LA REBELIÓN DE LAS LETRAS

CULTURA Y CONTRADISCURSOS DE SUR FRENTE A LA IRRUPCIÓN DE LA CULTURA PERONISTA
por JULIÁN OTAL LANDI (I.S.P. JOAQUÍN V. GONZÁLEZ)

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IMAGEN DE PORTADA: “El descamisado gigante irrumpe en un jardín cultivado” (2006) por Daniel Santoro.

INDICE
*Introducción *Cap. 1:Presencia de Sur; estado de cuestión antes del peronismo *Cap. 2: Ascenso del peronismo *Cap. 3:Cultura de masas vs. cultura oligárquica *Cap. 4:Perón, entre San Martín y Rosas *Cap. 5:Distintas posturas sobre una misma problemática: a) Borges ante la postulación de la realidad b) La comunidad organizada de Marechal c) Cortázar y el Examen ante la presencia de los otros d) Sábato y la teoría del resentimiento popular e) Consideraciones finales en torno a los autores *Cap. 6: Caída de Perón, decadencia de Sur a) Aparición de Contorno b) “A rey muerto, no hay rey puesto” c) La escisión interna: replegarse en lo tradicional d) El derrumbe de la torre de marfil e) Al margen de las nuevas tendencias f) Crónica de una muerte largamente anunciada *Consideraciones finales *Bibliografía p. 66 p. 71 p. 78 p. 84 p. 89 p. 90 p. 93 p. 99 p. 100 p. 101 p. 102 p. 104 p. 106 p. 108 p. 3 p. 4 p. 14 p. 26 p. 49

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“La mayoría de los que escribimos, lo que hacemos es desorientar a la opinión pública. La gente busca la verdad y nosotros les damos verdades equivocadas. Lo blanco por lo negro.” ROBERTO ARLT

Introducción al tema:
Desde un principio, “Sur” fue concebida como una revista cultural que buscaba tender puentes de unión entre Latinoamérica y la corriente europea. Más allá de haber participado en sus comienzos autores nacionales e internacionales de distintas posturas ideológicas, la revista representaba la ideología y gustos de su fundadora Victoria Ocampo, de carácter aristócrata y liberal. El siguiente trabajo tendrá como meta abordar la postura de “Sur” durante el gobierno peronista; si bien nunca manifestó su repudio en forma directa hacia el régimen y la vulgarización de la cultura por la aparición de las masas como sujeto activo, en innumerables relatos de diversos colaboradores permanentes u ocasionales se hace alusión al fenómeno, estableciéndose una permanente alteridad y constantes derivados de “civilización y barbarie.” Durante diez años de gobierno peronista, “Sur” mantuvo un “silencio alusivo”; hasta el golpe de 1955, cuando se publica un número especial “Por la reconstrucción nacional.” La revista se politiza y apoya activamente a la dictadura militar “libertadora.” Sin embargo, luego de la caída del peronismo, la revista “Sur” subyace en una pronta decadencia llegando a perder su protagonismo y reconocimiento como primer referente cultural. La hipótesis se basa en que la caída libre de la revista está ligado al derrocamiento de Perón, enumerando una serie de factores ideológicos y culturales.

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Capitulo 1: Presencia de “Sur”, estado de la cuestión antes del peronismo.
“(...)Sur representa la persistencia y la crisis del europeísmo como tendencia dominante en la literatura argentina del siglo XIX. En más de un sentido habría que decir que es una revista de la Generación del 80 publicada con 50 años de atraso...” RICARDO PIGLIA1

Si habría que llevar a cabo una definición satisfactoria sobre la significativa actividad de Sur, tendríamos que entenderla, en primer medida, como factor de europeización de la cultura argentina de elite. Si bien se constituyó como una de las revistas literarias de mayor duración, no se la puede considerar como bandera de un movimiento cultural. Esencialmente, porque nunca apuntó a ser una revista de edición masiva (por ende iba dirigido a una minoría selecta que aparte de poder leer, “sepan leer”2), seguido de que además no constituyó una corriente homogénea; mas bien valdría decir que reunió a un grupo de notables escritores, poetas e intelectuales, que en mayor o menor medida tenían una relación amena con Victoria Ocampo.
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PIGLIA, R. “Sobre Sur”, en Crítica y ficción. Santa Fe. Universidad Nacional del Litoral. 1986. “He dicho que Sur se dirigía a una elite. Cuando veo los libros que se venden en las estaciones de los pueblecitos suburbanos y miro, en el tren que me lleva de San Isidro a Retiro, y viceversa, la clase de lecturas en que engolfan los pasajeros... pienso que de veras quien ha aprendido a leer tiene todavía mucho camino que recorrer antes de saber leer. Y que ese saber leer hay que enseñarlo, pues es tan importante como el otro. Tengo entendido que la lucha contra el analfabetismo tiene prioridad en la UNESCO. Sur le ha dado prioridad a la lucha contra el otro analfabetismo, el de los que pueden y no saben leer.” OCAMPO, VICTORIA. “La misión del intelectual en la comunidad mundial”, Conferencia, 1957.

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Desde los comienzos de su juventud, Victoria era una mujer volcada al mundo literario y que, a través de innumerables viajes y correspondencias, entabló relaciones con numerosas personalidades del arte y las ciencias3. A partir de una sugerencia del escritor norteamericano Waldo Frank, Victoria Ocampo lleva a cabo el proyecto que le daría vida a Sur en el verano de 1930 – 1931, con el fin de que se convierta en una tribuna cultural que atienda la “problemática americana”4. Revista cosmopolita, donde el lugar del traductor y del introductor era central, Sur se movía con la convicción de que la literatura argentina precisaba crear un vínculo con la europea y la norteamericana. Sostenía que la actividad de importación, que incluía a libros y personas, resultaba imperiosa para atender las necesidades acaecidas sobre una nación joven como la Argentina y cubrir sus huecos o falencias, producidos por la distancia, por la juventud sin tradiciones del país, por la ausencia de linajes y maestros. Desde sus inicios, Sur reúne personalidades que tienen en común el grado de admiración de Victoria Ocampo hacia ellos, al punto de idealizarlos y buscar siempre la aprobación: es el caso de la relaciones intelectuales que mantuvo con Ortega y Gasset5, Tagore y el Conde de Keyseling6. Esa pasión tan arbitraria y preferencial se evidenció a lo largo del tiempo; sumado a su liberalismo y elitismo, llevó a la revista a asumir distintas posiciones políticas e ideológicas de acuerdo a la tendencia de la época. Pese a su importancia póstuma, vale aclarar que existieron, desde principios del siglo XX, numerosas revistas de crítica literaria que también abordaban diversas problemáticas tanto políticas o sociales. Entre las más importantes, por su persistencia, por expresar nuevos puntos de vista, o por su consistencia de ideas, pueden citarse a las siguientes: Ideas (1903 –1905): Integrado por Manuel Galvez, R. Olivera, Ricardo Rojas, Juan P. Echagüe, entre otros.. En las décadas siguientes, nuevas revistas hacían referencia a una diversificación de los espacios del campo literario, correlativa, en el circuito de la cultura alta, del crecimiento del público lector que fue uno de los logros de las políticas educativas de las primeras décadas del siglo XX. Ya en los comienzos de ese proceso había aparecido Nosotros (1907-1934, 19361943), que significó la más importante de las revistas literarias argentinas en las primeras décadas del siglo XX. Los directores fueron Roberto Giusti y Alfredo Bianchi. Colaboraron en ella casi todos los escritores y críticos argentinos de su época. Revista abierta, liberal, siempre
Entre tantos habría que nombrar a Waldo Frank, Rabindranath Tagore, el conde de Keyserling, Paul Valéry, Gropius, Ansermet, Le Corbusier, Drieu La Rochelle, Ortega y Gasset... 4 SARLO, B. “La perspectiva americana en los primeros años de Sur” en ALTAMIRANO, C. – SARLO, B. Ensayos argentinos. De Sarmiento a la vanguardia. Buenos Aires. Ariel. 1997. p. 176. 5 De hecho fue Ortega el que le “sugirió” el nombre de la revista. OCAMPO, V. “Carta a Waldo Frank”, Sur. n°1 1931. En el segundo número Victoria le contesta con admiración, como una discípula se dirige a su maestro, un epílogo que Ortega había redactado en un libro de Victoria titulado De Francesca a Beatrice. OCAMPO, V. “Contestación a un epílogo de Ortega y Gasset”, Sur. n°2. 1931. 6 SITMAN, R. Victoria Ocampo y Sur. Entre Europa y América. Buenos Aires. Lumiere. 2003. p. 55.
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tendiente al diálogo y a la polémica. Expresó desde sus comienzos, las ideas de la generación del Centenario. Poseía una crítica historicista con ribetes impresionistas. Entrando en los años veinte, vieron la luz revistas que suscribieron renovaciones vanguardistas; y otras con propósitos menos estruendosos. Entre las primeras se destacan las dos Proa (1922-1923, 19241926) y Martín Fierro (1919, 1924-1927), cuyo director era Evar Méndez. Martín Fierro expresó, en general, las ideas vanguardistas del grupo “Florida”7. Escribieron en ella J. L. Borges, Leopoldo Marechal, Oliverio Girondo, Ernesto Palacio, Pettoruti, R. Mariani, Raúl González Tuñón, etc. Más allá de las diferencias, la mayoría de los colaboradores de estas revistas circulaban fluidamente por todas ellas. Casi todos ellos reaparecerán en Sur.

“Al mundo le falta un tornillo, / que venga un mecánico / a ver si lo puede arreglar...”, como decía el tango de Cadícamo, la revista Sur había nacido en un momento tormentoso, tanto a nivel nacional como internacional. Con la revolución de 1930 se produjo una ruptura del orden dictado constitucional que había llegado a durar sesenta y ocho años. La revolución setembrina de Uriburu se mostró ante los ojos de muchos críticos como el símbolo mismo del fracaso y la ineptitud de la burguesía inmigratoria, (que había ascendido al poder con Yrigoyen en 1916), para adaptarse a las nuevas condiciones económicas que dominaban el panorama mundial a partir de 1920, y para estructurar un programa claro de gobierno con suficiente solidez ideológica. Sumado a esto se agregó la incapacidad para desplazar del poder real a los tradicionales grupos terratenientes y cerealistas para poder entablar la búsqueda de una reconversión que siguiera produciendo réditos favorables a nivel nacional. Argentina, como dependiente del mercado externo al que proveía de productos primarios, comprobó que los precios de dichos bienes descienden vertiginosamente en el mundo. Carente de industrialización y de una política defensiva para ampliar mercados externos e internos, de grupos dirigentes con sentido nacional, sufrirá la crisis del 29 que empobrecía a una clase monoproductora y arrastraba al país todo en caída8. Esta crisis, a primera vista inexplicable para muchos sectores, da sentido a la sensación de pesimismo histórico, de derrotismo irracional que afloraba en 1929 y se acentuaba después de 1930 en muchos de los intelectuales, que a su vez gran parte de ellos buscaban en intuiciones subjetivas cargadas de patetismo, causas para hechos que podían ser comprendidos
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Cuyo grupo se diferenciaba de los de “Boedo”, que poseían una ideología de izquierda, un marcado realismo, cuya crítica fue “más ideológica que estética”, abordaba una profunda preocupación social. Se destaca la revista Los pensadores (1922-1924, 1924-1926), cuyo director era Antonio Zamora, Esa misma tendencia fue continuada por Claridad (1926-1941). Escribieron entre otros: E. Castelnuovo, L. Barletta, L. Stanchina, J. Ingenieros, Roberto Arlt, C. Mastronardi... BORELLO, R. “La Crítica Moderna” en Capítulo: la historia de la literatura argentina. Buenos Aires. CEAL. 1967. p. 1069. 8 HALPERÍN DONGHI, T. La Argentina y la tormenta del mundo. Ideas e ideologías entre 1930 y 1945. Buenos Aires. Siglo XXI. 2003.

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racionalmente9. A este ambiente de crisis, debe agregarse influjos ideológicos europeos. Esas influencias intelectuales reflejaban otra crisis, mucho más profunda, que vivía por esos años la cultura europea. Ya a partir de 1910 se anunciaban cataclismos de tipo político, ideológico y económico que se manifiestan en Europa a partir de 1914. Esta crisis que afloraba conmoción e incertidumbre en Europa, y que ponía en peligro, a su vez, el modelo liberal en el ámbito mundial había arrastrado y afectado a los países periféricos, creando una crisis de identidad. Provocaba que diversas posiciones de índole nacional, americanista o cosmopolita pugnen por dar respuesta a la problemática. Está situación provocaba la incertidumbre de cómo realizar la integración americana: si era conveniente adoptar la opción de una integración cultural latinoamericana o aceptar el agresivo panamericanismo (hegemónico) estadounidense, como política de reorientación –también cultural- del continente latinoamericano. Tal como había sido la propuesta de Frank a Ocampo, cuando aún era solo un proyecto, la idea de realizar una revista que enfoque la problemática cultural americana (estableciendo una conexión que integre a Estados Unidos) y que no descuide las tendencias europeas10. De esta forma, durante los primeros años de Sur, coexisten un americanismo optimista y uno pesimista; un americanismo confiado en la juventud y en la realización de la promesa que estas regiones arrojan hacia el futuro (Ocampo, Frank) y un americanismo preocupado por los obstáculos reales que persisten como marcas históricas del continente.11 De todos modos, en ambas flexiones, el americanismo no se hace cargo de la desigualdad y la violencia que separan a América latina de Estados Unidos (este punto ciego define así una ideología y una política). No obstante, la intención de la revista es de declararse apolítica, es decir, no se evidencia en los primeros números ni una ideología política expresa, ni un debate político abierto, ni tampoco un análisis socio-político profundo. De hecho, muchos colaboradores tanto nacionales como internacionales participan dentro de este marco cultural, más allá de su ideología. Podemos ejemplificarlo citando a Julio Irazusta, Ramón Doll y Ernesto Palacio, intelectuales nacionalistas que participaron asiduamente en los primeros números de Sur. Desde luego, esta convivencia pacífica detonó al poco tiempo debido a los conflictos y turbulencias políticas que emergían en Europa y repercutían en América, obligando a marcar posiciones políticas e ideológicas. Sur irrumpió en el ámbito cultural argentino como revista trimestral, con una lujosa edición de 199 páginas, en papel de calidad. Se tiraron 4.000 ejemplares y se reservaron 100 para los suscriptores de la edición de lujo. Se vendió también en París y en Madrid, agotándose enseguida. Debido al alto costo de publicación y su limitada circulación (se vendía por
BORELLO, R. “El ensayo: del 30 a la actualidad” en Capítulo: la historia de la literatura argentina. Buenos Aires. CEAL. 1967.p. 1273. 10 “... al recordar que se me preguntó, con la mayor seriedad del mundo, si mi revista se proponía volverle la espalda a Europa. ¡Sencillamente porque declaré que su fin principal consistiría en estudiar los problemas que nos conciernen, de un modo vital, a los americanos! ¡Volver la espalda a Europa! ¿Siente el ridículo infinito de esa frase?” OCAMPO, V. “Carta a Waldo Frank” en Sur n° 1. 1931. 11 SARLO, B. Op. Cit. p.179.
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suscripción y en librerías), sólo los cinco primeros números sobrepasaron las 150 páginas, en tanto que las fotografías comenzaron a desaparecer a partir del número 8. En general, la revista solía mantener un promedio de entre 80 y 100 páginas, divididas en una sección para los artículos de fondo y otro para las notas, de letra más pequeña, que incluía principalmente reseñas literarias, pero también crítica de música (Juan José Castro), cine (Jorge Luis Borges), arte (Julio Payró) y teatro. A partir de 1937 Guillermo de Torre (historiador español, marido de la pintora y también colaboradora Norah Borges, hermana de Jorge Luis) inauguró la sección de actualidad llamada “Calendario”; en ella se evidenciaba la posición política de la revista y suscitó acaloradas polémicas. Los regímenes totalitarios, especialmente el nazismo, pero también, a pesar de algunas vacilaciones iniciales,12 el fascismo italiano, el franquismo durante la Guerra Civil Española y el comunismo soviético, sin omitir los nacionalismos y el antisemitismo, suscitaron un claro rechazo por parte de Sur, pese a su proclama de mantenerse al margen de la política, era imposible mantener una neutralidad en esos tiempos violentos que empañaban a Europa ya que podría acometer malentendidos. La obligación de mantener una oposición que denuncie el autoritarismo que atormentaba a Europa e incidía en América, obligó a que la revista termine de albergar a intelectuales de distintas ideologías, manteniéndose a favor de la democracia liberal. Los incidentes que dieron inicio a la Guerra Civil Española en 1936 provocaron divisiones dentro de la intelectualidad nacional, dando fin a, como recordaba y lamentaba Julio Irazusta, “un estilo de convivencia notablemente civilizado13”. Mientras la opinión católica, salvo algunas excepciones, se adhirió a la causa de Franco y los alzados que buscaban “remediar el mal que aquejaba a España”, al punto que para las altas tribunas eclesiásticas era considerada una guerra santa; por el contrario en otros sectores, como menciona Halperín Donghi, “la contienda española logró hacer revivir por un instante moribunda llama de la tradición liberal argentina”.14 Arturo Peña Lillo describió, a través de sus memorias, el impacto de la contienda dentro de la opinión pública nacional: “Los diarios populares como Ultima Hora, El Diario y Crítica hicieron causa común con el bando republicano desde el primer disparo. (...)La Prensa, La Nación y La Razón estuvieron decididamente del lado franquista, pues entendían que en España se jugaba la suerte de Europa. De triunfar la Republica, el comunismo soviético consolidaba una cabecera de puente para avanzar sobre Occidente. (...)El fervor que no había despertado ninguna lucha política en el país, lo encrespó la guerra de España. Nos definíamos
De hecho Victoria Ocampo mantenía una muy buena relación con Benito Mussolini, a comienzos del régimen fascista (SITMAN, R. Op. Cit.) Dice Rogelio García Lupo: “El fascismo se presentó como un modelo capaz de conciliar un espíritu patriótico renovado, y la modernización de la sociedad. Victoria Ocampo, por ejemplo, quiso conocer personalmente a Mussolini y fue recibida por el dictador. También Eduardo Mallea y Manuel Gálvez registraron la atracción del fascismo”.GARCÍA LUPO, R. Ültimas noticias de Perón y su tiempo. Buenos Aires. Vergara. 2006. 13 IRAZUSTA, J. Memorias. Buenos Aires. Ediciones Culturales Argentinas. 1975. pp.219-220. También citado en HALPERÍN DONGHI, T. Op. Cit. p. 100. 14 HALPERÍN DONGHI, T. Op. Cit. p. 102.
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en esa “guerra”: ser “leal”, así se denominaba a los republicanos, era ser antifascista, democrático y paradójicamente “revolucionario”. Ser partidario del franquismo era ser fascista, reaccionario, defensor de la España oscurantista”.15 De esta forma, Victoria Ocampo y el grupo de Sur, apoyó la causa republicana ya sea través de artículos propios como la difusión de artículos de escritores que estaban en contra del autoritarismo fascista, que apoyaba a los alzados; de hecho, la revista acogió en sus páginas a numerosos escritores españoles exiliados y se divorció de aquellos que apoyaban a Franco o mantenían ambivalencia con respecto a la coyuntura política, como es el caso del notable silencio que mantuvo Ortega y Gasset durante el conflicto. Así llevó numerosos cruces ideológicos con la revista Criterio, de marcado nacionalismo católico, en cuanto al conflicto español durante los largos años en que duró la contienda bélica. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939 y su desarrollo inicial, hacía presumir el golpe de gracia que le faltaba a la desacreditada y decadente democracia liberal, mientras que a su vez había una intranquila expectativa sobre el surgimiento de la potencia nazi y el aumento de los regímenes fascistas por Europa. La contienda ahondó aún más las aguas entre los intelectuales: mientras los comunistas se mantuvieron ambivalentes, debido al pacto de no beligerancia entre soviéticos y alemanes en los comienzos del conflicto para luego adherirse a los Aliados, los demócratas liberales apoyaban a los Aliados desde un comienzo y la mayoría de los representantes eclesiásticos y grupos nacionalistas de derecha no ocultaban su simpatía hacia el Tercer Reich. La salvedad entre los nacionalistas que apoyaban la política neutral de Argentina la realizó una corriente radical disidente, que proclamaban el regreso a la bases yrigoyenistas denominado FORJA, conformado por notables intelectuales nacionalistas populares: Raúl Scalabrini Ortiz, Luis Dellepiane, Arturo Jauretche, del Mazo, Homero Manzi, entre otros. FORJA defendía la neutralidad aduciendo que Argentina no iba a sacar nada favorable participando de la contienda, sobre todo poniéndose del lado de Gran Bretaña, el eterno y verdadero enemigo nacional. No obstante, más allá de las facilistas acusaciones atribuidas hacia este grupo de ser simpatizantes nazi – fascistas, por el solo hecho de oponerse a la política británica, en verdad lo que observaban era una buena oportunidad, en caso de que triunfe la Alemania nazi, de que el país se libere del yugo inglés y que empiece de una buena vez a escribir su “destino histórico”; como mencionaba Scalabrini Ortiz: “(...) la convulsión de Europa nos entreabre una oportunidad para resolver nuestros problemas por nosotros mismos. No esperemos nada de ella, gane quien gane, sino explotación (...) Dediquemos nuestra inteligencia y nuestro trabajo a resolver, ante todo, el hambre y la angustia de la desesperanzada muchedumbre argentina. En ella caben todas las voluntades, todas las
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PEÑA LILLO, A. Memorias de papel. Los hombres y las ideas de una época. Buenos Aires. Galerna. 1988. pp. 30 – 31.

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religiones, todas las razas. Lo único imposible es escapar al destino histórico en que esa muchedumbre está comprendida. Y por eso toda traición a su destino histórico es una traición a nosotros mismos”.16 Una vez más, Sur no pretendía mantenerse ajena al debate político e ideológico que azotaba al país y al mundo; alejándose cada vez más de aquel proyecto apolítico que buscaba poner sobre el tapete la problemática cultural que aquejaba a América en cuanto a sus tradiciones y expectativas. Aunque la posición que mantuvo Sur era obvia y no podía mantenerse al margen: se trataba de una cuestión de principios, y el combate hacia el fascismo que asfixiaba a las elites y avanzaba teniendo como aliado al vulgo avasallante conformado por el hombre-masa (tal como profetizaba y lamentaba Ortega17), barbarizando Occidente. Durante la primera década de la revista, la figura principal era Eduardo Mallea, intelectual amigo de Victoria, además de ser director de la sección cultural del diario La Nación. Los ensayos de Mallea enfatizaban en la búsqueda del ser nacional y sostenía, con su enfoque existencialista y orteguiano por igual, que la auténtica Argentina debía encarnarse en un ethos y un proyecto a realizar, y no en la pasiva aceptación de un destino trágico (E. Martínez Estrada, “Radiografía de la Pampa”, dixit) ni una vuelta hacia el pasado, ni bajo perspectivas pesimistas futuras (R. Scalabrini Ortiz), sino a través de un redescubrimiento de la esencia propia –argentina, americana- es posible injertarse en la universalidad.18 Así, para Mallea y el grupo Sur en general, la respuesta es lo nacional como modo de inserción en lo universal19; y estas ideas implicaban un involucramiento y un compromiso ético con las elites de Occidente, frente a “la hora de la verdad”. Mientras el presidente Ramón Castillo se empecinaba en mantener la neutralidad argentina con respecto a la Segunda Guerra Mundial, manteniendo una política económica pragmática y resistiendo a su vez, las presiones de Estados Unidos cuando entra en beligerancia, Victoria Ocampo y su grupo apoyaba incondicionalmente a la potencia del Norte y sostenía que el país no podía estar de brazos cruzados frente al avance nazi –fascista. En “Nuestra actitud” (1939), Victoria inscribe, una vez más, su defensa de la democracia en la tradición cristiana: “Estamos contra las dictaduras, contra todas las opresiones, contra todas las formas de ignominia ejercida sobre la oscura grey humana, que ha sido llamada la santa plebe de Dios (...) Defendíamos entonces (1937) lo que seguimos defendiendo hoy (...) levantábamos nuestra voz contra una política que paraliza la inteligencia y a la vez destruye los principios de la moral evangélica”.20 Meses después, en octubre, sale un número especial dedicado a la guerra. Allí invoca nuevamente la posición de Sur: “Nosotros, americanos de las
Citado en HALPERÍN DONGHI, T. Op. Cit. p. 202. ORTEGA Y GASSET, J. La rebelión de las masas. Barcelona. Planeta.1985. 18 SITMAN, R. Op. Cit. pp. 106 –109. 19 Mientras que Mallea revalorizaba el universalismo, otros colaboradores de la revista, como Erro priorizaba el criollismo, en tanto que Canal Feijoo, el provincialismo. En común, los tres se mantenían en contra de los nacionalistas y la ortodoxia católica. 20 OCAMPO, V. “Nuestra actitud” en Sur, 1939. pp.8 –9.
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dos Américas, no podemos titubear en la elección del vencedor sin abjuración total. (...) Permanecer neutrales ante su suerte (Inglaterra, Francia) equivale a permanecer neutrales ante nuestra propia suerte”.21 La postura que toma Victoria y su grupo frente a la explosión bélica no incumbe ningún tipo de duda: ella, ante todo, se considera ciudadana del mundo, estima que si no se atiende y no se participa activamente del lado de los países centrales, ineludiblemente, tarde o temprano, los males que aquejan a Europa llegarán a la periferia. Para ello es necesario mantener y cimentar la unidad americana, estando detrás de la guía de Estados Unidos. Más claro, imposible. Ya antes de su ingreso en la guerra, pero más sistemáticamente a partir de éste en 1941, el estado y la sociedad norteamericana movilizaron sus recursos en apoyo de un proyecto panamericano en el que la dimensión cultural tenía un rol significativo. Una de las concreciones importantes que llevó a cabo Waldo Frank, en función de favorecer las políticas de captación cultural diseñadas por el gobierno norteamericano, en el marco de la good neighbor policy y las circunstancias de la lucha contra el nazismo y el fascismo, fue la incorporación de María Rosa Oliver, asidua colaboradora e intima amiga de Victoria, en 1942, a la Oficina de Coordinación de Asuntos Interamericanos organizada por Nelson Rockefeller. Para Oliver, se vislumbraba las oportunidades para redescubrir las comunes raíces hispanoamericanas a través del impacto que ofrecía este empresa panamericana. Nueva York, buscaba ser la estadía cultural que reemplace a una Europa sumida en el caos.22 A su vez, varios de los Debates de Sur y algunas intervenciones de Américo Castro y Archibald MacLeish a principios de los años cuarenta deben ser vistos, también, “como un registro palpable de aquella reorientación hacia el panamericanismo inducida desde los centros del poder imperial”.23 En tanto, en el país el orden institucional se iba degradando aceleradamente y la legitimidad del presidente Ramón Castillo se estaba erosionando rápidamente, producto de las numerosas prácticas fraudulentas y las presiones estadounidenses para que Argentina abandone su neutralidad. Finalmente, la frágil alianza que mantenía con las Fuerzas Armadas se quebrantó en el momento que decidió apoyar como sucesor presidencial a un conservador proaliado y consustanciado en las prácticas políticas tradicionales: el salteño Robustiano Patrón Costas. El 4 de junio de 1943 los militares dieron un golpe que interrumpió la continuidad constitucional. Este grupo de militares que conformaron el poder, con el apoyo de la Iglesia y de numerosos nacionalistas que también habían participado activamente en el golpe militar del 30, mantuvieron la posición neutral frente a las presiones norteamericanos que acusó al régimen de ser simpatizantes del Eje. A su vez, los sectores medios veían que ciertas medidas contrariaban
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OCAMPO, V. “Vísperas de guerra” en Sur n° 61, 1939. pp.7 –19. HALPERÍN DONGHI, T. Op. Cit. pp. 168 –172. 23 GRAMUGLIO, M. T. “Posiciones de Sur en el espacio literario. Una política de la cultura” en JITRICK, N (Dir.) Historia Crítica de la Literatura Argentina. El oficio se afirma. Buenos Aires. Emecé. 2004. pp. 99 –100.

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su ideario (el retorno a la educación religiosa), mientras que otras los afectaban más o menos directamente (la contrarreforma ejercida en la Universidad y la expulsión de un gran número de profesores de ella), y otras podían serle indiferentes (por ejemplo, las mejoras salariales para la clase obrera). Es que los personajes que tomaban relevancia a partir del 43, eran completamente opuestos al ideario liberal y democrático: a modo de ejemplo, entre los principales ideólogos en materia educativa, habría que mencionar a Jordán Bruno Genta, uno de los personajes más influyentes. Nacionalista fanático, admirador del hitlerismo y defensor acérrimo de la experiencia franquista que se acercará al grupo de poder conformado luego del golpe. El primer gabinete tuvo como ministro de Educación al coronel Elbio Anaya, antiguo represor de las luchas campesinas de la Patagonia de los años 20; luego de la crisis de octubre de 1943 llegaría al gobierno Gustavo Martínez Zuviría, “Hugo Wast”, conocido escritor del integrismo católico, respaldado por el general Luis Perliger en Interior; ambos marcarán el pico de poder del nacionalismo ultramontano, consiguiendo a finales de año la enseñanza religiosa católica. Confluían dentro del grupo de poder, además una corriente católica conocida como La Pastoral, adversaria de la reforma universitaria obtenida en 1918. Sus principales voceros desde el diario El Pueblo como desde el semanario Criterio, denunciaban que la universidad constituía un foco de “subversión comunista” que se agrupaban dentro de los claustros estudiantiles.24 No obstante, las discrepancia entre los distintos lineamientos que debía seguir la revolución se hace evidente en los cambios de gabinete, el cambio de dirección ideológica que tuvo por unos meses asumido por un grupo de proaliados que le declarará la guerra a Alemania a principios de 1945 (aunque esta nueva posición resultara tibia, y siguiera causando desconfianza), la caída del régimen fascista y nazi que desorientará a varios integrantes, mientras un joven coronel, miembro de la logia militar GOU, empieza a alcanzar suma notoriedad con sus medidas sociales dentro de la Secretaria de trabajo y previsión social, que le permitirá construir un bloque de poder, hasta ese entonces nunca explotado, apoyado en la clase obrera. En tanto, Sur sigue priorizando los sucesos acaecidos en Europa, y en junio de 1945, en un artículo titulado “Declaraciones sobre la paz”, Victoria Ocampo vuelve a marcar su posición y la de su revista: “(...) Nosotros no somos neutrales. No lo éramos en 1937. Defendíamos entonces lo que seguimos defendiendo hoy. Defendíamos lo que ya corría peligro y levantábamos nuestra voz contra una política que paraliza la inteligencia y a la vez destruye los principios de la moral evangélica (esa política, cuando no aniquila la enseñanza de Cristo, traiciona su espíritu reemplazándolo por el de la Inquisición). “Para nosotros un acto degradante es siempre degradante, aunque favorezca el interés nacional.
MANGONE, C. – WARLEY, J. Universidad y peronismo.1946-1955. Buenos Aires. CEAL. 1984. pp. 10 –12.
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“Nosotros necesitamos creer que nuestro país se conduce como una persona decente. “Otra idea de patria no nos cabe en el corazón ni en la cabeza”. “Hoy, en julio de 1945, no cambiaríamos una coma a lo que decíamos entonces. Exceptuando a España, el nazi –fascismo ha sido barrido de Europa. Quisiéramos poder decir otro tanto de América, del mundo entero. Todavía es demasiado pronto, quizá. La enfermedad se había generalizado a tal punto que los focos de infección todavía permanecen activos, aquí y allá, bajo las formas más imprevistas, más nocivas. “El diario de Ciano nos prueba que los astutos y bajos maquiavelismos, además de ser innobles, resultan ineficaces a la larga. Si en alguna parte existe un Dios que pudiera librarnos de ellos, le suplicaríamos de rodillas que lo hiciese. Pero ¿cómo imaginar a Dios ocupándose de asuntos tan sórdidos? Esta tarea de higiene moral nos incumbe a nosotros. Ayúdate, y Dios te ayudará”.25 Esta declaración de principios de parte de Sur y de su directora será la misma que mantendrá en los meses posteriores, que darán comienzo a los años peronistas.

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OCAMPO, V. “Declaraciones sobre la paz” en Sur n° 129, julio de 1945. pp.7 –9.

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Capítulo 2: Ascenso del peronismo.
“La prensa mitrista llama “descamisados” a todos los que no son partidarios de su ídolo. Esa prensa podrá reconocer la pobreza de los individuos que insulta, que son argentinos, que tienen derecho a participar de las conmociones de su patria y a concurrir para la formación de sus poderes. Pero si los individuos del pueblo que van a dar en tierra con el poder y con la influencia del caudillo y la aristocracia son descamisados, ¿quién les habrá robado la camisa? ¿Por qué, siendo argentinos, se encuentran desheredados en su propia Patria?” EDUARDO WILDE (1874)

“Cuando llegué al país era un observador adelantado, y la gente creía que era comunista o socialista por las ideas que había traído de Europa”. JUAN D. PERÓN26

“(...) El coronel Perón es un nuevo Yrigoyen”. MANUEL GÁLVEZ (1944)27

En un reciente trabajo sobre populismo, Ernesto Laclau identifica las distintas variaciones del mismo; en el caso de América Latina determina que los movimientos populistas que surgieron intentaban reforzar el rol del Estado central en oposición a las oligarquías terratenientes. Fueron principalmente movimientos urbanos, asociados con las emergentes clases medias y populares durante el período 1910 –1950; aunque se volvieron mucho más radicales a partir de la gran depresión mundial a comienzos del 30: allí las capacidades redistributivas de los Estados liberales –oligárquicos se vieron drásticamente limitadas por el efectos de la crisis, y los sistemas políticos se volvieron cada vez más ineficientes en el momento de satisfacer las demandas democráticas. Esto condujo a un profundo abismo entre liberalismo y democracia, que dominaría la escena política durante décadas. “Lo que es importante destacar –afirma Laclau –es que el “pueblo” constituido mediante las movilizaciones asociadas a estos regímenes tenía un fuerte componente estatista. La construcción de un Estado nacional fuerte en oposición al poder oligárquico local fue la marca característica de este populismo”.28 Lo que realizó, en efecto, el peronismo fue apoyarse sobre la clase obrera, que empezó a adquirir una presencia política no desdeñable, producto de las migraciones internas que se habían originado en gran proporción durante el período 1935 –1946, cuando se aceleró
PERÓN, J. D. La Revolución justicialista. Filme documentado por Grupo Cine Liberación. SOLANAS –GETINO (Dir.) Madrid. 1971. 27 GÁLVEZ, M. Citado del diario El Pueblo, 13 –8 –1944. En KORN, G. “Conflictos y armonías” en KORN, G. (Comp.) Literatura argentina siglo XX. El peronismo clásico (1945- 1955) Descamisados, gorilas y contreras. Buenos Aires. Paradiso. 2007. p. 11. 28 LACLAU, E. La Razón Populista. Buenos Aires. Fondo de Cultura Económica. 2005. pp.238 –240.
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notablemente la industria, aumentando el número de obreros fabriles industriales. Perón, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, le dio fuerza y legitimidad a los sindicatos, conformando su principal apoyo y modelo organizativo; a su vez que instaba a grupos nacionalistas, a muchos conservadores, a dirigentes de distintas organizaciones sociales y vecinales, a los católicos y a dirigentes empresariales a apoyar sus medidas. Entre uno de los argumentos que vociferaba, estaba el peligro del comunismo, que estaba en pleno auge, recordaba el caso de la guerra civil española y de los riesgos que pudiera sufrir Argentina de no atender sus necesidades. Para ello los convocaba a una acción preventiva, consistente en apoyar su programa de reformas laborales y la redistribución de ingresos. No obstante, la creciente acumulación de poder que estaba obteniendo, produjo una creciente desconfianza que culminó en una fuerte presión hacia el presidente Farrell que instó a la renuncia del coronel Perón de todos sus cargos. Al poco tiempo, éste es detenido y conducido a la isla Martín García. Un análisis intenso en cuanto al desarrollo del peronismo denominado clásico (que confiere al momento de su aparición hasta el golpe militar del ´55) demandaría una extensión que nos alejaría del tema en cuestión; por ende, lo referido anteriormente es una breve introducción al espacio –tiempo del momento histórico. Lo que no debemos descuidar es lo significativo de lo ocurrido el 17 de octubre de 1945, momento en el cual se comprueba la nueva y sorpresiva polarización política que se venía gestando desde comienzos de la década del 30. Como menciona Luis Alberto Romero, la manifestación masiva efectuada ese día que se reunió en Plaza de Mayo, exigiendo la liberación del coronel Perón, no resultaba tan sorpresiva por el número –él considera que no fue mayor que la realizada en setiembre por la oposición –sino por su composición: se trataba de trabajadores del cordón industrial, que hacían su entrada simultáneamente en la ciudad y en la política.29 A partir de ese momento, una facción que hasta ese entonces era ignota, toma relevancia y causa el desconcierto general de los intelectuales. Las “masas” se había rebelado, dejaban de serlo para denominarse como “pueblo”, y a su vez, el “pueblo” para la jerga peronista eran los trabajadores. La polarización fue inmediata, y alcanzó distintas dicotomías; a partir de ese entonces no existían puntos neutrales, se trataba de pueblo u oligarquía, barbarie o civilización, patria o antipatria, “Perón o Braden”, alpargatas o libros... A partir de la irrupción peronista, la democracia adquirió otra relevancia: el peronismo nacía visceralmente antiliberal y antirrepublicano, porque lo ocurrido anteriormente se identificaba con la ineficacia y el fraude de sus gobiernos y “porque fue un auténtico producto de la Argentina que sepultó al nacer. Desplazó al pasado y al campo del enemigo a todo posible adversario.”30

ROMERO, L. A. Sociedad democrática y política en la Argentina del siglo XX. Buenos Aires. Universidad de Quilmes. 2006. p. 117. 30 PALERMO, V. “El Siglo Peronista” en Punto de Vista n° 89, Dic. 2007. p. 2.

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Del lado opositor, se nucleaban los adversarios políticos, los universitarios, y gran parte de la intelectualidad argentina. Como fue de prever, Victoria Ocampo apoyó activamente la Unión Democrática y la campaña de Braden, tal como la embajada británica advirtió en ese momento: “La campaña de Braden se puede resumir en un intento de unir contra Perón a la clase de los estancieros, quienes tienen mucho que perder, y los radicales intelectuales (especialmente los ricos, como Victoria Ocampo), cuyas tendencias izquierdistas se unen con su vida acomodada en su deseo de mantener alejado al fascismo”.31 La irrupción del peronismo englobaba un movimiento de tal envergadura, como también inédito en la historia argentina, que causó un desconcierto generalizado. Por ello, más allá de la ideología del intelectual (sea de izquierda o de derecha) el acto inicial fue el de total repudio, no sólo hacia el líder que se perfilaba como un futuro dictador de la talla de Hitler o Mussolini, sino además por las masas que lo acompañaba fervorosamente que eran catalogados de “aluvión zoológico”, “descamisados”, como monstruos o simplemente gente de baja ralea, asociados como bandidos o delincuentes. Todos ellos, instruidos bajo la democracia liberal, se sentían sumamente perturbados, invadidos, como evocaba Julio Cortázar en un reconocido cuento fantástico: “Casa tomada”, por unos seres indescriptibles, que durante todo el tiempo pasado parecieron sumidos en la clandestinidad, alejados de la vista de la gente bien, y de repente hacen su presentación como una horda de bárbaros a alterar los hábitos y las buenas costumbres que le pertenecía por naturaleza a las clases superiores aún con la osadía de usurparles el poder. Parecería un tanto exagerado, pero las descripciones de los propios protagonistas sólo hacen afirmar lo expuesto. Una impresión similar a la que tuvo Cortázar en “Casa tomada”32, hizo Manuel Mújica Láinez en su novela “La Casa” de 1954. En ella no existen fuerzas extrañas e indescriptibles que desalojan a una pareja de hermanos altoburgueses caídos en desgracia33, sino que la señora aristocrática presencia, entre nostalgia y recuerdos de un pasado glamoroso, como un grupo de brutos le destrozan la casa, y ella los mira entre desconsolada y sorprendida por sus acciones: “Ahora siento terribles dolores cuando los brutos ésos andan por mis cuartos con sus hierros golpeando las paredes... Antes, en la época en que la vida era bella, los visitantes entraban en mí hablando de Francia: -Parece que estuviéramos en París, decían”.34

Informe de la Foreign Office, 13 de diciembre de 1945, citado en KING, J. “Victoria Ocampo, Sur y el peronismo, 1946-1955” en Revista de Occidente. Madrid. Junio 1984. N° 37. p.33. 32 CORTÁZAR, J. Bestiario. Buenos Aires. Sudamericana. 1983. 33 Juan José Sebrelli en Buenos Aires, vida cotidiana y alineación (1964) realizó por primera vez esta interpretación de “Casa tomada”, que nunca fue negada, ni admitida por Cortázar. Sebrelli lo concibe a partir de dos sentidos fundamentales: el ingreso de lo extraño como invasión que descompone el mundo familiar y el intento de adaptación a lo invasor, sin ningún interés en conocerlo y menos aún de poder explicarlo. ROSANO, S. “El peronismo a la luz de la desviación latinoamericana: literatura y sujeto popular” en Colorado Review of Hispanic Studies. Vol. 1. n° 1. University of Pittsburgh. 2003. p.15. 34 Seguramente la señora hace referencia a los tiempos de la Belle époque. MUJICA LAINEZ, M. La Casa. Buenos Aires. Sudamericana. 1984.

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“Asaron unos trozos de carne al reparo de lo que quedaba del gran comedor y se pusieron a devorar y pegarle unos besos a la botella de vino. Encendieron el fuego con astillas de la vieja boiserie y con unos fragmentos del techo italiano irreconocible...”35 “Hoy la emprendieron contra mi fachada principal. Destrozaron los dos Apolos, sus guirnaldas de rosas, los capiteles corintios. Tanto sufrí que ni siquiera a mediodía, cuando almorzaron y se tumbaron a dormir entre las ruinas, llenándome de momentáneos cadáveres y acentuando mi desolado aspecto de casa bombardeada, de casa en la cual se ha combatido cruelmente, ni siquiera entonces pude reposar...”36 El propio historiador radical Félix Luna, hace también una interesante descripción del 17 de octubre, y la impresión de su generación: “Bueno, ahí estaban. Como si hubieran querido mostrar todo su poder para que nadie dudara que realmente existían. Ahí estaban por toda la ciudad, pululando en grupos. Los mirábamos desde la vereda con un sentimiento de compasión. ¿De dónde salían?¿Entonces existían? ¿Tantos? (...). Habíamos recorrido esos días los lugares donde se debatían preocupaciones como las nuestras. Nos habíamos movido en un mapa conocido, familiar: la facultad, la Recoleta, la Plaza San Martín, la Casa Radical. Todo, hasta entonces, era coherente y lógico (...). Pero ese día, cuando empezaron a estallar las voces y a desfilar las columnas de rostros anónimos color tierra sentíamos vacilar algo que hasta entonces había sido inconmovible”.37 El escritor David Viñas, al poco tiempo de la caída del régimen, publicó en la revista universitaria Centro, número 10, un relato en el cual se refleja crudamente el sentimiento con que los jóvenes universitarios recibieron el resultado de las elecciones de febrero de 1946. “La derrota era lo único evidente en 1946. Primero fue un repentino deslumbramiento que nos sacudió a todos desbaratando toda nuestra eficacia, y todo el valor y el descaro que habíamos desplegado durante meses se diluyó de pronto. (...)Habíamos apostado a la libertad y a la mayoría, contábamos con ellas y se volvían contra nosotros. (...)Esas cosas no tenían el rostro que les habíamos asignado. Les habíamos acordado un rostro sereno, majestuoso. Y no: eran Furias gritonas de sobacos hediondos pero de manos exactas. Toda nuestra sabiduría resultaba escolar, un lamentable catecismo de argamasa. “ –Es necesario que nos pongamos codo contra codo para defender nuestras ideas. La democracia...” Uno de los dirigentes sindicales que estaba en el escenario se hurgaba las uñas como desesperado (...)No se me ocurrió pensar que yo parecía un cerdo pretendiendo poseer la verdad y el camino de salvación. (...) Al terminar se me acercó uno que había estado recostado contra las bambalinas (...) “ –Estuvo bien” –me dijo. Tenía una mano ancha y me conmovió
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MUJICA LAINEZ, M. Op. Cit. pp. 58 –59. La descripción de la escena recuerda mucho a la leyenda que divulgaron los antiperonistas, sobre la “teoría” del piso de parquet que era levantado para encender el fuego. 36 MUJICA LAINEZ, M. Op. Cit. p. 146. 37 LUNA, F. El 45. Buenos Aires. Editorial Sudamericana. 1982.

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que me palmeara. “ –Estuvo bien” –repitió –“Pero no hay que hablar tanto de los principios, pibe. A estos guachos, yo los conozco, soy del oficio. Y la semana que viene les cae el aguinaldo”. Todo el aprendizaje había sido inútil y ahí delante estaba la Gran Eficacia. Una sola palabra y nada más”.38 Otro cuento clásico relativo a los efectos de la irrupción del peronismo, es “La fiesta del monstruo”39 escrito por Jorge Luis Borges en colaboración con Adolfo Bioy Casares. Se trata de uno de los más virulentos y desagradable relatos: el mismo responde con una ironía brutal a la invasión que realiza el peronismo del espacio simbólico del Estado. Paradójicamente, en este relato se encuentran todas las características con la que se le acusa al movimiento peronista, y no deja de ser menos significativo el hecho de que haya sido escrito por el más “cerrado” antiperonista retrogrado como fue Borges. El narrador de la historia es un personaje anónimo (El Gordo), que sin dudas constituye un portavoz de la masa peronista: un descamisado. En primera persona, El Gordo le relata en un carta a una compañera (Nelly), lo que aconteció en la celebración del 17 de octubre de 1947. El relato se explaya en el trayecto que emprende el protagonista junto a un grupo de compañeros en dirección a Plaza de Mayo, para escuchar la voz de su líder carismático, llamado “el Monstruo”, bajo la vigilancia severa de algunos miembros del partido gobernante. En el trayecto, golpean hasta matar a un estudiante judío por no reverenciar la imagen del líder. “Era un miserable de cuatro ojos, sin la musculatura del deportivo. El pelo era colorado; los libros, bajo el brazo y de estudio. Se registró como un distraído, que cuasi llevaba por delante a nuestro abanderado, el Spátola. Bonfirraro, que es el chinche de los detalles, dijo que él no iba a tolerar que un impune desacatara el estandarte y foto del Monstruo. (...) El primer cascotazo lo acertó, de puro tarro, Tabacman, y le desparramó las encías, y la sangre era un chorro negro. Yo me calenté con la sangre y le arrimé otro viaje con un cascote que le aplasté la oreja y ya perdí la cuenta de los impactos, porque el bombardeo era masivo. Fue desopilante, el jude se puso de rodillas y miró al cielo y rezó como ausente en su media lengua. Cuando sonaron las campanas de Monserrat se cayó, porque estaba muerto. Nosotros nos desfogamos un rato más, con pedradas que ya no le dolían. Te lo juro, Nelly, pusimos el cadáver hecho una lástima”.40 En este relato hace su aparición la masa, el pueblo, caracterizado y asociado con todos los atributos de lo patológico y lo monstruoso, una perspectiva muy cercana de la que tenían los

VIÑAS, D. “Solamente los huesos” (fragmento) Citado en MANGONE, C. – WARLEY, J. Universidad y peronismo.1946-1955. Buenos Aires. CEAL. 1984. pp.82 –83. 39 BORGES –BIOY CASARES. “La fiesta del Monstruo” es original de la selección Nuevos cuentos de Bustos Domeq. Buenos Aires. Emecé. 1997. 40 BORGES –BIOY CASARES. “La fiesta del Monstruo” extraído de OLGUÍN, S (Sel.) Perón Vuelve: cuentos sobre peronismo. Buenos Aires. Norma. 2001. pp. 56 –58.

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pensadores del siglo XIX41, hasta podríamos encontrar paralelos de concordancia con el clásico de Echeverría “El matadero”, que engendra la barbarie característica del período rosista. Cuenta además con toda la ritualización particular de las celebraciones del 17 de octubre42, con la burocracia sindical presente, y un fuerte aparato coercitivo al frente del acto. La imagen del líder carismático, encierra todos los atributos del demagogo, del dictador que se dirige a sus seguidores con palabras huecas. La caracterización del narrador, también conlleva la descripción de un estereotipo de la época: el Gordo como todos sus compañeros, provienen de las afueras de la ciudad de Buenos Aires, o de los barrios del sur: son los grasas, cabecitas negras. El lenguaje que utiliza es clásico del lunfardo y de la jerga callejera. Otra característica notable es la violencia irracional, su marcado antisemitismo. “La fiesta del Monstruo” (que circuló en reuniones privadas durante el peronismo, para salir finalmente publicado por primera vez en la revista Marcha en 1956) es una parodia que engloba dentro de sí todo la barbarie, “l’illusion comique”, la estupidez de la masa. En mayor o menor término, la oposición no supo comprender el momento histórico. A partir de los sucesos de 1945, tanto la clase media como la alta cultura argentina percibió al movimiento peronista como una agresión de sectores ajenos que intentaban apropiarse de espacios culturales y políticos que no les correspondía. De esta manera, en la oposición peronismo –antiperonismo que se articula desde entonces se reedita en una nueva inflexión la oposición civilización –barbarie. Desde su lenguaje ameno, Jauretche simplificó la problemática del desentendimiento de los intelectuales con la realidad nacional aduciendo que es debido a que “... éstos, que se llaman a sí mismos intelectuales, de tan afanados de saber lo que pasa en las otras casas, nunca saben nada de la propia”43, está en lo cierto, al menos desde esta perspectiva general. Porque el punto en común entre la intelectualidad de corte liberal y Perón, es que ambos adquirieron y asimilaron los acontecimientos acaecidos en Europa, desde el impacto de la Revolución rusa en adelante. Si Perón asumió que fue un “observador privilegiado” de la época debido a la gira europea que emprendió visitando Rusia, Italia, Alemania y Francia antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial44, le permitió comprender las falencias del gobierno liberal argentino; los intelectuales nacionales, dentro de los que incluyo al grupo de Sur desde luego, también supieron avistar los errores y sus causas, pero no quisieron comprender sus dramáticas

Laclau en La Razón Populista, analiza estas características que se le adjudicaban a las masas. “La denigración de las masas” en LACLAU, E. Op. Cit. pp. 15 –90. 42 Nuevamente Cortázar describirá el impacto de esas multitudinarias concentraciones en la Plaza de Mayo y la desorientación de la clase media en su primer novela, editada póstumamente, llamada El Examen. 43 “Los intelectuales en política son así. Primero estudian el catálogo y después clasifican por analogía lo que ven en su país. En cuanto hay una pueblada, porque revientan las cinchas artificiales que otros doctores le han puesto a la realidad, andan como los chicos buscando figuritas difíciles, para nominarlas.” JAURETCHE, A. Los profetas del odio y la yapa. Buenos Aires. Peña y Lillo. 1984. p.108 44 Lo afirma Perón en la entrevista antes mencionada. SOLANAS –GETINO (Dir.) -La Revolución justicialista. Filme documentado por Grupo Cine Liberación. Madrid. 1971.

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consecuencias, además de creer que la única forma de gobernabilidad era la democrática liberal tradicional. El historiador José Luis Romero, en un artículo publicado en 1945, comprendía que la problemática social y la irrupción de las masas era un hecho detonante de la falencia institucional democrática de la época, a su vez que alertaba, haciendo una analogía entre el gobierno rosista con la irrupción de Perón, que “es necesario formular con claridad cuáles son las soluciones a que deben aspirar y cuáles son los ideales políticos que están indisolublemente unidos a las grandes conquistas sociales. Mientras esta labor no se realice, los caudillos demagógicos tendrán siempre una base política para su acción contra las instituciones republicanas y representativas. Esos partidos, por otra parte, deben demostrar la posibilidad de afrontar los problemas sociales acomodando el régimen institucional a las nuevas realidades: sólo así se podrá vencer el escepticismo que anida todavía en el espíritu de esa masa amorfa que perdura como resto no evolucionado de ese complejo social...”45 En efecto, José Luis Romero vislumbraba una crisis democrática debido al deterioro de las instituciones y su falta de atención hacia las crecientes demandas sociales. Pero la concepción que tiene de democracia es eminentemente de corte liberal, donde el equilibrio de fuerzas se sientan bajo la legitimidad y concordancia de los tres poderes. El peronismo concibió el gobierno bajo otro orden: la legitimidad la obtiene a través de la delegación de poderes que le otorga el pueblo por medio de las elecciones. Carlos Floria caracteriza al Estado moderno entendido por el peronismo como una relación de fuerzas; como percepción maquiaveliana del Estado, donde el valor relevante es la fuerza, la coerción, y su prolongación en la eficacia.46 Esta caracterización de un ideal de “comunidad organizada” expuesto como meta por Perón, sofocó la libertad individual, priorizando al bien colectivo antes que el individualismo proclamado como principio natural por el liberalismo. Era un avance en la democratización de las relaciones sociales. Otro factor importante fue el crecimiento de los sueldos y de innumerables beneficios que otorgaba los sindicatos, que mejoraron el nivel de vida del trabajador, permitiéndole el acceso a lugares de esparcimiento, antes pensado solo para unos pocos. En suma, hay que considerar que la reacción opositora, se dirigió contra una situación política que contribuía a la eliminación de la tradicional deferencia y que ajustaba las relaciones de dependencia a las pautas contractuales generales: por ejemplo, el servicio doméstico reclamó su franco dominical, gozaba de vacaciones pagas e incluso tenía la posibilidad de acceder a lugares de veraneo que antes eran de exclusividad de la alta sociedad. Inevitablemente, volvemos a la idea de invasión: los brutos que se mantenían en sectores aledaños a la Casa, o al menos en el cuarto de servicio, ahora tomaban posesión, se paseaban descaradamente, se sentían en igualdad de condiciones para
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ROMERO, J. L. “El drama de la democracia argentina” en ROMERO, J. L. Las ideologías de la cultura nacional y otros ensayos. Buenos Aires. CEAL. 1982. pp.9 –27. 46 FLORIA, C. A. “El Peronismo” en Todo es Historia. n° 100. Set. 1975. p.82.

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acomodarse en la sala principal, desalojando de la exclusividad de los que se creían dueños. Se comprende entonces la reacción contra las consecuencias de la pasividad y la movilidad social, “la ridiculización en el “peronista” al nuevo rico, de modales juzgados groseros, o al habitante reciente de la ciudad, ignorante de los hábitos de urbanidad”.47 Se denota entonces un conflicto cultural además del político. Si bien el gobierno, como expuso en un trabajo sobre el tema Alberto Ciria, no llevó a cabo una coherente política cultural característica que podamos denominarla peronista48, no podemos dejar de asociar a la política del gobierno con la adopción de una cultura de carácter popular, que atienda las necesidades de las masas, y sirva a su vez como elemento de difusión y doctrinario; para ello, la cultura oficial apeló a contenidos tradicionales e idealistas. En efecto, la cultura nacional se asociaba con la estatal y propia del movimiento. Se apuntó al libre acceso y la divulgación masiva, para ello ayudó notablemente la aparición de la radio, de la cual Perón hizo una herramienta de comunicación sumamente eficaz49: “Las formas nuevas o modernas han permitido también mucho de elevación cultural de las masas. Antes se efectuaba mediante la difusión fragmentaria, difícil, del contacto directo con las masas para poder educarlas o instruirlas. Hoy, el agricultor, que no baja a una población durante un año, escucha lo que le decimos todos los días desde aquí mediante la telefonía. Vale decir, que las modernas conquistas de la ciencia nos van facilitando la tarea”.50 Por otro lado, operó el cine, ocupando un lugar que poco después le sería disputado por la televisión. El cine fue un entretenimiento masivo, e ir al cine se convirtió en una ceremonia tan importante como hasta entonces lo había sido el baile o la conferencia barrial. También al Estado le sirvió como elemento propagandístico, con los noticieros “Sucesos argentinos” que informaban de todas las acciones gubernamentales. Entre las acciones de gran impacto, que hizo escandalizar a la alta sociedad, fue la democratización de lugares exclusivos de la oligarquía, como es el caso del Teatro Colón para presentaciones de orquestas barriales o sindicales.51 El mejor retrato del “absurdo” que transmitía a la oposición esas medidas populares, se evidencia en el relato “La banda” de Julio Cortázar. Allí Cortázar, deja de lado las interpretaciones literarias para hacer la mención de los sucesos más explícitamente: “En febrero de 1947, Lucio Medina me contó un divertido episodio que acababa de sucederle. Cuando en setiembre de ese año supe que había renunciado a su
ROMERO, L. A. Op. Cit. pp. 134 –135. CIRIA, A. Política y Cultura Popular: la Argentina peronista, 1946-1955. Buenos Aires. De la Flor. 1983. 49 El matrimonio con la actriz y conductora de un programa exitoso de radio, que rendía homenajes a las heroicas mujeres argentinas, Eva Duarte significó un acierto importante para complementar la labor oratoria del líder, gracias a su gran carisma y sus enérgicos discursos partidarios. 50 PERÓN, J. D. Conducción política. Buenos Aires. Presidencia de la Nación. Subsecretaría de Informaciones. 1952. pp. 56-57. 51 “ Nosotros queremos una sola clase de argentinos. (...) ... en el aspecto cultural tenemos teatros obreros, salones de arte obrero, aunque en este aspecto tenemos todavía mucho, mucho que hacer...” PERÓN, EVA. Historia del Peronismo. Buenos Aires. Presidencia de la Nación. Subsecretaría de Informaciones. 1955. p. 76.
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profesión y abandona el país, pensé oscuramente una relación entre ambas cosas”. El protagonista asiste al Gran Cine Opera para ver una película del francés Anatole Litvak, pero al echar una ojeada a sus ocasionales acompañantes descubre que “había algo ahí que no andaba bien. (...) Señoras preponderantemente obesas se diseminaban en la platea (...) acompañadas por una prole más o menos numerosa (...) varias de tales señoras tenían el cutis y el atuendo de respetables cocineras endomingadas”. Pronto descubre la absurda situación: en lugar de la película se despliega un cartelón donde puede leerse: Banda de “Alpargatas” (el título de la banda sugiere la dicotomía antes mencionada). “ De pronto (a Lucio) le pareció entender aquello en términos que lo excedían infinitamente. Sintió como si le hubiera sido dado ver al fin la realidad. Un momento de la realidad que le había parecido falsa porque era la verdadera, la que ahora ya no estaba viendo. Lo que acababa de presenciar era lo cierto, es decir, lo falso. (...) ... comprendió que esa visión podía prolongarse a la calle, al Galeón, a su traje azul, a su programa de la noche, a su oficina de mañana, a su plan de ahorro, a su veraneo de marzo, a su amiga, a su madurez, al día de su muerte”52. El relato encierra la interpretación que tenía Cortázar sobre el fenómeno peronista: lo que acontece, esa insurrección social que procede a elevarse y a alterar las costumbres político culturales se percibe como algo absurdamente irreal. Sin embargo, “ lo que acaba de presenciar era lo cierto, es decir lo falso”. El peronismo y la presencia de las masas como sujeto activo vino para quedarse, no hay explicación razonable: es la cruel realidad para la alta sociedad. Era entonces inevitable la reacción opositora, la polarización política sin lugar a grises. En la vereda opuesta al peronismo, estaban los grupos liberales que se refugiaron en el universalismo y el enciclopedismo, desde Sur hasta el Colegio Libre de Estudios Superiores. En el caso que nos compete, sobre la actitud de la revista, Sur era declaradamente opositora al régimen peronista, su desacuerdo con la política que se llevó a cabo la realizó no inquiriendo crítica alguna, sino cubriendo las ediciones con un “silencio alusivo”.53 Ese silencio se manifestaba en la abstención de realizar opinión favorable o crítica relacionada al gobierno. No obstante, impartió su criterio selectivo en cuanto a publicar artículos de intelectuales europeos que reflexionaban en contra del totalitarismo y a favor de la libertad individual, y de la democracia liberal. A modo de ilustración, podemos citar artículos de George Orwell, “Retrato de un antisemitista” (1946) y “El existencialismo es un humanismo” (1947), de Sartre, frente a “Calígula” (1946), “El artista es el testigo de la libertad” (1949) y “El artista preso” (1953) de Camus, o “La democracia debe aprender a conocerse” (1949) de Julián Benda.54

CORTÁZAR, J. “La banda” en Final de Juego. Buenos Aires. Sudamericana. 1986. (1953). Tal es la denominación que le adjudica Rosalie Sitman en cuanto a la política de la revista de Victoria Ocampo. SITMAN, R. Op. Cit. pp. 219 –237. 54 De hecho, el comienzo del artículo de Benda es bastante sugerente: “Una de las grandes debilidades del demócrata frente a los ataques de su adversario es que no tiene una idea clara de los principios democráticos, de aquello que los opone radicalmente a las demás filosofías políticas; por ignorancia se
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Otro hecho significativo, que no es muy tenido en cuenta por los críticos hasta ahora, es la paradoja de cambio en cuanto al protagonista de la revista: en sus comienzos, dentro del comité nacional, la figura principal fue Eduardo Mallea, donde sus escritos siempre enfatizaban en la preocupación de la búsqueda del ser nacional o la “Argentina invisible”, de carácter universalista; pero a partir de mediados de la década del ´40, auge del peronismo mediante, el escritor “estrella” de Sur es Jorge Luis Borges, donde adelantará en las páginas de la revista de Ocampo, sus cuentos más famosos, (que son eminentemente del género fantástico). En efecto, los cuentos que compondrán sus libros “Ficciones” o “El Aleph”, transcurren en lugares lejanos (en tiempo y espacio) de la realidad nacional. La hipótesis que se puede barajar al respecto es que Borges, al igual que el grupo de Sur, perciben la realidad argentina como un espejismo, una horrible pesadilla, que es necesario evadirse hasta que el tirano caiga y todo vuelva a la normalidad. La edición extraordinaria dedicada en 1955 a la Revolución Libertadora parece afirmar lo expuesto. A su vez, ¿no resulta llamativo el hecho de que la búsqueda del “ser nacional” que emprendieron los intelectuales como Mallea o Martínez Estrada55 sean partes del pasado una vez que el peronismo trepó al poder? La única excepción de adherencia la encontramos entre los radicales de FORJA, que se disolvieron para incorporarse al peronismo, considerando que las preocupaciones y la lucha que habían emprendido habían surtido efecto con la llegada de Perón y bajo la política popular y nacional que éste desarrolló. La oposición se aglutinó, olvidando las disputas internas o sus diferencias frente al enemigo común. Un ejemplo es la situación de Martínez Estrada, atacado siempre desde Sur por mucho de sus colaboradores, hasta que mediados del cuarenta, éste se incorpora a la redacción, convirtiéndose en asiduo colaborador de la revista. A juicio personal, uno de los más perspicaces intelectuales que participaron activamente en la revista durante esta época, que tuvo una visión mucho más crítica en cuanto a la realidad nacional, fue Héctor Murena, que impulsó interesantes polémicas a partir de sus artículos publicados en Sur titulados “Los penúltimos días”. En la edición de julio de 1949, en su sección miscelánea, analiza brevemente las fallas del partido socialista y su falta de comprensión del momento histórico, sin duda, una observación que fue analizada en detalle a partir de 1955, pero es de destacar la contemporaneidad del artículo, con el fenómeno peronista en plena efervescencia. Murena fue uno de los pocos intelectuales que intentó comprender sin caer en la simplicidad, sin duda “los árboles no le impidieron ver parte del bosque”. “(...) Los socialistas, acaso inconscientemente, advierten que el peronismo es una terrible prueba del fracaso de su amor por el país. (...) no encontraron los medios para conquistarlo.
deja arrastrar a un terreno, que no es el suyo, donde es vencido de antemano”. BENDA, J. “La democracia...” en Sur n° 187, Mayo 1950. p. 7. 55 A mediados de los cincuenta, Contorno en cierta medida, retomará y revalorizará críticamente la labor intelectual de Martinez Estrada.

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Fracasaron por su puritanismo, por su rigidez, por su intelectualismo, porque se obstinaron en que el pueblo fuera una masa de ascetas cultos y disciplinados, y no entendieron que el pueblo sólo es capaz de gestos heroicos cuando tiene el alcohol de cualquier índole adentro y no sabe qué hace. (...) Pero quizás influya para que los socialistas aprendan ciertas cosas: por de pronto, a entender lo que las cosas son”.56 Sin abandonar cierto menosprecio y desdén hacia las masas, comprende que la principal falla radica en la falta de asimilación de la realidad social por parte de los partidos y los intelectuales, cosa que Perón supo adquirir y estimularla, simultáneamente. Para Murena, el peronismo se había convertido en una realidad demasiado contundente como para no tenerla en cuenta. Como destacaron Mangone y Warley, se manifiesta en sus escritos con un estilo “entrecortado y subjetivista”, que tiene como mérito mayor el de convocar a la reflexión sobre un objeto hasta antes negado.57 Así al poco tiempo, Murena se alejaba de Sur para fundar la revista universitaria Las Ciento y Una (junio de 1953) con varios de los colaboradores que luego darán vida a Contorno, conocidos como los “parricidas del 55”. Sin embargo, la revista terminó siendo un proyecto ambicioso y prometedor que solo duró un número. Habría que esperar varios meses, para que surgiera Contorno (dirigida por los hermanos Viñas), la revista cultural que buscó centrarse como espacio alternativo al prestigio y la tendencia elitista-liberal de Sur, y asumir parte de la herencia como continuación extrauniversitaria de la revista Centro. Por su carácter elitista, Sur no constituyó una molestia para el gobierno peronista. La supuesta censura a la que algunos autores hicieron afirmación58, ya fue cuestionada59 (al menos nunca comprobó su veracidad). De hecho, Sur hacía entregas mensuales con la misma política de distribución desde sus inicios; en cuanto a la reducción de tamaño, parece indicar más bien una renovación estilística del diseño de la revista; y sobre la limitación de páginas que se atribuye a un “recorte” en la distribución de papel que decide el gobierno para perjudicar a las revistas opositoras60, Pablo Sirvén comprobó, en un libro alusivo al tema61, que las limitaciones que el Estado impuso en la distribución del papel era semejantes a las de otros países por su escasez y carestía, más allá que las inhibiciones no eran las mismas para las publicaciones oficiales62.
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MURENA, H. “Los penúltimos días” en Sur n° 177. Julio de 1949. p. 94. MANGONE, C. – WARLEY, J. Op. Cit. p. 41. 58 SIGAL, S. “Intelectuales y peronismo” en TORRE, J. C. (comp.) Nueva Historia Argentina. Los años peronistas (1943 –1955).Buenos Aires. Sudamericana. 2002; D´ARINO ARINGOLI, G. La propaganda peronista (1943 –1955) Buenos Aires. Maipue. 2006. 59 KORN, G. “Conflictos y armonías” en KORN, G. (Comp.) Op. Cit. p. 24. 60 SIGAL, S. Op. Cit.; D´ARINO ARINGOLI, G. Op. Cit. pp. 229 –230. LUNA, F. “La razzia de Visca” en Todo es Historia, n° 406.Mayo 2001.pp.18 –19. 61 SIRVÉN, P. Perón y los medios de comunicación. Buenos Aires. CEAL. 1984. 62 Incluso la carestía de papel se hace evidente mediante la arenga del gobierno y los objetivos planteados en el Segundo Plan Quinquenal (Veáse Cap. XVII, Industrias; E. 70. –Pasta para papel; E. 71. –Papel; E. 72. –Alfa celulosa.) En Abril de 1954, el Secretario General de la Federación de Obreros y Empleados de la Industria del Papel, Cartón, Químicos y Afines declaraba: -“(frente a la limitación de páginas de los

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De todas maneras, el uso y abuso de la propaganda partidaria generó una reacción contraria y resultó siendo el verdadero peligro para el gobierno, pues terminó sofocando a la opinión pública. La peronización, la explotación de la imagen carismática de Eva Perón y, luego de su desaparición, la incorporación de su culto, todos estos hechos se incrementaron con el segundo gobierno peronista con el aumento burocrático y “las zalamerías de los alcahuetes de siempre”, tal como reconoció Jauretche en sus ensayos.63 La balanza empezó a inclinarse favorablemente hacia el lado opositor, cuando el factor económico entró en crisis y no pudo sostener el equilibrio político y social. En síntesis: mientras el peronismo confiaba en su justificación militante ante el pueblo, la oposición cumplió con la crítica sistemática, e irremediablemente ambas cayeron en el ejercicio cotidiano de la intolerancia. Los protagonistas se trabaron en una lucha política sin cuartel, que traerá aparejado resentimiento y consecuencias negativas a lo largo de años poniendo en jaque la calidad institucional argentina a partir del golpe efectuado por el ejército rebelde en setiembre de 1955. La virulenta campaña ejercida por la Iglesia le había preparado el terreno de la victoria revanchista. Una vez más, la alianza entre la cruz y la espada decidieron el rumbo de la historia nacional. Sur celebrará el acontecimiento con un número extraordinario dedicado a la Libertadora y “Por la reconstrucción nacional”. Paradójicamente, con la caída del peronismo, Sur empezaba con su inevitable decadencia y pérdida de influencia cultural.

diarios y de las restricciones en el tiraje) Es evidente que necesitamos más papel...Y en eso estamos , fabricando papel a <<marcha forzada>> (...) En cuanto al papel de diario, tenemos un objetivo de 50.000 toneladas anuales, cantidad a la que esperamos llegar en el año 1955. En la actualidad estamos en las 40.000 toneladas. El consumos actual del país es de 67.500 toneladas anuales; por consiguiente, queda un margen de importación necesaria. (...)es digno de tenerse en cuenta que, a excepción del papel de diario, en todos los demás tipos de papel estamos a la altura de los objetivos, que suponen una producción de 230.000 toneladas anuales”. En Mundo Peronista. N° 63. Abril de 1954. pp. 8 –9. 63 “... adulones peronistas terminaban por alterar lo que quedaba de la toponimia auténtica con una lamentable y egolátrica emulación. De la época es el cuento del paisano que en la esquina de Mitre y Pavón, en Avellaneda, le pregunta al vigilante por la calle Mitre. -“¡Cómo Mitre...! ¡Eva Perón... y es esta!”, le señala el policía. -“Disculpe... ¿Y Pavón cuál es?” -“¡Cómo Pavón! ¡Juan Perón...!, lo reta el vigilante. -“No sabía...” –explica el paisano-. “Como soy del Chaco...” -“¡Qué Chaco... Provincia Perón!” –le grita ya irritado el vigilante. El paisano, intimidado, camina pocos metros en dirección a Buenos Aires. Está ahora, sobre el Riachuelo, en el puente y se recuesta a la baranda, pensativo y perplejo. Se le acerca un marinero y le pregunta: -“¿Qué está haciendo, paisano?” El paisano, prudente y avivado ya, le contesta: -“Estoy mirando el Peronchuelo, señor...” JAURETCHE, A. Op. Cit. p.168. “(El peronismo) por un lado lesionó, más allá de lo que era inevitable, conceptos éticos y estéticos incorporados a las modalidades adquiridas por las clases medias en su lenta decantación. Por otro, las agobió con una propaganda masiva que se podía ser eficaz respecto de los trabajadores, era negativa respecto de ellas porque no supo destacar en qué medida eran beneficiarias del proceso que se estaba cumpliendo, como compensación de las lesiones que suponía”. JAURETCHE, A. El medio pelo en la sociedad argentina. Buenos Aires. Peña Lillo Editor. 1966. p.216.

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Capítulo 3: Cultura de masas vs. Cultura oligárquica.
“... debemos llevar un cierto grado de cultura cívica, social y general a la masa.(...) Nuestra conducción no puede realizarse bien hasta que ese grado de cultura no haya saturado a toda la población. Cuando ese grado de cultura, que es a la vez de sentido y de sentimiento, se haya desarrollado, nuestra conducción será sumamente fácil. Bastará difundir lo que sea conveniente para la Nación, y en eso estaremos todos de acuerdo. Nadie discutirá ya sobre los beneficios de la independencia económica, de la justicia social o de la soberanía de la Nación. Eso es, en parte, falta de cultura para los que no lo comprenden, y falta de educación de sus propios sentimientos, para los que entienden demasiado, pero no quieren sacrificar nada de sí en beneficio del conjunto de la Nación”. JUAN PERÓN64 “En estas cosas de edificación sería necesario tener leyes implacables. Incluso establecer una dictadura no vendría mal. Pero tendría que ser una dictadura de los que más saben. Y a éstos, salvo raras excepciones, les repugna el papel de dictador, aunque redunde en bien del prójimo. No queda, pues, otro remedio que tratar de educar pacientemente a todos aquellos que mientras carezcan de educación, carecerán de discernimiento y de gusto (no sólo en materia de arquitectura)”. VICTORIA OCAMPO65

El propósito de este capítulo en cuestión es detallar, con un poco más de detenimiento, el discernimiento característico que ahondó en profundidad a partir del peronismo: la cultura “elevada” o clásica en oposición a la cultura de masas o popular; ampliado a partir del combate ideológico que batalló en las mentes con gran afano con la depresión mundial de 1929 y sus consecuencias enunciadas en el primer capítulo. En efecto, finalizando la década del 20 y a principios de la siguiente, la elite (la porteña principalmente) que había disfrutado de su momento potencial durante la belle époque de aquellos “locos años veinte” entraba en su ocaso cultural (cultura en el sentido de un conjunto de valores y conductas que dan cuenta de una determinada visión y concepción de la realidad) que había permanecido anclado en el siglo XIX, que había definido a la elite del novecientos, heredera de la generación del ochenta.66 El proceso de modernización provocó cambios en las experiencias y los comportamientos sociales que se dieron implícitamente en tiempos de la primer posguerra que incidieron notoriamente: hago referencia del desarrollo tecnológico, el crecimiento de la población y su nuevo perfil demográfico, la movilidad social, el avance
PERÓN, J. D. Conducción política. p. 56. OCAMPO, V. “Sobre pérgolas, bancos, faroles y otras hierbas” en Sur, n° 163. Mayo de 1948. p. 101. 66 ROMERO, J. L. “Las ideologías de la cultura nacional. (1973)” en ROMERO, J. L. Op. Cit. pp. 80 – 82.
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feminista, la aparición de la juventud como actor social definido, la extensión de nuevas modas (como el jazz o el tango) que la alejan de los clásicos europeos. La modernización acelerada es inquietante y las novedades y modificaciones sociales y tecnológicas no dan tregua: las novedades se hacían eco “(...) bajo el ambiente febril de nuestra cosmópolis... se vive la temporada de reposo del año, en medio de un vértigo mundano, que no permite el disfrutar si no a ratos perdidos. (...) la gran ciudad ha logrado su desquite, (...) a veces llega a fatigarnos el vértigo que nos arrastra”.67 La crisis mundial de 1929, también puso en jaque al imperialismo británico, y el empuje estadounidense empezó a imponer su presión sobre todo los ordenes, impregnando a toda la sociedad con su american way life acelerado por una nueva cultura de consumo masiva, que emergería durante los años posteriores. Como se hizo mención anteriormente, Estados Unidos hizo hincapié en un orden panamericano donde pueda ejercer una incorporación de líder –guía indiscutido. Como hemos mencionado, en 1929 llegaba al país Waldo Frank, quien fue recibido por el presidente Yrigoyen, y saludado por Alfredo Palacios, en representación de la Unión Latinoamericana, como por la SADE, y el grupo, que posteriormente por idea de Frank y siguiendo su orientación cultural, conformarían Sur. “Algunos (entre los que me cuento) le debemos a Frank el haber vuelto la mirada hacia el Norte de nuestro mundo nuevo. Hasta entonces, salvo raras excepciones –pienso en Sarmiento- la teníamos continuamente fija en Europa”, recordaba Victoria Ocampo.68 En Argentina, donde las bases de la cultura elevada fueron tomadas directamente de Europa, ahora bajo este período de crisis que la asolaba con la amenaza fascista y bolchevilque instaura en estas minorías selectas nacionales, “un horror al vacío” (debido al aislamiento que acontece), y a su vez a perder su sustento estructural por parte de los sectores dominantes.69 Esta encrucijada cultural persuadió a los intelectuales a considerar la problemática de la integración cultural americana, mientras se busca las raíces y valores al “ser nacional”.En efecto, su revista cumplía con la necesidad de tender puentes entre América y Europa, apuntando a ser americanista70 sin distinguir la latina de la sajona, así como también haciendo caso omiso a las desigualdades políticas71 y sociales. Victoria Ocampo, como representante de la cultura elevada nacional, consideraba que había que defender el buen gusto y
“Notas sociales de la Dama Duende” en Caras y Caretas, citado por LOSADO, L. “La Dama Duende de Caras y Caretas” en Todo es Historia, n° 465. Buenos Aires. Abril 2006. p. 25. 68 WARLEY, J. Vida cultural e intelectuales en la década de 1930. Buenos Aires. CEAL. 1985. p. 24. 69 WARLEY, J. Op. Cit. pp.7 –9. 70 Destacaba Drieu La Rochelle en el primer número de Sur: “Sur. ¿Habéis querido colocaros bajo el signo de una patria agrandada? Yo creo que es lo menos que se puede hacer. (...)Hoy un hombre tiene tres patrias: la suya, aquella en que nació, aquella que tiene la medida de sus pasos de niño y de anciano; después su continente, después el planeta” LA ROCHELLE, D. “Carta a unos desconocidos” en Sur, n° 1. Verano 1931. pp. 55 –64. 71 Destaca Warley, que la crisis del 29 provocó el repliegue de los intelectuales representantes de la cultura elevada, pues se los consideraba con la misión de “resguardar” la cultura tradicional frente al avance de un tiempo barbárico. A su vez, la época era reconocida como la época del político, según Benda. La tarea del intelectual, por ende, es considerada ajena a la política. WARLEY, J. Op. Cit. pp. 30 –32.
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las buenas costumbres más allá de toda situación. Su revista adhería a un panamericanismo que carecía de una visión crítica porque no era algo que le incumbiera a los intelectuales. Les servía de referencia el libro La traición de los intelectuales de Julien Benda. Éste afirmaba: “(...) a fines del siglo XIX se produjo un cambio capital: los intelectuales se dedican a hacerle el juego a las pasiones políticas. Los que eran un freno al realismo de los pueblos, se convirtieron en sus estimuladores. Este trastorno en el funcionamiento se podía, hasta el último siglo, discernir ahí otra esencialmente distinta y que, en cierta medida, le servía de freno: quiero hablar de esa clase de individuos a quienes yo llamaría intelectuales (clercs), designando con tal nombre a todos aquellos cuya actividad, en sustancia, no persigue fines prácticos, pero que, al solicitar su alegría para el ejercicio del arte, o de la ciencia, o de la especulación metafísica, en suma, para la posesión de un bien no temporal, dicen en cierto modo: “Mi reino no es de este mundo”.72 No obstante, el inicio de la Segunda Guerra Mundial y la entrada en la contienda por parte de Estados Unidos influyó notablemente sobre los posesores de la “cultura elevada”, que a su vez no dejó de sacar los ojos sobre los acontecimientos que sacudían a Europa, que imponía una visión críptica con el avance fascista y su totalitarismo que amenazaba las libertades individuales. En síntesis, la cultura tradicional elitista, de su característica fe en el progreso heredada del siglo XIX, adoptando el positivismo; pasaba a una visión pesimista y plena de incertidumbre, producto de la primer posguerra y agravada por el crack mundial del ’29. Luego de las consecuencias de la Guerra Civil Española y la cruenta Segunda Guerra Mundial, obligaron a tomar posiciones político –sociales a favor del liberalismo, que privilegiaba a las oligarquías. Los tiempos nuevos, ya expuesto in extenso anteriormente, significaron una amenaza para el mundo de las artes y la inteligencia. Porque su principal consecuencia fue el avance de las masas, como nuevo factor de poder. Uno de los primeros en dar la señal de alarma fue Ortega y Gasset en La Rebelión de las masas, donde le advertía a las “minorías selectas” que el ámbito cultural había dejado de ser una comarca pacífica y neutral y que su salvación dependía de la elite, guardiana de los bienes largamente atesorados, se lanzara a una lucha abierta contra el avance barbárico y corruptor de las masas: “... fue el llamado “individualismo” quien enriqueció al mundo y a todos en el mundo y fue esta riqueza quien prolificó tan fabulosamente la planta humana. (...) Ante el feroz patetismo de esta cuestión que, está ya a la vista, el tema de la “justicia social” con ser tan respetable, empalidece y se degrada hasta parecer retórico e insincero suspiro romántico. Pero, al mismo tiempo, orienta sobre los caminos acertados para conseguir lo que de esa “justicia social” es posible y es justo conseguir, caminos que no parecen pasar por un

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BENDA, J. La traición de los intelectuales. Buenos Aires. Efecé. 1974. Cap. III.

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miserable socialización, sino dirigirse en vía recta hacia un magnánimo solidarismo. Este último vocablo , es por lo demás, inoperante...”73 Con la irrupción de la masificación, la cultura elevada se sentía sumamente amenazada (lo que caracteriza a la época de un notable escepticismo y visión apocalíptica) pues había cesado de ser una comarca pacífica y neutral, y su salvación dependía de que la elite, “guardiana de los bienes largamente atesorados”, según palabras de Jaime Rest, se lanzara a una lucha abierta contra el avance corruptor de las masas. Esa era una de las principal misiones que encaraba Sur, y su desafío es la de conseguir un compromiso fraternal entre las minorías selectas. La revista desde un comienzo adhiere a la preocupación de Ortega. En la crítica del libro, publicada en el número 2, el filósofo Francisco Romero advierte: “El hombre-masa, al pasar al primer plano histórico, impone su torpeza, su mediocridad, y la civilización de Occidente corre peligro de fracasar asfixiada por esta invasión vertical de bárbaros que se regodean con los productos y bienes de la cultura, pero que ignoran o desprecian la íntima esencia de esa cultura, sus principios supremos, las virtudes cardinales sobre las que reposa”.74 La “usurpación” a la que hace alusión Romero, es una de las causas de la reciente gravitación de las masas en el campo cultural, debido a que se ha puesto de manifiesto a través del aumento constante de “bienes de consumo” cuyo aspecto guarda superficial analogía con la apariencia de las obras de arte tradicionales, “pero cuyo carácter responde a la existencia de un público vasto e indiscriminado que demanda productos intrascendentes y perecederos, de escasa o ninguna significación poética e imbuidos de funciones puramente serviles, ya sea como meros pasatiempos o como vehículos de evasión de una vida, pasiva, sedentaria y monótona”.75 La apertura de un vasto mercado consumidor, integrado por una mayoría aplastante de la población total, cuya apetencia se vuelca hacia los más variados artículos ofertados (artefactos, objetos culturales, ideas, programas políticos) se vincula con el ascenso de las masas como nuevo sujeto activo político. En el país, 1930 constituye para las masas un punto de quiebre de una fuerte y original tradición cultural popular (que reúne expresiones tales como el tango, la literatura folletinesca, el sainete), y el surgimiento de nuevas formas o su masificación (el cine, los teatros independientes, etc.) Estas novedades se pueden leer a través de un amplio proceso por el cual, la concentración poblacional en las grandes urbes, constituye un fuerte detonante que provoque modificaciones en el estilo de vida de la sociedad. Se puede considerar que el autentico sujeto de la transformación política, social y cultural de los años siguientes, es el movimiento nacional de las masas. Es evidente dilucidar, entonces, la falta de comprensión de las minorías selectas, ajenas a cualquier movimiento multitudinario y a un modo de gobierno que sea distinto al proyecto de país oligárquico generado en el 80. Los
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ORTEGA Y GASSET, J. Op. Cit. p. 31. ROMERO, F. “Al margen de la Rebelión de las masas” en Sur, n° 2. 1931. p. 194. 75 REST, J. “Literatura y cultura de masas” en REST, J. Arte, literatura y cultura popular. Bogotá. Norma. 2006. pp. 94 –95.

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primeros indicios de esta ceguera antipopular frente a la realidad es la falta de reconocimiento del peso político de una nueva parte de la población que emergió después de la primera gestión radical (1916 –1922) por parte de nacionalistas y liberales. Por devaneos aristocratizantes y elitistas unos; por dogmatismo ideológico los otros, ambos ignoraban y desdeñaban a las masas. Esa amenaza bárbara que incidía y ponía en peligro a la cultura occidental, en Europa fue explorada sus consecuencias por parte de viajeros que alertaban la decadencia del orden liberal. Tanto Perón como sus adversarios estuvieron atentos a los acontecimientos, pero tomaron caminos distintos. El coronel a través de su exploración en Europa, comprendió inmediatamente que el ascenso inevitable de las mayorías tendría que ser organizado por un orden que le de racionalidad al movimiento social, y su estrategia fue construir un bloque de poder desde su cargo de Secretario de trabajo y previsión social. Mientras él consideraba que lo ideal era huir hacia delante, dándole coherencia a la masificación; para la oposición, desde sus distintas posturas, consideraban que era necesario un orden sistemático que mantenga el status quo social. Sólo así podemos concebir la conformación de la Unión Democrática que nucleaba a partidos tan disímiles como radicales, conservadores y comunistas. Para Perón, “la masa es el instrumento de acción dentro de la política. Para conducirla tenemos que empezar por conocerla; conocerla, prepararla y organizarla. (...) El conocimiento de este instrumento presupone, en primer lugar, que el conductor que va a conducir la masa sepa perfectamente bien cuáles son los factores que influyen en ella, cómo esa masa reacciona, cuál es el medio habitual de esa masa, dónde incide la acción de esa masa en conjunto o para cada una de sus partes. (...) El político debe saber perfectamente cuál será la reacción de la masa, porque el juego, dentro de la conducción de la masa, es siempre un juego de acciones y reacciones; vale decir que el conductor, no solamente debe conducir la masa por donde él quiere, sino que también debe considerar lo que la masa quiere”.76 Mientras que por el otro lado, tanto del nacionalismo oligárquico y liberal, como por parte de la izquierda pseudo marxista, sólo veían amenaza y desorden, civilización y barbarie. Así, Américo Ghioldi, en su libro panfletario Alpargatas y libros en la historia argentina (1946) decía: “Viendo moverse en la historia argentina a esas masas que surgen, que se transforman en proletariado, que participan en la guerra civil, que se agitan en montoneras, que son gente de los caudillos nos acercamos a la presencia de los dos elementos que son trama de la historia, que luchan entre sí y forjan jornadas apasionantes y dramáticas: la vitalidad primitiva, el instinto, la fuerza toda del primitivo que es lo próximo o lo cercano a la animalidad, y el ideal de la cultura, los progresos de la inteligencia, la presencia del libro, los movimientos esclarecidos, las acciones dirigidas por el juicio y el pensamiento”.77 Con el advenimiento del peronismo, sólo se observaba la
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PERÓN, J. Op. Cit. pp. 260 –261. GHIOLDI, A. Alpargatas y libros en la historia argentina, citado en ROMANO, E y otros. La cultura popular del peronismo. Buenos Aires. Cimarrón. 1973. pp. 17 –19.

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proclama de Sarmiento desde su libro Facundo, y veían en Perón y a sus seguidores, el retorno del tirano sanguinario que encarnó Juan Manuel de Rosas en el siglo XIX, así como también lo habían visto en Yrigoyen, que llegaron incluso al colmo de adjudicarle la paternidad.78 Esta analogía que se encontraba lo expondremos en el siguiente capítulo. Lo importante de este bosquejo histórico es el prejuicio clasista que se remitía a un ideario cultivado en el siglo XIX, de una mentalidad que aglutinaba y relacionaba lo cultural y social con una forma de gobierno liberal tradicional, en tanto que por el lado izquierdista que, si bien cuestionaban ese modo de gobierno, creía imprescindible en un ideario para adquirir esa cultura elevada y poder transmitirla a las masas para constituir un pueblo instruido. En la etapa de la cultura popular iniciada en el 43 y consolidada en el lapso 1946 –1955, podemos distinguir dos formas diversas: la primera se evidencia dentro de la convivencia ciudadana, donde aparecen nuevas pautas de asociación colectiva, tanto en la vida laboral (agremiación masiva) como en la política (manifestaciones multitudinarias, sobre todo a partir de las conmemoraciones del 17 de octubre) y en las diversiones. Los bailes de carnaval, así como las competencias deportivas en estadios repletos (auge del fútbol, boxeo y turismo carretera), los torneos populares Evita, las confiterías y los cines colmados, etc. Debemos destacar la apertura de un turismo social argentino, estimulado por los beneficios que otorgaban los sindicatos, además del mejoramiento del estándar de vida que obtuvieron los trabajadores que le permitieron acceder a una amplia oferta, relacionadas al ocio y tiempo libre. Romano destaca la reestructuración en las relaciones personales que impactan dentro de la sociedad: “El deterioro de los signos exteriores de pertenencia o jerarquía enferma a muchachos, que sólo atinan a escudarse en la sobriedad, el saco, la corbata, cierto modales, si bien la situación desborda y están obligados a alternar con los “cabecitas” en diferentes sitios y ambientes antes exclusivistas o poco menos. (Nota personal.: léase como ejemplo el cuento Las puertas del cielo de Julio Cortázar79) En Plaza Italia y adyacencias, principalmente servidoras domésticas y conscriptos, pero también peones, guardas, obreros, etc., configuran nuevos hábitos de consumo como el “veinte y veinte” (precio de una porción de pizza y de un vaso de vino), que se convierte inclusive en título de una columna periodística, o la moda “divito” (pantalón de tiro alto, con muchos ojales, tiradores anchos, zapatos vistosos o de colores combinados, muy
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SOLARI YRIGOYEN, E. “Hipólito Yrigoyen, ¿hijo de Rosas ? “ en Todo es Historia, n° 308. Marzo de 1993. pp. 76 –80. 79 “En mis fichas tengo una buena descripción del Santa Fe Palace, (...) Me parece bueno decir aquí que yo iba a esa milonga por los monstruos, y no sé de otra donde se den tantos juntos. Asoman con las once de la noche, bajan de regiones vagas de la ciudad, pausados y seguros de uno o de a dos, las mujeres casi enanas y achinadas, los tipos como javaneses o mocovíes, apretados en trajes a cuadros o negros, el pelo duro peinado con fatiga, brillantina en gotitas contra los reflejos azules y rosa, las mujeres con enormes peinados altos que las hacen más enanas, peinados duros y difíciles de los que les queda el cansancio y el orgullo. (...) Además está el olor, no se concibe a los monstruos sin ese olor a talco mojado contra la piel, a fruta pasada, uno sospecha los lavajes presurosos, el trapo húmedo por la cara y los sobacos...” CORTÁZAR, J. “Las puertas del cielo” en Bestiario. Buenos Aires. Sudamericana. 1983. pp. 85 –87.

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llamativos, al igual que las camisas, peinado “a la cachetada”). Los recién llegados a la ciudad habitan departamentos baratos o casas de inquilinato; se hacían en una pieza hasta que surgen las primeras villas de emergencia que el gobierno popular trata de paliar con la edificación de monobloques, los cuales modifican el aspecto de ciertas zonas suburbanas”.80 La otra forma de la cultura popular proviene de la selección y especial lectura de los mensajes recibidos a través de los medios de comunicación masivos: diarios y revistas, libros de quiosco, radio, cine, teatro, salas de espectáculo. Tal actitud encierra nuevas exigencias que los intelectuales y artistas vinculados con los medios van a satisfacer; en consecuencia, su labor se diferenciará con la que le incumbe a los intelectuales tradicionales, de estirpe liberal principalmente, debido al menosprecio que les genera la cultura de masas, además de no concebir la labor social como su principal función; de hecho, como mencionamos anteriormente, la suya es la de actuar como células defensivas de la alta cultura; como sostenimiento de pequeños pero selectivos espacios de la “intelligentzia” (según definición jauretchiana) en un mundo que ven precipitarse ante la barbarie. No podemos aludir a una conjunción coherente que de forma a una cultura peronista más que la asociación vaga ligada obligadamente con lo popular. No se encuentran intelectuales orgánicos81, debido a la desconfianza que tenía Perón hacia ellos, además también conspiró su afán de “organizarlo todo” ya que Perón intentó organizar a los pocos intelectuales que adhirieron a su gobierno con poco éxito.82 Estos factores lo detallaremos más adelante. Los intelectuales que se adhirieron al movimiento peronista, están vinculados a una tradición nacionalista, al criollismo, vinculados a lenguaje popular, el sainete, en síntesis: artistas populares, mientras que otros, salvo excepciones, pertenecen a una intelectualidad de segunda línea, no porque sean considerados mediocres, sino porque estuvieron marginados o se abstuvieron de adherirse a los círculos de escritores de elite, consagrados por la crítica y reconocidos internacionalmente. Entre otros se destacan Scalabrini Ortiz; Luis María Albamonte (Américo Barrios) premiado en 1936 por el diario La Prensa; Roberto Tamango; Ernesto Palacio; Arturo Cancela; Alberto Vacarezza; Arturo Jauretche; Homero Guglielmini; Armando Cascella; Manuel Gálvez; Rafael Jijena Sánchez; Luis Cané, León Benarós; Leopoldo
ROMANO, E. “Apuntes sobre cultura popular y peronismo” en BRISKY, N. y otros. La cultura popular del peronismo. Buenos Aires. Cimarrón. 1973. p.43. 81 No se pueden denominar intelectuales orgánicos a Jauretche o Scalabrini Ortiz, tan sólo se les puede asignar el papel de ideólogos a partir de la percepción de ideas que utilizó Perón para aplicar en su discurso y medidas populares. Tampoco se los puede considerar intelectuales orgánicos de los sectores subordinados. Se podría aplicar a Scalabrini Ortiz la misma definición que le asigna Horacio J. Pereyra a Jauretche. “Jauretche era, más bien, un empecinado difusor del ideario del nacionalismo popular y antiimperialista, que actuaba coyunturalmente en apoyo de aquellos movimientos que, aún en su impureza doctrinaria o ideológica, más se aproximaba a sus principios políticos”. PEREYRA, H. Arturo Jauretche y el bloque de poder. Buenos Aires. CEAL. 1989. p. 50. 82 “Es necesario que el Estado dé también en este aspecto su propia orientación, que fije los objetivos y que controle la ejecución para ver si cumple o no”. Perón se dirige a los intelectuales... (1947) ; veáse también “Intentos fallidos de crear una cultura peronista alternativa” en PLOTKIN, M. Mañana es San Perón. Buenos Aires. Eduntref. 2007. p. 69.
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Marechal; Julia Prilustky Farni; Manuel Ugarte; Carlos Astrada; Jorge del Río; Leonardo Castellani; Ramón Doll; Juan Carlos Giacobbe; José Imbelloni; Enrique Santos Discépolo; Homero Manzi; Cátulo Castillo; José Gobello; Hugo del Carril; Tita Merello; María Granata; Jorge Newton; Enrique Pavón Pereyra; José María Rosa; Fermín Chávez; etc. Algunos de los artistas llegaron a convertirse en auténticos ídolos populares; en algo muy distinto de los que se prefabricaron después del 55 bajo el control de las empresas de publicidad, cuyos grupos de decisión residen en el exterior y cuyos intereses son multinaciones.83 Un caso ejemplar es el de la TV, que era controlada por la Secretaría de Prensa y Difusión hasta 1955, cae luego bajo dominio de monopolios que bajo intereses foráneos, aprovechan la apertura de los mercados de consumo masivo, para dirigir nuevos estilos de consumo, una especie de “cocalización de la sociedad”, además de intervenir y deformar la opinión pública: así el canal 9 responde a los dictados de la Nacional Broadcasting Co. (NBC); el canal 11 a los de la American Broadcasting Co. (ABC) y el 13 a los de la Columbia Broadcasting System (CBS), merced a una desnacionalizadora campaña de privatización. Otro caso ejemplificador, es el de los grandes mercados editoriales, que ya se habían gestado durante los años peronistas, que fueron los verdaderos beneficiarios del llamado Boom latinoamericano de la década posterior, donde los escritores adquieren mayor conciencia profesional, con la categoría cuantitativa del best seller.84 Lo mencionado lo tenemos que tener sumamente en cuenta, debido a que es uno de los factores de la decadencia de Sur, que expondremos más adelante. Es complicado establecer una descripción coherente y satisfactoria que permita definir una cultura peronista. En realidad, se podría decir que se intentó amalgamar con la cultura popular, dándole una organización ideológica que no contradiga la doctrina justicialista. Eduardo Romano la encuentra como un resultado del procesamiento de “una cultura original por parte de las masas urbanas industriales, resultado de síntesis inéditas entre lo autóctono más arcaico y los medios de comunicación más modernos”.85 Esta formación es la consagración de enlaces y rupturas que se habían iniciado con la revolución del 43: no hay que olvidar las contradicciones que se ejercieron sobre todo al comienzo del golpe militar que nucleaba diversos intereses. Sólo así podemos entender medidas tales como la Circular de la Dirección General de Correos y Telégrafos del 10 de junio de 1943, que les recordaba a las radiodifusoras disposiciones vigentes en cuanto a la publicidad y a la difusión de versiones engañosas; evitar las modalidades lingüísticas nativas, como el voseo: “Evitar el uso de modismos que bastardeen el idioma y en particular lo relacionado con la comicidad de bajo tono que se respalda en remedos de otros

ROMANO, E. Op. Cit. p. 45. Este inicio de la mercantilización de la cultura que empieza a buscar a las masas, generando una amplia diversificación de géneros y gustos, junto con la conciencia de profesionalización del escritor, la destaca Enrique Anderson Imbert para el período 1955 –1970. ANDERSON IMBERT, E. Historia de la literatura hispano americana (IV) Buenos Aires. FCE. 1988. pp.416 –418. 85 ROMANO, E. Op. Cit. p. 55.
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idiomas, equívocos, exclamaciones airadas, voces destempladas, etc.” Tales medidas emprendidas por facciones del nacionalismo oligárquico, fueron bien recibidas por parte de grupos liberales (La Nación respaldaba las medidas), conservadores y eclesiásticos. Empero, la hegemonización cultural que emprendió el peronismo absorbió un lenguaje popular, pues era su principal herramienta de comunicación para acceder fácilmente a las bases populares, donde residía su poder. Perón explotó los recursos de su oratoria con fraseologías simples y amenas, (muchas inspiradas de los discursos que había ejercido FORJA, tomando por ejemplo denominaciones creadas por Jauretche como “vendepatrias” o “cipayos”) manteniendo un equilibrio entre la cautela discursiva, que lo constituía en el guía y padre ejemplar recompensador por momentos, (...Imitemos el ejemplo / de este valor argentino... o Mañana es San Perón, después de cada concentración multitudinaria que constituía la ceremonia habitual entre el pueblo y el líder), y el primero inter paris en otros (El primer trabajador o Juan Pueblo y Juan Perón). Como menciona el sociólogo Horacio González, Perón toma la retórica clásica y al mismo tiempo intenta presentarla a la luz del Viejo Vizcacha, de cierta fraseología del Martín Fierro.86 A su vez, su discurso se diferenciaba del que ejerció su mujer, Eva Duarte de Perón, oradora mucho más enérgica y pasional, cuyos discursos eran verdaderamente incendiarios. Se podría decir que Evita representaba la voz popular, lleno de sentimiento y agresividad social (encerraba a todo enemigo de Perón, como enemigo de la patria, dentro de la oligarquía y el imperialismo), en tanto Perón encarnó una voz mediadora y conciliadora por momentos, y unanimista y directriz por otros, situándose como un termómetro que regulaba la tensión y el clamor popular de acuerdo la situación. Esa versatilidad en el discurso de Perón se destacó como una característica innata: “... las ideas del general Perón resultan tan bien definidas como plenas de sentido. Bien definidas porque, además de constituir objetivos concretos, ante cada auditorio las expresa poniéndolas al alcance de la respectiva mentalidad ambiente. Al descamisado le da el trato de compañero; al mentor le habla como colega; al militar, en el lenguaje de los camaradas; al sacerdote, como guía; al burócrata, en calidad de funcionario; al hombre de campo, en gaucho; al diplomático, con la mayor claridad; a los jóvenes, dándoles ejemplo, en un palabra, va revelándose a cada paso como el político que es...”87 El peronismo creó un lenguaje político capaz de dar expresión pública a la experiencia privada de los sectores populares, lo que Raymond Williams ha denominado “estructura del sentir”, cuya referencia remite a “las tensiones y desplazamientos que rehúyen a una expresión ideológica formal y sin embargo definen una cualidad particular de experiencia y relaciones sociales”. (...)El poder del peronismo radicó en dar expresión pública a lo que era vivido como experiencia privada”.88
GONZÁLEZ, H. “Perón, el poder que otorga el lenguaje” en Ñ. Revista de Cultura de Clarín. Buenos Aires. N° 229. Sábado 16 de febrero de 2008. p. 8. 87 CIRIA, A. Op. Cit. p. 308. 88 MARTUCCELLI, D –SVAMPA, M. La plaza vacía. Las transformaciones del peronismo. Buenos Aires. Losada. 1997. pp. 27 –30.
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Siguiendo los conceptos que trabajó Raymond Williams se podría aducir, a su vez, que el peronismo adoptó una hegemonía cultural alternativa, a partir de oficializar y hacer propio una serie de significados y valores que eran propias de las clases populares, además de alentar nuevas prácticas, relaciones y tipos de relaciones de carácter emergente que se concibieron a partir del avance en la democratización de las relaciones sociales con el mejoramiento en la accesibilidad y mayor participación cultural de las clases bajas89. Un ejemplo del desarrollo de la hegemonización cultural del peronismo es cuando se incorporó como lectura escolar obligatoria La razón de mi vida, que significaba algo más que un simple folletín propagandístico, mezcla de misticismo y del desarrollo de “la misa hereje del peronismo”90, constituía la perfecta síntesis que evidencia el sentir popular (en la cual los valores superan y apartan al enjambre teórico, fino y racionalista de la cultura dominante) y la adhesión partidaria hacia un régimen que se presenta a imagen y semejanza del pueblo; de hecho, en el libro Evita se reconoce como una persona que forma parte del pueblo (“hablo y siento como ellos, con sencillez y con franqueza llana y a veces dura, pero siempre leal”) pero que cuenta con el privilegio de ser además la intermediaria entre el líder y ellos. No muy lejano se encuentra la apreciación de Evita en el capítulo “Me resigné a ser víctima” de la apreciación del típico obrero que se encuentra desvinculado frente a las posturas de los teóricos marxistas: “La lectura de la prensa que ellos difundían me llevó a la conclusión de que la injusticia social de mi Patria sólo podría ser aniquilada por una revolución; pero me resultaba imposible aceptarla como una revolución internacional venida desde afuera y creada por hombres extraños a nuestra manera de ser y de pensar. Yo sólo podía concebir soluciones caseras, resolviendo problemas a la vista, soluciones simples y no complicadas teorías económicas; en fin, soluciones patrióticas, nacionales como el propio pueblo que debían redimir”91. En síntesis, la cultura popular era la mejor herramienta para apelar a la adherencia de las masas, y adoctrinarlas simultáneamente. En cuanto a la falta de referentes intelectuales dentro del movimiento, podemos responder, como primer factor, el “antiintelectualismo” como tendencia muy acentuada dentro del peronismo (asimismo en sus discursos, Perón mantenía un continuo descreimiento de los intelectuales; a su vez que siempre destacó que “más importante que decir, es hacer”), por otro lado, el mundo intelectual mantuvo su celoso resguardo de su libertad política y cultural con ciertos factores característicos mencionados anteriormente. La Universidad y la sociedad intelectual, fueron áreas de oposición militante y creciente, sobre todo a partir de los excesos de peronización nacional que se dio junto con la caída de la bonanza económica, empezándose a vislumbrar durante el segundo gobierno. Sin embargo, se ensayaron
Véase Cáp.6, “La hegemonía”, Cáp. 8, “Dominante, residual y emergente” y Cáp. 9, “Estructuras del sentir” en WILLIAMS, R. Marxismo y literatura. Barcelona. Península. 90 GONZÁLEZ, H. “Misticismo y folletín. El caso de La Razón De Mi Vida” en KORN, G. Op. Cit. pp. 169 –177. 91 PERÓN, E. La razón de mi vida. Buenos Aires. Peuser. 1952.
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intentos por parte de algunos intelectuales peronistas de buscar definiciones teóricas sobre la evolución cultural de la nación, como por ejemplo en la obra colectiva Argentina en marcha (1947), donde se destacan Leopoldo Marechal, Bruno Jacovella y Carlos Astrada, pero no los podemos definir como verdaderos intelectuales orgánicos, pues mantenían las mismas incoherencias que los opositores: no intentaron asimilar el impacto político de las masas como verdadero factor revolucionario, sino que sostienen el ideario elitista clásico. Por ejemplo, Marechal opina en su ensayo titulado Proyecciones culturales del momento argentino: “Entre la minoría creadora y la mayoría asimiladora debe existir, pues, un contacto efectivo y permanente, una relación que llamaríamos amorosa, gracias a la cual el creador sale de su mundo para trascender a los otros y lograr su objetivo humano, gracias al cual el asimilador participa de las iluminaciones que no está en su naturaleza producir”.92 En realidad, habría que destacar que, los auténticos intelectuales procreadores del peronismo fueron los principales referentes de FORJA. Perón asimiló en sus discursos y acciones políticas, numerosas reminiscencias que fueron inspiradas de esa facción del radicalismo, cuya principal finalidad era la reivindicación popular y nacional, muy distintas a las de los nacionalistas oligárquicos y católicos de derecha. Una anécdota de 1943 nos puede servir como ejemplo, rescatada por René Orsi: “Jauretche había hablado con Perón una mañana sobre las lacras de la burocracia estatal que obliteraba permanentemente las iniciativas revolucionarias. Al rato, Perón leyó un discurso dirigiéndose a los empleados y funcionarios de la flamante Secretaría de Trabajo. Al día siguiente, Arturo notó que ese texto explicitaba todo lo que él le había manifestado en la citada conversación aunque con mayor precisión y galanura, y cuando llegó al ministerio y se encontró con Estrada, señalándole el diario que venía leyendo, le expresó: -“Mirá que papel ridículo estuve haciendo; yo queriéndole enseñar un tema a un hombre que lo dominaba de antemano”. Fernando se lanzó a reír, entrando en ese instante el propio Perón, quien, al preguntarle de qué se reía y enterarse de lo que se trataba, también se echó a reír, con su sonrisa abierta y franca: -“Contáselo”. Y Estrada le explicó a Jauretche: -“Cuando te fuiste anteayer el coronel me dijo: -ya tengo el discurso para esta tarde”.93 Otro dato destacable, es el hecho de que Perón dentro de sus primeras acciones gubernamentales, realizó la nacionalización de los ferrocarriles. Sin duda, significó una reivindicación a la prédica que había realizado Raúl Scalabrini Ortiz en numerosos artículos periodísticos como en su reconocido libro: Política británica en el Río de la Plata. Desde el comienzo de su primer gobierno, Perón utilizó muchas características de la cultura popular, que en poco tiempo adquirió un color partidario al organizarlo con la doctrina justicialista. En presentación del Primer Plan Quinquenal, se estableció que la formación cultural sería el resultado de la acción de la tradición nacional, como de la enseñanza,
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MARECHAL, L. Proyecciones culturales del momento argentino en ROMANO, E. Op. Cit. p. 36. ORSI, R. Jauretche y Scalabrini Ortiz. Buenos Aires. Peña Lillo Editor. 1985. p. 106.

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empleando ambos matices. Por tradición se entendía el folklore; danzas; efemérides patrias; poesía popular; la familia; la historia; la religión cristiana; y los idiomas. A su vez, el Estado fomentaría la cultura a través del aumento de las garantías de la propiedad intelectual como estímulo de la cultura nacional. 94 “Esa conservación de la cultura popular, esa conservación de la cultura confiada a los museos, a los archivos y a las bibliotecas, ha de incrementarse en sentido no sospechado. Para el fomento integral de nuestra cultura, que es la base espiritual de nuestra nación y la base del verdadero sentimiento popular, tendremos los centros de difusión de Bellas Artes, letras y ciencias; conferencias radiotelefónicas, centros de investigación científica; literaria, histórica, filosófica, ideológica, artística y filológica, como así también las academias de ciencias, letras, artes, historia y lengua, creencias religiosas, literatura popular y tradiciones familiares regionales”.95 En la Constitución Nacional de 1949, designa la función de la Universidad, cuyo principal fin es “que prepare a la juventud para el cultivo de las ciencias al servicio de los fines espirituales y del engrandecimiento de la Nación y para el ejercicio de las profesiones y de las artes técnicas en función del bien de la colectividad. (...) Las universidades establecerán cursos obligatorios y comunes destinados a los estudiantes de todas las facultades para su formación política, con el propósito de que cada alumno conozca la esencia de lo argentino, la realidad espiritual, económica, social y política de su país, la evolución y misión histórica de la República Argentina, y para que adquiera conciencia de la responsabilidad que debe asumir en la empresa de lograr y afianzar los fines reconocidos y fijados en esta Constitución”.96 Es conocida, la intervención del Estado dentro de la Universidad, cuyo hecho más notorio fue la importante democratización, estableciendo la gratuidad de la enseñanza que aumentó notablemente el número de inscriptos, aunque el número de egresados no fue de una proporción esperada. El punto oscuro de la intervención, fue la expulsión y separación de notables académicos, sumados a los que renunciaron, perturbados por la orientación que decidió darle el gobierno, además de sentir amenazadas sus libertades ideológicas97 (entre de los que se destaca José Luis Romero, fundador de la revista cultural Imago Mundi, que albergaba a otros ex catedráticos como Francisco Romero, Vicente Fatone, Roberto Giusti, Jorge Romero Brest, Alberto Salas, Jaime Rest, Tulio Halperín Donghi. Décadas más tarde su creador, J. L. Romero,
PERÓN, J. Plan de Gobierno, 1947 –1951. Buenos Aires. Presidencia de la Nación Argentina. Secretaría Técnica.1947. Tomo II. 95 PERÓN, J. D. “Ante el Congreso de la Nación, explicando el Plan de Gobierno. Octubre 21 de 1946” en Habla Perón. Buenos Aires. Subsecretaría de Informaciones. 1950. p. 201. 96 INDICE ANALÍTICO DE LA CONSTITUCIÓN NACIONAL. Buenos Aires. Presidencia de la Nación. Subsecretaría de Informaciones. 1950. Capítulo III, Art. 37 –IV. 97 “La Universidad Argentina del porvenir no será ya una fábrica al por mayor de títulos facultativos, sino verdadero centro de investigación científica y de altos estudios. Ese sentido se advierte ya en la determinación de las funciones que el artículo 2° de la nueva ley atribuye a la Universidad, no limitándolas a la preparación para el ejercicio de las profesiones libres, sino extendiéndolas a afirmar y desarrollar una conciencia nacional histórica...” “Nueva reforma universitaria” de la serie de artículos escritos por el General Perón y publicados por la prensa mundial (junio de 1948) en Habla Perón. p. 197.
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confesó que el fin principal “...era una universidad preparada, una shadow university preparada para reemplazar a la otra (la peronista, claro)”), que sólo logró exacerbar los ánimos de los universitarios que se sentían “violados” por la contrarreforma. Al fin que manifestaba la Constitución del 49, le faltó un coherente plan de adoctrinamiento98, por lo tanto se mezclaron las adulaciones al líder con una verdadera cultura nacional. Incluso a nivel historiográfico, existían conflictos de interpretación, entre el llamado revisionismo histórico con el tradicional liberal, del cual Perón decidió no apartarse. Lo único que se consiguió fue una completa incoherencia, cuyo principal obstáculo para obtener una cultura nacional popular fue la torpeza y el sectarismo partidario que terminó por convertir a buena parte del alumnado, hacia 1954, en un frente opositor que se formaba a la espera de cualquier futuro enfrentamiento.99 Bajo el Segundo Plan Quinquenal, Perón enuncia los objetivos a lograrse en cuanto a cultura se entiende. “Nuestra política social tiende, ante todo, a cambiar la concepción materialista de la vida, en una exaltación de los valores espirituales. Por eso aspiramos a elevar la cultura social”. Ya abordando la problemática enuncia: “El abandono en que yacía nuestro pueblo en materia de cultura será subsanado mediante los objetivos generales del Plan... Uno de los principales es el que determina el libre y progresivo acceso del pueblo trabajador a todas las manifestaciones literarias y a todas las fuentes de cultura científica y artística que pueda proporcionar el país. (...) Para completar este cuadro de reactuación general de la cultura argentina, el Plan Quinquenal añade, entre sus objetivos generales, la más amplia divulgación de todas las expresiones artísticas de inspiración y contenido sociales, de manera que puedan llegar a todos los sectores del Pueblo y a todos los ámbitos del territorio patrio. (...) es propósito del Estado promover la formación de una cultura nacional. (...) Se quiere, pues, orientar organizadamente la cultura literaria, tradicional, artística e histórica, para que sea unidad, ya en gran parte lograda en las conquistas materiales y políticas, obtenga la cohesión particular que nace de la unidad espiritual del Pueblo. Difícil era lograr esa unidad mientras imperaba una cultura de clase, reservada a minorías egoístas y fatuas. (...) Como el idioma es uno de los elementos primarios de la unidad nacional, el Gobierno ha decidido romper los viejos moldes de un academicismo arcaico... De ahí la creación de la Academia Nacional de la Lengua, que deberá preparar el diccionario nacional, incluyendo en

Veáse como ejemplo la distinción de perspectivas que enuncia Ciria, encontradas entre la cátedra que realizaba John William Cooke, cuyo fundamentos teóricos se mezclaban con el marxismo científico, frente a las que realizaban otros catedráticos peronistas de bajo contenido crítico, abstenidos ciegamente al manual de adoctrinamiento justicialista, y haciendo una crítica minimalista hacia el marxismo, vinculándolo al peligro soviético. En CIRIA, A. Op. Cit. p. 237. 99 LUNA, F. (Dir.) Historia de la Argentina. La creación cultural, 1949 –1955.pp. 15 –21. Buenos Aires. Crónica –Hyspamerica. 1992.

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él las voces propias de las distintas regiones argentinas, típicas del lenguaje popular cotidiano”.100 En tiempos del peronismo, las crónicas costumbristas, las revistas de historieta, como también la radio con sus populares radioteatros, estaban en auge. Es destacable dentro de lo que comprende la estructura ideológica, el uso de diversos medios de comunicación como fin propagandístico que fueron explotados notablemente por el gobierno peronista. Como menciona Korn, en muchos de esos géneros se empieza a vislumbrar nuevos tipos sociales, con arraigo en el gusto masivo, que modelan modos de decir, tics, y situaciones cotidianas.101 El peronismo, como se enuncia en el segundo plan quinquenal, tomará partido y explotará ese tipo de acceso hacia las masas. La eficacia de dicho material ideológico ya había sido observado por Gramsci: “(los medios audio-visuales) son un medio de difusión ideológica que tienen una rapidez, un campo de acción y un impacto emocional mucho más vasto que la comunicación escrita, pero superficialmente y no en profundidad”102. El uso de afiches partidarios fue otro elemento innovador y destacable por el gobierno peronista. La disposición y rebautización del nombre de las calles y de otros espacios de la sociedad civil por el de General Perón o Eva Perón, fue otro elemento explotado sobre todo durante el segundo gobierno, mas el abuso de dichos elementos aduladores trajo aparejados reacciones adversas. Entre otras medidas que ejerció el gobierno peronista como fines culturales, fueron impartidas la mayoría de veces por intervención directa del Poder Ejecutivo. Por ejemplo, en 1950 decreta la obligatoriedad de ejecutar por lo menos un cincuenta por ciento de música nacional en radios y lugares de recreación. También recurrió a la participación de destacar figuras para intervenir e incentivar a nivel cultural: el poeta Castiñeira de Dios ocupará la titularidad en la Subsecretaria de Cultura y Dirección General de Cultura y Leopoldo Marechal, la Dirección de Enseñanza Artística. Otros puestos claves de ésta área fueron ocupadas por Francisco Muñoz Azpiri, redactor de los monólogos de radio que representaba Evita en sus tiempos de artista, que va a Dirección de Acción Cultural; y Carlos Sufren al Departamento de Música. La difusión de artistas promocionados por el gobierno, fueron participando en un show musical creado por la Subsecretaría de Informaciones que se transmitía por Radio El Mundo, titulado Estrellas al Mediodía. En el mismo actúan cuatro cotizadas orquestas de tango (Carlos Di Sarli, Aníbal Troilo, Ricardo Tanturi y Osvaldo Fresedo); y ocho de jazz (Héctor, Oscar Alemán, Eduardo Muratore, Raúl Fortunato, etc.). Actores de relieve en la comedia como Luis Sandrini, Iris Marga y Pringue Farias o la cupletista española Conchita Piquer, participan en los “sketches”. El final del programa está a cargo de dos poetas de la música ciudadana. Los textos, encerraban un discurso que resumía toda la finalidad cultural peronista: popular y partidaria, al
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PERÓN, J. D. Manual práctico del Segundo Plan Quinquenal. Buenos Aires. Presidencia de la Nación. 1953. pp. 81 –87. 101 KORN, G. Op. Cit. pp. 21 –22. 102 PORTELLI, H. Gramsci y el bloque histórico. Buenos Aires. Siglo XXI Editores. 1973. p. 25.

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punto que estos parecen indivisibles entre sí, estaban escritos y leídos alternativamente por Cátulo Castillo y Alberto Vaccarezza. La audición es un éxito rotundo.103 Sin embargo, existieron emprendimientos culturales masivos que muchos detractores evitan recordar para no contradecir sus intervenciones interpretativas. Por ejemplo, es difícil de calificar de propagandístico un acto promovido por el gobierno, y conformado por poetas de renombre internacional y muchos de ellos referentes de una ideología socialista y libertaria. Estamos mencionando la “olvidada” Fiesta de la Poesía, del 27 de julio de 1947, realizado en Buenos Aires. El encuentro reunió por primera, y probablemente única, vez en la historia a Pablo Neruda, León Felipe, Nicolás Guillén y Rafael Alberti quienes recitaron obras personales. Neruda dijo su Nuevo canto de amor a Stalingrado, León Felipe su Ganarás la luz, el cubano Guillén su Elegía a García Lorca y Alberti su obra, Madrid, capital de la gloria.104 También durante la presidencia de Perón se generaron importantes obras de infraestructuras cuyo fin era constituir centros de difusión de cultura nacional y popular. Por ejemplo, se levantó el Complejo Cultural y Teatro San Martín en la Ciudad de Buenos Aires. En cuanto a la proliferación de publicaciones y radioemisoras, en 1951 por gestión del Estado se construyó el Canal 7 de televisión, constituyéndose en la primera televisora de Argentina y Latinoamérica.105 Durante todo este proceso, como prioridad para la consolidación y estabilización del orden gubernamental nacional, el peronismo aglutinó importantes medios de difusión para hegemonizar la opinión pública. Se destaca el grupo editorial Alea, en cuyos talleres gráficos se imprimían casi todos los diarios. De ella surgió en 1951 un gran edificio levantado en Bouchard 722, donde se editarían Democracia (donde Perón publicaría numerosos artículos bajo el seudónimo de Descartes) y El Laborista. Sus modernas maquinarias instaladas en Bouchard asimilaban también trabajos para terceros; sus rotativas llegaron a imprimir más de un centenar de semanarios y quincenarios especializados, y sus plantas editaron toda clase de folletos, revistas y hojas de propaganda para la Subsecretaría de Informaciones y el Partido Peronista.106 Debemos dedicar particular atención a la revista quincenal difundida por la Escuela Superior Peronista, de gran eficacia entre partidarios y simpatizantes, llamada Mundo Peronista. En ella además de mencionar las obras gestionadas por el gobierno, se edifica un culto, que se extiende a gran magnitud con el paso del tiempo, hacia el Líder y Evita. Es interesante la amplia variedad de merchandising peronista que sugiere una alta demanda de consumo. Para muchos, el escudo justicialista que llevaban en el ojal, más que una obligación y muestra de fidelidad, era el símbolo patrio de la Nueva Argentina. De hecho, el escudo peronista está ampliamente

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D´ARINO ARINGOLI, G. Op. Cit. pp. 232 –233. SURRA, R. Peronismo y cultura. Buenos Aires. Corregidor. 2003. p. 103. 105 SURRA, R. Op. Cit. p. 106. 106 GAMBINI. H. Historia del peronismo. El poder total. Buenos Aires. Vergara. 2006. pp. 501 –503.

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inspirado en el nacional107. Pero además se vendían desde el Departamento de Difusión de la revista numerosos libros doctrinarios en su distintas variantes de presentación: por ejemplo; La razón de mi vida en edición de cuero, cartoné y rústica; bustos de Perón y Evita en diversos tamaños; colección de discos que contenían discursos del Líder y la primera dama; banderas peronistas, etc. La revista está dirigida a las clases populares, ¿el fin? Infundir mediante un mensaje claro la doctrina peronista y el papel que tiene que asumir cada uno dentro de la sociedad. Mundo Peronista era para toda la familia: una de las secciones iba dirigida a los chicos: “Nuestro pequeño mundo” contaba con cartas y dibujos enviados a la editorial, crucigramas infantiles con mensajes ocultos de frases de Perón y Evita, una historieta cuyo dos protagonistas son dos chicos peronistas (Chispita y Grillito), cronograma de actividades recreativas... pero lo más destacable son los cuentos que siempre encerraban mensajes de moralidad y doctrina partidaria. Por ejemplo, uno de los cuentos titulado “Chocolate” incita a que no deben existir diferencias entre los chicos, menos por cuestiones étnicas: “...en la Nueva Argentina todos los niños son iguales: el general Perón no quiere diferencias entre sus privilegiados”108.

“Si bien preservaba las referencias a la pica, el gorro frigio, los laureles, el sol y hasta el celeste y blanco de la bandera patria, la mayor discrepancia estaba dada por las manos estrechadas en sentido diagonal antes que el horizontal del modelo: ello podría sugerir la relación de subordinación entre el pueblo unido y organizado y su máximo Conductor”. Mientras que en un manual escolar infantil, se le destina otro significado: “-¿Por qué no están a la misma altura? /-Porque una trata de elevar a la otra. Es como si tú cayeras y yo te ofreciera mi mano para levantarte. (...) Además, esas dos manos simbolizan la hermandad.” CIRIA, A. “Peronismo para escolares” en Todo es Historia. Buenos Aires. n° 199 –200. 1983. p. 76. 108 Mundo Peronista .n° 84. Abril de 1955. p.32.

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En Mundo Peronista, se publican poesías partidarias y se satiriza a la oposición. Por ejemplo, con humor estereotipa al contrera, que lo encarna un personaje llamado Don Cangrejo, dibujado por Pum.

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Otra sección paródica se titula Fuerzas de Choque... Fuerzas de Cheque, donde aparecen oligarcas, radicales y comunistas buscando siempre complotar, alterando el orden público, la comunidad organizada. Por ejemplo, en una viñeta se ven a dos opositores dejando una bomba en la entrada de una Unidad Básica, donde se dictará una conferencia sobre el Segundo Plan Quinquenal. Uno de ellos, asomándose de costado, mientras que el otro sigilosamente coloca la bomba le dice: -“Apurate Pitoto que viene la poli...”, mientras que otros pasan simultáneamente en un auto, observando la acción. El conductor, muy contento, le comenta al acompañante: “¿Ves? Estas son las fuerzas de la libertad y del respeto a la ciudadanía... Allá adentro están los salvajes opresores, la chusma enemiga de la cultura...”110 Es importante destacar que los artículos de Mundo Peronista llevan un discurso informal que pertenece a la jerga cotidiana, así como la asimilación del idioma gauchesco en numerosos versos dirigidos hacia la oposición (como es el caso de “Al compás de vigüela”) así como también los hay de veneración hacia Perón, Evita y las concentraciones del 17 de octubre o del 1 de mayo, descriptas como verdaderas fiestas populares:
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En Mundo Peronista. Buenos Aires. N° 34. Diciembre de 1952. p. 49. En Mundo Peronista. Buenos Aires. N° 43. Junio de 1953. p. 48.

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“El gaucho, después de describir la multitud de la plaza, que se mueve como “un hervir de pororó”, escucha los mensajes de Perón y de Evita. “¡Que hable Evita! Evita, Evita, y entre un rumoriar tremendo salió al frente la bendita: ¡Era un sol amaneciendo!” ............... “Yo la vide hecha un jilguero, un copo de oro y de luna, y linda como no espero que ensista mujer denguna! .............. “Los pensamientos de Perón se hacen camperos, folklóricos. “Dan ganas de hacerse arao, coyunda, mansera y güey pa gritarle al mal mandao: “¡Yo he cumplido con la ley!”111

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MARTÍNEZ PAYVA, C. “Fiesta del pueblo” en Mundo Peronista. Buenos Aires. N° 34. Diciembre de 1952. p. 22. 112 Mundo Peronista. Buenos Aires. N° 77. Diciembre de 1954. p.4 9.

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La incitación que hace Mundo Peronista a divulgar la revista y hacerla conocer aún más, es porque además de difundir la doctrina, su carácter moralizante es modificar la opinión media de la sociedad a partir de, como distinguía Gramsci, la crítica, la sugerencia, burlando, corrigiendo, renovando, “en definitiva, introduciendo a nuevos lugares comunes”113. La instrucción doctrinaria cubría diversos espacios de transmisión cultural e ideológica. Los manuales escolares estaban ilustrados con retratos y efemérides peronistas, creando un paralelo con personajes o episodios de la historia patria, dentro de la que se puede llamar la historia tradicional liberal. En las aulas se leía como libro de cabecera La Razón de mi vida de Eva Perón, y además se realizaba el curso escolar de Cultura Ciudadana, cuya finalidad era difundir la obra del gobierno peronista y su doctrina. No obstante, el accionar cultural no debe resultar sorpresivo, ya que sus fines se encontraban implícitos dentro de los objetivos del Plan de Gobierno. El sentido al que iba dirigido se resumía en tres palabras: Patria, Pueblo y Perón; es decir, ambas formaban una unidad homogénea, cuya finalidad era enraizar las costumbres tradicionales, con una filosofía de índole nacional, popular y partidariamente peronista.

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A su vez, Gramsci las define a esta clase de revista como “de gran difusión y ejercer un influjo profundo. No debe tener <<cara seria>> ni científica ni moralizante, no deben ser <<filisteas>> y académicas” aunque también dice que no deben parecer “fanáticas o exageradamente partidarias”: No obstante, considero que Mundo Peronista cumple con las características de una revista moralizante tal como Gramsci lo entiende, pues en el imaginario social de este período, el peronismo no se diferenciaba del concepto de Patria, y uno de los fines del adoctrinamiento peronista era que sus preceptos políticos e ideológicos desarrollados por Perón formen parte del sentido común popular. GRAMSCI, A. Los intelectuales y la organización de la cultura. Buenos Aires. Juan Pablos Editor. 1975. pp. 156 –157. 114 DE GARCÍA, L. Obreritos. Buenos Aires. Kapelusz. 1953. pp. 34 –35.

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Texto escolar para segundo grado

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La revista oficialista Continente ofrece en uno de sus números un panorama cultural del que forman parte todos los argentinos, ya que “no se circunscribe, como en otras épocas, a un limitado sector dentro de la sociedad de la república, sino que de su mérito participan todos los núcleos de la población, ya que ahora puede hablarse de una cultura del pueblo. Carente éste, durante el siglo XIX –salvo excepciones personales- de los medios de acceso al plano de los conocimientos superiores, de la educación especializada y del encauzamiento de las vocaciones, la expresión hallase limitada a unos pocos. De ahí que hasta la obra más popular de nuestra literatura se deba a José Hernández, surgido del seno de familias de antiguo arraigo. La incorporación, más tarde, de la clase media a las fuentes de las que pueden recogerse los materiales para las obras, y la más reciente incorporación del proletariado a esos mismos veneros, trajeron como consecuencia el notable enriquecimiento humano que hoy da vida al sorprendente esplendor”. A continuación, la revista amplia con la popularización de orquestas musicales y la proliferación de conservatorios, teatros; notables obras artísticas realizadas por gente de distintas clases sociales, el avance científico. Lo destacable del artículo es el hincapié que se hace sobre el obrero, que en estos tiempos era sinónimo de pueblo: “En todas esas disciplinas, como en las musicales y literarias, hay, por sobre todas las cosas, la conciencia de un destino y una inquebrantable voluntad de trabajo”. Finalmente, cuando menciona el intensivo labor que desarrolla la Comisión Nacional de Cultura, junto con otros

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RAGGI, A. Pueblo feliz. Buenos Aires. Luis Lasserre. 1953. pp. 12 –13.

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organismos similares, se vuelve a remarcar el cauce cultural que ha sido elegido, que nace del espíritu popular: “Antes hallábase limitada a los claustros universitarios y a los salones opulentos. Hoy tiene por escenario al país entero, que demuestra con ello cuán grande y fecunda es su transformación cultural”.116 El peronismo significó un sentimiento que se relacionó íntimamente con la idea de Patria. En cada acto se cantaba fervorosamente el Himno Nacional y se continuaba con la Marcha Peronista. Evita decía: “Sabemos perfectamente que el peronismo no se proclama ni se aprende; el peronismo se siente y se comprende. La nuestra es una lucha abierta y todos los argentinos tenemos en ella un puesto. Desgraciado de aquel que no está en ningún bando”117 Por eso, otros conceptos culturales directamente eran marginados, por la simple razón de que no cohesionaba con la cultura de masas. La crítica generalizada de la usurpación y monopolio de los medios de difusión por parte del peronismo es otra consecuencia implícita dentro del Plan de gobierno. La justificación que se da es otra concepción de lo que significa libertad de opinión. Nuevamente notamos una predilección de la libertad colectiva por sobre la individual. Perón expone a sus simpatizantes: “(...) Cuando algunos países extranjeros dicen que defienden la libertad de prensa o la libertad de llegar a las fuentes de información, generalmente están mintiendo a sabiendas: defienden la posibilidad de disfrazar sus espías y sus agentes de información con el hermoso manto de periodistas. Son lobos con inocente piel de cordero. Hablamos de ciertas empresas de información: son lo que podríamos llamar empresas de deformación. Las informaciones originales son remitidas a las centrales de información que trabajan para los servicios de inteligencia y espionaje, y esa misma noticia notablemente producida, honradamente transmitida, es guisada en esas cabinas de la miseria y de la mentira, para repartirla con un sabor distinto del que tenía en sus fuentes originales... ¿Cuál es el mal que ha originado esa deformación informativa y periodística? El que la verdad, la información y el comentario periodístico estén al servicio de los intereses materiales y no al servicio de los intereses idealistas y patrióticas del pueblo”.118 A partir del dominio de la estructura ideológica119 y material ideológico de la sociedad civil por parte del peronismo se lo llega a calificar o comparar con un “Estado de excepción”, como lo fue el fascista o el nazi.120 Pero si es una característica primordial y común el hecho de que el espectro del fascismo se agita con frecuencia con el fin de frenar el impulso revolucionario de la
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“El país y su espíritu” en Continente. Buenos Aires. N° 43. Enero de 1950. p. 48. PERÓN, EVA. La palabra, el pensamiento y la acción de Eva Perón. Buenos Aires. s/e. ¿1952? p. 71. 118 PERÓN, J. D. “Periodismo libre en manos del Pueblo” en Mundo Peronista. Buenos Aires. N° 43. 1 de Junio de 1953. p. 3. 119 Entendiendo la estructura ideológica de la clase dirigente como aquella que determina, según Gramsci, la organización material destinada a mantener, defender y desarrollar el frente teórico e ideológico. PORTELLI, H. Op. Cit. 120 POULANTZAS, N. Fascismo y dictadura. Buenos Aires. Siglo XXI Editores. 1971.

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clase obrera y de las masas populares, en el caso de las causas del peronismo las diferencias se distinguen notoriamente. Compararlos es caer en una inversión de relación causa a efecto. Su apelación a las masas fue una acción generada a medida que iba creando la base de su poder y no después de haberlo conseguido. El ascenso de Mussolini y Hitler al poder fue en plena efervescencia política y social, además en ambos casos su trepada no fue gracias al apoyo popular.121 Súmase a esto el carácter de la relación entre el Líder y el pueblo. En cuanto a lo que la estructura ideológica se refiere, tanto el nazismo como el fascismo supusieron una refundación que incluía lo artístico –cultural, mientras que el peronismo se sumó a las constantes culturales con criterios definidos dentro de lo que denominamos cultura popular. Por ello, las elites culturales buscaron en todo momento, diferenciarse y combatir la vulgarización de la cultura. Su defensa la emprendía la SADE, grupos universitarios, miembros académicos y, por supuesto, el grupo de escritores adversos al régimen que encabezaba Victoria Ocampo en Sur. La batalla que se emprendía era a favor de las libertades individuales, que a su vez estaba relacionada con el carácter cultural, pues todo ello se ligaba a la idiosincrasia liberal y al derecho natural que poseían las minorías selectas por sobre las masas. Apelando con guiño al entendimiento de su público, Sur denunciaba la falta de libertades individuales, además de la imposición política y cultural por parte del Estado. Las referencias y censuras hacia las formas de gobierno autoritarias y el desborde de las masas, era un tema muy utilizado por la revista para declarar su posición político, ideológica y cultural frente al peronismo. Por ejemplo, Eduardo González Lanuza en su artículo “A los intelectuales comunistas de Hispanoamérica”, hacía referencia indirectamente sobre la situación nacional: “Todo esto es incalificable. Lo de la intromisión de un partido político, sea el que fuere, para imponer normas a los creadores artísticos, es ya algo más que ridículo: es siniestro, y si ese partido político ejerce la dictadura en ese país, tal actitud importa un peligro mortal para su cultura”.122 Sobre la relevancia que adquieren los derechos sociales por sobre los individuales, Álvaro Fernández Suárez comenta en un artículo para Sur: “La civilización industrial... vive sobre delicados artificios que si interrumpen su movimiento ponen en riesgo mortal a todo el organismo. Por eso los Estados propenden a extender su intervención y a imponer por la fuerza mayores limitaciones a la libertad del individuos y de los grupos. Las civilizaciones del pasado estaban formadas por árboles afincados, cada uno de por sí, en la tierra nutricia; la de hoy es una selva de un solo tronco.
El mito de la marcha sobre Roma y la forma de acceder al poder por parte de Mussolini ya es harto conocida; en el caso de Hitler, en un reciente ensayo de Henry Ashby Turner (A treinta días del poder. Barcelona. Edhasa. 2000.) se comprueba que el partido nazi estaba en plena crisis y que ascenso de Hitler fue gracias a las intrigas políticas existentes entre von Papen y su sucesor von Schleicher más que de un efecto del apoyo popular. 122 GONZÁLEZ LANUZA, E. “A los intelectuales comunistas de Hispanoamérica” en Sur. Buenos Aires. N° 160. 1948. Citado en SITMAN, R. Op. Cit. p. 212.
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(...) La propaganda moderna es un fenómeno nuevo en dos sentidos: porque dispone de un técnica psicológica antes ignorada... (...)el tipo humano ya de por sí debilitado en cuanto a la fuerza de su personalidad, se brinda óptimamente para ser moldeado de una manera uniforme por un aparato cuyo elevado costo y cuya dificultad de manejo lo ponen fuera del alcance del individuo como tal, y tiende a ser utilizado por unas pocas organizaciones sociales, o monopolizado por el Estado”.123 Sebastián Soler menciona por su parte: “La antigua esperanza de dar libertad al hombre por medio del Estado se ha transformado primero en desconfianza y después en temor. Hoy parecería que los derechos del hombre se declaran directamente contra el Estado. Llegamos así a uno de los dilemas modernos de la teoría política: para salvar el derecho es necesario frenar el Estado, que es precisamente quien tiene el monopolio de aquél. Según algunos, para obtener este fin no queda más que un camino: el Superestado. “(...) Pero mientras esa preocupación, por un lado, parece reducir en principio la función de cada Estado, la doctrina moderna, por otro, propende inadvertidamente a transferir al Estado amplias zonas de actuación en las que antes no intervenía. A ello han contribuido los llamados derechos sociales, por oposición a los derechos políticos”.124 Para finalizar este repaso del espectro de concepción individualista bajo el signo de las masas, Corbalán Pacheco expone la alarma de las minorías: “...el mundo ha cambiado, y sigue cambiando por propias agencias vertiginosas... (...)El cuadro inutiliza fortuitamente los valores diferenciales, al mismo tiempo que predispone los puramente ordenatorios y autoritarios. La totalidad de la vida tiende a convertirse en vida pública y colectiva. Y en esa total alienación del individuo, en la masa o en la técnica, no sorprende que la norma de convivencia se perfile de entrada como regla de allanamiento o intervención. “¿Cómo recobrar dentro de ese cuadro los irrenunciables, los que se habían considerado eternos valores del espíritu? ¿Cómo devolverle al hombre la sagrada individualidad, íntima, diferencial y señera?”125 En torno a la Declaración Universal de los derechos del hombre aprobada por la UNESCO en 1948, la revista edita un número especial a favor de las libertades individuales en Agosto – Setiembre de 1950, “Año del Libertador José de San Martín” disposición decretada por el gobierno, y por el cual Sur utilizará la figura de San Martín de una forma distinta a la oficial de la que haremos detalle en el próximo capítulo.

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FERNÁNDEZ SUÁREZ, A. “El hombre y sus derechos en el mundo moderno” en Sur. Buenos Aires. N° 190/ 191. Agosto –Setiembre de 1950. pp. 77 –78. 124 SOLER, S. “Los difíciles derechos del hombre” en Sur. Buenos Aires. N° 190/ 191. Agosto – Setiembre de 1950. p. 88. 125 CORBALÁN PACHECO, B. “Nota al margen” en Sur. Buenos Aires. N° 190/ 191. Agosto – Setiembre de 1950. pp. 97 –98.

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Capítulo 4: Perón, entre San Martín y Rosas.

“La religiosidad de mi palabra como caballero y como general ha sido el caudal sobre el que han girado mis especulaciones”. JOSÉ DE SAN MARTÍN126

“...conozco y respeto mucho los talentos de muchos de los señores que han gobernado el país..., pero a mi parecer todos cometían un gran error: se conducían muy bien con la clase ilustrada, pero despreciaban a los hombres de las clases bajas, los de la campaña, que son la gente de acción. (...)Me pareció, pues, muy importante conseguir una influencia grande sobre esa gente para contenerla, o para dirigirla... para esto me fue preciso trabajar con mucha constancia, con muchos sacrificios hacerme gauchos como ellos y hacer cuanto ellos hacían, protegerlos, hacerme su apoderado, cuidar de sus intereses, en fin no ahorrar trabajo ni medios para adquirir más su concepto”. JUAN MANUEL DE ROSAS127

En 1950 se conmemoraba el centenario de la muerte del General Don José de San Martín, considerado el padre de la patria, además de ser el Libertador de Argentina, Chile y Perú. Durante ese año, el gobierno peronista tendrá como objetivo asociar el presente justicialista con la memoria y el significado de la figura de San Martín. El fin es demostrar mediante el homenaje, el logro de Perón de haber concebido “esa Gran Argentina, con que San Martín soñó...”128 Gracias a una ley sancionada el año anterior129, todos los documentos impresos debían llevar la leyenda “Año del Libertador General San Martín. 1950” Para desarrollar a lo largo del año, la ley disponía también una nómina de actos de honor que deberían realizarse desde el sector público y sin perjuicio de todos los que ofrecieran las instituciones privadas. Entre ellos se mencionaban: a) La realización de un Congreso de Historia Sanmartiniana, con una sección juvenil; b) La formación y publicación del Archivo del General San Martín, incluyendo la documentación existente en el país y en el extranjero;

SAN MARTÍN, J. Textos de ayer para la Argentina de mañana. Buenos Aires. Arte Gráfico Argentino. 2002. p. 39. 127 “Confidencias de Don Juan Manuel de Rosas”, carta del 9 de Diciembre de 1829, en IBARGUREN, C. Juan Manuel de Rosas. Su vida, su drama, su tiempo. Buenos Aires. Theoría. 1972. p.141. 128 Extracto de la Marcha peronista. 129 El proyecto que el Poder Ejecutivo envió al Congreso se convirtió en la ley 13.661, promulgada el 24 de octubre de 1949. El art. 2 de dicha ley disponía: Desde el día 1° de enero hasta el 31 de diciembre del año 1950, todos los documentos oficiales de las autoridades nacionales, provinciales y municipales; los títulos y diplomas expedidos por los institutos de enseñanza de todas las categorías y jurisdicciones, sean del Estado o incorporados; las notas diplomáticas y las fechas y colofones de los libros, periódicos, diarios, revistas y toda clase de publicaciones que se editen en el territorio de la Nación, ya sea oficiales o particulares, nacionales o extranjeras, serán precedidas por la denominación Año del Libertador General San Martín, al indicar el año 1950.

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c) La erección, frente a la plaza Grand Bourg de la Capital de la República, de una estatua del general don José de San Martín; d) La edición de las obras especiales, trabajos presentados y conclusiones del Congreso prevista en la misma ley; e) El traslado e inhumación, en la ciudad de Mendoza de los restos de la hija del prócer, doña Mercedes de San Martín de Balcarce; de su esposo, don Mariano Balcarce y sus descendientes; f) La reconstrucción de la casa donde nació el Libertador y del pueblo de Yapeyú; g) La adquisición de todos los bienes que pertenecieron al general San Martín y constituyeron su patrimonio, los que se declaran de utilidad pública y sujetos a expropiaciones; h) La creación del “museo Histórico del General José de San Martín” en el Convento San Carlos, ubicado en la ciudad de San Lorenzo, provincia de Santa Fe; i) La instalación de un vivero de vástagos del pino histórico del Convento San Carlos, de San Lorenzo, suministrándoles a los frailes guardianes los elementos necesarios; y j) La construcción de un parque en el Campo de la Gloria de San Lorenzo y erigir en él un monumento de grandes proyecciones. En la inauguración del año del Libertador, el Presidente Perón decía: “Dios ha querido que sea yo quien en este acto, como presidente de la nación, interprete al pueblo argentino y exprese su pensamiento, sus sentimientos y su actitud, en esta hora... Desde el día que abracé definitivamente la causa de mi pueblo no he hecho otra cosa que tratar de interpretarlo leal y sinceramente...”.130 Durante su discurso inaugural, Perón enaltece los valores del pueblo argentino y los compara con los granaderos de San Martín, aquellos que dieron todo por la dignidad y la liberación nacional. Perón en ningún momento descuida la facultad de militar y de conductor que tuvo San Martín, el objetivo es claro: es necesario presentar a San Martín como el Libertador, para que Perón se consagre en su sucesor, el que dará fin a su obra. De esta forma, Perón luchó junto con el pueblo por la independencia que restaba aún: la económica. “Bastó que despertásemos en cada argentino explotado y vejado el recuerdo de su condición de argentino, para que inmediatamente lo tuviéramos de pie, reclamando y exigiendo su derecho a la dignidad que tienen todos los hombres por la sola razón de ser hombres. Y bastó que señalásemos a los argentinos su condición de pueblo entregado a las fuerzas económicas extrañas a la nación, para que en seguida se pusiese otra vez en actitud heroica y aceptase ayudarnos con todas sus energías en la tarea de conquistar la independencia económica del país”.131 En el manifiesto podemos encontrar las analogías en las que hace hincapié Perón: la masa vuelve a organizarse en pueblo frente a la conducción de un libertador que los guíe frente a la prelación de los intereses foráneos. Eso no es todo: “habrán de permitirnos nuestros hermanos de América y del mundo que sigamos pensando más en la humanidad que en nosotros
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PERÓN, J. D. “Nuestro pueblo” en Continente. Buenos Aires. Enero de 1950. p. 35. PERÓN, J. D. “Ser lo que debe ser, o no ser nada” en Continente... p. 36.

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mismos, porque, siguiendo la norma sanmartiniana, nuestra acción en bien de los otros pueblos de la tierra nunca tiene otra ambición que la de compartir con ellos nuestra propia felicidad sin ningún interés de dominio o ventajas materiales. Por eso hoy, con la misma actitud de la primera hora de la patria, ofrecemos a los pueblos de América y del mundo las soluciones de una doctrina que ha resuelto nuestros problemas...”132 Perón se presenta como Libertador a partir de ofrecer el medio de obtener la liberación económica y la justicia social a los países vecinos, a partir de la difusión de la doctrina justicialista, que proclama “la tercera posición”, el punto justo para no caer en manos del capitalismo yanqui, ni del comunismo. Además, el interés de Perón en el momento de ahondar en la causa sanmartiniana, establece dentro de la importancia de la conducción el sentido ético y moral como fundamentación doctrinaria. Esa idea lo acompañaba desde sus comienzos en la carrera militar. En sus Apuntes de Historia Militar bajo el título Aspecto Moral de una Conducción Estratégica señala que el éxito en la tarea de la conducción estratégica, San Martín lo conseguirá “con el sacrificio de su vida por el ideal superior” y agrega: “San Martín era grande por ser el absoluto servidor de una Causa por la que sacrifica todo. Esta abnegación hace grande al hombre ante los demás y ante sí mismo”.133En otra parte de los Apuntes, Perón no oculta su admiración hacia San Martín, cuando puntualiza su característico papel de conductor y a la vez de maestro: “San Martín caracterizó al conductor reflexivo y consciente. Poseía las grandes cualidades morales imprescindibles en un comandante de tropas. Era también un acabado maestro y un edificante ejemplo para sus oficiales.(...) Era así un conductor y un maestro, difícil dualidad que sólo se consigue en los hombres dotados de un equilibrio extraordinario. He dicho en otra oportunidad que en tiempo de paz cambiaría un conductor por un maestro. Como también en tiempo de guerra cambiaría todos los maestros por un conductor”134. Perón volcará esos conceptos para adaptarlo como característica de su praxis política, constituyéndose como conductor y maestro del movimiento. Ese mismo año, el gobierno editaba un libro de más de 800 páginas a todo color titulado La Nación Argentina: Justa, Libre y Soberana, consta de un resumen de todos los logros realizados por el gobierno; la situación deplorable de la Argentina antes del 43 y su presente potencial. “En la Argentina se ha terminado el hambre y con ello las marcadas diferencias de clases que son las causas más terminantes de descontentos. Ahora no hay manos crispadas ni rostros endurecidos. Sólo hay agradecidos y contentos”.135 El monumental libro termina con una oración dedicada a San Martín: “Padre nuestro que estás en la gloria: Desde la eminencia en que te ha colocado el amor de un pueblo agradecido, mira cómo cumple su
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PERÓN, J. D. “El ejemplo del Libertador en Continente... p. 37. URRIZA, M. San Martín y Bolívar vistos por Perón. Buenos Aires. Colihüe. 2007. p. 36. 134 PERÓN, J. D. “Apuntes de Historia Militar (parte teórica)” en Obras Completas III. Buenos Aires. Apechehue. 1984. p. 93. 135 La Nación Argentina. Justa, Libre, Soberana. Buenos Aires. Peuser. 1950. p. 799.

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destino esta Patria que soñaste grande, dinámica, generosa, valiente, altiva y abnegada. (...) En el año consagrado a tu memoria, a cien de tu paso a la inmortalidad, un gobierno argentino viene a dar cuenta de su obra como debido testimonio de haber cumplido la consigna que nos diste. (...) Sigue acaudillando desde el comando de la gloria a esta Nación, que quiere cumplir íntegramente la trayectoria que nos fijara tu ambición argentina, bajo la conducción genial de un gobernante que ha reconciliado la función del estadista con la tierra, la sangre y la tradición de este pueblo, y junto a quien esta generación hace solemne juramento de cumplir hasta el fin la empresa que nos hemos propuesto, empeñando en ella, si fuera necesario, hasta la última gota de nuestras venas como lo supieron hacer aquellos criollos que tú llevaste en tus campañas libertadoras”.136 El 17 de Agosto, en el acto central que celebra el centenario del Libertador, un Perón impecablemente uniformado, montado en su caballo (Mancha, otra analogía con el caballo blanco de San Martín), pasó revista a las tropas encolumnadas del legendario cuerpo de Granaderos, caballería creada por el prócer. El acto en cuestión revistió carácter militar, y participaron las tres Armas. Un enorme retrato de San Martín de pie con los Andes como fondo presidía la ceremonia. “La subsecretaría de Informaciones de la Presidencia recoge el acontecimiento en un folleto y en dos películas, una de ellas en edición conjunta para todos los noticieros, y la otra con el mismo título del folleto: “Desfila la Argentina que soñó San Martín”. Desde sus páginas, se destacan los “tres tañidos solemnes e inmortales”, arrancados a la histórica campana de Huaura dedicándole al hecho las páginas centrales. Esta campana, traída especialmente desde Perú, es la que anunció la libertad de la Nación hermana. Ahora en la Argentina Justicialista y en medio del desfile, una trompa de Granaderos toca a silencio y se guarda un minuto de recogimiento; y a las 15 horas, <<en el día y la hora exactos en que el Libertador entró en la eternidad>>, la campana de Huaura tañe bajo las manos de Perón”.137

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La Nación Argentina... p. 801. D´ARINO ARINGOLI, G. Op. Cit. pp.246 –247.

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La exaltación del Libertador político y del Libertador económico nacional, se verán reflejados en los textos escolares de la época; donde además las fechas como el 17 de Octubre de 1945; el 9 de Julio de 1947 (declaración de la independencia económica en Tucumán) y el 26 de Julio de 1952, formarán parte de las efemérides de la patria.

Libro de lectura inicial

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Libro de texto para primer grado superior

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ROBERT, R. Mamá. Buenos Aires. Kapelusz. p. 84 PICCOLO, N. Cajita de música. Buenos Aires. Estrada. 1954. pp. 44 –45.

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Dice en el último párrafo: “El general San Martín es su ejemplo. Y es verdad que el discípulo es digno de su maestro inmortal”. Texto escolar para quinto grado.
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Desde su posición, Sur también tomaba la figura de San Martín para reivindicar sus propios valores. En conmemoración del centenario del Libertador, la revista publicaba un número especial titulado Cuaderno San Martín. La referencia a Perón se hacía explícita en la introducción que realizaba Victoria Ocampo, cuestionando la figura del presidente en los manuales escolares: “¿Cómo festejar el centenario de San Martín (el que nuestros ojos de niños veían a caballo sobre las tapas de un cuaderno rosado)?”141 El resto de la revista estaba dirigido en torno a los derechos del hombre. Para ellos, San Martín es el defensor de los derechos individuales, el que enfrenta con coraje y decisión a la tiranía española. A diferencia de lo que expone el oficialismo, para Sur “San Martín fue el menos militarista de los militares”. Además “demostró tener conciencia profunda y clara de la libertad, como expresión de autonomía de la personalidad, y un extraordinario respeto por la dignidad humana” Con la exposición de esta diferente exposición sanmartiniana, lo que se busca es una defensa de la libertad y de los valores liberales. Se pretende enaltecer sus principios morales, dejando de lado su uniforme, su disciplina, su función de conductor. El final del artículo que le dedica Sánchez Viamonte, es más que elocuente; y su intencionalidad más que sugerente: “Es al país –declaró San Martín al terminar la conversación- a quien corresponde decidir respecto de sus verdaderos intereses. Es justo que los habitantes den a conocer lo que piensan. La opinión
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BENARÓS, L. Alma de América. Buenos Aires. Kapelusz. 1955. pp. 30 –31. OCAMPO, V. “Introducción” en Sur. Buenos Aires. N° 190/ 191. Agosto –Setiembre de 1950. p. 7.

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pública es un resorte nuevo introducido en los negocios de estas regiones. Los españoles, incapaces de dirigirla, han comprimido su libre manifestación. Ya ha llegado el día en que va a manifestar su fuerza e importancia”. “Podemos señalar el ejemplo de San Martín como una enseñanza, a fin de que las generaciones actuales comprendan que jamás tendrán validez y eficacia los derechos del hombre si no se consigue para ellos el respeto sincero y efectivo de los poderosos, que hoy, más que nunca, parecen tener en sus manos la suerte de sus semejantes; hasta que llegue el día en que los pueblos cobren inequívoca conciencia de sus derechos, sin entregarlos a cambio de ningún beneficio material”.142 A su vez, Carlos Alberto Erro remarca la cuestión de que la libertad y la justicia no se obtienen por gracia de otro. Tampoco parece ser de una obra en conjunto, sino que la lucha es exclusivamente personal: “La libertad y la justicia también se ganan. No son donación de nadie; no constituyen una merced del poderoso. No hay que esperar que bajen del cielo y nos sean concedidas. Es preciso ganarlas en cada jornada. Se llega a ellas por el camino del dolor y el sacrificio”.143 De esta forma, San Martín significó el único referente nacional del cual todos le rindieron honores y acomodaron su figura histórica de acuerdo a su conveniencia. En cambio, el caso de Rosas se da contrariamente (al menos del lado oficialista a pesar de la insistencia de los revisionistas que publicitaban el peronismo a través de una analogía con la política nacional de Rosas), pues desde la perspectiva historiográfica oficial constituye una figura negativa, considerado como el representante de la barbarie, es el Tirano sanguinario, y sus maldades y atrocidades se conocen desde la época escolar a partir de lecturas de libros tales como “El matadero” de Echeverría, o “Amalia” de Mármol, mientras que los alumnos asumen una parte distorsionada de la historia y mezclan los relatos de las novelas mencionadas con acciones históricas. Como mencionamos anteriormente, el peronismo clásico se encontró bajo la disyuntiva de darle validez e importancia al revisionismo histórico, cuyo dinamismo había adquirido importancia desde la década del treinta de la mano de nacionalistas de derecha. En las revistas La Nueva República, fundada en 1927, y Criterio, fundada en 1928 –en torno a la que se organizaron los “Cursos de Cultura Católica” –y más adelante el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, se nuclearon defensores de la figura del Restaurador144, que

SÁNCHEZ VIAMONTE, C. “La declaración y el pensamiento argentino” en Sur. Buenos Aires. N° 190/ 191. Agosto –Setiembre de 1950. pp. 57 –58. 143 ERRO, C. A. “La lucha personal por el derecho” en Sur. Buenos Aires. N° 190/ 191. Agosto – Setiembre de 1950. pp. 60 –63. 144 NEIGBURG, F. Los intelectuales y la invención del peronismo. Buenos Aires. Alianza. 1998. p. 138.

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buscaron su reivindicación, como principal oposición a la corriente histórica liberal.145 Mucho de los revisionistas se adhirieron al peronismo y marcaron las analogías de Rosas con Perón. Sin embargo, el gobierno peronista desencantó ese entusiasmo revisionista al no querer alejarse de la historia de corte tradicionalmente liberal. De hecho, en los textos escolares no se alteró la línea clásica, solamente incorporando a ella, los acontecimientos más importantes del peronismo dejando de lado cualquier reivindicación de los caudillos federales. Incluso cuando se nacionalizaron los ferrocarriles, los nombres que acompañaron al de San Martín fueron todos próceres del olimpo liberal: Belgrano, Sarmiento, Urquiza, Mitre y Roca. Cualquier tipo de reivindicación dirigida hacia una revisión de la historiografía liberal era mal vista a los ojos del gobierno: por ejemplo, cuando el diario oficialista La Época en 1949 decidió publicar una serie de artículos sobre historia argentina de neto corte revisionista, alcanzó una acalorada polémica cuando se consideró ofendido el gobernador de Entre Ríos por uno de dichos artículos donde se defenestraba a la figura de Urquiza. El resultado fue un fuerte regaño hacia el dueño del diario, E. Colom, por parte de la mismísima Eva Perón, que mediante una llamada le recriminó: “Vos no podés hacer esa campaña que hiciste anti-urquicista, porque el peronismo es urquicista, y no vale la pena dividirlo o hacer la división con los que están con Rosas o contra Rosas; seamos todos peronistas, estén todos unidos, pero no traigan cosas viejas”146.Y cuando en 1954 comenzó una campaña a favor de la repatriación de los restos de Rosas, que descansaban en su exilio británico, “una indicación discreta pero precisa de Perón persuadió rápidamente a los promotores de la inoportunidad de su iniciativa”.147 Como destaca Ciria, la propia Carta Orgánica de 1954 establecía que se deberían adoptar medidas para evitar que el Partido Peronista “... intervenga o aparezca interviniendo a través de sus dirigentes o afiliados en los problemas de revisionismo o antirrevisionismo histórico y en los de carácter internacional”.148 Se puede argumentar que durante el peronismo clásico, Perón mantuvo un equilibrio entre Rosas y Sarmiento, mientras se apoyó constantemente en la figura indiscutible de San Martín. Son dos los factores preponderantes por los cuales Perón se mantuvo alejado de cualquier comparación con Rosas, el primero es por una cuestión de su propio pragmatismo donde evitó cualquier tipo de polémicas que pudiera traer una desbancada de los clásicos hombres de la patria, por los caudillos federales cuyas figuras aún seguían siendo discutibles para él. Es sabido su conocimiento de historia argentina desde sus inicios de oficial, sobre todo interesado en lo concerniente a batallas. Un ejemplo de su interiorización se puede vislumbrar
Se distingue a su vez de los primeros historiadores que realizaron una revisión del prócer, dentro del marco liberal, como fueron Adolfo Saldías y Ernesto Quesada. 146 Según testimonio del propio E. Colom. Ver Plotkin, Op. Cit. Apéndice I: “Los comienzos de la prensa peronista”. p. 314. 147 HALPERÍN DONGHI, T. Ensayos de historiografía. Buenos Aires. El Cielo por Asalto. 1996. p.118. 148 CIRIA, A. Política y Cultura Popular: la Argentina peronista, 1946-1955. Buenos Aires. De la Flor. 1983. p. 283.
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en su biografía; cuando siendo teniente coronel en el Centro de Instrucción de Montaña, es invitado a formar parte de una filial mendocina del Instituto Nacional Sanmartiniano, por tratarse de “un historiador que ha profundizado el estudio de la gesta sanmartiniana desde el punto de vista militar”, integrándose como vocal de la junta ejecutiva y formando parte de varias subcomisiones internas. En esos tiempos, tendrá largas conversaciones con el historiador Roberto Marfany donde explica “su sentido de revisionismo, crítico, pero sin caer en extremos políticos, dimensionando en su justa medida la figura de Juan Manuel de Rosas”.149Peña Lillo explica el porqué Perón no adhiere a la reivindicación de Rosas, habiendo sido Jauretche uno de sus asesores intelectuales: “Perón no era ni rosista ni revisionista, siendo totalmente indiferente a la presión que se ejerció sobre él para repatriar los restos del Restaurador. Estas discusiones teóricas las dejó para distracción de los ideólogos. El abrevaba la historia en la monumental obra de Bartolomé Mitre...”150 El otro factor, es conceptual pues, además de las dificultades que le implicaría, era mucho más conveniente su comparación con San Martín, centrando su figura como conductor del pueblo, que compararse con Rosas, el caudillo federal. Su pensamiento distinguía muchas diferencias entre conductor y caudillo, y desde ya no quería que haya equivocaciones: “El caudillo improvisa, mientras que el conductor planea y ejecuta; el caudillo anda entre las cosas creadas por otros, el conductor crea cosas nuevas; el caudillo produce hechos circunstanciales, mientras que el conductor los produce permanentes; el caudillo destruye su acción cuando muere; la del conductor sobrevive en lo que organiza y pone en marcha. Por eso el caudillo actúa inorgánicamente y el conductor organiza, venciendo al tiempo y perdurando en sus propias creaciones. El caudillismo es un oficio y la conducción es un arte”.151

PAVÓN PEREYRA, E. (Dir.) Perón, el hombre del destino. Buenos Aires. Abril Educativa y Cultural. 1974. Tomo I. p. 166 –167. 150 PEÑA LILLO, A. Op. Cit. p. 79. 151 PERÓN, J. D. “El caudillo y el conductor. Discurso pronunciado en la Primera Asamblea Partidaria del Luna Park. Junio 25 de 1949” en Habla Perón. Buenos Aires. Subsecretaría de Informaciones. 1950. p. 33.

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Sin embargo, a partir del fenómeno que suscitó el peronismo, fue inevitable para la oposición encontrar paralelismo entre Rosas y Perón, iniciando un nuevo capítulo en la historia de “la zoncera que parió a todas”152: Civilización o Barbarie. El peronismo, a pesar de mantener la línea historiográfica tradicionalmente liberal, en sus acciones era antiliberal, mediante su retórica nacionalista y antiimperialista. Estaba en contra de los valores que permanecían vigentes para la gente que formaba Sur. Desde allí, se intentaba resguardar el liberalismo esencial con figuras clásicas, como Sarmiento. Para Victoria Ocampo, Sarmiento era la figura ejemplar, en contraposición a las “espeluznantes historias y las desaforadas persecuciones de don Juan Manuel”153 La analogía con la tiranía de Rosas sería un recurso recurrente para Sur para manifestar su oposición al régimen peronista. Desde luego que no era exclusivo de la revista, ya que basta hacer una recorrida en los diarios que manifestaban su oposición, como en los discursos de los adversarios, para encontrar las coincidencias que hallaban con Rosas. Por ejemplo, en el aniversario de Caseros, el socialista Dardo Cúneo expresaba: “Venimos a celebrar Caseros con el convencimiento de que Rosas, vencido el 3 de Febrero de 1852, ha reaparecido en la Argentina del 3 de Febrero de 1946. Este recuerdo nuestro tiene un carácter de una jornada de lucha y quiere ser una batalla más contra la tiranía”.154 Las alusiones son muchas y permanentes, en efecto, el peronismo, fue relacionado por la oposición con los dictadores europeos y con la tiranía rosista, en consecuencia, sus adversarios levantaban en andas los estándares de la unión panamericana, junto con los valores liberales heredados de Mayo. En una solicitada publicada en La Prensa, el viernes 1° de Febrero

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JAURETCHE, A. Manual de Zonceras Argentinas. Buenos Aires. Corregidor. 2002. OCAMPO, V. “Figari” Citado en SITMAN, R. Op. Cit. p. 215. 154 Discurso reproducido en La Prensa, 4 de Febrero de 1946. Citado en SVAMPA. M. El dilema argentino: Civilización o Barbarie. Buenos Aires. Taurus. 2006. p. 328.

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de 1946, numerosos escritores defendían las posturas cívicas democráticas brindando apoyo a la Unión Democrática, “... para salvar los destinos del país, estableciendo el imperio de la Constitución Nacional y restaurando los principios de Mayo, bajo el régimen de libertad, justicia y fraternidad humana...”.155 Entre los firmantes, figuraban gran parte de los colaboradores asiduos de Sur: Victoria y Silvina Ocampo, María Rosa Oliver, Francisco Romero, Eduardo Mallea, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Vicente Barbieri, Ernesto Sábato, Eduardo González Lanuza, Carlos Alberto Erro, entre otros. El paralelismo entre la figura de Rosas y la de Perón es evidente y se repetiría en varios de las obras de los colaboradores de Sur: observamos coincidencias en poemas de Alberto Girri y de Borges, así como también en cuentos de Adolfo Bioy Casares, dentro de los más recurrentes. Éste último publicaría en Sur, en Julio –Agosto de 1954, un cuento corto titulado “Homenaje a Francisco Almeyra”, donde la historia transcurría en tiempos de Rosas, y Almeyra era un escritor joven que tiene que marchar al exilio, luego determina unirse a la lucha contra la tiranía y termina siendo prisionero y degollado al poco tiempo. Antes de morir, Almeyra medita sobre el nacionalismo equívoco de Rosas: “pensó que ese énfasis de encono puesto en la palabra <<extranjero>> traslucía una de las pasiones que siempre flameaban al lado de los déspotas.” En el final expone implícitamente la analogía Rosas –Perón: “en aquellas épocas infaustas, y por fortuna, para mí y para ti, querido lector, pretéritas”.156 Otro manifiesto, esta vez pronunciado por Borges en una cena en la que fue agasajado por la SADE, y al poco de haber sido traslado de auxiliar en la biblioteca municipal a prestar servicios en la policía municipal como inspector de aves y conejos, no dudaba en expresar los siguientes conceptos: “(...) las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomenta el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de caudillos, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez.... Combatir estas tristes monotonías es uno de los muchos deberes del escritor. ¿Habré de recordar a lectores del Martín Fierro y de Don Segundo que el individualismo es una vieja virtud argentina?”157 También podemos citar el poema publicado en Sur por Borges en 1953, titulado “Página para recordar al coronel Suárez, vencedor de Junín”, cuyo alusión refiere a un antepasado personal, comprometido como él en una batalla cíclica contra los tiranos: “ –Qué importa mi batalla de Junín si es una gloriosa memoria,/ una fecha que se aprende para un examen o un

“Escritores Argentinos definen su posición Cívica Democrática” en KORN, G. (Comp.) Literatura argentina siglo XX. El peronismo clásico (1945- 1955) Descamisados, gorilas y contreras. Buenos Aires. Paradiso. 2007. pp. 27 –29. 156 La utilización de lo irónico y sarcástico es común en las obras de Bioy Casares. “Homenaje a Francisco Almeyra” en Sur. N° 229. Julio –Agosto de 1954. p. 8. 157 BORGES, J. L. en Sur. N° 142. 1946. pp. 114 –115.

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lugar en el atlas. /La batalla es eterna y puede prescindir de la pompa/ de visibles clarines;/ Junín son dos civiles que en una esquina maldicen a un tirano / o un hombre oscuro que muere en la cárcel”.158Como podemos apreciar, Perón no solo encarnaba la figura de Rosas, sino que se relacionaba con todo lo que representase tiranía y sumisión. No obstante, esa lucha cíclica que tenía que enfrentar Borges, es característico del mundo borgeano: el concepto del eterno retorno, los círculos infernales de Dante, todo está íntimamente ligado a la literatura de Borges. Así, en su mundo fantástico, Borges deberá enfrentarse a la tiranía como si se tratase de una tortura dantesca: “Cada 100 años Buenos Aires engendra un dictador que de algún modo siempre es el mismo. Al cabo de un plazo variable, las provincias –conste que soy porteñotienen que venir a salvarnos. En 1852 fue Entre Ríos; en 1955 fue Córdoba”.159De hecho, para Borges la historia ha de repetirse al punto tal que no encuentra diferencias entre Rosas y Perón: “Creo que Rosas debe haber representado en su época una calamidad igual a la de Perón”.160Pero en el caso particular de Borges, uno puede quedar perplejo si accidentalmente obtiene algunas de sus publicaciones en los tiempos martinfierristas, cuando su criollismo altruista es evidente, donde en esta época vanguardista se busca la reivindicación de Rosas, y se pierde en el rastreo de la tradición argentina, tratando de encontrar en el malevaje al sucesor del gaucho (tal como lo satiriza bajo el seudónimo de Luis Pereda, Marechal en su Adán Buenosayres) Con qué desconcierto nos hallaremos si leemos casualmente un texto del propio Borges de 1926 que expresa: “Nuestro mayor varón sigue siendo don Juan Manuel: gran ejemplar de la fortaleza del individuo, gran certidumbre de saberse vivir...”161o encontramos una carta abierta de Juan Manuel de Rosas a Jorge Luis Borges en la Revista de América; donde el pseudo Restaurador le escribe: “aunque tu ideología a veces se conforme con algunas retóricas modernas, eres, esencialmente, un inquilino de esas casas vividas que nos presta el Pasado.”162 Es que la situación mundial, el inicio de la guerra civil española, obligó a Borges a optar por uno de los bandos y ponerse del lado republicano; a diferencia de algunos de sus ex compañeros de Martín Fierro que adhirieron al nacionalismo. Atrás dejaba Borges también su simpatía hacia FORJA, y su elogioso prólogo de “la patriada” relatada por Jauretche en El paso de los Libres (1934), frente a tal paradoja, Borges contestaba posteriormente: “yo no tengo amigos peronistas”. Pero lo sucedido con Borges no es una excepción, ya que esas marcadas posiciones ideológicas, se representaron a posteriori bajo la nueva dicotomía: peronistas – antiperonistas.
BORGES, J. L. Antología personal. Buenos Aires. Sol 90. 2001. pp.24 –25. En Sur salió en el número 224, Enero –Febrero de 1954. 159 BORGES, J. L. “Nota sobre los argentinos” citado en SVAMPA, M. Op. Cit. p. 335. 160 SORRENTINO, F. Siete conversaciones con Jorge Luis Borges. Buenos Aires. El Ateneo. 2001. p.123. 161 BORGES, J. L. “Nuestro mayor varón”, original de El tamaño de mi esperanza (1926), citado en CHAVEZ, F. La vuelta de Don Juan Manuel. Buenos Aires. Theoría. 1996. p. 255. 162 “Carta abierta de Juan Manuel de Rosas a Jorge Luis Borges” en Las Revistas Literarias. CEAL. 1968. p.140.
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Volviendo a la analogía Rosas –Perón, incluso en el luto que se impuso por la muerte de Evita, se comparaba con el que realizó Rosas al fallecer Doña Encarnación.163 La eficacia simbólica negativa que tenía el paralelo trazado entre Rosas y Perón sería explotada por la oposición a lo largo de nueve años de gobierno justicialista, para finalmente sellarse en la expresión con la que se autodenominaron los golpistas: “Revolución Libertadora”, cuyo fin era acabar con “La Segunda Tiranía”. A partir de ese momento, las analogías se hicieron mucho más explícitas, conmemorándose el acontecimiento como un “segundo Caseros”. En la edición “Por la reconstrucción nacional”, Sur no puede evitar hacer las evocaciones previsibles: por ejemplo, Aldo Prior expone que los males que aquejan a la Argentina son los mismos que previó Sarmiento en su Facundo: la barbarie, que en ese caso encarnaba el rosismo y el caudillaje federal. “Estos acontecimientos... vuelven a aparecer de vez en vez, bastante tercos, porque denotan la persistencia de lo que no ha cambiado en medio de tantas otras cosas que lo han hecho. A la barbarie tampoco se la mata. Y esto, aunque ya lo sabía Alberdi, puede ser olvidado”.164 Canal-Feijóo encuentra que la verdadera problemática radica en una falta de práctica constitucional que permite emerger la tiranía cada 100 años, encarnando “el mito argentino del héroe o el prototipo que sale con el objeto de volver, cuaja y rige durante el período de la tiranía de Rosas, o sea, según las estimaciones consagradas, cuando el turno político social está concedido en la vida de la nación a <<la barbarie>> (que significa estado preconstitucional) (...) La constitución nominal del país ha acabado devorada por la constitución real –estructural- del país. Después de 100 años puede tenerse la impresión de estarse de nuevo en el principio; pero, es claro, este principio está ahora 100 años después. Presumo en nuestra presente revolución constitucional argentina (sic); (la primera fue la de Mayo; la segunda, la del 52); la veo tan importante como las dos primeras... (...) Como hace cien años, el peor enemigo del país no está afuera, está adentro; y es mil veces más peligroso..., porque ya no se llama <<desierto>> o caudillismo feudal, ahora tienen el nombre de Suma de potestades centralizadas, de superconcentraciones urbanas a costa de campañas empobrecidas, de las inseguridades de una naciente industrialización, de una obnubilación de la verdadera conciencia constitucional argentina en la mayoría de los dirigentes políticos”.165 Carlos Mastronardi, compara también a Perón con Rosas, en su momento final, por su “patetismo” y “cobardía”: “Mucho antes de extinguirse Caseros, cuando aun se peleaba confusamente, el gobernador Rosas abandonó el campo de batalla para buscar refugio en el Consulado de Inglaterra. Así también, cuando en el mar y en la montaña había sangre, cuando

Alicia Jurado lo expresaba en sus memorias. Como punto coincidente entre esta analogía, podemos citar que ambas eran consideradas Jefas espirituales. 164 PRIOR, A. “Apelación a la conciencia” en Sur, n° 237. Noviembre –Diciembre de 1955. p. 81. 165 CANAL-FEIJÓO, B. “¿Qué hacer?” en Sur, n° 237. Noviembre –Diciembre de 1955. pp. 73 –80.

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la victoria aun no tenía dueño, nuestro segundo dictador buscó asilo en una Embajada extranjera.”166 La lista de escritores sigue, y la gran mayoría hace alusión del paralelismo mencionado; lo cual demuestra esa falta de crítica coherente y profunda hacia la situación real. Se vuelve al simplismo de encerrar todos los males a un Calígula que hace del país estragos, y que con su desaparición todo tiene que volver a la normalidad. Para finalizar el repaso, no se puede dejar de lado los dos poemas que evocan el acto libertador: Silvina Ocampo expone en su “Testimonio para Marta”: “Brillaba el sol de octubre y apenas lo veíamos, cantaban las torcazas y apenas las oíamos, ¡Hablábamos y hablábamos, cruzábamos las calles como en las pesadillas cargadas de detalles! El Río de la Plata no parecía el mismo, La llanura amarilla tampoco. Era un abismo, (...) ¡Durante cuánto tiempo, la fuerza aniversaria, el disparate, el libro de enseñanza primaria, la incesante inscripción, la furia, la vergüenza, la adulación ardiente, la delación, la ofensa! ¡Durante cuánto tiempo, la cárcel, la locura, la desaparición de una persona pura! (...) Las tiranías son siempre como las pestes. Tendrás que recordarlas, existen estas cosas: Hay hombres todavía que veneran a Rosas. (...) Que no renazca el sol, que no brille la luna, Si un tirano como éste siembra nueva infortuna, Engañando a la patria. Es tiempo ya que muera Esa raza maldita, esa estirpe rastrera. Que sólo en los museos estén los dictadores Como remotos saurios y no como señores”.167

Alberto Girri evoca su “Acto de fe”:
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MASTRONARDI, C. “El periodismo laudatorio de ayer” en Sur, n° 237. Noviembre –Diciembre de 1955. p.59. 167 OCAMPO, S. “Testimonio para Marta” en Sur, n° 237. Noviembre –Diciembre de 1955. pp. 46 –47.

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“(...) Hemos sido hechos salvos ¿y ahora qué?, tras el breve gusto de la euforia el pasado retomará su marcha, el mismo funeral de hace cien años, y estos símbolos que se nos devuelven, este país, este Río de la Plata, intentarán de nuevo redimirse olvidando que entre tiempo y tiempo el espíritu repite sus infecciones”.168

Con el peronismo proscripto, la figura de Rosas será tomada como bandera de lucha por un nuevo grupo de revisionistas de carácter popular, que denunciaban el derrocamiento de Perón, como una nueva traición de los “vendepatria”, aquellos que avalan la historia liberal, que siguen la línea Mayo –Caseros. Así, con su sarcasmo original, Jauretche publicaba en el semanario Qué: “Qué grande sos, Don Juan Manuel. Sos el primer Restaurador... La oiremos cantar con la musiquita que ya se sabe. Lo que no pudieron don Leandro y don Hipólito, Horacio Oyhanarte y Corvalán Mendilaharzu, entre los radicales y una generación entera de vigorosos historiadores entre los nacionalistas, lo han logrado la SADE, ASCUA y los grandes diarios. ¡Flor de revisionistas, estos libertadores! Porque la sombra de don Juan Manuel anda ya entre las multitudes argentinas y su nombre es nombre de libertador con el necesario y fatal destino de exilado. (...) Así nos bastó que nos demostrasen que esto era el nuevo Caseros, para que mis paisanos se dieran cuenta, una vez por todas, de lo que fue el otro.”169

GIRRI, A. “Acto de fe” en Sur, n° 237. Noviembre –Diciembre de 1955. p. 49. JAURETCHE, A. “Aprendamos a leer los diarios (aunque el pueblo argentino ya aprendió bastante bien)” en Qué sucedió en siete días. Año IV. N° 174. 25 de Marzo de 1958. p. 12.
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Los textos más difundidos de esta nueva corriente revisionista peronista, verá la luz con dos de los textos más populares de esa época, que alcanzaron gran difusión: se trata de Los profetas del odio de Arturo Jauretche e Imperialismo y cultura de Hernández Arregui, ambos de 1957. Entrando los sesenta, el peronismo adquiriría nuevos matices que incluso lo vinculaban con el marxismo. El propio Perón, desde su exilio, adquiere una retórica reivindicativa hacia Rosas y los caudillos, reconociendo su gobierno como auténticamente popular.171

Ilustración aparecida junto a la nota de Jauretche, “Aprendamos a ...” en Qué... Se puede apreciar la nueva concepción historiográfica de Perón en el filme Actualización política y doctrinaria para la toma de poder de SOLANAS –GETINO, donde reconoce que los únicos gobiernos que defendieron los intereses nacionales fueron el primer gobierno patrio, el de Rosas, el de Yrigoyen y el suyo. Otro indicio de su giro lo podemos apreciar en el interesante libro de Eugenio Rom: Así hablaba Juan Perón (Peña Lillo, 1980) donde Perón en 1968, expone un panorama histórico de la Argentina desde la formación del Virreinato del Río de la Plata hasta el golpe que lo derrocó en 1955.
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En definitiva, Sur se cerró sobre sí misma ante la caída del peronismo con conceptos que habían caducado en los tiempos vertiginosos que le tocaban vivir. Pero, ¿todos habían adquirido una misma postura ante el peronismo? ¿Era necesario una catarsis ideológica dentro del quehacer intelectual? Para ello habría que analizar cuatro grandes referentes de la literatura argentina que vivieron el peronismo y también participaron de Sur, en mayor o menor medida. A partir de ahí nos podremos interiorizar el porqué de la decadencia de una revista que había sido la antítesis de la Argentina peronista.

Otro ejemplo del cambio de imagen que había adquirido Rosas en los sesenta. Aquí se lo utiliza para promocionar yerba mate La Hoja, algo impensado años atrás.

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Capítulo 5: Distintas posturas sobre una misma problemática: la presencia del
fenómeno peronista en diversos referentes de la literatura argentina.

a) Borges ante la postulación de la realidad.
“(...) La simplificación conceptual de estados complejos es muchas veces una operación instantánea. El hecho mismo de percibir, de atender, es de orden selectivo: toda atención, toda fijación de nuestra conciencia, comporta una deliberada omisión de lo no interesante”. JORGE LUIS BORGES173

El epígrafe expuesto se trata en realidad de una apreciación de Borges en cuanto a la literatura. Pero esta cita también lo podemos considerar como una postura de él sobre el peronismo. En efecto, Borges no supo, o no quiso, separar al movimiento del líder; y tratándose de un escritor de tantos recursos etimológicos, no encontró mejor calificación que asociar al peronismo y sus derivados con todo lo despreciable, malévolo, irracional, estúpidamente cruel. Algunos biógrafos encuentran que ese antiperonismo acérrimo nació cuando por la posición que mantuvo su madre sobre el régimen, sufre la humillación de caer detenida, estando presa como lo estuvo también Norah, hermana de Jorge Luis.174 La otra posibilidad que se baraja es cuando termina siendo separado de su puesto de auxiliar bibliotecario municipal para ser designado inspector de aves en los mercados en 1946. Por ese entonces, Borges era un personaje reconocido en el mundo de las letras, como también era conocida su postura ante el golpe militar del ’43 y el posterior ascenso de Perón. Borges abominaba todo lo referido al nacionalismo. Sin duda, a pesar de no ser de la clase social de Victoria Ocampo, su postura ideológica se le asimilaba bastante175. Su rechazo hacia el nacionalismo, que lo encontraba muy peligrosamente fascistoide además de determinista, lo llevó a ser el centro de importantes debates. Él mismo manifestó su persistencia de mantenerse alejado de todo círculo de escritores que lo pueda a llegar a catalogar de nacionalista: “... Alfonso Reyes había fundado una revista, llamada Libre, y me invitó a mí a colaborar en la revista. Pero, como en esa revista colaboraban muchos nacionalistas y yo sé que a la gente le gusta simplificar, (...)naturalmente la gente me vería a mí como un nacionalista.”176

BORGES, J. L. “La postulación de la realidad” en Discusión. Madrid. Alianza. 1998. p. 88. QUIROGA, O (Dir.) Borges y nosotros. Buenos Aires. Centro Cultural Caras y Caretas. 2007. 175 También Borges venía de una de las familias destacables del siglo XIX, del cual siempre hizo alarde. Más allá de su nostalgia arrabalera, contaba con un pensamiento elitista y liberal como el de Victoria. Sin lugar a dudas, los desbarajustes que sufrió la oligarquía a partir del ’30, la interrupción de las relaciones con Gran Bretaña, sumado a las innovaciones mencionadas, debe haberlo afectado indirectamente. SEBRELI, J. J. Los oligarcas. Buenos Aires. CEAL. 1971. 176 SORRENTINO, F. Op. Cit. p. 40.
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Incluso el estilo que adquiere su prosa, en conjunto con la temática y su pensamiento, amplió el carácter del debate, que a veces excede lo puramente literario. Por ejemplo, en la década del ’30, la revista Megáfono juntó la opinión de distintas personalidades en torno al tema Borges. A partir de esa encuesta, Ramón Doll hace su crítica hacia Borges, catalogando sus escritos de antiargentino y de una frialdad conmensurable: “...su prosa manifiesta un firme propósito de irritar a los argentinos, con el excesivo cuidado en la propiedad del lenguaje (purismo); con la preocupación de cargar demasiada intención en las palabras (conceptismo), y con el pasatiempo de las sorpresas verbales (preciosismo). A nosotros nos irrita esa excesiva vigilancia del escritor que interrumpe a cada momento el hilo del discurso para obligarnos a invertir y replegar nuestra atención hacia un trabajo de interpretación de vocablos que nos incomoda y nos aburre, aunque la palabra venga a resultar de una precisión matemática y aunque se haya, acaso, sorteado una perífrasis.(...) Esas voliciones e intenciones que representan las palabras no aparecen sino cuando el parlante habla su lengua, pero la lengua viva, de validez histórica; como que la otra, la lengua oficial, no existe sino como modelo. Y Borges, ni siquiera habla en ésta, sino en otra que no el al suya y tal vez la de nadie.”177La durísima crítica que efectúa Doll, es una de las más emblemáticas, pero la discusión continúa al día de hoy. El problema en profundidad, se trata en realidad no de cómo se escribe, sino más bien para qué, y es una crítica que empieza a adquirir mayor notoriedad a mediados de los cincuentas con Jean-Paul Sartre y “el compromiso del escritor”, algo muy contrario a lo que adhería Benda, del cual ya hicimos mención. Sin dudas, tendríamos que partir de esa hipótesis: para Borges el nacionalismo era algo detestable, porque lo único que hacía era cerrar fronteras, estar sometidos al Estado, alejarnos de una visión universalista, que era justamente lo que siempre defendió: “¿Cuál es la tradición argentina? Creo que podemos contestar fácilmente... nuestra tradición es toda la cultura occidental, y creo que también tenemos derecho a esta tradición, mayor que el que pueden tener los habitantes de una u otra nación occidental”.178 Y el peronismo reunió para él todo lo execrable, y por ende, rechaza totalmente lo que considera el crecimiento del control del Estado peronista. A su manera, también valoró la libertad individual por sobre la social, y el régimen lo terminó sofocando. El problema, para Borges, radicaba en la naturaleza del argentino, que nunca logró identificarse con el Estado, por ello es ante todo un individuo y no un ciudadano. Nunca comprendió lo que sí supo entender Perón: el ascenso de las masas era irremediable. Lo que Perón llamaba “la hora de los Pueblos”, para Borges sólo eran grupos de sinvergüenzas o de interesados que buscaban sacar ventajas frente al desconcierto. Así, para Borges lo sucedido el 17 de octubre de 1945 se trató de una mentira:
DOLL, R. “Discusiones con Borges” en AAVV Las revistas literarias. Buenos Aires. CEAL. 1968. pp. 81 –83. 178 BORGES, J. L. “El escritor argentino y la tradición” en Discusión... p. 200. Publicado originariamente en Sur. Buenos Aires. N° 232. Enero –Febrero de 1955.
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“La verdad es que yo creí y sigo creyendo que se trata de una especie de farsa: no creo que sucediera nada realmente. Porque si el dictador hubiera sido secuestrado, y hubiera sido salvado por una turba, es muy raro –dado el carácter vengativo del hombre- que nunca se investigara el asunto. Creo que eso fue hecho de un modo un poco escenográfico y en lo cual nadie creyó, desde luego. Es decir, es algo que existe más ahora que en el momento mismo en que se produjo”.179 También no puede existir alguien que se considere peronista: “El peronista es una persona que simula ser peronista, pero que no le importa nada, que lo hace para sus fines personales. (...)Yo –por lo menos durante la dictadura- no conocí a nadie que se animara a decir <<soy peronista>>, porque se hubiera dado cuenta de que se ponía en ridículo. Más bien diría: <<A mí me conviene el peronismo porque le saco tales ventajas>>”.180 En efecto, Borges hace un razonamiento sumamente simplista y egoísta de la realidad social: en el acto populista de satisfacer las demandas equivalenciales del pueblo, sólo ve despilfarro económico, clientelismo, corrupción... “Otro estigma de la época de hoy (Mayo de 1971) afortunadamente pretérito fueron las delaciones costeadas con el dinero público. Sé de señoras y niñas que se prestaron al ejercicio de esa indiscreción lucrativa. Otro soborno fue el aguinaldo, curiosa medida económica –imitada nunca sabré por qué por los gobiernos ulteriores- según la cual se trabajan doce meses y se pagan trece. Esta ridícula y onerosa medida ha sido decorada con el título de ‘conquista social’”.181Esa negatividad de Borges también es producto de esa compleja percepción del tiempo que manifiesta en muchos de sus cuentos. Si en los ’60 se afilió al Partido Conservador, aduciendo que había sido conservador toda su vida sin darse cuenta hasta ese momento, es también por esa profunda relación con el pasado, que lo presenta como una persona extemporal, que reniega del presente. En la carta apócrifa de Rosas a Borges se acusa también su nostalgia hacia el pasado: “En una de tus primeras cartas me confesabas que te hubieran gustado los días de mi tiempo para casona y patio de tu vivir. Pues bien; yo estoy seguro que de haber ocurrido tu presente en mis días, habrían invocado los manes de la Junta; asomado al Cabildo, limpiando tus anteojos, con los ojos perdidos en una nostalgia azul y blanca de sangre goda”.182 Pero la particularidad del presente peronista, con el ascenso de las masas, la retórica y la propaganda masiva, las concentraciones, hace que se le presente a Borges como algo patético, cuyo fin es encubrir la realidad criminal: las persecuciones y las torturas de que la gente es consciente, pero asienten en disimular ante la farsa, manteniéndose condesciendes al agrado de tal ficción. Porque el que dice ser peronista, solamente lo es por interés, algo natural del argentino “su viveza criolla”183; por una falta de práctica conciudadana

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SORRENTINO, F. Op. Cit. p. 115. SORRENTINO, F. Op. Cit. p. 120. 181 Carta publicada en La Nación en Mayo de 1971. Citada en CAPARRÓS, M –ANGUITA, E. La Voluntad. Buenos Aires. Norma. 1997. Tomo I. pp. 452 –453. 182 AAVV Las revistas literarias... p. 140. 183 La Nación en Mayo de 1971. en CAPARRÓS, M –ANGUITA, E. Op. Cit. p.453.

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que lo envuelve en un individualismo feroz, del que muchos forman parte dando en consecuencia a una horda de salvajes insaciables. “Pertenecían al orden de lo patético y de lo burdamente sentimental; felizmente para la lucidez y la seguridad de los argentinos, el régimen actual ha comprendido que la función de gobernar no es patética”.184

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El peronismo significaba una verdadera pesadilla que era imprescindible erradicar, y su odio llegó a tal extremo, de parecer contradictorio el condenar al peronismo cuyo ascenso se dio bajo elecciones limpias, catalogándolo de dictadura, y en cambio terminó apoyando golpes militares que interrumpieron el orden constitucional, culpables de la desaparición y asesinato de miles de personas (sin contar el industricidio y la malversación económica). Justificó los fusilamientos efectuados por la Libertadora aduciendo: “Después la gente se pone sentimental porque fusilan a unos malevos. Qué porquería, los peronistas”,186y celebró a la Junta militar del ’76 y a la dictadura pinochetista: “Hablé con Pinochet acerca del hecho de que aquí, como en mi patria y en Uruguay, se están salvando la libertad y el orden, sobre todo en un continente anarquizado y socavado por el comunismo...”187

BORGES, J. L. “L’ illusion comique” en Sur, n° 237. Noviembre –Diciembre de 1955. p. 10. Dibujo de Borges del año 1946 titulado Das Hydra der Diktator. Nótese que como cabeza central de la hidra se encuentra Eva Duarte de Perón. Como bien observó Montes –Bradley según el mito la cabeza central constituye lo inmortal, la más peligrosa de erradicar ya que, a diferencia de las otras cabezas del monstruo (Perón, Marx, Mussolini, Hitler, Rosas) que son las que se implican mortales, la central deberá ser sepultada debajo de una roca para evitar su resurrección. Seguramente los de la Libertadora también tenían en cuenta ese mito en el momento de hacer desaparecer el cadáver de Evita... 186 PANESI, J. “Borges y el peronismo” en KORN, G. (Comp.) Literatura argentina siglo XX. El peronismo clásico (1945- 1955) Descamisados, gorilas y contreras. Buenos Aires. Paradiso. 2007. p. 40. 187 Publicado en La Razón, 23 de Setiembre de 1976. Citado en JAURETCHE, A. Las polémicas de Jauretche (tercera parte): Libros y alpargatas. Buenos Aires. Los Nacionales. 1993. p. 128.
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Se puede decir que fue uno de los únicos que respaldó siempre al gobierno militar de Aramburu. Tuvo el privilegio de ser designado Director de la Biblioteca Nacional y también Profesor de Literatura Inglesa de la Universidad de Buenos Aires. Ese reconocimiento tenía sabor de revancha en cuanto a la separación de su cargo de auxiliar bibliotecario durante el peronismo. Al parecer, Borges era una figura de oposición muy peligrosa, por ello tenía que ser humillado de esa forma, además de ser vigilado día y noche por agentes que le seguían los pasos. Es cierto que durante el peronismo existió una persecución política, pero en realidad se acentúa en la segunda presidencia. En cuanto a la separación de su cargo, es una leyenda muy popular, alimentada por el propio Borges, pero que del cual no poseemos datos fehacientes: el crítico Jorge Rivera se tomó el trabajo de investigar el expediente municipal que decidió su traslado, y la conclusión que se ha tomado al respecto es que se trata de un mito biográfico. Lo cierto es que los agentes municipales tenían prohibido realizar manifestaciones políticas, y que Borges fue sancionado levemente por esto, antes de que Perón subiera al poder. En cuanto al oprobioso cargo de inspector de ferias, al parecer no han quedado huellas en el expediente.188 Lo cierto es que Borges creyó que el peronismo, como toda ilusión, tenía que desaparecer y apoyó la conscripción y la política de desperonización que había efectuado el gobierno golpista. Pero para lograr esa limpieza, era imprescindible no revalorizar nada que haya realizado el peronismo; y esa posición lo llevó a enfrentarse con Martínez Estrada en 1956, a partir del libro ¿Qué es esto? donde se permite analizar el fenómeno peronista, del cuál Borges supone que Martínez Estrada termina elogiando algunos actos de Perón indirectamente: “(...)laborioso método regresivo, tan desdeñado por el común de la humanidad, parece reservado a los comentadores del peronismo, que cautelosamente hablan de necesidades históricas, de males necesarios, de procesos irreversibles, y no del evidente Perón. (...) en el universo hay dos hechos elementales, que son el bien y el mal... Creo que el dictador encarnó el mal y que es un prejuicio romántico suponer que su causa no fue perversa, por la sola razón de que hoy es una causa perdida”.189 Esa misma postura la mantendrá cuando polemiza al poco tiempo con Ernesto Sábato, que desde su puesto de Director de la revista intervenida por el gobierno llamada Mundo Argentino, denuncia las torturas policiales a presos peronistas. En fin, Borges termina siendo el prototipo del gorila o antiperonista, quizás por el mismo motivo que entiende a los peronistas. Quizás Borges pensaba “a mí me conviene ser antiperonista porque le saco la ventaja de presentar mi postura ante el nacionalismo, y a su vez me sirve para defender el conservadurismo que siempre anhelo”. Como postuló frente al modo de percibir la realidad: “toda fijación de nuestra conciencia, comporta una deliberada omisión de lo no interesante”, lo que no comprendía Borges desde su liberalismo decimonónico, y por ende conservador, no le
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PANESI, J. Op. Cit. p. 39. BORGES, J. L. “Una efusión de Ezequiel Martínez Estrada” en Sur. Buenos Aires. N° 242. Septiembre –Octubre de 1956. pp. 52 –53.

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interesaba... lo consideraba falso, irreal. El problema es su falta de compromiso como escritor, acción de la cual será criticado tanto por la gente de Contorno190, como por parte de Jauretche o Hernández Arregui, cada uno desde sus distintas posiciones. La acción de Borges termina siendo agravada por su verborragia que lo presenta siempre como un provocador. Más allá de ser antiperonista, es claro que mantiene una postura de cierto escepticismo frente a los cambios acaecidos después del 55, y en virtud a esos cambios termina siendo un antiintelectual.

b) La comunidad organizada de Marechal.
“-Desde fines de 1955 –les dije-, con un pueblo en derrota y su líder ausente, soy un desterrado corporal e intelectual. Y añadí: -En nuestra fauna sumergida existen hoy el Gobernante Depuesto, el Militar Depuesto, el Cura Depuesto, el Juez Depuesto, el Profesor Depuesto y el Cirujano Depuesto. No quedó aquí ningún hijo de madre sin deponer. -¿Y usted qué lugar ocupa en esa fauna? –me preguntó Megafón chisporroteante de malicia. –Soy el Poeta Depuesto –le confesé modestamente”. LEOPOLDO MARECHAL191

El caso de Leopoldo Marechal constituye una posición opuesta a la de Borges. Sin haber sido amigos, ni compartir la misma concepción literaria, ambos formaron parte, durante su juventud, de la revista vanguardista Martín Fierro. Ambos, en distinta medida, colaboraron en la revista de Victoria Ocampo como otros ex martinfierrista como González Lanuza; pero las posiciones ideológicas terminaron interviniendo en esa camaradería intelectual. Leopoldo Marcehal era un escritor católico y nacionalista, y en efecto, la situación mundial terminó dividiéndolos inevitablemente. Pero también se diferencia a Borges en cuanto a su relación con el peronismo, ya que Marechal apoyó a Perón desde aquel 17 de Octubre, que si a Borges le parecía una teatralización baladí, para él fue una invitación para formar parte de un momento histórico: “Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi, reconocí y amé los miles de rostros que la integraban: no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina <<invisible>> que algunos habían anunciado literariamente192, sin conocer ni amar sus

Al respecto, V. Sanromán en su crítica sobre “La fiesta del monstruo” manifiesta: “(...)me interesa lo que el mismo Borges ha querido darnos: su versión del peronismo. Esa versión de Borges parece haberse constituido en el primer momento y se ha mantenido incólume a través de los años. Borges vió de una vez el peronismo y nunca revisó su visión”.en Contorno. N° 7 /8. 191 MARECHAL, L. Megafón o la guerra. Buenos Aires. Sudamericana. 1970. 192 En esa crítica está aludiendo a Eduardo Mallea y su Historia de una pasión argentina donde convergen una Argentina visible y otra invisible. Esa Argentina invisible, para Mallea, era aquella que recuperaría los viejos valores, encarnados en los fundadores de la patria y sus descendientes; es decir, nunca podía representar el lúmpen que se concentró en la plaza.

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millones de caras concretas, y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista”193. Sin haber participado nunca políticamente, ofreció sus servicios al por entonces coronel Perón, así fue que se reunió con un grupo de argentinos como José María Castiñeira de Dios, Hipólito Jesús Paz y Arturo Cancela, entre otros, para realizar una formulación teórica del peronismo, para dar forma a lo que sería luego la doctrina partidaria. En el esbozo de su doctrina el coronel Perón plantea el problema de la cultura como un eje axiomático alrededor del cual se mueven los factores políticos, sociales y económicos de una nación: si el eje falla, la rueda no anda.194 Cuando Perón fue elegido presidente en 1946, Leopoldo Marechal ocupó la dirección General de Cultura y luego el de Enseñanza Artística. Esa participación activa dentro del gobierno, terminó empañando su trayectoria de escritor y poeta. La mayor parte de la intelectualidad argentina, era mayoritariamente antiperonista. Incluso la mayoría de las editoriales albergaban en su seno a toda clase de opositores. Cuando en 1948 salía su laboriosa novela Adán Buenosayres, fue ignorada impúdicamente. Las pocas críticas que recibió fueron agresivas, el ex martinfierrista González Lanuza opinaba desde Sur: “El autor estaba persuadido de estar escribiendo una novela genial y en los hechos solo imita torpemente a Joyce; el autor abusa de un lenguaje coprológico innecesario y vacío con el superficial propósito de escandalizar, pero de hecho es tan aburrido que el crítico no alcanza a comprender como el soportó la lectura de tantas prescindibles páginas, el autor es malintencionado respecto de sus semejantes, pero en el fondo no es más que un engreído, un resentido y un tomista”.195 A excepción del todavía ignoto Julio Cortázar196, las críticas fueron pocas y despiadadas. En efecto, esa ruptura y división que provocó el peronismo llegó al punto de que partidarios al régimen (en su mayoría nacionalistas) terminaran por optar con la fundación de una sociedad de escritores paralela a la antiperonista SADE, de la cual era designado Borges presidente de la misma a partir de 1950. A pesar de que, como destacó Guillermo Korn, existieron de todas formas casos donde existieron convivencia más allá de la posición política e ideológica197, sin querer simplificar el cuadro, debemos asumir que en proporción se trataron de hechos mínimos y excepcionales, sobre todo luego de la llamada obsecuencia peronista198 que se amplió alarmantemente a partir del segundo gobierno.

ANDRÉS, A. Palabras con Leopoldo Marechal. Buenos Aires. Ceyne. 1990. p. 41. MARECHAL, E. R. “El Estado al servicio del hombre” en LUNA, F. (Dir.) Nuestro Siglo. Buenos Aires. Hyspamerica. 1984.Tomo VI. p. 154. 195 GONZÁLEZ LANUSA, E. “Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal” en Sur. Buenos Aires. N° 169. Noviembre –Diciembre de 1948. 196 CORTÁZAR, J. “Leopoldo Marechal: Adán Buenosayres” en Realidad. Buenos Aires. N° 14. Marzo – Abril 1949. Extraído de CORTÁZAR, J. Obra crítica. Buenos Aires. Punto de Lectura. 2003. 197 KORN, G. Op. Cit. pp. 23 –25. 198 GAMBINI, H. Historia del peronismo. La obsecuencia (1952 –1955) Buenos Aires. Vergara. 2007.
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Volviendo a Marechal y su relación con el peronismo, como mencionamos en la página 33 al abordar el tema de la cultura de masas, Marechal no asimiló, como gran parte de la intelectualidad, el carácter inédito que había adquirido mediante la irrupción a las masas como sujeto político. Más bien, su perspectiva es bajo una conductiva unidireccional, enmarcado en un pensamiento tradicional de corte elitista.199 Así su análisis expuesto en Argentina en marcha de 1947, no está a la altura de las circunstancias, aunque tampoco desentona en el desconcierto que había acarreado el peronismo. Sin embargo, su colaboración en la estructuración de la doctrina, podemos encontrar puntos coincidentes en lo que Perón expone como fundamento filosófico La Comunidad Organizada en el Congreso de Filosofía en 1949, con uno de los libros que componen la novela Adán Buenosayres: “El oscuro viaje a la ciudad de Cacodelphia”, donde el protagonista (Adán Buenosayres) emprende un viaje metafísico con su guía (Schutltze) hacia un infernal Buenos Aires, donde convergen todos los pecados y actos egoístas que anarquizan el orden establecido. Se trata mucho más que una parodia del infierno de Dante, sino más bien una crítica social, del desafío que le corresponde emprender al peronismo en su hora. Como mencionaba Perón: “En esta fase de la evolución lo colectivo, el <<nosotros>>, está cegando al individualismo egoísta. Es justo que tratemos de resolver si ha de acentuarse la vida de la comunidad sobre la materia solamente o si será prudente que impere la libertad del individuo solo, ciega para los intereses y las necesidades comunes, provista de una irrefrenable ambición, material también”.200 En la novela, Cacodelphia constituía un espejo deformante de la realidad. Pero en ella el recorrido condenatorio es hacia el intelectualismo, las individualidades egoístas que intentan apartar a las masas (demos) de su destino, evitando su organización201. El infierno de Adán Buenosayres funciona como un catálogo de aquellos sujetos que intentan desviar al pueblo, o en algunos casos lo marginan, evitando la evolución hacia un colectivismo. En ellas aparecen los irresponsables, los políticos corruptos, los intelectuales, los hipocondríacos, los oligárquicos, etc. Lo contrario a Cacodelphia lo constituiría la justicia social, la comunidad organizada que pregonaba el presidente Perón. Pero ese humor angelicus con el que se excusa Marechal al incorporar a sus contemporáneos en el averno, decididamente no debe haber causado mucha gracia, para personajes tan claros como es Luis Pereda (Borges), o el caso de Titania (¿Victoria Ocampo?) donde la crítica que lleva sobre su papel de falsa intelectual, sumado a ciertos prejuicios del autor, la dejan muy mal parada: “-¿Quiénes son esas mujeres lujosas? –le pregunté a Schultze.

En cierta medida su pensamiento se asemeja al nacionalismo aristocratizante de la época. PERÓN, J. D. La Comunidad Organizada. Buenos Aires. Secretaría Política de la Presidencia de la Nación. 1974. p. 74. 201 “-Es el pobre Demos- respondió Schultze-: la mayoría nuestra que, inclinada igualmente al bien o al mal, sigue la dirección de cualquier viento”. MARECHAL, L. Adán Buenosayres. Buenos Aires. Sudamericana. 1972. p. 483.
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-Las Ultra –me respondió él-. Ultracortesanas, ultrapoetisas, ultraintelectuales: superhembras templadas como laúdes.(...) –Usted las ve imitar el aire de Safo y la pose de Lisístrata; y si se les acerca, las oirá debatir arduos problemas de filosofía, de arte o de ciencias económicas. Pero fácil es advertir que sólo hablan con el sexo. (...) Meditaba en ello, cuando se me acercó una de las mujeres. Asombrado y confuso, iba yo a gritar su nombre; pero el astrólogo Schutlze, poniéndome una mano en la boca, evitó muy a tiempo aquella indiscreción. Entretanto, la Ultra se plantaba delante de nosotros con esa majestad que tantas veces le había yo admirado en la Buenos Aires visible: era tan alta como Schutlze, opulenta de formas y enjuta de rostro; en su pelo renegrido se entrelazaban gajos artificiales de cedrón, adormidera y laurel; dos caracoles de plata le mordían los rosados lóbulos de las orejas, y una ropa de noche la vestía o la desnudaba rigurosamente hasta los pies calzados no sé yo si de azafrán o de otoño.(...) ...el astrólogo, mirándola con la severidad de un juez, le dijo entonces: -¡guarde compostura la acusada! Renuncie a sus pujos intelectuales (que sin duda no impresionarían al Jurado), y diga si es verdad que, víctima de cierta exaltación nada intelectual, se entregó a una cosecha bárbara del continente americano. (...)Diga si es cierto que, no bastándole la producción local, se dedicó a la pesca en otros continentes, atrayendo a sí a numerosos ejemplares masculinos, todos afinados en el uso y abuso de la inteligencia. -Necesitaba documentarme –objetó la Ultra. -Y algo más –insistió Schutlze-. Diga la acusada si es verdad que, regresando luego al país, se obstinó en la tarea ridícula, peligrosa y afortunadamente inútil de refinar a los peones de su estancia, obligándolos a escuchar conciertos de Honegger, novelas de Lawrence, páginas de Gide y lecciones de Freud. -¡Paisanos brutos!- refunfuño la Ultra (...) -Lo más oneroso que hallo en Titania es su manía, ciertamente aborrecible, de subordinar las cosas del espíritu a las vagas, exquisitas e inefables titilaciones de su <<sensibilidad>>...”202 Más allá de la polémica que implica ciertos personajes, constituye una novela experimental, cuyo emprendimiento es la búsqueda del lenguaje que acerque lo nacional, sin desestimar las raíces grecolatinas, ni la tradición judeocristiana. Lo tenemos que valorar a partir de su momento histórico, pues su pensamiento no desentona con el nacionalismo católico de derecha de la época (donde se encierran parte de los prejuicios morales y religiosos que encuentra Jitrik en su crítica203). Sin embargo, a pesar de ciertas limitaciones ya mencionadas, a

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MARECHAL, L. Op. Cit. pp. 516 –518. JITRIK, N. “Adán Buenosayres: la novela de Marechal” en Contorno. Buenos Aires. N° 5 /6. Setiembre de 1955. p. 41.

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partir de su crítica social que encara en el libro VII de su novela,204 respalda la revolución justicialista, cuyo fin es armonizar las clases sociales, no enfrentarlas como pregona el marxismo. Así, Marechal también expone su crítica al orden castrense, cuyo vicio es “la sensualidad del poder, el orgullo de las armas y la sed de conquista”y para lograr tal fin acude a la burguesía que “profesa un tierno amor a sus doblones: con el llanto en los ojos ve la hemorragia creciente en sus bolsas. Y llorando se dice: <<¡Para qué lo ayudé a ese generalote!>>” es entonces cuando la burguesía busca agitar a las masas para su propio provecho. Es entonces cuando expone su crítica al ascenso de la burguesía al poder, el pensamiento nacionalista, vuelve a acusar su posición: “no bien una clase inferior usurpa la primera jerarquía, impone su mística particular del mundo, y al universalizarla traduce a ella todos los valores humanos” La burguesía impone su lógica materialista: “ el acento recae sobre lo económico, y el hombre es medido por su libreta de cheques (...) vendrán los filósofos, los políticos y los economistas que darán a las ideas de Vaisya (NdA: la burguesía) un estilo literario” El único desenlace que le encuentra es la revolución de las masas, o por el contrario, una retorno al orden estructural donde Dios o la lógica divina gobierne.205 A su vez, también para Perón la crisis que se está sufriendo es materialista: “La evolución del pensamiento humano recuerda también la imagen del centauro: sometido a altísimas tensiones ideales en largos períodos de su historia, condenado a profundas oscuridades en otros, esclavo de sordos apetitos materiales a menudo. La crisis de nuestro tiempo es materialista. Hay demasiados deseos insatisfechos, porque la primera luz de la cultura moderna se ha esparcido sobre los derechos y no sobre las obligaciones; ha descubierto lo que es bueno poseer mejor que el buen uso que se ha de dar a lo poseído o a las propias facultades”.206 En cierta medida, Marechal respalda y asiente la doctrina justicialista, dándole un matiz más cristiano y espiritual. Lo curioso que ese momento histórico lo percibió como Borges, pues se trataba de una batalla decisiva entre el bien y el mal. Así lo ilustra en otro pasaje de su travesía por la oscura ciudad de Cacodelphia: el mal era el grupo gobernante de la situación del país, cuya inmovilidad, “negándose a toda suerte de acción”llegó al punto de un vacío de poder que dominaba la escena política, mientras la intelectualidad orgánica “dilapidaban su tiempo en inútiles especulaciones filosóficas, en vanidosos afanes artísticos o en prosaicos intentos de

Graciela Maturo, sostiene que Adán Buenosayres es, de las tres obras, la de menor incidencia política: “elaborada a partir de 1930, recoge principalmente la autobiografía juvenil del escritor, así como el surgimiento de sus preocupaciones metafísicas y religiosas”; en realidad, sobre todo en el libro VII, lo que hace Marechal es utilizar sus preocupaciones metafísicas y religiosas para ilustrar el Caos (Cacodelphia) y el manifiesto de un nuevo Orden (el peronismo), cuya virtud no descuida la espiritualidad del hombre. MATURO, G. El peronismo en la obra de Leopoldo Marechal. Buenos Aires. Rev. Peronistas. p. 105. 205 MARECHAL, L. Op. Cit. 568 –575. 206 PERÓN, J. D. La comunidad... p. 69.

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reorganizar la ciudad terrestre” Así estaban las cosas cuando apareció Perón, “un hombre que, reuniendo en sí la prudencia de la serpiente y el candor de la paloma, vió en aquella locura un retoño final de la vieja y al parecer agotada herejía quietista.” En esa batalla mística donde triunfa el bien, Marechal distingue las dos clases de intelectuales (oracionistas): “no tardó en mostrar dos caras distintas a saber: el aquilismo y el gusanismo.(...) (El aquilismo) dueño de las alturas, peatón de la Vía Iluminativa y desde ya ciudadano de la Jerusalén Celeste, mostraba la hosquedad, el orgullo solitario y la fácil irritación del águila que abandona sus cumbres. ...en la tierra, el oracionista de tipo aquilino clavaba en la humanidad una pupila irritada, buscando trozos de hígado prometeano en que ejercitar la cólera celeste de su pico.(...) ...la naturaleza del gusanismo. El oracionista vermiforme se calzaba, se vestía, se tocaba y se nutría de una humildad tan agobiadora, que nadie, en su presencia, dejaba de sentirse vanidoso, hueco, la basura del mundo en una palabra. Si le solicitaban una opinión sobre cualquier asunto, ya fuese humano o divino, el oracionista bajaba los ojos cándidamente y respondía: <<¡Qué puedo saber yo, pobre gusano de la tierra!>> (...) el oracionista vermiforme caía una y mil veces en tan arriesgada complacencia, sobre todo en los

anocheceres de esta gran Babilonia que es Buenos Aires, cuando, recorriendo la calle Florida entre tantos impíos y fornicadores, apenas lograban contener la risa, al vernos caminar hacia el infierno, mientras él, pobre gusano de la tierra, sentía ya en sus carnes el roce de la blanca vestidura que han de llevar los justos en el día de la cólera”.207De esta forma, Marechal critica el papel de la intelectualidad ante el momento histórico: aquellos que desde las alturas hacían su búsqueda sobre el ser nacional, y que frente a la visibilidad de una Argentina antes invisible “solían manifestar asombros angelicales como si de pronto se viera en un mundo ajeno; y ocasiones hubo en que sus discípulos, llorando de piedad, tuvieron que recordarle cuál era el uso de un tranvía o cómo se empuñaba un tenedor”.208 Pero aún más es el desagrado que siente por el gusanismo, ya que mantienen renuencias, y su neutralidad termina amparando la quietud. La falta de percepción de la realidad, la falta de compromiso por parte de la intelectualidad, es la denuncia que manifiesta Marechal. Esta relectura de Adán Buenosayres, encierra algo más que lo que supone Rocco-Cruzzi, ya que aparte de proponer en cierto aspecto una versión judeocristiana de El hombre que está solo y espera, que le da una nueva resignificancia a la argentinidad209, también busca entablar una nueva orientación, cuya fin no se basa en una doctrina del Estado tendiente a una adecuación del hombre a sus intereses, sino que constituye la doctrina del hombre a la que se adecua el Estado para servir al hombre. Pero sólo ello se logra a través de un colectivismo social: una comunidad organizada, donde importa no solo la naturaleza corporal del individuo sino también la
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MARECHAL, L. Op. Cit. pp. 617 –620. MARECHAL, L. Op. Cit. p. 618. 209 ROCCO –CUZZI, R. “Las epopeyas de Leopoldo Marcehal” en JITRICK, N (Dir.) Historia Crítica de la Literatura Argentina. El oficio se afirma. Buenos Aires. Emecé. 2004. p. 472.

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espiritual.. Y en dicha utopía justicialista, el intelectual tiene que ofrecer su conocimiento para el bien común, un compromiso social. Y así lo establece la doctrina justicialista: “(...)La cultura individual, cuando no cumple con su función social, es un privilegio inadmisible en una Comunidad justa y solidaria”.210 El vacío que le proporcionaron sus colegas, lo sumergen en el olvido de su trayectoria durante cerca de diez años, después de la caída del peronismo. Pasaron muchos cambios en el medio de ese largo trayecto. Fue entonces cuando Marechal redacta junto con el general Juan José Valle una proclama “al pueblo de la Patria” utilizada durante el frustrado golpe militar de 1956 y años más tarde, con el impacto que causó la revolución cubana mediante, pasa de un nacionalismo de derecha a uno de carácter popular, (aunque nunca marxista)211. La continuación de sus obras sigue demostrando lo que entiende él como compromiso del intelectual. Así de la epopeya paródica que constituyó Adán Buenosayres (convertido en bestseller, por la revalorización de la nueva generación y con ayuda del Boom latinoamericano) pasa, con otra alegórica novela llamada El Banquete de Severo Arcángelo mediante, a su novela póstuma que retrata la gesta del pueblo llamada Megafón, o la guerra (1970), donde el protagonista emprende la liberación del pueblo de la dictadura militar después de los fusilamientos de José León Suárez. Se sabe que trabajaba en una cuarta que se llamaría El empresario del caos, cuyo anticipo lo había anunciado un año antes de su muerte en un encuentro de escritores, en Santiago de Chile. Allí, indagado sobre el compromiso del escritor con la realidad, respondió: “El hombre, por el solo hecho de nacer, está comprometido, y también, el no compromiso es una manera de comprometerse. ¿Saben ustedes que durante una tormenta el león da la cara al viento para que su pelambre no se desordene? Yo hago lo mismo: doy la cara a todos los problemas. Es la mejor manera de permanecer peinado”.212

PERÓN, J. D. Doctrina Nacional. Buenos Aires. Ediciones Mundo Peronista. 1952. Sección VIII Doctrina de la Nación en materia cultural. 211 “Me parece que, más que una revolución marxista, la de Cuba es una revolución nacional y popular, como la nuestra, la de Perón; con la diferencia que Fidel ha llevado al socialismo a extremos más rigurosos que Perón”. Entrevista de El Mundo, domingo 29 de Enero de 1967. citado en ANDRÉS. A. Op. Cit. p. 63. 212 BOMPADRE, R. “Leopoldo Marechal, un escritor trascendente y porteño” en Todo es Historia. Buenos Aires. N° 149. Junio del 2002. p. 43.

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c) Cortázar y el Examen ante la presencia de los otros.
“ Región de manos sucias de pinceles sin pelo de niños boca debajo de cepillos de dientes. Zona donde la rata se ennoblece y hay banderas innumeras y cantan himnos y alguien te prende, hijo de puta, una medalla sobre el pecho Y te pudres lo mismo”. “A UN GENERAL” –JULIO CORTÁZAR213

Varias diferencias podemos establecer para distinguir la posición de Julio Cortázar ante la irrupción del peronismo frente a los otros tres escritores que detallamos. Tenemos que destacar principalmente que por ese entonces Cortázar no era un escritor distinguido, ni mucho menos, pero no porque sus trabajos no hayan adquirido relevancia; sino más bien que decidió publicar sus obras tardíamente. Cuando sucedió la revolución del ’43, estaba trabajando de maestro en una Escuela Normal de Bolívar y más tarde Chivilcoy. En julio de 1944 acepta un interinato de tres cátedras en la Universidad de Cuyo: dos de Literatura francesa y una de Europa septentrional. Se mantendrá allí, durante un año y medio, cuando asciende el primer gobierno peronista y se intervienen las universidades. Cortázar se adhiere a la protesta y a la lucha universitaria. Termina preso junto con otros profesores. Al comenzar el nuevo año lectivo, Cortázar observa que la universidad no ofrecía garantías para una libertad de pensamiento, entonces renuncia y regresa a Buenos Aires. En la facultad de Filosofía y Letras se pliega a las demandas y a lucha de los centros estudiantiles contra la intervención. La FUA, a pesar de llevar a cuestas una gran desilusión frente a la derrota de la Unión Democrática, continúa resistiendo a lo largo de 1946 y comienzos de 1947.214 En una carta a los alumnos del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras, les explica que éste es el momento en el cual está en juego la libertad de pensamiento: “...preferí renunciar a mis cátedras antes de verme obligado a <<sacarme el saco>>, como les pasó a tantos colegas que optaron por seguir en sus puestos”.215 Consigue un modesto empleo en la Cámara del Libro que le permite gozar del tiempo suficiente como para frecuentar a un grupo de escritores, que le abrirán las puertas para sus próximas redacciones en revistas tales como Realidad, Sur y Verbum.

CORTÁZAR, J. Divertimento. Buenos Aires. Sudamericana. 1986. p. 100. MANGONE, C –WARLEY, J. Op. Cit. p. 26. 215 DELGADO, J. (Dir.) Protagonistas de la cultura argentina. Julio Cortázar. Buenos Aires. Aguilar. 2006. p. 47.
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Cinco son sus obras realizadas durante el período peronista: una obra teatral (Los Reyes, 1949), dos novelas que verán la luz póstumamente (Divertimento, 1949 y El Examen, 1950) y dos libros de relatos (Bestiario, 1951 y Final de Juego, 1956). Todas en mayor o menor medida, hacen alusión al peronismo y lo que generaba dentro de la burguesía. La crítica que realiza Cortázar encierra por un lado su defensa a la libertad de pensamiento (algo que se defendía en común dentro del marco universitario) y por el otro describe desde su percepción y prejuicio social. Si analizamos el momento en que se publica su tragedia griega Los Reyes podemos comprobar que lo que trata de expresar es su defensa a la libertad de pensamiento. En dicha obra se le da un giro a la leyenda griega. El Minotauro representa el poeta, el hombre libre, “el hombre diferente que el sistema busca encerrar”216; mientras que Teseo representa el defensor del orden, el autoritario, cuyo “procedimiento es el de un perfecto fascista”.217 Lo que expresa Cortázar a través de esta obra, es el sentimiento del universitario, su repudio a la contrarreforma que genera el peronismo, la defensa del individualismo. A su vez, si lo relacionamos con los cuentos elaborados en este período, puede hacer alusión a la defensa de la cultura elevada; cuyo fin es mantenerse incólume, sin posibilidad de mezclarse con la cultura popular: “ (Minotauro) (...)Salir a la otra cárcel, ya definitiva, ya poblada horriblemente con su rostro y su peplo. Aquí fui libre, me icé hasta mí mismo en incontables jornadas. Aquí era especie e individuo, cesaba mi monstruosa discrepancia...”218 En ocasión del prólogo para la versión francesa, en 1982, Cortázar nuevamente explayaría su intención: “Comprendo que a pesar de su envoltorio espontáneamente anacrónico y del lujo verbal fuera de época –y muy especialmente mía, la Argentina de los años cuarenta –escribí de un modo abstracto aquello que más tarde intentaría comprender y expresar en el interior de la realidad que me envolvía. Ahora como entonces, sigo creyendo que el Minotauro –es decir, el poeta, la criatura doble, capaz de percibir una realidad diferente y más rica que la realidad habitual –no ha dejado de ser ese <<monstruo>> que los tiranos y sus partidarios de todos los tiempos temen y odian y quieren aniquilar para que su palabra no llegue a las orejas del pueblo y no derrumbe las murallas que los encierran en sus redes de leyes y de tradiciones petrificantes”.219 De alguna manera Cortázar es uno de los que mejores describió el mundo de la burguesía nacional a través de sus cuentos fantásticos, cuyo eje siempre giraba en torno a una doble realidad paralela en la cual una de ellas, el lado que retrata lo fantástico o lo inexplicable, irrumpe sobre la otra, alterándola. De esta forma, el peronismo en los cuentos de Cortázar irrumpe como algo inexplicable, irreal, que altera todos los ordenes, la costumbre, el buen gusto. Como habíamos mencionado antes sobre su cuento La banda, lo que se creía falso e
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CORTÁZAR, J. (Entrevista con Joaquín Soler Serrano) A fondo. Televisión Española. 1977. Íbid. 218 CORTÁZAR, J. Los Reyes. Buenos Aires. Punto de Lectura. 2004. p. 61. 219 MONTES-BRADLEY, E. Cortázar sin barba. Buenos Aires. Sudamericana. 2004. p. 289.

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inadmisible termina siendo la realidad misma que se había intentado ocultarla hasta ese entonces. Numerosos fueron los trabajos que emprendieron la interpretación de estos cuentos de Cortázar bajo una introspección de orden político y social.220 Carlos Gamerro, incluso califica a Cortázar como “inventor” del peronismo, debido a que fue “el primero en percibir y construir el peronismo como lo otro por antonomasia; su mirada no intenta inscribir al peronismo en discursos previos, sino construir un discurso a partir de la irrupción del peronismo como lo refractario a la comprensión del entendimiento y a la simbolización del lenguaje. El peronismo es lo que no puede decirse, por eso en su versión más memorable, <<Casa tomada>> se manifiesta únicamente como ruidos imprecisos y sordos, ahogados susurros. Cortázar es al peronismo lo que Kafka es al fascismo: no explora su política, sino su metafísica”.221En efecto, su crítica no es política en concreto, sino que se basa en lo que generó con su política populista el peronismo. Su novela llamada El Examen, retrata como la barbarie se adueña de la Plaza de Mayo, mientras un grupo de estudiantes se pierden entre la multitud, totalmente desorientados frente a lo que están presenciando: “ –Todo Buenos Aires viene a ver el hueso –dijo –Anoche llegó un tren de Tucumán con mil quinientos obreros. Hay baile popular delante de la Municipalidad. Fijate como desvían el tráfico en la esquina. Vamos a tener un calor bárbaro(...) Miles de hombres y mujeres vestidos igual, de gris topo, azul, habano, a veces verde oscuro...”222 La visión que emula Cortázar está basada en la dicotomía tradicional que está muy arraigada en la historia argentina: civilización y barbarie, y los derivados de ella. Las alusiones en ciertos pasajes se vuelve explícita: “Y LOS MONTONEROS ATARON SUS CABALLOS A LA PIRÁMIDE”223, dice uno de los protagonistas frente a la multitud de personas que se empieza a concentrar inevitablemente. También existe un enfrentamiento que alude a la diferencia entre la alta cultura y la popular, cuyos parámetros analizamos anteriormente. Las menciones que realiza Cortázar, es a través del desprecio que le representa todo lo autóctono y popular, síntoma que le atribuye al muy mal gusto que tienen las clases bajas. La barbarie se evidencia hasta en el aire que predomina en la ciudad; en la novela, Buenos Aires está azotada por una poderosa neblina que impide la visibilidad y una insoportable humedad cuyo hedor se nota en el aire.

Juan José Sebreli fue el primero que interpretó un cuento de Cortázar, dándole una interpretación de orden político y social en Buenos Aires, vida cotidiana y alineación (1964). Por mención de solo algunos, podemos citar GOLOBOFF, M. “Una literatura de puentes y pasajes: Julio Cortázar” en JITRIK, N (Dir.) Op. Cit.; LAGMANOVICH, D. Estudios sobre los cuentos de Julio Cortázar. Barcelona. Hispamérica. 1974. ; SIGAL, S. “Intelectuales y peronismo” en TORRE, J. C. (comp.) Nueva Historia Argentina. Los años peronistas (1943 –1955).Buenos Aires. Sudamericana. 2002.; AVELLANEDA, A. El tema del peronismo en la narrativa argentina. 1973. 221 GAMERRO, C. “Julio Cortázar, inventor del peronismo” en KORN, G. (Comp.) Op. Cit. pp. 56 –57. 222 CORTÁZAR, J. El examen. Buenos Aires. Sudamericana. 1986. p. 48. 223 Íbid. p. 55.

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Dentro de la misma escena de la Plaza, presencian un ritual dirigido hacia una mujer, que por la descripción, la veneración que se le adjudica, y por ser considerada el nexo entre Perón y el pueblo, da a entender claramente que hace alusión a Eva Perón224: “...era un círculo, los tipos se tenían del brazo y rodeaban a la mujer vestida de blanco, una túnica entre delantal de maestra y alegoría de la patria nunca pisoteada por ningún tirano, el pelo muy rubio desmelenado hasta los senos. Y en el redil había dos o tres hombres de negro, que servían en la ceremonia con movimientos de pericón desganado. (...) Uno de los tipos de negro se acercaba a la mujer, le puso la mano en el hombro. –Ella es buena –dijo-. Ella es muy buena. -Ella es buena –repitieron los otros.(...)”225 La crítica de la concentración finalmente llega también a la labor oratoria de Perón, que es representado como “el candidato con voz de urraca” cuyas palabras suenan huecas: “-Conciudadanos-dijo la urracaesta es la hora de la salida, esta es la hora del trabajo, la comunión con la reliquia ha terminado para vosotros (y de golpe se dieron cuenta de que el tipo no hablaba para ellos sino para la columna que salía del Santuario y se cortaba hacia el lado del Cabildo) pero se la llevaban con ustedes en el corazón (...) -¡Y ADEMÁS QUIERO DECIR QUE EN EL ALTAR DE LA PATRIA! Hipo “ “ “ “ “ “ (con una voz de bocina) quedan depositados nuestros nuestros humildes (De ellos será el cielo) sacrificios (Aquí te bandeaste: salió la vanidad, esa naricita en punta) ¡¡ynosdaráfuerzasparacontinuaradelantehastaelfinal VIVAVIVAVIVA!!”226
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Dentro de la interpretación también podría caber que la mujer represente a la patria, y el sentido de devoción asimilado, el nacionalismo. 225 CORTÁZAR, J. El examen... pp. 49 –50.

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Lo que realiza en esta parte Cortázar es satirizar el discurso, desfragmentándolo, acusando las palabras que en realidad, a juicio de Cortázar, no tienen una significancia directa. En conjunto forman parte de un palabrerío vacío, que sólo surten efecto en el medio de ese ambiente pasional, completamente irracional. Es sofismo puro: “-No semos merecedores –dijo el cronista –de una oratoria de tan excelsa alcurnia. Profundidad de conceptos. Como diría el Dire: inconmensurable. -Había momentos buenos –dijo Clara -. En realidad usted no tiene por qué aplicar Demóstenes al hombre de la Plaza de Mayo. Estilos caducos a necesidades nuevas. (...) -Está muy bien –dijo admirado el cronista-. Yo tampoco creo en las metopas. Pero el tipo no dijo nada. Claro que peor hubiera sido que nos hiciera creer, técnica ayudando, que había dicho algo”.227 Sin duda, El examen es el mejor retrato que nos permite comprender los efectos sociales y culturales que propulsó el peronismo. Existe, incluso, un prejuicio racial tan fuerte por parte de Cortázar que hasta sorprende con la sinceridad que lo expone: “(...)-dijo Juan, amargo –nada tiene de brillante pertenecer a la cultura pampeana por un maldito azar demográfico. -En el fondo, ¿qué te importa a qué cultura pertenecés, si te has creado la tuya lo mismo que Andrés y tantos otros? ¿Te molesta la ignorancia y el desamparo de los otros, de esa gente de la Plaza de Mayo? -Ellos tienen quimeras –dijo el cronista -. Y son de aquí, más que nosotros. -No me importan ellos –dijo Juan-. Me importan mis roces con ellos. Me importa que un tarado que por ser un tarado es mi jefe en la oficina, se meta los dedos en el chaleco y diga que Picasso habría que caparlo. Me jode que un ministro diga que el surrealismo es pero para qué seguir para qué Me jode no poder convivir, entendés. No-poder-con-vivir. Y esto ya no es asunto de cultura intelectual, de si Braque o Matisse o los doce tonos o los genes o la archimedusa. Esto es cosa de la piel y de la sangre. Te voy a decir que cada vez que yo veo un pelo negro lacio, unos ojos alargados, una piel oscura, una tonada provinciana, me da asco...”228 Pero en su novela, también criticaba a quienes tenían el deber de defender y difundir la alta cultura, cuya representación parece indicar a esos grupos de elite como Sur, que permanecían separados de la realidad, encerrados en un edificio denominado La Casa, donde se leen textos en francés y se discuten lecturas de grandes autores europeos. A su vez, ese grupo de
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CORTÁZAR, J. El examen...p. 57. CORTÁZAR, J. El examen...pp. 57 –58. 228 CORTÁZAR, J. El examen...pp. 89 –90.

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estudiantes protagonistas asiduos de la Casa, también tendrían cierta culpabilidad de esa desconexión, que los llevó a golpearse las narices frente a la irrupción del peronismo y su jerga populista. Cortázar colaboró con Sur desde 1948 hasta 1953.Sin embargo conservó una libertad de crítica que lo diferenciaba del resto, ya que no tenía ninguna dificultad en defender, por ejemplo, la novela del peronista Marechal frente a toda la oposición, diciendo que a través de Adán Buenosayres, se convertía en uno de los creadores del nuevo lenguaje nacional.229 También con la importante discusión con el secretario de la revista y cuñado de Borges, Guillermo de Torre230; sirve para ilustrar la independencia intelectual con la que actúa Cortázar. Llegado los sesenta, la nueva retórica política que ejercía el peronismo, que de la mano de la juventud militante reclamaba la liberación nacional, la unión latinoamericana, y retomaban las conquistas sociales que había logrado el peronismo clásico como bandera de lucha; invitaba a un examen de conciencia, una revisión del pasado, el compromiso de la intelectualidad ante el momento histórico, que obligó a Cortázar a asumir sus prejuicios y se exculparía, separando su antiperonismo de lo que había surgido a través de ese gobierno que tanto le repulsaba: “Yo pertenecí a un grupo –por razones de clase pequeño –burguesa- antiperonista, que confundió el fenómeno Juan Domingo Perón, Evita Perón y una buena parte de su equipo de malandras con el hecho, que no debíamos haber ignorado y que ignoramos, de que con Perón se había creado la primera gran convulsión, la primera gran sacudida de masas en el país; había empezado una nueva historia argentina. Esto es hoy clarísimo, pero entonces no supimos verlo. “Entonces dentro de la Argentina los choques, las fricciones, la sensación de violación que padecíamos cotidianamente frente a ese desborde popular, nuestra condición de jóvenes burgueses que leíamos en varios idiomas, nos impidió entender ese fenómeno. “Nos molestaban mucho los altoparlantes en las esquinas gritando: <<Perón, Perón, qué grande sos>>, porque se intercalaban con el último concierto de Alban Berg que estábamos escuchando. Eso produjo en nosotros una equivocación suicida y muchos nos mandamos a mudar. “(...) el hecho de que nos hayamos ido, en algunos casos, ha sido bastante útil porque si yo me hubiera quedado en Argentina probablemente no habría llegado a entender nunca lo que pasaba en mi propio país. “Puse un océano de por medio y luego llegó la Revolución Cubana (...) en realidad lo que me despertó a la realidad latinoamericana fue Cuba (...) ese abrirme de pronto a una serie de cosas que para mí hasta entonces no habían pasado a ser simples telegramas de prensa: la guerra de Vietnam, el Tercer Mundo, y que me había conducido a una especie de indignación
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CORTÁZAR, J. Obra crítica. Buenos Aires. Punto de Lectura. 2003. DELGADO, J. (Dir.) Op. Cit. p. 61.

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meramente intelectual, sin ninguna consecuencia práctica, desemboca en un momento dado en un decirme:¡bueno, hay que hacer algo!, tratar de hacerlo.”231

d) Sábato y la teoría del resentimiento popular.
“-Vos sos obrero –le dijo. -Sí, señora. Soy textil –respondió el muchacho. (...) -¿Y sos peronista? El muchacho se quedó callado y bajó la cabeza. La mujer lo miró duramente. -¿Cómo podés ser peronista? ¿No ves las atrocidades que hacen? -Los que quemaron las iglesias son unos pistoleros, señora –dijo. -¿Qué? ¿qué? Son peronistas. -No, señora. No son verdaderos peronistas. No son peronistas de verdad. -¿Qué? –dijo con furia la mujer-¿qué estás diciendo?(...)¿Y por qué salvaste a la Virgen de los Desamparados? –Y yo qué sé, señora. A mí no me gusta quemar iglesias. ¿Y qué tiene la culpa la Virgen de todo esto? -¿De todo qué? -De todo el bombardeo de Plaza de Mayo, qué sé yo. -¿Así que a vos te parece mal el bombardeo de Plaza de Mayo? (...)-Yo estaba en Plaza Mayo –dijo-. Yo y miles de compañeros más. Delante de mí a una compañera una bomba le arrancó una pierna. A un amigo le sacó la cabeza, a otro le abrió el vientre. Ha habido miles de muertos. La mujer dijo: -Pero no comprendés que están defendiendo a un canalla. El muchacho se calló. Luego dijo: -Nosotros somos pobres, señora. Yo me crié en una pieza donde vivía con mis padres y siete hermanos más...” ERNESTO SÁBATO232

Largo y discontinuo fue la búsqueda ideológica que emprendió Sábato desde su juventud. Su disconformismo lo llevó de la ciencia al surrealismo y políticamente a pasar del anarquismo al comunismo, hasta que su visita a la Unión Soviética lo terminó decepcionando el totalitarismo que emprendía Stalin.233 Siempre expresó su preocupación hacia el ser humano, una lucha utópica a veces, y magra otras, cuyo fin es lograr, a través de sus ensayos y novelas,
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GONZÁLEZ BERMEJO, E. Revelaciones de un cronopio. Buenos Aires. Contrapunto. 1986. Citado en “Julio Cortázar: juego y literatura” en Todo es Historia. N°442. Mayo 2004. p. 45. 232 SÁBATO, E. Sobre héroes y tumbas. (1961) en MAYER, M. (Comp.) El peronismo. Historias de una pasión argentina. Buenos Aires. Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. 1994. pp.53 –54. 233 CATANIA, C. Genio y figura de Ernesto Sábato. Buenos Aires. EUDEBA. 1997. pp.39 –57.

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reflexiones espirituales y existencialistas. Desde 1943 formó parte del grupo de colaboradores de la revista Sur, pero al momento de examinar al individuo, difícilmente podríamos encuadrar a Sábato dentro de este grupo liberal y elitista. Su exitoso debut como novelista con la obra El túnel (1948) fue promovida y editada por Sur, y tuvo amplias repercusiones. Como todos ellos, desde un principio se opuso al peronismo. En esos años, Sábato formó parte del Colegio Libre de Estudios Superiores, donde se concentró gran parte de la oposición que se habían alejado, obligatoriamente, de la Universidad intervenida por el peronismo. En efecto, si el peronismo había buscado la intervención como forma de desarticular los medios opositores, lo que consiguió fue cohesionar a los excluidos en torno de otras actividades y de otras instituciones que se mantenían independientes del control gubernamental.234 Cuando finalmente se hizo realidad la primavera de 1955, y la libertadora golpeaba las puertas a la intelectualidad, anunciado el fin de la tiranía, Sábato participaba del número especial que le dedica Sur a “los héroes que salvaron a la patria de la garras de la dictadura y de la barbarie peronista”. Su artículo se titulaba “Aquella patria de nuestra infancia”, y en verdad no desentonó con el resto de los colaboradores, cuyas redacciones estaban llenos de rencor y revanchismo y vacíos de crítica constructiva. Aunque para ser justos, el texto de Sábato emprende una melancólica remembranza de tiempos pasados y asimila cierto grado de culpabilidad por parte de todos los que de algún modo permitieron el ascenso de Perón: “...cada nación tiene también el rostro que inmanentemente se merece, pues todos somos culpables de todo, y en cada argentino había y hay un fragmento de Perón”.235 El gobierno provisional , ya en manos de Aramburu, lo designa director del semanario Mundo Argentino, propiedad intervenida por el Estado debido a sus vínculos con el régimen peronista. Desde esa posición encararía la problemática del peronismo, formando parte de la polémica de la que formaron parte muchos referentes de la intelectualidad desde diversas posiciones políticas e ideológicas. A mediados de 1956, publicaba una carta abierta dirigida al nacionalista Mario Amadeo que había publicado en abril de ese mismo año Ayer, hoy, mañana. En dicho libro, Amadeo reflexionaba sobre el porvenir histórico nacional, después de lo que significancia que tuvo el peronismo. “El éxito o el fracaso del intento de unir al país depende, en buena medida, de cómo se interprete el hecho peronista”. A continuación muestra un panorama de las distintas posturas ante el peronismo y su falta de comprensión. Recomienda que no exista revanchismo hacia los más perjudicados, que sin duda, son las clases bajas: “Porque no olvidemos el hecho de que la revolución de septiembre de 1955 no fue solamente un movimiento en que un partido derrotó a su rival o en que una fracción de las Fuerzas Armadas venció a la contraria sino que fue una revolución en que una clase social impuso su criterio

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NEIBURG, F. Los intelectuales y la invención del peronismo. Buenos Aires. Alianza. 1998.p.168. SÁBATO, E. “Aquella patria de nuestra infancia” en Sur, n° 237. 1955. p. 103.

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sobre otra. Esto acentúa la obligación de cerrar definitivamente el ciclo de la lucha e impone a los vencedores la obligación de ser especialmente templados y generosos”236. La réplica que emprende Sábato, en realidad, con El otro rostro del peronismo no aparenta tantas discrepancias con que las que expone Amadeo, más bien lo que realiza Sábato es un reproche hacia Amadeo: manifestándole el grado de culpabilidad que tiene el nacionalismo y a su vez defiende la acusación que se le hace a ASCUA y a sus miembros, de quien él forma parte aunque no coincida totalmente con ellos. Luego, lo que emprende en su carta es interpretar el porqué del ascenso de Perón y el papel que generó en las masas a partir de ahí. El texto se termina distinguiendo notablemente del que había publicado en Sur, pues en el anterior sólo exponía una parte de la verdad de la victoria libertadora, y al igual que el resto de los artículos publicados, seguía descreyendo, o al menos no mencionaba, a la otra Argentina: aquella masa que había salido a la luz con el peronismo, y que serían los principales perjudicados. En El otro rostro del peronismo, Sábato expone su teoría del resentimiento popular y como Perón fue el visionario que con su demagogia tomó la causa popular para sacar provecho: “(a las masas trabajadoras) se les hablaba de Libertad, pero eran encarcelados cuando iban a la huelga; se les hablaba de Justicia, pero eran encerrados sin proceso y torturados bárbaramente en la Sección Especial contra el Comunismo, y el hábeas corpus y los otros recursos de una justicia teóricamente existentes eran con brutal cinismo burlados en la práctica de todos los días; se les hablaba de Patria, pero los poderes públicos salían en defensa de frigoríficos ingleses o norteamericanos. (...)Esos obreros no creían en casi nadie, y tenían todo el derecho a esa desilusionada actitud. (...)Y así, por obra de un vertiginoso proceso económico y social, por obra del imperialismo y de sus aliados autóctonos, por obra de políticos cínicos y acomodaticios, el pueblo argentino terminó en el rencor y en la desilusión”.237 Sábato reconoce que la avidez de Perón fue realizada gracias a la desconexión que existía entre los doctores (la intelectualidad y los políticos) y el pueblo. Pero Sábato se excusa de haberse percatado previamente de ese desentendimiento, y afirma que él planteó “ante un grupo de intelectuales, en el antiguo local del Colegio Libre de Estudios Superiores, el peligro que significaba un demagogo empuñando las banderas del antiimperialismo y la justicia social, y la necesidad urgente de crear un movimiento popular, que al mismo tiempo que denunciase la ascendencia nazi del coronel Perón reivindicase para sí aquellas banderas populares y fuese capaz de llegar a las masas”238. Reconocía además la incoherencia que se había conformado con la Unión Democrática que aglutinaba a partidos políticos tan disímiles junto con aquellos que años atrás nunca habían defendido a los trabajadores, y ahora se congeniaban enarbolando
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AMADEO, M. Ayer, hoy, mañana. Buenos Aires. Gure. 1956. pp. 89-101. SÁBATO, E. El otro rostro del Peronismo. Buenos Aires. 1956. pp. 18 –19. 238 Íbid. p. 29.

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banderas tan abstractas como la de “libertad”, sin reconocer que lo que buscaban las masas trabajadoras era justicia social.239 Difícilmente podremos comprobar si Sábato había percibido lo que los otros intelectuales no comprendieron, en realidad lo único que podemos afirmar es que formó parte de la solicitada que emprendieron los escritores en La Prensa, el 1° de febrero de 1946, donde respaldaba esas “banderas abstractas”. Allí, interpretaba el hecho peronista tal como lo veía la denominada “izquierda liberal”, como la llama Amadeo: el peronismo era nada más ni nada menos que un derivado del nazismo: “...todas las expresiones del pensamiento favorables a la autocracia, la dictadura, el nazismo y el fascismo han gozado de la más completa impunidad y nadie ha sido molestado porque renegara de la herencia liberal de Mayo o porque insultara y vejara la memoria de grandes próceres argentinos”. La intelectualidad de la que formaba parte Sábato adhería a la fórmula de la Unidad Democrática y expresaba su solidaridad y apoyo “a las justas reivindicaciones sociales de los obreros y campesinos por la vía de la ley que respete sus derechos sindicales y asegure su autodeterminación gremial”240, es decir, defienden la vía tradicional donde el cauce de las leyes favorables a los trabajadores que emprendían los socialistas siempre iba a parar: perdiéndose entre los papeles del despacho de los diputados, hasta que éstos se dignen a analizarlas. Incluso ni su artículo publicado en Sur antes mencionado ni algún otro tipo de manifestación que conozcamos, nos permite apoyar esa postura diferente por parte de él. Así, aunque reconoce que la masa trabajadora que apoyó a Perón lo hizo porque estaba indefensa y desposeída, mantiene una postura ambivalente respecto al futuro del país. Mientras que por un lado apoya el lema de “Ni vencedores, ni vencidos” que había impuesto el efímero gobierno provisional de Lonardi, por el otro, busca que se termine con la mentira populista de que el pueblo argentino lo constituye la masa trabajadora, que sólo es producto de la demagogia peronista, del resentimiento social que invocaba Perón. Sábato rechaza la violencia partidaria y revanchista pero tampoco expide una revisión de la política que había realizado el peronismo. De esta forma, no hace una distinción entre el modus operandi y la praxis política. Si bien Sábato se esfuerza por querer diferenciarse de los liberales de la línea dura, solo logra hacerlo tibiamente. Como observa Galasso, “en ese momento de furor antiperonista, la de Amadeo resulta una posición más popular “ que la de Sábato, incluso su interpretación del fenómeno “resulta más imbuída de sociología e incluso hasta de ribetes de materialismo histórico que la del propio Sábato, no obstante haber transcurrido éste varios años militando en el Partido Comunista”.241 La crítica también vendrá del lado de Jauretche, que en carta dirigida a su amigo en Setiembre de 1956, y luego transcripta en el prologo de Los profetas del odio, le reprocha su teoría del resentimiento popular, “No, amigo Sábato. Lo que movilizó las masas hacia Perón no
Íbid. pp. 29 –31. “Escritores argentinos definen su posición cívica democrática” en KORN, G (Comp.) Op. Cit. pp.27 – 29. 241 Las polémicas de Jauretche. Buenos Aires. Los Nacionales. 1993. p. 153.
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fue el resentimiento, fue la esperanza. Recuerde usted aquellas multitudes de octubre del 45, dueñas de la ciudad durante dos días, que no rompieron una vidriera y cuyo mayor crimen fue lavarse los pies en Plaza de Mayo, provocando la indignación de la señora de Oyuela, rodeada de artefactos sanitarios. (...)No eran resentidos. Eran criollos alegres porque podían tirar las alpargatas para comprar zapatos y hasta libros, discos fonográficos, veranear, concurrir a los restaurantes, tener seguro el pan y el techo y asomar siquiera a formas de vida “occidentales” que hasta entonces les habían sido negadas”.242 Para ese entonces, Sábato ya se había sentido desengañado del gobierno de Aramburu, cuando se ve obligado a renunciar de su puesto de director de Mundo Argentino, al publicar una nota que denunciaba las torturas efectuadas a presos peronistas. Instantáneamente, ASCUA lo expulsa y otros liberales, como Borges, lo marginan y le reprochan su actitud ante el gobierno. La posición de Sábato lo apartó cada vez de sus excompañeros, al momento de querer sacar del largo silencio que sus enemigos políticos y literarios le habían impuesto a Marechal por su filiación peronista. La discusión entre los intelectuales sobre el quehacer del legado peronista, continúa escindiendo entre grupos cada vez más enfrentados. La discusiones sobre el futuro continuarán a través de apoyar o no a Frondizi, y a su vez el estallido de la revolución cubana agitaba más los ánimos de los intelectuales, cuya postura predominante será la del compromiso del escritor ante la problemática social centrándose cada vez en la problemática latinoamericana. El cambio de la visión que tiene Sábato hacia el peronismo, lo podemos notar en su novela Sobre héroes y tumbas, publicada en 1961. La postura entusiasta de Sábato ante los hechos desatados en Cuba a partir del ’59, lo lleva a apartarse cada vez más de los liberales establecidos en Sur, la discusión ideológica de Bianco y Sábato ante la postura tradicional que defendía Victoria Ocampo lo alejan definitivamente de la revista. Hernández Arregui destacaba la reacción de Sábato: “El caso Sábato es también un síntoma del cambio que se opera en determinados sectores de la intelectualidad liberal. Este escritor ha sido y sigue siendo adverso a Perón, pero ha planteado la cuestión argentina en términos de lo nacional y lo antinacional, sobre todo, con referencia al problema del intelectual y el pueblo. Y lo ha hecho como confesión y acusación.(...)Ernesto Sábato enjuició también a esa izquierda sin conciencia nacional que invalidó a la propia generación de Sábato al segregarla del país.(...)dijo: <<Se oye decir en este país, sobre todo en los llamados sectores democráticos que es malo que exista un conductor>>. Y analizando este argumento, expresó: <<...No alcanzó a comprender cómo Churchill, por el solo hecho de ser inglés, haya de ser un líder aceptable y no han de serlo otros que no gozan de tan privilegiada nacionalidad>>.(...)Sábato, incluyéndose en ella, ha condenado a esa intelectualidad distante del pueblo y sus símbolos. (...)la actitud de Sábato responde a un reencuentro de parte de esa

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JAURETCHE, A. Los profetas del odio y la yapa. Buenos Aires. Peña Lillo. 1984. p. 26.

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<<intelligentzia>> con el país. Su voz será escuchada por promociones intelectuales más jóvenes”.243 Sábato termina encontrando en Sastre a la figura clásica del intelectual –con la que se identifica- y subraya, ante todo, el hecho de que Sartre fuera criticado por la derecha pero también por la izquierda, como le sucedía a él mismo. Como afirma Altamirano, “Sábato está impulsado por el aire de los tiempos, al reclamar que no sea sólo un hombre de libros, sino alguien capaz, si la ocasión llega, de tomar las armas”.244

e) Consideraciones finales en torno a los autores.
“Ya es hora de que cambies en tu imaginación toda aquella fantochada del paisanaje –envuelto en el poncho de una mentira literaria- por esta dichosa familia donde no hay chinas sotretas, ni matreros, ni <<¡ahijunas!>>... sino hombres y mujeres cómodos y como todos... que ya no ganan cinco –oíme bien¡cinco pesos por mes! (...)es cierto aquello de que <<todo es según el color del cristal con que se mira>>. Pero yo te invito a que miremos sin ningún cristal, sin ningún color. Con los ojos nada más... Que mires con la inteligencia o con el corazón, que es la mejor forma de ver las cosas. Que mires con las manos, tocando la realidad, que también es un estilo sin engaños. ¿Me entendés ahora?” ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO245

Pasando el análisis de lo micro a lo macro, comprobamos que los autores mencionados, no desentonaron en conjunto frente a la irrupción del peronismo. Tanto como los que adherían al nacionalismo (Marechal), como los liberales (Cortázar) y los liberales más conservadores (Borges), los adherentes al socialismo (Sábato), no lograron comprender los verdaderos motivos que llevaron al poder al peronismo, ni tampoco su apoyo incondicional de las masas. El modo coercitivo que mantenía el peronismo frente a la oposición, los llevó a cohesionar más allá de ciertas divergencias. El desprecio y la desconfianza se alimentaba desde ambos lados. Finalmente, la caída del peronismo empezó a mostrar las grietas de esa unión y estallaron los desacuerdos. Ninguno de ellos mantuvo su posición ideológica, sino que evolucionaron, formando parte de los vientos de cambios, que los obligó a revisar el pasado desde distintas perspectivas, pero sin poder alejarse de sus pasiones. A su vez, las precedentes generaciones y las nuevas (y a la vez viejas) problemáticas políticas los empujaban a la autocrítica y a ponderar una nueva misión como intelectuales: el compromiso frente a la sociedad, contribuir en la lucha de la liberación nacional eran los nuevos dilemas.
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HERNANDEZ ARREGUI, J. J. La formación de la conciencia nacional. Buenos Aires. Hachea. 1970. pp. 461 –462. 244 ALTAMIRANO, D. “Estudio preliminar” en SARLO, B. La batalla de las ideas. 1943-1973. Buenos Aires. Emecé. 2007. p. 141. 245 DISCEPOLO, E. Charlas de Mordisquito en MAYER, M. (Comp.) El peronismo. Historias de una pasión argentina. Buenos Aires. Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. 1994. pp. 30 –31.

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Capítulo 6: Caída de Perón, decadencia de Sur.

“Sentimos de algún modo que somos responsables por lo que los representantes del intelecto, por lo que los hombres del espíritu no han hecho. Aún más por sus omisiones que por sus actos nos sentimos culpables”. JEAN-PAUL SARTRE246 “Decepcionados, aún esperábamos algo de los hombres del espíritu, de aquellos a quienes no les parecía impuesta la compulsión de la práctica. Hombres vivos buscábamos, no sombras ilustres”. ISMAEL VIÑAS247

Cuando el acontecimiento cumplió su 50° aniversario, Félix Luna recordaba la “gesta heroica”, (haciendo caso omiso a la antesala de los sucesos de junio del mismo año, la masacre de Plaza de Mayo, efectuado por el Ejército con un bombardeo a mansalva): “(La Revolución Libertadora) fue un producto de la desesperación de sectores de la oposición antiperonista que sintieron cerrados todos los caminos para una salida racional de la situación existente a mediados de 1955. (...)Fue saludada por la mitad del país y tuvo, sin duda, características heroicas”.248 Salvando las distancias, la opinión del mencionado historiador no está tan alejada de la que contempló Victoria Ocampo y su grupo. Ese mismo año, Sur celebraba la hora de la libertad y la caída del tirano con un número extraordinario, dedicado a la nueva realidad con una edición titulada “ Por la reconstrucción nacional”. Haciendo un seguimiento de los distintos artículos que conformaron ese número, (donde escriben Victoria Ocampo, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Silvina Ocampo, Carlos Alberto Erro, Vicente Fatone, Tulio Halperín Donghi, Francisco Romero, Canal Feijó, entre otros) ninguno se detiene en un análisis profundo de la problemática que legaba el gobierno depuesto. Ellos tampoco consideraron que existiese una salida racional. Pero la autocrítica ejercida por el grupo, es muy pobre. Se autodenominan víctimas del peronismo. Del fenómeno no se podía sacar nada positivo. La inevitable politización de la revista pasa del “silencio alusivo”249 a un “palabrerío infértil”. A diferencia de la interpretación de Cortázar con su cuento “La banda”, para Victoria Ocampo, como para Borges, la realidad que deja el peronismo no fue verdadera, ni lo es sino lo falso. En “La hora de la verdad”, confesaba que percibió la realidad en el momento en que ella estuvo presa; de hecho la cárcel significaba la verdadera libertad pues afuera se encontraba lo irreal, la farsa. Ella había sido encarcelada por un supuesto involucramiento en un atentado dirigido contra Perón durante una concentración en Plaza de Mayo de 1953, (de su círculo durante el peronismo
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Presentación de Les Temps Modernes. VIÑAS, I. “La traición de los hombres honestos” en Contorno. N° 1. Noviembre de 1953. p. 3. 248 LUNA, F. “Sobre la Revolución Libertadora” en Todo es Historia, n° 458. Setiembre de 2005. p. 4. 249 Tal como lo denominó Rosalie Sitman en su trabajo Victoria Ocampo y Sur.

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también habían estado detenidos Carlos Alberto Erro, Vicente Fatone, Francisco Romero, Norah Borges, entre otros). Concluía su testimonio con la misión que tienen los intelectuales a partir de ahora: “...lo que propongo hoy a los intelectuales argentinos es hacer un frente común contra las mentiras, cualquiera sea su procedencia. El mal que ha hecho la mentira sistematizada de la dictadura y el mal de las mentiras que la precedieron, la prepararon y la hicieron viable, es de sobra patente. Cuánto tacto, cuánta paciencia y cuánto tiempo se necesitará para deshacerlas, para desenmadejarlas; para extirparlas de los corazones ingenuos donde han anclado, convirtiéndose en creencias”.250 Esta impresión que alberga Sur sobre el peronismo no sufre revisión alguna, aún después de haber transcurrido la euforia victoriosa del primer momento. Así, podemos citar los números de Setiembre y Octubre de 1957 y 1958, cuyo motivos de aniversario de la Revolución Libertadora invitaría a evaluar una nota sobre la situación nacional. En el primer aniversario, encontramos dos alusiones a la problemática: la primera es una nota de Borges dirigida a Martínez Estrada mencionada anteriormente, donde se mantiene su posición: “Turiferario a sueldo me llama Ezequiel Martínez Estrada; la injuria no me alcanza porque yo sé que la felicidad que sentí, una mañana de septiembre, cuando triunfó la revolución, fue superior a cuantas me depararon después honras y nombramientos cuya esencial virtud, por lo demás, fue la de ser reverberaciones o reflejos de aquella gloria. Creí en la revolución cuando ésta no era otra cosa que una esperanza; sigo prestándole mi fe, ahora que es una realidad victoriosa”251. El otro artículo es de Francisco Ayala y se titula “El nacionalismo sano, y el otro”. En el mismo acusa a la predica nacionalista de ser el principal causante del surgimiento del peronismo, cuyos responsables provienen de la clase media intelectual, desligando gran parte de la culpa a la antigua clase alta. Ayala sostiene la misma teoría del resentimiento, al igual que Sábato, pero es el único punto en común que posee, que justamente, como es ya mencionado, es el menos destacable. El nacionalismo sano, para el autor, es el cual se mantiene entre las clases cultas, el problema radica cuando un demagogo como Perón lo usa para manipular a “las masas pseudo –alfabetizadas” para acomodarse en el poder y fomentar el odio. Finalmente, el autor invoca a la intelectualidad a trabajar en un nacionalismo que no desentone frente al orden mundial, colaborando y formando parte de éste: “Si la intelectualidad argentina usa esta experiencia, este escarmiento, para adquirir clara conciencia de que el problema <<nacional>> es una parte del problema universal de nuestro tiempo, y de que ante los grandes movimientos sociales, como ante las fuerzas de la naturaleza, es insensato tratar de cerrar el paso, pero muy factible, en cambio, encauzarlo hacia formas valiosas, creativas,
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OCAMPO, V. “La hora de la verdad” en Sur, n° 237. Noviembre –Diciembre de 1955. p. 7. BORGES, J. L. “Una efusión de Ezequiel Martínez Estrada” en Sur. N° 242. Setiembre –Octubre de 1956. p.53.

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contribuirá, y contribuirá decisivamente, no ya a poner su país en franquía y restituirlo a una forma pública decente, sino también, simultáneamente, a sacar el mundo de la crisis actual”252. En la edición de Setiembre de 1957, volvemos a encontrarnos con la misma posición: por un lado, el dilema nacional que siempre mantienen presente: Civilización o barbarie, que sostiene las divisiones entre los que adhieren a la línea Mayo –Caseros, y los reivindicadores de Rosas y Perón. La nota es de Luis de Elizalde y está dedicada a la significancia de Alberdi en el momento actual. En dicho artículo traza un paréntesis histórico entre los gobiernos de Rosas y Perón, que obstruyeron el camino al progreso y al colaboracionismo mundial que había enfatizado Alberdi en sus Bases de partida para la organización política de la República Argentina. Elizalde manifiesta: “Detrás de Bases- es decir detrás de Caseros- estaba lo que no volvería nunca, lo irremediablemente muerto; después de Bases lo que existía y seguiría existiendo, Desde 1943 a 1955 pudimos comprobar que ese presunto pasado era de nuevo el presente; después de 1955, que el mundo anunciado por Alberdi pervivía también”253. Para Elizalde, el fantasma del rosismo sobrevivía esperando desde su oscuro refugio el momento indicado para barbarizar la patria: “La causa externa fue la ruptura de la unidad occidental, provocada por la rivalidad de las grandes potencias europeas, que fue acentuándose en el final del siglo XIX y culminó con el estallido de la primera guerra mundial en 1914. Las condiciones que precisaba el hombre federal para reconquistar el poder volvían a producirse”254. El otro artículo relacionado es el de Héctor Murena, donde se busca el origen de la crisis nacional, y como contribuyó el peronismo en ella. Alude también al resentimiento de las masas, aprovechadas por Perón. “...bajo el peronismo se pretendió organizar una justicia social que a lo que más se parecía era a una venganza”. En este extenso artículo, Murena enfatiza su teoría de que la crisis argentina no es de carácter político ni tampoco económico sino espiritual, el cual nos impide formar una auténtica comunidad.255 Esa posición incólume de Sur, defendiendo los mismos valores y criterios, la volvió indefectiblemente anacrónica. Porque al poco tiempo de haber caído el peronismo, la intelectualidad desde distintos márgenes, intentaba descifrar el pasado reciente, se planteaban preguntas relativas a los cómo, los porqué, y los y ahora qué inevitablemente puestos sobre el tapete después de la experiencia peronista. A partir de ahí se evidenciaron las primeras grietas dentro de los grupos antiperonistas: Sur luego de la caída de Perón aceleraba su proceso decadentista. En el anterior artículo mencionado, Murena, al hablar de la alicaída oligarquía afirmó que para ascender en su momento Perón no hizo más que “apuñalar a un suicida en

AYALA, F. “Nacionalismo sano, y el otro” en Sur. N° 242. Setiembre –Octubre de 1956. p. 9. ELIZALDE, L. “Alberdi y el momento actual” en Sur. N° 248. Setiembre –Octubre de 1957. p. 39. 254 Íbid. p. 52. 255 MURENA, H. “Notas sobre la crisis argentina” en Sur. N° 248. Setiembre –Octubre de 1957. pp. 1 – 16.
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agonía”256... en el caso de Sur y su defensa de valores elitistas, ¿significó la reacción desesperada que emplea un animal malherido y moribundo?¿El fin del bonapartismo peronista determinó lo que al final de cuentas resultaba impostergable? a) Aparición de Contorno. La revista Contorno aparece como una respuesta alternativa del por entonces clásico bastión cultural que significaba Sur. Surgida en setiembre de 1953, Contorno está conformada por egresados, o a punto de egresar, de la Facultad de Filosofía y Letras. Desde su primer número emprende una búsqueda distinta o reaccionaria hacia la que consideraba Sur. Unos de los artículos del primer número, encarado por su director Ismael Viñas, manifiesta un desprendimiento, un desarraigo de la costumbre estática que llevaba a cabo la intelectualidad tradicional. El título es más que sugerente: “La traición de los hombres honestos”, se evidencia, en principio la inspiración sartreana que difundía la revista francesa Les Temps Modernes, que manifestaba el existencialismo predominante, y funcionaba como modelo a seguir para los jóvenes intelectuales que despliegan desde sus primeros números la teoría del compromiso enunciada por Sartre durante su experiencia en la “Resistencia francesa”. La traición que enfatiza Viñas, está dirigida a esa intelectualidad que nuclea principalmente Sur que viven apartados de la realidad, cuyo único objetivo parece ser el de ser consagrado y reconocido entre sus pares. Esta crítica dirigida a la cultura elitista también enfatiza en el usufructo de la consagración para encabezar emprendimientos comerciales, cuyo único fin es lucrar con los nombres. “La participación de varios de ellos en una empresa comercial, que lucra con sus nombres y el espejismo de la cultura; la colaboración de varios de ellos en una colección cuyos libros llamativos prometen el conocimiento de bolsillo (NdA: hace referencia a la colección El séptimo círculo de Emecé dirigida por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares); y el tolerante silencio de los demás, no ha hecho otra cosa que poner el lamentable epílogo a una época cuyos albores fueron de algarada”.257 Pero la crítica en la que insiste Contorno, no es solamente dirigida al bloque cultural que conformaba predominantemente Sur sino que también iba encaminada a su directora y fundadora Victoria Ocampo. El texto de Adelaida Gigli en el número 3 titulado “Victoria Ocampo: V. O.”, como lo analiza Marcela Croce, “abusa de varios significados desde el título que se irán desarrollando de una manera por momentos descriptiva y por momentos con una argumentación virulenta”258Las observaciones de Gigli, recalcan en la personalidad de Ocampo un egocentrismo que determina en su revista su hegemonía que conspira contra cualquier trabajo meramente grupal: es a través de sus desarrollo y selección en la revista, en sus Testimonios que edita a través de su editorial, donde quiere plasmar de alguna forma su
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Íbid. p. 3. VIÑAS, I. “La traición de los hombres honestos” en Contorno. N° 1. Noviembre de 1953. p. 3. 258 CROCE, M. Contorno. Izquierda y proyecto cultural. Buenos Aires. Colihüe. 1996. p. 39.

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apreciación de las cosas, poniéndola en una posición contemplativa y a la vez selectiva: “¿cómo no hablar de América, de moral, de arquitectura, de música, de cine, de buen gusto, de Mussolini, de... si todas estas cosas son admirables?(...) V. O. No descubre sino que verifica sus gustos cultivados; no crea sino que se identifica con las determinadas cosas perdurables en un cerciorarse constantemente no lanzada a la verdadera vida espiritual (que en muchos sentidos es soledad) sino a la sociedad de la gente espiritual. Es una búsqueda para afirmarse, para comprobarse, para adquirirse.”Con su forma de ser, con su discutible modo de defender su feminidad, Victoria “... ha ganado en conocimiento pero ha perdido en fervor, en el oscuro fervor de los caudillos, de los santos, de los equivocados”.259Quizás sin quererlo, inconscientemente, Gigli en su crítica termina dándole una revalorización a la contrafigura, la persona pública diferente a la persona de Victoria Ocampo en ese entonces: Eva Perón. De esta forma, el grupo de Contorno lleva a cabo una revisión del quehacer de la intelectualidad nacional y enfatiza, a través de su crítica, la búsqueda de una necesaria renovación en la que los intelectuales tengan que cumplir una función de compromiso social y político. Las acaloradas polémicas que llevaba a cabo Jean-Paul Sartre a través de sus artículos publicados en Les Temps Modernes, en France-Observateur, en Les Lettres Francaises o en sus discursos, constituían una evidente referencia para los contornistas, miembros de una generación que buscaba encarar la problemática nacional y resolver la desconexión que existía entre la intelectualidad y el pueblo. Así como Sartre se enfrentaba con pensadores teóricos del marxismo acusando, como en su respuesta dirigida a Claude Lefort, su falta de percepción sobre la situación del proletariado260, Contorno se enfrenta con los principales referentes de la cultura argentina acusando su indiferencia o quietismo frente a la realidad nacional. En los números de Contorno, se revalorizan figuras antes marginadas por criterios estéticos y políticos como el caso de Roberto Arlt o Güiraldes, y también se revisan a las distintas personalidades de la intelectualidad criticando la falta de compromiso moral y social de los consagrados, cuyos trabajos gozan de escaso realismo, los personajes evocados están realizados con tanto decoro (así califica Adolfo Prieto en su crítica a la novela de Mújica Láinez) que parecen inanimados, sin vida. El término que le termina adjudicando Rodríguez Monegal desde la páginas de la revista Marcha de Montevideo al grupo de Contorno, terminaría siendo la calificación de toda una generación intelectual que se asoma violentamente luego de la caída del gobierno peronista: los
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GIGLI, A. “Victoria Ocampo: V. O.” en Contorno. N° 3. Setiembre de 1954. pp. 1 –2. “¿Cómo puede, pues, describir y fijar <<la experiencia subjetiva>> de la clase obrera? Para decirlo todo, la verdad de un movimiento dialéctico sólo puede establecerse de dos maneras: si se está entrenado en el movimiento, la que decide es la praxis. La acción y la idea son una sola, la idea verdadera es una acción eficaz. Si se está afuera de la acción e inmóvil, como está usted, entonces hay que estar colocado exactamente al final de la historia. (...)...consecuencia necesaria de su quietismo. Poco importa que el mundo se salve o se pierda, con tal de que quede bien establecido que usted no ha tenido intervención en ello”. “Respuesta a Claude Lefort” en Les Temps Modernes. n° 89. Abril de 1953 en SARTRE, J. Problemas del marxismo II. Situations, VII. Buenos Aires. Losada. 2004. p. 16.

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parricidas, término aprovechado de un concepto acuñado por Héctor Murena, por considerar que abrogaban los valores de la tradición de la que habían surgido. De hecho, la ruptura con esta elite cultural es significativa si tenemos en cuenta que tanto Juan José Sebreli como David Viñas habían participado de la revista Sur anteriormente. La creciente politización que adquiere la revista luego de la Revolución Libertadora, no es debido a como cree Terán que “las condiciones de la producción intelectual destinada a dar cuenta de la realidad nacional fueron altamente sensibles a los acontecimientos políticos”261, ya que esta postura que toma para sí el grupo contornista se vino anunciando desde la revista universitaria Centro, y en sus primeros números ya establece una ruptura de criterio cultural altamente politizada que resignifica una búsqueda de un medio que no sea determinado por el bloque oficial peronista ni que se someta al clasicismo liberal de Sur. La politización de la revista de Victoria Ocampo a partir de su número dedicado al triunfo de la Libertadora, determinará la posición opuesta de Contorno que se venía anunciando desde su número inaugural. El número es el de Julio de 1956, dedicado al fenómeno peronista y a la vez una respuesta crudamente dirigida al grupo de Sur y su edición dedicado “Por la reconstrucción nacional”. En el primer artículo editorial del número titulado “Peronismo... ¿y lo otro?” marca la posición de la revista y su declaración ideológica, además explica porque no interrumpieron su número de setiembre de 1955 para hablar de la revolución Libertadora: “Unos momentos de reflexión nos convencieron de lo gratuito que sería explicar ninguna circunstancia particular: caímos en la cuenta de que nuestro lenguaje durante el peronismo más crudo debía seguir siendo idéntico a sí mismo y que el margen de nuestra libertad había estado mínimamente fijado por exigencias exteriores”.A renglón seguido determinan su denuncia que establece una relación con el editorial de Ismael Viñas en el número 1 de Contorno: “ Aquello que a los intelectuales les fue vedado por la dictadura nunca tuvo un carácter fatalmente problemático.(...)Los intelectuales argentinos en su casi totalidad preferimos disfrazar nuestra inepcia con resignadas y lamentosas imputaciones a un sistema que no nos respetaba ni nos admitía”.262 A partir de ahí, los contornistas saben que la caída del peronismo deja a un proletariado desheredado y castigado por las posturas deterministas y vengativas que tienen el antiperonismo retrogrado que cree que la Libertadora significa una restauración de la sociedad y de la política estatal pre-peronista: “sin pretender la posesión de claves que las reemplacen ni de verdades necesaria e inmediatamente compatibles, nos hemos propuesto enfrentar el riesgo de decir: esto del peronismo, sí; esto del peronismo, no”.263 Esta perspicacia que acompaña a los contornista es compartida por otros intelectuales que habiendo sido peronistas se apartaron del gobierno a partir de ciertas divergencias, y
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TERÁN, O. Nuestros años sesenta. Buenos Aires. PuntoSur. 1991. CONTORNO. “Peronismo... ¿y lo otro?” en Contorno. N° 7 /8. Julio de 1956. p.1. 263 Íbid. p. 2.

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conformaban una ideología de izquierda popular, como Scalabrini Ortiz, Jauretche y Juan José Hernández Arregui. Sabían que no se podía mirar hacia un costado y que tenían que surgir en representación de aquella mitad del país que quedaba proscripta políticamente y necesariamente tenían que representarlos del único modo posible: asimilando y reivindicando ciertos valores que dejó el régimen, o de lo contrario formar parte del desencuentro histórico de la izquierda socialista o comunista, o sino aún peor, negar toda clase de realidad, adhiriendo a una solución final del peronismo que pregonaba los sectores más gorilas y virulentos. Así los calificaba Scalabrini Ortiz desde las páginas de la revista Qué: “Los enemigos del general Perón son de dos clases. Unos lo fueron por sus errores. Otros, por sus aciertos. Los primeros merecen respeto. Los segundos, desprecio. Los primeros fueron enemigos por la forma personal con que ejerció el poder, por su origen militar, por su propaganda excesiva que recordaba demasiado la de los dictadores europeos, por su limitación de la libertad individual, por la coacción ejercida sobre los partidos opositores o porque esa oposición defendían sus intereses personales, que deben ser siempre sagrados mientras no se opongan a un más alto interés nacional o social. A último momento se agregaron los heridos en sus sentimientos religiosos. La rebelión potencial de todos esos ciudadanos merecen respeto. Pero hubo otro tipo de opositor. Fue el opositor a los aciertos del general Perón. El enemigo de la industrialización, el enemigo de la asunción del manejo del crédito y su utilización posterior en beneficio de la diversificación de cultivos como el arroz, el té, el tung, el olivo y la pequeña ganadería de chacra. Son los enemigos de la apropiación del comando del comercio exterior que estaba, y ha vuelto a estar, monopolizado por los frigoríficos y Bunge y Born y sus acólitos. Son los enemigos de la nacionalización de los ferrocarriles y de los teléfonos que ahora están tratando de volver a entregar al extranjero. Son los enemigos que la Argentina tenga una política internacional propia. Los enemigos de los tratados comerciales que abrían amplias perspectivas al comercio exterior argentino. Los enemigos, en una palabra, de todo cuanto esfuerzo tendiera a sacar a la Argentina de la innoble posición de factoría inglesa, en que indebidamente yacía. Dicen que todas esas instituciones y esos actos eran de índole totalitaria, con cuya calificación solo muestran su ignorancia o su mala fe, porque análogas organizaciones existen en todos los países civilizados: Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania o Italia”264. Salvando las distancias ideológicas, tanto el grupo de egresados universitarios que conformaba Contorno como la intelectualidad de la Izquierda popular, tenían en claro, que tenían que tener un compromiso moral y social con el pueblo, y tendrán una crudísima crítica hacia el grupo de intelectuales liberales que tenían una concepción tradicional y elitista. No es casualidad entonces, el foco de acusaciones esté dirigida hacia el grupo Sur y
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SCALABRINI ORTIZ, R. “La oligarquía porteña, contra la nación y el pueblo” en Qué sucedió en 7 días. N°198. Julio de 1958. en SCALABRINI ORTIZ, R. –JAURETCHE, A. Forjando una nación. Buenos Aires. Ediciones de la UNLa. 2007. Vol.2. pp. 305 –306.

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sus principales referentes. La confrontación con Contorno no sólo es cultural y de carácter estético sino predominantemente político, focalizando su acusación en su antiperonismo gorila y falto de criterio. El número 7 –8, llamaba en sus diversos artículos a un examen de conciencia o el que caso más virulento, a responderle a Sur y su antiperonismo colonialista, tal como lo calificaba Oscar Masotta: “(...)Entendamos: ¿Qué educación –educación en la verdad –pueden llevar a extender Victoria Ocampo y sus amigos, esa gente que tan desgraciadamente se encuentra expulsada del terreno de la verdad...? Pero entendamos mejor, es fácil: si los pueblos dicen <<alpargatas sí, libros no>>, los intelectuales de derecha invertirán el eslogan y si los pueblos hablan de su necesidad de liberarse ellos les contestan recordándoles los beneficios de la <<inteligencia (...) y de la moral evangélica>>, pero, se sabe, cometiendo el error incorregiblemente burgués de asimilar la inteligencia a la necesidad de permanecer oprimidos... “(...)Según parece los intelectuales de derecha argentinos, la gente de Sur, puede soportar cualquier cosa menos el recuerdo de la educación peronista: era una grosería. (...) era el escándalo. Una puta y un aventurero en las aulas argentinas: era la

ignominia.<<Reconstrucción>>: la palabra fue retomada por ciertos círculos de intelectuales de ideas muy confusas. “(...) En Sur juran por el <<libre pensamiento>>, por <<occidente>>, por la <<persona humana>>. Pero desgraciadamente y de hecho el proletariado se encuentra excluido de esa zona de valores celestes”.265 ¿En qué medida Contorno contribuyó en apuntalar la caída libre de la revista Sur? En realidad, es un producto generacional inevitable que tampoco había desatendido las tendencias europeas pero frente a otras necesidades políticas y también culturales se modernizaron, y en cierto aspecto y aunque suene contradictorio, Sur contribuyó en ello a partir de la difusión de los trabajos de Sartre publicados a comienzos de los cincuenta. No podemos aglutinar a los que conformaron Contorno dentro de una misma ideología, pero sí tenían en común la necesidad de un distanciamiento de la intelectualidad tradicional, de la generación del 25 que dominaba la escena cultural, dueños de un criterio conservador y liberal decimonónico. Mangone y Warley vislumbran la coexistencia de tres grupos fundamentales en la etapa inicial de la revista: el articulado alrededor de los hermanos Viñas, crítico del liberalismo en los planos historiográfico y político —crítica enraizada en la tradición familiar yrigoyenista—; el de Kusch y Solero, que prolongaba el irracionalismo intuitivo propuesto por Ezequiel Martínez Estrada en los años treinta y por Héctor Murena en los del peronismo, y el “existencialista-populista-izquierdista”

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MASOTTA, O. “Sur o el antiperonismo colonialista” en Contorno. N° 7 /8. Julio de 1956.

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de Correas, Masotta y Sebreli que promovía una articulación todavía confusa de Sartre con Hegel y Marx.266 El final del peronismo y la efusión de la intelectualidad elitista fue el detonante perfecto para el antagonismo y la predica de un espacio antagónico del tradicional. Sur nunca revisó su postura, de hecho el entorno del grupo se replegó sobre sí mismo bajo el mismo concepto de ideas que manifestaron en el n° 237. Sobre el quehacer intelectual sostuvieron el criterio de Benda sobre el que proponía Sartre. En setiembre de 1957, Héctor Murena en sus “Notas sobre la crisis argentina” le contestaba a los que sostenían como criterio el compromiso del intelectual: “(...)Esto es lo que la política ha hecho con ellos. Les ha proporcionado una coartada, una disculpa. Sé que con el tiempo su resentimiento irá creciendo hasta volverse feroz. Por ahora llaman a su actitud <<comprometerse>>. Como si alguien que estudia a Platón o escribe un poema sobre la forma de las nubes no estuviera comprometido con la creación entera. Como si un artista o un filósofo pudiera ser un faccioso. En realidad, mis amigos se extravían porque el contorno social les permite lo que se les ocurra: tal como si no existieran. Incluso los aplaude. La atmósfera politizada encuentra excelente esta prostitución, este sordo aniquilamiento de los mejores. Aplaude a unos escritores que con su tarea insinúan que el escribir sólo tiene por objeto la redacción de panfletos y brulotes: la literatura y el arte constituyen una perversión innecesaria. (...)La política perturba, desquicia y altera el trabajo: en la cantidad y en la calidad. Aunque los políticos no tengan la culpa. Aunque no hagan más que dejarse llevar por la fatalidad histórica.(...) es necesaria una resistencia a la política. Suena a antipatriótico, a anticívico. Sí. Sin embrago, es imprescindible esa resistencia... Desoírla, darle la espalda...”267Esa visión fatalista y pesimista se contradecía completamente con la politización de grupos como Contorno y nacionalistas populares de izquierda que veían en Arturo Frondizi “la defensa de la causa popular” el avance necesario hacia un país desarrollista.268 Contorno constituiría el germen de la, denominada por Terán, franja denuncialista269 que en los sesenta entrará en ebullición al ritmo de los cambios políticos y sociales que se llevaron a cabo en el mundo y repercutían en los conflictivos e impopulares gobiernos nacionales.

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MANGONE –WARLEY. “La modernización de la crítica: Contorno” en Capítulo: la historia de la literatura argentina. Buenos Aires. CEAL. 1981. 267 MURENA, H. “Notas sobre la crisis argentina” en Sur. N° 248. Setiembre –Octubre de 1957. p. 13. 268 “Solo hay dos caminos: El país tiene que elegir entre el oficialismo continuista (Balbín) y la defensa de la nación y el pueblo (Frondizi)” enfatizaba la revista Qué sucedió en siete días, cuyo director Rogelio Frigerio fue el nexo para realizar el pacto entre Perón y Frondizi que transfería el 25% de los votos en blanco del peronismo a favor del candidato de la UCRI que lo consagrará presidente de la Nación. Qué sucedió... Año IV. N° 166. 21 de Enero de 1958. 269 TERÁN, O. Op. Cit.

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b) “A rey muerto, no hay rey puesto”. La intrincada situación nacional luego del lugar vacío que deja el peronismo, no logra ser resuelta por la Revolución Libertadora. Su inusitada acción de desperonización, las comisiones investigadoras que presentaban las acciones turbias y malversaciones de fondo peronista no lograron su cometido. La negación de todos los ejes políticos que había llevado a cabo Perón, difícilmente podrían ser apartados para los obreros que habían adquirido una importante presencia y conciencia política. La represión solo contribuyó a aumentar la resistencia. Gran parte de la intelectualidad antes mencionada apoyaban en las elecciones a Arturo Frondizi, veían en él no un aplacamiento de la política peronista, sino una evolución positiva y necesaria que presentaba en su plan de gobierno un desarrollismo nacional. Veían en él al que podía ocupar el espacio vacío que había dejado Perón. Jauretche decía que por primera vez un intelectual era apoyado popularmente. El pacto secreto que llevó a cabo con Perón para conseguir la importante fracción de votos en blanco peronista lo consagró presidente. Pero el apoyo popular y de las izquierda nacionales que lo respaldaban pronto se desilusionaron, acusándolo de traidor debido a que su gobierno no significó un ruptura con la Libertadora y sus medidas económicas
La sección de la revista Qué titulada “La macana de oro” estaba destinada a publicar las goriladas y afirmaciones disparatadas del gobierno de Aramburu, y de la intelligentzia local. Siempre desfilaban escritores habitués de publicaciones liberales y contreras como La Nación y Sur. (Qué... N° 166. Enero 1958. p.29.
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fueron pocos felices para los que abrogaban un retorno a la política económica nacional y antiimperialista peronista. Tanto el grupo de Contorno, como los referentes de la izquierda nacional le retiraron su apoyo y denunciaron su política. Alejandro Horowicz acusa de ingenuos e imbéciles los que pretendían que el gobierno de Frondizi iba alcanzar tal envergadura: de ninguna manera podía resucitar una política bonapartista como la que había significado el peronismo debido a que su apoyo radicaba en el ejercito que es el mismo que terminó derrocándolo. Además las circunstancias internacionales impedían una política de tal característica271. El pensamiento determinista y conformista de Horowicz solo trata de explicar la situación bajo un criterio político ineludible. Lo cierto es que resultaría absurdo creer que Frondizi pudiera cumplir a rajatabla los condicionamientos exagerados que Perón le proponía; por otro lado, Perón sabía que nunca podría cumplirlo y de esa forma también mantenía su fuerza política desde su exilio, conspirando a toda política que se lleve a cabo sin la presencia de su liderazgo. Pero también hay que asumir que a Frondizi, le faltó entereza, una estrategia política firme y la consolidación de un bloque de poder que lo respaldara. Sus ambivalencias entre las dos fuerzas antagónicas solo lo llevaron a su inminente derrocamiento. La revolución cubana de 1959, cambió el marco de las alternativas políticas e ideológicas latinoamericanas y ejerció importante influencia en el pensamiento nacional. Esto significó un ahondamiento más profundo que ya se había desencadenado con la caída del peronismo y las diferencias entre los diversos grupos opositores se agudizaron, como señala Halperín: “Entre ese prestigioso pasado y los derechos de un futuro que debía ser necesariamente diferente, se daba una tensión particularmente dolorosa porque los contendientes habían atravesado juntos y en el mismo bando, la experiencia peronista y ahora comenzaban a encontrar que corría entre ellos más distancia que la que los separaba de ese régimen tan aborrecido”.272 La posición que sostuvo Sur frente a la revolución cubana es otra muestra más de su falta de comprensión histórica y política. Otro síntoma de su decadencia. c) La escisión interna: replegarse en lo tradicional. Victoria Ocampo no pudo soportar las desavenencias internas. Las posiciones políticas sucumbían dentro de la coherencia cultural e ideología que ella pretendía soslayar a través de su revista. Las diferencias de interpretación sobre lo que significó el peronismo socavaron en las relaciones con miembros de la revista, como los casos de Ernesto Sábato y Ezequiel Martínez Estrada. Lo que significaba en sus inicios un lugar para el debate cultural donde convivían autores de disímiles características, ya resultaba imposible para una revista que en los sesenta marcaba una tendencia conservadora, síntoma de no querer asumir que su liberalismo tradicional era una postura difícil de sostener cuando las circunstancias internacionales y el surgimiento del peronismo a mediados de los cuarenta le habían firmado su sentencia de muerte
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HOROWICZ, A. Los cuatro peronismos. Buenos Aires. Hyspamerica. 1986. pp. 164 –167. HALPERÍN DONGHI, T. Argentina : sociedad de masas. Buenos Aires. Paidós. 1967. p. 156.

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súbita. La revolución cubana fue otro ejemplo más de su ceguera: las diferencias políticas provocaron el alejamiento definitivo de Ernesto Sábato y también del que había sido jefe de redacción y una importante figura dentro de la revista durante largos años: José Bianco. Para Victoria Ocampo la participación dentro del movimiento cultural que emergía desde Cuba a través de su Casa de las Américas significaba un colaboracionismo político con el socialismo revolucionario impuesto por Fidel Castro. Para una adherente a la democracia y al panamericanismo como Victoria Ocampo, la trascendencia que adquiría la Casa de las Américas era aberrante273. Es otra demostración de que la revista era solamente un medio de difusión de los gustos y los criterios personales de Victoria Ocampo, que se replegaba internamente con miembros de su generación que no renunciaban a su carácter elitista y decimonónico. Por ende, la falta de recambio generacional o, en todo caso, un mejor condicionamiento para que convivieran distintas posturas que contribuyan a plantear la búsqueda de las nuevas necesidades culturales que emergían en los sesenta fue otro factor de su decadencia y el derrumbe de la torre de marfil donde descansaban los baluartes de la cultura tradicional apartados de la cultura kitsch y de bajo nivel que significaba lo masivo y popular que había crecido notablemente durante la década peronista. d) El derrumbe de la torre de marfil. Como vimos en el capítulo 3, se venía instalando nuevas costumbres de consumo y un nuevo y amplio margen de variedades para una sociedad que se diversifica y atiende según sus gustos y preferencias. Significó un emergente consumo de cultura masiva y popular, que se debió a un mejoramiento en la calidad de vida que posibilitó el acceso a un mercado creciente. Desde la década del 50 en Argentina se podía comprobar el crecimiento de importantes editoriales que hicieron una apertura de mercado nacional y exportaban a toda Latinoamérica. Significó una contradicción y una inútil resistencia para aquellos grupos intelectuales que defendían una cultura elevada. La revista Sur, desde sus inicios, jamás apuntó a un mercado de lectores amplios, más bien iba dirigido a la “gente como uno”. Los objetivos que tenía como punto de intercambio y difusión cultural queda marginado a una selección de autores extranjeros que apreciaba Victoria Ocampo. Con motivo al 35° aniversario de la revista Sur, Bernardo Verbitsky desde la revista Confirmado opina: “solo expresa a un reducido sector de lo argentino.(...) Victoria Ocampo dice que la calidad fue la única discriminación a que se atuvo Sur. No es cierto, aunque lo diga de buena fe. De buena fe puede creer que Enrique Pezoni, digamos, es un valor de la literatura argentina (Se trata del Secretario de redacción de Sur).
Halperín Donghi encuentra que el papel que Cuba le asignó a la Casa de las Américas era un medio para contrarrestar los aspectos negativos que le incumbía a la Revolución: “...el papel que tuvo por entonces Casa de las Américas y sus premios; a través de ellos la isla acosada, cuya revolución ganaba en el continente tan vastas simpatías, pero tan pocos apoyos inmediatamente eficaces, defendía y ampliaba su lugar en una comunidad de cultura de la que sus enemigos se habían jurado expulsarla.”HALPERÍN DONGHI, T. El espejo de la historia. Problemas argentinos y perspectivas latinoamericanas. Buenos Aires. Sudamericana. 1998. p. 282.
273

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Con la misma buena fe, seguro que nunca oyó nombrar a Salvador Irigoyen o Amaro Villanueva... Arlt no se acercó, pero ¿qué les pasó a algunos que sí se acercaron? El novelista Roger Plá envió hace años un ensayo a Sur por correo. El ensayo apareció y Plá llamó por teléfono a Sur. Lo atendió el secretario de redacción quien lo felicitó en francés por su trabajo. Cuando Plá logró detener esa euforia y pudo por fin explicar que había un error, que él sólo era un escritor argentino, la cordialidad del otro lado se apagó y Roger Plá nunca pudo volver a colaborar en Sur. Eso, que parece inventado, ocurrió y explica por qué si el aniversario de Sur puede ser o parece una fiesta cultural, el sector más amplio de nuestra literatura sólo puede mirarlo como una fiesta ajena”.274 Durante los cincuenta se puede confirmar un afiance y una nueva conciencia de oficio por parte de nuevos escritores que amputaban con diversas búsquedas literarias y preocupaciones políticas. Esto repercutió en lugares donde se resistían a admitir nuevas tendencias políticas y culturales como la SADE. Lo cierto es que el repliegue de Sur, su europeísmo y falta de incorporación de una mejor amplitud de colaboradores; su eminente carácter elitista, no podía significar más que estar alejado de todas las nuevas tendencias. e) Al margen de las nuevas tendencias. La década del 60 significó el inicio y el avance de nuevas ciencias que analizaban desde distintos campos las problemáticas socioculturales, como es la Sociología y la aparición del Psicoanálisis. También en esos tiempos, aparecieron los Centros que siguieron con los mismos criterios tradicionales de la cultura argentina: adoptar y desarrollar tendencias culturales de Europa. Tal es el caso de las actividades de los Centros de arte del Instituto Di Tella que se extendieron durante la década en Buenos Aires, transformándose con el tiempo en la institución cultural más significativa de la década, incluyendo el teatro y la música. El objetivo de dichos centros era actualizar y modernizar las diversas disciplinas artísticas con las que estaban relacionados. Como siempre había creído Sur, el Di Tella pensaba que el desarrollo sólo podía conseguirse mediante el fortalecimiento de los lazos con Europa y los Estados Unidos pero con la promoción de Buenos Aires como centro cultural internacional. Guido Di Tella confesaba: “...creíamos posible incorporar a Buenos Aires al grupo de grandes ciudades con movimientos propios y reconocidos”275. En conjunto con los nuevos métodos de marketing y publicidad, el Di Tella tuvo importante trascendencia para rediseñar nuevas tendencias que antes eran representadas por los valores tradicionales de la oligarquía. “El Di Tella tenía confianza en su propia calidad y <<vendió>> su producto con trabajos gráficos memorables en forma de pósters, fotografías, catálogos y memorias”276. El cosmopolitismo dirigido a un público masivo, obtuvo también resistencias y críticas, como antes lo había tenido Sur. Los aspectos negativos se
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Confirmado, Junio de 1966 en JAURETCHE, A. Las polémicas de Jauretche. Buenos Aires. Los Nacionales. 1993. p. 81. 275 KING, J. El Di Tella. Buenos Aires. Asunto Impreso. 2007. p. 40. 276 KING, J. Op. Cit. p. 47.

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representaron en la literatura de ese entonces que mantenían una crítica directa al Di Tella, acusado de difundir el neocolonialismo. Un gran ejemplo notorio de la difusión de una imagen positiva que trataba de impregnar el imperialismo a partir de la publicidad y la difusión de tendencias, y donde el Di Tella tuvo gran participación mediante su intervención y con los happening se evidencia en la película de Pino Solanas y Octavio Getino La hora de los hornos, donde se muestra como el efecto distorsionante de la publicidad masiva es visto, junto con la acción del Di Tella, como parte de una colonización pedagógica y una negación a los valores nacionales277. No obstante, como sostiene Pujol, la experiencia del Di Tella “estaba limitada a un tiempo y un espacio”, es decir, la verdadera evolución cultural moderna y sus productos realmente masivos fue lo más significativo de la época: la denominada cultura pop, la culminación estética de aquello que Walter Benjamín denominó “el arte en su etapa de reproductibilidad mecánica”278. El arte dejaba de ser único e irrepetible para masificarse y adaptarse a lo popular. El cambio conceptual de lo denominado cultura tenía un resignificado a partir de todo un aparato comercial que apuntaba al crecimiento constante de la demanda. De hecho, lo que era denominado cultura popular en la Argentina adquiría un nuevo significado, muy lejano de aquel con que se había amalgamado con el peronismo. El mercado era tan amplio y circulaban tantos intereses con la explosión de los medios de comunicación y la adquisición de una conciencia de consumo por parte de las diversas clases que difícilmente podría catalogar a la cultura popular dentro de la rúbrica dicotomía “libros o alpargatas”. Los años 60 se caracterizaron por gozar de un público creciente, una política editorial más agresiva y la aparición de varios críticos que ofrecían su apoyo a las nuevas tendencias como Tomás Eloy Martínez o Ernesto Schóo desde las páginas de Primera Plana, que en su cúspide de su popularidad tenía una circulación de 100.000 ejemplares. Este notorio incremento de lectores era acompañado en toda Latinoamérica, producto del crecimiento notable del consumo, y de numerosas editoriales responsables del marketing que significó el reconocido Boom literario en los sesenta. Este boom fue el resultado de una notable conjunción de grandes novelas a mediados de la década mencionada y una revalorización de otras, no menos importantes, que habían sido soslayadas o leídas en distinto contexto. Este fenómeno funcionó como un imán que concentró la atención sobre un puñado de nuevos autores y sobre sus inmediatos maestros, creando así una redefinición de la literatura hispanoamericana, específicamente la novela; es decir, “hubo un sustancial cambio en la relación de fuerzas sociales, culturales y estéticas que dan origen a nuestra creación literaria”.279 Este cambio

SOLANAS –GETINO (Dir.) La hora de los hornos. Buenos Aires –Roma. 1968. PUJOL, S. “Rebeldes y modernos. Una cultura de los jóvenes” en JAMES, D. (Dir.) Nueva Historia Argentina. Violencia, proscripción y autoritarismo (1955- 1976) Buenos Aires. Sudamericana. 2007. p. 303. 279 OVIEDO, J. M. Historia de la literatura hispanoamericana 4. De Borges al presente. Madrid. Alianza. 2002. p. 300.
278

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consistió en el redescubrimiento de autores contemporáneos, como es el caso del crecimiento en repercusión de Borges o la reivindicación de Leopoldo Marechal, sino en el surgimiento de una nueva y más amplia capa de lectores, de un auge editorial dentro y fuera del continente y de una especie de expectativa histórica despertada por la naciente Revolución Cubana. En nuestro país, a las grandes casas editoriales como Emecé, Losada y Sudamericana se le sumaron varias empresas pequeñas, como Fabril, Jorge Álvarez, Centro Editor de América Latina y De la Flor. Cada una de ellas estaba interesada en promover autores contemporáneos. En esta misma época, la editorial de la Universidad de Buenos Aires (EUDEBA) adquiría gran importancia y difusión con su producción de ejemplares baratos de textos y clásicos en tiradas de decenas de miles de ejemplares. Autores latinoamericanos como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes obtenían importante repercusión vendiendo centenares de miles de ejemplares. Consternada frente a la masificación, en 1970, cuando la revista cumple 40 años, Victoria Ocampo comenta: “Al mismo tiempo, hecho insólito, el vulgo compra las obras de Cortázar (tan luego Cortázar) y se pasea con sus libros en Torino o en subte o en colectivo”. John King expresa la resignación de Victoria diciendo “nada podía hacer para revertir el proceso”. Estaba en lo cierto. f) Crónica de una muerte largamente anunciada. Durante los sesenta, Sur significaba una revista de culto en el sentido de su antigüedad siendo una de las que había persistido durante varias décadas gracias al emprendimiento que nunca había abandonado su creadora, Victoria Ocampo, y no porque haya sido una revista exitosa (porque tampoco se propuso hacerlo, ya que su tirada era, en relación al crecimiento comercial de la época, reducida y sólo se conseguía por correo o en librerías especializadas). Defensora de sus principios nunca traicionados, Victoria comprendía que la cantidad no acompañaba a la calidad, y así siempre sostuvo su posición selectiva, y enfrentada o simplemente indistinta a las nuevas vanguardias culturales. En su autobiografía su pensamiento es conciso y no da lugar a tergiversación alguna: “...en el arte no bastan la verdad, la sinceridad, la voluntad, la perseverancia, la honestidad intelectual: hace falta talento. (...) Lo fundamental es mantener y defender el estándar literario. En arte no cabe la igualdad ni la caridad. Premiar una obra mediocre porque su autor vive en circunstancias difíciles es inconcebible. La obra está bien o mal escrita... A la exigencia de calidad a que yo me refiero se resiste cada vez más el mundo moderno. Es impopular, y con eso queda todo dicho”280. En 1970 termina de editarse continuadamente, haciéndose entregas especiales de la revista esporádicamente. Cuando se hizo el cierre de la revista debido al asedio por dificultades financieras, pero sobre todo por un sentido de inutilidad en que había quedado a partir de los sesenta, la anfitriona y creadora de la revista que se negaba a desaparecer se despedía con un
OCAMPO, V. Autobiografía, citado en AGUIRRE, O. “Sur: de la tradición a la modernidad” en Todo es Historia. Buenos Aires. n° 406. Mayo 2001. p. 74.
280

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comentario irónico:“En toda mujer se oculta una ama de casa que ejerce su vocación de fregona en los más variados menesteres (...). Barramos pues el piso, enjuaguemos los platos, colguemos las cacerolas, apaguemos las luces (cuestan caro), abramos la ventana para ventilar”281.

OCAMPO, V. “Después de cuarenta años” en Sur. N° 325. pp. 1 –5. Citado en KING, J. “Victoria Ocampo, Sur y el peronismo, 1946-1955” en Revista de Occidente. Madrid. Junio 1984. N° 37. p. 44.

281

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Consideraciones finales.

“...La felicidad de la humanidad sólo puede apoyarse en la mentira metafísica... Privándole de esa mentira recae en las ilusiones de carácter económico... y entonces me acordé que los únicos que podían devolverle a la humanidad el paraíso eran los dioses de carne y hueso: Rockefeller, Morgan, Ford... y concebí un proyecto que puede parecer fantástico a una mente mediocre... Vi que el callejón sin salida de la realidad social tenía una única salida... y era volver para atrás”. ROBERTO ARLT282

Antes de terminar con la conclusión, mediante la búsqueda que hemos emprendido a lo largo de este trayecto, tenía que disentir con algunas reflexiones que había llevado Sitman en su trabajo sobre Victoria Ocampo y Sur. Está relacionado al sentido de importancia que tenía América dentro de la revista Sur: allí la autora hace una salvedad con respecto al papel constitutivo de lo europeo en la identidad latinoamericana diciendo que difícilmente le podemos adjudicar un sentido periférico como lo tenían los asiáticos o los africanos ya que se habían constituido en el seno del colonialismo europeo283... pero, ¿acaso Latinoamérica salió de un repollo? Es evidente la importancia de la cultura hispánica dentro de ella y si bien España perdió sus colonias mucho más temprano que las colonias africanas y asiáticas en dominio de otros imperios, no podemos desdeñar tal influencia. El nacionalismo siempre reivindicó los valores tradicionales hispánicos pero no atendía las nuevas tendencias de los centros culturales importantes y de gran influencia que constituía Francia desde luego. Entonces el interrogante que plantea Sitman está mal formulado, o en todo caso no hace alusión a la verdadera problemática, que es por qué las elites de Latinoamérica construyeron una identidad marginal con respecto a lo que se entendía con el folklore de las clases bajas y se pusieron de espaldas a sus necesidades. De hecho, es un factor ineludible que explica su falta de comprensión frente a los verdaderos significados sociales y políticos que emergían con el populismo, producto del quiebre de contacto con Europa, el fin del imperialismo británico y el surgimiento de un nuevo orden mundial con Estados Unidos y la Unión Soviética. La otra cuestión en realidad tiene que ver con una distinta interpretación: en el importante trabajo desarrollado por John King Sur (FCE, 1989) se sostiene: “Sur es casi siempre leído como producto de los antecedentes de clase de Victoria, no como texto variado que intenta reconciliar tendencias divergentes”284. En realidad, el objetivo en principio de la revista era ese, y se logró en sus comienzos, pero luego de la politización de la revista con la irrupción de la Guerra Civil española hasta el fin de su publicación, la revista representó la posición ideológica y se manejó con los criterios de Victoria Ocampo, respondiendo a sus gustos e intereses ya que
282 283

ARLT, R. Los siete locos. SITMAN, R. Op. Cit.p. 238. 284 Citado en AGUIRRE, O. Op. Cit. p. 77.

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era financiada y sostenida por ella. En realidad tampoco significa algo llamativo: tanto en los pequeños proyectos editoriales como en todos los grandes medios masivos, los criterios informativos y culturales están dirigido bajo los intereses del grupo inversor. Como consideración para dar fin a este repaso, tendríamos que abordar nuevamente el epígrafe de Ricardo Piglia en el primer capítulo. Como el autor menciona, en cierta medida, Sur significó el resultado de una larga tradición cultural de la Argentina que se había asentado bajo la Generación del 80 en el siglo XIX. Jamás traicionó esa posición que la tenía como estandarte cultural que necesariamente tenía que tender puentes hacia Europa y reflejarse en un panamericanismo que la representase porque en algún sentido, América no contaba con un pasado milenario del cual sentirse orgulloso; era imperioso civilizarse con Europa mediante. El problema está cuando Europa se barbariza con la rebelión de las masas, el ascenso de los gobiernos totalitarios y la perdida de la libertad que pregonaban la viejas elites liberales. El concierto del mundo marcó el paso de su decadencia al apostar Sur en unos principios decimonónicos que expirarían inevitablemente. Sin embargo, la aparición del peronismo y de una democracia difícil de comprender para el liberalismo tradicional significó un retonificante para ese alicaído sector, debido justamente al sentido contrario de lo que se proponía Perón: al asociar la cultura oficial con la cultura de masas, el crecimiento de la propagandística gubernamental, su postura antiintelectual y las restricciones a la libertad de expresión a la oposición, aportó una unión significativa de adversarios que, bajo otras circunstancias, jamás se podrían haber aglutinado. Solo con la desaparición de la política coercitiva que ejercía el peronismo en el ’55 se denota inmediatamente la decadencia de una revista que representaba unos valores opuestos a los que una nueva generación buscaba representar. Con la irrupción de Contorno y la tendencia a un sentido del compromiso intelectual la posicionó como su eventual antítesis. Los cambios sociales y políticos no se habían dado únicamente en Argentina, sino que fue un fenómeno mundial, que se vislumbró notoriamente cuando las divisiones de fuerzas políticas se ampliaron y se enfrentaron en una Argentina desorientada luego del ocaso del peronismo clásico: estaba como decía Halperín “en el callejón”. Los turbulentos sesenta sólo le dieron el tiro de gracia a una revista que en sus inicios buscaba representar las tendencias culturales hegemónicas y luego del ’55 se encontraba a contracorriente de los procesos socioculturales.

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Revistas:

CONTINENTE. Num. 34. CONTORNO. Num. 1, 3, 5/6, 7/8. MUNDO PERONISTA Num. 34 ,43, 63, 77, 84. QUÉ SUCEDIÓ EN 7 DÍAS. Num. 166, 174. SUR. Num. 1, 2, 4, 59, 61, 129, 140/141, 163, 169, 177, 187 , 229, 237, 242, 248.

Filmografía: CORTÁZAR, J. (Entrevista con Joaquín Soler Serrano) A fondo. Televisión Española. 1977. QUIROGA, O (Dir.) Borges y nosotros. Buenos Aires. Centro Cultural Caras y Caretas. 2007. SOLANAS –GETINO (Dir.) - La hora de los hornos. Buenos Aires –Roma. 1968. -La Revolución justicialista. Filme documentado por Grupo Cine Liberación. Madrid. 1971. -Actualización Política y Doctrinaria para la toma de Poder. Filme documentado por Grupo Cine Liberación. Madrid. 1971.

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