Dos visiones del Nuevo Mundo: el oro y la ley

Antonio Solano Cazorla
Universidad de Valencia Abril del 2000

Desde que nos contaban la historia del Descubrimiento, en esos años de la infancia poblados de piratas y aventureros, la imagen del conquistador se ha revestido para los españoles de un velo romántico de lucha, esfuerzo, sacrificio, entrega y otras vagas "virtudes" que configuraban auténticos héroes de la modernidad. Más tarde nos llegó el momento de las desmitificaciones: recorrer el camino inverso para denunciar el abuso de los bárbaros europeos sobre los desvalidos indígenas. La ventaja que creíamos tener algunos es que todo esto nos pillaba demasiado lejos como para rendir cuentas por errores del pasado. Sin embargo, esa lejanía no nos exime de nuestra responsabilidad como traductores de la historia, y en nuestro papel de investigadores de la conciencia escrita debemos recoger el testimonio que legaron aquellos héroes de los umbrales del XVI. En los documentos de este período podemos hallar la confirmación o negación de aquellas imágenes proyectadas por nuestra particular lectura de la Historia. Es más, podemos vislumbrar las distintas visiones que aquellos hombres tenían de sus propias misiones históricas. Los viajes de Colón, contados por él mismo, nos dicen mucho más de la persona que los escribe que de los hechos que narra o paisajes que describe. La mera existencia de textos como los Naufragios, de Núñez Cabeza de Vaca, nos hace reflexionar sobre la legitimidad de los escritos oficiales, del poder real en el Nuevo Mundo, del papel de la religión, etc. En realidad, las crónicas del descubrimiento nos abren camino en la construcción de una historia de las mentalidades. Sólo reconstruyendo las motivaciones que llevaron a cada conquistador a realizar sus respectivas empresas, podremos entender el proceso de formación de América tal como hoy la conocemos.

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Hemos querido ilustrar este necesario acercamiento a las motivaciones personales de cada cronista con dos ejemplos bastantes dispares, si no en el tiempo histórico que les tocó vivir, sí en cuanto a las legitimaciones que se encierran en cada uno de los textos que nos legaron. El primer texto es la Relación de los sucesos de Pedrarias Dávila en las Provincias de Tierra Firme o Castilla del Oro, y de lo ocurrido en el descubrimiento de la mar del Sur y costas del Perú y Nicaragua, escrita por el adelantado Pascual de Andagoya1; el segundo los Notables daños de no guardar a los indios sus fueros, escrita por Polo de Ondegardo2. En los discursos cervantinos sobre las armas y las letras, Andagoya defendería el primer bando y Ondegardo el segundo; en esta polarización de intereses basaremos gran parte de nuestra breve exposición. Comenzaremos con el adelantado Pascual de Andagoya. Encajaría este autor muy bien en los patrones de conquistador de los que hablábamos al comienzo de este ensayo. Hombre valeroso y esforzado, defensor de causas justas, obediente y tenaz, comprometido con su misión de conquistar nuevas tierras para la corona, Pascual de Andagoya aparece en las biografías como modelo de soldado-funcionario. Sus caídas en desgracia sobrevienen cuando defiende el poder real contra las frecuentes subversiones de caudillos temporales, lo que le hace aún más digno de encarnar ese modelo de perfección. Las heridas y enfermedades lo llevan en ocasiones al borde de la tumba, pero supera las adversidades y se alza de nuevo triunfador en la aventura de vivir. La lectura de su vida nos convence de la existencia de auténticos profesionales del descubrimiento, como si de verdad existiese un oficio en el que la principal ocupación es viajar, conquistar y gobernar, sin más motivación que la de entregar nuevos territorios a la corona española. Sin embargo, en la lectura de la Relación de los sucesos de Pedrarias Dávila en las Provincias de Tierra Firme..., escrita hacia 1545, encontramos un elemento que nos hace vislumbrar intereses ocultos detrás de estas motivaciones tan neutras del adelantado Andagoya. En casi todos los párrafos de su crónica aparece la palabra "oro":
se halló cierta cantidad de oro en una sepultura (p.84)
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Seguimos la edición que se recoge bajo el título, Pascual de Andagoya: Relación y documentos¸ ed. de Adrián Blázquez, Crónicas de América nº27, Historia 16, Madrid, 1986 2 Polo de Ondegardo: El mundo de los incas, ed. de Laura González y Alicia Alonso, Crónicas de América nº58, Historia 16, Madrid, 1990

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con todo el oro que podían haber (p.86) llegados al Darien los echaban a las minas de oro (p.87) Hay minas de oro en muchas partes de ella (p.88) y el oro que ellos tenían, o era de rescates o que en las minas se le cavaban los indios (p.90) Cuando morían los señores, los vestían las armas de oro que tenían (p.91) ...etc.

Las apreciaciones sobre tierras, pueblos, ritos, etc. se realizan en gran medida partiendo de la existencia o no del preciado metal:
Esta tierra es pobre de oro (p.106) Esta gran provincia era muy poblada y muy rica de oro (p.141) En esta tierra no tienen cerimonias los indios, ni adoración, más que aquellas figuras que tienen en aquellos paños y en el oro, que son como se les aparesce el diablo (p.146)

También el oro preside algunos de los actos de violencia de la crónica:
El capitán, movido de codicia deste oro, tornó a enviarle a llamar diciendo que si él no venía, que él le iría a buscar (p.99) movido de codicia del oro y sal que me traían de presente, los prendió y mató el un señor con los seis que eran suyos (p.136)

El oro ocupa, pues, un lugar dominante en la relación de Andagoya, y nos recuerda en cierta medida a las cartas y diarios de Colón, en los que existía también un afán de medir la conquista a precio de oro. En el caso del Almirante el oro servía como justificación ante los monarcas de la inversión realizada en el viaje. ¿Necesitaba Pascual de Andagoya una coartada similar? Es posible que aún en las fechas de la expedición de Pedrarias Ávila, hacia 1520, fuese necesario legitimar la presencia española en América acudiendo a la rentabilidad económica de aquellas tierras. También puede tratarse de un elemento retórico para sostener el relato, una especie de tópico que Andagoya utilizaría para hilvanar la narración. Por último puede ser la fijación, más o menos consciente, de las propias expectativas de Andagoya en su viaje al Nuevo Mundo. Recordemos que Pascual de Andagoya no deja de ser un noble con aspiraciones de medrar económicamente, y que sus cargos públicos en Centroamérica le sirvieron para desarrollar empresas con gran beneficio económico, sobre todo mediante el comercio de suministros. Así pues, si atendemos a este último argumento, la letra habría traicionado a su autor, y la aparición por doquier del oro no haría más que reflejar las verdaderas motivaciones de Andagoya en su aventura americana. El caso de Polo de Ondegardo es completamente diferente, como veremos a continuación.

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Polo de Ondegardo más que recordarnos a los conquistadores, nos recuerda a esos funcionarios galdosianos, siempre a la sombra de los grandes acontecimientos. En algo se parece al adelantado Andagoya: en su defensa del poder real, aunque ello le suponga trastornos irreparables. Modélico funcionario y gran jurista, su aventura está más en el papel que en la espada, aunque tenga que valerse de ella en más de una ocasión para salvar la vida. Su obra Notables daños de no guardar a los indios sus fueros, fechada en 1571, difícilmente se puede considerar una crónica del descubrimiento. Se asemeja mucho más a todos esos escritos de arbitristas que aparecen en la España de finales del XVI, que a cualquier relación de la conquista. El tono, el contenido y la intención se corresponderían muy bien con cualquier ensayo judicial o económico de la época. Sin embargo, las informaciones que Ondegardo nos ofrece en su documento son de un valor precioso para comprender la estructura de la sociedad inca, no sólo en aspectos jurídicos y tributarios, como es el fin principal del escrito, sino también en aspectos socio-culturales, como ritos, creencias y costumbres cotidianas. Si la palabra clave en Andagoya era "oro", para Polo de Ondegardo, escogeríamos un adjetivo que asoma también por doquier en su escrito: "justo".
pero faltando algo no será justo ni lo es que esta falta se supla por cabezas como ahora lo distribuyen (p.57) es de mucha importancia y es justo que se advierta de ello (p.58) porque es obligarse a llevarlo a cuestas, lo cual es justo que se ataje en todo género de contribución (p.59) que no siendo el fuero malo, es justo que se les guarde (p.61) en la forma que está hecha se platica entre ellos, no es justo que se permita (p.62) si siempre pareciese dañosa, no sería su Majestad obligado a dársela, ni sería justo que sin averiguar esto, muy bien se la diese (p.72) ...etc.

Es evidente que la intención de este escrito es muy diferente de la del anterior. Como hemos dicho, Polo de Ondegardo es un especialista en el terreno de los tributos y del derecho civil, y en este texto aplica esos conocimientos en una especie de regimine principi en el arte de gobernar las colonias, concretamente los antiguos territorios del imperio inca. En el fondo no deja de ser un arbitrista más, aunque un arbitrista que no habla por hablar, que conoce la materia y argumenta sus consejos y recomendaciones.

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El texto de Ondegardo se hace espeso para quienes buscan la aventura de lo desconocido. Incluso cuando se describen las costumbres de los indígenas del Perú existe ese tono de legislador que constata más que descubre, que aprehende más que se sorprende. Por eso se nos hace tediosa la lectura, aunque adivinemos una profunda modernidad en la visión que nos muestra Polo de Ondegardo. Y es que, efectivamente, Polo de Ondegardo se muestra en la narración como un personaje comprensivo y conciliador. Frente a los conquistadores de "impón y vencerás", nuestro jurista prefiere una política de respeto hacia la tradición existente, buscando en la medida de lo posible la compatibilidad entre la ordenación jurídica inca y las leyes españolas:
en todo lo que se hubiere de ordenar conviene a saber la costumbre de estos naturales y orden que tuvieron para sustentarse y poblarse, y para su conservación como los hallamos y arrimándonos a aquello ordenar lo que sobre ello pareciere, quitando lo injusto y añadiendo lo justificado (p.70)

A veces llega a preferir la costumbre antigua si es más justa que la que aportan los colonizadores:
ha sido gran descuido no conservar la costumbre y prohibir los chacos con tanta exorbitancia como los hacen (p.55) de lo cual resultan un mundo de inconvenientes: el primero ir contra lo que usaban entre ellos, que es pagar tributo de lo que ellos propios cogían (p.61)

También analiza con precisión, incluso poniendo en cuestión determinados procesos de encomienda, los perjuicios que el traspaso de gobierno del Inca a los reyes de España produce para los verdaderos ocupantes de las tierras:
cuando alguno quiere pedir tierras, la información que se hace y se tiene por bastante para dárselas, es probar que fueron del Inca o del sol, en lo cual estos indios reciben y han recibido agravio y notoria injusticia, porque presupuesto que pagaban el tributo de ellas, y eran suyas, si ahora en nuestro tiempo se tasó de otra manera porque así pareció conveniente, claro está que serán dos tributos: el uno quitarles las tierras y el otro el que ahora les mandan dar (p.50)

Todas estas consideraciones acerca de los derechos sobre la tierra de los antiguos pobladores están ausentes en la mayor parte de las crónicas importantes que conocemos. Es difícil encontrar cronistas con una formación tan esmerada en estas cuestiones jurídicas. En la Relación de Pascual de Andagoya, por ejemplo, no encontramos referencias a la ordenación legal de los indígenas anterior a la llegada de los españoles; sólo un comentario breve, y además anecdótico, hace patente la diferencia entre ambos:

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Tenían excelentes leyes para la gobernación y justicia de su tierra y entre ellas una: que el que tomase a su mujer en adulterio la podría matar con el que la tomase (p.124)

Por lo que respecta al valor literario de ambas obras, en la de Polo de Ondegardo, la severidad del tema marca un estilo denso, y pese a que parece existir una voluntad de hacer amena la relación de la vida y costumbres de los incas, la distancia que le separa de autores como el Inca Garcilaso es evidente; en la de Pascual de Andagoya encontramos un estilo narrativo más diverso: narración en tercera persona, salpicada de fragmentos en primera persona, y abundantes incisos del tipo "se lo oí yo" o "yo las he visto", que acercan al lector a la materia narrativa. No queremos extendernos más en el desarrollo de estas dos visiones del Nuevo Mundo. Para Pascual Andagoya, como hemos visto, el concepto de frontera auguraba la posibilidad de un enriquecimiento económico y quizá de encumbramiento político. Para Polo de Ondegardo, la frontera abría un mundo en el que poner en práctica sus arbitrios, un mundo alejado de aquella España cerrada a innovaciones jurídicas. Para ambos, la frontera americana fue el espacio del triunfo, y pese a las adversidades, su visión positiva de lo indígena les sirvió para completar sus vidas con relativo éxito, algo difícil de encontrar entre los aventureros de la Conquista.

BIBLIOGRAFÍA
ANDAGOYA, Pascual de: Relación y documentos, ed. Adrián Blázquez. Historia 16, Madrid, 1986 BATAILLON, Marcel y SAINT-LU, André: El padre Las Casas y la defensa de los indios. Sarpe, Madrid, 1985 COLÓN, Cristóbal: Los cuatro viajes del Almirante y su testamento, ed. Ignacio B. Anzoátegui. Espasa-Calpe, Madrid, 1991 ELLIOT, J.H: El Viejo mundo y el Nuevo 1492-1650. Alianza, Madrid, 1990 GARCILASO de la Vega, Inca: Comentarios reales, ed. Enrique Pupo-Walker. Cátedra, Madrid, 1996 LANDA, Diego de: Relación de las cosas de Yucatán, ed. Miguel Rivera. Historia 16, Madrid, 1985 6

NÚÑEZ Cabeza de Vaca, Alvar: Los Naufragios, ed. Enrique Pupo-Walker. Castalia, Madrid, 1990 ONDEGARDO, Polo de: El mundo de los incas, ed. Laura González y Alicia Alonso. Historia 16, Madrid, 1990 TIJERAS, Eduardo: Crónica de la frontera. Antología de primitivos historiadores de Indias. Júcar, Madrid, 1974 VARIOS AUTORES: Impacto y futuro de la civilización española en el Nuevo Mundo. Actas del Encuentro Internacional Quinto Centenario. 1991 VARIOS AUTORES: Historia y crítica de la literatura hispanomericana. Época Colonial, ed. Cedomil Goic. Crítica, Barcelona, 1988 Antonio Solano Cazorla
Universidad de Valencia Abril del 2000

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