fin y ese fin, es el bien mayor. No hay en el quehacer humano alguna acción que no tenga una razón última que la subordine3. En consecuencia, el fundamento de la moral es a priori en el pensamiento de Mill. Pues la razón, verdad o ley general, es independiente de los actos particulares, más bien son los actos particulares dependientes de lo que se entiende por ley general. Mill se hace parte del utilitarismo, tradición filosófica fundada por Jeremy Bentham y James Mill (padre de Stuart) que tributa al viejo Epicuro. Para esta doctrina, el concepto mayor cual aspira el hombre es la felicidad. Toda acción del ser humano es en función de alcanzar la felicidad. La satisfacción de necesidades, la búsqueda de variados placeres y la tranquilidad son los pilares necesarios para tener una vida feliz.

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MILL, John Stuart, El utilitarismo, Alianza Editorial, Madrid, 1986, capítulo I

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En este sentido, el autor nos hace una aclaración importante. “Todo cuando puede probarse que es bueno, debe probarse que lo es, demostrando que constituye un medio para algo cuya bondad se ha admitido sin prueba.”4 En el utilitarismo, toda acción se justifica buena porque es conveniente para alcanzar la felicidad. Pero no hay forma de demostrar que la felicidad es buena. Por ejemplo, todas las acciones de un médico, se justifican buenas porque ayudan a alcanzar la salud. Pero, no hay forma de corroborar que la salud de por sí, es buena. Se acepta sin pruebas que bueno y saludable es bueno. Ya visto esto, nos asoma otro problema. Cómo son posibles los juicios que dirimen entre variadas opciones; cuál es el más idóneo para alcanzar la felicidad. Para el autor, en este sentido cobra vital importancia el raciocinio y la libertad. Para alcanzar la felicidad, es importante la efectividad de variados placeres, pero cómo saber cuál de estos es el mejor. La única forma es conociendo todos los placeres posibles. Tener la experiencia de todos y cada uno, nos va cultivando nuestro sentido que discierne entre ellos. De esto, se podría pensar que Mill llama a la gente a disfrutar de los más bajos placeres y perversiones, pero no es así. Cada vez que llegamos a un placer que nos provoca una gran felicidad, nos permitirá identificar otros que no nos entrega tan esplendor de bienaventuranza. Tomando un extracto, que a modo de filosofema, nos ilustra la situación: “Es mejor ser un hombre satisfecho que un cerdo satisfecho, es mejor ser Sócrates insatisfecho, que un loco satisfecho. Y si el loco o el cerdo son de distinta opinión, porque sólo conocen su propio lado de la cuestión. El otro extremo de la comparación conocen ambos lados.”5 Según el autor, es de vital importancia la libertad de ejercer cada uno de los placeres que nos llevan a la felicidad. Es por ello, que prohibir el alcohol y psicotrópicos es una forma de infantilizar a la gente. Pues con esta decisión, se está limitando las experiencias de vida que cada persona, experiencias que son necesarias para que cada cual forme su criterio.
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MILL, John Stuart, El utilitarismo, Alianza Editorial, Madrid, 1986, pág. 5 Ibídem 8

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Es importante volver a recalcar la importancia del placer en el sistema utilitarista. La felicidad es una existencia integrada por momentos de exaltación, dolores escasos y transitorios y muchos y variados placeres.6 Será la búsqueda de satisfacciones y momentos placenteros lo que nos otorga sentido a nuestra vida, ese sentido que la hace vivible. 2.- La mujer en el sistema político de Mill. En 1865 Mill entra a la Cámara de los Comunes iniciando su carrera política. Así poder llevar su pensamiento a litigio público. Busca empoderar a la mujer en ciudadanía, acceso al empleo y el paso a la educación. “Cuando en 1867 presentó a la Cámara de los Comunes el proyecto de ley pidiendo para la mujer el derecho de sufragio, la minoría que votó con él fue lucida e imponente…”7 Proyecto que planteaba eliminar del código jurídico, la exclusividad de los varones en los procesos electorales. Para Mill, dicha exclusividad varonil es producto de numerosas falacias, que con el peso de la tradición, han calado hondo en los seres humanos.8 Desde el mismo Aristóteles, en su obra la Política, asigna a ciertos hombres la facultad de ser dueño de otros seres humanos que se presumen inferiores9. Esto ocurre con la dicotomía hombres negros y blancos, hombres y mujeres, nobles y plebeyos, príncipes y súbditos10 entre otros. Desde la perspectiva de Mill, para poder mantener este modelo tradicional y patriarcal, ha sido importante la educación que reciben las mujeres, la cual, enfatiza la personalidad dócil de estas. Todo esto, convierte a la mujer en una

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MILL, John Stuart, El utilitarismo, Alianza Editorial, Madrid, 1986, pág. 10-11 Comentarios de Emilia Pardo Bazán http://www.ateismopositivo.com/John Stuart Mill - El Utilitarismo.pdf (consultada el 04 de julio 2011) 8 MILL, John Stuart, La esclavitud femenina “Tan cierto es que la frase contra natura quiere decir contra uso, y no otra cosa, pues todo lo habitual parece natural” 9 Aristóteles –bajo su contexto- fue un acérrimo defensor de la esclavitud como un fenómeno natural. La mujer clasificada en el mismo eslabón que un esclavo. Plantea que desde el momento en que se nace, algunos hombres están destinados a mandar y otros a obedecer. Bajo este razonamiento, la esclavitud es justa y conveniente, porque de este modo los hombres libres pueden gozar del ocio para dedicarse a actividades civiles como la política. En su obra La Política, Aristóteles expresa que el esclavo es aquel que siendo hombre no se pertenece a sí mismo, sino a otro; pertenecer o someterse a la autoridad de un otro, reside en que el esclavo no es capaz de comprender la razón, pues participa de ella pero no la posee. El esclavo puede entender lo que se le ordena, pero no posee la capacidad de mandar y menos de comprender el por qué de su obediencia. Los guías y señores de los esclavos son los hombres libres, porque estos últimos al poseer la razón tienen la virtud de decidir y ordenar. 10 MILL, John Stuart, Sobre la libertad, Aguilar, Madrid, 1997, pág. 24

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esclava del hombre, una odalisca complaciente y amorosa que nada se puede a contribuir al envilecimiento del espíritu y a la gentileza del cuerpo femenino. Desde la niñez, se inserta el ideal de un carácter absolutamente contrario al hombre, se le enseña a no tener iniciativa, “a no conducirse según su voluntad, sino a someter y ceder a la voluntad del hombre, su esposo o padre”11. A la luz de esto, cualquier mujer que se dedique al cultivo literario e intelectual será una perturbación, un gesto funesto para los hombres de la época. La libertad y la insurrección del hombre moderno; ese hombre que degolló a monarcas y con su sangre alimentó a los hambrientos que dejo el antiguo régimen; es el mismo hombre que en los días de Stuart Mill mutilaba la dignidad de las mujeres. Y en cuanto, a la institución civil que hacía efectiva la esclavitud femenina, era el matrimonio. Incluso a los ojos de los mismos hombres el matrimonio no es positivo para las mujeres, porque llega a despojarla de cualquier facultad si no participa en el sistema. O sea, la obliga a casarse ¡Mujer, toma esto o nada tendrás! John Stuart Mill basa sus políticas en el utilitarismo y en la libertad individual, y como buen liberal que busca el progreso de la nación a través de la producción, se da cuenta de que la dominación de la mujer por parte del hombre perjudica al quehacer de la humanidad ya que ellas representan el 50% de la población no emancipada (en el tiempo de Mill), por lo cual representan una gran parte de las responsabilidades con el mundo que no han sido tratadas, sólo por el hecho de creer una superposición de los sexos. “niego que se pueda saber cuál es la verdadera naturaleza de los dos sexos, mientras no se les observe sino en las recíprocas relaciones actuales. (…)Lo que se llama hoy la naturaleza de la mujer, es un producto eminentemente artificial”12 En cuanto a Mill, no sólo se enfoca desde la perspectiva de la ideología liberal respecto a la temática de la dominación masculina, sino que también ve la injusticia que sufren las mujeres en el ámbito laboral, negándoles la oportunidad de trabajar; en las actividades sociales, negándoles la posibilidad de educarse para independizarse; en la familia, subordinándolas al cuidado de los hijos y a satisfacer a sus maridos; y por último la marginación de participación política, negándoles el derecho de elegir y opinar por lo que quieren (voz y voto), etc.
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MILL, John Stuart, La esclavitud femenina. pág. 28 Mill, La exclavitud femenina, 1986, págs. 33,34

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Aplicando todos sus argumentos de manera clara en La esclavitud femenina (1869), criticando e intentando hacer cambios que se ven de facto en una violencia latente y de subordinación ejercida por los entes de poder. Ahora bien, el principal contraargumento que nos presenta Mill para demostrar que el androcentrismo no se sustenta en la supuesta naturalidad de los seres, y que no es una consecuencia lógica racional la naturalización de la sujeción de la mujer, sino que: “La sujeción de la mujer al hombre es un apriorismo: no se funda en ningún dato experimental contradictorio, y por consecuencia es irracional.”13 Lógicamente hablando, Mill basa su argumento en la premisa de que si primero existe una costumbre, ésta debe suponer que pretende llevar a un fin meritorio, apreciable y bueno. Por ende, si el sometimiento de las mujeres por parte de los hombres conlleva a un fin mejor para la humanidad, el argumento debería sostenerse; sin embargo, en ningún caso esto fue así. Más bien, se constituyó una sociedad organizada sin cuestionar la facultad de dominio de un sexo por sobre el otro. Por otra parte, no se tienen datos de carácter experimental donde se hayan demostrado otras formas de organización social, ya sea de dominio mixto, o de la mujer por sobre el hombre, como para justificar el actual modelo de organización como el más idóneo. El argumento de Mill de “La sujeción de la mujer al hombre es un apriorismo que no se funda en ningún dato experimental contradictorio, y por consecuencia es irracional” tiene su extensión y aplicación legal, para afirmar que el sometimiento de las mujeres a la figura masculina, no tiene ningún sustento legal ni moral. Mill plantea, que cuando se habla de leyes, en el sentido de que estas son un manifestación de lo que el pueblo considera correcto, o sea sus costumbres14, es una manera equivocada de entender las leyes, ya que las tradiciones no generan legalidades. “Los individuos que en un principio se vieron sometidos a la obediencia forzosa, a ella quedaron sujetos más tarde en nombre de la ley (…)la desigualdad de los derechos del hombre y de la mujer no tienen otro origen sino la ley del más fuerte”15.A raiz de esto, si consideramos que el sometimiento de las mujeres, en los contemporaneos de Mill, se fundamenta sólo en la costumbre, el
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Mill, La exclavitud femenina, 1986, pág. 20 Durante los años de Mill, el ideal de ley era el propuesto por Aristóteles. “La ley es o particular o común; llamo particular a aquella que, escrita, sirve de norma en cada ciudad; común, las que parecen, sin estar escritas, admitidas en todas partes” (Aristóteles, La retórica, 1368b, 7-8) 15 Mill, La exclavitud femenina, 1986, págs. 21-22

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acervo cultural heredable de generacion tras generación y puesto que la tradicion no genera legalidad, entonces el sometimiento de la mujer, en un cuerpo juridico, carece de sentido. Gracias a éste argumento de Mill, se forjan claras ideas de feminismo con respecto a la desigualdad social y a la represión ejercida por los hombres sin sustentos viables y convincentes por sobre las mujeres, por lo cual, se empezaron a realizar cambios efectivos y luchar por una causa justa, que desdichadamente antes, ellas mismas a veces no eran capaces de enfrentar, sino que sólo algunas podían expresarse gracias al privilegio de ser educadas y que podían escribir libremente, como una manera de demostrar sus descontentos ante la marginación injusticias en las esfera intelectual, política, laboral y social. Sin embargo Mill trabaja otro argumento basándose en su ideología liberal sobre una igualdad de derechos en pro de un progreso beneficiario para todos, que es precisamente el derecho de la mujer a educarse. “Los amos de las mujeres exigen más que obediencia: así han adulterado, en bien de su propósito, la índole de la educación de la mujer, que se educa, desde la niñez, en la creencia de que el ideal de su carácter es absolutamente contrario al del hombre; se la enseña a no tener iniciativa, a no conducirse según su voluntad consciente, sino a someterse y ceder a la voluntad del dueño”16 El hecho de que la mujer no se halla educado de la misma manera que el hombre es, según Mill, debido a una relación de amo y subordinado, ya que del mismo modo en el que los esclavos sólo se utilizaban para los fines de sus amos, o que los plebeyos sólo servían para beneficios puntuales de los patricios, sin requerir derechos individuales para una emancipación que lograse captar la importancia del saber individual de los sometidos, se ve reflejado el yugo de la mujer a aceptar la forma de vida precaria que les es impuesta por los hombres. Sin embargo, desde la perspectiva liberal, qué convendría más a la sociedad que el hecho de que una gran parte de la población se eduque, para poder así duplicar los
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Mill, La escalvitud femenina, 1986, pág. 28

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conocimientos, duplicar la competencia instrumental de la sociedad, duplicar la productividad, etc. “La extensión de la esfera de actividad de las mujeres produciría el excelente resultado de elevar su educación al nivel de la del hombre y hacer partícipe de su mejoramiento a todo el género humano” 17 Respecto a lo anterior, obviamente que es eso le convendría a la sociedad en su totalidad, pero principalmente le ayudaría a las mujeres a salir de esa rueda viciosa que es la familia, ya que sin duda es ahí donde ocupan su mayor parte del tiempo y donde se vivencia más la vida patriarcal. Mill observaba, que a pesar de que algunas mujeres no quisieran estudiar, trabajar, etc. y quisieran dedicar todo su tiempo al cuidado de sus hijos y de sus maridos, podían ocurrir situaciones en las que los hijos fallecieran, o en que su esposo las deje, entonces, no habría hijos que cuidar y un esposo que amar. La mujer quedaría a la deriva, moriría junto a su familia. Por lo tanto, tales fines considerados como “propios” de la mujer (ser madre y esposa) no son más que construcciones falsamente condicionadas por hombres, que lamentablemente no están pensando en el beneficio de la mitad de la población. “En la vida política entrarían generalmente viudas o casadas de cuarenta a cincuenta años, que pudiesen, con preparación de convenientes estudios, utilizar en un campo más amplio la experiencia, las dotes de gobierno que hubiesen adquirido en la familia.” 18 La diversidad de actividades que podría ejercer la mujer, es sin duda inacabada, y la restricción ejercida sobre ella no se basa en conocimientos de peso, ya que no existe una verdad acerca de lo que es ser mujer o ser hombre, por lo cual los impedimentos que existen son sólo de orden factico por parte de los hombres y de ignorancia por parte de las mujeres, pero recalcando el explicación de Mill, el hecho de que las mujeres estudien, ayudaría en el propio ámbito de integrar a la mujer en cuestiones políticas, ya que no habrían excusas para decir que no son capaces de ejercer posiciones honrosas, de mando o de tutor, debido a que históricamente ellas sin ser expertas siempre han educado a sus hijos, los han aconsejado, y logrado ser las personas que son. “Gran parte está dedicada, y seguirá estándolo, al gobierno de la casa y a algunas ocupaciones más, que ya son accesibles a la mujer (…) Así, el corto número de personas que componen la
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. Ibidem pág 91 Mill, La escalvitud femenina, 1986, pág 105

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flor y nata de ambos sexos y son capaces, no solamente de comprender los actos y pensamientos ajenos, sino de pensar y de hacer por cuenta propia algo digno de atención” 19 Hay otro argumento que Mill trata y es el hecho de que una mujer no debiera casarse si no sabe bien lo que está haciendo con su vida, es decir podría realizar muchas cosas antes de casarse, estudiar, trabajar, viajar, ser independiente de otro, etc., para que así el matrimonio sea legítimo y no sea una de las tantas obligaciones puestas por costumbre en la vida de la mujer. El hombre por su lado, tiene conocimientos que la mujer no tiene, debido que le es más fácil aprender, trabajar y moverse en planos muy distintos al de la mujer. Por lo cual Mill se pregunta: “¿Qué es una unión conyugal donde semejantes disentimientos pueden producirse?”20 Para que el matrimonio se dé o “la unidad de espíritus” como Mill llama, se logre, es necesaria una elección justa por los dos miembros de las partes, es decir una idemvelle e idemnolle (querer lo mismo y rechazar lo mismo) al momento de elegir el matrimonio, ya que si no existe esa elección justa, se estaría enuna desigualdad en los derechos de cada uno, pero específicamente en la mujer, debido a que es a la que se le aplican la mayor cantidad de injusticias, cumpliendo los mismos malos tratos que un amo hace a su subordinado, no sólo en escala de pareja sino como lo que la sociedad ve en ellas. “(…) cuando un varón y una hembra tienen personalidad, carácter y valía; cuando se unen de todocorazón y no son los polos opuestos, la colaboración diaria de la vida, ayudada por lasimpatía mutua, desarrolla los gérmenes de las aptitudes de cada cual para abarcar lastareas del compañero, y poco a poco engendra paridad de gustos y de genios (…)” 21 Situaciones contra factuales: Todos los argumentos de Mill que se basan en su ideología utilitarista y liberal, contribuyen siempre a lo que se pude denominar en primera instancia una sociedad justa, con mentalidad de igualdad y libertad, como un fin mejor para la humanidad. Claro está que es necesaria la emancipación de la mujer por parte de las injusticias que se observan en la forma de vida del siglo XIX, como el derecho
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Ibídem pág. 90 Mill, La escalvitud femenina, 1986, pág 98 Ibídem pág. 99

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a tener una educación digna que la capacite a ser independiente de los demás, no solo del hombre, sino también de la familia que puede ser opresora por esas actitudes conservadoras y machistas; Obtener un trabajo que le permita lucrar para ejercer libremente lo que se le dé la gana, dejando esa incapacidad que la tiene amarrada a un sostenedor por una costumbre que se ha legalizado y que no tiene razón; El derecho a sufragio, logrando elegir sin que ataduras a cuestiones normadas inhiban la facultada de la mujer a ser parte activa del mundo que se quiere.

Por último, Mill con sus propuestas nos adentra en la violencia fáctica que sufren las mujeres de la época. En nuestros días, cuestionar la validez del voto femenino, el ingreso a la universidad y el ejercicio laboral de la mujer es una aberración. En el siglo XXI, sólo han cambiado los prospectos que subsumen a la mujer en un devenir de condicionamientos. Planes de salud, dónde el ser madre es una propiedad intrínseca de la mujer; dejando un salario amputado y paupérrimo en contraste con el hombre. La cosificación y hipersexualización del cuerpo femenino, despojándola de dignidad, no permitiéndole tener libertad sexual o reproductiva. John Stuart , nos dice que el único progreso es aquel donde convergen todos los seres humanos, donde los valores democráticos y el respeto a la libertad individual prima ante todo. La emancipación de la mujer y su participación activa en la historia, es clave para comenzar a erradicar la injusticia del mundo. Aunque, para la época los dichos de Stuart Mill son reformistas y muestran un criterio más amplio que el promedio misógino de la Europa del siglo XIX, queda mucho por hacer. Aún en siglo XX y lo que llevamos del XXI, hay voces que llaman a la degradante naturalización femenina. Freud articula un sistema para la mujer que surge de experimentos supuestamente objetivos que no son más que aparentes traumas psicológicos, creando una naturaleza femenina, un disfraz social y cultural. Como respuesta a esto, el existencialismo de Simone de Beauvoir grita la mujer no nace. La mujer es un constructo social que la predispone a la total dependencia del hombre, asignando una personalidad y un rol en la sociedad; pero bajo de todas esas alegorías, sólo hay un ser humano libre, que existe en total plenitud y
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responsable de auto reconocerse como ser humano y hacerse efectivamente en sociedad. Sin embargo, aunque la mujer haya pasado por un martirio para conseguir la igualdad y derechos que merece como ser humano, ha logrado cuestionar su rol mujer. Aun así, el hombre teniendo todos los privilegios que se ha auto-impuesto a lo largo de la historia, creemos que no ha conseguido una definición clara de lo que es ser hombre como la que busca la mujer. Porque el hombre tampoco nace, es resultado de una consecución tradicional. De padre a hijo, de nieto a abuelo; los mismos preceptos han sido heredados generación tras generación. También los aportes de Bourdieu, donde aparte de reconocer violencia fáctica en su tiempo, nos muestra la violencia simbólica. Es el desafío de nuestra era. El primer obstáculo que tenemos es el leguaje. No hay otro esquema lógico que sea más fácilmente heredado y tradicionalmente mantenido que las palabras y objetos artísticos, por lo que queda claro que conseguir una igualdad de derechos de manera intrínseca a la sociedad es una tarea pendiente.

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Bibliografía:
Aristóteles Política, Editorial Gredos, Madrid, 1994 Libro I MILL, John Stuart. Autobiografía, Alianza Editorial, Madrid, 1986. El utilitarismo,Alianza Editorial, Madrid, 1986. La esclavitud femenina,Alianza Editorial1986. Sobre la libertad, Aguilar, Madrid, 1997

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